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Biografía para Uso de Los Pájaros: Jorge Carrera Andrade

Este poema es una biografía del autor narrada en tres partes: 1) Su nacimiento en Quito a principios del siglo XX, cuando los árboles y casas se movían al paso de la última diligencia, 2) Su amor por la hidrografía, los árboles y animales de la naturaleza, y 3) El paso del tiempo y cómo todo lo que conoció en su juventud ya ha cambiado, dejando sólo recuerdos como nenúfares entre las aguas.

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Biografía para Uso de Los Pájaros: Jorge Carrera Andrade

Este poema es una biografía del autor narrada en tres partes: 1) Su nacimiento en Quito a principios del siglo XX, cuando los árboles y casas se movían al paso de la última diligencia, 2) Su amor por la hidrografía, los árboles y animales de la naturaleza, y 3) El paso del tiempo y cómo todo lo que conoció en su juventud ya ha cambiado, dejando sólo recuerdos como nenúfares entre las aguas.

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Biografía para uso de los pájaros

Jorge Carrera Andrade

Nací en el siglo de la defunción de la rosa


cuando el motor ya había ahuyentado a los ángeles.
Quito veía andar la última diligencia
y a su paso corrían en buen orden los árboles,
las cercas y las casas de las nuevas parroquias,
en el umbral del campo
donde las lentas vacas rumiaban el silencio
y el viento espoleaba sus ligeros caballos.
Mi madre, revestida de poniente,
guardó su juventud en una honda guitarra
y sólo algunas tardes la mostraba a sus hijos
envuelta entre la música, la luz y las palabras.
Yo amaba la hidrografía de la lluvia,
las amarillas pulgas del manzano
y los sapos que hacían sonar dos o tres veces
su gordo cascabel de palo.
Sin cesar maniobraba la gran vela del aire.
Era la cordillera un litoral del cielo.
La tempestad venía, y al batir del tambor
cargaban sus mojados regimientos;
mas, luego el sol con sus patrullas de oro
restauraba la paz agraria y transparente.
Yo veía a los hombres abrazar la cebada,
sumergirse en el cielo unos jinetes
y bajar a la costa olorosa de mangos
los vagones cargados de mugidores bueyes.
El valle estaba allá con sus haciendas
donde prendía el alba su reguero de gallos
y al oeste la tierra donde ondeaba la caña
de azúcar su pacífico banderín, y el cacao
guardaba en un estuche su fortuna secreta,
y ceñían, la piña su coraza de olor,
la banana desnuda su túnica de seda.
Todo ha pasado ya, en sucesivo oleaje,
como las vanas cifras de la espuma.
Los años van sin prisa enredando sus líquenes
y el recuerdo es apenas un nenúfar
que asoma entre dos aguas
su rostro de ahogado.
La guitarra es tan sólo ataúd de canciones
y se lamenta herid en la cabeza el gallo.
Han emigrado todos los ángeles terrestres,
hasta el ángel moreno del cacao.

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