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Los geosímbolos en la creación de estructuras espaciales identitarias.
Doris Alicia Villalba León
Docente Universidad de Córdoba
Estudiante de Doctorado en Geografía- Convenio UPTC - IGAC
dorisvillalba@[Link]
Resumen:
Este artículo es un avance teórico de la investigación doctoral “Identidad territorial:
análisis de las representaciones geosimbólicas de Caribe colombiano continental”, la cual
enfatiza en la necesidad de dar cuenta, desde la geografía cultural, de los comportamientos
sociales con el entorno y la apropiación simbólica de los territorios, para fortalecer a las
comunidades, a través de sus identidades. El enfoque cultural no es nuevo en el ámbito de
la geografía, pero es poco el esfuerzo que se ha hecho en el Caribe colombiano para
explicar el papel de la cultura en los procesos de organización espacial. Es por ello que el
tema de investigación está planteado como el requerimiento de indagación de los
geosímbolos, base de la identidad territorial del Caribe colombiano continental; es decir, de
las imágenes que la población caribeña reconoce, en la construcción propia de su cultura, que
las identifica como representativas de su identidad territorial. Para acercarse al estudio de la
identidad territorial de dicha región, se requiere una visión geográfica, cultural e histórica,
que permita ahondar en la simbología y los imaginarios percibidos por sus habitantes
como construcciones sociales histórico-territoriales. Así, concederle un lugar privilegiado al
rol que cumplen los elementos culturales en la construcción del territorio.
Abstract:
This is a theoretical advance of the doctoral research “Identidad territorial: análisis de las
representaciones geosimbólicas de Caribe colombiano continental”, which emphasizes the
need to tell, from cultural geography, about social behavior with the environment and the
symbolic appropriation of territories, to strengthen communities, through their identities.
The cultural approach is not new in the field of geography, but little effort has been made in
the Colombian Caribbean to explain the role of culture in the processes of spatial
organization. That is why the research topic is presented as the requirement for
investigation of the geosymbols, which are the base of the territorial identity of the
continental Colombian Caribbean; that is to say, images that the Caribbean population
recognizes, in the construction of their own culture, which identifies them as representative
of their territorial identity. To approach the study of the territorial identity of the region, a
geographical, cultural and historical vision is required to allow delving into the symbology
and imaginary perceived by its inhabitants as historical and territorial social constructions.
Thus, granting a privileged place to the role that cultural elements meet in the construction
of territory.
Gestión, gobernanza y sostenibilidad del patrimonio cultural.
Villa de Leyva, mayo 2016
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Los geosímbolos en la creación de estructuras espaciales identitarias.
Las investigaciones sobre la identidad son vistas como la vía para la
coexistencia más armoniosa de las culturas
Unesco ( 1982)
Introducción
Ante el supuesto teórico de que en las relaciones que se establecen en el contexto
geográfico del Caribe colombiano continental, existen unos rasgos de identidad
sociocultural en el territorio con lo cual puede definirse una región cultural con identidad
territorial, se plantea el propósito de identificar y caracterizar los geosímbolos que puedan
contribuir a una estrategia de gestión participativa de la identidad territorial con miras a un
desarrollo territorial sostenible.
Geosímbolos y la identidad del territorio.
En razón a las múltiples diferencias económicas, religiosas, lingüísticas, políticas, étnicas,
etc., se torna un verdadero desafío la construcción de la noción de identidad desde lo local,
regional o nacional. De ahí la importancia de documentar el pasado, presente y futuro de las
regiones, donde organizaciones de la sociedad civil, reconozcan sus símbolos, lo cual
convierte a las regiones en unidades de identificación (Paasi, 2002).
La identidad se concibe entonces como un conjunto de rasgos propios de los individuos o
de una colectividad que los caracteriza y a su vez los diferencia de los demás. Cuando se
plantea que un pueblo debe seguir conservando su cultura, no se refiere a aferrarse a un
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pasado, sino a conservar elementos que le aseguran identidad y reafirmen los valores
propios de su colectividad, puesto que ella marca la diferencia. En tal sentido, construir
identidad territorial resulta una herramienta útil para el reconocimiento y valoración de la
gestión consensuada de una visión de región.
La identidad se constituye en una categoría necesaria a fin de tener un mejor conocimiento,
comprensión y fortalecimiento de la sociedad, puesto que las relaciones del hombre con su
entorno, su sentido de apropiación, desarrollado históricamente a través de su cultura, es lo
que produce la identidad territorial.
Las relaciones de identidad en el territorio están mediatizadas por símbolos, que se
conciben como realidades materiales, que expresan algo inmaterial en un lugar; es decir, el
lugar es simbólico cuando aporta identidad a un grupo de individuos. Según Jerome Monet
(1998), las relaciones entre el espacio, el poder y la identidad son necesariamente
mediatizadas por símbolos. Un símbolo, para él es una realidad material (un edificio, una
estatua, una moneda, etc.) que comunica algo inmaterial (una idea, un valor, un
sentimiento...); y un lugar puede ser considerado como «simbólico» cuando significa algo
para un conjunto de individuos; por lo tanto, contribuye a dar su identidad.
En la construcción social del territorio, ¿qué importancia tienen los geosímbolos?. Se puede
caracterizar a los geosímbolos como elementos de identidad territorial a través de la
percepción de los habitantes sobre sus paisajes, sobre el lugar, sobre sus manifestaciones
culturales, es decir, a partir del conocimiento local. Se configuran así, paisajes que pueden
ser rurales, urbanos o urbano-rurales. El paisaje visto como una construcción social
resultado de un proceso geohistórico - de “larga duración”, como diría F. Braudel. Por ello,
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se asume como un concepto polisémico, que se puede definir como identitario del territorio
y como el gran telón de fondo de la convivencia humana (Gómez, 2012).
Esta identidad propiciada por la simbología la encontramos presente en el documento Foro
Nacional de Políticas de Estado para el Desarrollo Rural, donde se resalta el desarrollo
con identidad territorial de los productos, los cuales tienen su origen en la historia y la cultura.
Se plantea que los productos con identidad territorial incluyen todos aquellos bienes,
servicios, información e imágenes propias de un territorio. “Promover el desarrollo con
identidad territorial supone favorecer aquello que distingue a un lugar geográfico y le permite
competir desde sus ventajas absolutas” (Haudry, 2003, p.1).
Resulta interesante destacar al paisaje como un proceso de construcción cultural, donde las
personas dejan su marca, e introducen cuestiones de formación de identidad e incluso
conflictos y poderes (Shmite y Nin, 2007; Cosgrove, 2002). Se puede distinguir entonces, a
partir del estudio de los rasgos culturales, entendidos éstos como la unidad mínima de análisis
de la cultura, una identidad cultural, los cuales asociados a un territorio se constituyen en
representaciones geosimbólicas que nos conducen a la identidad con el territorio.
Para el geógrafo Joël Bonnemaison (citado por Gómez Acosta 2009), la cultura es un
patrimonio de saberes unido a un patrimonio de técnicas y las representaciones son
expresadas por medio de símbolos, el territorio ofrece puntos de referencia donde los
geosímbolos son la huella del lugar de una escritura cargada de memoria. De igual manera
Giménez (1999), al plantear la teoría y análisis de la cultura retoma la definición que
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Bonnemaison, en 1981, había construido sobre el geosímbolo: “un lugar, un itinerario, una
extensión o un accidente geográfico que por razones políticas, religiosas o culturales reviste
a los ojos de ciertos pueblos o grupos sociales una dimensión simbólica que alimenta y
conforta su identidad” (p.33).
Es importante anotar que Perla Zusman (2006) manifiesta la relevancia dada al estudio de
las representaciones geográficas, es decir, a un conjunto de imágenes sobre los trópicos o
los desiertos, sobre las sociedades, sobre las formas de organización política, sobre las
mujeres y los hombres del mundo colonial. Estas representaciones permiten aproximarse al
papel que las diferencias de género, étnicas y religiosas jugaban en la ideación de los
instrumentos de dominación. A partir de aquí se entiende que las representaciones ocupan
un lugar activo en la producción de los territorios.
Así mismo el brasileño Roberto Lobato Corrêa (2007) analiza las formas simbólicas
espaciales y sus significados, las cuales considera dotadas de sentido político y los
geosímbolos como marcas identitarias que individualizan una cierta porción del espacio o a
un grupo humano. Para él, una estatua es un geosímbolo que identifica una ciudad o
símbolo religioso la cual reafirma y fortalece el poder político. Plantea que es un rico
campo de investigación para los geógrafos que viven en países marcados por profundas
diferencias y desigualdades que precisan ser afirmadas, reafirmadas y justificadas o
cuestionadas por medios diversos, entre ellos las formas simbólicas espaciales.
La importancia de los geosímbolos en la consolidación de la identidad territorial y lo que
pueda representar en el desarrollo de la región está registrado en los planteamientos de
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Obregón (2008), donde hace un análisis histórico del siglo XVII en Santiago de Chile,
valora la importancia y, al mismo tiempo, la dificultad de la noción de identidad al
constituirse el Río Bío-Bío como zona de frontera natural.
El río va a adquirir a lo largo del siglo XVII las características de un geosímbolo
que construye mentalmente el territorio. Bonnemaison definía los geosímbolos
como “lugares culturales portadores de identidad y cargados de sentido y de
memoria”. …El Bío-Bío es también un geosímbolo protector porque sólo hasta ahí
llegan instituciones fundamentales del mundo hispano. (pp. 75-79)
Los geosímbolos de Baja California, investigados por Tapia (2009), representan conceptos,
de identidad, orgullo, capacidad, éxito, pertenencia, identificación y considera que éstos
adquieren una dimensión simbólica al tener un uso utilitario, al indagar las representaciones
sociales de lugares naturales, a través de un trabajo de campo donde analiza las
percepciones de los lugareños.
En el mismo sentido, Sacco dos Anjos y Velleda (2010) al hablar de la identidad territorial
de los Viñedos en el Brasil, resaltan la importancia de colocar los temas de la identidad
cultural de los territorios en el centro de las políticas públicas y el interés que ha cobrado el
tema de las indicaciones geográficas en la organización de eventos para analizar las figuras
de protección de los “productos con identidad cultural”, para desarrollar zonas que
históricamente han estado aisladas y marginadas.
De igual manera Rubio y Santarelli (2009) presentan a través de un ejercicio de investigación
en un medio urbano, el sistema perceptivo cotidiano de los adolescentes de la ciudad de
Bahía Blanca, Argentina. Allí definen y categorizan los lugares de mayor
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concurrencia habitual, que por su significado emocional, se convierten en geosímbolos de
referencia colectiva. En este mismo sentido, Yory (2003) plantea que
...la comprensión de la relación entre geografía e historia resulta crucial para entender,
no sólo la dimensión simbólica de la ciudad en su manera de darse espacialmente, el
territorio, sino para comprender los modos de ser del habitante urbano a través de lo
que bien pudiera denominarse “la cultura de la ciudad”, particularmente en esa
dimensión de la cultura que garantiza la puesta en circulación de los símbolos. (p.55)
Dentro de este contexto, Robledo (2009) escribe sobre los imaginarios de la región cafetera
colombiana, un territorio que cobra importancia para el desarrollo turístico, rescatando los
recursos naturales, el paisaje, las formas históricas, la diversidad cultural, el crecimiento de
la ciudad y, ante todo, una identidad regional a partir de la cultura cafetera.
…existen geosímbolos estables que hacen legibles las marcas del territorio y su
apropiación por parte de los habitantes y grupos de interés que pugnan por la
construcción imaginada de la región. Estos geosímbolos marcan formas de
identificación y vínculos imaginarios con el Eje Cafetero. Entre ellos, la dimensión
natural del territorio fortalece la unicidad del imaginario común, ya que apela a los
atributos de orgullo y de excepcionalismo del territorio y actúa como fondo sobre el
cual se depositan afectos, recuerdos y cualidades espirituales. (p.10)
No se pueden comprender los entornos conformados por las sociedades, ignorando su
imaginario, su cultura y las raíces del inconsciente individual. Por tanto se requiere
ahondar, desde la geografía cultural, en el estudio de las representaciones, para así
evidenciar que “la geografía adopta los colores de lo imaginario” (Claval, 2010, 80).
En razón a lo anterior se puede afirmar que analizar la dimensión simbólica del territorio,
permite identificar los imaginarios colectivos que son percibidos por sus habitantes y que se
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convierten en reguladores de las conductas socioespaciales. En este sentido el docente
investigador Castro (2013), escribe el texto La maceta de alfeñique: tradición popular con
sabor a cañ, donde se aprecia a la Maceta como un elemento identitario de la región del Valle
del Cauca, la cual se constituye en factor de identidad y arraigo de los ciudadanos a su
territorio. La Maceta, como expresión de arte popular y tradición de dulces, es un
símbolo de gran importancia en varios municipios del Valle del Cauca. Ha sido reconocida
por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia. Es un dulce que por
tradición se ha convertido en símbolo de compromiso y amor, entre padrinos y ahijados. Este
vínculo simbólico de compadrazgo, que se renueva en el mes de junio de cada año y se celebra
regalando Macetas de alfeñique, a su vez, el imaginario colectivo, se constituye en
herramienta fundamental para la construcción de identidad y con ello poder brindar un
mejor manejo a los conflictos que se generan en la aplicación de las políticas de organización
y ordenamiento del territorio.
Bajo la concepción del planteamiento topofílico de Yory (2013) se podría concebir el estudio
de los geosímbolos del lugar como una herramienta para construir el territorio socialmente,
desde un proceso de apropiación donde se fortalezca la participación ciudadana y
comunitaria. Además, los actores sociales serán garantes y gerentes del desarrollo donde los
acuerdos con el otro, se conviertan en la base de la construcción del lugar, a partir de la
identificación de los geosímbolos, como formas colectivas de comunicación y elementos de
fortalecimiento de identidad, constituyéndose en parte esencial en la construcción social
del territorio y con ello la posibilidad de implementar estrategias para el desarrollo local.
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Se destaca la importancia de involucrar a la población y el rescate a las variables de
carácter simbólico. La participación no sólo es necesaria en la formulación y realización de
la investigación, sino también en el diseño y ejecución de políticas, programas y acciones
ligadas a la gestión territorial.
Por ello, es fundamental priorizar el hecho de que los habitantes que residen en los
sitios involucrados sean los generadores de las propuestas y las normas de operación
pertinentes, ajenas a la burocracia tradicionalmente lejana e impuesta desde un
escritorio que, con frecuencia, planea los proyectos de desarrollo turístico sin
considerar variables de carácter simbólico-cultural. (Vázquez-Solis y Aguilar-
Robledo, 2011, p.12)
Al tratar el tema de la construcción simbólica del lugar y los estudios culturales se
considera que éstos han contribuido significativamente al renacimiento de la geografía
cultural. “Se ha prestado una atención especial al análisis de los paisajes simbólicos, la
constitución de las culturas políticas regionales, y las luchas para asegurar las identidades
locales o regionales de cara a lo extra regional” (Gregory et al., 2000, p. 484).
La metodología que se ha venido desarrollando, para la construcción de la identidad territorial
del Caribe colombiano, está fundamentada en un enfoque cualitativo, que a través de las
formulaciones teóricas de la geografía humana, específicamente la geografía cultural y la
geografía histórica, permite el análisis espacial, la identificación y clasificación de los
geosímbolos en el Caribe colombiano y así acercarse al reconocimiento y valoración del
territorio. Se destaca en consecuencia una combinación de métodos para los diferentes
momentos de exploración, descripción, análisis, y síntesis, como se esquematiza en la
Figura 1.
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IDENTIDAD TERRITORIAL
Región CulturaalCaribe
C Colombiano Religiosos
Complejos culturales
Económicos
Departamento GEOSÍMBOLOS
Paisajísticos
Municipios
Conocimiento local Recreativos
Investigación cualitativa Políticos
Cartográfica Participativa
Históricos
LUGAR –PAISAJE-TERRITORIO
(Organizaciones, Instituciones, Personajes)
(Relieve, hidrografía, vegetación, fauna)
Construcción Social
Geografía Cultural e Histórica
Figura 1. Síntesis del proceso conceptual y metodológico.
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Las consideraciones expuestas y el avance de la investigación de los geosímbolos
evidencian la necesidad de continuar indagando por el conocimiento local, mediante la
percepción de la gente, captar la imagen de Caribe que se tiene, o que le gustaría proyectar,
de tal manera que sus apreciaciones permitan caracterizar el territorio en función de sus
atributos culturales, los cuales se reconocerán a través de las representaciones
geosimbólicas, que, al ser valoradas, se pueden constituir en patrimonios colectivos del
Caribe colombiano.
Conclusión
Las representaciones geosimbólicas deben ser expresión y reconocimiento de la identidad
territorial a nivel local, subregional (complejos culturales) y a nivel regional. Los
geosímbolos identificados a estas diferentes escalas afianzan una vez más en la importancia
de contar en la región del Caribe colombiano continental con un mapa de geosímbolos, que
evidencie las identidades como procesos construidos y consensuados en los diferentes
grupos sociales, que contribuya también a definir la validez que tienen los geosímbolos
para un mejor conocimiento del territorio y poder expresar cartográficamente esas
manifestaciones simbólicas del territorio caribeño, que sus habitantes perciben como los
más representativos en sus respectivos paisajes.
Integrar las representaciones geosimbólicas, como patrimonio cultural, a las dinámicas
económica, social y cultural, que involucre el desarrollo de los pueblos, logrando insertar
las políticas de desarrollo a los sentimientos de identidad con el territorio, es el reto y
desafío para construir realidades territoriales incluyentes.
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11 mayo 2016
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