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¿La democracia
amenazada por la
ciberpolítica?
Los riesgos más allá de Facebook
< Carmen Beatriz Un viejo chiste cuenta las desventuras de un bo-
Fernández rrachín que ha perdido sus llaves en el medio de la
Consultora política noche y las busca afanosamente bajo la luz de un
internacional, ceo farol. Un vecino se lo encuentra y empieza a ayu-
DataStrategia. Urbanista, darlo. Tras unos minutos de búsqueda infructuosa
mba del iesa, ma Political el vecino se rinde y le dice: «No parecen estar…
Campaigning University of ¿Está seguro de que fue aquí donde las perdió?»,
Florida, aspirante doctoral de a lo que el borrachín contesta: «No, no. Se me ca-
la Universidad de Navarra e yeron unos metros más allá, pero las busco aquí
investigadora del Center for porque hay más luz…».
Internet Studies and Digital Life Luego de la elección norteamericana de 2016
de la misma universidad. y del referéndum británico sobre el brexit saltaron
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todas las alarmas y los focos de atención se posaron sobre las plata-
formas tecnológicas occidentales: Facebook, Twitter y Google fueron
apuntadas con un dedo acusador, comenzaron a ser escrutadas con du-
reza, y sus autoridades interpeladas en los Parlamentos. Europa viene
legislando desde entonces para poner a raya a los gigantes de Sillicon
Valley, mientras que las agencias de comunicación que trabajaban con
Facebook fueron satanizadas por todos y su reputación pulverizada.
Hillary Clinton, que se había sentido la principal víctima de lo ocurri-
do en 2016 llegó al extremo de afirmar que «Zuckerberg debía pagar el
precio de haber dañado a la democracia». Si bien hay muchos elemen-
tos oscuros en la ciberpolítica de los años recientes, debemos tener cui-
dado de que esos focos que iluminan y acusan a los grandes culpables,
con Facebook a la cabeza, no nos estén haciendo buscar las llaves de la
desinformación en donde hay más luz, y no en donde están las causas.
Es cierto que desde el punto de vista del marketing y la comunica-
ción se ha venido profundizando en las técnicas de hipersegmentación,
pero se puede estar confundiendo causa con efecto al creer que son las
campañas recientes las que han cambiado la forma en que se consu-
men las noticias. Debe entenderse que la manera en que la sociedad
se informa dio un giro definitivo. Las contiendas de 2016 evidenciaron
la posibilidad de enviar mensajes políticos a ciertas audiencias parti-
culares del electorado, pero la microsegmentación es hoy herramienta
indispensable del mercadeo comercial y político. Existen elementos
nefastos que entrelazan a la tecnología con la política y permiten cons-
truir un neototalitarismo tecnificado, pero la solución no parece estar
en inculpar a las plataformas.
En la actualidad, los patrones de exposición de la ciudadanía a las
noticias han dado un vuelco (Serrano et al., 2018). La gente se informa
de distinta manera «por la sobreabundancia de la información prove-
niente de diversos canales, la conectividad constante, la economía de
la atención, la multiplicidad de pantallas y su uso simultáneo y la so-
cialización del consumo de información. La suma de estos factores da
por resultado un cambio en las rutinas de exposición mediática que
es preciso estudiar como fenómeno dinámico y que afecta al mismo
desarrollo de la comunicación política» (Serrano-Puche, Fernández y
Rodríguez-Virgili, 2018).
Tras el punto de inflexión de 2016, las fake news han estado en el
centro de la atención global y su evolución ha conseguido que la gen-
te vaya armándose de sus propios mecanismos protectores. El estudio
global del Digital News Report, conducido anualmente por la Univer-
sidad de Oxford con YouGov para Reuters en 37 países, evidenció que
existe un alto nivel de preocupación por lo que es cierto y lo que es fal-
so en internet. La encuesta 2018 puso a Brasil de puntero en ese ranking
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Preocupación por lo que es cierto y lo que es falso en internet
0 % 10 % 20 % 30 % 40 % 50 % 60 % 70 % 80 % 90 %
BRA 85 %
POR 71 %
ESP 69 %
CHL 66 %
GRE 66 %
SGP 66 %
AUS 65 %
EUA 64 %
MLS 63 %
MEX 63 %
FRA 62 %
COR 61 %
ARG 60 %
TUR 60 %
RUM 60 %
CAN 60 %
R.U. 58 %
IRL 57 %
FIN 55 %
CRO 53 %
ITA 51 %
TWN 50 %
HUN 50 %
BUL 49 %
SUE 49 %
JAP 48 %
SUI 47 %
BEL 46 %
HKG 44 %
RCH 43 %
POL 42 %
NOR 41 %
AUT 38 %
ALE 37 %
ESL 36 %
DIN 36 %
NDL 30 %
Nota: Pregunta: «Indique en qué medida está de acuerdo con la siguiente frase». Encuesta en línea de YouGov para Reuters
Digital News Report, enero 2018; n = 2023 usuarios de noticias en línea en España.
Fuente: DigitalNewsReport.es y Universidad de Navarra. Center for Internet Studies and Digital Life, 2018.
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global de preocupación sobre las falsedades de internet, con un 85 %
de los usuarios digitales preocupados por las falsedades. A partir de
esa preocupación y nivel de conciencia ante el problema, la gente ha
venido tomando medidas para protegerse contra la desinformación,
contrastando con fuentes alternativas o evitando hacer virales noticias
cuya veracidad es dudosa. Sin duda esto parece ser una buena noticia.
La inoculación es el mejor mecanismo de protección contra la desin-
formación en la era de la posverdad.
Es equivocado satanizar la persuasión e inge- « Es equivocado satanizar
nuo pensar que apuntar con un índice acusador a la persuasión e ingenuo
Facebook pondrá barreras a la evolución digital.
Lo nuevo no es el uso de las plataformas, llámen-
pensar que apuntar con
se Instagram, WhatsApp, Telegram o TikTok. Lo un índice acusador a
nuevo es la forma completamente distinta en la Facebook pondrá barreras
que los ciudadanos consumimos la información. a la evolución digital. »
Podría ocurrir que al legislar contra Sillicon Valley
estemos poniéndole obstáculos al desarrollo de la
inteligencia artificial en Occidente, mientras se le deja el campo abierto
a Rusia y China. Asfixiar a las plataformas deja la barra libre para aque-
llo que no estamos en capacidad de controlar.
Cuatro grandes riesgos
Más allá de Facebook existen riesgos importantes con que la ciberpolí-
tica viene amenazando a la democracia. La plataforma es solo la punta
del iceberg. Apuntarla pone el foco únicamente el peligro de la hiper-
segmentacion, cuando hay riesgos más graves para la democracia en,
al menos, cuatro distintas líneas: deep fake y desinformación, machine
learning, protestas masivas y Estado vigilante.
En un video reciente Mark Zuckemberg expone una idea inquie-
tante: «Imagínate por un segundo que hubiera un hombre que fuera
capaz de controlar totalmente los datos de billones de personas, datos
robados sobre sus secretos, su vida, su futuro…». Es él, es su voz, son
sus labios articulando las palabras… pero se trata de un deep fake, la
etapa superior de las fakenews (Multimedia live, 2019, junio 13). Son
técnicas de alteración de videos que permiten, con la facilidad de un
software de edición convencional, alterar videos y sus voces. El ver para
creer de Santo Tomás fue durante siglos un axioma para la humanidad,
pero ya no lo será más…
El pasado noviembre, apenas transcurrida la elección general espa-
ñola, un corto donde participaban los cinco principales líderes políticos
circuló viralmente (FaceToFake, 2019, noviembre 11). Se trataba de una
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parodia, muy bien hecha en la que los cinco dirigentes son actores prota-
gónicos del Equipo A (A-Team en la serie original). El realismo de la in-
clusión es asombroso, pero más asombroso aún es que puede realizarse
con la misma facilidad con la que se manipula una foto en Photoshop.1
En este caso se trató de una inocente parodia, pero el potencial de daño
de estas herramientas en una campaña es inimaginable.
Hoy son más fáciles las operaciones
de desinformación. Cualquiera puede
hacernos creer, con toda clase de evi-
dencias, que alguien dijo lo que en rea-
lidad no dijo, y convencernos con la fa-
cilidad de un generador de falsos tuits,
una foto editada o un meme. WhatsApp
irrumpió con fuerza en las campañas de
2018 como nueva plataforma utilizada
para la desinformación política. El caso
evidenció que mientras todos los ojos
estaban puestos sobre Facebook, el enemigo había mutado.
El machine learning de la inteligencia artificial permite predecir
comportamientos y optimizar la ciberpublicidad. Mediante la reco-
lección continua de grandes datos se crean modelos predictivos y se
pueden ubicar aquellos segmentos más influenciables para consumir
determinado producto u opción política, a los que se les puede llegar
con mensajes diseñados ad hoc, tanto en redes sociales como usando
sistemas de comunicación privada.
Las protestas masivas que vimos en 2018 y 2019 son otro factor de
riesgo para la democracia, y tienen como denominador común a la
tecnología que facilita la movilización inmediata. Pese a que exista un
sustrato estructural que le da origen, es la tecnología quien da vida a
las protestas, facilitándolas.
¿Por qué emergen con tal fuerza protestas globalmente? Todas
conllevan razones distintas, pero una semejanza fundamental es que
las redes sociales facilitan la capacidad movilizadora de la sociedad.
Posibilitan la articulación y organización, hacen viral la protesta en
un chasquido de dedos e incluso hacen prescindible la estructura de
los partidos como palanca orgánica. Quienes protestan en Santiago de
Chile han aprendido de sus colegas de Hong Kong a través de tutoria-
les de YouTube, y viceversa. Hay un aspecto colaborativo en el know
how de las protestas que se apalanca sobre internet.
1 zao se llama la app china que logra la mágica inclusión de cualquier personali-
dad en una película de Hollywood, o DeepFake Lab, su prima occidental.
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Adicionalmente las redes sociales son un elemento que acrecienta
la insatisfacción porque visibiliza el bienestar del prójimo. Viajes, co-
midas, sonrisas y mucha alegría vista permanentemente en el reflejo,
con frecuencia artificial, de terceros. Creemos tener derecho a lo que el
otro exhibe y ello puede incrementar la insatisfacción personal, como
germen de rebelión. Pero hay además un elemento lúdico, también
vinculado a lo tecnológico, en las protestas masivas. La adrenalina,
los amigos, el sentido gregario, la hiperrealidad,
la definición de adversarios y la realidad aumen- « Las redes sociales
tada respecto a lo que ya vivimos en simuladores facilitan la capacidad
de juegos o en Fortnite son también parte comple-
mentaria de la explicación sobre las protestas.
movilizadora de la
Un aspecto clave está en los distintos abordajes sociedad. Posibilitan
que tienen la democracia y la autocracia. Las dic- la articulación y
taduras no tienen ningún prurito de reprimir con organización, hacen
brutal ferocidad las protestas, mientras que entre
demócratas la protesta es un mecanismo legítimo viral la protesta en un
de expresión en la convivencia. ¿Se confina enton- chasquido de dedos e
ces la protesta masiva a la democracia? incluso hacen prescindible
Finalmente, el Estado vigilante, o Surveillance
la estructura de los
State, es otra nueva amenaza contra la democracia.
La supervisión de un Estado sobre la sociedad, a partidos como palanca
través de la recopilación de inteligencia, informa- orgánica. »
ción y grandes datos, es justificada para ejercer sus
potestades de seguridad, pero solo puede hacerlo a costa de las liber-
tades individuales.
Son parte del Estado vigilante las muy sofisticadas técnicas de re-
conocimiento facial del gobierno chino para el control social, que per-
miten, entre otras novedades, reconocer y someter al escarnio público
a quienes infringen las normas. Algunos semáforos inteligentes (Chi-
na Money Network, 2019, julio 30), conocidos como skywalkers, están
ya ubicados en las principales ciudades chinas, y permiten detectar
violaciones del peatón a las normas, y exhibir el rostro y las señas de
identidad de los transgresores en pantallas gigantes. La reciente epi-
demia de coronavirus ha puesto a prueba el estado de vigilancia chi-
no, y descubierto algunas opciones tecnológicas que hasta ahora no se
habían hecho públicas, como la posibilidad de medir masivamente la
temperatura corporal de los ciudadanos y enviar alertas tempranas de
los síntomas del virus. Las principales ciudades chinas están ya equi-
padas para el ejercicio de la vigilancia a gran escala, aunque aún no
se hayan implementado medidas masivas como lo que se ha venido
experimentando en la ciudad de Rongcheng, de 700.000 habitantes,
que ejerce un casi total control sobre todos sus habitantes a través de
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un mecanismo sofisticado de puntuaciones de crédito social (Larson,
2018, agosto 31).
Son enormes las posibilidades del big data, ese neologismo que en
español puede traducirse como inteligencia de datos o minería de datos a
gran escala. Sus posibilidades son amplísimas, tanto en lo positivo como
en lo negativo. Conocido es el caso de
la propagación de la fiebre aviar, o el
virus H1N1 y cómo Google pudo pre-
decir en función de los patrones de
búsquedas cómo se comportaba y se
desplazaba geográficamente la epide-
mia, mucho mejor de lo que lo hacían
las estadísticas sanitarias oficiales.2
China se apalanca sobre su sis-
tema de vigilancia tecnológica para
acorralar al coronavirus, pero lo hace
sobre el control social, tratando de te-
Big Brother is watching you. En China la tecnología frecuentemente es utilizada en forma que ner el monopolio de la información.
contradice la concepción occidental de la libertad.
Fuente: © David Gray, Reuters Sin embargo, gente que teme toser en
público o alguien que no puede bus-
car en Google sus síntomas impiden que el big data se convierta en una
solución. El virus comienza a dejar en evidencia las contradicciones del
sistema político: diez académicos chinos piden libertad de expresión tras
la muerte del doctor Li Wenliang (Vidal Liy, 2020, febrero 8), quien fue
censurado y amonestado tras haber sido el emisor de la primera adver-
tencia sobre el virus. Este aspecto es clave, y apunta a una incompatibili-
dad de fondo entre el capitalismo y el control social totalitario.
La acumulación masiva de datos se encuentra en muchas indus-
trias, con información acerca de sus clientes, proveedores, operaciones,
etc., pero sin duda los reyes del big data vienen del análisis de redes
sociales: Google, Twitter, Facebook, o del gps de nuestros celulares. Un
proveedor muy importante de datos para la inteligencia electoral en
Estados Unidos es la información derivada de las cookies de Amazon.
Saber qué se compra en Amazon implica conocer con gran exactitud
patrones de hábitos y agrupación de clusters que fácilmente arrojan
conclusiones sobre la conducta política. Pero la posibilidad más distó-
pica del big data es, sin duda alguna, el totalitarismo digital cuya cons-
trucción avanza aceleradamente.
2 La anécdota es impactante y está muy bien narrada en un ensayo de Viktor
Mayer-Schönberger, La revolución de los datos masivos.
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La desinformación parece haber llegado para quedarse, aunque
evolucione y mute de campaña en campaña. Las distintas formas de
desinformación son ya parte del paisaje de la comunicación política.
Ante esto, ¿cómo proteger a la democracia? La salud democrática de
las sociedades se debe proteger, de igual modo que lo hace la ciencia
ante los agresivos virus que de cuando en cuando se asoman con peli-
grosidad. Hay que encontrar vacunas ante cada mutación de la desin-
formación, pero la mejor inoculación ocurre cuando se ejerce la ciu-
dadanía, cuando se hace buen periodismo o investigación académica
relevante. También puede ayudar la acción de las agencias regulatorias
pero, para que estas sean efectivamente útiles, deberán poder superar
la asincronía entre la evolución del virus y nuestra capacidad de darle
respuesta.
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