La Infección Por El Vih: Guía Práctica
La Infección Por El Vih: Guía Práctica
Guía Práctica
Consejería de Salud
© Sociedad Andaluza de Enfermedades Infecciosas
Título: La infección por el VIH: Guía práctica. 2ª Edición
Editores:
Jerónimo Pachón Díaz
Servicio de Enfermedades Infecciosas. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla
Emilio Pujol de la Llave
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez
Antonio Rivero Román
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba
Secretaría de redacción:
Manuel Millá Martín
Secretaría técnica de la Sociedad Andaluza de Enfermedades Infecciosas. Sevilla
I.S.B.N.: 84-607-8221-2
Depósito Legal: SE-2227-2003
Producción: Gráficas Monterreina S.A.
ÍNDICE DE CAPÍTULOS
17
Manuel Castaño Carracedo
Unidad de Enfermedades Infecciosas y VIH. Servicio de Medicina Interna.
Complejo Hospitalario Carlos Haya. Málaga.
Juan José Castón Osorio
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba.
Manuel Causse Prado
Unidad de Enfermedades Infecciosas y VIH. Servicio de Medicina Interna.
Complejo Hospitalario Carlos Haya. Málaga.
Manuel Cayón Blanco
Servicio de Medicina Interna. Hospital del SAS de Jerez de la Frontera (Cádiz).
José Miguel Cisneros Herreros
Servicio de Enfermedades Infecciosas. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
Fernando Cobo Martínez
Servicio de Microbiología. Complejo Hospitalario Carlos Haya. Málaga.
Antonio R. Collado Romacho
Servicio de Medicina Interna. Hospital Torrecárdenas. Almería.
Juan de Dios Colmenero Castillo
Unidad de Enfermedades Infecciosas y VIH. Servicio de Medicina Interna.
Complejo Hospitalario Carlos Haya. Málaga.
Elisa Cordero Matía
Servicio de Enfermedades Infecciosas. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
José Luis Corral Arias
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
Juan Enrique Corzo Delgado
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario de Valme. Sevilla.
Ricardo Creagh Cerquera
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
Efraín Cruz Rosales
Unidad de Infecciosas. Hospital Universitario de Puerto Real (Cádiz).
Fuensanta Cuesta López
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
Arístides de Alarcón González
Servicio de Enfermedades Infecciosas. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
Julián de la Torre Cisneros
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba.
Javier de la Torre Lima
Consulta de Medicina Interna-VIH. Servicio de Medicina Interna.
Hospital Costa del Sol. Marbella (Málaga).
Alfonso del Arco Jiménez
Consulta de Medicina Interna-VIH. Servicio de Medicina Interna.
Hospital Costa del Sol. Marbella (Málaga).
Marcial Delgado Fernández
Servicio de Medicina Interna. Hospital de Poniente. El Ejido (Almería).
18
Felipe Díez García
Servicio de Medicina Interna. Hospital de Poniente. El Ejido (Almería).
Ángel Domínguez Castellano
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
Begoña Esquitino del Río
Servicio de Medicina Interna. Hospital del SAS de Jerez de la Frontera (Cádiz).
José María Fajardo Picó
Unidad de Gestión Clínica Medicina Interna-Infecciosos. Hospital Infanta Elena. Huelva.
Sonsoles Fernández Sepúlveda
Servicio de Medicina Interna. Hospital Comarcal de la Axarquía. Vélez-Málaga (Málaga).
Juan Gálvez Acebal
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
Mª Carmen Gálvez Contreras
Servicio de Medicina Interna. Hospital Torrecárdenas. Almería.
José Ángel García García
Sección de Enfermedades Infecciosas. Servicio de Medicina Interna.
Hospital Universitario de Valme. Sevilla.
Federico García García.
Servicio de Microbiología y Biología Molecular. Hospital Clínico San Cecilio. Granada.
Mª Luisa García Gestoso
Sección de Infectología Pediátrica. Servicio de Pediatría.
Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
Francisco Javier García León
Servicio de Vigilancia Epidemiológica y Evaluación. Dirección General de Salud Pública
y Participación. Consejería de Salud. Junta de Andalucía. Sevilla.
Pablo García López
Centro de Salud de Cartuja. Granada.
Elena García Lora
Servicio de Dermatología. Hospital Universitario Virgen de las Nieves. Granada.
Juana Mª García Moreno
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
Miguel Ángel García Ordóñez
Servicio de Medicina Interna. Hospital de Antequera (Málaga).
José Antonio Girón González
Servicio de Medicina Interna. Hospital Universitario Puerta del Mar. Cádiz.
Jesús Gómez Mateos
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario de Valme. Sevilla.
Mercedes González Serrano
Unidad de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen de la Victoria. Málaga.
Francisca Guerrero Sánchez
Servicio de Medicina Interna. Hospital Universitario Puerta del Mar. Cádiz.
19
Víctor Gutiérrez-Ravé Pecero
Servicio de Medicina Interna. Hospital Comarcal de Motril (Granada).
José Hernández Quero
Unidad de Enfermedades Infecciosas. Hospital Clínico San Cecilio. Granada.
José Juan Hernández-Burruezo
Hospital Universitario Médico-Quirúrgico de Jaén. Jaén.
Manuel Enrique Jiménez Mejías*
Servicio de Enfermedades Infecciosas. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
*Grupo de Consenso de SAEI sobre la coinfección VHC/VIH.
Rafael Jurado Jiménez
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba.
José María Kindelán Jaquotot
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba.
Ana Mª Lazo Torres
Servicio de Medicina Interna. Hospital Torrecárdenas. Almería.
Eva León Jiménez
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario de Valme. Sevilla.
José Manuel Lomas Cabeza
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
Luis Fdo. López Cortés
Servicio de Enfermedades Infecciosas. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
Miguel Ángel López Ruz.
Unidad de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen de las Nieves. Granada.
Fernando Lozano de León-Naranjo
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario de Valme. Sevilla.
Rafael Luque Márquez
Servicio de Enfermedades Infecciosas. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
Juan Macías Sánchez
Sección de Enfermedades Infecciosas. Servicio de Medicina Interna.
Hospital Universitario de Valme. Sevilla.
Yolanda Marín Fernández
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
Jorge Marín Martín
Servicio de Medicina Interna. Hospital de la Merced. Osuna (Sevilla).
Manuel Márquez Solero
Unidad de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen de la Victoria. Málaga.
Ignacio Martín Suárez
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
Francisco Javier Martínez Marcos
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
Dolores Merino Muñoz
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
20
Ignacio Moreno Maqueda
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Punta de Europa. Algeciras (Cádiz).
Miguel Ángel Muniáin Ezcurra
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
Clara Natera Kindelán
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba.
Enrique Nuño Álvarez
Servicio de Medicina Interna. Hospital Comarcal de la Axarquía. Vélez-Málaga (Málaga).
Mohamed Omar Mohamed-Balghata
Hospital Universitario Médico-Quirúrgico de Jaén. Jaén.
Javier Ortiz González
Servicio de Programas. Dirección General de Salud Pública y Participación.
Consejería de Salud. Junta de Andalucía. Sevilla.
Jerónimo Pachón Díaz
Servicio Enfermedades Infecciosas. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
Rosario Palacios Muñoz
Unidad de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen de la Victoria. Málaga.
José Carlos Palomares Folía
Sección Microbiología Diagnóstica Molecular. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
Álvaro Pascual Hernández
Servicio de Microbiología. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
Juan Pasquau Liaño
Unidad de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen de las Nieves. Granada.
Mª Teresa Pastor Ramos
Servicio de Oftalmología. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
Daniel Peña Jiménez
Servicio de Medicina Interna. Hospital del SAS de La Línea de la Concepción (Cádiz).
Salvador Pérez Cortés
Servicio de Medicina Interna. Hospital del SAS de Jerez de la Frontera (Cádiz).
Eugenio Pérez Guzmán
Servicio de Medicina Interna. Hospital Universitario Puerta del Mar. Cádiz.
Montserrat Pérez Pérez
Servicio de Medicina Interna. Hospital del SAS de La Línea de la Concepción (Cádiz).
Juan Antonio Pineda Vergara
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario de Valme. Sevilla.
José Luis Prada Pardal
Consulta de Medicina Interna-VIH. Servicio de Medicina Interna.
Hospital Costa del Sol. Marbella (Málaga).
Isabel Pueyo Rodríguez
Centro de Diagnóstico y Prevención de ETS. Sevilla.
21
Emilio Pujol de la Llave
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
José María Reguera Iglesias
Unidad de Enfermedades Infecciosas y VIH. Servicio de Medicina Interna.
Complejo Hospitalario Carlos Haya. Málaga.
Antonio Rivero Román
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba.
Jesús Rodríguez Baño
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
Francisco Rodríguez Gómez.
Servicio de Medicina Interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
María Jesús Rodríguez Hernández.
Servicio de Cuidados Críticos y Urgencias. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
Manuel Rodríguez Iglesias
Servicio de Microbiología. Hospital Universitario de Puerto Real (Cádiz).
Pilar Rodríguez Ortega
Servicio de Medicina interna. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
Joaquín Romero Cachaza
Sección de Infectología Pediátrica. Servicio de Pediatría.
Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
Alfredo Rubio Sanz
Servicio de Vigilancia Epidemiológica y Evaluación. Dirección General de Salud Pública
y Participación. Consejería de Salud. Junta de Andalucía. Sevilla.
Josefa Ruíz Morales
Unidad de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen de la Victoria. Málaga.
Antonio Sampedro Martínez
Servicio de Microbiología. Hospital Universitario Virgen de las Nieves. Granada.
Jesús Santos González
Unidad de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Virgen de la Victoria. Málaga.
José C. Santos Mora
Servicio de Ginecología y Obstetricia. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva.
Aureliana Segador*
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba.
*Grupo de Consenso de SAEI sobre la coinfección VHC/VIH.
Pilar Serrano Aguayo
Unidad de Nutrición Clínica y Dietética. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
Ignacio Suárez Lozano
Unidad de Gestión Clínica Medicina Interna-Infecciosos. Hospital Infanta Elena. Huelva.
Alberto Terrón Pernía
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital del SAS de Jerez de la Frontera (Cádiz).
Manuel Torres Tortosa
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Punta de Europa. Algeciras (Cádiz).
22
Bárbara Valera Bestard
Servicio de Enfermedades Infecciosas. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
Pilar Vázquez Garijo
Centro de Salud Bollullos Par del Condado. (Huelva).
Antonio Vergara de Campos
Unidad de Infecciosas. Hospital Universitario de Puerto Real (Cádiz).
Pompeyo Viciana Fernández
Servicio de Enfermedades Infecciosas. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla.
Elisa Vidal Verdú
Sección de Enfermedades Infecciosas. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba.
José Luis Villanueva Marcos
Servicio de Medicina Interna. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla.
Manuel Zarzuela Ramírez
Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública. Hospital del SAS
de La Línea de la Concepción (Cádiz).
23
ABREVIATURAS
25
INF : Interferón PMN: Polimorfonucleares
INF-PEG : Interferón pegilado PP: Polirradiculopatía progresiva
INH: Isoniazida PPD: Derivado proteico purificado (prueba
IO : Infecciones oportunistas tuberculina)
IP : Inhibidores de proteasas PPE: Profilaxis postexposición
IRA: Insuficiencia renal aguda PSD: Polineuropatía simétrica distal
IRT: Insuficiencia renal terminal RBV: Ribavirina
ITINAN: Inhibidores de la transcriptasa RHS: Reacciones de hipersensibilidad
inversa no análogos de nucleósidos RIF: Rifampicina
ITIAN: Inhibidores de la transcriptasa RFB: Rifabutina
inversa análogos de nucleósidos
RM: Resonancia magnética
IV: intravenoso
RN: Recién nacido
LCP: Linfoma cerebral primario
RR: riesgo relativo
LCR: Líquido cefalorraquídeo
RTV: Ritonavir
LMP: Leucoencefalopatía multifocal
progresiva SIDA: Síndrome de Inmunodeficiencia
Adquirida
LNH: Linfoma no Hodgkin
SNC: Sistema Nervioso Central
LOV: Leucoplasia oral vellosa
LPV: Lopinavir SNP: Sistema Nervioso Periférico
PACTG: Pediatrics AIDS Clinical Trials Group TDO: Tratamiento directamente observado
o supervisado
PCR: Reacción en cadena de la polimerasa
TG: Triglicéridos
PDI: Polineuropatía desmielinizante
inflamatoria TI: Transcriptasa inversa
PMM. Programa de mantenimiento TMP-SMX: Trimetoprim-Sulfametoxazol
Metadona TNF: Factor de necrosis tumoral
26
TS: Trabajador sanitario
TV: Transmisión vertical
UNOS: United Network for Organ Sharing
VEB: Virus de Epstein-Barr
VHA: Virus de la hepatitis A
VHB: Virus de la hepatitis B
VHC: Virus de la hepatitis C
VHS: Virus herpes simple
VIH: Virus de la inmunodeficiencia humana
VO: Vía oral
VPH: Virus del papiloma humano
VSG: Velocidad de sedimentación globular
VVZ: Virus varicela zóster
WB: Western blot
27
Capítulo 1
EL VIRUS DE LA INMUNODEFICIENCIA HUMANA. INMUNOPATOGENIA
29
La infección por el VIH: Guía Práctica
VARIABILIDAD GENÉTICA
Como virus ARN que es, su genoma presenta muchas variantes (cuasiespecies). En
relación con la envoltura (gen env) se conocen al menos 9 genotipos con una clara dis-
tribución geográfica: en Occidente predomina el B, en Africa subsahariana el A y C, y
en el Sureste asiático el C, B y E. En relación con el gen gag se conocen 7 subtipos.
Aunque existe cierta controversia, esta distribución geográfica puede explicar la dife-
rente epidemiología (1,2). En Africa subsahariana y sudeste asiático, donde habitan el
90% de los afectados por el VIH la transmisión es heterosexual en el 90%, mientras
en Occidente es fundamentalmente homosexual y parenteral. El tropismo que mani-
fiestan los diferentes subtipos por las células de Langerhans del epitelio femenino es
muy alto, al menos para el subtipo E, y muy bajo para el subtipo B.
30
Capítulo 1. El virus de la inmunodeficiencia humana. Inmunopatogenia
Célula Langerhans
(mucosas genitales)
Célula microglia
(sistema nervioso)
Monocito
Macrófago
El porcentaje de infección de las células del sistema monocito /macrófago es bajo: 1/15.000
en ganglio linfático y 1/100.000 en bazo. Su cinética de replicación es muy lenta.
La sangre periférica contiene alrededor del 1% de los linfocitos totales del organis-
mo. Entre el 1-10 % están infectados. A pesar de que puedan existir cargas virales
bajas (fase de latencia clínica) o indetectables (efecto de los antirretrovirales), en los
órganos linfoides está ocurriendo algo cuantitativamente más importante.
31
La infección por el VIH: Guía Práctica
Se estima que hasta un 40% de los linfocitos CD4+ del ganglio linfático están
infectados: el 99 % de forma latente y el 1% en replicación activa (linfocitos activa-
dos). A pesar de esta baja proporción, su cinética de replicación es extraordinaria: se
producen diariamente 109-10 viriones que llevan a la destrucción de 107-8 linfocitos
CD4+/día por efecto citopático directo; es decir el 1% de los linfocitos totales del orga-
nismo. Esto llevaría a una rapidísima destrucción del sistema inmune. Sin embargo no
es así, lo que significa que éste es capaz de reponer durante largo tiempo los linfoci-
tos destruidos hasta llegar al agotamiento y a la fase de inmunodeficiencia avanzada.
Las células de estirpe macrofágica juegan un papel importante en el sistema inmu-
nológico (presentación de antígenos, liberación de quimiocinas, etc). En relación con
la cinética del VIH, si bien su importancia cuantitativa es limitada, el hecho de que en
ellas el virión se replique muy lentamente, hace que constituyan a largo plazo impor-
tantes reservorios que perpetúan la infección y donde ocurren hechos de gran trans-
cendencia biológica (diversidad viral, resistencias,...). Las células de la microglía son ver-
daderos "santuarios", prácticamente inaccesibles a los mecanismos defensivos.
Figura 4. Compartimentos
REPLICACIÓN
LENTA
Macrófagos
Microglía
LATENCIA ABSOLUTA
CD4+
REPLICACIÓN
RÁPIDA
CD4+
32
Capítulo 1. El virus de la inmunodeficiencia humana. Inmunopatogenia
33
La infección por el VIH: Guía Práctica
menos agresiva del virus. Otra posibilidad es que algunos de estos pacientes se
infecten por virus menos agresivos o deficientes en alguna de sus proteínas regula-
doras (Nef...). Finalmente, algunos factores genéticos pueden estar involucrados en
una progresión lenta de la enfermedad. Así una delección en el gen que codifica la
producción del correceptor CCR5 retrasa la evolución de la enfermedad en pacien-
tes seropositivos y, de hecho, un 20-30% de estos pacientes son heterocigotos para
la variante ∆32 de CCR5. También se ha descrito que el polimorfismo en la región
reguladora de CCR5 puede variar la expresión de este receptor y que este fenóme-
no a su vez se relaciona con la infección por el VIH.
- Individuos expuestos no infectados. Son individuos que se exponen frecuentemente
al VIH y que no se infectan. Parece ser que la existencia de determinados fenotipos
HLA pudiera estar relacionado con la protección. También se ha descrito que la
delección en la posición 32 en el gen de CCR5 en los sujetos homocigóticos con-
fiere resistencia a la infección por cepas R5. Esta mutación se observa más en paí-
ses del Norte de Europa. Existen factores inmunológicos involucrados, tales como la
hiperproducción de IL-2 por los linfocitos CD4+ y una actividad proliferativa de los
linfocitos CD8+ en respuesta a péptidos del VIH. En parejas de sujetos heterose-
xuales infectados, se ha descrito la producción de anticuerpos neutralizantes sobre
el VIH que están dirigidos contra antígenos HLA del miembro de la pareja que no
está infectado y que podrían ser protectores. La ausencia de infección en sujetos
expuestos se ha relacionado también con la presencia de niveles elevados de RAN-
TES y con la infección por cepas poco virulentas que actuarían como vacunas esti-
mulando la respuesta inmunológica sin desarrollar infección. Lo que permanece sin
respuesta es porqué en estos casos no es posible la detección de anticuerpos.
34
Capítulo 1. El virus de la inmunodeficiencia humana. Inmunopatogenia
antirretroviral permite un aumento de los niveles de linfocitos CD4+, pero este aumen-
to pertenecería a clones restringidos frente a determinados antígenos, pero no frente
a otros. Otra posibilidad es que la replicación vírica y la destrucción de linfocitos per-
manezcan en niveles elevados en los ganglios linfáticos, a pesar de que existan en san-
gre periférica en niveles indetectables.
Además de la destrucción directa de los linfocitos, existen diversos mecanismos de
destrucción indirecta de los linfocitos CD4+ por el VIH. Una activación incompleta de
los receptores CD4 por parte del VIH o de alguna de sus proteínas estructurales o regu-
ladoras pueden inducir un fenómeno de apoptosis o muerte celular programada de los
linfocitos CD4+. Se ha observado que en los ganglios linfáticos existe una mayoría de
linfocitos que presentan signos de apoptosis frente al número de linfocitos activamen-
te infectados. También se ha postulado la importancia de fenómenos de autoinmuni-
dad como causante de destrucción de los linfocitos CD4+ mediante reacciones tipo
ADCC o citotóxicas.
La gp120 y la proteína Tat son capaces de inducir fenómenos de anergia o falta de
activación de linfocitos CD4+. Este fenómeno podría ser otra forma de apoptosis lin-
focitaria.
Existen dos subpoblaciones linfocitarias CD4+, vírgenes o "naive" y de memoria. En
un principio se postuló que el VIH afectaba principalmente a los linfocitos de memo-
ria, si bien nunca se ha demostrado, al ser extraordinariamente difícil separar ambas
subpoblaciones. Aunque tienen marcadores diferentes, existe una transición de los
primeros a los segundos que dificulta su identificación. También se han descrito dos
tipos de respuesta linfocitarias, TH1 y TH2, ejercida por dos clones diferentes de célu-
las CD4+. Los linfocitos TH1 producen interferón gamma, factor de necrosis tumoral e
IL-2, mientras que los linfocitos TH2 producen IL-4, IL-5 e IL-10. La respuesta TH1 se
asocia con una fuerte inducción de respuesta citotóxica CD8, mientras que la respues-
ta TH2 no activa estos mecanismos. Algunos autores postulaban que la inmunosupre-
sión por el VIH se debía a a un desequilibrio entre las subpoblaciones TH1/TH2 a favor
de las últimas, con aumento de IL-4 e IL-5 y disminución de los efectores TH1. El VIH
infectaría principalmente los linfocitos TH1, lo que induce una disminución de la acti-
vidad citotóxica y aumento de la replicación viral. Habría además una inmunosupresión
secundaria a un aumento de respuesta TH2. Esta hipótesis no ha sido demostrada
hasta el momento.
La principal causa de la evasión o escape de la actividad CTL mediada por el VIH se
debe posiblemente a las mutaciones que sufre el virus que altera o impide el recono-
cimiento por los linfocitos CD8+ (4).
35
La infección por el VIH: Guía Práctica
o al papel estimulador de los antígenos víricos. También se produce una intensa acti-
vación de las células CD8+ debido fundamentalmente a la sobrecarga de antígenos
virales. Finalmente, se ha descrito en estadíos avanzados de la enfermedad un aumen-
to importante de citocinas, originadas directamente por el virus o por alguno de los
patógenos oportunistas.
Bibliografía
1. Streicher HZ, Reitz MS Jr, Gallo RC. Human Inmunodeficiency viruses. In: Mandell GL, Ben-
nett JE, Dolin R. Principles and Practice of Infectious Diseases. New York: Churchill Livingsto-
ne; 2000. p. 1874-87.
2. Levy JA. HIV and pathogenesis of AIDS. Washington DC: ASM; 1998.
3. Chinen J, Shearer WT. Molecular virology and immunology of HIV infection. J Allergy Immu-
nol. 2002; 110:189-98.
4. Wyatt R, Sodroski J. The HIV-1 envelope glycoproteins: fusogens, antigens, and immuno-
gens. Science: 1998; 280:1884-9.
5. Klenerman P, Wu Y, Phillips R. HIV: current opinion in escapology. Curr Opin Microbiol. 2002;
5:408-13.
36
Capítulo 2
EPIDEMIOLOGÍA DE LA INFECCIÓN VIH Y SIDA
Elías J. Cañas García-Otero, Francisco Javier García León y Gloria Andérica Frías
INTRODUCCIÓN
Desde la descripción de los primeros casos a principios de la década de los ochen-
ta, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) se ha convertido en la primera
pandemia del siglo XXI. A pesar de los avances terapéuticos, que han modificado el
espectro de la enfermedad en los países más desarrollados hasta convertirla en una
"infección crónica manejable", la epidemia sigue avanzando a nivel mundial.
En este capítulo abordaremos, en primer lugar, las dificultades metodológicas y los
retos actuales en la monitorización epidemiológica del VIH/SIDA; posteriormente des-
cribiremos brevemente la situación actual de la pandemia, así como sus características
en Europa y en España, y por último, nos acercaremos a la situación en Andalucía a
través de una doble perspectiva: la proporcionada por el Registro Andaluz de Casos de
SIDA y la derivada de los estudios de prevalencia hospitalaria de los pacientes infecta-
dos por el VIH en seguimiento en las unidades especializadas de los hospitales públi-
cos de Andalucía.
37
La infección por el VIH: Guía Práctica
38
Capítulo 2. Epidemiología de la infección por el VIH y SIDA
39
Tabla 1.- ESTADÍSTICAS Y CARACTERÍSTICAS REGIONALES DEL VIH/SIDA, DICIEMBRE DE 2002
REGIÓN INICIO DE LA ADULTOS Y NIÑOS ADULTOS Y NIÑOS PREVALENCIA PORCENTAJE DE PRINCIPALES
EPIDEMIA QUE VIVEN CON INFECTADOS POR ENTRE LOS ADULTOS VIH- FORMAS DE
el VIH/SIDA el VIH ADULTOS* POSITIVOS QUE TRANSMISIÓN#
SON MUJERES
África finales de los 70
29,4 millones 3,5 millones 8,8% 58% Hetero
subsahariana comienzos de los 80
África del Norte
finales de los 80 550 000 83 000 0,3% 55% Hetero, CDI
y Oriente Medio
Asia meridional
finales de los 80 6,0 millones 700 000 0,6% 36% Hetero, CDI
y sudoriental
La infección por el VIH: Guía Práctica
Asia oriental
finales de los 80 1,2 millones 270 000 0,1% 24% CDI,Hetero, VSV
y Pacífico
finales de los 70
América Latina 1,5 millones 150 000 0,6% 30% VSV, CDI, Hetero
comienzos de los 80
finales de los 70
Caribe 440 000 60 000 2,4% 50% Hetero, VSV
comienzos de los 80
Europa oriental
comienzos de los 90 1,2 millones 250 000 0,6% 27% CDI
y Asia central
finales de los 70
Europa occidental 570 000 30 000 0,3% 25% VSV, CDI
comienzos de los 80
América finales de los 70
980 000 45 000 0,6% 20% VSV, CDI, Hetero
del Norte comienzos de los 80
Australia y finales de los 70
15 000 500 0,1% 7% VSV
Nueva Zelanda comienzos de los 80
TOTAL 42 millones 5 millones 1,2% 50%
* La proporción de adultos (15 a 49 años de edad) que viven con el VIH/SIDA en 2002, basándose en las cifras demográficas de 2002.
# VSV: varones que tienen relaciones sexuales con varones; CDI: a través del consumo de drogas intravenosas; Hetero: heterosexual.
Fuente: ONUSIDA, 2002.
40
Capítulo 2. Epidemiología de la infección por el VIH y SIDA
41
La infección por el VIH: Guía Práctica
Figura 1. Casos de SIDA por millón de habitantes en varios países de la Unión Europea
200
Casos por millón de habitantes
150
Portugal
100
España
50
Italia
Francia
Reino Unido
0 Alemania
1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001
Año de Diagnóstico
42
Capítulo 2. Epidemiología de la infección por el VIH y SIDA
43
La infección por el VIH: Guía Práctica
25000
Incidencia de VIH
Incidencia de SIDA
20000
Muertes por SIDA
Nº de Personas
15000
10000
5000
0
1982 1984 1986 1986 1990 1992 1994 1996 1998 2000
140000
120000
100000
Nº de Personas
Incidencia de VIH
80000 Muertes por SIDA
Prevalencia de VIH
60000
40000
20000
0
1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1996 1998 2000
44
Capítulo 2. Epidemiología de la infección por el VIH y SIDA
45
La infección por el VIH: Guía Práctica
46
Capítulo 2. Epidemiología de la infección por el VIH y SIDA
47
La infección por el VIH: Guía Práctica
En el año 2001 (tasa de 45,34 casos de SIDA por millón de habitantes, 328 casos)
se ha producido un descenso del 70,6% en la incidencia de casos declarados respecto
a 1994, año en el que se alcanzó la máxima incidencia anual de SIDA en Andalucía (tasa
de 154,28; 1.107 casos) (figura 5). Este descenso en la incidencia de SIDA se ha pro-
ducido en todas las provincias y para todas las categorías de transmisión, siendo más
pronunciado para la transmisión materno-fetal (un único caso de SIDA en el año 2001),
seguido del de los ADVP y receptores de sangre y hemoderivados, y en menor medida,
en los varones homo/bisexuales y en los infectados por vía heterosexual (figura 6).
180 1200
160
1000
140
Casos Mortalidad
120 800
Tasas SIDA
100
600
80
60 400
40
200
20
0 0
85
87
89
91
93
95
97
99
01
19
19
19
19
19
19
19
19
20
900
800
700
600
500
Casos
400
300
200
100
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MONOTERAPIA BITERAPIA
2 ANALOGOS + 1 IP 3 ANALOGOS
MAS DE 3 ANTIRRETROVIRALES
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La infección por el VIH: Guía Práctica
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54
Capítulo 3
MECANISMOS DE TRANSMISIÓN DEL VIH
INTRODUCCIÓN
El conocimiento de los mecanismos de transmisión de la infección por el VIH fue uno
de los primeros y más importantes retos planteados en la lucha contra esta enfermedad.
Aunque, afortunadamente, sus principios básicos quedaron bien establecidos de
forma muy temprana y no han dejado lugar para sorpresas importantes desde enton-
ces, sabemos que aún albergan muchos aspectos desconocidos sobre sus fundamen-
tos biológicos y que siguen existiendo variables impredecibles que modifican ocasio-
nalmente los modelos matemáticos predictivos para establecer los principales perfiles
epidemiológicos.
EL SALTO INTERESPECIE
El VIH procede de los retrovirus que venían infectando milenariamente a los prima-
tes africanos y, aunque el primer caso documentado de infección por el VIH en huma-
nos se sitúa en 1959, los estudios filogenéticos (1,2) estiman que el salto a los seres
humanos debió de producirse en algún momento entre el siglo XVII y la 3ª ó 4ª déca-
da del Siglo XX. El VIH-1 posiblemente lo hizo desde el chimpancé Pan Troglodytes Tro-
glodytes en al menos 3 ocasiones diferentes. Y el VIH-2 desde el Mono de cara tizna-
da o Mangabeis, en al menos 4 ocasiones (3).
55
La infección por el VIH: Guía Práctica
TRANSMISIÓN SEXUAL
La infectividad del VIH es baja, si se compara con el resto de los agentes producto-
res conocidos de ETS. Afortunadamente la transmisión heterosexual no tiene una enor-
me eficiencia, y aunque se sabe que ha llegado a producirse tras una o aisladas prácti-
cas de riesgo, las tasas globales de transmisión comunicadas en el seno de las parejas
heterosexuales serodiscordantes oscilan habitualmente entre 7-50% (10-25% de las
mujeres de los hemofílicos; 10-50% en el caso de los ADVP; 0-28% de las prostitutas
no ADVP - en España < 5%, aunque en Africa se han comunicado cifras de hasta 80%
-). La transmisión es mayor de hombre a mujer - riesgo entre 1 y 8 veces superior -
(mayor volumen y concentración de virus en el semen que en el fluido cérvico-vaginal,
y mayor tiempo de exposición en el caso de la mujer) (7-10).
La transmisión homosexual entre varones es mayor, debido a las características de
su conducta sexual (mayor número de parejas, prácticas con mayor potencial de lesio-
nar las mucosas) (7,8).
56
Capítulo 3. Mecanismos de transmisión del VIH
2. Conducta sexual
Determina un grado variable de transmisión en función de diversos factores (7-10):
a) número de relaciones; b) la vía utilizada (las estimaciones para una única exposición
anal receptiva, claramente más peligrosa que la relación insertiva, estarían entre 0,1%-
0,3%, o entre 1/10 y 1/600 en otra estimación; para una única exposición vaginal
receptiva, también más peligrosa que la insertiva, entre 0,1%-0,2%, o entre 1/200 y
1/2000 en otra estimación global. La exposición oral receptiva, y en mucha menor
cuantía la insertiva, son prácticas de riesgo documentadas, aunque menos peligrosas
que las anteriores. Recientemente se ha informado que la exposición orogenital podría
entrañar mayor riesgo del estimado inicialmente, con hasta un 8% de los nuevos casos
adquiridos por esta vía; c) la capacidad de lesionar la mucosa incrementa el riesgo,
aunque se sabe que la infección puede producirse a través de mucosas intactas, dado
que contienen macrófagos y células de Langerhans en contacto con la superficie y con
receptores para el VIH, como se ha demostrado con los al menos 14 casos conocidos
de transmisión a través de inseminación artificial; d) la utilización de métodos protec-
57
La infección por el VIH: Guía Práctica
tores de barrera (preservativos): así un metanálisis (21) encontró una tasa global de efi-
cacia del preservativo del 69%, aunque cuando se utiliza correctamente, lo que impli-
ca buenos materiales (látex/vinilo) y buena técnica (no contacto entre secreciones y
mucosas), dicha eficacia se aproximaría al 100%. En un estudio sobre 343 mujeres
seronegativas parejas de seropositivos la tasa de seroconversión anual fue de 1,1/100
pacientes-año entre las que utilizaron siempre el preservativo y de 7,2/100 pacientes-
año entre las que no lo utilizaron o lo hicieron irregularmente (22).
No está aclarado el papel de los espermicidas en la transmisión, pero incluso podría
facilitarla por la irritación de la mucosa vaginal que pueden provocar (23).
La lucha para promover unas relaciones sexuales más seguras ha encontrado difíci-
les escollos incluso en los países con alto nivel de información, en los que se está des-
cribiendo el "fenómeno del agotamiento", por el que el abandono de las precaucio-
nes más elementales está condicionando un claro incremento de las ETS (24,25).
58
Capítulo 3. Mecanismos de transmisión del VIH
han desarrollado resistencias se transmitirían mejor que el wild type (pudiendo seguir
un patrón como éste: multirresistencia > resistencia a inhibidores de proteasa > resis-
tencia a análogos de nucleósidos > resistencia a no análogos de nucleósidos) (26).
5. Profilaxis post-exposición
Su eficacia aún no está demostrada, pero se fundamenta teóricamente en los datos
de la profilaxis post-exposición parenteral accidental en el medio laboral y en estudios
de experimentación animal. Hay diferencias entre ambos supuestos que impiden la
extrapolación de los datos, pero un estudio reciente mostró cómo en 24 meses sólo 1
de 73 homosexuales que siguieron quimioprofilaxis (110 ciclos con zidovudina más
lamivudina) se infectó (y por una cepa resistente a lamivudina), frente a 10 de 129 que
no la hicieron (27).
TRANSMISIÓN PARENTERAL
Diversos mecanismos están implicados en la transmisión del VIH por esta vía.
59
La infección por el VIH: Guía Práctica
2. Transfusiones de sangre
Las transfusiones de sangre, en el caso de estar contaminadas por el VIH, se segui-
rían de la infección del receptor en más del 60%-95% de los casos (7,8). Desde que se
aplica la búsqueda sistemática de anticuerpos del VIH en todas las muestras de sangre
para trasfundir – 1985 - el riesgo de infección por transfusión se ha convertido en un
riesgo teórico residual. Tan sólo escaparían al control los hipotéticos casos de donantes
que no se autoexcluyesen a pesar de sus prácticas de riesgo y que estuviesen en la fase
de primoinfección, aún sin anticuerpos detectables en sangre, lo que suponía en 1995
un riesgo estimado de una transfusión transmisora por cada 450.000-660.000 (en
otros estudios, 1/10.000-20.000; ó 1/153.000 unidades de sangre contaminadas) (31).
Para evitar este riesgo residual se ha llegado a proponer, sin que aún se haya puesto en
marcha, el uso de la antigenemia p24 y, sobre todo, de la viremia plasmática (ARN del
VIH), que se hacen detectables antes que los anticuerpos - reduciendo el "período ven-
tana" de una media de 20 días a 6 días -, para analizar todas las donaciones.
4. Trasplantes
Los órganos vascularizados de un paciente infectado obviamente podrían transmi-
tir la infección al receptor, lo que ha ocurrido en al menos 75 casos, sobre todo antes
de 1985. De nuevo, el despistaje de la infección por el VIH en el donante es el ele-
mento crítico en la prevención. Se ha sabido que muestras no vascularizadas, liofiliza-
das o tratadas con alcohol (hueso, córneas, tendones, fascias,...), procedentes de
donante infectado, no han transmitido la infección (7,8).
60
Capítulo 3. Mecanismos de transmisión del VIH
61
La infección por el VIH: Guía Práctica
SOBREINFECCIÓN O SUPERINFECCIÓN
Se han descrito casos de nuevas infecciones concomitantes por dos cepas diferen-
tes de subtipos de VIH. Estas formas de coinfección pueden resultar de una segunda
exposición al virus, ya sea poco después de la infección inicial o durante el curso esta-
blecido de la enfermedad; esta última circunstancia es lo que ha venido a denominar-
se sobreinfección, y demuestra que la infección por el VIH no necesariamente propor-
ciona protección frente a una nueva infección por otra cepa del VIH (8).
La sobreinfección puede precipitar una más rápida progresión de la enfermedad, lo
que proporciona un nuevo argumento para insistir en la prevención frente a nuevas
exposiciones entre los individuos ya infectados.
62
Capítulo 3. Mecanismos de transmisión del VIH
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65
Capítulo 4
INFORMANDO Y EDUCANDO EN LA CONSULTA. ESTUDIO DE CONTACTOS.
INTERVENCIÓN PRECOZ
INTRODUCCIÓN
La infección por VIH sigue siendo una enfermedad en la que prevención es el mejor
medio de lucha del que disponemos. Los seropositivos como portadores del VIH deben
evitar la transmisión a otros adoptando prácticas seguras; a su vez evitarán reinfeccio-
nes. Además, la enfermedad por VIH con una actitud e información adecuadas puede
ser manejada como una enfermedad crónica. Por último, la infección por el VIH ha pro-
piciado un nuevo elemento en el proceso enfermedad-salud y en la relación médico-
enfermo, como es el derecho de las personas infectadas por el VIH a implicarse acti-
vamente en el manejo y toma de decisiones acerca de su enfermedad. Por tanto, la
Educación para la Salud se hace imprescindible en el abordaje de la infección por VIH.
67
La infección por el VIH: Guía Práctica
68
Capítulo 4. Informando y educando en la consulta. Estudio de contactos. Intervención precoz
69
La infección por el VIH: Guía Práctica
ESTUDIO DE CONTACTOS
Definición
Todo individuo que tiene o ha tenido relaciones sexuales con la persona infectada,
o comparte o ha compartido material contaminado con fluidos corporales como jerin-
guillas o material de inyección, cepillos de dientes y maquinillas de afeitar, y los hijos
de madres infectadas.
70
Capítulo 4. Informando y educando en la consulta. Estudio de contactos. Intervención precoz
ABORDAJE FAMILIAR
Definición
Entendemos por familia el conjunto de personas que conviven con el infectado,
pudiendo haber o no lazos de sangre o legales.
¿Por qué?
- Porque en la familia pueden existir sujetos infectados a los que debemos dirigir nues-
tra atención preventiva.
- Porque la familia es en muchos casos un gran recurso de apoyo y colaboración para
el tratamiento de la persona infectada.
71
La infección por el VIH: Guía Práctica
¿Qué hacer?
- Aconsejar a la persona infectada que informe a su familia de su infección y de la posi-
bilidad de hacer serología a aquellos miembros que estén en riesgo de haberse con-
tagiado. Ofrecer nuestra mediación.
- Ayudar a decidir si quiere o no informar a sus hijos y cómo.
- Valorar en qué situación está la familia y sus relaciones con la persona afectada (¿Buen
ambiente familiar? ¿desestructurada?). Valorar el impacto de la noticia en la familia.
- Conocer la información que tiene la familia sobre la infección, sus vías de transmisión
y la prevención. Informar y educar. (tablas 1, 2, 3, y 4).
- Informar y educar respecto a alimentación, higiene personal y doméstica, y la nece-
sidad de apoyo de la persona infectada. (tablas 5, 6, 7 y 8).
¿Cómo hacerlo?
- Crear un ambiente de confianza y empatía.
- Escuchar los problemas, dudas, miedos, planteados por la familia.
- Ofrecer nuestro apoyo y facilitar la búsqueda de los recursos que sean necesarios.
¿Dónde encontrar información para personas afectadas?
- La Fundación anti-SIDA de San Francisco. Cómo se transmite el VIH:
http://www.sfaf.org/espanol/informaciondelvih/transmision.html
- CDC. Cuidando personas con SIDA en su hogar:
http://www.projinf.org/spanish/fs/prevencion.html
- InfoRed SIDA Nuevo México. ¿Cómo decirle a otros que usted es VIH positivo?:
http://www.aidsinfonet.org/203e-telling-others.html
72
Capítulo 4. Informando y educando en la consulta. Estudio de contactos. Intervención precoz
73
La infección por el VIH: Guía Práctica
¿Cómo hacerlo?
- En primer lugar sería aconsejable tener una actitud realista y práctica. Nuestro obje-
tivo debe ser reducir las conductas de riesgo en personas usuarias de drogas, no un
objetivo a veces inalcanzable de eliminar totalmente el riesgo. Por ejemplo, puede ser
un gran logro conseguir que un consumidor de drogas vía inyectada, practique una
inyección estéril.
- Crear un clima de confianza, flexible, donde la persona afectada se sienta cómoda y
no juzgada. Respetar las decisiones de la persona afectada (por ejemplo seguir con-
sumiendo droga), pero seguir insistiendo en nuestra labor educativa.
- Entrenar en habilidades:
› Esterilizar el material de inyección.
› Ser asertivo y saber decir no, ante la propuesta de compartir material de inyección.
- Reconvertir ideas erróneas: Compartir el material de inyección no es signo de ser
colegas. Se demuestra que eres un buen colega, cuando quieres proteger al otro no
compartiendo material de inyección.
- Reforzar positivamente. Felicitar por sus logros.
- Ofrecer nuestro apoyo, apoyo psicológico. Buscar el apoyo de la familia y otros apo-
yos como el de asociaciones u ONG, facilitando direcciones.
¿Dónde encontrar información para personas afectadas?
- La Fundación anti-SIDA de San Francisco. Cómo reducir el riesgo de adquirir el VIH a
través del uso de drogas inyectadas: http://www.sfaf.org/espanol/informaciondel-
vih/inyectadas.html
74
Capítulo 4. Informando y educando en la consulta. Estudio de contactos. Intervención precoz
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La infección por el VIH: Guía Práctica
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Capítulo 4. Informando y educando en la consulta. Estudio de contactos. Intervención precoz
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La infección por el VIH: Guía Práctica
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Capítulo 4. Informando y educando en la consulta. Estudio de contactos. Intervención precoz
• Comprobar fecha de caducidad y estado del preservativo (No deben usarse los preservativos
quebradizos o con otros defectos).
• Colocar el preservativo tan pronto como se produce la erección y antes de comenzar el coito.
• Cualquier contacto con la vagina, el pene, la boca o el recto, antes de haber colocado el pre-
servativo es peligroso.
• Al ponerse el preservativo, pellizque el reservorio o espacio vacío en el extremo del preservati-
vo para eliminar el aire.
• El borde del preservativo debe ser desenrollado cuidadosamente hasta que alcance la base del
pene.
• No tire del preservativo para ajustarlo a la punta del pene, deje un pequeño espacio vacío (1-
2 cm.) en el extremo del preservativo para recoger el semen caso de que no tenga reservorio
a tal efecto.
• Hay que mantener el preservativo hasta el final de la relación. El pene se debe retirar pronto
tras la eyaculación cuando todavía se mantiene la erección. Si se pierde la erección el preser-
vativo puede deslizarse fuera del pene.
• El pene se debe retirar de forma cuidadosa, sujetando el borde del preservativo para evitar que
éste se desprenda. Posteriormente quitarse el preservativo.
• Una vez quitado manejarlo con cuidado para que no se derrame el semen.
• El preservativo se debe tirar en un receptáculo cerrado destinado a la basura.
• En caso de ser individuos infectados por el VIH se debe tirar en doble bolsa de plástico resis-
tente que se eliminará con el resto de la basura.
• Si el preservativo se desgarrara o se saliera durante el coito, se debe retirar inmediatamente el
pene y ponerse un nuevo preservativo. Además puede ser útil emplear una espuma espermi-
cida.
• Si se quiere usar algún lubricante, usar agua o espumas espermicidas.
• No usar vaselina ni aceites porque pueden provocar el deterioro del látex. No usar saliva, es
ineficaz y puede provocar la rotura del preservativo.
Tabla 4: Recomendaciones a las personas usuarias de drogas por vía parenteral, para
evitar la transmisión
El consumo de drogas es un problema de salud en sí mismo.
Pero si la persona no deja de inyectarse conviene que se proteja de la adquisición de infecciones
incluida la infección por VIH. La transmisión de las infecciones va ligada directamente a las malas
condiciones higiénicas de consumo.
Se protegerá mejorando las condiciones higiénicas de consumo:
• Nunca se deben compartir las agujas ni las jeringas.
• Cada persona debe usar una jeringa y una aguja exclusiva para ella.
• Sería recomendable que fuera desechable y usar una nueva cada vez.
Si no fuera posible disponer de una nueva jeringa y se reutiliza una aguja propia se
procederá a su desinfección de la siguiente manera:
• Llenará un vaso de lejía.
79
La infección por el VIH: Guía Práctica
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Capítulo 4. Informando y educando en la consulta. Estudio de contactos. Intervención precoz
81
La infección por el VIH: Guía Práctica
Vajilla y cubiertos.
• No precisan vajilla o cubiertos especiales o desechables, pudiendo utilizar los del resto de la
familia y lavarse conjuntamente.
• Sólo si la persona infectada presenta aftas ó cualquier tipo de herida en la boca, se introduci-
rá la vajilla usada por él, tras su uso, en una solución de lejía diluida al 10% durante 10-30
minutos.
Vertidos o salpicaduras por sangre u otros fluidos corporales.
Si se produjesen salpicaduras por sangre, vómitos, o heces sobre suelos o superficies se debe:
• Ponerse guantes.
• Se secarán las salpicaduras empapándolas con toallas de papel, pañuelos desechables o papel
higiénico. Estos materiales se desecharán en doble bolsa de plástico resistente.
• La zona o superficie contaminada se lavará cubriéndola con lejía al 10% .
• Si las salpicaduras de sangre o vómitos se produjesen sobre otras personas, se lavarán inme-
diatamente con agua y jabón, si la salpicadura fuese en la piel. Si fuera en mucosas oculares
o bucales, se lavarán con agua abundante.
• Ante salpicaduras o vómitos sobre una prenda de vestir, se colocarán guantes y posteriormente
se retirarán inmediatamente la ropa contaminada que se lavará como se ha indicado con las
sábanas.
Eliminación de residuos contaminados.
• Todos los materiales desechables contaminados por sangre ó fluidos corporales (pañuelos de
papel, gasas, material de curas, pañales, toallas sanitarias, tampones, compresas, etc.) se intro-
ducirán en doble bolsa de plástico resistente que se eliminará con el resto de la basura.
• Las secreciones y fluidos se pueden eliminar por el inodoro.
Curación de heridas.
Se hará con guantes. Las heridas y erosiones se desinfectarán con povidona yodada o con alco-
hol de 70º ó de 96º en su defecto cubriéndose posteriormente con un apósito hasta su curación
completa.
82
Capítulo 4. Informando y educando en la consulta. Estudio de contactos. Intervención precoz
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La infección por el VIH: Guía Práctica
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Capítulo 5
HISTORIA NATURAL Y CLASIFICACIÓN DE LA INFECCIÓN POR EL VIH-1 EN
EL ADULTO
Salvador Pérez Cortés, Manuel Cayón Blanco y Begoña Esquitino del Río
85
La infección por el VIH: Guía Práctica
carga viral muy elevada en el plasma, encontrándose infectados una gran proporción
de los linfocitos CD4+. En más del 50% de los casos aparecen en este momento los
signos y síntomas del denominado síndrome retroviral agudo, cuyas manifestaciones
son similares a las de la mononucleosis infecciosa, con o sin meningoencefalitis aso-
ciada (1,3). Este cuadro, que rara vez es reconocido en la práctica como expresión de
la primoinfección por el VIH, desaparece espontáneamente en el plazo de dos o tres
semanas, quedando posteriormente el paciente asintomático durante varios años. Se
ha descrito que los pacientes que presentan una clínica más intensa y duradera duran-
te la seroconversión, evolucionan luego a SIDA más rápidamente (4). La linfopenia
transitoria que se observa en este período determina ocasionalmente la aparición de
infecciones oportunistas. Entre las 4 y las 12 semanas desde la inoculación aparecen
los diferentes tipos de anticuerpos contra el VIH (con dudosa actividad neutralizante
frente al mismo) y se pone en marcha la correspondiente respuesta inmune celular
específica (que es, por el contrario, altamente eficaz para limitar la replicación vírica)
(5). Esta última reacción es la principal causa del descenso de la carga viral y del corres-
pondiente aumento del recuento de linfocitos CD4+ que se observan a continuación.
Entre los 6 y los 12 meses posteriores a la infección se alcanza y se mantiene un equi-
librio dinámico entre la enorme cantidad de viriones que son producidos y eliminados
cada día y el gran número de linfocitos que son destruidos y generados en el mismo
período (1). La carga viral del VIH presente en este momento en la sangre suele deno-
minarse set point y su cuantía, que depende de factores relativos al huésped y al inócu-
lo vírico (6), constituye el principal factor pronóstico respecto a la probabilidad de pro-
gresión a SIDA a lo largo de los años siguientes (7).
86
Capítulo 5. Historia natural y clasificación de la infección por el VIH-1 en el adulto
87
La infección por el VIH: Guía Práctica
88
Capítulo 5. Historia natural y clasificación de la infección por el VIH-1 en el adulto
de linfocitos CD4+. En ella, compara la evolución de los pacientes con un tren que se
dirige hacia un obstáculo o catástrofe que consiste en el desarrollo de SIDA y el pos-
terior fallecimiento. Una determinación aislada del número de linfocitos CD4+ en cual-
quier momento de la evolución de la infección representa la distancia que resta hasta
la catástrofe. Por su parte, la carga viral indica la velocidad con la que está avanzando
el tren. Algunos factores que influyen de manera determinante en la historia natural
de la enfermedad y que hemos citado anteriormente (situación de partida al salir de la
primoinfección, aparición de cepas virales más agresivas, activación linfocitaria por
infecciones intercurrentes, efecto favorable del TAR, etc...) pueden integrarse fácil-
mente en este esquema, reafirmando la coherencia de tan acertada comparación.
Tabla 2. Clasificación de la infección por VIH y criterios de definición del SIDA para
adultos y adolescentes mayores de 13 años (CDC 1993)
Categorías clínicas
Categorías según la
A B C
cifra de linfocitos CD4+
≥500/µL
A1 B1 C1
(≥29 %)
200-499/µL
A2 B2 C2
(14-28 %)
<199/µL
A3 B3 C3
(<14 %)
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La infección por el VIH: Guía Práctica
Unidos se consideran como casos de SIDA a los pacientes incluidos en las categorías C1,
C2, C3, A3 y B3, mientras que en nuestro país, se excluyen las dos últimas y solo se
cuentan como casos de SIDA los pertenecientes a la categoría clínica C (C1, C2 y C3).
90
Capítulo 5. Historia natural y clasificación de la infección por el VIH-1 en el adulto
91
La infección por el VIH: Guía Práctica
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93
Capítulo 6
DIAGNÓSTICO DE LA INFECCIÓN POR EL VIH
MÉTODOS INDIRECTOS
La detección de anticuerpos específicos anti-VIH es la forma habitual de diagnosti-
car una infección por VIH. Los métodos se dividen en: a) pruebas de screening, dise-
ñadas con un máximo de sensibilidad para detectar todas las muestras positivas, y b)
pruebas confirmatorias, caracterizadas por su especificidad y que permiten asegurar la
positividad de una muestra previamente reactiva con un test de screening. Ambos
ensayos realizados de forma secuencial obtienen resultados excelentes en cuanto a
exactitud y reproducibilidad y tienen más del 99% y 95% de sensibilidad y especifici-
dad respectivamente (1).
Pruebas de screening
Las técnicas inmunoenzimáticas (EIA) son las más empleadas debido a su metodo-
logía relativamente simple, alta sensibilidad, nivel de automatización y diseño para rea-
lizar un gran número de tests de forma simultánea (2). En principio se basaron en la
utilización de lisados víricos (ensayos de primera generación), y fueron de enorme uti-
lidad para conocer el alcance de la epidemia de SIDA en los primeros años y estable-
cer las primeras medidas preventivas. Posteriormente fueron sustituidas por EIA que
utilizaban antígenos más específicos obtenidos por recombinación genética o median-
te síntesis (ensayos de segunda generación) utilizando EIA indirectos o competitivos.
95
La infección por el VIH: Guía Práctica
Estas técnicas tenían una mejor especificidad pero planteaban problemas de sensi-
bilidad en el diagnóstico de la infección aguda, debido a que detectaban la serocon-
versión de seis a doce semanas después de producirse la infección. Para resolver esta
cuestión se han diseñado técnicas que detectan en una misma prueba anticuerpos de
distinta clase (IgG, IgM ó IgA) mediante un diseño de tipo sándwich o de inmunocap-
tura, utilizando como antígenos proteínas recombinantes o péptidos sintéticos especí-
ficos del VIH-1 (a veces asociados con otros específicos del VIH-2). De este modo se
consigue reducir el periodo ventana a tres semanas (ensayos de tercera generación) (3).
Los EIA de cuarta generación permiten la detección simultánea de antígeno y anti-
cuerpos. Tienen como ventaja reducir en una semana el periodo ventana, establecién-
dolo en dos semanas desde el inicio de la infección. Aunque estos ensayos tienen una
excelente sensibilidad para la detección de casos de infección aguda, pierden algo de
sensibilidad analítica en cada uno de sus componentes, de modo que el umbral de
detección de antígeno es mayor, y lo mismo ocurre con los anticuerpos, observándose
una reducción en la señal de reactividad en las muestras en las que el antígeno des-
ciende o desaparece. De cualquier modo en la comparación con EIA de tercera gene-
ración en paneles de seroconversión demuestra una sensibilidad del 100% y una espe-
cificidad del 99,7-100% (4).
Existen otras pruebas de screening caracterizadas por la obtención de resultados en
menos de 30 minutos. Son muy útiles aplicados en situaciones que requieren un resul-
tado inmediato, como trasplantes, accidentes laborales o antes del parto en una emba-
razada que no ha sido controlada con respecto a la infección por el VIH (5). Suele tra-
tarse de técnicas en dot blot que, realizadas correctamente, ofrecen una gran
seguridad en el resultado (6). En el caso de las técnicas inmunocromatográficas se
requiere simplemente la adición de la muestra que reaccionará con los distintos reac-
tivos al ser arrastrada por una solución tamponada en una tira de papel. Aunque estas
técnicas son simples de ejecución y no requieren instrumentación, su coste no es ade-
cuado para países en desarrollo y en estos casos resulta más convenientes utilizar téc-
nicas simples como la aglutinación (con hematíes, látex o partículas de gelatina) que
muestran también una excelente sensibilidad y especificidad (7).
Los tests de screening también pueden ser realizados a partir de muestras de sali-
va y orina, para lo cual existen métodos adaptados, con la ventaja que supone sobre
la muestra de suero en cuanto a facilidad en la obtención, menor riesgo de contagio
accidental y coste económico (8).
Pruebas de confirmación
Las muestras positivas en la prueba de screening requieren ser confirmadas con un
test muy específico, empleándose el Western blot (WB), la inmunofluorescencia indi-
recta (IFI) o la radioinmunoprecipitación (RIPA). El WB es el método recomendado y
permite discriminar, por la aparición de bandas reactivas, frente a qué antígenos víri-
cos se dirigen los anticuerpos presentes en la muestra. La interpretación del WB se
puede realizar según diversos criterios aunque el más aceptado es el de la OMS que
exige la presencia de al menos dos bandas de la envoltura. La muestra negativa impli-
96
Capítulo 6. Diagnóstico de la infección por el VIH
MÉTODOS DIRECTOS
Están basados en la detección del virus o alguno de sus componentes. Incluye el
cultivo vírico, la determinación de antígeno p24 en plasma o suero y la demostración
de genoma vírico mediante técnicas moleculares.
Cultivo celular
Aunque es la técnica más específica para el diagnóstico de la infección su utiliza-
ción suele reservarse para estudios básicos de variabilidad genética, epidemiología
molecular, patogénesis vírica o resistencia a fármacos, debido a la complejidad y ries-
go que supone su realización. El método consiste en un cocultivo de células mononu-
cleares de sangre periférica del paciente junto a otras del mismo tipo procedentes de
donantes (11). El cultivo se considera positivo por la demostración del efecto citopáti-
co o la detección de productos víricos como el antígeno p24 o la transcriptasa inversa.
Antigenemia de p24
El antígeno p24 de la cápside del VIH (core), detectado en suero o plasma median-
te una reacción de EIA, es un marcador precoz de infección aguda por VIH. A lo largo
de la infección su detección es variable debido al incremento de anticuerpos anti-p24
neutralizantes o a la escasa replicación del virus. Las técnicas que rompen los inmuno-
complejos formados por el antígeno p24 y su anticuerpo aumentan la sensibilidad de
97
La infección por el VIH: Guía Práctica
Técnicas moleculares
Aunque el diagnóstico de la infección por el VIH debe establecerse mediante la detec-
ción de anticuerpos específicos del virus, puede ser conveniente la utilización de técnicas
moleculares basadas en el reconocimiento de fragmentos del genoma del virus. Estas
situaciones especiales se producen en casos de hipogammaglobulinemia, infección peri-
natal, infección silente o infección por variantes del virus que pueden escapar a la detec-
ción con las técnicas habituales serológicas, como son el VIH-2 y el subtipo O del VIH-1.
La reacción en cadena de la polimerasa (PCR) es el método de elección para el diag-
nóstico molecular de la infección por el VIH. Puede aplicarse directamente a la detec-
ción de ADN provírico a partir de células del paciente, o bien mediante una reacción
de retrotranscripción previa (RT-PCR), realizada habitualmente en plasma, cuando la
diana que se pretende localizar son las partículas de ARN vírico. Su utilización es
imprescindible para el diagnóstico de VIH en los niños recién nacidos de madres sero-
positivas y en los pacientes con patrones serológicos atípicos.
La conveniencia de utilizar técnicas moleculares en el screening de donantes es dis-
cutida aunque es indudable que reduce aun más el periodo ventana previo a la serocon-
versión, de forma que podría diagnosticarse a un paciente infectado tan solo una sema-
na después de su contacto con el virus (14). Con una aplicación diagnóstica enfocada a
bancos de sangre se ha desarrollado recientemente un método basado en amplificación
mediada por transcripción (TMA) que detecta de forma simultánea desde 100 copias/ml
de VIH-1 y virus de la hepatitis C, con una sensibilidad y especificidad >99,5% (15).
Para obtener los resultados más fiables y reproducibles las muestras de sangre
deben ser recogidas preferentemente en tubos con EDTA mejor que en citrato y no
deben utilizarse tubos con heparina, que es un potente inhibidor de la PCR. La sepa-
ración del plasma debe realizarse antes de 6 horas, si bien pueden utilizarse tubos
separadores de plasma (CPT, PPT) que, una vez centrifugados, mantienen estable el
ARN vírico al menos 30 horas a 4ºC (16).
La cuantificación de la viremia plasmática, más conocida como carga viral, es una
prueba esencial aplicada al seguimiento de los pacientes más que al diagnóstico de los
mismos, ya que al medir el nivel de replicación del virus permite evaluar la eficacia del
tratamiento antirretroviral, constituyendo un marcador predictivo de la infección de
inestimable ayuda. Existen diversas técnicas con rendimiento similares pero fundamen-
tos diversos, de modo que encontramos técnicas de amplificación de secuencia, como
la anteriormente referida PCR y el NASBA, y técnicas de amplificación de señal (bDNA).
El nivel inferior de detección es de 50 copias utilizando procedimientos ultrasensibles.
98
Capítulo 6. Diagnóstico de la infección por el VIH
99
La infección por el VIH: Guía Práctica
resto de los pacientes permanece asintomático (17-21). Cuando se presentan, los sín-
tomas suelen ser inespecíficos (generalmente como un cuadro pseudogripal) lo que
determina que el diagnóstico no sea sospechado y pase desapercibido. Podemos
encontrar en el SRA fiebre, faringitis y linfadenopatía (lo que remeda un síndrome
mononucleósico) (19), exantema eritematoso maculopapular, artromialgias, cefalea y
síntomas gastrointestinales.
Existe también la posibilidad de que el síndrome antirretroviral agudo debute con
síntomas neurológicos (20,21), ya sea por afectación del SNC (pues el virus penetra a
través de la barrera hematoencefálica) como del sistema nervioso periférico (SNP). En
el primer caso podemos encontrarnos con meningoencefalitis (excepcional) y, sobre
todo, con meningitis aséptica, que es la manifestación más frecuente de compromiso
neurológico, revelando pleocitosis linfocítica el análisis del LCR y cultivo positivo para
el VIH; a veces cursa con parálisis de Bell. El segundo supuesto, la afectación del SNP,
es muy poco frecuente, siendo amplia la variedad de síndromes que pueden aparecer:
parálisis facial unilateral o bilateral (que a veces se asocia a meningitis aséptica), neu-
ralgia amiotrófica en cinturón, localizada en los músculos dorsales (unilateral o bilate-
ral), neuritis del plexo braquial, mielopatía, polirradiculoneuritis tipo Guillain-Barré y
síndrome de cola de caballo.
Para terminar con las manifestaciones clínicas que nos podemos encontrar en la
infección primaria por el VIH, debemos resaltar que en la misma se suele producir un
importante descenso de linfocitos CD4+ (provocado por la altísima viremia circulante),
a veces de tal magnitud que determina la aparición de infecciones oportunistas como
neumonía por Pneumocystis carinii o candidiasis esofágica.
Recientes estudios muestran que ningún síntoma o conjunto de ellos tiene la sufi-
ciente sensibilidad o especificidad (21,22), por lo que es evidente que para diagnosti-
car el SRA es fundamental un elevado nivel de sospecha. Esto, que sería fácil en el caso
de un paciente con claros factores de riesgo, no lo es tanto cuando dichos factores no
son evidentes o se nos ocultan. Otro factor que debe ser tenido en cuenta es que los
síntomas clínicos del SRA son menores en los usuarios de drogas parenterales (ADVP)
que en los que adquieren la infección por vía sexual, sobre todo si son homosexuales,
quizás porque los ADVP dan menos importancia a sus síntomas o por el efecto de las
drogas, que interfieren los síntomas. Así, en un estudio publicado recientemente (23),
se observa dicha diferencia entre infectados por vía sexual y ADVP en cuanto a la fre-
cuencia de varios síntomas, mayor siempre en los primeros: fiebre (77% frente a 50%),
exantema cutáneo (51% frente a 21%), faringitis (43% frente a 18%) y mialgia (52%
frente a 19%).
El interés añadido de realizar el diagnóstico precoz de la infección por el VIH reside
en varias razones. En primer lugar existe evidencia de que el tratamiento antirretrovi-
ral (TAR) instaurado en esta fase temprana, antes de que se produzca la seroconver-
sión, puede prevenir la pérdida de la inmunidad celular específica anti-VIH. Este es un
tema apasionante que está en permanente discusión, pues el inicio precoz del TAR
también tiene inconvenientes, no sólo los efectos secundarios a largo plazo (y que han
provocado que en la actualidad se posponga la prescripción de TAR lo más posible),
100
Capítulo 6. Diagnóstico de la infección por el VIH
101
La infección por el VIH: Guía Práctica
1 8 15 22 28
DÍAS
Diagnóstico perinatal
La realización de serología frente al VIH en la mujer embarazada (tras la obtención
previa de su consentimiento) es obligada, con independencia de que tenga o no ante-
cedentes epidemiológicos de riesgo. El detectar en ella la infección por el VIH es pri-
mordial para poder disminuir la transmisión vertical de la infección, ya que nos permiti-
rá establecer la estrategia más adecuada (prescripción de TAR para reducir la carga vírica
materna, reducir la exposición del niño a la sangre o secreciones vaginales mediante
cesárea o parto rápido....). Por otra parte, es fundamental realizar un diagnóstico pre-
102
Capítulo 6. Diagnóstico de la infección por el VIH
coz de la infección en todo recién nacido de una mujer infectada por el VIH, para iniciar
tratamiento lo antes posible y efectuar profilaxis frente a infecciones oportunistas.
Durante el embarazo los anticuerpos IgG de la madre atraviesan de forma pasiva la
placenta y pasan al feto, desapareciendo en unos 12-18 meses después del nacimien-
to. Por ello, la serología no nos sirve para efectuar el diagnóstico de la infección por
VIH en el recién nacido, pues no distingue entre los anticuerpos maternos frente al VIH
transferidos por vía placentaria de los generados por la infección en el niño. Debemos
recurrir a métodos directos mediante técnicas de amplificación molecular.
La técnica de elección para el diagnóstico perinatal (26,27) es la determinación cua-
litativa del ADN proviral del VIH integrado en células mononucleares de sangre perifé-
rica por PCR, pues tiene una sensibilidad muy alta, superior al 95% en niños de un mes.
Además, permite detectar casos de infección por el VIH-2. La prueba cualitativa de ADN
inicial se recomienda a las 24-48 horas de vida. Si es positiva indica infección intraute-
rina, pero debe repetirse a los 6 meses para asegurar el diagnóstico de infección. Si la
primera PCR-ADN es negativa, se repite la prueba a los 15 días y a las 6 semanas (la
sensibilidad de la técnica aumenta progresivamente), pudiendo ser diagnosticados casi
definitivamente en ese momento. De todas formas, es conveniente realizar una última
determinación a los 3-6 meses para confirmar los resultados negativos.
Otras técnicas diagnósticas, que a continuación comentamos, presentan un rendi-
miento inferior a la PCR. Entre éstas están:
- El cultivo viral, con sensibilidad parecida a la PCR pero con los inconvenientes de
que es caro, laborioso, sus resultados se obtienen a las 2-4 semanas y sólo está dis-
ponible en centros especializados.
- La antigenemia p24: tiene poca sensibilidad, sobre todo en el primer mes de vida,
debido a la asociación del antígeno p24 a anticuerpos específicos formando inmu-
nocomplejos, lo que dificulta su detección.
- La carga viral del VIH, que aunque es más precoz en la detección del virus en los
primeros 15 días de vida, tiene el inconveniente de presentar falsos positivos.
En los niños mayores de 18 meses el diagnóstico se realiza siguiendo la misma sis-
temática que en el adulto: positividad de prueba serológica EIA y confirmación por
Western blot.
103
La infección por el VIH: Guía Práctica
La existencia del llamado período ventana, que es el espacio de tiempo (3-4 sema-
nas) que transcurre desde el contagio hasta que se produce la seroconversión, con apa-
rición de los anticuerpos específicos frente al VIH, provoca desasosiego en el caso de
los donantes de sangre, porque si se produce la donación en esa fase, el riesgo de
transmisión de la enfermedad es evidente. De hecho, hace años se comunicaron infec-
ciones a partir de sangre de donantes con serología anti-VIH negativa (28). Debido a
esta preocupación, y aunque no se ha demostrado claramente el beneficio de añadir
la determinación de la antigenemia p24 a las pruebas de EIA a la hora de reducir dicho
riesgo, en Estados Unidos es obligatorio desde 1996 efectuar la antigenemia en los
donantes de sangre. Es probable que esta estrategia sea revisada, porque reciente-
mente se ha comunicado que no se ha encontrado ningún resultado positivo de anti-
genemia en la sangre (EIA negativa) de 11 millones de donaciones.
La otra posibilidad es efectuar la prueba de ADN por PCR. En Estados Unidos se ha
encontrado un caso de positividad por cada 3 millones de donaciones. Si aplicásemos
estos datos a Andalucía (con las lógicas reservas), supondría detectar un caso de infec-
ción por VIH en donantes cada 2 años, pues la media de donaciones es de 1,5 millo-
nes por año en nuestra Comunidad Autónoma. Es evidente que hay que sopesar con-
venientemente el costo frente al posible beneficio.
En la figura 3 se muestra el algoritmo diagnóstico de la infección por el VIH en
donantes de sangre.
Positivo Negativo
WB de VIH-1
104
Capítulo 6. Diagnóstico de la infección por el VIH
Muestra de sangre
Negativo Positivo
SI NO
Productos válidos.
Productos válidos
Desechar productos en Wastern blot Donante apto
cuarentena (plasma)
105
La infección por el VIH: Guía Práctica
Bibliografía
106
Capítulo 6. Diagnóstico de la infección por el VIH
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107
Capítulo 7
EVALUACIÓN INICIAL Y EVOLUTIVA DEL PACIENTE INFECTADO POR EL VIH
INTRODUCCIÓN
Los avances alcanzados en los últimos años han disminuido notablemente la mor-
bimortalidad de los pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana
(VIH), permitiéndole, en muchos casos, mejor calidad de vida. La determinación de la
carga viral plasmática, el empleo de nuevas combinaciones de fármacos antirretrovira-
les y el desarrollo de estrategias preventivas han permitido que la enfermedad por este
virus pueda ser considerada hoy día como un proceso crónico, en el que cobran cada
vez mayor importancia otros problemas de salud no relacionados directamente con la
infección por el VIH como la hepatitis crónica. Además, la toxicidad del tratamiento
antirretroviral a largo plazo es, en estos momentos, uno de los aspectos más relevan-
tes del seguimiento de estos pacientes (1).
En la actualidad la mayor actividad asistencial se centra en el ámbito ambulatorio, sien-
do la consulta inicial un momento fundamental en la atención de estos pacientes, donde
además de la valoración clínica es preciso iniciar una adecuada relación médico-enfermo
con empatía, sin prejuicios y respetando en todo momento la confidencialidad (2).
Aunque la mayor complejidad del tratamiento antirretroviral aconseja la atención de
estos pacientes por profesionales expertos, esto no excluye la atención y colaboración
con el médico de Atención Primaria, especialmente en cuanto al diagnóstico de la
infección, el apoyo en la cumplimentación del tratamiento antirretroviral, detección de
reacciones adversas, prevención de la infección por el VIH y, sobretodo, en la atención
de problemas de salud no relacionados directamente con la infección por el VIH. En
cualquier caso la asistencia debe ser accesible, continuada, global y coordinada (3).
Los objetivos fundamentales de la primera consulta son:
- Realizar la historia y exploración clínica iniciales.
- Establecer el grado de inmunodepresión y riesgo de progresión.
- Valorar la necesidad de iniciar tratamiento antirretroviral.
- Considerar la indicación de vacunaciones y quimioprofilaxis de infecciones oportu-
nistas.
- Informar al paciente y estimular la educación para la salud.
- Valorar la necesidad de apoyo psico-social.
109
La infección por el VIH: Guía Práctica
Anamnesis (AII).
En la misma es necesario conocer los siguientes aspectos:
• Datos de la infección por el VIH: Fecha del diagnóstico, síntomas sugerentes de infec-
ción aguda, síntomas constitucionales (fiebre, pérdida de peso, astenia, anorexia),
síntomas específicos (respiratorios, cutáneo-mucosos, neurológicos, digestivos, etc.).
• Valoración de las conductas de riesgo:
- Datos toxicológicos: drogas utilizadas (incluido el alcohol), vías de administración
(intravenosa, inhalada, oral), cantidad, duración y frecuencia, uso compartido del
material de administración, tratamientos previos de deshabituación, problemas
médicos y sociales relacionados.
- Actividad sexual: tipos de relación (homo, heterosexual), promiscuidad, métodos de
protección utilizados, estudios realizados en parejas. Enfermedades de transmisión
sexual previas, estudios y tratamientos realizados.
- Recepción de sangre y hemoderivados, accidentes con posibilidad de transmisión del
VIH.
• Fármacos utilizados: Antirretrovirales y profilaxis previos y actuales, otros fármacos
(incluidos metadona, psicotropos y parafarmacia), grado de cumplimiento y adhe-
rencia; reacciones adversas previas; reacciones de hipersensibilidad, en especial a
antimicrobianos.
• Datos de infecciones previas:
- Hepatitis: alteración de bioquímica hepática, marcadores previos, inmunizaciones.
- Tuberculosis: enfermedad (datos del diagnóstico y tratamientos realizados), tuber-
culina anteriores, contacto con casos.
- Otros: Viajes, residencias anteriores, ocupaciones y aficiones, animales de compañía.
• Datos psicosociales: Síntomas depresivos y/o ansiedad. Enfermedades psiquiátricas
previas, gravedad (intento de suicidio). Ocupación, recursos, convivientes, invalide-
ces, situación penal en su caso.
Exploración (AII).
Debe realizarse de forma completa, sistemática y minuciosa, buscando datos de
posible infección avanzada (candidiasis, herpes, leucoplasia vellosa oral, sarcoma de
Kaposi), y poniendo especial énfasis en los siguientes datos:
- Peso corporal.
- Piel y mucosas: Deben buscarse lesiones de dermatitis seborreica, herpes, sarcoma
de Kaposi y otras menos específicas como psoriasis, toxicodermias, sarna, etc.
110
Capítulo 7. Evaluación inicial y evolutiva del paciente infectado por el VIH
Estudios complementarios
• Analítica básica: Hemograma completo y VSG. Bioquímica general que incluya: glu-
cemia basal, urea, creatinina, iones, enzimas hepáticos y lípidos (AII). La determina-
ción de ácido láctico sólo debe realizarse cuando existan síntomas compatibles con
hiperlactacidemia.
• Serología: Toxoplasma gondii (IgG), sífilis (VDRL ó RPR), citomegalovirus (IgG), sero-
logía de virus de hepatitis A, B y C.
• Recuento de linfocitos CD4+ (AI): Reflejan el grado de inmunodepresión ya sufrido,
con el consiguiente riesgo de infecciones oportunistas y otros procesos relacionados
con los que suele existir una estrecha relación. Su conocimiento es fundamental en la
decisión de iniciar tratamiento antirretroviral y profilaxis de infecciones. Se expresa en
valores absolutos o en porcentajes, entre los que habitualmente suele existir una
correspondencia (tabla 1). Cuando no es posible su determinación, una cifra de linfo-
citos totales inferior a 1.000 cel/µL se relaciona con una cifra de linfocitos CD4+ infe-
rior a 200 cel/µL. El valor de linfocitos CD4+ está sometido a una amplia variabilidad
que se considera significativa a partir del 25 a 30% sobre los valores basales. Pueden
descender en función de variaciones diurnas y estacionales, altas dosis de esteroides,
enfermedades intercurrentes, técnica de laboratorio, variaciones en los componentes
de la serie blanca del hemograma. Se aconseja repetir la determinación en caso de
resultados discordantes antes de tomar decisiones diagnósticas o terapéuticas.
111
La infección por el VIH: Guía Práctica
• Carga viral plasmática del VIH (AI): El conocimiento de este dato, permite valorar
la magnitud de la replicación viral y el ritmo de destrucción de linfocitos CD4+, lo que
nos permite conocer el riesgo de progresión de la enfermedad (tabla 2). En la infec-
ción aguda y en la avanzada, suelen existir valores muy elevados. Asimismo, resulta
fundamental en la toma de decisiones terapéuticas (inicio y monitorización de la res-
puesta al tratamiento antirretroviral).
Se expresa en número de copias de ARN por ml y/o por su logaritmo en base 10 y se
determina mediante 3 técnicas: PCR-RT (Amplicor HIV-1 Monitor, Roche), branched-
DNA (Quantiplex HIV RNA Assay, Chiron) y NASBA (Advanced BioScience Laborato-
ries Organon, Teknica), siendo las dos primeras las más utilizadas, con un umbral de
detección de 400-500 copias/ml para las técnicas habituales y 20-50 copias/ml en
técnicas ultrasensibles. La técnica de NASBA permite la detección en otros fluidos y
tejidos. Los valores obtenidos por PCR suelen corresponder con el doble de los obte-
nidos por b-DNA.
La variabilidad personal y en la técnica hace que solo se consideren significativos
incrementos superiores a 0,5 log sobre los valores previos. Pueden incrementarse sus
valores por progresión de la enfermedad, fracaso terapéutico, infecciones recientes e
inmunizaciones recientes, por ello se recomienda repetir la determinación unas dos
semanas después de la primera, antes de tomar decisiones terapéuticas importantes,
en similares condiciones. En caso de infecciones agudas o vacunaciones se reco-
mienda posponer la determinación hasta un mes después. Las determinaciones suce-
sivas deben realizarse siguiendo la misma técnica.
Tabla 2. Riesgo de progresión a SIDA, en función de los valores de carga viral plas-
mática y linfocitos CD4+.
Carga viral plasmática (copias/ml) Proporción de pacientes que desarrollaron SIDA
Descenso medio
b-DNA PCR-RT 3 años 6 años 9 años anual de linfocitos
CD4+ (células/µL)
<500 <1.500 0-1 0-5 0-10,7 -36
501-3.000 1.501-7.000 0-4,4 14,9-22,1 33,2-46,9 -45
3.001-10.000 7.001-20.000 5,9-8 25,9-42,2 50,3-65,6 -55
10.001-30.000 20.001-55.000 14,6-40,1 47,4-72,9 70,6-86,2 -65
>30.000 >55.000 32,6-72,9 66,8-92,7 76,3-95,6 -76
112
Capítulo 7. Evaluación inicial y evolutiva del paciente infectado por el VIH
Tomado del Multicenter AIDS Cohort Study (MACS) Ann Intern Med 1997;126:946. No se expresa
la estratificación en función de la cifra de linfocitos CD4+. El rango de proporción en función de
cifras de linfocitos CD4+ (a mayor cifra de linfocitos CD4+, proporciones más bajas)
Inmunizaciones y profilaxis
Aunque es objeto de otro tema, es obligado recordar que la prevención de deter-
minadas infecciones es fundamental para pacientes con inmunodepresión importante.
En la tabla 3 se recogen las principales recomendaciones preventivas en función de las
circunstancias clínicas y del número de linfocitos CD4+ (7).
113
La infección por el VIH: Guía Práctica
SEGUIMIENTO
En función del grado de inmunodepresión, nivel de carga viral plasmática y de la
necesidad de tratamiento será preciso realizar revisiones periódicas con mayor o menor
frecuencia (8). En pacientes asintomáticos con cifras de linfocitos CD4+ elevadas y
carga viral baja, en los que no se instaure tratamiento antirretroviral, serán necesarios
revisiones cada 4-6 meses, insistiendo en aspectos preventivos, educación para la salud
así como el tratamiento de otros procesos asociados como la hepatitis crónica viral o
profilaxis antituberculosa. A medida que se observe una tendencia a disminuir la cifra
de linfocitos CD4+ y/o aumentar la carga viral plasmática, es recomendable aumentar
la frecuencia de las revisiones.
Los pacientes que inician tratamiento antirretroviral es conveniente revisarlos al mes
o antes si es preciso (favorecer la consulta telefónica o no programada), vigilando posi-
bles reacciones adversas, interacciones y adherencia al tratamiento. Una vez estabiliza-
dos se aconsejan revisiones cada 3 meses aproximadamente.
En todas estas visitas será necesario valorar la existencia de síntomas y signos rela-
cionados con la infección por el VIH, así como de enfermedades asociadas (hepatopa-
tías, enfermedades psiquiátricas), adherencia al tratamiento y sus posibles efectos
secundarios, como lipodistrofia, disfunción mitocondrial, hepatotoxidad e hipersensibi-
lidad. Las pruebas complementarias deben incluir hemograma, glucemia basal, creati-
114
Capítulo 7. Evaluación inicial y evolutiva del paciente infectado por el VIH
nina, enzimas hepáticas, estudio de lípidos y ácido láctico cuando existan síntomas
compatibles con hiperlactacidemia, siendo imprescindible determinar subpoblaciones
linfocitarias (linfocitos CD4+) y carga viral plasmática. Anualmente debe repetirse la
tuberculina en aquellos pacientes previamente negativos, aconsejándose además la
determinación de serología de sífilis. En la mujer debe realizarse examen ginecológico
con citología cervical anual en pacientes asintomáticas.
Es conveniente una estrecha relación con los distintos niveles asistenciales, áreas
hospitalarias (consulta externa, hospital de día, urgencias y hospitalización) así como
con los diferentes especialistas, con el fin de asegurar una atención integral, coordina-
da y continuada.
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115
Capítulo 8
UTILIDAD DE LAS PRUEBAS CUTÁNEAS DE HIPERSENSIBILIDAD RETARDA-
DA EN LA VALORACIÓN DE LOS PACIENTES CON INFECCIÓN POR EL VIH
Francisco Javier Martínez Marcos, Yolanda Marín Fernández y Francisco Rodríguez Gómez
117
La infección por el VIH: Guía Práctica
de anergia cutánea en pacientes con infección por el VIH sin evidencia clínica de infec-
ción oportunista o neoplasia es de alrededor del 30%, porcentaje similar al comunica-
do en varios estudios realizados en EE.UU. (5-8).
Aunque el fenómeno de la anergia cutánea en personas infectadas por el VIH se
correlaciona con el recuento de linfocitos CD4+ (mayor probabilidad de anergia a
menor recuento de linfocitos CD4+), hasta el 10% de pacientes infectados con VIH y
recuento de linfocitos CD4+ mayor de 500 cel/µL pueden mostrar anergia cutánea, y a
la inversa, hasta el 27% de pacientes con recuento de linfocitos CD4+ menor de 200
cel/µL presentan respuestas cutáneas adecuadas de hipersensibilidad retardada
(7,9,10). Esto es debido a la existencia de otras variables predictoras de anergia distin-
tas a los linfocitos CD4+, como ha quedado demostrado en un estudio transversal rea-
lizado en nuestro medio con 510 pacientes con infección por el VIH sin evidencia clíni-
ca de infección oportunista activa o neoplasia, a los que se les aplicó la combinación
de tuberculina, antígeno de Candida albicans y toxoide tetánico aplicados por técnica
de Mantoux. Estas variables predictoras son el estar clasificado previamente en el esta-
dío B ó C de la infección por el VIH, el logaritmo de la carga viral y la circunferencia
muscular del brazo (tabla 1) (11).
118
Capítulo 8. Utlilidad de las pruebas cutáneas de hipersensibilidad retardada en la valoración de los
pacientes con infección por el VIH
culosis con respuesta negativa a la PPD que quedan excluidos de programas de profi-
laxis debido a la negatividad de la prueba. Por lo tanto, una prueba tuberculínica nega-
tiva en el marco de la infección por VIH podría ser atribuida a una falta verdadera de
exposición a la tuberculosis o simplemente a la incapacidad del paciente de manifestar
una apropiada respuesta de hipersensibilidad retardada (15).
Por ello, en los pacientes con infección por el VIH, para valorar adecuadamente una
respuesta negativa a la PPD, se pueden administrar concomitantemente otros tests
cutáneos de hipersensibilidad retardada con antígenos a los que la mayoría de la pobla-
ción haya estado expuesta (antígenos de control), con objeto de evaluar si la negativi-
dad a la PPD es por ausencia de infección tuberculosa (PPD negativa pero respuesta a
los antígenos de control) o está inducida por anergia secundaria a inmunodepresión
(no respuesta a PPD ni a los antígenos de control) (7).
119
La infección por el VIH: Guía Práctica
mayor riesgo de infección tuberculosa: aquellos anérgicos que tuvieran contactos con
enfermos con tuberculosis activa y aquellos anérgicos que pertenecieran a grupos
donde la prevalencia de infección tuberculosa fuera del 10% ó más (en EE.UU. estos
grupos eran los ADVP, presos, indigentes, inmigrantes y nacidos en Asia, África y Lati-
noamérica) (15). Dado que en España la prevalencia de infección tuberculosa ha sido
estimada en un 30% (20), la recomendación de profilaxis podría ser extendida a todos
los pacientes infectados por el VIH anérgicos. Esta recomendación se vio apoyada por
los estudios comentados anteriormente que evidenciaron un mayor riesgo de tubercu-
losis activa en los pacientes anérgicos (6,8,17-19).
Sin embargo, dos estudios posteriores de profilaxis con isoniacida (6 meses) en
pacientes con infección por el VIH anérgicos en riesgo para infección por M. tubercu-
losis, han hecho variar estas recomendaciones, al mostrar uno de ellos un riesgo bajo
para el desarrollo de tuberculosis en pacientes anérgicos, y al mostrar el otro falta apa-
rente de beneficio de la quimioprofilaxis en dichos pacientes (21,22). El primer estudio,
llevado a cabo en EE.UU, no evidenció efecto significativo de la profilaxis, a pesar de
un 56% de reducción en la tasa de tuberculosis (de 0,9 por 100 personas-año en los
que recibieron placebo a un 0,4 por 100 personas-año en los que recibieron isoniaci-
da) (21). El fallo para encontrar significación estadística con una reducción estimada del
56% en la aparición de tuberculosis pudo resultar de una tasa de tuberculosis en los
receptores de placebo más baja de la esperada. Los investigadores concluyeron que a
causa de la baja tasa de tuberculosis en el grupo placebo, la terapia preventiva tendría
mínimo impacto en reducir la tasa de tuberculosis en pacientes con infección por el VIH
y anérgicos, y resultaría en un alto número de pacientes sin infección tuberculosa que
recibirían profilaxis. El otro estudio, llevado a cabo en Uganda, sí demostró una alta
tasa de casos de tuberculosis (tres por 100 personas-año) en el grupo placebo, pero
sólo una reducción, estadísticamente insignificante, del 17% en los que recibieron iso-
niacida (es de destacar que este estudio sólo empleó un antígeno de control para deter-
minar la presencia de anergia en un paciente sin respuesta a la PPD) (22).
En 1997, los CDC, basándose principalmente en estos dos estudios, retiraron la
recomendación de aplicar a los pacientes con infección por el VIH, de forma rutinaria,
antígenos de control junto con PPD para valorar una respuesta negativa a la misma, de
cara a la estrategia de quimioprofilaxis (23). Sin embargo, aparte de reconocer el valor
de estos procedimientos como herramienta para obtener información de la competen-
cia de la inmunidad celular en los pacientes con infección por el VIH, se afirmó que, en
situaciones especiales, el estudio de las respuestas cutáneas de hipersensibilidad retar-
dada podría ayudar a tomar decisiones respecto a la quimioprofilaxis en situaciones
seleccionadas. Así, por ejemplo, algunos expertos han recomendado posteriormente la
quimioprofilaxis en pacientes con infección por el VIH PPD-negativos o anérgicos que
residan en instituciones que poseen un alto riesgo continuado de exposición a M.
tuberculosis, como las instituciones penitenciarias (14,24).
Un estudio reciente ha vuelto a plantear la cuestión de la profilaxis en los anérgicos
al encontrar una reducción significativa en el riesgo de tuberculosis en los pacientes
anérgicos que recibieron quimioprofilaxis frente a los anérgicos que no la recibieron
120
Capítulo 8. Utlilidad de las pruebas cutáneas de hipersensibilidad retardada en la valoración de los
pacientes con infección por el VIH
(25), y en nuestro país hay autores que han seguido recomendando la quimioprofilaxis
en dichos pacientes (26). A pesar de ello, basándose en los CDC, las últimas recomen-
daciones consensuadas del Grupo de Estudio del Sida (GESIDA) y del Plan Nacional
sobre el SIDA de nuestro país no recomiendan actualmente realizar pruebas cutáneas
para tomar decisiones respecto a la quimioprofilaxis en los pacientes anérgicos, aunque
paradójicamente, el mismo documento contempla la profilaxis antituberculosa en los
pacientes anérgicos en algunas circunstancias, e indica literalmente que "la profilaxis
está indicada en los pacientes anérgicos con mayor riesgo de infección por M. tuber-
culosis como son los que han tenido previamente una prueba de Mantoux positiva, los
que han estado en contacto estrecho y prolongado con personas con tuberculosis acti-
va y los que han estado durante mucho tiempo en centros penitenciarios sin recibir pro-
filaxis adecuada" (27).
121
La infección por el VIH: Guía Práctica
122
Capítulo 8. Utlilidad de las pruebas cutáneas de hipersensibilidad retardada en la valoración de los
pacientes con infección por el VIH
123
La infección por el VIH: Guía Práctica
124
Capítulo 8. Utlilidad de las pruebas cutáneas de hipersensibilidad retardada en la valoración de los
pacientes con infección por el VIH
Tabla 3. Respuestas de los pacientes con infección por el VIH a MULTITEST frente al
panel de 4 antígenos aplicados por técnica de Mantoux y frente a las tres
combinaciones diferentes de PPD más dos de los tres antígenos de control.
MULTITEST
(+) (-) P*
(+) 212 (59%) 44 (12%)
PPD – Candida –tétanos – parotiditis <0,0001
(-) 9 (2,5%) 94 (26%)
(+) 212 (59%) 40 (11%)
PPD – Candida –tétanos <0,0001
(-) 9 (2,5%) 98 (27%)
(+) 203 (56%) 36 (10%)
PPD – Candida –parotiditis <0,03
(-) 18 (5%) 102 (28%)
(+) 198 (55%) 34 (9%)
PPD – tétanos – parotiditis NS
(-) 23 (6%) 104 (29%)
Los porcentajes entre paréntesis están calculados respecto al número total de pacientes.
(+) = respuesta positiva; (-) = respuesta negativa.
*Los valores de P fueron determinados con el test de McNemar para datos apareados (el cual analiza las dife-
rencias entre las casillas +/- y -/+).
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127
Capítulo 9
INFECCIÓN AGUDA POR EL VIH
INTRODUCCIÓN
En 1984 se describió la primera infección aguda secundaria al VIH en una enferme-
ra infectada tras un pinchazo accidental (1). Desde entonces, han sido numerosos los
casos descritos de este síndrome que han permitido caracterizar tanto su espectro clí-
nico como importantes aspectos inmunológicos y virológicos de este estadío precoz de
la infección (2). El diagnóstico de este síndrome requiere un alto índice de sospecha y
su reconocimiento es fundamental por los potenciales beneficios clínicos que conlleva
el tratamiento en esta fase temprana de la infección.
EPIDEMIOLOGÍA
La infección aguda por el VIH-1 puede ser asintomática, pero en una proporción de
casos que se estima entre un 50 y 90 % ocasiona un cuadro clínico agudo semejante
a una mononucleosis infecciosa (3-5). No está claro qué factores son los que influyen
en el desarrollo de los síntomas. La dosis infectante, la virulencia intrínseca de la cepa
y la capacidad de respuesta del huésped son factores que pueden tener importancia.
Este cuadro se ha descrito en todo tipo de pacientes, independientemente del meca-
nismo de transmisión de la infección por el VIH-1.
El periodo de incubación desde que se produce la infección por el VIH-1 hasta que
se inicia el cuadro clínico es variable, siendo la duración típica entre 2 y 6 semanas. El
inicio suele ser agudo y la duración media de los síntomas oscila entre 1 y 2 semanas
(se han descrito casos entre 5 a 56 días).
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Típicamente, la infección aguda sintomática por el VIH-1 produce un síndrome
semejante a la mononucleosis infecciosa, siendo los síntomas y signos más frecuentes
la fiebre (96%), linfadenopatía (74%), faringitis (70%), exantema (70%), artralgias o
mialgias (54%). Son frecuentes también las manifestaciones neurológicas y digestivas
(6) (tabla 1).
La fiebre es el síntoma más constante, suele ser de inicio agudo, a diferencia de la
mononucleosis infecciosa, y puede acompañarse de escalofríos y sudores nocturnos.
129
La infección por el VIH: Guía Práctica
130
Capítulo 9. Infección aguda por el VIH
MANIFESTACIONES DE LABORATORIO
Hematología
Durante las dos primeras semanas tras la infección suele desarrollarse una linfope-
nia transitoria, en relación con un descenso de los linfocitos CD4+ y CD8+. Simultá-
neamente, puede objetivarse una trombopenia moderada sin significación clínica. A
esta fase le sigue, 3-4 semanas después de la exposición, un periodo donde suele des-
arrollarse una linfocitosis constituida en ocasiones por linfocitos atípicos y que es debi-
da a un aumento de los linfocitos CD8+, dando lugar a la inversión del cociente
CD4+/CD8+. La velocidad de sedimentación y la proteína C reactiva son parámetros
que pueden aumentar en esta fase de la enfermedad.
Bioquímica hepática
Los valores de fosfatasa alcalina y transaminasas a menudo se encuentran elevados
aunque no tienen significado clínico.
131
La infección por el VIH: Guía Práctica
DIAGNÓSTICO
La detección de altos niveles plasmáticos de ARN del VIH-1 ó del antígeno p24 en
ausencia de anticuerpos frente al VIH-1 establece el diagnóstico de la infección aguda
(periodo ventana). La detección de ARN viral (carga viral plasmática, CVP) es una téc-
nica más sensible que la determinación de la antigenemia, estimándose que detecta la
infección VIH-1 entre tres y cinco días antes que el antígeno p24 y entre una y tres
semanas antes que los test serológicos habituales. La sensibilidad y la especificidad de
la CVP del ARN del VIH-1 en plasma es del 100% y del 97% respectivamente, siendo
la sensibilidad y especificidad de la antigenemia p24 en plasma del 89% y del 100%,
respectivamente (10). La demostración de la seroconversión posterior mediante prue-
bas de ELISA y Western blot es esencial para confirmar el diagnóstico.
En pacientes con síntomas y signos compatibles con este síndrome y con riesgo de
infección por el VIH-1 debe determinarse en una primera muestra de sangre tanto el
ARN viral (BII) (o el antígeno p24 cuando no se disponga de éste) y un test ELISA VIH.
Cuando ambos tests son negativos deben volver a repetirse entre dos y cuatro sema-
nas tras la resolución de los síntomas.
FACTORES PRONÓSTICOS
Varios estudios han puesto de manifiesto la existencia de una serie de factores duran-
te la infección aguda por el VIH-1 relacionados con una más rápida evolución a SIDA.
Entre estos factores destacan: la primoinfección sintomática, la duración de los síntomas
(más de dos semanas) (11), especialmente la fiebre (más de una semana) (12), niveles
muy elevados de carga viral (superiores a 100.000 copias/ml ó a 10.000 copias/ml al salir
132
Capítulo 9. Infección aguda por el VIH
de la infección) y niveles bajos de linfocitos CD4+. Otros factores que se han asociado a
una más rápida evolución de la enfermedad durante esta fase son: la presencia de sín-
tomas o signos neurológicos, la infección a partir de un caso índice en estadío avanza-
do, la infección por cepas formadoras de sincitio y la antigenemia persistente (9).
TRATAMIENTO
En el momento actual todavía son escasos los ensayos clínicos sobre el tratamien-
to de la infección aguda por el VIH-1, por lo que la información de la que disponemos
es limitada. Además estos ensayos tienen una serie de limitaciones como son el esca-
so tamaño de las muestras, una duración breve del seguimiento y el empleo de regí-
menes terapéuticos con una actividad antirretroviral subóptima según los patrones
actuales. Datos preliminares sugieren que el tratamiento de la primoinfección por el
VIH con terapia combinada tiene un efecto beneficioso sobre los marcadores inmuno-
lógicos y virológicos a corto y medio plazo (13-17), existiendo menos información
sobre el beneficio clínico del mismo. El tratamiento antirretroviral en esta fase de la
infección tiene como fin lograr la supresión de la replicación viral, con objeto de inten-
tar recuperar y preservar el sistema inmunitario. Por otra parte, la supresión de la repli-
cación viral conlleva una posible reducción de la tasa de mutaciones virales, una reduc-
ción de la gravedad de la enfermedad aguda y una posible disminución de la capacidad
de contagio durante esta fase. Frente a estas ventajas teóricas existen una serie de ries-
gos asociados a un tratamiento precoz y prolongado como son la toxicidad farmaco-
lógica, la disminución de la calidad de vida por el elevado número de dosificaciones y
el potencial desarrollo de resistencias en caso de no alcanzarse una completa supresión
de la replicación viral o de no mantenerse una adecuada adherencia, lo que limitaría
futuras opciones terapéuticas. Por todo ello, el TAR en la infección aguda es muy con-
trovertido, no existiendo actualmente recomendaciones firmes respecto al mismo
(18,19), debiendo ser una decisión consensuada entre el médico y paciente una vez
conocidas las ventajas e inconvenientes del mismo.
Con respecto a los regímenes terapéuticos recomendados si se decide iniciar trata-
miento en esta fase, teniendo en cuenta que el objetivo primordial es conseguir una
supresión lo más potente posible de la replicación viral (AIII), hoy en día se recomien-
dan las mismas pautas de tratamiento utilizadas cuando se inicia el tratamiento de la
infección crónica. Hasta el momento actual las pautas utilizadas, aunque han conse-
guido suprimir la replicación viral de manera profunda y prolongada, sin embargo, no
han conseguido la erradicación del ADN proviral en el tejido linfoide. Se desconoce
cuál debe ser la duración óptima del tratamiento antirretroviral cuando éste se inicia
en la fase aguda, aunque muchos especialistas recomiendan que ésta sea indefinida ya
que se ha demostrado que la viremia reaparece o aumenta cuando se interrumpe el
tratamiento (CII). Actualmente se están evaluando otras estrategias terapéuticas como
las basadas en la administración de TAR junto a vacunas terapéuticas o las interrup-
ciones estructuradas del tratamiento con el objeto de inducir el control inmune frente
al VIH a largo plazo (20,21). El escaso número de pacientes incluidos en estos estudios
no permiten por ahora hacer recomendaciones basadas en estos regímenes.
133
La infección por el VIH: Guía Práctica
Concentración
sérica
CD4
IgG anti-gag
(p 24)
Ag-VIH-1 Ag-VIH-1
1 2 3 4
Semanas 5-8 años
Infección aguda
134
Capítulo 9. Infección aguda por el VIH
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Capítulo 10
OTITIS Y SINUSITIS EN LA INFECCIÓN POR EL VIH
INTRODUCCIÓN
Las alteraciones en el área de cabeza y cuello están presentes en un 70% de los
pacientes con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Las causas
de la mayoría de las manifestaciones otorrinolaringológicas en estos enfermos se cen-
tran en tres áreas: infecciones, neoplasias y lesión neurológica primaria. Las infeccio-
nes en esta región están causadas por los mismos patógenos que afectan a inmuno-
competentes.
OTITIS
Infecciones de oído externo y tímpano
Incluye la pericondritis y/o condritis del pabellón auricular, herpes zóster, otitis
externa localizada o forúnculo, otitis externa difusa, otitis externa maligna y miringi-
tis. Los gérmenes más frecuentemente implicados y la clínica de estas enfermedades
se presentan en la tabla 1 (1,2). El diagnóstico está basado en las manifestaciones clí-
nicas de las mismas y en la práctica de la otoscopia. A menudo, en la otitis externa,
el dolor y estenosis del conducto auditivo impiden sin embargo practicar el examen
otoscópico. Entre las exploraciones complementarias debe obtenerse muestra del exu-
dado ótico para cultivo (que debe incluir la siembra en medios para hongos) en los
casos de otitis externas difusas y otitis externa maligna. Salvo en la otitis externa
maligna no están indicadas otras exploraciones complementarias; en esta enfermedad
se recomienda biopsia y cultivo del tejido de granulación del conducto auditivo y
tomografía axial computadorizada (TAC) o resonancia magnética (RM) de oído y cra-
neal. La gammagrafía con TC99m y Ga67 es poco precisa para delimitar la extensión
del proceso, pero resulta más sensible y precoz que la TAC para descubrir la presen-
cia de osteítis (3).
El tratamiento incluye medidas generales, tratamiento antimicrobiano empírico y
tratamiento específico en función de los microorganismos aislados. Las medidas gene-
rales incluyen evitar contacto con agua y el rascado, limpiar el conducto auditivo con
gasa bordeada con alcohol al 70% boricado y analgésicos-antiinflamatorios. El trata-
miento antimicrobiano empírico se detalla en la tabla 1 (2,4).
137
La infección por el VIH: Guía Práctica
138
Capítulo 10. Otitis y sinusitis en la infección por el VIH
SINUSITIS
Estudios prospectivos de enfermos infectados por el VIH describen la presencia de
patología en nariz o senos paranasales en un 30%-68% de casos. Las entidades más
frecuentes incluyen la obstrucción nasal, rinitis alérgica, sinusitis y neoplasia. La sinusi-
tis supone un 6% de los casos de fiebre de origen desconocido en el enfermo infec-
tado por el VIH (8).
Sinusitis aguda
La infección sinusal se produce por acúmulo de pus no drenado, debido a la alte-
ración del drenaje mucociliar, a obstrucción del orificio de entrada al seno o a reduc-
ción de la actividad ciliar. El antecedente más común en la sinusitis es un infección viral
de las vías respiratorias altas, pero solo el 0,5% de estas infecciones se complican con
sinusitis bacteriana aguda con repercusión clínica. Los senos maxilares se afectan con
mayor frecuencia y a menudo de forma aislada; la infección de los senos restantes es
generalmente pansinusal. La elevada frecuencia de pansinusitis por el VIH sugiere que
la infección infundibular puede ser un fenómeno secundario a inflamación de la muco-
sa causada por un estado inmune alterado (8).
La bacteriología de la sinusitis aguda se presenta en la tabla 2. Otras causas, tales
como micobacterias, citomegalovirus o linfomas se detectan en menos del 10% de
casos. La sinusitis por hongos debe considerarse en la infección por el VIH avanzada,
especialmente con historia de neutropenia y uso de corticoides; a pesar de ser habi-
tualmente incluida en este apartado, su curso tiende a ser crónico (9).
El diagnóstico está basado en la clínica y radiografía de senos paranasales. La pre-
sencia en la radiografía de opacidad del seno paranasal, nivel hidroaéreo o engrosa-
miento de la mucosa mayor de 6 mm son indicativos de sinusitis. La TAC coronal de
senos está indicada en los casos de dudas diagnósticas (fundamentalmente ante sos-
pecha de afectación de senos etmoidales o esfenoidales) y para el estudio de las com-
plicaciones (10). La endoscopia rinosinusal permite inspeccionar el ostium y meatos
sinusales, tomar muestras para cultivo y biopsiar la mucosa; en general, se reserva para
sinusitis que no han respondido al tratamiento empírico o afectan gravemente el esta-
do general. La biopsia de mucosa es necesaria para el diagnóstico de infección fúngi-
ca. Los estudios microbiológicos habitualmente no son necesarios. En caso de persis-
tencia de los síntomas a pesar del tratamiento, se requieren cultivos de secreción
sinusal obtenida por rinoscopia y aspiración del pus de meato medio (alta incidencia
de contaminación de tal modo que se requieren estudios cuantitativos y demostración
de más de 105 ufc/ml para descartar la existencia de contaminación) o, preferible-
mente, por punción directa del seno, canulación del ostium o cirugía. En casos de fie-
bre y afectación grave del estado general está indicada la práctica de hemocultivos (9).
139
La infección por el VIH: Guía Práctica
La punción del seno paranasal afectado está indicada en caso de alteración grave
del estado general, complicaciones (locales -osteitis-, afectación de tejidos de la órbita
-celulitis o absceso orbitario- o intracraneales -meningitis, tromboflebitis de senos
venosos, absceso intracraneal-), infección intrahospitalaria, neutropenia o curso desfa-
vorable a pesar del tratamiento empírico adecuado. Se ha comprobado que la grave-
dad de la sinusitis en pacientes con infección por VIH se correlaciona directamente con
los valores de linfocitos CD4+/ml (9-11).
El tratamiento incluye: 1) Tratamiento descongestionante tópico (fenilefrina u oxi-
metazolina) durante los 4-5 primeros días. En sinusitis recurrente, los esteroides en
spray nasal reducen los síntomas inflamatorios (cefalea, dolor facial, congestión) (12).
2) Tratamiento antibiótico (tabla 2). La antibioterapia está indicada en sujetos con evo-
lución de la sintomatología mayor de 14 días, fiebre y/o dolor facial o edema. En caso
de que la sintomatología sea exclusivamente secreción mucosa o mucopurulenta se
recomienda iniciar el tratamiento exclusivamente con descongestionantes de la muco-
sa (evidencia AI) (13). 3) Drenaje quirúrgico mediante antrostomía o preferiblemente
mediante cirugía funcional endoscópica en los siguientes casos: falta de respuesta al
tratamiento antibiótico, infección con signos de gravedad sistémica, complicaciones
(ver anteriormente), sinusitis fúngica o infección crónica (14).
Como en la otitis media aguda, en caso de que no exista respuesta al tratamiento
antibiótico es preciso considerar las siguientes posibilidades: 1) El enfermo no sufre una
infección; puede tratarse de un tumor sinusal, de una sinusitis alérgica o de una gra-
nulomatosis. 2) El tratamiento antibiótico no es adecuado. 3) Existe alteración anató-
mica o funcional que dificulta el drenaje (tumor, pólipo, cuerpo extraño). 4) Se trata de
una sinusitis aguda recurrente que obliga a repetir el tratamiento.
Sinusitis crónica
A medida que el número de linfocitos CD4+/ml disminuye, la prevalencia de sinu-
sitis crónica es mayor (9-11). En los casos de sinusitis crónica, la etiología no siempre
es evidente y puede ser multifactorial: lesiones del complejo ostium-meatos durante
sinusitis aguda previa, sinusitis y poliposis alérgica y/o infección odontógena (perio-
dontisis en arcada superior). La infección suele ser polimicrobiana (tabla 2).
El diagnóstico en estos casos, además de la clínica (tabla 2), requiere radiografía y
TAC de senos paranasales, ortopantomografía (si existe sospecha de periodontitis),
endoscopia rinosinusal con toma de cultivos y, en caso de ausencia de respuesta a tra-
tamiento antibiótico empírico y/o complicaciones (similares a las de la sinusitis aguda),
punción del seno (15).
El tratamiento incluye descongestionantes sistémicos, similares a los indicados en la
sinusitis aguda y tratamiento antibiótico (tabla 2). En caso de que el tratamiento no sea
efectivo, se requiere drenaje quirúrgico con nueva toma de cultivos y biopsia.
Estudios preliminares muestran que la profilaxis con cotrimoxazol no aporta bene-
ficio sobre la aparición de otitis y sinusitis bacterianas en estos enfermos (16,17).
140
Tabla 1. Otitis en enfermos infectados por el VIH
141
ENFERMEDAD ETIOLOGÍA CLÍNICA TRATAMIENTO ANTIBIÓTICO EMPÍRICO
Pseudomonas aeruginosa Eritema, edema, dolor y calor Ciprofloxacino 500 mg/12 horas más cloxa-
Pericondritis y/o condritis Staphylococcus aureus de pabellón auditivo cilina 500 mg/6 horas, vía oral, 7-14 días.
de pabellón auditivo Considerar la posibilidad de tratamiento
Streptococcus pyogenes
intravenoso si manifestaciones sistémicas.
Vesículas, pústulas, costras Famciclovir 250 mg/8 horas, vía oral, duran-
Virus varicela zóster en el pabellón auditivo y con- te 1 semana. En caso de parálisis facial,
Herpes zóster ducto externo. Se asocia con añadir prednisona, 60 mg/día durante 4
frecuencia a parálisis facial días y descenso gradual posterior durante
periférica. los siguientes 10 días.
Staphylococcus aureus Forúnculo Medidas locales
Otitis externa localizada Streptococcus pyogenes
Pseudomonas aeruginosa Otalgia, otorrea, prurito, Asociación de neomicina, polimixina y dexa-
Staphylococcus aureus dolor a la tracción del pabe- metasona o trimetoprim, polimixina y dexa-
llón auricular y a la presión metasona, 2 gotas/8 horas durante 1 semana.
Enterobacterias
sobre el trago, sensación de Alternativa, ciprofloxacino 3 gotas/8 horas.
Streptococcus pyogenes taponamiento con leve hipo- Si manifestaciones sistémicas antibioterapia
Otitis externa difusa Aspergillus spp. acusia por edema del con- intravenosa similar a otitis externa maligna.
Candida spp. ducto auditivo. Puede haber Ante sospecha de etiología fúngica (masas
linfadenitis local. de hongos, blanquecinas en infección por
Candida y amarillas o negras en infección por
Aspergillus), clotrimazol tópico, una aplica-
ción/12 horas durante 1 semana.
Pseudomonas aeruginosa A la clínica de la otitis externa Desbridamiento quirúrgico. Antibioterapia
aguda, se añaden complicacio- intravenosa: imipenem 500 mg/6 horas
nes locales por propagación de intravenoso o ciprofloxacino 400 mg/12
Otitis externa maligna la infección a base del cráneo. Se horas o cefepima 2 g/8 horas o ceftazidima
observa tejido de granulación en 2 g/8 horas, durante al menos 14 días (para
. el conducto auditivo. No suele la elección valorar la sensibilidad de la flora
existir fiebre ni leucocitosis. local).
Capítulo 10. Otitis y sinusitis en la infección por el VIH
Tabla 1. Otitis en enfermos infectados por el VIH
ENFERMEDAD ETIOLOGÍA CLÍNICA TRATAMIENTO ANTIBIÓTICO EMPÍRICO
Desconocida. Virus influenza Dolor local, hipoacusia, acúfe- Asociación de neomicina, polimixina y
Miringitis desconocida Mycoplasma pneumoniae nos, otorrea ocasionalmente dexametasona o trimetoprim, polimixina y
hemorrágica. dexametasona, 2 gotas/8 horas durante 1
semana.
Fiebre (30-60% de casos), otal- Amoxicilina-clavulánico 875/125 mg/8
Otitis media aguda Streptococcus pneumoniae
gia intensa y pulsátil, otorrea y horas o levofloxacino 500 mg/24 horas o
Otitis media crónica Haemophilus influenzae otorragia. Puede acompañarse moxifloxacino 400 mg/24 horas. Si el
Moraxella catarrhalis de acúfenos, hipoacusia y paráli- paciente requiere ingreso hospitalario, tra-
sis facial. En la mastoiditis se tamiento intravenoso: ceftriaxona 2 g/24
La infección por el VIH: Guía Práctica
Staphylococcus aureus
añade dolor a la presión de la horas o levofloxacino 500 mg/24 horas. El
Streptococcus pyogenes
mastoides y tumefacción retro- tratamiento se mantiene durante 5-10 días.
Pseudomonas aeruginosa auricular con despegamiento del En caso de desarrollo de complicaciones se
Enterobacterias pabellón auricular. requiere tratamiento quirúrgico.
Otoscopia: enrojecimiento y
abombamiento del tímpano. En
fase más avanzada perforación
timpánica, generalmente punti-
forme.
Polimicrobiana: Otorrea crónica. Episodios Asociación de neomicina, polimixina y dexame-
Enterobacterias recurrentes y similares a los tasona o trimetoprim, polimixina y dexametaso-
descritos en la otitis media na, 2 gotas/8 horas. En caso de reagudizaciones,
Staphylococcus aureus
aguda. tratamiento antibiótico vía sistémica: Amoxicili-
Pseudomonas aeruginosa na-clavulánico 1000/200 mg/8 horas o levoflo-
Otoscopia: perforación cen-
Anaerobios: xacino 500 mg/24 horas o ciprofloxacino 400
tral o marginal seca, enrroje-
Prevotella, mg/12 horas asociados a metronidazol 500
cimiento timpánico.
mg/8 horas.
Porphyromonas,
El tratamiento se mantiene durante 2-3 sema-
Bacteroides, nas.
Fusobacterium Si existe colesteatoma o complicaciones locales
o intracraneales se requiere limpieza quirúgica.
142
Tabla 2. Sinusitis en enfermos infectados por el VIH
143
ENFERMEDAD ETIOLOGÍA CLÍNICA TRATAMIENTO ANTIBIÓTICO EMPÍRICO
Streptococcus pneumoniae Fiebre, cefalea, dolor facial y Amoxicilina-clavulánico 875/125 mg/8
Sinusitis aguda Moraxella catarrhalis drenaje nasal mucopurulen- horas, o levofloxacino 500 mg/24 horas o
Haemophilus influenza to. A menudo, los enfermos moxifloxacino 400 mg/24 horas. En la
Staphylococcus aureus refieren concomitantemente infección grave o complicada ingreso hospi-
historias de tos y expectora- talario y tratamiento parenteral: imipenem
Pseudomonas aeruginosa
ción, ocasionalmente con 500 mg/6 horas o cefepima 2g/8 horas o
Legionella pneumophila broncoespasmo. A pesar de piperacilina-tazobactam 4/0,5 g/8 horas.
Citomegalovirus que el drenaje postnasal El tratamiento se mantiene durante 10-14
Hongos puede ser en ocasiones el días.
Alternaria alternata único síntoma de estos suje- En caso de sinusitis fúngica anfotericina B
Aspergillus spp. tos, los estudios radiológicos (0,7-1 mg/kg/día) hasta completar una
Pseudallescheria boydii revelan usualmente una afec- dosis total de al menos 2 g.
tación paranasal extensa.
Cryptococcus neoformans
Candida spp.
Rhizopus spp.
Bibliografía
144
Capítulo 11
NEUMONÍAS EN PACIENTES CON INFECCIÓN POR EL VIH
Elisa Cordero Matía, María Jesús Rodríguez Hernández y Jerónimo Pachón Díaz
ETIOLOGÍA
La etiología de las neumonías en los pacientes con infección por el VIH es muy
diversa. A lo largo de la historia de la epidemia de SIDA se ha observado un cambio en
la etiología de las infecciones pulmonares. Así, mientras que en los primeros años éste
era el agente etiológico más frecuente, posteriormente se observó una mayor inciden-
cia de neumonías bacterianas, probablemente motivado por una profilaxis más eficaz
para Pneumocystis carinii (ahora renombrado como Pneumocystis jiroveci). En un estu-
dio multicéntrico realizado en Andalucía en el que se incluyeron 759 casos de neumo-
nía de adquisición comunitaria se constata esta misma tendencia, la etiología bacte-
riana es la más frecuente (46%), seguida por Mycobacterium tuberculosis (28,2%) y P.
carinii (21,4%) (4). Otras infecciones menos frecuentes son: otras micobacterias, fun-
damentalmente Mycobacterium avium-intracellulare y Mycobacterium kansasii; infec-
ciones víricas como citomegalovirus o varicela; candidiasis, criptococosis, aspergilosis,
criptosporidiasis y toxoplasmosis. Además deben considerarse otras etiologías no
infecciosas como el sarcoma de Kaposi, linfoma, otras neoplasias, hipertensión pul-
monar primaria, insuficiencia cardiaca, neumonitis intersticial linfoide, embolismo pul-
monar o hemorragia pulmonar.
Dentro de las neumonías bacterianas el microorganismo más frecuente es
Streptococcus pneumoniae, seguido de forma variable por Haemophilus influenzae,
145
La infección por el VIH: Guía Práctica
APROXIMACION DIAGNÓSTICA
La orientación diagnóstica de estos síntomas se ve en gran medida dificultada por
la similitud clínica que pueden tener distintas patologías y el gran polimorfismo con el
que se puede expresar una misma enfermedad.
Antecedentes personales
Es necesario conocer el grado de inmunodepresión. La neumonía por P. carinii suele
afectar a pacientes con linfocitos CD4+ <200 cel/µL, fracasando la profilaxis principal-
mente en aquellos con linfocitos CD4+ <100 cel/µL. Aunque la tuberculosis puede
ocurrir en cualquier fase de la infección por el VIH, suele afectar a pacientes menos
inmunodeprimidos (media de linfocitos CD4+ 377 cel/µL). Las neumonías bacterianas
pueden ocurrir desde etapas precoces de la infección por el VIH con una frecuencia seis
veces superior a la de la población general, aunque su frecuencia aumenta a medida
que el paciente se deteriora inmunológicamente (5,11). Determinadas bacterias como
R. equi o P. aeruginosa afectan básicamente a enfermos con linfocitos CD4+ <50 cel/µL
(12,13).
Otro aspecto a tener en cuenta son las infecciones oportunistas previas, pues algu-
nas recidivan si no se realiza una profilaxis secundaria o tratamiento mantenido, como
es el caso de la neumonía por P. carinii o la infección por R. equi.
Existen otros antecedentes epidemiológicos de interés como el contacto con enfer-
mos con tuberculosis, estancia en prisión o hábitos tóxicos. En los pacientes usuarios
de drogas por vía parenteral hay que tener en cuenta la posibilidad de la endocarditis
tricuspídea. El contacto con gatos, palomas o caballos alertarán al clínico sobre la posi-
bilidad de toxoplasmosis, criptococosis o infección por R. equi, aunque con frecuencia
estos antecedentes no están presentes.
Manifestaciones clínicas
Es importante intentar discernir si los síntomas sugieren una infección bacteriana o
una infección oportunista. Aunque existen manifestaciones características de estos dos
grupos de enfermedades, en muchos casos es muy difícil realizar esta diferencia desde
el punto de vista clínico.
La neumonía por P. carinii suele tener un curso subagudo, en el que el enfermo
refiere fiebre, astenia, tos no productiva y disnea progresiva. Las neumonías bacteria-
nas suelen tener un curso más abrupto, aunque algunas como R. equi pueden cursar
de forma subaguda (13). Los pacientes aquejan con frecuencia tos con expectoración
146
Capítulo 11. Neumonías en pacientes con infección por el VIH
purulenta. Aunque la tuberculosis en estos pacientes tiene un curso más acelerado que
en inmunocompetentes, los síntomas generalmente se desarrollan a lo largo de sema-
nas, predominando los síntomas sistémicos en los pacientes muy inmunodeprimidos.
Selwyn et al identificaron aspectos clínicos orientadores del diagnóstico diferencial de
las neumonías de adquisición comunitaria, así la presencia de disnea de esfuerzo e
infiltrado intersticial ocurría con mayor frecuencia en los pacientes con neumonía por
P. carinii, un infiltrado lobar y un cuadro febril de menos de una semana de duración
en las neumonías bacterianas y la sudoración nocturna junto con tos de más de una
semana de duración en la tuberculosis (14).
Hallazgos radiológicos
La radiografía de tórax es una prueba diagnóstica fundamental pero no existen
imágenes patognomónicas.
La neumonía por P. carinii suele presentarse en forma de infiltrados difusos perihi-
liares y patrón reticular o reticulonodular hiliofugaz que puede progresar a un patrón
alveolar bilateral. Otras formas más raras (<5%) son infiltrados focales, nódulos cavita-
dos, derrame pleural y adenopatías. El 10% de los enfermos presentan neumatoceles
(15). En las fases iniciales de la infección por el VIH, los hallazgos radiológicos de la
tuberculosis son similares a los del inmunocompetente. Sin embargo, a medida que la
infección por el VIH progresa son más frecuentes las manifestaciones radiológicas
sugestivas de una primoinfección tuberculosa. Las neumonías bacterianas suelen tener
un patrón alveolar y lobar (16), aunque presentan con mayor frecuencia que la pobla-
ción general formas atípicas con infiltrados intersticiales difusos. Ante un infiltrado cavi-
tado las etiologías a tener en cuenta son básicamente P. aeruginosa, S. aureus, R. equi
o micobacterias. Un patrón radiológico normal no excluye una infección pulmonar, ocu-
rriendo esto hasta el 26% de las neumonías por P. carinii y el 14% de las tuberculosis.
Estudios microbiológicos
En los pacientes con síntomas sugestivos de una neumonía bacteriana deben reali-
zarse dos hemocultivos. En esputo es recomendable realizar una tinción de Gram y cul-
tivo de bacterias aerobias, tinciones y cultivo de micobacterias, y estudio de P. carinii.
En el caso de las neumonías bacterianas, el cultivo de esputo ha mostrado una nota-
ble utilidad en el diagnóstico de las neumonías bacterianas en los pacientes con infec-
ción por el VIH, entre otros motivos, por la buena disponibilidad y fácil realización de
esta técnica y su buena relación con los aislamiento de muestras estériles en los pacien-
tes con infección por el VIH (17).
En caso de no existir una buena respuesta al tratamiento antimicrobiano inicial
debe realizarse una punción aspirativa pulmonar si la condensación es periférica (18),
o una fibrobroncoscopia con lavado broncoalveolar y cepillo telescópico ocluido, para
llegar a un diagnóstico o descartar otra patología asociada (algoritmo 1).
Si a pesar de estas pruebas no se consigue un diagnóstico etiológico se puede rea-
lizar una biopsia transbronquial o una biopsia pulmonar abierta con minitoracotomía,
indicada fundamentalmente en los nódulos pulmonares periféricos.
147
La infección por el VIH: Guía Práctica
148
Capítulo 11. Neumonías en pacientes con infección por el VIH
radiológica extensa o con cavitación). Tan sólo existe un ensayo clínico de tratamiento
de neumonías bacterianas en pacientes con infección por el VIH, en el que se com-
prueba una efectividad equivalente de cefepima y cefotaxima en estos pacientes (24)
(A-I). Por ello, se recomienda utilizar ceftriaxona o cefotaxima siempre que los datos dis-
ponibles no sugieran una neumonía por P. aeruginosa (shock séptico, cavitación, linfo-
citos CD4+ <50 cel/µL, múltiples tratamientos antibióticos, neutropenia o bronquiecta-
sias). En este caso la cefalosporina debe ser cefepima (B-III). Si el paciente presenta una
insuficiencia respiratoria grave debe asociarse tratamiento para P. carinii (B-III).
Si la clínica es subaguda y/o no sugestiva de infección bacteriana el tratamiento
debe venir dirigido por los estudios complementarios (algoritmos 2 y 3). En caso de
compromiso respiratorio se puede plantear tratamiento empírico para P. carinii y bac-
terias piógenas (tabla 2).
149
La infección por el VIH: Guía Práctica
150
Capítulo 11. Neumonías en pacientes con infección por el VIH
151
La infección por el VIH: Guía Práctica
152
Capítulo 11. Neumonías en pacientes con infección por el VIH
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153
La infección por el VIH: Guía Práctica
154
Capítulo 12
TUBERCULOSIS E INFECCIÓN VIH
José María Kindelán Jaquotot, Elisa Vidal Verdú y Clara Natera Kindelán
155
La infección por el VIH: Guía Práctica
mortalidad. Más recientemente, estos mismos brotes también han podido comprobar-
se en nuestro país y en nuestra comunidad, con índices similares de mortalidad (3).
La TB es una enfermedad infecto-contagiosa, transmisible por vía aérea de perso-
nas con TB pulmonar a otras personas de su entorno próximo. Es importante recordar
que se trata de una enfermedad oportunista prevenible y curable. Ello va a depender
en gran medida de la correcta actuación médica y de la adecuada cumplimentación del
tratamiento por parte del enfermo. Estas serán además las herramientas adecuadas
para evitar las multirresistencias y los brotes nosocomiales.
Todos los trabajadores sanitarios, voluntariado, ONGs, etc. y especialmente las
autoridades sanitarias deben ser especialmente sensibles para arbitrar programas de
seguimiento, vigilancia e intervención adecuados que mejoren el problema de salud
pública que supone la TB.
ETIOLOGÍA
A diferencia de lo que ocurre en EE.UU., el agente etiológico de la TB en nuestro
país es M. tuberculosis, siendo muy infrecuentes el resto de las micobacteriosis (Myco-
bacterium avium complex, Mycobacterium kansasii, entre otras).
PROCEDIMIENTOS DIAGNÓSTICOS
Clínica (4,5)
La clínica de la TB en general suele ser poco específica, más aún en pacientes con
infección por el VIH, en los cuales son más frecuentes las formas de presentación atípicas.
La forma clínica predominante en los pacientes con cifras más altas de linfocitos
CD4+ es la pulmonar clásica, presentando fiebre, sudoración nocturna, tos producti-
va, pérdida de peso y radiología de tórax patológica con infiltrado-cavitación. Mientras
que en los pacientes con infección por el VIH avanzada y cifras menores de linfocitos
CD4+ son más frecuentes las localizaciones extrapulmonares (digestiva, poliadenopa-
tías, etc.), las pulmonares con patrones radiológicos atípicos (miliar, adenopatías hilia-
res, etc.) y la negatividad de la tuberculina.
Las formas clínicas más usuales son:
• Tuberculosis pulmonar: localización exclusiva pulmonar.
• Tuberculosis extrapulmonar: localización exclusiva extrapulmonar (meníngea, geni-
tourinaria, ganglionar, etc.)
• Tuberculosis diseminada: localización de dos órganos diferentes (incluya o no a pul-
món), y las formas miliares o con hemocultivos positivos.
156
Capítulo 12. Tuberculosis e infección VIH
157
La infección por el VIH: Guía Práctica
TRATAMIENTO
Independientemente del tratamiento farmacológico, deben establecerse unas reco-
mendaciones generales, cuya cumplimentación es relevante.
Recomendaciones generales
1. Aislamiento respiratorio en todo paciente con TB de localización pulmonar (6) (A-II).
Este consistirá en:
- Habitación individual. El enfermo deberá permanecer durante todo el tiempo en
su habitación. Las visitas se restringirán a las exclusivamente necesarias.
- Aireación adecuada. En principio las habitaciones deberían tener presión negativa
con respecto al pasillo y eliminación del aire al exterior del edificio, consiguiéndo-
se un mínimo de 6 recambios de aire por hora en la habitación. En cualquier otra
circunstancia sería recomendable una ventilación exterior de al menos 30 minutos
diarios con aire renovable y no recirculable.
- Uso de mascarilla. Deberán filtrar partículas de 1 micra con una eficacia del 95%
a flujos superiores a 50 l/min. Deberán ponérsela todas las personas que entren en
la habitación. El enfermo deberá usar mascarilla quirúrgica siempre que salga de la
habitación.
Este aislamiento se mantendrá:
- De 15 a 21 días desde el inicio del tratamiento, si éste es la primera vez que se ins-
taura e incluye a la rifampicina como parte de la terapia.
158
Capítulo 12. Tuberculosis e infección VIH
159
La infección por el VIH: Guía Práctica
160
Capítulo 12. Tuberculosis e infección VIH
Tuberculosis no iniciales
1. Fracaso terapéutico: situación definida como la del paciente en el que a pesar de
realizar correctamente el tratamiento, se observa:
- Presencia de 2 cultivos positivos al 4º mes de tratamiento.
- Aparición de 2 cultivos consecutivos positivos tras disponer de 2 cultivos consecu-
tivos anteriores negativos.
161
La infección por el VIH: Guía Práctica
PROFILAXIS
Indicaciones establecidas para la realización del Test Tuberculínico (TT)
En pacientes infectados por el VIH son (13):
- Tan pronto como sea posible después del diagnóstico de infección VIH (primera
visita).
- Inmediatamente tras una exposición a un paciente con TB pulmonar.
- Periódicamente (anual) en pacientes con TT previo negativo.
Indicaciones aceptadas de profilaxis antituberculosa
En pacientes infectados por el VIH son:
- Pacientes con TT superior a 5 mm de induración.
- Pacientes que han tenido un contacto reciente con un paciente con TB pulmonar.
- Pacientes con historia anterior de TB curada pero parcial o inadecuadamente tra-
tada.
- Considerar en pacientes con TT negativo pero con alta exposición habitual.
- No existe una recomendación general de profilaxis en pacientes anérgicos (test
cutáneos y TT negativos)
Pautas de profilaxis
Las pautas recomendadas (14-18) se resumen en la tabla 2.
El patrón de profilaxis continúa siendo el régimen de isoniacida durante 9 meses
(AII).
162
Capítulo 12. Tuberculosis e infección VIH
La pauta de dos meses de rifampicina más pirazinamida (BI) (16) tiene una buena
eficacia pero una toxicidad que hay que sopesar adecuadamente (18). La pauta de tres
meses de rifampicina más isoniacida está menos evaluada (BII) pero sería una opción
válida en pacientes que aún no han iniciado TAR por su reducido número de compri-
midos. Otras pautas posibles serían rifampicina sola durante cuatro meses o rifabutina
más pirazinamida durante 2 meses (CIII).
En caso de indicar cualquier pauta que incluya rifampicina a un paciente en trata-
miento simultáneo con metadona se deberá aumentar la dosis de metadona progresi-
vamente en un 20%-50%, a partir del 3º ó 4º día del inicio.
Se recomienda estimular la adherencia y cumplimentación del tratamiento de la
infección tuberculosa, para lo cual sería recomendable efectuar visitas mensuales, al
menos al inicio de la quimioprofilaxis.
OTRAS MICOBACTERIOSIS
Mycobacterium avium complex (MAC)
Por su baja incidencia en nuestro país, no está indicada la profilaxis primaria. El tra-
tamiento de la enfermedad por MAC consistirá en la asociación de un macrólido (cla-
ritromicina o azitromicina) y etambutol, sin existir consenso sobre la necesidad de un
tercer fármaco (rifabutina). Se aconseja quimioprofilaxis secundaria de por vida con un
macrólido y etambutol en los casos de enfermedad por MAC (AII) (10,19). Quizás
pudiera suspenderse (CIII) tras 12 meses de tratamiento y linfocitos CD4+ mantenidos
superiores a 100 cel/µL.
163
La infección por el VIH: Guía Práctica
164
Capítulo 12. Tuberculosis e infección VIH
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165
La infección por el VIH: Guía Práctica
166
Capítulo 13
PATOLOGÍA OROFARÍNGEA EN LA INFECCIÓN POR EL VIH
INTRODUCCIÓN
Las lesiones orofaríngeas constituyen un problema esencial en la evolución de la
infección por VIH por ser a menudo los primeros signos de la enfermedad y por aso-
ciarse a una mayor progresión a SIDA. De ello se deduce la importancia de la explora-
ción de la cavidad bucal para el diagnóstico, clasificación e intervenciones terapéuticas
y profilácticas en estos pacientes. Por otra parte, hay que resaltar que a partir de 1996
y con la introducción de la terapia antirretroviral de gran actividad se produce un cam-
bio sustancial en la historia natural de la enfermedad por el VIH, con una tendencia a
la disminución de la morbimortalidad. Por todo ello, hemos de recurrir al tópico de que
la mejor profilaxis de las enfermedades asociadas al SIDA es el propio tratamiento anti-
rretroviral.
CLASIFICACIÓN
La clasificación de las lesiones orales del VIH, el diagnóstico y tratamiento se resu-
men en las Tablas 1, 2, 3, 4 y 5.
LESIONES MICÓTICAS
Candidiasis orofaríngea
Es la micosis que con mayor frecuencia aparece en los pacientes infectados por el
VIH y un factor conocido de predicción de desarrollo de SIDA. En la mayoría de los
casos, el agente responsable es Candida albicans aunque también se han descrito casos
por Candida krusei, Candida glabrata, Candida parapsilosis y Candida tropicalis.
La candidiasis puede adoptar cuatro patrones (1-3). La forma pseudomembranosa
(muguet) caracterizada por la presencia de placas blanquecinas que se desprenden
fácilmente sobre una mucosa eritematosa y que puede aparecer en cualquier lugar de
la cavidad oral. La candidiasis eritematosa (atrófica) consistente en áreas rojizas, par-
cheadas, desprovistas de papilas que se localizan en paladar y dorso de lengua. La
forma hiperplásica, a modo de placas blanquecinas que no se desprenden por frota-
miento y plantea el diagnóstico diferencial con la leucoplasia oral. Y, por último, la
167
La infección por el VIH: Guía Práctica
Otras micosis
Se han descrito casos aislados de afección mucocutánea en la histoplasmosis, crip-
tococosis y aspergilosis, pero en el contexto de una infección sistémica. Asimismo se
han descrito casos raros de peniciliosis y de geotricosis que remedan una candidiasis
eritematosa. Las recomendaciones terapéuticas (6-8) de las distintas micosis se reco-
gen en la tabla 3.
168
Capítulo 13. Patología orofaríngea en la infección por el VIH
LESIONES VIRALES
Virus herpes simple (VHS)
Las lesiones orales herpéticas son frecuentes y se presentan, en general, como con-
secuencia de la recurrencia de una infección latente por el VHS (herpes labial) siendo
más rara la primoinfección o gingivoestomatitis herpética. Tras un pródromo de pruri-
to o ardor aparecen las vesículas de bordes geográficos, dolorosas, que se ulceran fácil-
mente y se localizan en labios, paladar o gíngiva (11). El diagnóstico se establece por
el aspecto de las lesiones y se confirma mediante citología o la identificación del virus.
En la mayoría de los casos (tabla 4) y sobre todo si persiste 7-10 días, hay que recurrir
a aciclovir (12,14), famciclovir (12-14) o valaciclovir (14). En los casos de resistencia a
aciclovir (infección avanzada por el VIH con afectación mucocutánea crónica, disemi-
nación de la infección o no resolución de las lesiones a pesar de tratamiento óptimo
con aciclovir, se puede administrar foscarnet.
Virus varicela zóster (VVZ)
La mayoría de los pacientes con infección por el VIH han sido previamente infecta-
dos por el VVZ (el 10% desarrollan, al menos, un episodio de herpes zóster). Los casos
de primoinfección o varicela pueden presentar un curso más severo con afectación vis-
ceral. La afección oral por VVZ consiste en un pródromo de dolor dentario, que pre-
cede a la aparición de vesículas y a la formación de úlceras que siguen el trayecto de
una o varias ramas del trigémino (11). El diagnóstico se basa en el aspecto de las lesio-
nes, la citología y la identificación viral. Para el tratamiento (15-17) son útiles los mis-
mos fármacos que para el VHS pero a dosis más elevadas (tabla 4).
Citomegalovirus (CMV)
Se estima que entre el 30% al 50% de los adultos y, prácticamente, todos los varo-
nes homosexuales han estado en contacto con el CMV. Sin embargo, queda por dilu-
cidar qué cofactores permiten predecir a los pacientes seropositivos que van a des-
arrollar la enfermedad por CMV. En pacientes infectados por el VIH, las lesiones orales
por CMV acontecen en aquéllos que presentan una inmunodepresión grave (linfocitos
CD4+ < 100 cel/µL) y en el contexto de una enfermedad por CMV diseminada; sólo
raramente aparecen como primer signo de la infección. Las características clínicas de
las lesiones orales son superponibles a las del virus herpes simple e incluso, en algunos
casos, se han descrito una infección simultánea por ambos virus. Para el diagnóstico se
precisa de la demostración de vasculitis y de los cuerpos de inclusión por CMV median-
te estudio histopatológico de las lesiones. El tratamiento de la enfermedad extraocu-
lar por CMV (tabla 4) consiste en la administración de ganciclovir, cidofovir o foscarnet
(18). No obstante, y a pesar de estos fármacos, existen importantes limitaciones en el
manejo de esta infección (efectos tóxicos, administración parenteral) por lo que resul-
ta fundamental el tratamiento antirretroviral óptimo que permita cifras mantenidas de
linfocitos CD4+ superiores a 100 cel/µL, para así disminuir el número de casos y/o reci-
divas de la enfermedad por CMV. Como tratamiento de mantenimiento se debe admi-
nistrar ganciclovir o valganciclovir oral (5).
169
La infección por el VIH: Guía Práctica
Verrugas
Las verrugas orales son frecuentes en los pacientes infectados por el VIH y su pre-
valencia aumenta conforme progresa la enfermedad por el VIH. Múltiples tipos de
virus del papiloma humano (VPH) se han implicado, aunque no hay evidencia de que
la transmisión venérea esté involucrada en la aparición de las lesiones orales. Las
características principales de las verrugas, además de su aspecto morfológico, son su
multiplicidad y las recurrencias. Las verrugas más frecuentes son las vegetantes y, en
menor cuantía, la verruga plana o hiperplasia epitelial focal. Si bien algunas verrugas
presentan atipias celulares no se han descrito casos de malignización (a diferencia de
las verrugas anogenitales). El diagnóstico se establece por la apariencia clínica y por
la demostración del VPH en la biopsia. El tratamiento quirúrgico, por láser o con
podofilino (tabla 4) es, en general, poco satisfactorio ya que la recidiva es la norma
(1-3).
LESIONES PARASITARIAS
Leishmaniasis
Es una zoonosis endémica de nuestro medio causada por Leishmania infantum
que en infectados por el VIH aparece con mayor frecuencia en usuarios de drogas por
vía parenteral (transmisión por jeringuillas), muy inmunodeprimidos y con una mayor
proporción de formas atípicas (tubo digestivo, piel y paladar). Las infrecuentes lesio-
nes orales se presentan en el contexto de la infección sistémica (Kala-Azar) y rara-
mente aparecen de forma aislada. El diagnóstico se realiza por la visualización y/o cul-
tivo del parásito en la biopsia. El tratamiento es el de la infección sistémica
(antimoniales pentavalentes: estibogluconato, a dosis de 20 mg/kg/día durante 3-4
semanas; pentamidina a dosis de 3-4 mg/kg/día durante 2-3 semanas; anfotericina B
desoxicolato a dosis de 0,5 mg/kg/día hasta dosis total de 1-1,5 gramos. En insufi-
ciencia renal, considerar anfotericina B liposomal a dosis de 4-5 mg/kg/día, mínimo 8
dosis (19,20).
170
Capítulo 13. Patología orofaríngea en la infección por el VIH
LESIONES NEOPLÁSICAS
Sarcoma de Kaposi (SK)
El SK asociado a SIDA o SK epidémico es una neoplasia que aparece sobre todo en
varones homosexuales y presenta una alta agresividad clínica. La cavidad oral es una
de las localizaciones habituales y, en muchos pacientes, su primera manifestación. En
los últimos años se ha identificado al herpes humano tipo 8 como el responsable de la
transmisión sexual del SK. Las lesiones se localizan en el paladar duro, aunque también
en la pared faríngea posterior, amígdalas o encías y es muy raro observarlo en muco-
sa bucal y lingual. Estas lesiones, inicialmente asintomáticas, aparecen como pequeñas
manchas rojas o púrpuras y, posteriormente, al crecer se transforman en nódulos que
se ulceran o necrosan si sufren traumatismo, pudiendo entonces causar dolor, sangrar
o sobreinfectarse. Las lesiones grandes, estéticamente desagradables, pueden dificul-
tar el habla y la alimentación. El diagnóstico diferencial se plantea con angiomatosis
bacilar, hemangioma, hematoma y granuloma piógeno. Para el diagnóstico se requie-
re estudio histológico, pero si el paciente ya está diagnosticado de SK se puede obviar
la biopsia (21). Respecto al tratamiento (22), para las lesiones nodulares y pequeñas
localizadas en gingiva y mucosa bucal se puede intentar la excisión quirúrgica o por
láser, mientras que para las localizadas en el paladar se precisa del empleo de vinblas-
tina. También se han comunicado buenos resultados con agentes esclerosantes. Las
lesiones extensas suelen requerir radioterapia.
Linfomas
Los linfomas no hodgkinianos (LNH) representan el 3-5% de los casos declarados
de SIDA, aparecen en pacientes muy inmunodeprimidos y suelen ser de expresión
fenotípica B. Es común la afección extraganglionar y las lesiones orales no son infre-
cuentes (7%). En la génesis de los LNH se han implicado los virus de Epstein-Barr y her-
pes humano tipo 8, así como diversos oncogenes (C-MYC, RAS, BCL-1, BCL-2, BCL-6,
P-53). Las lesiones más frecuentes son las úlceras únicas o múltiples, tumefactas que
se localizan en cualquier zona de la mucosa oral y son similares a las úlceras aftosas
recurrentes o a las de infecciones oportunistas por lo que hay que realizar biopsia para
descartar esta neoplasia (23). Las recomendaciones terapéuticas de los LNH asociados
a la infección por VIH (24) se recogen en la tabla 5.
Carcinoma
El carcinoma de células escamosas se ha descrito en los pacientes con infección por
el VIH. Sin embargo, no está demostrado que su incidencia sea mayor en este grupo
de pacientes (21).
171
La infección por el VIH: Guía Práctica
nado con alteraciones de la inmunidad celular. Las úlceras son múltiples, muy doloro-
sas y suelen localizarse en mucosa bucal, labial, orofaringe y borde lateral de la lengua.
Se han descrito tres formas clínicas; las UAR mayores a modo de úlceras (más de 1 cm)
que causan dolor, dificultad para el habla o masticación y pueden persistir meses; las
UAR menores (menos de 1 cm) cubiertas por una pseudomembrana y rodeadas de un
halo eritematoso que suelen curar pero que recurren con frecuencia; y las úlceras her-
petiformes (1 mm) que tienen una gran tendencia a la coalescencia. El diagnóstico se
basa en la exclusión de otros procesos (linfomas, hongos, herpes, CMV, micobacterias)
por lo que se precisa de estudio histológico. El tratamiento tópico con corticoides
(tabla 5) alivia los síntomas. En casos de úlceras de gran tamaño y que no ceden al tra-
tamiento tópico, la talidomida es el tratamiento de elección (25).
Enfermedad de las glándulas salivales
La etiología del síndrome seco (queratoconjuntivitis seca y xerostomía) que apare-
ce en la infección por el VIH no está clara, aunque se ha relacionado con una hipe-
rrespuesta de linfocitos CD8+. Se ha señalado una progresión más lenta a SIDA en
estos pacientes, y no se ha descrito enfermedad de tejido conectivo ni autoanticuer-
pos característicos (SS-A, SS-B) asociados. El diagnóstico se realiza por la clínica y la
biopsia de una glándula salival que revela un infiltrado linfoplasmocitario difuso con
predominio de linfocitos CD8+. No precisa tratamiento (tabla 5) salvo profilaxis de la
caries dental , estimulantes salivales para la xerostomía y, en los casos de gran hiper-
trofia glandular, se puede realizar exéresis o radioterapia para reducir su tamaño (3,10).
172
Capítulo 13. Patología orofaríngea en la infección por el VIH
MICÓTICAS VIRALES
Candidiasis Virus herpes simple
Pseudomembranosa Virus varicela zóster
Eritematosa Citomegalovirus
Hiperplásica Leucoplasia oral vellosa
Queilitis angular Verrugas (papiloma virus)
Otras micosis
PARASITARIAS
Criptococosis
Histoplasmosis Leishmaniasis
Aspergilosis NEOPLÁSICAS
Peniciliosis
Sarcoma de Kaposi
Geotricosis
Linfoma
BACTERIANAS Carcinoma
Enfermedad periodontal
AUTOINMUNES/IDIOPÁTICAS
Periodontitis ulcerosa necrotizante
Úlceras aftosas recurrentes
Eritema gingival lineal
Enfermedad de las glándulas salivales
Otras bacterianas
Púrpura trombocitopénica idiopática (PTI
Micobacterias
Angiomatosis bacilar OTRAS
Estomatitis por Klebsiella pneumoniae
Epidermiolisis tóxica
Enterobacter cloacae
Pigmentación melánica
Actinomyces israelii
Modificado de JS Greenspan and D Greenspan. DeVita et al (eds). Philadelphia: Lippincott-Raven Publishers;
1997. p. 355-63.
173
La infección por el VIH: Guía Práctica
174
Capítulo 13. Patología orofaríngea en la infección por el VIH
Histoplasmosis (sistémica)
Inducción (12 semanas)
Anfotericina B iv: 0,7-1mg/kg/d (AII)
Itraconazol oral: 200mg/8h (3
d)→200 mg/12h (AII)
Fluconazol: 800 mg/día (BII)
Anfotericina B liposomal iv: 3-5
mg/kg/d (CIII)
Mantenimiento
Itraconazol oral: 200 mg/12h (AI)
Anfotericina B iv: 1mg/kg/semana (AI)
Criptococosis (sistémica)
Inducción (2 semanas)
Anfotericina B iv (0,7-1mg/kg/d) más
flucitosina (25mg/kg/6h) (AI)
Anfotericina B iv: 0,7-1 mg/kg/d (BI).
Fluconazol (400-800 mg/d) más fluci-
tosina (CI)
Anfotericina B liposomal: 4
mg/kg/d**
Consolidación (8 semanas)
Fluconazol, caps.: 400 mg/d (AI)
Itraconazol, caps.: 200 mg/12h (BI)
Mantenimiento (indefinido)
Fluconazol, caps.: 200 mg/d (AI)
Itraconazol, caps.: 200 mg/d (BI)
Anfotericina B iv: 1 mg/kg/ semana (AI)
175
La infección por el VIH: Guía Práctica
176
Capítulo 13. Patología orofaríngea en la infección por el VIH
177
La infección por el VIH: Guía Práctica
178
Capítulo 13. Patología orofaríngea en la infección por el VIH
LNH*** Herpes huma- Clínica: Úlceras múl- Similar a otras localizaciones de LNH
no 8 tiples tumefactas y CHOP (AII)
Epstein-Barr recurrentes en cavi- EPOCH (BII)
Oncogenes dad oral Estadío AI: 3-4 ciclos más RT (AIII)
Diagnóstico: Biopsia Resto: 6-8 ciclos.
Añadir: FSCG**** (AI)
Los tratamientos irán asociados al antirretroviral correspondiente. *PMN: polimorfonucleares. **PTI: púrpu-
ra trombocitopénica idiopática. ***LNH: linfoma no hodgkiniano. ****FSCG: factor estimulante
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180
Capítulo 14
ENFERMEDAD ESOFÁGICA EN PACIENTES INFECTADOS POR EL VIH
INTRODUCCIÓN
La disfagia y odinofagia son síntomas frecuentes en los pacientes con infección por
el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Se estima que un tercio de los pacien-
tes con síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) presentan síntomas esofági-
cos en el trascurso evolutivo de su enfermedad. La aparición de la terapia antirretrovi-
ral de gran actividad (TARGA) ha modificado esta incidencia al reducir la frecuencia de
infecciones oportunistas.
Otras circunstancias han influido en los últimos años en el manejo de esta patolo-
gía. El reconocimiento de formas de candidiasis esofágica refractarias al tratamiento
estándar ha dado paso a la aparición de pautas de tratamiento alternativas y nuevos
fármacos, así como al uso de técnicas de sensibilidad in vitro a antifúngicos. Por otra
parte, el TARGA modifica la evolución de la patología esofágica del paciente con infec-
ción por el VIH y disminuye el número de recurrencias de la misma (1).
En la actualidad el abordaje del paciente con infección por el VIH y síntomas eso-
fágicos, puede llevarse a cabo de un modo sistematizado y secuencial. En la mayoría
de los casos la causa es una enfermedad tratable, que requiere exclusivamente una
evaluación clínica detallada y un tratamiento empírico. No obstante, es preciso cono-
cer cuáles son sus causas menos frecuentes, los procedimientos diagnósticos más apro-
piados en su evaluación, sus indicaciones concretas y la actitud ante el fracaso del tra-
tamiento.
EVALUACIÓN INICIAL
Causas no directamente relacionadas con la infección por el VIH
Una consideración importante en el abordaje inicial de esta patología, es la posibi-
lidad de que los síntomas del paciente se deban a procesos no asociados a la infección
por el VIH. Las principales son:
• Medicamentos: Son causa conocida de síntomas esofágicos un amplio grupo de
medicamentos entre los que cabría destacar algunos fármacos antirretrovirales (zalci-
tabina, zidovudina), antiinflamatorios no esteroideos, tetraciclinas, cloruro potásico,
181
La infección por el VIH: Guía Práctica
hierro, teofilina, anticolinérgicos o antagonistas del calcio. Por otra parte, los anti-
bióticos, corticoides e inmunosupresores son causa de mayor incidencia de candi-
diasis esofágica en los pacientes con infección por VIH.
• Otras causas no relacionadas directamente con la infección por el VIH son posibles,
como el reflujo gastro-esofágico, la impactación alimentaria o el carcinoma de esó-
fago.
182
Capítulo 14. Enfermedad esofágica en pacientes infectados por el VIH
Morfológica:
• Lesiones de candidiasis esofágica. En presencia de lesiones de pseudomembranas
esofágicas el diagnóstico de candidiasis esofágica está establecido. Candida albicans
es la causa más frecuente de candidiasis esofágica. Es necesario considerar la posi-
bilidad de existencia de lesiones ulceradas bajo las lesiones de candidiasis.
183
La infección por el VIH: Guía Práctica
• Lesiones ulceradas:
- Úlceras pequeñas, superficiales y coalescentes, con zonas de esofagitis erosiva y a
veces con aspecto crateriforme ("volcano ulcers") son sugestivas de infección her-
pética.
- Úlceras únicas o escasas, distales, bien circunscritas y con mucosa restante respe-
tada orientan hacia la infección por CMV o las úlceras idiopáticas.
- Úlceras de localización en tercio medio de esófago son sugestivas de ser secunda-
rias a medicamentos.
• Lesiones de estenosis. La estenosis complica la enfermedad ulcerativa esofágica en el
paciente con infección por el VIH en un 8% de los casos, siendo habitualmente con-
secuencia de la infección por CMV, herpes simple o de las úlceras idiopáticas, pero
también de la enfermedad por reflujo gastro-esofágico (7).
• Otras posibles lesiones se ha descrito en estos pacientes, tales como sarcoma de
Kaposi, linfoma o fístula traqueoesofágica. La fístula traqueoesofágica o mediastíni-
ca se ha descrito habitualmente como complicación de la tuberculosis pero puede
deberse a otras causas como Mycobacterium avium complex, CMV, herpes o úlceras
idiopáticas.
Microbiológica:
• Esofagitis por Candida resistente a fluconazol. Ante la existencia de fracaso de tra-
tamiento con fluconazol comprobado por persistencia de lesiones de candidiasis en
endoscopia, es necesaria la toma de muestra para identificación y sensibilidad a anti-
fúngicos. Recientemente se viene reconociendo una mayor frecuencia de infecciones
por C. albicans refractarias al tratamiento con fluconazol, así como de infección por
Candida no albicans.
• Es necesario distinguir entre resistencia clínica y resistencia in vitro. En el primer caso
hay fracaso en la erradicación de la infección en ausencia de resistencia in vitro; sus
causas pueden ser niveles séricos bajos del medicamento por incumplimiento tera-
péutico, malabsorción o interacciones con otros fármacos, así como secundaria a
inmunosupresión muy intensa. En el caso de resistencia in vitro hay que distinguir
entre resistencia primaria o intrínseca y resitencia secundaria o adquirida.
• Lesiones ulceradas. El diagnóstico de las lesiones ulceradas esofágicas pasa invaria-
blemente por la biopsia de las lesiones (8). Las biopsias deben realizarse del centro y
de la periferia de las lesiones. Se desconoce con certeza el número de biopsias nece-
sarias para alcanzar la máxima rentabilidad diagnóstica, pero pueden ser necesarias
al menos 10 biopsias para el diagnóstico de la etiología viral, especialmente por CMV
(9). El diagnóstico de la infección por CMV se realiza habitualmente por la identifi-
cación del efecto citopático en las células (inclusiones intranucleares) mediante
hematoxilina-eosina, pudiendo ser de valor las tinciones inmunohistoquímicas para
la confirmación de la infección y siendo inútil tanto la serología como el estudio de
muestras de citología. Las inclusiones intracitoplasmáticas de la infección por herpes
simple son visibles tanto en muestras de biopsia como de citología y el cultivo tiene
184
Capítulo 14. Enfermedad esofágica en pacientes infectados por el VIH
TRATAMIENTO
Candidiasis esofágica
• El tratamiento tópico es ineficaz. La candidiasis esofágica debe tratarse con azoles
sistémicos. El tratamiento de elección es fluconazol oral, que es superior a ketoco-
nazol y a itraconazol en cápsulas (10-12). Ketoconazol tiene mayor número de efec-
tos indesables e interacciones medicamentosas. Itraconazol en solución (13) y la
combinación itraconazol en cápsulas más fluorocitosina (14) tienen eficacia similar a
fluconazol en cápsulas.
• Candidiasis esofágica refractaria a fluconazol:
- Candida albicans. Son factores predisponentes de la misma: episodios previos de
candidiasis mucosa, tratamiento previo con fluconazol, duración del mismo e
inmunosupresión avanzada (15,16). Una primera aproximación a este problema
sería aumentar la dosis de fluconazol a dosis de 400 mg/día o superiores. Más del
80% de los pacientes con candidiasis refractaria a fluconazol responden a itraco-
nazol en solución (17). Anfotericina B IV es también efectiva (18). Recientemente
se ha descrito que caspofungina IV es tan eficaz como fluconazol IV y tan eficaz
como anfotericina B IV en el tratamiento de la candidiasis esofágica (19,20). Vori-
conazol (400 mg/día) es tan efectivo como fluconazol (200 mg/día) por lo que
podría ser una opción también en estos pacientes (21), existiendo estudios in vitro
en este sentido (22). El uso de test de sensibilidad a antifúngicos tienen capacidad
predicitiva de la respuesta a fluconazol e itraconazol (23,24).
- En los pacientes con infección por el VIH con inmunosupresión profunda y candi-
diasis refractaria a tratamiento, fluconazol de mantenimiento puede ser efectivo en
la profilaxis de recidivas (25). No obstante, la mayor frecuencia de aparición de
resistencia a fluconazol en su uso prolongado, obligan a reservar esta recomenda-
ción para casos muy concretos y la recomendación válida para la mayoría de
pacientes es tratar los episodios agudos evitando la profilaxis primaria o secunda-
ria de esta infección. En los casos recidivantes el TARGA es de importancia crítica
en el tratamiento y la prevención de recidivas (1, 26).
- Candida no albicans. Entre otras, se han descrito casos de infección por Candida
glabrata y Candida krusei. Estas especies tienen un porcentaje significativo de resis-
tencia a itraconazol y anfotericina B. C. krusei presenta resistencia intrínseca a flu-
conazol. C. glabrata puede presentar resistencia al fluconazol y en ocasiones la
sensibilidad al mismo es dosis-dependiente.
• Esofagitis herpética. El tratamiento con aciclovir, inicialmente intravenoso y conti-
nuado oral hasta completar 2-3 semanas, es el de elección. Ganciclovir y foscarnet
son también efectivos, pero el perfil de toxicidad de este último hace que deba reser-
varse a casos resistentes a aciclovir.
185
La infección por el VIH: Guía Práctica
186
Capítulo 14. Enfermedad esofágica en pacientes infectados por el VIH
Voriconazol (400
mg/día)
187
La infección por el VIH: Guía Práctica
Figura 1. Diagrama de flujo para el manejo del paciente con infección por el VIH y
síntomas esofágicos.
Persistencia de síntomas
Medicamentos Otras Mejoría clínica más allá del 7º día de
tratamiento
188
Capítulo 14. Enfermedad esofágica en pacientes infectados por el VIH
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190
Capítulo 15
SÍNDROME DIARREICO EN LA INFECCIÓN POR EL VIH
Ignacio Suárez Lozano, José María Fajardo Picó y José Adolfo Chacón
CONCEPTO Y EPIDEMIOLOGÍA
La diarrea en el paciente con infección por el VIH se define como la presencia de 2
ó más deposiciones al día o por la presencia de deposiciones líquidas. Para definir una
diarrea como crónica debe estar presente durante al menos 30 días.
La diarrea es el síntoma gastrointestinal más frecuente en las personas infectadas
por el VIH. Su prevalencia en series clínicas varía en función de la procedencia de los
pacientes y del momento evolutivo de la enfermedad. En un estudio de cohortes la
incidencia de diarrea fue de 14,2 por 100 personas-año. En los pacientes con menos
de 50 linfocitos CD4+ la probabilidad de desarrollar diarrea fue del 48,5% al cabo de
un año, 74,3% a los dos años, y de un 95,6% a los tres años (1). Otros aspectos impor-
tantes que influyen en la prevalencia son el ámbito geográfico y las costumbres sexua-
les: la diarrea en el paciente infectado por el VIH es más frecuente en el varón homo-
sexual y en países subdesarrollados. La diarrea también puede aparecer como
consecuencia del tratamiento con antimicrobianos o ser un efecto secundario del tra-
tamiento antirretroviral (2).
La diarrea en el paciente infectado por el VIH evoluciona hacia la cronicidad con fre-
cuencia y tiene una morbilidad asociada importante. Los pacientes con SIDA y diarrea
crónica consumen más recursos médicos, tienen menos calidad de vida, pierden peso
con mayor rapidez y su supervivencia es menor. La persistencia de la diarrea durante
más de un mes, acompañada de una pérdida de peso no explicada superior a un 10%
es una condición incluida en la definición de caso de SIDA. A pesar de que en la era
del TARGA su incidencia en las personas infectadas por el VIH ha descendido de mane-
ra drástica (3), la diarrea fue la causa del 2,8 % de los ingresos en el estado de New
York durante 1998 (4).
ETIOLOGÍA
La diarrea aguda en el paciente infectado por el VIH tiene un espectro etiológico
similar a la de las personas no inmunodeprimidas (Tabla 1). Salmonella spp., Shigella
spp. y Campylobacter spp. son los causantes de los cuadros más graves y es frecuente
que cursen con bacteriemia. La posibilidad de una infección por Clostridium difficile
191
La infección por el VIH: Guía Práctica
debe tenerse siempre en cuenta en pacientes con hospitalización reciente o que han
sido tratados con antibióticos recientemente. Los virus entéricos causan el 15%-30%
de los cuadros diarreicos agudos. Entre un 25%-40% de los pacientes no hay ningu-
na causa infecciosa subyacente; en estos casos la diarrea puede estar relacionada con
medicamentos, la dieta, o el síndrome del intestino irritable. Hay que tener siempre
presente que la diarrea es un efecto secundario frecuente del tratamiento antirretro-
viral.
Las infecciones por parásitos son una causa frecuente de diarrea crónica en los
pacientes más inmunodeprimidos (tabla 2). La afectación del intestino delgado puede
estar causada por una infección por Cryptosporidium, Isospora, Giardia o Microspori-
dium. Entamoeba histolytica afecta de forma preferente al ciego, íleon terminal y colon
ascendente. El sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado puede producir un
síndrome diarreico crónico con cultivo de heces negativo.
Microsporidium es un protozoo intracelular obligado que forma esporas muy
pequeñas, con una transmisión sobre todo fecal-oral. Incluye más de 90 géneros y miles
de especies, pero las que producen infección intestinal asociada al VIH (con menos de
100 linfocitos CD4+ cel/µL) son Enterocytozoon y Encephalitozoon (5). La más fre-
cuente de éstas, Enterocytozoon bieneusi, provoca más del 90% de los casos. Se ha
detectado en heces de pacientes sin diarrea, lo que crea cierta incertidumbre a la hora
de valorar su papel en la génesis de la diarrea crónica. Hasta en el 28% se detecta con-
juntamente con Cryptosporidium. E. bieneusi produce diarrea crónica, malabsorción y
pérdida de peso en pacientes inmunodeprimidos, permaneciendo en los enterocitos del
intestino delgado y el epitelio de la vía biliar. Por ello además puede producir colangitis
o colecistitis, y elevación de la fosfatasa alcalina. En cambio Encephalitozoon intestina-
lis (Septata) puede diseminarse más allá del intestino porque infecta a los macrófagos.
Cryptosporidium parvum es un protozoo capaz de producir diarrea autolimitada en
huéspedes inmunocompetentes. Penetra en el organismo por vía oral y se elimina por
las heces en forma de ooquistes, que son inmediatamente infectantes y tienen una ele-
vada resistencia en el medio ambiente. Prácticamente está ausente de los pacientes
con más de 200 linfocitos CD4+ cel/µL. Su espectro clínico abarca desde la eliminación
asintomática de ooquistes hasta la diarrea colérica fulminante. Puede presentar com-
plicaciones como colitis, megacolon tóxico y neumatosis intestinal; la infección de la
vía biliar, que sucede en el 10%-15%, se manifiesta por colostasis extrahepática. En
varios estudios se ha encontrado una relación mayor que la casual entre la candidiasis
esofágica y la criptosporidiasis.
Isospora belli produce un cuadro clínico de diarrea acuosa abundante, superponi-
ble al del Cryptosporidium. Aparece en pacientes con menos de 100 linfocitos CD4+
cel/µL y se trata con cotrimoxazol eficazmente.
Los varones homosexuales tienen una mayor propensión a desarrollar una colitis
invasiva por E. histolytica. Su forma de presentación es tórpida, con dolor abdominal y
diarrea sanguinolenta, que evoluciona típicamente durante varias semanas. El diag-
nóstico puede realizarse mediante la identificación de parásitos en heces, aunque a
veces es necesario recurrir a la rectosigmoidoscopia. La presencia de signos de colitis
192
Capítulo 15. Síndrome diarreico en la infección por el VIH
ENFOQUE DIAGNÓSTICO
La aproximación diagnóstica en la práctica clínica debe estar orientada a identificar
una causa infecciosa o una neoplasia susceptible de tratamiento, mediante una utili-
zación juiciosa de los recursos diagnósticos. El enfoque diagnóstico de la diarrea en la
persona infectada por el VIH debe integrar los datos obtenidos de una cuidadosa his-
toria clínica, las características del paciente, el grado de inmunodepresión, el espectro
etiológico y la información suministrada por los estudios complementarios.
El grado de inmunodepresión y el tratamiento antirretroviral son dos factores dis-
tintivos para evaluar la diarrea en este particular tipo de paciente (8). Es imprescindible
193
La infección por el VIH: Guía Práctica
194
Capítulo 15. Síndrome diarreico en la infección por el VIH
TRATAMIENTO
El tratamiento de la diarrea en el paciente infectado por el VIH, en aquellos casos
en los que hemos identificado uno o varios gérmenes causales, está resumido en las
tablas 1 y 2. En algunos casos seleccionados (figuras 1-2) puede optarse por un trata-
miento antimicrobiano empírico, en espera del resultado de los estudios diagnósticos.
La rehidratación oral, mediante la fórmula de la OMS, permite aportar cantidades
adecuadas de agua, glucosa y electrolitos, favoreciendo el restablecimiento de la fun-
ción del epitelio intestinal. Las bebidas para deportistas generalmente contienen una
cantidad inadecuada de electrolitos, por lo que no son un buen sustituto. La intole-
rancia a la lactosa es frecuente, por lo que es recomendable suprimir la leche y los deri-
vados lácteos; algunos yogures bioactivos naturales son mejor tolerados.
Independientemente del tratamiento específico, el tratamiento sintomático, basa-
do en la utilización juiciosa de medidas de tratamiento inespecíficas, es aconsejable
para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente. Para evitar el riesgo de
195
La infección por el VIH: Guía Práctica
196
Capítulo 15. Síndrome diarreico en la infección por el VIH
Clostridium 3-15%. 50% en Diarrea acuosa, colitis, Test de toxina Metronidazol 250-500
difficile hospitalizados megacolon tóxico, fie- en heces mg/6 h, 14 d.
bre, leucocitosis. Trata- Endoscopia Vancomicina 125
miento antibiótico pre- TAC mg/6 h, 10-14 d.
vio. Leucocitos en Antiperistálticos con-
heces +/- traindicados
E. coli entero- Diarrea acuosa, malab-
10-20% Ninguno útil -
adhesivo sorción
197
La infección por el VIH: Guía Práctica
198
199
Evaluar medicación, dieta, ansiedad
Síntomas persistentes:
Endoscopia Observación
TAC abdominal
Capítulo 15. Síndrome diarreico en la infección por el VIH
Revisión de fármacos
Afebril o hemocultivo
Fiebre negativo No respuesta Respuesta
Histopatología. Aspirado de I.
Histopatología delgado Ex. microscópico para
Estudio citomegalovirus microsporidia
Estudio citomegalovirus
No diagnóstico No diagnóstico
200
Capítulo 15. Síndrome diarreico en la infección por el VIH
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201
Capítulo 16
BACTERIEMIA EN PACIENTES INFECTADOS POR EL VIH
INTRODUCCIÓN
En este capítulo se incluyen las situaciones de bacteriemia (excluidos los episodios
de micobacteriemia) o fungemia de pacientes infectados por el virus de la inmunode-
ficiencia humana (VIH) condicionadas, en mayor o menor grado, por el deterioro inmu-
ne. Los episodios de bacteriemia inducidos por la adicción a drogas parenterales
(ADVP), con endocarditis o no, se tratan en otro capítulo de este libro. No obstante en
la práctica, a veces concurren ambas circunstancias y el clínico tiene que considerar las
dos perspectivas para el manejo adecuado de un enfermo individual.
El paciente infectado por VIH no solo tiene predisposición a padecer infecciones
oportunistas, sino también las producidas por microorganismos que causan infecciones
habituales en la población general (1). Las infecciones bacterianas son una complica-
ción frecuente de la enfermedad producida por el VIH (1-4) y representan una causa
importante de morbilidad y mortalidad en la población afecta (5,6), siendo la neumo-
nía y la bacteriemia los cuadros clínicos mas frecuentemente asociados a este tipo de
infecciones (3). Por otro lado, la invasión del torrente sanguíneo es una circunstancia
de especial trascendencia clínica en cualquier infección bacteriana o fúngica (7). Los
pacientes infectados por el VIH tienen una incidencia de bacteriemia superior a perso-
nas no infectadas de igual edad y este aumento es mayor en enfermos afectos de sín-
drome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) (8). Han demostrado ser factores favore-
cedores de bacteriemia los bajos recuentos de linfocitos CD4+, la neutropenia y la
presencia de catéter intravenoso previo (9), en añadidura a ADVP. En nuestro entorno
y en la época previa al tratamiento antirretroviral de gran actividad, la bacteriemia
representó un problema clínico importante: un 17,1% de los ingresos hospitalarios de
pacientes con SIDA estuvieron afectos de bacteriemia o fungemia (10).
ETIOLOGÍA
El espectro causal de gérmenes que causan bacteriemia en pacientes infectados
por VIH está influido por varios factores, entre ellos el área geográfica y el nivel socioe-
conómico de la población afecta (8-11) y por determinadas prácticas de riesgo, por
ejemplo la ADVP. Los pacientes infectados por el VIH tienen una incidencia mucho
mayor de bacteriemia por Streptococcus pneumoniae (12), Salmonella no typhi (13) y
203
La infección por el VIH: Guía Práctica
Haemophillus influenzae (14) que la población sin infección por el VIH de igual edad.
En un estudio realizado en cuatro hospitales de la provincia de Cádiz se evaluaron 274
episodios de bacteriemia o fungemia en pacientes con SIDA (10) y los gérmenes iden-
tificados se expresan en la tabla 1. Aunque el 87,2% de los pacientes adquirieron la
infección por el VIH por la ADVP, solo 121 enfermos se administraban drogas intrave-
nosas en el momento del diagnóstico de la bacteriemia. Los microoorganismos aisla-
dos con mayor frecuencia fueron Staphylococcus coagulasa negativo (20,8%), Staphy-
lococcus aureus (20,1%), Streptococcus pneumoniae (10,4%), Salmonella no typhi
(9,7%) y Pseudomonas aeruginosa (7%). Los episodios de fungemias estuvieron pro-
ducidos por Candida spp. (4,7%) y Crypto-coccus neoformans (3%). En series de bac-
teriemias en enfermos con infección por el VIH no ADVP, S. aureus ha sido también el
germen descrito con mayor frecuencia (2,15).
ASPECTOS CLÍNICOS
Virtualmente siempre, la presencia de bacteriemia o fungemia en el paciente infec-
tado por el VIH cursa como una enfermedad febril con diversos grados de gravedad y
su diagnóstico depende de que se tomen hemocultivos en el momento y condiciones
adecuadas (antes de administrar antibióticos). Con frecuencia hay evidencia clínica del
foco de origen de la bacteriemia, hecho que debe ser tenido en cuenta. En la serie
antes descrita (10) el origen de la bacteriemia fue en piel y/o tejidos blandos en el
23,4% de los episodios, catéter intravenoso en el 23,4%, respiratorio en 18,2%,
digestivo en 6,6%, urinario en 2,6% y en otras localizaciones en el 2,2%. El origen de
la bacteriemia fue desconocido en el 23,7% de los episodios. Hubo evidencia de
metástasis sépticas en el 17,5% de los episodios y la mayoría de ellas fueron pulmo-
nares.
Existe cierta correlación entre el foco de origen y el germen causal de la bacterie-
mia. Cuando es un catéter intravenoso el microorganismo productor de bacteriemia
suele ser Staphylococcus coagulasa negativo; predomina S. pneumoniae en origen res-
piratorio y S. aureus en piel y tejidos blandos o cuando hay evidencia de endocarditis
tricuspídea. Por otro lado P. aeruginosa y Salmonella spp. producen bacteriemia en
pacientes con recuentos muy bajos de linfocitos CD4+. La bacteriemia con foco de ori-
gen desconocido con mayor frecuencia está producida por gérmenes gramnegativos u
hongos, adquisición comunitaria y se trata inadecuadamente (10). Todas estas consi-
deraciones son útiles para elegir el mejor tratamiento empírico antes de conocer el
resultado de los hemocultivos.
PRONÓSTICO
En series generales de bacteriemias se ha estudiado qué variables influyen negati-
vamente en la evolución de los enfermos. Se han identificado como factores de mal
pronóstico -entre otros- el tratamiento antimicrobiano inadecuado (16-18), hipoten-
sión arterial (16-19), enfermedad subyacente rápidamente fatal (17,19), edad avanza-
da (17,19,20), foco de origen desconocido (18), respiratorio o intrabdominal (17).
204
Capítulo 16. Bacteriemia en pacientes infectados por el VIH
ASPECTOS TERAPÉUTICOS
Lo señalado anteriormente demuestra que la pronta administración del tratamien-
to antibiótico apropiado es esencial en el manejo del paciente con bacteriemia, con o
sin infección por el VIH. Las consideraciones expuestas también deben de servir para
ayudar a elegir el tratamiento antimicrobiano más adecuado para cada paciente. En la
tabla 2 se señalan algunas recomendaciones sobre el tratamiento antibiótico empírico
inicial ante un enfermo infectado por el VIH con sospecha de bacteriemia y en dife-
rentes situaciones clínicas. Antes de la administración de los antimicrobianos deben de
tomarse hemocultivos correctamente y tras la confirmación del diagnóstico microbio-
lógico deben de prescribirse los antimicrobianos adecuados para los gérmenes identi-
ficados.
Por otro lado, debe de realizarse todas las acciones necesarias (médicas, quirúrgi-
cas o de drenaje) para la erradicación de cualquier foco supurativo. En un interesante
estudio sobre bacteriemias por S. aureus, ello se correlacionó con mejoría del pronós-
tico y con menor probabilidad de recurrencia (25). Parece razonable asumir la misma
actitud para cualquier microorganismo productor de bacteriemia o fungemia.
205
La infección por el VIH: Guía Práctica
206
Capítulo 16. Bacteriemia en pacientes infectados por el VIH
207
La infección por el VIH: Guía Práctica
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209
Capítulo 17
MANEJO DE LAS HEPATITIS AGUDAS Y CRÓNICAS EN EL PACIENTE INFEC-
TADO POR EL VIH
José Hernández Quero, Eugenio Pérez Guzmán, Federico García García, Miguel Ángel
López Ruz y Grupo de Consenso de SAEI*
COINFECCIÓN VIH-VHC
El virus de la hepatitis C (VHC) presenta bastantes similitudes desde el punto de
vista microbiológico con el VIH y comparte también con éste los mecanismos de trans-
misión, especialmente el parenteral. Por ello, en nuestro país en el que la mayoría de
los pacientes infectados por el VIH adquirieron la enfermedad por compartir material
de inyección en prácticas de drogadicción por vía parenteral (ADVP), es muy frecuen-
te la coinfección VIH-VHC, con una prevalencia estimada del 41.9% y 33.6%, en los
años 2000 y 2001 respectivamente, entre pacientes en categoría clínica A de la infec-
ción VIH (Encuesta hospitalaria de pacientes VIH/SIDA. Análisis de la evolución 1995-
2001, del Ministerio de Sanidad y Consumo). En Andalucía, en la Encuesta de Preva-
lencia de SAEI correspondiente a los años 1999-2001, se comprueba que el 44.4% de
los encuestados tenían hepatopatía crónica y en el 88% de estos la causa era el VHC,
lo que permite afirmar que 38.7% de la población encuestada tenían hepatitis cróni-
ca por VHC (Figura 1). Este porcentaje es aún mas alto en todas las series de hemofí-
licos, en los que se aproxima al 100%. En pacientes VIH infectados por vía sexual se
encuentras cifras de prevalencia de hasta el 10% en algunas series (1), muy superior
al 1-2% de la población general, lo que puede relacionarse con una mayor carga viral
C en los coinfectados, con presencia del mismo en la secreciones genitales.
La coinfección VIH-VHC ha adquirido una especial relevancia a partir del año 1997
con la generalización del TARGA y el consiguiente aumento de la supervivencia de los
pacientes con infección VIH, pues hasta entonces fallecían de SIDA antes de que se
presentaran las complicaciones propias de la enfermedad hepática terminal, a pesar
de que la coinfección acelera la historia natural de la hepatitis, con progresión a cirro-
sis en el tercera parte del tiempo que en los pacientes monoinfectados por VHC (2).
Todo esto determina que en muchas series sea una de las principales causas de muer-
te de los pacientes con infección VIH, superando con mucho otras infecciones opor-
tunistas.
En sentido inverso, aunque no existen datos unánimes al respecto, la infección por
VHC puede modificar la evolución de la infección VIH, aumentando la probabilidad
de muerte por evento SIDA (3), lo que podría explicarse porque la infección por VHC
produce una permanente inmunoactivación, que aumenta la transcripción del VIH y
211
La infección por el VIH: Guía Práctica
consiguientemente la destrucción de los linfocitos CD4+ (4). De otra parte, los pacien-
tes con hepatopatía crónica presentan frecuentemente hepatotoxicidad a los antirre-
trovirales y esto podría ser causa indirecta de una peor evolución de la infección VIH (5).
212
Capítulo 17. Manejo de las hepatitis agudas y crónicas en el paciente infectado por el VIH
213
La infección por el VIH: Guía Práctica
5.- Tratamiento.
Los datos actualmente disponibles muestran que la respuesta al tratamiento con
interferón convencional (INF) más Ribavirina (RBV) es inferior a la observada en indivi-
duos no infectados por VIH, sin embargo las tasas de respuesta se incrementan consi-
derablemente con las nuevas formulaciones de interferón pegilado (INF-PEG), como se
desprende del análisis interino de estudios actualmente en marcha (14-19), aunque en
una serie relativamente corta, recientemente publicada, la respuesta se sitúa solamen-
te en el 28%. (20). En cualquier caso, actualmente existe suficiente evidencia como
para recomendar únicamente (INF-PEG) + (RBV) en el tratamiento de la hepatitis cró-
nica por VHC (A I) (20-23).
Deben ser considerados candidatos a tratamiento todos los pacientes coinfectados
con un recuento de linfocitos CD4+ superior a 350 cel/µL, en tanto que la respuesta
del VHC es dependiente de la cifra de estos. (6). Un recuento de linfocitos CD4+ entre
200 y 350 cel/µL la decisión debe tomarse en función de otros factores, tales como la
gravedad de la enfermedad hepática, duración de la misma y control de la infección
VIH con el tratamiento antirretroviral. Si los linfocitos CD4+ están por debajo de 200
cel/µL existe un riesgo aumentado de infecciones oportunistas que se agravarían con
el INF, con el que cabe esperar una mayor reducción de los linfocitos CD4+. El control
de la carga viral VIH debe ser prioritario y debe diferirse el inicio del tratamiento de la
hepatitis hasta que esto ocurra (A II) (5).
Los actuales fármacos aprobados para el tratamiento de la hepatitis crónica por
VHC solo están indicados en pacientes con ALT elevada.
Las dosis y duración del tratamiento se presentan en la tabla 1.
Tanto el INF-PEG, como la RBV tienen numerosos efectos adversos que limitan su
cumplimentación, con altas tasas de abandonos y, en el mejor de los casos, precisan
reducciones de la dosis. La hemólisis es el efecto adverso más frecuente asociado a la
RBV, mientras que con el INF los más frecuentes son: síntomas gripales, astenia, altera-
ciones psiquiátricas, cefalea, alteraciones dermatológicas y depresión de la médula ósea.
Adicionalmente, existen múltiples interacciones de los fármacos antirretrovirales
con RVB. El uso concomitante de ésta, que es un análogo de la guanosina, con otros
análogos de nucleósidos que forman parte del tratamiento antirretroviral, puede oca-
sionar importantes efectos adversos, como resultado de las interacciones farmacológi-
cas existentes entre ellos, o de la suma de sus efectos tóxicos individuales. A esta últi-
ma circunstancia se debe que la asociación de RBV y zidovudina produzca anemia más
frecuentemente que cada uno de ambos fármacos por separado. Por ello se aconseja,
214
Capítulo 17. Manejo de las hepatitis agudas y crónicas en el paciente infectado por el VIH
siempre que sea posible, no usar zidovudina en combinación con ribavirina. No obs-
tante, la zidovudina no está absolutamente contraindicada, pues en el caso de que sea
estrictamente necesario administrarla y aparezca anemia, ésta puede ser controlada
reduciendo la dosis de ribavirina o administrando eritropoyetina (24). En cualquier
caso, si hay que usar zidovudina siempre debe hacerse bajo un estrecho control hema-
tológico.
La ribavirina favorece la fosforilización de la didanosina, circunstancia que incre-
menta las concentraciones intracelulares de dicho fármaco y aumenta su toxicidad. A
este respecto se han comunicado más de una treintena de casos, muchos de ellos gra-
ves, de pancreatitis, acidosis láctica y otras manifestaciones de daño mitocondrial, en
pacientes que estaban siendo tratados simultáneamente con ribavirina y didanosina
(25-28). Así pues, también se recomienda, pero de forma más tajante que en el caso
anterior, no usar didanosina junto a la ribavirina. Esta recomendación incluye tanto a
la didanosina administrada a dosis convencionales como si se hace a dosis más redu-
cidas por combinarla con tenofovir. Asimismo, se han descrito algunos casos de aci-
dosis láctica en pacientes tratados simultáneamente con ribavirina y estavudina (27),
pero no se sabe si la incidencia de dicha complicación es mayor con los dos fármacos
juntos que con estavudina sola. No obstante, dado el potencial de toxicidad mitocon-
drial que tiene la estavudina, se aconseja estrechar la vigilancia respecto a la aparición
de acidosis láctica en caso de que se use conjuntamente con ribavirina. Por ello debe
realizarse una determinación de lactato en plasma siempre que existan síntomas suges-
tivos de hiperlactatemia/acidosis láctica.
Al contrario de lo que ocurre cuando se combina con didanosina, la ribavirina inhi-
be in vitro la fosforilización intracelular de zidovudina, estavudina y zalcitabina, aun-
que esta circunstancia no tiene repercusión clínica al no disminuir la actividad antirre-
trovírica de dichos fármacos in vivo. No se conoce ninguna interacción farmacológica
ni efecto aditivo de toxicidad de la ribavirina con los restantes antirretrovíricos, por lo
que puede usarse conjuntamente con todos ellos.
Aunque, teóricamente, la combinación de interferón y efavirenz puede incremen-
tar el riesgo de depresión, no existen evidencias acerca de una mayor incidencia de esta
complicación en la práctica clínica. No obstante, se debe estar alerta al respecto si se
usan ambos fármacos, especialmente en pacientes con antecedentes psiquiátricos (24).
Por otra parte, la hepatotoxicidad asociada al TAR es más frecuente en pacientes
coinfectados por VHC, como se explica en el capítulo correspondiente de este mismo
libro.
215
La infección por el VIH: Guía Práctica
son IgG negativos debe procederse a la vacunación (E III), pues es probable que exista
más riesgo de hepatitis fulminante en los pacientes VIH, que sean a su vez portadores
de una hepatopatía crónica de otro origen y adquieran una infección aguda por VHA.
La vacunación con menos de 200 linfocitos CD4+ se sigue de escasa respuesta. (29)
La hepatitis aguda por VHA no se cronifica y tampoco tiene tratamiento específico,
solo de soporte, requiriendo excepcionalmente otras medidas.
216
Capítulo 17. Manejo de las hepatitis agudas y crónicas en el paciente infectado por el VIH
ETÍLICA
VHB
9% 1%
OTRA
2%
VHC
88%
Tabla 1.
1,2,3
Tratamiento:
• Interferón pegilado (PEG-INF 12 Kd (1,5 mg/Kg)/ PEG-INF 40 Kd
(180 mg).) / vía s.c. semanalmente
• RBV: 1000/1200 mg/día. Genotipo 1/4 (A I).
• RBV: 800 mg/día. Genotipo 2/3 (A I).
3,5
Seguimiento:
• ARN-VHC negativo 24 semanas
Genotipo 2,3: Final de tratamiento (A-I)
Genotipo 1,4: Continuar a 48 semanas. (A I)
• ARN-VHC 24 semanas postratamiento: RVS (A I)
• ARN-VHC positivo 24 semanas.
Suspender tratamiento. (A I)
3
Duración del tratamiento:
• Genotipo 1/4: 48 semanas. (A I)
• Genotipo 2,3: 24 semanas. (A I)
217
La infección por el VIH: Guía Práctica
* En este capítulo se han incluido apartados y opiniones expresadas en una Reunión de Con-
senso sobre Hepatitis crónica C y VIH, que se celebró en Antequera el día 8 de Abril, auspi-
ciada por la SAEI, que generó una GUÍA DE PRACTICA CLÍNICA sobre el manejo de la hepa-
titis crónica.
Participaron en la misma:
- Arizcorreta Yarza, Ana. Hospital Universitario Puerta del Mar. Cádiz
- García García, Federico. Hospital Clínico San Cecilio. Granada
- Girón González, José Antonio. Hospital Universitario Puerta del Mar. Cádiz
- Hernández Quero, José. Hospital Clínico San Cecilio. Granada
- Jiménez Mejías, M. Enrique. Hospitales Universitarios Virgen del Rocío. Sevilla
- Lozano de León-Naranjo, Fernando. Hospital Universitario de Valme. Sevilla
- Merino Muñoz, Dolores. Hospital Juan Ramón Jiménez. Huelva
- Pérez Guzmán, Eugenio. Hospital Universitario Puerta del Mar. Cádiz
- Prada Pardal, José Luis. Hospital Costa del Sol. Marbella (Málaga)
- Rivero Román, Antonio. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba
- Santos González, Jesús. Hospital Universitario Virgen de la Victoria. Málaga
- Segador, Aureliana. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba
- Torre Cisneros, Julián. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba
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220
Capítulo 18
PÉRDIDA DE PESO EN EL PACIENTE VIH
INTRODUCCIÓN
La infección por el VIH y sus complicaciones, así como las terapias empleadas tie-
nen un gran impacto sobre el estado nutricional del individuo. La desnutrición, aunque
no es universal, es muy frecuente en la población de infectados por el VIH y abarca un
amplio abanico de alteraciones, con déficits de macro y micronutrientes, cuya máxima
expresión es el Síndrome de Consunción ("Wasting syndrome"), definido como una
pérdida involuntaria de peso superior o igual al 10% del peso habitual, acompañada
de astenia y fiebre (intermitente o constante) o diarrea crónica, en ausencia de otra
etiología que la propia infección retroviral. A principios de los 90 se estimaba que hasta
un 20% de los nuevos diagnósticos de casos de SIDA se hacían basándose en este cri-
terio y que la desnutrición se registraba, en algún momento de la enfermedad, hasta
en un 50-90% de pacientes VIH (1). En la actualidad, las nuevas terapias antirretrovi-
rales de gran actividad (TARGA) han modificado estas cifras, estimándose en menos
del 20% la incidencia de desnutrición en pacientes que reciben tratamiento en el
mundo occidental (2).
Sin embargo, la desnutrición sigue siendo un problema en los países menos des-
arrollados y también en los pacientes de nuestro medio que no toleran o abandonan
la TARGA ó se hacen resistentes a la misma y así, hasta un 24% de los pacientes con
esta terapia no recuperan la pérdida de peso, e inclusive un tercio de los que reducen
su carga viral aún tienen pérdidas de la masa celular corporal. Por otra parte en la era
TARGA se han generado otros problemas de índole nutricional y metabólica como son
los síndromes de lipodistrofia, que serán objeto de revisión en otro capítulo de este
manual.
Las consecuencias de la malnutrición en personas infectadas por el VIH son múlti-
ples, y podrían resumirse en: un acortamiento de la supervivencia (inclusive con agra-
vamiento de la propia inmunodeficiencia asociada al VIH) y un descenso de la autono-
mía y la calidad de vida con evidentes repercusiones psicológicas, familiares y sociales.
Merece la pena destacar que aunque la malnutrición es mucho más frecuente y grave
en fases avanzadas de la enfermedad, también puede estar presente desde estadíos
precoces de la infección por lo que la intervención nutricional precoz es un pilar bási-
co del abordaje inicial de un paciente con infección VIH.
221
La infección por el VIH: Guía Práctica
222
Capítulo 18. Pérdida de peso en el paciente VIH
223
La infección por el VIH: Guía Práctica
Aproximación diagnóstica
Para empezar se debe realizar una evaluación nutricional del paciente que permita
conocer en qué estado se encuentra, valorar si existe riesgo o problemas nutricionales
y cuáles son las causas de éstos. Una adecuada evaluación debe constar de:
1. Historia dietética anterior y actual: Deben detallarse la cantidad y calidad de los
alimentos ingeridos, cambios en el apetito y hábitos dietéticos. La investigación de
situaciones socioeconómicas y de complicaciones de la enfermedad que puedan
provocar malnutrición es un punto importante.
2. Medidas antropométricas: Como mínimo se deben medir peso y altura. El peso
corporal total (PCT) es un parámetro global, que se puede desglosar en diversos
compartimentos de interés en la valoracion nutricional. La Masa Celular Corporal
(MCC) incluye todo el componente celular con metabolismo activo, incluyendo
todas las células no adipocitos y el componente acuoso de los adipocitos, y se corre-
laciona mejor con la situación clínica y el pronóstico que el PCT. Otro modelo de
composición corporal es el que divide el peso corporal en masa corporal magra o
masa libre de grasa (que incluye MCC y el material extracelular) y la masa corporal
grasa. La simple medida del peso corporal infraestima la depleción de masa magra,
que es la mejor determinante de la supervivencia. Por tanto, es aconsejable recoger
alguna medida de la composición corporal, al menos la circunferencia del brazo y el
pliegue tricipital (permiten el cálculo indirecto a través de diversas fórmulas). Aun-
que la mayoría de los métodos de análisis de la composición corporal son costosos
y complejos, el análisis por impedancia bioeléctrica que puede medir indirectamen-
te la masa celular corporal, es fácil de usar y de bajo costo, aunque no distingue con
claridad problemas de redistribución asociados a lipodistrofia (ver capítulo 36) y sus
resultados no están totalmente estandarizados (5).
3. Pruebas analíticas: Las proteínas plasmáticas albúmina, prealbúmina, proteína liga-
da al retinol y transferrina pueden ser útiles en situación de estabilidad clínica, pero
no hay que olvidar que son reactantes de fase aguda negativos (sus niveles plasma-
ticos descienden en situación estrés catabólico), por lo que pierden su valor como
marcadores del estado nutricional en situaciones de infección o inflamación. En
algunos casos puede ser necesario demostrar mediante pruebas complementarias la
existencia de malabsorción o maladigestión (grasa en heces, test de xilosa, etc.),
especialmente en pacientes con ingesta adecuada y que sin embargo pierden peso.
Los déficits de micronutrientes son frecuentes y pueden agravar la inmunosupresión
por lo que en ocasiones es conveniente medirlos. Se han documentado niveles séri-
cos bajos de Zn, Se, déficits de B1, B6, E, malabsorción de vitaminas liposolubles y
de B12. Hay que recordar que los niveles de algunos de ellos, como el Zn, también
descienden en situaciones de infección o inflamación. Es recomendable la determi-
nación de testosterona en especial si hay síntomas de hipogonadismo, ya que éste
puede conllevar una disminucion de la masa muscular del individuo.
4. Pruebas microbiológicas: debe descartarse siempre la presencia de una infección
oportunista asociada de curso subagudo o lento (Ej. infección por Mycobacterium
224
Capítulo 18. Pérdida de peso en el paciente VIH
225
La infección por el VIH: Guía Práctica
226
Capítulo 18. Pérdida de peso en el paciente VIH
227
La infección por el VIH: Guía Práctica
1. Comer cuando se tiene apetito y no esperar a la "hora tradicional" de las comidas, aprove-
chando los momentos de más apetito. Son aconsejables ingestas frecuentes y de pequeña
cantidad. Tener siempre a mano algo para picar (frutos secos, fiambres, etc.).
2. Es aconsejable probar alimentos variados a ser posible que requieran poca preparación o que
estén preparados por familiares y amigos. Comer siempre que se pueda en un ambiente agra-
dable y con compañía. Un paseo al aire libre antes de las comidas constituye un buen estí-
mulo.
3. Es mejor beber líquidos entre las comidas y no al mismo tiempo, para evitar que los líquidos
quiten las ganas de comer.
4. Evitar los alimentos con mucho olor o excesivamente sabrosos, en caso de náuseas o si resul-
tan desagradables.
5. Algunos alimentos pueden suplementarse con otros, aumentando su valor energético. A las
sopas pueden añadirse: queso gratinado, crema de leche, pan frito, arroz, pequeñas albón-
digas, dados de jamón o huevo troceado. Las ensaladas pueden suplementarse con huevo,
atún o anchoas en conserva, frutos secos, jamón, aceitunas o trozos de queso. Las carnes y
pescados pueden ir acompañados de verduras y salsa. La leche puede suplementarse con
cucharadas de leche en polvo, evaporada o condensada. Los yogures pueden enriquecerse
con frutos secos o cereales, así como miel y fruta fresca o en almíbar. Los postres de fruta
pueden suplementarse con miel, nata líquida o batida, virutas de chocolate, así como con
bolas de helado.
6. Si existe diarrea deben evitarse los alimentos ricos en fibra: pan y galletas integrales, salva-
do, cereales con fibra, y cierta legumbres y verduras (judías, garbanzos, lentejas, guisantes,
habas). Evitar la fruta con piel y semillas y los frutos secos. Puede aumentarse la cantidad de
pectina (fibra que puede tener un efecto astringente): incluir manzana o patata hervida, plá-
tanos maduros, peras o albaricoques.
228
Capítulo 18. Pérdida de peso en el paciente VIH
7. Si se sospecha intolerancia a la lactosa, debe evitarse la leche, utilizando leches especiales sin
lactosa o leche de soja o utilizar pastillas para fermentar la lactosa antes de consumirla. Pue-
den usarse yogures, leche fermentada (Bio) o kefir. Usar quesos con poca grasa tipo Burgos.
8. Si existen lesiones esofágicas o dificultad para tragar deben evitarse las especias fuertes o los
sabores ácidos (cítricos, vinagre). Empezar por alimentos fríos para suavizar el dolor, evitar los
secos o pegajosos (arroz, tostadas, frutos secos...) y licuar si es preciso, pero sirviéndolos por
separado (parecen más apetitosos). En caso de dificultad para tragar pueden ser útiles los
líquidos con alto contenido en nutrientes (ver punto 9).
9. Pueden utilizarse suplementos dietéticos (hipercalóricos/hiperproteicos) que pueden ser case-
ros (batidos con leche y frutas, leche y helado, enriquecidos con leche en polvo, evaporada o
condensada). Utilizar aceite con triglicéridos de cadena media (MCT) en caso de malabsor-
ción.
10. Pueden usarse estimulantes del apetito (acetato de megestrol) y favorecedores del vacia-
miento gástrico (metoclopramida, cleboride...).
Cálculo de las Calorías Gasto del metabolismo basal x factor Factor de actividad en cama:1,2
Totales Necesarias de actividad x factor de infección y/o y ambulatorio: 1,3.
estrés Factor de estrés: 1,2-1,6.
Factor térmico: +7% sobre
el basal por cada º C
por encima de 38*
Cálculos simplificados 35-40 Kcal/kg/día Debe considerarse el peso
habitual. El aporte mínimo de
proteínas es de 1 g/kg. de
peso/día. En situaciones de
estrés catabólico puede ser
necesario aumentar el aporte
hasta 1,5 ó 2 g/kg/día.
*Si el paciente ya está desnutrido pueden añadirse 500 kcal sobre este total para la repleción. En pacientes
muy malnutridos, para evitar el síndrome de renutrición, el aporte de calorías debe ser gradual, comenzan-
do por menos de la mitad de sus requerimientos diarios y aumentando en varios días hasta llegar a los reque-
rimientos totales.
229
La infección por el VIH: Guía Práctica
230
Capítulo 18. Pérdida de peso en el paciente VIH
Ingesta Energética
Normal/Alta Baja
Si No
Si No
Malnutrición
+ fallo de terapia oral
¿Malabsorción?
Si No
231
La infección por el VIH: Guía Práctica
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232
Capítulo 19
SÍNDROME MENÍNGEO EN EL PACIENTE INFECTADO POR VIH
CONCEPTO Y EPIDEMIOLOGÍA
El Sistema Nervioso puede verse afectado en el curso de la infección por el VIH, ade-
más de por el propio retrovirus, por otros virus, bacterias, hongos y tumores. Con el
término meningitis se designa la inflamación de las leptomeninges producida por cual-
quiera de dichos procesos (Tabla I). Se define clínicamente por la existencia del síndro-
me meníngeo, caracterizado por cefalea, fonofotofobia, vómitos sin relación con la
ingesta, fiebre, signos de irritación meníngea y en ocasiones alteración del nivel de con-
ciencia, convulsiones, afectación de pares craneales, etc. (1). El diagnóstico etiológico
puede ser complejo dado que no existen signos, síntomas o patrones del LCR específi-
cos para cada etiología (2,3), lo que requiere en ocasiones una amplia batería de estu-
dios microbiológicos.
233
La infección por el VIH: Guía Práctica
Si VDRL es positivo en suero y el LCR presenta un perfil linfocítico con glucosa baja
y proteínas elevadas o VDRL en LCR es positivo se instaurará tratamiento específico.
Si el LCR presenta un perfil linfocítico con glucosa baja y proteínas elevadas con
niveles de adenosin deaminasa superiores a 10 UI/l o lesiones a otro nivel sugestivas de
tuberculosis activa se instaurará tratamiento específico en espera del diagnóstico de
certeza. Si se dispone de ella se solicitará PCR por ser una prueba con una alta sensi-
bilidad y especificidad que permitirá confirmar precozmente el diagnóstico.
Si en LCR aparece pleocitosis linfocitaria con glucosa normal y proteínas normales
o poco elevadas con deterioro del nivel de conciencia o aparición de síntomas focales
y ante la sospecha de una meningitis herpética es obligado la instauración precoz de
tratamiento con aciclovir en tanto se dispone de confirmación diagnóstica.
La actitud diagnóstica inicial ante un síndrome meníngeo sin signos neurológicos
focales se esquematiza en la figura 1, estudios más específicos dependiendo de la sos-
pecha etiológica se detallan en el siguiente apartado.
ETIOLOGÍAS
1. MENINGITIS BACTERIANAS
1.1 Meningitis Tuberculosa: Los pacientes infectados por el VIH con tuberculosis pre-
sentan mayor riesgo de meningitis especialmente los usuarios de drogas por vía
parenteral. En nuestro medio la incidencia de meningitis en pacientes infectados
por el VIH con tuberculosis es de un 10%. La forma de presentación, las manifes-
taciones clínicas, alteraciones del LCR y mortalidad son similares a la de los pacien-
tes con meningitis tuberculosa no infectados por el VIH (4). Habitualmente se pre-
senta como síndrome meníngeo de evolución subaguda, con fiebre, cefalea y
confusión, complicado en ocasiones con parálisis de pares craneales, hidrocefalia,
infartos cerebrales por arteritis, tuberculomas y abscesos cerebrales (4,5). Con
menor frecuencia puede presentarse como síndrome meníngeo agudo. La menin-
gitis tuberculosa presenta una elevada mortalidad a pesar de un tratamiento ade-
cuado. El análisis del LCR suele mostrar pleocitosis de predominio mononuclear,
hiperproteinorraquia e hipoglucorraquia (4-6). La tinción de Zielh-Nielsen tiene una
baja sensibilidad, en torno al 25% (4). La presencia de niveles de Adenosin deami-
nasa (ADA) superiores a 10 UI/l como criterio diagnóstico de meningitis tuberculo-
sa en meningitis aséptica tiene una sensibilidad del 50% y una especificidad del
98.4%, con valor predictivo positivo del 0.83 y valor predictivo negativo de 0.92
(7). Aunque el cultivo de LCR continúa siendo el principal método diagnóstico de
la meningitis tuberculosa, tiene una baja sensibilidad (en algunas series inferior al
50%) y no permite un diagnóstico precoz. La reacción de polimerasa en cadena
(PCR), combina una alta sensibilidad (80-100%) y especificidad (100%) y un corto
periodo de tiempo para su determinación. Es una técnica valiosa para el diagnós-
tico precoz de la meningitis tuberculosa, si bien no está disponible de forma gene-
ralizada, su positividad permite iniciar precozmente el tratamiento antituberculoso
e incluso algunos estudios han demostrado una negativización tras el tratamiento,
234
Capítulo 19. Síndrome meníngeo en el paciente infectado por VIH
235
La infección por el VIH: Guía Práctica
una elevada sospecha clínica. La meningitis por MAC se presenta típicamente con
afección del estado general, alteración del nivel de conciencia y convulsiones. El
examen del LCR muestra discreta pleocitosis de predominio linfocítico, a menudo
con glucosa y proteínas normales. La tinción de LCR es habitualmente negativa, el
diagnóstico definitivo lo ofrece el cultivo. Presenta una elevada mortalidad -67%-
(18). El número de casos comunicados de meningitis por MAC es escaso, con una
mortalidad muy elevada y sin uniformidad en el tratamiento seguido, por lo que no
es posible hacer una recomendación concreta (19). En principio el tratamiento será
el de la enfermedad diseminada por MAC -claritromicina 500 mg/12 horas + etam-
butol 15 mg/kg/día ± rifabutina 300 mg/día- (20), debiendo ajustar la dosis de esta
última si se utiliza TARGA con inhibidores de proteasas o efavirenz, la duración es
indefinida en ausencia de reconstitución inmune. No disponemos de los estudios
necesarios para realizar una recomendación concluyente de retirada de la terapia
de mantenimiento. Se ha sugerido retirar la profilaxis secundaria en aquellos
pacientes que habiendo completado 12 meses de tratamiento para el MAC, se
encuentren asintomáticos y que hayan alcanzado cifras de linfocitos CD4+ mayor
de 100 cel/µL en respuesta al TARGA (CIII) (21) .
1.4 Lúes: Las manifestaciones neurológicas de la sífilis en el paciente con infección VIH
–meningitis sifilítica y sífilis meningovascular- no son infrecuentes, pudiendo apa-
recer de forma aislada o asociadas a otras alteraciones inducidas por el Treponema
pallidum. En un 30% de pacientes la infección del SNC por el T. pallidum cursa de
forma asintomática. El periodo de latencia suele ser más corto que en la población
general, la clínica puede ser atípica con rápida progresión, y la respuesta al trata-
miento antibiótico habitual puede ser incompleta. La meningitis sifilítica clínica-
mente se presenta con fiebre, cefalea, rigidez de nuca y afectación de pares cra-
neales (más frecuentemente el II y VIII) y en ocasiones conjuntivitis, uveítis y retinitis.
El LCR muestra pleocitosis linfocitaria, hiperproteinorraquia e hipoglucorraquia. La
serología VDRL suele ser positiva, aunque dado que su sensibilidad es de aproxi-
madamente un 70%, su negatividad no excluye el diagnóstico. La sífilis meningo-
vascular cursa con signos de afectación encefálica (tronco de encéfalo, cápsula
interna...) secundarios a infartos focales (22). El tratamiento de elección es penici-
lina G sódica 2-4 MUI iv cada 4 horas durante 10-14 días, seguido de penicilina
benzatina 2.4 MUI im semanales durante 3 semanas (A II) (23 ).
2. MENINGITIS VÍRICAS
2.1 VIH: El VIH es un virus neurotropo que puede causar gran variedad de manifesta-
ciones en el SNC, periférico y también a nivel meníngeo. La infección aguda por el
VIH puede cursar como una meningitis aguda linfocitaria, en algunas ocasiones
asintomática y en otras con fiebre, cefalea, mialgias, rigidez de nuca e incluso afec-
ción de pares craneales, con recuperación clínica generalmente sin secuelas en 2-
3 semanas aunque es posible la persistencia de una pleocitosis leve de forma inde-
finida (24). En el LCR se observa linfocitosis, discreta hiperproteinorraquia y glucosa
normal, siendo posible el cultivo del VIH. El tratamiento de cualquiera de las posi-
236
Capítulo 19. Síndrome meníngeo en el paciente infectado por VIH
bles formas de afección neurológica primaria por el VIH sería el de la propia infec-
ción VIH, si bien no se dispone de evidencia científica concluyente para recomen-
dar terapia antirretroviral a todos los pacientes con infección aguda por VIH (C III).
2.2 Meningoencefalitis por el virus de la Varicela Zóster (VVZ): Habitualmente el
VVZ causa una encefalitis con desmielinización multifocal, necrosis y trombosis.
Suele presentarse tras un episodio de varicela o herpes zóster especialmente oftál-
mico. Las alteraciones del LCR son inespecíficas, siendo el diagnóstico de certeza
difícil -biopsia/cultivos de tejido cerebral-, si bien la detección del virus por PCR ha
facilitado significativamente el mismo (25). Se recomienda el tratamiento con aci-
clovir 15-30 mg /kg /día al menos 10 días
2.3 Meningoencefalitis por el Virus del Herpes Simple (VHS): El VHS causa a nivel
del SNC un cuadro de encefalitis, casi siempre en pacientes gravemente inmuno-
deprimidos. Es un proceso poco frecuente que suele cursar con manifestaciones
atípicas y en ocasiones de curso fulminante. Los hallazgos del LCR son compatibles
con meningitis aséptica, y para el diagnóstico definitivo es precisa la biopsia cere-
bral o PCR-DNA de VHS en LCR que actualmente es considerada como técnica de
referencia por su sensibilidad y especificidad (26). El tratamiento de elección es aci-
clovir intravenoso a dosis de 10 mg/kg cada 8 horas/ IV durante al menos 10 días.
2.4 Meningoencefalitis por CMV: Excepcionalmente el CMV causa meningitis pura,
siendo lo habitual el desarrollo de una encefalitis de curso subagudo e indistingui-
ble de la causada por otros agentes víricos. Se presenta en pacientes con inmuno-
depresión grave y suele ser habitual la evidencia previa de infección sistémica por
CMV. Deberá sospecharse en pacientes con encefalopatía subaguda que presenten
fiebre, cefalea, pleocitosis linfocítica con tendencia a hipoglucorraquia en LCR y
especialmente si la TAC o RNM con gadolinio sugieren ventriculitis. El cultivo de
CMV en LCR es habitualmente negativo, requiriendo el diagnóstico definitivo la
demostración histológica de células citomegálicas con cuerpos de inclusión. La PCR
se ha mostrado como un método de diagnóstico precoz y altamente específico
(27). El tratamiento debe iniciarse tan pronto como se sospeche la infección y con-
siste en la administración de ganciclovir 5 mg/kg/12 horas iv, foscarnet 90
mg/kg/12h iv ó ambos (28). Cidofovir es tratamiento de segunda línea. A pesar del
tratamiento la supervivencia a largo plazo es baja en los casos comunicados pre-
vios al TARGA. Los pacientes que experimenten mejoría o estabilización con el tra-
tamiento de inducción deben seguir con terapia de mantenimiento hasta que se
produzca la reconstitución inmune (29) con el TARGA, considerando ésta si el
paciente presenta una cifra de linfocitos CD4+ superior a 100-150 cel/µL por un
periodo de tiempo superior a seis meses (BII) (21).
3. MENINGITIS FÚNGICAS
3.1 Meningitis criptocócica: La infección del SNC por Cryptococcus neoformans es
frecuente en el paciente infectado por el VIH gravemente inmunodeprimido (lin-
focitos CD4+ <200 cel/µL), su incidencia ha disminuido en los últimos años en
237
La infección por el VIH: Guía Práctica
4. MENINGITIS TUMORALES
4.1 Linfomatosis meníngea: Resulta de la diseminación encefálica y meníngea del
linfoma en el paciente con infección VIH. Origina parálisis de pares craneales, défi-
cits focales e hidrocefalia obstructiva. El estudio citológico del LCR refleja la pre-
sencia de células linfoproliferativas. La supervivencia a corto plazo es baja a pesar
de diferentes pautas de quimioterapia intratecal ensayadas.
238
Capítulo 19. Síndrome meníngeo en el paciente infectado por VIH
Punción lumbar: recuento celular, proteínas, glucosa, ADA, VDRL, tinción de Gram,
cultivo, tinta china y antígeno criptocócico, tinción y cultivo para micobacterias, y cito-
logía. Determinación de Ag criptocócico y VDRL en suero
239
La infección por el VIH: Guía Práctica
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241
Capítulo 20
ENCEFALITIS Y ENCEFALOPATÍAS EN PACIENTES INFECTADOS POR EL VIH
INTRODUCCIÓN
Las enfermedades neurológicas constituyen la primera manifestación de SIDA en el
7-20% de pacientes seropositivos para VIH (1-2); pero se ha estimado que la preva-
lencia de alteraciones neurológicas durante el curso de la infección puede alcanzar al
39-70% de enfermos (1,3). En una serie de 390 autopsias de pacientes con SIDA, se
encontraron alteraciones neuropatológicas cerebrales en el 63% de los fallecidos (4).
Sin embargo, algunos estudios observacionales recientes sugieren que la incidencia de
complicaciones neurológicas en pacientes con SIDA, puede estar descendiendo en
relación con el uso del tratamiento antirretroviral de gran actividad (TARGA) (5,6).
Las complicaciones neurológicas suponen un aumento sustancial en las necesida-
des asistenciales de estos enfermos; y, además, conllevan una reducción de la supervi-
vencia con respecto a los pacientes que presentan otras enfermedades indicadoras de
SIDA como primera manifestación (1).
El espectro de enfermedades neurológicas que se observan en personas infectadas
por el VIH está estrechamente vinculado a la evolución de la infección y la competen-
cia del sistema inmune. Los enfermos de SIDA, como grupo particular de pacientes
inmunodeprimidos, pueden sufrir infecciones oportunistas, neoplasias, o alteraciones
debidas al efecto directo del VIH sobre el sistema nervioso. Estas complicaciones apa-
recen generalmente con grados avanzados de inmunosupresión, es decir, con cifras de
linfocitos CD4+ inferiores a 100 cel/µL (3). Por otro lado, estos enfermos son suscepti-
bles a las alteraciones neurológicas que afectan a otras poblaciones de pacientes agu-
dos o crónicos, tales como encefalopatías metabólicas, accidentes cerebro-vasculares,
efectos tóxicos de fármacos o trastornos psiquiátricos. Nos referiremos a continuación
a las alteraciones neurológicas cerebrales (tabla 1) que se observan en adultos y que
distinguen a los enfermos con SIDA de otros grupos de pacientes.
Las directrices actuales para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades neu-
rológicas en pacientes con infección VIH, se basan generalmente en la experiencia per-
sonal y en la revisión de la literatura (7). Por tanto, las recomendaciones de este capí-
tulo, a menos que se especifique, reflejan un grado de evidencia clínica moderada
(categoría B), que habitualmente se sustenta en "evidencias" de categoría II, ó III con
un amplio consenso (7).
243
La infección por el VIH: Guía Práctica
DEMENCIA ASOCIADA-VIH
La encefalopatía que aparece en pacientes infectados por VIH, y que ahora conoce-
mos con el nombre de "demencia asociada-VIH", ha recibido diversas denominaciones
en la literatura médica. Los términos "complejo demencia-SIDA", "complejo demencia
asociada-VIH", "encefalopatía por VIH, y "demencia por VIH" son sinónimos.
Se llama "trastorno menor cognitivo/motor asociado-VIH" a las alteraciones meno-
res cognitivomotoras que no son suficientes para el diagnóstico de demencia en
pacientes VIH. Dado que no se sabe si estas alteraciones progresan siempre a demen-
cia, debe mantenerse esta terminología (8). El término "encefalitis por VIH" debe
reservarse al hallazgo en el cerebro de células gigantes multinucleadas en pacientes
con infección VIH, y no para la descripción del síndrome clínico (8).
El 4% de pacientes seropositivos para VIH presentan demencia como primera mani-
festación de SIDA (2). Sin embargo, es más frecuente que ésta aparezca durante la
evolución de la infección, tras el diagnóstico de otros procesos oportunistas y con cifras
de linfocitos CD4+ <200 cel/µL (3,8). En la actualidad, hasta un 15% de pacientes des-
arrollarán demencia franca (8).
Anatomía Patológica
Los pacientes con demencia muestran atrofia cerebral moderada-severa (3,8) de
distribución frontotemporal (8). Microscópicamente, se observan infiltrados inflamato-
rios perivasculares de linfocitos y monocitos/macrófagos; así como, nódulos inflama-
torios, denominados nódulos microgliales, que están constituidos por macrófagos, lin-
focitos y microglía (3,8). Estos nódulos (que pueden aparecer en otras infecciones del
SNC) se localizan en la sustancia blanca y sustancia gris subcortical de los núcleos de
la base y tronco del encéfalo. De forma característica, se aprecian células gigantes mul-
tinucleadas (3,8), cuya presencia se correlaciona con la gravedad de la demencia (8).
Manifestaciones Clínicas
La demencia tiene un comienzo relativamente insidioso a lo largo de meses (aun-
que en algunos enfermos puede aparecer en semanas). En contraste, las infecciones
oportunistas tales como la encefalitis por citomegalovirus o la toxoplasmosis tienen
una presentación más rápida (3,8).
La demencia asociada-VIH es un síndrome clínico que comprende alteraciones cog-
nitivas, motoras, y en ocasiones de la conducta. Los síntomas cognitivos se traducen
en dificultad de concentración, falta de memoria para hechos recientes ("olvidos fre-
cuentes"), enlentecimiento mental y pérdida de la espontaneidad. Las alteraciones del
comportamiento consisten en cambios de personalidad, apatía, desconexión del
medio, irritabilidad y depresión. Los síntomas motores incluyen dificultad para realizar
movimientos rápidos y finos con las manos (p.ej.: movimientos alternantes de las
muñecas), temblor y debilidad en las extremidades inferiores. Puede haber hiperrefle-
xia, clonus, signos de liberación frontal y dificultad para la marcha en tándem. Con la
evolución de la enfermedad las alteraciones intelectuales y motoras se hacen eviden-
244
Capítulo 20. Encefalitis y encefalopatías en pacientes infectados por el VIH
Diagnóstico
Las alteraciones del LCR son inespecíficas y pueden encontrarse en enfermos VIH
sin clínica neurológica (3). Estas pueden incluir pleocitosis linfocítica ligera, aumento de
proteínas (65% de casos), y de IgG (80% de casos). Pueden aparecer bandas oligo-
clonales en el 35% de enfermos, pero la proteína básica de mielina no se encuentra
habitualmente elevada. La determinación de β2-microglobulina puede ser de utilidad
diagnóstica (C-III): en ausencia de infecciones oportunistas una cifra ≥3,8 ng/ml tiene
un valor predictivo positivo del 88%. La carga viral en LCR no tiene valor diagnóstico;
pero debe determinarse en pacientes con carga viral plasmática indetectable que des-
arrollan un cuadro neurológico compatible con demencia, dado que se ha señalado en
algunas observaciones la posibilidad de este "escape" del virus en el sistema nervioso
(C-III) (8).
Las alteraciones que se observan en los estudios de neuroimagen consisten en atro-
fia cortical y central y alteraciones de la sustancia blanca. La atrofia cerebral no se rela-
ciona con la intensidad de las manifestaciones clínicas. La afectación de la sustancia
blanca se traduce en hiperintensidad en la RM o atenuación en la TAC. No se produ-
ce captación de contraste en estas lesiones ni tienen efecto masa.
La técnica de SPECT (single-photon emision CT) con Talio-201 y la tomografía de
emisión de positrones (positron emision tomography, PET) no han sido útiles para la
detección ni para la evaluación de la respuesta terapéutica en la demencia asociada-
VIH (E-III) (8).
Tratamiento
No se dispone de un tratamiento específico para la demencia asociada-VIH en este
momento (3,8). La revisión de la literatura sugiere que el tratamiento atirretroviral tri-
ple puede ser beneficioso en el tratamiento y profilaxis de este síndrome (3,8). En el
momento actual, sin embargo, no se conoce el tratamiento antirretroviral óptimo para
estos pacientes. Dado que muchos de ellos son pacientes pretratados, la determinación
de resistencias del VIH en plasma puede ser útil para seleccionar el tratamiento. Gene-
245
La infección por el VIH: Guía Práctica
INFECCIONES OPORTUNISTAS
1. Toxoplasmosis cerebral
Tradicionalmente, el Toxoplasma gondii, un parásito intracelular obligado, ha sido
el agente etiológico más frecuente de las lesiones focales del SNC en pacientes con
SIDA (9,10). Sin embargo, la incidencia de toxoplasmosis puede estar descendiendo
(9). En pacientes con SIDA, la encefalitis toxoplásmica representa la reactivación de una
infección latente cuando el paciente se encuentra en situación de inmunosupresión
grave (3,9,10). La mayoría de pacientes (>80%) presentan una cifra de linfocitos CD4+
<100 cel/µL (3,9,10).
Anatomía Patológica
Las lesiones asociadas con la toxoplasmosis comienzan como un foco de encefali-
tis y progresan hasta formar abscesos necróticos con inflamación en la periferia (9,10).
Puede también observarse vasculitis con necrosis fibrinoide (10). Los taquizoitos de T.
gondii se localizan habitualmente en la periferia de las lesiones (9,10). Las lesiones pue-
den ser unifocales o multifocales, variando en tamaño desde lesiones microscópicas
hasta abscesos de tamaño ostensible (9). Los abscesos se localizan característicamente
en la zona corticomedular de los lóbulos frontales y parietales, y en los ganglios basa-
les (9,10).
Manifestaciones Clínicas
La presentación de los síntomas suele ser subaguda, a lo largo de varias semanas
(9). Los síntomas incluyen cefalea (49-55% de pacientes), fiebre (41-47%), alteracio-
nes de la conducta (37-38%), confusión (15-52%), apatía (12-43%), hemiparesia (39-
49%), convulsiones (24-29%), ataxia (~30%) y parálisis de pares craneales (17-28%).
Hasta un 10% de pacientes pueden presentar una encefalitis difusa sin signos de foca-
lidad (9,10). Asimismo, se han descrito diversas presentaciones atípicas (10).
Neurorradiología
Característicamente, los pacientes con toxoplasmosis presentarán 2 ó más lesiones
cerebrales con realce del contraste en la periferia y rodeadas de edema. En una serie
retrospectiva de pacientes con toxoplasmosis cerebral, las lesiones detectadas median-
te TAC fueron únicas en un 27% de enfermos, y en el 14% con RM (11). La RM, por
246
Capítulo 20. Encefalitis y encefalopatías en pacientes infectados por el VIH
tanto, tiene una mayor sensibilidad que la TAC para el diagnóstico de la encefalitis
toxoplásmica (7,9). En la imagen en T1 en la RM, las lesiones aparecen como áreas
focales de baja intensidad que captan contraste (gadolinio) en la periferia. Las lesiones
en la imagen en T2 tienen una intensidad relativamente alta.
Diagnóstico
La mayoría de pacientes con toxoplasmosis cerebral tienen evidencia serológica de
infección latente (IgG), aunque el 3-17% de enfermos son seronegativos (10,11). Por
tanto, en pacientes con infección VIH que muestren lesiones únicas neurorradiológicas
y serología negativa para Toxoplasma debe pensarse en otros diagnósticos alternativos
a la toxoplasmosis cerebral (7).
El diagnóstico definitivo de la toxoplasmosis se establece por la demostración de
taquizoitos en la muestra de biopsia cerebral (9,10). Sin embargo, en una serie retros-
pectiva no hubo diferencia en la evolución en pacientes con diagnóstico histológico
respecto a los tratados empíricamente (12). Por consiguiente, en la práctica, la mayo-
ría de pacientes con abscesos cerebrales múltiples se tratan empíricamente frente a
esta infección (7). Con el tratamiento anti-toxoplasma la mejoría clínica y neurorradio-
lógica debe esperarse en 7-14 días. La mejoría terapéutica rápida permite confirmar el
diagnóstico, reservando la biopsia cerebral para aquellos casos sin respuesta al trata-
miento o diagnóstico incierto (7,9). La administración de corticoides debe reservarse a
pacientes con importante efecto masa de las lesiones, ya que su administración con-
comitante puede conducir a la mejoría transitoria de lesiones linfomatosas y dificulta-
ría la valoración de la respuesta al tratamiento empírico antibiótico (7,9).
La detección de DNA de T. gondii en LCR mediante PCR para el diagnóstico de
toxoplasmosis no tiene una buena sensibilidad (9,10), y la punción lumbar no se reco-
mienda en general por el riesgo de herniación cerebral (7).
Tratamiento
El tratamiento de elección en la encefalitis toxoplásmica consiste en la administra-
ción de pirimetamina (100 mg/12 h inicialmente, seguidos por 50-100 mg/d) y sulfa-
diacina (1-2 g cada 6 horas) durante 6 semanas. Posteriormente, se administrará tera-
pia de mantenimiento (pirimetamina, 25 mg/d; sulfadiacina, 500 mg 4 veces al día)
durante toda la vida. Los pacientes intolerantes a la sulfadiacina pueden recibir clinda-
micina (300-600 mg cada 6 h, orales ó IV) (7,10). La clindamicina es menos eficaz que
la sulfadicina para la prevención de las recidivas en la profilaxis secundaria de la toxo-
plasmosis cerebral (10).
En todos los casos se administrará ácido folínico (15 mg/d) para contrarrestar la
toxicidad hematológica de la pirimetamina.
El tratamiento de la toxoplasmosis cerebral debe administrarse durante toda la vida.
Sin embargo, en pacientes en los que la cifra de linfocitos CD4+ aumenta por encima
de 200 cel/µL durante al menos 6 meses, por efecto del tratamiento antirretroviral,
puede considerarse la interrupción del tratamiento de mantenimiento sin riesgo de
recidiva (13).
247
La infección por el VIH: Guía Práctica
Anatomía Patológica
Las características histopatológicas de la LMP consisten en: a) desmielinización
encefálica; b) oligodendrocitos con núcleos agrandados e hipercromáticos; y c) astro-
citos agrandados con núcleos lobulados hipercromáticos (9,14). La microscopía elec-
trónica permite observar los viriones en las células oligodendrogliales, y con mucha
menor frecuencia en astrocitos reactivos y algunos macrófagos (14).
La desmielinización, característicamente, es multifocal, y puede afectar a cualquier
región de la sustancia blanca. Las lesiones desmielinizantes, macroscópicamente, varí-
an en tamaño desde 1 mm a algunos centímetros (14).
Manifestaciones clínicas
La LMP suele ser una manifestación tardía del SIDA, con una mediana de linfocitos
CD4+ entre 35-104 cel/µL. Sin embargo, en un porcentaje de pacientes que oscila
entre el 7-25%, la cifra de linfocitos CD4+ se sitúa por encima de las 200 cel/µL (9,14).