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Derecho Procesal Constitucional. Concepto y Alcances

Este documento define y analiza el concepto de Derecho Procesal Constitucional. Explica que puede definirse siguiendo dos teorías: la material, que se enfoca en el derecho debatido, y la orgánica, que se enfoca en el órgano encargado. En Argentina, el control de constitucionalidad es difuso, por lo que cualquier juez puede ejercer la jurisdicción constitucional cuando el caso involucra derechos constitucionales. El documento también analiza conceptos relacionados como la jurisdicción y los procesos constitucionales

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Derecho Procesal Constitucional. Concepto y Alcances

Este documento define y analiza el concepto de Derecho Procesal Constitucional. Explica que puede definirse siguiendo dos teorías: la material, que se enfoca en el derecho debatido, y la orgánica, que se enfoca en el órgano encargado. En Argentina, el control de constitucionalidad es difuso, por lo que cualquier juez puede ejercer la jurisdicción constitucional cuando el caso involucra derechos constitucionales. El documento también analiza conceptos relacionados como la jurisdicción y los procesos constitucionales

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Derecho Procesal Constitucional.

Concepto y
alcances
por NICOLÁS IGNACIO MANTEROLA
7 de Septiembre de 2021
EL DERECHO
Id SAIJ: DACF210164

1. Sinopsis.

Me propongo precisar los alcances del Derecho Procesal Constitucional (en adelante, el "DPC") sobre la base
de la doctrina clásica y de las nuevas tendencias constitucionales y convencionales.

Luego de estudiar los contenidos tradicionales del DPC, se propondrá una visión renovada, entendiendo al DPC
no como una rama jurídica, sino como un fenómeno interpretativo de las normas sustanciales, procesales y
constitucionales en el caso concreto.

2. Derecho procesal constitucional. Nociones centrales.

Previo a comenzar a definir al DPC y analizar su contenido, conviene comenzar estudiando ciertos conceptos
que se encuentran íntimamente vinculados a él, ya que, cualquiera sea la teoría que se siga al intentar definirlo
o conceptualizarlo, estos conceptos siempre estarán presentes. Me refiero a la jurisdicción constitucional (que
engloba a la magistratura constitucional) y al proceso constitucional.

2.1. Jurisdicción constitucional.

La actividad jurisdiccional, que es una de las tres funciones que ejerce el Estado, consiste en resolver las
controversias de los justiciables, haciendo realidad el derecho al aplicarlo en los casos concretos que son
sometidos a consideración del órgano -imparcial e independiente- que ejerce tal función.

Por regla general, la función jurisdiccional está encomendada al Poder Judicial, pero lo cierto es que los demás
Poderes del Estado también ejercen -aunque con menor energía- la referida actividad. Por ejemplo, la
Administración Pública ejerce jurisdicción a través de diferentes organismos, como el Tribunal Fiscal de la
Nación, la Superintendencia de Servicios de Salud y diferentes oficinas de atención al consumidor, entre otros
organismos o entidades que solucionan conflictos entre partes. De igual manera, el Poder Legislativo ejerce
actividad jurisdiccional cuando lleva a cabo un juicio político.

Obtenemos así una primera conclusión: La jurisdicción es la potestad de aplicar el derecho en un caso concreto,
y puede ser ejercida por cualquier Poder del Estado, siempre, claro está, dentro de los ámbitos de su
competencia.

Conceptualizada así a la jurisdicción en sentido general, corresponde ahora que la acotemos a lo que aquí nos
interesa, es decir, a la jurisdicción constitucional.

Para definir qué es la jurisdicción constitucional se pueden seguir dos teorías: Un material y otra orgánica. La
primera definirá a la jurisdicción constitucional por el derecho debatido; y la segunda lo hará por el órgano
encargado de dirimir el conflicto.
A. Para la tesis material, la jurisdicción constitucional es aquella actividad jurisdiccional que ejerce cualquier
órgano cuando decide cuestiones relacionadas con la materia constitucional(3). Si bien el término "materia
constitucional" es amplio, la jurisdicción constitucional material se limita a aquellos conflictos donde el derecho
debatido se encuentra vinculado de manera inmediata con la Constitución.

Según esta tesis, la jurisdicción constitucional se define por el objeto de la pretensión del actor. Si ella está
vinculada con defender la supremacía de la Constitución o canaliza la discusión de un derecho fundamental,
habrá jurisdicción constitucional. En cambio, si en el pleito sólo se ventila un conflicto sin afectación directa a un
derecho de máxima jerarquía, no habrá jurisdicción constitucional.

La vinculación directa entre el derecho discutido y la Constitución es un recaudo esencial en la tesis sub
examine, porque permite diferenciar la jurisdicción constitucional de la que no la es.

Es incuestionable que todo derecho encuentra fuente en la Constitución Nacional, lo que podría hacer pensar
que cualquier juicio (en donde se debata cualquier derecho) abre una jurisdicción constitucional porque ese
derecho está relacionado, de alguna manera, con la Constitución. Justamente para evitar esta conclusión, y
evitar que la jurisdicción constitucional se expanda sin límites, la tesis material exige que el objeto del juicio esté
relacionado directamente con la Constitución. Un claro ejemplo de esta condición lo encontramos en el recurso
extraordinario federal, donde se exige una relación directa e inmediata entre la cuestión federal y la solución del
caso (art. 3:e, Acordada 4/07).

La tesis material encuentra operatividad en los sistemas que siguen el sistema judicial americano, que
encuentra su génesis en Estados Unidos y en el caso Marbury vs. Madison. Siguiendo a Fix-Zamudio(4), este
modelo judicial habilita a todos los jueces y tribunales a decidir sobre la constitucionalidad de los actos de la
autoridad, especialmente las disposiciones legislativas y de la Administración.

B. Para la tesis orgánica, la jurisdicción constitucional será aquella ejercida por el órgano específicamente
designado para tratar los asuntos constitucionales. De modo que, para que la tesis orgánica sea operativa, es
necesario que exista un órgano específico al que se le haya atribuido la jurisdicción para tratar las pretensiones
fundadas en normas del derecho constitucional.

Este órgano es específico y puede, o no, pertenecer al Poder Judicial. Por ejemplo, en España existe el Tribunal
Constitucional, un órgano independiente que no forma parte del Poder Judicial.

La tesis orgánica tiene operatividad en aquellos sistemas judiciales que siguen, al decir de Fix-Zamudio(5), el
modelo "austríaco o continental europeo", caracterizado por encomendar a un órgano especializado
-denominado Corte o Tribunal Constitucional- la decisión de las cuestiones relativas a la constitucionalidad de
las leyes o de los actos de la Administración. Estas cuestiones, al ser encomendadas a ese órgano específico,
no son dejadas a la decisión de los jueces ordinarios.

2.1.1. La magistratura constitucional y la jurisdicción constitucional en Argentina.

Según lo que hemos visto, podemos afirmar que, palabras más, palabras menos, la jurisdicción constitucional
puede ser conceptualizada como la facultad de decidir el derecho constitucional en el caso concreto.

Pero, ¿quién decide tal derecho?.

La respuesta es la Magistratura Constitucional, que es el órgano encargado de ejercer la jurisdicción


constitucional, es decir, de conocer las cuestiones constitucionales que se llevan a su conocimiento.
Corresponde, entonces, que nos preguntemos quién ejerce, en Argentina, la Magistratura Constitucional y, por
ende, quién tiene jurisdicción constitucional.

Como Argentina es un país federal, es necesario enmarcar a la jurisdicción constitucional en los diferentes
Poderes Judiciales, tanto a nivel nacional como local.

En el Poder Judicial de la Nación, el control de constitucionalidad y convencionalidad es difuso. Por lo tanto,


para hallar la jurisdicción constitucional debemos seguir la tesis material, puesto que no existe un órgano
específico para conocer en los asuntos constitucionales.

En el ámbito Nacional, bajo un sistema de control difuso, todos los jueces ejercen la magistratura constitucional
cuando el objeto del juicio está íntimamente relacionado con la norma fundamental; por ejemplo, un juez de
primera instancia (de cualquier fuero) ejerce la magistratura constitucional cuando declara que una ley es
inconstitucional, o cuando ante él tramita un amparo donde se discute un derecho constitucional, como los
llamados "amparos de salud".

De ello se sigue que un Estado tendrá magistratura constitucional aun cuando carezca de un órgano específico
para conocer las pretensiones constitucionales.

Como adelantamos, la situación local puede ser diferente al régimen nacional; y, de hecho, lo es. En las
provincias y en la Ciudad de Buenos Aires la situación puede variar, pues rige otra legislación. Así, por ejemplo,
en la Ciudad de Buenos Aires convive el control difuso con el concentrado. Hay control difuso porque todos los
jueces del Poder Judicial de la Ciudad pueden ejercer un control de constitucionalidad; pero es también
concentrado, porque el Tribunal Superior de Justicia funciona como tribunal constitucional cuando se promueve,
ante él, una acción declarativa de inconstitucional en instancia originaria; así lo ha sostenido, reiteradamente, el
máximo tribunal local(6).

En el sistema local de la Ciudad de Buenos Aires existe una influencia del modelo americano y, a la vez, del
europeo: El Poder Judicial capitalino contempla el control difuso, permitiendo que los jueces de todas las
instancias se expidan sobre cuestiones constitucionales en los casos individuales y contenciosos; y, en
simultaneo, recepta el control concentrado, el que es colocado en manos del Tribunal Superior de Justicia (que
forma parte del Poder Judicial de la Ciudad), permitiéndole que funcione como órgano jurisdiccional
especializado en la solución de cuestiones constitucionales al tratar -en instancia originaria- la acción declarativa
de inconstitucionalidad de claro corte popular (art. 17 de la Ley 402).

2.2. Los procesos constitucionales.

Los procesos constitucionales son aquellos en donde se pone en ejecución el DPC, y, siguiendo a Sagües, para
ser definidos también pueden seguirse dos teorías: Un material y otra orgánica.

A. Para la tesis material, los procesos constitucionales son aquellos cuyo objeto es proteger el derecho
constitucional que se encuentra afectado de modo directo en la relación jurídica sustancial que se ventila en el
juicio, o bien, mantener la supremacía de la Constitución. Se trata de procesos específicamente diseñados para
velar por la supremacía, defensa e interpretación de la Constitución.

Los procesos constitucionales, así entendidos, son las acciones de amparo, hábeas corpus, habeas data, las
acciones declarativas de inconstitucionalidad, el recurso extraordinario y los procesos colectivos, entre otros
procesos que puedan existir en la legislación y que tiendan, como garantía, a resguardar un derecho de
raigambre constitucional.
De lo anterior se colige que los procesos constitucionales, según esta tesis material, se caracterizan porque
están instituidos, por la Constitución, como una garantía constitucional, con total prescindencia del órgano que
debe resolver el asunto concreto.

B. Para la tesis orgánica, los procesos constitucionales son aquellos procesos que se desarrollan ante el órgano
jurisdiccional específico que posee competencia (única) para tratar asuntos constitucionales. Así, son procesos
constitucionales los que tramitan ante el tribunal constitucional que ejerce un control de constitucionalidad
concentrado. Ergo, todos los procesos que no tramiten ante él, no serán procesos constitucionales.

2.2.1. Los procesos constitucionales en Argentina.

En el Poder Judicial de la Nación, los procesos constitucionales se han de definir según la tesis material, pues,
como ya dijimos, el control de constitucionalidad es difuso. Ergo, la nota característica estará en el proceso
elegido y en la materia debatida, con total prescindencia del órgano encargado de conocer el asunto. Se trata,
como dice Sagües(7), de procesos que están relacionados directamente con la Constitución.

Conviene ahora acoplar a la definición de jurisdicción constitucional la de proceso constitucional, para encontrar
una conceptualización que englobe ambos términos y se adapte al sistema judicial argentino (en el ámbito
nacional). A tal efecto, podríamos ensayar la siguiente: En el Poder Judicial Nacional, los procesos
constitucionales son aquellos que están instituidos, por la Constitución, como garantías hábiles para debatir un
derecho ligado indisolublemente a ella (tesis material de los procesos constitucionales), sin importar la
competencia del juez que conozca el asunto, pues, por el control difuso, todos los jueces (de cualquier fuero e
instancia) forman parte de la magistratura constitucional y, por ende, poseen jurisdicción constitucional (tesis
material de la jurisdicción constitucional).

Parecería así que el DPC está restringido a los pleitos donde la pretensión está vinculada directamente con la
Constitución, dejando de lado a un sinnúmero de juicios donde se debate cuestiones que, si bien no son
menores, están un poco más alejadas de la Constitución. Sin embargo, como veremos en el punto siguiente,
ello no es así. Gracias a los llamados derechos de tercera generación, las puertas de entrada del DPC se abren
para recibir nuevos contenidos, lo que permite que el DPC esté presente en todos los juicios, hasta en los más
mundanos.

2.3. Nuevos contenidos del DPC: Los derechos y garantías constitucionales y convencionales.

Clásicamente, el contenido del DPC está centrado, como ya vimos, en el estudio de la jurisdicción y de los
procesos constitucionales. Empero, una nueva mirada nos incita a ampliar el contenido del DPC a nuevos
horizontes, a fin de que no se limite al estudio de los procesos constitucionales en sentido estricto, sino que
abarque también todos los procesos judiciales, con independencia de la naturaleza de la pretensión. De esta
manera, el DPC estará presente en todos los juicios para recordar la importancia de la Constitución en el
derecho procesal clásico.

Explica Gozaíni que, a la hora de enmarcar el DPC, "se puede preferir una versión mínima que se ocupe de la
magistratura y los procesos constitucionales, y explicar así el desarrollo de los modelos para el control de
constitucionalidad de las leyes; o ampliar el espectro y abarcar las garantías contenidas en las cartas
fundamentales, los procesos que al efecto se diseñan y los órganos encargados para encausar tales objetivos,
sin necesidad de acotar la visión a los tribunales constitucionales"(8).

De esta manera se abre las puertas del DPC a un nuevo conjunto de contenidos: Los derechos y garantías de
los justiciables. Dentro de la disciplina del DPC, debe estudiarse el debido proceso y los derechos y garantías
que lo componen: Igualdad de partes, imparcialidad del juzgador, bilateralidad de la instancia, derecho al
recurso, derecho a una tutela judicial efectiva y a un plazo razonable, entre otros.

Gozaíni lo ejemplifica de la siguiente manera: El derecho procesal constitucional "...se ocupa de las instituciones
procesales (garantías judiciales) insertas en las Constituciones de cada Estado; de los procesos
constitucionales; y de los principios y presupuestos fundamentales que todo proceso debe aplicar en las
controversias entre partes (debido proceso)"(9).

De esta manera, el DPC del siglo XXI, con profunda injerencia de los derechos de tercera generación y del
debido proceso, está presente en todos los juicios, no sólo en los procesos constitucionales propiamente dichos
(que vimos en el punto 2.2).

Si se sigue esta postura, el DPC estará presente, por ejemplo, en el proceso donde se ventila el más común de
los accidentes de tránsito, en un juicio ejecutivo donde se persigue el cobro de un simple pagaré, en un proceso
de alimentos y en todo otro juicio ordinario. En ellos se sitúa el DPC para realzar el debido proceso y las
garantías constitucionales descriptas en los párrafos anteriores.

Todo proceso debe seguir la Constitución Nacional y los tratados internacionales, y esto hace que el DPC esté
presente en todo litigio a fin de asegurar tal acatamiento.

Pero aún hay más.

El DPC no es sólo constitucional, es también convencional. El DPC no se debe limitar al estudio de la


jurisdicción constitucional, los procesos constitucionales y los derechos constitucionales relacionados con el
mundo procesal (tutela judicial efectiva, plazo razonable, imparcialidad del juzgador, igualdad de partes, derecho
de defensa, etc.). El DPC debe también superar las fronteras y estudiar los derechos convencionales (por
ejemplo, los derechos del art. 8 y 25 de la CADH) y el derecho procesal transnacional regulado en el
procedimiento ante la CIDH y la Corte IDH.

Se colige entonces que el DPC no sólo está presente en los procesos que gozan del más alto prestigio (por
estar contemplados en la Constitución), sino también en los procesos más sencillos que preocupan a la mayoría
de los hombres de a pie. La presencia del DPC en todos los litigios, sean constitucionales o no, permite afirmar
que el proceso judicial se debe canalizar de una única manera: Respetando el debido proceso, que instituye
tanto la Constitución como la CADH.

En suma, el DPC no sólo se ocupa del estudio de los órganos y de las normas procedimentales que deciden
controversias de carácter constitucional, pues abarca también el estudio de los derechos y garantías procesales
de las partes, sin importar si el proceso en el que litigian es, o no, estrictamente constitucional.

3. El DPC: ¿Es derecho procesal o constitucional? ¿O es una rama autónoma?.

Habiendo visto ya el contenido del DPC, corresponde ahora establecer su naturaleza jurídica: ¿Forma parte del
derecho procesal?, ¿es parte del derecho constitucional? o ¿es una nueva rama del derecho?.

Sin perjuicio de que el Derecho es un todo armónico y no está dividido en compartimientos estancos, lo cierto es
que, para facilitar su estudio, se lo divide en diferentes secciones. En la doctrina no existe consenso sobre el rol
que ocupa el DPC en el Derecho: Para algunos, el DPC forma parte del derecho procesal, para otros, del
derecho constitucional y, finalmente, están quienes sostienen que es una rama autónoma.

3.1. El DPC incluido en el derecho procesal: Derecho procesal constitucional.


Quienes entienden que el DPC está incluido dentro del derecho procesal, sostienen que el DPC se centra en el
estudio de las normas de forma que regulan el litigio tendiente a hacer valer los derechos constitucionales a
través de las diferentes garantías que son expresamente instituidas en la Constitución.

Desde esta posición, el derecho procesal constitucional está formado por el conjunto de normas
-eminentemente procesales y procedimentales- que regulan el funcionamiento del proceso; pero no de cualquier
proceso, sino de aquél que materializa una garantía constitucional (habeas corpus, amparo, etc.), es decir, de
aquél en donde se debata un derecho constitucional, o de aquél que tienda a resguardar la supremacía de la
Constitución.

3.2. El DPC incluido en el derecho constitucional: Derecho constitucional procesal.

Para esta corriente, el DPC es una suerte de derecho constitucional concretizado, es decir, es el derecho
constitucional puesto en práctica. El DPC es, para quien así lo entiende, derecho constitucional liso y llano.

El derecho constitucional, con el fin de hacerse operativo a sí mismo, adopta formas y procesos (que aprehende
del derecho procesal); de esta manera, el derecho constitucional cuenta con una sección propia, que
llamaremos "derecho constitucional procesal".

El derecho constitucional procesal es una suerte de autopoiesis del derecho constitucional, porque le permite
autodefenderse y mantenerse vivo. Desde esta óptica, el derecho constitucional sienta las declaraciones,
derechos y garantías del Estado y de las personas y, para evitar que todo ello sea letra muerta de la ley, cuenta
con un componente propio (el derecho constitucional procesal) que, sin salir del área de estudio del derecho
constitucional, permite garantizar que se respete la supremacía de la Constitución, los derechos fundamentales
y las declaraciones que organizan a la Nación.

El derecho constitucional procesal puede ser definido como el conjunto de normas y principios que emanan de
la propia Constitución y que se insertan en el mundo jurídico como garantías constitucionales. Siguiendo a Hael,
"el amparo, el hábeas corpus, el hábeas data, regulados en la Constitución, son las garantías procesales de la
libertad. La declaración de inconstitucionalidad, admitida en el texto constitucional es la garantía de la
supremacía de la Constitución Nacional y de los tratados internacionales con jerarquía constitucional"(10).

3.3. El DPC como rama mixta.

Una tercera posición, quizá más conciliadora, sostiene que el DPC no se ubica ni en una rama ni en la otra. No
forma parte del derecho procesal ni del derecho constitucional, sino que se emplaza entre ambas, sin encontrar
(ni interesarse en buscar) un límite entre las dos disciplinas.

El DPC, para esta postura, no se encuentra en una instancia madura y, por ende, no puede ubicarse con
facilidad en una u otra rama. Quien así piensa, intentará conciliar los elementos constitucionales y procesales
para que no se avasallen entre sí; de esta manera, se vive despreocupadamente sin esforzarse en hallar un
marco teórico que zanje una definición doctrinaria que, en rigor de verdad, carece de repercusión práctica.

3.4. El DPC como rama autónoma.

Para otro sector de la doctrina, el DPC es una rama autónoma, independiente del derecho procesal y del
derecho constitucional.

En esta línea se encuentra Gozaíni, quien justifica la autonomía del DPC en el trinomio jurisdicción, acción y
proceso. Según afirma, estos conceptos tienen un diferente significado en el DPC, en el derecho procesal y en
el derecho constitucional, y, por esto, se justifica entender al DPC como una rama diferente.

Siguiendo al autor(11), pueden encontrarse las siguientes diferencias: En materia de jurisdicción, el derecho
procesal se erige sobre la imparcialidad, impartialidad e independencia del juzgador, quien se encuentra
constreñido a lo postulado por las partes; en cambio, en el DPC, el juez tiene potestades más amplias, falla
sobre un extenso axioma iura novit curia y tiene un rol social. En cuanto a la acción, el derecho procesal estudia
la posición del litigante en relación al derecho debatido y su posición en la relación sustantiva; en el DPC, en
cambio, la importancia del sujeto es desplazada por la jerarquía que posee el asunto que se judicializa, de modo
que el acceso al Poder Judicial se flexibiliza en beneficio de facilitar la tutela a un derecho de máxima jerarquía.
Finalmente, el proceso, en el ámbito del clásico derecho procesal, se construye sobre la base de principios tales
como que el actor y el demandado son partes contrapuestas, que quien alega debe probar, que el juez no ha de
probar los hechos y resuelve circunscripto a las pretensiones de las partes, etc; en cambio, en el DPC, esos
principios no operan de igual manera, porque, lo que en realidad interesa, no son las formalidades o los
presupuestos del debate, sino los derechos vulnerados. De todo esto se desprende que la sentencia dictada en
un proceso seguido bajo el marco del clásico derecho procesal no puede ser igual a una sentencia dictada
dentro del DPC, pues, en el DPC, la sentencia se perfila como un acto quasi legislativo, ya que puede crear,
modificar o extinguir derechos fundamentales.

3.5. Nuestra opinión. Conclusión.

Previo a determinar qué es el DPC, se debe considerar cómo es el mecanismo de control de constitucionalidad
que existe en la legislación en la cual se estudiará el DPC. Ello es así porque no puede definirse al DPC, ni
mucho menos tratar de encuadrarlo en una rama jurídica, si no se tiene en cuenta cómo se canaliza el control
de constitucionalidad y convencionalidad en una legislación determinada.

En el ámbito del Poder Judicial Nacional de la República Argentina, donde el control es difuso, el DPC sigue tal
suerte y es, a no dudarlo, difuso. Con esto quiero significar que no resulta clara la naturaleza jurídica del DPC a
simple vista.

A poco que nos adentremos en el objeto de estudio del DPC nos daremos cuenta de que, en verdad, el DPC es
un fenómeno jurídico, un modo de aplicar el derecho constitucional y convencional en los procesos judiciales
(cualquiera sea el proceso y cualquiera sea la pretensión canalizada a través de la acción). El DPC se presenta
como una forma interpretativa de las normas involucradas en la solución del caso judicial. Ello, al menos, en el
ámbito del Poder Judicial de la Nación.

El DPC no es, en verdad, una rama jurídica con un objeto de estudio propio, sino una forma de conjugar
armoniosamente todo el derecho; en otras palabras, el DPC entra en escena ante un conflicto social elevado
ante el Poder Judicial, y fusiona todas las normas jurídicas que estén vinculadas con los hechos del caso, las
interpreta de modo acorde a la Constitución y encuentra una solución justa y eficaz, sin importar quién es el juez
que resuelve ni la materia debatida. Ello es así porque cualquier juez se halla facultado para resolver aplicando
la Constitución (control difuso) y porque el DPC no sólo estudia la jurisdicción y el proceso constitucional, sino,
como vimos en el punto 2.3, estudia todos los procesos, a fin de dotarlos de las garantías procesales y
convencionales que integran el debido proceso.

Por más que nos empeñemos en buscar diferencias entre el DPC y el derecho procesal y el derecho
constitucional, lo cierto es que esas diferencias serán aparentes, toda vez que el derecho constitucional debe
unirse necesariamente al derecho procesal para hacerse operativo, y, a la par, el derecho procesal debe
conjugarse con el derecho constitucional para funcionar y operar de manera adecuada (es decir, con normas
procedimentales que sean constitucionales).
El DPC no es ni derecho procesal ni derecho constitucional; tampoco es hijo de ambas disciplinas. El DPC es el
árbol genealógico que, a través de sus interminables brazos, conecta a todas las ramas jurídicas para unificarlas
y aplicarlas en los casos concretos.

El DPC, como fenómeno jurídico, es una forma de entender y aplicar el derecho. Ante un caso judicial, se
analizan las normas sustanciales, se aplican las normas procesales y se dota al proceso de las garantías de la
Constitución. De ello se sigue que el DPC está presente tanto en una acción declarativa de inconstitucional o en
un amparo, como en un mero accidente de tránsito o un juicio indemnizatorio del derecho del consumidor. En
los cuatro procesos -aunque los dos primeros parezcan más constitucionales que los últimos- el DPC permite
que las partes canalicen su controversia bajo la protección del debido proceso y los principios que tienden a
flexibilizar las solemnidades en beneficio de la tutela efectiva del derecho violado (esté, o no, vinculado
directamente con la Constitución).

En fin, el DPC es una forma interpretativa de las normas, un claro modo de afianzar la Justicia. Cualquier intento
de diferenciar al DPC con otra rama o de empeñarse en buscar su disciplina madre (lo procesal o lo
constitucional), no será más que voltear una moneda para ver las dos caras que, aunque se presenten disímiles,
integran la misma sustancia. La diferencia entre lo procesal constitucional y lo constitucional procesal es, quizá,
solo el reflejo irreal de una verdad de Perogrullo: El Derecho no está separado en compartimientos, sino unido
indisolublemente.

Notas al pie:

1)Trabajo publicado en El Derecho el 7/9/202; SSN 1666-8987 o Nº 15.151 o AÑO LIX o ED 293.

2) Nicolás Ignacio Manterola, Abogado graduado con diploma de honor (Universidad de Belgrano). Especialista
en derecho procesal civil (Universidad de Buenos Aires). Premio a la excelencia académica (Colegio de
Abogados de la Ciudad de Buenos Aires). Director de la Revista de Derecho Procesal y Procesal Informático
(Microjuris). Miembro Académico del Foro de Derecho Procesal Electrónico. Socio en M|P Abogados. Web:
www.nicolasmanterola.com.ar.

3)En igual sentido, Sagües, Néstor, "Recurso Extraordinario", ed. Astrea, 4° edición, 2002, pág.9.

4)Fix-Zamudio, Héctor, "Breves reflexiones sobre el concepto y el contenido del derecho procesal
constitucional", 1999.

5)Fix-Zamudio, Héctor, "Breves reflexiones sobre el concepto y el contenido del derecho procesal
constitucional", 1999.

6)"En el marco de la competencia que le asigna el art. 113 inc. 2º de la Constitución de la Ciudad de Buenos
Aires, el Tribunal está habilitado para ejercer el control concentrado de constitucionalidad y actuar, llegado el
caso, como "legislador negativo", expurgando del orden jurídico las normas de alcance general contrarias a la
Constitución nacional o de la Ciudad, pero no como "legislador positivo", facultado para dictar leyes, modificar
situaciones legales o introducir normas que alteren el ordenamiento jurídico." "Di Teodoro, Juan Manuel c/
GCBA s/ acción declarativa de inconstitucionalidad", expte. n° 14467/17, sentencia del 10/10/2017; del voto de
la jueza Ana María Conde; TSJ Ciudad de Buenos Aires.

7)En igual sentido, Sagües, Nestor, "Recurso Extraordinario", ed. Astrea, 4° edición, 2002, pág. 19.

8)Gozaíni, Osvaldo A., "Tratado de derecho procesal constitucional latinoamericano", ed. La Ley, 2014, Tomo I,
pág. 9.
9)Gozaíni, Osvaldo A., "Tratado de derecho procesal constitucional latinoamericano", ed. La Ley, 2014, Tomo I,
pág. 1.

10)Hael, Juana Inés, "El derecho procesal constitucional y su codificación"; publicado en: LLNOA, 2011
(diciembre), 1143; cita: LALEY AR/DOC/5833/2011.

11)En similar sentido, ver: Gozaíni, Osvaldo Alfredo, "Introducción al Derecho Procesal Constitucional",
Rubinzal-Culzoni, capítulo 1°, 2006.

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