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Reflexiones sobre la Resurrección

El documento resume tres textos relacionados con la Pascua de Resurrección. El primer texto describe la decepción de los seguidores de Jesús tras su muerte en la cruz y el triunfo de los que creyeron en él como Dios tras su resurrección. El segundo texto compara la resurrección de Cristo no como una fiesta sino como el misterio que fundamenta nuestra existencia. El tercer texto es una oración que ofrece la vida al Señor Jesús.

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Reflexiones sobre la Resurrección

El documento resume tres textos relacionados con la Pascua de Resurrección. El primer texto describe la decepción de los seguidores de Jesús tras su muerte en la cruz y el triunfo de los que creyeron en él como Dios tras su resurrección. El segundo texto compara la resurrección de Cristo no como una fiesta sino como el misterio que fundamenta nuestra existencia. El tercer texto es una oración que ofrece la vida al Señor Jesús.

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Domingo de Pascua de Resurrección • 9 de abril de 2023 • www.hoac.

es

Me dispongo a la oración con estos textos

“ Los que veían a Cristo el Hombre que sembraba el bien por donde iba, los que esperaban
al Rey que restituiría el arrebatado cetro de Israel, el Rey que liberaría al pueblo del yugo
romano y repartiría enchufes a sus seguidores, se han llevado el mayor de los desengaños
con el aparente fracaso de Cristo en la Cruz.
Pero aquellos que han creído en Él, y le siguieron en cuanto Dios, han visto el mayor de los
triunfos en la Resurrección.
–Guillermo Rovirosa, O.C. TV, 277

“ La Resurrección de Cristo no es una fiesta con muchas flores. Esto es bonito, pero no es
esto, es más; es el misterio de la piedra descartada que termina siendo el fundamento de
nuestra existencia. Cristo ha resucitado, esto significa. En esta cultura del descarte donde
eso que no sirve toma el camino del usar y tirar, donde lo que no sirve es descartado, esa
piedra –Jesús– es descartada y es fuente de vida.
–Francisco, Homilía Domingo Resurrección, 2017

Acojo la presencia de Dios y me sitúo en la vida

Las mujeres de la resurrección


Todavía la mañana
no había dicho una palabra,
y un silencio claro
arropaba toda vida.
Ningún deslumbre
entornaba los ojos,
ninguna estridencia
irritaba la escucha,
ninguna brisa
enturbiaba los perfiles.

Se asomaba el día
con rubor virginal
cuando las mujeres de Galilea
llegaron al sepulcro.
Buscaban ungir el cuerpo
con el más tierno perfume
de su esperanza macerada.
¿Era solo la certeza
del amigo muerto Habían perdido el tesoro
lo que las llevaba y eran tan débiles y pobres
hasta la tumba? que ya solo podían avanzar
desde más allá de sí mismas.
¡El amor hunde sus raíces
en el misterio siempre vivo!
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Domingo de Pascua de Resurrección • 9 de abril de 2023 • www.hoac.es

La piedra uncida a la muerte


por los sellos imperiales
había sido robada.
En lo oscuro de la tumba
se encendió una pregunta,
se iluminó una certeza,
se insinuó una presencia.
La noticia empezó
a buscar sus palabras
mientras corrían las mujeres
sin lastre de tristeza
en la piel de sus sandalias.

Jesús ya no está
en el sepulcro de piedra.
Hay que buscarlo
en la noche rota,
en la sorpresa del alba,
en el pueblo atravesado,
en las manos horadadas,
en la paz y la alegría,
en los nombres que amamos,
en los ojos que nos aman.

¡Hay que esperarlo


con toda la búsqueda del alma!

(Benjamín González Buelta, sj)

Hoy me dice LA PALABRA…

Juan 20, 1-9: María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba
oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro
discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dón-
de lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo
corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos ten-
didos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos
tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un
sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio
y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre
los muertos.
Palabra del Señor

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Domingo de Pascua de Resurrección • 9 de abril de 2023 • www.hoac.es

Acojo la Palabra en mi vida

Jesús ya no está en el sepulcro de piedra. Hay que buscarlo en la noche rota, en la sorpresa
del alba, en el pueblo atravesado, en las manos horadadas, en la paz y la alegría, en los nom-
bres que amamos, en los ojos que nos aman.

¡Hay que esperarlo con toda la búsqueda del alma!

Con esta oración hemos comenzado a vivir la Resurrección. El crucificado ha resucitado,


¡vive! Como las mujeres, empujadas por el amor, habremos de madrugar para correr a los
sepulcros que estarán vacíos. Habremos de buscar al Resucitado que recorre nuestra vida.
Habremos de regresar a los que fueron lugares de muerte para descubrirle vivo y presente
en ellos, para rehacer la vida en resurrección. Ayer contemplábamos la cruz, y hemos pasado
por el silencio más absoluto. Y, contra toda esperanza, la Vida vuelve a ser más fuerte que la
muerte. La muerte no es final ni palabra última o definitiva. La muerte nos convoca a esperar
y a anunciar la Vida. A descubrir cómo se abre paso con fuerza contra toda muerte.

Dios no es ajeno a nuestra historia humana, que con Él se transforma en historia de salvación.
Con Él los sepulcros se vacían, los lugares de muerte se abren a la esperanza, las tinieblas se
rompen con la luz que las atraviesa. Las luchas vuelven a recobrar sentido. La siembra de la
propia vida por amor vuelve a fructificar en una red de lazos fraternos tejidos día a día.

Se nos convoca de nuevo a la Vida: a la mesa fraterna, a la mesa de la Eucaristía, a la mesa


en la que compartir el pan nos permite reconocer al Resucitado presente en la existencia
humana, compañero de camino, capaz de rehacer nuestras fuerzas, nuestra ilusión, nuestra
esperanza. Capaz de dar impulso nuevo a nuestros compromisos. Se nos convoca de nuevo
a la calle, a la tarea, al encuentro.

Merece la pena el camino, la cruz, la espera junto al sepulcro, la confianza en el amor. Dios
es fiel.

Por eso hoy todo ha de ser distinto. Nosotros hemos de serlo. Como hombres y mujeres re-
sucitados tenemos un mensaje que anunciar con nuestra vida en los lugares de muerte que
hemos atravesado: Está vivo, y la última y definitiva palabra es la del Amor que vence a la
muerte. Nuestras hermanas y hermanos necesitan escuchar este anuncio y necesitan sentir
la fuerza de la Resurrección -de la que somos portadores- en su propia existencia.

Sigamos derribando muros de tanto sepulcro que nos atrapa, sigamos tendiendo puentes que
hagan posible el encuentro en la fraternidad.

Esta Pascua, que me convoca a la vida, me llama a poner a punto mi proyecto, a hacerlo en
clave de resurrección y esperanza. ¿Qué pasos he de ir dando para vivirlo así?

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Vuelvo a poner mi vida en manos del Padre

Se quedaron sin habla… pero llevadas de su amor se abrazaron a tus pies. ¡Todo tan
sencillo, tan entrañable! Señor, quisiera encontrarte entre los crucificados y los sepul-
cros que hemos excavado entre todos para ellos. No sé si estoy suficientemente cerca
de tanto dolor y de tanto fracaso. Me da miedo acercarme demasiado a ellos y por eso
envidio a aquellas mujeres que supieron estar cerca de tu cruz. Sé que por eso fueron
las primeras en recibir el don de tu alegría y el don de tu paz. Quisiera escuchar tam-
bién esas palabras de tus labios: «alégrate, no tengas miedo»… si dejas que trabaje en
ti mi Espíritu, recibirás el don de compartir la cruz con los crucificados de este mundo,
y esa alegría nada ni nadie te la podrá arrebatar: tú serás portador de paz, de alegría,
de compasión, y la gente sabrá que yo, el Señor, soy el Viviente que da vida y transfor-
ma la muerte y los sepulcros en nueva vida. Señor, dame tu paz y hazme portador de
tu consuelo para que pueda contagiar la alegría de tu Resurrección.

(Pep Baquer, SJ)

Termino ofreciendo toda mi vida a Jesús

Señor, Jesús, te ofrecemos, todo el día,


nuestro trabajo, nuestras luchas,
nuestras alegrías y nuestras penas…

Concédenos,
como a todos nuestros hermanos de trabajo,
pensar como Tú, trabajar contigo, y vivir en Ti…

María, madre de los pobres, ruega por nosotros.

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