Júpiter
(también conocido como Zeus en la mitología griega), era el rey de los dioses en la
mitología romana, el dios del trueno, de la luz y del cielo, de las tormentas y de los
relámpagos. Al igual que Zeus, Júpiter era un dios que gobernaba desde el cielo mismo y
controlaba el clima, especialmente los truenos y relámpagos, pero también era dios de la ley
y el orden, así como el protector del estado, del pueblo romano y de la familia.
En cuanto a sus símbolos, el roble se consideraba sagrado para él (al igual que todos los
lugares alcanzados por un rayo), pero se le representaba con el cetro, el águila y el propio
rayo, así como con una barba larga habitualmente.
Origen y nacimiento de Júpiter
Júpiter era hijo de Saturno y Ops, y hermano de Vesta, Ceres, Neptuno, Plutón.
Juno era esposa de Júpiter, la reina de los dioses y diosa del matrimonio.
Marte
El dios romano Marte, o Ares para los griegos, era muy importante en la antigüedad.
Además de ser el dios de la guerra, Marte representaba otras cosas importantes como
la valentía, la victoria, la perfección o la belleza, aunque a veces también representaba
las cosas malas, ya que se creía que disfrutaba mucho con la crueldad y las tragedias de la
guerra y que no le importaba realmente quién ganaba o perdía. Sus símbolos eran
la armadura, el yelmo, el pájaro carpintero y el lobo.
Marte era hijo de Juno y de Júpiter y, al igual que su padre, era muy admirado por los
romanos, especialmente los hombres del ejército, que rezaban para que Marte luchara
siempre de su lado.