0% encontró este documento útil (0 votos)
114 vistas11 páginas

La Revelación

Este documento discute la idea de la revelación divina. Sostiene que existe una revelación general de Dios a través de la creación natural, pero que esta revelación es insuficiente debido al pecado humano. Argumenta que se requiere una revelación especial sobrenatural a través de la Biblia para proveer un conocimiento completo y confiable de Dios y las cosas espirituales. Finalmente, analiza las diferencias entre la revelación natural y sobrenatural, y entre la revelación general y especial.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
114 vistas11 páginas

La Revelación

Este documento discute la idea de la revelación divina. Sostiene que existe una revelación general de Dios a través de la creación natural, pero que esta revelación es insuficiente debido al pecado humano. Argumenta que se requiere una revelación especial sobrenatural a través de la Biblia para proveer un conocimiento completo y confiable de Dios y las cosas espirituales. Finalmente, analiza las diferencias entre la revelación natural y sobrenatural, y entre la revelación general y especial.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La revelación

La idea de la religión conduce a la de revelación. Aunque muchas veces se


ha intentado explicar la religión independientemente de la revelación, en
la actualidad se cree cada vez más que toda religión tiene su origen en la
revelación. Y éste es el más acertado punto de vista al respecto. Si Dios no
se hubiera revelado, habría sido imposible para el ser humano conocerle,
y no hubiera sido posible tener religión en general.

A. Observaciones generales acerca de la revelación. Antes de considerar


las diferentes clases de revelación que Dios ha concedido al ser
humano, es necesario hacer algunas observaciones generales acerca de
la revelación.

1. La idea de la revelación. El intelecto humano es incapaz de com-


prender totalmente a Dios. El ser humano no puede conocer a Dios
en lo más profundo y recóndito de su divino ser. Sólo el Espíritu de
Dios puede examinar las profundidades de Dios (1 Co. 2:10). Es
imposible que el ser humano llegue a tener un conocimiento
perfecto de Dios, porque para lograr esto tendría que ser superior a
Dios. La pregunta en el libro de Job niega enfáticamente que el ser
humano sea capaz de comprender al Infinito: «¿Puedes adentrarte
en los misterios de Dios o alcanzar la perfección del Todopoderoso?»
(Job 11:7). Sin embargo, es posible que el ser humano llegue a
conocer a Dios en proporción adecuada a sus necesidades
2. Diferencias en la idea de revelación. Con el pasar del tiempo se
logró distinguir dos clases de revelación divina: la revelación natural
y sobrenatural, y la revelación general y especial. En términos
generales, hay aspectos paralelos entre estas dos clases, aunque
también poseen diferencias particulares que merecen atención.

a. La revelación natural y sobrenatural. Esta diferencia se basa en el


modo en que Dios se revela. En realidad, toda revelación es de
origen sobrenatural porque proviene de Dios. Sin embargo, existe
una diferencia en el modo en que Dios se revela. La revelación
natural es aquella que se manifiesta por medio de los fenómenos
de la naturaleza y que incluye la propia formación del ser
humano. No es una revelación que se comunica por medio de
palabras, más bien se manifiesta por medio de hechos concretos,
lo cual es sumamente significativo. Hablando figuradamente, se
puede decir que la naturaleza es como un gran libro en el que Dios
ha escrito con letras grandes y pequeñas, y del que se puede
aprender acerca de la bondad y la sabiduría de Dios, de «su eterno
poder y naturaleza divina» (Ro. 1:20). Por otra parte, la revelación
sobrenatural es aquella en la que Dios interviene en el curso
natural de los eventos, los cuales usa de un modo sobrenatural,
incluso cuando usa medios naturales para intervenir tales como
los sueños y la comunicación oral directa. Es una revelación
verbal y que se basa en la realidad, en la cual las palabras explican
la realidad y ésta ilustra las palabras.

b. La revelación general y especial. La segunda diferencia gira en torno


a la naturaleza y el objeto de la revelación de Dios. La revelación
general radica en la creación y en las relaciones generales que Dios
tiene con el ser humano. Esta revelación se dirige al ser humano,
el cual es considerado simplemente una criatura de Dios portadora
de su imagen, y tiene como meta cumplir el propósito para lo cual
el ser humano fue creado; esto puede lograrse únicamente cada
vez que éste conozca a Dios y goce de la comunión con él. Por otra
parte, la revelación especial radica en la obra redentora de Dios; se
dirige al ser humano como pecador; se adapta a las necesidades
morales y espirituales del ser humano caído; y tiene como
propósito conducir al pecador a Dios por medio del conocimiento
especifico del amor redentor de Dios revelado en Cristo Jesús. Esta
revelación no es como la revelación general, luz que alumbra a
todo ser humano, sino que es una luz que ilumina el camino de
aquellos que el Espíritu Santo ha hecho receptivos a la verdad.

3. Negación de la revelación divina. De una u otra forma, se ha negado


muchas veces la existencia de la revelación divina. Se ha negado la reve-
lación general y la especial, aunque la primera en menor grado que
la última.

a. Negación de la revelación general. Es obvio que el ateo rechaza todo


tipo de revelación dado que niega la misma existencia de Dios. Y
lo mismo hace el agnóstico, que no cree que el ser humano pueda
conocer a Dios y se refiere a él como el gran Incognoscible. Los
panteístas a veces aparentan creer que Dios se revela. Sin
embargo, la idea de revelación no encaja en su esquema de
creencias, porque no reconocen la existencia de un Dios personal
que puede revelarse consciente y voluntariamente; y aunque lo
reconocieran, Dios no tendría ningún objeto al cual revelarse,
porque para ellos Dios y el ser humano son una misma cosa.

b. Negación de la revelación especial. El deísmo del siglo dieciocho,


aunque reconocía la revelación general de Dios, negó la
necesidad, la posibilidad y la realidad de toda revelación especial
sobrenatural. Consideró que la revelación general era suficiente
incluso para el ser humano caído, y presupuso que esa revelación
no reflejaba con suficiencia la sabiduría o el poder de Dios. Parece
que se quería dar a entender que a Dios le faltaba la sabiduría
suficiente o el poder necesario para crear bajo toda condición un
mundo que cumpliera con todos los requisitos de una revelación
divina. Bajo la influencia del idealismo panteísta, la teología
liberal de la actualidad también niega la revelación especial de
Dios. Relega la Biblia a una parte de la revelación general de Dios
y sencillamente elimina la diferencia entre lo natural y lo
sobrenatural.
B. La revelación general. Si bien es cierto que al presente la revelación
general y la especial coexisten en forma paralela, se debe tratar primero
con la revelación general ya que ésta ocurrió antes que la especial.
1. La idea de la revelación general de Dios. La revelación general no
llega al ser humano en la forma de comunicación verbal directa. Esta
revelación consiste en la personificación del pensamiento divino en
los fenómenos de la naturaleza, en la constitución general de la
mente humana y en los hechos de la experiencia o de la historia.
Dios habla al ser humano en toda su creación, en las fuerzas y
poderes de la naturaleza, en la constitución de la mente humana, en
la voz de la conciencia, y en el gobierno providencial del mundo en
general y de las vidas de las personas en particular. El poeta canta:
«Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra
de sus manos. Un día comparte al otro la noticia, una noche a la otra
se lo hace saber» (Sal. 19:1, 2). Y Pablo dice: «Porque desde la
creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su
eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través
de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa» (Ro. 1:20). Esta
revelación general nunca ha sido exclusivamente natural, sino que
siempre ha tenido una dosis de lo sobrenatural. Incluso antes de la
caída del ser humano, Dios se reveló a éste en forma sobrenatural en
el pacto de obras. Y durante el transcurso de la historia de la
revelación, Dios se reveló repetidamente de modo sobrenatural y
fuera de la esfera de la revelación especial (Gn. 20:3ss.; 40:5ss.; 41:lss;
Jue. 7:13; Dn. 2:lss.).

2. La insuficiencia existente de la revelación general en la actuali-


dad. Mientras que los pelagianos, los deístas y los racionalistas
concuerdan con respecto a la revelación general de Dios, afirmando
que ella es suficiente para las necesidades actuales del ser humano,
los católicos romanos y los protestantes concuerdan con respecto a
su insuficiencia. Hay varias razones por las que debe considerarse
insuficiente:

a. El pecado ha alterado tanto la revelación general como la capacidad del


ser humano para recibirla. El pecado ha teñido toda la creación
debido a la caída del ser humano. La corrupción entró en la
hermosa obra de Dios y obscureció su testimonio, aunque no lo
eliminó por completo. Es cierto que la naturaleza todavía muestra
las características de su origen divino, pero está ahora llena de
imperfecciones y ha llegado a ser presa de fuerzas destructoras. Ya
no es la revelación clara que una vez era. Además, el pecado cegó
al ser humano de modo que no puede entender el mensaje divino
en la naturaleza, y se ha vuelto propenso al poder del error y de la
perversión. Debido a esto, el ser humano se opone a la verdad por
medio de su maldad e incluso cambia la verdad por la mentira
(Jn. 1:5; Ro. 1:18, 25; Ef. 4:18; Col. 1:13; 1 Jn. 2:9, 11).

b. La revelación general no proporciona un conocimiento completamente


fidedigno de Dios y de las cosas espirituales. En virtud de los hechos
mencionados en el párrafo anterior, el conocimiento de Dios y de
las cosas espirituales y eternas que la revelación general propor-
ciona, es demasiado incierto como para constituir una base digna
de confianza sobre la que se pueda construir para la eternidad; y
el ser humano no puede darse el lujo de depositar sus esperanzas
para el futuro sobre incertidumbres. La historia de la ciencia y de
la filosofía demuestra con claridad que la revelación general no es
guía segura ni cierta. Se han construido sistemas filosóficos uno
tras otro, solo para ser desechados por la siguiente generación. «A
nuestros pequeños sistemas humanos les llega su día; sí, les llega
el día en que pronto se acaban» (Lord Alfred Tennyson, 1847).

c. La revelación general ni siquiera proporciona una base adecuada para


la religión en general. La historia de la religión —y esto se reconoce
cada vez más— manifiesta que no existen religiones basadas
exclusivamente en la revelación general. Es cada vez más evidente
que no existe ni puede existir una religión puramente natural.
Todos los pueblos de la tierra recurren a cierta revelación especial,
que según ellos la reciben de sus dioses y que sirve de base para su
religión.

d. La revelación general es totalmente insuficiente como base para la


religión cristiana. Podemos recibir de la revelación general cierto
conocimiento acerca de la bondad, la sabiduría y el poder de Dios,
pero no podemos conocer a Cristo, quien es el único camino de
salvación (Mt. 11:27; Jn. 14:6; 17:3; Hch. 4:12). La revelación
general no nos enseña nada acerca de la gracia salvadora, del
perdón y de la redención y, por lo tanto, no puede librar a los
pecadores de la esclavitud del pecado y guiarlos a la gloriosa
libertad de los hijos de Dios. Ella no es parte del proceso redentor
que Dios ha provisto para la salvación del ser humano. Ésta es la
razón principal de su insuficiencia. Dios ha querido salvar a los
pecadores para la gloria de su nombre, y por eso fue necesario
enriquecer a la humanidad con una revelación especial, la
revelación de la gracia redentora en Cristo Jesús.

3. El valor y significado de la revelación general. El hecho de que


después de la caída del ser humano la revelación general de Dios
haya sido reemplazada por una revelación especial, podría causar
que subestimemos la primera. Sin embargo, jamás debemos olvidar
que la revelación original de Dios sigue siendo de gran importancia.

a. Con respecto a los que no profesan la religión cristiana. La revelación


general de Dios, incluyendo los elementos sobrenaturales que
fueron transmitidos de generación a generación y que se vuelven
irreconocibles debido a tanta distorsión, proporciona el
fundamento firme y duradero para aquellos que no profesan la
religión cristiana. Es en virtud de esta revelación que incluso éstos
se sienten descendientes de Dios (Hch. 17:28); que buscan a Dios,
aunque a tientas lo encuentren (Hch. 17:27); que contemplan en
la naturaleza el eterno poder y la naturaleza divina de Dios (Ro.
1:19, 20); y que cumplen por naturaleza lo que la ley exige (Ro.
2:14). Aunque vivan en la obscuridad de la ignorancia y del
pecado, perviertan la verdad cambiándola en mentira y sirvan a
dioses que no son sino mentira y vanidad, sin embargo, partici-
pan de la iluminación del Logos y de la operación general del
Espíritu Santo (Gn. 6:3; Job 32:8; Jn. 1:9; Ro. 2:14, 15; Hch. 14:16,
17; 17:22-30). Como resultado, aunque la Escritura describe estas
religiones como falsas, éstas contienen elementos de verdad que
proporcionan puntos de contacto para ej mensaje del misionero
cristiano.

b. Con respecto a los que profesan la religión cristiana. Cuando Dios


ofreció su revelación especial, no la puso sencillamente a un lado
de su revelación original, sino que incorporó en ella las verdades
halladas en su revelación general, rectificó las distorsiones y las
interpretó para la humanidad. Por lo tanto, el cristianismo lee
ahora la revelación general de Dios usando los ojos de la fe y a la
luz de la Palabra de Dios. Por esta misma razón es capaz de ver la
mano de Dios en la naturaleza y sus huellas en la historia. El
cristianismo ve a Dios en todo lo que le rodea, y es por eso que
puede apreciar al mundo en forma adecuada. Pero si la revelación
especial genera una verdadera apreciación de la revelación
general, es igualmente cierto que la revelación general promueve
un entendimiento verdadero de la revelación especial. La Escri-
tura puede entenderse completamente sólo cuando se la compara
con el trasfondo de la revelación de Dios en la naturaleza. Muchas
veces, dicha revelación ayuda a dar los primeros pasos hacia el
entendimiento de la Escritura. Además, la revelación general
ofrece al cristianismo y a las demás religiones una base común en
la que pueden encontrarse y entablar diálogo. La luz del Logos
que ilumina a todo ser humano sirve también como lazo que los
une. Por último, se debe también a la revelación general de Dios
que su revelación especial no esté, por decirlo así, suspendida en
el aire, sino que haga contacto con la vida del mundo en todos sus
aspectos. La revelación general sostiene la relación entre la
naturaleza y la gracia, entre el mundo y el reino de Dios, entre el
orden natural y el moral, entre la creación y la nueva creación.

C. La revelación especial. Junto a la revelación general en la naturaleza y


en la historia tenemos una revelación especial que ahora se halla
incorporada en la Escritura. La Biblia es por excelencia el libro de la
revelación especial. En esta revelación las palabras y hechos van juntos;
las palabras interpretan los hechos y los hechos personifican a las
palabras.

1. La necesidad de la revelación especial. Debido a la entrada del


pecado en el mundo, la revelación general de Dios fue obscurecida y
corrompida, de modo que el testimonio de Dios en la naturaleza y en
la misma constitución del ser humano no es tan legible ahora como
lo era en la aurora de la creación. Además, el ser humano quedó
sujeto a los poderes de las tinieblas y la ignorancia, del error y la
incredulidad; la ceguera y la perversión le impiden entender
adecuadamente los vestigios que quedan de la revelación original. Se
deleita incluso en cambiar la verdad de Dios por la mentira. La
revelación general ha dejado de proveer al ser humano un conoci-
miento confiable acerca de Dios y de las cosas espirituales. El ser
humano ya no puede entender adecuadamente dicha revelación, y
ésta es incapaz de restaurar la amistad que el ser humano gozaba con
Dios. Por consiguiente, se necesitaron operaciones especiales divinas
que tuvieron cuatro propósitos en mente: (a) corregir e interpretar
las verdades que se recolectan de la revelación general; (b) iluminar
al ser humano para que pueda volver a entender el testimonio de
Dios en la naturaleza; (c) proveerle al ser humano una revelación del
amor redentor de Dios; y (d) cambiar totalmente la condición
espiritual del ser humano, redimiéndolo del poder del pecado y
dirigiéndolo de vuelta a una vida de comunión con Dios.
2. Los medios para comunicar la revelación especial. En general, los
medios que Dios usa para comunicar su revelación especial pueden
resumirse en tres clases:
a. Teofanías o manifestaciones visibles de Dios. Según la Escritura, Dios
no es solamente un Dios distante, sino también un Dios cercano.
En el tiempo del Antiguo Testamento Dios habitó simbólica-
mente entre los querubines (Sal. 80:1; 99:1). Manifestó su
presencia en llamas de fuego y entre densas nubes (Gn. 15:17; Éx.
3:2; 19:9, 16s.; 33:9; Sal. 78:14; 99:7), en tempestades Qob 38:1;
40:6; Sal. 18:10-16), y en un suave murmullo (1 R. 19:12). Todas
éstas fueron muestras de su presencia en las cuales reveló algo de
su gloria. Entre las apariciones del Antiguo Testamento, la del
«ángel del Señor» ocupa un lugar especial. Es indudable que este
ángel no fue un ser creado. Por una parte se distingue de Dios (Ex.
23:20-23; Is. 63:8, 9), pero por otra parte se identifica con Dios
(Gn. 16:13; 31:11, 13; 32:28). La opinión predominante afirma
que este ángel era la segunda persona de la Trinidad (véase Mal.
3:1). La teofanía alcanzó su punto culminante en la encarnación
de Cristo, en quien Dios le agradó habitar con toda su plenitud
(Col. 1:19; 2:9). En Cristo la iglesia llega a ser el templo del Espíritu
Santo (1 Co. 3:16; 6:19; Ef. 2:21). La presencia de Dios entre los
seres humanos alcanzará una mayor realización, cuando la Nueva
Jerusalén descienda del cielo y Dios erija su tabernáculo en medio
de ellos.
b. Comunicaciones directas. Dios comunicó de varias maneras sus
pensamientos y su voluntad a los seres humanos. En ocasiones
habló con voz audible a los mediadores humanos de su revelación
(Gn. 2:16; 3:8-19; 4:6-15; 9:1, 8,12; 32:26; Éx. 19:9; Dt. 5:4, 5; 1 S.
3:4). En otros casos se valió de medios como el sorteo y el urim y
el tumim (1 S. 10:20, 21; 1 Cr. 24:5-31; Neh. 11:1; Nm. 27:21; Dt.
33:8). Los sueños eran un medio de revelación muy común (Nm.
12:6; Dt. 13:1-6; 1 S. 28:6; Jl. 2:28), y se usaron también en
revelaciones a no israelitas (Gn. 20:3-6; 31:24; 40:5; 41:1-7; Jue.
7:13). Las visiones eran una forma de revelación parecidas a los
sueños aunque superiores. Éstas eran muy comunes en el caso de
los profetas (Is. 6; 21:6s.; Ez. 1-3; 8-11; Dn. 1:17; 2:19; 7-10; Am.
7-9). Los profetas recibieron estas visiones cuando estaban
despiertos y algunas veces en presencia de otros (Ez. 8:lss.). Sin
embargo, era más común que Dios se revelara a los profetas
mediante la iluminación interna del espíritu de revelación. En el
Nuevo Testamento, Cristo aparece como el profeta insuperable y
verdadero, y en cierto sentido, el único profeta. Cristo revela su
Espíritu, que es también el espíritu de revelación e iluminación
para todos los que creen (Mr. 13:11; Le. 12:12; Jn. 14:17; 15:26;
16:13; 20:22; Hch. 6:10; 8:29). En Cristo todos los que le
pertenecen han recibido la unción del Santo y conocen la verdad
(1 Jn. 2:20).

c. Milagros. Según la Escritura, Dios se revela también por medio de


milagros. Es importante estudiar los milagros de la Biblia desde este
punto de vista. Si bien es cierto que los milagros generan asombro,
no equivalen a los supuestos milagros de las religiones no
cristianas, los cuales son básicamente prodigios que producen
asombro en los seres humanos. Los milagros son sobre todo
manifestaciones de un poder especial de parte de Dios, son
muestras de la presencia especial de Dios y sirven muchas veces
para simbolizar verdades espirituales. Los milagros se subordinan
a la gran obra de redención, en calidad de manifestaciones del
reino de Dios que se sigue realizando. Por consiguiente, sirven
muchas veces para castigar a los malvados y para ayudar o rescatar
al pueblo de Dios. Los milagros confirman las palabras de la
profecía y señalan el nuevo orden que Dios está estableciendo.
Además, los milagros de la Escritura alcanzan su grado más elevado
en la encarnación, el milagro más grande y central de todos. En}
Cristo, el milagro absoluto todas las cosas son restauradas y se le
devuelve a la creación su belleza original (Hch. 3:21).
3. El contenido de la revelación especial. Hay tres cosas que merecen
ser tratadas en forma singular con relación al contenido de la
revelación especial de Dios.
a. Es una revelación de redención. La revelación especial no tiene como
fin comunicar al ser humano tan sólo un conocimiento general
de Dios. También sirve para revelarle un conocimiento específico
del plan divino para la salvación de los pecadores; de la
reconciliación de Dios y los pecadores en Jesucristo; del camino de
salvación inaugurado por su obra redentora; de la influencia
transformadora y santificadora del Espíritu Santo; y de los
requisitos divinos para los que participan de la vida del Espíritu. Es
una revelación que renueva al ser humano, ilumina su mente,
inclina su voluntad hacia el bien, llena su ser de afectos santos y
lo prepara para su hogar celestial.

b. Es una revelación de hechos y palabras. Esta revelación de Dios no


consiste exclusivamente en palabras y doctrina, y no se dirige tan
sólo al intelecto. Dios no se revela únicamente en la ley y en los
profetas, en los evangelios y en las epístolas, sino también en la
historia de Israel, en el culto ceremonial del Antiguo Testamento,
en teofanías y milagros, y en los hechos redentores de la vida de
Jesús. Además, la revelación especial no proporciona únicamente
un conocimiento del camino de salvación, sino que también
transforma la vida de los pecadores, cambiándolos en personas
santas.

c. Es una revelación que acaece en la historia. El contenido de la


revelación especial se fue manifestando gradualmente con el
transcurrir de los siglos. Por tanto, se va desarrollando en forma
cronológica y gradual a través de la historia. Las grandes verdades
de la redención aparecen en un principio algo oscuras, pero
gradualmente se van aclarando hasta que finalmente en la
revelación del Nuevo Testamento aparecen con todo su
esplendor. Por medio de las teofanías, las profecías y los milagros,
Dios se acerca constantemente al ser humano. Este acercamiento
alcanza su punto más elevado en la encarnación del Hijo de Dios
y en la presencia del Espíritu Santo en la iglesia.
Preguntas de repaso
1. ¿En qué consiste la revelación divina?
2. ¿Cuál es la diferencia entre la revelación natural y la sobrenatural?
3. ¿Cuál es la diferencia entre la revelación general y la especial?
4. ¿Quiénes niegan la revelación general?
5. ¿Quiénes niegan la realidad de la revelación especial?
6. ¿Cuál es la naturaleza de la revelación general de Dios?
7. ¿Por qué es insuficiente la revelación general para las necesidades
actuales de la raza humana?
8. ¿Qué valor tiene la revelación general para el mundo no cristiano?
9. ¿Cuál es su significado para el cristianismo?
10. ¿Por qué es necesaria la revelación especial?
11. ¿Cuáles son los medios para comunicar la revelación especial? '
12. ¿Cuáles son las características de la revelación especial de Dios?

También podría gustarte