Crítica Al Reduccionismo Biologista: La "Naturaleza" de La Naturaleza Humana
Crítica Al Reduccionismo Biologista: La "Naturaleza" de La Naturaleza Humana
[Se reproduce aquí lo sustancial del capítulo homónimo de M.C. Chiriguini y a continuación el
capítulo sobre reduccionismo biologista de J. Ghiglino, publicados ambos en Apertura a la
Antropología, 2008; 307/341]
M. C. Chiriguini
Presentación
1
“El conjunto de las relaciones sociales es históricamente cambiante, por lo que la misma
naturaleza humana no podrá entenderse como puramente biológica, una abstracción, sino como
una naturaleza que solo puede desenvolverse en la historia. La historia de una especie que
transforma concientemente la naturaleza y así se transforma a sí misma, es decir, transforma su
propia naturaleza humana” (Narvaja 2003 “Una concepción dialéctica del hombre”. En:
Antropología, Guía de Actividades Prácticas y Selección de Textos. Cátedra Chiriguini. Proyecto
Editorial. Buenos Aires, p.70).
2
La región de Huallaga en el centro del Perú, es actualmente la zona más importante del mundo en
el cultivo de la coca para exportación. En año 1966 se inicia un programa de colonización entre el
gobierno peruano y el Banco Interamericano de Desarrollo para ubicar en la zona a 4.680 familias
esa racionalidad está vinculada en cada sociedad a las diferentes formas en que se
establece, en el marco del sistema mundial, el acceso a la tierra, el trabajo y el capital, así
como la forma en que se integra al mercado. Es indispensable considerar, en un sistema de
intercambio desigual, cómo las fuerzas económicas y políticas de carácter global inciden
en los sistemas locales, constituyendo un elemento explicativo de las diferencias en el
acceso a los recursos recién mencionados.
El ejemplo paradigmático de violencia y degradación ambiental del entorno es el del
modo de producción capitalista a lo largo de su historia y hasta el presente. La lógica del
mercado que lo caracteriza lleva a someter a toda sociedad que se enfrente a sus intereses
de acumulación de riqueza y que se interponga en su camino de máximo beneficio,
llámense comunidades indígenas, grupos campesinos y hasta los sectores periféricos de su
propia sociedad. También sus efectos se hacen sentir en las ciudades, afectando las
condiciones de existencia, en particular de los más pobres y vulnerables: escasez o
contaminación del agua, malas condiciones de vivienda, prestación insuficiente de los
sistemas de salud y de la educación. Todo esto conduce, más tarde o más temprano, a la
mortalidad infantil y a la desnutrición de la población afectada, como ejemplos de algunas
de sus consecuencias más conocidas.
que se ocuparían de cultivar algunos productos para su consumo (frijol, mandioca, coca) y otros
productos para la exportación (café, té, maíz) mediante créditos otorgados por esos organismos. En
el año 1976 se retiran los créditos por considerar que se obtenía una baja productividad en la zona;
ante esta situación, el cultivo de la coca se afianza porque significaba una alternativa inmediata y
real a las dificultades que enfrentaban los colonos pobres para sobrevivir. La prohibición del cultivo
de coca para la exportación y la persecución a los campesinos dedicados a ella está llevando a la
desforestación de amplias zonas del Perú a causa del permanente desplazamiento de los campesinos
a regiones más alejadas. Se calcula que en el Perú hay más de 200.000 ha. plantadas con coca, lo
que ha llevado a desforestar casi 700.000 ha desde el año 1970 (Comas d’Argemir 1998:172-174).
humanos a través del ejemplo de los sistemas de parentesco, propios y exclusivos de los
seres humanos.
Por último, nos introduciremos brevemente en la relación entre la naturaleza
humana y la Bioética, teniendo en cuenta los últimos avances de la Genética.
Reduccionismos y determinismos
3
J.J.Rousseau, crítico de las instituciones y del viejo sistema monárquico, elabora una concepción
del hombre natural tomando a los pueblos no europeos más “primitivos” como representantes de lo
auténtico y no corrompido por la sociedad de su tiempo. Ver Iluminismo en Ghiglino.
4
El concepto de naturaleza humana en Marx destaca la perfectibilidad del hombre, su potencialidad
para el desarrollo, desde una mirada similar a la roussoniana. Para este pensador el sistema
capitalista deshumaniza al hombre como consecuencia de la alienación, es decir, lo despoja de sus
características humanas más peculiares. Este proceso comienza con la separación de los
trabajadores de sus medios de producción y subsistencia. Marx considera que la misma actividad
que se realiza para la subsistencia es alienante ya que el producto permanece ajeno al obrero y el
proceso mismo de producción es externo a su conciencia y a sus necesidades y deseos.
La idea de que el ser humano es una criatura formada por un cuerpo y un alma
(espíritu o mente) está presente en las interpretaciones filosóficas y religiosas de la
Antigüedad y la Edad Media y responden a una visión dualista del hombre. En el siglo
XVII, el filósofo francés René Descartes, continuando con la misma tradición, propone un
enfoque filosófico del hombre de gran influencia durante los siguientes tres siglos. Para
Descartes el ser humano está constituido por dos sustancias distintas, la mente/alma y el
cuerpo. La mente es de carácter inmaterial e intangible, mientras el cuerpo es material y
destructible. El Yo es el aspecto más interno de un sujeto, su identidad esencial. Cuando
Descartes usa el pronombre en primera persona, “Yo”, está haciendo referencia a su mente
o alma, la res cogitans. En cambio la esencia del cuerpo es la extensión, lo mensurable, la res
extensus.
En las últimas décadas del siglo XX nuevas representaciones sobre la dimensión de
lo humano reemplazan el dualismo anterior y sostienen, por el contrario, que el hombre es
parte de la evolución de todo lo viviente y que todas sus manifestaciones, incluidas
aquellas más peculiarmente humanas, como su mente y el lenguaje simbólico, son el
resultado de la evolución biológica y del proceso adaptativo en el que estuvo involucrado
como una especie más. Esta nueva formulación tiene determinadas consecuencias sobre la
interpretación de lo social y lo cultural en tanto son analizados desde los mismos modelos
que explican el comportamiento animal. Es así como esta imagen de la naturaleza humana
está presente en las concepciones biologicistas de la ciencia que podríamos denominar
reduccionistas y deterministas.
Desde el reduccionismo se intenta explicar las propiedades de una molécula, de un
organismo o de una sociedad en términos de las unidades en que están compuestos. Estos
enfoques sostienen, por ejemplo, que las propiedades de una molécula proteica están
determinadas por las características de los electrones o protones que componen los
átomos. También afirman que las características de una sociedad son iguales a la suma de
los comportamientos individuales. De esta manera una sociedad sería violenta por ser el
resultado de la suma de individuos violentos que la componen. En este sentido se
justifican las guerras por el carácter agresivo de los individuos. Es decir, las unidades y
propiedades tendrían existencia previa a los conjuntos complejos, hablemos de moléculas
químicas, de organismos o de sociedades humanas (Lewontin, Rose y Kamin 1987:16).
Cuando desde este enfoque se considera que el comportamiento humano está regido
por la acción de los genes estamos en presencia de un tipo especial de reduccionismo, el
determinismo biológico. Frente a la pregunta sobre por qué los seres humanos son como son
o hacen lo que hacen, los pensadores enrolados en el determinismo biológico contestan:
porque las acciones de los hombres “son consecuencias inevitables de las propiedades
bioquímicas” que constituyen los genes que posee cada individuo (Ibid: 16-17). En otras
palabras, se afirma que la naturaleza humana está determinada por los genes y las causas
de los fenómenos sociales deben buscarse en la biología de los actores individuales. Por lo
tanto, los fenómenos sociales deben explicarse a partir de la suma de los comportamientos
de los individuos de una sociedad.
La función más importante del determinismo biológico es afirmar que las conductas
y diferencias sociales y económicas que existen en los grupos humanos, especialmente las
que son atribuidas al sexo, la raza y las clases sociales, pueden ser explicadas por las
características biológicas, heredadas e innatas de los individuos. En este caso, estamos en
presencia de una de las formas más conocidas que asume el determinismo biológico, el
llamado darwinismo social, perspectiva teórica e ideológica que interpreta los fenómenos
sociales a partir de categorías biológicas y de los principios más difundidos y
“vulgarizados” de la teoría darwiniana: la lucha por la existencia, la selección natural, la
supervivencia del más apto5. El darwinismo social extrapola los conceptos adecuados a un
nivel de análisis, el de los fenómenos biológicos, pero inadecuados e incorrectos para
interpretar el mundo social y cultural de los hombres.
Por otro lado, y desde un determinismo de signo contrario, el que se posiciona en la
dimensión cultural, se postula que la biología se detiene en el momento que nacemos y
desaparece desde el instante que entramos en el dominio de la cultura; desde este lugar
nos ubicamos en el determinismo cultural. Esta posición teórica va a considerar a la
naturaleza humana como una tábula rasa en la que la experiencia temprana puede
imprimir lo que desee y la cultura diseñar por entero nuestro comportamiento. Esta
manera de considerar la condición humana recuerda a ciertos fragmentos de la película
The Wall, cuando los alumnos entran en una máquina (que representa la educación) que
los convierte en objetos idénticos y deshumanizados.
En la Antropología este determinismo cultural, también llamado culturalismo, está
presente en la llamada teoría de la cultura de la pobreza”, corriente que enfatiza la
transmisión en grupos urbanos pobres de ciertas pautas culturales tales como la
planificación a corto plazo, la violencia y la inestabilidad de las estructuras familiares.
Desde esta representación de la naturaleza humana, el círculo de la pobreza se continúa,
en tanto los hijos de estos pobres al estar tan inevitablemente “aculturados” en un estilo de
vida, no pueden salir de ese ámbito y reproducen la situación de los padres que, a su vez,
reproducirán sus hijos (Lewontin 1991:101).
5
El exponente más conocido de esta teoría social es H. Spencer, contemporáneo de Ch. Darwin y
muy reconocido en su época. Sostiene que las características hereditarias tienen más peso que la
educación y las características adquiridas. Esta perspectiva teórica tuvo su mayor difusión desde las
últimas décadas del siglo XIX hasta los finales de la Segunda Guerra Mundial y entre sus
influencias más desdichadas podemos mencionar el comienzo de la eugenesia y su aporte a la
doctrina racial de los nazis. La gran mayoría de los biólogos evolucionistas, como es el caso de
Stephen J. Gould, refutan totalmente sus afirmaciones. Ver para mayor información: Marisa
Miranda y Gustavo Vallejo (compiladores) 2005 Darwinismo social y eugenesia en el mundo
latino. Siglo XXI de Argentina Editores.
esencializada y determinada biológicamente desde su emergencia en el mundo de lo
viviente. A partir de ese momento, supuestamente seríamos portadores de los genes
agresivos de los primeros cazadores paleolíticos y estaríamos determinados desde
entonces por esa condición inicial. Y, por otro lado, nos conduce a rechazar los argumentos
que explican el comportamiento en la sociedad humana como análogo al del mundo
animal, es decir, sujeto a los mismos determinantes genéticos.
El enfoque de los niveles de integración 6 en la interpretación del comportamiento
humano sostiene que el hombre es una unidad biológica y cultural que emerge del mundo
animal al crear cultura, constituyéndose en ese proceso en una realidad cualitativamente
más compleja. Como dice J. Bleger “no estamos en presencia de un animal más inteligente, sino
de una especie con propiedades nuevas y complejas que explican su comportamiento” (Bleger
1973).
Este epistemólogo define un nivel de integración como una organización particular
que comprende funciones y leyes que responden a esa unidad particular, dando cuenta de
todos los fenómenos propios de ese nivel. A su vez, cada nivel se va integrando en un
proceso de complejidad creciente que tiene su inicio en el nivel físicoquímico, a partir del
cual se estructura el nivel biológico y alcanza su mayor complejidad, en el nivel de lo
socio-cultural. Otra característica de estos distintos niveles es que tienen “entre sí un nexo de
sucesión en el tiempo durante el cual uno de los niveles ha dado lugar a la aparición del otro, por su
transformación cualitativa” (Bleger 1973: 291-292). Es decir, el primer nivel, el del mundo de
lo inorgánico, en un determinado momento dio lugar, por un proceso de transformación, a
un nivel de mayor complejidad, el nivel biológico, que va a ser abordado por
determinadas disciplinas científicas. Así como la Física y la Química buscarán las
respuestas que explican los fenómenos de ese nivel de análisis, las ciencias biológicas, por
su parte, van a estudiar todo el mundo de lo viviente.
Y, por último, el nivel de lo humano, de lo socio-cultural, el de mayor complejidad,
será abordado por las disciplinas sociales, entre ellas, la Psicología, la Sociología y la
Antropología, que estudiarán al hombre en los espacios sociales donde transcurre su
existencia cotidiana, en tanto miembro de una familia, de una clase social, de un grupo
étnico.
¿Cómo emerge el nivel humano? Sabemos que el hombre es el resultado de un
proceso único de millones de años que compromete a todo lo viviente, desde los seres más
simples a los más complejos. Las plantas y los animales son el producto de la combinación
de moléculas químicas con capacidad de replicación bajo ciertas condiciones que alguna
vez existieron sobre la Tierra. Estas moléculas químicas, que constituyen el nivel de los
físico-químico, en el transcurrir de los tiempos constituyeron los organismos vivos, pero
no pueden explicar las nuevas cualidades emergentes: la vida y la muerte, ya que son
procesos que no se encuentran en el nivel anterior. Es decir, surge el nivel de lo biológico,
emergiendo del nivel inorgánico con propiedades nuevas y más complejas.
Del mismo modo, al ser los hombres las únicas criaturas creadoras de cultura,
trascienden el nivel biológico, constituyendo una dimensión cualitativamente diferente, en
la que transformarán su entorno y a ellos mismos en un proceso de retroalimentación que
6
La formulación de los niveles de integración está basada en el desarrollo teórico de J. Bleger.
modificará su naturaleza biológica anterior. Nuevos atributos y nuevas leyes interpretarán
su naturaleza tanto biológica como cultural: todos nacemos y morimos, pero la manera
como nacemos y como morimos pertenece al ámbito de lo social y cultural. Todos nosotros
debemos satisfacer las necesidades biológicas básicas, pero los hombres no son capaces de
satisfacer sus necesidades físicas básicas si no se orientan en el mundo por medio de la
reflexión y el conocimiento (Elías 1998:143).
Retomando lo expresado, podríamos decir, entonces, que cada nivel se presenta
como una superación dialéctica, conformado por elementos o unidades del nivel anterior
en una combinación más compleja y con leyes que le son propias. Es claro que interpretar
las acciones de los hombres desde el nivel biológico, como un ser viviente más y
manteniendo una interacción con el medio basada sobre impulsos innatos modificados en
cierto punto por su propia experiencia, no resulta adecuada y suficiente. En este caso nos
posicionaríamos en el determinismo biológico (o genético) para entender por qué somos
como somos y hacemos lo que hacemos. Las analogías con el comportamiento instintivo
de los animales y más aun, culpabilizar al gen de la agresividad de la actitud violenta de
un padre a su hijo, son ejemplos de extrapolación, es decir, de interpretación de
fenómenos sociales a partir de conceptos y teorías de un nivel de menor complejidad.
Desde el determinismo biológico o genético, conceptos tales como adaptación,
selección, supervivencia del más apto, adecuados en el nivel biológico, se trasladan
automática y erróneamente al nivel de lo social y cultural. Si tomamos como ejemplo el
mismo concepto de adaptación, tan adecuado desde la teoría de la evolución biológica,
vemos que es impropio cuando se pretende explicar la adaptación humana desde ese
mismo marco teórico. Existe una fractura entre la adaptabilidad biológica y la
adaptabilidad humana. Los seres humanos inventamos estrategias para sobrevivir que
dependen de nuestra manera de ver e interpretar el mundo y que no siempre resultan
beneficiosas, ni siempre exitosas. Si esto fuera así, las sociedades humanas avanzarían en
un sentido de progreso y bienestar que la realidad y la historia desmienten (Castoriadis
2003). Otros hechos, diferentes circunstancias sociales y políticas, explican las formas
peculiares en que las sociedades humanas se “adaptan” a su propia historia.
Resumiendo, esta interpretación dialéctica de los niveles de integración nos permite
afirmar que los determinismos de uno u otro signo no son válidos y que todos los
comportamientos sociales del hombre son simultáneamente sociales y biológicos, del
mismo modo que son químicos y físicos. Un buen ejemplo es el aprendizaje del lenguaje
en los niños: la incorporación de un lenguaje sólo es posible por el ensamble del proceso
biológico de maduración y el proceso social de aprendizaje. Como dice Elías, el
aprendizaje puede permanecer completamente sin función si “éste ha sido confinado a la
propia capacidad de los niños para entender el significado de los patrones de sonidos aprendidos por
otros” (Elías 1998:307). Es claramente ilustrativa la descripción de Leslie White sobre la
adquisición del lenguaje de Hellen Keller, una niña afectada por importantes limitaciones
fisiológicas:
...“ Esta niña había perdido la vista y el oído a causa de una enfermedad a
edad muy temprana. A los siete años es tomada a cargo por una institutriz, Miss
Sullivan, quien va a intentar un método de acercamiento y contacto a través de
una de las vías sensitivas posibles: el tacto. Miss Sullivan hacía que la niña
tocara los contornos de los objetos y después escribía la palabra correspondiente
en la palma de la mano, era solo algo físico para la niña. Hasta que transcurrido
un mes de aplicación, mientras jugaban en el jardín, la maestra escribe la
palabra agua en la palma de su alumna, en el momento que el líquido fluye desde
la canilla. En ese momento Hellen se da cuenta del lenguaje, se da cuenta que
cada objeto tiene una palabra que lo nombra. Esas palabras eran más que la
realidad física de sentir garabatear la palma de la mano. A partir de ese momento
pasaron a ser símbolos. La niña fue transformada por esa experiencia: ‘Me alejé
de la glorieta y sus madreselvas, impaciente por aprender -escribe más tarde H.
Keller- que cada cosa llevaba un nombre y cada nombre hacía nacer un nuevo
pensamiento. Cuando regresábamos a la casa, todo objeto que tocaba en mi mano
parecía palpitar con vida. Ello se debía a que veía todo con la nueva y extraña
vista que había llegado a mí’” (White L.A: La ciencia de la cultura. en M.
Lischetti 1997:229).
El ejemplo muestra cómo los seres humanos por naturaleza estamos constituidos
para “aprender” y “debemos aprender” y, como través de ese proceso, adquirimos
plenamente nuestra humanidad. Estudios antropológicos sobre diferentes culturas han
mostrado que la manera en que se perciben o infieren situaciones depende de factores
culturales, sociales y psicológicos. En tanto poseedores de un organismo biológico,
sentimos, sufrimos, necesitamos alimentarnos, descansar, dormir. Pero simultáneamente
es el ambiente social y cultural el que interactúa dinámicamente con lo biológico,
redefiniendo la respuesta: el grado de excitabilidad, los límites de resistencia, difieren en
cada cultura, del mismo modo que los esfuerzos irrealizables, los placeres extraordinarios,
están más relacionados con los criterios sancionados por la aprobación o desaprobación
del grupo de pertenencia que por las particularidades de la especie. Si bien se requieren
ciertas sinergias nerviosas y musculares, éstas son solidarias con un determinado contexto
social (Mauss en Lévi-Strauss 1970). Lévi-Strauss emprendió en la década del cuarenta una
de las primeras aproximaciones para vincular lo biológico y lo cultural desde la
Antropología. A continuación describiremos algunos de los aspectos más significativos de
su abordaje.
La Sociobiología es una rama de la Biología que surge en la década del setenta del
siglo XX, reactualizando el discurso biologizante del siglo anterior. Intenta legitimar sus
afirmaciones en la teoría científica de la evolución, que explica la evolución de los seres
vivos sobre la base los datos de la Genética, la Biología Sistemática (estudio de las especies
y su clasificación) y la Paleontología (estudio de las especies a través de los restos fósiles),
apropiándose de los resultados de dos disciplinas: la Etología y la Ecología7. Nos
detendremos particularmente en los conceptos básicos de la Etología que conjuntamente
con los estudios ecológicos sirvieron a los sociobiólogos y al pensamiento biologicista 8 en
7
La Ecología es la disciplina que aportará a la sociobiología sus conclusiones sobre las dinámicas
de las poblaciones animales en relación con su medio ambiente: la natalidad, la mortalidad y las
migraciones que ocurren en una población que comparte un mismo ambiente y el mismo reservorio
genético.
8
Sociobiología es un concepto polisémico. Puede expresar la disciplina que surge en la década de
los 70 y también todo tipo de pensamiento que biologice lo social, incluyendo a cualquier otra
disciplina científica. No es requisito tener un título de biólogo social para ser un sociobiólogo. Las
interpretaciones sociobiologistas pueden estar presente en un sociólogo, en un periodista, en un
político, en un maestro, entre otros.
general para extrapolar y generalizar las conclusiones sobre el comportamiento de las
especies animales al comportamiento social humano.
Edward Wilson, famoso entomólogo, en su libro Sociobiología: la nueva síntesis,
publicado en 1975, define la Sociobiología como la disciplina que estudia la base biológica
de todo comportamiento social, desde los invertebrados hasta los primates, sin dejar de
lado al comportamiento humano. Esta publicación hace su aparición en un mundo
escéptico donde muchas apreciaciones de la naturaleza humana no son inocentes. En
Estados Unidos, desde algunos círculos científicos y medios de comunicación masiva, la
naturaleza (biológica) era invocada cada vez más para sostener la desigualdad de los sexos
y de las razas y esto se expresó en la oposición a la política de integración en la educación
de niños blancos y negros. En 1972 la Academia Americana de Ciencias incorporó una
declaración que atribuía una base genética a las desigualdades intelectuales a instancias
del físico Williams Shockley. Este científico, premio Nobel, junto al psicólogo Arthur
Jensen, sostenía la inferioridad genética de los negros. Shockley propuso una política
sanitarista de esterilización para las personas de “bajo cociente intelectual” (Palma
2001:91). Indudablemente era un contexto científico, político y social propiciatorio para
que el libro de Wilson se convirtiera en un éxito, contribuyendo a legitimar, desde la
ciencia, tranquilizando conciencias, el pensamiento social dominante.
Un escenario ideológico similar se vislumbraba en Inglaterra: una atmósfera de
protesta se abatía en los barrios por la creciente inmigración indoantillana, y la nueva
disciplina fue adoptada inmediatamente por las organizaciones de extrema derecha. En
Francia, para esa misma década, revistas pseudocientíficas como La nueva escuela
pregonaban un plan de medidas eugenésicas que comprendían desde la “planificación
familiar organizada” y “la esterilización de las taras más notorias” hasta “las inseminaciones
programadas”. Al mismo tiempo, en otros ámbitos se desarrollaban frecuentes discusiones
sobre “la utopía igualitaria” de la naturaleza humana enarbolada a partir de Jean Jacques
Rousseau (Veuille 1990: 94).
En este contexto la Sociobiología interpretará la conducta de los hombres desde las
leyes de la Biología y responderá ampliamente a la curiosidad del público respecto al
papel de los genes (los había hasta “egoístas”). Incluso, algunos biólogos se vuelven
filósofos y publican interpretaciones, bajo el manto del discurso científico, sobre todo tipo
de fenómenos sociales, desde el determinismo genético. En otras palabras, esta disciplina
intentará explicar las pautas de comportamiento de los animales y del hombre únicamente
desde el nivel de lo biológico, como emergente de su historia evolutiva biológica y sujeta a
las mismas leyes que rigen todo lo viviente.
Nuestra mirada crítica a la Sociobiología está dirigida fundamentalmente a su
interpretación de la naturaleza humana, subsumida en el mundo biológico. Para Wilson
todo lo que concierne al hombre, valores, juicios, sentimientos, percepciones son resultado
de la evolución natural de su cerebro:
“si el cerebro evolucionó por la selección natural, aun las capacidades para
seleccionar juicios estéticos y creencias particulares deben haber surgido por el
mismo proceso mecánico. Son adaptaciones directas a situaciones ambientales
del pasado en las que evolucionaron las poblaciones humanas ancestrales o, en el
mejor de los casos, construcciones determinadas secundariamente por
actividades profundas y menos visibles, que en alguna ocasión fueron capaces de
adaptarse a este sentido biológico estricto” (Wilson 1980:14).
El argumento sociobiológico plantea que el conocimiento de los hombres y de la
sociedad debe ser explicado en términos biológicos, en la medida que la evolución no
solamente habría diseñado nuestros rasgos, sino también, nuestro comportamiento. Es así
como la agresividad, la homosexualidad, el odio hacia el extraño, serían la expresión de
esquemas innatos para la supervivencia de la especie. Cuando se habla de la disposición
de la madre a cuidar a su hijo recién nacido puede resultar inofensivo, pero los intentos de
explicar en términos biológicos la tendencia de la gente a agredir a los extraños o la
posición dominante que ocupan los hombres en la mayoría de las sociedades resultan
ideológicamente peligrosos, en tanto inscribe esos comportamientos en el ámbito de lo
“natural” y, por lo tanto, de lo inmodificable.
Un aspecto importante de este discurso está relacionado con el recurso de explicar la
condición humana observando el comportamiento animal. Este uso y abuso del
razonamiento analógico lleva a comparar propiedades o relaciones a partir de semejanzas
aparentes entre las instituciones de los hombres y el comportamiento animal. Ilustremos
con un ejemplo: el macho agresivo de una especie animal cumpliría la misma función que
en la sociedad humana un grupo de choque, las barras bravas rivales en un partido de
fútbol o un marido maltratando a su esposa. Estarían expresando de diferentes maneras
aspectos de la misma propiedad biológica subyacente: la “competencia territorial” o la
dominación sexual.
Otra forma de reduccionismo es el uso de la misma terminología para referirse al
mundo animal y a las instituciones sociales humanas, saltando metafóricamente de un
nivel al otro, en muchas ocasiones antropomorfizando las conductas de los animales. Vale
como ejemplo el referido a las castas en los insectos:
“la casta es un fenómeno humano, originalmente una raza o un linaje,
pero más tarde pasó a ser un grupo hereditario asociado con determinadas
formas de trabajo y posición social. Al aplicar la idea de casta a los insectos, el
sociobiólogo legitima la noción de que las castas humanas no son más que un
ejemplo de un fenómeno más general. Los insectos, sin embargo, no tienen
castas. Lo que sí son individuos diferenciados por las actividades que desarrollan
a lo largo de su vida. Las castas indias fueron el resultado de las invasiones arias
y de las conquistas de los aborígenes dravidianos. Los hindúes de casta superior
monopolizaban los poderes social y político, mientras que los intocables vivían
en los límites de la existencia. ¿Acaso la hormiga reina, una máquina criadora de
huevos, alimentada a la fuerza y totalmente cautiva, tiene algún parecido con
Isabel I o con Catalina II, o incluso con Isabel II, políticamente sin poderes, pero
increíblemente rica...” (Lewontin et. al. 1991:303-304).
La Etología es una disciplina que estudia el comportamiento animal sobre la base del
análisis comparativo de los patrones de comportamiento filogenéticamente heredados (los
comportamientos instintivos). Sus investigaciones son el resultado de observaciones de los
animales en su ambiente natural. Desde ella se define a los instintos como pautas fijas de
comportamiento, emergentes del proceso de evolución y de la selección natural, es decir:
son innatos, idénticos en los individuos de una misma especie y semejantes en especies
cercanas. El carácter de innato de los instintos les otorga las características de
inmodificables y compulsivos (una vez desencadenados, se expresan aún ante la
desaparición de un estímulo). Y su función primordial es la de asegurar la perpetuidad de
la especie. El modelo más acabado de instinto es el comportamiento observado de las
abejas cuando descubren una fuente de alimentos:
“cuando las abejas desempleadas esperan en la colmena la llegada de un
mensajero y finalmente son activadas por éste, que baila la danza de la miel, el
estímulo dado por el danzante las lleva a abandonar la colmena. Vuelan en una
dirección definida y a una distancia determinada (ambos datos comunicados por
el danzante) y comienzan a buscar flores, seleccionando únicamente las que
emiten el aroma transportado por la abeja mensajera” (Tinbergen 1975:65).
El instinto no permite que el comportamiento pueda ser alterado, las abejas no
pueden dejar de señalar el lugar de la fuente de alimentos; no pueden permitirse dejar de
trabajar ni acumular alimentos más allá de lo fijado genéticamente.
Esta disciplina reconoce la posibilidad de algún nivel de aprendizaje en los animales.
Para Konrad Lorenz, prestigioso etólogo, existen pautas innatas de aprendizaje, como la
impronta o troquelado, que es la respuesta de seguimiento de muchas aves pequeñas. En
el animal existen determinados períodos en los que puede aprender, generalmente en la
etapa precoz de su existencia. Esto es especialmente notable en muchos casos de
troquelado sexual: los gansos recién nacidos, puestos en contacto con animales de otra
especie, por ejemplo patos, pueden grabar detalles particulares de sus nuevos
compañeros. Esta impronta o grabado provocará que invariablemente dirijan su respuesta
sexual a los animales (incluso puede tratarse de una persona) con los que han ido
creciendo. Cuanto más complejo es su sistema nervioso, más aumenta el espacio para el
aprendizaje en los animales, como es el caso de los primates.
Hasta aquí una aproximación al mundo animal. Pero, ¿qué sucede con nuestros
comportamientos humanos?
Los sociobiólogos, apropiándose de los resultados de la Etología sobre el
comportamiento animal, ubican al hombre en un mismo nivel de interpretación: todos los
comportamientos del hombre podrían ser definidos desde sus componentes biológicos. La
agresión, el altruismo, el odio, la sexualidad, hasta la moral y la ética pueden ser
interpretados como si estuviesen incluidos en el proceso de selección natural. Según esta
postura, habría desencadenantes innatos que inscriben nuestras acciones en el contexto de
lo inevitable. Entre ellas, la agresión, que estaría instalada en la sociedad humana de modo
semejante que en las ratas. Éstas se comportan afectuosamente dentro de su “familia” y
desatan una violencia mortal cuando se acerca un “extraño”, identificado por su olor
(Lorenz 1971:262).
Esta extrapolación9 del comportamiento animal al comportamiento de los hombres es
peligrosamente falsa y tiene como grave consecuencia, facilitar y justificar el odio hacia el
extraño, la violencia hacia el diferente y la xenofobia, entre otras, en tanto, como dijimos
más arriba, las considera como conductas emergentes del proceso evolutivo y de la
selección natural en la que nuestra especie estuvo involucrada como el resto de los
animales. Y, consecuentemente, para beneplácito de los racistas, serían irremediables.
[…] La Antropología ha dedicado buena parte de su producción teórica al estudio de
los sistemas de parentesco en las sociedades no occidentales, muchas de ellas desaparecidas
para siempre y otras próximas a desaparecer, incorporadas al sistema mundial capitalista.
[…] Estos estudios han puesto en evidencia que el parentesco 10 es, en muchas
sociedades, la estructura dominante que comprende no solamente la esfera doméstica sino
además la dimensión económica, política y ritual. Si bien su función manifiesta es la
reproducción y el ordenamiento de la sociedad en parientes y no parientes, en algunas
culturas regula todas las relaciones sociales. Marshall Sahlins en su libro Uso y abuso de la
biología, describe el origen social y cultural de esta institución:
“el parentesco no es en las sociedades humanas un conjunto naturalmente
dado de lazos de sangre, sino un conjunto culturalmente variable de categorías
significativas” (Sahlins 1982:35).
Estos conceptos subrayan que el reconocimiento del parentesco y la definición de
pariente cercano o lejano, solamente adquieren significado dentro de un sistema de valores
culturales y no es de origen genético. En este sentido, cada sociedad tiene su propia teoría
de la herencia o “sustancia compartida”, de acuerdo con relaciones construidas
culturalmente. Por lo tanto, no cabe duda que en las sociedades humanas no existe ni
existió un solo sistema de parentesco, una organización familiar que base la organización
del parentesco sobre el imperativo de los genes por reproducirse a toda costa.
Recordemos, el análisis de Lévi-Strauss sobre la prohibición del incesto y la clasificación
en parientes y no parientes.
En muchas sociedades no occidentales uno de los requisitos para ser considerado
pariente es la elección de la residencia marital. La pertenencia a un grupo doméstico es
condición suficiente de identidad social, independientemente del grado de
consanguinidad. Malinowski relata en sus estudios sobre los mailu de Nueva Guinea “que
los hermanos que vivían juntos o un tío paterno y sus sobrinos que residen en la misma casa,
estaban en relaciones más estrechas que los parientes que vivían separados” (Sahlins 1982:42).
9
Extrapolación es el recurso de explicar los fenómenos que corresponden a un nivel de abstracción
de la realidad (por ejemplo el nivel de lo sociocultural) desde las leyes y generalizaciones de otro
nivel de menor complejidad (en este caso el biológico).
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Las relaciones de parentesco son reglas construidas socialmente que definen las formas de
matrimonio, filiación y residencia en las sociedades. Esto supone que las familias no pueden
reproducirse independientemente unas de otras. La interdependencia viene impuesta por la
existencia universal del tabú del incesto y de la regla de la exogamia, cualesquiera sea la forma que
adopten, estableciendo relaciones de consanguinidad, de intercambio o de alianza entre los grupos
sociales que trascienden el ámbito de lo biológico.
Otro ejemplo que ilustra la categoría de pariente es el caso de los to’ambita de las islas
Salomón, pequeños grupos organizados en clanes, para quienes la unidad genealógica es
un antepasado común, una arboleda sagrada que protege las tumbas ancestrales. (Sahlins
1982:43). En este grupo, la elección de la residencia marital puede llevarlo a vivir con un
pariente de la madre o del padre, sin tener en cuenta la distancia genealógica que los
separe. A partir de ese momento establecerá relaciones de cooperación económica que
podrían enfrentarlo con sus parientes consanguíneos: “si los parientes cercanos son los que
viven juntos, entonces los que viven juntos son parientes cercanos”.
Un último ejemplo que nos permite incluir a nuestra sociedad, es la adopción. En
muchos grupos de la Polinesia, la adopción es una práctica generalizada como en la
nuestra. La diferencia con nosotros es que el niño adoptado es considerado “como del
mismo vientre”, “la misma sustancia” respecto a los hijos biológicos. Como se ve,
entonces, lo importante son las categorías significativas compartidas culturalmente.
Finalmente podríamos preguntar irónicamente a los sociobiólogos por la manera
tortuosa como se presenta la selección por parentesco en nuestra sociedad, que lleva a la
práctica generalizada de la anticoncepción en Alemania o España, países que en un futuro
muy cercano no tendrán una población de reemplazo. ¿O lo que sucede es que los genes
prefieren reproducirse en las regiones más pobres del planeta...?
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Alberto Kornblihtt: Lo “natural” es la tecnología”. Diario Clarín, 11 de agosto de 2002.