Universidad Autónoma de Madrid: Facultad de Filosofía Y Letras
Universidad Autónoma de Madrid: Facultad de Filosofía Y Letras
DIRECTORES
PROF. DR. JOAQUÍN BARRIO MARTÍN
PROFª. DRA. MARÍA JOSÉ LÓPEZ GRANDE
MADRID, 2017
“En las tumbas egipcias, donde momias, muebles, utensilios,
frutos y comestibles han pasado una soledad de siglos, los
exploradores lo han encontrado todo intacto, y en sus manos se
han desmoronado los sarcófagos y se han convertido en polvo las
flores de las coronas con que manos piadosas ciñeron las cabezas
de las momias…”
La comparativa de los datos obtenidos con otros ataúdes de Bab el-Gasus que
forman parte de las colecciones de museos extranjeros, ha evidenciado la similitud en las
restauraciones, como respuesta a las corrientes internacionales de la disciplina de la
conservación-restauración.
Por último, destacar que la principal novedad de esta tesis es el enfoque material,
pues hasta el momento estas piezas milenarias se habían analizado únicamente desde el
punto de vista iconográfico. Conocer las técnicas artísticas egipcias y la labor de los
restauradores sobre las piezas de Bab el-Gasus ayuda a valorar el mayor conjunto de
ataúdes de madera egipcios que guardan los museos españoles.
This research deals with the study of coffins from Bab el-Gasus kept at the
National Archaeological Museum of Madrid from a material and conservation perspective.
The five coffins of the 21st Dynasty were part of the great discovery of the Second cache
at Deir el Bahari (the discovery of 153 funeral boxes hidden on the west bank of Thebes)
and were donated by the Egyptian Government to Spain in 1893. The main objective of
this thesis is to understand the current state of conservation of these artefacts by going
back to their most recent history, from the moment they were found to the present,
including their relocation in Egypt and their arrival to Madrid in 1895. The last 122 years in
the Madrid museum are especially relevant in the light of successive restorations, all
linked to the MAN exhibitions, which have shaped these coffins.
Identifying restoration treatments and their influence on the coffins was no easy
task due to the lack of reports. Nevertheless, research at the archives was instrumental in
gathering important photographic and written documentation allowing the author to date
the interventions and verify changes. The coffins of Pairusejer (MAN 18253) and Ruru
(MAN 18254) were also examined using a set of analytical techniques including: X-ray
fluorescence, visible induced luminescence imaging, optical microscopy, scanning
electron microscopy coupled with energy dispersive X-ray spectroscopy, Fourier transform
infrared spectroscopy and Raman spectroscopy. This enabled the author to identify the
techniques and original materials used to make these coffins (wood, mortar, pigments,
adhesives and varnishes) and to distinguish them from the materials used in the 20th
century restorations. The results of this research are reflected in a series of detailed maps
showing the internal structure of the wood and the way in which pieces were joined.
Alteration maps are likewise included showing the documented transformations on the
surface of the coffins. The result is a complex superposition of different layers: original
polychromy, removed varnish, modern repainting that has been partially eliminated, signs
of early cleaning and new protective layers; a veritable mosaic which the author has
painstakingly tried to interpret in this thesis.
Comparison of the data obtained from other Bab el-Gasus coffins at museums
outside of Spain shows similarities in the restorations explained by the international
currents in the discipline of conservation-restoration.
Lastly, the main novelty of this thesis is the material approach as until now these
ancient artefacts had been analysed solely from an iconographic point of view. Insight into
Egyptian artistic techniques and the work done by restorers on the Bab el-Gasus artefacts
aids in the valuation of the largest set of wooden coffins from Egypt held by Spanish
museums.
La vida hace que nos crucemos con gente muy especial. Gente que, de una
manera u otra, influye en nuestras decisiones y nos ayuda a construir nuestro camino, sin
ser conscientes del valor que tienen para nosotros. Esa influencia tiene muchas caras, a
veces son palabras sabias, otras son sonrisas, consejos, (mucha) paciencia, propuestas,
críticas, oportunidades, ideas... en mi caso, agradezco todas ellas, que me han empujado
a seguir avanzando. Al tratar de poner en orden sus nombres me doy cuenta que, de una
forma casi predestinada, todas estas personas aparecieron en el momento justo,
indicándome por dónde seguir y, a veces, llevándome hasta la siguiente persona de la
que aprendería algo nuevo.
Quiero comenzar con mis profesores de la Universidad, la UAM, mi casa, y de la
Escuela de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid. En los dos
centros encontré grandes docentes, pero me gustaría destacar a aquellos que han tenido
una influencia más directa en mi trayectoria. La primera fue Covadonga Sevilla, a quien
tuve la suerte de disfrutar como profesora en distintas asignaturas de Historia Antigua y
Egiptología, y fue capaz de convertir una afición en una motivación de futuro. A través de
ella conocí a mi primer profesor de lengua egipcia y escritura jeroglífica, Curro Borrego,
que supo transmitirme su pasión por Egipto y a quien agradezco de corazón sus buenos
consejos. Me gustaría recordar también a Mª José Alonso, profesora de la ESCRBC de
Madrid que, día tras día, insistía a sus alumnos que debíamos luchar por conseguir
nuestros sueños. Gracias por hacerme creer que sí es posible y por hacer de nexo de
unión con la conservadora jefe del Dpto. de Egipto y Próximo Oriente del Museo
Arqueológico Nacional. Ella, Mª Carmen Pérez Die, ha tenido un papel muy importante en
mi carrera: siempre le agradeceré que me brindara la oportunidad de participar en la
campaña de 2009 de la Misión Española en Egipto en Heracleópolis Magna (Ehnasia el-
Medina), de formar parte de un equipo del que solo guardo buenos recuerdos y de hacer
realidad mi sueño de restaurar en Egipto. Por supuesto, también le agradezco que me
abriera las puertas del Museo para llevar a cabo el estudio de los ataúdes; sin su permiso
esta tesis nunca se habría escrito. ¡Gracias!
Dentro del MAN, me siento en deuda con muchas personas de los distintos
departamentos que me han facilitado la investigación. Destaco, de manera muy especial,
al Dpto. de Conservación y Restauración, donde me han acogido cada viernes, y han
conseguido que me sintiera en casa; me han ayudado, acompañado y aconsejado. Este
trabajo les debe mucho a ellas: Teresa Gómez Espinosa, Margarita Arroyo, Raquel Acaz,
Bárbara Culubret, Milagros García, Durgha Orozco y Silvia Montero. Asimismo quiero
reconocer la labor y agradecer la ayuda y disponibilidad del Dpto. de Documentación:
Virginia Salve, Javier Rodrigo, Aurora Ladero, Begoña Muro y Mónica Martín. También
quiero destacar a la conservadora de Egipto y Próximo Oriente, Esther Pons; al
responsable de las redes sociales, Raúl Díez y, sin duda, a Isidoro Rodríguez, quien
consiguió volver a poner en marcha el equipo de examen de Infrarrojo.
Igualmente agradezco la amabilidad y buen hacer de la archivera Teresa Díaz
Fraile, del Instituto de Patrimonio Cultural de España, donde hallé una información de
gran valor para este estudio, y de Teresa Domingo, la responsable del Servicio
Interbibliotecario de la UAM.
Realizando esta tesis he tenido la fortuna de entrevistar a personas relacionadas
con la historia de las piezas, a las que agradezco enormemente que me hayan regalado
su tiempo y sus recuerdos para conocer más a fondo los ataúdes: la restauradora María
Sanz y el químico Andrés Escalera, ambos del IPCE.
Por otra parte, quisiera destacar la colaboración de diferentes expertos en el
campo del análisis de los materiales, que han arrojado luz a esta tesis y sin los cuales no
habría podido entender los detalles de policromía egipcia y su restauración: Enrique
Rodríguez, del Laboratorio de Microscopía Electrónica de Barrido y Análisis por Energía
Dispersiva de Rayos X, del SIdI (Universidad Autónoma de Madrid); Margarita San
Andrés y Ruth Chércoles, del Laboratorio de Materiales de la Facultad de Bellas Artes
(Universidad Complutense de Madrid); y Sagrario Martínez del Instituto de Estructura de
la Materia (Consejo Superior de Investigaciones Científicas).
A Alejandro Jiménez Serrano, profesor de la Universidad de Jaén, le agradezco
haber contado conmigo en la campaña de 2010 de Qubbet el-Hawa, donde hice grandes
amigos que me han ayudado en estos años: Marta Valenti, Beatriz Prado, José Alba,
Yolanda de la Torre, Luisa García y Teresa López-Obregón. Pero, sobre todo, le debo
haberme puesto delante de los ataúdes de la QH34, que son el germen de esta tesis.
¡Gracias!
A los miembros de la Asociación Española de Egiptología por su gran apoyo y por
las oportunidades que siempre me brindan. Vuestra confianza y la beca recibida han
supuesto un empuje desde el principio de esta tesis.
A mis dos directores, Joaquín Barrio y María José López Grande, que han sido
mis pilares y guías en estos años, gracias por vuestros consejos, cada uno desde su
área, la Conservación y la Egiptología, me habéis aportado tanto que es difícil describirlo
en pocas líneas. María José, gracias por tu maestría en la carrera, por tu disponibilidad,
por tu amabilidad y cercanía. Joaquín, gracias por tenerme en tu equipo, por permitirme
trabajar en el SECYR y aprender de ti cada día, por tu seriedad y buen hacer. Ha sido un
honor teneros como directores. ¡Gracias por todo!
Hay tres personas que han tenido un papel esencial en esta investigación, que en
algún momento han sido compañeras y hoy son grandes amigas. A la primera de ellas,
Ana Isabel Pardo, le agradeceré siempre haber puesto un vídeo en clase sobre la
restauración de la tumba de Nefertari, haber asistido en la clase de José Sánchez
Meseguer y haberme animado a estudiar restauración. Mi vida no sería igual sin ti, Ana.
¡Eres un tesoro! ¡Qué suerte tenerte cerca cada día! A la segunda, María Antonia
Moreno, la conocí en Heracleópolis, y sin duda fue lo más valioso de aquella experiencia:
restaurar y aprender de ella, su buen humor… todo. ¡Te adoro Mª Antonia! Y la tercera,
Carolina Gutiérrez, mi primera compañera en el SECYR, gran profesional, con la que es
un gusto trabajar, pensar y aprender. ¡Gracias por tu ayuda y empujarme a crecer!
Maestras y amigas, por todo… ¡Gracias a las tres!
A mis amigas del SECYR y del Laboratorio de Prehistoria y Arqueología de la
UAM, las más cercanas como Mary, Inma, María, Lucía, Aran, Juan, Susana e Irene que
son mucho más que compañeras, y hacen que cada día sea un placer ir a trabajar. Y los
que están por temporadas, pero que, en realidad, nunca se van del todo, como Ton, Alba,
Gabriela, Jorge, Rosangela, Josefina y Ángela. ¡Gracias!
Mi gratitud hacia los profesionales en el campo de los ataúdes que he conocido
en las reuniones científicas y que son referentes en mi investigación: Elsbeth Geldhof,
Kara Cooney, Alessia Amenta y Giovanna Prestipino, Geoffrey Killen, Andrzej Niwinski,
Tiziana Cavaleri y Paola Buscaglia… siempre que os escucho o leo me enriquecéis.
Igualmente a los compañeros restauradores de los que aprendo tanto, y de los
que valoro enormemente su experiencia y opinión, como Pía, Suni y Yolanda.
A mi gente, familia y amigos, que me arropan, me alientan y llenan mi vida: a mis
abuelos, mis sobrinos Miguel y Marcos, mis tíos, mis primos, mi hermano, cuñada y
Ernestito. Esta tesis también es vuestra. Cris, David, Esther, Mon, Eva, Laura, Valen,
Bea, Chiara, Mar, Cris, Aitana, Jose, Clara, Bea T., Steve, María M., Katy… a todos
¡¡¡Gracias!!!
Por último, mi mayor agradecimiento a las personas más importantes, mis padres
y Esther, que me han leído y corregido incansables, me han escuchado, apoyado y
acompañado a cada paso. Por todo lo que recibo y todos los momentos que compartimos
¡Mil gracias! ¡Os quiero!
Índice
Resumen y abstract
Agradecimientos
1. Introducción ........................................................................................................ 1
1
2
1.1. Historia de una tesis
De vuelta en España tuve claro que quería continuar con el estudio de los
ataúdes y, puesto que mi situación laboral se había estabilizado incorporándome al
laboratorio SECYR de la UAM, pensé en adaptar el proyecto de análisis y conservación
de los ataúdes en el yacimiento a unas condiciones bien distintas: las que presentaban
los ataúdes en los museos españoles. De esta manera podría seguir unida a un tema
que me apasionaba, vinculando mis dos áreas de interés (la egiptología y la
conservación-restauración). Siendo el mismo objeto de estudio, ataúdes egipcios
elaborados de madera policromada, era necesario modificar muchos de los factores a
tener en cuenta: si el proyecto se hubiese desarrollado en Egipto, los ataúdes no habrían
tenido intervenciones previas (en principio), y la metodología se habría visto afectada por
la dificultad en su extracción, el limitado tiempo de la campaña para el estudio directo de
las piezas, o la relativa escasez de técnicas analíticas instrumentales. Por el contrario, en
los museos eran, a priori, más accesibles, permitirían realizar estudios más intensivos,
más prolongados en el tiempo y con más medios técnicos. Eso sí, estos ataúdes habrían
sido intervenidos en varias ocasiones y, por ello, el foco de interés había que desplazarlo
de la conservación en el yacimiento a dichas intervenciones de restauración, y a cómo
éstas habrían influido en las piezas.
3
degradación de los ataúdes y los cambios provocados por las restauraciones. El
resultado de este primer acercamiento “estructural” fue la monografía La elaboración de
los ataúdes de madera en el Egipto Faraónico que tuve ocasión de publicar con la
Asociación Española de Egiptología 1.
1 La beca de investigación 2011-2012 concedida por la AEDE estuvo muy ligada a esta
investigación y a su publicación dentro de la serie Bibliotheca Aegyptiaca Hispanica, nº 3,
del año 2015.
2 Daressy, 1900 y 1907; Niwiński, 1988:155.
4
A finales de 2014, una vez reabierto el Museo tras su última remodelación
(2008-2013), obtuve el permiso para comenzar el examen directo de los ataúdes y, dado
que, desde el Departamento de Antigüedades Egipcias y del Próximo Oriente, ya se
había proyectado un trabajo sobre la iconografía de los mismos, quedaban claros, desde
un principio, los límites y la perspectiva de esta tesis: me centraría en el estudio material
y de conservación de los ataúdes, haciendo uso de aquellas herramientas y métodos que
mejor se ajustaran a la evaluación de su estado; desde la búsqueda de la poca
documentación conocida y su examen a través de la identificación de sus distintas capas
(original y restauraciones), hasta la comparación con otras piezas de Bab el-Gasus.
Todavía fue preciso delimitar más esta investigación, pues solo tuve acceso directo a dos
de los ataúdes del lote que se encontraban en el almacén, pertenecientes a Pairusejer
(MAN 18253) y Ruru (MAN 18254), mientras que los otros tres ejemplares se evaluarían
a través de las vitrinas en sala. Estas circunstancias me llevaron a realizar un análisis
exhaustivo de las dos cajas funerarias en el Laboratorio de Restauración del MAN, que
son el cuerpo principal de esta tesis, y los datos obtenidos se compararon visualmente
con el resto de ataúdes expuestos.
La gestión del tiempo en el Museo fue semanal, acudiendo todos los viernes,
desde enero de 2015 hasta septiembre de 2016, y aprovechando también algunos días
festivos para dedicarme, sobre todo, al examen directo de los ataúdes, y a consultar los
fondos del archivo documental y fotográfico del MAN y del IPCE. A ello se añade el
análisis de las muestras realizado fundamentalmente en los laboratorios del SECYR y de
Microscopía Electrónica de Barrido de la UAM, así como en el Instituto de Estructura de
la Materia del CSIC y en el Laboratorio de Materiales de la Facultad de Bellas Artes
(UCM), sin cuya colaboración habría sido imposible completar este estudio.
Ya es momento de entregar este trabajo y, más allá del esfuerzo que supone dar
forma a una tesis, me quedo con la experiencia vivida en los distintos museos visitados,
con horas en sus salas comparando ataúdes que me resultaban familiares, con mi vista
puesta a unos centímetros de unas piezas tan fascinantes, rastreando huellas
pretéritas… Mis vacaciones en los últimos años con destino a aquellas bibliotecas que
“internacionalmente” me dieran más claves para recomponer la historia de Bab el-Gasús,
han sido muy gratas y fructíferas. Mi sensación de haber crecido intelectualmente en
estos años, de haberme sumergido en una excavación de siglos pasados, de haber
contado con la ayuda de restauradores, egiptólogos, químicos, de los que he aprendido
otras perspectivas, de sentirme capaz de seguir una estrategia y aplicar una metodología
de trabajo; el entusiasmo con que he viajado a congresos para escuchar atentamente a
5
otros investigadores, aprender de ellos, conocer nuevas técnicas y valorar estos espacios
de comunicación científica que tanto me han hecho reflexionar; esas sensaciones y
entusiasmo tan plenos de novedades, para mí quedan como una época de primicias
inolvidables. Espero que en la lectura por los distintos capítulos de este estudio se
perciba todo este recorrido intelectual, social y anímico que me ha acompañado.
Por último, confío en haber sido capaz de reflejar en esta Historia de una tesis la
ilusión con que escogí mi tema de investigación y el cariño que siento por estas bellas
piezas; cariño que me ha llevado a realizar esta tesis doctoral. Espero aportar mi
pequeño granito de arena en su conservación y dar a conocer la colección de ataúdes de
Bab el-Gasús del MAN desde una óptica material, hasta ahora desconocida.
6
1.2. Los ataúdes egipcios: estado de la cuestión
No obstante, dicho interés estuvo siempre muy por debajo de la fascinación que
despertaron las momias, ya desde el siglo V a.C. y a lo largo de la Edad Media y la Edad
Moderna3 , y que incluso aumentó con la expedición de Napoleón. Durante los siglos XIX
y XX los nuevos descubrimientos de tumbas egipcias avivaron el deseo de los
buscadores de tesoros entre otras cosas por la posibilidad de acceder y hacer negocio
con los cuerpos momificados: los viajeros volvían a sus países de origen con las momias
como preciados souvenirs4. Los ataúdes también eran valorados como los peculiares y
bellos contenedores de las momias; contenedores que llamaban su atención por
presentar un estilo decorativo único, alejado de todo lo conocido. En Egipto era posible
excavar y sacar las piezas del país; por ello, muchos de estos ataúdes y sarcófagos
llegaron a los museos de todo el mundo, donde fueron expuestos y admirados con sus
preciadas momias. Incluso fue costumbre seleccionar las partes que consideraban más
valiosas, como las tapas o los rostros. Una triste y económica manera de coleccionar “lo
más llamativo”.
7
Dentro de esta corriente general hubo excepciones: estudiosos que abordaron el
examen de los bienes arqueológicos, entre ellos los ataúdes, atendiendo a su
materialidad, su tecnología o su estructura. Generalmente eran apartados dentro de
obras más extensas que explicaban estos aspectos, pero también hay importantes
publicaciones dedicadas exclusivamente a ello.
• Estudios al calor de los grandes hallazgos (siglo XIX y principios del XX)
6 Sir John Gardner Wilkinson (1797-1875), egiptólogo británico (Dawson, Uphill y Bierbrier,
1995:443-445).
7 PM, 1964, I, 2, V: 658-666.
8 Sir Gaston Camille Charles Maspero (1846-1916), egiptólogo francés (Dawson et Al.,
1995:278-279).
9 Georges Émile Jules Daressy (1864-1938), egiptólogo francés (Dawson et Al., 1995:116).
8
A este mismo autor le debemos dos de los estudios más importantes sobre Bab
el-Gasus10 (Mapas 1 y 2) que representan un pilar para esta tesis: Les Sépultures des
Prêtres D' Ammon à Deir El- Bahari y Les Cercueils des Prêtres D' Ammon (deuxième
trouvaille de Deir El- Bahari), publicados por el Institut Français d’Archéologie Orientale
(IFAO) en 1900 y 1907 respectivamente. Ambas obras se centran en el nuevo hallazgo
de Deir el-Bahari, conocido entonces como “la Segunda Cachette”, en el que aparecieron
153 ataúdes, incluyendo los cinco que son el tema de esta investigación. Describen las
piezas: forma, colores, decoración, etc., en qué condiciones se encontraban dentro del
escondrijo, la metodología empleada para su extracción, cómo se produjo su transporte
hasta El Cairo y en qué consistió la división en lotes y su donación a los distintos países
extranjeros. Sin duda, la información ofrecida por Daressy constituye una fuente esencial,
pues nos acerca al comienzo de su historia reciente y aporta datos muy relevantes para
comprender su estado de conservación actual. En 1909 se editó el estudio de É.
Chassinat11: La seconde trouvaille de Deir el-Bahari (Sarcophages), en el que se recogen
los ataúdes correspondientes a los números 6001 a 6029 del Catálogo General del
Museo Egipcio de El Cairo, y se ofrecen detalles de interés como la madera con la que
fueron elaborados, su forma y decoración, la transliteración de los antropónimos y demás
inscripciones, se indica de cuántas partes están compuestos, y lo que es más importante
para este estudio: se alude al estado de conservación, se ilustra con fotografías y se cita
bibliografía referida a cada pieza. En 1914, G. Masperó publicó Guide du Visiteur au
Musée du Caire, en la que se refería a este hallazgo de Bab el-Gasus, mencionando,
como hizo en su anterior obra sobre la Cachette Real, el proceso de extracción de los
ataúdes del escondrijo; describía para cada una de ellas el aspecto, decoración, sus
textos e iconografía, técnica de fabricación y citaba, por primera vez en la egiptología, la
práctica de su reutilización en las dinastías XXI y XXII.
9
Por otro lado, las excavaciones desarrolladas por el equipo norteamericano en la
necrópolis tebana fueron publicadas periódicamente en The Metropolitan Museum of Art
Bulletin. En relación a los ataúdes destacan dos artículos titulados The Museum's
Excavations at Thebes de H. E. Winlock13, de 1924 y 1926, que reflejan las condiciones
del trabajo de campo en los primeros años del siglo XX. Asimismo resulta de gran interés
el volumen de M. H. Gauthier14, Cercueils anthropoïdes des Prètres de Montou, de 1913,
sobre los ataúdes descubiertos anteriormente por Masperó en 1858 en Deir el-Bahari. De
nuevo, lo más relevante de la descripción de estas piezas son los datos técnicos sobre
su elaboración y su decoración, donde se señala el tipo de madera empleada y se valora
su estado de conservación.
A partir de los años 20, Lucas publicó tres estudios relacionados con los
materiales egipcios, su tecnología y su restauración: el primero, en 1924, Antiquities: their
restoration and preservation que resulta muy interesante para conocer los tratamientos
realizados in situ y que pueden explicar el aspecto actual de las piezas. El segundo, en
1926, Ancient Egyptian Materials and Industries es una lectura obligada para todos
aquellos que nos acercamos a la cultura material egipcia. Fue reeditada en numerosas
ocasiones y, en 2000, revisada y actualizada por P. T. Nicholson e I. Shaw, bajo el título
Ancient Egyptian materials and technology, contando con grandes especialistas para la
10
realización de cada capítulo17. En la obra de Lucas, al igual que en la revisión de
Nicholson y Shaw, el contenido es fundamental para comprender las diferentes capas
que forman los ataúdes, destacando los capítulos dedicados a las maderas, los sistemas
de ensamblaje, las herramientas, los materiales, las técnicas de decoración pictórica y
los barnices. El tercer estudio de Lucas, Woodworking in Ancient Egypt, de 1934, es una
descripción del trabajo de la carpintería egipcia a través de ejemplos de ataúdes
notables.
17 Por ejemplo, el capítulo sobre madera de R. Gale, P. Gasson y N. Hepper (botánica, pp.
334-352) y G. Killen (tecnología, pp. 353-368), y el de adhesivos y aglutinantes corrió a
cargo de R. Newman y M. Serpico (pp.475-494).
18 Oakley, 1932:158-159.
19 Donadoni, 1969:42.
11
Entre las primeras guías que incluyen ataúdes podemos citar dos escritas por W.
Budge20: A catalogue of the Egyptian collection in the Fitzwilliam Museum Cambridge, de
1893, con una detallada descripción centrada en la comprensión de los textos; y The
British Museum. A Guide to the First and Second Egyptian Rooms, de 1904, en la que
destaca el elevado número de ataúdes catalogados, entre ellos los de Bab el-Gasus, que
habían sido recientemente adquiridos por la donación del gobierno egipcio. En esta
segunda guía las fotografías adquieren mayor importancia y, a diferencia de la anterior,
no se traducen todas las inscripciones jeroglíficas.
Unos años más tarde, en 1934, se publicó la guía Musées Royaux d'Art et
d'Histoire Bruxelles Département Égyptien, en la que destacan las dos fotografías de los
ataúdes nº 5909 y nº 5884 de Bab el-Gasus que sirven para conocer su aspecto en
aquella época, ya restaurados, y compararlo con su estado actual. Poco después, en
1938, se editó una nueva guía del Museo Británico titulada A Handbook to the Egyptian
Mummies and Coffins exhibited in the British Museum, explicando la evolución de los
diferentes tipos de ataúdes a partir de los ejemplares del museo, en cuanto a su forma y
su iconografía. Las referencias al material son muy generales, pero las fotografías son de
buena calidad y ayudan a comprobar su estado de conservación en aquellos momentos.
20 Sir Ernest Alfred Thomson Wallis Budge (1857-1934), egiptólogo y orientalista británico
(Dawson et Al., 1995:71-72).
21 Alexander Eduard Dedekind (1856-1940), egiptólogo austríaco (Dawson et Al.,
1995:120-121).
22 Eggebrecht et Al., 1976.
12
publicaron como monografías científicas. Éstas incluyeron la descripción detallada de la
forma de la pieza, la traducción de las inscripciones jeroglíficas, añadieron comentarios
sobre la datación y el lugar de origen, un análisis de su elaboración, así como referencias
bibliográficas y fotografías. Se trata de rigurosos catálogos científicos destinados a la
investigación de los objetos. En el caso de los ataúdes son imprescindibles los dos
volúmenes de la colección egipcia del Kunshistorisches Museum Wien: Särge der dritten
Zwischenzeit I y II, ambos editados por R. Egner y E. Haslauer en 1994 y 2009, así como
la publicación Altägyptische Särge in den Museen und Sammlungen der
Tschechoslowakei , editado por M. Verner en 1982.
23 Niwiński, 1999:VII.
24 Delvaux y Therasse, 2015:85.
25 Psota, 2001:26.
13
Pyramids. Egyptian regional art from the Museo Egizio, Turin editado G. Robins (1990),
en concreto el capítulo dedicado a “Assiut: equipping a tomb (cat. no. 34, pp. 81-82)”.
14
cronológica de la tipología de los ataúdes, entre los que se incluyen varios ejemplares
del Tercer Período Intermedio, llegando a especificar en algunos casos la composición de
la madera. Ese mismo año N. Guilhou y A. Perraud publicaron Le sarcophage du
Muséum d'Histoire Naturelle de Perpignan: la momie de Iouefenkhonsou, una monografía
sobre este ataúd con un capítulo dedicado a la fabricación y los materiales y una extensa
documentación fotográfica.
26 También publicadas por Bettum en 2014, en un interesante artículo donde hace referencia a
la restauración y reutilización de las piezas.
27 Esta monarquía se dividió en dos reinos a partir de 1905.
15
aspecto material. En él se explican las técnicas de examen, se muestran ejemplos de las
materias primas (los pigmentos o las resinas) y de los utensilios empleados en la
construcción de ataúdes, se añaden mapas de despiece que aclaran la composición de
las piezas y, en las explicaciones de cada objeto se incorporan fotografías de muy buena
calidad junto con imágenes de tomografía axial computerizada, análisis estratigráficos de
la policromía, radiografías, comparativas entre fotografías con luz visible y luz ultravioleta,
y un diseño de los ensambles.
16
catalogación, a la selección de los que se donaron, etc. y dedica un gran esfuerzo a
solventar la confusión que se produjo con la numeración de las piezas. En 2004 se
publicó su estudio Sarcofagi della XXI Dinastia CGT 10101-10122, en el que, fiel a su
estilo, Niwiński describe minuciosamente la iconografía de las cajas funerarias de la
colección del Museo Egipcio de Turín. Por último, cabe señalar que, durante la
realización de esta tesis, este egiptólogo ha comenzado una investigación sobre los
ataúdes del Museo Arqueológico Nacional de Madrid junto con Mª C. Pérez Die,
conservadora jefe del Departamento de Antigüedades Egipcias y del Próximo Oriente, en
el que los analizan desde una perspectiva iconográfica y simbólica.
A finales del siglo XX crece el interés por los ataúdes egipcios traducido en la
publicación de una serie de tesis doctorales con análisis desde distintas perspectivas.
Cabe señalar que todas ellas incorporan uno o varios capítulos dedicados al estudio de
los materiales y la construcción de estas piezas. Los ejemplos más representativos son
los estudios de casos casos concretos como el de H. Willems (1996): The coffin of
Heqata (Cairo JdE 36418). A Case Study of Egyptian Funerary Culture of the Early Middle
Kingdom; y el de R. van Walsem (1997): The coffin of Djedmonthuiufankh in the National
Museum of Antiquities at Leiden; y, más general, el de K. M. Cooney (2007): The cost of
death. The social and economic value of ancient Egyptian funerary art in the Ramesside
Period, en la que la autora realiza un detallado estudio del valor y el coste económico de
los ataúdes, atendiendo a su fabricación, al precio que tendrían los materiales y al salario
de los distintos trabajadores, dependiendo de la calidad de su obra.
17
• La aportación de la restauración en el estudio de los ataúdes28
Desde los años 80 del siglo XX encontramos un número creciente de
publicaciones sobre los tratamientos de restauración y la caracterización de materiales
que, a menudo, formaban parte del análisis preliminar de las intervenciones
desarrolladas en museos y centros de investigación. En este sentido, destacan los
artículos en las actas de dos congresos de conservación: en 1988 la edición de
Conservation of ancient Egyptian materials a cargo de S. C. Watkins y C. E. Brown 29, y
en 1995, Conservation in ancient Egyptian collections editada por C. E. Brown, F.
Macalister, y M. Wright30.
En esta década los restauradores se adentran en la investigación y comienzan a
publicar artículos que siguen un mismo esquema y contenido: describen actuaciones
antiguas, que frecuentemente van unidas a repintes toscos y excesivos que cubren
innecesariamente áreas de policromía original; asimismo llaman la atención sobre el
envejecimiento de los materiales empleados en dicha intervención, y acaban explicando
el nuevo tratamiento a realizar, que incluye la eliminación de los materiales añadidos en
las restauraciones previas. Los trabajos suelen ir acompañados de fotografías muy
reveladoras del estado de la pieza antes, durante y después de la restauración. Estos
tratamientos empiezan a salir a la luz en congresos y revistas científicas: uno de los más
tempranos sería el Bolletino del Museo Civico di Padova Annata LXX, Cento Opere
Restaurate del Museo Civico di Padova, de 1981. En este boletín se encuentran tres
artículos de G. Zampieri sobre las actuaciones en tres ataúdes, en los que analiza los
repintes de los antiguos tratamientos, muy invasivos, con textos y figuras inventadas.
Seguidamente describe las intervenciones que él lleva a cabo para eliminarlos y
consolidar las piezas. Más adelante, el catálogo de la exposición Preserving Eternity.
Modern Goals, Ancient Intentions. Egyptian Funerary Artifacts in the Kelsey Museum of
Archaeology de 1995 contiene la breve pero sugerente aportación de Alan J. Hogg sobre
la restauración del ataúd de Djehutymose. En ella se refiere a su estado de conservación,
haciendo hincapié en las antiguas restauraciones con repintes; a continuación explica
cómo procede para reversibilizarlos y continúa con la restauración de la pieza. En este
28 En este apartado y en general a lo largo de las páginas que siguen he optado por usar el
término “actuaciones” como sinónimo de “restauraciones”, para evitar excesivas
repeticiones del mismo.
29 Hatchfield, 1988:71-78; James, 1988:55-59; Laurin, 1988:85-94.
30 Dentro de esta publicación cabe resalta los artículos de Clarke, 1995:69-76; Elston,
1995:13-21; Green, 1995:85-91; Johnson, Wills, Peacock y Bott, 1995:47-55; Narkis y
Wellman, 1995:173-178; Watkinson y Brown, 1995:37-46;
18
mismo sentido, Colinart, Darowska, Delange y Portal, publican Un champ d'observations:
la restauration des sarcophages au musée du Louvre en 1997, un magnífico estudio
sobre las actuaciones desarrolladas en los ataúdes del Museo del Louvre a lo largo del
siglo XX y presenta el estado de conservación de las obras en ese año. Otro ejemplo
sería el artículo de S. Gottsman, Investigation and conservation of an Egyptian mummy
board from the Royal Albert Memorial Museum, Exeter, de 1999, donde también se
estudia el estado de conservación, evidenciando intervenciones antiguas y se propone la
eliminación de los repintes.
19
En ese mismo año apareció el estudio de R. Parker, The coffin of Paseshes: a
treatment (2003) sobre la restauración de este ataúd, donde caracteriza los materiales,
analiza las maderas y alude a su conservación estructural y superficial. Unos años más
tarde G. L. Nicola, M. Nicola y A. Nicola, una saga de restauradores, publicaron en la
revista e-conservation un interesante artículo sobre la restauración de ataúdes y momias
de las colecciones italianas (2008).
20
Conservation Science. Asimismo han ganado protagonismo en los Congresos
Internacionales (descritos en el siguiente apartado), como por ejemplo Conservation
treatment considerations for an Egyptian polychrome wood coffin of “Pa-mi” de Ibrahim et
Al., o The conservation of some “unknown” wooden coffins. Re-contextualizing
archaeological context, technical examination and conservation approaches, de Zidan et
Al., ambos presentados en el congreso Ancient Egyptian Coffins. Past, Present and
Future, de Cambrige (2016).
21
G. Ryan; y Treatment of Dynasty 18 painted coffin, 37.47 E a-e (Abbott Collection 405A),
de H. Kariya, L. Bruno, J. Godfrey y T. March.
Un año más tarde, en 2014, el Coloquio anual del Museo Británico, Ancient
Egyptian Coffins: craft traditions and functionality, abordaba de nuevo la temática de los
ataúdes egipcios desde una perspectiva interdisciplinar; es preciso destacar las
comunicaciones centradas en la vertiente material de A. Amenta: New results from CT-
scanning of a coffin, y K. Cooney: Coffin recycling: funerary culture in a time of economic
crisis.
31 Amenta, 2014.
32 Amenta y Guichard, 2017.
22
dedicado a los hallados en la Segunda Cachette de Deir el-Bahari, conocida como Bab
el-Gasus. Esta reunión internacional se celebró en el seno del Proyecto Internacional
“The Gate of the Priests. Bab el-Gasus project: Funeral pragmatics of the ancient
Egyptian (religious) elite in the Third Intermediate Period”, cuyo investigador principal es
el prof. R. Sousa, de la Universidad de Coimbra, y del que forman parte la Universidad de
Leiden, el Museo Nacional de Antigüedades de Leiden, los Museos Vaticanos y la
Universidad de California - Los Ángeles. Nació con el propósito de conocer la realidad de
los enterramientos egipcios datados en el Tercer Período Intermedio, entre los que se
encuentran la tumba colectiva de sacerdotes y sacerdotisas de Amón (Bab el-Gasus), la
tumba DB 320, y las Tumbas Reales de Tanis. Asimismo fijaron como objetivo común la
realización de un inventario de Bab el-Gasus y de otros conjuntos funerarios del Tercer
Período Intermedio y la recreación del contexto arqueológico de los objetos hallados en
las tumbas, además de incrementar la cooperación entre museos con piezas de Bab el-
Gasus y dar a conocer las investigaciones a través de publicaciones y coloquios.
Por último, cuando se escriben estas líneas, está programada la celebración del
Second Vatican Coffin Conference, en junio de 2017, que tendrá lugar en los Museos
Vaticanos.
23
Esta práctica se conocía desde principios del siglo XX, por las referencias de G.
Masperó en Guide du Visiteur au Musée du Caire33 , de 1914, en las que escribe sobre
los cercueil d’occasion, es decir, ataúdes de segunda mano que utilizaban las personas
que no podían adquirir un equipamiento nuevo. También hace alusión a las bandas de
ladrones del Tercer Período Intermedio que saqueaban las necrópolis del Reino Nuevo
(dinastías XVIII, XIX y XX) en busca de los ataúdes más bellos, y explica la costumbre de
borrar (en realidad, rascar) el nombre del propietario anterior y sus títulos, y reemplazarlo
por los del nuevo difunto. Desde 1914 hasta la actualidad ha habido otros investigadores
que han nombrado ejemplos de ataúdes reutilizados, como H. E. Winlock34, A. Niwiński35,
E. Leospo y G. L. Nicola 36, y R. Egner y E. Hauslauer37 . La diferencia entre K. Cooney y
los investigadores anteriores es que esta egiptóloga ha puesto de manifiesto la magnitud
de esta costumbre, abriendo con ello una brecha en la idea de que los ataúdes eran la
protección eterna del cuerpo. La escala cambia: deja de ser un hecho aislado y puntual
para convertirse en la rutina de los enterramientos en las dinastías XXI y XXII, incluyendo
muchos de Bab el-Gasus, pues está directamente relacionada con las circunstancias
económicas y comerciales adversas del Tercer Período Intermedio en el área tebana. A
ello se suma que en el anterior período, más próspero, el Reino Nuevo, hubo una
producción de ataúdes de gran calidad, de los que, sin embargo, se conoce un número
relativamente pequeño, ya que, según esta teoría, habrían sido reutilizados 38.
33 Maspero, 1914:264.
34 Winlock, 1924; Idem, 1926.
35 Niwiński, 1988.
36 Leospo y Nicola, 1989.
37 Egner y Hauslauer, 1994.
38 Cooney, 2012; Idem, 2014 a y b; Idem, 2017.
24
metodología de estudio de Cooney39. Las más comunes serían: los cambios en el
nombre, identificados porque se aprecia el nombre original debajo, o porque el nuevo se
ha escrito en otro color u otra grafía; la aplicación de una nueva capa pictórica con el
estilo decorativo adaptado a la nueva época, sobre la policromía original, creando una
estratigrafía de películas pictóricas. Si la superficie está deteriorada, como suele ser
habitual, las lagunas dejarán a la vista la película inferior; pero si la conservación es
óptima no resultará sencillo saber si hay otra policromía debajo. En este caso, puede ser
determinante que su forma sea característica de otra época, como sucede con las tapas
de los ataúdes ramésidas que representaban la forma completa de los brazos y los pies,
al contrario que las del Tercer Período Intermedio en que los pies están cubiertos por el
sudario y, en la parte superior, solo se muestran las manos. Otra evidencia de
reutilización es la presencia de grietas o señales que indiquen la sustitución de los
atributos que definen el género, al aprovechar un ataúd masculino para un cuerpo
femenino, o viceversa. Por ejemplo, partiendo de un ataúd masculino, habrían sustituido
las manos cerradas por otras abiertas, eliminado la barba y añadido pendientes, todo ello
para darle un aspecto femenino. Es representativa la falta de homogeneidad entre dos
piezas del mismo ataúd, por ejemplo que no encajen correctamente la tapa y la caja, o
que presenten estilos decorativos distintos.
25
evidenciar si la estratigrafía de los ataúdes del MAN derivaba de reutilizaciones egipcias
o de tratamientos de restauración.
- Almagro Basch, Almagro Gorbea y Pérez Die (1975) Exposición de Arte Faraónico, pp.
159-165.
- Pérez Die (1985) Egipto: sala egipcia, guía didáctica, pp. 10-11, y 27.
- Pérez Die (1993) “Las Colecciones de Egipto y Próximo Oriente”, pp. 159-169 y
“Donación del Gobierno Egipcio”, pp. 322-323, ambos en el libro De Gabinete a
Museo. Tres siglos de Historia. Museo Arqueológico Nacional.
- Pérez Die (1996) “Egipto y Próximo Oriente”, en Guía General del Museo Arqueológico
Nacional, pp. 97-99.
- Pérez Die (Coord.) (2007) Egipto, Nubia y el Próximo Oriente: colecciones del Museo
Arqueológico Nacional, pp. 25-29, 56-59.
26
La información contenida en estas obras siempre se refiere a su procedencia,
describe su aspecto general, alude a su forma, a los elementos decorativos, a los colores
empleados y explica el significado simbólico de la iconografía representada. Dado que se
trata de guías y catálogos resulta lógico que los datos que aportan no profundicen en
exceso en el estudio de los ataúdes, que ocupen un espacio reducido en el conjunto de
los mismos y que no se mencionen las intervenciones de restauración llevadas a cabo a
lo largo de los años. No obstante hay una excepción: la publicación que se realizó con
motivo de la exposición temporal Arte Faraónico en 197542 . En ella se dedican siete
páginas (159-165) a la descripción detallada de los ataúdes de Pairusejer, la Cantora de
Amón y Amenemhat (los dos primeros procedentes de Bab el-Gasus -MAN 18253 y MAN
18257- y el último de la Colección Toda43 -MAN 15216). Además de las acostumbradas
referencias sobre su hallazgo en la cachette de Deir el-Bahari, la donación del gobierno
egipcio, la explicación de su forma y decoración, el significado de las escenas y las
principales figuras representadas, lo más interesante para nuestro estudio es que, por
primera vez, se incorpora un párrafo dedicado a la técnica de construcción de los
ataúdes, tomando como modelo el de Pairusejer. Es un texto general y con datos que
actualmente sabemos que son erróneos, como la mención a la yema de huevo como
aglutinante de la pintura al temple, o la clara del huevo como base del barniz. No
obstante resulta notable que incorporen esta información porque muestra el grado de
conocimiento sobre los materiales egipcios que había en 1975. A lo que no se refiere el
texto es al importante proceso de restauración de los ataúdes aquel año, que supuso el
refuerzo estructural y la recuperación de una parte de su decoración original, oculta hasta
ese momento por los repintes de los años 50. En las fotografías que ilustran el contenido
se ha podido comprobar que el aspecto de los ataúdes de Bab el-Gasus corresponde a
su estado antes de ser restaurados para dicha exposición, como se puede observar por
las lagunas y grietas. En cambio, el ataúd de Amenemhat había sido restaurado
previamente y es el único que presenta su tapa externa de frente y en color.
27
Obras Restauradas 1980-82 del ICROA44. Se trata del único artículo referente a la
conservación y restauración del lote nº 13.
En estos últimos diez años se percibe en España una mayor actividad científica
en torno a los ataúdes y, lo que es más interesante, desde una perspectiva
interdisciplinar que abarca el estudio material y la conservación. Dicho repunte está
relacionado directamente con los proyectos arqueológicos nacionales que trabajan
actualmente en Egipto y que han encontrado cajas funerarias de madera. Así, en el
“Proyecto Djehuty”46 , dirigido por J. M. Galán (CSIC), se han restaurado y estudiado
diversos ataúdes 47, a manos de las restauradoras P. Rodríguez Frade, N. López
Meijueiro y A. Rivera Valdivia. Igualmente, en el proyecto “Qubbet el-Hawa”48 que dirige
A. Jiménez Serrano (Universidad de Jaén), se ha hecho hincapié en la conservación de
las piezas excavadas, desarrollándose numerosas intervenciones sobre los ataúdes por
44 Garrido, 1984:13-18.
45 Vigna, 2009; Iacomussi y Rossi, 2009; Agostino, 2009.
46 El Proyecto Djehuty excava un conjunto de monumentos funerarios y enterramientos de
individuos de clase media y alta en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, destacando las
capillas-tumbas de Djehuty y de Hery. http://www.excavacionegipto.com/index.php página
consultada el 1 de mayo de 2017.
47 Galán y Jiménez-Higueras, 2015; Rodríguez Frade, 2017.
48 El Proyecto Qubbet el-Hawa trabaja desde 2008 en la necrópolis de la ribera occidental de
Asuán, centrándose en el estudio y excavación de las tumbas QH33, QH34 a y b y, desde
2015 se ha ampliado el objetivo a los pozos funerarios de la Dinastía XII: Sarenput I
(QH36), QH32 (reutilizada en el Reino Nuevo por un tal Aku), Sarenput II (QH31) y Heqaib II
(QH30). http://uja.molobo.es página consultada el 1 de mayo de 2017.
28
el equipo de restauración, actualmente encabezado por T. López Obregón-Silvestre, y en
el que tuve la ocasión de trabajar con mi compañera Beatriz Prado49. Otro ejemplo sería
el Proyecto del Templo de Tutmosis III50, dirigido por M. Seco, que cuenta con un equipo
de restauración, formado por M. A. Moreno, I. García, I. Lozano, y A. Gamarra, que ha
trabajado en la conservación de los fragmentos de ataúdes hallados en el yacimiento51.
29
1.3. Objetivos generales y específicos
- Comprobar si los sucesos ocurridos desde el hallazgo de las piezas hasta su ingreso
en el MAN han dejado huella en los ataúdes, tales como grietas y roturas provocadas
al abrir las cajas, o el debilitamiento de la estructura caracterizado por la separación de
los tableros a causa del transporte de la época.
30
- Plasmar dichas intervenciones y los deterioros que actualmente presentan los ataúdes
en mapas de alteraciones, con la intención de ordenar y optimizar la información
adquirida, consiguiendo así que su estado se comprenda de forma clara y visual.
- Comprobar si las intervenciones realizadas en España sobre los ataúdes de Bab el-
Gasus estuvieron vinculadas a restauraciones realizadas fuera de nuestras fronteras
en otros ataúdes de la misma cachette. Para ello convendría revisar las colecciones de
museos internacionales, centrándonos en el examen de sus superficies, así como
buscando antiguas fotografías en los catálogos publicados desde finales del siglo XIX y
verificar si se detectan cambios similares a los que presentan los ataúdes del Museo
Arqueológico.
- Determinar qué procedimientos y técnicas instrumentales son los más adecuados para
analizar estas piezas; cuáles ofrecen más información siendo menos dañinas para los
ataúdes.
31
1.4. Metodología de trabajo
52 Medina, 2015.
32
de los materiales, los métodos de construcción y los tratamientos de restauración. No
obstante, contamos con una importante excepción: el legado de Hans Goedicke. El
egiptólogo austríaco donó su biblioteca a su discípulo José Manuel Galán, y
actualmente se puede consultar en la biblioteca Tomás Navarro Tomás de la sede de
Humanidades del CSIC. En ella se han hallado obras de referencia egiptológica para
esta tesis, tan relevantes como 21st Dynasty Coffins from Thebes. Chronological and
Typological Studies de Andrzej Niwiński (1988). Al margen del legado, la propia
biblioteca del CSIC alberga un repertorio de obras egiptológicas, como también lo
tienen las bibliotecas de la Universidad Complutense y la Universidad Autónoma de
Madrid. En los fondos de la Biblioteca Nacional de Madrid se han encontrado las
distintas guías del Museo Arqueológico y las postales antiguas que reflejan las salas
del museo y las piezas a principios de siglo XX, lo que ha posibilitado la comparación
entre la apariencia “original” de los ataúdes cuando llegaron al Museo, antes de ser
restaurados, con el aspecto que presentan en la actualidad.
El grueso de la bibliografía especializada sobre ataúdes egipcios se encuentra en
las bibliotecas extranjeras de países con mayor tradición egiptológica, como es el
caso del Reino Unido. Durante esta investigación he podido consultar tres de las
bibliotecas más completas en este campo: la biblioteca de Estudios de Egipto y
Sudán del Museo Británico, la biblioteca del Instituto de Arqueología de la University
College de Londres y la biblioteca de la Universidad de Cambridge, donde hallé el
grueso de la documentación. Entre las numerosas obras consultadas puedo destacar
las grandes colecciones como el Catalogue Général des Antiquités Égyptiennes du
Musée du Caire, las Memorias de Excavación de la Egypt Exploration Society y del
Metropolitan Museum of Art, los Annales du Service des Antiquités de L'Égypte del
Institut Française d'Archéologie Orientale, y otras publicaciones más recientes sobre
arqueología egipcia, conservación, técnicas de análisis e identificación de materiales,
así como guías de museos y colecciones egipcias. Estas estancias siempre han
resultado muy fructíferas, aunque por motivos laborales han estado limitadas en el
tiempo. Para solventarlo y acceder a la bibliografía requerida, he hecho uso del
excelente servicio de préstamo interbibliotecario de la Universidad Autónoma de
Madrid.
Por otra parte, la literatura científica sobre intervenciones de conservación y
restauración y los análisis físico-químicos aplicados a la caracterización de las obras
de arqueometría, el segundo cimiento teórico sobre el que se apoya esta tesis, se ha
realizado en las bibliotecas especializadas del IPCE, de la Escuela Superior de
33
Conservación y Restauración de Bienes Culturales y de la Universidad Complutense.
Las obras consultadas se refieren especialmente a los aspectos teóricos de la
disciplina, a la evolución de criterios metodológicos y, en el caso de aplicaciones
prácticas sobre obras concretas, los bienes culturales más afines a los ataúdes
egipcios, por sus materiales y por sus técnicas constructivas, son la escultura
policromada y la pintura sobre tabla. Sólo dos excepciones han recogido el
tratamiento de restauración y el estudio de ataúdes egipcios: el artículo publicado en
el Catálogo de Obras Restauradas 1980-82 publicado por el ICROA y los últimos
capítulos del catálogo de la exposición temporal Sarcófagos del Antiguo Egipto.
Jardineros de Amón en el Valle de las Reinas, publicado por la Fundación Clos.
Asimismo, los instrumentos de búsqueda obligada en esta tesis han sido las
bibliotecas digitales del tipo archive.org, google libros, la hemeroteca digital de la
Biblioteca Nacional de España o The New York Public Library Digital Collections, que
han posibilitado la recopilación de la prensa histórica, fuentes bibliográficas y
fotografías antiguas. Los portales académicos del tipo academia.edu o
reseachgate.com, me han permitido acceder a los investigadores relacionados con la
conservación y restauración de bienes arqueológicos egipcios y a sus últimas
publicaciones.
34
Museo entre 2008 y 2013. Lógicamente ha resultado más complicado localizar a las
personas que tuvieron relación con las restauraciones más lejanas en el tiempo y,
para ello, el conocimiento de los nombres registrados en los informes fue
imprescindible, al igual que la relación entre las personas que actualmente trabajan
en el museo con aquellos antiguos trabajadores. He podido contactar con D. Andrés
Escalera Ureña, químico del IPCE y responsable del “Programa para el estudio y
conservación de materiales egipcios del Museo Arqueológico Nacional de Madrid”
centrado en la restauración del ataúd de Amenemhat (MAN 15216) en 1972. También
pude entrevistar a Dña. María Sanz Nájera, restauradora del IPCE y encargada de
intervenir directamente dicho ataúd. Ambos tuvieron la amabilidad de compartir
conmigo sus recuerdos e impresiones acerca de estos trabajos.
35
número de piezas que las expuestas en las salas. En este sentido, destacan las
páginas web del Museo Británico, del Museo Antiguo de Berlín, del Museo de
Brooklyn, del Museo Metropolitano de Nueva York, del Museo de Bellas Artes de
Boston o del Museo del Louvre. Otro buen instrumento para recopilar imágenes ha
sido la base de datos www.globalegyptianmuseum.org que da acceso a un gran
abanico de piezas egipcias expuestas en museos; en ella se han encontrado
fotografías de algunos ataúdes de la colección del Museo Egipcio de El Cairo, cuya
página web no ha estado operativa durante esta investigación.
Además de las colecciones permanentes de los museos, quisiera apuntar dos
exposiciones temporales sobre los ataúdes egipcios que he tenido ocasión de visitar,
y que abordan el aspecto material y constructivo de estas cajas funerarias, incluso
acercando la disciplina de la restauración al público a través de un laboratorio, en el
que los restauradores trabajaban en tiempo real sobre las piezas. La primera,
Sarcophages. Sous les Étoiles de Nout, se celebró en el Museo del Cincuentenario de
Bruselas53 del 15 de octubre de 2015 al 30 de abril de 2016. La segunda, Death on
the Nile. Uncovering the Afterlife of Ancient Egypt54, se celebró en el Museo
Fitzwilliam de Cambridge del 23 febrero al 22 de mayo de 2016. Estas exposiciones
se engloban en los proyectos internacionales, descritos en líneas anteriores,
dedicados al estudio interdisciplinar de los ataúdes egipcios. Otras exposiciones
temporales que han precedido a las anteriores y siguen la misma línea han sido:
Coffins of the Amun Priests55 celebrada en el Rijksmuseum de Leiden del 20 de abril
hasta el 15 de septiembre de 2013, o Ein ägyptisches Puzzle. Die Restaurierung des
Sargdeckels der But-Har-Chonsu 56, expuesta en el Museo de Arte e Historia de Viena
entre el 12 de mayo y el 26 de octubre de 2015, cuyo catálogo ha resultado de gran
utilidad para esta tesis, pues se trata de un caso de estudio muy similar.
36
fuentes lumínicas, trípodes, lupas…), así como la colaboración de todo el
departamento de conservación, me han permitido analizar los ataúdes de Pairusejer
(MAN 18253) y Ruru (MAN 18254) de forma minuciosa. Allí realicé numerosas
fotografías, pruebas de solubilidad y recogí muestras desprendidas, que me
posibilitaron identificar la composición de los materiales. En este mismo laboratorio se
han analizado las dos tapas externas de los ataúdes mediante Fluorescencia de
Rayos X, con un equipo propiedad del Museo. Las medidas fueron tomadas por su
supervisora, la Dra. Carolina Gutiérrez Neira.
Los exámenes mediante luz ultravioleta y las fotografías con Visible Induced-
luminiscence (VIL) del ataúd de Pairusejer se pudieron realizar en un pequeño cuarto
anexo destinado normalmente a los tratamientos con disolventes, que requieren una
extracción de humos potente. En este recinto es posible dejar las luces apagadas (al
contrario que en el espacio general del laboratorio, donde están reguladas de forma
automática) e iluminar el ataúd únicamente con la luz requerida para cada examen. El
ataúd de Ruru, más grande que el de Pairusejer, no cabía en este cuarto y hubo que
introducirlo en otro de mayor tamaño y tapar las paredes de vidrio de la estancia con
planchas de espuma de polietileno y cartón pluma, para conseguir la oscuridad que
precisaban estos procedimientos.
En las salas de exposición del Museo se llevó a cabo una parte del trabajo, en
concreto la toma de fotografías de los ataúdes que se exhiben en las vitrinas: el ataúd
Anónimo (MAN 18255), Anjefenjonsu (MAN 18256) y la Cantora de Amón (MAN
18257). Por último, en el almacén en el que se guardan los ataúdes que no están en
exposición se efectuaron las pruebas con el equipo de reflectografía infrarroja sobre
el ataúd de Pairusejer, mientras que el de Ruru fue examinado anteriormente con esta
misma técnica en el laboratorio de restauración.
6. Análisis de las muestras. Los medios requeridos para analizar las muestras de los
ataúdes se encuentran en la Universidad Autónoma de Madrid. En primer lugar, los
equipos microscópicos del Servicio de Conservación, Restauración y Estudios
Científicos del Patrimonio Arqueológico (SECYR), en el que desarrollo mi actividad
profesional, así como el microscopio óptico compuesto del Laboratorio Docente de
Prehistoria y Arqueología del mismo departamento. En ambos laboratorios he
realizado las fotomicrografías, la identificación de las maderas, y una serie de
pruebas con pigmentos, adhesivos y barnices actuales que han servido para
establecer comparativas con los productos originales. Ejemplo de esta sistemática
37
sería la preparación de pinturas al temple (con goma arábiga y con cola de conejo)
que cubrí con distintas capas de protección (resina de almáciga, cera natural, cera
microcristalina y gomalaca) y que examiné con radiación ultravioleta. Los resultados
fueron comparados con las fluorescencias emitidas al iluminar la superficie de los
ataúdes, identificando así la composición de las sucesivas restauraciones.
En segundo lugar, el laboratorio de Microscopía Electrónica de Barrido,
perteneciente al Servicio Interdepartamental de Investigación (SIdI) de nuestra
Universidad ha cobrado un gran protagonismo a la hora de analizar las muestras de
los ataúdes, e identificar compuestos inorgánicos, tales como pigmentos y estucos. El
conjunto de técnicas que agrupa este equipo ha permitido la caracterización
morfológica, estructural y de composición de estas muestras y la toma de imágenes
de alta resolución.
En tercer lugar, la colaboración con otras instituciones especializadas en el
análisis de compuestos orgánicos de obras de arte, ha sido fundamental para
completar el estudio de los ataúdes. Así, los análisis realizados por las profesoras
Margarita San Andrés y Ruth Chércoles, en el laboratorio de química de la
Universidad Complutense de Madrid (LabMat), con la cromatografía de gases masas
o las técnicas de infrarrojos han reconocido claramente los compuestos naturales y
los sintéticos, ayudando a diferenciar los barnices y adhesivos originales de los
procedentes de antiguas restauraciones. Por su parte, la Dra. Sagrario Martínez
Ramírez del Instituto de Estructura de la Materia del CSIC, me ofreció la posibilidad
de realizar pruebas de caracterización de los pigmentos con los equipos Raman,
identificando compuestos como el oropimente.
38
donde las fotografías y los mapas tienen tanta relevancia, resulta imprescindible el
uso de programas especializados en el tratamiento de las imágenes, tales como
Adobe Photoshop CC®, Adobe Illustrator CC® y Helicon Focus®.
39
Fig. 2. Ejemplo de un registro con repinte de la base de datos “Muestras”.
40
1.5. Estructura de la tesis
41
condiciones medioambietales (climatológicos, biológicos, antrópicos, etc). Seguidamente
se reproduce el historial de las intervenciones, presentando la escasa documentación
encontrada, que aporta informes de los restauradores y fotografías antiguas de los
ataúdes. Esta información de primera mano nos conecta directamente con el momento
de sus intervenciones. Para completar este capítulo previo al diagnóstico de los ataúdes
de Bab el-Gasus, se describen los métodos de análisis que se han aplicado en la
caracterización de los pigmentos, las capas de preparación, los adhesivos y los barnices.
Los resultados de cada técnica son interesantes por separado, pero su valor aumenta al
ser contrastados unos con otros y con el resto de fuentes; así se ha llegado a diferenciar
los materiales y las técnicas egipcias originales de las aplicadas en las restauraciones del
siglo XX.
42
Por su parte, el análisis del estado de conservación del ataúd del Ruru cuenta con
una gran ventaja respecto al de Pairusejer, y es la existencia de dos informes de
restauración que explican el tratamiento realizado entre 1983 y 1986. Se describe aquella
intervención focalizada en el refuerzo estructural y pictórico, y se exponen las
alteraciones actuales y las huellas de las restauraciones pasadas, incorporadas en los
mapas de alteraciones de cada sección del ataúd.
Por último, al cierre de esta tesis se trazan las conclusiones finales y los
resultados más significativos a los que se ha podido llegar a través de este estudio, a la
vez que se señalan otras actuaciones que hubiera sido interesante realizar. Se alude a la
limitación de medios, a la vez que se señalan aspectos para los que no se ha encontrado
respuesta.
Como se comprobará durante la lectura, las imágenes tienen un gran peso, pues
son una herramienta imprescindible para entender la elaboración y la conservación de los
ataúdes en la actualidad, así como para conocer su evolución a lo largo del tiempo, al
comparar las fotografías antiguas con las modernas. La mayor parte de las fotografías
están realizadas por mí durante la investigación, sin señalar en ellas la autoría; en el
resto está debidamente citada. Con respecto a las referencias bibliográficas, éstas se
han indicado en nota al pie con el siguiente orden: apellido o apellidos, año de
publicación, números de página, lámina o figura.
43
44
2. Historia de los ataúdes egipcios de Bab el-
Gasus del Museo Arqueológico Nacional
45
Fig. 4. A la izquierda, el Casino de La Reina, primera sede del Museo Arqueológico Nacional
Imagen del Museo Arqueológico Nacional: www.man.es Fecha de consulta: 18/02/2016
Fig. 5. A la derecha, el palacio de Recoletos, sede actual del Museo Arqueológico Nacional desde
1895. Imagen del Museo Arqueológico Nacional: www.man.es Fecha de consulta: 18/02/2016
“Momia humana en su sarcófago: sin duda este objeto, expuesto como ya indicamos en un
escaparate separado, es el que más excita la curiosidad del visitante: está en posición
horizontal y elevada la cubierta del sarcófago lo suficiente para ver la momia. Nos
ocuparemos primero de aquél y luego de esta. El sarcófago es de madera y afecta la misma
forma del cadáver, envuelto o amortajado: el rostro es dorado, lleva un largo claf de listas
doradas y negras, un Osk al cuello con dos cabezas de gabilán en sus extremos, una en
cada hombro: sobre el pecho la imagen de Ma, diosa que representa la verdad y la justicia,
arrodillada, con grandes alas extendidas horizontalmente y a lados opuestos, como también
ambos brazos, llevando en las manos plumas de avestruz: y el resto del sarcófago está
cubierto por inscripciones geroglíficas, trazadas en largas columnas verticales, sobre la tapa
46
y en la base ó asiento. Todas estas pinturas están hechas con colores vivos sobre una capa
de estuco que sirve de preparación y cubre todo el sarcófago. Este, que encierra
directamente la momia, se encerraba á su vez en uno de piedra, ó bien en otro de madera y
este en el de piedra.”64
64 Mélida, 1881:104.
65 CERES “Red digital de colecciones de museos de España”, la base de datos del Museo
Arqueológico Nacional abierta al público: www.ceres.mcu.es Fecha de consulta:
12/01/2015.
66 Ibidem.
67 Una pasta de arcilla empleada como base sobre la que aplicar el pan de oro, como se
explica en el capítulo sobre la construcción de los ataúdes.
47
En 1887 fueron adquiridos un ataúd completo datado en la dinastía XXI (MAN
15216); una tapa de ataúd de la dinastía XVIII (MAN 15218)68 y una máscara (MAN
15245) igualmente del Reino Nuevo. Estas piezas se compraron a D. Eduardo Toda y
Güell, cónsul de España en El Cairo entre 1882 y 1884, gran amante de las antigüedades
egipcias que logró juntar una rica colección de piezas faraónicas y excavó en Deir el-
Medina. Como señala el Prof. Padró en la introducción de la obra de Toda L'Antic Egipte.
Documentació Manuscrita, es considerado uno de los padres de la egiptología
española 69. Las piezas que adquirió, así como sus obras sobre arqueología egipcia,
están muy bien documentadas 70. El ataúd masculino de Amenenhat, gran sacerdote del
templo de Amón (MAN 15216, Fig. 7), es un conjunto compuesto por la caja, la tapa
externa y una cubierta interna de momia71 . En las dos últimas se representa al difunto
con la peluca calada, la barba osiríaca, un gran collar usej, los brazos cruzados sobre el
pecho con las manos cerradas, que originalmente sujetarían símbolos de estabilidad y
protección, como el pilar Djed y el nudo de Isis Tyet72. Debajo, una diosa alada cubre con
sus grandes alas la zona abdominal y, a continuación, el área inferior del ataúd se divide
en registros en los que figuran los temas iconográficos religiosos vinculados al
renacimiento del difunto, como el juicio del alma ante Osiris, o la escena de la creación
con Nut y Shu. La caja muestra la misma decoración pintada, polícroma y barnizada, muy
abigarrada, propia de la dinastía XXI. El ataúd fue reutilizado posteriormente, por lo que
el nombre y los cargos de Amenenhat fueron borrados parcialmente y remplazados por el
nombre del segundo difunto, pero éste no se lee bien (quizá Imenhotep)73. Se desconoce
el contexto donde fue hallado, aunque sí se sabe que fue en la orilla occidental tebana.
48
Fig. 7. Ataúd de Amenemhat (MAN 15216).
La cubierta exterior del ataúd de una mujer (MAN 15218, Fig. 8) procede del
Gurnah (la orilla occidental tebana, mapas 1 y 2) y está fechada en la dinastía XVIII,
según el inventario de Toda. Sin embargo el estilo decorativo es más propio de finales de
época ramésida (dinastías XIX y XX), caracterizado por una representación más fiel a los
rasgos de la difunta, con las manos abiertas y el contorno del cuerpo perfilado y bien
proporcionado. El rostro se enmarca en un tocado
decorado con plumas y guirnaldas sobre un
ajedrezado. Destaca un gran collar que cubre hasta el
vientre y está rematado por flores de loto. Debajo
varias figuras aladas aparecen como protectoras de la
difunta y, a continuación, la zona de las piernas está
dividida en registros verticales y horizontales con
escenas osiríacas. Esta decoración polícroma está
muy concentrada, anticipando el estilo característico
de la dinastía XXI. La tapa no conserva la zona de los
pies, y algunas zonas de la decoración se han perdido
y restaurado.
49
Con respecto a la “máscara” (MAN 15245, Fig. 9) es importante matizar que
podría tratarse de un rostro de ataúd. La diferencia entre la máscara y el rostro del ataúd,
es que la primera sería una pieza exenta, colocada rodeando la cabeza momificada del
difunto, dentro del ataúd. En cambio, si esta pieza fuera el rostro del ataúd, iría encajada
en la tapa del mismo y representaría la cara del difunto. Como solo se ha conservado la
pieza central con las espigas, no es posible determinar a cuál de las dos piezas
correspondería. En todo caso, esta talla de una madera oscura conserva restos de
policromía: ocre rojizo cubriendo toda la superficie del rostro, sobre una fina capa de
estuco, blanco en los ojos, negro en las pupilas, el contorno de los ojos, las cejas, la
barba y restos en el borde que unía con la peluca, hoy desaparecida. También tiene
marcas que indican que se podría haber eliminado la barba.
Ese mismo año de 1887 el Pachá 74 Bey Daninos75 donó el sarcófago de Bak
(MAN 15208, Fig. 10), de procedencia desconocida y fechado en el Reino Nuevo 76. Este
ataúd antropomorfo masculino muestra el estilo propio de los ataúdes del Reino Nuevo,
presente desde principios de la dinastía XVIII hasta el reinado de Tutmosis III. Se
74 Funcionario turco que tenía un cargo superior semejante al de virrey o gobernador en una
región; actualmente es título honorífico.
75 Pachá Abraham Albert Daninos (1845-1925), egiptólogo egipcio (Dawson et Al., 1995:115).
76 Guía 1917:95; Álvarez-Ossorio 1925:37; Pérez Die 1993 a:159-169, Expediente 1886/13.
50
caracteriza por un diseño sencillo, poco fiel a las proporciones reales de una persona y
sin detalles realistas como serían las manos (que sí aparecen en ataúdes de épocas
posteriores). Aquí el difunto se representa momificado, con el rostro enmarcado por la
peluca tripartita y rayada, un gran collar polícromo que reproduce las cuentas del mismo
y, a continuación, la figura de Isis con las alas desplegadas sobre el pecho del difunto. El
fondo del ataúd es monocromo y está cruzado por una banda vertical sobre la tapa, y
cinco bandas horizontales, con inscripciones de la fórmula de ofrendas en negro, que
comienzan en la tapa y continúan en la caja. Estas bandas aluden al vendaje que rodea
el cuerpo del difunto. En este caso se ha producido una variación de los colores
habitualmente utilizados: el estilo más extendido es un fondo blanco cruzado por bandas
amarillas. Entre las bandas hay representaciones antropomorfas de los cuatro hijos de
Horus, y en los pies de nuevo la diosa Isis. Es propio de este momento que la superficie
del ataúd no esté saturada de textos y figuras (como ocurrirá en la dinastía XXI), sino que
éstas tengan un tamaño relativamente grande y se coloquen espaciadas, con áreas del
fondo sin decorar77. En cuanto a su ejecución, destaca el trabajo de la madera que
parece autóctona, que se ha alisado antes de aplicar una fina capa de preparación. El
trazo de la pintura es rápido y poco cuidado.
77 Taylor, 1989:32.
78 Los detalles de la donación y la descripción del lote se encuentran en el apartado 3.2.
Historia de las excavaciones y su llegada a España.
51
cubierta interna aparece ilustrada en la figura 11. Estas
piezas conforman el conjunto más importante de los
ataúdes del MAN, provenientes de la tumba de Bab el-
Gasus, asimismo conocida como la Segunda Cachette de
Deir el-Bahari. El hallazgo de esta tumba en 1891 fue uno
de los descubrimientos arqueológicos más importantes en
la orilla occidental tebana, especialmente para el estudio
del clero de Amón y sus costumbres funerarias, durante la
dinastía XXI, época en la que se fechan los 153 ataúdes,
de los cuales 101 eran dobles y 52 simples. El lote nº 13
donado a España llegó al Museo en 1895, coincidiendo
con el año en que se inauguró su sede en Recoletos 79, y
son los ataúdes de este lote los que se estudian en
profundidad en estas páginas.
Continuando con la historia de la colección del Museo, hubo que esperar a los
años 80 del siglo XX para recibir una nueva pieza: una tapa de ataúd nubio (1980/96/1)80,
procedente de las necrópolis de Mirmad (Argin Sur, Nubia), que llegó formando parte del
lote de la campaña de salvamento de los templos nubios por la construcción de la presa
de Asuán, organizada por la UNESCO81. Esta tapa se halló prácticamente destruida
(Figs. 12 y 13), conservando sólo el rostro en buen estado, ya que estaba tallado en una
madera más resistente a las condiciones medioambientales y al ataque de insectos
xilófagos. La comparativa de las imágenes (a la izquierda su estado de conservación
inicial cuando fue hallada, y a la derecha su estado tras la restauración) permite observar
cómo la tapa de ataúd actual es el resultado de una restauración muy intervencionista
(muy invasiva). Representa a un personaje de tez y rasgos negroides que va tocado con
79 Expediente 1895/17.
80 En este caso el número de expediente coincide con el número de inventario.
81 Presedo, Pellicer y Blanco, 1970:90 y lám.V; Adams, 2003:20-24.
52
una peluca tripartita de rayas y adornado con un collar usej. La inscripción se ha perdido,
por lo que se desconoce el nombre y los títulos de su propietario82.
53
blanco u ocre. También presenta decoración geométrica de tipo greca con policromía en
rojo, ocre, verde y quizá azul 83.
54
cuerpo del difunto. Está formada por cinco tablones de madera ensamblados; sobre ella
se ha pintado a la diosa Amentit, una figura femenina de frente, desnuda y con los brazos
extendidos a lo largo del cuerpo. Va tocada con la peluca hatórica, sobre la que aparece
el halcón apoyado en un signo neb rayado, sosteniendo la pluma Maat. La cara exterior
tiene una inscripción parcialmente borrada con el nombre del difunto junto con las
fórmulas de ofrenda87.
Una vez descrita la colección de ataúdes y fragmentos de los mismos del Museo
Arqueológico Nacional, el estudio se centra en los de la dinastía XXI, donados por el
gobierno egipcio y procedentes de Bab el-Gasus.
55
2.2. Desde el descubrimiento de los ataúdes en Bab el-
Gasus en 1891 hasta su traslado al MAN
88 Como se ha visto en el punto 1.2. Los ataúdes egipcios: estado de la cuestión, en los
últimos años han surgido numerosos proyectos de investigación centrados en los ataúdes
de Bab el-Gasus. Ello se explica por la presencia de ejemplares de esta procedencia
repartidos en numerosos museos extranjeros.
89 Daressy, 1900:144; Daressy, 1907:3.
90 Niwiński, 1988:26,199.
91 PM, 1964, I, 2, V: 658-666. Esta tumba ha sido estudiada por numerosos investigadores
desde su descubrimiento, algunos de los más importantes son: Maspero, 1889; Daressy,
1909; Jansen- Winkeln, 2000; Gräfe, 1999; Gräfe, 2003; Belova, 2003; Gräfe y Belova,
2010.
56
frente al saqueo92 y, para evitar su pérdida, las sacaron de sus tumbas en el Valle de los
Reyes y las escondieron en la tumba coetánea del sumo sacerdote de Amón, Pinudjem II
y su familia. En ella depositaron cuarenta momias, once pertenecientes a la realeza,
entre las que se encontraban las de importantes faraones como Seti I, Ramsés II o
Ramsés III, todas ellas actualmente expuestas en el Museo Egipcio de El Cairo. Esta
tumba, hoy conocida como TT 320 o DB 32093 ya había sido descubierta en torno a 1860
por Ahmed Abdel Rassoul, un cabrero de la zona tebana que, durante veinte años, se
había dedicado a hacer negocio con las piezas de menor tamaño en el mercado negro.
En 1881 fue arrestado e interrogado hasta confesar el lugar del que obtenía los objetos.
Una vez abierta oficialmente la tumba por Émile Brugsch94, los ataúdes con las momias
reales y demás objetos fueron extraídos rápidamente en cuarenta y ocho horas, y
transportados hasta el Nilo (Fig. 16). Embarcados en Luxor fueron llevados hasta El
Cairo, para estudiar los cuerpos momificados y exponer las piezas en el Museo de
Boulaq (Figs. 17 y 18), que fue la sede anterior al Museo Egipcio de El Cairo de la plaza
Tahrir 95. La prisa por evitar robos dejó a los investigadores sin tiempo para tomar notas o
fotografías de la ubicación de los ataúdes que, sin duda, habrían sido muy valiosas para
el estudio de estas piezas. La publicación que relataba el descubrimiento y las momias
reales corrió a cargo de Masperó y Brugsch96, y los ataúdes de la tumba fueron
publicados por Georges Daressy en 190997.
57
Fig. 16. London News, 1882
Zeitgenössische Darstellung der Bergung
der Königsmumien in der "Cachette von
Deir" el-Bahari von 1881 durch Emil
Brugsch.
58
Un artículo publicado el 1 de septiembre de 1881 por El Bien Público traducía al
castellano las palabras de un corresponsal del Times sobre las treinta y nueve momias
reales halladas en Deir el-Bahari, TT 320, haciendo hincapié en la idea de que el interés
fundamental de los investigadores y del público general eran los cuerpos momificados,
no los ataúdes. A pesar de ello, también se incluía una breve descripción de los mismos y
su estado de conservación. Aunque no sean ataúdes de Bab el-Gasus, es posible
establecer paralelos, ya que en este caso igualmente fueron extraídos en muy poco
tiempo, después de haber sido escondidos por los sacerdotes de la dinastía XXI.
“La mayor parte de las cajas se hallan en perfecto estado de conservación. Están cubiertas
de inscripciones delicadamente trazadas en verde de oliva, amarillo y naranjado. Los
colores aparecen con igual frescor y brillantez a los que tendrían si acabase de ponerlos el
pincel del artista. Las cajas van barnizadas con una preparación que les da peculiar riqueza
y que se parece a la laca del Japón.” 98
59
Fig. 19. Plano de la tumba de Bab el-Gasus con
la disposición de los ataúdes según la lista A.
Dibujo del Prof. Rogério Sousa. Hölzl, 2015:14.
En sus publicaciones de 1900 y 1907, Daressy relataba todos los detalles del
momento de la apertura de la tumba, incluida la descripción de las piezas y su ubicación
a lo largo de las galerías: en doble fila, apilados unos sobre otros y desordenados.
Resulta muy interesante la descripción que hace de su decoración, resaltando el hecho
de que algunos ataúdes tenían restos de oro104 en el rostro y las manos. Este había sido
robado, quizá por los mismos que expoliaron la Cachette Real y sugiere que dichos
daños habrían sido causados por egipcios en la Antigüedad; no por lugareños árabes 105.
104 En el lote nº 13 que llegó a Madrid no había ningún ejemplar de Bab el-Gasus dorado; la
mayor parte de ellos permanecieron en el Museo Egipcio de El Cairo. A modo de ejemplo se
puede consultar El Saddik, 2006:16.
105 Daressy, 1900:143.
60
los ataúdes; al contrario, Daressy demuestra tener conciencia de su conservación y una
preocupación real, cuando explica cómo afectó a la decoración pintada la apertura de la
tumba. El equilibrio alcanzado por las piezas en un ambiente cerrado y con condiciones
relativamente constates se rompía definitivamente con la entrada de aire fresco y los
cambios en la humedad relativa, produciendo alteraciones en la superficie de los objetos
que no pasaban desapercibidas a los ojos del arqueólogo francés106 .
61
mayor facilidad. Con ello se evitaba que las estructuras soportaran demasiado peso. Así,
separados, se mantuvieron hasta llegar al Museo de Giza109. Lamentablemente, esta
separación además conllevó algunos errores de numeración a la hora de volver a unirlos
en el Museo.
Fig. 20. Los nuevos descubrimientos de momias en el Alto Egipto. Extracción de los sarcófagos de
los sacerdotes de Deir el-Bahari, cerca de Luxor. Dibujo según Émile Bayard.
Dibujo publicado en L’Illustration el 4 de abril de 1893.
62
Uno de los puntos importantes en la explicación de Daressy y, sin duda, el más
polémico y criticado de todo el procedimiento, fue la numeración e identificación de los
ataúdes. A priori el sistema no parece inadecuado, sin embargo el resultado acabó
siendo muy confuso y generó la pérdida de varias cajas, como veremos a continuación.
Daressy explica 110 cómo, antes de extraer los ataúdes, los numeró por orden de
localización en la galería, en lo que él mismo denominó lista A111 . Una vez fuera, los
ataúdes fueron nuevamente inscritos en una segunda lista (Lista B) realizada por E.
Grébaut y U. Bouriant para transportarlos a El Cairo. La confusión se produce porque las
dos listas no se corresponden: la segunda es más extensa, ya que incluye piezas no
contempladas en la primera. Entre la lista de los objetos extraídos de la tumba, destacan
para este estudio los 153 ataúdes (101 dobles y 52 simples), y una caja en la que se
recogieron manos y barbas de madera separadas de los ataúdes112.
Dos veces al día partía una procesión desde Deir el-Bahari hacia el Nilo, donde
se embarcaban los ataúdes para enviarlos a El Cairo. Llegaron los primeros días de
mayo y se almacenaron en el Museo de Giza113, sede del Museo Egipcio desde 1890,
donde fueron examinados y los 134 ataúdes más bellos y mejor conservados fueron
registrados en el Journal de Entrée (JE), sumando así otro nuevo número a los ataúdes.
Tal y como explica Daressy, se produjeron malentendidos y erratas en las listas, por
ejemplo, dando dos números del JE a ataúdes internos y externos que venían separados
desde Luxor, pero que pertenecían al mismo difunto. En definitiva, un mismo ataúd podía
llegar a tener más de tres números de inventario, si sumamos el de la lista A, la lista B y
uno o dos números del JE, en el caso de que el ataúd estuviera entre los 134
seleccionados. Aunque el mayor problema venía con los ataúdes anónimos, más difíciles
de identificar. Para aclarar la confusión, en su publicación de 1907, Daressy incorporó
63
una tabla con los números de las listas A y B, así como del Journal de Entrée, y el
nombre del difunto escrito con caracteres jeroglíficos 114. Esta tabla ha sido contrastada y
mejorada por A. Niwiński115 y por los investigadores de los museos con ataúdes de Bab
el-Gasus, para verificar sus números de inventario116.
Fig. 21. Los nuevos descubrimientos de momias en el Alto Egipto. Transporte de los
sarcófagos desde Deir el-Bahari al Nilo. Dibujo según Émile Bayard, publicado en
L’Illustration el 4 de abril de 1893.
A juzgar por el relato de Daressy 117 y por la fecha de las publicaciones (1900 y
1907), los ataúdes no fueron la prioridad a su llegada al Museo de Giza, y de hecho no
se expusieron hasta el invierno de 1892 (Fig. 22).
64
Fig. 22. Exposición de los ataúdes de Deir el-Bahari en el Museo de Giza.
Imagen publicada en http://egyptianchronicles.blogspot.com.es/2016/03/a-day-at-egyptian-
museum-tahrir-museum.html. 31/03/2016
118 Daniel Marie Fouquet (1850-1914), médico francés, que trabajó con Masperó para examinar
las Momias Reales (Dawson et Al., 1995:155).
119 Daressy, 1900:145; Idem, 1896; Fouquet, 1896.
120 Daressy, 1907:21-38.
65
Fig. 23. De izquierda a derecha, alrededor de la momia distinguimos al Marqués de Reverseaux,
Ministro de Francia en El Cairo sentado y apoyado con el codo sobre la mesa; a su lado y
observando la momia se encuentra Eugéne Grébaut, director del Servicio de Antigüedades y
quien abrió la Tumba de Bab el-Gasus; a continuación el doctor Fouquet, médico en El Cairo;
por detrás de éste se asoma Emil Brugsch Pacha, conservador del Museo; inclinado sobre la
mesa y anotando toda la información se distingue a Georges Daressy, conservador adjunto del
Museo; dos figuras en un segundo plano serían H. Bazil, secretario del Museo; J. Barois,
secretario general del ministerio de Trabajos Públicos; por último, U. Bouriant, director de la
Misión arqueológica francesa en El Cairo.
Imagen de Paul Dominique Philippoteaux: 1845-1924, publicada en http://blogs.ucl.ac.uk/
researchers-in-museums/tag/paul-dominique-philippoteaux/ Fecha de consulta: 10/12/2012.
121 Daressy, 1900:145; L’Illustration 4 de abril de 1893, nº 2510, p. 16, imágenes pp. 1 y 4.
66
de esta, cómo estaban dispuestos los sarcófagos y la buena conservación de los
mismos.
“(…) nous arrivàmes sur le flanc de la chaine lybique, ou se trouve la fouille que M. Grébaut
a fait creuser, pressentant en cet endroit un trésor caché, dont l’importance archéologique
devait dépasser ses espérances. Mais je laisse la parole à M. Grébaut: “J’étais persuadé
qu’environ à cette distance de la montagne je trouverais quelque chose. Je ne m’étais pas
trompé et j’ai fait fouiller. A ma grande joie j’ai vu apparaitre le puits que vous voyez, dont la
profondeur est environ de 15 mètres et au fond duquel se trouvait une porte fermée par un
entassement de grosses pierres.
La porte déblayée, on est entré dans un premier souterrain. Après un parcours de 73 m`tres
on rencontre un escalier de 5 m`tres et o’on descend à un second étage qui fait suite
pendant 12 mètres. Ces deux étages conservent la direction du nord au sud. Au fond son
creusées deux chambres funéraires mesurant: l’une 4 mètres, l’autre 2 mètres de côte. A la
hauteur de l’escalier est située la porte d’un seconde corridor de 54 mètres se dirigeant de
l’est à l’ouest. Le développement total des souterrains est de 153 mètres. Ils étaient remplis
de caisses de momies, souvent entassées les unes sur les autres. A côté des sarcophages
étaient déposés des objets divers, papyrus, boites, paniers, statuettes, offrandes funéraires,
fleurs. Le désordre dénotait une cachette du genre de celles des momies royales
découvertes il y a dix ans. Les deus cachettes sont de la même époque, elles ont dû être
faites dans les mêmes circonstances. Dans les deux cas, les momies les plus récentes
appartiennent à la 21e dynastie. Les sarcophages de la nouvelle découverte sont ceux des
prêtres et des prêtresses, au nombre de 163. On compte aussi quelques prêtres d’autres
divinités, de Set, d’Anubis, de Montou et de la reine Aah-Hotep dont le culte s’est maintenu
pendant de longs siècles.”
L’extraction des sarcophages m’a fourni le sujet d’une richesse de décoration incomparable
sont composées et exécutées avec un soin particulier. Quand on pense que la porte de ces
souterrains, fermée depuis 3000 ans, vient de livrer passage à ces sarcophages qu’on dirait
faits d’hier tant leur conservation est admirable, l’imagination reste confondu.
Voilà, mon cher ami, ce que j’ai eu l’heureuse chance de voir; mais ce qu’on ne verra pas de
longtemps, c’est leur transport au Nil ou les attendent de grands chalands qui doivent les
transporter au Caire. Rien ne peut donner une idée (pas même mon dessin!) de cet
étonnant spectacle. Imaginez-vous, sous un soleil de 50 degrés, dans les grandes planes
fertilisées par le Nil et s’étendant jusqu’aux contreforts de la montagne deus cents Arabes
dans les costumes les plus pittoresques, souvent nus, portant sur leurs épaules une
67
trentaine de ces merveilleux sarcophages, se bousculant dans la poussière en chantant ces
refrains monotones dont ils scandent leurs marches. C’est un spectacle inoubliable.
Je ne veux pas, cher ami, prolonger cette longue lettre. Je dois cependant ajouter que,
malgré son grand désir de m’être agréable, M. Grébaut n’a pu me fournir les photographies
des objets trouvés, ce qui eût été bien précieux, mais il ne veut rien livrer à la publicité avant
d’avoir examiné avec soin, à son retour au Caire, tous les éléments de sa découverte. Je
suis persuadé qu’il s’empressera, aussitôt qu’il le pourra, de vous les envoyer avec une
notice explicative. Ce sera encore de l’actualité. A bientôt, mon cher ami. (…) Emile Bayard”
122 La Ilustración Española y Americana, 22 de abril de 1891, Año XXXV- Núm XV, p. 243.
123 La Ilustración Española y Americana, 5 de mayo de 1891, Año XXXV- Núm XVII, p. 275.
124 Por ejemplo en el artículo publicado en el Boletín de la Asociación Artístico Arqueológica
Barcelonesa Año I, número 3, de junio de 1891, p. 22, se trata el hallazgo por parte del prof.
“Grebant”, las medidas de la tumba, y la descripción de los corredores:
“Estos lugares estaban llenos de cajas de momias, puestas unas sobre otras, como las de
las momias reales descubiertas hace 10 años. Junto a los sarcófagos, que fueron
reconocidos como tumbas de los sacerdotes y sacerdotisas de Ammon, y que son en
número de 163, se hallaron papirus, vasos, estatuas, flores, etc., etc. Sus cubiertas son
magníficas por la riqueza decorativa y contienen, reproducidas con mucho cuidado, las
ceremonias religiosas. Hasta ahora no se han abierto todas las tumbas (ataúdes) y es
probable que, algunas de ellas, reserven grandes sorpresas a los egiptólogos, visto que
componen varias genealogías de sacerdotes bajo diferentes dinastías”.
68
de The Cornubian and Redruth Times, el 6 de marzo de 1891, bajo el epígrafe
“Descubrimientos recientes en Egipto” y haciendo referencia a la publicación francesa
del Daily Telegraph’s:
En España, el Noticiero Balear publica entre sus noticias artísticas del 28 de mayo
de 1891 el hallazgo en Deir el-Bahari y el traslado de las piezas al Museo de Giza. En la
noticia incluye un dato inesperado sobre el estado de conservación de las cajas
funerarias, ya que habla de una “permanencia prolongada en la humedad”:
“Las 163 momias y los 75 papyrus descubiertos en Febrero último en Deir-el-Bahari deben
estar a estas horas en el Museo de Ghizeh. La preciosa colección no ha sufrido nada, a
pesar del estado en que se supone estarán todos los objetos que la componen después de
una permanencia tan prolongada en la humedad. (…) Se necesitará mucho tiempo para
desarrollar los papyrus y darse cuenta exacta de las momias, sobre todo por la
circunstancia de llevar nombres diferentes las sucesivas fajas de éstas, y porque las
125 The Cornubian and Redruth Times, Viernes 6 de marzo de 1891 (Traducción de la autora).
126 Berrow’s Worcester Journal, de 7 de marzo de 1891, p. 6.
69
inscripciones, colocadas ordinariamente en la envoltura de tierra, han sido, en la mayoría de
los casos borrados sistemáticamente”. 127
Se publicaron más noticias una vez que las momias llegaron al Museo de Giza,
por ejemplo en el Heraldo de Madrid 9 de julio de 1891 en la sección titulada “De todas
partes” y, cuatro días más tarde, el 13 de julio de 1891, en el Diario Oficial de Avisos de
Madrid, en la sección de Noticias; en ambas se da cuenta del proceso de desvendaje y
estudio de las momias, reflejando el gran interés que había por estos cuerpos
momificados, como también hacía el artículo de Toda y Güell de La ilustración Española y
Americana del 8 de noviembre de 1886128:
Junto a este cuerpo había un “papyrus” religioso, cuyo texto, a lo que parece, es una
revelación para los egiptólogos. La momia de Isis Emkeb figura en el número de las momias
reales encontradas en 1881 en Deir el Bahri, al mismo tiempo que la de Lerostrú.” 129
70
Otras dos noticias publicadas en julio de 1891 sobre la apertura de las momias
con el mismo texto pero cambiando alguna palabra (parecen dos traducciones del mismo
texto) en La Época y en La Iberia Diario Liberal:
El gran interés que despertaban las momias dio lugar a que se creara un halo de
misterio en torno a las mismas y a que se generaran historias más o menos fantásticas,
como la titulada “Gato por liebre” publicada en El Eco de Navarra, el 4 de enero de 1898,
que narraba la historia del doctor Pulingues, quien había adquirido una momia en Egipto
y había enloquecido tratando de devolverla a la vida; o la historia publicada en El Amigo
del Pueblo, el 7 de noviembre de 1909, bajo el título de “La momia del misterio”, en la
que se cuenta la peculiar situación de la momia del Museo Británico 6665 de la
sacerdotisa Katebet, “a la cual rinden culto centenares de inglesas más o menos
chifladas”. Se narran a continuación los sucesos inexplicables (entre ellos numerosos
accidentes) que vivieron personas de alguna manera relacionadas con la momia.
“No se ha necesitado más para que el culto, que ya germinaba en muchos espíritus
supersticiosos, se haya convertido en realidad, y hoy en día hay en Londres una porción de
devotos de la sacerdotisa Katebet, que creen firmemente que el alma de ésta ha vuelto a su
cuerpo. A ella acuden como los griegos al oráculo de Delfos. Se arrodillan a sus pies,
concentran el pensamiento, expresan mentalmente su deseo y esperan a que conteste la
momia. Si ésta mueve la cabeza, es señal de que accede a lo que se le ha pedido; si
permanece inmóvil es que lo niega. Y el caso es que la momia mueve a veces la cabeza, lo
cual explica la gente del Museo diciendo, procaz e incrédula, que para la calefacción de
aquellas salas se emplea un poderoso dinamo, cuyas trepidaciones son las que hacen
moverse a la sacerdotisa egipcia. ¿Hase visto mayor impiedad?”131
71
Más allá del placer que puede ofrecer esta historia, desde la perspectiva de la
restauración está revelando una información muy valiosa en cuanto a la conservación en
la exposición del Museo Británico, y el exceso de temperatura.
“El corresponsal en El Cairo de Débats dice que el gobierno egipcio acaba de mandar una
nota a los representantes de las seis grandes potencias para anunciar que se ha decidido
hacer un regalo de una parte de las momias de los Grandes Sacerdotes de Amon
encontrados hace dos años en el Alto Egipto, y que ahora están en el Museo de Giza, a los
museos de Londres, París, Berlín, Viena, San Petersburgo y Roma. Estas momias serán
divididas en seis lotes y se sortearán entre los países” 135.
Poco después, en The Northern Daily Mail and South Durham Herald del 21 de
marzo de 1893 otra noticia ya se refiere al sorteo:
132 Según Niwiński, 1999:VII, algunos de estos ataúdes fueron restaurados antes de ser
donados, aunque todavía no se han encontrado registros de ningún tipo, ni referencias a
este hecho.
133 En un principio pensaron en las siguiente instituciones de 16 estados: Museo del Louvre,
París, Francia; Museo de Viena, Austria; Museo de Constantinopla, Turquía; Museo
Británico, Londres, Gran Bretaña; Museo Arqueológico Nacional de Florencia, Italia;
diversos museos en Rusia; Museo Antiguo de Berlín, Alemania; Museo de la Sociedad
Geográfica, Lisboa, Portugal; Suiza; Estados Unidos; Museo de Leiden, Países Bajos;
Museo Central, Atenas, Grecia; Museo Arqueológico Nacional de Madrid, España; Museo
Nacional de Estocolmo y Museo Victoria en Upsala, Suecia y Noruega; Museo de Bruselas,
Bélgica; Museo Real, Copenhague, Dinamarca. Finalmente sumaron un nuevo lote de
piezas para el Museo Etrusco de Cortona, Vaticano.
134 Daressy, 1900:145, L’Illustration, 4 de abril de 1893, nº 2510, p. 16, imágenes en pp. 1 y 4.
135 The Whitstable Times, del 11 de marzo de 1893.
72
“En El Cairo se está llevando a cabo un sorteo de momias. El gobierno egipcio ha decidido
regalar a seis grandes potencias europeas las momias de Grandes Sacerdotes de Amon,
hallados hace dos años en el Alto Egipto. Estos tesoros van a ser divididos en seis lotes y
sorteados entre los representantes de los Museos de Londres, París, Roma, Berlin, Viena y
San Petersburgo” 136.
“No se necesita ser egiptólogo para juzgar por la simple apariencia que los cuatro
sarcófagos sin momias de que se compone el lote que ha tocado a España es de los más
pobres y menos importantes; habiendo contribuido mucho a tal resultado la forma con que
se ha verificado esta lotería, pues en vez de no darle preferencia a ninguna de las Naciones
comprendidas en la tirada o sorteo, como lo exigía la delicadeza y la cortesía, se ha llevado
a cabo este último en dos series, figurando exclusivamente en la primera las grandes
potencias, y en la segunda las de segundo orden. Con este modo de proceder las potencias
de primer orden han sacado los sarcófagos más bellos y mejor conservados, que merecen
evidentemente los gastos de transporte, cosa que dudo que ocurra con los que han
correspondido a España.” 138
“Nota de los objetos egipcios regalados a España por el Jerife de Egipto, con fecha 22 de
junio de 1894139 y recibidos en el Museo y en esta sección 1ª el 4 de Enero de 1895.
Sarcófagos:
136 The Northern Daily Mail and South Durham Herald, 21 de marzo de 1893.
137 Daressy, 1907:4.
138 Expediente 1895/17, F. 1 v. Carta del cónsul español en El Cairo al Ministerio de Fomento.
Enviada el 22 de junio de 1893.
139 La fecha 1894 es una errata del documento que fue subsanada en el margen izquierdo a
lápiz; la fecha correcta sería el 28 de junio de 1893.
73
Nº 29694. B15. A. 4. Gran sarcófago de Paaruskher sacerdote de Maut y director de los
metalurgistas del templo de Maut. La tapa exterior está aparejada (barbouillé) de blanco.
El sarcófago interior es interesante.
2 Cajas funerarias”140
“El rey y en su nombre la Reina Regente ha tenido a bien disponer, que puede V. E.
manifestar al Sr. Cónsul general de España en el Cairo, que la colección de antigüedades
que ha sido ofrecida por Egipto al Gobierno de S. M., puede desde luego enviarla
directamente al Director del Museo Arqueológico Nacional de esta corte, puesto que este
considera a los objetos de que aquella se compone dignos de figurar en aquel
establecimiento, que se halla dispuesto a sufragar los gastos de conducción que los mismos
74
ocasionen. Es asimismo la voluntad de S. M. que V. E. se haga intérprete acerca de aquel
gobierno, del agrado con que se ha visto el donativo que se ha servido hacer a nuestro
país.”142
“Muy Sr. nuestro; ponemos en su conocimiento que hemos recibido cinco cajas grandes
dirigidas a Vd., conteniendo antigüedades, las que tenemos a su disposición. Desde
Alejandría nos han mandado una nota de gastos incurridos, que ascienden a £12.12.5
hasta la bahía de Gibraltar.” 143
Una vez aceptada esta cantidad, desde Gibraltar recordaban que había que
sumarle la cuantía por los meses de depósito: “en los once meses que obran en nuestro
poder tienen los consabidos cajones sobre unas 150 ptas. de almacenaje” 144 y, por
supuesto, los gastos de envío desde Gibraltar hasta Cádiz.
75
“Con fecha de 27 de junio dirigió a esta agencia el Sr. Director del Museo de Antigüedades
Egipcias en el Cairo, un Despacho en el que decía que habiendo aceptado el Gobierno de
S. M. el Rey, q. D. G., las Antigüedades Egipcias que le correspondieron en el reparto que
por orden del Gobierno de S. A. se hizo entre diferentes naciones, había remitido a los Sres.
Bonno y Compañía de Barcelona, cinco cajas conteniendo dichas antigüedades, los que las
habían dirigido al Sr. Director del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, pero que según
le decían dichos Sres. hasta aquella fecha no las habían recogido ni pagado los gastos
ocasionados. Inmediatamente que fue sabida dicha comunicación, envié copia de ella al Sr
Director del Museo Arqueológico Nacional, rogándole diese las órdenes para que fuesen
recogidos lo antes posible. Habiendo encontrado ayer al Sr. Ministro de Obras Públicas, me
manifestó que según noticias que tenía las citadas cajas aún no habían sido recogidas y
que de no hacerse pronto parece que se venderían en pública subasta. La indiferencia con
que este asunto se ha mirado después de haber aceptado estas antigüedades, no se la
puede explicar y se muestran algún tanto ofendidos. Ruego por tanto a V.E. se sirva dar las
órdenes que crea del caso a fin de que con la mayor urgencia sean transmitidas las
instrucciones al departamento de que dependa el asunto para que a la mayor brevedad
posible sean recogidas dichas cajas y abonados los gastos que hayan ocasionado, evitando
así el motivo de disgusto que les causa el desaire que creen ver en este proceder. De Real
Orden comunicado por el Sr. Ministro del Estado lo traslado a V.E. para su conocimiento y a
fin de que con toda urgencia posible se sirva resolverlo.” 145
Tras esa llamada de atención, en la que se amenaza con subastar el lote español
si no se sufragaban rápidamente todos los gastos, parece haber un repunte en la
actividad y en la voluntad por resolver cuanto antes el pago para continuar con el
transporte. Por otra parte, convenía evitar que esta ofensa, a la que se refería el cónsul
Ortega Morejón, pudiera derivar en un problema mayor con el Servicio de Antigüedades
Egipcias. Cuatro días más tarde, el 25 de septiembre, se envió otra carta al Director del
Museo Arqueológico desde la Dirección General de Instrucción Pública, para que él
mismo se pusiera en contacto con los Sres. Bonno y Compañía de Barcelona, y así evitar
a toda costa la venta del lote nº 13146. El 28 de Septiembre se mandó un telegrama a la
Aduana de Cádiz, con la petición del envío a Madrid de las cinco cajas de antigüedades:
145 Expediente 1895/17, F. 14 v -15 r. Carta del Subsecretario Joaquín Salero al Sr. Ministro de
Fomento, 21 de Septiembre de 1894.
146 Expediente 1895/17, F. 16 v y r. Carta del Director General de Instrucción Pública al Director
del Museo Arqueológico Nacional, 25 de septiembre de 1894.
76
“Tan luego se presenten en esa Aduana cinco cajas procedentes de Gibraltar conteniendo
objetos antiguos para el Museo Arqueológico Nacional, disponga V. en precinto y envío para
su despacho en la Sección Aduanas de esta Corte.” 147
Sin embargo, en Cádiz estaban aún lejos de recibir los cinco cajones, ya que el
pago todavía tardó varios meses en hacerse efectivo correctamente. Aunque el dinero
fuera liberado para que el Cónsul de España en Gibraltar, D. Fermín S. de la Iyada,
pudiera hacer efectiva la retribución148, la cantidad establecida no era la correcta. Así se
indicaba en las cartas enviadas desde el depósito de Gibraltar, primero al Cónsul de
España en Gibraltar, señalándole que la cantidad estipulada comprendía solo los gastos
desde Alejandría hasta Gibraltar149. Segundo, la carta fechada el 3 de noviembre, y
enviada al Director del Museo Arqueológico Nacional, D. Juan de Dios de la Rada
Delgado, informando de que el cónsul se había personado en dicho depósito con el fin de
pagar 511,30 Ptas, en concepto de gastos incurridos, pero la suma incluía únicamente los
gastos de transporte hasta la Bahía, “y no hasta la Corte” y solicitaba que se abonaran
los gastos de flota hasta Cádiz, que ascenderían a 160 Ptas150. De esta misma fecha es
la carta que envía el propio Cónsul al Director del Museo, explicando también que el
dinero era insuficiente151. Ante las dos cartas recibidas, D. Juan de Dios de la Rada
Delgado escribió rápidamente al Director General de Instrucción Pública transmitiéndole
147 Expediente 1895/17, F. 18. Copia del telegrama de 28 de septiembre de 1894 enviado a la
Aduana de Cádiz, y copia al Director del Museo Arqueológico Nacional, D. Juan de Dios de
la Rada y Delgado.
148 Expediente 1895/17, F. 20 r. y v. “Instrucción” de la Dirección General de Instrucción Pública
de Bellas Artes al Ordenador de Pagos del Ministerio, 9 de octubre de 1894; F. 21 r. y v.
Carta enviada a la Subsecretaría de Estado por parte de Luis Fraile, indicando que el dinero
que habían pedido liberar no era suficiente para el envío de los cajones hasta Madrid (y
para ello incluía una copia de la correspondencia anterior), 20 de octubre 1894; F. 22 r. y v.
Carta del Consulado de España en Gibraltar (Fermín S. de la Iyada) a los Sres. R. y J.
Arbines, 23 de octubre de 1894.
149 Expediente 1895/17, F. 23. Carta del Depósito de Gibraltar al Cónsul de España en
Gibraltar, 24 de octubre de 1894.
150 Expediente 1895/17, F. 24 V y F. 25 v. Carta del Depósito de Gibraltar enviada al Director
del Museo Arqueológico Nacional, D. Juan de Dios de la Rada y Delgado, 3 de noviembre
de 1894.
151 Expediente 1895/17, F. 26 r. y v. y 27 r. y v., Carta del Cónsul de España en Gibraltar al
Director del Museo Arqueológico Nacional, 3 de noviembre de 1894.
77
que aún debían abonar 160 Ptas. para el transporte desde Gibraltar hasta Cádiz 152, a lo
que el Director General contestó positivamente el 14 de noviembre153.
“Tengo el honor de transmitirle una Letra por valor de ciento sesenta pesetas a que según
aviso de la casa de R. y J. Abrines de esa plaza pueden ascender los gastos de expedición
a Cádiz y Madrid de cinco cajas con objetos que procedentes de Egipto venían con destino
a este Museo, rogándole encarecidamente se sirva activar cuanto sea posible este asunto a
fin de colocarlos antes de terminados los trabajos de instalación”154.
152 Expediente 1895/17, F. 28 r. y v. Carta del Director del Museo Arqueológico Nacional al
Director General de Instrucción Pública, 9 de noviembre de de1894.
153 Expediente 1895/17, F. 29 r. y v. Carta del Director General de Instrucción Pública al
Director del Museo Arqueológico Nacional, 14 de noviembre de de 1894.
154 Expediente 1895/17, F. 30 r. Carta del Director del Museo Arqueológico Nacional al Cónsul
de España en Gibraltar, 3 de diciembre de de 1894.
155 Expediente 1895/17, F. 31. Carta del Depósito de Gibraltar al Director del Museo
Arqueológico Nacional, 6 de diciembre de 1894.
156 Expediente 1895/17, F. 32 r. y v. Carta del Cónsul de Gibraltar al Director del Museo
Arqueológico Nacional, 8 de diciembre de 1894.
157 Expediente 1895/17, F. 33 r. y v. Carta del Director del Museo Arqueológico Nacional al
Cónsul de Gibraltar, 13 de diciembre de 1894.
158 Expediente 1895/17, F. 34 r. y v. Carta de la Dirección General de Aduanas al Director del
Museo Arqueológico Nacional, 2 de enero de 1895.
78
a la estación del Mediodía, registrándose también ese mismo día su entrada en el Museo
Arqueológico Nacional de Madrid. A tiempo para la inauguración de las nuevas salas del
Museo el 5 de julio de 1895 por la Reina Regente María Cristina.
79
estas condiciones adversas, los ataúdes de más de tres mil años de antigüedad, han
llegado hasta nuestros días relativamente bien conservados.
80
2.3. Desde la llegada de los ataúdes al MAN hasta la
actualidad 1895-2017
81
cinco cajas de embalaje y se catalogaron cinco ataúdes, entre los números 18253 y
18257. ¿Por qué el ataúd de Ruru no estaba incluido en en inventario del lote? La
respuesta que parece más plausible la encontramos en el Boletín de Archivos,
Bibliotecas y Museos publicado en 1896, la primera y más completa descripción de los
ataúdes de Bab el-Gasus de la colección del MAN. En ella se especificaba que el ataúd
de Pairusejer estaba compuesto por un “verdadero sarcófago y un ataúd que va dentro
con dos tapas” y la descripción de este “sarcófago” coincide: la alusión al color blanco y
la diosa representada en el fondo de la caja. La única diferencia importante es que
actualmente sí distinguimos figuras en la tapa, aunque con total seguridad, éstas son
producto de una restauración más moderna167 .
Sarcófagos:
- Gran sarcófago de Paaruskher, sacerdote de Maut y director de los metalistas del templo
de la diosa. Este sarcófago es doble, es decir, que consta del verdadero sarcófago y el
ataúd que iba dentro, con dos tapas, y que contenía la momia. Sarcófago y ataúd, como
los tres siguientes, son de madera, afectan la forma antropoide y están decorados
exterior e interiormente con pinturas que representan imágenes simbólicas acompañadas
de leyendas jeroglíficas. El gran sarcófago está pintado de blanco; no lleva figuras en la
tapa, y dentro, ocupando todo su fondo, se ve la imagen de la diosa Ma. Los demás
sarcófagos están pintados de un color amarillo brillante que imita oro, sobre el cual
destacan las figuras y leyendas, que son los fragmentos del Libro de los Muertos.
Así pues, parece claro que el ataúd de Ruru habría sido considerado como el
sarcófago externo que albergaba el ataúd interno de Pairusejer, lo cual es comprensible,
ya que en el documento oficial que acompañaba al lote, sólo se aludía a 4 difuntos y,
167 Esto puede comprobarse al comparar el estado actual con las fotografías de 1979,
anteriores a la restauración realizada en 1985.
168 Boletín de Archivos, Bibliotecas y Museos, Año I, Núm. 9, 1896:180.
82
recordemos que en la descripción del ataúd de Pairusejer se indicaba que “la tapa
exterior estaba aparejada de blanco”:
83
Número de Información del Nombre del Número en Número en JE Fuente y comentario
inventario MAN lote 13 propietario la lista A la lista B (Registro de
MAN (Daressy) (Grébaut y entrada en el
Bouriant) MEC)
1 18253 29694 B15 A4 Pairusejer En la tabla publicada en 1907 por G. Daressy el número JE 29694 B15 A 14
corresponde al ataúd de Ruru.
Por otra parte, en esta misma obra de Daressy, en la descripción del lote
recibido por España, se asigna el número 13 (que debería corresponder a la
lista A) al nombre de Pairusejer (ver fig. 24), sin embargo ese número está
luego asignado a otros números de inventario y el nombre de Pairusejer no se
encuentra en la lista de nombres de difuntos.
2 18254 Sin información. Ruru 14 15 29694 Este ataúd no aparece recogido por separado en el registro del lote 13, sino
como el sarcófago externo del ataúd de Pairusejer. El nombre de Ruru
tampoco aparece en la documentación, hasta los registros modernos del
museo (la fecha no se ha podido determinar).
Sin embargo, como se explica en el registro anterior, la tabla incluida en la
publicación de G. Daressy de 1907, identifica el número JE 29694 B15 A 14
con el ataúd de Ruru y no está asignado a ningún lote. Hay una errata en la
84
documentación del reparto, ya que figura A4 y en la lista A de Daressy es 14).
3 18255 127. 163 Anónimo 128 153 Sin número Los números de registro del lote 13 no coinciden con los números de las listas
A, B ni con el JE: en la tabla de Daressy el número 127 de la lista A se
corresponde con el 152 de la lista B y con el JE 29672 perteneciente a un
difunto anónimo. Por el contrario, en esta misma tabla de Daressy, el siguiente
ataúd registrado como 128 (lista A) y 153 (lista B) y sin número del Journal de
Entrée y también perteneciente a un difunto anónimo, está asignado al lote
13.
4 18256 29690 3. 3. Anjefenjonsu 3 3 29690 Este es el único caso en que coinciden todos los números.
5 18257 29640 50. 71 Ihy? 58 84 29640 29689 La interrogación que acompaña al nombre puede deberse a que no estaban
(Cantora de seguros de su transliteración.
Amon) El número 29640 del registro del lote 13 coincide en la tabla de Daressy con
el ataúd de Ihy, sin embargo, los números 50. 71 se relacionan en aquella
tabla con el ataúd de una mujer anónima.
El segundo número no aparece en el lote.
Tabla 1: Números de registro de los ataúdes de Bab el-Gasus del Museo Arqueológico Nacional
Resulta muy llamativo que los datos del registro que acompañaban al lote nº 13
solo en un caso coincidan con la tabla de Daressy. En todos los demás cambian uno o
varios números o el nombre. No obstante, la confusión comienza ya en la propia
publicación de G. Daressy: la tabla general incluye cuatro ataúdes asignados a este lote
13 pertenecientes a Anjefenjonsu, Ruru, Ihé y un difunto anónimo, pero en una relación
posterior en la que describe los ataúdes adscritos a cada lote, no recoge en el “lote 13
asignado a España” los mismos ataúdes (Anjefenjonsu, Pairusejer, Ihé y un difunto
anónimo) como vemos en la siguiente imagen (Fig. 24). Cambia Ruru por Pairusejer, y lo
que finalmente sucedió es que llegaron los dos, porque ambos están registrados y
físicamente en el Museo Arqueológico Nacional.
171 Conferencia impartida por el Dr. Christian Greco en el Rijksmuseum van Ouldheden de
Leiden el 27 de julio de 2013.
https://youtu.be/iOKzcGmTsoc. Fecha de consulta: 12/12/2015.
172 http://www.uc.pt/en/iii/research_centers/CECH/projetos/gate_of_the_priests Fecha de
consulta 13/04/2016.
85
La primera noticia que refleja la llegada de los ataúdes donados por el gobierno
egipcio al museo madrileño fue publicada por José Ramón Mélida 173 en La España
Moderna, en agosto de 1895, bajo el nombre de “El Museo Arqueológico Nacional en El
Palacio Nuevo”. En ella explicaba cómo este Museo abrió los días del 14 al 31 de mayo
de aquel año gratuitamente al público, por motivo de las fiestas, superando el número de
visitas las diez mil. Resulta muy interesante la descripción que hace de los visitantes y de
la incredulidad de los mismos ante piezas tan antiguas. También dedica unas líneas a la
descripción de los ataúdes (de forma conjunta, no los desglosa) y destaca la información
referente al estado de conservación de los mismos:
“Pueden verse los ataúdes y sarcófagos, cuya serie ha aumentado con el donativo que ha
hecho recientemente el gobierno egipcio. Cinco son los sarcófagos regalados, procedentes
del cuantioso hallazgo de las tumbas de los sacerdotes de Ammón. Los sarcófagos egipcios
con su tapa, que reproduce la figura de la momia, sus pinturas de vivos colores, imágenes
misteriosas y jeroglíficos, revelan por sí solos el cuidado exquisito y el lujo con que aquellas
gentes enterraban a sus muertos. Nada menos que un ataúd con dos tapas y un sarcófago
que lo encerrara todo eran menester para sepultar a una persona medianamente
acomodada; y todavía cerraban la entrada de la tumba de modo que ningún nacido pudiera
encontrarla”. 174
“En las tumbas egipcias, donde momias, muebles, utensilios, frutos y comestibles han
pasado una soledad de siglos, los exploradores lo han encontrado todo intacto, y en sus
manos se han desmoronado los sarcófagos y se han convertido en polvo las flores de las
coronas con que manos piadosas ciñeron las cabezas de las momias. El autor de estas
líneas ha visto florecerse en el Museo el pan que dentro de las vasijas en que fue
depositado hace cuatro mil años, había resistido el viaje desde Egipto”.175
Aparte de esta publicación, no hallamos ningún otro registro relacionado con los
ataúdes, ni fotografía, ni descripción inicial un poco más técnica y, lamentablemente,
173 José Ramón Mélida, discípulo de Juan de Dios Rada y Delgado, logró ser Jefe de Sección
del Museo Arqueológico Nacional en 1884 y en 1916 director del mismo Museo. Para saber
más sobre su trayectoria, consultar Casado, 2006.
174 Mélida, 1895:42-43.
175 Ibidem, 43.
86
tampoco se registró ningún documento relacionado con la conservación o las
restauraciones de estas piezas.
Hay que esperar hasta 1917, a la Guía histórica y descriptiva del Museo
Arqueológico Nacional, para encontrar de nuevo información sobre estos ataúdes. Sin
embargo, la descripción se centra en el hallazgo de la tumba y lo que ésta contenía, sin
referirse a los cinco ejemplares madrileños. Nada se comenta sobre su decoración
pintada; ni se hace alusión a los colores, ni interpretaciones sobre su iconografía, ni
datos técnicos como podrían ser sus dimensiones. Lo que sí es importante señalar es
que los ataúdes estaban expuestos en vitrinas en la sala II (Fig. 25), y por tanto
protegidos de muchos factores de alteración:
Fig. 25. Distribución de las salas de la planta baja del Museo Arqueológico en 1933.
Publicado en la Guía del Museo de 1954.
87
desde 1917 hasta 1936. Gracias a ellas se conoce la decoración mural de la “Sala II
Antigüedades Egipcias y Orientales” de estilo definido como orientalizante, realizada por
Arturo Mélida, tomando como modelo los motivos que preparó para la Exposición
Histórico-Natural y Etnográfica, celebrada en 1893 en la sede del Museo establecida en
el Casino de la Reina (Fig. 26 y 27) 177. También destacan algunas de sus piezas más
emblemáticas, como dos ataúdes de Bab el-Gasus: el anónimo (MAN 18255) (Fig. 28) y
el de Pairusejer (MAN 18253)(Fig. 29).
En 1925 se edita Una visita al Museo Arqueológico Nacional (2ª ed.) de Francisco
Álvarez-Ossorio. Esta publicación de nuevo describe de forma general la colección de
sarcófagos de madera y su procedencia, e incluye una explicación de los dioses y
creencias egipcias.
Fig. 26. Sala de antigüedades egipcias del Museo Arqueológico entre 1917 y 1933.
Imagen: CERES, www.ceres.mcu.es. Fecha de consulta 06/06/2015.
88
Fig. 27. Sala de antigüedades egipcias del Museo Arqueológico entre 1917
y 1933, destaca el ataúd de Pairusejer.
Imagen: CERES www.ceres.mcu.es. Fecha de consulta 06/06/2015.
89
Fig. 29. Ataúd de Pairusejer en la exposición de antigüedades egipcias de 1917 a 1933.
Imagen: CERES, www.ceres.mcu.es. Fecha de consulta 06/06/2015.
178 Director del Museo Arqueológico Nacional entre mayo del 1952 y mayo de 1966.
90
Fig. 30. Sala de antigüedades egipcias durante la Guerra Civil Española con los ataúdes en sus
vitrinas en primer plano.
Imagen: CERES, www.ceres.mcu.es. Fecha de consulta 06/06/2015.
guerra las piezas más representativas y selectas”179, entre las que no se encontraban las
egipcias. Esta exposición se realizó en la primera planta del Museo y fue acompañada de
una guía cuya primera edición tuvo lugar en 1940 180.
Por fin, en 1954 terminaron las obras y se pudo inaugurar la colección íntegra del
Museo Arqueológico Nacional, estrenando un nuevo discurso museográfico que está
descrito en la guía publicada en el mismo año. El lugar que ahora ocupaban las
colecciones egipcias era la sala XXXVIII, llamada de “Antigüedades orientales”, de un
tamaño mucho menor que la original sala II (Fig. 31).
91
Fig. 31. Plano de la exposición del Museo Arqueológico Nacional entre 1954 y 1968, en rojo la
sala de antigüedades orientales.
Publicado en la Guía del Museo de 1954.
La explicación de las piezas en esta sala se recoge entre las páginas 174 y 177,
en ellas encontramos una mención general al origen de la colección: “Se reunieron casi
exclusivamente como resultado del viaje a Oriente de la fragata “Arapiles”, de un regalo
del gobierno egipcio en 1893, la adquisición de la colección Toda y la donación Seton
Karr, de piezas prehistóricas. Unos pocos formaban parte ya de antiguas colecciones,
como la de la Biblioteca Nacional”181. A continuación se describe la disposición de las
piezas en la sala “en la repisa a la izquierda: caja de momia y su doble”, sin aludir al
nombre del difunto (salvo la excepción de Jarot-en-bast 182) ni al número de inventario o a
su procedencia.
No deja de ser llamativo que cuatro veces se repita la expresión “caja de momia”
y sólo una vez aparezca la palabra ataúd (y ninguna la palabra sarcófago, cuando
anteriormente había sido la denominación utilizada para las cajas funerarias egipcias).
Sin embargo, no encontramos una buena razón que justifique la elección de un término u
otro.
Entre las láminas de esta guía no hay ninguna de los ataúdes egipcios, aunque el
archivo fotográfico del museo contiene varias imágenes que corresponden a esta
92
exposición que duró hasta 1968. Comparando la información del texto y de las imágenes
podemos confirmar que en la sala se expusieron en total 5 ataúdes egipcios. Cuatro de
ellos colocados de pie y sin vitrina sobre pedestales o repisas: Taremetchenbastet MAN
15159 (Fig. 32), Bak MAN 15208 (Fig. 33), Pairusejer MAN 18253 (Fig. 33) y
Anjefenjonsu MAN 18256 (Fig. 34). Estos dos últimos de Bab el-Gasus se mostraban
abiertos, de manera que se veían las dos cubiertas de los ataúdes. Y sólo un ataúd, el de
Amenemhat de la colección Toda (MAN 15216), se exponía tumbado, cerrado (sin dejar
ver la cubierta de momia) y dentro de una vitrina (Fig. 35). Esto supone un cambio
importante con respecto a la museografía anterior a la guerra, cuando todos los ataúdes
se mostraban protegidos. En la nueva exposición los ataúdes que estaban de pie
requerían un nuevo anclaje a la pared y tenían que soportar todo el peso concentrado en
un área mucho más pequeña, como serían los pies del ataúd. El resto de ataúdes se
localizaban en los almacenes del mismo edificio.
93
Fig. 33. Exposición de 1954 a 1968: arriba a la izquierda el ataúd de Pairusejer abierto
mostrando las dos tapas; externa y cubierta de momia, arriba a la derecha el ataúd de Bak y
abajo en una vitrina el de Amenemhat
Imagen de CERES, www.ceres.mcu.es. Fecha de consulta 06/06/2015.
94
Fig. 35. Ataúd de Amenemhat en la exposición de 1954 a 1968 expuesto cerrado y
protegido en una vitrina.
Imagen de CERES, www.ceres.mcu.es. Fecha de consulta 06/06/2015.
Once años más tarde, en 1965, se publicó una nueva guía que incluía las
novedades en el museo, desde el incremento de las colecciones hasta las obras en el
edificio (no tanto de cara al público, sino a necesidades internas del museo; por ejemplo
se mejoró el laboratorio de restauración) y la modificación de las exposiciones. La
colección egipcia es una de las que experimenta una mejora importante, tal y como
describe en la introducción D. Joaquín María de Navascués, quien continuaba siendo el
director del Museo:
“Otro ingreso notabilísimo con el que ya cuenta el Museo, en la cuantía que la Superioridad
disponga, es la colección de los materiales obtenidos en las excavaciones practicadas en
Nubia (Egipto y Sudán) por la Misión española delegada para estos trabajos del Comité
Español de los Tesoros de Nubia, colección que enriquecerá notablemente la antigua serie
de antigüedades egipcias conservadas en el Museo. Estos materiales permanecen
almacenados entre tanto se ejecutan las obras necesarias para su instalación, de las que
luego se tratará.” 183
95
Dado que se estaba organizando un nuevo espacio en el que exponer la
colección egipcia ahora incrementada, la sala XXXVIII se cerró y las piezas en ella
expuestas se almacenaron hasta poder instalarlas en su nueva ubicación. Por ello no
están descritas en el cuerpo de la guía, sino en el apéndice. Merece la pena poner
atención en la forma un tanto despectiva de referirse a esta colección:
"Las antigüedades egipcias y orientales, que ocupaban otra sala, aunque no importantes,
en general, por su calidad y número, pueden servir para dar una primera idea de estas
civilizaciones. Son las más numerosas egipcias, con varias cajas de momia, alguna
escultura en piedra, y sobre todo pequeños bronces con imágenes de divinidades (…)” 184
En 1969 el Prof. D. Martín Almagro Basch, director del Museo entre 1968 y 1981,
publicó una pequeña obra titulada Exposición de Arte Egipcio. Hallazgos de la Misión
Arqueológica Española en Egipto y Sudán, en la que cuenta la historia de Nubia y el
trabajo arqueológico de la Misión española en Egipto y Nubia. Aunque la temática no esté
directamente relacionada con los ataúdes del Museo, es muy relevante que en la portada
de esta obra aparezca la primera imagen en color del ataúd de Pairusejer (MAN 18253)
aunque no se haga referencia o aclaración alguna a qué pieza pertenece. También se
incluyen imágenes de ataúdes en las láminas del final: por ejemplo, la lámina III está
descrita como "Sarcófago y tapa ricamente decorada. XXI Dinastía” y, aunque no esté
indicado, se trata de nuevo de la caja y la cubierta de momia del ataúd de Pairusejer.
A partir de la década de los 70 y durante los años 80 los ataúdes del Museo
experimentaron cambios muy importantes que también influyeron en su conservación,
como veremos en el apartado 3.2. La documentación conservada. La apertura al público
de la sala de Egipto tras su remodelación estaba programada para 1972 y, para tal
ocasión, se proyectó la restauración de los ataúdes de la colección Toda (El ataúd
completo de Amenemhat, MAN 15216, de la dinastía XXI y la tapa del ataúd de una
mujer de la dinastía XVIII, MAN 15218) con asesoría del Instituto de Conservación185. Se
trataba de la primera labor de conservación - restauración sobre los ataúdes que fue
planificada y bien documentada y de la que han permanecido los registros. Esta
intervención concluyó en 1973.
Solo dos años más tarde continuaron con la restauración de los ataúdes de la
dinastía XXI, con motivo de la Exposición de Arte Faraónico que sería expuesta en
Madrid, Zaragoza y Barcelona entre octubre de 1975 y mayo de 1976. En dicha
96
exposición se mostraría una importante colección de piezas traídas del Museo Egipcio de
El Cairo, junto con otras tantas que ya pertenecían al museo madrileño, como sucedió
con los ataúdes, y de ahí que quisieran restaurarlos previamente. El objetivo de la
exposición, tal y como explicaba el profesor Almagro en la presentación del catálogo, fue:
“que esta exposición de Arte Faraónico, la primera que se celebra en España, sensibilice
a los visitantes y popularice aquel mundo lejano, lleno de encanto y el misterio de su
atractiva humanidad, evocada por su arte de manera permanente”186. Los ingresos
fueron destinados a la UNESCO y, a través de dicha institución, a la salvación de los
templos en Nubia.
El lugar originalmente proyectado para tal evento era el Palacio de Velázquez del
Retiro, tal y como aparece en la Hoja Oficial del Lunes editada por la Asociación de la
Prensa Epoca 3ª Número 1903 del 6 de octubre de 1975:
“Hoy comienza en el Palacio de Velázquez del Retiro la Exposición de Arte Faraónico, que
será inaugurada en la segunda quincena de octubre. Se exhibirán 65 piezas, perfectamente
seleccionadas, de las que se muestran habitualmente en el Museo de El Cairo. El propósito
de los organizadores (La Comisaría Nacional de Museos y Exposiciones) es ofrecer un
panorama del arte y de la cultura del Egipto de los faraones a lo largo de más de cuatro mil
años de historia. La preparación de esta exposición ha requerido varios años de trabajos.
Forma parte de los acuerdos culturales entre España y Egipto. Hay que destacar el
entusiasmo y los desvelos del embajador español en El Cairo y del director del Museo
Arqueológico Nacional, profesor Martín Almagro.” 187
97
Poco después, el 6 de noviembre de 1975, ligeramente retrasados con respecto a
las fechas previstas, se publicó en la sección de noticias de España al día la
“Inauguración de una exposición de arte faraónico”:
“Más de 380 piezas de arte faraónico se recogen en la exposición que fue inaugurada ayer
en Madrid en las salas de exposiciones de la Dirección General de Patrimonio Artístico y
Cultural. La muestra ha sido organizada por el Gobierno de la República Árabe de Egipto
con obras del museo de El Cairo, a través de su embajador en Madrid y el Ministerio
español de Educación y Ciencia, dentro del programa de relaciones culturales entre ambos
países.” 188
“Unas setenta mil personas han visitado la exposición de arte faraónico, que ha tenido lugar
en las salas de la Dirección General de Bellas Artes, en la que se ha ofrecido un panorama
del arte y de la cultura de Egipto de cuatro mil años de historia. Los madrileños han tenido
ocasión de contemplar un conjunto de piezas formado por sarcófagos, estelas, terracotas y
joyas. La exposición ha permanecido abierta durante dos meses. Ahora será abierta en
Zaragoza, y posteriormente en Barcelona.”189
188 Hoja Oficial del Lunes editada por la Asociación de la Prensa Epoca, 3ª, 6 de noviembre de
1975.
189 Hoja Oficial del Lunes editada por la Asociación de la Prensa Epoca, 3ª, 26 de enero de
1976.
98
iconográfica y arqueológica, el catálogo de la exposición incluye información técnica
sobre el proceso constructivo del ataúd:
“En primer lugar era formado el armazón de madera, que se recubría de una capa de
estuco, sobre la cual se aplicaba una segunda capa de cola. Posteriormente, una tercera
capa de pintura blanca o de color ocre claro venía a dar el tono de fondo al sarcófago; sobre
este fondo se dibujaban con plantillas las escenas que se deseaban representar. Para la
decoración se utilizaba la técnica al temple, realizado a base de pigmentos minerales u
orgánicos, que en ocasiones eran mezclados con yema de huevo. La decoración en relieve
se conseguía empleando un pincel de pluma que dejaba caer gruesas gotas de pintura, las
cuales, al solidificarse, formaban los relieves deseados. Por último se aplicaba
uniformemente sobre toda la superficie del sarcófago y sobre la tapadera interior un barniz a
base de clara de huevo, que en un principio sería prácticamente incoloro y que con el
tiempo ha adquirido un tono amarillento”190.
En 1979 se inauguraron las salas egipcias191 (salas XII, XIII y una parte de la XIV,
situadas en el piso inferior del museo, Fig. 37) del Museo Arqueológico Nacional y en la
nueva museografía ya se expusieron los ataúdes restaurados192. Como se observa en la
figura 38, se trataba de un espacio amplio donde los seis ataúdes se exhibían en vitrinas:
las cuatro de mayor altura albergaban los ataúdes de Amenemhat (MAN 15216, vitrina
20), de Pairusejer (MAN 18253, vitrina 21), de un difunto anónimo (MAN 18255, vitrina
23) y de la Cantora de Amón (MAN 18258, vitrina 24), que estaban compuestos por tres
piezas: tapa, caja y cubierta de momia interna, y se exponían abiertos, de manera que el
visitante pudiera apreciar la forma y decoración completas. Los ataúdes de Bak (MAN
15208, vitrina 19) y Taremetchenbastet (MAN 15159, vitrina 22) se exponían cerradas en
vitrinas de menor tamaño, ya que estos no tenían ninguna pieza intermedia 193.
99
Fig. 37. Plano general
de las salas de Egipto y
Próximo Oriente en
naranja.
Imagen del Museo
Arqueológico Nacional
A partir de las fotografías (Fig. 38) podemos comprobar que la exposición varió
ligeramente, ya que algunas muestran el ataúd de Anjefenjonsu (MAN 18256) expuesto
incompleto, con la caja y la cubierta de momia interna. Es posible que esto se deba a que
la tapa externa aún no había sido devuelta de su restauración en el Instituto de
Patrimonio y fue entregada a D. Francisco Gago, restaurador del MAN, en mayo de
1981 194. Otros ataúdes que se devolvieron en la década de 1980 fueron el de Ruru (MAN
18254), cuyo tratamiento se realizó entre 1984 y 1985 según la fecha de los dos
informes195, y la tapa femenina de la colección Toda (MAN 15218) en junio de 1987. Sin
embargo estos no formaron parte de la exposición permanente del Museo.
194 IPCE, IS 497/4, Doc. 10 anexa dos fotocopias de dos ataúdes, uno es el tapa externa de
18256 y otro sin identificar.
195 Redactados por los restauradores del IPCE: Antonio Sánchez Barriga y Marcelino Iglesias.
100
Cabe destacar dos publicaciones derivadas de exposiciones temporales
celebradas en el propio Museo, en las que se trata sobre los ataúdes egipcios, si bien la
información no es novedosa. La primera de ellas, publicada en 1993 y titulada De
Gabinete a Museo. Tres siglos de historia. Museo Arqueológico Nacional, por la
exposición celebrada entre Abril - Junio de ese mismo año, es una obra de referencia en
la que participan destacados especialistas de todas las áreas que abarca el Museo. En
ella distinguimos para el tema que nos ocupa las aportaciones de la Dra. Mª Carmen
Pérez Die sobre Las Colecciones de Egipto y Próximo Oriente196 y Donación del
Gobierno Egipcio197, así como de Dña. Cristina González Sánchez sobre La Colección
Asensi198, de la Dra. Ana Cabrera Lafuente quien explica La colección Toda199 , o del Prof.
José María Luzón Nogué con su artículo Fechas para la historia del Museo Arqueológico
Nacional y colecciones precedentes200. La segunda, titulada Egipto, Nubia y Oriente
Próximo. Colecciones del Museo Arqueológico Nacional de 2007, igualmente recorre la
historia y adquisición de las colecciones e incluye un estudio iconográfico del ataúd
anónimo de la segunda cachette de Deir el-Bahari (MAN 18255)201.
101
visita, organizada en tres grandes apartados: la sociedad, la religión y el mundo
funerario.
Fig. 39. Plano del segundo piso del Museo Arqueológico Nacional en su exposición permanente
actual. En amarillo se marcan las salas correspondientes a Egipto y Nubia.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional www.man.es Fecha de consulta 3/07/2015.
203 De cara al visitante, no parece una gran desventaja, pero sí lo es a la hora de estudiar las
piezas.
102
Fig. 40. Ataúd anónimo (MAN 18255) en la actual exposición permanente.
En definitiva, los más de 120 años de historia de los ataúdes de Bab el-Gasus en
el Museo Arqueológico Nacional han tenido una influencia muy importante en la
conservación de los mismos. Más allá de los tratamientos de restauración de las piezas
que serán analizados en el siguiente capítulo, cada uno de los episodios marca una
huella en estas cajas funerarias; desde los acontecimientos históricos importantes, como
el período de la Guerra Civil Española (a pesar de que ésta no les afectó directamente),
hasta las decisiones rutinarias tomadas por los conservadores y directores del Museo.
Destaca la evolución de las exposiciones a lo largo del siglo XX y XXI, el discurso
expositivo de cada una de ellas y los medios empleados (ataúdes expuestos en una
vitrina o sin ella; abiertos o cerrados; tumbados o de pie) así como los períodos en los
que han permanecido almacenados, de los que se conservan pocos datos anteriores a
finales del siglo XX, momento en que comenzaron a adquirir importancia las medidas de
conservación preventiva 204.
103
También así el de su discípulo D. José Ramón Mélida, gran estudioso del mundo egipcio,
primero como conservador y más tarde como director del Museo entre 1916 y 1930. No
es casual que la colección egipcia ocupara un lugar destacado en la exposición del
Museo desde 1895 hasta 1933. Por otra parte, durante la España franquista los intereses
estaban muy alejados de las antigüedades egipcias, coincidiendo especialmente con la
dirección de D. Blas Taracena (1939-1951) y de D. Joaquín María de Navascués
(1952-1966). Ello se evidencia en que la primera exposición mostrada tras la guerra no
incluía piezas egipcias (hasta 1954 no se inauguró la exposición completa) y, en segundo
lugar, se hacía tangible en el comentario despectivo “antigüedades egipcias no
importantes por su calidad y número” recogido en la guía de 1965 205. De nuevo, a finales
de la década de los 60, coincidiendo con el nombramiento de D. Martín Almagro Basch
(1968-1981) la arqueología egipcia recobró un lugar relevante en el Museo, lo que se
tradujo en una renovación de las exposiciones y en las excavaciones relacionadas con el
mundo faraónico.
104
3. Estudios preliminares para determinar el
estado de conservación de los ataúdes de
Bab el-Gasus
105
grupos está constituido por materiales muy diferentes que envejecen siguiendo un patrón
distinto: en nada se parece la madera al estuco; o el azul egipcio a la resina.
Incluso la estructura del ataúd puede estar compuesta por más de un tipo de
madera, por ejemplo, tableros de sicomoro y espigas de acacia o tamarisco206, y ello
podría suponer una evolución distinta a la de uno elaborado con madera de una sola
especie.
LAS MADERAS:
206 Karner, Schellmann, Schäning y Baatz, 2015: 29; Dawson, Marchant y Aderkas, 2016:78-79.
207 Medina, 2015.
208 Janssen, 1975:212; Brezinova y Hurda, 1976, Niwiński, 1988: 57; Davies, 1995:150; Asensi,
2000:187.
209 Asensi, 2000:75.
210 Chasinat, 1909; Egner y Haslauer 1994; Psota, 2001.
211 Véase capítulo 5. Análisis de las maderas.
106
En segundo lugar, el tamarisco (Tamarix nilotica, Tamarix articulata, Tamarix
aphylla) era un arbusto que podía medir entre 3 y 10 metros de altura212, muy ramificado,
con la corteza de color pardo oscuro a púrpura. Las especies de este género soportaban
medios muy diferentes, grandes cantidades de sal213 , crecían en la proximidad de las
costas o de los ríos de aguas calcáreas y salobres de la región mediterránea occidental.
Los ejemplos de ataúdes que contienen esta madera son numerosos214, especialmente
en pequeñas piezas y ensambles. Cuando la capa de decoración no es muy gruesa y los
tableros son de tamarisco, se puede distinguir su forma curva y el aspecto áspero, como
ocurre en el de Hetepnebi 215.
En tercer lugar, la acacia (Acacia nilótica y Acacia tortilis) era un arbusto o árbol
pequeño, de tronco fino, propio de terrenos secos y arenosos. Su madera tenía un uso
muy extendido en la carpintería egipcia sobre todo para piezas de tamaño reducido216,
como pequeñas esculturas y, en los ataúdes, para los ensambles (clavijas y espigas). Las
cajas funerarias fabricadas exclusivamente con madera de acacia son muy limitadas
después del Reino Antiguo; sin embargo, sí es muy frecuente documentarla combinada
con sicomoro, por ejemplo.
107
La carencia de maderas que cumplieran estos requisitos fue resuelta de dos
maneras: la primera, con un excelente desarrollo de la carpintería217 desde principios de
la época dinástica, que permitía sacar el máximo provecho de las materias primas,
elaborando ataúdes de gran tamaño, como el de Hetepnebi, cuya estructura de tamarisco
se ha conservado en muy buen estado hasta la actualidad. Y la segunda, por medio de la
importación desde Próximo Oriente de maderas de conífera o gimnospermas (también
conocidas como maderas blandas). Este abastecimiento está documentado desde la
dinastía I 218, aunque el uso de estas maderas se extendió más a partir del Reino Medio.
Entre las coníferas, la especie más empleada fue el cedro de El Líbano (Cedrus
libani)219 , seguida por el enebro (Juniperus excelsa), frecuentemente confundido con el
cedro 220, el ciprés (Cupressus sempervirens), el abeto (Abies cilicica), el pino (Pinus
halepensis) y el tejo (Taxus baccata)221. Estas maderas cumplían con los requisitos
deseados por los carpinteros egipcios, especialmente el cedro, de tronco grueso que
llegaba a medir hasta cuarenta metros de altura, de fibra recta, ramas largas y
extendidas. Se trataba de una madera excelente, blanda y fácil de trabajar, a la vez que
era prácticamente incorruptible por su resistencia natural al biodeterioro, especialmente a
los insectos xilófagos. Estéticamente valoraban su veta, color, tacto sedoso y sin
fracturas, muy conveniente para su decoración mediante relieve o pintura222.
108
en las técnicas desarrolladas por los artesanos egipcios para simular un ataúd de cedro
cuando carecían de esta madera y otorgarle más valor 224.
La importación de maderas fue una actividad de primer orden dentro del comercio
egipcio225, aunque éstas nunca desbancaron a las autóctonas, empleándose ambas
hasta época ptolemaica. Debido a su alto coste, la mejor materia prima estaba reservada
a las élites.
224 Los artesanos egipcios desarrollaron diferentes técnicas para enriquecer los ataúdes
cuando carecían de suficiente materia prima de calidad, bien cubriendo una estructura de
una madera autóctona más barata con un chapado de madera de cedro, como sucede en el
de Pepiseneb (MFA 25.1512a, Primer Período Intermedio - Reino Medio, Sheikh Farag); o
bien imitando la madera de cedro, estucando y dibujando su veta característica, como
ocurre con los de Henu (Museo Egipcio de Turín S. 14385/2, Reino Medio, Asiut) y
Khepeshet (Museo Egipcio de Turín S. 14381, Reino Medio, Asiut) (Medina, 2017:664).
225 Janssen, 1988:10-23; Killen, 2009:353.
226 PM, 1934, IV:13-23.
227 Cooney, “Coffin recycling…” comunicación presentada en 2014.
109
madera, que podía ser diferente a la del resto del ataúd228. Asimismo se documentan
distintas maderas combinadas en los conjuntos de cajas funerarias de un mismo difunto.
En este caso, el material más preciado era el más cercano a su momia, como ocurre con
los ataúdes de Sobekhetepi229, cuya caja externa es de sicómoro y la interna de cedro, o
en los de Bab el-Gasus del sacerdote Nes-Pauti-Taui, expuestos en el Kunsthistorisches
Museum de Viena, siendo de conífera su cubierta de momia y ataúd interno (ÄS 6261 y
ÄS 6262), y de sicomoro el externo -éste estaba reutilizado, originalmente perteneció a
Anj-Hensu230 . El que solo se haya identificado sicomoro no implica que sea la única
madera presente en el ataúd, ya que seguramente las piezas de ensamblajes sean
diferentes: la identificación de las maderas depende de la posibilidad de toma de
muestras y esta debe estar justificada y no siempre es posible.
228 Museo de Brooklyn, X1182.3. Es muy interesante porque ha perdido la pintura del tocado y
se ven las marcas del carpintero en bruto; no está pulido ni rematado porque se iba a
cubrir .
229 BM 41572 ataúd interno de cedro y BM 41572 ataúd externo de sicomoro.
230 Egner y Haslauer, 1994:10,3; 10,21; 10,61.
110
LOS ADHESIVOS
Los adhesivos empleados por los artesanos egipcios eran colas de origen animal
(de conejo, pescado231 o huevo232) y vegetal, como la goma arábiga, de astrágalo o de
acacia233. Podían emplearse para reforzar las uniones de la estructura del ataúd, como
se ha confirmado en el de But-Har-Jonsu (KHMV ÄS 6271) durante su restauración en el
Kunsthistorisches Museum de Viena, en que identificaron cola animal234. No obstante, el
elemento principal que aseguraba físicamente la unión de las partes era el ensamble o la
junta235.
Los adhesivos también servían como aglutinantes para pintar los ataúdes. Por
tanto, formaban pinturas al temple, en las que las colas animales o gomas vegetales236
se disolvían en medio acuoso y se mezclaban con los pigmentos. En estos temples de
231 El componente principal de las colas animales es el colágeno, proteínas fibrilares insolubles
en agua, que forman dispersiones coloidales acuosas y se transforma en gelatina en el
proceso de fabricación de la cola (Gómez, 2008:102). Se obtiene a partir de los huesos, el
cartílago, la piel y el pelo de los animales, o de las espinas de pescado, es sencillo y,
aunque carecemos de fuentes escritas, las evidencias hacen pensar que las técnicas
egipcias fueron muy parecidas a las actuales. A grandes rasgos, había que separar los
elementos con colágeno del resto de tejidos y cocerlos en agua. A continuación, la mezcla
se colaba y enfriaba hasta adquirir una consistencia gelatinosa, y finalmente se secaba. La
masa obtenida se pulverizaba y se mezclaba con agua caliente para que recuperara su
poder adhesivo.
232 El huevo se emplea como adhesivo gracias a sus proteínas globulares: la clara lleva
ovoalbúmina y la yema contiene globulinas, lípidos y lecitina que actúa como emulgente
(Gómez, 2008:102). La preparación del temple de huevo es un proceso muy sencillo:
simplemente se diluía la clara, la yema o ambas en agua y se mezclaba con el pigmento.
No obstante, tal y como indica James (1999:11), la sequedad del clima y el calor hacen
poco probable la utilización del huevo. Por otra parte, algunas pruebas han descartado el
empleo de huevo en la pintura egipcia, ya que ésta se vuelve insoluble en agua cuando
envejece, y la pintura egipcia sigue siendo sensible al agua.
233 Las gomas están compuestas por heteropolisacáridos; polímeros de osas y derivados de
éstas (Gómez, 2008:100). Las gomas eran exudadas por las plantas, y los géneros más
utilizados fueron la acacia, natural de Egipto, y el astrágalo, importado de Asia Menor. La
goma de acacia era soluble en agua; sin embargo la goma de tragacanto se hinchaba con
el agua, formando una especie de gelatina, sin llegar a disolverse. Por ello, sólo se añadiría
una proporción muy pequeña de esta goma para crear el adhesivo. (Newman y Serpico,
2009:479; Newman y Halpine, 2001).
234 Karner et Al., 2015:29.
235 Killen, 2009:359.
236 Identificada en la policromía de But-Har-Jonsu, Karner et Al., 2015:30.
111
cola y de goma destaca su gran luminosidad, su opacidad y la ausencia de brillo. Eran
películas porosas, de poca resistencia ante la acción mecánica, y baja elasticidad237.
El temple de cola se comporta de manera muy estable ante el paso del tiempo,
siempre que esté en un medio seco y no ácido: apenas experimenta cambios de color,
aunque sí pueden aparecer grietas provocadas por la mala manipulación de sus
componentes, de la capa de preparación o por movimientos en el soporte. Por otra parte,
el temple de goma es también muy resistente, no experimenta cambios de color, ni
aparición de grietas238 . Al igual que ocurría con la madera, los adhesivos bien ligados
para formar el temple, no sufren una degradación propia importante, sino como respuesta
al medio externo, especialmente al agua y la humedad. Esta estabilidad en medios secos
es la que ha permitido que se conserven en muy buen estado las películas pictóricas de
los ataúdes en la mayoría de yacimientos egipcios.
112
decoración. Por ello siempre quedan muy protegidas de los agentes de alteración, salvo
que se produzcan levantamientos de la película pictórica y el estucado, grietas muy
profundas o pérdidas en la estructura. De hecho, cuando la superficie se encuentra en
buen estado, no es posible saber si hay telas o fibras.
243 Mortero es el término genérico que designa una mezcla de elementos conglomerantes
inorgánicos, un árido inerte que generalmente es arena y agua. También pueden llevar
aditivos. www.rae.es. Fecha de consulta 14/05/2014.
244 En la preparación de las capas se varía la proporción y el grosor de sus elementos para
obtener estratos cada vez más finos. Para ello se va aumentando la proporción de cal o
yeso, y disminuyendo el árido, y tamizando más sus partículas. En pintura mural estas
capas responden a los nombres de guarnecido (“Revestimiento continuo de yeso negro con
que se cubren, generalmente por dentro, las paredes de un edificio” www.rae.es. Fecha de
consulta 14/05/2014). Arricio (palabra italiana, “dícese del primer revoco o enfoscado sobre
el muro con objeto de prepararlo, creando una superficie uniforme, para pintura mural o
decoración” (Calvo, 2003:30); e intónaco o enlucido final (revoco fino, generalmente
superpuesto al arricio. Es la base de la pintura mural (Calvo, 2003:123).
245 Lucas, 1989:41.
246 Kroustallis, 2015:159.
247 RAE (Edición 2001) www.rae.es. Fecha de consulta: 23/02/2013.
113
1. “Masa de yeso blanco y agua de cola, con la cual se hacen y preparan muchos objetos
que después se doran o pintan.
2. Pasta de cal apagada y mármol pulverizado, con que se da de llana a las alcobas y
otras habitaciones, que se barnizan después con aguarrás y cera.”
114
cal o yeso, y probablemente arena, cola y pigmento252. Sin embargo no se puede
asegurar la composición, a menos que vaya acompañada de un estudio analítico253.
115
más tamizados y homogéneos, obteniéndose estratos más finos y delgados hasta
conseguir la superficie deseada: lisa, uniforme y suave255.
Aparte del estuco, los artesanos egipcios preparaban un mortero rojizo a base de
barro o tierras arcillosas nilóticas, documentado desde el Período Predinástico. Había
dos calidades de mortero; el más basto se componía de tierras del Nilo que mezclaban
arcilla y arena, junto con una pequeña cantidad de carbonato cálcico. El de mejor calidad
era una mezcla de arcilla y caliza, ambas muy tamizadas, que actualmente se sigue
empleando con el nombre de hîb en árabe 256. Este se empleaba frecuentemente en los
ataúdes antropoides de maderas autóctonas menos alisadas, como la mayoría de Bab el-
Gasus, aunque hay ejemplos de madera de conífera, y con ella se sellaban grietas y
homogeneizaba la superficie257. Podía cubrir toda la superficie de madera, externa e
interna de la caja y la tapa, y en las áreas que luego iban decoradas, se aplicaba estuco.
Por ello, no es raro encontrar este material en las zonas no decoradas, como por ejemplo
en el interior de las tapas sin decoración de los ataúdes de la dinastía XXI del Museo
Arqueológico Nacional, objeto de este estudio. También se identifica el empleo de este
mortero en los ataúdes del Kunsthistorisches Museum de Viena258.
Estos morteros, ya sean de cal, yeso o barro, responden muy bien al paso del
tiempo si están preparados y aplicados correctamente. Además, al ser de naturaleza
inorgánica se ven menos alterados por insectos o microorganismos y las condiciones
medioambientales les afectan menos, salvo los medios muy húmedos y ácidos en
contacto con los morteros de cal.
LOS PIGMENTOS
Los pigmentos eran los compuestos con los que se obtenía la policromía para
decorar la superficie de los ataúdes. Estos se mezclaban con el adhesivo y el agua,
formando el temple, que era la técnica pictórica empleada por los artesanos egipcios.
Esta decoración cubría la superficie exterior (en la tapa y la caja externas), salvo en la
base que apoyaba en el suelo y, en ocasiones, tampoco se decoraba la pared de los pies
116
del difunto, tratada sencillamente con un mortero a modo de protección de la unión de la
madera. La superficie interna de la caja se policromaba en prácticamente todos los
casos; en cambio el interior de la tapa solía dejarse en madera. En el caso de las
cubiertas internas de momia sólo se decoraba la parte frontal, es decir, la zona que
quedaba vista, mientras que la postesterior que apoyaba directamente sobre el cuerpo
momificado del difunto quedaba sin decorar.
Los artesanos que elaboraron los pigmentos sintéticos demostraron ser expertos
en tecnología cerámica, así como en los trabajos de vidriado y metalurgia, como muestra
la estela de Irtysen «I know how to make pigments, and products that melt without fire
burning them and are moreover insoluble in water. Nobody will know of this except me
and my eldest son, the god having ordered that he become an initiate, as I have noticed
his ability to oversee works in all the precious materials from silver and gold to ivory and
ebony.» (Estela de Irtysen, XI dinastía, Museo del Louvre C14). Precisamente en
referencia a esta frase, Pagès-Camagna y Colinart entienden que al utilizar la palabra
trabajos (works) en plural, Irytsen estaría refiriéndose a la elaboración de los pigmentos
sintéticos azul y verde263.
259 Wilkinson, 2003:116; Helck y Otto, 1977, II:122-128; Baines, 1985; Blom-Böer, 1994.
260 Aufrère, 1998:33; Colinart, Delange y Pagès, 1996.
261 Aufrère y Menu, 1998:11.
262 Kemp y Stevens, 2010:533.
263 Pagès-Camagna y Colinart, 2003:656.
117
A continuación se describe el origen de los seis colores principales que componen
la paleta egipcia en la decoración de los ataúdes de la dinastía XXI 264, a partir de los
numerosos estudios de caracterización de materiales que se han desarrollado en los
últimos veinte años sobre los ataúdes egipcios, descritos en el capítulo 1. 2. Los ataúdes
egipcios: estado de la cuestión.
Negro: la gran mayoría de los análisis realizados sobre pigmentos negros de época
faraónica han revelado un origen vegetal: carbón, en forma de hollín o carboncillo265.
Las muestras de pigmento negro tomadas de ataúdes, como el de la colección Myers
(Eton College), han revelado restos vegetales266.
264 Los mismos colores y pigmentos se empleaban sobre otros soportes, como por ejemplo la
pintura mural, como se puede comprobar en Stulik, Porta y Palet, 1993.
265 Algunas muestras han revelado apatita, compuesto que indica que en la combustión se
quemaron también hueso o marfil (Pagès Camagma y Guichard, 2010:26-27; Middleton y
Humphrey, 2001:12).
266 Farrel, Snow y Vinogradskaya, 2006:9; Lee y Quirke, 2009:108; Green, 1995:87.
267 Eastaugh, Walsh, Champlin y Siddall, 2004:80-81.
268 Lee y Quirke, 2009:114.
269 Pagès-Camagma y Guichard, 2010:26.
270 En los capítulos 4.1.3. y 4.2.3. dedicados a la decoración de los ataúdes de Pairusejer y
Ruru, respectivamente, se analizan las capas de preparación.
271 Karner et Al., 2015:30; Psota, 2001:24.
118
homogénea, características muy apreciadas por los artesanos egipcios272. Este
pigmento es fácilmente reconocible y se ha documentado tanto sobre maderas
autóctonas como en ataúdes de cedro273, y a lo largo de distintas épocas 274.
Rojo: Los egipcios utilizaban dos pigmentos extraídos del óxido de hierro para
obtener el color rojo: óxido de hierro anhidro como la hematita (Fe2O3)275 que daba un
tono más purpúreo, y óxido de hierro hidratado mezclado con arcillas y cuarzo
(Si02+Al203+Fe203) conocido como ocre rojo 276, que daba un color más rojizo277. En
ambos casos se trataba de pigmentos naturales abundantes en Egipto y de fácil
obtención y, por tanto, muy usados. Existen ejemplos de ataúdes con ambos
pigmentos desde el Reino Antiguo hasta época grecorromana278 . Además de los
óxidos de hierro, los artesanos egipcios emplearon como pigmento rojo otro
compuesto denominado cinabrio, compuesto por un 85% de mercurio y un 15% de
azufre (HgS)279. Aunque se han encontrado ejemplos anteriores al período
ptolemaico280, fue realmente en esta época, y más con la influencia de Roma, cuando
se extendió el uso del cinabrio (sin llegar a desbancar a la hematita). Por último, los
272 Desde el punto de vista microscópico, las partículas de huntita se diferencian de otros
carbonatos por su pequeño tamaño, generalmente inferiores a 2 micrones, con una
densidad de 2,89±02 g/cm3 y un índice de refracción de 1,615; todo ello hace de la huntita
un pigmento excelente (Heywood, 2001:5; Barbieri, Carderoni, Cortesi y Fornaseri, 1974).
273 Dos ejemplos de ataúdes del Museo Británico con huntita: sobre madera autóctona (EA
34259) y sobre madera importada (EA 30840) (Middleton y Humphrey, 2001:13).
274 Por ejemplo en un grupo de ataúdes de los nomarcas de Meir (Egipto Medio), o en los
ataúdes Rishi analizados en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, en los que el
blanco que cubre la vestimenta de los difuntos, destaca en contraposición con el blanco del
fondo a base de carbonato cálcico (Heywood, 2001:8). La intensidad de este blanco
también se constata en el ataúd de Mesehti, EA 46654 (Lee y Quirke, 2009:114).
275 Eastaugh et Al., 2004:189.
276 Ibidem, 285-286.
277 Lucas, 1989:346-348; Middleton y Humphrey, 2001:13; Pagès-Camagma y Guichard,
2010:28.
278 Uno de los ejemplares más antiguos es la caja funeraria anónima S. 14061 del Museo
Egipcio de Turín que presenta los nichos laterales pintados de rojo. Donadoni
1969:153-154. Otro ejemplo de ocre rojo intenso cubre el rostro y el cuello del ataúd
antropoide de Hetepheres, ataúd de la dinastía XXV, expuesto en el Museo Gregoriano
Egipcio (Gasse, 1996:206).
279 Eastaugh et Al., 2004:111-112.
280 Ataúd de Shepshesptah de la dinastía XXVI (Bonizzoni et Al., 2011:1212-1230). Este
resultado fue contrastado con un análisis con XRF de la misma muestra roja, y en él se
identificaron una serie de picos de Arsénico, pero estos provenían del pigmento amarillo
adyacente (1220).
119
egipcios contaban con un compuesto conocido como rejalgar, un sulfuro de arsénico
(As4S4)281 que producía un color rojo anaranjado más intenso y brillante, pero
químicamente muy inestable, lo que le llevaba a degradarse fácilmente,
transformándose en su forma más estable denominada pararrejalgar, de color
amarillo anaranjado 282. Ello ha llevado a muchos problemas de identificación. Este
pigmento que comenzó a usarse en el Reino Nuevo, se ha identificado en ataúdes
desde la dinastía XIX283, y existen numerosos ejemplares durante la dinastía XXI284,
muchos de Bab el-Gasus 285.
Ocre amarillo: el pigmento amarillo más común estaba compuesto por una mezcla
de óxido de hierro (como la goetita y/o limonita286 ) y una cantidad variable de arcillas
y compuestos silíceos. Al ser una mezcla, su tono e intensidad variaba desde el
amarillo claro hasta el castaño oscuro, pasando por el rojizo o anaranjado. Este
amarillo ocre fue un color frecuentemente empleado como fondo de los ataúdes. El
segundo pigmento utilizado para obtener amarillo, en este caso más intenso, brillante
y con alto poder cubriente era el oropimente, un sulfuro de arsénico natural (As2S3)287.
Dado que su color y aspecto era tan parecido al oro, fue usado en su lugar288. Se ha
documentado en la policromía de los ataúdes reales desde la dinastía XII289, de las
dinastías XVIII y XIX290, así como en los denominados ataúdes amarillos de la
dinastía XXI, como muestra de nuevo la caja funeraria de Pairusejer (MAN 18253) y
Ruru (MAN 18254) o el de But-Har-Jonsu 291. El tercer pigmento amarillo utilizado por
los egipcios era la jarosita, un sulfato de potasio y hierro hidratado
120
(KFe3+3(SO4)2(OH)6)292. Se han encontrado casos en que una misma pieza de la que
se han tomado dos muestras distintas de amarillo han dado resultados dispares, en
un caso oropimente y en otro goetita; este hecho se ha interpretado como la
búsqueda de distintos tonos de amarillo293 . Igualmente se ha identificado como
pigmento amarillo el pararrejalgar que proviene de la alteración del rejalgar de color
rojo294 .
292 Este compuesto ha sido intensificado en varios ataúdes, por ejemplo en el de Senhotep
(dinastía XVIII, Museo del Louvre, nº E7724) junto con los ocres y óxidos de hierro (Pagès-
Camagma y Guichard, 2010:27-28; Colinart, 1998; Eastaugh et Al., 2004:211-212).
293 Edwards et Al., 2004:791.
294 Ibidem, 792.
295 Lee y Quirke, 2009:108-111; Green, 1995:87.
296 Eastaugh et Al., 2004:82-83.
297 Lee y Quirke, 2009:109.
298 Ibidem.
299 Eastaugh et Al., 2004:118-119.
121
azurita300; sin embargo estos no han sido identificados en la decoración de cajas
funerarias.
122
con XRF una muestra verde y obtener únicamente Ca y Cu, es decir, ningún
elemento relacionado con el amarillo (arsénico o azufre)309.
Estos pigmentos eran muy estables ante el paso del tiempo: los negros y blancos, el
azul y el verde egipcios, los rojos de óxido de hierro o cinabrio, el amarillo ocre y el
oropimente no se transformaban químicamente en condiciones relativamente
constantes. Las excepciones eran los compuestos inestables como el rejalgar y los
cloruros de cobre, que variaban rápidamente ante leves cambios de humedad y luz.
Si bien es cierto que estos cambios no se producen solos (por tanto no son
intrínsecos) sino que necesitan una alteración del medio ambiente, dependiendo
entonces de factores extrínsecos.
EL BARNIZ
123
El barniz más claro se aplicaba en los ataúdes pintados, cubriendo la policromía
de las figuras y el fondo, tal y como se aprecia en la siguiente imagen del conjunto JE
29635, expuesto en el Museo Egipcio de El Cairo y formado por un ataúd interno, uno
externo y una cubierta de momia, hallado en Bab el-Gasus313 (Fig. 41). Al perderse las
manos, se puede observar hasta dónde llega el color amarillo claro del fondo, las líneas
del dibujo en rojo, el relleno de color en verde, azul y rojo y, por último se distingue una
espesa capa de barniz que oscurece toda la policromía que tiene debajo.
Fig. 41. Ataúd JE 29635, dinastía XXI. Se observa el límite del barniz en la laguna de la
mano (flecha verde). Fotografía de José Alba.
124
policromía amarilla se conseguía imitar el oro318. Y, desde un punto de vista conservativo,
estos barnices protegían la madera y la policromía. Las primeras piezas barnizados
datan del Reino Medio, como muestra el ataúd de Hapiankhtifi319, hallado en la necrópolis
de Meir y expuesto en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (12.183.11c.1–.2).
Pero es a partir del Reino Nuevo, en torno al año 7 de Hatshepsut, cuando el barnizado
se convierte en una costumbre, con especial desarrollo durante el reinado de Tutmosis
III320 y en la dinastía XXI321.
Originalmente, este barniz habría sido translúcido con un tono amarillo muy
pálido; pero, al ser una resina natural, con el paso del tiempo se va oxidando y
125
adquiriendo un tono amarillo más intenso y oscuro, y la capa pierde transparencia327.
Este envejecimiento transforma su estructura interna, aumentando el número de dobles
enlaces conjugados, aumentando también la higroscopicidad, perdiendo su elasticidad y
volviéndose más quebradiza. Estos da lugar al cuarteo de la capa que puede provocar, al
desprenderse, la pérdida de una parte de la película pictórica328. Todas estas
transformaciones químicas y físicas provocan la disminución de la función protectora del
barniz, su brillo329, y generalmente se vuelven cada vez más insolubles 330. Dichas
transformaciones responden a la evolución natural de una resina, pero en el caso de las
resinas egipcias, con una composición muy heterogénea, debemos sumar los cambios
que experimentan todas las sustancias: resinas, aceites, grasas animales y aditivos como
hierbas o especias331.
126
combinada con lípidos334, con otras resinas como la Pinacea, con cera de abeja 335, o con
bitumen (mezclados en la misma capa, o aplicados como capas separadas, primero el
bitumen y por encima la Pistacia); incluso podía ser una capa de bitumen solo 336. El
envejecimiento natural de la Pistacia se ha descrito más arriba, y del bitumen
propiamente dicho apenas se han publicado estudios.
Fig. 42. Ataúd de Jenem-Jonsu, dinastía XXI. Se aprecia la diferencia entre la tapa barnizada y la
caja sin barnizar. Fotografía de José Alba.
334 Por ejemplo, la tapa del ataúd dorado y negro de la colección del Museo Michael C. Carlos
en la Universidad Emory de Atlanta (L1999.40), mostró una estructura de madera de Ficus,
cubierta por una capa de preparación y por encima una capa gruesa de resina negra en un
estado muy quebradizo, que el análisis de Cromatografía de Gases Espectrometría de
Masas identificó como resina de Pistacia y aceite (Stein y Lacovara, 2010:5).
335 El barniz compuesto por la combinación entre cera de abeja y resina Pistacia fue
documentado en el ataúd de Shepsesptah en el Museo Archeologico Nazionale di Parma,
gracias a las técnicas analíticas Raman y Espectroscopía Infrarroja por Transformada de
Fourier (Bonizzoni et Al., 2011:1220).
336 Serpico y White, 2001:35-36.
127
Por último, resaltar que hasta la fecha no se ha documentado un empleo del
barniz translúcido que, desde la perspectiva actual, habría sido muy normal su aplicación
directamente sobre los ataúdes con madera de buena calidad sin policromar, para
proteger y resaltar su veta.
128
3.1.2. Factores extrínsecos
338 La humedad relativa mide la cantidad de agua en el aire en forma de vapor, comparándolo
con la cantidad máxima de agua que puede ser mantenida a una temperatura dada.
339 Gómez, 2008:100-103.
340 Blanchette, Haight, Koestler, Hatchfield y Arnold, 1994:60.
129
Siendo estas las condiciones generales de gran parte de los yacimientos egipcios,
periódicamente sufren cambios bruscos por la acción del agua en forma de lluvias
torrenciales o inundaciones, teniendo un efecto decisivo sobre el equilibrio alcanzado por
las piezas enterradas. Además del movimiento de tierras y del lavado de las piezas, el
repentino aumento de humedad desencadena reacciones químicas y la actividad de
agentes de deterioro biológico que son, sin duda, los más dañinos directa e
indirectamente para los bienes arqueológicos orgánicos. Se activan microorganismos
como los hongos de pudrición parda, pudrición blanca o pudrición blanda que tienen un
efecto muy destructivo en la estructura de la madera. La degradación de la celulosa y la
lignina, según la tipología del hongo, hace que las paredes celulares pierdan
consistencia, lo que a mayor escala supone una gran fragilidad de la pieza y riesgo de
fragmentación341.
341 Blanchette, 1998:59; también Lucas, 1924:113, se refiere a este agente de deterioro.
342 Nilsson y Daniel, 1990.
343 Prado y Medina, 2011:468.
344 Petrie, 1904:89; Lucas, 1924:111; Lokma, 2010.
345 Salman, Morsy y Sayed, 1987:26; Schmidt y Meke, 2008.
130
Con el nombre de carcoma se designa a distintas especies de insectos
coleópteros que atacan la madera. El proceso comienza cuando un individuo adulto
deposita los huevos en oquedades y una vez eclosionan, las larvas avanzan abriendo
túneles hacia el interior a medida que se la comen, dejando tras de sí restos de madera y
detritus. Tras pasar por un estado de pupa, se convierten en individuos adultos, momento
en el que ya pueden poner sus huevos. A continuación abren un orificio y salen al
exterior. Las especies de carcoma se caracterizan por su tamaño, por la forma y
dirección de los túneles y por la zona atacada (albura, duramen o cambium), siendo más
común la contaminación de frondosas, porque el desove se produce en los vasos346. La
humedad de la madera facilita la acción de estos insectos, aunque algunas especies
como el Anobium punctatum soportan humedades muy bajas, entre el 8 y 20%347. Las
colas y gomas pueden ser alimento de los insectos, aunque si están ligadas formando la
película pictórica es menos probable que sea atacada, dada la baja proporción de
material sensible al ataque.
Los daños producidos por otros animales también forman parte del biodeterioro.
Su actuación sobre los ataúdes está muy limitada en los lugares de enterramiento
egipcios por el propio medio y por la ubicación de las piezas, escondidas o enterradas y,
por tanto protegidas por la arena. No obstante, cabe destacar la acción causada por el
guano de los murciélagos que, en contacto con los ataúdes, mancha y degrada la
superficie y la estructura, ya que es muy corrosivo por su alto contenido en amoniaco,
ácido úrico, fosfórico, oxálico y sales. Asimismo favorece la proliferación de
microorganismos que ocasionan más reacciones químicas 348.
Por último, la acción antrópica es la más invasiva y la que más afecta al estado de
conservación de los ataúdes egipcios, ya sea consciente o inconscientemente. Los daños
-como manchas o rozaduras- comienzan a producirse desde la introducción del difunto
en la caja funeraria, durante su traslado a la necrópolis y su depósito en la tumba.
Tampoco el cierre del recinto funerario significaba que el difunto y los ataúdes estuvieran
a salvo de la acción humana: los saqueadores rompían todo aquello que les impedía
llegar a su tesoro, incluso lo quemaban; de esta forma ha desaparecido un número
incalculable de piezas. Por otra parte, la reutilización de los ataúdes se convirtió en una
346 Los vasos son los elementos distintivos de las frondosas, cuya función es almacenar y
transportar los nutrientes por el tronco. Tienen sentido longitudinal.
347 Blanchette, 1998:64.
348 Arroyo, 2010:16.
131
práctica común entre los egipcios de la dinastía XXI, desde el aprovechamiento de toda
la estructura, hasta las maderas349. En este último caso la materia prima se adaptaba
para construir otros nuevos, lo que se comprueba por las marcas que no cumplen
ninguna función estructural en el ataúd. Cuando se reutilizaban completos para albergar
nuevos cuerpos, debían sufrir en el transporte hasta el taller, aunque allí se repararían los
posibles daños y se harían las modificaciones requeridas para contener al nuevo difunto.
Podía reutilizarse la caja tal cual, sin hacer ningún cambio en la estructura o decoración;
pasando por borrar el nombre del difunto y escribir el nombre del nuevo ocupante;
modificar la decoración y los textos para adaptarlos a las costumbres del momento;
sustituir determinadas zonas de la caja, aprovechar las más bellas o, incluso, aprovechar
solamente la madera y construirlo de nuevo350. Todas estas prácticas dejan huellas en el
ataúd, si bien no siempre son fáciles de identificar y afectan directamente a su
conservación.
Del mismo modo, los egipcios reutilizaban los recintos funerarios; bien se
reocupaban como necrópolis en el período faraónico (como ocurrió en la Cachette Real o
la de Bab el-Gasus que nos ocupa), o como refugio en época más moderna. Los nuevos
ocupantes “limpiaban” el espacio para su mejor aprovechamiento, rompiendo o
quemando ataúdes y demás piezas antiguas, que ya carecían de valor. Esto pudo ocurrir
repetidamente a lo largo de la historia, como se ha comprobado en la tumba QH 33 de
Qubbet el-Hawa 351.
132
también por la prisa en extraer las piezas, como ocurrió en Bab el-Gasus, donde se
extrajeron los 101 ataúdes dobles y 52 simples en nueve días 352.
En esta fase de la vida de los objetos que comienza con la excavación, la acción
antrópica está mucho más presente. Arqueólogos, historiadores y restauradores
manipulan las piezas para su estudio y conservación, aplicando los criterios de cada
momento. El público de los museos ha influido en la degradación de las cajas funerarias
sobre todo en el pasado, cuando los ataúdes no estaban resguardados en vitrinas. Esta
influencia podía ser indirecta (una gran concentración de gente alrededor) o directa,
cuando se ha producido una manipulación de cualquier tipo.
133
3.2. La documentación conservada: registros y fotografías de
la historia de la restauración de los ataúdes
358 Resulta muy interesante la aportación de Dávila sobre la obligación que tenían los
restauradores del MAN de documentar sus actuaciones desde 1875, tal y como se indicaba
en las “Normas sobre restauración de objetos arqueológicos” (Archivo MAN, 1875/25), y se
recalcaba en la Orden 16/5/1942, –Instrucciones para la redacción de un Inventario
General, Catálogos y Registros en los museos servidos por el Cuerpo Facultativo de
Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos (B.O.E. 6/06/1942)- en la que se especificaba que
“todas las operaciones realizadas con el objeto en este sentido y constarán la fecha de la
restauración y los nombres de las personas que en ella hayan intervenido. No se omitirá
ningún detalle de la técnica empleada y de las observaciones particulares hechas al
aplicarla a la restauración del objeto” (B.O.E., 6/06/1942). No obstante, la autora indica que,
salvo en contadas excepciones no se redactaron informes de restauración hasta la década
de los ochenta del siglo XX. (Dávila, 2016:74-75).
134
3.2.1. Antes de su llegada al Museo Arqueológico Nacional
“The preservation of the objects that are found is the necessary duty of the finder. To
disclose things only to destroy them, when a more skilful or pacient worker might have
added them to the world’s treasures, is a hideous fault. And the excavator must be
135
ready for all emergencies, for all classes of objects in all stages of decay, and deal
with each without delays, and often with scanty and unsuitable means at hand for their
treatment.”
“Los ataúdes de la dinastía XXI fueron construidos de madera cubierta de una capa
136
de estuco y ricamente pintados en su cara interna y externa. La madera se había
contraído y expandido, rompiendo en los sucesivos movimientos el estuco. Cuando
encontramos los ataúdes, las decoraciones estaban muy dañadas. Era necesario
realizar algún tratamiento antes de extraer los ataúdes. La cera parafina, un producto
ya testado, fue el material más satisfactorio para su conservación. Se llevaba casi
hasta el punto de fusión, se aplicaba por toda la superficie con brochas y se
introducía en las grietas con una jeringuilla. El estuco recobraba la elasticidad una
vez que se había impregnado con la cera, y éste se podía volver a pegar a la madera
mientras estaba templado (dado que el estuco se había separado de la madera). La
contraindicación habitual al uso de la parafina como consolidante, el cambio de color
de los objetos antiguos, en este caso no ocurría. Afortunadamente estos ataúdes se
habían barnizado en la antigüedad con una especie de goma laca resinosa y
duradera que ya había cambiado los colores, y protegido la superficie de una manera
muy efectiva. Por ello, cuando nosotros terminamos de consolidar todos los ataúdes,
simplemente faltaba eliminar el exceso de cera, dejando en la superficie el antiguo
barniz inalterado. Fue una labor tediosa pero con una parte satisfactoria, ya que una
vez terminada, el examen visual detallado prácticamente no mostraba trazas de este
material empleado. El Museo (Metropolitano de Nueva York) va a poder mostrar una
amplia serie de ataúdes de este periodo de los sacerdotes de Amón, sólo superado
por las piezas de El Cairo.”364
Por otra parte, cuando se produjo el reparto de los lotes, en Egipto permanecieron
los ataúdes más bellos y mejor conservados y, tal y como explica Niwiński, los ejemplares
137
escogidos para regalar a los países extranjeros, pudieron ser restaurados: “At this strage,
a decision was taken to present a considerable number of the coffins to the foreign
Governments, and the chosen objects were given some restoration works. Evidently
further mistakes were then done, which consisted in confusing objects belonging to
different ensembles.” 366 Una restauración rápida y con el objetivo de mejorar las piezas
previamente a su envío a los distintos países resulta lógica, aunque todavía no se han
encontrado evidencias escritas o fotografías que lo corroboren, por lo que actualmente es
una suposición que está en estudio por parte del Prof. Niwiński.
138
Fig. 43 y 44. Sala II del Museo Arqueológico Nacional, Sede Casino de la Reina, Antigüedades
egipcias, 1893, con el ataúd de Bak (MAN 15208) en primer plano.
Imágenes del Museo Arqueológico Nacional 1893/23/FF00023 y 1893/23/FF00024.
139
En 1895 se inauguró la nueva sede en Recoletos e ingresaron los nuevos
ataúdes de Bab el-Gasus. La sala II de Antigüedades egipcias y orientales tenía una
decoración orientalizante pintada en las paredes y el techo, realizada por el arquitecto,
pintor y decorador D. Arturo Mélida, tomando como modelo los motivos que realizó para
la Exposición Histórico-Natural y Etnográfica, celebrada en 1893 en la sede del Casino
de la Reina, y que muestran las imágenes anteriores. Esta sala fue fotografiada a finales
del siglo XIX, entre 1895 y 1899 por D. Casiano Alguacil Blázquez, fotógrafo toledano que
realizó tomas de salas y de algunas piezas expuestas 368. A este fotógrafo debemos la
primera imagen de los ataúdes de Bab el-Gasus en España (Fig. 45), pero
desafortunadamente la calidad de la misma no permite apreciar con detalle su
decoración ni el estado de conservación de la pieza. No obstante es una fotografía
general que sí recoge el estilo, la distribución del conjunto de la sala y permite ver
detalles importantes sobre cómo se exponían las piezas protegidas en vitrinas.
Fig. 45. Sala II del Museo Arqueológico Nacional, Sede Recoletos, Antigüedades egipcias, entre
1895 y 1899, con tres ataúdes en primer plano, a la izquierda
Autor Casiano Alguacil Blázquez, Fondo del Museo Arqueológico Nacional FD00415
140
Más adelante, a principios del siglo XX, esta estancia y sus piezas fueron
retratadas, al igual que el resto de salas del Museo, por la casa Fototipia Hauser y Menet,
y publicadas en cuadernillos de tarjetas postales, que se vendieron en museos de toda
Europa. Queda en duda la fecha de realización de las fotos: 1905 es la fecha aproximada
que propone la Biblioteca Nacional, mientras que 1917 es la fecha que sugiere el
departamento de documentación del MAN. Esta museografía se mantuvo hasta 1936,
momento en que se almacenaron y protegieron todos los bienes del Museo para que no
sufrieran ningún daño durante la Guerra Civil Española.
141
La fotografía más interesante para este trabajo es, sin duda, la que muestra el
ataúd de Pairusejer (MAN 18253) en el cuadernillo IV (Fig. 48), el único retratado en
detalle. Presenta el perfil izquierdo del ataúd (más iluminado porque estaba dirigido a la
ventana de la sala), en el que se aprecia la conservación irregular entre las partes,
pérdidas de policromía y notables diferencias con la decoración actual de la pieza,
especialmente en la zona inferior de la tapa externa, colocada en la balda superior de
esta vitrina (en el capítulo 4.1. El ataúd del sacerdote Pairusejer, se analizan los cambios
en profundidad).
Fig. 48. Imagen del Museo Arqueológico Nacional IV. Tarjeta postal Fototipia de Hauser y Menet.
Madrid, ca. 1905. BNE, 17/TP/37
142
este estado a Madrid, y probablemente la deformidad provenga de época antigua.
Actualmente, tras la restauración, la caja sigue vencida. En la tapa externa se distingue la
separación entre las maderas en la zona del collar usej y la peluca, así como la pérdida
alrededor de la policromía. Esta superficie sí ha cambiado tras la restauración.
Fig. 49. Vitrina con ataúd anónimo. Fotografía datada entre 1917 [ca] y 1936.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional FD00793.
143
3.2.3. El cambio tras la guerra: la “nueva cara” de los ataúdes
para la exposición de 1954
144
Fig. 50. Sala XXXVIII dedicada a Egipto en el montaje del MAN de Navascués, inaugurado en
1954 y vigente hasta 1968. Fotografía tomada el 18/03/1957. En primer plano y dentro de la vitrina
está el ataúd de Amenemhat (15216), a la derecha sobre una repisa y cerrado se distingue el
ataúd de Bak y, a la izquierda, también sobre una repisa se expone el ataúd de Pairusejer (18253)
abierto, con la tapa externa a la derecha y la cubierta interna dentro de la caja.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional FD/A/07289 y FD00091 (se conservan dos imágenes
iguales de la sala).
145
Fig. 52. Detalle del ataúd de
Anjefenjonsu en la sala XXXVIII de
Egipto, entre 1954 y 1968.
Imagen del Museo Arqueológico
Nacional FD_A_06549-ID001.
Por otro lado, los repintes o reintegraciones371 que recomponían las zonas
perdidas formaban parte de la praxis habitual de los restauradores de los años 40, 50 y
60, que entendían que la finalidad de su trabajo era “embellecer y dar aspecto de nueva
146
a la pieza”372. Los ataúdes de Bab el-Gasus son una buena prueba de ello, a pesar de
que ya desde mediados del siglo XIX se identificaban y eliminaban repintes 373, y que en
los años 20 y 30 ya se realizan intervenciones de limpieza de las restauraciones
antiguas, en las que se eliminaban las “adiciones inconvenientes” en palabras del
Conservador del MAN Gil Miquel374.
147
La segunda es una lámina en blanco y negro de gran definición, que muestra el
interior decorado de la caja y la cubierta de momia muy bien conservada (Fig. 54).
148
3.2.4. La renovación en los años 70: nuevos objetivos en la
restauración de los ataúdes
149
Gracias a estas fotografías comenzamos a apreciar la dimensión de los repintes
realizados sobre los ataúdes de Bab el-Gasus, más extendidos en las tapas externas, y
realizados para disimular grandes lagunas o pérdidas. En el caso del ataúd de la cantora
de Amón cubrían una gran parte de la superficie de su tapa externa; en el de Pairusejer
la zona más repintada se concentraba en la superficie inferior de las piernas. De los de la
colección Toda, el de Amenemhat no fue repintado porque su conservación siempre fue
excelente; en cambio la tapa 15218 sí fue retocada con la misma técnica que los de Bab
el-Gasus, como se podrá comprobar más adelante en las fotografías de su restauración
(a principios de los años 80). Lamentablemente esta tapa no fue retratada en esta
ocasión, como tampoco lo fueron el ataúd de Bak (MAN 15208) o el de
Taremetchembastet (MAN 15159); desconocemos los motivos de esta distinción.
Fig. 56. Vista del lateral derecho del ataúd de Pairusejer. Entre 1973 y 1975.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional FD_A_13539-ID001.
Fig. 57. Detalle del ataúd de la Cantora de Amón. Entre 1973 y 1975.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional FD_A_13525-ID001.
150
Fig. 58. Vista del lateral izquierdo del ataúd de Ruru, entre 1973 y 1975.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional FD_A_13593-ID001.
Fig. 59. Vista del lateral izquierdo del ataúd anónimo. Entre 1973 y 1975.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional FD_A_13546-ID001.
Fig. 60 Vista del lateral izquierdo del ataúd de Anjefenjonsu. Entre 1973 y 1975.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional FD_A_13542-ID001.
151
de frente, en el libro de la exposición Arte Faraónico380, publicado en 1975. También en la
Guía Resumida de la Exposición de Arte Faraónico381 de 1976 se utiliza una de estas
imágenes (FD_A_13524-ID001) para ilustrar el de Amenemhat (Fig. 55). Sin embargo el
pie de foto la describe como “sarcófago de Pairusekher”. Esto refleja la falta de precisión
en la distinción de los ataúdes y la confusión de sus números de inventario, que se
registra en la publicación anterior Arte Faraónico, donde la imagen de la Cantora de
Amón no tiene su número de inventario 18257, sino los números del carrete fotográfico
13.549 y 13.548382.
152
Alfonso García Romo (1973) y D. Antonio Sánchez Barriga (1979), todos ellos
procedentes del Instituto de Restauración”384.
La reacción del ICR fue inmediata: solo cinco días más tarde se reunió la
Comisión Directiva del Instituto y designó a los Sres. Andrés Escalera Ureña y Alberto
Rechiuto Genovese, del Departamento de Química, para elaborar un "Programa de
colaboración y estudio para las citadas restauraciones”. Dicho programa fue enviado
junto con una carta de respuesta al director del MAN el 9 de febrero386.
153
3. "Estudio técnico del conjunto de piezas que constituyen el sarcófago. Ensamblaje de
los trozos de madera que forman cada pieza. Análisis de los diferentes
constituyentes: maderas, preparaciones, pigmentos, etc. Características de los
aglutinantes en función de los productos posibles a emplear en la consolidación de la
policromía".
Por último explican que un año antes se había estudiado la climatología de la sala
de los sarcófagos, dando lugar a un informe y "se dispone de 15 muestras de materiales
del sarcófago a que se hace referencia más arriba, cogidas en aquella ocasión. Con las
mismas se empezarán los estudios"387.
El “Programa” fue enviado el 18 de febrero por el jefe del laboratorio del ICR al
Director Gerente de su institución, junto con una carta introductoria, en la que resalta
brevemente los aspectos más importantes 388. Por ejemplo indicaba que “se puede
estimar que los trabajos necesarios para los ocho sarcófagos y una tapa se presentan
complejos, ya que por su estructura podrían compararse con 'escultura en madera
policromada' y su estado actual de alteración es muy avanzado." Igualmente detalla con
precisión que la fotografía previa al tratamiento debe incluir "ultravioleta, infrarrojo y rayos
X".
154
MAN" en el que explicaban cómo habían avanzado los trabajos de análisis del ataúd de
Amenemhat (identificado con el Reg. LQ./196), que habían sido propuestos en el
documento anterior. En este nuevo documento ya aportaban datos más concretos en la
memoria adjunta 389, e indicaban que “a medida que los análisis en curso, especialmente
sobre el análisis estratigráfico de la policromía, la identificación anatómica de la madera,
etc. vayan rindiendo su utilidad, se redactarán los informes oportunos”. A continuación
esquematiza las líneas fundamentales que debía seguir la restauración del sarcófago de
una forma mucho más concreta, en los puntos que se reproducen a continuación:
“1. Fijación previa de la policromía, capa de color y preparación en las zonas que corran
peligro de desprendimiento al efectuar los tratamientos sucesivos. Para esto se
utilizarán los adhesivos que en la memoria adjunta se citan y de los que se han
experimentado su efectividad.
1.1. En las zonas que sólo existe la capa de policromía, por haberse desprendido de la
madera que la sustentaba, se procederá a una protección mediante empapelados
parciales de estas regiones, siguiendo la técnica que se realiza para la protección de
la capa pictórica de las pinturas sobre tabla.
2. Tratamiento de la madera
2.1. Desinfección con fungicidas y bactericidas. Aquí es conveniente apuntar que se han
observado colonias de hongos en actividad, de las que se han identificado el género
Aspergillus, que se están nutriendo de la materia orgánica allí existente. Cabe la
posibilidad, que además de la existencia de estos hongos saprofitos, haya bacterias
patógenas en estado latente, por lo que es necesario que las personas que trabajen
junto a estas piezas no permanezcan en el mismo ambiente en que se hallan los
sarcófagos sin desinfectar.
2.2. Consolidación de la madera con resinas acrílicas por impregnación. La intensidad del
tratamiento estará en función de la mayor o menor degradación de cada una de las
zonas.
2.3. Sujeción de los bordes de las grietas que allí lo requieran, mediante el uso de resinas
epoxídicas.
3. Tratamiento de la policromía.
155
3.2. Limpieza de la superficie. Eliminación de la goma laca mediante disolventes citados
en la memoria.”
“Cabe la posibilidad de que en el curso del tratamiento sea necesario alterar el orden
de ejecución de alguno de estos puntos, o la sustitución de los productos
recomendados por otros más idóneos en algún caso particular, pero sin alterar en lo
sustancial la metodología aquí expuesta.”
390 Bajo el número de registro del ICR LQ/196 se estudiaron el ataúd de Amenemhat (MAN
15216), la cubierta interna del mismo (MAN 15217), la tapa del ataúd femenino (MAN
15218), una máscara de madera (MAN 15225) y cartones pectorales (MAN 15230/38).
156
superficial, que sería el barniz, descrito como “de aspecto amarillento y desigual
intensidad de color en función del espesor de la capa”. Sobre su naturaleza, explica que,
en principio
“su aspecto hizo pensar en la goma laca; aboga en su favor la fácil solubilidad de la
misma en alcohol etílico. Se están realizando análisis de la misma más completos
que confirmen su composición. Así mismo, mediante el análisis estratigráfico se
observa que la misma penetra a través de las pequeñas fisuras de la capa de
policromía lo que nos demuestra un tratamiento mucho más reciente de protección.”
Estos mismos pasos se repiten con las demás piezas del ataúd de Amenemhat: la
tapa externa, que se describe con gran detalle, y la cubierta interna, de la que
simplemente se anotan sus medidas. En todas ellas el tratamiento es el mismo. Sin
embargo, no explican nada acerca de la otra tapa de ataúd, sobre la máscara o los
pectorales, que asimismo debían tratarse.
157
Cola de conejo Buena adhesividad
rojo, no lo ataca
391 He aquí la correspondencia entre los números de inventario del Museo y los registros del
Instituto: MAN 15216 = Reg. ICR 2497, MAN 15217 = Reg. ICR 2498 y MAN 15218 = Reg.
ICR 2499.
392 IPCE, BM 118/12 Doc. 5: y 5B.
393 IPCE, BM 118/12 Doc 6. En este momento el ICR pasa a denominarse ICROA: Instituto de
Conservación y Restauración de Obras de Arte y Arqueología.
158
han conservado informes finales. La única información que refleja cómo se efectuó
finalmente la restauración de las piezas se recoge en la documentación fotográfica IS
497 almacenada también en el IPCE, junto con el expediente. Estas imágenes muestran
las distintas fases del trabajo, y su calidad permite además discernir detalles (Figs. 61, 62
y 63). Sin embargo, tienen dos inconvenientes: de nuevo, la ausencia de la fecha en que
las fotografías fueron tomadas. Sí tienen en el reverso de las mismas un sello estampado
donde se rellenó a mano el número de inventario y una fecha; pero ésta no puede aludir
a la captura, sino, probablemente, a la fecha en que las imágenes fueron reveladas. Esto
explica que la fecha anotada en el reverso de las fotografías de la restauración del ataúd
de Amenemhat sea “10-5-78”, cinco años tras su intervención. El caso de la tapa de
ataúd 15218 es más complejo, pues en el reverso de las fotografías hay una
prolongación de las fechas entre los años 1979 y 1987, que parece responder a dos
momentos: el primero sería un estudio antes de restaurarse, realizado a la vez que el de
Amenemhat, en los años 72 y 73, al cual pertenecen las fotografías con el sello fechado
el 28-VII-79. El segundo momento llegaría en la década de los ochenta y, en esta
ocasión, las fechas indicadas en el reverso de las fotografías sí parecen coincidir con su
restauración, pues dichas fechas avanzan en el tiempo desde 1982 hasta 1987 a la vez
que se desarrolla el proceso de intervención en ellas reflejado, y concluyen el I-VI-87 con
el resultado final.
Fig. 61. Desmontaje de la caja del ataúd de Amenemhat durante su restauración en 1972-73.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional (archivada en el IPCE, en el registro 497)
159
Fig. 62. A la izquierda, la imagen anterior a la restauración del ataúd de Amenemhat, que muestra
las pérdidas de madera y policromía. Imagen del Museo Arqueológico Nacional (archivada en el
IPCE, en el registro 497).
Fig. 63. A la derecha, fotografía del estucado de una laguna en la cabecera de la caja del ataúd de
Amenemhat. Imagen del Museo Arqueológico Nacional (archivada en el IPCE, en el registro 497).
160
Fig. 64. Izquierda, vista de la superficie de los pies del ataúd de Amenemhat tras la restauración
realizada entre 1972 y 1973. Imagen del Museo Arqueológico Nacional FD_A_13543-ID001
Fig. 65. Derecha, vista actual de la superficie de los pies del ataúd de Amenemhat, que no ha
cambiado desde su restauración entre 1972 y 1973.
Ello sucedió dos años más tarde, en 1975, con motivo de la exposición de Arte
Faraónico, en la que se expondría una selección de los ataúdes del Museo Arqueológico
Nacional, que debían estar restaurados para la ocasión, junto con una serie de piezas
prestadas ante tal evento por el gobierno egipcio. Así lo expresa el Director General del
Patrimonio Artístico y Cultural, en la carta fechada el 29 abril, dirigida al Director Técnico
del Instituto de Conservación y Restauración de Obras de Arte y Arqueología:
161
“A fin de que se presenten debidamente restaurados los sarcófagos policromados de
la Dinastía XXI y de otros períodos de época faraónica que se conservan en el Museo
Arqueológico Nacional, en la Exposición de Arte Faraónico que tendrá lugar el
próximo mes de octubre y que posteriormente se trasladará a otras capitales, esta
Dirección General ha resuelto que por la Dirección Técnica del Instituto de
Conservación y Restauración de Obras de Arte y Arqueología se adopten las medidas
necesarias para la restauración de los citados sarcófagos en la forma que estime más
conveniente a tal fin”. 395
162
Fig. 66. Imagen obtenida del reportaje sobre la exposición “Arte Faraónico”.
https://youtu.be/CNzyz5kVLjw última visualización 5 de noviembre de 2016.
Fig. 67. Aspecto de la tapa del ataúd de la Cantora de Amón antes de la restauración. Si se
compara con la imagen tras la restauración, se comprueban claramente las diferencias en el
rostro, especialmente visibles en el ojo y la ceja.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional. Archivo IPCE, IS 497.
163
que no tengan documentación escrita asociada. Una vez identificadas las áreas de
repinte a partir de un examen inicial, se realizarían pruebas de solubilidad para
seleccionar el disolvente más apropiado, que sería aquel que fuera capaz de
reversibilizar la pintura moderna y llegar a la policromía original, sin causarle ningún daño
a esta superficie. Dado el grosor de la capa de estuco moderno (del cual todavía hoy
quedan restos identificables sobre la superficie del ataúd), también se emplearía limpieza
mecánica con bisturí o una herramienta similar, para separarlo de la policromía egipcia.
Este tipo de intervención “reversibilizadora” se ha documentado a lo largo de los años 70
y 80 en diferentes objetos del Museo. Dávila recoge las palabras de Dña. María Sanz, la
misma restauradora del ICROA encargada de intervenir el ataúd de Amenemhat, en
relación con los vasos griegos:
Las tres imágenes siguientes (Figs. 68, 69 y 70) reflejan el aspecto de la tapa
externa de la Cantora de Amón en tres momentos distintos: la primera (izquierda) fue
tomada antes de comenzar el tratamiento y, por tanto, devuelve la imagen de los repintes
que cubren su rostro y gran parte de su cuerpo (no de forma homogénea, sino allí donde
habría habido lagunas importantes). La segunda es una imagen de limpieza; muestra el
avance de la eliminación de los repintes de los años 50 y de la suciedad (probablemente
ligada a un antiguo barniz). El proceso, a modo de ventanas, fue un sistema muy
empleado en la restauración pictórica401. Tal y como se observa en la fotografía, se
realizó por cuadrículas bastante uniformes, empezando en la zona central de la tapa y
avanzando sistemáticamente hacia los laterales. Determinadas áreas que el restaurador
consideró representativas se mantuvieron intactas a modo de testigos, como lo
demuestran los dos cuadrados sobre los dedos de las manos y el rectángulo de mayores
dimensiones sobre el vientre. Asimismo destacan las líneas blancas que separan la zona
limpia de la que aún permanecía sin intervenir; se trata de un recurso empleado para
evidenciar más la separación de ambas superficies en la fotografía. Estos bordes blancos
164
enmarcaban los testigos con el mismo fin. Por último, la imagen de la derecha es la del
ataúd ya restaurado, en la cual observamos fundamentalmente la policromía original,
salvo los testigos mantenidos a propósito y restos de los repintes dispersos de forma
anárquica por toda la tapa, especialmente en los laterales (Fig. 71).
165
166
Fig. 68. estado inicial Fig. 69. Proceso de eliminación de repintes Fig. 70. Estado final tras la
intervención,eliminados los repintes
167
Fig. 72. Fotografía de la mitad inferior de la tapa del ataúd de la Cantora de Amón, previa a la
restauración que, gracias a la luz rasante, permite distinguir los daños de la policromía.
Fotografía del Museo Arqueológico Nacional Archivo IPCE, IS 497
Fig. 73. Estado actual de la mitad inferior de la tapa del ataúd de la Cantora de Amón. Con la luz
rasante solo destacan los pastillajes, mientras que la decoración recuperó la homogeneidad y
estabilidad.
168
exposición de 1954 a 1968, finalmente no se expuso ninguna pieza del ataúd de la
Cantora de Amón.
Fig. 74. De izquierda a derecha: La cubierta interna del ataúd de la Cantora antes de la
restauración, durante la restauración y el estado actual de la pieza. Las dos primeras imágenes
del Museo Arqueológico Nacional aunque archivadas en el IPCE, IS 497, y la última, propia.
En todo caso, esta intervención realizada en 1975 sobre la cubierta interna está
más relacionada con la limpieza superficial, el refuerzo de las uniones y grietas y la
adhesión de los fragmentos desprendidos en la peluca y la mano.
169
Pairusejer que forman parte del archivo del IPCE, IS 497, no son tan representativas
porque reflejan el estado del ataúd antes de su intervención; no durante la misma 402.
170
Coincidiendo con el traslado de la exposición a Zaragoza en enero de 1976, el
Director del ICROA recibió una nueva carta del Director General del Patrimonio Artístico y
Cultural, interesándose por los motivos que llevaron a la detención de los trabajos de
restauración de los ataúdes405. La pregunta partía en realidad del Director del MAN, D.
Martín Almagro Basch. La respuesta del Director del Instituto de Conservación no se hizo
esperar, y en su carta del 23 de enero explicaba que se trataba de una paralización
temporal, que derivaba de las muchas obligaciones laborales del restaurador:
171
más completa, ya que abarca todos los ataúdes de la dinastía XXI del MAN, restaurados
durante estos años 70 y 80. Sin estas fotografías sería muy difícil reconstruir la historia
reciente de estas piezas. Su relevancia radica en que algunas (el ataúd de la Cantora y el
de Anjefenjonsu) documentan todo el proceso y evidencian la magnitud del cambio que
supuso esta restauración, en tanto significó en muchos casos la recuperación de la
superficie original, escondida tras los repintes de los años 50.
“La estructura del sarcófago, en madera de cedro, estaba tan deteriorada que apenas
se mantenían trabados y unidos sus elementos, apreciándose la existencia de
importantes sectores reconstruidos. La preparación de arcilla de la base de la capa
pictórica se hallaba muy dañada, presentando grandes desprendimientos en placas.
Repintes bastante toscos cubrían considerables zonas de la capa pictórica, sobre
todo en la cabeza y el tocado. Finalmente la mano izquierda de la figura era falsa,
incluyendo el soporte.”
409 Este informe contiene la misma información que fue publicada en 1984 en el Catálogo de
Obras restauradas del ICROA, pp. 13-18.
410 La fecha de inicio se conoce porque está escrita en el informe, mientras que la fecha de
finalización se calcula a partir del documento de salida del ataúd del ICROA y su
devolución, ya restaurado, a Francisco Gago (restaurador del MAN), el 8 de mayo de 1981.
IPCE, BM 118/12 Doc. 10, con una fotocopia anexa de una fotografía del tratamiento del
ataúd de Anjefenjonsu.
172
Continúa explicando el tratamiento:
“4º. En todo momento el Restaurador debe hacer un acto de humildad que le lleve a
anular su “yo”, al tener presente que no es un “colaborador” del autor de la obra sino
que es un “Profesional”, un “Técnico” al que se acude para que aplique el
“tratamiento” adecuado para salvar una obra de arte que está enferma, en la que, el
artista o el artesano que la creó, dejó parte de su personalidad, la cual no tenemos
derecho a bastardear con añadidos innecesarios ni con mixtificaciones (…)”413.
“7º. Lo mismo que el Médico lleva la Historia Clínica de sus enfermos, todo
Restaurador, consciente de su responsabilidad, debe llevar la Historia clínica de las
obras sobre las que deba actuar. En ella, deberá dejar constancia, gráfica y escrita,
con cuanta meticulosidad y precisión pueda, del estado en que se encontró la obra en
el momento en que llegó a sus manos, de los que los diferentes análisis, realizados
411 Se trata de una línea de actuación también documentada en otros museos de Europa y
Estados Unidos (Zampieri, 1981; Hogg, 1995; Colinart et Al., 1997 y Gottsman, 1999).
412 La eliminación de los repintes fue una práctica que se desarrolló en diferentes ataúdes y,
además de los informes y las fotografías, también está documentado verbalmente por la
actual Conservadora Jefe del Departamento de Antigüedades Egipcias y del Próximo
Oriente, Mª Carmen Pérez Die, que en aquellos años todavía era becaria del Museo. Ella
recuerda al restaurador levantando los repintes y descubriendo la policromía subyacente.
413 “Catálogo de obras”, 1984:7.
173
en los elementos materiales de la misma, hayan facilitado y de cuantas incidencias
puedan presentarse a lo largo de su estudio y tratamiento( …)”414 .
Así, los ataúdes se entienden como bienes con un valor arqueológico e histórico,
además de estético, por lo que evoluciona el tratamiento de las lagunas: se eliminan los
repintes antiguos y se sustituyen por nuevos materiales y técnicas de intervención que
armonizan la superficie sin tratar de falsificar la decoración, y permitiendo valorar el
efecto del paso del tiempo sobre las piezas415. Las faltas se entonan para que no
destaquen y capten en exceso la atención del observador y, en este caso emplean “tintas
neutras con un pigmento que imitan el barro de la preparación”. Sólo se toman la licencia
de reintegrar las pequeñas lagunas y continuar patrones muy seguros, como son las
flores del collar. En la actualidad, esta reinterpretación de la laguna como el barro de la
preparación es quizá demasiado libre, ya que puede confundir al espectador que no
conoce el aspecto de esta preparación, por lo que la reintegración se ha asimilado
incluso con la madera416. En todo caso, gracias a que se explicó en el informe, no queda
duda de las intenciones del restaurador.
414 Ibidem, 8.
415 Macarrón y González Mozo, 2004: 118-119; Bruquetas, 2009:39.
416 Naturalmente, un visitante experto en técnicas artísticas, en egiptología o en arqueología,
que conozca el modo de proceder de los restauradores, no tendrá ningún problema en
distinguir la laguna y la reintegración. No obstante, a lo largo de este estudio he podido
comprobar cómo muchas personas no entendían que se trataba de una reintegración y lo
confundían con la madera original del ataúd. Quizá lo más oportuno sea explicar la
intervención en un cartel, junto a este ataúd, y darle al visitante las herramientas necesarias
para entender correctamente la pieza y valorar el trabajo de su restauración.
174
Fig. 75. A la izquierda, el
estado inicial de la tapa
antes de la restauración.
Imagen del MAN, Archivo
IPCE, IS 497.
Fig. 77. A la izquierda, reproducción de un cliché en color del estado de la mitad superior de la
tapa externa durante el tratamiento, tras haber eliminado los repintes y estucando las lagunas
antes de ser reintegradas. Imagen del MAN, Archivo IPCE, IS 497.
Fig. 78. A la derecha, reproducción de un cliché en color del estado de la mitad inferior de la tapa
durante el tratamiento, tras haber eliminado los repintes y estucando las lagunas antes de ser
reintegradas. Imagen del MAN, Archivo IPCE, IS 497.
175
Fig. 79. Estado muy deteriorado de
la cubierta interna del ataúd. En el
reverso se lee: “Tapa interna antes
(al serme entregada)”. No se indica
la fecha, pero sí el número de
inventario. Imagen del MAN, Archivo
IPCE, IS 497.
Fig. 80. A la izquierda, reproducción de un cliché en color del estado de la caja antes del
tratamiento, con grandes separaciones entre los tableros, pérdidas de estucado y policromía.
Imagen del MAN, Archivo IPCE, IS 497.
Fig. 81. A la derecha, fotografía del estado de la caja tras la restauración, con las lagunas
reforzadas y reintegradas. Imagen del MAN, Archivo IPCE, IS 497.
176
Volviendo al informe, cabe destacar un dato relevante: la afirmación sobre la
naturaleza de la madera, descrita como cedro, no está acompañada por una verificación
analítica, cita bibliográfica o similar. Las maderas propias de los ataúdes de Bab el-Gasus
de esta calidad son el sicomoro, la acacia y el tamarisco. El ataúd de Anjefenjonsu no ha
sido analizado en profundidad durante este estudio, pero los datos ofrecidos por los de
Pairusejer y Ruru, aluden a estas maderas autóctonas egipcias. Como se comprueba en
el quinto capítulo, Análisis de las maderas, esto no implica que la identificación de la
madera como cedro sea necesariamente errónea, pero sí poco probable, dada la
ausencia de pruebas objetivas y la discordancia con otros ataúdes. Se propone como
línea de investigación para el futuro.
En octubre de 1979, D. Martín Almagro Basch enviaba una carta al Director del
ICROA solicitado una copia de toda la documentación fotográfica referente a la
restauración de los ataúdes en el Instituto y en el MAN, alegando que “dicho material
representa una importante documentación científica, considero necesario que figure en
los Archivos de este Museo Arqueológico Nacional una copia de cada una de las
fotografías”.417 Sin embargo, como se acaba de relatar, la restauración del ataúd de
Anjefenjonsu comenzó en octubre de ese año, por lo que, de enviarse las fotografías,
habría sido un registro parcial. En todo caso, el expediente no incluye ningún documento
de salida de dichas fotos, ni una carta de respuesta al director del MAN, por lo que se
desconoce si el envío se llegó producir.
417 Carta de 26 de octubre de 1979 enviada por el director del MAN al director del ICROA.
Registro de salida del MAN nº 6739. Documento archivado en el expediente BM 118/12 del
IPCE.
418 Los primeros informes del Museo han sido documentados por Dávila en 1983 y corresponden
a este tipo de fichas impresas normalizadas (Dávila, 2016:75-76).
419 Antonio Sánchez Barriga es restaurador de Obras de Arte, especializado en pintura, y
fotógrafo en el ICPE, donde trabajó desde 1968 hasta 2016, pero entre 1979 y 1994 se
trasladó temporalmente al MAN (Dávila, 2016:424 y 426).
177
evidencien el traslado, y que el formato del informe pertenece al MAN, es muy probable
que el restaurador se trasladara al Museo para desarrollar su trabajo. La segunda parte
de la restauración fue ejecutada por otro restaurador, cuyo nombre no está escrito,
aunque las fechas coinciden con la época de D. Francisco Gago en el Museo y su letra
fue reconocida por su compañera, la restauradora Mª Antonia Moreno.
Destaca que ninguno de los dos informes contenga el nombre o la firma del
restaurador, pero resulta aún más significativo que tampoco incluya el número de
inventario de la pieza restaurada (18254) habiendo una casilla específica para ello en el
formato. Afortunadamente no cabe duda de que se trata del ataúd de Ruru gracias a que
se incluyeron imágenes del proceso, y en el “Tema” del informe se añadió la siguiente
descripción: “Sarcófago exterior de una sacerdotisa del Dios Amón - Dinastía XXI”. El
adjetivo exterior en este caso es definitivo, ya que el resto de ataúdes del Museo datados
en la dinastía XXI son internos. La ausencia del inventario debe responder a un
desconocimiento del mismo por parte del restaurador y probablemente esté relacionado
con una base de datos poco clara en lo que se refiere a estas piezas egipcias, ya que la
ausencia o error de los números de inventario de los ataúdes es una constante en la
poca documentación que se ha conservado. Así lo evidenciaban las publicaciones de
1975 Arte Faraónico420, y de 1976 Guía resumida de la Exposición de Arte Faraónico421,
y las imágenes del archivo fotográfico del IPCE, en las que se evidencia una confusión
importante entre los números de inventario del ataúd de Pairusejer (18253) y de Ruru
(18254)422.
178
Tratamiento realizado: Desmontar el sarcófago, eliminando todos los clavos, para su
posterior unión con espigas. Fijación del estuco con Acetato de polivinilo disuelto en
agua al 50%. Eliminación del polvo acumulado. Fijación de la capa pictórica en polvo.
(Hay que pensar que esta fijación se efectuó con sumo cuidado, no solo por el estado
en que se encontraba, sino por ser un temple a la cola, que se disuelve con agua). Se
utilizó, en primer lugar, un fijativo a base de acetato de polivinilo en spray. Así una vez
fijado superficialmente, se pudo continuar con acetato de polivinilo en un tensoactivo,
para que esta disolución penetrase hasta el soporte.
En los casos que las grietas estaban abiertas en la policromía se rellenaron con
Araldit madera, moldeándose posteriormente.”424
Las fotografías que ilustran el informe nos ayudan a entender en qué situación se
encontraba el ataúd en general y la policromía en particular: inestable y surcada por
grietas (Fig. 83). También aclaran a qué repintes se refiere el restaurador, gracias a una
imagen que muestra un testigo de limpieza (Fig. 84) en la que se distinguen dos cejas
424 Informe de Antonio Sánchez Barriga (no está firmado, pero en el siguiente informe se indica
así). Fecha de comienzo: 13 de junio de 1984, y fecha de redacción de informe: 22 de
febrero de 1985. El subrayado es de la autora.
425 Informe continuación del anterior, por ello repite como fecha inicial el 13 de junio de 1984 y
como fecha final de tratamiento indica el 7 de febrero de 1986.
179
izquierdas y dos párpados a niveles diferentes; de manera que la limpieza eliminó la
pintura que estaba sobre la policromía original y que cubría al menos los párpados y las
cejas de Ruru. Es importante poner atención en las fechas de las fotografías: las que
acabamos de describir, junto con otras almacenadas en el Registro fotográfico del MAN,
pertenecen a dos rollos de carrete (nº 3205 y nº 3269) fechados el 22/3/83 y el 7/6/83
respectivamente. Dado que estas imágenes fueron tomadas antes y durante el
tratamiento de restauración, habría que rebajar la fecha de comienzo que el informe
establecía el 13/06/1984, por lo menos a 1983. Por otra parte, en el archivo del IPCE (nº
497) se han encontrado dos fotografías cenitales de la tapa y de la caja de Ruru,
fechadas el 28 de julio de 1979 (aunque ésta corresponde al revelado); en la tapa se
observa el rostro parcialmente repintado, (Fig. 85).
180
Fig. 85. Fotografía de la tapa de Ruru en la que se
observan las cejas y párpados repintados. Fotografía del
MAN, IPCE, IS 497.
426 Carta enviada el 20 de mayo de 1987 por Mª Carmen Pérez Die (MAN) a Jaime Brihuega
(ICROA). Archivada en el expediente IPCE, BM118/12.
427 Documento de entrega de la tapa 15218 ya restaurada a Mª Carmen Pérez Die, el 9 de
junio de 1987. Archivado en el expediente IPCE, BM118/12.
428 DOMUS, 15218, consultada el 19 de febrero de 2016.
181
información es imprecisa, porque los “añadidos antiguos” habrían sido eliminados
durante la restauración de 1982 a 1984, tal y como demuestran las fotografías
conservadas en el IPCE429 y el documento de devolución de junio de 1984.
Unos años más tarde, en abril de 1992, la tapa MAN 15218 se sumó al archivo
fotográfico del MAN 430, siendo fotografiada con el mismo detalle que los ataúdes en
1979, (Fig. 86).
182
3.2.5. Las restauraciones actuales en el seno del Museo
Arqueológico Nacional
183
un buen indicador de cómo afecta el polvo acumulado a pesar de que los ataúdes
estuvieran protegidos en vitrinas.
“Limpieza puntual con disolvente alcohol de 96º; solamente en zonas más sucias.
Deberá ser manipulada con guantes de algodón y tomando la pieza por la parte baja.
Seguimiento periódico de su estado de conservación por parte del personal
responsable.”
$ $
MAN, TR 23/7/17 MAN, TR 23/8/26
Figs. 87 y 88. Dos fotografías como ejemplo del tratamiento de restauración del ataúd de
Anjefenjonsu para su exhibición en la exposición de Tutmosis III, restauradora: Mª Antonia
Moreno. Fotografías incluidas en el informe MAN 41/2004/142.
184
Un año después, en agosto de 2005, fue necesaria una nueva intervención
puntual de urgencia, debido a que, durante el traslado de la pieza al almacén, se fracturó
la nariz (Fig. 89), dejando “al descubierto la madera de base y el estucado” (informe MAN
41/2005/438). El tratamiento se resume con la palabras clave: reintegración,
restauración, pegado y protección final, y la descripción del mismo es la siguiente:
$ $
Fig. 1 Fig. 3
$ $
Fig. 7 Fig. 11
185
importancia de la documentación de los tratamientos: gracias a los informes y fotografías
ha sido posible reconstruir su historia y conocer su evolución en detalle, de una manera
mucho más completa y con mayor seguridad que la del resto de ataúdes del Museo
Arqueológico Nacional.
Los dos informes restantes que tratan sobre la restauración de ataúdes del Museo
no pertenecen a piezas de Bab el-Gasus, ni a la dinastía XXI. No obstante, es importante
nombrarlos aquí porque fueron tratamientos muy bien documentados que han aportado
datos paralelos a esta investigación. El primero de ellos se realizó sobre el ataúd de Bak
(MAN 15208) por personal contratado a través del INEM en 2006. Esta pieza fue
adquirida por el Museo en 1887, a través del Rey Daninos y data del Reino Nuevo. El
período estipulado para su restauración iba desde el 22 de noviembre de 2006 hasta el
13 de abril de 2007 y en ella trabajaron tres personas: Dimitris Giagkoulas, Manuel
Vázquez Camiña y Fátima Martín Ripoll. Lo más destacable del informe 434 para el
propósito de este estudio son las numerosas analíticas de los materiales originales y
procedentes de restauraciones anteriores, que muestran que la naturaleza de los
productos egipcios no varió de forma notable, ya que coinciden en gran medida con los
resultados de Bab el-Gasus.
186
de las piezas cuando fueron retiradas de la sala o del almacén. Dichos informes se
acompañan de fotografías, en muchos casos de poca calidad que, sin embargo, ayudan
a valorar las condiciones a las que estaban sometidas. Esporádicamente también
aportan información sobre pequeños daños y reparaciones concretas, como ocurrió
durante el desmontaje del ataúd de Pairusejer, cuya cubierta interna sufrió un incidente
(la rotura de una pequeña pieza de madera del hombro derecho), solventado con
adhesivo nitrocelulósico (Fig. 90). O el engasado a modo de protección temporal, en
determinadas zonas de la policromía del ataúd de Ruru, que corrían el riesgo de
desprenderse (Fig. 91).
La última restauración efectuada sobre un ataúd del MAN hasta 2015 tuvo lugar
en septiembre de 2012. Se trata de la eliminación de una antigua cata de limpieza que
todavía permanecía sobre el ojo derecho del ataúd de la Cantora de Amón (MAN 18257),
desde que fuera intervenido a finales de la década de los 70. De cara a la reapertura del
Museo, no se consideró oportuno mantener un testigo en una zona tan relevante de la
187
pieza (aunque sí se conservaron otros similares en las manos o en el vientre), por ello
fue retirado. Esta pequeña limpieza no fue registrada en un informe por escrito, pero sí
han quedado imágenes del antes (Fig. 92) y el después (Fig. 93). De esta manera,
cuando el Museo reabrió sus puertas en 2014, la Cantora de Amón lucía su rostro original
completo y un aspecto más homogéneo.
Fig. 92. Detalle del testigo en el ojo derecho de la tapa externa de la Cantora de Amón (MAN
18257). Imagen del Museo Arqueológico Nacional IMG_808.
Fig. 93. Aspecto de la tapa externa de la Cantora de Amón (MAN 18257) tras la eliminación del
testigo del ojo. Sobre las manos se distinguen otros dos testigo mantenidos.
Imagen del Museo Arqueológico Nacional IMG_8087.
188
Como se ha podido comprobar, la escasa pero imprescindible documentación
escrita y fotográfica, es la base sobre la que se reconstruye la historia de las
intervenciones en los ataúdes del Museo Arqueológico Nacional. A partir de la
información que contienen se ha establecido una cronología y así se ha podido dar
respuesta a la duda principal que se cernía sobre los ataúdes de Bab el-Gasus: el origen
de los repintes que, todavía hoy, cubren parcialmente la superficie de Pairusejer y la
Cantora de Amón. ¿Se realizaron en El Cairo a finales del siglo XIX antes de ser donados
a los países extranjeros como sugería Niwiński? 435 ¿Se realizaron en España? ¿Quizá a
su llegada al Museo?, como así ocurrió en otros museos europeos, como el Museo del
Louvre, el Museo Histórico de Berna (Suiza) o los Museos Reales de Bellas Artes de
Bélgica (Bruselas)436. Gracias a las fotografías y los informes podemos afirmar que la
intervención tuvo lugar en España en los años 40 o 50, ya que así se exhibieron los
ataúdes en la exposición inaugurada en 1954, siendo estas las primeras fotografías que
mostraban los repintes. No obstante, las imágenes de principios de siglo tienen un grado
de definición bajo, lo que ha llevado a la búsqueda de paralelos entre los ataúdes de Bab
el-Gasus almacenados en El Cairo y en otros museos. El objetivo era observar las
semejanzas y diferencias en sus restauraciones, haciendo hincapié especialmente en la
presencia de los repintes, ya que su coincidencia en cuanto a estilo y materiales,
apoyaría la teoría de Niwiński, de haber sido probablemente restaurados por primera vez
en El Cairo.
189
producido en Egipto y durante el transporte a su nueva ubicación), las restauraciones
tendrían que solventar el mismo tipo de pérdidas, y la reintegración encajaría en el
esquema decorativo de los ataúdes de las dinastías XXI y XXII. Así pues, los paralelos
son más significativos.
En 1978, Hermann Schlögl realizó una publicación sobre los ataúdes egipcios que
albergaban los museos suizos, y en ella comentó el estado de conservación de este
ataúd femenino, apuntando que pudo ser restaurado en El Cairo. Tal y como está
expresado en el texto es una impresión del autor, ya que no tiene ningún dato que lo
certifique:
190
"Algunas zonas de ambos ataúdes se dañaron en el descubrimiento(...) La zona de
los pies de la tapa externa fue restaurada (seguramente en El Cairo, donde este
doble ataúd recibió el número JE 29647), siguiendo la decoración del ataúd interno.
También se restauró el dibujo de las líneas inferiores de la caja y se encuentran otros
retoques en los Bretterfugen. De esta manera, el ataúd fue enviado
"embellecido" (verschönert) cuando se donó. Más adelante, en 1977 fue nuevamente
intervenido para reparar nuevos daños, por Frau lic. phil. Renate Keller, y en este
momento pudieron realizar análisis de maderas y pigmentos. Seguramente la
decoración de la zona inferior de las tapas estuviera diferenciada originalmente, pero
a través de la decoración se han igualado. La zona inferior de la caja se ha
reintegrado con líneas"438 .
Más adelante esta información fue corregida en la obra de Thomas Psota titulada
“Grabschätze des Nils” 439, en la que confirma que el ataúd fue restaurado tras su llegada
al Museo en 1893-94 a manos de un restaurador.
Este caso es, sin duda, digno de mención, pues gran parte de la información
proviene de una nota escrita por el propio restaurador, que fue hallada durante la
intervención en uno de los ataúdes, entre varias capas de estuco moderno (de principios
191
del siglo XX)441. Además del vehículo por el que se ha transmitido la información, es
igualmente relevante el contenido de la nota, dando testimonio acerca de que estas
restauraciones a modo de imitaciones de estilo, no eran extraordinarias sino todo lo
contrario; eran una práctica frecuente a nivel internacional. Como se comprobará en las
siguientes imágenes se rehicieron y reinventaron completamente las superficies de las
piezas (Figs. 95, 96 y 97).
Fig. 95. Superficie restaurada por encima de la policromía original muy brillante y en primer plano,
del ataúd externo del Anjefenamon (reutilizado por la Dama Iy), Musée Royaux d’Art et d’Histoire
de Bruselas (E.5887) procedente de Bab el-Gasus
441 Comunicación impartida por Luc Delvaux en el Congreso Bab el-Gasus in Contact,
organizado por el Equipo de Investigación “The Gate of the Priests” en Lisboa 2016.
192
Fig. 96. Tres detalles de la superficie
restaurada del ataúd interno de una dama
anónima, Musée Royaux d’Art et d’Histoire
de Bruselas (E.5881) procedente de Bab el-
Gasus.
193
Reflexiones finales
Fig. 98. Superficie deteriorada y sin restauraciones identificables del ataúd externo del
Tabaketenjons, KHM de Viena (6266).
194
En definitiva, dado que no hay ninguna prueba fehaciente de que alguno de los
ataúdes de Bab el-Gasus fuera intervenido en El Cairo antes de partir a los diferentes
museos extranjeros, y a pesar de que se trate de una propuesta plausible, en este
momento de la investigación se descarta que los ataúdes de Madrid hubieran sido
restaurados en El Cairo. Por su parte, la opción de la restauración en los primeros
momentos tras su llegada a Madrid, habiendo estado un año y medio embalados, con
una estancia larga en el depósito de Gibraltar y todos los daños que pudieron sufrir en los
distintos medios de transporte, cobra un gran peso al constatar los paralelos explicados
anteriormente. Sin embargo, la falta de documentación referente al estado de
conservación o algún tratamiento de restauración de aquella época, sumado a que la
fotografía más antigua del ataúd de Pairusejer (Fig. 48), evidencia el mal estado de
conservación de la tapa externa en la zona de los pies, implica que aún no había sido
restaurado. Y por tanto, los repintes de los ataúdes fueron realizados posteriormente en
España.
195
3.3. Análisis y técnicas instrumentales aplicadas al estudio de
los ataúdes
Sin duda esta fase de visualización ha ocupado gran parte del tiempo de estudio,
ya fuera directamente sobre el ataúd o en las fotografías, y ha sido imprescindible para
conocer y entender la pieza. Una vez realizada dicha visualización, la información se
trasladó a los mapas de alteraciones.
196
La luz es una gran aliada en esta actividad: distintas naturalezas lumínicas (en un
primer momento en el rango del visible), permiten apreciar detalles en la pintura y el
barniz, como el tono, la densidad, la transparencia, el grosor, la compacidad o el orden
en que fueron aplicadas las distintas capas. Del mismo modo, cambiando la posición de
la fuente lumínica de cenital a rasante, destacamos la topografía de la superficie, y con
ello, apreciamos las irregularidades originales o provocadas por la degradación de la
pieza, así como las faltas y las reintegraciones posteriores al momento de su creación.
- Modelo: D1100
- Trípode
Las fuentes lumínicas para tomar las fotografías han sido múltiples y adaptadas a
las posibilidades: en el taller de restauración del Museo la fuente de luz ambiental es
doble, por un lado hay luz natural solar que entra a través de las ventanas cenitales
equipadas con un filtro de UV (esta luz es muy variable). Por otra parte, el laboratorio de
restauración del MAN está equipado con distintos tipos de luminarias fluorescentes y led,
además de fuentes puntuales móviles del mismo tipo y también incandescentes.
197
Mientras los ataúdes de Pairusejer y Ruru pudieron fotografiarse en el taller
cómodamente desde todos los ángulos, el estudio de los tres ataúdes de Bab el-Gasus
restantes tuvo que adaptarse al tiempo disponible y a las condiciones más complejas de
su ubicación ya que formaban parte de la exposición permanente del Museo
Arqueológico. Estos se encuentran expuestos en vitrinas cuya apertura es muy
complicada. Tampoco hubo posibilidad de extraer las piezas temporalmente y llevarlas al
taller de restauración para realizar el examen detallado. Por tanto hubo que adecuar las
condiciones de la cámara, emplear distintos objetivos de acercamiento, y buscar la
posición de las luces evitando los reflejos de las vitrinas. La ubicación de los ataúdes
dentro de la vitrina determinó el grado de detalle de las fotografías realizadas y la
posibilidad de alcanzar todos los ángulos de la pieza. Por ejemplo, del ataúd anónimo
(MAN 18255) formado por la tapa externa, la cubierta de momia interna y caja, se pudo
fotografiar la pared izquierda, los pies y la cabeza de todas las piezas, así como la cara
interna de la pared derecha de la caja. La cubierta de momia y el interior de la caja se
fotografiaron con gran dificultad, pues la distancia entre las piezas era limitada y el
ángulo reducía la profundidad de campo. La pared derecha del ataúd permaneció
inaccesible por encontrarse anexa a la pared de la sala.
198
mm444. Para solventar la escasez de luz que llegaba al sensor, se acopló un anillo de luz
led445 en el extremo del objetivo, de manera que la superficie estuviese bien iluminada (y
gracias al tipo de luz evitamos que ésta se calentara). En la toma de estas fotografías
cobró especial importancia el trípode, debido al peso de la cámara con los nuevos
cuerpos acoplados y al elevado tiempo de exposición.
Las pruebas se han realizado con agua desionizada, alcohol y acetona. Los
objetivos a la hora de realizar dichas pruebas sobre los ataúdes de Pairusejer y Ruru
fueron: diferenciar las técnicas pictóricas originales y las restauraciones; identificar las
sustancias que componen los barnices, para tratar de determinar si son originales o
modernos; y conocer la técnica pictórica y los materiales empleados en la policromía
moderna. Estos objetivos se han cumplido en parte, ya que se ha definido claramente el
área de restauración y se ha reducido el abanico de posibles materiales. No obstante, las
múltiples intervenciones sobre los ataúdes, efectuadas a lo largo del tiempo, complicaron
y confundieron la interpretación, dejando muchas cuestiones sin resolver. Por ello, esta
444 También probamos otro sistema de captura de fotomacrografías con un microscopio usb
Dinolite®, sin embargo este sistema se abandonó porque la calidad de las imágenes era
inferior y eran más incómodas de realizar.
445 Ting 48 de la marca St@y Media.
199
técnica se debe entender como un primer acercamiento que ha ofrecido una información
poco precisa, y que después ha sido cotejada y ampliada con otras técnicas de análisis.
La pintura egipcia era un temple de cola animal o goma vegetal que estaba
cubierta por una capa de barniz también vegetal. Sin embargo, no se debe olvidar que
las superficies no están, en ningún caso, como las dejaron los pintores egipcios, debido a
las intervenciones ya mencionadas. Los informes conservados ofrecen una idea de cómo
han podido variar dichas superficies: en el “Programa para el Estudio y Conservación de
Materiales Egipcios del Museo Arqueológico Nacional”, redactado en 1972 por Alberto
Rechiuto y Andrés Escalera, para la intervención del ataúd de Amenemhat (MAN 15216),
proyectaron una fase de fijación del estuco y la policromía. En ella utilizarían uno de los
adhesivos evaluados con buen resultado: bien Mowilith 1DMV1, Mowilith 1DMV5, o bien,
cola de conejo. Dado que no hay un informe final, no se puede asegurar cuál de ellos se
empleó. Más adelante, entre 1979 y 1981, Marcelino Iglesias restauró el ataúd de
Anjefenjonsu (MAN 18256) y en su informe explicaba que consolidó la estructura de
madera y sentó el color; aunque no especificó qué productos utilizó para ello. Por último,
en el primer informe de restauración del ataúd de Ruru, redactado en 1985 por Antonio
Sánchez Barriga, se narra cómo el estuco y la policromía se fijaron con PVA y después
se aplicó una película protectora de cera microcristalina.446 Todas estas posibilidades
condicionarían los resultados de las pruebas de solubilidad.
Para una correcta interpretación de los mismos se deben conocer los materiales
que pueden estar involucrados en las distintas capas y sus propiedades de solubilidad
(reflejadas en los diagramas y triángulos de solubilidad, como por ejemplo el de Teas447).
En los ataúdes egipcios, la pintura al temple se disuelve con agua, al igual que el
adhesivo de cola de conejo que los restauradores propusieron para el sentado de color.
El barniz original se disuelve en disolventes orgánicos como alcohol y acetona, aunque
esta capa fue eliminada casi por completo del ataúd y solo se dejaron testigos. El
Mowilith es un producto sintético, el DM5 es un copolímero de acetato de vinil acrilato y
DMV1 es un copolímero de maleato de dibutilo; ambos forman capas resistentes al agua
y se disuelven en orgánicos y con calor. El PVA es un poliacetato de vinilo que suele ir en
medio acuoso, haciendo muy cómoda su aplicación, pero una vez seco, ya no se
446 El primer informe de restauración de Ruru no está firmado, pero en el siguiente se indica
que el trabajo lo llevó a cabo Antonio Sánchez Barriga. Existe una contradicción entre la
fecha de comienzo del trabajo indicada en el informe: 13 de junio de 1984; y la datación de
las fotografías de este procedimiento, en junio de 1983. La fecha de redacción de este
primer informe es de 22 de febrero de 1985.
447 Hedley, 1980:12-18; Phenix, 2002 a:43-60; Idem, 2002 b:61-90; Sánchez Ortiz, 2012:187.
200
disuelve tan fácilmente en agua; aunque sí se mueve, no se disuelve. La cera
microcristalina es de naturaleza acrílica y, como tal, se disuelve bien en acetona.
201
Identificación
Reintegración
Reintegración: Testigo de barniz
B. Mancha/ resina/ moderna de los
pintura moderna de que con luz UV
pigmento antiguo/ Pintura actual Posible resina Mancha años 70 que con
los años 50 emite reflexión
pigmento actual luz UV se ve
amarilla- naranja
negra
C. Fecha de la
30/01/15 27/03/15 4/06/15 10/06/15 3/07/2015 3/07/2015
prueba
Al examinar con
Al iluminar con luz
luz UV se observa
202
UV se observa
una reflexión
una reflexión
Identificar si la negra propia de
Averiguar si el Identificar si es amarilla-naranja
sustancia brillante Determinar la técnica una reintegración
depósito rojizo es grasa, o es una propia de un
Objetivo alrededor de la pictórica y el muy moderna. El
gomalaca o un escorrentía que ha barniz o
reintegración es disolvente. objetivo es
barniz original. arrastrado la pintura. gomalaca. El
gomalaca. identificar la
objetivo es
solubilidad del
identificar su
aglutinante de
solubilidad.
esta pintura.
Tras la prueba de
No se disuelve, no
solubilidad se
hay cambio
Actúa con la Solo elimina la revisa la superficie
tampoco al
Agua No actúa. suciedad superficial, suciedad superficial, No actúa. con luz UV. Se ha
observarlo con luz
no el color. no el color. eliminado el
UV tras la prueba
negro, por lo que
de solubilidad.
sí se disuelve.
Tras la prueba de
Sí se disuelve.
solubilidad se
Salvo una muestra, Después de
revisa la superficie
Levemente más solo elimina la Sí disuelve la realizar la prueba
Alcohol No actúa. con luz UV y no se
eficaz. suciedad superficial, sustancia roja. de solubilidad
observan
no el color. disminuye el brillo
cambios: el negro
que emite en UV.
permanece.
Tras la prueba de
solubilidad se
examina la
Sí se disuelve.
superficie con luz
Salvo una muestra, Después de
UV. No se elimina
solo quita la Sí disuelve la Se elimina realizar la prueba
Acetona Actúa. el negro de la
suciedad superficial, sustancia roja. ligeramente. de solubilidad
policromía, pero el
no el color. disminuye el brillo
algodón de la
que emite en UV.
prueba sí se
mancha
ligeramente.
Este análisis no es
203
concluyente porque
existen varias
La pintura de
razones por las que
La gomalaca solo se reintegración va al
no se disuelve el
disuelve en alcohol. agua, podría ser
aglutinante con La gomalaca solo se No parece
No podemos una acuarela, por
ninguno de los tres disuelve en alcohol. gomalaca porque
asegurar que sea ejemplo. También
disolventes, la más En este caso se ha se disuelve en
Comentario gomalaca porque se No es concluyente. evidencia que no
probable es que se retirado con alcohol alcohol y acetona.
disuelve tanto en está protegida con
haya sentado el y acetona. Parece Es más probable
alcohol como en un barniz porque,
color con algún un barniz. que sea un barniz.
acetona. Por ello de ser así, no se
derivado del PVA
parece un barniz. retiraría con el
(como se hizo en el
agua.
ataúd de Ruru), que
es insoluble a estos
tres disolventes.
Por otra parte, con la fotomicrografía se obtienen las imágenes a través de una
cámara acoplada a una lupa o microscopio. En nuestro caso, se trataba de una cámara
digital marca Lumenera® modelo Infinity 1, con la que se han adquirido imágenes a una
gran resolución y que incorporaba la posibilidad de escalar las muestras. Una vez
adquiridas las imágenes, estas han sido tratadas con el programa Helicon Focus®, que
permite acoplar las imágenes con distinto plano de enfoque, para conseguir que la
imagen final esté completamente enfocada. El resultado es mejor cuantas más
fotografías hayan recogido los distintos planos de enfoque.
204
Pairusejer, se reconocen las hifas de los hongos que degradan la madera (Fig. 99), así
como un exoesqueleto de un insecto xilófago (Fig. 100). No solo los agentes de deterioro;
incluso se reconocen los daños provocados por ellos, como pueden ser rupturas, orificios
o túneles.
Se han empleado dos microscopios para el estudio de las muestras, una lupa
binocular Zeiss del Servicio de Conservación, Restauración y Estudios Científicos del
Patrimonio Arqueológico (SECYR) y un microscopio compuesto LEITZ DMR de Leica del
Laboratorio Docente de Prehistoria y Arqueología, ambos pertenecientes a la Universidad
Autónoma de Madrid. Se ha comenzado por el equipo de menos aumentos (X35) y se ha
seguido por el de más aumentos (x500). En ambos fue acoplada la cámara para realizar
las fotomicrografías.
205
Las muestras no requieren ninguna preparación especial para ser examinadas
con lupa binocular; basta con encontrar un soporte adecuado que permita que la
superficie esté lo más recta posible, de manera que la veamos completamente enfocada.
Si no fuera así, deberíamos modificar el enfoque a medida que nos centramos en una
zona distinta de la superficie. En el caso del microscopio óptico, al proporcionar un mayor
acercamiento, tiene menor profundidad de campo, lo que significa que el plano enfocado
es más pequeño. Así pues, cuanto más plana sea la muestra a estudiar, más grande será
el área enfocada y más sencilla su observación. En el caso de muestras irregulares o
demasiado grandes es habitual prepararlas para poder examinarlas en el microscopio.
206
3.3.5. Fluorescencia con radiación Ultravioleta (UV)
En el caso de los ataúdes de Bab el-Gasus, solo fue posible realizar este examen
sobre los ataúdes de Pairusejer y Ruru, que pudieron ser introducidos en un cuarto
oscuro del taller. Sin embargo, las pruebas realizadas en los expuestos en vitrinas no
dieron ningún resultado, no se apreciaba ninguna fluorescencia, primero porque no fue
posible apagar la luz visible de la sala, y segundo, porque la vitrina parecía filtrar la
radiación ultravioleta.
207
Fig. 101. La tapa del ataúd de Pairusejer con las dos
lámparas de radiación ultravioleta para realizar las
fotografías.
Los dos focos principales tenían un pie de altura regulable, y también había dos
lámparas UV de mano utilizadas de manera puntual cuando era necesario. Las
fotografías se realizaron con la misma cámara, Canon D1100 y el objetivo de 18-55 mm,
adaptando los parámetros entre f/3.5-5.6 y velocidad entre 1/15 -1/3 segundos, ISO
3200, según las necesidades de cada momento.
453 Pueden ser resinas biterpénicas como la colofonia, o triterpénicas como la almáciga o la
dammar.
208
elaborados por la misma resina; en el antiguo Egipto se empleaba resina del género
Pistacia, si bien no se puede llegar a concretar la especie o mezcla de especies454. En la
actualidad se usa la resina de almáciga, que proviene de la Pistacia lentiscus L. para
preparar barnices. Así, ambas resinas del género Pistacia emitirán una fluorescencia
amarillenta muy similar, ¿cómo diferenciarlas? La respuesta lógica sería atendiendo al
área que están cubriendo: si cubren una zona de restauración, lógicamente debe ser un
barniz moderno. Sin embargo, una policromía antigua puede estar cubierta tanto por un
barniz egipcio como moderno y, lamentablemente, en nuestro caso los contornos del
barniz no coinciden siempre con los de la policromía restaurada, encontrando manchas
esparcidas quizá accidentalmente que han goteado, como muestra la siguiente imagen
del lateral derecho de la tapa de Pairusejer (Fig. 102).
Fig. 102. Detalle del costado derecho del ataúd de Pairusejer en el que destacan al menos tres
fluorescencias diferentes que evidencian la dificultad que conlleva este tipo de examen cuando la
pieza ha sido muy intervenida. La fluorescencia amarilla que cubre de forma irregular la superficie
responde a un barniz (flecha amarilla); las manchas negras a la derecha de la imagen provienen
de reintegraciones recientes (flecha blanca) y la reflexión negra de forma rectangular en el centro
de la imagen en la zona más alta de la tapa es un antiguo testigo de limpieza (flecha roja).
209
en una de sus restauraciones se llevó a cabo la limpieza de un barniz antiguo,
seguramente porque no presentara un estado de conservación aceptable conforme a los
principios de la época456. La certeza de que hubo un barniz del que apenas quedan
restos, nos lleva a explorar la fluorescencia con sumo cuidado, tratando de diferenciarlo
del posible barniz moderno.
456 Para comprobar el estado de este barniz antiguo, podemos acudir a otros museos que
exhiben ataúdes de Bab el-Gasus, que no han sido intervenidos, como por ejemplo el ataúd
de Nes-Pauti-Taui (ÄS 6262, ÄS 6263) expuesto en el Kunsthistorisches Museum de Viena.
457 Griffiths, 1937:706.
458 Para la correcta preparación de estos productos se ha seguido a Pedrola, 2004 y Huertas,
2010.
210
Fig. 104. Preparación de la resina Dammar refinada
en alcohol y White Spirit.
Fig. 106. Ejemplo de las pruebas de pintura al temple en columnas verticales sobre un soporte de
carbonato cálcico, a la izquierda aglutinadas con goma arábiga (señaladas con una raya verde), y
a la derecha con cola de conejo (señaladas con una raya azul). En horizontal se han aplicado
bandas de resina: de arriba a abajo, 1º resina de almáciga, 2º sin cubrir, 3º goma laca y 4º
almáciga en alcohol. La fotografía izquierda está iluminada con luz natural y la derecha con
ultravioleta, y en ella destaca principalmente la goma laca en color naranja (salvo sobre el verde
que se ve amarillo).
211
Fig. 107. Ampliación de la imagen anterior, en la
que la almáciga brilla en amarillo.
Fig. 108. Pruebas de fluorescencia de goma laca, con un brillo naranja característico bajo la luz
UV.
Fig. 109. Pruebas realizadas con distintos adhesivos para comparar su respuesta ante la luz
ultravioleta.
212
El lateral izquierdo de la tapa externa del ataúd de Pairusejer muestra varias
reflexiones que luego analizaremos en profundidad (Fig. 110): en general se diferencia la
superficie amarilla que refleja la policromía original pero sin el barniz antiguo; la reflexión
naranja que responde a la goma laca; y en detalle apreciamos áreas muy negras, es
decir, que no emiten fluorescencia, y corresponderían a los repintes modernos,
especialmente del fondo.
Fig. 110. Lateral izquierdo de la tapa del ataúd de Pairusejer en el que se distinguen dos grandes
áreas que reflejan en amarillo y naranja, correspondiendo a la policromía original y al área
reintegrada respectivamente.
213
Fig. 111. Vista de la tapa de Ruru desde el lateral izquierdo; se observa una fluorescencia clara de
la cera microcristalina, y la oscura de la pintura marrón.
214
Identificación del Localización en los dos ataúdes Interpretación
color con luz UV
Amarillo intenso, - Pairusejer: tapa y caja. Se Barniz original que con luz visible se
oscuro distingue claramente en los ve rojo. En la superficie externa de la
testigos y en la superficie externa caja, parecen restos de una limpieza
de la caja. poco homogénea: más intensa en las
zonas del fondo, donde han eliminado
el barniz, y más fina sobre la
vestimenta oscura de las figuras
(verde y azul), o con un vestido
decorado con punteados.
Marrón muy oscuro - Ruru: tapa. Muy extendida en Pintura marrón aplicada sobre el fondo
casi negro todas las zonas en las que ha para disimular las lagunas, en la
perdido la película pictórica y se restauración de 1983-86.
llega a identificar la superficie de
la madera por debajo.
Verde muy oscuro, - Ruru: tapa. Es el color que se Posible verde original.
casi negro identifica en las líneas del dibujo.
Fibras blancas - Pairusejer: tapa, caja y cubierta Algodón, resto de una limpieza
brillantes interna. anterior.
215
Identificación del Localización en los dos ataúdes Interpretación
color con luz UV
Tabla 3: Identificación de los colores vistos con luz ultravioleta en los ataúdes de Pairusejer y
Ruru.
216
3.3.6. Reflectografía Infrarroja (IR)
De ahí que esta técnica se haya empleado principalmente para distinguir posibles
dibujos preparatorios o subyacentes (arrepentimientos) y para identificar firmas
escondidas tras barnices envejecidos, especialmente en pintura de los siglos XV y XVI,
ya que la pintura de este período cumple los requisitos óptimos de este método de
examen460.
217
Nuestro objetivo al estudiar los ataúdes con reflectografía infrarroja era triple: en
primer lugar queríamos identificar el dibujo preparatorio en las superficies originales
(tanto en el ataúd de Ruru como el de Pairusejer). En segundo lugar y concretamente en
el ataúd de Pairusejer, comprobar qué se veía por debajo de las áreas restauradas, quizá
restos de policromía original. En tercer lugar, identificar áreas restauradas por la diferente
absorción de la policromía y posibles pigmentos empleados en la restauración:
podríamos hallar reintegraciones realizadas con azul cobalto, que destaca por ser
incoloro en el infrarrojo, al contrario que el resto de azules461.
461 Ibidem.
218
Fig. 114. A la izquierda imagen con luz visible y a la derecha con infrarrojo. En esta última destaca
la diferente absorción del infrarrojo que manifiesta el empleo de pigmentos distintos en los brazos
de esta figura, a pesar de que con luz visible tal diferencia sea inapreciable.
Fig. 115. A la izquierda la imagen con luz visible y a la derecha en infrarrojo, en la que destaca la
diferente reflexión de las líneas del contorno a derecha e izquierda de la figura.
219
Es preciso aclarar que, a pesar de haber registrado esta información interesante
con respecto a las restauraciones, y servir para confirmar datos ya identificados con el
examen visual u otras técnicas, la reflectografía IR es la menos apropiada para el
examen de los ataúdes del Museo Arqueológico Nacional de Bab el-Gasus, tal y como se
conservan en la actualidad, debido a que la policromía egipcia y la empleada en las
reintegraciones, no permiten identificar dibujos preparatorios o subyacentes. No obstante,
si estos ataúdes conservaran su barniz original oxidado y ennegrecido sobre la película
pictórica, la reflectografía sí hubiera ayudado a examinar mejor las figuras y los
jeroglíficos.
220
3.3.7. Visible-induced luminiscence (IR) imaging (VIL)
Fig. 116. A la izquierda muestra de policromía desprendida del ataúd de Pairusejer en la que se
aprecia a simple vista una capa de protección muy densa (probablemente compuesta por cera
microcristalina, un compuesto muy utilizado en los tratamientos de restauración) en la que se
distinguen además fibras de algodón, provenientes de un tratamiento de limpieza anterior. A la
derecha vemos la imagen de VIL, en la que el color blanco corresponde a la fluorescencia del azul
egipcio.
221
Esta técnica se apoya en la propiedad del compuesto del azul egipcio
CaOCuO(SiO2)4 conocido como cuprorivaita, para emitir fluorescencia en el rango del
infrarrojo463 , cuando es iluminado con una luz led. El ojo humano no es capaz de ver la
radiación infrarroja y por tanto no apreciamos esa fluorescencia a menos que contemos
con una cámara de fotos modificada para recoger esta información. Para ello se puede
emplear una cámara de fotos réflex estándar, en este caso una Nikon D200, de la que se
ha retirado el filtro de paso bajo situado en el cuerpo de la cámara, de manera que ésta
ya detecta la señal infrarroja. A continuación se monta un nuevo filtro que bloquea la luz
visible y la ultravioleta, para captar únicamente la señal infrarroja, en nuestro caso entre
720 y 1100 nm.
463 Accorsi, Verri, Bolognesi, Armaroli, Clementi y Romani, 2009; Verri, 2009.
222
Fig. 117.: De arriba a abajo: la
imagen en rango visible del ataúd
de Pairusejer, en el medio la imagen
tomada por la cámara adaptada a la
captura de infrarrojos y abajo la
imagen modificada en Photoshop®.
En las dos últimas destacan
claramente las reintegraciones en el
lateral derecho de la peluca, en las
zonas en que las bandas azules en
el visible no emiten la fluorescencia
característica de azul egipcio en el
infrarrojo.
Datos de toma de la imagen: tras realizar varias pruebas, los parámetros más
adecuados para fotografiar los ataúdes fueron el número f: 8 y la velocidad 10 segundos
para Pairusejer (MAN 18253). En el caso de Ruru (MAN 18254) fue necesario aumentar
el tiempo a 15 segundos porque al ser más grande, la cámara se colocaba más lejos y
requería más tiempo para captar bien la señal.
223
3.3.8. Fluorescencia de Rayos X (FRX)
Esta técnica analítica fue empleada para una primera identificación de los
elementos gracias a que el equipo estaba accesible en el Museo Arqueológico Nacional.
Además se trata de una técnica muy apropiada para el análisis de los bienes
arqueológicos por dos motivos fundamentales: el equipo es portátil y, por tanto, las
medidas se pueden realizar in situ, y es una técnica no invasiva y no destructiva 464. Así
pues, se pueden tomar todas las medidas que se consideren necesarias sin modificar los
materiales (Fig. 118).
Los análisis fueron realizados por la Dra. Carolina Gutiérrez Neira, supervisora del
equipo de Fluorescencia de Rayos X Innov X tube-based Alpha Series (Fig. 119) del
Museo Arqueológico Nacional. El haz fotónico primario se produce con un tubo de rayos
X con ánodo de plata. La fuente está equipada con un filtro de aluminio de 2 mm que
elimina las interferencias de la radiación del tubo y mejora la relación señal-ruido. La
fuente de rayos X trabaja con un potencial máximo de 8W y ha sido utilizada en
condiciones normales de voltaje (35 kV) y corriente (2 µA). Los rayos X característicos
emitidos por las muestras han sido recolectados con un detector de diodo Si-PiN con un
enfriador Peltier (230 eV FWHM). El área del haz circular tiene un diámetro de 15 mm,
por tanto los análisis no son puntuales sino globales; de un área.
Fig. 118 y 119: A la izquierda, ejemplo de los medidas tomadas con el equipo de Fluorescencia de
Rayos X en la tapa del ataúd de Pairusejer (MAN 18253) para comparar las composiciones en las
distintas áreas. A la derecha, Carolina Gutiérrez midiendo la mejilla derecha del ataúd de
Pairusejer con la pistola del equipo de FRX.
224
El resultado de los análisis465 es un espectro cuyos picos corresponden a los
elementos del área analizada y su altura refleja la proporción de cada elemento. El rango
de detección de este equipo concreto comienza en el calcio, lo que implica que los
elementos menos pesados, como el carbono, el sodio o el oxígeno, importantes en la
composición de los pigmentos y en los productos de deterioro, no pueden ser
identificados. Resulta importante recordar que los rayos X penetran del orden de los mm
en la pieza, y el área analizada es de unos 15 mm de diámetro, por lo que la medida no
corresponde a un determinado pigmento, sino a un área y a la suma de todas las capas
presentes en ese área. En el caso del ataúd, desde la madera hasta el barniz. Siendo
orgánica la composición de la madera y el barniz, éstas no quedarán reflejadas en el
espectro, pero sí los compuestos que forman las capas de preparación y la película
pictórica. Por ello, para entender bien los espectros, conviene relacionarlos entre sí y
comprobar cómo sube o baja la señal de los elementos en los diferentes colores: el hierro
siempre sube en las áreas rojas y ocres, mientras el cobre sube en los azules y verdes.
Asimismo se puede confirmar la distinta composición entre las áreas originales y las
restauradas, ya diferenciadas a simple vista y con las técnicas de examen antes
mencionadas.
465 Para un mayor detalle del funcionamiento de la técnica, véase Gómez, 2008:245.
225
ha detectado plomo asociado a ninguna capa. Únicamente y de forma muy puntual se
han localizado pequeñas partículas sueltas que no son representativas.
Tanto el azul (Fig. 120) como el verde (Fig. 121) original tienen una gran cantidad
de cobre y arsénico; mientras que el ocre amarillo tiene mucho hierro y arsénico (Fig.
122). Todas recogen la señal del hierro y el arsénico porque estaban presentes en el
fondo amarillo del ataúd, y el hierro forma parte del rojo con el que se dibujaron los
contornos.
Fig. 120. Pairusejer: Espectros de comparación entre el pigmento azul de la policromía original y
la restauración.
226
Fig. 121. Pairusejer: Espectros de comparación entre el pigmento verde de la policromía original y
la restauración.
Fig. 122. Pairusejer: Espectros de comparación entre el pigmento amarillo de la policromía original
y la restauración.
227
La diferencia principal entre el examen de Pairusejer y el de Ruru es que en éste
no se observan diferencias importantes entre las zonas originales y las intervenidas. El
equipo no recoge la señal de bario y cinc asociados al lithopon (BaSO4*ZnS), que era lo
más representativo de las zonas restauradas en los años 50 en la tapa de Pairusejer. La
razón por la que estos materiales no aparecen en la tapa de Ruru es muy sencilla: no
quedan restos de los repintes de los años 50 porque fueron eliminados en la restauración
de 1983 a 1986. Las reintegraciones realizadas en esta última intervención sobre la
policromía tienen otra composición que el equipo de FRX ha recogido en algunos casos,
como la presencia de cromo en el verde de reintegración (Fig. 123), aunque en otras no:
como es la reintegración de una pequeña laguna azul en la representación de Ḫprr466
(Fig. 124). Igualmente se muestran dos mediciones hechas sobre rojo (Fig. 125) y sobre
amarillo (Fig. 126), en todos los casos originales.
Fig. 123. Ruru: Espectros de comparación entre dos medidas de verdes. Se diferencian en que la
zona reintegrada, representada con la línea negra, tiene cromo.
466 Wb III:267,4.
228
Reintegrado Ḫprr
Original Ḫprr
Fig. 124. Espectros de comparación entre dos azules, uno original y otro reintegrado, en los que el
equipo no identifica diferencias. Se sabe que no son iguales por la documentación fotográfica y
por la técnica VIL.
229
Fig. 126. Dos medidas de amarillo original, en las que no se recoge el plomo.
230
3.3.9. Microscopía Electrónica de Barrido con Espectroscopía de
Energía Dispersiva de Rayos X (MEB-EDX)
231
Es importante señalar que, en nuestro caso, las muestras de los ataúdes
procedían en gran medida de pequeños fragmentos sueltos, ya desprendidos
previamente de la superficie, por lo que, salvo excepciones, no fue necesario tomar
micro-muestras. Por otra parte, las condiciones ideales para realizar estos análisis sobre
pintura incluyen la preparación de la muestra, que consiste en embutir un fragmento de la
misma en resina, metalizarla con oro o grafito, permitiendo que transmita la corriente de
electrones para su correcto estudio, en condiciones de alto vacío. Como ya se ha
explicado en el apartado del microscopio óptico, embutimos y analizamos de esta
manera las cuatro primeras muestras. Sin embargo, pronto planteamos modificar el
procedimiento habitual con el fin de evitar la destrucción de la muestra: sin cortarla,
embutirla, ni metalizarla, primando así su conservación. A nivel práctico esto requirió una
mayor habilidad a la hora de posicionarla en el portamuestras, y conllevó que el análisis
se realizara en condiciones menos favorables para la adquisición de datos: en
condiciones de bajo vacío el haz de electrones se dispersaba ligeramente al llegar al
área analizada y, por tanto, la precisión de los datos es menor porque incluye el área
circundante. De igual manera, estas condiciones eran menos apropiadas para el análisis
de electrones secundarios que ofrece una imagen topográfica, aunque ello no supuso
una gran pérdida de información, dado que el mayor interés provenía de los electrones
retrodispersados, con la imagen de los pesos moleculares, que sí se analizó
correctamente en bajo vacío. Así pues, prácticamente todos las analíticas se realizaron
de manera no destructiva.
Esta técnica permite analizar compuestos inorgánicos, por lo que en nuestro caso
fue empleada para identificar la composición elemental de los morteros, estucados y
pigmentos (no pudiendo analizar los barnices). De hecho, la presencia de barniz
complicaba el análisis de los pigmentos que estaba cubriendo, ya que la capa gruesa no
permitía pasar la señal de forma clara. En estos casos, y si no había opción de cambiar
la orientación de la muestra para acceder a la superficie deseada, era imprescindible
realizar numerosas medidas para poder compararlas y establecer similitudes y
diferencias; así como buscar qué elementos estaban más presentes en determinados
colores, relacionando la altura de los picos de cada espectro entre sí.
232
Los resultados obtenidos de los análisis corroboraron la información elemental del
equipo de fluorescencia de rayos X, permitiendo además asignar a cada capa los
elementos que la formaban, gracias a que se observaba y analizaba la estratigrafía. Sin
duda esto arrojaba nueva luz sobre los datos. Se confirmó la composición de pigmentos
originales como el azul egipcio (a través de los picos de calcio, silicio y cobre en la
proporción adecuada), o el oropimente (gracias a la presencia de azufre y arsénico). Se
diferenció entre la capa de preparación original, a base de carbonato cálcico, y la capa de
preparación del repinte, compuesta por carbonato cálcico y magnesio. Y, por otra parte,
los elementos identificados mediante FRX en las zonas correspondientes a la
restauración, Ba y Zn, se encontraron en las capas superiores de la estratigrafía, por
encima de la policromía original (Fig. 127).
233
Fig. 127. Imagen superior izquierda,
fotomicrografía realizada con lupa binocular de
una muestra del ataúd de Pairusejer formada por
dos capas pictóricas: la original egipcia abajo y
la restauración encima. Lo más evidente es la
diferencia de color de los estucados y las
policromías.
Imagen inferior izquierda MEB-EDX de
electrones retrodispersados que muestra a
mayor aumento la estratigrafía. Se distinguen
perfectamente las granulometrías y los pesos
moleculares: siendo lo más ligero y, por tanto,
más oscuro, la capa central correspondiente al
barniz original y, lo más claro, las partículas de
pigmento de Ba y Zn de la restauración.
Las diferencias visuales se contrastan con la
información analítica elemental que se puede
comprobar en los recuadros de colores a la
derecha. Destaca la distinta composición entre
los estucados y los pigmentos, a través de la
presencia y altura de los picos.
234
3.3.10. Espectroscopía Raman
Los análisis de las muestras de ataúd fueron realizados por la Dra. Sagrario
Martínez Ramírez con el equipo del Instituto de Estructura de la Materia del Centro
Superior de Investigaciones Científicas. Se trata de un Microscopio Raman Confocal
Renishaw Invia equipado con un microscopio Leica y una cámara CCD refrigerada
eléctricamente. Las líneas de excitación eran generadas por un láser de diodo (785 nm) y
un láser Nd:YAG (532 nm) Renishaw. Al ser un micro-Raman de mesa no se pudieron
tomar las medidas directamente de la superficie del ataúd, sino de las muestras
previamente analizadas en SEM.
235
las medidas en este equipo con doble fuente, ya que permitía probar con ambos láseres
sin necesidad de mover la muestra.
Al igual que ocurría con el SEM, el barniz superficial no permitió identificar los
pigmentos rojo y verde característicos de la restauración del ataúd de Pairusejer, ni
siquiera buscando pequeños resquicios sin barnizar, ya que la fluorescencia de la zona
era demasiado fuerte.
Oropimente
Fig. 128. Espectro Raman del oropimente hallado en una muestra del ataúd de Pairusejer
correspondiente a su policromía original.
236
3.3.11. Espectroscopía Infrarroja con Transformada de Fourier
(FTIR) con Reflexión Total Atenuada (ATR)
Los datos obtenidos por las dos profesoras se han sumado a los recogidos
con anterioridad, corroborando en todos los casos la información sobre la
composición de las capas de preparación, los pigmentos egipcios y la presencia
de Ba y Zn en los repintes de 1950. Por otro lado, la preparación que realizaron
de las muestras (embutidas, lijadas y pulidas) permite ver de manera más precisa
la finísima película pictórica de estos repintes y, gracias a su microscopio óptico
con luz ultravioleta 474, las fotomicrografías recogen con gran detalle los límites, el
color y el brillo característicos de las capas, especialmente las de naturaleza
orgánica (Figs. 129 y 130). Las imágenes se han contrastado con los resultados
de SEM- EDX (Fig. 131) y con los de FTIR-ATR (Figs. 132 a 145), ofreciendo
datos muy relevantes: corroborando la presencia de resina de almáciga como
barniz egipcio, y diferenciándolo de las sustancias modernas aplicadas en las
restauraciones: PVA, cola de conejo, nylon soluble. Precisamente, sin estas
técnicas el nylon soluble hubiera permanecido desconocido, y gracias a ellas se
ha comprobado que se aplicó sobre la capa de preparación del repinte y por
debajo de la pintura. Lamentablemente no fue posible determinar el tipo de
237
aglutinante utilizado en esta pintura, ni el barniz actual, que por su color blanco
bajo luz ultravioleta parece sintético, quizá un Paraloid o una cera microcristalina
(como la descrita en el ataúd de Ruru).
7
6
5
4
3 2
Figs. 129. Microfotografías de una muestra del repinte de Pairusejer, en la que se identifica la
superposición de capas: de abajo a arriba, la capa de preparación (1), la policromía (2) y el barniz
egipcios (3), cubiertos por los estratos del repinte: una nueva preparación más blanca (4), una
capa orgánica (5), seguida de la policromía (6) y de un nuevo un barniz (7). A la izquierda, vista
con luz visible, en la que destaca la diferencia entre los colores y granulometrías de las
preparaciones. A la derecha, con luz ultravioleta, se reconoce el color amarillo y brillo intenso del
barniz de almáciga original (flecha roja), de la película orgánica de la restauración identificada por
FTIR-ATR con una poliamida o nylon soluble (flecha verde), y la última capa de barnizado actual
que, a juzgar por su brillo blanco, seguramente sea sintético (flecha blanca). Escala: 100 micras.
Fig. 130. Fotomicrografía a mayor aumento (escala 50 micras), en la zona inferior se distingue la
policromía amarilla egipcia (1) seguida del barniz original (2). En el centro de la imagen se ve una
capa de preparación muy blanca (3) cubierta por una película que parece transparente (4) (flecha
verde), y por encima la pintura que forma el repinte, en verde y rojo (5).
238
Fig. 131. A la derecha, imagen de electrones retrodispersados de la muestra repintada de la
peluca de Pairusejer. Abajo, el análisis EDX de una pequeña área de la última capa (señalada en
rojo) que ha dado como resultado azufre, bario y cinc.
239
El estudio mediante MO se ha llevado a cabo con un microscopio óptico Olympus
BX51, provisto de luz reflejada (epi-iluminación) y polarizada y con iluminación UV
(con lámpara de Wood). El estudio mediante SEM se ha realizado en un
microscopio electrónico de barrido marca Jeol JSM 6400 con 20 kV de voltaje de
aceleración. Tiene una resolución de 35 Å a una distancia de trabajo de 8 mm y a
35 kV. En todos los casos las muestras han sido estudiadas mediante electrones
retrodispersados (BSE). Este estudio se ha realizado en el CNME (Centro Nacional
de Microscopía Electrónica) de la Universidad Complutense de Madrid.
240
También se detectan otras bandas que se pueden atribuir a este polímeros y que
aparecen a ca. 944 cm-1 y ca 794cm-1.
241
además los espectros obtenidos (Figs. 137 y 138) tienen una buena coincidencia
con el espectro de referencia de una sustancia de naturaleza protéica (gelatina)
(Fig. 139).
Las bandas identificadas han sido una banda muy ancha que corresponde a la
vibración de tensión del grupo N-H (νN-H: ca. 3300cm-1), las bandas de tensión del
grupo C-H (νC-H: ca. 3070, 2943 y 2880cm-1), la banda de tensión del grupo
carbonilo (νC=O: 1670cm-1) y de flexión del grupo C-N-H (δC-N-H: 1533cm-1);
también se han identificado las bandas de flexión del grupo C-H (δC-H: 1445 y
1402cm-1).
242
Fig. 139. Espectro FTIR-ATR de la muestra referenciada como RUR-187 y espectro de
referencia de la cola de conejo.
243
La muestra PAI-54 (Fig. 141) corresponde a una muestra de adhesivo tomada de la
zona de unión de la cubierta interior. El espectro obtenido se muestra en la figura X
y corresponde a un poliacetato de vinilo. Las bandas identificadas han sido:
vibración de los grupos metilo (-CH3) y metileno (-CH2-): aparecen a: ca. 2927 y
2857cm-1 (νas y νs -C-H) y a ca. 1432 y ca. 1399cm-1 (δas y δas -C-H). Respecto
al grupo éster [-C-O-C(O)-], se identifica claramente la banda del grupo carbonilo
(ν-C=O) a ca. 1730cm-1, e igualmente resultan evidentes las otras bandas del grupo
éster que aparecen a ca. 1228, ca. 1095 y ca. 1018cm-1 que se asignan a la unión
(ν-C-O-). También se detectan otras bandas que se pueden atribuir a este
polímeros y que aparecen a ca. 943 cm-1 y ca. 785cm-1.
244
Fig. 142. Espectro FTIR-ATR de la muestra referenciada como PAI-19.
Lo primero que hay que indicar es que la resina mastic o almáciga es una resina de
origen natural de tipo triterpénico; dentro de este mismo tipo de resinas naturales también
se encuentra la resina dammar. Los espectros FTIR de las resinas naturales se
caracterizan por presentar bandas asociadas a la presencia de los grupos: OH, CH (CH3,
CH2), C=O, C=C. Sin embargo, los valores de frecuencia o número de onda a las que
éstas aparecen tienen ciertas diferencias que dependen del tipo de resina. La diferencia
más significativa la encontramos entre las resinas diterpénicas (colofonia, sandaraca y
copal) y triterpénicas (dammar y mastic).
En las diterpénicas el número de onda (cm-1) al que aparecen las bandas indicadas es
bastante parecido. Así, para la colofonia es de: 1697cm-1 (νC=O) y 1610-1615cm-1
(νC=C); para la sandaraca: 1694 cm-1 (νC=O) y 1643cm-1 (νC=C) y para el copal: 1694
cm-1 (νC=O) y 1643cm-1 (νC=C).
Asimismo, en el caso de las diterpénicas estas bandas aparecen, con respecto a los
anteriores, a valores ligeramente diferentes de número de onda; siendo para la resina
245
dammar: 1717cm-1 (νC=O) y 1650cm-1 (νC=C) y para la mástic a 1713cm-1 (νC=O) y
1647cm-1 (νC=C).
Volviendo a los resultados obtenidos, si nos fijamos en los espectros de las figuras 142 y
143, se identifican bandas correspondientes a los grupos -OH (νO-H ancha: 3.400cm-1) y
grupos -CH3 y -CH2 (νC-H: ca. 2937 y ca. 2875 cm-1; δC-H: ca. 1450 y ca. 1377cm-1). En
relación a las bandas asociadas a la vibración de tensión del grupo carbonilo (νC=O),
ésta aparece a ca. 1704 cm-1 y, además, es muy ancha, por lo que no es posible detectar
las banda asociada al doble enlace C=C. Esto es indicativo de que la resina ha
experimentado un acusado proceso de oxidación. Por otra parte, este valor de número de
onda apunta a que se trata de una resina diterpénica. Además, la comparación de los
espectros de estas muestras con el de referencia de la resina mastic (Fig. 144) permite
observar una buena coincidencia entre ambos, si bien se observan algunas diferencias
en la zona de la huella dactilar y en la forma de la banda de tensión del grupo carbonilo
(C=O). Las variaciones indicadas tienen relación con los procesos de oxidación que ha
experimentado la resina.
Fig. 144. Espectro FTIR-ATR de la muestra referenciada como PAI-19 y del espectro de
referencia de la resina almáciga.
La muestra referenciada como PAI-7 es una muestra de pintura tomada del lateral
izquierdo. Ha sido sometida a diferentes análisis y uno de ellos ha sido efectuado sobre
el recubrimiento orgánico que aparece sobre la segunda capa blanca de la muestra (la
que corresponde al repinte). Los resultados obtenidos indican que se trata de una
sustancia de origen sintético. En la figura XIV, se observa que en el espectro FTIR-ATR
existen bandas que son características de una poliamida. Estas bandas son νN-H: ca.
3.299cm-1, sobretono del grupo Amida II: ca. 3.083 cm-1, νC=O: ca. 1.632cm-1 (grupo
Amida I), δNH y νC-N: ca. 1.533cm-1 (grupo Amida II), δC-H: ca. 1.456, ca. 1.439, ca.
1.418 y ca. 1.370cm-1, νC-N y δN-H: ca. 1266cm-1 (grupo Amida III), δC-H: 1.195 y 1.172
cm-1, δN-H: 723cm-1 (grupo Amida V) y δ[(-C(O)-N-H]: 681cm-1 (grupo Amida V).
Pero, además de las bandas indicadas, existe una banda de tensión que corresponde a
un grupo carbonilo (C=O) y que no está asociada al grupo amida (νC=O: 1.724cm-1).
Asimismo se aprecia una banda muy ancha y poco definida entre 3.500 y 3.400 cm-1.
246
Lo indicado en el párrafo anterior y la comparación del espectro de la muestra PAI-7 (Fig.
145) con el espectro de referencia de un poliamida (Fig. 146), confirma que el
recubrimiento analizado es una poliamida modificada con algún polímero o copolímero
que posiblemente aporte grupos carboxilos.”
Fig. 146. Espectro FTIR-ATR de la muestra referenciada como PAI-7 y del espectro de
referencia de la resina almáciga.
Del mismo modo, de la muestra PAI-3, desprendida del área de la peluca de Pairusejer,
que muestra una estratigrafía original cubierta por un repinte, se ha podido analizar la
capa de barniz original (ubicada sobre la policromía egipcia y bajo la capa de preparación
de la restauración, identificándose de nuevo la resina de almáciga (Fig. 147).
Fig. 147. Espectro FTIR-ATR de la muestra referenciada como PAI-3 y del espectro de
referencia de la resina almáciga
247
248
4. Diagnóstico del estado de conservación
Los dos ataúdes que se han podido estudiar en profundidad en esta tesis son,
como se ha apuntado anteriormente, el ataúd interno del sacerdote Pairusejer y el ataúd
externo de la dama Ruru. Tal y como se ha analizado en el segundo capítulo “Historia de
los ataúdes egipcios de Bab el-Gasus del MAN”, ambos ataúdes estaban considerados
un conjunto compuesto por un ataúd externo enlucido de blanco, que sería el de Ruru
(MAN 18254) y uno interno, que sería el de Pairusejer (MAN 18253). La documentación
distingue este último del resto al ser el único calificado como “interesante”:
"Nº 29694. B15. A. 4. Gran sarcófago de Paaruskher sacerdote de Maut y director de los
metalurgistas del templo de Maut. La tapa exterior está aparejada (barbouillé) de blanco.
El sarcófago interior es interesante."475
249
separados: el ataúd interno de Pairusejer, el primero que se estudia a continuación, se
registró con el número 18253, y el externo de Ruru, con el número 18254.
Cabe destacar que ninguna de las dos piezas está identificada con el número de
inventario escrito en ellas, como es habitual en todas las piezas de museo. Sin embargo
sí se encuentra un número en ambos ataúdes: un 4 escrito en rojo a los pies del ataúd de
Pairusejer y un 5 escrito en azul a los pies de Ruru. Se desconoce a qué numeración
corresponde, aunque se sospecha que puede ser del momento del reparto de los
ataúdes para cada lote en El Cairo, porque de los cinco ataúdes que componían el lote
se conservan tres números consecutivos: el ataúd anónimo (MAN 18255) tiene un 3 y los
dos restantes han perdido esta indicación numérica en la restauración.
250
colección egipcia en el Museo Arqueológico. Mientras el ataúd de Pairusejer ha sido
siempre una pieza fundamental del mismo y ha formado parte de todas las exposiciones
hasta el año 2008, el de Ruru solo fue expuesto en los primeros años tras su llegada al
Museo hasta 1936, como muestra la imagen de la exposición anterior a la guerra (Fig.
148). A partir de ese momento, el único ataúd externo de la colección egipcia ha estado
guardado en los almacenes del MAN. A pesar de esto, en ambos se ha documentado el
mismo número de intervenciones, incluso un tratamiento de conservación preventiva en
el ataúd de Ruru durante los últimos trabajos de remodelación del Museo (2008-2013),
que no se realizó en el de Pairusejer.
Fig. 148. Sala II del Museo Arqueológico Nacional, con la exposición de la Antigüedades egipcias
y orientales. El ataúd en primer plano y en el centro de la imagen es el de la dama Ruru (MAN
18254). Museo Arqueológico Nacional II. Tarjeta postal Fototipia de Hauser y Menet. Madrid, ca.
1905. BNE, 17/TP/37.
251
252
4.1. EL ATAÚD DEL SACERDOTE PAIRUSEJER (MAN
18253)
Fig. 149. Vista cenital de la tapa del ataúd a la izquierda, del interior de la caja en el centro, y de la
cubierta interna de momia a la derecha.
253
4.1.1. Descripción del ataúd
254
lugar de continuar con las escenas funerarias, se representa un gran pilar Djed, que
simboliza la estabilidad y perdurabilidad, acompañado por dos signos Tyet, asociado a la
fuerza de Isis. Por encima de este registro, se encuentra un friso doble, que rodea todo el
perímetro de la caja (salvo la zona de los pies que no está decorada). La banda inferior
del friso contiene la inscripción en escritura jeroglífica, y en la banda superior se repite
una secuencia de plumas y cobras como símbolos de protección. Por otra parte, la caja
es la única pieza de este ataúd que tiene decoración interna, compuesta por figuras de
mayor tamaño y sobre fondo rojo. En la base destaca la figura femenina principal que
representa a la diosa Hathor, protectora del difunto. Ésta aparece acompañada por otras
figuras de menor entidad, tanto en la base como dispuestas en paneles en las paredes.
En la cabeza se representa el ba del difunto en la figura de un ave con cabeza humana,
mientras la pared a los pies se ha dejado con el color de fondo y sin decoración figurada.
A continuación, en las figuras 150 a 156 se muestran las medidas más relevantes
de cada pieza, primero de la tapa externa, después de la caja y por último de la cubierta
interna. Es preciso tener en cuenta que la precisión está en torno a milímetros, y que las
zonas de pérdida han podido influir en las medidas totales.
Fig. 150. Medidas en centímetros de la tapa del ataúd de Pairusejer, vista del lateral izquierdo.
255
Fig 151. Medidas en centímetros de la tapa del ataúd de Pairusejer. Vista cenital.
256
Fig. 152. Medidas de la cabeza (arriba) y los pies (abajo) de la tapa del ataúd de Pairusejer.
257
Fig. 153. Medidas en centímetros de la caja del ataúd de Pairusejer. Arriba, vista del lateral
derecho. Abajo, vista cenital.
258
Fig. 154. Medidas de la cabeza (arriba) y los pies (abajo) de la caja del ataúd de Pairusejer.
259
Fig. 155. Medidas de la cubierta interna del ataúd de Pairusejer. Arriba, vista cenital de la cara
decorada y la cara inferior. Abajo, vista del lateral derecho.
260
Fig. 156. Medidas de la cabeza (arriba) y los pies (abajo) de la cubierta interna del ataúd de
Pairusejer.
261
4.1.2. Elaboración de la estructura
262
la reutilización de tableros, listones y piezas sueltas, al igual que de conjuntos ya
ensamblados, que fueron readaptados para formar parte de una nueva caja, tapa o
cubierta de momia.
483 Killen, 1980; Idem, 1994; Zygalsky “Coffin lid of an unidenfied person from the end of the
Third Intermediate Period/ beginning of the Late Period: hints on material and construction”
comunicación presentada en el Congreso Internacional Ancient Egyptian Coffins: Past,
Present, Future, celebrado en Cambridge entre el 7 y el 9 de abril de 2016.
263
junta plana con lengüeta suelta o reforzada con clavijas de madera, es decir, dos tableros
colocados en paralelo, con las caras de unión rectas, ambas con un cajeado tallado, en
el que se insertaría una lengüeta de madera, de forma rectangular, que actuaría como
nexo de unión entre ellos. Para evitar el movimiento de las lengüetas en las uniones
menos estables se empleaban clavijas de madera, que traspasaban el tablero y
sujetaban la lengüeta484. Siguiendo este método se elaboraron: la base de la caja,
formada por seis tableros de madera perfectamente encajados; la pared de los pies con
los tableros colocados en sentido horizontal, dejando así que la propia gravedad fuera
una aliada para mantener unidos los fragmentos; y la unión entre las paredes laterales
con la pieza semicircular que forma la cabeza, que en este caso, y al contrario que las
paredes laterales, es una pieza colocada en posición vertical (Figs. 158 y 159).
Fig. 157. Despiece de la caja del ataúd de Pairusejer. Los colores de las piezas de madera se
respetan en las diferentes vistas del ataúd.
264
Los carpinteros reservaron los dos tableros de mayor tamaño para formar con
cada uno las paredes laterales del ataúd; la curvatura de la pieza de la cabeza tampoco
requirió de ensambles, sino de una única pieza que aprovechaba la forma original del
tronco, con las fibras en posición vertical, en el sentido del crecimiento de la madera. La
razón por la que emplearon las mejores tablas para las paredes y no para la base, pudo
deberse a que esta última está sometida a menos tensión interna que las uniones
verticales, que siempre tienden a abrirse y, por tanto, requieren de una mayor estabilidad.
Las aristas a los pies de la caja se formaron uniendo su pared con ensambles de cola de
milano a las laterales. Se trata de un ensamble a caja y espiga, en el que la espiga tiene
la forma de cola de milano característica, también llamada lazo. En este caso, las
paredes laterales tienen una oquedad en la esquina superior, en la que encaja
perfectamente la cola de milano de la pieza de los pies, la que, por tener un lazo en cada
lado en el extremo superior, tiene forma de “T” (Fig. 160)485. La unión está reforzada con
clavijas diagonales sujetando ambas piezas (Figs. 161 y 162).
265
Fig. 160. Vista de la pared de los
pies de la caja de Pairusejer, unida
a las paredes laterales por medio
de un ensamble con cola de
milano.
266
Las paredes se mantienen unidas a la base del ataúd mediante sencillos
ensambles planos asegurados con clavijas de madera, que traspasan en vertical desde
la base de la caja hasta las paredes. Este sistema de unión se reconoce únicamente
desde debajo de la base, cuyo perímetro está surcado por clavijas colocadas cada 15 cm
aproximadamente unas de otras, y entre 1 y 4 cm del borde de la base (fig. 163). En
cambio el examen interno o externo de la caja no aclara el sistema de unión (con la
excepción de una clavija identificada entre la pieza de los pies y la base), debido, por una
parte, al buen estado de conservación de las uniones y, por otra, a la presencia del
Araldit Madera que rellena y cubre las grietas y faltas de esta zona desde 1975,
reforzando así la estructura.
267
Fig. 164. Dos niveles en
la superficie de encaje
con la tapa.
Las uniones entre los tableros se reforzaban con un mortero arcilloso, sellándolas
y protegiéndolas de los factores de alteración medioambientales y del movimiento. Este
mortero gris es de granulometría basta y en ella se distinguen las partículas de arena y
restos de fibras vegetales. En la actualidad, se aprecia otro mortero formado por PVA
mezclado con serrín que proviene de la restauración de 1975, y que se diferencia
claramente del original porque su color más marrón, y por estar en un nivel por encima
del egipcio. No obstante, puede pasar desapercibido dependiendo de la cantidad de
carga añadida a la mezcla por los restauradores para asemejar la pasta original. En el
interior de la tapa externa del ataúd se diferencian mejor el gris original agrietado y el
marrón más moderno. En los ataúdes de Anjefenjonsu (MAN 18256) y Ruru (MAN 18254)
tenemos el informe del restaurador explicando ese refuerzo y los materiales empleados
para sustituir los clavos metálicos: el proceso supuso separar los tableros que unían la
caja y volver a unirlos entre sí con espigas de madera y refuerzo de Araldit, que en el
caso de Ruru se realizó diez años más tarde, y en el ataúd anónimo tenemos las
fotografías que certifican ese mismo tratamiento486. Sin embargo, el ataúd de Pairusejer
que estamos analizando en profundidad, al igual que sucede con el ataúd de la Cantora
de Amón, recordemos que ambos fueron restaurados rápidamente en tres meses para la
exposición “Arte Faraónico” de 1975, no tienen informe, y sus fotografías no muestran
esa parte del tratamiento. Por todo ello se entiende que la estructura se había
conservado muy estable y el refuerzo de las grietas y de las uniones se habría realizado
sin necesidad de separar los tableros, rellenando directamente las oquedades de mayor
268
tamaño derivadas de la separación de las maderas, con la mezcla de PVA y serrín (Figs.
165 y 166), y en determinadas zonas con resina epoxídica.
269
Fig. 167. Despiece de la cubierta interna del ataúd de Pairusejer. Los colores de las piezas de
madera se respetan en las diferentes vistas del ataúd.
270
En la parte posterior se reconocieron las uniones gracias al mortero aplicado para
sellar y proteger estas zonas más débiles. Comprobamos que la cubierta está compuesta
de varias piezas de madera unidas entre sí, para formar la anchura y la longitud
necesarias: dos en sentido vertical y tres en horizontal. Las piezas que otorgan anchura
en la zona de los hombros son estrechas y largas, y están unidas por juntas planas con
clavijas; en cambio, el empalme de las piezas en vertical se realizó en zig zag, una
solución mucho menos frecuente entre las uniones de los ataúdes y el único ejemplo del
Museo Arqueológico Nacional (Figs. 168 y 169). Probablemente, además del adhesivo,
este sistema se aseguró con espigas o clavijas internas; sin embargo no se han podido
identificar ni a través de las grietas, ni en el canto de la pared (donde sí se han
reconocido juntando el listón del lateral derecho, Fig. 170). En las zonas de más tensión,
como en este caso la pieza inferior encajada en zig zag y los dos listones que forman los
hombros, el mortero que protege la unión se ha agrietado a causa del movimiento de la
madera. Como es habitual, son las piezas externas las que sufren una mayor
deformación con respecto a la zona central, más sujeta y estable, y en la que el mortero
se conserva intacto.
271
Fig. 170. Vista posterior de la cubierta
interna en la que se distinguen la
clavija que mantiene unido el listón a la
derecha y dos clavijas en el centro que
unen las manos a la cubierta. Una de
ellas está recubierta de mortero. Todas
se han marcado con un círculo para
que se distingan mejor.
Fig. 171 y Fig. 172: Unión del listón inferior que forma los pies en la cubierta interna, a la izquierda
con luz día y a la derecha con luz ultravioleta. En ambos se distingue el adhesivo PVA, pero en la
segunda se aprecia más, debido a su fluorescencia característica bajo luz UV.
272
Por último, la estructura de la tapa externa del ataúd de Pairusejer resulta
más difícil de identificar que las otras dos partes, debido a que muchos de los
ensambles quedan escondidos bajo el estucado y la policromía. A grandes rasgos
se distinguen los tableros de madera, y las zonas de unión, pero no todos los
tipos de ensambles utilizados, por ejemplo en las uniones de la cubierta con las
paredes laterales. De nuevo, la información más relevante proviene de las grietas
que surcan la policromía en la zona externa de la tapa (Fig. 173), y de las marcas
de unión entre las maderas en la parte posterior de la tapa que, por no estar
decorada, deja ver el mortero arcilloso y grisáceo que sellaba dichas uniones.
Éste se ha agrietado en muchos casos, por lo que también fue recubierto con el
nuevo mortero preparado a base de PVA con serrín, de aspecto más marrón, en
la restauración de 1975 (Figs. 174 y 175).
Fig. 173. Grietas en forma de cruz sobre la superficie externa de la tapa del ataúd, que evidencian
la unión entre las cuatro tablas de la cubierta.
273
Fig. 174. Vista de la zona interior de la tapa en la que se distinguen: el sellado egipcio de las
uniones cuarteado y en color gris (flecha verde); la mezcla de PVA con serrín a la izquierda (flecha
roja) y por encima del mortero egipcio; y, en tercer lugar, restos de un adhesivo que ha goteado
por las paredes (flecha azul).
Fig. 175. Vista del interior de la tapa de Pairusejer en la zona de unión entre los cuatro tableros
que forman la cubierta. Se distinguen los dos morteros: el antiguo más gris (flechas verdes) y el
moderno marrón (flecha roja).
274
A continuación se muestra el despiece de la tapa de Pairusejer (Figs. 176 y 177).
Fig. 176. Despiece de la tapa externa del ataúd de Pairusejer. Los colores de las piezas de
madera se respetan en las diferentes vistas del ataúd.
275
Fig. 177. Despiece de la tapa externa del ataúd de Pairusejer: vista de la cabeza y los pies. Los
colores de las piezas se respetan en las diferentes vistas del ataúd. A la derecha se marcan las
espigas en amarillo.
La cabeza de Pairusejer está formada por una peluca rayada que enmarca el
rostro. A simple vista podría parecer todo ello una unidad, pero las grietas hacen
reconocible una estructura más compleja, formada al menos por tres niveles de piezas de
madera (Fig. 177). El inferior se correspondería con el perímetro del ataúd y se une con
los paneles laterales del mismo. El segundo estaría formado por los dos tableros
superiores que forman la cubierta de la tapa, y que incluirían los laterales de la peluca, el
cuello y las orejas. El nivel superior lo constituirían el rostro y la parte alta de la peluca,
aunque la ausencia de una radiografía o de grietas marcadas hace imposible determinar
si se trata de una única pieza o de dos piezas separadas, coincidiendo el límite superior
del rostro con el inicio de la frente, justo por encima de las cejas (Fig. 178). Los ataúdes
antropoides pueden estar formados por cualquiera de las dos soluciones técnicas,
487 En este caso no podemos identificarlo a simple vista, sería necesaria una radiografía.
276
también en esta época, como muestra la figura 179. El ataúd de Pairusejer, al igual que
el resto de ataúdes de Bab el-Gasus del Museo, ofrece pocas pistas a simple vista para
asegurar si se trata de uno u otro modelo. Dado que en las uniones entre piezas de
madera se identifican grietas importantes de forma sistemática, y en la frente de
Pairusejer no se percibe más que una pequeña fisura moderna, mientras que sí existe
una grieta en la parte alta de la peluca, parece que el rostro formaría una unidad con
dicha parte de la peluca. Esta estructura, presumiblemente unida a través de espigas o
clavijas, fue cubierta por mortero y estuco, para obtener la forma homogénea del perfil
semicircular de la peluca que se aprecia en la actualidad.
Fig. 178. Vista de la parte superior de la peluca surcada por grietas derivadas del movimiento
estructural de la unión de piezas de madera. Fueron restauradas, pero como la tensión persiste,
se han vuelto a abrir. La grieta superior, marcada con una flecha, es una de las razones para
pensar que el rostro formaría una unidad con la parte alta de la peluca.
277
Fig. 179. Estos cuatro ejemplos muestran los dos modelos de máscaras de ataúd: arriba formando
una unidad con la parte alta de la peluca y abajo mostrando la máscara como un elemento exento:
Arriba izquierda, Tercer Período Intermedio, procedencia desconocida, Museo de Brooklyn,
X1182.3.
Arriba derecha, Reino Nuevo, de procedencia desconocida, Museo de Bellas Artes de Bruselas E
2391 .
Abajo izquierda, Tercer Período Intermedio, Dinastía XXI, Tebas, Museo de Brooklyn, 37.2037E.
Abajo derecha, Reino Nuevo, de procedencia desconocida, Museo de Bellas Artes de Bruselas E
8421.
Asimismo las manos de Pairusejer son piezas exentas unidas mediante clavijas a
la cubierta (Fig. 180), en este caso sí se distinguen las clavijas en el interior de la tapa.
278
Fig. 180. Vista de la zona de unión de las manos a la tapa, en la que se ha generado una fisura.
Se aprecia la grieta central entre las manos, que evidencia la unión de dos tableros de madera;
que fue retocada en una restauración antigua, pero se ha vuelto a abrir.
Los pies de Pairusejer están compuestos por dos piezas de madera cuya
identificación resulta más sencilla si se observa la tapa, en primer lugar desde la planta
de los pies y, en segundo lugar, de perfil a la misma. La primera pieza, la de mayor
tamaño, está dispuesta en sentido vertical, a diferencia del resto de tableros de la tapa.
Esta pieza o plancha tiene forma irregular, con los dos laterales ligeramente curvados
hacia adentro, y su perímetro superior ondulado imitando la forma esquemática de los
pies unidos. Las esquinas inferiores se han rebajado para ensamblar con cola de milano
a los paneles laterales de la tapa (Fig. 181).
279
La segunda pieza, de perfil triangular y alzado rectangular, se adhería a la
plancha anterior para dar forma al empeine (Fig. 182). De nuevo en esta zona se hizo
uso del mortero para suavizar la línea de la curvatura de los pies.
Una vez más encontramos los cajeados para insertar las espigas que unen con
los paneles laterales de la caja del ataúd. Sin embargo, al contrario de lo que ocurre en
dicha caja, las paredes de la tapa carecen del escalón en la superficie inferior, que
debería asegurar el cierre (Fig. 183). Esta ausencia puede tener muchos motivos, el más
probable es que estas dos piezas procedieran originalmente de ataúdes diferentes488 y
que fueran reutilizadas, una o las dos, para contener el cuerpo de Pairusejer,
aprovechando que sus medidas coincidían perfectamente.
488 Notas tomadas en las comunicaciones presentadas por Cooney en los Congresos de
Cambridge 2016 y Lisboa 2016.
280
Fig. 183 Vista inferior de la tapa en la que se aprecia la ausencia del escalón para encajar con la
caja.
281
4.1.3. La decoración del ataúd
Fig. 184. En la esquina inferior derecha de la caja del ataúd podemos observar que la madera no
está totalmente alisada, porque sobre ella se aplicó una gruesa capa de mortero, que
homogeneizaba la superficie y ocultaba las zonas de unión entre las maderas. En este caso, la
tensión interna ha formado una grieta en la zona del ensamble que, de no estar ahí, la unión no
podría ser identificada salvo con una radiografía o TAC.
282
Fig. 185. Detalle del lateral derecho de la cubierta interna, en el que se ha perdido el listón del
canto de la pieza y, gracias a ello, se comprueba el grosor de la capa de preparación por encima
de la madera.
283
Fig. 186. Muestra de pastillaje azul y verde correspondiente a un fragmento desprendido del rostro
de la diosa alada, tapa externa: Arriba fotomicrografía del anverso de la muestra en color azul y
verde, y del reverso, estucado color blanco, que es la zona analizada. Abajo, a la izquierda, la
imagen de electrones retrodispersados obtenida con el microscopio electrónico de barrido, con el
recuadro en rosa de la zona analizada. El espectro, a la derecha, muestra principalmente un pico
de calcio; indica que el estuco es de carbonato cálcico. En el caso de que fuese sulfato cálcico
debería haber un pico de azufre de una altura similar.
284
Fig. 187. Muestra de estuco extraída de una aglomeración del mortero en una junta, en el costado
derecho de la zona interna de la tapa. Arriba se aprecia una fotomicrografía general del estuco.
Abajo, a la izquierda, la imagen de electrones retrodispersados obtenida con el microscopio
electrónico de barrido, con el recuadro en rosa de la zona analizada. El espectro, a la derecha,
muestra principalmente un pico de calcio, que indica que el estuco es de carbonato cálcico.
285
Fig. 188. Muestra verde tomada de una grieta en la pared exterior izquierda de la caja. Arriba la
fotomicrografía de la estratigrafía, en la que se aprecian la capa de preparación gruesa y arcillosa
de color marrón y con piedrecitas, otra más fina y blanca, un estrato amarillo, la policromía y el
barniz. Abajo, a la izquierda, la imagen de electrones retrodispersados obtenida con el
microscopio electrónico de barrido, con el recuadro en rosa de la zona analizada que se
corresponde con el estuco. El espectro, a la derecha, muestra de nuevo una gran señal de calcio,
que indica una composición de carbonato cálcico.
Del mismo modo, los análisis realizados con Raman han ofrecido resultados
concluyentes sobre el compuesto principal del estuco, en concreto Calcita CaCO3,
identificado con el láser de 785nm en la muestra 7 desprendida de la Tapa externa, zona
C-I-3 Jnum.
286
etc. dependiendo de su procedencia) y oropimente (trisulfuro de arsénio: As2S3). El color
del ocre, al ser un pigmento natural, variaba en función de la proporción de sus
componentes, hacia el amarillo claro, hacia el marrón rojizo o hacia el anaranjado.
Añadiendo al ocre una pequeña proporción de oropimente, un pigmento amarillo brillante
y muy cubriente, se conseguía que el color de fondo del ataúd fuera más intenso y
tuviera un ligero brillo 490. Con la proliferación de los estudios analíticos de los ataúdes de
Bab el-Gasus se ha concluido que el uso del oropimente no es tan extraordinario como
se pensaba antes, ni está exclusivamente relacionado con los ataúdes de personajes
poderosos, ya que este pigmento se ha identificado en un gran número de ataúdes desde
el Reino Nuevo hasta finales del Tercer Período Intermedio, igualmente en aquellos de
calidad media en cuanto a materiales y elaboración 491.
Fig. 189. Espectro Raman del oropimente, identificado en partículas dispersas sobre la superficie
amarilla, un pequeño fragmento desprendido de la tapa del ataúd, hallado sobre la mesa en la que
se apoyaba la tapa; por tanto se considera una muestra sin contexto. No obstante, por el análisis
de los materiales y el examen de la superficie, sabemos que corresponde a la policromía original
egipcia.
287
Fig. 190. Muestra verde. Sobre la capa de estuco antes analizada, se centra ahora en el estrato
de color amarillo que, en la imagen de electrones retrodispersados, tiene más brillo que el anterior,
por estar compuesto por elementos con más peso atómico: el óxido de hierro que forma el ocre y
el sulfuro de arsénico que forma el oropimente. Abajo el espectro del oropimente en el que
destacan dos señales intensas de arsénico (As) y azufre (S).
288
Fig. 191. Muestra de policromía original hallada fuera de contexto. Arriba, a la izquierda,
fotomicrografía realizada con lupa binocular de la superficie vista de la muestra, a la derecha,
microfotografía de detalle de la zona amarilla realizada con el microscopio óptico. Abajo, a la
izquierda, imagen con electrones retrodispersados y, a la derecha, análisis con SEM-EDX del
color amarillo, en el que se identifica ocre: óxido de hierro y tierras (Si, Al, Mg, S y K). Dado que la
superficie está cubierta por algún barniz y restos de fibra de algodón, como se observa en la
imagen superior, la analítica no es sencilla, porque los electrones no traspasan bien esta capa
orgánica y la señal de la capa subyacente es débil. Por tanto, se aprovechan la fisuras del barniz
para realizar el análisis del pigmento.
Una vez cubierta de amarillo toda la superficie externa del ataúd, se dividió el
espacio en registros y se trazaron los dibujos en rojo. El pigmento empleado fue un óxido
de hierro. Un examen visual detallado revela que todos los contornos fueron trazados con
el mismo color y estilo, desde las cuentas del collar usej y las figuras de las divinidades
hasta los jeroglíficos.
289
los espacios en verde, no comenzó a aplicar el azul. Este procedimiento hace que la
policromía egipcia presente un aspecto muy “ordenado”, homogéneo y fácilmente
reconocible (Fig. 192).
Fig. 192. Detalle de la policromía sobre la caja del ataúd, en la que se aprecian fácilmente las
líneas rojas del dibujo sobre el fondo amarillo, y los colores aplicados en el orden indicado: rojo,
verde y azul.
290
Fig. 193. Detalle del interior de la caja que muestra una ejecución irregular.
291
Fig. 194. Muestra roja del interior de la caja del ataúd, tomada de una zona de grieta para
identificar el pigmento rojo del fondo. Arriba, en la fotomicrografía de la muestra realizada con lupa
binocular se distinguen la capa de barniz brillante, la capa del pigmento rojo y la capa de
preparación blanca de carbonato cálcico. Abajo, a la izquierda, la imagen de electrones
retrodispersados del perfil que muestra la estratigrafía: la capa más alta y oscura corresponde al
barniz, cuya composición tiene un peso molecular muy bajo, la capa inferior con una
granulometría de mayor tamaño y más luminosa, se corresponde con el pigmento rojo. Aquí se ha
marcado con un recuadro rojo la zona analizada. Por debajo de los granos de mayor tamaño hay
otra capa de luminosidad similar; pero con los granos más pequeños y uniformes que corresponde
a la capa de preparación blanca, cuyo análisis ha evidenciado de nuevo carbonato cálcico. En la
imagen podría parecer que hay un estrato más, pero en realidad es el mismo carbonato cálcico
que está enfocado, porque la muestra no es totalmente plana.
Abajo, a la derecha, el espectro de la zona analizada muestra una gran señal de hierro (Fe) y
oxígeno (O), propios de este pigmento rojo, además de calcio perteneciente a la capa de
preparación.
292
Fig. 195. Muestra verde. Arriba el anverso de la muestra. Abajo, a la izquierda, la imagen de
electrones retrodispersados evidencia una granulometría heterogénea, con partículas más
brillantes de cloruro de cobre mezcladas con carbonato. A la derecha, el espectro de una de estas
partículas que da el color verde, identificada por las líneas intensas de cobre (Cu) y cloro (Cl).
293
Fig. 196. Muestra desprendida del pastillaje de Ḫprr en la que se ha hallado azul egipcio. Arriba,
las fotomicrografías realizadas con lupa del anverso y reverso de la muestra. Abajo, detalle de la
granulometría del pigmento con microscopio óptico. Esta imagen se tomó de la zona posterior de
la muestra, en la que no había barniz y, por tanto, se identifica mejor la estructura.
294
La decoración pintada del ataúd de Pairusejer se enriqueció con los pastillajes:
estos eran bajorrelieves creados con estuco y cubiertos con pigmento, para resaltar
figuras (o partes de figuras) de especial relevancia, tales como discos solares, coronas
reales, cuerpos de divinidades, etc. Los pastillajes tratan de imitar, con medios y
materiales más económicos, los adornos propios de ataúdes de personajes reales y
épocas más prósperas, como el Reino Nuevo, en la que se inscrustaban piedras
preciosas y semipreciosas para enriquecer la superficie. Los ataúdes del Tercer Período
Intermedio reproducían tales adornos creando los bajorrelieves en el exterior de la tapa y
la cubierta de momia interna, pero nunca en la caja (Fig. 199).
295
El ataúd de Pairusejer únicamente tiene pastillajes verdes y azules, sumando al
grosor del estuco, el del propio pigmento. Estos pastillajes pueden dejarse con la
superficie lisa (de un único color) o bien embellecerla todavía más creándole su propio
relieve antes de aplicar el color. Así lo muestra la siguiente imagen, en la que tanto el
trono como el pectoral de Osiris lucen una decoración punteada y, además, se han
dibujado las manos y la vara del flagelo sobre el pastillaje del sudario (Fig. 201).
La película pictórica se cubrió con una capa de barniz. Su función pudo ser
proteger la policromía, a la vez que estética, ya que al aplicarla, los colores se saturarían
y se verían más intensos. Este barniz fue elaborado con una resina natural de almáciga.
El inconveniente de este producto orgánico es que es inestable con el paso del tiempo;
296
envejece y se oxida, lo que provoca un oscurecimiento considerable de la superficie y
una percepción errónea de los colores. Esto ha provocado que se haya retirado el barniz
original de muchos ataúdes egipcios en antiguos tratamientos de restauración, habituales
en muchos museos, entre ellos, el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Por ello, el
ataúd de Pairusejer ya no conserva su barniz original, salvo en algunos restos puntuales
de la superficie de la tapa, y en dos testigos de limpieza con forma rectangular ubicados
en la caja: pared derecha superior y zona de unión con la tapa (Fig. 202). Posiblemente
hace años hubiera dos testigos en la superficie de la tapa, que hoy parecen detectase
solo con reflexión de luz ultravioleta; quizá trataron de retirarlos y no lo consiguieron del
todo (Fig. 203).
Fig. 202.
Superficie de la caja que se
une con la tapa del ataúd.
Los restauradores dejaron
un testigo de barniz original.
Fig. 203.
Tapa externa del ataúd de
Pairusejer examinada bajo
luz ultravioleta. Se distingue
un rectángulo que emite una
reflexión muy oscura: podría
estar indicando que hubo un
antiguo testigo de limpieza.
297
Como se estudiará más adelante, esta tapa ha sido intervenida en numerosas
ocasiones y de forma heterogénea, por ello no se aprecian los mismos elementos que en
el resto de ataúdes. Dejar testigos del estado de conservación inicial, anterior a la
limpieza, fue una práctica muy común en los tratamientos de los años 70 y 80 del siglo
XX en España, y encontramos testigos temporales como parte de la documentación
fotográfica de fases intermedias de limpieza, así como testigos permanentes en piezas
ya restauradas, como ocurre en los pies de la tapa de los tres ataúdes de Bab el-Gasus
expuestos en las salas del MAN: anónimo (MAN 18255), Anjefenjonsu (MAN 18256) y
Cantora de Amón (MAN 18257), este último con otros dos testigos en la tapa.
298
4.1.4. Restauraciones antiguas del ataúd de Pairusejer: los
repintes
Figs. 204 y 205. Comparación entre la decoración de la caja de Pairusejer, arriba, y del ataúd
anónimo, abajo. En este último caso, el dibujo y el relleno de color son más bastos (como se
aprecia en los rostros y los vestidos), sin llegar a alcanzar la calidad del ataúd de Pairusejer.
299
En el ataúd de Pairusejer, a pesar de la buena ejecución, encontramos una falta
de uniformidad debida a las restauraciones llevadas a cabo a lo largo del siglo XX. Es
preciso recordar que, en torno a 1950, los ataúdes fueron intervenidos para ser
expuestos en la reapertura de la exposición egipcia en 1954, de la que finalmente solo
formaron parte el ataúd de Pairusejer y el de Anjefenjonsu. Esta restauración supuso la
renovación de la superficie de los ataúdes, especialmente de las tapas externas, que
eran las piezas más representativas de los mismos y en las que se evidenciaban, de
forma más clara, las huellas provocadas por el paso del tiempo. Para borrar estas huellas
y adaptar la decoración al gusto de esta época no dudaron en modificar la expresión del
rostro de los ataúdes de Anjefenjonsu, la Cantora de Amón y Ruru, así como repintar
gran parte de la decoración que cubría la superficie de estas piezas. Estos repintes no se
limitaron a cubrir las áreas deterioradas y de lagunas, sino a recuperar la uniformidad
perdida creando una nueva superficie, que incluía el estucado, la policromía y el
barnizado.
300
Fig. 206. Tapa del ataúd de Pairusejer que muestra los repintes de los años 50. Archivo IPCE, IS
497. La imagen está mal rotulada en el reverso, ya que el número de inventario indicado es el
18254 y en la fecha indica 23-VII-79. No resulta probable que se trate de la fecha de toma de la
foto porque la intervención tuvo lugar en 1975 y, en aquel momento, se transformó la superficie de
la tapa. El año 1979 se considera una fecha general de revelado de muchas imágenes del IPCE,
pues coincide con la rotulada en gran parte de las fotografías de este número de registro.
301
El esmero que los restauradores pusieron en imitar los jeroglíficos de Pairusejer
no se encuentra en otros repintes, como los del ataúd de la Cantora de Amón. En este
caso, los dibujos no deben siquiera ser calificados como jeroglíficos, ya que ni las formas
ni su disposición en la superficie se corresponden con los originales. Ello se comprueba
en la imagen siguiente que muestra una sucesión de círculos y rectángulos hechos sin
ningún esmero (Fig. 207). Se tiene la impresión de que las figuras buscaban únicamente
rellenar la superficie para que a un observador (poco entendido en iconografía egipcia y
colocado a cierta distancia del ataúd) no le llamara la atención el espacio en blanco.
Fig. 207. Figuras repintadas en el fondo del ataúd de la Cantora de Amón (MAN 18257).
492 Esta labor también se documenta en trabajos fuera de nuestras fronteras (Zampieri, 1981;
Hogg, 1995:53; Colinart et Al., 1997; Gottsman, 1999).
302
de la prudencia del restaurador al comprobar que la pintura egipcia original, que se
pretendía dejar a la vista, tenía muchas lagunas. Por tanto, ¿para qué eliminar el repinte
dejando algunas zonas sin decoración? En las siguientes imágenes del lateral derecho
del ataúd de la Cantora se distinguen los dos niveles de pintura: la capa de los años 50
por encima de la original egipcia (Fig. 208 y 209, de ambas se incluye un duplicado a la
derecha que muestra el área original en color azul y el repinte en violeta, así resulta más
sencillo diferenciarlas). Las dos imágenes evidencian que aún queda una cantidad
grande de repintes y que esta capa no tiene una forma homogénea. En la primera de las
imágenes se distingue un área de color marrón en la zona de la pintura egipcia: se trata
de una laguna que ha quedado visible tras levantar la capa de repinte en 1975. La
decisión de los restauradores en aquel momento fue reforzar la grieta con una resina
epoxídica y dejar el color marrón de la misma sin reintegrar cromáticamente.
Fig. 208. A la izquierda, detalle de la decoración del ataúd de la Cantora de Amón, con las dos
capas de policromía: la egipcia y la repintada. Se observa una laguna en color marrón. A la
derecha, la misma imagen con distintas capas de color marcando cada zona: el azul cubre la
policromía original, el violeta cubre la capa de repintes y el marrón cubre la laguna.
Fig. 209. A la izquierda, detalle de la decoración del ataúd de la Cantora de Amón desde el lateral
derecho, junto a las manos. De nuevo se ven las dos capas de policromía: la egipcia y la
repintada. A la derecha, la misma imagen con distintas capas de color marcando cada zona: el
azul cubre la policromía original y el violeta cubre la capa de repintes.
303
Por otra parte, en la medida que los restauradores eliminaron los repintes,
también dejaron una serie de testigos de limpieza en zonas representativas, para que
fuera posible comparar el estado anterior a la intervención con el resultado final. En el
caso de la Cantora de Amón el testigo más llamativo lo dejaron en el rostro, en la zona
del ojo derecho.
304
Figs. 210 y 211. A la izquierda, la superficie inferior de la tapa externa del ataúd de Pairusejer con
los repintes de los años 50. Archivo IPCE, IS 497, fecha desconocida. A la derecha, la misma zona
después de su restauración con los repintes parcialmente borrados. Archivo MAN R-4273
R-18253-IDE011. Fecha de captura de imagen: 15/4/87.
Fig. 212. Detalle de la esquina inferior derecha de la tapa del ataúd de la Cantora de Amón (MAN
18257). Se aprecian áreas originales (señaladas con flechas azules) y áreas que mantienen los
repintes (señaladas con flechas violetas).
305
Por otra parte, percibimos un refuerzo de la estructura del ataúd de Pairusejer, a
través de un sellado de las grietas con adhesivo y con Araldit madera. Asimismo
identificamos el estuco reintegrado de manera tosca (Fig. 213), de la misma forma que se
entonaron las superficies anteriormente repintadas una vez que fueran borradas (Fig.
214). Además del aspecto, la fluorescencia ultravioleta ha corroborado que estas
intervenciones provienen del mismo momento y fueron realizadas con idénticos
materiales, ya que ambas superficies emiten la misma fluorescencia negra (como se
explicará más adelante).
Fig. 213. A la izquierda, detalle de la reparación de la grieta central de la tapa externa del ataúd
de Pairusejer, con la superficie entonada en un ocre oscuro y sin reintegrar las patas del
escarabajo. Un examen detallado muestra la falta de cuidado al aplicar el color, cubriendo sin
necesidad el disco solar o el perfil de la figura femenina.
Fig. 214. A la derecha, superficie de la tapa externa que en los años 50 fue repintada con
jeroglíficos y motivos decorativos imitando los egipcios. En 1975 estos repintes fueron borrados de
la superficie con un disolvente y, a continuación, las zonas borradas fueron entonadas con color
ocre oscuro. El elemento más reciente es la grieta que surca la superficie del estuco de
reintegración de los años 50, en una zona de constante tensión estructural, que ha provocado
roturas en el pasado y en el presente. Esta grieta es posterior a 1975, porque si se hubiera
producido antes de ese año, se hubiera sellado y reforzado de la misma forma que otras, como la
que se muestra en la imagen anterior.
306
Ya se ha comprobado el esmero que pusieron los restauradores por reproducir los
“pseudo-jeroglíficos” del ataúd de Pairusejer de una manera fidedigna, por lo que es fácil
entender que éstos no hayan despertado curiosidad entre los investigadores. No
obstante, su comparación con los jeroglíficos originales por medio simplemente de un
examen visual de la superficie, revela importantes diferencias entre ambos: destacan la
forma y calidad de los jeroglíficos y las figuras representadas, así como el esquema
cromático y la técnica pictórica. En las imágenes siguientes se muestran la policromía
original a la izquierda y los repintes a la derecha que permiten comprobar las diferencias
principales en los jeroglíficos, las figuras e incluso el fondo (Figs. 215 y 216).
Figs. 215 y 216. Dos imágenes del registro del lateral izquierdo de la tapa, situados a distinta
altura. La imagen de la izquierda es un ejemplo de cómo se ha conservado la policromía original;
la de la derecha, de una zona inferior, muestra los repintes realizados en la restauración de los
años 50.
El primero de los aspectos que marca una clara diferencia entre la superficie
original y el repinte es la apariencia de los jeroglíficos, directamente relacionada con el
orden seguido en la aplicación del color. Recordemos que la sistemática respetada por
los escribas o pintores egipcios era dibujar el contorno de las figuras y jeroglíficos en rojo
307
sobre el fondo amarillo, y después colorearlo de rojo, verde y azul; así lo constatamos en
la imagen de la izquierda. Por su parte, los “pseudo-jeroglíficos” de la imagen a la
derecha siguen el orden contrario: sobre el fondo se ha pintado primero el relleno en
verde, y por encima se ha dibujado el contorno en rojo.
En segundo lugar, el aspecto de los colores nada tiene que ver con los egipcios,
ni en la gama, limitada a un amarillo menos brillante para el fondo, y a un rojo y verde
apagados, empleados como colores principales de la policromía. Falta el color azul. Esto
se evidencia claramente en la imagen siguiente, que representa el lateral izquierdo a la
altura de las piernas, donde la mitad del registro es original y la mitad restante (en la
zona inferior de la imagen) está repintada (Fig. 217). Además, el tono y la textura difieren
de los originales, pues para los repintes, los pigmentos se prepararon y aplicaron muy
aguados y, por tanto, las películas resultantes son finas y poco cubrientes. Incluso en
determinados signos se aprecian las pinceladas.
Fig. 217. Arriba, la imagen de la superficie lateral izquierda de la tapa del ataúd de Pairusejer. Se
conserva una parte de la policromía original, bien ejecutada en cuanto a técnica pictórica, y otra
repintada en los años 50 con color rojo y verde.
Abajo, la misma imagen remarcando con capas de color las dos zonas: el azul cubre la policromía
original y el violeta cubre la capa de repintes.
308
En tercer lugar, en los repintes encontramos los trazos irregulares realizados a
mano alzada y con escaso cuidado, como se evidencia en las líneas que dividen los
registros o que marcan el contorno de los jeroglíficos. Es importante resaltar que los
trazos del repinte cubren, en ocasiones, la policromía original, para darle uniformidad a la
línea.
A partir de estos tres aspectos identificables a simple vista se puede afirmar que
el examen visual es suficiente para determinar que hay distintas manos, técnicas y
materiales que han ejecutado y restaurado la decoración del ataúd de Pairusejer. No
obstante, para dar mayor solidez a esta teoría, se han realizado numerosos exámenes y
análisis, cuyos resultados se han contrastado y han corroborado la presencia de las
policromías que se han descrito anteriormente; la primera sería la egipcia original, la
segunda se correspondería con los repintes de los años 50 en la superficie de la tapa y,
la tercera, sería la intervención del año 1975 en la que se eliminaron parcialmente los
repintes de la restauración antigua, se reforzaron las grietas y se reintegraron
cromáticamente las lagunas de la tapa externa, de la cubierta interna de momia y de la
caja.
Las imágenes VIL recogen la reflexión del pigmento azul egipcio; así pues, dado
que la reintegraciones en azul nunca se realizan con este pigmento, es muy sencillo
determinar las áreas restauradas por la ausencia de reflexión. Además de los repintes se
aprecian los desgastes en este color. Cabe resaltar que la decoración egipcia de estos
ataúdes contiene una gran cantidad de azul egipcio, tanto las escenas figuradas, como
309
los elementos que enmarcan y decoran el fondo, como los jeroglíficos. Por ello, cuando
un área relativamente extensa no emite ninguna reflexión en VIL, es un claro indicio de
que no es original.
FEFLEXIÓN
VIL MODIFICADA
ULTRAVIOLETA
(VIL-M)
(UV)
310
En la figura 218, la comparativa evidencia grandes zonas reintegradas en el
lateral derecho de la peluca y el collar, que en la imagen de luz ultravioleta tiene un color
rojizo y morado y, en las imágenes VIL no emiten reflexión, por tanto las líneas
desaparecen. A pesar de las lagunas comprobamos que un gran porcentaje de la
decoración es original. En el rostro destaca el azul egipcio de las cejas y la línea que
enmarca los ojos. El único elemento que ha sido retocado es la nariz que, a diferencia del
resto de la cara y las orejas, del mismo color ocre, es el único que emite una
fluorescencia naranja cuando se ilumina con luz ultravioleta. El área original de la peluca
tiene una reflexión amarillenta bajo luz ultravioleta que deriva del barniz. Este brillo se
aprecia especialmente sobre azul egipcio.
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 218. Las cuatro imágenes que muestran las distintas reflexiones ante luz natural, ultravioleta y
con la técnica VIL.
311
En la figura 219, las imágenes muestran otra perspectiva de la cabeza que
permite comprobar los repintes de la zona alta. Estos retoques se intuyen a simple vista,
como se observa en la imagen de luz visible, arriba, a la izquierda. La diferente tonalidad
de la pintura, que tiende al verde en vez de al azul, lleva a establecer una diferencia entre
la superficie original y la restauración. Estas áreas repintadas coinciden con las grietas
de una forma muy significativa: en los años 50, cuando el ataúd fue intervenido por
primera vez, las grietas se sellaron con mortero y, encima, se reprodujo la decoración
rayada que se ha calificado como repinte. Sin embargo, la tensión interna que había
provocado las grietas no desapareció y, unos años después, el movimiento de la
estructura de madera originó el agrietamiento de la nueva capa pictórica, tal y como se
aprecia en la actualidad.
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 219. Las cuatro imágenes mostrando distintas reflexiones ante la luz natural, ultravioleta y la
técnica VIL.
312
En la figura 220 las imágenes evidencian cómo, alrededor de la oreja izquierda de
la tapa externa, la peluca sí ha sido reintegrada. Se percibe en los colores de la
fluorescencia UV y la ausencia de reflexión por VIL. De esta zona se desprendió una
muestra, cuyo hueco se aprecia muy bien en las imágenes de luz visible y UV. Esta
muestra ha sido analizada con SEM-EDX y en ella se han identificado las dos capas de
policromía: la egipcia por debajo y la restauración por encima, como se mostrará más
adelante. También se ha analizado por FTIR-ATR, revelando la presencia de resina de
almáciga como barniz original.
Estas imágenes VIL muestran claramente que los ojos, las cejas y gran parte de
la peluca son originales.
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 220. Las cuatro imágenes mostrando distintas reflexiones ante la luz natural, ultravioleta y la
técnica VIL.
313
En la figura 221 se observa la grieta central que comienza en el cuello y recorre
verticalmente la zona superior del ataúd, fue sellada y reintegrada. En la imagen bajo luz
UV destaca de nuevo el brillo amarillo del barniz, más intenso en las esquinas, donde
parece haberse acumulado.
VIL
ACT
UV VIL-M
Fig. 221. Las cuatro fotografías mostrando distintas reflexiones ante la luz natural, ultravioleta y la
técnica VIL.
314
Las imágenes (Fig. 222) muestran la continuación de la grieta central, así como
otras grietas que han sido reintegradas en el collar usej. La fotografía tomada con luz UV
muestra tanto la grieta central como las dos laterales, una a cada lado de la peluca. Las
fotografías VIL evidencian estas grietas, en las que el patrón decorativo del collar se
corta. En estas mismas imágenes destaca el vacío de reflexión en la zona de las manos,
y no podía ser de otra manera, pues carecen de cualquier marca de azul egipcio.
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 222. Las cuatro imágenes mostrando distintas reflexiones ante la luz natural, ultravioleta y la
técnica VIL.
315
La figura 223 muestra abajo, a la izquierda, en la fotografía con luz ultravioleta
una mezcla de reflexiones naranjas, amarillas y negras que evidencian un área muy
manipulada. Los pequeños detalles en negro responden a las reintegraciones más
modernas de 1975; el cuadrado negro se interpreta como un antiguo testigo que fue
eliminado; los colores naranja y amarillo responden a productos orgánicos presentes en
resinas, que han cubierto parcialmente la superficie de la tapa y que parecen haber sido
eliminados en pasadas intervenciones, de ahí que su presencia sea tan desordenada.
Esta imagen tomada con UV deja muchas incógnitas abiertas.
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 223. Las cuatro imágenes mostrando distintas reflexiones ante la luz natural, ultravioleta y la
técnica VIL.
Las imágenes VIL son mucho más clarificadoras: la golondrina azul que se
identifica en el lateral derecho, no emite reflexión alguna en VIL, por lo tanto es un repinte
de los años 50. Igualmente, en el área inferior, a la derecha de la imagen VIL, hay un
área vacía de reflexión. El corte entre la zona que sí refleja azul egipcio y la zona negra
es tan abrupta, que la única explicación es que se trate de un repinte. También hay otro
316
área rectangular con decoración rayada en la imagen visible que no emite reflexión en
VIL y coincide con la fluorescencia de colores diferentes en la imagen de luz UV.
Otro detalle interesante es que el cuadrado negro que se percibe con luz UV y se
ha identificado con un testigo, tiene en la imagen VIL la misma reflexión que la policromía
original. Así se refuerza la teoría de que no es un repinte, sino un testigo de limpieza, y
que la reflexión negra responde a una sustancia desconocida de algún barniz.
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 224. Cuatro fotografías que muestran distintas reflexiones ante la luz natural, ultravioleta y la
técnica VIL.
317
En la figura 225, la zona intermedia de la tapa del ataúd tiene grandes áreas
originales conservadas, salvo en los registros centrales, en los que se aprecia un vacío
de reflexión en las imágenes VIL. La fotografía con luz ultravioleta está tomada de nuevo
desde la perspectiva de la cabeza, y en ella se distinguen claramente las zonas
originales que brillan en amarillo (flecha amarilla), las zonas reintegradas en los años 50
que brillan en naranja, porque fueron cubiertas seguramente por gomalaca (flecha
naranja) y las zonas que muestran un color negro intenso, que responde a los retoques
de 1975 (flecha blanca). El más claro de estos retoques es una grieta sellada a la
derecha del escarabajo, que después de aplicar un mortero, éste fue entonado con un
color amarillo de fondo, pero no se reintegraron las patas del escarabajo.
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 225. En las cuatro imágenes se observa la distinta reflexión ante la luz natural, ultravioleta y la
técnica VIL.
318
La zona mostrada en las imágenes (Fig. 226) presenta, de nuevo, una gran
manipulación. En la fotografía de luz visible se identifica una decoración heterogénea,
con diferencias de estilo, de color, de acabado, etc. Esa heterogeneidad se refleja
asimismo en la fotografía con luz UV, en la que de nuevo se aprecian reflexiones
naranjas y amarillas, que responden a los barnices empleados en cada caso y
parcialmente eliminados. Las manchas negras son las reintegraciones cromáticas de
1975, y la reflexión blanca se identifica con el empleo de una resina acrílica tipo Paraloid
B-72.
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 226. Las cuatro imágenes que reflejan la respuesta ante las distintas iluminaciones.
319
A medida que se desciende hacia los pies de Pairusejer (Figs. 227 y 228), la
superficie parece menos original. La imagen visible revela los repintes de los jeroglíficos,
pero también que el registro inferior quedó sin decoración, probablemente porque no se
habrían conservado restos originales suficientes como para reproducir la escena. Esto se
traduce en la imagen con luz UV en un área relativamente homogénea que emite naranja
de gomalaca, en la zona inferior derecha, en el límite de unión con la pieza de los pies,
sobre la superficie repintada de 1950. Mientras el resto de la imagen muestra incontables
manchas negras procedentes de la restauración de 1975, en la que los repintes fueron
parcialmente borrados y hubo que retocar el estuco con un color amarillo de fondo.
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 227. Cuatro imágenes de los pies de la tapa mostrando las distintas reflexiones.
320
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 228. La vista más cenital de la zona inferior de las piernas y del empeine examinada con VIL
muestra las escasos restos de policromía original en esta parte de la tapa del ataúd.
321
Sorprendentemente, la decoración sobre la pieza de los pies de la tapa de
Pairusejer (Fig. 229) se ha conservado prácticamente entera, salvo por el extremo
superior central que, a juzgar por el color negro que refleja cuando se ilumina con luz
ultravioleta (como muestra la flecha), fue restaurado en 1975.
ACT VIL
UV VIL-M
Fig. 229. Las imágenes muestran la distintas reflexiones según la luz con que se han iluminado.
322
A continuación, se muestran las imágenes realizadas con luz ultravioleta y VIL
aplicadas al examen de la caja del ataúd de Pairusejer, en sus superficies externa e
interna. De nuevo se exponen las fotografías del lateral derecho, el único al que se tuvo
acceso para realizar el examen VIL. La decoración de la caja destaca por su excelente
estado de conservación, mucho mejor y más completo que el de la tapa externa. En ella
no se encuentran los repintes de los años 50, que imitaban la decoración y los jeroglíficos
egipcios; pero sí se identifican las huellas de la restauración de 1975: los refuerzos en las
grietas estructurales con Araldit madera y los retoques en la policromía para entonar y
disimular las áreas desgastadas o perdidas. La primera diferencia entre estos retoques y
los repintes más antiguos es que, para retocar y entonar, se pintó directamente sobre el
fondo, sin aplicar un nuevo estucado. La segunda es que los retoques no inventan
ninguna forma que no esté presente, como máximo completan líneas y rellenan de color
las lagunas.
Fig. 230: Detalle de la superficie externa de la caja, pared lateral derecha, iluminada con luz
ultravioleta. La reflexión que emiten los pigmentos originales difiere de la que emite la pintura de
reintegración de 1975, siendo ésta de color negro intenso. Este tipo de examen permite incluso
ver las pinceladas al aplicar el color y comprobar que no siempre se adaptaban a la laguna. Es
fundamental señalar que esto no implica que la reintegración esté mal hecha, ya que lo importante
es el resultado de la misma bajo luz natural.
323
Como se comprobará en las imágenes siguientes, por una parte, los retoques se
concentran en la zona inferior de la pared lateral izquierda de la caja, donde se une con
la base (Fig. 231). Dicha unión era poco estable, con zonas perdidas, por lo que tuvo que
ser reintegrada con una mezcla de PVA y serrín, o Araldit madera; la decoración
colindante también se reintegró. Por otra parte, entre la zona intermedia de la pared y los
pies del ataúd, hay dos escenas cuya decoración ha sido muy retocada, quizá
coincidiendo con una escorrentía que ha borrado parcialmente la pintura (Fig. 232). Los
colores empleados en dichos retoques son los mismos de la paleta egipcia: ocre para el
fondo, rojo, verde y azul para las figuras.
Cabe resaltar que no todas las lagunas fueron reintegradas, siendo el ejemplo
más destacable el de la pared lateral izquierda del ataúd, que ya se documenta en la
primera imagen fechada en torno a 1905 (Fig. 231). ¿Por qué la laguna superior no se
reintegró (flecha roja), y en cambio sí se entonó la inferior (flecha verde)? Las figuras del
estado actual de esta zona, tanto con luz visible como con luz ultravioleta, muestran la
diferencia entre las zonas reintegradas y la que se dejó como laguna.
Fig. 231. Imagen del Museo Arqueológico Nacional IV. Tarjeta postal Fototipia de Hauser y Menet.
Madrid, ca. 1905. BNE, 17/TP/37. En la pared de la caja se distingen dos zonas perdidas,
señaladas con dos flechas.
324
1975
BN
ACT
1987
UV
Fig. 232. Arriba, imagen de la caja antes de la restauración de 1975, que muestra las áreas de
policromía perdidas, archivo IPCE, IS 497. Abajo, a la izquierda, imagen del Archivo del Museo
Arqueológico Nacional R-4272 18253-IDE004, fechada el 15/4/1987, en la que se identifica solo
una de las lagunas antiguas no reintegrada (señalada con una flecha roja) y otra zona reintegrada
(señalada con una flecha verde). Arriba, a la derecha, estado actual de la caja en blanco y negro.
En medio, a la derecha, estado actual de la caja en color. Abajo, a la derecha, imagen de la
reflexión ultravioleta, en la que destaca la reflexión negra de la laguna reintegrada (señalada con
la flecha verde) y en gris se identifica la laguna que nunca ha sido restaurada.
325
Fig. 233. Detalle del lateral
derecho de la caja del ataúd de
Pairusejer iluminado con luz
ultravioleta. Se distinguen los
trazos de la reintegración de
1975 en negro y las
acumulaciones de fibra de
algodón en blanco.
326
La segunda técnica de examen, las imágenes VIL, demuestran una conservación
excelente de la decoración. De igual manera revelan las pequeñas zonas azules
reintegradas, que son un porcentaje muy pequeño del total, y aquellas áreas en que el
azul egipcio se ha extendido accidentalmente manchando la superficie (más adelante:
Fig. 236).
- 1987: La fotografía realizada en 1987, del archivo del Museo Arqueológico Nacional
R-4272.
- IR: En el caso de que haya una imagen representativa de reflectografía infrarroja, esta
también se incluye.
327
La uniformidad de las imágenes (Fig. 235) demuestra que la conservación es muy
buena, salvo algún pequeño desconchón en las piernas de la primera figura masculina
(flecha roja). En la imagen de luz ultravioleta, arriba, a la derecha, solo se distinguen las
fibras de algodón que provienen de la limpieza. Las fotografías VIL indican que todas las
superficies azules son originales.
1975
UV
1987
VIL
BN
ACT VIL-M
Fig. 235. Comparativa de las siete imágenes en las que se observan los cambios superficiales a lo
largo del tiempo.
328
También esta zona se ha conservado muy bien, salvo el borde inferior de los pies
de las figuras, que en la restauración de 1975 fue reintegrado con PVA y serrín (Fig. 236).
La fotografía con luz ultravioleta muestra únicamente detalles que han sido retocados y
se distinguen por su color negro (señalados con flechas). Lo más interesante de las
imágenes VIL es la dispersión del color azul (señalado con un círculo rojo), quizá debida
a que se rozó mientras todavía estaba mordiente el adhesivo del pigmento. De haberse
rozado ahora, el pigmento se habría perdido.
UV
1975
1987
VIL
BN
ACT VIL-M
Fig. 236. Comparativa de la parte central de la caja que evidencia una conservación excelente.
329
La figura 237 muestra la zona intermedia del lienzo derecho de la caja, donde la
decoración se había perdido parcialmente. Probablemente se deba a una escorrentía, ya
que se trata de un deterioro muy localizado que incluye toda la altura de la caja. Esta
área se corresponde con otra deteriorada y reintegrada de la tapa externa, y no ha
afectado a la totalidad de la decoración, sino más intensamente a la pintura del fondo. En
1975 esta laguna se reintegró (círculo rojo) y ello hace que se observe una reflexión
negra en la fotografía con luz ultravioleta. Las imágenes VIL de nuevo permiten ver
pequeñas reintegraciones (señaladas con una flecha).
1975 UV
1987
VIL
BN
ACT VIL-M
Fig. 237. Las siete figuras reflejan una zona peor conservada probablemente a causa de la
escorrentía.
330
VIL
En la figura 238, la escena representada en las imágenes superiores se ha
conservado casi sin cambios: solo se identifican detalles de retoques marcados con
flechas amarillas. En la fotografía realizada con luz ultravioleta se distinguen de nuevo las
fibras de algodón de la limpieza, y un matiz diferente entre el color de fondo de dentro y
fuera del baldaquino: dentro el color es más oscuro que fuera, lo que indica que la
limpieza del barniz ha sido más profunda en la zona externa. Abajo, a la derecha, se ha
incluido la reflectografía infrarroja en la que se aprecia una diferencia de intensidad en la
peluca de la figura femenina a la derecha, que indica que ha sido reintegrada (marcada
con una flecha verde). Sin embargo, en el traje de la figura masculina no se observa
ninguna diferencia
de intensidad, a
pesar de que está
reintegrado. Por ello,
esta técnica no es la
más apropiada para
estudiar la 1975 UV
decoración de los
ataúdes egipcios del
MAN.
1987 VIL
BN VIL-M
ACT IR
331
ACT
La última escena del lienzo derecho (Fig. 239) ha sufrido igualmente una
degradación de lo que parece el efecto del agua llevándose con ella la pintura. Las
imágenes con luz visible evidencian que el fondo se entonó con color amarillo y las
fotografías con luz UV e IR destacan la extensión concreta de esos retoques (señalados
con una flecha verde). También la figura masculina arrodillada ha sido reintegrada, pero
solo parcialmente. Recordemos que, a diferencia de los restauradores de la década de
los 50, en el año 1975 exclusivamente reintegraron aquello que conocían, pero no
“inventaron” líneas desaparecidas, como sería, en este caso, la mano del hombre
arrodillado (indicado con una flecha negra). Las imágenes VIL permiten ver los retoques
sobre el azul egipcio, especialmente en el registro superior (señalado con una flecha
roja), a la vez que muestran un árbol, cuya copa se compone de puntos azules,
perfectamente conservado. Por último, en la reflectografía infrarroja, ubicada a la
derecha, se distingue bastante bien la reintegración (indicado con una flecha azul),
aunque los límites no se corresponden con los de la imagen de ultravioleta, mucho más
precisos.
1975 UV
1987 VIL
ACT IR
332
ACT IR
Seguidamente se presentan las composiciones correspondientes a la evolución
del interior de la caja. La perspectiva de las imágenes no siempre se corresponden por
completo, debido a la dificultad de realización de las mismas.
UV VIL VIL-M
333
Las imágenes inferiores (Fig. 241) muestran el interior de la caja del ataúd, una
parte de la representación femenina principal y la pared izquierda intermedia. Arriba, de
izquierda a derecha: la imagen del año 1975, la actual en blanco y negro, y la misma en
color. En la zona central de la composición: a la izquierda, la fotografía de 1987 y las dos
imágenes VIL. Abajo, a la izquierda, otra vista de la caja en 1975 para comparar con la
fotografía de luz ultravioleta, a su derecha. Al igual que las imágenes anteriores se
evidencia que la decoración interior del ataúd está muy bien conservada. En este caso, la
fluorescencia ultravioleta deja ver diferentes manchas en la base del ataúd provocadas
por las resinas del embalsamamiento del cuerpo (indicadas con flechas verdes). Las
fotografías VIL de nuevo indican la perfecta conservación del azul egipcio y demuestran
que éste está por debajo de determinadas líneas verdes (como señala la flecha roja).
BN ACT
1975
VIL VIL-M
1987
1975 UV
334
En la composición inferior (Fig. 242) se muestra el interior de la caja del ataúd en
una zona más cercana a los pies. A la izquierda, de arriba a abajo: la imagen de 1975
anterior a la restauración, la de 1987, la actual en blanco y negro y, por último en color.
En el centro, arriba, las fotografías VIL y, abajo, las VIL modificadas. A la derecha, arriba,
las imágenes ultravioleta. Al igual que las imágenes anteriores se observa que la
decoración interior del ataúd está muy bien conservada, y con manchas superficiales,
que se aprecian por la fluorescencia que emiten bajo luz ultravioleta (indicada con una
flecha verde). Las fotografías VIL en este caso muestran la diferente conservación de dos
áreas: un cielo estrellado perfectamente conservado (flecha azul) y una línea azul a
modo de soporte, parcialmente perdida (como señala la flecha roja).
1975
VIL UV
1987
BN
VIL-M
ACT
Fig. 242. Las imágenes muestran que no se han producido cambios desde 1975.
335
La última composición de la decoración del interior de la caja refleja una vista
cenital de la zona inferior (Fig. 243). A la izquierda, de arriba a abajo: imagen de 1975
antes de la restauración, la de 1987, la actual en blanco y negro, y la misma en color. A la
derecha, arriba, la fotografía de luz ultravioleta, en medio y abajo, las dos imágenes VIL.
De nuevo destaca el buen estado de la decoración, y las manchas superficiales del
embalsamamiento, que se aprecian por la fluorescencia que emiten bajo la luz
ultravioleta (indicada con una flecha verde). También se evidencia uno de los signos anj
parcialmente borrado, al igual que la última banda azul, en las fotografías VIL (señalado
con dos flechas azules).
1975
UV
1987
VIL
BN
VIL-M
ACT
Fig. 243. Composición de siete imágenes de los pies de la caja.
336
Por último, la cubierta interna de momia fue examinada con las mismas técnicas
(Fig. 244), y con ellas se corroboró lo que ya se observaba a simple vista: el excelente
estado de conservación de la pieza, con la decoración prácticamente intacta. La
fotografía VIL es la técnica más clara para comprobar la presencia de policromía original
y la ausencia de reintegraciones. En las imágenes siguientes se observa, de izquierda a
derecha, la imagen tomada antes de la restauración de 1975, la de 1987, la actual en
blanco y negro, la actual en color, la fotografía VIL en bruto (con el tono rojizo de la luz
infrarroja) y la fotografía VIL sin el color rojo. Tanto en la zona superior de la cubierta,
como en la zona inferior, se comprueba que la decoración no ha variado en el tiempo, y
que toda ella es original.
Fig. 244. Composición de la cubierta interna de momia, en blanco y negro, color y VIL, que
demuestran el excelente estado de conservación de la pieza. Arriba, la mitad superior de la
cubierta; abajo, la mitad inferior.
337
La fotografía ultravioleta ha confirmado la ausencia de repintes o reintegraciones,
y ha puesto de relieve la presencia de fibras de algodón de una antigua limpieza, como
muestran las figuras 245 y 246. Esta luz deja ver con más claridad las antiguas
restauraciones que consistieron en unir con adhesivo las zonas desprendidas, como la
nariz (Fig. 247) pegada en el pasado con cola de conejo (como demuestran los análisis
FTIR-ATR, Fig. 248), antes de 1975, como evidencian las imágenes previas a esta
intervención. Se desconoce la fecha exacta de esta unión, pero se sospecha que no
coincide con la restauración de los años 50, pues en esta época no hubieran dudado en
reintegrar toda la superficie perdida, y no habrían dejado el adhesivo a la vista. Los
antiguos ensambles deformados con el tiempo se reforzaron con PVA (según los
resultados de FTIR-ATR) (Fig. 249, 250, 251 y 252). En el último caso, la tensión interna
del ensamble ha abierto una nueva grieta junto a la reparación anterior, no coincidiendo
con la antigua grieta, sino justo al lado, ya que el adhesivo es capaz de resistir la tensión;
no así la madera contigua.
338
Fig. 247. Vista desde el lateral derecho de la adhesión de la nariz. Arriba con luz visible; abajo con
luz ultravioleta. El adhesivo de cola de conejo empleado emite una fluorescencia blanca, así como
las fibras de algodón que cubren toda la superficie decorada de la cubierta.
Fig. 248. Espectro FTIR de la muestra de adhesivo de la nariz identificada como cola de conejo,
por las bandas del grupo amida, que en este caso corresponde al enlace peptídico de las
proteínas: una banda muy ancha asignada a la vibración de tensión del grupo N-H (νN-H: ca.
3276cm-1), las bandas de tensión del grupo C-H (νC-H: ca. 3077, 2940 y 2875cm-1), la banda de
tensión del grupo carbonilo (νC=O: 1628cm-1) y de flexión del grupo C-N-H (δC-N-H: 1529cm-1), y
por último, la banda de flexión del grupo C-H (δC-H: 1445 y 1402cm-1).
339
Fig. 249. Vista inferior de la unión de la cubierta a la pieza de los pies, reforzada con adhesivo
actual. Arriba, imagen con luz visible y, abajo, luz ultravioleta.
Fig. 250. Espectro FTIR de la muestra de adhesivo de los pies de la cubierta interna identificada
como PVA, por las bandas que evidencian vibración de los grupos metilo (-CH3) y metileno (-
CH2-): aparecen a: ca. 2927 y 2857cm-1 (νas y νs -C-H) y a ca. 1432 y ca. 1399cm-1 (δas y δas -C-
H). Respecto al grupo éster [-C-O-C(O)-], se identifica claramente la banda del grupo carbonilo (ν-
C=O) a ca. 1730cm-1, e igualmente resultan evidentes las otras bandas del grupo éster que
aparecen a ca. 1228, ca. 1095 y ca. 1018cm-1 que se asignan a la unión (ν-C-O-). También se
detectan otras bandas que se pueden atribuir a este polímeros y que aparecen a ca. 943 cm-1 y
ca. 785cm-1.
340
Fig. 251. Vista de la
adhesión de un antiguo
ensamble en el lateral
derecho de la cubierta.
Arriba, la imagen con luz
visible; abajo, con luz
ultravioleta. El adhesivo
empleado emite una
fluorescencia muy blanca,
que permite distinguir muy
bien la línea de adhesión y
relacionarla con el PVA
empleado en el refuerzo de
los pies.
341
4.1.5. El estado de conservación actual del ataúd de Pairusejer
Es importante comenzar señalando que las tres piezas que forman el conjunto
del ataúd de Pairusejer se han conservado en muy buen estado, dada su composición,
su antigüedad y, especialmente, habiendo pasado por circunstancias tan complejas como
el momento del enterramiento, la extracción del escondrijo en Deir el-Bahari, el viaje
hasta El Cairo, el largo e interrumpido viaje hasta Madrid, las numerosas manipulaciones,
los cambios de exposición y hasta una guerra. Cada una de estas situaciones supuso
una transformación de condiciones medioambientales y un mayor movimiento que,
unidos a la acción natural de envejecimiento de los materiales, han dado lugar a una
serie de transformaciones y deterioros en la estructura y en la decoración del ataúd.
Estos han sido tratados al menos en las dos restauraciones, en los años 50 y en 1975.
No obstante, la pieza ha seguido evolucionando en los últimos 40 años y algunos
tratamientos han quedado obsoletos.
342
antiguas pérdidas a las dos importantes restauraciones que han dejado huellas muy
marcadas en la superficie. La decoración externa de la caja está menos dañada que la
tapa porque ha sido menos intervenida; y la decoración interna está prácticamente
intacta, gracias a que ha estado muy protegida. En cambio, la estructura de la caja es la
más afectada de las tres piezas, por haber soportado todo el peso y absorber el
movimiento y la tensión durante los transportes. Por último, la cubierta interna de momia
tiene una conservación extraordinaria, debido a su pequeño tamaño y estructura sencilla,
que ha minimizado la tensión y el peso, y por estar protegida en el interior de la caja.
343
Fig. 254. Vista de la tapa externa con dos grietas nuevas que se han abierto a pesar de una
antigua restauración. La zona restaurada y repintada está señalada con una flecha.
344
ataúdes de Bab el-Gasus en los pastillajes, en las pinturas verdes y azules (Fig.
256). Un deterioro similar provocado por una mala mezcla de la pintura, o por una
extrema sequedad, es la aparición de burbujas de aire que provocan el
desprendimiento de la pintura (Fig. 257). Asimismo se identifica un craquelado de
la policromía a causa de la contracción de la capa de protección, porque la fuerza
de adhesión entre la película pictórica y el barniz es más fuerte que la estructura
interna de la propia pintura, y cuando el barniz se contrae levanta la policromía.
Este daño se observa claramente en el lateral derecho de la caja (Fig. 258).
345
- Las pérdidas: el desprendimiento de la policromía es consecuencia del agrietado
de la superficie. Se encuentra en distintos tamaños y profundidades, y ocurre
tanto en la policromía original como en los repintes. Las pérdidas pueden dejar a
la vista la madera (Fig. 259), las capas de preparación (Figs. 260 y 261), o la
policromía original, en el caso de que se caiga un fragmento de repinte.
346
- Marcas de insectos: la madera es un material muy vulnerable al deterioro por
agentes biológicos: diferentes insectos y microorganismos xilófagos habitan y se
alimentan de ella, adaptándose a sus condiciones de humedad y sequedad, por lo
que se encuentran huellas de estas plagas antiguas ya extintas. En el interior de
la tapa externa y en el interior de la caja se han reconocido los pequeños orificios
provocados por la carcoma (Fig. 262), en la parte posterior de la cubierta interna
se ha identificado una tela de araña que contenía el exoesqueleto de un insecto
(Fig. 263), y el estudio microscópico de las astillas desprendidas ha revelado la
presencia de hongos de pudrición, identificables a través de sus hifas y del daño
provocado en la estructura (Fig. 264).
347
- Las manchas: hay depósitos de una sustancia roja, densa y brillante que se ha
identificado con el barniz antiguo compuesto por resina de almáciga (FTIR-ATR)
(Figs. 265 y 266). Se encuentra, por ejemplo, en la mejilla izquierda de la tapa
externa y en el interior de la caja. En la base de la caja se distinguen varias
manchas que pudieran proceder de las sustancias con que embalsamaron el
cuerpo del sacerdote Pairusejer; éstas son de aspecto marrón anaranjado y
salpican varias zonas a lo largo de la superficie (Fig. 267). En el interior de la tapa
se identifica una sustancia oscura y líquida que ha goteado por las paredes, y
parece haber sellado las uniones de las maderas. Esta sustancia no se ha podido
analizar pero su aspecto es muy similar a la cola de conejo identificada en el
interior de la caja de Ruru. Por otra parte, hay una gran mancha de aspecto
grasiento en el extremo superior de la caja, por fuera. Esta mancha oscurece el
fondo amarillo (Fig. 268). Aquí se han
perdido los colores azul y verde, que
son más superficiales que el rojo y el
amarillo del fondo.
Fig. 266. Espectro de un depósito del interior de la caja identificado con la resina almáciga: se
observan bandas correspondientes a los grupos -OH (νO-H ancha: 3.400cm-1) y grupos -CH3 y -
CH2 (νC-H: ca. 2937 y ca. 2875cm-1; δC-H: ca. 1450 y ca. 1377cm-1). En relación a las bandas
asociadas a la vibración de tensión del grupo carbonilo (νC=O), ésta aparece a ca. 1704cm-1 y,
además, es muy ancha, por lo que no es posible detectar las banda asociada al doble enlace
C=C. Esto es indicativo de que la resina ha experimentado un acusado proceso de oxidación. Por
otra parte, este valor de número de onda apunta a que se trata de una resina triterpénica.
Además, la comparación de los espectros de estas muestras con el de referencia de la resina
mastic (Fig. 13) permite observar una buena coincidencia entre ambos, si bien se observan
algunas diferencias en la zona de la huella dactilar y en la forma de la banda de tensión del grupo
carbonilo (C=O). Las variaciones indicadas tienen relación con los procesos de oxidación que ha
experimentado la resina.
348
Fig. 267. Manchas en la base de la caja
posiblemente procedentes de las sustancias
con que se embalsamaba el cuerpo del
difunto.
- Los depósitos adheridos accidentalmente: los más abundantes son las fibras
de algodón, que responden a una antigua limpieza superficial con torundas (Fig.
269). Los restos de algodón cubren prácticamente todas las superficies
decoradas salvo el interior de la caja, por lo que se relacionan con la limpieza de
un antiguo barniz envejecido que oscurecería la policromía. Con esta limpieza se
relacionan los testigos de barniz que se encuentran en la caja y en la superficie
de la tapa, aunque actualmente se han eliminado. Sobre el barniz de los testigos
no se han hallado fibras de algodón (Fig. 270). A pesar de que las fibras se
distinguen a simple vista, es más sencillo verlas con una lupa o con
fotomacrografía. También resaltan en blanco cuando se iluminan con luz
ultravioleta. Además del algodón, se han encontrado plumas de plumero y
cerdas de pincel y brocha (Fig.
271).
349
Fig. 270. Lateral izquierdo de la
cubierta interna de momia. Detalle del
testigo de barniz respetado tras la
limpieza. Se comprueba que el barniz
de almáciga es denso y brillante y
oscurece la policromía que protege.
350
- Materiales derivados de antiguas restauraciones:
Fig. 273. Ensamble de la pared lateral izquierda de la caja con la pieza semicircular
de la cabeza. La unión original fue reforzada con un clavo metálico que no se retiró
en la restauración de 1975.
351
• Mezcla de PVA con serrín: empleada para reforzar las uniones entre las
maderas. Dichas uniones estaban selladas originalmente con un mortero de
barro grisáceo, pero éste se había agrietado. En la restauración se sellaron
de nuevo las uniones con esta mezcla que ha reforzado la unión (Fig. 274).
Fig. 274. Vista interior de la tapa externa, en la que se distingue la unión de los cuatro
tableros de madera sellada con un mortero original grisáceo y, por encima, un
refuerzo moderno de PVA con serrín, de color marrón.
352
• Adhesivos: utilizados para sellar las grietas. Como ya se ha explicado, el
ataúd de Pairusejer tiene numerosas grietas restauradas, y algunas de ellas
destacan por haberse sellado de manera rápida o poco cuidadosa, ya que se
distinguen a simple vista las rebabas de pegamento sobresaliendo de la
zona de unión. En el caso de la nariz de la cubierta interna se utilizó una cola
de conejo, mientras que en los pies se adhirió con PVA (Fig. 276).
Fig. 276. Vista de los pies de la cubierta interna donde no se ha eliminado el exceso
de adhesivo PVA.
353
Fig. 278. Detalle del lateral derecho de la tapa externa. Esta área, señalada con una
línea verde discontinua, fue repintada en los años 50 y borrada parcialmente durante
la restauración de 1975. Alrededor se conserva la policromía original.
354
4.1.5.2. Mapas de alteraciones
A continuación, se muestran los mapas de las diferentes partes y vistas del ataúd
y se señalan las alteraciones y las intervenciones identificadas. Cada elemento tiene un
color determinado, como muestra el siguiente cuadro con el código de colores (cuadro 5).
355
1. Vista cenital de la tapa externa del ataúd: dada la complejidad de la superficie
derivada de la superposición de capas, se muestra una secuencia evolutiva de las
mismas de izquierda a derecha (Mapa de alteraciones de Pairusejer 1, con la página
en posición apaisada). En la primera imagen se marcan en rojo las grietas que surcan
la superficie, tanto las antiguas ya restauradas, como las actuales. Estas grietas
están relacionadas con la construcción de la tapa, con las uniones de los tableros. En
la segunda, se suman las áreas intervenidas en los años 50: las que fueron
reintegradas (como la nariz) y las que fueron repintadas (como la peluca, zonas de la
decoración y los “pseudo-jeroglíficos”); éstas se identifican en rosa. La tercera imagen
muestra, en naranja, el área que fue protegida con goma laca. Para poder identificarla
se ha requerido la iluminación ultravioleta, que provoca el brillo anaranjado de esta
sustancia. Asimismo, se ha marcado en negro un cuadrado en el torso, a la derecha,
que es visible únicamente con luz ultravioleta, y se explica como un antiguo testigo de
limpieza conservado temporalmente y eliminado en una restauración posterior. En la
cuarta imagen se marcan en amarillo las intervenciones del año 1975, que incluyen el
sellado de grietas, la eliminación parcial de los repintes y el entonado del fondo en las
áreas borradas, y en azul, el área correspondiente a la limpieza del barniz original de
almáciga, que en aquel momento debía oscurecer la superficie y, al retirarlo, se
recuperó el aspecto más claro los colores originales. Como se puede apreciar en la
lámina, de nuevo las intervenciones de adhesión están relacionadas con las grietas
estructurales. En la última imagen de la composición se han señalado, en verde, las
pérdidas o lagunas de mayor tamaño. Éstas se han producido recientemente, es
decir, después de la restauración de 1975; si hubieran sido anteriores se habrían
reintegrado en aquel momento.
356
357
Mapa de alteraciones de Pairusejer 1.
Mapa de alteraciones de Pairusejer 2.
358
2. Vista de la cabeza (mapa de alteraciones de Pairusejer 3) de la tapa externa, que
muestra las grietas en rojo. Las grietas horizontales fueron restauradas en los años
50, selladas con un estuco repintado con la trama de la peluca, a base de líneas
azules y amarillas. La policromía de la zona repintada tiene una tonalidad diferente a
la original, más amarilla, lo que convierte al azul en verde: puede deberse a la goma
laca empleada como capa de protección o a la resina de almáciga original. Estas
áreas están señaladas en el mapa con color rosa indicando que hubo repinte; sin
embargo, no se han marcado con la capa naranja que implicaría presencia de goma
laca, porque durante el examen con luz ultravioleta fue imposible comprobar la
fluorescencia de esa zona de la cabeza. La tensión interna de esta zona ha
fracturado el nuevo estuco y ha abierto más grietas en sentido vertical.
359
3. En el alzado de la pieza de los pies (mapa de alteraciones de Pairusejer 4) se ha
marcado la zona del ensamble con las paredes laterales con una línea discontinua
roja. Esta área, probablemente, estuviera agrietada en 1975 y, por esa razón, se le
aplicó una capa de PVA más serrín a modo de sellado, que en la imagen se identifica
por el color marrón oscuro. Se ha señalado la grieta en la zona derecha de la imagen,
con una línea roja continua que coincidiría con el pie izquierdo del ataúd. Asimismo se
indican en verde las zonas en que se ha perdido el enlucido blanco, que sería el
acabado egipcio. Por último, destaca un número 4 escrito en rojo, arriba, en el centro.
Para señalarlo en este mapa de daños, simplemente se ha repasado la grafía con el
mismo color rojo.
360
4. Seguidamente se muestran los mapas de la caja: primero desde una perspectiva
cenital (mapa de alteraciones de Pairusejer 5); después desde los laterales, izquierdo
arriba y derecho abajo, en una página que debe verse en posición apaisada (mapa de
alteraciones de Pairusejer 6). Es importante señalar que la vista del lateral izquierdo
está parcialmente oculta por el film protector de polietileno de color rosa, sobre el que
se apoyaba la caja, y que fue imposible retirar. En todo caso, este lateral estaba muy
bien conservado, incluso la arista inferior de la base. En cambio, la misma zona del
lateral derecho estaba muy perdida y por ello fue reforzada con una mezcla de PVA y
serrín y, puntualmente, con Araldit madera, en la intervención de 1975. Esa
reintegración matérica está indicada en color marrón oscuro. Además de esto, se
distinguen las grietas que coinciden con las uniones de las maderas que componen la
estructura; por tanto son más numerosas en la vista cenital, ya que la base estaba
compuesta por seis tableros de madera. Las paredes laterales estaban formadas por
un único tablero, que se unía a la pieza semicircular de la cabeza y a la base. En
amarillo se señalan las reintegraciones cromáticas de la restauración de 1975; no
están presentes en el interior de la caja, pues la decoración de esta zona no requirió
de ningún retoque. Al mismo momento corresponde la limpieza del barniz original del
ataúd, que dejó a su paso restos del algodón de las torundas, y se ha marcado en
color azul, así como los testigo respetados de barniz original, señalados en fucsia.
Las áreas coloreadas de marrón claro indican las manchas de sustancias de
embalsamamiento, como las que se encuentran en la base de la caja. Las marcas
verdes son las pérdidas o lagunas de la decoración o del color de fondo, que dejan a
la vista el estucado e, incluso, la madera. En la vista desde arriba se aprecian
muchas zonas perdidas por el roce con la tapa, y en los laterales no abundan las
nuevas lagunas. Estos deterioros de la policromía son actuales, salvo uno en la pared
izquierda, sobre la cabeza de una vaca, que ya se identificaba en la primera imagen
documentada del ataúd (Fig. 231). Se desconoce porqué esta laguna no fue
reintegrada con el color amarillo del fondo, como el resto de áreas perdidas. Por
último se han señalado en azul claro las clavijas de madera y las oquedades donde
irían las que se han perdido.
361
Mapa de alteraciones de Pairusejer 5.
362
363
Mapa de alteraciones de Pairusejer 6.
5. El alzado de la pieza semicircular de la cabeza (mapa de alteraciones de Pairusejer
7) muestra una gran mancha que cubre prácticamente toda la superficie, y está
coloreada de marrón claro. Sobre esta mancha se ven otras más intensas que se han
señalado den granate. Además, en verde se indican las lagunas que parecen
proceder del roce.
364
6. La imagen de los pies (mapa de alteraciones de Pairusejer 8) muestra que esta zona
se dejó sin enlucir, ni siquiera con mortero y un color de fondo. Únicamente se aplicó
el mortero de sellado en las grietas, aquí marcado con su mismo color original: gris.
En rojo se señalan las grietas y, en marrón oscuro, el refuerzo estructural con PVA
más serrín, en las zonas con riesgo de separarse o desprenderse. El refuerzo es
superficial en la zona alta, donde se une con la pared izquierda; en cambio adquiere
mayor grosor en la arista inferior, donde fortalece el ensamble de unión con la base.
Por último, se indican en blanco las salpicaduras de pintura blanca o de estuco diluido
y, en azul, las clavijas.
365
7. El mapa de alteraciones de la cubierta interna de momia (mapa de alteraciones de
Pairusejer 9) se ha realizado desde la perspectiva cenital. En este mapa se
distinguen las grietas en rojo. No se observa ningún repinte de los años 50, ni
tampoco retoques de 1975. Con fluorescencia UV no se aprecian los numerosos
colores que caracterizaban la tapa o la caja, y ello se debe al excelente estado de
conservación de la pieza y la escasez de tratamientos de su policromía. Sí se ha
encontrado un testigo de barniz antiguo como resultado de la limpieza realizada en
1975 para eliminar el barniz original envejecido, y restos de algodón adheridos a toda
la superficie que, al igual que testigo, se distinguen con más claridad bajo luz
ultravioleta, señalada en azul. El testigo se encuentra en el costado izquierdo, a la
altura de la terminación del collar, señalado aquí en fucsia; mientras la zona limpia de
barniz y cubierta de fibras de algodón se ha marcado en azul oscuro. También se
identifican áreas perdidas: el color verde claro indica las lagunas de policromía y
hasta la capa de preparación, que se observan en el rostro y en el ensamble en zig-
zag en la zona baja de la cubierta y en la unión con el listón que da forma a los pies.
En este caso, los desprendimientos están relacionados con la tensión del ensamble y
la formación de grietas. El color verde oscuro muestra las faltas desde la estructura
de madera. Como se puede comprobar en el mapa, se ha perdido un listón que
comenzaría arriba, en la diadema, y llegaría hasta la parte alta de la pierna derecha,
así como dos secciones del lateral izquierdo: uno en la cabeza y otro en el collar. Por
último, se indica en lila una fractura documentada y protegida temporalmente durante
el último desmontaje de las salas, antes de comenzar con la renovación del museo.
Para evitar la pérdida de este pequeño fragmento situado a la altura del hombro
derecho, se realizó un empapelado con papel japonés.
366
Mapa de alteraciones de Pairusejer 9.
367
Una vez examinados los cambios en el ataúd desde su llegada al Museo
Arqueológico Nacional y los deterioros que presenta actualmente, se puede afirmar que
la estructura se conserva estable, pues las piezas pueden ser manipuladas, siempre con
sumo cuidado y por personas expertas. No obstante, la decoración, especialmente en la
superficie externa de la tapa, tiene un estado más delicado, evidenciado por los
desprendimientos de policromía cuarteada, tanto la original como los repintes, tal y como
se señalaba en la figura 261.
368
4.2. EL ATAÚD DE RURU (MAN 18254)
Fig. 279. Vista cenital de la tapa del ataúd a la izquierda, y del interior de la caja a la derecha.
369
4.2.1. Descripción del ataúd
370
las piernas y los pies. Otra característica es la decoración polícroma exterior de gran
tamaño, tanto de las figuras como de las inscripciones, que resaltan sobre el fondo
blanco no barnizado. Además de ser de un tamaño mayor, las representaciones no
cubren toda la superficie del ataúd, es decir, que la densidad de decoración es mucho
menor y se encuentran espacios del fondo sin decorar. El aspecto final se asemeja más a
la tipología propia de la época ramésida que a la de la dinastía XXI, recordando por
ejemplo al ataúd de Henutmehyt (Museo Británico, EA 48001, Reino Nuevo, procedencia
desconocida). El interior de la caja está decorado con la diosa Neftis, tocada con los
signos que representan su nombre egipcio Nebethet. Esta figura se limita a la base de la
misma, mientras que el resto de paredes tienen únicamente un fondo rojo oscuro.
Destaca la escasa similitud entre las dos partes de este ataúd: la tapa y la caja
tienen características diferentes, y éstas se aprecian especialmente cuando se contempla
el ataúd entero. La falta de uniformidad se refiere al encaje entre la tapa y la caja que,
con toda seguridad, está relacionada con la mala conservación del ataúd y con la
adhesión de los tableros de la tapa durante su restauración, que no logró mantener la
curvatura original (Figs. 281 y 282).
Fig. 281. Imágenes tomadas durante la última obra del museo, entre 2008 y 2013, en los dos
almacenamientos S 1_R.jpg
371
Fig. 282. Imágenes tomadas durante la última obra del museo (2008-2013), en los dos
almacenamientos S 2_R. jpg.
372
nombre de Khonsumose. Actualmente se exhibe en el Museo Nacional de Cultura
Mundial de Suecia (Cat. nº 5, Fig. 285)495.
Fig. 283. Ataúd externo del príncipe Pa-seba-khai-en-ipet, Museo de Brooklyn, Charles Edwin
Wilbour Fund, 08.480.1a-b. Imagen: Museo de Brooklyn, 08.480.1a-b_profile_PS1.jpg
Fig. 285. El ataúd externo masculino probablemente de Khonsumose (Museo Nacional de Cultura
Mundial de Suecia, Cat. nº 5). Procedente de Bab el-Gasus.
373
Fig. 284. Ataúd de Butehamon Museo Egipcio de Turín, Cat.
2236/1-2. Ferraris y Greco, 2015:180 y 181.
Por otra parte, no se puede considerar la decoración rayada de las pelucas como
un rasgo exclusivo de los ataúdes masculinos, ya que existen ejemplos de ataúdes
femeninos cuyas cajas presentan este tipo de trama, mientras las tapas muestran la
peluca trenzada; así ocurre en los ataúdes de Tamaket (Museo Egipcio de Berlín, hoy
desaparecido496) y el de Henutmehyt (Museo Británico, EA 48001) (Fig. 286). Este data
del Reino Nuevo, precisamente la época a la que imita la tipología del ataúd de Ruru, con
sus figuras de gran tamaño y más separadas unas de otras. La comparativa entre ambos
ataúdes se refiere únicamente al estilo pictórico y al tratamiento dual de la peluca, pues
distan mucho uno del otro en cuanto a materiales y técnicas artísticas. La pieza de
496 Germer, Kischkewitz y Lünnig, 2009:176. Hallado en Deir el-Medina en una tumba familiar
intacta de la dinastía XIX.
374
Henutmehyt destaca especialmente por la calidad de la talla del rostro, el grabado de la
peluca y el fino trabajo del dorado, tanto en este ataúd externo como en las dos piezas
internas.
Fig. 286. El ataúd externo femenino de Henutmehyt (Museo Británico, EA 48001) Reino Nuevo.
Yacimiento desconocido. Imagen: Museo Británico.
Desde el punto de vista del estilo pictórico, la mayor diferencia con respecto a la
decoración de Pairusejer es que los dibujos se componen de grandes figuras e
inscripciones realizadas con trazos rápidos e imprecisos, y el color se ha aplicado de
forma tosca, poco cuidadosa, sin respetar los contornos del dibujo. En esta pintura rápida
tampoco tienen cabida los pastillajes que embellecen las figuras representadas. Otra
497 Información facilitada por A. Amenta en su comunicación “The restoration of the coffin of
Butehamon. New points for reflection from the scientific investigations” presentada en el
Congreso Ancient Egyptian Coffins. Past, Present and Future, celebrado en Cambridge en
abril de 2016.
375
gran diferencia es la ausencia del barniz denso y amarillento cubriendo toda la superficie
externa. Esta es una de las razonas por las que el fondo del ataúd es blanco (Fig. 287).
Las escenas de la tapa se han borrado casi por completo, manteniéndose solo
parcialmente la inscripción central. La mitad superior está mejor conservada, y en ella se
distinguen tres figuras centrales con sus alas extendidas a modo de protección: dos
escarabajos y una diosa Nut. El segundo Hepri, situado debajo de los brazos cruzados,
está acompañado por dos cobras aladas protectoras. En los pies se representan dos
figuras femeninas en actitud orante, una a cada lado, cuyo nombre se ha perdido,
mientras en el centro continúa la inscripción. En la deteriorada decoración externa de la
caja se distingue a la difunta en dos escenas: una realizando las ofrendas y otra ante la
mesa repleta de manjares, así como a los cuatro hijos de Horus que aparecen
flanqueando el cuerpo de Ruru en las dos paredes laterales a modo de protección.
Bordeando la caja, por encima de todas las escenas, se encuentra el friso con la
inscripción polícroma parcialmente perdida. Por último, la decoración figurada del interior
de la caja, limitada a la base del ataúd, está parcialmente perdida, aunque sí se distingue
la figura femenina tocada con su nombre y, junto a ella, a ambos lados de su cuerpo,
había dos inscripciones de las que solo se conserva la de la derecha.
376
encontraron su ubicación, o puede que no perteneciera al mismo, si bien el tipo de
madera presenta las mismas características y conservación, con señas de haber sido
atacado por hongos e insectos xilófagos. Presenta cuatro orificios que albergaron cuatro
espigas, de las que actualmente solo se han conservado las dos centrales in situ.
Igualmente tiene restos de adhesivo y resina. En el informe no se hace referencia a esta
pieza, pero sí se aprecia en las fotografías.
Fig. 288. Fragmento de madera ubicado en el interior del ataúd, pero de procedencia
desconocida.
377
Seguidamente se muestran las medidas más relevantes de cada pieza, primero
de la tapa y después de la caja, desde varias perspectivas. Al igual que en el ataúd de
Pairusejer es preciso tener en cuenta que la precisión puede variar unos milímetros, y
que las zonas de pérdida han podido influir en las medidas totales (Figs. 289-295).
Fig. 289. Medidas en centímetros de la tapa del ataúd de Ruru: arriba, vista cenital, y abajo, vista
desde el lateral derecho.
378
Fig. 290. Medidas en centímetros de dos detalles de la tapa del ataúd de Ruru: arriba, rostro y
peluca, y abajo, vista de los pies desde el lateral derecho.
379
Fig. 291. Medidas en centímetros de los dos extremos de la tapa del ataúd: arriba, vista de la
cabeza, y abajo, vista de los pies.
380
Fig. 292. Medidas en centímetros de la caja del ataúd de Ruru: arriba, vista cenital del interior, y
abajo, vista del lateral derecho.
381
Fig. 293. Medidas en centímetros de la posición de los cajeados en las paredes del ataúd, para el
cierre de la caja y la tapa. Arriba se indica la medida total y las de la pared izquierda, y abajo, las
de la pared derecha.
382
Fig. 294. Medidas de los dos extremos de la caja: arriba vista de la cabeza y, abajo, vista de los
pies.
383
Fig. 295. Medidas en milímetros de los detalles de la decoración, los frisos y las figuras.
384
4.2.2. Elaboración de la estructura
385
Por otra parte, se emplearon listones para alcanzar las dimensiones requeridas.
Estas piezas de madera estrechas y alargadas se colocaron en posición vertical entre las
paredes laterales del ataúd y las piezas de la cabeza y los pies. En este último caso,
representado en la figura 298, los listones en verde y morado rellenan el espacio que
quedaba entre las paredes laterales (en rojo y fucsia) y el panel de los pies (formado por
dos tablas estrechas de madera -en la imagen de color amarillo y turquesa- y un listón
superior más fino y alargado -de color rosa; todas ellas sujetas por clavijas de sección
circular). La resina empleada en la restauración cubre por completo la zona de unión por
la cara interna de la caja y no permite verificar cómo encajan las maderas entre sí. Por
eso, y al no conservarse imágenes de la intervención, la siguiente propuesta se apoya en
el aspecto externo actual: las paredes se unen a los listones verticales y al panel de los
pies por ensambles planos reforzados con clavijas. Éstos se definen como la unión en
ángulo de 90º de dos piezas de madera, que para mantenerse unidas requieren de un
elemento de sujeción; en este caso con clavijas de madera.
Fig. 298. Despiece de los pies del ataúd. Los colores indican los distintos elementos y se respetan
en el resto de mapas de despiece. En la imagen se observan los dos listones verticales entre las
paredes laterales y el panel de los pies. En azul claro destaca la posición de las clavijas que
refuerzan el ensamble plano.
386
En el interior de la caja destacan las marcas de carpintería, provocadas al trabajar
la madera con el cincel y la azuela. La presencia de estas huellas está muy documentada
en ataúdes, tanto en la cara interna como en la externa498, y se identifica generalmente
con una superficie inacabada o más basta, que no se llegó a alisar, quizá por falta de
tiempo o porque no se consideró necesario. Esta cara podría haberse dejado sin pintar o,
como en el caso de Ruru, cubrirse del color rojo oscuro del fondo. Otra posible
interpretación es la que propuso A. Amenta para las marcas del interior del ataúd externo
de Butehamon (Fig. 284) (Museo Egipcio de Turín, Cat. 2236/1-2) 499. Su interpretación es
que estas marcas fueron realizadas en el momento de la reutilización de la pieza para
lograr albergar una caja interna de un tamaño mayor que para el que estaba elaborado
originalmente. Es posible que las marcas de forma aislada no llevaran a proponer una
reutilización de esta caja; sin embargo, los numerosos estudios realizados sobre la
misma han demostrado la presencia de tableros pertenecientes a cuatro ataúdes
distintos formando la actual caja de Butehamon, además de una estratigrafía compleja
compuesta por varios estratos de policromía egipcia. Sabiendo que la caja es un
complejo puzzle de piezas antiguas adaptadas para formar una nueva, cobra sentido la
propuesta del desbaste del interior de la pieza de la cabeza para adecuarse a las nuevas
medidas. En cambio la tapa sí parece haber sido elaborada ex profeso para el difunto
Butehamon, entre otras cosas porque en ella solo se ha identificado una película
pictórica. En el caso del ataúd de Ruru toda la superficie interna presenta marcas del
trabajo de la madera y, si bien las zonas de curvatura son especialmente irregulares, no
parece deberse a un desbaste intencionado concreto, sino ser el tosco resultado de un
trabajo rápido y poco cuidadoso (Figs. 299 y 300).
387
Fig. 300. Vista del interior de la pared derecha de caja. La luz rasante permite observar las marcas
de las herramientas.
Las similitudes con respecto a la elaboración del ataúd de Pairusejer son muchas:
el elemento de unión más utilizado fue la junta plana con lengüeta suelta o reforzada con
clavijas, formada por dos tableros paralelos, con las superficies de unión rectas y con un
cajeado tallado, en el cual se encajaba una lengüeta de madera que mantenía dichos
tableros unidos. Para adquirir una mayor estabilidad y reducir el movimiento, en
ocasiones se introducían dos clavijas que atravesaban el tablero y fijaban la lengüeta.
Estas uniones se identifican claramente en la base de la caja de Ruru, compuesta por
dos tableros muy largos y unidos por tres juntas planas con lengüeta, dos de ellas
reforzadas con clavijas, y la central probablemente suelta (pues en ella no se encuentran
marcas de dichas clavijas). El envejecimiento de las maderas ha aumentado la
separación entre ambas, dejando a la vista las lengüetas, tal y como se observa en la
figura 301.
388
Fig. 301. Despiece de la caja del ataúd de Ruru. En la base se marcan las tres lengüetas con línea
discontinua amarilla, pues su posición se conoce bien, no así sus dimensiones exactas. En las
paredes se indican los cajeados que servirían para cerrar el ataúd, bordeados en amarillo y con
fondo negro.
389
izquierda con el listón de la cabeza y el desprendimiento de la película pictórica permiten
distinguir una lengüeta sujeta con clavijas (Fig. 303). En este caso la dirección del
ensamble es horizontal y existe más riesgo de separación de los tableros, porque la
cabeza tiende a abrirse de forma natural y no hay ninguna fuerza que la empuje a
mantenerse unida a la pared, a menos que dichas clavijas aseguren la estabilidad del
conjunto, impidiendo la separación de ambas piezas.
Fig. 302. Despiece de la caja del ataúd de Ruru. Vista del lateral derecho.
Fig. 303. Detalle de la junta plana con lengüeta reforzada entre el listón vertical y la pared
izquierda. Los círculos marcan las clavijas y la flecha señala la lengüeta.
390
El lienzo de la pared izquierda está compuesto por un gran tablero y dos piezas
de madera ensambladas en la zona de unión con el listón vertical y la de la cabeza. La
pieza superior aporta la forma y el grosor a la pared en la curva de los hombros y
actualmente ambas se encuentran separadas en la zona de unión. La madera inferior se
adapta perfectamente al hueco que el tablero principal no lograba cubrir hasta la base del
ataúd, por tanto se trata de una pieza larga y estrecha (Fig. 304).
Fig. 304. Despiece del alzado de la pared izquierda, donde el tablero principal ensambla con
piezas más pequeñas pintadas en blanco y amarillo, y con las de la cabeza: el listón vertical en
verde y la pieza semicircular en azul.
391
En la tapa del ataúd se reconocen las distintas piezas a simple vista gracias a la
separación entre las maderas, a causa de los movimientos de contracción y expansión a
lo largo de los siglos. Muchas de estas separaciones han sido reparadas con adhesivo y
resina epoxídica Araldit madera durante la restauración de los años 80, como se
comprueba en las imágenes de las caras externa (Fig. 306) e interna de la tapa (Fig.
307). El despiece de la tapa se muestra en la figura 308.
Fig. 307. Interior de la tapa en la que se distingue claramente la resina epoxídica rellenando las
grietas y adhiriendo las maderas entre sí, señalada con flechas rojas. Por debajo de la resina
actual se identifica el antiguo mortero empleado para sellar las uniones. Los círculos verdes
indican la ubicación de las clavijas que forman parte de los ensambles, y cuando tienen la línea
discontinua es porque están cubiertas del mortero original grisáceo o la resina epoxídica de
reintegración. Los círculos azules indican los orificios para la sujeción de las manos.
392
Fig. 308. Despiece de la tapa de Ruru. Arriba, vista cenital; abajo, vista del lateral derecho.
393
Conviene recordar que para obtener las curvaturas naturales de la forma humana
de la tapa, se empleó un mortero arcilloso cubriendo la estructura de madera para
modelar el volumen deseado. El ejemplo más característico es la curvatura en los
empeines de Ruru, creada a partir de dos piezas encajadas de madera, modeladas y
suavizadas con el mortero.
La tapa de Ruru está compuesta por una cubierta en la que se representaban las
formas básicas de la difunta: el rostro enmarcado en la peluca, los brazos, el abdomen y
las piernas. Sin embargo los dos primeros no son propiamente de la cubierta, sino
elementos exentos ensamblados a ella. La cubierta se formó con la unión de tres
grandes tableros, unidos entre sí mediante juntas planas con lengüetas reforzadas con
clavijas de madera y selladas con un mortero arcilloso de color grisáceo a modo de
protección. El tipo de unión se distingue en la cara interna, gracias a las clavijas situadas
de forma simétrica a ambos lados de la línea divisoria entre ambos tableros, indicando
dónde estarían ubicadas las lengüetas. En la imagen anterior se han señalado dichas
clavijas con círculos verdes de linea continua; y con línea discontinua cuando están
cubiertas por mortero, ya sea original o aplicado en la restauración (Fig. 308). La sujeción
por clavijas fue el sistema empleado para unir las manos a la cubierta y éstas se
distinguen también en la cara interna, diferenciándose de las anteriores
fundamentalmente por su ubicación, en la mitad de los tableros. Su posición indica que
no están asegurando una lengüeta, sino sujetando un elemento anexo. En la imagen se
resaltan en color azul.
Las paredes laterales estaban formadas cada una por dos tableros alargados
unidos entre sí con empalmes en “z” y, de nuevo, asegurados con clavijas, tal y como
muestra el esquema de la figura 309. Éstas eran el elemento de unión entre las paredes
y cubierta. Se identifican en la superficie externa de la tapa, en zonas que han perdido la
decoración y en las que se observa la madera. Por ejemplo, en la figura 310 se aprecia el
empalme en ”z” reforzado con dos clavijas marcadas con dos óvalos azules: la primera
ha quedado casi por completo a la vista debido a que se ha perdido la decoración que la
cubría. La segunda está ligeramente más profunda en la madera y fue cubierta por la
resina epoxídica durante la última restauración. Hoy en día se puede distinguir a simple
vista gracias a la rotura y pérdida de la madera de esa zona (Fig. 311), seguramente
provocada durante la apertura del ataúd, ya que coincide con la ubicación del cajeado y,
por tanto, era un área donde la pared era más delgada y menos resistente. La rotura
llegó precisamente hasta la clavija que era otra zona de gran tensión. Por último, en la
misma imagen se distingue el final de la tercera clavija que sujetaba la cubierta a la
394
pared, en este caso marcada en verde. En la pared izquierda se encuentra otro ejemplo
de estas uniones (Fig. 312).
395
En todos los casos las uniones se sellaban con mortero, y con él también se
rellenaban los huecos entre la cubierta y las paredes. Volviendo a la pared derecha que
tiene una pérdida importante (Fig. 310), un examen detallado muestra que la unión entre
la pared y la cubierta dejó un espacio vacío, que los carpinteros egipcios rellenaron con
un mortero cálcico, como muestra el detalle de la figura 313 a continuación.
Fig. 314. Alzado de la cabeza con la propuesta de despiece. Las tres piezas inferiores están
ratificadas, mientras que la superior, pintada en rojo, es una aproximación.
396
Los pies de la tapa son el resultado de la unión entre una pieza prácticamente
rectangular, cuya zona superior se ha rebajado para darle la forma esquemática de dos
pies juntos, y dos piezas de madera que, adheridas a la parte delantera, representan la
forma del empeine (Fig. 315: los dos empeines señalados en amarillo y la pieza principal
en azul). Estas tres piezas se unían con clavijas, de las que actualmente se distingue una
(marcada en azul). Como se ha indicado anteriormente, la forma fue suavizada con
mortero, con el que se conseguía una homogeneidad más real. Por otra parte, los
ensambles a las paredes laterales son a caja y espiga, haciendo de caja la esquina
rebajada de la pieza principal, y de espiga las dos paredes laterales (pintadas Fig. 316).
397
4.2.3. La decoración del ataúd
Como es habitual en los ataúdes de este período, la superficie del ataúd externo
de Ruru estaba decorada con pintura al temple sobre una capa de preparación. La
naturaleza del mortero que rellena los intersticios y homogeniza la superficie es arcillosa/
terrosa, y el estuco blanco es carbonato de cal con O y trazas de Si, Al, Mg, y S, tal y
como muestran los análisis MEB-EDX (Fig. 317), coincidiendo con el ataúd de Pairusejer.
El mortero inicial es más abundante en la tapa del ataúd, ayudando no solo a cubrir
faltas, sino a dar forma a elementos como los pies. En cambio, en la caja no se identifica
esta capa homogeneizando la superficie. O bien ésta no es lo suficientemente gruesa
como para disimular la textura de la madera, sus grietas y defectos que no fueron
alisados, y se perciben a pesar de estar cubiertos de estuco y pintura (Fig. 318). Las
irregularidades son muy llamativas cuando se examina bajo una luz rasante. Por otra
parte, tampoco el estuco consigue aportar la homogeneidad y el acabado fino y liso
deseados, ya que el mortero está muy poco tamizado y ello hace que, de cerca, se
identifiquen los granitos de sílice.
398
Fig. 318. Detalle de la
representación de Ruru, en la
pared izquierda de la caja. El
aspecto más llamativo es la
irregularidad a la hora de aplicar el
color amarillo de la piel, que se
aprecia de forma generalizada por
fuera de las líneas del dibujo.
Además, el fondo destaca por su
textura rugosa.
399
Fig. 317. Arriba, a la izquierda, reverso de
muestra de la peluca; a la derecha la
imagen de electrones retrodispersados
con un recuadro que indica el área
analizada; abajo el resultado del análisis
con MEB-EDX, en el que destaca el pico
de Ca. Dado que no hay un pico similar
de azufre, se confirma que es un
carbonato de calcio.
Tampoco cambia la técnica pictórica: los pigmentos fueron aglutinados con una
cola animal o goma, siempre en medio acuoso, y se aplicaron siguiendo un orden
concreto. Sin embargo en este caso sí varía el estilo decorativo, comenzando por la
presencia del color blanco en el fondo, que quedaba a la vista en determinadas escenas
figuradas, así como formando parte de la policromía del collar usej (Fig. 321). Por encima
se podía aplicar una película amarilla que hacía las veces de fondo, especialmente en la
mitad superior de la tapa, siendo el color de la piel del rostro y las manos de Ruru, y el
fondo de las inscripciones jeroglíficas, en la tapa y la caja. Por encima del fondo, ya fuera
blanco o amarillo, se dibujaba el contorno de las figuras y los signos en color rojo de
óxido de hierro. A continuación esos dibujos se rellenaban de color rojo, verde y azul. La
composición de los pigmentos es la misma que la analizada en el ataúd de Pairusejer:
ocre y oropimente para el amarillo, óxido de hierro para el rojo, cloruro de cobre para el
verde y azul egipcio para el azul (Fig. 322). Por último, empleaban el negro de origen
orgánico para dibujar pequeños detalles, tales como los ojos y las barbas en las figuras,
o el contorno de las flores (Fig. 323).
400
Fig. 321. Vista del lateral izquierdo
de la tapa, en la que destaca la
decoración polícroma de la peluca
y el collar usej, en color amarillo,
rojo, verde azul, blanco y
delimitado en negro.
401
Fig. 324. A la izquierda imagen VIL, a la derecha, la misma imagen VIL eliminando el color rojo.
Las zonas que brillan en blanco corresponden al azul egipcio original. Esta imagen se puede
comparar con la Fig. 321, unas líneas más arriba.
Esta misma técnica ha permitido comprobar que un porcentaje muy elevado del
color azul del ataúd de Ruru es original 501, a pesar de que su tono no sea muy intenso y
la capa sea más fina de lo esperado. Esto se debe a que la decoración está muy
deteriorada y la película pictórica se ha perdido parcialmente, rebajando su grosor e
intensidad cromática. Así ocurre en los laterales de la tapa (Fig. 325), o en la decoración
central de la mitad inferior de la superficie de la tapa, peor conservada que la mitad
superior, y en la que los escasos restos de policromía parecen “lavados” dada su
transparencia (Fig. 326). A pesar de ello, la señal que emiten en el infrarrojo y recogida a
través de la fotografía VIL es inequívoca.
Fig. 325. Pared lateral izquierda de la tapa. A la izquierda con luz natural, en el centro imagen VIL
y a la derecha VIL sin color rojo. Aquí el color blanco corresponde al azul egipcio original.
501 En el apartado sobre el estado de conservación se analizarán las causas de las pérdidas de
la policromía y se explicará en qué zonas se han realizado reintegraciones pictóricas.
402
Fig. 326. Vista cenital de la zona de las piernas, cuya decoración está muy perdida y la madera se
ha reintegrado con pintura plana marrón durante la restauración, probablemente para ganar
homogeneidad. A la izquierda, la imagen tomada con luz natural; en el centro, la misma imagen
VIL; y a la derecha eliminando del VIL el color rojo. La técnica demuestra que el poco color azul
conservado es original. La flecha amarilla indica el lugar del que se tomó la muestra analizada a
continuación.
Una pequeña muestra de la película pictórica azul (de la zona señalada en la Fig.
326 con una flecha) fue analizada con MEB-EDX y confirmó la información de las
imágenes VIL: los picos identificados coinciden con la composición del azul egipcio:
silicio, calcio, cobre y oxígeno (Fig. 327).
Fig. 327. A la izquierda, fotomicrografía de la muestra, que mide 1,5 mm de largo y 0,7 mm de
ancho. A la derecha, resultado del análisis en el que se identifican los picos del azul egipcio: Si,
Ca, Cu y O.
403
de conservación, por lo que tanto el color azul como verde conservan su grosor original
(Figs. 328 y 329). No obstante, el tratamiento fijador de la policromía aplicado en la última
restauración hace que el acabado tenga un brillo característico.
En todo caso, el aspecto actual no se puede tomar como referencia para evaluar
dicha luminosidad, pues la superficie fue muy tratada en la última restauración (1983-86):
cubierta por una o varias sustancias orgánicas como PVA y cera microcristalina (Fig.
330). Éstas no se han identificado con el análisis MEB-EDX, ya que solo ofrece
información sobre los compuestos inorgánicos, como muestran las siguientes imágenes
(Fig. 331), ordenadas desde la capa externa a la interna. A la izquierda están las
fotografías de electrones retrodispersados que reflejan los distintos pesos moleculares,
mostrando en un tono más claro los elementos pesados, y más oscuros los elementos
404
ligeros. Así destacará por su brillo el oropimente,
compuesto por arsénico y azufre, mientras que la capa
orgánica de barniz será la más oscura. Cada imagen
muestra un recuadro de mayor o menor tamaño del área
analizada. A la derecha de cada imagen se incluye el
espectro con los picos identificados.
Fig. 330. Fotomicrografía de la muestra verde, de 1 mm de
longitud.
Fig. 331. Identificación de los distintos compuestos que forman la muestra verde, ya sean capas
homogéneas o granos sueltos. De arriba a abajo: capa verde de cloruro de cobre; grano amarillo
de oropimente; grano de rojo formado por óxido de hierro y tierras; capa de preparación blanca de
carbonato cálcico.
405
El color amarillo del ataúd de Ruru se obtuvo con la mezcla de tierras ocres,
compuestas por óxido de hierro hidratado, arcillas y otros elementos del terreno, y
oropimente, un trisulfuro de arsénico. Como ya se ha explicado, el amarillo del ocre
puede variar en función de su procedencia porque es un pigmento natural, y tiene
distintas tonalidades. Sin embargo, el oropimente es un amarillo muy brillante, intenso y
cubriente que, añadido al ocre aunque sea en una proporción pequeña, mejora sus
propiedades. En la muestra anterior se ha incluido el espectro de unos granos amarillos
hallados en la capa pictórica verde cuya función no se ha logrado determinar. Dado que
se encontraron granos amarillos sobre muestras de policromías azules y rojas, y granos
azules sobre capas amarillas y rojas, es plausible que se trate de contaminación entre
distintas zonas, provocada en el momento de la aplicación del barniz original o durante la
restauración de 1983-86, ya fuera en la limpieza, en la consolidación o en la protección
de la película pictórica. Durante todos ellos pudieron arrastrarse granos de un pigmento a
una capa contigua de otro color. Así se percibe en una muestra tomada de la decoración
del collar usej de Ruru, en el lateral izquierdo. Esta muestra de gran tamaño se adhirió en
una restauración anterior y simplemente se despegó para su análisis; pero todas las
pruebas realizadas sobre ella han sido no destructivas, ya que, una vez acabada de
analizar, se devolverá a su lugar de origen, bien documentado e indicado con una flecha
(Figs. 332, 333 y 334).
406
Fig. 334. Fotomicrografía de la muestra anterior,
en este caso enfocada la policromía amarilla. Se
identifican granos amarillos especialmente
brillantes, granos azules y fibras de algodón.
Fig. 336. En la misma área que la figura anterior, pero en este caso se ha analizado el fondo más
oscuro, es decir, con menor peso molecular. A la derecha suben muchos más picos, una mezcla
de los que componen el ocre y la capa de preparación inferior: el calcio, el hierro, el silicio, el
aluminio, el magnesio, el oxígeno y el potasio. De nuevo se identifica la señal de azufre y
arsénico.
407
Esta muestra tiene una línea de color negro que delimita los colores y fue
dibujada en último lugar. Al ser de pigmento de naturaleza orgánica, es complicado
analizarlo con esta técnica MEB-EDX. No obstante, se realizaron pruebas y el resultado
se comparó con los pigmentos de alrededor. Tal y como se esperaba, se comprobó en la
imagen de electrones retrodispersados que la superficie era muy oscura, indicando que
el peso molecular del pigmento es muy bajo; y al medir, el pico más alto con diferencia
fue el carbono (Fig. 337). El resto de elementos están a una escala muy inferior. La
intensidad del carbono es la principal diferencia con las medidas contiguas.
La muestra tomada del interior tiene un color rojo intenso (Fig. 338). El análisis se
ha realizado sobre distintas áreas, pero han sido las que se apreciaban más claras en la
imagen de retrodispersados, las que han ofrecido una señal más definida de los picos
correspondientes al óxido de hierro y a las tierras rojas (Fig. 339).
408
Fig. 338. Fotomicrografía de la muestra tomada del interior de la caja. Se distingue el color rojo y
algunas fibras de la madera.
504 Informe de restauración elaborado por Antonio Sánchez Barriga en 1985, guardado en el
Departamento de Antigüedades Egipcias y del Próximo Oriente del Museo Arqueológico
Nacional.
409
máxime sabiendo que es el barniz el que generalmente oscurece la superficie al oxidarse
y saturarse de partículas de polvo. Lamentablemente, la descripción material del ataúd
realizada en el informe de restauración solo indica que es un “temple a la cola sobre
madera de sicomoro”, sin hacer alusión alguna a un posible barniz.
Fig. 340. A la izquierda, imagen con luz visible de los pies del ataúd, en el momento de la prueba
de solubilidad de la sustancia pegajosa y rojiza que está sobre el pie de la figura femenina,
realizada con una torunda de algodón impregnada en acetona. A la derecha, la misma imagen con
iluminación ultravioleta, hace que la resina brille intensamente en amarillo sobre la superficie.
410
4.2.4. El estado de conservación del ataúd externo de Ruru y su
restauración: el refuerzo
El estudio del ataúd de Ruru tiene una gran ventaja con respecto al de Pairusejer:
se han conservado dos informes de su intervención entre los años 1983505 y 1986, lo cual
facilita mucho la investigación y la identificación de las técnicas y los productos
empleados.
505 Aunque la fecha establecida en el informe como inicio del tratamiento fue 1984, las
fotografías del mismo pertenecen a dos rollos fechados en marzo y junio de 1983 (nº 3205 y
nº 3269), por lo que se considera que el tratamiento comenzó en 1983.
506 Informe de Antonio Sánchez Barriga redactado el 22 de febrero de 1985. Archivado en el
Departamento de Antigüedades Egipcias y del Próximo Oriente del MAN.
411
Además de la documentación escrita, el primer informe incluye diez fotografías
del proceso que complementan la explicación. Entre ellas hay imágenes de detalle y luz
rasante previas al tratamiento que ayudan a entender el pésimo estado de conservación
de la pintura, y las abundantes grietas y pérdidas. Cobran especial relevancia las dos
fotografías descritas como “eliminación de repintes”, debido a que en el texto no se
aclaraba ni su ubicación ni su forma, o si eran “pseudo-jeroglíficos” como en el caso de
Pairusejer. Sin embargo las imágenes indican que la zona repintada era el rostro de
Ruru, en concreto los párpados y las cejas, tal y como se observa en la siguiente figura,
que incluye un testigo de limpieza sobre el párpado izquierdo, enmarcado en blanco y,
por encima de él, la ceja repintada con un borde oscuro (Fig. 341). Este repinte fue
retirado dejando a la vista la ceja original, situada más cerca del ojo, tal y como se
observa actualmente (Fig. 342). No se puede afirmar con total seguridad que las cejas
fueran los únicos repintes del ataúd de Ruru, si bien en las imágenes anteriores a esta
restauración no se observan otras zonas pintadas que actualmente hayan cambiado.
Fig. 341. Fotografía del proceso de limpieza de la tapa del ataúd de Ruru. Se distingue el testigo
de limpieza sobre el párpado y la ceja izquierda. Imagen del Museo Arqueológico Nacional R-3269
18254-IDE031
412
Fig. 342. Comparativa entre el aspecto del rostro de Ruru antes de su restauración, a la izquierda,
y su estado actual, tras la intervención de 1983-86, a la derecha. Ha cambiado la posición de las
cejas y la expresión de la cara. Imagen izquierda del Museo Arqueológico Nacional, Archivo IPCE,
IS 497. Imagen derecha de la autora.
Durante los años 70-80, la eliminación de los repintes de los ataúdes egipcios fue
una práctica frecuente en el Instituto de Patrimonio (ICROA), en el Museo Arqueológico
Nacional, y en los museos europeos y norteamericanos, pues respondía a los criterios
que regían la disciplina de la conservación-restauración507. No obstante, surge la duda de
si los repintes de las cejas y los párpados de Ruru eran efectivamente una creación de
un restaurador o si serían los restos de una antigua reutilización egipcia del ataúd; una
opción que no parece descabellada a la luz de las recientes investigaciones de la Profª.
Cooney en las que evidencia el gran porcentaje de cajas funerarias empleadas más de
una vez508. Si actualmente se conservase una muestra remanente del “repinte” de Ruru,
un análisis elemental podría resolver la duda, como sucedió con los de la tapa de
Pairusejer. Así pues, al haber sido eliminados en la restauración, es preciso establecer
paralelos con otras piezas del Museo: habiendo identificado como repintes los “pseudo-
jeroglíficos” del ataúd de Pairusejer, y conociendo la “creatividad” de los restauradores de
413
los años 50 a la hora de rehacer el rostro de la Cantora de Amón (MAN 18257), la
explicación más plausible para la doble policromía del rostro de Ruru es que se trate
también de una restauración moderna, realizada en el mismo período que se repintaron
los demás ataúdes.
414
Fig. 344. Otro ejemplo del
acabado del relleno de
una grieta, en este caso
en el centro de la tapa, en
sentido horizontal.
Los datos que aportan ambos informes se convierten en la fuente más importante
de la historia reciente de este ataúd, junto con las fotografías de archivo. Además de los
materiales y el objetivo perseguido con su aplicación, estos textos nos describen una
realidad que ya ha desaparecido y que, de no estar plasmada en ellos, jamás se
conocería. Así habría sucedido con la restauración anterior a la que aludía el primer
informe y cuyas huellas se borraron en los años 80 (al menos la mayoría de ellas). De
aquella antigua intervención únicamente se sabe que incluía repintes y adhesiones. Si en
ella se introdujeron los clavos metálicos que A. Sánchez Barriga proponía eliminar es una
información que no se ha podido confirmar. Existen diferentes posibilidades, como que el
ataúd fuera reforzado antes de ser enviado a España, para que resistiera el viaje; o quizá
dicho refuerzo sucediera a su llegada al Museo, para solventar los desajustes que pudo
sufrir en el traslado; o puede que efectivamente coincidiera con la restauración antigua
en la que se realizaron los repintes. Por otra parte existe una reintegración matérica y
pictórica en el interior de la caja, realizada con la intención de disimular las líneas de
adhesión de las maderas en la pared derecha y en la unión entre las paredes y la base.
Este estucado pintado de rojo es anterior al año 1983, pues está documentado en las
imágenes del estado inicial del ataúd realizadas en ese año (Fig. 345). Aunque se
desconozca su fecha de realización exacta, puede adscribirse igualmente a 1950, debido
a la similitud entre la composición de este estuco y el de los repintes analizados de esta
misma época en el ataúd de Pairusejer.
415
Fig. 345. El estucado realizado con el objetivo de disimular y sellar las grietas de unión de las
maderas está presente en las imágenes de 1983, como se comprueba arriba, a la izquierda
(imagen del Museo Arqueológico Nacional R-3205 18254-IDE006). A la derecha se muestra la
imagen actual, en la que aprecia la diferencia entre el color rojo original del fondo de la caja y el
rojo aplicado sobre el estuco, señalado con las flechas negras.
416
no notaría estos retoques modernos. Para identificarlos es necesario mirarlos de cerca y
comprobar que las líneas rojas del perfil continúan por encima de las pequeñas lagunas y
zonas desprendidas, lo cual únicamente puede indicar que son trazos actuales (Fig. 347,
348, 349 y 350).
417
Fig. 349. Figuras masculinas arrodilladas que decoran los brazos de Ruru, en la tapa del ataúd. La
evidencia del repaso del contorno se encuentra claramente en la espalda del segundo hombre,
comenzando por la derecha (señalada con una flecha negra). Se aprecia el trazo rojo atravesando
una laguna más antigua. Si el trazo hubiera sido original, habría estado sobre el fondo amarillo y,
por tanto, se hubiera desprendido con él, como ocurre en la pequeña laguna reciente de la última
figura. Asimismo destaca el exceso de adhesivo empleado en el refuerzo de la grieta central
(flecha blanca).
418
iluminado con luz visible a la izquierda, y con luz ultravioleta a la derecha (Fig. 351). Las
áreas retocadas del contorno y la cara destacan más oscuras sobre un fondo claro de
colores originales.
Fig. 351. La misma imagen iluminada con luz visible y luz ultravioleta. En esta última, se observa
la fluorescencia de las reintegraciones.
419
Fig. 352. Detalle de la pierna izquierda que tras perder la policromía original había quedado la
madera a la vista, y en la restauración de los años 80 fue cubierta con pintura marrón. A la
izquierda la imagen iluminada con luz visible y a la derecha con luz ultravioleta.
420
Dado que en los informes de 1985 y 1986 no vienen descritas estas fases de la
intervención, se ha recurrido al registro fotográfico del Museo Arqueológico Nacional para
confirmar el momento en que se realizaron. En el rollo nº 3205, fechado el 22/03/1983, se
encuentran las imágenes que indican el estado del ataúd antes de su restauración, y en
ellas se comprueba que las figuras de la caja carecían de un contorno rojo tan marcado
(Figs. 355 y 356). Asimismo, las imágenes de la tapa muestran la superficie con las
lagunas de color blanco, que durante la restauración fueron cubiertas de marrón (Fig.
357).
Fig. 355. A la izquierda, imagen del Museo Arqueológico Nacional R-3205 18254-IDE007, antes de
la restauración. A la derecha, el estado actual con los contornos repasados en rojo (foto de la
autora).
Fig. 356. A la izquierda imagen del Museo Arqueológico Nacional R-3205 18254-IDE026, antes de
la restauración. A la derecha estado actual con una parte de los contornos repasados en rojo (foto
de la autora).
421
Fig. 357. A la izquierda imagen del Museo Arqueológico Nacional R-3205 18254-IDE024, antes de
la restauración. En medio, el estado actual en escala de grises con el fondo perdido
homogeneizado en tono marrón. A la derecha, el estado actual en color. La imagen central se ha
añadido para comparar mejor con la fotografía más antigua. Las dos últimas son fotografías de la
autora.
En el archivo se han encontrado más fotografías generales del ataúd de Ruru, sin
embargo, su gran inconveniente es que no aparece la fecha de realización. Dado que
pertenecen a sesiones fotográficas que incluyen otros ataúdes mejor documentados,
como es el de Amenemhat (MAN 15216), se ha propuesto el período entre los años 1973
y 75 para la realización de una de las sesiones (tal y como se explicó en el apartado 3.2:
La documentación conservada). Las siguientes imágenes muestran el conjunto del ataúd
cerrado y de perfil derecho (Fig. 358) e izquierdo (Fig. 359), sobre un soporte protegido
con un plástico. Se trata de las primeras fotografías de calidad desde esta perspectiva,
por lo que tienen una gran relevancia.
422
Fig. 358. Imagen del Museo Arqueológico Nacional FD_A_13592-ID001, antes de
la restauración. Fechada en torno a 1973-1975.
423
Por otra parte, en el Archivo del Instituto de Patrimonio Cultural de España, en el
número de registro IS 497, se han encontrado dos fotografías de este ataúd desde una
perspectiva cenital, tanto de la caja (Fig. 360) como de la tapa (Fig. 361). Sorprende que
solo hubiera dos imágenes, cuando de los demás ataúdes se realizó un estudio
fotográfico completo, puede deberse a que su restauración no estaba programada junto
con el resto de ataúdes de la dinastía XXI, entre el año 75 y finales de aquella década. La
fecha escrita en el reverso de la fotografía, 28-VII-79, coincide con una gran parte de las
imágenes del registro IS 497 y es la misma para distintas etapas de las fases de
restauración. Por tanto, no puede responder al momento de la toma de la fotografía. En
el capítulo 3.2. se explicó que esta fecha podría ser la del revelado de las imágenes, por
lo que solo indicaría que la fecha de toma es anterior a 1979. En todo caso, aunque se
desconozca su momento exacto, estas imágenes tienen un gran interés para conocer el
aspecto y la conservación de la pieza.
424
Fig. 360. Imagen del Museo Arqueológico Nacional Archivo IPCE, IS 497, antes de la restauración.
Fecha de revelado 28-VII-79.
425
Fig. 361. A la izquierda, imagen del Museo Arqueológico Nacional, Archivo IPCE, IS 497, antes de
la restauración. Fecha probablemente de revelado 28-VII-79. A la derecha, la imagen de la autora
muestra el estado actual, con círculos que señalan las principales diferencias en cuanto a la
decoración. Además de éstas se observa la pintura marrón cubriendo las zonas que habían
perdido la policromía: extensas como en las piernas, o reducidas como en las manos.
426
Con motivo de la reforma del Museo Arqueológico Nacional que comenzó en
2008, se revisaron todas las piezas antes de sus traslados (hubo al menos dos porque la
obra se realizó en dos fases que requirieron el movimiento de los objetos). En aquel
momento se hizo un tratamiento de conservación preventiva del ataúd de Ruru, que
consistió en el empapelado de zonas de la estructura de madera y de la película pictórica
que corrían riesgo de desprenderse, a causa de grietas y roturas. No ha quedado
registrada la fecha exacta de esta intervención protectora, pero la restauradora María
Antonia Moreno confirma que dicho empapelado se realizó en los años de las obras, y
las fotografías almacenadas en DOMUS tienen fecha de mayo de 2009. En ellas aparece
en la frágil superficie de la tapa (Fig. 362 y 363), y de la caja (Fig. 364).
427
Fig. 364. Detalle del empapelado realizado como
medida de conservación preventiva de la
policromía de la caja. Imagen del Museo
Arqueológico Nacional S 21_R.JPG.
428
4.2.4.1. Descripción de los deterioros y transformaciones identificados en el ataúd de
Ruru:
- Las grietas: surgen como resultado del movimiento de los tableros, de alabeo,
contracción y dilatación. Éstos generan tensiones, especialmente en los
ensambles, que se liberan abriendo grietas en la madera y, con ello, agrietan el
mortero, el estuco y la película pictórica (Fig. 365). Las de mayor tamaño indican
la ubicación de todos los ensambles de la caja y la tapa, tanto en sentido
longitudinal como transversal al ataúd, y actualmente están selladas con PVA y
Araldit madera. Hay grietas que se han abierto más recientemente, como muestra
la figura 366 del empeine modelado en la tapa, y en este caso no se trata de la
tensión entre dos maderas unidas sino de una estructura interna compleja que, al
envejecer y secarse, ha sufrido movimientos que han influido agrietando la
película pictórica.
429
Fig. 365. La grieta que surca la
decoración de la pared izquierda
indica la unión entre dos
maderas.
430
Fig. 367. Las dos imágenes superiores son fotomacrografías de la película pictórica de la tapa del
ataúd, en la que se aprecia el cuarteado de la pintura y pequeñas lagunas o fragmentos
desprendidos.
Fig. 368.
Esta fotomacrografía
muestra el craquelado en
la policromía de la
inscripción central de la
caja (señalada con un
flecha blanca). También
se aprecian las líneas
rojas con que el
restaurador ha reforzado
el dibujo de este signo
jeroglífico (flechas
negras).
Fig. 369.
Otra fotomacrografía en
la que se distinguen
claramente las fisuras de
la capa de policromía.
431
- Las pérdidas: como consecuencia de las tensiones internas y tras el profundo
agrietado, el último paso es el desprendimiento de un fragmento de la pieza
original. Esta pérdida puede ser superficial y solo implicar a la policromía, o bien
ser más importante y afectar a la capa de preparación. Esta es la situación de la
zona inferior de la tapa y la caja, que coincidirían con las piernas, donde tuvo que
haber una caída de agua que ha provocado las escorrentías y el lavado de la
superficie, haciendo que quedara la madera a la vista (Fig. 370). En los casos
más graves se han perdido fragmentos desde la madera, como se comprueba en
la frente de Ruru, en cuyo lateral izquierdo hay una falta profunda (Fig. 371), o
también alrededor de varias juntas y ensambles (Fig. 372, 373, 374 y 375). La
comparación con fotografías antiguas muestra que la mayoría de estas faltas
tienen un origen antiguo, sin bien se han encontrado ejemplos de roturas más
recientes seguramente provocadas por una manipulación muy desafortunada. El
caso más llamativo es el agujero que destaca en el collar usej a la altura del
hombro izquierdo: un orificio profundo que parece haberlo provocado la
extracción de una espiga insertada en esa zona. Actualmente se han perdido la
policromía y toda la madera que rodearía dicha espiga (Fig. 376). En todo caso,
cuando se ha desprendido un fragmento de madera se intuye que ha habido un
golpe o una fuerza externa intensa, que dicha madera no ha podido contrarrestar;
pero, conociendo su envejecimiento, su alto grado de sequedad y que ha sido
atacada por xilófagos, se entiende que la consistencia interna de la madera es
débil y se rompería con relativa facilidad. Hay numerosos ejemplos de pérdidas
superficiales y profundas; en las siguientes imágenes se muestra una selección
de los mismos.
432
Fig. 371. Las escorrentías han afectado al interior de la caja, arrastrando la pintura roja de las
paredes hacia abajo y borrando la decoración de la base en las áreas más próximas a las
paredes, siempre en la mitad inferior.
433
Fig. 374. La vista de la
esquina inferior
izquierda, que
encajaría con la figura
anterior, ha perdido
gran parte de su
decoración y se
muestra la madera de
la estructura. Solo en
la superficie de la
cubierta esta madera
se ha pintado de
marrón.
434
- Marcas de insectos: al igual que ocurría en el ataúd de Pairusejer, se
comprueba que la estructura de madera ha sufrido un ataque de origen biológico
por parte de diferentes insectos y microorganismos xilófagos, que han habitado
en ella, alimentándose y adaptándose a las condiciones de humedad y sequedad.
Hoy en día se reconocen sus huellas: el daño provocado por la carcoma se
identifica por los pequeños orificios de salida del insecto adulto (Figs. 377 y 378).
En su caso los túneles producidos por las larvas han quedado ocultos y no se
verán a menos que se desprenda un pedazo de madera. En el fragmento suelto
sí se pueden observar esos túneles. Por otra parte, el estudio microscópico de las
astillas desprendidas ha revelado la presencia de hongos, identificables a través
de sus hifas y del daño provocado en la estructura.
435
- Las manchas: hay depósitos de un sustancia roja, densa y brillante que se
reconoce como barniz antiguo de almáciga y se encuentra sobre la policromía
(Figs. 379 y 380). Otra sustancia de color más oscuro ha goteado por el interior
de las paredes, y se ha identificado por FTI-ATR como cola de conejo. En la
imagen 381 se observa el rastro que ha dejado la sustancia al gotear, así como
varias marcas producidas por la limpieza de esta sustancia, llevándose la pintura
a la que estaba adherida. Esto sugiere que fuera dicha sustancia la que se retiró
durante la restauración de los años 80 considerándose “restos de colas animales
de una anterior restauración”510 , como así han demostrado los análisis (Figs. 381
y 382). Por otro lado hay manchas negras sobre la policromía original del collar
usej, en la tapa, que parecen de pintura (Fig. 383); éstas son antiguas ya que se
identifican en las fotografías de los años 70. Asimismo hay manchas de pintura
plástica blanca en la esquina inferior derecha de la caja (Fig. 384). Por último, en
el interior se observan cercos oscuros alrededor de los ensambles (Fig. 385),
relacionados con la aplicación de un estuco usado para ocultar dichos
ensambles. El estuco se pintó de rojo para imitar la pintura original egipcia. Los
cercos son el resultado de la migración por capilaridad de esta restauración.
436
Fig. 381. En el interior de la caja hay restos de
una sustancia oscura (cola de conejo) que ha
goteado por las paredes. Algunas permanecen
in situ (flecha negra), otras se han eliminado
llevándose la pintura original adherida (flecha
blanca).
Fig. 382. Espectro FTIR-ATR de la muestra del interior de la caja de Ruru identificada como cola
de conejo.
437
Fig. 384. Mancha de pintura plástica blanca que
parece una salpicadura.
438
alisó, como en el interior de la caja. En la figura 389 se aprecian cuatro plumas a
la misma altura, señaladas con flechas.
439
Fig. 389. Cuatro plumas de plumero adheridas en el interior de la pared derecha de la
caja.
440
Fig. 391. La base de la caja
está cubierta de pequeños
depósitos desprendidos del
mismo ataúd: polvo, serrín y
fragmentos del estuco de una
antigua restauración.
Los clavos metálicos son muy fáciles de identificar por su color, brillo y
textura en un entorno de madera pintada. Como ya se ha explicado, fueron
añadidos para reforzar los antiguos ensambles. Según el informe de 1985
estas uniones metálicas fueron retiradas porque estaban dañando la
madera511. El objetivo era sustituir estos refuerzos por clavijas de madera
similares a las egipcias (Fig. 393) y, por tanto, más compatibles con el
material original. Con adhesivo vinílico (PVA) y resina epoxídica se pegaron
las piezas y se rellenaron las faltas, manteniendo unidos los tableros sin
441
dañarlos y sin aportar peso. La retirada de los clavos metálicos ha dejado
marcas en forma de pequeños agujeros, principalmente en torno a los
ensambles y zonas delicadas de la caja. Por ejemplo, la primera imagen
muestra la unión entre la pared derecha y los pies, donde se introdujeron
tres clavos que ya se han retirado (Figs. 394 y 395). La segunda
corresponde a la unión entre la pared izquierda de la caja y el listón vertical
que marca el comienzo de la pieza de la cabeza. Sin duda este ensamble ha
soportado siempre una gran tensión interna, que ha acabado por separar las
maderas e incluso romper la zona más delicada. Actualmente se distinguen
dos agujeros que dejan patente un antiguo refuerzo metálico, sustituido en la
restauración.
442
Fig. 395. Vista cenital de la unión entre la pared
izquierda y la pieza de la cabeza que deja a la vista los
agujeros de los clavos.
443
Fig. 397. La cara interna de la
misma esquina se ha cubierto por
completo de Araldit madera.
Fig. 398. Vista del interior de la pared izquierda. Refuerzo con resina en la unión de varias piezas.
444
Fig. 399. Pared izquierda de la caja que aún conserva
clavos metálicos (señalados con una flecha) entre las
dos piezas de madera.
445
Fig. 402. Ensamble entre la pared y los pies de la tapa. A la izquierda iluminado con luz visible y a
la derecha con luz ultravioleta, en ambos casos se observa que, sobre el mortero blanco que
originalmente cubriría toda la zona de los pies, se ha aplicado el adhesivo vinílico para reforzar el
ensamble. Este PVA en la imagen izquierda brilla, a diferencia del mortero que se ve mate, y en la
imagen derecha emite una fluorescencia de un blanco más uniforme y lechoso, contrarrestando
con el mortero más heterogéneo y de menor grosor.
Fig. 403. Las imágenes muestran la superficie pintada de marrón que correspondería a la zona del
muslo derecho. La izquierda está iluminada con luz visible y la derecha con ultravioleta, y en esta
última destaca la reflexión blanca de una serie de líneas que cubren la pintura marrón,
entrecruzándose. Estas líneas se relacionan con las marcas que dejaría la brocha al aplicar la
cera de forma poco uniforme.
446
Sin embargo, al poner estas marcas en paralelo con los restos originales de
las escenas conservadas al otro lado de la inscripción, se comprobó que
nada tenían que ver las formas identificadas en los trazos que brillaban en
blanco bajo la luz ultravioleta y, además, que estas formas no estaban
alineadas con la decoración original. Este desequilibrio fue fundamental para
descartar la idea de que las líneas brillantes eran los restos de una antigua
decoración, ya que el orden de las representaciones es un requisito
ineludible en los ataúdes de la dinastía XXI: las imágenes siempre están
dibujadas de forma simétrica a ambos lados del eje central.
Por otra parte, estas líneas blancas no parecen estar debajo de la pintura
marrón de reintegración, sino por encima de ella, por lo que necesariamente
tiene que tratarse de la última capa aplicada, que correspondería a la cera
microcristalina, tal y como se explica en el informe. Con esta nueva
perspectiva, se comprueba que los trazos se agrupan en conjuntos que
siguen distintas direcciones y se entrecruzan sobre la superficie. La anchura
de estos conjuntos se corresponde con la de una brocha (podría ser la
empleada para aplicar la cera) (Fig. 404).
Fig. 404. Superficie del muslo derecho del ataúd iluminado con luz UV; se aprecia la reflexión de
trazos que se identifican con cera microcristalina aplicada con brocha. A la derecha, la misma
imagen con las líneas enfatizadas en color, señalando la dirección de aplicación.
447
Este tipo de reflexión blanca, provocada por la cera microcristalina al
iluminarse con luz ultravioleta, se identifica en varias zonas del ataúd, y lo
más interesante es que la reflexión es irregular, indicando que la capa de
cera no llegó a cubrir toda la superficie por igual. Así, por ejemplo, en la
figura 405 se comprueba que la cantidad de cera es mayor en la pieza
inferior de la cabeza que en la pieza superior. Del mismo modo, en la
decoración de la caja mostrada en la figura 406, las líneas horizontales de la
cabeza ubicadas a la izquierda de la imagen prácticamente no reflejan nada,
y se ven muy oscuras, mientras que las líneas contiguas emiten una gran
reflexión blanca. Igualmente, más a la derecha, la inscripción de jeroglíficos
refleja más brillo en la zona superior que en la inferior, dejando un
rectángulo vertical apenas cubierto.
Fig. 405. Arriba, vista del lateral izquierdo de la tapa, iluminada con luz ultravioleta,
que evidencia una mayor reflexión en la pieza inferior (flecha amarilla) que en la
superior (flecha roja). Abajo, la misma vista con luz natural.
448
Fig. 406. Vista del lateral derecho de la caja: arriba iluminada con luz ultravioleta y
abajo con luz natural. Se comprueba que hay áreas que emiten una reflexión
diferente, identificadas con ultravioleta, que no se aprecian con luz natural. Las
flechas amarillas señalan las áreas de mayor reflexión y, por tanto, con una capa
más gruesa de cera, y las flechas rojas señalan las de menor reflexión.
449
• Otros materiales no documentados: el esparadrapo. Esta tira adhesiva
probablemente se empleó a modo de sujeción temporal y se quedó en su lugar
por olvido. Únicamente se han encontrado dos fragmentos en la pared izquierda
de la tapa, por la cara interna (Fig. 407).
• La reintegración pictórica: además del refuerzo de las líneas rojas del contorno de
las figuras y jeroglíficos que ya se ha explicado, se realizaron otras
reintegraciones cromáticas y matéricas. Las primeras se identifican rellenando
zonas conocidas, como hacían con los contornos. Así, una pequeña laguna en la
pierna de una figura masculina de color
verde, en la decoración externa de la caja, se
reintegraba de ese mismo color (Fig. 408).
Esta nueva pintura se diferencia de la original
por la ausencia de capa de preparación y por
el aspecto superficial; pero es necesario
examinarlo de cerca, ya que si no, pasa
desapercibido.
450
Otro ejemplo interesante en la misma pared derecha es la figura femenina, Ruru
(Fig. 409), en cuya peluca se distingue el color azul original (flecha blanca), el
color azul de la reintegración (flecha negra) y una laguna que linda con el lazo
original en amarillo y rojo (flecha naranja). Al comparar esta imagen con una
fotografía anterior a la restauración en 1983, resulta evidente que la reintegración
cubrió toda la laguna de aquel momento y, por tanto, la laguna que ahora se
aprecia es posterior a la restauración. El examen con luz ultravioleta indica que el
color blanco del fondo también se ha retocado, ya que emite una fluorescencia de
tono violáceo que destaca sobre el blanco original. La fotografía VIL diferencia
claramente entre el azul original y el azul de reintegración.
UV VIL VIL-M
451
En la pared izquierda se encuentra otro retoque interesante: delante de una
nueva imagen de Ruru hay una representación de una piel colgada de un soporte
vertical, denominada nébrida512, de color azul, cuyas terminaciones se han
reintegrado ligeramente. Se puede identificar con un examen detallado, en el que
se aprecia una diferencia en el tono de los azules (Fig. 410), y se confirma al
comparar el estado actual con la imagen de 1983, donde se distinguen las zonas
perdidas. Con las imágenes VIL se evidencia que la reflexión no coincide con
todas las áreas que actualmente se ven azules. Así se comprueba en la siguiente
composición (Fig. 411).
452
1983 ACT BN ACT
UV VIL VIL-M
453
Asimismo en la policromía de la tapa se identifican reintegraciones similares,
completando escenas que aparecían perdidas en las fotografías de 1983,
anteriores a la restauración. Por ejemplo, el escarabajo alado con el disco solar
en la cabeza, situado más cerca del rostro, se retocó a la altura de su cabeza y
en el contorno del disco solar. Esta reintegración se distingue a simple vista con
un examen detallado, y se confirma al iluminar la superficie con luz ultravioleta,
pues el color actual emite una reflexión distinta (Fig. 412). Sin embargo, también
fue analizado con Fluorescencia de Rayos X (Fig. 124) sin que el equipo fuera
capaz de distinguir ambos pigmentos.
Fig. 412. A la izquierda, la escena del escarabajo alado iluminado con luz visible y, a la
derecha, con luz ultravioleta. En ambas se distingue la pintura original de la actual,
marcada con flechas.
454
sustancia orgánica a modo de protección, seguramente se trate de la cera
microcristalina descrita en el informe. Lo llamativo es que alrededor no brilla de la
misma forma, por tanto la cantidad de esta sustancia fue mucho mayor sobre el
cuerpo del escarabajo. Por último, la grieta que surca de arriba a abajo la
representación del coleóptero y el disco inferior en la primera imagen, se reforzó
con Araldit madera, con un resultado efectivo pero un tanto tosco, pues no se
eliminó el exceso de resina de la superficie original.
UV VI VIL-M
Fig. 413. Detalle del escarabajo situado bajo los brazos de Ruru. En las fotos superiores
se compara su aspecto antes de la restauración de 1983-86 con el actual, y la fila inferior
muestra la escena bajo luz ultravioleta y VIL. La primera imagen pertenece al Museo
Arqueológico Nacional y fue consultada en el registro del IPCE, IS 497. Las demás
imágenes fueron realizadas por la autora.
455
muy sencillo rellenar las áreas faltantes (Figs. 414 y 415). Se desconoce la razón
que llevó a reintegrar unas zonas y dejar otras en blanco, aunque se sospecha
que los restauradores no quisieron ser muy invasivos.
Fig. 415. En estas dos figuras masculinas representadas en la pared izquierda de la caja
hay lagunas sin retocar, como en las piernas del personaje situado a la izquierda, a pesar
de que cumplen los criterios por los que otras lagunas similares han sido reintegradas (es
fácil continuar las piernas sin “crear” en exceso). En el personaje verde se ha repasado
una parte de los contornos, dejando otros sin enfatizar: zona inferior de las piernas o el
interior de su brazo derecho.
456
Por otro lado se identifica una importante reintegración matérica en el interior de
la caja, realizada para disimular las uniones entre la base y las paredes, y los
tableros de las paredes entre sí (Fig. 416, zona señalada con líneas
discontinuas). Los materiales empleados fueron estuco de carbonato cálcico y
magnesio, y pintura roja de un tono muy similar al original, a base de pigmento de
óxido de hierro (Fig. 417 y 418). El análisis MEB-EDX se realizó sobre una
muestra que se había desprendido de la reintegración y fue recogida de la base
(flecha negra). Su ubicación era fácilmente reconocible por su color y su forma,
pues coincidía con la laguna situada justo encima (Fig. 416, flecha blanca). No es
de extrañar que se desprendiera porque el estuco está muy agrietado. Es muy
significativo que la composición del estuco coincida con el empleado para los
repintes del ataúd de Pairusejer, y es que esta reintegración matérica pudo
realizarse en la misma época; en todo caso se sabe que es anterior a la
aplicación del Araldit madera en los años 1983 a 1986. La misma fotografía
muestra tanto la reintegración antigua como el refuerzo con resina.
Fig. 416. Muestra recogida de estuco de reintegración. Las flechas señalan la muestra y
su posición original en la pared.
457
Fig. 417. Fotomicrografía del fragmento
desprendido de la reintegración de la pared.
Fig. 418. Análisis SEM-EDX de la capa de preparación con magnesio (arriba), y del
pigmento con Ba y Zn (abajo).
Esta reintegración con estuco y pintura roja fue la responsable del oscurecimiento
de la madera circundante, descrito anteriormente junto con el resto de manchas.
Por este motivo las uniones entre las maderas son muy llamativas, porque la
unión queda enmarcada por un cerco oscuro. La imagen a continuación es un
ejemplo muy destacado de cómo se ve el interior de la pared derecha (Fig. 419).
458
Fig. 419. La reintegración de estuco y
pintura que trataba de suavizar las uniones
destaca por el cerco oscuro que la rodea.
459
4.2.4.2. Mapas de alteraciones
460
1. Vista cenital de la tapa (mapa de alteraciones de Ruru 1): observando la página
siguiente en posición apaisada, a la izquierda, en la primera imagen de la secuencia
se han dibujado en rojo las grietas que separan las piezas de madera, incluyéndose
las antiguas que ya han sido restauradas y las posteriores a dicha intervención. Estas
grietas están relacionadas con la construcción de la tapa, pues son las uniones de
los tableros las que tienden a separarse. Seguidamente se suman las intervenciones
de los años 80: destacando en marrón la aplicación de pintura plana del mismo color
y en naranja las zonas vistas de Araldit madera. La línea discontinua marca de forma
general el área en la que se han identificado repasos y reintegraciones cromáticas,
especialmente de los contornos de figuras y jeroglíficos. La tercera imagen muestra,
en amarillo, las lagunas que actualmente se aprecian, desde la más superficial como
es el desprendimiento de la película pictórica, hasta la más profunda que incluiría la
desaparición de un fragmento de madera. La cuarta refleja la última intervención de
conservación preventiva que consistió en el empapelado de áreas con riesgo de
desprendimiento.
461
462
Mapa de alteraciones de Ruru 1.
Mapa de alteraciones de Ruru 2.
463
2. Vista del lateral derecho de la tapa (mapa de alteraciones de Ruru 3) que sigue con la
secuencia anterior: en la primera imagen se han dibujado en rojo las grietas que separan
las piezas de madera, incluyéndose las antiguas restauradas y las posteriores a dicha
intervención. Seguidamente se suman la pintura marrón y el Araldit madera, más
reconocible desde este ángulo en el que el relleno de las grietas se distingue mejor. La
tercera imagen muestra, en amarillo, las lagunas que actualmente se aprecian, desde la
más superficial como es el desprendimiento de la película pictórica, hasta la más
profunda que incluiría la desaparición de un fragmento de madera. Destaca que la mayor
parte de las faltas se concentran en el área de las piernas y en la zona de unión con la
caja, como es lógico porque es la que más sufre al manipular la pieza. La cuarta refleja el
empapelado de áreas con riesgo de desprenderse realizado en la última intervención.
En la página posterior, por separado, se muestra la superposición de todas las capas que
evidencia que la zona inferior es la más dañada (mapa de alteraciones de Ruru 4).
464
Mapa de alteraciones de Ruru 3.
465
466
Mapa de alteraciones de Ruru 4.
3. Vista de la cabeza de la tapa (mapa de alteraciones de Ruru 5): se trata de una
superficie menor y poco intervenida. En ella se aprecian las grietas en rojo, de las que
cabe resaltar la inferior horizontal que coincide con la pieza semicircular que da forma a
la cabeza. Por encima las grietas se entrelazan sin seguir un orden concreto, aunque la
más alta, también horizontal, podría señalar el último ensamble. Asimismo se señalan en
amarillo las áreas perdidas de policromía y estuco.
467
4. Alzado externo de la pieza de los pies (mapa de alteraciones de Ruru 6): muestra las
grietas en rojo, tanto las superficiales provocadas por el secado de la madera, como las
derivadas de los ensambles con otras piezas de la tapa, en las esquinas inferiores. En
amarillo se marcan las zonas donde se ha perdido el mortero blanco, y en negro se
señalan las manchas oscuras. Los pequeños puntos verdes marcan los clavos metálicos
que no se eliminaron durante la restauración de los años 80. Por último, destaca un
número 5 escrito en azul sobre el estuco, arriba, en el centro. Para señalarlo en este
mapa de daños, simplemente se ha repasado la grafía con un color azul similar.
468
5. Alzado de la cara decorada de los pies. En la primera imagen de la secuencia (mapa
de alteraciones de Ruru 7) se indican las numerosas grietas que surcan la superficie,
relacionadas con la unión de piezas de madera empleadas para formar el empeine. En la
segunda se añade la pintura marrón de la restauración y una mancha oscura en la zona
superior. La tercera imagen contiene las lagunas en amarillo y, la cuarta, la protección
temporal consistente en un empapelado. En la página posterior se muestra el mapa
completo (mapa de alteraciones de Ruru 8).
1 3
2 4
469
Mapa de alteraciones de Ruru 8.
470
6. Vista cenital de la caja (mapa de alteraciones de Ruru 9): de nuevo es necesario
observar la página apaisada. En primer lugar, sobresalen las grietas en rojo, marcando
las uniones entre los tableros de madera y algunas grietas más superficiales provocadas
por el envejecimiento y movimiento de la misma. En la segunda imagen se señalan dos
intervenciones: la reintegración con estuco y pintura roja realizada posiblemente en los
años 50, coincidiendo con los repintes de otros ataúdes como el de Pairusejer o la
Cantora de Amón y, en naranja, el refuerzo de las uniones con resina epoxídica, fechado
entre 1983 y 1986. La tercera imagen muestra numerosas pérdidas de policromía y
estuco, más evidentes en el lateral izquierdo, tanto en las superficies de unión con la tapa
como en la base del ataúd. A continuación se indican los empapelados preventivos en la
superficie de la pared derecha y, una vez más, el mapa completo se muestra en la página
posterior (mapa de alteraciones de Ruru 10).
471
472
Mapa de alteraciones de Ruru 9.
Mapa de alteraciones de Ruru 10.
473
7. Vista del lateral derecho de la caja (mapa de alteraciones de Ruru 11): la secuencia
comienza mostrando las grietas que se limitan a las uniones de los tableros que
componen la caja. A continuación destacan las numerosas faltas, especialmente en la
zona inferior de la caja y en la superficie que coincidía con las piernas, donde resalta una
escorrentía que se ha llevado la decoración a medida que caía el agua por la superficie,
al igual que sucedía en la tapa. La tercera imagen muestra las diferentes respuestas de
reflexión al iluminar el ataúd con ultravioleta: la línea blanca inferior es la reflexión blanca
intensa del adhesivo PVA, la línea amarilla intermedia corresponde a un adhesivo natural
que emite este mismo color y en rosa se marcan las reintegraciones de pintura blanca.
Por otra parte, para dejar patente que hay áreas generales que emiten una reflexión muy
clara en comparación con otras zonas que apenas brillan, las más brillantes se han
cubierto por un velo blanco. Esa diferencia parece responder a la cantidad de cera
microcristalina que fue aplicada como protección final de la policromía, por lo que es más
intensa en las áreas mejor conservadas. La cuarta imagen incluye los empapelados de la
última intervención y, finalmente, en la página posterior se muestra la unión de todas las
capas anteriores (mapa de alteraciones de Ruru 12).
474
Mapa de alteraciones de Ruru 11.
475
476
Mapa de alteraciones de Ruru 12.
8. Alzado de la cabeza (mapa de alteraciones de Ruru 13): en él se aprecian en rojo las
grietas en sentido vertical, el mismo de las fibras de la madera, y la separación por la
unión de las maderas, las dos verticales y la base. En amarillo se señalan las pérdidas de
policromía y del enlucido blanco provocadas por el roce. Por último, el rosa señala los
depósitos grises que cubren la superficie.
477
9. Alzado de los pies (mapa de alteraciones de Ruru 14): mejor conservado que otras
áreas. Se señalan en rojo las líneas de unión entre las piezas de madera y las pequeñas
grietas en la misma. Las pérdidas del enlucido blanco se señalan en amarillo y, en negro,
las manchas inferiores del mismo color. En naranja oscuro se indica la ubicación del
Araldit madera con el que se modelaron las faltas más importantes de la estructura. Por
último, el punto verde que se aprecia en la imagen, arriba a la derecha, es la cabeza de
un clavo metálico que ha permanecido después de la restauración de los 1983 a 1986.
478
A partir de lo anteriormente expuesto sobre el ataúd de Ruru, podemos concluir
que el estado de conservación de esta gran pieza no resulta uniforme: la estructura de
madera permanece estable, gracias al tratamiento de restauración realizado entre 1983 y
1986, y al empleo de la resina epoxídica reforzando el conjunto, que no parece haber
envejecido en los treinta años transcurridos desde su aplicación. Sin embargo, el estado
de la decoración es más delicado y frágil pues se han documentado nuevas lagunas y
pérdidas que no reflejaban las fotografías de 1983, anteriores a la intervención. Esto
significa que, ni la consolidación de la policromía con poliacetato de vinilo, ni la capa final
de protección con cera microcristalina, han conseguido detener del todo el deterioro de la
superficie pictórica. Por este motivo fue necesario realizar en 2009 un tratamiento de
conservación preventiva protegiendo con papel japonés las zonas de la policromía con
mayor riesgo de pérdida. Este empapelado se ha mantenido hasta hoy día.
Por todo ello, se recomienda realizar una restauración que incluya la limpieza de
la decoración y la fijación de la misma, para evitar futuras pérdidas, eliminando el
empapelado una vez consolidadas las zonas más frágiles. También sería conveniente
rebajar el exceso de resina epoxídica de la caja y de la tapa, de manera que no llame
tanto la atención ni cubra innecesariamente partes de la superficie original. Igualmente
convendría retirar los excesos de adhesivo vinílico, recuperando la homogeneidad de la
superficie. Finalmente, la mejor manera de preservar correctamente el ataúd tras esta
intervención, es el mantenimiento periódico y la conservación preventiva de la pieza.
479
480
5. Análisis de las maderas
513 Malenkovic, 1916:38-60; Peraza y Guindeo, 1974; Schweingruber, 1990; Mahlke, 1928;
Butterfield y Meylan, 1980; Cardoso, 1968; Zohari, 1955; Condit, 1969; Arbo, 2001-2013;
Sander, 2002; Barañao, Penón, Craig, Cucciufo y Falco, 2008; García y Romero, 2009.
481
apoyado principalmente en las publicaciones que incorporan fotografías y descripciones
de las secciones microscópicas de las maderas identificadas, como es el caso de la tesis
doctoral de Mª Victoria Asensi: La madera en el Antiguo Egipto: Identificaciones, usos y
comercio. Reflexiones a partir de los objetos de las colecciones egipcias de Marsella,
Amiens y Dijon514 . Asimismo hay bibliografía especializada sobre la identificación de las
maderas empleadas por los artesanos egipcios y, en concreto, aquellas destinadas a la
elaboración de los ataúdes515 . Se pueden clasificar por su origen en especies autóctonas
e importadas, como ya se adelantó en el capítulo 3.1. Materiales y técnicas constructivas
de los ataúdes. En el primer grupo todas pertenecen a las angiospermas o maderas de
frondosas, y entre ellas destacan el sicomoro (Ficus sycomorus), el tamarisco o taraje
(Tamarix nilotica, Tamarix articulata, Tamarix aphylla), la acacia (Acacia nilótica y Acacia
tortilis) y la Espina Santa (Ziziphus spina-christi). Del segundo grupo las más importantes
son el cedro (Cedrus libani), el enebro (Juniperus excelsa), el ciprés (Cupressus
sempervirens) y el abeto (Abies cilicica). Estas maderas extranjeras que se han
documentado en ataúdes a lo largo del Egipto faraónico son gimnospermas o coníferas, y
eran muy valoradas en el país del Nilo por el tamaño de su tronco, del que se podían
obtener numerosos tableros de fibra recta, de buena calidad y fácil de trabajar. Al centrar
el estudio en el Tercer Período Intermedio el círculo se estrecha todavía más en torno a
las especies autóctonas (Fig. 420.), lo cual coincide con el aspecto macroscópico de la
madera de los dos ataúdes analizados, observado en la cara interna de las tapas y
caracterizado por su textura porosa y fibras sinuosas (Fig. 421). No obstante, aunque
existía una gran probabilidad de confirmar que los ataúdes del MAN fueron elaborados
con maderas egipcias, es imprescindible conocer bien las características de las coníferas
para realizar correctamente la identificación.
514 Asensi, 2000. Esta misma autora ha publicado recientemente el estudio de los ataúdes de
Bab el-Gasus del Vatican Coffin Project, y se ha podido comprobar la similitud de los
ataúdes del MAN con los que ha estudiado ella (Asensi, 2017).
515 Ribstein, 1925; Brezinova y Hurda, 1976; Hamed, Ali y Hadidi, 2012; Abdrabou, Abdallah y
El Kader, 2015, Gleeson, 2014.
482
Fig. 420. Tabla de especies de madera de los ataúdes divididas por períodos. (Asensi, 2000:187).
La banda a la que pertenecen los ataúdes de este estudio está señalada con una flecha roja.
Fig. 421. Detalle de la cara interna de la tapa del ataúd de Pairusejer, en la que se aprecian las
distintas direcciones que siguen las vetas de la madera.
483
5.1.1. Estructura microscópica de las maderas
484
Fig. 422. Las tres secciones de la madera de conífera (Schweingruber, 1990:16).
485
Fig. 423. Ataúd intermedio de Tutankhamon. Museo Egipcio de El Cairo, JE 60670.
Valle de los Reyes, Reino Nuevo.
Imagen: http://www.globalegyptianmuseum.org. Fecha de consulta: 11/01/2014.
Fig. 425. Ataúd de Idu. Römer- und Pelizäus Museum Hildesheim, 2511. Asiut, Reino Medio.
Imagen: http://www.globalegyptianmuseum.org. Fecha de consulta: 11/01/2014.
486
Los ataúdes realizados con madera de conífera tienen, salvo excepciones, una
mejor resistencia al paso del tiempo, debido, por una parte, a que su estructura interna
está formada por ese tejido fibroso, lignificado, recto y uniforme, que hace que estos
tableros no tiendan a retorcerse de forma natural como parte de su envejecimiento (como
sí ocurre con las maderas autóctonas de fibra sinuosa y crecimiento irregular), y pierden
volumen de manera homogénea sin deformarse y sin someter a los ensambles a una
tensión extraordinaria. Este buen estado de conservación se puede comprobar en la
imagen anterior, del ataúd de Idu (Fig. 425). Por otra parte, esta madera ofrece una
mayor resistencia frente a los organismos xilófagos, por la mayor proporción de lignina523
y por la resina que actúa como protector químico.
487
Fig. 426. Las tres secciones de la madera de frondosa (Schweingruber 1990:16).
Los ataúdes egipcios elaborados con maderas autóctonas son muy numerosos en
todos los períodos del Egipto Faraónico y se caracterizan, a simple vista, por tener una
estructura de tableros menos rectos, generalmente curvos, y separados por el
envejecimiento y contracción de los mismos. Tienen una textura más rugosa, a diferencia
de la madera de conífera. Habitualmente en los ataúdes realizados con maderas
egipcias, éstas quedaban ocultas, cubiertas por una decoración pintada. Durante el
Reino Medio, en los ataúdes rectangulares de madera egipcia ésta no se dejaba a la
vista como ocurría con los de madera importada, sino que su superficie se preparaba con
una fina capa de estuco que se cubría con pintura amarilla a modo de fondo. A
continuación se dibujaban sencillos frisos de policromía alterna, registros con
inscripciones y la representación de los ojos para que saliera el bA. En líneas anteriores
se ha nombrado el ataúd interno de Sobekhotep, como ejemplo de un ataúd del Reino
Medio elaborado con madera de cedro (Fig. 427). Éste se encontró dentro de otro ataúd
del mismo estilo, de mayores dimensiones y de madera de sicomoro (Fig. 428). Resulta
muy interesante comparar ambos ejemplares para ver las similitudes y diferencias de la
madera, como la forma curva de los tableros de sicomoro, y comprobar cómo se ha
comportado con el paso del tiempo, en este caso muy bien conservada.
488
Fig. 427. Sobekhotep, ataúd interno de cedro. Museo Británico EA 41572. Beni Hasan, Reino
Medio. Imagen British Museum.
Fig. 428. Sobekhotep, ataúd externo de sicomoro. Museo Británico EA 41571. Beni Hasan, Reino
Medio. Imagen British Museum.
489
Fig. 429. Satipi, Museo Británico, EA 34259. Imagen British Museum.
Cuando los ataúdes tienen forma humana y están cubiertos por una capa más
gruesa de estuco pintado no resulta tan sencillo identificar la forma de los tableros como
en las imágenes anteriores. Además, la forma antropoide disimula mejor que la
rectangular la poca homogeneidad de las maderas autóctonas y el grosor de la
preparación oculta los ensambles. Sin embargo, la peor conservación de estas piezas y
la mayor separación entre las maderas autóctonas ayuda a que se descubra su forma;
esto sucede con los ataúdes de Bab el-Gasus del Museo Arqueológico Nacional.
La distinción general entre una gimnosperma (importada) y una angiosperma
dicotiledonia (egipcia) no resulta complicada. Es posible identificar características propias
de una clase u otra: los tableros de fibras alargadas, rectas y uniformes son típicas de las
coníferas, como también lo es el patrón a rayas que se crea en la sección transversal,
por la evidente diferencia entre la madera de primavera y de verano (Fig. 427). En
cambio, la presencia de los vasos, que en determinadas maderas se pueden apreciar a
simple vista o con una lupa de pocos aumentos, implica necesariamente que se trata de
una frondosa (Figs. 428 y 429). Un experto en este material sería capaz de diferenciar a
simple vista muchos géneros e incluso las especies por el dibujo de su veta, su color y su
aspecto. Y, dejando de lado el sentido de la vista, algunas maderas pueden identificarse
por su olor, especialmente las resinosas como el cedro.
A nivel microscópico, la sección transversal es la que aporta más información
para diferenciar entre géneros y especies de madera, pues en ella se crea un patrón
característico de cada especie. Por ejemplo, se pueden establecer paralelismos por la
forma, el número, asociación y distribución de los vasos, los canales de parénquima, el
aspecto y composición de los radios o la madera de primavera y verano. Las imágenes
siguientes (Fig. 430) muestran las secciones transversales de un cedro, a la izquierda, y
490
de una acacia, a la derecha. Lo primero que llama la atención comparando ambas
imágenes es la homogeneidad del cedro, con la evolución de la madera de primavera, de
células más abiertas y separadas (flecha azul), hacia la madera de verano en la que las
células se van cerrando cada vez más, haciéndose más pequeñas y creciendo más
juntas unas de otras (flecha roja); esto hace que adquiera un color más oscuro. Cada
ciclo de madera clara y oscura constituye un anillo; un ciclo anual. En el centro de la
imagen se distingue una línea de aperturas que serían los canales resiníferos. Con
respecto a la madera de acacia destacan los grandes vasos o poros, de pared gruesa y
de distribución difusa, solos o en grupos de dos o tres. Igualmente se distingue el
parénquima paratraqueal rodeando los vasos. La diferencia entre la madera de primavera
y verano igualmente se aprecia, pero de una forma mucho más suave que en la
conífera525.
491
muestra el cedro a la izquierda, a 400 aumentos, y la acacia a la derecha a 80 aumentos.
Esta vista del cedro permite ver las traqueidas con punteaduras uniseriadas (rara vez
podrían ser biseriadas). Sus radios son heterocelulares, formados por células de
parénquima generalmente taxoides, si bien pueden ser cupresoides y piceoides. Los
campos de cruce están formados entre 1 y 4 punteaduras y es habitual encontrar
cristales prismáticos. En el caso de las frondosas esta vista aporta menos información;
aún así en la imagen de la acacia se pueden ver las fibras libriformes cruzadas por los
radios homogéneos, e incluso se distinguen los vasos527.
492
En la sección tangencial se aprecian claramente las fibras longitudinales, entre las
que se encuentran los radios, compuestos por el parénquima horizontal. Más complicada
de ver es la estructura del parénquima vertical. En el caso de las angiospermas se
identifican bien los vasos con sus correspondientes punteaduras528 , y en las
gimnospermas pueden verse los canales resiníferos axiales y transversales. Las dos
imágenes a continuación muestran la sección transversal a 70 aumentos de un cedro (a
la izquierda) y una acacia (a la derecha). En el cedro destacan las fibras y los radios
uniseriados; dos de ellos en torno a un canal resinífero. La estructura de la acacia se
diferencia principalmente por los dos vasos situados a la derecha, así como porque
algunos de sus radios pueden ser uniseriados, biseriados y triseriados, y solo rara vez
están formados por cuatro filas. Éstos radios miden entre diez y veinte células de altura
media. Destaca la diferencia de escala de los elementos que forman la estructura, siendo
las fibras y radios del cedro de un tamaño mucho mayor que las de la acacia (Fig.
433)529.
493
5.2. Método de análisis
494
Fig. 435. Astillas desprendidas de una espiga
de la cubierta interna del ataúd de Pairusejer.
495
Fig. 437. Detalle de la vista interior de
la tapa de Pairusejer, en la que se
distinguen los pequeños orificios
causados por la salida de los
insectos.
496
Fig. 440. Fotomicrografía con microscopio
óptico de la sección tangencial de la
muestra recogida del interior de la caja de
Ruru. En ella se distingue un vaso de más
de 100 micras de anchura, las fibras
longitudinales y los radios multiseriados.
497
en distintos colores a causa de la luz directa del microscopio, como indica la flecha (Fig.
443).
Fig. 443. Montaje de catorce imágenes que permiten ver enfocada toda el área.
498
Por otra parte, la acumulación de planos obstaculiza la comparación entre estas
astillas y las fichas de maderas de las xilotecas 531, en las que se observa un único plano.
Las muestras de estas fichas están preparadas con el procedimiento y las condiciones
idóneas, que incluye el hervido de la madera, el corte de láminas muy finas, y poder
escoger la que más información aporta, el teñido para resaltar la morfología y el examen
con una lupa o microscopio óptico con luz transmitida 532. Con este tipo de iluminación es
más sencillo identificar cada tipo de célula gracias a que las paredes de las mismas
resaltan en color sobre el fondo blanco, como se ha podido comprobar en las imágenes
anteriores de Schweingruber (Figs. 430, 432 y 433). En cambio el grosor de las muestras
de los ataúdes no permite su estudio con luz transmitida, porque la luz no consigue
atravesar la muestra para examinarla. Por ello, salvo raras excepciones en que hay un
área muy delgada y la luz atraviesa de forma puntual, como muestra la figura 444, lo más
conveniente ha sido la iluminación desde arriba (Fig. 445). Y la comparación con las
fichas ha sido aproximada (Fig. 446).
Figs. 444 (izquierda) y 445 (derecha). Detalle del parénquima atravesado por varias hifas en una
muestra del ataúd de Pairusejer. Fotomicrografía con microscopio óptico con luz transmitida a la
izquierda y luz incidente a la derecha.
499
Fig. 446. Comparación de la sección tangencial de Ficus sycomorus. La imagen izquierda, tomada
con Luz transmitida (Asensi, 2000: lámina XIII, fig. 7), y a la derecha, la fotomicrografía realizada
con Luz transmitida de la muestra del ataúd de Ruru.
500
Fig. 447. Ana Isabel Pardo preparando las
muestras de madera más gruesas para el
examen de la sección transversal en la lupa
y el microscopio óptico.
De manera excepcional, se tomó como muestra una de las clavijas del fragmento
suelto del ataúd de Ruru (Fig. 448, 449 y 450). El objetivo fue documentar
microscópicamente las diferencias que se observaban a simple vista entre la madera de
dicha clavija y la del resto del fragmento, siendo aquella mucho más compacta, de
aspecto más liso y uniforme y un color más oscuro y de tono rojizo, mientras que el
fragmento tenía un color más amarillo y su madera era mucho más porosa y se
disgregaba con facilidad. Este fragmento tiene la misma madera que el resto del ataúd de
Ruru y también que el de Pairusejer. Y la clavija se asemejaba al resto de clavijas
originales533 de ambos ataúdes (Fig. 451). Por tanto, dado que había muchos ejemplares
iguales y que tomando la clavija no se estaba poniendo en peligro la estructura de ningún
ataúd, ni tampoco del fragmento suelto al que pertenecía, la pieza se extrajo para
533 Es importante señalar que se han identificado clavijas actuales procedentes de las
restauraciones, muy diferentes de las egipcias, pues las nuevas están acanaladas y son de
una madera muy clara, probablemente haya.
501
obtener una muestra que pudiera ser bien estudiada534. El procedimiento consistió en
documentarla fotográficamente, y así se comprobó que no se podía observar su
estructura microscópica debido a que estaba cubierta por numerosos depósitos. Tras
verificar que la clavija mantenía su consistencia, se seleccionó un extremo que se
pudiera cortar sin afectar al resto de la pieza (Fig. 452). De nuevo, el proceso de corte y
preparación de la muestra fue realizado por la técnico del laboratorio de Prehistoria y
Arqueología de la UAM, utilizando los medios de dicho laboratorio: una cortadora Remet
Micromet y la pulidora Remet serie LS –1 y papel de lija de hasta grano 600. Una vez
obtenido el cubito y lijado, se hirvió para eliminar las sustancias que dificultaban el
examen bajo microscopio (Figs. 453 y 454). Por último se secó y ya se pudo analizar
(Fig. 455).
534 Una vez terminado el estudio la clavija será devuelta a su lugar de origen, así como la
muestra preparada, por si en el futuro otro investigador quisiera estudiarlas.
502
Fig. 451. Clavija original del interior de
la tapa de Pairusejer. Al igual que los
ejemplos anteriores, su color y textura
distinguen esta madera de la
empleada en el resto del ataúd.
503
Fig. 455. Dos ejemplos de la superficie de la
clavija sin preparar; los depósitos no permiten
distinguirla correctamente.
La búsqueda de paralelos actuales de las tres maderas egipcias que podían estar
presentes en los ataúdes de Pairusejer y Ruru se realizó para complementar la
comparativa con las fichas bibliográficas. Esto permitiría preparar los ejemplares actuales
y examinarlos con las mismas condiciones de estudio que requirieron las muestras
egipcias, es decir, a partir de fragmentos gruesos e iluminados con luz transmitida.
El motivo por el que la búsqueda se limitó a las maderas de sicomoro, acacia y
tamarisco fue que ya los primeros exámenes revelaron la presencia de vasos en todas
las muestras, indicando por tanto que no podía tratarse de maderas de conífera sino
únicamente de frondosa. Así pues, se decidió comenzar buscando y cotejando las
maderas más empleadas en la fabricación de ataúdes y, en concreto, del Tercer Período
Intermedio. Si no coincidieran, sería necesario buscar nuevas especies.
504
Las muestras de Ficus sycomorus se hallaron en el Jardín Botánico Tropical de
Lisboa535 , ubicado en Belem, donde tienen un gran ejemplar de esta especie, adaptado al
clima húmedo de la capital lusa (Figs. 456, 457 y 458). En torno a él se encontraron
numerosas ramitas caídas en el suelo y se escogieron varias para analizar. Resultó muy
interesante examinar a simple vista las características del árbol, especialmente su tronco,
que mostraba la corteza parcialmente desprendida dejando al descubierto grandes áreas
de la albura, que sería la misma zona de la que se extraían los tableros para fabricar el
ataúd. La superficie de esta madera es, sin duda, muy parecida a las maderas de los
ataúdes de Pairusejer y Ruru, con sus fibras curvas, textura poco compacta y color
amarillento, como muestran las siguientes imágenes. Por otro lado, las dimensiones de
este árbol, de su tronco y sus ramas, aunque su crecimiento haya sido más horizontal
que vertical, al contrario de lo que muestran las representaciones egipcias536 (Fig. 459),
tienen un grosor y una longitud suficiente para extraer de ellos numerosos tableros.
Fig. 456. Vista general del sicomoro del Jardín botánico Tropical de Lisboa, fotografiado en marzo
de 2017.
535 Los jardines botánicos de Lisboa guardan muchas especies de árboles africanos y asiáticos
gracias al bagaje histórico colonial y comercial de la corona portuguesa en aquellos
territorios. Por eso, al conocer que estos jardines albergaban las mismas especies que se
emplearon en la fabricación de los ataúdes, consideré oportuno visitarlos y consultar sus
bibliotecas y centros de documentación.
536 L. Manniche, 1989, realizó una recopilación de plantas y árboles egipcios a partir de
elementos iconográficos y estudió el uso de los mismos.
505
Fig. 457. Detalle de las fibras
retorcidas de una de las ramas más
gruesas del sicomoro, que ha
quedado a la vista al desprenderse
parte de su corteza.
506
En el Jardín Botánico de Ajuda, perteneciente al Instituto Superior de Agronomía
de Lisboa, se encontraron ejemplares de tamarisco y acacia, con ayuda de la ingeniera
Teresa Vasconcelos. Del Tamarix africana se reconoció un arbusto joven (Fig. 460) del
que se recopilaron pequeñas ramas del suelo, y se adquirió un esqueje en el Vivero
Forestal del Instituto.
Fig. 460. Vista general de un Tamarix africana en el Jardín Botánico de Ajuda en Lisboa.
507
En este mismo centro se localizaron numerosas acacias originales del continente
australiano, que incluían desde pequeños arbustos hasta árboles muy altos. No había
ningún ejemplar de la Acacia nilótica: esta especie no se podía encontrar en Lisboa ya
que el entorno seco que precisa difiere mucho del clima atlántico portugués. No obstante
se recogieron ramas de la Acacia saligna de hoja azul (Fig. 462) y de la Acacia
cultriformis (Figs. 463), para compararlas con las muestras de los ataúdes, ya que dentro
del mismo género hay muchas similitudes microscópicas.
Fig. 462. Acacia saligna de hoja azul del Jardín Botánico de Ajuda, Lisboa.
Adquiridas las ramas de los tres ejemplares, se seleccionaron las más uniformes
de sicomoro, acacia y tamarisco y se prepararon las muestras (Fig. 464). Se contó una
508
vez más con la ayuda de Ana Isabel Pardo, quien cortó, pulió e hirvió los fragmentos de
madera actual (Figs. 465, 466, 467 y 468). La cantidad suficiente de ramitas permitió
prepararlas de diferentes formas, para luego compararlas con las muestras originales.
Algunos fragmentos se observaron prácticamente sin preparación, siendo necesario
enfocar en numerosos planos, como ocurría con las muestras de ataúd; otros se pulieron
y se examinaron sin hervir; otros pasaron por el proceso completo, acabando con un
lijado de grano 400 o 600 (no más fino porque se observó que el papel de lija oscurecía
la muestra).
Sicomoro Tamarisco
Acacia
Fig. 464. Selección de la rama de sicomoro (arriba a la izquierda), acacia (arriba a la derecha) y
tamarisco (abajo). A simple vista se aprecian diferencias importantes, en cuanto al color, la textura
y la consistencia de la madera.
509
Fig. 466. Hervido de tres muestras de
sicomoro.
Sicomoro Tamarisco
Acacia
Fig. 468. Las tres muestras de sicomoro, acacia y tamarisco preparadas: pulidas hasta 400 y
hervidas, escala de 5 cm.
510
5.3. Resultados
Sicomoro
a. Sección transversal
En las tres pequeñas muestras que han permitido obtener una vista de la sección
transversal, dos del ataúd de Ruru y una de Pairusejer, se han identificado las
particularidades de esta especie. En concreto la disposición difusa de sus vasos de gran
tamaño, dispuestos solos o en grupos de dos o tres; las células del parénquima
agregadas y alternándose con las fibras libriformes en bandas tangenciales de manera
muy reconocible y uniforme; y los límites de los anillos de crecimiento poco o nada
identificables (Fig. 469 a 476).
511
Fig. 469. Comparación
de dos muestras en
sección transversal con
l u p a b i n o c u l a r. A l a
izquierda muestra
desprendida del borde
superior de la pared
derecha del ataúd de
Ruru. A la derecha
ejemplar actual de
sicomoro hervido y pulido
a 600. Escala 10 mm.
Fig. 470. Comparación de dos fotomicrografías de la sección transversal con lupa binocular. A la
izquierda, muestra desprendida del borde superior de la pared derecha del ataúd de Ruru. A la
derecha ejemplar actual de sicomoro hervido y pulido a 600. Escala 1 mm. Las flechas verdes
indican los radios, las flechas rosas señalan los vasos, las flechas azules señalan las fibras y las
amarillas el parénquima.
Fig. 471. “AM 120, corte transversal (x2,5). Leño con porosidad
difusa. Bandas de Parénquima concéntricas alternando con
bandas de Fibras” (Asensi, 2000: Lámina XII, Fig. 4).
512
Fig. 472. Corte transversal (40x) del Ficus sycomorus
(Schweingruber, 1990:550).
513
Fig. 475. Fotomicrografía con
microscopio óptico de la sección
transversal de una muestra
desprendida del interior de la pared
derecha del ataúd de Ruru. Escala
100 micras.
514
Fig. 477. Fotomicrografía de la
sección transversal realizada con
microscopio óptico. Escala 100
micras.
539 La señal de electrones retrodispersados muestra en una gama de grises las diferencias del
peso atómico: las partículas más pesadas se ven más blancas. En este caso se trata de
elementos ajenos a la estructura, son contaminaciones; mientras que los elementos que
componen la madera tienen un tono gris uniforme.
540 La muestra no está metalizada por lo que no se pudo aplicar el alto vacío, que habría
permitido una imagen aún más nítida. Sin embargo, para el nivel de identificación requerido,
el bajo vacío es suficiente.
515
Fig. 479. Imagen MEB del detalle de las fibras (flecha violeta). Los conductos de parénquima
axial,en los que se aprecian las punteaduras y sustancias almacenadas (flecha roja). También se
distinguen las células de parénquima horizontal en una zona de rotura de las fibras (flecha
naranja).
Fig. 480. Imagen MEB del detalle de uno de los vasos de madera de sicomoro en el que se
aprecian las punteaduras de la pared (flechas verdes) y varias zonas desprendidas (flechas
azules).
516
b. Sección tangencial:
Esta perspectiva ha sido la más sencilla de identificar en las astillas de los
ataúdes. En ellas los elementos mejor reconocidos han sido los vasos de gran tamaño y
los detalles de sus paredes. Asimismo se han visto las fibras y los radios, que en el
sicomoro son multiseriados, compuestos por una media de ocho líneas de células de
grosor541 y hasta treinta de altura, y su forma puede ser desde corta hasta larga y
fusiforme. En las fichas consultadas los radios son los elementos más representados de
la sección tangencial, ya que su proporción y el número de sus células internas son la
clave para diferenciar el sicomoro de otros Ficus y otras maderas en general (Figs. 481,
482 y 483). Sin embargo, en las astillas que se han estudiado, no se ha podido distinguir
bien el número de células con el microscopio óptico, debido a las propias características
de la muestra descritas en las líneas anteriores y al examen con luz incidente. Por ello,
aunque sí se haya reconocido la forma y dimensiones del radio, su interior aparece
“saturado” y resulta imposible distinguir las células que contiene. Solo excepcionalmente
se ha podido obtener una imagen nítida, como es el caso de un fragmento desprendido
del interior de la pared derecha de la caja de Ruru (Fig. 484).
541 Schweingruber, 1990:551, indica que en los radios generalmente se alinean ocho células,
en cambio Asensi, 2000:65 explica que puede aumentar hasta catorce células.
517
Fig. 483. “AM 120, corte tangencial (x10). Presencia de
lacticíferos, particularmente en los radios más
grandes” (Asensi, 2000: lámina XII, fig. 2).
Dado que los elementos más reconocibles con lupa binocular y microscopio
óptico son los vasos y las fibras, la primera identificación se ha basado en la comparativa
entre imágenes tangenciales de las muestras antiguas, con las imágenes de los
ejemplares modernos y con las publicaciones similares de los sicomoros. De nuevo se
ordenan las fotografías de menos a más aumentos (Fig. 485 a 493).
Fig. 485. Comparación de dos fotomicrografías de la sección tangencial con lupa binocular. A la
izquierda muestra desprendida del ataúd de Ruru y hallada encima de su tapa. A la derecha
ejemplar actual de sicomoro hervido y pulido a 600. Escala 1 mm. Las flechas rosas señalan los
vasos.
518
Fig. 486. Sección tangencial de un Ficus sycomorus,
Library image collection Inside wood images, NC State
university. Imagen ID: 3344. www.images.lib.ncsu.edu,
Fecha de consulta 11/04/2017.
Fig. 488. Dos vistas de una muestra desprendida del interior de la pared derecha de la caja de
Ruru. En la izquierda se identifica muy bien el vaso y en la derecha los radios.
519
Fig. 489. Dos vistas de una muestra desprendida del borde superior de la pared derecha del ataúd
de Ruru.
520
Fig. 492. Nueva vista de un vaso de otra muestra del ataúd de Pairusejer recogida en el interior de
la tapa.
Fig. 493. Muestra desprendida del interior de la pared derecha de la caja de Ruru en la que se
identifica el mismo tipo de vaso.
521
La identificación de los radios que no se pudo realizar con el microscopio óptico,
sí la permitió el microscopio electrónico de barrido de la muestra desprendida del interior
de la pared de la caja de Ruru, que se enseñan en las tres imágenes siguientes. En la
primera, se distinguen claramente las fibras (flechas violetas), y la densidad de radios
(flechas naranjas) (Fig. 494). Al estar recogida la señal de los electrones retrodispersados
se observa una diferencia en la escala de grises en base al peso atómico,
distinguiéndose partículas más claras o incluso bandas enteras, que pueden deberse a
una contaminación, pues los análisis de energía dispersiva de rayos X (EDX) realizados
en el propio microscopio han dado como resultado cloruro de cobre, calcio y silicio. A
medida que se observa con más detalle, se aprecia el número de células que contiene
cada radio, entre ocho y catorce de ancho, y treinta de alto, y los conductos de
parénquima axial, en cuyo interior se almacenan sustancias (flecha roja de la tercera
imagen) (Fig. 495 y 496).
522
Fig. 495. Imagen MEB de la sección tangencial. Escala 500 micras.
Fig. 496. Imagen MEB de detalle de un radio (flecha naranja) rodeado del parénquima axial
(flecha roja). Escala 200 micras.
523
c. Sección radial:
Esta sección se reconoce fácilmente incluso a simple vista y con lupa binocular
(Fig. 497) gracias al cruce de sus fibras. No obstante, como ocurría en la sección
tangencial, se requiere un examen a muchos aumentos y aun así no es sencillo
identificar los detalles propios del Ficus sycomorus en las muestras de los ataúdes. Entre
ellos se buscan los radios heterogéneos, las fibras libriformes, las punteaduras simples y,
en ocasiones, cristales en las células de los radios y en el parénquima axial 542 (Figs.
497-503).
Fig. 497. Comparación de dos fotomicrografías de la sección radial con lupa binocular. A la
izquierda, muestra desprendida del interior de la tapa de Ruru. A la derecha, ejemplar actual de
sicomoro hervido y pulido a 600. Escala 1 mm.
524
Fig. 500. Fotomicrografía realizada con
binocular de la sección radial del fragmento
desprendido de la zona superior de la pared
derecha de Ruru.
525
De nuevo ha sido el examen con el
microscopio electrónico de barrido el que ha
ofrecido la resolución apropiada para
distinguir estas características. Dicho
examen se ha efectuado sobre una astilla
recogida del interior de la tapa de Pairusejer.
La siguientes fotografías muestran la astilla
a distintos aumentos: primero con lupa, a
continuación con microscopio óptico a dos
aumentos y, por último, la imagen MEB (Fig. 504).
Fig. 504. Arriba, imagen con lupa binocular de la astilla. En medio, dos fotomicrografías realizadas
con microscopio óptico. Abajo la imagen MEB, en la que se aprecian las células de parénquima
axial (aquí vistas en horizontal), en cuyas paredes se distinguen las punteaduras. Hay elementos
ajenos a la estructura como una fibra de algodón cruzando la imagen en primer plano, cristalitos
que pueden ser contaminaciones y fragmentos de hifas que demuestran la presencia de hongos
(flecha roja).
526
Tamarisco
El género Tamarix se ha identificado en la muestra extraída de la clavija del
fragmento exento de Ruru que, como hemos explicado anteriormente, se tomó en
representación de las clavijas por compartir todas ellas las características
macroscópicas, tanto en el ataúd de Pairusejer como en el de Ruru. No se ha podido
llegar a establecer la especie, pero sí el género, tomando como base comparativa el
ejemplar de Tamarix africana traído del Jardín Botánico de Ajuda, en Lisboa, las
identificaciones realizadas por Asensi y la obra de Schweingruber, en la que se describen
las particularidades de otras tres especies del mismo género y se explica que “estas
especies no se pueden distinguir unas de otras” 543.
a. Sección transversal
La sección transversal es la más sencilla de identificar, especialmente por
comparación con el ejemplar actual. Así se comprueba en la siguiente fotomicrografía
realizada con binocular a la muestra egipcia y al ejemplar actual, en la que se observa la
misma disposición de los radios y los vasos (Fig. 505).
Fig. 505. Comparativa del ejemplar actual de tamarisco a la izquierda y de la clavija egipcia a la
derecha.
527
A continuación se muestran algunas fotografías con las que se han comparado
las muestras de ataúd (Figs. 506-512).
528
Fig. 509. “Detalle de un vaso rodeado de parénquima. Presencia de cristales en las células de los
radios” (Asensi, 2000: lámina XLVII, fig. 2).
Fig. 510. Comparativa del ejemplar actual de tamarisco a la izquierda y de la clavija egipcia a la
derecha.
529
Fig. 511. Fotomicrografía de la
sección transversal de la clavija con
Microscopio óptico. Los vasos
aparecen aislados y en grupos de dos
o tres. Escala 100 micras.
530
b. Sección tangencial
En la sección tangencial se han documentado numerosos radios multiseriados,
según las fichas debería tener entre seis y veinte filas y hasta dos milímetros de altura,
sin embargo no ha sido posible identificarlos con tanto detalle. Sí se ha registrado el
“trenzado” característico y se ha podido comparar con fotografías publicadas (Figs. 513 a
517).
531
Fig. 515. Fotomicrografía realizada con microscopio
óptico de la sección tangencial de la clavija de Ruru.
532
Excepcionalmente se han documentado las paredes internas de los vasos, tanto
con microscopio óptico como con MEB, y se ha comprobado que estos son mucho más
estrechos que los de sicomoro (Figs. 518, 519 y 520).
Fig. 518. Imagen MEB de la sección tangencial de la clavija, en la que se distingue un vaso (flecha
roja) rodeado de fibras.
Fig. 519. Comparativa entre dos fotomicrografías realizadas con microscopio óptico. A la izquierda
se ha documentado un vaso en la clavija egipcia. A la derecha, un vaso del ejemplar de Tamarix
africana adquirido en Lisboa.
533
Fig. 520. Imagen MEB de la sección tangencial de la clavija, en la que se distingue un vaso muy
fragmentado.
534
c. Sección radial
Por último, esta vista no ha aportado una información concluyente. Se buscaban
los radios heterogéneos, las pequeñas y numerosas punteaduras de los campos de
cruce e intervasculares, o las fibras libriformes. Sin embargo el examen no ha revelado
estos detalles.
Las siguientes imágenes muestran la similitud entre la sección radial de la clavija,
del ejemplar conseguido de Tamarix africana en Lisboa, y el publicado por Library image
collection Inside wood images, NC State University. Imagen ID: 31433 (Figs. 521 y 522).
Fig. 521. Comparación entre las fotomicrografías realizadas con microscopio óptico de la sección
radial. A la izquierda, la clavija del fragmento desprendido de Ruru. A la derecha el tamarisco
actual.
535
5.4. Evidencias microscópicas del estado de conservación de
la madera
536
Fig. 524. Zona contaminada por
hongos vista con la lupa binocular.
Escala 1 mm.
537
Igualmente en las células de parénquima se han identificado hongos, en este
caso en la sección radial de una astilla del ataúd de Pairusejer.
Fig. 528. Imagen MEB: los elementos a la izquierda de la imagen son las células de parénquima
horizontal que componen los radios, en cuyo interior se distinguen las hifas. Escala 100 micras.
538
En el segundo caso, la muestra procedente de un orificio en el exterior de la caja
tiene una contaminación mucho mayor, hasta el punto de que toda la superficie de
madera está cubierta de un denso entramado de filamentos oscuros y fragmentados (Fig.
530).
Fig. 530. Extensa presencia de hongos en una muestra de la caja del ataúd de Ruru.
Los hongos no son los únicos causantes del mal estado de conservación que se
observa en las muestras analizadas microscópicamente, pero sin duda su actividad ha
sido determinante, ya que atacan la madera desde un punto de vista físico, químico y
morfológico546. Así, los hongos rompen las paredes a la vez que transforman la celulosa y
la lignina. Macroscópicamente se reconoce su presencia por la gran fragilidad de la
madera, que ha perdido su integridad y consistencia, y esto tiene su reflejo a nivel celular,
donde se aprecia una disgregación importante de los elementos (Fig. 531).
539
Se han encontrado zonas muy deterioradas en las que los hongos no parecen
estar implicados, o al menos no son los causantes principales. En estos casos se busca
la causa en otros agentes que no dejan una huella tan clara. Sin duda, la suma de la
actuación de las bacterias e insectos, unidos al envejecimiento de la materia orgánica, la
oxidación, los cambios de pH, los variaciones de humedad y temperatura, y la actuación
antrópica, son agentes que transforman y destruyen la estructura interna de la madera.
Las siguientes imágenes muestran un detalle de esta fragmentación a través de un vaso
de sicomoro en una astilla del ataúd de Pairusejer (Figs. 532, 533 y 534).
540
5.5. Conclusiones del análisis de las maderas
El análisis de las maderas ha cumplido los dos objetivos propuestos. Por un lado
se ha determinado la composición de la madera principal con que se elaboraron los
ataúdes de Pairusejer y Ruru: Ficus sycomorus. Este era el resultado esperado
atendiendo a las identificaciones de otros ataúdes del Tercer Período Intermedio y, en
concreto, de Bab el-Gasus. De sicomoro eran los grandes tableros de las paredes, la
base y la tapa de los ataúdes. La segunda madera identificada ha sido el tamarisco, más
dura y resistente que la anterior, empleada para elaborar los elementos de unión: clavijas
y espigas. En este caso se determinó el género Tamarix, pero no se llegó a diferenciar la
especie, ya que sus características microscópicas son comunes a muchas de ellas. No
se pudo analizar todas las espigas microscópicamente, si bien su aspecto externo hace
pensar que todas eran de la misma madera. Es interesante resaltar que los dos ataúdes
fueron elaborados con el mismo esquema: el grueso de la estructura, con madera de
sicomoro, y las espigas de material más duro, como el tamarisco. Todo ello a pesar de
que el de Pairusejer era interno y el de Ruru externo, y que el estilo decorativo de ambos
no coincidía. Por otra parte, la identificación de las maderas de estos dos ataúdes se ha
podido realizar con éxito gracias a que el abanico de posibles especies de árboles
involucrados era limitado y, por tanto, la búsqueda bibliográfica y de ejemplares con los
que comparar se ha centrado en las tres especies autóctonas más importantes.
El segundo objetivo era reconocer los daños estructurales a nivel microscópico y
también se cumplió. El examen se hizo con los tres equipos: la lupa binocular, el
microscopio óptico y el microscopio electrónico de barrido. En este último caso destaca la
calidad de las imágenes, a pesar de que las muestras se analizaron sin preparar, sin
pulir, sin metalizar y en condiciones de bajo vacío. El reconocimiento realizado con los
tres equipos ha constatado la rotura y la disgregación de las fibras, que se traducen en la
pérdida de consistencia de la madera. Asimismo se ha documentado una numerosa
presencia de hongos.
Cabe destacar el importante papel de las fotomicrografías realizadas con los tres
equipos que han permitido el estudio e identificación de las maderas y su estado de
conservación; así como la posibilidad de comparar las muestras antiguas con las
actuales.
541
542
6. Conclusiones finales
543
conservación similar. A modo de ejemplo, en los ataúdes donados a Austria que forman
parte de la exposición permanente del Museo de Arte e Historia de Viena 547, se observa
el mismo tipo de alteraciones que las presentes en los ataúdes de la colección del MAN;
la diferencia radica en las restauraciones hechas en Viena, que fueron menos
intervencionistas, centradas en evitar nuevas pérdidas y no tanto en añadir material. Por
el contrario, la exposición “Bajo las estrellas de Nut” 548, realizada en el Museo del
Cincuentenario de Bruselas en 2015, presentaba un lote de ataúdes muy restaurados,
caracterizados por estar cubiertos de repintes modernos, de lo cual se deduce que,
cuando llegaron a Bélgica, presentaban daños muy importantes. En definitiva, los
ataúdes del lote nº13 no eran de una calidad inferior al resto y, afortunadamente para
nuestro patrimonio, se decidió asumir los gastos de transporte, pues este conjunto forma
hoy el núcleo de los ataúdes del MAN.
Además de recomponer el episodio de la aceptación del pago por la donación del
lote nº13, la correspondencia nos ha ofrecido los detalles del transporte de las piezas
hasta Madrid y los problemas en torno a la logística del mismo, especialmente los
relacionados con la retribución económica del traslado y almacenaje. Las cartas
evidencian la creciente impaciencia del responsable del depósito de la Compañía R. y J.
Abrines de Gibraltar, donde permanecieron durante once largos meses, a la espera de
recibir el pago del gobierno de España. También muestran la preocupación del Cónsul en
El Cairo por la ofensa que suponía para el Servicio de Antigüedades Egipcias, la
indiferencia del gobierno español por recibirlas tras haberse comprometido a pagarlas, y
que llevaría a subastarlas si no se corregía inmediatamente la situación. Estos incidentes
son más que simples anécdotas: ayudan a entender y valorar el estado de conservación
actual de los ataúdes. Aunque este proceso debería haber sido menos conflictivo y, sobre
todo, más corto por el bien de las piezas, el contexto político y económico de España a
finales del siglo XIX no era el más favorable para su rápida solución.
Las noticias en la prensa nacional e internacional fueron otra importante fuente de
información para seguir la pista de los ataúdes desde su descubrimiento, documentar
dónde se encontraban en cada momento y conocer su impacto en la sociedad. ¿Tuvieron
estas piezas de Bab el-Gasus un valor propio para la sociedad egipcia, española o
internacional de la época? En realidad, el interés por los ataúdes fue relativamente bajo
en comparación con el que suscitaron los cuerpos momificados, foco indiscutible de las
544
noticias. Los ataúdes ocuparon un lugar secundario y eran descritos someramente por
ser los contenedores de las momias.
Una característica destacable de los artículos recogidos en los periódicos (y más
recientemente en la televisión) es que presentan datos informativos y objetivos
relacionados con la inauguración de exposiciones, sus traslados a una nueva sede o la
descripción general de las piezas expuestas. Estas noticias tienen un gran valor porque
nos aportan pistas sobre la intervención en los ataúdes: se ha comprobado que las
restauraciones se realizaron de cara a mostrar las piezas en una nueva exposición. El
mejor ejemplo lo encontramos en la muestra itinerante “Arte Faraónico”, celebrada entre
1975 y 1976 en Madrid, Zaragoza y Barcelona. Con este motivo se restauraron los
ataúdes de Pairusejer (MAN 18253) y la Cantora de Amón (MAN 18257), y gracias al
breve reportaje emitido en televisión se ha podido conocer el aspecto final de dicha
restauración. Los periódicos recogieron con precisión las fechas y los cambios de sedes.
Por su parte, las guías publicadas por el Museo Arqueológico Nacional y las
postales que mostraban las salas y las piezas más relevantes, nos sirven para conocer
las antiguas exposiciones, el espacio dedicado a los ataúdes y el modo en que éstos se
exhibían: en posición horizontal y protegidos en vitrinas, o colocados en vertical sobre un
soporte y sujetos a la pared (concentrando así todo su peso en los pies). Incluso estas
publicaciones nos permiten constatar el cambiante interés por la colección egipcia a lo
largo del siglo XX, que dependía, en parte, de la formación de los directores del Museo.
Igualmente nos revelan datos de episodios tan delicados como la Guerra Civil Española
(1936-39), que no influyó directamente en la conservación de los ataúdes, ya que no
supuso la destrucción ni el deterioro de los mismos, pero sí tuvo efectos indirectos. El
inicio del conflicto conllevó el desmontaje de la exposición y su almacenamiento (como
muestran las fotografías de la época) que, en el caso de los ataúdes, duró hasta mucho
después de acabada la Guerra, pues no formaron parte de la primera exposición
permanente inaugurada en los años 40. Sería en la de 1954 cuando las piezas egipcias
tuvieron su propio espacio, y con tal motivo se restauraron y repintaron grandes áreas
perdidas. Desde 1895 hasta 1936, la colección completa de ataúdes de Bab el-Gasus se
ubicó en la sala II del Museo, sin que se hayan encontrado indicios de intervenciones
durante esos cuarenta años. Fue, por tanto, a consecuencia de la nueva exposición, del
cambio de sala y de la nueva colocación de las piezas, cuando se transformó la
superficie externa de las cinco tapas de los ataúdes, si bien, finalmente, solo se
escogieron dos ataúdes internos de Bab el-Gasus, con su cubierta de momia, para ser
expuestos: el de Pairusejer y el de Anjefenjonsu.
545
La segunda meta era conocer los procedimientos de restauración aplicados a los
ataúdes de Bab el-Gasus desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Su consecución
ha dependido de dos hechos: primero, la obtención de información a partir de los
registros escritos y fotográficos y, segundo, el análisis de las cajas funerarias. Para la
obtención de información la búsqueda ha sido exhaustiva y se han podido recuperar
documentos muy valiosos para este estudio. La década de 1970 marca un antes y un
después en la investigación, pues a partir de este momento se documentan las
intervenciones de las piezas y aumenta considerablemente el número de fotografías. Los
registros anteriores son muy escasos: no se encuentran informes de restauración, de
descripción de tratamientos, ni del estado de conservación de las piezas. Únicamente se
limitan a una treintena de imágenes, en su mayoría pequeñas o de poca calidad, que a
duras penas permiten identificar detalles. A pesar de ello, estas fotografías nos han
ayudado a comprender los resultados del análisis de los ataúdes, y se han convertido en
la principal fuente de información para conocer las intervenciones desde 1895 hasta
1972. Desde entonces, adquiere mayor peso la documentación de la restauración de los
ataúdes, y con ello se equilibra el papel de los archivos y de los análisis dentro de esta
investigación. El expediente principal se ha encontrado en el archivo del Instituto de
Patrimonio Cultural de España, bajo el número BM 118/12, que recoge la información
entre 1972 y 1987. Los especialistas de esta institución, conocida en aquellos años como
Instituto Central de Restauración, actuaron como la dirección técnica del “Programa para
el estudio y conservación de materiales egipcios del MAN” a petición del director del
Museo549. Por tanto, en el archivo del IPCE se conserva la correspondencia entre las dos
instituciones, relacionada con las distintas intervenciones de los ataúdes, así como los
proyectos e informes redactados, y una extensa y valiosa documentación fotográfica.
Cabe destacar que los responsables designados por la dirección del Instituto para la
intervención del primer ataúd, el de Amenemhat (MAN 15216)550 , no fueron restauradores
sino químicos: Alberto Rechiuto y Andrés Escalera, quienes redactaron los documentos
de estudio de la pieza, describiendo las actuaciones programadas y detallando los
materiales, los procedimientos y propusieron los restauradores encargados de desarrollar
549 Carta de D. Martín Almagro, director del MAN, redactada el 2 de febrero de 1972 y dirigida
al director del Instituto Central de Restauración.
550 Este ataúd no pertenecía al lote de Bab el-Gasus, pero compartían cronología y muchos
aspectos formales, materiales, técnicos, así como su estado de conservación. Por ello, la
actividad planeada para esta pieza sería muy similar a la que se ejecutó unos años más
tarde en los ataúdes objeto directo de esta tesis.
546
el trabajo. La minuciosidad con que se proyectó esta restauración refleja el desarrollo de
la disciplina en 1972, si bien estaba supeditada al criterio de los químicos.
Este programa tan exhaustivo queda incompleto al faltar -quizá porque no se
llegara a escribir o porque se perdiera con el tiempo- el informe final de la restauración
del ataúd de Amenemhat, en el que se habría confirmado si la intervención se ejecutó tal
y como se había propuesto o hubo que modificar algunos puntos. Entre 1972 y 1979
existe un vacío documental: precisamente los siete años en los que se restauraron los
ataúdes internos de Bab el-Gasus. El de Pairusejer y la Cantora de Amón se intervinieron
en el año 1975 para la exposición de “Arte Faraónico” y, cuando ésta terminó en 1976,
comenzaron los trabajos de restauración del ataúd anónimo (MAN 18255)551 y
Anjefejonsu (MAN 18256), entre 1979 y 1981 552. Precisamente de la intervención de este
último se ha conservado el informe escrito por Marcelino Iglesias, publicado un año
después en el Catálogo de Obras Restauradas 1980-82 por el ICROA. ¿Por qué razón se
ha conservado sólo el informe de Anjefenjonsu?, ¿se redactó únicamente porque iba a
ser publicado?, ¿podría ser que se hubieran escrito los informes de los otros ataúdes,
pero que se hayan perdido? Hasta el momento no se han encontrado las respuestas a
estas preguntas; lo cierto es que su hallazgo hubiera facilitado en gran medida este
estudio. En cualquier caso, el informe final de Anjefenjonsu es uno de los documentos
más importantes para entender el estado de conservación de los ataúdes antes de su
tratamiento, los objetivos perseguidos y los tratamientos realizados. En esta tesis se ha
podido comprobar que la información de Anjefenjonsu se puede trasladar al ataúd de
Pairusejer, pues comparte con él muchas características técnicas, conservativas y de
intervención.
No sorprende tanto la falta de proyectos iniciales como la de informes finales,
pues quizá no se realizara un examen tan minucioso para la restauración de los ataúdes
de Bab el-Gasus como se hizo para el de Amenemhat; máxime conociendo las fechas en
que el director del MAN solicitó el trabajo a la dirección del IPCE (29 de abril de 1975) y
la fecha prevista para la inauguración de la exposición “Arte Faraónico” (en octubre del
mismo año)553. Cinco meses es un tiempo muy limitado para restaurar dos ataúdes, por
551 Se desconoce la fecha exacta de la restauración del ataúd anónimo pues no hay registros
que lo indiquen.
552 La fecha inicial se ha recogido en el informe del 29 de octubre de 1979, no así la fecha final.
Sin embargo hay un documento de entrega firmado por D. Francisco Gago, restaurador del
MAN, el 8 de mayo de 1981, al recibir el ataúd 18256 restaurado en el ICROA.
553 Carta del director del MAN al director del ICROA, firmada el 29 de abril de 1975. Archivo
IPCE BM 118/12 Doc. 7.
547
lo que realizarían una inspección y aplicarían las técnicas que hubieran dado buen
resultado en la restauración del ataúd de Amenemhat, adaptándolas a las nuevas piezas.
Dentro del mismo expediente BM 118/12 del IPCE se encuentran las cartas entre
el Museo y el Instituto, así como documentos de recepción y entrega, que nos han
resultado de gran utilidad para fechar correctamente los traslados de los ataúdes y sus
intervenciones. También su colección de fotografías, de buena calidad, se ha convertido
en una fuente imprescindible para comprender las restauraciones de esos años, ya que
incluyen diferentes fases de la intervención. Destaca lo bien documentado que está el
proceso de reversibilización de los repintes, especialmente para el caso del ataúd de la
Cantora de Amón, como se ha comprobado en las figuras 68, 69 y 70. Gracias a estas
imágenes tan representativas se ha resuelto, en cierto modo, la carencia de informes
escritos. El único inconveniente es que no están correctamente fechadas, al menos no
todas, y se ha propuesto que la fecha corresponda al revelado, en lugar de a la toma de
la imagen.
En el Museo Arqueológico Nacional hemos encontrado fotografías interesantes a
partir de los años 70, que aumentaron su número en la década siguiente al realizarse un
estudio fotográfico detallado de estas piezas en 1987. A esto se suma el doble informe de
restauración del ataúd externo de Ruru, redactado entre 1985 y 1986, y la
documentación fotográfica asociada a ellos (fechada en 1983). Después de los años 90
la información se regula y unifica, y las intervenciones en los ataúdes se documentan de
forma más precisa: un ejemplo es el informe de restauración del ataúd de Anjefenjonsu
realizado en 2004554 con motivo de la exposición temporal “La tumba de Tutmosis III. Las
horas oscuras del sol”.
En definitiva, consideramos que la recuperación de la información escrita sobre la
restauración de las piezas es otra meta cumplida. Gracias a ella se ha comprobado que
las intervenciones de los ataúdes de Bab el-Gasus han estado asociadas a la
inauguración de exposiciones y al préstamo para exhibiciones temporales, en los años
1954, 1975, 1979, 2004 y, finalmente en 2014, cuando sencillamente se eliminó un
testigo de limpieza de una restauración anterior en el rostro de la tapa externa de la
Cantora de Amón para la reapertura del Museo. Asimismo se ha constatado que en los
escasos informes conservados, anteriores a 1990, no se reflejan de forma precisa los
tratamientos realizados. Así, en los informes del ataúd de Ruru redactados en 1985 y
1986, se ofrece un contenido muy valioso pero incompleto. Nada se escribió, por
ejemplo, sobre la reintegración cromática de las figuras que, sin embargo, se ha
548
demostrado analizando el estado de la decoración antes y después del tratamiento. Se
desconoce la razón por la que no se explicó esta reintegración cuando otras fases están
descritas con tanta minuciosidad. Por tanto, la presencia de informes es esencial para
esta investigación, pero su contenido debe ser contrastado con las fotografías y con el
examen de la propia pieza.
El segundo hecho a tener en cuenta para averiguar los procedimientos de
restauración de los cinco ataúdes del lote de Bab el-Gasus, consistía en la recopilación
de datos a través de su análisis; se ha cumplido de forma desigual, al completarse
únicamente en las dos piezas ubicadas en el almacén del Museo: el ataúd de Pairusejer
(MAN 18253) y el de Ruru (MAN 18254). De ambos se conocen a fondo sus
características y su estado de conservación actual; en cambio, los tres ataúdes restantes
del lote nº 13 solo se han podido analizar desde un punto de vista teórico-documental,
teniendo que limitarse su estudio a la observación directa a través de las vitrinas en sala.
En los dos ataúdes que se han analizado en detalle (el de Pairusejer y el de Ruru)
se emplearon numerosas técnicas que, combinadas entre sí, buscaban conocer la
composición de los materiales. Entre ellas cabe resaltar, por la gran cantidad y calidad de
los resultados obtenidos, la microscopía electrónica de barrido con energía dispersiva de
rayos X (MEB-EDX). Esta técnica solo permite analizar fragmentos pequeños y ligeros y,
por tanto, lo habitual es que se requiera la toma de muestras. Sin embargo, para el
estudio de estos ataúdes, dicha toma de muestras no fue necesaria en prácticamente
ningún caso, pues los fragmentos ya estaban desprendidos previamente y, con el objetivo
de devolverlos a su ubicación original, en la mayor parte de las analíticas, se evitó su
embutido y metalizado. A pesar de no ser las condiciones más apropiadas para su
estudio con el microscopio, los resultados de caracterización y las fotografías tienen una
gran calidad y resolución. Los análisis de EDX han sido fundamentales para analizar los
compuestos inorgánicos: se identificaron los estucos y todos los pigmentos salvo el negro
(orgánico). La microscopía sirvió para fotografiar a gran aumento todas las muestras
deseadas, independientemente de su composición, y siempre en condiciones de bajo
vacío por no estar metalizadas. Así se pudieron distinguir las especies de maderas, las
películas pictóricas originales de las reintegraciones, los barnices antiguos de los
actuales, y las capas de preparación egipcias de las restauraciones. Solo con la imagen
se han encontrado diferencias en las texturas, en el tamaño de las partículas, en su
homogeneidad, etc. La señal obtenida con los electrones retrodispersados ha sido muy
clara, al diferenciar el peso molecular mediante la intensidad de los grises.
549
La técnica conocida como Visible Induced-Luminiscence Imaging ha supuesto una
revolución para este estudio por la sencillez y rapidez de obtención de datos de gran
valor, siendo además una técnica no invasiva. Con ella identificamos el azul egipcio, la
cuprorivaita, distinguiendo entre las áreas pintadas con este pigmento original y las
reintegraciones realizadas con otros azules; a simple vista difícilmente las podríamos
haber reconocido, y con otras técnicas se habría requerido una toma de muestra para
compararlas.
El FTIR-ATR ha tenido un papel importante en la identificación de los compuestos
orgánicos, a la hora de distinguir los adhesivos y resinas originales, como la almáciga, de
los actuales, como el PVA. Esta técnica se empleó como último paso tras realizar las
pruebas de solubilidad iniciales, que ya permitieron acotar las posibles sustancias
presentes en los ataúdes, y que luego han sido detalladas y complementadas por los
análisis. Por ejemplo, sin esta técnica no se habría podido saber que la estratigrafía de
los repintes de los años 50 incluía una capa de nylon soluble entre la preparación y la
película pictórica. Sin embargo, el aglutinante de esta misma película no se ha podido
identificar.
La fluorescencia ultravioleta ha sido otro de los métodos de examen más eficaces
de esta tesis. Nos ha ofrecido información acerca de las intervenciones superficiales:
repintes, reintegraciones, nuevos barnices o capas de protección y adhesivos. Entre sus
ventajas destacan la facilidad del procedimiento, la posibilidad de examinar la superficie
sin prepararla y sin tomar muestra, la inmediatez del resultado y la oportunidad de
fotografiarlo. Además, la lámpara de Wood con la que se iluminó la pieza es muy
económica y está presente en la mayoría de laboratorios de conservación, pues es un
recurso empleado frecuentemente por los restauradores para realizar un examen inicial.
El resultado de esta técnica, a veces, ha sido fácilmente identificable; pero en otras
ocasiones su interpretación fue más compleja, como sucedió con la tapa externa del
ataúd de Pairusejer al estar muy saturada de intervenciones a lo largo del tiempo, con
adiciones irregulares y retiradas de películas pictóricas, barnices y adhesivos. Sin duda,
estas imágenes de fluorescencia UV permitieron comprobar el alto grado de
restauraciones al que fue sometida esta tapa.
Valoramos positivamente el procedimiento empleado para la identificación de
maderas, a través de la comparativa de las pequeñas muestras originales con la
bibliografía y ejemplares de árboles actuales. Se ha confirmado que los tableros de los
dos ataúdes están formadas por Ficus sycomorus, y las clavijas son de madera de
550
Tamarisco spp., y que la elección de la especie ha sido independiente de la posición del
ataúd (externo o interno) y de la decoración que se aplicó sobre ella.
La técnica menos apropiada para el estudio de la superficie de los ataúdes fue la
reflectografía infrarroja. Ésta se puso en práctica gracias a que el MAN tenía un equipo
recién reparado. El objetivo era identificar el dibujo preparatorio de las superficies
originales, comprobar si había “arrepentimientos”, distinguir entre la pintura original y los
repintes, y tratar de reconocer nuevas áreas intervenidas. Sin embargo, los resultados no
fueron concluyentes, especialmente en el ataúd de Pairusejer porque el dibujo egipcio no
estaba hecho con negro de carbón, el idóneo para documentar con la reflectografía.
Tampoco se vio la policromía original por debajo de la gruesa capa de repinte, pues el
espesor de su capa de preparación no permitió recoger la señal de un posible estrato
inferior. En cambio, en el ataúd de Ruru, que actualmente no conserva repintes de los
años 50 (formados por una capa de preparación y una película pictórica) sino
reintegraciones cromáticas en la propia policromía original, sí se distinguió entre la
pintura egipcia y las reintegraciones, por su diferente absorción de la luz infrarroja. No
obstante, este resultado no fue concluyente y tuvo que ser contrastado con otras
técnicas.
Esta tesis ha demostrado que resulta imprescindible invertir mucho tiempo
observando la pieza de lejos y de cerca, para entenderla como conjunto y también cada
una de sus partes en detalle. De esta manera se ha identificado el orden de aplicación de
las capas de la película pictórica, se ha diferenciado entre los pigmentos originales y de
reintegración, se ha evaluado el estado de conservación de la policromía, adhesivos y
barnices, y se identificaron las maderas. Además, el examen visual directo se ha
realizado a simple vista y con instrumentos que han permitido ver a mayor aumento la
superficie del ataúd: lupas y macro-objetivos. Las pequeñas muestras desprendidas se
observaron con lupa binocular y con microscopio óptico. Se comprobó que solo el tiempo
revela detalles desapercibidos al principio y, dado que, precisamente, el tiempo de
observación directa en el Museo era limitado, éste se ha alargado gracias a las
fotografías que, hechas con distintas fuentes lumínicas y diferentes posiciones de la luz,
y a diversos aumentos, han posibilitado continuar el examen de la superficie y sus
detalles sin tener la pieza delante. Por otra parte, incorporar las imágenes a la
explicación resulta imprescindible a la hora de entender las descripciones de las técnicas
y los estados de conservación.
Otra herramienta destacable son los mapas de despiece y de alteraciones. En
ambos casos se ha requerido el análisis profundo de los dos ataúdes para entenderlos
551
perfectamente. Los mapas sirven tanto a la persona que los hace, obligan a
esquematizar lo que se observa y a ordenar la información de forma gráfica, como al
estudioso, a quien permiten entender la pieza de forma muy sencilla y rápida.
En cuanto a los resultados de las técnicas y herramientas anteriores se pueden
extraer las siguientes conclusiones importantes.
• Uno de los aspectos más enriquecedores de esta tesis es que los dos ataúdes
estudiados pertenecen a una tipología diferente, uno externo femenino, y otro
interno masculino con una cubierta de momia, identificándose un mayor
abanico de métodos y estilos decorativos. El ataúd de Pairusejer destaca por
su complejidad técnica y calidad de ejecución, desde la aplicación de la capa
de preparación más fina y tamizada, hasta la precisión de sus trazos y el
relleno de color, y la decoración con los pastillajes. En cambio, la decoración
del ataúd de Ruru fue menos cuidadosa, caracterizada por grandes figuras de
trazo rápido y relleno de color impreciso.
• Igualmente se han documentado diferencias en el estado de conservación
de estas piezas, relacionadas con su posición, externa o interna, que ha
influido en su interacción con los agentes de deterioro extrínsecos:
medioambientales, microorganismos, animales y antrópicos. Así, el ataúd
externo de Ruru presenta una mayor degradación de la policromía en la tapa y
en la caja, provocada por una escorrentía que arrastró y borró gran parte de la
capa pictórica e incluso del estucado. Por su parte, las degradaciones del
ataúd de Pairusejer se centran en la tapa externa y derivan, en su mayoría, de
los movimientos estructurales y de los tratamientos de restauración aplicados
para solventar las grietas. La caja y la cubierta interna de este ataúd se han
conservado en mejores condiciones y no presentan intervenciones importantes.
• La posibilidad de analizar más de un ataúd ha permitido estudiar más
tratamientos de restauración, comprobando similitudes y diferencias entre los
mismos, relacionadas con los criterios que regían en cada momento. El
objetivo perseguido en la década de los 50 era intervenir la pieza para que
pareciese nueva: rellenando lagunas, estucando y dibujando nuevas
inscripciones imitando a las antiguas en las tapas externas de los ataúdes. Se
ha comprobado que este estilo aplicado en España después de la Guerra Civil
coincide con las restauraciones realizadas a finales del siglo XIX y principios
del XX en otros museos europeos, cuando recibieron los lotes de Bab el-
Gasus. Evidencia de ello son, por un lado, el ataúd femenino del Museo
552
Histórico de Berna (AE 10), y por otro, el de Anjefenamon del Museo de Arte e
Historia de Bruselas (E. 5887). En el momento de la llegada de los ataúdes a
Madrid se inauguraba la nueva sede del Museo Arqueológico en Recoletos, y
no hay ningún registro que haga pensar que los ataúdes fueron intervenidos
antes de ser expuestos. No es hasta la reapertura del Museo en 1954 cuando
se encuentran las imágenes que reflejan las primeras restauraciones
realizadas para esta exposición. Sin duda hay un desfase temporal en el estilo
de la intervención entre España y Europa, que puede responder a que en el
MAN no hubo ocasión de restaurar los ataúdes antes y, al hacerlo, se
emplearon las técnicas y criterios que habían primado fuera. Probablemente
las personas que realizaron los repintes compartían los métodos de
intervención o conocían otros ataúdes repintados de Bab el-Gasus.
• Una de las características propias de los repintes de los años 50 es la
invención de unos “pseudo-jeroglíficos” que trataban de completar los textos
imitando signos egipcios. El ataúd de Pairusejer destaca entre el resto de
ataúdes del lote nº13 por la buena ejecución de los mismos y el esfuerzo de los
restauradores en que parecieran signos originales. Por el contrario, el ataúd de
la Cantora de Amón conserva repintes de peor calidad, en los que solo se
distinguen pequeños cuadrados y círculos que en nada se asemejan a los
jeroglíficos egipcios. Otro caso es el de Anjefenjonsu, donde los repintes se
centraron en su mayoría en las figuras representadas y en las líneas de la
peluca del ataúd, y en menor medida en las inscripciones.
• En los años 70 se persiguió la devolución de la integridad de las piezas,
retirando “los repintes de antiguas restauraciones defectuosas”555 o
“levantando los repintes que falseaban el original”556. Este procedimiento no se
completó en todos los casos, como indican los que todavía hoy cubren
parcialmente la superficie de los ataúdes. Incluso se pueden distinguir varios
niveles de limpieza: en el ataúd de Ruru los repintes se limitaban al área de los
párpados y las cejas y fueron eliminados por completo. En el de Pairusejer los
“borraron” frotando con un disolvente, pues se conservó la capa preparatoria
sobre la que fueron dibujados. En la tapa de la Cantora de Amón también se
eliminaron algunos, utilizando otra técnica: en vez de “borrarlos”, se levantaron
555 Garrido, 1984:17. Informe realizado por Marcelino Iglesias y publicado en el sección de
pintura coordinada por Mª Carmen Garrido.
556 Informe de la restauración del ataúd de Ruru redactado por Antonio Sánchez Barriga el 22
de febrero de 1985.
553
junto con la capa de preparación, de manera que las zonas donde se ha
conservado el repinte se identifican los dos estratos de policromía: el original y
la restauración. El ataúd de Anjefejonsu nos confirma la falta de rigurosidad a la
hora de eliminarlos; en su caso se retiraron algunas áreas repintadas de la
peluca mientras otras se conservaron, como se comprueba al comparar las
fotografías de la exposición de 1954 con el estado actual de la superficie, así
como con las imágenes de la técnica VIL.
• El resultado que actualmente se observa en unas y otras restauraciones deja
entrever el tiempo y esfuerzo dedicados a estos procedimientos. La
restauración de 1954 en la que se repintaron las superficies de las tapas tuvo
una ejecución mucho más precisa que las restauraciones realizadas en las
décadas de los 70 y 80, en las que se reversibilizaron los repintes, quedando
inacabadas. En ellas destaca la falta de cuidado traducida en reintegraciones
poco esmeradas, cubriendo innecesariamente áreas de policromía original, y
dejando restos de adhesivo y resina epoxídica sobre la superficie, que le
confieren un acabado más tosco. En el caso de Pairusejer esta poca
delicadeza podría asociarse con la prisa por concluirlo a tiempo para la
exposición. Sin embargo, el ataúd de Ruru no parece haberse restaurado bajo
presión, y en el informe no se indica nada al respecto; al contrario, se da por
acabado. Esto hace pensar que no prestaron atención a los detalles porque el
ataúd externo no formó parte de la exposición permanente del Museo sino que
se guardó de nuevo en el almacén. En todo caso, estas apreciaciones no
pretenden ser una crítica al trabajo de los restauradores, sino una
reconstrucción de los hechos a partir de las evidencias observadas.
554
que su degradación no se había detenido; continuaba activa, lenta pero constante, como
muestran el agrietado de la pintura y su posterior levantamiento y desprendimiento. No
se debe olvidar que en el caso de Pairusejer su restauración tuvo lugar hace cuarenta y
dos años, y en el de Ruru treinta y uno, y los materiales envejecen; tanto los originales
como los de la restauración. Por ello, sería conveniente plantear un proyecto, a corto
plazo, con la finalidad de restaurar los cinco ataúdes con un criterio uniforme y bien
documentado, y asegurar su conservación, incrementando las medidas de conservación
preventiva y el mantenimiento de los mismos. Por supuesto, en el Museo Arqueológico
Nacional se han reforzado estas medidas, especialmente desde la reforma del edificio.
Los controles de humedad y temperatura están regulados, tanto en la sala de exposición
como en el almacén. Pero, a pesar de ello, la degradación de los ataúdes no se ha
frenado y, como es lógico, continuará su proces. En definitiva, la propuesta iría
encaminada a completar el estudio de todas las piezas y a proyectar un plan de
conservación del conjunto de los ataúdes de Bab el-Gasus.
De cara a un futuro estudio de las cajas funerarias sería recomendable hacer uso
de dos técnicas que resultarían muy apropiadas para el examen interno de estas piezas:
las radiografías y, especialmente, la tomografía axial computerizada. Ambas han sido
reconocidas como técnicas valiosas para estudiar en profundidad los bienes
arqueológicos de diferentes materias557 y, en concreto, en los ataúdes se reconocería
claramente su estructura interna revelando datos más precisos acerca de su construcción
y estado de conservación558. Tienen la ventaja de ser “no invasivas”, rápidas y de revelar
una gran cantidad de información, inalcanzable de otro modo. Su principal contrapartida
es que conllevan un elevado coste económico y son poco accesibles. Por ejemplo, para
realizar un TAC habría sido necesario trasladar los ataúdes a una clínica con la
tecnología requerida, lo cual estaba fuera de nuestro alcance.
Una línea de investigación que podría ofrecer datos interesantes sobre el estudio
general de los ataúdes de Bab el-Gasus sería la búsqueda de documentación
relacionada con la conservación y las intervenciones en los ataúdes en el momento del
557 De las piezas egipcias MAN se ha realizado un estudio radiográfico de las momias
(Llagostera 1978) y, recientemente, el 6 de junio de 2016, también se ha realizado un TAC
de las mismas (http://www.man.es/man/museo/prensa/Notas-de-prensa/2016/20160606-
momias-quiron.html. Fecha de consulta: 27/04/2017).
558 Amenta y Greco (notas tomadas en la comunicación realizada por Amenta en el Congreso
Ancient Egyptian Coffins, Past, present, future, celebrado en Cambridge en abril de 2016);
Amenta (notas de la comunicación realizada en el Congreso Bab el-Gasus in Context,
celebrado en Lisboa en septiembre de 2016); Dawson, Turmezei (comunicación realizada
en el Congreso Bab el-Gasus in Context, celebrado en Lisboa en septiembre de 2016).
555
descubrimiento de la segunda cachette y los años que estuvieron almacenados y
expuestos en el Museo de Giza. Esta labor comenzaría por revisar los archivos y los
fondos del Museo Egipcio de El Cairo. Por supuesto, no sería la primera investigación
sobre este período; otros egiptólogos como Niwiński ya recogieron algunas
referencias559 . No obstante, sería oportuno retomar la búsqueda centrada propiamente
en el tratamiento que recibieron las cajas funerarias, sea en documentos escritos o en
imágenes. Daressy, en su obra de 1900, Les Sépultures des Prêtres D' Ammon á Deir El-
Bahari, demuestra preocupación por el estado de conservación de los ataúdes, al
explicar cómo afectó la apertura de la tumba a su decoración pintada, al entrar el aire
fresco y cambiar la humedad relativa 560. El hecho de que le llamara la atención podría
indicar la existencia de más documentos que hicieran referencia a la conservación de los
ataúdes.
Me gustaría que esta tesis doctoral sirviera para arrojar mayor luz sobre una
colección que hasta ahora había sido investigada solo desde una perspectiva
iconográfica. En este trabajo he pretendido hacer hincapié en el valor material de las
piezas, destacando sus aspectos técnicos, materiales y de conservación. Esta
investigación surgió con la idea de conocer más a fondo el patrimonio egipcio que
alberga el Museo Arqueológico Nacional, y de sumarse al proyecto común internacional
del estudio de los 153 ataúdes de Bab el-Gasus. Un proyecto cuyo objetivo es
profundizar en el conocimiento de estas cajas funerarias, que tienen un origen común,
comparten materiales, técnicas pictóricas y los mismos problemas de conservación hasta
su división y donación a distintos países. En los últimos congresos internacionales sobre
ataúdes egipcios se ha propuesto crear una gran base de datos de libre acceso, que
sirva como plataforma en la que poner en común nuestros estudios desde distintas áreas
del conocimiento. Se trata, en mi opinión, de una propuesta muy acertada, que
beneficiaría tanto a la comunidad científica como al público en general.
Por último, a partir de este estudio y de la información que he podido extraer de
los ataúdes, quiero enfatizar el papel de los restauradores en el conocimiento de estas
cajas funerarias. Hasta hace pocos años la figura del restaurador era valorada
únicamente por su habilidad manual. Sin embargo, nuestro trabajo engloba asimismo una
comprensión profunda de las piezas. Como profesionales nos acercamos a ellas desde la
perspectiva de los materiales, intentando descifrar su naturaleza con nuestra particular
mirada, con las herramientas interiorizadas y con ayuda de la experiencia. Así sumamos
556
a la visión egiptológica, histórica y arqueológica una nueva interpretación de estas obras
de arte.
557
558
7. Anexos
559
7.1. Abreviaturas
560
- RAE: Real Academia Española
- SECYR: Servicio de Conservación, Restauración y Estudios Científicos del
Patrimonio Arqueológico
- SEM-EDX: Scanning Electron Microscopy - Energy Dispersive X-ray
spectroscopy
- SIdI: Servicio Interdepartamental de Investigación (UAM)
- UAM: Universidad Autónoma de Madrid
- UCM: Universidad Complutense de Madrid
- UV: Ultravioleta
- VIL: Visible Induced-Luminiscence Imaging
- Wb: Erman, A. y Grapow, H. (1953): Das Wörterbuch der ägyptischen
Sprache; zur Geschichte eines grossen wissenschaftlichen
Unternehmens der Akademie, Akademie-Verlag, Berlín
561
7.2. Mapas
562
Bab el-Gasus
Mapa 2: área de Deir el-Bahari con la ubicación de la Cachette Real (TT 320)
(Coordenadas: 25° 44′ 12.48″ N, 32° 36′ 18.13″ E) y la Segunda Cachette, conocida
también como Bab el-Gasus (Coordenadas: 25°44’16.45”N, 32°36’18.1”E).
563
7.3. Índice cronológico
564
Época Tardía 747-332
XXV Dinastía (Kushita) 747-656
XXVI Dinastía (Saíta) 664-525
XXVII Dinastía (Primer Período Persa) 525-404
XXVIII Dinastía 405-399
XXIX Dinastía 399-380
XXX Dinastía 380-343
XXXI Dinastía (Segundo Período Persa) 343-332
Índice cronológico tomado de Shaw y Nicholson (2008:350-352) Todas las fechas anteriores al
690 a. C. son aproximadas.
565
566
8. Bibliografía
567
− ANDREWS, C. (1990): Egyptian mummies and coffins in the British Museum. 6ª
edición. The Trustees of the British Museum. Londres.
− (2017): “The wood of the Third Intermediate Period coffins: The evidence of
analysis for the Vatican Coffin Project”, en Amenta, A. y Guichard, H. (Eds.),
Proceedings First Vatican Coffin Conference, 19-22 June 2013. Vol. 1.
Edizioni Musei Vaticani. Ciudad de Vaticano, pp. 45-50.
568
− BÄSCHLIN, N. (1994): “Fluoreszenzmikroskopie. Möglichkeiten und Grenzen
dieser Untersuchungsmethode bei der Auswertung von Schichtquerschliffen”.
Zeitschrift für Kunsttechnologie und Konservierung, 8/2, pp. 318-339.
− BELOVA, G. A. (2003): “TT 320 and the History of the Royal Cache During the
Twenty-first Dynasty” en Hawass, Z. (Ed.) Egyptology at the Dawn of the 21st
Century: Proceedings of the 8th International Congress of Egyptologists Cairo
2000. Cairo University Press. El Cairo.
− BETTUM, A. (2014): “Lot 14 from Bab el-Gasus (Sweden and Norway): the
modern history of the collection and a reconstruction of the ensembles”, en Sousa
R. (Ed.), Body, Cosmos and Eternity. New research trends in the iconography and
symbolism of ancient Egyptian coffins, Archaeopress Egyptology 3. Oxford, pp.
167-186.
− BLEIBERG, E. (2008): “To live forever: Egyptian Funerary Beliefs and Practices”,
en Bleiberg, E. y Cooney, K. M. (Eds.), To Live Forever: Egyptian Treasures from
the Brooklyn Museum. Giles, Brooklyn Museum. Londres, pp. 23-109.
569
− BOTELLA, M. ALEMÁN, I. Y MEDINA, J. (2014): Momias. Testigos del pasado.
Catálogo de la exposición: Parque de la Ciencias, Andalucía-Granada [del 24 de
Octubre de 2014 hasta septiembre del 2015]. Parque de las Ciencias. Granada.
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− (1896): Boletín de Archivos, Bibliotecas y Museos. Órgano Oficial del Monte Pío
del Cuerpo Facultativo del Ramo. Año I, nº 9.
− (1975): Hoja Oficial del Lunes. Asociación de la Prensa. Época 3ª, 6 de octubre.
− (1975): Hoja Oficial del Lunes. Asociación de la Prensa. Época 3ª, 6 de noviembre
− (1976): Hoja Oficial del Lunes. Asociación de la Prensa. Época 3ª, 26 de enero.
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