SITUACIÓN SENTIMENTAL : 404 NOT FOUND
Profesor: Víctor Raúl Ortiz Contreras.
Integrantes: Denisse Carol Muñoz Poblete - María Jesús Villarroel Acevedo.
Fundamentos sociales y culturales del comportamiento II.
Psicología Vespertina / Segundo semestre.
Octubre 2021. Santiago de Chile.
Para entender el por qué de lo descartable de las relaciones amorosas de la actualidad,
debemos comenzar describiendo o comentando de manera breve el rol que la mujer tenía y en
algunos casos, sigue teniendo la mujer dentro de la sociedad. Gianni Vattimo (En Torno a la
posmodernidad 2000) en el capítulo “Posmodernidad ¿una sociedad transparente?” comenta
y describe el papel secundario de la mujer dentro de la sociedad, señalándole como una
especie de ciudadano de segunda clase, ligado a la naturaleza y la cultura en sus niveles más
básicos, la describe como el primer ente socializador de un niño/a relegando a la mujer más
que nada al papel natural de madre y esposa.
Esto nos responde Sherry B. Ortner en “¿Es la mujer con respecto al hombre lo que la
naturaleza con respecto a la cultura? (1979)” que las funciones fisiológicas de la mujer están
más próximas a la naturaleza en comparación a la fisiología del hombre, entonces podemos
deducir que socio-culturalmente la mujer es la encargada de seguir manteniendo esa vida. No
sin esto dejar en libertad la decisión de la mujer, sino que el hombre cultural está implicado
en la crianza desde las normas, no de la práctica.
En la actualidad no se desmarca totalmente a la mujer de este rol, sino que se le sumó el rol
de mujer independiente y autovalente que en cierta medida hace sentir al hombre
“disminuido” o menoscabado en su rol de sostenedor del cual todo el núcleo familiar
depende, lo que es el inicio de muchos conflictos dentro de las relaciones
romántico-afectivas.
Antiguamente para conocer a alguien debías mostrar interés por conocer los aspectos íntimos
de esa persona, gustos, preferencias, cosas que le hacen feliz, que le llaman la atención, etc.
pero con la revolución tecnológica tenemos casi todo a la mano, no hay mucho espacio para
la curiosidad, ya no tenemos la necesidad de consultar por esos gustos o particularidades de
aquella persona objeto de nuestro interés, puesto que en las redes sociales podemos encontrar
respuesta de todo eso e incluso tenemos la perspectiva visual, en donde también se deja muy
poco a la imaginación en cuanto a la exposición del cuerpo, que cada vez se exhibe en mayor
proporción, nos basta un “like” para entablar una conversación virtual y posteriormente
iniciar una relación “exprés” que suele basarse en sexo y muy poco en comunicación, por lo
que no logra alcanzar una interiorización mayor con el otro y mucho menos entablar un
compromiso “para toda la vida”.
Hasta la música ha cambiado con el tiempo, antes las canciones hablaban de un amor
profundo, con un verdadero deseo de permanencia y compromiso con el ser amado, por
ejemplo Jerry Rivera en su canción (Amores como el nuestro) dice “amores como el
nuestro cada vez hay menos (...) Ya nadie se promete mas allá del tiempo, de sábanas
mojadas hablan las canciones”, hoy en día tenemos canciones como la de J Balvin (Rosa)
dice “nada te cambiaria, quiero hacerte mía en este momento”, si bien ambas hablan de amor,
el enfoque de esta última es más bien físico, más basado en la inmediatez.
En el año 2003 Zygmunt Bauman (sociólogo y filósofo) desarrolla el concepto de “amor
líquido” describiéndolo como una mercantilización de las relaciones personales, la búsqueda
de la satisfacción inmediata y las experiencias de usar y tirar . Esto quiere decir, que en
nuestra sociedad actual estamos constantemente en la búsqueda de un amor instantáneo,
donde ambas partes involucradas se ven desmerecidas de un amor incomprensible. Bauman
dice “el amor líquido es fugaz y fragmentario”, este se acoge a la lógica del consumo (lo
desechable).
Este libro, a pesar de que haya sido escrito hace años, te hace reflexionar sobre las nuevas
formas de relacionarse actualmente, el cuestionamiento de la forma y estructura de una
relación, el por qué no puede ser de otra manera, con más libertad y menos compromiso.
También a esto se le suma los movimientos feministas que surgieron en los 70 's, el
cuestionamiento del papel que desarrolla la mujer en la relación, el eliminar el amor
romántico, rompiendo los esquemas de que la mujer es de “casa”, entre otros.
En base a todo lo ya mencionado, ¿podríamos otra vez “culpar” a la mujer de esta especie de
liviandad al relacionarse románticamente? la pregunta es más que nada planteada de la
perspectiva de que la mujer “ya no aguanta nada” y antes era capaz de “comprender y
aguantar todo”, hoy en día las mujeres somos más independientes y autovalentes, ya no
queremos estar enclaustradas en nuestros hogares, haciéndolas solo de mamá y dueñas de
casa, queremos realizarnos también como mujer y al menor incidente con nuestras parejas
levantamos las alertas, somos más contestatarias y no estamos dispuestas a mantener las
apariencias, ni a aguantar las opiniones del resto para mantener vigente una relación amorosa;
o ¿también el hombre es responsable de sentirse menoscabado e intimidado por estas
“nuevas mujeres empoderadas”? Cabe mencionar, que para los hombres no ha cambiado
mucho el panorama, solo que ahora dentro de una relación de pareja son más funcionales y
autónomos domésticamente hablando, ya que hoy en día las labores hogareñas son
compartidas y no solo son tareas propias de la mujer, como solía serlo.
Después de toda esta deconstrucción respecto al amor romántico-afectivo se nos plantea
responder ¿De qué manera la sensación de que vivimos en un mundo ego-centrado y
postmoderno ha afectado la durabilidad de las relaciones afectivas?, la respuesta es muy
sencilla, nos afecta porque somos una sociedad que fluye constantemente, que estamos bajo
una estructura que nos invita a ser consumistas, donde nada dura por un tiempo prolongado.
Esto también se ve reflejado en las relaciones de hoy en día que comienzan a través de la
virtualidad, donde basta con enviar un mensaje para entablar una conversación que
desencadene en una relación amorosa y al terminar es lo mismo, ya no es necesario “juntarse
a conversar” para arreglar la situación, sino que un mensaje basta para dar todo por
terminado. Vivimos de las apariencias, de los estándares de belleza, de carencias afectivas,
donde la baja autoestima se hace presente, pero se camufla con buenas tomas, enfoques y
filtros de cámaras. El contacto físico cada vez es menos, el perderlo nos hace sentir
vulnerables y expuestos, pero a la misma vez fuertes, porque nos da la sensación de tener el
control de la situación y los sentimientos. Esto es muy complejo de intentar generalizar,
puesto que cada experiencia es distinta y totalmente válida, hay gente que le gusta vivir así,
sin embargo, hay quienes necesitan tener algo más afectivo, pero no por eso duradero.
Cabe cuestionarnos el “amor verdadero” o el “amor para toda la vida”, ¿necesitamos la media
naranja que nos complete y endulce la vida? o ¿podemos cargar nosotras mismas con
nuestros procesos, sin dejar de lado nuestro amor propio? ¿Es válido preguntarse cuando
estás a punto de formar una relación? ¿Qué tan bueno es sopesar lo que sentimos?
para todo esto tenemos respuesta, si es o no positivo entrar en esos detalles es otro tema, la
controversia del amor en todas sus manifestaciones, hace que nos enfrentemos a
cuestionamientos internos, a preguntarnos si el vínculo que estoy formando o que ya formé es
realmente lo que quiero para esta etapa de mi vida y si la respuesta es sí, preguntarnos
también ¿porque lo quiero?. Es válido preguntarnos si la relación en curso favorecerá y
potenciará nuestro crecimiento personal o hará que nos estanquemos y busquemos solo el
bien común, olvidándonos de nuestro yo, de nuestras necesidades como individuos.
Hoy vivimos en una sociedad de consumo, en una sociedad de inmediatez, de lo desechable,
de lo exprés y lamentablemente esto afecta no solo en nuestra economía, sino que también en
nuestras relaciones, provocando miedo o rechazo al compromiso, porque no queremos vivir
lo que vivieron nuestras abuelas y nuestras madres, no queremos repetir patrones de violencia
de género, de humillaciones, de cinísmo, de cobardía, de creer que nos merecemos el lugar
que nos dan por el solo hecho de ser mujeres, hoy nos queremos libres, realizadas y para ello
nos dimos cuenta de que no necesitamos de un otro, no necesitamos un solventador para
nuestros gastos, no queremos “una mochila” extra que cargar porque a penas podemos con la
nuestra y solo pensar en un futuro con un otro nos causa ansiedad, mucho menos creemos que
la realización como mujer está en el hecho de ser madre, sino en cumplir nuestros sueños y
anhelos personales, cumplir metas y proyectos que nuestras abuelas y madres no pudieron, lo
hacemos por nosotros, por ellas y por las que vendrán.
Para concluir este ensayo queremos dar a conocer algunas respuestas de una pregunta que
realizamos a través de redes sociales.
¿Por qué cree usted que las relaciones de antaño eran más duraderas que las de hoy, que son
consideradas exprés o desechables?
Veronica, 51 años, Casada
- Porque antes las mujeres aguantaban todo, eran sumisas, no respondian, al menos esa
es la experiencia de mi madre. Al menos en mi caso, yo llevo casada más de 30 años
con mi esposo y lo que nos ha mantenido juntos es que vivimos un constante pololeo
con una excelente comunicación, creo que esas dos cosas son la base para que un
matrimonio sea duradero, ahora los cabros no duran nada porque quieren todo facil,
como decimos los viejos dos cucharadas y a la papa y después si te he visto no me
acuerdo, como que las relaciones de ahora se basan solo en sexo y hay cero
comunicación por eso no duran.
Ana, 30 años, Convive
- Antes era bacán conocer a alguien porque había esfuerzo, interés y fascinación por
conocer a la persona que te llamaba la atención, hoy en día tenemos todo a la mano,
no necesitamos preguntar nada, porque en las redes sociales la gente te entrega las
respuestas de todo sin que digas ni pio, no hay compromiso, hay miedo al
compromiso, por eso nada dura, ni las parejas, ni los amigos, ni la familia, nada.
Betzabeth, 37 años, mamá soltera
- Antes duraban ene porque había que aparentar, además que de chica te enseñaban que
la mujer tenía que estar en la casa cuidando a los cabros chicos y atendiendo al marido
y que si él llegaba curado y te trataba mal o te pegaba, era porque algo no estabas
haciendo bien como mujer, entonces te merecias el maltrato, ahora no hay que
aguantar nada, no hay que guardar las apariencias, si el loco te trata mal lo mandas a
freir monos al África y era, ya nos mantenemos solas, tomamos decisiones solas, no
necesitamos a nadie que nos complete ni haga felices, solas podemos.
Referencias bibliográficas
- Vattimo, G. (2000) Postmodernidad: ¿una sociedad transparente? En Vattimo et al, En
torno a la posmodernidad. Barcelona: Anthropos.
- Ortner, S. (1979) ¿Es la mujer con respecto al hombre lo que la naturaleza con
respecto a la cultura? En: Harris & Young (Comp.) Antropología y feminismo.
Barcelona: Anagrama.
- Bauman, Z. (2003) Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos.
Editorial Paidos.
Recomendaciones: leer el ensayo con música de fondo, de preferencia The new
abnormal de The Strokes.