Resumen Obra Completa
Resumen Obra Completa
Eneas, príncipe de Dardania, huye de Troya tras haber sido quemada ésta por el ejército
aqueo, llevándose a su esposa Creúsa, a su padre Anquises y a su hijo Ascanio. En el
camino Creúsa se pierde definitivamente y el fantasma del difunto príncipe Héctor le
dice a Eneas que no vierta amargas lágrimas por ella, pues le estaba aparejado por el
destino una esposa de sangre real.
Juno, rencorosa todavía con toda la estirpe troyana, trata de desviar por todos los
medios a la flota de supervivientes de su destino inevitable, Italia. Las peregrinaciones
de Eneas duran siete años, hasta que llegado el último es acogido en el reino emergente
de Cartago, gobernado por Dido o Elisa de Tiro. Por un ardid de Venus y Cupido, Dido se
enamora perdidamente de Eneas y tras la partida de éste por orden de Júpiter, se quita
la vida, maldiciendo antes a toda la estirpe venidera de Eneas y clamando el surgimiento
de un héroe vengador: de esta forma se crea el cuadro que justifica la eterna enemistad
entre dos pueblos hermanos, el de Cartago y el de Roma, lo que devendría en las guerras
púnicas.
En su camino hacia Italia se le aparece el alma de su padre Anquises que le pide que vaya
a verlo al Averno: Eneas cede y acompañado de la Sibila de Cumas recorre los reinos de
Plutón y Anquises le muestra toda la gloria y pompa de su futura estirpe, los romanos.
Llegados por fin los troyanos a Italia contactan con el rey Latino, quien los recibe
pacíficamente, y recordando una antigua profecía sobre que su hija Lavinia se casaría
con un extranjero, decide aliarse con Eneas y darle a Lavinia por esposa.
Turno, rey de los rútulos, primo y pretendiente de Lavinia, trastornado por las Furias,
declara la guerra a Eneas. Los dos ejércitos adquieren aliados y se enfrentan fieramente,
ayudados los troyanos por Venus y los rútulos por Juno, sin que Júpiter intervenga. Se
producen muertes en ambos bandos y finalmente Eneas mata a Turno.
Personajes principales
- Eneas. Semidiós hijo de Venus y del mortal Anquises. Su destino trazado como
fundador del lugar donde trescientos años más tarde, se erigirá Roma, es su
razón de ser. Pierde a su esposa Creusa, pero casará con una princesa, se
enamora de Dido, pero renunciará a su amor pues no se encuentra en su destino.
Valeroso e inteligente, Eneas es el héroe mitológico por excelencia. Su condición
de ser mitad mortal y mitad divino es el ingrediente clásico de la literatura
antigua.
- La diosa Venus y Anquises. Padres de Eneas. Venus protegerá a su hijo desde la
bóveda celeste. La diosa del amor nació de la espuma del mar. Fue madre de los
Amores, de las Gracias, de los Juegos y de las Risas. En la mitología se refiere que
se casó con Vulcano más tuvo amores con dioses y mortales.
- Anquises. Por presumir que compartió lecho con una diosa, Anquises fue
fulminado por un rayo como castigo por Júpiter. Fue llevado sobre la espalda de
su hijo durante el éxodo y muere un año más tarde.
- Dido. La princesa fenicia, fundadora de la ciudad de Cartago, contrajo nupcias
con Siqueo, mismo que fue asesinado por Pigmalión –hermano de Dido- Se
enamora de Eneas por intervención de la diosa Venus. Ignorando que su amante
la dejaría para continuar su destino, se suicida con la espada de guerrero.
Posteriormente, Dido encontraría a Eneas en el infierno más no escucha sus
suplicas.
- Juno. Hija de del dios Saturno y Rea. Se caso con su propio hermano Júpiter –
dios del -cielo- y nunca ocultó los celos que tenía por los numerosos hijos de su
esposo por lo que se dedicaba a persegirlos sin cesar. Enemiga del pueblo
troyano, hará toda clase de maquinaciones para evitar el destino de Eneas. Juno
es la diosa protectora de los matrimonios.
- Turno. Rey de los rútulos y prometido de Lavinia, hija del rey Latino. Sin embargo,
es precisamente Lavinia la que está destinada a desposar a Eneas. Del
consentimiento del rey hacia la unión de Eneas y Lavinia surgirá la batalla
decisiva entre dos pueblos que son uno.
Resumen por cantos
CANTO I
El imperio troyano es destruido. Desde el hogar de los dioses se mantiene una pugna
entre partidarios de griegos y troyanos. Juno, que conoce el maravilloso destino que les
espera a los troyanos, para encontrar el Imperio Romano, trata de evitar que lleguen a
Italia. Para realizar esto, le pide a Eolo que use sus vientos para destruir a los fugitivos,
y a cambio le ofrece una pareja, a una de las ninfas de su propio séquito: Deyopea
(Δηιόπεια), la de la figura más bella.
Al mismo tiempo, Venus, madre de Eneas, se presenta en forma de una virgen espartana
y con una apariencia de cazadora similar a la diosa Diana y les informa que la tierra de
donde son de la reina Dido. Pigmalión, el hermano de Dido, había matado a Siqueo, su
tío y ella marido. Dido huyó, compró tierras y fundó una ciudad allí. Al mismo tiempo,
Venus, madre de Eneas, se presenta en forma de una virgen espartana y con una
apariencia de cazadora similar a la diosa Diana y les informa que la tierra de donde son
de la reina Dido. Pigmalión, el hermano de Dido, había matado a Siqueo, su tío y ella
marido. Dido huyó, compró tierras y fundó una ciudad allí.
Una fenicia de nombre Dido, cuyo hermano Pigmaleón mató a su esposo Siqueo. Una
noche; la sombra de Siqueo se le apareció a Dido, le dijo el nombre del autor del crimen
y le ordenó marcharse. Dido huyó con varios enemigos de Pigmalión y algunas riquezas
con las que fundo la ciudad. La cazadora se va no sin antes anunciarle que recuperará a
sus hombres. Eneas observa a su madre.
Una nube protege a Eneas y Acates cuando se internan por la ciudad. Junto a un templo
dedicado a la diosa Juno, Eneas ve pintados los muros con la derrota de Troya. Eneas se
reconoce en los frescos. De repente, Dido llega al templo y pide por los extranjeros. La
cazadora tenía razón pues Eneas ve a sus antiguos amigos, quienes fueron apresados,
llegar ante Dido. Sus hombres, ignorando que Eneas se encontraba ahí, se mantienen
firmes a su lealtad. Dido pregunta por Eneas y este aparece rasgando la nube. Dido le
manifiesta admiración y lo invita al palacio a un banquete. Desde el cielo, Venus
desconfía de aquella ciudad, producto de las maniobras de Juno, y ordena a cupido hacer
su labor en Dido.
Con el propósito de que Dido trate bien a Eneas, Venus le pide a su hijo Cupido que tome
la forma de su sobrino materno Ascanio, lo perdone y le presente el amor de la reina
por el troyano y Cupido está de acuerdo. Venus duerme al nieto Ascanio y lo lleva a
Idalion, su lugar de culto. Como su madre ha pedido, Cupido Dido adquiere un amor
demasiado profundo por Eneas y, maternal, por Ascanio, a quien reemplaza. Pero Dido
le juró a su esposo que no se volvería a casar.
Cuando la hermosa Dido coge unos presentes, ve palidecer la imagen de Siqueo pues un
nuevo amor se ha generado en ella. Los invitados le piden a Eneas que narre el sitio de
Troya y lo que hizo después.
CANTO II
Eneas cuenta la solicitud de Dido para el caso y el saqueo de Troya (Caso II). Eneas narra.
Ulises, junto con otros soldados griegos, se esconde en un caballo de madera «alto como
una montaña», mientras que el resto de las tropas griegas están ocultándose en la isla
de Tenedos, frente a Troya.
Los troyanos, que ignoran el fraude, entienden que los griegos huyeron y dejaron entrar
al caballo en su ciudad. Creen que es un regalo a los dioses, a pesar de los avisos de
Laocoonte, él será asesinado con sus dos hijos por dos engendros marinos.
Cuando llega la noche, Ulises y sus hombres dejan el caballo y despejan las salidas de la
ciudad para que entren los demás griegos, y entre ellos someten a Troya al fuego y al
terror. Algunos desconfiaban y otros lo consideraban una ofrenda. Finalmente, el
caballo es introducido a la ciudad por un boquete que abrieron. Al caer la noche, del
vientre del caballo, griegos armados son vomitados a la ciudad. El narrador mientras
tanto dormía y cuenta haber escuchado que Troya se derrumbaba y había que buscarle
nuevas murallas.
En el momento del ataque, Eneas se muestra en los sueños de Héctor, le dice el final de
Troya y que salve a los Penates y huya.
Los sonidos del combate terminan despertando a Eneas, quien, al ver su ciudad en
llamas y a merced de los griegos, decide primero luchar con sus compañeros hasta la
muerte. Visita el palacio del rey Príamo y observa la muerte de su hijo, Cortés, a manos
de Pirro, quien luego decapita a Príamo.
Eneas despierta. Troya es violentamente tomada. Eneas tiene que huir. Él y su esposa
Creusa, tratan de convencer al padre de Eneas: Anquises, pero éste se niega a huir.
Anquises, quien fue herido por un rayo pues Júpiter detestaba que el mortal se jactara
de haber estado con una diosa, termina cediendo. Durante la huida, Eneas carga a su
padre Anquises y Creusa desaparece –pues no estaba destinada a acompañar a su
esposo-. Después de perder de vista a su esposa Creúsa, que fue rechazada por Venus y
luego otra víctima del asesinato, el regresa a la ciudad en busca de ella. Sin embargo,
sólo encontró su sombra que le predijo su llegada a Hesperia, a orillas del río Tíber y su
enlace con una hija de un rey. Eneas y su grupo se internaron entonces por las montañas.
Finalmente, después de que emerge la sombra de Creúsa y ella revela que su destino es
la fundación de Roma, Eneas regresa consigo misma a las afueras de Troya, y se prepara
donde sea necesario para la partida.
CANTO III
Eneas huye con los suyos primero hacia la ciudad de los Tracios, que eran sus amigos.
Sin embargo, el alma de Polidoro les dice que el Rey de Tracia estaba a favor de los
griegos. El rey, ya había sido seducido por ofertas de los griegos y por temor a oponerse
a ellos, mató al mensajero. Se dirigen entonces donde el rey Anio. Allí escuchan de los
oráculos de Apolo que han de fundar una nueva ciudad donde vivieron sus ascendientes.
Anquises piensa que se refiere a Creta, donde nació su ascendiente Jove, y allí se dirigen.
En un templo Eneas les preguntó a los dioses si le permitíam quedarse allí. Una voz subió
desde el trípode de sacrificio y les dijo que debían ir a la tierra de sus ancestros. Anquises
interpretó que era Creta porque ese era el lugar del que, según él, provenía Teucro.
Habían escuchado que Creta había sido abandonada por su soberano y entonces los
troyanos decidieron volver a navegar. Cuando encontraron tierra ubicaron una ciudad
que fue llamada Pergámea. Mientras construían la comunidad los azotó una sequía. Allí
fundan la ciudad de Pérgamo.
Sobrevino una peste y Anquises pide a Eneas que escuche nuevamente el oráculo de
Apolo. Sin embargo, esto no fue necesario, pues en sueños se le dijo a Eneas Los dioses
de su casa volvieron a la vida y le dijeron que debía irse a Italia, de dónde era originario
Dárdano. Eneas se despertó y bebió frente al fuego sagrado y luego le contó su visión a
su padre. Anquises recordó que Casandra había predicho lo mismo.
Se dirigen a las islas del mar Jónico. Allí tienen un encuentro con Celeno y otras arpías.
Los troyanos comen de sus rebaños y entonces ellas les atacan. Ellos se defienden
fieramente y por ello Celeno le vaticina que sufrirá hambre cuando llegue a Roma. Los
troyanos se asustaron y sus almas se quebraron mientras Anquises suplicó a los dioses
que la profecía fuera falsa. Abandonaron la isla y navegaron hasta Leucata, pasando
Itaca, donde realizaron juegos como un triunfo por haber pasado por varias ciudades
griegas sin haber sido detectados. Eneas ató un escudo en la puerta de un templo con
un mensaje inscripto que afirmaba esto.
Tras unos viajes, Eneas se entera que Heleno, hijo de Príamo, reinaba en una ciudad
cercana – pues se había casado con la viuda de Pirro – y hacia allí se dirigen. Navegaron
hasta la ciudad de Butroto donde escucharon que, por vicisitudes del destino, el troyano
Héleno gobernaba con su esposa, Andrómaca. Cuando Andrómaca vio a los troyanos,
en particular a Eneas, lloró, asombrada, dudando entre si era un dios o un fantasma.
Eneas habló con ella y le preguntó cómo se habían dado los hechos para que dos
troyanos estuvieran a cargo de una ciudad griega. Ella le dijo que las mujeres troyanas
habían sido llevadas por mar y que Pirro la había entregado a Héleno, su esclavo, cuando
este quiso tener otra esposa. Cuando Orestes mató a Pirro, parte de su reino fue dado
a Héleno. Había muchos exiliados troyanos con Héleno. Esa noche festejaron. Eneas le
preguntó a Héleno, que también era un profeta, cómo debía interpretar las palabras de
Celeno. Héleno hizo un sacrificio y luego habló, admitiendo que él era mayormente
ignorante pero que sabía que de algún modo ellos debían ir a Italia. Le dijo que debían
evitar las costas del este de Italia, donde los griegos tenían varios asentamientos y que
debían hacer su asentamiento cuando encontraran
CANTO IV
Amanece y se preparan para salir de caza. Dido se viste como una cazadora y Eneas se
parece a Apolo. Ascanio los acompaña en la cacería. Una tormenta los azota mientras
están cabalgando y Eneas y Dido encuentran un refugio en la misma cueva. Juno hacia
brillar los fuegos y las ninfas cantan mientras ellos dos hacen el amor en la cueva. Dido
piensa que eso significa matrimonio, pero no se lo dice a Eneas. Rumor vuela a los otros
pueblos, con sus cien bocas y ojos, anunciando los hechos. Yarbas, un jefe local e hijo de
Júpiter, está enfurecido porque fue rechazado por Dido cuando él la cortejó. Se ofrenda
a su padre y Júpiter lo escucha.
Llega esto a los oídos de Júpiter y, temiendo que Eneas detenga su viaje, envía a
Mercurio para que le recuerde al troyano que su destino es fundar Roma. Júpiter le da
instrucciones a Mercurio de que se dirija a Eneas y le diga que debe seguir su destino
real. Mercurio desciende y encuentra a Eneas supervisando la construcción de algunos
edificios cartagineses, vistiendo nuevas ropas. Mercurio pregunta “¿Tú te dedicas ahora
a plantar los cimientos de la alta Cartago y complaciente con tu esposa construyes
deberes una hermosa ciudad?” Libro 4, líneas 265-266. . Mercurio le repite a Eneas la
orden de que debe ir a Italia, adonde fue predestinado. Eneas dice que le preocupa dejar
a Dido y Mercurio le ordena que, en silencio, prepare la flota.
Eneas espera por el momento adecuado para decírselo a Dido, pero Rumor le hace llegar
antes las noticias y ella entra en un frenesí. Se acerca a Eneas y le pregunta como
pretendía esconder un hecho como ese. Le suplica diciéndole que ella corre peligro con
los jefes nativos, a los que desairó. También le dice que también ella ha hecho enojar a
su gente. Su último intento desesperado es decirle que no sería tan malo si al menos
pudiera tener un hijo suyo para recordarlo. Eneas le dice que no quiso esconderle su
partida y que no quiere irse pero que está obligado por el destino. Le dice que si hubiera
seguido su propio camino, nunca habría dejado Troya. Ella no le cree que Mercurio se
haya dirigido a él y se enfurece jurando que el nació de un puma, no de Venus. Lo
maldice y le dice que desea que sus barcos se hagan pedazos contra las rocas. Se detiene
y aunque él intenta calmar su enojo, Eneas se va y alista a sus compañeros.
Dido llora y va con su hermana y le pide que suplique a Eneas que no se vaya por mucho
tiempo.
La noche llega mientras Dido duda entre unirse a los barcos troyanos o llamar a los
cartaginenses a las armas. Decide no hacer ninguna de las dos cosas. Eneas está
durmiendo en uno de sus barcos y Mercurio aparece nuevamente. Le dice a Eneas que
se vaya inmediatamente para evitar el peligro de los tirios. Eneas despierta a sus
hombres y rema mar adentro cuando amanece. Dido se levanta y no ve a nadie en la
costa. Se lamenta a Júpiter y piensa en darle caza a Eneas. En su frenesí, desea haber
masacrado a los troyanos. Le reza a Juno que la proteja en la muerte. Luego pide que
caiga una maldición sobre los troyanos.
Llamó a la nodriza de su marido y le dice que prepare con Ana la ceremonia. Se sube a
la pira y saca una espada. Reza a los dioses y les hace un recuento de los hechos alegando
que ella morirá sin ser vengada mientras empuja la espada en su cuerpo. La ciudad
comienza a amotinarse y cuando Ana escucha el ruido se da cuenta que sin saberlo
ayudó a su a su hermana a matarse. Se lamenta y le dice a su hermana que debe unirse
a ella. Le dice a Dido que mató a su ciudad y la reina intenta levantarse y hablar. Mira al
cielo y muere. Juno envía a Iris a llevar su alma al infierno.
CANTO V
Eneas navega a la distancia y ve el humo de la pira, sin saber qué pasó en Cartago.
Cuando llegan a mar abierto, los azota otra tormenta y Palinuro le grita a Eneas diciendo
que no podrán atravesar la tormenta pero que pueden intentar desembarcar en Italia.
Eneas está de acuerdo y Acestes les da nuevamente la bienvenida. Al día siguiente,
Eneas llama a sus hombres y les dice que deben festejar por nueve días y que tendrán
juegos en honor a su padre. Ante la tumba de su padre derrama vino en la tierra y una
serpiente de siete espirales se desliza del montículo. Eneas piensa que la serpiente debe
tener el espíritu de su padre. Sacrifica ovejas y sus hombres ofrecen regalos.
Al noveno día, Eneas muestra los premios de la competencia: trípodes, guirnaldas, oro,
plata, armadura. La primera competencia es una carrera de barcos de remos entre
Menesteo, Sergesto, Cloanto y Gias. Al toque de trompeta, se lanzan al mar y reman.
Gias va en el primer lugar, pero cerca de un peñasco, Cloanto se acerca al timonel de
Gias. Cloanto toma la delantera y Gias lanza al mar a su timonel. Menesteo llega segundo
y Cloanto es el vencedor. Gana una capa adornada de oro, Menesteo un escudo y una
faja. Cloanto recibe una caldera y un tazón de plata y Sergesto una mujer esclava. Luego
viene la carrera a pie. Eneas promete un obsequio para cada uno de los que completen
la carrera. Niso y Euríalo entran juntos. Niso va a la cabeza, pero patina en sangre y cae.
Hace una zancadilla al que va en segundo lugar, para que su amigo Euríalo pueda ganar.
“Entonces todo el círculo de la enorme cávea y los rostros, primeros de los padres Salio
llena con grandes gritos, y para sí reclama el honor arrebatado con trampas”. Libro 5,
líneas 340-342. El otro corredor también le protesta a Eneas. Eneas le da un premio extra
a Salio y a Niso por el resbalón.
El siguiente juego es el combate, pero nadie se levanta para enfrentar a Dares. Eneas le
pide a Entelo que se levante y pelee. Entelo le dice que está viejo, pero se levanta e igual
combate cubriéndose con los guantes masivos que obtuvo de Hércules. Ofrece sacarse
los guantes porque esto intimida a Dares. Eneas entrega los mismos guantes a los dos
combatientes. En la lucha, Dares es más veloz y Entelo más fuerte. Entelo pone toda su
fuerza en los golpes de puño que Dares esquiva y termina cayendo. Se enfurece y golpea
con los puños a Dares despiadadamente. Eneas detiene la pelea y le da el premio a
Entelo mientras Dares es sacado por sus amigos. Entelo ofrece el premio a los dioses,
diciendo que nunca más combatirá.
Una de ellas se da cuenta que la mujer es una diosa. Aunque dudan al principio, corren
a quemar los barcos. Ascanio es el primero en ver lo que sucede y les grita. Eneas corre
y las mujeres se dispersan pero los barcos ya estaban incendiándose. Eneas reza a
Júpiter para que le envíe lluvia. Sólo se pierden cuatro barcos. Eneas está alterado y no
sabe qué hacer. Alguien le aconseja que deje a las mujeres poco dispuestas y a los
ancianos con Acestes para compensar por la pérdida de los barcos. Eneas no puede
tomar una decisión, pero Anquises le aparece en sueños y le dice que tiene que aceptar
el consejo que recibió y luego, en cuanto llegue a Italia, debe ir a verlo al infierno. Eneas
llama a sus compañeros y elige aquellos que se quedaran. Crea una colonia para ellos y
consuela la tristeza de los que se quedan. Vierte vino y luego se hace a la mar.
Venus le pide a Neptuno que detenga la tormenta de Juno y les facilite a los troyanos
una ruta a Italia. Neptuno le dice que ha observado con frecuencia a Eneas y que lo
seguirá haciendo. Va en su carro hasta donde está Eneas, seguido de ballenas. Por la
noche, Palinuro toma el timón del barco que va a la cabeza. Neptuno le habla y Palinuro
le dice que está confiado de que nada malo ocurrirá esa noche. A causa de su arrogancia,
Neptuno lo tira al agua. El resto de la flota se mueve con seguridad y Eneas lamenta a
su amigo perdido.
CANTO VI
Eneas llora cuando los barcos son entrados en la bahía. Los jóvenes hombres saltan de
los barcos y ven el bosque de Diana donde Dédalo hizo un santuario de oro. Dédalo lo
hizo todo menos la escultura de su hijo, porque no lo pudo soportar. Dédalo desembarcó
allí después de su vuelo desde Creta y del Rey Minos. Su hijo voló muy cerca del sol y
murió. La Sibila los llama para las ofrendas. Su cueva tiene cien bocas y el viento silba
como voces. La adivina comienza a entrar en frenesí y le dice a Eneas que rece. Él reza a
Apolo, el dios de la profecía, y le dice que siempre ha ayudado a los troyanos y que debe
seguir haciéndolo. Eneas promete construirle un templo una vez que funde su ciudad.
La Sibila ya fue invadida por el dios, se retuerce y comienza a predecir un futuro
truculento.
Ella canta y Eneas le dice que esos hechos no son inesperados. Agrega que se supone
que el debe visitar el infierno. Le pide a ella que se apiade de él, invocando ejemplos de
otros mortales que han ido al infierno. Ella le dice que es fácil ir hacia abajo, pero es más
difícil retornar. Le indica que hay una rama de oro en un árbol en el bosque. Si alguien
está predestinado a volver desde el infierno, debe arrancar la rama y utilizarla como un
obsequio para Prosérpina, la señora del infierno. La rama no se romperá si es tocada por
alguien que no ha sido predestinado. Ella también le dice que antes de irse debe sepultar
a un miembro de su tripulación. Descubre que el miembro de la tripulación es Miseno,
que desafío a Tritón, cuando hizo sonar al mar con su cóncava concha, fuera de sí, y
llamó al combate, y resultó muerto. Lo entierra y luego van en busca de la rama. Eneas
reza pidiendo una señal de los dioses y dos palomas blancas lo llevan hasta la rama, la
que recoge con facilidad. El entierro termina y el lugar es llamado Miseno. Eneas se
dirige a la Sibila y sacrifica bueyes y un cordero negro. La cueva ruge y el suelo retumba.
Eneas y la Sibila entran en la enorme caverna humeante.
Entran en la oscuridad donde todos los demonios del mundo moran. Hay un olmo
gigante, en cuyas ramas se dice que habitan los sueños vanos. Eneas ve harpías y
gorgonas y empuña su espada para atacarlas, pero la Sibila le dice que son sólo
fantasmas. Siguen por el camino a la laguna estigia donde ven al barquero Caronte. Hay
muchas almas esperando para cruzar. Eneas pregunta porque, a algunos de ellos, no se
les permite subir al bote y la Sibila responde: “Toda esta muchedumbre que ves es una
pobre gente sin sepultura”, Libro 6, línea 325. Eneas considera esto cuando Palinuro
pasa ante él. Pregunta qué ha pasado y Palinuro responde que tras caer del barco flotó
a Italia y fue asesinado por bárbaros. La Sibila gira y le dice a Eneas que su cuerpo será
enterrado en las ciudades que los rodean hasta que los dioses envíen una plaga. Caronte
dice que no quiere cruzarlos porque cada vez que ayudó a alguien tuvo problemas. La
Sibila le muestra la rama de oro y él los lleva en el barco. Pasan ante el gigante Cerbero
de los tres alaridos y la Sibila le alcanza una torta de miel. Entran a la caverna de Cerbero,
que es el reino de los suicidios y de quienes murieron por amor destructivo. En el bosque
Eneas ve a Dido y repite que no se quiere ir. Eneas dice que no pudo creer que lo echase
tanto de menos y que no quería verlo.
Se aleja y se une a su esposo Siqueo en las sombras. Eneas desea seguirla pero debe
continuar. Se encuentra con troyanos caídos en combate y con griegos que tiemblan al
verlo pasar. Encuentra a Déifobo, sin orejas y con la nariz trunca y le pregunta como
llegó a estar mutilado. La noche de la invasión, la mujer con la que dormía lo traicionó y
antes de dejar que los griegos entraran en su recámara escondió sus armas. Desea
hablar con Eneas, pero la Sibila lo hace continuar.
Continúan y ven una gran fortaleza donde la Sibila le dice a Eneas que el rey de este
reino juzga los pecados de los hombres, proclamando su castigo. Una vez ella entró y vio
terribles torturas. Le dice que deben apurarse y hacer la ofrenda de la rama. Se mueven
en los Campos Elisios donde Eneas ve a varias figuras famosas. La Sibila le pregunta a un
hombre donde pueden encontrar a Anquises y lo encuentran mirando las generaciones
del futuro. Intenta tres veces abrazar a su padre pero no puede. Cerca del río del olvido,
ve una miríada de espíritus reflexionando. Anquises le dice que esas almas están
esperando por una segunda oportunidad en la vida. Eneas está asombrado de que todos
quieran retornar pero Anquises le dice que algunos hombres están insatisfechos. Atrae
a Eneas y a la Sibila hacia él y anuncia que les hablará sobre los descendientes que están
por venir. Allí está el último hijo de Eneas y luego Rómulo. Más allá, Julio y César Augusto
esperan para iniciar una nueva época dorada. Hay hombres que cargan con los nombres
famosos de Roma. Apartado hay un joven que morirá joven. Mira por encima del muerto
cuando Anquises le cuenta a Eneas sobre las guerras en las que él peleará.
CANTO VII
La nodriza de Eneas ha muerto por lo que se llevan a cabo los ritos del entierro y se le
da su nombre a la bahía. Dejan el puerto y navegan hasta la isla de la diosa Circe, donde
ella ha convertido a los hombres en jabalíes y lobos que aúllan. Neptuno les da un fuerte
viento para que puedan evitar la isla. Eneas ve un bosque y lleva a sus hombres hacia la
boca del Río Tíber.
Cerca del lugar del desembarco hay un área gobernada por el Rey Latino, un anciano
que tiene sólo una hija. Su hija fue cortejada por Turno, que es el mejor de los Latinos.
La esposa de Latino, Amata, desea que su hija Lavinia se case con Turno, pero el rey ha
visto presagios en una nube de abejas en un árbol de laurel, que fueron interpretadas.
También vio el cabello de su hija prenderse fuego, lo que significa que ella será famosa
pero un sufrimiento para su gente. Latino visitó a un oráculo y sacrificó varios animales.
En un oráculo le fue dicho que buscara un extranjero para que se casase con su hija.
Cuando llegan a la costa, Rumor le hace llegar la profecía a los troyanos. Comienzan a
comer tortas de harina y quedan con hambre. Ascanio bromea que se han comida su
mesa de arena y Eneas se da cuenta que la profecía de Celeno se ha cumplido. Eneas
hace un sacrificio y Júpiter truena tres veces. Los troyanos se regocijan.
Al día siguiente examinan el territorio y Eneas envía cien emisarios a Latino. Cuando
entran en la ciudad, la gente se asombra con la vestimenta de los troyanos. Latino les
da la bienvenida y les recuerda que Dárdano proviene de esa región. Ilioneo responde
que el destino y las mareas han traído a la playa a Eneas y le pide un pequeño
asentamiento y promete lealtad. Le ofrece obsequios de su líder y Latino mira al suelo
considerando su destino. Le dice que quiere paz y le transmite el oráculo sobre el marido
extranjero de su hija. Le dice a Ilioneo que lleve esta profecía a Eneas y también envía
300 caballos con pepitas de oro y un carro.
Mientras esto sucede, Juno enfurece porque no puede nada de esto. Recuerda que otros
dioses han tenido su venganza sobre otras personas antes y convoca a Alecto, una furia,
enviándola a causar la guerra. Envenena la mente de Amata, quien le pregunta a su
marido si su hija va a casarse con un troyano y, “¿Qué hay de tu antiguo cuidado por los
tuyos y de tu diestra, que tantas veces diste a tu pariente Turno? Libro 7, lineas 365-66.
Latino no atiende su ruego y ella se enoja más. Esconde a su hija en las montañas y en
su frenesí, llama a las demás mujeres. Contenta con esto, Alecto desciende hasta el
hogar de Turno y se convierte en una anciana sacerdotisa. Le cuenta lo que ha pasado y
lo anima a pelear. Él le dice que sabe lo que pasó y que piensa pelear. Se levanta y reúne
a sus compañeros. Ella va hasta el lugar dónde se encuentran los troyanos y anima a
Ascanio a ir de caza. Lo lleva hasta un ciervo y él lo mata. Esto enoja a los granjeros que
están alrededor, y toman las armas. El bosque se llena de soldados. El combate comienza
y hay muertos. Alecto vuela hasta Juno y se jacta de su trabajo. Juno le dice que es
suficiente y Alecto se va.Latino intenta expulsar a Turno de su palacio, pero Amata no
se lo permite. Amata enfurece y el pueblo clama por guerra. Latino convoca a los dioses.
En Lacia existe la costumbre de abrir las puertas de la guerra y los latinos abrieron estas
puertas y pidieron la guerra. Latino no quiere declararla, pero Juno lo fuerza. Las
ciudades latinas se preparan para la guerra y preparan a sus campeones para pelear. El
más importante es Mecencio, Clauso, el hijo de Mecencio, Lauso y Mesapo. Turno lidera
las masas de hombres y la guerrera Camila lo acompaña.
CANTO VIII
La región entera se lanza a la guerra junto a Turno. Turno manda un enviado a la ciudad
de Diómedes pidiendo ayuda. Diómedes se había establecido en Italia al haber sido
predestinado a no retornar a su ciudad natal. Cuando Eneas ve a los atacantes, su mente
enfurece como luz en el agua en una vasija de cobre. La noche llega y Eneas se acuesta
y no duerme pensando en sus hombres. El rey del río, Tiberino, viene y le dice que no se
alarme porque encontrará rápidamente la cerda blanca de la profecía. Luego le dice que
se alíe con el Rey Evandro de los arcadianos, que ha sido enemigo de los latinos por largo
tiempo. También le aconseja que apacigüe a Juno y que lo honre a él cuando sea el
vencedor.
Eneas se levanta al amanecer y bendice al río. Prepara dos barcos para el viaje río arriba
y encuentra la cerda blanca. Sacrifica la cerda a Juno y a otros dioses. Luego rema
corriente arriba. Cuando Evandro ve los barcos quiere saber quien viene. En ese
momento Evandro está haciendo ofrendas a los dioses y su hijo Palante no permite que
se detengan los sacrificios. Va hasta los barcos y Eneas le anuncia quién es y porqué ha
venido. Se dirige al rey y le dice que no le preocupa que sea pariente de Menelao y
Agamenón. Le dice que como el padre de Evandro es Mercurio, cuyo abuelo es Atlas, y
Dárdano además fue el nieto de Atlas con Electra, ellos son parientes. Evandro lo
reconoce porque conoció al joven Anquises antes que quedara lisiado. Aceptar ir
combatir junto a él y le promete partir al día siguiente. Terminan la fiesta y el sacrificio.
Cuando termina, Evandro explica que ese año celebran rituales en honor a Hércules, que
mató a la gran bestia llamada Caco, hijo de Vulcano. Hércules iba por la zona llevando
su ganado de gran tamaño, cuando la bestia se comió a varios animales. Hércules lo
mató y creó un altar cerca de su guarida. Evandro bebe mientras el sacerdote ora a
Hércules e invoca sus labores. La fiesta termina y Eneas camina con el rey y su hijo.
Evandro cuenta la historia de esa tierra.
Los dioses hicieron una nación aquí pero luego otros entraron en la tierra y crearon sus
propios reinos. En una colina en la ciudad, hay un busque donde la gente cree que se
refugia un dios, pero nadie sabe cuál es. Cuando entran en el hogar del rey, este e
disculpa por su pobreza pero le asegura a Eneas que Hércules recibió el mismo
alojamiento.
Mientras tanto Venus se dirige a su marido Vulcano y le pide que fabrique armas para
Eneas, para así ayudarlo en la guerra. Vulcano le dice que a ella nunca le negará nada.
Por la mañana va a su taller en la isla de los Cíclopes. Detiene otro trabajo que estaba
haciendo y comienza a hacer las armas más poderosas posibles. Hacen un escudo de
siete placas.
Evandro se levanta y va a las habitaciones de Eneas admitiendo que tiene sólo algunos
hombres para darle. Le habla de una ciudad tirrena que fue traicionada por su líder,
Mecencio. Expulsaron a su líder pero no pueden pelear o tomar revancha hasta que sean
liderados por un rey extranjero. Evandro le dice que él es muy viejo para hacer eso y que
su hijo es mitad nativo. Le asegura que si navega río arriba y suplica a estos hombres,
ellos se unirán. Le ofrece a su hijo y a 400 hombres. Eneas y Acates se preocupan pero
Venus les envía una señal del cielo. Todo el mundo queda impresionado, pero Eneas les
dice que es una señal de su madre.
Eneas enciende fogatas ante los altares de Hércules y realiza una ofrenda. Envía algunos
hombres río abajo hacía donde están los troyanos y el resto parte con él a caballo a
buscar a los tirrenos. Evandro le dice a su hijo que desea que él pelee en su lugar y le
pide a los dioses que cuiden de su hijo. Cuando su hijo sale cabalgando, se desmaya.
Todos cabalgan juntos y luego encuentran a los tirrenos y a su rey Tarconte. Venus le da
las armas a su hijo y a Eneas le encantan. Los escudos tienen grabados escenas de los
días que vendrán en Roma: Rómulo y Remo, la fundación de la república, el saqueo de
la ciudad por los galos, Catilina, Catón, la batalla de Accio con Marco Antonio, Cleopatra
peleando, Augusto con Agripa como su general. Eneas se maravilla con todo esto y
agradece por los símbolos sin conocer los sucesos.
CANTO IX
Mientras Eneas habla con los tirrenos, Juno envía a Iris con Turno. Iris le dice a Turno
que Eneas está reuniendo aliados y que antes de que retorne debe atacar el
campamento troyano. Cuando ella se va Turno reza y le agradece al dios que sea por
habérsela enviado. Los ejércitos rútulos entran en la llanura con sus aliados. Cuando los
troyanos los ven, se agrupan alrededor de los muros, tal como Eneas les había
aconsejado. Turno marcha a la cabeza con una fuerza de elite y los llama para tomar por
asalto las murallas. Da vueltas como un lobo que acorrala una oveja. Enfurecido con la
sólida defensa, pide el fuego. Cuando Eneas construyó por primera vez su flota, la madre
de Júpiter pidió hacer los barcos con madera de árboles sagrados para que nunca fueran
destruidos. Cuando Turno intenta incendiar los barcos, un coro de ninfas llena el cielo y
los barcos se convierten en criaturas inmortales parecidas a los delfines. Los rútulos
entraron en pánico, pero Turno los asedió y alegó que era una señal de un mal presagio
para los troyanos. Afirmó que debían ser atacados porque era la segunda vez que los
troyanos habían tomado una esposa y se la habían llevado. Los alienta a pelear pero
luego decide descansar el resto del día. Acampan alrededor del asentamiento troyano y
los troyanos los miran desde las murallas. En la puerta, Niso le dice a Euríalo.
Euríalo se quiere unir a él en el esfuerzo y Niso lo deja aunque desea que se quede y
cuide su juventud. Van juntos a preguntarle al consejo. Le dicen que los rútulos están
durmiendo con pocos centinelas y que piensan que pueden encontrar un camino a
través del campamento. Uno de los jefes les dice que serán premiados de forma
generosa por Eneas y Ascanio le ofrece premios de su propio tesoro. Euríalo le pide a
Ascanio que consuele a su madre. Todos lloran cuando Ascanio jura que su madre será
cuidada.
Cruzan las trincheras y avanzan en las sombras. Niso se mueve como un león en un corral
de ovejas y mata a los hombres que están dormidos. Euríalo se le une y uno despierta
pero Niso se encarga de él. Cuando se alejan, abandonan muchos premios atractivos.
Cuando abandonan el campamento, se acerca un grupo de hombres a caballo. El líder
de los hombres, Volcente, les dice que se detengan pero corren, y los jinetes los
persiguen. Euríalo se golpea con algunas ramas mientras Niso emprende una corrida sin
parar. Cuando llega a un campo, Niso se da vuelta y busca a su amigo. Grita “¿Pobre
Euríalo, ¿por dónde te habrá abandonado?”, Libro 9, línea 390 . Ve a Euríalo rodeado y
empuña su lanza y reza a los dioses. Atraviesa a uno. Levanta a otro y atraviesa otro más
en la cabeza. Volcente no lo puede ver, por lo que va por Euríalo. Niso le ruega que no
lo mate, pero Volcente igualmente lo hace. Niso está rodeado pero antes de morir mata
a Volcente.
Los latinos cargan los cuerpos y ven la carnicería que habían hecho los asaltantes
nocturnos. Llega el amanecer y ponen las cabezas de los troyanos en picas. Rumor se
infiltra en el campamento y la madre de Euríalo grita de angustia ante la muerte de su
hijo. Ascanio la consuela. Los rútulos hacen sonar un cuerno y comienza el asalto a las
murallas del campamento. Cierran sus escudos y resisten la descarga de proyectiles
troyanos. La carnicería aumenta cuando una torre construida por los troyanos es
incendiada por Turno. Muchos mueren en el derrumbe y los que huyen son rodeados
por las hordas de Turdo. Uno intenta trepar el muro y sus compañeros lo ayudan
extendiendo sus manos. Turno grita burlonamente mientras tira de él hacia abajo para
matarlo como si fuera un águila calva tomando con sus garras a un cordero. Ilioneo lanza
rocas a las masas. Turno y Mecencio continúan matando a muchos troyanos. Mecencio
se burla de ellos y los llama mujeres troyanas. Ascanio apunta y mata a alguien pero sus
compañeros lo alejan de la muralla. Apolo lo saca para un costado.
CANTO X
Mientras esto sucede, Júpiter llama al consejo de los dioses. Pregunta porqué los
italianos y los troyanos están peleando entre sí, si esa no fue su voluntad. Promete que
habrá muchas guerras cuando más adelante Roma y Cartago peleen. Venus dice que los
rútulos liderados por Turno están masacrando troyanos y que los ejércitos griegos están
yendo a ayudarlos. Los troyanos han hecho todo lo que se suponía debían hacer, pero
Juno envió a Alecto a causar problemas. Suplica que Ascanio sea salvado si Troya es
destruida nuevamente. Juno irrumpe y llama ladrones a los troyanos, diciendo que
nunca pidieron la paz y alega que fueron ellos los que iniciaron el conflicto. Juno pide
que la guerra continúe. Júpiter habla y dice que él no ayudará ni a los rútulos ni a los
troyanos.
Todos los dioses deberán estarán por fuera de la batalla y dejarán que siga su curso. Los
troyanos y latinos continúan peleando. Los troyanos usan su fuerza para mantener su
posición sobre los corredores y Ascanio los ayuda. Menesteo arroja sus armas. A esta
altura Eneas ha llegado al campo de los tirrenos y los ha convencido de seguirlo contra
Mecencio. Navega río abajo seguido por los jefes tirrenos, con unos treinta barcos con
hombres. Eneas navega en la noche y una de las ninfas, que había sido uno de sus barcos,
se toma de la popa y se impulsa. Le dice que debe apresurarse porque los troyanos están
en serios problemas. Eneas reza al cielo y promete ofrendas. Cuando los barcos están
cerca del campamento comienza el día. Desde los barcos hacen caer una lluvia de
flechas. Los atacantes fijan la mirada en Eneas, que en su armadura luce noble y como
un dios.
Turno no desespera, pero junta a sus hombres y les dice que hay que matar a los
troyanos una vez que lleguen a tierra. Comienzan a bajar de los barcos, pero el rey
Tarconte y sus hombres lanzan los barcos directo a la tierra. Su barco queda atascado,
pero los tirrenos comienzan a avanzar sobre el campo. Eneas baja e inmediatamente
comienza a dar muerte a los latinos. Eneas pierde su espada pero es rearmado por
Acates. Continúa matando. Clauso comienza a pelear con el resto de los latinos. En otra
parte del combate Palante reúne a los arcadianos. Mata a muchos y sus hombres se
entusiasman. Otro rútulo comienza su propia expedición de muerte, pero Palante reza
a los dioses de que debe matar al hombre y lo hace. Lauso, el hijo de Mecencio, corre
peligro en la batalla y Turno le dice que se aleje así puede enfrentar solo a Palante. Turno
empieza a darle caza como un león tras un toro. Cuando Palante ve lo que pasa reza a
Hércules de que no debe morir en vano. Hércules lo oye pero no puede hacer nada y
Júpiter lo consuela. Palante lanza sobre Turno y no acierta. Turno lanza y lo mata.
Anuncia la muerte de Palante a los arcadianos al tiempo que rasga el cinturón del
príncipe adornado con la escena de la matanza de cincuenta futuros maridos. Un
mensajero le hace llegar a Eneas la noticia de su muerte y Eneas se abre paso en la
batalla en dirección a los arcadianos. Un hombre ruega por su vida, pero Eneas lo mata
así como también a un sacerdote.
Maldice más hombres mientras los mata. Muchos huyen de su camino. Dos hermanos
están manejando un carro hacía arriba y abajo del campo. Insultan a Eneas, pero Eneas
mata a uno de ellos con una jabalina. Captura el carro y mata al otro a pesar de que le
pide misericordia. Mientras tanto, Júpiter habla con Juno. Juno admite que lamenta su
cólera pero le pide salvar a Turno. Le dice que ella lo arreglará y se dirige al campo tapada
por una nube y allí se disfraza de Eneas. Turno avanza hacia ella y ella lo lleva a un barco
en que lo envia a navegar. Eneas corre por todo el campo buscando a Turno. Cuando
Turno se da cuenta dónde está, ruega a los dioses que lo lleven de nuevo a la batalla
porque le avergüenza desertar. Intenta herirse a sí mismo y tirarse al río, pero Juno se
lo impide.
Mecencio toma el liderazgo de los rútulos y junta a sus hombres después de matar a
varios troyanos que lo maldijeron. El combate continúa con cada bando perdiendo
hombres por igual. Mecencio corre y lucha con nobleza. Eneas se adelanta para
encontrarse frente a él. Mecencio yerra al lanzar contra el líder de los troyanos y es
herido en el muslo. Cojea en el campo. Su hijo, Lauso, ataca a Eneas y yerra. Eneas es
rodeado por los compañeros de Lauso pero Eneas los vence y mata a Lauso, pero se
arrepiente.
Amanece y Eneas está ansioso por enterrar a Palante. Viste a un árbol con armas de
Mecencio como una ofrenda al dios de la guerra. Dice a sus hombres que antes de
continuar con la batalla, deben enterrar a todos los muertos. Mientras construye su pira,
llora por Palante. Eneas envuelve su cuerpo con una de las túnicas que le dio Dido y
enciende la pira. Otros árboles son vestidos con armas latinas y Eneas se despide de
Palante. Vuelve al campamento y se encuentra con enviados de latinos que suplican una
oportunidad para enterrar a sus muertos. Eneas explica que concederá la paz a los vivos,
si es que así ellos lo quieren. Dice que fue error de Turno, no de él. Los latinos están
asombrados de que Eneas les conceda este derecho. Drances, uno de los enviados de
mayor edad, dice que la batalla debe terminar y que llevará estas palabras a Latino.
Rumor le avisa a Evandro de la muerte de Palante y todas las mujeres de la ciudad lloran.
Evandro va junto a su hijo y llora, deseando haber muerto él en lugar de su hijo. Está
satisfecho de saber que Palante murió al lado de los aguerridos troyanos. Las piras son
levantadas durante el día y son sacrificados muchos toros. Drances se dirige a la casa de
Latino y le pide que detenga la guerra. Amata defiende a Turno y el derecho de él de
tener a Lavinia. Los embajadores de Diómedes vuelven y se convoca a un consejo. Uno
de ellos recuerda las palabras de Diómedes quien dijo que todo los que atacaron a los
troyanos en Troya sufrieron graves consecuencias al volver.
Les ruega a los latinos que hagan un trato con Eneas. Latino habla con su pueblo y les
dice que no pueden ganar la guerra. Propone que se entregue un territorio a Eneas, o
en caso de que los troyanos deseen irse, construirles barcos. Drances propone que
Lavinia también sea ofrecida a Eneas porque de esta manera se logrará una paz más
duradera. Turno reacciona violentamente y le dice a Drances que está lleno de aire
caliente y que no es bueno en la batalla. Insiste que los troyanos son un pueblo
derrotado y ofrece una batalla mano a mano con Eneas. Le jura a Latino que aún hay
fuerza en las armas latinas.
Mientras los latinos no se ponen de acuerdo, Eneas marcha por el campo y cruza el Río
Tiber. La gente se descontrola y huye a la ciudad de Latino. Turno usa este hecho para
llamar al combate. Aprontan la ciudad para el ataque y Latino se echa la culpa por la
fatalidad que ha caído en su ciudad. Amata hace sacrificios con Lavinia mientras Turno
se apresta para el combate. Camila se encuentra con él y le dice que vigile las murallas
mientras ella arremete contra el ataque troyano. Él le dice que contenga a los troyanos
mientras él prepara una emboscada. Arma su trampa en un valle cercano.
En los cielos, Diana oye que Camila está yendo a la guerra. El padre de Camila es un rey
exiliado. Llevó a su hija con él y cuando llegó a un río la envolvió y la ató a una lanza y la
aventó al otro lado. Nadó y la recogió, eludiendo a sus perseguidores. La crió en bosque.
Es virgen y rechaza tener un marido. Diana dice que ella va a ir a la batalla y que castigará
a quien hiera a Camila. Los troyanos se acercan a la ciudad. Mesapo y Camila toman el
campo y se le enfrentan. Los ejércitos se detienen y luego corren juntos. Los latinos
están en marcha y los troyanos cerca de las puertas, pero muchos de sus caballos están
muertos. Empujan sobre las murallas y son repelidos dos veces. A la tercera luchan de
forma brutal y muchos mueren. En medio del tumulto, Camila se enfurece como una
amazona y mata hombres por todos lados. Mata a muchos y abre una brecha en el
combate con su guardia de honor de mujeres. Mata varios troyanos más. Uno intenta
huir de ella tras desafiarla a pelear a pie, pero ella lo atropella.
Mirando desde arriba, Júpiter observa los escuadrones de retirada y anima a Tarconte a
reunir a sus hombres. Tarconte desafía a sus hombres a no huir como mujeres y empuja
a uno de los latinos. Los tirrenos se agrupan. Arrunte comienza silenciosamente a
acechar a Camila a la espera de una oportunidad. Ella va tras otro troyano, y Arrunte,
rezando a Apolo, no por victoria sino tan sólo le pide poder frenar la matanza de Camila,
arroja su lanza. Acierta y corre. Camila no logra quitarse la lanza de sus costillas y le dice
a su hermana que corra hasta Turno y le diga lo que ha pasado. Muere. Sus enemigos
están excitados y se agrupan .La asistente de Diana observó la muerte de Camila y juró:
“No te ha abandonado tu reina sin gloria en esta hora final de la muerte, ni sin fama
quedará tu fin por los pueblos. Libro 11, líneas 845-848. Desciende y encuentra a
Arrunte. Mientras él muere, sus compañeros desertan. Sin Camila, los latinos son
avasallados y corren hacia las puertas de la ciudad y las cierran dejando a varios
compatriotas. Aquellos que quedaron atrás son apaleados contra las puertas. Turno
escucha sobre lo ocurrido y enfurecido se dirige a la ciudad. Se hace de noche.
CANTO XII
Cuando Turno ve brechas en líneas de los latinos se dirige a Latino y le dice que quiere
morir o matar a Eneas. Latino le dice que debe quedarse y defender la ciudad porque
sin él no hay defensa. Intenta explicarle que él tiene sus propias tierras y que tendría un
buen futuro si no hubiera guerra. Turno insiste con violencia.
Amata llora por la idea del duelo y le dice que no acuda al combate con los troyanos y
que se quede a defenderla. Turno mira a Lavinia y se siente turbado de amor. Le dice a
Amata que debe pelear y envía un mensajero para que le anuncie su desafío a Eneas.
Sale y se dirige a sus caballos y se pone su capa y toma su lanza. Mira a los cielos y jura
que derrotara al afeminado troyano.
Mientras tanto, Eneas se alegra con el desafío y le contesta. Al día siguiente demarcarán
el campo para las disputas y colocarán los altares en el medio. Juno mira esto y se dirige
a Yuturna, la hermana de Turno. Yuturna es una ninfa porque Júpiter la hizo inmortal
como una disculpa por haberla violado. Juno le pide que evite que su hermano muera y
Yuturna se va para intentarlo. Los reyes avanzan y se juntan en el medio, donde un
sacerdote realiza sacrificios. Eneas promete no ser un tirano si gana y que dejará a Latino
a cargo de los italianos. Latino suplica que nada detenga la tregua. “Pero a los rútulos
ese duelo desigual les parecía, ya y sentimientos diversos se mezclaban en sus pechos,
y más aún cuando les ven llegar no iguales en fuerzas”. Libro 12, líneas 216-217
Eneas abraza a su hijo y le dice que mire a su padre y aprenda el valor. Sale y lo siguen
Menesteo y Anteo. Los troyanos se lanzan otra vez al campo de batalla. Yuturna se da
cuenta que vienen los troyanos como una ráfaga súbita del mar. Matan a muchos.
Yuturna tira al cochero del carro y conduce alrededor de la batalla, lejos de Eneas. Eneas
ve esto y los sigue pero Turno es llevado en círculos. Mesapo le tira una jabalina y le roza
el casco. Eneas gira y vuelve a la batalla. Mata a varios mientras Turno mata troyanos
por los costados. Los dos guerreros causan una gran matanza rugiendo o corriendo como
un fuego salvaje o una inundación. Un rútulo fanfarronea y es aplastado por una roca
de Eneas. Venus lo convence que avance sobre la ciudad. Eneas se dirige a sus capitanes
y les dice: “Hoy la ciudad causa de la guerra, corazón del reino de Latino, a menos que
acepten recibir el yugo y someterse vencidos, la voy a destruir”, Libro 12, líneas 567-
569. Habla y hacen una cuña y empujan en dirección a los muros. Los latinos entran en
pánico y los soldados están en camino. La ciudad es dominada por el nerviosismo. Amata
se siente culpable por lo sucedido y se suicida, colgándose. Lavinia llora y Latino mancha
su cabello con sucio polvo.
Sobre el borde de la batalla, Turno persigue rezagados mientras su hermana le dice que
si sigue haciendo eso su gloria igualará la de Eneas. Turno le dice que sabe que es su
hermana y le pregunta cuál dios la envió. Le dice que la muerte es una bendición
comparada con no hacer nada mientras la ciudad cae delante de él. Un latino cabalga
hasta Turno y le dice que la reina murió y que lo busca Latino. Turno está confundido
pero le ordena a su hermana que lo lleve a la ciudad donde enfrentará a Eneas. Turno
entra en la batalla como una roca cayendo de una montaña y grita y les dice que dejen
de pelear. Hace que sus hombres se muevan y dejen espacio para el combate.
Eneas escucha su llamado y le alegra dejar el sitio. Golpea su escudo y los troyanos dejan
de pelear. Todos miran hacia el centro, donde los dos héroes se acercan. Turno pelea
con una espada y se le rompe. Se aleja pero sus hombres lo empujan hacia adentro. A
pesar que Eneas está más lento por la herida de la flecha igual lo persigue. Corren en
círculos cinco veces. La lanza de Eneas está clavada en un árbol que fue sagrado para la
familia de Turno. Turno reza a sus ancestros y el árbol no deja que Eneas recupere el
arma. Venus ayuda a su hijo a recuperarla.
Juno se dirige a Júpiter y le pregunta que es lo que planea hacer. Le dice que ella ya
agobiado lo suficiente a los troyanos y que esto debe terminar. Ella admite que ha hecho
muchas cosas mal pero le pide que el nuevo pueblo se llame latinos, no troyanos. Júpiter
sonríe y le dice que concederá eso y hará que el nuevo pueblo sea superior a cualquier
otro en Italia. Juno finalmente queda satisfecha con el futuro de los romanos. Júpiter se
dispone a apartar a Yuturna de la batalla. Envía una de sus furias y Turno queda tieso en
su lugar. Yuturna se da cuenta de la estratagema y se queja de que Júpiter no le dio lo
justo por su virginidad. Turno tira una piedra y se pierde como en un sueño. Eneas tira
una lanza y perfora su escudo y su coraza clavándose en su muslo. Salta hacia él para
liquidarlo, burlándose. Turno responde que lo ha merecido y que tenga piedad de
Dauno.
Eneas considera la petición pero mira a Turno y ve en su hombro las correas que fueron
de Palante. Enfurece y le pregunta cómo podría dejar ir al asesino de Palante. Atraviesa
el pecho de Turno con su espada.