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Via Crucis: Presentación

Este documento presenta una guía para el Vía Crucis. Explica que el Vía Crucis es un camino espiritual que conduce a una comunión más profunda con Jesús a través de compartir su sufrimiento. Jesús cargó con nuestros pecados en la cruz para transformar nuestros corazones y llamarnos a compartir el sufrimiento de los demás. El Vía Crucis enseña el camino del amor verdadero a través de la pérdida de uno mismo en servicio a los demás.
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Via Crucis: Presentación

Este documento presenta una guía para el Vía Crucis. Explica que el Vía Crucis es un camino espiritual que conduce a una comunión más profunda con Jesús a través de compartir su sufrimiento. Jesús cargó con nuestros pecados en la cruz para transformar nuestros corazones y llamarnos a compartir el sufrimiento de los demás. El Vía Crucis enseña el camino del amor verdadero a través de la pérdida de uno mismo en servicio a los demás.
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VIA CRUCIS

PRESENTACIÓN

La oración del Vía crucis puede entenderse como un camino que


conduce a la comunión profunda, espiritual, con Jesús. No basta el
simple sentimiento; el Vía crucis es una escuela de fe. El Dios que
comparte nuestras amarguras, el Dios que se ha hecho hombre para
llevar nuestra cruz, quiere transformar nuestro corazón de piedra y
llamarnos a compartir también el sufrimiento de los demás; quiere
darnos un «corazón de carne» que no sea insensible ante la desgracia
ajena, sino que sienta compasión y nos lleve al amor que cura y
socorre.
Jesús mismo ofrece la interpretación del Vía crucis, nos enseña cómo
hemos de rezarlo y seguirlo: es el camino del perderse a sí mismo, es
decir, el camino del amor verdadero. Él ha ido por delante en este
camino. Jesús camina con nosotros, en cada momento de nuestra vida
de hoy, como aquella vez con los discípulos de Emaús.

ORACIÓN INICIAL

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Señor Jesucristo, mediante este ir contigo en el Vía crucis quieres guiarnos hacia el proceso del grano de
trigo, hacia el camino que conduce a la eternidad.

La cruz “la entrega de nosotros mismos” me pesa mucho. Pero en tu Vía crucis tú has cargado también
con mi cruz, y no lo has hecho en un momento ya pasado, porque tu amor llega hoy a mi vida. Hoy tú
quieres que yo, como entonces Simón de Cirene, lleve contigo tu cruz y que, acompañándote, me ponga
contigo al servicio de la redención del mundo.

Ayúdanos para que nos encaminemos con todo nuestro ser por la vía de la cruz y sigamos siempre tus
huellas. Líbranos del temor a la cruz, del miedo a las burlas de los demás, del miedo a que se nos pueda
escapar nuestra vida si no aprovechamos con afán todo lo que nos ofrece.

Ayúdanos a desenmascarar las tentaciones que prometen vida, pero cuyos resultados, al final, sólo nos
dejan vacíos y frustrados. Que en vez de querer apoderarnos de la vida, la entreguemos.
Ayúdanos, al acompañarte en este itinerario del grano de trigo, a encontrar, en el «perder la vida», la
vía del amor, la vía que verdaderamente nos da la vida, y vida en abundancia (Jn 10, 10).

1
PRIMERA ESTACIÓN
Jesús es condenado a muerte
V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 22-23.26


Pilato les preguntó: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» Contestaron todos: «¡que lo crucifiquen!»
Pilato insistió:«pues ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban más fuerte: «¡que lo crucifiquen!» Entonces les
soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

ORACIÓN
Señor, has sido condenado a muerte porque el miedo al «qué dirán» ha sofocado la voz de la conciencia. Sucede
siempre así a lo largo de la historia; los inocentes son maltratados, condenados y asesinados. Cuántas veces hemos
preferido también nosotros el éxito a la verdad, nuestra reputación a la justicia. Da fuerza en nuestra vida a la
sutil voz de la conciencia, a tu voz. Mírame como lo hiciste con Pedro después de la negación. Que tu mirada
penetre en nuestras almas y nos indique el camino en nuestra vida. Danos también a nosotros de nuevo la gracia de
la conversión.

El Guía invita a mirar el rostro de Jesús o la cruz

En el rostro de Jesús reconocemos:


El dolor de los humillados, los que no tienen como defenderse, los niños defraudados de su infancia, las mujeres
maltratadas, los ancianos y enfermos indefensos, los pobres sin dignidad a causa de la miseria, los inocentes que no
tienen recursos para hacer vales sus derechos, los sencillos engañados, los que se le ridiculiza por obedecer a tu
voluntad, los que han perdido la esperanza de recibir escucha, comprensión, justicia.

Canto: Yo no soy nada

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús con la cruz a cuestas

V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.


R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 27-31


Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo
desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza
y le pusieron una caña en la mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: «¡Salve,
Rey de los judíos!». Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la
burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Cristo fue flagelado estando completamente desnudo; la SABANA SANTA nos demuestra como las heridas de la
flagelación en los glúteos y de la cadera tienen la misma profundidad que el resto del cuerpo. El flagelo empleado
fue el más cruel utilizado por los romanos, llamado “escorpión”. La longitud del azote solía ser de 35 a 45 cm. Los

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látigos que se empleaban en la flagelación solían ser de cuero, y tenían al final huesitos o bolitas de plomo unidos.
Al descargar sobre el cuerpo se clavaban en la carne. Cristo estuvo atado a una columna baja, de menos de un
metro de altura, que hiciera que estuviera en una posición curva y así presentara mejor su espalda a los golpes.
Cristo debió quedar bañado en sangre y hecho una llaga desde la cabeza hasta los pies.
La Corona de Espinas estaba tejida con ramas de un espino de duras y agudas espinas. La corona no tenía forma de
anillo, como suelen representar los artistas, sino probablemente forma de casco, cubriendo toda la cabeza,
rodeando la cabeza desde la nuca hasta la frente. Además las espinas fueron hincadas por los golpes de caña y por
las caídas del Señor camino al Calvario.
En este momento podemos invitar a los presentes a ofrecer en silencio este vía crucis para una persona, una
situación, o para poder quitar un pecado o un vicio de nuestra vida.

TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez
V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 4-6


Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y
humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable vino
sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor
cargó sobre él todos nuestros crímenes.

En su caída bajo el peso de la cruz aparece todo el itinerario de Jesús: su humillación voluntaria para liberarnos de
nuestro orgullo. ¿Qué es nuestro orgullo? la soberbia que nos induce a querer hacer sin Dios, a ser sólo nosotros
mismos, sin necesidad del amor eterno y aspirando a ser los únicos artífices de nuestra vida. En esta rebelión, en
este intento de hacernos dioses, nos hundimos y terminamos por autodestruirnos. La humillación de Jesús es la
superación de nuestra soberbia: con su humillación nos ensalza. Despojémonos de nuestra autosuficiencia, de
nuestro engañoso afán de autonomía y aprendamos de él, del que se ha humillado, a encontrar nuestra verdadera
grandeza, humillándonos y dirigiéndonos hacia Dios y los hermanos oprimidos.

(Invitamos a las personas que puedan hacerlo a apoyar una rodilla en el piso, o apoyar las manos en la tierra
asumiendo la posición de Jesús que cae)

Repitamos juntos: “SÁNANOS SEÑOR; CON TU HUMILDAD”

Hoy Señor Jesús, queremos reconocer el poder de tu amor en el sufrimiento y, doblegados, caídos como tú, que
cargaste con nuestra fragilidad y nuestro pecado te pedimos: “SÁNANOS SEÑOR; CON TU HUMILDAD”

Tú cargaste con nuestro dolor y pecado. Nosotros caemos bajo el peso de nuestras heridas y equivocaciones, por
esto te pedimos: “SÁNANOS SEÑOR; CON TU HUMILDAD”

Sánanos, Señor Jesús, del orgullo que nos aleja de ti, de la pobreza espiritual que nos hace siempre más débiles, de
las consecuencias de nuestra historia personal hechas de muchas heridas, nosotros te pedimos, los unos por los
otros: “SÁNANOS SEÑOR; CON TU HUMILDAD”

Del corazón de piedra que se encierra porque no se siente amado por nadie, de la tristeza de no haber conocido
nunca el amor verdadero, de la presunción de poder vivir sin ti, que nos trae vacío y amargura, hoy te pedimos
Señor: SÁNANOS SEÑOR…

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Por todas nuestras faltas de amor hacia el prójimo, hoy te pedimos perdón, Señor, porque cada mentira, cada
chisme, cada ofensa, cada mirada de desprecio o de indiferencia o de juicio, cada humillación con la que hemos
herido a nuestro prójimo, te ha herido a ti, te ha aplastado a ti que ahora caes bajo el peso de la cruz. De todo
corazón te pedimos: SÁNANOS SEÑOR…

Muchos de nosotros estamos caídos, y te pedimos una palabra de aliento, a ti, el Hombre de los dolores. caídos
somos porque nos sentimos deprimidos, o frustrados, o porque traemos una dolencia en el cuerpo o en el alma;
caídos somos porque nos han traicionado, porque estamos desorientados, porque los amigos que creíamos que
teníamos no fueron en realidad amigos. Por eso Señor, te decimos con fe: SÁNANOS SEÑOR…

Oh, Jesús, Cordero inmaculado, mira con piedad a este pueblo, mira con piedad a estos peregrinos, Señor; Oh,
Señor Jesucristo, mira con tu mirada de amor, mira con esos ojos de benevolencia este pueblo que suplica. Oh,
Señor Jesucristo, desde el trono de tu cielo y desde el trono de la Cruz; desde la humildad de la tierra que te recibió
al caer.

Bendice a este pueblo, dale a los más pequeños, dale a los más tristes, dale a los más solos una palabra de aliento,
Señor; regala esa palabra de amor, regala ese consuelo, regala esa sanación, Señor.

Que tu pueblo se levante con gozo, que tu pueblo se levante con alegría, Señor, proclamando y cantando tus
misericordias. Bendice, Señor, a este pueblo que te ama, que hoy aborrece de todo pecado, que hoy quiere dejar
atrás todas las culpas.

Hoy, Señor, nos avergüenzan y nos humillan nuestras culpas pasadas, pero aquí venimos no alegando méritos
nuestros, sino clamando únicamente, Señor, desde lo profundo de nuestras almas: sana, sana, Señor, sánanos,
Señor.

Invoquemos el Espíritu Santo para que nos abramos a esta vida nueva que Jesús nos conquista con su pasión, muerte
y resurrección.

Canto al Espíritu Santo

CUARTA ESTACIÓN
Jesús se encuentra con su Madre

V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.


R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Lucas 2, 34-35.51


Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se
levanten; será una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te
traspasará el alma». Su madre conservaba todo esto en su corazón.

ORACIÓN
Santa María, Madre del Señor, has permanecido fiel cuando los discípulos huyeron. Al igual que creíste cuando el
ángel te anunció lo que parecía increíble: que serías la madre del Altísimo. También has creído en el momento de
su mayor humillación. Por eso, en la hora de la cruz, en la hora de la noche más oscura del mundo, te has
convertido en la Madre de los creyentes, Madre de la Iglesia. Te rogamos que nos enseñes a creer y nos ayudes para
que la fe nos impulse a servir y dar muestras de un amor que socorre y sabe compartir el sufrimiento.

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Queremos invocar la presencia de María sobre toda experiencia de sufrimiento humano. María, que Jesús, desde la
Cruz, constituyó Madre de la Humanidad, camina a lado de sus hijos más pequeños, está presente a los pies de la
cruz de todos sus hijos.

Madre del Redentor Madre de los niños carentes


Madre de los migrantes Madre de los desempleados
Madre de los dos desvalidos Madre de los enfermos y ancianos
Madre de los pobres Madre de quienes los asisten

Madre de los carcelados Madre de los trabajadores


Esperanza de los tristes Madre de los abandonados
Madre de todas las madres Madre de los pecadores
Madre de los humillados Madre de aquellos que sufren

Cantemos juntos: Madre eres ternura

QUINTA ESTACIÓN
El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.


R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura Evangelio según San Mateo 27, 32; 16, 24


Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Jesús había dicho
a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».

ORACIÓN
Señor, a Simón de Cirene le has abierto los ojos y el corazón, dándole, al compartir la cruz, la gracia de la fe.
Danos la gracia de reconocer como un don el poder compartir la cruz de los otros y experimentar que así
caminamos contigo.

5
SEXTA ESTACIÓN
La Verónica enjuga el rostro de Jesús

V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.


R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 2-3


No tenía figura ni belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre
de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado.
Del libro de los Salmos 26, 8-9
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a
tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

Verónica es la imagen de la mujer buena que, en la turbación y en la oscuridad del corazón, mantiene viva la
bondad, sin permitir que su corazón se oscurezca. Inicialmente, Verónica ve solamente un rostro maltratado y
marcado por el dolor. Pero el acto de amor imprime en su corazón la verdadera imagen de Jesús: en el rostro
humano, lleno de sangre y heridas, ella ve el rostro de Dios y de su bondad, que nos acompaña también en el dolor
más profundo. Únicamente podemos ver a Jesús con el corazón. Solamente el amor nos deja ver y nos hace puros.
Sólo el amor nos permite reconocer a Dios, que es el amor mismo.

SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez

V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.


R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 1-2.9.16


Yo soy el hombre que ha visto la miseria bajo el látigo de su furor. El me ha llevado y me ha hecho caminar en
tinieblas y sin luz. Ha cercado mis caminos con piedras sillares, ha torcido mis senderos. Ha quebrado mis
dientes con guijarro, me ha revolcado en la ceniza.

En la Sábana Santa se ve como Cristo presenta las dos rodillas abiertas, con excoriaciones, por violentas caídas sobre
terreno pedregoso, especialmente la izquierda, que además está sucia de tierra mezclada con sangre. También la
nariz presenta excoriaciones que están sucias de tierra, esto es señal de que la cara de Jesús dio violentamente
contra el suelo. Además varias de las heridas que presenta en la cara (pómulos fuertemente excoriados) y en la
frente, no pueden ser de bofetadas y bastonazos. Requieren de golpes más fuertes como lo fueron las caídas de
Jesús.

En este santo camino en pos de Jesús, queremos renunciar conscientemente a lo que nos hace caer en el pecado,
alejándonos del camino de Dios. Así como en el día de nuestro bautismo, renunciemos con valor al mal en nuestra
vida, a su seducción, a la adicción que nos provoca. Podemos contestar: Sí, ¡renuncio!

¿Renuncias a satanás y a todas sus obras? A la lejanía de los sacramentos


A todo tipo de ocultismo, brujería, magia A la pereza, la flojera y la pasividad
A la astrología y los horóscopos Al resentimiento, al rencor, al juicio y al odio
Al egoísmo que es una forma de homicidio A la envidia, la discordia y la sed de venganza
A considerar tu Dios el dinero, el poder, los bienes A la mentira, la calumnia, el chisme
A la indiferencia hacia la iglesia, la Palabra de Dios Al robo o daño de los bienes ajenos
A la impureza, desorden sexual y adulterio
Al vicio, en todas sus formas

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OCTAVA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.


R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Lucas 23, 28-31


Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren por ustedes y por sus hijos,
porque mirad que llegará el día en que dirán: «dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los
pechos que no han criado». Entonces empezarán a decirles a los montes: «Desplómense sobre nosotros»; y a las
colinas: «Sepultennos»; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?

NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez
V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 27-32


Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. Que se sienta solitario y silencioso, cuando el
Señor se lo impone; que ponga su boca en el polvo: quizá haya esperanza; que tienda la mejilla a quien lo
hiere, que se harte de oprobios. Porque el Señor no desecha para siempre a los humanos: si llega a afligir, se
apiada luego según su inmenso amor.

Estas caídas causan horror. Como Jesús no podía frenar la caída, porque llevaba las manos atadas al Patíbulo, la
cabeza se golpeaba con fuerza contra el suelo pedregoso, además el Patíbulo se correría hacia la cabeza golpeando
fuertemente la nuca cubierta con las espinas. Por eso la nuca aparece horriblemente maltratada. Tan fatales fueron
las caídas y tan malo era el estado físico de Cristo que temen por su muerte, por eso buscan un ayudante llamado
Simón de Cirene.

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras

V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.


R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 33 -36


Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con
hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y
luego se sentaron a custodiarlo.

7
Llegados al Calvario, le dan a beber vino mezclado con hiel, o vino mirrado. Un narcótico para los condenados a
muerte. Jesús NO lo quiso beber. La entereza con que Jesús va a soportar la Pasión no tenía que ser efecto de un
narcótico, sino fruto de su fortaleza y amor a los hombres.
Luego lo despojaron violentamente de sus vestiduras. La túnica estaba pegada a las llagas por la sangre coagulada.
El dolor por lo tanto fue atroz. “Cada hilo de lana se ha pegado a la superficie desnuda, y cuando se lo arranca,
arrastra consigo una de las innumerables terminaciones nerviosas puestas al descubierto con la llaga. Aquí no se
trata de una lesión local, sino de casi la totalidad de la superficie del cuerpo, especialmente del dorso (espalda)
tan maltratado... Los verdugos tenían prisa.

UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús clavado en la cruz

V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.


R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 37-42


Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el Rey de los judíos». Crucificaron
con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando
la cabeza: «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios,
baja de la cruz». Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo: «A otros
ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos».

Luego los verdugos recuestan a Cristo sobre el patíbulo, toman medidas, taladran el leño, para facilitar la entrada
de los clavos, extienden sus brazos, con las palmas al aire. Otro toma un clavo de hierro: agudo, largo, grueso y
cuadrado, y lo coloca sobre la muñeca. Un solo martillazo basta para que el clavo penetre en el madero, dos o tres
golpes más y ya queda sólidamente sujeto al patíbulo.
La herida queda en contacto con el clavo, y pronto cuando el cuerpo de Cristo sea suspendido en la Cruz, quedará el
nervio fuertemente tenso sobre el clavo. Y vibrará a cada sacudida, despertando el horrible dolor.
Según los estudios el grosor del clavo debió ser de unos 7 mm y de unos 15 cm de largo aproximadamente. El orificio
del clavo no es redondo, sino cuadrado.

DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz
V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Juan 19, 19-20


Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús el Nazareno, el Rey de los
judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en
hebreo, latín y griego.

Del Evangelio según San Mateo 27, 45-50. 54


Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde Jesús gritó:
«Elí, Elí lamá sabaktaní», es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo algunos de los que
estaban por allí dijeron: «A Elías llama éste». Uno de ellos fue corriendo; enseguida cogió una esponja empapada
en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a
salvarlo». Jesús, dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al
ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios».
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Comenzó una terrible agonía. Fueron “TRES HORAS”. Tener que sostener su cuerpo de las manos clavadas, era la
tortura más atroz de la crucifixión. Y a todos estos tormentos se suma la “Asfixia”. Cristo debía sentir la sensación
de un ahogo progresivo, una falta de respiración de lo más desagradable. El corazón trabaja más, sus latidos se
aceleran y se debilitan. Se produce una suerte de tétano en todo el cuerpo (calambres y tirantez de los
músculos...) Es la muerte más horrible y espantosa que puede encontrarse.

Como narra el Evangelista San Juan: “uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió
sangre y agua” (Jn 19, 33-34). La herida del costado tiene forma elíptica y mide 4, 4 por 1,4 centímetros. La
mancha de sangre, cubierta en parte por un remiendo, no es tan oscura como la de otras heridas: nuca, frente,
brazos, etc. porque la sangre que brotó del costado, estaba mezclada con suero. La lanza atravesó el espacio
intercostal, penetró por el pulmón derecho, y tras un recorrido de unos diez centímetros alcanzó el corazón. En
agonías excepcionalmente dolorosas, el agua presente en el corazón es abundante.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre

V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.


R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 54-55


El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron
aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios». Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos,
aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es puesto en el sepulcro
V /. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 59-61


José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había
excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra
María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

El Rostro de Cristo a pesar de estar desfigurado por las huellas de tantos sufrimientos y tremenda agonía, tiene un
especial encanto y fascinación. Nuestros ojos no se cansan de contemplarlo y admirar esa fisonomía apacible, fuerte
y majestuosa, a la vez que humilde y resignada: Jamás se vio tan transido de vida el rostro de un muerto. Quizás
porque su muerte es la fuente de nuestra vida.
Es el Cristo triunfador de la muerte. El Cristo del amor, de la misericordia, de la vida eterna: es Dios hecho
Hombre”. Porque no todo termina en la cruz. CRISTO RESUCITÓ. CRISTO NOS ABRIÓ LAS PUERAS DEL CIELO,
TENEMOS UNA ETERNIDAD POR DELANTE.

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