CAPÍTULO 8
LAS GRANDES
CONSTANTES
Maniobra
Uno de los problemas de la teoría del combate es el de determinar el
comienzo y la finalización de la batalla. ¿Es ese intercambio de fuerza letal
basado en el poder de fuego lo que da comienzo a la batalla? Para
encontrar una respuesta veamos el encuentro entre la cobra y la mangosta
según el relato de Norbert Wiener en su obra Cybernetics. El cuadrúpedo
carnicero tiene la rara habilidad de anticiparse al ataque de la cobra merced
a la combinación de cierta agilidad mental y física. En el momento preciso,
la mangosta asesta una dentellada detrás de la cabeza de la serpiente, defi~
niendo el combate. ¿Es licito decir que la batalla consistió en un único
brin co de la mangosta? No es así. Como tampoco es cierto que el combate
se inicie con el primer disparo. Comparto el punto de vista de Sun Tzu,
Liddell Hart y John Boyd, quienes insisten en que el combate es más que el
simple intercambio de poder de fuego. La batalla propiamente dicha
incluye la maniobra (no la movilidad estratégica) que lo precede y que
influye en el resultado. En las palabras de Mahan: táctica es "el arte de
establecer ade cuadas combinaciones previas a la batalla y durante su
desarrollo"1.
A todo lo largo de la historia, el propósito de la maniobra ha sido
esta blecer posiciones relativas favorables para el combate. Fioravanzo nos
des cubre una clave que relaciona la maniobra en el pasado y en la
actualidad a través de una constante. El hace referencia a la posición táctica
fundamen tal diciendo que es la posición relativa que otorga la posibilidad
de concen trar antes o mejor el poder de fuegoi. La velocidad y el tiempo -
de naturale za dinámica- se transforman en posición, de esencia estática.
En la era de los veleros de combate, los almirantes ya sabían de la
importancia de la maniobra previa a que los buques entraran en distancia
de tiro y perdiesen velocidad por el daño recibido. En la época de los
grandes cañones, la mayor
1 MAIIAN, pág. 10.
2 f'IORAVANZO, pág. 209.
224 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE COSTERO
velocidad de los acorazados era superada con creces por la rapidez con la
que el fuego de artillería podía dar por terminado el combate. La maniobra
en este caso, cumplía con su papel antes que se iniciara el fuego.
Conocemos la situación actual: con un campo de batalla potencialmente
inmenso y a merced de las armas de acción inmediata, la maniobra de los
buques, aun la de los más ágiles, pareciera ejecutarse a paso de tortuga. A
pesar de ello, todavía es posible establecer una ventaja posicional. Para
lograrla se nece sitan velocidad y tiempo. A los que el comandante táctico
debe sumar la previsión. En síntesis, el comandante moderno no se debe
dejar engañar por las distancias, ya que lo que pareciera ser un
movimiento estratégico puede resultar una maniobra dentro del campo de
batalla. Tampoco debe olvidar que mientras que la posición es su objetivo,
velocidad y tiempo son sus medios.
En épocas de paz, se suele sobrestimar la ventaja que a la hora del
combate otorga una mayor velocidad en los buques de guerra. Las altas
velocidades son costosas en dinero, peso y espacio. Quienes planifican en
tiempo de paz no atinan a justipreciar al problema táctico que representa
tener a toda una formación atada a la velocidad de su buque más lento. En
las discusiones de tiempos de paz, ha sido -y es- frecuente que se deje de
lado la repercusión que sobre la velocidad de la fuerza tienen las unidades
averiadas. Mientras Arleigh Burke desempeñaba el comando de los
"Peque ños Castores" (el Escuadrón de Destructores 23), les decía a sus
subordina dos que jamás abandonaría a un buque averiado. Más tarde
admitiría que el que entonces hablaba era su corazón y no su mente. El
astuto Fiske esta ba tan fascinado por la velocidad, que en su ensayo
premiado en 1905 por el Naval lnstitute, la colocó en el primer lugar en
importancia, anteponiéndo la a la "controlabilidad" (C2) y al poder de
fuego. No obstante, Mahan no se dejó engaüar; él habló de "velocidad
homogénea" e influyó en la decisión, previa a la Primera Guerra, de
construir los acorazados con más armamen to y coraza a expensas de la
velocidad. Baudry, en lugar de asimilarla a la caballería -que comparada
con la infantería era un arma de elite-, se refe ría desdeñosamente a los
cruceros acorazados como "una máquina de gue rra de pacotilla". ¿Quién
oyó hablar dc un escuadrón de cebras -escribiría montadas por chiquilines
blandiendo espadas de madera? 3. ,Jackie Fisher, el padre del crucero de
batalla -un buque cuyo destino fatal era estallar ante las primeras
descargas de artillería-, debió haber prestado más aten ción al menosprecio
de Baudry por la velocidad. Winston Churchill sabia mente prefirió
acorazados rápidos pero de buena coraza, que pudiesen ac tuar a proa de la
flota en apoyo a la línea de exploración.
Los analistas navales modernos han fracasado rotundamente al esta
blecer la relación costo-efectividad de los incrementos en la velocidad, y
los scasos éxitos obtenidos guardan relación con la maniobra táctica
defensi va y antes que con la ofensiva. Ni el alíscafo ni los buques de
efecto de
ª BAUIJRY, pág. 47.
LAS GRANDES 22
superficie han demostrado su valía; la velocidad de estos vehículos la paga
su estela con demasiadas penalidades. Aun los mismos modernos submari
nos rápidos de ataque han sido pensados sobre bases endebles 4.
Frank Uhlig, autor del libro How Navies Fight, justifica la velocidad
<le los portaaviones por ser necesaria a la operación de aeronaves. Resulta
interesante especular acerca de cuál sería su velocidad adecuada si no exis
tie,w ese requisito. La pregunta no es ociosa desde el momento que es posi
ble que en un futuro cercano se operen a gran escala aeronaves VSTOL. La
mayor desventaja de estos aviones es el costo a pagar por el despegue verti
cal, el que puede ser compensado por la sustancial reducción en la velocidad
ele toda la formación. Debemos recordar que con la mitad de su potencia
propulsora los buques aún conservan el ochenta por ciento de su velocidad.
La velocidad, además, genera ruido en el agua y el ruido llama a los misiles
de submarinos. Hay oportunidades en que la capacidad de que un portaa
viones opere a baja velocidad con sus aviones -y aun estando fondeado- es
un atributo valioso. Pero tengo una objeción. La velocidad estratégica, la
necesaria, por ejemplo, cuando una fuerza se desplaza hacia el océano Indi
co, sigue siendo una valiosa virtud. A nivel táctico, la velocidad para la eva
sión o para romper la adquisición de blancos enemiga tiene al menos cierta
importancia.
Durante la Segunda Guerra, los únicos acorazados que podían mante
ner el paso de los portaaviones eran los de las clases North Carolina,
Alaba ma e lowa, y nosresulta ocioso preguntarnos si alguna otra clase de
buques de defensa antiaérea podría haber desempeñado mejor papel que
esos aco razados rápidos. Si la tecnología nos brindara la velocidad a bajo
costo de bemos sin duda adoptarla. Pero si el precio de la velocidad es
dejar de lado esto o aquello, no debemos dejarnos embaucar. La historia y
el análisis nos dicen que la velocidad extra de losbuques, y la velocidad y
maniobrabilidad de las aeronaves se pagan a precio de usura, y no han
aumentado en los últimos cincuenta anos.
Poder de fuego
En esencia, la causa de todo éxito táctico en el mar ha sido siempre
la aplicación anticipada de una eficaz fuerza ofensiva. Si el OC'r posee
como arma principal una que supera sustancialmente en alcance el arma
princi pal enemiga, su objetivo será entonces atacar desde fuera del alcance
eficaz
·
1
La velocidad en incursores solitarios. tales como submarinos y aviones
ais· lados que conducen penetraciones a baja altura, requiere un análisis especial.
En ambos casos, las preguntas acerca de la velocidad homogénea de la fuerza, y
qué hacer con los buques averiados, no son de aplicación. Aquí la cuestión es que
los atacantes solitarios son por definición ejecutores de ataques no concentrados, y
sin concentración defensiva las unidades dependen para su supervivencia de
permane cer indetectadas. Lamentablemente, con frecuencia la velocidad es
enemiga del velo.
22 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE
enemigo con la concentración de fuerza suficiente como para destruirlo.
Si la diferencia de alcance eficaz lo desfavorece, su objetivo táctico será
sobrevivir a los ataques con un remanente de fuerza suficiente como para
cumplir con la misión asignada.
Hoy más que nunca es muy importante que el comandante táctico
dis ponga de los medios necesarios para concentrar y proyectar el poder de
fue go eficaz y en la cantidad necesaria para cumplir con la misión, antes
que el enemigo haga pesar decisivamente su propio poder de fuego. Al no
disponer de dichos medios, deberá evitar el enfrentamiento ya que
prevalecen las probabilidades de ser derrotado, infligiendo escaso daño al
enemigo. Aquí se aplica la segunda gran constante del poder ofensivo:
siendo los restantes factores iguales, una pequeña diferencia a favor en el
poder combativo neto seni decisiva y su efecto, acumulativo. El margen de
superioridad necesario aumenta cuando por cualquier razón se espera que
sea el enemigo el que lance el primer ataque. A diferencia de lo que ocurre
en el combate terres tre, el rédito que brinda una actitud defensiva a la
fuerza más débil nunca será importante. La fuerza inferior debe estar
dispuesta a arriesgarse y encontrar la manera de atacar eficazmente
primero. La alternativa que enfrenta es evitar el combate, adoptando una
estrategia de evasión, super vivencia y desgaste, en la esperanza de que su
destreza y buena suerte lo ayuden.
En los capítulos previos hemos sentado algunas de las bases teóricas
y empíricas de esta conclusión. También encontramos sustento para
llegar a ella, en algunos de los juegos estratégicos desarrollados en el
Naval War College antes de la Segunda Guerra. En el transcurso del
juego, el enfren tamiento entre "escuadrones destacados" se resolvía
según las siguientes pautas: si la relación de fuerzas (teniendo en cuenta
no sólo el número de buques, sino también otros factores) era de 2 a 1,
la fuerza más débil era sacada del juego. Si el desequilibrio era de 3 a 2, la
fuerza inferior perdía la mitad de sus medios. En el caso de
enfrentamientos de 4 a 3, la fuerza superior vencía, pero quedaba
incapacitada de llevar a cabo acciones de importancia durante el resto
del juego".
Mis propias estimaciones numéricas me indican que en el mar una
superioridad de 4 a 3 ha sido siempre decisiva, excepto en el caso de que el
oponente más débil haya podido atacar primero. Una ventaja de 3 a 2
aplas üirá al enemigo. De tiempo en tiempo las potencias navales se vieron
favo recidas por diferencias numéricas de 5 a :3 o de 2 a 1, pero dichas
cifras responden a consideraciones estratégicas antes que tácticas 6•
' Me HLT<rn, págs. 4-28 y 4-29.
,; Durante la negociación del Tratado de Washington, los [Link]., sobre las
bases de su responsabilidad estratégica tanto en el Pacífico como el Atlántico,
postu laron una superioridad de buques capitales de 5 a 3 frente a Japón. A
comienzos de este siglo Gran Bretaña, temiendo la alianza de dos potencias en su
contra, mantuvo lo que denominó doble estándar, esto era, que su armada igualara
la suma del pode río de la segunda y la tercera potencias navales.
LAS GRANDES 22
Otra tendencia -que por su recurrencia bien podemos considerarla
una constante- es la de sobrestimar antes de emplearlo en guerra, la
efecti vidad del armamento. La increíble ineficacia de la artillería naval
en la guerra hispano-norteamericana impactó a todos. En 1915, y tras
una larga puesta a punto de los sistemas de control de tiro, diez o veinte
minutos de fuego preciso eran definitorios. No obstante, en Jutlandia la
Flota de Alta Mar escapó a la destrucción gracias a que la línea de
batalla británica re sultó inmanejable, la flota alemana maniobró con
destreza y el humo oscu reció la escena de la acción. Previo a las acciones
de portaaviones del Pací fico, los comandantes eran demasiado entusiastas
acerca del poder aéreo. Y las caóticas acciones nocturnas de superficie
estuvieron lejos de reproducir las limpias y decisivas batallas de los juegos
de guerra, dado que el poder de fuego no resultó tan eficaz como se
esperaba. La regla que se debe respetar es la siguiente: cuidado con la
niebla de la guerra y no debe subestimarse la capacidad enemiga de
sobrevivir a nuestras armas. En la próxima guerra en el mar veremos
buques con santabárbaras vacías de misiles y con poco rédito que
mostrar tras la proyección de lo que se tenía por un arma decisi va.
Cuando se le preguntó al almirante Burke -el último de los pensadores
tácticos de la Segunda Guerra- qué cambiar a bordo de los destructores
de la nueva clase que lleva su nombre (claseArleigh Burke), contestó que
agre garía un par de sables de abordaje.
A pesar de esta tendencia, la posibilidad de un resultado decisivo
siem pre ha estado al menos latente. Ya hemos visto circunstancias en que
la eficacia ofonsiva del armamento fue trabada por malas tácticas (bajo las
instrucciones tácticas permanentes), y también por la suma de buenas co
razas, fuego ineficiente y maniobras pobres (después de la batalla de
Lissa). Pero en términos generales el poder de fuego ofensivo ha dominado
a la defensa, y no nos debería sorprender el hundimiento del General
Be/grano y del 8heff1eld en Malvinas más de lo que se sorprendió Beatty
cuando ape nas transcurridos cinco minutos de fuego volaron dos de sus
cruceros de batalla. Ni tampoco porque el HMS Hood haya demostrado ser
un delicado galgo; ni porque la columna vertebral japonesa haya sido
quebrada en una sola mañana en Midway; ni tampoco porque la flota
norteamericana -pese a su abrumadora superioridad en las sangrientas
aguas de Okinawa- per diese por acción de los kamikaze más de un buque
por día. En la batalla moderna buques y aeronaves serán destruidos a un
ritmo frenético. Pese a ello, no puedo marcar una tendencia hacia una
mayor destructividad del combate; simplemente veo la continuidad de la
naturaleza destructora y decisiva de la batalla en el mar.
¿Es una contradicción decir que la capacidad ofensiva de las armas
será sobrestimada y luego afirmar que el combate naval será sangriento
y decisivo? El punto de conciliación es el siguiente: a pesar de que la capa
cidad ofensiva necesaria será mayor que la que prevén los tácticos, la
capacidad ofensiva disponible siempre contará con gran destructividad
y será potencialmente decisiva. Dewey y Sampson obtuvieron victorias
deci-
22 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE
sivas con una artillería francamente atroz. Puede que la batalla de Jutlan
dia haya resultado sin definición, pero las de Coronel y de las Malvinas
(1914) ciertamente no. Aun el caso de las batallas sin definición de la Pri
mera Guerra, su resultado osciló sobre el filo de un cuchillo a sólo
minutos de que pudiesen ser decisivas. El poderío aéreo de los
portaaviones fue, en cuatro grandes batallas de 1942, lo suficientemente
decisivo como para ba rrer prácticamente de portaaviones al océano
Pacífico. El hecho de que las aeronaves evidenciaran menos efectividad
que la prevista fue una conclu sión importante e influyó en su empleo
táctico, pero para los estrategas del teatro del Pacifico pasó poco menos
que inadvertida.
Contraofensiva
Mientras que la primacía de la defensa por sobre el poder de fuego
tuvo sus altibajos (hoy está diluida), la importancia de atenuar o destruir la
fuerza ofensiva enemiga se mantiene constante. Las constantes caracterís
ticas de la contraofensiva las podemos resumir en lo siguiente:
Excepto por breves períodos y en circunstancias fuera de lo común,
en el mar la defensa nunca dominó a la ofensiva con el sentido que
Clau sewitz y otros comentaristas del combate terrestre le han dado.
La posibilidad de proyectar o recibir ataques decisivos en el mar ha
esta do casi siempre presente7.
La fuerza defensiva ha demostrado inusitado poder de recuperación.
Su aporte raramente excede el mero ganar tiempo para un ataque
eficaz. Pero si no se ambiciona demasiado de la defensa, es posible
hallar nuevos medios para contrarrestar nuevas amenazas.
En algunas oportunidades aparecerá como más eficiente de lo
planifi cado, pero ello se debe a que el ataque no ha sido tan
contundente como se calculaba en tiempos de paz.
Tanto el ataque como la defensa se verán torpes al inicio de la
guerra, pero la acción ofensiva será la primera en afirmarse a poco
de andar.
Otra constante de la guerra naval es que las flotas resultan difíciles
de reemplazar. Por este motivo los navíos de la línea no enfrentaban
fortifi-
7
Dijo [Link] ;wm:: "Afirmamos de modo incontrovertible que la forma de
la guerra que aquí llamamos defensa no sólo ofrece mejores perspectivas de
victoria que el ataque, sino que esas victorias alcanzan iguales proporciones y
resultados" (pág. 392). Clausewitz se refiere a la batalla defensiva y con sentido
táctico, por lo que el contexto es adecuado. Sin embargo es conveniente agregar
que para todo otro ámbito estratégico y más amplio, el mismo CLAUSEWl1'Z dijo:
"Pese a ser la defensa la forma más potente de guerra, su propósito es negativo, de
lo que se desprende que debe ser empleada únicamente cuando la debilidad lo
impone y abandonada tan pronto como seamos lo suficientemente fuertes para
perseguir un objetivo positivo" (pág. 358).
LAS GRANDES 22
caciones con igual número de cañones, los acorazados no se aventuraban
en aguas minadas y los portaaviones no atacaban aeródromos donde tenían
asiento cifras proporcionales de aviones. Esas acciones fueron encaradas
por los buques cuando ejercían el control del mar y su fuerza superaba
marcadamente a la terrestre. El ejemplo de las operaciones en Gallípoli
(primavera de 1915) ilustran tanto acerca de la necesidad de contar con
fuerzas preponderantes, como de lo azaroso de enfrentar baterías costeras
mientras se navegan aguas que pueden ser minadas. Tres acorazados
franceses y británicos más un crucero de batalla británico fueron hundidos
o averiados, y el intento por parte de la flota de ingresar en los Dardanelos
fue abortado poco antes de alcanzar el éxito.
Las operaciones de portaaviones contra aeródromos costeros encierran
los mismos riesgos. Estos aeródromos son comparativamente más fáciles
de reparar que los buques. En la guerra convencional el mar ofrece menos
po sibilidades de ocultación, supervivencia y recuperación que las
disponibles en tierra. Las virtudes compensatorias de los buques han sido
su mayor movilidad y potencial de concentración. De ocurrir, un conflicto
nuclear al teraría estas reglas generales. Al poder alejarse de la amenaza
mediante movimientos estratégicos o salirse del área de impacto de los
misiles por medio de movimientos tácticos, los buques de superficie serán
más durade ros que las fuerzas terrestres. El velo que el submarino provee
a los misiles balísticos hace que éstos tengan mayor capacidad de
supervivencia que los misiles balísticos con base en tierra. La guerra
nuclear, asimismo, altera la ecuación de los reemplazos: las fuerzas
navales convencionales son más di fíciles de reemplazar que las fuerzas
convencionales terrestres, pero dado que no existen reemplazos para las
cabezas nucleares, la desventaja se anula en la guerra atómica.
Exploración
Escribió Sun Tzu:
La previsión es la razón esencial por la que el príncipe iluminado
y el sabio general conquistan al enemigo cuando y dondequiera
se muevan, y de que sus logros superen a los del hombre ordina
rio. Lo que denominamos "previsión" es algo que no puede ser
inquirido a los espíritus ni a los dioses, ni deducido de analogías
con sucesos del pasado ni de cálculos. Se la obtiene de aquellos
hombres que conocen la situación del enemigo 8•
La cita fue extractada del capítulo titulado "Empleo de los agentes
secretos". Nos imaginamos a Sun Tzu frotándose las manos con avidez
fren te a los modernos satélites de vigilancia y los logros del criptoanálisis.
8
SuN Tw, págs. 144 y 145.
230 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE
El comando en el mar siempre demandó de la exploración un radio
de acción coherente con el alcance de sus armas. Esto es, buscó
información del enemigo suficientemente lejana (lo que significa,
teniendo en cuenta la relación tiempo-movimiento, "suficientemente
temprana") como para des plegarse en procura de una acción ofensiva o
defensiva eficaz, incluyendo el conocimiento del despliegue de sus propias
fuerzas. Mantener actualizada la situación de las fuerzas propias es tarea
que el aficionado ---quien percibe la guerra como un tablero de ajedrez- no
tiene idea de las frustraciones que acarrea: no es infrecuente que en las
ejercitaciones de paz un comandante adquiera como blanco a sus propios
buques. Todo profesional debería prepararse para enfrentar ese
despropósito leyendo en profundidad, para comenzar, los relatos de
Morison acerca de las acciones nocturnas de las Salomón -incluyendo el
combate de Cabo Esperanza- en toda su crudeza. La elección de la táctica
debe ser compatible con la eficiencia de la fuerza. Las fuerzas dispersas y
poco adiestradas, en un campo de batalla moderno plagado de misiles de
largo alcance, corren serios riesgos de autodestruc ción. Se dice que los
sistemas globales de navegación acabarán con las acciones fratricidas. De
ser así, el GPS habrá logrado contradecir a toda la experiencia previa de
guerra en el mar.
Pareciera que la constante por excelencia en materia de exploración
ha sido que nunca se dispuso de suficiente cantidad de ella. En los días de
la vela, la línea de fragatas era enviada hacia proa en procura de
exploración. estratégica (el problema de entonces era encontrar algún
enemigo en el mar, si es que lo había). Fuera de éste, existían pocos
medios de saber cuál era el objetivo estratégico enemigo, o dónde se
encontraba operando. Al igual que lo que ocurre actualmente con los
satélites o los radares transhorizon ie, las fragatas de vela proveían
también a la exploración táctica, sin que se advirtiera la distinción entre el
rol táctico y el estratégico. Obtenido el contacto, la fragata se escabullía
en retirada hasta alcanzar distancia de señalización visual con sus
fuerzas. El navío de línea disponía entonces de un amplio margen de
tiempo para entrar en su columna. Si el número de fragatas era insuficiente,
la flota corría el riesgo de ser sorprendida en una formación inadecuada.
Durante las guerras napoleónicas, la batalla de Cabo San Vicente es una
de las tantas situaciones embarazosas vividas por fran ceses y españoles. El
frustrado comando en el mar imploraba por fragatas que nunca parecían
suficientes.
En el capítulo 3 hemos visto la enormidad de fuerzas destinadas a la
exploración. Jellicoe destacó el veinticinco por ciento de su poder de
fuego de gran calibre, y otro tanto hizo Scheer. Ya para la Primera Guerra,
los recursos de la exploración eran algo más que los aviones y los buques.
Am bos contendientes también intentaron explotar la inteligencia de
señales. (Según mi definición, la exploración incluye la transmisión pero
no el análi sis de la información.; No había forma de que las flotas que no
contaran con radio pudieran resolver su problema de exploración; la
disponibilidad de radiocomunicaciones en apoyo de la maniobra de la
flota era vital para el éxito de la exploración.
LAS GRANDES 23
A lo largo del período entre las dosgrandes guerras, las aeronaves se
fueron transformando en el medio primario de la exploración, satisfaciendo
a la detección, el tracking y, mediante el spotting, a la adquisición de
blan cos. El almirante francés Raymond de Belot, en sus escritos acerca de
las batallas que en la Segunda Guerra disputaban el Mediterráneo, nos
dice que la Armada Italiana vivía suplicando a la fuerza aérea por
aeronaves de exploración y estaba desmoralizada por su inexistencia9• Los
[Link]. y Ja pón emplearon submarinos y aviones costeros o de
portaaviones en tareas de alerta temprana y exploración estratégica. Los
norteamericanos, en sus fuerzas de portaaviones, incluyeron exitosamente
una buena proporción dé aviones de doble propósito exploradores-
bombarderos. Los japoneses se de moraron en usar la aviación de
portaaviones para explorar, apoyándose en los hidroaviones que llevaban
sus cruceros y, donde les era posible, en aviones costeros de búsqueda.
Pagaron un alto precio por esa escasez de exploradores. Sus mejores
comandantes no dudaron en complementar esos exploradores con buques
y aeronaves de doble propósito, sacrificando concentración de poder de
fuego en aras de encontrar al enemigo y adquirir blancos. Es probable que
los libros de historia no hayan captado la verdade ra importancia de la
contribución del radar aerotransportado a la efecti vidad táctica, en su
doble prestación a la detección y a la adquisición de blancos. A pesar del
mal uso dado al radar en las primeras acciones nocturnas de las Salomón,
lo que se diga del papel que en el Pacífico cum plieron la búsqueda aérea y
la búsqueda radar nunca será exagerado.
De igual modo, el comando táctico de hoy puede pensar que jamás
tendrá medios suficientes destinados a la búsqueda. Una de sus decisiones
más importantes será la distribución de los equipos de exploración de acuerdo
con los alcances, eje de búsqueda y ancho del sector. Tal como lo hicieron
Spruance, Mitscher y Halsey con sus buques y aviones de doble propósito
y Jellicoe con sus veloces cruceros de batalla, los comandantes de hoy
debe rán sacrificar algunas veces concentración de poder de fuego para
aumen tar la exploración. El rol de la exploración táctica no será alterado
aun cuando se trate de unaguerra nuclear global, con intercambio de misiles
balísticos intercontinentales y desde submarinos. Se necesitarán medios
espaciales y de superficie para adquirir blancos, evaluar daños y estimar las
capacida des residuales para el combate. Para esa guerra, ¿cómo será el
"radar" que nos facilite la tecnología? ¿Lo usaremos correctamente? ¿O por
no abando nar planes tácticos obsoletos desperdiciaremos sus bondades del
modo en que lo hicimos en las Salomón? En tren de adivinar futuros, una
buena apuesta es poner nuestra confianza en los pequeños vehículos no
tripula dos, especialmente las aeronaves. No se deben menospreciar las
dificulta des para integrarlos dentro de las redes de exploración.
9
BELOT, págs. 41-44, 67-68, 71-72 y 86.
232 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE
Decir que la exploración ha sido siempre una constante primordial de
la guerra es una perogrullada. Tal vez la forma de expresarlo sea ésta: los
vencedores fueron los que superaron a la exploración enemiga en
detección, tracking y adquisición de blancos. Tener ventajas de
exploración en el mar
-más que la maniobra, el alcance de las armas y con frecuencia más que
todos los restantes factores- ha determinado no sólo quién atacaría eficaz
mente primero, sino también quién lo haría decisivamente.
C2y CMC2
El doctor J. S. Lawson, que hasta el momento de su retiro se
desempe üaba como director científico del viejo Naval Electronics Systems
Command, emplea el término comando-control para designar al proceso a
través del cual un comando ejerce autoridad sobre sus fuerzas y las dirige
para cum plir su misión. Alrededor de 1977, Lawson y el profesor Paul
Moose del Naval Postgraduate School diseñaron el ciclo que nos muestra la
figura 8-110.
SENSAR
PROCESAR
SITUACION DESEADA
COMPARAR
DECIDIR
ACTUAR
Figura 8-1: El ciclo de comando y control de Lawson.
10
En forma independiente, el Dr. Geoffrey Coyle, del Shape Technical
Center, estableció un modelo similar. Existe además evidencia no clasificada de
que los in-
LAS GRANDES 23
El sistema de Lawson vincula los subsistemas de decisión (que inte
gra el comando), de sensado (un componente de la exploración) y de acción
(que en gran medida es el control que se ejerce a través de las comunicacio
nes), así como a todos los procesos tácticos. Al incorporar al "sensado" y la
"acción" dentro del proceso de C2 insertándolos dentro de un anillo reali
mentado, Lawson, Moose y sus compatriotas lograron que el C2 se asomase
a mirar por fuera de sí mismo. También hicieron posible el estudio de sus
efectos en la proyección del poder de fuego y en la exploración; por ejemplo,
su efecto en la tasa o cantidad de poder de fuego proyectado, o en la tasa o
calidad (es decir, significado táctico) de la información producida por la
vigilancia y el reconocimiento. Por medio del ciclo de comando-control es
posible examinar el contexto táctico y la "productividad" del C2, observando
los pasos que involucra la proyección del poder de fuego, las etapas de la
exploración, el C2, o a los tres trabajando en conjunto. El analista táctico
puede, a su elección, mantener constante a dos de los procesos mientras
profundiza en los detalles del tercero. Por ejemplo, dicho analista puede
asumir determinados planes de exploración y proyección de fuego para ambos
bandos, para poner su atención sobre el movimiento de la información nece
saria hacia y dentro del buque insignia (esto es, sobre el proceso de coman do).
O ponerse a estudiar el flujo de órdenes que a través de los circuitos de
comunicaciones llegan a las unidades, por ejemplo para localizar y atacar
un submarino, enfatizando el ruteo del tráfico y el cálculo del tiempo que
llevaría consumar el ataque (en síntesis, el proceso de control).
Un defecto notable del modelo desarrollado en 1977 por Lawson es
que el control fue tratado como un proceso unilateral. Actualmente el doc
tor Lawson piensa que su modelo debiera dar cabida al ciclo de control
ene migo interactuando con la situación del campo de batalla y con las
fuerzas propias11• Esa actividad a dos bandos sería la que nos muestra
la figura 8-2. El esquema parece obvio, pero el complejo problema
analítico que se deriva de incluir el ciclo de control enemigo nada tiene de
obvio. Podríamos comenzar preguntándonos cuál sería el efecto de operar
nuestro anillo un veinte por ciento más rápido de lo que el enemigo puede
hacerlo con el suyo.
¿Nos otorgará el control de virtualmente todo el campo de batalla? ¿Nos
dará una ventaja del veinte por ciento? ¿O será despreciable su efecto
tácti co en el control de la situación? Presumo que no existen respuestas
amplias y generalizables, pero habría qu/;l evaluar lo que ocurre al
incorporar los detalles de una situación específica. No todos los que ya
han empleado el ciclo advirtieron la diferencia fundamental que existe
entre un anillo reali mentado de uso ingenieril -que controla "naturaleza"-
y un par de anillos de control militar que operan con objetivos
contrapuestos. ·
vestigndores rusos en cibernética, en la década del 60, obtuvieron un modelo de
C2 equivalente. Véase AJJCIIUK y otros, e lvANOV y otros; ambas son revisiones de
trabajos anteriores publicados en 1964 y 1971. JAMES TAYLOR, págs. 36 a 41, hace
un intere sante comentario sobre la investigación rusa del C2• ·
11
De conversaciones con el Dr. Lawson en Monterrey, California, invierno de 1985.
234 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE
SITUACION SITUACION
DESEADA .... --r--' . ..,...._ DESEADA
Figura 8-2: Los ciclos de comando y control propio y enemigo funcionando
simultáneamente dentro del mismo ambiente (situación).
Lawson nos enfatiza que el ciclo de comando-control es un proceso,
es decir, la manera de hacer algo. Su modelo de control es una abstracción
que opera en el tiempo sin contenidos tácticos específicos. En cambio yo
pongo el énfasis en el comando, es decir, en qué es lo que se debe hacer.
Al coman do le concierne la asignación de fuerzas, esto es, la distribución
del poder combativo. Al C2 le concierne la distribución del poder. Esa
distribución por parte del comando es, por supuesto, espacial y temporal,
pero también es funcional (por ejemplo, la fuerza se distribuye entre
explorar y atacar, o entre el poder de fuego ofensivo y el defensivo), así
como también organiza tiva (por ejemplo, su distribución sería horizontal
entre los comandantes subordinados y jerárquica entre los oficiales que se
ocupan de la guerra electrónica).
La solución táctica es semejante a lo que Lawson llama "situación
deseada", básicamente lo que el comando desea lograr con su acción. La
situación deseada participa activamente, desde las primeras acciones del
combate, en la asignación de tareas y en la ubicación geográfica y relativa
de las fuerzas, e influyendo en las actividades del enemigo, a través de las
CMC2. Más adelante en la batalla, la situación deseada por el C2 es antici
parse al enemigo en la proyección de dosis eficaces de poder de fuego.
La materia prima del planeamiento de C2 son las generalidades de la
solución táctica (la situación deseada), a menos que la doctrina haya sido
establecida muy acertadamente y que se pueda predecir fehacientemente
la naturaleza de las acciones navales. Dediquémonos a profundizar este
importante aspecto. Una forma del ataque terrestre consiste en orientar la
acción a lo largo de todo un frente, especificando para cada elemento
parcial
LAS GRANDES 2
de fuerza su correspondiente objetivo geográfico, es decir, su situación de
seada. Los refuerzos son enviados donde las operaciones experimentan
mayores dificultades. El éxito se concibe como el logro simultáneo de
todos los objetivos y, en tal caso, la victoria dependerá de la ausencia de
flancos expuestos. Otra modalidad de ataque terrestre es la de reforzar
aquellos puntos del frente en donde las operaciones avanzan exitosamente;
se refuerza el éxito a efectos de provocar la reacción en cadena. En este
caso la victoria se alcanza tras la producción de la brecha, seguida de su
ex plotación. En las operaciones navales, el éxito en la defensa de un
grupo de batalla se alcanza mediante la oportuna acumulación de fuerza
antiaérea, antisuperficie o antisubmarina al momento de enfrentar a cada
tipo de ataque. La cortina que es eficaz para contener una andanada de
misiles difícilmente será la adecuada para proteger la fuerza de los
submarinos que la acechan, o para detener a pequeñas embarcaciones
lanzadas al ata que. De manera que la movilidad naval representa una
doble virtud para las operaciones de ataque: por un lado la amplitud del
frente de amenaza y por el otro, la posibilidad de explotar las
vulnerabilidades enemigas allí donde sean descubiertas.
Por lo general la defensa refuerza sus sectores débiles, mientras
que el ataque refuerza el éxito. Veamos ahora cómo se aplica hoy esta
constante de las tácticas. Su significado actual es que actuando a la
ofensiva y con fuerzas muy dispersas, las redes modernas permiten
practicar sobre el punto crítico de las defensas enemigas un ataque
extremadamente coordinado en tiempo y espacio. Evaluado el daño, se
puede prolongar el éxito inicial con otros ataques proyectados a la
medida de las necesidades. Esta es la esen cia de las operaciones
norteamericanas bautizadas como "Dominant Battle field Awareness" y
"Precision Strike"'. En materia de acciones defensivas, su significado
actual -y debe prestarse la máxima atención a este aspecto es que cuando
la iniciativa está en manos del enemigo, la formación adop tada y la
doctrina de C2 deben estar diseñadas para que se produzca una
respuesta rápida e independiente por parte de cada buque en el instante
mismo en que se vea amenazado. Con esta doctrina defensiva de libre
empleo de las armtl.s, las decisiones tácticas de elección de la formación y
el peso relativo a ser dado a la amenaza aérea, de superficie, submarina,
espacial y terrestre, deben ser tomadas con anticipación. Ellas implican
asignar libertad de apertura de fuego y establecer zonas de ingreso vedado.
Cuando el ataque llega, las decisiones de combate del comandante a la
defensiva se reducen a emparchar las brechas abiertas por el enemigo y
auxiliar a los buques averiados e inermes. En su informe posterior a uno
de estos ataques, el capitán de fragata Arleigh Burke escribió: "En el
combate no hay tiempo para impartir órdenes. Los hombres tienen que ir
al combate sabiendo lo que tienen que hacer" 12.
" (N. del T.) Alistamiento dominante en la escena de la acción y Ataques de
preci¡iión.
12
Citado por CALLO, pág. 64.
23 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE
En la medida en que los sistemas de apoyo a la decisión ayudan a
hacer mejor el trabajo, el comandante y su estado mayor sintetizan la in
formación usando esos sistemas. Las modernas pantallas geográficas y
alfanuméricas contrihuyen al proceso. Lo mismo hace la inteligencia artifi
cial que emula al pensamiento humano y, allí donde resulta conveniente
que lo haga, toma decisiones autómatas. Yo no conozco ningún ejemplo
de sistema de ayuda a la decisión militar de comando que invariablemente
decida mejor que la mente humana. Pero abundan los que realizan mejor
algunos aspectos parciales del trabajo. Ciertos sistemas de control-tiro
asig nan prioridades a las amenazas, apuntan cañones y disparan misiles
sin que intervenga el hombre; y han existido desde la Segunda Guerra. El
sistema misilístico Aegis, aunque todavía sujeto a la intervención humana
y a su potestad de interrumpir el proceso, opera cumpliendo una doctrina
tüctica preprogramada.
Control es el acto de llevar a cabo las decisiones que han sido toma
das. Las comunicaciones verbales, visuales y electrónicas son el gran ins
trumento del control. Un buen planeamiento y el adiestramiento sientan
las bases del control eficaz. Se puede medir la eficacia del C2
estableciendo cuánto de un plan, o cuánto tiempo ese plan, se mantiene sin
cambios. Un segundo parámetro descriptivo del C 2 es el volumen de
comunicaciones necesario para cambiar el plan.
Tiempo y oportunidad son elementos cruciales. El tiempo es
duración y la oportunidad es el punto de la escala continua del tiempo
donde el comandante realiza la proverbial inspiración profunda e imparte
las órde nes tácticas. El tiempo es cantidad a ser preservada; la
oportunidad es el instante en el que se gasta la opción.
Se ahorra tiempo al procesar y diseminar órdenes más rápidamente,
empleando redes de comunicaciones y señales compactas. También
ahorran tiempo las ayudas a la decisión. El tercer gran responsable del
ahorro de tiempo es el trabajo en equipo, al que se llega a través del
adiestramiento y la doctrina. Los asesinos del tiempo son el letargo, el
desconcierto, el agota miento físico y la moral desintegrada. Tengo la
sospecha de que fueron to madas muchas más decisiones tácticas
desastrosas por hombres con su es píritu quebrado y por guerreros
agotados que lo que nos cuenta la historia. Ln debacle que tuvo lugar en la
Isla de Savo -el peor combate de la historia naval norteamericana- puede
ser atribuido con certeza al agotamiento físi co. Así se explican la
apresurada y torpe distribución de la fuerza estado unidense y que los
destructores piquetes no hayan detectado el paso de la fuerza de cruceros
de Mikasa.
Las acciones oportunas son el meollo del éxito táctico. Los antiguos
griegos tenían una expresión descriptiva del crítico instante de la oportuni
dad: kairóu labetu, kairon lavien, el momento favorable para atrapar la
oportunidad. El táctico porfia continuamente con la duda acerca de si la
información depurada disponible es suficiente como para lanzar un ataque
exitoso, a sabiendas que el enemigo manipula información con el mismo
LAS GRANDES 23
propósito. Y aunque su información fuese completa, no es garantía de vic
toria si las fuerzas son parejas. Veámoslo en el juego de ajedrez. Ambos
jugadores disponen de la información completa y poseen el control
absoluto de sus fuerzas. Evidentemente el ganador no surge de la
disponibilidad de información táctica. Aprovechar las oportunidades es
producto no sólo de la información disponible, sino también de habilidad y
experiencia.
En otros aspectos el ajedrez es un símil pobre de la guerra. Sus
proble mas son enteramente intelectuales. En su tablero están ausentes
la niebla, la amenaza, la lucha por reducir el caos mental y la tensión de
realizar el ataque en la oportunidad correcta. Muchas veces fue citado
Burke diciendo que la diferencia entre un conductor bueno y otro malo
es de aproxima damente diez segundos. El comandante debe tener
permanentemente en cuenta tiempo y oportunidad. Otras diferencias
entre líderes buenos y malos consisten en lo que ven cuando miran, lo que
escuchan cuando oyen y lo que comunican cuando hablan.
La intención primaria del comando es mantener el orden, o dicho a la
manera de Bainbridge-Hoff: "Mantener a raya la confusión el mayor
tiempo posible"1:1• Si bien es sólo el principio, es también el punto de
partida del planeamiento táctico. Recordemos a Blake y los otros generales
que se hi cieron a la mar; su primera medida fue establecer el orden en sus
heterogé neas fuerzas, formando la columna. Tras el orden vino la
concentración de fuerzas. En un capítulo anterior me aventuré a decir que
durante las pri meras acciones nocturnas en las Salomón, una de las
razones por las que los norteamericanos formaban en columnas era que
mucho no se podía es perar de sus buques antes de que perdieran el control.
Incluso más tarde, cuando Burke concibió la táctica de atacar en sucesión
con grupos reduci dos, dos grupos eran lo más que podía coordinar. En la
Bahía de la Empera triz Augusta, los cruceros de Tip Merrill eran el punto
de referencia para que -desde ambos extremos de la columna- dos grupos
de destructores se lanzaran al ataque. Las tres formaciones degeneraron en
una gran melée produciendo escaso daño al enemigo. Las fuerzas de Burke
se separaron y durante más de una hora giraron en círculos buscándose
mutuamente. Todo el mundo "perdió el control".
,Jasper A. Welch, general retirado de la Fuerza Aérea de los [Link].,
con su característica agudeza estableció sus propios criterios para definir al
"sistema de c:1 I perfecto". Los citamos en orden de importancia:
Preservar el orden y cohesión de las fuerzas propias.
Controlar el ritmo de la batalla evitando incurrir en errores fatales.
(Estos dos primeros criterios son lo que Welch define como
"prerrcqui sitos para evitar la derrota".)
Asegurar "eficacia mayor que cero" (éste es el primer
"prerrequisito para la victoria", según Welch).
13 BAINB!lllJnE-Hun·, pág. 86.
23 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE
Procurar la óptima distribución, composición y estrategias de la fuer
za -C2 de eficacia asegurada-. (Según Welch, este punto se ubica en
el puesto diecisiete de su escala de importancia relativa.) 14
El teniente general retirado del Ejército de los [Link]. John Cush-
man nos dice algo parecido acerca de las comunicaciones.
Imaginemos un instrumento que nos permita medir la
"satisfacción del comandante" acerca de sus comunicaciones, gra
duado de cero a cien, en donde cero significa satisfacción nula,
y cien comunicaciones perfectas. Con facilidades de
comunicacio nes muy rudimentarias, poco adecuadas pero que
al menos algo le brindan, es posible que la escala de nuestro
instrumento marque aproximadamente cincuenta. Un sistema
perfecto sólo le otorga el doble de eso15•
Las tácticas complicadas son una enfermedad de la paz. A poco de
ocurrida la transición entre la paz y la guerra se produce una marcada sim
plificación de las tácticas de combate. Quienes teorizan acerca de las tácti
cas subestiman las dificultades de realizar complejas operaciones al calor
del combate, mientras que los historiadores militares se apresuran en se
ñalar oportunidades que nunca hubieran podido ser explotadas. Incluso lí
deres navales de tiempo de paz caen víctimas de esta tendencia. La sagaci
dad, el ingenio y las maniobras complejas van mejor con los solistas del
tipo de los submarinos o con las unidades pequeftas sujetas a un
adiestramiento exhaustivo. Las evoluciones extraordinarias, del tipo del
eficiente giro de 180 grados realizado por la Flota de Alta Mar en medio
del combate, deben ser doctrinarias·, intensamente practicadas y escasas
en número. Dado que es probable que el enemigo tenga conocimiento de
todo aquello que haya sido reiteradamente practicado, las tácticas
complejas de flota deben fun cionar aun cuando el oponente esté
prevenido contra ellas. La tendencia táctica hacia comunicaciones cada
vez más eficientes y mejores ayudas a la decisión, hace que la tentación de
equiparar herramientas sofisticadas con tácticas complejas sea
prácticamente irresistible. La regla es que la complejidad sólo debe ser
adoptada tras meticulosas discusiones e intenso adiestramiento.
El arte de concentrar el poder ofensivo y el defensivo es complicado,
aunque resulta frecuente exagerar las posibilidades de dominarlo que tiene
el enemigo. Así como puede ser fatal menospreciar al oponente, tampoco
basta con planificar para lo peor y actuar en consecuencia. Se nos suele
decir que debemos actuar a base de las capacidades del enemigo. Esto no es
14
HWANG et al.; págs. 4 a 6.
15 CUSIIMAN, págs. 6 a 11.
(N. del T.) En el sentido de que no deben ser improvisadas.
LAS GRANDES 23
correcto. Una noción diametralmente diferente es la adecuada: nuestras
acciones deben reflejar una profunda y acabada consideración de las
capacidades del enemigo. Aquellos lectores familiarizados con la teoría de
los juegos saben que lo dicho se asemeja a las formales "apreciaciones de
la situación" hechas por el comandante, en las que se asignan valores a
cada par de opciones. Se llega entonces a la solución de la teoría del juego
cuando, tras haber considerado todas las opciones que ambos bandos tienen
disponibles, se descubre la mejor acción propia contra la mejor del
enemigo. Pero tal como ocurre con todos los esquemas formales de
optimización de la decisión, en la práctica la apreciación de la situación
(con o sin valores numéricos) resulta distorsionada. Lo que ocurre es que
mientras la apre ciación es estática, la batalla es dinámica: el tiempo y las
oportunidades suman y restan alternativas. (En la campaña del valle
Shenandoah, de mayo a junio de 1862, Stonewall Jackson creó nuevas
alternativas por el simple expediente de comenzar más temprano y marchar
más aprisa que el enemi go.) Una segunda razón es que la nueva
información que va apareciendo nos revela contingencias no previstas. Un
plan de batalla debe hacer previ siones, pero una apreciación no puede
predecir la dirección en que el balan ce de poder se volcará -ni con qué
intensidad lo hará- después del ataque principal. Tengamos en cuenta la
batalla del Mar de las Filipinas en el que el ataque aéreo a máximo alcance
de los portaaviones japoneses estaba sentenciado antes de su lanzamiento,
debido a que Spruance ya había destruido la aviación costera enemiga y sus
interceptores dominaban los aeródromos de Saipan y Guam donde, tras el
ataque, estaba previsto el aterrizaje de los aviones de portaaviones.
Las limitaciones de la apreciación se hacen más evidentes cuando
consideramos al comandante de la fuerza más débil. En su caso, planificar
contra la peor alternativa es una opción perdedora. Una forma de sacar
provecho de la apreciación, es encontrar el modo de acción enemigo más
adverso e intentar eliminarlo a través de la exploración, el engaño o un
ataque repentino. En el caso del comandante de la fuerza superior, una
batalla conservadora en riesgos significa desperdiciar grandes oportunida
des. Si se dedica a acumular fuerza como para contrarrestar todos los mo
dos de acción posibles del enemigo, se estará robando tiempo a sí mismo o
a una fuerza amiga, y el tiempo es el equivalente estratégico de la fuerza
táctica. A Halsey -quien peleó con más corazón que cerebro- le fueron per
donados sus desatinos, porque su comando siempre se movió en avance,
tanto estratégico (cuando fue comandante del Pacífico Sudoccidental)
como táctico (cuando comandó la Tercera Flota). A pesar de ello, cuando
estable cemos la tabla de posiciones de la liga mayor de los comandantes
tácticos de la historia, Spruance, que peleó con corazón y cerebro, antecede
a Halsey.
El rol de la apreciación de la situación es una constante. Su influencia
sobre la decisión táctica es tan importante como siempre ha sido, pero nun
ca gobierna la decisión. Su importancia para el comandante de la fuerza
más débil reside en que le ofrece claves acerca de cómo tomar riesgos que
para una fuerza inferior son inevitables en el combate.
24 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE
Llegamos ahora a tratar el tema crucial de una constante, sobre el
que tendré que ser más cauto de lo que fui en 1986. Desde entonces mucha
agua corrió bajo el puente en sentido de acelerar las finanzas, el transporte
y la transferencia de informaciones comerciales, así como la toma integral
de decisiones. Solemos leer que el conocimiento así obtenido abre nuevas
opor tunidades y ventajas competitivas. Día a día se la proclama como una
gran tendencia y se la asemeja al progreso. Las Fuerzas Armadas de los
[Link]. recogen también los frutos de la tecnología cibernética comercial.
Su meta es adaptar el éxito alcanzado por los empresarios en generar
decisiones rápidas y precisas que llegan a fuerzas vastamente dispersas
con precisión en el tiempo, espacio y ciberespacio (como lo son los
canales y nódulos de información electrónica). Pero el éxito que se obtiene
en la competencia co mercial depende de la cooperación existente en
materia de intercambio de información. La guerra de información en
cambio, pretende destruir la in formación del enemigo. Sin lugar a dudas
la tecnología está afectando a la estrategia norteamericana: el efecto CNN
es sólo una de las consecuencias. Sin embargo, pienso, la contrapartida es
que en el ámbito de los enfrenta mientos de fuerza contra fuerza, las
contramedidas de C2 mantendrán el ritmo de avance de las medidas de C2,
de modo que en el dominio táctico no se producirán mejoras --comparando
con lo que ocurría en el pasado- en la toma de decisiones de comando.
Lo mejor que puede hacer un comandante de flota en combate es
asu mir que la velocidad de la decisión y la confiabilidad de su ejecución
conti nuarán siendo constantes. En su valioso libro Command in War,
Martin van Creveld traza la historia del comando terrestre desde tiempos
ances trales hasta el presente. Como es lógico, hace de la incertidumbre el
proble ma central a ser resuelto por los sistemas de comando. Escribe
luego: "La conclusión más importante a que arriba este estudio podría ser
que no exis te hoy, ni ha existido jamás, un determinismo tecnológico que
gobierne el método a ser seleccionado para dominar la incertidumbre".
Desde las seña les de humo hasta el telégrafo, desde la radio hasta el
satélite de comunica ciones, la tecnología es una celada puesta para atrapar
organizaciones mili tares desprevenidas. En lugar de ajustar nuestras
acciones a lo que nos permite la tecnología disponible, deberíamos, en las
elocuentes palabras de van Creveld, "entender qué cosa no puede hacer la
tecnología y a partir de allí encontrar la manera de cumplir igualmente
(con la misión)"16.
¿No es acaso igual el tiempo que requería interpretar un mensaje trans
mitido por banderas o foco de señales y actuar en consecuencia, que el tiem
po que lleva hoy hacer lo mismo entre buques y aeronaves dispersos a gran
distancia? ¿No tendríamos acaso que recordar en qué medida el humo del
combate interfería la lectura de mensajes en la época de la vela? ¿O la omi
nosa frustración tras equipos de VHF que fallan, debido a un mal contacto
16
VAN CREv ;LD, págs. 268 y 274-275.
LAS GRANDES 24
en el remoto que une la transmisora con el puente; o la de aquella aeronave
antisubmarina que una vez en el aire malgasta combustible porque olvida
ron el cristal de UHFcorrespondiente a la frecuencia del plan de comunica
ciones en vigor? Mejor debiéramos tener presente las actuales
caídas del sistema táctico naval de procesamiento y transmisión de datos
(NTDS) y las fallas que a diario presenta nuestro e-mail y otras transmisio
nes electrónicas, tanto como la capacidad enemiga de interferir comunica
ciones o infectar con virus nuestras computadoras. Las comunicaciones ha
cia los submarinos siguen siendo lentas y torpes. El alcance y la letalidad
de las armas dispersan las formaciones, y las formaciones dispersas depen
den de comunicaciones satelitales que no siempre son confiables.
El resumen es el siguiente: pese a los avances logrados en la velocidad y
el volumen de las comunicaciones, la capacidad de comando y control en
combate probablemente no haya variado.
¿Tiene alguna importancia? Sí la tiene, porque afectan a la oportuni
dad de la toma de decisiones y a la distribución de órdenes. En el pasado,
buenos planes trastabillaron a causa de que el comando subestimó el
tiempo que req11eririan sus comunicaciones y sobrevaluó su claridad. En
medio de una multitud de ejemplos, me vienen a la mente la brega de Dan
Callaghan para gobernar su inmanejable columna de trece buques en la
batalla de Guadalcanal, y también las confusas maniobras y equívocas ór
denes de Scott para comenzar el fuego en la batalla de Cabo Esperanza. Los
requerimientos de nuevos sistemas de control sobre las fuerzas en el mar
presionan demasiado a la tecnología. La historia ofrece valiosas visiones
retrospectivas al comandante actual, quien puede obtener insustituibles
lecciones (no hay sustitutos en tiempos de paz) escuchando el redoble del
tambor del combate y comprobando sus propias dificultades para marchar
siguiendo su cadencia.
Para seguir el paso, el comandante y su estado mayor despliegan sus
planes. El planeamiento es la función que reúne en una fuerza de tareas a
fuerzas dispersas. Para mancomunar los esfuerzas de todos sus componen
tes, un solo estado mayor, el del comandante de la fuerza de tareas, debe
efectuar íntegramente el planeamiento operativo. Más que arbitrar en la
distribución, el comandante debe conducir la asignación de fuerzas a las
tareas antisubmarinas, antisuperficie, antiaéreas y de ataque. El planea
miento y la ejecución de un esfuerzo integrado de exploración, incluyendo
el manejo de todas las emisiones electrónicas de su fuerza, se apoyan sobre
sus hombros a lo largo de toda la operación y esa responsabilidad no debe
ser delegada. No quiero decir con esto que no debe descentralizarse la apli
cación de la fuerza antiaérea, antisubmarina o antisuperficie a través de
sus respectivos comandantes sino que, en mi opinión, el comandante y su
estado mayor deben ser competentes en todos los aspectos de las operacio
nes, para que la flota cumpla acabadamente con su misión. Desde los días
de los acorazados, cruceros y destructores, los comandantes tácticos han
dirigido todos los componentes de su flota para lograr acciones unificadas.
Sólo el comandante táctico puede lograr el efecto centrípeto.
242 TACTICAS DE FLOTA y DEL COMBATE COSTERO
El desarrollo de doctrina es también parte del C2• Los tácticos que se
preparan para el combate costero comenzarán a creer que la centralización
de la guerra mediante redes de comando les permite actuar en todo su po
tencial, cuando estas redes estén acompaftadas por doctrina e instrucciones
de combate que sean funcionales, conocidas y practicadas por toda la flota.
Las buenas tácticas de guerra nacen de un buen estudio de la táctica en
tiempos de paz. Las acciones sensatas surgen de doctrinas sensatas; las
doctrinas sensatas, del pensamiento táctico sensato; y el pensamiento tác
tico sensato se apoya en los cimientos de la teoría táctica. La escasez de
sorpresas tácticas en la Primera Guerra es atribuible al torrente de escritos
de táctica naval, brotado en los primeros años del siglo XX. Paradójicamen
te, el alistamiento táctico y doctrinario al inicio de una guerra pareciera
tener poco que ver con la marcha del progreso tecnológico o con las
oportu nidades disponibles para verificar el comportamiento de los buques
en com bate. En la Segunda Guerra Mundial, a la Armada Norteamericana
le re sultó más fácil incorporar al avión en el combate, que adaptar para la
acción nocturna a los ya conocidos buques con cañones. La eficiencia
táctica guar da relación directa con la calidad del pensamiento táctico que
reflejan di versas publicaciones. Las publicaciones norteamericanas de
guerra naval debieran tender haría la seriedad, enfoque y facilidad de
lectura que tenían las viejas publicaciones de táctica de flota que las
precedieron. En el Procee di ngs debieran predominar los artículos sobre la
táctica de flota, tal como ocurrió en el período que va de 1900 a 1910. PJl
núcleo de los programas del Naval War College debiera ser las operaciones
navales, como lo era en los anos treinta. Más allá del adiestramiento y la
experiencia, el producto de los juegos de guerra debiera ser las
conclusiones obtenidas de cada juego, como era habitual en las décadas del
20 y del 30. El vigor intelectual de nuestros escritos tácticos debiera igualar
al mejor del mundo. A pesar de ello, el renacer del pensamiento táctico
iniciado por el almirante Thomas Haywardcuando se desempeñaba como
jefe de operaciones navales está fla queando. La eficiencia táctica
alcanzada en las operaciones en alta mar no ha sido igualada por la
eficiencia y las instrucciones de combate en aguas costeras. Sostengo que
la calidad de nuestros escritos es el mejor indicio
--mejor aún que la realización de ejercicios en el mar contra el enemigo
"Naranja" en tiempos de paz delo que probablemente sea nuestra compe
tencia táctica al inicio de una campaña bilateral en aguas costeras. Hoy
nuestros escritos son deficientes: demasiadas expresiones de alarma y muy
pocas soluciones tácticas. De hecho, tres de los mejores trabajos sobre ope
raciones de combate costero y tácticas en aguas restringidas publicados en
medios profesionales son de autores extranjeros. Ya hemos hecho mención
a The Seapower of the. Coastal State de Jacob Borreson (noruego) y al
artículo "U.S. Navy Operations in Littoral Waters, 2000 and Beyond" del
capitán de fragata 'l'im Sloth Joergensen (danés); el tercero es "Non-
intervention: Li mited Operations in the Littoral Environment" del capitán
de fragata Jere my Stocker (británico)17•
17
STOCKER, Naval War College Review (otoño de 1998).
LAS GRANDES 24
Para concluir: ¿cuál es la mayor de todas las constantes en el
ejercicio del comando en época de paz, sin dejar ninguna de lado? Pues
bien, me daré el gusto. Mi candidata, por encima de cualquier otra
consideración en este libro, es una constante tras la cual no puedo aportar
evidencia alguna. Por el contrario, el general Cushman sustenta la suya
sobre abundantes prue bas; él cree que -dado que en la guerra el
cumplimiento de la misión preva lece sobre toda otra consideración-
prepararse en tiempos de paz para cum plir la misión debe ser lo más
importante18• Tal vez tenga razón. Pero no debiéramos desoír a
Clausewitz: "El hábito brinda esa cualidad sin precio, la calma". A partir
de esta premisa decide que el hábito -a falta de comba te- debe provenir
del adiestramiento, el que así alcanzaría el carácter de consideración
primaria. El buen habito es un candidato prometedor. Pero
¿por qué no proponer la sentencia "conoce a tus fuerzas, conoce a tu
enemi go y conócete a ti mismo"? Es un espléndido consejo. Sin embargo
mi opi nión es que ninguna de las tareas de un comandante en tiempo de
paz debe prevalecer por encima de la de encontrar líderes para el combate.
Dejémos le hacer lo mejor que pueda para hallarlos; luego enviémoslos al
mar y man tengámoslos allí por más tiempo de lo que lo hace la Armada
Norteamerica na actualmente. Dejemos que la primera meta del
comandante que se hace a la mar sea hallar dos oficiales que sean mejores
que él mismo, y ayu démoslo de todas las formas posibles para que los
prepare para la guerra. Hecho esto, todo lo demás se dará por añadidura.
Resumen de tendencias y constantes de la táctica
Tendencias que nos muestra la historia
de las batallas navales
La velocidad del arma (torpedo, aeronave o misil) ha crecido a un
rit mo superior que el de la plataforma portadora (buque o sistema
costero). La velocidad de la plataforma se ha ido subordinando a la
velocidad de lanzamiento del arma, y ésta a su vez está gobernada
por los proce sos de exploración y C2, así como por la velocidad neta
del arma.
La maniobrabilidad a los efectos de concentrar fuerzas o golpear pri
mero ha perdido importancia, pero aún la conserva o la ha acrecenta
do (:uando se la aplica a evadir la acción de las armas enemigas.
Los alcances absoluto y eficaz de las armas se han incrementado. El
alcance eficaz ha ganado primacía por encima del mero peso del
volu men de fuego.
Se ha incrementado el poder destructivo del armamento, en particu
lar sobre la maquinaria de guerra naval.
18 CuSC!lMAN, págs. 4 a 13.
2 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE
A consecuencia del alcance y letalidad del armamento han crecido
las dimensiones de la tierra de nadie que separa las flotas en
combate. Ese espacio es ocupado por la exploración y las cortinas.
El incremento en el alcance y la letalidad de las armas han
producido, asimismo, un aumento de la interacción entre la tierra y el
mar. Con mayor frecuencia, las batallas navales incorporan fuerzas
basadas en tierra.
La tendencia de la capacidad defensiva se aleja de la resistencia al
castigo (capacidad de absorber impactos) en dirección al poder
defen sivo (poder de fuego y seducción).
La arquitectura naval ha ido más allá que la tendencia recién mencio
nada. Todavía hoy, todo combatiente principal debe poseer
resistencia al castigo.
Existe una tendencia hacia dispersar las fuerzas, empleando el C 2 para
concentrar el poder de fuego de las formaciones y disposiciones disper
sas.
Los buques en puerto y las aeronaves en tierra son hoy más vulnera
bles ante el ataque enemigo. Los puertos han dejado de ser santuarios
como antes lo fueron.
La exploración ha debido correr tras el aumento de alcance de las ar
mas, para cubrir las áreas que su proyección exige.
El ámbito de la exploración se desarrolló también verticalmente. Los
distintos modos de exploración, bajo el agua, en su superficie o por
encima de ella, están cada vez más interrelacionados debido a que un
mayor número de armas modernas atraviesa las fronteras que sepa
ran esos tres dominios.
La exploración desde el espacio derivará en batallas en el espacio.
La tendencia hacia el incremento del alcance de las armas, sensores y
comunicaciones trae aparejado un aumento en las posibilidades de la
antiexploración.
Constantes en la historia de las batallas navales
La maniobra previa al combate es -siempre lo fue- una parte impor
tante de la batalla. En nuestros días se lleva adelante a gran escala.
El propósito de la maniobra es aventajar al enemigo en alcanzar posi
ciones relativas favorables. Las posiciones geográficas absolutas, como
las "posiciones dominantes", son mucho menos importantes en el
mar que en la tierra. En cambio, estas posiciones geográficas
absolutas pueden tener consecuencias gravitantes a nivel estratégico
En épocas de paz se sobrevalúan las ventajas de la capacidad de ma
niobra de los buques. Su verdadero valor táctico se obtiene
comparán dola con lo que se ha tenido que sacrificar para obtenerla.
La meta táctica más importante es la de proyectar antes que el
enemi go nuestro poder de fuego eficaz.
LAS GRANDES CONSTANTES 245
Bajo las condiciones de intercambio continuo de fuego, una pequeña
ventaja de fuerza efectiva neta nosólo será decisiva, sino que otorgará
la victoria sin que el enemigo pueda devolver un dafio proporcional.
Proyectando suficiente cantidad de pulsos de poder de fuego (salvas
d..; gran potencia) puede que una fuerza considerablemente más débil
se alce con la victoria, si es que posee mejores C2 y exploración. El
poder de fuego de la fuerza más débil debe ser el suficiente.
La eficacia del poder de fuego es menor que la pronosticada en tiem
pos de paz. No obstante, por lo general el poder de fuego disponible
bastará para ser decisivo.
Hasta donde nos enseña la historia, los mejores resultados en comba
te se obtuvieron cuando no se destinaron fuerzas a la reserva táctica.
El propósito de la contraofensiva, la antiexploración y las CMC2 es el
de retardar o minimizar el efecto del poder de fuego enemigo, hasta
tanto el propio poder de fuego se torne eficaz.
La defensa no domina el combate en el mar, y pocas veces resultó ser
algo más que fuerza dilatoria.
Las defensas han evidenciado sorprendente capacidad de recupera
ción para responder a las nuevas armas e impedir su efectividad;
por ejemplo, cuando la coraza superó a las balas de cañón y se
tuvo que recurrir al espolón; o cuando las defensas antiaéreas
norteamericanas superaron a los aviones tripulados japoneses,
quienes tuvieron que recurrir a los kamikaze.
Toma más tiempo reponer unidades navales que reemplazar efectivos
terrestres. Esto, sumado al dominio de la ofensiva en el mar, hace que
exista mayor recelo de arriesgar fuerzas navales que terrestres.
El comando táctico siempre advirtió la necesidad de compatibilizar la
exploración con el alcance de las armas y su velocidad de proyección.
Casi siempre la capacidad de exploración disponible será insuficiente.
La antiexploración y su probable explotación son las restricciones
más importantes a la eficacia de la exploración enemiga.
Se han incrementado las posibilidades de sorpresa táctica. La sorpre
sa puede provenir del enemigo, de las fuerzas propias o ser simple
mente accidental.
Dado que ambos bandos poseen hoy la capacidad de proyectar poder
de fuego en pulsos repentinos y devastadores, las consecuencias de la
sorpresa son más serias.
El engaño (esto es, desbaratar el poder de fuego, demorar la explora
ción o burlar el C2) ha adquirido una importancia creciente y hoy es
relevante para el éxito táctico de las acciones de flota.
Han proliferado hs facilidades de C2, pero la creciente demanda de
ellas impone duras exigencias a la tecnología. Los sistemas actuales
de ayuda a la decisión que asimilan el producido de la exploración
brindan un creciente potencial de mejorar la oportunidad de la deci
sión y reducir los tiempos para llevarla a cabo.
2 TACTICAS DE FLOTA Y DEL COMBATE
El combate de hoy es un riesgo de veinticuatro horas al día. De
hecho, siendo hoy tan importante alcanzar anticipadamente
posiciones rela tivas favorables a gran distancia, será difícil definir el
instante de comienzo del combate.
El comando táctico se ha visto obligado a poner más atención en la
exploración a expensas de la atención dedicada a la proyección del
poder de fuego.
En las dos últimas décadas pasadas, las dimensiones y lo intrincado
de las redes de comunicaciones y de sistemas sensores han crecido a
un ritmo muy acelerado.
Las tendencias de la guerra están ligadas a las máquinas.
El comando táctico debe estar predispuesto a reposicionar sus fuerzas
y a sacrificar poder de fuego para reforzar la exploración y el cortinado.
El tiempo y la oportunidad actuando al unísono han sido siempre una
consideración primaria del C2 y en la aplicación de contramedidas al
enemigo.
La primera meta del ejercicio del comando es mantener el control.
Controlar la fuerza es requisito previo a cualquier victoria en el mar.
La apreciación de la situación y su contraparte cuantitativa, la teoría
de los juegos, son herramientas indispensables del C2•
Al efectuar una apreciación de la situación, o realizar cualquier otro
proceso racional de planeamiento, un comando en inferioridad de
fuer zas debe estar dispuesto a correr riesgos si pretende ganar la
batalla. El ritmo con que se ejerce el control de una flota no ha
cambiado mucho a lo largo de la historia. El planeamiento previo,
la doctrina y el adiestramiento, así como la experiencia de combate,
ayudan a minimizar la posibilidad de que un comandante y su flota
sean abrumados por el ritmo del combate.
El diseño de tácticas complicadas es una costumbre de tiempos de
paz. Luego de la primera batalla las tácticas se simplifican.
Las constantes de la guerra se relacionan con el hombre.