EL ESTADO
El Estado es un modelo de organización política y jurídica de una
comunidad. Está conformado por un conjunto de instituciones que concentran
el poder político de una sociedad y, por lo tanto, poseen autoridad legítima para
establecer y hacer cumplir las normas que regulan la vida social en un territorio
determinado. En otras palabras, el Estado es el poder político organizado,
institucionalizado y delimitado jurídicamente.
Además, el Estado representa al conjunto de una sociedad, tanto hacia
afuera, ante los distintos grupos en los que la sociedad puede estar dividida.
Por eso, debe ocuparse de los problemas generales de la sociedad que
representa, atendiendo los intereses comunes de todos sus miembros.
Los elementos que componen un Estado son; la soberanía, el territorio,
la población, las instituciones administrativas y el gobierno.
a) Soberanía: Se habla de soberanía para indicar que el Estado tiene el
poder supremo y exclusivo sobre su territorio y la población que lo
habita. Esto significa que los Estados deben ser independientes y no
pueden estar sometidos a la autoridad de ningún otro. Para ser
soberano, debe ser reconocido como tal por los otros Estados.
b) Territorio y población: No hay Estado sin población ni territorio. El
territorio está conformado por el espacio geográfico delimitado (tierra,
ríos interiores, espacio aéreo y marítimo) donde se establece y ejerce su
autoridad. El territorio de un Estado se conforma con el transcurso del
tiempo por medio de luchas y acuerdos. Para que un Estado ejerza su
autoridad indiscutida sobre una porción territorial, sus límites deben ser
reconocidos por los demás Estados. La población, por su parte, es el
conjunto de personas que reside en este territorio estrictamente
delimitado en un momento determinado.
c) Gobierno: El gobierno es la institución estatal encargada de la toma de
decisiones y la conducción política. Son parte del gobierno el conjunto
de personas que ejercen el poder político mediante la toma de
decisiones, la elaboración de políticas públicas y el diseño y la
aprobación de las leyes del Estado.
d) Instituciones administrativas: El Estado está conformado, también,
por un conjunto de instituciones destinadas tanto a asegurar el
cumplimiento de las normas como a administrar los ámbitos de la vida
de la población y ejecutar las políticas públicas establecidas por el
gobierno. Entre las tareas que cumple la administración estatal se
destacan: la defensa de las fronteras y el control del orden público, el
cobro de impuestos, la elaboración de documentos de identidad para la
población, los servicios públicos de educación, salud y seguridad social.
Monopolio de la fuerza y legitimidad
Al describir las características del Estado, destacamos que es la
institución que detenta el poder exclusivo y supremo sobre un territorio y su
población. Esta manera de concebir el Estado fue desarrollada por el
pensador Max Weber a principios del siglo XX.
Weber propuso definir el Estado a partir de un medio específico que le
es propio: el de la coacción física. En sus palabras, “el Estado es aquella
comunidad humana que en el interior de un determinado territorio reclama
para sí (con éxito) el monopolio de la coacción física legítima.” Esto quiere
decir que el estado, mediante diferentes instituciones, como la policía, el
ejército, la gendarmería, etc., es el único autorizado a ejercer la violencia
física de manera legítima en caso de ser necesario. Además, que el Estado
détente el “monopolio de la coacción física legítima” implica que ningún
ciudadano puede recurrir a la violencia para resolver un conflicto y que, si o
hiciera, sería sancionado por considerarlo ilegal e ilegítimo. Cuando en un
mismo territorio conviven distintos grupos con capacidad para ejercer la
violencia, no es posible hablar de un Estado.
La definición de Weber señala también que ningún Estado puede valerse
de manera exclusiva de su capacidad de ejercer la violencia física. Para que
las normas establecidas por el Estado sean respetadas, este debe tener
legitimidad. Las razones por las que los ciudadanos confieren legitimidad o
validez a una manera de ejercer el poder varían en cada período histórico.
Lo importante es que el monopolio de la fuerza y la legitimidad deben ser
complementarios para que el orden impuesto por el Estado en una sociedad
se sostenga. Como vimos cuando tratamos el tema del poder, Max Weber
establecía 3 tipos de legitimidades: la tradicional, la carismática y la legal.
El inglés Thomas Hobbes fue uno de los primeros pensadores que
reflexionó sobre la organización política y sus orígenes. En su obra
“Leviatán”, publicada en 1651, sostenía que el Estado no era un modo de
organización natural ni se derivaba de la voluntad divina, sino que era el
producto de un contrato entre los seres humanos. Para ello, Hobbes
imaginó un estado de naturaleza (estado natural del ser humano) en el que
los individuos se encontraban en una guerra constante de todos contra
todos y en el que se imponía la ley del más fuerte. Mediante el pacto, las
personas habrían cedido parte de sus derechos, entre ellos, el de hacer
justicia por mano propia, para que el Estado garantizara la protección y la
resolución de los conflictos de la comunidad.
Del absolutismo al Estado de derecho
El Estado de derecho comenzó a tomar forma en el siglo XVIII, como
consecuencia de la discusión y la lucha política contra el modelo de Estado
absolutista. Este último, que predominó entre los siglos XVI y XVIII, se
caracterizó por la concentración de todo el poder político en una sola persona,
a la que se denominaba monarca o soberano. Se consideraba que el poder de
esta monarca derivaba directamente de la voluntad de Dios y, por eso, no
estaba obligado a compartir las decisiones con ninguna otra instancia de
gobierno ni rendir cuenta de sus actos a los habitantes del reino.
Las ideas sobre la existencia de derechos individuales fundamentales
que debían ser garantizados por la ley y la separación de poderes fueron
desarrollados durante el siglo XVIII. Estas ideas comenzaron a cobrar fuerza
con la Declaración de la independencia de estados Unidos en 1776 y la
Revolución Francesa de 1789, que las pusieron en práctica.
Los Estados de derecho
A lo largo de la historia, los grupos humanos han coordinado la vida en
común de diversas maneras. La conformación de los Estados modernos, como
modos de organización de organización política y jurídica, fue el resultado de
un proceso complejo que comenzó en los siglos XIV y XV. Durante este
proceso, y en relación con el contexto histórico y social, predominaron distintos
tipos de Estados.
En la actualidad, la mayoría de los Estados occidentales, como nuestro
país, son Estados de derecho. Este tipo de Estado se basa en la limitación de
la autoridad estatal por el dominio de las leyes. En otras palabras, en este tipo
de Estado, el ejercicio del poder político debe estar regulado por la ley y
controlado por la justicia. Esto significa que, para tomar decisiones, las
personas que ocupan cargos estatales deben guiarse por lo que determina la
ley.
En el Estado de derecho, la limitación del poder de las autoridades del
gobierno y el respeto de la ley se garantizan por medio de la división de
poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Esto significa que existe una
separación entre quienes elaboran las leyes, quienes las ejecutan y quienes
controlan que se ajusten a las leyes vigentes.
El Estado de derecho se basa, al mismo tiempo, en la reivindicación de
una serie de derechos y libertades de los ciudadanos, que se consideran
fundamentales e, incluso, superiores a la autoridad estatal. Por eso, el Estado
debe garantizar los derechos individuales y, a la vez, estar sujeto a las normas
jurídicas.
En un Estado de derecho, la Constitución es la ley máxima en la que se
fijan por escrito las normas generales que regulan y estructuran su
funcionamiento. En ella se suelen incluir los derechos que la Constitución debe
proteger y promover, la manera en que se organizan las ramas del Estado y el
modo de elección de las autoridades de gobierno.
El Estado y la Nación
A menudo, los términos Estado y Nación se usan de manera indistinta,
como si fueran sinónimos. Esto sucede porque la mayoría de los Estados
contemporáneos son Estados nacionales, es decir, organizaciones político-
jurídicas referidas a una comunidad de hombres y mujeres con un idioma, una
historia, tradiciones y costumbres en común.
Sin embargo, en el transcurso de la historia, la mayoría de los Estados
no fueron nacionales, por ejemplo, bajo el gobierno del emperador Carlos V
(rey de España desde 1516 y emperador de Alemania desde 1519) convivían
comunidades muy diferentes en Europa, América y Asia. La asociación entre
Estado y Nación es relativamente reciente. Los Estados nacionales tomaron
forma durante el siglo XVIII, con las transformaciones económicas que produjo
la Revolución Industrial y los cambios políticos que generó la Revolución
Francesa.
En la actualidad, está bastante extendida la idea de que todo Estado
tiene que ser un Estado nacional y que toda Nación debe tener su Estado. Aún
así, alrededor del mundo existe gran cantidad de casos en los que se cuestiona
este vínculo. Por ejemplo, Canadá es un Estado binacional en el que conviven
comunidades anglófonas y francófonas. De la misma manera, en 2010, Bolivia
se instituyó como un Estado plurinacional que reconoce la existencia de
naciones indígenas y comunidades interculturales.
¿Qué es la Nación?
El concepto de Nación, en principio, hace referencia a un conjunto
amplio de individuos y grupos que se sienten parte de una misma comunidad
por razones históricas, étnicas, lingüísticas y religiosas. Esto quiere decir que
cada Nación está conformada por un grupo humano que comparte un mismo
idioma, una historia común y una serie de tradiciones y costumbres que lo
diferencia de otras comunidades.
Pero una Nación no sólo se define por sus características culturales. Es
necesario que los individuos de ese conjunto, que se sienten parte de una
misma comunidad, se reconozcan también con derecho a gobernarse a sí
mismos, darse sus propias leyes y tener un Estado.
El historiador Eric Hobsbawm (“La era del capitalismo”) dice que: “La
Nación no era un desarrollo espontáneo, sino elaborado. Aunque representaba
las cosas que los miembros de algunos grupos humanos muy antiguos tenían
en común o creían tener en común frente a los extranjeros, tenía que ser
realmente fabricada. De ahí la crucial importancia de las instituciones que
podían imponer uniformidad nacional, lo que significaba primariamente el
Estado, sobre todo la educación estatal, los puestos de trabajo estatales y el
servicio militar en los países que habían adoptado el reclutamiento obligatorio.”
La unidad cultural
Los Estados nacionales no existieron siempre, sino que se fueron
conformado por medio de complejos procesos sociales en el siglo XVIII y se
consolidaron durante los siglos XIX y XX.
Los Estados europeos anteriores, por ejemplo, estaban definidos por un
monarca y su capacidad de controlar el territorio cuya población era muy
heterogénea. Es decir que dentro del territorio de cada Estado se hablaban
diferentes idiomas, se practicaban distintas religiones y convivían culturas
diversas.
Los nuevos Estados nacionales se fundaron sobre el principio de
homogeneidad y sobre la asociación de un territorio, un pueblo y una cultura.
Pero en muchos casos la unidad cultural de los Estados nacionales no
coincidía con la realidad. En el territorio de cada Estado convivían grupos con
distintas características culturales. Para lograr la homogeneidad, cada Estado
se dedicó a construir y transmitir una cultura común. La educación tuvo un
papel fundamental en este proceso. La enseñanza de la lengua oficial, el
pasado común, las tradiciones y el respeto por los símbolos patrios en las
escuelas fue parte de ese proceso de afianzamiento de la idea de Nación.
Los nacionalismos
La conformación de los Estados nacionales estuvo acompañada por el
nacimiento de una serie de ideas que se llamó nacionalismo. Este se basa en
la distinción de un “nosotros”, los que pertenecemos a una misma nación y
comportamos los mismos valores, y un “otros”, los que no pertenecen a esa
Nación.
Desde cierto punto de vista, el nacionalismo refuerza el sentimiento de
pertenencia de cada persona a una Nación, mediante los símbolos patrios, las
tradiciones y los valores compartidos. De este modo, contribuye a la unión de
sus integrantes y despierta el orgullo de ser parte de ella. Pero a la vez, la
exaltación de las características propias de cada Nación y de sus diferencias
con las demás, puede llevar a las personas a tener comportamientos
discriminatorios.
Durante el siglo XX, el nacionalismo produjo conflictos violentos e,
incluso exterminio en varias partes del mundo. Por ejemplo, el régimen nazi en
Alemania persiguió y eliminó a millones de judíos, además de gitanos e
integrantes de otras comunidades, porque consideraba que no debían parte de
la Nación alemana. Otro ejemplo es lo ocurrido en Europa del Este, donde los
conflictos entre las distintas naciones que conformaban el Estado yugoslavo
llevaron a la guerra civil y a la desintegración del país a principios de la década
de 1990.
Distintas modalidades de Estado
En el siglo XIX, los Estados nacionales se consolidaron como forma de
organización político-jurídica en varios lugares del mundo luego de un proceso
histórico complejo. Entre el siglo XIX y el siglo XXI, sin embargo, se han ido
modificando la forma de organización de las instituciones estatales, su relación
con los derechos fundamentales de las personas y la manera de encarar la
gestión del orden social y la economía. Presentaremos tres modalidades de
Estado: el Estado liberal, el Estado de bienestar y el Estado neoliberal o
subsidiario. Estas formas tuvieron características particulares en cada país y no
necesariamente se sucedieron unas a otras.
Estado liberal
El Estado-Nación moderno se gestó a finales del siglo XVIII y se
consolidó en el transcurso del siglo XIX como un Estado liberal de derecho. A
diferencia del Estado absolutista, que concentraba el poder en el monarca, el
Estado liberal se basó en la construcción de un orden jurídico y político que
sometiera las acciones de las autoridades públicas y los ciudadanos a la
Constitución y a la ley, dividió las funciones del Estado y reconoció el carácter
fundamental de los derechos y las libertades de los ciudadanos.
Esta forma de Estado se basa en una distinción marcada entre lo
público y lo privado. Desde esta óptica, la función del Estado debe reducirse a
la administración de justicia y la elaboración de leyes que garanticen el derecho
a la vida, la propiedad privada y la libertad de pensamiento y reunión. Una de
las ideas centrales del liberalismo es que la economía pertenece a la esfera
privada y, por lo tanto, debe funcionar en un marco de libertad. Por eso
defiende la no intromisión del Estado en las relaciones mercantiles entre los
individuos y postula la eficiencia del mercado como mecanismo de asignación
de recursos. Sin embargo, el liberalismo reconoce que hay asuntos, como la
conservación de espacios públicos y la educación de todos, que son
responsabilidad del Estado, porque el mercado no puede resolverlos por sí
solo.
Estado de bienestar
A diferencia del estado liberal, el Estado de bienestar se caracteriza por
una marcada intervención de las instituciones estatales en la organización de lo
social y lo económico. Su conformación fue una respuesta a las crisis
económicas de las primeras décadas del siglo XX, que revelaron las
deficiencias del mercado como regulador de las relaciones sociales y
económicas.
Las intervenciones del Estado de bienestar están orientadas a regular el
funcionamiento del mercado, promover la generación de empleo y alentar el
consumo. Además, sus acciones se centraron en garantizar el cumplimiento de
una serie de derechos económicos y sociales, como la salud, la educación, la
vivienda, la seguridad social y la protección de las condiciones laborales. En
muchos casos, el Estado de bienestar toma a su cargo el manejo de las
empresas de servicios básicos, como los transportes, las comunicaciones, la
provisión de agua, electricidad y gas.
Estado neoliberal
A finales de la década de 1970, un nuevo consenso respecto del papel
del Estado comenzó a tomar forma en distintas partes del mundo. Nuevas crisis
económicas generaron inflación y estancamiento en la economía mundial, y
muchos economistas y políticos vincularon estos problemas con el tamaño del
Estado y el exceso de sus funciones.
En varios países comenzaron a implementarse reformas con el objetivo
de interrumpir la intervención estatal, tanto en la regulación del mercado como
en su papel en la producción y como garante de derechos sociales,
económicos y laborales. Así, casi todas las empresas estatales se transfirieron
a empresas privadas y se revirtieron muchas de las conquistas económicas y
sociales del período anterior. El Estado neoliberal se postuló como un Estado
mínimo que debía garantizar la inserción de cada país en la economía
globalizada y en el mercado internacional.
A diferencia del liberalismo, el neoliberalismo sostiene que no hay
funciones que el Estado pueda cumplir mejor que el mercado. Desde este
punto de vista, el Estado solamente interviene para defender la soberanía, en
caso de conflictos entre grupos o individuos, y en aquellas tareas en las que el
mercado falla. Este es el caso, por ejemplo, de los servicios de salud y
educación que el Estado brinda para aquellos sectores sociales que no puedan
pagarlos