100% encontró este documento útil (2 votos)
586 vistas86 páginas

Una Adicción en La Familia

Cargado por

Mitzy
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (2 votos)
586 vistas86 páginas

Una Adicción en La Familia

Cargado por

Mitzy
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

2
Lic. Melina N. Gancedo
Una adicción en la familia

3
1° edición: Ene., 2021
Melina N. Gancedo; Buenos Aires, Argentina
Todos los derechos reservados.
Queda prohibida cualquier forma de reproducción,
distribución, comunicación pública y
transformación de esta obra, sin la autorización
escrita de los titulares del copyright.

4
INDICE

Introducción 6
Entendiendo qué es una adicción 10
Una adicción en la familia 32
Paradependencia, ¿qué hacemos con los hijos? 42
Prevención y tratamiento 53
Resumen y conclusión 72
Bibliografía consultada 80
Sobre la autora 83

5
INTRODUCCIÓN

6
Cuando una adicción llega a una familia, las
vidas de sus miembros se ven afectadas de una u
otra manera. Es casi imposible no verse impactado
por esta problemática tan compleja.

Este libro pretende brindar herramientas que


permitan introducir al lector en las características y
conceptos más importantes que debe comprender a
la hora de entender qué es una adicción y, en caso
de que se encuentre atravesando una situación
similar, ya sea por padecer una adicción o por tener
un familiar con este problema, aprenda recursos
que le permitan entender de qué se trata aquello
con lo que se encuentra lidiando.

Haremos un recorrido teórico y práctico, con


ejemplos concretos, con el fin de que el lector al
terminar la lectura de este libro, pueda conocer qué
es una adicción, tenga herramientas para
identificarla y obtenga diferentes formas para, o
empezar a poner fin a su problema si es que tiene

7
una adicción o poder acompañar al familiar que se
encuentre atravesando este problema.

Este libro, entonces, es para todo aquel que quiera


conocer más acerca de las adicciones y cómo su
recuperación es posible, cuáles son los procesos
que caracterizan una adicción, y qué pasos son
necesarios si de tratamiento se habla.

Por ello, este libro está recomendado para quien


tenga en su familia un caso de adicción, para quien
la esté padeciendo y para la comunidad en general
que quiera incorporar conocimiento teórico y
práctico sobre el campo de las adicciones.

Y cuando hablamos de adicciones, no solo estamos


pensado en las adicciones por consumo de
sustancias, como podría ser, por ejemplo, el
consumo desmedido de bebidas alcohólicas.
También estamos tomando en consideración
aquellas conductas que, sin involucrar sustancias,
se convierten en compulsivas y necesarias,

8
constituyéndose en adicciones comportamentales o
adicciones sin sustancias. En este caso, podemos
mencionar conductas adictivas como la ludopatía,
la adicción a las compras, o la adicción a otra
persona, en la dependencia emocional.

Analizaremos qué ocurre cuando aparece una


adicción en la familia, y en especial, qué sucede
con los más pequeños, los hijos.

Y por último, hablaremos acerca de la prevención


de las adicciones y, para los casos en los que ya se
ha desencadenado el problema, ahondaremos en
cómo es el tratamiento de una adicción.

9
ENTENDIENDO
QUÉ ES UNA
ADICCION

10
Las adicciones son un problema de salud
caracterizado por una conducta determinada donde
una persona mantiene una relación compulsiva,
excesiva y de dependencia con un objeto, persona o
situación.

En este complejo proceso intervienen múltiples


factores tanto a nivel de los determinantes que lo
ocasionan como en las consecuencias que produce,
a corto o largo plazo.

Podemos clasificar a las adicciones en dos grandes


grupos: adicciones donde median sustancias
psicoactivas y adicciones sin sustancias que
remiten a conductas o comportamientos que se
tornan adictivos.

Ambos grupos de adicciones pueden producir


repercusiones a nivel físico, psicológico, familiar,
laboral, legal.

11
En pocas palabras: toda la vida de la persona adicta
se verá afectada, ya que sus actividades, intereses y
prioridades se organizaran en función del objeto
concreto de su adicción.

12
La responsabilidad en la adicción

Nadie elige ser adicto, y deteriorar cada área


de su vida con una adicción, sin embargo es
responsable de sus actos, de sus decisiones
conscientes y de sus ganas de implementar cambios
e iniciar un proceso de recuperación.

Por el poder adjudicado a la sustancia y el apego


creado hacia ella, la persona con problemas de
adicción piensa que la sustancia “es más fuerte”,
que la droga “lo puede”, o que lo maneja. Lo
mismo ocurre en las adicciones sin sustancias,
donde la persona siente que no puede “evitar ir al
Bingo” y gastarse todo o gran parte de su dinero, o
que no puede dejar de jugar días enteros a
videojuegos, dejando de lado cualquier otra
actividad significativa, como alimentarse,
hidratarse, socializar o higienizarse.

13
Sin embargo, esas creencias no hacen más que
autolimitar y condicionar a la persona adicta en sus
acciones y decisiones.
Creer que por culpa de la droga (incluyendo a las
bebidas alcohólicas dentro de la categoría Droga)
se hizo tal o cual cosa, es quitarse protagonismo en
dicho comportamiento. Cada uno es responsable de
las consecuencias de sus actos, droga mediante.

Vale aclarar que las drogas son sustancias no


inocuas, ya que al ingresar al organismo lo alteran,
incluyendo a las funciones del Sistema Nervioso
Central.

No podemos negar los efectos que producen y su


influencia. Por lo cual, podemos adjudicarle cierta
responsabilidad en los cambios de ánimo, humor,
carácter, control de la impulsividad y emociones,
coordinación psicomotriz, modos de reaccionar.

La droga estimula, altera, desinhibe, deprime,


violenta o calma. Sin embargo, estas consecuencias

14
son secundarias a una decisión personal, de quien
se siente convocado, seducido o, en el peor de los
casos, arrasado y esclavizado por la droga. Pero es
la persona quien en primer lugar decide (consciente
o inconscientemente, racional o irracionalmente)
ingresarla a su organismo, o pasar por la calle del
Casino.

Mucha ayuda aporta en este accionar el potencial


adictivo de las sustancias, es decir su capacidad de
generar dependencia, tanto física como psicológica.
Por eso es tan compleja la problemática de las
adicciones, porque la conciencia, el físico, la
voluntad, la motivación y los lazos sociales, entre
otros, se ven alterados en personas con adicciones.
Por lo cual se sugiere solicitar asesoramiento y
ayuda profesional.

Hablamos de responsabilidad en tanto que es la


persona adicta y solo ella quien puede decidir
consumir y es ella quien decidirá realizar un
tratamiento para su recuperación, actuar en pos de

15
prevenir recaídas y sostener los cambios para no
volver a consumir. O elegir lo contrario.

Hablamos de elección, pero no es posible una


elección consciente en todas las situaciones, ya que
en muchos casos la persona adicta se desespera por
dejar de consumir y, a la vez, se desespera por
consumir. Y esto es por la característica adictiva de
las sustancias, y por el lazo de necesidad y
dependencia que se ha generado con ellas.

En este punto, nos podríamos preguntar si la droga


bloquea partes del cerebro y desinhibe otras: ¿hasta
dónde es responsable la persona?; o ¿hasta qué
punto no queda sin herramientas, arrasado, a
merced de los efectos ocasionados por su
consumo?

Y ninguna de las opciones puede desestimarse,


porque son reales las alteraciones que la droga
produce en el cuerpo pero no dejemos de lado que
es la persona quien la consume.

16
La droga por sí sola no puede hacer nada, es un
objeto sin vida, sin poder. El verdadero poder está
en el ser humano, quien así como puede consumir,
también tiene la capacidad de construir una
conciencia de enfermedad, de problemática de
salud que lo excede, y armarse de voluntad para
salir de lo que él mismo puede describir como el
mismísimo infierno. Un infierno que él ha creado,
sostenido en el tiempo y hasta protegido, por
diversas variables psicológicas, sociales,
biológicas, culturales.

Estas variables son los factores que se encuadrarán


y desatarán la posibilidad de una adicción.

No está de más recordar que nadie elige ser adicto.


La adicción es una construcción que se da a lo
largo del tiempo, enmarcada en las variables antes
mencionadas. Variables que atraviesan a la persona
adicta, pero que condicionan sin necesariamente
determinar un destino sin salida.

17
Como causas del desarrollo de una adicción
podemos mencionar: Falta de motivación, baja
tolerancia a la frustración, dificultad en el control
de impulsos, vacío existencial, falta de sentido de
vida, baja autoestima, déficit en el manejo de las
emociones, necesidad de aprobación de los otros,
dificultades en la comunicación intervincular, entre
otros.

La persona adicta es responsable y esto, lejos de


juzgarla o sentenciarla, la coloca en un lugar activo,
de protagonismo en su vida, lo cual pondrá en sus
manos la posibilidad de encarar un proceso de
recuperación de su adicción para tener una vida
mejor.

Del mismo modo, la persona adicta a otra persona,


tiene la capacidad de poder identificar las
consecuencias negativas que el sostener un vínculo
de dependencia emocional le genera, y aunque sea
un proceso difícil poner y ponerse límites sólo es

18
esa persona quien podrá cambiar ese modo de
relacionarse.
La dependencia provoca ese sentimiento que se le
impone al dependiente, si esa otra persona no está
o la relación no se encuentra en sus mejores
momentos, el mundo se viene abajo.

El humor, el ánimo, la motivación se ven afectados.


La productividad también. La autoestima baja. El
concepto de uno mismo, la autoconfianza y la
estima son adjudicados a la otra persona. Valgo si
el otro me lo hace sentir.

Y esto no es una revelación consciente. Se


encuentra latiendo ese sentimiento, ese
pensamiento, sin llegar del todo a la conciencia
pero empezando a hacer estragos en la subjetividad
de la persona dependiente. Incluso la personalidad
y hasta la identidad pueden ser afectadas y
modificadas a partir de la dependencia aun no
visibilizada, no cuestionada.

19
Por todo lo expuesto, es importante problematizar
este tipo de relaciones y hacer visibles los efectos y
consecuencias que implican que como hemos visto
pueden afectar la salud mental y física de la
persona dependiente.

Además también puede traer aparejado dificultades


a la hora de iniciar o conservar otros lazos sociales
y de volcar interés y atención en otras actividades
que no implican a la persona objeto de su adicción.

20
Efectos y secuelas de una adicción

Profundizando en las consecuencias de las


adicciones, en primer lugar, vamos a hablar de la
persona adicta, la cual se verá afectada en los
diferentes niveles de su vida y esto variará en cada
persona, según sus características particulares, la
frecuencia e intensidad de la conducta adictiva y la
presencia o ausencia de redes de contención. En
términos generales, las repercusiones que pueden
ocasionar oscilaran entre consecuencias a corto y a
largo plazo.

Dentro de las posibles consecuencias psicológicas


de la adicción a sustancias, a corto plazo, y en
algunos casos en cuestión de minutos, podemos
identificar la disminución de la coordinación
psicomotriz, la atención y la memoria, la confusión
espacio-temporal, la alteración de la percepción.

Incluyendo a las adicciones sin sustancias, también


podemos mencionar como consecuencias, a corto y

21
largo plazo: angustia, dependencia, ansiedad,
nerviosismo, pánico, culpa, vergüenza, baja
autoestima, sentimiento de autoinsuficiencia,
aislamiento, estrés, impulsividad, irritabilidad,
inestabilidad emocional.

Estos aspectos psicológicos suelen tener un


correlato biológico, como consecuencia de los
conflictos que la persona adicta está atravesando.

Esto implica que no necesariamente hablamos de


consecuencias físicas en vinculación con la ingesta
de sustancias psicoactivas. Por ejemplo, el estrés, la
ansiedad y la culpa que pueden ocasionar la
ludopatía, es decir el juego patológico y
compulsivo, traerán aparejados efectos en el
cuerpo, como insomnio, trastornos de la
alimentación, sedentarismo, dolores musculares,
problemas gastrointestinales, cardiovasculares.

Por otro lado, en el caso de las adicciones por


consumo de sustancias psicoactivas, el cuerpo se ve

22
alterado, ya que estas drogas alteran el
funcionamiento del sistema nerviosa central y de
los diferentes órganos. Ulceras, pancreatitis,
cánceres, son algunas de las manifestaciones
somáticas de la adicción a largo plazo. A muy corto
plazo, los efectos variaran según la situación previa
en la que se encuentra la persona consumidora, el
contexto, la sustancia, la dosis y el modo de
administración: aumento o disminución de la
frecuencia cardiorrespiratoria, aumento o
disminución de la temperatura corporal,
taquicardia, temblores, sudoración.

El área socio-familiar, también se verá afectado:


Conflictos familiares caracterizados por reproches
y discusiones con respecto a la conducta adictiva,
desconfianza, enojos, preocupación, miedo,
vergüenza, aislamiento, dificultades a la hora de
iniciar y sostener lazos afectivos, problemas en el
área educativo-laboral (inasistencias, déficit de
atención y concentración, deserciones, desempleo)

23
En definitiva, salud física y mental, vínculos socio-
familiares y proyectos educativos y laborales, se
verán significativamente afectados por una
adicción.

24
¿Cómo funciona una adicción?

Para entender correctamente el


funcionamiento de una adicción, profundizaremos
en los conceptos siguientes: Sensación de
Necesidad, Dependencia, Abstinencia, Tolerancia,
Craving y Compulsión a repetir.

Un primer elemento clave necesario para definir a


una conducta como adictiva es la noción de
Necesidad. Necesidad a toda costa de realizar tal o
cual actividad, ya sea consumir una sustancia, jugar
en el bingo o ir al gimnasio de forma compulsiva
(Trastorno denominado Vigorexia).

Es imperante realizar esa actividad porque el


cuerpo y la cabeza lo piden de forma intensa y
excesiva, rozando o cruzando todo posible límite,
hecho por el cual podemos hablar de dependencia.
La dependencia se enmarca en un accionar que,
según la persona adicta, se convierte en necesario,
da alivio, descarga o anestesia. Esto es por ejemplo,

25
usar la marihuana para reducir el estrés, fumar
tabaco cuando se está nervioso o internarse en un
gimnasio para “liberar”. Cuando hay dependencia,
hay ataduras. La persona adicta cree que necesita
de “eso” para funcionar mejor en la vida.

En muchos casos se alcanza un nivel en donde el


cuerpo mismo, sus células, sus sistemas, necesitan
de determinada conducta. En el caso del
tabaquismo se da gracias a la nicotina que genera
sensaciones de placer y relajación. En el
alcoholismo, en instancias muy avanzadas, si la
persona no consume bebida alcohólica, siente que
no puede funcionar.

El mismo cuerpo se lo solicita, con temblores,


taquicardia, mareos, nerviosismo. Signos, entre
otros de la abstinencia, es decir la ausencia de
aquello que se necesita, cuando la conducta
requerida no se puede llevar a cabo. Se puede
vivenciar con efectos físicos y psicológicos, como
los ya mencionados y podemos agregar trastornos

26
del sueño y de la alimentación, irritabilidad,
ansiedad.

El cuerpo tiene memoria.

En el caso de las adicciones, esto quiere decir, sin


rodeos, que no hay cura posible. Lo que sí hay es
una recuperación con prevención de recaídas.

Si la persona vuelve a consumir, inmediatamente el


cuerpo y la cabeza reconocen la sustancia y
recuerdan todas sus virtudes: “con esto
me relajaba”, “con esto olvidaba mis dolores
emocionales”, “con esto me anestesiaba”, “con esto
era feliz”.

Y eso se da porque las drogas en la mayoría de los


casos gustan y generan placer. Al ingresar al
organismo, producen la liberación de dopamina.
La dopamina es una sustancia que se libera como
resultado de una actividad que nos gratifica y nos
da placer, de ahí la necesidad de repetirla

27
compulsivamente (Compulsión a repetir para la
búsqueda de gratificación inmediata). Esto se
puede dar en situaciones tan simples como comer
nuestra comida favorita, escuchar la música que
nos gusta, o reunirnos con personas con quienes
compartimos un lindo momento. Y también, al
consumir sustancias psicoactivas.

En cualquier adicción, la liberación de dopamina se


produce primero en una situación de gran placer
que deviene en necesaria, tornándose nociva y
autodestructiva, poniendo en riesgo hasta la propia
integridad psico-física.

Un concepto que nos puede ayudar a entender la


necesidad y compulsión a repetir es el concepto de
Craving. Se traduce como ansias o más
precisamente ansiando, haciendo alusión al deseo
de realizar una actividad determinada.
Se activa a partir de recuerdos o estímulos que
estaban relacionados con dicha actividad y que
pueden dar lugar a repetir la acción.

28
Por ejemplo en una adicción por consumo de
sustancias esos recuerdos y asociaciones pueden
dar lugar a una desesperada búsqueda de la
sustancia en cuestión y a una vuelta al consumo.

La estructura neurológica principal implicada en


esto es el circuito de recompensa, cuya activación
promueve el aprendizaje y el mantenimiento de las
conductas. Su vinculación a la vía dopaminérgica
es clave en el proceso de craving.

Además de la dopamina, en el circuito de


recompensa actúan la serotonina y la noradrenalina
y la vía hipotálamo-hipófisis-adrenal que sostiene
la condición adictiva.

Como la activación del circuito de recompensa


permite el aprendizaje de conductas y su posterior
mantenimiento, se puede aprender a asociar el
consumo de una determinada sustancia con la
obtención de euforia, hiperexcitacion o gran placer.

29
Por ello, cuando se activa el circuito de recompensa
a partir de algo visto, escuchado o recordado se
estimula el área tegmental ventral, que influye en la
liberación de dopamina en el núcleo accumbens,
que es la parte del cerebro encargada del
aprendizaje y la motivación en relación con los
estímulos; se produce euforia y placer y promueve
que la persona con una adicción atraviese un
proceso de craving, deseando llevar a cabo la
conducta adictiva nuevamente.

Y, ¿por qué una adicción puede aumentar de forma


gradual a lo largo del tiempo?

Eso se da gracias a un proceso denominado


Tolerancia. El cuerpo se va acostumbrando a
cierto efecto que le produce realizar su conducta
adictiva y llega un momento en que ya no genera el
mismo efecto deseado que producía en los primeros
tiempos. Por lo cual se hace necesario aumentar
cantidades, dosis, frecuencias.

30
Esto nos ayuda a comprender por qué vemos
empeorar la situación de una persona con adicción,
quien puede pasar de sólo consumir excesivamente
alcohol un fin de semana, a hacerlo cada vez que lo
necesite, en cualquier día, en cualquier lugar.
También la tolerancia puede provocar cambios en
las dosis ingeridas o en las sustancias elegidas. Por
ejemplo, con el tiempo, incorporar bebidas más
fuertes o drogas “más duras”.

La tolerancia también aplica a las adicciones sin


sustancias. Puede verse en los juegos compulsivos,
donde cada vez se arriesga más y con mayor
frecuencia. O en la adicción a los videojuegos,
podría verse reflejado en cambiar las horas y días
de juego, como por ejemplo de hacerlo en ratos
libres, o fines de semana, a jugar compulsivamente
días de semana, trayendo este hecho aparejadas
dificultades a nivel laboral o educativo, por
ejemplo, o también produciendo posibles trastornos
alimentarios o del sueño.

31
Una adicción en la
familia

32
¿Por qué una adicción afecta a toda la familia?

Vergüenza, miedo, enojo, frustración,


angustia, son sólo algunas de las razones por las
cuales se suele decir que una adicción afecta a toda
la familia de la persona que presenta este problema.

Una adicción genera en quien la padece efectos en


su cuerpo, en su mente, en su sistema nervioso, en
sus conductas, en su forma de pensar. En definitiva,
una adicción altera la vida entera de la persona que
la tiene, por eso se dice que es un problema
complejo, tiene consecuencias en las diferentes
áreas de su vida.

Este hecho preocupante puede ocasionar que la


persona cambie abruptamente de humor, no asista a
su trabajo, protagonice un accidente o presente
dificultades con sus vínculos más cercanos.
Día a día, si la adicción no es tratada y frenada, los
problemas parecen ser más grandes, lo cual genera
mucha inquietud y angustia en las personas que

33
conviven con la persona adicta o que pertenecen a
su círculo más cercano.

La preocupación familiar empieza a hacer


apariciones cada vez más recurrentes. Los seres
queridos empiezan a ver cómo gradualmente la
persona adicta va perdiendo control sobre sus
acciones, sobre lo que dice o hace cuando está bajo
efectos del consumo si hablamos de una adicción
por consumo de sustancias.

Esta cuestión también se puede generar aun cuando


no hay sustancias interviniendo. Se trata de
aquellas adicciones sin drogas, también llamadas
adicciones sin sustancias o adicciones
comportamentales.

Por ejemplo, en el caso de la ludopatía, la persona


adicta se desespera por volver a jugar una vez más.
Siente los síntomas de la abstinencia, es decir de la
ausencia de su conducta adictiva, se siente irritable,
nervioso, ansioso. Siente que necesita ir a jugar, es

34
en lo único que puede pensar, siente que es su
prioridad. El cuerpo tiembla, la mente no deja de
pensar en jugar. Sabe que no debe, que puede
ocasionarle nuevos problemas, que ya discutió con
su familia. Sabe, pero a la vez sufre.

Siente dependencia hacia esa actividad. Siente la


abstinencia, que le genera malestar y siente la
compulsión, que hará que recaiga, otra vez.

Esta situación también desespera a la familia, en


todos los sentidos. Por la salud física y mental de la
persona adicta y la propia, por las preocupante
consecuencias económicas que puede generar esta
situación. Por eso, la familia también se siente
nerviosa, ansiosa, preocupada, angustiada.

Los miembros de una familia que tiene una persona


con problemas de adicción pueden experimentar
problemas psicofísicos, estrés, ansiedad,
dificultades para conciliar el sueño, trastornos de la
alimentación, enfermedades, etc.

35
Por eso, una adicción que afecta a un ser querido,
también afectará al resto, y por ello es
importantísimo para la salud y el bienestar de la
familia que entiendan qué es una adicción, por qué
su ser querido hace lo que hace, por qué rompe
promesas de no volverlo a hacer.

Abstinencia, compulsión y dependencia son sólo


algunos conceptos que las familias deben
comprender para poder entender la compleja
problemática con la que están lidiando.

Además de las afectaciones físicas, en los


miembros de la familia, psicológicamente se
pueden desarrollar muchos aspectos que generan
malestar como por ejemplo: miedo a que vuelva a
ocurrir la conducta adictiva, miedo a que haya
nuevas y peores consecuencias por la conducta
adictiva, miedo a que haya algún tipo de violencia;
Angustia por no saber qué está pasando, cómo
poder ayudar, qué hacer para acompañar a su ser
querido, o también cómo elegir dejar de

36
acompañar, que también puede ser una elección
saludable, dependiendo el caso; Vergüenza si la
persona está fuera de control o haciendo
“papelones”; Enojo por los comportamientos o
malos tratos de la persona adicta, si los hubiera,
enojo porque ha recaído una vez, enojo porque
pareciera que “no quiere cambiar”.

Son muchas las sensaciones, angustias, traumas,


ansiedades que van dejando su huella cuando arrasa
la adicción.

Sin embargo, una adicción es un problema de salud


que tiene recuperación posible, tras un proceso
complejo, que puede durar años, pero es posible. Y
también es posible y necesaria la contención a los
familiares que padecen a la par esta problemática.

Buscar orientación, información y/o contención es


fundamental en las familias, para entender la
complejidad de la adicción y también para aprender
cómo convivir con estas situaciones y cómo

37
acompañar a su familiar de una manera más
consciente y sana para todos.

38
La familia en situación de adicción

¿Cómo se puede actuar si un familiar o amigo es


una persona con un problema de adicción?

Un primer paso implica desnaturalizar lo


que se ha naturalizado. De esta manera, se
empiezan a percibir dudas y confusión respecto a
conductas que hasta el momento se habían tomado
como “normales”, “gustos” o “caprichos”.

Aquí podemos ubicar un segundo paso: buscar un


espacio propio de escucha, de planteo de
interrogantes, de orientación sobre las adicciones,
para aprender a observar cómo es la relación de la
persona con la conducta adictiva. Por ejemplo, en
lo que refiere al consumo de bebidas alcohólicas:
¿mi familiar puede controlar la ingesta sin
depender del alcohol?; ¿le cuesta parar de tomar?;
¿busca excusas para tomar?

39
Es importante tomar conciencia de las conductas
adictivas a tiempo, por los riesgos que pueden
ocasionar, ya que toda adicción puede generar
efectos a nivel físico, comportamental, emocional,
vincular, social, laboral, legal. La orientación y
contención a las familias es fundamental para
comprender que las adicciones son problemas de
salud que tienen recuperación y en ella es muy
importante la participación de las familias.

En primer lugar, para resignificar su percepción y


comprensión de las adicciones y de sus
consecuencias, generando cambios de actitud y
construyendo espacios de diálogo y comunicación
familiar.

Pero fundamentalmente, además de entender la


complejidad de una adicción y acompañar de una
forma diferente a su ser querido que presenta el
problema, para elaborar aquellas situaciones
difíciles y traumáticas ocasionadas por efecto de las
adicciones que afectan a toda la familia, tales como

40
angustia, impotencia, miedos, enojos, síntomas
psicosomáticos, sentimientos de culpa, etc. De esta
manera, la familia también podrá empezar a tener
nuevos hábitos de vida saludables, fortalecer
autoestima, elaborar nuevos proyectos de
realización personal, independientemente de la
problemática del familiar en recuperación, para
aprender a vivir mejor y construir una vida más
sana, superando las secuelas complejas, de una
problemática compleja.

41
Paradependencia:
¿Qué hacemos con
los hijos?

42
Como venimos viendo, una adicción no solo
altera la vida de quien la padece sino que también
afecta de forma significativa a quienes lo rodean.

Se denomina paradependencia al conjunto de


efectos y vivencias que presentan los hijos de
padres adictos.

Este término, relativamente reciente, surge como


complementario al concepto de codependencia,
más referido a la relación entre la persona adicta y
un par, donde se presupone que dicho par tendría
ciertas herramientas y recursos internos y externos
para poder contribuir en la problemática y/o tomar
la decisión de correrse de ese vínculo. Aunque no
siempre resulta tan fácil como decirlo.

En cambio en la paradependencia, los hijos se


encuentran en una situación de vulnerabilidad
mayor por todo lo que implica el vínculo padres-
hijo.

43
Si bien no hay una edad o criterios para hablar del
cese de la paradependencia, los efectos sumamente
negativos de la misma no se manifestaran con el
mismo impacto si hablamos de un hijo niño, un hijo
joven o un hijo adulto.

De todas maneras, las repercusiones de una


problemática de adicción en los hijos pueden llegar
a afectar la forma de ser, de sentirse, de
identificarse, en definitiva de relacionarse consigo
mismo y con otras personas; también pueden
generar dificultades a la hora de pensarse, de
sentirse capaz, valorado, querido, o rechazado,
sobreprotegido o desamparado.

La adicción de los padres puede terminar anulando


su personalidad, su subjetividad.

Es crucial poder ofrecer un espacio a los hijos de


personas con problemas de adicción, donde éstos
puedan desplegar sus sentires, temores, malestares

44
y cotidianeidades naturalizadas, que requieren de
un oportuno cuestionamiento a nivel familiar.

El niño/adolescente/joven adulto es portavoz. Con


sus gestos, comportamientos y hasta con sus
silencios comunica, expresa, denuncia situaciones
donde la salud, el bienestar y la calidad de vida de
toda la familia como sistema, está en juego.

Y hablando del juego, es importante observar en


los hijos a qué juegan, qué pueden expresar,
escucharlos más allá de lo dicho, resignificar sus
manifestaciones. Sin ánimos de patologizar
aspectos, procesos, conductas o actitudes,
señalemos algunas de las presentaciones que suelen
observarse en la clínica con hijos de personas con
problema de adicción.

 Sostenimiento de vínculos caracterizados


por la dependencia emocional.
 Baja autoestima.

45
 Falta o exceso de límites.
 Sentimiento bajo de autoeficacia o
autoconfianza.
 Escasa contención y diálogo familiar.
 Dobles mensajes o discursos contradictorios
que confunden al hijo.
 Naturalización del consumo de sustancias
como psicofármacos, bebidas alcohólicas,
tabaco.
 Enojo, vergüenza, por la situación familiar.
 Dificultades en el proceso de aprendizaje.
Déficit de atención.
 Dificultades en la creación y sostenimiento
del lazo social. Aislamiento.
 Miedo, incertidumbre, ansiedad,
preocupación excesiva, desconcierto,
confusión.
 Miedo a expresarse.
 Sentimiento de culpa de los conflictos que
perciben en su entorno. Impotencia.

46
 Conductas evitativas de la realidad, que
también pueden ir configurando conductas
adictivas si se sostienen en el tiempo, si se
realizan de forma compulsiva, si se necesita
realizarlas para calmar ansiedad, malestar,
dolor emocional, angustia.

Es muy importante visibilizar los variados efectos


que puede producir una adicción y tomar
conciencia de que éstos pueden afectar el presente
y futuro de los miembros más vulnerables de la
familia: los niños, sujetos de derecho en proceso
de desarrollo físico y psíquico; y los jóvenes
adultos, quienes también pueden verse atravesados
y por ende afectados por la adicción de uno o
ambos padres.

47
¿Es necesario un tratamiento psicológico?

En primer lugar, no podemos establecer que


todo niño, hijo de una madre o padre con problema
de adicción, necesite como única salida un
tratamiento psicológico. Cada adicción se transita
diferente, cada persona adicta la viva y la trasmite
de forma diferente. Por lo cual, cómo el niño
vivencie esta problemática es un hecho individual
que dependerá de la subjetividad singular de cada
niño y del contexto en el cual se encuentra. No
todos los hijos de personas adictas se verán
atravesados por las mismas angustias,
problemáticas y dificultades.

En virtud de la evolución del niño en su relación


con la problemática familiar, y si se observan
manifestaciones psico-físicas-sociales que
representen perjuicio para el niño, se recomendará
la atención psicológica.

48
El encuentro psicológico con niños requiere de
intervenciones que potencian la constitución del
sujeto en desarrollo, lejos de obturarla; éstas son
intervenciones que acompañan, desde el suelo,
saltando o con disfraz mediante, que construyen
espacios, realidades, encuentros, junto al niño,
entendido éste como portador activo de un saber,
un saber –hacer, donde el jugar ocupa un lugar
privilegiado.

La psicología se ve demandada en la práctica diaria


a acompañar procesos, a alojarlos; escuchar más
allá de lo dicho, verbalizar lo no dicho y revisar
qué hay detrás de lo verbalizado, procurando abrir
interrogantes, identificar y potenciar posibilidades,
y resignificar al síntoma, escucharlo, hacerlo
jugar…

Lo no dicho angustia, hace síntoma. Se expresa


mediante la salida que encuentre: un dolor, un
insomnio, una hiperactividad, un déficit de
atención, una enuresis, un llanto, un silencio.

49
Es a través del juego que el niño puede empezar a
darle forma a eso que calla, o que dice con sus
síntomas, gritos o berrinches.

En la terapia, el niño empezará a elaborar aquello


que hace malestar y que hasta el momento no ha
encontrado forma sana de salir a la luz.

Será su espacio individual, donde podrá elaborar


aquello que la grupalidad de la problemática
familiar obtura, silencia o anula, sin una intención
consciente.

Una vez diagnosticada la adicción del padre o de la


madre y habiendo acordado que la consulta
psicológica del hijo es una decisión pertinente,
también lo será que el resto de la familia también
reciba contención. Hay muchas formas de
obtenerla, por lo cual no es excusa no tener dinero
ni tiempo.

50
Existe la consulta paga y la consulta gratuita.
Existe la terapia individual y la terapia familiar o
grupal. Existe la terapia presencial y la terapia a
distancia.

No se necesita ni dinero ni demasiado tiempo para


acudir a pedir orientación y atención respecto a la
problemática que está afectando a toda la familia.
De los adultos se necesita, en primer lugar, la toma
de conciencia de que lo que está alterando el
cotidiano vivir de la familia es una adición, es
decir, entenderla como un problema de salud que
tiene recuperación. También se necesita disposición
a informarse y a aprender qué es una adicción.
Además es fundamental el compromiso, con el
espacio terapéutico, con los cambios a
implementar, con la propia salud y con el bienestar
de la familia.

Cualquier adicción afecta a toda la familia. Los


hijos no son excepción. Y, si bien, según el caso se
recomendará la consulta psicológica o no, los

51
adultos también necesitan orientación, contención y
espacios donde volcar sus dudas, confusiones,
prejuicios, miedos, enojos, dolores, referidos a la
problemática familiar.

No es fácil aceptar que un ser querido tiene una


adicción, pero es peor mirar para otro lado y dejar
que las cosas “fluyan”, sabiendo que pueden venir
consecuencias negativas.

De una adicción se puede salir. Si es con apoyo


familiar, mejor. Pero para ello la familia también
requiere de ayuda. Sólo es cuestión de dar el gran
paso de animarse a involucrarse en la problemática,
averiguar qué opciones de atención se adecuan
mejor según la situación de cada familia y prestar
mucha atención a lo que le ocurre a los niños y
actuar en consecuencia, a tiempo.

52
PREVENCIÓN
Y
TRATAMIENTO

53
La prevención de una adicción

La prevención es definida como el conjunto


de acciones, estrategias y recursos utilizados para
evitar o reducir el desarrollo de una situación o
problema y sus consecuencias.

Existen tres tipos de prevención según el momento


en el cual se implemente. La prevención primaria
refiere a evitar un problema de forma anticipada.
En el caso de las adicciones nos referimos a
acciones tendientes a la toma de conciencia de los
aspectos negativos que tiene una adicción y de los
aspectos positivos que implica no adentrarse en
ninguna de ellas.

Se habla de prevención secundaria, cuando ya


hay un problema identificado y se realizan acciones
y estrategias para reducirlo o eliminarlo, según el
caso y las posibilidades de la persona en cuestión.
Para ello es necesario el diagnóstico y la detección
tempranos. En este punto es importante indagar y

54
motivar a la reflexión respecto a esa conducta de
dependencia.

Por último, la prevención terciaria se efectuará en


casos más avanzados, donde la dependencia está
fuertemente instalada y sus consecuencias
negativas también. La idea en este punto es poder
aplicar estrategias para detener o reducir el
problema y sus efectos.

Una estrategia de prevención, que puede resultar


válida en los diferentes tipos de prevención es la
promoción de actividades deportivas.

El deporte ocupa un rol fundamental ya que no solo


implica realizar actividad física, para mejorar y
conservar el estado de salud, sino que también
permite desarrollar otras habilidades que mejoran la
autoestima, fomentan la autodisciplina, los hábitos
saludables, el lazo social.

55
El deporte también puede mejorar el manejo de la
tolerancia a la frustración, desarrollar la capacidad
de espera y el sentido de la responsabilidad, la
autoconfianza, dedicación y esfuerzo, a la vez que
produce disfrute y gratificación.

En los casos donde se realiza la actividad deportiva


mediante el encuentro con otros, puede aportar al
desarrollo de habilidades sociales, al
compañerismo, al trabajo en equipo, crear sentido
de pertenencia a un grupo de pares (que se
encuentran unidos por un mismo deporte, equipo,
club, etc.)

Por lo tanto, las actividades deportivas se


constituyen en un factor importante que contribuye
a la concientización del cuidado de la salud, del
cuerpo y del bienestar en general, haciendo
prevención de cualquier tipo de dependencia.

56
El tratamiento de las adicciones

Y por último, uno de los posibles caminos


tras una adicción es la recuperación. Podremos
hablar de que una recuperación fue posible si se
logró promover un cambio global en el estilo de
vida de la persona, incluyendo concientización de
su problemática, aprendizaje de valores,
habilidades sociales, aprendizaje de
responsabilidades, mejora en los vínculos,
fortalecimiento de autoestima, entre otros.

Se propone que las personas logren identificar y


manejar emociones e impulsos, aumentar factores
de protección (como por ejemplo la inserción o
reinserción en el sistema de salud, educativo,
laboral y familiar, la promoción de los derechos, la
ampliación de la red de contención) y disminuir los
factores de riesgo que sostienen la conducta
adictiva.

57
En definitiva la recuperación implica el cambio
integral en su forma de pensar, actuar, decir y
sentir, es decir en su forma de vivir, haciendo
hincapié en la promoción de una mejora en la
calidad de vida; mejor dicho, en una vida posible
sin el objeto de su adicción.

58
¿Cómo se inicia un tratamiento?

Para que se inicie un tratamiento, la persona


adicta debe comprender que se encuentra en un
estado de dependencia respecto a determinado
objeto, situación, o persona; y esto es lo que por lo
general está ausente en un caso de adicción, al
menos en los primeros momentos. Sucede de forma
recurrente que quien acude en primer lugar a
demandar orientación o atención es un familiar o
amigo. Personas que pudieron dar cuenta de que
una conducta determinada (la que luego se
configurará como conducta adictiva) se estaba
realizando de forma excesiva, repetitiva o
destructiva para la vida de la persona adicta.

Entonces si no hay problema no hay tratamiento, es


decir si la persona adicta no logra percibir una
problemática en su modo de accionar no habrá
tratamiento posible, ya que no hay demanda de
atención y si se acerca a un tratamiento por pedido

59
o presión de otros, éste será muy dificultoso, o
nulo, o directamente no será.

Debe haber reconocimiento de un problema para


querer solucionarlo. Esta “construcción” del
problema implica un proceso necesario, de toma de
conciencia, de autoobservación, de percepción de
los riesgos a los que se está sometiendo. Puede ser
que este pasaje desde “desconocer” o negar el
problema a aceptarlo y pedir ayuda para iniciar y
transitar un tratamiento, lleve poco o mucho
tiempo, ese proceso es subjetivo, relativo a cada
persona. Y también puede ocurrir que el pasaje se
de por cuenta propia, por acompañamiento de los
seres queridos o en un proceso terapéutico.

En el primer caso, nos referimos a aquellas


personas que por sí solos o a raíz de un evento
particular (como sufrir un accidente bajo efecto del
consumo de sustancias, o quedarse sin empleo
como consecuencia de su adicción) logran tomar
conciencia que esa conducta, a la que

60
denominaremos conducta adictiva, le ocasiona o le
ocasionó consecuencias negativas y desea evitarlas
o reducirlas. Puede comprender que detrás de esa
conducta hay padecimiento, riesgos, deterioros,
dependencia. Reconoce que siente que se le va de
las manos y decide iniciar cambios.

En el segundo caso, es la familia quien con mucha


contención y paciencia intenta “hacer reaccionar” a
la persona adicta, acudiendo a centros de salud a
pedir orientación, con o sin la persona que padece
el problema de adicción. Incluso a veces pueden
pasar meses entre que la familia toma conciencia de
la problemática y pide ayuda y que la persona
adicta acude a la primera consulta.

En el tercer caso, la persona adicta logra acercarse


a un centro de atención, quizás no del todo
convencido de lo que le pasa, pero con la
predisposición suficiente como para determinar que
tiene un problema, aceptarlo con dificultades y
resistencias, pero tomando acción.

61
Luego del primer gran trabajo de identificación y
reconocimiento de un problema de adicción, se
impone la necesaria disposición a producir
modificaciones para poder poner fin a esa forma
destructiva de vivir.

62
¿En qué consiste la recuperación de una
adicción?

Como mencionamos anteriormente ese


proceso de recuperación apuntará a un cambio
integral en la persona tomando, entre otros, los
siguientes aspectos como primordiales:

 concientización de su problemática
 fortalecer su autoestima
 aprendizaje de nuevos valores
 aprender a cuidar y valorar al cuerpo, la
salud física y mental
 desarrollar habilidades sociales
 aprender responsabilidades sobre uno
mismo y sus vínculos con los demás
 mejorar los vínculos
 identificar y modificar creencias negativas y
autolimitantes
 elaborar y concretar proyectos educativos,
laborales, recreativos, lúdicos, sociales.

63
La recuperación es un proceso que puede resultar
largo, complejo y difícil. No hay una única forma
de hacer tratamiento. Los hay de forma individual y
grupal. Hay tratamientos semanales y otros
disponibles todos los días. Hay tratamientos que
duran meses y otros años. Cada persona es
diferente y por ende desarrollará su proceso de
recuperación de forma diferente.

Los aspectos comunes y generales que coinciden en


la realización de un tratamiento tienen que ver con
la necesaria aceptación de la problemática, el
posterior pedido de ayuda y el compromiso a
producir cambios en el modo de desarrollar la vida
y trabajar terapéutica y comprometidamente en el
sostenimiento de los cambios y en la prevención de
potenciales recaídas.

Se trata de aprender a escucharse, observarse.


Cuestionarse. ¿Qué impacto tiene esta adicción?

64
Es muy importante fortalecer los vínculos sanos y
construir nuevos lazos sociales, priorizar el respeto
hacia uno mismo y los demás; desarrollar
conductas asertivas y empáticas y aprender a
compartir lo bueno y lo malo de la vida sin
depender.

Esto no significa tener que resolver todo


individualmente en la vida, no formar pareja o
creerse omnipotente.
Significa que si necesitamos ayuda debemos
solicitarla pero no quedar apegados a esa persona,
permanente y exclusivamente. Se trata de aprender
a compartir, no de depender de forma pasiva.

Una forma sana de sociabilizar e intercambiar


ayuda con otros remite a la flexibilidad y
variabilidad de los recursos para no caer en un
estancamiento. Hay muchas formas de ayudarse.

65
En primer lugar, debemos reconocer que
estamos atravesando una situación
problemática, desagradable, tóxica.

En este caso hablamos de una relación con un


objeto de adicción que nos va desgastando,
deteriorando poco a poco.

Aquí podemos aplicar nuevamente los conceptos


básicos de la adicción, ya que si la relación es de
necesidad, dependencia, por más de que se
reconozcan los aspectos nocivos que se enmarcan
en ese vínculo, se continúa con la relación.

Si el objeto de la dependencia falta, se


experimentan los síntomas de una abstinencia, ya
que se lo necesita casi hasta el punto de “poder
vivir”, aunque en una relación tóxica, el vínculo
está lejos de la felicidad, la paz, el bienestar, y en
definitiva, de la vida.

66
Por ello hablamos de Dependencia psicológica,
porque la persona dependiente realmente piensa
que necesita de ese objeto para vivir bien o ser
feliz.

En muchas ocasiones, se recuerdan los gratos


momentos y se reactivan las ganas de realizar la
conducta adictiva (olvidando o minimizando los
dolores, las consecuencias negativas) lo cual
provoca potenciales recaídas. (Craving y
Compulsión a repetición)

Segundo, debemos aceptar el carácter dañino


del vínculo que hemos establecido y animarnos
a tomar la decisión de alejarse, de tomar una
sana distancia.

Tal como podemos ver en los casos de adicción por


consumo de sustancias, en los que escuchamos
hablar acerca del flagelo de la droga, “la droga
mata” y otras afirmaciones que ubican a la droga
como un agente activo, quitándole protagonismo a

67
la persona y su responsabilidad en la acción, ocurre
algo similar en las adicciones sin sustancias, como
lo es la dependencia emocional.

Muchas veces en pos de cuidar la relación, o lo que


se supone que esa relación implica, se olvida de
cuidarse a uno mismo. Lo único que importa es
conservar o recuperar aquel vínculo.

El otro se idealiza. Es visto como la razón de vivir,


todo lo necesario para estar bien.
Parecería que el poder sobre la propia vida lo tiene
otro. Pero no es así.

Tal como ocurre con el adicto y el objeto (droga),


en la dependencia emocional, el objeto/sujeto de la
adicción, el otro, por bueno o por malo, queda en el
lugar activo, que tendría el poder sobre todo.

En ambos tipos de adicciones hay una


responsabilidad propia que no se toma en cuenta.

68
Es uno mismo quien le adjudica al otro o a la
droga, pensamientos, proyectos y un valor
desmedido, hecho que hace tan difícil distanciarse
de ese otro idealizado y terminar ese modo de
relación (que no funciona), para siempre.

La idealización es un mecanismo psíquico, que


implica exagerar las virtudes y rasgos positivos de
una persona, dejando de lado sus aspectos
negativos. Suele darse comúnmente en la instancia
primera del enamoramiento para luego ceder a una
percepción más objetiva y real de la otra persona.

Pero hay personas que sostienen una fuerte


idealización hacia el otro, por ejemplo, por tener
baja autoestima, lo cual resta aún más el valor
propio, entendiendo al otro como perfecto y a sí
mismo como inferior.

La estima propia se mide tristemente en función de


las devoluciones que sobre sí realizan los demás de

69
forma general, o una persona en particular (el
objeto/sujeto de la adicción)

La contrapartida de la idealización es la
devaluación, un mecanismo que adjudica a sí
mismo o a otras personas rasgos y cualidades
negativas.

Ambas formas se pueden observar en los casos de


adicciones, en donde la persona con baja
autoestima se menosprecia

Tercero, debemos buscar recursos que nos


faciliten llevar adelante esa decisión. Recursos
tanto internos como externos.

Solicitar ayuda de un profesional, comenzar alguna


actividad deportiva, recreativa, lúdica, solidaria,
salir de paseo con amigos o familiares, generar
nuevos círculos sociales para construir o reconstruir
un camino propio es fundamental para poder
emprender el proceso de desapego de aquello que

70
nos genera más mal que bien. Aquello que nos
daña.

“Soy un inútil”. “No sirvo para nada”. “Sola/o no


puedo”. Son sólo algunos ejemplos de creencias
autolimitantes, pensamientos automáticos que
condicionan el modo de funcionar en la vida y
pueden convertirse en poderosos obstáculos a la
hora de tomar decisiones a conciencia y de forma
responsable.

Cuando la autoestima está dañada, repercute en


diferentes áreas de la vida, una de ellas es el área
vincular, en la que se pueden generar relaciones de
dependencia y sostenerlas en el tiempo.

El fortalecimiento de la autoestima es una de las


claves principales y se puede generar con
conductas de autocuidado que nos gratifiquen y nos
devuelvan el amor hacia nosotros mismos.

71
RESUMEN Y
CONCLUSIÓN

72
¿Qué entendemos por adicción y cómo
identificarla?

Hablamos de adicción para referirnos a una


conducta concreta que se caracteriza por la relación
de dependencia que una persona establece y
sostiene en el tiempo con un determinado objeto.

Al decir objeto no solo nos referimos a drogas, es


decir a las adicciones por consumo de sustancias,
sino que un objeto de adicción puede ser un
comportamiento, una situación u otra persona.

Por eso es muy importante dejar de hablar


únicamente de drogadicción para darle lugar a otras
adicciones quizás no tan visibilizadas, como el
juego compulsivo, la adicción a una persona
(muchas veces confundida con amor), o la adicción
a las compras.

Entonces, para hablar de adicción, necesitamos una


persona que por determinadas variables bio-psico-

73
sociales encare un vínculo cargado de dependencia
hacia su objeto de adicción y esto se conserva de
forma progresiva en el tiempo. Es decir, no es
adicto quien un día, de forma ocasional consumió
bebidas alcohólicas de más, padeciendo sus
consecuencias negativas posteriores y pudiendo
tomar conciencia de la situación, decide no repetir
esa conducta priorizando su bienestar o pensando
en evitar lo desagradable de dicha situación.

Tampoco es adicto quien decide destinar horas de


un día libre a ver series o jugar a los videojuegos.

Es necesaria la repetición para empezar a hablar de


adicción: Una conducta que se repite de forma
excesiva, dependiente, compulsiva, con daños en
diferentes áreas de la vida de la persona.

La persona siente que no puede parar y cuando no


realiza dicha conducta siente gran malestar,
mediante los síntomas de la abstinencia: necesita
volver a repetir esa conducta una y otra vez, por

74
cierta gratificación (inicial y momentánea) que le
brinda esa conducta particular y para evitar lo
insoportable que es la abstinencia.

Una conducta adictiva pareciera esclavizar a la


persona. Para sí mismo es vista como más fuerte
que él. Como si la voluntad hubiera sido vulnerada.
Como si el sentido de la vida estuviera limitado y
remitido a esa conducta.

Toda la vida de la persona adicta termina


organizándose alrededor de esta conducta.

Sin tomar verdadera conciencia de los efectos de


repetir esa conducta, la persona adicta puede llegar
a aislarse, alejarse de sus seres queridos, con tal de
poder continuar con su adicción. Por lo general, el
entorno más cercano, si no comparte este accionar,
intentará cuestionarlo o provocar el
convencimiento para el cese de la conducta. Sin
embargo, cuando la persona adicta está en plena
carrera de adicción y no vislumbra tener un

75
problema, o lo ve pero aun no puede iniciar
procesos de cambio, tomará las palabras y actos de
sus seres queridos como exageraciones, prejuicios
o críticas injustificadas. No estará dispuesto, por el
momento, a aceptar que necesita ayuda.

Una adicción es un problema que afecta a la salud


mental y física de la persona adicta; afecta a todo
el sistema familiar; dificulta el desarrollo de
actividades educativas y laborales; puede llegar a
producir problemas legales en algunos casos, por
ejemplo bajo el efecto del consumo de drogas, o
para conseguir comprarlas.

Vale aclarar que más allá de ciertos mitos o


etiquetas inherentes al imaginario social se suele
asociar directamente el consumo de drogas con el
delito, y si bien, como ya dijimos puede darse esa
relación, adicto no es necesariamente sinónimo ni
de delincuente, ni de peligroso para la sociedad. El
peligro o la toma de riesgos puede estar presente en
una adicción por la falta de conciencia de las

76
consecuencias, los bloqueos producidos a nivel
racional, las desinhibiciones, la voluntad vulnerada,
la búsqueda de sensaciones; pero en la mayoría de
los casos el principal potencial destinatario de este
peligro es el propio adicto, quien pone en riesgo su
salud, el vínculo con su familia y amigos, su puesto
de trabajo, etc, cada vez que repite esa conducta tan
necesaria como destructiva.

Pero toda adicción tiene recuperación posible.


La recuperación es un proceso complejo, debido a
la propia complejidad de la problemática a tratar.

Es un camino difícil, que implica la participación


tanto de la persona adicta como de su familia.

Requiere reconocer que hay un problema, aceptar


que se necesita implementar cambios. Implica
aprender a vincularse diferente con los demás y con
uno mismo. Implica aprender a expresarse de forma
correcta y asertiva. Implica aprender a mejorar la

77
gestión de las emociones y el control de los
impulsos.

En conclusión, para que haya recuperación de una


adicción se necesitan personas (adictas y sus
familias) con un problema identificado y aceptado
y con deseo y compromiso para pedir ayuda y
producir cambios y sostenerlos en el tiempo para
prevenir recaídas y construir una mejor vida.

78
79
BIBLIOGRAFÍA
CONSULTADA

80
Baistrocchi, R.; Yaría, J. (2014). Cerebro,
Subjetividad, Conducta, Cultura. Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Ricardo
Vergara Ediciones. 2014.

Cía A. (2013). “Las adicciones no relacionadas a


sustancias (DSM-5, APA, 2013): un primer paso
hacia la inclusión de las Adicciones Conductuales
en las clasificaciones categoriales vigentes”. En
Revista de Neuro-Psiquiatria.

D’Agnone, O. (1999). Nuevos desarrollos en


prevención y terapéutica de las adicciones. Buenos
Aires, Argentina. Editorial Salerno. 1999

Organización Mundial de la salud. Clasificación


Internacional de Enfermedades (OMS) CIE-10.

81
Puentes, M. (2004). Tu droga, mi droga, nuestra
droga. Buenos Aires, Argentina. Lugar Editorial.
2004.

[Link]/sedronar

82
Sobre la autora

83
Melina Gancedo es Licenciada en
Psicología y especialista en adicciones.
Egresada de la Universidad Nacional de La Plata,
se ha desempeñado como psicóloga en A.D.A.R.
servicio especializado en adicciones de Caritas La
Plata y en la Comunidad Terapéutica Volver A
Crear.

Brinda atención psicológica especializada en


adicciones y dicta cursos virtuales de formación
sobre adicciones y otros temas de Psicología.

Es autora de libros como:


“De Adicciones, Sustancias y Personas”. RV
Ediciones. (2018)

“Vivir después del dolor”. RV Ediciones. (2020)

“Ser y Vivir a Conciencia. Mindfulness +


Psicología (y un modo posible de tratar
adicciones)”

84
“Violencia de Género: 5 claves para
identificarla.”

“Tabaquismo: primeros pasos para dejar de fumar


tabaco.”

“Orientación Vocacional: Elegir a conciencia.


Mucho más que elegir una profesión.”

Además colabora con artículos sobre adicciones y


otros temas de psicología en revistas locales de la
Ciudad de La Plata y sitios web.

Coautora del libro “Violencia y Maltrato” y


compiladora del libro “Teoría y clínica en el
tratamiento de las Adicciones” (2019; Ricardo
Vergara Ediciones).
Mail: gmelit@[Link]

85
86

También podría gustarte