TEMA 3: LOS EFECTOS DE LA COMUNICACIÓN POLÍTICA EN EL
CIUDADANO.
1.- Los efectos en la socialización política.
1.1. La Socialización política primaria.
¿Qué es la socializació n política?
La socializació n política es el proceso mediante el cual los niñ os adoptan conductas
y comportamientos para desempeñ ar su papel de futuros ciudadanos. Asimismo es
el proceso mediante el cual los valores políticos se transmiten de una generació n a
otra.
Junto con los agentes tradicionales, los news media y los medios de
entretenimiento ocupan un puesto cada vez má s importante en la formació n de las
actitudes políticas de los menores.
La fuerza del imprinting político de los primeros añ os, se conserva má s o menos
latente en el ciudadano adulto.
Segú n la teoría del <<cultivo>>, la adquisició n de conocimientos y la
interiorizació n de los valores no ocurre só lo por la exposició n a contenidos
expresamente políticos, sino también mediante programas de ficció n y
entretenimiento.
Para resumir la situació n del conocimiento de los procesos de socializació n antes
de la edad adulta, indicamos dos síntesis ú tiles:
1) La socializació n en las distintas fases de la edad pre-adulta. R Conell (1971):
Ha establecido varias franjas de edad en el proceso de construcció n del
universo político cognitivo y afectivo de los menores, incluyendo el
desarrollo de capacidad de apropiació n de la informació n procedente de los
medios y del entorno.
El siguiente esquema resume sus observaciones (Conell):
En la edad preescolar no existe aú n conciencia de la política como
una esfera diferenciada de la vida humana.
Alrededor de los sietes añ os el niñ o comienza a tener una idea del rol
político, por lo cual es capaz de distinguir a los políticos de otros
personajes y de percibirlos como gente importante y poderosa que
manda.
Hacia los nueve-diez añ os los niñ os conocen la existencia de las
elecciones y perciben que los partidos luchan para ganarlas. El
concepto de ordenamiento político, es decir, de la existencia de una
jerarquía de mando, surge hacia los once añ os.
Alrededor de los doce añ os comprenden que en la política se
adoptan decisiones y que existe una discordancia entre los sujetos
políticos sobre lo que hay que hacer para lograr un determinado fin.
A los quince-dieciséis añ os relacionan el conflicto entre los partidos
con el conflicto entre grupos con intereses contrapuestos o
ideologías distintas.
2) Modelos interpretativos de las diná micas de la socializació n política
primaria: Jennings y Niemi (1981) proponen cuatro modelos para conocer y
sopesar las complejas diná micas cognitivas, emotivas y ambientales que
forman el proceso de socializació n.
a. El modelo de la adquisició n permanente: Lo que aprende el niñ o en
sus primeros añ os se mantiene inalterado durante toda la vida,
porque con la edad los individuos se muestran cada vez má s reacios
al cambio.
b. El modelo de la apertura permanente: Los valores políticos que se
adquieren de niñ o no tienen ninguna influencia en las actitudes
políticas de la vida adulta, porque los individuos está n sometidos a
variadas y continuas influencias que anulan los primeros añ os.
c. El modelo del ciclo de vida: Se sitú a en un punto intermedio, afirma
que la persistencia de las actitudes que se forman en los añ os de la
pre-pubertad es un dato incontrovertible, pero también es cierto que
pueden modificarse en ciertos estadios del crecimiento.
d. El modelo generacional: Aun admitiendo la regla de la persistencia,
sostiene que ciertos movimientos políticos o sociales, ciertas épocas
o ciertos hechos histó ricos (11S) producen un impacto notable en el
sistema de las creencias y de las opiniones políticas esbozado
durante los primeros añ os de la vida.
1.2. La socialización en la juventud.
Si la familia, la escuela y los medios de entretenimiento son los principales agentes
de la socializació n política del menor, en las franjas de la juventud (18-29 añ os), los
medios y el asociacionismo son los principales transmisores de cultura política.
Junto con los medios de comunicació n, el asociacionismo juvenil representa un
canal de aculturació n política en muchos aspectos alternativos y por tanto, en
competencia con las organizaciones políticas del pasado. Sin embargo, estas
formas de compromiso cívico y político no afectan a la mayoría de la població n
juvenil.
2.- Los efectos en la cultura política.
Segú n el nivel de cultura política podemos encontrar varios tipos de ciudadanos:
1. Ciudadanos perezosos: En la democracia representativa el ciudadano no
está informado y no se muestra activo.
2. El ciudadano monitor: (Schudson, 1998): Sigue los acontecimientos de un
modo superficial pero se activa enseguida y sabe centrarse en los datos
esenciales en cuanto surge un problema de interés. No necesita estar
informado de todos los detalles de la vida política y en vez de dedicarse a
reunir informació n, le basta con mantenerse “vigilante”.
3. El ciudadano informado: La complejidad de la vida social contemporá nea
hace muy difícil la tarea de mantenerse informado. <<Dada la presió n que
sufre la atenció n de los ciudadanos, es evidente que el conjunto de datos
que deben dominar para desempeñ ar sus funciones cívicas tiene que ser lo
má s esencial y reducido posible y con atractivo suficiente para captar y
conservar su atenció n>> (Graber 2003).
4. La ciudadanía sutil (Barber, 1984): Una ciudadanía de baja racionalidad y
bajo compromiso cognoscitivo, informada y comprometida cuando hace
falta, lo cual no equivale a ser desafecto ni mucho menos <<antipolítico>>.
Pippa Norris (2000) pone serias reservas a lo que llama falacia del relativismo de
las posiciones minimalistas, segú n las cuales exponerse a la informació n mediada
es sinó nimo de adquisició n de conocimientos, y lo mismo a la falacia del civismo,
defendida por quienes sostienen que los medios de informació n deben educar a los
ciudadanos informando sobre el gobierno y la políticas de las administraciones.
En el primer caso, Norris advierte el peligro de percepció n distorsionada de la
realidad.
En el segundo caso, Norris cree que la idea de un ciudadano perfectamente
informado sobre la política y las cuestiones de gobierno es una utopía y compara al
ciudadano con el automovilista que no tiene que conocer necesariamente a la
perfecció n el funcionamiento del motor para acelerar, frenar o estacionar.
3.-Los niveles de cultura política
Delli Carpini y Keeter (1996) siguiendo los modelos de democracia elitista,
participativa y pragmá tica, distribuyen la cultura política en tres niveles:
La primera distribució n piramidal, típica de la democracia elitista representa una
minoría de ciudadanos con una excelente competencia política frente a una
inmensa mayoría con escasos conocimientos políticos.
Por el contrario, la pirá mide invertida representa la democracia participativa,
donde la mayoría de los ciudadanos está n bien informados.
La distribució n en diamante representa la democracia pragmá tica, resultante de
una cultura política en la que estar informado es una norma cívica y bastante
accesible a través de la educació n y de los medios, y los ciudadanos tienen
motivació n y habilidad cognitiva suficiente para captar y retener una cantidad
moderada de conocimiento factual.
El modelo de democracia pragmá tica parece el que mejor representa el tipo de
ciudadano contemporá neo: de baja racionalidad informativa e informado de lo
imprescindible.
Democracia elitista Democracia pragmá tica Democracia Fuerte
Nivel alto de
cultura política
Nivel bajo de
cultura política
En síntesis:
1. El nú mero de ciudadanos bien informados en materia política es una fracció n
minoritaria del pú blico general, pero resulta suficiente para asegurar un buen
nivel de <<ciudadanía>>.
2. La mayor parte de los ciudadanos tiende a ser <<generalista>> en los
conocimientos de política, es decir, aquellos que conocen bien un tema, un
problema, un hecho, conocen también el resto de la vida política.
3. La desigualdad en la cultura política de los ciudadanos no es só lo una
característica individual, sino que se corresponde con la desigualdad entre los
grupos de ciudadanos en el terreno social, econó mico y político.
4. La motivació n, el interés, el grado de instrucció n, el ambiente informativo, son
factores determinantes para la adquisició n de informació n política. Los
individuos que poseen buenos instrumentos cognoscitivos disponen de una
mayor informació n política, pero el tipo de informació n que se necesita para
ser un ciudadano activo no es complicada para un individuo con capacidades
cognitivas modestas.
Por otro lado, desde una perspectiva comparativa, Norris (2000) nos ofrece una
tabla del grado de conocimientos políticos en los países europeos, cruzá ndolo con
la distinta intensidad de uso de los principales medios de informació n.
Los datos confirman una relació n positiva entre la exposició n frecuente a la
televisió n, la radio y la prensa y el correcto conocimiento de los issues tratados. Un
posterior cruce con variables sociodemográ ficas demuestra que, aun siendo má s
instruidos los que <<consumen>> má s noticias, la simple exposició n a los medios
tiene una influencia en los niveles de cultura política.
4.- Los efectos en participación política.
La participació n electoral, es só lo una de las modalidades posibles de participació n.
La participació n política es el conjunto de actos y conductas dirigidos a influir de
modo má s o menos directo y má s o menos legal en las decisiones de las personas
que tienen poder en el sistema político o en las organizaciones políticas, así como
en su propia selecció n, con el objetivo de conservar o modificar la estructura y, por
tanto, los valores del sistema de intereses dominante (Pasquino 1997).
Gianfranco Pasquino distingue dos tipos:
La participació n visible: La que se puede observar y estudiar en las
actuaciones de los individuos o los grupos.
La participació n latente: La presencia de un pú blico, de una opinió n pú blica
interesada en la política e informada de su evolució n, que por motivos
diversos se activa pocas veces y de forma no continuada.
Por otro lado, Pasquino observa que la participació n política en el contexto
estadounidense es una actividad del individuo en su comunidad. Mientras que en
Europa se trata de una participació n profundamente mediada por los partidos y
dentro de los partidos.
Segú n Giacomo Sani (1996), la participació n visible se articula segú n las siguientes
conductas:
Mantenerse informado a través de los medios de comunicació n y de otros
canales informales sobre las cuestiones políticas cotidianas, sobre el
funcionamiento del sistema político, etc.
Discutir con frecuencia de cuestiones políticas con los amigos, vecinos y
compañ eros de estudios o de trabajo.
Señ alar a la comunidad problemas de interés general y algunas veces
sugerir soluciones.
Contactar con ó rganos de gobierno o sujetos políticos para lograr la
solució n de determinados problemas.
Hacer labor de proselitismo político para convencer a los demá s de las
bondades de nuestro punto de vista.
Ejercer con regularidad el derecho al voto en los distintos tipos de elecció n.
Pertenecer a partidos, movimientos políticos u organizaciones
políticamente destacadas.
Llevar a cabo actividades en las citadas asociaciones.
Asistir a los actos pú blicos de cará cter político.
Prestar apoyo activo en las campañ as electorales.
Tomar parte en iniciativas de la comunidad para proteger determinados
intereses o valores.
Participar en manifestaciones de protesta o de apoyo a determinadas
causas.
La participació n política también se puede dividir en:
Instrumental, cuando la motivació n del compromiso político es de tipo
utilitarista, porque se pretende obtener ventajas personales concretas.
Expresiva, cuando la motivació n es de tipo ideal/ideoló gico, por ejemplo, la
necesidad de sentirse partícipe, de identificarse con un partido o con un
líder.
Uno de los determinantes psicoló gicos de la participació n es la sensació n de
eficacia que tenga o no el ciudadano, que depende a su vez de la confianza del
ciudadano en el sistema político y en el conjunto de las instituciones políticas.
En este sentido, una de las críticas contra el sistema de informació n es haber
conducido a la antipolítica y a la falta de compromiso cívico con su hipercriticismo
a la clase política o su sensacionalismo populista.
Asimismo, también se acusa a la clase política de alejar a los ciudadanos con su
tendencia al uso de técnicas manipuladoras de la informació n, tá cticas, cierre de la
sociedad civil, etc.
¿Qué influencia tienen los factores mediá ticos y comunicativos en los procesos de
participació n?
Tiene dos perspectivas:
La pesimista: Sostienen que los medios producen una pseudoparticipació n.
Optimista: Se cree que los medios, especialmente los nuevos, son
instrumentos de maduració n civil y democrá tica para el pú blico de los
ciudadanos.
Entre los autores de orientació n pesimista destacan:
Lazarsfeld y Merton (1948): La <<disfunció n narcotizante>> de los medios
de comunicació n. Las crecientes dosis de comunicació n de masas
convierten la participació n activa del individuo en disfrute pasivo.
Paletz y Entman (1981): Señ alan que los medios disminuyen la capacidad y
la inclinació n a participar en la política con eficacia.
Putnam (2000): Señ ala con el dedo acusador a la televisió n, responsable de
privatizar nuestra actividad cívica. Mide cuá nto amenaza la televisió n a
nuestro espíritu crítico: cada hora que pasamos delante de la televisió n se
traduce en casi el 10% menos de actividad política. Afirma que una
dependencia de la televisió n es incompatible con un compromiso
significativo en la vida política.
Entre los autores positivos:
Norris (2000): Demuestra que el uso de los medios de informació n no só lo
se asocia positivamente a los indicadores de cultura política, sino también a
la confianza y a la movilizació n.
Cada día son má s autores que ven en los nuevos medios los instrumentos
que devolverá n el centro de la soberanía a las manos del ciudadano.
La tecnología ha hecho posible formas de comunicació n nuevas e inéditas
entre los distintos actores del espacio pú blico.
No obstante, existe el peligro de una creciente divisió n digital que excluya
de la ciberpolítica a grandes sectores de la ciudadanía. El consumo de
política por esa vía necesita un nivel muy elevado de interés político.
Quienes recurren también a internet son aquellos que previamente tenía
intenció n de participar.
Un sondeo del Pew Research Center puso de relieve que los má s comprometidos
en las actividades de la campañ a eran los que entraban en Internet (aunque
también accedían a todos los medios tradicionales).
El hecho de que el 70% de los electores pertenezca a la categoría de <<poco
comprometidos>> y sean usuarios de los canales de informació n tradicionales
obliga a los candidatos presidenciales a tener que comunicarse estratégicamente a
través de los medios clá sicos.
5.- Los efectos en la decisión del voto.
Comprender qué es lo que determina el voto equivale a comprender el juego del
poder para dirigirlo. Así se explica, por ejemplo, que los partidos y los candidatos
elaboren sus estrategias de marketing partiendo de los estudios científicos del
perfil de los electores en los distintos colegios.
5.1.- Determinantes de la elección del voto.
Segú n Mannheimer y Sani, el voto no es «una auténtica elecció n, sino una elecció n
fá cil y "obligada" [...] en funció n de la existencia o no de vínculos que condicionan
el comportamiento electoral [...] En suma, el acto de votar puede compararse a la
pieza de un rompecabezas formado por el conjunto de las orientaciones y las
opiniones políticas del ciudadano» (Mannheimer y Sani 1987, 10).
Por tanto, la estructura de la elecció n electoral se basa en una serie de factores que
determinan su expresió n segú n los estímulos ambientales o comunicativos y las
circunstancias en que se encuentra el ciudadano elector cuando se le convoca a
votar por un partido o un candidato.
¿Cuá les son los factores que influyen en la decisió n del elector? Los má s
importantes son:
La identificació n con un partido: Referida a la cercanía psicoló gica y afectiva
del elector al partido que representa sus conceptos y sus creencias.
También supone un ejemplo clá sico de los atajos que emplea el elector para
manifestar su consenso (o disenso) con un líder o un gobierno.
Las posiciones de los partidos y de los candidatos en relació n con los issues:
La capacidad de predicció n es directamente proporcional al grado de
conocimiento que tienen los electores de los programas, o la competencia
de los sujetos participantes en la competició n electoral.
La preferencia política negativa: Es la aversió n expresa a votar por un
determinado partido o candidato.
La identificació n de á rea: Es la posició n que adopta el elector en el continuo
derecha-izquierda, al margen de la identificació n con un partido.
La imagen del líder: La imagen que proyectan los medios de los candidatos
y de los líderes se suma a la que perciben los ciudadanos y se transforma en
un poderoso factor de influencia en la elecció n del voto. En este momento
puede considerarse el factor má s importante.
La informació n: Entendida como bagaje de conocimientos que el elector
tiene y como el flujo informativo que le llega a través de los canales
mediá ticos.
5.2.- La importancia de la información en la elección del voto. (IMPORTANTE)
Este es el factor que má s nos interesa desde el punto de vista comunicacional.
La teoría de la prospectiva (Tversky y Kahneman, 1981) Segú n esta teoría, la
decisió n del sujeto se encuentra profundamente condicionada por el pronó stico de
los posibles resultados de las alternativas decisionales.
En cuanto al uso que hacen los electores de los medios de comunicació n para
decidir có mo y a quién votar, se proponen varias tipologías:
Baldini, Bucchi y Pava (2001), distinguen cuatro tipos de electores en funció n
de los procesos decisionales y de las elecciones de exposició n a la comunicació n
electoral y a los distintos tipos de issues:
o Comprometidos: Utilizan mucho los medios para confirmar sus propias
opiniones políticas.
o Huérfanos: También utilizan mucho los medios pero, en este caso, para
buscar estímulos informativos.
o Rutinarios: Tienen clara su opció n política por motivos como la fuerte
identidad de partido y hacen poco uso de los medios.
o Alineados: Debido a su desinterés por la política tampoco hacen uso de los
medios para traducir la informació n en una decisió n concreta.
La decisión de voto. El papel de las relaciones interpersonales y de los
medios de comunicación en los distintos tipos de elector.
Tipos de Modalidad Sensibilid Nivel de Medio más
elector de uso de la ad a los comunicación importante
comunicaci issues más importante para la
ón información
política
Comprometi Confirmativa Campaing Medial+Interperso Prensa
do nal cotidiana
(en sentido activo)
Rutinario Refractaria Political Interpersonal (a Ninguno en
largo particular
plazo/ (utilizació n de
socializació n los medios
familiar) sobre todo
como
entretenimient
o)
Huérfano Exploradora Policy Mediá tica Medios
<<Calientes>>
(radio)
Alineado Errá tica Personal Interpersonal Video,
televisió n
Con la intenció n de descubrir el mecanismo de la decisió n de voto bajo el doble
perfil de la estabilidad de la elecció n y, en sentido contrario, del cambio, la
informació n encauzada por los news media se contrapone a la informació n que
fluye por las redes de los partidos o de los ó rganos de informació n periodística
afiliados a fuerzas políticas.
En el caso del flujo informativo de los partidos, se constata un efecto constante de
confirmació n y refuerzo de las orientaciones políticas predeterminadas de los
electores que se exponen a él selectivamente.
En el caso de la informació n que fluye por los medios, los mensajes son muy
diversos, con frecuencia contradictorios y seguramente menos alineados. El elector
interpreta la informació n mediada a través de esquemas cognitivos que favorecen
el cambio.
Aquí es imprescindible el mecanismo de la exposició n selectiva para comprender
los resultados en términos de elecció n del voto.
En el caso de la informació n partidista, el elector selecciona <<por encima>> de
los canales informativos. En esa situació n, la recepció n de datos nuevos tiende a
coincidir con su aceptació n, siempre que sean acorde con nuestra identidad
política, y con la resistencia si son discordes.
En el caso de la informació n encauzada por los medios compuesta de mensajes
contradictorios, la selecció n se produce necesariamente <<a su altura>>, pues el
elector tiene que reaccionar de distintos modos a la pluralidad de los mensajes. Las
modalidades de reacció n dependen en ú ltima instancia de las capacidades
cognitivas del individuo, por ejemplo, su interés por la política y el nivel de
conciencia de sus orientaciones bá sicas.
La referencia aquí es el modelo Converse-McGuire relativo a los mecanismos de la
persuasió n política activados por los medios de comunicació n, distingue entre:
Los medianamente interesados en la política son má s <<maleables>>, es
decir, los má s fá ciles de convencer para que cambien la orientació n de
su voto.
Los poco interesados, aunque muy influenciables, son de difícil acceso.
Los electores muy interesados son de acceso fá cil, pero má s refractarios
a los mensajes que chocan con sus convicciones.
El elector indeciso, es frecuente objeto de los estudios sobre la decisió n de voto, así
como de la comunicació n de los partidos y las coaliciones en liza durante las
campañ as electorales, debido a que los fieles son refractarios a todo intento de
persuasió n. Es má s econó mico tratar de convencer a los electores inseguros.
Con la crisis de los partidos el voto no seguro ha crecido y los indecisos se
encuentran hoy en muchos segmentos del electorado. La auténtica eficacia de una
campañ a electoral mediá tica se calculan por la cantidad de indecisos a los que se
logra convencer para que voten.
Los efectos má s importantes de una campañ a electoral no son los que influyen en
la indecisió n que manifiestan los electores que mantienen un equilibrio inestable
entre las principales tendencias políticas, sino los que influyen en la voluntad
abstencionista una gran cantidad de electores (Schadee y Segatti 2002).
5.3.- Televisión y voto. ¿Qué importancia tiene la televisió n para el voto?
Nadie conoce cuá les son los efectos de la televisió n, porque los distintos estudios
llegan a distintas conclusiones.
No se puede hablar de impacto de los medios como si fuera el mismo en todos los
segmentos del electorado. Los efectos de la exposició n televisiva pueden ser
completamente diferentes en los distintos tipos de població n: jó venes, ancianos,
trabajadores, parados (…) y en ninguno de esos casos podemos dar por sentado
que las personas involucradas acaben actuando del mismo modo. Son muchos
efectos distintos en muchos individuos distintos (Watts 1997).
La exposició n a la televisió n, es só lo uno de los muchos factores individuales y
colectivos, cognitivos y afectivos, ambientales e institucionales.
Para explicar las distinciones bá sicas que pueden darse en la relació n causal entre
voto y preferencias televisivas existen dos modelos (Legnante, 2002):
El modelo de la influencia: Señ ala que las preferencias televisas político-
electorales: <<Los ciudadanos cambian de preferencia después de
exponerse a una u otra fuente televisiva>>.
El modelo del encapsulamiento: Pronostica una relació n en sentido
contrario: Las preferencias televisivas son efecto de las preferencias
políticas. Los electores estructuran su menú de consumo televisivo en
sintonía con sus simpatías políticas.
6.- Efectos en la opinión pública. Opinión pública, sondeos y medios.
El sondeo de opinió n, ha contribuido a dar mayor importancia a la opinió n pú blica
para el proceso democrá tico.
La opinió n pú blica só lo existe y adquiere sentido a través de la comunicació n de
los sondeos, que son los megá fonos que garantizan su publicidad en el espacio
pú blico (Wolton 1989).
En su calidad de actores su presencia en el juego electoral produce dos fenó menos:
Producció n de opinió n por medio de los sondeos de opinió n.
La influencia en el comportamiento de voto debido a la publicidad de los
sondeos electorales (Grossi 1998).
Los efectos de los sondeos de opinió n pueden ser:
En los políticos: Los resultados de los sondeos influyen en las decisiones
políticas.
Un efecto de legitimació n de los mismos: Contribuyen a confirmar, reforzar
o reducir el consenso y la legitimació n de los políticos.
Influencia en los electores: La opinió n pú blica, en cuanto opinió n en
pú blico, influye en la opinió n de pú blico.
Los efectos de los sondeos preelectorales, las encuestas a pies de urnas o los
pronó sticos electorales, los má s conocidos son:
Bandwagon: Tal vez los electores se habrían visto impulsados a <<subirse al
carro>> del candidato victorioso.
Underdog: Electores impulsados a votar por el perdedor (efecto underdog)
o bien a no votar por considerarlo ya inú til.
Las opiniones de los expertos no suelen concordar en cuanto a su influencia en la
orientació n política y menos aú n en el voto, restá ndole importancia.
La <<sondeomanía>> sumada a los numerosos casos de instrumentalizació n,
cuando no de prefrabricació n, ha reducido la capacidad de influir que se le
atribuyó en otras épocas.
En conclusió n, se puede afirmar que:
La publicació n de los sondeos en las campañ as no produce efectos
automá ticos en la orientació n del voto.
El pú blico presenta una notable capacidad de filtro y de rechazo de la
informació n.
Dada la fuerte competencia de los medios, que los mueve a cubrir docenas
de sondeos, los resultados que dan a conocer suelen ser contradictorios, lo
que genera confusió n en el pú blico y produce un efecto de anulació n en el
nivel de la percepció n y de la memoria.
No obstante, la publicidad de la opinió n pú blica en los canales de
comunicació n, al sumarse al clima de opinió n <<mediá tica>> que surge de
la informació n electoral má s general, produce un clima de opinió n
<<mediado>>, producto de la cobertura de los sondeos de opinió n.
La oferta de los medios no se limita a orientar y estimular actitudes y
convicciones en los destinatarios, sino que producen un posterior “efecto de
realidad” al publicitar los resultados de los sondeos de opinió n.
El estudio de los climas de opinió n <<mediados>> permite explicar có mo y
en qué medida influyen los sondeos en la adquisició n de conocimientos
políticos, en la participació n, en la decisió n electoral y hasta cierto punto, en
la propia opinió n pú blica que expresan.