La verdad como bien humano debido
Susana Mosquera Monelos
Luis Castillo Córdova
Resumen:
Desde la naturaleza de la persona es posible sostener a la verdad como un bien hu-
mano que satisface una necesidad humana, y que al hacerlo favorece la realización
de la persona. Desde la dignidad humana es posible sostener que ese bien humano
es adeudado a la persona por valer como fin supremo. De modo que la verdad será
considerada como un bien humano debido, es decir, como un derecho humano. Este
derecho es reconocido en el ámbito internacional, tanto universal como regional; así
como en el ámbito nacional. Desde estos ámbitos se define el contenido esencial del
derecho a la verdad, tanto en su dimensión subjetiva como en la objetiva.
Palabras clave:
Derecho Humano, naturaleza humana, dignidad humana, verdad, Tribunal Euro-
peo de Derechos Humanos, Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Abstract:
Taking into account the human being nature, it is possible to sustain that truth is a
human good supporting a human need, and by doing so can improve human self-
realization. Using human dignity it is possible to sustain that such a human good is
adequate to human being because it has a supreme value. So, truth will be considerate
as due human good, that is, as a human right. Such a right is recognized at interna-
tional, universal and regional, level; as far as at domestic level. Those contexts will be
use to define the right to truth essential contents, at its both, subjective and objective
dimensions.
Keywords:
Human Rights, Human Nature, Human Dignity, Truth, European Court of Human
Rights, Inter-American Court of Human Rights.
DATOS DEL ARTÍCULO:
Recepción: 3 de abril de 2018 || Aprobación: 21 de mayo de 2018
Cuadernos sobre Jurisprudencia Constitucional - N° 13 - Julio 2018
Págs. 255-291
256 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
Sumario:
I. INTRODUCCIÓN. II. UNA DETERMINADA CONCEPCIÓN DE LOS DERECHOS HUMA-
NOS. III. LA JUSTIFICACIÓN DE LA VERDAD COMO DERECHO HUMANO. 3.1. Desde el
ámbito individual de la persona humana. 3.2. Desde el ámbito social de la persona humana. IV.
EL RECONOCIMIENTO DEL DERECHO A LA VERDAD EN EL SISTEMA UNIVERSAL DE
PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS. 4.1. Alcance de las iniciales formulaciones. 4.2.
Superación del alcance de las iniciales formulaciones. 4.3. Titulares del derecho. 4.4. Contenido
subjetivo o de libertad del derecho a la verdad. 4.5. Contenido objetivo o prestacional del derecho a
la verdad: los deberes del Estado. V. EL RECONOCIMIENTO DEL DERECHO A LA VERDAD EN
LOS SISTEMAS REGIONALES DE PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS. 5.1. El sis-
tema europeo. 5.2. El sistema americano. VI. A MODO DE CONCLUSIÓN: LA FORMULACIÓN
DEL DERECHO HUMANO A LA VERDAD.
I. INTRODUCCIÓN
L
a categoría conceptual y normativa “derechos humanos”
reclama ser empleada justificadamente, de manera que no
se reconozca como derecho humano aquello que no lo es, ni
se deje de reconocer como tal alguna realidad que no solo permite
sino que reclama ser conocida como tal. La desnaturalización
de los derechos humanos tanto por defecto como por exceso
solo complica el cumplimiento del deber iusfundamental de los
poderes públicos de defensa y protección de la persona. Por esta
razón resulta relevante preguntarse si es posible identificar razo-
nes para reconocer el derecho humano a la verdad. La búsqueda
de tales razones deberá desenvolverse tanto en un ámbito supra
o metapositivo, como en uno positivo. Las razones del primer
ámbito, de existir, deberán sostenerse sobre el ser y el valor de la
persona; mientras que las razones del segundo ámbito, deberán
construirse sobre la base de las decisiones que haya tomado el
legislador internacional y/o nacional, así como sobre la base de
las interpretaciones vinculantes de estas decisiones.
Este trabajo nace, precisamente, con el propósito de construir
razones tanto metapositivas como positivas que permitan recono-
cer a la verdad como un verdadero derecho humano. De la mano
de un determinado concepto de derecho humano, se justificará
que efectivamente pueden ser dadas razones para sostener que la
verdad es un bien humano debido a la persona, por lo que desde
un punto de vista positivo puede ser tenido como un verdadero
derecho humano. A continuación, el estudio se introducirá en el
ámbito positivo internacional (tanto universal como regional), para
mostrar las razones que desde los Tratados internacionales y desde
Cuadernos sobre Jurisprudencia Constitucional - N° 13 - Julio 2018
258 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
los pronunciamientos de los Tribunales internacionales pueden mostrarse para
reconocer a la verdad como derecho humano, incidiendo especialmente en la
definición de sus titulares y de su contenido esencial. Este estudio reclama
dar un paso más, para introducir el análisis en los sistemas constitucionales
nacionales de cada Estado. Sin embargo, este paso aquí no será dado porque
escapa su finalidad.
II. UNA DETERMINADA CONCEPCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS
Una definición básica de derechos humanos puede formularse de la si-
guiente manera: derechos de la persona por ser persona. A partir de aquí, muchos
y contrapuestos conceptos pueden ser dados. Los argumentos que en este
trabajo se construyan se harán de la mano de un determinado concepto sobre
derecho humano. Un tal concepto se expresa de la siguiente manera: los de-
rechos humanos son bienes humanos debidos a la persona por ser lo que es y
valer lo que vale, y cuyo goce o adquisición le depararán grados de realización1.
Este concepto es uno de tipo material que se sostiene en el ser y valor de
la persona. Desde el ser es posible determinar cuáles son los derechos huma-
nos, y desde el valor de la persona es posible justificar su carácter jurídico y
consecuente exigibilidad. En efecto, desde el ser o naturaleza de la persona se
pueden concluir necesidades humanas esenciales2. Estas necesidades deben
ser satisfechas a través de bienes humanos esenciales3. La satisfacción de estas
necesidades humanas a través de los bienes humanos produce como conse-
cuencia que la persona logre grados de realización en su ser.
Por su parte, desde el valor de la persona es posible reconocer que ella
vale como fin en sí mismo4, ella y no otra realidad distinta, es lo más valioso
que existe sobre la tierra, por lo que se le reconoce el valor supremo. Este
1
Cfr. CASTILLO CÓRDOVA, Luis, “La interpretación iusfundamental en el marco
de la persona como inicio y fin del derecho”, en Anuario de la Facultad de Derecho de la
Universidad de la Coruña; número 16, año 2012, ps. 809-820.
2
La naturaleza humana, por ejemplo, le ha permitido al Tribunal Constitucional peruano
sostener en relación al derecho a la propiedad que “en lo esencial, se trata de un dere-
cho cuyo origen no reside en la voluntad política del legislador estatal, sino en la propia
naturaleza humana”. EXP. N.º 0008–2003–AI/TC, Fundamento 26.a. Sobre el derecho al
trabajo: “la importancia del trabajo descansa en tres aspectos sustantivos: (…) –Vocación
y exigencia de la naturaleza humana”. EXP. N.° 008-2005-PI/TC, Fundamento 18. Y en
fin, tiene manifestado el Tribunal Constitucional que “la cadena perpetua, en sí misma
considerada, es repulsiva con la naturaleza del ser humano”. EXP. N.° 0489-2006-PHC/TC,
Fundamento 11.
3
Aquí es relevante el concepto de bien como aquello que perfecciona al ser. Cfr. ARIS-
TÓTELES, Ética a Nicómaco, I, 1094a-1103a.
4
La persona humana, “existe como fin en sí mismo, no meramente como medio para
el uso a discreción de esta o aquella voluntad, sino que tiene que ser considerado en
todas sus acciones, tanto en las dirigidas a sí mismo como también en las dirigidas a
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 259
valor es el contenido de su dignidad. Si la persona vale como fin supremo, y
el fin es una realidad que debe ser conseguida o realizada, entonces, deberá
ser reconocido que existe la obligación de promover la más plena realización
posible de la persona. Si la realización de la persona se obtiene a través de
los bienes humanos esenciales, entonces, estos bienes resultan siendo bienes
humanos adeudados a la persona. En la medida que es posible reconocer aquí
una deuda, tales bienes pueden ser tenidos como bienes humanos debidos.
De esa manera, la vida, la salud, la libertad, la igualdad, la propiedad,
etc., son bienes humanos adeudados, debidos, a la persona por ser lo que es
y valer lo que vale, es decir, por su naturaleza humana y por su dignidad hu-
mana. Este concepto permite concluir que ahí donde sea posible justificar, por
las circunstancias, la existencia de una concreta necesidad humana esencial,
será posible formular un bien humano esencial y, de este, se podrá predicar su
carácter jurídico. De esta manera, y desde un plano suprapositivo, las razones
que permitirán sostener la existencia de un derecho humano, se formularán de
la mano de la triada siguiente: necesidad humana —bien humano— derecho
humano.
Esta lógica argumentativa exige que, para reconocer un derecho como
derecho humano, sea posible dar argumentos fuertes primero, para identificar
una necesidad como humana, más precisamente, una necesidad como nece-
sidad esencial en tanto procede de la esencia humana; segundo, para definir
un bien como humano; y tercero, para reconocer que ese bien es el objeto del
derecho que pretende ser catalogado como derecho humano. Para lo que aquí
interesa destacar, se ha de procurar argumentos no sólo válidos sino también
fuertes que permitan vincular el llamado derecho humano a la verdad con una
necesidad humana y con un bien humano. A formular esos argumentos se
procede inmediatamente.
III. LA JUSTIFICACIÓN DE LA VERDAD COMO DERECHO HUMANO
Una comunidad política puede verse sometida a una serie de sucesos
de excepcional significado que supongan un, también excepcional, riesgo
de inestabilidad social o política. Pueden acontecer, por ejemplo, amenazas
internas o externas a su soberanía o institucionalidad que exijan una urgente
y contundente respuesta por parte del poder público; o pueden ocurrir en-
frentamientos ideológicos y/o militares internos que pongan en serio riesgo
incluso la existencia misma de la organización estatal. En todos estos casos,
pueden darse cualquiera de las dos siguientes situaciones. Primera, que la
institucionalidad al menos básica no se haya destruido y el poder público
organizado permanezca, aún mínimamente; y segundo, que el poder público
otros seres racionales, siempre a la vez como fin”. KANT, Immanuel, Fundamentación
de la metafísica de las costumbres, 2ª edición, Ariel Filosofía, Barcelona 1996, p. 187.
260 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
existente haya desaparecido y haya sido reemplazado por un poder de facto. En
uno u otro caso puede ocurrir que el poder público o el poder de facto actúen
sujetándose a las exigencias jurídicas internacionales o nacionales, exigencias
normalmente vinculadas a normas jurídicas sobre derechos humanos; o actúen
al margen y contra exigencias esenciales de humanidad. Normalmente es en
esta última hipótesis donde acontecerán graves violaciones de los derechos
humanos o del derecho internacional humanitario: cuando el poder público
actúa al margen de sus obligaciones nacionales e internacionales, desplazando
como fin a la persona para colocarse él mismo.
3.1. Desde el ámbito individual de la persona humana
Los actos de ejercicio extralimitado pueden recaer sobre una persona
o un conjunto de ellas. Tales acciones pueden haberse ejecutado como con-
secuencia de la represión contra civiles que hayan llevado a cabo fuerzas
armadas o policiales; o de las acciones de debilitamiento y destrucción de las
fuerzas vencidas llevadas a cabo por la fuerza armada o política vencedora;
o de una política represora de supuestos o verdaderos enemigos del Estado
y su institucionalidad democrática. En todas estas posibilidades, la o las
víctimas del acto de fuerza son apresadas y sometidas a una serie de tratos
inhumanos, de graves lesiones a su salud física o mental y, eventualmente,
a su vida misma.
En este contexto, dos situaciones pueden presentarse respecto de las
víctimas. La primera es que ella recupere su libertad, pero sin llegar a contar
con ningún mecanismo procesal efectivo que le haya permitido conocer la
identidad de los responsables, a fin de promover no sólo su sanción, sino la
correspondiente reparación. Y esta situación de desconocimiento e impunidad
le generan inestabilidad en su salud física y mental, acompañada de angustia
y sufrimiento. La segunda es que la víctima no vuelva a recuperar su libertad,
ni tampoco se sepa lo que ha sucedido con ella. Se trata de desaparecidos sin
que de ellos ninguna autoridad pueda dar razón de su paradero, ni tan siquie-
ra si se encuentra o no con vida. Esta situación genera un fuerte sufrimiento
acompañado de honda angustia y desesperación de las personas allegadas
al desaparecido, normalmente el círculo familiar cercano (el o la cónyuge,
sus hijos o hijas, sus padres, sus hermanos). El dolor profundo que genera la
desaparición de un familiar, se ve ahondado por la ausencia de noticias cier-
tas sobre lo acontecido con él o, en todo caso, sobre su paradero actual. Este
acontecer doloroso y sufriente coloca a quien lo padece en una posición de
postergación inevitable de su realización personal. La vida cotidiana se detiene
y se transforma en un ensimismamiento doloroso ante la forzada desaparición
del ser querido, y ante la ausencia irremediable de noticias sobre él.
En ésta segunda situación, se trata de diferenciar un supuesto de nor-
malidad como lo habría sido un alejamiento del círculo familiar decidido y
querido por el ausente, incluso de su misma muerte, de aquella otra que no
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 261
es natural sino que es provocada por la acción represora, estatal por ejemplo.
Aquí radica esencialmente la singularidad: el sufrimiento que en otras cir-
cunstancias habría sido un hecho natural y aceptado como inevitable, se ha
convertido en uno especialmente doloroso por la incertidumbre y desconoci-
miento provocado por la acción estatal. Así, se sufre no por la mera ausencia
del ser querido, sino por su ausencia forzada, y el desconocimiento de la suerte
del desaparecido. Es el Estado quien se convierte en un verdadero obstáculo
para la plena realización de los familiares que sufren la ausencia no querida
y desinformada del ser querido.
En una y otra situación, el sufrimiento así caracterizado se convierte en
un impedimento para la paz y tranquilidad de la persona humana, en buena
cuenta, en un serio obstáculo para su plena realización. La propia esencia de la
persona exige que esa situación, o no se produzca, o si habiéndose producido
desaparezca lo más pronto posible. Esta exigencia se manifiesta como una nece-
sidad esencial de la persona, de cuya satisfacción se hace depender el alcance o
pérdida de grados de perfeccionamiento y realización humana. Esta exigencia
o necesidad esencial se satisface primero, conociendo las circunstancias de lo
ocurrido, en particular determinando los responsables de las violaciones graves
de derechos humanos y, segundo, conociendo el paradero del desaparecido
para recuperar su cuerpo, ya sea con vida o sin ella. La verdad de lo ocurrido
se convierte de esta manera en un bien humano que al satisfacer la referida
necesidad humana, permite lograr un mayor grado de perfeccionamiento y
realización humana.
3.2. Desde el ámbito social de la persona humana
El razonamiento hasta ahora ha sido formulado tomando como punto
de partida al individuo sufriente ante la desaparición del ser querido. Sin
embargo, a igual conclusión podría llegarse desde la consideración de la
comunidad política5. Para ello hay que tomar en consideración las siguien-
tes dos circunstancias. Primera, que las situaciones de violación manifiesta
de los derechos humanos que de modo sistemático o no, hayan provenido
del poder estatal, normalmente son consecuencia de un profundo enfrenta-
miento social. Uno de los grupos enfrentados se encuentra en ejercicio del
poder estatal, ya sea porque al momento del enfrentamiento se hallaba en
posesión del mismo, ya sea porque precisamente al haber vencido en el en-
frentamiento se ha hecho con el poder, y desde esa posición ha desplegado
acciones de represión que han supuesto la violación de derechos humanos
del grupo enfrentado vencido.
5
Aunque esa titularidad colectiva del derecho ha comenzado a ser cuestionada en
algunos pronunciamientos y doctrina reciente. Vid, PANEPINTO, A. M. “The Right
to the truth in international law: the Significance of Strasbourg´s contributions”, (pp.
739-764) en Legal Studies. Vol. 37. Issue 4. December 2017, p. 755.
262 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
Y segunda, que terminado el periodo de enfrentamiento surge la nece-
sidad social de reconciliación a fin de hacer posible una convivencia pacífica.
Elemento fundamental para alcanzar una real y efectiva reconciliación es
conocer las circunstancias que envolvieron las diferentes acciones estatales
violatorias de derechos humanos, en particular, las referidas a personas des-
aparecidas. Sin un conocimiento adecuado de esas circunstancias, se hace
prácticamente imposible que las fuerzas sociales enfrentadas lleguen a una
real y duradera reconciliación.
De lo dicho puede concluirse lo siguiente. Una situación de enfren-
tamiento profundo y fraccionario de la sociedad resulta siendo un ámbito
no favorable a la plena realización de la persona, tanto porque en sí mismo
impedirá o dificultará enormemente la consecución de bienes humanos que
permitan el perfeccionamiento humano de los miembros de esa comunidad,
como porque favorecerá las acciones estatales —o privadas— de violación
manifiesta de los derechos humanos. Resulta siendo una necesidad humana
en su dimensión social, la existencia de una organización social y política que
permita la convivencia pacífica y fraterna de los distintos grupos sociales,
independientemente de su ideología. Cuando han ocurrido situaciones de
quiebre del orden constitucional, o cuando las diferencias sociales han sido
de tal magnitud que ha llevado al enfrentamiento militar entre el Estado y
grupos sociales, o de grupos sociales entre sí, la etapa oscura y anárquica en
la que se produjeron crímenes contra la humanidad, sólo será superada con
base en un conocimiento lo más completo y exacto posible de los mismos.
De modo que este conocimiento se convierte en un bien humano que permi-
tirá la satisfacción de una necesidad o exigencia esencial de la persona en su
dimensión social.
Es posible formular unas razones que desde la dimensión tanto in-
dividual como social de la persona humana, justifican plenamente que la
verdad de lo acontecido dentro de un contexto de graves y sistemáticas
violaciones de derechos humanos, se convierta en un bien humano cuya
consecución permitirá a la persona alcanzar un mayor grado de perfeccio-
namiento humano. Consecuentemente, hay razones fuertes para afirmar
que el Derecho, medio que favorece la plena realización humana, debe
reconocer y garantizar en la mayor medida posible la consecución de la
verdad de lo ocurrido. Esta puede ser la base del reconocimiento y juridi-
cidad del derecho a la verdad.
IV. EL RECONOCIMIENTO DEL DERECHO A LA VERDAD EN EL SISTEMA
UNIVERSAL DE PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS
Conviene, ahora, explorar el derecho positivo para luego intentar advertir
si en él se han manifestado alguna de las razones dadas antes como justificación
del derecho a la verdad. De este derecho positivo, si bien existen reconocimien-
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 263
tos nacionales internos del derecho a la verdad6, en las páginas siguientes se
tomará atención del derecho positivo internacional. Ello debido a que, en este
caso concreto, es el reconocimiento internacional del derecho a la verdad, el
que ha servido de base a los reconocimientos internos. Fundamentalmente se
tratará de describir la formulación del derecho a la verdad, y se hará tanto en
el ámbito internacional universal, como en el ámbito internacional regional:
europeo y americano. Comenzaremos con el primero.
4.1. Alcance de las iniciales formulaciones
No existe en el ámbito internacional universal ningún Acuerdo o Tratado
que recoja de modo expreso el derecho a la verdad, sin embargo, eso no ha sido
obstáculo para que en el ámbito jurídico internacional se le considere como un
principio jurídico emergente7 que es algo bastante más que una mera herra-
mienta narrativa8. Sus orígenes normativos pueden remontarse al Protocolo
adicional I a los Convenios de Ginebra de 19499 en el que se ha reconocido
expresamente a las familias de las personas desaparecidas y fallecidas en los
conflictos armados internacionales, el derecho “de conocer la suerte de sus
miembros” (artículo 32), estableciendo las correspondientes obligaciones de
las partes en conflicto tanto de buscar a las personas desaparecidas (artículo
33.1), como de registrar información sobre ellas (33.2); y en particular cuando
se trata de identificar, acceder y recuperar los cuerpos de los fallecidos (artículo
34). Estas iniciales formulaciones normativas tenían dos elementos que con
el tiempo se han ido superando. El primero es que el derecho y consecuentes
obligaciones fueron reconocidos en el contexto de un conflicto internacional;
el segundo es que tanto el derecho como las obligaciones se enmarcaron en
situaciones de desapariciones forzosas.
6
Normalmente a través de la jurisprudencia emanada del Tribunal de mayor jerarquía
en la protección de los derechos fundamentales. Así, por ejemplo, las sentencias del
Tribunal Constitucional peruano en las que se ha reconocido y desarrollado el derecho
a la verdad como un derecho constitucional implícito a la Constitución peruana (por
todas, la sentencia al EXP. N.º 2488-2002-HC/TC, del 18 de marzo de 2004, F. J. 8-20);
lo mismo en la Corte Constitucional Colombiana (por todas Sentencia C-004/03, del
20 de enero de 2003, F. J. 14 y 15.
7
MÉNDEZ, Juan E., “Derecho a la verdad frente a las graves violaciones a los derechos
humanos”, en ABREGÚ, Martín; COURTIS, Christian (compiladores), La aplicación de
los tratados sobre derechos humanos por los Tribunales locales, Editores del Puerto, Buenos
Aires, 1997, p. 518.
8
NAQVI, Yasmin, “El derecho a la verdad en el derecho internacional: ¿realidad o
ficción?”, en International Review of the Red Cross, número 862, junio de 2006, p. 33.
9
Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la Protección
de las Víctimas de los Conflictos Armados Internacionales (Protocolo I), del 8 de junio de
1977.
264 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
4.2. Superación del alcance de las iniciales formulaciones
A. De los conflictos internacionales a los conflictos internos
En lo que respecta al primer elemento, no pasó mucho tiempo antes de
que el derecho a conocer la suerte de los desaparecidos se predicara también de
los conflictos internos. Así, por ejemplo, en la Resolución II de la XXIV Confe-
rencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Manila 1981), se
condenó toda acción que diese lugar a desapariciones forzadas o involuntarias
dirigidas o perpetradas por gobiernos, o en connivencia con los mismos o con
su consentimiento. Adicionalmente, la Cruz Roja tiene incorporada a su lista
de normas consuetudinarias del derecho internacional humanitario, la Norma
117 por la cual “[l]as partes en conflicto, tomarán todas las medidas factibles
para averiguar lo acaecido a las personas dadas por desaparecidas a raíz de un
conflicto armado y transmitirán a los familiares de éstas toda la información
de que dispongan al respecto”, calificándola de norma CAI/CANI10.
B. De las situaciones de desapariciones forzosas a las violaciones de
derechos humanos en general
En lo referido al segundo elemento, la inicial formulación del derecho a
la verdad en contextos de desapariciones forzosas, se ensanchó para incluir
también cualquier otra grave violación del derecho internacional humanita-
rio. Así, por ejemplo, el Comité de Derechos Humanos en sus observaciones
finales contra Guatemala, reconoció el derecho a la verdad para predicarlo de
la violación de los derechos humanos en general. Dijo que “[e]l Gobierno de
Guatemala debería adoptar todas las medidas pertinentes para evitar casos
de impunidad y, especialmente, para que las víctimas de violaciones de derechos
humanos encuentren la verdad sobre esos actos, conozcan quiénes son sus autores
y obtengan la indemnización adecuada”11.
Aún así, no de cualquier tipo de violación de derechos humanos parece
ser predicado el derecho a la verdad, sino más bien sólo de aquellas carac-
terizadas como “violaciones manifiestas de las normas internacionales de
derechos humanos y de violaciones graves del derecho internacional humani-
tario que constituyen crímenes en virtud del derecho internacional”12, o como
10
Las siglas CAI indican las normas consuetudinarias aplicables en los conflictos armados
internacionales y CANI las que se aplican en los conflictos armados no internacionales.
11
Comité de Derechos Humanos, Observaciones finales, Guatemala, Documento de
Naciones Unidas CCPR/C/79/Add.63, 3 de abril de 1996, párrafo 25. La cursiva de la
letra es añadida.
12
Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las
normas internacionales de derechos humanos y de violaciones graves del derecho internacional
humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones, Resolución 60/147, aprobada por
la Asamblea General el 16 de diciembre de 2005, párrafo 4.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 265
“crímenes aberrantes [y] violaciones masivas o sistemáticas”13 de derechos
humanos. Violaciones que suponen no sólo la negación de un concreto dere-
cho humano, sino también una especial trascendencia por estar vinculadas a
“grandes sufrimientos”14, como suelen acontecer en casos de desapariciones
forzosas15, de desplazados en conflictos internos16, de ejecuciones extrajudi-
ciales y torturas17.
4.3. Titulares del derecho
En el ámbito internacional universal de los derechos humanos,
normalmente se ha reconocido como titular del derecho a la verdad a la
víctima de las violaciones de los derechos humanos, es decir, a la persona
sobre la que recaen las “acciones u omisiones que constituyan una vio-
lación manifiesta de las normas internacionales de derechos humanos o
una violación grave del derecho internacional humanitario”18. La víctima
puede tener una dimensión individual y una dimensión colectiva. Ocurre
esto segundo cuando la acción violatoria de los derechos humanos se ha
dirigido contra un grupo humano reunido circunstancialmente o unido
por lazos comunitarios19.
También se ha considerado titular del derecho a los familiares de la víc-
tima, personas a las que se les ha generado un daño “individual o colectiva-
13
El Conjunto de principios actualizado para la protección y la promoción de los derechos huma-
nos mediante la lucha contra la impunidad, Informe de Diane Orentlicher, documento E/
CN.4/2005/102/Add.1, del 8 de febrero de 2005, Principio 2.
14
Resolución II de la XXIV Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja, Manila 1981, segundo considerando.
15
En la medida que “esas desapariciones implican violaciones de derechos humanos
fundamentales, como el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad personal, el
derecho a no ser sometido a la tortura o a tratos crueles, inhumanos o degradantes,
el derecho a no ser arrestado o detenido arbitrariamente y el derecho a ser juzgado
pública e imparcialmente”. Resolución II de la XXIV Conferencia Internacional de la
Cruz Roja y de la Media Luna Roja, citada, tercer considerando.
16
En el contexto de los desplazados por conflictos internos, se ha reconocido que “[l]os
desplazados internos tienen derecho a conocer el destino y el paradero de sus fami-
liares desaparecidos”. Principios rectores de los desplazamientos internos, Documento E/
CN.4/1998/53/Add.2, del 11 Febrero de 1998, Principio 16.1.
17
Estudio sobre el derecho a la verdad. Informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos, documento E/CN.4/2006/91, del 9 de enero de 2006,
párrafo 33.
18
Principios y directrices básicos…, citado, párrafo 8.
19
Como bien se ha reconocido, “las formas contemporáneas de victimización, aunque
dirigidas esencialmente contra personas, pueden estar dirigidas además contra grupos
de personas, tomadas como objetivo colectivamente”. Principios y directrices básicos…,
citado, considerando noveno.
266 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
mente, incluidas lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdidas
económicas o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales”20. En
este último supuesto, la víctima es los familiares de la persona que ha sido
objeto de las graves violaciones de los derechos humanos. Aunque no todos
los familiares, sino sólo aquellos que han experimentado el dolor o sufri-
miento acarreado por la violación de los derechos humanos21, normalmente
“la familia inmediata o las personas a cargo de la víctima directa”22. Así, se
ha reconocido que “las víctimas y sus familias tienen el derecho imprescrip-
tible a conocer la verdad acerca de las circunstancias en que se cometieron
las violaciones y, en caso de fallecimiento o desaparición, acerca de la suerte
que corrió la víctima”23.
Asimismo, en la medida que los hechos violatorios no sólo repercuten
sobre una o unas concretas personas, sino que inciden directamente sobre la
comunidad social y sus instituciones, se ha reconocido también como titular
de este derecho a la sociedad en su conjunto. Así “[c]ada pueblo tiene el dere-
cho inalienable a conocer la verdad acerca de los acontecimientos sucedidos
en el pasado en relación con la perpetración de crímenes aberrantes y de las
circunstancias y los motivos que llevaron, mediante violaciones masivas o
sistemáticas, a la perpetración de esos crímenes”24. En particular, la dimensión
colectiva del derecho a la verdad es respuesta a su deber de recordar, ya que
“la historia de su opresión forma parte de su patrimonio y, por ello, se debe
conservar”25, lo cual le permitirá “tomar todas las medidas necesarias para
evitar la repetición de dichas violaciones”26.
4.4. Contenido subjetivo o de libertad del derecho a la verdad
Con base en el reconocimiento de que “el deseo de conocer la suerte
sufrida por los seres queridos desaparecidos en los conflictos armados
constituye una necesidad humana básica que debe ser satisfecha en todo lo
posible”27, el derecho a la verdad otorga a sus titulares una serie de facultades
de acción y participación en los procesos judiciales y extrajudiciales destina-
dos al hallazgo de la verdad y a la sanción de los penalmente responsables.
20
Ibidem.
21
Incluso se ha hablado de “la tortura psicológica que padecen los parientes de los des-
aparecidos”. Estudio sobre el derecho a la verdad…, citado, párrafo 26.
22
Principios y directrices básicos…, citado, párrafo 8.
23
El Conjunto de principios actualizado…, citado, Principio 4.
24
Idem, Principio 2.
25
Idem, Principio 3.
26
Idem, Principio 1.
27
Resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas número 3220 (XXIX), del 6 de
noviembre de 2004, octavo considerando.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 267
El conocimiento de lo ocurrido debe constituir “un conocimiento pleno y
completo”28, al menos de “las causas que dan lugar al trato injusto que recibe
la víctima; las causas y condiciones relativas a las violaciones manifiestas de
las normas internacionales de derechos humanos y las infracciones graves
del derecho internacional humanitario; los progresos y resultados de la in-
vestigación; las circunstancias y los motivos por los que se perpetraron los
hechos delictivos en el derecho internacional y las violaciones manifiestas de
los derechos humanos; las circunstancias en que se produjeron las violaciones;
en caso de fallecimiento, desaparición o desaparición forzada, la suerte y el
paradero de las víctimas; y la identidad de los autores”29.
4.5. Contenido objetivo o prestacional del derecho a la verdad: los
deberes del Estado
A. Un deber general de lucha contra la impunidad
Este contenido subjetivo o de libertad del derecho a la verdad origina del
Estado una serie de deberes, todos ellos conformando una gran obligación
genérica: la obligación de combatir la impunidad30. Además de la importan-
cia que tiene combatir la impunidad para el aseguramiento de los derechos
humanos31, esta obligación se va a ir concretando en otras como “la entrega
a la justicia de sus autores, incluidos sus cómplices, la obtención de justicia
y de una reparación efectiva para las víctimas, y su protección, así como el
mantenimiento de archivos históricos de esas violaciones y la restitución de
la dignidad a las víctimas mediante el reconocimiento público y la conme-
moración de sus padecimientos”32, así como la obligación de “emprender
28
Estudio sobre el derecho a la verdad…, citado, párrafo 3.
29
Idem, 38.
30
La impunidad ha sido definida por el Informe como “la inexistencia, de hecho o de
derecho, de responsabilidad penal por parte de los autores de violaciones, así como de
responsabilidad civil, administrativa o disciplinaria, porque escapan a toda investiga-
ción con miras a su inculpación, detención, procesamiento y, en caso de ser reconocidos
culpables, condena a penas apropiadas, incluso a la indemnización del daño causado
a sus víctimas”. El Conjunto de principios actualizado…, citado, página 6.
31
Por eso, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas con acierto subrayó
“la importancia de combatir la impunidad para prevenir la violación de los dere-
chos humanos y del derecho internacional humanitario e insta a los Estados a que
pongan fin a la impunidad de las violaciones que constituyan delitos enjuiciando a
sus autores, incluidos los cómplices, de conformidad con el derecho internacional,
en especial las normas de justicia, equidad y sobre garantías procesales”. Resolución
de la Comisión de Derechos Humanos 2005/81 (E/CN.4/RES/2005/81), del 21 de
abril de 2005, punto 1.
32
Resolución de la Comisión de Derechos Humanos sobre impunidad, 2000/68, (E/
CN.4/RES/2000/68) del 27 de abril de 2000, quinto considerando.
268 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
reformas institucionales y otras medidas necesarias para asegurar el respeto al
imperio de la ley, promover y mantener una cultura de respeto de los derechos
humanos, y restaurar o establecer la confianza pública en las instituciones
gubernamentales”33.
B. Deber de hacer justicia
La lucha contra la impunidad significará la necesaria búsqueda de la
verdad tanto para asegurar la justicia34 como para llegar a la más completa
reparación posible de las víctimas, una y otra necesarias exigencias para
hablar de una efectiva reconciliación nacional35. La decisión que resuelva
el problema generado por la violación de derechos humanos sólo será una
decisión digna si es que es justa. La justicia, que tiene que ver con dar a cada
quien lo que le corresponde, sólo será posible de alcanzar si se formula con
base en el conocimiento cierto de las circunstancias y hechos acontecidos
en una sociedad que busca la transición de un periodo de violación grave y
masiva de derechos humanos, a una etapa de de paz social36. Para lograrlo
suelen admitirse como mecanismos tanto los procesos judiciales como los
extrajudiciales.
Los primeros, en la medida que la sanción penal proviene de ellos37,
deberán desenvolverse con respeto a los derechos humanos —procesales
33
El Conjunto de principios actualizado…, citado, Principio 35.
34
KISS, Elizabeth, “Moral, Ambition Within and Beyond Political Constraints: Reflections
on Restorative Justice”, en ROTBERG, Robert I.; THOMPSON, Dennis, The Morality of
Truth Commissions, Princeton University Press, New Jersey, 2000, ps. 71 y ss.
35
Bien recuerda el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos
que “[e]n varias ocasiones, el Consejo de Seguridad y la Asamblea General han reite-
rado que la determinación de la verdad con respecto a los delitos de lesa humanidad,
el genocidio, los crímenes de guerra y las violaciones manifiestas de los derechos
humanos es necesaria para consolidar el proceso de paz, y forma parte del proceso de
reconciliación”. Estudio sobre el derecho a la verdad…, citado, párrafo 13.
36
En este contexto se ha acuñado la expresión “Justicia Transicional” para hacer referen-
cia a “toda la variedad de procesos y mecanismos asociados con los intentos de una
sociedad por resolver los problemas derivados de un pasado de abusos a gran escala,
a fin de que los responsables rindan cuentas de sus actos, servir a la justicia y lograr la
reconciliación”. El Estado de derecho y la justicia de transición en las sociedades que sufren o
han sufrido conflictos, Informe del Secretario General de Naciones Unidas, S/2004/616,
del 3 de agosto del 2004, párrafo 8.
37
Por eso, “[l]os Estados emprenderán investigaciones rápidas, minuciosas, inde-
pendientes e imparciales de las violaciones de los derechos humanos y el derecho
internacional humanitario y adoptarán las medidas apropiadas respecto de sus
autores, especialmente en la esfera de la justicia penal, para que sean procesados,
juzgados y condenados debidamente”. El Conjunto de principios actualizado…, citado,
Principio 19.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 269
y sustantivos— de los procesados, es decir, con sujeción a las garantías del
debido proceso38, muy especialmente el Estado deberá adoptar “las medidas
necesarias para garantizar el funcionamiento independiente y eficaz del Poder
Judicial”39; además de reconocerse que toda víctima, individual o colectiva-
mente considerada, “tendrá un acceso igual a un recurso judicial efectivo,
conforme a lo previsto en el derecho internacional”40.
Los segundos, por su parte, se presentan como herramienta complemen-
taria de los primeros41. Es el caso de las llamadas “Comisiones de la verdad”42
que han sido implantadas en varias situaciones de justicia transicional43. Por sí
misma no determinan una justificación de sanción penal44, sino que su acción
se encamina más bien a “constatar hechos relacionados con infracciones de los
derechos humanos en el pasado, fomentar la rendición de cuentas, preservar
las pruebas, identificar a los autores y recomendar indemnizaciones y reformas
institucionales”45, así como a servir de “foro de catarsis para las víctimas, los
autores y la sociedad en general para debatir públicamente las violaciones”46,
es decir, sirvan “de plataforma pública para que las víctimas cuenten direc-
tamente al país sus historias personales y pueden facilitar el debate público
sobre cómo aceptar el pasado”47.
C. El deber de reparación
La reparación del daño ocasionado por la violación de los derechos
humanos sólo será posible con el conocimiento de la verdad. Ello es así
tanto porque al reconocerse que “[t]oda violación de un derecho huma-
38
GARCÍA BELAUNDE, Domingo. Derecho procesal constitucional, Temis, Bogotá, 2001,
p. 164.
39
El Conjunto de principios actualizado…, citado, Principio 5.
40
Principios y directrices sobre el derecho de las víctimas…, citado, párrafos 12 al 14.
41
Según el principio 5, “[l]as medidas apropiadas para asegurar [el derecho a saber]
pueden incluir procesos no judiciales que complementen la función del poder judicial”.
El Conjunto de principios actualizado…, citado.
42
Definidas por el informe Orentlicher, como “órganos oficiales, temporales y de cons-
tatación de hechos que no tienen carácter judicial y se ocupan de investigar abusos de
los derechos humanos o el derecho humanitario que se hayan cometido a lo largo de
varios años”. El Conjunto de principios actualizado…, citado, página 6.
43
Ya se han creado más de 30 Comisiones de la verdad, de las que se destacarán la de
Argentina, Chile, Sudáfrica, Perú, Ghana, Marruecos, El Salvador, Guatemala, Timor-
Leste y Sierra Leona.
44
De ahí que normalmente su labor concluye con la presentación de un informe final
sobre las conclusiones de su investigación y sus recomendaciones.
45
El Estado de derecho y la justicia de transición…, citado, párrafo 50.
46
Estudio sobre el derecho a la verdad…, citado, párrafo 15.
47
El Estado de derecho y la justicia de transición…, citado, párrafo 50.
270 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
no da lugar a un derecho de la víctima o sus derechohabientes a obtener
reparación, el cual implica el deber del Estado de reparar y el derecho de
dirigirse contra el autor”48, no se podrá determinar con justicia la repara-
ción, sin tener un conocimiento lo más acabado posible del daño; así como
porque una manera de reparación es precisamente el conocimiento de la
verdad. En efecto, una modalidad de reparación es la llamada satisfacción a
la víctima, la cual deberá incluir —entre otras— medidas que permitan “la
verificación de los hechos y la revelación pública y completa de la verdad
(…) [y] la búsqueda de las personas desaparecidas, de las identidades de
los niños secuestrados y de los cadáveres de las personas asesinadas, y
la ayuda para recuperarlos, identificarlos y volver a inhumarlos según el
deseo explícito o presunto de la víctima o las prácticas culturales de su
familia y comunidad”49.
Este deber general de luchar contra la impunidad y favorecer así la plena
vigencia de los derechos humanos50 puede verse contradicho por normas que
restrinjan la responsabilidad de los autores de las violaciones de los derechos
humanos. Se trata de disposiciones que regulan “el uso de la prescripción, la
amnistía, el derecho de asilo, la denegación de la extradición, non bis in ídem, la
obediencia debida, las inmunidades oficiales, las leyes sobre ‘arrepentidos’”51,
cuyo uso indebido puede vulnerar el derecho a la verdad en la medida que
impide la obligación estatal de llevar a cabo una investigación eficaz y, con ello,
luchar contra la impunidad. Por eso es que “[l]as amnistías y otras medidas
análogas y las restricciones al derecho a solicitar información nunca deben
utilizarse para limitar, denegar o perjudicar el derecho a la verdad, que está
estrechamente vinculado a la obligación de los Estados de combatir y erradicar
la impunidad”52.
Y es que el derecho a la verdad suele ser concebido como un derecho
que no es pasible de restricción ni suspensión alguna, es decir, como un
derecho absoluto. Así, se ha afirmado que el derecho a la verdad “como
derecho independiente es un derecho fundamental de la persona y, por
consiguiente, no debe estar sujeto a restricciones. Habida cuenta de su
carácter inalienable y su estrecha relación con otros derechos que no ad-
miten suspensión, como el derecho a no sufrir torturas y malos tratos, el
derecho a la verdad debe considerarse como un derecho que no se puede
suspender”53.
48
El Conjunto de principios actualizado…, citado, Principio 31.
49
Principios y directrices básicos…, citado, párrafo 22.
50
Estudio sobre el derecho a la verdad…, citado, párrafo 45.
51
El Conjunto de principios actualizado…, citado, Principio 22.
52
Estudio sobre el derecho a la verdad…, citado, párrafo, 60.
53
Ibidem.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 271
V. EL RECONOCIMIENTO DEL DERECHO A LA VERDAD EN LOS SISTE-
MAS REGIONALES DE PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS
5.1. El sistema europeo
Aunque el europeo es el sistema con una trayectoria más extensa en la
protección de derechos humanos, el derecho a la verdad en su jurisprudencia
todavía no ha alcanzado los estándares que maneja la CorteIDH54. Es más, hasta
hace poco el Tribunal de Estrasburgo haya tomado contacto con este derecho
de modo indirecto. La Corte Europea solo se había acercado al derecho a la
verdad de la mano de graves violaciones de los derechos humanos, princi-
palmente en casos de desapariciones forzosas. En el caso Kurt v. Turquía55 el
Tribunal de Estrasburgo hizo evidente la gran influencia que el sistema intera-
mericano de protección de los derechos humanos ha tenido en el tratamiento
de los casos de desapariciones forzosas. Recuerda así que estos casos suelen
estar acompañados de ejecuciones secretas y sumarias sin juicio, ocultación
de los cuerpos de las víctimas, silencio y pobreza para las víctimas en lo que
constituye una lesión al contenido del derecho a la integridad moral y psico-
lógica de la víctima56. Se recibe de ese modo, la creación jurisprudencial que
la CorteIDH ha hecho de la desaparición forzosa como “una forma compleja
de violación de los derechos humanos que debe ser entendida y confrontada
de un modo integral”57, y es que no sólo lesionan a la víctima sino también a
sus familiares que sufren por meses o años la angustia del no saber.
El caso Kurt v. Turquía ejemplifica a la perfección esa estrecha relación
entre la lesión que sufre la víctima de una desaparición forzosa y la lesión que
sufren sus familiares. El caso se sustenta en las circunstancias poco claras de la
desaparición de Üzeyir Kurt cuando se encontraba bajo custodia de las autori-
dades turcas. Y aunque el TEDH no considera probados los supuestos malos
tratos padecidos durante esa custodia policial como violación del artículo 3 del
Convenio Europeo de Derechos Humanos (“Nadie será sometido a torturas o
a penas inhumanas o degradantes”); sin embargo sí encuentra base suficiente
para considerar que ese mismo artículo ha sido lesionado cuando lo aplica a la
Sra. Koçeri Kurt madre de la víctima puesto que sus sospechas ante la presunta
desaparición forzosa de su hijo fueron desatendidas por las autoridades turcas
dejándola con la angustia de saber que su hijo había sido detenido pero con
una completa falta de información oficial y sin conocer su posterior suerte.
54
Casi desde su primer caso contencioso, Velásquez Rodríguez, la CorteIDH se ha en-
frentado a las desapariciones forzosas y al derecho a la verdad en contextos de justicia
transicional.
55
TEDH. Caso Kurt v. Turquía, sentencia de 25 de mayo de 1998.
56
Utiliza para hacerlo la sentencia del caso Velásquez Rodríguez v. Honduras de 29 de
julio de 1988.
57
CorteIDH. Caso Velásquez Rodríguez v. Honduras, párrafo 150.
272 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
Angustia que se prologó por largo tiempo. Es por esas circunstancias que la
Corte considera que el Estado turco sí ha violado el artículo 3 del Convenio
Europeo de derechos humanos en la persona de la Sra. Koçeri Kurt58.
Detrás de esta lesión estaría el derecho de la Sra. Koçeri Kurt a conocer la
verdad, a conocer el paradero de su hijo y cual ha sido su suerte. El Tribunal
de Estrasburgo no lo ha dicho expresamente, pero está latente en este y en
otros fallos su posición respecto a tan novedoso derecho. También se intuye
la vinculación del derecho a la verdad con el derecho a la vida en el caso
Chipre v. Turquía59 referido a las desapariciones de greco-chipriotas todavía
no esclarecidas más de veinte años después. La Corte europea recuerda la
estrecha vinculación que existe entre la protección del derecho a la vida y
la obligación que todo Estado miembro asume de llevar a cabo una efectiva
investigación oficial cuando alguna persona bajo su jurisdicción haya sido
lesionada en sus derechos, especialmente en casos en que se ha producido
la muerte de varias personas como resultado del uso de la fuerza por parte
de los agentes del Estado. Y aunque en el caso Chipre v. Turquía, la Corte no
tiene certeza de que las personas desaparecidas estén efectivamente muertas,
señala la responsabilidad del Estado por los hechos puesto que nunca llevó
a cabo una investigación ante las peticiones hechas por los familiares de los
greco-chipriotas desaparecidos aún sabiendo que habían sido detenidos en
circunstancias que hacían temer por su bienestar60.
Considera la Corte que igualmente se ha producido una lesión en la
persona de los familiares de las víctimas pues han estado condenadas a vivir
durante más de veinte años en un prolongado estado de angustia que no ha
desaparecido con el paso del tiempo. La operación militar que se llevó a cabo
entre julio y agosto de 1974 tuvo consecuencias devastadoras para muchas
familias, y sus efectos están todavía presentes en ellas. De ahí que la Corte
considere al silencio de las autoridades del Estado responsable de estos hechos,
como una lesión que encaja directamente en la categoría de trato inhumano
que prohíbe el artículo 3 de la Convención61.
Ese silencio, la falta de investigación y el no esclarecimiento de esas
desapariciones son todos ellos elementos contrarios al contenido del derecho
a la verdad. De ahí que se pueda afirmar que Estrasburgo hace avances para
dotar de contenido a ese derecho vinculándolo con casos de torturas y tratos
inhumanos o degradantes, desapariciones forzosas, lesiones a la vida y tam-
bién como en el caso Aksoy v. Turquía, con lesiones que afectan el acceso a
58
Quizás sea oportuno señalar en este punto que, no siempre la Corte de Estrasburgo ha
considerado que los familiares de los desaparecidos son víctimas por sí mismos.
59
TEDH. Caso Chipre v. Turquía, sentencia de 10 de mayo de 2001.
60
Idem., párrafo 25.
61
Idem., párrafo 28.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 273
la justicia62. En este caso la Corte se enfrenta a un asunto complejo, que inicia
el Sr. Aksoy hijo ante la antigua Comisión europea de derechos humanos
y posteriormente, ante su muerte en extrañas circunstancias, lo continúa el
Sr. Aksoy padre ante la Corte. Se mezclan en este proceso hechos referidos
a una detención ilegal del Sr. Aksoy hijo, lesiones y torturas en el marco de
los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los miembros del PKK,
mala praxis médica en el hospital en que fue atendido y amenaza de muerte
para que retire su demanda ante la Comisión. Pero lo que en verdad resulta
interesante es el enfoque que da la Corte a la lesión de los artículos 6 y 13 del
Convenio Europeo de Derechos humanos63.
Considera el Tribunal que, en efecto, el Sr. Aksoy padre nunca ha
tenido garantizado el acceso a un tribunal para denunciar los hechos pa-
decidos por su hijo. La decisión de las autoridades turcas de no iniciar una
investigación sobre los hechos por él denunciados ha tornado inviable en
su caso una posible compensación. Otra lesión está relacionada con la falta
de atención a unos hechos que se presentan como evidentes lesiones de los
derechos consagrados en el Convenio Europeo, considerada como un ataque
al derecho a la verdad.
La Corte ha señalado repetidas veces que, en un caso de desaparición
forzosa, la reacción de las autoridades para investigar y aclarar ese hecho, es
tan importante como la desaparición en sí. En el caso Timurtas v. Turquía64
la Corte observa que no sólo la investigación de la desaparición fue lenta y
poco eficaz, sino que incluso algunos agentes de seguridad desplegaron una
clamorosa indiferencia hacia las peticiones del demandante negando que la
víctima hubiese estado bajo su custodia65. Es esa ocultación o manipulación
de la información, esa alteración de lo realmente ocurrido la que más directa-
mente choca con lo que debe ser el contenido del derecho a la verdad. De ahí
que la Corte Europea haya considerado en el caso Timurtas v. Turquía que
hay consistencia suficiente para considerar que la desaparición del hijo del de-
mandante constituye un trato inhumano o degradante contrario a lo dispuesto
en el artículo 3 del Convenio europeo de derechos humanos66.
Fuera del contexto de las desapariciones forzosas la Corte Europea ha
tenido otra oportunidad para pronunciarse sobre uno de los elementos del
derecho a la verdad, el derecho a saber. Lo ha hecho en el caso Odièvre v. Fran-
cia que enfrenta los intereses de una persona que ha sido adoptada a conocer
su identidad, a conocer su verdad, y los de una madre biológica que quiere
62
TEDH. Caso Aksoy v. Turquía, sentencia de 18 de diciembre de 1996.
63
Idem., párrafo 94.
64
TEDH. Caso Timurtas v. Turquía, sentencia de 13 de junio de 2000.
65
Idem., párrafo. 36.
66
Idem., párrafo 99.
274 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
silenciar su nombre67. El caso atañe a las leyes francesas de confidencialidad
sobre el nacimiento que, según la demandante vulneran su derecho al respeto
a la vida privada y familiar. Un supuesto derecho a conocer la verdad bioló-
gica de cada uno es la base de la demandante para solicitar la aplicación del
artículo 8 del Convenio europeo, base que no obstante la Corte no considera
suficientemente sólida. Aunque no deja de ser un paso más, dado en dirección
a dotar a la verdad de contenido esencial como derecho en el marco del sistema
europeo de derechos humanos. Ya que no se le define de modo directo, pero
sí se enlaza su contenido con violaciones de otros derechos sí reconocidos en
los documentos internacionales de protección de los derechos humanos.
Llama la atención que, mientras la CorteIDH estaba dando sus mejores
esfuerzos para ofrecer al Derecho Internacional de los Derechos Humanos
una construcción jurisprudencial del derecho a la verdad, en el sistema euro-
peo apenas encontremos referencias indirectas a este derecho. Hasta el caso
El-Masri, en 2012, el TEDH solo había incluido el derecho a la verdad en su
relación con la prohibición de la tortura, el respeto a la vida privada y familiar,
el derecho a la vida, el derecho a un recurso efectivo, el derecho a la reparación
entre otros. El caso está relacionado con las “entregas inmediatas” y los famo-
sos vuelos de la CIA en los que se trasladaba a zonas bajo control de EEUU a
ciudadanos sospechosos de tener alguna relación con los ataques a las Torres
Gemelas. El-Masri, un alemán de origen libanés, fue detenido por la policía
Macedonia en la frontera, fue conducido a un hotel, interrogado, torturado,
detenido durante 4 meses en Kabul, y transportado de vuelta a Alemania. Ya
de regresó emprendió acciones para investigar los hechos pero su intento de
lograr que el Director de la CIA y varios agentes no identificados se sentaran
en el banquillo, no tuvo éxito pues los tribunales de EEUU no admitieron a
trámite su demanda bajo el argumento de que primaba el interés general de
proteger secretos de Estado68.
El caso El-Masri podía haberse convertido en el caso paradigma sobre el
derecho a la verdad, tal y como los numerosos amicus curiae presentados ante
el Tribunal anticipaban. Y así lo anticipa el TEDH en su sentencia, al destacar
“la importancia del caso de autos no solo para el demandante y su familia, sino
también para el público en general, que tiene derecho a saber lo que pasó69. Y
67
TEDH. Caso Odivre v. Francia, sentencia de 13 de febrero de 2003.
68
CACHO, Y. “Crónica de jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos
de 2012”, (pp. 209-240) Revista de Derechos Humanos. Vol. 4/2013.
69
La cuestión de las «entregas extraordinarias» dio la vuelta al mundo y sufragó la
crónica en todo el mundo y dio lugar a la apertura de investigaciones por muchas
organizaciones internacionales e intergubernamentales, especialmente los órganos de
defensa de los derechos humanos de las Naciones Unidas, el Consejo de Europa y el
Parlamento Europeo. Esto último puso de manifiesto que algunos de los Estados afec-
tados no querían que estallara la verdad. La noción de «secreto de Estado» a menudo
se esgrime para impedir la búsqueda de la verdad (…), y también fue invocada por el
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 275
aunque finalmente el TEDH no considera como lesión autónoma la del dere-
cho a la verdad sino que lo subsume en el deber de investigar que tenían las
autoridades macedonias70, el caso El-Masri se reviste gran importancia para el
estudio del derecho a la verdad gracias a los votos particulares concurrentes
que la completan. En el primero de ellos, los magistrados Tulkens, Spilmann,
Sicilianos y Keller describen el derecho a la verdad como una “realidad bien
establecida”, que debería haber sido analizada de forma autónoma en este
caso. Mientras que por otro lado, el otro voto particular firmado por los magis-
trados Casadevalls y López Guerra ofrece una lectura mucho más restrictiva
del derecho a la verdad. Consideran que no es viable la incorporación de un
derecho no incluido en la Convención eliminando así la posibilidad de abrir
la puerta a un nuevo derecho.
Después del caso El-Masri llegaron otros que abrieron la puerta a un
posible reconocimiento de la verdad como derecho humano autónomo, pero
la Corte no ha llegado a dar ese salto final que dote de contenido colectivo
a este derecho71. Confirmando más bien, que es la víctima, no la sociedad
la que tiene derecho a saber, aunque eso no impide reconocer la existencia
de un interés general colectivo. Parece, por tanto, que el TEDH tiene serias
dudas sobre esa dimensión del derecho a la verdad que enlaza con la justi-
cia transicional, las leyes de amnistía, el perdón y la reconstrucción social,
temas que son bien conocidos en el sistema interamericano de protección de
los derechos humanos. Probablemente, al igual que sucede en otros aspec-
tos del funcionamiento de estos dos sistemas de protección regional de los
derechos humanos, estamos ante uno de esos rasgos que los diferencia y que
en la práctica dificulta la universalidad de las construcciones teóricas sobre
derechos humanos72.
Los recientes pronunciamientos del TEDH73 reavivan la polémica debate
de si estamos ante un auténtico derecho o solo ante una herramienta semántica,
adecuada para la estructura y descripción del concepto pero desprovista de
gobierno de EE.UU. en el contexto de la demanda presentada por el interesado ante
los tribunales americanos (…)”. TEDH. Caso El-Masri c. Macedonia, sentencia de 13
de diciembre de 2012, p. 191.
70
TEDH. Caso El-Masri c. Macedonia…, op. cit., p. 192.
71
TEDH. Caso Aslakhanova y otros c. Rusia, sentencia de 18 de diciembre de 2012;
TEDH. Caso Association 21 December 1989 c. Rumanía, sentencia de 24 de mayo de
2011; TEDH. Mocam c. Rumanía, sentencia de 17 de septiembre de 2014.
72
“Courts jurisprudence on the collective dimension of the right to the truth remains
fragmented”, Cit. PANEPINTO, A. M. “The Right to the truth in international law:
the Significance of Strasbourg´s contributions”, op-. cit., p. 755.
73
Para mayor detalle sobre las aportaciones desde la jurisprudencia del TEDH véase,
LÓPEZ ULLA, J.M. “El “derecho a la verdad” en la jurisprudencia del Tribunal Europeo
de Derechos Humanos”, (pp. 127-164) en persona y Derecho. Vol. 69. 2013.
276 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
contenido jurídico propio, de ahí que la jurisprudencia internacional acuda a
los derechos que le sirven de apoyo para garantizar la protección del derecho
a la verdad. En todo caso, no queda duda de la estrecha relación que hay entre
el derecho a la verdad y el restablecimiento democrático después de una larga
etapa de gobiernos militares y dictaduras como las que conocieron muchos de
los países miembros del sistema interamericano. De ahí que en este contexto
resulte más natural y sencillo hablar directamente del derecho a la verdad
como derecho autónomo.
5.2. El sistema americano
A. Derecho derivado de otros derechos
Si alguna opción tiene el derecho a la verdad de llegar a incorporarse
como derecho autónomo en el derecho internacional de los derechos huma-
nos, es sin lugar a dudas de la mano de la avanzada jurisprudencia que la
CorteIDH ha ofrecido en la materia. Desde sus primeros pronunciamientos
la Corte de San José ha tenido clara la estrecha relación que debía existir
entre la protección de los derechos humanos, la justicia transicional, el
restablecimiento democrático y el derecho a la verdad. Las peticiones de
protección en contextos de conflictos armados internos han sido el escenario
idóneo para 74 experimentados por varias comunidades políticas latinoa-
mericanas, normalmente previos a la instauración de actuales regímenes
democráticos75.
A pesar de que la Convención americana de derechos humanos no hace
referencia expresa a la verdad como derecho humano, la Corte y la Comisión
interamericanas lo han concluido como contenido indirecto a la hora de aplicar
distintas disposiciones de la Convención. En particular, se ha manifestado que
el derecho a la verdad proviene del artículo 1.1 de la Convención, dispositi-
vo en el que se recoge el deber de los Estados parte de respetar y asegurar
la plena vigencia de los derechos humanos. Así, Comisión y Corte han sido
claras al manifestar que para cumplir con el deber de garantizar derechos
los Estados tienen la obligación de “investigar las violaciones a los derechos
74
CorteIDH. Caso de las masacres de Ituango Vs. Colombia (excepción preliminar, fondo,
reparaciones y costas), sentencia de 1 de julio de 2006, párrafo 294.
75
Como lo ha advertía la Comisión interamericana de derechos humanos, “[u]n difícil
problema que han debido afrontar las recientes democracias es el de la investigación
de las anteriores violaciones de derechos humanos y el de la eventual sanción a los
responsables de tales violaciones”. Informe anual de la Comisión interamericana de
derechos humanos 1985-1986, OEA/Ser.L/V/II.68, Doc. 8 rev. 1, del 26 de septiembre
de 1986, página 205.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 277
humanos reconocidos en la Convención”76, pues lo contrario implicará que
en la práctica “no se cuenta con un sistema de protección capaz de garantizar
la identificación y eventual sanción de los responsables”77. Ese deber existe
tanto si la vulneración de los derechos humanos proviene del poder público78
como de los particulares79.
También se ha derivado el derecho a la verdad del derecho a las ga-
rantías judiciales (artículo 8 Convención americana) y del derecho a un
recurso sencillo y eficaz (artículo 25 de la Convención). Así lo ha reconocido
la Comisión interamericana80, la Corte interamericana y la misma Organi-
zación de Estados Americanos81. En palabras de la Corte, “el derecho a la
verdad se encuentra subsumido en el derecho de la víctima o sus familiares
a obtener de los órganos competentes del Estado el esclarecimiento de los
hechos violatorios y las responsabilidades correspondientes, a través de
la investigación y el juzgamiento que previenen los artículos 8 y 25 de la
Convención”82.
Considerando que en el ámbito universal el reconocimiento del dere-
cho a la verdad se ha producido en un plano meramente declarativo, o en
un marco de competencia judicial limitada a las desapariciones forzadas
o los conflictos armados, procede formular la pregunta de si con el aporte
jurisprudencial que ofrece hasta la fecha, el sistema regional interamericano,
es suficiente para que podamos afirmar que el derecho a la verdad se ha
incorporado al derecho internacional. Para dar respuesta resulta necesario
analizar los elementos, contenido y aplicación que la CorteIDH ha dado a
76
CorteIDH. Caso Heliodoro Portugal Vs. Panamá (excepciones preliminares, fondo,
reparaciones y costas), sentencia de 12 de Agosto de 2008, párrafo 142.
77
Informe N.° 136/99, Caso 10.488, Ignacio Ellacurría S. J. y otros Vs. El Salvador, del 22
de diciembre de 1999, párrafo 233.
78
Ha dicho la Corte interamericana que “en toda circunstancia en la cual un órgano o
funcionario del Estado o de una institución de carácter público lesione indebidamente
uno de tales derechos [humanos], se está ante un supuesto de inobservancia del deber
de respeto consagrado en ese artículo [1.1]”. Caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras
(fondo), sentencia de 29 de julio de 1988, párrafo 169.
79
Así, “un hecho ilícito violatorio de los derechos humanos que inicialmente no resulte
imputable directamente a un Estado, por ejemplo, por ser obra de un particular o por
no haberse identificado al autor de la trasgresión, puede acarrear la responsabilidad
internacional del Estado, no por ese hecho en sí mismo, sino por falta de la debida
diligencia para prevenir la violación o para tratarla en los términos requeridos por la
Convención. Idem, párrafo 172.
80
Informe N° 136/99, citado, párrafo 221.
81
Asamblea general de la Organización de Estados Americanos, AG/RES. 2267 (XXXVII-
O/07), El derecho a la verdad, aprobada el 5 de junio de 2007, segundo considerando.
82
CorteIDH. Caso Bámaca Velásquez Vs. Guatemala (fondo), sentencia de 25 de noviem-
bre de 2000, párrafo 201.
278 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
este derecho para comprender su naturaleza y de ahí poder impulsar su
aplicación.
B. Derecho no circunscrito sólo a desapariciones forzosas
Inicialmente el derecho a la verdad fue entendido como el deber de inves-
tigar los casos de desapariciones forzosas83, para posteriormente ser referido de
violaciones de los derechos humanos en general84, incluso las que se producen
al margen de los conflictos armados85. Aunque habrá que reconocer que son
reiterados los casos de desaparición forzosa86, vinculadas éstas a violaciones
a la libertad personal (detención arbitraria)87, a la integridad física (tortura)88,
al debido proceso89 y a la vida (ejecución extrajudicial) 90.
No hay ninguna duda en afirmar que el derecho a la verdad deba estar
referida de violaciones graves de los derechos humanos, ya sea por la especial
importancia del derecho vulnerado, por la especial condición de la víctima, o
por la sistematicidad en su comisión, que incluso lleve a considerarlas como
83
Así, por ejemplo, una de las primeras sentencias en las que la Corte interamericana
aborda esta cuestión, manifestó que “[e]l deber de investigar hechos de este género
subsiste mientras se mantenga la incertidumbre sobre la suerte final de la persona
desaparecida. Incluso en el supuesto de que circunstancias legítimas del orden jurídico
interno no permitieran aplicar las sanciones correspondientes a quienes sean indivi-
dualmente responsables de delitos de esta naturaleza, el derecho de los familiares de
la víctima de conocer cuál fue el destino de ésta y, en su caso, dónde se encuentran sus
restos, representa una justa expectativa que el Estado debe satisfacer con los medios
a su alcance”. CorteIDH. Caso Velásquez Rodríguez Vs. Honduras (fondo), citada,
párrafo 181.
84
De forma que “[l]a víctima de violaciones de derechos humanos y sus familiares, en
su caso, tienen el derecho de conocer la verdad”. CorteIDH. Caso Tibi Vs. Ecuador
(excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas), sentencia de 7 de septiembre
de 2004, párrafo 257.
85
La Asamblea general de la OEA ha destacado que “también se deberían adoptar las
medidas adecuadas para identificar a las víctimas en las situaciones que no equivalgan
a conflicto armado”. AG/RES. 2267 (XXXVII-O/07), citada, sexto considerando.
86
CorteIDH. Caso Molina Theissen Vs. Guatemala (reparaciones y costas), sentencia de
3 de julio de 2004, párrafo 82.
87
CorteIDH. Caso Tibi Vs. Ecuador (excepciones preliminares, fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 257.
88
CorteIDH. Caso de los Hermanos Gómez Paquiyauri Vs. Perú (fondo, reparaciones y
costas), sentencia de 8 de julio de 2004, párrafo 231.
89
CorteIDH. Caso Hermanas Serrano Cruz Vs. El Salvador (fondo, reparaciones y costas),
sentencia de 1 de marzo de 2005, párrafo 106.
90
CorteIDH. Caso Myrna Mack Chang Vs. Guatemala (fondo, reparaciones y costas),
sentencia de 25 de noviembre de 2003, párrafo 275.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 279
crímenes de lesa humanidad91. Y aunque no ha faltado la ocasión en la que
la Corte interamericana ha manifestado que el deber que lleva aparejado el
derecho a la verdad es “una obligación que corresponde al Estado siempre
que haya ocurrido una violación de los derechos humanos”92, y, por tanto, al
margen de su especial trascendencia concreta, lo cierto es que la violación de
los derechos humanos respecto del cual se predica este derecho, puede ser
una especialmente grave y relevante.
C. Titulares del derecho a la verdad
Los titulares del derecho a la verdad son las víctimas de las violaciones
de derechos humanos. Estas pueden ser víctimas individuales y víctimas
colectivas. Las víctimas colectivas han sido grupos humanos con muchos93,
pocos94 o ningún lazo de unidad95. También son reconocidos como titulares
del derecho a la verdad los familiares de las víctimas96, y lo son por el “pro-
fundo dolor, sufrimiento psicológico intenso, angustia e incertidumbre”97 que
experimentan ante la violación de los derechos humanos de sus familiares,
alterando sus normales relaciones sociales y laborales98. En particular, se
trata de un dolor frente a la ignorancia de lo que ha ocurrido con su familiar
víctima de la violación de derechos humanos, de quien desconocen su para-
91
CorteIDH. Caso Almonacid Arellano y otros Vs. Chile, (excepciones preliminares,
fondo, reparaciones y costas), sentencia de 26 de septiembre de 2006, párrafo 111.
92
CorteIDH. Caso de los Hermanos Gómez Paquiyauri Vs. Perú (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 229; y CorteIDH. Caso 19 comerciantes Vs. Colombia (fondo,
reparaciones y costas), sentencia de 5 de julio de 2004, párrafo 258.
93
Fue el caso de hechos que “afectaron gravemente a los miembros del pueblo maya achí
en su identidad y valores y que se desarrollaron dentro de un patrón de masacres”.
CorteIDH. Caso Masacre Plan de Sánchez Vs. Guatemala (fondo), de 29 de abril de
2004, párrafo 51.
94
Como pueden ser los miembros de un municipio. Fue el caso de hechos que provocaron
“la amedrentación y el desplazamiento de los habitantes del municipio de Mapiripán”.
CorteIDH. Caso de la Masacre de Mapiripán Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), de 15 de septiembre de 2005, párrafo 246.
95
Como la muerte de víctimas unidas sólo circunstancialmente, ya que “se dedicaban a
actividades comerciales, tales como transporte de mercaderías o de personas, compra
de mercancías en la frontera colombo-venezolana y venta de las mismas en las ciuda-
des de Bucaramanga, Medellín e intermedias”. CorteIDH. Caso 19 comerciantes Vs.
Colombia (fondo, reparaciones y costas), citado, párrafo 85.a.
96
CorteIDH. Caso del Penal Miguel Castro Castro Vs. Perú (fondo, reparaciones y costas),
sentencia de 25 de noviembre de 2006, párrafo 335.
97
CorteIDH. Caso Heliodoro Portugal Vs. Panamá (excepciones preliminares, fondo,
reparaciones y costas), citado, párrafo 239.
98
CorteIDH. Caso La Cantuta Vs. Perú (fondo, reparaciones y costas), sentencia de 29 de
noviembre de 2006, párrafo 126.
280 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
dero y situación final, así como por “no ha[ber] contado con la posibilidad
de honrar apropiadamente a sus seres queridos fallecidos”99, incluso aunque
“hayan tenido un entierro simbólico”100. En estas situaciones “los familiares
de las víctimas han padecido grandes sufrimientos en detrimento de su in-
tegridad psíquica y moral (…). Además, la falta de conocimiento sobre [su]
paradero (…) ha ocasionado que el sufrimiento de sus familiares sea aún más
intenso”101, se trata de “un severo sufrimiento por el hecho mismo, que se
acrecienta por no haber sido establecida toda la verdad de los hechos y como
un efecto de la impunidad”102, lo que les obliga a vivir “con sentimientos de
inseguridad, frustración”103.
Del mismo modo son considerados titulares del derecho a la verdad
la sociedad en su conjunto en cuyo seno se han perpetrado las violaciones.
Debido a la dimensión social que tiene el conflicto que normalmente sirve
de marco a las graves y sistemáticas violaciones de derechos humanos en
una comunidad política determinada, así como a la dimensión social que
tienen las repercusiones de esas violaciones, queda plenamente justificada
la consideración de la sociedad en su conjunto como titular del derecho a la
verdad. Como ha manifestado la Corte, “[l]as medidas preventivas y de no
repetición empiezan con la revelación y reconocimiento de las atrocidades
del pasado (…). La sociedad tiene el derecho a conocer la verdad en cuanto
a tales crímenes con el propósito de que tenga la capacidad de prevenirlos
en el futuro”104, de hecho el conocimiento de la verdad facilita la búsqueda
de formas de prevenir este tipo de violaciones en el futuro105. Precisamente
por eso es que normalmente, y como un mecanismo de reparación del daño
causado por la violación de derechos humanos, la Corte dispone que el Estado
99
CorteIDH. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), sentencia de 31 de enero de 2006, párrafo 161.
100
CorteIDH. Caso La Cantuta Vs. Perú (fondo, reparaciones y costas), citado, párrafo
125.f.
101
CorteIDH. Caso Blanco Romero y otros Vs. Venezuela (fondo, reparaciones y costas),
sentencia del 28 de noviembre de 2005, párrafo 60.
102
CorteIDH. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 161.
103
CorteIDH. Caso Vargas Areco Vs. Paraguay (fondo, reparaciones y costas), sentencia
de 26 de septiembre de 2006, párrafo 96.
104
CorteIDH. Caso Bámaca Velásquez Vs. Guatemala (reparaciones y costas), sentencia
de 22 de febrero de 2002, párrafo 77.
105
CorteIDH. Caso Gómez Palomino Vs. Perú (fondo, reparaciones y costas), sentencia
de 22 de noviembre de 2005, párrafo 77.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 281
debe divulgar públicamente los resultados de la investigación de los hechos
violatorios106.
Así, la Corte ha reiterado que “toda persona, incluyendo a los familiares
de víctimas de graves violaciones de derechos humanos, tiene el derecho a
conocer la verdad. En consecuencia, los familiares de las víctimas, y la sociedad
como un todo, deben ser informados de todo lo sucedido con relación a dichas
violaciones”107. A todos ellos se les ha reconocido un “pleno acceso y capaci-
dad de actuar en todas las etapas e instancias de la investigación y el juicio
correspondiente, de acuerdo con la ley interna y las normas de la Convención
Americana”108. Y con total rotundidad en el caso Gomes Lund al reconocer ese
derecho a la verdad para los familiares de las graves violaciones de derechos
humanos vinculado aquí al derecho a buscar y recibir información109.
D. Contenido subjetivo del derecho a la verdad
Se trata, por tanto, de que los mencionados titulares del derecho a
la verdad tengan un recurso sencillo y efectivo a través del cual pueda
iniciarse y desarrollarse un proceso con sujeción a las garantías judiciales
formales y materiales del debido proceso110, que en un tiempo razonable
permita el aseguramiento del derecho a conocer la verdad de lo ocurrido111
o a la verdad de los hechos112, “lo cual incluye la determinación judicial de
los patrones de actuación conjunta y de todas las personas que de di-
versas formas participaron en dichas violaciones y sus correspondientes
responsabilidades”113, y la consecuente sanción de los responsables, así
106
Por todas cfr. El caso Gómez Palomino Vs. Perú (fondo, reparaciones y costas), citada,
párrafo 139.
107
CorteIDH. Caso Hermanas Serrano Cruz Vs. El Salvador (fondo, reparaciones y costas),
citado, párrafo 62.
108
CorteIDH. Caso Tibi vs. Ecuador (excepciones preliminares, fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 258.
109
CorteIDH. Caso Gomes Lund y otros (“Guerrilla do Araguaia”) c. Brasil. (excepciones
preliminares, fondo, reparaciones y costas), sentencia de 24 de noviembre de 2010,
párrafo 200.
110
CorteIDH. Caso de la Masacre de La Rochela Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), sentencia de 11 de mayo de 2007, párrafo 193.
111
CorteIDH. Caso Ximenes Lopes Vs. Brasil, (fondo, reparaciones y costas), sentencia de
4 de julio de 2006, párrafo 245.
112
CorteIDH. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 266.
113
CorteIDH. Caso de la Masacre de La Rochela Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 195.
282 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
como la obtención de una debida reparación114. Hay voces críticas que
sugieren que al derecho a la verdad no se le puede considerar como un
derecho autónomo, sino como una herramienta de reparación individual y
colectiva que se sustenta en el deber de cumplir las obligaciones y derechos
reconocidos en la Convención, especialmente las garantías judiciales, el
deber de protección, el acceso a la información y la obligación de investi-
gación que tienen los estados parte del convenio; y de considerarlo como
derecho autónomo, sus titulares deberían ser las víctimas y sus familiares
y no la sociedad en su conjunto115.
E. Contenido objetivo del derecho a la verdad
Ese contenido subjetivo que se reconoce al titular del derecho, se com-
plementa con el contenido objetivo o prestacional manifestado en una serie
de deberes estatales con la finalidad de favorecer el más pleno ejercicio del
derecho a la verdad. Así, se reconoce que “las obligaciones positivas inherentes
al derecho a la verdad exigen la adopción de los diseños institucionales que
permitan que este derecho se realice en la forma más idónea, participativa y
completa posible y no enfrente obstáculos legales o prácticos que lo hagan
ilusorio”116. En particular, el Estado tiene la obligación de “evitar y combatir
la impunidad”117, la cual se define como “la falta en su conjunto de investiga-
ción, persecución, captura, enjuiciamiento y condena de los responsables de
las violaciones de los derechos protegidos por la Convención Americana”118.
La investigación de la verdad de lo acontecido, ya sea para castigar a los
responsables como para determinar el contenido de la reparación, “es una
obligación que corresponde al Estado siempre que haya ocurrido una violación
de los derechos humanos”119, ello porque los Estados partes de la Convención
tienen a su vez la obligación de respetar y garantizar los derechos humanos
114
CorteIDH. Caso 19 comerciantes vs. Colombia (fondo, reparaciones y costas), citado,
párrafo 186.
115
Vid. BECERRA SANTIZABAL, P.A. y PAVA MENDOZA, E. V. “Protección del Derecho
a la verdad. Fundamentos jurídicos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos”,
(pp. 121-147) en Ánfora 23 (40) Junio 2016.
116
CorteIDH. Caso de la Masacre de La Rochela Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 195.
117
CorteIDH. Caso de las masacres de Ituango Vs. Colombia (excepción preliminar, fondo,
reparaciones y costas), citado, párrafo 299.
118
CorteIDH. Caso de la Comunidad Moiwana Vs. Suriname, (excepciones preliminares,
fondo, reparaciones y costas), sentencia de 15 de junio de 2005, párrafo 203.
119
CorteIDH. Caso Cesti Hurtado Vs. Perú (reparaciones y costas), sentencia de 31 de
mayo de 2001, párrafo 62.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 283
consagrados en ella (artículo 1.1 Convención americana)120, obligación que no
puede ser desconocida por ninguna ley interna121.
La lucha contra la impunidad debe realizarse a través de todos los medios
legales disponibles122, orientados a la determinación de la verdad, persecución,
captura, enjuiciamiento y castigo de los responsables intelectuales y materiales
de los hechos123. No se olvide que la impunidad “propicia la repetición crónica
de las violaciones de derechos humanos y la total indefensión de las víctimas y
de sus familiares”124. Así, por ejemplo, el Estado debe remover los obstáculos
que de facto o de iure mantengan la impunidad; debe utilizar los medios a su
alcance para hacer expeditiva la investigación y los procedimientos respec-
tivos; así como otorgar garantías de seguridad adecuadas a los familiares
de las víctimas, investigadores, testigos, defensores de derechos humanos y
operadores jurídicos en general125.
La impunidad supondría necesariamente el incumplimiento del “deber
general de garantizar el libre y pleno ejercicio de los derechos”126. De modo
que los Estados tienen la obligación de actuar tanto en su función ejecutiva y
legislativa, como en la judicial, en la dirección de velar por la desaparición de
la impunidad y la consecuente garantía plena de los derechos humanos, por
lo que deberán “tomar las providencias de toda índole para que nadie sea sus-
traído de la protección judicial y del ejercicio del derecho a un recurso sencillo
y eficaz, en los términos de los artículos 8 y 25 de la Convención”127. Así, la
Corte termina condenando a un Estado cuando ha concluido que los procesos
y procedimientos internos no han constituido, ni individual ni conjuntamente,
120
CorteIDH. Caso de la Masacre de Mapiripán Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 233.
121
CorteIDH. Caso Blanco Romero y otros Vs. Venezuela (fondo, reparaciones y costas),
citado, párrafo 98.
122
CorteIDH. Caso del Penal Miguel Castro Castro Vs. Perú (fondo, reparaciones y costas),
citado, párrafo 256.
123
CorteIDH. Caso Almonacid Arellano y otros Vs. Chile (excepciones preliminares, fondo,
reparaciones y costas), citado, párrafo 111.
124
CorteIDH. Caso de los “Niños de la Calle” (Villagrán Morales y otros) Vs. Guatemala
(reparaciones y costas), sentencia de 26 de mayo de 2001, párrafo 100.
125
CorteIDH. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 268. Aunque ese proceso de búsqueda de la verdad no siempre
resulta compatible con los parámetros que exige la justicia transicional. Vid. BARBOSA
DELGADO, F. R. “La memoria, la historia y el derecho a la verdad en la Justicia Tran-
sicional en Colombia: una paradoja irresoluble en el conflicto armado colombiano”,
(pp. 97-117) en Revista Derecho del Estado. N° 31. 2013.
126
Corte IDH. Caso Cantoral Benavides Vs. Perú (reparaciones y costas), sentencia de 3
de diciembre de 2001, párrafo 69.
127
CorteIDH. Caso Barrios Altos Vs. Perú (fondo), sentencia de 14 de marzo de 2001,
párrafo 43.
284 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
“recursos efectivos para garantizar el acceso a la justicia, la determinación del
paradero de las personas desaparecidas y de toda la verdad de los hechos”128.
El deber de investigar, aunque es reconocido como una obligación de
medios antes que de resultados129, que exige “la determinación procesal de la
más completa verdad histórica posible”130, debe ser asumida por el Estado con
seriedad131 e imparcialidad132 a fin de que pueda ser realmente efectiva133 de
modo que no subsistan situaciones de impunidad por no haberse determinado
toda la verdad posible, ni por no haberse establecido todas las responsabilida-
des de los hechos ocurridos134. Se trata de un deber jurídico propio que debe
ser cumplido no como una mera formalidad135 o como una simple gestión de
intereses privados136, o lo que sería peor, como una gestión condenada de an-
temano a ser infructuosa137. Consecuentemente, su cumplimiento “no depende
de la iniciativa procesal de la víctima, o de sus familiares o de su aportación
de elementos probatorios”138, sino que el Estado deberá iniciar la investigación
ex officio y sin dilación139.
Asimismo, el Estado no puede prolongar sine die el cumplimiento de
este deber, es decir, debe “asegurar, en tiempo razonable, el derecho de
la presunta víctima o sus familiares a que se haga todo lo necesario para
128
CorteIDH. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 211.
129
CorteIDH. Caso Valle Jaramillo y otros Vs. Colombia (fondo, reparaciones y costas),
sentencia de 27 de noviembre de 2008, párrafo 100.
130
CorteIDH. Caso de la Masacre de La Rochela Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo195.
131
CorteIDH. Caso Bulacio Vs. Argentina, (Fondo, Reparaciones y Costas), sentencia de
18 de septiembre de 2003, párrafo 112.
132
CorteIDH. Caso de la Masacre de Mapiripán Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 219.
133
CorteIDH. Caso Carpio Nicolle y otros Vs. Guatemala (fondo, reparaciones y costas),
sentencia del 22 de noviembre del 2004, párrafo 129.
134
CorteIDH. Caso de la Masacre de La Rochela Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 178.
135
CorteIDH. Caso de la “Panel Blanca” (Paniagua Morales y otros) Vs. Guatemala (re-
paraciones y costas), sentencia del 25 de mayo de 2001, párrafo 200.
136
CorteIDH. Caso Hermanas Serrano Cruz vs. El Salvador (fondo, reparaciones y costas),
citado, párrafo 61.
137
CorteIDH. Caso García Prieto y otro Vs. El Salvador (excepciones preliminares, fondo,
reparaciones y costas), sentencia de 20 de enero de 2007, párrafo 100.
138
CorteIDH. Caso de la Comunidad Moiwana Vs. Suriname, (excepciones preliminares,
fondo, reparaciones y costas), citado, párrafo 146.
139
CorteIDH. Caso de la Masacre de Mapiripán Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 219.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 285
conocer la verdad de lo sucedido y para que se sancione a los eventuales
responsables” 140. La Corte interamericana ha establecido tres criterios
para determinar la razonabilidad de la duración de un proceso: “a) com-
plejidad del asunto, b) actividad procesal del interesado y c) conducta de
las autoridades judiciales”141. El principio general que se ha de aplicar
en estas situaciones es “evitar dilaciones y entorpecimientos indebidos
que conduzcan a la impunidad y frustren la debida protección judicial
de los derechos humanos”142. Por lo demás, “los funcionarios públicos
y los particulares que entorpezcan, desvíen o dilaten indebidamente las
investigaciones tendientes a aclarar la verdad de los hechos, deberán ser
sancionados, aplicando al respecto, con el mayor rigor, las previsiones de
la legislación interna”143.
Esta obligación de investigación cobra especial relevancia en aquellos
casos de desaparición forzosa de las víctimas y/o de ejecución extrajudi-
cial144. De las primeras, el deber de investigar incluye necesariamente el
realizar todas las acciones necesarias para determinar el destino o paradero
del desaparecido, al punto que se requiere del esclarecimiento de todas las
circunstancias de la desaparición para que se considere que el Estado ha
cumplido con su obligación de proporcionar a las víctimas y a sus familiares
un recurso efectivo para conocer la verdad sobre lo sucedido145. Mas aún,
“en el supuesto de que dificultades del orden interno impidiesen identificar
a los individuos responsables por los delitos de esta naturaleza, subsiste el
derecho de los familiares de la víctima de conocer cuál fue el destino de ésta
y, en su caso, dónde se encuentran sus restos”146. De las segundas, el deber
de investigar de forma eficiente y acuciosa147, debe desenvolverse tomando
140
CorteIDH. Caso Hermanas Serrano Cruz Vs. El Salvador (fondo, reparaciones y costas),
citado, párrafo 66.
141
CorteIDH. Caso Tibi vs. Ecuador (excepciones preliminares, fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 175.
142
CorteIDH. Caso Servellón García y otros Vs. Honduras (fondo, reparaciones y costas),
sentencia de 21 de septiembre de 2006, párrafo 151.
143
CorteIDH. Caso Hermanas Serrano Cruz vs. El Salvador (fondo, reparaciones y costas),
citado, párrafo 173.
144
Que son el marco fáctico más frecuente en el que la CorteIDH aplica el derecho a la
verdad como herramienta de reparación. Vid. BECERRA SANTIZABAL, P.A. y PAVA
MENDOZA, E. V. “Protección del Derecho a la verdad. Fundamentos jurídicos de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos”, op.cit.
145
CorteIDH. Caso Caballero Delgado y Santana Vs. Colombia (Fondo), sentencia de 8
de diciembre de 1995, párrafo 58.
146
CorteIDH. Caso Castillo Páez Vs. Perú (fondo), sentencia de 3 de noviembre de 1997,
párrafo 90.
147
CorteIDH. Caso Servellón García y otros Vs. Honduras (fondo, reparaciones y costas),
citado, párrafo 120.
286 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
en consideración el “Manual sobre la prevención e investigación efectiva de
ejecuciones extrajudiciales, arbitrarias y sumarias de Naciones Unidas”148.
Por lo que la investigación debe conducir a la identificación de la víctima; a
recuperar y preservar el material probatorio relacionado con la muerte, di-
ferenciando la muerte natural, de la accidental, el suicidio y el homicidio; a
identificar posibles testigos; y a determinar la causa, forma, lugar y momento
de la muerte149. En uno y otro caso, no se olvide que el sufrimiento que se
ocasiona “constituye una forma de trato cruel, inhumano y degradante para
los familiares cercanos”150.
La verdad de lo ocurrido no sólo se puede buscar y encontrar a través de
procesos judiciales, sino también a través de procesos extra judiciales, como
los que se llevan a cabo a través de las llamadas Comisiones de la verdad. La
creación de estas Comisiones151, así como la publicación de sus informes y re-
comendaciones152 son valoradas por la Corte interamericana como un principio
de reparación del daño ocasionado a las víctimas y a sus familiares, aunque en
ningún caso “sustituyen la obligación del Estado de lograr la verdad a través
de los procesos judiciales”153, pues siempre persiste la obligación estatal de
investigar, procesar y sancionar según corresponda154.
El cumplimiento del deber de combatir la impunidad tiene una clara
significación negativa. Se trata de la prohibición al Estado de realizar actos
ejecutivos, legislativos o judiciales que dificulte o impida el esclarecimien-
to de los hechos violatorios de derechos humanos, la aplicación de las
correspondientes sanciones a quienes resulten responsables, y la eventual
reparación por los daños causados. Una de las acciones que más entorpecen
el cumplimiento de este deber son las leyes de amnistía a los responsables,
o de prescripción del enjuiciamiento de los delitos, o disposiciones exclu-
yentes de responsabilidad, y en general, todas las medidas “que pretendan
impedir la investigación y sanción de los responsables de las violaciones
graves de los derechos humanos tales como la tortura, las ejecuciones
sumarias, extralegales o arbitrarias y las desapariciones forzadas, todas
148
U.N. Doc. E/ST/CSDHA/.12 (1991).
149
CorteIDH. Caso Servellón García y otros Vs. Honduras (fondo, reparaciones y costas),
citado, párrafo 120.
150
CorteIDH. Caso Goiburú y otros Vs. Paraguay (fondo, reparaciones y costas), sentencia
de 22 de septiembre de 2006, párrafo 101.e.
151
Idem, párrafo 169.
152
CorteIDH. Caso La Cantuta Vs. Perú (fondo, reparaciones y costas), citado, párrafo
223.
153
CorteIDH. Caso Almonacid Arellano y otros Vs. Chile (excepciones preliminares, fondo,
reparaciones y costas), citado, párrafo 150.
154
CorteIDH. Caso La Cantuta Vs. Perú (fondo, reparaciones y costas), citado, párrafo
224.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 287
ellas prohibidas por contravenir derechos inderogables reconocidos por el
Derecho Internacional de los Derechos Humanos”155. Se trata de leyes que
generan la indefensión de las víctimas con la consecuente consolidación de
la impunidad, al impedir la identificación de los individuos responsables
de violaciones a derechos humanos, pues se obstaculiza la investigación y
el acceso a la justicia e impide a las víctimas y a sus familiares conocer la
verdad y recibir la reparación correspondiente156. Incluso, ha manifestado
la Corte que el Estado no podrá argumentar ni los principios de irretroac-
tividad de la ley penal, ni el principio ne bis in idem para eximirse de la
referida obligación157.
La CorteIDH ha tenido la oportunidad de pronunciarse con detalle so-
bre la incompatibiliad de las leyes de amnistía con la Convención Americana
sobre Derechos Humanos, en el caso Gomes Lund c. Brasil. Caso referido a la
desaparición forzosa de 70 miembros del Partido Comunista durante los años
de la dictadura militar que tuvo Brasil de 1964 a 1985. La CorteIDH reafirma
en este caso su doctrina constante calificando la desaparición forzosa como
violación múltiple y continuada de los derechos humanos y relaciona el de-
recho a saber la verdad que en el presente caso, con el derecho de a buscar y
recibir información consagrado en el artículo 13 de la CADH158.
El cumplimiento de la obligación de investigar a fin de establecer la ver-
dad de lo ocurrido, ha sido considerado por la Corte como una modalidad
de reparación a las víctimas y sus familiares159. Así, “[e]l reconocimiento y
el ejercicio del derecho a la verdad en una situación concreta constituye un
medio de reparación”160. Y es que la reparación integral por la violación de los
derechos humanos no puede reducirse al pago de compensaciones económi-
cas, sino que deberán incluir también un verdadero acceso a la verdad y a la
justicia161. Pero la idea de que el derecho a la verdad haya alcanzado estatus
de derecho autónomo no es unánime pues como bien recuerda el Juez Ferrer
Mac-Gregor en su voto concurrente en el caso Rodríguez Vera c. Colombia: “Del
155
CorteIDH. Caso de los Hermanos Gómez Paquiyauri Vs. Perú (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 233.
156
CorteIDH. Caso Barrios Altos Vs. Perú (fondo), citado, párrafo 43.
157
CorteIDH. Caso Almonacid Arellano y otros Vs. Chile (excepciones preliminares, fondo,
reparaciones y costas), citado, párrafo 150.
158
CorteIDH. Caso Gomes Lund y otros (“Guerrilla do Araguaia”) c. Brasil…, op. cit.,
párrafo 201.
159
CorteIDH. Caso Trujillo Oroza Vs. Bolivia (reparaciones y costas), sentencia de 27 de
febrero de 2002, párrafo 114.
160
CorteIDH. Caso del Penal Miguel Castro Castro Vs. Perú (fondo, reparaciones y costas),
citado, párrafo 440.
161
CorteIDH. Caso de la Masacre de Pueblo Bello Vs. Colombia (fondo, reparaciones y
costas), citado, párrafo 206.
288 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
avance jurisprudencial de este Tribunal Interamericano y del desarrollo de los
órganos e instrumentos internacionales y ordenamientos jurídicos internos, se
desprende con claridad que el derecho a la verdad actualmente es reconocido
como un derecho autónomo e independiente. Si bien el referido derecho no se
encuentra contenido de forma expresa en la Convención Americana, ello no
impide que la Corte Interamericana pueda examinar una alegada violación al
respecto y declarar su violación”162.
VI. A MODO DE CONCLUSIÓN: LA FORMULACIÓN DEL DERECHO
HUMANO A LA VERDAD
Más allá de un diferente nivel de desarrollo jurisprudencial y/o norma-
tivo, lo cierto es que en los distintos ámbitos del derecho internacional se han
dado pasos importantes en la dirección de reconocer y garantizar un derecho
que permita a las víctimas y, de ser el caso, a sus familiares, conocer acerca de
las agresiones de derechos humanos sufridas. En todos ellos es posible palpar
el interés de afrontar de la manera que mejor convenga a la plena vigencia
de los derechos humanos, las situaciones —por desgracia frecuentes— de
transición de una etapa de enfrentamiento social, político y militar, a otra de
reconciliación y convivencia pacífica en una sociedad.
A pesar de esos diferentes alcances, del reconocimiento jurídico que
ha experimentado este derecho, es posible afirmar que la búsqueda de la
verdad de lo acontecido se presenta como un instrumento a través del cual
se pretende obtener, por un lado, la reivindicación de la persona como una
realidad valiosa, y por otro, la lucha contra la impunidad163. Sólo admitiendo
que la persona humana es un ser extremadamente valioso en sí mismo, per-
mite considerarla inviolable y justifica que se investigue y se conozca quienes
intentaron o lograron someterla a tratos contrarios a su valor como fin en si
misma. Y, consecuentemente, con base en ese valor superior que significa la
persona humana, se crean los mecanismos jurídicos que permitan conocer las
acciones violatorias de derechos humanos, a fin de sancionar convenientemente
a sus promotores y ejecutores.
Es precisamente esta develada base humanística que subyace en la formu-
lación jurídica internacional, la que hace posible predicar de ésta la justificación
metapositiva del derecho a la verdad argumentada anteriormente. Así, con base
en la definición de derecho humano formulada anteriormente, y con base en el
reconocimiento jurídico internacional del derecho a saber, puede afirmarse que
162
CorteIDH. Caso Rodríguez Vera y otros (desaparecidos del Palacio de Justicia) v. Co-
lombia, (excepciones preliminares, fondo, reparaciones, y costas), sentencia de 14 de
noviembre. Voto concurrente Juez Ferrer Mac-Gregor Poisot, párra. 23.
163
Como se ha dicho, “[l]a impunidad es uno de los obstáculos más serios para un ade-
cuado disfrute de los derechos humanos”. GÓMEZ ISA, Felipe, “El fenómeno de la
impunidad:”, ob. cit., 165.
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 289
el conocimiento de la verdad de lo ocurrido durante una determinada época
de enfrentamiento social, político y militar constituye un bien humano que al
satisfacer una determinada necesidad humana perfecciona al ser humano164.
El Derecho, artefacto que nace para servir al hombre a conseguir su fin último
que es la plena realización de su personalidad, parte de la esencia humana
para establecer sus distintas formulaciones deónticas. En ella descubre que el
mandato (metapositivo) de perfeccionamiento humano (felicidad humana) al
que todos estamos llamados de modo natural, tiene una determinada concre-
ción cuando de situaciones de excepcionalidad en la vida de una comunidad
política se trata, normalmente en el contexto de las llamadas “transiciones a
la democracia”165, en las que surge la necesidad de trazar una línea clara entre
el pasado y el presente-futuro166.
Ese mandato se particulariza en satisfacer la concreta exigencia (nece-
sidad) esencial de conocer lo más acabadamente posible, lo sucedido con las
víctimas de violaciones de derechos humanos. Es esencial porque brota direc-
tamente de la esencia (naturaleza) humana167. Y brota de ahí porque el modo
de ser humano rechaza el dolor, la angustia y la desesperación, en particular
los provocados por el desconocimiento de toda información acerca de lo su-
cedido con un ser querido ausente por la acción estatal, y rechaza también su
existencia en una comunidad social profundamente enfrentada y dividida,
impedida de reconciliación precisamente por esa falta de conocimiento.
Dicho positivamente, el modo de ser humano reclama el conocimiento
de las circunstancias que envolvieron las graves violaciones de derechos hu-
manos, en particular, la identidad de los agresores y la suerte del ser querido
desaparecido, ello no sólo porque permitirá una existencia digna de las víctimas
o sus familiares al hacer cesar el dolor y la angustia, o al menos, al hacerlas
tolerables; sino también porque favorecerá la creación de una convivencia
social pacífica, al propiciar la reconciliación nacional168 y su no repetición en
164
Hablando de la verdad se ha dicho que “no es sólo el bien del entendimiento y su
perfección, sino también parte integrante del bien humano y de la perfección del hom-
bre”. GONZÁLEZ-AYESTA, Cruz, La verdad como bien según Tomás de Aquino, EUNSA,
Barañáin (Navarra) 2006, p. 340.
165
MÉNDEZ, Juan E., “Derecho a la verdad”, ob. cit., p. 518.
166
DARY, Elyn, “Truth Skepticism: An Inquiry into the Value of Truth in Times of Transi-
tion”, en The International Journal of Transitional Justice, Vol. 2, 2008, p. 39.
167
En este sentido, “la verdad es el fin de una inclinación humana (el deseo de saber)”.
GONZÁLEZ-AYESTA, Cruz, La verdad como bien…, ob. cit., p. 347.
168
De modo que se ha de destacar especialmente el trascendental papel que en un proceso
de justicia transicional y reconciliación nacional está llamado a jugar el conocimiento de
la verdad. Cfr. ZALAQUETT, José, “Confronting Human Rights Violations Committed
by Former Governments: Principles Applicable and Political Constraints”, en KRITZ,
Neil J. (ed), Transitional Justice, United States Institute of Peace Press, Washington
1995, ps. 3-31.
290 SUSANA MOSQUERA MONELOS | LUIS CASTILLO CÓRDOVA
el futuro169 como manifestación del deber de no olvidar170, convivencia tal que
es reclamada también por un determinado modo de ser humano.
Por tanto, el conocimiento de lo ocurrido se convierte en un bien humano
y su consecución supone una mayor cuota de perfeccionamiento humano. Se
trata de colocar a la persona humana en las condiciones más óptimas para
lograr el mayor grado de realización posible171. Este bien humano reconocido
y garantizado por el Derecho se convierte en el derecho humano a la verdad,
para significar un conjunto de facultades de acción y de consecuentes deberes
estatales, que permitan alcanzar a la persona individual y socialmente consi-
derada, el conocimiento de lo ocurrido sobre determinados miembros de una
comunidad en lo que respecta al cumplimiento de la obligación natural de
tratar a la persona humana de acuerdo con su dignidad172.
Así, como ha sido reconocido en el derecho internacional, el titular de
este derecho humano es toda persona que sufre la acción estatal de represión
violenta e inhumana, y cuando la víctima está desaparecida o muerta, es titu-
lar también el conjunto familiar más cercano; y en la medida que permite la
creación de un ámbito de convivencia pacífica, lo es también la sociedad en
su conjunto. Los obligados, como regla general, son directa y principalmente
el Estado en cuyo territorio aconteció el acto represor173. El contenido, como
ya se dijo, es el conocimiento de lo ocurrido, pero un conocimiento que tenga
al menos las siguientes características: que sea verdadero, es decir, que se de
cuenta de lo que realmente aconteció, existiendo una correspondencia entre lo
informado y lo ocurrido174; y que sea lo más completo dentro de las posibili-
169
Y es que, “sin verdad, la sociedad no estaría en capacidad de comprender lo que sucedió
en el pasado, y no podría poner en marcha mecanismos que impidan la recurrencia de
esas conductas atroces”. UPRIMMY YEPES, Rodrigo; SAFFON SANÍN, María Paula,
“Derecho a la verdad: alcances y límites de la verdad judicial”, en DE GAMBOA
TAPIAS, Camila (editora), Justicia transicional: teoría y praxis, Universidad del Rosario,
septiembre de 2006, p. 345.
170
GÓMEZ ISA, Felipe, “El fenómeno de la impunidad:”, ob. cit., p. 168.
171
CASTILLO CÓRDOVA, Luis, Los derechos constitucionales. Elementos para una teoría
general, Palestra editores, Lima 2007, ps. 27-37.
172
Se trata del “conocimiento de las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que
ocurrieron los hechos, las motivaciones de los mismos, el destino de las personas, en
los casos de desapariciones forzadas o asesinatos, y el estado de las investigaciones
oficiales”. ARDILA, Dorys, Justicia transicional: principios básicos, página 5, publicado
en http://www.pangea.org/unescopau/img/programas/derecho/justicia/doc004.
pdf. (última consulta: 6 de febrero 2009).
173
Aunque no debe cerrarse la posibilidad de que un particular que tenga en su poder el
conocimiento verdadero sobre los hechos, deba ser considerado también como obligado.
174
Como manifestación del postulado Veritas est adaequatio rei et intellectus. Cfr. DE AQUI-
NO, Tomás, De Veritate, Q.1, A.1 & 3 (Summa Theologiae Q.16).
LA VERDAD COMO BIEN HUMANO DEBIDO 291
dades materiales175, es decir, que permita al titular el cese del sufrimiento y la
angustia por la desaparición de un ser querido, o que permita el procesamiento
de todos los implicados a fin de conseguir una efectiva reconciliación nacional.
Así, éste derecho reclama el conocimiento sobre los autores de los actos
represores, tanto de quienes los ordenaron como de quienes los ejecutaron,
sobre la ejecución de los actos represores mismos, y sobre las consecuencias
de ellos, en particular, de conocer si los agredidos siguen o no con vida, y si
no lo están, de conocer donde se encuentran sus restos. Este conocimiento
puede lograrse a través de procesos judiciales176, o a través de vías extrajudi-
ciales, como las llamadas Comisiones de la verdad, las que intentan llegar a
conocer la verdad de lo ocurrido y a hacer justicia de un modo distinto a como
lo hacen los tribunales de justicia177. En uno y otro caso, se intentará llegar a
“la verdad de hechos que, a partir de la evidencia acumulada, ya no pueden
negarse”178, evitando hacer desaparecer la línea entre la justicia, la historia y
la manipulación179.
175
MÉNDEZ, Juan E., “The Right to Truth”, en JOYNER Christopher C. (ed.), Reining in
Impunity for International Crimes and Serious Violations of Fundamental Human Rights:
Proceedings of the Siracusa Conference 17-21 September 1998, Érès (Association interna-
tionale de droit pénal), St. Agnes 1998, p. 264
176
Destinados a establecer una verdad judicial, la que en sí misma no está exenta de
limitaciones, pues podría limitarse a “una verdad formularia, burocráticamente
construida, que dista mucho de revelar los hechos tal como ocurrieron”. OLIVEIRA,
Alicia, GUEMBE, María José, “la verdad, derecho de la sociedad”, en ABREGÚ, Martín;
COURTIS, Christian (compiladores), La aplicación de los tratados sobre derechos humanos
por los Tribunales locales, Editores del Puerto, Buenos Aires, 1997, p. 545.
177
HAYNER, Priscilla B., Unspeakable Truths. Facing the Challenge of Truth Commissions,
Routledge, New York and London 2002,
178
MÉNDEZ, Juan E., “Derecho a la verdad frente a las graves violaciones”, ob. cit., p.
531.
179
KOSKENNIEMI, Martti, “Between impunity and show trials”, en Max Planck Yearbook
of United Nations Law, Volume 6, 2002, p. 1-35, consultado en http://www.mpil.de/
shared/data/pdf/pdfmpunyb/koskenniemi_6.pdf (último acceso el 6 de febrero de
2009).