PSICOLOGÍA DE LA INTERVENCIÓN COMUNITARIA
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA COMUNITARIA. ALGUNOS PRESUPUESTOS TEÓRICOS
TEMA 1. INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA
COMUNITARIA. ALGUNOS PRESUPUESTOS TEÓRICOS
1. DESARROLLOS SIGNIFICATIVOS EN PSICOLOGÍA COMUNITARIA
Hay diferentes formas de concebir la Psicología Comunitaria:
LA CORRIENTE NORTEAMERICANA
Al igual que en otros campos de la Psicología, lo que acontece en Estados Unidos tiene una transcendencia a nivel
mundial. En general, el contexto en el que los científicos y profesionales se movilizan para dar cuerpo a la Psicología
Comunitaria responde en parte a la transformación de los sistemas de salud norteamericanos en respuesta a las
prácticas de recuperación de salud en instituciones de orden asilar centradas en aspectos biomédicos en
contraposición a los psicosociales.
Dentro de los orígenes de la Psicología Comunitaria hay que destacar la conferencia de Swampscott en Boston en
1965, donde se define el concepto de Psicología Comunitaria en torno a la acción de psicólogos que serían: Agentes
de cambio, analistas del sistema social, consultores para los asuntos de la comunidad y estudiosos en general del
hombre completo en su relación con todo su ambiente.
Esta definición del psicólogo comunitario marca el inicio de un proceso de "formalización disciplinar" en el cual se
resalta la concepción del tratamiento como una actividad en y de la comunidad. La salud pasa a ser un asunto de
orden doméstico, y por tanto el profesional psicólogo debe vincularse con ese mundo. Por eso, la institucionalidad
profesional y académica norteamericana se moviliza en orden a establecer canales de comunicación y criterios de
calidad profesional que permitan dar respuesta al contexto social de creación de centros comunitarios, que atiendan
a las necesidades de la comunidad proveyendo un servicio más integral y completo.
Los principios conceptuales de la Psicología Comunitaria norteamericana son los siguientes:
a. La adopción de una perspectiva de corte ecológico, en la cual la conducta no se puede explicar sólo por factores
individuales, si no que requiere de una mirada que incorpore elementos ambientales, culturales, históricos y
contextuales. Esto, en sentido estricto, supone que "el psicólogo debe buscar las causas de la conducta en
diferentes niveles que no siempre son individuales" abriendo la puerta al análisis colectivo y cultural como parte
del quehacer comunitario.
b. La búsqueda del cambio en el sistema social, y siendo coherentes con lo anterior, debe reconocerse que el
cambio personal no siempre implica un cambio colectivo, ya que una transformación social debe consistir en la
adopción de una conducta o actitud determinada por parte de la comunidad.
c. la importancia de la prevención sobre las intervenciones curativas. Dentro de este principio se resalta el
tratamiento en torno a la minimización de las consecuencias de la enfermedad, proveyendo al individuo de las
suficientes oportunidades para evitar el sufrimiento y el conflicto, y hacia la reducción de la prevalencia de las
enfermedades por medio de esfuerzos coordinados a partir de una adecuada detección inicial e intervención
rápida.
d. Priorizar la intervención en crisis, es decir, la acción directa allí y con quienes la problemática se desencadena -
aunque crisis no siempre implique algo negativo, si no, más bien un evento significativo para una o varias
personas.
e. Debe fomentarse el sentido de comunidad, y operar sobre ella apuntando al fortalecimiento de la capacidad de
una comunidad o grupo para plantear y crear su propio cambio.
LA CORRIENTE LATINOAMERICANA
Uno de los textos que ha tenido mayor impacto en esta corriente se denomina “Vidas paralelas: Psicología
Comunitaria en Latinoamérica y en Estados Unidos”, de la psicóloga venezolana Maritza Montero, donde se destacan
dos elementos relevantes:
MARTA DUEÑAS PACO 1
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El primero, de carácter explícito, consiste en establecer una distinción entre los desarrollo que acontecen en cada
sector continental (norteamericano y latinoamericano).
El segundo, de carácter implícito, la comparación, como forma de establecer el “desarrollo”, las aportaciones y
los avances de lo comunitario en este gran lado de la frontera.
Al contrario de lo que sucedió en Estados Unidos el movimiento comunitario en Latinoamérica surgió en las Ciencias
Sociales y en particular en la Psicología Social.
En este sentido, a finales de los años 60 surge un movimiento eclesiástico denominado teología de la liberación, que
reacciona ante la opresión política y se pone de parte de los pobres y oprimidos, haciendo énfasis en la participación
activa para hacer frente a la opresión y dirigirse hacia la liberación.
Posteriormente, a principios de los 70 es cuando empieza a sistematizarse en diversos países de América Latina una
organización comunitaria encaminada a promover la autogestión, a través de la cual las personas deben comenzar a
ser responsables de sus vidas y a estar más implicadas con la comunidad con el fin de conseguir un cambio social.
Además, se acuña el término de Psicología Social Comunitaria, que tiene como objetivos específicos:
Hacer uso de las teorías válidas en Psicología Social para resolver problemas específicos y concretos de las
comunidades.
Promover el cambio social planificado desde la perspectiva socio-psicológica.
Otra de sus características distintivas es su crítica a los modelos experimentales, haciendo énfasis en la investigación
y evaluación para el desarrollo de la teoría, a la vez que promueve la participación activa de la comunidad en
proyectos para su propio desarrollo, así su principal método consiste en identificar necesidades, ejecutar
intervenciones participativas y evaluar resultados.
2. MARCOS TEÓRICOS DESDE UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA
La Psicología Comunitaria a través de sus corrientes teóricas, posee orientaciones generales sobre el trabajo
comunitario, conceptos operativos y relaciones teóricas entre los mismos, a las que se suman varias acepciones de
comunidad, las que muchas veces se superponen, reagrupándose bajo diferentes modelos, grados de aceptación
entre los profesionales, además de estar en permanente cambio, debido a su fuerte nexo con otras formas de trabajo
psicológico.
Es por ese motivo que no existe acuerdo absoluto respecto al significado y validez real de "marco teórico", "modelo
teórico" y "marco conceptual". No obstante, una conceptualización ampliamente extendida es la que desarrollan
lrma Serrano-García y Sonia Álvarez quienes definen un marco conceptual como un conjunto de premisas básicas y
valorativas, conceptos fundamentales, y desarrollos metodológicos -tanto de intervención como de investigación-
que dan origen y orientan a una forma de hacer Psicología Comunitaria. Es decir, bajo estos parámetros, pueden
identificarse con relativa claridad modelos, enfoques u orientaciones diferenciadas dentro de la Psicología
Comunitaria, que pueden convivir en un período de tiempo dado.
2.1. Marco de Psicología Clínica Comunitaria
En este marco es posible distinguir tres modelos diferentes, los cuales comparten un núcleo en común: el énfasis
en la salud mental.
Es importante señalar, que aunque el concepto haga relación a la salud mental y esta esté asociada a los servicios
profesionales de salud, lo cierto es que en Psicología Comunitaria nos referimos a la práctica que lo aplica en
diversos ámbitos a través de modelos operativos. Puede tratarse de cuidado de enfermos, recuperación de
adicciones, manejo de la ansiedad en contextos de crisis, propuestas de desarrollo cultural en barrios, etc.
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MODELO DE SALUD MENTAL COMUNITARIO
El primer modelo corresponde al enfoque de salud mental en el plano de intervenciones de la comunidad. Esto
último es entendido como una crítica a la forma tradicional de operar de los servicios de salud, en torno a dos
postulados:
Crítica a las definiciones de enfermedad mental como entidad intrapsíquica, haciendo énfasis en el plano social
para evaluar el origen del problema, al mismo tiempo que intenta ser equitativa en la distribución de recursos
Entendiendo a la comunidad, fundamentalmente como una red de relaciones interpersonales
De esta forma, los principales métodos utilizados en este modelo son:
La intervención en crisis
La terapia breve
La consulta en salud mental
Los principales elementos conceptuales que se rescatan de esta propuesta son:
Salud mental positiva: Entendiendo esta no sólo como la definición de salud como “inexistencia de
enfermedad” sino como una orientación al desarrollo de la misma.
Énfasis preventivo y promociona: Entendiéndolo como una orientación en torno a la adopción de perspectivas
integrales, que involucren nuevas formas de accionar.
MODELO CONDUCTUAL-COMUNITARIO
El énfasis principal de este modelo es conseguir cambios duraderos a nivel conductual en individuos y colectivos,
erradicando prácticas inadecuadas, e instalando otras más adaptativas, a través de estrategias operantes de
autocontrol y de aprendizaje social. Esto implica, además, la inclusión en los programas que siguen la orientación
de no-profesionales, dando paso a nuevas formas de intervención comunitaria en torno a la salud. Se reúne,
entonces, el énfasis a nivel individual con un enfoque analítico e interventivo de corte comunitario. Esto, a su vez
implica complicaciones evidentes -y reducción de la eficacia pues no siempre el comportamiento de uno es el
comportamiento del grupo, lo que da pie a pensar que este modelo se desarrolla más bien dentro del plano del
cambio individual -y microgrupal- dejando el plano propiamente social reducido a un sumatorio de cambios
personales. Es decir, si los individuos se adaptan, el colectivo también.
MODELO DE ESTRÉS PSICOSOCIAL
Bárbara Dohrenwend (1978) destaca que, en el fondo, todas las intervenciones comunitarias estarían enfocadas a
"socavar el proceso mediante el cual el estrés psicosocial genera la patología, sea de salud mental o social, pero
dada la complejidad de este proceso puede ser abordado en puntos muy diferentes y esto explica las diferencias
entre las actividades desarrolladas por los psicólogos comunitarios". La dinámica del estrés psicosocial se inicia con
un evento que produce una reacción transitoria, cuyo efecto varía según la persona o las condiciones ambientales,
pudiendo mantenerse este efecto por causas secundarias, resaltando la importancia de lo que ocurre
posteriormente. De esta forma se amplía el foco sobre los aspectos contextuales que rodean al individuo,
permitiendo así mismo una reconceptualización de la acción del mismo en torno a los eventos que le ocurren, o
que podrían llegar a ocurrir.
El supuesto de base es que una persona con limitados recursos materiales y económicos, producto de una vida
estresante, obtiene peores resultados que otra con recursos adecuados, pudiendo incluirse además, el "apoyo
social" y las "estrategias de afrontamiento" que la persona adopte frente a sus dificultades. De esta forma son tres
los escenarios posibles para una persona frente a esas circunstancias:
crecer psicológicamente como resultado de una evaluación positiva de su experiencia
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ningún cambio psicológico sustancial
desarrollar una psicopatología, de carácter disfuncional, persistente y probablemente auto mantenida
La intervención, por lo tanto, implica los diferentes elementos mencionados en torno a una evaluación situacional
de los recursos de la persona y su entorno social y material. Por esto, se prioriza la intervención en crisis, pues
supone un corte en el proceso transitorio de estrés psicosocial, lo que a su vez permite optimizar mejor los
esfuerzos profesionales en torno al problema.
Otras formas indirectas de trabajo son, de la misma manera que para el estrés propiamente tal, el mejor uso del
tiempo libre, la mejora de las condiciones de vida en general, las posibilidades de empleo e integración social,
etcétera. Lo anterior, implica, al mismo tiempo, una involucración del profesional en un campo de trabajo político,
lo que redimensiona la concepción de unidad de la Psicología Comunitaria. Por último, el mayor reconocimiento
que este modelo es que unifica los factores personales y ambientales que inciden en la conducta, siendo su principal
deficiencia, la dificultad que dicha unificación tiene para incorporar elementos estructurales y macrosociales que
determinan la vida de las personas.
2.2. El marco organizacional
El marco organizacional describe a la comunidad como un conjunto de organizaciones, que interactúan para
conseguir metas. En general, se acepta además que el ser humano puede estar motivado hacia la (auto) realización,
el desarrollo de sus potencialidades y el crecimiento personal. La socialización es un punto importante; las normas
y valores sociales son transmitidos a las personas a través de las organizaciones con las que se relacionan y
participan, regulando -y dando sentido- a los comportamientos de cada particular. De esta forma, los problemas
que las organizaciones tienen son problemas de relaciones humanas, los que deben ser tratados como tales,
intentando redistribuir el poder dentro de la organización. Esa redistribución debe estar acompañada por un
trabajo cooperativo, que, a la vez que permite conseguir metas, ayuda a la realización y desarrollo de las personas.
Por lo tanto, la comunicación eficiente es un elemento fundamental: A mayor y mejor comunicación, mayores
posibilidades de acceder a la consecución de metas.
La principal característica de este marco es la de proveer una base operativa de trabajo, a partir de las definiciones
de organización y foco en las relaciones, permitiendo el desarrollo de constructos y conceptos más allá de un nivel
de análisis individual. Lo anterior ha permitido una amplia utilización en torno a trabajo con comunidades en un
sentido diferente al que suele dársele, pues reconceptualiza el campo de aplicación al plano de las relaciones entre
organizaciones. Sin embargo esto plantea algunos problemas, pues el énfasis en la eficacia de las organizaciones
contradice, en parte, una de las características más reconocidas y aceptadas en torno a la Psicología Comunitaria:
La opción por el bienestar de las de las personas.
Además, es factible establecer diferencias entre los modelos que se encuadran en este marco teórico. Así, hay
modelos que están más centrados en los individuos y otros que se centran más en las dinámicas relacionales que
establecen los límites y funciones dentro de la organización.
Al mismo tiempo, la noción misma de organización se refiere al orden más que a una forma precisa, cerrada sobre
límites claros y definidos explícitamente. En la actualidad, sirviéndose del análisis de sistemas sociales, muchas de
las prácticas de este marco conceptual han derivado en análisis de redes sociales. Estos análisis han sido utilizados
con mayor frecuencia para referir lo que la sociología moderna ha llamado "nuevos movimientos sociales", es decir
movilizaciones de actores sociales diversos que se destacan por tener marcos ideológicos de peso y por utilizar
diversas estrategias mediáticas para movilizar el interés y comúnmente la indignación.
2.3. Marco ecológico
La premisa fundamental de este marco es el reconocimiento de la influencia de las variables físicas y sociales en el
comportamiento de las personas. El individuo y su entorno son unidades de funcionamiento, conformando
sistemas en cambio continúo, a partir de cinco principios que orientan la intervención:
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Principio de interdependencia: los componentes de la unidad social (ambiente-personas) son
interdependientes. El modificar uno supone alterar al otro, estableciendo un nuevo "flujo" entre ambos.
Principio de adaptación: los organismos (personas) varían sus conductas en función de los recursos disponibles,
lo que determina que debe buscarse la congruencia entre las capacidades de las personas y su entorno, tanto
social, como material.
Principio de sucesión (o evolución): la comunidad -y su ambiente- está en continuo cambio, por lo que debe
analizarse longitudinalmente a partir de la historia acumulada para intervenir y evaluar resultados a largo plazo.
Esto tiene una implicación fundamental, pues una variación producto de la intervención puede provocar
beneficios en una comunidad pero desfavorecer a otras. De esta forma, el principio orienta la acción, al mismo
tiempo, hacia la utilización alternativa de las posibilidades que proveen los recursos, intentando mantener la
homeostasis -el equilibrio- entre las poblaciones.
Principio de recursos cíclicos (o de reutilización de recursos): que implica que el uso y procesamiento de
recursos depende de cómo cambien las demandas del problema y la percepción del mismo, pudiendo
reutilizarlos según sean las condiciones.
Este marco ha logrado amplia difusión en el campo de la Psicología Comunitaria. Es considerado como una
perspectiva aplicada que permite entender globalmente el dinamismo que ha logrado la Psicología Comunitaria al
adoptarlo en sus prácticas, estableciéndose como un plano sobre el que se adecuan otros marcos.
El marco ecológico supone algunos elementos significativos a tener presente en la práctica. A saber; que los
problemas surgen en un entorno que ayuda a desencadenar, mantener, incrementar o reducir su incidencia. Por lo
tanto, una labor fundamental al plantear el trabajo comunitario es la localización adecuada de la manifestación del
problema y de su impacto –centrándose en el entorno que los individuos indican como problemático. Por lo mismo,
los objetivos deben ser consistentes con los valores y objetivos del entorno, pues de esto depende la posibilidad
del cambio y del impacto esperado. Además, una intervención adecuada proporciona las bases para que la
comunidad se desarrolle de forma autónoma a partir de sus propios recursos -y de la generación de otros a partir
de esos-, ya que el supuesto es que los organismos se desarrollan y varían sus conductas en función de los recursos
disponibles.
2.4. Marco transaccional
Este marco puede entenderse como una ampliación del marco ecológico integrando principios de la Psicología
Evolutiva. El objeto de la Psicología Comunitaria que sigue este marco es "la compresión de la disfunción y la salud
emocional y conductual de las personas que se desenvuelven en escenarios físicos, psicosociales y políticos",
permitiendo así comprender como se desarrollan determinados estados emocionales y patrones conductuales, al
mismo tiempo que sienta las bases para su modificación o prevención. Los principios de este marco pueden
resumirse de la siguiente forma:
Holismo, es decir, la afirmación de que las partes no pueden ser estudiadas independientemente de un todo.
Directividad, en tanto los sucesos que ocurren en una comunidad están determinados por las características y
experiencias presentes y pasadas de los miembros de la misma y su entorno. Esto implica que lo que ocurre se
conceptualiza como un proceso, que debe ser adoptado en el análisis del campo de trabajo.
Se deben diferenciar los medios de los fines de una comunidad, al analizar las comunidades para intervenir en
ellas ha de tenerse en cuenta que estas se orientan sobre objetivos específicos, los que dan carácter y
particularidad a las mismas. De esta forma, el proceso mediante el cual se desarrolla la intervención implica,
necesariamente, una flexibilización y modificación de algunos de esos objetivos para adaptarse a las
circunstancias concretas y así poder concretar los fines esperados para con la intervención.
Se debe insistir en la movilidad de las funciones conductuales. En el transcurrir de su evolución las comunidades
van incrementando su amplitud y diversidad de respuestas frente al medio, lo que significa que cada miembro
y grupo de la comunidad posee un cumulo de estrategias para resolver las demandas que se le plantean (o que,
directamente, él mismo se plantea). Esto implica, entonces, que ese conjunto de conocimientos y prácticas
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acumulado puede ser reutilizado, independientemente de que el contexto en el que han sido desarrolladas
cambie, haciendo necesaria una readaptación a las nuevas circunstancias.
Continuidad y cambio. Cada cambio supone una modificación, en algún grado de importancia e impacto en
grupos, individuos, o en toda la comunidad. Por lo mismo, dichos cambios suponen un continuo, en donde las
estrategias a seguir cobran sentido y relevancia, permitiendo además, el uso de metodologías de medición e
identificación de los mismos.
Una de las principales áreas de aplicación de este marco es la prevención, especialmente respecto de conductas
"no deseables", pues permite definir formas adecuadas de intervención a partir de la identificación y sistemática
manipulación de procesos desarrollados con respecto a la desadaptación o adaptación de una determinada
comunidad. Así, son condiciones de este marco que:
1. se desarrollen métodos efectivos para monitorear las relaciones individuo-contexto
2. validando los factores de riesgo y las conductas precursoras de los mismos
3. a partir del establecimiento de criterios de riesgo adecuados en grupos y subgrupos, que además permitan
evaluar su desarrollo a través del tiempo, lo que requiere de un marco temporal de la etiología del desorden
que se desea prevenir.
2.5. Marco de acción o cambio social
A este marco corresponde un conjunto de teorizaciones que no comparten supuestos teóricos que permiten
afirmar una cierta relación de unidad. El denominador común, si antes fue el énfasis en la reconceptualización de
la salud mental, ahora lo es respeto de la necesidad de contar con enfoques en torno a problemas sociales que
incidan en la vida de las personas en comunidades, bajo el supuesto de que, en diversos aspectos, dichos problemas
guardan relaciones entre sí, apuntando la causa última a la estructura social dominante. Esto supone, en un primer
momento, que los servicios y respuestas actuales frente a dichas problemáticas son ineficientes frente a las
necesidades que dichos problemas plantean.
Este marco critica las posibilidades que la Psicología clásica tiene para explicar problemáticas que rebasan el campo
de lo intrapsíquico, o de "lo psicológico", pues su enfoque no está orientado hacia la comprensión de los problemas
reales con los que se enfrenta la sociedad, intentando producir un marco (o un conjunto de marcos) que permitan
entender cómo los sistemas sociales producen reacciones psicológicas, y que, al mismo tiempo, posibilite
establecer una forma de intervención sobre dicha relación. En este sentido este marco resalta la necesidad de
devolverle a grupos deprivados, el sentimiento de autodeterminación, ya que el principal efecto de las relaciones
de estos grupos con la estructura social es un sentimiento de impotencia o indefensión comunitaria que impide la
posibilidad de desarrollo y de enfrentar los problemas que se le presentan cotidianamente. Es claro, además, que
de preferencia este marco, al definir su grupo objetivo como "deprivado" opta por intervenir en comunidades cuya
condición de vida es genéricamente entendida como "pobre", o bien durante el último tiempo como "vulnerable"
o "carenciado".
Existen algunos elementos en común a todas estas visiones que mencionamos a continuación:
El énfasis durante la intervención en la participación de los miembros de la comunidad, más que una estrategia
para mejorar la efectividad en la relación de implicación de la comunidad con sus problemas cotidianos, es
esencialmente una forma de redistribuir el poder, tanto dentro de la comunidad como respecto de las relaciones
que la misma tiene con su entorno social. Esto implica, evidentemente, que si bien existe un profesional,
diferente del miembro de la comunidad, su trabajo es cooperativo con el proceso participativo que debe gestar
y favorecer dentro de la comunidad. Esta participación implica, además, que es la cultura y la historia la que se
influye en el proceso de trabajo.
Se priorizan dos líneas de intervención paralelas, que se superponen a la hora de la implementación,
complementándose en la lectura que el profesional (y la comunidad) hace del proceso:
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La primera supone un trabajo de reflexión, en donde se ponen en tela de juicio algunos de los supuestos que
fundamentan la acción del colectivo frente al abordaje de su problemática, estableciendo alternativas
posibles a la acción.
La segunda línea supone la generación y reformulación de habilidades, conocimientos y prácticas adecuadas
a la situación.
En general, y a partir de lo anterior, se utilizan paraprofesionales para fomentar el desarrollo comunitario. Parte
de este proceso se conoce como "Investigación-Acción", que orienta el camino a seguir durante la intervención,
permitiendo una explicación del proceso, y en la que la misma comunidad se compenetra en la posibilidad del
cambio responsabilizándose, en parte, del proceso.
La Investigación Acción Participativa (IAP) tiene sus orígenes en el trabajo pionero de Kurt Lewin. El método de
Lewin partía de la teoría psicosocial y proponía combinar teoría y práctica en la investigación-acción a través del
análisis del contexto, la categorización de prioridades y la evaluación.
La estrategia de la IAP parte de los siguientes supuestos:
Los seres humanos son los constructores de la realidad en que viven
Una comunidad tiene un desarrollo histórico y cultural previo a la intervención psicológica
La investigación, como toda actividad científica, está anclada espacial y temporalmente
Las relaciones entre sujetos externos e internos a la comunidad deben ser horizontales
Toda comunidad posee recursos para llevar a cabo su proceso de transformación
No sólo es posible, sino deseable, combinan diferentes formas metodológicas
A nivel de metodologías, es evidente que se presta atención a las necesidades y a cómo se involucra la
comunidad en la intervención, pues la toma de conciencia crítica de la situación es el elemento clave,
permitiendo además, independencia del equipo interventor en su desarrollo futuro.
Dado el énfasis en la reconceptualización de los fenómenos por parte de la comunidad, le ha dado a la práctica
derivada de este marco un carácter fundamentalmente político, muchas veces no diferenciando la función del
profesional como psicólogo o como militante.
Por lo mismo, y en la medida de que el clima político y social ha disminuido la efervescencia de décadas pasadas,
el apoyo directo de este marco ha ido en descenso, priorizándose al rescate algunos de sus presupuestos,
fundamentalmente aquellos que permiten una lectura de cómo el proceso participativo se articula con la estructura
social, pero se han desechado otros, como el énfasis en la libertad de acción de la propia comunidad.
2.6. Características en común de los diferentes marcos teóricos
1. Contexto y ecología.
2. Las relaciones recíprocas entre el individuo y el sistema social o ambiental.
3. La dimensión temporal.
4. La directividad de los sucesos.
5. El conocimiento como fenómeno construido.
6. Las interrelaciones entre el observador y el observado.
7. La subjetividad y la perspectiva de los grupos implicados.
8. La investigación-acción.
9. La fiabilidad de las observaciones.
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