(2015) Revista uruguaya de Psicoanálisis (en línea) (121): 207-216 | 207
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reseña del libro
La infancia y sus bordes
Un desafío para el psicoanálisis1
Cristina López de Caiafa2
El libro de Julio Moreno constituye en El libro está dividido en cuatro partes;
realidad un desafío para nosotros, psi- la primera, dedicada a la infancia, el jue-
coanalistas o estudiante de nuestros go y los juguetes; la segunda, al vínculo
institutos, o para todos aquellos afines entre padres y niños; la tercera, al trán-
al psicoanálisis, y nos desafía al poner sito adolescente; la cuarta, a lo cuántico
en cuestión cosas que tendemos a dar y conectivo.
por sentadas. Es producto de una obser- Desde su primer capítulo y sin anes-
vación fina y de una reflexión profunda tesia, nos sacude la modorra al colocar-
y sostenida que va incorporando, entre- les un signo de interrogación a algunas
tejiendo, discutiendo ideas y propuestas certezas con las que nos explicábamos el
surgidas de nuestro campo de clínica, sus presente y nos dirigíamos al futuro. En-
prácticas y teorías, y de otros territorios foca, así, la caída del calor asignado a la
del pensamiento y la investigación (his- tradición, al pasado, determinándonos a
toria, filosofía, antropología, etc.), sean través de marcas dejadas por las gene-
actuales o de épocas pasadas.1 raciones que nos han precedido.
Se vale de la historia del juego y del
juguete en sus proximidades y distancias
1 Moreno, J. (2014). La infancia y sus bordes. con el mito y el rito para ejemplificar el
Un desafío para el psicoanálisis. Buenos vuelco por el cual languidece el condicio-
Aires: Paidós.
namiento del presente por el pasado, y se
1 Miembro titular de la Asociación
Psicoanalítica del Uruguay. caiafa@vera.
pregunta por los efectos de un giro cru-
com.uy cial en el sentido de ese vector temporal.
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Considera que esto ya está ocurriendo amplia gama de los videojuegos. Aquí,
con los juguetes y los tipos de juego. el juego —dice Moreno— consiste en
Ejemplifica, desde su clínica con pa- seguir caminos preestablecidos en los
cientes niños, tipos de juego o, más bien, que lo creativo se reduce al cotejo de
de actividades de apariencia lúdica que, habilidades en secuencias que están
atrapadas en la patología, no dan lugar predeterminadas, como también lo está
a creatividad alguna ni en el plano del el contenido, y el jugador es un usuario.
contenido ni en el del manejo a piacere Del juguete considerado por los
del tiempo, perdiendo así esa fascinante antropólogos (Lévi-Strauss y Agamben)
posibilidad de que en el jugar siempre se como esencia misma de la historia (mi-
pueda revertir el tiempo, volver a empezar. niaturización de objetos pertenecientes
Moreno destaca que más allá de las a épocas pretéritas) y testimonio de la ca-
raíces universales, en cada ser humano, pacidad de transformación del humano,
el nacimiento del juego se da tempra- que muestran el pasado en el presente,
namente en el vínculo con la madre. Se se ha ido pasando a la preferencia infan-
va dando en un contexto afectivo-comu- til por los juegos que anticipan el futuro.
nicativo, constituyéndose en «un acon- Son juegos de anticipación que en todo
tecimiento inaugural de una secuencia caso miniaturizan el porvenir, robots, na-
creativa», basamento de los fenómenos ves espaciales, rayos láser, guerreros con
de la subjetividad. superpoderes para cambiar sexo, edad,
Pasa a describir tipos de juego de succionar energía de otros. Juguetes que
acuerdo con la presencia o la participa- incorporan novedades que tienen que ver
ción creativa del niño, enfocando tam- con futuros posibles.
bién las causas de la atracción por ese El autor especula sobre si esto ten-
juego, es decir, la relación con el placer. drá que ver con que en la era informáti-
Distingue, así, juegos asociativos —en los ca en la que vivimos no hay tiempo para
cuales lo creativo predomina y el juego se perder en evocaciones, y será mejor que
despliega en historias fabulosas siempre niños y adultos se acostumbren a transi-
pasibles de nuevas vueltas de ficción—, tar lo no previsto para estar más acordes
juegos reglamentados —en los que la a los vertiginosos tiempos por venir.
norma acota lo creativo, si bien son posi- Esta inversión del sentido del jugue-
bles algunas trampitas o ciertos cambios te con respecto al tiempo, de la evoca-
de reglamento, frutos de la producción ción a la anticipación, podría estar pre-
imaginativa— y un tercer tipo, de fuerte figurando cambios en la concepción de
presencia hoy: los juegos conectivos, la la infancia y quizás anuncie un cambio
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en lo humano en relación con la Moder- la infancia de la Modernidad, los ideales
nidad que nos precedió. Hoy, los niños imperantes entonces y el futuro que era
están en contacto directo con los medios posible imaginar jugando a «ser grandes»
y son capaces de absorber y conformar- con los modelos emulables y hasta supe-
se de acuerdo con lo que reciben de las rables, ahí en casa (los padres).
pantallas mediáticas, sin mediación de La tecnología cambió los juguetes,
sus adultos. La interfaz medios-niños es la producción masiva —ya no artesa-
mucho más permeable que la que separa nal— los multiplicó y la propaganda los
a los adultos de los medios, y en materia transformó en posesiones, objetos em-
de informática, niños y jóvenes nos ense- blemáticos de consumo y prestigio. Las
ñan a los mayores. promociones de juguetes —los anuncios
Estos nuevos juegos y juguetes ya no se dirigen a los padres— van direc-
valoran el instante y la simultaneidad, to a los niños.
apunta al llamado «tiempo real», la tele- La función del juguete ha cambiado,
transportación, por la cual en instantes ha cedido sus espacios; de preservar el
se puede estar en otro punto, no importa pasado, preparando el futuro imaginado
la distancia a la que se encuentre. Esto, como una versión mejorada del presente,
dice Moreno, sucede todos los días en los a su función de hoy: preparar para la no
dispositivos mediáticos y es lo que pre- previsibilidad, para un futuro contingente
gonan los físicos de la mecánica cuánti- en el que no hay anticipación posible, el
ca. Una partícula y un cuerpo se pueden porvenir es una total incógnita. Aun así,
conectar instantáneamente con otro en viendo jugar a los niños, rescato algo: hay
otro planeta u otra galaxia: es el entrela- veces en las cuales buscan o se inventan
zamiento cuántico. trazas de predictibilidad, y se me ocurre
Los juegos asociativos, que seguían que hay una cierta «cuota» de regularida-
el modelo de la libre asociación, desple- des necesarias a la estructura psíquica
gaban la fantasía interior del niño. Los que no se puede omitir.
juegos conectivos que hoy predominan Vayamos al capítulo 4: «Cambios
en cuanto a concitar preferencias infan- actuales en la familia y su impacto en
tiles están cada vez más por fuera de la infancia y el psicoanálisis». Moreno
aquella fantasía interior, en pos de la parte de una constatación innegable: la
conexión de íconos que hacen aparecer influencia del psicoanálisis ha disminui-
instantáneamente realidades virtuales. do. Plantearse por qué ha sucedido esto
El primer capítulo finaliza con una in- lo lleva —en este momento y más allá
teresante reflexión sobre el proyecto de de otras razones posibles— a proponer
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que la sociedad, «las instituciones fami- trabajo sobre «La más generalizada degra-
lia e infancia y las prácticas de crianza dación de la vida amorosa» (1912).
han ido cambiando con rapidez, lo que Son los avatares de la necesaria
generó subjetividades muy diferentes a convergencia de las corrientes tierna y
los tiempos de Freud», y se pregunta qué sensual sobre un mismo objeto para una
está pasando. sexualidad plena los que impiden esa
Entonces, se aboca en este capítulo a confluencia en las llamadas «impotencias
considerar con qué se encontró Freud en psíquicas». Freud explica esos avatares
lo relativo a la sexualidad, la crianza y la por la crianza cargada de erotismo: «Los
familia en la Modernidad de su tiempo, síntomas no hacen sino hablar sobre
para luego enfocar nuestro tiempo de Pos- que los vínculos de parentesco son inva-
modernidad y sus efectos. De allí emerge didos por el dispositivo de la sexualidad
que «la característica más notoria es la in- incestuosa lo que genera una ruidosa
suficiencia, la inoperancia que muestran turbulencia en el psiquismo que solemos
las instituciones, para dar cuenta de los llamar neurosis», y estas emergen de la
acontecimientos que se precipitan». En su confluencia de la función prohibitiva del
análisis de la situación, el autor enfoca incesto con el ejercicio de una parentali-
la sexualidad y el deseo en tanto motiva- dad promotora de la sensualidad.
ciones inconscientes detrás de cada acto Hace luego un interesante recorrido
humano. En cada época y en cada cultura, por los tiempos históricos previos a esa
lo sexual depende de las estructuras de confluencia que señalara como causal
poder vigentes; en la Modernidad, el po- de la neurosis y también del psicoaná-
der fue ejercido por la Iglesia y el Estado lisis. Describe dos tipos de dispositivos
sobre la sexualidad a través de la fami- que reglamentaban la vida familiar y
lia. Moreno señala que la configuración y la sexualidad: el dispositivo de alianza
las dinámicas de la familia en la Moder- para las condiciones del matrimonio y el
nidad freudiana tuvieron mucho que ver parentesco (sistema de transmisión de
con la forma que adoptó el psicoanálisis nombres y bienes), y el dispositivo que
en esos tiempos. Además, advierte que reglamentaba la sexualidad (cualidad
Freud no ignoraba la importancia de las de placeres prohibidos, permitidos, pro-
modalidades de crianza en las historias movidos). La familia tenía que ver con la
de sus pacientes neuróticos, pero piensa alianza y no se centraba en la crianza de
que quizás creyó que era una propiedad los hijos. Entre los siglos XVII y XVIII se
de lo humano, y no una característica de va dando la concentración de sexualidad
esa época. Esto queda evidenciado en el e hijos en el ámbito de la vida conyugal.
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Charcot, nos recuerda Moreno, fren- y se muestra; me pregunto si será que
te a los cuadros de la patología histérica solo se siente propio así, siendo visto y
imponía, como primera condición para oído por otros, y no por una vivencia per-
la curación, separar al enfermo de su fa- sonal consistente.
milia, como si hubiese entendido que la Los cambios en las formas de cons-
causa del mal era la mezcla de los dis- titución en las estructuras de las familias
positivos de sexualidad y alianza. Freud, de hoy afectan el ejercicio de la función
al ser convocado, respondió de manera otrora básica de la crianza. Las necesa-
diferente: detectó el complejo de Edipo y rias constancias para los niños —tan ca-
creó el psicoanálisis. Los hallazgos psi- ras a vivencias de estabilidad, previsibili-
coanalíticos en ese contexto de la Moder- dad, que aportaban seguridad— se han
nidad reafirmaron la universalidad del visto sacudidas. Ya no se aspira a llegar
Edipo, que quedó instalado en el centro a ocupar lugares establecidos, se percibe
del inconsciente como causa de todo lo más bien la inestabilidad, las situaciones
humano. cambiantes, el movimiento. Hay algo del
Luego, Moreno examina la familia orden de probarlo todo para después ele-
posmoderna. Esta surge por la década del gir qué hacer o qué ser. Pienso que pa-
sesenta; el contrato entre los cónyuges ya recería haberse instalado una ilusión de
no aspira a la permanencia, la atribución omnipotencia, de puedo hacer, puedo ser
de autoridad —otrora de dominio pater- lo que quiera, negando así todo lo que
no— decae, la división de tareas se des- implique las limitaciones, los acotamien-
vanece, aumentan los divorcios, las sepa- tos, en fin, la fragilidad, la instantaneidad
raciones, las recomposiciones conyugales, de la existencia humana. ¿Qué serpiente
etc. Los niños ya no están tan protegidos nos tienta hoy a ser como dioses o a creer
o encerrados en el claustro familiar y los que probarlo todo es igual a saberlo todo
medios masivos de comunicación se in- sin restricciones?
troducen en él con su discurso más y más La segunda parte, dedicada al víncu-
dominante, frente al cual no hay «protec- lo entre padres e hijos, se inicia con un
ción al menor» que valga; los niños se han interesante capítulo sobre la neurosis in-
vuelto, a su vez, el medio privilegiado para fantil. El autor lo propone como algunas
el acceso invasivo de la informática y de notas, pero estas constituyen bastante
los medios a la familia. más, un enfoque muy atento —y, yo di-
Al mismo tiempo, los medios hacen ría, oportuno— sobre el tema al enfocar
posible otro cambio importante: la aboli- relevantes asuntos conceptuales, comen-
ción de la privacidad. Lo íntimo se publica zando por la desaparición del término
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neurosis de la nomenclatura del DSM IV de los adultos, algo que les permite a los
y su reemplazo por trastorno, y lo discute pequeños vivir en la ignorancia y estar
con sutileza. abiertos al mundo que habitan, al tiempo
Considera que las neurosis no son que suponen que sus adultos conocen las
trastornos del bien funcionar; más bien, respuestas a sus enigmas. Sin embargo,
serían «presentaciones de lo normal», nos advierte, no es que el niño crea cie-
algo a transitar durante la existencia, que gamente en lo que dicen «los que saben»,
no se circunscribe a la infancia y que se solo lo supone. Yo me pregunto ¿cómo se
condice con la vida en el mundo civiliza- sitúan y juegan las teorías sexuales in-
do, con las contradicciones que conlleva fantiles en este contexto?
y las renuncias que impone. Es claro que Luego, trabaja la relación del discur-
estas «presentaciones» pueden llegar a so infantil y sus fallas o carencias con
construir patología. diferentes situaciones de la patología,
«La psicopatología infantil estaría ne- y lo hace con referencia a su casuística
cesariamente inmersa en el contexto del y a clásicos casos freudianos. Comunica
vínculo entre padres e hijos, del ambiente después su posicionamiento y sus es-
de crianza y del entorno social». Moreno trategias personales frente a la consulta
cree que la nosografía clásica ha resulta- diagnóstica o la indicación de tratamiento.
do excedida y sería insuficiente para dar El capítulo 7, «Una perspectiva clíni-
cuenta de las consultas por niños en la ca», es una rica oportunidad que Moreno
actualidad. «Hay otras líneas de determi- nos da de asomarnos a la sutileza de su
nación que las que provienen del incons- contacto clínico, incluida su visita a Freud
ciente o, mejor, que eso que llamamos el y Juanito en lo que llama la primera se-
inconsciente está en pleno y vivo contacto sión vincular en la historia del psicoaná-
con el medio». Pero el medio es muy cam- lisis. Asimismo, al «asistir» a esa sesión,
biante, y para los niños supone un enorme puede hacer una lectura algo diferente
trabajo de adaptación. Despliega algo más de la que hizo Freud al tomar en cuenta el
su propuesta del concepto de discurso D. I. y el reordenamiento de sus posicio-
infantil, aquel que reglamente el vínculo nes, lo cual sucedió en la inmanencia de
parentofilial, constituido por el conjunto de la sesión, a diferencia de la intervención
reglas y prácticas que lo rigen, que tienen explicativa de Freud en posición trascen-
efecto subjetivante en hijos y padres, y que dente (le referencia al complejo edípico
varía con las épocas y las sociedades. preexistente).
El discurso infantil incluye los interro- Dos casos clínicos de más de veinte
gantes de los niños y el saber supuesto años atrás son para el autor la oportu-
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nidad de ensayar una suerte de autosu- se transmitían modos de ser y contenidos
pervisión que lo lleva a nuevas hipótesis sociales, culturales, históricos, libidinales.
surgidas de sus actuales propuestas, con Los engranajes del dispositivo afectaban
lo que amplía la perspectiva sobre la efi- por igual a padres e hijos que compartían
cacia patógena y la terapéutica. Pero lo códigos y claves. Pero al producirse la pe-
que me parece interesante es que lo nue- netración de la mass media se generó un
vo del enfoque no anula o descalifica el cambio que significó más y más distancia
anterior, sino que lo enriquece al incluir entre los modos de pensar de adultos y
consideraciones y posicionamientos en niños porque esa penetración no operó
una apertura a nuevas significaciones. igual en padre e hijos. El aspecto conec-
El capítulo 8 analiza pormenoriza- tivo de los vínculos, preponderante en
damente la impronta mediática en el los niños, les confiere una disponibili-
discurso infantil. El discurso infantil de dad mayor a lo abierto de lo no repre-
la Modernidad sigue operando en el sentacional, a diferencia de los adultos,
vínculo parentofilial y sus producciones, que son más afines al comprender que
pero está cambiando rápido y lo hace al al conectar.
compás del accionar de los medios ma- Dejo acá este interesantísimo e in-
sivos de comunicación. La penetración de quietante análisis que continúa haciendo
la realidad informática en los diferentes el autor para dirigirme a pasos largos a la
participantes del discurso es muy dife- tercera parte, sobre el tránsito adolescen-
rente de lo que fue en épocas anterio- te. Se inicia con el capítulo 9, en el que se
res, y ello, a su vez, determina modos muy subraya el tema de la «confrontación ge-
distintos de entender los hechos entre neracional». Esta es desplegada a partir
padres e hijos. En la interfaz que me- de la perspectiva filogenética recorriendo
dia entre ellos hay más diferencia, más desde el animal hasta la hominización,
distancia, menos permeabilidad, menos sirviéndose del mito freudiano de la hor-
códigos compartidos. da primitiva.
Se aboca, entonces, a profundizar El autor sostiene la tesis de la nece-
de qué manera se ha visto afectada hoy sariedad de la confrontación entre padres
«la confrontación generacional», cómo e hijos para que no haya consecuencias
se ven afectados el discurso infantil y el catastróficas en el vínculo o en sus inte-
complejo de Edipo que lo configuran. En grantes. Querer eludir o aplacar la confron-
la Modernidad, el ensamblado entre ellos tación puede llevar a la intensificación de
conformaba una «máquina» de generar, las hostilidades, con las consiguientes
moldear subjetividades de padre e hijos, consecuencias entre padres e hijos o entre
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paciente y analista. (Pienso en Winnicott púber y a su entorno. El chico no puede
y «El odio en la contratransferencia», de entender ni decir lo que le pasa. El diá-
1947, o en el artículo «Conceptos contem- logo se vuelve difícil; entonces, se lo ve
poráneos sobre el desarrollo adolescente», pendiente de las pantallas y las miradas
de julio de 1968, donde plantea con firme- de los otros en búsqueda de algún reflejo
za la necesidad de la confrontación). que le diga algo de sí mismo.
Despliega distintos aspectos del Moreno apunta a la necesidad de
mito de Edipo, enfocando en particular hacer algo con eso emergente perturba-
a Edipo en su adolescencia. Parte de las dor que es el motor de la pubertad, y ese
preguntas que Edipo, como todos los hacer no es fácil; las marcas suplementa-
adolescentes, se formula son: ¿Quién rias capaces de transformar la pubertad
soy? ¿De dónde vengo?, preguntas sur- en el acontecimiento adolescente tienen
gidas de la desazón ante sus cambios algunos requisitos que tocan lo paradojal:
puberales, nuevas marcas en el cuerpo, que lo nuevo pertenezca y no pertenezca a
despertares en lo psíquico y miradas pro- lo histórico, que se construya una historia
pias o ajenas que lo inquietan. Preguntar nueva con cierto viso de continuidad. El
a los padres ya no es una vía confiable autor analiza los posibles decursos (acon-
para obtener respuestas creíbles, ni en tecimiento - catástrofe - detención) y los
la antigua Grecia ni hoy. Llegado este ilustra con dos ejemplos clínicos.
tiempo, es la mirada de los otros —es- En el capítulo 11 se consideran los ri-
pecialmente los pares, reflejada en las tos de pasaje adolescente. Propone que
pantallas— la que se procura para ha- los humanos necesitamos que el entorno
llar alguna confirmación de quién es uno. cultural nos provea de ritos que acompa-
Moreno constata que cualquiera sea el ñen algunos acontecimientos significati-
caso, los padres del adolescente ya no vos. Necesitamos signos que nos advier-
son más los de la infancia, aquellos del tan y prevengan de la inmediatez, como si
discurso infantil; son otros. fuera potencialmente traumática. Señala
El capítulo 10, «La pubertad y el que hay eventos como la adolescencia
acontecimiento adolescente», enfoca la que no siempre se anuncian con claridad.
pubertad como «el tiempo en el que des- Las ceremonias rituales se apropian del
de cambios en el cuerpo a mutaciones hecho y señalan el lugar más o menos
del discurso que envuelven al púber, hay justo, fijando el evento en el calendario.
verdades que comienzan a insistir por Describe ritos de pasaje en tribus de Sud-
inclusión». Se instala un clima de pertur- américa. En ellos, luego del pasaje, los
bación del estado anterior que afecta al que eran niños ya no lo son, ahora son
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adultos. En ellos, la adolescencia es solo mente muy compleja: «Examinar algunas
un punto inextenso. coincidencias entre descubrimientos de
Luego, se refiere a las sociedades ci- la física cuántica, que desafía a la clásica,
vilizadas que carecen de la provisión ins- y hallazgos relacionados con los fenóme-
titucional de ritos efectivos y puntuales nos conectivos que se oponen a los aso-
que involucren a toda la comunidad. De ciativos en el psiquismo».
ahí que los adolescentes se las arreglen No se trata de comparar el psicoaná-
un poco por sí mismos, construyendo ri- lisis y la física en general; lo que señala
tos caseros, propios y particulares que como sugestivo e interesante es la dife-
inauguran un «nosotros». Piensa este rencia y el contrapunto que existe entre
«nosotros» como reconocimiento de la al- los planteos de la cuántica y la física clá-
teridad del grupo con respecto al resto de sica, con la diferencia y confrontación que
mundo. Yo me pregunto si quizás en par- se evidencia entre el acontecer conectivo
te el «nosotros» los tranquilice al «poblar» y el asociativo del psiquismo.
el vacío que viven con un plural que les Considera que hemos transcurrido
provee cierta calma. También, porque trae gran parte de nuestra existencia asocian-
algo parecido al compartir, a los otros les do nuestro modo de pensar al saber de la
pasa «lo mismo», aunque no sepan cla- física clásica y el transcurrir psíquico a lo
ramente qué es. Pienso que con un «atti- asociativo, desechando, expulsando tanto
mo de nostalgia» (Les Luthiers) explora el la realidad cuántica del mundo de la física
fenómeno del rock and roll y sus bandas como la conectiva del universo de las mo-
como nuevos agentes de subjetivación. tivaciones psíquicas. Es probable que esto
Más adelante, enfoca un fenómeno haya contribuido a que ni los fenómenos
actual, como es la prolongación de la ado- conectivos ni los de la física cuántica nos
lescencia en ambas direcciones: se llega resulten accesibles a la intuición.
antes y se permanece más tiempo, y ex- «El régimen psíquico asociativo hace
plora las posibles causas, desde la enor- un trabajo denodado para hacer continuo
me desocupación a las llamadas podas lo fragmentario, y por hacer homogéneo
sinápticas. Finalmente, el autor propone lo disruptivo del transcurrir de nuestras
que la tarea de «ser lo que es y lo que será» vidas». Pero —y empiecen a ponerse ner-
conduce al adolescente a búsquedas o a viosos—, cada vez se hace más evidente
la participación —improvisada o no—, lo la constitución fragmentaria de lo que
que insume, entre otras cosas, tiempo vital. consideramos «la realidad» y el hecho
Capítulo 12. Lo cuántico y lo conectivo. de que «eso» aún no representado nos
Como final, se aboca a una tarea real- afecta. Las causas de eventos singulares
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pueden ser ínfimas, imposibles de detec- en la incertidumbre que esta no cubre,
tar; las cosas no salen de la nada, pero que dejemos libre el paso ocluido por
nos es imposible determinar de dónde las telarañas del saber ya sabido, de la
salieron, muchos hechos pasan a ser búsqueda de causas de todo lo que es,
indeterminables para los humanos. La búsqueda que ocluye la apertura a lo
incertidumbre pasa a ser un principio. incierto, que es por donde la capacidad
No hay un pasado ni una historia única creativa del pensar se expande».
de cada evento, lo cuántico de la física Llegando aquí y recordando el co-
y lo conectivo del psicoanálisis admiten mienzo tradición-transmisión, me pre-
causas que no fueron registradas, como gunto: ¿Qué transmitiremos, en definiti-
partículas mínimas o indetectables, y los va? ¿Será la posibilidad de cambiar y el
hechos no causados por lo representado. deseo de hacerlo? ¿De aceptar novedades
Para terminar, nuevamente, las pala- impensadas? ¿De cohabitar con la igno-
bras de Moreno son las más apropiadas: rancia buscando siempre saber algo más
«Hay una esperanza que permanezca el de nosotros? Vale la pena planteárselo. •
espíritu de zambullirnos, no en la histo-
ria que creemos que nos determinó, sino Agosto de 2014