El reglamento
[6.1] ¿Cómo estudiar este tema?
[6.2] La potestad reglamentaria en la Constitución
[6.3] Concepto y clases de reglamento
[6.4] Ámbito material del reglamento
[6.5] El control jurisdiccional de los reglamentos
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TEMA
Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
Esquema
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Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
Ideas clave
6.1. ¿Cómo estudiar este tema?
Para estudiar este tema lee el capítulo 18 «El reglamento administrativo»
(páginas 413–432) del manual de referencia de la asignatura: Manual de
Derecho Constitucional de Aparicio Pérez y Barceló i Serramalera (coords.).
6.2. La potestad reglamentaria en la Constitución
Origen y evolución de la potestad reglamentaria
En la actualidad, el régimen jurídico de la normativa reglamentaria está
marcado por una constante referencia a la ley, pero también por una perspectiva
histórica.
Lo que hoy se entiende por reglamento y potestad reglamentaria es el resultado
de una pugna secular, para conseguir la supremacía en el campo de la producción
normativa, entre un poder ejecutivo y un poder legislativo en el que empieza a
tomar forma la representación popular.
Así, la génesis de la moderna potestad reglamentaria se sitúa en los inicios del
régimen liberal, cuando aparece el tipo de norma que hoy conocemos como ley.
La ideología liberal propugna, frente al monopolio de la potestad normativa del
monarca, un modelo inicialmente inverso: que sea el parlamento el que pase a
ejercer ese monopolio normativo.
Pero con las revoluciones liberales no se priva completamente al monarca de sus
poderes; éstos se mantienen aunque con carácter subordinado a las normas de
origen parlamentario, es decir, se mantienen como potestad reglamentaria.
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Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
Con la finalización de la Segunda Guerra Mundial se abre un período de
transición histórica en todos los estados que afecta también a la revisión de los
fundamentos jurídico-políticos de la potestad reglamentaria.
Es más, en un estado social en el que se produce una ampliación de las funciones
del Estado, especialmente en los ámbitos económico y social, la administración
pasa a realizar una actividad prestacional y de procura existencial para la cual el
reglamento se convierte en un instrumento necesario y ágil.
La potestad reglamentaria encuentra así su justificación en la imposibilidad de
que las cámaras legislativas puedan regular todas las situaciones que resulten de
la ejecución de las leyes.
Fundamento y titularidad de la potestad reglamentaria en la Constitución
La potestad reglamentaria se define, genéricamente, como la capacidad
atribuida al Gobierno para dictar normas con subordinación a las leyes y
en desarrollo o aplicación de las mismas.
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El artículo 97 de la Constitución establece que el Gobierno «ejerce la función
ejecutiva y la potestad reglamentaria de acuerdo con la Constitución y las
leyes».
La potestad reglamentaria encuentra así su fundamento en la norma
constitucional, lo que significa que no es fruto de una atribución legislativa, sino de
una potestad directamente derivada de la Constitución.
La Constitución española de 1978 atribuye una potestad reglamentaria
genérica al Gobierno del Estado en su artículo 97.
La referencia al Gobierno debe entenderse realizada al órgano colegiado,
compuesto por el presidente, los vicepresidentes y los ministros, esto es, el
Consejo de Ministros.
Un punto especial a tratar es la potestad reglamentaria de los ministros y de las
comisiones delegadas del Gobierno, es decir, si debe atribuirse extensivamente a
los miembros unipersonales que lo integran o bien sólo al órgano colegiado en
su conjunto.
La Ley del Gobierno establece en su artículo 5.h que corresponde al Consejo de
Ministros aprobar los reglamentos para el desarrollo y ejecución de las leyes,
así como las disposiciones reglamentarias que procedan, mientras que respecto a los
ministros el artículo 4.b indica que tienen competencia para ejercer la potestad
reglamentaria únicamente «en las materias propias de su departamento».
Existe, pues, un reconocimiento legal directo y general (pero no constitucional)
de la potestad reglamentaria ministerial para dictar los denominados
reglamentos de organización; sin embargo, para dictar reglamentos
normativos o con efectos ad extra se requiere, en todo caso, una habilitación
legal expresa.
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En cuanto a las comisiones delegadas del Gobierno, la posibilidad de que puedan
ejercer potestad reglamentaria requeriría en todo caso también de una previa
habilitación legal.
A nivel autonómico la potestad reglamentaria corresponde al consejo de
gobierno o al órgano equivalente de cada comunidad autónoma.
El texto constitucional admite de forma implícita la atribución de esta potestad
a las comunidades autónomas al otorgarles autonomía para la gestión de sus
intereses (art. 137 CE), pero también hace expresa alusión al control por la
jurisdicción contencioso-administrativa de la administración de dichas
comunidades autónomas y de sus normas reglamentarias (art. 153.c CE).
El ámbito de la potestad reglamentaria de las comunidades autónomas viene
definido por sus respectivos estatutos.
Respecto a las entidades locales la Constitución omite toda referencia a la
potestad normativa, pero debe entenderse comprendida, de forma implícita, en el
estatus de autonomía que les confiere el artículo 137 de la Constitución, así como en
el hecho de confiarles el gobierno y la administración de sus respectivas
colectividades (arts. 140 y 141.2 CE).
Existen otros órganos del Estado que tienen reconocida una potestad para dictar
normas diferentes a las leyes a las que se aplica genéricamente el nombre de
reglamentos.
Éste es el caso del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder
Judicial, órganos que tienen reconocida una potestad reglamentaria de origen
legal y sometida a las prescripciones legales, a diferencia de la potestad que la
Constitución confiere al Gobierno.
También es el caso de otras instituciones a las que se les reconoce una potestad
reglamentaria en garantía de su autonomía, tales como el Consejo de Estado o
las universidades públicas.
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La subordinación del reglamento a la Constitución y la ley
La relación entre la ley y el reglamento difiere de la existente entre la
Constitución y la ley.
El legislador tiene plena libertad de actuación en el marco de la Constitución. El
poder reglamentario debe ejercerse de acuerdo con la Constitución y con las
leyes.
El reglamento ocupa así una posición inequívocamente subordinada a la de la
ley, norma jerárquicamente superior.
Ello significa que la ley y las normas con rango de ley tienen plena fuerza activa y
pasiva frente a los reglamentos.
Es decir, las normas con rango de ley derogan cualquier norma reglamentaria
preexistente opuesta a sus mandatos y, a su vez, gozan de una fuerza pasiva, esto
es, de una resistencia frente a normas posteriores de rango jerárquico inferior.
La subordinación jerárquica del reglamento respecto de la ley se produce en todos
los ámbitos puesto que no existe una materia reservada al reglamento.
Actualmente, en la doctrina española es mayoritaria la tesis de que la primacía
jerárquica de la ley produce un efecto denominado «congelación de rango»:
cuando una materia –aunque no sea objeto de una reserva constitucional de ley– se
regula por ley, el rango normativo queda «congelado» por lo que a partir de
entonces sólo podrá intervenir en aquel ámbito una norma del mismo rango. De
esta manera, la ley produce una reserva a su favor de la materia que regula.
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6.3. Concepto y clases de reglamento
Relación y diferencia con otras figuras afines
El concepto de reglamento es más complejo e impreciso que el de ley porque el
derecho positivo no ha establecido una forma llamada «reglamento» y el concepto
debe construirse a partir de sus contenidos.
Esta complejidad se agrava con la variedad de disposiciones que se engloban en
el concepto de «reglamento». Sin embargo, bajo esa misma denominación
podemos encontrar tanto normas reglamentarias como actos que no tienen ese
carácter, los llamados actos administrativos.
Dos son los criterios que permiten distinguir unos de otros. El primero
atiende a la generalidad o al carácter general de las disposiciones. Los reglamentos
son normas generales que afectan a una pluralidad indeterminada de ciudadanos;
mientras que los actos administrativos son decisiones singulares que tienen
como destinatarios a una persona o a personas identificadas o identificables de forma
inequívoca e individual.
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El segundo criterio se fija en el carácter innovador del ordenamiento jurídico que
posee el reglamento, así como en su permanencia en el mismo. Mientras el
reglamento tiene capacidad para crear nuevo derecho, modificando las situaciones
jurídicas existentes, y una clara vocación de perdurabilidad en el tiempo, el acto
administrativo, aunque sea general, se agota con su cumplimiento y no añade
nada nuevo a la normativa vigente.
Así, no suelen considerarse normas reglamentarias las instrucciones y
circulares fundamentadas en la potestad de organización y en el poder
jerárquico cuyos únicos destinatarios son aquellos sujetos que forman parte de un
órgano jerárquicamente inferior. Sin embargo, es posible que bajo esta forma se
incluyan verdaderas normas reglamentarias.
Las diferencias en el régimen jurídico entre el reglamento y el acto administrativo
también son importantes: por una parte, la elaboración del reglamento está
sometida a un procedimiento especial, diferente del que se aplica a los actos
administrativos; por otra, la adquisición de eficacia de los actos administrativos
no está sometida, generalmente, al requisito de la publicación en los boletines
oficiales sino al de su notificación a los interesados.
El procedimiento de elaboración de los reglamentos
Se encuentra regulado en el artículo 24 de la Ley del Gobierno, respecto a la
Administración del Estado; así como en las respectivas leyes de gobierno y
administración de las comunidades autónomas.
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La elaboración de los reglamentos se inicia con la realización de un proyecto de
texto normativo que debe acompañarse de un informe sobre la necesidad y
oportunidad del mismo, así como de una memoria económica que contenga la
estimación del coste a que dará lugar y de cuantos estudios y consultas se estimen
convenientes para garantizar el acierto y la legalidad del texto.
En todo caso, los proyectos de reglamentos deberán ser informados por la secretaría
general técnica del ministerio correspondiente y, cuando la norma reglamentaria
afecte a la distribución de competencias entre el Estado y las comunidades
autónomas, será preceptivo el informe previo del titular del Ministerio de las
Administraciones Públicas.
Han de recabarse, asimismo, los informes y dictámenes preceptivos, entre los que
se encuentran el dictamen del Consejo de Estado, del Consejo Económico y
Social o del Consejo General del Poder Judicial.
La Ley del Gobierno recoge, además, un trámite preceptivo de audiencia a los
ciudadanos, directamente o por medio de las organizaciones y asociaciones
reconocidas por la Ley que los agrupen o los representen y cuyos fines guarden
relación directa con el objeto de la disposición. Por otra parte, se prevé un
trámite de información pública cuando la naturaleza de la disposición así lo
aconseje.
Finalmente, para que produzcan efectos jurídicos, los reglamentos aprobados por el
Gobierno deben publicarse íntegramente en el Boletín Oficial del Estado.
Tipos de reglamentos
Según el órgano titular:
A causa de la pluralidad de órganos titulares de la potestad reglamentaria se
establece una tipificación de las disposiciones que emanan de los mismos.
Respecto a los reglamentos estatales la denominación establecida en el artículo 25
de la Ley del Gobierno es la siguiente: las disposiciones cuya adopción venga
atribuida al presidente revisten la forma de real decreto del presidente; los
reglamentos dictados por el Consejo de Ministros son designados y publicados
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oficialmente con el nombre de real decreto acordado en Consejo de Ministros;
los acuerdos adoptados en comisiones delegadas del Gobierno reciben el nombre
de orden del ministro competente o del ministro de la Presidencia cuando
corresponde a distintos ministros; las disposiciones de los ministros revisten la forma
de orden ministerial.
Los reglamentos de las comunidades autónomas se tipifican de modo
prácticamente idéntico a los estatales: los reglamentos del gobierno autonómico se
denominan decretos, sin el calificativo de reales puesto que no van firmados por el rey
sino por el presidente de la comunidad autónoma, y los de los consejeros reciben el
nombre de orden de la consejería correspondiente.
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En cuanto a los reglamentos de las entidades locales destacan, en primer lugar, el
reglamento orgánico de la entidad, que tiene por objeto regular sus órganos
internos y su régimen de funcionamiento; y, en segundo lugar, las ordenanzas,
término que se aplica a todas las restantes normas reglamentarias de contenido no
organizativo.
En las relaciones entre estas diversas categorías se aplican especialmente dos
principios: jerarquía y competencia.
Con arreglo al primero se establece una posición jerárquica diferenciada entre los
diversos reglamentos. El orden jerárquico es el siguiente: 1º) disposiciones
aprobadas por real decreto del presidente del Gobierno o del Consejo de
Ministros, y 2º) disposiciones aprobadas por orden ministerial.
A partir del principio de competencia cada órgano ejerce la potestad
reglamentaria dentro de las funciones que tiene asignadas, aunque si la ley no
designa expresamente al órgano, la competencia corresponde al Consejo de
Ministros.
Además de los mencionados principios, el artículo 23.4 recoge el principio de
inderogabilidad singular de los reglamentos, que consiste en la prohibición de
que las resoluciones administrativas puedan infringir lo establecido en un
reglamento aunque estén dictadas por órganos de igual o superior jerarquía.
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Según la materia: reglamentos ad extra o jurídicos y reglamentos ad intra o
administrativos.
Se trata de una clásica distinción elaborada por la doctrina alemana.
La potestad reglamentaria interna sería un poder inherente a toda
organización, pública o privada, sobre la disposición de las personas o medios
físicos que la constituyen, la regulación de sus relaciones recíprocas y la
dirección de su funcionamiento.
La potestad reglamentaria externa tendría una naturaleza diferente: mediante
esta potestad una organización crea una situación jurídica nueva que afecta a los
derechos y libertades de los ciudadanos o incide en ellos. Este tipo de
reglamento sólo es posible en ejecución de una ley como reglamento ejecutivo.
Tanto el Tribunal Supremo como el Tribunal Constitucional han aceptado esta
distinción en su jurisprudencia.
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Según su relación con la ley: reglamentos ejecutivos y reglamentos independientes:
Los reglamentos ejecutivos son aquéllos que desarrollan, complementan o
precisan el texto de una ley, o preparan su ejecución. Están, por ello,
directamente vinculados a una ley.
Sin embargo, el grado de colaboración del reglamento con la ley es variable.
Es decir, la intensidad de actuación del reglamento no es la misma si la ley realiza una
regulación material sustantiva y detallada, o si, por el contrario, la ley se limita a
la regulación de los aspectos más importantes o a la remisión en un aspecto
concreto. En este punto cabe recordar que la potestad reglamentaria es
originaria y no depende para su ejercicio de autorizaciones y habilitaciones
concretas establecidas en la ley.
En cuanto a los reglamentos independientes, la doctrina constitucional
mantiene posiciones encontradas respecto a su licitud o ilicitud.
Para algún autor la existencia de una potestad reglamentaria independiente,
entendida como posibilidad de crear derecho mediante reglamentos que no se
dictan para la ejecución de una ley preexistente, ni en virtud de ninguna habilitación
legislativa sólo tiene un límite: la existencia de materias reservadas por la
Constitución a la ley.
Para otro sector doctrinal, la ley es, en todo caso, presupuesto habilitante para
la existencia y ejercicio de la potestad reglamentaria, de lo que se deriva la
licitud de este tipo de reglamentos sólo en el ámbito puramente interno o de
organización.
El Tribunal Supremo no ha tenido inconveniente en admitir esta clase de
reglamentos. Así, el elemento relevante es la existencia o no de materias
reservadas a la ley, ya que éstas delimitan el campo del reglamento
independiente. El Tribunal Constitucional, por su parte, no los ha admitido
expresamente pero tampoco los excluye.
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Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
La Ley del Gobierno también parece admitirlos en su artículo 5.h que establece
junto a la competencia del Consejo de Ministros para aprobar los reglamentos
para el desarrollo y la ejecución de las leyes, la de aprobación de las demás
disposiciones reglamentarias que procedan. En el mismo sentido, el artículo
23 excluye del ámbito de la potestad reglamentaria las materias objeto de
reserva de ley.
6.4. Ámbito material del reglamento
Ámbito material del reglamento
La relación entre la ley y el reglamento se ha articulado, históricamente, por
medio de los principios de jerarquía normativa y de reserva de ley.
Estos dos principios limitan la actuación y la extensión de la potestad
reglamentaria: el reglamento no puede infringir normas con rango legal ni
regular las materias objeto de reserva de ley.
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Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
La ley puede innovar el ordenamiento jurídico en todo momento regulando
cualquier materia, puesto que en nuestra Constitución no existe una reserva
reglamentaria.
Además de esta primacía formal, la ley goza de una primacía material o de
contenido respecto al reglamento que consiste en la invulnerabilidad de sus
preceptos frente a las determinaciones reglamentarias: la fuerza
innovadora de los reglamentos no llega a las normas con rango de ley cuya vigencia
no puede afectar en ningún caso (fuerza pasiva).
El principio de reserva de ley expresa la existencia de determinadas
materias que, por exigencia de la Constitución, deben ser reguladas por
una ley o norma con rango de ley, con exclusión del reglamento como norma
alternativa.
Con todo, esta exigencia no implica la imposibilidad de colaboración del
reglamento en la función normativa aunque limita su actuación. Por ello, la
intervención del reglamento en este ámbito depende absolutamente de la ley:
debe haber una ley previa que remita al reglamento la propia materia reservada.
La colaboración del reglamento con la ley: las remisiones normativas
Es muy frecuente que las leyes incluyan una disposición final del siguiente tenor:
«Se autoriza al Gobierno a dictar cuantas disposiciones sean necesarias para la
aplicación de esta ley».
Esta técnica es conocida con el nombre de cláusula de remisión.
Sin embargo, una parte de la doctrina la designa con el nombre de autorización o
habilitación, lo cual puede llevar a entender que si no existiera no podría intervenir
el reglamento.
Ello puede ser así en los supuestos de materias reservadas a la ley, pero no cuando
no hay reserva. En las materias no reservadas, las cláusulas de remisión
normativa no pueden considerarse autorizaciones para la entrada en escena del
reglamento, sino límites que pueden condicionar la intensidad de actuación
de la norma reglamentaria.
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En cambio, en los supuestos de materias constitucionalmente reservadas, al
exigir la Constitución que una materia sea regulada por ley, se excluye por
completo la posibilidad de reglamentos independientes; pero se admite un
cierto grado, diferente según los casos, de colaboración del reglamento con la
ley.
El Tribunal Constitucional ha señalado que la reserva de ley comporta, con
intensidades diferentes, una regulación básica o sustancial por parte del
legislador, impidiendo una remisión que otorgue una habilitación en blanco o
permita cualquier regulación que por imperativo constitucional esté excluida
de la potestad reglamentaria.
Sin embargo, el grado admisible de remisión al reglamento no puede fijarse con
absoluta precisión, entre otras razones, porque depende de la materia sobre la
que opere la reserva.
En cualquier caso, y como límite adicional, se prohíbe al reglamento, sin
perjuicio de su función de desarrollo y colaboración con la ley, la tipificación de
delitos, faltas o infracciones administrativas, el establecimiento de penas o
sanciones, tributos, cánones u otras cargas o prestaciones personales o
patrimoniales de carácter público (art. 23.2 Ley del Gobierno).
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6.5. El control jurisdiccional de los reglamentos
El control por parte de la jurisdicción ordinaria: tipo de control y efectos
La Constitución perfila un sistema en el que la actividad administrativa queda
supeditada a una ulterior y efectiva revisión jurisdiccional.
Todos los jueces que integran el Poder Judicial, con independencia del orden
judicial al que pertenecen, son competentes para controlar las disposiciones
reglamentarias, siendo indiferente, a estos efectos, la naturaleza estatal o
autonómica de la disposición. Así lo confirma el artículo 6 de la LOPJ, al establecer que
«los jueces y tribunales no aplicarán los reglamentos o cualquier otra
disposición contrarios a la Constitución, a la ley o al principio de jerarquía
normativa».
Por consiguiente, el control de constitucionalidad y de legalidad de los
reglamentos por parte de cualquier juez ordinario se realiza mediante la técnica
de la inaplicación, que sólo procederá cuando el juez se encuentre con una norma
de rango superior de contenido contrario cuya aplicación conduzca a un
resultado jurídicamente diferente al que resulte del reglamento.
Sin embargo, esta técnica puede plantear problemas desde el punto de vista de la
seguridad jurídica, pues un juez puede inaplicar un reglamento por entenderlo
contrario a una norma de rango superior, mientras que otro juez puede
considerarlo plenamente válido y aplicarlo para resolver el conflicto.
Por el contrario, en el ámbito de la jurisdicción contencioso-administrativa se
prevén dos mecanismos para controlar la legalidad de las disposiciones
reglamentarias, el recurso directo y el indirecto.
En el primero los demandantes reclaman de la jurisdicción la declaración de
ilegalidad y la anulación de uno o varios preceptos del reglamento que se
impugna. En el recurso indirecto lo que se impugna son los actos de aplicación
del reglamento que se considera contrario a derecho.
Este último enlaza con el primero mediante la cuestión de ilegalidad, que deberá
plantear el órgano que hubiere dictado sentencia firme estimatoria por
TEMA 6 – Ideas clave 18© Universidad Internacional de La Rioja, S. A. (UNIR)
Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
considerar ilegal el contenido de la disposición aplicada, ante el tribunal
competente para conocer del recurso directo contra la disposición, de modo que
éste podrá declarar erga omnes la nulidad del reglamento cuestionado (art. 27 Ley
29/1998, de la jurisdicción contencioso-administrativa).
También es posible un control de las disposiciones reglamentarias cuando éstas
resulten lesivas de derechos fundamentales, mediante el procedimiento
preferente y sumario a que hace referencia el artículo 53.2 de la Constitución.
Pero el control no es el mismo en el caso de reglamentos ejecutivos que en
el caso de reglamentos independientes.
El artículo 6 de la LOPJ impone al juez la obligación de inaplicar los
reglamentos contrarios a la Constitución, a la ley o al principio de jerarquía
normativa.
En consecuencia, para determinar la validez de un reglamento el juez debe
efectuar un juicio previo de legalidad.
Es decir, si la norma reglamentaria contradice los mandatos legales, el juez
deberá inaplicar la primera porque es ilegal, o declarar su nulidad si el juez
pertenece al orden contencioso-administrativo y es competente.
TEMA 6 – Ideas clave 19© Universidad Internacional de La Rioja, S. A. (UNIR)
Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
Si, por el contrario, el precepto reglamentario que se considera lesivo es
conforme a la ley, resultará que es la propia ley la que origina la lesión y el juez
deberá plantear ante el Tribunal Constitucional una cuestión de
inconstitucionalidad, puesto que el juez no puede decidir sobre la validez de la
ley, lo cual es presupuesto inexcusable para pronunciarse sobre la validez del
reglamento.
El reglamento independiente se encuentra en una relación directa de
subordinación respecto a la Constitución.
Así, los preceptos reglamentarios que contradigan los mandatos
constitucionales son nulos de pleno derecho y, en consecuencia, el juez deberá
inaplicarlos para aplicar directamente la Constitución; a menos que se trate de un
juez del orden contencioso-administrativo, en cuyo caso deberá declarar su nulidad
expresa. Sin embargo, cuando lo que se cuestiona no es el contenido del
reglamento independiente sino su viabilidad constitucional, el juez deberá
determinar si la materia en cuestión está constitucionalmente reservada a la
ley, ya que si ello es así, el reglamento sería inconstitucional.
El control del Tribunal Constitucional: procedimiento y efectos
El Tribunal Constitucional es el órgano encargado de realizar un control
concentrado de constitucionalidad sobre las leyes y disposiciones normativas
con fuerza de ley y sólo en la medida en que el reglamento ejecutivo emane
de la ley quedará indirectamente afectado por este control.
No quedará afectado directamente, ya que, según la LOTC, la nulidad derivada de la
declaración de inconstitucionalidad de una ley sólo afecta a ésta y no a sus
posibles reglamentos ejecutivos.
Tampoco puede pretenderse mediante el recurso de amparo la impugnación directa
de las disposiciones reglamentarias, salvo que éstas sean las causantes directas
de las vulneraciones de los derechos y libertades protegidos.
En cambio, el Tribunal Constitucional sí puede anular directamente
disposiciones reglamentarias por la vía de conflictos de competencia, aunque
el objetivo de esta vía procesal no es sustraer del ordenamiento jurídico las
TEMA 6 – Ideas clave 20© Universidad Internacional de La Rioja, S. A. (UNIR)
Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
normas inconstitucionales sino, básicamente, determinar el titular de la
competencia controvertida. Por ello, la nulidad del reglamento surgiría como
efecto-consecuencia de la resolución del juicio principal.
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Administrativa
Esta norma recoge la función reguladora de la Jurisdicción Contencioso-
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+ Información
Bibliografía
BALAGUER CALLEJÓN, F. Fuentes del Derecho II. Ordenamiento general del Estado
y ordenamientos autonómicos. Tecnos. Madrid. 1991.
GARCÍA DE ENTERRÍA, E.; FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, T. R. Curso de Derecho
Administrativo I. Civitas. Madrid. 2008.
GARRIDO FALLA, F. Tratado de Derecho Administrativo. Vol. I. Tecnos. Madrid.
2005-2006.
SANTAMARÍA PASTOR, J. A. Fundamentos de Derecho Administrativo I. Editorial
Centro de Estudios Ramón Areces. Madrid. 1991.
TEMA 6 – + Información 23© Universidad Internacional de La Rioja, S. A. (UNIR)
Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
Test
1. A los reglamentos «jurídicos» se oponen los reglamentos:
A. Independientes.
B. Administrativos.
C. Ejecutivos.
D. Políticos.
2. La potestad reglamentaria del Gobierno encuentra su fundamento:
A. En la función ejecutiva que la Constitución atribuye al Gobierno.
B. En la autorización del poder legislativo.
C. Directamente en la propia Constitución y al lado de la función ejecutiva.
D. En la ley.
3. En las materias no reservadas, las cláusulas de remisión normativa se consideran:
A. Una autorización legislativa para que el reglamento se ocupe de materias que
en principio le están vedadas.
B. El fundamento de la potestad reglamentaria.
C. Una prueba de la ilicitud de los reglamentos independientes.
D. Un límite de la potestad reglamentaria.
4. Según la doctrina mayoritaria, la diferencia entre reglamento y acto administrativo
radica en que:
A. El reglamento tiene capacidad para crear nuevo derecho, mientras que el acto
administrativo se agota con su cumplimiento y no añade nada nuevo a la
normativa vigente.
B. La elaboración del reglamento está sometida a un procedimiento especial
diferente del que se aplica a los actos administrativos.
C. La adquisición de eficacia del reglamento está sometida a su publicación en los
boletines oficiales, mientras que en el caso de los actos administrativos queda
supeditada a su notificación a los interesados.
D. Todas son correctas.
TEMA 6 – Test 24© Universidad Internacional de La Rioja, S. A. (UNIR)
Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
5. Los reglamentos dictados por el Consejo de Ministros revisten la forma de:
A. Real Decreto.
B. Orden acordada en Consejo de Ministros.
C. Real Decreto acordado en Consejo de Ministros.
D. El Defensor del Pueblo.
6. La declaración de nulidad de los reglamentos ilegales corresponde:
A. Exclusivamente a los jueces ordinarios.
B. A todos los jueces que integran el Poder Judicial, con independencia del orden
judicial al que pertenecen.
C. A los jueces y tribunales de la jurisdicción contencioso-administrativa.
D. A ninguno de los anteriores.
7. Señale la respuesta incorrecta:
A. La cuestión de ilegalidad sirve para enlazar el recurso indirecto con el directo.
B. En el recurso directo, el objeto principal del proceso es el reglamento y su
anulación.
C. En el recurso indirecto, el objeto del proceso es un acto de aplicación del
reglamento, basándose la impugnación en la ilegalidad del reglamento mismo.
D. El plazo de interposición tanto del recurso directo como del indirecto es de tres
meses desde la publicación de la disposición impugnada o la notificación del acto,
respectivamente.
8. La fuerza pasiva que poseen las leyes frente a los reglamentos significa:
A. Que las normas con rango de ley derogan cualquier norma reglamentaria
preexistente opuesta a sus mandatos.
B. La prohibición dirigida a los titulares de la potestad reglamentaria de dictar
reglamentos de contenido o sentido contrario a las leyes.
C. Que la ley puede innovar el ordenamiento jurídico en todo momento regulando
cualquier materia, puesto que en nuestra Constitución no existe una reserva
reglamentaria.
D. La a y la c son correctas.
TEMA 6 – Test 25© Universidad Internacional de La Rioja, S. A. (UNIR)
Historia y Fuentes del Ordenamiento Jurídico Español
9. Señale la respuesta incorrecta:
A. La nulidad aparejada a la declaración de inconstitucionalidad de una ley afecta
también a sus posibles reglamentos ejecutivos.
B. No puede realizarse un control de constitucionalidad de las disposiciones
reglamentarias mediante el recurso de inconstitucionalidad.
C. Cuando las disposiciones reglamentarias sean las causantes directas de la
vulneración de un derecho o libertad protegido podrán ser impugnadas mediante
el recurso de amparo.
D. El Tribunal Constitucional puede anular directamente disposiciones
reglamentarias por la vía de los conflictos de competencia.
10. ¿Cuál de los siguientes trámites se prevé con carácter discrecional en el
procedimiento de elaboración de los reglamentos?:
A. Memoria económica que contenga la estimación del coste a que dará lugar.
B. Informe de la secretaría general técnica del ministerio correspondiente.
C. Sometimiento de la disposición a información pública.
D. Realización de un proyecto de texto normativo.
TEMA 6 – Test 26© Universidad Internacional de La Rioja, S. A. (UNIR)