Novas y supernovas
Son estrellas que explotan liberando en el espacio parte de su material. Durante un corto
tiempo su brillo aumenta de forma espectacular, por lo que se las considera dentro del grupo
de las estrellas variables, de tipo eruptivas. A simple viste parece que ha nacido una estrella
nueva, de ahí su nombre.
Una nova es una estrella que aumenta enormemente su brillo de forma súbita y después
palidece lentamente, pero puede continuar existiendo durante cierto tiempo. En una supernova
la explosión es mucho más violenta y destruye o altera a la estrella. Este fenómeno es mucho
más raro que el de las novas.
Las novas y las supernovas aportan materiales al Universo que servirán para formar nuevas
estrellas. Es muy probable que la gran mayoría de los elementos de la Tabla Periódica tengan
su origen en este tipo de fenómenos cataclísmicos.
Novas
La enorme cantidad de energía liberada por este tipo de estrellas produce un destello de
radiación electromagnética muy brillante, pero de corta duración. Este destello, que se produce
en escalas de tiempo de días, dio origen al nombre nova, que en latín significa «nueva». Al
ocurrir una nova, los astrónomos antiguos veían la aparición de una nueva estrella en el cielo
nocturno. El término fue usado por primera vez por el astrónomo Tycho Brahe al observar no
una nova sino una supernova, pero no fue hasta tiempo después cuando se reconocieron las
diferencias entre ambas.
Quizá aparezcan 10 a 20 novas por año en la Vía Láctea, pero algunas están demasiado lejos
para poder verlas o las oscurece la materia interestelar, por lo que se supone que es mayor la
cantidad de ellas. Se las observa con más facilidad en otras galaxias cercanas.
Formación:
Las novas son estrellas en un periodo tardío de evolución. Ocurren a partir de:
la evolución final de estrellas azules
en sistemas binarios formados por una enana blanca y una gigante roja
el choque directo entre estrellas
En el caso de sistemas binarios, el hidrógeno de la gigante es atraído por gravedad sobre la
superficie de la enana blanca y, tras cientos o miles de años, se acumula el material suficiente
para disparar una detonación termonuclear.
En un sistema binario cerrado, formado por una enana blanca y una estrella evolucionada (es
decir, que ya ha dejado la secuencia principal), se produce transferencia por acreción de masa
de la compañera a la enana, debido a la transformación de aquella en gigante roja, lo que
implica su expansión. Cuando el material de la gigante supera el lóbulo de Roche, es
capturado por la enana blanca.
Sistema binario originando una nova
El lóbulo de Roche es la región del espacio alrededor de una estrella en un sistema binario en la que el material
orbitante está ligado gravitacionalmente a dicha estrella. Si la estrella se expande más allá de su lóbulo de Roche
entonces el material exterior al lóbulo es atraído por la otra estrella donde puede caer formando un disco de acreción.
El material acretado, compuesto principalmente por hidrógeno y helio, es compactado en la
superficie de la enana blanca debido a la intensa fuerza gravitatoria. A medida que más
material se va acumulando, se calienta cada vez más, hasta que alcanza la temperatura crítica
para la ignición de la fusión nuclear. Entonces se transforman rápidamente grandes cantidades
de hidrógeno y helio en elementos más pesados, en un proceso similar al que ocurre en el
núcleo de las estrellas de secuencia principal, aunque en estos casos se trata de procesos
estables, que duran largos periodos de tiempo; en
las novas, en cambio, es un evento violento.
La explosión ocurre porque sus capas exteriores
han formado un exceso de helio mediante
reacciones nucleares y se expande con demasiada
velocidad como para ser contenida (la presión
generada por la fusión nuclear es mayor a la fuerza
de gravedad de la estrella). La estrella despide de
forma explosiva una pequeña fracción de su masa
como una capa de gas (aproximadamente el 1 % de
la masa total de la estrella) aumentando su brillo.
Durante un periodo de unos días la luminosidad de
la estrella aumenta quizás en 10 magnitudes (etapa
de nova). Después entra en un periodo de
transición, durante el cual palidece (etapa de
declinación inicial), y cobra brillo de nuevo; a partir
de ahí palidece poco a poco, en el término de 1 a 2 años, hasta llegar a su nivel original de
brillo (etapa de postnova). La explosión se puede repetir cuando se acumula suficiente material
nuevo.
Una enana blanca puede generar múltiples eventos de nova, mientras siga habiendo masa
disponible en la estrella compañera para la acreción. Progresivamente, la estrella donante
puede ver agotado su material, o la enana blanca puede producir una nova lo suficientemente
poderosa como para destruir el sistema por completo. Este último caso es similar al de una
supernova tipo Ia. Sin embargo, las supernovas involucran procesos diferentes y energías
mucho mayores, del orden de 1044 J, mientras que las explosiones típicas de novas pueden
liberar unos 1038 - 1039 J, por lo que no deberían ser confundidas.
A veces, las novas pueden ser visibles a simple vista. El caso más reciente es la nova Cygni
1975, que apareció el 29 de agosto de 1975 en la constelación del Cisne cerca de la estrella
Deneb (α Cygni), y alcanzó una magnitud de 2.0, tan brillante como la propia Deneb.
Las novas contribuyen a la nucleosíntesis de algunos elementos tal como se producen en los
ciclos habituales en el interior de las estrellas de la Secuencia Principal, pero queman de forma
explosiva su hidrógeno a través del ciclo CNO a mayores energías:
Núcleos de carbono fusionan con protones generando nitrógeno, que a su vez vuelve a
fusionar con hidrógeno para dar oxígeno.
Supernovas
La explosión de una supernova es más destructiva y espectacular que la de una nova, y mucho
más rara. Esto es poco frecuente en nuestra galaxia, y a pesar de su increíble aumento de
brillo, pocas se pueden observar a simple vista.
Hasta 1987 sólo se habían identificado tres a lo largo de la historia. La más conocida es la que
surgió en 1054 y cuyos restos se conocen como la nebulosa del Cangrejo.
Las supernovas, al igual que las novas, se ven con más frecuencia en otras galaxias. Así pues,
la supernova más reciente, que apareció en el hemisferio sur el 24 de febrero de 1987, surgió
en una galaxia satélite, la Gran Nube de Magallanes. Esta supernova, que tiene rasgos
particulares, es objeto de un intenso estudio astronómico.
Con una luminosidad que supera en 100 veces la de una nova, y capaz de superar el brillo de
todas las estrellas en una galaxia típica, una
supernova es la explosión violenta y
convulsiva de una estrella maciza.
Dos tipos de explosión pueden crear
supernovas: a partir de un sistema binario de
estrellas muy cercanas, o bien a partir de
una estrella muy masiva que acaba su
combustible.
Ambos tipos de explosión destruyen la
estrella original. La mayoría del material
exterior de la estrella se expulsa, creando
una cáscara expansiva de gas llamada resto
de supernova. Si sobrevive a la explosión,
el núcleo desmoronado de la estrella
también puede permanecer en forma de
estrella de neutrones giratoria (que puede
ser visible como un púlsar) o en forma de
agujero negro. La expulsión de las capas
externas de la estrella ocurre por medio de
poderosas ondas de choque, enriqueciendo Nebulosa de Cangrejo
el espacio que la rodea con elementos En su centro gira violentamente un pulsar, último residuo del
pesados. Los restos eventualmente núcleo de la estrella que dio origen a la gran explosión.
componen nubes de polvo y gas. Cuando el
frente de onda de la explosión alcanza otras nubes de gas y polvo cercanas, las comprime y
puede desencadenar la formación de nuevas nebulosas solares que originan, después de
cierto tiempo, nuevos sistemas estelares, probablemente con planetas, al estar las nebulosas
enriquecidas con los elementos procedentes de la explosión.
Imagen del telescopio espacial Hubble mostrando la supernova 1994D abajo a la izquierda y la
galaxia NGC 4526. La luminosidad de la supernova es incluso mayor que la aportada por todas las
estrellas de la galaxia.
Clasificación:
La clasificación de las supernovas tiene razones históricas, y nació de los primeros intentos,
por parte de los astrónomos, de comprenderlas; es así como se empezó agrupándolas de
acuerdo a las líneas de absorción de diferentes elementos químicos que aparecen en sus
espectros.
La primera clave para la división es la presencia o ausencia de hidrógeno. Si el espectro de
una supernova no contiene una línea de hidrógeno es clasificada como tipo I; de lo contrario,
se la clasifica como tipo II. Dentro de estos dos grupos principales hay también subdivisiones
de acuerdo a la presencia de otras líneas. De todas formas esta clasificación tiene relación
directa con la estrella que dio origen a la supernova:
Tipo I
Las supernovas de tipo I son explosiones de enanas blancas situadas en sistemas binarios.
La acreción de materia que se produce desde la estrella compañera hace que la enana blanca
alcance el límite superior de masa (conocido como límite de Chandrasekhar) donde pierde su
estabilidad. Entonces la estrella empieza a colapsar y la compresión propicia la combustión
explosiva del carbono que produce una destrucción total de la estrella. La radiación que se
emite procede principalmente de la descomposición radiactiva del níquel y el cobalto
producidos en la explosión. El pico de luminosidad de este tipo de supernovas está relacionado
con la rapidez de debilitamiento de su brillo. Cuando se aplica esta correlación, la luminosidad
relativa de una supernova de este tipo puede determinarse dentro de un intervalo de error del
10 al 20%. Se puede así medir distancias extragalácticas relativas con una precisión bastante
aceptable.
Durante la última década, varios grupos de investigadores liderados por los astrónomos Saul
Perlmutter y Alan Riess han estado usando Supernovas de tipo I como candelas estándar.
Una candela estándar no es más que una fuente luminosa cuyo brillo intrínseco es conocido y
usado para medir distancias. La enorme utilidad de las supernovas reside en el hecho de ser
capaces de rivalizar en brillo con el conjunto de estrellas de su galaxia de origen, y por tanto
ser una de las pocas formas que tenemos de conocer a qué distancia se encuentran las
galaxias más lejanas. Por los estudios de estas supernovas en relación con la expansión del
Universo, Perlmutter y Riess han sido galardonados con el Premio Novel de Física 2011.
Tipo II
Las supernovas de tipo II son el resultado de la imposibilidad de producir energía una vez que
la estrella ha alcanzado el equilibrio hidrostático con un núcleo denso de hierro y níquel.
Estos elementos ya no pueden fusionarse para dar más energía, sino que requieren energía
para fusionarse en elementos más pesados. Como consecuencia el núcleo estelar se vuelve
inerte, deja de sostenerse a sí mismo y a las capas que están por encima de él.
La desestabilización definitiva de la estrella ocurre cuando la masa del núcleo de hierro alcanza
el límite de Chandrasekhar, lo que normalmente toma apenas unos días. Es en ese momento
cuando su peso vence a la presión que aportan los electrones degenerados del núcleo y éste
colapsa. El núcleo llega a calentarse hasta los 3.000 millones de grados, momento en el que la
estrella emite fotones de tan alta energía que hasta son capaces de desintegrar los átomos de
hierro en partículas alfa y neutrones en un proceso llamado fotodesintegración; estas
partículas son, a su vez, destruidas por otros fotones, generándose así una avalancha de
neutrones en el centro de la estrella.
Las masas de las estrellas que dan lugar a supernovas están entre alrededor de las 10 masas
solares hasta las 40 o 50. Más allá de este límite superior (que tampoco se conoce con
exactitud), los momentos finales de la estrella son implosiones completas en las que nada
escapa al agujero negro que se forma, rápida y directamente, engulliéndolo todo antes de que
un solo rayo de luz pueda salir. Estas estrellas literalmente se desvanecen al morir.
La estrella en el momento de
extinguir su combustible nuclear
consiste en una estructura en
capas de cebolla, con un núcleo
denso de hierro y níquel, y capas
exteriores conformadas por
elementos sucesivamente cada
vez más livianos.
La primera fase de la supernova
es un colapso rápido del núcleo
incapaz de sostenerse. Esto
conlleva una fuerte emisión de
fotones y neutrones que son
absorbidos por las capas
interiores frenando así su colapso.
En forma simultánea los neutrones
emitidos desde el centro de la estrella
bombardean a alta velocidad las capas
externas produciéndose elementos más
pesados, expulsando las capas y
produciendo la explosión de supernova.
El caso de NGC 2770:
Las supernovas ocurren en galaxias espirales en promedio una vez por siglo, aproximadamente.
Sin embargo, la excepcional galaxia espiral NGC 2770 ha generado recientemente más que la parte que le
corresponde. Dos supernovas aún brillantes y la localización de una tercera, originalmente descubierta en 1999 pero
ahora atenuada a la vista, se indican en esta fotografía del canto de la espiral.
Se creía hasta ahora que las tres supernovas son de la variedad de colapso de núcleo, pero la más reciente del trío,
SN2008D , fue detectada en primer lugar por el satélite Swift en energía más extremas como un flash de rayos X (XRF)
o posiblemente una versión en bajas energías de un estallido de rayos gamma.
Localizada a unos 90 millones de años luz de distancia en la constelación septentrional de Lynx, NGC 2770 es en estos
momentos la galaxia más cercana que se conozca que alberga este poderoso evento de supernova.
El papel de las supernovas en la evolución estelar
Las supernovas contribuyen a enriquecer el medio interestelar con metales (para los
astrónomos, «metal» es todo elemento más pesado que el helio). Así, tras cada generación de
estrellas (y, consecuentemente, de supernovas), la proporción de elementos pesados del
medio interestelar aumenta. Mayores abundancias en metales tienen importantes efectos sobre
la evolución estelar. Además, sólo los sistemas estelares con metalicidad lo suficientemente
alta pueden llegar a desarrollar planetas. Una mayor metalicidad conlleva pues una mayor
probabilidad de formación de planetas, pero también contribuye a formar estrellas de menor
masa. Esto es debido a que el gas acretado por la protoestrella es más sensible a los efectos
del viento estelar cuanto más elementos pesados posea, pues éstos absorben mejor los
fotones.
Alex Filippenko y sus colaboradores postulan que las mayores supernovas (como la SN
2005ap y la SN 2006gy) habrían sido producidas por estrellas muy masivas (de 100 o más
masas solares, en los casos citados 150 masas solares), y que estrellas de esas características
habrían constituido la primera generación de estrellas en el universo; al estallar como
gigantescas supernovas habrían difundido en el universo los elementos químicos a partir de los
cuales se generaron las nuevas estrellas (y astros en general). Tales elementos químicos
serían en definitiva los que constituyen a cada ente material conocido.
Frecuencia de supernovas en la Vía Lactea (lectura complementaria)
Artículo creado por Hueznar . Extraido de:
http://www.astroguia.org/articulos/index.php?subaction=showfull&id=1137225600&archive=&sta
rt_from=&ucat=2& .08 Junio 2006
Los elementos químicos que nos conforman a nosotros mismos y todo lo que nos rodea,
nacieron en el corazón de las estrellas y en las explosiones supernova. El satélite Integral de
ESA nos ofrece claves sobre la cantidad de estos últimos eventos que ocurren promedialmente
en nuestra galaxia.
La desintegración radioactiva de los isótopos inestables lleva a la emisión de rayos gamma con una energía
característica (en color) que está determinada por las propiedades de los núcleos atómicos. El satélite Integral de ESA
ha estado midiendo estos rayos gamma desde octubre de 2002. Los isótopos radioactivos son sub-productos de las
reacciones de fusión nuclear, que producen nuevos núcleos atómicos en el interior de las estrellas y en las supernovas.
En la luz de rayos gamma del isótopo Al26, que después de aproximadamente un millón de años se transmuta en
magnesio, se puede ver el resplandor radioactivo de la galaxia con la producción reciente de nuevos núcleos. La luz
visible, por otro lado, a menudo no puede llegar hasta nosotros desde las estrellas de esas regiones, debido a las
nubes de gas interestelar que las ocultan.
La imagen de fondo muestra nuestra galaxia, la Vía Láctea, tal como aparecería en longitudes de onda visibles, si se la
proyectara en un sistema de coordenadas galácticas donde el plano de la galaxia es una línea recta horizontal;
superpuesta a ella está la imagen del cielo de Al26 de COMPTEL, que muestra emisiones brillantes provenientes de
regiones con estrellas masivas jóvenes.
El recuadro de abajo a la derecha muestra el efecto de la galaxia en rotación sobre los rayos gamma que llegan hasta
Integral.
Utilizando el observatorio Integral de ESA, un equipo internacional de investigadores ha podido
confirmar la producción de aluminio radioactivo (Al26) en estrellas masivas y en supernovas de
toda nuestra galaxia y determinar la frecuencia de formación de supernovas, uno de sus
parámetros clave.
El equipo, liderado por Roland Diehl del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre en
Garching, Alemania, determinó que los rayos gamma producidos por la desintegración del Al 26
se originan en las regiones centrales de nuestra galaxia, lo que implica que la producción de
nuevos núcleos atómicos es un proceso continuo y ocurren en las regiones de formación
estelar en la totalidad de la galaxia.
Nuestro medioambiente está compuesto por elementos químicos formados hace muchísimo
tiempo por las reacciones de fusión nuclear en el interior de las estrellas y en las supernovas.
Este proceso de “nucleosíntesis” lleva a la emisión de rayos gamma, que fácilmente llegan
hasta nosotros desde todas partes de nuestra galaxia. El observatorio Integral de ESA ha
estado midiendo estos rayos gamma desde octubre de 2002.
Los desplazamientos esperados en la radiación gama producida por la desintegración del Al 26, causados por el efecto
Doppler a lo largo del plano de la galaxia, como resultado de la rotación galáctica. La distribución modelada de las
fuentes (en color) concuerdan con los cambios de posición linear medidos por Integral (cruces).
Roland Diehl y sus colegas pudieron medir la emisión de rayos gamma de Al26 a lo largo del
plano de la galaxia interior.
Sin embargo, como el disco de la galaxia rota sobre su eje central, con las regiones interiores
orbitando a mayor velocidad, los rayos gamma provenientes de la desintegración del Al 26
observada en esas regiones, deberían ser modificados por el efecto Doppler en una forma
característica. Es este patrón característico el que ha sido encontrado por Integral.
A partir de estas mediciones, el equipo descubrió que los rayos gamma de la desintegración
del Al26 nos llegan de hecho de las regiones internas de la galaxia, en lugar de hacerlo desde
las regiones del primer plano que se encuentran a lo largo de la misma línea de visión, a causa
probablemente de la producción local y peculiar del Al 26. Estas regiones no tendrían la alta
velocidad relativa que se detectó.
A partir de estas nuevas observaciones, es posible estimar el total del Al 26 radioactivo de
nuestra galaxia equivale a unas tres masas solares. Esto es mucho, dado que el Al 26 es un
isótopo extremadamente raro; la fracción estimada para el sistema solar primitivo es de 5/100
000 de Al26 en relación con el isótopo estable de aluminio, Al27.
Como los astrofísicos habían inferido que las fuentes probables son principalmente estrellas
masivas, que terminan sus vidas como supernovas, pudieron estimar la frecuencia de tales
eventos supernova. Obtuvieron una frecuencia de una supernova cada 50 años, consistente
con lo que había sido descubierto indirectamente a partir de las observaciones de otras
galaxias y su comparación con la Vía Láctea.
El estudio de los rayos gamma por parte de Integral continuará en operación por varios años
más. Los astrofísicos esperan aumentar la precisión de tales mediciones. El líder de proyecto
Roland Diehl dijo: “Estas observaciones de rayos gamma proporcionan conocimientos sobre
nuestra galaxia hogar, que son difíciles de obtener en otras longitudes de onda debido a la
absorción interestelar”.
Los rayos gamma producidos por la desintegración del Al 26 fueron detectados por primera vez
en el espacio en 1978. Como su vida media conocida es de 720 000 años, esto proporciona
evidencia directa de nucleosíntesis actual en progreso, en las estrellas recientemente
formadas.
A mediados de la década de 1990, Roland Diehl y sus colegas pudieron demostrar que esta
radioactividad de relativamente larga vida está presente en todas las regiones a lo largo del
plano de la galaxia. Por lo tanto, se estableció que la producción de nuevos núcleos atómicos
es algo común en nuestra galaxia.
Muchos científicos quedaron sorprendidos, porque a fines
de la década de 1970 las trazas de la desintegración del
Al26 habían sido halladas únicamente en muestras
originadas en el sistema solar primitivo. Esto se interpretó
como evidencia de que la radioactividad de Al26 era un
ingrediente clave en la formación de cuerpos planetarios (el
calor radioactivo es necesario para fundir el material
cometario y así formar rocas), y que la radioactividad Al26
estaba íntimamente relacionada con el sistema solar
primigenio. De las teorías de la década de 1950 que decían
que todos los elementos químicos eran producidos en el
interior de las estrellas, novas y supernovas, surgieron dos
escenarios enfrentados que todavía continúan en debate.
El Al26 del sistema solar primitivo podría ser el resultado de
tales procesos estelares que ocurrieron, con alguna
actividad mayor, cerca del lugar de formación de nuestro
sistema solar, hacer unos 4 500 millones de años.
Por otro lado, condiciones especiales durante la formación
Observatorio Integral de rayos del sistema solar, podrían haber causado colisiones de
Gamma partículas de alta energía, que produjera localmente al Al26.
Aunque los rayos gamma muestran claramente una
nucleosíntesis cósmica extensa, queda por definir si únicamente esto, o reacciones locales
adicionales de alta energía, produjeron la cantidad de Al 26 inferida para el sistema solar
primitivo. Una forma de responder esta cuestión es la determinación de la existencia total de
Al26 en nuestra galaxia.