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Reflexiones sobre "Consumado es"

El Señor Jesus concluye la obra encomendada por el padre y lo declara para victoria de los criastianos

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Lectura Juan 19:30.

“Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y


habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”

Hermanos míos, yo quisiera que ustedes observaran con


atención la singular claridad, el poder y la vivacidad de la mente del
Salvador, en las últimas agonías de la muerte. Cuando los dolores y los
gemidos acompañan la última hora, frecuentemente tienen el efecto de
descomponer la mente, de tal forma que no es posible que el
moribundo recoja sus pensamientos, o habiéndolos recogido, que
pueda expresarlos de tal manera que otras personas los entiendan.
Pero los últimos actos del Redentor estuvieron llenos de sabiduría y
prudencia, aunque sus sufrimientos fueron agudísimos, más allá de toda
medida. ¡Observen cuán claramente Él percibió el significado de cada
tipo! ¡Cuán claramente pudo leer con Su ojo agonizante esos símbolos
divinos que los ojos de los ángeles sólo podían mirar anhelantes! Él vio
que los secretos que han sorprendido a los sabios y asombrado a los
videntes, se cumplían todos en Su propio cuerpo.
No debemos dejar de observar el poder y el alcance de Su
entendimiento acerca de la cadena que ligaba el pasado de sombras
simbólicas con el presente iluminado por el sol. No debemos olvidar la
brillantez de esa inteligencia que ensartaba todas las ceremonias y los
sacrificios en un único hilo de pensamiento, y consideraba todas las
profecías como una grandiosa revelación única, y todas las promesas
como los heraldos de una persona, y que luego dijo de todo ello,
“Consumado es, consumado en mí.”
No solamente fueron todos los tipos, y las profecías, y las
promesas consumadas así en Cristo, sino que todos los sacrificios de la
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antigua ley judía fueron abolidos y también fueron explicados. Se
terminaron, se terminaron en Él. ¿Se podrían imaginar por un minuto a
los santos en el cielo, mirando inclinados lo que fue hecho en la tierra?
Abel y sus amigos que habían estado sentados en las glorias de arriba
desde mucho antes del diluvio; ellos observan mientras Dios proclama
Promesa tras promesa proyecta luz sobre las densas tinieblas de la
tierra. Desde los tiempos de Noé, Abraham, Isaac, y Jacob, ellos
contemplan altares humeantes, señales del hecho que el hombre es
culpable, y las almas ante el trono dicen: “Señor, ¿cuándo terminarán
los sacrificios?
“Oh, Jehová, ¿hasta cuándo? ¿Cuándo cesará el sacrificio?” Año tras
año el sumo sacerdote atraviesa el velo y rocía con sangre el
propiciatorio; el año siguiente lo ve hacer lo mismo, y el siguiente, y otra
vez, y otra vez, y otra vez.
El Salvador quiso decir, sin duda, que en ese momento Su obediencia
perfecta había sido consumada. Era necesario, para que el hombre
pudiera ser salvado, que se guardara la ley de Dios, pues ningún hombre
puede ver el rostro de Dios a menos que sea perfecto en justicia.
Cristo se comprometió a guardar la ley de Dios por Su pueblo, a
obedecer cada uno de Sus mandamientos, y a preservar intactos cada
uno de Sus estatutos. Durante todos los primeros años de Su vida, Él
obedeció en privado, honrando a Su padre y a Su madre; durante los
siguientes tres años, Él obedeció a Dios públicamente, gastándose y
siendo gastado en Su servicio, al punto que si quisieras saber cómo sería
un hombre cuya vida está plenamente conformada a la ley de Dios,
puedes verlo en Cristo— Pero Cristo dijo: “Consumado es,” y el
juramento, y el pacto, y la sangre, fijaron con firmeza el lugar de
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habitación de los redimidos, hicieron suyas sus mansiones de manera
segura y eterna, y ordenaron que sus pies estuvieran firmes sobre la
roca. Es más, esas palabras tuvieron efecto en las lóbregas cavernas y
profundidades del INFIERNO. En ese momento Satanás golpeó furioso
sus cadenas de hierro, “soy derrotado por el propio hombre al que yo
pensé que vencería; mis esperanzas están destrozadas; nunca vendrá a
mi prisión ninguno de los salvos; en el infierno nunca se hallará a
alguien comprado con la sangre preciosa de Cristo Jesus.”
Las palabras “Consumado es” consolidaron el cielo, sacudieron el
infierno, consolaron la tierra, agradaron al Padre, glorificaron al Hijo,
trajeron al Espíritu Santo, y confirmaron el pacto eterno para toda la
simiente elegida.
No sé como estás el día de hoy, pero confío que Dios te
encuentre; tú que fuiste un borracho, blasfemo, ladrón; tú que has sido
un sinvergüenza de la peor calaña; tú que te has sumergido en el propio
desagüe y te has revolcado en el cieno: si hoy sientes que el pecado es
odioso para ti, cree en Quien ha dicho: “Consumado es.” Déjame que
una mi mano con la tuya; vamos juntos, ambos, y digamos: “Aquí están
dos pobres almas desnudas, buen Señor; nosotros no podemos
vestirnos;” y Él nos dará un manto, pues “Pero, Señor, ¿es lo
suficientemente largo para pecadores como nosotros, y lo
suficientemente ancho para ofensores así?” “Sí,” responde Él, “¡Pero
Señor, necesitamos un baño! ¿Hay algo que pueda quitar manchas
negras tan repugnantes como las nuestras?” “Sí,” dice Él, “aquí está el
baño de mi sangre preciosa.”
“Y ahora, Señor, Tú nos has lavado, y nos has vestido, pero quisiéramos
estar completamente limpios por dentro, de tal forma que no
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pequemos más; Señor, ¿hay alguna manera de lograr esto?” “Sí,” dice
Él, “hay un baño de agua que fluye del costado traspasado de Cristo.”
“Y, Señor, ¿hay lo suficiente para lavar mi culpabilidad así como mi
culpa “Cristo Jesús nos ha sido hecho santificación y redención.”
Hijo de Dios, ¿quieres tener la justicia consumada de Cristo el día de
hoy, y te regocijarás en ella más que nunca lo has hecho en el pasado? Y
¡oh!, pobre pecador, ¿quieres tener a Cristo o no? Todo lo que Él pide es
que quieras, pues Tú sabes lo que Él dice: “Si alguno quiere venir en pos
de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame.” Si Él te ha dado el
querer, puedes creer en la obra terminada de Cristo hoy mismo. “¡Ah!,”
dices, “pero tú no te estás refiriendo a mí.” Claro que me refiero a ti,
pues dice, “A todos los sedientos.”
¿Tienes sed de Cristo? ¿Quieres ser salvado por Él? “A todos los
sedientos,” no únicamente aquella joven mujer que está por allá, no
simplemente aquel caballero que está por acá por allí, que por largo
tiempo ha despreciado al Salvador, sino también para toda la gente “A
todos los sedientos: Venid a las aguas, y los que no tienen dinero,
venid.” Que el precio ya fue pagado. Pues consumado es.
ORACION:
Grandioso Dios, haz que el pecador quiera ser salvado, pues él
quiere ser condenado, y no quiere venir a menos que Tú le cambies su
voluntad! ¡Espíritu eterno, fuente de luz, y de vida, y de gracia,
desciende y conduce a casa a los extranjeros! Pecador, ya no hay nada
que todavía deba hacer Dios y no hay nada que debas hacer tú. Cristo ya
no necesita sangrar. No necesitas llorar. Dios el Espíritu Santo no
necesita tardarse por causa de tu indignidad, y tú no necesitas esperar
por causa de tu impotencia. Cualquier piedra de tropiezo es rodada
fuera del camino; las barras de bronce han sido rotas, las puertas de
hierro se han hecho pedazos. Recibe la salvación “Consumado es;”

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