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Griffin,: Elvira

Este documento contiene referencias bibliográficas sobre la figura de Homero y su obra la Ilíada. Entre las referencias se encuentran libros y artículos académicos que analizan la vida y obra de Homero, la tradición épica griega, y cuestiones relacionadas con la autoría y datación de la Ilíada. El documento también incluye la traducción del Canto I de la Ilíada.
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Griffin,: Elvira

Este documento contiene referencias bibliográficas sobre la figura de Homero y su obra la Ilíada. Entre las referencias se encuentran libros y artículos académicos que analizan la vida y obra de Homero, la tradición épica griega, y cuestiones relacionadas con la autoría y datación de la Ilíada. El documento también incluye la traducción del Canto I de la Ilíada.
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M. W. EDWARDS, Homer, poet of the Iliad, Baltimore, 1987.

J . GRIFFIN,Homer on life and death, Oxford, 1980.


-, Hornero, trad. esp., Madrid, 1984.
A. HEUBECK, Die homerische Frage, Darmstadt, 1984.
Homer. Tradition und Neurerung, ed. J . Latacz, Darmstadt, 1979.
G. S. KIRK, The songs of Homer, Cambridge, 1%2.
-, Homer and the epic, Cambridge, 1965.
A. LESKY,Historia de la literatura griega, trad. esp.. Madrid, 1968.
-, «Horneros», Realenzyklopüdie der klassischen Altertumswissen-
schaft, 11 SuppL-Band (1967).
P. MAZON,P. CHANTRAINE. P. COLLART, R. LANOUMIER, Introduc-
-
tion a I'lliade, París, 1937. '
La cólera canta, oh diosa, del Pelida Aquiles,
D. L. PAQE,History and the Homeric Iliad, Berkeley, 1959. maldita, que causó a los aqueos incontables dolores,
A. Ruu DE ELVIRA,Mitología clásica, Madrid, 1975. precipitó al Hades muchas valientes vidas
W . Scwan>-O. S~iirnm,Geschichte der griechischen Literatur, 1 Teil. de héroes y a ellos mismos los lhizo presa para los perros
Die klassische Periode der griechischen Literatur, 1 Band Die grie- y para todas las aves -y así se cumplía el plan de Zeus-, s
chische Literatur vor der attischen Hegemonie, Munich, 1959 ( = desde que por primera vez se separaron tras haber reñido
1929). el A a a , soberano de hombres, y A N s , de la casta de Zeus.
A. J. B. WACE-F.H. STUBBINGS,
A Companion tu Homer, Londres, ¿Quién de los dioses lanzó a ambos a entablar disputa?
1962. El hijo de Leto y de Zeus. Pue:s, irritado contra el rey,
una maligna peste suscitó en el ejército, y perecían las huestes
porque al sacerdote- había deshonrado
IX. NOTAA LA TRADUCCIÓN el Atrida. Pues aquél llegó a las veloces naves de los aqueos
cargado de inmensos rescates para liberar a su hija,
llevando en sus manos las ínfulas del flechador Apolo
La traducción que sigue esta: en prosa y pretende, sobre todo, en lo alto del áureo cetro, y suplicaba a todos los aqueos,
verter con precisión el contenido del original, aun a sabiendas de pero sobre todo a los dos Atridas, ordenadores de huestes:
la enorme distancia que separa la lengua homérica del español ac- «iOh Atridas y demás aqueos, de buenas grebas!
tual. Cada línea de mi traducción corresponde casi sin excepción Que los dioses, dueños de las olímpicas moradas, os concedan
al contenido de cada hexámetro. En la medida de lo posible, el or-
den de palabras de la traducción es el mismo que el del original. La primera palabra del poema cumple la misma funcidn que el título
Las fórmulas repetidas del texto original tienen una traducción tam- en los libros modernos. Tambitn en la primera frase se indica a partir de
bién repetida. Cada término distinto en griego se corresponde casi qut momento de la leyenda comienza el poema. Los escolios dan títulos
siempre a un término distinto en la traducción. Las notas han sido a distintas partes del poema, muchas de las cuales coinciden con un canto
reducidas al mínimo y sólo pretenden orientar la lectura, nunca ex- completo; en el caso de1 canto 1, e1 titulo tradicional es el de «Cólera» (MP-
hibir erudición. nis).
saquear la ciudad de Priamo y regresar bien a casa; Luego se sentó lejos de las naves y arrojó con tino una saeta;
20 pero a mi hija, por favor, liberádmela y aceptad el rescate
y un terrible chasquido salió del1 argénteo arco.
por piedad del flechador hijo de Zeus, de Apolo.~ Primero apuntaba contra las ackmilas y los ágiles perros;
Entonces todos los demás aqueos aprobaron unánimes mas luego disparaba contra ellos su dardo con asta de pino
respetar al sacerdote y aceptar el espléndido rescate, y acertaba; y sin pausa ardían densas las piras de cadáveres.
pero no le plugo en su ánimo al Atrida Agamenón, Nueve días sobrevolaron el ejército los venablos del dios,
25 que lo alejó de mala manera y le dictó un riguroso mandato:
y al décimo Aquiles convocó a la hueste a una asamblea:
((Viejo, que no te encuentre yo junto a las c6ncavas naves, se lo infundió en sus mientes H[era, la diosa de blancos brazos, ss
bien porque ahora te demores o porque vuelvas más tarde, pues estaba inquieta por los dánaos, porque los veía muriendo.
no sea que no te socorran el cetro ni las ínfulas del dios.
No la pienso soltar; antes le va a sobrevenir la vejez
Cuando se reunieron y estuvieron congregados,
levantóse y dijo entre ellos Aqu,iles, el de los pies ligeros:' -
30 en mi casa, en Argos, lejos de la patria,
«iOh Atrida! Ahora creo que de nuevo a la deriva
aplicándose al telar y compartiendo mi lecho. regresaremos, en caso de que escapemos de la muerte,
Mas vete, no me provoques y así podrás regresar sano y salvo.» si la guerra y la peste juntas van a doblegar a los aqueos.
Así habló, y el anciano sintió miedo y acató sus palabras. Mas, ea, a algún adivino preguntemos o a un sacerdote
Marchó en silencio a lo largo de la ribera del fragoroso mar o interprete de sueaos -que también el sueiio procede de Zeus-
35 y, yéndose luego lejos, muchas súplicas dirigió el anciano
que nos diga por lo que se ha enojado tanto Febo Apolo,
al soberano Apolo, al que dio a luz Leto, de hermosos cabellos: bien si es una plegaria lo que echa de menos o una hecatombe, 65
«¡Óyeme, oh tú, el de argknteo arco, que proteges Crisa para ver si con la grasa de carneros y cabras sin tacha
y la muy divina Cila. y sobre Ténedos imperas con tu fuerza, se topa y entonces decide apartar de nosotros el estrago.),
oh Esminteo! 2. Si alguna vez he techado tu amable templo Tras hablar así, se sentó; y entre ellos se levantó
40 O si alguna vez he quemado en tu honor pingües muslos
el Testórida Calcante, de los agoreros con mucho el mejor,
de toros y de cabras, cumpleme ahora este deseo: que conocía lo que es. lo que iba a ser y lo que había sido, 70
que paguen los dánaos mis lágrimas con tus dardos.)) y había guiado a los aqueos can sus naves hasta Ilio
Así habló en su plegaria, y Febo Apolo le escuchó gracias a la adivinaci6n que le había procurado Febo Apolo.
y descendió de las cumbres del Olimpo, airado en su corazón, Lleno de buenos sentimientos hiria ellos. tomó la palabra y dijo:
45 con el arco en los hombros y la aljaba, tapada a ambos lados.
qAquiles! Me mandas, caro a Zeus, declarar
Resonaron las flechas sobre los hombros del dios irritado, la cólera de Apolo, el soberano flechador.
al ponerse en movimiento, e iba semejante a la noche '. Pues bien, te lo diré. Mas tú comprométete conmigo, y júrame
que con resolución me defenderás de palabra y de obra,
pues creo que-voy a irritar a quien gran poder sobre todos
* El epíteto o bien es un derivado de un nombre de un topdnimo de los argivos ejerce y a quien obedecen los aqueos.
la Tróade o bien hace referencia a la creencia de que el dios Apolo libera
de las pestes de ratones caseros. La invocación que aquí hace Crises obedece
a la peste que en seguida enviar& Apolo contra los aqueos. La parte de los sacrificios que arde y, al ascender al cielo, llega hasta
' Es decir, «negro de ira». los dioses.
CANTO I 107

so Poderoso es un rey cuando se enoja con un hombre inferior: ni en figura ni en talla, ni en juicio ni en habilidad. 115
incluso si en el mismo día digiere la ira, Pero, aun así, consiento en devolverla, si eso es lo mejor.
mantiene el rencor aún más tarde, hasta satisfacerlo, Yo quiero que la hueste esté sana y salva, no que perezca.
en su pecho. Tú explícame si tienes intención de salvarme.» Mas disponedme en seguida otro botin; que no sea el único
En respuesta le dijo Aquiles, el de los pies ligeros: de los argivos sin recompensa, porque tampoco eso está bien.
85 ((Recobra el buen ánimo y declara el vaticinio que sabes. Pues todos lo veis: lo que era mi botín se va a otra parte.» 120
Pues juro por Apolo, caro a Zeus, a quien tú, Calcante, Le respondió el divino Aquiles, de protectores pies:
invocas cuando manifiestas vaticinios a los dánaos, «iOh gloriosísirno Atrida, el más codicioso de todos!
que mientras yo viva y tenga los ojos abiertos sobre la tierra, ¿Pues cómo te van a dar un botin los magnánimos aqueos?
nadie en las cóncavas naves pondrá sobre ti sus manos pesadas Ni conocemos sitío donde haya atesorados muchos bienes comunes,
90 de entre todos los aqueos, ni aunque menciones a Agamenón, sino que lo que hemos saqueado de las ciudades está repazido, 125
que ahora se jacta de ser con mucho el mejor de los aqueos.)) ni tampoco procede que las huestes los reúnan y junten de nuevo.
Y entonces ya cobró ánimo y dijo el intachable adivino: Mas tú ahora entrega esta joven al dios, y los aqueos
«Ni es una plegaria lo que echa de menos ni una hecatombe, con el triple o el cuádruple te pagaremos, si alguna vez Zeus
sino que es por el sacerdote, a quien ha deshonrado Agamenón, nos concede saquear la bien amurallada ciudad de Troya.»
95 que no ha liberado a su hija ni ha aceptado el rescate, En respuesta le dijo el poderoso Agamenón: 130
por lo que el flechador ha dado dolores, y aún dará más. «A pesar de tu valía, Aquiles igual a los dioses, no trates
Y no apartara de los dánaos la odiosa peste, de robármela con esa excusa; no me vas a engaAar ni convencer.
hasta que sea devuelta a su padre la muchacha de vivaces ojos LESque quieres que mientras tú sigues con tu botín, yo así
sin precio y sin rescate, y se conduzca una sacra hecatombe me quede sentado sin él, y por eso me exhortas a devolverla?
ioo a Crisa; sólo entonces, propiciándolo, podríamos convencerlo.» Sí, pero. si me dan un botín los magnánimos aqueos 135
Tras hablar así, se sentó; y entre ellos se levantó seleccionándolo conforme a mi deseo, para que sea equivalente;
el héroe Atrida, Agamenón, seilor de anchos dominios, mas si no me lo dan, yo mismo puede que me coja
afligido: de furia sus negras entrailas a ambos lados muy el tuyo o el botin de Ayante, ylendo por él, o el de Ulises
llenas estaban, y sus dos ojos parecían refulgente fuego. me llevaré y cogeré. Y se irritará aquel a quien yo me llegue.
105 A Calcante en primer lugar dijo, lanzando malignas miradas: Pero esto ya lo deliberaremos más tarde. 140
«iOh adivino de males! Jamás me has dicho nada grato: Ahora, ea, una negra nave botemos al límpido mar,
siempre los males te son gratos a tus entrañas de adivinar, reunamos remeros a propósito, :metamos en ella una hecatombe,
pero hasta ahora ni has dicho ni cumplido una buena palabra. y a la propia Criseida, de bella! mejillas,
También ahora pronuncias ante los dánaos el vaticinio embarquemos; sea su único jefe uno de los consejeros,
i i o de que por eso el flechador les está produciendo dolores, Ayante o Idomeneo o Ulises, dr: la casta de Zeus, 145
porque yo el espléndido rescate de la joven Criseida o tú, oh Pelida, el más terrorífico de todos los hombres,
no he querido aceptar; pero es mi firme voluntad tenerla para que nos propicies al Protector, ofrendando sacrificios.))
en casa; pues además la prefiero antes que a Clitemnestra, Mirándolo con torva faz, replicó Aquiles, de pies ligeros:
mi legítima esposa, porque no es inferior a ella
CANTO 1 1 09

«¡Ay! iImbuido de desvergüenza, codicioso! Si grande es tu fuerza, es porque un dios te la ha otorgado.


150 ¿Cómo un aqueo te va a obedecer. presto a tus palabras, Vete a casa con tus naves y con tus compaííeros,
para andar un camino o luchar valerosamente con los hombres? y reina entre los mirmídones; no me preocupo de ti, 180
No he venido yo por culpa de los troyanos lanceadores ni me inquieta tu rencor. Pero te voy a hacer esta amenaza:
a luchar aquí; porque para mí no son responsables de nada: igual que Febo Apolo me quita a Criseida,
nunca hasta ahora se han llevado ni mis vacas ni mis caballos, y yo con mi nave y con mis coimpaííeros la voy a enviar,
155 ni nunca en Ftía, de fértiles glebas, nutricia de hombres, puede que me lleve a Briseida, de bellas mejillas,
han destruido la cosecha, pues que en medio hay muchos tu botín, yendo en persona a tu tienda, para que sepas bien 185
umbríos montes y también el resonante mar; cuanto más poderoso soy que túi, y aborrezca también otro
a ti, gran sinvergüenza, hemos acompaííado para tenerte alegre, pretender ser igual a mí y compararse conmigo.»
por ver de ganar honra para Menelao y para ti, cara de perro, Así habló, y la aflicción invadió al Pelida, y su coraz6ñ
160 de los troyanos '. De eso ni te preocupas ni te cuidas. dentro del velludo pecho vacilaba entre dos decisiones:
Además me amenazas con quitarme tu mismo el botín o desenvainar la aguda espada que pendía a lo largo del muslo 190
por el que mucho pené y que me dieron los hijos de los aqueos. y hacer levantarse a los demás y despojar 61 al Atrida,
Nunca tengo un botín igual al tuyo, cada vez que los aqueos o apaciguar su cólera y contener su furor.
saquean una bien habitada ciudadela de los troyanos. Mientras revolvía estas dudas en la mente y en el Animo
165 Sin embargo, la mayor parte de la impetuosa batalla y sacaba de la vaina la gran espada, llegó Atenea del cielo;
son mis manos las que la soportan. Mas si llega el reparto, por delante la había enviado Hwa, la diosa de blancos brazos, 19s
tu botín es mucho mayor, y yo, con un lote menudo. aunque grato, que en su ánimo amaba y se cuidaba de ambos por igual.
me voy a las naves, después de haberme agotado de combatir. Se detuvo detrás y cogió de la rubia cabellera al Pelida,
Ahora me marcho a Ftía, porque realmente es mucho mejor a él solo apareciéndose. De los demás nadie la veía.
170 ir a casa con las corvas naves, y no tengo la intención Quedó estupefacto Aquiles, giró y al punto reconoció
de procurarte riquezas y ganancia estando aquí deshonrado.» a Palas Atenea; terribles sus dos ojos refulgían. 200
Le respondió entonces Agamenón, soberano de hombres: Y dirigikndose a ella, pronunció estas aladas palabras: .
«Huye en buena hora, si ése es el impulso de tu ánimo; <<¿Aqué viene9 ahora. vástago de Zeus, portador de la égida? '.
no te suplico yo que te quedes por mí. A mi lado hay otros ¿Acaso a ver el Ültraje del Atrida Agamenón?
175 que me honrarán, y sobre todo el providente Zeus. Mas te voy a decir algo, y eso espero que se cumplirá:
Eres para mi el más odioso de los reyes, criados por Zeus 6, por sus agravios pronto va a perder la vida.» 205
porque siempre te gustan la disputa, las riñas y las luchas. Díjole, a su vez, Atenea, la ojizarca diosa:
«Para apaciguar tu furia, si obedeces, he venido del cielo,
y por delante me ha enviado Hera. la diosa de blancos brazos,
La expedición de los diferentes estados griegos pretendía recobrar a
Helena, raptada por Faris, y castigar la fechoría de los troyanos.
que en su ánimo ama y se cuma de ambos por igual.
Aunque Agamenón es el general en jefe de la expedición, hay otros
reyes de estados y pueblos independientes, por lo que la autoridad de Aga-
menón es poco segura siempre y a veces puramente nominal. ' La égida es el escudo de piel de cabra que es atributo de Zeus.
sin excepción, y entonces no podrás, aunque te aflijas,
210 Ea, cesa la disputa y no desenvaines la espada con tu brazo.
socorrerlos, cuando muchos bajo el homicida Héctor
Mas sí, injúrialo de palabra e indícale lo que sucederá.
sucumban y mueran. Y en tu initerior te desgarrarás el ánimo
Pues lo siguiente te voy a decir, y esAuedara cumplido:
de ira por no haber dado satisfiicción al mejor de los aqueos.»
un día te ofrecerá el triple de tantos espléndidos regalos
a causa de este ultraje: tú domínate y haznos caso.» Así habló el Pelida, y tiró al suelo el cetro,
245
tachonado con áureos clavos, y se sentó.
215 En respuesta le dijo Aquiles, el de los pies ligeros:
Y el Atrida al otro lado ardía de cólera. Entre ellos Néstor,
«Preciso es, oh diosa, observar la palabra de vosotras dos,
de meliflua voz, se levantó, el sonoro orador de los pilios,
aunque estoy muy irritado en mi ánimo, pues asi es mejor.
de cuya lengua, más dulce que la miel, fluía la palabra;
Al que les obedece, los dioses le oyen de buen grado.»
niio. .
--,-, v sobre la argéntea empufiadura puso la pesada mano.
220 En la vaina empujó de nuevo la enorme espada y no desacató
durante su vida ya se habían consumido dos generaciones
de míseros mortales que con él se habían criado y nacido'
250-
en la muy divina Pilo, y ya de los terceros era soberano.
la ~ a i a b r ade Atenea. Y ésta marchó al Olimpo, a la morada
--

Lleno de buenos sentimientos hacia ellos, tomó la palabra y dijo:


de Zeus, portador de la égida, junto a las demás deidades.
<<¡Ay!¡Gran pena ha Ilegadol a Ia tierra aquea!
El Pelida de nuevo con daliinas voces
Realmente, estarían alegres Príarno y los hijos de Príamo,
habló al Atrida y no depuso aún la ira: 255
«¡Ebrio, que tienes mirada de perro y corazón de ciervo! y los demás troyanos enorme regocijo tendrían en su ánimo,
225
si se enteraran de todo esto por lo que os batís los dos
Nunca tu ánimo ha osado armarse para el combate con la hueste
que sobresalís sobre los dánaos en el consejo y en la lucha.
ni ir a una emboscada con los paladines de los aqueos:
Mas hacedme caso; ambos sois más jóvenes que yo.
eso te parece que es la propia muerte.
Ya en otro tiempo con varones aún más bravos que vosotros 260
Es mucho más cómodo en el vasto campamento de los aqueos
tuve trato, y ellos nunca me menospreciaron.
230 quitar los regalos al que hable en contra de ti.
Pues todavía no he visto ni creo que vaya a ver a hombres
¡Rey devorador del pueblo, porque reinas entre nulidades!
como Piritoo, Driante, pastor de huestes,
Si no, Atrida, ésta de ahora habría sido tu última afrenta.
Ceneo, Exadio, Polifemo, compiuable a un dios,
Mas te voy a decir algo y prestaré además solemne juramento:
y Teseo Egeida, semejante a los inmortales 9.
por este cetro que ya nunca ni hojas ni ramas 265
Aquéllos fueron los terrestres que m& fuertes se criaron.
235 hará brotar, una vez que ha dejado en los montes el tocón,
Los más fuertes fueron y con los más fuertes combatieron,
ni volverA a florecer, pues el bronce le pelb en su contorno
con las montaraces bestias, que de modo asombroso aniquilaron.
las hojas y la corteza, y que ahora en las palmas llevan
Con ellos traté yo cuando acudí desde la lejana Pilo,
los hijos de los aqueos que administran justicias y velan
aquella remota tierra, pues ellos mismos me habían convocado. 270
por las leyes de Zeus, y éste será para ti gran juramento:
Y yo combati solo por mi propia cuenta. Contra aquéllos nadie
240 aiíoranza de Aquiles llegará un día a los hijos de los aqueos

Los hc+roesdel pasado mencionados son lhpitas de Tesalia que. ayuda-


dos por Teseo de Atenas, lucharon contra los Centauros cuando intentaron
Que debe de tener en la mano, pues en la asamblea el que está en durante la celebración de las bodas de E'intoo e Hipodamía raptar a las mujeres.
uso de la palabra lleva el cetro.
CANTO 1 113

de los mortales que ahora pueblan la tierra habría combatido. y dieron fin a la asamblea junto a las naves de los aqueos.
Y atendían mis consejos y hacían caso a mis palabras. El Pelida fue a sus tiendas y a sus bien equilibradas naves
Mas hacedme caso también vosotros, pues obedecer es mejor. con el Meneciada y con sus compafíeros.
275 Ni tú, aun siendo valeroso, quites a este la muchacha; y, por su parte, el Atrida botó ai mar una veloz nave,
dejásela, pues se la dieron como botín los hijos de los aqueos, puso en ella veinte remeros elegidos, una hecatombe
ni tú. oh Pelida, pretendas disputar con el rey cargó en honor del dios, y a Criseida, de bellas mejillas,
frente a frente, pues siempre ha obtenido honor muy distinto llevó y embarcb. Y como jefe montó el muy ingenioso Ulises.
el rey portador del cetro, a quien Zeus otorgd la gloria. Y tras subir, comenzaron a navegar por las húmedas sendas.
280 Y si tú eres más fuerte y la madre que te alumbró es una diosa 'O, El Atrida ordenó a las huestes purificarse;
sin embargo él es superior, porque reina sobre un número mayor.
iAtrida, apacigurr tu furia! Soy yo ahora quien te suplica y sacrificaron en honor de Apolo cumplidas hecatombes
-
y ellos se purifiCaron y echaron al mar el agua lustral,
'

que depongas la ira contra Aquiles, que es para todos de toros y de cabras junto a la ribera del proceloso mar.
los aqueos alto bastión que defiende del maligno combate.» Y la grasa ascendid al cielo enrosc8ndose en el humo.
285 En respuesta le dijo el poderoso Agamenbn: De esto se ocupaban en el aimpamento; mas Agamenón no
«Si que es, oh anciano, oportuno cuanto has dicho. olvidó la rifia ni la amenaza proferida contra Aquiles;
Pero este hombre quiere estar por encima de todos los demás, por el contrario, dijo a Taltibio y a Euribates,
a todos quiere dominar. sobre todos reinar, que eran sus dos heraldos y diligentes servidores:
y en todos mandar; mas creo que alguno no le va a obedecer. «Id ambos a la tienda del Pdida Aquiles,
290 Y si buen lanceador lo han hecho los sempitemos dioses, y asid de la mano y traed a Bruseida, la de bellas mejillas.
jpor eso le estimulan a proferir injurias?)) Y si no la entrega, yo mismo en persona puede que la coja
Le interrumpió y respondió Aquiles, de la casta de Zeus: yendo con más; y eso será todavía m& estremecedor para él.»
«De verdad que cobarde y nulidad se me podría llamar Tras hablar así, los despach6 con este riguroso mandato.
si es que voy a ceder ante ti en todo lo que digas. Ambos mal de su grado, bordeando la ribera del proceloso mar,
295 A otros manda eso, pero no me lo llegaron a las tiendas y a las nawes de los mirmidones,
ordenes a mí, que yo ya no pienso obedecerte. y lo hallaron 'junto a la tienda y a la negra nave
Otra cosa te voy a decir, y tú métela en tus mientes: sentado. Realmente no se alegró Aquiles al ver a ambos. 330
con las manos yo no pienso luchar por la muchacha Los dos, por temor y respeto del rey,
ni contigo ni con otro, pues me quitáis lo que me disteis. se detuvieron sin atreverse a decir ni a preguntar nada.
3oo Pero de lo demás que tengo junto a la veloz nave negra, Pero él se dio cuenta en sus mientes y les dijo:
no podrías quitarme nada ni llevártelo contra mi voluntad. «;Salud, heraldos, mensajeros de Zeus y de los hombres!
Y si no, ea, inténtalo, y se enterarán también éstos: Acercaos. No sois vosotros culpables de nada, sino Agamenbn, 335
al punto tu oscura sangre manara alrededor de mi lanza.» que a ambos ha despachado en busca de la joven Briseida.
Tras refiir así con opuestas razones, ambos se levantaron Mas, ea, Patroclo, descendiente de Zeus, saca a la muchacha
y entrégasela para que se la lleven. Sean ambos testigos
ante los felices dioses y ante los mortales hombres,
150. -8
CANTO 1

340 y ante él, ante el implacable rey, si alguna otra vez para liberar a su hija, cargado de inmensos rescates,
hay necesidad de mí para apartar un ignominioso estrago llevando en sus manos las infulas del flechador Apolo
de los demás. Pues con mente funesta se lanza ahora furioso en lo alto del áureo cetro, y suplicó a todos los aqueos,
y no sabe mirar al mismo tiempo hacia delante y hacia atrás, pero, sobre todo, a los dos Atridas, ordenadores de huestes.
para que los .aqueos luchen por él a salvo junto a las naves.» Entonces todos los demás aqueos aprobaron unánimes
345 Así habló, y Patroclo obedeció a su compaííero, respetar al sacerdote y aceptar el espléndido rescate;
y sacó de la tienda a Briseida, ,la de bellas mejillas, pero no le plugo en su ánimo aJ Atrida Agamenón,
y se la dio para llevarla. Volvieron a las naves de los aqueos, que lo alejó de mala manera y le dictó un riguroso mandato.
y la mujer marchó con ellos de mala gana. A su vez, Aquiles El anciano se marchó irritado. Y Apolo
se apartó al punto de sus compaiieros y se echó a llorar sentado
350 sobre la ribera del canoso mar, mirando al ilimitado ponto.
le escuchó en su suplica, porque le era muy querido,
y lanzó contra los aqueos su funesto dardo. Las huestes
' -
Muchas plegarias dirigió a su madre, extendiendo los brazos: morían en rápida sucesión, y los venablos del dios recorrían
«¡Madre! Ya que me diste a luz para una vida efímera, por doquier el vasto campamento de los aqueos. El adivino,
honor me debió haber otorgado el olímpico gracias a su saber, reveló el vaticinio del arquero,
Zeus altitonante. Ahora bien, ni una pizca me ha otorgado, y al instante yo mandé el primero que se aplacara al dios.
355 pues el Atrida Agamenón, seííor de anchos dominios, me El Atrida entonces fue presa de la ira y al punto se levantó
ha deshonrado y quitado el botín y lo retiene en su poder.)) y profirió una amenaza que ya está cumplida:
Así habló vertiendo lágrimas, y le oyó su augusta madre a la una con una veloz nave los aqueos, de vivaces ojos,
sentada en los abismos del mar al lado de su anciano padre la acaban de enviar a Crisa y llevan regalos para el soberano;
y al punto emergió, como nubareda de polvo, del canoso mar ". y con la otra se han ido de mi ,tienda ahora mismo los heraldos,
360 Se sent6 delante de él, que seguía vertiendo lágrimas, con la muchacha de Briseo, que los hijos de los aqueos me dieron.
lo acarició con la mano, lo llamó con todos sus nombres y dijo: Mas tu, si puedes, socorre a tu hijo.
«¡Hijo! ¿Por qué lloras? ¿Qué pena invade tus mientes? Ve al Olimpo y suplica a Zeus, si es que alguna vez en algo
Habla. no la ocultes en tu pensamiento, sepámosla ambos.» has agradado el corazón de Zeus de palabra o también de obra; 395
Con hondos suspiros respondió Aquiles, de pies ligeros: pues a menudo te he oído en Itis salas de mi padre
36s «Lo sabes. ¿Por qué relatarte todo eso que ya conoces? jactarte, cuando afirmabas que (de Zeus, el de oscuras nubes,
Fuimos a Teba, la sacra ciudad de Eetión, tu sola entre los inmortales alejaste un ignominioso estrago,
la saqueamos por completo y nos trajimos aquí todo. cuando quisieron atarlo entre todos los demás olímpicos,
Los hijos de los aqueos se distribuyeron el resto con equidad Hera y también Posidón y Palas Atenea. 400
y seleccionaron para el Atrida a Criseida, de bellas mejillas. Mas tu, oh diosa, ascendiste y lo soltaste de las ataduras,
370 Entonces Crises, sacerdote de Apolo, que dispara de lejos, llamando de inmediato al espacioso Olimpo al Centímano,
llegó a las veloces naves de los aqueos, de broncíneas túnicas 12, a quien los dioses llaman Briárco, y todos los hombres
Egeón, porque él es a su vez más fuerte que su padre 1 3 ,
l1 Tetis, la madre de Aquiles, es una diosa marina, una hija de Nereo.
l2 El epíteto puede hacer referencia al escudo o a la coraza. 13 Los demás ejemplos en los que !semenciona una denominación distinta
405 quien se sentó al lado del Crónida, ufano de su gloria; el mástil sobre la horquilla, arriándolo con cables
los felices dioses sintieron miedo de él y ya no lo ataron. raudamente, y a remo impulsaraln el barco hasta el fondeadero. 435
Recuérdaselo ahora, siéntate a su lado y abraza SUS rodillas, Echaron cameras anclas y ataron las amarras de popa.
a ver si quiere proteger a los troyanos Saltaron ellos mismos sobre la rompiente del mar
y acorralar en las popas y alrededor del mar a los aqueos y sacaron la hecatombe en honor del flechador Apolo.
410 entre gran mortandad, para que todos disfruten de su rey, Y salió Criseida de la nave, suricadora d d ponto.
y se entere el Atrida Agamenón, señor de anchos dominios, Luego, el muy ingenioso Ulises la condujo hacia el altar, 440
de su yerro, por no dar satisfacción al mejor de los aqueos.» la puso en manos de su padre jr le dijo:
Respondióle entonces Tetis, derramando lágrimas: «iCrises! Agamenón, soberano de hombres, me ha enviado
«¡Ay, hijo mío! ¿Por qué te crié si en hora aciaga te a traerte a tu hija y a ofrecer ai Febo una sacra hecatomig
415 di a luz? ¡Sin llanto y sin pena junto a las naves debiste en favor de los dánaos, para propiciarnos al soberano,
quedarte sentado, ya que tu sino es breve y nada duradero! que ahora ha dispensado deplorables duelos a los argivos.)) 445
Temprano ha resultado ser tu hado e infortunado sobre todos Tras hablar así, la puso en sus manos, y él acogió alegre
has si*; por eso, para funesto destino te alumbre en palacio. a su hija. Con ligereza la sacra hecatombe en honor del dios
A comunicar ese mensaje a Zeus, que se deleita con el rayo, colocaron seguidamente en torncdel bien edificado altar
420 VOY yo misma al muy nevado Olimpo, a ver si me hace caso. y se lavaron las manos y cogieron los granos de cebada majada.
Mas tú ahora, sentado junto a las naves, de ligero curso, Crises oró en alta voz, con los brazos extendidos a lo alto: 450
conserva tu cólera contra los aqueos y abstente del combate. «iÓyeme, oh tú, el de argénteo arco, que proteges Crisa
Zeus fue ayer l4 al Océano a reunirse con los intachables etíopes y la muy divina Cila, y sobre Ténedos imperas con tu fuerza.
para un banquete, y todos los dioses han ido en su compaíiía. Ya una vez antes escuchaste mi plegaria, y a mí me honraste
425 Al duodécimo dia regresará al Olimpo, e infligiste un grwe castigo a la^ hueste de los aqueos.
y entonces yo iré a la morada, de broncíneo piso, de Zeus También ahora cúmpleme este otro deseo: 455
y me abrazaré a sus rodillas, y creo que me hará caso.)) aparta ya ahora de los dánaos t:l ignominioso estrago.))
Tras hablar así, se marchó y lo dejó allí mismo. Así habló en su plegaria, y le escuchó Febo Apolo.
irritado en su ánimo por la mujer, de bello talle, Tras elevar la súplica y espolvorear granos de cebada majada,
430 que por la fuerza y contra su voluntad le habían quitado. primero echaron atrás las testudes, las degollaron y desollaron;
En tanto Ulises llegó a Crisa conduciendo la sacra hecatombe. despiezaron los muslos y los cubrieron con grasa 460
Cuando arribaron al interior del puerto, de múltiples simas, formando una doble capa y encima pusieron trozos de carne cruda.
arriaron velas y las depositaron en la negra nave, El anciano los asaba sobre unos lefios, mientras rutilante vino
vertía; al lado unos'jóvenes asíaui asadores de cinco puntas.
en la lengua de los dioses y en la de los hombres son 11 813 s., XIV 290 Tras~consumirseambos muslos ;al fuego y catar las vísceras,
s., XX 74, Od. X 305, XI1 61. trincharon el resto y lo ensartaron en brochetas, 465
l4 LOS versos 221 SS. anteriores dan por sentado que Zeus y las demás
lo asaron cuidadosamente y retiiraron todo del fuego.
deidades están ese mismo dia en el Olimpo. Otro periodo de once días, du-
rante el que hay una tregua para el funeral de Hector, se menciona en XXIV
Una vez terminada la faena y dispuesto el banquete,
664 SS. (cf. 784 SS.). participaron del festín, y nadie careció de equitativa porción.
CANTO I 119

Después de saciar el apetito de bebida y de comida, Halló al Crónida, de ancha voz, sentado aparte de los demás
470 los muchachos colmaron crateras l5 de bebida, en la cumbre más elevada del Olimpo, lleno de riscos.
que repartieron entre todos tras ofrendar las primicias en copas. se sentó delante de 61 mismo, le abrazó las rodillas 500
Todo el día estuvieron propiciando al dios con cantos y danzas con la izquierda y, asiendo con la diestra su barba por debajo ",
los muchachos de los aqueos, entonando un peán l6 en el que dijo, suplicante, al soberano Zeui5 Cronión:
celebraban al Protector; y éste se recreaba la mente al oírlo. «¡Padre Zeus! Si alguna vez entre los inmortales
475 Cuando el sol se puso y sobrevino la oscuridad, te he favorecido de palabra o de obra, cúmpleme este deseo:
se acostaron a lo largo de las amarras de popa de la nave, honra a mi hijo, sujeto al más temprano hado entre todos 505
y al aparecer la hija de la maííana. la Aurora, de rosados dedos, y a quien, además, ahora Agamenón, soberano de hombres,
se hicieron a la mar hacia el vasto campamento de los aqueos; ha deshonrado y quitado el botín y lo retiene en su poder,
un próspero viento les enviaba el protector Apolo. Mas tu véngalo, providente Zeus Olímpico,
480 Izaron el mástil y desplegaron a lo alto las blancas velas, e infunde poderío a los troyanos, hasta que los aqueos
el viento hinchó de pleno el velamen, y las rizadas olas den satisfacción a mi hijo y lo e:xalten de honores.» 510
gemían a los lados de la quilla al compás del avance de la nave. Así habló, y nada respondió Zeus, que las nubes acumula,
Y ésta surcaba olas abajo, llevando a término la ruta. y permaneció un rato sentado en1 silencio. Tetis, una vez asida
Mas una vez llegados al vasto campamento de los aqueos, a sus rodillas, seguía así agarrada y preguntó por segunda vez:
485 remolcaron la negra nave sobre tierra firme, «De verdad prométemelo y asiente a ello,
la vararon arriba en la arena y la calzaron con largas escoras; o deniégalo, ya que no cabe el temor en ti; así sabré bien 515
y luego ellos se dispersaron por las tiendas y las naves. hasta que punto soy la divinidad más vilipendiada entre todas.»
Velaba su cólera sentado junto a las naves, de veloz curso, Muy enojado, le respondió Z&B, que las nubes acumula:
el hijo de Peleo, descendiente de Zeus, Aquiles. de pies ligeros, «iDesastres se avecinan, pues me impulsarás a enemistarme
490 y ni frecuentaba la asamblea, que otorga gloria a los hombres, con Hera, cuando ella me provoque con injuriosas palabras!
ni el combate, sino que iba consumiendo su corazón Aun sin motivo, una y otra vez entre los inmortales dioses 5 20
allí quieto y d o r a b a el griterío de guerra y la batalla. me recrimina y afirma que protejo a los troyanos en la lucha.
Pero al llegar a partir de aquel día la duodécima aurora, Mas tú ahora márchate de nuevo, no sea que note algo
entonces volvieron al Olimpo los sempiternos dioses juntos Hera. De mi cuenta quedara eso para cumpfirlo.
495 con Zeus a fa cabeza. Tetis no había olvidado los encargos ¡Ea, asentiré con la cabeza, para que me hagas caso!
de su hijo y emergió de las ondas del mar Entre los inmortales esta seaal, viniendo de mí, es la prueba 525
y ascendió de maiiana al elevado cielo y al Olimpo. más segura; pues es irrevocable, no tiene engaffo
y no queda sin cumplir lo que garantizo con mi asentimiento.))
Dijo, y sobre las oscuras cejas asintió el Cronióh;
l5 Recipientes donde se mezcla el agua y el vino que luego se escancia
y las inmortales guedejas del soberano ondearon
en las copas. La transcripción correcta de la forma griega al castellano sería 530 desde la inmortal cabeza, y el alto Olimpo sufrió una honda sacudida. 530
cráter, pero la transliteración caprichosa cratera o crátera se ha hecho común.
l6 Canto o grito de alegría con el que se invoca a Peán, nombre que
17 Ésta es la postura típica y ritiial del suplicante.
a veces se aplica a Apolo.
Los dos, tras deliberar así, se separaron. Ella entonces no sea que ni todos los dioses del Olimpo puedan socorrerte
se zambulló en el profundo mar desde el resplandeciente Olimpo, cuando yo me acerque y te ponga encima mis inaferrables manos.))
y Zeus volvió a su morada. A una los dioses se incorporaron Así habló, y sintió miedo la augusta Hera, de inmensos ojos,
de sus asientos a la vista del padre, y ninguno osó aguardar y se sentó en silencio, doblegarido su corazón.
535 quieto su llegada, pues todos se levantaron a su paso. Se enojaron en la morada de Zeus los celestiales dioses, 570
Sentóse allí, sobre el trono, y no ignoró Hera, y entre ellos Hefesto. el ilustre artífice, comenzó a hablar,
al verlo, que con él había trazado ciertos planes procurando complacer a su madre, Hera, la de blancos brazos:
Tetis, la de argénteos pies, la hija del marino anciano. «Calamitosas serán estas acciones y ya no tolerables,
Al punto, con mordaces palabras dijo a Zeus Cronión: si vosotros dos por culpa de unos mortales os querelláis así
540 «¿Qué dios, Úrdidor de dolos, ha trazado esta vez planes y entre los dioses promovéis re:yerta. Tampoco del banquete 57s
contigo? Siempre te gusta deliberar cuando estás lejos de mí magnífico habrá gusto, pues lo inferior está prevaleciendo.
y tomar decisiones clandestinas, y jamás hasta ahora conmigo A mi madre yo exhorto, aunque ella misma se da cuenta,
has sido benévolo ni has osado decirme el plan que proyectas.)) a que procure complacer al padre Zeus, para evitar que vuelva
Le respondió entonces el padre de hombres y de dioses: a recriminarla mi padre y a nosotros nos perturbe el festín.
545 uHera, no esperes realmente todos mis propósitos Pues el fulminador Olimpico incluso si quiere 5 80
conocer; difícil para ti será, aun siendo mi esposa. de los asientos arrojarnos, es con mucho el más fuerte;
El que convenga que escuches ningún otro mas tú atráetelo con palabras halagadoras.
de los dioses ni de los hombres lo conocerá antes que tú; Entonces pronto el Olímpico nos será propicio.))
mas de los que lejos de los dioses yo quiera decidir Así habló y alzando una colpa de doble asa,
550 ni preguntes por cada uno ni trates de indagarlos.» se la puso a su madre en la mano y le dijo: 585
Le respondió entonces la augusta Hera, de inmensos ojos: ((Soporta, madre mía, y domínate, aunque estés apenada;
«iAtrocísimo Crónida! ¿Qué clase de palabra has dicho? que a ti, aun siéndome tan querida, no tenga que verte con mis ojos
No es excesivo lo que a veces te pregunto y procuro indagar, apaleada. Entonces no podré, aun afligido,
sino que muy tranquilo deliberas lo que quieres. socorrerte, pues doloroso es rkalizar con el Olímpico:
555 Mas ahora un temor atroz tengo en mi mente de que te engañe ya en otra ocasión a mí, ansioso de defenderte, 590
Tetis, la de argénteos pies, la hija del marino anciano. me arrojó del divino umbral, agarrándome del pie ".
Pues al amanecer sentóse junto a ti y te abrazó las rodillas. Y todo el día estuve descendiendo y a la puesta del sol
Creo que con tu veraz asentimiento le has garantizado honrar caí en Lemnos, cuando ya poco aliento me quedaba dentro.
a Aquiles y arruinar a muchos sobre las naves de los aqueos.» Allí los sinties me recogieron nada más caer.))
560 En respuesta le dijo Zeus, que las nubes acumula: Así habló, y se sonrió Hera, la diosa de blancos brazos, 595
«;Desdichada! Siempre sospechas y no logro sustraerme a ti. y tras sonreír aceptó de su hijo en la mano la copa.
Nada, empero, podrás conseguir, sino de mi ánimo
estar más apartada. Y eso para ti aun más estremecedor será.
Es probable que se refiera al incidente aludido en XV 18-24. Hubo
Si eso es así, es porque así me va a ser caro. además otra ocasión en la que Heferito fue arrojado del Olimpo (cf. XVIII
565 Mas sihtate en silencio y acata mi palabra, 394 ss.). Una o ambas caídas deben de explicar la cojera del dios.
Mas él a todos los demás dioses de izquierda a derecha
fue escanciando dulce néctar, sacándolo de la cratera.
Y una inextinguible risa se elevó entre los felices dioses,
600 al ver a Hefesto a travCs de la morada jadeando.
Así entonces durante todo el día hasta la puesta del sol
participaron del festín, y nadie careció de equitativa porción
ni tampoco de la muy bella fórminge, que mantenía Apolo,
CANTO 11
ni de las Musas, que cantaban alternándose con bella voz.
605 Mas al ponerse la refulgente luz del sol,
se marcharon a acostarse cada uno a su casa,
donde a cada cual una morada el muy ilustre cojitranco,
Los demás dioses y hombresi, dueAos de carros de guerra,
Hefesto, había fabricado con su mañoso talento.
durmieron toda la noche, mas el grato sueAo no dominaba a Zeus,
También a su lecho marchó Zeus. el Olímpico fulminador,
que dudaba en su mente c6mo honrar a Aquiles
610 donde descansaba cada vez que le llegaba el dulce sueño.
y aniquilar a muchos sobre las naves de los aqueos.
Allí subió y se durmió, y a su lado Hera, de áureo trono.
5 Y he aquí el plan que se le reveló el mejor en su ánimo:
enviar sobre el Atrida Agamencin al pernicioso Ensueño.
Y, dirigiéndose a él, le dijo estas aladas palabras:
«Anda, ve, pernicioso Ensueiño, a las veloces naves
de los aqueos, y entra en la tienda del Atrida Agamenón
lo y declárale todo muy puntualmiente como te encargo:
ordCnale que arme a los aqueoii, de melenuda cabellera,
en tropel: ahora podría conquis'tar la ciudad, de anchas calles,
de los troyanos, pues los dueños de las olímpicas moradas,
los inmortales, ya no discrepan,, porque a todos ha doblegado
i s Hera con súplicas 19, y los duelos se ciernen sobre los troyan0s.n 15
Así habló, y partió el Ensur:ño al oír este mandato.
Con presteza llegó a las veloces; naves de los aqueos
y marchó sobre el Atrida Aganienón. Lo encontró
durmiendo en la tienda; el inmortal sueño se difundía alrededor.
20 Se detuvo sobre su cabeza, tomando la figura del hijo de Neleo, 20
Néstor, a quien de los ancianos más honraba Agamenón.
A 61 asemejándose, le dirigió lar palabra el divino Ensueño:

l9 Sobre la causa del odio de Hera contra los troyanos, inexplicado en


la Zliada, vtase pigs. 69 s.
«Duermes, hijo del belicoso Atreo, domador de caballos. en aspecto, talla y naturaleza muy de cerca se parecía.
No debe dormir toda la noche el varón que tiene las decisiones, Se ha detenido sobre mi cabeza y me ha dirigido estas palabras:
25 a quien están confiadas las huestes y a cuyo cargo hay tanto. 'Duermes, hijo del belicoso A,treo, domador de caballos. 60
Ahora atiéndeme pronto, pues soy para ti mensajero de Zeus, No debe dormir toda la noche el varón que tiene las decisiones,
que, aun estando lejos, se preocupa mucho por ti y te compadece. a quien están confiadas las huestes y a cuyo cargo hay tanto.
Ha ordenado que armes a los aqueos, de melenuda cabellera. Ahora atiéndeme pronto, pues soy para ti mensajero de Zeus,
en tropel: ahora podrías conquistar la ciudad, de anchas calles, que, aun estando lejos, se preocul~amucho por ti y te compadece.
30 de los troyanos, pues los dueilos de las olímpicas moradas, Ha ordenado que armes a los aqueos, de melenuda cabellera, 65
los inmortales, ya no discrepan, porque a todos ha doblegado en tropel: ahora podrías conquistar la ciudad, de anchas calles,
Hera con súplicas, y los duelos se ciernen sobre los troyanos de los troyanos, bues los duefios de las olímpicas moradas.
por obra de Zeus. Guarda esto en tus mientes, y que el olvido no los inmortales, ya no discrepan, porque a todos ha doble&o
te conquiste cuando el sueño, dulce para las mentes, te suelte.)) Hera con súplicas, y los duelos se ciernen sobre los troyanos
3s Tras hablar así, se marchó y lo dejó allí mismo por obra de Zeus. Guarda esto gen tus mientes. Tras hablar así, 70
imaginando en su ánimo cosas que no se iban a cumplir: ha marchado volando, y a mí me ha soltado el dulce suefio.
estaba seguro de conquistar la ciudad de Priamo aquel día, Ea, veamos-cómo logramos que los hijos de los aqueos se armen.
iinsensato!, no conocía las acciones que Zeus estaba tramando, Primero yo los probaré con pahbras, como es debido 20,
pues aún iba a causar dolores y gemidos y les ordenaré huir con las naves, de muchas filas de remeros;
40 a troyanos y dánaos a lo largo de violentas batallas. vosotros procurad por separado retenerlos con vuestros consejos.)) 75
Se despertó del sueño; la divina voz aún se difundía alrededor. Tras hablar así, se sentó, y entre ellos se levantó
Se sentó incorporándose, se puso la suave túnica, Néstor, que era soberano de la arenosa Pilo.
bella y recién fabricada, y alrededor se echó el gran manto. Lleno de buenos sentimientos hacia ellos, tomó la palabra y dijo:
En los lustrosos pies se calzó unas bellas sandalias «iAmigos, de los argivos prittcipes y caudillos!
45 y se colgó a hombros la espada, tachonada de clavos de plata. Si algún otro de los aqueos hubiera relatado el sueño, 80
Cogió el paterno cetro, siempre inconsumible, afirmaríamos que es mentira y nos alejaríamos con más razón.
y con él fue por las naves de los aqueos, de broncíneas túnicas. Mas lo ha visto quien se jacta de ser el mejor de los aqueos.
La diosa Aurora subió al vasto Olimpo, Ea, veamos cómo logramos que los hijos de los aqueos se armen.))
para anunciar la luz a Zeus y a los demás inmortales. Tras hablar así, fue el primero en salir del consejo,
so Él. por su parte, a los heraldos, de sonora voz, ordenó y se levantaron e hicieron caso al pastor de huestes 85
convocar a asamblea a los aqueos, de melenudas cabelleras. los reyes, portadores de cetro. Se precipitaron detrás las huestes.
Aquéllos fueron pregonándola, y éstos se reunieron muy aprisa. Como las tribus de las espesas abejas salen
Mas antes citó a sesión al consejo de magnánimos ancianos de una hueca roca en permanente procesión,
junto a la nestórea nave del rey nacido en Pilo.
5s A éstos convocó y les expuso su sagaz plan:
NO queda clara la razón por la que Agamenón anuncia aquí y realiza
qOídme, amigos! El divino Ensueilo me ha venido en sueiios más tarde (versos 110-141) una prueba que no formaba parte del mensaje
durante la inmortal noche; sobre todo a Néstor, de casta de Zeus, del Ensuefio.
CANTO 11 127

vuelan en racimos sobre las primaverales flores contra menos hombres, y que el final aún no está a la vista.
90 y en multitud revolotean, unas aquí y otras allá, pues si los aqueos y los troyanos deseáramos sancionar
tan numerosas tribus de guerreros desde las naves y las tiendas con sacrificios leales juramentos y contar ambos bandos,
delante de la profunda costa desfilaban y seleccionáramos a cuantos troyanos hay en sus hogares,
en compactas escuadras hacia la asamblea. En medio ardía la Fama, y nosotros, los aqueos, nos disí.ribuyéramos en grupos de diez
mensajera de Zeus, instándolos a acudir, y ellos se reunieron. y cada grupo escogiéramos un itroyano para escanciarnos vino,
95 Estaba alborotada la asambleá, la tierra gemía debajo muchas décadas carecerían de escanciador.
al sentarse las huestes. y habia gran bullicio. Nueve heraldos Tanto más numerosos aseguro que somos los hijos de los aqueos
pugnaban a voces por contenerlos, por ver si al fin el clamor que los troyanos que habitan lei ciudad. Mas tienen aliados 130
detenían y podían escuchar a los reyes, criados por Zeus. venidos de muchas ciudades, guerreros que blanden la pic3
'
A duras penas se sentó la hueste y enmudecieron en los asientos, que me hacen vagar a gran distancia y que me impiden
ioo poniendo fin al griterío. Y el poderoso Agamenón se levantó muy a mi pesar arrasar la bien habitada ciudadela de Ilio.
empufiando el cetro, que Hefesto habia fabricado con esmero. Nueve son los aiios del excelso Zeus que han transcurrido,
Hefesto se lo había dado al soberano Zeus Cronión; y la madera de las naves está carcomida y las sogas sueltas. 135
por su parte, Zeus se lo habia dado al mensajero Argicida. Nuestras esposas e infantiles hijlos
El soberano Hermes se lo dio a Pélope, fustigador de caballos, están sentados en las salas aguardando, y la empresa
10s y, a su vez, PéIope se lo había dado a Atrw, pastor de huestes. por la que vinimos aquí se halla incumplida.
Atreo, al morir, se lo habia dado a Tiestes, rico en corderos. Mas, ea, como yo os voy a decir, hagamos caso todos:
y, a su vez, Tiestes se lo dejó a Agamenón para que lo llevara huyamos con las naves a nuestra tierra patria,
y fuera el soberano de numerosas islas y de todo Argos 'l. pues ya no conquistaremos Troya, la de anchas calles.»
En él apoyándose, dijo entre los argivos estas palabras: Así habló, y en el pecho se les conmovió el Animo
110 «jAmigos, héroes dánaos, escuderos de Ares! a todos los de la multitud que no habían asistido al consejo.
Zeus Crónida me ha atado fuertemente con pesada ofuscación, Se agitó la asamblea como las extensas olas del mar
jel cruel!, que antes me prometió y garantizó con su asentimiento -del ponto icario-. que tanto el Euro como el Noto 145
que regresaría tras saquear la bien amuraliada Ilio, alzan al irrumpir impetuosos desde las nubes del padre Zeus.
y ahora ha decidido un pérfido engaiío y me ordena Como cuando el Zéfiro al sobrevenir menea la densa mies,
115 regresar a Argos sin gloria, tras perder numerosa hueste. soplando pujante por encima, y cae sobre las espigas y las comba,
Así parece que va a ser grato al prepotente Zeus, así se agitó toda la asamblea. Entre alaridos
que ha demolido las cumbres de numerosas ciudades se lanzaron a las naves, y baja1 sus pies una nube de polvo iso
y aún destruirá otras, pues su poder es el más excelso. se iba levantando y ascendiendo. Unos a otros se ordenaban
Vergonzoso es que se enteren de esto los hombres venideros: echar mano a las naves y remolcarlas a la límpida mar,
120 de que tal y tan numerosa hueste de aqueos en vano y limpiaban los canales. Al cielo llegó el clamor de aquéllos,
está combatiendo y luchando en ineficaz combate ávidos de regresar a casa. Y quitaban las escoras de las naves.
Entonces se habría producido el regreso de los argivos 15s
Argos se refiere aquí a todo el reino de Agamenbn.
contra el destino, si Hera no hubiera dicho a Atenea:
CANTO 11 129

<<¡Ay,vástago de Zeus, portador de la égida, indómita! pues aún no sabes con certeza la intención del Atrida.
Así a casa, a su tierra patria, se disponen ya Ahora nos prueba, mas pronto castigara a los hijos de los aqueos.
a huir los argivos sobre los anchos lomos del mar. ¿No hemos escuchado todos en el consejo qué ha dicho?
160 y dejarían como galardón para Príamo y para los troyanos Cuida de que su ira no cause dlaíío a los hijos de los aqueos. 19s
a la argiva Helena, por cuya causa muchos de los aqueos Grande es la animosidad de los reyes, criados por Zeus.
han perecido en Troya lejos de la tierra patria. honra procede de Zeus, y el providente Zeus lo ama.»
Ve ahora por la hueste de los aqueos, de broncíneas tiinicas, Mas al hombre del pueblo que veía y encontraba gritando,
y con tus amables palabras retén a cada hombre con el cetro le golpeaba y le increpaba de palabra:
165 y no los dejes remolcar al mar las maniobreras naves.»
Así habló, y no desobedeció Atenea, la ojizarca diosa.
«i]nfeliz! Siéntate sin temblar y atiende a los demás,
que son más valiosos. Tu eres inútil y careces de coraje: -
ni en el combate nunca se te tiene en cuenta ni en la asamblea.
200

Descendió de las cumbres del Olimpo presurosa,


y con presteza llegó a las veloces naves de los aqueos. De ninguna manera seremos reyes aquí todos los aqueos.
Encontró en seguida a Ulises, émulo de Zeus en ingenio, No es bueno el caudillaje de muchos; sea uno solo el caudillo,
170 parado; no había tocado la negra nave, de bellos bancos, uno solo el rey, a quien ha otorgado el taimado hijo de Crono 205
pues la tristeza le invadía el ánimo y el corazón. el cetro y las leyes, para decidir con ellos en el consejo.»
Deteniéndose cerca, le dijo la ojizarca Atenea: Así recorrió como caudillo el campamento. A la asamblea
«iLaertíada del linaje de Zeus! iUlises fecundo en ardides! de nuevo se precipitaron desde las naves y las tiendas
¿Así a casa, a vuestra tierra patria, os disponeis ya entre ecos, como cuando la hinlchada ola del fragoroso mar
175 a huir cayendo en las naves, de muchas filas de remeros, en una gran playa brama, y el ponto retumba. 210
y dejaríais como galardón para Priamo y para los troyanos Todos se fueron sentando y se contuvieron en sus sitios.
a la argiva Helena, por cuya causa muchos de los aqueos El único que con desmedidas parlabras graznaba aún era Tersites,
han perecido en Troya lejos de la tierra patria? que en sus mientes sabía muchais y desordenadas palabras
Mas ve ahora por la hueste de los aqueos, no cejes todavía para disputar con los reyes locament,e, pero no con orden,
180 y con tus amables palabras retén a cada hombre sino en lo que le parecía que a ojos de los argivos ridículo 215
y no los dejes remolcar al mar las maniobreras naves.» iba a ser. Era el hombre mas indigno llegado al pie de Troya:
Así dijo, y él comprendió que la voz de la diosa había hablado. era patizambo y cojo d e una pierna; tenía ambos hombros
Echó a correr y tiró la capa, que le recogió encorvados y contraídos sobre el pecho; y por arriba
Euríbates, el heraldo itacense que le acompafiaba. tenia cabeza picuda, y encima una rala pelusa floreaba.
la Él, por su parte, yendo al encuentro del Atrida Agamenón Era el más odioso sobre todo para Aquiles y para Ulises, 220
recibió su ancestral cetro, siempre inconsumible, a quienes solía recriminar. Mas entonces al divino Agamenón
y con él fue por las naves de los aqueos, de broncíneas túnicas. injuriaba en un frenesí de estridentes chillidos. Los aqueos
A cada rey y sobresaliente varón que encontraba, le tenían horrible rencor y su ánimo se llenó de indignación.
con amables palabras lo retenía, deteniendose a su lado: Mas él con grandes gritos recriminaba a Agarnenón de palabra:
190 «iInfeliz! No procede infundirte miedo como a un cobarde; «iAtrida! ¿De qué te quejas otra vez y de qué careces? 225
sé tú mismo quien se siente y detenga a las demás huestes. Llenas estan tus tiendas de bronce, y muchas mujeres
150 -9
CANTO 11

hay en tus tiendas para ti reservadas, que los aqueos la capa y la túnica que cubren tus vergüenzas,
te damos antes que a nadie cuando una ciudadela saqueamos. y te echo llorando a las veloces naves
LESque aún necesitas también el oro que te traiga alguno fuera de la asamblea, apaleado con ignominiosos golpes.))
230 de los troyanos, domadores de caballos, de Ilio como rescate si habló, y con el cetro la espalda y los hombros 265
por el hijo que hayamos traído atado yo u otro de los aqueos, le golpeó. Se encorvó, Y una lozana lágrima se le escurrió.
o una mujer joven, para unirte con ella en el amor, Un cardenal sanguinolento le brotó en la espalda
y a la que tú solo retengas lejos? No está bien por obra del áureo cetro, y se sentó y cobró miedo.
que quien es el jefe arruine a los hijos de los aqueos. olori ido y con la mirada perdidla, se enjugó el llanto.
235 ¡Blandos, ruines baldones, aqueas, que ya no aqueos! y 10s demás, aun afligidos 22, se echaron a reír de alegría. 270
A casa, sí, regresemos con las naves, y dejemos a este
aquí mismo en Troya digerir el botín, para que así vea
y así decía cada uno, mirando al que tenia próximo:
«iQué sorpresa! Ulises es autor de hazafias sin cuento '
-
si nosotros contribuimos o no en algo con nuestra ayuda por las buenas empresas que inicia y el combate que apresta;
quien también ahora a Aquiles, varón muy superior a él, mas esto de ahora es lo mejor que ha hecho entre los argivos:
2ao ha deshonrado y quitado el botín y lo retiene en su poder. cerrarle la boca a éste, un ultrajador que dispara palabrería. 275
Mas no hay ira en las mientes de Aquiles, sino indulgencia; Seguro que su arrogante ánimo rio le volverá a impulsar otra vez
si no, Atrida, esta de ahora habría sido tu última afrenta.)) a recriminar a los reyes con injuriosas palabras.))
Así habló recriminando a Agamenón, pastor de. huestes, Así decía la multitud, y Uliscs, saqueador de ciudades,
Tersites. A su lado pronto se plantó el divino Ulises se levantó con el cetro en la mano. Al lado, la ojizarca Atenea,
245 y, mirándolo con torva faz, le amonestó con duras palabras: tomando la figura de un heraldo, mandó a la hueste callar, 280
«iTersites, parlanchín sin juicio! Aun siendo sonoro orador, para que los hijos de los aqueos,, desde el primero al último,
modérate y no pretendas disputar tú solo con los reyes. escucharan su proyecto y meditaran su consejo.
Pues te aseguro que no hay otro mortal más vil que tú Lleno de buenos sentimientos hacia eIlos, tomó la palabra y dijo:
de cuantos junto con los Atridas vinieron al pie de Ilio. «iAtrida! Ahora a ti, soberano, quieren los aqueos
250 Por eso no deberías poner el nombre de los reyes en la boca dejarte como el más desmentido entre los míseros mortales, 285
ni proferir injurias ni acechar la ocasión para regresar. y pretenden no cumplir la promesa que te hicieron cuando aún
Ni siquiera aún sabemos con certeza cómo acabarh esta empresa, estaban en ruta hacia aquí desde Argos, pastizal de caballos:
si volveremos los hijos de los aqueos con suerte o con desdicha. regresar sólo tras haber saqueado la bien amurallada Ilio;
Por eso ahora al Atrida Agamenón, pastor de huestes, pues he aquí que como tiernos nifios o como mujeres viudas,
255 injurias sentado, porque muchas cosas le dan unos con otros se lamentan de que quieren regresar a casa. 290
los héroes dánaos. Y tú pronuncias mofas en la asamblea. Cierto que es dura tarea regresar a casa lleno de tristeza;
Mas te voy a decir algo, y eso también quedará cumplido: cualquiera que permanece un solo mes lejos de su esposa
si vuelvo a encontrarte desvariando como en este momento,
ya no tendría entonces Ulises la cabeza sobre los hombros
22 NO, desde luego, por lo que le ha sucedido a Tersites, sino por la
260 ni sería ya llamado padre de Telémaco,
confusión precedente y por la propia repulsa que les ha causado la arenga
si yo no te cojo y te arranco la ropa, de Tersites.
CANTO 11 133

con la nave, de numerosos bancos, se impacienta, tambien nosotros combatiremos allí el mismo número de años
si los vendavales invernales y el mar encrespado lo acorralan. y al décimo tomaremos la ciudad, de anchas calles».
295 Para nosotros este que pasa girando es ya el noveno ailo ESO es lo que aquél proclamó, y todo se está cumpliendo ahora. 330
que aguantamos aquí. Por eso no puedo vituperar a los aqueos Mas, ea, permaneced todos, aquclos, de buenas grebas,
por impacientarse junto a las corvas naves. Pero, aun así, mismo hasta conquistar la elevada ciudad de Príamo.))
es una vergüenza aguantar aquí tanto tiempo y volver de vacío. Asi habló, y los argivos gritaron -las naves alrededor
Resistid, amigos, y permaneced un tiempo, hasta que sepamos resonaron pavorosamente a causal del griterío de los aqueos-,
300 si el vaticinio de Calcante es verídico o no. la propuesta del divino Ulises. 335
Lo recordamos bien en nuestras mientes, y de ello sois todos También tomó la palabra Nestor, el anciano conductor de carros:
testigos, excepto a quienes las parcas de la muerte llevaron. «¡Qué sorpresa! Realmente habláis en la asamblea como &ios
Parece que fue ayer o anteayer cuando las naves de los aqueos chiquitit~sa quienes nada importan las empresas guerreras.
se unieron en Aulide para traer la ruina a Príamo y los troyanos, ¿por dónde, decidme, se irán convenios y juramentos?
305 y nosotros estábamos alrededor del manantial en sacros altares En el fuego ojalá ya estuvieran consejos y afanes de hombres, 340
sacrificando en honor de los inmortales cumplidas hecatombes pactos sellados con vino puro y diestras en las que confiábamos.
bajo un bello plátano de donde fluía cristalina agua. Entonces Inútilmente estamos porfiando con palabras, y ningún remedio
apareció un gran portento: una serpiente de lomo rojo intenso, somos capaces de hallar desputs del tiempo que llevamos aquí.
pavorosa, que seguro que el Olímpico en persona sacó a la luz, ¡Atrida! Tú, igual que antes, coin inquebrantable decisión
310 y que emergió de debajo del altar y se lanzó al plátano. sigue mandando sobre los argivos en las violentas batallas 345
Allí había unos polluelos de gorrión recién nacidos, tiernas criaturas y deja a éstos, que sólo serán uno o dos, que sin los aqueos
sobre la cimera rama, acurrucados de terror bajo las hojas: proyecten por su cuenta -nada se les cumplirá-
eran ocho, y la novena era la madre que había tenido a los hijos. ir a Argos, incluso antes de cerciorarse sobre
Entonces aquélla los fue devorando entre sus gorjeos lastimeros, ci es o no mentira la promesa de Zeus, portador de la égida.
315 y a la madre, que revoloteaba alrededor de sus hijos llena de pena, Afirmo con seguridad que asintitS el prepotente Cronión 350
con sus anillos la prendió del ala mientras piaba alrededor. aquel día en que partieron en las naves, de ligero curso,
Tras devorar a los hijos del gorrión y a la propia madre, los argivos para traer a los troyanos la matanza y la parca,
la hizo muy conspicua el dios que la había hecho aparecer; cuando relampagueó a nuestra dlerecha dando buenos auspicios.
pues la convirtió en piedra el taimado hijo de Crono. Por eso, que nadie se apresure aún a regresar a casa
320 Y nosotros, quietos de pie. admirábamos el suceso. antes de acostarse con la esposa de alguno de los troyanos 355
Tan graves prodigios interrumpieron las hecatombes de los dioses. y cobrarse venganza por la brega y los llantos por Helena.
Calcante entonces tomó la palabra y pronunció este vaticinio: Si alguno quiere con terrorífica (ansia regresar a casa,
«¿Por qué os quedfis suspensos, aqueos, de melenuda cabellera? que ponga la mano en su negra nave, de buenos bancos:
El providente Zeus nos ha mostrado este elevado portento, así alcanzará antes que los demás la muerte y el hado.
325 tardío en llegar y en cumplirse, cuya gloria nunca perecerá. Traza, soberano, un buen plan y acata el consejo de otro. 360
Igual que ésa ha devorado a los hijos del gorrión y a la madre, No va a ser desdefiable la advertencia que te voy a hacer:
los ocho, y la novena era la madre que había tenido a los hijos, distribuye a los hombres por tribus y clanes, Agamenón,
CANTO II 135

de modo que el clan defienda al clan, y la tribu a la tribu. cuando el Noto viene y lo encrespa contra un elevado acantilado, 395
En caso de que obres así y te obedezcan los aqueos, saliente atalaya que nunca dejan en reposo las hinchadas olas
365 pronto sabrás quién de los jefes o huestes es cobarde, que diversos vientos levantan al soplar aquí y allá.
y quién es valeroso, pues lucharán por grupos separados; y, levantándose, partieron y se dispersaron por las naves.
y sabrás si por deseo divino no vas a asolar la ciudad Ahumaron con el fuego las tiendas y tomaron la comida.
o por la cobardía e impericia de los hombres en el combate.)) Cada uno hizo un sacrificio a uno de los sempiternos dioses, 400
En respuesta le dijo el poderoso Agamenón: implorando huir de la muerte y del fragor de Ares.
370 «Otra vez, anciano, has superado a los hijos de los aqueos por su parte, Agamenón, soberano de hombres, sacrificó un buey
en la asamblea. ~ Z ~ padre,
U S Atenea y Apolo, ojalá pingüe, cinqueíío, en honor del prepotente Cronión
tuviera yo diez consejeros así entre los aqueos!
Entonces pronto se combaría la ciudad del soberano Príamo,
e invitó a los ancianos paladines del bando panaqueo:
a Néstor, ante todo, y al soberano Idomeneo,
- 405
bajo nuestras manos conquistada y saqueada. y luego a los dos Ayantes y al hijo de Tideo,
37s Mas me ha causado dolores Zeus Crónida, portador de la égida, y en sexto lugar a Ulises, émuh de Zeus en ingenio.
que es quien me arroja entre ineficaces disputas y querellas. por su cuenta fue Menelao, valeroso en el grito de guerra,
También ahora Aquiles y yo hemos refiido por una muchacha pues sabía en su ánimo que apremiado estaba su hermano.
con enfrentadas palabras, y yo fui el primero en irritarme. De pie en torno del buey cogieron los granos de cebada majada 410
Si una vez llegamos a coincidir en una decisión única, ya no y en el centro pronunció una plegaria el poderoso Agamenón:
380 habrá para los troyanos ni la más mínima demora en su ruina. «iOh Zeus, el más glorioso y excelso, de oscuras nubes,
Ahora id a comer, para que luego trabemos marcial lucha. morador del éter! Que no se ponga el sol ni venga la oscuridad
Bien cada uno afile la lanza, bien colóquese el escudo, hasta que yo abata de bruces Iia ahumada viga maestra
bien dé cada uno el pienso a los caballos, de ligeros cascos, del palacio de Príamo, prenda con fuego abrasador la chambrana 4 1 5
e inspeccione bien los lados del carro con miras al combate, y desgarre alrededor del pecho la hectórea túnica, hecha
385 porque todo el día tomaremos como árbitro al abominable Ares. girones con el bronce. Y que muchos cornpafieros a su alrededor
Pues no habrá entre tanto ni siquiera el más mínimo descanso, de bruces en el polvo muerdan con sus dientes la tierra.))
sino la noche, que al llegar separará la furia de los guerreros. Así habló, pero aun no iba a cumplir su plegaria el Cronión,
Sudará alrededor del pecho el tahali del broquel, que cubre que aceptó las víctimas, sino que aumentó su nada envidiable faena. 420
entero al mortal 23, y se fatigará la mano de empufiar la pica; Tras hacer la suplica y espolvorear los granos de cebada majada,
390 y sudará el caballo por el esfuerzo de tirar del pulido carro. echaron atrás las cabezas de 1%; víctimas, y las degollaron
Al que yo vea que por su voluntad Iejos de la lucha y desollaron; despiezaron los muslos y los cubrieron con grasa
trata de quedarse junto a las corvas naves, no habrá para él formando una doble capa y encima pusieron trozos de carne cruda.
medio de librarse de los perros y de las aves de rapiña.» Los fueron quemando con astillas sin hojas, pincharon 425
Así habló, y los argivos prorrumpieron en gritos, como el oleaje las entrafías en espetones y las dejaron al fuego de Hefesto.
Después de consumirse los muslos al fuego y catar las vísceras,
23 Como se ve, los guerreros homéricos, cuando se desplazan, llevan el
trincharon el resto y lo ensartairon en brochetas,
escudo colgado de los hombros y sujeto por un tahali en bandolera. lo asaron cuidadosamente y retiraron todo del fuego.
430 Terminada la faena y dispuesto el banquete, más adelante entre gritos, y el prado se llena de algarabía,
participaron del festín, y nadie careció de equitativa porción. tan numerosas eran las tribus de los que desde naves y tiendas
Después de saciar el apetito de bebida y de comida, afluían a la llanura escamandria; y por debajo la tierra 465
entre ellos tomó la palabra Néstor, anciano conductor de carros: pavorosamente resonaba bajo los pasos de los guerreros y los caballos.
«iCloriosísimo Agamenón Atrida, soberano de hombres! Se detuvieron en la florida pradera escamandria,
435 NO sigamos hablando más otra vez, ni todavía largo rato incontables como las hojas y flores que nacen en primavera.
demoremos la accion que el dios pone en nuestras manos. igual que las bandadas numerosas de espesas moscas
Los heraldos a la hueste de los aqueos, de broncineas túnicas, que vagan con errantes giros por el pastoril establo 470
convoquen y congreguen junto a las naves; en la estación primaveral, cuando las cántaras rezuman de leche,
y nosotros, juntos como aquí, el ancho ejército de los aqueos tantos aqueos, de melenuda calbellera, frente a los troyane
w recorramos, para despertar cuanto antes al feroz Ares 24.» se fueron apostando en el llano, ávidos d e hacerles a ~ i c o s .
Así habló, y no lo desatendió Agamenón, soberano de hombres. Como los cabreros a los ta:lados rebailos de cabras
que al punto ordenó a los heraldos, de sonora voz, disgregan fácilmente de los ajeinos al mezclarse en el pasto, 475
pregonar alarma a los aqueos, de melenuda cabellera. así los jefes los ordenaban en grupos separados aquí y allá
Aquéllos fueron pregonándola, y éstos se reunieron muy aprisa. para ir a la batalla y, en mediio, el poderoso Agamenón,
445 A ambos lados del Atrida, los reyes, criados por Zeus, corrían
con los ojos y la cabeza como Zeus, que se deleita con el rayo,
enardecidos hacidndolos formar, y en medio la ojizarca Atenea con la cintura como Ares, y con el pecho como Posidón.
con la muy venerable égida, incólume a la vejez y a la muerte, igual que en la vacada el buey m8s sobresaliente de todos,
de la que penden, enteramente áureos, cien borlones, el toro, se destaca entre las vacas reunidas a su alrededor,
todos bellamente trenzados y del valor de cien bueyes cada uno. así volvió Zeus al Atrida aquel día
450 Con ella atravesó presurosa la hueste de los aqueos.
destacado entre todos y sobresdiente entre tantos héroes.
instándoles a marchar, e infundió a cada uno brío Decidme ahora, Musas, duellas de olímpicas moradas 2 5 ,
en el corazón para combatir y luchar con denuedo. pues vosotras sois diosas, estáiis presentes y sabéis todo, 485
En seguida el combate les resultó más dulce que regresar mientras que nosotros sólo oírnos la fama y no sabemos nada,
en las huecas naves a la querida tierra patria. quihes eran los príncipes y los caudillos de los dánaos.
455 Igual que el voraz fuego abrasa un indescriptible bosque El grueso de las tropas yo no podría enumerarlo ni nombrarlo,
en las cimas de un monte, y desde lejos brilla la claridad, ni aunque tuviera diez lenguas y diez bocas,
así desde el portentoso bronce de los que iban en marcha voz inquebrantable y un bronc.íneo corazón en mi interior,
el luminoso fulgor ascendió por el éter y llegó al cielo. si las Olímpicas Musas, de Zeiis, portador de la égida,
Como las numerosas razas de las volátiles aves, hijas, no recordaran'a cuantos llegaron al pie de Ilio.
460 gansos o grullas o cisnes, de luengos cuellos,
Pero .sí nombraré a los jefes y la totalidad de las naves 26.
en la asiática pradera a los lados de los cauces del Caistro '' El verso da comienzo solemrie al famoso «Catálogo de las naves».
revolotean acá y allá gallardas con sus alas, posándose El mismo verso se utiliza en XI 2118, XIV 508 y XVI 112, también para
abrir pasajes especialmente importaintes.
24 La batalla. 26 El «Catálogo de las naves)) que sigue enumera veintinueve contingen-
CANTO 11 139

''
Al frente de los beocios iban Penéleo y Leito, al frente de quienes iban Ascálafo y Yálmeno, hijos de Ares 29,
495 y Arcesilao, Protoénor y Clonio 28; ' a quienes había dado a luz Astíoque en casa de Áctor Azida.
y los que administraban Hiria y la pedregosa Áulide, La pudorosa doncella había subido al piso superior,
Esceno, Escolo y Eteono, de numerosas lomas, y el violento Ares se acostó a :su lado en secreto. 515
Tespea, Grea y la espaciosa Micaleso; A éstos treinta huecas naves les seguían en fila.
los que regían las cercanías de Harma, Ilesio y Eritras, Al frente de los focidios iban Esquedio 30 y Epístrofo,
soo y los que poseían Eleone y también Hila y Peteón, hijos del magnánimo ífito Naubólida,
Ocálea y Medeón, bien edificada fortaleza, que poseian Cipariso y la pedrt:gosa Pitón,
Copas, Eutresis y Tisba, de numerosas palomas;
y los que Coronea y la herbosa Haliarto;
la muy divina Crisa, Dáulide y Panopeo;
y los que regían las cercanías de Anemorea y Yámpolis,
y los que moraban junto al río1 Cefiso, de la casta de ~ e u s ,
-
y los que poseían Platea y los que administraban Glisante;
50s y los que poseian Hipotebas, bien edificada fortaleza, y los que poseían Lilea sobre los manantiales del Cefiso.
y la sacra Onquesto, espléndido bosque posidonio; A éstos acompailaban cuarenta negras naves.
y los que poseían Arne, de muchos racimos; y los que Midea, Se afanaban en ordenar las filais de los focidios 525
la muy divina Nisa y la fronteriza Anted6n. y se armaban a la izquierda, a continuaci6n de los beocios.
De éstos habian ido cincuenta naves, y en cada una Sobre los locrios mandaba e:l rápido Ayante, hijo de Oileo,
sio habían montado ciento veinte jóvenes beocios. que era m8s bajo y no tan alto como Ayante Telamonio,
Y los que habitaban Aspledón y Orcómeno Minieo, sino mucho mas menudo: era pequeilo y tenía coraza de lino,
pero descollaba con la pica sobre panhelenos 31 y aqueos; 530
tes de tropas griegas, cuyos pueblos, territorios y jefes coinciden con los y sobre los que administraban Cino, Opunte y Calíaro,
que luego intervienen en la Zlíada. Con pocas diferencias los territorios son Besa, Escarfa y la amena Augías,
los que ocupaban los estados griegos en época clásica; las únicas excepciones Tarfa y Tronio, a ambos lados de los cauces del Boagrio.
son las islas del mar Egeo y las costas de Tracia y de Anatolia, que no A éste acompafiaban cuarenta negras naves
aparecen en el catálogo. de los locrios, que habitan frente a la sacra Eubea.
'' ES notable que el catálogo comience enumerando el contingente beo-
Y los que poseían Eubea, los Abantes, que respiraban furia,
535

cio, al que se atribuye el numero más elevado de jefes y de lugares de proce-


Calcis, Eretria e Histiea, de numerosos racimos,
dencia y, posiblemente, el segundo en número de tropas, después del de Aga-
menón. Se ha supuesto que la causa de ello es que el catálogo fue compuesto la marítima Cerinto y la escarpada ciudadela de Dio;
para describir la reunión de las tropas en la ciudad beocia de Áulide y que y los que poseian Caristo y los; que moraban en Estira,
ha sido adaptado para este lugar. Despues de los beocios son nombrados
sus vecinos inmediatos, a los que también se atribuye una importancia mayor
de la que luego tienen en la acción del poema. '' El segundo es mencionado en I1X 82, y el primero alcanza una heroica
'* LOStres jefes mencionados en este verso mueren en X V 329 ss. y XIV muerte en XIII 518 SS. y es llorado por su padre, Ares.
450. Acerca de la posible localización de los topónimos mencionados en los 'O Héctor mata a otros dos focidios del mismo nombre en X V 515 y

versos siguientes y, en general, en todos los versos del catálogo, véase mapa XVII 306 SS.
1 en pPg. 609. Los nombres no localizados en el mapa son de ubicación '' El único ejemplo en que helenos o Héiude en Homero parece aplicarse
incierta. a la totalidad de los griegos.
CANTO 11

540 sobre quienes mandaba Elefénor, retoilo de Ares ", y Esténelo, hijo querido del muy ilustre Capaneo 35.

el Calcodontíada, jefe de los magnánimos Abantes. Iba con ellos el tercero Euríalo, mortal igual a un dios,
Le acompailaban los veloces Abantes, melenudos sólo por detrás, hijo de Mecisteo, el soberano Talayónida.
lanceros ávidos de romper con sus enarboladas astas de fresno ~1 frente de todos iba Diomedes, valeroso en el grito de guerra.
las corazas en torno del pecho de los enemigos. A éstos ochenta negras naves acompaiiaban.
545 A éste cuarenta negras naves acompaiiaban.
Y los que poseian Micenas, bien edificada fortaleza,
Y los que poseían Atenas, bien edificada fortaleza, la opulenta Corinto y la bien edificada Cleonas,
el pueblo del magnánimo Erecteo, a quien en otro tiempo Atenea, y administraban Ornias y la annena Aretírea
hija de Zeus, había criado tras darle a luz la feraz tierra y Sición, donde al principio Atirasto habia reinado;
y habia instaladq en Atenas, en su opíparo templo.
s o Allí se la propician con toros y carneros
y los que Hiperesía y la escarplada Gonoesa
y Pelene poseian y administraban los contornos de Egio '
-
los muchachos de los atenienses a la vuelta de cada año. y en todo Egíalo y los alrededores de la espaciosa Hélica. 575

Sobre éstos mandaba el hijo de Péteo, Menesteo. De sus cien naves era jefe el poderoso Agamenón
No había nacido aún el terrestre que compitiese con él Atrida; a éste con mucho las rnás numerosas y mejores
en ordenar caballos y guerreros, portadores de broquel; huestes acompañaban. Se había revestido de cegador bronce
555 Néstor era su único rival, pues tenía más edad que él. y destacaba entre todos los héroes, henchido de orgullo
A éste cincuenta negras naves acompailaban 3 3 . porque era el mejor y el que rnás tropas había llevado. 580

Ayante habia traído de Salamina doce naves Y los que poseían la cóncava Lacedemonia, llena de golfos,
y las guió y apostó donde estaban los batallones atenienses ". Faris, Esparta y Mesa, de numierosas palomas,
Y los que poseian Argos y la amurallada Tirinte, y administraban Brisías y la annena Augías;
560 Hermíone y Ásina, asentadas en una profunda rada,
y los que poseían Amiclas y Helos, marítima ciudadela;
Trezén, Éyones y Epidauro, rica en viñedos; y los que poseían Laa y admiriistraban los contornos de Étilo. 58s

y los jóvenes aqueos que poseian Egina y Masete. Los mandaba su hermano Menelao. valeroso en el grito de guerra,
Sobre éstos mandaba Diomedes, valeroso en el grito de guerra, y a sus sesenta naves. Se armaban con sus corazas aparte.
Fiado en sus vivos deseos, el propio Menelao iba con ellos
instándolos al combate, pues era quien míís ansiaba en el ánimo
cobrarse venganza de la brega y de los llantos por Helena. 590
" Que muere en IV 463 SS.
" El hecho de que en el contingente ateniense no se mencione otra locali- Y los que administraban Pilo y la amena Arena 36
dad aparte de Atenas pudiera sugerir que esta noticia sea posterior al sinecis-
mo de las localidades de Atica en Atenas. El dominio sobre Argos es atribuido a Agamenón en el verso 108 ante-
" En el resto del poema el contingente de Salamina no aparece estrecha- rior, pero a Diomedes en este 1uga.r y en XXIII 471. Sorprende también
que Argos y Micenas, que distan menos de veinte km., formen parte de
mente relacionado con el ateniense (cf. 111 225, 229 s., IV 273, 327, que
da una información contradictoria con la de VI11 224 SS. y XI 7 SS.). Ya dos estados separados e independientes (aunque v h e IV 376).
36 La extensión del reino de Pilo en la Ilíada no es comparable con la
en la Antigüedad (vkase Introducción, pág. 88) se supuso que estos versos
son una adición ateniense, destinada a fundamentar en el pasado histdrico que permite determinar el examen de las tablillas micknicas, bien porque
y legendario las aspiraciones atenienses sobre Salamina. la homérica refleja los datos de una epoca distinta, bien porque no tiene
CANTO II 143

y Trío, vado del Alfeo, y la bien construida Epi, hijos, de Ctéato aquél, y de Éuirito éste, y nietos de Actorión.
y habitaban Ciparesente y Anfigenía, De otros era jefe el esforzado Diores Amarincida,
y Pteleo y Helos y Dorio, donde las Musas y del cuarto grupo el jefe era el1 deiforme Polixino,
595 abordaron al tracio Tamiris y pusieron fin a su canto, hijo del soberano Agastenes Augeyada.
cuando regresaba de Ecalia de ver a Éurito ecalieo. Y los que de Duliquio y de las sagradas islas Equinas, 625
En su jactancia se había vanagloriado de vencer a las propias que están situadas frente a la costa de Élide;
Musas en el canto, a las hijas de Zeus, portador de la égida. al frente de éstos iba Megete, éinulo de Ares, el Filida,
Irritadas, lo dejaron lisiado, y el canto portentoso a1 que había engendrado el cochiero Fileo, caro a Zeus,
600 le quitaron e hicieron que olvidase tafier la citara. que había emigrado a Duliquio, enemistado con su padre.
Sobre éstos mandaba Néstor, el anciano conductor de carros.
A éste noventa huecas naves seguían en fila.
A éste cuarenta negras naves acompañaban.
A su vez, Ulises conducía a los magnánimos cefalenios;
- 630

Y los que poseian Arcadia al pie del abrupto monte Cilene que poseian ¡taca y Nérito, de sacudido follaje,
junto a la tumba epitia 37, donde los guerreros luchan de cerca; y administraban Crocilea y la áspera Egílipe,
605 y los que administraban Féneo y Orcómeno, de numerosos ganados, a los que poseian Zacinto y administraban los contornos de Samo,
Ripa, Estratia y la ventosa Enispa, y a los que poseian el continente y regían la costa de enfrente. 63s
y poseían Tegea y la amena Mantinea, De éstos era jefe Ulises, émulo de Zeus en ingenio.
y poseian Estínfalo y administraban Parrasia. A éste doce naves, de mejillas de bermellón, acompañaban.
De éstos era jefe el hijo de Anceo, el poderoso Agapénor, Toante. hijo de Andremón, iba al frente de los etolios,
610 y de sus sesenta naves. En cada nave muchos que administraban Pleurón, Olerlo y también Pilene,
guerreros arcadios habían montado, instruidos en el combate. la marítima Cálcide y la rocosa Caiidón.
Pues el propio Agamenón. soberano de hombres, les había dado Pues ya no existían los magná~.moshijos de Eneo
naves, de buenos bancos, para cruzar el vinoso ponto, ni tampoco éste, y el rubio Meleagro habia muerto.
el Atrida, porque no les interesaban las faenas marineras. Aquél tenía encomendado el poder soberano de los etolios;
615 Y los que Buprasio y Élide, tierra de Zeus, habitaban, cuarenta negras naves le acompeifiaban.
en toda la extensión que Hirmina, la fronteriza Mírsino, Idomeneo, insigne por su lanza, mandaba en los cretenses,
la roca Olenia y Alesio limitan en su interior. que poseían Cnoso y la amurallada Gortina.
. De éstos cuatro eran los jefes, y a cada uno diez Licto, Mileto y Licasto, de un color blanco brillante,
veloces naves acompafiaban con muchos epeos embarcados. Festo y Ritio, populosas ciudades,
620 Al frente de éstos iban Anfímaco y Talpio, y los demás que administraban Creta, tierra de cien ciudades.
650 Al frente de éstos iba Idomeneo, insigne por su lanza,
y también Meríones, émulo del homicida Enialio.
valor histórico. Tampoco es fdcil de conciliar la extensión del reino de Néstor
A éstos ochenta negras naves acompañaban.
en este pasaje con el hecho de que Agamenón ofrezca a Aquiles el dominio
de siete ciudades en el S.O. del Peloponeso en IX 149 ss. = 291 SS.
Tlepólemo, el noble y alto Heraclida,
" Según Pausanias, VI11 16, 1-3, Épito era hijo de Élato y murió junto
habia conducido de Rodas nuev'e naves de orgullosos rodios,
al monte Cilene por la mordedura de una serpiente. 65s que administraban Rodas ordenados en tres grupos distintos:
CANTO 11

Lindo, Yáliso y Camiro, de un color blanco brillante. De sus cincuenta naves era jefe Aquiles.
Al frente de éstos iba Tlepólemo, insigne por su lanza, pero no pensaban en el entristecedor combate,
a quien dio a luz Astioquía por obra del pujante Hércules ". pues no había quien se pusiera al frente de sus filas:
La había traído Hércules de Éfira, de orillas del río Seleente, yacía en las naves el divino Aquiles, de pies protectores,
~ í tras
o saquear numerosas ciudades de mozos criados por Zeus ". irritado por causa de la joven IBriseida, de hermosos cabellos,
Tlepólemo, después de criarse en el bien claveteado palacio, que había arrebatado para sí de Lirneso, tras muchas fatigas
mató al querido tío materno de su padre, por saquear completamente ~iriiesoy las murallas de Teba.
que ya estaba envejeciendo, a Licimnio, retoiio de Ares. Había derribado a Minete y a IEpístrofo. aguerridos lanceros,
En seguida construyó naves y, tras reunir numerosa hueste, hijos de Eveno, el soberano Selepíada.
665 partió fugitivo por el ponto: lo habían amenazado los demás por ella yacía afligido, pero pronto iba a levantarse.
hijos y los nietos del pujante Hércules. Y los que poseían Fílace y Iia florida Píraso,
Llegó en su peregrinar a Rodas, tras sufrir penalidades, sagrado predio de Deméter, e Itón, madre de ganados,
e instalaron su casa divididos en tres tribus y se ganaron y la marítima Antrón y Pteleo, sobre un herboso lecho.
el amor de Zeus, que de dioses y de hombres es soberano, Al frente de éstos habia estado el marcial Protesilao
670 y sobre ellos portentosa opulencia derramó el Cronión. en vida; mas entonces ya lo tenía en su seno la negra tierra.
Nireo había traído de Sime tres naves bien equilibradas, Su esposa se había quedado en Fílace con las mejillas arafiadas 700
Nireo, el hijo de Aglaya y del soberano Cáropo, y una casa a medio acabar. Un ;guerrero dardano lo había matado
Nireo. el hombre más bello de los llegados al pie de Ilio, el primerísimo de todos los aquieos al saltar de la nave.
más que los demás dánaos, excepto el intachable Pelida. Mas no estaban sin jefe, aunque ailoraban al que lo habia sido;
675 Pero era escasa y poco numerosa la hueste que le acompaiiaba. los había colocado en orden Podarces, retoiio de Ares,
Y los que dominaban Nísiros, Crápatos, Casos hijo de Ificlo Filácida, rico en ganados, 705
y Cos, ciudad de Eurípilo, y las islas Calidnas. hermano carnal del magnánimo Protesilao,
Al frente de ellos iban Fidipo y Ántifo, el más joven en edad de ambo!;; pues el mayor y más valeroso
hijos los dos de Tésalo, el soberano Heraclida. habia sido el marcial héroe Praltesilao. Pero las huestes
680 A éstos treinta huecas naves seguían en fila. no carecían de jefe, aunque ailoraban el valor de aquél.
A continuación, cuantos habitaban el Argos Pelásgico, A éste cuarenta negras naves acompaiiaban. 710
los que administraban Alo, Álope y Trequine, Y los que regían Feras al borde de la laguna Bebeide;
los que poseían Ftía y Hélade, de bellas mujeres: Beba, Gláfiras y la bien edificada Yolco.
se llamaban mirmídones, helenes y aqueos. De sus once naves era jefe el querido hijo de Admeto,
Eumelo, al que para Admeto alwnbró la divina entre las mujeres,
La procedencia de Hércules y la división de la población en tres grupos Alcestis, la primera en belleza de las hijas de Pelias. 71s
que se indican acerca del contingente procedente de la isla de Rodas parecen
También los que administraban Metona y Taumacia
más adecuadas a la Cpoca posterior al fin de la Edad del Bronce.
' 9 Según los escolios, Éfira sería una ciudad de Tesprotia; por su parte,
y poseían Melibea y la áspera Olizón.
el río Seleente estaría relacionado con el nombre del pueblo que habitaba De éstos era jefe Filoctetes, diestro con el arco,
alrededor de Dodona (cf. XVI 234 s.). y de sus siete naves. Como renieros en cada una cincuenta
150. - 10
CANTO 11 147

720 habían embarcado, diestros en el arco para luchar con vigor. que vierte al Peneo su bella corriente de agua;
Pero aquél yacía padeciendo agudos dolores en la isla pero no se mezcla con la del Peneo, de argénteos remolinos,
muy divina de Lemnos, donde los hijos de los aqueos lo dejaron sino que fluye por encima de él como si fuera aceite,
en penoso estado por la cruel herida de una maldita culebra. pues es un brazo de la Estige, el agua del temible juramento. 755
Allí yacía afligido; pero pronto se iban a acordar De los magnetes era jefe PrtStoo, hijo de Tentredón,
72s del soberano Filoctetes los argivos junto a las naves 40. que alrededor del Peneo y del Pelio, de sacudido follaje,
Tampoco estaban sin jefe, aunque aiioraban al que lo habia sido; moraban. Al frente de éstos iba el veloz Prótoo.
los habia colocado en orden Medonte, hijo bastardo de Oileo, A éste cuarenta negras naves acompafiaban.
a quien dio a luz Rena por obra de Oileo, saqueador de ciudades. Éstos eran los príncipes y caudillos de los dánaos.
Los que poseían Trica e Itome, llena de macizos rocosos,
730 y los que poseían Ecalia, ciudad de Éurito ecalieo.
Ahora dime, Musa, quién era el mejor
de los hombres y caballos que acompañaban a los Atridas.
-
Al frente de éstos iban dos hijos de Asclepio, Las mejores yeguas eran con mucho las del Ferecíada,
excelentes médicos. Podalirio y Macaón. que Eumelo conducía. Eran de pies ligeros como aves,
A éstos treinta huecas naves les seguían en fila. de idéntico pelaje y edad, Y de igual plomada en todo el lomo. 765
También los que poseían Ormenio y la fuente Hiperea, Las había criado en Perea Apollo, el de argénteo arco,
735 y los que poseían Asterio y las blancas cumbres del Títano. ambas hembras, portadoras de la huida de Ares.
De éstos era jefe Eurípilo, el ilustre hijo de Evemón. De los guerreros el mejor con rnucho era Ayante Telamonio,
A éste cuarenta negras naves acompañaban. mientras duró la cólera de Aquiles; éste era muy superior,
También los que poseían Argisa y administraban Girtona, así como los caballos que llevaban al intachable Pelida. 770
Orta, Elona y La blanca ciudad de Olosón. Pero en las corvas naves, surcadoras del ponto,
740 Al frente de éstos iba el combativo Polipetes, yacía dando pábulo a su cólera calntra Agamenón, pastor de huestes,
hijo de Pirítoo, a quien había engendrado el inmortal Zeus. el Atrida. Junto al rompiente del mar sus huestes
Por obra de Pirítoo lo había dado a luz la ilustre Hipodamía se recreaban lanzando discos y astas con correa o disparando
aquel día en que se cobró venganza de los hirsutos monstruos. sus arcos. Los caballos, cada uno junto a su carro, 175
a quienes expulsó del Pelio e hizo vecinos de los etiquios. estaban ronzando el loto y el palustre apio
745 Pero no iba solo, sino con Leonteo, retofio de Ares, quietos. Yacían los bien ensambdados carros de los soberanos
el hijo del soberbio Corono Ceneida. en las tiendas. Y ellos, añorantes de su jefe, caro a Ares,
A éstos cuarenta negras naves acompafiaban. iban y venían aquí y allá por el campamento sin luchar.
Guneo había llevado de Cifo veintidós naves; Iban como si toda la tierra fuera pasto del fuego. 780
le acompaiiaban los enianes y los combativos perebos, El suelo gemía como por obra de Zeus, que se deleita con el rayo,
750 que habían instalado sus casas en torno de la desapacible Dodona, cuando airado fustiga la tierra ,a ambos lados de Tifoeo 4 1
y los que regían las labores a los lados del amable Titareso, entre los árimos, donde dicen que está el cubil de Tifoeo;

40 Se alude al oráculo que indicaba que sin la colaboracidn del arco de *' Tifoeo es el monstruo creado por la Tierra que se enfrenta a Zeus
Filoctetes no seria posible capturar Troya. y, derrotado por su rayo, queda encerrado bajo tierra.
CANTO 11 149

así la tierra elevaba sordos gemidos bajo sus pies, Mandaba a los troyanos el alto Héctor, de tremolante penacho,
785 a medida que avanzaban y cruzaban con gran ligereza la llanura. priámida. Junto con él la mayor parte y las mejores
Ante los troyanos llegó Iris, de pies raudos como el viento, huestes se fueron equipando, ávidas de cargar con las picas.
para anunciar de Zeus, portador de la égida, la dolorosa noticia. De los dardanios era jefe Eneas, el noble hijo de Anquises,
Estaban celebrando una asamblea ante las puertas de Príamo a quien por obra de Anquises alumbró Afrodita, de casta de Zeus, 820
todos reunidos, tanto jóvenes como ancianos. la diosa que había yacido con un mortal en las lomas del Ida 43.
790 Y deteniéndose cerca, les habló Iris, la de los pies ligeros. NO estaba solo, pues con él estaban dos hijos de Anténor,
Había tomado la voz de Polites. hijo de Príamo, ~ r q u é l o c 0y Acamante, expertos ambos en todo tipo de lucha.
que fiado en su velocidad se apostaba como vigía de los troyanos Y los que habitaban Zelea en las estribaciones del Ida,
sobre la cúspide de la tumba del anciano Esietes, 10s opulentos troyanos que bebían la negra agua del Esep- 825
acechando cada vez que los aqueos partían de las naves. De éstos era jefe el ilustre hijo de Licaón,
795 Tomando su figura dijo a Príamo Iris. la de los pies ligeros: Pándaro, a quien el propio Apollo había dado el don del arco.
«iAnciano! Siempre te son gratos los discursos sin fin, Y los que poseían Adrestea y el pueblo de Apeso,
como en epoca de paz. Mas una guerra insondable se ha suscitado. y poseían Pitiea y el escarpado monte de Terea.
He entrado en muchísimas batallas de guerreros, De éstos eran jefes Adresto y Anfio, de coraza de lino, 830
pero nunca hasta ahora he visto hueste tal y tan numerosa: hijos los dos de Mérope Percosio, que mejor que todos
8oo como hojas o granos de arena en gran cantidad conocía las artes adivinatorias y había prohibido a sus hijos
avanzan por la llanura hacia la ciudad dispuestos a luchar. marchar al exterminador combate. Pero ninguno de los dos
iHéctoi! A ti en particular te lo encargo. Actúa de este modo. le hizo caso, pues las parcas de la negra muerte los guiaban.
Ya que numerosos son los aliados en la gran ciudad de Príamo, Y los que administraban Percote y Praccio
y distintas sus lenguas por proceder de variados sitios, y poseían Sesto, Abido y la Iímlpida Arisba.
805 que cada uno de la sefial a aquellos de los que es jefe. De éstos era jefe el Hirtácida Asio, comandante de hombres,
y coloque en orden y se ponga al frente de sus conciudadanos.)) Asio Hirtácida, al que de Arisba habían llevado caballos
Así habló, y Héctor no ignoró que eran palabras de la diosa fogosos y corpulentos, de orillas del río Seleente.
y al punto dio fin a la asamblea. Se precipitaron a las armas. Hipótoo guiaba las tribus de pelasgos, famosos por la pica, 840
todas las puertas se abrieron y se lanzó fuera la hueste que habitaban Larisa, de fértiles glebas.
810 de infantes y de cocheros; y se suscitó un enorme estruendo. De éstos eran jefes Hipótoo y P'ileo, retofío de Ares,
Hay delante de la ciudad una escarpada colina hijos los dos del pelasgo Leto Teuthmida.
aislada en la llanura y accesible en todo su contorno, Acamante y el héroe Píroo conducían a los tracios,
a la que los hombres llaman Batiea. a cuantos limita el Helesponto, de enormes corrientes. 84s
y los inmortal~stumba de Mirina, la de ágiles brincos.
815 Allí fue donde entonces troyanos y aliados formaron en grupos 42.
o bien no vuelven a aparecer en el poema o bien mueren más adelante.
43 La historia de la familia real trmoyana es relatada por el propio Eneas

42 El conocimiento de la geografía de Anatolia que exhibe el catálogo en XX 215 SS. Los amores de Afrodita y de Anquises y el nacimiento de
de los troyanos es muy limitado; los jefes mencionados de cada contingente Eneas forman el tema central del Himno o Afrodito.
Eufemo era el jefe de los cícones, aguerridos lanceros,
el hijo de Trezeno Céada, criado por Zeus.
Pirecmes conducía a los peonios, de corvos arcos,
desde lejos, de Amidón, de orillas del Axio, de ancho caudal,
850 el Axio, que expande el agua más bella por la tierra.
El velludo corazón de Pilémenes mandaba a los paflagonios.
venidos del país de los énetos, de donde procede la raza CANTO 111
de las cerriles mulas. Poseían Citoro y administraban Sésamo,
y en ambas márgenes del río Partenio habitaban ilustres moradas
85s y Cromna, Egíalo y la elevada Eritinos. 9..

A su vez, Odio y Epístrofo eran jefes de los halízones, Una vez ordenado cada ejército con sus príncipes,
venidos de lejos, de Álibe, de donde el nacimiento de la plata. 10s troyanos marchaban con vocerío y estrépito igual que pájaros,
De los misios era jefe Crómide y el augur Énnomo; tal como se alza delante del cielo el chillido de las grullas,
pero no se defendió con augurios de la negra parca, que, cuando huyen del invierno y del indecible aguacero,
860 pues sucumbió a manos del velocípedo Eácida entre graznidos vuelan hacia las corrientes del Océano, 5
en el río, justo donde aniquiló también a otros troyanos. "
llevando a los pigmeos la muerte y la parca,
Conducían a los frigios Forcis y el deiforme Ascanio. y a través del aire les tienden maligna disputa.
Venian de lejos, de Ascania, y ansiaban entrar en batalla. Los aqueos, en cambio, iban respirando furor en silencio,
Al frente de los meonios, a su vez, iban Mestles y Ántifo, ansiosos en su ánimo de prestarse mutua defensa.
, 865 hijos de Talémenes, a quienes había dado a luz la laguna Gigea Como en las cimas del monte el Noto derrama la niebla, io
y que habían conducido a los meonios, nacidos al pie del Tmolo. para los pastores nada grata y para el ladrón mejor que la noche,
Nastes iba al frente de los carios, de bárbara lengua, y la vista sólo alcanza lo que un tiro de piedra,
que poseían Mileto y el monte, de espeso follaje, de los Ftiros, así bajo sus pies se fue levantando una compacta polvareda
las corrientes del Meandro y las escarpadas cumbres del Micala. a medida que avanzaban; y con gran ligereza cruzaban la llanura.
870 Al frente de éstos iban Anfímaco y Nastes, Cuando ya estaban cerca avanzando unos contra los otros, is
Nastes y Anfímaco, ilustres hijos de Nomión. de la primera línea de troyanos se destacó el deiforme Alejandro
El primero iba al combate cubierto de oro, como una muchacha, con una piel de leopardo en los hombros, el tortuoso arco
¡insensato! En absoluto le libró eso de la luctuosa ruina, y la espada; y con dos lanzas (encastradas de bronce,
pues sucumbió a manos del velocípedo Eácida que blandía, desafiaba a todos los paladines de los argivos
875 en el río, y el oro se lo llevó el belicoso Aquiles. a luchar hombre contra hombre en atroz lid 45. 20
Sarpedón era jefe de los licios, y el intachable Glauco.
Venian de lejos, de Licia, de orillas del turbulento Janto.
" El nombre deriva de la palabra que significa «puño». Los pigmeos
son, pues, los hombres que son como un puRo.
4' Alejandro es el nombre más común en la Zlíada de quien nosotros

solemos llamar Paris. Su atuendo es excéntrico, y la posición de quien es


un renombrado arquero es tambikn sorprendente.
de Hera, a la que yo sólo a duras penas dobiego con palabras.
Por eso creo que eso que sufres se lo debes a sus indicaciones.
895 NO obstante, no toleraré que tengas dolores ya largo tiempo,
pues de mí procede tu linaje y por obra mía te engendró tu madre.
Mas si hubieras nacido de otro dios. siendo así de destructor,
estarías hace tiempo en sima más honda que los hijos de Urano 95.»
Así habló y mandó a Peón curarlo.
900 Peón espolvoreó encima medicinas, aletargadoras del dolor,
y lo curó; pues en absoluto tenía una hechura mortal.
Como cuando el jugo de la higuera agitado cuaja la blanca leche
líquida, que pronto se condensa ante quien revuelve la mezcla,
-
Quedó sola la atroz contienda de troyanos y de aqueos.
con la misma presteza curó al impetuoso Ares.
Muchas veces se encrespó la lucha aquí y allá por la llanura,
905 Lo baííó Hebe y lo vistió con amables ropas;
y unos contra otros enderezaban las astas, guarnecidas de bronce,
y se sentó al lado de Zeus Cronión, ufano de su gloria.
en medio del Simoente y de las corrientes del Janto.
Y de nuevo regresaron a la morada del excelso Zeus
Ayante Telamonio, baluarte de los aqueos. fue el primero 5
la argiva Hera y la alalcomeneide Atenea,
en romper el batallón troyano y aplortar una luz a sus compafieros,
tras poner fin a los crímenes de Ares, estrago de, mortales.
al acertar al hombre que era de mejor hechura entre los tracios,
el hijo de Eusoro, el noble y alto Acamante.
95 Ares es hijo de Zeus y de Hera. Los hijos de Urano son los Titanes,
Acertóle el primero en el crestón del casco, de tupidas crines;
vencidos por Zeus en la Titanomaquia y sepultados bajo tierra para impedir en la frente se le clavó y traspas0 el hueso hasta dentro 1o
su libertad.
la broncinea punta de la lanza, y la oscuridad cubrió sus ojos.
Diomedes, valeroso en el grito de guerra, mató a Axilo
Teutránida, que habitaba en la bien edificada Arisba,
donde vivía con opulencia y era querido por las gentes,
pues habitaba al borde del camino y a todos acogía como suyos. 1s
Mas no hubo entonces quien lo protegiera de la luctuosa ruina
haciendo frente por delante. A ambos robó el aliento vital,
a él y a su escudero Calesio, que estaba a cargo de los caballos
entonces como auriga; y ambos penetraron en el seno de la tierra.
Euríalo despojó a Dreso y a Ofeltio. 20
Y fue tras Esepo y Ptdaso 96, a quienes en otro tiempo la ninfa
de las aguas Abarbárea alumbró por obra del intachable Bucolión.

% Epónimos del río y de la ciudad, no mencionada en el catálogo troya-

no, situada al sur de la Prop6ntide (mar de Mármara).


CANTO VI 215

Bucolión era del noble Laomedonte el hijo «;Tierno hermano! iMenelao! ¿Por qué te preocupas así 55
primogénito, y su madre lo había engendrado en secreto 9 7 . de estos hombres? ¿Acaso han hlecho contigo lo mejor en tu casa
25 Mientras apacentaba las ovejas habían compartido lecho y amor, 10s troyanos? ¡Ojalá ninguno escape del abismo de la ruina
y ella, encinta, había parido hijos gemelos. ni de nuestras manos, ni siq~ier~a aquel al que en el vientre
También a éstos dobló la furia y los esclarecidos miembros. lleva su madre ni aquel que huye! ¡Que a la vez todos
el Mecisteida y les quitó de los hombros las armas. 10s de Ilio queden exterminados sin exequias y sin dejar traza!» 60
El aguerrido Polipetes mató a Astíalo; Hablando así, el héroe desvió la intención de su hermano,
30 Ulises despojó a Pidites Percosio porque era oportuna su advertencia. Rechazó de sí con la mano
con la broncinea pica, y Teucro al divino Aretaón. al héroe Adresto, y el poderoso Agamenón lo
Antíloco desarmó con la reluciente lanza a Ablero,
el Nestórida, y Agamenón, soberano de hombres, a Élato,
hirió en el costado. Cayó éste de espaldas, y el Atrida, -
apoyando el pie en su pecho, le arrancó la pica de fresno'. 65
que habitaba a orillas del Satnioente, de bello caudal, Néstor arengó a los argivos con recia voz:
35 en la escarpada Pédaso. El héroe Leito apresó a Fíiaco «iAmigos, héroes dánaos, escuderos de Ares!
mientras huía, y Eurípilo despojó a Melantio. Que ninguno ahora, entretenido sobre los despojos, atrás
Luego Menelao, valeroso en el grito de guerra, a Adresto se quede, para llegar a las naves con más carga que nadie.
capturó vivo. Sus caballos, despavoridos por la llanura, Matemos a los hombres y después con tranquilidad también 70
al enredarse en la rama de un tamarisco y romper el corvo carro podréis despojar por la llanura los cuerpos de los muertos.))
40 por el extremo delantero del timón, habían marchado a su arbitrio Hablando así, estimuló la furia y el ánimo de cada uno.
hacia la ciudad, justo por donde los demás huían despavoridos; Entonces los troyanos, a manos de los aqueos, caros a Ares,
y él, volteado fuera de la caja del carro más allá de la rueda, habrían penetrado en Ilio, doblegados por sus cobardías,
había caído de boca y de bruces en el polvo. Al lado apareció si no hubiera sido porque se presentó ante Eneas y Héctor 75
el Atrida Menelao empufiando la pica, de luenga sombra. el Priámida Héleno, de los agoreros con mucho el mejor, y dijo:
4 5 Entonces Adresto le agarró las rodilIas y le suplicó así: «iEneas y Héctor! Ya que el peso en vosotros sobre todo
«¡Préndeme vivo, hijo de Atreo, y acepta un rescate digno! de entre los troyanos y licios gravita, porque los mejores
Muchos tesoros hay guardados en casa de mi opulento padre: sois para toda empresa, bien para luchar, bien para decidir,
bronce, oro y muy forjado hierro; de ellos deteneos ahí mismo y contened la hueste ante las puertas, 80
mi padre estaría dispuesto a complacerte con inmensos rescates, yendo por doquier, antes que en brazos de las mujeres
so si se enterara de que estoy vivo en las naves de los aqueos.)) caigan huyendo y se conviertan en irrisión para los enemigos.
Asi habló, tratando de convencer su ánimo en el pecho. En cuanto los dos hayáis estimulado a todos los batallones,
Y cuando ya estaba a punto de entregarlo a su escudero, nosotros nos quedaremos aquí :y lucharemos contra los dánaos,
para que lo llevara a las veloces naves de los aqueos, Agamenón por muy abrumados que estemos, pues la necesidad apremia. 8s
llegó corriendo frente a él y lo increpó con estas palabras: Mas tú, IHéctor!, ve a la ciudad y habla en seguida
con la madre tuya y mía: que ella reúna a las matronas
'' Este Bucolion no es mencionado en el relato que Eneas hace de la en el templo de la ojizarca Atenea en lo alto de la ciudadela
genealogía troyana en XX 326 SS. y que, abriendo con la llave las puertas de la sagrada morada,
90 el manto que le parezca el más amable y el mayor antes. Sin embargo, ahora estás muy por delante de todos 125
en el palacio y con mucho el más preciado para ella y tienes la osadía de aguardar mi pica, de luenga sombra.
deposite sobre las rodillas de Atenea, de hermosos cabellos, iDesdichad~sson los padres cuyos hijos se oponen a mi furia!
y le prometa doce terneras en su templo sacrificar, Pero si eres algún inmortal y has descendido del cielo,
afiojas y no sometidas a aguijada, para ver si se apiada desde luego yo no lucharía con las celestiales dioses 98.
95 de la ciudad, y de las esposas de los troyanos y sus tiernos hijos, Ni siquiera el hijo de Driante, el esforzado Licurgo, 130
y, así, aparta de la sacra Ilio al hijo de Tideo, que con los celestiales dioses trabb disputa, tuvo vida longeva,
ese feroz lancero, esforzado instigador de la huida, el que en otro tiempo a las nodriizas del delirante Dioniso
del que yo afirmo que es el más violento de los aqueos. fue acosando por la muy divina región de Nisa 99. Todas a la vez
Nunca tuvimos tanto miedo ni de Aquiles, comandante de hombres, los tirsos dejaron caer a tierra, por el homicida Licurgo
ioo que afirman que ha nacido de una diosa. Mas éste en el colmo con la aguijada golpeadas. Despavorido, Dioniso se sumergir 13s
de su furor se halla y nadie puede rivalizar con él en furia.» en el oleaje del mar, y Tetis lo acogió en su regazo, temeroso
Así habló, y Héctor no desobedeció a su hermano. y presa de violento temblor por las increpaciones del hombre.
Al punto del carro saltó a tierra con las armas Mas pronto abominaron de él los dioses, que pasan fácil vida,
blandiendo las agudas lanzas, recorrió el ejército por doquier y el hijo de Crono lo dejó ciego. Y ya no duró mucho tiempo,
los instándolos a luchar y despertó una atroz contienda. porque se hizo odioso a ojos de todos los inmortales dioses. 140
Se revolvieron y plantaron cara a los aqueos, Tampoco yo estaría dispuesto a luchar con los felices dioses.
y los argivos retrocedieron y cesaron la matanza. Mas si eres un mortal de los que comen el fruto de la tierra
Estaban seguros de que del estrellado cielo un inmortal acércate más y así llegarás antes al cabo de tu ruina.»
había bajado a defender a los troyanos: jasí se revolvieron! Respondióle, a su vez, el esclarecido hijo de Hipóloco:
iio Htctor arengó a los troyanos con recia voz: «;Magnánimo Tidida! ¿Por qué me preguntas mi linaje? 14s
«jSoberbios troyanos y aliados cuya gloria llega de lejos! Como el linaje de las hojas, tal es también el de los hombres.
Sed hombres, amigos, y recordad el impetuoso coraje, De las hojas, unas tira a tierra el viento, y otras el bosque
mientras yo voy a Ilio, y a los ancianos hace brotar cuando florece, al llegar la sazón de la primavera.
del consejo y a nuestras esposas digo Así el linaje de los hombres, uno brota y otro se desvanece.
11s que supliquen a las divinidades y les prometan hecatombes.)~ Si quieres, sábete también lo siguiente, y te enterarás 150
Tras hablar así, se alej6 Héctor, el de tremolante penacho. bien de mi linaje, que ya muchos hombres conocen:
En ambos extremos de su oscura piel, talones y cuello, golpeaba hay una ciudad, Éfira, en el fondo de Argos, prado de caballos,
la orla exterior que .recorría el abollonado broquel. y allí vivía Sísifo, que fue el máis astuto de los hombres,
Glauco, hijo de Hipóloco, y el hijo de Tideo
izo coincidieron, tividos de lucha, en el espacio entre ambos bandos.
98 En contra de lo que ha hecho en V 335 SS. (contra Atenea) y en 850
Cuando ya estaban cerca, avanzando el uno contra el otro, ss. (contra Ares).
díjole el primero Diomedes, valeroso en el grito de guerra: " La montafia de Nisa es una zona asociada con el mito de Dioniso.
aisobresaliente guerrero! ¿Quién eres tu de los mortales? Su ubicacibn es incierta, aunque a partir de la conquista de Alejandro se
Nunca te he visto en la lucha, que otorga gloria a los hombres, situaba en la margen derecha del Indio.
CANTO VI

Sísifo Eólida. Y he aquí que éste tuvo por hijo a Glauco. En tercer lugar, mató a las varoniles amazonas.
155 Y por su parte, Glauco engendró al intachable Belerofontes. pero, a su regreso, urdió contra él otro sagaz engafio:
A Cste belleza y amable valentía los dioses le otorgaron. escogiendo de la anchurosa Licia a los mejores varones,
Mas Preto maquinó contra él maldades en el ánimo, los apostó en emboscada; mas no regresaron de nuevo a casa,
porque era muy superior a él, y lo desterró del pueblo pues a todos los mató el intachable Belerofontes.
de los argivos, a quienes Zeus había sometido al cetro de Preto. Cuando fue conociendo que era el noble vástago de un dios,
160 La mujer de éste, la divina Antea 'Oo, concibió enloquecido deseo lo retuvo allí, le ofreció a su propia hija por esposa
de unirse a 61 en secreto amor. Pero no logró y le dio la mitad de todos sus regios honores.
convencer los buenos instintos del belicoso Belerofontes. Y Los licios le acotaron un predio excelente entre los demás,
Entonces aqutlla dijo con mentiras al rey Preto:
'¡Ojalá mueras, Preto, o mata a Belerofontes, Aquélla dio a luz tres hijos al belicoso Belerofontes:
-
fértil campo de frutales y labranza, del que obtener lucro.

165 que ha querido unirse en el amor conmigo contra mi deseo!' Isandro, Hipóloco y Laodamía.
Asi habló, y la ira prendió en el soberano al oírlo. Junto a Laodamía vino a yacer el providente Zeus,
Eludía matarlo, pues sentía escrúpulos en su animo; y ésta alumbró a Sarpedón, de broncíneo casco, igual a un dios.
pero lo envió a Licia y le entregó luctuosos signos, Pero cuando también aquél se hizo odioso a todos los dioses,
mortíferos la mayoría, que había grabado en una tablilla doble, por la llanura Aleya iba solo vagando,
170 y le mandó mostrárselas a su suegro, para que así pereciera 'O'. devorando su ánimo y eludiendo las huellas de las gentes.
Marchó a Licia bajo la intachable escolta de los dioses A su hijo Isandro, Ares, insaciable de combate,
y en cuanto llegó a Licia y a la corriente del Janto, lo mató cuando luchaba con los gloriosos sólimos.
amistosamente lo honró el soberano de la anchurosa Licia. A su hija la mató Ártemis, la de áureas riendas, irritada.
Durante nueve días lo hospedó y nueve bueyes sacrificó. E Hipóloco me engendró a mí, y de él afirmo haber nacido.
175 Pero al aparecer por dtcirna vez la Aurora, de rosados dedos, Me envió a Troya y con gran insistencia me encargó
entonces le preguntó y solicitó ver la. contrasefía descollar siempre, sobresalir por encima de los demás
que había traído consigo de parte de su yerno Preto. y no mancillar el linaje de mis padres, que los mejores
Cuando la funesta contraseiía de su yerno recibió, con mucho fueron en Éfira y en la anchurosa Licia.
mandóle, en primer lugar, a la tormentosa Quimera Ésas son la alcurnia y la sangre de las que me jacto de ser.))
180 matar. Era ésta de raza divina, no humana: Así habló, y Diomedes, valeroso en el grito de guerra,
por delante león, por detrás serpiente, y en medio cabra, se alegró, y clavó la pica en el suelo, nutricio de muchos,
y exhalaba la terrible furia de una ardiente llama. y dijo con lisonjeras palabras all pastor de huestes:
Pero logró matarla, fiado en los portentos de los dioses. «¡Luego eres antiguo huésped de la familia de mi padre!
En segundo lugar luchó contra los gloriosos s<5limos, Pues una vez Eneo, de casta de Zeus, al intachable Belerofontes
185 la lucha en su opinión más feroz que contra hombres entabló. hospedó y retuvo en su palacio durante veinte días 'O2.
Se obsequiaron con bellos presentes mutuos de hospitalidad:
'" Llamada Estenebea en las referencias posthomtricas al mito.
'O' La única referencia a la escritura en Hornero, según parece. 'O2 Eneo es el padre de Tideo, padre de Diomedes.
CANTO VI 22 1

Eneo le dio un cinturón reluciente de púrpura, allí le salió al paso su madre, dladivosa de benignos regalos,
220 y Belerofontes una áurea copa de doble asa, llevando dentro a Laódica, la primera de sus hijas en belleza.
que yo dejé en mis moradas al venir aqui. Asióle la mano, lo llam6 con todos sus nombres y le dijo:
Pero de Tideo no me acuerdo, porque aún pequefio me «¡Hijo! ¿Por qué has dejado el audaz combate y has venido?
dejó, cuando en Tebas pereció la hueste de los aqueos. Seguro que los malditos hijos de los aqueos os oprimen 255

Por eso ahora yo soy huésped tuyo en pleno Argos, batiéndose en torno de la ciudad, y tu ánimo te ha impulsado
225 y tú lo eres mío en Licia para cuando vaya al país de los tuyos. a venir aqui a extender los brazos a Zeus desde la ciudadela.
Evitemos nuestras picas aquí y a través de la multitud. Mas aguarda a que te traiga vino, dulce como miel,
Pues muchos troyanos e ilustres aliados tengo para matar, para ofrecer una libación a Zeus padre y a los demás inmortales
si un dios me procura a alguien y yo lo alcanzo con mis pies. primero. Después también tú mismo disfrutaras si bebes. 260

Y tú también tienes muchos aqueos para despojar al que puedas. El vino aumenta mucho el vigor al hombre que está exhau*sto
230 Troquemos nuestras armas, que también éstos se enteren de fatiga, como tú lo estás de tanto defender a tus parientes.»
de que nos jactamos de ser huéspedes por nuestros padres.)) Respondióle entonces el alto Héctor, de tremolante penacho:
Tras pronunciar estas palabras, ambos saltaron del carro, «No me ofrezcas vino. dulce para las mientes, augusta madre,
se cogieron mutuamente las manos y sellaron su compromiso. no sea que me relajes la furia y me olvide del coraje. 265

Entonces Zeus Crónida hizo perder el juicio a Glauco, Hacer libaciones de rutilante vino para Zeus con manos sin lavar
23s que con el Tidida Diomedes intercambio las armas, me causa escrúpulos. Al Crónida, el de oscuras nubes, no hay
oro por bronce, unas que valían cien bueyes por otras de nueve. que rogar con el cuerpo salpica.do de sangre y de matanza.
Cuando Héctor llegó a las puertas Esceas y a la encina 'O3, Mas tú al templo de la depredadora Atenea
corrieron a rodearlo las esposas y las hijas de los troyanos, ve con sahumerios cuando hayais congregado a las ancianas, 270

para preguntarle por sus hijos, hermanos, parientes y el manto tuyo que sea el mas encantador y el mayor
240 y esposos. Él iba mandando a todas implorar a los dioses, de los que hay en el palacio y para ti con mucho más preciado
a una tras otra: ipara muchas se cernían duelos inminentes! deposítalo sobre las rodillas de Atenea, de hermosos cabellos,
Pero cuando ya llegó a la muy bella morada de Príamo, y prométele doce terneras en su templo
construida con pulidos pórticos de columnas, en la cual sacrificar, afiojas y no sometidris a aguijada, a ver si se apiada 275

había cincuenta habitaciones de pulida piedra, de la ciudad, de las esposas de los troyanos y de sus tiernos hijos,
245 edificadas unas contiguas a otras, en las que los hijos y así aparta de la sacra Ilio al hijo de Tideo,
de Príamo se acostaban junto a sus legítimas esposas, ese feroz guerrero. esforzado instigador de la huida.
y para las hijas, en el lado de enfrente, dentro del patio, Tú ve al templo de la depredadora Atenea,
había doce techadas habitaciones de pulida piedra, y yo iré en busca de Paris para llamarlo, 280

edificadas unas contiguas a otras, en las que los yernos a ver si quiere atender a mis palabras. ¡Ojalá aqui mismo
250 de Príamo se acostaban junto a sus respetables esposas, se lo tragara la tierra! Pues es una peste que el Olímpico crió
para los troyanos, para el magnánimo Príamo y para sus hijos.
'O3 La encina pr6xirna a las puertas Esceas también es mencionada en Si lo viera descendiendo dentrai del Hades,
IX 354 y XI 170, y quizá en XXI 549. diría a mi ánimo que dejara olvidado del todo el funesto llanto.» 285
CANTO VI 223

Así habló, y ella regresó al palacio y dio a sus sirvientas cerca de Príamo y de Héctor, en lo alto de la ciudadela.
10s encargos, y éstas congregaron a las ancianas por la ciudad. Allí entró Héctor, caro a Zeus, y en la mano
por su parte, ella descendió al perfumado tálamo, sostenía la pica, de once codos; en el extremo del asta lucía
donde estaban sus mantos, abigarradas labores de las mujeres la broncínea punta, cuyo contorno recorría una áurea anilla. 320
290 sidonias, que el propio deiforme Alejandro Lo ha116 en la habitación manipullando las muy bellas armas,
había llevado de Sidón cuando surcó el ancho ponto el broquel y la coraza, y palpando las piezas del corvo arco.
en el viaje en el que condujo a Helena, de nobles padres 'O4. La argiva Helena entre las sirvientas de la casa
Hécuba tomó uno de ellos y lo llevó como dádiva para Atenea; estaba sentada y a las criadas ordlenaba primorosas labores.
era el más hermoso por sus bordados y el mayor; Lo vio Héctor y lo recriminó con vergonzantes palabras: 325
295 cual astro refulgía, y era el que estaba guardado el último. «¡Desdichado! No está bien que guardes en tu ánimo ese renFr.
Echó a andar, y muchas ancianas marcharon en pos de ella. Las tropas en torno de 1a.fortaleita y de la escarpada muralla
Al llegar al templo de Atenea en lo alto de la ciudadela, perecen batiéndose, y por tu culpa el griterío y el combate
les abriC las puertas la de bellas mejillas, Teano arden alrededor de esta ciudad. Tu mismo te opondrías a otro
Ciseide, esposa de AntCnor, domador de caballos, a quien en un sitio vieras remitir en el abominable combate. 330
300 a quien los troyanos habían nombrado sacerdotisa de Atenea. ¡Arriba! No sea que la ciudad arda pronto con fuego abrasador.))
Todas extendieron los brazos a Atenea entre gemidos, Díjole, a su vez, el deiforme ,4lejandro:
y Teano, la de bellas mejillas, cogiendo el manto, «iHCctoi! Me has increpado con razón, y no sin razón;
lo depositó sobre las rodillas de Atenea, de hermosos cabellos, por eso te voy a contestar. Y tu comprendeme y escúchame.
y elevó esta plegaria, rogando a la nacida del excelso Zeus: No tanto por ira e irritación con los troyanos estaba sentado 335
30s ajAugusta Atenea, protectora de la ciudad, nacida de Zeus en el tálamo como por ganas de dar rienda suelta a mi pena.
entre las diosas! Quiebra ya la pica de Diomedes Ahora mi esposa, que me ha reprendido con tiernas palabras,
y concédeme que caiga de bruces ante las puertas Esceas. me ha incitado al combate. TambiCn a mí me parece que eso
En tu honor sacrificaremos ahora en el templo doce terneras será lo mejor, pues la victoria cambia de hombres.
añojas y no sometidas a aguijada, a ver si te apiadas Ea, aguárdame ahora, que voy a ponerme las marciales armas; 340
310de la ciudad, de las esposas de los troyanos y de sus tiernos hijos.» o vete, que yo iré detrás y creo que te alcanzaré.»
Así habló en su súplica. pero Palas Atenea no accedió. Así habló, y nada respondió IdCctor, de tremolante penacho.
Así suplicaban a la nacida del excelso Zeus. Pero si le habló Helena, que dijo con lisonjeras palabras:
Entre tanto Héctor llegó a la bella mansión de Alejandro, «iCuñado de esta perra cuyas malas artimañas espantan!
que él mismo se había hecho con la ayuda de los que entonces ¡Ojalá que aquel día, nada mas (darme a luz mi madre, 345
31s eran en Troya, de fértiles glebas, los mejores carpinteros, una maligna ráfaga de viento me hubiera transportado
quienes le habían fabricado el talamo, la sala y el patio y llevado a un monte o al hinchado oleaje del fragoroso mar,
donde una ola me hubiera raptado, en vez de que esto sucediera!
'" Los versos 289-292 son citados por Heródoto, 11 116, como prueba Mas una vez que los dioses prescribieron estos males así,
de que Hornero no era el autor de los Cipria, poema en el que Paris y Helena ojalá entonces hubiera sido la esposa de un hombre mejor, 350
llegaban a Troya desde Esparta en dos días. que conociera la recta irritación :y los reproches de las gentes.
CANTO VI

Pero éste ni ahora tiene firmeza en las mientes ni más adelante están abrumados, y que los aqueos ejercen gran poderío.
la tendrá, y por eso creo que también cosechará su fruto. Ya ha llegado presurosa a la muriilla,
Ea, entra ahora y siéntate sobre este escabel, como mujer enloquecida; y la nodriza lleva al niño consigo.»
355 cuñado mío, pues tú eres al que más acosa las mientes la tarea Dijo la despensera. y Héctor SI: precipitó fuera de la casa, 390
por culpa de esta perra de mí y por la ofuscación de Alejandro, bajando otra vez por la misma ruta de bien construidas calles.
a quienes Zeus impuso el malvado sino de en lo sucesivo Cuando atravesb la gran ciudad y llegó a las puertas
tornarnos en materia de canto para los hombres futuros.» Esceas, por donde se disponía a salir a la llanura,
Respondióle entonces el alto Héctor, de tremolante penacho: alIí le salid al paso corriendo su esposa, rica en regalos,
360 «NO me ofrezcas asiento, Helena, aunque me estimes; no me Andrómaca, la hija del magnánim~oEetión, 395
convencerás. Pues mi ánimo ya está en marcha, presto a defender del Eetión que había habitado bajo el boscoso Placo, -.
a los troyanos, que intensa añoranza sienten por mi ausencia. en Teba bajo el Placo, y había si~dosoberano de los ~ i l i c i o s ' ' ~ ~
Tú pon en movimiento a éste, y que también él se dé prisa De éste era hija la esposa de Héctor, de broncíneo casco.
para que me alcance mientras todavia esté dentro de la ciudad. Le salió entonces al paso, y con dla se acercó la sirvienta,
365 Además, yo quiero ir a mi casa a ver llevando en su regazo al delicado nifio, todavia sin habla,
a los criados, a mi esposa y a mi tierno hijo. el preciado Hectbrida, semejante al un bello astro.
Pues no sé si aún otra vez llegaré de regreso hasta ellos, Héctor solía llamarlo Escamandrio, pero los demás
o si los dioses ya me van a doblegar a manos de los aqueos.)) Astianacte; pues Héctor era el único que protegía Ilio 'O6.
Tras hablar así, se alejó Héctor, de tremolante penacho; Éste sonrió mirando al niño en silencio,
370 y al instante llegó a sus bien habitadas moradas, y Andrómaca se detuvo cerca, derramando lágrimas;
mas no encontr6 en las salas a Andrómaca, de blancos brazos, le asió la mano, lo llamó con todos sus nombres y le dijo:
que con su hijo y una sirviente, de bello manto, «iDesdichado! Tu furia te perderá. Ni siquiera te apiadas
sobre la torre estaba de pie, llorando y gimiendo. de tu tierno nifio ni de mí. infortunada, que pronto viuda
Héctor, al no hallar dentro a su intachable esposa, de ti quedaré. Pues pronto te matarán los aqueos,
375 salió al umbral, se detuvo y dijo así a las criadas: atacándote todos a la vez. Y para. mi mejor sería,
«Ea, criadas, declaradme la verdad. si te pierdo. sumergirme bajo tierra. Pues ya no
¿Adónde ha ido Andrómaca, de blancos brazos, fuera del palacio? habrá otro consuelo, cuando cumplas tu hado,
¿A ver a mis hermanas y a mis cuiladas, de buenos mantos? sino sólo sufrimientos. No tengo padre ni augusta madre:
¿O al templo de Atenea ha ido, justo donde las demás troyanas, a mi padre lo mató Aquiles, de la casta de Zeus,
380 de bellos bucles, tratan de aplacar a la temible diosa?))
La solícita despensera díjole, a su vez, estas palabras:
'O5 Teba estaba situada cerca del m~onteIda, por lo que es de suponer
«iHéctor! Ya que mandas encarecidamente declarar la verdad, que los cilicios aqui mencionados no guardan relación con los que en época
ni a ver a tus hermanas ni a tus cuñadas, de buenos mantos, histórica habitaban al S.E:de Asia Menor. El monte Placo ya no podía
ni al templo de Atenea ha ido, justo donde las demás troyanas, ser localizado en epoca posterior.
385 de bellos bucles, tratan de aplacar a la temible diosa. lW Astianacte, en efecto, es 'protecttor de la ciudad', y es el nombre dado
sino a la elevada torre de Ilio, pues ha oído que los troyanos al hija por la actividad m8s notable del padre.
CANTO VI 227

41s cuando saqueó la bien habitada ciudad de los cilicios, Mas no me importa tanto el dolor de los troyanos en el futuro 450
Teba, la de elevadas puertas. Dio muerte a Eetión, ni el de la propia Hécuba ni el del soberano Priamo
mas no lo despojo, pues se lo impidió un escrúpulo religioso. ni el de mis hermanos, que, muchos y valerosos,
En lugar de eso, lo incineró con sus primorosas armas puede que caigan en el polvo bajo los enemigos,
y erigió encima un túmulo; y alrededor plantaron olmos como el tuyo, cuando uno de los aqueos, de broncineas túnicas,
420 las montaraces ninfas, hijas de Zeus, portador de la égida. te lleve envuelta en lágrimas y te prive del día de la libertad; 455
Y los siete hermanos míos que había en el palacio, y quizá en Argos tejas la tela por encargo de una extraíía
todos ellos el mismo día, penetraron dentro de Hades; y quiza vayas por agua a la fuente Meseide o a la Hiperea
pues a todos mató el divino Aquiles, de pies protectores, obligada a muchas penas, y puedle que te acose feroz necesidad.
junto a los bueyes, de tornátiles patas, y las cándidas ovejas. Y alguna vez quizá diga alguien al verte derramar lágrimas:*
42s A mi madre, que reinaba bajo el boscoso Placo, 'Ésta es la mujer de Héctor, el que descollaba en la lucha Sobre 460
tras traerla aqui con las demás riquezas, los troyanos, domadores de caballlos, cuando se batían por Ilio.'
la liberó de regreso, luego de recibir inmensos rescates, Así dirá alguien alguna vez, y tu sentirás un renovado dolor
y en el palacio de su padre le disparó la sagitaria Ártemis. por la falta del marido que te proteja del día de la esclavitud.
iOh Héctor! Tú eres para mí mi padre y mi augusta madre, Mas ojalá que un montón de tierra me oculte, ya muerto,
430 y también mi hermano, y tú eres mi lozano esposo. antes de oír tu grito y ver cómo te arrastran.»
Ea, compádecete ahora y quédate aqui, sobre la torre. Tras hablar así, el preclaro Héctor se estiró hacia su hijo.
No dejes a tu niíío huérfano, ni viuda a tu mujer. Y el niíío hacia el regazo de la inodriza, de bello ceííidor,
Detén a la hueste junto al cabrahígo, donde más accesible retrocedió con un grito, asustado del aspecto de su padre.
es la ciudad y la muralla más expugnable ha resultado. Lo intimidaron el bronce y el penacho de crines de caballo,
435 Pues por allí vinieron e hicieron tres intentos los paladines al verlo oscilar temiblemente desde la cima del casco.
en torno de los dos Ayantes, del muy glorioso Idomeneo, Y se echó a reír su padre, y también su augusta madre.
y en torno de los Atridas y del fornido hijo de Tideo. Entonces el esclarecido Htktor se quitó el casco de la cabeza
Sin duda, un buen conocedor de los vaticinios se lo indicó, y lo depositó, resplandeciente, sobre el suelo.
o quizá su propio ánimo les incita a ello y se lo manda.» Después, tras besar a su hijo y imecerlo en los brazos,
440 Le dijo, a su vez, el alto Héctor, de tremolante penacho: dijo elevando una plegaria a Zeus y a los demás dioses:
«También a mi me preocupa todo eso, mujer; pero tremenda « ~ Z ~ yU demás
S dioses! Conccededme que este niíío mío
vergüenza me dan los troyanos y troyanas, de rozagantes mantos, llegue a ser como yo, sobresalier~teentre los troyanos,
si como un cobarde trato de escabullirme lejos del combate. igual de vaIeroso en fuerza y rey con poder soberano en Ilio.
También me lo impide el ánimo, pues he aprendido a ser valiente Que alguna vez uno diga de él: "Es mucho mejor que su padre',
445 en todo momento y a luchar entre los primeros troyanos, al regresar del combate. Y que traiga ensangrentados despojos 480
tratando de ganar gran gloria para mi padre y para mi mismo. del enemigo muerto y que a su madre se le alegre el corazón.»
Bien sé yo esto en mi mente y en mi ánimo: Tras hablar así, en los brazos de su esposa puso
habrá un día en que seguramente perezca la sacra Ilio, a su hijo, y ésta lo acogió en su fragante regazo,
y Príamo y la hueste de Príamo, el de buena lanza de fresno. entre lágrimas riendo. Su marido se compadeció al notarlo,
CANTO V I 229

485 la acarició con la mano, la llamó con todos sus nombres y dijo: Díjole en respuesta Héctor, el de tremolante penacho: 520
«iDesdichada! No te aflijas demasiado por mí en tu ánimo, «;Desdichado! Ningún hombre que fuera discreto podría
que ningún hombre me precipitará al Hades contra el destino. afear tu comportamiento en la lucha, porque tienes coraje.
De su suerte te aseguro que no hay ningún hombre que escape, Es adrede por lo que flojeas y no tienes voluntad. Por eso
ni cobarde ni valeroso, desde el mismo día en que ha nacido. mi corazón se aflige en lo más hondo cuando de ti oigo baldones
490 Mas ve a casa y ocúpate de tus labores, a los troyanos, que soportan muchas penalidades por tu causa. 52s
el telar y la rueca, y ordena a las sirvientas Ea, vayamos; eso lo arreglaremos más tarde, si alguna vez Zeus
aplicarse a la faena. Del combate se cuidarán los hombres nos concede que a los celestiales dioses sempiternos
todos que en Ilio han nacido y yo, sobre todo.» alcemos la copa libre en el palacio,
Tras hablar así, el esclarecido Héctor cogió el casco
495 hecho de crines de caballo. mientras su esposa marchaba a casa
tras expulsar de Troya a los aqueos, de buenas grebas.~ -
volviéndose de vez en cuando y derramando lozanas ' lhgrimas.
Inmediatamente después llegó a las bien habitadas moradas
del homicida Héctor. Allí dentro halló a muchas
sirvientas y a todas ellas movió al llanto.
soo Estaban llorando a Héctor, todavía vivo, en su propia casa;
pues estaban seguras de que de regreso del combate ya no
llegaría tras huir de la furia y de las manos de los aqueos.
Tampoco Paris se demoró en las elevadas mansiones;
nada más vestirse la ilustre armadura, centelleante de bronce,
505 se precipitó por la ciudad, fiado en sus raudos pies.
Como un caballo estabulado, ahíto de cebada en el pesebre,
cuando al romper el ronzal galopa golpeando la llanura,
habituado a bañarse en el río, de bella corriente,
lleno de ufanía, con la cabeza erguida y las crines a los lados
510 del cuello volteando; y fiado en su prestancia, las rodillas
lo transportan ágilmente conforme a sus instintos a la pradera;
así el hijo de Príamo, Paris. de la cima de Pérgamo
bajaba resplandeciente con las armas y gallardo como un sol,
y sus rápidos pies lo transportaban. Pronto alcanz6
515 a su hermano Hector, de la casta de Zeus, justo cuando
se alejaba de donde había estado conversando con su mujer.
Díjole el primero el deiforme Alejandro:
«¡Querido hermano! Realmente, mucho he frenado tu impulso
con mi demora y no he llegado puntual como me habías mandado.»
560 tantas eran en medio de las naves y de las corrientes del Janto
las fogatas de los troyaws que se veían encendidas ante Ilio.
Mil hogueras ardían en la llanura, y junto a cada resplandor
de ardiente fuego cincuenta hombres se hallaban sentados.
Los caballos, cebándose de blanca cebada y escanda,
565 esperaban de pie junto a los carros la Aurora, de bello trono.
CANTO IX

.
Así montaban guardia los troyanos Mientras, los aqueos
eran presa del portentoso pánico, camarada de la gtlida huida,
y todos los más bravos estaban heridos de pena inaguantable.
Como conmueven el ponto, rico en peces, los dos vientos,
el Bóreas y el Ztfiro, que soplan desde Tracia, 5
llegando de repente, y con su impulso conjunto el oleaje negro
se encrespa y echa a lo largo de la costa gran cantidad de algas,
así se les desgarraba el ánimo en el pecho a los aqueos 13'.
El Atrida, herido de enorme tristeza en el corazón,
. iba y venía, ordenando a los heraldos, de sonora voz, 10
convocar a cada hombre por su1 nombre a la asamblea
sin gritar, y 61 mismo se afanaba entre los primeros.
Se sentaron atribulados en el lugar cie la asamblea; y Agamenón
se levantó derramando lágrimas., como fuente de negras aguas
que desde una abrupta roca vierte su umbrío caudal. 15
Con llanto tan profundo, dijo entre los argivos estas palabras:
«;Amigos, de los argivos priincipes y caudillos!
Zeus Crónida me ha atado fuertemente con pesada ofuscación,

«La embajada ante Aquilesn y d a s súplicas» son los dos episodios


centrales del canto IX y los titulos atribuidos a partes del canto IX en la
Antigüedad.
' 3 9 El hecho de que los vientos del Norte y del N. O. al soplar caigan

sobre la playa supone en principio que el espectador está situado en algún


lugar de la costa de Asia Menor.
CANTO IX 267

jel cruel!, que antes me prometió y garantizó con su asentimiento Se levantó y dijo entre ellos hléstor, el conductor de carros:
20 que regresaría tras saquear la bien amurallada Ilio, «¡Tidida! Sobresales en el combate porque eres esforzado,
y ahora ha decidido un pérfido engaño y me ordena y también en el consejo eres el mejor de todos los de tu edad.
regresar a Argos sin gloria tras perder numerosa hueste. Nadie de cuantos aqueos hay criticará tus palabras 55
Así parece que va a ser grato al prepotente Zeus, ni te contradirá; pero no has terminado la propuesta.
que ha demolido las cumbres de numerosas ciudades Realmente, eres aún joven y podrías ser hijo mío,
25 y aún destruirá otras, pues su poder es el más excelso. y hasta el más joven de edad; mas dices cosas juiciosas
Mas, ea, como yo os voy a decir, hagamos caso todos: a los reyes de los argivos y has hablado conforme a razón.
huyamos con las naves a nuestra tierra patria,
pues ya no conquistaremos Troya, la de anchas calles.))
Así habló, y todos se quedaron callados en silencio.
Mas, ea, yo, que me jacto de ser más viejo que tú,
voy a acabar tu propuesta y a explicarla hasta el final. -
Y nadie podrá deshonrar mi consejo, ni siquiera el poderoso Aga-
60

30 Estuvieron un rato en suspenso abatidos los hijos de los aqueos. Sin familia, sin ley y sin hogar se quede aquel [menón.
Al fin tomó la palabra Diomedes, valeroso en el grito de guerra: que ama el intestino combate, que hiela los corazones.
«jAtrida! A ti, ante todo, me opondré por tu insensatez: Pero ahora obedezcamos a la negra noche
eso, soberano, es legal en la asamblea. Y tu no te irrites. y preparémonos la cena. Que los vigilantes en su puesto
Tú fuiste el primero en injuriar mi coraje entre los dánaos hagan noche a lo largo de la cavada fosa fuera del muro.
35 cuando dijiste que era inútil para el combate y cobarde Éste es el encargo que doy a los jóvenes. Por tu parte,
todo eso 10 saben los argivos, tanto jóvenes como viejos. tu, Atrida, rompe la marcha; pues tú eres el rey supremo.
De dos cosas sólo una te ha dado el hijo del taimado Crono: Ofrece un banquete a los ancianos: a ti te cuadra y procede.
con el cetro te ha otorgado ser honrado por encima de todos, Llenas están tus tiendas del vino que las naves de los aqueos
pero no te ha otorgado el coraje, y eso es el poder supremo. diariamente te traen desde Tracia sobre el vasto ponto.
40 iOh desdichado! ¿Crees que los hijos de los aqueos son Tienes todo para dar agasajos y eres el soberano de muchos.
tan ineptos para el combate y cobardes, como proclamas? De los muchos congregados podrás hacer caso al que el mejor
Si tu animo ya está en marcha, presto para regresar, plan proponga. Gran necesidad tienen todos los aqueos
vete: ahí tienes el camino, y cerca del mar están tus naves de uno bueno y sagaz, porque: los enemigos cerca de las naves
listas, las muy numerosas que te acompañaron de Micenas. tienen encendidas muchas hogueras. quién se alegraría de esto?
45 Pero otros aqueos, de melenuda cabellera, se quedarán Esta noche traerá al ejército lia ruina o la salvación.»
hasta que saqueemos Troya. Venga, que también ellos Así habló, y le oyeron y aibedecieron con gusto.
huyan con las naves a su tierra patria. Los vigilantes se precipitaron con las armas
Nosotros dos, Esténelo y yo, lucharemos hasta hallar el término fijado en torno del Nestórida Trasimedes, pastor de huestes,
de Ilio; pues por la voluntad de un dios hemos llegado.)) y en torno de Ascálafo y Yálimeno, hijos de Ares,
50 Así habló, y todos los hijos de los aqueos lo aclamaron, y en torno de Meríones, Afareo y Deípiro,
admirando las palabras de Diomedes, domador de caballos. y en torno del hijo de Creonte, Licomedes, de casta de Zeus.
Siete eran los jefes de los guardias, y con cada uno cien 85
I4O Cf. IV 370 SS. muchachos se encaminaron con las luengas picas en las manos.
CANTO I X

Marcharon y se apostaron entre medias de la fosa y del muro. siete trípodes no tocados por el fuego, diez talentos de oro,
Y allí cada grupo encendió una hoguera y se preparó la cena. veinte fogueados calderos, doce caballos
El Atrida condujo en grupo compacto a los ancianos briosos, campeones, que se han alzado con triunfos en carreras.
90 de los aqueos a su tienda y les sirvió un apetitoso banquete. No carecería de recompensa el hombre que tuviera tantos bienes 125
Tendieron las manos a los manjares preparados que habia delante -ni se quedaría sin adquirir muy preciado oro-
y después de saciar el apetito de bebida y de comida, como premios a mí me han traído esos solípedos caballos.
el primero que comenzó a urdir un ingenio fue el anciano Le daré siete mujeres, expertas en intachables labores,
Néstor, cuyo plan también antes se había revelado el mejor. lesbias, que cuando conquistó la1 bien edificada Lesbos para mí
95 Lleno de buenos sentimientos hacia ellos, tomó la palabra y dijo: escogí, y que destacaban en belleza entre la raza de las mujeres. 130
«iAtrida gloriosisimo, Agamenón, soberano de hombres!
En ti acabar6 y por ti comenzaré, porque de numerosas
Ésas le daré y además estará ia que entonces le quité,
la muchacha de Briseo. Y también prestaré solemne juramento
-
huestes eres soberano y porque Zeus ha puesto en tus manos de no haber subido nunca a su lecho ni haberme unido a ella,
el cetro y las leyes, para que mires por tus súbditos. como es ley humana entre homlbres y mujeres.
ioo Por eso tú más que nadie debes exponer tu opinión y escuchar Todo eso lo podrá tener de inmediato. Y si más tarde 135
y hasta cumplir la de otro, cuando el ánimo mande a uno hablar los dioses nos conceden arrasar la gran ciudad de Príamo,
en bien de todos; de ti dependerá lo que aquél haya comenzado. que cargue sus naves de oro y bronce hasta que rebosen
Por mi parte, te voy a decir lo que me parece que es lo mejor; al presentarse cuando los aqueois repartamos el botín,
y ningún otro concebirá una idea mejor que esta mía, y que él mismo escoja para si las veinte mujeres troyanas
los que he concebido ya hace tiempo y todavía ahora mantengo, . que sean más bellas después de la argiva Helena. 140
desde que, oh descendiente de Zeus, a la joven Briseida Y si luego llegáramos a la aquea Argos, ubre -de la tierra,
arrebataste y sacaste de la tienda del airado Aquiles podría ser mi yerno. Lo honraré igual que a Orestes,
en contra de nuestra opinión; pues con mucha insistencia yo mi hijo amado con ternura, quc se cría con toda opulencia.
traté de disuadirte. Pero tú a tu magnánimo corazón cediste Tres hijas tengo yo en mi bien claveteado palacio:
iio y al varón más valioso. recompensado hasta por los inmortales, Crisótemis, Laódica e Ifianasa ""; 145
has deshonrado, pues le has quitado y aún retienes su botín. que sin dar regalo s e lleve a la que quiera como esposa
No obstante, pensemos aún ahora en cómo repararlo y persuadirle a la casa de Peleo. Además, ya1 le daré una dote
con amables regalos y con lisonjeras palabras.» muy grande, como nadie hasta ahora ha dotado a su hija.
Díjole, a su vez, Agamenón, soberano de hombres: Y le daré siete fortalezas bien habitadas:
1 1 «En nada has mentido, anciano, al relatar mi ofuscación: Cardárnila, Énope y la herbosa Hira, 150
me ofusqué, y tampoco yo lo niego. Por muchas la muy divina Feras y Antea. de profundos pastizales,
huestes vale el hombre a quien Zeus ama en su corazón;
así ahora ha satisfecho a ése y subyugado a la hueste aquea.
14' La mls famosa hija de Againcnbn, Ifigenia, sacrificada en Áulide
Mas ya que me ofusqué por hacer caso de mis nocivos instintos, por el propio padre como recurso para lograr la bonanza del mar y poder
120 estoy dispuesto a repararlo y a darle inmensos rescates. partir con la flota aquea, no aparece mencionada, bien porque es la misma
Ante todos vosotros quiero enumerar mis muy ilustres regalos: que Ifianasa, bien por otra razón.
CANTO IX 27 1

la bella Epea y Pedaso, rica en viiiedos '42. guiRando los ojos a cada uno, pero, sobre todo, a Ulises, 180
Todas están próximas al mar, en los confines de la arenosa Pilo. para que trataran de convencer arl intachable Pelida.
En ellas habitan hombres ricos en corderos, ricos en bueyes, Los dos marcharon a lo largo de la ribera del fragoroso mar
155 que seguramente lo honrarán con obsequios como a un dios invocando sin cesar al dueiio de la tierra y agitador del suelo,
y, sumisos bajo su cetro, cumplirán sus leyes prósperas. para poder convencer fácilmente las altivas mientes del Eácida '44.
Esto es lo que llevaría a cabo en su favor si depone la ira. Llegaron ambos a las tiendas y ;a las naves de los mirmídones 18s
Que se deje subyugar -sólo Hades es implacable e indomable; y lo hallaron deleitándose el ánimo con la sonora fórminge '45,
por eso es para los mortales el más odioso de todos los dioses- bella, primorosa, que encima tenía un argénteo clavijero.
160 y que se someta a mí, por cuanto que soy rey en mayor grado La había ganado de los despojos al destruir la ciudad de Eetión
y por cuanto que me jacto de ser en edad mayor.» y con ella se recreaba el corazóni y cantaba gestas de héroe$.
Respondió entonces Néstor, el anciano conductor de carros: Sólo Patroclo en silencio estaba sentado frente a él, 190
«iGloriosisimo Atrida Agamenón, soberano de hombres! aguardando a que el Eácida dejara de cantar.
Ya no son desdeiiables los dones que ofreces al soberano Aquiles. Los dos avanzaron, con Ulises, de la casta de Zeus, en cabeza,
165 Mas, ea, enviemos comisionados elegidos, que cuanto antes y se detuvieron ante él. Saltó atónito Aquiles
vayan a la tienda del Pelida Aquiles. con la fórminge, abandonando el asiento donde estaba sentado.
;Venga! Obedezcan aquellos a quienes yo designe. Igualmente, Patroclo, al ver a b s hombres, se levantó. 195
Que en primer lugar vaya por delante Fénix, caro a Zeus, Brindando por los dos, dijo Aqiiiles, el de los pies ligeros:
y luego el alto Ayante y Ulises, de la casta de Zeus .'41 «iSalud a ambos! ¡Amigos sois los que venís! Algo urge
170 De los heraldos, que Odio y Euríbates los escolten. a quienes, aun en mi enojo. sois los más queridos de los aqueos.))
Traed agua para las manos y ordenad silencio Tras hablar así, el divino Aquiles los invitó a entrar
para congráciarnos con Zeus Crónida, a ver si se apiada.» y les ofreció asiento en sillas y $en purpúreos tapetes. 200
Así habló, y sus palabras resultaron del agrado de todos. Luego dirigió la palabra a Patroclo, que estaba cerca:
Al punto los heraldos vertieron agua sobre sus manos. «Prepara una cratera mayor, hijo de Menecio,
17s LOS muchachos colmaron crateras de bebida, haz una mezcla más fuerte y dispón una copa para cada uno:
que repartieron entre todos tras ofrendar las primicias en copas. son los hombres más amigos quienes están bajo mi techo.»
Y tras hacer la libación y beber cuanto su ánimo apetecía, Asi habló, y Patroclo obedeció a su compañero. 205
salieron uno tras otro de la tienda del Atrida Agamenón. Entre tanto, él puso un gran tajlón al resplandor del fuego,
Les prodigó encargos Néstor, el anciano conductor de carros, colocó en él el lomo de una oveja y el de una pingüe cabra
y la cinta de un suculento cerdo, floreciente de sebo.
Automedonte tenía el tajón, y el divino Aquiles los troceaba.
'41 Ninguna de estas ciudades es mencionada en el catálogo de las naves.
La situación geográfica que les atribuye el verso 153 hace difícil de explicar
por que pertenecen al reino de Agamenón, y no al de Néstor o al de Menelao. '"
145
Peleo era hijo de Éaco.
La forminge es un instrumento musical de cuerdas sin caja de reso-
14' En los versos 182 SS. se habla sólo de dos heraldos, mientras que
aquí se indica que son tres los comisionados del consejo que van ante Aqui- nancia. El número de cuerdas que tienen los testimonios arqueológicos con-
les con los ofrecimientos de Agamenón. servados es variable.
CANTO I X

210 Los trinchó bien y los ensartó en brochetas, mientras cumplan los dioses, y que entorices nuestro sino sea
el Menecíada, mortal igual a un dios, encendía una gran hoguera. consumirnos en Troya, lejos de Argos, pastizal de caballos.
Y una vez que el fuego se consumió y la llama dejó de arder, ¡Venga, arriba si ansías, aunque sea bien tarde, proteger
esparció la brasa, extendió por encima las brochetas a los hijos de los aqueos, abrumados bajo el estruendo troyano!
y espolvoreó divina sal, levantándolas por los morillos. A ti mismo te entrará más tarde la tristeza, mas no hay forma
215 Después de asarlos y echarlos en bandejas, de remediar el mal ya hecho. Antes que sea demasiado tarde, 250
Patroclo cogió el pan y lo distribuyó por la mesa piensa en cómo defender a los dánaos del funesto día.
en bellas canastillas, y Aquiles repartió las tajadas de carne. ¡Mi tierno amigo! Tu padre, Pcleo, te encomendó
Luego se sentó enfrente del divino Ulises aquel día en que te envió de Fitía ante Agamenón 146:
'iOh, hijo mío! La fortaleza. Atenea y Hera
en la pared opuesta e invitó a hacer una ofrenda a los dioses
te la darán si así lo quieren. Tiú el altanero ánimo
..
220 a Patroclo, su compailero; éste echó al fuego las primicias. 255
Tendieron las manos a los manjares preparados que había delante domina en tu pecho, que la templanza es lo mejor.
y desputs de saciar el apetito de bebida y de comida, Pon fin a la disputa, causa de males; y así más te
Ayante hizo una seila a Fénix. La advirtió el divino Ulises apreciaran los argivos, tanto jóvenes como viejos.'
y llenando la copa de vino se la tendió a Aquiles: Eso te encomendaba el anciano,, y tú lo olvidas. Mas aun ahora
225 «iSalud, Aquiles! De equitativa porción en el banquete cálmate y deja la ira, que corroe el ánimo. Agamenón te
no hemos carecido ni en la tienda del Atrida Agamenón ofrece regalos dignos si depones el enfado.
ni tampoco aquí ahora. Muchas cosas apetitosas hay servidas Venga, escúchame tú, y yo te enumeraré
para un festín. Pero no nos ocupa ahora el delicioso banquete, cuantos regalos en sus tiendas te ha prometido Agamenón:
sino una calamidad, alumno de Zeus, harto grande. que vemos siete trípodes no tocados por el fuego, diez talentos de oro,
230 y nos atemoriza. Está en duda si pereceremos o si salvaremos veinte fogueados calderos, doce cabaiios 265
las naves, de buenos bancos, a menos que tú entres en liza. briosos, campeones, que se han alzado con triunfos en carreras.
Cerca de las naves y del muro han acampado No carecería de recompensa el hombre que tuviera tantos bienes
los soberbios troyanos y sus aliados, cuya gloria viene de lejos, -ni se quedaría sin adquirir muy preciado oro-
encendiendo muchas hogueras por el campamento, y aseguran como premios han obtenido en carreras los caballos de Agamenón.
235 que ya no resistiremos y que caeremos en las negras naves. Te dará siete mujeres, expertas en intachables labores, 270
Zeus Crónida les muestra presagios favorables lesbias, que cuando conquistaste: la bien edificada Lesbos para sí
y relampaguea. Y Héctor, haciendo gran gala de su brío, escogió y que destacaban en belleza entre la raza de las mujeres.
exhibe terrorífica furia confiado en Zeus y ya no respeta Ésas te las dará y además estará la que entonces te quitó,
ni a hombres ni aun a dioses, pues una brutal rabia lo posee. la muchacha de Briseo. Y también prestará solemne juramento
240 Implora que aparezca cuanto antes la límpida Aurora de que nunca ha subido a su cama ni se ha unido a ella, 275
y amenaza cortar los emblemas que coronan la popa de las naves, como es de ley, soberano, entre hombres y mujeres.
prender arrasador fuego en ellas mismas y aniquilar
a los aqueos junto a ellas, aturdidos bajo el humo. '46 Ulises y Néstor (cf. XI 765 sis.) acudieron a la casa de Peleo para

Este atroz temor tengo en mi mente: que sus amenazas pedir que Aquiles se incorporase a la expedición contra Troya.
CAPJTO IX 275

Todo eso lo podrás tener de inmediato. Y si más tarde ~ q u é me


l resulta igual de odicso que las puertas de Hades
los dioses nos conceden arrasar la gran ciudad de Príamo, que oculta en sus mientes una cosa y dice otra.
que cargues tu nave de oro y bronce hasta que rebose, pero te voy a decir lo que a mí me parece que es lo mejor:
280 al presentarte cuando los aqueos repartamos el botín, a mi creo que ni me logrará persuadir el Atrida Agamenón 315
y que tú mismo escojas para ti las veinte mujeres troyanas ni los demás aqueos, porque blien se ve que nada se agradece
que sean más bellas después de, la argiva Helena. el batirse contra los enemigos constantemente y sin desmayo.
Y si luego llegáramos a la aquea Argos, ubre de la tierra, Igual lote consiguen el inactiva y el que pelea con denuedo.
podrías ser su yerno. Te honrará igual que a Orestes, La misma honra obtienen tanto el cobarde como el valeroso.
2x5 su hijo amado con ternura, que se cría con toda opulencia. Igual muere el holgazán que ell autor de numerosas hazalias.
Tres hijas tiene él en su bien claveteado palacio:
Crisótemis, Laódica e Ifianasa;
Ninguna ventaja me reporta haber padecido dolores
en el ánimo exponiendo día a día la vida en el combate.
- 320

de ellas sin dar regalo llévate a la que quieras como esposa Como el pájaro lleva a sus crías todavía sin alas
a la casa de Peleo. Él, por su parte, te dará una dote la comida, cuando la coge, tarea que es bien penosa para él,
290 muy grande, como nadie hasta ahora ha dotado a su hija. asi yo también he pasado en vigilia muchas noches insomnes, 325
Y te dará siete fortalezas bien habitadas: y ensangrentados días de combate han transcurrido
Cardamila, Énope y la herbosa Hira, batiéndome con guerreros por las esposas de ellos.
la muy divina Feras y Antea, de profundos pastizales, Doce ciudades de gentes he arrasado con las naves,
la bella Epea y Pédaso, rica en viiiedos. y once a pie, lo aseguro, en la Tróade, de buenas glebas.
295 Todas están próximas al mar, en los confines de la arenosa Pilo. De todas ellas muchos valiosos tesoros he saqueado,
En ellas habitan hombres ricos en corderos, ricos en bueyes, y todos los he traído y he ido dando a Agamenón
que seguramente te honrarán con obsequios como a un dios Atrida. Y él, quedándose atrás junto a las veloces naves,
y, sumisos bajo tu cetro, cumplirán tus leyes prósperas. los recibía, y repartía unos pocos y se guardaba muchos.
Esto es lo que llevaría a cabo en tu favor si depones la ira. Fue dando el botín que correspondía a los paladines y reyes,
300 Mas si el Atrida se te ha hecho aún miis odioso a tu corazón, y lo conservan intacto; de los aqueos s61o a mí me ha robado. 335
tanto él como sus regalos, de los demás del bando panaqueo. Ya tiene una placentera esposai; que pase con ella
abrumados por el campamento, compadécete; como a un dios te las noches y disfrute. ¿Por qué hemos de luchar con los troyanos
honrarán, pues seguro que a sus ojos ganarías enorme gloria. los argivos? ¿Para qué ha reunido una hueste y la ha traído aquí
Esta vez quizás captures a Héctor cuando llegue cerca de ti, el Atrida? ¿Acaso no ha sido por Helena, la de hermosos cabellos?
305 ahora que tiene una rabia maldita y asegura que no hay nadie LESque los Únicos de los míseros humanos que aman a sus esposas 340
como él entre los dánaos que las naves han traído aquí.» son los Atridas? Porque todo hombre que es prudente y juicioso
Y en respuesta le dijo Aquiles, el de los pies ligeros: ama y cuida a la suya, como también yo amaba a ésta
«iLaertíada descendiente de Zeus, Ulises fecundo en ardides! de corazón, aunque fuera prenda adquirida con la lanza.
Preciso es que os declare con franqueza la intención Ahora que me ha quitado el botín de las manos y me ha engaliado,
310 de mis sentimientos y cómo quedara cumplido. Así no vendréis que no haga otro intento; lo conozco bien y no me persuadirá. 345
uno tras otro a sentaros a mi lado y a halagarme.
CANTO IX 277

Que contigo, Ulises, y con los demás reyes No colaboraré con él ni en tramar planes ni en otra empresa:
se preocupe por apartar de las naves el abrasador 'fuego. ya me ha engañado y ofendido una vez; otra más ya no podría 375
Cierto es que muchísimas labores ha realizado sin mi embaucarme con palabras. ¡Harto es para él! Váyase tranquilo
y ya ha edificado el muro y ha trazado una fosa junto a él en hora mala. El providente Zeius le ha quitado el juicio.
350 ancha, profunda, en la que ha clavado una empalizada. Odiosos me son sus regalos y los aprecio como a un ardite.
Pero ni así logra contener el brío del homicida Héctor. Ni aunque me de diez o veinte veces todo
Mientras yo combatía entre los aqueos, cuanto ahora posee y otras cosais que tuviera de otro sitio 380
Héctor rehusaba trabar lucha lejos de la muralla ni cuanto ingresa en Orcómeno, ni cuanto afluye a Tebas
y apenas llegaba a las puertas Esceas y a la encina. egipcia, en cuyas casas es donde más riquezas hay atesoradas,
355 Allí me aguardó una vez solo y a duras penas evitó mi ataque.
Ahora que ya no quiero combatir contra el divino Héctor,
ciudad que tiene cien puertas y por cada una doscientos
hombres van y vienen con caballos y con carros,
-
mallana, tras ofrendar víctimas a Zeus y a todos los dioses ni aunque me diera tantos bienes como granos de arena y polvo, 38s
y cargar ricamente las naves, en cuanto las bote al mar, ni siquiera así Agamenón lograría ya persuadir mi ánimo,
verás, si es que tienes ganas y te importa, si antes no me paga entera la aifrenta, que devora el corazón.
360 surcando muy temprano el Helesponto, rico en peces, Con una hija de Agamenón Atrida no me pienso casar,
a mis naves y, en ellas, a mis hombres remando con ardor. ni aunque rivalizara en belleza con la áurea Afrodita
Si me concede buena travesía el ilustre agitador del suelo, y emulara en sus trabajos a la ojizarca Atenea. 390
al tercer día puedo llegar a Ftía, de buenas glebas .'41 Ni así me casaré con ella. Que escoja a otro de los aqueos
Poseo allí muchas cosas que dejé al venir. que le cuadre y que sea rey en mayor grado que yo.
365 De aquí, además, me llevaré el oro, el rojo bronce,'41 Si los dioses me salvan y llego a casa,
las mujeres. de bellos talles, y el canoso hierro sin duda el propio Peleo me procurará en seguida mujer.
que me tocaron en suerte. Quien me dio la recompensa Muchas aqueas hay por la Hélade '49 y por Ftia,
me la ha quitado luego por ultrajarme, el poderoso Agamenón muchachas de paladines que protegen sus ciudadelas;
Atrida. A él cuéntale todo, conforme te encargo, de ellas a la que yo quiera harC esposa mía.
370 sinceramente, para que también los demás aqueos rezonguen, Allí es donde mi arrogante ánimo me invita con insistencia
si es que aun espera engaiíar a algún otro de los dánaos a casarme con legítima esposa y compailera de lecho adecuada,
ése, siempre imbuido de desvergüenza. Pero a mi ni mirarme y a disfrutar de las posesiones que adquirió el anciano Peleo. 400
a la cara osaría, aunque sea tan desvergonzado como un perro. Para mí nada hay que equivalga a la vida, ni cuanto dicen
que poseía antes Ilio, la bien habitada ciudadela,
en tiempos de paz, antes de llegar los hijos de los aqueos,
ni cuanto encierra en su interior el pétreo umbral
14' La distancia en línea recta desde la costa de Asia Menor hasta Ftia
del arquero Febo Apolo en la rocosa Pito "O. 405
es de unos 250 kms.; no debe de haber ninguna exageración en cuanto a
la posibilidad de hacer la travesía en tres días haciendo escala en las islas '49 Hélade tiene aún el sentido a:ntiguo de región limítrofe a la de Ftia.
que jalonan el Egeo. ''O El templo de Apolo en Delfos siempre tuvo fama de poseer grandes
'41 El color quizá indica que se trata de cobre en este caso. riquezas.
CANTO IX 279

Se pueden ganar con pillaje bueyes y cebado ganado, ¿cómo podría quedarme lejos de ti, hijo mío, aquí solo?
se pueden adquirir trípodes y bayas cabezas de caballos; Soy la escolta que te dio Peleo, el anciano conductor de carros,
mas la vida humana ni está sujeta a pillaje para que vuelva aquel día en que te envió de Ftía ante Agamenón, cuando sólo
ni se puede recuperar cuando traspasa el cerco de los dientes. eras un niAo ignorante aun del combate, que a todos iguala, 440
410 Mi madre, Tetis, la diosa de argénteos pies, asegura que a mí y de las asambleas, donde los hombres se hacen sobresalientes.
dobles Parcas me van llevando al término que es la muerte: por eso me despachó contigo, para que te ensefiara todo eso,
si sigo aquí luchando en torno de la ciudad de los troyanos, a ser decidor de palabras y autor de hazañas.
se acabó para mí el regreso, pero tendré gloria inconsumible; por eso no querría, hijo mío, lejos de ti
en cambio, si llego a mi casa. a mi tierra patria, quedarme, ni aunque un dios en persona me prometiera
415 se acabó para mí la noble gloria, pero mi vida será duradera
y no la alcanzaría nada pronto el término que es la muerte
raerme la vejez y volverme de nuevo joven,
como la primera vez que abandoné Hélade, de bellas mujeres,
-
También a los demás yo aconsejaría por huir de la contienda con mi padre, Amíntor Orménida,
zarpar rumbo a casa, porque no veréis aun el fin enojado contra mí por una concubina, de hermosos cabellos,
de la escarpada Ilio: Zeus, de ancha voz, sobre ella a la que él amaba y por la que deshonraba a su esposa, 450
420 ha extendido su mano, y sus huestes han cobrado audacia. mi madre. Y, abrazada a mis rodillas, me rogaba una y otra vez
Mas vosotros id y manifestad a los paladines de los aqueos que me uniera antes a la concubina, para que ésta aborreciera
mi mensaje -éste es el privilegio de los ancianos-, al anciano. Obedecí y así lo hice. Mi padre pronto lo sospechó
para que en sus mientes imaginen otro ingenio mejor y me maldijo muchas veces e invocó a las abominables Erinies
que les salve las naves y a la hueste de los aqueos para que nunca sobre sus rodillas se sentara un hijo 455
42s junto a las huecas naves; pues no les ha deparado éxito este nacido de mí. Y cumplieron sus imprecaciones los dioses,
que han imaginado ahora, porque mi cólera me mantiene lejos. Zeus infernal y la atroz Perséfone. 457
Que Fénix se quede con nosotros y se acueste aquí mismo; Yo decidí matarlo con el agudo bronce,
así podrá acompaiiarme mañana en las naves a la patria, pero me calmó la ira uno de los inmortales, que en mi Animo
si es que quiere, que por la fuerza no 10 voy a llevar.» sugirió la voz del pueblo y las muchas injurias de la gente,
430 Así habló, y todos se quedaron callados en silencio, para impedirme que entre los aqueos se me llamara parricida .'51
admirando sus palabras, pues se había negado con resolución. Entonces mi ánimo en las mientes ya no halló medio de retenerme 462
Al cabo, tomó la palabra Fénix, el anciano conductor de carros, ni toleró seguir dando vueltas en el palacio de mi airado padre.
echándose a llorar de miedo por las naves de los aqueos: Cierto que parientes y primos en torno de mí con insistentes
«Si es verdad que en tu mente, preclaro Aquiles, sopesas súplicas trataban de sujetarme allí, en el palacio. 465
435 el regreso y de ningún modo deseas defender las veloces naves
Cebadas reses y vacas, de torcidos cuernos y tornátiles patas,
del destructor fuego ahora que la ira ha invadido tu Animo,
degollaban en cantidad; muchos cerdos, florecientes de sebo,

15' Cf. 1 352, donde parece darse por sentado que no hay elección entre lS2 LOSversos 458-461 son citiados por Plutarco, Sobre cómo hay que
dos destinos contrarios, y que es seguro que Aquiles poseed una vida breve escuchar a los poetas, 8. que indica que fueron eliminados de su edición
y gloriosa. por Aristarco.
se socarraban extendidos sobre la llama de Hefesto; Pero incluso a ellos, con ofren~dasy amables plegarias,
y mucho vino se bebía .de las tinajas del anciano. con libaciones y grasa de víctimas, los hombres los aplacan, soo
470 Nueve noches hicieron vigilia nocturna a mi alrededor; suplicándoles cuando uno comete una transgresión o un yerro.
se turnaron para mantener las guardias, y nunca se apagó También las Suplicas son hijas del excelso Zeus Is4.
el fuego, uno bajo el pórtico del bien cercadb patio Cojas, arrugadas y bizcas de ambos ojos,
y otro en el vestibulo, ante las puertas de la habitación. se cuidan de ir por detrás de l,a Ofuscacibn.
Mas cuando ya me sobrevino la décima tenebrosa noche, La Ofuscación es vigorosa y ágil, porque toma a todas
475 las puertas, sólidamente ajustadas, de la habitacibn
gran delantera corriendo y se adelanta por toda la tierra
entonces rompí y salí. Salté la cerca del patio burlando a las gentes, y ellas van detrás curando el mal.
con facilidad y sin que lo notaran ni guardias ni criadas. A quien respeta a las hijas de Zeus cuando llegan cerca ,
Hui entonces lejos a través de la Hélade, de anchos espacios, éstas le prestan gran beneficio y escuchan sus plegarias.
y llegué a Ftía, de fértiles glebas, madre de ganados, Pero cuando uno las rehusa y rechaza con rudeza,
480 a casa del soberano Peleo. Éste me acogió benévolo
he aquí que ellas van y suplican a Zeus Cronión
y me amó como un padre amaría a un hijo único que la Ofuscación le siga, para que pague pena con su dafio.
nacido en edad avanzada del padre y heredero de muchos bienes. Mas, Aquiles, haz tu también que acompañe a las hijas de Zeus
Me hizo opulento y me otorgó una numerosa hueste. la honra que también a otros valerosos doblega la voluntad.
Yo habitaba los confines de Ftía y era soberano de los dólopes. Si no trajera regalos y no men~cionaraotros para el futuro 515
485 Y te crié hasta hacerte como eres, Aquiles parecido a los dioses,
el Atrida, y persistiera en su desaforada ira,
amándote de todo corazón lS3. NO querías con ningún otro yo no te mandaría arrojar lejos tu cólera
ni ir al banquete ni comer en casa, hasta el momento y defender a los argivos, por urgente que fuera su necesidad.
en que yo te sentaba sobre mis rodillas, te saciaba Mas te ofrece ahora mucho y re ha prometido más para luego,
de rebanadas de companaje y te ponía el vino en los labios. ha enviado a los más bravos guerreros para que te supliquen,
490 Con frecuencia me manchaste la tunica a la altura del pecho,
seleccionando entre la hueste aquea a los que son para ti
cuando escupías algo de vino en la infancia, llena de cuitas. más queridos de los argivos. N'o desmientas sus palabras
i C ~ á n t a sdesgracias sufrí por ti y cuántas penalidades pasé, ni su venida. Antes no era vituperable estar irritado.
pensando en que los dioses no querían que hubiera descendencia Eso es lo que tarnbih nos han ensehado las gestas antiguas
de mi! Pero a ti, Aquiles semejante a los dioses, te tenía de los héroes, cuando una desaforada ira invadía a alguno:
495 por el hijo que algún día me aparte del ignominioso estrago. eran sensibles a los regalos y accesibles a las razones.
Mas, Aquiles, doblega tu altivo ánimo. No debes tener Me acuerdo del siguiente hecho, remoto y no reciente,
;un corazón despiadado. Los propios dioses son flexibles, de cómo fue. A todos vosotros, amigos, os lo voy a contar.
. y eso que su supremacía, su honra y su fuerza son mayores.
'54 Zeus es el dios protector de los suplicantes, y por eso es natural que

ES difícil imaginar cómo hay que hacer compatibles la afirmación de las Súplicas, personificación o alegoría, sean sus hijas. Las características
que FCnix crió a Aquiles en este pasaje y la educación de Aquiles por el físicas que se les atribuyen son las que se pueden imputar a los que hacen
centauro Quirón, mencionada en XI 831. las súplicas.
CANTO I X

Los curetes y los combativos etolios estaban luchando soiian llamar Alcíona como apodo, porque por ella
530 en torno de la ciudad de Calidón y se exterminaban entre sí, su madre, con el mismo hado que el gimiente alción ' 5 6 ,
los etolios intentando defender la amena Calidón lloraba desde que la había raptado el protector Febo Apolo-.
y los curetes ávidos de saquearla con las marciales armas. A su lado yacía acostado rumiando la ira, que corroe el ánimo, 565
Ártemis, de áureo trono, había desencadenado un azote, airada airado por las maldiciones de sii madre, que a los dioses
con ellos por no haberle ofrecido Eneo en la colina del viíiedo rogaba con insistencia, afligida por el asesinato de su hermano,
535 las primicias. Los demás dioses participaron de las hecatombes, y con insistencia golpeaba con ambas manos la feraz tierra,
y sólo a la hija del excelso Zeus había dejado de sacrificar. invocando a Hades y a la atroz Perséfone,
Por olvido o inadvertencia, grave falta cometió en su ánimo. sentada de hinojos y con el regazo empapado de lágrimas, 570
Irritada, la sagitaria del linaje de Zeus que dieran muerte a su hijo. Erinis, vagabunda de la b r u w ,
lanzó un feroz jabalí, de albos dientes, no castrado, que tiene implacable el corazón, la escuchó desde el Érebo.
540 que hacía destrozos incontables en el viííedo de Eneo. Pronto se alzó frente a la puerta el bullicio y el estruendo
Muchos copudos árboles abatía a tierra extirpándolos de cuajo de los muros acribillados a pedradas. Le pidieron los ancianos
con las propias raíces y en plena floración de los frutos. de los etolios, y enviaron eximios sacerdotes de los dioses, 575
Lo mató el hijo de Eneo, Meleagro, que saliera y tomara la defensa bajo promesa de un gran regalo:
que había congregado de numerosas ciudades cazadores donde estuviera la mas pingüe vega de la amable Calidón
545 y perros; pues no habría sucumbido ante unos pocos mortales. allí le invitaron a elegir una magnífica finca acotada
Era enorme y había llevado a muchos a la dolorosa pira. de cincuenta yugadas. la mitad para viíiedo de vino
Ártemis en torno de la pieza suscitó un gran clamor y pugna y la mitad del llano como reserva para labrantío de cereales. 580
por la cabeza y por la hirsuta piel del jabalí Insistentes ruegos le hizo Eneo, el anciano conductor de carros,
entre los curetes y los magnánimos etolios. de pie ante el umbral de su haibitación, de elevado techo,
550 Pues bien, mientras Meleagro, caro a Ares, estuvo en combate, batiendo las ensambladas hojas y rogando de rodillas a su hijo.
a los curetes todo les fue yendo mal y no eran capaces Muchas suplicas le hicieron sus hermanas y su augusta madre;
de resistir fuera de la muralla, aun siendo muchos como eran. pero él más se negaba. Muchos ruegos le hicieron los compaíieros 585
Mas cuando a Meleagro le invadió la ira, que también a otros, que tenía y que eran los m& próximos y queridos de todos;
aun siendo muy cuerdos, les hincha los sentidos en el pecho, pero ni aun así persuadían su Animo en el pecho,
555 entonces, irritado en su corazón contra su madre, Altea, hasta que la habitación empezó a recibir impactos; los curetes
se quedó tumbado junto a su legítima esposa, la bella Cleopatra, ya escalaban los muros y prendian fuego a la gran ciudad.
la hija de Marpesa, la Evenina lSS, de bellos tobillos, Entonces a Meleagro también sil esposa, de bello talle, 590
y de Idas, el más esforzado de los terrestres hombres empezó a suplicarle entre lamentos, y le relató todos
de entonces -él fue quien tomó el arco ante el soberano los males que acontecen a las gentes cuya ciudad es conquistada:
560 Febo Apolo en porfía por la doncella, de bellos tobillos, matan a los varones, la ciudad se reduce a cenizas por el fuego,
a la que entonces en su palacio su padre y su augusta madre
Especie de ave de la que se suponía que la hembra, cuando quedaba .

"' Hija de Eveno. separada del macho, emitia un permanente sonido de queja.
CANTO IX 285

y los extraííos se llevan hijos y mujeres, de profundos talles. aquéllos pensaran en salir de la tienda y regresar. Ayante
595 Su ánimo se conmovió al escuchar tantas calamidades; Telamoníada, comparable a un dios, tomó la palabra y dijo:
y echó a andar y se vistió con las resplandecientes armas. «iLaertíada descendiente de Zeus, Ulises fecundo en ardides!
Y así apartó de los etolios el día de la desgracia, jvámonos! Pues me parece que el objetivo de nuestra misión 625
cediendo sólo a su gusto. Ya no le obsequiaron con regalos no se logrará con este viaje. Hay que comunicar cuanto antes
numerosos y preciados, pero aun así los aparto de la desgracia. esta decisión, aunque no sea n,ada favorable, a los dánaos,
1x0 ¡Tú, por favor, no tengas esas mismas ideas! ¡Que la deidad que sin duda ahora están sentatdos aguardando. Aquiles
no te impulse por ese mismo camino, amigo! Peor sería acudir ha vuelto feroz el magnánimo corazón que hay en su pecho,
en socorro de las naves ya en llamas. Ve aún a tiempo ;el cruel!. y ni le inmuta la amistad de sus compafieros, 630
de los regalos; pues los aqueos te honrarán como a un dios. que hacía que lo honráramos ein las naves sobre todos los bemás.
Mas si entras en el exterminador combate sin los regalos, ¡Despiadado! Incluso del asesino del hermano
605 ya no obtendrás la misma honra, aunque alejes la guerra.)) o por la muerte del propio hijo se acepta compensación,
Y en respuesta le dijo Aquiles, el de los pies ligeros: y uno permanece allí entre su pueblo pagando una fuerte multa,
«¡Fénix, anciano padre, criado por Zeus! Ninguna falta ese y al otro se le contiene el corazón y el arrogante ánimo,
honor me hace. Sólo pienso en la honra del destino de Zeus, al recibir una reparación. Pero a ti, incesante y maligna
y ese destino me mantendrá junto a las corvas naves mientras los dioses te han vuelto tu animosidad en el pecho jsó10 por
610 un hálito subsista en mi pecho y mis rodillas puedan moverse .'51 una muchacha! iY ahora acabamos de ofrecerte siete excelentes,
Otra cosa te voy a decir, y tú métela en tus mientes: y otras muchas cosas además de ella! Propicia tu ánimo,
no me confundas el ánimo con tus lamentos y angustias respeta las vigas de tu morada. Bajo tu techo estamos, elegidos 640
por dar gusto al héroe Atrida. Tú no debes amarlo, entre la muchedumbre de los dánaos, y ansiamos con vehemencia
si quieres evitar que se torne en odio el amor que te tengo. ser tus amigos más preciados y mejores entre los aqueos.))
615 Mejor es para ti causar duelos conmigo a quien me los cause. Y en respuesta le dijo Aquiles, el de los pies ligeros:
Sé rey igual a mi y comparte la mitad de mi honor. «¡Ayante Telamonio descendiente de Zeus, jefe de huestes!
Ésos transmitirán mi mensaje, tú quédate aquí y acuéstate Todo me parece que lo has dicho conforme a lo que sientes. 645
'

en una mullida cama. Al despuntar la aurora, decidiremos Pero mi ánimo se hincha de ira cuando de aquello
si regresamos a nuestra patria o si nos quedamos.» me acuerdo, de qué infame modo me trató entre los argivos
620 Dijo, e hizo a Patrocio con las cejas una silenciosa sena el Atrida, igual que lo habría hecho con un vil exiliado.
de extender para Fénix un espeso lecho, para que cuanto antes Vosotros id, pues, y manifestad mi mensaje:
no me ocuparé del sangriento combate
hasta que el hijo del belicoso Príamo, el divino Héctor,
llegue a las tiendas y a las naves de los mirmídones
15' Aunque en 355 SS. Aquiles ha afirmado que va a regresar de inmedia- matando argivos y envuelva las naves de humo y de fuego.
to a Ftía, estos versos indican que ha decidido no moverse de las naves y
Cerca de mi tienda y de mi negra nave, Héctor,
no participar en la lucha. No obstante, 618 SS. y 650 SS. muestran que Aqui-
les no parece haber tomado una decisión definitiva. En todo caso, Ulises
por furioso que esté, creo que renunciará a la lucha.))
sólo relatara (versos 680 SS.) la amenaza inicial.
CANTO IX

Así habló, y cada uno tomó una copa de doble asa Así habló, y aquí están para confirmarlo mis compaííeros:
y tras una libación regresaron a lo largo de la fila 'de naves Ayante y los dos heraldos, insplirados ambos.
con Ulises al frente. Patroclo ordenó a compaííeros y criadas El anciano Fénix se ha acostado allí, conforme a su mandato: 690
extender para Fénix un espeso lecho cuanto antes. así podrá acompañarle mañana en las naves a su patria
660 Dóciles, extendieron el lecho tal y como había encargado, si es que quiere, que por la fuerza no lo va a llevar.))
pieles de oveja, sábanas y delicadas telas de fino lino. Así habló, y todos se queda.ron callados en silencio,
Allí se acostó el anciano y aguardó a la límpida Aurora. admirando sus palabras, pues había hablado con resolución.
Aquiles se durmió al fondo de la bien claveteada tienda; Estuvieron un rato en suspenso abatidos los hijos de los aqueos. 695
a su lado estaba acostada una mujer traída de Lesbos, Al fin tomó la palabra Diomedies, valeroso en el grito de guerra:
665 hija de Forbante, Diomeda, la de hermosas mejillas. «iAtrida gloriosísimo, Agamenón, soberano de hombrec
Patroclo se acostó al otro lado, también junto a una mujer, No hubieras debido suplicar al intachable Pelida
ffide, de bello talle, que el divino Aquiles le había procurado ofreciéndole incontables regalos;; muy engreído es de por sí.
al conquistar la escarpada Esciro, ciudadela de Enieo lS8. Ahora no has hecho más que ¿tfianzar aún más sus arrogancias. 700
Cuando los otros estuvieron en las tiendas del Atrida, Al contrario, dejémoslo, tanto si se va
670 los hijos de los aqueos con las áureas copas por ellos como si se queda; ya volverá al luchar cuando
brindaron, puestos de pie en sus sitios, y les interrogaron. el ánimo en el pecho se lo mande y la divinidad lo incite.
El primero que les preguntó fue Agamenón, soberano de hombres: Mas, ea, como yo os voy a decir, hagamos caso todos:
«¡Ea, dime, preclaro Ulises, excelsa gloria de los aqueos! id ahora a acostaros, que ya nos hemos deleitado el corazón 705
¿Está dispuesto a proteger las naves del abrasador fuego con la comida y el vino: en elllo están la fuerza y el coraje.
675 O se ha negado y la ira domina aún su magnánimo corazón?)) En cuanto aparezca la bella Aurora, de rosados dedos,
Díjole, a su vez, el divino y muy paciente Ulises: forma en seguida ante las naves a la hueste y los caballos,
«iAtrida gloriosísimo, Agamenón, soberano de hombres! aréngalos. y tú mismo lucha entre los primeros.»
Aquél no está dispuesto a apagar su ira, sino que aún más Así habló, y todos los reyeii lo aprobaron,
henchido de furor está y te rechaza a ti y tus regalos. admirados de la propuesta de Diomedes, domador de caballos.
680 Manda que seas tú mismo quien entre los argivos imagines Entonces, tras hacer la libación, cada uno se fue a su tienda,
cómo salvar las naves y a la hueste de los aqueos. y allí se acostaron y recibieron el regalo del sueiío.
Por lo que a él respecta, ha amenazado con remolcar al mar
al despuntar el alba las maniobreras naves. de buenos bancos.
Y ha afirmado que también a los demás aconsejaría
68s zarpar rumbo a casa, porque ya no veréis el fin
de la escarpada Ilio; pues Zeus, de ancha voz, sobre ella
ha extendido su mano, y sus huestes han cobrado audacia.

Según los escolios es una ciudad de Frigia, y no la isla del mismo


nombre situada al este de Eubea.

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