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Introduccion Historia de La Antropología Teológica

Este documento presenta una discusión sobre la antropología teológica. Comienza planteando algunas preguntas fundamentales sobre el ser humano y luego resume brevemente las perspectivas de Kant y otros filósofos sobre la naturaleza humana. A continuación, ofrece definiciones conceptuales clave de la antropología teológica y resume brevemente su desarrollo histórico, incluyendo tratamientos en la patrística, la escolástica y autores como Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura.

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Introduccion Historia de La Antropología Teológica

Este documento presenta una discusión sobre la antropología teológica. Comienza planteando algunas preguntas fundamentales sobre el ser humano y luego resume brevemente las perspectivas de Kant y otros filósofos sobre la naturaleza humana. A continuación, ofrece definiciones conceptuales clave de la antropología teológica y resume brevemente su desarrollo histórico, incluyendo tratamientos en la patrística, la escolástica y autores como Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura.

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SITUACIÓN DEL SER HUMANO HOY

Preguntas fundamentales del ser humano:


- ¿De dónde vengo? ¿para dónde voy?
- ¿Cuál es el sentido de mi vida?
- ¿Para qué fui creado?
- ¿Tiene sentido estudiar, trabajar?
- ¿Qué es mejor para mi vida: casarme, quedarme soltero, ser religioso/a?
- ¿Tiene sentido vivir en comunidad?
- ¿Por qué existe el mal?
- ¿Se puede ser feliz?
- ¿Cuál es mi identidad sexual? ¿mi identidad de género? ¿mi identidad
biológica?
- ¿Qué futuro tiene el mundo?
- ¿Por qué hacer el bien y no el mal?
- ¿Quién es el ser humano?
- ¿El ser humano tiende al bien?
- ¿El ser humano puede vivir en soledad?
- ¿El ser humano es un ser en relación?
- ¿Cuáles son los principales problemas que hoy afectan al ser humano?
KANT:
¿Qué puedo saber? - Metafísica
¿Qué debo hacer? - Moral
¿Qué me cabe esperar? - Religión (Teología)
¿Qué es el ser humano? - Antropología

¿Es el ser humano finito y, a su vez,


participa de lo infinito?

Una auténtica antropología filosófica ha de saber que


no existe un género humano sino también pueblos, no
solo un alma humana sino también tipos y caracteres,
no solo una vida humana sino también edades de la
vida, solo abarcando sistemáticamente esta y las demás
diferencias, solo conociendo la dinámica que rige
dentro de cada particularidad y entre ellas, y solo solo
mostrando constantemente la presencia de lo uno en lo
vario, podrá tener ante sus ojos la totalidad del ser
humano.
Para una comprensión honrada del ser humano hay que instalarlo en la
naturaleza, compararlo con los demás seres vivos y con las cosas para
poder asignarle su lugar correspondiente. Solo por este camino de
comparación y diferenciación podrá captarse al ser humano en su
totalidad.

El ser humano sabe que camina por el estrecho


sendero que le lleva del nacimiento a la muerte.
Sólo él prueba lo que nadie a no ser él mismo,
puede probar: la lucha con su destino, la rebelión
y la reconciliación y, en ocasiones cuando se junta
por elección con otro ser humano, llega a
experimentar en su propia sangre lo que pasa por
los adentros del otro.
No basta con que coloque su yo como objeto de
conocimiento. Solo puede conocer la totalidad de la
persona y por ella la totalidad del ser humano, si no fuera
su subjetividad ni se mantiene como espectador impasible.
Por el contrario, tiene que tirarse a fondo en el acto de
autorreflexión, para poder cerciorarse por dentro de la
totalidad humana.

Gaudium et Spes 4-10.22


Aparecida 33-87
Evangelli Gaudium 52-67
ANTROPOLOGIA TEOLÓGICA – Precisiones conceptuales

La “antropología” nos remite al ser humano, objeto de estudio.


El calificativo “teológica” al punto de vista desde el cual vamos a
abordar la antropología que es desde la “revelación”

Sin perder nada de la especificidad teológica, la reflexión cristiana


sobre el ser humano se ha de enriquecer con los datos y las
intuiciones que proporcionan la filosofía y las ciencias humanas.
Pero todos estos contenidos han de ser contemplados bajo una luz
nueva y más profunda: la de la relación del ser humano con Dios.
Esta es la dimensión última y más profunda del ser humano, la que
nos da la medida exacta de lo que somos: el objeto/sujeto
privilegiado del amor de Dios, la única criatura de la tierra que Dios
ha querido por sí misma (Vaticano II, Gaudium et Spes, 24) y que ha
sido llamada en lo más profundo de su ser a la comunión de vida
con el propio Dios uno y trino.
Tres dimensiones básicas a tener en cuenta:
- La dimensión más propia y específica de la antropología teológica es la que hace
referencia a la relación de amor y de paternidad/maternidad que Dios quiere
establecer con todos los seres humanos en Jesucristo su Hijo. Jesús manifiesta el
ser humano al propio ser humano en la revelación del misterio del Padre/Madre
y de su amor (GS 22).
- Pero esta llamada y esta «gracia» presuponen nuestra existencia como criaturas
libres. Nosotros no tenemos en nosotros mismos la última razón de ser de nuestra
existencia. Existimos porque se nos ha dado este don, por la bondad de Dios que
libremente quiere darnos el ser. Esta consistencia es necesaria para que pueda
realizarse esta llamada, que se dirige a nosotros mismos.
- El ser humano creado por Dios y llamado a la comunión con Él se halla siempre
(aunque en diversa medida según las circunstancias) bajo el signo del pecado, de
la infidelidad a Dios propia y de los demás. La antropología teológica ha de
considerar al ser humano en su ser de pecador; sobre todo se ha de ocupar de lo
que la tradición teológica llama el «pecado original».

Contemplar al ser humano en su relación con Dios desde cualquiera de estos


tres puntos de vista no significa considerarlo aislado de la humanidad y de la
relación con los demás. El pecado original es una muestra elocuente, aunque en
el sentido negativo, de la solidaridad humana. La gracia y el favor de Dios se
vive y experimenta sobre todo en la comunión de la Iglesia.
En conclusión, Antropología
teológica es el estudio del
ser humano bajo el punto de
vista de la relación con Dios,
lo que incluye su creación, su
libertad, su condición
pecadora y su llamado a la
salvación.
BREVE HISTORIA DE LA ANTROPOLOGÍA TEOLÓGICA

La Patrística y la Edad Media

La Antropología teológica, como disciplina es relativamente reciente pero, los


temas de los que se ocupa, fueron tratados desde la antigüedad aunque sin una
relación interna sino más bien cómo aspectos presentes en otras reflexiones
teológicas.

Por ejemplo, desde muy antiguo encontramos referencias a la creación


en el Génesis, por ejemplo, De Principiis de Orígenes; De hominis opificio
de Gregorio de Nisa.
También en obras de San Agustín, se abordan algunos de los temas de la
Antropología Teológica: De natura et gratia, De gratia Christi et de
peccato originali.
Pero no solo hay que buscar los temas en los títulos sino que ellos
fueron tratados a propósito de otros temas.
La antropología teológica, al menos en sus nociones fundamentales, se ha tratado
en la sistemática de la Edad Media en relación con la creación

Hugo de San Víctor:


De sacramentis christianae fidei (estructurado con un claro sesgo antropológico): -
1) opera conditionis: por qué ha sido creado el ser humano, cómo ha sido creado,
cómo ha caído.
2) opera restaurationis: cómo ha sido reparado el hombre y se centra sobre todo
en la redención de Cristo.

Pedro Lombardo, influido por Hugo de San Víctor, en sus


“Sentencias”, (libro II) trata de la creación (después de haber
tratado de Dios en el libro I). Comienza con la creación de los
ángeles, los seis días de la creación según Génesis, creación del ser
humano, el estado del paraíso, la tentación y el pecado de los
primeros padres. Trata de la gracia y del libre albedrío y pasa al
pecado original.

Santo Tomás: Summa Teológica. Parte I: el ser humano en cuanto creatura de Dios
después de haber presentado la creación de las criaturas espirituales, los ángeles y de
las corporales, siguiendo el orden de los seis días. El ser humano, en cuanto es a la
vez criatura espiritual y corporal, viene a sintetizar toda la obra creadora de Dios.
En el desarrollo de la antropología se trata primero del alma a partir de la q.
75 (su unión con el cuerpo, sus potencias y operaciones, la creación primera
del hombre en cuanto al alma). En la q.91 se habla del cuerpo humano, la
creación del varón y la mujer y en la q.93 el fin de la creación del hombre, en
concreto su condición de imagen y semejanza de Dios. En todas estas
cuestiones se da un tratamiento más filosófico que teológico.

Después trata de la condición del hombre creado, el “estado


original” (q-94-102). El estudio de la creación se completa con el del
gobierno del mundo, por parte de Dios y la acción de las criaturas,
primero los ángeles (y demonios) y luego los hombres (q.113-119)

Prosigue con el estudio del fin del hombre, la felicidad perfecta que no se alcanza
más que con la visión de la esencia divina. Para llegar a este fin los medios son los
actos humanos, su bondad o maldad. Los principios de estos actos son intrínsecos
(hábitos, virtudes, también los hábitos malos, vicios y pecados) o extrínsecos al
hombre. El pecado original es un modo especial de causar el pecado en otro.
Conecta el pecado de los primeros padres con el vicio de la soberbia (para Él, en eso
consistió el primer pecado). Luego trata de los pecados capitales que son origen de
otros pecados al igual que el pecado original. Los principios extrínsecos del obrar del
hombre son la ley y la gracia. Después trata de las virtudes teologales y cardinales y
los vicios a ellas opuestos
San Buenaventura en su obra Breviloquium trata
de la creación en la parte 2, después de haber
estudiado la Trinidad. Después de la creación en
general y de la creación de los ángeles, se trata
del ser humano y de su producción como cuerpo
y como espíritu. La parte 3 se ocupa del pecado;
comienza con el pecado de los primeros padres
siguiendo la narración del Génesis, para tratar
después de la corrupción y transmisión del
pecado original. La parte 4 sigue con el estudio
de los demás pecados. La parte 5 se ocupa de la
gracia del Espíritu Santo. Después de los
sacramentos, se ocupa del juicio final.
Esta obra se acerca más a los actuales tratados de
Antropología Teológica pero aún se ve la
dispersión de la enseñanza sobre el ser humano
La época postridentina
Los problemas del ser humano fueron objeto de discusión en los tiempos de la
Reforma y de las controversias que siguieron al concilio de Trento. Se independizan
los estudios sobre la gracia en los tiempos mismos del concilio de Trento (Domingo
de Soto, De natura et gratia, 1545). Van tomando mayor importancia, también en
relación con los problemas del momento, las cuestiones de la justicia original, la
elevación al orden sobrenatural afinando en la distinción entre naturaleza y gracia,
etc.

Francisco Suárez: después de los tratados dedicados a Dios uno y trino viene el estudio
de la creación: de los ángeles, las obras de los seis días de la creación, la creación del
hombre en su estado de inocencia. Sigue el tratado “de anima” en el que se estudia la
constitución del hombre, el tratado de vicios y pecados, pecado original. Finaliza
privilegiando el alma sobre el cuerpo haciendo alusiones a la escatología.
En la línea de Santo Tomás, el tratado de la gracia sigue al de la ley; son los principios del
obrar humano. Pero a las pocas hojas dedicadas en la Summa a este tema, ahora son
gruesos volúmenes detallando los temas: 1) los prolegómenos a la doctrina de la gracia
(la libertad, el conocimiento que Dios tiene de las acciones libres, los diferentes estados
del hombre antes y después del pecado) 2) la necesidad de la gracia 3) las virtudes
teologales. En esta época el tratado de la gracia precede al de cristología (el cambio lo
dará Vaticano II, por la centralidad de Cristo que recupera este concilio) y predominan las
cuestiones filosóficas y epistemológicas.
La concepción antropológica privilegia claramente al alma sobre el
cuerpo y abundan las realidades escatológicas aunque referidas casi
exclusivamente al alma.

Una disposición semejante se halla en los


Dogmata theologica de Petavio, en los
salmanticenses, etc. En los Wirceburgenses se
habla de De Deo creatore, después del tratado
de los ángeles en el vol. II (París 1853). El vol.
VII (1880) se ocupa de los pecados, la gracia, la
justificación y el mérito; en el contexto de la
gracia se trata del estado de la justicia original.
Del S. XIX al Concilio Vaticano II

Dogmática de M. J. Scheeben que, con excepción de la


escatología, trató de todos los tratados objeto de nuestro
estudio:
1) Dios Uno y Trino
2) Dios en su relación al mundo: la creación (los ángeles,
los seis días del Génesis y el ser humano ocupando un
lugar destacado)
3) Orden sobrenatural al que está destinado la creatura
racional
4) El pecado como contrario al orden sobrenatural. Historia
del pecado, de los ángeles y de los hombres. Pecado
original.
5) El tratado de la gracia sigue a la cristología y
soteriología.
En conclusión se van dando avances como la vinculación de
la cristología pero todavía el orden sobrenatural queda
aparte de la realidad cristológica.
Esta estructura se mantuvo en las obras de este tiempo. La mariología
comienza a desarrollarse como tratado aparte. Se va dando una orientación
más histórico-salvífica a la teología y, por supuesto, a la antropología.
El tratado de la gracia recibe en este tiempo el nombre de “gratia Christi”
poniendo así más de relieve que el origen de la gracia es Cristo.

Rahner en 1957 publica un artículo: “Antropología Teológica”. En él constata


la fragmentación de las reflexiones sobre el ser humano y la necesidad de
hacer una reflexión más coherente:

«La construcción propiamente dicha de la antropología teológica aún no


se ha producido. La antropología está todavía repartida en los diferentes
tratados sin una elaboración del fundamento sistemático de toda ella en su
conjunto. La antropología en el sentido aquí indicado es todavía una tarea no
realizada de la teología, naturalmente no en el sentido de que las afirmaciones
concretas y de contenido de tal antropología deban ser halladas todavía por
vez primera -se trata, por supuesto, de afirmaciones de la revelación sobre el
ser humano-, sino en el sentido de que la teología católica aún no ha
desarrollado ninguna antropología acabada a partir de un punto de arranque
originario» (ese punto será Cristo en la teología posconciliar)
Rahner propone el “existencial sobrenatural”, es decir, que el punto de
partida de la antropología teológica es la condición creatural del ser humano
como sujeto caracterizado por su apertura frente a Dios. Esta es la aplicación
del método trascendental propuesto por Rahner. A priori el ser humano tiene
esa apertura, es condición de posibilidad para que pueda captar la revelación
de Dios.

El ser humano está por ello desde siempre, en virtud de sus estructuras
antropológicas, abierto a la posible revelación y llamada de Dios. Esta diferencia se
puede y debe expresarse sin acudir a una noción previa de «naturaleza pura», sino
que la naturaleza sería la constitución del hombre que se presupone para que
pueda escuchar la palabra, y que hace que el rechazo de esta última sea
verdaderamente un rechazo y no simplemente una negación de la esencia humana.
A partir de esta noción de naturaleza como capacidad de recibir la gracia, piensa K.
Rahner que se ha de entender cuanto se refiere a la espiritualidad, trascendencia,
inmortalidad, libertad del ser humano, etc.

Si el hombre ha de entenderse como el ser interpelado históricamente por Dios, sabemos


que esta interpelación se da sobre todo en Jesucristo, que es para la fe cristiana el Hijo de
Dios hecho ser humano. Por eso para entender al ser humano necesitamos a Cristo y es Él
quién nos dice quién es realmente el ser humano.
Rahner muestra que no se ha de hablar en abstracto de la
gracia sino del “ser humano” agraciado. Se trata de la
antropología del hombre redimido y justificado.

Se puede observar, cómo, en los años que precedieron


inmediatamente al Concilio Vaticano II, se expresaba esta necesidad
de agrupar en modo articulado los contenidos teológicos que se
refieren al ser humano. Y es significativo el hecho de que sea
precisamente la llamada del ser humano a la comunión con Dios en
Cristo y, consiguientemente la relación entre cristología y
antropología, el eje en torno al cual se quiera realizar esta nueva
articulación.
EL CONCILIO VATICANO II Y LA TEOLOGÍA ACTUAL

Vaticano II no tiene un documento explicito sobre el ser humano pero la Gaudium


et Spes nos ofrece un buen compendio de Antropología.

GS 1: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de
nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y
esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay
verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad
cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el
Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena
nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima
y realmente solidaria del género humano y de su historia.

GS 3: el hombre; pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y


conciencia, inteligencia y voluntad, quien será el objeto central de las
explicaciones que van a seguir
GS 10: Bajo la luz de Cristo, imagen de Dios invisible, primogénito de toda la
creación, el Concilio habla a todos para esclarecer el misterio del hombre y para
cooperar en el hallazgo de soluciones que respondan a los principales problemas
de nuestra época

El cap. 1 de la primera parte de la constitución, que lleva por título la dignidad de


la persona humana, expone en forma breve y actualizada las verdades
fundamentales sobre el hombre: su creación a imagen de Dios; el pecado por el
que abusó de su libertad ya desde el comienzo de la historia, y por el que perdió
la armonía en su relación con Dios nos dice el concilio, nos da a conocer también
lo que somos nosotros, la dignidad de nuestra vocación; en este contexto, esta
última no puede ser más que la filiación divina a imagen de la de Jesús.

GS 22: En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del


Verbo encarnado. Porque Adán, el primer hombre, era figura del que había de
venir, es decir, Cristo nuestro Señor, Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación
del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio
hombre y le descubre la sublimidad de su vocación. Nada extraño, pues, que todas
las verdades hasta aquí expuestas encuentren en Cristo su fuente y su corona
En otras ocasiones repite el Concilio la misma afirmación acerca de la
«perfección» de la humanidad de Cristo (GS 38, 45). Y es sobre todo
especialmente clara la afirmación de GS 41: «quien sigue a Cristo,
el hombre perfecto, se hace él mismo más hombre». El crecimiento en
Cristo significa, por consiguiente, crecimiento en humanidad. El ser
cristianos no nos aparta del ser hombres, sino que nos ayuda a serlo con
más plenitud.

No se puede minimizar el alcance de esta intuición fundamental del concilio


Vaticano II, enraizada, por lo demás, en la más antigua tradición cristiana. Este
principio ha tenido mucho influjo en la teología posconciliar y, en mayor o
menor medida, ha determinado la renovación de los tratados que giran en
torno al tema antropológico. Pero con ello no se quiere decir que haya
uniformidad de opiniones en todas las cuestiones y en la misma sistemática
de la antropología teológica. Este mismo concepto dista todavía de ser
completamente aceptado. Notables obras teológicas posconciliares están
lejos de ofrecer un tratamiento unitario de todas las materias que tienen al
hombre por objeto
Algunas obras posconciliares:

Mysterium Salutis
Después de tratar de Dios, se comienza el estudio de la historia de la salvación y el
artículo introductorio es el de Rahner sobre Antropología teológica. Es claro que todo se
coloca en un contexto cristológico y desde allí se trata del origen del hombre, su
constitución como unidad de cuerpo y alma, su carácter social, su acción el mundo, el
hombre imagen de Dios en relación con la teología del estado original, la teología del
pecado en general y del pecado original en particular, los ángeles y demonios.
Continúa en el V. 3 con la cristología y luego la eclesiología. Junto a esta el tema de la
gracia (para evitar un tratamiento individualista de la gracia). Después de una
introducción histórica se trata de la predestinación, la justificación y del ser nuevo en
Cristo. Dentro de este capítulo, una sección se titula: “El hombre en gracia. Ensayo de
antropología teológica”. Sobre las virtudes solo hay cinco páginas dentro del tratado de
la gracia. Y termina con la escatología que hace nuevamente una referencia a la
Antropología teológica.
El esquema de los tratados es casi igual que el del preconcilio. Pero el hecho de hacerlo
desde la historia de salvación y de colocar a Cristo como razón de ser de esta, da un
nuevo horizonte a todo el compendio de teología sistemática.
Flick y Alszghy (1970) publicaron “Fundamentos de una antropología teológica”.
Intentan recoger los planteamientos del Vaticano II y recogen dos características
importantes: la historicidad y el cristocentrismo. Por eso la obra se divide en dos
partes: el hombre bajo el signo de Adán y el hombre bajo el signo de Cristo. En esta
misma línea están las obras de Ladaria “Introducción a la Antropología Teológica” y
de González Faus “Proyecto de hermano”, (entre otras).

Hoy en día el desarrollo de este tratado se propone después de la cristología y del


tratado sobre Dios. Es la significación universal de Cristo, en gran medida, lo que
se estudia al considerar al ser humano (y al mundo con él) como criaturas de Dios.

Las actuales circunstancias hacen deseable, aunque difícil, un diálogo con las
antropologías del momento para establecer, respecto a ellas, las líneas generales en
las que la antropología cristiana se basa y que a la vez fundamenta. En gran medida,
a diferencia de épocas pasadas, estas líneas básicas no son ya patrimonio común.

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