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Vivienda Social: Programa, Familias

Este documento analiza los programas de vivienda social en Argentina y cómo han entrado en crisis los patrones tradicionales para caracterizar a los destinatarios de estas viviendas. Plantea que existe una relación directa entre el alcance del programa arquitectónico y la capacidad de los modelos habitacionales para adaptarse a los cambios sociales recientes en las dinámicas del habitar. Propone una discusión bibliográfica para identificar los parámetros vigentes que limitan la relación entre el programa y el proyecto, a la luz de los avances en el campo epistem
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Vivienda Social: Programa, Familias

Este documento analiza los programas de vivienda social en Argentina y cómo han entrado en crisis los patrones tradicionales para caracterizar a los destinatarios de estas viviendas. Plantea que existe una relación directa entre el alcance del programa arquitectónico y la capacidad de los modelos habitacionales para adaptarse a los cambios sociales recientes en las dinámicas del habitar. Propone una discusión bibliográfica para identificar los parámetros vigentes que limitan la relación entre el programa y el proyecto, a la luz de los avances en el campo epistem
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Vivienda social: programa, familias

y nuevos modos de habitar. Aportes desde la complejidad del proyecto*


Fecha de recepción: 7 de marzo de 2020 | Fecha de aprobación: 27 de enero de 2021 | Fecha de publicación: 30 de septiembre de 2022

Diego Fiscarelli
Universidad Nacional de La Plata, Argentina ORCID: 0000-0002-7087-0816 [email protected]

Resumen Este trabajo problematiza nociones e instrumentos de la praxis proyectual de las opera-
torias recientes de construcción de vivienda social en Argentina. Se hipotetiza que existe

Diego Fiscarelli Vivienda social: programa, familias y nuevos modos de habitar. Aportes desde la complejidad del proyecto
una relación directa entre el alcance del programa arquitectónico y la capacidad funcio-
nal de los modelos habitacionales para asimilar las transformaciones sociales recientes en
materia de dinámicas del habitar. ¿Cómo han entrado en crisis los patrones tradicionales
para caracterizar a los destinatarios, y qué dimensiones debería interpelar desde las signi-
ficaciones imaginarias, la construcción programática de la vivienda social en la actualidad?

Desde los recientes avances en relación con un campo epistemológico específico para la
producción de conocimiento disciplinar —el Programa Complejo para la Investigación
Proyectual— y articulando voces especializadas en familias, cambios sistémicos y nuevos
modos de habitar, se propone una discusión bibliográfica orientada a identificar los pa-
rámetros aún vigentes que determinan límites en la relación programa-proyecto.

Palabras clave vivienda social, arquitectura, familia, sociedad contemporánea

* Artículo de investigación científica

Cómo citar este artículo: Fiscarelli, D. (2022). Vivienda social: programa, familias y nuevos modos de habitar. Aportes desde la complejidad del proyecto.
Cuadernos de Vivienda y Urbanismo, 15. https://doi.org/10.11144/Javeriana.cvu15.vspf
Social Housing: Program, Families
and New Ways of Living. Contributions from the Complexity of the Project

Abstract This work problematizes notions and instruments of the project praxis of the recent op-
erations of construction of social housing in Argentina. It is hypothesized that there is
a direct relationship between the scope of the architectural program and the functional
capacity of housing models to assimilate recent social transformations in the dynamics
of living. How have traditional patterns entered into crisis to characterize the recipients,
and what dimensions should the programmatic construction of social housing today
question from imaginary meanings?

From the recent advances in relation to a specific epistemological field for the production
of disciplinary knowledge —the Complex Program for Project Research— and articulat-
ing specialized voices in families, systemic changes and new ways of living, a bibliographic
discussion is proposed aimed at identifying the parameters still in force that determine
limits in the program-project relationship.
CUADERNOS DE VIVIENDA Y URBANISMO. ISSN 2145-0226. Vol.15, enero-diciembre 2022: -. doi: https://doi.org/10.11144/Javeriana.cvu15.vspf

Keywords social housing, architecture, family, contemporary society

Habitação social: programa, famílias


e novos modos de habitar. Contribuições desde a complexidade do projeto

Resumo Este trabalho problematiza noções e instrumentos da práxis projetual das recentes ope-
ratórias de construção de habitação social na Argentina. Hipotetiza-se que há uma rela-
ção direta entre a abrangência do programa arquitetônico e a capacidade funcional dos
modelos habitacionais de assimilar as transformações sociais recentes em matéria de di-
nâmicas do habitar. Como os padrões tradicionais entraram em crise para caracterizar os
destinatários, e quais dimensões questionar desde as significações imaginárias, a constru-
ção programática da habitação social na atualidade?

Desde os recentes avanços em relação a um campo epistemológico específico para a pro-


dução de conhecimento disciplinar —o Programa Complexo de Pesquisa Projetual— e
articulando vozes especializadas em famílias, mudanças sistémicas e novos modos de ha-
bitar, propõe-se uma discussão bibliográfica visando identificar os parâmetros ainda em
vigor que determinam limites na relação programa-projeto.

Palavras-chave habitação social, arquitetura, família, sociedade contemporânea

2
Introducción

Como arquitectos gozamos con la idea de nuevos modos de parámetros asociados —control, crecimiento, es-
residencia, pero cuando los realizamos pensamos en estos
tabilidad— han cedido ante la indeterminación
hipotéticos modos como constituyendo algún tipo de rup-
tura radical con todas las formas preexistentes de habitar
y mutabilidad de las ciudades contemporáneas,
permeables en mayor medida a incorporar me-
Frampton, K canismos abiertos con capacidad de evolución,
transformación y adaptación.
A pesar de la disponibilidad de un significativo
cúmulo de experiencias proyectuales, que consti- El nuevo contexto producido por los avances en el
ámbito de las comunicaciones, los desarrollos tecno-
tuyen un corpus de conocimientos útiles para la lógicos y los cambios sociales, ha repercutido significa-
formulación de programas funcionales con aper- tivamente en los modos de habitar, incidiendo en los
tura hacia diversas modalidades de organizacio- modos y criterios de conformación de la vivienda. Por
nes convivientes, se verifica que la concepción una parte, puertas adentro, en cuanto a la necesidad
tipológica de la vivienda social en Argentina re- de nuevos espacios y en las nuevas formas de defini-

Diego Fiscarelli Vivienda social: programa, familias y nuevos modos de habitar. Aportes desde la complejidad del proyecto
mite a soluciones habitacionales de superficie mí- ción y materialización de los mismos; por otra parte,
nima, destinadas exclusivamente al alojamiento puertas afuera, en cuanto al rol y a su articulación con
el resto de los componentes del tejido urbano. (Fisch
y con escasa o nula capacidad para asimilar acti- et al., 2014, p. 151)
vidades vitales no prefiguradas. Lo que este tra-
bajo pretende exponer remite a que la persistente
conceptualización, diseño y construcción de la Por su parte, las investigaciones recientes de voces
vivienda de producción estatal como un objeto calificadas del área de las ciencias del territorio
arquitectónico rígido, definitivo y tipificado, cu- como Cravino (2008) y Del Río (2015) coinci-
yos ámbitos se organizan a partir de actividades den en señalar que, en el marco de las recientes
únicas y específicas, constituye cada vez más un políticas habitacionales de vivienda1, las opera-
evidente equívoco frente a la diversidad y varia- torias de construcción masiva acarrean un saldo
bilidad de requerimientos que surgen durante el deudor respecto del abordaje cualitativo que in-
lapso de la vida útil de la vivienda como conse- volucra al proyecto arquitectónico como especi-
cuencia de la dinámica natural de los grupos de ficidad de la disciplina. El proceder generalizado
convivencia y sus modos de habitar, en un marco expone un accionar que
de transformaciones globales continuas y ace-
leradas. En términos conceptuales, la aparente […] parece no haber podido internalizar otra modali-
dad de concepción de vivienda2 que la de un número
contradicción entre vivienda estática —condi- determinado de dormitorios agrupados en torno a un
cionada en su capacidad de modificación física núcleo sanitario y cocina. No se ha podido internali-
y/o de uso— y requerimientos humanos varia- zar otra modalidad alternativa para concebir la varia- 3
bles señala la necesidad de producir, desde el pro- ble tiempo en el proceso de consolidación del habitar,
yecto, un margen de compatibilidad entre ambos a pesar de las adaptaciones que realizan los usuarios.
polos de esta tensión. Aún desde el proyecto ur- (Del Río, 2012, p. 145)
banístico, la rigidez y permanencia propias de
la concepción tradicional de la ciudad y de sus
Como en otros países del Cono Sur americano, —también llamados determinados y subjetivos
los promotores estatales replican una serie de pro- o sensibles, e incorpora en su estructura los as-
totipos que aún no han reconocido, como pa- pectos formales, espaciales, las inquietudes tec-
rámetros de la habitabilidad, los aspectos que tónicas, además de los programas de actividades.
desde abordajes próximos a la complejidad (Mo- Este concepto (figura 1) recupera los tres polos
rín, 1998), la disciplina arquitectónica y urbanís- vitruvianos —utilitas, firmitas y venustas—, in-
tica articula desde la noción de proyecto como terpelados dese los conceptos de real, imaginario
programa complejo (Sarquis, 2007). Entre otros y simbólico de Jacques Lacan.
factores que quedan excluidos como condición
de partida encontramos las transformaciones es- En los tres aspectos del Programa Complejo se
tructurales y de tamaño que se suceden durante trabaja tanto en sus dimensiones manifiestas o
el ciclo vital familiar (Torrado, 2003), las cua- explícitas acerca de la historia del trío vitruviano,
les, tensionando la configuración físico-espacial sus datos objetivos, su vigencia actual, etc., así
de las unidades, exponen adecuaciones funcio- como su dimensión imaginaria y las significacio-
nales, constructivas y dimensionales de carácter nes que con ella se aporta:
espontáneo3.
a) Los usos y actividades a que estará destinado
En el marco de estas observaciones, este trabajo el edificio y los imaginarios tanto sociales
retoma las hipótesis del proyecto de investigación como disciplinarios que existen al respecto,
LATEC FAU-UNLP Estrategias para un abordaje los sentidos habituales y conocidos o repro-
del hábitat urbano desde la complejidad del pro- ductivos, así como los radicales o que traen
yecto: territorio/región, ciudad/vivienda, tecnología/ propuestas de cambio tanto de la sociedad
resolución constructiva4, en tanto las soluciones como de la disciplina.
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habitacionales en territorio nacional, no encuen- b) Los materiales y las tecnologías posibles de


tran con el tradicional programa de necesidades5 utilizar para el tema que estamos abordando,
eficientes canales para interpretar y traducir al tratando de batallar con los imaginarios re-
espacio de la vivienda, ni las nuevas demandas productivos y problematizar las tectónicas es-
del habitar en la actualidad. tablecidas.
c) Los lenguajes formales espaciales que mejor
Marco teórico respondan —no que se adapten— al tema en
cuestión, pero atentos a los imaginarios re-
Haciendo foco en los instrumentos de la disci- productivos que ya no se adecuen a los tiem-
plina, la investigación proyectual6 resulta una pos y acciones concretas del usuario. (Sarquis,
matriz epistemológica válida para abordar el pro- 2007, p. 94)
blema planteado, en los términos que demanda
una investigación en arquitectura. Desde su En el sentido anterior, la propuesta de Sarquis
posicionamiento en el campo específico de la interpela desde la complejidad la concepción tra-
producción de conocimiento útil a los fines dis- dicional y en cierta medida reduccionista del pro-
ciplinares, expone la noción de programa com- grama de necesidades, no solo habilitando una
4 plejo como alternativa para interpelar la vigencia multiplicidad de actividades, sino ofreciendo una
de los instrumentos que conducen a miradas re- matriz o plataforma teórica7 disciplinar que faci-
duccionistas respecto de la concepción proyectual lita los entrelazamientos del programa de usos, en
de la vivienda social. El Dr. Arq. Sarquis define lo que refiere tectónico-material y de forma-es-
al programa complejo como aquel que atiende pacial. Pero el aporte fundamental consiste en
al conjunto articulado de elementos objetivos que la diversificación programática propuesta se
Figura 1. Dimensiones vitruvianas del programa complejo
Nota: elaboración propia con base en Sarquis (2007)

ve interrogada por las expresiones imaginarias, programas arquitectónicos. Como consecuen-


individuales y colectivas, tanto de los usuarios cia de ello podemos señalar:
como de los proyectistas, a las cuales se denomina
como significaciones (Sarquis, 2005). › Las indagaciones preliminares, al considerar
la articulación de aspectos materiales (tec-
Para explicar el concepto significaciones sociales tónica), simbólicos, identitarios, indetermi-
imaginarias recurriremos a Esther Díaz: nados e imaginarios del proyecto8 (Sarquis,

Diego Fiscarelli Vivienda social: programa, familias y nuevos modos de habitar. Aportes desde la complejidad del proyecto
2007), además de parámetros utilitarios, fun-
El imaginario social interactúa con las individualida- cionales y organizativos, formarán un material
des. Se constituye a partir de las coincidencias valora-
tivas de las personas. Pero también de las resistencias.
innovador en torno a la definición de herra-
Se manifiesta en dos dimensiones: lo simbólico —len- mientas destinadas a la producción de cono-
guaje y valores—, y en el accionar concreto entre las cimiento disciplinar a través del proyecto.
personas —|prácticas sociales. Cuando el imaginario › El programa como instrumento de la praxis
se libera de las individualidades, cobra forma propia. Y proyectual encuentra la posibilidad de inser-
por una especie de astucia del dispositivo se convierte tarse en un campo acorde con la actual dis-
en un proceso sin sujeto. Tiene una dinámica propia. cusión sobre los temas de la arquitectura, y
Se instala en las distintas instituciones que componen
la sociedad. (Díaz, 1985, p. 24)
específicamente respecto del proyecto de la vi-
vienda social: ¿cómo pensar el programa de la
vivienda social en la actualidad?
En relación con ello, Savransky (2005) aporta: › El programa complejo resulta un constructo
intelectual formulado ad hoc, en relación con
[…] la problemática de imaginario remite a dos tipos el desafío arquitectónico que se plantee, y por
de investigación diferenciados. El que se refiere al sitio
y coincide con el modo de ser efectivo, con lo que el
lo tanto se promoverán múltiples formas de
usuario ya es (sea de su satisfacción o no), y el que se abordaje de la vivienda social en términos de
refiere a lo que el usuario quiere, desea o puede llegar proyecto.
a ser, es decir, al terreno de lo posible, cuya satisfac-
ción está en manos del proyectista. Ambos constitu- Si asumimos que la vivienda social como pro-
yen un marco significativo para el proyecto. (p. 105) yecto debe dar respuesta a un usuario que se 5

presenta como incognoscible en su individua-


A partir de estas nociones teóricas, la investi- lidad, cuestión que en sí misma representa una
gación proyectual reconstruye el campo de lo gran complejidad para la disciplina, ¿cómo asi-
subjetivo como elemento central en la inter- milar entonces esta constelación de variables
dependencia de los aspectos que registran los determinadas e indeterminadas, renunciando
a simplificaciones operativas? Respecto de esto, vivienda social, se convoca a la literatura especí-
Sarquis expone: fica de tres investigadoras del campo de la socio-
logía —Dras. Wainerman, Verbauwede y Jelin—,
La necesidad de complejizar los programas y superar la en diálogo con otros reconocidos académicos del
idea banal de que el usuario puede estar representado y
cumplimentar con sus exigencias con el tan difundido
campo de las ciencias sociales.
programa de necesidades, realizado desde el propio sa-
ber disciplinar; cuando en realidad, se repiten fórmulas Identificación de las variables de análisis
estereotipadas y abstractas, que nada dicen del usuario
real. En tal sentido, es un conocimiento para el saber Retomando en términos metodológicos la orga-
disciplinar la necesidad de incorporar a la disciplina nización de la investigación, según niveles de in-
las ciencias humanas [citadas], para la construcción de tegración (Samaja, 1993), se procede a identificar
los programas y operar en la dimensión latente o de
los imaginarios. (Sarquis, 2007, p. 194).
las variables como nivel de anclaje. Las mismas
referirán a transformaciones vinculadas con fa-
milias, dinámicas del habitar y modalidades de
Ahora bien, asignando al programa arquitectó- relación alternativas.
nico el rol de instrumento eje de la praxis arqui-
tectónica en el marco de la construcción masiva Construcción de los indicadores
de viviendas, y con la intención de desplazar el
tradicional anclaje de “vivienda tipo” para una Como parte del nivel sub-unitario, se interpe-
“familia tipo”, ¿cuáles son las constantes en dis- larán las organizaciones funcionales típicas y su
tribuciones funcionales típicas, que en relación distribución espacial9 desde los indicadores aso-
con el programa de necesidades configuran los ciados con los cambios en las prácticas sociales
cuadros más restrictivos en torno de los imagi- del habitar en la actualidad.
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narios sobre los destinatarios? ¿Qué variables, en


relación con las nuevas dinámicas del habitar, Desarrollo
deberían interpelar, desde las significaciones so-
ciales, una construcción programática compleja Desde los años ochenta, las transformaciones
para la vivienda social en la actualidad? sociales, económicas y, fundamentalmente, cul-
turales, promovieron la necesidad de discutir el
Metodología programa de la vivienda con relación a los nue-
vos modos de vida, esfuerzo que se extiende hasta
En términos metodológicos, se propone una in- el día de hoy. Retomando datos de los últimos
vestigación exploratoria que, haciendo foco en registros censales en Argentina, algunos de los
los instrumentos de la disciplina, se configura parámetros que han entrado en significativa mu-
posteriormente como propositiva. Comprende tación se corresponden con la prolongación de la
tres fases: expectativa de vida, la diversificación de las es-
tructuras familiares, cada vez más reducidas en
Discusión bibliográfica número de integrantes, y un relativo descenso
de la natalidad. Pero existen otros aspectos que
6 Se plantea un desarrollo teórico sobre cómo transcurren en paralelo con el vertiginoso dis-
han variado en los últimos años los modelos de currir de una fase tecnológica del capitalismo
organización familiar, las dinámicas personales y post-industrial global, cada vez más depredador:
los acuerdos vinculares. Con el objeto de identi- el incremento de las personas que optan por vivir
ficar las dimensiones que registran estos proce- en soledad o en comunidad, el gradual atraso
sos, e interpelar las vacancias programáticas de la de los jóvenes que pueden independizarse y
abandonar la casa de sus progenitores, el incre- Posicionando estos elementos en torno a la vi-
mento de la edad promedio en la que se con- vienda contemporánea, cierta lógica prefigurada
creta la unión por matrimonio y la disminución en el oficio del arquitecto encuentra dificultades
del lapso etario dedicado a la reproducción (Ma- para trascender el modelo de familia tradicional,
zzeo y Bocchicchio, 2019). En particular, algu- pues no desarrolla herramientas para descifrar los
nos habilitan directamente consideraciones de códigos de la organización posmoderna. Tal vez
orden arquitectónico en la tarea por proyectar el punto de partida radique en comprender que
la vivienda para los nuevos modos de vida. Para la unidad doméstica no es un conjunto indife-
colaborar con el abordaje de este desafío, po- renciado de individuos, sino:
dríamos comenzar por señalar que el comporta-
miento individual y propio de cada uno de los […] una organización social, un microcosmos de rela-
ciones de producción, de reproducción y distribución,
miembros de las unidades domésticas presenta con una estructura de poder y con fuertes componen-
en la actualidad ciertas diferencias respecto del tes ideológicos y afectivos que cementan esta organi-
patrón tradicional. zación y ayudan a su persistencia y distribución. [No
obstante …] Dentro de ella también se ubican las bases
A diferencia del periodo que abarca los prime- estructurales del conflicto y la lucha, ya que al tiempo
ros años del siglo XX hasta su segunda mitad, en que existen tareas e intereses colectivos o grupales, los
el que las formas diferenciales de asociación fa- miembros tienen deseos e intereses propios, anclados
en la propia ubicación dentro de la estructura social.
miliar surgían de las nuevas realidades sociales y (Jelin, 2006, p. 27)

Diego Fiscarelli Vivienda social: programa, familias y nuevos modos de habitar. Aportes desde la complejidad del proyecto
económicas, en la actualidad —primeros años del
siglo XXI—, los modos alternativos de conviven-
cia parecen surgir además de una creciente liber- La Dra. Jelin señala que el proceso de autonomía
tad para decidir voluntariamente cómo se quiere personal que inicialmente fuera patrimonio de
vivir, en un contexto de relaciones de indepen- los hijos —adultos, jóvenes, adolescentes— por
dencia entre mujeres y varones, nuevas tecnolo- liberarse del poder del padre, se ha extendido a
gías reproductivas, aceptación de la sexualidad la relación de géneros, dando lugar a la acentua-
por fuera del matrimonio, de la menor adhe- ción de los procesos de individuación, los cuales
sión a redes de apoyo basadas en el parentesco y caracterizan las transformaciones sociales y eco-
en la comunidad en beneficio de las basadas en nómicas de la cultura occidental en los últimos
la elección personal. tiempos, y en última instancia ponen en crisis
un cierto carácter generalizador y reduccionista
La vivienda no es una unidad funcional y estanca den- respecto de modalidades habitacionales masivas.
tro de un sistema colectivo, sino un espacio para la
experiencia de nuestra singularidad. Es preciso idear
espacios habitables que incorporen nuevos ámbitos En diálogo con estas afirmaciones, el Dr. Alejan-
de intimidad para el individuo, así como maneras de dro Scherzer concuerda con la descripción de as-
agrupación más permeables o ambiguas. (Fisch et al., pectos que atomizan los deseos particulares de los
2014, p. 25) miembros de las unidades domésticas, definién-
dolos como “fuerzas hasta ayer consagradas a la
En este sentido, la arquitectura, y fundamen- procreación que se liberan en pos de una inapla-
talmente el urbanismo, no se han mantenido al zable autorrealización personal” (Scherzer, 1994, 7

margen de esta serie de transformaciones. Los p. 51). El mismo autor aporta su visión de la ins-
sociólogos de la Escuela de Chicago10 ya afirma- titución de la familia en el marco de algunos de-
ban que los patrones tradicionales de vida ha- bates actuales, y precisa:
bían quedado destruidos por el impacto de la
ciudad moderna11.
No es posible entender la familia actual sino como un 2.750.000 hogares particulares. La mayoría absoluta
grupo humano de tamaño reducido, estructura frágil de estos arreglos residenciales —casi 90 %— eran “fa-
y vínculos transitorios. Se trata de una institución que milias”, es decir sus miembros estaban vinculados por
poco se parece ya a aquellas otras que se regían por la lazos de parentesco. El resto eran unidades domésticas
lógica de la razón doméstica; una institución de la que “no familiares”, formadas por personas viviendo solas
nuestros contemporáneos comienzan a prescindir du- —unipersonales— o por personas no emparentadas que
rante periodos cada vez más largos de sus vidas. No es compartían la misma vivienda —amigos, compañeros
extraño que el ciclo vital incluya ahora etapas enteras de trabajo, u otros. Los hogares unipersonales repre-
a lo largo de las cuales se evita incurrir en el compro- sentaban el 10,3 % del total de hogares mientras que
miso de las relaciones familiares. (p. 52) los segundos, denominados “multipersonales”, no al-
canzaban ni el 1 %. Hacia el año 2001, con una mayor
población, los hogares particulares, familiares y no fa-
Por su parte, y respecto de estos procesos, la Dra. miliares, habían crecido hasta cerca de 3.600.000 y, de-
Viviana Verbauwede señala que existe una nueva bido al aumento de los hogares unipersonales (15,9 %),
complejidad en la familia, y que se ha ido des- el total de hogares familiares perdió algo de su peso re-
lativo (83,3 %). (Wainerman, 2003, p. 90)
plegando un abanico de variantes y sutiles dife-
renciaciones de formas de convivencia que no
tienen cabida en las categorías usuales de aso- Para Jelin (2006), estas perspectivas en el curso de
ciación —uniones de hecho, solteros con pareja vida individual responden a dos cambios básicos
estable, parejas homosexuales, familias mono- que se han manifestado en la sociedad argentina
parentales, parejas sin convivencia, nuevas for- en los últimos años, en relación a las tendencias
mas de paternidad y maternidad ofrecidas por la de fecundidad y mortalidad: un aumento con-
tecnología, entre otras. Verbauwede, a partir de siderable de la expectativa de vida y la disminu-
Elizabeth Beck-Gersheim (2003), describe cómo ción del lapso etario dedicado a la reproducción.
afecta el impulso de la individualización de los Al respecto, la autora expresa que:
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últimos decenios a la familia, el matrimonio o


la paternidad, anticipando que tras el fin de la Ambas modificaciones implican que hay muchos años
más de vida adulta para ser dedicados a otras cosas. Al
familia lo que viene es una single-society. Atento mismo tiempo que la edad de la primera unión mari-
a estas cuestiones, el Dr. Jorge Brodsky plantea: tal no está cambiando de manera significativa, lo que
sucede es que el número de años de duración potencial
En nuestro propio país, el crecimiento de los llamados
del matrimonio aumenta notoriamente. Si en épocas
hogares unipersonales no ha cesado de aumentar. En
de alta mortalidad, la viudez era la manera más común
2001, 1.100.000 individuos daban forma a este tipo de
de quebrar el vínculo matrimonial, participamos ahora
hogares en la Argentina, pero desde entonces el incre-
de una expectativa de 50 a 60 años, lo cual conlleva
mento fue superior al 50 %. En 2003, había cerca de
el aumento de la probabilidad de que el matrimonio
1.700.000 individuos que vivían solos —el 17 % del
acabe en divorcio o separación. (p. 86)
total de los hogares del país—, una cifra que llegaba al
7 % en 1960 y al 10 % en 1980. Según las proyeccio-
nes hechas en ese momento, la gente que vive por las Tal como ha quedado expuesto, no solo se han
suyas debió haber llegado al 22 % de los hogares to-
tales en la Argentina en 2010. (Brodsky, 2011, p. 85)
reestructurado las responsabilidades en términos
colectivos, sino que se han relativizado los lazos,
situación que se vislumbra en las búsquedas in-
8 Por su parte, la Dra. Catalina Wainerman con- dividuales manifiestas en los hábitos cotidianos,
textualiza los datos anteriores y expone que: como usos y horarios diferenciados entre miem-
bros de una misma unidad doméstica. Podemos
En 1980, la población residente en el Área Metro- afirmar entonces que, en la actualidad, la rela-
politana de Buenos Aires (AMBA) vivían cerca de
ción cotidiana entre los miembros de la familia y
su “hogar” es variable, ya que, si bien el vínculo Confrontando esta situación, el carácter deter-
como grupo sigue siendo el punto de referencia, minista de los esquemas organizativos, sumado a
cambia el tipo de actividades compartidas, su fre- la reducción de las superficies al mínimo, atenta
cuencia y los grados de autonomía personal en directamente contra la posibilidad de apropia-
las tareas de automantenimiento. ción y adaptación de los ámbitos de la vivienda
a demandas particularizadas cuando trascienden
Si bien en la mayoría de los casos y para la mayoría de lo establecido como norma12.
las actividades se da una permanencia considerable del
grupo social que comparte la domesticidad, y una coin-
cidencia significativa de este grupo y el grupo convi- Tomando por caso la forma con que se producen
viente, las situaciones ambiguas y los límites borrosos las interacciones e informaciones no deseadas en-
son mucho más frecuentes de lo que habitualmente se tre los miembros de las unidades domésticas, en
reconoce. (Jelin, 2006, p. 57) el caso de la vivienda social, esto remite a garan-
tizar categorías de privacidad (Harrison, 1979);
Esto quiere decir que no todos los miembros no obstante, ni siquiera la noción de privacidad
comparten las actividades en torno al hogar con se consolida como un cuadro estable del habitar
la misma asiduidad. En el marco de prácticas co- en la actualidad, cuando se cruza con la dimen-
tidianas habituales de las clases medias actuales, sión temporal, y a lo largo del ciclo vital familiar13
aparecen desde quienes comen en sus lugares de cambian las demandas, capacidades, experien-
trabajo hasta los jóvenes que, aunque viven so- cias, deseos y sentimientos y, por consiguiente,

Diego Fiscarelli Vivienda social: programa, familias y nuevos modos de habitar. Aportes desde la complejidad del proyecto
los, delegan tareas del trabajo doméstico —lle- la búsqueda de su verdadero sentido.
var ropa sucia a la casa materna para su lavado,
comer allí, llevarse comida preparada. Aquí “las El niño nace sin [el sentido de privacidad], pero a tem-
prana edad lo adquiere en forma espontánea, normali-
responsabilidades de los vínculos de parentesco zándose luego con respecto a los patrones sociales. El
aún no han desaparecido. Estas siguen acompa- adulto se integra y depende en gran parte del orden so-
ñando y co-determinando las oportunidades y el cial, y es capaz de controlar su conducta. El anciano se
campo de elección personal, aun cuando posible- desprende de la responsabilidad social, ya que su con-
mente sean más laxas y difusas, y haya más opcio- dición física y sus necesidades de privacidad decrecen,
nes para cumplir con ellas” (Jelin, 2006, p. 71). aumentando el deseo de interactuar para compartir sus
experiencias. (p. 45)
Sin embargo, en términos de relaciones inter-
generacionales entre padres e hijos adolescentes Podemos ver entonces como el sentido de la pri-
y jóvenes, la dinámica contemporánea presenta vacidad de cada uno de los miembros de la uni-
particularidades en los sectores de menores re- dad doméstica toma diferentes expresiones, según
cursos económicos: la evolución etaria de los integrantes. En el con-
texto de cada grupo conviviente, las interaccio-
[…] en las clases populares, la existencia de oportu- nes adoptan diferentes facetas en el tiempo, dadas
nidades para el trabajo asalariado —ligado inclusive a
la migración rural-urbana— es una fuente de autono-
por los ciclos diarios, semanales y anuales, y en
mía importante, aunque a menudo, especialmente con función de ello cambia la organización y uso de
las migrantes mujeres, los lazos de responsabilidad ha- los ámbitos de la vivienda. En el caso de los pro-
cia la familia de origen son fuertes y la subordinación totipos de producción estatal, todavía persiste la 9

en el empleo doméstico urbano tiende a ser muy alta. intención de controlar la privacidad por reglas, a
(Jelin, 2006, p. 28) partir de una interpretación de las costumbres y
de la programación del tiempo. Esto conlleva que
un ficcional ciclo diario de uso de las habitaciones
minada manera. [Y basada en Alberti et al. (2001)
construya cánones ciertamente restrictivos: por plantea] … en esto se funda su imperio, en la pers-
ejemplo, el dormitorio de los padres puede te- pectiva de concebirse a sí mismo como la razón y de
ner un uso comunitario durante el día, pero al considerar a lo extraño como lo sin razón.
caer la noche se transforma en el lugar privado
de la pareja. Incluso el baño, en momentos de De acuerdo a lo expuesto, es importante señalar
gran demanda, podría interpelar los gradientes de que el cambio social no se produce en dirección
privacidad. Lo que podemos reconocer, desde la a abandonar los lazos familiares como criterio de
óptica del proyecto, es la importancia de que la convivencia, sino a partir de una frecuencia ma-
vivienda social aún asigna a las interacciones entre yor de mudanzas y cambios en la composición y
miembros de las unidades familiares en torno de estructura del grupo familiar: “Lo que está ocu-
las comidas, lo que redunda en que el comedor rriendo es un cambio importante en la estabili-
lleve el carácter de máxima comunidad. En sín- dad temporal de la composición del hogar” (Jelin,
tesis: “No solo el individuo progresa a través del 2006, p. 9). En el marco del contexto reciente,
ciclo vital, sino la sociedad a través del tiempo, en el que la realidad actual incluye mucho más
y los patrones de privacidad pueden entrar en variabilidad, imprevisibilidad y por sobre todo
conflicto con nuevas formas de vida, modos y temporalidades más cortas, aún la noción de ci-
tecnologías” (Harrison, 1979, p. 34). clo vital familiar (Torrado, 2003), que se expone
a partir de transiciones previsibles y duraciones
Al igual que la privacidad, como variable in- largas de cada etapa —infancia y adolescencia en
trínseca de los modos de habitar, el concepto familia nuclear completa con papá, mamá y her-
en jaque de familia normal ofrece sus últimos manos, matrimonio y hogar de pareja sola hasta
estertores. La actualidad nos invita a reconocer el nacimiento de los hijos, familia nuclear com-
que aquello que antes era visto como “desviación pleta hasta que los hijos se casan, luego pareja sola
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de una norma”, se está aceptando y compren- (“nido vacío”), viudez y muerte—, se presenta de
diendo como algo “normal”. Como consecuen- algún modo como un modelo idealizado. La Dra.
cia, las normas y las expectativas sociales están Jelin interpela la definición de Torrado y plantea:
cambiando, así como los criterios para la defi-
nición social de lo normal y lo desviado, o de lo […] más que seguir hablando de ciclo de vida —que
implica previsibilidad, etapas claras, repetición caso a
aceptable o inaceptable socialmente. caso— el curso —más que el ciclo— de vida implica
numerosas transiciones de una a otra situación, casi
Abandonos y divorcios que casi siempre implican ho-
siempre en familia. Si la estabilidad de los matrimo-
gares sin padre, convivencia con otras generaciones, o
nios, la autonomía de los hijos y la mayor movilidad
vuelta al hogar paterno, niños cuidados por otros pa-
geográfica de la población conllevan más a menudo el
rientes y no por sus padres, segundas y terceras uniones
cambio de hogar y de grupo conviviente, esto no ocu-
que constituyen familias ensambladas, muertes, migra-
rre a costa de vínculos familiares, que siguen ligados
ciones, todos estos —y muchos otros— difícilmente
a la cercanía y contención afectiva, al cuidado de los
puedan seguir siendo considerados como accidentes
que necesitan protección, a la sexualidad y a la pro-
en un curso normal. (Jelin, 2006, p. 69)
creación. (Jelin, 2006, p. 96)

La Dra. Viviana Verbauwede apunta sobre estos


10 conceptos útiles para confrontar el tradicional Asimismo, Torrado aporta precisiones, tomando
programa de la vivienda: como caso a los sectores de menores recursos
económicos:
Sobre el criterio de normalidad familiar prevalece el
concepto de familia nuclear con roles fijos; en la ima- En los sectores populares, el propio ciclo de vida se ha
gen del “deber ser”, la familia debe ser de una deter- vuelto flexible: entre los jóvenes, por la prolongación
de una adolescencia vivida como cultura de lo alea-
torio, como imposibilidad de trazar un proyecto de
intercambios, a la vez provisorio y amenazado,
vida; entre los adultos, por las vicisitudes de una vida que conduce a hablar de ‘familia insegura’, siendo
profesional más dura e inestable; entre los mayores, acompañada esta fragilidad por el deterioro de
por una vida post-profesional careciente que suele ex- las redes de sociabilidad popular”. Es así como
tenderse desde una salida prematura del empleo hasta esta frágil y relativamente inestable estructura or-
los límites, en continuo retroceso, de la muerte. (To- ganizativa que identificamos como familia, que
rrado, 2003, p. 63)
multiplica sus posibilidades combinatorias —
nuclear, ampliada, ensamblada, de jóvenes vi-
Por su parte, Verbauwede analiza lo expuesto por viendo juntos, o de ancianos convivientes, entre
la psiquiatra Silvia de Riso (2001) para expresar otros— reclama a la arquitectura de la vivienda
que los medios de comunicación —especialmente social la necesidad de reinventar(se) en pos de
la televisión— operan sobre la familia sustituyén- una actualización y problematización ante las
dola con amplia fuerza en la transmisión de nor- nuevas demandas.
mas, costumbres, símbolos, códigos y valores, así
como en la inducción directa o indirecta de con- Resultados y discusión
ductas o fenómenos colectivos, cuya multicau-
salidad excede la responsabilidad adjudicable a Se propuso identificar las dimensiones, variables e
los mismos. En la actualidad, plantea la autora, indicadores a las que debería atender el programa
tanto para la pareja como para los hijos, la fa- de vivienda social como instrumento disciplinar,

Diego Fiscarelli Vivienda social: programa, familias y nuevos modos de habitar. Aportes desde la complejidad del proyecto
milia opera más que como principio de estabi- mediando las significaciones sociales imaginarias.
lidad relacional, como un “sistema precario de Por lo expuesto en la discusión bibliográfica, y a

11

Figura 2. Dimensiones, variables e indicadores a partir de la discusión bibliográfica


Nota: elaboración propia
partir de los autores señalados como recorte, las Privacidad y sus categorías
interrelaciones entre programa y transdisciplina
resultan fundamentales desde el paradigma de En referencia a la tradicional configuración de
la complejidad, pudiendo sintetizarse en el cua- dormitorios para padres e hijos empaquetados
dro de la figura 2. en proximidad, que resultan de utilidad cuando
la niñez de los hijos, pero incómodos en las ado-
Todas las dimensiones identificadas encuentran lescencias; además, no se consideran los dormito-
al factor tiempo como variable principal, tanto rios como ámbitos polivalentes para el desarrollo
en los procesos de realización personal como en de las horas de la intimidad. Serían vitales en ese
los de construcción de los vínculos relacionales. sentido los accesos independientes acordes con
A partir de este panorama, las necesidades que los nuevos acuerdos intergeneracionales, e incluso
constituyen el programa no pueden determinarse que se abandonaran las jerarquías dimensionales
a partir de caracteres absolutos sino, muy por el entre dormitorios para padres y para hijos. No
contrario, desde demandas específicas y situadas. obstante, en el marco de las series tipológicas, la
En materia de vivienda, el contexto interactúa diversidad de unidades solo remite a la cantidad
con una cultura del habitar que, en principio, de dormitorios.
ofrece rasgos estableces para una caracterización,
pero que también se presenta tensionada por el Dinámicas de cohabitación
factor tiempo.
Como parte de la reasignación de tareas en el ho-
Recuperando el análisis que las oficinas técnicas gar, las cocinas cerradas restringen la visibiliza-
estatales producen respecto de la vivienda social, ción de las labores productivas y reproductivas
y en particular, ponderando el programa como que recaen sobre las mujeres. Las formulaciones
CUADERNOS DE VIVIENDA Y URBANISMO. ISSN 2145-0226. Vol 15. enero-diciembre de 2022: 1-15

instrumento, podemos afirmar que la construc- tipificadas a partir de programas de uso conside-
ción de las significaciones sociales imaginarias ran solo el alojamiento como función principal y
respecto de los destinatarios queda oculta por no habilitan las tareas laborales en el hogar, ade-
una universalización autorreferencial (Wainer- más de las educativas, de asistencia y cuidado, y
man, 2003). Desde una óptica disciplinar, la Dra. sus consecuentes ámbitos.
Arq. Anahí Ballent lo plantea en estos términos:
Construcción de lo colectivo
La emergencia de nuevas formas de organización fa-
miliar, juntos con cambios importantes en la tecnolo-
gía hogareña, parecen estar modificando las demandas
Entran en crisis los planteos que insistan en posi-
y representaciones sobre las formas de habitar en un cionar el anclaje en una familia modélica —usual-
proceso cuyas tendencias aún no están definidas, aun- mente de cuatro integrantes—, y que no acepten
que pueda afirmarse que se distancia velozmente del otras organizaciones de miembros en convivencia
universo construido en relación con la idea de la casa eventual que demanden alojamiento. Las organi-
para todos. (Ballent, 2005, p. 45) zaciones distributivas aún remiten a cuadros esta-
bles asociados con sectores “sociales” y “privados”.
En este sentido, la praxis proyectual de mode- El área de comedor —o estar, en los casos más fa-
12 lación de configuraciones habitacionales típicas vorables— encarna estos valores representaciona-
encontraría límites al verse interpelada por cada les —y, por ende, la escasa utilidad concreta— de
una de las variables y sus indicadores. las organizaciones que comparten inevitablemente
los horarios de comida y reunión.
Del mismo modo, los programas demandan ám- Se espera que los resultados de este estudio sean
bitos para actividades lúdicas, de gimnasia, pasa- útiles para ajustar los parámetros que definen el
tiempos, etc. Los mismos convocan a una posible aspecto cualitativo de la producción habitacio-
personalización, en términos de construcción de nal, y que puedan constituirse como un insumo
las características formadoras de identidad. para la elaboración de proyectos que articulen
criterios de diseño y resolución constructiva, en
Reconocimiento del ciclo vital familiar pos de alcanzar estándares mínimos de adapta-
bilidad (Bertuzzi, 2007). Es decir, se busca que
Referido a formulaciones que no reconozcan las se multipliquen las posibilidades de adecuación
particularidades de cada grupo etario, tensiona- física y de uso de las unidades de vivienda a lo
das por las transformaciones que determina el largo de las diversas fases que expone el ciclo vi-
tiempo. Las áreas asignadas a las individualida- tal familiar.
des deben considerar márgenes para transicionar
sin traumatismos: por ejemplo, considerando que Si bien se comprende que, desde el Estado, el
los adolescentes desarrollan actividades múltiples proyecto de una vivienda no solo debe contem-
en sus dormitorios, e incluso comparten espacio plar los aspectos más próximos a la temática, sino
con sus relaciones de vínculo afectivo. también un amplio número de factores entre los
que se articulan aspectos económicos y urbanís-
Por otro lado, la accesibilidad sin barreras debe- ticos relacionados con políticas de tierra y dispo-

Diego Fiscarelli Vivienda social: programa, familias y nuevos modos de habitar. Aportes desde la complejidad del proyecto
ría ser una constante programática, en los tér- nibilidad de suelo urbano, entre otros, también
minos que reclaman las viviendas que resulten es cierto que la evolución del hábitat propio es
sensibles con los cambios del ciclo vital familiar. una característica intrínseca a la especie humana:
como primera instancia de relación con el am-
Delimitada la incumbencia de la temática en el biente, la vivienda es el medio donde el hombre
campo disciplinar, atravesando las dimensiones expone la construcción de un modo particular
que la investigación proyectual establece para la de habitar, constituyendo un proceso dinámico
formulación de un programa complejo, y anali- que se agudiza en el tiempo con los avances tec-
zados sus rasgos diferentes en relación con la vi- nológicos y las transformaciones globales que las
vienda social, este trabajo propuso una discusión sociedades manifiestan en sus comportamien-
con el objeto de producir aportes de conocimien- tos urbanos.
tos generalizables. Los indicadores señalados se
constituyen en elementos alternativos para inter- En este sentido el programa, como instrumento
pelar el alcance de los programas de necesidades: de proyecto y como condición de partida, es el en-
cargado de formular el horizonte cualitativo de la
Desde la vivienda colectiva de la modernidad, la figura propuesta habitacional, en términos del recono-
del usuario emerge del programa que lo representa y
cuya redacción es absolutamente elemental por parte
cimiento de las trayectorias del grupo habitante
de los arquitectos. […] El programa se presenta a sí para el que se construye la vivienda: “El programa
mismo como producto de una construcción que rea- es una pregunta, una teoría, o al menos un con-
lizan los arquitectos, la mayoría de las veces sin la con- junto de hipótesis. El proyecto es la respuesta —
sulta a los especialistas en el tema, especialmente de tan fragmentaria y provisoria como el programa 13
las ciencias humanas y sociales. (Sarquis, 2007, p. 85) mismo—, y como tal, excede y a la vez ignora as-
pectos de la pregunta, pero siempre abre nuevos
interrogantes al programa” (Sarquis, 2007, p. 184).
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Diego Fiscarelli Vivienda social: programa, familias y nuevos modos de habitar. Aportes desde la complejidad del proyecto
1 El trabajo refiere a los Programas Federales de Construcción de Viviendas (2003-2015) y al Plan Nacional de Viviendas (2015-2019).
2 Siguiendo a Yujnovksy (1984), entendemos por vivienda a la configuración de servicios —servicios habitacionales— que deben dar satisfacción a necesidades humanas
primordiales: albergue, refugio, protección ambiental, espacio, vida de relación, seguridad, privacidad, identidad, accesibilidad física, entre otras. Adherimos de este modo
a una concepción amplia de la noción de vivienda como hábitat o medio-ambiente.
3 Respecto de las transformaciones funcionales que las familias de escasos recursos operan sobre las unidades de vivienda social, considerar Fiscarelli (2016).
4 Proyecto de Investigación LATEC FAU UNLP Código U/164 Estrategias para un abordaje integral del hábitat urbano desde la complejidad del proyecto: territorio/región, ciu-
dad/vivienda, tecnología/resolución constructiva. Acreditado por la Universidad Nacional de La Plata. Director: Arq. Carlos Gustavo Cremaschi. Laboratorio de Tecnología y
Gestión Habitacional (LATEC), Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de La Plata.
5 Referimos a la construcción intelectual que subyace en la fase preliminar de ideación proyectual, y que en el marco de la producción habitacional estatal traduce en los
futuros espacios de la vivienda actividades tipificadas como comer, dormir, asearse, asignando superficies particulares y condiciones distributivas constantes.
6 La investigación proyectual es una concepción epistemológica que se caracteriza por la revisión crítica de teorías, estrategias y prácticas establecidas en relación con el
proyecto arquitectónico, y que reconoce como su especificidad la producción de conocimiento útil a los fines disciplinares. Formulada en el año 1991 por el Dr. Jorge Sar-
quis (Centro POIESIS FADU UBA), plantea que el acto investigativo en arquitectura posee, al menos, dos actividades básicas: una de reflexión, búsqueda y aplicación de cri-
terios de evaluación coherente y sistemática para la formulación de teorías; y otra productora de conocimientos por experimentación u otros medios, y en consecuencia,
creadora de innovación en alguna de sus variables. Desde este posicionamiento, el proyecto arquitectónico como instrumento cognitivo adquiere tres dimensiones: teoría,
metodología y técnica.
7 Son productos intelectuales, constructos y efectos de desarrollo conceptual y filosófico que orientan el devenir y la praxis con propósitos explicativos. Es decir, se trata del con-
junto de ideas, principios y propósitos capaces de orientar la actividad en un contexto determinado, ya sea social, cultural, político o científico. La plataforma teórica se corres-
ponde con el corpus de reflexión y de posicionamiento conceptual que ubica al investigador respecto del mapa estelar de la filosofía y del conocimiento. La determinación del
constructo teórico propio de las plataformas, y la respectiva validación del mismo, requiere de varias claves, entre las cuales destacan la ontológica y la epistemológica.
8 Sarquis retoma de la antropóloga Alicia Londoño el concepto de imaginario.
9 Nos referimos al modelo habitacional (prototipo) que se toma como base de la financiación de las operatorias de vivienda en Argentina, y que tiene como características
principales un área de 55 m2, dos dormitorios, baño único, cocina, un ámbito único comedor y un lavadero exterior.
10 La Escuela Sociológica de Chicago, también conocida como la Escuela Ecológica, remite al primer corpus principal de trabajos que emergieron en los años 1920 y 1930
especializados en sociología urbana y en la investigación del entorno urbano, articulando teoría y estudios etnográficos de campo en Chicago. Aunque recogía el trabajo de
académicos de varias universidades de Chicago, el término se usa frecuentemente para referirse al Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago, uno de los
más antiguos y prestigiosos. A partir de la Segunda Guerra Mundial apareció una segunda Escuela de Chicago, cuyos miembros, formados por las figuras de la primera,
emplearon nuevas técnicas de análisis y métodos de investigación de campo, lo que produjo un nuevo cuerpo de conocimientos.
11 La división de mano de obra y su especialización alcanzó su más alto desarrollo con el urbanismo racionalista, desgastando las figuras clásicas de autoridad (el padre) y 15
sustituyendo los lazos de solidaridad por mecanismos institucionales de control. La cooperación cedió el paso a la competencia y al individualismo; el control basado en
las costumbres dio paso al control basado en la ley.
12 Resulta pertinente tener en cuenta la noción de habitus formulada por Bourdieu.
13 Ciclo vital familiar: Comportamientos relacionados con el calendario de vida de la familia nuclear; etapas por las que pasa la unidad familiar, desde su constitución hasta
su disolución (Torrado, 2003).

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