Sentencia C-069/19
DERECHOS DE AUTOR-Exequibilidad del derecho a la
remuneración equitativa por la comunicación pública de obras
audiovisuales
PROPIEDAD INTELECTUAL-Jurisprudencia constitucional/
PROPIEDAD INTELECTUAL-Alcance del concepto/PROPIEDAD
INTELECTUAL-Protección constitucional/PROPIEDAD
INTELECTUAL-Amplio margen de configuración legislativa
[L]a protección que el Estado le otorga a los derechos de autor no
necesariamente es uniforme, pues depende de las garantías que se adopten
por el legislador, en respuesta a las características propias de la diversidad
de obras que abarcan esta disciplina. No obstante, el ejercicio del ámbito de
configuración del legislador tiene como límites los postulados superiores que
orientan a su protección, junto con el contenido de los derechos que se
interrelacionan en su desarrollo, como ocurre con la libertad de expresión y
el derecho al libre desarrollo de la personalidad. Adicionalmente, en caso de
establecer restricciones al disfrute de los derechos de autor, se requiere que
ellas sean razonables y proporcionales
DERECHOS DE AUTOR-Fundamento, alcance y límites
LIBERTAD DE CONFIGURACION LEGISLATIVA EN
MATERIA DE DERECHOS DE AUTOR-Contenido/LIBERTAD
DE CONFIGURACION LEGISLATIVA EN MATERIA DE
DERECHOS DE AUTOR-Jurisprudencia constitucional/LIBERTAD
DE CONFIGURACION LEGISLATIVA EN MATERIA DE
DERECHOS DE AUTOR-Límites
DERECHOS DE AUTOR-Contenido/DERECHOS DE AUTOR-
Comprende derechos morales y patrimoniales
DERECHOS PATRIMONIALES DE AUTOR-Categorías
DECISION ANDINA 351 DE 1993-Regulación en cuanto a los
derechos morales de autor hace parte del bloque de constitucionalidad
DERECHOS PATRIMONIALES DE AUTOR-Alcance en obras
audiovisuales
La decisión del legislador dio lugar a la (i) creación de un nuevo derecho
patrimonial a favor de los autores de obras audiovisuales; (ii) de carácter
irrenunciable e intransferible; (iii) cuyo soporte material se refiere al pago de
una remuneración equitativa por cada acto de comunicación pública,
incluida la puesta a disposición y el alquiler comercial, con excepción de los
acciones previstas en el parágrafo 2 del precepto bajo examen; (iv) dicha
prestación se asume únicamente por el usuario, utilizador o emisor público de
la obra; (v) con la restricción de que su consagración no puede dar lugar a la
suspensión, alteración o prohibición de su producción, ni de su normal
explotación económica, así como tampoco puede llegar a afectar “los demás
derechos que a los autores (…) les reconoce la Ley 23 de 1982 y demás
normas que la modifiquen o adicionen”.
AUTONOMIA DE LA VOLUNTAD PRIVADA-
Definición/AUTONOMIA DE LA VOLUNTAD PRIVADA-
Antecedentes históricos/AUTONOMIA DE LA VOLUNTAD
PRIVADA-Manifestaciones/AUTONOMIA DE LA VOLUNTAD
PRIVADA-Fundamento constitucional/AUTONOMIA DE LA
VOLUNTAD PRIVADA-Concepción moderna
IGUALDAD-Carácter de valor, principio y derecho fundamental
PRINCIPIO DE IGUALDAD-Mandatos que comprende
DERECHO A LA IGUALDAD-Carácter relacional
JUICIO DE IGUALDAD-Metodología de análisis/JUICIO DE
IGUALDAD-Etapas
DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD POR
VULNERACION DEL PRINCIPIO DE IGUALDAD-Requisitos en
la carga argumentativa
DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD POR
VULNERACION DEL PRINCIPIO DE IGUALDAD-
Incumplimiento de carga argumentativa
APLICACION DE LA LEY EN EL TIEMPO-Jurisprudencia
constitucional
NORMA SOBRE DERECHOS DE AUTOR-Derecho a la
remuneración equitativa por la comunicación pública de obras
audiovisuales no desconoce el principio de irretroactividad de la ley ni
desconoce derechos adquiridos
Esta Corporación concluyó que el cargo relacionado con la violación del
principio de irretroactividad de la ley y el desconocimiento de los derechos
adquiridos no estaba llamado a prosperar, porque el derecho a la
remuneración equitativa por la comunicación pública de obras audiovisuales
es un derecho nuevo, cuya creación a favor de los autores se consagra por
primera vez en la Ley 1835 de 2017, por lo que con anterioridad al citado
estatuto legal dicha prestación era inexistente, en la medida en que lo único
que se preveía eran derechos patrimoniales exclusivos de autor y no derechos
patrimoniales de mera o simple remuneración.
2
Referencia: Expediente D-12689
Asunto: Demanda de inconstitucionalidad
contra el artículo 1 (parcial) de la Ley
1835 de 2017, “por medio de la cual se
modifica el artículo 98 de la Ley 23 de
1982 ‘sobre derechos de autor’, se
establece una remuneración por
comunicación pública a los autores de
obras cinematográficas o Ley Pepe
Sánchez”
Demandante:
Angy Lorena Martínez Corredor
Magistrado Ponente:
LUIS GUILLERMO GUERRERO PÉREZ
Bogotá DC, veinte (20) de febrero de dos mil diecinueve (2019)
La Sala Plena de la Corte Constitucional, en cumplimiento de sus
atribuciones constitucionales y de los requisitos y trámites establecidos en el
Decreto 2067 de 1991, ha proferido la siguiente
SENTENCIA
I. ANTECEDENTES
En desarrollo de la acción pública de inconstitucionalidad consagrada en el
artículo 241, numeral 4, de la Constitución Política, la ciudadana Angy
Lorena Martínez Corredor instauró demanda de inconstitucionalidad contra el
artículo 1 (parcial) de la Ley 1835 de 2017, “por medio de la cual se modifica
el artículo 98 de la Ley 23 de 1982 ‘sobre derechos de autor’, se establece
una remuneración por comunicación pública a los autores de obras
cinematográficas o Ley Pepe Sánchez”.
En Auto del 28 de mayo de 2018, el Magistrado Sustanciador resolvió admitir
la demanda, dispuso su fijación en lista y, simultáneamente, corrió traslado al
señor Procurador General de la Nación para que rindiera el concepto de su
competencia. De igual manera dispuso comunicar la iniciación del presente
proceso de constitucionalidad al Ministerio de Justicia y del Derecho; al
Ministerio del Interior; a la Dirección Nacional de Derecho de Autor; a los
Directores Audiovisuales Sociedad Colombiana de Gestión (DASC); a la
Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (SAYCO); a la Asociación
Colombiana de Intérpretes y Productores Fonográficos (ACINPRO); a la Red
Colombiana de Escritores Audiovisuales (REDES); al Centro Colombiano de
3
Derechos de Autor (CECOLDA); al Centro de Estudios de Derecho del
Entretenimiento, Tecnología e Información de la Pontificia Universidad
Javeriana (CENTI); al Centro de Estudios en Propiedad Industrial, Derechos
de Autor y Nuevas Tecnologías de la Universidad Externado de Colombia; a
la Academia Colombiana de Jurisprudencia; y a las Facultades de Derecho de
las siguientes Universidades: Rosario, Sergio Arboleda, Libre y Nariño, para
que, si lo consideraban conveniente, intervinieran impugnando o defendiendo
la norma acusada.
Una vez recibido el concepto del Procurador General de la Nación y cumplido
el resto de los trámites previstos en el artículo 242 del Texto Superior y en el
Decreto 2067 de 1991, procede la Corte a resolver sobre la demanda de la
referencia.
II. NORMA DEMANDADA
A continuación, se transcribe el texto del precepto demandado, conforme con
su publicación en el Diario Oficial No. 50.259 del 9 de junio de 2017,
resaltando los apartes cuestionados por la accionante:
“Ley 1835 de 2017
(junio 9)
Por la cual se modifica el artículo 98 de la Ley 23 de 1982 ‘sobre
derechos de autor’, se establece una remuneración por
comunicación pública a los autores de obras cinematográficas o
Ley Pepe Sánchez.
El Congreso de Colombia
DECRETA
Artículo 1. Adiciónese el artículo 98 de la Ley 23 de 1982, el cual
quedará así:
Artículo 98. Los derechos patrimoniales sobre la obra
cinematográfica se reconocerán, salvo estipulación en contrario a
favor del productor.
Parágrafo 1. No obstante, la presunción de cesión de los derechos
de los autores establecidos en el artículo 95 de la presente ley,
conservarán en todo caso el derecho a recibir una remuneración
equitativa por los actos de comunicación pública incluida la puesta a
disposición y el alquiler comercial al público que se hagan de la obra
audiovisual, remuneración que será pagada directamente por quien
realice la comunicación pública.
La remuneración a que se refiere este artículo, no se entenderá
comprendida en las cesiones de derechos que el autor hubiere
4
efectuado con anterioridad a esta ley y no afecta los demás derechos
que a los autores de obras cinematográficas les reconoce la Ley 23
de 1982 y demás normas que la modifican o adicionan, así como sus
decretos reglamentarios.
En ejercicio de este derecho, los autores definidos en el artículo 95
de la presente ley, no podrán prohibir, alterar o suspender la
producción o la normal explotación comercial de la obra
cinematográfica por parte del productor.
Parágrafo 2. No se considerará comunicación pública, para los
efectos del ejercicio de este derecho, la que se realice con fines
estrictamente educativos, dentro del recinto o instalaciones de los
institutos de educación, siempre que no se cobre suma alguna por el
derecho de entrada. Así mismo, el pago o reconocimiento de este
derecho de remuneración no le es aplicable a aquellos
establecimientos abiertos al público que utilicen la obra audiovisual
para el entretenimiento de sus trabajadores, o cuya finalidad de
comunicación de la obra audiovisual no sea la de entretener con ella
al público consumidor con ánimo de lucro o de ventas.”
III. DEMANDA
3.1. A juicio de la accionante, el precepto legal demandado es contrario al
preámbulo y a los artículos 2, 4, 9, 13, 14, 16, 58, 61, 227 y 333 de la
Constitución Política1, junto con los artículos 9, 29, 30 y 31 de la Decisión
351 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena2 y el artículo 14 del Convenio
de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas3.
1
El artículo 2 refiere a los fines esenciales del Estado y entre ellos la demandante destaca el de “garantizar
la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución”; el artículo 4 dispone el
principio de supremacía constitucional; el artículo 9 establece que las relaciones exteriores se fundan en el
reconocimiento de los principios del derecho internacional aceptados por Colombia; el artículo 13 reconoce
el derecho a la igualdad; el artículo 14 plasma el derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica; el
artículo 16 consagra el derecho al libre desarrollo de la personalidad; el artículo 58 regula el principio de
irretroactividad de las leyes; el artículo 61 se ocupa de la protección de la propiedad intelectual; el artículo
227 trata de la promoción de la integración económica, social y política de Colombia con las demás naciones,
especialmente, con los países latinoamericanos; y el artículo 333 incorpora la libertad económica.
2
Las normas en cita disponen que: “Artículo 9. Una persona natural o jurídica, distinta del autor, podrá
ostentar la titularidad de los derechos patrimoniales sobre la obra de conformidad con lo dispuesto por las
legislaciones internas de los Países Miembros.” “Artículo 29. El derecho de autor puede ser transmitido
por sucesión de acuerdo a lo dispuesto en la legislación nacional aplicable.” “Artículo 30. Las
disposiciones relativas a la cesión o concesión de derechos patrimoniales y a las licencias de uso de las
obras protegidas, se regirán por lo previsto en las legislaciones internas de los Países Miembros.”
“Artículo 31. Toda transferencia de los derechos patrimoniales, así como las autorizaciones o licencias de
uso, se entenderán limitadas a las formas de explotación y demás modalidades pactadas expresamente en el
contrato respectivo.”
3
“Artículo 14. Derechos cinematográficos y derechos conexos: 1. Adaptación y reproducción
cinematográficas; distribución; representación, ejecución pública y transmisión por hilo al público de las
obras así adaptadas o reproducidas; 2. Adaptación de realizaciones cinematográficas; 3. Falta de
licencias obligatorias. 1) Los autores de obras literarias o artísticas tendrán el derecho exclusivo de
autorizar: (i) la adaptación y la reproducción cinematográficas de estas obras y la distribución de las obras
así adaptadas o reproducidas; (ii) la representación, ejecución pública y la transmisión por hilo al público
de las obras así adaptadas o reproducidas. // 2) La adaptación, bajo cualquier forma artística, de las
realizaciones cinematográficas extraídas de obras literarias o artísticas queda sometida, sin perjuicio de la
autorización de los autores de la obra cinematográfica, a la autorización de los autores de las obras
originales. // 3) Las disposiciones del Artículo 13.1) no son aplicables.” “Artículo 14bis. Disposiciones
5
3.2. Antes de explicar los cargos formulados contra la disposición acusada, la
demandante refiere a que originalmente el artículo 98 de la Ley 23 de 19824
tan solo consagraba la presunción de titularidad de los derechos patrimoniales
de autor de una obra audiovisual a favor de su productor, salvo que existiera
un acuerdo expreso en sentido contrario5. Esta medida se adoptó con ocasión
de los esfuerzos financieros, comerciales y técnicos necesarios para poder
llevar el producto al mercado y hacerlo económicamente viable.
Con base en la citada presunción, según afirma la accionante, los autores de
obras cinematográficas6 y los productores venían celebrando contratos de
producción audiovisual, y otros con diferentes denominaciones, por virtud de
los cuales los primeros transferían expresamente a los segundos los derechos
que la ley les otorga sobre sus creaciones.
En este escenario se produjo la expedición de la Ley 1835 de 2017 o Ley
Pepe Sánchez, en la que se introdujo en el sector cinematográfico el derecho a
recibir una remuneración equitativa por los actos de comunicación pública, a
favor de los autores de dicha especie de obra, que al afectar el alcance de la
presunción original consagrada en la Ley 23 de 1982 (toda vez que excluye
especiales relativas a las obras cinematográficas: 1. Asimilación a las obras « originales »; 2. Titulares del
derecho de autor; limitación de algunos derechos de determinados autores de contribuciones; 3. Algunos
otros autores de contribuciones. 1) Sin perjuicio de los derechos del autor de las obras que hayan podido
ser adaptadas o reproducidas, la obra cinematográfica se protege como obra original. El titular del derecho
de autor sobre la obra cinematográfica gozará de los mismos derechos que el autor de una obra original,
comprendidos los derechos a los que se refiere el artículo anterior. // 2) (a) La determinación de los titulares
del derecho de autor sobre la obra cinematográfica queda reservada a la legislación del país en que la
protección se reclame. // (b) Sin embargo, en los países de la Unión en que la legislación reconoce entre
estos titulares a los autores de las contribuciones aportadas a la realización de la obra cinematográfica,
éstos, una vez que se han comprometido a aportar tales contribuciones, no podrán, salvo estipulación en
contrario o particular, oponerse a la reproducción, distribución, representación y ejecución pública,
transmisión por hilo al público, radiodifusión, comunicación al público, subtitulado y doblaje de los textos,
de la obra cinematográfica. // (c) Para determinar si la forma del compromiso referido más arriba debe, por
aplicación del apartado (b) anterior, establecerse o no en contrato escrito o en un acto escrito equivalente,
se estará a lo que disponga la legislación del país de la Unión en que el productor de la obra
cinematográfica tenga su sede o su residencia habitual. En todo caso, queda reservada a la legislación del
país de la Unión en que la protección se reclame, la facultad de establecer que este compromiso conste en
contrato escrito o un acto escrito equivalente. Los países que hagan uso de esta facultad deberán notificarlo
al Director General mediante una declaración escrita que será inmediatamente comunicada por este último
a todos los demás países de la Unión. // (d) Por « estipulación en contrario o particular » se entenderá toda
condición restrictiva que pueda resultar de dicho compromiso. // 3) A menos que la legislación nacional no
disponga otra cosa, las disposiciones del apartado 2) (b) anterior no serán aplicables a los autores de los
guiones, diálogos y obras musicales creados para la realización de la obra cinematográfica, ni al realizador
principal de ésta. Sin embargo, los países de la Unión cuya legislación no contenga disposiciones que
establezcan la aplicación del párrafo 2) (b) citado a dicho realizador deberán notificarlo al Director
General mediante declaración escrita que será inmediatamente comunicada por este último a todos los
demás países de la Unión.” Énfasis realizado por la accionante.
4
“Sobre derechos de autor”.
5
La norma en cita sigue vigente y corresponde al actual inciso primero del precepto legal demandado,
conforme al cual: “Artículo 98. Los derechos patrimoniales sobre la obra cinematográfica se reconocerán,
salvo estipulación en contrario a favor del productor”. Al respecto, cabe aclarar que la Ley 23 de 1982, en el
artículo 8, define al productor cinematográfico como “la persona natural o jurídica que tiene la iniciativa,
la coordinación y la responsabilidad de la producción de la obra cinematográfica”, al tiempo que, en el
artículo 95, consagra como autores de dicha creación a los siguientes sujetos, a saber: “(a) el director o
realizador; (b) el autor del guion o libreto cinematográfico; (c) el autor de la música; y (d) el dibujante o
dibujantes, si se tratare de un diseño animado”.
6
Se entiende por obras cinematográficas “la cinta de video y videograma: la fijación, en soporte material,
de sonidos sincronizados con imágenes, o de imágenes sin sonidos”. Ley 23 de 1982, art. 8.
6
de la misma un valor vinculado con la distribución), causa tres violaciones de
naturaleza constitucional, sobre las cuales se erigen los cargos de la demanda.
Por lo demás, en esta parte introductoria, la accionante también explica que
las personas que no han intervenido en la creación de una obra, como ocurre
con el productor, pueden ser reconocidas como titulares de los derechos de
contenido patrimonial, por una de las siguientes vías: (i) por cesión, esto es, a
través de una transferencia de tipo convencional o por disposición legal 7; o
(ii) por presunción, como en el caso de las obras cinematográficas.
3.3. Con sujeción a lo anterior, la primera acusación que se formula refiere a
un supuesto desconocimiento de las normas constitucionales e internacionales
referentes a la autonomía de la voluntad privada. En concreto, tal y como se
señala en la demanda, el cargo se construye respecto de la expresión: “No
obstante, la presunción de cesión de los derechos de los autores establecidos
en el artículo 95 de la presente ley, conservarán en todo caso el derecho a
recibir una remuneración equitativa por los actos de comunicación pública
incluida la puesta a disposición y el alquiler comercial al público que se
hagan de la obra audiovisual, remuneración que será pagada directamente
por quien realice la comunicación pública”.
Para la accionante, la interrelación armónica de los artículos 14, 16 y 333 de
la Constitución dan origen a la autonomía de la voluntad8, como atribución
que le permite a toda persona capaz la potestad de crear, modificar y extinguir
relaciones jurídicas. A partir de dicha noción, se advierte que el precepto legal
en mención es contrario a la citada garantía constitucional, por cuanto
desconoce “la facultad que tienen los autores (personas naturales) de obras,
para disponer libremente de sus derechos subjetivos de comunicación
pública”9, que hacen parte del catálogo de atributos que ellos tienen a su favor
y que son, por esencia, susceptibles de disposición, como se aprecia a nivel
nacional10, internacional y comunitario. Incluso, tal naturaleza dispositiva ha
sido admitida por la jurisprudencia de la Corte, por lo que no cabe que una
norma desconozca antecedentes jurisprudenciales11.
En este orden de ideas, “si bien es cierto que el legislador tiene la facultad de
regular asuntos referentes a la propiedad intelectual y la manera como deben
ser protegidos los derechos de autor, tal [potestad] no tiene el alcance de
permitirle que a través de procesos legislativos desnaturalice el carácter
subjetivo y dispositivo de [dichos] derechos (…) y menos aún puede hacerlo,
7
La cesión convencional se realiza a través de un contrato entre autor o autores y el cesionario o titular
derivado, con un alcance que puede ser total o parcial, según se incluya la totalidad o solo algunos de los
atributos de los derechos patrimoniales. Por su parte, la cesión por disposición legal o cessio legis ocurre por
virtud de un mandato imperativo previsto en el ordenamiento jurídico, para los casos que allí mismo se
disponen.
8
Como ya se dijo, artículo 14 plasma el derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica; el artículo 16
consagra el derecho al libre desarrollo de la personalidad; y el artículo 333 incorpora la libertad económica.
9
Folio 8 del cuaderno 1.
10
En concreto se cita el artículo 3 de la Ley 23 de 1982, según el cual: “Artículo 3. Los derechos de autor
comprenden para sus titulares las facultades exclusivas: a) De disponer de su obra a título gratuito u
oneroso bajo las condiciones lícitas que su libre albedrio dicte. (…)” Énfasis de la accionante.
11
Se hace alusión a la Sentencia C-966 de 2012, M.P. María Victoria Calle Correa.
7
si con tales disposiciones contraviene los tratados internacionales en la
materia y las normas comunitarias que, sobre el particular, establecen la libre
disposición de los derechos patrimoniales de autor”12.
Precisamente, la demandante cita los artículos 9, 29, 30 y 31 de la Decisión
351 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena13, con miras a señalar que la
norma impugnada desconoce disposiciones supranacionales que refieren a la
plena disponibilidad de los derechos patrimoniales de autor14, cuya evidente
contradicción no permite decisión distinta a declarar su inexequibilidad, al
tratarse de un régimen normativo que integra el bloque de constitucionalidad.
Por esta misma razón, indica que el precepto acusado es contrario al artículo
227 del Texto Superior, toda vez que, en función del mandato de integración
económica, social y política que allí se dispone15, la citada Decisión 351 de
1993, relativa al régimen común sobre derechos de autor y derechos conexos,
indica en el artículo 9, que cualquier persona natural y jurídica, distinta del
autor, podrá ostentar la titularidad de los derechos patrimoniales sobre obras
literarias, artísticas o científicas, lo que significa que su contenido es por
esencia transferible, transmisible y enajenable, lo cual se desconoce a través
de la conservación, en todo caso, del derecho a la remuneración equitativa de
los autores por la comunicación pública de creaciones cinematográficas. Para
la accionante, una norma nacional no puede desconocer o pretender modificar
disposiciones sobre aspectos regulados por la legislación comunitaria, en
donde claramente, a su juicio, los derechos patrimoniales, sin distinción, se
someten al principio de libre disposición, pues ello igualmente conduciría a la
violación del artículo 9 de la Constitución, conforme al cual las relaciones
exteriores se fundan en el reconocimiento de los principios del derecho
internacional aceptados por Colombia.
3.4. La segunda acusación que se alega supone una vulneración del derecho a
la igualdad consagrado en el artículo 13 de la Carta y su formulación se
orienta a cuestionar el mismo aparte del precepto legal demandado expuesto
en el cargo anterior, a saber: “No obstante, la presunción de cesión de los
derechos de los autores establecidos en el artículo 95 de la presente ley,
conservarán en todo caso el derecho a recibir una remuneración equitativa
por los actos de comunicación pública incluida la puesta a disposición y el
alquiler comercial al público que se hagan de la obra audiovisual,
remuneración que será pagada directamente por quien realice la
comunicación pública”.
12
Folio 9 del cuaderno 1.
13
Que fueron objeto de cita en la nota a pie No. 2.
14
La accionante resalta de manera particular el artículo 9 de la Decisión 351, subrayando los siguientes
apartes: “Artículo 9. Una persona natural o jurídica, distinta del autor, podrá ostentar la titularidad de los
derechos patrimoniales sobre la obra de conformidad con lo dispuesto por las legislaciones internas de los
Países Miembros.”
15
La norma en cita dispone que: “El Estado promoverá la integración económica, social y política con las
demás naciones y especialmente, con los países de América Latina y del Caribe mediante la celebración de
tratados que sobre bases de equidad, igualdad y reciprocidad, creen organismos supranacionales, inclusive
para conformar una comunidad latinoamericana de naciones. La ley podrá establecer elecciones directas
para la constitución del parlamento andino y del parlamento latinoamericano”.
8
En criterio de la accionante, el trato desigual se presenta entre el autor de una
obra cinematográfica respecto de los autores de otro tipo de obras colectivas,
es decir, obras que son producidas por un grupo de autores, por iniciativa y
bajo la orientación de una persona natural o jurídica que la coordine bajo su
nombre, tal como ocurre con algunas obras literarias, las obras de multimedia
([Link], los videojuegos) y ciertos programas de ordenador (software).
En este sentido, afirma que la desigualdad se presenta “en la medida en que
los autores de obras diferentes a las cinematográficas mantendrán la facultad
de transferir todos sus derechos patrimoniales sin limitación alguna”16. Caso
contrario a lo que ocurre respecto de este último creador, el cual tiene
prohibido ejercer el atributo de disposición frente al derecho de remuneración
por comunicación pública, sin que existan razones que validen, legitimen o
justifiquen dicha distinción de trato.
3.5. El tercer y último cargo se concreta en el presunto desconocimiento de
los derechos adquiridos y de la prohibición de retroactividad de la ley, como
garantías previstas en el artículo 58 de la Constitución Política. La acusación
se encamina específicamente al siguiente aparte de la norma demandada: “La
remuneración a que se refiere este artículo, no se entenderá comprendida en
las cesiones de derechos que el autor hubiere efectuado con anterioridad a
esta ley (…)”.
Para justificar la vulneración que se alega, la accionante señala que, en
materia de obras cinematográficas, antes de la entrada en vigencia de la Ley
1835 de 2017, la transferencia de los derechos patrimoniales operaba por las
dos vías existentes en el ordenamiento jurídico, según se acogiera por los
interesados, esto es, (i) la cesión de carácter convencional o (ii) la presunción
legal17.
Por consiguiente, cuando el precepto impugnado señala que el derecho de
remuneración por comunicación pública que ahora se reconoce a los autores
es intransferible y, por ende, no se entiende comprendido en las cesiones de
derechos realizadas con anterioridad a la ley que se demanda, lo que está
haciendo es desconociendo una situación jurídica consolidada en cabeza de
un tercero cesionario de los derechos (ya sea por convenio o por presunción
legal), y con ello vulnerando la garantía de los derechos adquiridos.
De esta manera, la demandante concluye que “[de] mantenerse la norma
demandada, los titulares derivados de derechos patrimoniales de autores de
obras cinematográficas, se enfrentarían a un escenario de inseguridad jurídica,
al encontrarse que los derechos que obtuvieron previamente, de conformidad
con la ley hasta entonces vigente, son desconocidos por el legislador por una
ley posterior y, en consecuencia, extraídos de su esfera patrimonial, sin que
16
Folio 15 del cuaderno 1.
17
El original artículo 98 de la Ley 23 de 1982 únicamente establecía que: “Los derechos patrimoniales sobre
la obra cinematográfica se reconocen, salvo estipulación en contrario a favor del productor”.
9
medie o se configure una situación prevista para tal fin por el ordenamiento
jurídico”18.
IV. INTERVENCIONES
4.1. Intervención del Congreso de la República
El Secretario General del Congreso de la República, actuando por delegación
del Presidente de dicha Corporación, solicita a la Corte declarar exequible el
precepto legal demandado. En lo que refiere al supuesto desconocimiento de
la autonomía de la voluntad, el interviniente afirma que el citado derecho no
tiene un carácter absoluto, de ahí que admite limitaciones en aras de alcanzar
un interés público o general, como ocurre con los derechos de autor,
calificados por el legislador como de interés social19. Por lo demás, la
protección a los autores se justifica por estar en una posición de desventaja
frente a los productores, al momento de negociar sus derechos patrimoniales.
Frente a la presunta violación del derecho a la igualdad, sostiene que el cargo
no está llamado a prosperar, pues el alcance de los derechos patrimoniales de
autor depende del tipo de creación que es objeto de protección en la ley. Por
ello, aun cuando pueden encontrarse medidas similares a la cuestionada (tal
como se observa en el caso de los artistas con el artículo 173 de la Ley 23 de
1982)20, nada impide que se adopte un régimen distinto y que responda a las
particularidades de cada obra o producción. Aunado a lo anterior, agrega que
distintos organismos internacionales señalan que se justifica otorgar un trato
diferente a los autores de obras audiovisuales, por las condiciones particulares
de su creación21. Incluso, en caso de realizar un test, destaca que el fin válido
de la medida se encuentra en la necesidad de proteger la producción artística
nacional y, por esa vía, incentivar el empleo y generar riqueza.
Finalmente, en lo que concierne al cargo vinculado con la supuesta aplicación
retroactiva de la ley, el interviniente señala dos argumentos para descartar su
procedencia. El primero relacionado con el desconocimiento de la carga de
certeza, pues la norma demandada lo que hace es crear un nuevo derecho
remuneratorio que no afecta los eventuales derechos patrimoniales de los
18
Folio 22 del cuaderno 1. Cabe destacar que, con fundamento en los tres cargos expuestos, la accionante
solicita la declaratoria de inexequibilidad de los apartes demandados del artículo 1º de la Ley 1835 de 2017,
que modificó el artículo 98 de la Ley 23 de 1982. Sin embargo, de forma subsidiaria, pide que se declare la
exequibilidad condicionada en el “entendido de que no se desconocerán las disposiciones que sobre derechos
de autor hayan realizado sus titulares con anterioridad a la vigencia de la norma acusada, y que los titulares
de derechos autor pueden disponer completamente de sus derechos y que esta presunción puede aplicar para
los casos en que no haya disposición expresa sobre el derecho de remuneración a que se refiere la norma
demandada, es decir de manera supletiva”. Folio 4 el cuaderno principal.
19
Ley 23 de 1982, art. 2.
20
La norma en cita dispone que: “Artículo 173. Cuando un fonograma publicado con fines comerciales, o
una reproducción de este fonograma se utilicen directamente para radiodifusión o para cualquier otra
forma de comunicación al público, el utilizador abonará una remuneración equitativa y única, destinada a
la vez a los artistas, intérpretes o ejecutantes y al productor del fonograma, suma que será pagada por el
utilizador a los artistas intérpretes o ejecutantes y a los productores de fonogramas, a través de las
sociedades de gestión colectiva constituidas conforme a la ley, y distribuida por partes iguales”. En igual
sentido se alude a los intérpretes de obras y grabaciones audiovisuales protegidos por la Ley Fanny Mikey.
21
Se citan la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y la Confederación Internacional de
Sociedades de Autores y Compositores (CISAC).
10
productores, toda vez que el pago lo deben realizar los emisores o usuarios
finales de las obras con destino exclusivo a los autores. Y, el segundo, por
virtud del cual se sostiene que el efecto que produce el precepto demandado
es de carácter retrospectivo y no retroactivo, ya que su rigor normativo solo es
aplicable a partir de su promulgación22, por lo que regula tanto los actos que
se celebren desde ese momento, como aquellos que fueron acordados con
anterioridad, pero solo desde la entrada en vigor de la Ley 1835 de 2017. Esto
significa que no se desconocen derechos adquiridos, en especial, cuando la
retrospectividad se justifica por el interés general que subyace en incentivar la
creación artística y en mejorar las condiciones de vida de los autores.
4.2. Intervención del Ministerio del Interior
4.2.1. El Ministerio del Interior solicita a este Tribunal declararse inhibido
para resolver el fondo del asunto, por ineptitud sustantiva de la demanda o, en
subsidio, declarar exequible la norma acusada. Inicialmente, plantea que la
acusación no satisface las cargas mínimas que envuelven la formulación de
un cargo de inconstitucionalidad, por cuanto las razones que se exponen se
derivan de una particular interpretación que tiene la accionante del régimen
de los derechos de autor, sin que se haga evidente la contrariedad entre el
precepto legal demandado y las normas del Estatuto Superior.
4.2.2. A pesar de lo anterior, considera que no se afecta la autonomía de la
voluntad, por cuanto la disposición impugnada simplemente reconoce un
derecho y no limita la posibilidad de comercializar, publicitar o explotar la
obra. En cuanto al derecho a la igualdad, afirma que el precepto no realiza
ninguna distinción de trato frente a quienes se dedican a realizar creaciones
cinematográficas. Finalmente, aclara que de ninguna manera la ley acusada es
retroactiva, pues sus efectos o consecuencias en derecho se producen con
posterioridad a su promulgación.
4.3. Intervención de la Dirección Nacional de Derecho de Autor (DNDA)
4.3.1 El Jefe de la Oficina Asesora Jurídica de la DNDA solicita a la Corte
proferir un fallo inhibitorio y, en subsidio, declarar la exequibilidad del
precepto legal impugnado. En cuanto a la primera pretensión, manifiesta que
se desconocen las cargas de especificidad, pertinencia y suficiencia que rigen
la formulación de las demandas de inconstitucionalidad, (i) porque no se
evidencia la violación de una norma superior; (ii) porque se acude al uso de
normas legales y supranacionales como parámetros de control; y (iii) porque
no se logra desvirtuar la presunción de validez de la disposición demandada.
4.3.2. En cuanto a la segunda pretensión, el interviniente concluye que la
norma acusada no viola ninguna disposición constitucional, por las siguientes
razones: (a) frente a la autonomía de la voluntad, menciona que el ámbito de
protección y el alcance de los derechos de autor, tanto en su competente
22
El artículo 2 de la Ley 1835 de 2017 dispone que: “Artículo 2. Vigencia. La presente ley rige a partir de
su promulgación y deroga todas aquellas que le sean contrarias”.
11
moral como patrimonial, no depende del creador o productor de una obra sino
del legislador, tal como se consagra en el artículo 61 de la Constitución23, de
suerte que no cabe reparo alguno en relación con la decisión del Congreso de
crear un nuevo derecho para los autores –distinto de los ya existentes– y de
otorgarle al mismo el carácter de irrenunciable. Esta determinación se adoptó
por el interés general de incentivar la producción audiovisual y de estimular la
labor creativa y artística de directores, guionistas, músicos y dibujantes.
Textualmente, sobre el cambio normativo producido, la DNDA explica que:
“Teniendo en cuenta el contexto señalado anteriormente, es preciso
señalar que antes de la entrada en vigencia de la Ley 1835 de 2017,
nuestro ordenamiento jurídico establecía que los derechos
patrimoniales se reconocían, salvo estipulación en contrario a favor
del productor, es decir, los autores que indica el artículo 95 de la Ley
23 de 1982 en la mayoría de los casos (por no decir en todos) no
conservaban ningún derecho patrimonial, lo que imposibilitaba
generar algún tipo de retribución de tipo económico en su favor a
causa de la explotación de sus obras. // Lo que la Ley 1835 de 2017, o
Ley Pepe Sánchez, vino a reconocer a los autores de las obras
audiovisuales, fue un nuevo derecho a recibir una remuneración
equitativa por la comunicación pública, incluida la puesta a
disposición y el alquiler comercial al público que se haga de la obra,
remuneración que debe ser pagada directamente por quien realice la
comunicación pública”24.
La ley recoge así la experiencia reciente de otras legislaciones en el mundo
que han venido consagrando este derecho y que le han otorgado igualmente el
carácter de irrenunciable. Sobre el particular, se cita la Ley 20.243 de Chile25,
la Ley de Propiedad Intelectual de España26 y la Directiva 2001/29/CE de la
Comunidad Europea27.
23
La norma en cita dispone que: “Artículo 61. El Estado protegerá la propiedad intelectual por el tiempo y
mediante las formalidades que establezca la ley”:
24
Folio 239 del cuaderno 2.
25
En particular, el artículo 3 dispone que: “Artículo 3. El artista intérprete y ejecutante de una obra
audiovisual, incluso después de la cesión de sus derechos patrimoniales, tendrá el derecho irrenunciable e
intransferible de percibir una remuneración por cualquiera de los siguientes actos que se realicen
respecto de soportes audiovisuales de cualquier naturaleza, en que se encuentran fijadas o representadas
sus interpretaciones o ejecuciones audiovisuales: a) La comunicación pública y radiodifusión que realicen
los canales de televisión, canales de cable, organismos de difusión y salas de cine, mediante cualquier tipo
de emisión, análogo o digital; // b) La puesta a disposición por medios digitales interactivos; // c) El
arrendamiento al público; y // d) La utilización directa de un videograma o cualquier otro soporte
audiovisual o una reproducción del mismo, con fines de lucro, para su difusión en un recinto o lugar
accesible al publico mediante cualquier instrumento idóneo. // La remuneración a que se refiere este
artículo no se entenderá comprendida en las cesiones de derechos que el artista hubiere efectuado con
anterioridad a esta ley y no afecta los demás derechos que a los artistas intérpretes de obras les reconoce
la Ley 17.336, sobre propiedad intelectual.” Énfasis realizado por el interviniente. Esta ley se complementa
con la Ley 20.959 o Ley Ricardo Larraín, en cuyo artículo 1º, extiende la protección señalada a directores y
guionistas. Precisamente, la norma en cita establece que: “Artículo 1. Los directores y guionistas de las
obras audiovisuales gozarán también del derecho irrenunciable e intransferible a recibir la remuneración
establecida en el artículo 3 de la Ley 20.243, con las limitaciones y excepciones contenidas en el Título III
de la Ley 17.336, cuando sean procedentes. (…)”. Énfasis realizado por el interviniente.
26
“Artículo 90. (…) 3. En todo caso, y con independencia de lo pactado en el contrato, cuando la obra
audiovisual sea proyectada en lugares públicos mediante el pago de un precio de entrada, los autores
mencionados en el apartado 1 de este artículo tendrán derecho a percibir de quienes exhiban
12
Por otra parte, (b) en lo que refiere al cargo por el supuesto desconocimiento
del derecho a la igualdad, el interviniente advierte que este juicio tan solo es
procedente cuando los sujetos comparados se hallan en iguales condiciones,
lo cual no sucede en el caso bajo examen, pues cada obra literaria o artística
tiene una regulación particular, que le dota de unas características únicas que
provienen del tipo de creación o producción que se realiza. De suerte que, “si
bien la legislación les concede derechos de exclusiva tanto a los autores
audiovisuales como a los demás autores de obras literarias o artísticas, lo
cierto es que, a los primeros, el artículo 98 de la Ley 23 de 1982, les indica
que los derechos patrimoniales sobre la obra audiovisual se reconocerán,
salvo estipulación en contrario a favor del productor, situación que no es
aplicable a los segundos. // Por tal razón, el legislador, en el marco de su
autonomía, les concedió un derecho de remuneración por la comunicación
pública, incluida la puesta a disposición y alquiler comercial (…) que se haga
de sus obras, sin que ello implique la desmejora o la perdida (…)”28 de los
derechos de los productores, los cuales, como se señala en la ley, continúan
bajo su titularidad sin ninguna alteración.
Por último, (c) se descarta el cargo referente a la aplicación retroactiva de la
ley, ya que la norma objeto de demanda no derogó ni expresa ni tácitamente
ninguna disposición legal o contractual que consagre derechos patrimoniales
a favor de los productores. Lo que realmente ocurrió con la entrada en vigor
de la Ley 1835 de 2017, en palabras del interviniente, “es que se incorporó a
nuestro ordenamiento un nuevo derecho patrimonial no exclusivo sino de
remuneración para los autores de obras audiovisuales por la comunicación
pública, incluida la puesta a disposición y [el] alquiler comercial (…), el cual
no va en detrimento ni afecta los derechos de los productores audiovisuales
(…).”29 La importancia de este derecho, en la práctica, se encuentra en que las
producciones audiovisuales producidas en Colombia han venido cobrando
valor a nivel internacional, lo que ha implicado que creaciones como “Betty
la Fea”, “El Chinche” y la “Estrategia del Caracol”, entre otras, sean otra vez
objeto de distribución en el público, justificando la creación de un derecho
mínimo de remuneración, a favor de todos los autores de dicho patrimonio.
4.4. Intervención del Centro Colombiano de Derechos Reprográficos
(CDR), de la Asociación Colombiana de Intérpretes y Productores
Fonográficos (ACINPRO) y de la Sociedad de Autores y Compositores de
Colombia (SAYCO)30
públicamente dicha obra un porcentaje de los ingresos procedentes de dicha exhibición pública. (…)”.
Énfasis del interviniente.
27
“(…) 10. Para que los autores y los intérpretes puedan continuar su labor creativa y artística, deben
recibir una compensación adecuada por el uso de su obra, al igual que los productores, para poder
financiar esta labor. (…)”.
28
Folio 243 del cuaderno 2.
29
Folio 244 del cuaderno 2.
30
Esta intervención también aparece suscrita por los Directores Audiovisuales Sociedad Colombiana de
Gestión (DASC) y por la Red Colombiana de Escritores Audiovisuales, de Teatro, Radio y Nuevas
Tecnologías (REDES), los cuales igualmente presentaron escritos individuales ante la Corte, que serán objeto
de resumen más adelante.
13
El conjunto de intervinientes previamente mencionados solicita a la Corte
declarar la exequibilidad del precepto demandado. Para comenzar realiza una
explicación de la ley, en la que advierte que su regulación sigue la tendencia
mundial de crear un derecho de mera o simple remuneración a favor de los
autores de obras audiovisuales, que se origina por su comunicación pública y
sin afectar los derechos patrimoniales que tenga el productor. En línea con lo
anterior, resalta los casos de Argentina, España, Chile, Estonia31, Francia32,
Italia, México y Polonia.
Al momento de analizar los cargos formulados, los intervinientes inician con
lo referente a la supuesta violación de la autonomía de la voluntad, estudio en
el que concluyen que, si bien es cierto que la ley limita la libre disposición del
derecho de remuneración equitativa, una concepción moderna de la garantía
que se invoca como vulnerada admite que, en determinados casos, sea válida
su restricción con miras a proteger intereses superiores. Ello es lo que ocurre
en el caso sub-judice, al consagrar un derecho irrenunciable e intransferible a
favor de los autores de obras audiovisuales, que busca dar impulso a la cultura
y al intelecto, al mismo tiempo que vela por el mínimo vital, el trabajo y la
solidaridad de quienes han dado lugar a esas creaciones, en términos acordes
con los artículos 1, 25 y 95 del Texto Superior.
Luego, al abordar el cargo por violación del derecho a la igualdad, señalan
que los autores de obras audiovisuales no se encuentran en una misma
situación fáctica que el resto de los autores de obras colectivas, pues su
régimen normativo es distinto, como lo son los derechos que surgen a su
favor. A contrario sensu, la ley demandada si busca equiparar las condiciones
de los partícipes de un mismo sector, cuando se advierte que el derecho a la
remuneración equitativa, ya se previó para los actores y actrices de obras
audiovisuales con la Ley Fanny Mikey33.
Para finalizar, en lo correspondiente al cargo por violación del principio de
irretroactividad de la ley, los intervinientes destacan que sus mandatos solo se
hacen exigibles a partir de su promulgación, por lo que “los exhibidores de
cine, los canales de televisión, las plataformas digitales, los establecimientos
31
La Ley de Derechos de Autor de 1992 dispone lo siguiente: “Artículo 14. (…) se presume, para el autor el
derecho a una remuneración equitativa dada por el proveedor de servicios de televisión, arrendador o
cualquier otra persona que utiliza la obra audiovisual. Cualquier acuerdo que estipule la renuncia al
derecho a recibir remuneración equitativa será considerada nula”.
32
La orden del 15 de febrero de 2007 establece que: “Artículo 1. Las partes acuerdan una remuneración
mínima a nombre de los autores, respecto de la explotación de sus películas, mediante cualquier medio de
telecomunicación por el que se puedan comunicar al público, a acordar un precio individual por las obras,
incluyendo pago por ver y por suscripción, este derecho de remuneración será percibido directamente por la
SACD con los servicios de comunicación audiovisual en cuestión. (…)”.
33
El artículo 1º de la Ley 1403 de 2010 señala que: “Artículo 1. Adiciónese el artículo 168 de la Ley 23 de
1982, el cual quedará así: Artículo 168. Desde el momento en que los artistas, intérpretes o ejecutantes
autoricen la incorporación de su interpretación o ejecución en una fijación de imagen o de imágenes y
sonidos, no tendrán aplicación las disposiciones contenidas en los apartes b) y c) del artículo 166 y c) del
artículo 167 anteriores. Parágrafo 1. Sin perjuicio de lo contemplado en el párrafo anterior, los artistas
intérpretes de obras y grabaciones audiovisuales conservarán, en todo caso, el derecho a percibir una
remuneración equitativa por la comunicación pública, incluida la puesta a disposición y el alquiler
comercial al público, de las obras y grabaciones audiovisuales donde se encuentren fijadas sus
interpretaciones o ejecuciones. En ejercicio de este derecho no podrán prohibir, alterar o suspender la
producción o la normal explotación comercial de la obra audiovisual por parte de su productor, utilizador o
causahabiente.” Énfasis por fuera del texto original.
14
donde se comuniquen o alquilen obras (…) [únicamente] están obligados a
cancelar la remuneración equitativa de que trata la ley, respecto de aquellos
usos realizados a partir del 9 de junio de 2017”34. Además, la expresión: “no
se entenderá comprendida en las cesiones de derechos que el autor hubiere
efectuado con anterioridad a esta ley”, responde al sentido común de aclarar
que, por tratarse de un nuevo derecho, creado por el legislador con un carácter
de mera o simple remuneración, no puede estar incorporado en las cesiones
contractuales que se hubieren celebrado previo a la publicación de la ley.
En este sentido, advierten que la Ley 1835 de 2017 fue muy cuidadosa en “no
afectar derechos adquiridos, ni situaciones consolidadas, particularmente de
los productores audiovisuales. Tanto es así, que en ningún aparte de la ley se
modifican los derechos exclusivos que [dicho sujeto] tiene respecto de la
obra, bien los que por presunción legal se le entienden transferidos (con los
artículos 98 y 103 de la Ley 23 de 1982) o los derechos (…) que el autor o
autores de la obra le hubieren cedido voluntariamente”35.
4.5. Intervención de la Cooperación Colombiana de Documentalistas
(ALADOS)
La Cooperación Colombiana de Documentalistas (ALADOS), organización
sin ánimo de lucro que agrupa a 72 creadores, realizadores y productores de
documentales, solicita a la Corte declarar la exequibilidad de la disposición
demandada. A su juicio, el derecho a la remuneración equitativa entra a
coexistir con el resto de derechos de autor que se prevén en la ley, con la
finalidad de asegurar el trabajo y las condiciones básicas de subsistencia de
los creadores de obras audiovisuales, entre otras, corrigiendo la desproporción
derivada de la presunción de cesión de los derechos patrimoniales a favor de
los productores que, en muchas ocasiones, condujo a una clara situación de
desamparo y desigualdad frente a los directores, guionistas, dibujantes, etc.
4.6. Intervención de la Sociedad Colombiana de Gestión (ACTORES)
La Sociedad Colombiana de Gestión (ACTORES) pide a la Corte declarar la
exequibilidad de los apartes acusados del artículo 1º de la Ley 1835 de 2017,
con fundamento en la distinción que existe entre los derechos exclusivos y de
simple remuneración. Los primeros que le permiten al productor, en el caso
de las obras audiovisuales, disponer de su reproducción, distribución, fijación,
y comunicación al público, al paso que los segundos excluyen cualquier acto
de disposición sobre quien ostenta la condición de autor, con el beneficio de
otorgarle una suma equitativa por la explotación comercial de su creación.
Esto es lo que ocurre con el precepto legal demandado, en el que preserva la
presunción de cesión de derechos patrimoniales a favor del productor,
respecto las facultades exclusivas de disposición, con el fin de garantizar la
normal explotación de la obra. Al tiempo que, con la Ley Pepe Sánchez, se
34
Folio 378 del cuaderno 2.
35
Folio 379 del cuaderno 2.
15
incorpora un nuevo derecho para que quienes hicieron posible la existencia de
la obra, otorgándoles una remuneración equitativa cuando se proceda a su
comunicación pública, incluida la puesta a disposición y el alquiler comercial.
Este mismo régimen se aprecia en la legislación comparada, como es el caso
de Chile, España y Ecuador36.
En lo que corresponde a los cargos formulados, el interviniente señala que la
norma demandada no desconoce el derecho a la igualdad, por una parte,
porque los sujetos no son comparables, y por la otra, porque su finalidad es la
de proteger las condiciones de vida de un sujeto que, por las inversiones que
requieren las producciones audiovisuales, se halla sometido a una posición de
indefensión respecto de los productores. El carácter irrenunciable del derecho
a la remuneración equitativa se explica entonces como una garantía para
evitar que los autores sean constreñidos por las grandes productoras, para
entregar hacia el futuro un derecho que aspira a brindarles un trato digno.
Tampoco desconoce la prohibición de retroactividad de la ley, toda vez que la
interpretación que propone la accionante conduce a un despropósito jurídico,
ya que no es posible ceder en contratos preexistentes derechos que todavía no
han sido plasmados por el legislador, como ocurre con el previsto en la Ley
1835 de 2017. De ser ello posible, a su juicio, lo que se estaría admitiendo es
un escenario de abuso del derecho37.
4.7. Intervención de la Red Colombiana de Escritores Audiovisuales, de
Teatro, Radio y Nuevas Tecnologías (REDES)
4.7.1. La Presidenta de la Red Colombiana de Escritores Audiovisuales, de
Teatro, Radio y Nuevas Tecnologías (REDES), en escrito enviado el 24 de
agosto de 2018, solicita declarar exequible los apartes censurados del artículo
1º de la Ley 1835 de 2017. Inicialmente, a través de un ejercicio imaginativo,
resalta que en un mundo justo no sería necesario escribir una intervención
para defender un derecho humano, cuya finalidad no es otra que asegurar las
condiciones de vida de quienes son generadores de historias. En particular,
resalta que en Colombia ha sido una constante “ignorar la necesidad de
estabilidad laboral, económica y social que demanda un autor para ejercer
profesionalmente un oficio con el que, además de aportar a la cultura y a la
economía, debe vivir dignamente”38.
36
Al respecto, se cita el artículo 154 del Código Orgánico de la Economía Social de los Conocimientos,
Creatividad e Innovación, en el que se establece que: “Artículo 154. (…) El autor que haya transferido o
cedido a un productor de grabaciones audiovisuales su derecho de distribución mediante alquiler respecto
de un original o una copia de una grabación audiovisual, conservará el derecho irrenunciable a obtener una
remuneración equitativa por el alquiler de los mismos (…)”.
37
El interviniente concluye su escrito resaltando que la ley no pretende desconocer la importante labor que
desarrolla el productor, más bien, su objetivo es el de lograr “un justo equilibrio de los reconocimientos
económicos otorgados a los intervinientes en el proceso creativo. Así, el productor tendrá en su cabeza las
facultades exclusivas que lo habilitan para explotar libremente la obra, y los autores conservarán en todo caso
un derecho de remuneración que podrán hacer efectivo antes quienes realicen actos de comunicación
pública”. Folios 227 y 228 del cuaderno 2.
38
Folio 295 del cuaderno 2.
16
En seguida enfoca su documento en realizar dos importantes aclaraciones. La
primera es que los autores cobraran su derecho a la remuneración equitativa a
los emisores (medios que transmiten y perciben un beneficio económico por
ello, como la televisión, cines, etc.) y no al productor o financiador de la obra.
Este último, por el contrario, preserva plenamente sus derechos exclusivos a
autorizar o prohibir la comercialización pública de la creación realizada, sin
que los autores puedan cobrarle por las ventas que realice. Y, la segunda, que
el comercio de las producciones nacionales de televisión llega a 80 países,
siendo necesario la existencia de la Ley Pepe Sánchez para poder cobrar a los
emisores extranjeros la remuneración por comunicación, pues sin ella no es
posible suscribir contratos de reciprocidad con las sociedades de gestión
colectiva, que en cada país recaudan los derechos de directores, guionistas,
etc. Advierte que valores recolectados se guardan por cinco años, luego de los
cuales pasan a la propiedad de las sociedades extranjeras. En términos
estadísticos pone de presente que en su portafolio cuentan con más de 700
obras audiovisuales, que han permitido mejorar la vida de muchas personas.
4.7.2. Con posterioridad, en un nuevo escrito de esa misma fecha, a través de
un apoderado judicial, brinda razones para justificar la constitucionalidad de
la norma impugnada. Al respecto, inicia por aclarar que la Decisión 351 y el
Convenio de Berna hacen parte del bloque de constitucionalidad únicamente
en lo que respecta a los derechos morales de autor39, por lo que no resultan
aplicables para el caso bajo examen, ya que lo que se cuestiona es un derecho
patrimonial de contenido económico, como lo es la remuneración equitativa a
favor de los autores de obras audiovisuales.
Al examinar cada uno de los cargos propuestos, el interviniente resalta que la
autonomía de la voluntad privada debe entenderse como un principio que
puede ser limitado por causa del interés social o público y por la necesidad de
amparar derechos fundamentales derivados de la dignidad humana. Ello, visto
desde el caso sub-judice, le otorga plena validez a la restricción impuesta en
cuanto al carácter intransferible del derecho a la remuneración equitativa, ya
que la propia ley califica como de interés social a los derechos de autor, por el
papel que cumplen en el impulso de la cultura40. Por lo demás, excluir la libre
disponibilidad del citado derecho protege a los autores frente a la posición de
desventaja en que se encuentran respecto de los productores, aclarando que
estos últimos en nada se ven afectados, toda vez que quien debe asumir el
pago por la comunicación pública es el emisor de la obra.
No se aprecia un desconocimiento del derecho a la igualdad, (a) si se tiene en
cuenta que la medida adoptada persigue una finalidad legítima, como lo es
proteger y fomentar la creación literaria y artística; al tiempo que (b) cumple
con el criterio de idoneidad y no resulta desproporcionada, pues da respuesta
a las particularidades propias del mercado audiovisual.
39
Se menciona la Sentencia C-155 de 1998, M.P. Vladimiro Naranjo Meza.
40
Ley 23 de 1982, art. 2.
17
Finalmente, la norma demandada carece de un efecto retroactivo que de lugar
a la violación de los derechos adquiridos, ya que la prestación que se objeta
no estaba prevista en la ley, por lo que no puede afectar situaciones jurídicas
consolidadas con anterioridad a su vigencia. A juicio del interviniente, este
nuevo derecho no compite con las atribuciones del productor, en concreto,
con la capacidad de decidir sobre la comunicación pública de la obra, puesto
que se trata de “dos derechos diferentes, que coexisten y que no son
excluyentes entre sí”41.
Por consiguiente, el interviniente concluye destacando que el productor podrá
seguir detentando la totalidad de los derechos patrimoniales, cuando así se
estipule o surja de la presunción establecida en la ley, y, como consecuencia
de ello, podrá seguir percibiendo los derechos por la comunicación pública de
la obra. Esto nada tiene que ver “con un derecho nuevo y adicional que se
reconoce a los autores de obras cinematográficas, que no deben pagar los
productores”42, ni afecta sus derechos contractuales, al estar exclusivamente
dirigido a quienes las emiten.
4.8. Intervención de los Directores Audiovisuales Sociedad Colombiana
de Gestión (DASC)
Los Directores Audiovisuales Sociedad Colombiana de Gestión (DASC) le
solicitan a la Corte declarar la exequibilidad del artículo demandado. Frente al
cargo por desconocimiento de la autonomía de la voluntad, explican que el
derecho a la simple remuneración que se prevé en la Ley 1835 de 2017, no
afecta los derechos exclusivos de contenido patrimonial de los que es titular el
productor de obras audiovisuales, por lo que este podrá seguir disponiendo
libremente de ellos.
En lo que atañe a la acusación por violación del derecho a la igualdad, alegan
que la producción audiovisual se diferencia diametralmente de otras formas
de creación, como se advierte con la existencia de un capítulo especial que la
rige dentro de la Ley 23 de 198243, de suerte que no puede tratarse en los
mismos términos en que se regulan las demás obras colectivas. De existir una
vulneración del mandato a la igualdad, su fuente sería la ausencia de la Ley
Pepe Sánchez, si se tiene en cuenta que los intérpretes y ejecutantes de obras
audiovisuales ya son titulares del derecho a la remuneración equitativa, según
lo dispuesto en el artículo 1º de la Ley 1403 de 201044.
Para finalizar argumentan que no se quebranta el principio de irretroactividad
de la ley, pues la remuneración que se establece a favor de los directores,
guionistas, dibujantes, etc., solo es susceptible de ser recaudada a partir del 9
de junio de 2017, fecha en la que entró en vigor la Ley Pepe Sánchez. Lo que
se busca con la expresión cuestionada, que refiere a que este derecho no se
entenderá comprendido en las cesiones realizadas con anterioridad, es reiterar
41
Folio 281 del cuaderno 2.
42
Ibídem.
43
Ley 23 de 1982, capítulo VII.
44
Véase, al respecto, la nota a pie No. 33.
18
su fuerza vinculante hacia el futuro, al no hacer parte de las prestaciones que
podían ser objeto de negociación.
4.9. Intervención de Caracol Televisión
El Represente Legal de Caracol Televisión solicita declarar la inexequibilidad
de los preceptos impugnados. En esencia comparte los mismos argumentos
expuestos en la demanda, en particular, frente a la violación de la autonomía
de la voluntad privada, señala que norma acusada “(…) está convirtiendo el
derecho patrimonial de comunicación pública, que por su naturaleza es
transferible y renunciable, en un derecho moral irrenunciable e inalienable.
Ello no solo es incorrecto jurídicamente hablando (pues contradice el marco
legal y comunitario), sino que además genera una [confusión] en el ejercicio
del [citado] derecho (…), cuya cesión ya se había dado de parte del autor al
productor de la obra audiovisual[,] de manera voluntaria, al momento en que
(…) eligió participar en la producción”45, tal como se infiere de la presunción
prevista en la ley46. Por esta misma razón, estima que se infringe la Decisión
351 de 1993 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena, ya que el derecho a la
comunicación pública es por esencia un derecho transferible, al tenor de lo
dispuesto en el artículo 13 de dicha codificación47.
De igual forma, considera que el texto legal censurado vulnera la prohibición
de irretroactividad de la ley, ya que, en su criterio, “(…) desconoció por
completo las relaciones contractuales entre los autores y productores de obras
audiovisuales, en donde, no solo quedaba clara la transferencia de todos los
derechos patrimoniales de autor al productor, sino que se le había pagado una
suma de dinero, [tanto] por su prestación de servicios, [como] por las cesiones
de derechos correspondientes, esto incluye el derecho por comunicación
pública [que regula] la norma demandada”48.
Para concluir ratifica el cargo por violación del derecho a la igualdad, con la
misma tesis de que no se les permite a los autores de obras audiovisuales
ceder sus derechos patrimoniales a terceros, en concreto, en lo que refiere a la
garantía de la comunicación pública, como si ocurre con otros creadores de
obras colectivas.
4.10. Intervención de la Defensoría del Pueblo
La Defensora Delegada para Asuntos Constitucionales y Legales solicita a la
Corte declararse inhibida para tomar una decisión de fondo, con el argumento
de que la demanda incumple con la carga de certeza. Al respecto, sostiene
45
Folio 41 del cuaderno 1.
46
Se alude al original artículo 98 de la Ley 23 de 1982, el cual, como ya se dijo, dispone: “Artículo 98. Los
derechos patrimoniales sobre la obra cinematográfica se reconocerán, salvo estipulación en contrario a
favor del productor”.
47
“Artículo 13. El autor o, en su caso, sus derechohabientes, tienen el derecho exclusivo de realizar,
autorizar o prohibir: (…) b) La comunicación pública de la obra por cualquier medio que sirva para
difundir las palabras, los signos, los sonidos o las imágenes (…)”. Énfasis derivado del contexto de la
intervención.
48
Folio 42 del cuaderno 1.
19
que el argumento principal de la acusación refiere a que la norma demandada
limita la facultad de los autores cinematográficos para disponer de su derecho
patrimonial de comunicación pública, cuando en realidad su rigor normativo
se dirige a la creación de un nuevo derecho patrimonial, que reconoce una
contraprestación por la difusión abierta que se hagan de una obra, con las
excepciones que se consagran en el parágrafo 2 del precepto impugnado49. De
esta manera, las razones que se formulan no parten de una proposición real
sino de una deducida por la accionante.
4.11. Intervención de la Universidad del Rosario
El docente designado por la Universidad del Rosario pide a este Tribunal
declarar la exequibilidad de los textos censurados, con fundamento en que los
límites del derecho a la remuneración equitativa por la comunicación pública
de las obras, no debe confundirse con la titularidad derivada que existe sobre
los derechos patrimoniales que continúa bajo el dominio de los productores
audiovisuales. La idea que desarrolla la Ley 1835 de 2017 es que “(…) cada
vez que una película o un programa de televisión nacional sea exhibido en el
exterior o en cualquier canal (…), tanto el director de la producción como el
libretista, creador musical o animador reciba una remuneración económica,
que será pagada por (…) la entidad encargada de su transmisión”50. En este
orden de ideas, su finalidad es la de asegurar no solamente la igualdad de las
personas que vieron por décadas menospreciados sus derechos al no recibir en
momento alguno remuneración por sus creaciones, sino su dignidad como
autores y creadores de las obras finalmente producidas.
4.12. Intervención de la Universidad Sergio Arboleda
Los docentes designados por el director de la Universidad Sergio Arboleda
solicitan declarar la exequibilidad de la norma demandada. En concreto, en lo
que atañe al cargo por violación de la autonomía de la voluntad, destacan que
la limitación a la libre disponibilidad del derecho a la remuneración equitativa
tiene su génesis en la protección de la dignidad humana de los autores de
obras cinematográficas. Textualmente, expresan que su propósito es el de
permitirle a los directores y guionistas tener una vida digna y recibir ingresos
por su trabajo, “dado que la forma como estaba establecido el ordenamiento
jurídico y cómo funciona el mercado de las [producciones audiovisuales],
(…) [dejaba] a dichos autores en una desprotección absoluta”51.
En lo que corresponde al derecho a la igualdad, sostienen que los autores de
obras cinematográficas pueden ceder todos sus derechos patrimoniales, y que
49
El precepto en cita señala que: “No se considerará comunicación pública, para los efectos del ejercicio de
este derecho, la que se realice con fines estrictamente educativos, dentro del recinto o instalaciones de los
institutos de educación, siempre que no se cobre suma alguna por el derecho de entrada. Así mismo, el pago
o reconocimiento de este derecho de remuneración no le es aplicable a aquellos establecimientos abiertos al
público que utilicen la obra audiovisual para el entretenimiento de sus trabajadores, o cuya finalidad de
comunicación de la obra audiovisual no sea la de entretener con ella al público consumidor con ánimo de
lucro o de ventas”.
50
Folio 385 del cuaderno 2.
51
Folio 496 del cuaderno 3.
20
la restricción respecto de la garantía de la remuneración equitativa si bien
puede considerarse un trato desigual, su origen se remonta a la necesidad de
equilibrar la protección de directores y guionistas con los artistas, intérpretes
y ejecutantes musicales, a los cuales ya se les había otorgado el mencionado
derecho en la Ley 1403 de 201052.
Para concluir, frente al supuesto carácter retroactivo de la ley, advierten que
el derecho a la remuneración solo se reconoció a partir de 2017, por lo que no
podía ser objeto de cesión con anterioridad y, por ello, no estaba incluido en
los contratos celebrados antes de su vigencia. Así las cosas, no cabe argüir
una afectación que en la práctica es inexistente.
4.13. Intervención de la Universidad de Nariño
La Universidad de Nariño defiende la exequibilidad de la norma acusada, al
considerar que el derecho a la remuneración equitativa en las condiciones
previstas en la ley, en nada afecta los preceptos superiores que se invocan por
la accionante; regulación que, por lo demás, es acorde con los mandatos de la
Comisión del Acuerdo de Cartagena.
4.14. Intervenciones ciudadanas
4.14.1. Un grupo de 34 personas que invocan ser directores y autores de
obras audiovisuales, a través de escritos separados que tienen un mismo
contenido, solicitan a este Tribunal acoger los argumentos presentados por la
sociedad colombiana de gestión de derechos de autor que representa a los
directores audiovisuales, conocida como DASC53. Según se mencionó con
anterioridad, tal interviniente pide la declaratoria de exequibilidad de la
norma acusada.
Aunado a lo anterior, como contribución propia, agregan que la disposición
en cita realiza un reconocimiento a los autores de obras cinematográficas, que
en nada perjudica la explotación que sobre ellas se realiza por el productor,
toda vez que lo que se consagra es un derecho a recibir una remuneración
equitativa por los actos de comunicación pública, como garantía subjetiva que
hasta antes de la expedición de la Ley Pepe Sánchez no había sido consagrada
a nivel contractual o legal.
Para los intervinientes, el precepto demandado resulta beneficioso para todos
los sectores, ya que a mayor éxito del productor en la utilización de una obra,
más provecho económico para él y para quienes fueron sus autores, estos
52
Véase, al respecto, la nota a pie No. 33.
53
Se trata de los señores Harold Trompetero, Sergio Cabrera, Juan Carlos Villamizar Delgado, Cesar
Augusto Ibagón Espinosa, Mario Mitrotti, Diego León Hoyos Jaramillo, María Antonieta Navia (Toni
Navia), Alfredo Tappan V., Sergio Osorio, Andrés Biermann, Klych López, Ricardo Gabrielli R., Mario
Rivero Ferreira, María Isabel Escobar, Sandra Liliana Bocanegra Velásquez, Anselmo Calvo Villamizar,
Yuldor Gutiérrez, María Cecilia Vásquez Jaramillo, Camila Loboguerrero Vergara, Agustín Restrepo Isaza,
Rodrigo Triana Montaña, Luis Arturo Ortegón Sánchez, Carmen Teresa Saldarriaga García, Martha Liliana
Rosas R., Miguel Ángel Vásquez Aguirre, William Fernando Barragán Ordoñez, Mateo Stivelberg, Priscila
Padilla Farfán, Josephine Lilly Landertinger Forero, Santiago Vargas Henao, Andrés Baiz, Ciro Durán y
Roberto Reyes Toledo.
21
últimos a través del derecho a la remuneración equitativa que se cuestiona, sin
que, en todo caso, ellos puedan prohibir, alterar o suspender su explotación
comercial, como se advierte en la parte final del parágrafo 1º del artículo 1º
de la Ley 1835 de 201754. Esto significa que son los productores quienes
deciden sobre la comunicación pública de la obra, como derecho patrimonial
que se presume a su favor, con la única carga de tener que soportar que una
parte de la retribución se dirija a los creadores.
Según se advierte, sin la existencia de la ley se perderían los recursos que los
autores ya perciben en el exterior, producto de los convenios de reciprocidad
que se han firmado con países que ya recaudan el derecho a su favor y que
tienen leyes similares a la Pepe Sánchez, obligándolos a tener que recurrir
nuevamente a sociedades de gestión colectiva del exterior que les descuenta
un 10% del dinero percibido, recursos que se podrían utilizar por la DASC
para proteger a los autores colombianos que se encuentran en el olvido.
4.14.2. El ciudadano Julio Hernán Correal sostiene que la demanda pretende
vulnerar el derecho al trabajo y las condiciones básicas de vida de los autores
de obras videográficas, respecto de un derecho legítimamente adquirido por
vías democráticas. Agrega que la labor que por ellos se realiza se caracteriza
por la intermitencia, la variabilidad de los ingresos y la contratación a través
del esquema de la prestación de servicios, por lo que no tienen la posibilidad
de recurrir a las cesantías, como todo trabajador, para los tiempos en que se
encuentran inactivos. Por tal razón, cuando tal circunstancia ocurre, la única
fuente con la que cuentan para subsistir es el derecho a la remuneración
equitativa por la comunicación pública de sus obras, previsto en el precepto
demandado. Esta garantía se deriva, según afirma, de varias recomendaciones
de la ONU, en las que se sugirió otorgar un trato especial a los creadores para
salvaguardar su derecho a la seguridad social.
Finalmente, ilustra que sus obras “pueden ser transmitidas, retransmitidas,
dobladas, subtituladas y vendidas en más de una ocasión, tanto a canales,
operadores de cable, empresas de transporte, como a cadenas hoteleras. En
fin, a cualquier empresario que decida hacer uso de ellas para entretenimiento
de sus usuarios (…). [E]n cada una de estas retransmisiones y/o operaciones
comerciales, la única posibilidad que [tienen] hoy por hoy los escritores del
audiovisual en Colombia de percibir unos ingresos extras por [su] trabajo, es
la remuneración producto del derecho a la comunicación pública”55, como
prestación inviolable a su favor derivada de la norma impugnada, y cuya
existencia, como se expuso, se justifica en criterios de justicia.
4.14.3. El señor Orlando Ferreira Martínez señala que la norma acusada es
una expresión del Estado Social de Derecho, en aras de proteger a los autores
y realizadores de obras que divierten a la sociedad con leyendas, sueños y
cultura. Por su parte, el ciudadano Marco Antonio López Salamanca afirma
54
La norma en cita dispone que: “(…) En ejercicio de este derecho, los autores definidos en el artículo 95 de
la presente ley, no podrán prohibir, alterar o suspender la producción o la norma explotación comercial de
la obra cinematográfica por parte del productor”.
55
Folio 459 del cuaderno 3.
22
que el precepto demandado prevé un reconocimiento económico mínimo a
quien, con su creación, le ha dado valor a una obra. A su juicio, se trata de
compensar una deuda social e histórica que el país tiene con sus autores, por
el trabajo y aporte que han realizado al patrimonio cultural de la Nación.
4.14.4. El ciudadano César Augusto Betancur Barrera pide a la Corte
proteger el derecho a la remuneración equitativa de quienes aportan la magia
para que surjan las imágenes y los productos visuales que cuentan las
historias de todos y para todos. A lo anterior se agrega lo expuesto por la
señora Gilma Elena Peña Núñez para quien el derecho cuestionado no hace
nada distinto a igualar a los creadores colombianos con otros autores del
mundo, al asegurar la posibilidad de pactar una cuantía con el emisor de sus
historias. En cuanto al contexto en el que se aplica la disposición impugnada,
la interviniente afirma que la industria ya no tiene las mismas condiciones de
antes, por lo que de no existir tal precepto dentro el marco regulatorio
vigente, difícilmente se tendrían las condiciones necesarias para salvaguardar
el oficio de los autores, preservar la identidad cultural de la Nación y prevenir
de que el país se convierta en un simple consumidor del producto extranjero.
En línea con lo anterior, la señora Perla María del Pilar Ramírez Serafinoff
señala que la pretensión de la accionante conduce a desconocer el valor de
una iniciativa justa y que pone en igualdad de condiciones a los creativos
nacionales con los de otros países que, a través de sus propias sociedades de
gestión colectiva, recaudan y reparten las ganancias por retransmisión de sus
productos. Haciendo una alusión a la película animada “Robin Hood”, afirma
que la demanda le recuerda una escena en la que una ratoncita ayuda a un
fraile cuyo cepo de limosna está vacío, luego de lo cual el monje deposita lo
aportado en un cofre dentro del ministerio. Sin embargo, se trata de una
alegría pasajera, pues instantes después, una figura tenebrosa irrumpe en el
templo con perversas intenciones. En este caso, no solo de quitar unas pocas
monedas, sino de arrebatar la ilusión y la dignidad de quienes con su
imaginación han entretenido a la sociedad.
El ciudadano Gustavo Nieto Roa explica que el precepto legal demandado se
justifica en lo manifestado en los antecedentes de la Ley 1835 de 2017, por lo
que debe declararse su exequibilidad. Esta misma pretensión se formula por la
señora Adriana Romero Henríquez, para quien la norma acusada se limita a
plasmar un derecho dirigido a proteger a los autores de obras, los cuales, en
muchas ocasiones, se encuentran desamparados, a pesar del valioso aporte
que le han otorgado a la cultura de la Nación.
También se encuentra dentro de las intervenciones, un escrito presentado por
el señor Elkin De Ávila-Ortiz en el que simplemente alude a su desacuerdo
con la acusación formulada, al considerar que la Ley Pepe Sánchez cumple un
papel a favor de la justicia de todos los creativos de obras cinematográficas.
Esta postura asimismo se adopta por el ciudadano Diego Javier Vásquez
Camayo quien defiende el derecho a la remuneración equitativa como una
garantía inalienable y natural, pues se trata de proteger a los generadores de
historias, sin los cuales un país no tendría su propia cultura ni su identidad.
23
La señora Diana Gómez Mateus afirma que un autor no puede perder su obra
al entregar los derechos de reproducción a un productor, ya que cada vez que
se emite una obra en televisión, con o menos éxito, este recibe una pauta de
cada país, esto es, existe una ganancia, respecto de la cual también debe
participar el autor. Por lo demás, desde la expedición de la ley, a través de su
propia sociedad de gestión colectiva, los creadores han recibido regalías
desde el exterior, dinero que por muchos años estuvo en el limbo, pese a la
acogida que tiene la televisión colombiana en Latinoamérica.
En palabras de la ciudadana Martha Bossio durante muchos años los autores
firmaban contratos por honorarios, sistema que con el tiempo exteriorizó su
injusticia, al advertir que muchas obras fueron vendidas y transmitidas en el
exterior, sin que los creadores recibieran contraprestación alguna. Fue con
ocasión del citado escenario de inequidad que se profirió la ley cuestionada,
como única forma de hacer justicia y de lograr que sus derechos no sigan
siendo irrespetados.
Para la señora Idania Velásquez Luna, en calidad de guionista de profesión,
es claro que sin las normas cuestionadas no se lograría recaudar en el exterior
ni en Colombia, el pago justo originado por la comunicación pública de sus
obras. En su criterio, la Ley 1835 de 2017 se expidió como un mecanismo
para lograr la estabilidad económica del gremio de los creadores de productos
audiovisuales, caracterizado por el desamparo laboral y social. En términos
similares se pronunció el señor José Antonio Dorado Z, al señalar que el
ejercicio digno de su profesión depende de la existencia del precepto acusado,
cuyo impacto trasciende a las generaciones futuras de estudiantes, para los
cuales el oficio audiovisual constituye una expectativa de vida, siempre que
persista el derecho a la remuneración equitativa.
El ciudadano Jaime Arturo Díaz Barbosa pide que el texto de la disposición
acusada se mantenga dentro del ordenamiento jurídico, como respaldo y justo
reconocimiento a la labor de los creativos. En línea con lo anterior, la señora
Claudia Liliana Neira Núñez aboga por considerar el arduo trabajo que tiene
una producción audiovisual, que nace desde la imaginación de sus libretistas,
y sobre la base de dicha consideración, se pregunta si “¿no es acaso justo que
el Estado ratifique nuestro derecho a percibir beneficios económicos por una
labor que implica pasar noches de largo sin dormir, fusionados en un
computador para (…) dar vida a las historias que mantienen a la industria del
entretenimiento, y a un público que vive de las emociones que se transmiten a
través de ellas?”56, y también cuestiona: “¿[si] no mere[cen] ganar un
pequeño porcentaje por cada ocasión [en] que [una de sus] historia[s] se emite
en alguna parte del mundo, o se repite en nuestro país, donde por un segundo
aparece[n] [sus] nombre[s] en el crédito?”57.
56
Folio 468 del cuaderno 3.
57
Ibídem.
24
Para la ciudadana Natalia Ospina la ley impugnada vino a solucionar en parte
la grave problemática de la inestabilidad en el trabajo y en los ingresos de los
creadores de obras audiovisuales, los cuales, en muchos casos, se encuentran
en situaciones realmente lamentables, siendo paradójico que sus creaciones
vuelvan al aire y sigan generando ganancias, pero solo a quienes las emiten.
La Ley Pepe Sánchez soluciona la inequidad expuesta, sobre la base de la
imitación del ejemplo de muchos países, en donde se le reconoce al autor un
porcentaje sobre las ganancias que representa la comunicación pública de su
obra, sin afectar los intereses comerciales de las productoras. Este modelo se
ajusta a la dinámica de la economía naranja y responde al reto de las vitrinas
de la televisión por suscripción.
El señor José Julián Álvarez Clavijo expone que pese al aporte que realizan
los autores y creadores en las obras cinematográficas, una vez culminado su
trabajo, antes de la Ley 1835 de 2017, sus frutos únicamente beneficiaban a
los productores y emisores nacionales e internacionales, de modo que con la
entrada en vigencia de la citada ley no solo brindó justicia en términos
económicos para ambas partes, sino que también se estimuló un sector
productivo con el compromiso de sus actores en el desarrollo del patrimonio
fílmico y cultural del país.
Para el señor Rafael Alfredo Rojas Vega la remuneración equitativa que se
prevé en la ley se ha convertido en el único recurso con el que cuenta luego
de más de 15 años dedicados a la creación audiovisual. Es, en sus palabras,
“como esa pensión que esperaba el coronel en su soledad”58.
En consonancia con lo expuesto, el ciudadano Arleth Castillo Albadán afirma
que el precepto impugnado ha permitido realizar el derecho a la igualdad de
los autores de obras audiovisuales, toda vez que les ha asegurado un mínimo
reconocimiento moral y monetario por sus creaciones, a partir del momento
en el que ellas son trasmitidas en diferentes plataformas, sistemas de pago,
canales de televisión, OTT y demás tecnologías. Por lo demás, advierte que
este derecho solo surge con la emisión de la obra, por lo que no tiene efectos
retroactivos frente a las comunicaciones públicas que ya se hayan realizado.
Finalmente, el señor Carlos Walter Rojas sostiene que la ley dispuso una
distribución más equitativa de las ganancias por la emisión o comunicación
pública de productos cinematográficos, a partir del vacío normativo que sobre
el particular existía en el ordenamiento jurídico. Con ello no solo se busca
arreglar en parte el problema de la inestabilidad laboral de los creadores, sino
también enaltecer la propiedad intelectual con todos sus derechos conexos.
4.14.5. El ciudadano José Gregorio Hernández Galindo se pronuncia en el
sentido de defender la constitucionalidad de la norma demandada. En esencia,
sobre la base de que la autonomía de la voluntad no es un derecho absoluto,
considera que el legislador tiene un amplio margen de discrecionalidad para
regular la forma como se protegen los derechos de autor, pudiendo establecer,
58
Folio 482 del cuaderno 3.
25
como sucede en el caso bajo examen, mandatos de orden público que le
prohíben disponer sobre su derecho a la remuneración equitativa de una obra
audiovisual, con el fin de obtener una mayor garantía de equidad y de respeto
a sus derechos fundamentales.
No se advierte un desconocimiento del derecho a la igualdad, toda vez que no
existe discriminación alguna, ni contra los autores, ni contra quienes hacen
uso de sus obras para comunicarlas en múltiples oportunidades posteriores.
Lo que se busca, por el contrario, es superar la desigualdad que, en contra de
los autores de obras cinematográficas o audiovisuales ha venido generándose
en la práctica, cuando, con base en la cesión de derechos patrimoniales, se
multiplican las comunicaciones o exhibiciones posteriores sin ningún límite y
sin reconocimiento alguno. En su criterio, en caso de expulsar la norma
acusada del ordenamiento jurídico, lo único que se lograría es patrocinar una
situación de desequilibrio y desprotección que con la Ley Pepe Sánchez se
pretende solucionar.
La intervención concluye descartando el cargo vinculado con la afectación de
los derechos adquiridos y la presunta aplicación retroactiva de la ley, por una
parte, al considerar que el legislador puede introducir modificaciones a la
forma de explotación de un derecho, cuando el objetivo que explica la toma
de dicha decisión es la satisfacción del principio de equidad. Y, por la otra, al
entender que el derecho que se crea limita su aplicación a las comunicaciones
públicas que se realicen en el fututo, lo cual se ratifica con el aparte acusado,
en el que simplemente se aclara que los pactos anteriores no neutralizan la
remuneración que ahora se reconoce a favor de los autores.
4.15. Intervenciones de sociedades y organismos internacionales
4.15.1. La Sociedad General de Escritores de México pide declarar exequible
la disposición impugnada, al considerar que su objetivo es el de dignificar el
trabajo de los creadores de obras audiovisuales y cuya existencia ha permitido
celebrar convenios de reciprocidad, para el recaudo común de los derechos de
remuneración equitativa por la comunicación pública de sus creaciones. En
esta misma línea se pronuncia tanto la Sociedad de Directores Audiovisuales
Guionistas y Dramaturgos (ATN) de Chile, como la Sociedad General de
Autores y Editores (SGAE) de España.
Esta última agrega que “la legislación española, al igual que las de otros
países de nuestro entorno (Italia, Argentina…), reconoció hace más de 20
años el derecho de los autores de las obras audiovisuales a percibir una justa y
legítima remuneración por la explotación continua de sus creaciones (…). Y
ello sin que haya supuesto merma alguna de las facultades del productor
audiovisual en orden a la explotación y comunicación pública de dichas
[obras].”59
59
Folio 328 del cuaderno 2.
26
4.15.2. En escrito enviado por la señora Adriana María Saldarriaga Burgos
se anexan varios pronunciamientos de organismos internacionales que apoyan
la constitucionalidad de la norma demandada. En este sentido, se pronuncia la
Alianza de Directores Audiovisuales Latinoamericanos (ADAL), para la cual
la Ley Pepe Sánchez constituye un incentivo a la generación creativa como
pilar fundamental de la identidad nacional. En criterio de este interviniente,
“de declararse [su] inexequibilidad (…) Colombia (…) perde[ría] los logros
obtenidos y se rezaga[ría] en materia de legislación tendiente a proteger a los
autores, como fuente primigenia de riqueza cultural y económica para [el]
país (…), en comparación con [quienes] ya han dado un paso adelante en este
aspecto como es el caso de Argentina, México, Panamá, Chile, España,
Francia, Polonia, Italia, India, Bélgica y Estonia, (…) [todos miembros del
Tratado de Berna] (…) y [los cuales] han expedido leyes en las que se hace
un reconocimiento de derechos patrimoniales de segundo orden para los
autores de obras plasmadas en formato audiovisual, sin que con ello se hayan
(…) violentado los tratados que han suscrito”60.
En la misma línea se pronuncian la sociedad de gestión colectiva Writers and
Directors Worldwide con sede en Francia, así como la sociedad de Directores
Argentinos Cinematográficos, Asociación General de Directores Autores
Cinematografiaos y Audiovisuales (DAC).
4.15.3. El Comité Latinoamericano y del Caribe de la Confederación
Internacional de Sociedades de Autor y Compositores (CISAC) expresa su
apoyo a la constitucionalidad de la norma impugnada, ya que a través de ella
se consagra un derecho de remuneración de naturaleza diversa a los derechos
exclusivos del productor, tal como ha ocurrido en otros ámbitos del derecho
comparado. Su propósito es el de realizar el mandato de justicia frente a
quienes por décadas se han visto privados de obtener un justo pago por su
trabajo en la creación de obras y productos audiovisuales, algunos con gran
éxito a nivel internacional.
4.15.4. La Féderation Européenne des Réalisateurs de l’Audiovisuel (FERA)
manifiesta su desacuerdo con la demanda planteada y expresa su continuo y
decidido respaldo a la Ley 1835 de 2017. En general, realza que su regulación
le permite a Colombia ingresar al grupo mundial que reconoce la importancia
de los autores y guionistas de obras audiovisuales y que promueve la equidad
en sus derechos económicos respecto de los productores.
V. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN
El Procurador General de la Nación solicita a la Corte declararse inhibida
para adoptar una decisión de fondo por ineptitud sustantiva de la demanda. Al
respecto, sostiene que se desconoce la carga de certeza, ya que la expresión
“en todo caso” no tiene incidencia en la libre disposición del derecho de
remuneración equitativa por comunicación pública, sino que implica que a los
autores de obras audiovisuales se les reconocerá siempre esa prerrogativa, que
60
Folio 210 del cuaderno 2.
27
antes de la adición de la Ley 23 de 1982 no existía. Por lo demás, la Decisión
351 de la CAN hace parte del bloque de constitucionalidad tan solo en lo
referente a los derechos morales de autor, asunto distinto al que se analiza.
Por último, no comparte lo sostenido por la accionante respecto del cargo por
presunta afectación de los derechos adquiridos, con ocasión de la aplicación
retroactiva de la norma acusada, al afirmar lo siguiente:
“[E]l derecho de remuneración por comunicación es un derecho
patrimonial que no se había reconocido en el ordenamiento jurídico
previamente, y en consecuencia no es posible afirmar que algún
[autor] hubiere dispuesto de este con anterioridad a la expedición de la
norma. En otras palabras, al tratarse de un derecho nuevo, antes de su
reconocimiento legal no existía la posibilidad de transferirlo, es decir
que no existen derechos adquiridos en la materia y por lo tanto no se
está afectando a terceros con la norma acusada.
En este sentido no es cierto, que la norma genere inseguridad jurídica,
pues es evidente que los contratos celebrados con anterioridad a la
expedición de la Ley 1835 de 2017, sobre derechos patrimoniales de
obras audiovisuales, no contenían disposiciones relativas al derecho
de remuneración por comunicación, reconocido recientemente a través
de la norma bajo análisis. Además de una interpretación sistemática de
la norma se desprende que la remuneración (…) será pagada
directamente por quien realice la comunicación pública, es decir que
los productores o titulares derivados de los derechos de autor no son
quienes deben hacer el pago, salvo que concurran en una misma
persona las calidades de emisor y de productor, caso en el cual la
remuneración se paga por la reproducción o comunicación de la obra,
y no por la titularidad de los derechos patrimoniales”61.
VI. CONSIDERACIONES DE LA CORTE
6.1. Competencia
En virtud de lo previsto en el numeral 4 del artículo 241 del Texto Superior,
la Corte es competente para conocer sobre la demanda de inconstitucionalidad
planteada contra el artículo 1º de la Ley 1835 de 2017, en los apartes que son
objeto de cuestionamiento, toda vez que se trata de un precepto de carácter
legal expedido con fundamento en las atribuciones consagradas en el numeral
1 del artículo 150 de la Constitución.
6.2. Problema jurídico y esquema de definición
De acuerdo con los argumentos expuestos en la demanda, en las distintas
intervenciones y teniendo en cuenta el concepto de la Vista Fiscal, le compete
a la Corte establecer, en primer lugar, si los apartes impugnados del artículo
61
Folio 530 del cuaderno 3.
28
1º de la Ley 1835 de 2017, son contrarios a la autonomía de la voluntad
privada y al derecho a la igualdad, al consagrar –en todo caso y a favor de los
autores de obras audiovisuales– el derecho a recibir una remuneración
equitativa por los actos de comunicación pública de sus creaciones, en
contravía del carácter dispositivo que identifica a los derechos patrimoniales
de autor62. Y, en segundo lugar, si se desconocen el principio de
irretroactividad de la ley y la garantía de los derechos adquiridos, al disponer
igualmente el texto acusado, que la remuneración antes mencionada no se
entenderá comprendida en las cesiones de derechos que se hubieren efectuado
con anterioridad a la expedición de la citada ley63.
Para solucionar los problemas jurídicos planteados, este Tribunal inicialmente
se pronunciará sobre el alcance de los derechos de autor, los componentes que
lo integran, la categorización de las garantías que hacen parte de sus derechos
patrimoniales, el marco normativo que les resulta aplicable y su articulación
con el denominado bloque de constitucionalidad. A continuación, se detendrá
en la explicación de la modificación introducida por la Ley 1835 de 2017 (o
Ley Pepe Sánchez), al régimen de las obras cinematográficas o audiovisuales.
Con fundamento en lo anterior, la Corte abordará por separado el examen de
cada uno de los tres cargos planteados, iniciando con el estudio referente a la
aptitud de la demanda. Tan solo en el caso en que se supere dicha instancia,
este Tribunal continuará con el análisis de fondo respecto a la supuesta
violación de (i) la autonomía de la voluntad privada (CP arts. 14, 16 y 333),
(ii) el derecho a la igualdad (CP art. 13) y (iii) la prohibición de retroactividad
de la ley, este último como mandato dirigido a la protección de los derechos
adquiridos (CP art. 58). En cada acápite se especificarán las consideraciones
generales que permitan resolver las acusaciones planteadas.
No obstante, como punto de partida, cabe mencionar que la accionante invoca
como vulnerados los artículos 2, 4 y 61 del Texto Superior, los cuales, en su
orden, consagran los fines esenciales del Estado, el principio de supremacía
constitucional y el deber de protección de la propiedad intelectual. Con todo,
respecto de ellos no se observa que exista un cargo autónomo e independiente
que permita suscitar el juicio de constitucionalidad, pues más allá de su mera
invocación, no se cumple con el requisito previsto en el artículo 2 del Decreto
2067 de 1991, conforme al cual deben exponerse “las razones por las cuales
dichos textos se estiman violados”. Por consiguiente, la Sala Plena se inhibirá
de pronunciarse sobre el particular, continuando con el desenvolvimiento del
esquema de decisión previamente planteado.
6.3. Consideraciones generales sobre los derechos de autor
62
El aparte cuestionado es del siguiente de tenor: “No obstante, la presunción de cesión de los derechos de
los autores establecidos en el artículo 95 de la presente ley, conservarán en todo caso el derecho a recibir
una remuneración equitativa por los actos de comunicación pública incluida la puesta a disposición y el
alquiler comercial al público que se hagan de la obra audiovisual, remuneración que será pagada
directamente por quien realice la comunicación pública.”
63
El cargo se dirige respecto del siguiente aparte normativo: “La remuneración a que se refiere este artículo,
no se entenderá comprendida en las cesiones de derechos que el autor hubiere efectuado con anterioridad a
esta ley”.
29
6.3.1. Aproximación a su ámbito de protección
Las creaciones del intelecto, y aquellas relacionadas con su difusión, en
cuanto bienes inmateriales han sido agrupadas, para efectos jurídicos, en los
denominados derechos de propiedad intelectual, los cuales, a su vez, por regla
general, se clasifican en los derechos de autor y en los derechos de propiedad
industrial. Al respecto, en la Sentencia C-975 de 200264, la Corte señaló que:
“La propiedad intelectual comporta (…) aquella disciplina normativa a
través de la cual se busca proteger y asegurar las creaciones
intelectuales surgidas del esfuerzo, el trabajo o la destreza del hombre,
que en todos los casos son dignas de obtener el correspondiente
reconocimiento y salvaguarda jurídica. El concepto de propiedad
intelectual, abarca en un primer aspecto la propiedad industrial que
se refiere esencialmente a la protección de las invenciones, las marcas
comerciales y de fábrica, los diseños industriales, el nombre comercial,
los modelos de utilidad, la enseña y el control y represión de la
competencia desleal; y en un segundo aspecto, el derecho de autor,
que comprende las obras literarias, científicas y artísticas, otorgando
también la debida protección a los artistas, intérpretes y ejecutantes, a
quienes son productores de fonogramas y a los propios organismos de
radiodifusión respeto de su emisión.”65
Como se advierte de la explicación realizada por la Corte, la propiedad
industrial tiene por objeto la protección de las ideas que, por su potencial
aplicación en la industria y el comercio, gozan de una especial relevancia. Tal
como ocurre con aquellas que se plasman en diseños industriales66, en marcas
de productos o servicios67, en patentes de invención68, en esquemas de trazado
de circuitos integrados69, en indicaciones de origen o de procedencia70, y en
64
M.P. Rodrigo Escobar Gil. Sobre esta materia se pueden consultar las Sentencias C-276 de 1996, C-053 de
2001, C-851 de 2013 y C-035 de 2015.
65
Énfasis por fuera del texto original.
66
“Artículo 113. Se considerará como diseño industrial la apariencia particular de un producto que resulte
de cualquier reunión de líneas o combinación de colores, o de cualquier forma externa bidimensional o
tridimensional, línea, contorno, configuración, textura o material, sin que cambie el destino o finalidad de
dicho producto.” Decisión 486 de la CAN.
67
“Artículo 134. A efectos de este régimen constituirá marca cualquier signo que sea apto para distinguir
productos o servicios en el mercado. Podrán registrarse como marcas los signos susceptibles de
representación gráfica. La naturaleza del producto o servicio al cual se ha de aplicar una marca en ningún
caso será obstáculo para su registro.” Decisión 486 de la CAN.
68
“Una patente es un derecho exclusivo que se concede sobre una invención. Es decir, una patente es un
derecho exclusivo que se concede sobre un producto o un proceso que, por lo general, ofrece una nueva
manera de hacer algo o una nueva solución técnica a un problema.” Organización Mundial de Propiedad
Intelectual (OMPI). Fuente: [Link]
69
“Artículo 86. A efectos del presente Título se entenderá por: a) circuito integrado: un producto, en su
forma final o intermedia, cuyos elementos, de los cuales al menos uno es un elemento activo y alguna o todas
las interconexiones, forman parte integrante del cuerpo o de la superficie de una pieza de material, y que
esté destinado a realizar una función electrónica; b) esquema de trazado: la disposición tridimensional,
expresada en cualquier forma, de los elementos, siendo al menos uno de éstos activo, e interconexiones de
un circuito integrado, así como esa disposición tridimensional preparada para un circuito integrado
destinado a ser fabricado.” Decisión 486 de la CAN.
70
“Artículo 201. Se entenderá por denominación de origen, una indicación geográfica constituida por la
denominación de un país, de una región o de un lugar determinado, o constituida por una denominación que
sin ser la de un país, una región o un lugar determinado se refiere a una zona geográfica determinada,
30
nombres comerciales71. Por otra parte, los derechos de autor se enfocan en la
protección y salvaguarda de las obras del ingenio, en el campo artístico,
científico o literario, cualquiera que sea el género o forma de expresión y sin
importar el mérito del aporte que a través de ellas se realiza72. Atendiendo el
asunto que es objeto de análisis en esta sentencia, se procederá a puntualizar
los componentes y características de esta última dimensión de la propiedad
intelectual, partiendo de su fundamento constitucional y de los desarrollos
que existen en materia comunitaria y del derecho interno.
6.3.2. Fundamento constitucional de los derechos de autor, atribuciones
del legislador y límites
En cuanto a la Constitución, cabe destacar que el artículo 61 consagra un
deber de protección en cabeza del Estado respecto de las diferentes
expresiones de la propiedad intelectual, lo que incluye los derechos de
autor73. Dicha tarea se encuentra asignada al legislador en virtud del artículo
150, en el que se dispone como competencia del Congreso hacer las leyes, y
entre ellas, con carácter especial, expedir la dirigida a “[r]egular el régimen
de propiedad industrial, patentes y marcas y las otras formas de propiedad
intelectual”, conforme se establece en el numeral 2474.
En general, en materia de propiedad intelectual, la Corte ha advertido que el
legislador goza de un importante margen de configuración normativa, no solo
por la habilitación expresa de regulación que se dispone en el citado numeral
24 del artículo 150 del Texto Superior, sino también porque al tener varios de
sus componentes un contenido eminentemente patrimonial o económico (con
excepción de los derechos morales de autor), se habilita al Congreso de la
República para expedir leyes de intervención en la economía, al amparo de
los artículos 150.21 y 334 de la Constitución, con miras alcanzar alguno de
los fines que allí se especifican, como lo son, entre otros, mejorar la calidad
de vida de los habitantes y lograr que las personas de menores ingresos
tengan acceso efectivo a los bienes y servicios básicos75.
utilizada para designar un producto originario de ellos y cuya calidad, reputación u otras características se
deban exclusiva o esencialmente al medio geográfico en el cual se produce, incluidos los factores naturales
y humanos.” “Artículo 221. Se entenderá por indicación de procedencia un nombre, expresión, imagen o
signo que designe o evoque un país, región, localidad o lugar determinado.” Decisión 486 de la CAN.
71
“Artículo 190. Se entenderá por nombre comercial cualquier signo que identifique a una actividad
económica, a una empresa, o a un establecimiento mercantil. (…)” Decisión 486 de la CAN.
72
Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas (art. 1) y Decisión 351 de la
CAN (art. 1).
73
“Articulo 61. El Estado protegerá la propiedad intelectual por el tiempo y mediante las formalidades que
establezca la ley.”
74
“Artículo 150. Corresponde al Congreso hacer las leyes. Por medio de ellas ejerce las siguientes
funciones: (…) 24. Regular el régimen de propiedad industrial, patentes y marcas y las otras formas de
propiedad intelectual”.
75
“Artículo 150. Corresponde al Congreso hacer las leyes. Por medio de ellas ejerce las siguientes
funciones: (…) 21. Expedir las leyes de intervención económica, previstas en el artículo 334, las cuales
deberán precisar sus fines y alcances y los límites a la libertad económica”. “Artículo 334. La dirección
general de la economía estará a cargo del Estado. Este intervendrá, por mandato de la ley, en la explotación
de los recursos naturales, en el uso del suelo, en la producción, distribución, utilización y consumo de los
bienes, y en los servicios públicos y privados, para racionalizar la economía con el fin de conseguir en el
plano nacional y territorial, en un marco de sostenibilidad fiscal, el mejoramiento de la calidad de vida de
los habitantes, la distribución equitativa de las oportunidades y los beneficios del desarrollo y la
preservación de un ambiente sano. Dicho marco de sostenibilidad fiscal deberá fungir como instrumento
31
Por lo demás, este principio básico de autonomía legislativa se complementa
con lo señalado en el artículo 61 del Texto Superior, en el que, además de
consagrar el deber de protección de la propiedad intelectual en cabeza del
Estado, se otorga al legislador la competencia para disponer del tiempo y de
las formalidades en que dicha salvaguarda se tornará efectiva. Esto implica
que el Congreso pueda establecer que algunos de los derechos que integran
esta modalidad específica de propiedad tengan un carácter intemporal,
mientras que otros se sujetan a un plazo determinado para su ejercicio; a la
vez que está habilitado para definir los requisitos de los cuales depende el
nacimiento de cada uno de ellos, las potestades que se les atribuyen, las
características que los identifican y las limitaciones que les correspondan.
En este orden de ideas, la jurisprudencia de la Corte ha destacado que:
“(…) la manera de proteger los derechos de propiedad intelectual, así
como el diseño de los mecanismos adecuados para el efecto, es
potestad del legislador, a quien la Constitución habilita para
establecer las formalidades necesarias para hacer efectiva esa
protección, para lo cual debe tener como directrices todos los
postulados constitucionales y los instrumentos internacionales de los
cuales el Estado Colombiano es parte.
De lo anterior es posible concluir que el régimen de protección de
los derechos de autor y los derechos conexos se desenvuelve en el
ámbito de la ley, y que la Constitución no impone criterios rígidos,
ni modalidades específicas de protección, ni excluye la posibilidad
de adoptar determinados sistemas, sino que deja un amplio
margen de configuración legislativa sobre el particular.”76
De esta manera, la protección que el Estado le otorga a los derechos de autor
no necesariamente es uniforme, pues depende de las garantías que se adopten
por el legislador, en respuesta a las características propias de la diversidad de
obras que abarcan esta disciplina. No obstante, el ejercicio del ámbito de
configuración del legislador tiene como límites los postulados superiores que
orientan a su protección, junto con el contenido de los derechos que se
interrelacionan en su desarrollo, como ocurre con la libertad de expresión y el
derecho al libre desarrollo de la personalidad. Adicionalmente, en caso de
establecer restricciones al disfrute de los derechos de autor, se requiere que
ellas sean razonables y proporcionales77.
para alcanzar de manera progresiva los objetivos del Estado Social de Derecho. En cualquier caso el gasto
público social será prioritario. // El Estado, de manera especial, intervendrá para dar pleno empleo a los
recursos humanos y asegurar, de manera progresiva, que todas las personas, en particular las de menores
ingresos, tengan acceso efectivo al conjunto de los bienes y servicios básicos. También para promover la
productividad y competitividad y el desarrollo armónico de las regiones. (…)”.
76
Sentencia C-833 de 2007, M.P. Rodrigo Escobar Gil. Énfasis por fuera del texto original.
77
En línea con lo anterior, por ejemplo, en la Sentencia C-035 de 2015, M.P. María Victoria Calle Correa, la
Corte manifestó que: “El poder de regulación del Congreso, si bien es amplio, en los términos recién
señalados, debe (i) orientarse a la protección de la propiedad intelectual, y [a] (ii) no generar condiciones
irrazonables y desproporcionadas para acceder a ella”.
32
Un límite adicional en la materia lo constituyen las normas de protección
previstas en tratados internacionales, entre las que se destacan las derivadas
del llamado derecho comunitario, originadas en el proceso de integración de
la Comunidad Andina de Naciones. En particular, como parte de los acuerdos,
se decidió que los órganos comunitarios estarían habilitados para formular un
sistema normativo “con el vigor y la eficacia requeridos para que aquéll[o]s
pudieran regular directamente las cuestiones atinentes a la materia de
integración y la conducta de los países comprometidos y de sus habitantes, sin
tener que recurrir a los procedimientos ordinarios del derecho interno de cada
país.”78
Dado que la integración se previó en materias económicas, comerciales,
aduaneras, industriales y financieras79, se decidió expedir por la autoridad
competente, esto es, por la Comisión del Acuerdo de Cartagena, la Decisión
Andina 351 de 1993, con el fin de crear un Régimen Común sobre Derechos
de Autor y Derechos Conexos. Textualmente, en el artículo 1º, se señala que:
“Las disposiciones de la presente Decisión tienen por finalidad reconocer
una adecuada y efectiva protección a los autores y demás titulares de
derechos, sobre las obras del ingenio, en el campo literario, artístico o
científico, cualquiera que sea el género o forma de expresión y sin importar
el mérito literario o artístico ni su destino.”
Por consiguiente, esta Decisión hace parte del derecho comunitario y resulta
plenamente exigible en Colombia, por lo que la legislación que se expida en
el país, así como su reglamentación, debe estar acorde con las previsiones que
allí se consagran. En este sentido, el Tribunal de Justicia de la Comunidad
Andina ha dicho que: “(…) el hecho de pertenecer al Acuerdo de Integración
Subregional le impone a los Países Miembros dos obligaciones [esenciales]:
una[,] la de adoptar medidas que aseguren el cumplimiento efectivo del
ordenamiento jurídico de la Comunidad Andina en su ámbito territorial; y la
otra, [referente a] la prohibición de adoptar medidas, desarrollar conductas o
ejecutar actos, sean de naturaleza legislativa, administrativa o judicial, que
contraríen, impidan u obstaculicen la ejecución o aplicación del ordenamiento
comunitario”80.
Con sujeción a lo anterior, se ha admitido que el derecho comunitario goza de
los atributos de preeminencia y preferencia sobre lo regulado en el derecho
interno de cada país, en las materias que así se hubiese acordado, toda vez que
cada Estado renuncia al quehacer normativo para alcanzar un objetivo social
y económico común con los países de la región81. Esto ha sido denominado
por la jurisprudencia constitucional como el concepto de supranacionalidad82.
78
Sentencia C-228 de 1995, M.P. Antonio Barrera Carbonell.
79
Véase, al respecto, el Acuerdo de Integración Subregional Andino o Acuerdo de Cartagena. Fuente:
[Link]
80
Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina, Interpretación prejudicial 105-IP-2004.
81
Sobre la prevalencia del derecho comunitario se pueden consultar las Sentencias C-228 de 1995, C-137 de
1996, C-231 de 1997 y 256 de 1998.
82
Al respecto, en la Sentencia C-137 de 1996, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz, se expuso que: “Como es
sabido, el concepto de supranacionalidad -dentro del que se inscribe el Acuerdo de Cartagena- implica que
los países miembros de una organización de esta índole se desprendan de determinadas atribuciones que, a
través de un tratado internacional, son asumidas por el organismo supranacional que adquiere la competencia
33
Sobre este punto, en la Sentencia C-231 de 199783, se señaló que:
“El derecho comunitario se distingue por ser un derecho que apunta
hacia la integración y no solamente hacia la cooperación. Igualmente,
es un derecho que no se desarrolla únicamente a partir de tratados,
protocolos o convenciones, puesto que los órganos comunitarios están
dotados de la atribución de generar normas jurídicas vinculantes. Por
eso, en el caso del derecho comunitario se habla de la existencia de un
derecho primario y un derecho secundario, siendo el primero aquél
que está contenido en los tratados internacionales, y, el segundo, el
que es creado por los órganos comunitarios investidos de competencia
para el efecto. // Una característica fundamental del ordenamiento
comunitario andino se relaciona con la aplicación directa de las
decisiones que crean derecho secundario, las cuales son obligatorias
desde el momento mismo de su promulgación, salvo que
expresamente se consagre que la norma concreta deba ser incorporada
al derecho interno de cada país. Asimismo, debe destacarse que las
normas comunitarias prevalecen sobre las normas locales.”
En el mismo sentido, en la Sentencia C-155 de 199884, se manifestó que:
“La evolución del Derecho Internacional ha dado lugar a la aparición
del llamado Derecho Comunitario, fruto del traslado de competencias
normativas específicas de los países suscriptores de un convenio o
acuerdo, a los órganos supranacionales creados en el mismo. Este
traslado de competencias, al ser ejercidas, da lugar a un conjunto de
regulaciones que constituyen propiamente la materia del derecho
comunitario, respecto de las cuales se predica la preeminencia y la
aplicación preferencial frente al derecho interno de cada país
miembro.”
En consecuencia, no cabe duda de que la manera de proteger los derechos de
autor, así como el diseño de los mecanismos adecuados para el efecto, es una
potestad que le compete al legislador, a quien la Constitución habilita para
establecer el tiempo y las formalidades necesarias para salvaguardar el citado
derecho, para lo cual debe tener como directrices los postulados superiores
que rigen la manera como se ejerce dicha atribución (CP. arts. 61, 150 y 334),
los derechos que se interrelacionan con su desarrollo, la prohibición de crear
de regular de manera uniforme para todos los países miembros sobre las precisas materias que le han sido
transferidas, con miras a lograr procesos de integración económica de carácter subregional. Las normas
supranacionales despliegan efectos especiales y directos sobre los ordenamientos internos de los países
miembros del tratado de integración, que no se derivan del común de las normas de derecho internacional.
Por una parte, esta legislación tiene un efecto directo sobre los derechos nacionales, lo cual permite a las
personas solicitar directamente a sus jueces nacionales la aplicación de la norma supranacional cuando ésta
regule algún asunto sometido a su conocimiento. En segundo lugar, la legislación expedida por el organismo
supranacional goza de un efecto de prevalencia sobre las normas nacionales que regulan la misma materia y,
por lo tanto, en caso de conflicto, la norma supranacional desplaza (que no deroga) -dentro del efecto
conocido como preemption- a la norma nacional.”
83
M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
84
M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
34
condiciones irrazonables o desproporcionadas respecto de su ejercicio y los
mandatos derivados del derecho comunitario, sin perjuicio de la aplicación de
otros tratados internacionales que sean vinculantes en el ámbito interno.
Como desarrollo de lo anterior y en lo que atañe a las limitaciones que se
impongan al disfrute de los derechos de autor, la Corte ha dicho que las
mismas deben ser (i) legales y taxativas; (ii) su aplicación no debe atentar
contra la normal explotación de la obra; (iii) ni causarle al titular del derecho
un perjuicio injustificado en sus legítimos derechos e intereses85.
6.3.3. Contenido de los derechos de autor
En lo que corresponde a su contenido, como ya se dijo, los derechos de autor
protegen la creación de obras. Ello implica, según la Organización Mundial
de la Propiedad Intelectual, salvaguardar la forma de expresión de las ideas y
no las ideas propiamente dichas86. Por tal razón, este Tribunal ha entendido
que la obra refiere a toda “expresión personal de la inteligencia que desarrolla
un pensamiento que se manifiesta bajo una forma perceptible, tiene
originalidad o individualidad suficiente, y es apta para ser difundida y
reproducida”87.
Esto significa que la protección de los derechos de autor se circunscribe a las
expresiones del intelecto que cumplan las siguientes condiciones: (i) debe
tratarse de una creación formal del ingenio humano –es decir, de obras y no
de simples ideas–; (ii) exigen que su expresión constituya un acto original o
de individualidad; y (iii) tienen que tener la potencialidad de ser reproducidas,
emitidas o difundidas por algún medio conocido o por conocer. Los requisitos
mencionados se aplican sin importar el tipo de obra, como ocurre con las
“creaciones originarias o primigenias (literarias, musicales, dramáticas o
teatrales, artísticas, científicas y audiovisuales, incluyéndose también en los
últimos tiempos los programas de computador), o [con las] creaciones
derivadas (adaptaciones, traducciones, compilaciones, (…), etc.).”88
A partir de los derechos de autor se constituye entonces una forma de
propiedad sui generis, que permite controlar el uso y explotación que se haga
de las creaciones intelectuales. Por regla general, la protección que se otorga
85
Estos requisitos se unifican en la doctrina con el nombre de la regla de los tres pasos, herramienta de
análisis que se deriva del artículo 21 de la Decisión 351 de 1993, conforme al cual: “Las limitaciones y
excepciones al derecho de autor que se establezcan mediante las legislaciones internas de los Países
Miembros, se circunscribirán a aquellos casos que no atenten contra la normal explotación de las obras o
no causen perjuicio injustificado a los legítimos intereses del titular o titulares de los derechos”.
86
[Link]
87
Sentencia C-276 de 1996, M.P. Julio Cesar Ortiz Gutiérrez, en la que se sigue la definición propuesta por
Lipszyc Delia, Derechos de Autor y Derechos Conexos, Ediciones Unesco Cerlalc, 1993. Según la Real
Academia de la Lengua Española por obra se entiende: “Cualquier producto intelectual en ciencias, letras o
artes (...)”. De igual manera, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) ha dicho que las
obras son “toda creación intelectual, original [y] expresada en una forma reproducible.” OMPI, Glosario
del Derecho de Autor y Derechos Conexos. Ginebra, 1980. P. 268.
88
Sentencia C-276 de 1996, M.P. Julio Cesar Ortiz Gutiérrez.
35
no está subordinada a ninguna formalidad89, por lo que en aquellos casos en
los que existe el registro, este cumple un papel declarativo y no constitutivo90.
Entre el listado de obras que se salvaguardan se encuentran, entre otras, las
siguientes:
“a) Las obras expresadas por escrito, es decir, los libros, folletos y
cualquier tipo de obra expresada mediante letras, signos o marcas
convencionales; b) Las conferencias, alocuciones, sermones y otras
obras de la misma naturaleza; c) Las composiciones musicales con
letra o sin ella; d) Las obras dramáticas y dramático-musicales; e) Las
obras coreográficas y las pantomimas; f) Las obras cinematográficas y
demás obras audiovisuales expresadas por cualquier procedimiento; g)
Las obras de bellas artes, incluidos los dibujos, pinturas, esculturas,
grabados y litografías; h) Las obras de arquitectura; i) Las obras
fotográficas y las expresadas por procedimiento análogo a la
fotografía; j) Las obras de arte aplicado; k) Las ilustraciones, mapas,
croquis, planos, bosquejos y las obras plásticas relativas a la
geografía, la topografía, la arquitectura o las ciencias; l) Los
programas de ordenador; ll) Las antologías o compilaciones de obras
diversas y las bases de datos, que por la selección o disposición de las
materias constituyan creaciones personales.”91
En cuanto a los componentes del derecho de autor, se han reconocido en el
ordenamiento jurídico dos dimensiones: los derechos morales y los derechos
patrimoniales. De acuerdo con la OMPI, los primeros le permiten al autor
tomar medidas para preservar y proteger los vínculos que lo unen con su obra;
mientras que los segundos le confieren la posibilidad de percibir una
89
El artículo 2.2 del Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas dispone que:
“Sin embargo, queda reservada a las legislaciones de los países de la Unión la facultad de establecer que
las obras literarias y artísticas o algunos de sus géneros no estarán protegidos mientras no hayan sido
fijados en un soporte material”.
90
Los artículos 52 y 53 de la Decisión 351 de 1993 establecen que: “Artículo 52. La protección que se
otorga a las obras literarias y artísticas, interpretaciones y demás producciones salvaguardadas por el
Derecho de Autor y los Derechos Conexos, en los términos de la presente Decisión, no estará subordinada a
ningún tipo de formalidad. En consecuencia, la omisión del registro no impide el goce o el ejercicio de los
derechos reconocidos en la presente Decisión.” “Artículo 53. El registro es declarativo y no constitutivo de
derechos. Sin perjuicio de ello, la inscripción en el registro presume ciertos los hechos y actos que en ella
consten, salvo prueba en contrario. Toda inscripción deja a salvo los derechos de terceros.”
91
En términos similares, el artículo 2 de la Ley 23 de 1982 establece que: “los derechos de autor recaen
sobre las obras científicas literarias y artísticas las cuales se comprenden todas las creaciones del espíritu
en el campo científico, literario y artístico, cualquiera que sea el modo o forma de expresión y cualquiera
que sea su destinación , tales como: los libros, folletos y otros escritos; las conferencias, alocuciones,
sermones y otras obras de la misma naturaleza; las obras dramáticas o dramático-musicales; las obras
coreográficas y las pantomimas; las composiciones musicales con letra o sin ella; las obras
cinematográficas, a las cuales se asimilan las obras expresadas por procedimiento análogo a la
cinematografía, inclusive los videogramas; las obras de dibujo, pintura, arquitectura, escultura, grabado,
litografía; las obras fotográficas o las cuales se asimilan las expresadas por procedimiento análogo a la
fotografía a; las obras de arte aplicadas; las ilustraciones, mapas, planos croquis y obras plásticas relativas
a la geografía, a la topografía, a la arquitectura o a las ciencias y, en fin, toda producción del dominio
científico, literario o artístico que pueda reproducirse, o definirse por cualquier forma de impresión o de
reproducción, por fonografía, radiotelefonía o cualquier otro medio conocido o por conocer. (…)”.
36
retribución económica cuando los terceros hagan uso de ella, a la vez que lo
facultan para autorizar o prohibir determinados actos sobre dicha creación92.
Por lo demás, los derechos de autor también incluyen una protección para los
intérpretes o ejecutantes, los productores de fonogramas y los organismos de
radiodifusión a través de los derechos conexos, cuya finalidad es amparar a
las personas que participan en la difusión de las obras literarias o artísticas,
más no en su creación.
6.3.4. De los derechos morales de autor
En lo que respecta a los derechos morales de autor, su origen deviene como
resultado del acto de creación de la obra en sí misma, para lo cual no es
necesario el reconocimiento de ninguna autoridad administrativa. Ellos tienen
como finalidad “proteger los intereses intelectuales del autor”93, por lo que el
Estado concreta su acción, “garantizando el derecho que le asiste al titular de
divulgar su obra o [de] mantenerla en la esfera de su intimidad, de reivindicar
el reconocimiento de [su] paternidad (…), de exigir [el] respeto a [su]
integridad (…) y de retractarse o arrepentirse de su contenido.”94 Como se
observa se trata de derechos extrapatrimoniales, inalienables, intransferibles,
irrenunciables, imprescriptibles y perpetuos95. En desarrollo de lo anterior, se
pasa a exponer el contenido de los citados derechos morales, a saber:
(i) Derecho de paternidad: Corresponde a la posibilidad que tiene el autor de
revindicar en cualquier tiempo la condición de creador de la obra, como
cuando se omite la mención de su nombre o seudónimo, o se hace referencia a
otro nombre o seudónimo. Este derecho incluye la facultad de exigir que la
mención se realice en la forma especial que el autor hubiese elegido (ya sea a
través de un nombre abreviado, o con algún agregado o seudónimo).
92
OMPI, Principios básicos del derecho de autor y los derechos conexos, 2016. Este documento se
encuentra en: [Link]
93
Sentencia C-276 de 1996, M.P. Julio Cesar Ortiz Gutiérrez.
94
Ibidem.
95
El artículo 30 de la Ley 23 de 1982: “El autor tendrá sobre su obra un derecho perpetuo, inalienable e
irrenunciable para: a) Reivindicar en todo tiempo la paternidad de su obra y, en especial, para que se
indique su nombre o seudónimo cuando se realice cualquiera de los actos mencionados en el artículo 12 de
esta ley; // b) A oponerse a toda deformación, mutilación u otra modificación de la obra, cuando tales actos
puedan causar o acusen perjuicio a su honor o a su reputación, o la obra se demerite, y a pedir reparación
por éstos; // c) A conservar su obra inédita o anónima hasta su fallecimiento, o después de él cuando así lo
ordenase por disposición testamentaria; // d) A modificarla, antes o después de su publicación, y // e) A
retirarla de la circulación o suspender cualquier forma de utilización aunque ella hubiese sido previamente
autorizada. Parágrafo 1. Los derechos anteriores no pueden ser renunciados ni cedidos. (…)”. En términos
similares, el artículo 6 bis de la Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas (en
adelante CBERPOLA o Convenio de Berna) dispone que: “Artículo 6 bis. 1.) Independientemente de los
derechos patrimoniales de autor, e incluso después de la cesión de estos derechos, el autor conservará el
derecho de reivindicar la paternidad de la obra y de oponerse a cualquier deformación, mutilación u otra
modificación de la misma o a cualquier atentando a la misma que cause perjuicio a su honor o a su
reputación”. Por su parte, la Decisión 351 de 1993 establece que: “Artículo 11. El autor tiene el derecho
inalienable, inembargable, imprescriptible e irrenunciable de: a) Conservar la obra inédita o divulgarla; //
b) Reivindicar la paternidad de la obra en cualquier momento; y, // c) Oponerse a toda deformación,
mutilación o modificación que atente contra el decoro de la obra o la reputación del autor. // A la muerte del
autor, el ejercicio de los derechos morales corresponderá a sus derechohabientes, por el plazo a que se
refiere el Capítulo VI de la presente Decisión. // Una vez extinguido el derecho patrimonial, el Estado u
otras instituciones designadas, asumirán la defensa de la paternidad del autor y de la integridad de su
obra.”
95
M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
37
(ii) Derecho de integridad: Atañe a la facultad dada al autor en virtud de la
cual puede oponerse a cualquier tipo de deformación, modificación o
mutilación de la obra, con la que se transgreda la integridad de la obra o se
cause un perjuicio al autor96.
(iii) Derecho de ineditud: Incorpora la posibilidad del autor de decidir si
quiere o no dar a conocer su obra al público.
(iv) Derecho de modificación: En los casos en que la obra ya hubiese sido
publicada, el autor mantiene la facultad para introducir cambios, ya sea para
aclararla, corregirla, adicionarle conceptos, perfeccionarla, etc.
(v) Derecho de retracto: Constituye la posibilidad que se otorga al autor para
retirar su obra del público, aún después de haber autorizado su divulgación.
También incluye la autorización para suspender una forma de utilización
previamente autorizada. En este tipo de eventos, es posible que se prevea una
compensación por los daños que pueda ocasionar a las personas (naturales o
jurídicas) que gozaban de los derechos de explotación97. En caso de coautoría,
este derecho –al igual que el de modificación– deberá ser ejercido de común
acuerdo por sus creadores.
Es posible entonces afirmar que el único titular de los derechos morales es el
creador de la obra, por cuanto se trata de una emanación de su personalidad.
En este sentido, terminológicamente a los autores también se les ha nombrado
como titulares originarios, pues es a ellos a quienes se les reconocen tanto los
derechos morales como los patrimoniales, sin perjuicio de que estos últimos
sean susceptibles de ser transferidos a terceros. Lo anterior no ocurre y se
insiste en ello, en el caso de los derechos morales, ya que, en atención a su
carácter personal e inalienable, la única posibilidad de que dispone la ley para
transferirlos es por causa de muerte, en los términos previstos en el parágrafo
2 del artículo 30 de la Ley 23 de 198298.
Para finalizar respecto a esta dimensión de los derechos de autor, cabe anotar
que los derechos morales han sido reconocidos como derechos humanos en el
96
VEGA JARAMILLO, Alfredo. Manual de Derecho de autor. Dirección Nacional de Derecho de Autor,
2010.
97
Tal circunstancia se prevé en el caso colombiano en el parágrafo 4 del artículo 30 de la Ley 23 de 1982,
precepto en el que se aclara que las atribuciones de modificación y de retracto “solo podrán ejercitarse a
cambio de indemnizar previamente a terceros los perjuicios que se les pudiere ocasionar”. El conjunto de
atribuciones y derechos relacionados fue descrito por la Corte en la Sentencia C-361 de 2013, M.P. Mauricio
González Cuervo, en los siguientes términos: “[los derechos morales refieren] a la posibilidad de que el
autor de determinada creación, reivindique en cualquier momento la paternidad de su obra, exigiendo que
se indique su nombre o seudónimo cuando esta se haga pública por cualquier medio. Comprende igualmente
el derecho a oponerse a cualquier deformación, mutilación o modificación de su obra que desconozca su
reputación, así como a la posibilidad de mantenerla inédita o anónima, o modificarla antes o después de
hacerla pública. En esta dimensión se reconoce también el derecho del autor de suspender la circulación de
su obra, así la haya autorizado previamente reconociendo los respectivos perjuicios a terceros.”
98
“Parágrafo 2. A la muerte del autor corresponde a su cónyuge y herederos consanguíneos el ejercicio de
los derechos indicados en los numerales a) y b) del presente artículo. A falta del autor, de su cónyuge o
herederos consanguíneos, el ejercicio de estos derechos corresponderá́ a cualquier persona natural o
jurídica que acredite su carácter de titular sobre la obra respectiva.”
38
artículo 27 de la DUDH99. Por lo demás, esta Corporación ha señalado que,
por sus especiales características, se trata de un derecho fundamental. En la
Sentencia C-155 de 1998100 se sostuvo que:
“(…) los derechos morales de autor se consideran derechos de rango
fundamental, en cuanto la facultad creadora del hombre, la posibilidad
de expresar las ideas o sentimientos de forma particular, su capacidad
de invención, su ingenio y en general todas las formas de
manifestación del espíritu, son prerrogativas inherentes a la condición
racional propia de la naturaleza humana, y a la dimensión libre que de
ella se deriva. Desconocer al hombre el derecho de autoría sobre el
fruto de su propia creatividad, la manifestación exclusiva de su espíritu
o de su ingenio, es desconocer al hombre su condición de individuo
que piensa y que crea, y que expresa esta racionalidad y creatividad
como manifestación de su propia naturaleza. Por tal razón, los
derechos morales de autor, deben ser protegidos como derechos que
emanan de la misma condición de hombre.”
6.3.5. De los derechos patrimoniales de autor
En cuanto a los derechos patrimoniales, se ha señalado que ellos abarcan la
posibilidad que tiene el autor de proceder al uso y explotación económica de
la obra, por lo que, en general, su alcance es transferible y de duración
limitada. Ello implica que el titular originario puede preservar tales atributos,
al igual que puede transferirlos a un titular derivado (persona natural o
persona jurídica), bien sea por acto entre vivos, por causa de muerte o por
disposición legal.
Así las cosas, en los derechos patrimoniales quien sea titular de la posibilidad
de explotar económicamente la obra, es que tiene la plena disposición sobre
ella, sin perjuicio de los derechos morales que se preservan para el autor. En
general, los titulares tienen la facultad de controlar los actos de reproducción,
comunicación pública, distribución, transformación y/o cualquier otro que
suponga la utilización de la obra. Precisamente, el listado de atribuciones no
es taxativo, pues las potestades que emanan del contenido patrimonial pueden
ser tantas como formas de utilización de la obra sean posibles, salvo las
limitaciones que estipule la ley101. En este punto, la Decisión 351 de la CAN
es explícita en señalar que “las legislaciones internas de los Países Miembros
podrán reconocer otros derechos de carácter patrimonial”102.
En todo caso, el contenido de las garantías básicas ha sido determinado de la
siguiente manera:
99
“Artículo 27. // 1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la
comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.
// 2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan
por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.”
100
M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
101
Sentencias C-276 de 1996, M.P. Julio Cesar Ortiz Gutiérrez, y C-1118 de 2005, M.P. Clara Inés Vargas
Hernández.
102
Decisión 351 de 1993, artículo 17.
39
(i) Derecho de reproducción: Comprende la facultad exclusiva de explotar la
obra original o derivada, a partir de la fijación por cualquier medio o
procedimiento103. En el caso de que se trate de la explotación económica de la
obra transformada, se requiere la autorización previa de su autor104.
(ii) Derecho de comunicación pública: Incluye la posibilidad de que un grupo
de personas pueda tener acceso al contenido de la obra, reunidas o no en un
mismo lugar, sin que se hubiese realizado previamente una distribución de
ejemplares a cada una de ellas.
(iii) Derecho de transformación: Se trata de la atribución para crear obras
derivadas de la original, bien sean traducciones, adaptaciones, compilaciones,
etc. En todo caso, este tipo de cambios están supeditados a la autorización
expresa del autor, en virtud de sus derechos morales105. Una vez se realiza la
transformación con autorización expresa del autor (o si es del caso de sus
herederos), se crea un nuevo titular del derecho de autor sobre la adaptación o
modificación de la obra, la cual no podrá ser difundida sin mencionar el título
de la creación originaria y su autor106.
(iv) Derecho de distribución: Abarca la posibilidad de poner a disposición del
público la obra, sus copias o ejemplares. Para tal efecto, se podrán utilizar
cualquiera de las modalidades de venta, alquiler, préstamo o cualquier otro
que permita su explotación económica. El autor de la obra tiene la posibilidad
de restringir las modalidades y tipos de distribución que pueda ser utilizado
por el tercero que adquiera los derechos patrimoniales de la obra.
Como se deriva de lo expuesto, vale la pena resaltar que los titulares de los
derechos patrimoniales pueden ser tanto sus autores, como terceras personas.
Cuando estos se encuentran en cabeza del creador, como ya se dijo en esta
providencia, se entiende que su dominio es del titular originario, quien
controlará todos los aspectos de la obra107. En este caso, los terceros no están
habilitados para la reproducción, distribución o transformación de la obra.
No obstante, como se anunciaba, los autores tienen la facultad de transferir la
posibilidad de explotar económicamente su creación, dando lugar a un nuevo
titular del derecho patrimonial. Esta persona se denomina titular derivado,
103
Por fijación debe entenderse “la incorporación de imágenes y/o sonidos sobre una base material
suficientemente permanente o estable para permitir su percepción, reproducción o comunicación”.
104
En la Sentencia C-851 de 2013, M.P. Mauricio González Cuervo, se expuso que el derecho de
reproducción de la obra puede darse mediante edición, inclusión en audiovisual, fonograma o fijación en
medio magnético.
105
Ley 23 de 1982, art. 13. La norma en cita dispone que: “Artículo 13. El traductor de obra científica,
literaria artística protegida, debidamente autorizado por el autor o sus causahabientes, adquiere el derecho
de autor sobre su traducción. Pero al darle publicidad, deberá́ citar el autor y el título de la obra
originaria.”
106
Ley 23 de 1982, art. 15. El precepto en mención señala lo siguiente: “Artículo 15. El que con permiso
expreso del autor o de sus causahabientes adapta, transporta, modifica, extracta, compendia o parodia una
obra del dominio privado, es titular del derecho de autor sobre su adaptación, transporte, modificación,
extracto, compendio o parodia, pero salvo convención en contrario, no podrá́ darle publicidad sin
mencionar el título de la obra originaria y su autor.”
107
Sentencia C-276 de 1996, M.P. Julio Cesar Ortiz Gutiérrez.
40
respecto del cual jamás podrán concurrir los derechos morales y los derechos
patrimoniales de una obra original108. De acuerdo con esta Corporación, “[l]os
diferentes derechos comprendidos [en la esfera patrimonial] del autor pueden
ser utilizados o ser objeto de disposición por parte de sus titulares de manera
independiente entre sí y están sometidos a una mayor o menor restricción
dependiendo del caso”109.
La transferencia de tales derechos podrá darse por un acto entre vivos, por
causa de muerte, por disposición legal o por presunción de legitimación. En
concreto, la Corte ha agrupado estos fenómenos en dos vías:
(a) La cesión: la cual puede ser de tipo (1) convencional o por (2) disposición
legal (cessio legis)110. La primera corresponde a un acuerdo de voluntades que
se plasma en un contrato de cesión y que solo transfiere los derechos que
existan al momento de su suscripción111 y que hubieren sido consagrados de
forma expresa en el contrato112. La segunda comprende los casos en los que la
ley ha dispuesto expresamente la transferencia de los derechos, como ocurre
por causa de muerte, o cuando se plantean presunciones de cesión de pleno
derecho en favor de sujetos determinables y respecto de ciertos atributos de
explotación113.
(b) Por presunción de cesión establecida en la ley, salvo pacto en contrario,
o también llamada presunción de legitimación. Se trata de aquellos casos en
que la ley presume de hecho, salvo pacto en contrario, que una persona
distinta del autor es el titular de los derechos patrimoniales de la obra. Ello
responde a la circunstancia de que existe alguien que diseñó un plan concreto
para su elaboración, por su cuenta y riesgo, como ocurre en el caso de las
obras cinematográficas. Precisamente, y sin perjuicio del examen que más
adelante se realizará con mayor detalle, el artículo 98 de la Ley 23 de 1982
dispone que: “Los derechos patrimoniales sobre la obra cinematográfica se
reconocerán, salvo estipulación en contrario a favor del productor”.
Bajo este contexto, cabe señalar que independientemente de la vía que se
utilice para transferir los derechos patrimoniales de autor, lo cierto es que las
prerrogativas del derecho que sean pactadas de forma expresa, o los atributos
que sean traspasados por cesión legal o por presunción de legitimación, son
oponibles a todas las personas.
6.3.6. De las categorías de derechos patrimoniales de autor
108
Sentencia C-276 de 1996, M.P. Julio Cesar Ortiz Gutiérrez.
109
M.P. Mauricio Gonzáles Cuervo.
110
Sentencia C-276 de 1996, M.P. Julio Cesar Ortiz Gutiérrez.
111
Ley 23 de 1982, art. 183. El inciso primero de la citada disposición consagra que: “Los derechos
patrimoniales de autor o conexos pueden transferirse por acto entre vivos, quedando limitada dicha
transferencia a las modalidades de explotación previstas y al tiempo y al ámbito territorial que se
determinen contractualmente (…)”.
112
Ley 23 de 1982, art. 78. La norma en cita dispone que: “Artículo 78. La interpretación de los negocios
jurídicos sobre derechos de autor será siempre restrictiva. No se admite el reconocimiento de derechos más
amplios de los expresamente concedidos por el autor en el instrumento respectivo”.
113
En la Sentencia C-276 de 1996, M.P. Julio Cesar Ortiz Gutiérrez, se puso como “ejemplo (…) la
legislación italiana en la cual (...) se establece la cessio legis respecto de las obras colectivas, cuyos editores
tienen el derecho de explotación económica (art.38)”.
41
Dentro de los derechos patrimoniales se distinguen actualmente dos
categorías: (i) los derechos exclusivos y (ii) los derechos de simple o mera
remuneración. Los primeros confieren al titular el poder de autorizar o
prohibir el uso de la obra, con la posibilidad de obtener una remuneración por
la autorización de su explotación. En concreto, se trata del desenvolvimiento
de los atributos o facultades ya mencionadas de reproducción, comunicación
pública, distribución y transformación. Su regulación se encuentra tanto en el
artículo 12 de la Ley 23 de 1982114, como en el artículo 13 de la Decisión 351
de 1993115.
Por el contrario, los segundos se caracterizan porque, a diferencia de lo que
sucede con los derechos exclusivos, no permiten autorizar o denegar la
utilización de la obra, sino que tan solo facultan al titular del derecho para
cobrar por ese uso en determinados casos, entendiendo que, por regla general,
se trata de una remuneración de carácter inalienable e irrenunciable116. Como
ejemplos se encuentran (a) el derecho de participación o reventa, conocido
como droit de suite, por virtud del cual el pintor o escultor de una obra
participa de la plusvalía que se deriva de la venta sucesiva de su creación,
sobre la base de que la primera vez que se procedió a su comercialización se
realizó a un bajo precio. El artículo 16 de la Decisión 351 de 1993 consagra
este derecho, en los siguientes términos: “Los autores de obras de arte y, a su
muerte, sus derechohabientes, tienen el derecho inalienable de obtener una
participación en las sucesivas ventas que se realicen sobre la obra, en
subasta pública o por intermedio de un negociante profesional en obras de
arte. Los Países Miembros reglamentarán este derecho”.
También se destaca (b) el derecho de remuneración por copia privada, el
cual supone “que los autores obtengan una compensación económica por las
reproducciones que para uso privado, sin ánimo de lucro y sin utilización
colectiva pueda realizar el copista”117. Su consagración se advierte hoy en día
en las legislaciones de España, Paraguay y Ecuador.
114
“Artículo 12. El autor o, en su caso, sus derechohabientes, tienen sobre las obras literarias y artísticas el
derecho exclusivo de autorizar, o prohibir: a) La reproducción de la obra bajo cualquier manera o forma,
permanente o temporal, mediante cualquier procedimiento incluyendo el almacenamiento temporal en forma
electrónica. // b) La comunicación al público de la obra por cualquier medio o procedimiento, ya sean estos
alámbricos o inalámbricos, incluyendo la puesta a disposición al público, de tal forma que los miembros del
público puedan tener acceso a ella desde el lugar y en el momento en que cada uno de ellos elija. // c) La
distribución pública del original y copias de sus obras, mediante la venta o a través de cualquier forma de
transferencia de propiedad. // d) La importación de copias hechas sin autorización del titular del derecho. //
e) El alquiler comercial al público del original o de los ejemplares de sus obras. // f) La traducción,
adaptación, arreglo u otra transformación de la obra. (…)”. Énfasis por fuera del texto original.
115
“Artículo 13. El autor o, en su caso, sus derechohabientes, tienen el derecho exclusivo de realizar,
autorizar o prohibir: a) La reproducción de la obra por cualquier forma o procedimiento; b) La
comunicación pública de la obra por cualquier medio que sirva para difundir las palabras, los signos, los
sonidos o las imágenes; c) La distribución pública de ejemplares o copias de la obra mediante la venta,
arrendamiento o alquiler; d) La importación al territorio de cualquier País Miembro de copias hechas sin
autorización del titular del derecho; e) La traducción, adaptación, arreglo u otra transformación de la
obra.” Énfasis por fuera del texto original.
116
OMPI, Contenido del derecho de autor. El autor, la obra, limitaciones y excepciones. 2004, p. 15.
117
Ibidem, p. 16.
42
Otro ejemplo lo constituye (c) el derecho de remuneración por utilización de
fonogramas, el cual se halla regulado en el artículo 173 de la Ley 23 de 1982,
modificado por el artículo 69 de la Ley 44 de 1993, en el que se afirma que:
“Cuando un fonograma publicado con fines comerciales, o una reproducción
de este fonograma se utilicen directamente para una radiodifusión o para
cualquier otra forma de comunicación al público, el utilizador abonará una
remuneración equitativa y única, destinada a la vez a los artistas, intérpretes
o ejecutantes y al productor del fonograma, suma que será pagada por el
utilizador a los artistas intérpretes o ejecutantes y a los productores de
fonogramas, a través de las sociedades de gestión colectiva constituidas
conforme a la ley, y distribuidas por partes iguales”.
Finalmente, se encuentra (d) el derecho de remuneración de los autores de la
obra audiovisual, frente al cual la OMPI ha señalado lo siguiente:
“Las peculiares características que concurren en el proceso de
creación de la obra audiovisual hacen que la ley establezca un régimen
jurídico específico para este tipo de obras. // De este modo, pueden
mencionarse las siguientes características de la obra (…):
- Es el producto de una actividad empresarial llevada a cabo por el
productor que requiere una importante inversión no sólo para la
explotación de la misma –lo que en principio no la diferenciaría del
resto de obras– sino también en el proceso de creación.
- En el proceso creativo intervienen numerosas personas (director,
guionista, cámara, montador, diseñadores de decorados y vestuarios,
etc.).
Estas peculiaridades aconsejan el establecimiento de un régimen
jurídico específico que determine quién debe ser considerado autor, y
un régimen de cesión de derechos patrimoniales que facilite la
explotación de la obra, concentrándolos en el productor. // El
productor no es considerado autor, pero la ley establece un mecanismo
de cesión de derechos, a través del contrato de producción, que le
permita rentabilizar la inversión empleada en la creación de la obra. A
través del contrato de producción se presumen cedidos en
exclusiva al productor los derechos patrimoniales (reproducción,
distribución y comunicación pública).
Este régimen de presunción de derechos tiene su contrapartida en el
establecimiento de una serie de remuneraciones para los autores que
han transferido sus derechos sobre la obra. (…) [Ellas son] (…)
irrenunciables e intransmisibles inter vivos. (…)”118.
118
OMPI, Contenido del derecho de autor. El autor, la obra, limitaciones y excepciones. 2004, p. 17. Énfasis
por fuera del texto original.
43
Este derecho es el que se consagra en la disposición acusada, y frente al cual
se adelantará con mayor detalle su análisis con posterioridad. No obstante,
cabe señalar que esta garantía no solo se ha previsto para los autores, sino
también para los artistas intérpretes o ejecutantes de una obra audiovisual,
como se consagra a nivel internacional en el artículo 12 del Tratado de
Beijing119, y se dispone en el orden interno en el artículo 1º de la Ley 1403 de
2010 o Ley Fanny Mikey120.
6.3.7. Del bloque de constitucionalidad, del Convenio de Berna para la
Protección de las Obras Literarias y Artísticas y de los atributos de
preeminencia y aplicación preferente de la Decisión 351 de 1993
[Link]. Por último, en este acápite es importante reseñar el peso que a nivel
interno tienen la Decisión 351 de 1993 y el Convenio de Berna para la
Protección de las Obras Literarias y Artísticas, en concreto, en lo que refiere a
su incorporación o no al bloque de constitucionalidad, pues no cabe discusión
que como tratados internacionales suscritos por Colombia son vinculantes.
[Link]. Sobre el particular, inicialmente, se destaca que el concepto de bloque
de constitucionalidad ha sido ampliamente desarrollado por la jurisprudencia,
en la que se ha fijado su contenido y alcance. En particular, se ha aludido a
dos categorías de bloque, uno que se denomina stricto sensu y otro que se
categoriza como lato sensu.
El primero se encuentra “conformado por aquellos principios y normas que
han sido normativamente integrados a la Constitución por diversas vías y por
mandato expreso de la Carta”121, por lo que tienen rango constitucional. Entre
ellos se encuentran, por ejemplo, los tratados limítrofes (CP art. 101)122, los
tratados de derechos humanos que prohíben su suspensión en estados de
119
“Artículo 12. Cesión de derechos. 1. Una Parte Contratante podrá disponer en su legislación nacional
que cuando el artista intérprete o ejecutante haya dado su consentimiento para la fijación de su
interpretación o ejecución en una fijación audiovisual, los derechos exclusivos de autorización previstos en
los artículos 7 a 11 del presente Tratado pertenecerán o serán cedidos al productor de la fijación
audiovisual o ejercidos por este, a menos que se estipule lo contrario en un contrato celebrado entre el
artista intérprete o ejecutante y el productor de la fijación audiovisual, conforme a lo dispuesto en la
legislación nacional. (…) 3. Independientemente de la cesión de los derechos exclusivos descrita supra, en
las legislaciones nacionales o los acuerdos individuales, colectivos o de otro tipo se podrá otorgar al artista
intérprete o ejecutante el derecho a percibir regalías o una remuneración equitativa por todo uso de la
interpretación o ejecución, según lo dispuesto en el presente tratado (…)”.
120
“Artículo 1. Adiciónese el artículo 168 de la Ley 23 de 1982, el cual quedará así: Artículo 168. Desde el
momento en que los artistas, intérpretes o ejecutantes autoricen la incorporación de su interpretación o
ejecución en una fijación de imagen o de imágenes y sonidos, no tendrán aplicación las disposiciones
contenidas en los apartes b) y c) del artículo 166 y c) del artículo 167 anteriores. // Parágrafo 1. Sin
perjuicio de lo contemplado en el párrafo anterior, los artistas intérpretes de obras y grabaciones
audiovisuales conservarán, en todo caso, el derecho a percibir una remuneración equitativa por la
comunicación pública, incluida la puesta a disposición y el alquiler comercial al público, de las obras y
grabaciones audiovisuales donde se encuentren fijadas sus interpretaciones o ejecuciones. En ejercicio de
este derecho no podrán prohibir, alterar o suspender la producción o la normal explotación comercial de la
obra audiovisual por parte de su productor, utilizador o causahabiente.”
121
Sentencia C-582 de 1999, M.P. Alejandro Martínez Caballero.
122
“Artículo 101. Los límites de Colombia son los establecidos en los tratados internacionales aprobados
por el Congreso, debidamente ratificados por el Presidente de la República, y los definidos por los laudos
arbitrarles en que sea parte la Nación. (…)”.
44
excepción (CP art. 93)123 y las reglas del Derecho Internacional Humanitario
(CP art. 215.2)124. El segundo “refiere a aquellas disposiciones que tienen un
[nivel] normativo superior a las leyes ordinarias, aunque a veces no tengan
rango constitucional, [como ocurre] con las leyes estatutarias y orgánicas,
(…) que sirven como referentes necesarios para la creación legal y para el
control constitucional.”125
[Link]. En lo que corresponde a las normas del derecho comunitario, ellas se
incorporan al ordenamiento jurídico interno de forma directa, con el mismo
rigor y valor que las leyes, pero dotadas de preeminencia y de aplicación
preferencial. En efecto, en la Sentencia C-1490 de 2000126, la Corte precisó
que, para el caso de las decisiones adoptadas por la Comisión del Acuerdo de
Cartagena, las mismas no requieren haber sido ratificadas previamente por el
Congreso de la República para que su cumplimiento sea obligatorio, pues sus
disposiciones son directamente aplicables a nivel interno, sin necesidad de
que se sometan al trámite ordinario de incorporación.
El supuesto que origina tal fenómeno se explica, en que al momento en que se
avaló la creación de los organismos que integran el Acuerdo de Cartagena,
también se autorizó constitucionalmente la transferencia de competencias
soberanas por parte de los Estados a dichas autoridades supranacionales, con
el propósito de mantener un esquema de unidad entre los Países Miembros, en
términos normativos y de justicia, en lo que comporta a las materias objeto de
integración. En efecto, la supranacionalidad busca uniformidad y trato igual
entre sus miembros, lo cual solo se puede lograr a través de una organización
con poderes suficientes para decidir autónomamente, dentro del marco de su
tratado constitutivo, la regulación y las formas de protección del proceso de
unificación, sin necesidad de que cada paso deba ser formalizado en tratados
públicos, sujetos a la aprobación legislativa, a la ratificación expresa y formal
de los derechos nacionales, o a cualquier otra técnica similar.
Precisamente, así lo ha explicado el Consejo de Estado, al sostener que “[l]a
supranacionalidad (…) comporta la transferencia de parte de las competencias
estatales reguladoras respecto de determinadas materias, hacia los órganos
comunitarios (…) cuyas decisiones y fallos serán aceptados por los Países
Miembros. Así, pues, el rasgo de la supranacionalidad equivale a la técnica de
distribución de competencias dentro de un sistema de integración por virtud
de la cual, si bien es verdad que los Estados miembros continúan siendo los
titulares del poder político, también lo es que parte de dicho poder lo ceden
parcialmente para determinado propósito a los órganos comunitarios (…). //
La supranacionalidad (…) no implica la renuncia a la soberanía, sino la
123
“Artículo 93. Los tratados y convenios internacionales ratificados por el Congreso, que reconocen los
derechos humanos y que prohíben su limitación en los estados de excepción, prevalecen en el orden interno.
(…)”.
124
“Artículo 214.2. (…) En todo caso se respetarán las reglas del derecho internacional humanitario. (…)”.
125
Sentencia C-582 de 1999, M.P. Alejandro Martínez Caballero.
126
M.P. Fabio Morón Díaz.
45
limitación de [esta] a partir del voluntario sometimiento expresado en tratados
internacionales (…)”127.
De esta manera, las decisiones que se adoptan por la Comisión del Acuerdo
de Cartagena, como parte del proceso de integración, responden al tránsito de
la competencia reguladora nacional en cabeza del Congreso de la República
hacía el referido órgano comunitario, única y específicamente en los asuntos
cuya decisión le ha sido otorgada por los Países Miembros. En este sentido, la
normatividad supranacional ocupa el terreno de la legislación nacional, sin
que se requiera pronunciamiento adicional alguno y en las materias asignadas,
desplazando de este modo al derecho interno.
Ahora bien, para lograr precisamente la uniformidad e igualdad de trato entre
los Países Miembros y sus habitantes, el derecho comunitario se caracteriza
por otorgarle a sus disposiciones los atributos de preeminencia y aplicación
preferente. En virtud de la primera, las decisiones de la Comisión del Acuerdo
de Cartagena se imponen, por razón del rol concedido y de la materia
asignada, con preferencia sobre la regulación nacional; mientras que, con
ocasión de la segunda, en caso de contradicción entre una norma comunitaria
y una del sistema interno, aquella debe hacerse aplicar con primacía respecto
de éstas, sin que el fenómeno dé lugar a la derogación de la norma interna.
Sobre la materia, en el fallo previamente citado del Consejo de Estado, se
señaló que:
“[L]a creación del ente comunitario con órganos que tienen
competencia normativa propia ha dado origen a un orden jurídico
nuevo que genera relaciones de coordinación (…) con respecto a los
sistemas jurídicos nacionales, pues los órganos comunitarios profieren
normas jurídicas en las materias que el tratado constitutivo les ha
reservado para su regulación, mientras que las autoridades de los
Países Miembros dictan normas encaminadas a regular las materias
que las respectivas Constituciones Políticas reservan a la ley nacional;
así pues, estas dos potestades normativas, que recaen sobre las mismas
personas, requieren la coordinación de los productos normativos fruto
de su ejercicio, pues tanto las fuentes del derecho andino como las del
derecho nacional se encuentran acompañadas del rasgo de la
autonomía, por manera que la ausencia de coordinación entre ellas
puede crear no pocas interferencias y contradicciones.
De la autonomía del derecho andino y de la del derecho interno se
deriva el principio según el cual ni el primero puede derogar el
segundo, ni viceversa, por manera que ambos sistemas normativos
están abocados a coexistir (…).
127
Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Sala Plena, sentencia del 9
de agosto de 2012, C.P. Jaime Orlando Santofimio Gamboa, radicación 11001-03-26-000-2012-00020-00.
46
[Por virtud de lo anterior,] (…) cuando quiera que exista contradicción
entre una norma comunitaria y una del sistema interno de alguno de
los Estados Miembros, aquélla debe hacerse aplicar con primacía
respecto de éstas, lo cual si bien no necesariamente comporta la
obligación de derogar la norma interna ─cuyos alcances o contenido
probablemente sirvan para dirimir otro tipo de casos, sin colisionar
con el ordenamiento comunitario─, sí implica la exigencia de
inaplicarla ─total o parcialmente─ o de condicionar su interpretación
de modo que el sentido normativo que se le atribuya para el caso
concreto resulte respetuoso de la normativa comunitaria. De no
proceder así, el Estado Miembro del cual se trate puede ver
comprometida su responsabilidad internacional, circunstancia que en
primer término se traduce en que resulta pasible de que en su contra se
instaure la acción de incumplimiento ante el TJCA.”128
En otra oportunidad, el mismo Tribunal en cita destacó lo siguiente:
“En virtud de lo anterior, es claro que, en caso de conflicto entre la
legislación de la Comunidad Andina y la interna, se debe aplicar de
manera preferente la Norma Comunitaria, toda vez que al tratarse de
dos ordenamientos jurídicos diferentes y autónomos la figura de la
derogatoria no ocurre y lo que acaece es que la Regulación
Comunitaria desplaza a la interna.
En dicha medida el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina ha
reiterado que no es admisible bajo ninguna circunstancia que el
derecho interno modifique las materias tratadas por el orden jurídico
de la Comunidad, por lo que ha resaltado que solo de manera
excepcional se le otorga validez a la Legislación Interna, en aquellos
casos en los que tal regulación se refiere a asuntos NO
REGLAMENTADOS EN LO ABSOLUTO por la Norma
Comunitaria.”
Por su parte, el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina ha dicho que:
“En cuanto al efecto de las normas de la integración sobre las normas
nacionales, señalan la doctrina y la jurisprudencia que, en caso de
conflicto, la regla interna queda desplazada por la comunitaria, la cual
se aplica preferentemente, ya que la competencia en tal caso
corresponde a la comunidad. En otros términos, la norma interna
resulta inaplicable, en beneficio de la norma comunitaria. Así lo ha
señalado reiteradamente el Tribunal de Justicia de las Comunidades
Europeas (ver principalmente Sentencias Costa/ENEL de 15 de junio
de 1964, y la Sentencia Simmenthal de 9 de marzo de 1978) en
concordancia, en este punto, con el espíritu de las normas de la
integración andina. Este efecto de desplazamiento de la norma
nacional, como resultado del principio de aplicación preferente,
128
Ibídem.
47
resulta especialmente claro cuando la ley posterior que ha de primar
sobre la anterior de acuerdo con principios universales de derecho es
precisamente la norma comunitaria.
No se trata propiamente de que la norma comunitaria posterior
derogue a la norma nacional preexistente, al igual que ocurre en el
plano del derecho interno, puesto que son dos ordenamientos jurídicos
distintos, autónomos y separados, que adoptan dentro de sus propias
competencias formas peculiares de crear y extinguir el derecho, que
por supuesto no son intercambiables. Se trata, más propiamente, del
efecto directo del principio de aplicación inmediata y de la primacía
que en todo caso ha de concederse a las normas comunitarias sobre las
internas. // (…) La derogación propiamente dicha de una norma
interna, por ser contraria a una comunitaria, puede resultar
indispensable para efectos prácticos, en determinados casos. Pero
como tal derogación habría de ser decidida por el derecho interno y no
por el comunitario, el derecho integracionista, en principio, se
contenta con la aplicación preferente. Su efecto inmediato y directo no
sería compatible con la condición de que las normas nacionales
contrarias sean expresamente derogadas por el legislador nacional, ya
que ello dependería de éste y no de la comunidad.”129
En este orden de ideas, si bien las decisiones de la Comisión del Acuerdo de
Cartagena ocupan en el sistema jurídico interno el mismo lugar que la ley, en
las materias asignadas a la normatividad comunitaria, por efecto del tránsito
de la competencia regulatoria, lo cierto es que, para asegurar su operatividad,
el derecho supranacional les otorga los atributos de preeminencia y aplicación
preferente, cuyo rol se limita –como ya se dijo– a servir como instrumentos
para lograr (i) la coordinación entre ambos esquemas normativos y (ii) definir
eventuales escenarios de contradicción; sin que, por ello, pueda considerarse
que, por tal circunstancia, se está en presencia de normas que gozan de la
misma jerarquía de la Constitución, o de un valor superior al de las leyes
ordinarias, como ocurre con la generalidad de los preceptos que hacen parte
de los tratados internacionales, más aún cuando, como ocurre en este caso, su
expedición se basa en un proceso de integración económica, comercial y
aduanera. En este punto, esta Corporación ha dicho que:
“[N]o existe la superioridad del derecho comunitario sobre la
Constitución, y (…) no es cierto que comparta con ella idéntica
jerarquía. Adicionalmente, el derecho comunitario tampoco conforma
un cuerpo normativo intermedio entre la Carta Fundamental y la ley
ordinaria, ya que la aprobación de los tratados por el Congreso se
lleva a cabo mediante una ley ordinaria, de modo que, analizadas las
cosas desde la perspectiva del juicio de constitucionalidad, las
presuntas contradicciones entre la ley y el derecho comunitario andino
no generan la declaración de inexequibilidad, cuyo presupuesto es la
129
Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina, Proceso 2-IP-88. Interpretación prejudicial de los artículos
56, 58, 76, 77 y 84 de la Decisión 85 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena, solicitada por la Corte
Suprema de Justicia de la República de Colombia.
48
inconformidad de una norma inferior con otra superior y no con otra
de la misma jerarquía o proveniente de algún órgano comunitario.
Siendo así, la prevalencia de las normas comunitarias sobre las
normas locales y la obligatoria aplicación directa de las decisiones de
los órganos comunitarios creadoras de derecho secundario son
situaciones distintas al juicio abstracto de constitucionalidad, y
comportan unos alcances singulares, por cuya virtud la apreciación de
las eventuales contradicciones entre las prescripciones regionales y el
derecho interno corresponde a los jueces y a los operadores jurídicos
encargados de resolver esos conflictos concretos, teniendo como norte
los efectos especiales y directos que en el ordenamiento interno
despliegan las normas supranacionales, cuya prevalencia sobre las
normas locales reguladoras de una misma materia implica el
desplazamiento que no la derogación de la norma nacional.”130
[Link]. Sobre la base de lo anterior y en lo que atañe a la teoría del bloque de
constitucionalidad, cabe afirmar que, como regla general, en las Sentencias
C-231 de 1997131 y C-256 de 1998132, la Corte señaló que el derecho
comunitario no hace parte de este régimen especial, por cuanto no se
acomoda a lo consagrado en el artículo 93 del Texto Superior, ya que las
decisiones que se expiden a nivel regional no buscan regular derechos
humanos, sino establecer condiciones para impulsar la integración comercial,
económica, aduanera, industrial y financiera de los Países Miembros, es decir,
consolidar un mercado común. Ello fue reiterado en la Sentencia C-988 de
2004133, cuando se advirtió que la finalidad de la Decisión 351 de 1993, “no
es el reconocimiento de los derechos humanos sino la regulación de aspectos
económicos, fiscales, aduaneros, monetarios, técnicos, etc., de donde surge
que una prevalencia del derecho comunitario andino sobre el orden interno,
similar a la prevista en el artículo 93 de la Carta, carece de sustento”134.
No obstante, sobre la base de la distinción existente entre los derechos
morales y los derechos patrimoniales de autor, la jurisprudencia de la Corte
ha excluido del tratamiento previamente reseñado a la primera de estas
categorías, al estimar que las disposiciones del derecho comunitario relativas
a los derechos morales de autor, al regular un derecho fundamental de
carácter inalienable e irrenunciable135, se convierten en parte del bloque de
constitucionalidad stricto sensu, al tenor del citado artículo 93 del Texto
Superior. Esta determinación ha sido reiterada en diferentes oportunidades
130
Sentencia C-256 de 1998, M.P. Fabio Morón Díaz.
131
M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
132
M.P. Fabio Morón Díaz.
133
M.P. Humberto Sierra Porto.
134
Sentencia C-988 de 2004, M.P. Humberto Antonio Sierra Porto. Énfasis por fuera del texto original.
135
Véanse, entre otras, las siguientes sentencias: C-334 de 1993, C-276 de 1996, C-155 de 1998, C-1490 de
2000, C-988 de 2004, C-1118 de 2005, C-1197 de 2005, C-966 de 2012, C-1023 de 2012, C-851 de 2013 y
C-148 de 2015.
49
por esta Corporación136, como se aprecia de lo señalado en la Sentencia C-148
de 2015137, en la que se expuso lo siguiente:
“La jurisprudencia constitucional ha reconocido, frente al derecho
moral de autor, que la Decisión Andina 351 de 1993, expedida por la
Comisión del Acuerdo de Cartagena, forma parte del bloque de
constitucionalidad. Desde esa óptica, ha reconocido su valor como
parámetro de control de constitucionalidad, en lo relativo a la
protección de los derechos morales de autor. A su vez, ha sostenido
que ese elemento moral de estos derechos, es de carácter fundamental,
bajo la idea de que se trata de derechos que emanan de la misma
condición de hombre”138.
Por consiguiente, esta Sala reitera que la Decisión 351 de 1993 proferida por
la Comisión del Acuerdo de Cartagena es parámetro de constitucionalidad,
únicamente en lo que concierne a la regulación sobre los derechos morales de
autor, ya que, al tratarse de derechos inherentes a la persona humana, su
regulación se incorpora al bloque de constitucionalidad stricto sensu. Frente
al resto de disposiciones que hacen parte del régimen en cita, como se explicó
con anterioridad, se trata de normas que tienen el mismo peso y valor que la
ley ordinaria, solo que, por virtud de su origen supranacional, revestidas de
los atributos de preeminencia y aplicación preferente139.
[Link]. Ahora bien, en lo relativo al Convenio de Berna para la protección
de las obras literarias y artísticas, esta Corporación ha señalado que el
mismo busca brindar una protección mínima con que la deben contar las
obras y los derechos de los autores. Este instrumento fue adoptado el 9 de
septiembre de 1886 y ratificado por el Congreso de la República por medio de
la Ley 33 de 1987140. Lo que significa que, en principio, sus disposiciones son
vinculantes y exigibles a nivel legal.
Si bien este instrumento también distingue entre derechos morales y derechos
patrimoniales de autor, a diferencia de lo expuesto respecto de la Decisión
351, en la jurisprudencia no se identifica un pronunciamiento que permita
determinar si el Convenio de Berna hace parte o no del bloque de
constitucionalidad. En efecto, no se encuentra providencia alguna en la que se
acuda a dicho tratado como parámetro de validez de las normas examinadas.
136
Véanse, entre otras, las sentencias C-231 de 1996, C-1490 de 2000, C-1118 de 2005, C-1023 de 2012 y
C-148 de 2015.
137
M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado.
138
Énfasis por fuera del texto original.
139
En línea con lo anterior, en la Sentencia C-620 de 2015, M.P. Jorge Iván Palacio Palacio, se señaló que:
“Los convenios internacionales suscritos por Colombia en materia económica y comercial, así como del
derecho comunitario, no despliegan una jerarquía normativa superior a la prevista para las leyes
ordinarias, aplicables con base en un criterio de especialidad, sin desconocer la fuerza normativa que
revisten en virtud del principio del pacta sunt servanda (art. 26, Convención de Viena sobre el Derecho de
los Tratados, 1969)”. Énfasis por fuera del texto original.
140
“Por medio de la cual se aprueba el ‘Convenio de Berna para la protección de las obras literarias y
artísticas’, del 9 de septiembre de 1886, completado en París el 4 de mayo de 1896, revisado en Berlín el 13
de noviembre de 1908, completado en Berna el 20 de marzo de 1914 y revisado en Roma el 2 de junio de
1928, en Bruselas el 26 de junio de 1948, en Estocolmo el 14 de julio de 1967 y en París el 24 de julio de
1971”.
50
Tan solo se aprecia la Sentencia C-261 de 2008141, en la cual se examinó una
modificación al Código Penal realizada por la Ley 1032 de 2006142, en lo
referente a la tipificación de los delitos vinculados con la violación de los
derechos patrimoniales y derechos conexos de autor. En el fallo en mención,
al realizar un pronunciamiento específico sobre los cargos propuestos en la
demanda de inconstitucionalidad, la Sala Plena indicó que:
“(…) en lo que respecta a los parágrafos del artículo 73 de la Ley 23
de 1982 y del artículo 11 bis del Convenio Berna –Ley 33 de 1987–
ha de tenerse en cuenta, en primer lugar, que tales preceptivas se
encuentran incorporadas en leyes ordinarias y, como tales, no
comportan la jerarquía de preceptos constitucionales, de tal forma que
la comparación entre ordenamientos de igual rango legal no
generan un cargo de constitucionalidad del cual deba ocuparse la
Corte; de otra parte, tales preceptos legales hacen referencia a los
aspectos tarifarios inherentes al pago de los derechos de autor y
conexos y, por tal razón, no pueden ser interpretados como normas
supletorias del ordenamiento jurídico ya que no existe unidad
teleológica entre lo regulado en las citadas disposiciones y las
conductas delictivas protectoras de los derechos de autor como
erróneamente lo sugiere el ciudadano (…)”143.
Sin embargo, la citada sentencia se enfocó específicamente en la violación de
los derechos patrimoniales de autor, por lo que al carecer estos de un carácter
fundamental, no era posible que la Sala se refiriera a una eventual
incorporación de sus mandatos al bloque de constitucionalidad.
A pesar de ello, en esta oportunidad, la Corte considera necesario precisar
que, tal como se predica de la Decisión 351, algunos de los preceptos del
Convenio de Berna refieren efectivamente a los derechos morales de autor
(como ocurre con el artículo 6 bis), los cuales, a la luz de la jurisprudencia,
han sido identificados como derechos fundamentales. Por consiguiente,
mutatis mutandis, cabe inferir que las normas relativas a los citados derechos
incluidas en el referido instrumento internacional, hacen parte también del
bloque de constitucionalidad en stricto sensu, atendiendo a lo estipulado en el
artículo 93 de la Constitución. El resto de sus normas –como ocurre con la
generalidad de los tratados internacionales– mantendrán el mismo valor que
la ley ordinaria.
6.4. Contenido del precepto legal demandado
6.4.1. Dentro del conjunto de obras que protegen las normas nacionales e
internacionales sobre derechos de autor, se encuentra la obra audiovisual, que
ha sido entendida como la creación intelectual expresada mediante una serie
de imágenes asociadas, con o sin sonorización incorporada, destinada a ser
comunicada a través de aparatos de proyección o cualquier otro medio que
141
M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
142
“Por la cual se modifican los artículos 257, 271, 272 y 306 del Código Penal”.
143
Énfasis por fuera del texto original.
51
permita divulgar imágenes y sonidos, sin importar el tipo de soporte material
que la contiene144. Se consideran como obras audiovisuales las películas, los
cortometrajes, las series de televisión, las telenovelas, los documentales, los
sketches, las animaciones o cualquier otra análoga a estas. En general, la obra
audiovisual es el género que abarca varias especies, entre las que se encuentra
la obra cinematográfica, a la cual se refiere el precepto legal demandado.
No obstante, en el caso colombiano, la regulación de ambos tipos de obra es
la misma, conforme se deriva del artículo 2 de la Ley 23 de 1982, en el que se
dispone que las normas sobre derechos de autor protegen a las obras
cinematográficas, “(…) a las cuales se asimilan las obras expresadas por
procedimiento análogo a la cinematografía”. Por ello, más que referirse a
películas, en las distintas intervenciones se aludió a varias telenovelas y series
de televisión.
La obra audiovisual se caracteriza por ser creada bajo la iniciativa de una
persona natural o jurídica llamada productor, que se encarga de coordinar y
realizar las gestiones necesarias para permitir su existencia145. Sin embargo,
para obtener este resultado final, se requiere de los aportes de varios autores,
los cuales son: el director o realizador146; el autor del guion o guionista147; el
autor de la música148; y el dibujante, en el caso de que la obra corresponda a
un diseño animado. Esta categorización colectiva de autores la realiza de
forma expresa el artículo 95 de la Ley 23 de 1982.
Ahora bien, el Convenio de Berna regula con carácter especial a la obra
cinematográfica y particularmente lo relativo a su titularidad. En este orden
de ideas, reservó a cada país la determinación de los titulares del derecho de
autor149. En desarrollo de lo anterior, en el régimen colombiano, en lo que
corresponde a los derechos morales, el artículo 99 de la Ley 23 de 1982
establece que: “El director o realizador de la obra cinematográfica es el
titular de los derechos morales [sobre] la misma, sin perjuicio de los que
correspondan a los diversos autores, artistas, interpretes o ejecutantes que
hayan intervenido en ella, con respecto a sus propias contribuciones”. Por su
parte, en lo que atañe a los derechos patrimoniales, los mismos se otorgan al
productor, a través de una presunción de titularidad que se consagra en la ley.
Expresamente, el inciso 1 del artículo 98 de la Ley 23 de 1982 dispone que:
“Los derechos patrimoniales sobre la obra cinematográfica se reconocerán,
salvo estipulación en contrario a favor del productor”.
144
Para el efecto se sigue la definición propuesta en el artículo 3 de la Decisión 351 de 1993.
145
El artículo 8 de la Ley 23 de 1982 define al productor cinematográfico como “la persona natural o
jurídica que tiene la iniciativa, la coordinación y la responsabilidad de la producción de la obra
cinematográfica”.
146
El director o realizador es la persona que despliega su ingenio para la elaboración de las secuencias de
imágenes constitutivas de la obra audiovisual, sin su intervención no existiría esta creación.
147
El guionista es la persona que consigna en una guía los diálogos que deben seguirse en la secuencia de las
imágenes.
148
El autor o compositor musical es el creador de las piezas de sonido que hacen parte de la obra.
149
“Artículo 14 bis. (a) La determinación de los titulares del derecho de autor sobre la obra
cinematográfica queda reserva a la legislación del país en que la protección se reclame.”
52
Esto significa que, por una parte, a menos que los autores y el productor
acuerden otra cosa, los derechos patrimoniales sobre la obra cinematográfica
corresponden a este último, lo que les otorga una posición de privilegio
dentro de la relación jurídica que se entabla entre ellos, que se justifica en la
inversión que se debe realizar para poder producir la obra. Y, por la otra, que
la transmisión de los derechos se limita a aquellas garantías vigentes al
momento en que surge la creación, lo que implica que, en el contexto de la
norma, y sobre la base de los derechos patrimoniales que se definen en el
artículo 12 de la Ley 23 de 1982150, la cesión incluye los derechos exclusivos
de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación. No
sobra recordar que toda transferencia de derechos debe interpretarse de forma
restrictiva151, en virtud del principio indubio pro auctore, y que la misma tan
solo abarca las modalidades de explotación que se encuentren en vigor152.
6.4.2. Dentro de este escenario, se produjo la expedición de la Ley 1835 de
2017 o Ley Pepe Sánchez, a través de la cual se incorporó dos parágrafos al
artículo 98 de la Ley 23 de 1982, que regulan la presunción de hecho a favor
del productor sobre los derechos patrimoniales de las obras cinematográficas.
En concreto, la norma en cita dispone que:
“Parágrafo 1. No obstante, la presunción de cesión de los derechos
de los autores establecidos en el artículo 95 de la presente ley,
conservarán en todo caso el derecho a recibir una remuneración
equitativa por los actos de comunicación pública incluida la puesta a
disposición y el alquiler comercial al público que se hagan de la obra
audiovisual, remuneración que será pagada directamente por quien
realice la comunicación pública.
La remuneración a que se refiere este artículo, no se entenderá
comprendida en las cesiones de derechos que el autor hubiere
efectuado con anterioridad a esta ley y no afecta los demás derechos
que a los autores de obras cinematográficas les reconoce la Ley 23
de 1982 y demás normas que la modifican o adicionan, así como sus
decretos reglamentarios.
En ejercicio de este derecho, los autores definidos en el artículo 95
de la presente ley, no podrán prohibir, alterar o suspender la
producción o la normal explotación comercial de la obra
cinematográfica por parte del productor.
150
Como ya se dijo, la norma en cita dispone que: “Artículo 12. El autor o, en su caso, sus
derechohabientes, tienen sobre las obras literarias y artísticas el derecho exclusivo de autorizar, o prohibir:
a) La reproducción de la obra bajo cualquier manera o forma, permanente o temporal, mediante cualquier
procedimiento incluyendo el almacenamiento temporal en forma electrónica. // b) La comunicación al
público de la obra por cualquier medio o procedimiento, ya sean estos alámbricos o inalámbricos,
incluyendo la puesta a disposición al público, de tal forma que los miembros del público puedan tener
acceso a ella desde el lugar y en el momento en que cada uno de ellos elija. // c) La distribución pública del
original y copias de sus obras, mediante la venta o a través de cualquier forma de transferencia de
propiedad. // d) La importación de copias hechas sin autorización del titular del derecho. // e) El alquiler
comercial al público del original o de los ejemplares de sus obras. // f) La traducción, adaptación, arreglo u
otra transformación de la obra. (…)”. Énfasis por fuera del texto original.
151
Ley 23 de 1982, art. 78.
152
Ley 23 de 1982, art. 183.
53
Parágrafo 2. No se considerará comunicación pública, para los
efectos del ejercicio de este derecho, la que se realice con fines
estrictamente educativos, dentro del recinto o instalaciones de los
institutos de educación, siempre que no se cobre suma alguna por el
derecho de entrada. Así mismo, el pago o reconocimiento de este
derecho de remuneración no le es aplicable a aquellos
establecimientos abiertos al público que utilicen la obra audiovisual
para el entretenimiento de sus trabajadores, o cuya finalidad de
comunicación de la obra audiovisual no sea la de entretener con ella
al público consumidor con ánimo de lucro o de ventas.”
Como se deriva de la transcripción realizada, la Ley 1835 de 2017 introdujo a
favor de los autores de obras audiovisuales un nuevo derecho patrimonial, en
concreto, un derecho de mera remuneración sobre la comunicación pública
de sus creaciones153. Por su naturaleza, se trata de un derecho irrenunciable e
intransferible, pues la propia ley utiliza la expresión “conservarán en todo
caso”, cuya exégesis gramatical y teleológica conduce a entender que el
legislador lo que pretendió fue prohibir la negociabilidad del citado derecho,
en aras de proteger a los autores de las obras cinematográficas.
En efecto, acogiendo el criterio natural y obvio de las palabras154, el citado
vocablo es sinónimo de siempre o sin excepción alguna, lo cual se ratifica con
la definición del adjetivo “todo”, que refiere a la totalidad de una sustancia o
materia155. Por lo demás, al revisar los antecedentes legislativos, se aprecia la
preocupación del legislador en garantizar que el derecho de remuneración
equitativa por la comunicación pública de las obras no sea enajenado o
transferido, como herramienta para lograr un equilibrio en la relación con el
productor y asegurar las condiciones básicas de subsistencia de los autores156.
De esta manera, la expresión “conservarán en todo caso” se traduce en que
ni por la vía de un pacto expreso (acuerdo de cesión), ni con ocasión de la
presunción de hecho a la que alude el inciso 1 del artículo 98 de la Ley 23 de
1982, el autor podrá renunciar a su derecho de mera o simple remuneración,
153
La naturaleza especial de este derecho como de simple o mera remuneración fue admitida de forma
expresa por el Congreso en el informe de ponencia para tercer debate en el Senado de la República. Allí se
manifestó que: “Este derecho de remuneración en nada se opone a los derechos patrimoniales exclusivos
presuntamente cedidos a favor de los productores ya que, lo que se pretende es que, si bien existe una
presunción a favor del productor, quien es el que detenta derechos exclusivos, se le reconozca
monetariamente a los directores o realizadores y a los guionistas y libretistas el uso de la obra cuando esta
sea objeto de comunicación pública.” Gaceta del Congreso No. 928 del 27 de octubre de 2016.
154
Código Civil, art. 28.
155
[Link]
156
En la exposición de motivos se afirmó que: “Por lo general, en la práctica cuando se ejecuta una obra
cinematográfica o audiovisual, se ceden la totalidad de los derechos patrimoniales sobre la obra por parte
de quienes son autores a favor del productor de la obra, perdiendo total control de los mismos debido al
desequilibrio que existe en la relación contractual y que arroja como resultado que los creadores no
perciben nunca más algún tipo de utilidad adicional por cada uso, reproducción o comunicación al público
que se hace de la obra y que en caso de las obras colombianas es innumerable (…). Lo que se busca con la
presente iniciativa es otorgar a los directores o realizadores y a los guionistas y libretistas de obras
cinematográficas un mínimo reconocimiento económico que sea de carácter irrenunciable sobre las obras
en que hayan puesto su creatividad al servicio de los colombianos y del público en general”. Gaceta del
Congreso No. 124 del 5 de abril de 2016.
54
convirtiéndose, como lo afirma la accionante, en un límite a la autonomía de
la voluntad, cargo que más adelante será objeto de evaluación en lo que atañe
a su constitucionalidad.
Este derecho se sujeta a que se realicen actos de comunicación pública,
incluida la puesta a disposición y el alquiler comercial. Ello se traduce en la
necesidad de que la creación esté sometida al acceso de un número plural de
personas, reunidas o no en un mismo lugar, siempre que no se haya realizado
una previa distribución de ejemplares de la obra. En la práctica se incluyen las
divulgaciones efectuadas en una sala de cine o en hoteles, y la emisión que se
origina por un operador de televisión, un cable operador o por las plataformas
digitales. En todo caso, en el parágrafo 2, se especifican las excepciones, que,
entre otras, abarcan las comunicaciones con fines estrictamente educativos, o
las presentaciones que se realizan para entretener a los trabajadores, siempre
que no tengan ánimo de lucro.
La remuneración está a cargo de los usuarios, utilizadores o emisores de las
obras, es decir, de aquellos que las comuniquen públicamente, sin que los
productores tengan que asumir costo alguno y sin que por ello se vean
afectados sus derechos patrimoniales exclusivos. Como lo advierte uno de los
intervinientes157, este nuevo derecho no compite con los beneficios que tiene
el productor, pues se trata de garantías diferentes, que coexisten y que no son
excluyentes entre sí.
Nótese que su naturaleza es la de un derecho de simple remuneración, no solo
porque así lo concibió el legislador158, sino también porque su regulación se
ajusta plenamente al alcance de dicha garantía. Al respecto, según la noción
que se brindó con anterioridad, tal categoría de derecho lejos de autorizar o
denegar la utilización de la obra, tan solo faculta al titular para cobrar por ese
uso en determinados casos. Lo anterior se constata sin mayor dificultad en la
regulación adoptada por el legislador, toda vez que, por una parte, la garantía
que se otorga es la de “recibir una remuneración equitativa por los actos de
comunicación pública de la obra”, y por la otra, tal beneficio no les permite a
los autores, bajo ninguna circunstancia, “prohibir, alterar o suspender la
producción o la normal explotación comercial de la obra cinematográfica
por parte del productor”, esto es, preserva a su favor y en su integridad los
derechos patrimoniales exclusivos, salvo estipulación en contrario.
En conclusión, puede extraerse que la decisión del legislador dio lugar a la (i)
creación de un nuevo derecho patrimonial a favor de los autores de obras
audiovisuales; (ii) de carácter irrenunciable e intransferible; (iii) cuyo soporte
material se refiere al pago de una remuneración equitativa por cada acto de
comunicación pública, incluida la puesta a disposición y el alquiler comercial,
con excepción de los acciones previstas en el parágrafo 2 del precepto bajo
examen; (iv) dicha prestación se asume únicamente por el usuario, utilizador
o emisor público de la obra; (v) con la restricción de que su consagración no
157
Intervención de la Red Colombiana de Escritores Audiovisuales, de Teatro, Radio y Nuevas Tecnologías
(REDES), folio 254 del cuaderno 2.
158
Véase la nota a pie No. 153.
55
puede dar lugar a la suspensión, alteración o prohibición de su producción, ni
de su normal explotación económica, así como tampoco puede llegar a afectar
“los demás derechos que a los autores (…) les reconoce la Ley 23 de 1982 y
demás normas que la modifi[quen] o adicion[en]”.
6.5. Examen del cargo referente a la supuesta violación de la autonomía
de la voluntad privada
6.5.1. Alcance y contenido de la acusación realizada
[Link]. Como se expuso en el acápite de antecedentes, para la accionante, la
interrelación armónica de los artículos 14, 16 y 333 de la Constitución dan
origen a la autonomía de la voluntad, como atribución que le permite a toda
persona capaz la potestad de crear, modificar y extinguir relaciones jurídicas.
A partir de dicha noción, se advierte que el precepto acusado159 es contrario a
la citada garantía constitucional, por cuanto desconoce “la facultad que tienen
los autores (personas naturales) de obras, para disponer libremente de sus
derechos subjetivos de comunicación pública”160, que hacen parte del
catálogo de atributos que ellos tienen a su favor y que son, por esencia,
susceptibles de disposición, como se aprecia a nivel nacional, internacional y
comunitario. Incluso, tal naturaleza dispositiva ha sido admitida por la
jurisprudencia de esta Corporación, por lo que no cabe que una norma
desconozca antecedentes jurisprudenciales.
Desde esta perspectiva, el cargo que se formula presenta dos ramificaciones,
por una parte, se alude a la naturaleza dispositiva que identifica a los derechos
patrimoniales de autor, para sostener que se desconoce la autonomía de la
voluntad privada, cuando se le otorga el carácter de intransferible al derecho
que se prevé en la Ley 1835 de 2017, a favor de los autores. Y, por la otra, se
cuestiona que dicho reconocimiento supone una violación del artículo 3 de la
Ley 23 de 1982161, de los artículos 9, 29, 30 y 31 de la Decisión 351 de la
Comisión del Acuerdo de Cartagena162, así como de lo consagrado en el
artículo 14 del Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y
Artísticas163. En concreto, frente a los citados instrumentos internacionales, la
accionante resalta que en ellos se prevé el carácter dispositivo de los derechos
patrimoniales de autor y que sus mandatos no pueden ser inadvertidos por el
legislador, sin desconocer lo previsto en los artículos 9 y 227 de la Carta.
159
Este primer cargo se dirige contra la siguiente expresión del inciso 1 del parágrafo 1 del artículo 98 de la
Ley 23 de 1982, adicionado por el artículo 1º de la Ley 1835 de 2017, a saber: “No obstante, la presunción
de cesión de los derechos de los autores establecidos en el artículo 95 de la presente ley, conservarán en
todo caso el derecho a recibir una remuneración equitativa por los actos de comunicación pública incluida
la puesta a disposición y el alquiler comercial al público que se hagan de la obra audiovisual, remuneración
que será pagada directamente por quien realice la comunicación pública.”
160
Folio 8 del cuaderno 1.
161
En concreto se cita el artículo 3 de la Ley 23 de 1982, según el cual: “Artículo 3. Los derechos de autor
comprenden para sus titulares las facultades exclusivas: a) De disponer de su obra a título gratuito u
oneroso bajo las condiciones lícitas que su libre albedrio dicte. (…)” Énfasis de la accionante.
162
Los cuales fueron objeto de cita en la nota a pie No. 2.
163
El cual fue objeto de cita en la nota a pie No. 1.
56
[Link]. Los intervinientes, con una excepción164, solicitan a la Corte declarar
la exequibilidad de la norma acusada, al considerar (i) que la definición de los
atributos de los derechos de autor se encuentra sometida al principio básico de
configuración normativa del legislador; (ii) que la autonomía de la voluntad
no es derecho absoluto, sino que admite limitaciones en favor del interés
social y de los derechos de los actores, como ocurre con el mínimo vital y la
seguridad social; (iii) que la restricción se justifica como un medio para dotar
de mayor equilibrio a la relación que existe con el productor, sobre la base de
la posición privilegiada que este ocupa; y (iv) que su consagración –bajo
ninguna circunstancia– afecta los derechos patrimoniales del productor, ni la
explotación normal y corriente de la obra, contrario a lo que sostiene la
accionante.
No obstante, algunos de ellos refieren a una eventual inhibición respecto de
este cargo, con fundamento en que las normas invocadas como vulneradas no
hacen parte del bloque de constitucionalidad, además de que el entendimiento
de la disposición acusada por parte de la accionante es erróneo, lo que da
lugar al desconocimiento de las cargas de certeza y suficiencia165. En esta
misma línea se pronuncia el Procurador General de la Nación.
6.5.2. Cuestión previa. Examen de aptitud del cargo
[Link]. Si bien por regla general el examen sobre la aptitud de la demanda se
debe realizar en la etapa de admisibilidad, el ordenamiento jurídico permite
que este tipo de decisiones se adopten en la sentencia166, teniendo en cuenta
que en algunas ocasiones no es evidente el incumplimiento de las exigencias
mínimas que permiten adelantar el juicio de constitucionalidad, lo que motiva
un análisis con mayor detenimiento y profundidad por parte de la Sala
Plena167. Por lo demás, no sobra recordar que un fallo inhibitorio, lejos de
afectar la garantía de acceso a la administración justicia, constituye una
herramienta idónea para preservar el derecho político y fundamental que
tienen los ciudadanos de interponer acciones públicas en defensa del Texto
Superior, al tiempo que evita que la presunción de constitucionalidad que
acompaña al ordenamiento jurídico sea objeto de reproche a partir de
argumentos que no suscitan una verdadera controversia constitucional. En
estos casos, como se expuso en la Sentencia C-1298 de 2001168, lo procedente
es “adoptar una decisión inhibitoria que no impide que los textos acusados
puedan ser nuevamente objeto de estudio a partir de una demanda que
satisfaga cabalmente las exigencias de ley”.
164
Se trata de la intervención de Caracol Televisión que comparte los mismos argumentos expuestos en la
demanda.
165
Intervenciones del Ministerio del Interior; de la Dirección Nacional de Derecho de Autor; y de la
Defensoría del Pueblo.
166
Decreto 2067 de 1991, art. 6.
167
Sobre el particular, la Corte ha dicho que: “[Si] bien el momento procesal ideal para pronunciarse sobre la
inexistencia de cargos de inconstitucionalidad es la etapa en la que se decide sobre la admisibilidad de la
demanda, por resultar más acorde con la garantía de la expectativa que tienen los ciudadanos de recibir un
pronunciamiento de fondo sobre la constitucionalidad de las disposiciones demandadas por ellos, esta
decisión también puede adoptarse al momento de proferir un fallo, pues es en esta etapa procesal en la que la
Corte analiza con mayor detenimiento y profundidad las acusaciones presentadas por los ciudadanos en las
demandas de inconstitucionalidad”. Sentencia C-874 de 2002. M.P. Rodrigo Escobar Gil.
168
M.P. Clara Inés Vargas Hernández.
57
[Link]. En el asunto bajo examen, la Corte advierte que no cabe adelantar el
examen de fondo que la accionante propone respecto de la aparente violación
de los artículos 9 y 227 de la Constitución, en armonía con las remisiones
normativas que realiza al artículo 3 de la Ley 23 de 1982, los artículos 9, 29,
30 y 31 de la Decisión 351 de 1993 y el artículo 14 del Convenio de Berna.
En primer lugar, en cuanto a los artículos 9 y 227 del Texto Superior169,
porque no se satisfacen las cargas de pertinencia y suficiencia170. La primera,
en la medida en que el cargo no se sustenta en el contenido de las normas
constitucionales que se invocan como vulneradas. En efecto, más allá de
referir a la violación del principio de autonomía de la voluntad, no se explica
cuál es la contradicción que existe entre el carácter irrenunciable que tiene el
derecho a la remuneración equitativa por la comunicación pública de las
obras audiovisuales y los preceptos superiores que consagran los mandatos
que orientan el manejo de las relaciones exteriores por Colombia. En
concreto, no se advierte argumento alguno dirigido a acreditar la vulneración
de la soberanía nacional, la afectación de los principios rectores del derecho
internacional, el desconocimiento de la autodeterminación de los pueblos o el
desestimulo al deber de integración de América Latina.
Y, la segunda, porque la acusación no logra suscitar una duda mínima sobre
la constitucionalidad de la norma impugnada, al limitar la explicación a un
supuesto desconocimiento de las normas nacionales y supranacionales que les
otorgan a los derechos patrimoniales de autor un carácter disponible, sin
referir a cuál sería el principio internacional desconocido y en qué medida
ello supone un retroceso en el deber constitucional de promover la integración
latinoamericana. En la práctica, la invocación de estos textos constitucionales
no pasa de ser una mera replica de la acusación propuesta por la accionante
relativa al desconocimiento del carácter transferible que tienen los citados
169
“Artículo 9. Las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en la soberanía nacional, en el respeto
a la autodeterminación de los pueblos y en al reconocimiento de los principios del derecho internacional
aceptados por Colombia. // De igual manera, la política exterior de Colombia se orientará hacia integración
latinoamericana y del Caribe”. “Artículo 227. El Estado promoverá la integración económica, social y
política con las demás naciones y especialmente, con los países de América Latina y del Caribe mediante la
celebración de tratados que sobre bases de equidad, igualdad y reciprocidad, creen organismos
supranacionales, inclusive para conformar una comunidad latinoamericana de naciones. La ley podrá
establecer elecciones directas para la constitución del parlamento andino y del parlamento
latinoamericano”.
170
La Corte ha establecido de manera reiterada que aun cuando la acción de inconstitucionalidad es pública e
informal, los demandantes tienen unas cargas mínimas que deben satisfacer para que se pueda promover el
juicio dirigido a confrontar el texto de un precepto legal con la Constitución. Tal requisito se consagra del
numeral 3 del artículo 2 del Decreto 2067 de 1991, en el que se dispone que es deber de los ciudadanos
exponer “[l]as razones por las cuales [las normas constitucionales] se estiman violad[as]”. En este
contexto, en la Sentencia C-1052 de 2001, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa, esta Corporación señaló que
las razones presentadas por los accionantes deben ser claras, ciertas, específicas, pertinentes y suficientes.
Son claras cuando existe un hilo conductor en la argumentación que permite comprender el contenido de la
demanda y las justificaciones en las que se soporta. Son ciertas cuando la acusación recae sobre una
proposición jurídica real y existente, y no sobre una deducida por el actor o implícita. Son específicas cuando
el actor expone las razones por las cuales el precepto legal demandado vulnera la Carta Fundamental. Son
pertinentes cuando se emplean argumentos de naturaleza estrictamente constitucional y no de estirpe legal,
doctrinal o de mera conveniencia. Y son suficientes cuando la acusación no solo es formulada de manera
completa, sino que, además, es capaz de suscitar en el juzgador una duda razonable sobre la exequibilidad de
las disposiciones acusadas.
58
derechos patrimoniales de autor, a partir de la conceptualización que ella
realiza de la Decisión 351 de 1993.
En segundo lugar, en lo que atañe a la supuesta infracción de los artículos que
hacen parte de la Ley 23 de 1982, de la Decisión 351 de 1993 y del Convenio
de Berna, la Corte encuentra que se incumplen las cargas de pertinencia y
suficiencia. La primera, porque la citada Ley 23 de 1982 no constituye un
parámetro para determinar la validez de las normas legales, al tratarse de un
precepto de naturaleza ordinaria, por lo que carece de la capacidad para dar
pie a un juicio de constitucionalidad. Y, la segunda, porque las disposiciones
del derecho comunitario que se invocan, así como la norma que se menciona
del Convenio de Berna, al tratarse de una regulación que refiere a los
derechos patrimoniales y no a los derechos morales de autor, no integran el
bloque de constitucionalidad en ninguna de sus dos categorías (sticto o lato
sensu), como se explicó en el acápite 6.3.7 de esta providencia.
Por lo demás, siguiendo lo expuesto en el mismo apartado, los atributos de
preeminencia y de aplicación preferente de las disposiciones supranacionales
solo despliegan sus efectos frente a la labor del legislador, adquiriendo tales
normas el mismo rango que las leyes ordinarias, por lo que carecen de la
jerarquía de los preceptos constitucionales. De esta manera, su exhortación
para justificar un cargo de inconstitucionalidad es contrario a las cargas de
pertinencia y suficiencia, en las que se funda la existencia de una demanda en
debida forma.
Lo anterior se complementa, igualmente, en términos de suficiencia, con la
circunstancia de que la propia Decisión 351 de 1993 delega en el legislador la
decisión sobre los casos en que los derechos patrimoniales se pueden ostentar
por una persona distinta del autor171; al mismo tiempo que lo autoriza para
reconocer otros derechos de esa misma categoría diferentes de los allí
enunciados172, con las formas y el alcance que se disponga por cada País
Miembro173, incluso, sobre la base de que ese mismo instrumento ya prevé un
derecho inalienable en el caso de la reventa de obras o droit de suite174,
atributo que podría extenderse a otras de las expresiones de los derechos de
autor, con la limitante de no atentar contra la explotación normal de la obra175.
171
“Artículo 9. Una persona natural o jurídica, distinta del autor, podrá ostentar la titularidad de los
derechos patrimoniales sobre la obra de conformidad con lo dispuesto por las legislaciones internas de los
Países Miembros.” Énfasis por fuera del texto original.
172
La Decisión 351 consagra los derechos patrimoniales de reproducción, comunicación pública,
distribución, importación y transformación.
173
“Artículo 17. Las legislaciones internas de los Países Miembros podrán reconocer otros derechos de
carácter patrimonial.”
174
“Artículo 16. Los autores de obras de arte y, a su muerte, sus derechohabientes, tienen el derecho
inalienable de obtener una participación en las sucesivas ventas que se realicen sobre la obra, en subasta
pública o por intermedio de un negociante profesional en obras de arte. Los Países Miembros
reglamentarán este derecho.”
175
Lo anterior, conforme a lo prescrito en el artículo 21 de la Decisión 351 de 1993, en el que se dispone
que: “Las limitaciones y excepciones al derecho de autor que se establezcan mediante las legislaciones
internas (…), se circunscribirán a aquellos casos que no atenten contra la norma explotación de las obras o
no causen perjuicio injustificado a los legítimos intereses del titular o titulares de los derechos”.
59
Finalmente, en caso de que la accionante estime que efectivamente la norma
nacional acusada es contraria al derecho comunitario, dicho sistema le brinda
la posibilidad de recurrir a la acción de incumplimiento, como herramienta
idónea prevista para tutelar la integridad del orden supranacional176, con la
finalidad de resguardar la garantía de acceso a la administración de justicia,
sin alterar el esquema de control de constitucionalidad que se establece en la
Carta de 1991.
[Link]. A diferencia de lo expuesto, la Sala Plena considera que el cargo
referente al desconocimiento de la autonomía de la voluntad privada, que se
sustenta en el carácter de intransferible del derecho que se prevé a favor de
los autores en la Ley 1835 de 2017, sí satisface las cargas de claridad, certeza,
especificidad, pertinencia y suficiencia, pues corresponde a una proposición
jurídica real y existente, que en la práctica constituye una limitación al
derecho en mención y cuya validez constitucional se cuestiona sobre la base
del carácter esencialmente disponible que tienen los derechos patrimoniales
de autor. Así las cosas, se procederá con su examen, previa identificación del
contenido del derecho que se invoca como vulnerado.
6.5.3. La autonomía de la voluntad privada
La autonomía de la voluntad es un postulado formulado por la doctrina
civilista francesa a mediados de los siglos XVIII y XIX, el cual se ha definido
como: “[El] poder otorgado por el Estado a los particulares para crear,
dentro de los límites legales, normas jurídicas para la autorregulación de sus
intereses”177. Como previamente lo ha sostenido esta Corporación, dicha
autonomía goza de sustento constitucional. En efecto, este postulado se deriva
de la aplicación de varios derechos constitucionales concurrentes, a saber: el
derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica (CP art. 14), el derecho
a la propiedad privada (CP art. 58), el derecho de asociación (CP art. 38), y la
libertad económica, la libre iniciativa privada y la libertad de empresa (CP
arts. 333 y 334). Estos derechos constitucionales les confieren a los asociados
la potestad de crear, modificar y extinguir relaciones jurídicas.
La autonomía de la voluntad es un derecho íntimamente ligado a la dignidad
de la persona humana, ya que se erige en el instrumento principal e idóneo
para satisfacer sus necesidades básicas, a través del poder que otorga para
regular de forma autónoma sus propios intereses en el tráfico jurídico. De ahí
que, en la actualidad, se estime que es indispensable conferir un cierto grado
176
Los artículos 107 y 108 del Estatuto del Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina disponen que:
“Artículo 107. Objeto y finalidad. La acción de incumplimiento podrá invocarse ante el Tribunal con el
objeto de que un País Miembro, cuya conducta se considere contraria al ordenamiento jurídico comunitario,
dé cumplimiento a las obligaciones y compromisos contraídos en su condición de miembro de la Comunidad
Andina. // La conducta objeto de la censura podrá estar constituida por la expedición de normas internas
contrarias al ordenamiento jurídico andino, por la no expedición de normas que le den cumplimiento a
dicho ordenamiento o, por la realización de cualesquiera actos u omisiones opuestos al mismo o que de
alguna manera dificulten u obstaculicen su aplicación.” “Artículo 108. Titulares de la acción. Son titulares
de la acción de incumplimiento: la Secretaría General, los Países Miembros y las personas naturales o
jurídicas, con arreglo a las disposiciones de los artículos 23, 24 y 25 del Tratado y al Reglamento de
Procedimientos Administrativos de la Secretaría General.”
177
FERRI, Luigi. La autonomía privada. Revista de Derecho Privado. Madrid. 1957, p. 8.
60
razonable de autorregulación a los asociados, mediante la garantía de un
núcleo esencial de libertad contractual, destinada a suplir la incapacidad
física, técnica y jurídica del Estado para prever ex-ante todas las necesidades
de las personas.
Con todo, en un principio se consideraba que la autonomía privada constituía
una emanación de la voluntad general –como fuente absoluta e inagotable de
todo derecho–, erigiéndose, entonces, en un poder ilimitado y omnímodo de
autodeterminación normativa (perspectiva racionalista). Sin embargo, con el
surgimiento de los postulados sociales del Estado de Derecho, se relativizó su
alcance en favor de la salvaguarda y protección del bien común, del interés
social, del principio de solidaridad y de los derechos constitucionales de los
terceros (perspectiva moderna)178.
A partir de las citadas consideraciones y de conformidad con lo previsto en la
Constitución Política de 1991, la autonomía de la voluntad privada supone
entonces la existencia de un poder dispositivo de regulación, que se expresa
en “(i) la libertad de selección que consiste en la facultad de elegir con quién
se contrata (un proveedor, cliente, empleado y socio, entre otros); (ii) en la
libertad de negociación que [implica] decidir de qué forma se inician las
tratativas preliminares; (iii) en la libertad de configuración que comprende
todas aquellas decisiones sobre cómo se estructura un contrato y cuáles son
las obligaciones y derechos; y en (iv) la libertad de conclusión que significa
decidir si se celebra o no el negocio jurídico correspondiente”179.
La articulación de estas dimensiones de la autonomía privada con el enfoque
moderno, acogido ampliamente por esta Corporación, conduce a entender que
dicho poder dispositivo está sometido a la intervención normativa del Estado,
como derecho de carácter limitado y no absoluto, de suerte que, hoy en día, su
ejercicio incorpora las siguientes cargas. “Primero, existe[n] libertad[es] de
selección y conclusión, esto es, para contratar con quien se quiere, siempre y
cuando tal decisión no implique un abuso de la posición dominante, una
práctica restrictiva de la libre competencia, una restricción injustificada en el
acceso a un servicio público o una discriminación contraria a la Constitución.
Segundo, la libertad de negociación impone ajustar el comportamiento a la
buena fe, de manera que las partes tienen deberes secundarios de conducta
como los de información, coherencia, seriedad y lealtad, entre otros. Tercero,
las personas pueden convenir libremente sus relaciones contractuales
[libertad de configuración], siempre y cuando ello no desconozca las buenas
costumbres, las reglas que integran el orden público (…), la prohibición del
abuso del derecho, así como el deber de respeto [y garantía] de los derechos
fundamentales.”180
178
Con la denominación “moderna” la Corte ha querido enfatizar que fue desarrollada luego de algunos
sucesos históricos de la modernidad como, por ejemplo, la revolución inglesa de 1668, la revolución
americana de 1776 y la revolución francesa de 1789. Sentencia T-468 de 2003, M.P. Rodrigo Escobar Gil.
179
Sentencia C-345 de 2017, M.P. Alejandro Linares Cantillo.
180
Ibídem.
61
Por consiguiente, la autonomía de la voluntad a la luz del Texto Superior
conduce a entender que ella puede ser objeto de limitaciones de acuerdo con
la ley, por cuanto su protección no se explica tan solo en la necesidad de
obtener intereses particulares, sino también de lograr la promoción del interés
público o social, el bienestar colectivo y el goce efectivo de los derechos
constitucionales181. En todo caso, sobre la base del profundo respeto que se
desprende de la Constitución hacia dicha libertad, lo cierto es que, a menos
que exista una razón suficiente para establecer una limitación, las personas se
encuentran autorizadas para definir de forma libre y autónoma la manera en
que deciden entablar sus relaciones contractuales.
6.5.4. Examen de fondo del cargo formulado por la accionante
Con fundamento en las consideraciones expuestas a lo largo de esta
providencia, la Corte considera que el cargo propuesto no está llamado a
prosperar, por las siguientes razones: (i) En primer lugar, el legislador goza de
la potestad básica de configuración normativa para determinar las garantías
que son objeto de protección en el régimen de los derechos de autor (CP art.
150.24), tanto en lo referente al tiempo, como a las formalidades en que dicha
salvaguarda se torna efectiva (CP art. 61). Esto implica que el Congreso
puede establecer que algunos de los derechos que integran esta modalidad de
propiedad tengan un carácter irrenunciable e intransferible, mientras que otros
se sujetan a un principio de libertad plena en el ejercicio de los atributos de
negociación y configuración que emanan de la autonomía de la voluntad, con
las limitaciones que la propia Carta impone en términos de protección182 o
con las salvedades que se derivan del bloque de constitucionalidad, en
relación con los derechos de contenido moral.
Incluso, cuando se trata de medidas de contenido económico, como ocurre
con los derechos patrimoniales, el ámbito de definición del legislativo es aún
más amplio, pues su justificación también viene dada por la búsqueda de los
objetivos de intervención que se plasman en el artículo 334 Superior, como lo
son, entre otros, mejorar la calidad de vida de los habitantes o realizar una
distribución equitativa de las oportunidades.
En línea con lo anterior, no cabe reparo alguno frente a la decisión del
legislativo de incorporar un nuevo derecho de contenido patrimonial en el
ámbito de las obras audiovisuales, como lo es el derecho a la remuneración
equitativa por la comunicación pública de sus creaciones, ya que no existe
prohibición para la libre valoración que, en términos de conveniencia, es
realizada por el Congreso de la República, sobre el nivel y tipo de ingresos
que se obtienen por parte de los autores, como estímulo a su labor creativa.
No se advierte que en este punto la Constitución restringa el amplio margen
de configuración del legislador.
181
Sentencia SU-157 de 1999, M.P. Alejandro Martínez Caballero.
El artículo 61 de la Carta dispone que: “El Estado protegerá la propiedad intelectual por el tiempo y
182
mediante las formalidades que establezca la ley”. Énfasis por fuera del texto original.
62
Esta decisión, por lo demás, se encuentra avalada por el artículo 17 de la
Decisión 351 de 1993, en la que se autoriza, como ya se dijo, a que los Países
Miembros del Pacto Andino de Naciones reconozcan otros derechos de tal
categoría en sus legislaciones internas.
De igual manera, aunque por regla general se categorizan a los derechos
patrimoniales como susceptibles de disposición, no existe ninguna limitación
expresa en la Carta que le impida al legislador modificar en casos puntuales
dicha característica, en el sentido de disponer que alguna de sus expresiones
se torne en irrenunciable e intransferible, tal como sucede en el caso bajo
examen, con el derecho de remuneración equitativa por la comunicación
pública de obras audiovisuales. De ahí que, en principio, tal determinación se
ajusta a la Constitución, siempre que a través de ella no se desconozca la
directriz superior de brindar protección a los derechos de autor, se afecten los
derechos afines que se interrelacionan con su desarrollo, o se introduzcan
condiciones irrazonables o desproporcionadas. En general, como lo ha dicho
la Corte, más allá de tratarse como en este caso de una restricción legal, su
aplicación no debe atentar contra la normal explotación de la obra, ni puede
causarle al titular del derecho un perjuicio injustificado en sus intereses
legítimos183.
Aplicado lo anterior al caso concreto, no se advierte que la medida aquí
prevista afecte la directriz constitucional que impone al Estado el deber de
proteger la propiedad intelectual y, por ende, los derechos de autor, ya que su
consagración, lejos de disminuir las garantías que se otorgan al productor o a
los autores de las obras audiovisuales, como expresamente se consagra en la
norma demandada184, lo que hace es estimular, incentivar o compensar con un
reconocimiento económico, el aporte intelectual que se efectúa por estos
últimos, a favor de la cultura, el entretenimiento y la identidad nacional.
Tampoco se desconocen los derechos afines que se interrelacionan con la
garantía de los derechos de autor, toda vez que no aprecia un detrimento o
menoscabo que impacte en el desenvolvimiento del libre desarrollo de la
personalidad o de la libertad de expresión. Por el contrario, el derecho que se
crea se convierte en un estímulo que los favorece, al asegurar un ingreso para
que los autores sigan originando obras audiovisuales y plasmen en ellas su
visión sobre los distintos ámbitos susceptibles de exposición.
La connotación de otorgarle al derecho de remuneración equitativa el carácter
de irrenunciable e intransferible, de manera alguna atenta contra la normal
explotación de la obra, ni causa a su titular un perjuicio injustificado en sus
183
Sentencia C-035 de 2015, M.P. María Victoria Calle Correa.
184
Ello es así, respecto del productor, porque se mantienen inalterables los derechos exclusivos de
contenido económico que le hayan sido transferidos por vía de cesión o de presunción, cuando en el último
inciso del parágrafo 1º del artículo 1º de la Ley 1835 de 2017 se señala que: “En ejercicio de este derecho,
los autores definidos en el artículo 95 de la presente ley, no podrán prohibir, alterar o suspender la
producción o la normal explotación comercial de la obra cinematográfica por parte del productor”. Y, en lo
que atañe a los autores, cuando en el inciso 2 de la misma norma, se establece que: “[L]a remuneración a
que se refiere este artículo (…) no afecta los demás derechos que a los autores de obras cinematográficas
les reconoce la Ley 23 de 1982 y demás normas que la modifican o adicionan, así como sus decretos
reglamentarios”.
63
derechos e intereses legítimos. Ello es así, por una parte, porque se mantiene
incólume el ejercicio de los derechos patrimoniales exclusivos que se cedan
al productor por vía contractual o por aplicación de la presunción de
legitimación que se incorpora en el artículo 98 de la Ley 23 de 1982, como se
señala de forma expresa en la norma demandada185; y por la otra, porque con
el nuevo derecho que se introduce en ningún caso se limitan los actos de
comunicación pública de la obra, ni siquiera en las hipótesis previstas en el
parágrafo 2 del precepto legal demandado, al tratarse de una garantía que solo
otorga un derecho de retribución económica, sin brindar herramienta alguna
que le permita a los autores prohibir, limitar o condicionar el uso, explotación
o disposición de la creación audiovisual.
En este sentido, no puede decirse que se desnaturaliza o se deforma el alcance
de los derechos patrimoniales de autor, toda vez que, aunque por lo general
tienen un alcance dispositivo, dicha característica se predica por excelencia de
los derechos exclusivos más no de los de simple remuneración, los cuales
tienden a ser irrenunciables e intransferibles, por cuanto solo facultan a su
titular para cobrar por su uso en determinados casos, en la mayoría de las
oportunidades con miras a lograr una mayor equidad en la explotación de las
obras del intelecto. Esto se advierte en otros derechos de igual connotación o
naturaleza al que es objeto de demanda, como ocurre con el derecho de
reventa de obras o droit de suite186, con la participación equitativa en la
comunicación al público de fonogramas187, con los contratos de producciones
fotográficas188, o con la remuneración a favor de los artistas intérpretes de
obras audiovisuales189.
185
Como se dijo, el ultimo inciso del parágrafo 1 del citado artículo 98 establece lo siguiente: ““En ejercicio
de este derecho, los autores definidos en el artículo 95 de la presente ley, no podrán prohibir, alterar o
suspender la producción o la normal explotación comercial de la obra cinematográfica por parte del
productor”.
186
Como ya se mencionó, el artículo 16 de la Decisión 351 de 1993 dispone que: “Los autores de obras de
arte y, a su muerte, sus derechohabientes, tienen el derecho inalienable de obtener una participación en las
sucesivas ventas que se realicen sobre la obra, en subasta pública o por intermedio de un negociante
profesional en obras de arte. Los Países Miembros reglamentarán este derecho.” Énfasis por fuera del texto
original.
187
La Ley 44 de 1993, en el artículo 69, señala lo siguiente: “El artículo 173 de la Ley 23 de 1982 quedará
así: Cuando un fonograma publicado con fines comerciales o una reproducción de ese fonograma, se
utilicen directamente para la radiodifusión o cualquier otra forma de comunicación al público, el utilizador
abonará una remuneración equitativa y única destinada a la vez a los artistas, intérpretes o ejecutantes y
al productor del fonograma, suma que será pagada por el utilizador a los artistas intérpretes o ejecutantes y
a los productores de fonogramas, a través de las sociedades de gestión colectiva constituidas conforme a la
ley, distribuida por parte iguales.” Énfasis por fuera del texto original. Esta disposición fue declarada
exequible en la Sentencia C-966 de 2012, M.P. María Victoria Calle Correa.
188
El artículo 74 de la Ley 23 de 1982 consagra que: “Solo mediante contrato previo, podrá el productor
fonográfico, grabar las obras protegidas por esta ley, documento que en ningún caso conlleva la cesión del
derecho de ejecución en público, cuyos derechos patrimoniales son exclusivamente del autor, artistas,
interprete o ejecutante”. Énfasis por fuera del texto original.
189
Tal como ya se ha advertido, el artículo 1º de la Ley 1403 de 2010 señala que: “Artículo 1. Adiciónese el
artículo 168 de la Ley 23 de 1982, el cual quedará así: Artículo 168. Desde el momento en que los artistas,
intérpretes o ejecutantes autoricen la incorporación de su interpretación o ejecución en una fijación de
imagen o de imágenes y sonidos, no tendrán aplicación las disposiciones contenidas en los apartes b) y c)
del artículo 166 y c) del artículo 167 anteriores. Parágrafo 1. Sin perjuicio de lo contemplado en el párrafo
anterior, los artistas intérpretes de obras y grabaciones audiovisuales conservarán, en todo caso, el derecho
a percibir una remuneración equitativa por la comunicación pública, incluida la puesta a disposición y el
alquiler comercial al público, de las obras y grabaciones audiovisuales donde se encuentren fijadas sus
interpretaciones o ejecuciones. En ejercicio de este derecho no podrán prohibir, alterar o suspender la
producción o la normal explotación comercial de la obra audiovisual por parte de su productor, utilizador o
causahabiente.” Énfasis por fuera del texto original.
64
Lo anterior se refuerza con la circunstancia de que los derechos patrimoniales,
por su connotación económica, admiten una mayor intervención por parte del
legislador, por lo que no se advierte arbitrariedad alguna en otorgarle al
derecho de remuneración equitativa por la comunicación pública de obras
audiovisuales el carácter de irrenunciable e intransferible, cuando en ello
subyace la intención de mejorar las condiciones en que se remunera el trabajo
de los autores190, como finalidad que tiene plena correspondencia con los
objetivos previstos en el artículo 334 del Texto Superior191.
(ii) En segundo lugar, si bien la decisión adoptada por el legislador restringe
la autonomía de la voluntad, en lo referente a la posibilidad de disponer sobre
un derecho, dicha determinación es concordante con la visión moderna que
tiene esta garantía en términos constitucionales, conforme a la cual se admite
su limitación para lograr la promoción del interés social y el goce efectivo de
los derechos constitucionales, de suerte que se trata de una medida que se
ampara en un principio de razón suficiente y que no resulta desproporcionada.
- Para la Corte, en el asunto sub-judice, la limitación se justifica, inicialmente,
por la necesidad de mejorar las condiciones en las que se efectúa el trabajo de
los autores de creaciones audiovisuales. En efecto, como lo sostienen la
mayoría de los intervinientes, lo que se busca es que los directores, autores de
música, guionistas y/o dibujantes, quienes ceden sus derechos patrimoniales
exclusivos al productor de una obra cinematográfica, por vía convencional o
por presunción de legitimación, sobre la base de una renta que por lo general
solo cubre el momento de producción de la obra, cuenten hacia el futuro con
un beneficio económico que retribuya los actos de comunicación pública
derivados de su reutilización, alquiler comercial, puesta a disposición u otro
acto similar, con el fin de conseguir una distribución más equitativa de los
ingresos que se derivan de la explotación de una creación del intelecto, a
través de una nueva remuneración que cubra los períodos labores inactivos y
que asegure un trato equitativo en el sector, caracterizado por la intermitencia
de los vínculos, la contratación frecuente mediante prestación de servicios y
la variabilidad de los honorarios. La prestación funciona entonces con un fin
eminentemente solidario, ya que sin perjuicio de los réditos que obtiene el
productor por su utilización, toda nueva proyección, emisión o transmisión de
la obra, va a permitir que sus autores tengan un soporte económico que les
permita en el futuro beneficiarse de la producción realizada192.
190
En el primer debate dado en la Comisión Primera de la Cámara de la Representantes, la ponente de la
iniciativa expresó que: “(…) este tipo de leyes lo que envían es una señal clara a la sociedad de que estamos
dignificando un trabajo que merece un reconocimiento (…)”. Gaceta del Congreso No. 493 de 2016, p. 7.
191
Como lo es, según se dijo con anterioridad, mejorar las condiciones de vida de los habitantes y lograr una
distribución equitativa de las oportunidades.
192
En la ponencia para tercer debate se manifestó que: “[La presunción de cesión] (…) genera un
desequilibrio entre la remuneración otorgada al autor, la cual se recibe en el momento de la suscripción del
contrato de cesión de los derechos y los beneficios económicos percibidos por el productor con las múltiples
comunicaciones públicas que se hacen con la obra. Dicho desequilibrio produce una falta de incentivo para
nuestros directores, libretistas y guionistas pues no permite que de las obras creadas con su intelecto se
produzcan réditos que generen condiciones adecuadas para ejercer dicha labor.” Gaceta del Congreso No.
928 de 2016, p. 11.
65
Así las cosas, no cabe duda de que la limitación adoptada por el legislador, en
los términos expuestos, constituye un claro desarrollo de lo previsto en el
artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH),
conforme al cual “[t]oda persona tiene derecho a la protección de los
intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las
producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora”, así como
de lo dispuesto en el artículo 15 del Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), en el que igualmente se
consagra que toda persona tiene derecho a “[b]eneficiarse de la protección de
los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las
producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora”.
- Pero, adicionalmente, la limitación respecto del carácter intransferible del
derecho a la remuneración equitativa por la comunicación pública de obras
cinematografías, también se explica como un medio para lograr el interés
social y realizar el principio de solidaridad. En cuanto al primero, porque al
consagrar una nueva fuente de ingresos para los autores, se estimula la puesta
en práctica de su intelecto para alcanzar un mayor auge en la creación de
obras que plasmen la identidad nacional y que sirvan de motor para el
desarrollo de la cultura (CP art. 72). Lo anterior, sobre la base de que la Corte
declaró exequible el artículo 2 de la Ley 23 de 1982, en el que se reputa como
de interés social la protección de los derechos de autor193. Y, en lo relativo al
segundo, porque los ingresos que se garantizan para los autores, en términos
de equidad, buscan cubrir sus períodos inactivos, de suerte que el pago que
realizan los emisores no tiene un propósito exclusivo de lucro, al tratarse, por
sobre todas las cosas, de un soporte material para que los primeros puedan
beneficiarse continuamente de sus creaciones en el futuro.
- Aunado a lo anterior, la restricción que se impone es específica y no
genérica, por lo que su aplicación se circunscribe a los actos de comunicación
pública, tal determinación, como ya se dijo, constituye una herramienta
creada para brindar una mayor equidad en la distribución de los ingresos que
se obtienen por los autores, con miras a estimular su labor, el auge de la
producción audiovisual y la cultura, básicamente en respuesta a la presunción
de legitimación que se consagra en el uso y explotación de los derechos
patrimoniales exclusivos de autor, a favor de los productores194. En este orden
de ideas, la medida cumple un objetivo adicional, pues torna efectivo lo
previsto en el inciso 2 del artículo 71 de la Constitución, conforme al cual es
deber del Estado crear “incentivos para [que las] personas (…) desarrollen y
fomenten (…) las manifestaciones culturales (…)”.
En conclusión, no cabe duda de que el carácter irrenunciable e intransferible
del derecho a la remuneración equitativa por la comunicación pública de
obras audiovisuales, como límite a la posibilidad de disponer de un derecho
193
De forma explícita, en la Sentencia C-053 de 2001, M.P. Cristina Pardo Schlesinger, este Tribunal afirmó
que: “El beneficio social que reporta la producción artística, literaria y científica se concibe precisamente a
partir de la interacción entre el autor y el conjunto de la cultura. En efecto, la obra es el resultado del contacto
personal individual con la cultura como expresión de la sociedad y, en esta medida, la sociedad contribuye a
su creación.”
194
Así se advirtió con la cita al informe de ponencia de tercer debate que consta en la nota a pie No. 192.
66
patrimonial en desarrollo de la autonomía de voluntad privada, se explica por
el carácter relativo de esta última garantía, que admite, como en este caso, el
señalamiento de restricciones que apelan a lograr un interés social, a impulsar
el principio de solidaridad y a brindar mayor equidad en los ingresos que se
derivan de la comunicación pública de una obra. En este contexto, la Corte
observa que existe un principio de razón suficiente que justifica en términos
constitucionales la medida que se adopta y que, además, permite garantizar el
principio de proporcionalidad, si se tiene en cuenta que sus beneficios son
mayores que los costos que genera en términos de afectación de derechos. En
efecto, salvo la restricción que se impone a la libertad de negociación, los
réditos de la medida aseguran la promoción del intelecto, el auge de la
producción audiovisual nacional y el incentivo de la cultura. Por lo demás, al
tratarse de un derecho de mera remuneración de contenido específico, no se
afectan de forma alguna los derechos patrimoniales exclusivos cuya
disponibilidad es plena, al tenor de lo previsto en el artículo demandado, en
armonía con lo señalado en el artículo 13 de la Decisión 351 de 1993.
Por el conjunto de razones expuestas, este Tribunal concluye que el aparte
acusado del artículo 1º de la Ley 1835 de 2017, que modificó el artículo 98 de
la Ley 23 de 1982, debe ser declarado exequible, no sin antes aclarar que los
fallos que se invocan por la accionante para justificar la esencialidad del
atributo de la disponibilidad de los derechos patrimoniales de autor no son
aplicables al caso sub-examine, toda vez que, en lo que corresponde a la
Sentencia C-966 de 2012195, la discusión que allí se adelantó refiere a un
juicio de igualdad por la distribución equitativa de la remuneración derivada
de los fonogramas publicados con fines comerciales que se usan directamente
para la radiodifusión, en la que tan solo se señaló, a manera de obiter dicta,
las características que de forma tradicional identifican a los derechos en
mención, sin distinguir entre aquellos que tienen un contenido exclusivo
frente a los que cumplen una labor de mera remuneración. Y, en lo que atañe
a la Sentencia C-155 de 1998196, porque el juicio propuesto se concentró en
una irrenunciabilidad genérica de todos los derechos de autor y conexos, lo
que resulta diferente a la medida específica que aquí se impone, que no vacía
de forma absoluta el principio de libertad contractual en materia de derechos
de autor y que, además, responde a la particularidad de tratarse de una nueva
garantía distinta a los tradicionales derechos de explotación.
6.6. Examen del cargo relacionado con la supuesta infracción del derecho
a la igualdad
6.6.1. Alcance y contenido de la acusación realizada
[Link]. La segunda acusación que se alega supone una vulneración del
derecho a la igualdad consagrado en el artículo 13 de la Carta y su
formulación se orienta a cuestionar el mismo aparte del precepto demandado
expuesto en el cargo anterior, a saber: “No obstante, la presunción de cesión
195
M.P. María Victoria Calle Correa.
196
M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
67
de los derechos de los autores establecidos en el artículo 95 de la presente
ley, conservarán en todo caso el derecho a recibir una remuneración
equitativa por los actos de comunicación pública incluida la puesta a
disposición y el alquiler comercial al público que se hagan de la obra
audiovisual, remuneración que será pagada directamente por quien realice
la comunicación pública”.
En criterio de la accionante, el trato desigual se presenta entre el autor de una
obra cinematográfica respecto de los autores de otro tipo de obras colectivas,
es decir, obras que son producidas por un grupo de autores, por iniciativa y
bajo la orientación de una persona natural o jurídica que la coordine bajo su
nombre, tal como ocurre con algunas obras literarias, las obras de multimedia
([Link], los videojuegos) y ciertos programas de ordenador (software).
En este sentido, afirma que la desigualdad se presenta en la medida en que los
autores de obras diferentes a las cinematográficas mantendrán la facultad de
transferir todos sus derechos patrimoniales sin limitación alguna. Caso
contrario a lo que ocurre respecto de este último creador, el cual tiene
prohibido ejercer el atributo de disposición frente al derecho de remuneración
por comunicación pública, sin que existan razones que validen, legitimen o
justifiquen dicha distinción de trato.
[Link]. Los intervinientes, con una excepción197, solicitan a la Corte declarar
la exequibilidad de la norma acusada, al considerar (i) que no cabe el juicio
de igualdad que se propone, pues cada obra del intelecto tiene una regulación
particular, que la dota de unas características únicas que provienen del tipo de
creación o producción que se realiza, por lo que no es posible plantear un
problema de discriminación en el trato, con la sola afirmación de que se trata
de sujetos puestos en igualdad de condiciones; (ii) además el objeto de la
disposición acusada es el de impulsar el mandato de igualdad material frente a
los autores de obras audiovisuales, si se tiene en cuenta que los artistas
intérpretes ya son titulares del derecho a la remuneración equitativa, según lo
dispuesto en el artículo 1º de la Ley 1403 de 2010, o Ley Fanny Mikey.
No obstante, cabe aclarar que algunos intervinientes sugieren en este punto la
adopción de un fallo inhibitorio, por el desconocimiento de las cargas de
especificidad, pertinencia y suficiencia, pues no se explica por qué los sujetos
son comparables. Lo anterior, con la salvedad que realiza el Procurador
General de la Nación, quien alega que se incumple la carga de certeza, al
confundir la accionante la naturaleza del derecho que es objeto de limitación.
6.6.2. La igualdad como valor, principio y derecho
Como lo ha reseñado la jurisprudencia de la Corte, la igualdad tiene un triple
rol en el ordenamiento constitucional: el de valor, el de principio y el de
derecho198. En tanto valor, la igualdad es una norma que establece fines o
197
Se trata de la intervención de Caracol Televisión que comparte los mismos argumentos expuestos en la
demanda.
198
Sentencias T-406 de 1992, T-881 de 2002, C-818 de 2010 y C-250 de 2012.
68
propósitos, cuya realización es exigible a todas las autoridades públicas y en
especial al legislador, en el desarrollo de su labor de concreción de los textos
constitucionales. En su rol de principio, se ha considerado que dicha garantía
opera como un mandato de optimización que dispone un deber ser específico,
que admite su incorporación en reglas concretas derivadas del ejercicio de la
función legislativa o que habilita su uso como herramienta general en la
resolución de controversias sometidas a la decisión de los jueces. Finalmente,
en tanto derecho, se manifiesta en una facultad subjetiva que impone deberes
de abstención –como la prohibición de discriminación–, al mismo tiempo que
exige obligaciones puntuales de acción, como ocurre con la consagración de
tratos favorables para grupos puestos en situación de debilidad manifiesta.
A pesar de lo anterior, como ha sido resaltado por este Tribunal, la igualdad
carece de un contenido material específico, es decir, “a diferencia de otros
principios constitucionales o derechos fundamentales, no protege ningún
ámbito concreto de la esfera de la actividad humana, sino que puede ser
alegado ante cualquier trato diferenciado injustificado”199. De ahí surge uno
de los principales atributos que la identifica como lo es su carácter relacional.
En todo caso, vista la igualdad como principio, su contenido puede aplicarse a
múltiples ámbitos del quehacer humano, y no solo a uno o alguno de ellos.
Esta circunstancia, en lo que corresponde a la igualdad de trato, comporta el
surgimiento de dos mandatos específicos cuyo origen responde al deber ser
que le es inherente, esto es, (i) el de dar un mismo trato a supuestos de hecho
equivalentes, siempre que no haya razones suficientes para darles un trato
diferente; y (ii) el de dar un trato desigual a supuestos de hecho distintos200.
Los antedichos mandatos, conforme al grado de semejanza o de identidad, se
pueden precisar en cuatro reglas: (a) la de dar el mismo trato a situaciones de
hecho idénticas; (b) la de dar un trato diferente a situaciones de hecho que no
tienen ningún elemento en común; (c) la de dar un trato paritario o semejante
a situaciones de hecho que presenten similitudes y diferencias, cuando las
primeras sean más relevantes que las segundas; y (d) la de dar un trato
diferente a situaciones de hecho que presenten similitudes y diferencias,
cuando las segundas más relevantes que las primeras201.
En atención a su carácter relacional, el análisis de la igualdad da lugar a un
juicio tripartito, ya que involucra el examen del precepto demandado, la
revisión del supuesto o régimen jurídico respecto del cual se alega el trato
diferenciado injustificado y la consideración del principio de igualdad. Por
ello, ante la dificultad de este examen, la Corte suele emplear herramientas
metodológicas como el juicio integrado de igualdad202. Este se compone de
dos etapas de análisis. En la primera, se establece el criterio de comparación o
tertium comparationis, es decir, se precisa si los supuestos de hecho son
199
Sentencia C-818 de 2010, M.P. Humberto Antonio Sierra Porto. Esta providencia ha sido reiterada en
varias oportunidades, como se destaca en las Sentencias C-250 de 2012 y C-743 de 2015.
200
Sentencias C-862 de 2008 y C-551 de 2015.
201
Sentencias C-862 de 2008, C-818 de 2010, C-250 de 2012, C-015 de 2014, C-239 de 2014, C-240 de
2014, C-811 de 2014 y C-329 de 2015.
202
Sentencia C-093 de 2001, M.P. Alejandro Martínez Caballero.
69
susceptibles de compararse y si se confrontan sujetos o situaciones de la
misma naturaleza. En esta parte, asimismo, se define si en el plano fáctico y
en el plano jurídico existe un trato desigual entre iguales o igual entre
desiguales.
Una vez establecida la diferencia de trato entre situaciones o personas que
resulten comparables, se procede, como segunda parte de este juicio, a
determinar si dicha diferencia está constitucionalmente justificada, esto es, si
los supuestos objeto de análisis ameritan un trato diferente a partir de los
mandatos consagrados en la Constitución. Este examen consiste en valorar los
motivos y razones que fueron expresados para sustentar la medida estudiada y
para obtener la finalidad pretendida. Para tal efecto y como metodología se
analizan tres aspectos: (i) el fin buscado por la medida, (ii) el medio empleado
y (iii) la relación entre el medio y el fin203.
Con todo, la jurisprudencia ha sostenido que la admisión o viabilidad de un
cargo por violación del citado derecho, no se limita a la simple manifestación
de considerar que las disposiciones objeto de controversia establecen una
discriminación y que, por ello, son contrarias al artículo 13 Superior204. En
efecto, para poder establecer –en un marco relacional– si existe una diferencia
de trato carente de justificación, es preciso que el actor manifieste (i) cuáles
son los sujetos que se comparan y por qué ellos deberían recibir el mismo
trato; (ii) en qué sentido se presenta una diferenciación y (iii) con base en qué
criterios es que ella se produce205.
203
Cabe aclarar que la jurisprudencia ha desarrollado este juicio a partir de tres niveles de intensidad:
estricto, intermedio y leve. Para determinar cuál es el grado de intensidad adecuado en el examen de un
asunto sometido a revisión, este Tribunal ha fijado una regla y varios criterios. Como se advirtió en la
Sentencia C-104 de 2016, M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez, la regla consiste en reconocer que al
momento de ejercer el control de constitucionalidad se debe aplicar un test leve, que es el ordinario. Este se
limita a establecer la legitimidad del fin y del medio, debiendo ser este último adecuado para lograr el
primero, valga decir, verificar si dichos fin y medio no están constitucionalmente prohibidos y si el segundo
es idóneo o adecuado para conseguir el primero. Este test ha sido aplicado en casos en que se estudian
materias económicas, tributarias o de política internacional, o en aquellos en que está de por medio una
competencia específica definida en cabeza de un órgano constitucional, o cuando, a partir del contexto
normativo del precepto demandado, no se aprecia prima facie una amenaza frente al derecho sometido a
controversia. La aplicación de un test estricto, como la más significativa excepción a la regla, tiene
aplicación cuando está de por medio el uso de un criterio sospechoso, a los cuales alude el artículo 13 de la
Constitución, o cuando la medida recae en personas que están en condiciones de debilidad manifiesta, o que
pertenecen a grupos marginados o discriminados. También se ha utilizado cuando la diferenciación afecta de
manera grave, prima facie, el goce de un derecho fundamental. Este test ha sido categorizado como el más
exigente, ya que busca establecer si el fin es legítimo, importante e imperioso y si el medio es legítimo,
adecuado y necesario, es decir, si no puede ser remplazado por otro menos lesivo. Este test incluye un cuarto
aspecto de análisis, referente a si los beneficios de adoptar la medida exceden claramente las restricciones
impuestas sobre otros principios y valores constitucionales. Entre los extremos del test leve y del test estricto,
se ha identificado el test intermedio, que se aplica por este Tribunal cuando se puede afectar el goce de un
derecho no fundamental, cuando existe un indicio de arbitrariedad que puede afectar la libre competencia
económica o en aquellos casos en que la medida podría resultar potencialmente discriminatoria en relación
con alguno de los sujetos comparados, lo que incluye el uso de las acciones afirmativas. Este test examina
que el fin sea legítimo e importante, porque promueve intereses públicos valorados por la Constitución o por
la magnitud del problema que el legislador busca resolver, y que el medio sea adecuado y efectivamente
conducente para alcanzar dicho fin.
204
Sentencia C-715 de 2006, M.P. Álvaro Tafur Galvis.
205
Así, por ejemplo, en la Sentencia C-022 de 1996, M.P. Carlos Gaviria Díaz, se expuso que: “Se debe
señalar con claridad los grupos involucrados, el trato introducido por las normas demandadas que genera la
vulneración del derecho a la igualdad y qué justifica dar un tratamiento distinto al contenido en las normas
acusadas, toda vez que la realización de la igualdad no le impone al legislador la obligación de otorgar a
todos los sujetos el mismo tratamiento jurídico, ya que no todos se encuentran bajo situaciones fácticas
70
La falta de cumplimiento de estas exigencias conduce a un desconocimiento
de las cargas de pertinencia, especificidad y suficiencia. En cuanto a la carga
de pertinencia, porque no se verificaría el juicio de contradicción normativa
entre una norma de rango legal y una de rango constitucional, al limitarse el
alcance de la acusación a una valoración de conveniencia sobre la distinción
de trato consagrada en la ley. En relación con la carga de especificidad,
porque no se exhibiría cuál es el problema de legitimidad constitucional que
surge de la norma demandada, como consecuencia de la posibilidad que tiene
el legislador de prever consecuencias normativas distintas frente a supuestos
de hecho no asimilables. Y, en cuanto a la carga de suficiencia, porque no
existiría el mínimo razonamiento jurídico para poner en entredicho la
presunción de constitucionalidad que ampara a todas las normas legales,
como consecuencia de la aplicación del principio democrático.
6.6.3. Cuestión previa. Examen de aptitud del cargo
En el asunto bajo examen, la Corte encuentra que no cabe realizar un
pronunciamiento de fondo respecto del cargo propuesto, ya que el mismo no
satisface los mínimos del juicio de igualdad. En primer lugar, porque no se
identifican en realidad cuáles son los sujetos que deben compararse, al
limitarse la accionante a invocar en general a los autores de otro tipo de obras
colectivas, sin detallar dentro de ese universo a cuáles se refiere y por qué
ellos estarían en una situación equivalente o análoga a la de los autores de
obras audiovisuales, como ocurre con los ejemplos que simplemente insinúa
relativos al “caso de obras literarias en donde hay aportes de diferentes
autores”, a “algunos programas de ordenador (software)” y “a las obras de
multimedia (videojuegos)”206.
De esta manera, como lo advierten la mayoría de los intervinientes, no es
posible adelantar el juicio de igualdad, toda vez que la demanda se limita a
invocar la existencia de una discriminación, sin exponer argumentos que
permitan establecer cuáles son los sujetos que comparan y por qué ellos deben
recibir un mismo trato, sobre todo cuando la regulación de cada obra del
intelecto responde a sus propias particularidades, como ocurre en el caso bajo
examen, en el que las creaciones audiovisuales tienen un capítulo especial que
las regulan207, que se sujeta a la particularidad de otorgar una presunción de
cesión sobre los derechos patrimoniales exclusivos de autor a favor del
productor. En este contexto, como ya se dijo, se entiende que la demanda no
cumple con las cargas de especificidad, pertinencia y suficiencia.
En segundo lugar, la acusación propuesta también desconoce la carga de
suficiencia, (i) cuando la correlación abstracta que se realiza omite tener en
cuenta que la remuneración equitativa que se consagra en la ley corresponde a
un derecho nuevo, respecto del cual no se aclara si el resto de los autores de
similares ni gozan de las mismas condiciones o prerrogativas personales e institucionales”. Este precedente
ha sido reiterado recientemente en las Sentencias C-104 y 179 de 2016.
206
Folio 14 del cuaderno 1.
207
Capítulo VII de la Ley 23 de 1982.
71
obras colectivas son titulares de esa misma prestación y si, en relación con
ellos, tal garantía permite o no su plena disponibilidad. Esta explicación es
esencial, pues sin ella no es posible determinar si los sujetos involucrados se
hallan en una misma situación de hecho. En otras palabras, en materia de
derechos de autor, no cabe un juicio de igualdad cuando la comparación se
realiza entre sujetos que tienen distintos derechos, como ocurre con aquellos
que gozan de derechos exclusivos frente a quienes tienen derechos de mera
remuneración, ya que se trata de garantías patrimoniales distintas.
Finalmente, en línea con el desconocimiento de la carga de suficiencia, la
Corte encuentra que la demanda carece de la entidad necesaria para suscitar
un debate de constitucionalidad, cuando de igual manera se prescinde de la
consideración respecto de la búsqueda de asegurar la igualdad material, frente
a otros sujetos que participan en la producción audiovisual, como ocurre con
los artistas intérpretes, respecto de los cuales desde la Ley 1403 de 2010, se
consagra el derecho a la remuneración equitativa por la comunicación pública
de obras cinematográficas, regulación que fue avalada por este Tribunal en la
Sentencia C-912 de 2011208.
Por el conjunto de razones expuestas, la Sala Plena se inhibirá de adoptar una
decisión de fondo respecto del cargo vinculado con la supuesta vulneración
del derecho a la igualdad.
6.7. Examen del cargo sobre la violación del principio de irretroactividad
de la ley y del desconocimiento de los derechos adquiridos
6.7.1. Alcance y contenido de la acusación realizada
[Link]. El tercer y último cargo se concreta en el presunto desconocimiento
de los derechos adquiridos y de la prohibición de retroactividad de la ley,
como garantías previstas en el artículo 58 de la Constitución Política. La
acusación se encamina específicamente al siguiente aparte de la norma
demandada: “La remuneración a que se refiere este artículo, no se entenderá
comprendida en las cesiones de derechos que el autor hubiere efectuado con
anterioridad a esta ley (…)”.
Para justificar la vulneración que se alega, la accionante señala que, en
materia de obras cinematográficas, antes de la entrada en vigencia de la Ley
1835 de 2017, la transferencia de los derechos patrimoniales operaba por las
dos vías existentes en el ordenamiento jurídico, según se acogiera por los
interesados, esto es, la cesión de carácter convencional o la presunción legal,
prevista en el artículo 98 de la Ley 23 de 1982.
208
M.P. Mauricio González Cuervo. Esta providencia incluye tan solo un condicionamiento dirigido a
proteger el derecho de asociación, al permitir que la remuneración se recaude por sociedades de gestión
colectiva, o por mecanismos distintos, incluyendo “el cobro independiente o individual, dentro del marco de
las normas legales vigentes”. Por lo demás, ante un juicio de igualdad en el que también se comparó de
forma abstracta a los actores intérpretes de obras audiovisuales respecto de la generalidad de los titulares de
derechos de autor, en cuanto a la libre disponibilidad de sus derechos, la Corte manifestó que no se cumplía
con los requisitos mínimos para promover dicho juicio, ya que no “(…) [se] estableció cuáles sujetos debían
compararse (…) [y] por qué (…) eran sujetos de la misma naturaleza”.
72
Por consiguiente, cuando el precepto impugnado señala que el derecho de
remuneración por comunicación pública que ahora se reconoce a los autores
es intransferible y, por ende, “no se entiende comprendido en las cesiones de
derechos realizadas con anterioridad a la ley que se demanda”, lo que está
haciendo es desconociendo una situación jurídica consolidada en cabeza de
un tercero cesionario de los derechos (ya sea por convenio o por presunción
legal), y con ello vulnerando la garantía de los derechos adquiridos.
De esta manera, la demandante concluye que “[de] mantenerse la norma
demandada, los titulares derivados de derechos patrimoniales de autores de
obras cinematográficas, se enfrentarían a un escenario de inseguridad jurídica,
al encontrarse que los derechos que obtuvieron previamente, de conformidad
con la ley hasta entonces vigente, son desconocidos por el legislador por una
ley posterior y, en consecuencia, extraídos de su esfera patrimonial, sin que
medie o se configure una situación prevista para tal fin por el ordenamiento
jurídico”209.
[Link]. Los intervinientes, con una excepción210, solicitan a la Corte declarar
la exequibilidad de la norma acusada, al considerar (i) que de ninguna manera
la ley es retroactiva, pues sus efectos o consecuencias en derecho se producen
con posterioridad a su promulgación. Además, (ii) el alcance de la expresión
“no se entenderá comprendida en las cesiones de derechos que el autor
hubiere efectuado con anterioridad a esta ley”, debe entenderse en el sentido
común de aclarar que el nuevo derecho que se dispone a favor de los autores
de obras audiovisuales, creado por el legislador con un carácter de simple
remuneración, no puede estar incorporado en las cesiones contractuales que
se hubieren celebrado previo a la publicación de la ley. En efecto, (iii) no es
posible ceder en contratos preexistentes derechos que todavía no han sido
plasmados en el ordenamiento jurídico, pues todo negocio se limita a las
garantías vigentes al momento de su celebración, ya que lo contrario daría
lugar a un escenario de abuso del derecho. Por otra parte, (iv) no se afectan
situaciones jurídicas del productor, ya que el pago que se debe realizar se
encuentra a cargo del emisor o utilizador de la obra; (v) aunado a que no
existe ningún precepto que haya derogado disposición alguna, de carácter
legal o contractual, referente a los derechos patrimoniales de los productores.
Por su parte, a juicio del Procurador General de la Nación, “el derecho de
remuneración por comunicación es un derecho patrimonial que no se había
reconocido en el ordenamiento jurídico previamente, y en consecuencia no es
posible afirmar que algún [autor] hubiese dispuesto de este con anterioridad a
209
Folio 22 del cuaderno 1. Cabe destacar que, con fundamento en los tres cargos expuestos, la accionante
solicita la declaratoria de inexequibilidad de los apartes demandados del artículo 1º de la Ley 1835 de 2017,
que modificó el artículo 98 de la Ley 23 de 1982. Sin embargo, de forma subsidiaria, pide que se declare la
exequibilidad condicionada en el “entendido de que no se desconocerán las disposiciones que sobre derechos
de autor hayan realizado sus titulares con anterioridad a la vigencia de la norma acusada, y que los titulares
de derechos autor pueden disponer completamente de sus derechos y que esta presunción puede aplicar para
los casos en que no haya disposición expresa sobre el derecho de remuneración a que se refiere la norma
demandada, es decir de manera supletiva”. Folio 4 el cuaderno principal.
210
Se trata de la intervención de Caracol Televisión que comparte los mismos argumentos expuestos en la
demanda.
73
la expedición de la norma. En otras palabras, al tratarse de un derecho nuevo,
antes de su reconocimiento legal no existía la posibilidad de transferirlo, es
decir que no existen derechos adquiridos en la materia y por lo tanto no se
está afectando a terceros con la norma acusada”211.
6.7.2. Cuestión previa. Examen de aptitud del cargo
Aun cuando existen solicitudes genéricas de inhibición212, la Corte advierte
que respecto del cargo propuesto se satisfacen en su integridad los requisitos
de certeza, claridad, especificidad, pertinencia y suficiencia, pues la acusación
parte de una proposición jurídica real y existente, cuyo contenido es
comprensible, la cual se soporta en una aparente contradicción con lo
dispuesto en el artículo 58 de la Constitución, y cuyo desarrollo, a partir de
las intervenciones ciudadanas y del concepto del Procurador, demuestra que
goza de un alcance persuasivo mínimo para suscitar una duda en relación con
la constitucionalidad del precepto demandado.
6.7.3. La aplicación de la ley en el tiempo
Las normas superiores que refieren explícitamente a los efectos que se
derivan por el tránsito de las leyes en el tiempo, son los artículos 58 y 29 de la
Constitución. De acuerdo con el primero, “se garantizan la propiedad
privada y los demás derechos adquiridos con arreglo a las leyes civiles, los
cuales no pueden ser desconocidos ni vulnerados por leyes posteriores.
Cuando de la aplicación de una ley expedida por motivo de utilidad pública o
interés social, resultaren en conflicto los derechos de los particulares con la
necesidad por ella reconocida, el interés privado deberá ceder al interés
público o social.” Al tenor del segundo, “[n]adie podrá ser juzgado sino
conforme a leyes preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal
competente y con observancia de la plenitud de las formas propias de cada
juicio. En materia penal, la ley permisiva o favorable, aun cuando sea
posterior, se aplicará de preferencia a la restrictiva o desfavorable.”
Con fundamento en las normas constitucionales transcritas, puede afirmarse
que la regla general en relación con los efectos de la ley en el tiempo es la
irretroactividad, entendida como el fenómeno según el cual la ley nueva rige
todos los hechos y actos que se produzcan a partir de su vigencia. De suerte
que, si una situación jurídica se ha consolidado completamente bajo la ley
antigua, no existe propiamente un conflicto de leyes, como tampoco se da el
mismo cuando los hechos o situaciones que deben ser regulados se generan
durante la vigencia de la nueva ley.
La necesidad de establecer cuál es el marco normativo que debe regir un
determinado asunto, se presenta cuando un hecho tiene nacimiento bajo la ley
antigua pero sus efectos o consecuencias se producen bajo la nueva, o cuando
se realiza un hecho bajo la ley antigua, pero la nueva señala otras condiciones
211
Folio 530 del cuaderno 3.
212
Como ocurre con el Ministerio del Interior, la Dirección Nacional de Derechos de Autor y la Defensoría
del Pueblo.
74
para el reconocimiento de sus efectos. La fórmula que surge del mencionado
artículo 58 Superior para solucionar estos conflictos, como ya se dijo, es la de
exigir el respeto por el principio de irretroactividad de la ley, pues a través de
él se garantiza que se respeten los derechos legítimamente adquiridos bajo la
ley anterior, sin perjuicio de que se afecten las meras expectativas. Esta regla
opera bajo la excepción expresa que se prevé en el artículo 29 de la Carta, en
la que se permite la aplicación retroactiva de las leyes penales que sean
favorables para el sindicado o el condenado.
Ahora bien, cuando se trata de situaciones jurídicas en curso, que no estén
consolidadas ni que hayan dado lugar al surgimiento de derechos adquiridos
al momento de entrar en vigencia la nueva ley, esta Corporación ha explicado
que ella entra a regular esas situaciones en el estado en que se encuentren, sin
perjuicio de que se respete lo ya surtido bajo la ley antigua. Este fenómeno se
conoce con el nombre de retrospectividad.
Precisamente, en la Sentencia T-389 de 2009213, este Tribunal puntualizó que,
por regla general, el efecto en el tiempo de las normas es el de la aplicación
inmediata y hacia el futuro, “pero con retrospectividad, (…) siempre que la
misma norma no disponga otro efecto temporal (…)”. De este modo, “aquello
que dispone una norma jurídica debe cumplirse de inmediato, hacia el futuro
y con la posibilidad de afectar situaciones que se han originado en el pasado,
es decir, situaciones jurídicas en curso al momento de entrada en vigencia de
la norma”.
La retrospectividad se ha asociado por la jurisprudencia con la necesidad de
lograr la satisfacción de los principios de equidad e igualdad en las relaciones
jurídicas de los asociados, en la superación de situaciones marcadamente
discriminatorias o lesivas del valor de la justicia o con cambios sociales y
culturales que impactan en el marco jurídico vigente. Tal es el caso de lo que
ocurre con las normas que rigen el derecho laboral, los créditos de consumo a
largo plazo, las tasas de interés y otros en los que las situaciones jurídicas no
están consolidadas, sino en curso214.
6.7.4. Examen de fondo del cargo formulado por la accionante
A partir de las consideraciones expuestas en esta sentencia, este Tribunal
concluye que el cargo propuesto no está llamado a prosperar, por las
siguientes razones:
213
M.P. Humberto Antonio Sierra Porto.
214
La doctrina especializada sobre la materia ha dicho que: “A ese dictado, antes que jurídico, de buen
sentido, escapan excepcionalmente y por razones superiores o supremas, las disposiciones legislativas que
expresamente ordenan que de ahí en adelante los efectos de las situaciones en curso se ajusten a ellas (la
nueva ley), dentro del expediente del dirigismo contractual: normas imperativas de intervención que
confiesa y tiene buen cuidado del procedimiento. Así se habla de retrospectividad, porque se respeta y deja
incólume el hecho consumado, a tiempo que se sujetan los efectos futuros de la situación en curso a la ley
nueva.” HINESTROZA, Fernando, El principio del pacta sunt servanda: y la estipulación de intereses,
Universidad Externado, Bogotá 2000, p. 36.
75
- En primer lugar, como se ha advertido a lo largo de esta providencia, el
derecho a la remuneración equitativa por la comunicación pública de obras
audiovisuales es un derecho nuevo, cuya creación a favor de los autores se
consagra por primera vez en la Ley 1835 de 2017, por lo que con anterioridad
al citado estatuto legal dicha prestación era inexistente, en la medida en que lo
único que se preveía eran derechos patrimoniales exclusivos de autor y no
derechos patrimoniales de mera o simple remuneración. Esto implica que el
derecho impugnado solo es susceptible de reclamación a partir del 9 de junio
de 2017, fecha en la que entró en vigor la Ley 1835 del año en cita. Por esta
razón, en lo que refiere a la aplicación de la ley en el tiempo, lejos de que se
establezca un efecto retroactivo, el artículo 2 de dicho estatuto dispone que su
observancia es inmediata y hacia el futuro, contado desde el momento en que
surte su promulgación. Textualmente, en la norma en cita, se señala que:
“Artículo 2. Vigencia. La presente ley rige a partir de su promulgación y
deroga todas aquellas que le sean contrarias”.
En la práctica esto conduce a que toda comunicación pública realizada desde
el 9 de junio de 2017 da lugar al derecho a la remuneración equitativa a favor
de los autores; mientras que, por el contrario, toda proyección, transmisión o
emisión anterior a esa fecha, carece de la posibilidad de originar el cobro del
citado derecho, ya que no existe un título que habilite una reclamación en tal
sentido.
- En segundo lugar, la expresión: “La remuneración a que se refiere este
artículo, no se entenderá comprendida en las cesiones de derechos que el
autor hubiere efectuado con anterioridad a esta ley”, carece de la posibilidad
de afectar derechos adquiridos de manera previa a la expedición y entrada en
vigor de la Ley 1835 de 2017. En efecto, al no existir para tal momento el
derecho impugnado, el mismo jamás pudo ser objeto de cesión a favor de los
productores y, por lo mismo, bajo ninguna circunstancia se estaría afectando
una situación jurídica preexistente. Incluso, como se señala en la ley, todo
acto de transferencia se limita a las modalidades de explotación vigentes al
momento de su suscripción, sin que sea válido la celebración de cesiones
futuras indeterminadas215. Ello se complementa con lo dispuesto en el artículo
78 de la Ley 23 de 1982, en la que se aclara que todo contrato debe ser
interpretado de manera restrictiva, de suerte que no otorgan más derechos que
los expresamente conferidos por el autor en el instrumento respectivo216. Y se
refuerza con el principio indubio pro auctore, según el cual en la aplicación
de las normas sobre derechos de autor debe preferirse la interpretación más
favorable a los intereses del creador de la obra217.
215
“Artículo 183. Los derechos patrimoniales de autor o conexos pueden transferirse por acto entre vivos,
quedando limitada dicha transferencia a las modalidades de explotación previstas y al tiempo y ámbito
territorial que se determine contractualmente. (…) Será inexistente toda estipulación en virtud de la cual el
autor transfiera de modo general o indeterminable la producción futura, o se obligue a restringir su
producción intelectual o a no producir.”
216
La norma en cita dispone que: “Artículo 78. La interpretación de los negocios jurídicos sobre derechos
de autor será siempre restrictiva. No se admite el reconocimiento de derechos más amplios de los
expresamente concedidos por el autor en el instrumento respectivo”.
217
El artículo 257 de la Ley 23 de 1982 establece que: “Artículo 257. En caso de conflicto o duda sobre la
aplicación de loas normas de esta ley, se aplicará la más favorable para el titular de los derechos de autor”.
76
Así las cosas, el precepto demandado no tiene efectos retroactivos, ya que a
través él no está afectando nada de lo acordado previamente entre los autores
y el productor. Su alcance se limita a aclarar que la remuneración nueva que
se incorpora en la ley, precisamente por tratarse de un derecho que no existía
antes de su entrada en vigor, no puede entenderse comprendida, bajo ninguna
circunstancia, en las cesiones preexistentes, guardando con ello plena armonía
con el régimen normativo previsto en la Ley 23 de 1982 y con el principio
indubio pro auctore.
En línea con lo anterior, el único efecto adicional que se deriva de la norma
acusada, como lo advierte en su intervención el Congreso de la República, es
el de la retrospectividad, ya que no solo frente a los contratos de cesión que se
suscriban en el futuro, sino incluso frente a los vigentes, no es posible pactar,
acordar o estipular la cesión del derecho a la remuneración equitativa por la
comunicación pública de obras audiovisuales, al tratarse de un derecho de
carácter irrenunciable e intransferible de los autores.
De esta manera, en relación con los vínculos jurídicos preexistentes, lejos de
existir una afectación a situaciones jurídicas consolidadas, lo que se aprecia es
un ejercicio de complementación, en el sentido de poner de presente que en
ellos no se entiende cedido el nuevo derecho de remuneración y que tampoco
podrá llegar a ser objeto de transferencia en un futuro.
- En tercer lugar, también se descarta que la norma acusada tenga efectos
retroactivos, cuando a través de ella no se deroga –ni tácita, ni expresamente–
nada de lo acordado de lo anterioridad, su función es la de interpretar la forma
como el nuevo derecho se articula con el régimen preexistente, de ahí que
utilice la expresión entender, que refiere a darle sentido o aclarar el estado de
las cosas218.
- Por último, con la entrada en vigencia del precepto demandado en nada se
ven afectados los productores, ya que el derecho a la remuneración equitativa,
no les permite a los autores disponer sobre la distribución, la reproducción o
la comunicación pública de la obra audiovisual, como derechos patrimoniales
exclusivos que le corresponden al primero, por cesión convencional o por
aplicación de la presunción de legitimación que se consagra en el inciso 1 del
artículo 98 de la Ley 23 de 1982219. Este nuevo derecho –en su pago– le
corresponde asumirlo de forma exclusiva al emisor de la obra, y solo podría
llegar a recaer sobre el productor, en el caso de que este tenga dicha doble
condición, hipótesis en la que la validez de la norma se sustenta en los fines
de interés social, trato equitativo y promoción de la cultura ya expuestos, sin
que por ello pueda considerarse que se le está dando un efecto retroactivo,
pues, como ya se aclaró, toda proyección, transmisión o emisión anterior al 9
218
[Link]
219
Expresamente, en la norma bajo examen se establece que: “En ejercicio de este derecho [se refiere al
derecho a la remuneración equitativa], los autores definidos en el artículo 95 de la presente ley, no podrán
prohibir, alterar o suspender la producción o la norma explotación comercial de la obra cinematográfica
por parte del productor”.
77
de junio de 2017, carece de la posibilidad de originar un cobro por el citado
derecho, toda vez que no existe un título jurídico que habilite tal reclamación.
Por consiguiente, frente al cargo examinado y por las razones expuestas, en la
parte resolutiva de esta sentencia, la Sala Plena declarará la exequibilidad del
aparte legal impugnado contenido en el artículo 1º de la Ley 1835 de 2017.
No sin antes insistir en que, como se puntualizó, el derecho de remuneración
creado por la ley no aplica para las cesiones suscritas antes de la fecha de
entrada en vigor de la norma impugnada, aún si los efectos de dichas cesiones
se materializan con su vigencia.
6.8. Síntesis
En esta oportunidad, la Corte se pronunció sobre la constitucionalidad de la
Ley 1835 de 2017, también conocida como Ley Pepe Sánchez, con ocasión de
una demanda en la que se consideró que con la estipulación del derecho a la
remuneración equitativa por la comunicación pública de obras audiovisuales
([Link]. telenovelas, películas, cortometrajes, sketches, animaciones o cualquier
otra análoga a estas), como un derecho irrenunciable e intransferible de los
autores (directores, libretistas, guionistas, dibujantes, etc.), se desconoce, por
una parte, la autonomía de la voluntad privada y el derecho a la igualdad, al
adoptar una medida contraria al carácter disponible de los derechos
patrimoniales de autor, como garantía genérica de los creadores de obras
colectivas; y por la otra, el principio de irretroactividad de ley, al afectar con
tal decisión los contratos de cesión preexistentes con el productor, así como
los derechos derivados de la presunción de legitimación que se incorpora en
el inciso 1 del artículo 98 de la Ley 23 de 1982220.
Luego de plantear algunas consideraciones generales sobre los derechos de
autor, incluyendo el examen de los componentes que lo integran, la
categorización de las garantías que hacen parte de sus derechos patrimoniales,
el marco normativo que les resulta aplicable y su articulación con el bloque
de constitucionalidad, la Corte concluyó, inicialmente, que no cabía adelantar
un examen de fondo respecto de la aparente violación de los artículos 9 y 227
de la Constitución, en armonía con las remisiones que la accionante realiza al
artículo 3 de la Ley 23 de 1982, los artículos 9, 29, 30 y 31 de la Decisión 351
de 1993 y el artículo 14 del Convenio de Berna. Ello es así, primero, porque
los cargos que se señalan no se sustentan en el contenido de los preceptos
superiores que se invocan como vulnerados, según lo exigen las cargas de
pertinencia y suficiencia. Segundo, porque la Ley 23 de 1982 no constituye
un parámetro para determinar la validez de las normas legales, ya que
corresponde a una disposición de naturaleza ordinaria. Y, tercero, porque,
además, las normas del derecho comunitario y del Convenio de Berna que se
proponen como vulneradas, al tratarse de una regulación que refiere a los
derechos patrimoniales y no a los derechos morales de autor, no integran el
bloque de constitucionalidad en ninguna de sus dos categorías (stricto o lato
220
“Los derechos patrimoniales sobre la obra cinematográfica se reconocerán, salvo estipulación en
contrario a favor del productor”.
78
sensu). Así las cosas, en línea con lo expuesto, este Tribunal aclaró que los
atributos de preeminencia y preferencia de las disposiciones supranacionales
solo despliegan sus efectos frente a la labor del legislador, adquiriendo tales
normas el mismo rango que las leyes ordinarias, por lo que carecen de la
jerarquía de los preceptos constitucionales. De esta manera, su exhortación
para justificar un cargo de inconstitucionalidad es contrario a las cargas de
pertinencia y suficiencia, en las que se funda la existencia de una demanda en
debida forma.
A continuación, la Corte resaltó que si bien el carácter irrenunciable e
intransferible del derecho a la remuneración equitativa por la comunicación
pública de obras audiovisuales, constituye una barrera a la posibilidad de
disponer de un derecho patrimonial en desarrollo de la autonomía de voluntad
privada, tal restricción se explica por el carácter relativo de esta última
garantía, que admite, como en este caso, el señalamiento de limitaciones que
apelan a lograr un interés social, a impulsar el principio de solidaridad y a
brindar mayor equidad en los ingresos que se derivan de la comunicación
pública de una obra. En este contexto, este Tribunal señaló que existe un
principio de razón suficiente que justifica en términos constitucionales la
medida adoptada y que, además, se ajusta al principio de proporcionalidad, si
se tiene en cuenta que sus beneficios son mayores que los costos que genera
en términos de afectación de derechos. En efecto, salvo la restricción que se
impone a la libertad de negociación, los réditos de la medida aseguran la
promoción del intelecto, el auge de la producción audiovisual nacional y el
incentivo de la cultura.
Aunado a lo anterior, esta Corporación resaltó que la medida adoptada
igualmente tenía respaldo en la potestad de configuración normativa del
legislador, por virtud de la cual podía incorporar un nuevo derecho de
contenido patrimonial en el ámbito de las obras audiovisuales a favor de los
autores, más aún cuando tal determinación no desconoce la directriz superior
de brindar protección a los derechos de autor, ni afecta derechos afines que se
interrelacionan con su desarrollo (como ocurre con la libertad de expresión),
ni introduce condiciones irrazonables o desproporcionadas para su ejercicio,
ni atenta contra la normal explotación de la obra, ni tampoco causa un
perjuicio injustificado a los titulares del derecho221. Ello ocurre, por una parte,
porque se mantiene incólume el ejercicio de los derechos patrimoniales
exclusivos que se ceden al productor por vía contractual o por aplicación de la
presunción de legitimación que se incorpora en el artículo 98 de la Ley 23 de
1982, y por la otra, porque con el nuevo derecho que se introduce en ningún
caso se limitan los actos de comunicación pública de la obra, ni siquiera en
221
En este punto cabe aclarar que la sentencia distingue dos categorías de derechos patrimoniales: (i) los
derechos exclusivos y (ii) los derechos de simple o mera remuneración. Los primeros confieren al titular el
poder de autorizar o prohibir el uso de la obra, con la posibilidad de obtener una remuneración por la
autorización de su explotación. En concreto, se trata del desenvolvimiento de los atributos o facultades de
reproducción, comunicación pública, distribución y transformación. Su regulación se encuentra tanto en el
artículo 12 de la Ley 23 de 1982, como en el artículo 13 de la Decisión 351 de 1993. Por el contrario, los
segundos se caracterizan porque, a diferencia de lo que sucede con los derechos exclusivos, no permiten
autorizar o denegar la utilización de la obra, sino que tan solo facultan al titular del derecho para cobrar por
ese uso en determinados casos, entendiendo que, por regla general, se trata de una remuneración de carácter
inalienable e irrenunciable.
79
las hipótesis previstas en el parágrafo 2 del precepto legal demandado, al
tratarse de una garantía que solo otorga un derecho de retribución económica,
sin brindar herramienta alguna que le permita a los autores prohibir, limitar o
condicionar el uso, explotación o disposición de la creación audiovisual.
En seguida, este Tribunal se abstuvo de realizar un pronunciamiento respecto
del cargo vinculado con el desconocimiento del derecho a la igualdad y, por
ende, se inhibió de adoptar una decisión de fondo. En primer lugar, porque no
se identificaron cuáles son los sujetos que deben compararse, al limitarse la
accionante a invocar en general a los autores de otro tipo de obras colectivas,
sin detallar dentro de ese universo a cuáles se refiere y por qué ellos estarían
en una situación equivalente o análoga a la de los autores de obras
audiovisuales. De ahí que, no sea posible provocar un juicio sobre el
particular, toda vez que la demanda se limitó a señalar la existencia de una
discriminación, sin exponer argumentos que permitan establecer cuáles son
los sujetos que comparan y por qué ellos deben recibir un mismo trato, sobre
todo cuando la regulación de cada obra del intelecto responde a sus propias
particularidades, como ocurre en el caso bajo examen, en el que las
creaciones audiovisuales tienen un capítulo especial que las regulan, que se
sujeta a la particularidad de otorgar una presunción de cesión sobre los
derechos patrimoniales exclusivos de autor a favor del productor. En este
contexto, la Corte entendió que la demanda no cumplió con las cargas de
especificidad, pertinencia y suficiencia.
A ello cabe agregar, en segundo lugar, que la acusación propuesta también
desconoce la carga de suficiencia, cuando la correlación abstracta que se
realiza omite tener en cuenta que la remuneración equitativa que se consagra
en la ley corresponde a un derecho nuevo, respecto del cual no se aclara si el
resto de los autores de obras colectivas son titulares de esa misma prestación
y si, en relación con ellos, tal garantía permite o no su plena disponibilidad.
Esta explicación es esencial, pues sin ella no es posible determinar si los
sujetos involucrados se hallan en una misma situación de hecho. En otras
palabras, en materia de derechos de autor, no cabe un juicio de igualdad
cuando la comparación se realiza entre sujetos que tienen distintas facultades,
como ocurre con aquellos que gozan de derechos exclusivos frente a quienes
tienen derechos de mera remuneración, ya que se trata de garantías
patrimoniales distintas.
Finalmente, esta Corporación concluyó que el cargo relacionado con la
violación del principio de irretroactividad de la ley y el desconocimiento de
los derechos adquiridos no estaba llamado a prosperar, porque el derecho a la
remuneración equitativa por la comunicación pública de obras audiovisuales
es un derecho nuevo, cuya creación a favor de los autores se consagra por
primera vez en la Ley 1835 de 2017, por lo que con anterioridad al citado
estatuto legal dicha prestación era inexistente, en la medida en que lo único
que se preveía eran derechos patrimoniales exclusivos de autor y no derechos
patrimoniales de mera o simple remuneración. Esto implica que el derecho
impugnado solo es susceptible de reclamación a partir del 9 de junio de 2017,
fecha en la que entró en vigor la Ley 1835 del año en cita. Por esta razón, en
80
lo que refiere a la aplicación de la ley en el tiempo, lejos de que se establezca
un efecto retroactivo, el artículo 2 de dicho estatuto dispone que su
observancia es inmediata y hacia el futuro, contado desde el momento en que
surte su promulgación. Textualmente, en la norma en cita, se señala que:
“Artículo 2. Vigencia. La presente ley rige a partir de su promulgación y
deroga todas aquellas que le sean contrarias”.
Por lo demás, la expresión: “La remuneración a que se refiere este artículo,
no se entenderá comprendida en las cesiones de derechos que el autor
hubiere efectuado con anterioridad a esta ley”, carece de la posibilidad de
afectar derechos adquiridos de manera previa a la expedición y entrada en
vigor de la Ley 1835 de 2017. En efecto, al no existir para tal momento el
derecho impugnado, el mismo jamás pudo ser objeto de cesión a favor de los
productores y, por lo mismo, bajo ninguna circunstancia se estaría afectando
una situación jurídica preexistente. Incluso, como se señala en la ley, todo
acto de transferencia se limita a las modalidades de explotación vigentes al
momento de su suscripción, sin que sea válido la celebración de cesiones
futuras indeterminadas (Ley 23 de 1982, art. 183). Ello se complementa con
lo dispuesto en el artículo 78 de la Ley 23 de 1982, en la que se aclara que
todo contrato debe ser interpretado de manera restrictiva, de suerte que estos
no otorgan más derechos que los expresamente conferidos por el autor en el
instrumento respectivo.
Así las cosas, el precepto demandado no tiene efectos retroactivos, ya que a
través él no se está afectando nada de lo acordado previamente entre los
autores y el productor. Su alcance se limita a aclarar que la remuneración
nueva que se incorpora en la ley no puede entenderse comprendida, bajo
ninguna circunstancia, en las cesiones preexistentes, guardando con ello plena
armonía con el régimen normativo previsto en la Ley 23 de 1982 y con el
principio indubio pro auctore. Por consiguiente, y a manera de conclusión, la
Corte puntualizó que el derecho de remuneración creado por la ley no aplica
para las cesiones suscritas antes de la fecha de entrada en vigor de la norma
impugnada, aún si los efectos de dichas cesiones se materializan con su
vigencia.
VII. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Sala Plena de la Corte Constitucional de la
República de Colombia, administrando justicia en nombre del pueblo y por
mandato de la Constitución,
RESUELVE
En relación con los cargos examinados en esta providencia, declarar
EXEQUIBLE las expresiones: “No obstante, la presunción de cesión de los
derechos de los autores establecidos en el artículo 95 de la presente ley,
conservarán en todo caso el derecho a recibir una remuneración equitativa
por los actos de comunicación pública incluida la puesta a disposición y el
81
alquiler comercial al público que se hagan de la obra audiovisual,
remuneración que será pagada directamente por quien realice la
comunicación pública” y “[l]a remuneración a que se refiere este artículo,
no se entenderá comprendida en las cesiones de derechos que el autor
hubiere efectuado con anterioridad a esta ley”, contenidas en el artículo 1º de
la Ley 1835 de 2017, que modificaron el artículo 98 de la Ley 23 de 1982.
Notifíquese, comuníquese, publíquese y archívese el expediente.
GLORIA STELLA ORTÍZ DELGADO
Presidente
Ausente con excusa
CARLOS LIBARDO BERNAL PULIDO
Magistrado
Ausente con excusa
DIANA FAJARDO RIVERA
Magistrada
LUIS GUILLERMO GUERRERO PÉREZ
Magistrado
ALEJANDRO LINARES CANTILLO
Magistrado
ANTONIO JOSÉ LIZARAZO OCAMPO
Magistrado
CRISTINA PARDO SCHLESINGER
Magistrada
JOSÉ FERNANDO REYES CUARTAS
82
Magistrado
ALBERTO ROJAS RÍOS
Magistrado
Ausente con excusa
MARTHA VICTORIA SACHICA MÉNDEZ
Secretaria General
83