Historia de La Musica Folklórica de Argentina
Historia de La Musica Folklórica de Argentina
Aunque estrictamente "el folklore" solo es aquella expresión cultural que reúne los
requisitos de ser anónima, popular y tradicional, en Argentina se conoce como
folklore o música folklórica a la música popular de autor conocido, inspirada en
ritmos y estilos característicos de las culturas provinciales, mayormente de raíces
indígenas y afro-hispano colonial. Técnicamente, la denominación adecuada es música
de proyección folklórica de Argentina.45
“Es necesario y urgente, antes que la rápida evolución del país acabe de borrar
nuestras huellas originales, reunir en una colección todos los elementos
genuinamente argentinos de la antigua vida campestre, que muy pronto se tornará en
legendaria. Hábitos, estilo, poesía, música, algunos de un sabor incomparable; creo
que nuestro folklore se contará entre lo más interesante de su género y
representará un precioso trasunto del alma popular argentina“.
Paul Groussac, Popular customs and beliefs of the Argentine provinces ("Costumbres
populares y creencias de las provincias argentinas")
En Argentina, la música de proyección folklórica comenzó a adquirir popularidad en
los años treinta y cuarenta del siglo XX, en coincidencia con una gran ola de
migración interna del campo a la ciudad y de las provincias a Buenos Aires, para
instalarse en los años cincuenta, con el «boom del folklore», como género principal
de la música popular nacional junto al tango.
Índice
1 Raíces indígenas
1.1 Área centro-andina
1.2 Área litoraleña
1.3 Área pampeana-patagónica
1.4 Área chaqueña
2 Raíces africanas
3 Raíces coloniales
4 Independencia y guerras civiles
5 Durante la inmigración europea: tango y folklore
6 Resurgimiento del folklore
7 El boom del folklore
8 Folklore dinámico, Nuevo Cancionero, MPA
9 La música folklórica durante la dictadura militar de 1976
10 Luego de la guerra de las Malvinas y la recuperación de la democracia
11 Tendencias actuales
12 Véase también
13 Notas
14 Referencias
15 Bibliografía
16 Enlaces externos
16.1 Para ver y oír
Raíces indígenas
Salvador Canals Frau en su libro Prehistoria de América, enseña que la música,
junto al canto y la danza, posiblemente aparecieron en América junto con los
primeros seres humanos que llegaron a ese continente.7Entre los primeros
instrumentos musicales encontrados en Sudamérica, se encuentran la flauta primitiva
y la churinga, está última de gran difusión en Australia y que está especialmente
presente en las culturas patagónicas, una de las similitudes tenidas en cuenta por
el antropólogo Antonio Méndes Correia, para sostener su hipótesis sobre el origen
australiano del hombre americano y su ingreso por el extremo sur del continente.7
Área centro-andina
Área pampeana-patagónica
A diferencia de las regiones centro-andina y mesopotámica-litoraleña, España no
logró conquistar a los pueblos indígenas que vivían en las regiones chaqueña y
pampeana-patagónica, los que finalmente resultaron militarmente sometidos por el
Estado argentino entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Por esta
razón, en muchos casos, la música indígena en estas áreas es interpretada, aún en
el presente, sin fusiones con la música proveniente de otras culturas presentes en
Argentina.
Área chaqueña
En el área chaqueña se asentaron culturas como la guaycurú (abipones, mbayáes,
payaguáes, mocovíes, wichís y pilagás), la qom y la avá guaraní. El igual que las
culturas pampano-patagónicas, tuvieron en común el haber resistido la conquista
española e impedido la colonización.
Los indígenas chaquenses utilizaron —y aún siguen utilizando— una gran variedad de
instrumentos musicales, como el novike o n’vike, el cataqui o tambor de agua,19 el
yelatáj chos woley (arcos musicales),20 la guimbarda o trompl,21 los sonajeros de
uñas y de calabaza,22 el coioc,23 el naseré,24 el sereré,24 y las flautillas
chaqueñas.25
La música de las culturas chaquenses tiende a la interacción del músico con los
sonidos naturales. Instrumentos como el naseré, el sereré y el coioc, simulan el
canto de los pájaros y provocan la respuesta de estos, que se integran de ese modo
a la experiencia musical.23Uno de los principales instrumentos de estas culturas,
el nobique o n’vike, un instrumento de una cuerda similar al laúd, ha inspirado una
leyenda musical, que le atribuye al instrumento haber dado origen al lucero del
alba (Venus).26
Entre los cantos ancestrales que se han preservado se encuentra Yo ’Ogoñí (‘el
amanecer’), un cántico qom que se realizaba diariamente para cantar al nacimiento
del sol.27
Entre los grupos y artistas que ejecutan música indígena chaquense, se encuentra el
Coro Toba Chelaalapi, algunas de cuyas interpretaciones pueden ser escuchadas en
Internet.28
Raíces africanas
Solista de malambo.
Los africanos llevados como esclavos a Argentina durante el período colonial, y sus
descendientes nacidos en el territorio que hoy es Argentina (afro-argentinos),
contribuyeron en la construcción de la Nación Argentina y su cultura. No es una
excepción la música, y dentro de esta la música folklórica.
El candombe fue folklore hasta poco después la caída de Rosas (ver el artículo
Candombe). Se sigue interpretando en el presente, en varias de sus versiones (afro-
porteño, afro-correntino, etc.); entre ellos destaca el candombe porteño. Además se
conservan otros ritmos afro-argentinos como la zemba o charanda, ritmo asociado al
culto de San Baltazar que se realiza en el Nordeste argentino, en especial en
Corrientes y Chaco.
En cuanto al folklore argentino, reconocido como tal desde hace años hasta hoy en
día, que tiene influencia africana y afro-argentina, destacan: la chacarera, la
payada, la milonga campera, el malambo (danza), y -quizás- el gato (danza). También
tienen influencias africanas el tango y la milonga ciudadana. En esta última los
afro-argentinos influyeron, sobre todo, en su danza. También la murga porteña,
tiene varios ingredientes recibidos por parte de los afro-porteños y su candombe;
de modo que al fusionarse estos ritmos con otros no africanos, surgió la murga
argentina.
Mientras que el origen exacto de la chacarera sigue siendo poco conocido, se cree -
y algunos afirman- que tuvo origen en Salavina, (Provincia de Santiago del Estero).
Esta danza tiene una clara influencia africana notada en el ritmo ágil, sobre todo
en el toque del bombo legüero. Esto se podría comprender, si se tiene en cuenta la
gran cantidad de afrosantiagueños que había en los siglo XVIII y XIX en Santiago
del Estero;29 y sabiendo que casi un 70% de la población de Salavina a mediados-
finales del siglo XIX (época en la que se gestó la chacarera), era afroargentina.30
3132 También, el historiador Juan Álvarez, mediante el principio comparativo
melorítmico de la escuela de Berlín, estableció (más que posibles) filiaciones afro
en estilos musicales como el tango, la milonga bonaerense, el caramba y el
marote.33
Raíces coloniales
En las misiones jesuíticas los guaraníes desarrollaron una música de estilo único,
apoyada en el cordófono (arpa) y una especie precursora del acordeón. Los misiones
guaraníes fabricaron todo tipo de instrumentos: órganos, arpas, violines, trompas,
cornetas, clavicordios, chirimías, fagotes y flautas. Allí aparece el chamamé
tradicional.14
También en la zona del Río de la Plata, sobre fines del siglo XVIII apareció el
candombe, estilo musical y danza creada por los esclavos de origen africano, basada
en ritmos de tamboril.39
Perros unitarios,
Vidalitá,
Nada han respetado.
A inmundos franceses
Vidalitá,
Ellos se han aliado.45
El bando unitario también ha legado una vidalita histórica:
Palomita blanca,
Vidalitá,
Que cruzas el valle,
Ve a decirle a todos,
Vidalitá,
Que ha muerto Lavalle.46
Entre todos los estilos surgidos en este período, fue el gato el que alcanzó la
mayor popularidad y se convirtió en el preferido de la cultura gauchesca.47El gato,
un estilo vivaz y picaresco, introdujo en la década de 1830, también las
relaciones, un tipo de coplas humorísticas que los bailarines recitan al detenerse
la música, que también se realizaron en el cielito, el pericón y los aires.48En las
décadas siguientes las relaciones se combinarían con el «aro-aro», característico
de la cueca, un grito que pronunciaban los asistentes al baile o los músicos, que
tenía la virtud de suspender instantáneamente la música, para dar paso a un momento
de brindis o relaciones humorísticas.49Esta costumbre de combinar el humor y la
música pasaría en la segunda mitad del siglo XIX a la chacarera y el chamamé.50
De esta época data un personaje legendario, Santos Vega, que es el primer músico
popular famoso del folklore argentino. Según la leyenda, Santos Vega era un payador
tan extraordinario que se atrevió a payar con el diablo, luego de lo cual
desapareció para siempre, sin que volviera a saberse de él.
En la segunda mitad del siglo XIX aparece el tango. Desde entonces la música
popular argentina se caracterizaría por la dualidad tango (ciudad)-folklore
(campo).
La gran oleada inmigratoria sucedida entre 1880-1950, principalmente europea,
influiría en la música popular argentina.
La chacarera parece haber nacido a mediados del siglo XIX, en Santiago del Estero
(se dice que en Salavina), pero su origen histórico se desconoce. En la Chacarera
se nota influencia afro, sobre todo en su ritmo, por la población de
afrosantiagueños en los siglo XVIII y XIX. La primera partitura de chacarera que se
conoce la daría Andrés Chazarreta, 1911.52
En la segunda mitad del siglo XIX aparece en el Nordeste el chamamé (adquirió este
nombre en la década del '30), como resultado de la fusión de las músicas de los
inmigrantes alemanes, polacos, ucranianos y judíos (principalmente la polka y el
shottis) con los ritmos de la cultura indígena guaraní y de las tradiciones afro-
rioplatenses. El chamamé y el purajhei o polka paraguaya, serían el eje alrededor
del cual se estructuraría la música litoraleña, como una de las grandes ramas de la
música folklórica argentina. Al igual que el tango, las danzas litoraleñas
adoptaron una coreografía de pareja enlazada con libertad para los bailarines, que
se realizaban en bailantas populares. Desde entonces el término «bailanta» se
extendería por todo el país para designar los bailes populares.54
A las últimas décadas del siglo XIX corresponden payadores famosos como el porteño
afroargentino Gabino Ezeiza o el santiagueño José Enrique Ordóñez (el Zunko Viejo).
Por la misma época el circo criollo —aparecido en la década de 1840—, además de dar
nacimiento al teatro nacional, solía incluir números de danzas folklóricas.55
Andrés Chazarreta inició el resurgimiento del folklore argentino con sus históricas
representaciones de 1906 en Santiago del Estero, interpretando la Zamba de Vargas,
recopilada por él mismo, y de 1921 en el teatro Politeama de Buenos Aires, con su
Compañía de Arte Nativo.
Ya desde fines del siglo XIX había comenzado un esfuerzo por recuperar el folklore
como música nacional, impulsado por recopiladores como Ernesto Padilla, Andrés
Chazarreta y Juan Alfonso Carrizo, o compositores-cantores como Saúl Salinas, padre
de la tonada cuyana.56 La música folklórica comienza a divulgarse por el norte del
país y para los años veinte ya está lista para proyectarse nacionalmente.57
Si bien en los años '10 el dúo Gardel-Razzano —que provenían del mundo de la payada
y la milonga campera—, integró su repertorio casi con exclusividad con canciones de
base folklórica (El sol del 25, El moro, El pangaré), se considera que el momento
clave del resurgimiento del folklore argentino fue la histórica representación que
Andrés Chazarreta en Buenos Aires, el 16 de marzo de 1921 en el teatro Politeama,
donde con gran éxito expuso sus recopilaciones de canciones populares como Zamba de
Vargas, La López Pereyra (compuesta por Artidorio Cresseri en 1901), La Telesita,
etc.58 En 1925 grabaría para el sello Elektra su primer simple, con La 7 de abril y
Santiago del Estero.
Primer disco de Atahualpa Yupanqui: Camino del indio, 1936. Yupanqui recién
alcanzaría el reconocimiento popular en los años sesenta.
La escasa importancia concedida a la música folklórica queda de manifiesto en una
nota publicada por la revista Sintonía en 1935, titulada «Recital indígena por
Radio Fénix» en la que realizaba la crónica de la presentación de un joven
cantante, Atahualpa Yupanqui:
Agradable nota artística y no muy frecuente es la que ha ofrecido por le emisora
Fénix, el intérprete Atahualpa Tupanqui [sic, por Yupanqui]. La música indígena no
ha tenido aquí una cabal manifestación hasta que el magnífico pianista Argentino
Valle la reveló en emotivas interpretaciones. La actuación de A. Tupanqui [sic] no
puede ser sino elogiosamente comentada y es de esperar que el artista reafirme el
comentario periodístico con una actuación sobresaliente.60
El 1 de octubre de 1937 el sanjuanino Buenaventura Luna (Sentencias del Tata Viejo)
y su grupo La Tropilla de Huachi Pampa (Entre San Juan y Mendoza), del que formaba
parte el Dúo Tormo-Canales (Antonio Tormo y Diego Canales) debutaron en Radio El
Mundo de Buenos Aires, abriendo camino a la difusión masiva de la música
folklórica;61 el éxito llevó a la emisora a poner en el aire en 1939, el programa
folklórico El Fogón de los Arrieros.62
En los años cuarenta se destacó el éxito nacional del grupo santiagueño Los
Hermanos Ábalos (Nostalgias santiagueñas, De mis pagos, Chacarera del rancho),
surgidos en 1939, y la aparición de una generación de músicos clásicos, que
utilizarían en sus composiciones los estilos musicales del folklore argentino,
especialmente Carlos Guastavino y Alberto Ginastera. En esta década se
generalizaron también los dúos folklóricos, como el ya mencionado Dúo Tormo-
Canales, y otros como el Dúo Benítez-Pacheco, el Dúo Hermanos Cáceres, el de las
tucumanas Vera-Molina,63 y conjuntos como el exitoso Llajta Sumac dirigido por el
dúo riojano Velárdez-Vergara.
Ernesto Montiel, el «Señor del Acordeón», fundador del legendario Cuarteto Santa
Ana en 1942, primer conjunto de música litoraleña en alcanzar el éxito masivo.
Como precursores de la música litoraleña se destacaron Emilio Chamorro y Osvaldo
Sosa Cordero (Anahí, Naranjerita), con actuaciones en Buenos Aires desde los años
veinte. El Tata Chamorro fundó el conjunto Los Hijos de Corrientes en 1931,
definido como «escuela chamamecera»,64 grabó discos para RCA Víctor desde 1935, y
aparece en películas como Cándida (1939), Prisioneros de la tierra (1939) y Tres
hombres del río (1943). Sosa Cordero logró que su canción Anahí fuera incorporada
al repertorio escolar de todo el país en 1943 y grabó discos desde 1942 para el
sello Odeón, con el conjunto Osvaldo Sosa Cordero y sus Correntinos. En 1942
Ernesto Montiel e Isaco Abitbol fundaron el legendario Cuarteto Santa Ana, aún en
actividad, y que fuera el primero en alcanzar un éxito masivo. En los años cuarenta
alcanzaría un éxito de difusión el chamamé Merceditas, interpretada por su autor,
Ramón Sixto Ríos; con el paso de los años se convertiría, junto a Zamba de mi
esperanza, en la canción más popular de la historia del folklore argentino.65
Carlos Guastavino, desde fines de los años treinta, desarrolló una notable obra
encuadrada en el nacionalismo musical, relacionando íntimamente música clásica y
música folklórica. Entre sus obras se destacan Arroyito serrano (1939), La rosa y
el sauce (1942), el ballet Fue una vez (estrenado en el Teatro Colón en 1942),
Suite Argentina (1942), Tres romances argentinos (estrenada por la Orquesta
Sinfónica de la BBC en 1949), etc. Para Suite Argentina, Guastavino compuso también
la música de una canción clásica del repertorio hispanoamericano, Se equivocó la
paloma, compuesta en 1941 con letra del poeta español Rafael Alberti, por entonces
exiliado en Argentina.66
Alberto Ginastera, desde un estilo menos popular, compuso en la misma época obras
de inspiración folklórica, como Danzas Argentinas op. 2 para piano, Cinco Canciones
Populares Argentinas, Las horas de una estancia y Pampeana nº 1 (1947) y Ollantay
(1947). Pero fue en especial el estreno de la suite orquestal de su ballet
Estancia, en 1941, la que consagró al músico.
En 1948 el simple Amémonos (RCA Víctor), interpretado por Antonio Tormo, vendió un
millón de placas, superando incluso en ventas a los discos de tango de Carlos
Gardel,67 por entonces líder indiscutido de la música popular argentina. El éxito
estaba indicando la popularidad creciente de la música folklórica argentina y
anticipaba el boom del folklore que se desencadenaría poco después.68En 1949
Buenaventura Luna puso en el aire por Radio Belgrano un programa llamado El canto
perdido, con el fin de realizar una «antología bárbara» del «canto perdido en las
tradiciones argentinas», con interpretaciones del grupo Los Manseros de Tulum.69Al
reivindicar «lo bárbaro», Luna se oponía a la dualidad «civilización o barbarie»
que estableció Domingo F. Sarmiento, aceptada como un principio básico de la
cultura oficial argentina, incluyendo en la noción de «barbarie» a la cultura
folklórica de origen afro-hispano-indígena, y paradigmáticamente la cultura
gauchesca.70
Carlos Vega (1898-1966). En los años treinta sentó las bases del Instituto Nacional
de Musicología que lleva su nombre e inició los estudios sobre música y danzas
folklóricas en Argentina.
Simultáneamente, en un reportaje radial, Buenaventura Luna ponía de manifiesto el
sustrato sociocultural que estaba impulsando la cada vez mayor popularidad de la
música de raíz folklórica:
la masiva migración, desde los años treinta, hacia Buenos Aires de trabajadores
provenientes del llamado «interior» del país, de extracción cultural y étnica
diferente de los inmigrantes europeos —mayormente italianos— que habían llegado
hasta ese momento, durante siete décadas, y que estaban más ligados al tango;
la expansión de los medios de comunicación de masas como la radio, el cine y el
disco y la aparición de la televisión;
el proceso de industrialización y urbanización;
el mejoramiento de las condiciones de vida de una extensa clase asalariada y una
amplia clase media y la aparición de una sociedad de consumo.
En 1949, el presidente Juan D. Perón dictó el Decreto 3371/1949 de Protección de la
Música Nacional, disponiendo que las confiterías y lugares públicos debían ejecutar
un 50% al menos de música nativa, norma consolidada en 1953 con la Ley N.º 14.226,
más conocida como Ley del Número Vivo, que ordenaba incluir artistas en vivo en las
funciones cinematografícas. Las medidas promovieron una explosión de artistas y
grupos folklóricos.73
Tormo, llamado «el cantor de los cabecitas negras» y reconocido como el «inventor
del folklore de masas», sería prohibido por la dictadura autodenominada Revolución
Libertadora que derrocó al presidente Perón en 1955.77
Yo me transformé en el vocero del cabecita; del chico provinciano que venía a
Buenos Aires a trabajar.
Antonio Tormo (2002)77
Ese mismo año Polo Giménez se hizo famoso al estrenar su zamba "Paisaje de
Catamarca", grabada en simple y álbum por el conjunto de Carlos Montbrun Ocampo
(Nendivei) —en el que Giménez se desempeñaba como pianista—, y difundido en su
popular programa Las Alegres Fiestas Gauchas en Radio Splendid.7879El propio Polo
Giménez en su libro De este lado del recuerdo, relata ese momento así:
Todavía la palabra «folklore» era un poco tabú, porque era sinónimo de vino,
farras, borracheras de gente de baja categoría.78
Los Chalchaleros, que habían debutado en 1948 en Salta, no solo incorporaron gran
cantidad de temas nuevos al cancionero folklórico popular ("Lloraré", "Zamba del
grillo", "Sapo cancionero", etc.), sino que impusieron un estilo musical, a partir
de un nuevo modelo de conjunto folklórico básico: cuatro integrantes, con dos
barítonos, un tenor y un bajo, que tocan tres guitarras y un bombo.86
Los Chalchaleros.
En 1956 Los Chalchaleros lanzan su primer álbum, Éxitos de Los Chalchaleros
(volumen 1). Impusieron el cuarteto de tres guitarras y bombo como nuevo tipo de
conjunto de música folklórica, inspirando la creación de gran cantidad de grupos de
estructura similar.
Los Chalchaleros se instalaron como uno de los principales conjuntos clásicos del
folklore argentino, junto a Los Fronterizos ("El quiaqueño", "Zamba de Anta", "La
López Pereyra", Los Cantores del Alba ("La Felipe Varela", "Tonada del viejo amor",
"Anocheciendo zambas", "Carpas de Salta"), Los Andariegos ("El cóndor vuelve"), Los
de Salta ("Flor de lino", "La compañera"), Los Cantores de Quilla Huasi ("Zamba de
la toldería"), Los Tucu Tucu ("Zamba de amor y mar", "Candombe para José"), Los
Nocheros de Anta ("Zamba para no morir", "Canción de lejos"), entre tantos otros.
El boom del folklore también permitió la difusión masiva de músicos y cantantes que
en muchos casos ya venían actuando en la escena de la música nativa desde varios
años antes, como los virtuosos guitarristas Abel Fleury ("Estilo pampeano") y
Eduardo Falú ("Zamba de la Candelaria", "La nochera"), la cantante Margarita
Palacios ("Recuerdo de mis valles"), el bandoneonista Payo Solá ("La marrupeña"),
el violinista Sixto Palavecino ("La ñaupa ñaupa"), Rodolfo Polo Giménez ("Paisaje
de Catamarca", "Del tiempo i’mama"), Atuto Mercau Soria y Ariel Ramírez, entre
muchos otros. Este último grabaría con Los Fronterizos en 1964 una de las obras
culminantes de la música argentina, la Misa Criolla.
En 1965 Tomás Tutú Campos sin dudas una de las voces inigualables que dio el
folklore, fundador de dos de los conjuntos más espléndidos de la época, Las Voces
de Huayra junto a Jorge Cafrune entre otros, y de Los Cantores del Alba. Tutú es
reemplazado en Los Cantores del Alba por Santiago Gregorio Escobar y decide
realizar una carrera como sólista donde graba junto a la orquesta de Waldo de los
Ríos y también con guitarras de Remberto Narváez y Luis Amaya entre otros,
interpretando temas como "Guitarra trasnochada", "Noches isleñas", "El cocherito" y
"Llorando estoy" entre otros.
En la música litoraleña, en este período también alcanzan el éxito músicos que
venían actuando desde los años cuarenta, como Tránsito Cocomarola ("Puente Pexoa",
"Kilómetro 11") —en cuyo homenaje se celebra el Día del Chamamé—,87 y Tarragó Ros
("La guampada" y "A Curuzú") —conocido como el Rey del Chamamé—,88 a los que se
sumaron figuras nuevas como la notable voz de Ramona Galarza ("Merceditas",89
"Pescador y guitarrero", "Virgencita de Caacupé", "Trasnochados espineles") —
llamada la Novia del Paraná.90En Entre Ríos, Linares Cardozo realizó una notable
obra de preservación del folklore entrerriano, en especial de la chamarrita, además
de aportar sus propias obras al cancionero folklórico, como la conocida "Canción de
cuna costera" y "Soy entrerriano", considerado el himno de la provincia.9192
Los Huanca Hua, fundado en 1960, renovaron las formas de interpretar el folklore.
En la imagen la formación de 1963: Chango Farías Gómez, Carlos Coco del Franco
Terrero, Marián Farías Gómez (había reemplazado a Hernán Figueroa Reyes), Guillermo
Urien y Pedro Farías Gómez.
En los años sesenta se amplificaría el boom del folklore con el lanzamiento de los
grandes festivales de música folklórica como el Festival de Cosquín (1961) y el
Festival de Jesús María (1966), pero sobre todo con la aparición y difusión masiva
de formas musicales renovadoras, en un proceso de alcance continental que adoptó
denominaciones como los de «nueva canción latinoamericana», «proyección folklórica»
y «folklore dinámico» o siglas como MPA (Música Popular Argentina), con sus
equivalentes en otros países sudamericanos como Brasil (MPB) y Uruguay (MPU).93
Es probable que muy pocas veces en el mundo —el caso brasileño es una de las
excepciones— haya avanzado la música nacional de un país, en profundidad y
riquezas, tanto como la argentina en los últimos años. [Se trata de] la creación de
«eso» que, tal vez, sea expresión fiel de nuestro país en el mundo: la Música
Popular Argentina, así, con mayúsculas, integrando los elementos del tango y el
folklore a una base rítmica y melódica de valor universal y fácil comprensión en
cualquier parte.94
En 1960, el Chango Farías Gómez formó Los Huanca Huá, un grupo vocal que a partir
de la introducción de complejos arreglos polifónicos, renovaría profundamente la
música de raíz folklórica en Argentina y América Latina. Los Huanca Hua, en su
formación inicial, estaba integrado también por Pedro Farías Gómez —quien asumiría
la dirección desde 1966—, Hernán Figueroa Reyes —reemplazado poco después por la
notable cantante Marián Farías Gómez—, Carlos del Franco Terrero y Guillermo Urien.
También en 1960, con motivo del 150º aniversario de la Revolución de Mayo, Waldo de
los Ríos —hijo de la notable cantante Martha de los Ríos (La Shalaca)—, ejecutó y
grabó en un álbum su Concierto de las 14 provincias, dando inicio a una expresión
musical que combinaría audazmente la música moderna con los ritmos de raíz
folklórica, que se manifestaría más adelante en varios álbumes y el quinteto Los
Waldos, destacándose su tema Tero-tero. Un camino similar seguiría Eduardo Lagos.
En 1962 los Huanca Hua ganaron el Premio Revelación Cosquín junto al trío Tres para
el folklore (Luis Amaya, Chito Zeballos y Lalo Homer), quienes ese mismo año
lanzaron el álbum EP Guitarreando,101 —incluye una interpretación antológica del
clásico paraguayo Pájaro campana— renovando profundamente el uso de las guitarras
en la música folklórica y que se volvería el modelo a seguir.
Entre los muchos artistas que adhirieron expresamente al movimiento del Nuevo
Cancionero se encuentran César Isella, Hamlet Lima Quintana (Zamba para no morir),
Ramón Ayala (El mensú), Los Andariegos, Quinteto Tiempo (Quien te amaba ya se va),
Las Voces Blancas (Pastor de nubes), Horacio Guarany (Si se calla el cantor, Si el
vino viene), el dúo compositor del Cuchi Leguizamón y Manuel J. Castilla
(Balderrama, La Pomeña), los Hermanos Núñez (Chacarera del 55), Ariel Petrocelli
(Cuando tenga la tierra), Daniel Toro (Zamba para olvidarte), Chito Zeballos (Zamba
de los mineros), etc.
Eduardo Lagos. Portada de su influyente álbum Así nos gusta (1969), manifiesto de
la proyección folklórica.
Otra línea renovadora del folklore, denominada música de proyección folklórica,
tuvo exponentes destacados, como el ya mencionado Waldo de los Ríos y Eduardo
Lagos. Lagos, quien ya había expresado su visión renovadora en temas como la
chacarera La oncena (1956), grabaría en 1969 el álbum Así nos gusta (1969), en el
que también participa Astor Piazzolla, que influiría fuertemente en las nuevas
tendencias musicales del folklore. Lagos, fue también el eje de una serie de
reuniones de improvisación y experimentación folklórica informal en su casa,
bautizadas humorísticamente por Hugo Díaz como folkloréishons, que a la manera de
las jam sessions del jazz, solía reunir a Lagos, Piazzola y Díaz, con otros músicos
como Domingo Cura, Oscar Cardozo Ocampo, Alfredo Remus y Oscar López Ruiz, entre
otros. Por entonces Lagos escribía:105
En 1964 Jorge Cafrune conoció por medio de Los Hermanos Albarracín una zamba
compuesta por un empresario de la construcción mendocino, aficionado al folklore, y
decidió incluirla en su segundo álbum. La canción era Zamba de mi esperanza, de
Luis Profili, registrada con el seudónimo de Luis H. Morales, y se convertiría, con
Merceditas, en el tema más popular de la música folklórica argentina, tanto
nacional como internacionalmente.65
Uno de los momentos más negativos de este período es la muerte del cantante Jorge
Cafrune. En enero de 1978 Jorge Cafrune cantó Zamba de mi esperanza en el Festival
de Cosquín, una tradicional canción que el público le pedía pero que se encontraba
prohibida debido a que se refería a la esperanza.118Cafrune entonces dijo «aunque
no esté en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide la voy a cantar».
Pocos días después, el 31 de enero de 1978, murió atropellado por un automovilista
que se dio a la fuga cuando el artista se dirigía a caballo a Yapeyú. Existen
serias sospechas de que se trató de un asesinato ordenado por el gobierno militar y
ejecutado por el entonces teniente Carlos Villanueva,119120 a quién dos
sobrevivientes del centro clandestino de detención La Perla han señalado como la
persona que dijo que «había que matarlo para evitar que otros cantantes hicieran lo
mismo».121
Entre los trabajos destacados de este período se encuentra la obra del cantautor
Víctor Heredia, quién sufrió la desaparición de una hermana, y compuso canciones
emblemáticas para ese momento, como Todavía cantamos, Sobreviviendo, Informe de
situación. También se destaca su álbum Víctor Heredia canta Pablo Neruda (1977),
dedicado íntegramente a musicalizar al gran poeta chileno, cuyas obras eran
censuradas por las dictaduras latinoamericanas de entonces. En este período y en el
exilio, se desarrolla gran parte de la obra innovadora del ensamble Anacrusa,
fundado en 1972, cuya éxito creciente en Argentina fue cortado abruptamente por la
dictadura y el exilio. Algo similar sucedió con los primeros álbumes del Quinteto
Tiempo, prohibidos en Argentina y difundidos exclusivamente en el exterior.
En 1978 César Isella, Cantoral, Ana D'Anna y Rodolfo Mederos, realizaron el notable
álbum titulado Juanito Laguna, sobre el célebre niño villero de la pintura de
Antonio Berni, con composiciones de Hamlet Lima Quintana, Cuchi Leguizamón, Iván
Cosentino, Jaime Dávalos, Eduardo Falú y Armando Tejada Gómez -bajo el seudónimo de
Carlos de Mendoza para eludir las listas negras- y una introducción realizada por
el propio Berni. El álbum fue secuestrado por las autoridades y recién sería
reeditado en 2005, con el agregado de dos temas de la serie, que no habían sido
incluidos en la versión original: un tema de Ástor Piazzolla y Horacio Ferrer y
otro cantado por Mercedes Sosa.122
En 1979 Mercedes Sosa editó en Argentina el álbum Serenata para la tierra de uno,
tomando como mensaje el tema del mismo título de María Elena Walsh: «Porque me
duele si me quedo, pero me muero si me voy». Poco después fue detenida en la ciudad
de La Plata mientras realizaba un espectáculo, junto con todos los espectadores que
habían tomado la decisión de asistir. El hecho la decidió a exiliarse, primero en
París y luego en Madrid.128
Hacia fines de los años setenta me ofrecieron grabar una versión de La hermanita
perdida (canción de A. Yupanqui sobre las Malvinas), que al final terminé grabando
en 1981. Pero pasó todo el año y, como no salía, me la pasé llamando al sello. No
me daban bolilla, hasta que en 1982, durante la guerra de Malvinas, lo primero que
hicieron fue querer sacar el disco. Yo, que lo había esperado un montón de tiempo,
me opuse y les dije que si lo sacaban les hacía juicio. No quería hacer el papel de
cierta gente que vendía discos a rolete mientras nuestros jóvenes morían en las
islas. Era inmoral. Pero negarme me costó 12 años sin poder grabar: desde el ’82
hasta el ’94.
Suma Paz.132
En 1983 el Cuarteto Vocal Zupay y el actor Pepe Soriano lanzan el álbum El inglés,
composición musical de Oscar Cardozo Ocampo y Rubén Verna, correspondiente a la
obra teatral de Juan Carlos Gené repuesta al regresar del exilio, ambientada en la
Primera Invasión Inglesa.
Este hecho que es consecuencia directa del pensamiento cultural que deriva del
retorno de la democracia de nuestra nación, se ha repetido a partir de ese año en
forma consecutiva, logrando en casi todas las oportunidades el rating más alto
correspondiente en la programación de los cuatro canales televisivos de la Capital
Federal.
Comisión Municipal de folklore de Cosquín.133
En 1985 y 1986 León Gieco inició su proyecto De Ushuaia a La Quiaca, con el que
recorrió el país generando y recogiendo estilos y versiones musicales populares.
Reflexionando sobre el acontecimiento Gieco ha dicho que «fue posible que el rock y
el folklore dejaran de mirarse con desconfianza; hoy ya no es así y con aquella
gira todo empezó a cambiar».134
Simultáneamente, el Chango Farías Gómez, recién vuelto del exilio, formó el grupo
Músicos Populares Argentinos (MPA), con Peteco Carabajal, Jacinto Piedra, Verónica
Condomí y Rubén Izarrualde, «que transformó el repertorio folklórico en los años
ochenta, con arreglos originales y la incorporación de instrumentos eléctricos. MPA
fue tan rupturista para la época que le valió a Peteco Carabajal un histórico
abucheo en su propia tierra, Santiago del Estero, porque volvía tocando una
chacarera con guitarra eléctrica».135 En el mismo sentido y también en 1985, la
banda punk rock argentina Soda Stereo, lanzó la canción Cuando pase el temblor, en
ritmo de carnavalito andino, obteniendo un enorme éxito continental.136
En 1991, el sikuri Uña Ramos lanzó su álbum Puente de Madera, con la colaboración
de José Luis Castiñieira de Dios y Narciso Omar Espinosa, el primero de una serie
de obras de creación propia, que obtuvo el Gran Premio Internacional de Disco de la
Academia Charles Cros.
En 1993 el grupo de rock Divididos lanza una versión folklórico-roquera del tema
tradicional El Arriero, de Atahualpa Yupanqui, que obtuvo una excelente recepción
en el público joven y generó un apasionado debate sobre los límites del folklore.
Soledad Pastorutti, La Sole, alcanzó la fama cuando tenía quince años y se volvió
una de las máximas figuras actuales de la música folklórica argentina.
En 1995 una adolescente de catorce años, Soledad Pastorutti, proveniente del pueblo
de Arequito, se destacó en las peñas callejeras que rodean el Festival de Cosquín
llevando a los organizadores a invitarla para cantar en el mismo. Sin embargo en el
momento de salir al escenario sufrió la frustración de que las autoridades se lo
impidieron debido a una ordenanza local que prohíbe que menores de quince años
actúen en espectáculos públicos luego de la medianoche.142Al año siguiente Soledad,
la Sole, apadrinada por César Isella, volvió para presentarse en el Festival, con
cobertura nacional de la televisión, realizando una actuación memorable que cerró
cantando a dúo con su hermana Natalia la chacarera A Don Ata, de Miguel Ángel
Morelli y Mario Álvarez Quiroga, y obteniendo el premio Revelación Cosquín 1996.143
Años después Soledad recordaría ese momento con las siguientes palabras:
En 1996 nació la compañía El Sonido de mi Tierra del santiagueno Luis Pereyra quien
presenta un despliegue de un folklore total de la Argentina, uniendo así la cultura
y las provincias, hasta el tango con el folklore. Gira con el espectáculo musical
desde 2003 por todo el mundo. Trabaja juntos a su esposa Nicole Nau. Presentó parte
del espectáculo dentro de los festejos de los 40 años de Argentinisima de Julio
Marbiz en el Teatro Astral,146 luego El Sonido de mi Tierra se presentó en el
festival de Cosquín en el 2014. Los instrumentos de la música en vivo son
autóctonos. VIDA! su última producción, fue presentada en el 2017 en el Folies
Bergére de Paris147 y sigue aun de gira.
Tendencias actuales
Las últimas décadas han mostrado una confluencia de la música popular argentina,
tanto de las corrientes provenientes del folklore, como del tango y el rock
nacional, con figuras como Soledad, Tamara Castro, Luciano Pereyra, Los Nocheros,
Jorge Rojas, Abel Pintos, Facundo Toro, el Chaqueño Palavecino, Raly Barrionuevo,
el Dúo Coplanacu, Los Díaz Pasan Volando, Luis Salinas, Daniel Tinte, Los Tekis,
Los Alonsitos, Amboé, Los Hermanos Pachano, Tamara Moreno, Seba Ibarra, Tonolec,
Sentires del Alma, Bruno Arias, la vientista Micaela Chauque, etc. Algunos de ellos
integran una corriente que ha dado en llamarse folklore joven.148
En 1998 Alejandro Dolina lanzó como álbum doble su obra Lo que me costó el amor de
Laura, editada por Querencia, definida por el autor como una opereta criolla, y se
encuentra construida sobre ritmos de tango y folklore. En 2000 la obra fue
presentada en el Teatro Avenida de Buenos Aires con gran éxito de público. En el
disco la opereta está interpretada por la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por
Pedro I. Calderón, mientras que los personajes son interpretados por el propio
Alejandro Dolina (Manuel), Julia Zenko (Laura), Juan Carlos Baglietto (El Otro),
Joan Manuel Serrat (El Guardián), Mercedes Sosa (La Pitonisa), Sandro (El
Seductor), Les Luthiers (Los Hombres Sabios), Ernesto Sabato (El Mozo), Horacio
Ferrer (El Vecino), Marcos Mundstock (El Locutor), Los Huanca Hua (La Murga del
Tiempo, el Choro del Carnaval Triste), Martín Dolina (El Pibe), Claudia Brant (La
Dama del puente), Gabriel Rolón (El Corroborador), Ana Naón y Sonia Rolón (Las
Chicas Feas), Carlos Bugarín y Héctor Pilatti (Los Borrachos), Guillermo Stronati
(El Pelado), Elizabeth Vernaci (La Morocha).151
En 2007 apareció Argentina folklore, un sitio web creado por el cantante folklórico
Gustavo Cisneros para reunir a músicos independientes y permitir la descarga
gratuita de sus temas.153154
Véase también
Historia argentina
Folklore de Salta
Folklore
Instrumentos más utilizados en el folklore de Argentina
Estilos musicales folklóricos de Argentina
Notas
Extraído del libro: Horacio Salgán: la supervivencia de un artista en el tiempo.
Ediciones Corregidor, 1992.76
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y la música americana en particular, y nos referimos aquí al continente americano
todo, son el resultado de la interacción de tres grandes vertientes: la indígena,
es decir, la de los nativos de las tierras americanas; la europea occidental, es
decir, la de los conquistadores e invasores; y la negra-africana o aguisimbia, es
decir, la de los pueblos traídos como esclavos desde un tercer continente. La
distribución y la proporción de cada una de estas tres vertientes en el largo y
ancho territorio americano determinara a través de los siglos un mestizaje muy
variado de lo aportado por cada una de ellas, con diferencias muy grandes entre una
región y otra... El esquema de las tres vertientes culturales es solo válido en
tanto esquema general. Porque, en primer término, América no estaba poblada, en
1492, por una única etnia. Y las muy diversas etnias no estaban culturalmente
homogeneizadas. Había muchísimos sistemas culturales y además pocas veces esos
sistemas se encontraban confinados en límites geográficos precisos. Más aún, las
culturas, las lenguas y las músicas coexistían en un territorio difuso, con islotes
e islas e islitas salpicados en espacios de muchos miles de quilómetros. América
indígena es un hermoso conglomerado de culturas y de músicas muy disímiles, con
principios estructuradores y lógicas sintácticas diferentes".
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El Cuarteto Gómez Carrillo se formó en Santiago del Estero a comienzos de los años
cuarenta, y estaba integrado por cuatro hermanos: Cármen Gómez Carrillo (Chocha),
Manuel Gómez Carrillo (Manolo), Julio Gómez Carrillo (Chololo) y Jorge Rubén Gómez
Carrillo (Gougi).
Llajta Sumac estaba dirigido por Esteban Velárdez y lo integraron Remberto
Narváez, Guillermo Arbos, Lorenzo Vergara y Miguel Angel Trejo en el piano.
El Cuarteto Contemporáneo se formó en Mendoza en los años cincuenta y estaba
integrado por Tito Francia, Jorge Montana, Mario Bravo y Oscar Cánova.
Canciones para mirar y Doña Disparate y Bambuco, aparecieron también como álbumes
interpretados por el dúo María Elena Walsh y Leda Valladares (Leda y María), que se
separaría poco después y que había grabado su primer álbum, Chants d’Argentine en
Francia, en 1954. Las famosas canciones infantiles de María Elena Walsh, que
hicieron eclosión popular en estos espectáculos, aparecieron por primera vez en un
EP lanzado en 1960, titulado Canciones de Tutú Marambá, en el que Leda y María
cantan La vaca estudiosa y María Elena Walsh canta sola Canción del pescador, El
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1997. Consultado el 14 de marzo de 2009.
Dos sobrevivientes del centro clandestino de detención La Perla, han declarado
haber oído al entonces teniente Carlos Villanueva y otros militares expresar la
intención de asesinar a Jorge Cafrune luego del episodio del Festival de Cosquín,
que geográficamente se encontraba bajo jurisdicción de los grupos de inteligencia
con asiento en Córdoba. La primera declaración corresponde a Teresa Celia
Meschiati, realizada en 1984 ante la CONADEP y registrado en el Legajo 4279, quien
sostuvo que presenció la reacción de varios militares, entre ellos el teniente
Carlos Villanueva, ante la actitud de Cafrune en el Festival de Cosquín, afirmando
aquel que «había que matarlo para prevenir a los otros» y que la semana siguiente,
los mismos estuvieron muy nerviosos debido a una «operación especial», para
celebrar luego su ejecución exitosa, todo en correspondencia cronológica con la
muerte de Cafrune. Fuente: Legajo 4279, ed. (1984). «Declaración de Teresa Celia
Meschiati». Argentina: CONADEP. Archivado desde el original el 3 de marzo de 2012.
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La segunda declaración fue realizada por Graciela Susana Geuna el 9 de julio de
1998, ante el cónsul de España en Ginebra, en el Sumario 19127 sobre genocidio y
terrorismo llevado adelante por el juez Baltasar Garzón. En su declaración Geuna
menciona la acción de Cafrune en Cosquín y manifiesta que el teniente Villanueva
«dijo que había que matarlo para evitar que otros cantantes hicieran lo mismo,
ellos veían que la gente comenzaba a forzar en las pequeñas cosas peleando así por
lograr una apertura. Eso les aterraba y por eso sofocaban cualquier pequeño gesto
de rebeldía, porque podía ser el preludio de otros, futuros gestos». Luego menciona
que en esa semana siguiente se mencionaba una «operación especial». Fuente: Sumario
19127, ed. (9 de julio de 1998). «Declaración de Graciela Susana Geuna». España:
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Enlaces externos
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23 de abril de 2009.
Fiesta Nacional del Chamamé
Para ver y oír
La siguiente selección permite escuchar una muestra representativa de la historia
del folklore argentino.
«Cantos selk’nam», Tierra del Fuego. Memoria Chilena. En este sitio es posible
escuchar las grabaciones etnográficas más antiguas de que se tenga registro en
Argentina (1906).
Payada al museo José Hernández, payada gaucha, por José Curbelo, en el Día del
Payador.
Cielito federal (siglo XIX), por Atilio Reynoso.
Viva Jujuy, bailecito tradicional jujeño (andino), por Jaime Torres.
Zamba de Vargas (1906), zamba tradicional, la primera recopilada por Andrés
Chazarreta. Interpretada por Los Chalchaleros en el Festival de Cosquín 1999.
El rancho ’e la Cambicha (1950), por Antonio Tormo, RCA Víctor, en el sitio oficial
de Antonio Tormo.
Zamba de la Candelaria (1952), zamba clásica de Jaime Dávalos-Eduardo Falú, por
Eduardo Falú. YouTube.
Dulzura quichua (chacarera), por Sixto Palavecino, testimonio de la música
santiagueña.
La vaca estudiosa (1963), baguala de y por María Elena Walsh. Clásico de la canción
folklórica infantil.
Misa Criolla: «Gloria» (1964), de Ariel Ramírez, por Los Fronterizos y el Coro de
la Catedral de San Isidro dirigido por Gustavo Felice. Considerada la obra cumbre
del folklore argentino.
Zamba de mi esperanza (1964), por Jorge Cafrune en el programa La hora con
Raffaella Carra por la Televisión Española TVE, YouTube.
Canción con todos (1969), de Armando Tejada Gómez y César Isella, por Mercedes
Sosa. YouTube. Una de las canciones más importantes del folklore latinoamericano,
característica del Nuevo Cancionero.
Viejo Caá Catí, de Edgardo Romero Maciel y Alberico Mansilla, por Ramona Galarza en
la película Argentinísima II (1973). Clásico de la música litoraleña.
Pedro Canoero (1985), de y por Teresa Parodi en versión de 2007. Música litoraleña.
Éxito de los años ochenta.
El arriero (1944), de Atahualpa Yupanqui, por Divididos. Lanzado en el álbum La era
de la boludez (1993). Famosa versión rock de una de las canciones más conocidas del
folclore Argentino.
«Soledad Pastorutti», La Sole, Canciones y videos. Sitio oficial. Una de las
artistas más destacadas de la última generación de artistas folklóricos.
«Argentina folklore». Sitio oficial de Argentina folklore. Consultado el 14 de
marzo de 2009. Sitio de descarga gratuita de música folklórica de artistas
independientes.
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