MONOGRAFÍA-GRUPO 1 - Derecho Administrativo
MONOGRAFÍA-GRUPO 1 - Derecho Administrativo
REVISION DE LOS
ACTOS
ADMINISTRATIVOS
TARAPOTO-PERÚ
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN MARTIN
DERECHO ADMINISTRATIVO II
DOCENTE
Dr. PINEDO TORRES PATRICK
INTEGRANTES
-KIARA JULISSA RUÍZ USHIÑAHUA
-ALESKA ISAVO MARCELO LOPEZ
-LUVYENSKA DAYAN ROMERO VELASQUEZ
-CARLOS ALFREDO OLIVA PANDURO
-MARIA IVET FERNANDEZ MONTEZA
CICLO
VI
FECHA DE ENTREGA
10/11/2022
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DEDICATORIA
3
AGRADECIMIENTO
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ÍNDICE
Dedicatoria_________________________________________________________________3
Agradecimiento_____________________________________________________________4
I. Introducción______________________________________________________________6
II. Ejecución y Revisión_______________________________________________________7
Artículo 203.- Ejecutoriedad del acto administrativo____________________________7
Artículo 204.- Pérdida de ejecutoriedad del acto administrativo__________________8
Artículo 205.- Ejecución Forzosa______________________________________________9
Artículo 206.- Notificacion de acto de inicio de ejecucion_______________________10
Artículo 207.- Medios de ejecución forzosa____________________________________11
Artículo 208.- Ejecución Coactiva______________________________________________13
Artículo 209.- Ejecución Subsidiaria___________________________________________15
Artículo 210.- Multa Coertiva________________________________________________16
Articulo 211._Compulsion sobre las personas___________________________________17
Articulo 212._Rectificacion de errores_________________________________________19
Articulo 213._Nulidad de oficio_______________________________________________20
Articulo 214._Revocacion____________________________________________________21
Articulo 215._Irrevisabilidad de actos judicialmente confirmados__________________29
Articulo 216._Indemnizacion por revocacion____________________________________30
Conclusión________________________________________________________________32
Referencias bibliográficas___________________________________________________33
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INTRODUCCIÓN
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EJECUCIÓN Y REVISIÓN DE LOS ACTOS ADMINISTRATIVOS:
Artículo 203.- Ejecutoriedad del acto administrativo
Los actos administrativos tendrán carácter ejecutario, salvo disposición legal expresa
en contrario, mandato judicial o que estén sujetos a condición o plazo conforme a ley.
Esta es una facultad atribuida a cualquier entidad pública para que se pueda hacer
efectivo el cumplimiento de los interese públicos, los intereses de la administración
pública son irrevocables, es decir, que están por encima de algunos derechos de los
administrados. Las decisiones tomadas por la administración pública se pueden
ejecutar materialmente y de modo forzoso, sin necesidad de acudir a los tribunales,
esto se da debido a que la voluntad de la administración pública se cumple porque así
lo decidió, esto ocasiona que en muchos casos no se tome en cuenta la resistencia de los
afectados en la forma, modo y con las limitaciones que señala la Constitución y la ley.
Ahora bien, como se puede apreciar la ejecutividad del acto proviene de la validez del
mismo, como su virtualidad o potencia obligatoria, por su parte, la ejecutoriedad se
asienta en la ejecutividad. De este modo, podemos expresar la ejecutoriedad de las
siguientes maneras:
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204.1.1 Por suspensión provisional conforme a ley.
En este artículo se puede apreciar los supuestos por la que se puede alterar la normal
eficacia de un acto administrativo, de la cual se puede sus efectos jurídicos previstos
legalmente. Existen dos casos en los que se ve afectado la ejecutoriedad de los actos
administrativos: i) Situaciones que suspenden los efectos jurídicos del acto; ii)
Situaciones que implican una verdadera pérdida definitiva de la fuerza ejecutoria del
acto, por imperio de la ley.
Como no se trata de una causal de extinción del acto, sino solo de la pérdida de la
ejecutoriedad administrativa, de persistir la autoridad con la necesidad de ejecutarlo,
deberá plantear su pretensión en sede judicial. La pérdida de ejecutoriedad del acto
administrativo únicamente puede esgrimirse por vía de excepción ante la autoridad
administrativa cuando ella pretenda llevarla a cabo; y no como una pretensión inicial, o
petición declarativa de la pérdida de ejecutoriedad de un acto administrativo o que
declare por esa vía la pérdida de su fuerza ejecutoria.
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2. Que la prestación sea determinada por escrito de modo claro e
íntegro.
3. Que tal obligación derive del ejercicio de una atribución de imperio
de la entidad o provenga de una relación de derecho público
sostenida con la entidad.
4. Que se haya requerido al administrado el cumplimiento espontaneo
de la prestación, bajo apercibimiento de iniciar el medio coercitivo
específicamente aplicable.
5. Que no se trate de acto administrativo que la Constitución o la ley
exijan la intervención del Poder Judicial para su ejecución.
6. En el caso de procedimientos trilaterales, las resoluciones finales
que ordenen medidas correctivas constituyen títulos de ejecución
conforme a lo dispuesto en el artículo 713 inciso 4) del Código
Procesal Civil, modificado por la Ley N° 28494, una vez que el acto
quede firme o se haya agotado la vía administrativa
COMENTARIO:
Este artículo cubre los requisitos básicos para cada formato de la ejecución
administrativa, como veremos a continuación, debe hacer desde el principio sin ello no
existiría un procedimiento administrativo ejecutivo. La ausencia de cualquiera de estos
requisitos llevará como consecuencia que la ejecución quede viciada (artículo 15 TUO
de la LPAG) y no se observará esta disposición; Su función principal es no apurar la
ejecución de las órdenes administrativas, razón por la cual n Esto traerá
responsabilidad (N° 261.1, Art. 261, Numeral 5, TUO LPAG).
COMENTARIO:
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(i) retiro de las actividades propuestas
(ii) Información de implementación
(iii) Iniciar la acción ejecutiva (título ejecutivo). La última afirmación es objeto
de discusión en este artículo.
Si nos vamos por la Vía Excepcional, la regla preveía una forma de favorecer la
ejecución espontánea en situaciones extremas en los que el otorgamiento de esta
condición puede ser útil para evitar el cumplimiento o poner en peligro el interés
común (por ejemplo, en caso de extinción de cultivos prohibidos, fumigación
obligatoria en caso de plagas, deportación de extranjeros ilegales o peligrosos). Sobre
En tales casos, la ley está convencida de que la notificación y el comienzo de la
ejecución pueden ser consecutivos en el tiempo, siempre que aun en ese caso facilitara
el cumplimiento espontáneo.
Por último, debido a que se trata de anticipar la ejecución forzada sobre administrados
perfectamente determinados, la publicación sustitutiva no es posible. En muchos casos,
al tratar con un grupo que inicia una acción administrativa, continúa alguna forma de
exposición callejera, como el acoso en el caso de una marcha o manifestación pública
ilegal.
a) Ejecución coactiva
b) Ejecución subsidiaria
c) Multa coercitiva
d) Compulsión sobre las personas
207.2 Si fueran varios los medios de ejecución aplicables, se elegirá el menos restrictivo
de la libertad individual.
COMENTARIO:
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I. MEDIOS DE COERCIÓN ADMINISTRATIVA:
La legislatura crea un sistema de herramientas obligatorias en el interés
público para hacer cumplir sus decisiones de forma voluntaria (ejecución
espontanea) o al mismo tiempo, le confiere el poder de realizarlo por sí
(ejecución forzosa) Actuando sobre el sujeto (ejecución personal) o sobre su
propiedad (ejecución patrimonial).
II. CRITERIOS PARA LA SELECCIÓN DE MEDIOS DE EJECUCIÓN
FORZOSA:
Para la adecuada ejecución de los medios de ejecución forzosa tiene que
considerar ciertas normas que nacen de la legislación y de la práxis de
nuestro ordenamiento.
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Artículo 208.- Ejecución coactiva
Es una facultad que se atribuye a un organismo público para que pueda hacer efectivo el
cobro de una obligación que tiene un ciudadano, sin la necesidad de que actúe el Poder
Judicial. Es la vía natural de cobranza. En otras palabras, mediante la ejecución
coactiva, la Administración Pública se encuentra facultada para detraer bienes muebles
o inmuebles o derechos del patrimonio del deudor en cantidad suficiente hasta satisfacer
la deuda.
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Asimismo, constituye el marco legal que garantiza a los Obligados el desarrollo de un
debido procedimiento coactivo.
El articulo dos nos presenta definiciones para poder comprender como se conoce a los
involucrados.
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2. Vencido dicho plazo, el expediente es trasladado al ejecutor coactivo, quien
emplazará al deudor para que dentro del plazo de tres días cumpla ante él, con
efectuar el pago.
3. Vencido este nuevo plazo el ejecutor coactivo procede a ejecutar el patrimonio
del deudor (embargo), tasarlo y rematarlo.
4. Procede recurso de apelación únicamente cuando las fases anteriores han sido
cumplidas, y será de conocimiento de la Corte Superior del Poder Judicial. Solo
en el caso de demolición procede anteladamente a su ejecución el recurso de
apelación ante la Corte Superior.
Habrá lugar a la ejecución subsidiaria cuando se trate de actos que por no ser
personalísimos puedan ser realizados por sujeto distinto del obligado:
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3. Dicho importe podrá liquidarse de forma provisional y realizarse antes de
la ejecución, o reservarse a la liquidación definitiva.
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b) Actos en que, procediendo la compulsión, la administración no la
estimara conveniente.
c) Actos cuya ejecución pueda el obligado
2. La multa coercitiva es independiente de las sanciones que puedan imponerse
con tal carácter y compatible con ellas.
(Texto según el artículo 199 de la Ley Nº 27444)
La multa coercitiva o pena ejecutiva, como se le conoce en el Derecho alemán,
constituye un medio de ejecución indirecta o impropia, por el que la autoridad realiza
una compulsión económica al administrado para forzar a la realización de una conducta
exigida por la Administración Pública. Por ejemplo, suele ser empleada frente al
incumplimiento de deberes personalísimos, donde no proceda compulsión sobre
personas o procediendo ello, la Administración Pública no lo considere conveniente,
tales como deberes tributarios y del control gubernamental. No tienen naturaleza
sancionadora lo que implica que su imposición es independiente y compatible con la
imposición de las sanciones correspondientes.
Se podría definir como el mecanismo especial dirigido a impeler a los obligados el
cumplimiento de sus prestaciones. La regulación establecida por la LPAG no contiene
una disposición atributiva para su empleo inmediato, sino solo un marco conceptual de
caracterización para aquellos procedimientos especiales en los que la ley los permita
ejercer. De tal suerte, será la ley específica la que deberá establecer en qué casos
procede, y en qué forma y cuantía a ser aplicables.
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-Para las obligaciones de no hacer o de soportar de tipo personalísimos y de contenido
no patrimonial se ha previsto la posibilidad de aplicar la compulsión sobre las personas,
o también conocido como, la vis compulsiva o fuerza física legítima de las autoridades
sobre el obligado.
Mediante ella la orden impartida es seguida de la fuerza o coacción física sobre la
persona, trasladándola del lugar en que se encuentra hacia aquel en que debe satisfacer
la prestación o compeliendo su actitud personal. Algunos ejemplos son: el impedimento
de entrada a un lugar o de transitar por algún lugar, el sometimiento a determinadas
medidas físicas sobre su cuerpo (vacunaciones obligatorias, requisas y cateos), la
privación de libertad (medidas policiales, expatriación, etc.).
Tratándose de una circunstancia limitante con la libertad individual del administrado
requiere primero un respaldo legal específico y claro, así como no contar con otro
medio alternativo que emplear y, en particular, no debe ser posible satisfacer la
prestación debida mediante la ejecución subsidiaria. A parte de estas limitantes para el
inicio de la compulsión, existe aquella sobre la actividad misma que es el debido respeto
a la dignidad humana y derechos constitucionales.
Entre nosotros encontramos un ejemplo de este medio de ejecución, en la sanción de
expulsión del país que previo procedimiento administrativo se aplica a los extranjeros
que ingresen al país de modo clandestino o fraudulentamente, o que habiéndose
cancelado su residencia no hayan abandonado el país. Para el efecto, la legislación (D.
Leg. N° 1350) contempla el procedimiento administrativo para la aplicación de esta
sanción.
Respecto de la mención a la dignidad y a los derechos fundamentales no debe
entenderse como una sujeción exclusiva de esta modalidad, o que los demás medios de
ejecución no deban respetarlos, sino un recuerdo necesario por la frecuencia con que el
empleo de esta modalidad implica violaciones a los derechos fundamentales.
TÍTULO III
DE LA REVISIÓN DE LOS ACTOS EN VÍA ADMINISTRATIVA
La revisión de un acto o de una resolución de la autoridad administrativa consiste en la
acción de volver sobre los mismos a efectos de modificarlos o hacerlos desaparecer del
ámbito jurídico, mediante acción de contrario imperio.
Podemos identificar los siguientes caminos para alcanzar la revisión:
• Revisión por órganos no administrativos: Constituye la revisión que el Estado
realiza pero a través de los órganos jurisdiccionales dentro de un proceso bilateral y
fuera del ámbito de la propia Administración Pública. Su vía procesal común es la
acción contencioso-administrativa, a que se refiere el numeral 228.1 del artículo 228 del
TUO de la LPAG, abriendo el campo administrativo en favor de la vía judicial.
• Revisión por la propia Administración Pública: Constituye una expresión de la
potestad de auto tutela revisora de la Administración Pública que le permite controlar la
regularidad de sus propias decisiones en resguardo del interés público. Dicha revisión
puede ser promovida por el administrado por intermedio del instrumento idóneo que es
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el recurso, actuando como colaborador y, por ende, con intereses convergentes con la
auto tutela, o promovida de oficio por la propia Administración Pública en
cumplimiento de su deber de oficialidad del procedimiento. En este último caso, vale
diferenciar que la promoción de oficio puede provenir de la propia actividad de control
interno institucional que advierte la incorrección del acto y lo modifica, de los casos en
que actúen los mecanismos de control externo (control de tutela o control
gubernamental) que también pueden promover con autoridad la revisión de los actuados
administrativos.
CAPÍTULO I
Revisión de Oficio
Artículo 212.- Rectificación de errores
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212.1 Los errores material o aritmético en los actos administrativos pueden ser
rectificados con efecto retroactivo, en cualquier momento, de oficio o a instancia de los
administrados, siempre que no se altere lo sustancial de su contenido ni el sentido de la
decisión.
212.2 La rectificación adopta las formas y modalidades de comunicación o publicación
que corresponda para el acto original.
- La potestad correctiva de la Administración Pública le permite rectificar sus propios
errores, siempre que estos sean de determinada clase y reúnan ciertas condiciones. Los
errores que pueden ser objeto de rectificación son solo los que no alteran su sentido ni
contenido. Quedan comprendidos en esta categoría los denominados “errores
materiales”, que pueden ser a su vez: un error de expresión (equivocación en la
institución jurídica), un error gramatical (señalamiento equivocado de destinatarios del
acto) o un error aritmético (discrepancia numérica).
Los errores materiales para poder ser rectificados por la Administración Pública deben,
en primer lugar, evidenciarse por sí solos sin necesidad de mayores razonamientos,
manifestándose por su sola contemplación. En segundo lugar, el error debe ser tal que
para su corrección solamente sea necesario un mero cotejo de datos que
indefectiblemente se desprendan del expediente administrativo y que, por consiguiente,
no requieran de mayor análisis. Asimismo, estos errores se caracterizan por ser de
carácter intrascendente por dos razones: de un lado, no conllevan a la nulidad del acto
administrativo en tanto no constituyen vicios de este y de otro, no afectan al sentido de
la decisión o la esencia del acto administrativo mismo, lo cual es un requisito que
comparte con el error aritmético conforme veremos más adelante.
Por su lado, el error aritmético es cuando la autoridad incurre en una inexactitud o
discordancia con la realidad al consignar una cifra en una determinada resolución o en
alguna operación aritmética contenida en esta. Ese error de cálculo, error de cuenta,
error aritmético o simplemente discrepancia numérica, ha sido definido por la doctrina
como la operación aritmética equivocada que tiene como presupuesto esencial la
inalterabilidad de los datos o conceptos que se manipulan aritméticamente. Así pues,
estamos ante un error de cálculo no invalidante cuando el error es aquel materialmente
padecido al efectuar cualquier operación matemática, siempre y cuando los sumandos o
factores que hayan servido de base para dicha operación no adolezcan de error alguno,
sino que por el contrario sean exactos.
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213.2 La nulidad de oficio solo puede ser declarada por el funcionario jerárquico
superior al que expidió el acto que se invalida. Si se tratara de un acto emitido por una
autoridad que no está sometida a subordinación jerárquica, la nulidad es declarada por
resolución del mismo funcionario. Además de declarar la nulidad, la autoridad puede
resolver sobre el fondo del asunto de contarse con los elementos suficientes para ello.
En este caso, este extremo sólo puede ser objeto de reconsideración. Cuando no sea
posible pronunciarse sobre el fondo del asunto, se dispone la reposición del
procedimiento al momento en que el vicio se produjo. En caso de declaración de
nulidad de oficio de un acto administrativo favorable al administrado, la autoridad,
previamente al pronunciamiento, le corre traslado, otorgándole un plazo no menor de
cinco (5) días para ejercer su derecho de defensa.
213.3. La facultad para declarar la nulidad de oficio de los actos administrativos
prescribe en el plazo de dos (2) años, contado a partir de la fecha en que hayan quedado
consentidos, o contado a partir de la notificación a la autoridad administrativa de la
sentencia penal condenatoria firme, en lo referido a la nulidad de los actos previstos en
el numeral 4 del artículo 10.
213.4 En caso de que haya prescrito el plazo previsto en el numeral anterior, sólo
procede demandar la nulidad ante el Poder Judicial vía el proceso contencioso
administrativo, siempre que la demanda se interponga dentro de los tres (3) años
siguientes a contar desde la fecha en que prescribió la facultad para declarar la nulidad
en sede administrativa.
213.5. Los actos administrativos emitidos por consejos o tribunales regidos por leyes
especiales, competentes para resolver controversias en última instancia administrativa,
sólo pueden ser objeto de declaración de nulidad de oficio en sede administrativa por el
propio consejo o tribunal con el acuerdo unánime de sus miembros. Esta atribución sólo
puede ejercerse dentro del plazo de dos (2) años contados desde la fecha en que el acto
haya quedado consentido. También procede que el titular de la Entidad demande su
nulidad en la vía de proceso contencioso administrativo, siempre que la demanda se
interponga dentro de los tres años siguientes de notificada la resolución emitida por el
consejo o tribunal.
- EJEMPLO:
A través de la Resolución de Gerencia General 013-2016-GM-MM, la Municipalidad de
Miraflores declaró la nulidad de oficio de una resolución emitida por ella misma,
mediante la cual sancionada a una administrada por estacionar un vehículo en áreas
verdes de uso público. Sin embargo, la propia autoridad edil comprobó que, al momento
de notificar la sanción a la administrada, esta no siguió los requisitos de una debida
notificación de las etapas previas en el procedimiento. Debido a que esto implicaba la
existencia de vicios en el procedimiento, la Municipalidad declara de oficio la nulidad
de la resolución de sanción
Artículo 214. Revocación
214.1 Cabe la revocación de actos administrativos, con efectos a futuro, en
cualquiera de los siguientes casos:
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214.1.1 Cuando la facultad revocatoria haya sido expresamente establecida por una
norma con rango legal y siempre que se cumplan los requisitos previstos en dicha
norma.
214.1.2 Cuando sobrevenga la desaparición de las condiciones exigidas legalmente para
la emisión del acto administrativo cuya permanencia sea indispensable para la
existencia de la relación jurídica creada.
214.1.3 Cuando apreciando elementos de juicio sobrevinientes se favorezca legalmente
a los destinatarios del acto y siempre que no se genere perjuicios a terceros.
214.1.4 Cuando se trate de un acto contrario al ordenamiento jurídico que cause agravio
o perjudique la situación jurídica del administrado, siempre que no lesione derechos de
terceros ni afecte el interés público.
La revocación prevista en este numeral solo puede ser declarada por la más alta
autoridad de la entidad competente, previa oportunidad a los posibles afectados
otorgándole un plazo no menor de cinco (5) días para presentar sus alegatos y
evidencias en su favor.
214.2 Los actos administrativos declarativos o constitutivos de derechos o intereses
legítimos no pueden ser revocados, modificados o sustituidos de oficio por razones de
oportunidad, mérito o conveniencia.
I. DE LA REVOCABILIDAD DE LOS ACTOS ADMINISTRATIVOS POR MÉRITO
(OPORTUNIDAD O CONVENIENCIA)
La revocación es la potestad excepcional que la ley confiere a la Administración Pública
para que, de manera directa, de oficio y mediante un nuevo acto administrativo pueda
modificar o sustituir (total o parcialmente), o simplemente extinguir los efectos jurídicos
futuros de un acto administrativo generado conforme a derecho (válido y eficaz)
fundándose en la necesidad de adecuarse a un necesidad extrínseca y posterior: el
interés público sobreviviente.
El momento determinante para diferenciar cuándo estamos frente a una revocación y
cuándo a la nulidad es determinar su conformidad jurídica o no a la fecha de su
producción y no posteriormente. La situación particular producida cuando un cambio
normativo ulterior afecta de modo sobreviniente un acto persistente producido conforme
a Derecho, queda incluida como una manifestación de la revocación indirecta del acto y
no como una de nulidad, como veremos más adelante.
El Derecho Administrativo clásico sostenía el principio de la revocabilidad de los actos
administrativos, pues se afirmaba que el obrar estatal siempre se encuentra frente a
situaciones y circunstancias cambiantes, por lo que de modo permanente e incesante
tiene que ser capaz de adaptarse a ellas para alcanzar el bienestar general y demás
cometidos de interés público. Dentro de esa posición, se reconocía que la propia
autoridad administrativa creadora de una situación o relación jurídica tenía la facultad
para suprimirla o modificarla cuando en algún momento posterior se producía una
incompatibilidad entre el acto y el interés público.
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Podemos ver que la existencia de la potestad revocatoria implica el debilitamiento y la
precarización de los derechos administrativos que los actos administrativos otorgan o
reconocen a los ciudadanos, en particular aquellos que dan lugar a una relación jurídica
continuada en el tiempo (por ejemplo, actividad empresarial). Con este instituto queda
en manos de la autoridad su continuidad o cesación, según aprecie diversas
circunstancias de interés público en el futuro. En buena cuenta, traslada al ciudadano el
riesgo del cambio de interés público.
En esa tensión, el ordenamiento contemporáneo opta por tomar decisiones meditadas
para solucionar la eventual controversia entre el efecto del acto administrativo anterior y
el interés público sobreviniente. El legislador en unos casos limitará las posibilidades de
revocación, en otros casos las condicionará o la prohibirá según privilegie más o menos
la seguridad jurídica, que es un valor también de interés público.
En esa orientación, el artículo bajo comentario nos plantea tres reglas esenciales:
• Primera regla: Revocabilidad motivada de actos administrativos no favorables
La revocabilidad de los actos administrativos generales, de los actos de administración
interna, de los actos denegatorios, de los silencios negativos y de los actos de gravamen
si se aprecian elementos de juicio sobrevinientes en favor de los administrados y no se
produzcan perjuicios a terceros (num. 214.1.3 del art. 214 del TUO de la LPAG). En
esta primera regla, se razona en el sentido de que se puede volver hacia atrás los actos
de gravamen o desfavorables a los administrados, en razón de algún elemento de juicio
objetivo sobreviniente a aquella decisión que creó una carga, una obligación o un
perjuicio al administrado, y que, con su evidencia o cambio de circunstancias, se aprecia
que ahora resulta injustificado mantener.
En ningún caso se trata de favorecer ilegalmente al administrado, de modo arbitrario,
basado exclusivamente en el cambio de criterio subjetivo de las autoridades, o dar
preferencias indebidas al ciudadano. Por ello, solo procede cuando aparecen razones
sobrevinientes objetivas que así lo hagan necesario y ello quede explicado en la
motivación del acto de revocación.
• Segunda regla: Interdicción de revocabilidad de actos administrativos declarativos o
constitutivos de derechos
La segunda regla que complementa la primera es la prohibición de revocar los actos
administrativos favorables (declarativos o constitutivos de derechos o intereses
legítimos de ciudadanos), tales como títulos habilitantes para el ejercicio de actividades
privadas como licencias o permisos y además registros o certificaciones. La regla se
funda en que no se considera suficiente para afectar derechos subjetivos creados o
reconocidos por actos administrativos, el que la propia Administración Pública en el
futuro ya no considere oportuno o conveniente al interés público mantener tales efectos
(num. 214.1 del art. 214 del TUO de la LPAG).
En este caso, la facultad revocatoria es una atribución permanente: No existe plazo para
poder ejercer esta potestad una vez que la ley la ha otorgado.
Nótese que, en este caso, el motivo fundante de esta revocación sería solamente el
cambio en los criterios de apreciación de la autoridad sobre si en la actualidad la
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actividad autorizada es conveniente al interés colectivo o si su ejercicio es oportuno al
interés público, sin que medie ningún cambio extrínseco de circunstancias fácticas o
jurídicas. Aquí, estamos ante una forma elemental de discrecionalidad que no solo es
inadmisible por subjetiva, sino que resultaría sumamente peligrosa para los derechos
ciudadanos dentro de un Estado constitucional de derecho.
• Tercera regla: Revocabilidad de actos favorables en dos casos:
i) por cambio sobreviniente de las circunstancias externas del acto; y,
ii) por calificación expresa en norma legal de la necesidad de revocar actos favorables
La norma incluye dos excepciones que permiten a la autoridad administrativa revocar
actos favorables por parte de la autoridad. Visto de otro modo, el legislador indica que
el interés público que permita afectar derechos subjetivos dados por la Administración
Pública debe consistir en una desaparición de las condiciones exigidas para la emisión y
permanencia de los efectos dados o en otra situación calificada por alguna norma con
rango de ley.
La primera es cuando desaparecen con posterioridad a la aprobación del título
habilitante, las condiciones previstas legalmente para su obtención y su mantenimiento.
Este supuesto está consagrando como motivo revocatorio la variación de circunstancias
con posterioridad a la aprobación del acto favorable que establece alguna relación de
ejercicio continuado. El cambio puede producirse mediante la desaparición de alguna de
las condiciones esenciales contenidas en el régimen legal que sirve de base al acto
emitido, que es el supuesto incluido expresamente en el inciso, pero no existe
inconveniente alguno para analógicamente involucrar la aparición de circunstancias
nuevas calificadas por el ordenamiento como eventos incompatibles con los efectos del
acto. En este sentido, cualquier variación de circunstancias debe estar acompañada de la
apreciación que ese evento debe haber constituido un factor determinante a considerarse
para la obtención del acto administrativo y que ese interés se proyecte a su fase de
ejecución, de manera que se convierta en un factor determinante de su mantenimiento
en vigor. Creemos que estaría incurso en vicio de desvío de poder si la Administración
Pública argumenta cualquier mutación colateral o tangencial de alguna circunstancia no
determinante del acto previo para producir su revocación.
En principio, podemos considerar que esta variación sobreviniente de circunstancias
está ocasionada por eventos externos fuera del control del administrado y de la
Administración Pública como, por ejemplo, acaecer escasez del recurso natural respecto
del cual se había otorgado derechos de uso o, en otros casos, al cambio de necesidades
ciudadanas por atender que hacen necesario destinar recursos inmediatos y revocar la
convocatoria a una licitación destinada a adquirir bienes de menor prioridad en la
actualidad o incluso por la saturación o uso ineficiente de recursos escasos como el
espectro radioeléctrico.
Como se puede apreciar, las circunstancias cambiantes deben ser externas a los efectos
del acto o a la conducta del administrado y de la Administración Pública. El inciso se
refiere al cambio de circunstancias producido por eventos fuera de control de las partes
y de manera imprevisible para ellas. No podría la autoridad argüir como cambio de
circunstancias la variación en sus propios actos. Del mismo modo tampoco podría
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incluirse aquí si el administrado incumple alguno de sus deberes legales derivados de la
situación legal conferida, como cuando no realiza la actividad habilitada dentro del
plazo dispuesto. Esto no califica como cambio de circunstancias externas, sino como
una revocación-sanción o como caducidad, también llamada revocación por
incumplimiento del beneficiario.
El segundo supuesto contemplado por este artículo, es que el legislador haya autorizado
que determinado tipo o clase de acto administrado pueda ser revocado cuando aparezca
algún elemento objetivo. Ello se concreta cuando una disposición legal especial de
modo expreso autoriza a la autoridad a dictar la revocación de actos favorables fundado
en alguna causa de interés público y sujeta al régimen indemnizatorio previsto en el
artículo 216 del TUO de la LPAG.
Cabe advertir que esta norma no es una habilitación legal para ejercer la potestad
revocatoria por doquier, sino un anuncio que otras normas posteriores, con rango de ley
y no por norma subalterna, reconozca esta potestad en algún caso en concreto. Por lo
tanto, contravienen esta disposición cualquier reglamento, directiva que pretenda
reconocer la atribución revocatoria, e incluso la reserva de revocación incluida por la
propia autoridad en el mismo acto administrativo.
En cualquier de los dos supuestos, la revocación tendrá efecto a futuro sobre los
derechos subjetivos directamente vinculados con el acto a revocar. Pueden ser derechos
que surgen del acto administrativo (por ejemplo, derecho de use a concesión de un bien
o recurso público y sujeto a su cuidado) o derechos que se posee pero que el acto
administrativo habilitaba su realización (derechos reconocidos por licencias, permisos y
autorizaciones). No puede perderse de vista que la revocación también puede afectar
otros derechos o intereses que tienen como presupuesto necesario el mantenimiento de
la relación surgida por el acto administrativo revocado.
II. ESTRUCTURA OPERATIVA DE LA REVOCACIÓN DE ACTOS
ADMINISTRATIVOS
La comprensión del funcionamiento de la revocación demanda entender sus elementos
fundamentales:
• El sujeto activo de la revocación
Cuando la revocación está autorizada, la competencia para revocar corresponde a la
misma entidad que dictó el acto a revocar. No obstante, la LPAG ha querido que la
responsabilidad no recaiga en el mismo nivel emisor, por las consecuencias que de tal
decisión se derivan. Por ello, el órgano que la acuerda será siempre la más alta autoridad
de la entidad competente (titular de la entidad), con lo cual se refuerza la idea de que
este acto revocatorio por sí mismo agota vía administrativa.
• Las formas de revocar: la revocación directa e indirecta
La diferencia entre la revocación directa e indirecta es evidente. Un supuesto es la
revocación del acto producida mediante la emisión de un nuevo acto administrativo
expreso, en sentido contrario al acto preexistente y que le suprime los efectos supérstites
por razones de interés público. Pero, también existe otra revocación que se produce de
modo indirecto, constituida por “todos aquellos supuestos en que un acto posterior
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modifica o desvirtúa, total o parcialmente, otro anterior o bien destruye pura y
simplemente el que servía de soporte a este último”.
El precedente de observancia obligatoria del Indecopi, aprobado mediante Resolución
N° 1535-2010-SC1 -INDECOPI, tiene como virtud abordar (en el numeral III.1.3) esta
clase de revocaciones para comprenderlas dentro del ámbito tuitivo de la LPAG. De este
modo, dicho precedente ha interpretado que también son revocaciones aquellos casos en
los que sin contar con un pronunciamiento expreso (acto administrativo revocatorio) la
autoridad por actuaciones indirectas restringe o priva de sus efectos los derechos e
intereses que antes confirió a los mismos administrados. De modo enumerativo ha
mencionado que constituyen casos de revocaciones indirectas: La emisión de una norma
posterior que prohíbe la actividad de comercio anteriormente autorizada, la emisión de
una norma que impide a los terceros tomar los servicios del terminal terrestre que había
sido autorizado antes a un administrado, así como la negativa de otorgar un certificado
de compatibilidad de use para el local que ya contaba con licencia de funcionamiento.
Como podemos apreciar, los dos primeros casos constituyen cambios sobrevinientes al
derecho objetivo que sirvió de base para la emisión de los actos administrativos
favorables a los administrados (licencias o permisos).
No cabe duda de que la autoridad puede dictar regulaciones que se necesitan adaptar
constantemente al interés público, y ello imprime variaciones al derecho objetivo de
modo que en un contexto actual puede limitar, restringir o prohibir actividades que hasta
ese entonces eran legales, o a la inversa. Vale decir, convertir en ilegal lo que antes era
compatible con el marco jurídico superado.
Por ejemplo, realizando una modificación al régimen urbanístico de una zona, aplicando
medidas de racionalización a rutas de transporte de servicio público o la aprobación del
régimen de vedas para la extracción de especies y recursos naturales (no renovables)
que implica revocar (en todo o en parte) los títulos habilitantes anteriormente aprobados
para esa actividad en la zona.
En esta labor no necesariamente se llega a la revocación como única posibilidad, ya que
se pueden buscar alternativas menos aflictivas. Por ejemplo, se puede contemplar entre
las regulaciones transitorias convenientes: i) mantener la vigencia de los efectos de los
actos anteriores hasta su extinción natural por medio del vencimiento de su plazo o el
cumplimiento de su objeto, ii) mantener la intangibilidad de los efectos de los actos
anteriores solo por algún tiempo más o, de modo definitivo, si son efectos consolidados;
ni) puede disponerse la adaptación de los efectos vigentes al nuevo estado de cosas, de
ser ello posible jurídicamente; y, iv) en casos extremos, puede disponerse la revocación
de los efectos supérstites de esos actos anteriores mediante el procedimiento y
condiciones regulados en los artículos 214 y 216 del TUO de la LPAG.
Nótese que esta variación del marco legal si bien configura una apreciación jurídica del
interés público actual y divergente de la anterior, no conduce necesariamente a la
ilegalidad sobreviniente del acto administrativo anterior emitido válidamente en sentido
contrario, sino solo a su incompatibilidad.
25
• Objeto de la revocación
La revocación recae sobre los efectos supérstites de un acto administrativo anterior
creado conforme a los requisitos legales y procesales para adquirir legalidad. Lo
ordinario es que se extingan los efectos aún vigentes y futuros del acto, pero también
pueden afectarse los efectos de actos ya consumados, mediante el tratamiento
establecido en el numeral 216.2 del artículo 216 del TUO de la LPAG.
• Fundamento de la revocación
La revocación se funda en una norma legal que autoriza a la autoridad administrativa
para actuar si aprecia una divergencia contemporánea entre la situación o relación
jurídica derivada del acto anterior y el interés público actual, que demanda adecuar los
efectos supérstites a aquello que ahora representa el interés público. Esta necesidad de
adecuar los efectos al interés público actual puede deberse a:
i) Una nueva valoración de las circunstancias originales del administrado por parte de la
autoridad que la hacen convencerse que mantener el acto es inoportuno o inconveniente
al interés público actual (supuesto no contemplado en la LPAG, pero posible de
incorporar en normas sectoriales conforme a la previsión del num. 214.1.1 del art. 214
del TUO de la LPAG).
ii) Un cambio de circunstancias externas posteriores al acto que hacen aconsejable
retirar el acto administrativo (art. 214.1.3).
iii) Aparición de elementos de juicio sobrevinientes (num. 214.1.3 del art. 214 del TUO
de la LPAG).
iv) Un cambio en la normativa que hace ilegal de modo sobreviniente el estado de cosas
antes autorizado (revocación indirecta).
En cualquiera de esos casos, la LPAG no deja al arbitrio de la Administración Pública
ponderar el interés público, sino que califica cuál circunstancia posterior debe tenerse en
cuenta para activar la revocación. Por ejemplo, nuestra LPAG considera relevante la
desaparición de las condiciones exigidas legalmente para la emisión del acto
administrativo, o la aparición de elementos de juicio sobrevinientes para favorecer a un
administrado que soporta un acto de gravamen.
• Los actos involucrados: el acto revocado y el acto revocatorio
El acto revocado es un acto administrativo ordinario. No se trata de un acto
administrado sujeto a una condición resolutiva que se produce, porque en este caso la
cesación de efectos se produce por un aspecto congénito a él y sin necesidad de un acto
revocatorio posterior.
El acto revocatorio se configura como un nuevo acto independiente, con individualidad
propia, por lo cual por sí mismo debe reunir los elementos esenciales para su validez.
Pero a diferencia del primero, no tiene como destinatario único al administrado, sino
que tiene como destinatario directo a los efectos del acto que retira y de manera refleja
al administrado que era su destinatario.
26
• El procedimiento revocatorio
Puede ser iniciado de oficio o a pedido del administrado legitimado por soportar los
efectos de un acto no favorable cuando hayan cambiado las circunstancias que lo
sustentaban. No se puede dictar de plano, sino que debe estar precedido de las mismas
formas y requisitos del acto revocado, en atención al principio del “paralelismo de las
formas”, pero además debe cumplir con un previo contradictorio, en el cual el
administrado pueda presentar sus alegatos, así como generar y controlar la prueba
necesaria.
III. LA REVOCACIÓN COMO CONSECUENCIA DE CONDUCTAS DEL
ADMINISTRADO: SUPUESTO NO ABORDADO EN ESTE ARTÍCULO
No obstante haber sido silenciados por este artículo, el ordenamiento jurídico nacional
reconoce la existencia de dos modos de revocar actos administrativos favorables a partir
de acciones u omisiones imputables al propio interesado.
La revocación constituye el ejercicio de la potestad administrativa originaria de crear,
modificar, interpretar situaciones jurídicas (administración activa), por lo que no se
produce como consecuencia de practicar acciones de control respecto a la conducta del
administrado a afectarse por la privación de los efectos del acto.
IV LA REVOCACIÓN-SANCIÓN
En algunos casos, la decisión de revocar un acto administrativo favorable (título
habilitante) ha sido tratada como un acto de gravamen que responde a la comisión de
una infracción tipificada en el ordenamiento por parte del administrado. En estos casos,
la revocación adquiere claramente carácter sancionador y queda regulada por los
principios, procedimiento y garantías aplicables a la actividad sancionadora de la
Administración Pública.
En puridad, la revocación como instrumento de retiro jurídico de actos no corresponde
ser tratada como una sanción por ser su naturaleza de un acto aflictivo; califica más bien
como una medida correctiva ante la inconducta. Más bien ante la comisión de un ilícito
administrativo por parte de un administrado que posee un título habilitante
correspondería aplicar la clausura o suspensión temporal de actividades que son
propiamente eventos punitivos, mas no la revocación que es una declaración de efectos
jurídicos únicamente. La impropiedad de este tratamiento se evidencia más claramente
cuando, en la práctica, el interés público no se ve satisfecho con la revocación jurídica
de la licencia, sino que demanda otras sanciones propiamente dichas, como la efectiva
clausura de operaciones o del negocio. De este modo se hace necesario aplicar dos o
más sanciones por el mismo ilícito para obtener resultados eficientes con afectación al
principio del non bis in idem.
V LA REVOCACIÓN POR INCUMPLIMIENTO DEL DESTINATARIO DEL ACTO
(TAMBIÉN CONOCIDA COMO CADUCIDAD O CANCELACIÓN)
Comúnmente, el legislador nacional considera como incumplimientos graves que
pueden conducir a la revocación de un acto favorable la no realización de pagos
obligatorios a la autoridad, no someterse a inspecciones periódicas, no realizar la
actividad autorizada dentro del plazo establecido o habiéndola iniciado la suspende
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injustificadamente, la imposibilidad para operar por ausencia de condiciones
financieras, técnicas o de infraestructura, desatender las metas de servicio o de la
actividad permitida, emplear los títulos habilitantes concedidos para realizar actos
contrarios al objetivo autorizado o desnaturalizar su actividad (por ejemplo, si se usa
para una finalidad distinta un bien estatal cedido en uso). Estos eventos pueden llevar y
no que necesariamente lleven a la revocación directa del acto, porque los ordenamientos
sectoriales suelen admitir figuras intermedias como la suspensión temporal de los
efectos del acto, las admoniciones previas, los plazos de subsanación, etc.
De este modo, el incumplimiento de estos deberes que operan como condiciones
resolutorias, dan lugar a la privación de efectos de dicho acto. Esta situación si bien
guarda gran semejanza con la revocación e incluso algunos ordenamientos las
denominan igual por privar de efectos a un acto surgido válidamente por motivos
sobrevinientes, también posee algunas importantes diferencias. La más sobresaliente es
que mientras en la revocación existe una apreciación de la autoridad sobre si el acto
mismo es compatible con las situaciones de interés público posteriores y de ahí se
deriva una manifestación de voluntad de la autoridad administrativa, en esta caducidad
de derechos la decisión de retirar el acto administrativo surge como una reacción
ineludible u obligación legal impuesta a la autoridad por constatarse alguna actuación
irregular a un deber legal por parte del beneficiario del acto. Por ello es que en este caso
resulta impensable aplicar la indemnización que prevé el artículo 216 del TUO de la
LPAG, dado que estamos frente a un perjuicio legítimamente aplicado al administrado
por lo que debe soportarlo.
En ambos casos, la revocación se rige por su propio régimen y, por ende, no
corresponde aplicar la protección que brinda al administrado los artículos 214 y 216 del
TUO de la LPAG.
La reforma de la LPAG, realizada mediante el Decreto Legislativo N° 1272, adicionó
una causal extraña de revocación, referida a “Cuando se trate de un acto contrario al
ordenamiento jurídico que cause agravio o perjudique la situación jurídica del
administrado, siempre que no lesione derechos de terceros ni afecte el interés público”.
Este no es un supuesto de revocación propiamente hablando porque estamos hablando
de un acto ilegal desde el inicio y no uno inconveniente al interés público, solo que no
está sujeto al plazo de prescripción propio de las invalidaciones de oficio.
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Artículo 215. Irrevisabilidad de actos judicialmente confirmados
No serán en ningún caso revisables en sede administrativa los actos que hayan sido
objeto de confirmación por sentencia judicial firme.
Esta norma consagra la supremacía constitucional del Poder Judicial para establecer la
realidad de los hechos por ella juzgados y, en general la inalterabilidad de los
contenidos de las decisiones judiciales, frente a las potestades revisoras de la
Administración Pública.
Por esta regla, la Administración Pública y sus autoridades deben sujetarse al contenido
de los hechos cuya existencia, alcances y sentido han sido calificados con carácter de
firmeza por las autoridades jurisdiccionales, sin poderlos revisar, cuestionar o menos
aun someter a prueba.
Ni el principio de verdad material, ni el de la legalidad, autorizan a actuar en sentido
contrario al mandato judicial. La mayor parte de las aplicaciones de esta norma se
tendrán en los ámbitos sancionadores administrativos, donde una conducta tipificada
como indebida, corroborada por el Poder Judicial, acarreará la aplicación de la sanción
administrativa que corresponda, pudiendo solo ponderar bajo criterios administrativos la
magnitud de la sanción a aplicarse. Del mismo modo, cuando una autoridad judicial
desestima la participación de una persona en un acto indebido o comprueba que la
conducta no es antijurídica, la Administración Pública queda sujeta a dichos pareceres
sin poder asumir posición distinta.
En estos casos es necesario precisar que cuando la norma indica “confirmación por
sentencia judicial firme”, quiere decir que la autoridad judicial ha emitido una decisión
juzgando en concreto el caso, confirmando la existencia de los hechos. Por ejemplo,
volviendo al caso de la potestad sancionadora, no será de aplicación este artículo si la
autoridad judicial emite una sentencia absolutoria basada en la insuficiencia de pruebas,
en alguna causal eximente, o concluye el proceso sin una decisión de fondo, como por
efecto de una excepción o causal similar, pues no habrá hecho confirmado.
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Artículo 216. Indemnización por revocación
216.1 Cuando la revocación origine perjuicio económico a l administrado, la resolución
que la decida deberá contemplar lo conveniente para efectuar la indemnización
correspondiente en sede administrativa.
216.2 Los actos incursos en causal para su revocación o nulidad de oficio, pero cuyos
efectos hayan caducado o agotado, serán materia de indemnización en sede judicial,
dispuesta cuando quede firme administrativamente su revocación o anulación.
Esta norma contiene dos disposiciones distintas, aun cuando tengan en común el tema
de la indemnización vinculada a la revocación.
I. EL DEBER DE INDEMNIZAR AL ADMINISTRADO POR EL PERJUICIO
ECONÓMICO GENERADO POR LA REVOCACIÓN
El numeral 216.1 prevé que el acto administrativo revocatorio debe contemplar lo
conveniente para efectuar, en sede administrativa, la indemnización al administrado
afectado por la revocación del acto en su favor. Solamente es la cláusula de cierre y de
limitación para aquellos casos de revocación que el ordenamiento habilito a las
autoridades.
Es lugar común en la doctrina reconocer que la revocación por recaer sobre actos
regulares y no viciados cuando han generado situaciones concretas e individuales, posee
naturaleza materialmente expropiatoria del derecho adjudicado o del interés reconocido
por la autoridad mediante el acto que se pretende retirar del mundo jurídico. La norma
considera que el sacrificio del interés privado inferido legítimamente por la revocación
debe ser convertido en una indemnización económica. Por ello, estamos frente a un
típico caso de responsabilidad de la Administración Pública por acto lícito, en el que se
busca la protección patrimonial del ciudadano por la revocación del acto estable a través
de la compensación del daño económico debidamente acreditado ante la autoridad
administrativa.
Conforme al precedente de observancia obligatoria del Indecopi, aprobado por
Resolución N° 1535-2010/SC1-INDECOPI, el daño resarcible al administrado será el
daño directo y el lucro cesante producido hasta la notificación de la resolución de
revocación. Ello comprenderá las inversiones realizadas para emprender la actividad
habilitada y la expectativa razonable de ingresos esperados y que dejará de percibir
debido a la revocación.
La indemnización constituye una condición de validez del acto revocatorio por lo que la
autoridad revocante debe no solo establecer el derecho a la indemnización, sino
disponer lo conveniente para efectuar la indemnización en sede administrativa, esto es,
realizar la cuantificación, la previsión presupuestal y el pago mismo. Claro está que esta
acción no obsta que el administrado pueda discrepar de la indemnización acordada y
pueda contradecirla en la vía judicial. No obstante, el precedente de observancia
obligatoria del Indecopi ha considerado que se cumple con las exigencias de este
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artículo si la resolución de revocación señala como mínimo la cuantía de la
compensación y cuál es la autoridad encargada de efectuar el pago, siendo que el pago
en dinero en efectivo es exigible a partir de la emisión de la resolución de revocación.
Con ello, se podrá producir la desapropiación del derecho al administrado sin alcanzar
aún pago efectivo.
La indemnización corresponde particularmente cuando la revocación se produzca por la
modificación sobreviniente del marco legal, por el cambio de criterio de apreciación por
parte de la autoridad sobre el mérito, conveniencia u oportunidad de las mismas
circunstancias que originaron el acto.
Al contrario, no corresponderá aplicar esta indemnización para casos de revocación-
sanción, revocación por incumplimiento del administrado por cambio exógeno de las
circunstancias, o si de algún modo hubo engaño, fraude o mala fe del administrado en el
procedimiento.
II. INDEMNIZACIÓN SUSTITUTIYA POR AGOTAMIENTO DE EFECTOS DE
ACTOS ADMINISTRATIVOS SUSCEPTIBLES DE REVOCACIÓN O NULIDAD
216.2 Los actos susceptibles de ser revocados, cuyos efectos hayan caducado o agotado
a la fecha de la revisión de oficio, serán materia de indemnización en sede judicial,
dispuesta cuando quede firme administrativamente su revocación. Similar regla se
aplica para el caso de anulación de actos que ya hayan agotado sus efectos.
La norma es absolutamente necesaria dado que propiamente la revocación de actos
administrativos tiene como presupuesto indispensable que aún produzcan efectos
susceptibles de cesar al momento de su retiro. Los actos consumados, esto es, aquellos
que han agotado totalmente sus efectos, no son posibles de ser revocados en su eficacia,
precisamente porque ella ha concluido.
No tiene sentido revocar un acto que haya producido efectos de manera instantánea a su
aprobación o que habiendo tenido efectos durante algún tiempo su objeto se haya
cumplido o haya vencido el plazo a que estaban sujetos. Por ejemplo, en el permiso de
pesca o de caza indebidamente otorgado o que hubiere cesado la condición bajo la cual
fue otorgado, pero cuya acción habilitada ya se produjo. Entonces, procederá que la
Administración Pública pretenda un resarcimiento compensatorio dado que será
inoficiosa la declaración de nulidad o revocación a estas alturas del proceso.
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CONCLUSIONES
-El Derecho Administrativo es una rama del Derecho Público, que tiende a regular, las
relaciones del Estado como tal y los gobernados.
-En cuanto a la ejecución de los actos administrativos cuenta con una regulación parcial
en la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos, que recién cumple treinta años
de vigencia, y con una regulación sectorial que ha venido desarrollándose durante las
últimas dos décadas y que ha contribuido a ampliar las modalidades de ejecución
contempladas en la ley, mediante la adopción de medidas administrativas cautelares o
provisionales que adopta la administración pública en el marco de los procedimientos
administrativos.
-Y podemos deducir que la revisión de los actos en vía administrativa es la potestad que
la Ley otorga a la Administración Pública para que, con los requisitos y a través de los
procedimientos que el ordenamiento jurídico establece, pueda, de oficio o a instancia de
los interesados, según los casos, rectificar, sustituir sus actos por otros o dejarlos sin
efecto, declarando su nulidad o anulabilidad, o bien declarar su lesividad para,
posteriormente, demandar su anulación ante los Jueces y Tribunales.
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REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA
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