En la actualidad, el ornamento, en aquellas cosas que gracias a la evolución pueden privarse de él, significa fuerza de trabajo
desperdiciada y material profanado.
El trabajo del ornamento sufre a causa de que nadie está dispuesto a pagar su verdadero valor.
Verdaderamente los objetos ornamentados producen un efecto antiestético, sobre todo cuando se realizaron en el mejor material y
con el máximo cuidado, requiriendo mucho más tiempo de trabajo.
El hombre moderno, que considera sagrado el ornamento, como signo de superioridad artística de las épocas pasadas, reconocerá en
los ornamentos modernos, lo torturado, lo penoso y lo enfermizo de los mismos.
Alguien que viva en nuestro nivel cultural no puede crear ningún ornamento.
Ocurre de distinta manera con los hombres y pueblos que no han alcanzado este grado. Predico para el aristócrata. Me refiero al
hombre que se halla en la cima de la humanidad y que, sin embargo, comprende pro- fundamente los ruegos y exigencias del inferior.
La carencia de ornamento ha conducido a las demás artes a una altura imprevista.
La falta de ornamentos es un signo de fuerza espiritual. El hombre moderno utiliza los ornamentos de civilizaciones anteriores y
extrañas a su antojo. Su propia invención la concentra en otros objetos.
En la actualidad, el ornamento, en aquellas cosas que gracias a la evolución pueden privarse de él, significa fuerza de trabajo desperdiciada y material profanado.
El trabajo del ornamento sufre a causa de que nadie está dispuesto a pagar su verdadero valor.
Verdaderamente los objetos ornamentados producen un efecto antiestético, sobre todo cuando se realizaron en el mejor material y con el máximo cuidado, requiriendo mucho más tiempo de trabajo.
El hombre moderno, que considera sagrado el ornamento, como signo de superioridad artística de las épocas pasadas, reconocerá en los ornamentos modernos, lo torturado, lo penoso y lo enfermizo de
los mismos.
Alguien que viva en nuestro nivel cultural no puede crear ningún ornamento.
Ocurre de distinta manera con los hombres y pueblos que no han alcanzado este grado. Predico para el aristócrata. Me refiero al hombre que se halla en la cima de la humanidad y que, sin embargo,
comprende pro- fundamente los ruegos y exigencias del inferior.
La carencia de ornamento ha conducido a las demás artes a una altura imprevista.
La falta de ornamentos es un signo de fuerza espiritual. El hombre moderno utiliza los ornamentos de civilizaciones anteriores y extrañas a su antojo. Su propia invención la concentra en otros objetos.
En la actualidad el ornamento, en
aquellas cosas que gracias a la El hombre moderno, que considera sagrado el ornamento, como signo La carencia de ornamento ha conducido
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significa fuerza de trabajo ornamentos modernos, lo torturado, lo penoso y lo enfermizo de los imprevista.
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El trabajo del ornamento sufre a
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pagar su verdadero valor. Alguien que viva en nuestro nivel cultural no puede crear ningún
ornamento.
Verdaderamente los objetos La falta de ornamentos es un signo de
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el máximo cuidado, requiriendo propia invención la concentra en otros
mucho más tiempo de trabajo. objetos.
Ocurre de distinta manera con los hombres y pueblos que no han
alcanzado este grado. Predico para el aristócrata. Me refiero al
hombre que se halla en la cima de la humanidad y que, sin embargo,
comprende pro- fundamente los ruegos y exigencias del inferior.