LAS 7 PALABRAS DE JESUS EN LA CRUZ
Estando todos reunidos, el celebrante inicia.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo,
Y al Espíritu Santo,
como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
MONICIÓN INICIAL
Permanecemos sentados
Monitor:
Desde tiempos inmemoriales, la Iglesia ha considerado como un tesoro inestimable, el
testamento de Jesús, sus últimas siete palabras. En ellas se centra y resume todo el mensaje
de la Salvación que Jesucristo el Señor tiene para cada uno de nosotros. Meditando estas
palabras, cada uno de nosotros encuentra fuerzas para continuar con la misión que Jesús
nos ha encomendado: “Vayan, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enséñenlas a cumplir todo lo que yo he
mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”
Estemos dispuestos pues, a escuchar la voz de Jesús, que se manifiesta en estas palabras,
develadas desde la experiencia de los discípulos misioneros, aquellos que están dispuestos a
cargar con su cruz y seguir a su Maestro.
Digamos juntos:
Jesús en la Cruz: aboga,
Da al ladrón, nos lega a su Madre
se queja, la sed le ahoga;
cumple: entrega su alma al Padre.
Al Calvario hay que llegar,
porque Cristo, nuestra Luz,
hoy también nos quiere hablar,
desde el ara de la cruz.
Nos ponemos de pie
ORACIÓN
Monitor:
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Dirijámonos en esta hora a nuestra madre, y con confianza supliquemos su intercesión.
Digamos juntos:
¡Virgen de dolores y Madre mía!
Que, como Tú, acompañe yo siempre a tu Hijo
en vida, redención y muerte.
Y después de glorificado en la tierra,
le glorifique por toda la eternidad,
junto a Él y junto a Ti.
Te lo pido por tu aflicción y martirio,
al pie de la Cruz.
Asísteme siempre
especialmente en este último momento
del combate cristiano que abrirá la eternidad feliz,
en compañía de tu Hijo. Amén.
Digamos juntos:
R. Señor pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Nos podemos sentar
PRIMERA PALABRA
Lector:
"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34)
2
Monitor:
Digamos todos:
Yo he sido tu enemigo,
mi Jesús, ahora confieso;
ruega por mí, que, con eso,
seguro el perdón consigo.
Cuando loco te ofendí,
yo no supe lo que hacía,
Jesús, ten piedad del alma mía
y ruega al Padre por mí.
Sigue el testimonio de un misionero, que, durante 2 minutos, expone como ha
experimentado la misericordia de Jesús, que intercede por él/ella ante el Padre y lo
sigue considerando su amigo.
Nos ponemos de pie
ORACIÓN
Celebrante:
Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la cruz para pagar con tu sacrificio la
deuda de mis pecados, y abriste tus divinos labios para alcanzarme el perdón de la divina
justicia: ten misericordia de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando me
halle en igual caso; y por los méritos de tu preciosísima Sangre derramada para mi
salvación, dame un dolor tan intenso de mis pecados, que expire con él en el regazo de tu
infinita misericordia.
Monitor:
Digamos juntos.
R. Señor pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Nos podemos sentar
SEGUNDA PALABRA
Lector:
“Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43)
Monitor:
Digamos juntos:
3
Vuelto hacia Ti el Buen Ladrón
Con fe te implora tu piedad:
yo también de mi maldad
te pido, Señor, perdón.
Si al ladrón arrepentido
Das un lugar en el Cielo,
yo también, ya sin recelo
la salvación hoy te pido.
Sigue el testimonio de un misionero, que, durante 2 minutos, expone cómo ha
experimentado lo misericordia de Jesús, que no le toma en cuenta sus pecados, sino
que le brinda lo esperanza de que en su muerte estará con Él en el paraíso.
Nos ponemos de pie
ORACIÓN
Celebrante:
Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y con tanta generosidad
correspondiste a la fe del buen ladrón, cuando en medio de tu humillación redentora te
reconoció por Hijo de Dios, hasta llegar a asegurarle que aquel mismo día estaría contigo
en el Paraíso: ten piedad de todos los hombres que están por morir, y de mí cuando me
encuentre en el mismo trance: y por los méritos de tu sangre preciosísima, aviva en mí un
espíritu de fe tan firme y tan constante que no vacile ante las sugestiones del enemigo, me
entregue a tu empresa redentora del mundo y pueda alcanzar lleno de méritos el premio de
tu eterna compañía.
Monitor:
Digamos juntos:
R. Señor pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Nos podemos sentar
TERCERA PALABRA
Lector:
“He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre” (In 19, 26)
Monitor:
Digamos juntos:
4
Jesús en su testamento
A su Madre Virgen nos da:
¿y quién comprender podrá
de María el sentimiento?
Hijo tuyo quiero ser,
sé Tu mi Madre Señora:
que mi alma desde a ahora
con tu amor va a florecer.
Sigue el testimonio de un misionero, que, durante 2 minutos, expone cómo ha
experimentado en su vida a María, como un regalo de Jesús.
Nos ponemos de pie
ORACIÓN
Celebrante:
Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y olvidándome de tus tormentos,
me dejaste con amor y comprensión a tu Madre dolorosa, para que en su compañía acudiera
yo siempre a Ti con mayor confianza: ten misericordia de todos los hombres que luchan
con las agonías y congojas de la muerte, y de mí cuando me vea en igual momento; y por el
eterno martirio de tu madre amantísima, aviva en mi corazón una firme esperanza en los
méritos infinitos de tu preciosísima sangre, hasta superar así los riesgos de la eterna
condenación, tantas veces merecida por mis pecados.
Monitor:
Digamos juntos:
R. Señor pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Nos podemos sentar
CUARTA PALABRA
Lector:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46)
Monitor:
Digamos juntos:
Desamparado se ve
de su Padre el Hijo amado;
maldito siempre el pecado
que de esto causa fue.
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Quién quisiera consolar
a Jesús en su dolor,
diga en el alma: Señor,
me pesa: ya no quiero pecar.
Sigue el testimonio de un misionero, que, durante 2 minutos, expone cómo ha
experimentado la cercanía de Dios, cuando se ha sentido sólo y enfermo.
Nos ponemos de pie
ORACIÓN
Celebrante:
Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y tormento tras tormento, además
de tantos dolores en el cuerpo, sufriste con invencible paciencia la más profunda aflicción
interior, el abandono de tu eterno Padre; ten piedad de todos los hombres que están
agonizando, y de mí cuando me halle también en la agonía; y por los méritos de tu
preciosísima sangre, concédeme que acepte con paciencia todos los sufrimientos, soledades
y contradicciones de una vida en tu servicio, entre mis hermanos de todo el mundo, para
que siempre unido a Ti en mi combate hasta el fin, comparta contigo estando cerca de Ti tu
triunfo eterno.
Monitor:
Digamos juntos:
R. Señor pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Nos podemos sentar
QUINTA PALABRA
Lector:
“Tengo sed” (In 19, 28)
Monitor:
Digamos juntos:
Sed, dice el Señor que tiene.
Para poder mitigar la sed
que así lo hace hablar,
darle mis lágrimas conviene.
Darle hiel, ya se ha visto:
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La prueba, mas no la bebe:
¿Cómo quiero yo que pruebe
la hiel de mis culpas Cristo?
Sigue el testimonio de uno misionera joven, que, durante 2 minutos, expone cómo ha
experimentado la urgencia que tiene Jesús de amigos jóvenes que le brinden su
amistad y le sirvan en su Reino.
Nos ponemos de pie
ORACION
Celebrante:
Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y no contento con tantos
oprobios y tormentos, deseaste padecer más para que todos los hombres se salven, ya que
sólo así quedará saciada en tu divino Corazón la sed de almas; ten piedad de todos los
hombres que están agonizando y de mí cuando llegue a esa misma hora; y por los méritos
de tu preciosísima sangre, concédeme tal fuego de caridad para contigo y para con tu obra
redentora universal, que sólo llegue a desfallecer con el deseo de unirme a Ti por la
eternidad.
Monitor:
Digamos juntos:
R. Señor pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Nos podemos sentar
SEXTA PALABRA
Lector:
“Todo está consumado” (Jn 19,30)
Monitor:
Digamos juntos:
Con firme voz anunció
Jesús, ensangrentado,
que del hombre y del pecado
la redención consumó.
Y cumplida su misión,
ya puede Cristo morir,
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y abrirme su corazón
para en su pecho vivir.
Sigue el testimonio de un misionero, que, durante 2 minutos, expone cómo ha
experimentado la urgencia de cumplir con la misión que Jesús le ha encomendado, así
como Jesús cumplió con su misión.
Nos ponemos de pie
ORACIÓN
Celebrante:
Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y desde su altura de amor y de
verdad proclamaste que ya estaba concluida la obra de la redención, para que el hombre,
hijo de ira y perdición, venga a ser hijo y heredero de Dios; ten piedad de todos los
hombres que están agonizando, y de mí cuando me halle en esos instantes; y por los méritos
de tu preciosísima sangre, haz que en mi entrega a la obra salvadora de Dios en el mundo,
cumpla mi misión sobre la tierra, y al final de mi vida, pueda hacer realidad en mí el
diálogo de esta correspondencia amorosa: Tú no pudiste haber hecho más por mí; yo,
aunque a distancia infinita, tampoco puede haber hecho más por Ti.
Monitor:
Digamos juntos:
R. Señor pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Nos podemos sentar
SEPTIMA PALABRA
Lector:
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46).
Monitor:
Digamos juntos:
A su eterno Padre ya,
el espíritu encomienda;
si mi vida no se enmienda,
¿en qué manos parará?
En las tuyas desde ahora
mi alma pongo, Jesús mío;
guardarla allí yo confío
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para mi última hora.
Sigue el testimonio de un misionero, que, durante 2 minutos, expone cómo ha
experimentado la misericordia de Jesús, cuando ha tenido que entregar el espíritu de
un ser querido al Padre.
Nos ponemos de pie
ORACIÓN
Celebrante:
Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y aceptaste la voluntad de tu
eterno Padre, resignando en sus manos tu espíritu, para inclinar después la cabeza y morir;
ten piedad de todos los hombres que sufren los dolores de la agonía, y de mí cuando llegue
esa tu llamada; y por los méritos de tu preciosísima sangre concédeme que te ofrezca con
amor el sacrificio de mi vida en reparación de mis pecados y faltas y una perfecta
conformidad con tu divina voluntad para vivir y morir como mejor te agrade, siempre mi
alma en tus manos.
Monitor:
Digamos juntos:
R. Señor pequé, ten piedad y misericordia de mí.
ORACIÓN FINAL
Padre Nuestro, Ave María, Gloria.