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Departamento Académico de Ciencias Sociales Y Humanidades Programa Educativo de Licenciatura en Psicología

1) El documento presenta la introducción de una investigación sobre el consumo de alcohol en estudiantes de educación superior y su relación con la autoestima. 2) El consumo de alcohol entre estudiantes ha ido en aumento y se ha vuelto más temprano, lo que representa un problema de salud pública. 3) El estudio busca examinar factores como género, tipo de bebida y delegación que influyen en el consumo, y cómo la autoestima afecta la probabilidad de consumo.
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1) El documento presenta la introducción de una investigación sobre el consumo de alcohol en estudiantes de educación superior y su relación con la autoestima. 2) El consumo de alcohol entre estudiantes ha ido en aumento y se ha vuelto más temprano, lo que representa un problema de salud pública. 3) El estudio busca examinar factores como género, tipo de bebida y delegación que influyen en el consumo, y cómo la autoestima afecta la probabilidad de consumo.
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DEPARTAMENTO ACADÉMICO DE CIENCIAS

SOCIALES Y HUMANIDADES

PROGRAMA EDUCATIVO DE LICENCIATURA


EN PSICOLOGÍA

“El consumo de alcohol en estudiantes de


educación superior y su relación con la
autoestima”

Jannelly Castro Ahumada

M.C Violeta Kautzman

1530505

GUASAVE, SIN.
introducción
Con base en investigaciones recientes, se detecta que el problema del consumo
de alcohol en la población mexicana va en aumento. Las tendencias indican que la
edad de inicio del consumo es cada vez más temprana (Villatoro et al., 2001). Esto
refleja que la edad en la que un sujeto tiene su primer contacto con el alcohol,
coincide con el inicio de la adolescencia, edad conflictiva por sí misma.

El adolescente busca en el alcohol un medio de evitación, de escape, de refugio o


de aceptación social principalmente ante sus amigos y grupo de pares. En esta
etapa crítica, el individuo se encuentra en la búsqueda de su propia identidad y
tiende a rebelarse ante las figuras de autoridad. Todo esto lo lleva a realizar
conductas sin evaluar las consecuencias que se pueden presentar en él mismo y
en su entorno inmediato.

Un ejemplo de estas conductas es el consumo de alcohol. Se entiende como sólo


un ejemplo, porque el área de experimentación, a veces sin medir los riesgos que
se corren, abarca un gran espectro de conductas, como drogarse, involucrarse en
conductas sexuales sin protección, desafiar a las figuras de autoridad, etc.

Ahora bien, es importante recalcar que el consumo de alcohol no es homogéneo


en toda la población mexicana, ya que existen diferencias dependiendo de varios
a aspectos como la edad o el sexo del consumidor. Es así que el consumo de
alcohol tiene características particulares en la población de estudiantes. Las
principales características de este consumo nos indican que es bajo el índice de
dependencia al alcohol en los adolescentes, debido a que en esta edad, se
encuentran en los inicios del consumo. Pero frecuentemente tienen problemas
relacionados con su forma de beber; por ejemplo, los accidentes, el uso
combinado de alcohol y drogas, el abandono de los estudios (Castro y Maya,
1987). Estos y otros problemas se derivan de los patrones de beber que se
acostumbran entre los adolescentes, que consisten principalmente en ingerir altas
cantidades de alcohol, en eventos espaciados. Este patrón expone a los
adolescentes a tener un mayor riesgo de accidentes automovilísticos,
traumatismos, arrestos, etc. (Berenzon, Carreño, Medina-Mora, Juárez y Villatoro,
1996).

Es importante detenerse a estudiar el fenómeno del consumo en los adolescentes,


ya que conociendo las modificaciones en las tendencias, se podrá tener una visión
real y actualizada de la proporción del problema. Revisando las investigaciones
realizadas en el área, es claro el aumento en el consumo de alcohol. En el año
1997, el consumo de alcohol alguna vez en la vida fue de 54% de los estudiantes
de educación media y media superior del Distrito Federal. Ya en el 2000, el
consumo se incrementó al 61.4% de los adolescentes, dato que es muy elevado
considerando que la venta de bebidas alcohólicas está prohibida a menores de
edad (Villatoro et al., 2001).

Además, es importante destacar que se detectan diferencias de consumo entre


géneros. El sexo masculino es el que presenta mayores índices de consumo de
alcohol; sin embargo, en los últimos años las mujeres han ido aumentando
gradualmente su consumo (Martínez, 2002; Villatoro et al., 2001). Este incremento
indica lo dinámico del problema de consumo de alcohol, por lo que es necesario
realizar evaluaciones continuamente, ya que dicho fenómeno se encuentra en
constante cambio y evolución. Con respecto a las mujeres, se puede decir que se
han vuelto más vulnerables ante la ingesta de alcohol, lo que refleja carencias en
la prevención. Además, se puede inferir que ahora los factores de riesgo también
están afectando la capacidad de abstención o moderación en el sexo femenino,
específicamente en las adolescentes.

Ante el incremento en el consumo de alcohol por parte de los adolescentes, tanto


hombres como mujeres, se considera importante realizar aportaciones para poder
combatir el problema, ya sea por medio de la prevención o el tratamiento y la
rehabilitación. Sea cualquiera de estas la estrategia utilizada, es necesario tener
una visión clara de los factores sobre los que hay que incidir.

Natera y Nava (1993) reportan que el problema del consumo de alcohol es


multicausal; en donde los factores medioambientales, la familia y el propio
individuo contribuyen a su aparición. De tal modo que los factores de riesgo
pueden presentarse en la escuela, los amigos, el entorno familiar o en la misma
personalidad del sujeto. Lo mismo ocurre con los factores de protección, que
estando presentes, van a disminuir la probabilidad de que se dé el consumo o el
abuso de bebidas alcohólicas.
Capitulo I. Planteamiento del problema

1. Antecedentes

En cuanto al problema del consumo de alcohol y el alcoholismo en México,


sabemos que no es un fenómeno nuevo en tanto que ha sido documentado
desde el siglo XVI: existe una enorme variedad de bebidas fermentadas, en
esa época las nociones de A moderación parecían centrarse en las ocasiones
en las que se podía beber, pero más todavía en quién podía beber mayor
cantidad que en cuánto se consumía. En ocasiones rituales en las que estaba
permitido el consumo de alcohol los hombres adultos podían aparentemente
beber hasta el estupor sin vergüenza. ( Luis Berruecos, 2013)

1.1. Antecedentes históricos

Desde las mas antiguas culturas se ha encontrado evidencia del uso de


bebidas alcohólicas desde la edad de piedra, es un periodo cercano a los 4000
años antes de cristo parece, pues el hombre ha bebido alcohol desde hace por
lo menos 5000 años.

Los egipcios, los antiguos hebreos, los griegos y los romanos tenían acerca del
vino y otras bebidas (incluidos los licores), supieron de sus efectos al menos
los inmediatos, y se conservan las observaciones que se hicieron sobre la
conducta del individuo en estado de ebriedad. Desde el principio hubo la
tendencia a relacionar las bebidas alcohólicas con el sentimiento religioso. Así
fue como los egipcios dieron crédito a Osiris por haberles permitido conocer el
vino, los hebreos a Noé y los griegos a Baco, y todos creyeron que las
acciones de sus dioses, en este sentido, fueron buenas y contribuyeron a que
enriquecer sus tradiciones.

En México prehispánico, el alcohol representado por el Octil o pulque, dejó


también huella impresionante en el aspecto social.
1.2. Investigaciones realizadas

2. Justificación

El alcohol es una sustancia ampliamente utilizada y que ocasiona efectos


negativos en las personas que lo consumen en exceso, además de problemas
a nivel familiar, laboral y social, lo cual implica costos directos en los diversos
sectores de la sociedad. Estos efectos estarán determinados por tres aspectos
fundamentales: volumen de alcohol consumido, frecuencia y cantidad
consumida y en raras ocasiones por la calidad del alcohol.

Un factor protector y condicionante ante el no consumo de drogas es la


autoestima, la cual es definida por Rosenberg como el valor que cada persona
tiene de sí mismo, retomando experiencias, sensaciones y emociones vividas
durante las etapas de la vida.

3. Objeto de estudio

4. Delimitación (¿Dónde? ¿con quién?)


5. Descripción del problema
6. Preguntas de investigación
7. Objetivos

7.1. Objetivos generales

1. Conocer los datos del consumo de alcohol en estudiantes de educación media


superior y superior

2. conocer la influencia que tiene el alcohol con la autoestima en estudiantes de


educación media superior y superior.
3. conocer el tipo de personas y las personalidades de las personas que
consumen alcohol.

7.2. objetivos específicos

1. presentar una visión del estado actual del consumo de alcohol en los
estudiantes de educación superior. Comp3rar el consumo de alcohol entre
hombres y mujeres, en diferentes niveles escolares.

2. identificar cuales son las bebidas más consumidas entre los estudiantes, y las
delegaciones con mayor abuso de alcohol.

3. Conocer la influencia del nivel de autoestima y la percepción de riesgo, hacia el


consumo de alcohol en estudiantes de educación superior.

8. Hipótesis

El joven con un nivel elevado de autoestima tiene menos probabilidad de consumir


alcohol que aquellos que poseen una baja autoestima.

Como hipótesis se espera aumentar la autoestima de los estudiantes de


educación superior para que el riesgo de consumo de alcohol disminuya. De tal
manera también se espera que los jóvenes de educación media superior y
superior hagan conciencia de las adicciones y lo mal que puede ser esta droga
que es el alcohol en nuestro organismo.
Capitulo II. Marco teórico

1. El consumo de alcohol

1.1 El alcohol

El proceso por el que se obtiene el alcohol, componente básico de las bebidas alcohólicas, es la
fermentación anaeróbica de los hidratos de carbono, proceso conocido como fermentación
alcohólica. Este proceso se lleva a cabo por la transformación del azúcar en etanol mediante la
actuación de unas levaduras sobre ciertos frutos o granos, como la uva, la manzana, la cebada o el
arroz.

El alcohol es una droga de abuso aceptada socialmente, que puede generar dependencia y cuya
deshabituación es la más peligrosa y dificultosa de entre todas las drogas. Definimos alcoholismo
como el conjunto de trastornos ocasionados por el abuso de bebidas alcohólicas. (Rubio Varela,
2011)

1.2 El alcohol y bebidas alcohólicas

El alcohol se ha consumido por el humano desde épocas ancestrales, pero es


preciso definir qué es y qué implicaciones o efectos provoca en el organismo de la
persona que lo consume. En este primer apartado se conocerá la acción del
alcohol en el organismo una vez que se ingiere.

El alcohol etílico es tóxico para el organismo, pero consumido de forma esporádica


y a dosis bajas, sus efectos son rápidamente reversibles. La absorción del alcohol,
o etanol, ocurre cuando, al entrar la bebida al organismo por la boca y pasar al
esófago, llega al estómago donde es diluido por los jugos gástricos. La velocidad
con la que el alcohol pasa del estómago al intestino para mezclarse con la
corriente sanguínea y producir sus efectos, está determinada por el tipo de bebida
y la cantidad de alcohol que ésta contenga (a mayor concentración de alcohol,
más rápida absorción). También va a influir la rapidez con la que se beba (a mayor
rapidez, más rápido se absorbe). Igualmente es importante la presencia de
alimentos en el estómago (la presencia de alimentos retrasa la absorción del
alcohol). De la misma forma, se ha encontrado que el peso corporal y el sexo
influyen, ya que las mujeres y las personas delgadas absorben el alcohol más
rápidamente. Además, el estado anímico, emocional y de salud en general van a
influir, ya que el cansancio, la depresión y la mala salud potencian la rapidez de la
absorción. (CECA Q, 2002b).

Comúnmente, se suele considerar al alcohol como un estimulante, como una


bebida que despierta y activa a la persona, pero en realidad el alcohol es un
depresor del Sistema Nervioso Central (SNC). El alcohol llega al SNC a través de
la sangre y los efectos comienzan a manifestarse casi de inmediato, tanto los
subjetivos (la forma en que el bebedor siente que cambia su estado de ánimo y su
percepción de las cosas), como los objetivos (la conducta que exhibe). Cabe
mencionar que en pequeñas cantidades las bebidas con alcohol parece que
estimulan, porque inhiben funciones cerebrales que se relacionan con el
aprendizaje, el juicio y el control. Provoca desorganización e interrupción en el
pensamiento y en la actividad motriz. Esa desinhibición inicial y la euforia que
puede presentarse con pocas cantidades, han hecho creer equivocadamente que
las bebidas son estimulantes (CECA Q, 2002b).

Cuanto más alcohol se beba en poco tiempo, mayor será su concentración en la


sangre; por lo tanto, el cerebro recibe más alcohol y se experimentan diversos
cambios que pueden conducir a la embriaguez o intoxicación. La cantidad de
alcohol que transporta la sangre se conoce como nivel o concentración de alcohol
en la sangre (CAS), que se mide como cantidad de miligramos de etanol contenida
en mililitros de sangre; esto puede hacerse con muestras de aliento, de sangre o
de orina. Existe una estrecha relación entre la CAS y los cambios en las funciones
del SNC, y por lo tanto, en la conducta (CECA Q, 2002b). El etanol altera
fundamentalmente el sistema nervioso central (SNC) al modificar la “fluidez”
biometabólica de las membranas neuronales. Lo más significativo es que las
membranas modifican su permeabilidad en el sentido de alterar la “fluidez” y
transformarse en más “rígidas”, adquiriendo por lo tanto una nueva permeabilidad.
Esta nueva situación que significa un cambio en la composición lipídica de la
membrana altera la actividad bioquímica neuronal y, en consecuencia, la actividad
de la sinapsis. Las membranas neuronales sometidas de forma continua al
consumo de alcohol no sólo son menos permeables, sino que modifican su
funcionalidad, incluso después de dejar este hábito no recuperan su estado
anterior (Martínez, 2002). Es importante enfatizar que el consumo de alcohol
acarrea consecuencias adversas, en un amplio rango de áreas del individuo. Estas
consecuencias van desde físicas, familiares y sociales. Hasta llegar al punto de
poder afirmar que virtualmente ninguna parte del organismo está libre de los
efectos del consumo excesivo de alcohol. Solo por mencionar algunos de los
efectos, está el daño al hígado, concretamente el hígado graso, hepatitis
alcohólica y cirrosis. Ubicándonos en el tubo digestivo, se puede dar lugar a
esofagitis y exacerbación de úlceras pépticas ya existentes. Además, el riesgo de
cáncer esofágico aumenta, así como la frecuencia de gastritis atrófica crónica. Se
ha encontrado que el consumo excesivo de alcohol es causa importante de
pancreatitis crónica y causa común de pancreatitis aguda. El consumo excesivo de
alcohol se acompaña de deficiencias en la nutrición, pudiendo presentarse
también anemia, neuropatía y depresión de las funciones celulares y hormonales.
El alcohol tiene efecto metabólico profundo sobre el metabolismo de
carbohidratos, lípidos y proteínas. El consumo crónico de alcohol puede afectar el
músculo cardiaco, ocasionar además arritmias cardiacas y se asocia a
hipertensión. El alcohol afecta el sistema inmunitario y endocrino; puede producir
complicaciones neurológicas que incluyen demencia, convulsiones, alucinaciones
y neuropatía periférica (Kershenobich y Vargas, 1994).
Otro efecto identificado por el abuso en el consumo es el aumento de la presión
sanguínea. El efecto del aumento en la presión sanguínea es el incremento de
riesgos por hemorragias cerebrales y subaracnoideas, los llamados “accidentes
cerebro vasculares”. Las mujeres sufren el riesgo específico de cáncer de mama,
son también más susceptibles al desarrollo de cirrosis hepática y tienen un mayor
riesgo de enfermedad vascular (Peña –Corona, Feria y Medina, 2000). Es
importante mencionar que el alcohol es considerado como una droga legal, o sea
que es permitida por las leyes (pero desde los 18 años), por lo que su uso no
amerita un castigo. Su consumo es aceptado en lugares públicos, como bares,
discotecas, restaurantes, reuniones sociales, por lo cual se ha llegado a asociar
con la falsa idea de que “si su uso está permitido y es socialmente aceptado,
entonces no hace daño”. El consumo de esta droga es promovido en los medios
de comunicación asociándolo con valores deseables como el poder, el dinero, la
juventud, la elegancia, etc. (Medina Mora, Natera y Borges, 2002).

1.2.1 Tipos de bebidas alcohólicas

Como se mencionó anteriormente un factor que va a determinar los efectos en el


sistema nervioso central y en la conducta, es el tipo de bebida alcohólica que se
este ingiriendo, ya que se diferencian por la concentración de alcohol que contiene
cada una de ellas, a continuación, se mencionarán los tipos de bebidas
alcohólicas y sus componentes básicos.

están las bebidas fermentadas, que se obtienen al exponer frutos, cereales,


raíces, savia y otros productos naturales a ciertas condiciones de humedad,
temperatura y tiempo; lo que se llama fermentación. Las bebidas así obtenidas
son relativamente bajas en contenido de alcohol. En México las bebidas
fermentadas más consumidas son la cerveza, el vino y el pulque.

Las bebidas destiladas, en donde, mediante el calor se separa al alcohol de otros


componentes menos volátiles, eliminando el agua y obteniendo así un producto
más concentrado; así que los destilados contienen porcentajes de alcohol más
elevados que los fermentados. Las bebidas destiladas más comunes producidas y
consumidas en México son el brandy, el ron, el tequila y el mezcal; les siguen en
importancia los aguardientes, el whisky y el vodka.

Otro tipo de bebidas son los licores que se producen a partir de bebidas con
alcohol destiladas, a las que posteriormente se añaden aroma o sabor con
diversos ingredientes y aditivos, resultando, por ejemplo, licores de café, de
naranja, de cereza, de almendra o de anís.

También han proliferado en México los cocteles, que son bebidas cuya base es
un destilado o un fermentado y que se mezcla con jugos, refrescos o agua mineral
(por ejemplo, la michelada, la cuba libre, la piña colada, las margaritas, etc.). Hay
cocteles ya envasados que se conocen como coolers y tienen como base un
fermentado natural de manzana, durazno, uva u otras frutas, mezclado con agua y
bióxido de carbono o agua carbonatada.

1.3 Historia del consumo de alcohol en México

La elaboración y el consumo de bebidas alcohólicas han estado presentes desde


épocas remotas en distintas regiones del mundo, donde se han encontrado
evidencias de su consumo, por lo que es de suponerse que los seres humanos
beben alcohol desde hace por lo menos 5000 años. Los insumos y las condiciones
básicas para elaborar bebidas fermentadas ya existían desde entonces: almidones
(azúcar de frutas silvestres), agua, bacterias y la temperatura adecuada.
Probablemente las primeras bebidas fermentadas se produjeron de forma
accidental, quizás con unas frutas abandonadas en el interior de una cueva, que
se fermentaron y de las que el hombre primitivo probó el líquido resultante y
apreció sus efectos relajantes, placenteros y también intoxicantes.

Las poblaciones nómadas, que con el tiempo se establecieron en asentamientos,


dieron lugar a la agricultura. De este modo se presentaron las condiciones para
que se pudiera iniciar el cultivo de la vid, la cebada y el maguey, y la elaboración
regular de productos fermentados. Los estudios antropológicos sugieren que los
pueblos de Mesopotamia fueron los primeros en elaborar bebidas con alcohol de
modo sistemático. En Egipto comenzaron a elaborarse a partir del año 3000 a. C.
y los médicos egipcios las recetaban desde entonces como medicamento; en
China, la producción de bebidas con alcohol se inició mil años después.

En lo que concierne al consumo de alcohol en territorio mexicano, este tuvo sus


inicios en la época prehispánica, donde existían reglas muy claras acerca de quién
podía beber, en qué cantidad y en qué ocasiones. La bebida más popular era el
pulque u octli (bebida fermentada obtenida del maguey), cuyo uso era comunal y
estaba asociado con la agricultura, la religión y los ciclos vitales como
nacimientos, matrimonios y muerte. La ebriedad que se producía durante los actos
religiosos era aceptada socialmente (Escotto, 1999; Medina-Mora, 1998).

Respecto al consumo de otras bebidas alcohólicas, se ha documentado que a


pesar de que en la época prehispánica no se conoció el cultivo de la vid, existían
cepas silvestres que fueron injertadas con cepas traídas desde España iniciando
así la producción y consumo de vino.

Por otro lado, se sabe que la tribu de los tiquilos (de Amatitlán, Jalisco) aprendió a
cocer el cogollo o corazón del maguey y a fermentar y destilar su jugo,
considerándose esta bebida como antecedente del tequila. Su consumo
inicialmente reservado a sacerdotes y a los ancianos, después tendría un uso
medicinal. Respecto a la cerveza, se sabe que los indígenas obtenían una bebida
de la fermentación del maíz y el pinole, pero su comercialización se desarrolló a
partir de 1544, año en que se establece la primera cervecería. De hecho, en esa
época se elaboraron alrededor de 80 diferentes bebidas con alcohol, producidas
con diferentes materias primas, algunas provenientes de Europa. Los españoles
intentaron, sin éxito, inculcar la cultura de beber vino; entonces, tomaron bajo su
control la producción y distribución del pulque. Ya avanzada la colonia, el pulque
era un producto barato, completamente libre de prohibiciones y proporcionaba
importantes beneficios económicos a los españoles (Escotto, 1999).

1.4 definición de abuso y dependencia al alcohol


Los manuales de diagnóstico internacionales de clasificación (DSM-IV y CIE-10)
distinguen entre “abuso” y “dependencia” del alcohol. Por un lado, existen
individuos que consumen alcohol reiteradamente de forma excesiva, pero que
nunca llegan a mostrar el síndrome de abstinencia (cuadro sintomático que
aparece en un sujeto consumidor de alcohol debido a la disminución de los niveles
en sangre de la sustancia); por otro lado, hay individuos que, abusando
igualmente del alcohol, muestran síntomas de abstinencia cuando dejan de beber.
Estas diferencias definen el abuso y la dependencia.

Aunque estos dos patrones de consumo parecen evidentes, y pueden ser


observados independientemente en la población humana, hoy por hoy no se
tienen suficientes datos para defender su existencia como categorías nosológicas
separadas.

Uno de los problemas es la temporalidad, es decir, no sabemos si un individuo


que abusa del alcohol necesariamente se convertirá en un individuo dependiente o
si el abuso no lleva inevitablemente a la dependencia. Lo que sí es evidente es
que para desarrollar dependencia del alcohol es necesario abusar de él. Además,
ambos síndromes presentan características comunes (Belloch, Sandín y Ramos,
1995).

La Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE 10), sólo menciona como


requisito para el abuso de alcohol, la aparición de daño psicológico o físico, sin
especificar el tipo de daño. Mientras tanto, el Manual Diagnostico y Estadístico de
los Trastornos Mentales IV (DSM IV) desglosa los síntomas que se esperan ante
el abuso de alcohol. Estos síntomas se refieren a:

1) La disminución del rendimiento en las actividades de la persona. Este punto lo


podemos interpretar como una pérdida o disminución de la vida productiva, en
momentos en los que se espera que la persona cumpla con sus obligaciones.
2) También se sabe que ciertas conductas son inadecuadas y hasta peligrosas en
algunas circunstancias, por lo que el segundo criterio se refiere al consumo en
momentos inadecuados como, por ejemplo, al manejar un coche o accionando
una maquinaria.

3) Otro criterio es la presencia de problemas legales, como arrestos por


comportamiento escandaloso, asaltos, conducir bajo los efectos del alcohol, etc.

4) Finalmente se menciona la presencia de dificultades con el entorno social,


debido a la manera de beber. Todos estos criterios del DSM IV nos hablan acerca
de las consecuencias dañinas que se presentan cuando se abusa del alcohol.
Estas consecuencias afectan tanto al entorno como al individuo.

1.5 patrones de consumo

Abordando el punto de los patrones de consumo, la cantidad y la frecuencia de


alcohol que se ingiere marcan la diferencia entre el consumo moderado, el abuso,
hasta llegar a la dependencia. En investigaciones nacionales se menciona que el
patrón de consumo más característico es episódico (no diario) y en cada ocasión
se ingieren grandes cantidades de alcohol (Medina-Mora, 1998).

Es por eso que además de los criterios internacionales para establecer un


diagnóstico preciso entre abuso y dependencia, en las investigaciones nacionales
se han establecido patrones de consumo específicos. Esta delimitación establece
criterios claros y libres de ambigüedades para clasificar el tipo de consumo en
función al número y frecuencia de copas ingeridas.

De acuerdo con la clasificación que reporta la Encuesta Nacional de Adicciones,


en su estudio de 1998, se consideran 8 patrones de consumo de alcohol:
• Abstemios: se refiere a las personas que no consumieron alcohol en el último
año, o a los que han consumido antes del último año, sin importar la cantidad por
ocasión.

• Bebedores poco frecuentes de bajo nivel: son las personas que reportaron
consumir en el último año, pero nunca 5 copas o más por ocasión.

• Bebedores poco frecuentes de alto nivel: son quienes han consumido en el


último año, en alguna ocasión bebieron 5 copas o más, pero no en el último mes.

• Bebedores moderados de bajo nivel: son los que consumieron en el último mes y
nunca bebieron 5 copas o más.

• Bebedores moderados de alto nivel: son quienes consumieron en el último mes


y, en el último año o en el último mes, bebieron 5 copas o más en alguna de las
ocasiones. • Bebedores frecuentes de bajo nivel: consumieron en la última
semana, pero nunca bebieron en el último año 5 copas o más.

• Bebedores frecuentes de alto nivel: consumieron en la última semana y en el


último año o en el último mes bebieron 5 copas o más, en alguna de las
ocasiones.

Bebedores frecuentes consuetudinarios: consumieron en la última semana y en


una de esas ocasiones tomaron 5 copas o más (Medina-Mora et al., 2003).
En el caso específico de estudiantes, dado su rango de edad en el que aún no
desarrollan una dependencia o un consumo consuetudinario, la forma regular
como se ha clasificado el consumo para analizar el abuso ha sido la siguiente:

a) No bebedor: Aquella persona que no ha consumido una sola copa de alcohol en


su vida.

b) Bebedor: Aquella persona que ha consumido por lo menos en una ocasión una
copa completa de alcohol.

c) Abuso: Aquella persona que por lo menos en una sola ocasión en el último mes
ha tomado 5 o más copas de cualquier bebida alcohólica (Villatoro et al.,2001).

1.5 trastornos mentales ocasionados por el alcohol

Es importante el estudio del fenómeno del consumo y abuso de alcohol, ya que


este consumo genera consecuencias adversas tanto para el individuo como para
la familia y la sociedad en su conjunto. Estas consecuencias tienden a agravarse
conforme el consumo aumenta. En este apartado se mencionan los trastornos
mentales que produce una ingesta continua y excesiva de alcohol, para lograr
tener una visión clara del tamaño del problema y sus implicaciones.

La ingestión excesiva y continua de alcohol provoca trastornos agudos o crónicos,


del sistema nervioso central y en particular del cerebro.

Entre los procesos neuropsicológicos alterados ligados al consumo de alcohol


podemos diferenciar dos clases en relación al curso de la disfunción cerebral. Por
un lado, procesos agudos, de aparición brusca y reversible, relacionados con la
intoxicación de alcohol o con situaciones de abstinencia, tales como amnesias
temporales, alucinosis y delirium tremens. Por otro lado, procesos crónicos que
cursan de forma lenta e insidiosa y con tendencia a la irreversibilidad, que se
manifiestan en forma de trastornos cognitivos, de la personalidad y afectivos.
Algunos de estos procesos crónicos son parte de síndromes orgánicos con
lesiones cerebrales identificadas, más menos difusas (por ejemplo, encefalitis de
Wernicke).

1.6. adolescente consumidor

Al estudiar el consumo de alcohol en los adolescentes, hay que tomar en cuenta la


cantidad, la frecuencia, el peso corporal, el tiempo que bebe cada vez que lo hace,
la experiencia del usuario, el patrón de consumo a lo largo del tiempo, la definición
del rol del bebedor por el propio bebedor y por los demás, y la definición del acto
de beber por el bebedor y por los demás.

Son muy pocos los adolescentes que realmente pueden presentar un síndrome de
dependencia del alcohol. El problema del alcoholismo entre los adolescentes no
es grave debido, entre otras cosas, a la edad en que se encuentran. Sin embargo,
sí tienen problemas relacionados con el consumo de alcohol, que resultan
importantes para la salud pública; por ejemplo, los accidentes, el uso combinado
de alcohol y las drogas, el abandono de los estudios y, en general, el uso tóxico
que los bebedores jóvenes hacen del alcohol y que tiene implicaciones
importantes para su desarrollo. Los problemas más frecuentes a los que se
enfrenta el adolescente que bebe son:

Intoxicación Accidentes ocurridos como consecuencia de la intoxicación Uso


combinado del alcohol y drogas Las complicaciones médicas y de salud son muy
poco frecuentes debido a que a esa edad es difícil que el adolescente desarrolle
un síndrome de dependencia al alcohol (Castro y Maya, 1987).

En Sinaloa, el alcohol está más o menos integrado a la cultura, y el inicio del


consumo se presenta a edades tempranas independientemente de que esté
legalmente prohibida la venta antes de los 18 años. Al enmarcar el problema con
datos de diversos estudios, se ve más claramente la importancia del mismo, ya
que en la actualidad 1 de cada 5 adolescentes del Sinaloa, consumen por ocasión
5 o más copas por lo menos una vez en el último mes. Es común que los
adolescentes ingieran grandes cantidades de alcohol los fines de semana en
fiestas, discotecas o bares; lo que los expone a tener un mayor riesgo de
accidentes automovilísticos, traumatismos, problemas con la policía, etc. (Villa et
al., 2001).

2. PREVALENCIA DEL CONSUMO DE ALCOHOL Y FACTORES ASOCIADOS

2.1 El consumo de alcohol

En el presente apartado se exponen los principales resultados de las encuestas


realizadas en los últimos años, para tener una perspectiva de los niveles de
consumo de alcohol en la población mexicana adulta y adolescente.

2.1.1 Población adulta nacional

Conforme la Cuarta Encuesta Nacional de Adicciones, realizada en el 2002, el


72.2% de los hombres y el 42.7% de las mujeres en la población urbana
reportaron haber consumido alcohol en los 12 meses previos al estudio.

La cantidad modal de consumo para las mujeres es de una o dos copas por
ocasión, en tanto que para los hombres urbanos es de 3 a 4 copas y para los
rurales de 5 a 7 copas.

Los patrones de consumo más característicos de los varones urbanos a nivel


nacional son el moderado alto (consumo mensual con cinco copas o más por
ocasión) (16.9% de esta población) y el consuetudinario, que es el consumo de
cinco copas o más al menos una vez por semana (12.4%), en tanto que entre las
mujeres es más frecuente el consumo mensual con menos de cinco copas por
ocasión (4.8%). Cabe hacer mención que el segundo patrón de consumo fue el
moderado alto con 2.7% de las mujeres adultas urbanas consumiendo bajo este
patrón. En las poblaciones rurales se observa la misma preferencia por estos
patrones de consumo (SSA, 2002).

La evidencia encontrada por el Observatorio Mexicano en tabaco, alcohol y otras


drogas en el año 2002, que resulta de diversos estudios clínicos y encuestas en
población general sugiere que los problemas que se presentan en nuestro país, en
cuanto a uso de alcohol se refiere, se explican por las características particulares
del patrón de consumo; este se presenta en forma episódica (no diaria) con
grandes cantidades de alcohol por ocasión de consumo (Medina-Mora et al.,
2002).

La distribución del consumo de alcohol no es homogénea en la población. Una


importante proporción de esta es abstemia, sobre todo las mujeres. No obstante,
el consumo en ellas ha aumentado en los últimos años, lo que lleva al decremento
paulatino en las tasas de abstención. El alcohol disponible es consumido
principalmente por hombres en edad media –el consumo alcanza su punto
máximo en las edades de 30 a 39 años- y desciende después de los 50 años. En
tanto, el alcoholismo afecta al 10% de la población entre 18 y 65 años que viven
en zonas urbanas del país.

Mientras que las mujeres comienzan a consumir alcohol en edades posteriores. La


edad más frecuente para iniciar el consumo es entre los 18 y 29 años y en los
varones se encuentran dos puntos importantes: entre los 12 y 15 años y al llegar a
la mayoría de edad (Medina-Mora et al., 2002).
2.1.2 Datos de instituciones de salud

Otra fuente de información importante sobre el consumo de alcohol, son las


instituciones de atención a la salud, ya que esta fuente proporciona datos acerca
de los problemas relacionados con el alcohol, podemos saber cuál es la droga de
inicio en centros de tratamiento de adicciones y además se averigua el peso de los
problemas por alcohol, en el total de la atención prestada por estas instituciones. A
continuación se presentan los principales resultados de las investigaciones
reportadas en estos centros de atención.

Datos recabados en instituciones de tratamiento como Centros de Integración


Juvenil, indican que el alcohol continúa siendo la droga de inicio, con el 33.8% del
total de los asistentes a estos centros. Resultando 89% del sexo masculino y 11%
del femenino. El grupo de edad que refirió con mayor frecuencia el uso de alcohol
como droga de inicio fue el de quince a diecinueve años con 26.9%, seguido por el
de veinte a veinticuatro con 23.3% de los sujetos. La edad de inicio del consumo
de alcohol en 91% de los casos se ubicó entre los diez y diecinueve años (50%),
sólo 2.8% de la población mencionó haber iniciado antes de los 10 años (Castillo-
Franco, Gutiérrez López, Díaz-Negrete, Sánchez-Huesca y Guisa-Cruz, 2002).

De igual forma, los datos recabados por centros de tratamiento no


gubernamentales (ONG) coinciden con los de CIJ, ya que el alcohol es la segunda
droga de inicio, con el 27.8% de los usuarios, antecedida sólo por la mariguana
con el 30.2% (Tapia-Conyer, 2002).

La información proveniente de instituciones de seguridad social, para el año 2001,


muestra que en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el alcohol es la
sustancia reportada con mayor frecuencia (Córdova-Castañeda, Muñoz,
Guarneros Chumacero, Rosales-Avilés y Camarena-Robles, 2002).
En el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado
(ISSSTE), el segundo lugar de consumo lo ocupa el alcohol, seguido del tabaco.
En ambos casos el predominio es del sexo masculino, siendo los mayores de 40
años, el grupo poblacional más afectado (Arenas-Díaz, Castillo y López-Álvarez,
2002).

Con respecto a las estadísticas de mortalidad, la mayor proporción de decesos,


tanto en los Servicios Médicos Forenses como en el Sistema Epidemiológico y
Estadístico de las Defunciones, se asociaron al consumo de alcohol. Además, las
muertes por cirrosis hepática asociadas con el abuso de alcohol están
aumentando (Kuri-Morales et al., 2002).

2.1.3 Población adolescente nacional

En la Cuarta Encuesta Nacional de Adicciones, realizada en el 2002, se ofrece un


perfil del consumo en adolescentes y se observó que, al tradicional problema del
abuso de bebidas alcohólicas entre varones de edad media, se han sumado las
mujeres.

Los resultados de la ENA indican que el 25.7% de adolescentes entre 12 y 17


años consumieron una copa completa de bebidas con alcohol en el año previo al
estudio. El consumo en la población urbana alcanza 35% de la población
masculina y 25% de la femenina, a razón de 1.4 varones por cada mujer; en la
población rural el índice de consumo es menor: 14.4% en total, con el 18% en los
varones y 9.9% en las mujeres, con una razón de una mujer por cada 1.8
hombres.

El patrón de consumo poco frecuente (menos de una vez al mes) caracteriza a


este grupo de población, sin embargo 10.5% de los varones adolescentes urbanos
y 4.7% de los rurales reportaron consumir con patrones que incluyen altas
cantidades de alcohol (5 o más copas por ocasión de consumo). Esta conducta se
observó en 3.4% de las mujeres adolescentes urbanas y el 0.9% de las mujeres
adolescentes rurales.

En total, 2.1% adolescentes de la población rural y urbana, cumplieron con el


criterio de dependencia del DSM-IV. El mayor índice se observó entre los hombres
rurales (4.1%).

En términos generales, los resultados muestran un incremento en el consumo en


esta población, con mayores prevalencias entre los varones. Además, se ha
reducido la edad de inicio y el uso fuerte se ubica en edades más tempranas y se
copian modelos masculinos adultos (SSA, 2002).

En cuanto a las tendencias de consumo, los datos de la ENA reportan incremento


en el índice de consumo de los adolescentes, de 27% en 1998 a 35% en 2002
entre los varones, y de 18% a 25% respectivamente en las mujeres. Entre los
varones aumentó el número de menores que reportaron beber mensualmente
cinco copas o más por ocasión de consumo de 6.3% a 7.8%. El incremento más
notable se percibe en el número de menores que reportaron haber manifestado en
el último año al menos tres de los síntomas de dependencia del DSM-IV, que
alcanzó al 2% de los adolescentes en 2002 (SSA, 2002).

2.1.4 Estudiantes de otros estados del país


En esta sección se reportarán los resultados publicados, de investigaciones que
se han realizado con estudiantes adolescentes, en diversos estados de la
República Mexicana.

En Nuevo León se realizó una investigación con estudiantes de educación


secundaria en el 2000, y en el área de consumo de alcohol, se obtuvieron los
siguientes datos. El consumo de bebidas alcohólicas afecta al 20.4% de todos los
casos. En los doce meses anteriores al estudio, el consumo de alcohol se registró
en el 13.2% de los casos. Finalmente, el uso de alcohol en los últimos 30 días
mostró una prevalencia de 12.5%. Se encontró que el uso de sustancias registra
diferencias significativas entre hombres y mujeres, con tasas más altas entre la
población masculina (Díaz-Negrete, Arellanez-Hernández y Martínez-Teviño,
2002).

Por otro lado, en el año 2002, se realizó un estudio sobre consumo de drogas en
estudiantes de secundaria, preparatoria y universidad del municipio de Rioverde,
San Luis Potosí, en donde se encontraron los siguientes resultados en el consumo
de alcohol. En el consumo alguna vez en la vida, se encontró que uno de cada
tres adolescentes de secundaria lo consumen (35.8%), con porcentajes muy
similares entre hombres (37.7%) y mujeres (34%). En preparatoria ocurre algo
similar, aunque los porcentajes casi duplican a los de secundaria. Al analizar los
datos en cuanto al abuso de alcohol, se observa en secundaria que el 12.3% de
los hombres y el 6.6% de las mujeres reportan haberlo hecho. En preparatoria
estos porcentajes crecen a más del doble en los hombres (32.7%), al igual que en
las mujeres (15.5%). Comparando los datos con los reportes del Distrito Federal,
se observa que el consumo de sustancias en este estado es ligeramente inferior.
No obstante, algunas prevalencias muestran valores altos en relación con los
resultados de la entidad correspondientes a 1991 (Amador, Díaz et al., 2002).
Finalmente, se recopilan los resultados de una investigación realizada en
adolescentes de secundaria de Ciudad Guzmán, Jalisco. Con respecto al
consumo de alcohol, 46.52% de las mujeres y 53.48% de los hombres declararon
haber iniciado el consumo de alguna droga o alcohol a la edad de 12.6 años.
Como sustancia inicial de consumo, el 34.18% había consumido alcohol. Y
respecto al consumo actual, el 25.5% afirmó ingerir bebidas alcohólicas. Un último
factor para resaltar es la tendencia hacia el consumo de bebidas alcohólicas hasta
la embriaguez, que fue idéntica tanto en hombres como en mujeres (Amador,
Villarruel, Bustos, López y Muñoz, 2002).

2.1.5 Estudiantes a nivel medio superior y superior

Otra fuente de información son las encuestas de consumo de alcohol, tabaco y


drogas que se realizan cada tres años entre estudiantes de nivel medio superior y
superior. La encuesta llevada a cabo en noviembre del 2000, reporta los
siguientes resultados respecto a la ingesta de alcohol (Villatoro et al., 2001).

El consumo de alcohol representó, junto al consumo de tabaco, el principal


problema de salud por el uso de sustancias en el país.
REFERENCIAS

Alcántar, E., Villatoro, J., Medina-Mora, M., Fleiz, C., Navarro, C. y Blanco, J.
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académico?. Revista SESAM, 3, 1, 5-8.

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drogas. México: Centros de Integración Juvenil.

Amador, J., Díaz, M., Ibarra, M., López, M., Facundo, J., Rocha, R. y Villatoro, J.
(2002). El consumo de drogas en la ciudad de Rioverde, SLP. Resultados
preliminares de la encuesta de estudiantes. En: Observatorio mexicano en tabaco,
alcohol y otras drogas (pp. 145-147). México: CONADIC.

Amador, J., Villarruel, C., Bustos, R., López, L. y Muñoz, A. (2002). Identificación
de factores de riesgo psicosociales ante las adicciones en adolescentes de la
secundaria de Ciudad Guzmán, Jalisco. En: Observatorio mexicano en tabaco,
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American Psychiatric Association. (1995). Manual diagnóstico y estadístico de los


trastornos mentales, 4ª revisión. Barcelona: Masson.

Arenas-Díaz, J., Castillo, G. y López-Alvarez, M. (2002). Instituto de Seguridad y


Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado. Concentrado nacional de
adicciones 2001. En: Observatorio mexicano en tabaco, alcohol y otras drogas
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Argüelles, A. (1991). El alcoholismo y las distintas estrategias para enfrentarlo.
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Belloch, A., Sandín, B. y Ramos, F. (1995). Manual de Psicopatología, Vol. 1.


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Berruecos, L. (1997). La influencia de la familia en las actitudes hacia el consumo


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