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Adicción a drogas: causas y tipos

El documento habla sobre la adicción a drogas. Explica que el consumo de drogas ha existido desde los inicios de la civilización y que hay diversas causas para su consumo y consolidación de la adicción, incluyendo factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales. También clasifica las drogas en legales e ilegales y describe los efectos de algunas drogas comunes como la marihuana, cocaína y éxtasis. Finalmente, resume las perspectivas de Freud y Lacan sobre las adicciones desde el psicoan
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Adicción a drogas: causas y tipos

El documento habla sobre la adicción a drogas. Explica que el consumo de drogas ha existido desde los inicios de la civilización y que hay diversas causas para su consumo y consolidación de la adicción, incluyendo factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales. También clasifica las drogas en legales e ilegales y describe los efectos de algunas drogas comunes como la marihuana, cocaína y éxtasis. Finalmente, resume las perspectivas de Freud y Lacan sobre las adicciones desde el psicoan
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Adicción a drogas:

El consumo de drogas es tan antiguo como la historia de la civilización, utilizándoselas con


fines diversos tales como para aliviar momentos de pesar o de tristeza o depresión, para
acompañar festejos o durante ceremonias religiosas. Son diversas las causas o “motivaciones”
del consumo así como también la consolidación de la drogadicción propiamente dicha. La
diversidad de factores intervinientes en la aparición y desarrollo de las adicciones permite
considerarlas un problema multicausal, determinado no solo por factores biológicos y
psicológicos sino también por razones sociales y culturales. Una gran variedad de elementos
contribuyen a la comprensión de la situación: la pobreza, la exclusión social, la inseguridad, la
distorsión de valores, las carencias afectivas y las presiones en el ámbito laboral –entre otros
factores de riesgo- que incrementan la vulnerabilidad, tanto social como individual para el
desarrollo de las adicciones.

Respecto de los tipos de drogas hay clasificaciones varias, si bien de manera sencilla y
sintéticamente se las puede ordenar de la siguiente manera:

Legales: son usadas por un alto porcentaje de la población. Las más frecuentes son: tabaco,
bebidas alcohólicas, fármacos, anabólicos y esteroides. Y entre ellos los ansiolíticos, o
tranquilizantes menores, que disminuyen la ansiedad, mitigando estados de zozobra, inquietud
o agitación son fármacos que ocupan primeros lugares de venta entre los medicamentos en
general. Deben adquirirse con receta archivada, pero es sabido que muchos consiguen dichos
psicofármacos sin prescripción médica en un consumo masivo e indiscriminado.

Ilegales: son aquellas sustancias cuyo consumo está prohibido por ley, y pueden
dividirse en tres grupos:

Narcóticos o depresores: adormecen los sentidos al actuar sobre el sistema nervioso


central (como la marihuana, el opio y la morfina). Una intoxicación aguda con estas sustancias
causa vómitos y disminución de la agudeza sensorial. La heroína o “droga heroica”, heredera
directa de la morfina, es denominada así por los Laboratorios Bayer, donde fuera creada, por
su potencia o “magníficas” propiedades en tanto es tres veces más potente que la morfina. Al
ser consumida generalmente por inyección intravenosa, puede producir intensa sensación de
tranquilidad o sedación, si bien también causa estados de excitación o euforia.

Estimulantes: la más conocida de estas drogas es la cocaína. Da resistencia física, pero


acelera el ritmo cardíaco, provoca parálisis muscular y dificultades respiratorias que pueden
desembocar en un coma respiratorio. Las anfetaminas son un producto de laboratorio
sintetizado originariamente en Alemania a fines de del siglo XIX cuyo efecto más importante es
el aumento de la actividad psicomotora, y que fuera utilizado durante la Segunda Guerra
Mundial para levantar el espíritu combativo y la moral de la tropa así como para eliminar el
cansancio.

Alucinógenos: el éxtasis es el más consumido entre los jóvenes. Su peligrosidad radica


principalmente en que puede causar la muerte por deshidratación o paro respiratorio. Por su
parte, el L.S.D. o ácido lisérgico, no tiene circulación o consumo de importancia en nuestro
país, es un alcaloide derivado de un hongo que ataca el centeno, descubierto por el químico
suizo Albert Hofman en 1943, y provoca mareo, excitación y visiones de formas y colores vivos
y cambiantes.
Las drogas han estado presentes desde los comienzos de la historia de la humanidad,
aunque con el paso del tiempo hayan ido cambiando el tipo de sustancias y las formas de
consumo. Hoy la problemática de las adicciones se presenta como un fenómeno complejo,
dinámico, en evolución, con indicadores propios como el inicio del consumo a edades cada vez
más tempranas, la aparición de nuevas sustancias en el mercado -generadoras de un deterioro
físico y psíquico cada vez más rápido- y diferentes patrones de consumo.

Es claro que en las definiciones anteriormente enunciadas (en Manuales Diagnóstico y


Estadístico de los Trastornos Mentales IV y 5 que utiliza la psiquiatría) el concepto subyacente
es que la droga es la que hace adicto a un sujeto, el consumo reiterado lo convierte en adicto,
e incluso éste es nombrado con su nombre: “drogadicto”, remarcándose el poder de la droga
que llega a ser considerado incontrolable o demoníaco, proponiéndose la siguiente relación:

DROGA SUJETO (drogadicto)

Desde la perspectiva que propone el psicoanálisis la relación se invierte: es el sujeto


quien construye a la droga como tal, le otorga valor de droga. No es el drogadicto quien, en
tanto consume reiteradamente una sustancia queda dependiendo de ella por su acción, por
los efectos que produce, sino que el sujeto le da estatuto o lugar de tal a determinada
sustancia que se constituye en droga para sí, pero puede no ser droga para otros. La relación
sería entonces:

SUJETO DROGA

Así pues, no es droga cualquier sustancia, sino la que el sujeto define para sí como
droga, otorgándosele importancia al sujeto en esta relación.

Veamos las consideraciones sobre las adicciones de Freud y de Lacan, y de otros


psicoanalistas que abordaron el tema.

Es posible ubicar los inicios del estudio sobre las adicciones desde el psicoanálisis en
los trabajos de Freud sobre la cocaína6 , pues si bien sus investigaciones se encuentran
ubicadas en el terreno de la medicina en cuanto a los efectos anestésicos de la droga, su autor
propone consideraciones sobre la relación entre la cocaína y lo anímico que son importantes
remarcar y recuperar para estudiar las relaciones existentes entre lo afectivo y la utilización de
sustancias tóxicas.

En “Uber coca” y en “Coca” (escritos en julio y diciembre de 1884 respectivamente),


Freud se ocupa de investigar los efectos en lo físico del cloruro de cocaína, en dosis
comprendidas entre 0,05 y 0,10 gramos, que consistiría en alegría y euforia constantes.
Estudia, en el primero y más conocido de sus trabajos acerca del tema, las referencias sobre la
planta de coca en la mitología de los pueblos indígenas de Sudamérica, y dice sobre sus
propiedades:“…sacia al hambriento, hace fuerte al débil y permite al desgraciado olvidar su
tristeza”. Y al referirse a las circunstancias en las que el indígena aumenta la dosis ordinaria,
dice:

“Cuando tiene que realizar un viaje difícil, cuando toma a una mujer, o, en general,
siempre que sus fuerzas tienen que hacer frente a una prueba que exige un rendimiento
mayor de lo normal, el indio aumenta su dosis ordinaria” 7 .

Su último trabajo de una serie de cinco dedicados al tema es titulado “Anhelo y temor
de la cocaína” (julio de 1887), en un escrito en el cual se manifiesta la decepción y el abandono
de expectativas que había sostenido respecto de la utilización de la cocaína como anestésico
local en primera instancia y luego aplicada al tratamiento de dolencias psicológicas. Respecto
de la utilización de la cocaína en las curas de supresión de la morfina, la indicación de
reemplazarla por morfina tuvo consecuencias negativas, produciendo graves síntomas físicos y
psicológicos y de allí la decepción que da título al escrito. Describe Freud en él:

“Los pacientes empezaron a apropiarse de la droga por su cuenta y se convirtieron en


adictos a la cocaína como antes lo habían sido de la morfina... Pronto se supo que la cocaína
utilizada de esta forma es más peligrosa que la morfina. En lugar de un lento marasmo se
produce aquí una deteriorización física y moral rápida, unos estados alucinatorios con
agitación similares al delirium tremens, una manía persecutoria crónica, que en mi experiencia
se caracteriza por la alucinación de pequeños animales que se mueven por la piel, y la adicción
a la cocaína en lugar de adicción a la morfina. Tales fueron los tristes resultados obtenidos al
tratar de expulsar al demonio por medio de Belcebú”8

Aunque decepcionado, continúa sosteniendo Freud la conveniencia del uso de la


cocaína, entre otros, en casos de melancolía acompañada de mutismo, que con aplicaciones de
inyecciones de cocaína tuvieron evolución favorable, consiguiéndose que las pacientes, ya que
investigó en mujeres, con este tratamiento volvieran a hablar.

Este último escrito marca el cierre de la investigación realizada por Freud sobre los
efectos anestésicos de la cocaína. Sin embargo, no deja de preocuparse por el tema de las
adicciones, pudiéndose encontrar planteos varios a lo largo de su obra respecto de las mismas
y acerca de la droga. Así pues, en carta dirigida a Fliess, de fecha 22 de diciembre de 1897,
sugiere Freud:

“Se me ha abierto la intelección de que la masturbación es el único gran hábito que


cabe designar «adicción primordial», y las otras adicciones sólo cobran vida como sustitutos y
relevos de aquella (el alcoholismo, morfinismo, tabaquismo, etc.)” 9

Refiriéndose al malestar en la cultura, Freud define a los tóxicos como “quitapenas” 12


que permitirían esquivar los límites que la realidad impone al sujeto, refugiándose en un
mundo que ofrecería mejores condiciones de sensación, en una definición que parecería tener
relación con las ideas planteadas en la carta 79 a Fliess a la que hacíamos referencia, como
existencia de un estado expectante referido a la pretensión del reencuentro de un estado
mítico, de fusión con el otro materno, proveedor incondicional de alimento y dador de alivio y
protección, “sentimiento oceánico”, dice Freud. En las adicciones se mantendría vivo el anhelo,
y la sustancia intoxicante vendría al punto de sostener la ilusión de que el reencuentro sería
posible. Sostiene Freud en “El malestar en la cultura”:

La droga ofrece un goce por el cual puede llegar a perderse el sujeto como tal, el sujeto
de la palabra, re-jerarquizándose la dimensión de la necesidad en la adicción a drogas
propiamente dicha. Podríamos pensar que es posible hablar de un “sujeto del goce”, que porta
“la solución” por medio de la cual obtiene un goce que no pasa por el Otro. Goce remite a algo
que está más allá del principio del placer, en un exceso o exacerbación de la satisfacción que
se encuentra con la pulsión de muerte, en la repetición, que evoca la búsqueda “loca” del
objeto perdido, del tiempo mítico del suministro incondicional, sin falta alguna.

Conceptos de otros autores desde el psicoanálisis:


Un concepto que podemos tomar para entender el fundamento de las adicciones es el
que propone Winnicott, en “Miedo al derrumbe”, al enunciar la expresión “Agonías
primitivas”, para intentar dar cuenta de un estado de cosas impensable, que remitiría a otro en
realidad ya sucedido: una agonía original pero que el sujeto teme ocurra en cualquier
momento, como si fuera por vez primera, y que alude a una muerte que se prolonga
agónicamente y no se puede saldar21. En las adicciones a drogas el intento es escapar a ese
estado anímico mortífero o devastador.

Siguiendo esta línea de pensamiento, podemos citar el aporte de Sylvie Le Poulichet,


en “Toxicomanías y psicoanálisis”, quien propone considerar a las toxicomanías como:
Conclusión

Las drogas despiertan sensaciones varias: placenteras, tranquilizadoras, inquietantes, o


pueden producir alucinaciones, y cada quien puede acercarse a ellas y consumirlas en diversas
medidas, sin que la cantidad sea lo definitorio para pensar en la existencia de una adicción,
pues el sujeto puede ser libre de hacerlo y de dejar de hacerlo en tanto la droga no sostenga
su ser. Freud decía con toda claridad, en "El malestar en la cultura", que el hombre necesitaba
de “lenitivos” para aliviar el dolor que el vivir supone. Se considera drogadependencia o
drogadicción “vera” cuando el consumo de drogas está al servicio de reforzar la desmentida o
la oposición a la ley en todas sus expresiones, que, decíamos tramos atrás, nos habla de una
posición ultra-desafiante del sujeto ante la falta.

Podríamos decir, recurriendo a conceptos que propone Lacan, que en la problemática


de las patologías del acto, drogadicción y alcoholismo incluídos en ellas, habría un déficit
importante en la función paterna, en el significante del Nombre del Padre, de dimensión o
categoría diferente a su ausencia en las psicosis. En este caso el sujeto no posee sostén
identificatorio suficientemente fuerte como para "bancarse" o soportar la angustia o la
depresión.

Para concluir, como síntesis posible, planteemos las diferencias hasta aquí enunciadas:

* Hay casos en los cuales el consumo se inicia probando drogas, incitado muchas veces
por el grupo de amigos, o bien recurriendo al tóxico en situaciones puntuales inmanejables
circunstancialmente, o incluso consumiendo sólo por placer. No podríamos sostener que por el
hecho de que haya consumo de drogas se pueda hablar de un “caso” de drogadependencia, en
tanto en esta circunstancia la droga puede presentarse como refuerzo del sostén
identificatorio durante un tiempo y luego es abandonada u ocupa un lugar accesorio según la
elaboración en cada quien realizada.

* El problema se plantea cuando el “ser drogadicto” se instala como carta de


presentación con la que supone el otro debe poder construir los atributos relativos a su “ser”,
y es “la” solución que se construye para, supuestamente, responder a los enigmas de la vida, a
los límites o a la castración. Estaríamos en tan circunstancia en presencia de lo que
denominábamos “patologías del acto”. En ellas el sujeto no soporta las diferencias y recurre la
droga que las borra pues iguala a todos: “drogadictos”, “del palo”, y el sujeto se muestra
poseedor de certeza, sin preguntas, porque las dudas, los interrogantes, angustian en tanto
dicen de la falta, de la castración, de la muerte. Y a través del acto, del actuar, en alcoholismo
o en drogadicción, así como en otras patologías del acto, se intenta eludir o borrar intensa
angustia o devastadora depresión. Se instala la creencia de ser dueño de un saber sin fisuras
para el cual no son necesarias las palabras, perdiendo éstas valor de intercambio, aunque
muchos piensan que existe diálogo en los grupos de drogadictos. En realidad, a la palabra los
drogadependientes le atribuyen una cualidad especial: que permitiría la transmisión de
pensamiento, suponiendo que, mágicamente, con una palabra se puede decir “todo”,
conformándose de esta forma la jerga de los “drogones”.con palabras-frases, algunas de cuyas
expresiones son adoptadas por los jóvenes y luego se extienden en el uso popular. Freud decía
en esta línea de pensamiento, en una carta a un colega, que los toxicómanos no podían
abandonarse al juego de la palabra, en expresiones que podríamos enlazar a su definición de
las drogas como “quita-penas” que permitirían construir un mundo optativo, desde la ilusión,
en el cual refugiarse evitando la angustia.

En la actualidad el problema de la drogadicción adquiere dimensión diferente a las de


otros momentos histórico-socio-culturales, y el drogadicto se presenta como el mejor
adaptado a las reglas del consumo. Es el “mejor alumno”, obediente, y por ello dependiente
aunque suponga ser abanderado de la rebeldía. Y es dependiente no sólo ya de la droga, sino,
fundamentalmente de un Otro social que le vende la posibilidad de logro de la inmediatez del
goce, éxito individual y solitario, casi sin mayores esfuerzos, sólo con poder comprar u obtener
y consumir una mercadería llamada “droga” que lo aloja en ese otro mundo de “ser
drogadicto”.

Bibliografía:

Barrionuevo, J. (2010): “Drogadicción en la adolescencia”. Bs. As.: Gabas editorial.

Barrionuevo, J. (2011). Adolescencia y juventud. Editorial EUDEBA.

Barrionuevo, J. Compilador (2012). La angustia en la clínica con adolescentes.

Editorial EUDEBA.

Freud, S. (1884/87): “Escritos sobre la cocaína”. Editorial Anagrama. Barcelona. 1980.

Freud, S. (1896): “Fragmentos de la correspondencia con Fliess”. Carta 79. Obras

completas. Amorrortu editores.

Freud, S. (1930): “El malestar en la cultura”. Obras completas. Amorrortu editores.

Lacan, J. (1976): Palabras de Apertura a Jornadas de Cartels.

Lacan, J. (1972): Seminario 20 “Aun”. Bs. As. Editorial Paidós.

Le Poulichet, S. (1990): “Toxicomanías y psicoanálisis”. Bs. As.: Amorrortu editores.

Bs. As. 1990.

Winnicott, D. (1991): “Miedo al derrumbe”, en “Exploraciones psicoanalíticas”. Bs. As.:

Editorial Paidós,

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