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Los Doce Escogidos

El documento describe la vocación y ordenación de Los Doce Apóstoles de Jesús. Jesús pasó la noche orando antes de elegir a doce discípulos y nombrarlos apóstoles. Los doce fueron Simón Pedro, Santiago, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Santiago hijo de Alfeo, Judas Tadeo, Simón el Zelote, y Judas Iscariote. El documento luego proporciona detalles biográficos breves sobre cada uno de Los Doce Apóstoles.

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Los Doce Escogidos

El documento describe la vocación y ordenación de Los Doce Apóstoles de Jesús. Jesús pasó la noche orando antes de elegir a doce discípulos y nombrarlos apóstoles. Los doce fueron Simón Pedro, Santiago, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Santiago hijo de Alfeo, Judas Tadeo, Simón el Zelote, y Judas Iscariote. El documento luego proporciona detalles biográficos breves sobre cada uno de Los Doce Apóstoles.

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Los Doce son Elegidos

Su vocación y ordenacióna
El Señor buscó un retiro solitario la noche anterior a la IL mañana en que fueron
llamados y ordenados los Doce Apóstoles, y allí “pasó la noche orando a
Dios”.b Entonces, habiendo amanecido, y mientras las multitudes se reunían para
oír más del nuevo y maravilloso evangelio del reino, El pidió que se acercaran
algunos de los que hasta entonces lo habían acompañado devotamente con
carácter de discípulos o seguidores, y de entre ellos eligió a doce, a los cuales
ordenó y nombró apóstoles.c Antes de esta ocasión, ninguno de ellos había sido
comisionado con determinada delegación de autoridad o nombramiento especial;
habían formado parte de los discípulos en general, aunque, como ya hemos visto,
a siete de ellos se había extendido un llamado preliminar que habían aceptado en
el acto, abandonando totalmente o en parte sus negocios para seguir al Maestro.
Estos fueron: Andrés, Juan, Simón Pedro, Felipe, Natanael, Santiago o Jacobo y
Leví o Mateo. Sin embargo, antes de este día transcendental, ninguno de los
Doce había sido ordenado o apartado en su oficio sagrado.
Los tres evangelistas que escriben sobre la organización de los Doce dan a Simón
Pedro el primer lugar en la categoría de los apóstoles, y a Judas Iscariote el
último; y también concuerdan en la posición relativa de algunos, pero no de
todos. Siguiendo el orden en que los enumera S. Marcos—y este podría ser el
más conveniente, visto que otorga los primeros tres lugares a los que más
adelante llegaron a ser los de mayor prominencia—tenemos la siguiente lista:
Simón Pedro; Jacobo o Santiago (hijo de Zebedeo); Juan (hermano del anterior);
Andrés (hermano de Simón Pedro); Felipe; Tomás; Santiago (hijo de Alfeo);
Judas (también conocido como Lebeo o Tadeo); Simón (que se distingue por el
sobrenombre de Zelote, también conocido como el Cananita) y Judas Iscariote.

Los Doce, individualmente considerados


Simón, el primer apóstol nombrado, es conocido comúnmente
como Pedro, apelativo que le puso el Señor la ocasión en que se conocieron por
primera vez, y posteriormente confirmado.d Era hijo de Joná o Jonás y su
profesión era la pesca. El y su hermano Andrés eran socios de Santiago y Juan,
hijos de Zebedeo; y aparentemente el negocio de la pesca prosperaba, porque
eran dueños de sus propios barcos y empleaban a otros hombres. e Pedro había
vivido anteriormente en la pequeña aldea pesquera de Betsaida, f sobre la playa
occidental del Mar de Galilea, pero más o menos al tiempo de su primera
asociación con Jesús, o poco después, él y otros de su familia se trasladaron a
Capernaum, donde parece que estableció su hogar aparte. g Simón Pedro había
contraído matrimonio antes de ser llamado al ministerio. Se hallaba en buena
posición económica; y la ocasión en que habló de haber dejado todo para seguir a
Jesús, el Señor no negó que el sacrificio de Pedro, en cuanto a sus bienes
materiales, había sido tan grande como lo indicaba. No hay justificación para que
lo consideremos iletrado o ignorante. Es cierto que el concilio de gobernantes los
tachó a él y a Juan de ser “hombres sin letras y del vulgo”, h pero se dijo esto de
ellos con referencia a su falta de instrucción en las escuelas de los rabinos; y es
digno de considerar que los miembros de ese mismo concilio se maravillaron de
la prudencia y el poder manifestados por los dos apóstoles, a quienes profesaban
despreciar.
En cuanto a temperamento, Pedro era impulsivo y severo, y hasta que aprendió
por experiencia acerba, carecía de firmeza. Tenía muchas debilidades humanas, y
sin embargo, a pesar de todas ellas, finalmente venció las tentaciones de Satanás
y las flaquezas de la carne, y prestó servicio a su Señor como el director
designado y reconocido de los Doce. Las Escrituras nada dicen acerca del tiempo
y lugar de su muerte; pero el Señor resucitado prefiguró cómo se efectuaría, i y el
mismo Pedro lo previó en parte.j La tradición, cuyo origen se funda en los
escritos de los primeros historiadores cristianos, y no en los de los apóstoles,
declara que Pedro padeció el martirio y fue crucificado durante la persecución
consiguiente al reinado de Nerón, probablemente entre los años 64 y 68 de
nuestra era. Orígenes afirma que el apóstol fue crucificado con la cabeza hacia
abajo. Junto con Santiago y Juan, sus compañeros en la presidencia de los Doce,
Pedro, en calidad de ser resucitado, ha ejercido su ministerio en esta dispensación
actual, restaurando en la tierra el Sacerdocio de Melquisedec, incluso el Santo
Apostolado, que se perdió por causa de la apostasía e incredulidad de los
hombres.k
Santiago y Juan, hermanos de nacimiento, socios en el negocio de la pesca,
hermanos en el ministerio colaboraron juntos, uno con otro, y con Pedro en el
llamamiento apostólico. El Señor confirió a estos dos un título en común—
Boanerges o hijos del truenol—posiblemente aludiendo al celo que desarrollaron
en su servicio, el cual por cierto fue necesario restringir ocasionalmente, como
cuando quisieron hacer que descendiera fuego del cielo para destruir a los
samaritanos que se habían negado a hospedar al Maestro. m Ellos y su madre
aspiraron a los honores más altos del reino, y pidieron que se concediera a los dos
estar uno a la mano derecha y el otro a la mano izquierda de Cristo en su gloria.
Con bondad el Señor reprochó esta ambición, y la solicitud fue causa de ofensa a
los otros apóstoles.n Junto con Pedro, estos dos hermanos fueron testigos de
muchos de los acontecimientos más importantes de la vida de Jesús; de ahí que,
los tres fueron los únicos apóstoles a quienes se permitió presenciar la
restauración de la hija de Jairo, cuando fue levantada de muerte a vida; o y además
de ser los únicos de los Doce que estuvieron presentes en la transfiguración de
Cristo,p fueron los que se hallaron más próximos al Señor durante su intensa
agonía en el Getsemaní,q y, como se dijo previamente, han ejercitado su
ministerio en estos días modernos, restaurando el Santo Apostolado con toda su
autoridad antigua y poder para bendecir.r Comúnmente se designa a Santiago en
la literatura teológica con el nombre de Santiago el Mayor, para distinguirlo del
otro apóstol que tenía el mismo nombre. Santiago, hijo de Zebedeo, fue el
primero de los apóstoles en ser martirizado, pues murió degollado por órdenes
del rey Herodes Agripa.s
Juan había sido de los discípulos del Bautista, y manifestó su confianza en el
testimonio que éste dió de Jesús, apartándose en el acto del precursor y siguiendo
al Señor.t Llegó a ser un siervo devoto, y repetidamente se refiere a sí mismo
como el discípulo “al cual Jesús amaba”. u En la última cena Juan, sentado al lado
de Jesús, recostó la cabeza cerca del pecho del Maestro; v y al día siguiente,
estando al pie de la cruz, recibió del Cristo agonizante el encargo especial de
cuidar a la madre del Señor,x comisión que cumplió en el acto, llevando a María a
su propia casa. Fue el primero de los discípulos en reconocer al Señor resucitado
en las playas de Galilea, de cuyos labios inmortales recibió el aliento para sus
esperanzas de que se le concediera continuar viviendo en el cuerpo, a fin de
poder ejercitar su ministerio entre los hombres hasta que el Cristo viniera en su
gloria.y Las revelaciones de los días modernos han dado fe de la realización de
esa esperanza.z
Andrés, hijo de Jonás y hermano de Simón Pedro, se menciona con menos
frecuencia que los tres previamente considerados. Había sido uno de los
discípulos del Bautista y, junto con Juan, hijo de Zebedeo, se apartó de aquél, a
fin de ser instruido por Jesús; y habiendo aprendido, salió en busca de Pedro,
solemnemente le afirmó que habían hallado al Mesías y llevó a su hermano a los
pies del Salvador.a Compartió con Pedro el honor de ser llamado por el Señor en
las playas del mar, cuando se les prometió: “Os haré pescadores de hombres.” b En
una ocasión leemos que Andrés se hallaba presente con Pedro, Santiago y Juan,
en una entrevista privada con el Señor; c se hace mención de él con relación al
milagro de la alimentación milagrosa de las cinco mil personas, d y con Felipe
arregló la entrevista entre ciertos griegos y Jesús; e y entre otros nombres, también
aparece el suyo al tiempo de la ascensión de nuestro Señor. f Abundan en la
tradición historias acerca de este hombre, pero en lo que respecta a la extensión
de su ministerio, la duración de su vida y la circunstancia de su muerte,
carecemos de información auténtica.
Felipe pudo haber sido el primero en recibir de los labios de Jesús el llamado
autoritario “sígueme”, y hallamos que inmediatamente testificó que Jesús era el
por tan largo tiempo esperado Mesías. Vivía en Betsaida, la aldea de Pedro,
Andrés, Santiago y Juan. Se dice que Jesús lo halló, g mientras que los otros que
participaron en esa primera afiliación parecen haber venido de sí mismos a Cristo
individualmente. Hallamos una breve referencia a él cuando se dio de comer a los
cinco mil, ocasión en la cual Jesús le preguntó: “¿De dónde compraremos el pan
para que coman éstos?” Lo dijo sólo para probar a su discípulo, porque Jesús
sabía lo que era menester hacer. La respuesta de Felipe se basó en la afirmación
del poco dinero que tenían, indicando que no esperaba una intervención
milagrosa.h A él acudieron los griegos cuando quisieron hablar con Jesús, como
dijimos al referirnos a Andrés. Benignamente se le llamó la atención a su falta de
entendimiento cuando rogó a Jesús que les mostrara el Padre a él y a los otros:
“¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido,
Felipe?”i Aparte de mencionarse incidentalmente su presencia entre los Once
después de la ascención, las Escrituras nada más nos dicen respecto de él.
Bartolomé es mencionado por este nombre en las Escrituras solamente con
referencia a su ordenación en el apostolado, y junto con los Once después de la
ascensión. El nombre significa hijo de Tolmai. Es casi seguro, sin embargo, que
es el hombre llamado Natanael en el Evangelio de Juan, y del cual Cristo dijo que
era “un verdadero israelita, en quien no hay engaño”. j También se le nombra
entre los que fueron a pescar con Pedro después de la resurrección de
Cristo.k Vivía en Caná de Galilea. Las razones para suponer que Bartolomé y
Natanael eran la misma persona son las siguientes: En cada uno de los tres
evangelios sinópticos Bartolomé ha sido designado apóstol, pero no se hace
referencia a Natanael. En el Evangelio de Juan hallamos dos veces el nombre de
Natanael, pero no el de Bartolomé; siempre se menciona a Bartolomé y Felipe, o
Natanael y Felipe juntos.
Mateo o Leví, hijo de Alfeo, fue uno de los siete a quienes se extendió la
invitación de seguir a Cristo antes de la ordenación de los Doce. Fue quien
ofreció una fiesta a la que concurrió Jesús con sus discípulos, razón por la cual lo
criticaron severamente los fariseos,l acusándolo de indecoro por comer con
publicanos y pecadores. Mateo era publicano: así se designa a sí mismo en el
evangelio que escribió;m pero los otros evangelistas pasan por alto este hecho al
nombrarlo entre los Doce. Muchos interpretan su nombre hebreo, Leví, como
indicación de linaje sacerdotal. No tenemos detalles de su ministerio, y aunque es
el autor del primer evangelio, se refrena de mencionarse a sí mismo, salvo al
tiempo de su vocación y ordenación. Según otros escritores no bíblicos, fue uno
de los apóstoles más activos después de la muerte de Cristo y obró en tierras
distantes de Palestina.
Tomás, conocido también como Dídimo, vocablo griego equivalente a su nombre
hebreo que significa “gemelo”, fue testigo de la resurrección de Lázaro. Queda
manifestada su devoción a Jesús en su deseo de acompañar al Señor a Betania,
aunque era seguro que encontrarían alguna persecución en ese lugar, pues dijo a
sus condiscípulos: “Vamos también nosotros, para que muramos con él.” n Aun
estando en vísperas de la crucifixión, Tomás no había logrado comprender la
inminente necesidad del sacrificio del Salvador; y cuando Jesús expresó que le
era necesario ir y dejarlos para que vinieran después, Tomás preguntó cómo
podrían saber el camino, y fue reprendido por su falta de entendimiento. o Se
hallaba ausente cuando el Cristo resucitado les apareció a los discípulos que
estaban reunidos la tarde del día en que se levantó; e informándole los demás que
habían visto al Señor, vehementemente expresó su duda y declaró que no creería
hasta que pudiera ver y palpar por sí mismo las heridas en el cuerpo crucificado.
Ocho días después el Señor visitó de nuevo a los apóstoles, estando ellos, como
en la ocasión anterior, adentro con las puertas cerradas; y a Tomás, el Señor dijo:
“Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado.”
Entonces Tomás, habiéndose desvanecido toda su duda, rebosante su alma de
amor y reverencia, exclamó: “¡Señor mío, y Dios mío!” El Señor le respondió:
“Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y
creyeron.”p En lo que a Tomás respecta, no se hace más mención de él en el
Nuevo Testamento, sino que estuvo presente con sus compañeros en el ministerio
después de la ascensión.
Santiago, hijo de Alfeo, se menciona en los Evangelios solamente al tiempo de
su ordenación en el apostolado; y no aparece sino una sola vez más en el Nuevo
Testamento con el nombre de “hijo de Alfeo”. q En otros escritos, aparte de los
canónicos, suele ser llamado Santiago II o Santiago el Menor, para no
confundirlo con Santiago, hijo de Zebedeo. Se admite que hay alguna
incertidumbre concerniente a la identidad de Santiago, hijo de Alfeo, si sería el
apóstol del mismo nombre a quien se hace referencia tanto en los Hechos como
en las Epístolas,r y existe abundante literatura controvertible sobre el tema. s
Judas es llamado Lebeo Tadeo por Mateo; Tadeo por Marcos; y Judas, hermano
de Jacobo, por Lucas.t No hay sino otra referencia particular en cuanto a este
apóstol. Se halla en Juan y se relaciona con la última y extensa entrevista entre
Jesús y sus apóstoles, cuando este Judas, “no el Iscariote”, le preguntó a Jesús
cómo o por qué se iba a manifestar a sus siervos escogidos y no al mundo en
general. Su pregunta indica que en esa época no comprendía cabalmente la
naturaleza verdaderamente distintiva del apostolado.
Simón el Zelote, designado así en los Hechos,u y Simón llamado Zelote en el
Evangelio según S. Lucas, es apodado el Cananita por S. Mateo y por S. Marcos.
Esta designación no se refiere al pueblo de Caná ni a la tierra de Canaán, ni
tampoco encierra significado geográfico alguno; es el equivalente siro-caldeo del
vocablo griego que se ha traducido por “Zelote”. De modo que ambos nombres
tienen el mismo significado fundamental, y tanto el uno como el otro se refieren
a los Celadores, secta o facción de los judíos que se distinguía por su celo en
preservar los rituales mosaicos. Indudablemente Simón había aprendido la
moderación y la tolerancia con las enseñanzas de Cristo; de lo contrario,
difícilmente habría sido apto para el ministerio apostólico. Su sinceridad celosa,
debidamente orientada, pudo haberse desarrollado en un rasgo de carácter
sumamente útil. En ninguna parte de las Escrituras se hace mención de este
apóstol sino entre sus compañeros.
Judas Iscariote es el único natural de Judea entre los Doce, pues todos los otros
eran Galileos. Generalmente se entiende que era residente de Queriot, pequeño
poblado en la parte sur de Judea, a pocos kilómetros hacia el oeste del Mar
Muerto, pero respecto de esta tradición, así como del significado de su
sobrenombre, carecemos de autoridad directa. En igual manera nada sabemos de
su linaje, salvo que el nombre de su padre era Simón. v Actuaba como tesorero o
agente de la compañía apostólica, recibiendo y desembolsando las ofrendas que
hacían los discípulos y amigos, y comprando lo que se necesitaba. x Juan da
testimonio de que no se guiaba por principios rectos ni por la honradez en el
desempeño de este puesto. Su naturaleza avarienta y querellosa quedó
manifestada cuando murmuró acerca de lo que para él fue desperdiciar el costoso
perfume de nardo con que María ungió al Señor pocos días antes de la
crucifixión, e hipócritamente sugirió que el precioso ungüento podría haber sido
vendido y el dinero dado a los pobres.y El acto culminante de perfidia en la
carrera de Judas Iscariote fue la traición intencional de su Maestro, que el infame
concertó por un precio, y consumó su maldad por medio de un beso. Puso fin a su
vida culpable por medio de un suicidio repugnante, y su espíritu fue consignado
al terrible destino que ha sido reservado para los hijos de perdición. z
Características generales de los Doce
Examinando las características y calificaciones generales de este cuerpo de doce
hombres, se ponen de manifiesto ciertos hechos interesantes. Antes de su
elección como apóstoles, todos habían sido discípulos íntimos del Señor; creían
en El; varios de ellos, posiblemente todos, habían confesado públicamente que
era el Hijo de Dios; y sin embargo, se duda que alguno de ellos haya
comprendido por completo el verdadero significado de la obra del Salvador. En
vista de las afirmaciones posteriores de muchos de ellos, así como las
instrucciones y reprensiones que el Maestro les dio al respecto, es evidente que
aun en el corazón de estos hombres escogidos se anidaba la común esperanza
judía de un Mesías que habría de reinar con esplendor, en calidad de soberano
terrenal, después de haber subyugado a todas las demás naciones. Aun después
de amplia experiencia, la preocupación de Pedro era: “He aquí, nosotros lo
hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?” a
Eran semejantes a niños que tenían necesidad de ser instruidos y enseñados; pero
en su mayoría fueron alumnos dóciles, de alma sensible y llenos de un sincero
anhelo de prestar servicio.
Para Jesús estos Doce eran sus pequeñitos, sus hijitos, sus siervos y sus amigos,
según lo merecían.b Todos fueron personas comunes, no de los rabinos, eruditos u
oficiales sacerdotales. Lo que el Señor consideró principalmente al elegirlos fue
su naturaleza interior, no sus logros exteriores. El Maestro los eligió; ellos no se
eligieron a sí mismos; El los ordenóc o estableció, y como consecuencia, podían
confiar más implícitamente en su orientación y apoyo. Mucho les fue dado;
mucho les fue requerido. Con una sola negra excepción, todos llegaron a ser
luces refulgentes en el reino de Dios y justificaron la selección del Maestro. En
cada cual El reconoció los rasgos de habilidad que habían desarrollado en el
mundo primordial de espíritus.d
Discípulos y apóstoles
En forma general, cualquier adherente de una persona o adepto de un principio
puede ser llamado discípulo. El Santo Apostolado es un oficio y llamamiento que
pertenece al Sacerdocio Mayor o de Melquisedec; es exaltado y determinado a la
vez, y comprende, como función distintiva, ser testigo personal y especial de la
divinidad de Jesucristo como único Redentor y Salvador del género humano. e El
apostolado es una otorgación individual, y en tal virtud, se confiere únicamente
por medio de una ordenación. El ministerio que desempeñaron, después de la
resurrección y ascención del Señor, indica que los Doce constituyeron un consejo
o “quórum” dotado de autoridad en la Iglesia establecida por Jesucristo. Su
primer acto oficial fue llenar la vacante que había en su organización, ocasionada
por la apostasía y muerte de Judas Iscariote; y con respecto a esta manera de
proceder, el apóstol principal, Pedro, expuso los méritos necesarios del que
habría de ser elegido y ordenado, entre los cuales estaba comprendido el
conocimiento necesario de Jesús, su vida, muerte y resurrección, que habilitara al
nuevo apóstol para que pudiera ser uno con los Once, en calidad de testigos
especiales de la obra del Señor.f
La ordenación de los Doce Apóstoles señaló la inauguración de una época
avanzada en el ministerio terrenal de Jesús, época caracterizada por la
organización de un cuerpo de hombres investidos con la autoridad del Santo
Sacerdocio, sobre quienes descansaría, con más particularidad después de la ida
del Señor, el deber y responsabilidad de continuar la obra que había comenzado y
la edificación de la Iglesia que estableció.

La palabra “apóstol” es la forma castellanizada del vocable griego apostolos, que


significa literalmente “uno que es enviado”, y connota un enviado o mensajero
oficial que habla y obra por la autoridad de su superior. Con este significado el
apóstol Pablo más tarde aplicó el título a Cristo en el sentido de uno que fue
especialmente enviado y comisionado del Padre. g
El evangelista Marcos declara en esta forma el objeto para el cual el Señor
escogió y ordenó a los Doce: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y
para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y
para echar fuera demonios.”h Después de su ordenación los discípulos
permanecieron con Jesús por una temporada, y El los preparó e instruyó en forma
especial para la obra que entonces tenían por delante; más tarde fueron
comisionados particularmente y enviados a predicar y a ejercer su ministerio con
la autoridad de su sacerdocio, como consideraremos más adelante.
Notas al Capitulo 16
1. “De Alfeo”, o “Hijo de Alfeo”.—En todos los pasajes bíblicos que
mencionan a Santiago o “Jacobo hijo de Alfeo” (Mateo 10:3; Marcos
3:18; Lucas 6:15; Hech. 1:13) los traductores han añadido la palabra hijo,
y por consiguiente, propiamente aparece en letra cursiva en algunas
versiones de la Biblia. La frase dice en griego “Jacobo de Alfeo”. No debe
recalcarse indebidamente este hecho para apoyar la idea de que el Santiago
de referencia no era hijo de Alfeo; porque la palabra hijo se ha añadido en
igual forma al traducirse otros pasajes, empleándose la letra cursiva para
indicar la palabra agregada, v. gr.: “Santiago hijo de Zebedeo” (Mateo
10:12; véase Marc 3:17). Léase, al respecto, la Nota siguiente.
2. Judas Lebeo Tadeo.—Este Judas (no el Iscariote) aparece en la
traducción de Lucas 6:16 y Hechos 1:13, con el nombre de
“Judas hermano de Jacobo”. La letra cursiva indica que la palabra
“hermano” se ha agregado al texto original. La versión corregida de estos
pasajes dice en ambos casos “hijo de Jacobo”, con la correspondiente letra
cursiva. El texto original dice “Judas de Jacobo”. Nada se nos dice
concerniente a cuál Santiago se hace referencia, o si Judas que aquí se
menciona era hijo, hermano o algún otro pariente de este Jacobo o
Santiago desconocido.
3. El significado de “Apóstol”.—“El título ‘apóstol’ igualmente tiene
significado y santidad especiales; viene de Dios y pertenece únicamente a
aquellos que son llamados y ordenados ‘testigos especiales del nombre de
Cristo en todo el mundo, y así se distinguen de los otros oficiales de la
iglesia en los deberes de su llamamiento’. (Doc. y Con. 107:23) Por
derivación la palabra ‘apóstol’ es el equivalente del término
griego apostolos, que significa un mensajero, un embajador o literalmente
‘uno que es enviado’. Indica que el que es propiamente llamado o
comisionado como tal, no habla ni obra de sí mismo, sino como
representante de un poder más alto del cual procede su comisión: y en este
respecto es un título de servidor, más bien que de superior. Sin embargo,
aun el Cristo es llamado Apóstol con respecto a su ministerio en la carne
(Heb. 3:1); y queda justificada la aplicación de este título en vista de sus
repetidas declaraciones de que vino a la tierra no para hacer su voluntad,
sino la del Padre, por quien fue enviado.
“Aunque por esto se ve que un apóstol es esencialmente un enviado o embajador,
su autoridad es amplia, como también lo es la responsabilidad consiguiente,
porque habla en en nombre de un poder más grande que el suyo, en nombre de
Aquél cuyo testigo especial es. Cuando uno de los Doce es enviado a ejercer su
ministerio en cualquier estaca, misión u otra división de la Iglesia, obra como
representante de la Primera Presidencia y tiene el derecho de emplear su
autoridad y hacer lo que fuere necesario para adelantar la obra de Dios. Su deber
es predicar el evangelio, administrar sus ordenanzas y poner en orden los asuntos
de la Iglesia, dondequiera que fuere enviado. Tan grande es la santidad de este
llamamiento especial, que el título ‘Apóstol’ no debe usarse livianamente como
trato común al referirse a los hombres que ocupan este oficio. Al hablar del
quórum o consejo de los Doce Apóstoles, cual existe en la Iglesia actualmente,
tal vez sería mejor decir el ‘Quórum de los Doce’, el ‘Consejo de los Doce’ o
simplemente los ‘Doce’, más bien que los ‘Doce Apóstoles’, salvo en aquellas
ocasiones particulares que justifiquen el uso del término más sagrado. Se
aconseja no emplear el título ‘Apóstol’ con los nombres de los miembros del
Consejo de los Doce, sino que al referirse o dirigirse a uno de ellos se le trate de
‘Hermano ’, o ‘Elder  y cuando se haga necesario o deseable anunciar su
presencia en alguna asamblea pública, se agregue una frase explicativa, como:
‘Elder , del Consejo de los Doce.’ “—Del artículo “Honor y Dignidad del
Sacerdocio”, por el autor (Improvement Era, tomo 17, páginas 409, 410).

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