Misiones Franciscanas en Caquetá y Putumayo
Misiones Franciscanas en Caquetá y Putumayo
i
Fundaciones de pueblos de indios por las misiones franciscanas
en las cuencas de los ríos Caquetá y Putumayo
(1753-1784)
Trabajo de investigación presentado como requisito parcial para optar al título de:
Magíster en Historia
Director:
Orián Jiménez Meneses
Doctor en Historia
Línea de Investigación:
Historia Social
ii
A Rafa y a Marina, por ser refugio y soporte
iii
Declaración de obra original
Yo declaro lo siguiente:
Cuando se han presentado ideas o palabras de otros autores en esta disertación, he realizado
su respectivo reconocimiento aplicando correctamente los esquemas de citas y referencias
bibliográficas en el estilo requerido.
He obtenido el permiso del autor o editor para incluir cualquier material con derechos de
autor (por ejemplo, tablas, figuras, instrumentos de encuesta o grandes porciones de texto).
________________________________
Fecha: 23/08/2022
iv
Resumen
v
Abstract
The present investigation inquiries about the foundation of towns and missions
developed by the Franciscan order in the basins Caquetá and Putumayo rivers
between 1753 and 1784, the product of the foundation and the evangelization strategy
developed by the College de Propaganda Fide of Popayan. During the eighteenth
century, the missions were part of the strategy of the Spanish Crown to control those
territories outside the jurisdictional margins of the provinces, governorships and
viceroyalties. In this case, indigenous people located in the rain forest and the
Amazon river basin. This text consists of two chapters. The first chapter studies the
foundation of the Colegio de Misiones de Propaganda Fide Nuestra Señora de las
Gracias de Popayán, its configuration and operation, the missionaries and lay brothers
who were part of it. The second chapter explores the access routes, the settlement and
the evangelizing project carried out by the missionaries.
vi
Contenido
Lista de cuadros………………………………………………………………………….viii
Introducción .......................................................................................................................... 1
Capítulo 1
Los franciscanos en la provincia de Popayán .................................................................. 14
1.1 La provincia de Popayán ....................................................................................... 14
1.2 Las primeras instalaciones .................................................................................... 20
1.3 Los Colegios de Misiones o de Propaganda Fide ................................................. 29
Capítulo 2
Mapas................................................................................................................................... 87
Bibliografía .......................................................................................................................... 89
Fuentes secundarias:.................................................................................................... 93
vii
Lista de cuadros
archivo……………………………………………………………………...43
Putumayo……………………………………………………………..…….73
viii
Introducción
Nuestra Señora de las Gracias de Popayán en las cuencas de los ríos Caquetá y Putumayo, en
la segunda mitad del siglo XVIII. Este colegio hizo parte de la política de la Iglesia Católica,
presencia y el poder de la Corona española cojeaba, debido a que no había podido consolidar
poblaciones que habitaban las cuencas de estos ríos, estuvo en manos del convento de las
Luego, por real cédula, se decidió permutar en 1747 este convento, con el convento de
franciscanos observantes de San Diego de Quito; sin embargo, esta permuta no prosperó y se
puesto que, desde la ciudad de Popayán se podía acceder al río Putumayo, aparentemente por
estar más cercano a esta ciudad. A las misiones en el río Putumayo se sumaron las del río
Caquetá, un río que corre paralelo a este. Estos ríos nacen en la cordillera de los Andes en
ese punto; de allí, se desprenden las tres cordilleras que atraviesan Colombia, y además,
nacen otros importantes ríos; algunos desembocan en el océano Pacífico, otros en el mar
Caribe y otros tantos, vierten sus aguas al río Amazonas, y eran, en el tiempo de las misiones
aquí mencionadas, las vías que conectaban de manera directa los territorios de la provincia
1
El convento de San Bernardino fue permutado y refundado como colegio de Misiones o para
la propagación de la fe, por iniciativa propuesta desde Roma, y buscaba, con las poblaciones
comenzó a operar sólo a partir de 1753, año en el cual las misiones franciscanas se empezaron
a movilizar desde esta ciudad hacía los ríos Putumayo y Caquetá y sus afluentes. El periodo
de actividades del Colegio, se extendió hasta 1784, pero sólo hasta 1790, fueron abandonadas
manera en que se dieron estas misiones y reducciones durante el periodo de actividades del
Colegio de Propaganda Fide, por su modo de proceder; al igual por los planes y proyectos
para avanzar en el territorio, reducir y evangelizar indígenas, por el cómo la orden franciscana
colonial.
su atención en las misiones jesuitas que actuaron en los territorios de Casanare, Meta y
2
Orinoco1, y han logrado mostrar, la capacidad para desplegar empresas económicas a partir
de la agricultura y la ganadería por parte de los padres de la Compañía de Jesús. Para el caso
de las misiones franciscanas llevadas a cabo en los ríos Caquetá y Putumayo, la información
está dispersa en algunos trabajos que básicamente se han concentrado en dos problemas: la
explotación de la quina y el caucho a partir de la segunda mitad del siglo XIX y, el impacto
Otro conjunto de trabajos, elaborados desde la historia institucional de las órdenes religiosas,
historia y la arquitectura3.
1
Hipólito Jerez, Los jesuitas en Casanare (Bogotá: Prensas del Ministerio de Educación Nacional, 1952);
Germán Colmenares, Las haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada, siglo XVIII (Bogotá: Tercer
Mundo, Universidad Nacional de Colombia, Dirección de Divulgación Cultural, 1969); José Eduardo Rueda
Enciso, Relaciones interétnicas en los llanos de Casanare y Meta 1767-1830 (Bogotá: Fundación para la
Promoción de la Investigación y la Tecnología, 1987), informe final; Luis Duque Gómez, “Visión etnológica
del Llano y el proceso de la evangelización”, en Misiones jesuíticas en la Orinoquía (1625-1767), editado por
José del Rey Fajardo (San Cristóbal: Universidad Católica del Táchira, 1992); Edda Samudio, “Las haciendas
jesuíticas de las misiones de los Llanos de Casanare, Meta y Orinoco”, también en Misiones jesuíticas en la
Orinoquía (1625-1767); Jane Rauch M., Una frontera de la sabana tropical: los Llanos de Colombia, 1531-
1831 (Bogotá: Banco de la República, 1994); Héctor Publio Pérez Ángel, La hacienda Caribabare. Estructura
y relaciones de mercado (1767-1810) (Yopal: Corpes de Orinoquía, 1997); Jane Rauch M., La frontera de los
Llanos en la historia de Colombia, 1830-1930 (Bogotá: Banco de la República, 1999); Felipe González
Morales, Reducciones y haciendas jesuíticas en Casanare, Meta y Orinoco ss. XVII-XVIII: arquitectura y
urbanismo en la frontera oriental del Nuevo Reino de Granada (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana,
2004).
2
Algunos trabajos de esta corriente son los siguientes: Roberto Pineda Camacho, Historia oral y proceso
esclavista en el Caquetá (Bogotá: Fundación Juan José Aguerrevere, 1985); Roberto Pineda Camacho,
Holocausto en el Amazonas: una historia social de la casa Arana (Bogotá: Espasa, 2000); Augusto Javier
Gómez López, Putumayo: indios, misión, colonos y conflictos (1845-1970). Fragmentos para una historia de
los procesos de incorporación de la frontera amazónica y su impacto en las sociedades indígenas (Popayán:
Universidad del Cauca, 2005); Víctor Daniel Bonilla, Siervos de Dios y amos de indios. El Estado y la misión
capuchina en el Putumayo (Cali: Universidad del Cauca, Biblioteca del Gran Cauca, 2006); Misael Kuan
Bahamón, Civilización, frontera y barbarie. Misiones Capuchinas en Caquetá y Putumayo, 1893-1929 (Bogotá:
Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015).
3
Los estudios sobre historia institucional han sido los siguientes: Gregorio Arcila Robledo, Las misiones
franciscanas en Colombia: estudio documental (Bogotá: Imprenta Nacional, 1950); Gregorio Arcila Robledo,
Apuntes históricos de la Provincia Franciscana de Colombia (Bogotá: Imprenta Nacional, 1953); Luis Carlos
Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomos I-II (Bogotá: Kelly, 1984-2000) y tomo III (Bogotá:
Universidad San Buenaventura, 2000). Es necesario mencionar que las historias institucionales son realizadas
por miembros de la orden franciscana, lo que genera una lectura parcializada de los hechos y del problema de
3
Siguiendo esta historiografía, la historia institucional franciscana en Colombia, está marcada
por dos momentos, ambos de referencia obligada. El primero, corresponde a los trabajos
realizados por fray Gregorio Arcila Robledo en la década de 1950, y el segundo, a los trabajos
de fray Luis Carlos Mantilla Ruíz, realizados entre los años 1980 y 2000. Fray Gregorio,
ubica al lector en los inicios de la orden, los hechos y personajes. Su obra, Las misiones
margen del Convento o Colegio de Misiones, de donde se partía hacia las misiones, que casi
gobernaciones; es decir, Arcila habla de las misiones en tres sentidos: las misiones vivas, que
fueron aquellas misiones de a pie, que realizaban los frailes a manera de peregrinaje en las
ciudades donde estaban ubicados los conventos, y en las jurisdicciones de estas ciudades y
provincias. Las segundas, las misiones entre los grupos indígenas que se encontraban más
cercanos a la vida en policía, pero que no habían sido adoctrinados ni por el clero regular ni
por el secular. Estas misiones fueron en realidad doctrinas, pero Arcila las registró como
misiones. Y, por último, las misiones y conversiones que estuvieron a cargo de la provincia
la evangelización y reducción de los indígenas. Los estudios desde la historia regional: Félix Artunduaga
Bermeo, Historia general del Caquetá (Florencia: Grupo de Editores del Caquetá, 4.ª edición, 1984); Lorenzo
García, Historia de las misiones en la Amazonía ecuatoriana (Quito: Ediciones Abya-Yala, 1985); José
Restrepo López, El Putumayo, en el tiempo y en el espacio (Bogotá: Centro Editorial Bochica, 1985); Julio
Mesías Mora Acosta, Mocoa: su historia y desarrollo (Bogotá: Cámara de Representantes, Congreso Nacional
de Colombia, 1997). Sobre fuentes: Gregorio Arcila Robledo, Provincia Franciscana de Colombia: las cuatro
fuentes de su historia (Bogotá: Editorial Renovación, 1950); Luis Carlos Mantilla Ruíz, Actividad misionera de
los franciscanos en Colombia durante los siglos XVII y XVIII. Fuentes documentales (Bogotá: Editorial Kelly,
1980); por último, desde la antropología, la historia y la arquitectura: Héctor Llanos Vargas y Roberto Pineda
Camacho, Etnohistoria del Gran Caquetá (Siglos XVI-XIX) (Bogotá: Fundaciones de Investigaciones
Arqueológicas Nacionales, Banco de la República, 1982); Justo Casas Aguilar, Evangelio y colonización. Una
aproximación a la historia del Putumayo desde la época prehispánica a la colonización agropecuaria (Bogotá:
Ecoe Ediciones, 1999); Roberto Pineda Camacho, En el país de la mar dulce. Un ensayo de historia colonial
(1540-1830) (Bogotá: Academia Colombiana de Historia, Colección Bolsilibros, 2013), vol. LXIII; Constanza
Cobo Fray (coord.), Colegios de Misiones Franciscanos. Valoración histórica de los colegios de Nuestra
Señora de las Gracias, en Popayán, y de San Joaquín, en Cali (Cali: Universidad de San Buenaventura, 2011).
4
Arcila Robledo, Las misiones franciscanas.
4
franciscana de Santafé y los Colegios de Propaganda Fide de Cali y Popayán. Las más
sobresalientes fueron las del Chocó, los Llanos de Casanare, los Andaquíes, las del Caquetá,
tienen datos imprecisos que entorpecen la comprensión del fenómeno misionero franciscano
La obra más reciente sobre la presencia franciscana en Colombia es la de fray Luis Carlos
Mantilla Ruíz: Los franciscanos en Colombia5; esta obra, en tres tomos, es un acercamiento
jurisdicción del mismo, a través de la vida de la orden en el Nuevo Reino de Granada, desde
el siglo XVI hasta la primera mitad del siglo XIX, abordada a partir de tres ejes temáticos: la
El tercer tomo presenta los acontecimientos de la orden durante el siglo XVIII y los inicios
de la vida republicana; del mismo modo que en el segundo tomo, trata el asunto de la
presencia franciscana en las ciudades y villas y las doctrinas en los pueblos de indios; para el
caso de las misiones, concentra su atención en las misiones del Chocó, Yurumanguí, los
Llanos Orientales, las de los ríos Caquetá y Putumayo, y las misiones entre los andaquíes.
El autor se ocupa del desarrollo y declive de las mismas por falta de operarios al comenzar
la década de 1780, igualmente, de los orígenes del Colegio de Propaganda Fide de Popayán,
así como de los misioneros que hicieron parte de las misiones. La investigación ubica al
lector en el contexto económico, social y político de cada siglo, la influencia que tuvo la
orden franciscana en la vida cotidiana de los pobladores del Nuevo Reino de Granada, y el
5
Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomos I-III.
5
movimiento espacial que tuvo la orden, a través del cual, se puede observar el
De otro lado, otras obras de imprescindible referencia son: la de los antropólogos Héctor
Llanos Vargas y Roberto Pineda Camacho, Etnohistoria del Gran Caquetá (siglos XVI-
XIX)6, en la que se muestra la historia de los grupos indígenas que hicieron parte de los ríos
el contacto inicial en el siglo XVI con los españoles y portugueses y las relaciones que se
tejieron entre estos, hasta entrado el siglo XIX. La obra de Justo Casas Aguilar, Evangelio y
la colonización agropecuaria7, es quizás una de las más completas sobre la historia del
departamento del Putumayo. El autor hace una descripción prolija del espacio, así como
también del primer contacto entre indígenas y españoles, las exploraciones y las primeras
márgenes del río Putumayo. Casas Aguilar, hace un recorrido por las primeras misiones en
el siglo XVII y la consolidación de las mismas en el siglo XVIII, a partir de la fundación del
De otro lado, la obra de Roberto Pineda Camacho, En el país del río de la mar dulce. Un
Amazonía, desde la fecha del descubrimiento del río en 1540, hasta los inicios de la república.
6
Llanos Vargas y Pineda Camacho, Etnohistoria del Gran Caquetá.
7
Casas Aguilar, Evangelio y colonización.
8
Pineda Camacho, En el país de la mar dulce, vol. LXIII.
6
selvas más importantes del planeta; sin embargo, se queda corta, dado que las fuentes
Ahora bien, en esta tesis, se estudian las misiones en la dirección propuesta por el historiador
[…] lo mismo da si se las analiza desde el punto de vista religioso, político o social. Como
instituciones religiosas estaban destinadas a introducir la fe entre los paganos. Conseguido esto,
temporales. Tan pronto como terminaba su trabajo en una frontera, se esperaba del misionero
Bajo esa perspectiva, las categorías de análisis seguidas en esta investigación, que se
enuncian a continuación, pero se desarrollan en los distintos capítulos de la tesis, son las de
“[…] la salida, jornada o peregrinación que hacen los Religiosos y Varones Apostólicos, de
los Hereges y Gentiles o para la instrucción de los Fieles, y corrección y emienda de los
vicios”10. Se refiere de manera puntual a las misiones o conversiones vivas, que se realizaban
9
Herbert Eugene Bolton, “La misión como institución de frontera”, en Estudios (nuevos y viejos) sobre la
frontera, editado por Francisco de Solano y Salvador Bernabéu (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, Centro de Estudios Históricos, Departamento de Historia de América, 1990), 46.
10
Real Academia de la Lengua Española, Diccionario de autoridades de la lengua castellana (1726-1739),
“Misión”.
7
el ámbito rural como urbano. Para el caso de reducción, el mismo diccionario apunta: “Se
llama también el Pueblo de Indios, que se han convertido a la verdadera Religión”11. Por otro
entre los que se encuentra el referenciado en el Diccionario de autoridades, así como también
“casa o iglesia de los misioneros” y “tierra, provincia o lugar en que predican los
misioneros”12.
Más allá de estas definiciones, en el contexto referido en las fuentes consultadas, la misión
como institución estaba vinculada tanto a la Iglesia como al Estado, puesto que “no sólo
servía para cristianizar la frontera, sino también para expandirla, dominarla y civilizarla”13.
“Así pues, las misiones no estaban diseñadas sólo para ser seminarios cristianos; eran
La misión dentro de la institución eclesiástica cumplía con una jerarquía, pues los Colegios
ésta dependía de la Curia Romana15. Por lo tanto, esa coherencia administrativa era la
11
Real Academia de la Lengua Española, Diccionario de autoridades, “Reducción”.
12
Real Academia de la Lengua Española, Diccionario de la lengua española, 22.ª edición, 2001, “Misión”.
13
Bolton, “La misión como institución”, 47.
14
Ibid.
15
La Constitución Apostólica Pastor Bonus, de S. S. Juan Pablo II, promulgada por Juan Pablo II el 28 de junio
de 1988, anota por noción de la Curia Romana, en el artículo I: “La Curia Romana es el conjunto de dicasterios
y organismos que ayudan al Romano Pontífice en el ejercicio de su suprema misión pastoral, para el bien y
servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares, con lo que se refuerzan la unidad de la fe y la
comunión del Pueblo de Dios y se promueve la misión propia de la Iglesia en el mundo”.
Los dicasterios se entienden por la Secretaría de Estado, las Congregaciones, los Tribunales, los Consejos y las
Oficinas, a saber: la Cámara Apostólica, la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, la Prefectura
de los Asuntos Económicos de la Santa Sede. Consultado en la página oficial de la Santa Sede:
8
siguiente: La Curia Romana, administraba sobre la Congregación para la Propagación de la
Fe, que a su vez se encargaba del manejo de los Colegios de Propaganda y la misión16.
y generalmente, se encontraban distantes unos con respecto a los otros. Esas misiones estaban
Misionero y el resto de personas que conformaban el pueblo, los cuales podían pertenecer al
regiones de la tierra”17; siguiendo este orden de ideas, poblar se refiere a la fundar uno o más
http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_constitutions/documents/hf_jp-ii_apc_19880628_pastor-
bonus-general-norms.html.
Los orígenes de la Curia Romana datan del año 1588, cuando el Papa Sixto V constituyó los dicasterios o
departamentos, con el fin de organizar a los cardenales y a las organizaciones que éstos debían presidir, para
hacer más práctica y efectiva la organización dentro de la Iglesia. Consultado en Cathólicos.net:
http://es.catholic.net/op/articulos/23397/la-curia-romana.html.
16
De acuerdo a lo planteado por Hodgson, “las instituciones son el tipo de estructuras que más importan en la
esfera social: ellas constituyen el tejido de la vida social. El creciente reconocimiento del papel de las
instituciones en la vida social implica advertir que gran parte de la interacción y de la actividad humana está
estructurada en términos de reglas explícitas o implícitas. […] Podemos definir las instituciones como sistemas
de reglas sociales establecidas y extendidas que estructuran las interacciones sociales. […] Por lo general, las
instituciones hacen posible el pensamiento ordenado, las expectativas y la acción al imponer a las actividades
humanas una forma y una consistencia. Las instituciones dependen de los pensamientos y las actividades de los
individuos pero no pueden ser reducidas a ellos” (Geoffrey M. Hodgson, “¿Qué son las instituciones?”. Revista
en Ciencias Sociales, Cali, Universidad ICESI, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, n.º 8, jul-dic. [2011]:
22). En este orden de ideas, las reglas contribuyen a estructurar las relaciones entre los individuos y las
instituciones; si bien las reglas implican restricciones, no quiere decir que todas las reglas sean prohibitivas,
incluyen a su vez normas de comportamiento y convenciones sociales, cuyos “miembros de la comunidad
relevante comparten de manera explícita o tácita el conocimiento de estas reglas” (ibid., 24). Respecto al
funcionamiento de las instituciones, el mismo autor propone, de acuerdo a los filósofos pragmáticos que “las
instituciones funcionan sólo porque las reglas implícitas se encuentran inmersas en los hábitos compartidos.
[…] El comportamiento repetido es importante para establecer un hábito. Pero el hábito y el comportamiento
no son lo mismo. Si adquirimos un hábito no necesariamente tenemos que utilizarlo todo el tiempo. […] Los
hábitos persistentes y compartidos son la base de las costumbres” (ibid., 28-29). Y éstas, a su vez, terminan
constituidas en leyes.
17
Real Academia de la Lengua Española, Diccionario de la lengua española, “Poblamiento”.
9
pueblos, ocupar con personas un sitio para que sea habitado y se trabaje en él. El poblamiento,
medieval, Jean Marie Pesez, La categoría de “cultura material” se refiere a los objetos de la
vida material con los que el hombre establece una relación y que están en afinidad a las
una relación evidente con las exigencias materiales que pesan sobre la vida del hombre y a
diferentes disciplinas, entre estas, la historia, la antropología y la geografía, para crear una
visión de conjunto de los procesos y relaciones de los grupos estudiados. Este proceso, se
Archivo Central del Cauca, con el propósito de obtener un panorama general sobre la
información que se encontraba sobre misiones franciscanas en los márgenes de los ríos
Caquetá y Putumayo.
18
Jean Marie Pesez, “Historia de la cultura material”, en La Nueva Historia, dirigida por Le Goff, Jacques,
Roger Chartier y Jacques Revel (Bilbao: Ediciones Mensajero, 1988), 118.
10
de trabajos puntuales sobre la gobernación de Popayán y el reino de Quito. Éstas, aportaron
misiones, y luces sobre aspectos de las misiones franciscanas en los ríos Putumayo y Caquetá.
de las búsquedas y la comprensión del fenómeno de las misiones. En esta etapa y con miras
funcionarios y misioneros que fueron relevantes en la vida cotidiana de las misiones; de otro,
una cartografía que facilitara la visualización de las rutas de acceso y abastecimiento, los
puertos, los asentamientos (reducciones), las zonas de cultivo y de pastoreo; así como las
Archivo Central del Cauca (Popayán). Este último, archivo de mayor prevalencia para esta
tesis, se consultó la sección Colonia, donde reposan los fondos documentales: Misiones y
desarrollo de las misiones y del Colegio Nuestra Señora de las Gracias de Popayán. El fondo
Misiones, contiene información sobre los sínodos y los padrones, sobre los misioneros que
asistieron a las misiones, los pueblos que formaron, los grupos indígenas que lograron
reducir, así como de todos los pormenores relacionados con el avituallamiento básico de los
11
religiosos (harina, carne, cera, entre otros). El fondo ‘Órdenes Religiosas’, tiene la
conduce directamente a formar un panorama general y profundo del accionar de las misiones,
no plasman con puntualidad la cotidianidad de las misiones. Si bien, las visitas y las cartas
como la selva amazónica y los contratiempos de acceso a la misma, no relatan con minucia
las calamidades y aciertos propios de la vida cotidiana en este entorno. Caso contrario ocurre
con la Relación realizada por el misionero fray Juan de Santa Gertrudis19, quien de manera
detallada, narra las penurias del acceso y de la vida en las misiones. Esta particularidad de la
española.
Para dar cuenta de este proceso de investigación, de sus hallazgos y conclusiones, el trabajo
que aquí se presenta, está dividido en dos capítulos. El primero, presenta los hallazgos
relacionados con el estudio del surgimiento del Colegio de Misiones Nuestra Señora de las
XVIII, que fue central para los proyectos de expansión colonial de la Corona española.
19
Fray Juan de Santa Gertrudis O. F. M., Maravillas de la naturaleza (Bogotá: Banco Popular, 1970), tomos I-
III.
12
El segundo capítulo, presenta los resultados del estudio en la documentación y en la
los ríos Caquetá y Putumayo. De manera puntual, se ocupa del proceso de poblamiento que
implican las misiones en aquellos lugares; para ello, presenta la relación de esta
pueblos que erigieron y los grupos indígenas que lograron reducir. En esa dirección, muestra
el papel que jugaron los caminos y rutas de acceso y aprovisionamiento que incidieron en la
cultura material que se desplegó en las misiones; y a su vez, todo el universo de elementos y
objetos, evidencias esa cultura material, que eran parte esencial en su vida cotidiana, que
estaban en los intercambios y en los contrabandos a los que asiduamente se dedicaron muchos
de los misioneros.
13
Capítulo 1
Los franciscanos en la provincia de Popayán
Este capítulo examina la fundación del Colegio de Misiones o de Propaganda Fide, Nuestra
Señora de las Gracias, en la provincia de Popayán en 1753. Pone en evidencia dos elementos:
La provincia de Popayán fue una de las estructuras de administración que fundaron los
Timaná, Pasto, Cartago, Anserma, Arma, Antioquia, Buga, Almaguer y Toro”20, repartieron
de la mano de los rebaños de cabras y ovejas, de los hatos de vacas y caballos, y de las piaras
de los cerdos.
una franja que corría paralela al océano Pacífico de sur a norte, desde el nudo de los Pastos
hasta el nudo del Paramillo, y de occidente a oriente comenzaba en el litoral Pacífico hasta
20
Zamira Díaz López, La ciudad colonial. Popayán: política y vida cotidiana (siglo XVI) (Cali: Fondo Mixto
para la Promoción de la Cultura y las Artes del Cauca, 1996), 47.
14
Por la descripción de Cieza de León sabemos que esta comprendía varias provincias, del Norte
al Sur de Colombia a lo largo del litoral Pacífico. Confinaba al norte con las llanuras de Neiva,
al nordeste con Antioquia; al oeste con el Chocó y al sur con la provincia de los Pastos21.
provincia los territorios allende la cordillera oriental, hasta alcanzar el piedemonte amazónico
entidades territoriales que se disputaron su territorio durante todo el periodo colonial. Por un
provincia del Chocó en 1726, sólo por nombrar dos casos. Ahora bien, en el siglo XVI, del
Quito y el Nuevo Reino de Granada, la provincia de Popayán también hizo parte de las
Es así que la Gobernación de Popayán jugó un rol de puente entre las audiencias de Santafé y
desde la provincia de Buga hacia el sur ejerce jurisdicción la Real Audiencia de Quito, mientras
que Cartago, Anserma y Santafé de Antioquia caían bajo la jurisdicción del Nuevo Reino de
21
Ibid., 61.
15
Granada y eran regidas desde Santafé . La artificiosa división, obedecía ante todo a las vías de
comunicación, pues las ciudades del norte estaban unidas a Santafé por el camino del Páramo
del Quindío22.
Quito, “siéndoles sufragáneas todas las ciudades desde Santafé de Antioquia por el norte,
hasta Almaguer por el sur, incluidas Timaná y Neiva por el oriente y el Chocó y
La riqueza geográfica de la provincia estuvo enmarcada por la cordillera de los Andes, que
se eleva desde el sur, desde la frontera con Ecuador. El lugar donde se bifurcan las dos
Macizo colombiano, es el punto más angosto de la Cordillera de los Andes -logrando una
relativa cercanía entre el Océano Pacífico y la Selva Amazónica-, y nacen varios de los ríos
manera:
22
Jorge Eliécer Salcedo, “El manejo del espacio”, en Historia del Gran Cauca. Historia regional del
suroccidente colombiano, editado por Alonso Valencia Llano (Cali: Universidad del Valle, Rectoría, Instituto
de Estudios del Pacífico, 1996), 71.
23
Salcedo, “El manejo del espacio”, 71. Martha Herrera Ángel, en su libro Popayán: la unidad de lo diverso.
Territorio, población y poblamiento en la provincia de Popayán, siglo XVIII (Bogotá: Universidad de los
Andes, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Historia, CESO, Ediciones Uniandes, 2009), expone y
problematiza las vinculaciones jurisdiccionales que tuvo la provincia de Popayán desde su creación hasta
finalizado el periodo colonial.
16
Aunque por tener esta provincia tan largos términos, hay diferentes tierras y comarcas en ella,
las más dellas ó casi todas convienen en ser la tierra áspera y fragosa y de razonable tiemple;
fresco en las sierras y partes altas; caliente en los valles y tierras bajas, y húmedo en todas por
lo mucho que llueve de ordinario en esta región, que es abundante de ríos y de muchas aguas,
Diferentes valles, planicies, páramos, cumbres, volcanes y bosques tropicales hicieron parte
El territorio de la misma, comprendía los departamentos de Cauca, Valle del Cauca, Nariño,
agrupa cuatro regiones geográficas: el valle del río Cauca, el cual atravesaba la provincia de
sur a norte en medio de la cordillera Central y Occidental. En segundo lugar, las cumbres y
volcanes que alcanzan alturas superiores a los 4.000 msnm: el complejo del Ruiz, el volcán
del Tolima; el Puracé y Sotará; y el Túquerres y Cumbal25, donde se pueden apreciar nieves
perpetuas o páramos y sus cuestas permiten los climas de media y alta montaña, lo cual incide
entre la cordillera occidental y el océano Pacífico. Allí, en los cerros de Caramanta, nacen el
24
Juan López de Velasco, Geografía y descripción universal de las Indias [1574] (Madrid: Ediciones Atlas,
1971), 206.
25
Zamira Díaz de Zuluaga, Guerra y economía en las haciendas. Popayán, 1780-1830 (Bogotá: Biblioteca
Banco Popular, Textos Universitarios, 1983), 14.
17
río Atrato –que desemboca en el mar Caribe, en el norte-, y el río San Juan –que desemboca
en el océano Pacífico, hacia el sur-. A su vez, en esta región se elevan las serranía del Baudó
y del Darién. Por último, el pie de monte andino -amazónico y la selva del Amazonas-, que
es anexado a la provincia en el siglo XVIII, y que se extiende hacía el suroriente del actual
país, y es atravesado por ríos como el Caquetá, el Putumayo, el Yari, el Apaporis, el Guaviare,
el Vaupés, que drenan sus suelos y hacen parte de una de las principales cuencas
desenvolvió en la zona andina, donde se ubicaron las principales ciudades y villas dejando
en un segundo plano los bosques tropicales del Chocó y del Amazonas; los cuales fueron
esta región geográfica, la que fue elegida por los frailes franciscanos para ejercer las
misiones.
La selva del Amazonas es la selva tropical más grande del planeta, alrededor de 7,4 millones
de kms2, ubicada en América del Sur, conformada por diferentes tipos de bosque, desde el
de las tierras altas (3.000 msnm), pasando por el denso, la sabana inundable, hasta el bosque
inundable de las planicies (300 msnm). En ellos, se presentan tipos complejos de vegetación
La selva, es alimentada por la cuenca hidrográfica del río Amazonas, cuyo nacimiento ocurre
en la cordillera Chila, en Arequipa - Perú. Es considerado el río más largo y caudaloso del
26
Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Organización del Tratado de Cooperación
Amazónica, Perspectivas del medio ambiente en la Amazonía: Geo Amazonía (Lima: Centro de Investigaciones
de la Universidad del Pacífico, 2009), 132.
18
mundo; recorre alrededor de 7.000 km, desde su nacimiento hasta su desembocadura en el
océano Atlántico. Durante todo su curso, es alimentado por alrededor de 1.000 tributarios.
Buena parte de sus afluentes nacen en la imponente cordillera de los Andes. En su curso alto,
los afluentes de mayor caudal son los ríos Ucayali, Huallaga, Marañon, Napo, Pastaza; en su
curso medio, toma el nombre de Solimoes y su caudal es nutrido por ríos como el Beni,
Madre de Dios, Madeira, Caquetá, Putumayo, Negro, Juruá, Purus; en su curso bajo, es
alimentado por los ríos Mapuera, Tapajos, Iriri, Xingú. De acuerdo a las propiedades del
suelo y la sedimentación, los ríos que desembocan en el gran Amazonas son considerados de
“aguas oscuras”, “aguas blancas” o “aguas claras”. Los ríos de aguas oscuras nacen en puntos
alejados de la cordillera, y discurren por suelos arenosos y ácidos. Los ríos de aguas blancas
contienen altos nutrientes y arrastran sedimentos desde la cordillera, lo que genera que sus
último, los ríos de aguas claras arrastran pocos sedimentos y por lo regular nacen por debajo
Al tener como límite occidental la cordillera de los Andes, los actuales países andinos:
Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, así como Brasil, Surinam, Guyana y Venezuela,
comparten su jurisdicción, cuya área de influencia llega a una región geográfica conocida
el caso colombiano, el 40% del territorio se encuentra en la selva amazónica. Los límites
naturales son: al oriente la vertiente oriental de la Cordillera Oriental de los Andes y hacia el
27
Consultado en la página web de Aguas Amazónicas: http://aguasamazonicas.org/aguas/tipos-de-rios/.
19
norte el río Ariari y la serranía de la Macarena, que sirven de frontera entre las sabanas de
XVI hasta el siglo XX, por portugueses, españoles, franceses, ingleses y holandeses,
ocasionando disputas entre estos grupos de conquistadores y los reinos a los que pertenecían.
Las misiones franciscanas que se trabajan en esta tesis, y que se caracterizan adelante, son
una de las evidencias de las interacciones vividas entre ese medio geográfico y las presiones
del poblamiento.
Por las tensiones de disputa provincial, así como por la superposición de jurisdicciones
eclesiásticas en el territorio, cabe anotar de antemano, que los franciscanos de estas vivencias,
pertenecían a dos provincias franciscanas: la provincia de Santafé de la cual hacían parte las
pertenecían las ciudades de Cali, Popayán, Pasto, Agreda de Mocoa y Écija de los
Sin dejar de hacer referencia al aporte realizado por fray Luis Carlos Mantilla Ruíz a la
28
Wolfgang Brucher, La colonización de la selva pluvial en el piedemonte amazónico de Colombia. El
territorio comprendido entre el río Ariari y el Ecuador (Bogotá: Instituto Agustí Codazzi, 1974).
20
otrora provincia de Popayán. Frente a ese estado del tema, esta investigación busca aportar
algunos elementos que ayuden a llenar ese vacío sobre el desarrollo de los conventos, las
investigadores como Gegorio Arcila Robledo, Juan Manuel Pacheco, Nelly Valencia López,
Edinson Granja, Santibañez, Alonso Valencia Llano, es posible percibir algunos de los
puntos cruciales de los inicios de la orden durante el siglo XVI, la exploración de la vertiente
del Pacífico de la cordillera occidental –incluida la provincia del Chocó-, además de las
cuencas de los ríos Caquetá y Putumayo, en el siglo XVII, y el desarrollo de las misiones
realizadas por los Colegios de Propaganda Fide fundados en Cali y Popayán en el siglo
Bajo esas perspectivas y la reconstrucción que esta investigación permitió realizar, es posible
señalar que la Orden de Frailes Menores (O. F. M.) u Orden de San Francisco30, arribó a
29
Estas obras son las siguientes: Arcila Robledo, Las misiones franciscanas; Arcila Robledo, Apuntes
históricos; Juan Manuel Pacheco, S. J., “Historia eclesiástica”, en Historia extensa de Colombia (Bogotá:
Academia Colombiana de Historia, 1971), vol. XIII, tomos I-IV; Nelly Valencia López y Edinson Granja
Santibáñez, “La Iglesia en la gobernación de Popayán”, en Historia del Gran Cauca, y, por supuesto, el aporte
que realiza fray Luis Carlos Mantilla Ruíz sobre el estudio de los Colegios de Misiones de Popayán y Cali y las
misiones que estos llevaron a cabo en Los franciscanos en Colombia, tomo III, vol. I-II.
30
La Orden de Frailes Menores fue fundada por San Francisco de Asís en 1209, mediante aprobación de la
primera regla por el papa Inocencio III. Las reglas establecidas por Asís fueron tres: vivir en obediencia, sin
nada propio y en castidad. Éstas fueron implantadas en las órdenes religiosas para regular la vida en comunidad
de los conventos y los monasterios. San Francisco de Asís fue canonizado el 16 de julio de 1228 por el Papa
Gregorio IX. Francisco de Asís fue un santo italiano nacido en 1181, en Asís, Italia, con el nombre de Giovanni
di Pietro Bernardone; fue miembro de una familia adinerada de esta ciudad, participó en la guerra entre Perugia
y Asís en 1203. Cayó herido durante esta guerra y su cambio de vocación fue posterior a la recuperación de las
heridas, decidió reparar las iglesias de San Pedro y Santa María en Asís y asistir a los enfermos, su mayor
contribución a la Iglesia fue la creación de una orden mendicante, fundó la Orden Franciscana (Ordo Fratrum
Minorum: Orden de Frailes Menores), mediante ésta, San Francisco buscó dar un giro reformador a la Iglesia a
través de la predicación itinerante y el ideal de pobreza manifestado por Cristo. Escribió tres reglas -vivir en
obediencia, sin nada propio y en castidad- y fueron aprobadas de manera consecutiva por el papa Inocencio III
en 1209, 1221 y el papa Honorio III en 1223. Fue el papa Inocencio III el que lo ordena diácono en 1210. Luego
21
Popayán de mano del conquistador Sebastián de Belalcazar proveniente del Perú, quien hacía
hacia el norte, en los confines del Perú, fundó las ciudades de Popayán en 1537, Cali en 1536,
Los frailes menores iniciaron su labor misionera en Quito y sus alrededores en 1535, y
buscaron fundar un convento para hospedarse y lograr expandir su labor. Sin embargo, sólo
hasta 1565, se fundó la provincia franciscana de San Francisco de Quito, cuyos límites se
extendían hacia el norte hasta la ciudad de Cali, pasando por Popayán y Pasto. El flamenco
fray Jodoco Ricke fue uno de los primeros franciscanos en arribar a Quito, fue quien se
encargó de los primeros cimientos tanto de la orden como del convento de San Francisco en
de fundar la Orden Frailes Menores, creó junto con Clara de Asís la Segunda Orden llamada Las Damas Pobres
o Las Clarisas en 1212, y en 1221 fundó la Tercera Orden, llamada los Terciarios que comprende hombres y
mujeres laicos que combinan sus hábitos diarios con la prédica de la oración. Entre 1219 y 1220 predicó el
cristianismo entre los musulmanes de Siria y Egipto, sentando las bases del espíritu misionero que tendría la
orden. Muere en Asís el 3 de octubre de 1226 a los 45 años. Ver: Alberto González Gaviria, Mil preguntas
franciscanas (Medellín: Impresos, 1987), 3-20; Curía General Orden de Frailes Menores, O. F. M, Regla
Constituciones Generales y Estatutos Generales de la Orden de los Hermanos Menores (Roma, 2010), 2.
La Regla Bulada de San Francisco está fundamentada en las tres primeras reglas que se mencionaron: vivir en
obediencia, sin nada propio y en castidad; sin embargo, está compuesta en su totalidad por doce capítulos, los
cuales buscaban, y aún buscan, regular la vida de los frailes al ingresar a la orden. Los capítulos apuntan a
varios asuntos que tienen que ver con la vida conventual, la predicación y la conservación de la regla, el ingreso
y recibimiento de los frailes en la orden, el ayuno, la penitencia, la amonestación y la corrección de los
hermanos, la ayuda entre ellos, la conservación del voto de pobreza y la renuncia al dinero y a los bienes
materiales, el modo de trabajar, la predicación del evangelio, el trato con los demás mientras caminan por el
mundo y la licencia que debe ser concedida por los ministros provinciales para ir entre los infieles, la elección
del Ministro General, y por último, la prohibición de ingresar a los monasterios de las monjas sin licencia dada
por la Sede Apostólica. Ver: Curía General Orden de Frailes Menores, O. F. M., Regla Constituciones
Generales, 2-5.
31
El interés por mencionar la presencia de los franciscanos en estas tres ciudades reside en los conventos que
edificaron y las exploraciones y posteriores misiones que desempeñaron los frailes teniendo como punto de
partida estas ciudades, durante los siglos XVI-XVIII. Inicialmente en la cuenca de los ríos Putumayo y San
Miguel, y posteriormente, con la fundación del Colegio de Misiones de Popayán, dirigieron también los
esfuerzos de evangelización hacia la cuenca del río Caquetá.
22
consolidación de la Corona española en este territorio, perteneciente inicialmente, a la
conquista, en 1536. Ante esas circunstancias, es posible conjeturar que el fundador del
convento de Observantes de San Bernardino, haya sido el mismo padre fray Jodoco Ricke,
en 1574. Los integrantes de este convento dedicaron sus labores de evangelización a los
indígenas de las ‘doctrinas’, sin descuidar la prédica en la ciudad, que compartían con el clero
secular y con los religiosos agustinos, dominicos, mercedarios, y posteriormente, los jesuitas.
Para el caso de la ciudad de Pasto, los franciscanos llegaron en 1563, y realizaron las mismas
Del lado de la Audiencia de Quito, los territorios del piedemonte andino – amazónico y la
selva amazónica, fueron llamados: la región oriental. Esta región, fue dividida en cuatro
Macas, en el centro; y la de Quijos, al norte. Con esa última partía límites por el lado del Sur
la de Mocoa y Sucumbíos, que ahora es territorio colombiano”33. Por lo tanto, las ciudades
32
Ver: Agustín Moreno, Fray Jodoco Rique y Fray Pedro Gocial. Apóstoles y maestros franciscanos en Quito.
1535-1570 (Quito: Ediciones Abya-Ayala, 1998). Los primeros franciscanos en el Nuevo Mundo buscaron
crear un mundo cristiano perfecto a través del ascetismo riguroso y el fervor místico, acompañado además por
una profunda espiritualidad y cimentado sobre la base de los primeros indígenas evangelizados en masa en
Nueva España. Esta idea del mundo perfecto se vio entorpecida por la realidad indiana, afectada por las
consecuencias mismas de la conquista. Ver: John Leddy Phelan, El reino milenario de los franciscanos en el
Nuevo Mundo (México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas,
1972).
33
Federico González Suárez, Historia de la República del Ecuador (Quito: Daniel Cadena Editor, 1931), tomo
VI, 45.
23
de Mocoa34 y Écija de los Sucumbíos, “eran vecinas: la primera estaba entre los ríos Caquetá,
al norte, y Putumayo al sur, y la segunda, al sur de este río”35, entre los ríos San Miguel y
Guamúez.
La ruta de penetración, se hacía navegando el río San Miguel hasta el curso alto del río
Putumayo; así se hacía la avanzada hacia el curso medio y bajo de este río. La expedición de
beneficiaron de esta ruta, y por supuesto de la navegabilidad del río hasta su desembocadura
Estas exploraciones comenzaron en 1632, cuando partieron de Quito los padres fray
nombrados, padres fray Domingo de Brieva y fray Pedro Pecador. “De Pasto pasaron a Écija
nombre Qata; habiéndose embarcado en el puerto llamado Quebrada del Río, después de dos
con la provincia de los ceños y becabas […]. Estas iniciativas exploratorias estuvieron
34
La ciudad de Mocoa, como actualmente la conocemos, fue fundada por Pedro de Agreda en 1563 con el
nombre de Agreda de Mocoa, en el piedemonte andino amazónico, ante el descubrimiento de metales de oro en
sus inmediaciones. El reconocimiento de la región geográfica se remonta a 1542, como resultado de las
exploraciones llevadas a cabo por Hernán Pérez de Quesada, entre los actuales Llanos y el nombrado
piedemonte, buscando El Dorado. Las sublevaciones indígenas motivaron su traslado entre 1723 y 1724 del
actual Pueblo Viejo, al sitio actual entre los ríos Mulato, Sangoyaco y Mocoa, siendo nombrada Santa Clara de
Mocoa. Ver: Marcelino de Castellvi, “Reseña crítica sobre el descubrimiento de la región de Mocoa y
fundaciones de la ciudad del mismo nombre”, Boletín de Historia y Antigüedades (Bogotá: Academia
Colombiana de Historia), vol. XXIX, n.º 330-331 (1942); Mora Acosta, Mocoa: su historia y desarrollo, 45;
José Rafael Sañudo, Apuntes sobre la historia de Pasto (Imprenta Nariñense: Pasto, 1894-1939), segunda parte,
73.
35
José Rumazo, La región amazónica del Ecuador en el siglo XVI (Sevilla: Publicaciones de la Escuela de
Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, 1946), 256.
36
Ibid., 255.
24
acompañadas del interés que tenían los españoles y los funcionarios de la Corona
que en términos geográficos comprendían el pie de monte andino - amazónico y las cuencas
Estos primeros franciscanos regresaron a Quito dado que su intérprete los abandonó y regresó
a Écija. En 1634, regresaron en una segunda expedición, pero tomando como rumbo el río
Posteriormente, continuaron recorriendo hacia al sur, hasta llegar a el río Aguarico. Las
avanzadas de los franciscanos fueron sucesivas durante la primera mitad del siglo XVII; en
ellas, fundaron pueblos de misión y redujeron poblaciones indígenas, que tuvieron que
las inclemencias del clima, y a un espacio desconocido, “[…] al que se llegaba primero
cruzando los desfiladeros de las montañas hasta vadear ríos y espacios anegadizos”38.
momento a cargo de los franciscanos, a quienes se les asignó el río Putumayo y sus afluentes,
y exploraron y redujeron a los encabellados, cofanes, y abijiras en los ríos Napo y Aguarico;
y en un segundo momento, a los Jesuitas, a quienes se les asignó la provincia de Maynas, que
correspondía al curso alto, del ya mencionado río Amazonas, y los afluentes de éste, en esta
parte de su curso.
37
Ver: John Leddy Phelan, El reino de Quito en el siglo XVII (Quito: Banco Central del Ecuador, 2005).
38
Ver: Rumazo, La región amazónica.
25
El impulso evangelizador de los franciscanos de Quito en los territorios orientales, disminuyó
hacía 1645, dadas las dificultades para la consolidación de las misiones, y tomó nuevamente
fuerza alrededor de cuarenta años después, en 1686, perseverando hasta 1721, cuando vuelve
a declinar debido a la muerte de los misioneros en manos de los indígenas. Este nuevo
Padre Provincial de San Francisco de Quito, fray Martín de Huydobro de Montalván, sobre
las misiones que tienen su religión entre los infieles de las provincias del Gran Caquetá, del
Putumayo y del Gran Río de Macas”39 (ver cuadro 1), anota que los religiosos franciscanos
en 1693, en las riberas del río Putumayo, lograron fundar los pueblos llamados Nombre de
Jesús de Nansueras, Santa María de Maguaguees, Santa Clara de Yaybras y San Diego de
Alcalá de Yantaguagees. Igualmente señala que, para el año siguiente, 1694, en el río
Acuysia, tributario del Putumayo, fundaron los pueblos de San Joseph de los Cuevos, San
Antonio de Padua de los Viguagees, San Bernardino de los Penes y Nuestro Padre San
Francisco de Piacomos.
39
Bartolomé de Alácano Ochoa, “Informe del Padre Provincial de San Francisco de Quito sobre las misiones
que tiene su religión entre los infieles de las provincias del Gran Caquetá, del Putumayo y del Gran Río de
Macas fray Martín de Huydobro de Montalván”, en Historiadores y cronistas de las misiones (Quito:
Corporación de Estudios y Publicaciones, 1989), consultado en http://www.cervantesvirtual.com/obra-
visor/historiadores-y-cronistas-de-las-misiones--0/html/00012b0e-82b2-11df-acc7-
002185ce6064_3.html#I_2_.
40
Bartolomé de Alácano Ochoa, “Informe del Padre Provincial”, 108-110.
26
Fundaciones y reducciones de los misioneros franciscanos en los siglos XVII y
XVIII40
Año Ubicación Pueblo Nación
1694 Río Acuysía San Joseph de los Cuevos Murciélagos
(tributario del río
Putumayo)
Río Putumayo San Antonio de Padua de los Viguajes
Río Putumayo San Bernardino de los Penes
Nuestro Padre San Francisco Piacomos
1695 Confluencia del río Redujeron las
Putumayo con el río provincias de los
Amazonas Senseguajes los
Punies, y los
Icaguates, los
Encabellados
Río Caquetá Se pacificaron las
naciones de los
Neguas, los Caguis
Río San Miguel San Buenaventura de los Coreguajes
San Pedro de Alcántara Avigiras
Río Putumayo Pueblo de los
Concepción de los Amaguajes
San Cristóbal de los Guaniguajes
Nuestra Señora de Chiquinquirá Yayguajes
de los Piacomo
San Juan de los Ayamacenes
1724 Río Caquetá San Antonio de Padua Indios Mocoas
Río Fragua San Miguel de los Yaguanangas
Río Mandur San Rafael de los Mandures
Río Domoxagua San Luis de los Andaquies
Río Chufia Nuestra Señora de los Ángeles de Chufíes
los
Juntas del río San Bernardino de los Caguanes
Caguán con el
Caquetá
1737 Juntas del río San Pedro de Alcántara de los Amoguajes
Putumayo y San
Miguel con el río
Guamez
Río Putumayo Nuestra Señora de los Dolores de Maceros
los
Santiago de los Ocomecas
San Juan Bautista de los Cunsas Encabellados
San Antonio de los Ocoguajes
27
Fundaciones y reducciones de los misioneros franciscanos en los siglos XVII y
XVIII40
Año Ubicación Pueblo Nación
San Juan Capistrano de los Guynos
Santa Rosa de Viterbo de los Hoyos
San Salvador de Orta de los Enos
Santa Colecta de los Senseguajes
Santa Buenaventura de los Coriguajes
1738 Río Putumayo Santa Cruz de los Mamos Mamos
Según Julio Mesías Mora Acosta, los pueblos fundados por los franciscanos hasta el año
1739 se conservaban divididos en dos grandes misiones, “[…] conviene a saber: la del gran
Caquetá con centro en Mocoa, y la del Putumayo con centro en San Miguel o Écija de los
Sucumbíos”41, esta división, se conservó durante el siglo XVIII como una distinción dentro
de los dominios de las misiones; sin embargo, como se ha venido señalando, las reducciones
se modificaron por diversos factores, entre los que se encontraban las considerables
San Diego de Quito fueron los encargados de las misiones entre infieles en los ríos Caquetá
y Putumayo durante el siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII, este segundo impulso
evangelizador, estimuló la creación del Colegio de Misiones de Pomasqui. Colegio que tuvo
a cargo estas misiones hasta la fundación del Colegio de Propaganda Fide en la ciudad de
Popayán.
41
Mora Acosta, Mocoa: su historia y desarrollo, 47. Ver: Gómez López, Putumayo: indios, misión, colonos.
28
1.3 Los Colegios de Misiones o de Propaganda Fide
sacerdotes y no sacerdotes, que, según Luis Carlos Mantilla Ruíz, “tuvieron que cumplir con
un doble fin de servir como centros de apostolado popular para las poblaciones ya
infieles”42.
Los Colegios Apostólicos, como también son conocidos, resultaron del esfuerzo de la Iglesia
y evangelizar las fronteras del Imperio español. Estos Colegios resultaron ser “corporaciones
Prefectos y otorgar leyes, siempre bajo el control del Patronato Regio, puesto que los
Colegios apuntaba a fortalecer un nuevo método misional, impulsado por los Borbones,
donde prevalecía la formación de los misioneros en ciencias, artes y en “las cosas útiles a la
sociedad”44.
42
Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomo III, vol. I, 553.
43
Archivo Franciscano de la Provincia de Chile, Guía del Fondo Colegio Franciscano de Chillán (Alcalá de
Henares: Universidad Alcalá de Henares, 2016), 5.
44
David Weber, Bárbaros. Los españoles y sus salvajes en la era de la Ilustración (Barcelona: Crítica, 2007),
175-178.
29
llamada Congregación de Propaganda Fide o para la Evangelización de los Pueblos. Ante
esta Congregación, en 1628, el franciscano fray Gregorio Bolívar, propuso la creación de los
colegios dedicados a la predicación entre los infieles y pueblos cristianos; este proyecto fue
llevado a cabo de manera inicial y provisional por el padre Antonio Bolívar en la provincia
de los Doce Apóstoles del Perú y por el padre Antonio Llinás, quien luego de ser ordenado
en Querétaro. Fue el padre Llinás, quien presentó la iniciativa de formar los colegios de
misiones ante el Rey y el Consejo de Indias, con el fin de lograr el aval civil y político del
proyecto45.
que la aprobó con la Constitución de Eclesiae Catholicae del año de 1686”46. Esta
celdas y el uso de las cosas, del vestuario de los religiosos y la prohibición de recibir limosnas
particulares y donaciones, el oficio religioso, las confesiones, el culto divino, los ayunos, las
las misiones, las elecciones de guardianes y discretos, el trato con los infieles, la doctrina que
se debe enseñar a los Indios, el castigo de los Indios, y el castigo de las mujeres47. En el
45
Centro Eclesial de Documentación, Encyclicas o cartas circulares del padre fray Antonio Comajuncosa
(1794-1801) (Tarija: Convento Franciscano de Tarija, 2016), cap. 1, “La congregación de Propaganda Fide y
los franciscanos”, sin página, consultado en
http://www.franciscanosdetarija.com/pag/documentos/30ncíclicas/intro/parte1.htm.
46
Ibid., sin página.
47
Ver: Estatutos y Ordenaciones según las bulas que nuestro santísimo padre Inocencio XI expidió para los
Colegios de Misiones (Madrid: Imprenta de Don Benito Cano, 1791).
30
momento en que fueron expedidos los estatutos de la Ecclesiae Catholice, sus principales
puntos fueron:
[…] que los Colegios se erigieran en España, Filipinas, México, Perú y otras Indias
occidentales. Los Colegios de España deben servir para la preparación de no menos de dos
años para los candidatos a la evangelización en las Américas: la conversión de los infieles y la
salud espiritual de los fieles, […] El Colegio, si bien relacionado con la provincia religiosa,
tendrá legislación autónoma, con régimen de autoridades que une el Comisario General de las
dos últimos, autoridades del Colegio mismo. […] Además, el Colegio tendrá vida estrictamente
reducidas relaciones de los frailes con el universo externo al convento. Y por último, se
evangelización. El conventual puede recibir hasta novicios, y por tanto ser casa de recepción
filosofía y teología48.
La creación del colegio de Santa Cruz de Querétaro en 1682, le dio el impulso que requería
al proyecto misional, retomar aquellas zonas de frontera y sus habitantes, que aguardaban,
según los misioneros, por ser evangelizados. La fundación de este convento es reconfirmada
en 1688. Posterior a este, se fundaron nuevos colegios que terminaron diseminados por el
territorio indiano.
San Fernando de México (1732); San Francisco de Pachuca, ligado a la familia franciscana de
los Descalzos, en 1732 y reconfirmado en 1771; San José de la Gracia de Orizaba (Puebla-
48
Centro Eclesial de Documentación, Encyclicas o cartas circulares, sin página.
31
México) en 1799; Nuestra Señora de las Gracias de Popayán en 1753 y reconfirmado en 1755;
San Joaquín de Cali en 1756; Purísima Concepción del Píritu (Venezuela); San Francisco de
Panamá. 1785; Santa Rosa de Ocopa, fundado en 1726 y confirmado en 1758; Nuestra Señora
de los Ángeles de Tarija en 1755; San Ildefonso de Chillán en 1756; Nuestra Señora del Mayor
Dolor de Moquegua 1795 (Perú); San José de Tarata en 1792; San Carlos de San Lorenzo
La estructura del Colegio de Misiones estaba compuesta por un Guardián que ejercía de
director, y cuyo cargo era renovado en los Capítulos Generales de la Orden. Este era
asesorado por un Discretorio o Consejo, formado por un grupo selecto de padres que hacían
parte del Colegio. Además, contaba con otra figura que era el Procurador o Prefecto de
Misiones, “el cual era el encargado de establecer el nexo entre las diversas conversiones de
una o varias jurisdicciones y sus respectivos Colegios. Estos debían responder ante el
Comisario General del Perú, que funcionaba como nexo con la Corona”50. Por último, se
49
Ibid., sin página.
50
Archivo Franciscano de la Provincia de Chile, Guía del Fondo, 5. La orden franciscana en las Indias operó
de la siguiente manera: el Comisario General de Indias residía en Madrid, y un Vicecomisario General era su
ayudante en Sevilla. En principio no se trató de una institución sino de individuos elegidos por el Rey, a quienes
los ministros generales de la Orden delegaban funciones especiales que estaban directamente relacionadas con
las Indias. El Comisario General de Indias delegaba funciones a los Comisarios Generales en la Nueva España
o Perú, según el caso. La orden decidió crear un comisario para las Indias, dadas las dificultades de la
comunicación y la administración. A través de los Capítulos Generales -reunión de los representantes de las
provincias que conformaban la orden-, se determinaba el destino de las Provincias y Custodias, se erigían,
modificaban, dividían o suprimían de acuerdo a los avances en la evangelización y congregación de indígenas
en el extenso territorio. El Comisario General de Indias estaba encargado de organizar las expediciones de
misioneros a las Indias, este también gestionaba los misioneros en caso tal de que fueran solicitados por los
Comisarios Generales o Provinciales.
La Comisaría de Indias se dividió en sus dos campos misionales: el primero tuvo su origen en la Nueva España,
donde fue designado Fr. Francisco Bustamante (1547-1554), los dominios españoles desde Panamá hacia el
norte en la Nueva España fueron denominados “Provincias de la Nueva España”. Los dominios del segundo,
comprendían el hemisferio Sur, fueron denominados “Provincias del Perú”. Los Comisarios Generales,
dirigirían el despliegue misionero en las Indias, se encargaron no sólo de los asuntos de las Provincias, sino
32
encontraban los sacerdotes o frailes misioneros, los hermanos legos y los novicios, quienes
En las misiones o conversiones vivas del siglo XVI, los misioneros contaban con formación
gramáticas de las lenguas indígenas51. Los misioneros del siglo XVIII por su parte, se debían
a su convicción y vocación, pues las sociedades indígenas que faltaban por evangelizar y
reducir, se encontraban en los márgenes del Imperio español, y habían sido aisladas en la
medida que la frontera se expandía. El investigador Justo Casas Aguilar, señala que “las
aportó los recursos económicos, la Iglesia los recursos humanos, y obviamente por su
buena parte de las decisiones que tomaban sus directores tenían como origen Roma. Pese a
esta aparente independencia, al recibir financiación por parte de la Real Hacienda, a través
político, social y económico del lugar donde era ubicada la misión; es decir, el contexto de
las poblaciones a las cuales se acercaban los misioneros, estaba relacionado con los intereses
de las Audiencias o Virreinatos, según el caso; el interés podía estar enfocado en poblar
también de las Custodias y Vicarías que se irían estableciendo de acuerdo a la avanzada evangelizadora. Ver:
Antolin Abad Pérez, Los franciscanos en América (Madrid: Editorial MAPFRE, Colección MAPFRE 1492,
1992).Otro cargo nuevo en las Indias fue el de los Procuradores, llamados también Procuradores de Misión o
de Provincia, estos se encargaban de informar a la Corte y al Consejo de Indias los problemas y necesidades
que presentaban las misiones, las ayudas requeridas, el estado y las urgencias del personal, asimismo, presentar
la solicitud de nuevos grupos de misioneros. Los Procuradores enviaban religiosos desde diferentes, provincias,
custodias y vicarias, ubicadas en lugares equidistantes para informar a través de la rica documentación el estado
de las doctrinas y misiones bajo responsabilidad de la orden. El flujo de información desde las Indias hacia
España, le permitió a la orden conocer las dificultades propias de su personal e impidió que perdiera el control
sobre las Comisarías, pese a que se trataba de funciones delegadas.
51
Isidro Félix de Espinosa, Crónica de los Colegios de Propaganda Fide de la Nueva España (Washington:
Academy of American Franciscan History, 1964), XVIII.
52
Casas Aguilar, Evangelio y colonización, 47.
33
lugares cuya vocación fuera agrícola o ganadera, o que se encontraran en rutas de accesos
estratégicos para la defensa de los territorios españoles, o para impedir el contrabando que
Ahora bien, el Colegio de Misiones o de Propaganda Fide Nuestra Señora de las Gracias de
Popayán53, que fue fundado en 1753, tiene su origen en el siglo XVI, relacionado con las
Observantes. Este colegio, dirigió sus esfuerzos a la evangelización de los grupos indígenas
que se encontraban en los márgenes de los ríos Putumayo y Caquetá y sus afluentes. Los
límites de la provincia comprendían “la dilatada península que ciñen desde el Valle de Mocoa
hasta el desemboque del primer (río Putumayo) con el nombre de Iza entre los portugueses,
en el Marañón, alias entre los mismos Certón y del segundo (Caquetá) hasta la entrada del
Posteriormente, por Real Cédula del 5 de mayo de 1759, el rey decidió confiar al colegio de
misiones, las misiones del pueblo andaquí, que se ubicaba en la cuenca alta del río Caquetá,
y se movilizaba en un área geográfica, que comprendía los nacimientos del río Magdalena y
el río Caquetá hasta el pie de monte andino-amazónico entre las cuencas de los ríos Orteguaza
53
Por su parte, el Colegio de Misiones San Joaquín de Cali recibió patente como colegio independiente, en
1766, y ejerció funciones sobre los indígenas de Yurumangui.
54
Antonio B. Cuervo, Colección de documentos inéditos sobre la geografía y la historia de Colombia (Bogotá:
Imprenta de Vapor de Zalamea Hermanos, 1891), tomo IV, 248. Estos límites eran los anotados por fray
Bonifacio del Castillo.
34
y Caquetá55. Cabe anotar que estos ríos hacen parte de la cuenca hidrográfica del río
Amazonas y despliegan sus aguas en dirección sureste hacia la selva que baña este río.
El 14 de agosto 1747 por disposición del Comisario General de Perú fray Eugenio Ibáñez
Cuevas se ‘permutó’ el Convento de las Santas Rosa y Clara de Pomasqui, fundado como
de la ciudad de Quito, con el convento de la recoleta de San Diego de Quito que pertenecía
a los franciscanos observantes; luego, esta permuta no prosperó, puesto que estos últimos
secretamente al Ministro general de la Orden, fray Pedro Juan Molina, quien desautorizó el
[…] esta situación, a su vez, hizo pensar a los misioneros que trabajaban en las misiones del
Caquetá y el Putumayo, que para ellos era más conveniente, dada su mayor cercanía, tener la
base de su Colegio en Popayán y no en Pomasqui y por ello propusieron al Rey que les
permitiera fundar otro colegio semejante en Popayán o para permutar el de Pomasqui con el de
Así pues, el soberano accedió permutar el convento de Pomasqui con el convento de San
55
Juan Friede, Los Andaki, 1538-1947. Historia de la aculturación de una tribu selvática (México: Fondo de
Cultura Económica, 1967). Inicialmente las cabeceras del río Magdalena hicieron parte de la provincia de
Timaná, perteneciente a la Gobernación de Popayán, iniciando el siglo XVII, pasó a ser parte de la Gobernación
de Neiva, perteneciente a la Real Audiencia de Santaféé. En el siglo XVIII, los virreyes del nombrado Virreinato
del Nuevo Reino de Granada prestaron atención al problema que simbolizaba para la Gobernación de Neiva,
los indios andaquíes que eran evangelizados por los misioneros franciscanos.
56
Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomo III, vol. I, 560.
57
Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomo III, vol. I, 560. Archivo Central del Cauca (en adelante
se citará así: ACC) Sig.: 9058 (Col. E I-7or) fl. 2v.
35
y el Discretorio del colegio de misiones Santas Rosa y Clara de Pomasqui, presentaron las
razones para fundar el colegio de misiones en las ciudades de Popayán o Pasto. La primera
[…] por que siendo la principal condicion, el que el colegio se situe en aquel Paiz, o lugar mas
próximo, e inmediato a los lugares donde se han de hacer, y tratar las Conversiones de los
Ynfieles; este requisito se reconoce cabal en uno de estos Conventos, por que estando las
Montañas de dichas Missiones divididas en dos porciones distantes unas de otras, La una en
Sucumbios, y Rios del Putumayo; y la otra en Mocoa, y el famoso Rio del Caquetá: El
Convento de Pasto esta inmediato a la Mission de Sucumbios y Rios del Putumayo, y tanto,
que en la expedición de religiosos, que se hace para ella, es la principal, y precissa estancia la
de este Convento, y Ciudad, donde les es necesario parar, solicitar avios, prevenir su Conducta,
y esperar el que la rigida Cordillera se serene de sus frequentes nevadas, y ofresca menos aspero
transido a dichas Montañas, que de ordinario son pocos los tiempos que lo permite, y es
Sumado a esto, se enteraron que en exploraciones realizadas por otros misioneros, se podía
acceder a las misiones desde Popayán por dos caminos menos ásperos y fragosos que el
camino desde Pasto. Estos dos caminos a los que se refieren son el camino de Almaguer y el
La segunda razón que presentaron se refiere a la dificultad y trabajo que tenían los misioneros
para trasladarse desde Quito a dichas misiones; pues la congruencia con la situación era que
58
ACC Sig.: 9055 (Col. E I-7or) fl. 1v.
36
alimentos y menesteres, y por supuesto “[…] menos costosa. La Conduccion, y se eviten las
Contingencias de peligrar los dichos Socorros, o por la demasiada demora, o por malicia, o
con las características de abastecimiento de víveres y alimentos que requerían las misiones,
además contaba con la riqueza y devoción de sus vecinos, lo que podrían verse reflejado en
el auxilio material y oportuno de los misioneros. Argumentaban los frailes que pese a que la
ciudad de Pasto ofrecía alimentos, harinas, carnes y otros víveres a buen precio, era una
ciudad pobre, deteriorada y aniquilada en su vecindad. Por ello, se puede indicar que la
ubicación del Colegio de Misiones en Popayán fue mucho más estratégica en términos
económicos que en términos prácticos, puesto que, aunque el camino de Pasto, resultaba
reducir la distancia entre esta ciudad y las misiones, no se tuvo por conveniente.
La tercera razón que presentaron los frailes fue el beneficio espiritual que los habitantes de
las expresadas ciudades recibirían con el establecimiento del Colegio en una de ellas,
[…] en que los Padres Missioneros con su exemplo, Doctrina y predicación consigan copiosos
los Pecadores: Y este requisito viene muy adequado en este Colegio, si se situa en uno de
dichos Conventos; y especialmente si se pone en el de Popayan; por que siendo tan Crecida las
Los frailes sugerían que, dada la inmensidad del obispado de Popayán y dado que buena parte
de su población vivía en la montaña (selva) y con muy poca doctrina, los operarios que
59
ACC Sig.: 9055 (Col. E I-7or) fl. 2r.
60
ACC Sig.: 9055 (Col. E I-7or) fl. 2r; Sig.: 9423 (Col. E I-7or) fls. 1r-3r.
37
aportara el colegio para la evangelización de los infieles serían convenientes para el gobierno
La cuarta y última razón que mencionaron los frailes, era la necesidad que tenían los
conventos de estas ciudades -Pasto y Popayán-, de componerse, ya que su fábrica estaba muy
Finalmente, se expidió patente para la permuta por el presbítero José Beltrán y Caicedo, y el
rey la aprobó por Cédula Real del 17 de abril de 1753, y luego fue confirmada por Benedicto
Bernardino de Popayán con el Convento de las Santas Clara y Rosa de Pomasqui de la ciudad
resultado fue la creación de El Colegio de Propaganda Fide Nuestra Señora de las Gracias de
Popayán, cuya entidad dependía del Comisario General del Perú y no de la Provincia de San
Francisco de Quito o la Provincia de Santafé, puesto que los Colegios de Propaganda Fide
fueron creados con el propósito de propagar la fe y tenían una relación directa con Roma.
Fundado el Colegio de Misiones por el quiteño fray Fernando Larrea en 1753, la planta física
del antiguo convento de San Bernardino fue demolida con el propósito de construir un
edificio de mejores proporciones y espacios para la empresa que suponían las misiones y la
cátedras de teología y artes63. Para el caso, fue nombrado como primer guardián del colegio:
61
ACC Sig.: 9055 (Col. E I-7or) fl. 2v.
62
Ver: Herwing Hartman Garcés, “Reseña histórica de la Iglesia de San Francisco y del Colegio de Misiones
de Nuestra Señora de la Gracia de Popayán”, Boletín de Historia y Antigüedades (Bogotá: Academia
Colombiana de Historia), vol. XC, n.º 823 (2003) dic.; Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomo III,
vol. I, 570-572; Cobo Fray, Colegios de Misiones Franciscanos.
63
ACC Sig.: 9207 (Col. E I-7or).
38
fray José Joaquín Barrutieta. Junto con el nombramiento como Colegio de Misiones, el
Colegio de Pomasque, también trasladó a sus frailes. Las actividades del Colegio, se dividían
entre la predicación popular, las conversiones entre infieles y el ministerio espiritual en los
lugares donde estaban establecidos; sin embargo, fueron las misiones populares las que
ganaron mayor veneración para los misioneros de estos colegios64. De acuerdo al historiador
Luis Carlos Mantilla Ruíz, los padres que partieron de Pomasqui hacia Popayán, fueron: fray
Joaquín Mariano Lucio, fray Antonio Medina, fray Antonio Rosales, fray Javier Zapata, fray
José Bustamante, fray Diego García y los hermanos legos fray Domingo Luna, fray Juan
Este colegio fue fundado con el propósito de evangelizar los indígenas ubicados en los
márgenes de los ríos Caquetá y Putumayo, grupos llamados por los misioneros como
indígenas andaquies66, y ofrecer la prédica del evangelio entre los feligreses de la ciudad de
Popayán, y los pueblos y haciendas adyacentes a dicha ciudad. Por lo tanto, el colegio
compartía rasgos de colegio misionero con las costumbres de los franciscanos observantes
que habitaban la ciudad. El colegio y las misiones eran financiados por la Audiencia de
Santafé, puesto que los intereses de la Corona estaban encausados a incorporar estas zonas
64
Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomo III, vol. II, 459.
65
Ver: Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomo III, vol. I, 562.
66
Dado que el territorio que habitaban usualmente los andaquies compartía jurisdicción con la Audiencia de
Santafé por estar ubicado en la provincia de Neiva, los funcionarios de la Audiencia y los virreyes destinaron
algunos recursos para el sostenimiento de estas misiones, puesto que los andaquies ponían en apuros el tránsito
entre Popayán y Santafé en el camino que transitaba por el páramo de Guanacas.
39
plantas que fueran útiles al saber científico y al erario real. Además, fue el Real Tribunal de
El sínodo, era el estímulo económico que recibía el operario de las misiones -como eran
llamados los frailes y hermanos legos- por su labor misionera; era cobrado cada seis meses,
en los meses de mayo y noviembre. El operario recibía alrededor de 137 pesos y los destinaba
para abastecerse de alimentos como: vinos, carnes, harina, y algunos abalorios para conservar
la atención de la población indígena que estaba bajo su cuidado, o en algunos casos, atraer
nueva población.
El colegio comenzó a funcionar en 1753 y sus funciones se extendieron hasta 1790, cuando
fue abandonada totalmente la misión; claro está, que en 1784, el virrey Caballero y Góngora,
decidió dar por terminadas estas misiones, dadas las inconsistencias de las mismas y los
en la cuenca del río Putumayo fueron trasladas hacia la cuenca del río Caquetá, puesto que
buscaban minimizar el trato de los frailes con comerciantes portugueses68, hasta que en 1790,
67
Archivo General de la Nación-Bogotá (en adelante, AGN), Miscelánea, 39, 141, D. 122, fl. 991r.
68
Al hacer parte de la cuenca amazónica, los misioneros compartieron límites con la Amazonía portuguesa, en
esta medida, el río Putumayo, al ser navegable sin dificultad fue testigo del contrabando que se ejerció en estas
tierras, además de la expansión de los dominios portugueses hacia el noroeste, este hecho generó la expedición
de límites de Francisco de Requena y la advertencia continúa de la corona española a sus funcionarios para que
regularan el trato con los portugueses. Ver: Llanos Vargas y Pineda Camacho, Etnohistoria del Gran Caquetá;
Jean-Pierre Goulard, “El medio-amazonas a finales del siglo XVIII: un espacio insumiso”, en Espacios urbanos
y sociedades transfronterizas en la Amazonía, editado por Carlos Gilberto Zárate Botía (Leticia: Universidad
Nacional de Colombia, sede Amazonía, Instituto Amazónico de Investigaciones, 2012); Juan Sebastián Gómez
González, Frontera selvática. Españoles, portugueses y su disputa por el noroccidente amazónico, siglo XVIII
(Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia-ICANH, 2014).
40
Los virreyes del Nuevo Reino de Granada, estuvieron al tanto de los progresos y retrocesos
que presentaban estas misiones, ya que suponían un gasto para el erario real y no
Pedro Messía de la Cerda, señalaba en 1772, “que las misiones no correspondían a los gastos
escoltas, pues apenas se advertía progreso, las reducciones no se secularizaban ni sus indios
de los indios que marchaban con facilidad a los montes y continuaban con su vida de idolatría.
Por otro lado, Messia de la Cerda, consideraba que era por falta de compromiso y espíritu
apostólico por parte de los misioneros. Asimismo, el virrey Manuel Guirior, menciona que
las misiones no lograron los adelantamientos que se podían esperar, según el balance
realizado alrededor de dos décadas atrás70. Por su parte, el arzobispo virrey Caballero y
Góngora, también anotaba en su relación de mando, los lentos progresos que había tenido la
misión por la inconstancia de los indios, pero consideraba importante insistir en éstas, dada
la gran fertilidad del territorio y el riesgo de intromisión por parte de los contrabandistas
portugueses71.
expediciones venidas desde España y al interés de los criollos por ingresar a la orden; pese a
69
Pacheco, S. J., “Historia eclesiástica”, vol. XIII, tomo III, 310.
70
Manuel Guirior, “Instrucción que deja a su sucesor en el mando en Virrey Don Manuel Guirior”, en
Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada, editado por Germán Colmenares (Bogotá:
Banco Popular, 1989), tomo I, 276.
71
Ver: Francisco Gil y Lemos, “Relación del estado del Nuevo Reino de Granada que hace el Arzobispo Obispo
de Córdoba a su sucesor el Excelentísimo Señor Don Francisco Gil y Lemos. Año de 1789”, en Relaciones e
informes, editado por Colmenares, tomo I, 392.
41
esta claridad, no se tiene un registro preciso sobre la cantidad de frailes que conformaron
dicha nómina, y que se dedicaba a las labores misioneras y a las labores urbanas. Claro está,
que hubo diferentes expediciones con frailes franciscanos venidos desde España buscando
engrosar las líneas de los misioneros destinados a las misiones, esto como política de los
colegios misioneros. La primera expedición fue en 1756, hicieron parte de ella, diez
sacerdotes: fray Manuel Navarro, fray Antonio Urrea, fray Joaquín Gil, fray Jacinto Alonso,
fray José Losada, fray Antonio Alfaro, fray Juan Serra, fray Juan Antonio Hidalgo, fray
Cristóbal Romero, fray Juan Plata, junto con ellos viajaban el Comisario fray Lope de San
Antonio.
La segunda expedición fue en 1784, por orden del Comisario General de Indias; partieron de
Popayán se tiene registro de los sacerdotes fray Jerónimo Matanza, fray Vicente Barrutia,
fray Francisco Icazbalzeta, fray Manuel Lanza, Pedro Fermín Ibañez, fray Pedro Marcia, fray
Antonio de San Pedro, fray Jerónimo Alonso y los hermanos legos fray Manuel Hermosilla
y fray Baltasar de Santa María Pérez72. Este nuevo grupo de misioneros, tuvo algunos
aprietos para concretar su estancia en las misiones, puesto que hubo dificultades en el
traslado; además, algunos se negaron a adentrarse en las labores misioneras, por lo tanto,
fueron sancionados, otros, murieron a manos de los indígenas o fueron incorporados a las
72
Ver: Luis Carlos Mantilla Ruíz, Las últimas expediciones franciscanas al Nuevo Reino de Granada: episodios
de criollismo conventual o de rivalidad hispano-criolla: 1756-1784 (Bogotá: Editorial Kelly, 1995).
42
Luis Carlos Mantilla Ruíz anota la nómina del colegio en el intermedio de estas dos
expediciones, en 1776, así: los frailes destinados a las misiones en el Caquetá, el Putumayo
y entre los andaquies eran siete: el fray Bonifacio del Castillo, fray José de la Concepción y
Vicuña, el hermano fray Juan de Azos y Lostra de los Dolores, el hermano fray Juan de la
Cruz Ortega, el hermano fray Ignacio Romero, el hermano fray José Iglesias y el hermano
fray Esteban de San Francisco. Los frailes moradores en el Colegio entre sacerdotes eran
siete: fray Joaquín Lucio, fray Vicente López, fray Francisco María Mosquera, fray Diego
de la Pobreza, fray Antonio Rosales, fray Francisco Javier Zapata, fray Simón Menendez,
fray José Inostroza, fray Manuel Quiñonez de Cienfuegos, fray Mariano Murgueitio, fray
Manuel Navarro y por último, fray José Antonio de San Joaquín. Los coristas jóvenes eran
siete: fray José Joaquín Delgado Borja, fray Ramón Delgado y Borja, fray Francisco Delgado
y Borja, fray Baltasar Guirán, fray José Joaquín Dueñas, fray Javier Córdoba y fray Marcos
Gil y Tejada. Los hermanos legos y donados: comprendían seis: fray Domingo Luna, fray
Juan Ruiz Espejo, fray Andrés Jiménez, fray Ventura de San Francisco, fray Manuel
Almeyda, fray Nicolás, fray Roche y fray José Betancur. Por último, los novicios fray Miguel
Dueñas, fray Luis Tejada y fray Juan de Rebolleda73. Algunas de estas personas, que parecen
estar destinados a las labores urbanas de la orden, tendrán también presencia en las misiones.
archivo
73
Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomo III, vol. I, 578-579.
74
Este periodo de tiempo fue elegido de acuerdo a los padrones que reposan en el Archivo Central del Cauca.
43
Misioneros entre los ríos Caquetá y Putumayo (1758-1790)74
Nombre del Misionero Años aproximados
de labor
Sacerdote Fr. Antonio Urrea 1758-1762
Sacerdote Fr. Juan Serra 1758-1759
Sacerdote Fr. Antonio Alfaro 1758-1777
Sacerdote Fr. Cristóbal Romero 1758-1759
Sacerdote Fr. Francisco Rosales 1758
Sacerdote Fr. Juan Plata 1758-1759
Sacerdote Fr. Manuel Navarro 1758-1777
Sacerdote Fr. Joseph de Jesús y Carbo 1758-1765
Hermano Lego Fr. Juan de la Cruz Ortega 1758-1783
Hermano Lego Fr. Joseph de San Vicente 1758
Hermano Lego Fr. Luis de San Antonio 1758-1759
Hermano Lego Fr. Esteban de San Joseph 1758-1782
Sacerdote Fr. Agustín Baquero 1759
Sacerdote Fr. Jacinto Luengo 1759
Sacerdote Fr. Francisco de la Santísima 1759
Trinidad
Sacerdote Fr. Antonio Paredes 1759-1765
Sacerdote Fr. Ramón Xibaja 1762-1768
Sacerdote Fr. Simón Menéndez 1764-1778
Hermano Lego Fr. Juan de Jesús 1764-1765
Sacerdote Fr. Gregorio Barcenas 1765
Sacerdote Fr. Joaquín Gil 1765-1768
Sacerdote Fr. Joseph Iglesias 1765-1785
Hermano Lego Fr. Juan Espejo 1765
Sacerdote Fr. Joseph de la Concepción Vicuña 1765-1778
Sacerdote Fr. Bonifacio del Castillo 1768-1778
Sacerdote Fr. Joseph Hinestroza 1768-1774
Hermano Lego Fr. Miguel Santofimio 1768-1777
Sacerdote Fr. Roque Amaya 1772-1774
Sacerdote Fr. Juan de los Dolores Azos 1775-1787
Hermano Lego Fr. Ignacio de las Gracias 1775-1776
Sacerdote Fr. Manuel de la Trinidad 1775
Sacerdote Fr. Francisco Javier del Campo 1777
Hermano Lego Fr. Esteban de San Francisco 1775-1778
Sacerdote Fr. Antonio Cruz 1774-1778
Sacerdote Fr. Manuel Suárez 1777
Hermano Lego Fr. Ignacio Romero 1775-1778
Sacerdote Fr. Joseph Joaquín Dueñas 1782
Sacerdote Fr. Joseph Joaquín Arango 1782-1783
Sacerdote Fr. Tomás de Jesús Carrejo 1782-1790
Sacerdote Fr. Ramón de la Concepción Ortíz 1782-1783
Hermano Lego Fr. Joseph de Jesús María y Navas 1782
44
Misioneros entre los ríos Caquetá y Putumayo (1758-1790)74
Nombre del Misionero Años aproximados
de labor
Hermano Lego Fr. Matías Aguilar 1782-1787
Sacerdote Fr. Francisco Javier de San Joaquín 1782-1783
Hermano Lego Fr. Alejo de Jesús y San Antonio 1785-1790
Sacerdote Fr. Gerónimo de la Matanza 1785-1790
Sacerdote Fr. Miguel de Alcántara 1785-1790
Hermano Lego Fr. Joseph de Alcántara 1785
Hermano Lego Fr. Manuel Hermosilla 1785-1787
Sacerdote Fr. Manuel Lanza 1785
Sacerdote Fr. Mariano Gutiérrez 1785-1786
Sacerdote Fr. Vicente Barrutia 1785
Sacerdote Fr. Fermín Ibáñez 1785-1787
Sacerdote Fr. Marcos Tejada 1785-1790
Sacerdote Fr. Joseph Benítez 1785
Sacerdote Fr. Francisco Pugnet 1785-1790
Hermano Lego Fr. Pedro de los Dolores 1785
Sacerdote Fr. Juan Antonio del Rosario 1785
Gutiérrez
Sacerdote Fr. Francisco Icazbalzeta 1786-1790
Sacerdote Fr. Santiago Echavarria 1786-1787
Hermano Lego Fr. Alejo Antonio Jáuregui 1786-1787
Hermano Lego Fr. Joseph Pugnet 1786-1787
Sacerdote Fr. Marcos Calderón 1790
Sacerdote Fr. Marcos de San Joseph Tejada 1789
Hermano Lego Fr. Lorenzo de Concepción Gironza 1789-1790
Guardián Fr. Vicente de San Antonio*
Guardián Fr. Diego de la Pobreza*
Guardián Fr. Joseph Antonio de San Joaquín*
Guardián Fr. Joaquín Mariano de San Luis
Gonzaga*
Guardián Fr. Francisco María de Mosquera*
Guardián Fr. Joseph de San Agustín
Hinestroza*
Guardián Fr. Mariano Joseph del Santísimo
Sacramento*
Guardián Fr. José Joaquín de Santa María y
Dueñas*75
* Los referidos frailes ocuparon los cargos de Guardián y Discretorio del Colegio de Misiones, durante el
periodo de tiempo que existió, compartiendo e intercambiando los cargos entre ellos.
Fuentes: ACC: Sig.: 4729 (Col. E I-11ms) fl. 3r; Sig.: 4740 (Col. E I-11ms) fl. 2r; Sig.: 5124 (Col. E I-11ms)
fl. 1r; Sig.: 5143 (Col. E I-11ms) fl. 1r, fl. 8r; Sig.: 5204 (Col. E I-11ms) fls. 1r-2r; Sig.: 5288 (Col. E I-11ms)
fl. 7r; Sig.: 5371 (Col. E I-11ms) fl. 12r; Sig.: 5401 (Col. E I-11ms) fl. 9r; Sig.: 5475 (Col. E I-11ms) fl. 9r;
Sig.: 5654 (Col. E I-11ms) fl. 1r; Sig.: 5670 (Col. E I-11ms) fl. 7r; Sig.: 5790 (Col. E I-11ms); Sig.: 5856 (Col.
E I-11ms) fl. 1r; Sig.: 5791 (Col. E I-11ms) fl. 1r; Sig.: 5867 (Col. E I-11ms) fl. 2r-fl. 11r; Sig.: 5920 (Col. E I-
45
De acuerdo a las certificaciones y gratificaciones que elaboraron los misioneros para cobrar
el sínodo cada seis meses, y que se revisaron para el periodo (1758-1790), las labores
misioneras en los ríos Caquetá y Putumayo contaron con un total de sesenta y seis operarios
Misiones-. Dicha cifra, es considerable dada la queja constante de la falta de operarios para
estas labores; sin embargo, sólo seis de estos misioneros superaron los 20 años en dichas
misiones: fray Antonio Alfaro, fray Manuel Navarro, fray Joseph de Jesús y Carbo, fray Juan
de la Cruz Ortega, fray Esteban de San Joseph y fray Joseph Iglesias. Cinco estuvieron
alrededor de 10 años: fray Simón Menéndez, fray Joseph de la Concepción Vicuña, fray
Bonifacio del Castillo, fray Miguel Santofimio, fray Juan de los Dolores Azos y fray Tomás
de Jesús Carrejo. Sólo permanecieron en las misiones entre unos meses y dos años treinta y
Los operarios, como son llamados en los documentos, en algunas ocasiones abandonaban la
misión, regresaban a la ciudad de Popayán, cumplían el tiempo que por regla debían estar
entre los indígenas, fallecían por enfermedad o fallecían a manos de éstos. Los primeros años
de estas misiones, a cargo del Colegio de Misiones de Nuestra Señora de las Gracias de
Popayán, tuvieron un impulso que se vio reflejado en el número de misioneros que echaron
Alrededor de dieciocho misioneros hicieron presencia entre 1758 y 1759, fechas de las cuales
se tiene registro. Para la década siguiente, los nuevos misioneros sumaron once, pero
11ms) fl. 2r, fl. 10r, fl. 13r; Sig.: 5962 (Col. E I-11ms) fls. 1r-6r; Sig.: 6006 (Col. E I-11ms) fl. 11r; Sig.: 7105
(Col. E I-11ms) fls. 18r-19r; Sig.: 6297 (Col. E I-11ms) fl. 9r.
46
resultaron en algunos casos ser el relevo de quienes ya no se encontraban en las misiones. Lo
mismo ocurrió en las dos décadas siguientes. Es claro que quienes sostuvieron el proyecto
misionero en estos afluentes fueron quienes permanecieron entre 10 y 20 años, puesto que
atraídos a la fe católica; aunque esta situación presentó diversos matices, puesto que no
hubo entre 6 y 8 misioneros por año, cifra que también varió de acuerdo al curso de las
misiones.
En 1790, por medio del gobernador de la provincia de Popayán, el guardián del Colegio de
Misiones, planteó ante el virrey Joseph de Ezpeleta, la necesidad de gestionar una nueva
institución76. Es probable que dada la decadencia del Colegio y de las misiones en los ríos
Caquetá y Putumayo, esta gestión no se haya realizado, pues hacía esa fecha, las misiones se
estaban despoblando y eran pocos los argumentos para sustentar una nueva expedición.
En el caso puntual del Colegio de Misiones Nuestra Señora de las Gracias de Popayán, el
inicio de esta década apuntó al ocaso del mismo. La política borbónica que buscaba crear
estas instituciones con el fin de llevar a cabo misiones en zonas específicas de la Corona con
personal formado para evangelizar con poblaciones indígenas, había cumplido su ciclo, y
debió esperar hasta el siglo XIX, para ver un resurgir en el interés por poblar estas zonas.
76
AGN, Miscelánea, 39, 141, D. 121, fls. 977r-987v.
47
Capítulo 2
Poblar, evangelizar y civilizar
Durante el siglo XVIII, se gestó un nuevo impulso de colonización de las zonas de frontera
de la Corona española que eran habitadas por grupos indígenas renuentes a la evangelización.
Este fue el caso de zonas como las de la Baja California, la Sierra Gorda de Querétaro, la
Con el fin de lograr llegar a estas poblaciones indígenas, llevar a cabo las misiones y lograr
efectuar el poblamiento, la Corona se apoyó en las diversas órdenes religiosas. Si bien desde
el siglo XVI, la Corona había entregado a las órdenes religiosas la misión de evangelizar, fue
en el siglo XVIII que se le dio esta potestad a los Colegios de Propaganda Fide, para que
contexto, el objetivo central de este capítulo consiste en mostrar los resultados del estudio de
la manera en que se instalaron y pusieron en funcionamiento las misiones por parte de los
misioneros franciscanos en los márgenes de los ríos Caquetá y Putumayo. Para ello, muestra
su proyecto evangelizador, los pueblos de indios que fundaron y el modo como sostuvieron
la misión.
Además del fenómeno del clima, mencionado en el anterior capítulo, las rutas de acceso a la
selva Amazónica estuvieron determinadas por dos elementos: el primero los caminos en la
junto a ríos de menor cauce y quebradas, sirvieron de croquis para trazar rutas, fundar pueblos
48
y desplazarse. Como se menciona en la historiografía, la cordillera determinó el avance de
los conquistadores hacía la selva amazónica. En el caso de las Audiencias de Santafé y Quito,
las exploraciones se dieron desde las ciudades andinas que se encontraban en alturas
superiores a los 2.000 msnm, e implicaba recorrer caminos que afirmaban la difícil topografía
de la imponente cordillera. Como lo indican las crónicas, los caminos eran ásperos, fragosos,
temperamentos que dependían de la altitud; por ello, recorrer unas cuantas leguas, implicaba
un gran esfuerzo, como el que debió hacerse para lograr el establecimiento de las misiones
franciscanas en los ríos Caquetá y Putumayo, así como en los demás ríos de su cuenca y de
determinar el camino más conveniente para adentrarse en los bosques y tener una
comunicación constante y fluida con los lugares de abastecimiento de las misiones. Estas
que no sólo buscaban reducir almas a la fe católica y vasallos al rey, sino también conocer y
enterar a la Corona sobre los territorios recién descubiertos; esa tarea, era realizada por
particulares y religiosos regulares, que prontamente buscaron poblar estos territorios. Pero
pueblos indígenas que habitaban los espesos bosques tropicales, con el propósito de lograr
posteriormente, la explotación de las riquezas de los mismos con ayuda de los indígenas.
Es necesario anotar que el río Caquetá o Yapurá (en Brasil) nace en el Páramo de las Papas
a 3.992 msnm, en el macizo colombiano, a unos 2.5 km del nacimiento del río Magdalena;
49
discurren sus aguas en dirección sur inicialmente, para luego tomar la dirección sureste hasta
desembocar en el río Amazonas; sirve de límite natural entre los actuales departamentos del
Cauca y Putumayo. Es un río de “aguas claras”, y su recorrido es de 2.280 km, de los cuales,
nutren su caudal, pero los saltos, raudales o “cachiveras”, impiden su navegabilidad en toda
húmedos tropicales, la cual bordea sus orillas, en ambos márgenes. El curso medio del río,
afluentes que vierten sus aguas por el margen izquierdo, son: el Orteguaza (210 km), el
Caguán (630 km), el Yarí (550 km) y el Apaporis (1.370 km), cada uno, con varios
tributarios. A diferencia del río Caquetá, estos afluentes son navegables en recorridos
diferentes.
Por otro lado, el río Putumayo o Iza (en Brasil) nace en el Nudo de los Pastos, que alcanza
alturas superiores a los 4.000 msnm, y comparte algunas similitudes con el río Caquetá. Sus
aguas discurren en dirección sureste hasta desembocar en el curso medio del río Amazonas,
a la altura de la población San Antonio de Iza; sirve de límite natural entre las repúblicas
territorio colombiano. Sus principales afluentes por el margen izquierdo, son: el Igaraparaná
(440 km), y por el margen derecho el Guamúez (140 km), el San Miguel (240 km).
50
Los puntos de partida mediante los cuales los españoles se acercaron a las cuencas de estos
dos ríos, fue la fundación de Écija de los Sucumbíos, Mocoa y San Miguel en el siglo XVI,
delimitación eclesiástica.
La otrora ciudad de Mocoa, fue fundada en el pie de monte andino-amazónico, con una
ubicación que resultó ser estratégica, puesto que le permitió explorar el río Putumayo y tener
una conexión con la ciudad de Pasto, que se encontraba a mitad de camino de las ciudades
de Popayán y Quito. Por lo tanto, facilitó también la circulación y conexión entre la selva
amazónica, la cordillera y el océano. María Clemencia Ramírez de Jara, señala que la relación
que establecieron los grupos indígenas asentados en el piedemonte amazónico con los demás
grupos de “las tierras altas y las tierras bajas”77, posibilitó que se convirtieran en
intermediarios entre unos y otros; por ende, “la relación estrecha que se establecía entre los
colonizadores españoles”78.
montaña, los misioneros y los grupos indígenas, y los misioneros y los centros mayores de
abastecimiento como las ciudades de Popayán y Pasto y las villas de Almaguer y Timaná. En
77
María Clemencia Ramírez de Jara, Frontera fluida entre Andes, Piedemonte y Selva: el caso del Valle de
Sibundoy, siglos XVI y XVIII (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, Colección Cuadernos de
Historia Colonial, 1996), 91.
78
Ibid., 91.
51
este entramado, a través de los caminos del Alto Magdalena: Almaguer y Guanacas, los
Reino de Granada, ubicada en la cordillera Oriental. Estos dos caminos, sirvieron a su vez,
La historiografía que se ocupa de las regiones del Caquetá y el Putumayo79, si bien ha hecho
grandes aportes a su historia en el periodo colonial, en lo que se refiere a los caminos y rutas
para esta investigación, complementa de muy buena manera. Los autores refieren las rutas a
groso modo, los lugares comunes relacionados con las dificultades del acceso debido a la
En ese orden de ideas, Héctor Llanos Vargas en su artículo “Caminos de Guacacallo. Por los
caminos del Magdalena”, anota que para el siglo XVIII, “un camino importante fue el de los
misioneros franciscanos que se dirigieron de Timaná hacia el oriente, por el valle del río
Suaza al territorio de los andaquies, en los llanos del río Orteguaza, y de allí, hacia el gran
Caquetá”80. Asimismo, señala que fray Juan de Santa Gertrudis siguió la ruta desde Neiva y
79
Los autores a los que me refiero son estos: Friede, Los Andaki; Llanos Vargas y Pineda Camacho, Etnohistoria
del Gran Caquetá; Pilar Moreno de Ángel, Jorge Orlando Melo y Mariano Useche Losada (eds.), Caminos
reales de Colombia (Bogotá: FEN, 1995); Artunduaga Bermeo, Historia general del Caquetá; Casas Aguilar,
Evangelio y colonización.
80
Héctor Llanos Vargas, “Caminos del Guacacallo. Por los caminos del Magdalena”, en Caminos reales de
Colombia, editado por Moreno de Ángel et al., 53.
52
“continuo por el camino de la Plata-Inzá-Páramo de Guanacas-Malvasa-Popayán-Almaguer,
Esto quiere decir que, para llegar a las misiones, los franciscanos podían ubicar dos rutas: la
primera por Timaná y la segunda por Almaguer. Estas dos rutas de acceso, las confirma María
Victoria Uribe en su artículo, “Caminos de los Andes del sur. Los caminos del sur del Cauca
y de Nariño”82, en el cual señala los caminos que desde tiempos prehispánicos conectaban el
actual macizo colombiano con el sur del país, las ciudades de Pasto, Popayán y Quito, el alto
Magdalena, el valle del río Cauca, la costa pacífica y la selva amazónica. La autora señala
[…] en ese entonces las vías de comunicación entre la región andina y la selva eran básicamente
tres; la más septentrional de ellas era la de Timaná, en el sur del Huila, la cual desembocaba en
Mocoa; hacia el sur de ésta se desprendía la trocha que se originaba en Almaguer, en el Cauca,
atravesaba la Bota Caucana para salir a Santa Rosa, Yunguillo y Condagua y de allí a Mocoa;
finalmente estaban las trochas que desde Pasto descendía al Alto Putumayo, vía el valle de
Sibundoy y La Cocha83.
A diferencia de las indicadas por Llanos Vargas, donde una de las rutas llegaba -la que partía
de Timaná-, al valle del Orteguaza y de allí al río Caquetá, las tres que menciona María
Por su parte, María Clemencia Ramírez de Jara y Beatriz Alzate, en su artículo “Por el Valle
81 Ibid.
82
María Victoria Uribe, “Caminos de los Andes del sur. Los caminos del sur del Cauca y de Nariño”, en
Caminos reales de Colombia, editado por Moreno de Ángel et al.
83
Ibid., 69.
53
Recopilaciones y anotaciones”84, refieren que, de acuerdo a los testimonios presentados por
viajeros, misioneros, exploradores y empresarios, desde el siglo XVI al XX, existían seis
caminos para acercarse a las cabeceras de los ríos y a las misiones. Dos de estos caminos,
partían desde la ciudad de Pasto: el primero comenzaba en Pasto, pasando por el Valle de
Sibundoy hasta Mocoa y regresando nuevamente por el Valle de Sibundoy. El segundo, partía
desde Pasto con dirección a Mocoa vía río Guamuez. El tercer y cuarto camino, partían desde
Mocoa. El primer camino buscaba conectar Mocoa con San Agustín (en la Gobernación de
Neiva), pasando por Almaguer, San Sebastián, el páramo de Las Papas hasta alcanzar San
Agustín. El segundo camino, partía desde Mocoa con dirección al río Caquetá hasta llegar a
los pueblos de misiones de San Diego y La Concepción en el río Putumayo. El quinto camino,
de La Ceja (San Francisco Solano), continuaba hacia el Porvenir y Morelia hasta llegar a
Mocoa y las cabeceras del río Caquetá. El sexto y último de los caminos, transitaba por el
De acuerdo a las fuentes primarias consultadas en esta investigación, se debe hacer mención
de cuatro caminos que sirvieron como rutas para que los misioneros del Colegio de Misiones
en que se descubría un nuevo camino, que ofreciera mejores condiciones. Los cuatros
caminos fueron los siguientes: el camino de Pasto, que se desprendía en dos rutas: hacía
Sibundoy y hacia Sucumbíos; el camino de Almaguer; y por último, el camino del pueblo de
84
María Clemencia Ramírez de Jara y Beatriz Alzate, “Por el Valle de Atriz a Écija de Sucumbios. Testimonios
de viajeros por el piedemonte amazónico. Recopilaciones y anotaciones”, en Caminos reales de Colombia,
editado por Moreno de Ángel et al.
54
El camino de Pasto, partía hacía dos direcciones; la primera, desde Popayán con dirección
hacia la ciudad de Pasto, a 2545 msnm. La ciudad estaba relativamente cerca de la misión de
Sucumbíos y al río Putumayo y sus afluentes, los misioneros debían esperar a que la
cordillera se serenara de sus frecuentes nevadas, y ofreciera un tránsito menos áspero, pues
llegar a la ciudad de Écija de los Sucumbíos86, y “siguiendo por el río San Miguel, que riega
aquella comarca, descendían hasta el río Putumayo”87. Este camino podía partir también
desde la ciudad de Quito, transitaba la cordillera hasta el Valle de Cayambe para luego llegar
a la ciudad de Écija.
Valle de Sibundoy hasta llegar a la ciudad de Mocoa, y de ahí, avanzaban hasta el río
Putumayo. Este camino, “trajinado durante mucho más tiempo, pero clausurado a mitad del
siglo XVIII a causa del comercio ilícito”, no entró en total desuso, si bien, los misioneros
debieron buscar otras rutas para el acceso a las misiones, el comercio ilícito continuó
movilizándose por él. En su Relación, fray Juan de Santa Gertrudis88, manifiesta que el este
De Caquetá a Sibundoy tomando el camino por Santa Clara de Mocoa hay sólo seis días
de camino, y de estos seis, los dos que hay de Mocoa a Caquetá es tierra llana (…). Los
85
ACC Sig.: 9055 (Col. E I-7or).
86
Casas Aguilar, Evangelio y colonización, 63.
87
García, Historia de las misiones, 97.
88
Fray Juan de Santa Gertrudis hizo parte de la primera expedición de frailes provenientes de España al Colegio
de Misiones Nuestra Señora de las Gracias, que alimentarían la nómina de operarios dedicados a las misiones
de los ríos Caquetá y Putumayo. Se internó en la selva en 1758, junto con sus demás compañeros y terminó
expulsado de las misiones y el Colegio, por su comportamiento, en1762. Su experiencia en estas misiones fue
expuesta en la obra ya citada Maravillas de la naturaleza.
55
cuatro días que hay de Mocoa a Sibundoy era toda la dificultad componer y abrir el camino
para que entrase bestias. Y es cosa natural que más presto, con más facilidad, y con menos
costo se habían de poner corriente estos cuatro días, mayormente estando ya camino hecho
de todos los días, que lo tienen trillados los indios sibundoyes entrando y saliendo de Mocoa
todo el año, que no querer el Comisario, sólo por su capricho, emprender abrir camino por
Almaguer, habiendo veinte y dos días de Almaguer a Caquetá, camino más fragoso y
doblado. Y la conveniencia que daba el camino por Pasto era mejor que por Almaguer,
porque de Sibundoy a Pasto hay cuatro días de camino que lo andan bestias89.
Además, Pasto gozaba de ser una tierra abundante, con trigo, carne, ganado vacuno y
ovejuno, y los paños y la bayeta resultaban más económicos, dada su relativa cercanía a
Quito. Santa Gertrudis señala que los padres del colegio conocían las ventajas de este camino
la potestad sobre el camino de Almaguer -que resultaba ser más dilatado y quebradizo-, ni a
perder su categoría ante una ciudad como Pasto, que, aunque tenía los medios agropecuarios
para abastecer las misiones, era una ciudad pequeña en comparación con Popayán.
Asimismo, señala que el colegio enviaba anualmente dos religiosos al Chocó, que era una
provincia con ricos minerales de oro, “y en cosa de cuatro o cinco meses que se gasta de ida,
estada y vuelta, lo regular es traer cuatro mil pesos de limosna”90. Po lo tanto, tampoco
Antioquia, donde también se explotaban minerales de oro. Y si bien, los frailes argumentaban
que era un colegio pobre y requerían estas limosnas, Santa Gertrudis por lo contrario
89
Santa Gertrudis, Maravillas de la naturaleza, tomo I, 346.
90
Ibid., 347.
56
argumenta: “Que la verdad es porque la necesidad no los apretaba. Y era así verdad, porque
Por otro lado, el camino de Almaguer partía desde la ciudad Popayán hasta la villa de
Almaguer con dirección al pueblo de Santa Rosa, luego a Mocoa hasta llegar al río Putumayo.
Este camino, que fue el usado por fray Juan de Santa Gertrudis y sus compañeros para
ingresar a las misiones en 1758 (menciona que de Almaguer a Mocoa había 17 jornadas),
entró en desuso por las dificultades que presentaba y por el descubrimiento del camino del
Santa Gertrudis de manera detallada relata su ruta partiendo de la ciudad de Popayán, donde
Almaguer, de ésta al Pongo, un caserío, antes de dirigirse a Santa Rosa, el primer pueblo de
la misión. “Cuatro jornadas son de camino del Pongo a Santa Rosa, y desde la entrada hasta
llegar es páramo. El camino es camino flojo. Lo más de él es llano, y es raro el día del año
que no llueva. Está lleno de pantanos y ciénagas, y con trajín de los bueyes está lleno de
reducía a 8 casas, el convento y la capilla. Estaba a cargo del hermano lego fray Juan de la
Cruz. Luego a Pueblo Viejo, se transitaban cuatro jornadas entre un clima caliente y húmedo.
En cada jornada se encontraba un tambo para pasar la noche, esto suma cinco tambos antes
de arribar al Caquetá.
91
Ibid., 347.
92
Ibid., 206.
57
En Pueblo Viejo, “el cual está en un llano. Antes de llegar hay un río de unas 15 o 20 varas
de ancho y lleva media vara de agua. El pueblo tendrá 10 o 12 familias de indios, pero van
medio vestidos, esto es, de la cintura para abajo hombres y mujeres. Es tierra muy fértil y
abundante de plátanos, maíz y yucas93. A tres días de camino de allí, se encuentra el pueblo
de San José, “de solo seis familias […], una vega llana a orilla de un gran río (no menciona
cual), que se podía pasar en canoa”. De este pueblo a Santa Clara de Mocoa, habían cinco
días de camino, “el pueblo tenía alrededor de 15 vecinos y fue llamada Santa Clara de Mocoa,
encontraba un camino por serranía que llegaba hasta el pueblo de los indios Sibundoyes.
entra tierra toda llana pero toda monte. Esto fue lo peor, porque a cada paso se halla un
pantano, que nos atascábamos hasta sobre la rodilla”94. Caquetá es descrito como un pueblo
de 15 vecinos, “desde este pueblo se desviaba hasta la izquierda hacia Santafé, y cuatro días
de río debajo de Caquetá le entran dos ríos grandes llamados La Fragua y El Pescado, que
salen de los andaquies, y que con estos dos ríos se hace él ya río muy grande”95. De ahí,
relaciona que caminaron una jornada hacía el embarcadero para navegar posteriormente el
río Putumayo.
El camino del pueblo de San Francisco Javier de la Ceja fue el último en ser habilitado y
transitado por los misioneros, en la década del 60 del siglo XVIII. Esta ruta comenzaba en
Popayán para continuar hasta la hacienda de Laboyos, hasta avanzar al pueblo de San
93
Ibid., 232.
94
Ibid., 241.
95
Ibid., 242.
58
Francisco Javier de la Ceja y “de allí se bajaba al río Pescado y se tomaba dirección hacia
La apertura de este camino fue estimulada por la fundación del Colegio en Popayán, y por el
hecho de que el virreinato hubiera delegado las misiones entre los indios andaquies a estos
franciscanos, misiones que habían estado en manos de los franciscanos de Santafé, pues
estaban ubicados en el camino entre las dos gobernaciones. El pueblo de San Francisco Javier
de la Ceja, servía como escala y puerto para internarse en las misiones del Caquetá y
Putumayo. En su relación sobre el estado del Nuevo Reino de Granada, el Virrey Francisco
Gil y Lemos, anotó que la utilidad del camino por este pueblo se debía a que: “dichos ríos
del Pescado y Fragua entran unidos en el de Orteguaza o Suya, y éste en el Gran Caquetá, en
que entrando por el río Mecaya y por un camino de cuatro días de tierra llana se llega al
Putumayo”97. Así mismo, el virrey señalaba que este camino era el único paso habilitado para
las Misiones y era necesario que permaneciera bajo cuidado de las autoridades virreinales,
[…] pues los antiguos caminos de Almaguer y Sucumbios, por largos y escabrosos, se
de estos Padres de la Ciudad de Pasto donde estaba a la de Popayán, cuya operación aunque ha
sido facilitado mucho no sólo la reducción de los Andaquies, sino también por medio de éstos
96
Casas Aguilar, Evangelio y colonización, 63.
97
Gil y Lemos, “Relación del estado”, 392.
98
Ibid., 391.
59
Décadas anteriores, las autoridades del Colegio y los misioneros determinaron que el camino
más conveniente para adentrarse en las misiones era este. Fray José de la Concepción Vicuña,
misionero apostólico, escribía en respuesta a fray Joaquín Mariano de San Luis Gonzaga,
Guardián del Colegio de Misiones, que el mejor y menos áspero camino para internarse en
las misiones del Caquetá y el Putumayo era este camino real, Vicuña señalaba que
//fl. 1r// haviendo penetrado las selvas de nuestras Misiones asta su colonia principal de la
Concepcion (que esta cita sobre el margen del gran río Putumayo) reconocí dos sendas y dos
Ríos que tiene los Yndios Andaquies de la montaña para su trafico y reciproco comercio con
los Yndios de dicha mi //fl. 1v// Colonia. Y según lo que observe, oi a personas fidedignas y
practicas assi de dichos caminos, como de los antiguos de Pasto, y Santa Rosa, en ninguna
parte hay iguales proporciones para establecer una entrada vrebe, y menos incommodas para
nuestros Missioneros y los conductores de sus respectivos socorros, que por uno de los dichos
La viabilidad de este camino se sustentaba en cuatro puntos que señalaba Vicuña: el primero
cargo ubicada en el Valle de Suaza, en el gobierno de la villa de Timaná, que era además
camino abierto, traficado, y frequentado del mutuo comercio de los dos Valles de este Nuevo
Reyno de Granada”100. Por él, era posible el tránsito entre la provincia de Quito y el Gobierno
de Popayán con el Virreinato de Santafé; es decir, entre el valle del río Cauca y el valle del
Virreinato de Santafé respectivamente. El segundo punto que señaló Vicuña, apuntaba a que
99
ACC Sig.: 9155 (Col. E I-11ms) fls. 1r-1v.
100
ACC Sig.: 9155 (Col. E I-11ms) fl. 1v.
60
los misioneros podían encontrar peones con mayor facilidad, y esto permitía que se les
prestara socorro cuando transitaran por el camino. El tercer punto manifestaba que las
vituallas y utensilios que necesitaban los misioneros para sus pueblos se encontraban en
abundancia y mejores precios. Y por cuarto y último punto, el misionero señalaba que el
camino de Pasto se encontraba cerrado por órdenes del excelentísimo virrey de la Audiencia
y el de Santa Rosa sólo era usado una vez al año, cuando los conductores de los sínodos de
los misioneros transitaban hacia las misiones; por lo tanto, para mantenerlo en óptimas
condiciones era necesario renovar muchas veces su apertura, costo que no estaba dispuesto a
Pese a las dificultades indicadas, esta ruta de San Francisco Javier de la Ceja terminó siendo
la ruta oficial empleada por los misioneros para transitar entre Popayán y las misiones, puesto
que el recorrido se veía recortado a 20 días, mientras que las demás rutas empleaban entre
Ahora bien, el acceso a las misiones no se limitó sólo a los caminos de tierra que implicaban
la tarea titánica de abrir monte y buscar cómo ingresar a los espesos bosques; los ríos, como
andino, los ríos de menor cauce y los grandes afluentes como el Caquetá y el Putumayo. En
otras palabras, la red hídrica que forma la cuenca del Amazonas, conecta la cordillera de los
Andes con la selva y a su vez con el océano Atlántico. Es decir, las quebradas y los ríos como
Fragua, Pescado, Bodoquera, Orteguaza, Guaméz y San Miguel, conectaron los centros de
con los pueblos de misión fundados por los franciscanos. Los indígenas pobladores del
bosque amazónico se movilizaban en canoas con gran destreza, éstas transportaban personas
61
y bienes de un lugar a otro ubicados a grandes distancias, cacao, mantas, yucas, camotes,
carne salada, harinas, pescado salado, monos, semillas, ganado, canela traída desde el Gran
Santa Gertrudis menciona las jornadas de navegación y algunas características de los pueblos
de esta ruta. San Diego era el primer pueblo sobre este río, y tenía alrededor de 500 indios,
entre hombres y mujeres; el padre conversor de este pueblo era fray Francisco Xavier Mejía.
De allí, en tres días de navegación se llega al pueblo de Santa Cruz de los indios mamos, con
alrededor de 500 indios a su haber, fray Francisco Rosales era el conversor de dicho pueblo,
“nosotros nos detuvimos tres días, y el Padre Rosales nos avió para La Concepción, y los
indios de San Diego se volvieron para su pueblo. Quédose en el mamo con el Padre Rosales
Este último pueblo estaba a cargo del fray José Carbó, era el más antiguo y grande de la
misión, y era conformado por dos naciones, los payaguas y los payaguajes, que sumaban
unos 900 indios. El padre fray Antonio Urrea se quedó de compañero de fray José Carbó.
Veintiún leguas más debajo del pueblo de la Concepción se encontraba el pueblo de los
amoguajes, que no tenía un conversor fijo y destinaron a fray Cristóbal Romero para hacerse
cargo de éste. El padre fray Joseph Joaquín Barrutieta había sido el encargado de este pueblo,
padre, era el presidente de las misiones y su vida en el pueblo era intermitente debido a sus
demás obligaciones. Igualmente, a su llegada, el padre fray José Carbó por orden del padre
Barrutieta había fundado un nuevo pueblo, de una nación llamados los encabellados, llamado
101
Santa Gertrudis, Maravillas de la naturaleza, tomo I, 262.
62
los Agustinillos y estuvo a cargo de Santa Gertrudis, este pueblo estaba ubicado a nueve días
de camino del pueblo de los amoguajes, y fue tarea del misionero atraer el grupo de indígenas
y hacer los esfuerzos necesarios para poner en marcha la misión y ejecutar las tareas de
evangelizar y poblar.
2.2 Misiones y pueblos de indios. Padrones y matrículas en los ríos Caquetá y Putumayo
El misionero establecía el lugar donde implantar la misión; para el caso de los ríos Caquetá
y Putumayo, procuraba que estuviera cerca a estos grandes ríos o sus afluentes, con el fin de
facilitar la comunicación con los demás pueblos de misión y el pueblo de La Escala, que
mismo, buscaba que fuera un sitio seguro, que no fuera a inundarse durante la temporada de
lluvias o que no fuera a plagarse de alimañas durante el verano; esto lo podía establecer con
ayuda de los mismos indígenas. Santa Gertrudis, menciona cómo en sus recorridos entre los
Andes y la selva, contrató los servicios de indígenas, o en su defecto fue ayudado por estos,
puesto que se encontraban en las inmediaciones o en los caminos entres las ciudades de
cargueros entre los misioneros y los grupos indígenas. Tal es el caso de los andaquies y los
lograban adentrarse por lugares poco conocidos, esta tarea no hubiera sido posible sin la
ayuda de los indígenas, en quienes se apoyaban, para conocer las rutas, la flora, la fauna y
102
ACC Sig.: 9510 (Col. E I-11ms) fl. 2v.
63
La primera visita efectuada desde el Colegio de Propaganda de la ciudad de Popayán fue
realizada por fray Jacinto Alonso Luengo, en 1759. Reunió a los frailes que se encontraban
pasó revista, preguntó el estado de los pueblos y si era necesario visitar estos. Para el
momento de esta visita, como se mencionó en líneas anteriores, existían seis pueblos de
indios: el pueblo de San Joaquín a cargo de los frailes José de Jesús y Antonio Paredes, el
pueblo del Caquetá y Mocoa a cargo de fray Juan Plata, el pueblo de la Purísima Concepción
a cargo de fray Antonio Urrea, el pueblo de San Francisco de los Amaguajes a cargo de fray
Cristóbal Romero, el pueblo de San Diego a cargo de fray Javier Mejía, y el pueblo de Santa
Los autos de la visita era el instrumento que sugerían las reglas para los misioneros en
regla. En primer lugar, ordenaba que el pueblo donde hubiera dos religiosos, estos debían
permanecer muy unidos, y en cuanto a los asuntos públicos y comunes a los indios, se
uno de los dos tomara el gobierno por decisión propia. En segundo lugar, recomendaba que
los misioneros se abstuvieran de comunicar y hablar los asuntos de misión con los seglares
indios o blancos, y que no admitieran en su mesa a cualquier persona, sino a personas que
como sus prendas y buena política tuvieran alguna recomendación. En tercer lugar, todos los
misioneros debían celar el comercio perjudicial a los haberes reales, y para esto, encargaba a
los misioneros de los pueblos de San Joaquín, Concepción, San Diego y Caquetá, prevenir
que cualquier seglar ingresara a las misiones. En cuarto lugar, encargaba a todos los
misioneros celar los seglares que ingresaran a las misiones con algunas drogas para venderlas
64
a los indios, para que nos los engañaran, ni los maltrataran al cobrar. En quinto lugar, que al
reprender a alguna india lo hiciera en presencia del Gobernador o cacique de su nación para
que evitara motivos que generaran comentarios y murmullos. En sexto y último lugar,
los unos y los otros, por lo menos mes a mes, comentando los asuntos de la vida, salud,
cristiana. Así pues, los misioneros consideraban que tenían mérito por su aplicación y trabajo
Iglesia, la cual era proporcional al número de indios que lo componían104, además de las casas
que se establecían alrededor de la Iglesia, y la casa y las oficinas del misionero; en algunas
oportunidades, los pueblos podían estar rodeados por una especie de cerca que los protegía
de intrusos y animales de la selva; así mismo, contaba con un espacio para las labranzas cuyo
fin era subsistir y mantenerse. Algunos contaban con cultivos de maíz, yuca, plátanos,
arracachas, camotes, raíces, arroz, caña de azúcar y algunas yerbas medicinales105; sumados
gallinas y los cerdos también hacían presencia en los pueblos, integrándose a la dieta de los
indígenas107.
103
ACC Sig.: 9387 (Col. E I-11ms) fls. 1r-4r.
104
ACC Sig.: 9391 (Col. E I-11ms) fl. 3r.
105
Santa Gertrudis, Maravillas de la naturaleza, 217, 225; ACC Sig.: 9054 (Col. E I-11ms) fl. 2r.
106
ACC Sig.: 9054 (Col. E I-11ms) fl. 1v.
107
ACC Sig.: 9054 (Col. E I-11ms) fl. 1v.
65
Durante algunos periodos, las familias encomendaban a los más pequeños a los misioneros,
alimentos; esta faena duraba alrededor de una semana, y regresaban cargados con frutas,
pescados y monos108.
Sólo lo que era penoso es que cuando los indios se iban para toda la semana, me traían a los
guaguas para que yo los cuidara hasta que ellos volviesen; y como esto allá es estilo general,
en todos los pueblos era preciso pasar por ello, y así, al querese ir, se venían con los guaguas
diciendo: Payre, riño yogo ayro sayge Numico adqui siaqua caridgi na o Numicodgi na. Que
quiere decir: “Padre, con la chica canoa voy al monte, llevo a mi mujer y todos los demás de
En los días de trabajo, se levantaban entre cinco y seis de la mañana y se juntaban en la Iglesia
todos los indios (a excepción de los enfermos), allí, los misioneros enseñaban la Doctrina
Cristiana. A las cuatro de la tarde, se volvían a juntar todos los niños y las niñas del pueblo,
y les enseñaba el misionero con especial particularidad dado que todos estaban cristianizados,
debían responder en castellano a las preguntas que les hacían para que lo fueran hablando.
Los diaz de fiesta se toca a Misa a la misma hora antes se reza la Doctrina con todo el Pueblo,
y después el Misionero para si mismo, o por interprete les hace alguna exhortación cita
108
Esta actividad itinerante de adentrarse en el bosque a buscar alimentos es característica de los pueblos
indígenas de la cuenca amazónica, donde los periodos de lluvia y sequía generan el desplazamiento a otras
zonas de mayor altitud, buscando raíces, frutos y leguminosas que pueden ser aprovechadas para el sustento de
las tribus.
109
Santa Gertrudis, Maravillas de la naturaleza, tomo I, 295-296.
110
ACC Sig.: 9391 (Col. E I-11ms) fl. 4r; Sig.: 9403 (Col. E I-11ms) 1r.
66
Los días festivos y los jueves no se les enseñaba por la tarde la doctrina a los niños. Santa
Gertrudis anota que desde el principio entabló que los muchachos fueran al convento y les
hizo tablillas del Christus y hacía uso de estampillas con imágenes religiosas,
para enseñarles a leer y ayudar a misa, con intento al mismo tiempo que ellos se hicieran
prácticos de la lengua española, y yo con ellos también de su lengua. Y así ellos me enseñaron
su lengua […]. En un par de meses ya todos los cholos y cholitos sabían leer y ayudar a misa111.
Los muchachos más jóvenes eran dóciles a la doctrina y aprendían más fácil la lengua y el
evangelio,
pero el indio que ya llega a los 20 años, es más duro que una piedra. Por la mañana y por la
tarde yo lo que hacía era: ya que estaban juntos para rezar, sacaba unas estampas de medio
pliego que llevaba, una de la Virgen y otra de San Francisco Solano, cuando predicaba a los
indios. Ellos miraban a la Virgen y decían: Numico. Esta es mujer. A San Francisco Solano
decían Payre. Este con el hábito conocían, es Padre. A los indios que le pintan alrededor decían
Así mismo, la importancia de la señal de la cruz como ritual característico del cristianismo
era enseñada por los frailes y empleada en la cotidianidad de los pueblos de misión113. Santa
Gertrudis menciona las dificultades que tuvo durante toda su estadía, para lograr que los
Yo los arreglaba a dos filas, y levantando el brazo derecho, haciendo la cruz con los dedos
pólice y índice decía: Echame siaqua, pancoa, numico, guanbra, cholo, echame. Mírenme
111
Santa Gertrudis, Maravillas de la naturaleza, tomo I, 294-295.
112
Ibid., 308.
113
La señal de la Cruz representa la figura de Cristo Crucificado y a través de la cual redimió al mundo del
pecado mortal. De acuerdo a la Doctrina Cristiana se usa de tres maneras: signarse, santiguarse y persignarse.
Ver: Gaspar Astete, S. J., Catecismo de la doctrina cristiana (Pasto: Casa Mariana, 1980), 5-7.
67
todos, hombres y mujeres, mozas y muchachos, mirad lo que hago. Unos salían levantando el
brazo derecho y otros el izquierdo, haciendo mil garabatos con los dedos. Era preciso de uno a
uno irle a componer la mano y los dedos para formar la cruz, y cuando había compuesto 10, ya
los otros 10 estaban descompuestos, y otros tantos que ya se estaban refregando con ambas
manos por la delantera o trasera, con carcajadas de risa, porque, no penetraban qué era aquello;
y este afán no duró un día ni dos, sino 3 y 4 años enteros, estando tan rudos el día postrero
como el primero114.
Ya que los tenían compuestos, cantando y muy despacio me persignaba; pero los más al haber
de cruzar, cruzaban al revés y era preciso a los que reparaba haberles de ir a enderezar las
puedo asegurar que al cabo de 8 años todavía a solas había muchos que no se sabían persignar
ni santiguar115.
Para enseñar el Credo y las otras dos oraciones, además de explicar los misterios de la fe
católica, los misioneros aprendieron la lengua, y entrecruzaron términos españoles con los
de su lengua, como una estrategia para comunicarse de manera eficaz con los recién
cristianizados.
De acuerdo a Luis Carlos Mantilla Ruíz, el estado de la misión en los ríos Caquetá y
Putumayo, en 1747, estaba conformada por diez pueblos, y estaban a cargo de los
114
Santa Gertrudis, Maravillas de la naturaleza, tomo I, 308-309.
115
Ibid., 309.
68
franciscanos de Quito. Estos pueblos eran: “San Antonio de Caquetá, San Miguel de
Sucumbíos del río de San Juan, San Diego y San José del río Aguese, San Salvador de Orta
San Francisco de los Amaguajes con más las capitales de Écija de Sucumbíos y Agreda de
Mocoa”116. Estos pueblos estaban acompañados por varios religiosos, entre los que se
encontraban:
Fray Montalbán, fray Francisco Mateus, fray Buenaventura de Villapanilla, fray Francisco
Javier Soto, fray Antonio Paternina, fray Marcos Proaño, fray José Martínez, fray Vicente
Rafels, fray Fernando Losa, fray Juan Mansilla, fray Francisco Dominguez, fray Felipe
Herrera, fray Juan Dávalos. Los nombres de los hermanos legos eran: fray Domingo Garrido,
fray José Carbó, fray Juan Melgarejo, Leandro Sandoval y fray Pablo Artieda117.
Una década después, en 1759, cuando ya el Colegio de Propaganda Fide operaba desde la
ciudad de Popayán, y los operarios llegados desde España se habían instalado en la misión,
de este nutrido grupo de misioneros sólo permanecía en esta, fray Joseph Carbó. La visita de
fray Jacinto Luengo en este mismo año, permitió conocer los pueblos fundados para el
momento. El pueblo de La Purísima Concepción estaba a cargo del mismo padre Carbó y
compartía funciones con el padre fray Antonio Urrea; fray Antonio Paredes estaba a cargo
del pueblo de San Joaquín; fray Juan Plata a cargo de los pueblos de Caquetá y Mocoa; fray
Cristóbal Romero estaba a cargo del pueblo de Nuestro Padre San Francisco de los
Amaguajes; fray Francisco Xavier Mejía estaba a cargo del pueblo de San Diego; el hermano
lego fray Juan de la Cruz y Ortega estaba a cargo del pueblo de Santa Rosa. Aunque Santa
116
Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomo III, vol. II, 121; ACC Sig.: 9432 (Col. E I-11ms), fls.
2r-2v.
117
Mantilla Ruíz, Los franciscanos en Colombia, tomo III, vol. II, 122.
69
Gertrudis no aparece relacionado en la visita de fray Jacinto Luengo, y estuvo a cargo del
En la visita efectuada por fray Juan Matud en 1770, el religioso informaba sobre los pueblos
que conformaban la misión en ese momento. El padre realizó un informe de la visita donde
relataba la ubicación de los pueblos, la distancia entre los mismos, la cantidad de indígenas
reducidos y los avances en la evangelización. Según su relación eran cinco pueblos en total,
tres en el río Putumayo y dos en el Caquetá: Santa María y San Francisco Solano. Matud
partió del pueblo de San Francisco Xavier de La Ceja -que era el pueblo de La Escala- con
El Pueblo esta cituado en una de las cabezeras de dos montañas, que dividen un río de suficiente
caudal, como quatro quartas distante; de una, y otra parte hay abundantes y frescos Pastos, los
Yndios tiene algunas pocas Bacas y Cavallos, sus principales cosechas son Mais, plantanos,
yucas, arracachas, crian animales de zerda, con abundancia, cosechan algun cacao, y caña de
Azucar, y se mantienen sin alguna escazes, con estos efectos, a que se añade la caza, y pesca,
El padre fue acompañado por cuatro indios desde el pueblo de La Ceja hasta el puerto
mencionado. En siete días, vencieron las dificultades del áspero tránsito de cuatro cordilleras
vestidas de montañas, aunque no muy espesas; pasaron a nado el río del Pescado, y el padre
en los hombros de uno de los indios pudo pasarlo. En ocho días llegaron al Puerto de Santa
María de Caquetá, en este pueblo, que operaba como puerto, encontraron al conversor fray
Simón Menéndez, preguntaron por la conversión y bautismos de los indios. Allí, el padre
había construido iglesia, habitación para tres religiosos con las oficinas correspondientes, y
118
ACC Sig.: 9054 (Col. E I-11ms) fl. 1v.
70
tenía una huerta sembrada de arroz, caña dulce y algunas medicinas. Se sorprendió el padre
Este Pueblo esta fundado sobre una Barranca del rio Kaqueta, en una llanura hermosa, que a
excepción de la tierra, que ocupa Pueblo y Chacras, toda esta rodeada de montaña vestida de
diferentes arboles ya fructíferos, ya infructíferos, que de una, y otra parte del rio forman la
Concluida su visita en este pueblo, continúo por dos días por agua y dos por tierra hasta
avistar el pueblo de La Purísima Concepción del Putumayo a cargo de fray Bonifacio del
Castillo, conocido por su celo apostólico y predicación. Este pueblo estaba compuesto por
hombres y mujeres sumaban 239 individuos. Se trataba de uno de los pueblos más antiguos
de la misión:
Tiene este Pueblo una Yglesia muy capaz, y decentemente adornada con tres Altares, esta
destinada para los religiosos es la mejor de las Missiones, por que se compone de quatro celdas
con cubierta, y piso de tabla; y otras quatro baxas, que sirven de oficinas, tiene una hermosa
huerta con diferentes arboles fructíferos cercada por la parte de Tierra con tapial, y por la otra
De este pueblo pasó a los de San Francisco y San Diego, se embarcó en un barquillo pequeño,
aguas arriba por el río Putumayo, a los tres días llegó a la misión. En este primer pueblo,
compuesto por ochenta y siete almas, halló al hermano lego fray Joseph Iglesias. Concluida
119
ACC Sig.: 9054 (Col. E I-11ms) fl. 2r.
120
ACC Sig.: 9054 (Col. E I-11ms) fl. 2v.
71
esta visita, continuó su camino hacia el pueblo de San Diego, donde llegaron a los tres días;
el conversor de este pueblo era fray Manuel Navarro, el pueblo estaba compuesto de 169
almas y junto con el de la Concepción era uno de los más antiguos, pero las pestes diezmaron
en dos oportunidades la población del mismo; ante esto, el conversor pidió autorización para
ingresar a la montaña a buscar infieles. Al despedir este pueblo, llegó hasta la boca del río
Caquetá, subió por este arriba hasta el pueblo de San Francisco Solano, cuyo conversor era
fray Joseph Hinestrosa, quien se encontraba muy enfermo y pedía licencia para salir al
colegio por su enfermedad. El pueblo era compuesto por ochenta y tres individuos. Matud,
denunciaba la falta de operarios que tenían las misiones para la fecha, pues debían ser doce
y sólo eran seis, situación que entorpecía la labor evangelizadora. Terminada la visita, el
sacerdote regresó al pueblo de La Ceja o “de salida de montaña (gracias al Altísimo sin
especial novedad en la salud) aunque acosado de algunos dolores, cansancio en viaje tan
prolijo y sin detenerme mas de dos días endereze el viaje a este Appostolico Colegio” 121 en
la ciudad de Popayán.
En el transcurso de una década, las misiones veían disminuidas sus fuerzas, pues el número
del Colegio de Misiones. A partir de la década del 70 del siglo XVIII, las misiones
comenzaron un período de decadencia del cual nunca se recuperaron, y que se debe en gran
Solo hasta el año de 1774, aparecen registros en las fuentes, de matrículas o padrones. Los
padrones cumplían la tarea de contabilizar los indios pertenecientes a cada pueblo, debían
121
ACC Sig.: 9054 (Col. E I-11ms) fl. 3r.
72
realizarse cada seis meses, y era uno de las obligaciones para poder justificar el cobro del
sínodo; estos padrones, eran realizados por los misioneros en los pueblos que tenían a su
cargo. Se trataba de una exigencia de los funcionarios del virreinato122, para conocer de
primera mano el funcionamiento de las misiones, puesto que la Corona llevaba cerca de dos
vivir en policía y bajo los preceptos de la doctrina cristiana finalmente podía tributar al rey.
Putumayo
Año de la
1774
1775
1777
1778
1779
1780
1783
1785
1786
1787
1789
1790
matrícula
124
Pueblos de
Indios
La
Purísima
261 317 317 322 90 72 83
Concepción
125
San
Francisco 59 55 70 55 49 34 38 49 67
Solano126
San
101 94
Francisco
122
ACC Sig.: 9381 (Col. E I-11ms).
123
Fuentes: ACC Sig.: 5371 (Col. E I-11ms); Sig.: 5401 (Col. E I-11ms); Sig.: 5475 (Col. E I-11ms); Sig.: 5654
(Col. E I-11ms); Sig.: 5670 (Col. E I-11ms); Sig.: 5790 (Col. E I-11ms), Sig.: 5856 (Col. E I-11ms); Sig.: 5791
(Col. E I-11ms); Sig.: 5867 (Col. E I-11ms); Sig.: 5920 (Col. E I-11ms); Sig.: 5962 (Col. E I-11ms); Sig.: 6006
(Col. E I-11ms); Sig.: 7105 (Col. E I-11ms); Sig.: 6297 (Col. E I-11ms).
124
Este padrón fue consultado en Arcila Robledo, Las misiones franciscanas, 336-337, debido a que el
documento que reposa en el Archivo Central del Cauca se encuentra deteriorado y era imposible leer el padrón
completo. La signatura del documento es 5371 (Col. E I-11ms).
125
El pueblo de la Purísima Concepción comprendía indios de diferentes naciones: encabellados, huaques o
morciélaga, senseguajes y macaguajes.
126
De indios huaques, sobre el río Orteguaza.
73
Año de la
1774
1775
1777
1778
1779
1780
1783
1785
1786
1787
1789
1790
matrícula
124
Pueblos de
Indios
de los
Amaguajes
San Diego
de
30 124 80 90
Putumayo
127
Nuestra
Señora de
184 80 162 155 155 159
los
Dolores128
San
Antonio de 82 143 93 94 107 87 94
los Mamos
San Joseph
del Río del 99 88 83
Pescado129
San
Francisco
198 242 235 297 301 214 259 260 245
Xavier de
La Ceja
San Miguel
de 98 86 86 82 70
Puicuinti130
Santa
Bárbara de
90 90 43
la
Bodoquera
San Joseph
de los 68 69 77
Canelos131
Nuestra
Señora de
las Gracias 170 180
del
Caguan132
Total de
indios 717 785 924 971 552 637 558 237 458 784 594 382
tasados
127
Compuesto por indios de nación encabellados y senseguajes.
128
Este pueblo contaba con la presencia de varias naciones, yurí, payaguajes, tamas, coreguajes y quiyoyas.
Fundado en las márgenes del río Caquetá.
129
El padrón de 1777 aparece con el nombre de San Juan Baptista del río del Pescado.
130
Este pueblo fue fundado sobre el río Orteguaza, y pertenecían a él varias naciones: payaguajes, tamas y
coreguajes.
131
Ubicado sobre el río Orteguaza, pertenecían a los indios de la nación de los andaquies.
132
Ubicado sobre el río Caguán. Pueblo de nación tama.
74
Este cuadro muestra la totalidad de indios tasados en los pueblos de misión en los que
operaron los franciscanos del Colegio de Misiones de Popayán, quienes, entre 1753 y 1790,
ríos Caquetá y Putumayo. Algunos documentos, donde se encontraban los padrones estaban
incompleta, se puede deducir que los años donde la misión alcanzó su máxima cantidad de
individuos, fue entre 1777 y 1778, llegando a contabilizar casi mil. Para los demás años, se
puede inferir que la media fue de quinientos individuos, cifras que dan muestra de lo tenues
que eran las misiones y del poco efecto que tenían sobre los dispersos pueblos indígenas. Los
últimos cuatro pueblos fueron fundados en el río Caquetá, a partir de 1785, esto posiblemente
se debe a que por cédula real se le ordenó a la orden franciscana abandonar las misiones en
De acuerdo al informe de fray Fermín Ibáñez, tres de estos ocho pueblos: el Caguán, San
por consiguiente, que para 1786, existían los pueblos de La Ceja, La Bodoquerita, Los
Concepción, San Antonio de los Mamos y San Diego”134. En 1790, las misiones abandonan
133
Llanos Vargas y Pineda Camacho, Etnohistoria del Gran Caquetá, 33.
134
ACC Sig.: 9391 (Col. E I-11ms) fl. 6v.
75
las misiones debido a una sublevación general de los indígenas en el Caquetá que ocasionaron
Los métodos y medios de evangelización empleados por los franciscanos en sus primeras
doctrinas, durante el siglo XVI, en el Caribe y Nueva España, sirvieron de laboratorio para
el resto de territorios descubiertos. Los recursos iniciales con los que contaron los misioneros
en las Indias fueron: replicar el modelo de Jesucristo y los apóstoles y la tradición misional
de las Órdenes religiosas136. Los franciscanos consideraron que estas nuevas tierras
presentaban la oportunidad propicia para replicar el modelo de los apóstoles, con el cual se
había difundido el cristianismo hacía 1500 años atrás. En el caso de la Nueva España, el
135
Los grupos indígenas que buscaban sujetar los españoles, para instaurar la fe católica y la vida civilizada
fueron descritos también por Agustín Codazzi a mediados del siglo XIX cuando visitó la zona. Codazzi, ubicó
las tribus de acuerdo al área geográfica en la cual se movilizaban. Para este ingeniero y militar entre los ríos
Yari, Caguán y Orteguaza se ubicaban los coreguajes y los tamas. Los coreguajes “van también sin vestido
usando el fono en forma de un ancho cinturón del cual pende el delantal, y sus mujeres enteramente desnudas
excepto las casadas que llevan por distintivo una concha de nácar por delante; son bien formados ágiles y buenos
bogas”, se dedicaban a la pesca y caza, dejando el cuidado del camp a las mujeres. Extraían cera blanca, “con
cuyo propósito se procuraban herramientas, chaquiras y espejos”. Los tamas compartían vestimenta con los
anteriores, eran pacíficos, cultivadores y simpatizaban con la pesca. Por otro lado, en la cordillera se
encontraban los andaquies, “viven en plena libertad, sin comercio con los demás indios, en la escabrosa
cordillera de los Andes entre las cabeceras de los dos ríos Fragua, el uno que cae al Orteguaza y el otro
directamente al Caquetá” al estar ubicados en la cordillera tenían un contacto regular con otros grupos humanos.
En los ríos Caquetá y Putumayo se ubicaban los macaguajes, los amaguajes y los guitotos o huitotos, conocidos
como los murciélagos. Los macaguajes, “esta tribu es de la nación de los Putumayos […] van cubiertos de una
túnica larga de majagua formada de la corteza del árbol semejante al higuerón, la tiñen de un color morado para
liberarse de los numerosos insectos que abundan en su territorio”, recogían cera y tejían hamacas para cambiar
por herramientas y chaquiras. Los amaguajes eran de la misma nación de los Putumayo, se dedicaban a la
agricultura y a coger zarzaparrilla y pequeñas cantidades de cera. Por último, los huitoto eran feroces, vivían
entre el Putumayo y el Caquetá. Ver: Camilo Domínguez Ossa y Augusto Gómez López (eds.), Geografía física
y política de la Confederación Granadina. Estado del Cauca. Territorio del Caquetá, obra dirigida por el
general Agustín Codazzi (Cali: Universidad del Valle, 1996), 166.
136
Pedro Borges, “La metodología misional americana”, en Historia de la Iglesia en Hispanoamérica y
Filipinas (siglos XV-XIX), obra de Pedro Borges et al. (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1992), vol. I,
497.
76
modo de vida de los indígenas y las condiciones culturales de los mismos, permitieron las
conversiones en masa.
Por otro lado, la tradición misionera que poseían los franciscanos fue construida gracias a la
experiencia evangelizadora realizada en “el Oriente europeo, Norte africano, Oriente asiático
próximo, y de manera más inmediata, en Canarias, Oriente Medio, Extremo Oriente y entre
lugares iniciales, durante la evangelización en las Indias, esta tradición misionera le permitió
continente138.
Pedro Borges, expone que los recursos metodológicos empleados por los misioneros en la
137
Ibid.
138
El historiador español Pedro Borges propone que los principios metodológicos básicos están agrupados en
distintas clases de métodos: en primer lugar, los métodos de preparación, los misioneros no dudaron de la
capacidad de los nativos para comprender la religión cristiana, pese a que consideraban que eran de cortedad
intelectual, sumado a esto el misionero debía persuadir al indígena que se debía hacer hombre, elevar su
condición humana. En segundo lugar, los métodos de difusión: consistían en agrupar a los indígenas en poblados
(reducciones) puesto que la dispersión demográfica y geográfica entorpecía la difusión de la nueva fe y esto
propiciaba que se conservara el culto prehispánico, además de difundir la idea de que el evangelio debía ser
predicado evangélicamente, es decir, aplicar los preceptos del evangelio en la vida cotidiana pese a los matices
de la realidad americana. En tercer lugar, los métodos de catequización: el esfuerzo de los evangelizadores por
aprender las lenguas indígenas y catequizarlos en ellas. Los misioneros buscaron que la interpretación del
evangelio fuera similar en los lugares que evangelizaban. En cuarto lugar, los métodos de persuasión: los
misioneros se cercioraron que los indígenas se hicieran cristianos voluntariamente, consideraron a los indígenas
de mentalidad infantil, inestables, tornadizos, volubles y desconfiados, por lo tanto la persuasión determinó la
evangelización. Por último, los españoles consideraban que su cultura era superior a la del indígena, esto hacia
que fuera vulnerable a los conquistadores corregidores, encomenderos y buscó defender y ayudar al indígena.
Ver: Borges, “La metodología misional americana”, 503-505.
139
Borges, “La metodología misional americana”, 498-502. Además de sus fortalezas y debilidades físicas y
síquicas, los misioneros se dedicaron no sólo a estudiar y conocer, sino también a escribir y compartir los
conocimientos que lograban obtener de las sociedades indígenas.
77
mentalidad, sistema económico laboral. La trasmisión de experiencias: este recurso
observación personal y directa del indígena, así como en la experiencia de los propios
misional: las órdenes religiosas elaboraron normas que rigieron la evangelización de los
indígenas: “las específicas de cada territorio, las propias de cada Orden y hasta de cada
provincia religiosa, las dictadas por las Juntas eclesiásticas, los Concilios provinciales y los
Sínodos diocesanos, y las decretadas por las autoridades civiles”142. Por último, Las obras de
metodología misional: las monografías escritas por los misioneros con el fin de compartir
específicos”143.
El siglo XVIII, dejó al descubierto dos puntos: el primero, que estos recursos metodológicos
fueron pensados a partir de la experiencia misional del siglo XVI y debían adaptarse a la
a sus estrategias de supervivencia y a las prácticas sociales de los mismos, puesto que se
140
Ibid., 499. Las experiencias entre misioneros que estaban en territorios indianos y los que se encontraban en
España, próximos a partir a América fueron compartidas con fluidez, dado que había un interés permanente por
compartir estas experiencias, formar a los futuros misioneros y cultivar el interés por evangelizar a los gentiles.
141
Ibid., 500.
142
Ibid.
143
Ibid., 502.
78
trataba de poblaciones nómadas que se movilizaban por el bosque tropical de acuerdo a las
Este proyecto estaba vinculado a la idea de expandir no sólo el cristianismo sino también la
frontera y la vida civilizada. Así mismo, motivó el desarrollo de un nuevo recurso, basado en
el amor y la bondad, “este nuevo recurso quizá era el reflejo de una sensibilidad ‘ilustrada’
hacía los indígenas, pero también era un hecho que los sacerdotes que carecían de poder de
coacción no tenían otra alternativa que confiar en el amor y la bondad para convencer a indios
a los que no podía forzar”144; sin embargo, pese a las buenas intenciones de los misioneros,
La estrategia inicial que empleaban los frailes misioneros, era desplazarse a los lugares donde
se encontraban los grupos indígenas y vivir con ellos, construir la Iglesia y aprender la lengua,
y que estos aprendieran el castellano. Los indígenas eran atraídos a través de los objetos
relacionados con la vida cotidiana y que les facilitaba el trabajo de recolección de frutos, tala
de árboles para elaborar canoas, pesca y caza de monos, iguanas y tapires. Además de la
Luego de aprender la lengua indígena, los misioneros celebraban misa, enseñaban la señal de
y el Avemaría.
acomoda, con la civilización por que corrigiendo esta las Barvaras costumbres, vios y orrores
144
Weber, Bárbaros, 152.
79
que ofuscan y obscurecen la razón tiene aquella menos obstáculos, que vencer para hacer
impresión en el alma145.
El proyecto fue también ambiguo, puesto que los frailes estaban pensando en el celo
misionero, pero cuestionaban su vida en las misiones y en las inconsistencias que éstas tenían
En este punto señor siempre que los misioneros hayan procurado de su parte instruirlos
todos los días con methodo, y modo proporcionado a la Capasidad de los Yndios, ni nadie los
puede pedir mas, ni ellos tienen otra cosa que hacer quedando inmunes de toda responsabilidad
para con Dios, y para con los hombres: Si los Yndios son unos hombres que viven peor que
Siguiendo este orden de ideas, los misioneros le recordaban al guardián de las misiones, cómo
las repetidas experiencias con la enseñanza e instrucción de los indios, les habían enseñado
que debían evitar abandonar la misión, pues ausentarse por poco tiempo, implicaba que
debían empezar a trabajar de nuevo en todo, puesto que rápidamente los indígenas lo
olvidaban todo147. Al respecto, Santa Gertrudis señalaba que los indígenas abrazaban con
Yo lo mejor que hallé es lo peor que allí hay, y es que como ellos viven sin idolatría, no hacen
repugnancia a la fe, y con facilidad la abrazan. Esto es lo mejor, porque no hay que batallar
145
ACC Sig.: 9391 (Col. E I-11ms) fl. 4v.
146
ACC Sig.: 9391 (Col. E I-11ms) fl. 4v.
147
ACC Sig.: 9391 (Col. E I-11ms) fl. 3r.
80
contra razones bárbaras; pero como con la misma facilidad que la toman, también con facilidad
la dejan, viene a ser lo mejor que en realidad es lo peor. Ellos no abrazan la fe por conocer que
aquello es la verdad y concentáneo a lo que dicta la luz natural, sino sólo porque así se lo dice
y enseña el Padre Conversor. Y eso por el interés de los donativos con que los regala de hachas,
Los indígenas reconocían que eran los misioneros quienes obsequiaban estos instrumentos,
y por eso hacían caso de lo que les enseñaban, pero cuando ya se agotaban, regresaban de
de trabajo a través de las herramientas (como el hacha y el machete), que si bien, buscaban
atraerlos a la evangelización también les estaba mostrando el uso de éstas para optimizar el
tiempo. Augusto Gómez, señala que las vías fluviales y terrestres que empleaban los
misioneros en el siglo XVIII para el comercio, tendrán “un nuevo contexto social y
fomentaron”149.
Como se señaló en el aparte sobre las rutas y el poblamiento, los caminos también eran rutas
material y la alimentación que se vivía en éstas. Ahora bien, la cultura material, se refiere a
los objetos de la vida material con los que el hombre establece una relación y que están en
148
Santa Gertrudis, Maravillas de la naturaleza, tomo I, 333-334.
149
Augusto Javier Gómez López, “Bienes, rutas y mercados (siglos XV-XIX). Las relaciones de intercambio
interétnico entre las tierras bajas de la Amazonia y las tierras altas de los Andes”, Revista de Antropología y
Arqueología (Bogotá: Universidad de los Andes, 1996), 72.
81
producción de las que hace parte. En ese orden de ideas, Arjun Appadurai150 menciona que
la cultura material es también la relación que se establece con las mercancías y las cosas.
Para el caso de estas misiones, la cultura material se puede observar en dos frentes, el primer
frente conformado por los bienes que consumían los misioneros, en términos de alimentación
y objetos, y los bienes que transportaban a las misiones con el fin de evangelizar y reducir
los indígenas en pueblos. El segundo frente está conformado por los bienes que consumían e
intercambiaban los grupos indígenas, así como también por los objetos de su cultura material.
civilidad: el vino, la carne, la harina, la cera de castilla para celebrar la misa y la sal 151 eran
los principales elementos que el misionero desplazaba en un primer momento, y que a través
del sínodo que también solicitaba, para no sentirse tan aislado de aquel grupo social al que
pertenecía. Estos elementos tuvieron unos efectos tenues en las poblaciones indígenas, salvo
la carne, pues como lo menciona Casa Aguilar, los misioneros se encargaron de introducir el
contundente tanto en el medio ambiente, por la huella ecológica que genera el pisoteo y el
pastizaje para alimentarse, la tala del bosque y un aumento y variación de las proteínas que
los indígenas consumían. En efecto, consumían proteínas suministradas por especies como
el mono, la danta, el cerdo de monte que vivían, y aún viven en estado salvaje, pero que al
150
Arjun Appadurai, La vida social de las cosas. Perspectiva cultural de las mercancías (México: Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes, Grijalbo, 1991).
151
ACC Sig.: 8946 (Col. E I-11ms) fl. 3v.
82
Entre los objetos que transportaban y que estaban en relación directa con el sostenimiento
del pueblo y que les eran atractivos se encontraban hachas, cascabeles, espejos, tijeras de
lienzos, escopetas, lienzo para los hábitos franciscanos, cuchillos, chaquiras, anzuelos,
cántaro de manteca, machetes, veneno152. Para las tareas de evangelización, los implementos
para la sagrada eucaristía: cáliz y paterna de plata, custodia de plata, incensario, plato de
además de diversas imágenes del santoral católico: Nuestra Señora de la Concepción, Nuestra
Señora de los Dolores, el Señor Crucificado, el Señor Resucitado, santos Ecce Homos153.
Las dinámicas de los pueblos indígenas junto con las particularidades geográficas de la zona
suficientes para que sus intenciones echaran raíces en el terreno, pues dependían también de
otras variables, como el apoyo por parte de los funcionarios de la Corona para el
y era la condición cultural de los indígenas donde sus prácticas y su hábitat incidían en su
152
ACC Sig.: 9386 (Col. E I-11ms) fls. 1r-2v; Sig.: 9510 (Col. E I-11ms) fl. 2r; Sig.: 8946 (Col. E I-11ms)
fl.14v.
153
Sig.: 9427 (Col. E I-11ms) fls.1r-2r.
83
Consideraciones finales
En el orden de los planteamientos de esta investigación, del modo como se desarrollaron las
misiones en los ríos Caquetá y Putumayo a cargo del Colegio de Misiones Nuestra Señora
En el caso de las misiones de los ríos Caquetá y Putumayo, la misión como institución civil
y religiosa, buscó por un lado, constituir el tejido social y ordenar las actividades de los
introducción de los hábitos y costumbres hispanos no fue una tarea fácil, puesto que la
sujeción de los indígenas fue intermitente durante las décadas de presencia franciscana en
estos ríos, lo que impide calcular el alcance del adoctrinamiento católico. Además, no
los modos de vida de los indígenas. Esta intermitencia en la cantidad y permanecía de frailes
dedicados a las misiones, generaba que éstas no lograran una consolidación en el medio
operarios no lograban que los indígenas se acomodaran a la vida sedentaria, a vivir al son de
de los indígenas -que impedía ser civilizado en su totalidad-, y al inestable flujo de operarios,
que mostró altas y bajas, durante todo el periodo de actividades del colegio. Muchos de los
frailes, por diversos motivos, sólo duraron un año o menos de un año en la misión, y en un
84
Los conversores presentaban continuas quejas al guardián del colegio, por la falta de
Además por las dificultades de la vida cotidiana: las temporadas de invierno y verano, la
escasez en los alimentos que los vinculaban con la “vida civilizada”: harina, carnes, sal, vino,
la precariedad con la que se levantaban los pueblos -pues los operarios vivían en unos ranchos
con suma incomodidad, miseria y escases-154, pese al ganado y a las sementeras, la ausencia
de la regla que exigía permanecer en la misión durante diez años y que a su vez le impedía
Para los frailes era un reto permanecer en la misión, pues se sentían alejados del mundo,
además ingresar o salir de la misión no era tan sencillo, dado que transitar el camino para el
El proyecto de evangelización empleado por los franciscanos no fue tan sólido como se pudo
haber esperado, dada la formación que recibían en los Colegios de Misiones, si bien
Propaganda Fide, y enseñaban la doctrina cristiana como lo exigían las bulas inocencianas,
no lograban sujetar y atraer a los indígenas como lo esperaban. Las “bujerías” que resultaban
ser herramientas o abalorios eran efectivas de manera temporal, las recibían, residían un
conversos de manera severa, lo que generaba desconfianza dentro los mismos pueblos.
154
ACC Sig.: 9391 (Col. E I-11ms), fl. 3r.
85
Asimismo, de acuerdo a los padrones, los pueblos no superaban mil indígenas a su haber lo
que da muestras del poco impacto que tenían los misioneros para atraer el interés de los
indígenas. Esto demuestra que se trataron de unas misiones con un bajo impacto, si se
compara con el impacto que generaron los jesuitas en Maynas o los mismos franciscanos en
la Baja California.
El flujo inestable de operarios también puede deberse a una incapacidad de los funcionarios
de la Corona por gestionar personal para estas misiones, que dado el lugar donde estaban
ubicadas era un baluarte de la Corona, al buscar detener el avance portugués hacia el noroeste
de la selva amazónica. En los inicios de la misión, hacia el año 1753, hay un interés de parte
del Colegio por proporcionar los bienes y los alimentos necesarios para poner en marcha las
misiones, pero este interés se va debilitando en la medida en que los años avanzan, los
mismos frailes deben financiar la compra de herramientas y abalorios para llevar a cabo sus
Las dificultades geográficas propias de la cordillera de los Andes y de la selva del Amazonas,
alrededor de 40 años. Los informes de los funcionarios demuestran el movimiento que tenían
conectado.
86
Mapas
Mapa 1
87
Mapa 2
88
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