UNIVERSIDAD MICHOACANA DE SAN NICOLÁS DE HIDALGO
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS
FACULTAD DE HISTORIA
PROGRAMA INSTITUCIONAL DE DOCTORADO EN HISTORIA
LA MORADA DE LOS MUERTOS.
CEMENTERIOS DE EXTRANJEROS EN MÉXICO 1826-1917
TESIS PARA OBTENER EL GRADO DE DOCTORA EN HISTORIA
PRESENTA
GABRIELA SERVIN ORDUÑO
ASESOR
DR.AGUSTÍN SÁNCHEZ ANDRÉS
CO-ASESOR
DR.MARCO ANTONIO LANDAVAZO ARIAS
Esta investigación fue realizada gracias al apoyo del
Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
FEBRERO 2016
RESUMEN
El trabajo que el lector tiene a su disposición parte de una serie de preguntas que
me he planteado como parte de mi tesis doctoral sobre cementerios durante el siglo
XIX mexicano; el acercamiento que he tenido con estos espacios de la muerte. Es
una investigación que pretende recuperar el espacio del cementerio visto a partir de
una historia cultural, partiendo de la propuesta metodológica de Philippe Ariés y
Michel Vovelle. Para el caso concreto de la investigación centré mi atención en los
cementerios destinados para albergar a las colonias de extranjeros que llegaron a
México en el siglo XIX, especialmente de los ingleses, franceses y españoles.
De las primeras temáticas que se abordan en el trabajo, refiere a un contexto
conceptual, en él se hacen algunas presiones sobre conceptos que fueron
abordados a lo largo del trabajo, siguiendo por un contexto nacional, me enfoqué al
estudio sobre todo de la secularización ya que era vital conocer cómo se dio este
proceso para entender la creación de los cementerios civiles en México. Así mismo
se aborda de manera general la llegada de extranjeros a México durante el siglo
mencionado.
La investigación puso especial interés por plantear como fue la transición el paso
del camposanto al cementerio así como la injerencia del discurso higiénico, lo que
nos permitió acercarnos y conocer como fue el proceso de creación de los
cementerios que albergaron a la colonia inglesa, a la francesa y española.
Palabras claves: cementerio, discurso higiénico, extranjeros, rituales funerarios,
historia.
ABSTRACT
The work that the reader has at its disposal part of a series of questions that I have
appeared like part of my doctoral thesis on cemeteries during the Mexican XIXth
century; the approach that I have had with these spaces of the death. It is
investigation that tries to recover the space of the cemetery seen from a cultural
history, departing from the methodological proposal of Philippe Ariés and Michel
Vovelle. For the concrete case of the investigation. I centred my attention on the
cemeteries destined to lodge to the foreigners' colonies that came to Mexico in the
XIXth century, especially of the Englishmen, French and Spanish.
Of the first subject-matters that are tackled in the work, it recounts to a conceptual
context, in him some pressures are done on concepts that were tackled along the
work, continuing for a national context, I focused on the study especially of the
secularization since it was vital to know how this process happened to understand
the creation of the civil cemeteries in Mexico. Likewise the foreigners' arrival to
Mexico is tackled in a general way during the mentioned century.
The investigation put special interest to raise how the transition was the step of the
cemetery to the cemetery as well as the interference of the hygienic speech, what
allowed us to approach and know as it was the process of creation of the cemeteries
that they lodged to the English colony, to the French and Spaniard.
Keywords: history, cemetery, foreigners, cultural,hygienic.
1
A mi madre, ese nuevo ángel.
A mis compañeros de camino: Valeria y Marco
A mis muertos,
sin ellos no podría entender esto que llamamos vida.
2
Agradecimientos
¡Esto no es el fin!, así la historia siempre nos sorprende, nos permite crecer y
seguir avanzando en el camino de las ideas, en el camino de la vida misma,
esta investigación sólo es el comienzo de una nueva etapa de compromiso y
entrega.
Quiero agradecer al Instituto de Investigaciones Históricas por la oportunidad de
haberme formado como investigadora, por haber creído en mí aún en los últimos
momentos. A mis directores de tesis Dr. Agustín Sánchez Andrés y Marco
Antonio Landavazo, por todo su apoyo, su tiempo y guía adecuada que me sirvió
no sólo para desarrollar la investigación, también han contribuido de manera
considerable en mi vida académica. Así mismo quiero dar las gracias al Dr.
Mauricio Rubilar por su apoyo en tierras extrañas por el cobijo y el aliento. Al
Departamento de Historia de la Universidad Católica de la Santísima
Concepción, por haber aceptado y apoyado esta propuesta de investigación.
A mis sinodales, por el tiempo y las aportaciones para este trabajo.
Agradecer al Archivo Histórico de la Ciudad de México así como a la Biblioteca
Daniel Cosío Villegas repositorios documentales claves, sin los cuales esta
investigación no se hubiera realizado.
3
LA MORADA DE LOS MUERTOS.
CEMENTERIOS DE EXTRANJEROS EN MÉXICO 1826-1917.
INTRODUCCIÓN p.6
CAPÍTULO 1. PLANTEAMIENTO TEÓRICO- CONCEPTUAL
1.1 Estudios sociales y culturales: práctica cultural y representación
y paisaje cultural. p.28
1.2 La historia de la muerte: camposanto-cementerio p.35
1.3 El cementerio: manifestación artística y arquitectónica. p.52
1.4 Reflexiones. p.60
CAPITULO 2. ORIGEN DE LOS CEMENTERIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS,
PROCESO DE SECULARIZACIÓN EN MÉXICO.
2.1 El camino de la secularización p.64
2.2 Las leyes de Reforma y los cementerios públicos p.84
2.3 Los extranjeros en México durante el siglo XIX. p.95
2.4 Reflexiones. p.117
CAPITULO 3. DE CAMPOSANTO A CEMENTERIO
3.1. ¿A dónde van los muertos? Percepciones del cuerpo y el alma. p.122
3.2 El pensamiento higienista y la medicalización de la muerte p.133
3.3 De fieles difuntos a pestilentes cadáveres. p.146
3.4 El cuerpo secularizado. Nuevos planteamientos higiénicos
en torno a la creación de cementerios en México. p.165
3.5 Reflexiones. p.180
CAPITULO 4. MORIR EN UN CEMENTERIO PRIVADO
4.1 Cementerios de extranjeros en México siglo XIX,
primeras aproximaciones. p.185
4.2. ¡Alejen a los herejes! Los cementerios británicos,
su creación y consolidación. p.205
4.3 Cementerio Británico de Real del Monte. p.219
4.4 Manifestaciones culturales y prácticas funerarias. p.230
4.5 Reflexiones. p.245
CAPITULO 5. UNOS ESPACIOS FUNERARIOS MUY AFRANCESADOS
5.1 El cementerio francés de La Piedad p.250
5.2 Percepciones materiales de la muerte: entre la higiene,
la moda y la legislación. p.271
5.3 Reflexiones p.282
CAPITULO 6. CEMENTERIO ESPAÑOL DE LA CIUDAD DE MÉXICO.
6.1 La comunidad de los vivos. Españoles en México decimonónico. p.285
6.1.1 La beneficencia española p.296
6.1.2 El Casino Español
6.2 El status y la identidad primero: El cementerio español
de la ciudad de México p.305
6.3 Reflexiones p.329
CONCLUSIONES FINALES p.333
FUENTES p.347
INTRODUCCIÓN
La muerte es un tema que forma parte importante de la vida del ser
humano; las ciencias humanas y el pensamiento religioso han dedicado
investigaciones relacionadas al impacto de este proceso. En la recuperación de
las memorias materiales que los vivos reformulan en el recuerdo de los muertos,
pero también en el análisis de aquellas percepciones que dejan huella de una
manera intangible, la cuales intervienen y marcan la forma en cómo los vivos
perciben a los muertos y la idea de la muerte, modificable según la cultura,
sociedad, época y espacio.
La imagen de la muerte se eleva a primera intensidad, presentándose tal
como es, pero también representando algo más, que se relaciona con la
manifestación del sentimiento de ausencia y temor ante la muerte. Esto forma
parte de un sentimiento natural del miedo al olvido, para el caso de la sociedad
mexicana se ha manifestado en el pensamiento sobre la continuidad de la vida
después de la muerte. Esta idea de la muerte ha empapado varios aspectos
centrales como: los rituales funerarios, fiestas y distintas prácticas culturales. Un
aspecto que despertó mi interés es el cementerio, como una representación
material, de la necesidad individual y colectiva por exteriorizar las
manifestaciones de dolor y el anhelo por el recuerdo, una prolongación de la
relación con el difunto después de la muerte.
El cementerio visto como una manifestación del pensamiento sobre la
muerte, en donde lo intangible tiende a materializarse y representarse, lugares
en donde la comunidad de los vivos hace demostración de su status social. Es
un espacio cultural que ha permitido una relación estrecha entre el pasado y el
presente, construyó una nueva manera de relacionarse entre los vivos y
muertos, donde el pasado de los hombres se debate entre la permanencia y el
olvido; es por esto que mi interés ha versado en reconstruir una historia a partir
6
de la recuperación de estas huellas, como parte importante de la historia de
cultural en torno a la muerte.
La propuesta de esta investigación es el análisis histórico de los cementerios
destinados para la población extranjera en México, enfocándose particularmente
al estudio de: el cementerio de La piedad y los cementerios británicos, y el
cementerio español. El interés responde a una inquietud personal, pero también
a un vacío historiográfico, el estudio de la idea de la muerte y de los cementerios
ha generado investigaciones importantes, sobre todo de índole antropológica o
con enfoques artístico-arquitectónicos, sus aportaciones han sido de gran valía
sobre todo por las contribuciones metodológicas y documentales. Por otro lado
la historiografía que rodea el ámbito de las colonias extranjeras en México se ha
enriquecido en los últimos años contando con investigaciones que se ha
preocupado por las manifestaciones sociales y culturales, así como de la
incidencia cualitativa de estos personajes históricos en la vida del país. Sin
embargo el tema funerario y de los espacios de la muerta aún tiene importantes
vacíos historiográficos, temas que versan desde el tratamiento, percepción social
y cultural entorno al cadáver.
En el caso concreto del estudio de los cementerios de extranjeros tampoco
ha sido ampliamente analizado -con excepción del panteón francés de la ciudad
de México-, no se ha puesto atención a su función de espacio simbólico,
tampoco a las prácticas funerarias que realizaron las colonias extranjeras.
Los cementerios de las colonias extranjeras se construyeron en algunos
estados del país, sobre todo en aquellos sitios en donde se albergaba un
número considerable, la mayoría fueron construidos gracias a las asociaciones
de beneficencia y previsión. Al estar fuera de su lugar de origen, la muerte de
algún miembro de la comunidad fortaleció sus vínculos sociales. El espacio del
cementerio fue el contenedor no sólo de los muertos también de los vivos, pues
era simbólicamente una extensión de su madre patria, construidos a imagen y
semejanza de los establecidos en sus países. En ellos realizaron sus prácticas
7
funerarias lo que permitió tener un espacio donde establecer sus ritos y actos
ceremoniales con mayor libertad. Por otro lado estos espacios fueron tomados
como ejemplos a seguir considerados como modernos e higiénicos por los
intelectuales y la elite mexicana, tratando de imitar: sus construcciones, su arte
lapidario y algunas de sus costumbres funerarias.
Un espacio controlado y exiliado que provocó un cambio en la manera de
percibir el acto de morir y a los difuntos, la muerte desde finales del siglo XVIII
eran una muerte temida, el difunto pasó a ser cadáver, el miedo a morir era
mayor y así como las manifestaciones de dolor ante la pérdida. El hombre no
experimenta su propia muerte sino la muerte del otro. Esto lo plasmó en los
rituales y en el cementerio, creó referentes culturales y de identidad muy
importantes dentro del núcleo familiar, con la comunidad y en la sociedad
misma. Este espacio alejado y moderno se llenó de sepulturas, en su mayoría
individuales con esculturas funerarias, retratos y epitafios, antes inexistentes y
de fácil acceso para un amplio público.
Otro aspecto a considerar del cementerio es su sacralidad. La visión que
se tiene del lugar versa en este concepto, pues no es un lugar al que se le ha
conferido su práctica de esparcimiento, es un espacio público al que la sociedad
a decidió conferir un grado de sacralidad por ser el guardián de sus difuntos, sin
importar las creencias religiosas o si el cementerio se encuentra: en el templo,
casa, dentro o fuera de la comunidad. Lo sagrado se trasladó al cementerio de
distintas maneras entre ellas se encuentran todas las prácticas funerarias, el
papel como catalizador de dolor, pues en ocasiones la comunidad ha necesitado
hacer presente al difunto.
El cementerio ha tenido una larga historia la más cercana es su
antepasado “el camposanto” lugar de enterramiento de la comunidad ha utilizado
como espacio para inhumar a los muertos, tierra santificada por la religión
católica, generalmente se ubicaron en los atrios de las templos y capillas. Las
inhumaciones dependían directamente del poder económico y religioso. Es
pertinente recordar que alrededor del siglo XII, los restos de prominentes
8
miembros de la iglesia así como la nobleza local eran depositados en el interior
de los templos. El culto de los santos fue adquiriendo mayor importancia y, el
altar principal se convirtió en el lugar privilegiado y de gran demanda por
aquellos moribundos que deseaban pasar su último sueño en un lugar santo.
Todo giraba en torno a un pensamiento de perpetuación y salvación del
alma, el inhumarse en un lugar sagrado garantizaba estar en contacto más
cercano con las misas y plegarias de la orden religiosa que acogería al difunto.
Si en vida habían sido benefactores, podían contar con el privilegio de llevar el
hábito de la orden al momento de su velación. La ruptura que se da en el siglo
XII es vital, porque si en los primeros tiempos del cristianismo los difuntos eran
enterrados sin tomar en consideración su condición social o material, a partir del
siglo XII la muerte dejó de ser igualitaria: la posición social, económica o política
fue un elemento determinante a la hora de establecer el lugar de sepultura. 1
Estas prácticas funerarias y percepciones de la muerte llegaron a América
con el establecimiento de la religión católica; así a lo largo de la Nueva España
los enterramientos eran llevados a cabo en los camposantos de atrios e interior
de las iglesias novohispanas, espacios donde se ofertaba un lugar santo para
morir, y en donde se vivió una continua convivencia entre vivos y muertos. El
entierro y la sepultura, era algo más colectivo que individual en el entendimiento
de que la individualidad no cobraba tanta importancia, en muchas ocasiones sólo
se colocaba una cruz de madera sin mayores señalamientos, la importancia se
volcó a la sacralidad del lugar de entierro y a las ceremonias para la salvación
del alma.
Hemos de recordar que la vida religiosa era más importante que la vida
terrenal al menos en la teoría, es por eso que las costumbres funerarias
novohispanas se relacionaron en con las creencias católicas sobre el acto de
morir y sobre la idea del “más allá”. La iglesia ejerció una gran influencia sobre
1
ARIÉS Philippe, Morir en Occidente, desde la Edad Media hasta nuestros días, Argentina, Adriana
Hidalgo Editora 2008, p.16
9
sus fieles creyentes. La muerte según la concepción católica era un sueño
momentáneo que terminaría con la resurrección en el día del Juicio Final:
El cristianismo propone un futuro escatológico eterno basado, no
en una inmortalidad continuada que permita esquivar
indefinidamente la muerte, sino en una milagrosa resurrección en
que el ser resucita en cuerpo y alma, lo que supone la salvación
de toda la persona.2
En esta percepción era importante ser enterrado en un lugar sagrado, para lo
cual los creyentes preparaban su camino al Juicio Final, daban grandes sumas
monetarias como donación a cambio de misas y cuidado de su alma y cuerpo, lo
que redituaba en un gran beneficio económico para la Iglesia3. Sin embargo esto
también fue una contradicción, el cuidado del cuerpo comenzó a manifestarse
como un problema, pues los camposantos empezaron a tener una acumulación
de cadáveres “la tierra saturaba de cadáveres los cementerios, la exhibición de
los osarios violaba de manera permanente la dignidad de los muertos” 4 entonces
un sector de la sociedad culpaba a la Iglesia, pues mucho había hecho por
asistir el alma, pero poco hacía por cuidar el cuerpo.
De esta manera a finales del siglo XVIII los camposantos empezaron a ser
vistos como espacios inadecuados pues fueron presentando diversos
problemas, como la emanación de olores pestilentes que repercutirían en la
propagación de enfermedades, aunado a esto las autoridades civiles no podían
normar los actos funerarios ni resolver los problemas de higiene pública entre
los que se encontraron pestes, muchas de ellas ocasionadas por la
sobrepoblación de cadáveres. En este contexto de las pestes, los cadáveres
empezaron a verse como causantes de enfermedades y muerte por lo que
buscaron su pronta segregación:
2
GARCÍA HINOJOSA Pablo, Simbolismo, religiosidad y ritual barroco. La muerte en Turuel en el siglo
XVII, Zaragoza, Universidad de Zaragoza- Depto. de Historia Moderna y contemporánea, 2010.p.16
3
ALCARAZ HERNÁNDEZ Sonia, Los espacios de la muerte en Morelia, Michoacán, 1808- 1895,
Morelia, Ayuntamiento de Morelia, 2008, p.15
4
ARIÉS, Morir en Occidente, p. 63
10
La nueva medicina se interesará por los extraños ruidos que
surgen de las lápidas sepulcrales, por los miasmas y gases que
infectan el aire, y por otras tantas manifestaciones escatológicas.
Pronto se establecerá una relación entre la muerte y la
enfermedad.5
Los higienistas y algunos arquitectos e ingenieros pensaron que era necesario
construir nuevos espacios en donde se pudiera obtener el control de las
defunciones. El asunto de los camposantos fue una consideración del proyecto
ilustrado, que entre otras cosas pretendió mejorar las condiciones sanitarias.
Dentro de sus planteamientos se encontraba: el reordenamiento del espacio
urbano a fin de limpiar la podredumbre de las ciudades. Las reformas no sólo
buscaron el cambio material sino que impulsaron iniciativas que cambiaron la
manera de vivir de las personas, sobre todo en aquello que concernía a sus
prácticas de carácter popular y religioso, incluyendo el acto de morir. El
problema no era sólo el mal estado de los camposantos sino que todos los
controles y registros postmortem eran normados por la Iglesia.
EL avance de estas políticas fue lento y se formalizó hasta mediados del siglo
XIX. La salubridad marcó entonces un giró en torno al espacio destinado a los
muertos: esto llevó al abandono del atrio como casa de descanso eterno,
determinación oficial que implicó mucho más, sobre todo en el ámbito de las
prácticas cotidianas y culturales. Surgió una nueva percepción del muerto, el
cadáver se volvió intolerado y repugnante, por su descomposición material, este
discurso higiénico-médico propició una nueva manera de sentir y de percibir el
cuerpo inerte.6 “Lo que cambia en este periodo también está vinculado con la
lenta aparición de una nueva sensibilidad hacia el cadáver. Estudiado cada vez
5
MARÍ Antoni, “Tumbas, criptas, cementerios y otras formas de recogimiento”, en Daniel Hallado
(coomp). Seis Miradas sobre la Muerte, Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica, 2005, p.48.
6
El cuerpo del difunto, la manera en que se pretenden conservar, tienen que ver en primer lugar con la
historia de la sensibilidad (…) Los nuevos valores y dignidad que se otorgan al cuerpo del difunto se deben
a la emoción creciente que suscita la muerte individual.” CORBIN Alain, “Dolores, sufrimientos y miserias
del cuerpo.” en: Alain CORBIN, Jean-JACQUES COURTINE y Georges VIGARELLO, Historia del
Cuerpo. Volumen 2 De la Revolución francesa a la Gran guerra. España. Taurus, 2005, p. 225.
11
más desde el ámbito de la química, de la medicina y de la higiene, la
descomposición material del cadáver devino progresivamente en intolerable y
repugnante.”7El cementerio pasó a formar parte de otra visión del acto de morir,
los símbolos utilizados en la Iglesia se trasladaron al nuevo espacio de
enterramiento. Sin embargo, el cambio fue lento pues aunque el espacio se
profanó y se convirtió en secular, el ritual y las prácticas funerarias aún
pertenecían a la Iglesia, así tanto Estado e Iglesia utilizaban sus instrumentos de
poder para controlar a la sociedad que se encontraba en medio de dos posturas
totalmente diferentes.
En las primeras décadas del siglo XIX, pese a que el Estado realizó muchos
esfuerzos, el tema de la creación de cementerios extramuros fue algo que no
lograba controlarse ni concretarse: se complicaba la elección de los lugares
“ideales” para su establecimiento, se dejaban proyectos inconclusos por la falta
de dinero. El panorama de inestabilidad en la creación de los cementerios civiles
comenzó a cambiar a partir de 1842 y ya de una manera definitiva en 1859 con
las leyes de secularización de cementerios. Con la instauración de los
cementerios se generaron otro tipo de manifestaciones, como tumbas
individuales con inscripciones visibles que permitían su identificación. En este
contexto se generaron espacios para los muertos que antes no existían, tal fue el
caso de los cementerios privados pertenecientes sobre todo a la población
extranjera que no profesaba el culto católico, también existieron aquellos
extranjeros que a pesar de profesar el mismo culto decidían contar con un
panteón privado para su comunidad por razones de identidad y prestigio, como
fue el caso del cementerio francés y del español. Los cementerios de extranjeros
sobre todo en los inicios del siglo XIX fueron motivo en muchas ocasiones de
fuertes problemas sobre todo de manifestaciones de intolerancia religiosa, es
7
ALZATE ECHEVERRÍ, Adriana María Suciedad y orden. Reformas sanitarias borbónicas en la Nueva
Granada 1760-1810, Bogotá, Universidad del Rosario, 2007, p. 205
12
importante mencionar que también de carácter diplomático.8 México a principios
del siglo XIX, como hemos mencionado, no contaba con cementerios civiles bien
establecidos, el único espacio de inhumación eran los camposantos, pero aquí
estribaba el problema de fondo, pues la Iglesia católica puso muchas trabas para
que en ellos fuera enterrado algún posible hereje o protestante, como fue el caso
de los miembros de la colonia inglesa, parecía entonces que el cuerpo sin vida
de un extranjero corría igual o peor destino que el cuerpo de algún “pobre”:
Los cuerpos de los pobres, serán arrojados en grandes fosas
comunes cosidos en arpillera... no soportaban que los ahogados,
muertos en siniestros anónimos, fueran dejados así, en el vertedero,
como los animales, los supliciados o excomulgados.9
El pobre iría a dar a la fosa común, pero para el excomulgado, como se
consideraba a los extranjeros que no profesaban la religión católica, su lugar de
enterramiento era incierto, pues en muchas ocasiones eran sepultados en
lugares lejanos considerados sin dios ni gloria. Esto sin duda fue presentando
dificultades, y muestras de intolerancia hacia sus creencias y cultos. El problema
real es que estos espacios de la muerte estaban cerrados para otro tipo de culto
religioso que no fuera el católico; situación que no sólo implicó una complicación
de ideologías, también fue un problema legal pues la Constitución del 4 de
octubre de 1824, en su artículo tercero, estableció la supremacía del catolicismo
en México, de esta manera se excluía a los no católicos de la vida nacional.10
Esto a su vez manifestó ciertas contradicciones pues el gobierno
mexicano buscó incentivar una colonización numerosa de extranjeros, pensando
en que esto se traduciría en beneficios económicos y ayudaría a habitar los
8
Parte de estas disputas las resolvió el gobierno mexicano con el Tratado de Amistad de México y Gran
Bretaña de 1826 y en 1832 con Estados Unidos.
9
ARIÉS, Morir en Occidente, p.177
10
ALANÍS ENCISO Fernando S., “Los extranjeros en México, la inmigración y el gobierno
¿tolerancia o intolerancia religiosa?, 1821-1830”, en Historia Mexicana, Vol. XLV, Núm.179, México,
El Colegio de México, Enero-Marzo, 1996. p, 544.
13
territorios del norte, hasta el momento poco poblados, con lo que se reducirían
los peligros de posibles invasiones desde Estados Unidos. El extranjero ideal
era aquel con costumbres parecidas a las mexicanas, sobre todo aquellos que
fuesen católicos, sin embargo por más que se trató de que el componente
migratorio profesara la religión del país, la práctica disto de ser así: llegaron
ingleses, belgas, norteamericanos, chinos, alemanes, franceses, españoles,
entre otros, pero no se garantizó ni el poblamiento de las tierras del norte ni una
religión unificada, tampoco homogéneamente católica. Esto trajo consigo la
adaptación por ambos lados a costumbres diferentes de diversa índole incluida
la fúnebre.
Los primeros en manifestar esta preocupación fueron los ingleses y en el año
de 1824 en un comunicado exhortaron al gobierno mexicano a resolver algunas
inconsistencias de orden diplomático, sobre todo en lo referente a la tolerancia
de cultos. Dentro de las peticiones se manifestó claramente la preocupación por
contar con un cementerio propio y con cierta inmunidad religiosa para la
celebración de sus ceremonias.11Así por un carácter diplomático el gobierno
ordenó que en todos los Estados en donde se localizara algún inglés que no
profesara la religión oficial se destinara un lugar para que estableciera su
cementerio. Tal fue el caso del cementerio británico de la ciudad de México y el
de Real del Monte -en el actual Estado de Hidalgo- estos espacios fueron un
remanso para los ingleses que profesaban el protestantismo y algunos de ellos
además eran masones. Tener un lugar exclusivo fue una larga lucha y dio lugar
a incidentes amargos con parte de la sociedad mexicana que los consideraba
como herejes o judíos, esto cabe mencionar que se dio sobre todo en la primera
mitad del siglo XIX.12
11
Tema que será tratado con más profundidad en el capítulo 4.
12
MARTÍNEZ DOMÍNGUEZ Margarita, El arte funerario de la ciudad de México, México, Gobierno del
Distrito Federal, 1999, p. 80
14
Los cementerios de las comunidades extranjeras en México vivieron largos
procesos, pues no todos lograron construirse de manera inmediata, pues a pesar
de que en la mayoría de ellos el terreno era cedido por el Estado, las
complicaciones fueron muchas. Por lo general se crearon gracias a las
asociaciones de beneficencia creadas por las diversas colonias, entre ellos se
encuentran: el norteamericano creado 1898 gracias a la American Benevolent
Society.
Otro de los cementerios fue el francés de La Piedad construido en la
ciudad de México como resultado de una asociación entre franceses, suecos y
belgas con fines de beneficencia y de previsión. Se formó en los años de 1841
como iniciativa de un grupo de residentes franceses, en su mayoría
barcelonnettes, interesados en crear una asociación mutualista y de previsión
social, que sirviera para resolver las grandes necesidades que se les estaban
presentando. Crearon, además, una caja de ahorros, una caja de socorros
mutuos, y adquirieron el cementerio.
El cementerio para la colonia española se construyó gracias a la
Beneficencia Española y el Casino Español alrededor de 1874. 13 Los
cementerios de las colonias extranjeras, como el francés, el español, el inglés y
el americano, suscitaron una intensa admiración, en ellos se mostraron ciertos
cambios: por un lado el enterramiento colectivo como se llevaban a cabo en los
camposantos dio paso a sepulturas individuales que ostentaban grandes
monumentos funerarios, construidos generalmente por escultores franceses o
italianos. Muchas de las obras lapidarias eran mandadas traer desde el país de
origen, así como algunos materiales y elementos de paisajismo.
Durante el periodo porfiriano la percepción de los extranjeros giró al polo
opuesto, ellos representaban la modernidad, el progreso y la civilidad, así como
los cánones de belleza y elegancia. Tal vez por esto la mayoría de los
13
LORENZO LAGUARTA, Pablo, Historia de la beneficencia española en México, México, Editorial
España en América, 1955 p. 246
15
cementerios de extranjeros se terminaron de construir en esta época, ya que
muchos de ellos se vieron favorecidos por las políticas porfirianas que les
redituaron beneficios económicos y sociales.
Estudiar a los cementerios de extranjeros como espacios culturales nos
permite asomarnos a una manera distinta de ver, palpar y esculpir a la muerte,
ya que los cementerios para las colonias extranjeras en el México tuvieron
distintas lecturas dentro del imaginario social. Como ya mencionamos en el
periodo inicial el rechazo y la intolerancia fueron los parámetros de medida, se
rechazó la idea del avance del protestantismo, por lo que el entierro en el
camposanto de algún posible hereje era un miedo latente, siendo necesaria su
creación debido a problemas concretos y eminentes. Años más tarde se
consolidaron como espacios destinados para la muerte que influenciaron en
algunos aspectos a los cementerios civiles mexicanos.
Esta investigación es un análisis histórico en torno a la creación y
consolidación de los cementerios destinados a albergar a las colonias
extranjeras llegadas a México a lo largo del siglo XIX. Centré mi mirada en los
cementerios británicos, él que se construyó en la ciudad de México y en el
cementerio británico de Real del Monte, así como en él francés de La Piedad y
en el español. El enfoque temporal lo enmarque dentro de los estudios de la
larga duración propuestos por Philippe Aries y Thomas Laqueur, entendiendo
que la transformación moderna del cementerio surgió a lo largo de un siglo, y
que además se relaciona con el tema de la llegada de las colonias extranjeras
que en el transcurso de este largo corte temporal llegan, se establecen y, en
algunos casos, retornaron a su país de origen. Establecí mis parámetros
temporales partiendo de la creación del cementerio británico de la ciudad de
México en el año 1826, entendiendo que en este proceso de larga duración los
cementerios vivieron un proceso de conformación, construcción y
funcionamiento que tuvo un carácter irregular hasta alrededor de 1859, con la
emisión de la Ley de Secularización de Cementerios con lo que el Estado
asumió -por medio del Registro Civil- la administración de los cementerios y el
16
control de las defunciones, actividad que durante siglos había pertenecido a la
Iglesia. Esto generó grandes cambios en la apropiación de los espacios y
percepciones en torno a la muerte. El cambio no fue momentáneo,
acentuándose durante el periodo porfiriano. El estudio culmina en 1917, con el
cierre de la mayoría de panteones de extranjeros, año en el que concluye una
primera etapa en estos espacios por los problemas que se vivieron durante la
revolución político-social de 1910, cuando muchos extranjeros fueron
expulsados del país y sus propiedades atacadas, factores que contribuyeron en
su clausura momentánea.
El cementerio es el lugar en donde se marca una frontera entre la vida y la
muerte, más allá de alguna justificación personal, existen justificaciones teóricas
más profundas en las que muchas de las investigaciones culturales en torno al
cementerio coinciden, partiendo de un planteamiento central: el estudio del
cementerio como un todo material, visual, sensitivo e histórico, como un paisaje
cultural que ha cobijado a la cultura fúnebre. Entendiendo que el cementerio se
le han conferido un sentido emocional que se relaciona con las actitudes ante la
muerte (sorpresa, dolor, temor, horror, entre otros) como menciona Javier
Moscoso: “el dolor adquirió durante el siglo XIX un protagonismo en el espacio
social, político y científico como nunca antes había tenido. El padecimiento físico
y el sufrimiento psicológico comenzaron sendas progresivas centralidad tanto en
las vidas privadas como en los espacios públicos.”14 Algunos autores como
Philippe Ariés, y Norbert Elías han señalado que la creación de cementerios
extramuros se pensó como espacios alejados de los vivos por la podredumbre,
el mal olor, y por un tema transversal como lo fue el higienismo.
El estudio del cementerio de una comunidad ajena reviste una gran
importancia, no sólo por ser una construcción y manifestación de la cultura
material sino por todos esos símbolos que se encuentran presentes en él y que
14
MOSCOSO, Javier, Historia Cultural del dolor. Taurus, 2011.p.111
17
dan claridad sobre su cultura funeraria, pero ¿cómo fue el proceso de creación
de los cementerios pertenecientes a las colonias extranjeras en México durante
el siglo XIX? ¿cómo estos cementerios surgen como paisajes culturales? ¿qué
prácticas funerarias fueron realizadas? Son cuestionamientos teóricos que a lo
largo de la investigación no dejaron de revolotear en mi cabeza, que guiaron
esta investigación sobre todo en los momentos de caminar el cementerio en
búsqueda de esas huellas que pudieran hacer hablar a los muertos y las piedras.
Dentro de los objetivos que esta investigación se planteo está el análisis y la
comprensión de los sucesos entorno a la creación y habilitación estos espacios,
así como el estudio de las manifestaciones culturales en torno a los ritos de
despedida a fin de poder establecer las similitudes y transformaciones con los
cementerios y entierros mexicanos. Así como el entendimiento del proceso de
secularizador y su influencia en la creación de los cementerios públicos y
privados, observar las contribuciones del pensamiento higiénico respeto a la
tema de los cementerios y de los muertos.
Como parte de mi hipótesis puedo decir que el cementerio
constantemente es atravesado por dos conceptos que lo recorren
transversalmente, lo sagrado y lo profano, así el cementerio como espacio se
logró tener un gran sentido de adaptación. Los procesos de secularización y
modernización modificaron las costumbres funerarias de la Nueva España que
estaban ligadas al pensamiento escatológico de la Iglesia católica sobre el
destino del cuerpo para el eterno descanso: el camposanto.
Fue un lugar santo que resguardo a los fieles difuntos. El espacio generó
una constante convivencia entre vivos y muertos, la muerte se vivía como un
proceso colectivo en donde la individualidad no cobraba mucha importancia. El
acto de morir era controlado y vigilado por la Iglesia. El proceso del paso de
camposanto a cementerio el discurso higienista jugó un papel fundamental. El
cementerio como un espacio extramuros y moderno forjó una nueva manera de
18
ver a la muerte, los símbolos utilizados en la Iglesia se trasladaron al nuevo
espacio, con lineamientos higiénicos bien establecidos para inhumar a los
cadáveres.
El proceso del paso de camposanto a cementerio el discurso higienista jugó un
papel fundamental, el cementerio como un espacio extramuros y moderno forjó
una nueva manera de ver a la muerte, los símbolos utilizados en la Iglesia se
trasladaron al nuevo espacio, con lineamientos higiénicos bien establecidos para
inhumar a los cadáveres.
Los cementerios de extranjeros se construyeron en algunos estados del
país, sobre todo en aquellos sitios en donde se albergaba un número
considerable. Al estar fuera de su país, la muerte de algún miembro de la
comunidad fortalecía los vínculos, el cementerio se presentaba como algo muy
singular pues era en cierta manera una extensión de su madre patria, pues
intentaron construir a imagen y semejanza de los establecidos en sus países de
origen, además en ellos realizaron de manera más abierta sus ritos y
costumbres funerarias haciendo propio el momento de partida, mucho de ellos
fueron construidos gracias a las asociaciones de beneficencia y previsión. Por
otro lado estos espacios fueron tomados como ejemplos a seguir por la elite
mexicana, en ellos se mostraron ciertos cambios: el enterramiento colectivo
como se llevaba a cabo en los camposantos dio paso a sepulturas individuales
que ostentaban grandes monumentos funerarios, construidos generalmente por
escultores extranjeros, que inspiró que parte de la burguesía mexicana fuera
imitando su arte lapidario, además de ser considerados como modernos e
higiénicos.
Dentro de los planteamientos teóricos que se han realizado respecto al
estudio de los cementerios, podemos localizar para el caso mexicano un cuerpo
historiográfico que se ha enriquecido con las miradas múltiples, en donde
19
arquitectos, antropólogos e historiadores han hecho lo propio15. Sin embargo,
aún carecemos de trabajos que estudien el espacio del cementerio a partir de
lecturas de la representación, de los símbolos y su implicación cultural, más que
artística o arquitectónicamente. Con lo anterior no quiero decir que estos
trabajos carezcan de validez e importancia, simplemente que sería significativo
remirar al cementerio como un espacio cultural, ya que esto nos permitiría
entender desde otra mirada los lugares que han servido para albergar a los
muertos.
Lo que me he propuesto en esta investigación es un análisis a partir de
esta mirada cultural del espacio. Considero en un primer momento al cementerio
como un espacio geográfico-cultural, que sirvió como albergue de vivos y
muertos, que no se limitó a capillas, tumbas y esculturas lapidarias, sino que
albergó prácticas y manifestaciones mortuorias distintas no sólo del componente
extranjero. En un segundo momento veo estos espacios como los lugares donde
se concretaron distintos pensamientos respecto del cuerpo y de la muerte como
lo fueron los planteamientos higienistas y las legislaciones, que trataron de
controlar las relaciones entre vivos y muertos. Para dar un sustento teórico a lo
anterior, la investigación se apoyará en los planteamientos metodológicos
realizados por la Escuela de los Annales, en especial los propuestos por
Michelle Vovelle y Philippe Ariés, y así como parte de la metodología propuesta
por la Geografía Cultural.
El año de 1929 fue trascendental en la historia de la Escuela de los
Annales. Los estudios en el campo de la Historia experimentaron una profunda
renovación, que con el paso de los años se verían reflejados también en otras
ciencias sociales. La mirada se enfocó a temas que hasta el momento habían
sido poco comunes, además planteaba el estudio de los problemas históricos a
partir de una innovadora medición del tiempo. Además se apoyaron en
investigaciones que no se limitaron a la explicación histórica, abriéndose a la
15
Para mayor detalle ver capítulo 1.
20
posibilidad de la multidisciplina, lo que ayudó a remirar creencias y mentalidades
que tanto les importaba conocer.16
La escuela francesa de los Annales fue de las primeras que se
preocupó por analizar las actitudes sociales en torno a la muerte. Sus
investigaciones han dado sustento a trabajos de este tipo en varios países
latinoamericanos y europeos, son vistas como una referencia obligada para
aquellos investigadores que han enfocado su mirada a estudiar los
diferentes comportamientos y actitudes que se han generado en torno la
muerte, por lo tanto parte importante para esta investigación. Si bien es cierto
que en ocasiones es peligroso trasladar algunas metodologías realizadas para
otras realidades históricas, si es adaptable como sustento teórico de esta
investigación, adecuándolo según la temporalidad y los espacios.
A la obra de Vovelle se le ha reconocido la elaboración de una
metodología para el estudio de la historia de la muerte. Además es
considerado como uno de los primeros en realizar un análisis serial de
conjuntos amplios de testamentos para el estudio de las actitudes ante la
muerte. Según Vovelle el estudio de la muerte en su proceso histórico observa
al acto de morir en tres niveles, como un acto natural, todos hemos de perder la
vida, un segundo nivel el acto social en donde se crean los ritos fúnebres y otras
manifestaciones y por el último al acto de morir es alcanzado por el mundo de
las ideas de carácter filosófico, religioso o científico. Método que sería
ampliamente difundido a lo largo de Europa pero también en América Latina 17.
Por su parte Philippe Ariés en sus obras Morir en occidente y El hombre
ante la muerte ha trabajado el tema de la muerte desde una perspectiva de larga
16
BAKER, Alan R. H “Reflections on the relations of historical geography and the Annales school of
history”, Alan R. H. Baker and Derek Gregory in Explorations in Historical Geography:Interpretative
Essays,Cambridge University Press, Cambridge, 1984, p.3
17
AZPEITIA MARTÍN, María, “Historiografía de la historia de la muerte”, en Estudios Históricos,
Historia Medieval, Núm.26, 2008.p. 117
21
duración, partiendo del estudio de la antigüedad hasta nuestros días. Este
análisis le permitió realizar una teoría sobre las edades de la muerte: la muerte
domada de la Alta Edad Media, la muerte propia de la Baja Edad Media y el
Renacimiento, la muerte ajena del Antiguo Régimen, y la muerte vedada que
caracterizaría a la época contemporánea. Parte de su metodología fue el estudio
en profundidad de los textos literarios de cada época, la doctrina canónica, pero
también de manifestaciones de religiosidad popular como parte importante de
una mentalidad. Tomó además en cuenta las legislaciones, los testamentos, la
iconografía funeraria de las sepulturas y los medios audiovisuales del siglo XX.
En años recientes las miradas en torno a la muerte han dado
nuevos giros y posibilidades, como las que se plantea la Geografía Cultural,
pues el cementerio es un espacio que puede ser leído desde esta perspectiva,
creando así una geografía de la muerte. Los trabajos de Vidal de Blanche,
Darby, Sauer, y la incursión de la multidisciplina de la escuela de los Annales,
provocaron que el paisaje fuera visto como resultado del hombre en el espacio.18
En este sentido surgieron disciplinas como la geografía cultural, por la que, a
consideración de Mike Crang, debe entenderse al espacio como una relación de
todas las formas tanto materiales como intangibles, como contenedor de
manifestaciones culturales y de identidades, de manera que se pueda mirar a la
ciudad como una superposición de pluralidad cultural.19 Dentro de esta disciplina
de la geografía, las culturas nos muestran las creencias y los valores que dan
sentido a las formas de vida en sociedad y las formas simbólicas que ésta
produce. Las representaciones y manifestaciones materiales se han plasmado
directamente en los paisajes, a los que Mike Crang llama paisajes culturales,
reflejo del paso de una sociedad en el tiempo, de la cultura, creencias, prácticas
y tecnologías.20 Es importante mencionar que los geógrafos culturales han
18
R.H BAKER Alan y Derek GREGORY, “Some térrea incognite in historical geography: an exploratory
discusión”, Alan R. H. Baker and Derek Gregory in Explorations in Historical Geography:Interpretative
Essays,Cambridge University Press, Cambridge, 1984, p.182
19
CRANG Mike, Cultural Geography, Routledge, London, 1998. p.2
20
CRANG, Cultural Geography p.14
22
recurrido a varias herramientas distintas para sus investigaciones entre ellas: la
literatura, una fuente distinta que puede ayudar a observar el significado de los
paisajes a un nivel más social, sobre todo la novela que se componen de
lugares, entornos, espacios, límites, perspectivas y horizontes. En este sentido
invitan a poner atención a los detalles, contextos e imágenes que dibujan estas
fuentes literarias, en el entendido de que en muchas ocasiones la literatura
ayudó a inventar en algunos casos geografías específicas.
Desde esta mirada de la geografía cultural se encuentran los trabajos de
Thomas W. Laqueur21 desde su perspectiva metodológica para el estudio del
espacio. Algunos de sus estudios se enfocaron a estudiar a los cementerios del
siglo XIX vistos como paisajes culturales, con estructuras específicas que se
transforman de una manera lenta, en la larga duración, propone el análisis de las
conexiones espaciales, así como las formas simbólicas del espacio. Tomando en
cuenta que en la historia de los cementerios también han surgido coyunturas
importantes que han determinado que el espacio de los cementerios cambie más
rápidamente. Dentro de los planteamientos centrales del autor está la existencia
de una muerte “moderna”.
El aporte metodológico de estas corrientes historiográficas, ha sido de
gran valía para la lectura de los cementerios como espacios culturales, que
permite entender como a lo largo de la historia la sociedad ha plasmado un
cambio en sus simbolismos y percepciones en torno al acto de morir. Una
historia en la que se han plasmado las continuidades y rupturas. Los
cementerios a lo largo del tiempo han cobrado gran importancia, generando
distintas manifestaciones.
En consonancia con las propuesta metodológica encontré vital
mirar el largo siglo XIX mexicano como un contexto histórico rico, poniendo
Thomas W. Laqueur, “Los lugares de los muertos en la modernidad”, en Historia y grafía, Núm. 10,
21
1998, p.15-35
23
atención en: las políticas sanitarias, el pensamiento higiénico de la época
(nacional e internacional), la incidencia de las leyes de desamortización y la
nacionalización de bienes eclesiásticos, así como en ley de la libertad de credo
religioso, que influyó de manera directa en la creación de cementerios de las
colonias extranjeras en el país. Fue necesario analizar el papel del Estado como
regulador de los cementerios privados de la segunda mitad del siglo XIX y
primeras décadas del siglo XX, por lo tanto, se prestó atención al estudio de las
legislaciones y códigos sanitarios que jugaron un papel regulador del proceso
constructivo y de algunas de las prácticas funerarias de dicho periodo.
Dentro de este entorno complejo del siglo XIX, fue vital poner atención en
las condiciones de vida económicas y culturales de la época, en las tendencias
ideológicas y las corrientes de pensamiento como el progreso, el positivismo y el
liberalismo que condujeron al país al alcanzar su deseo de ser una nación
moderna, esto favoreció el entendimiento del proceso de llegada de las colonias
extranjeras al país poniendo mayor atención en la ciudad de México, Puebla,
Mineral del Monte.
Un estudio integral en donde se enmarque el estudio de los cementerios
destinados para inhumar los cuerpos de franceses, belgas, ingleses y españoles.
Fue necesario poner atención en estudiar los modelos estéticos en la
arquitectura, arte lapidario, epitafios, fotografías que se generaron alrededor de
la muerte así como el análisis de los mecanismos de difusión cultural como: la
prensa de la época, las memorias, las publicaciones literarias y crónicas, en
donde se muestren las condiciones de los cementerios como actor principal en la
propagación de enfermedades, espacio con focos rojos que representaba un
peligro que para la tranquilidad de la sociedad. Con respecto a los discursos
tomamos en cuenta aquellos en que se plasmaron descripciones del ritual
funerario, como crónicas de velaciones y cortejos fúnebres. Una reflexión de las
emergentes sensibilidades en torno a la concepción del cuerpo, de la muerte, el
24
pensamiento religioso y todos aquellos factores que incidieron en dichos
espacios de 1826 a 1917.
Me he planteado organizar la estructura de la investigación en seis
apartados generales, en los que se desarrollan las temáticas particulares que
explican y sustentan la problemática propuesta, dichos apartados son: 1.-
Planteamiento teórico-conceptual 2.- Origen de los cementerios públicos y
privados, proceso de secularización en México 3.- De camposanto a cementerio,
4.- Morir en un cementerio privado, 5.- Unos espacios funerarios muy
afrancesados, y 6.- El cementerio español de la ciudad de México
La investigación tienen su primer acercamiento al tema de la muerte y a sus
precisiones teóricas en el primer capítulo Planteamiento teórico-conceptual, que
plantea un estudio a través del algunos conceptos claves para la investigación y
como han sido abordados a través de la mirada de la historiografía funeraria.
En el capítulo segundo, Origen de los cementerios públicos y privados,
proceso de secularización en México, mi intención fue narrar sobre el contexto
histórico de nuestro país en el siglo XIX, poniendo atención en los factores que
permitieron el proceso de secularización que influyeron de manera directa en la
creación de cementerios públicos y privados. En este apartado también se habla
sobre las disposiciones emitidas por el Estado para la creación de panteones; el
discurso emitido por éste y los intelectuales respecto al cadáver y las
transformaciones y continuidades en el ritual funerario, un debate que sirvió
como antesala para la creación de cementerios privados que albergarían a la
comunidad extranjera en el país. Siendo los extranjeros los personajes
principales de esta investigación dediqué un apartado para analizar cómo fue su
llegada, movilidad y establecimiento en el país.
En el tercer capítulo De cementerios a camposanto se habla sobre las
costumbres funerarias coloniales, así como el discurso religioso que la Iglesia
católica manejaba acerca de la muerte, siguiendo con un hilo conductor en el
análisis del proceso de transformación de los cementerios. Trata sobre el
pensamiento higiénico respeto a la cuestión de los cementerios y de los muertos
por ser un agente importante en su proceso constructivo, social y cultural, el cual
25
no finaliza en un lapso de tiempo corto, sino que continuó en el periodo porfiriano
proporcionándole distintos matices, que serán estudiados en este capítulo
En el capítulo cuarto Morir en un cementerio privado, se realizó un primer
bosquejo al estudio de los cementerios de extranjeros en México, en este
apartado también se estudiaron los cementerios de la comunidad inglesa,
comenzando el análisis con un breve estudio sobre el protestantismo, debido a
la importancia que sus rituales revistieron en el Cementerio Británico de Mineral
del Monte y el Cementerio Inglés de la ciudad de México, para después dar paso
al estudio del espacio proyectando su proceso de conformación, así como de las
manifestaciones culturales y las prácticas funerarias realizadas en su interior.
El quinto apartado Unos espacios muy afrancesados narra el proceso de
conformación y consolidación de los panteones que albergaron a la comunidad
francesa, en especial al Panteón de La Piedad. Es importante para la
investigación poner atención sobre las percepciones materiales de la muerte,
que para el caso de estos panteones fueron regidas por los pensamientos
higiénicos, la moda y la legislación.
En el capítulo sexto El cementerio español de la ciudad de México, se
estudió al lugar de descanso que construyó la colonia española, el cual fue todo
un alarde de belleza en su arte lapidario, poniendo especial atención el papel
que jugó la beneficencia española en su creación, y en el fortalecimiento de los
vínculos al interior de la comunidad española establecida en México.
Si nos atrevemos a mirar a la muerte, nos atrevemos a mirar a la vida sin
miedo, eso es algo que aprendí a lo largo de esta investigación que tienen en
sus manos, así que sin más preámbulo los invito a recorrer los espacios de esta
tesis a fin de que podamos juntos comprender mejor a los cementerios y, por
qué no, también a la muerte.
26
CAPÍTULO 1. PLANTEAMIENTO
TEÓRICO- CONCEPTUAL
27
1.1 ESTUDIOS SOCIALES Y CULTURALES: Práctica Cultural,
Representación y Paisaje Cultural.
“la sociedad no logra abordar el tema de la muerte apropiadamente,
y esto se debe tanto a factores psíquicos como culturales”
Philippe Ariés
¿Quién estudia los cementerios? Variadas son las propuestas historiográficas
que han tomado como tema de estudio los lugares que se han destinado para la
morada de los muertos, dentro de las ciencias sociales algunas investigaciones
han intentado dar respuesta a ciertos tópicos centrales sin los que no podría
entenderse el cementerio como un todo profundo y complejo, que se relaciona
directamente con la historia de su creación y consolidación, pero también con
todas aquellas prácticas que han generado un sentimiento de pertenencia, en
donde el recuerdo se materializa, al igual que el dolor. En este tenor
encontramos nuevos planteamientos teórico-metodológicos como lo propuesto
por la historia de las mentalidades, la historia cultural, la antropología y la
geografía cultural.
Cuando esta investigación comenzó a gestarse, las inclinaciones de este
trabajo eran hacia las miras de la historia del arte y de la arquitectura. Conforme
fue pasando el tiempo, la investigación y el enriquecimiento de las fuentes, este
planteamiento se tornó totalmente distinto, lo que implicaba mirar al espacio del
cementerio desde otro lugar, un nueva mirada que me permitiera a partir de la
historia generar un dialogo más profundo con el espacio del cementerio, de ahí
surge la necesidad de incorporar a la historia cultural y la geografía cultural como
líneas historiográficas que le dieran un sustento metodológico distinto.
El cementerio se presentó como un reto a estudiar, ¿cómo plantearse un
estudio desde la historia? ¿qué fuentes y desde que ámbitos pueden ser
estudiados? En consonancia con las interrogantes que surgen en un el vaivén de
28
la investigación, la historia cultural y la geografía cultural me aportaron algunos
precisiones teóricas sobre las que me gustaría reflexionar a continuación.
Una de las primeras consideraciones y replanteamientos iniciales fue
mirar al cementerio como un espacio de relaciones vivas, la metrópoli de los
muertos en donde confluyen las ideas y los procesos de la ciudad, en donde
quedan materializados los procesos históricos y aspectos no sólo de la vida
pública de una sociedad, también aquellos más aspectos más profundos que
forman parte de la esfera privada. En su interior hay una constante
demostración de prácticas que la gente llevó y lleva a cabo en recuerdo de sus
difuntos, pero también el anhelo por una época, es pues un espacio que se
conforma por las prácticas culturales de una sociedad que le dan sustento y lo
mantienen con vida.
El concepto de práctica cultural fue un planteamiento propuesto por la
historia cultural y al cuál varios autores han intentado dar explicación y fuerza.
Michel de Certeau y Pierre Mayol sostienen que las prácticas culturales son el
conjunto de elementos tanto cotidianos como ideológicos que dotan de
identidad, formas simbólicas que al hacerse visibles social y culturalmente
muestran la percepción del mundo de los grupos sociales que las generan desde
la tradición, que sitúa al agente social dentro del ámbito de la relaciones
sociales, perpetuando la existencia de la comunidad o de la clase.22
En el caso del estudio de los cementerios estás prácticas culturales,
surgen de forma material e inmaterial dentro del cementerio y se enriquecen
con los rituales funerarios, dando muestra de las actitudes de las sociedades
ante el acto de morir, también confluyen en el corporeidad de la muerte pues
gracias a estas prácticas podemos ver el discurso del cuerpo sin vida, su paso a
moribundo, de difunto a cadáver, así como la sociedad dio cobijo, resguardo o
mostró su repulsión hacia esta corporeidad.
22
CHARTIER, Roger El mundo como representación, historia cultural: entre la práctica y la
representación, editorial Gedisa, Barcelona, 1999, p. 52-53. MAYOL Pierre “ Habitar” en El mundo
como representación, historia cultural: entre la práctica y la representación, editorial Gedisa,
Barcelona, 1999, p.8
29
El concepto de prácticas culturales dentro de la historiografía de las
actitudes ante la muerte y los cementerios, fue introducido por la Escuela de los
Annales. La mirada se enfocó a temas que hasta el momento habían sido poco
comunes, además planteaba el estudio de las actitudes ante la muerte a partir
del planteamiento de la larga duración23. Ha sido considerada pionera en el
análisis de las actitudes sociales en torno a la muerte. Entre las obras
precursoras se encuentran las investigaciones realizados por Philippe Ariés y
Michel Vovelle24. Sus investigaciones han dado sustento a trabajos de este
tipo en varios países latinoamericanos y europeos, son vistos como una
referencia obligada para aquellas investigaciones que han enfocado su
mirada a estudiar los diferentes comportamientos y actitudes que se
manifiestan en torno la muerte.
Del aspecto teórico en torno al concepto de práctica cultural tanto en el
trabajo de Michell Vovelle como en el propuesto por Philippe Aries, existe un hilo
conductor que sirvió para desentrañar y explicar una historia de la muerte a
partir de las actitudes de las distintas sociedades ante el acto de morir,
permitiéndoles enfocarse en aspectos de la vida cultural, en los rituales de paso,
en lo popular, y en aspectos más específicos y materializados en el tránsito de
enfermedad y muerte, en los funerales, la sepultura y el duelo, donde según
Vovelle se expresa la sensibilidad hacia la muerte.
Las prácticas culturales en las investigaciones interesadas por los
procesos mortuorios desentrañan todos los aspectos relacionados con las
prácticas funerarias, en su aspecto material y simbólico. En esta búsqueda por
observar al cementerio, otra consideración teórica que despertó mi interés fue el
cementerio como representación material, una necesidad individual y colectiva
de exteriorizar sentimientos y la manifestación del deseo de seguirse
relacionando con el difunto, en donde lo intangible tiende a exteriorizarse. Un
23
BAKER, “Reflections”, p.3
24
ARIÉS, Morir en Occidente.
30
espacio destinado a la comunidad de los muertos, en donde los vivos han
plasmado sentimientos y sensibilidades, recuerdos y anhelos de inmortalidad,
pero a la vez como lugares en donde la comunidad de los vivos hacen
demostración de su status social.
El concepto de representación no ha sido exclusivo de la historia, la
literatura y la filosofía han tomado mano de ella, las precisiones teóricas que se
utilizarán para esta investigación son las que plantea la historia cultural,
entiendo representación como un instrumento esencial para el análisis cultural,
en donde la imagen, lo lingüístico y lo visual, se ligan directamente con el
significado y el significante, a decir de Roger Chartier la representación:
denota dos familias de sentidos aparentemente contradictorios: por un
lado, la representación muestra ausencia, lo que supone una neta
distinción entre lo que representa y lo que es representado; por el otro,
la representación es la exhibición de una presencia pública de una cosa
o una persona. En la primera acepción, la representación es el
instrumento de un conocimiento mediato que hace ver un objeto
ausente al sustituirlo por una imagen capaz de volverlo a la memoria, y “
pintarlo” tal cual es… se postula entonces una relación descifrable entre
el signo visible y el referente significativo en este sentido la
representación implica traer al presente algo que puede estar
previamente ausente, significa presentar un objeto o cosa de nuevo en
una exhibición pública, la presentación de algo que no está presente la
cual puede adoptar una forma tanto lingüística, como visual; el cuidado
que se debe tener es con la ficción entendiendo a esta como una
representación exagerada de la realidad, pero se hace pertinente
utilizarla y leerla pues ella cuenta de ansiedades miedos deseos de los
individuos que vivieron una época determinada.25
El concepto de representación tiene consigo varios peligros en su esencia y en
los que fácilmente puede caer el investigador al intentar desentrañar el
significado, entre ellos se encuentra caer en la ficción, en una representación
exagerada de la realidad o el hecho, una incomprensión que se puede darse por
falta de conocimiento que permitan reelaborar, y descodificar el significado. Otro
25
CHARTIER Roger, El mundo como representación, historia cultural: entre la práctica y la
representación, editorial Gedisa, Barcelona, 5 1999. p. 58
31
peligro es que oculte en vez de mostrar adecuadamente su referente ya sea
histórico, personal o referencial, mostrando signos visibles como un indicativo
seguro de una realidad que no es.26 Es por eso que el uso como elemento
teórico nos exige la revisión adecuada del proceso de construcción de la revisión
del contexto histórico y cultural.
En este sentido y en consonancia con el concepto de representación puedo
señalar que los lugares de enterramiento materializan una memoria colectiva e
individual que trae en un vaivén del pasado al presente, en donde el recuerdo, el
dolor son esculpidos en piedra y epitafios, o puestos en la ausencia y el vacío,
representaciones visuales, en diversos tenores y materiales.
Entre las precisiones teóricas que han ido surgiendo como herramientas
metodológicas se encuentra el concepto de paisaje cultural desarrollado por la
geografía cultural. Algunos autores han mencionado como el cementerio es un
espacio que puede ser leído desde esta perspectiva teórica, creando la
conceptualización de una geografía de la muerte.
La Geografía es una de las ciencias que se ha tratado de renovar
constantemente, rebasando los preceptos de su propia disciplina, incursionando
en temáticas que incluyen a la cultura y a sus agentes, resistiendo avances y
retrocesos. El paisaje como concepto y herramienta metodológica se fue
enriqueciendo con los trabajos de Vidal de Blanche, Darby, Sauer, y la incursión
de la multidisciplina de la escuela de los Annales.27
Con el paso del tiempo surgieron nuevas disciplinas como la geografía
cultural, que puede entenderse como un tejido de relaciones entre las formas,
poniendo énfasis en las manifestaciones culturales y en el reforzamiento de las
identidades como resultado de la interacción social, lo que los ha llevado a
plantear que un espacio puede tener abundancia y pluralidad de culturas,
26
CHARTIER, El mundo,p.58-59
27
R.H BAKER Alan y Gregory DEREK, “Some térrea incognite in historical geography: an exploratory
discusión”, Alan R. H. BAKER and Derek GREGORY in Explorations in Historical
Geography:Interpretative Essays,Cambridge University Press, Cambridge, 1984, p.182
32
considerando importante poner atención en las formas de la diferencia, en la
cultura material de los grupos, pero también en las ideas que los mantienen
unidos y los identifican, en las formas simbólicas que plasman sus creencias y
valores.28
Una preocupación constante presente dentro las investigaciones propuestas
por los teóricos de esta disciplina es el uso indistinto del concepto de espacio o
lugar, los cuales son tomadas por algunos científicos sociales como sinónimos y
que conlleva un peligro importante pues esto podría llevarnos a caer en ciertas
reducciones. Según el geógrafo cultural Mike Crang, podemos pensar el espacio
teóricamente a partir de dos divisiones sencillas: el concepto nominalista y
substancialista. El espacio bajo su forma nominalista refiere a un “espacio vacío”
una especie de contenedor que necesita ser llenado con procesos históricos,
sociales, o cuestiones materiales. Es tomado más como un contexto, usado a
manera de referencia directa o indirecta, con una perspectiva más lineal.29
La segunda división la forma substancialista tiene que ver más con el lugar, en
donde la misión es poder observar la naturaleza misma del espacio, algo así
como el “espíritu del lugar”, según Michel Marié se refiere al Genius loci, al
espacio que requiere la magnitud del tiempo de las repeticiones silenciosas, de
la maduración lenta del trabajo, del imaginario social, en las normas para que el
espacio se convierta en lugar, para que llegue a ser algo coherente y
significativo para nosotros.30 Es en este concepto donde se podrían situar
diferentes niveles de interpretación, como la proximidad, la apropiación, así
como la forma de vivir, percibir y representar al espacio.31
28
CRANG Mike, Cultural Geography, Routledge, London, 1998,p. 2
29
DE ITA, Lourdes Mike Crang “El espacio en la historia y en la historiografía, reflexiones desde la
Geografía Cultural” en, Boletín de Investigaciones Geográficas, Núm. 79, 2012.p. 180
30
DE ITA, “Lourdes, “Sobre Mike Crang y El espacio en la historia y en la historiografía,
reflexiones desde la Geografía Cultural” en, Boletín de Investigaciones Geográficas, Núm.
79, 2012.p.180
31
S. OAKES Timothy and Patricia L. PRICE, The Cultural Geography Reader,U.S.A, Canada, Routledge,
2008.p. 151.
33
Las ideas en torno a la noción de lugar se convierten en paisajes que
pueden ser pintados y construidos por las sociedades, dando paso a lo que la
geografía cultural ha nombrado como paisajes culturales: reflejo del paso de una
sociedad en el tiempo, cultura, creencias, prácticas y tecnologías, así mismo
también es la interpretación de la gente, el paisaje cultural cumple la función de
perpetuar la cultura.32 Es bajo esta perspectiva como los espacios según la
geografía cultural deben ser mirados y estudiados, a partir de estos significados
simbólicos y culturales. Dentro de los estudios realizados por los geógrafos
culturales una intención constante es presentar la diversidad y la pluralidad de la
vida en toda su riqueza y variedad. En este sentido poder ver como el espacio
del cementerio pasa de ser nominalista a substancialista, un paisaje cultural en
el que confluyen el tiempo, la cultura, las prácticas y ritos funerarios, las visiones
y recuerdos de una sociedad.
Bajo este tenor metodológico de la geografía cultural se encuentran los
trabajos de Thomas W. Laqueur33, que plantea un análisis de los lugares de
enterramiento como espacios culturales, ambos estudios muestran a los
cementerios del siglo XIX como paisajes culturales cargados de significaciones
y representaciones sociales, con estructuras específicas que se transforman de
una manera lenta, en la larga duración. Tomando en cuenta que en la historia de
los cementerios también han surgido coyunturas importantes que han
determinado que el espacio de los cementerios cambie más rápidamente. Dentro
de los planteamientos centrales del autor está la existencia de una muerte
“moderna”.
En sus artículos “Los lugares de los muertos en la modernidad” o “Spaces of
dead”34 Thomas Laqueur plantea un análisis sobre el origen y el significado de
32
CRANG Mike, Cultural, p.14
33
W. LAQUEUR, Thomas “Los lugares de los muertos en la modernidad”, en Historia y grafía, Núm. 10,
1998, pp.15-35. Thomas W. LAQUEUR, “Spaces of dead”, en Ideas from the national humanities center,
Volumen 8, Número 2, 2001.
34
W. LAQUEUR Thomas, “Spaces of dead”.
34
los espacios destinados para los muertos, desde su concepción moderna tanto
del espacio como del ritual, así como las resistencias y permanencias, que logro
gracias a diversas fuentes como: misceláneas británicas, fuentes documentales
sobre cementerios en el siglo XIX, y en la literatura de viajes.
Siguiendo con la línea de los estudios sociales y culturales, nos encontramos
con otras precisiones teóricas de gran valía para esta investigación que tiene
que ver directamente con la transformación del espacio de enterramiento en la
larga duración.
1.2 La historia de la muerte, camposanto–cementerio.
Esbozar un análisis de la historia de la muerte nos ayuda a entender mejor el
traslado de camposanto a cementerio. Además que nos abre pasó para hacer un
bosquejo historiográfico que nos permita conocer los principales planteamientos
teóricos de aquellos que han dedicado sus investigaciones dentro a este ámbito.
De los primeros trabajos que abordan el acto de morir desde una perspectiva
cultural y de la larga duración se encuentra el trabajo de Michel Vovelle. Según
el autor, el estudio de la muerte en su proceso histórico puede ser abordado a
partir de tres niveles, el primero es la muerte sufrida, que implica el hecho de
perder la vida; el segundo es la muerte vivida, en este momento es donde se
exteriorizan una serie de prácticas y ritos que acompañan al individuo en el
tránsito de enfermedad y muerte, funerales, sepultura y duelo. El último de estos
estadios vendría a ser el discurso de la muerte, el cual gira en torno a las ideas
ya sean filosóficas, religiosas o científicas que tiene la sociedad sobre la muerte.
En su estudio Vovelle menciona que estudiar las distintas actitudes ante la
muerte, nos permite acceder a la historia de la vida, a las estructuras familiares y
a todo aquello que la conforma. Para realizar su estudio el autor analizó los
sistemas de muerte que según su historia y creencias va estableciendo una
sociedad como los son: las máscaras, tabúes, creaciones fantásticas y prácticas
mágicas.35
35
VOVELLE Michel, La Mort et l´Occident de 1300 à nos tours, París, Gallimard, 1983.
35
Philippe Ariés por su lado también propuso un método para el análisis
sistemático de la muerte a través del enfoque de la larga duración. Señaló que
sólo utilizando esta temporalidad se podrían observar los cambios y rupturas que
se han generado respecto a las actitudes ante la muerte, las cuales pueden
parecer casi inmóviles a través de períodos muy largos. A lo largo de su obra
Morir en Occidente, desde la Edad Media hasta nuestros días, El hombre ante la
muerte36 fue entretejiendo el estudio de la muerte con el concepto de religión
popular en investigaciones que van desde la antigüedad a la época
contemporánea. En sus obras abordó diversos aspectos como: la sepultura, el
testamento, la doctrina canónica y la legislación. Apoyó sus argumentaciones
con una diversidad de fuentes como testimonios procedentes de la literatura,
fuentes documentales, iconografía funeraria y, para las épocas más recientes,
de los medios audiovisuales.
Para conocer la historia de la muerte en las mentalidades de la sociedad
occidental, Ariés propone una teoría sobre las edades de la muerte: la muerte
domada o amaestrada de la Alta Edad Media, que se encontraba marcada por la
transición de los cementerios romanos a los camposantos cristianos; la muerte
propia de la Baja Edad Media y el Renacimiento, etapa en la que se desarrolló
una nueva forma de asumir lo mortuorio, marcada en cierta medida por la
individualización de las sepulturas y la aparición del testamento. Era una muerte
propia pero también del otro, que se manifestó en distintos ámbitos del ritual
funerario, ceremonias y objetos materiales.
Un cambio en estas actitudes Ariés lo apreció en los siglos XVIII y XIX,
periodo en el cual existieron momentos de ruptura, que se manifestaron tanto en
el ritual funerario como en los espacios destinados para el confinamiento del
cuerpo. La sociedad le dio un nuevo sentido a la muerte, fue romántica y en ese
sentido comenzó a tornarse un tanto ajena; era la muerte del otro más que la
propia. Esto dio paso a nuevas manifestaciones materiales. El muerto en
36
ARIÉS Philippe, El hombre ante la muerte, Taurus, Madrid, 1999.
36
algunas ocasiones comenzó a ser representado en su propia tumba y a tener
una inscripción funeraria que le garantizara vivir en la memoria de los vivos,
además de quedar manifestado el poder adquisitivo y social de la familia.
Para Ariés el siglo XX sería el dueño de la muerte ajena, pues en las
sociedades occidentales el fallecimiento y la percepción de morir pasaron a ser
algo lejano y un tema prohibido. Su sola presencia fue segregada al hospital o
cementerios fuera de la vida diaria, en donde no se perturbara la modernidad de
los vivos. En este sentido no parecería nada fuera de lo común que la muerte
sea cada vez más lejana, pero también más temida.37
A lo largo de su investigación Philippé Ariés muestra cómo se forjaron
distintas actitudes ante la muerte, tanto de aceptación como de rechazo y las
vinculó a sus distintos espacios de actuación y a los conceptos de muerte que se
fueron generando para cada una de las etapas.
En contraposición al trabajo de Ariés sobre todo en el concepto de la muerte
domada se encuentra el trabajo de Nobert Elías, La soledad de los
moribundos38. A partir de un estudio sociológico el autor expone la existencia de
una soledad que está ligada al acto de morir, pues en él se realiza una
separación de lo sano y del moribundo, del vivo y del muerto. En este sentido no
existiría una manera de poder “domar” por completo a la muerte “el morir puede
ser penoso e ir acompañado de dolor. En épocas más tempranas tenían los
hombres menos posibilidades de aliviar el tormento de la agonía, lo cierto es que
en la Edad Media se hablaba con más frecuencia y más abiertamente de la
muerte y del morir de lo que se hace en la actualidad, pero ello no quiere decir
que se muriese más en paz”39. Sumado a esto añade el sentimiento de soledad
que presenta el moribundo que se manifestaba en el momento de morir, esto
conllevó una distinta actitud hacia la muerte tanto del moribundo como de los
37
CRANG Mike, Cultural Geography. p, 15.
38
ELÍAS Norbert, La soledad de los moribundos, trad. de Carlos Martín, 2da. Edición, México, Fondo de
Cultura Económica, 1989.
39
ELÍAS Norbert, La soledad. p, 36-37.
37
familiares. No sería entonces igual la muerte de un ser querido a la de un
extraño o enemigo.
Para Norbert Elías existen cuatro maneras de mirar a la muerte: la primera
consistiría en usar la forma más antigua y pensar que existe una vida posterior,
pensando entonces en una resurrección o en la vida después de la muerte; la
segunda consiste en reprimir la idea de perder la vida, la tercera, pensar que
otros mueren pero uno no; y la última: mirar de frente a la muerte.40
Una historia de la muerte para el caso mexicano sin duda es la obra realizado
por Claudio Lomnitz, Idea de la muerte en México41, en su libro aborda el estudio
de la historia de la muerte vista a través de la larga duración, su análisis se
apoya en la historia social y cultural, pero también en la historia política. Parte
del estudio de la transformación histórica de las relaciones e imaginarios en
torno la muerte y el control de los muertos desde la Conquista de México a la
época contemporánea. Dentro de los planteamientos centrales que expone
Lomnitz es una historia de la muerte ligada enérgicamente con el proceso de
formación de la identidad nacional, haciendo un exhaustivo análisis de las
prácticas funerarias desde la época precolombina, los matices e hibridismo que
surgieron durante el periodo virreinal y como se transforma en el siglo XIX, hacia
una exaltación de la identidad, una muerte que se fue nacionalizando.
Para Lomnitz la muerte se relacionó con un mestizaje cultural, que adquirió
distintas categorías, entre ellas su adopción como símbolo mexicano, con un
amplio grupo de representaciones materiales y culturales que se generaron a
partir de los complejos procesos históricos.42 Otro aspecto que vale la pena
rescatar es el desarrollo que se hace a lo largo de la obra del concepto de
religión popular y cultura popular propuesto en la obra de Philippe Ariés.
40
ELÍAS Norbert, La soledad. p,.9
41
LOMNITZ Claudio, Idea de la muerte en México, México, Fondo de Cultura Económica, 2006.
42
LOMNITZ,Idea de la muerte, p. 55.
38
El mestizaje cultural que menciona el Lomnitz, le sirve como categoría para
desentrañar el complejo sistema de prácticas funerarias posteriores al periodo
de conquista. Dentro de sus hipótesis señala el peligro reduccionista al
considerar que existió una simple trasposición de las costumbres funerarias de
España a México, así mismo arroja una duda sobre las hipótesis concernientes a
la supervivencia intacta de las costumbres funerarias indígenas, ya que ante el
gran número de moribundos durante el período de la conquista, la
transformación en el ritual y la percepciones ante el acto de morir fueron
aceleradas y en un principio poco asimiladas.
Otro de los planteamientos realizados por Lomnitz refiere a “la domesticación”
del ritual funerario, en lo que coincide con Ariés en su idea de la “muerte
domada”. El autor menciona que esto se dio principalmente en el día de las
ánimas y su manifestación material fue el altar doméstico, las ofrendas y
limosnas llamadas “calaveras” para los niños y los pobres, donaciones
económicas se relacionaron con la idea del purgatorio. Sumada a esta
“domesticación y popularización del culto de los muertos,” se encontraba la
pompa funeraria de la élite novohispana, prácticas pretendieron contrarrestar a
siglo XVIII con las reformas ilustradas. Claudio Lomnitz explora como esta idea
y representación de la muerte en el siglo XIX pasó a formar parte importante de
la construcción cultural de la muerte vinculado con el Estado: “la muerte no era
nada si dejaba de ser macabra, y la rica tradición de manipulación de los
muertos se convirtió en el legado del Estado moderno”43. Además analiza el
papel que jugó la muerte en el discurso político mexicano, que se apoyó en un
dominio oficial de los moribundos, de los muertos y de la representación de la
muerte. Lo anterior fue clave para la formación de una identidad nacional
apoyada entre otras representaciones en las imágenes populares la muerte,
especialmente aquellas que se referían a los “héroes nacionales” y al pasado
glorioso, de esta manera se unía la idea de la muerte con la historia nacional.
43
LOMNITZ, Idea de la muerte, p. 55
39
En el estudio de la historia de la muerte, el lugar de enterramiento es de suma
importancia, existen tres términos que se encuentran en la historiografía que en
ocasiones son utilizados indistintamente, el camposanto, cementerio y panteón,
que cabe señalar que no refieren a lo mismo, y es por eso que a continuación
trataré de dar una explicación más profunda sobre estos conceptos y como
serán utilizados en esta investigación.
La palabra camposanto según el diccionario del cristianismo es un término
que designa un cementerio como tierra bendita, concepto que fue utilizado para
designar la última morada de los muertos. Consistió en un terreno santificado
por medio de agua bendita así como litúrgicamente, con el fin de que pudieran
ser enterrados los fieles difuntos, en la creencia que ellos duermen su último
sueño en espera de resurrección44; algunas veces se estableció de manera
provisional, no planeado, ni delimitado. Estos espacios se ubicaron
generalmente en los atrios de las iglesias tanto en la ciudad como en las
comunidades rurales. Cabe mencionar que los más importantes enterramientos
se realizaron al interior de los templos, pues según el pensamiento católico,
entre más cercas de altar principal mayores serían las bendiciones espirituales
para que el alma descansara en paz, este era un beneficio de pocos, sobre todo
de sacerdotes y de las élites.
El término de camposanto no puede desligarse de su pensamiento religioso y
sobre todo católico, por lo que consideré necesario rescatar el pensamiento de
un obispo chileno del siglo XIX, quien público algunas consideraciones sobre la
historia de los cementerios, como respuesta al proceso de secularización y
laicización en Chile. Dentro de los primeros esbozos que realiza el Obispo Salas
son las definiciones sobre lo que dentro del pensamiento religioso se considera
cementerio o camposanto señalando que:
44
OLIVE DE LA BROSSE, Antonin,Marie HENRY, Philippe ROUILLARD, Diccionario del
Cristianismo, Barcelona, Editorial Herder, 1986. P. 130-156
40
el significado i buscad la etimolojia de las palabras dormitoria
(cementerios) Areae, Tunbae, Catacumbae, Cryptae, Poliandrium,
Monumentum, Sarcophagus, Tumulus, etc. Frecuentemente usadas en la
antigüedad eclesiástica para designar los sagrados lugares en que
esperaban los cuerpos de los mártires, de los confesores de la fé i de
todos los demás hijos de las Iglesia, la futura resurrección de la carne, i
veréis que la sepultura i el cementerio católicos eran cosas santas, i
emblemas o símbolos de dulcísimas esperanzas en otro mundo mejor. 45
Además mencionaba que como el bautismo era parte del inicio de la vida, la
tumba era el fin de la existencia en la tierra, momentos que eran “cobijados por
la Iglesia como madre de ternura que toma en sus brazos a los hijos.” 46 En este
pensamiento religioso un lugar santo de enterramiento era la puerta a la
eternidad, pues resguardaba el cuerpo para el día del Juicio Final: “El cuerpo
compañero del espíritu durante el tiempo de prueba, es por el bautismo, por la fe
i la infusión de la gracia, un templo del Espíritu Santo; deberá resucitar algún día
i recibir también sus recompensas o sus castigos según el mérito de sus
obras”.47
El tema de los lugares de enterramiento estaba legislado, en ellos se
mencionaba que los camposantos recibían consagración a través de un rito
espacios dedicados al Señor y por lo tanto quedaban bajo la custodia de la
Iglesia.
Para la Iglesia los camposantos permeaba un fuerte sentimiento de preservar
el alma más que el cuerpo, sin embargo no en todos los casos fueron así; pues
la Iglesia Católica consideró importante resguardar el cuerpo de sacerdotes o
miembros importantes, dando paso a lo que se conoció como reliquias, esto
mostró una percepción ideológica del cadáver a: “los cuerpos de los santos
fueron exhumados y examinados los cuales expedían olores agradables […]
45
SALAS HIPÓLITO José, Los cementerios, Valparaíso, Imprenta del Mercurio de Torneo y Letelier,
1872, p. 18
46
SALAS HIPÓLITO José, Los cementerios, p. 17
47
SALAS HIPÓLITO,José Los cementerios,p.21
41
estos eran evidencia de su virtud y santidad, el caso de los restos sagrados de
santos y mártires, la muerte y sus efectos en el cuerpo no son repugnantes.”48
Estos cuerpos recibieron otro tipo de proceso funerario, eran mutilados y
convertidos en reliquias que eran veneradas en las iglesias, propiciando que
muchos de los fieles desearan tener un espacio lo más cercano posible a las
reliquias del santo. Y aunque el alma ya se encontrara ausente, el santo podía
estar cerca y al alcance de los vivos; estas ofrendas post mortem podían
significar la diferencia entre los largos tormentos en el purgatorio y la
recompensa inmediata en el paraíso, ideas que fueron de gran valía y se
manifestaron directamente en el espacio del camposanto y en el tratamiento
físico e ideológico del cadáver, así como en los rituales que realizaron los
miembros de la iglesia católica, familiares y conocidos para una exitosa
transición.
En el caso latinoamericano, sobre todo en Colombia, Brasil, Perú, Chile
y México, los lugares de enterramiento para los fieles de la iglesia católica fueron
los camposantos. Dentro de los trabajos que incorporan el tema de los
camposantos se encuentran los elaborados por Verónica Zarate Toscano 49 y
Nadine Béligand49.
El trabajo de Verónica Zarate Toscano analiza el camposanto y la percepción
de la muerte en la nobleza novohispana. Da sustento a su investigación a través
del análisis de diversas fuentes como: correspondencia particular, diarios,
crónicas, obras artísticas y literarias, centrando un interés particular en el análisis
de los testamentos, los cuales fueron de las pocas manifestaciones materiales
48
ZARATE TOSCANO Verónica, Los nobles ante la muerte en México, actitudes, ceremonias y memoria
(1750-1850), México, El Colegio de México-Instituto Mora, 2000, p.145
49
BÉLIGAND Nadine, “La muerte en la ciudad de México en el siglo XVIII”,en Historia
Mexicana,México, El Colegio de México, julio-septiembre, vol.LVII, 2007.
42
que permitieron documentar la percepción social de la muerte sobre todo para
los siglos XVI, XVII y XVIII.
El testamento fue una manifestación material que cumplió con ciertas
pautas, entre ellas: cumplir con normas eclesiásticas, preceptos cristianos,
además de ser un instrumento legal que garantizó en cierta medida la última
voluntad de la persona y además era una guía a seguir para los herederos. A su
vez en él se reflejaron algunas preocupaciones civiles y religiosas que presentó
la persona ante la cercanía de su muerte. En este trabajo se presenta el análisis
de 303 testamentos elaborados por 181 personas de la nobleza novohispana
entre la segunda mitad del siglo XVIII y primera del XIX, el criterio que orientó su
búsqueda fue la localización y transcripción de estos testamentos, elaborados
por las personas que ostentaron un título de nobleza.
Los camposantos durante la época novohispana se encontraban presentes
en la vida cotidiana de las personas, para acceder a escuchar la misa se tenía
que transitar por el espacio destinado para los fieles difuntos, se convivía con la
muerte. Otra de las consideraciones a reflexionar es el anonimato de las tumbas
durante este periodo pues la sepultura para el común de la población sólo se
señalaba con una cruz.
Por su parte Nadine Béligand ha realizado algunos estudios en donde trata el
tema de la historia de los cementerios en la ciudad de México y en él hace
algunas precisiones sobre los camposantos. Las capillas de los conventos
contaban con camposantos “los atrios de las iglesias se transformaron en atrios-
cementerios de modo que la comunidad de los vivos pisaba permanentemente
las sepulturas”50. Estos espacios no fueron exclusivos, pues la población de la
ciudad de México se enterraba también en los algunos hospitales, ya que hemos
de recordar que estos durante el periodo virreinal se encontraban a cargo de la
Iglesia.51
50
BÉLIGAND Nadine, “La muerte”p. 20
51
BÉLIGAND Nadine, “La muerte”p. 20
43
Otro elemento al que pone atención Béligand a través del análisis de
testamentos que realizó se dio cuenta de que pocas veces se elegían a los
camposantos adyacentes es decir aquellos que se encontraban en el espacio
contiguo a la capilla, ya que se prefirió ser enterrado al interior. Dentro del
análisis se plantean dos ejemplos de gran valía, que son las excavaciones que
se realizaron en Mixquic y en la catedral de Guadalajara, en las que se
observaron un conjunto de tumbas alineadas de manera perpendicular a la nave,
enterradas de esta manera para permitir optimizar el espacio y que más fieles
pudieran tener un espacio al interior del recinto. Nadine aprueba la hipótesis de
Zarate señalando que los atrios de las iglesias no estaban separados de la
comunidad de los vivos, los cuales convivían en este espacio y además pisaban
permanentemente las sepulturas: “A este modelo respondió la primera parroquia
mixta (para indios y españoles) y luego sólo indígenas de San José de los
Naturales, que contaba con un gran patio, cuyo suelo adoquinado era
cementerio.”52
Las prácticas funerarias que se realizaron al interior de estos camposantos
también fueron estudiadas por las autoras antes mencionadas. Pero como
puede definirse a un ritual funerario, según las conceptualizaciones realizadas
por el antropólogo Arnold Van Gennnep, es como un rito de paso, en los que se
incluyen aspectos trascendentales en la vida como: nacimiento, iniciación,
matrimonio y muerte, es un rito de separación.53
Podemos definir como ritual funerario aquellas prácticas que la sociedad
realiza para despedir, purificar y procurar que el difunto tenga un buen descansó,
así dependiendo del credo religioso estas son modificadas. Lo que permanece
es el respeto por el cadáver y la creencia de una inmortalidad del alma, a decir
52
BÉLIGAND Nadine, “La muerte”p. 20
44
de Frazer: “es imposible no sorprenderse ante la fuerza, y quizá debiéramos
decir ante la universalidad de la creencia en la inmortalidad”.54
Tanto en la obra de Verónica Zárate como en la de Nadine Béligand el tema
del ritual funerario cobra gran importancia. Éste para finales del siglo XVII y
durante el XVIII era eminentemente barroco. Según el análisis realizado por
Zárate las actitudes de la muerte se dieron en dos sentidos: tanto del moribundo
como de los familiares y personas que se encontraban cercas. Uno de los
momentos clave era la agonía, manifestaciones físicas que mostraban que
estaba cerca la hora de muerte. Como parte de su formación como buenos fieles
de religión católica, se desplegaban todas las costumbres que le garantizaran al
moribundo una buena muerte. Estas prácticas regulatorias de cómo comportarse
ante el momento de la muerte de un fiel católico se encontraban escritas en los
libros del bien morir, literatura difundida en la época novohispana, que
pretendían hacer de la vida una preparación constante para la muerte y además
que en ellos se describían las ceremonias y así como una serie de pensamientos
que rodeaban al acto de morir:
Los libros circulaban en la Nueva España, fueron editados
principalmente en Europa. Había títulos como la Agonía del tránsito de la
muerte, de Alejo Venegas del Busto, la Muerte prevenida o christiana
preparación para una buena muerte, escrito por un sacerdote jesuita, la
Visita de enfermos y ejercicio santo de ayudar a bien morir, de Antonio
Arbiol, La dulce y santa muerte, de Juan Crasset, y la Portentosa vida de
la muerte, de fray Joaquín de Bolaños.55
El funeral sobre todo el de la nobleza estaba cargado de simbolismos y lujos,
la muerte de estos nobles se convirtió en un modelo a seguir por los distintos
estratos de la sociedad, sin embargo menciona la autora que cabe la posibilidad
de que los nobles incorporaran algunas costumbres populares, lo que empata
con el argumento de Lomnitz, la muerte fue algo que unió y dividió de cierta
54
MORIN Edgar, El hombre y la muerte, Barcelona, Editorial Kairos, 2003.p. 24
55
MORÍN Edgar, El hombre, p. 145.
45
manera a la sociedad. En relación con algunos elementos aglutinadores
sociales, consideró que lo fue la religión católica y en lo que refiere al tema
fúnebre fue la figura de San Francisco de mayor injerencia espiritual entre la
población, al menos así lo señala Béligand: “muchos moribundos pidieron llevar
su hábito… santo que gozó de mucha popularidad e incluso se lo consideraba el
“segundo Cristo encarnado”. Dotado de facultades para interceder por las almas
del purgatorio.”56 Sumado a lo anterior y consonancia con el argumento de
Philippe Ariés, Nadine Béligand menciona que la sociedad novohispana con el
paso de tiempo consiguió “domar” a la muerte, y al hacerlo, adoptar actitudes
cada vez más individualizadas en las prácticas rituales destinadas a los muertos,
manifestando sus percepciones sobre el juicio final, el purgatorio y la
resurrección.
Los camposantos también fueron una muestra clara de esta idea de la muerte
“domada” en donde permeaba el sentimiento de preservar más el alma que el
cuerpo, pero no en todos los casos fue así.Por ejemplo, en el caso de algunos
sacerdotes o miembros importantes de la Iglesia, se pensó en necesario
conservar el cuerpo transformando estos en reliquias, lo que conllevó un
tratamiento y observación ideológica del cadáver:
Los cuerpos de los santos fueron exhumados y examinados los cuales
expedían olores agradables…estos eran evidencia de su virtud y santidad, el
caso de los restos sagrados de santos y mártires, la muerte y sus efectos en el
cuerpo no son repugnantes57
Martina E. Will en su artículo, aborda el tema del cuerpo y los procesos a los
que eran expuestos al momento de morir. Los cuerpos de los santos o de los
miembros importantes de la Iglesia recibieron un tratamiento distinto, eran
mutilados y convertidos en reliquias que eran veneradas en las Iglesias. Esto
propició que muchos de los fieles desearan tener un espacio lo más cercano
posible al santo. Y aunque el alma ya se encontrara ausente, el santo podía
BÉLIGAND Nadine, “La muerte”p.22
56
57
WILL DE CHAPARRO Martina E. “De cuerpo a cadáver: El tratamiento de los difuntos en Nuevo
México en los siglos XVIII y XIX” en Relaciones, Núm. 94, Zamora, Michoacán, El colegio de
Michoacán, 2003.p. 63
46
estar cerca y al alcance de los vivos, cuyas ofrendas post mortem podían
significar la diferencia entre el purgatorio y las recompensas inmediatas del
paraíso. Estas ideas fueron muy importantes y se manifestaron directamente en
el manejo del cuerpo del difunto y en los rituales que realizaban los familiares y
conocidos para una exitosa transición. El entierro era el último de una serie de
ritos que incluía rezos, la última unción, el velorio y la misa funeraria, todos ellos
enfocados en el cadáver.
Estos rituales asociados con la muerte se transformaron de manera lenta
entre los siglos XVI y XVIII, modificándose la percepción de cuerpo del muerto y
los espacios de enterramiento, tema de discusión entre la Iglesia y el Estado en
el siglo XIX.
El análisis de la literatura especializada muestra claramente de manera
general el tema de los camposantos y las prácticas funerarias sobre todo de los
notables de la ciudad de México, así como las percepciones acerca del difunto,
cabe mencionar que si bien no se profundiza en el tema de las prácticas
populares y la posible simbiosis que ocurrió entre los diferentes estratos sociales
y sus rituales funerarios, sí puesto en evidencia a fin de que el lector vaya
haciendo sus propios análisis, se extraña una mayor profundización pues
ayudaría a entender mejor esta concepción de la muerte en la sociedad
novohispana.
Dentro de los historia de los cementerios han existido coyunturas importantes,
algunas violentas y apabullantes, y otras de un carácter ideológicas-políticas. El
paso de camposanto a cementerio, forma parte importante de esta historia. A
mediados del siglo XVIII el pensamiento ilustrado consideró que los
camposantos ya no eran salubres para las poblaciones pues en muchos casos
se encontraban saturados de cadáveres emitiendo gases pútridos que
enfermaban a la población. Se emitieron cédulas reales con el fin de suprimir
estos espacios de enterramiento, hecho que no se suscitó inmediatamente y que
trajo consigo una serie de contratiempos y contradicciones.
47
Dos conceptos que atraviesan constantemente el tema de los espacios de
enterramiento y que además son hilo conductor que no pueden quedar fuera, por
ser dos maneras de estar en el mundo, y también de percibir a la muerte, son lo
sagrado y lo profano.
Por sagrado podemos entender aquello que está relacionado con la divinidad.
El término sagrado se deriva del latín sacer y refiere a separación o
trascendencia, en este caso relacionado con la existencia de una potencia
sagrada que le permite al hombre situarse una realidad dentro del cosmos
caótico, estableciendo un punto fijo que guía su modo de ver y estar en el
mundo, sagradas pues son las cosas que le pertenecían a la dioses, que eran
extraídas del uso libre de los hombres.58 El espacio sagrado, implicó según
Mircea Eliade una manifestación divina o hierofanía, en donde “lo sagrado
irrumpe para destacar un territorio del medio circundante y hacerlo
cualitativamente diferente”59.
Lo profano por su parte, a decir de Agamben, “es la cosa restituida al uso
común de los hombres, pero el uso no aparece aquí como algo natural: a él se
accede solamente a través de una profanación”60, es decir es aquello que siendo
sagrado es restituido al uso de los hombres.
Los espacios de enterramiento pertenecen a ese terreno sagrado que se
encuentra en constante cercanía con el mundo profano de la ciudad, separado
por el umbral de la entrada, pero que no los delimita y los aleja si no que son
espacios que se cruzan y yuxtaponen:
El umbral que separa los dos espacios indica al propio tiempo la distancia
entre los dos modos de ser: profano y religioso. El umbral es a la vez el
hito, la frontera, que distingue y opone dos mundos y el lugar paradójico
58
ELIADE Mircea , Lo sagrado y lo profano, Barcelona, Paídos Ibérica, 2008, p. 17
59
ELIADE Mircea , Lo sagrado,p. 20
60
AGAMBEN Giorgio, Profanaciones, Argentina, Adriana Hidalgo, 2005, p. 20
48
donde dichos mundos se comunican, donde se puede efectuar el tránsito
del mundo profano al mundo sagrado.61
Según las circunstancias históricas los espacios de enterramiento han jugado y
han sido parte de ambas percepciones sagrada-profana, y que quedó
claramente evidenciado en la prohibición de los camposantos como lugares de
descanso eterno y en la creación de los cementerios extramuros.
Desde mediados el siglo XVIII con las reformas ilustradas se suscitó todo un
revuelo sobre el lugar de descanso de los muertos, influenciado por el problema
higiénico y de la salubridad. El trasfondo fue un asunto de poder y control sobre
la vida y muerte de la sociedad. El Estado pretendió ir restando autoridad a la
Iglesia, problema que tardó varios años en definirse y plasmarse en situaciones
concretas. En este contexto se encuentran los trabajos realizados por Anne
Staples62, Sonia Alcaraz Hernández63, Alma Victoria Valdés.64
Sus trabajos están enfocados en los debates y circunstancias que se
generaron en el siglo XIX en torno a la muerte y a los muertos. En el caso del
análisis de Anne Staples y Alma Victoria Valdés, consideraron importante
señalar los antecedentes coloniales, sobre todo los del siglo XVIII novohispano,
a fin de poder mostrar de una manera más clara las rupturas y continuidades
posteriores, dándole prioridad a algunas prácticas previas a la muerte y a ciertos
rasgos del ritual funerario acostumbrado entre los nobles y eclesiásticos
notables. Especial atención les mereció el tema de las políticas ilustradas, la
creación de los cementerios extramuros, las medidas liberales y la creación de
cementerios privados.
Sus trabajos tuvieron sustento en una variedad de fuentes como: periódicos,
revistas, obras literarias de la época, epitafios, folletos y diferentes tipos de
61
ELIADE, Lo sagrado, p. 17
62
STAPLES Anne “La lucha por los muertos” en Diálogos, Vol. 17, Núm.5, Septiembre-Octubre, 1977.
63
ALCARAZ HERNÁNDEZ Sonia, “Las pestilentes mansiones de la muerte: los cementerios de la ciudad
de México 1870-1890” en Trace, Núm. 58, Diciembre 2010.
64
VICTORIA VALDÉS Alma, Itinerario de los muertos, México, Plaza y Valdés-Universidad de
Coahuila, 2009.
49
imágenes como: pinturas emblemáticas, fotografías, dibujos, planos, mapas y
vestigios de monumentos funerarios.
Durante el siglo XVIII novohispano la Iglesia tenía el control sobre el ritual
funerario y el lugar de descanso del difunto. Los actos funerarios estaban
impregnados de elementos religiosos y a través de los mismos se exaltaban las
virtudes cristianes y se divulgaban mensajes aleccionadores sobre la inminencia
de la muerte. El descanso eterno del alma era lo que más preocupaba a la
sociedad novohispana. El entierro en un camposanto no estaba abierto para
toda la sociedad, estaban excluidos: paganos, judíos, infieles, herejes y
excomulgados. 65
El asunto de los camposantos se pretendió cambiar con el proyecto ilustrado,
que se enfocó al establecimiento de medidas sanitarias, al reordenamiento del
espacio urbano y desde luego, a la mejor ubicación de los camposantos. En este
contexto los cadáveres empezaron a verse como causantes de enfermedades y
muerte, por lo que buscaron su pronta segregación, sin embargo el avance de
estas políticas fue lento y se formalizaría hasta mediados del siglo XIX.
La disputa por los muertos entre la Iglesia y el Estado fue larga además que
ambos utilizaban sus instrumentos de poder para controlar a la sociedad que se
encontraba en medio de dos posturas totalmente diferentes.
Para Anne Staples aunado a esto estaba el problema de los sitios “ideales”
para la creación de los cementerios. Las autoridades en muchas ocasiones
sobre todo en la primera mitad del siglo XIX dejaban proyectos inconclusos por
falta de dinero. Un mayor control se comenzó a formalizar a partir de 1842 y ya
de una manera más definitiva en 1859 con las leyes de secularización.66
65
VICTORIA VALDÉS, Itinerario de los muertos.El camposanto al ser un lugar sagrado sólo permitía que
en él se enterraran miembros de la Iglesia Católica, que estuvieran ya bautizados, por esta razón ni los
judíos o aquellos considerados herejes o personas que de alguna manera violaran las leyes de la iglesia
católica no podían recibir sepultura en un camposanto.
66
STAPLES Anne, “La lucha por los muertos.”
50
Con la creación de los cementerios se generaron otro tipo de manifestaciones,
como tumbas individuales con inscripciones visibles que permitían su
identificación. Menciona Alma Valdés que en este contexto se generaron otros
espacios para los muertos que antes no existían, tal fue el caso de los
panteones privados pertenecientes sobre todo a la población extranjera que no
profesaba el culto católico, pero también se dio el caso de aquellos extranjeros
que a pesar de profesar el mismo culto decidían tener panteones privados como
el caso del panteón francés de La Piedad o del panteón español.
En el siglo XIX, así como la muerte se fue haciendo más liberal y los rituales
más cívicos, también cobró un sentido más científico, la muerte fue vista más en
el sentido médico.
La instalación de los cementerios reflejó este punto de vista ya que deberían
instalarse tomando en cuenta aspectos como la calidad, altura y extensión del
terreno, dirección de los vientos dominantes, así como los procesos de
descomposición de los cadáveres, la manera de realizarse las inhumaciones y
exhumaciones y el estado del cadáver, en el momento de la inhumación.67
Poco a poco se fueron modificando las prácticas y los espacios para la
muerte, sin embargo esto también dio paso a que la muerte se comenzara a
comercializar. Surgieron los empresarios de las pompas fúnebres “quienes
frecuentemente ofertaron sus servicios a fin de facilitar la cobertura de trámites y
para adecuar los procedimientos funerarios a las pautas de higiene y civilidad
que demandaba el proceso de modernización del país” 68. Estos agentes se
encargaban de todo lo que la familia y el muerto necesitaban para tener una
“muerte moderna”. Sin duda el siglo XIX fue mostrando un panorama distinto del
periodo colonial que complejizaba los espacios de los muertos.
67
ALCARAZ, “Las pestilentes mansiones”
68
ALCARAZ, “Las pestilentes mansiones”, p. 145.
51
1.3 El cementerio: manifestación arquitectónica y artística
El estudio del cementerio como espacio artístico y arquitectónico ha dado
algunos frutos en el campo historiográfico de la muerte, los estudios hasta la
fecha realizados sobre los cementerios de extranjeros en México se encuentran
en este tenor. Entre ellos el realizado por Margarita Martínez El arte funerario de
la ciudad de México69. El análisis de la obra versa entre el esbozo sobre la
evolución de los cementerios, la problemática del paso del camposanto a
cementerio hasta aterrizar en su estudio en los cementerios de la ciudad de
México, sobre todo los que fueron originados en el XIX, mencionando en su
estudio al cementerio inglés, estadounidense, francés y español.
Sobre el tema de los cementerios de extranjeros en México la única obra
rastreada hasta el momento es la realizada por Aida Suarez Chávez, Cementerio
británico de Real del Monte. Espíritu de un pasado70. El análisis gira en torno a
varios temas que se vinculan con la historia de este cementerio británico, entre
ellos la llegada y permanencia de los ingleses en Pachuca y Real del Monte.
Los panteones de extranjeros, sobre todo en los inicios del siglo XIX, fueron
motivo en muchas ocasiones de fuertes problemas religiosos y también
diplomáticos71, ya que al no estar establecidos aún los cementerios civiles el
único espacio que cumplía las funciones de recibir y dar una sepultura al cuerpo
era el de los camposantos, pero imposible pensar que en ellos fuese a ser
enterrado algún posible hereje o protestante. De esta manera el origen de los
panteones ingleses en el país se debió a estas a diferencias religiosas, Margarita
Martínez señala que para el caso de ciudad de México el cementerio británico
abrió sus puertas para albergar a de Daniel Thomas Egerton y su esposa. El
69
MARTÍNEZ, El arte funerario.
70
SUAREZ CHÁVEZ Aida, Cementerio británico de Real del Monte. Espíritu de un pasado, Hidalgo,
Fondo Estatal para la Cultura y las artes, 2010.
71
Parte de estas disputas las resolvió el gobierno mexicano con el Tratado de amistad de México y Gran
Bretaña de 1826 y con Estados Unidos en 1832.
52
panteón, que se encontraba ubicado en lo que ahora son las calles de Virginia
Fábregas y Rivera de San Cosme, desapareció cuando se construyó el circuito
interior, conservando solo la Capilla Británica, que dio paso al Centro Cultural de
la Ciudad.
Otro espacio funerario para los ingleses fue el establecido en Real del Monte,
que albergó a un grupo de emigrantes de Cornualles y de otros puntos de
Inglaterra. De acuerdo con Aída Suarez, la instauración de este cementerio
también se debió a ciertas diferencias religiosas y costumbres funerarias. Esto
llevó a los ingleses a elegir un lugar en donde pudieran profesar con libertad su
religión y ritos funerarios.72 El primer sepultado extranjero en Real del Monte fue
un judío. Se menciona que los mexicanos negaron que fuese sepultado en sus
camposantos, por lo que se le dio sepultura en el cerro conocido como el
“Judío”: “en 1824 un judío non grato entre la población y entre la iglesia católica,
fue enterrado en un lugar muy lejano al pueblo”73. Actualmente el cementerio
cuenta con 300 tumbas, la mayoría de los que fueron sepultados eran
protestantes y las esculturas funerarias del panteón contienen un gran número
de símbolos masónicos. Muchos murieron debido a enfermedades que afectaron
sus vías respiratorias y algunas enfermedades relacionadas con padecimientos
cardiovasculares.
Esta comunidad de ingleses se dedicó principalmente a la minería, sin
embargo se menciona que los británicos no se limitaron a este oficio, pues
muchos de estos mineros ejercieron como albañiles, mecánicos, herreros,
torneros, almacenistas, administradores e incluso médicos74.
Otro de los cementerios pertenecientes a esta comunidad de extranjeros fue
el panteón francés. En su obra Margarita Martínez menciona que fue construido
en el año de 1886, localizado en la avenida Cuauhtémoc y el Viaducto Río de La
Piedad. Fue considerado en la época entre los más bellos y sobre todo
72
SUAREZ CHÁVEZ, Cementerio británico, p. 45
73
SUAREZ CHÁVEZ, Cementerio británico, p. 51
74
SUAREZ CHÁVEZ Aida, Cementerio británico.
53
“modernos”. Este espacio fue tema de escritura de algunos intelectuales
mexicanos como Manuel Altamirano que invitaba a la creación de panteones
nacionales con las características que presentaba este espacio afrancesado.
Existen otros trabajos sobre el estudios de los cementerios desde este
enfoque artístico-arquitectónico, muchos de ellos son artículos que abordan la
temática a un nivel regional como los realizados por América del Rosario
Malbrán Porto75, María Elena Stefanón76, Estrellita García Fernández77, Javier
García de Alba García,78 Adriana Corral Bustos y David Eduardo Vázquez
Salguero79. Estos trabajos tienen en común dos temáticas: el espacio
arquitectónico como resultado de nuevos lenguajes sobre la muerte, que
involucraban a los discursos médicos e higiénicos sobre cuerpo y el análisis de
los monumentos funerarios en su aspecto simbólico y artístico.
Desde finales del siglo XVIII el problemática de los lugares de
enterramiento comenzó a ser parte del discurso higiénico, debido, en otras
cosas, a que muchos de los camposantos se encontraban con una congestión
de cadáveres, además de que eran considerados focos de infección por los
olores pútridos que despedían. Esta situación, para los reformistas, debía ser
controlada pues esta relación entre vivos y muertos tenía ya que empezar a
cambiar pugnando por una mejor salud de la población. El discurso higienista se
intensificó con la serie de epidemias que se desataron a finales del siglo a XVIII
y principios del siglo XIX, esto provocó que muchos hospitales provenientes del
clero destinaran en su espacio un lugar para el entierro, que solucionaba en
75
MALBRÁN PORTO América del Rosario “Elementos de origen masónico en la iconografía del
cementerio de San Fernando” en Antología 6ª.Reunión Nacional, Mérida, Red Mexicana de estudios de
espacios y cultura funerarios, 2009, p.25-35
76
STEFANÓN L. María Elena. “El primer cementerio extramuros dela ciudad de Puebla”, en Antología
6ª.Reunión Nacional, Red Mexicana de estudios de espacios y cultura funerarios Mérida, 2009, p.177-193.
77
GARCÍA FERNÁNDEZ Estrellita, “Salud y muerte en el conjunto de Belén”, en Espiral, Vol. XVI,
Núm,46,septiembre-diciembre, 2009.
78
GARCÍA DE ALBA Javier, et, alt. “Cementerios y salud pública en Guadalajara”, en Cirugías y
Cirujanos, Volumen 69, Núm. 6, Octubre-Diciembre 2001.
79
CORRAL BUSTOS Adriana y David Eduardo VÁZQUEZ SALGUERO, “El cementerio del Saucito en
San Luis Potosí”79, en Relaciones, Núm. 94, Zamora, Michoacán, El colegio de Michoacán, 2003.
54
cierta medida el asunto de la falta de espacios. Así surgieron algunos
cementerios extramuros como el Panteón de Nuestra Señora de Belén en la
ciudad de Guadalajara.
En las primeras décadas del siglo XIX el tema seguía vigente pero las
condiciones económicas por las que atravesaba el país impedían que se
tomaran decisiones serias y definitivas, sin embargo pese a esto surgieron
algunos cementerios extramuros como los realizados en Veracruz y Puebla.80
Los nuevos cementerios fueron erigidos por la Junta de Salubridad en las
afueras de las ciudades por las nuevas demandas higiénicas. En este periodo se
pensó que una de las principales funciones del Estado era asegurar la salud
pública de la población82. Sin embargo como lo menciona Thomas Laqueaur
esto respondió a un contexto internacional. Los cementerios estaban
reglamentados por el Código Sanitario, en 1871 se dedicó un capítulo a la
inhumación, exhumación y el traslado de los cadáveres. Los artículos del 230 al
241 señalaban que: “los cementerios deben situarse fuera de la ciudad, en un
punto opuesto a la dirección de los vientos dominantes, cuando menos a dos mil
metros de distancia de las últimas casas de la población… no se permitirá la
inhumación de cadáveres en nichos, sino que ha de ser precisamente en el
duelo y las fosas.”83
Los nuevos cementerios fueron elegidos por la Junta de Salubridad, las
afueras de las ciudades fueron los sitios que se privilegiaron por las nuevas
demandas higiénicas. En este periodo se pensó que una de las principales
funciones del Estado era asegurar la salud pública de la población81. Sin
embargo como lo menciona Thomas Laqueaur esto respondió a un contexto
internacional. Los cementerios estaban reglamentados por el Código Sanitario,
en 1871 se dedicó un capítulo a la inhumación, exhumación y el traslado de los
cadáveres. Los artículos del 230 al 241 señalaban que: “los cementerios deben
80
STEFANÓN L María Elena. “El primer cementerio”
81
CORRAL BUSTOS, “El cementerio del Saucito” p. 131.
55
situarse fuera de la ciudad, en un punto opuesto a la dirección de los vientos
dominantes, cuando menos a dos mil metros de distancia de las últimas casas
de la población… no se permitirá la inhumación de cadáveres en nichos, sino
que ha de ser precisamente en el duelo y las fosas.”82
Dentro de esta reglamentación para la inhumación y los panteones, se
encontraban presentes el temor a las emanaciones pútridas y miasmas.
También se mantenía vigente la idea de que los vientos del sur, conocidos con el
nombre de “vientos de la muerte”, eran acarreadores constantes de la
descomposición orgánica vegetal y animal, contribuyendo a la propagación de
epidemias.
Todas estas ideas higiénicas se plasmaron en la arquitectura de estos nuevos
espacios y se procuró en la medida de lo posible que se cumpliera con las
disposiciones antes mencionadas.
Sin embargo el cementerio fue más allá de ser solamente un espacio laico e
higiénico. Fungió como espacio de encuentro entre vivos y muertos, en una
nueva oportunidad para preservar la memoria se incorporaron nuevos elementos
y percepciones, como la individualización de las sepulturas y los monumentos
funerarios, en ellos se expresó simbólicamente la vida de la persona fallecida.
Éste espacio mortuorio se convirtió en un paisaje de expresión de la propia
sociedad, que la concibió como la nueva casa del difunto, en el que el arte
lapidario tuvo cabida con tumbas neoclásicas y neogóticas, o de sencilla factura
en donde los símbolos de vida y muerte se conjugan para lograr el recuerdo del
difunto. El cementerio se fue convirtiendo en un espacio con movimiento y
memoria.
Los trabajos antes mencionados ilustran de manera general cuál fue el
panorama de los cementerios y sobre todo del arte lapidario local, además
sugieren una gran cantidad de temas como la religión, la simbología y las
82
GARCÍA FERNÁNDEZ, “Salud y muerte”. p. 27
56
costumbres funerarias sin profundizar en ninguno de ellos, otorgan buenas
pistas para nuevas investigaciones, sobre todo en lo que refiere al usos de sus
fuentes.
Dentro de la historiografía de la muerte en México existen algunos trabajos
dedicados a los retratos funerarios que surgen en la segunda mitad del siglo XIX
mexicano, dan cuenta de la percepción que se tenía del fallecimiento, y la
fotografía como un momento de perpetuidad. En este contexto se encuentran los
trabajos dedicados en la Revista Artes de México que dedicó su número 15 al
tema de la muerte niña. Entre ellos está el realizado por Enrique Molina83,
Gutierre Aceves 84, así como los trabajos de Isaura Wienke85, Gustavo Curiel86 y
Judith Rendón de la Torre.
Los estudios se han enfocado más a estudiar las representaciones de lo que
se conoce como muerte niña, que consistía en fotografías de niños que a
temprana edad habían perdido la vida, en muchos de los trabajos se privilegia
los retratos de niños de escasos recursos. Esto no quiere decir que fueran los
únicos que eran usuarios de este servicio, ni tampoco que las fotografías se
limitaran al retrato de los niños difuntos.
El antecedente inmediato de este tipo de retratos se encuentra en la época
colonial, se propagó esta costumbre a través de pinturas, que se denominaron
“dormiciones”, las cuales eran parte de una ceremonia más amplia que era
conocida como “velorio de angelitos”87.
83
MOLINA Enrique, “Presagios” en Artes de México, El arte ritual de la muerte niña, Tomo 15, México,
Primavera 1992,
84
ACEVES Gutierre, “Imágenes de la inocencia eterna”, en Artes de México, El arte ritual de la muerte
niña, Tomo 15, México, Primavera 1992.
85
WIENCKE Isaura, “Romualdo García Torres, el fotógrafo de los Ángeles en vuelo” en: Memorias de la
7ª Reunión Nacional, Toluca, Versión Digital, 2010
86
CURIEL Gustavo, Fausto RAMÍREZ, Antonio RUBIAL y Angélica VELÁZQUEZ, Pintura y Vida
Cotidiana en México 1650- 1950, México, Fomento Cultural Banamex, A.C,- CONACULTA, 1999.
87
ACEVES, “Imágenes de la inocencia, p. 27
57
La fotografía sustituyó el retrato pictórico por ser un medio más barato, que
poco a poco fue utilizado por los distintos estratos sociales, así se dio paso a
este eternizar el sueño de un angelito mediante un retrato familiar. Esta práctica
no fue privativa de México, si no que corresponde a un contexto internacional, ya
que este tipo de imágenes eran capturadas tanto en Europa como en América
Latina, eran un encargo familiar, en el cual se pretendía perpetuar la memoria
del pequeño, tanto cuadros como fotografías post mortem recordaban el
memento mori, que en latín significa recuerda que vas a morir, se inscribieron
dentro de la corriente romántica, la cual exaltaba al sentimiento sobre la razón, la
imaginación y la armonía con la naturaleza. Fueron muy común los retratos de
angelitos con los ojos cerrados, como si se encontraran dormidos, dejando a la
ilusión de que algún día despertarán. La memoria de los pequeños difuntos se
incorporó al ritual popular del angelito: el rito de paso de los niños muertos
después del bautismo a la vida en el más allá.
Los angelitos podían ser retratados en la casa de sus padres, en el estudio
del fotógrafo o en el panteón, en ocasiones se retrataba al niño solo, en otras
con un de sus padres o con los dos, con sus padrinos, sus hermanos o incluso
más familiares. Los retratados en ocasiones muestran mucha seriedad y
solemnidad o ternura al mirar a la criaturita que ha dejado la vida, pero tiene que
ver con la creencia de que a un angelito no se le debía llorar pues de ser así ya
no iría al reino de los cielos. Entonces el sufrimiento y las lágrimas tenían que
ser capturados por el lente de un extraño.
De igual manera este tipo de representaciones permite observar las
transformaciones en la percepción de la muerte, elementos del ritual y
costumbres funerarias de la sociedad decimonónica, así como algunas
estructuras mentales que permanecieron y se siguieron difundiendo durante un
largo periodo como fueron las ideas religiosas.
La historiografía sobre los cementerios mexicanos que hemos analizando en
este balance ha enfocado su interés en una diversidad de temas, sobre todo han
58
abordado el tema de la muerte y la percepción de los mexicanos, en este tenor
encontramos el trabajo de Claudio Lomnitz con el estudio de la génesis de la
cultura popular y nacional de la muerte. También encontramos trabajos que
abordaron el tema de los camposantos novohispanos y su transformación en
cementerios civiles, sus aciertos y vicisitudes. El tema artístico y arquitectónico
es sin duda el campo que ha sido más trabajado, sobre todo se ha desarrollado
en el estudio de los cementerios a un nivel regional, que aportan un
conocimiento importante sobre los espacios de la muerte alrededor del país.
Las aportaciones de este campo historiográfico son de gran importancia
sobre todo por el aporte metodológico y documental. Sin embargo, para el caso
mexicano, aún quedan problemas en torno a los cementerios sin resolver, como
el tratamiento del cuerpo y la percepción social del cadáver o sobre el ritual
funerario. A lo largo de los trabajos analizados, una de las ideas que queda muy
clara, es que estos rituales funerarios no eran de igual factura para las distintas
clases sociales. Sin embargo se han quedado en el análisis de los que contaban
con una gran pompa funeraria, olvidando al ritual popular y también el estudio de
la relación entre ambos. El estudio de los cementerios de extranjeros tampoco
ha sido ampliamente analizado-con excepción del panteón francés de la ciudad
de México-, no se ha puesto atención al estudio del cementerio como espacio
simbólico, ni a las prácticas funerarias de estos extranjeros y percepciones de la
muerte. Esta investigación pretende estudiar estos espacios como procesos
culturales, sociales y simbólicos, poniendo un especial interés en las prácticas
funerarias de estos extranjeros que llegaron en el siglo XIX mexicano, así como
la relación y retroalimentación de los cementerios mexicanos con los extranjeros
y viceversa, así como el estudio de las representaciones materiales que nos
permitan acercarnos a su pensamiento en torno a la muerte.
59
1.4 Reflexiones
¿La muerte se puede conceptualizar? A manera de reflexión voy a exponer
algunas ideas que ayudarán a entender mejor el fin de este apartado, que nos
ayudará a ir entendiendo más a los lugares de entierro de las colonias
establecidas en México. El capítulo tenía como intensión problematizar sobre
conceptos que a lo largo de la investigación fueron surgiendo y los cuáles en
algunas ocasiones eran utilizados indistintamente como el de panteón y
cementerio, el planteamiento fue reconocer y analizar estos conceptos a través
de la historiografía. Acercarse al estudio del cementerio presentó un gran reto
académico, que me llevó a realizar un esfuerzo por establecer algunas
consideraciones teóricas en torno a nuestro tópico central: el cementerio.
Un espacio de relaciones vivas en donde irrumpen las prácticas culturales
entendiendo a estas como una manera de percibir el mundo de los grupos
sociales un sentimiento de pertenencia y de identidad que se reproduce material
e inmaterialmente, es algo que según Roger Chartier nace desde la tradición, en
el caso del cementerio nace del corazón de lo más íntimo de la sociedad y se
plasma materialmente en el cementerio. Es importante comentar que en la
historiografía estudiada el concepto de práctica cultural fue un conector para
desentrañar una historia de la muerte, sobre todo en la obra de Vovelle, Ariés,
Elías, Lomnitz., que son trabajos con un enfoque a partir de la larga duración.
Otro concepto que rescato y que fue acuñado por la Geografía Cultural es
la geografía de la muerte, entiendo al espacio del cementerio como un todo
integral con diferenciaciones al interior, como una cartografía yuxtapuesta entre
el pasado y el presente. Concepto que rescata la muerte moderna acuñada por
Thomas Laqueur, proceso en el que él muerto comenzó a ser representado en
su propia tumba y tener una inscripción funeraria que le garantiza vivir en la
memoria de los vivos, y aquí puede hacerse una reflexión con una directriz un
tanto diferente pues si bien implicó más del núcleo familiar y cercano, el
60
perpetuar la memoria implicó en muchas ocasiones, resguardar la memoria de
una sociedad, en este caso la decimonónica, como lo son los cementerios
destinados a albergar a las colonias extranjeras. Si bien la tesis está enfocada
en analizar estos cementerios particulares no se desligó de los espacios de
inhumación. Para Lomnitz es una historia de la muerte ligada enérgicamente con
el proceso de formación de la identidad nacional. La muerte se relacionó con un
mestizaje cultural de adquisición de distintas categorías.
La historia de los espacios de la muerte se marcó por el proceso del paso
del camposanto a cementerio. Entiendo el camposanto desde su aspecto de
sacralidad como lo mencionaba el Obispo Salas, el bautismo era parte del inicio
de la vida, en ese sentido el camposanto y la tumba era el fin de un lugar santo
de enterramiento, era la puerta a la eternidad, un lugar consagrado. El cuerpo
desde esta visión también era sagrado, sobre todo el cuerpo de los santos o de
los miembros importantes de la Iglesia que recibieron un tratamiento distinto,
eran mutilados y convertidos en reliquias que eran veneradas en las Iglesias.
Esto propició que muchos de los fieles al momento de morir desearan ser
enterrados en un espacio lo más cercano posible al santo.
En este sentido dos conceptos que atraviesan el tema de los cementerios,
la conceptualización y la historiografía son lo sagrado y lo profano. Los espacios
de enterramiento pertenecen a ese terreno sagrado que se encuentra en
constante cercanía con el mundo profano de la ciudad, separado por el umbral
de la entrada, pero que no los delimita y los aleja si no que son espacios que se
cruzan y yuxtaponen. Según las circunstancias históricas los espacios de
enterramiento han jugado y han sido parte de ambas percepciones sagrada y
profana, y que quedó claramente evidenciado en la prohibición de los
camposantos como lugares de descanso eterno y en la creación de los
cementerios extramuros.
Por último podemos señalar que los trabajos antes expuestos tuvieron un
sustento en una variedad de fuentes como: periódicos, revistas, obras literarias
61
de la época, epitafios, folletos y diferentes tipos de imágenes como: pinturas
emblemáticas, fotografías, dibujos, planos, mapas y vestigios de monumentos
funerarios.
62
CAPITULO 2. ORIGEN DE LOS
CEMENTERIOS PÚBLICOS Y
PRIVADOS, PROCESO DE
SECULARIZACIÓN EN MÉXICO
63
2.1 El camino de la secularización
Aceptó al hombre moderno íntegramente,
con sus debilidades, sus aspiraciones y su desesperación.
Así fue capaz de dar belleza a paisajes que en sí mismos no tenían belleza,
no haciéndolos románticamente pintorescos,
sino sacando a la luz la parte del alma humana oculta en ellos;
de este modo reveló el corazón triste y a menudo trágico de la ciudad moderna.
Esa es la razón por la que ha obsesionado,
y obsesionará siempre, las mentes de los hombres modernos.
Baudelaire
El siglo XIX fue una época de grandes cambios, económicos, técnicos y
tecnológicos, políticos, culturales e ideológicos que marcaron importantes
procesos sociales, estos generaron innovaciones no sólo en el terreno material
sino también en el cotidiano.
Pensar en los procesos de secularización nos remonta a esta época y a
su relación con la modernidad, sin embargo es importante señalar que existen
diferentes maneras de abordarlos. Algunos estudiosos del tema para el caso
europeo lo ubican en el siglo XVII y XVIII, e incluso en años anteriores 88. Para el
caso latinoamericano los intentos secularizadores se dan a finales del siglo XVIII,
con algunas políticas implementadas por las reformas borbónicas y más
adelante en el siglo XIX, con los procesos de independencia respecto de la
corona española y la conformación de los estados nacionales.
Antes de comenzar con el análisis sobre el proceso secularizador en México
durante el siglo XIX, creo que es pertinente hacer algunas precisiones
conceptuales que nos ayudarán a ubicar y entender mejor la separación Iglesia-
Estado y sus implicaciones políticas y sociales. Se vinculó con lo moderno, con
el laicismo y con el libre pensamiento, utilizando estos vocablos para indicar
88
LARA MARTÍNEZ María, Procesos de secularización en el siglo XVII y su culminación en el
pensamiento ilustrado, Cuenca, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2011.
64
situaciones históricas que han sucedido la una a la otra u ocurrido de manera
simultánea.
En el diccionario de la Real Academia Española se define al verbo secularizar
como “Hacer secular lo que era eclesiástico”, lo que implica la pérdida del control
de la Iglesia cediéndolo al Estado. Podemos señalar a la secularización como un
proceso histórico que se vinculó sobre todo con Occidente y que surgió o se
generó en el contexto de la creación de estados nacionales que pretendían dotar
a sus habitantes del espíritu ilustrado de la época.89
Tal proceso puede identificarse como un suceso que se da en una variedad
de geografías y temporalidades, que implicaba tácitamente restar poder a la
Iglesia en su ámbito normativo, que se reflejó de manera directa en lo que se
conoce como desamortización, es decir la pérdida de propiedades de la Iglesia
para pasar a manos del Estado y la sociedad. La comprensión de lo anterior
resulta importante, pues con esto el Estado deja de ser confesional y se separa
de cualquier tutela religiosa, para convertirse en un Estado laico. 90
Lo cual no solamente se refería a una cuestión de Estado pues finalmente se
intentaba llevar esta secularización a los terrenos sociales e ideológicos, y en
una acción colateral la sociedad ganó también cierta autonomía, pues ahora los
terrenos de la educación, sanidad y asistencia social pasaban a manos del
Estado, que por un lado ampliaba el ámbito de la participación social, y generaba
a su vez nuevas maneras de pensamiento que se reflejaron en el ámbito cultural,
científico y artístico.
89
CÁRDENAS AYALA Elisa, “Hacia una historia comparada de la secularización en América Latina”, en
Ensayos sobre la nueva historia política de América Latina, siglo XIX, México, El Colegio de México,
2007, p. 198
90
DI STEFANO Roberto, “Por una historia de la secularización y de la laicidad en la Argentina”, en Quinto
Sol, Vol. 15, Núm.1, 2011. http://www.fchst.unlpam.edu.ar/ojs/index.php/quintosol, LARA MARTÍNEZ,
Procesos de secularización,p.16
65
Como ya lo mencionamos, se relaciona a la secularización con el laicismo.
Para el diccionario de la Real Academia Española es aquella: “doctrina que
defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente
del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa”. El laicismo implicaría
entonces un Estado que debe garantizar el derecho de los ciudadanos a tener
sus propias creencias y manifestarlas en público y en privado, así debe vigilar el
derecho de los ciudadanos a la libertad de conciencia, por lo cual no podrán ser
obligados a actuar en contra de sus propias convicciones. 91
Por otra parte la vinculación que se hace de la secularización y la modernidad
tiene que ver en cierta medida con los procesos de industrialización y
urbanización de las ciudades, pero sobre todo con las nuevas ideologías que
surgen dentro de esta época y bajo en el nuevo enfoque de “lo moderno” , la cual
coloca en el centro al hombre y lo convierte en ciudadano, además le
proporciona libertad de conciencia y de pensamiento que son parte de un
sentido religioso, pero le concede un carácter de decisión individual.
Para Elisa Cárdenas es importante rescatar las señalizaciones que realiza
Olivier Tschannen sobre los elementos esenciales de la secularización y la
modernidad, entre los que se encuentran:
1) la racionalización (aumento de las esferas de la vida sometidas
cada vez más al pensamiento racional de intelectuales
especializados); 2) la mundanización (una creciente preocupación
por lo inmanente en detrimento de lo trascendente); 3. la
diferenciación funcional de esferas de la vida social (política,
economía, religión, educación); 4) la pluralización de la oferta
religiosa (entrada de la religión a un mercado, a la libre
competencia); 5) la privatización (repliegue de la religión a la esfera
privada); 6) la generalización (extensión de la religión fuera de su
esfera propia, como cuando da nacimiento a las religiones cívicas);
7) el declive de la práctica y de la creencia (desarrollado de la
indiferencia en materia religiosa).92
91
LARA MARTINEZ, Procesos de secularización, p.18
92
AYALA CÁRDENAS , “Hacia una historia”, p.204.
66
En este mismo sentido encontramos el trabajo de Enrique Foffani, quien
señala la importancia de establecer la relación de secularización y modernidad.
Toma como referencia la teoría planteada por el filósofo italiano Giacommo
Marramao, para el cual la noción de secularización experimentó notables
cambios en su significado durante el siglo XIX. Además señala que muchos
críticos no han advertido la relación entre el concepto de lo moderno tal y como
se genera en la sociedad industrial a fines del siglo XVIII y la secularización, que
gracias a ello reinterpreta el dualismo profano-sagrado.93
El proceso modernizador llegó a América Latina con las reformas borbónicas,
las cuales pretendieron establecer un importante cambio en la política de las
colonias americanas. Se instauró entonces lo que se conoció como absolutismo
ilustrado, cuyo fin primordial era consolidar el poder del rey tanto en la metrópoli
como en sus colonias. Esta idea respondía directamente a una nueva
concepción del Estado, en la que se concebía como importante asumir la
dirección política, administrativa y económica del reino.
Parte de estas reformas fueron influenciadas por el modelo francés. Francia
vivía cambios políticos e ideológicos importantes que trascendieron su geografía,
como era el movimiento de la Ilustración, el cual estaba generando grandes
cambios a nivel político, científico y cultural, en cierta medida una manera
distinta de ver al mundo.
La Ilustración española se enfocó principalmente a realizar cambios en el
terreno educativo, e implementar mecanismos anticlericales. Ejemplo de ello fue
la fundación de bibliotecas y nuevas universidades públicas, en donde se
fomentó sobre todo el estudio de las ciencias naturales.
El reformismo borbónico en España dejó entrever al hombre concebido
como individuo. La política del Estado se dirigió a facilitar al individuo las
93
FOFFANI, Enrique et. alt, Controversias de lo moderno: la secularización en la historia
cultural latinoamericana, Buenos Aires, Katatay, 2010, p. 14
67
posibilidades para desarrollarse, ya que, al fin y al cabo, el bien general o del
Estado se concibió como la suma de los esfuerzos individuales por el propio
bienestar esto se plasmó tanto escritos teóricos como los de Campillo y Cossío,
Ward, Campomanes y otros. Como en la política práctica, a juzgar por los
esfuerzos por eliminar monopolios y privilegios excesivos, el afán de fomentar la
enseñanza escolar y artesanal… Carlos III estaba muy influido por la Ilustración
francesa.94
En este mismo terreno del conocimiento, las expediciones científicas fueron
también de gran importancia, reconociéndose como significativas las realizadas
por Charles- Marie de La Condamine (1735- 1746) y Alexander von Humboldt
(1799-1804); su importancia sobre todo radicó en el conocimiento geográfico que
de ellas se obtuvo y de las inferencias que a partir de estos estudios se hicieron:
“estos viajes dieron a conocer ante la elite criolla la riqueza y las posibilidades de
la patria propia. Cuanto más aprendían sobre el ámbito natural-geográfico y
económico, tanto más comprendían que la política colonial había fracasado”. 95
Las reformas que los Borbones aplicaron en las Indias a partir de 1760
fueron amplias e incluían varios aspectos: por un lado pretendieron recuperar los
poderes que habían delegado en los años anteriores a las corporaciones locales,
también buscaron reformar el aparato administrativo de gobierno, así como las
políticas y las prácticas económicas; los terrenos culturales también eran
tocados en la reforma pues se le dio un lugar importante a la educación y la
ciencia. 96
94
PIETSCHMANN Horst, Consideraciones en torno al protoliberalismo, reformas borbónicas y revolución.
La Nuevas España en el último tercio del siglo XVIII, en: Historia Mexicana, Vol.41, núm.2, octubre-
diciembre,1991, p. 161-205
95
RINKE Stefan y SCHULZE Frederik, “Los orígenes de las revoluciones de independencia de América
Latina en perspectiva atlántica”, en Estudios Ibero-Americanos, vol. 36, núm.2, julio-diciembre, 2010,
p.158.
96
FLORESCANO Enrique y Margarita MENEGUS, “La época de las reformas borbónicas y el crecimiento
económico (1750-1808)”, en Historia general de México, México, El Colegio de México,2000,p. 366
68
La vida del virreinato se comenzaba a transformar pues estas políticas se
inmisión.Lcuían en todos los terrenos de la vida social de manera directa o
indirecta. La modernización alcanzaba a una sociedad que no respondió siempre
de manera favorable antes estas medidas, pues muchas de ellas respondían al
interés de la metrópoli.
Ahora me gustaría centrarme más en las reformas que se tomaron en materia
religiosa en la Nueva España por ser el antecedente de este proceso
secularizador del siglo XIX mexicano.
Durante el periodo virreinal la Iglesia fue una de las corporaciones con mayor
poder no sólo material, sino también como una jerarquía social que controlaba
importantes aspectos de la vida social como los registros de nacimientos,
matrimonios y muertes, la educación y la moral de los habitantes. Desde las
primeras décadas del siglo XVIII, los Borbones lanzaron una serie de reformas
tendientes a reducir el poder de la iglesia, entre las que se encontraba la
prohibición de la creación de nuevos conventos en América, junto con algunas
otras que limitaron el ingreso de novicios por un periodo de diez años (1734); la
prohibición a la órdenes religiosas a intervenir en la redacción de testamentos
(1754).97
En este mismo contexto se encuentra la expulsión de la Compañía de Jesús,
que era de las órdenes con mayor representatividad por su injerencia en la
educación superior de las élites americanas, su riqueza y su independencia, ya
que dentro de sus preceptos existía una adhesión al papa así como un voto de
obediencia, lo que generó que existieran ciertas incompatibilidades ideológicas
con la monarquía absoluta española. Así en 1767 fueron expulsados alrededor
de 400 jesuitas de territorio novohispano.98
Otra de las medidas tomadas fue la reducción de los fueros especiales con
los que contaba el clero, lo cual le permitió a la Corona española juzgar y
97
FLORESCANO Y MENEGUS, “La época”, p.369
98
FLORESCANO Y MENEGUS, “La época”, p. 366
69
encarcelar en prisiones civiles a miembros del clero acusados de cometer
diversos delitos. La culminación de estos embates políticos contra los privilegios
de la Iglesia fue la cédula emitida el 26 de diciembre de 1804, en la que se
dictaba la enajenación de bienes raíces y cobro de capitales de capellanías y
obras pías para la consolidación de vales reales, la cual se implementó no sólo
en la Nueva España sino que se hizo extensible a todas las colonias
americanas, medida que por un lado atacaba el poder económico de la Iglesia 99,
pero que también favorecía a las finanzas del Estado español.
Además se expropiaron cuatro derechos reales y personales: los diezmos,
que fueron concedidos a España antes de la conquista de la Nueva España, el
fondo piadoso de las Californias, los fondos de la Inquisición y los bienes de las
órdenes que habían sido expulsadas.100 Estos últimos fueron administrados por
un nuevo organismo llamado “temporalidades” cuya tarea era vigilar el dinero,
tierras y otras propiedades expropiadas.
Estas medidas obedecían en parte a los intentos por implantar un Estado laico
que sustituyera los valores y la moral religiosa por los principios de la
modernidad ilustrada. “El nuevo Estado que proponía los Borbones se concebía
distanciado de la Iglesia, perseguía fines terrenos y promovía el progreso
industrial, tecnológico, científico y educativo, no la salvación eterna.”101Estas
ideas ilustradas trataron de combatir pensamientos y manifestaciones de fe
altamente arraigados en la religiosidad popular, que era vista como elemento
retrógrado de fanatismo y milagrería que ya no era bien aceptado.
Estos gobernantes ilustrados pretendieron elevar los valores de la sociedad
novohispana, por lo que establecieron medidas que abarcaron los espacios
públicos y privados. Ejemplo de ello fue una política de control de la bebida, el
juego, las fiestas, las prácticas religiosas, así como de las formas de vestir.
99
FLORESCANO Y MENEGUS, “La época”, p. 366
100
STAPLES, Anne La iglesia en la primera República Federal mexicana (1824-1825), México, Sep
Setentas, 1976, p.137
101
FLORESCANO Y MENEGUS, “La época”, p. 428
70
También se contemplaron obras urbanas que se encontraban directamente
ligadas con una mejora de la salubridad, como la limpieza de las calles. 102 Estas
medidas tuvieron muchas resistencias para ser aceptadas y existieron diferentes
tipos de manifestaciones de inconformidad. Sin embargo, ya se había asentado
por primera vez la idea secularizadora en territorio americano, misma que se
retomaría en el siglo XIX tras la independencia, con diferentes matices y nuevos
problemas.
El siglo XIX, testigo de la ruptura del orden colonial y del avance del progreso
y el liberalismo, planteó nuevos problemas como fue el lugar que ocuparían la
Iglesia y la religión. Era difícil romper con un poder institucionalmente legítimo y
presente en la vida colectiva de la sociedad mexicana.
Con el movimiento político y social de 1810, el país vivió momentos difíciles,
por lo que se entorpecieron las reformas realizadas años anteriores por los
Borbones en materia de relaciones Iglesia y Estado, de educación, religión y
política. En las luchas civiles y el descontrol del periodo independentista era
evidente que la religión estaba siendo utilizada como un aglutinador social:
“objetos de culto, como las imágenes religiosas, se volvieron contenciosos en
manos de grupos con distintos proyectos, pero deseosos de apropiarse de su
fuerza trascendental”.103 El poder que aún tenía la religión católica en la
sociedad era incuestionable, tanto que se estableció un nuevo vínculo entre la
Iglesia y el Estado que, asentado en las leyes mexicanas, se reconocía como
una nación independiente, católica, apostólica y romana.
El gobierno de los primeras décadas del México independiente decidió
mantener un vínculo entre lo civil y lo sagrado, plasmado en el Plan de Iguala de
1821 y en la constitución de 1824, donde “las ceremonias públicas combinaban
102
FLORESCANO Y MENEGUS, “La época”, p. 428
103
CONNAUGHTON Brian, “De la tensión de compromiso al compromiso de gobernabilidad. Las leyes
de reforma en el entramado de la conciencia política nacional” en México durante la guerra de Reforma,
Veracruz, Universidad Veracruzana, 2011, p. 74
71
ágilmente los símbolos de lo religioso, lo nacional y la autoridad civil, de modo
que la jerarquía social y de mando quedaba ensalzada con un toque celestial”104.
Sin embargo, las antiguas tensiones entre ambos poderes se agravaron con
el paso del tiempo. El pensamiento liberal del siglo XIX que estaba en marcha no
se detuvo pues existió un grupo de liberales que pugnaba por una mayor
autonomía política, una cierta igualdad de las personas ante la ley, así como una
economía basada en el laisse–faire y sobre todo por la secularización y la
creación de un Estado laico. Lo que se ponía sobre la mesa era el control del
poder tanto económico como social.105
Podemos señalar que pese a la influencia de las ideas ilustradas y liberales,
así como a la de las independencias norteamericana y francesa, el poder
simbólico y material de la Iglesia era de peso y difícil de desarraigar. Los roces
entre ambas instituciones permanecieron. Un sector mayoritario de la elite
política mexicana pensaba que era preferible sufrir la tensión de los
compromisos con la Iglesia a reformar una relación religión-sociedad protegida
por el Estado, pero esta situación fue cambiando con el tiempo.
Siguiendo el proceso de secularización del siglo XIX mexicano encontramos
los esfuerzos realizados por Valentín Gómez Farías. El 1º de abril de 1833, junto
con algunos otros liberales radicales, promovió el “ejercicio estatal del Patronato,
diezmo voluntario, abolición de fueros, ocupación de bienes de órdenes
religiosas y del duque de Monteleone, y la reorganización del ejército”. 106 Gómez
Farías pretendió expropiar los bienes de la Iglesia, modificar los fueros y
estatalizar la educación, eliminando al clero de la educación superior. Sin
embargo, los conflictos internos provocados por esta política no permitieron que
esto se llevara totalmente a la práctica. El clero se declaró con cierta
104
CONNAUGHTON Brian, “Introducción”, en México durante la guerra de Reforma, Veracruz,
Universidad Veracruzana, 2011, p. 17
105
STAPLES, La iglesia de la primera, p.16
106
VÁZQUEZ Josefina Zoraida, “Los primeros tropiezos”, en Historia general de México, México, El
Colegio de México,2000, p. 538
72
independencia respecto del poder civil, resignificando la supremacía del que el
poder espiritual.107
Después de la intervención norteamericana y la revolución de Ayutla, el
contexto político por el que atravesaba el país estaba generando las condiciones
para que surgieran nuevos planteamientos políticos y jurídicos, que implicaban
en cierta medida modificar las relaciones entre el Estado y la Iglesia en México y
así el proceso secularizador corría su marcha y ahora de una manera más
sustancial. Con la llegada al poder de Juan Álvarez e Ignacio Comonfort se
pretendió llevar al Estado por un rumbo liberal, por lo que era necesario cambiar
algunas prácticas políticas y llevar a cabo las reformas que antes habían sido
evadidas o que no se habían concretado.108
Las propuestas generadas después de la toma de poder en 1856 hasta la
proclamación de las Leyes de Reforma en 1859 no eran nuevas o de reciente
invención, tenían el antecedente de las reformas anteriores en materia de
separación Iglesia-Estado. Animados por el pensamiento liberal, pretendieron un
cambio importante en los ciudadanos mexicanos que animó la creación de
nuevas leyes que los llevara a consolidar un Estado unificado y homogéneo.109
El deseo era conseguir que el Estado era asumiera la dirección política y
administrativa sin la tutela de la Iglesia, garantizando la libertad de conciencia y
la apertura de tolerancia de cultos, lo cual generaba situaciones novedosas
como la oferta en materia religiosa. También se generó un nuevo uso de los
espacios, pues ahora se tenía control sobre lo público, que se convertía en civil
y se confinaba a la Iglesia a los espacios privados. Así las Leyes de Reforma en
el contexto de la época fueron vistas como: el triunfo definitivo de las semillas
plantadas por la independencia y las generaciones liberales precedentes, y a la
107
CEBALLOS RAMÍREZ, Manuel “De la reforma borbónica a las Leyes de Reforma”, en México,
Desamortización y laicismo: la encrucijada de la Reforma, Zapopan Jalisco, El colegio de Jalisco, 2010,
p.19
108
CEBALLOS, “De la reforma borbónica”, p. 21
109
JOHANSSON Frédéric “La génesis de las leyes de reforma: entre la consagración del ideario liberal y la
ruptura con el pasado”, en Desamortización y laicismo, la encrucijada de la Reforma, Zapopan, Jalisco, El
Colegio de Jalisco, 2010, p.31
73
par como un periodo singular de luchas victoriosas para implantar una nueva
estructura sociopolítica capaz de sacar al país del atraso.110
A partir de 1855 comenzaron a surgir una serie de leyes que fueron las que
se conocieron como “Las Leyes de Reforma”, entre las que se encuentran: 1) la
ley Juárez del 23 de noviembre de 1855 que suprimía algunos fueros legales; 2)
la ley Lerdo del 25 de junio de 1856 que se enfocó en la desamortización de los
bienes eclesiásticos; 3) la ley del 12 de julio de 1859 que nacionalizó los bienes
del clero y exclaustraba los regulares; 4) la del 13 de julio de 1859 reglamentó a
la anterior ; 5) la del 23 de julio de 1859 para legislar el matrimonio civil; 6) la ley
sobre la creación del registro civil el 28 de julio de 1859; 7) la ley sobre
panteones y cementerios del 31 de julio de 1859; 8) la del 11 de agosto de 1859
referente a la supresión de días festivos; 9) la del 4 diciembre de 1860 que
instauró la libertad de cultos y 10) la ley 5 de febrero de 1861 que reglamentó la
del 12 de julio de 1859.110
Todo comenzó con el manifiesto general de Benito Juárez anunciando las
leyes de Reforma, el que afirmaba su ideal político y social: “los ciudadanos
todos, sin distinción de clases ni condiciones, disfruten de cuantos derechos y
garantías, sean compatibles con el buen orden de la sociedad… así como para
promover todo lo conducente a su prosperidad”.111
Éstas marcaban legalmente el rompimiento de las relaciones Iglesia-Estado y
se ponía en marcha de manera formal el proceso secularizador en México. La
pretensión fue recuperar el poder que se encontraba en manos del clero. Se
intentó un mayor control social por lo que se creó el registro civil, quedando
sujetos a éste los nacimientos y matrimonios, actividades que conllevaban
actitudes de distinta índole, por un lado una mayor intervención del Estado en la
vida social, y por el otro los mecanismo de control que ejercieron ambos
poderes en detrimento del poder. Se legisló también sobre los entierros, se
110
CONNAUGHTON, “Introducción”, p.20.
111
JOHANSSON, “La génesis de las leyes”, p.31
74
suprimió el espacio del camposanto como lugar de descanso y se crearon
cementerios extramuros de carácter civil con una reglamentación de salubridad
precisa.
Además se pretendió también poner control sobre las festividades religiosas y
su restricción en la medida posible al culto privado, para sustituirlas por fiestas
civiles y patrióticas. Por otra parte la instauración de la libertad de cultos
permitió la entrada a nuevas religiones y con ello el derecho a profesar cualquier
culto no católico sin el temor a ser perseguido, por lo que la apertura a la llegada
de los extranjeros se hacía más fácil, esto habla ya de un Estado con mayor
tolerancia a la libertad de conciencia de sus ciudadanos.
Las transformaciones que se pretendieron realizar con las leyes de Reforma
fueron importantes, ya que abarcaron aspectos de la vida de la sociedad muy
delicados como lo era el nacimiento, el matrimonio y la muerte, que tenían un
halo de sacralidad impuesto por la Iglesia. Además, las acciones en detrimento
del poder de la Iglesia fueron más allá: la educación y la atención hospitalaria
también fueron expropiadas y el Estado, que ya había iniciado algunas acciones
en este terreno, ahora ponía especial hincapié en que fuera él quien estuviese a
cargo de estas funciones.
En lo que concierne a la legislación impuesta al matrimonio civil, el Estado
asumió la necesidad de entablar éste como un contrato antes que un
sacramento, pero dejaba claro que si hubiera divorcio “en ningún caso deja
hábiles á las personas para contraer nuevo matrimonio, mientras viva alguno de
los divorciados”112.
La respuesta de la Iglesia católica no se hizo esperar. Los prelados señalaron
que la sociedad mexicana corría el mismo riesgo que la europea, pues el
matrimonio civil en Europa instaurado poco más de setenta años había
producido “frutos muy tristes” como el abandono de las esposas y de los hijos,
112
CONNAUGHTON,“Introducción”, p. 23
75
así como el desprecio a Dios y a la Iglesia. Además manifestaron que todo
católico que contrajera dicho matrimonio sería excomulgado, al igual que
quienes lo autorizaran y sirvieran de testigos, lo que implicaba también la
negación a recibir los sacramentos, una santa sepultura y el que los hijos de
esos matrimonios serían considerados como ilegítimos.113 Sin duda era un tema
sensible para la sociedad decimonónica, que se encontraba en medio de
posturas totalmente distintas y en la que ambas instituciones ejercían sus
mecanismos de control, unos de manera legal y el otro de manera ideológica. A
decir de Anne Staples:
Sólo imaginar que pudiera haber matrimonios no sancionados por la Iglesia
sino por el Estado llenaba de espanto a gran parte de la sociedad a pesar
de la muy extendida práctica de uniones libres. Pero estas uniones habían
sido causadas por las circunstancias, raras veces por creer que el
matrimonio eclesiástico no era deseable.114
Con la ley sobre los cementerios se trató en cierta medida de remediar los
abusos del clero en materia de entierros, en la que se denunciaba “la sorda e
insensible avaricia del clero, la repugnante y bárbara frialdad con que algunos
de sus miembros tratan a la pobre viuda y al desvalido huérfano”115. Al igual que
con la ley sobre el matrimonio civil, la reacción de la iglesia no se hizo esperar.
La Iglesia actuó con mecanismos similares, como los de excomulgar a quien se
enterrara en ellos, negarle las misas y los ritos de partida.
La laicización buscó eliminar la influencia de la iglesia en la vida de la
sociedad mexicana, esto representó una lucha explícita entre estos dos poderes.
El desafío fue la creación de una nación soberana que contará con un Estado
moderno, según los ilustrados una nación era:
113
OLVEDA, Jaime “El punto de vista de la Iglesia acerca de las leyes de reforma”, en México,
Desamortización y laicismo: la encrucijada de la Reforma, Zapopan Jalisco, El colegio de Jalisco,
2010.p.88
114
STAPPLES Anne “El estado y la iglesia en la República Restaurada” en El domino de las minorías
república resturada y porfiriato,México, El Colegio de México,1989, p.47
115
JOHANSSON, “La génesis de las leyes, p. 45
76
El fruto de ese pacto entre los individuos, ese “pueblo” soberano que
implicaba para ellos la necesidad de asumir ese eminente papel de
“soberano” participando en los debates y en las elecciones, para lo cual
cada ciudadano debía informarse y cultivarse para tener un sólo interés:
“ el pueblo”… Para ello les debía brindar no sólo la seguridad de sus
bienes por medio de leyes justas y protectoras, sino el reconocimiento
de la soberanía del “pueblo” por medio de la democracia, y por fin ese
“don precioso de Dios al hombre” que era el progreso para “mejorar su
condición sobre la tierra física, moral y socialmente.116
En este sentido podemos comprender las reformas que tocaron el aspecto
de la educación. El ministro de educación, Ignacio Ramírez, remplazó en 1861
la enseñanza cristiana, la cual había sido decretada de manera obligatoria en
1853 en todas las escuelas públicas, por cursos de moral.117 Se pretendió
establecer una formación cívica que contribuyera a la creación de ciudadanos
leales con su país y además que contaran con las bases sólidas para el trabajo.
Aunado a lo anterior, el 2 de diciembre 1867, se creó la Ley Orgánica de
Instrucción Pública, en la cual quedaba en claro la preocupación porque en las
escuelas se enseñaran leyes, además se estableció que la educación primaria
debería de ser gratuita para los pobres.118
Al igual que Ignacio Ramírez, otro liberal que señaló la importancia de un
nuevo tipo de educación fue Justo Sierra. Creía firmemente que la solución era
educar a la población: “La instrucción dejará sin lectores a los artículos de
teología; y la educación fuerte y positiva de la mujer… la alejará para siempre
de las congregaciones que dan a escoger entre el hombre y la fe”119. La iglesia
estaba moviendo sus mecanismos de poder y publicando su defensa en contra
de las medidas impuestas por las reformas, exaltando a la población a no caer
en el pecado de la ideas liberales. Ante los ataques surgieron una serie de
116
JOHANSSON, “La génesis de las leyes”, p.31.
117
STAPPLES, “El estado y la iglesia”, p. 39.
118
VÁZQUEZ, Josefina Zoraida Nacionalismo y educación en México, México, El colegio de México,
2005,p. 55
119
VÁZQUEZ, Nacionalismo y educación, p. 31
77
opiniones como la antes expuesta, que mostraban la fuerza de la educación
liberal como base para dejar el fanatismo religioso.
Como ya mencioné antes, la secularización abarcó también la supresión de
hospitales que se encontraban en manos de la Iglesia. Ejemplo de ello fue la
expulsión de las Hermanas de la Caridad; es pertinente recordar que desde
1843 había fungido como una asociación de beneficencia que brindaba los
servicios de hospital y asilo, pero a la muerte de Juárez, Lerdo decidió eliminar a
todas las órdenes que quedaban, y expulsó a las Hermanas de la Caridad, por
lo que éstas tuvieron que entregar los hospitales y edificios al municipio, a pesar
de que en 1861 se les declaró como miembros de una sociedad civil. Lerdo las
quería fuera: “su hábito, su regla, sus modales, todo hablaba de religiosas, con
la única diferencia de que eran la primer orden no enclaustrada de mujeres en
México.”120
Otros de los aspectos del proceso de secularización fue el relativo a la
supresión de las fiestas religiosas. Con ello pretendían poner fin o por lo menos
aminorar la tradición católica fuertemente arraigada en la sociedad, pero esto
era sumamente sensible pues tales celebraciones contaban con el apoyo
popular. La intención de las autoridades liberales era suprimir las más de 200
fiestas religiosas y sustituirlas por celebraciones civiles, lo que se complementó
con la destrucción de algunos templos de culto popular. Sumado a lo anterior se
ordenó retirar a los santos de los nichos exteriores de las casas121, “en ninguna
parte de la república podrán tener lugar fuera de los templos, manifestaciones ni
actos religiosos de cualquier culto.”122
En el mismo tono de esta reforma se encuentra la supresión del toque de
campanas para evitar el recuerdo de la presencia de la Iglesia en la vida
cotidiana. Con este objeto, existió un importante esfuerzo por sustituir el toque
120
VÁZQUEZ, Nacionalismo y educación, p. 27.
121
LIRA Andrés, La ciudad federal. México 1824-1827. 1874-1884, dos estudios de historia institucional,
México, El Colegio de México, 2012,p.113.
122
Circular de la Secretaría de Gobernación del 6 de septiembre de 1862, citado en STAPLES, El domino
de las minorías, p. 42.
78
de las campanas por relojes que se mandaron poner en partes estratégicas de
las ciudades, sobre todo en palacios federales y alguno que otro edificio público.
Como se indicaba en una circula4r de la Secretaría de Gobernación, “el gobierno
tenía que ser dueño del tiempo, de los horarios, del ritmo de la sociedad
moderna.” 123
En este contexto político del proceso de secularización en el siglo XIX
mexicano no tenemos que dejar de lado la guerra de Reforma y el segundo
imperio. La monarquía dio comienzo el 10 de abril de 1864, con el
nombramiento de Maximiliano como emperador de México, traído al país por el
ala conservadora de la política mexicana. Llegó a territorio veracruzano el 28 de
mayo.
Dentro de las propuestas realizadas por el nuevo emperador se
encontraba reconciliar los odios entre los partidos, por lo que acercó a su equipo
de trabajo a liberales moderados como José Fernando Ramírez, nombrado
ministro de Relaciones Exteriores. Además otorgó indultos para delitos políticos
y exhortó a los gobernadores de los estados tener una actitud conciliadora con
los adversarios de la monarquía124. Sin embargo, con el paso de su mandato
comenzaron las sorpresas, sus allegados pensaron que con su llegada las
reformas liberales irían en descenso y todo volvería a la normalidad una vez
terminada la guerra contra Juárez, pero esto no fue así. El monarca emitió el
decreto de trabajar en las oficinas de gobierno los domingos y días festivos,
medida que poco alegró a la población, hemos de recordar que desde tiempo de
las reformas borbónicas los días de festividades religiosas se querían reducir no
sólo por ir difuminando la religiosidad mexicana, también porque éstas eran un
número considerable, al suprimir los descansos y los días festivos, la sociedad
en gran parte católica mostró su descontento por que no podrían realizarlas
123
Circular de la Secretaría de Gobernación del 6 de septiembre de 1862, citado en STAPLES, El
domino de las minorías,p. 47.
124
DÍAZ Lilia, “El liberalismo militante” , en Historia General de México, México, El Colegio de México,
2000, p. 620.
79
según sus costumbres y porque además se pensaba que con la llegada de la
monarquía de Maximiliano se detendría la secularización puesta en marcha.125
Sumado a lo anterior, reafirmó la tolerancia de cultos y decretó que los
ministros de la iglesia no deberían hacer cobro alguno por ningún servicio
brindado a los fieles, ni cualquier por el derecho parroquial. Las órdenes
religiosas podrían quedarse en el país bajo la condición de no recibir más
novicios hasta nueva orden del Papa. Además quedaba en manos del monarca
el registro de nacimientos, matrimonios y muertes, tarea que sería encargada a
sacerdotes católicos, en calidad de funcionarios públicos. En materia de
cementerios, éstos se encontrarían vigilados por autoridades civiles y estarían
abiertos a cualquier culto religioso. Firme en la cuestión eclesiástica,
Maximiliano promulgó en febrero de 1865 la libertad de cultos y la revisión de
las ventas de los bienes del clero, lo que le ocasionó una ruptura definitiva con
la Iglesia.126
Hechas las reformas en materia de secularización en México, en la práctica
hubo algunas distancias y problemas para llevarlas a cabo. El cambio fue lento
porque las costumbres y tradiciones tan arraigadas en una sociedad necesitan
de tiempo para ser modificadas en su totalidad. Los resultados no fueron
inmediatos, como el caso del registro civil, que tardó en implementarse de una
manera efectiva, pues sobre todo en las poblaciones rurales era el cura quien
seguía haciendo esta tarea. En otros casos, como los hospitales, la crisis
económica y la poca experiencia en materia de asistencia los llevó a dar un
servicio precario que con el paso de los años fue mejorando.
Pese a estas vicisitudes el Estado mexicano sentó poco a poco las bases de
la secularización, restándole poder a la Iglesia, no de manera definitiva, pero sí
mermando su influencia de manera importante sobre todo en las costumbres de
125
DÍAZ, “El liberalismo militante”, p. 620.
126
DÍAZ, “El liberalismo militante”, p. 620.
80
la sociedad mexicana, además de la secularización de los espacios públicos, y
con ello nuevas maneras de concebir las celebraciones.
La lucha entre los dos poderes que se vivió desde los primeros intentos
secularizadores sólo logró aminorarse con el gobierno de Porfirio Díaz, quien
concilió desacuerdos y los mantuvo en relativa calma : “este logro se debió en
gran medida al triunfo nacionalista que habían obtenido los liberales frente al
imperio… que fue la mejor justificación para llegar a dominar con plenitud, al
menos políticamente”:127 Además, con el paso del tiempo la Iglesia perfiló sus
acciones en aras de la recuperación de sus privilegios. En este sentido se
encaminó una política de conciliación entre está y el gobierno porfiriano.
A la par fueron haciéndose más presentes corrientes como el positivismo, la
cual fue tomada como línea filosófica a seguir. Porfirio Díaz encontró un país
con necesidad de reconstrucción, que ya contaba con algún camino trazado por
sus antecesores. Se pretendió restablecer la paz tan debilitada en el país desde
principios de siglo, lograr una mayor estabilidad económica y alcanzar un mayor
progreso, la ideología del naciente régimen miró hacia los países europeos
como modelos a seguir tanto a nivel político como filosófico.
Uno de los principales fines de la política porfiriana fue lograr conciliar a las
fuerzas opositoras e implantar la paz y la estabilidad en el país, que permitieran
tener un desarrollo económico y sacar al país de la economía precaria por la
que atravesaba y lograr las tan deseadas modernidad y progreso.
Tratar de definir el concepto de modernidad ha sido sumamente complejo y
ha interesado a un gran número de especialistas de las ciencias sociales, la
complejidad radica en su adaptación a las distintas épocas y el acomodo que se
ha hecho de éste. “El concepto de modernidad descansa sobre la idea de una
VERDUZCO Gustavo, “Zamora en el porfiriato: una expresión liberal de los conservadores”, en El
127
domino de las minorías república resturada y porfiriato, México, El Colegio de México, 1989, p. 55.
81
novedad interminable de los tiempos, las cosas, y las maravillas del desarrollo
tecnológico.”128
Desde una óptica occidental, durante el siglo XIX modernizarse implicaba
una serie de metas a seguir como: impulsar el crecimiento económico local o
regional para llegar a obtener cierto control de los mercados y las inversiones
tanto internas como externas, favorecer la producción en masa, y la aplicación
de nuevas tecnologías. Para ello fue necesario facilitar la comunicación y
mejorar los llamados “servicios básicos”. La modernidad también requirió una
mejora en la cuestión educativa que sería impartida por un estado cada vez más
secular.129
En México se pensaba en este concepto desde fines del siglo XVIII con las
reformas borbónicas, sin embargo fue en el periodo porfiriano donde se retomó
constantemente, lo que se tradujo en distintos aspectos; como en el terreno de
la salud, en el mejoramiento de las comunicaciones a lo largo del país y al
interior de las ciudades. Con la influencia del positivismo “lo moderno” también
tuvo una mejoría y una búsqueda en la autentificación de los proyectos
nacionales que tenían como fin primordial mejorar a la sociedad.130
Dentro de este discurso porfiriano el progreso era un fin y un medio para
“civilizar” a la sociedad mexicana, así el concepto fue introducido en los
lineamientos ideológicos seguidos durante el siglo XIX:
El progreso es la vara con que la época prefiere medirse. La historia del
tiempo moderno es la historia de la propia conciencia del progreso, de cómo
la modernidad produjo una imagen de sí misma. La era del progreso armó
una imagen ideal de sí misma y esta imagen se volvió el modelo óptimo de
cómo debía ser el mundo. Sólo los tiempos modernos fueron capaces de
delimitar una visión global de cómo se veía todo aquello que le pertenecía.
128
PÉREZ MONFORT, Ricardo El pueblo y la cultura del Porfiriato a la Revolución,
http://132.248.9.34/libroe_2006/0004176/06_03.pdf, consultado 22 de Marzo 2013, p, 60.
129
.PÉREZ, “El pueblo y la cultura”,p. 60.
130
PÉREZ, “El pueblo y la cultura”, p. 60.
82
Una vez que surgió esta imagen del mundo moderno, el cosmopolitismo se
hizo posible en todos los ámbitos: ciencia, artes, costumbres y tecnología.131
La modernidad y el progreso se encontraban estrechamente relacionados.
Se privilegió la razón y la comprobación de los hechos. Todo se limitó a la
explicación que ofreció el método científico y en ello también entró el discurso
de la civilización. No sólo fueron discursos. Este pensamiento se trasladó a la
ciencia y la tecnología con maquinaria cada vez más sofisticada que unía
caminos con novedosos medios de transporte, como el ferrocarril, y que movía
grandes engranajes utilizados en las máquinas que se introdujeron en la
industria porfiriana que permitieron un gran crecimiento a nivel económico, lo
cual provocó que se fueran acumulando mejoras materiales, extendidas al
urbanismo.
El aspecto de las ciudades fue muy importante pues en ellas se
materializaban ambos conceptos, además que se mostraba al país
secularizado, de esta manera se realizaban mejoras que contribuían a una
mejor higiene pública, se abrieron calles y se realizaron grandes bulevares y
alamedas a imitación de las ciudades europeas “burbujas de la modernidad”.
Los indicadores de cambios que generaron el llamado “progreso” y “la
modernidad”, no beneficiaron a todos los estratos sociales por igual, no sólo al
interior de las ciudades sino también en el campo mexicano tal como señala
Ricardo Pérez Monfort:
la modernidad también implicó, e implica, justo es decirlo, la exclusión de
aquellos sectores que no pretendían, ni aún hoy pretenden, incorporarse al
mismísimo ensueño que significaba y significa, vivir en la actualidad… la
modernización se ha evidenciado como tal modelo de desarrollo, el cual
deja fuera a un amplio sector de la sociedad, que voluntaria o
involuntariamente no comparte sus ofertas e ilusiones.132
131
TENORIO TRILLO Mauricio, Artilugio de la nación moderna, México en las exposiciones universales
1880-1930, México, Fondo de Cultura de Económica, 1998, p.13
132
PÉREZ , El pueblo y la nación, p. 61
83
Durante el último tercio del siglo XIX, el país vivió nuevas experiencias en
materia secularizadora, así como un desarrollo económico impulsado por las
políticas migratorias, la introducción de las nuevas tecnologías y el avance
científico.
2.2 Las leyes de Reforma y los cementerios públicos
El proceso de secularización en México siguió su marcha, fue con el triunfo
liberal y la promulgación del Plan de Ayutla en 1855 que desconoció a Santa
Ana como presidente, además dio paso al Congreso Constituyente de 1856-
1857, el nuevo gobierno liberal estuvo liderado por Juan Álvarez, e Ignacio
Comonfort como su suplente, se estableció como forma de gobierno en México,
una república federal, democrática, y representativa. Esto contribuyó a que el
proceso de secularización en México se fortaleciera, crearon un programa
reformador encaminado en contrarrestar el poder económico y social de la
Iglesia,133 emergieron tres leyes: la ley Juárez, que suprimió los fueros de
militares y miembros de la Iglesia, ley de desamortización de las fincas rústicas y
urbanas de las corporaciones civiles y religiosas de México emitida por Ignacio
Commonfort en 1855, la ley de las obvenciones parroquiales de 1857, en el que
se regulaban los cobros por derechos parroquiales.
133
Diccionario Porrúa, 1995, p. 296; VIGIL, José María, México a través de los siglos. La Reforma. Tomo
V. México. Editorial Mil Cumbre.1974, p. 56.
84
La intención era realizar cambios más profundos en la esfera de la legislación
lo que se materializó en la Constitución de 1857.134 Benito Juárez, cuando
asumió el carácter de gobernante supremo del país, expidió entre 1859 y 1861
las conocidas Leyes de Reforma, un conjunto de decretos que complementaron
algunos de los aspectos que se había propuesto en la Constitución de 1857.135
De las leyes propuestas por el nuevo gobierno liberal de Juárez fueron tres
las que se enfocaron a regularizar la administración de los cementerios y ejercer
el control de las defunciones: la Ley Orgánica del Registro Civil, 136 la “Ley para el
establecimiento y uso de cementerios civiles” publicadas el 27 y 30 de enero de
1857; la “ley de secularización de cementerios” del 31 de julio de 1859. 137 Con el
establecimiento de estas leyes y los jueces del Registro Civil, el Estado llevó el
control de los nacimientos, matrimonios y defunciones. Además en materias de
los cementerios y las defunciones, se contemplaron varios aspectos que con
134
La Constitución de 1857 inspirada, en gran parte, por la Constitución de 1824, estableció
con división de poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Conservó la división territorial
contenida en el Plan de Ayutla: estados, territorios y un Distrito Federal. Entre los largos
debates del Congreso Constituyente se discutió la elección de una población que sirviera
como residencia de los supremos poderes de la República; a partir de entonces, la ciudad de
México no dejó de ser la capital del país. DE GORTARI Y HERNÁNDEZ, La ciudad de
México, La ciudad de México y el Distrito Federal. Una historia compartida. México.
Instituto Mora/ Departamento del Distrito Federal 1988, p. 10-11.
135
Dichas Leyes de Reforma fueron las que siguen: ley de nacionalización de los bienes del clero, ley
del matrimonio civil, ley del Registro Civil, ley de exclaustración de monjas y frailes, ley de
secularización de cementerios, y ley de libertad de cultos. VIGIL, México a través de los siglos, 1974,
Vol. V. pp. 379-382. A través de la ley Orgánica del Registro Civil del 27 de enero de 1857, se
establecía en toda la República que los ciudadanos mexicanos estaban obligados a inscribirse en el
registro. Se consideraban como actos del estado civil, los siguientes: el nacimiento, el matrimonio, la
adopción y arrogación, el sacerdocio y la profesión de algún voto religioso temporal o perpetuo, y la
muerte. DUBLÁN Manuel y LOZANO José María. (1877), Legislación Mexicana o Colección
completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la Independencia de la República. México.
Imprenta del Comercio. Edición Oficial., Volumen VIII, 1877, pp. 366 -374.
136
A través de la ley Orgánica del Registro Civil del 27 de enero de 1857, se establecía en toda la
República que los ciudadanos mexicanos estaban obligados a inscribirse en el registro. Se consideraban
como actos del estado civil, los siguientes: el nacimiento, el matrimonio, la adopción y arrogación, el
sacerdocio y la profesión de algún voto religioso temporal o perpetuo, y la muerte. DUBLÁN Manuel y
LOZANO José María. (1877), Legislación Mexicana o Colección completa de las disposiciones
legislativas expedidas desde la Independencia de la República. México. Imprenta del Comercio. Edición
Oficial., Volumen VIII, 1877, pp. 366 -374.
137
VIGIL José María. México a través de los siglos, 1974, Tomo V, pp. 379-382.
85
anterioridad no fueron tratados, entre ellos: las funciones que desempeñarían las
autoridades civiles y eclesiásticas en los cementerios laicos, las características
físicas que necesitaban tener esos espacios, los requisitos para otorgar las
sepulturas, estableció también las dimensiones pertinentes así como de qué
manera deberían de efectuarse las inhumaciones y las exhumaciones138.
Estas prescripciones de la ley del 30 de enero de 1857 con respecto a
inhumaciones y exhumaciones fueron una ampliación de la Ley Orgánica del
Registro Civil, publicada el 27 de enero de 1857. A través de ese documento los
ciudadanos estaban obligados a registrar todos sus actos de carácter civil, 139 y
se estipuló que las defunciones se registrarían en libros donde se especificarían
las causas del deceso, traslado y tratamiento del cadáver –embalsamamientos,
inhumaciones, exhumaciones. Además, se ordenó que los encargados y
administradores de los cementerios no debían efectuar ninguna inhumación, sin
la autorización de un oficial del Registro Civil, quien para otorgar el permiso de
las defunciones, previamente debía “cerciorarse por sí mismo de la realidad de
la muerte y de la identidad” del difunto.140
Estas leyes fueron muy importantes porque quedó estipulado como
deberían ser las construcciones posteriores de los nuevos cementerios tomando
en cuenta y las dimensiones y la distribución del espacio, según lo propuesto
deberían ubicarse en lugares altos y secos o en terrenos áridos para ese
propósito y serían delimitados por un muro. Era necesario además que se
construyeran a una distancia considerable de las casas y muy importante era
138
DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen VIII, pp. 375 - 380 y pp. 703 -704.
139
A través de la ley Orgánica del Registro Civil del 27 de enero de 1857 se establecía en toda la República
que los ciudadanos mexicanos estaban obligados a inscribirse en el registro. Se consideraban como actos
del estado civil, los siguientes: el nacimiento, el matrimonio, la adopción y arrogación, el sacerdocio y la
profesión de algún voto religioso temporal o perpetuo, y la muerte. DUBLÁN Y LOZANO, Legislación
mexicana, Volumen VIII. 1877, pp. 366-374.
140
El registro de las defunciones debía incluir el nombre, apellido, edad, nacionalidad, domicilio y demás
datos particulares del difunto y de los testigos. El acta de defunción debía informar quien había solicitado la
concesión de la sepultura, en qué fosa se colocaría el cadáver, qué características tendría ésta –si se trataba
de una fosa aislada, temporal o a perpetuidad. Las inhumaciones no debían efectuarse en menos de
veinticuatro horas de haber ocurrido el deceso, excepto en casos urgentes, exponiéndole previamente las
razones al oficial del Registro. DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen VIII, 1877, pp.
372 y 373.
86
evitar que sus infiltraciones se unieran con el agua de fuentes, ríos o acueductos
destinados al uso público.
Los encargados de los cementerios tenían que mantener la circulación del
aire y el buen ornato, por lo que se recomendó sembrar árboles de poco follaje,
formando calles, además que vigilaran que los animales no fueran visitantes
frecuentes del cementerio. También se estableció que los cementerios fueran
divididos en seis partes: las cuatro primeras para los que murieran de
enfermedades comunes, y se destinaría un lugar especialmente para niños y
otra para miembros de la Iglesia. La quinta parte sería para los que murieran de
cólera, y la sexta, para los que murieran de enfermedades contagiosas como el
tifo, viruela, cólera y de otra de su especie. Además que se prohibido utilizar
cementerios o terrenos donde se hubiesen inhumado las victimas de
enfermedades contagiosas, los cadáveres debían inhumarse en: “fosas aisladas
y con mayores precauciones higiénicas”. Finalmente, se recomendaba construir
cementerios “extraordinarios a mayor distancia de la población” para estar
prevenidos en caso de que ocurriese una epidemia141.
En la ley del 31 de julio de 1859, se resaltó que era importante que los
cementerios estuvieran alejados de las poblaciones, pero teniendo las
precauciones del traslado de los cadáveres. Se señaló además que el permiso
otorgado para las inhumaciones en fosas aisladas, o contigua una con otra – en
terreno o nicho u osario- debía ser de cinco años, tiempo que duraba el proceso
de descomposición de los cadáveres.142 Se puntualizó que los deudos que no
pudiesen pagar una concesión, inhumarían a sus difuntos, sin ninguna
retribución, en la fosa común destinada a los cadáveres de la “clase
menesterosa”. En el caso de las concesiones temporales, después de cinco
años se realizaría la exhumación de restos y se colocarían en un osario general,
141
DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen VIII, 1877, pp. 377
142
DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen VIII, 1877, pp. 704.
87
en urnas o fuera del cementerio si así lo solicitaban los interesados, ello sin
exigírseles más pago del que indicaba la tarifa establecida143.
Además, la ley del 31 de julio de 1859 prescribió de qué manera se
obtendrían y administrarían los fondos de los cementerios. Éstos se
conseguirían del pago por la conducción de cadáveres, las concesiones
extraordinarias o perpetuas, de las multas por las infracciones a esta ley, y de
las donaciones que hicieran personas o corporaciones. Una parte de los fondos
de los cementerios se destinarían a la conservación, mejora y ornato del edificio.
Otra parte, sería para el pago de los empleados del cementerio y los oficiales del
Registro Civil144. Ninguna inhumación se debía efectuar sin la presencia, por lo
menos, de dos testigos. Los funcionarios civiles tenían la obligación de imprimir
cuatro ejemplares de la tarifa de costos por el uso de los cementerios; cada
ejemplar se colocaría al interior y al exterior del cementerio, respectivamente;
otro en el edificio del Ayuntamiento; uno más, en las oficinas del Registro Civil. 145
En la ley del 30 de enero de 1857 se indicó que, si bien el cuidado y
vigilancia de los cementerios estaba cargo de un funcionario civil, los actos
religiosos los podía realizar un capellán146. Por ser la primera disposición sobre
cementerios y defunciones, tuvo ciertos tonos moderados. Por ejemplo, los
miembros de la Iglesia y los funcionarios públicos una vez difuntos, siguieron
ocupando un lugar privilegiado. Es decir, si bien se prohibieron las inhumaciones
en todos los edificios de carácter religioso y en lugares cerrados, se aclaró que
únicamente podrían enterrarse “en lugares privilegiados los presidentes de la
República, los arzobispos y obispos, y los ministros de las cortes extranjeras” 147.
143
DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen VIII, 1877, pp. 704.
144
DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen VIII, 1877, pp. 376.
145
DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen IX. pp. 69; Colección de los aranceles de
obvenciones y derechos parroquiales que han estado vigentes en los obispados de la república mexicana y
que se citan en el supremo decreto del 11 de abril de 1857. México. Imprenta de Ignacio Cumplido. 1857.
pp. 2-9. citado en STAPLES, “La lucha por los muertos”, 1977, pp. 20.
146
DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen VIII, 1877, pp. 375 y 703.
147
Las anteriores prescripciones expresadas en la ley del 30 de enero de 1857, fueron modificadas en años
posteriores –mediante decretos expedidos por Benito Juárez- aclarándose que no se realizaría ninguna
inhumación en los templos, independientemente de la jerarquía social o política a la que hubiese
pertenecido el difunto. DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen VIII, 1877, pp. 375 y 703.
88
Además los miembros de órdenes religiosas, al momento de morir podían ser
sepultados en los cementerios de sus conventos. Pese a que las leyes
generaron un sentimiento de descontento en gran parte de la sociedad, y es por
eso que podemos explicar que se les permitiera enterrarse en su recinto, es aquí
donde los conceptos de sacralidad y profanación juegan en una gran tensión,
esta medida explica como el gobierno trató de equilibrar las tensiones y
manifestaciones de descontento por parte de la población.
Este panorama cambió con la ley del 31 de julio de 1859, se prohibieron
las inhumaciones al interior de los templos, se ordenó que el clero secular y
regular no interviniera en cualquier espacio destinado a inhumaciones, incluso
en las bóvedas o criptas mortuorias de las Catedrales y de los monasterios de
monjas, pues serían vigilados por la autoridad civil. Se dispuso que en los
entierros se facilitara el acceso a los sacerdotes de cualquier culto religioso, los
deudos podían acordar la retribución por el servicio prestado en los actos
fúnebres, siempre y cuando esta no fuera en bienes raíces.148
Es importante mencionar que la expedición de las leyes mencionadas
debe entenderse dentro del marco secularizador que como ya se mencionó tenía
antecedentes en las Reformas Borbónicas, y una clara influencia del
pensamiento higienista que respondió ante una realidad eminente que era la
falta de higiene de los cementerios de los cementerios mexicanos grave
problema y que requería solución.149 Con la aplicación de las leyes otra realidad
fue la falta de claridad en las funciones que ejercían los oficiales del Registro
Civil y los párrocos en el control de las defunciones y la administración de los
cementerios, convirtiéndose en un problema más que el Estado requería
resolver.
148
DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen VIII, 1877, pp. 703; VIGIL, México a través
de los siglos, La Reforma, Tomo V. 1974, pp. 686
149
MORENO Y AGUIRRE, “Cambios en la estructura interna de la ciudad de México (1753-1882), en
Jorge Enrique HARDOY y Richard SCHAEDEL, Asentamientos urbanos y organización socioproductiva
en la historia de América Latina, Buenos Aires, Ediciones SIAP,1968, p. 177; RODRIGUEZ KURI, Ariel,
La experiencia olvidada. El Ayuntamiento de la ciudad de México: política y gobierno, 1876-1912. México.
El Colegio de México/ Universidad Autónoma Metropolitana- Azcapotzalco, 1996, p.98
89
Esto no sólo implicó una mala aplicación de la ley, existía algo más
profundo que se habían mantenido ya por mucho tiempo, el cambio implicaba
hacer una transformación de la cultura funeraria, muchas de estas personas no
consideraban necesario alejar los cementerios del centro de la ciudad. Por el
otro lado estaba el clero católico que vendía las indulgencias y misas y el lugar
de los entierros según Anne Staples, “la Iglesia que con la Independencia de
México había perdido el control social ejercido durante el virreinato y que venía
reorganizándose desde la década de 1840, comenzó el contraataque hacia el
Estado”150.
Al mediar el siglo XIX, concretamente en el transcurso de las décadas de
1860 a 1870, la capital del país así como muchos otros lugares de México
contaban con una escasa población que había sido incapaz de crecer debido a
las periódicas epidemias y las guerras durante el transcurso de la primera mitad
del siglo151.Era una población que, de alguna manera que había sido tocada por
once años por los enfrentamientos entre los bandos liberales y conservadores. 152
Además es importante mencionar la instauración de un gobierno monárquico
francés encabezado por Maximiliano de Habsburgo en el periodo de 1864 a
1867 y los conflictos bélicos entre Francia y México. Estos cambios políticos se
reflejaron en una profunda desorganización administrativa y un desequilibrio
fiscal, lo que hacía peligrar la existencia misma del Estado republicano, le urgía
una consolidación económica y administrativa153.
La legislación expedida en 1857 había definido el papel que los
funcionarios civiles asumirían en el control de los asuntos mortuorios. Además
150
STAPLES, Anne. “De la Independencia a la consolidación de la República”, De la independencia a la
consolidación Republicana”, en ESCALANTE GONZALBO, Pablo. et. al. Nueva historia mínima.
México. 1a. Edición. El Colegio de México, 2004, p. 137-191.
151
MARQUÉZ, La desigualdad ante la muerte en la ciudad de México. El tifo y el cólera, 1813 y 1833.
México. Editorial Siglo XXI. 1994; URÍAS HERMOSILLO, Margarita y SAN JUAN VICTORIA, Carlos.
“La población y desarrollo en el México del siglo XIX”, en Investigación económica, 1982; UNIKEL,
Luis. “El proceso de urbanización en México”, en Demografía y Economía, 1968.
152
STAPLES, Anne. “De la Independencia a la consolidación de la República”, 2004, pp. 185.
153
SAN JUAN VICTORIA, Carlos y VELÁZQUEZ RAMÍREZ, Salvador. “La formación del Estado y las
políticas económicas, 1821-1880, en CARDOSO, Ciro. coord. México en el siglo XIX (1821-1910),
Historia Económica y de la estructura social, México, Editorial Nueva Imagen, 1983, pp. 82.
90
se destacó el papel que los médicos desempeñarían en caso de autopsias,
embalsamamientos, inyecciones, momificaciones y reconocimiento de los
cadáveres, ya que era un requisito presentar un certificado firmado por el médico
que había atendido al enfermo antes de su muerte para que los jueces del
registro civil otorgaran el acta de defunción.154
El periodo de Imperio de Maximiliano (1864-1867) contribuyó en la
reglamentación de los cementerios, pues como ya se sabe, el emperador tenía
ideas liberales, hijo de la ilustración ya que estaba inmerso en todo este
pensamiento higiénico de la época: “considerando que el interés de la salubridad
general, el peligro de las inhumaciones precipitadas y el orden público hacen
indispensable la intervención de la autoridad municipal en las inhumaciones de
los cadáveres”155 pero entre otras cosas puso atención en los espacios que
deberían facilitarse para los extranjeros que profesaran otra religión el 19 de
septiembre de 1866 decreto que:
Art. 1. Los cadáveres de los individuos que no pertenezcan á la
religión del Estado, serán inhumados en sus cementerios
respectivos, que deben tener los que pertenezcan á diversas
comuniones.
Art.2 A este fin los que no profesen la religión del Estado, construirán
sus cementerios con permiso de la autoridad municipal. Podrán
también construirlos los Ayuntamientos, en cuyo caso se dictarán
previamente, por el Ministerio respectivo, todas las medidas
conducentes á la construcción y administración de dichos
cementerios, los que estarán á cargo de los mismos Ayuntamientos.
Art.3 Para la inhumación de los cadáveres de los católicos, se
entregarán á los Arzobispos y Obispos los cementerios que han
pertenecido á la Iglesia católica los cuales quedarán sujetos á las
prescripciones de la misma Iglesia.
Art. 4 Mientras no se construyan los cementerios donde deban
sepultarse los cadáveres de los individuos que no pertenezcan á la
154
DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen VIII, 1877, pp. 704.
155
Diario del Imperio. Miércoles 19 de Septiembre de 1866. Núm. 517
91
religión del Estado, se destinará por los párrocos ó prelados
católicos, donde la extensión del local de cementerio lo permita, otro
departamento separado con paredes con entrada aparte, y en él se
dará sepultura á los cadáveres de los individuos de otro culto.
Art. 5 Todos los cementerios quedan sujetos á las leyes de policía
de salubridad y ninguna inhumación se hará sin la autorización
municipal, que acredite poder hacerse conforme aquellas.
Art.6 Se derogan todas las leyes y demás disposiciones que
opongan á la presente ley.
Art.7 Nuestro Ministerio de Gobernación queda encargado de la
ejecución de esta ley
Dado en México á 19 de Setiembre de 1866.156
Esta ley tenía dos contrapartes interesantes de analizar, por un lado se
establece una libertad de cultos para aquellos extranjeros que mueran en el
país, que puedan tener un terreno donde sepultarse, y se ordena a la iglesia a
proporcionar un espacio contiguo al camposanto para que allí se inhumaran
aquellas colonias de extranjeros que no contaban con un cementerio, por otro
lado su política es más moderada porque pretende regresar a la Iglesia los
cementerios que les pertenecían siempre y cuando cumplieran con las normas
higiénicas necesarias.
El periodo de 1860 a 1870 fue de una transición política y económica del
Estado liberal, en esas décadas se pugnó por una construcción liberal del país,
las confrontaciones políticas de las décadas anteriores obligaron a los gobiernos
liberales a darle prioridad “a la integración nacional mediante la educación y la
cultura” como una vía para evitar que una nueva contienda dividiera a los
mexicanos. De ahí que se explique la fundación de la Escuela Nacional
Preparatoria, en la que se adoptó el método positivista de Augusto Comte y que
combatía la educación tradicional basada explicaciones religiosas y metafísicas,
y la sustituía por las lógicas y científicas. El ambiente cultural favoreció la
156
Diario del Imperio. Miércoles 19 de Septiembre de 1866. Núm. 517
92
fundación de diversas sociedades académicas, como la Sociedad Mexicana de
Geografía y Estadística y la Academia Mexicana de la Lengua. 158
Los gobiernos de Benito Juárez y Miguel Lerdo, así como los
profesionales de la medicina iniciados en la administración pública, estaban
convencidos de la importancia que tenía el empleo de cifras y datos estadísticos,
porque ello permitiría una mejor organización sanitaria de la capital y la
resolución de muchos problemas administrativos que constantemente enfrentaba
el Gobierno, lo que ayudaría a mejorar el problema del cementerio.157
Se consideró necesario que los oficiales del Registro Civil utilizaran cifras
y números para ejercer un mejor control de las defunciones y, de tal manera,
saber para hasta qué punto la falta de higiene de los barrios más pobres de la
capital influía en los elevados índices de mortalidad. El médico José María
Reyes planteaba que, con base en el número de muertos en determinados
barrios –omitiendo a los hubiesen fallecido por heridas u otras razones no
epidémicas- se podía intervenir de manera práctica en el estado sanitario de la
capital y en la disminución de focos antihigiénicos.158
El planteamiento de José María Reyes obedecía a que la higiene pública
tuvo un giro, vio en los datos estadísticos una herramienta para encontrar
explicaciones precisas sobre las enfermedades. Al mediar el siglo XIX, se
estimaba que los miasmas o fluidos malignos que contribuían en la diseminación
de enfermedades epidémicas no podían ser dominados, pero en cambio a través
de las cifras y los números sí se podía intervenir sobre ciertos focos
antihigiénicos más visibles como espacios que la gente frecuentaba y
157
, BARRERA DE LAVALLE, Apuntes para la historia de la estadística en México, 1821 a 1910,
México, Tipografía de la Viuda de Díaz de León, 1911. Disponible URÍAS HERMOSILLO, Margarita y
SAN JUAN VICTORIA, Carlos. (Oct- Dic. 1982), “Población y desarrollo en el México del siglo
XIX”. en Investigación Económica. México. Vol. XLI (162). Revista de la Facultad de Economía/
UNAM. pp. 13 160 REYES, José María. (1863), “Memoria sobre la mortalidad en la ciudad de
México”, en Boletín de la Sociedad de Geografía y Estadística, México, Primera Época, Volumen
10,1863, pp. 93.
158
REYES, José María. (1863), “Memoria sobre la mortalidad en la ciudad de México”, en Boletín de la
Sociedad de Geografía y Estadística, México, Primera Época, Volumen 10,1863, pp. 93.
93
transformar algunas costumbres malsanas ejecutadas sobre todo por la gente
pobre o que habitaban en zonas desfavorables.159
Reyes reconoció que antes de la creación del Registro Civil, los registros
parroquiales informaban mensualmente a las autoridades acerca de los
“fallecimientos acaecidos en la capital, expresando sexo, edad y enfermedad del
que había muerto”, aunque si esos datos se estudiaban exhaustivamente se
observaban grandes errores. Por ejemplo, decía Reyes que: “se anotaba
únicamente [lo] dicho [por] la persona encargada de ajustar el entierro, que
refería tocante a la causa de la muerte lo que sabía de oídas; y nada más natural
que determinaran muchas enfermedades con nombres vulgares; inapreciables
hasta para los médicos más sagaces”160. Por tanto, criticaba que los oficiales del
Registro Civil no remitieran informes mensuales al Consejo Superior de
Salubridad sobre el índice de mortalidad, o que únicamente se relatara que “en
tal mes nacieron tantos, se casaron tantos y murieron tantos, resultando el
aumento o la disminución de cierto número de personas.”161 Sumada a la crítica
de Reyes, había quienes señalaban el mal desempeño de los oficiales del
Registro Civil con respecto al control de las defunciones y la administración de
los cementerios. Por citar un caso, en 1872 el médico Fernando Malanco
reprobaba que en ningún cementerio –excepto el General de La Piedad- se
llevara un “registro escrupuloso de inhumaciones”, al grado de no existir “una
correspondencia entre los nombres de individuos que [estaban] en los libros de
registro” con los nombres señalados en las sepulturas.162
En 1871 se estipuló una disposición que imponía una tarifa para los
costos de las sepulturas en ella se contempló la creación de un fondo común de
159
CHÁZARO, Laura, “Reproducción y muerte de la población mexicana: cálculos y preceptos higiénicos
a fines del siglo diecinueve”, en AGOSTONI y SPECKMAN, Coord., De normas y transgresiones.
Enfermedad y crimen en América Latina (1850-1950). México. Instituto de Investigaciones Históricas/
UNAM, 2005,p. 55-166.175, 177 y 181.
160
REYES, “Memoria”, p. 93.
161
REYES, “Memoria”, p. 93.
162
AHDF, Fondo Ayuntamiento, Sección Panteones en General, Volumen 3454, Expediente 17 y 31;
AHDF, Fondo Gobierno del Distrito Federal, Sección Policía, Serie Salubridad, cementerios y entierros,
Volumen 3673, Expediente 45 y 46; Malanco, Estudio higiénico, 1872, pp. 89.
94
los productos del Registro Civil y de todos los cementerios del Distrito Federal.
De ese fondo común se pagaban a los oficiales de todos los juzgados del
Registro Civil y a los empleados de los cementerios163. Atendiendo las
propuestas del Consejo Superior de Salubridad, no sólo se prohibió terminante el
uso de nichos en los cementerios de la capital, sino que además se dispuso que
los cadáveres se sepultaran en la tierra.164 Con la anterior disposición de 1871
se reveló, por un lado -en materia administrativa- el interés que tenían los
gobiernos liberales restauradores de la República de hacer efectiva la
disposición constitucional de “reducir el número de impuestos federales,
uniformar el régimen hacendario de los estados con el federal” 165 por otro lado,
se destacó la creciente importancia que los médicos e higienistas iban
adquiriendo en materia de administración sanitaria y funeraria del país. Ya que la
higiene y la salubridad de los cementerios urbanos requerían de la opinión,
consejo y acción de esos profesionales de la medicina, y en particular de los que
trabajaban en el Consejo Superior de Salubridad.
2.3 Los extranjeros en México durante el siglo XIX.
En la actualidad cada vez más son los trabajos que abordan como tema de
investigación al componente extranjero como parte importante de la historia de
nuestro país. Existen investigaciones de distinta índole, que han aportado
importantes conocimientos para entender de una mejor manera los procesos de
llegada, de inserción, así como la importancia de su estancia en el país. Sin
embargo, aún queda un camino largo por recorrer. Hay aspectos de esta historia
en la que todavía encontramos vacíos historiográficos, uno de ellos es el aspecto
163
DUBLÁN Y LOZANO, Legislación mexicana, Volumen IX, 1878, pp. 301; AHDF, Fondo
Ayuntamiento, Sección Panteones en General, Volumen 3454, Expediente 51; DE GORTARI Y
HERNÁNDEZ, Memoria y Encuentros, Volumen II, 1988, p. 457.
164
AHDF, Fondo Ayuntamiento, Sección Panteones en General, Volumen 3454, Expediente 42; Colección
de bandos, en De Gortari y Hernández, Memoria y Encuentros, Vol. II, 1988, pp. 454 y 455
165
SAN JUAN VICTORIA, Carlos y VELÁZQUEZ RAMÍREZ, Salvador. “La formación del Estado y las
políticas económicas”, 1983, p. 82.
95
cultural, y es en este terreno en donde esta investigación pretende hacer lo
propio, estudiando así a los espacios que sirvieron como la última morada de
estos actores sociales, en donde quedaron plasmados sentimientos, recuerdos,
anhelos, representaciones y símbolos. Un acercamiento al estudio de los
cementerios de extranjeros en México vistos desde una mirada cultural que nos
permita llegar a conocer su percepción de la muerte y en este sentido también
su visión de la vida.
Con el siguiente apartado pretendo abordar de manera general la llegada y
permanencia de los extranjeros durante el siglo XIX mexicano, con la intención
de poder conocer mejor el contexto en el cual se desarrollaron los lugares que
sirvieron para su entierro.
Como ya señalamos con anterioridad existe un cuerpo historiográfico muy
abundante. En ellos los extranjeros han sido enfocados desde distintas miradas,
consolidando así un grupo importante de investigaciones de muy diversa factura.
Por mencionar algunas de ellas podemos encontramos las realizadas por Moisés
González Navarro, Los extranjeros en México y los mexicanos en el extranjero
1821-1970166, una obra integrada por tres volúmenes en el que el autor muestra
los procesos relevantes de la presencia extranjera. Dentro de las obras que se
han sumado a mostrar esta historia de los extranjeros a partir de una visión más
global se encuentran las realizadas por George Berniger 167, Delia Salazar168 y
Macrina Rabadán169.
La historiografía de la presencia extranjera en México durante el siglo XIX
también se ha enriquecido con obras que se han enfocado a estudiar a las
166
GONZÁLEZ NAVARRO Moisés, Los extranjeros en México y los mexicanos en el extranjero
1821-1970, México, El Colegio de México, 1994.
167
BERNINGER Dieter George, La inmigración en México (1821-1857),México, Sep Setentas, 1974.
168
SALAZAR Delia, La población extranjera en México, México, INAH, 1996.
169
RABADÁN FIGUEROA, Macrina Propios y extraños, la presencia de los extranjeros en la vida de la
ciudad de México 1821-1860, México, Porrúa-Universidad Autónoma de Morelos, 2006.
96
distintas comunidades como los realizados bajo la coordinación de Clara Lida 170
,Javier Pérez Siller,171 Rosaría Mayer172, Walter Bernerker173, Carlos Martínez
Assad174, Agustín Sánchez Andrés, Tomás Pérez Vejo, Marco Antonio
Landavazo175, Martín Pérez Acevedo176, Juan Carlos Pereira Castañares,
Agustín Sánchez Andrés177, Josefina Mac Gregor178, Corinne Krause179, Antonia
Pi-Suñer Llorens y Agustín Sánchez Andrés180, así como los trabajos de Robert
Randall181 y Guadalupe Jiménez Codinach182 , entre otros más autores que
170
LIDA Clara, Una inmigración privilegiada. Comerciantes, empresarios, y profesionales españoles en
México en los siglos XIX y XX, España, Alianza Editorial,1994. España y el Imperio de Maximiliano,
finanzas, diplomacia, cultura e inmigración, México, El Colegio de México, 1999.
171
PÉREZ SILLER Javier y Chantal CRAMAUSSEL (coord.), México Francia: Memoria de una
sensibilidad común, México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, El Colegio de
Michoacán, 2004.
172
MAYER Rosa María y Delia SALAZAR (coord.), Los inmigrantes en el mundo de los
negocios, México, INAH-CONACULTA, 2003.
173
BERNECKER, L. Walter, Alemania y México en el siglo XIX, México, Facultad de Filosofía y
Letras-UNAM, COLMEX, Servicio Alemán de Intercambio Académico, 2005.
174
MARTÍNEZ ASSAD. Carlos El pasado y el presente en la caracterización de los inmigrantes en la
Ciudad de México, en La ciudad Cosmopolita de los inmigrantes, México, Gobierno de la Ciudad de
México, 2010.
175
SÁNCHEZ ANDRÉS Agustín, Tomás PÉREZ VEJO y Marco Antonio LANDAVAZO
(coord.), Imágenes e Imaginarios sobre España en México siglo XIX y XX, México, Porrúa,
UMSN-Instituto de Investigaciones Históricas, CONACYT, 2007.
176
PÉREZ ACEVEDO, “Consideraciones sobre la presencia española en México, repercusiones y
conflictos,México, UMSNH-Instituto de Investigaciones Históricas, 2013, “Legislación sobre extranjeros
en México , Siglo XIX, en Tzintzun, UMSNH-Instituto de Investigaciones Históricas, número 26, Morelia,
julio-diciembre de 1997,pp.9-28, “La problemática agraria en México a través del Boletín de la Camára
Central Agrícola, 1920-1925, en Rosario RODRIGUEZ DIAZ, Construcciones sociales y actores políticos
en México y América Latina. De la independencia a la posrevolución, México, UMSNH-Instituto de
Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones sobre
América Latina y el Caribe, 2010. Pp. 151-178.
177
SÁNCHEZ ANDRÉS Agustín y Juan Carlos PEREIRA CASTAÑARES (coord.), España y
México. Doscientos años de relaciones 1810-2010, Morelia,Mich. México, Instituto de
Investigaciones Históricas-UMSNH, Comisión para el bicentenario de la Independencia y
centenario de la Revolución-Comisión Española de las Relaciones Internacionales, 2010
178
MAC GREGOR Josefina, México y España. Del Porfiriato a la Revolución, México, Instituto
Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1992.
179
A. KRAUSE Corinne, Los judíos en México, México, Universidad Iberoamericana- Depto. de
Historia, 1987.
180
PI-SUÑER Antonia y Agustín SÁNCHEZ ANDRÉS, Una historia de encuentros y desencuentros,
México y España en el siglo XIX,México, Acervo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones
Exteriores, 2001.PI-
181
RANDALL Robert, Real del Monte: a bristish mining venture in México, Austin, Texas, University of
Texas, 1972.
182
JIMÉNEZ CODINACH Guadalupe, et. alt, Babel, Ciudad de México. La comunidad inglesa en la
ciudad de México, México, 1999.
97
enriquecen la historiografía con un abundante número de artículos sobre
viajeros, comerciantes, sobre las relaciones diplomáticas de México con otros
países y sobre todo de los inmigrantes de distintas nacionalidades.
La llegada de extranjeros a México puede ser rastreada desde la época
novohispana. Sin embargo, por las cuestiones políticas, religiosas y comerciales
la Corona española elaboró una legislación encaminada a la restricción de la
llegada de los extranjeros a la Nueva España. Había periodos en donde se
mostró cierta apertura y otros en donde la legislación fue aplicada con mayor
rigor. La Casa de Contratación era la encargada de dar la autorización para la
llegada a tierras novohispanas. Dentro de los principales requisitos se
encontraba profesar la religión católica, el pago correspondiente y la indagación
sobre sus creencias y costumbres, para poder otorgarse una licencia por dos
años. En un principio esta licencia era sólo para oriundos de otros reinos y
territorios de la monarquía hispánica que no fueran castellanos: aragoneses,
italianos, flamencos y portugueses. Estaba prohibida la entrada a buques
extranjeros, así como el tráfico en sus puertos, además estaba penado con la
muerte y confiscación de bienes el trato con los extranjeros sin un permiso
real.183
Estas medidas de restricción para la llegada de extranjeros a la Nueva
España se pueden explicar por el contexto político de la época, sobre todo por
aquellas políticas de índole religioso e ideológico. El miedo a las sublevaciones
sociales era evidente, así como a todo aquello que pusiera en peligro la moral y
el control de los nuevos súbditos. La llegada del protestantismo a las colonias de
la Corona se consideraba un peligro inminente. El protestantismo ha sido visto
por los católicos a lo largo de los siglos sucesivos a la Reforma, no como una
manifestación más del cristianismo, sino como una herejía, como un “error
sostenido con pertinacia”, como una secta, como una desviación, idea que ha
permanecido en la mentalidad de la sociedad mexicana. La llegada de
183
RABADÁN, Propios y extraños, p.11-12
98
extranjeros a la Nueva España suponía por tanto una posibilidad de penetración
del protestantismo a territorio novohispano.
Pese a estas restricciones impuestas por la corona Española para la
llegada de extranjeros a sus territorios en América, los británicos, franceses, así
como algunos holandeses y portugueses ingresaron a veces de manera legal y
otras tantas de forma ilícita llevando a cabo diversas actividades de piratería184,
entre las que se encontraba el tráfico de esclavos negros.
Existieron otros que ingresaron de manera legal a territorio novohispano;
“llegaban embarcaciones españolas de todo tipo de forasteros: soldados,
marinos, profesionales, artesanos, religiosos, aventureros y sirvientes de gente
importante o rica, así como desertores, esclavos fugitivos y otros.” 185 Algunos
autores han considerado que el 80 % de esta población tendía raíces en el
territorio estableciéndose principalmente en las ciudades. Algunos de ellos
comenzaron a tejer importantes relaciones comerciales, mismas que se vieron
afectadas sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII. Esta inmigración se dio
principalmente de manera individual, que no llegó a constituir una comunidad o
grupo.
Charles Nunn menciona que la gran mayoría de los extranjeros, por lo
general varones llegaron a la Nueva España para trabajar como: sirvientes,
cocineros, peluqueros de los gobernantes o clérigos. Muchos de ellos se
quedaron en el país. Fundaron pequeñas sastrerías, peluquerías y otras tantas.
Su posición social fue más bien estática, carecieron de una movilidad social. El
único cambio profesional de importancia fue el paso de ser empleado a ser
“trabajador independiente”.186
184
Para profundizar en este tema consultar a DE ITA RUBÍO Lourdes, Los viajeros isabelinos en la Nueva
España, México, Instituto de Investigaciones Históricas-UMSNH, 2001.
185
RABADÁN, Propios y extraños, p.14
186
NUNN, Charles Foreign Inmigrations in Early Bourbon Mexico, 1700-1760, Cambridge, Cambridge
University Press, 1979.
99
Para finales del siglo XVIII, la corona española ante el contexto de las
guerras internacionales y la Revolución Francesa de 1789, temió que nuevas
doctrinas como la francmasonería, ideas de libertad, igualdad e independencia
llegaran a sus súbditos. Ejerció una actitud más vigilante, que afectó de manera
directa a los extranjeros avecindados en el territorio novohispano, sobre todo a
los franceses e ingleses acusados de promover propaganda revolucionaria. El
virrey Branciforte tomó medidas persecutorias en especial contra los franceses,
señalando que sólo se debía tolerar a aquellos extranjeros que fueran de “buena
opinión y fama”, además que probaran lealtad al rey y su gobierno.187
Fue después de 1821 con la consumación de la Independencia que varios
países establecieron relaciones diplomáticas con México, muchos de ellos
incitados por la apertura comercial. El país comenzaba a transitar entre “lo viejo
y lo nuevo” al igual que sus relaciones diplomáticas. Por estos años surgió la
idea de que el territorio mexicano contaba con una gran riqueza. Escritos como
los de Humboldt ayudaron a difundir este “mito del dorado mexicano” 188 por lo
que algunos países europeos voltearon su vista a México: “gobiernos, agencias
estatales, sociedades, bancos, particulares: todos estaban dispuestos a lanzarse
sobre la presa, bien fuera mediante créditos al gobierno mexicano, bien fuera
mediante inversiones en la minería o en el comercio ultramarino.” 189 Cabe
mencionar que estos no fueron los únicos motivos por lo que países europeos se
interesaron por establecer vínculos con el gobierno mexicano. La difícil situación
económica consecuencia de las guerras napoleónicas fue también un factor
importante en el surgimiento de estas nuevas relaciones diplomáticas y
comerciales.
Algunos autores han señalado que la llegada de extranjeros en la primera
mitad del siglo XIX fue bastante reducida en comparación de la población
187
NUNN, Foreign inmigration,p. 18
188
Para mayor información, consultar Lourdes de Ita y Gerardo Sánchez Díaz (coord.) Humboldt y otros
viajeros en América Latina, Morelia, UMSNH-Instituto de Investigaciones Históricas, 2006.Krupel Heinz,
Acerca de la importancia de Guillermo de Humboldt en la historia de las ideas en México: una
contribución al pensamiento intercultural, México, El Colegio de México, UNAM, 2001.
189
BERNEKER, Alemania y México, p. 13
100
mexicana, ejemplo de ello fueron los 1549 extranjeros que llegaron a la Ciudad
de México.190 Sin embargo, se ha considerado la llegada de este componente
desde una perspectiva no cuantitativa sino cualitativa, ya que muchos de éstos
poco a poco se convirtieron en actores importantes del ámbito económico, social
y cultural, tejieron relaciones con el resto de la población, lo que provocó
posturas de aceptación, indiferencia y rechazo.
Las opiniones que tenía esta sociedad mexicana de las primeras décadas
del siglo XIX en gran medida giró en torno a la religión que profesaban los
extranjeros, así de alguna manera la tolerancia de cultos se convirtió en un
problema.
La religión estaba presente en las leyes mexicanas de los primeros años
del México independiente: “la nación mexicana es perpetuamente la católica,
apostólica y romana. La nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el
ejercicio de cualquier otra”. 191 La despoblación del norte preocupó al gobierno
mexicano por lo que se realizaron algunos intentos de colonización, para ello se
pensó que lo más idóneo era que llegaran extranjeros que profesaran la religión
católica, como los alemanes o irlandeses católicos.
Sin embargo, esto no se llevó a cabo en la práctica y de esta manera
comenzaron a llegar otros grupos que no profesaban la fe católica y los
problemas en torno a ello ocasionaron distintas opiniones y problemas
vinculados directamente con la ley ya establecida por el gobierno mexicano. Se
pensaba que por las rebeliones vividas, el país necesitaba de un aglutinador que
fuera forjando una identidad nacional. La religión fue vista como el vehículo que
ayudaría a alcanzar la meta.
190
RABADÁN, Propios y extraños, p. 23
191
ALANÍS ENCISO Fernando S., “Los extranjeros en México, la inmigración y el gobierno ¿tolerancia o
intolerancia religiosa?, 1821-1830”, en Historia Mexicana, Vol. XLV, Núm.179, México, El Colegio de
México, Enero-Marzo, 1996. p.542.ALANÍS, “Los extranjeros”, p.542.
101
Por otro lado el avance de las ideas liberales, la necesidad del
reconocimiento de la independencia del país y la llegada de capital extranjero
hicieron que se perfilaran dos opiniones opuestas en cuanto a la tolerancia de
cultos: la primera reconocía a la religión católica como única y por ello aquellos
grupos que llegasen al país deberían de profesarla también, por el otro lado un
grupo de liberales pensaban que la intolerancia era: “hija del fanatismo y
contraria a la religión” y sería una gran barrera para la inmigración extranjera y
algunos pidieron que fuera rechazada, o bien que sólo se mencionara que la
religión católica era la de la república, pero sin establecer una intolerancia
religiosa en el país”192. Este problema de la intolerancia se llevó al terreno social
y muchos extranjeros que llegaron al país fueron vistos con malos ojos por
algunos sectores de la sociedad mexicana.
Ejemplo de ello fueron algunas agresiones en contra de algunos extranjeros,
como el asesinato de un norteamericano en 1824. El gobierno mexicano trató de
poner orden, así Lucas Alamán ordenó severos castigos a quienes insultaran,
vejaran o molestaran a los extranjeros. Sin embargo un año más tarde fue
asesinado un extranjero que contaba con la facilidad para amansar caballos, al
cual se le atribuyó que su habilidad se debía a hechicería193.
La ley mexicana estipulaba que sólo se podría recibir a católicos, pero la
realidad era que los países protestantes proporcionaban un mayor número de
inmigrantes y de capital. Además, como la tolerancia era ya practicada por todos
los países civilizados, esta manifestación de intolerancia sólo era un signo de
atraso.
Así los diplomáticos ingleses, norteamericanos y alemanes intentaron que se
les concediera cierta libertad de culto, que se manifestó sobre todo en las firmas
de los Tratados de Amistad con México, así quedó plasmado en el convenio
firmado con la Gran Bretaña en 1826, en el artículo XIII se estableció que:
192
ALANÍS, “Los extranjeros”, p.544.
193
GONZÁLEZ, Los extranjeros en México, p. 47
102
Los súbditos de Su Majestad Británica, residentes en los Estados
Unidos Mexicanos, gozarán, en sus casas, personas y bienes, de la
protección del gobierno y continuando en la posesión en que están, no
serán inquietados, molestados o incomodados en manera alguna, a
causa de la religión, con tal que respeten la del país en que residen, así
como la constitución, leyes, usos y costumbres de éste. Continuarán
gozando en un todo el privilegio que les está concedido, de enterrar, en
los lugares destinados al efecto, a los súbditos de Su Majestad Británica
que mueran dentro del territorio de los Estados Unidos Mexicanos, y no
se molestarán los funerales ni los sepulcros de los muertos, de ningún
modo, ni por ningún motivo. Los ciudadanos de México gozarán, en
todos los dominios de Su Majestad Británica, la misma proyección y se
les permitirá el libre ejercicio de su religión en público o en privado ya
sea dentro de sus casas o en los templos y lugares destinados al culto.
194
En él se especificaba cierto respeto por sus costumbres y rituales que les
demanda su religión. La alemana fue otra de las comunidades que se preocupó
por esta situación:
Los súbditos de Su Majestad, el Rey de Prusia, residentes en los Estados
Unidos Mexicanos, no serán molestados o inquietados de ninguna
manera a causa de su religión, siempre que respeten la religión, las leyes
y costumbres del país. Seguirán manteniendo el privilegio que ya les ha
sido concedido, de poder enterrar a los súbditos de Su Majestad que
mueran en México en los lugares dispuestos para ellos, los entierros y las
tumbas no serán molestados o dañados bajo ningún pretexto y de
ninguna manera.195
En algunas ocasiones los diplomáticos señalaban que pedían que se
garantizara la tolerancia a su culto religioso, aunque éste, por seguridad y
respeto a la religión del país, tuviese que realizarse a puerta cerrada. Sin
embargo, pese a las firmas y los esfuerzos realizados por el gobierno para
garantizar lo reclamado, la realidad fue que cierto sector de la población
194
Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos Mexicanos (26
de diciembre de 1826) en Política exterior de México, t.2,p. 127-136, citado en RABADÁN, Propios y
extraños, p. 50.
195
Artículo 10, del Tratado de Prusia y México firmado en 1821, BERNEKER, Alemania y México, p.177.
103
condenaba a estos extranjeros como herejes, judíos o luteranos. Así durante
esta primera mitad del siglo XIX, la postura en cuanto a la llegada de estos
extranjeros se perfiló en dos sentidos: el primero en un sentido legal, que se
vinculaba más con la Constitución, en el cual se otorgaban derechos únicamente
a los católicos. Y por el otro lado estaban presentes aquellas prácticas
realizadas por el gobierno mexicano, en las cuales se procuró la seguridad de
los extranjeros establecidos en el país, siendo en cierta medida una tolerancia
forzada, pues no se podían ignorar los beneficios que se lograban a través de la
llegada de capital extranjero.
Durante el periodo porfiriano la percepción de los extranjeros giró al polo
opuesto. Ellos representaban para cierto sector de la sociedad la modernidad, el
progreso y la civilidad, así como los cánones de belleza y elegancia. Esta
percepción se relacionaba con las políticas que el gobierno porfiriano quiso
implementar, sobre todo en modernizar y hacer de México un país progresista y
en el cual el papel de los extranjeros se perfiló como trascendental. Así se
pueden entender algunas políticas utilizadas por el gobierno porfiriano para
atraer la llegada de extranjeros al país y favorecer la modernización y
colonización del norte del país dando facilidades para el ingreso de extranjeros,
a decir de Moisés González Navarro:
la inmigración se apoya principalmente en cuatro supuestos: la gran riqueza
nacional, la escasa población, la incapacidad para aprovechar los ricos dones
naturales y la mayor valía del trabajador extranjero. La xenofilia es uno de los
rasgos distintivos de la minoría dominante del porfiriato. En varios órdenes de
la vida social manifiéstase a las claras un exagerado respeto al extranjero y a
lo extranjero, principalmente al oriundo de la Europa occidental. Dígalo si no la
forma tan delicada en que solía explicarse la rara expulsión de algún
extranjero y el gran número de defensores que iban en su auxilio. 196
Surgieron variados discursos en los que se mostraba al país con una
riqueza peculiar, poco explotada. Daban la certeza de que la llegada de estos
196
GONZÁLEZ, Los extranjeros en México, p.136.
104
extranjeros sería sencilla. Se divulgó que México no contaba con el componente
humano adecuado, pues el que existía era escaso y mal dotado. La solución
estaba, por lo tanto, en la inmigración. Además que su llegada mejoraría la
calidad intelectual y moral de la sociedad porfiriana.197
Este discurso fue difundido en años anteriores al periodo porfiriano, pero fue
durante éste que la propaganda adquirió mayor fuerza. Sobre todo era divulgada
por los diplomáticos mexicanos en sus visitas a otros países. Además se
encontraban las continuas participaciones del país en las Exposiciones
Universales, en las cuales se pretendía mostrar que México se encontraba a las
puertas de la modernidad y el progreso. Así, se invitaba al extranjero a formar
parte de este gran despunte económico.
Estas ideas fueron apoyadas por varios grupos, en especial el de los
científicos, e incluso -los extranjeros llegados a nuestro país les dieron
promoción como lo hizo el ingeniero belga Wodon de Sorinne.
Dentro de los planteamientos propuestos por Sorinne se mencionaban tres
factores importantes que convertían a México en un buen destino para la
inmigración: “la dulzura del clima, la rapidez de las cosechas y la feracidad del
suelo y una América benigna del clima, facilidad de vivir, y la esperanza de
enriquecerse pronto”198 Para tales efectos consideró necesario vencer ciertas
dificultades199 “siete causas repelentes : 1. los sufrimientos de la travesía, 2.-la
inseguridad en la posesión de las tierras adquiridas, 3.- la insalubridad del clima,
4.-la falta de recursos para establecerse, 5.- La inoportunidad en la llegada, 6.-
La mala organización de las colonias y, en fin a la nostalgia”.200 Todas estas
ventajas y desventajas se dieron conocer en Europa por medio de publicaciones
y por algunos enviados para tales fines.
197
GONZÁLEZ, Los extranjeros en México, p. 27.
198
GONZÁLEZ, Los extranjeros en México, p.30.
199
Arquitecto belga que llegó a México a mediados del siglo XIX, el cual dejó una importante obra
arquitectónica.
200
GONZÁLEZ, Los extranjeros en México, p.30
105
Se buscaba sobre todo la inmigración de latinos por ser de alguna manera
los más afines la cultura mexicana. Esto propició varios intentos por traer al país
colonias italianas, entre ellos el de 1881: “El 19 de octubre de 1881 llegó a
Veracruz el primer grupo de 430 colonos italianos procedentes de Veneto, Tirol y
Lombardía”.201 Estos intentos fracasaron por ser muy costosos, lo que dio paso a
la inmigración espontánea o particular que fue promovida por la exención de
algunos impuestos además de otras facilidades, lo importante era atraer al
extranjero.
La élite del país tenía un trato preferente y cordial para con estos grupos
europeos pero para otro sector de la población, como las clases medias y de
escasos recursos, las cosas era un tanto distintas y mostraban en algunas
ocasiones aversión y desprecio por lo extraño. Éstas eran actitudes que el
gobierno señalaba como lamentables, pues los pueblos modernos y progresistas
se distinguían “por cierto espíritu de cosmopolitismo y de amor al extranjero, que
nosotros desconocemos por completo.” Criticar al extranjero era una actitud que
ponía en peligro la inmigración.202
La prensa en variadas ocasiones se manifestó a favor de la inmigración
extranjera, que por un lado ayudaría a poblar los territorios no poblados,
favorecería un crecimiento demográfico y se evitarían conflictos internacionales,
además de ser un contrapeso del influjo norteamericano y favorecer la
explotación de las riquezas aun sin explorar. Se pensó que para una mejor
asimilación y desarrollo era conveniente la llegada de aquellos extranjeros que
se adaptaran más fácilmente al país como los españoles, franceses, belgas e
italianos, así como algunos ingleses y alemanes.203
Si bien es cierto que se pensó en una colonización y en la llegada de una
gran inmigración extranjera sobre todo para poblar el territorio del norte, esto en
la práctica tomó distintos matices, pues las condiciones no fueron óptimas. Cabe
201
GONZÁLEZ, Los extranjeros en México, p. 102.
202
GONZÁLEZ, Los extranjeros en México, p.144.
203
GONZÁLEZ, Los extranjeros en México, p.152.
106
señalar que independientemente de los tratados de amistad entre México y otros
países existió una migración de carácter individual.
Estos inmigrantes extranjeros poco a poco se fueron integrando a la
economía y a la sociedad mexicana, siendo de gran importancia su presencia en
la historia del país, sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX, ya que
contribuyeron a las necesidades e innovaciones del país, favorecieron el
desarrollo del ferrocarril, la instalación de grandes casas comerciales, así como
de bancos y centros departamentales, además de la llegada de profesionistas
que fueron incidiendo en la imagen tangible e intangible de las ciudades. Creo
que caería en un error si se intentara señalar cuál fue el grupo que mayor
trascendencia tuvo en el país porque lo que interesa es ver la llegada de
extranjeros de una manera integral, no como agentes aislados.
Los extranjeros se fueron asentando en las grandes ciudades como Puebla,
Ciudad de México y Guadalajara. Así para los primeros años del periodo
porfiriano, Guillermo Prieto señalaba: “los españoles cuentan con el monopolio
de las tiendas de abarrotes, las panaderías y las casas de empeño, el comercio
exterior está en manos de los alemanes, los franceses son los dueños de las
fondas y las modas que tanto gustan a las damas”. 204
Fue aproximadamente entre los años de 1824 y 1828 con el tratado de
amistad entre México y la Gran Bretaña que la comunidad británica comenzó a
hacerse presente en tierras mexicanas. Se les denomina genéricamente como
ingleses aunque el origen de procedencia varió, ya que en su mayoría fueron
galeses, escoceses o irlandeses. Como colectividad fueron discretos, y tejieron
relaciones sutiles sólo con élites mexicanas y extranjeras, a excepción de los
trabajadores mineros.
Otra de las características que los fueron definiendo, fue su incidencia en la
modernización del país. La minería, la banca, el comercio, la industria textil y la
204
GONZÁLEZ, Los extranjeros en México, p.149
107
explotación de maderas tropicales fueron sus principales actividades.205 Es
importante destacar que las actividades comerciales y las actividades
diplomáticas estuvieron fuertemente ligadas “era frecuente, si no es que regla,
que los funcionarios o propietarios de las grandes empresas comerciales
funcionaran como oficiales consulares de Gran Bretaña en distintas ciudades del
país”206.
Sumado a estas grandes empresas comerciales estuvo la minería, fuente de
riqueza que no estaba siendo debidamente explotada. Así John Tylor en 1824 se
puso a cargo de la compañía The Gentlemen Aventures of London, tomando por
arrendamiento varias minas de Real del Monte. En el mismo año llegaron grupo
de mineros de Cornualles, reclutados para trabajar allí. Esta migración británica
fue muy importante por su composición social y por la trascendencia cultural que
ella dejaría en el país. 207
Al parecer estos mineros se casaron con mexicanas, y la comunidad creció
con el paso de los años. Realizaron casas y construcciones a imitación de las
inglesas, introdujeron el futbol e incluso su comida típica: los pastes, tuvieron las
facilidades y la tolerancia para la construcción de una iglesia metodista, un
sanatorio y su propio cementerio en el cerro llamado del Judío.
Otras compañías británicas que tuvieron injerencia en la minería fueron la
Bolaños Company que trabajó las minas de Jalisco y Zacatecas, la Tlapujahua
Company con minas en el estado de México y Michoacán, la Anglo Mexican que
estaba interesado por Guanajuato, estado de México, Querétaro y San Luis
Potosí, así como la United Mexican Mining Company.208
205
DÍAZ DE KURI Martha, “Vínculos y Comunidades de intereses”, en La Ciudad Cosmopolita de los
inmigrantes, México, Gobierno de la Ciudad de México, 2010, p.375
206
PARRA Alma, “Los británicos del siglo XIX en México: ¿Una comunidad?”, en Babel, Ciudad de
México. La comunidad inglesa en la ciudad de México, México, 1999. Clara LIDA, Una inmigración
privilegiada. Comerciantes, empresarios, y profesionales españoles en México en los siglos XIX y XX,
España, Alianza Editorial,1994.p.31.
207
PARRA, “Los británicos del siglo XIX”, p.35.
208
PARRA,“Los británicos del siglo XIX”, p.33.
108
Durante el periodo porfiriano llegaron a tierras mexicanas importantes
inversionistas financieros y varios de los bancos se encontraban en manos de
compañías británicas, como el Banco Internacional e Hipotecario que fue
adquirido en 1905 por el industrial Richard Honey y su hijo Thomas.
En el aspecto cultural, los “ingleses” representaban para las élites
mexicanas un símbolo de prestigio, por lo tanto un ejemplo a seguir. Algunos
establecieron vínculos con las clases pudientes mexicanas, que también
conformaban un grupo muy pequeño. Así lo narro la viajera inglesa Fanny Inglis
Calderón de la Barca
El baile de los ingleses en Minería tuvo lugar con gran éclat. El aspecto de
este noble edificio, iluminado brillantemente y ocupado por una multitud
elegante, no podía ser más espléndido. El Presidente y el Cuerpo
Diplomático asistieron de gran uniforme y la ostentación de diamantes era
extraordinaria… Su excelencia me condujo hasta el salón de baile que
estaba en el piso principal, donde había sillas reservadas para el
Presidente, para las señoras de los diplomáticos y miembros del
gabinete…es este el mejor baile que hemos visto aquí.209
Estas relaciones que se tejieron entre los británicos y las élites
mexicanas se dieron principalmente entre los comerciantes y empresarios
mineros británicos, siendo un caso especial el de los trabajadores mineros
que constituyeron una clase intermedia entre el empresario y el resto de los
trabajadores.
Además de los ingleses otros grupos arribaron al país, como fue el caso de
los españoles. En México durante el periodo colonial la presencia española fue
muy significativa, social, cultural y económicamente, aunque se suspendería de
cierta manera con la lucha armada del periodo revolucionario de independencia
de 1810 y la expulsión y salida de un gran número de españoles en las
siguientes décadas:
209
DE LA BARCA, La vida en México, .p,155
109
Iturbide autorizó la confiscación de fondos que se remitían al extranjero,
cantidades considerables que en su mayor parte era de origen español,
provocando estos hechos una situación de inseguridad y alarma entre los
hispanos residentes en México. El emperador manifestaba su propósito
de continuar la guerra con España, mientras este país mantuviera tropas
de territorio mexicano y no reconociera a México como nación
independiente y soberana. Se autorizaba a los españoles que quisieran
abandonar el país, la salida del mismo, sin llevarse alhajas ni objetos de
valor, sacando solamente sus ropas de usos.210
En este contexto se dio un rompimiento de relaciones entre España y
México. Sin embargo, el fin del dominio español sobre sus excolonias
americanas no significó el cese de la emigración desde la antigua metrópoli, ya
que siguió existiendo un enlace de lazos familiares que resultaban en una serie
de cadenas migratorias. Estos españoles se asentaron principalmente en las
ciudades enrolándose en actividades de carácter urbano, como el comercio y la
industria.211
El restablecimiento de relaciones entre España y México fue un proceso
complejo, pues la antigua metrópoli se negaba a reconocer la Independencia del
país. El dialogo entre ambos países sólo se logró hasta después de la muerte de
Fernando VII. En 1830 con Lucas Alamán como encargado de las Relaciones
Exteriores, que se inició un nuevo acercamiento con España y se permitió el
regreso de los españoles que habían sido expulsados. En este contexto la
participación de Inglaterra fue muy importante pues era en cierta medida el
mediador entre ambos países, por lo que Alamán se dedicó a conseguir que la
diplomacia británica obligara a los españoles a reconocer la Independencia
mexicana.212
Pese a los esfuerzos de la diplomacia mexicana y británica, fue en 1835
cuando España comunicó que estaba dispuesto a recibir a los comisionados
210
LORENZO, Historia de la beneficencia.
211
GIL, “La inmigración en las primeras décadas”, p.32
212
PI-SUÑER Y SÁNCHEZ, Una historia de encuentros, p.40
110
mexicanos en la ciudad de Madrid, para negociar el reconocimiento de la
independencia de México:
En febrero de 1835, el gobierno mexicano comisionó a un ministro
plenipotenciario en Londres, Miguel de Santa María, para entablar
negociaciones con España… llegó a Londres un nuevo enviado español,
Miguel Ricardo de Álava. El diplomático traía instrucciones para eliminar
cualquier obstáculo que impidiera el desarrollo de las negociaciones
bilaterales en Madrid. En este marco, en el curso de varias entrevistas con
Garro, Álava aceptó que las futuras negociaciones no estuvieran
condicionadas a la pretensión por parte de España de obtener una
compensación a cambio del reconocimiento de la independencia. El
representante español admitió, asimismo, de forma implícita que España
estaba dispuesta a negociar el reconocimiento de acuerdo con las
condiciones establecidas por la ley aprobada por el Congreso mexicano el
11 de mayo de 1826.213
Miguel de Santa María era el encargado de llevar a buen término las
negociaciones con España y poder así restablecer relaciones. Al ministro
plenipotenciario se le ordenó no ceder ante las demandas españolas, sin
embargo, existía la posibilidad de que ofreciera ventajas comerciales, las cuales
se manejaron como un anexo secreto. En el aire también se encontraba el tema
sobre la deuda que España había contraído antes de la Independencia y de la
cual el gobierno mexicano debería asumir una parte. Lo anterior se encontraba
ya resuelto pues en la ley del 28 de junio de 1824, ya se reconocía como propia
la deuda contraída por las autoridades virreinales, anterior a 1810 214. El
restablecimiento de relaciones se vio retrasado por una serie de
pronunciamientos militares y un inestable escenario político español.215
El 28 diciembre de 1836 se restablecieron las relaciones diplomáticas entre
España y México con la firma del tratado de amistad entre ambos países. Éste
constó de 8 artículos, más uno secreto y dos declaraciones.
213
PI-SUÑER Y SÁNCHEZ, Una historia de encuentros, p. 47
214
PI SUÑER Y SÁNCHEZ, Una historia de encuentros, p. 47
215
PI SUÑER Y SÁNCHEZ, Una historia de encuentros, p. 49
111
En la última semana de 1839 llegó a México el primer ministro
plenipotenciario de España, Ángel Calderón de la Barca . A partir de este
momento la presencia española en el país comenzó a normarse y fueron
adquiriendo una mayor cohesión como grupo.
Dentro de los encargos y actitudes que el ministro español debería seguir
en México se encontraban:
Lograr buenas relaciones con el gobierno mexicano, el cual aumentaría y
conservaría al no inclinarse hacia ninguno de los partidos políticos. Para
ello, tenía que mantenerse distante de “intrigas y cábalas” y ser diligente
en cultivar relaciones “con los sujetos de más influencia” y conseguir así
“restablecer el antiguo predominio de España en el país”. En cuanto a la
relación con la masa popular, debería hacer todo lo posible por ganarse su
confianza, con “amabilidad y sencillez de trato”, borrar “toda impresión
menos favorable de esas gentes”, atenuar su “natural suspicacia” y
recuperar así “la popularidad y ascendiente que ha tenido la autoridad de
España en el país”.216
Además de lo anterior debía enterarse sobre aquellos proyectos que
pretendieran la restauración de la monarquía, de igual manera debería indagar
sobre las relaciones con los “estados subamericanos” y vigilar de manera
especial todo lo que tuviera que ver con las Antillas españolas.217
Por estos años los españoles radicados en México pertenecieron a dos
grupos distintos: por un lado estaban los que se encontraban en México al
momento de consumarse la independencia, quienes fueron considerados
ciudadanos mexicanos por los tratados de Córdoba, y por otro los que fueron
llegando después. La situación de los primeros fue desde un principio ambigua,
pues si bien las leyes los tenían por mexicanos, en la práctica ni los criollos los
aceptaban como tales ni ellos mismos acababan de identificarse con su nueva
patria.
216
PI SUÑER Y SÁNCHEZ, Una historia de encuentros, p.58
217
PI SUÑER Y SÁNCHEZ, Una historia de encuentros, p.58
112
Es importante señalar que el éxito de estas cadenas de migración en gran
medida tuvo como base antiguas prácticas del período virreinal, en las cuales
fueron importantes los vínculos personales con inmigrantes anteriores y la
capacidad para integrarse en tejidos sociales comunales o familiares ya
existentes.218 El flujo migratorio fue constante y se ha considerado como la más
numerosa. A partir del análisis del Registro Nacional de Extranjeros hecho por
Clara Lida se sabe que los principales lugares de origen de los inmigrantes
llegados al país fueron las provincias de Asturias y Santander, seguidas de
Vizcaya, Barcelona, León, Bugos, Navarra, Madrid, Orense y Lugo.219
El número de varones era muchos más elevado que el de mujeres.
Generalmente eran solteros de 15 entre 25 años. Ya establecidos en el país se
dedicaron a diversas actividades económicas sobre todo encaminadas al
comercio interior, a la incipiente industria manufacturera mexicana y la
expansión bancaria. Las grandes fortunas de españoles se debieron
principalmente a sus actividades posteriores como prestamistas del gobierno y
especuladores con la deuda pública que después les permitió convertirse en
empresarios.220
Se identifican con este grupo extranjero las tradicionales tiendas de
abarrotes, así como algunas cantinas que constituían, un espacio en donde no
sólo se vendían bebidas refrescantes sino que se vendían una gran variedad de
productos de diversa índole. También establecieron alguna panaderías,
bizcocherías, dulcerías, pastelerías, lecherías, vinatería y carnicería, “cajones”
de ropa, pañerías, sombrererías y sastrerías, tenedurías de libros, perfumerías,
bodegas de “drogas”, casas funerarias, “corredurías” de joyas y alhajas, talleres
mecánicos y otros.221
218
PI SUÑER Y SÁNCHEZ, Una historia de encuentros, p.40
219
GIL, “La inmigración”, p. 35.
220
PI- SUÑER, “La colonia”, p.55.
221
GIL, “La inmigración”, p.41.
113
Mucho se ha señalado sobre la influencia de la cultura francesa en México
y sobre todo en las élites porfirianas, que desde luego fue muy específica, sin
embargo cabría la necesidad de mirar y considerar la importancia de la
presencia española, por su permanencia y continuidad, así como por su
integración con la sociedad mexicana.
Otro de los países que se interesó por las “riquezas mexicanas” fue
Alemania, por lo que en el año de 1832 se firmó el tratado de Amistad, Comercio
y Navegación entre México y Prusia, en el cual se estipularon, la libertad de culto
y lo referente al comercio, que era entre otras cosas el principal interés de
Alemania. Las relaciones comerciales así quedaron reglamentadas:
Todos los comerciantes, patrones de barcos y demás súbditos de su
Majestad Prusiana, gozarán en los Estados Unidos Mexicanos, una
completa libertad para residir en el país, alquilar casas y almacenes, viajar,
comerciar, transportar producciones, metales y monedas(…)
Aunque por el presente artículo los ciudadanos y súbditos de cada una de
las partes contratantes no pueden ejercer sino el comercio por mayor o a
puerta cerrada, el gobierno mexicano declara sin embargo, que concede
(además, y por todo el tiempo que su legislación lo permita) la facultad de
abrir tienda y ejercer el comercio al menudeo, a todos los súbditos prusianos
que traigan consigo sus familias, o adquieran familia, después de su llegada
a la República, por matrimonio, o por haber hecho venir a la que tenían en
otros países. El gobierno prusiano declara por su parte que los ciudadanos
súbditos mexicanos gozarán en lo representativo al comercio por menor
todas las ventajas que las leyes y reglamentos conceden a los naturales de
las naciones más favorecidas.222
La importancia del comercio para Alemania radicaba en que México
constituía un mercado importante en la compra de su producto industrial por
excelencia: el lino. Algunos comerciantes hamburgueses en su función de
propietarios o socios vendían el lino por cuenta propia, y la comisión no se
ganaba en México sino en Hamburgo, lo que resultó muy benéfico para los
intereses industriales de Alemania.
222
Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre México y Prusia, Londres (16 de mayo de 1832),
artículo 7º. en RABADÁN, Propios y extraños, 2005, p. 55
114
De esta manera podemos señalar que los alemanes en México durante el
siglo XIX se destacaron por esta actividad comercial, entre la que destacaron los
almacenes al mayoreo: Agencia de la Cía. Alemania de Indias, Teodoro Bahre,
Aldolfo de Bary, Cía Minera de Alemania, Martín Daran y Cía, Agustín Doorman
e Hijo, Hiedsieck G. Jochhein y Cía Sengstag Cía, Sengtack y Schütte, E.
Simonsfeld y Cía, Stürken, Pollitz y Cía, José Uihlein, Uslar, Heymel y Cía,
Wattermeyer, Kauffman y Cía, y de Wilde y Cía. 223
También destacaron por inversiones en la minería y capital comercial. Otros
tantos llegaron como trabajadores de minas o artesanos, los cuales a diferencia
de los mineros se establecieron sobre todo en la Ciudad de México. Según el
representante prusiano Seiffart el sector artesanal estaba representado por:
“sastres, zapateros, carpinteros, relojeros, encuadernadores, torneros, joyeros y
orfebres, herreros, artesanos que hacen instrumentos musicales y sillas de
montar, pasamaneros, sombreros, etcétera.”224 Existió una diversidad de la
presencia alemana, pues pertenecieron a diversos estratos sociales, y diferentes
profesiones. Estos inmigrantes alemanes no vieron a México como un lugar para
establecerse de manera definitiva, concebían a su presencia como algo
transitorio. Lo que procuraban era amasar una fortuna personal o familiar.
Algunos testimonios de la época los señalaban como sedientos de riquezas:
Los extranjeros son ávidos de oro, no les importa nada del país de donde lo
sacan. Riquezas quieren, para retirarse con ellas lo más pronto posible a
Europa, y disfrutar allí todo los goces que aquellas pueden proporcionar, pero
no buscan una patria nueva, no han traído consigo a sus penates, no piensan
formar aquí nuevos hogares. Quieren esplotar [sic.] al país, como antes lo han
hecho los españoles, y poco se cuidan de servirle, mucho menos de amarlo.
Son aves de paso, y se consideran en la República como un destierro, del cual
tratan de huir tan luego como sus arcas estén llenas de dinero. 225
223
RABADÁN, Propios y extraños, p. 145
224
SEIFFART, “Über Lage und Zustände der deutschen Bevölkerung in den Vereinigten Staaten von
Mexiko”, Berlín, 29 de Septiembre de 1850:ZSAM,2.4.1,II 5228, f.317, citado en BERNEKER, Alemania
y México, p. 143
225
GAGERN, Apelación, 1862 .p.2-3 citado en BERNECKER, Alemania y México, p. 156.
115
En algunos textos sobre extranjeros se menciona que los alemanes fueron
un grupo muy cerrado. Esto podría explicarse de cierta forma por el testimonio
anterior. El anhelo de regresar a su patria pudo haber determinado su relación
con la sociedad mexicana y con los otros extranjeros. En raros casos contrajeron
matrimonio con las mexicanas, lo cual se explica ya que la gran mayoría eran
protestantes y las diferencias religiosas en el México decimonónico constituyeron
en muchos casos una barrera insalvable. Por otro lado los alemanes ya fueran
de élite o de la clase baja se percibían así mismos con una superioridad racial
sobre el mexicano:
Tienen un concepto muy inferior de las condiciones locales y del pueblo que es
el causante de ellas. Si bien se acomodan a las costumbres e ideas de los
mexicanos tanto como es necesario por consideraciones de negocios, no se
les ocurre, ni en apariencia, sumarse más cercanamente a ellas… Tampoco
los alemanes están precisamente muy satisfechos con los mexicanos, pero no
sacan a relucir todas las asperezas de estos contrastes, sino más bien buscan
adaptarse aquí y allá, según se pueda, aunque sin renunciar más de lo que
sea necesario y deseable a su dignidad personal y a su posición de
alemanes.226
Las opiniones antes expuestas fueron del viajero alemán Friedrich Ratzel
quién visitó México entre 1874 y 1875 y publicó sus impresiones. En su relato se
muestra claramente como los alemanes se percibían a sí mismos como un
pueblo superior por lo que no pretendieron establecer aquí ni adoptar las
costumbres mexicanas. Por otro lado no hubo un abandono de su identidad
cultural, por lo que el término “germano-mexicano” les resultaba molestó y
ofensivo. Considero que este mismo contexto los ayudó a fortalecer sus
relaciones a su interior como colonia, lo que los llevó a integrar asociaciones de
asistencia y, si se les permitía, capillas y su propio cementerio. Crearon la
Deutsches Haus.
226
RATZEL Friedrich, Desde México. Apuntes de viaje de los años 1874-1875, México, editorial Herder,
2009.
116
2.4 Reflexiones
A manera de conclusión me gustaría señalar que los procesos de cambio que
vieron la luz en el ochocientos marcaron avances y retrocesos de gran
importancia, no sólo en el ámbito tecnológico que repercutió de manera directa
en la cultura material, también en el ámbito social e ideológico, influyendo cada
vez con mayor fuerza en la vida de la sociedad decimonónica que comenzó a
adaptarse y a generar novedades en su acontecer cotidiano.
Pensar en los procesos de secularización generalmente nos remite a esta
época, remontándonos a una gran variedad de geografías. La secularización
implicó la conversión del Estado, que pasaba de tener una tutela religiosa a ser
laico, restando el poder normativo de la Iglesia, y el establecimiento de prácticas
concretas como lo fue la desamortización, es decir la pérdida de propiedades de
la Iglesia para pasar a manos del Estado y la sociedad. En una acción colateral
la sociedad ganó también cierta autonomía, ampliaba el ámbito de la
participación social y la posibilidad de adquirir una educación laica, lo cual
contribuyó a generar nuevas formas de pensamiento que se reflejaron en el
ámbito cultural, científico y artístico.
En México el proceso de secularización comenzó con los principios de la
modernidad ilustrada que pretendieron imponer las reformas borbónicas. En
ellos se pensó en combatir la religiosidad popular vista como un elemento
retrógrado de fanatismo y milagrería que ya no era bien aceptado.
El gobierno de las primeras décadas del México independiente decidió
mantener un vínculo entre lo civil y lo sagrado, plasmado en el Plan de Iguala de
1821 y en la constitución de 1824. La religiosidad para los intelectuales de las
primeras décadas del siglo diecinueve mexicano era vista como un aglutinante
social, que ayudaba a conformar un sentimiento de nación entre la sociedad.Sin
117
embargo, con el paso del tiempo y del avance de las ideas liberales, la creación
de un Estado laico y secular se convirtió en una necesidad y en el anhelo de
muchos de los intelectuales. Que pugnaron por dejar atrás su pasado
confesional, asumir la dirección política y administrativa sin la tutela de la Iglesia,
garantizando la libertad de conciencia y la apertura de tolerancia de cultos.
Fue con las Leyes de Reforma de 1859 que la secularización fue una realidad,
sin embargo es necesario señalar que estos preceptos políticos no eran nuevos
o de reciente invención, tenían el antecedente de las reformas anteriores en
materia de separación Iglesia- Estado. Éstas marcaban legalmente el
rompimiento de las relaciones Iglesia- Estado.
La pretensión fue recuperar el poder que se encontraba en manos del clero,
se intentó un mayor control social por lo que se creó el registro civil, quedando
sujetos a éste los nacimientos y matrimonios, actividades que conllevaban
actitudes de distinta índole, por un lado una mayor intervención del Estado en la
vida social, y por el otro los mecanismo de control que ejercieron ambos poderes
en detrimento del poder. Se legisló también sobre la muerte, pues ahora se
suprimía de manera formal los camposantos como lugares de descanso y se
crearon lugares exprofeso para morir en una nación secular.
Hechas las reformas en materia de secularización en México, en la práctica
hubo algunas distancias y problemas para llevarlas a cabo. El cambió fue lento
por las que las costumbres y tradiciones tan arraigadas en una sociedad
necesitan de tiempo para ser modificadas en su totalidad.
Como parte de estas transformaciones sociales y científicas generadas en el
siglo XIX encontramos un corriente de pensamiento que tuvo sus génesis en el
siglo XVIII, me refiero a los planteamientos generados en torno a una salud
pública, conocidos como discursos higienistas. La palabra higienismo o
discursos higienistas, se ha utilizado para designar una corriente de
118
pensamiento que involucró a los médicos y al Estado-Nación, que a partir de
criterios positivistas pretendieron mejorar algunos aspectos de la vida como, la
salud, el control de la enfermedad y reducir la mortalidad. Además a partir de sus
preceptos clasificaron a la sociedad, haciendo unas distinciones importantes
entre las elites y los pobres, considerados como un peligro moral a los que era
necesario reformar y convertir en personas “civilizadas”.
El paso de camposanto a cementerio no se dio de manera instantánea,
además la Iglesia no permitió el enterramiento en los cementerios civiles, y sus
discursos se encaminaron a obstaculizar el desarrollo de las medidas adoptadas
progresivamente por los liberales en este campo. Finalmente fueron necesarias
políticas rigurosas para llevar a efecto la clausura de los camposantos.
Con la falta de poder ideológico que fue perdiendo la Iglesia y el avance de la
ciencia se dio pasó a un nuevo tratamiento del cadáver como lo fueron: la
disección y la cremación.
Estos nuevos discursos higiénicos y las nuevas propuestas sobre los espacios
de la muerte se concretaron también en México durante el siglo XIX, en el cual
su proceso de transformación fue lento por la falta en muchos casos de una
economía que solventara su creación, pero también por el paso lento del
proceso de secularización en el país. Es interesante ver en este contexto lo
oportunidad que surge para la creación de otro tipo de espacios como lo fueron
los cementerios de extranjeros.
En México la llegada de población extranjera no fue de importancia
cuantitativa a diferencia de países como Argentina, Brasil o Chile, se enmarca
dentro de una trascendencia cualitativa. Las comunidades extranjeras poco a
poco se convirtieron en actores importantes del ámbito económico, social y
cultural del país, tejieron relaciones con el resto de la población, lo que provocó
posturas de aceptación, indiferencia y rechazo. La llegada de extranjeros a
119
México puede ser rastreada desde la época novohispana. Sin embargo, por
distintas cuestiones políticas, religiosas y comerciales la Corona española
elaboró una legislación encaminada a la restricción de la llegada de los
extranjeros a la Nueva España, existiendo periodos en donde se mostró cierta
apertura, y otros en donde la legislación fue aplicada con mayor rigor.
Durante la primera mitad del siglo XIX, la postura en cuanto a la llegada de
estos extranjeros se perfilo en dos sentidos: el primero en un sentido legal, que
se vinculaba más con la Constitución, en el cual se otorgaban derechos
únicamente a los católicos. Y por el otro lado estaban presentes aquellas
prácticas realizadas por el gobierno mexicano, en las cuales se procuró la
seguridad de los extranjeros establecidos en el país; siendo en cierta medida
una tolerancia forzada, pues no se podían ignorar los beneficios que se lograban
a través de la llegada de capital extranjero.
Ya para el periodo porfiriano la percepción de los extranjeros, giró al polo
opuesto, ellos representaban para cierto sector de la sociedad la modernidad, el
progreso y la civilidad, así como los cánones de belleza y elegancia. Esta
percepción se relacionaba con las políticas que el gobierno porfiriano quiso
implementar en el país, sobre todo en modernizar y hacer de México un país
progresista.
Estas comunidades extranjeras ya avecinadas en el país fueron
reproduciendo elementos importantes de su cultura como lo fueron los
cementerios, creados generalmente para su uso exclusivo y en los cuales
podían desarrollar con mayor libertad sus ritos funerarios, además que eran
espacios en los que fortalecían sus vínculos no sólo en el momento de la muerte
de algún pariente o amigo, también en el momento de reunir los esfuerzos para
que la creación de un cementerio propio fuera posible.
120
CAPITULO 3. DE CAMPOSANTO A
CEMENTERIO
121
3.1. ¿A dónde van los muertos? Percepciones del cuerpo y el
alma.
El cementerio y el ritual funerario son tocados por esta mirada en torno a
la muerte, sobre todo por el recuerdo, el dolor, y el miedo al olvido, para el caso
de la sociedad mexicana éste se ha manifestado en la continuidad que se la ha
otorgado a la vida después de la muerte. En la creencia de que algún día el vivo
se reencontrará con el muerto en el más allá, se le han dedicado una serie de
prácticas que tocan lo religioso pero que no se limitan a este aspecto, ya que en
muchos casos lo transforman y le confieren de un sentido propio. Esta de idea la
muerte es heredera de dos raíces históricas por un lado la cosmovisión
mesoamericana y por otro el pensamiento del Medioevo europeo que generaron
una mezcla e hibridación que ha enriquecido nuestras prácticas culturales.
Dentro del pensamiento mesoamericano, la dualidad se encontraba presente en
cada aspecto de su vida, por lo tanto en su concepción cosmogónica; era
representada como un ciclo constante de vida- muerte-vida, se consideraba a la
muerte como una prolongación de la vida en otro mundo, de ahí que en el
momento de enterrar a los difuntos se le mandaba con todo lo necesario para el
nuevo viaje.
122
El lugar de descanso dependió de la cultura y la zona geográfica, fue de
una gran variedad pues se enterraron en tumbas, al interior de los hogares, en
cuevas o montañas, el cadáver también descansó en los cenotes, y en algunas
regiones se prefirió la cremación.
La convivencia con los difuntos era parte de lo cotidiano, un vínculo entre
la vida y el más allá. En su visión el temor era desplazado a lo sagrado, pues no
existía preocupación por la muerte, lo cual no quiere decir que esta fuera tomada
de manera superficial, ya que se mantenía un enaltecimiento del alma que el
sobrevivía al cuerpo. Así el espíritu era independiente de la materia y podía
residir en algunos animales. El temor se trasladó al castigo de los dioses, y en
este sentido la vida era la mayor ofrenda.
La otra raíz era la española, que partió del pensamiento del Medievo,
periodo en que el tema de la muerte se tornó popular, esta visión estaba
fuertemente influida por las epidemias que en tierras europeas arrasaron a una
buena parte de la población. Dentro de esta visión española la muerte era vista
como un sueño momentáneo que terminaría con la resurrección en cuerpo y
alma en el día del Juicio Final. En esta percepción era importante ser enterrado
en un lugar sagrado.
Al arribo de los españoles a tierras mesoamericanas trajeron consigo una
nueva visión de la muerte y de su representación. Debido al valor simbólico y a
la manera de percibir el mundo, las dos religiones que se encontraron tuvieron
un punto de referencia y explicación sobre el momento de abandonar el cuerpo y
el lugar a donde este se conducía en su aspecto terrenal y espiritual, estas dos
ideas permanecieron no podemos determinar con que autenticidad, sin embargo
dieron paso a un hibridismo cultural que se encuentra presente en la cultura
mexicana.
123
Me gustaría hacer un breve paréntesis para señalar algunas precisiones
respecto a lo que algunos autores han señalado respecto del estudio del ritual
funerario, como una práctica que nos permite acercarnos a los pensamientos y
sentimientos en torno a la muerte, pues en ellos quedan plasmados símbolos y
representaciones de la vida y de la muerte. El hombre ha significado su
pensamiento cosmogónico en estos rituales que se han transformado con el
tiempo227 muestran claramente el dolor, el miedo, y la creencia de una vida
después de la muerte.
Podemos definir como ritual funerario aquellas prácticas que la sociedad
realiza para despedir, purificar y procurar que el difunto tenga un buen descansó,
así dependiendo del credo religioso estas son modificadas. Lo que permanece
es el respeto por el cadáver y la creencia de una inmortalidad del alma, a decir
de Frazer: “es imposible no sorprenderse ante la fuerza, y quizá debiéramos
decir ante la universalidad de la creencia en la inmortalidad.”228
Desde tiempos antiguos en las culturas ha existido una conciencia de la
muerte vista como un cambio de estado que altera el orden natural de la vida, el
hombre se ha conmovido ante la llegada de la muerte y ha preparado el camino
de la separación con los rituales funerarios, en donde reconoce su mortalidad, y
confiere a la muerte de un lenguaje inmortal229 así como de símbolos con
significantes que muestran diversos niveles de realidad, un nexo entre el mundo
de los vivos y el mundo de los muertos, y el pensamiento en torno a lo sagrado
en su manifestación individual y colectiva.
En la historia funeraria de nuestro país podemos decir que con el
encuentro cultural después de la conquista de México los rituales fueron
desplazados por un nuevo ritual funerario. Constantemente dentro de los
estudiosos de las ciencias sociales se ha dicho que existió una fusión de ambas
227
MORIN, El hombre, p.17
228
MORIN, El hombre, p. 24
229
MORIN, El hombre, p. 24
124
culturas, sin embargo a consideración de Claudio Lomnitz, estas afirmaciones
tendrían que ser tomadas con mucha precaución pues es necesario considerar
que en los primeros años de la colonia existió un gran número de muertes por
parte de la población indígena, así como un ambiente de violencia. Las políticas
españolas provocaron el deceso de un gran número de población indígena, y no
se puede ser tan reduccionista para mencionar que simplemente existió una
transposición de las costumbres funerarias de España al nuevo territorio. 230
Existieron nuevas formas de morir, y el cuerpo de los difuntos no tenía
una igualdad ante la muerte, ni en la sepultura, muchos indígenas fueron
arrojados a ríos y muertos en las montañas a causa de la hambruna y
epidemias. El miedo durante este tiempo se manifestó en muchos ámbitos de la
vida cotidiana sobre todo para el componente indígena, que estaba siendo
sometido a una nueva religión y arrasado por nuevas enfermedades. El temor se
trasladó a los mecanismos de poder ejecutados por la población española que
ejercía su autoridad tanto en la vida como en la muerte: “los españoles
embarcaron en un proyecto de colonización que abarcó la administración activa
de la población en una situación en la que el Estado tenía relativamente pocos
instrumentos de gobierno que no fuesen sus poderes de muerte, es decir, el
poder para desmembrar físicamente los cadáveres en ejecuciones públicas
como muestra de soberanía”.231
A partir del primer concilio provincial de México en el año de 1555, la Corona
manifestó su interés por concentrar a los indígenas para que fueran educados en
la fe católica, socorridos en enfermedades y ayudados a bien morir, esto no
230
LOMNITZ,Idea de la muerte, p. 65
231
LOMNITZ, Idea de la muerte,p. 78
125
cambio de forma inmediata, por el contrario fueron transformaciones lentas que
se manifestaron en las prácticas funerarias.
Los rituales funerarios se impregnaron de los símbolos católicas
impuestos en la Nueva España, el ritual se modificaba según las regiones
geográficas, la casta y la posición social. Cabe señalar que existieron elementos
distintivos provenientes de la religión, sobre todo en lo que refiere al tránsito del
alma del difunto.
Para la religión católica había distintos lugares a donde el difunto llegaría
según sus acciones realizadas en vida: el cielo, el limbo, el purgatorio y por
supuesto el infierno; a decir de Claudio Lomintz, los lugares a donde llegaba el
alma determinó con el paso del tiempo la creación de una cultura popular en
torno al muerte. El cielo era el lugar más anhelado por todos, para ello era
necesario ser un buen católico, además contar con prestigio y poder adquisitivo
que permitiera la compra de indulgencias y misas. Además se tenía la costumbre
dentro de la élite española de ser benefactor de alguna orden religiosa, que a la
hora de la muerte se encargara del ritual y resguardo del cuerpo. El limbo era el
lugar a donde iban los niños que morían sin ser bautizados, el infierno era donde
se encontraban los demonios e iban ahí las personas que habían vivido en
pecado y faltado a los mandamientos divinos.
El cielo era el lugar más anhelado por todos, para ello era necesario ser un
buen católico, además contar con prestigio y poder adquisitivo que permitiera la
compra de indulgencias y misas. Además se tenía la costumbre dentro de la élite
española ser benefactor de alguna orden religiosa, que a la hora de la muerte se
encargara del ritual y resguardo del cuerpo.
El limbo era el lugar a donde iban los niños que morían sin ser bautizados, el
infierno era donde se encontraban los demonios e iban ahí las personas que
habían vivido en pecado y faltado a los mandamientos divinos.
126
Dentro de las creencias de los lugares a donde el alma iba a llegar el
purgatorio ocupaba un lugar importante: se afirmaba que antes que un lugar, se
trataba de un estado, o que cuando era un sitio éste se encontraba bajo la tierra,
en lugares o animales asquerosos, dentro de esculturas, o bien dentro del
cadáver mismo, en la tumba o en los sitios donde el difunto había hecho sus
pecados. El valor simbólico que adquirió el purgatorio fue muy importante por las
distintas lecturas que se hicieron de éste. Por un lado se asoció con los pobres y
con los indígenas, pues se creyó que ellos por si solos no eran capaz de
salvarse232 necesitaban de su ángel de la guarda y de su santo patrono. Esta
idea de ver a los indígenas como menores de edad y desvalidos generó la
emisión de varias bulas papales que con el paso del tiempo crearon la devoción
popular por el Día de Todos los Santos y el Día de las Animas, así como los
sufragios por las almas del purgatorio.
En estos días se manifestó con mayor claridad lo que podemos llamar
como caridad funeraria simbolizada en “la calavera”, término que era utilizado
para nombrar las limosnas que las élites daban a los pobres en memoria de sus
muertos. Esta ayuda monetaria se daba el día del funeral y también los “días de
todas las animas”. Esto simbólicamente se materializó en las calaveras de
dulces, que se daban entre ricos y pobres, así como entre padres e hijos, y que
se popularizo en la frase “dame mi calavera” y que ha permanecido hasta el
presente como un elemento distintivo de lo mexicano.
En lo que refiere al ritual podemos decir que para finales del siglo XVII y
durante el XVIII era eminentemente barroco, pomposo y popular. El funeral
sobre todo el de la nobleza estaba cargado de simbolismos y lujos, la muerte de
los nobles era un modelo a seguir por los distintos estratos de la sociedad. En él
se manifestaba una muerte celebrada que permitió, según Nadine Béligand,
“domar” a la muerte, y al hacerlo, adoptar actitudes cada vez más
individualizadas en las prácticas rituales destinadas a los muertos, en donde
232
LOMNITZ, Ideas de la muerte, p. 78
127
estaban plasmadas percepciones sobre el juicio final, el purgatorio y la
resurrección.233
Los camposantos eran la última morada de los muertos, y refieren a un
terreno santificado por medio de agua bendita y rezos para que en él puedan ser
enterrados los cadáveres de los creyentes católicos, algunas veces se
establecieron de manera provisional, no planeada ni delimitada. Sin embargo,
estos espacios se dieron generalmente en los atrios de las iglesias
novohispanas tanto en la ciudad como en las comunidades rurales. Al interior de
los templos también se llevaron a cabo enterramientos, pues se tenía la creencia
que entre más cerca del altar principal, mayores serían las bendiciones
espirituales para que el alma descansará en paz, este era un beneficio sobre
todo de sacerdotes y de las elites.
Los camposantos fueron una muestra clara de esta idea de la muerte
“domada” en donde permeaba el sentimiento de preservar más el alma que el
cuerpo, pero no en todos los casos fue así, por ejemplo, en el caso de algunos
sacerdotes o miembros importantes de la Iglesia se consideró necesario
conservar el cuerpo, transformando éstos en reliquias, lo que conllevó a un
tratamiento y observación ideológica del cadáver “los cuerpos de los santos
fueron exhumados y examinados los cuales expedían olores agradables…estos
eran evidencia de su virtud y santidad, el caso de los restos sagrados de santos
y mártires, la muerte y sus efectos en el cuerpo no son repugnantes.”234
Estos cuerpos recibieron un tratamiento funerario distinto, eran mutilados y
convertidos en reliquias que eran veneradas en las Iglesias, propiciando que
muchos de los fieles desearan tener un espacio lo más cercano posible al santo.
Y aunque el alma ya se encontrara ausente, el santo podía estar cerca y al
alcance de los vivos, estas ofrendas post mortem podían significar la diferencia
entre los largos tormentos en el purgatorio y la recompensa inmediata en el
233
BÉLIGAND, La muerte, p.44
234
ZARATE TOSCANO, Los nobles, p.145
128
paraíso. Estas ideas fueron muy importantes y se manifestaron directamente en
el manejo del cadáver y en los rituales que realizaban los familiares y conocidos
para una exitosa transición.
Cuando una persona se encontraba a punto de la muerte, esta era auxiliada
por los servicios religiosos de quienes darían la última unción, era acompañada
por sus parientes más cercanos, quienes ayudaban con rezos a que su alma
encontrará el descansó y la aceptación para la transición. Si el moribundo era
hombre los acompañantes tenían que ser del mismo sexo, por el contrario si era
mujer esta era acompañada por el padre y algunas religiosas. Al momento de
perder la vida se avisaba por medio de un toque de campanas y el difunto era
vestido con su mortaja, la casa también se ponía de luto y en ella era velado.
Después era llevada a cabo la procesión desde la casa del difunto hasta el
templo en donde sería enterrado, se colocaba al cadáver sobre las tablas
cubiertas de tela, generalmente negras o moradas, durante el camino los
familiares y acompañantes recitaban rezos y cantaban el De profundis. Estas
procesiones podían ser más o menos ostentosas. Cuando se traba de la
nobleza, se hacía mucha ostentación del nivel económico y social, se procuraba
que hubiera muchos cirios porque se pensaba que entre más luz el difunto
encontraría mejor el camino al más allá, así como para la resurrección.
Llegada la procesión a la Iglesia era realizada una misa de cuerpo
presente, el cadáver era colocado sobre un catafalco al centro del templo, con
los pies mirando al altar, a su alrededor se colocaban cuatro cirios; la misa
servía para que el cuerpo participara por última vez en la eucaristía, antes de ser
inhumado, y para que los familiares se despidieran haciendo oraciones para su
eterno descansó. El entierro fue el último en esta serie de ritos. Durante los
siglos XVII y XVIII novohispanos la Iglesia mantuvo el control sobre el ritual
funerario y el lugar de descanso de los difuntos. Los actos funerarios estaban
impregnados de elementos religiosos y en ellos se exaltaron las virtudes
129
cristianas y se divulgaron mensajes aleccionadores sobre la inminencia de la
muerte.
El paso de camposanto a cementerio se originó desde fines del siglo XVIII
con las reformas ilustradas. Esto provocó opiniones encontradas ya que el
espacio de los muertos perdió su carácter sagrado. El cementerio se entendió
como un lugar para dar sepultura a los muertos y se pretendió que fuera de
carácter civil, generalmente bien delimitado. En el siglo XIX, con el paso de
camposanto a cementerio, los rituales fueron más cívicos y la muerte cobró un
sentido más científico, fue vista más en el sentido médico. Poco a poco se
fueron modificando las prácticas y los espacios para la muerte, sin embargo esto
también dio paso a que la muerte se comenzará a comercializar. Surgieron los
empresarios de las pompas fúnebres “quienes frecuentemente ofertaron sus
servicios a fin de facilitar la cobertura de trámites y para adecuar los
procedimientos funerarios a las pautas de higiene y civilidad que demandaba el
proceso de modernización del país”.235 Estos agentes se encargaban de todo lo
que la familia y el muerto necesitaban para tener una “muerte moderna”. Sin
duda el siglo XIX fue mostrando un panorama distinto del periodo colonial que
complejizaba los espacios de los muertos.
En lo que refiere al miedo podemos decir que se trasladó al cadáver como
agente de contagio y a las epidemias, el cadáver pasaba de sagrado a profano,
y esto se manifestó directamente en el ritual. Otro de los grandes temores de la
sociedad del siglo XIX fue morir sin auxilio:
Como en algunos campos diéronse los horribles casos de morir sin
auxilio alguno, muchos individuos cuyos cadáveres insepultos fueron
devorados por los zopilotes, de esperase es que las autoridades
locales a quienes competa, procuren el enterramiento á la
profundidad y con la separación debidas, de los huesos ó restos de
tales colerientos236
235
ALCARAZ, Los espacios, p. 145
236
Hemeroteca Nacional de México,“Los panteones” en El Nacional, diciembre 8 de 1882.p. 2
130
Se tenía un temor a la muerte que por sí mismo se considera un miedo
natural, también existían una gran preocupación por en morir en circunstancias
poco gratas, como perder la vida en altamar, bajo un incendio, o terremoto. 237
El temor por el fin que tendría el cuerpo también era una constante, así
como aquellos asuntos de índole material como la preocupación por dejar
desprotegidos a los descendientes, esto quedo materializado tanto en hombres y
mujeres. Uno de los miedos recurrentes seguía siendo el espiritual y en este
sentido podemos ver que pese a que muchas de las prácticas se habían vuelto
seculares el ritual y la creencia en el cielo, el purgatorio y el infierno era tan
latente como en la época colonial.
El temor al olvido siempre ha invadido al ser humano y la sociedad
mexicana del siglo XIX no fue la excepción. El cementerio es un lugar que
presentó una posibilidad de mantenerse en el recuerdo, esto tocó también a los
rituales funerarios, en el cementerio se manifestó en las lápidas y los epitafios,
en el ritual en las manifestaciones inmateriales, en el sentimiento, en el dolor, en
el llorar al muerto, “recordarlo hasta que nos volvernos a encontrar”. En este
sentido las procesiones religiosas tenían el mismo sentir de pasear al difunto por
la calle para que la gente se despidiera de él para mantenerlo en el recuerdo.
En las comunidades esto quedó plasmado más claramente en la noche de los
difuntos y todas las ánimas, lo que revive año con año es el recuerdo, la
creencia en el más allá de donde vendrá el muerto a visitar a sus seres
queridos.
Pero si duda el mayor temor de la población mexicana del siglo XIX fue el
ser enterrado con vida, muchos fueron los testamentos que ordenaban a sus
familiares velarlos por más de tres días para cerciorarse que esto no ocurriría.
Este miedo no fue exclusivo de la sociedad mexicana, era un miedo común en
distintas latitudes, el miedo tenía una razón der ser un claro ejemplo se publicó
en el periódico El universal en el año de 1850:
237
ZARATE TOSCANO, Los nobles, p.145
131
Cuentan caso horrendo, que debe servir de ejemplo para que no
puedan darse otros semejantes. A una pobre mujer que al verla helada
y sin movimiento. Llévenla en consecuencia al cementerio, y cuando
estaba ya sepultada, vuelve en sí la infelíz de la parálisis o letargo que
la había inmovilizado: por fortuna, estaba enterrada casi a flor de tierra,
ó se hallaba esta tan floja, que pudo con el débil auxilio de sus fuerzas
abrirse la salida de su sepultura. Dirigese en seguida, vacilante y
poseída de terror, por las calles inmediatas, hasta que unas gentes
caritativas le dieron abrigo en su casa.238
El muerto ha sido el eje central de muchos de los miedos del hombre, uno de
ellos es la existencia del más allá, la creencia de la presencia de dos planos, una
vida terrenal y otra realidad alterna en donde surgen nuevas posibilidades de
existencia y en el cuál se encuentran los muertos. En muchas culturas el alma
del difunto permanece por varios días después de muerto y en torno a ésta gira
una serie de ritos funerarios.
A este pensamiento de las ánimas o aparecidos la Iglesia trato de dar
respuesta desde el lado teológico, pues era Dios quien permitía a las almas de
los muertos mostrarse a los vivos bajo las apariencias de su cuerpo: “toman
entonces un cuerpo que se forman con el aire… espesándolo, amasándolo y
condenándolo”239
Es en la creencia de la existencia del más allá en donde la religiosidad
popular ha encontrado una brecha y ha sembrado raíces, en ella se ha
alimentado y permitido que surjan elementos de lo popular y que a lo largo de la
historia se hayan generado estas visiones alternas que se alejan de lo
institucional, frente esta visión higienista surgió a la par el conocimiento de
brujos y chamanes que tenían una mirada propia del cementerio, del ritual y del
miedo.
238
Hemeroteca Nacional de México, “Notas sueltas, en El universal, Julio 6 de 1850, p. 4
239
DELUMEAU Jean, El miedo en occidente,Madrid, Taurus,2012,p, 124.
132
El tema de la muerte cada vez se vuelve más lejano, se han reducido más
los espacios de la muerte y el cadáver provoca espanto, ya no como fuente de
contagio sino por mostrar eso que no queremos reconocer. Cada vez estamos
menos preparados para estos momentos, vivimos en sociedades light en el que
el dolor no se quiere sentir, mucho menos se aceptan las crisis provocadas por
el duelo.
Es como si fuese una muerte invisible, alejada de nuestra realidad. Los
rituales se están convirtiendo en algo negativo, que las personas reproducen sin
saber por qué lo hacen de esa manera. La muerte está perdiendo así su
presencia simbólica, convirtiéndose en nada más que un hecho científico, en la
terminación permanente de nuestras funciones biológicas. Esta muerte domada
o temida que señalaba Philippe Aries, difícilmente es abordada a través de
rituales funerarios actuales.
También considero que tanto el ritual, el miedo, y el cementerio se
mueven dentro de los límites de lo permitido y lo prohibido, dentro de lo popular,
pues se mantiene en cierto sector social la creencia en los aparecidos, y en el
cementerio como un lugar lúgubre, es lugar de manifestaciones religiosas que
escapan a toda institucionalidad.
3.2. El pensamiento higienista y la medicalización de la muerte
El siglo diecinueve fue un periodo en el cual no sólo se revolucionaron
aspectos de la cultura material, sino que surgieron una serie de prácticas que
fueron filtrándose poco a poco en la vida cotidiana de la sociedad decimonónica.
El pensamiento higienista, si bien tiene una importante expresión en el siglo
XVIII, será hasta el XIX que se consolidará y tendrá una injerencia política y
social de gran importancia en la vida del hombre decimonónico.
El objetivo de las siguientes líneas es abordar de manera general las
discusiones higienistas. Me enfocaré principalmente a la nueva visión sobre la
muerte, sobre el cadáver y los cementerios extramuros, que se difundió en estos
133
discursos y que influyó en la creación de los panteones civiles y en las
percepciones de la muerte y la enfermedad a lo largo del siglo XIX.
El discurso higienista, ha sido utilizado para designar una corriente de
pensamiento que involucró a los médicos y al Estado-Nación, que a partir de
criterios positivistas pretendieron mejorar algunos aspectos de la vida como la
salud, el control de la enfermedad con el afán de reducir la mortalidad. Algunos
autores señalan a este pensamiento dentro de la categoría que acuñaría Michel
Foucault del biopoder; misma que el autor utilizó a lo largo de su obra escrita
para manifestar la existencia de:
un conjunto de mecanismos por medio de los cuales aquello que en la
especie humana constituye sus rasgos biológicos fundamentales que podrán
ser parte de una estrategia política, una estrategia general de poder. En otras
palabras como a partir del siglo XVIII, las sociedades occidentales modernas,
tomaron el hecho biológico fundamental de que el hombre constituye una
especie humana (…) Es un análisis para saber por dónde pasa la cosa, cómo
pasa, entre quiénes, entre qué puntos, de acuerdo con qué procedimientos y
con qué efectos(…).240
En una doble lectura el discurso higienista difundido durante el siglo XVIII y
siglo XIX, buscaba adueñarse del cuerpo del otro. Y en torno a esto generó
nuevas miradas que se incorporaron en aspectos del ámbito público y privado.
La intimidad y sus prácticas fueron generando mayores observaciones, entiendo
la categoría del “biopoder” como todos aquellos mecanismos que se
desplegaron para clasificar, y controlar social y moralmente a la población,
poniendo especial atención en aquellos sectores que se consideraron como
nocivos: los mendigos, prostitutas, alcohólicos, obreros.241
El higienismo se basó en modelos de comportamiento que incluyeron por un
lado el mejoramiento corporal así como la modificación de las costumbres. Fue
240
FOCAULT Michel, Seguridad y territorio, población, Buenos Aires, Argentina, Fondo de Cultura
Económica, 2006, p.7-8.
241
KINGMAN GARCÉS Eduardo, “Historia Social y de las mentalidades: los higienistas, el ornato de
la ciudad y las clasificaciones sociales”, Iconos. Revista de Ciencias Sociales, diciembre 2002., p. 285.
QUINTANAS, Ana, Higienismo y medicina social: poderes de normalización y formas de sujeción de
las clases populares”, en Isegoria, enero – junio, 2011, p.274.
134
un pensamiento modernizador que en su aspecto material se concretizó en la
ciudad y en el ámbito social pretendió ser moralizador y trató de reformar a la
llamada “corte de los milagros”,242 que formaba parte de un colectivo marginado.
Este grupo fue estudiado por una serie de investigaciones científicas y sociales,
las cuales persiguieron fines distintos, entre ellos entender los males que
aquejaban a la sociedad. “Readaptar”, “aislar”, “reinsertar”, “asilar”, “prevenir”
son nuevos conceptos que surgieron de los discursos higienistas en occidente
partir del siglo XIX, que respondieron a la necesidad de tener un mayor sobre el
control de la higiene pública y la salud de la población, y como resultado de los
avances en la ciencia.
Los estudios de este carácter pusieron una atención especial en el estudio del
cuerpo, medían formas del cráneo, orejas, caderas y de más partes a fin de
poder explicar las características de la sociedad decimonónica y sobre todo
aquellas pertenecientes al colectivo marginado ya que se pensó que mientras
más conocimiento se tuviera, el control era mayor y más efectivo.
En Europa varios fueron los que se dedicaron a este tipo de estudios entre
ellos se encuentran los realizados por Cesare Lombroso, de Férrero y Ferrigani
para el caso de Italia, por su parte Paulina Tarnowsky los difundió en Rusia,
estos estudios se apoyaron en las teorías de la antropología criminal, en
técnicas antropométricas y en la genealogía.243
En México la difusión de estas investigaciones científicas encontró eco en los
trabajos de Carlos Roumagnac. Los criminales de México, en el que se
manifestó un especial interés por: “conocer al enfermo (criminal) para poder
curarlo. Para ello había que tomar en cuenta tanto los factores individuales como
los sociales y accidentales, sobre todo conocer el pasado y la herencia de sus
criminales”.244 Existieron también otros trabajos como el realizado por el doctor
Francisco Martínez Baca Los tatuajes, y los realizados por Julio Guerrero La
242
En ella se incluía a las obreros, prostitutas, mendigos, vagos, criminales, pillos, malabaristas,
comediantes.
243
NÚÑEZ BECERRA Fernanda, La prostitución y su represión en la ciudad de México, Siglo XIX,
México, Gedisa, 2002.p.38
244
NÚÑEZ, La prostitución, p. 39
135
génesis del crimen en México,245 en su investigación intento dar clasificación a la
sociedad mexicana, poniendo en las “desviaciones” manifestadas en su vida
privada.
El discurso higienista en un contexto internacional pretendió velar por el
saneamiento físico y moral de la sociedad, lo que médicos llamaron “mejorar la
corrupción del cuerpo y el alma”. La higiene pública fue: “el arreglo sistemático
de los conocimientos médicos que concurrieron de un modo directo o indirecto a
ilustrar la ciencia del gobierno”248. Esto se reflejó materialmente en la medicina
que avanzaba al análisis de diagnósticos más efectivos para lograr disminuir el
grado de mortalidad, recordando que el discurso higienista redoblo sus
esfuerzos ante las constantes epidemias que asolaron a Europa y América,
cuestionándose sobre todo la mala influencia de un aire corrompido y pútrido, en
donde la limpieza y la ventilación eran la panacea que se debía alcanzar para
disminuir las muertes y sobre todo ir avanzando como sociedades modernas y
civilizadas.
Sin embargo, me gustaría poner en el ámbito de la discusión lo que señala
el geógrafo David Harvey, en tanto a la destrucción creativa. En su investigación
sobre París246, él plantea como en el anhelo por la modernidad se buscó destruir
parte de la antigua ciudad por considerarla poco funcional, en este sentido
existió y se realizó una destrucción creativa para buscar una ciudad más
hermosa e higiénica pero también más controlada. Volver a poner atención en la
destrucción creativa implica entender desde otra mirada a la ciudad del siglo
XIX, y no sólo como una consecuencia directa de la modernidad y la
secularización, sumar a las anteriores el ámbito cultural y social, y sobre todo
mantener presente el concepto del biopoder de Foucault. Muchas de las
ciudades a lo largo de Europa y América se destruyeron y abrieron el corazón de
la ciudad buscando una mejor funcionalidad y reducir el número de peligros
245
GUERRERO, Julio La génesis del crimen en México, México, CONACULTA, 1996.
246
HARVEY David,París ciudad de la modernidad, España, Akal, 2006, p.4
136
sobre todo impedir la construcción de barricadas en los levantamientos
populares. Se buscó mejorar el comercio, ejemplo claro fue lo realizado por
Haussman para París, modelo en el que se buscó abrir espacios amplios con
grandes alamedas, y avenidas, focalización de los lugares del comercio. Un
modelo que diera como resultado ciudades más iluminadas que permitieran
tener un mayor control y vigilancia de la sociedad, y de los entes criminales, este
concepto que se pensó para la ciudad se pensó también menor escala para
hospitales y cárceles. Se tenía que conjugar esta destrucción con la creación de
una ciudad bella, funcional y sobre todo vigilada.
La ciudad del siglo XIX, planteo verdaderos retos para los higienistas sobre
todo por la suciedad, que además se sumaba al reto de la Revolución Industrial,
pues las fábricas y la población flotante en las ciudades añadían un reto que
enfrentar y resolver. Hemos de recordar que para finales del siglo XVIII y
principio del siglo XIX se creía en la teoría miasmática. Ésta consideraba que
existían ciertos factores que al contacto físico podían generar el contagio de
ciertas enfermedades. Los “miasmas” entonces fueron entendidos como
aquellos vapores fétidos que se despedían de las aguas, el suelo y los cuerpos,
elementos que se consideraron sospechosos en el momento de la propagación
de las enfermedades.247 Según la prensa de la época los miasmas eran:
Según todas las definiciones de los autores, se llama miasmas a la
emanación de las sustancias vegetales y animales putrefactas que se
levantan y esparcen por la atmósfera, siendo comúnmente inaccesible de
un modo directo a los sentidos por su extraña pequeñez… así son
miasmas los efluvios ó emanaciones de las aguas encharcadas y lugares
pantanosos, donde se encuentran muchos restos vegetales en
putrefacción, lo son igualmente los que se desprenden de los cadáveres de
irracionales o racionales. Siempre que la putrefacción empieza á
descomponerlos.248
247
BERNAL Diego, La Real Cédula de Carlos III y la construcción de los primeros cementerios en el
virreinato de Nueva Granada, 1786-1808, tesis para obtener el grado de Maestro en Historia, Medellín
Colombia,Universidad Nacional de Colombia, p. 33
248
Hemeroteca Nacional de México, El Siglo diez y nueve, Miércoles 6 de diciembre de 1854,p. 1
137
Los miasmas se encontraban presentes en las calles de la ciudad moderna, que
lejos de alcanzar el anhelo higienista era un caldo de podredumbre:
El aire de un lugar es un caldo espantoso donde se mezclan humaredas,
azufres; vapores acuosos, volátiles, oleosos y salinos que se exhalan de la
tierra y, si es necesario las materias fulminantes que vomita, las mofetas,
aires mefíticos que se desprenden de los pantanos, de minúsculos
insectos y sus huevos de animálculos espermáticos; y lo que es peor, los
miasmas contigiosos que surgen de los cuerpos en descomposición.249
Espacios llenos de fango, excremento, humedad y cadáveres en
descomposición, que provocaban un caldo de olores concentrados, que
provocaban que la gente se enfermara y los alimentos de las casas duraran
frescos menos tiempo250. Ante este panorama olfativo de la ciudad, los
higienistas plantearon soluciones que fueron dando poco a poco nueva vista a
las ciudades y recuperando la elasticidad del aire que no sólo tocaban el
ambiente exterior de la ciudad, también se concentraron en los espacios de la
vida cotidiana:
Análisis de las cualidades de los lugares estrechos, apretados, de la vida
cotidiana, de la envoltura aérea, de la atmósfera de los cuerpos. Los peligros, en
lo sucesivo, serán “el aire degenerado, el mefitismo, la cercanía de lo
nauseabundo, la molécula, podrida productos de la corrupción, el “miasma aéreo”
que ha perdido sus ganzúas.251
Las urbes del siglo XIX fueron paisajes multifacéticos y multiculturales que
crecieron aceleradamente, por lo tanto también presentaron en el corazón de su
esencia la fragmentación y el caos, como una muestra de los diferentes signos
culturales y sociales y en ella confluyeron los logros de la modernidad y el
progreso, pero también los fracasos y la enfermedad. Varios son los autores
249
CORBIN, Alain, El perfume o el miasma. El olfato y lo imaginario social. Siglos XVIII yXIX. México.
Fondo de Cultura Económica.,2005, p. 20-21.
250
CORBIN, El perfume, p. 23-30.
251
CORBIN, El perfume, p. 29
138
literarios retrataron el rostro de las ciudades del siglo XVIII y principios del siglo
XIX:
Reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre
moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban
a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y grasa
de carnero, los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido,
los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al
penetrante olor dulzón de los orinales.252
La pestilencia y la mugre de la ciudad se mostraron como un reto para los
higienistas. Con la revolución industrial las ciudades tuvieron un aumento de
población que llegaba en búsqueda de mejores oportunidades de vida,
provocando otro tipo de problemas. No todas las personas que emigraron
lograron encontrar un trabajo adecuado, por lo que el número de vagabundos y
personas sin oficio así como la prostitución fueron en aumento. Sumado a lo
anterior se encontraron los problemas de hacinamiento, y peligros políticos,
sociales y sanitarios “las ciudades alimentaba en su seno a salvajes de un
nuevo tipo”253.
Las ciudades y los higienistas estaban frente una suerte de pesimismo
urbano que era urgente modificar, por lo que se instalaron bajo la dirección de
médicos y la policía sanitaria “aseos topográficos” que consistían en mejorar el
aseo social, que se exhibió en la limpia de calles. 254 Dentro de los
planteamientos concretos fueron la pavimentación y limpieza de las calles:
El pavimento alegra la mirada, hace la circulación más fácil, facilita lavar
con mucha agua. Pero pavimentar es, primero, aislar la suciedad del suelo
252
SÜSKIND Patrick , El perfume,la historia de un asesino, Barcelona, Seix Barral, 1988, p.9
253
VIGARELLO, George, Lo limpio y lo sucio: la higiene del cuerpo desde la Edad Media.
Madrid. Alianza Editorial 1991p.243
254
CORBAIN, El perfume, p.105.
139
o de la putricidad de las capas acuáticas. En los bodegones vecinos de los
mercados el embaldosado se hace indispensable.255
Otro de los puntos de interés dentro del discurso higiénico fue la importancia
del aire limpio, por lo tanto de la ventilación. Garantizar una buena circulación del
aire ayudaba a evitar el estancamiento de olores pútridos, restableciendo su
calidad antiséptica: “La obsesión por ventilar autorizará la permanencia de la
mirada, en que tanto insistirá Michel Foucault. Vigilar y controlar la circulación de
las corrientes aéreas manifiestan evidentes parentescos; tanto la una como la
otra implican luchar contra el recoveco oscuro donde se estanca el aire
viciado”256. Esta preocupación por el aire y la ventilación se relacionó con la idea
que se tenía respecto de los olores y los miasmas, entiendo a éstos, como
aquellas substancias de carácter imperceptible que se encontraban disueltas en
la atmósfera, originadas por la descomposición de cadáveres, o elementos
orgánicos de los basureros o incluso por emanaciones de enfermos. Esta idea
tendría vigencia hasta mediados del siglo XIX.257
La ciudad industrial contaba con espacios que era necesario modificar, en
los primeros que se pensaron fueron las cárceles, hospitales, mataderos de
animales y cementerios. Dentro de las primeras reformas que se pusieron en
marcha, fue modificar la arquitectura y la ubicación de los hospitales.
Pronto surgió un nuevo tipo de hospital, en él se dio prioridad al aislamiento
y la ventilación. Nació el concepto del hospital-jardín, en el que se buscó una
mejor condición de limpieza y bienestar para los enfermos. El ideal fueron los
esquemas de hospitales radiales o en cruz que poco a poco fueron sustituidos
por los de pabellones paralelos vertebrados por una esquina central de
circulaciones.258
255
CORBAIN, El perfume, p.106.
256
CORBAIN, El perfume, p. 111
257
Esto empieza a cambiar en 1865 con los descubrimientos realizados por Louis Pasteur y la teoría
microbiana de la enfermedad.
258
GUTIÉRREZ, Arquitectura y urbanismo, p. 458.
140
En el lugar de los viejos hospitales generales que amontonaban heridos,
enfermos, contagiosos, locos, ancianos y mendigos…, se alzarán
dispensarios y hospitales especializados. La población será valorada por
los fisiócratas como fuente de riqueza, y la preservación del "cuerpo
social" se convertirá en empeño de los gobiernos absolutistas. El cuidado
de los enfermos se separa progresivamente de la asistencia a los
menesterosos. La salud y la enfermedad se convierten en problemas
centrales para los hombres de la Ilustración.259
Esta preocupación de los higienistas por la corrupción del aire se manifestó
en el deseo y la preocupación por mejorar su calidad al interior de las ciudades,
se impulsó la creación de las alamedas arboladas que sirvieron como espacios
abiertos para el paseo y simultáneamente sirvieron como purificadores. Eran los
pulmones de la ciudad que a su vez se mostraban como un elemento de
progreso:
La intervención estatal era importante para poder incorporar elementos de
la vida campestre dentro de la urbe tanto para purificar la atmósfera y
respirar aire puro… el prototipo de esta modernidad era el París de
Haussmann, el cual había transformado a la vieja ciudad medieval en una
hermosa capital del mundo civilizado con avenidas funcionales o bulevares
sombreados de árboles y numerosos parques y jardines.260
La creación de los bulevares y las alamedas no fue importante sólo en el
concepto de lo urbano, sino también a nivel social, ya que propició una nueva
manera de convivencias en espacios abiertos, más luminosos, pero entre más
“luces” también existieron más sombras:
Con los bulevares se abrieron grandes huecos a través de los vecindarios
más pobres, les permitieron salir de sus barrios asolados, descubrir por
primera vez la apariencia del resto de su ciudad y del resto de la vida …en
medio de los grandes espacios, bajo las luces brillantes, no hay manera de
259
URTEAGA, “Miseria,miasmas”.
260
PÉREZ BERTRUY Ramona, “La construcción de los paseos y jardines públicos modernos en la ciudad
de México durante el Porfiriato: una experiencia social.” en: Los espacios públicos de la ciudad siglos XVII
y XIX, México, Instituto de Cultura de la ciudad de México, 2002, p, 322.
141
apartar la mirada. El resplandor ilumina los escombros y las oscuras vidas
de las personas a cuyas expensas resplandecen las brillantes luces.261
Estas sombras tuvieron nombres y lugares específicos, en el cual el
discurso higienista sirvió como base respecto de las políticas que se
encaminaron para desalojar a los sectores populares que por las circunstancias
de desempleo venía a formar parte de una sociedad flotante, en donde sus “usos
populares” no encajaban en los esquemas de salud y limpieza que este
pensamiento pugna por implementar.262
La ciudad mostró juegos de espacios en donde aparecían dos dicotomías
persistentes, lo luminoso, como los grandes bulevares, las alamedas, los
hospitales-jardín, los grandes almacenes y nuevas arquitecturas que encajaban
dentro de los preceptos de la modernidad, y lo por el otro lado lo oscuro, lo
barrios pobres, los tugurios y la suciedad de la ciudad. Esto quedó reflejado en
algunas obras literarias de la época como en El hombre de la multitud de Edgar
Allan Poe:
Era el barrio más sucio de Londres, donde todo parece llevar la marca de la
pobreza más deplorable y del crimen más desesperado. A la luz mortecina
de un farol veíanse casas de madera, altas, viejas, carcomidas, como
tambaleantes, que parecían inclinarse para su inmediata caída, en
direcciones tan diversas y caprichosas que apenas se veían pasos entre
ellas. Los adoquines estaban colocados al azar, más bien desplazados de su
lugar mientras que en el suelo crecía una profusa maleza. La porquería se
acumulaba en las alcantarillas cegadas. Todo el ambiente estaba lleno de
desolación.
Esta distribución de lo visible enfocaba la mirada en lo que era una
manifestación clara del progreso y opacaba aquello que la misma modernidad
estaba generando, impidiendo la visión de objetos y sujetos específicos.
El discurso higienista caló a nivel visual como una necesidad imperante por
mejorar la salubridad y los espacios que eran vistos como focos de contagio. Sin
261
BERMAN Marshall, Todo lo sólido se desvanece en el aire, México, Siglo veintiuno editores, 1989.p,
153.
262
KINGMAN, Historia social, p.113.
142
embargo, esto respondió a una visión particular de la sociedad decimonónica:
Las íntimas relaciones que existen entre el cuerpo del individuo y su
modo de ser moral, determinan modificaciones de suma importancia en la
representación de las sociedades mundanas. En consecuencia, las
prescripciones higiénicas que rigen el desarrollo material ejercen también
una influencia inevitable y benéfica, en el mejoramiento de la sociedad,
así como en la perseverante actividad del pensamiento humano. Sus
disposiciones sanitarias no se ocupan solamente de dar á la sociedad
una forma visible, como si se tratara de un monumento arquitectónico de
reconocido mérito é intachables proporciones; no, el individuo
desaparece por la muerte, pero el estado es perpetuo y su verdadera
representación es la que tiene en el mundo intelectual, siendo su
ostentación material una de sus más claras representaciones.263
En esta percepción, la sociedad necesita cambiar sus costumbres “populares”
por las influencias inevitables y benéficas de lo salubre, se pensaron en
espacios ideales sobre todo aquellos ventilados y luminosos, dentro de estas
concepciones sociales de los higienistas, el campo se prefiere a la ciudad, pero
¿en qué medida esto no respondió al hacinamiento de las ciudades?, la ciudad
era el foco de infección que si bien era más “moderna”, la revolución industrial
provoco que la ciudad se incrementará de una gran diversidad de grupos
sociales que vivían como una población flotante en las nacientes vecindades y
mesones, sin baños, ni aseos adecuados:
Algunas familias ocupaban sólo una o dos habitaciones, que llegaron a
contener hasta casi veinte personas. Limpieza, privacidad, decencia,
sanidad propia y cuota del agua limpia se volvieron imposibles en esas
condiciones. Los retretes, siempre sucios, inundaban y llenaban los patios
comunes produciendo un pantano de excrementos que penetraban la tierra
de la que los habitantes extraían su escasa provisión de agua.264
Ante este panorama la suciedad de la ciudad era eminente, así como el
crecimiento la corte de los milagros, una oscuridad que opacaba las luces del
263
VIESCA, “Eduardo Liciega”, p.225
264
CARTWRIGHT, Grandes pestes, p .140
143
progreso.
Otro de los temas del nuevo discurso higiénico fue la preocupación por un
mayor cuidado físico y moral, en el que la individualidad y la intimidad
comenzaron a manifestarse. Es en este periodo cuando la limpieza empezó a
exaltarse como un valor social e individual indispensable en el proceso de
civilización, aplicado tanto para la sociedad como a la ciudad. El agua emergía
como un elemento de vitalidad y de asepsia. La basura, inmundicias, agua
estancada y demás sustancias putrefactas necesitaban salir del entorno urbano,
por lo que se pensó en crear redes articuladas de alcantarillas cubiertas, que
ayudaran a que el fluido llegase a más personas y lavara la ciudad.265
Lavar el cuerpo fue algo muy importante en la búsqueda de la salud. En
las viviendas de la élite. El cuarto de baño era todo un alarde de belleza y status.
Y para la población “flotante” o que no podía tener acceso a estos beneficios, se
pensaron en la instalación de “baños populares”. La sociedad decimonónica se
encontraba delante de muchas novedades que influían no sólo en su vida
material, sino también en su percepción del mundo y de las cosas. Las
diferencias entre clases se hicieron más evidentes, pues ahora aparte de los
valores económicos, los dividían valores de percepción en cuanto a la limpieza y
la suciedad, y esto se manifestó innegablemente en la ciudad:
La suciedad no es más que la librea del vicio. Y el público implicado en todo
ello no es la burguesía, sino evidentemente el pueblo pobre de las ciudades,
el que las ciudades de principios del siglo XIX arroja alojamientos
amueblados, abarrotados, y hasta sótanos oscuros, pueblo del que las
encuestas de Villermé dieron una siniestra imagen…es inútil añadir nada a
este cuadro de los indigentes enterrados en habitaciones sin ventanas,
sexos y piojos entremezclados, o esos catres en que se amontonan como
gusanos los miembros de la familia del lapidario de Les mystéres de
Paris.266
265
VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio, p.193
266
VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio, p. 242
144
Los higienistas, el Estado y la élite pretendieron enmarcar dentro de un
cinturón de control a los pobres. En la década de 1840, surgen una serie de
manuales escritos por los médicos, en el que se dictan una serie de prácticas
para mejorar la salubridad dentro y fuera del hogar. Ejemplo de ellos fueron Le
Hygiéne des familles o la Hygiéne populaire. Este tipo de manuales se
difundieron en los estudios primarios como fue el caso de Le Réglement de
l'instruction primaire de Paris en el 1836 que apuntaba que los alumnos lean
éste con regularidad y que lo aprendan de memoria. El manual de higiene pasa
a ser algo muy difundido y un texto de trabajo oficializado.267
A lado de estos manuales surgieron otros de matiz filantrópico a
consecuencia de una preocupación social aguda: la situación insalubre de los
obreros. Muchos higienistas se inquietaron por las condiciones de vida de este
componente social. Señalaron que no tenían las condiciones necesarias para
vivir de manera moral y saludable, pues su alimentación era mala, y muchas
veces el alcohol, el crimen y la prostitución los aprisionaba con una lógica
seducción. De los difusores de este pensamiento se encuentra el médico
español Pedro Monlau quien señalaba que:
El pobre, a pesar de los recursos con que procura subvenir sus
necesidades, rara vez alcanza una alimentación sana, una habitación
aireada, limpia y decente, un vestido que le preserve de la injurias de la
atmósfera y de las estaciones. De ahí su degeneración física, de ahí el
transmitir la vida a seres débiles y enfermizos como él; y de ahí la
enervación de las generaciones. A la degeneración física acompaña la
degradación moral: la pobreza está naturalmente afectada por un
abatimiento incurable, por un descuido extremado: de ahí los hábitos de
imprevisión, de embriaguez y de libertinaje que se observan en la
población indigente. No sin motivo, pues se ha dicho que el pauperismo
era uno de los mayores azotes que podían afligir a las sociedades
humanas.268
267
VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio, p. 242
268
MONLAU, “Remedios del pauperismo”, citado en CAMPOS, “La sociedad enferma”,p. 1096.
145
Dentro de las propuestas recogidas por estos manuales se encuentra una
higiene del trabajo, ensalzó su valor, procurando convertir al obrero en
trabajadores laboriosos. En definitiva el fin era llegar a ser un trabajador honesto
y feliz. Además fomentaban la vida familiar y la buena alimentación y combatían
a la poligamia, el alcoholismo y el crimen.269
Una mirada especial se dedicó en este ambiente higiénico y moderno al tema
del cuerpo y en ese sentido al cuerpo de los muertos y a los cementerios, una
nueva percepción que se tiene del cadáver como un agente de infección al que
hay que alejar del corazón de la ciudad y de los vivos, la ciudad de los muertos
se transforma, las razones el hacinamiento de cadáveres en los camposantos y
los brotes cada vez más considerables de epidemias. Los higienistas relataron
todo una serie de medidas que fueron algunas asimiladas por la población y
otras rechazadas. Los higienistas fueron parte importante en la nueva
percepción del cementerio y el cadáver, que respondió ante situaciones
concretas y preocupantes para la sociedad. Los camposantos comenzaron a ser
insostenibles desde el punto de vista político, económico, cultural e higiénico, por
lo que los esfuerzos por sacar a los muertos de la ciudad fueron cada vez más
perseverantes.
3.3 De fieles difuntos a pestilentes cadáveres.
Los nuevos discursos de la ciencia respecto del cuerpo no se
limitaron a estudiar los aspectos físicos y morales. También existieron en
paralelo a éste nuevos planteamientos en torno al cuerpo de los muertos y a los
camposantos, los cuales nacieron desde el siglo XVIII y se afianzaron durante el
siglo XIX. Estos respondieron a problemas y contextos específicos, como fue el
caso de las epidemias, como la fiebre amarilla y el cólera, enfermedades que
269
PÉREZ, “El discurso higienista”, p.150.
146
viajaron con el comercio humano de una propagación lenta, generaron a su
alrededor grandes temores, rumores y supersticiones.
Los médicos buscaron como hacer frente a esta mala suerte propagada por las
epidemias, de las medidas más difundidas y más copiadas por otros países
fueron las realizadas por el Parlamento de París en el año 1737 dándose el inicio
oficial de una serie de investigaciones realizadas por los médicos enfocadas en
mejorar el panorama desolador y mortuorio. Las discusiones pusieron a los
camposantos y a las costumbre funerarias como un tema central:
Logo a sociedade médica do século XVIII começou a discutir sobre a
possibilidade de implementar medidas proibitivas e sanitárias em relaçao
aos costumbres fúnebres, que en então vinha causando um número
considerável de doenças. Para os médicos oitocentistas a combinação
matéria orgânica em decomposição, água parada e ausência de ar muito
propícia á formação de miasmas. Os médicos sanitaristas que defendiam a
teoria higienista desejavam simplificar os ritos usados para a inumação dos
corpos, evitando o contando com as pessoas, e assim, diminuindo as
possíveis formas de contagio. Para eles, a morte ñao deveria ser tratada
na coletividade, mas ser um evento circunscrito ao plano familiar.270
Se planteaba por los médicos franceses un proyecto medicalizador de la
muerte271 poniendo en el centro de la discusión los problemas no resueltos por
las epidemias y su relación directa con la insalubridad, señalando la imperiosa
necesidad de transformar las actitudes de la sociedad en relación con el acto de
morir y hacia los difuntos, sobre todo por el peligro que implicaba para la salud
de los pobladores el acercamiento constante que existía con el aire pútrido y los
vapores producidos por los cadáveres en descomposición272, como resultado
propusieron “más cuidado en la sepultura y más decencia en la conservación de
los cementerios.”273
270
RODRIGUES, Templo, p.123
271
RODRIGUES, Templo, p.123
272
RODRIGUES, Templo, p.123
273
ARIÈS, El hombre ante la muerte, p. 392.
147
Es importante señalar que en épocas anteriores se conocía y ya se había
planteado el peligro que ocasionaba la sepultación de cadáveres al interior de la
Iglesia, como fue planteado en el siglo XIII por Rey Alfonso El Sabio, en las 7
partidas, en la Ley II, del Título XIII Sobre las sepulturas, contenido en la Primera
Partida:
“Empero antiguamente los emperadores et los reyes de los cristianos
ficieron establecimientos et leyes, et mandaron que fuesen fechas eglesias
et cementerios de fuera de las cibdades et de las villas en que se
soterrasen los muertos,porque el olor dellos non corrompiese el ayre nin
matase á los vivos”.274
Los cadáveres se convirtieron en elementos cotidianos. Sin embargo, es
necesario considerar que estos no fueron los únicos “focos de inmundicia” que
poblaban las calles y espacios comunes de las ciudades europeas. Con el
transcurrir del tiempo la advertencia pertinente del Rey Alfonso El Sabio se dejó
sólo como un conocimiento que quedó plasmado al papel, pues los camposantos
se poblaron de manera tal que en varios relatos se cuenta como los niños
jugaban con los esqueletos y las ropas que salían de las sepulturas, la mayoría
sin identificación alguna.
El aire que se respiraba en el siglo XVIII era un aire pútrido y los cadáveres
humanos se encontraban entre los principales agente de propagación de las
formación de miasmas mefíticos, por lo que era imperante trasladarlos a las
afueras de la ciudad, sin embargo, esto fue un trabajo arduo, pues muchas de
las instituciones ligadas a la religión contaban con algún tipo de
camposanto.Desde los años 30´s del setecientos, la alarma puesta en los
camposantos como foco de infección empezó a circular, de los primeros en
manifestar sus inquietudes fue el médico español Joseph de Aranda y Marzo, en
su libro Descripción Tripartita afirmó:
274
LÓPEZ,Gregorio Las Siete Partidas del sabio rey don Alonso el nono / nuevamente glosadas por
ellicenciado Gregorio López. Reproducción facsimilar. de la edición de Salamanca por Andrea de
Portonaris, 1555 (Madrid: Boletín Oficial Estado, D.L., 1974), Libro XIII: de las sepulturas, citado en
BERNAL. La reforma.p. 29
148
Los humores venenosos pueden engendrarse dentro de nuestro cuerpo,
como de facto se engendran por la corrupción de dichos humores, y
pueden producir los mismos efectos producidos por venenos. Consta por
la experiencia que la generación de la peste nace de la corrupción de
cadáveres, o putrefacción intensa fetidíssima de algunos estanques que
quanto por el efecto de ventilación se elevan vapores venenosos,
corruptivos y quitan del medio al viviente.275
La salida de los muertos del corazón de la ciudad respondió no sólo a un
tema relacionado directamente con la secularización. Los proyectos de
cementerios extramuros nacen con el discurso higienista y con esta nueva
mirada respecto al difunto visto como un agente de contagio, un cadáver en
putrefacción.
En muchas de las ciudades europeas y americanas el exilio de los muertos
respondió al hacinamiento de cadáveres, provocado en cierta medida por las
epidemias que fueron ocasionando un gran número de muertos tema que poco a
poco fue saliendo del control de la Iglesia. Patrick Süskind en su obra El perfume
imagino como se vivió esto en la ciudad de París:
El hedor alcanzaba sus máximas proporciones en París, porque París era
la mayor ciudad de Francia. Y dentro de París había un lugar donde el
hedor se convertía en infernal entre la Rue aux Fers y la Rue de la
Ferronerie, o sea, el Cimetiére des Inocents. Durante ochocientos años
se había llevado allí a los muertos del hospital hotel-Dieu y de las
parroquias vecinas, durante ochocientos años, carretas con docenas de
cadáveres habían vaciado su carga día a día en largas fosas y durante
ochocientos años se habían acumulado los huesos en osarios y
sepulturas. Hasta que llegó un día, en vísperas de la Revolución
Francesa, cuando algunas fosas rebosantes de cadáveres se hundieron y
olor pútrido del atestado cementerio incitó a los habitantes no sólo a
protestar, sino a organizar verdaderos tumultos, en que fue por fin
cerrado y abandonado después de amontonar los millones de esqueletos
y calaveras en las catacumbas de Montmartre276
275
ARANDA Y MARZO, Descripción Tripartita.citado en BERNAL, La reforma.p. 34
276
SÜSKIND, El perfume,p. 10.
149
Un caso en particular desató la alarma médica, y ha sido señalado por los
estudiosos de la temática como el hecho que puso en alerta a los higienistas, y a
partir del cual surgieron nuevos discursos respecto de los lugares de entierro:
El mes de junio de 1774 se reúne a unos apacibles niños en la iglesia de
Saulieu, en Borgoña, para que hagan la primera comunión; cuando,
bruscamente, de una de las tumbas cavadas el mismo día bajo las losas
de la iglesia, se eleva una «exhalación maligna». El efluvio se extiende y
provoca, aparentemente, una catástrofe: «Murieron el cura, el vicario,
cuarenta niños y doscientos parroquianos que entraban entonces». La
anécdota casi mítica, se toma en serio, se presenta como ejemplo y se
cuenta. El olor de las carnes en descomposición puede ser mortal. Quizá
los muertos amenacen físicamente a los vivos277
El muerto fue visto como una amenaza, y en el discurso médico pasa de ser
difunto a cadáver, implicaciones que con la larga duración traería
transformaciones importantes en la forma de percibir al acto de morir. El
hacinamiento en los camposantos fue un factor de alarma no sólo para los
hombres de ciencia, especialmente para los médicos, sino también para una
sociedad en la que el terreno de lo sagrado le ganaba espacio por derecho
divino a su contraparte lo profano. La solución para los gobiernos y los médicos
fue entonces trasladar a los cementerios lejos de los vivos.
Los lugares de los muertos se modernizaron, atendiendo a las políticas
higiénicas y a una realidad especifica: la sobrepoblación de difuntos que
mantenían los suelos de los camposantos atascados de cuerpos en continua
descomposición, como señaló Philippe Ariés: “la muerte flota en la atmósfera
con el olor de los cadáveres. La putrefacción intestina y el principio vital
cohabitan en el interior de los organismos, la primera mantiene en él la
presencia permanente de la muerte, los gases y las emanaciones pútridas que
277
VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio, p. 183.
150
se levantan de los cadáveres hacen que ésta se insinúe dentro de la textura
misma de la atmósfera.”278
Existía según el criterio de los higienistas un peligro de que los camposantos
permanecieran en las ciudades sobre todo porque la corrupción del cadáver
tanto de humanos como de animales era contagiosa y afectaba gravemente la
salud de la sociedad.
Varias fueron las anécdotas que se divulgaron entre la sociedad en las que
se difundió el peligro que florecía dentro de los camposantos. Estas eran
divulgadas por medios orales y escritos a fin de persuadir y concientizar a la
población:
El 13 de julio de 1779, el jardinero del hospital murió asfixiado por el gas
mefítico que se exhalaba del agua destinada a regar el jardín; el agua que
se utiliza para ello llega allí por medio de una alcantarilla que recibe una
parte de las aguas que corren por las calles. Cuando, en 1780, finalmente,
el muro de un sótano parisino se hunde bajo el peso de las tumbas
vecinas, varios testigos cuentan que el olor asfixió al dueño. El peligro,
una vez más, viene del amontonamiento de los muertos. Los temores se
siguen avivando.279
El discurso higiénico pretendió realizar cambios importantes en la
cartografía de la muerte, el acto de morir y el lugar del destino del cuerpo es
eminentemente cultural y social, y para el periodo de estudio también espiritual,
por lo que la transformación fuese sólo en el ámbito espacial implicaba cambios
mucho más profundos. Por tal motivo los médicos tuvieron que realizar grandes
esfuerzos para extender la conciencia del problema de la insalubridad que se
generaba por la descomposición y el hacinamiento de los cuerpos en los
camposantos.
Los difuntos y los espacios de descanso se vieron condicionados por una
nueva visión ilustrada que los colocaba en un periodo de transición, en el que se
destacaron tres agentes históricos: los médicos higienistas, la población y la
278
CORBAIN, El perfume, p. 38
279
CORBAIN, El perfume, p. 38
151
Iglesia, como actores involucrados directamente en el exilio de los muertos y que
se vieron beneficiados o perjudicados, según el discurso y el momento.
Para la medicina el cuerpo muerto pasa a ser tan importante como el cuerpo
vivo. Esta visión observó de frente a vivos y muertos, el avance de la ciencia y el
espíritu Ilustrado ayudaron para que esta transición fuese posible. La
preocupación se centró en el cuerpo y la enfermedad:
“La mirada clínica observa de frente a la muerte. La consigna de esa
mirada parcial que recae sobre las cosas, se instaura “una mirada
absoluta… que domina y funda todas las experiencias perceptivas la
invisible visibilidad de la muerte que guía toda mirada. La medicina del
siglo XIX ha estado obsesionada por este ojo absoluto que da carácter
de cadáver a la vida y vuelve a encontrar en el cadáver endeble
nervadura rota de la vida”280
Esta nueva mirada de la medicina frente al cadáver implicó algo trascendental
el nuevo diagnóstico y su vínculo con el dolor. El médico del setecientos y del
ochocientos en parte se guió por el dolor para dar un diagnóstico así lo ha
estudiado Javier Moscoso “mientras el dolor se le reconocía, junto a la fiebre, la
inflamación u otro conjunto de síntomas, un claro valor diagnóstico, también
parecía poseer un función terapéutica. Aunque no garantizaba la salvación en el
otro mundo, el sufrimiento permitía mantener la vida en este. Considerado por
muchos como un tirano, como un monstruo proteiforme”.281
La posibilidad de la autopsia, y diseccionar los cadáveres le permitió a la
medicina avanzar en el diagnóstico de las enfermedades y en el conocimiento
del cuerpo humano “la ventaja de examinar un cuerpo muerto es evidente, pues
el cadáver, a diferencia del paciente, no solo no habla, sino que tampoco
miente”282, los exámenes post mortem ayudaron en la tarea de los ilustrados de
mejorar la calidad de vida de la gente pues ya no tenían que interpretar las
actitudes y los gestos de la gente, o el color de las mejillas, abre una ventana a
280
GARCÍA, “La mirada clínica”, p. 60.
281
MOSCOSO, La historia, p. 134
282
MOSCOSO, La historia, p. 254
152
otra realidad que antes era castigada y además de mal vista. Un gran beneficio
para el estudio del cuerpo humano y sus enfermedades. “Perseguir la
enfermedad hasta en los órganos alterados por ella, sorprender sus secretos en
las entrañas mismas de las víctimas”283. Estas nuevas prácticas se pueden
enmarcar en esa búsqueda por el bienestar y el progreso, en el fondo un gran
deseo por aumentar la felicidad. El paso de difunto a cadáver esta preñado por
esta mentalidad, y se relacionó directamente con el tema de la expulsión de los
camposantos del corazón de la ciudad.
Los higienistas plantearon la necesidad de crear cementerios que se
encontraran a las afueras de las poblaciones, estos deberían contar con las
características adecuadas para un lugar de entierro como: un amplio espacio y
una buena ventilación, buenas corrientes de aire y suelos con tierra capaz de
absorber los gases mórbidos. Se pensaron en diseños para favorecer la
individualidad de las fosas, lo que contribuyó a terminar con los malos olores y
las dispersiones de los miasmas, un nuevo cementerio espacio que le
devolviera la dignidad a la muerte. Con el cierre del Panteón de los Inocentes de
París en 1780 comenzó una nueva etapa para los cementerios en Occidente,
entendiendo que el cambió fue lento y no siempre bien acogido.
La supresión del camposanto como lugar de descanso no sólo implicó la
prohibición al entierro, pues se enfrentaron también a otra problemática ¿qué
hacer con los restos existentes en los camposantos?, y es en este punto en
donde vuelven a aparecer esas dicotomías que atraviesan el tema de los
cementerios, es decir lo sagrado y lo profano, si nos detenemos un poco en este
punto, pensamos en una sociedad del setecientos y ochocientos con una vida
cotidiana permeada del pensamiento religioso, por lo que exhumar y trasladar a
los difuntos ocasiono un quiebre en las mentalidades y el sentir en una sociedad
que entendía la problemática de las epidemias, pero que no lograba resolver
que hacer con los espacios de descanso, ¿esto los salvaría o los llevaría al
283
FAURE, “La mirada de los médicos”, p.27.
153
infierno?. Dentro de la historia de la creación de los cementerios existe un hecho
muy recordado, el trasladó los restos de los muertos del cementerio de los
Santos Inocentes en la ciudad de París la noche del 7 de abril de 1786:
Pesadas carretas empiezan a transferir los huesos del cementerio de los
Santos Inocentes hacia las canteras subterráneas de París. Extraña
procesión de carretas conducidas a la luz de las antorchas y al ritmo de
las oraciones sordamente murmuradas. Algunos testigos se asombran
del espectáculo: los huesos se caen a veces de estas cargas demasiado
voluminosas; los restos humanos no son más que amontonamientos.284
En la transición de los camposantos a cementerios, otra opinión que empieza
a cobrar fuerza es la de la población, que estaba siendo tocada por los olores de
la muerte, estos aromas formaban parte de su vida cotidiana: “perseguidas por
las exhalaciones de los cadáveres apilados en el cementerio de los Inocentes,
las jóvenes pasean y platican: es en medio del olor fétido, cadavérico, que
ofende al olfato, como las vemos comprar cosas de modas” 285. Estas
emanaciones según las quejas de los vecinos cercanos a los camposantos
provocaron que sus alimentos se descompusieran con mayor rapidez, además
de afectar su salud, exigiendo por lo tanto separar a los vivos de los muertos.
Puede ser que la población comenzara a tomar en cuenta la opinión de los
médicos, así como los relatos de las muertes cercanas. Sin embargo, es
importante señalar que estas opiniones surgen ante una realidad específica y
nuevos temores provocados por las epidemias y el miedo a la idea de estar
frente al cadáver pestilente. Esto adquirió diferentes matices a lo largo del siglo
XIX y se expresó con los planteamientos hechos por los románticos, en ellos la
muerte y el cuerpo del difunto son erotizados.286
EL Romanticismo ya había consolidado una tradición cultural que
buscaba convertir el dolor en un vehículo de la grandeza estética, en un
284
VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio, p. 186.
285
VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio, p. 89.
286
VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio, p. 89.
154
elemento de la educación o en una cualidad inalienable de la historia. En
sus formas más espiritualizadas, el pensamiento comenzó por señalar la
conexión entre la belleza y el dolor o, mejor, la necesidad de un mundo
de dolor que eduque nuestra inteligencia.287
Dentro de la narrativa y la plástica romántica se da una relación casi natural
entre la vida y la muerte en una especie de pareja indestructible, el acto de morir
se presenta como algo sublime, no es extraño ver en las pinturas de la época,
cuerpos de mujeres muertas en actitudes eróticas, todo giraba en torno al
pensamiento romántico en torno al amor, “se ama al amor por el amor, aun
cuando aquel le precipita a la muerte y la hace desear”288
Como ya mencionamos el cierre del cementerio de los Inocentes marcó parte
de la transición en la creación de los nuevos espacios para la muerte en
Occidente, sin embargo, es necesario centrarse en la realidad de española que
está siendo afectada por la mismos problemas de salubridad y que lleva a
Carlos IV a formular medidas que resguarden la salud de sus súbditos tanto en
España, como en sus reinos en América.
Al igual que en París los camposantos españoles se encontraban con una
sobrepoblación de cadáveres, lo que provocó que en el año de 1781 en la Villa
Pasage, provincia de Guipúzcoa, se extendiera una fuerte epidemia. Tantos
fueron los lugares que sufrieron decesos a causa de este tipo de enfermedades
que el Rey decidió emitir la Real Cédula en Madrid el 7 de abril de 1887, en
donde son señalados varios aspectos a considerar. El pensamiento higienista se
encuentra presente en la narrativa que utiliza el rey para referirse a la supresión
de entierros dentro de las Iglesias. Señalando por un lado la insostenible
sobrepoblación de fieles difuntos al interior del templo, el hedor insoportable
que ha sido causante de epidemias en algunas provincias del reino, así como
también la preocupación por la salud pública. Existieron varias cláusulas dentro
de la cédula que es necesario mencionar por la importancia que está va a tener
287
MOSCOSO, La historia,p.129
288
GRAS, El romanticismo. p,43
155
en América, así como por la mala referencia que se ha hecho de la misma. Así
que analizaremos el documento, como primer punto se menciona lo siguiente:
I.Cuya regla y excepciones quiero que sigan ahora, con la prevención de
que las personas de virtud o santidad, cuyos cadáveres podrán enterrarse
en las Iglesias, según la misma Ley…y que los podrán sepultarse por haber
escogido sepulturas, hayan de ser únicamente los que ya las tengan
propias al tiempo de expedirse esta Cédula.
II.Se pondrán de acuerdo con los Prelados Eclesiásticos, los Corregidores,
como delegados míos y del Consejo en todo el distrito de Partidos,
procurando llevar por partes esta importante materia empezando por los
lugares en que haya o hubiere epidemias o estuvieran más expuestos a
ellas, siguiendo por los más populosos.
III. Se harán los Cementerios fuera de las poblaciones siempre que no
hubiere dificultad invencible ó grandes anchuras dentro de ellas, en sitios
ventilados é inmediatos á las Parroquias y distantes de las casas de los
vecinos, y se aprovecharán para Capillas de los mismos Cementerios las
Hermitas que existan fuera de los pueblos, como se ha empezado a
practicar en algunos con un buen suceso.
V. Se procederá á las obras necesarias, costeándose de los caudales de
fábrica de las Iglesias, si los hubiere y lo que faltare se prorrateará entre los
partícipes en Diezmos, inclusas mis Reales Tercias, Excusado y Fondo pio
de pobres, ayudando también los caudales públicos con mitad ó tercera
parte del gasto, según su estado, y con los terrenos en que de construir el
Cementerio, si fueren Concegiles ó de Propios.289
Los cementerios que está indicando la cédula se refieren a cementerios
lejanos a la población de buena ventilación, que aunque no es un ataque directo
en contra de la Iglesia y se entiende como una reacción del Rey ante los
decesos provocados por las epidemias, sí implicó cambios de fondo y que sin
duda provocarían la reacción de la población. Además que como se anota en el
punto cuarto y quinto, los trabajos de los nuevos cementerios se realizaran en
conjunto es decir, la iglesia y los corregidores, como ha señalado el historiador
Diego Bernal no hay que olvidar que más allá del discurso de la salud pública y
la acumulación de cadáveres, los fieles pagana una fuerte cantidad de dinero
para la inhumación de sus familiares: “Morir era un hecho cierto para cualquier
289
Real Cédula Impresa 1787, Córdoba, Imprenta Don Juan Rodríguez, Archivo Municipal de Córdoba.
156
vasallo en algún momento de su vida, cobrar por ello era una posibilidad no
desechable para la corona”290, actitud que pone en manifiesto los intereses que
estaban presentes en la apertura de los cementerios extramuros.
Los documentos dan aviso de que el 27 de Marzo de 1789 llegó a los
territorios americanos una Real Cédula emitida en Madrid que señala lo
siguiente:
La mayor parte de enfermedades epidémicas, que se conocían con
distintos nombres arbitrarios, no tenían en su concepto otro principio, que
el de enterrarse en las Iglesias de los cadáveres, lo que era más obvio
en aquella Ciudad, así por hallarse los Templos repartidos en toda la
Población, y combatirla unos ayres corrompidos, é impuros, á causa de
su temperamento cálido y húmedo, como porque comprehendiendo
mayor número de personas que las permitía su extensión y capacidad,
de ciertas estaciones del año eran tantos los que se enterraban, que en
algunas Iglesias apenas podía pisarse sin tocar sepulturas blandas y
hediondas; baxo de cuyo concepto, para prevenir un daño tan
considerable, propuso como medio urgentísimo y conveniente á la salud
pública el establecimiento de un Cementerio fuera de poblado donde se
enterrasen todos, sin excepción de personas, pues además de exigirlo
así las reglas de humanidad, en nada opuestas á la de Religión.291
La Real Cédula en los territorios americanos provocó algunas reacciones que
contraponían al pensamiento Ilustrado con la fe, pues se trata de romper con el
espacio sagrado de inhumación, que provocaría cambios importantes en el ritual
fúnebre para el resguardo del alma. Así que tanto autoridades como civiles
tuvieron su percepción un tanto reacia, he de recordar que la gente con mayores
influencias era la que se enterraba al interior de la Iglesias, que donaba bienes
materiales a cambio de misas, y que también se encontraba vinculada en las
actividades económicas de la ciudades, así que las autoridades virreinales
290
BERNAL, La reforma, p. 45
291
Real cédula impresa, Madrid, 27 de marzo 1789.Nombre del Fondo, Cedulario de la Nueva Galicia
1636- 1816 Fondo I. Legajo 360.Archivo CARSO
157
estaban ante una ley que acatar pero también ante una lógica de convivencia
que había prevalecido durante largos años de la vida virreinal.
Esta idea ilustrada de la creación de cementerios extramuros creó varios
discursos. La resistencia encontró eco de las opiniones emitidas por la Iglesia.
Esta resistencia se movió en dos sentidos: a nivel económico pero también
espiritual. Los párrocos señalaron constantemente que era cierto que en el
verano cuando aumentaba la temperatura los camposantos emanaban gases
desagradables, pero que pese a ello, ya no se habían registrado más muertos,
en las iglesias, cementerios o casas aledañas.292
Es pertinente recordar que en este periodo de transición el poder sobre
las almas y los cuerpos de los difuntos pertenecía a la Iglesia, lo cual redituaba
en ventajas económicas, políticas y sociales. El paso de camposanto a
cementerio implicaba para ellos la disminución de su poder no sólo a nivel
económico, también a nivel social e ideológico. La Iglesia católica consideraba
que tenía un mandato divino sobre el cuidado del cuerpo de los fieles difuntos.
Dentro de sus dogmas se encontraba presente la convicción de que al final de
los tiempos se llevara a cabo una milagrosa resurrección en cuerpo y alma.
Ante la amenaza que representaban estas medidas para su poder, los
sacerdotes señalaron que de ser aplicados los reglamentos de clausura de los
camposantos, el pueblo se iba a rebelar.293 Evidentemente los sacerdotes no
pensaban quedarse cruzados de brazos, y la que se vio más afectada fue la
población, que se encontraba en medio de dos potestades que ejercieron sobre
ellos y sus difuntos sus mecanismos de poder. Pero no fue una opinión
unificada, también existieron miembros de la Iglesia que estaban de acuerdo
con el planteamiento higienista de que los muertos fueran enterrados afuera de
la ciudad, como la opinión de Porée, un abate francés. Pensaba que era
necesario, tener iglesias sanas y aireadas, y que el desplazamiento no sólo
292
ARIÉS, El hombre ante la muerte, p.405
293
ARIÉS, El hombre ante la muerte, p.406
158
respondía a la salubridad, también: “restauraba una separación entre los vivos y
los muertos que los antiguos siempre habían respetado: los muertos
permanecen separados del restos de los vivos a la perpetuidad. Los muertos,
por miedo a perjudicar, harían no sólo la cuarentena, sino que observarían una
interdit”294. Sin embargo este planteamiento puede quedar en el campo de la
discusión pues en algunas sociedades por tiempos prolongados los difuntos
fueron enterrados cercas los vivos.
El cementerio no fue el único avance en materia de inhumación de los
difuntos, con el avance de la ciencia se recurrió a los hornos crematorios. La
cremación fue una práctica mortuoria que resurge en el último tercio del siglo
XIX. Éstas a pesar de ser un método muy utilizado por muchos pueblos en la
antigüedad, fueron prohibidas por largo tiempo en Occidente, sobre todo por el
concepción religiosa del cuerpo del difunto, ya que para la Iglesia el cuerpo
debería esta dignificado y sacralizado, y ser guardado para el día del Juicio
Final, en la que se llevara a cabo una resurrección corporal. Ésta a pesar de ser
un método muy utilizado por muchos pueblos en la antigüedad, fueron
prohibidas por largo tiempo en Occidente, sobre todo por el concepción religiosa
del cuerpo del difunto, ya que para la Iglesia el cuerpo debería esta dignificado y
sacralizado, y ser guardado para el día del Juicio Final, en la que se llevara a
cabo una resurrección corporal. La cremación por el contrario había sido
utilizada durante la Edad Media para purificar el cuerpo de los herejes, sin
embargo la creación de los cementerios extramuros abrió brecha en el
pensamiento de esta etapa y la cremación fue propuesta como una medida más
higiénica, sobre todo a partir de 1872, cuando el profesor italiano Brunetti
perfeccionó un modelo de horno crematorio realizado y exhibido para la
Exposición de Viena295. A partir de entonces su uso comenzó a expandirse y
popularizarse. El discurso higiénico surgido en Europa en el siglo XVIII y XIX,
calaría en nuestro país con sus matices y diferencias particulares.
294
ARIÉS, El hombre ante la muerte, p. 399.
295
Biblioteca Nacional de Madrid. Revista de Sanidad Militar, Madrid 15 de Diciembre 1890, p.25
159
A partir de entonces su uso comenzó a expandirse y popularizarse. El
discurso higiénico surgido en Europa en el siglo XVIII y XIX, calaría en nuestro
país con sus matices y diferencias particulares.
El planteamiento de los cementerios extramuros en México fue anterior a
la Real Cédula de 1787 emitida por Carlos IV y respondió a un contexto histórico
específico y clave para la Nueva España, la epidemia de viruela de 1779 que
afectó a la población. Existieron dos actores que fueron fundamentales: el virrey
Martin Mayorga y el arzobispo Alonso Núñez de Haro y Peralta, ambos
promulgaron edictos a fin de controlar la epidemia. Estos fueron novedosos
porque apostaban por prácticas que no se habían implementado en años
anteriores, en ellas se dejó entrever un pensamiento ilustrado preocupado por la
higiene, el control y la búsqueda de la salud pública. Me gustaría detenerme un
poco a señalar la importancia de estos edictos que, no se habían implementado
en años anteriores, en ellas se dejó entrever un pensamiento ilustrado
preocupado por la higiene, el control y la búsqueda de la salud pública. Me
gustaría detenerme un poco a señalar la importancia de estos edictos que a
pesar de que han sido mencionados en algunas investigaciones anteriores, se
ha dejado de lado su importancia para la creación de cementerios extramuros,
materializado en la ciudad, no sólo como una práctica aislada o utilizada para el
control de la epidemia.
Así me detendré en el análisis de estas disposiciones a fin de ir estableciendo
algunas conclusiones. El edicto fue un claro ejemplo de la infiltración del
pensamiento ilustrado en la Nueva España, el documento se encuentra dividido
en tres partes: historia, el progreso de la enfermedad y la declinación, más que
poner atención a la epidemia como tal, lo que me interesa es poner énfasis en la
medidas que propone el virrey, sobre todo aquellas que se involucran con el
tema de la apertura de cementerios extramuros.
Con el edicto del virrey Mayorga cambió la imagen urbana de la ciudad de
México, ya que ordenó la división del espacio en 157 cuarteles, incluyendo los
160
barrios extramuros de Guadalupe y la Piedad, esto permitiría tener un mayor
control y registro de los acontecimientos, sumado a lo anterior también se
pretendió limpiar la ciudad, otras de las medidas fueron “el riego y aseo general
de las calles y de las luminarias, con perfume, por toda la ciudad, la de que se
quemasen las esteras, trapos y demás despojos de los enfermos y de los
cadáveres”296.
Dentro del documento se propuso la erección de dos cementerios extramuros,
y es en este punto en que se cruzan las dos realidades la europea y la
americana. Recordando los acontecimientos de París y la sobrepoblación de
cadáveres, los camposantos americanos estaban pasando por un contexto
similar que queda explícito en el documento redactado por el virrey Mayorga:
Concluyó insistiendo de nuevo en la erección de los campos santos, que
ya muy desde los principios tenía pedida y se hacía cada día más
necesaria para evitar que el hedor de los cadáveres y sepulturas
prosiguiese infestando el aire en los templos con mayor detrimento del
numeroso pueblo que concurría o retrayéndole de una más frecuente
concurrencia. Ni era omitir la consideración de los inconvenientes, que
podían seguirse en dejar por ahí esparcidas por los cementerios(
especialmente el de la iglesia mayor en el mismo centro de México) por
las plazas y las calles, las esteras y otros despojos, que dejaban
inficionados los cadáveres, que la gente infeliz acarreaba furtivamente en
el silencio de la noche, para arrojarlos a las puertas de las iglesias, o en
el recinto de sus atrios y procurarles por este atropellado y tumultuoso
oficio de humanidad, la última limosna de los pobre, que es la
sepultura.297
296
GUZMÁN MONROY Virginia. “El Virrey Martín Mayorga y las medidas contra la epidemia de
viruela de 1779”, en Documentos. Boletín de Monumentos Históricos. México. Tercera época, Num.19
Mayo-
Agosto 2010.p.236
297
GUZMÁN MONROY Virginia. El Virrey Martín Mayorga y las medidas contra la epidemia de viruela
de 1779, en Documentos. Boletín de Monumentos Históricos. México. Tercera época, Num.19 Mayo-
Agosto 2010.p.234
161
En el documento el Virrey solicitó el permiso para crear dos camposantos
a fin de sepultar a los cadáveres contagiados de viruela. Finalmente se
construyó un cementerio en el paraje nombrado San Salvador el Seco, se
diseñó según lo propuesto por el doctor Bartolache, que entre otras cosas ayudo
a controlar la epidemia de viruela con el método de la inoculación, los trabajos
costaron alrededor de 5400 pesos.298
A fin de fortalecer el edicto del virrey el arzobispo Alonso Núñez Haro y
Peralta, realizó un edicto a favor de la construcción de cementerios extramuros,
y donde al igual que el documento anterior se puede entrever el pensamiento
ilustrado, que adelanta y hace una crítica con una mirada desde dentro al
problema de la saturación de cadáveres al interior de las iglesias de la Nueva
España:
Y debiendo Nos, en cumplimiento de las estrechas obligaciones de nuestro
ministerio pastoral, no solo facilitar los auxilios temporales y espirituales,
que pendan de nuestro arbitrio y facultades, para el socorro y consuelo de
nuestros amados Diocesanos, sino también dictar aquellas Providencias,
que creamos más oportunas y eficaces para mantener aumentar el decoro y
magestad de los Templos, la devoción de los Fieles y concurrencia á ellos,
precaver las peligrosas resultas que pueden producir las exalaciones fétidas
que transpira la multitud de cadáveres que ya hay sepultados en las Iglesias
y Cimenterios de esta Corte, especialmente en el Sagrario, y conservar la
salud pública: siendo conforme á la disciplina antigua de los padres, y á la
solemnidad establecida en la ceremonias fúnebres , el enterrar los
cadáveres en cimenterios, lo que no se opone de la piedad cristiana y no
debe apagar la devoción de los fieles. 299
El documento apoya la construcción del cementerio extramuros de San
Salvador el Seco, apoyando las medidas dictadas por el virrey, también se
manifiesta la preocupación por las condiciones en las que se encontraban los
camposantos de las Iglesias de la Noble ciudad de México en especial el
Sagrario. Cabe señalar que se hace mención sobre los castigos para aquellas
298
GUZMÁN MONROY Virginia. El Virrey Martín Mayorga y las medidas contra la epidemia de viruela
de 1779, en Documentos. Boletín de Monumentos Históricos. México. Tercera época, Num.19 Mayo-
Agosto 2010.p.238
299
NÚÑEZ HARO Y PERALTA Alonso,”Calamidad de las viruelas en México”,p.3
http://collections.nlm.nih.gov/U.S National Library of Medicine Digital Collections
162
personas a las que se sorprenda abandonado cadáveres sin importar el estrato
social, también se menciona una pena de excomunión a quien se sorprenda
robándolos, sin importar que sean de aquellos a que se les llamo huérfanos,
cadáveres que se encontraban sin familia que los identificará, y también para
todos aquellos quienes no acatara el edicto.300 Los esfuerzos del virrey Mayorga
y del arzobispo Haro se materializaron en la creación de un cementerio
extramuros y la creación del Hospital de San Lázaro. En años posteriores llegó a
tierras americanas la Real Cédula de 1787, con su especial orden para los
reinos americanos en 1789. Varios fueron los intentos por consolidar y poner en
práctica el pensamiento higienista, a decir de Sonia Alcaraz en 1797, 1804, 1813
las autoridades locales insistieron en ejecutar lo estipulado en la Real Cédula de
1787.301 Sin embargo, la inestabilidad política y social obstaculizó la aplicación
de estas medidas. Aunada a las reticencias de la sociedad por aceptar el
enterramiento en cementerios extramuros, dadas las malas condiciones en los
que se encontraban los existentes, algo que respondía a la falta de recursos
destinados al cuidado de estos espacios. Es necesario de igual manera tener en
consideración que al ser algo nuevo, la administración y demás asuntos se
encontraban en un asunto de práctica y ensayo.
Fue en años posteriores con las epidemias de 1817 y la llegada del “funesto
viajero” del cólera morbus en 1833 que los cementerios extramuros resurgen en
el discurso de los higienistas con más fuerza que antes. Pocos son los estudios
que han encontrado un hilo conductor en el establecimiento de la secularización
de cementerios y muchos de ellos hacen un salto tangencial de la reforma de
Carlos IV hasta la ley de secularización de cementerios en 1859, dejando de
lado la primera mitad del ochocientos, momento donde se generó un mayor
número de tensiones por la falta de espacios adecuados para enterrar a los
300
Alonso Núñez Haro y Peralta,”Calamidad de las viruelas en México”,p.7 http://collections.nlm.nih.gov/
U.S National Library of Medicine Digital Collections
301
ALCARAZ, Sonia, “Planteamientos y acciones en materia de higiene pública:l os cementerios de la
ciudad de México a principios del siglo XIX”. En: Revista,Cultura y Religión, Vol. 2, num.3, 2008,p.61
163
muertos por las epidemias, a los inmigrantes, y a todos aquellos que por las
condiciones de la guerra fueron muriendo. La primera mitad del siglo XIX
mexicano estuvo marcado por el halo de muerte, enfermedad, crisis, y pobreza:
Insalubres de las calles, de los muladares, y otras hediondeces, crías de
cerdos, casas de matanzas y vaciaderos. La falta de cementerios
campestres para los cadáveres, la plaga de mendigos y enfermos en las
calles y puertas de los templos, la multitud de mujeres vagas y prostitutas
que inundan los lugares públicos.302
El escenario se recrudeció con las epidemias algunos escritores dieron cuenta
del contexto de estos años, uno de ellos fue Guillermo Prieto quien en sus
memorias relato el panorama de la ciudad de México azolada por el cólera en
1833:
Lo que dejó imborrable impresión en mi espíritu fue la terrible invasión de
cólera en aquel año. Las calles silenciosas y desiertas en que resonaban
á distancia los pasos precipitados de alguno que corría en pos de auxilio,
las banderolas amarillas, negras y blancas, que servían de aviso a la
enfermedad, de médicos, sacerdotes y casa de caridad, las boticas
apretadas de gente, los templos con las puertas abiertas de par en par
con mil luces en los altares, la gente arrodillada con los brazos en cruz y
derramando lágrimas… A gran distancia el chirrido lúgubre de carros
atravesaban llenos de cadáveres.303
Pese a las medidas higiénicas y los conocimientos médicos el viajero funesto
como le llamaron al cólera estaba arrasando con la población mexicana. Además
de mencionar que no se habían avanzado mucho en la creación de los
cementerios extramuros. Hemos de recordar que de los primeros espacios de
entierro bajo estos conceptos que se establecieron en México fueron aquellos
que se realizaron tras el edicto del virrey Mayorga, estos fueron el que se
encontraba continuo al Hospital de San Lázaro y el de Santa Paula, creados
para dar sepultura a los muertos por la epidemia de viruela de 1779.
302
Biblioteca Nacional de España, Gaceta Diaria de México, tomo 2. Num.102, Marte 11 de abril de
1826.p.1
303
PRIETO Guillermo, Memorias de mis tiempos 1828 a 1840, México, Librería de Vda. De C. Bouret,
1906
164
El cementerio de Santa Paula era conocido con el nombre de San Andrés,
se construyó en el espacio contiguo de la parroquia de Santa María la Redonda
que daba asistencia al Hospital de San Andrés, en un principio fue cercado y en
su interior contaba con una capilla sencilla y habitación para el cuidador y el
sepulturero. 304 El espacio del cementerio albergó a algunas personas notables
de la ciudad quedando el espacio abierto con la epidemia de 1833, sin embargo
con el paso de los años y la inestabilidad del país el cementerio fue cayendo en
una deplorable situación que fue narrada en las memorias de Guillermo Prieto:
los panteones de Santiago de Tlatelolco, San Lázaro, el Caballete y
otros rebosaban de cadáveres, de los accesos de terror, de los alaridos
de duelo se pasaba en aquellos lugares á las alegrías locas y á las
escenas de escandalosa orgía interrumpida por los cantos lúgubres y
por las ceremonias religiosas… San Lazaro con su capilla humilde y sus
enfermos carcomidos y debajo sus huesos al descubierto con sus ojos
ribeteados descarnados.305
Los cementerios durante la primera mitad de siglo XIX en México carecieron
de los adecuados lineamientos higiénicos, varios fueron los intentos por crear
un cementerio modelo y ante el fracaso se pugnó por establecer cementerios
provisionales306, lo que muestra como el espacio de los muertos no se logró
consolidar durante este periodo. Por el contrario, al estar a manos de un
Estado que poca experiencia tenía en la materia, la desorganización y los
fallidos intentos seguirían hasta bien entrado el siglo.
3.4 El cuerpo secularizado. Nuevos planteamientos higiénicos
entorno a la creación de cementerios en México.
Los conceptos de secularización y modernización que se fortalecieron con el
nuevo pensamiento decimonónico, establecieron nuevas pautas para tratar
temas que antes no tenían tanta importancia, como la higiene, la salud y la
304
HERRERA MORENO Ethel , El Panteón Francés de la Piedad: como documento histórico una visión
urbano-arquitectónica, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2013.p.120
305
PRIETO, Memorias.p. 91
306
MORENO, El Panteón, p.110.
165
enfermedad. El cuerpo comenzó a verse desde otra mirada, en la que la limpieza
y la suciedad jugaron un papel importante, el cadáver se incorporó al nuevo
discurso. En México comenzó a manifestarse desde las Reformas Borbónicas y
fue adquiriendo diferentes matices a lo largo del siglo XIX.
Para los ilustrados de finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve,
inspirados en una nueva mentalidad social y científica, fue fundamental que las
autoridades promovieran novedosas medidas de higiene urbana para alejar de
los poblados los lugares destinados a las sepulturas. Expulsar los cadáveres del
centro de las ciudades se convirtió más que en una obsesión, en una exigencia.
Dicha postura se insertaba en un discurso higienista europeo que demandaba la
vigilancia de los malos olores y que definía lo sano y lo malsano. Se trataba de
una época donde lo imperativo fue controlar, movilizar, canalizar y expulsar las
inmundicias de los centros urbanos.307
Estas nuevas concepciones en materia de salud pública provocaron que
en España las autoridades Reales emitieran ordenamientos mediante los cuales
se impuso la creación de cementerios fuera de los límites de las ciudades
españolas y sus posesiones ultramarinas. En la ciudad de México aquellos
planteamientos higienistas se reflejaron de manera importante. Las autoridades
virreinales promovieron una serie de ordenamientos -1787, 1789, 1797, 1804,
1813, 1819308, que fundamentaron el proceso de construcción de cementerios
“extramuros”.
Todo lo anterior son hilos conductores para analizar en qué medida los
planteamientos higienistas ilustrados influyeron en la formulación de medidas
implementadas tanto por autoridades civiles como eclesiásticas, cuyo objetivo
era evitar algunas “malsanas” prácticas funerarias ejecutadas por los habitantes
307
CORBIN, El Perfume, 2005.
308
GALÁN, “Madrid y los cementerios”, p. 50 VAQUERO, Muerte e Ideología, 1991,p. 45
166
de la de México y, por lo tanto orientadas a mejorar las condiciones sanitarias de
la ciudad a principios del diecinueve. El texto tomará en cuenta las acciones que
las autoridades locales promovieron, particularmente, durante el desarrollo de la
epidemia de tifo que asoló a los habitantes de la ciudad en 1813 y el cólera
morbus, en 1833309.
Imaginemos el escenario de la mayoría de las ciudades de México a principios
del siglo diecinueve en el que por norma eclesiástica, desde el momento de su
fundación, todos los templos, monasterios conventos y hospitales tenían que
destinar un espacio para enterrar los cadáveres de los miembros de su
congregación y del mismo modo, para sus feligreses.310 Por citar ejemplos sólo
en la ciudad de México se encontraban de templos, conventos, y edificios que
desempeñaban esta función cementerial, entre ellos: el Sagrario Metropolitano
ubicado junto a la Catedral, así como al interior de ésta311, San Lázaro, San
Pablo, Santa Veracruz, San José, Santa Cruz Acatlán, Santo Domingo, San
Miguel, San Antonio Abad, San Juan de Letrán, La Merced, San Diego, San
Fernando.312.
El discurso higiénico en la capital de la Nueva España lo difundió el médico
Manuel Venegas en su Compendio de la medicina –publicado en 1788-
consideró que las exhalaciones producidas de la humedad estancada, de
309
La epidemia de tifo de 1813 se desarrolló en los lugares densamente poblados del Valle de México,
comenzó en los últimos meses de 1812 y terminó en los primeros de 1813. MÁRQUEZ, La desigualdad,
1994, p,268, CONTRERAS, Puebla, 1993,p, 67. Cf. Cartilla o sea método sencillo de curar a los pobres
de la epidemia, que en el presente año aflige a los habitantes de esta ciudad, Imprenta de don Pedro de la
Rosa, Puebla de los Ángeles, 1813; Volumen I,p, 67.
310
De acuerdo al Ritual Romano y al Derecho Canónico, al momento de consagrar esos establecimientos
religiosos, el obispo debía señalar el cementerio bajo ciertas características, véase BALBUENA,
Cementerios, 2000,p, 23 - 32; MARQUÉZ,La desigualdad, 1994.p 10, 14-17
311
MARQUÉZ,La desigualdad, 1994.p 11,
312
véase RODRÍGUEZ, “La influencia de los cementerios en la salud pública”, en Barbro Dahlgren
(coord). III Coloquio de historia de la religión en Mesoamérica y áreas afines, México, Instituto de
Investigaciones Antropológicas/UNAM, 1993, pp. 125-131; BALBUENA CANALES, Cementerios y
sepulturas de México durante el siglo XVIII y sus efectos en la población, tesis de licenciatura en Historia,
Facultad de Filosofía y Letras/ UNAM, 2001, pp. 34; MARQUÉZ Morfin y Mansilla Lory, Los
cementerios en la Nueva España, Serie Historia de la medicina en México, Época Colonial, Vol. III,
Departamento de Antropología Física, INAH/SEP, Sin fecha de edición; RODRÍGUEZ ÁLVAREZ, Usos y
costumbres funerarias en la Nueva España, México. Colegio de Michoacán/ Colegio Mexiquense, 2001,
entre otros.
167
sustancias orgánicas que se encontraban en lugares que tenían años cerrados o
de las sepulturas eran capaces de producir desmayos, “modorras convulsiones
(…) tumores malignos”, entre otros padecimientos.313
Los médicos e higienistas estaban de acuerdo en que el uso de sustancias
aromáticas –como el incienso, estoranque, vinagre, benjuí, almizcle, mirra- era
una estrategia para disminuir la corrupción del aire.314 Se entendía que la cal
aceleraba el proceso de descomposición de las materias orgánicas e impedía
que los vapores dañinos subieran a la atmósfera. 40 En tal caso, el destacado
ilustrado Antonio Alzate en un artículo publicado seguramente entre 1788 y
1795,315 confirmó las recomendaciones pregonadas en Europa acerca de la
creación de cementerios amplios y ventilados fuera de las ciudades; reconocía la
eficacia de cubrir los cadáveres con cal viva y quemar materiales combustibles –
en especial pólvora- en los cementerios “con el fin de exterminar las
epidemias”.316 Para Alzate el uso de grandes cantidades de cal sólo era
recomendable en caso de que los cadáveres se enterraran en “las iglesias u
otros sitios cubiertos”; pues reconocía que en la Nueva España esta práctica era
“muy defectuosa” porque los sepultureros cubrían el cadáver con escasas
cantidades de cal.317
De acuerdo con los planteamientos de Alzate, el plantío de árboles en las
inmediaciones de los cementerios restablecía la atmósfera. Apuntaba que si bien
313
VENEGAS, Compendio de la medicina: o la medicina práctica en que se declara lacónicamente lo más
útil de ella, que el autor tiene observado en estas grandes regiones de la Nueva España, para casi todas las
enfermedades que acometen al cuerpo humano; dispuesto en forma alfabética. México, Imprenta de Felipe
Zúñiga y Ontiveros, 1788: 256. Citado en BALBUENA, Cementerios, 2001,p. 67.
314
VIGARELLO, Lo limpio, p. 116-117.
315
No aparece el año de edición del manuscrito, pero es probable que haya aparecido después de la
epidemia de viruela de 1779. Porque elogia la iniciativa del arzobispo Núñez de Haro al hacer todo lo
posible por “desterrar del templo de Dios la podredumbre”. ALZATE Y RAMÍREZ, “De lo perjudicial que
es enterrar a los cadáveres en las iglesias”. en Gacetas de literatura de México. Tomo III. Puebla, México.
316
ALZATE, “De lo perjudicial”, 1831,p. 353.
317
José Antonio Alzate (1729-1790) aún cuando fue bachiller en teología fijó su atención en las ciencias
naturales, medicina, geografía y matemáticas. Se desempeñó como un gran difusor de la ciencia a través del
Diccionario literario de México (1768), Asuntos sobre ciencias y artes (1772), y Gaceta de la literatura en
México (1788- 1795).
168
era cierto que el hecho de encender hierbas aromáticas al interior de las iglesias
disimulaba el mal olor que desprendían las sepulturas, no era el recurso más
eficaz para erradicar por completo los riesgos al contagio de enfermedades,
sobre todo en casos de epidemias; para él, la causa de “las muertes aparentes”
o “muertes súbitas” no obedecía al hecho de inhumar en las iglesias, los mismos
efectos podían experimentarse sé si enterraba en el campo; el problema estaba
en la gama de olores que se desprendían en el momento de la putrefacción,
sobre todo cuando las exhalaciones cadavéricas no tenían un completo contacto
con la atmósfera porque se detenía en las paredes. Además, negaba que en la
Nueva España – inclusive en toda América- se hubiese suscitado una “muerte
súbita (o) algún contagio” precisamente en las personas que asistían a misa.318
En suma, la postura ilustrada por parte de las autoridades civiles y
eclesiásticas, así como de médicos e higienistas de finales del siglo dieciocho,
refleja una toma de conciencia sobre la problemática de higiene originada por las
exhalaciones cadavéricas y, sobre todo, incrementaba su interés por
solucionarla. Sus propuestas y reformas en materia funeraria fueron decisivas,
aun cuando algunas las propuestas de Alzate parecían contradictorias, otras
fueron demasiado generales –el edicto de 1779 de Núñez de Haro y la Real
Cédula de 1878- que no especificaban cómo se actuaría frente a los obstáculos.
En efecto, el hecho de formular soluciones y anunciar ordenanzas no
equivalía a erradicar de inmediato las costumbres; sobre todo si se trataba de
promover cambios en las prácticas cotidianas de la sociedad sin poner en peligro
el orden social, había que evitar tensiones con los miembros de la Iglesia y las
clases sociales privilegiadas. Había que articular las decisiones de las
autoridades, legitimarlas y continuarlas para evitar que ciertos sectores sociales
se opusieran a la ejecución de proyectos urbanos -como la creación de
cementerios- que representaba perder el privilegio que tenían algunas personas
318
ALZATE, “De lo perjudicial”,p.350 y 353.
169
de ser inhumadas al interior de los recintos religiosos. Las autoridades de la
época, seguramente, pensaron que bajo el amparo de la razón y el progreso en
contra de las creencias religiosas y la superstición, sería menos complicada la
lucha por desplazar a los muertos de las iglesias.319
Si bien es cierto que los miembros de la iglesia desempeñaron un papel
fundamental en los asuntos funerarios y en la administración de los cementerios,
fueron las autoridades civiles y sanitarias de principios del siglo diecinueve,
quienes se esforzaron por erradicar el problema de higiene que causaban las
prácticas funerarias y quienes procuraron solucionar la demanda de espacios
para inhumar sobre todo en tiempos de epidemias. Núñez de Haro indicó en su
edicto de 1779, que la multitud de cadáveres que desde hacía muchos años
habían sido inhumados en el templo del Sagrario Metropolitano producía
exhalaciones fétidas que era imposible no ocasionara molestias al olfato de
quienes asistían a misa.320 Por ejemplo, los primeros días de enero de 1802
trascendió un hecho muy desagradable para los capitalinos: los fieles cristianos
cuya costumbre era acudir todas las mañanas al Sagrario, fueron testigos de las
actividades que, desde muy temprano, realizaban hombres pagados por los
señores Domínguez, Alcalá y Larragoiti; curas de ese templo.321 Éstos en su
afán no sólo de limpiar las sepulturas que desde la epidemia de 1737 ocupaban
muchos cadáveres,322 para luego reutilizarlas en caso de males más aterradores;
ordenaron a sus trabajadores sustituir de inmediato la tierra del atrio por una
319
GALÁN, Cementerios,p. 294
320
NÚÑEZ DE HARO, Real Cédula 1779.
321
Archivo General de la Nación (en adelante AGN). Fondo Ayuntamiento. Volumen 1. Expediente 1. Foja
1-14
322
Según el testimonio de Cayetano Cabrera, en 1737 durante la epidemia de matlazáhuatl los curas del
Sagrario concedieron sepultura a sus
feligreses en el atrio del templo. De enero a diciembre se recibieron hasta quinientos cuerpos, a medida que
llegaban los cadáveres se presionaban los que ya estaban enterrados y, así, las fosas rebasan su capacidad;
no quedó otra opción más que extender el cementerio. Matlazáhuatl (del náhuatl, matlatl; red, zahuatl;
erupción o granos) Erupción en forma de red. Esta enfermedad – que según Coopergeneralmente se
identifica con el tifo, fue la más destructiva epidemia del siglo dieciocho, causó la muerte a más de un
tercio de los habitantes de la Nueva España. Cabrera y Quintero, Escudo de Armas, obra escrita para
conmemorar la culminación del Matlazáhuatl. Edición Facsimilar de Ruiz Naufal. IMSS. 1981. Texto
citado por BALBUENA, Cementerios,p.60;
170
libre de materias orgánicas, ya que aquella tierra generaba insoportables olores
entre la concurrencia.
La tierra “sucia” fue conducida al tiradero de San Lázaro, para hacer más
ágil la mudanza, los empleados tenían indicado primero amontonarla frente al
templo y después, en carretas tiradas por burros, tuvieron que trasladar los
restos humanos al cementerio de San Lázaro; sobre todo en las noches para
evitar que los feligreses se asombraran del espectáculo.
Durante las mañanas era irremediable no percibir entre los montones de
tierra, fragmentos de cajas de madera, mortajas desechas, cabellos y huesos
humanos “negros e infectos” dispersos en el atrio.
Imaginemos “la atmósfera mortífera, densa y encajonada dentro de los
muros” del templo. Peor aún, en ciertas ocasiones los mismos trabajadores, en
lugar de llevarla al destino señalado, vendían la tierra a una salitrera cercana a
San Lázaro, para aprovecharla en la elaboración de pólvora. Existían los
rumores de que un mendigo un día extrajo de la tierra cabellos seguramente
para lucrar con ellos.
Inevitablemente esta remoción llegó a oídos del Ayuntamiento porque como
consecuencia de las emanaciones cadavéricas se registraron fiebres se ordenó
a los curas del Sagrario que se suspendieran las exhumaciones de restos
porque todavía estaban “inmaduros”. La orden virreinal no fue obedecida de
inmediato sino hasta que el oficio llegó directamente a manos de las máximas
autoridades eclesiásticas de la ciudad. Finalmente, a los curas no les quedó otra
opción más que “comprender” que la contaminación del aire podía generar una
trágica epidemia.323
En lo que respecta a la falta de higiene que se vivía en la ciudad de
México en los albores del siglo diecinueve, este acontecimiento que parece
extraordinario, no fue excepcional. En 1805 se requirió el traslado de restos
óseos del camposanto ubicado junto al Hospital Real de Naturales hacia el que
323
COOPER, Las epidemias, p. 50
171
estaba junto al Hospital San Andrés porque los malos olores en aquel hospital
eran insoportables.324 Casos como el de 1802 del Sagrario Metropolitano,
perturbaron la tranquilidad y evidenció el desempeño administrativo de las
autoridades civiles y eclesiásticas de la primera mitad del siglo diecinueve.
Las amenazas que las exhalaciones representaban para los habitantes
de la ciudad de México, contó con ardientes defensores como con vehementes
enemigos que provenían de diferentes clases sociales.325En efecto, los
cementerios de la ciudad estaban mal ubicados y en pésimo estado, se requería
construir un cementerio general, ventilado y fuera de los límites urbanos. Lo
anterior salió a la luz pública gracias a que, en 1820, el regidor José María
Casasola trató de convencer al Ayuntamiento que ordenara la construcción del
cementerio general, pues él no comprendía la postura de los regidores de aquel
año de 1807. Por ello, Casasola elaboró un informe detallado de las condiciones
en las que se encontraban los cementerios; advirtió que el principal obstáculo
para la construcción de esos establecimientos siempre fue “la poca actividad y
empeño” de las autoridades locales, pero señaló que sí hubo gobernantes que
se preocuparon por encontrar solución a los problemas de las inhumaciones. Por
ejemplo, refería que en la epidemia de tifo de 1813 durante el gobierno del virrey
Félix María Calleja, por primera vez se prohibió lo siguiente: que sin distinción de
clase se inhumaran cadáveres en las iglesias; todos los muertos de cualquier
enfermedad –contagiosa o no- deberían enterrarse en el cementerio de San
Lázaro, San Salvador el Seco y el de San Andrés.326
A pesar de ello, la gente siguió negándose a enterrar a sus difuntos fuera de
la ciudad, aduciendo diversas justificaciones. Y como los cadáveres ya no
324
Cabe mencionar que durante la epidemia de viruela de 1779, ante el creciente número de enfermos y
necesitados, el arzobispo Núñez de Haro amplió la capacidad de atención médica con la instalación de un
hospital provisional en el Colegio de San Andrés. Al que años después se le conoció como Hospital de San
Andrés. COOPER, Las epidemias.p,84.
325
RODRÍGUEZ ÁLVAREZ, Usos y costumbres, p.227.
326
COOPER, Cementerios, p.4
172
cabían, los curas sacaban, por las noches los restos para llevarlos a otros sitios,
aún cuando se tratase de cadáveres recién inhumados.327
En la primera década del siglo diecinueve la ciudad de México presentó un
importante crecimiento demográfico de 123 907 a 168 846 personas.328 La
epidemia de tifo de 1813 –también conocida como fiebres del trece- ocasionó
graves daños en ella.329 Es importante mencionar que la falta de higiene de los
habitantes y la insuficiencia de medios para prevenir la enfermedad, permiten
entender que los primeros enfermos reportados de tifo procedieron de los
suburbios, pues a causa de la bancarrota del Ayuntamiento sólo se podía dotar
de cañerías, atarjeas, empedrados en las zonas céntricas y privilegiar con
servicios a las residencias de ricos comerciantes y funcionarios.330
En aquellos años, al afamado Fernández de Lizardi, las medidas
implementadas por el virrey Félix María Calleja en 1813 con respecto a la
prohibición de cadáveres en las iglesias, le parecieron una “¡Bella Providencia!”.
El escritor reconocía su temor a que, una vez que pasara la desgracia
ocasionada por la epidemia, la costumbre de inhumar dentro de las iglesias se
327
MARQUÉZ, La desigualdad, pp. 233 - 235 y 262 - 263.
328
KEITH, Tendencias, p. 501-503.
329
Se argumenta que, entre los factores contribuyeron en la diseminación de la enfermedad están: el
hacinamiento en diversos edificios aprovechados como cuarteles militares durante el conflicto armado de la
Independencia, la inmigración de personas en busca de empleo, así como la movilización cotidiana
personas de bajos recursos económicos que trabajaba en el centro de la ciudad y se alojaba en los
suburbios. MORENO, A., y AGUIRRE, C., “Cambios”, p. 6 - 7; MARQUÉZ, La desigualdad, p, 175 -
328.
330
La parte que circundaba la Plaza Mayor era la mejor construida y dotada de servicios, se caracterizaba
por conjuntos de calles y numerosas “casas grandes”. En los suburbios del sur se situaban los baldíos y los
arrabales, donde había numerosos jacales de madera o enramados donde vivían los campesinos y las
personas de escasos recursos que se dedicaban a infinidad de oficios. La propagación del tifo obedeció a las
malas condiciones higiénicas de cada lugar y a la falta de higiene de las personas. Los piojos, las pulgas y
las ratas eran los principales agentes de la enfermedad, éstos sobrevivían y proliferaban en lugares sucios,
donde abundaba la basura, con personas que no se bañaban y no se cambiaban la ropa ni la lavaban. Felipe
Suárez en su tesis inaugural de Medicina en 1888 estuvo de acuerdo con los planteamientos del médico
Fernando Malanco y Vargas, en la que señala que es probable que uno de los focos generadores de la
epidemia de 1813 en la ciudad de México fue el traslado de los cadáveres del atrio del Sagrario
Metropolitano. Suárez considera que la diseminación de esa “mortífera epidemia” además pudo haber sido
causada “poderosamente (por) el gran número de tropas acuarteladas en el Palacio de los Virreyes.
MARQUÉZ, La desigualdad,p, 4,
173
reanudara.331 En efecto, la gente se olvidó de los ordenamientos de 1813 y,
entonces, la ciudad “quedó en peor estado que nunca”.332De ahí que en 1820 los
cementerios se encontraran saturados de cadáveres de la epidemia y en
deplorables condiciones sanitarias, estaban “por todas la partes y por todos los
vientos (…) ubicados en los parajes más húmedos y fangosos”, ello no permitía
profundizar las fosas.333 La abundancia de agua impedía el trabajo de los
sepultureros mientras se cavaba. Este mismo año, el Ayuntamiento de la ciudad
nombró una Junta de Sanidad, la cual se encargó de promulgar una serie de
medidas sanitarias que incluían quemar la ropa sucia perteneciente a los
cadáveres y que las sepulturas se cavaran con la suficiente profundidad.334
Así, la insalubridad originada por la falta de espacios para inhumar evidenció
que no había razones para demorar más la construcción del cementerio general.
Casasola apuntó que la alternativa para efectuar semejante fin era habilitar el
cementerio cercano al Santuario de Nuestra Señora de los Ángeles y continuar
con el proyecto del arzobispo Núñez de Haro. Los fondos para la construcción
de la obra, como indicaba Casasola, se podían adquirir mediante un aumento en
las tarifas fúnebres además de los derechos parroquiales.335
Una comisión integrada por cuatro regidores, tres vecinos de la ciudad y un
eclesiástico de la Catedral Metropolitana valoraron la propuesta de Casasola y
llegaron a la conclusión de que el costo debía ser sufragado con una parte de los
fondos parroquiales, debido al aumento en las tarifas de actos fúnebres, y
además se cobrarían: ocho pesos mensuales a las boticas, cuatro pesos en los
matrimonios celebrados en domicilio y un peso por la renta de ataúdes. 336
Finalmente el Ayuntamiento sometió el informe de Casasola a consideración del
virrey, pero el asunto no se resolvió pronto aun cuando los integrantes de
331
FERNÁNDEZ, El periquillo,p, 92.
332
COOPER, Cementerios, p, 41
333
COOPER, Cementerios, p, 49.
334
COOPER, Cementerios, p. 42; MARQUÉZ, La desigualdad, p.28.
335
COOPER, Cementerios, p. 42
336
MARQUÉZ, La desigualdad, p.29
174
aquella comisión advirtieron en el documento un apego a las “leyes tanto civiles
como eclesiásticas”.337
Fue hasta que el Ayuntamiento mandó inspeccionar todos los cementerios
de la ciudad, cuando el informe de Casasola quedó completamente
fundamentado, ya que se constataron sus malas condiciones sanitarias y el
estado de abandono en el que se encontraban. Por ejemplo, las inspecciones
realizadas en el cementerio de San Lázaro, donde había una cruz de piedra que
distinguía al lugar como cementerio cristiano, pusieron de manifiesto que no
había capilla ni altar; el terreno era tan fangoso, que el agua cubría por lo menos
tres cuartas partes de la superficie. Por ende, los cadáveres estaban apenas
cubiertos por una delgada capa de tierra; algunos animales entraban al lugar y
en ocasiones desenterraban los cadáveres para devorárlos.338 De hecho, se
decía que en el cementerio de San Salvador -conocido también como El
Caballete- se habían encontrado los cerdos de un carnicero que los introducía al
lugar con la intención de engordarlos. Esta acción hizo suponer a los inspectores
del cementerio que por ello se propagaban diversas enfermedades
epidémicas.339
De alguna manera los acontecimientos de la década de 1820 motivaron a
las autoridades a enviar un oficio a las parroquias de la ciudad de México, en el
que se dispuso el modo de enterrar cadáveres.340 Pero ni los planteamientos de
higienistas ilustrados, ni la implantación de leyes en materia funeraria, ni el
esfuerzo de las autoridades civiles y eclesiásticas, pudieron contra el peso de las
337
COOPER, Cementerios, p. 43
338
Los médicos de la época reconocían que la zona este se encontraba altamente insalubre; ahí estaba San
Lázaro, sitio donde el Ayuntamiento había establecido basureros, de donde salían los tocineros, cargadores,
conductores de carros de limpia y curtidores. MARQUÉZ, La desigualdad, p.172 - 212.
339
COOPER, Cementerios, p. 43-44
340
Lourdes Marquéz dice que el término “parroquia” corresponde a la jurisdicción religiosa que albergaba a
diversos tipos de población, cuyos límites son muy diferentes a los de cuarteles. Por ejemplo la Parroquia
de la Catedral albergaba a los colonos más ricos; la Parroquia de Santa Catarina a trabajadores, mercaderes
y artesanos europeos, la Parroquia de la Veracruz estaba habitada por europeos, mestizos de escasos
recursos y algunos indígenas; la Parroquia de San Pablo era zona de clase media en la que residían
mercaderes y artesanos; las parroquias de San José y Santiago ubicadas en la periferia eran de indígenas.
RODRÍGUEZ ÁLVAREZ, Usos y costumbres, p, 236
175
creencias religiosas de la población. Una vez más se comprueba que al legislar
no necesariamente se cambiarían las costumbres; la gente mantenía vigente las
antiguas prácticas funerarias heredadas del Antiguo Régimen.
Cuando los liberales mexicanos alcanzaron un triunfo pasajero a partir de la
promulgación de la Constitución de 1824, el Estado asumió estas cuestiones,
pero desafortunadamente no ejerció un control de manera directa en los asuntos
relacionados con los cementerios y las defunciones de sus ciudadanos.341 A lo
anterior, cabe agregar que en las primeras tres décadas del siglo diecinueve, la
incipiente nación no solamente tuvo que enfrentar crisis militares, políticas y
financieras, sino también crisis epidémicas; en tal caso, dos de las más
lamentables obedecieron al tifo de 1813 y al cólera de 1833.
Si bien es cierto que ambas epidemias evidenciaron la deficiente organización
de los servicios de salud y las fallas administrativas del gobierno capitalino; se
formularon soluciones para prever la diseminación del mal patógeno o, en su
caso, atender a los enfermos.342 Por ejemplo, en lo que respecta a la epidemia
del cólera morbus,343 en 1833, el Secretario de Justicia y Negocios Eclesiásticos,
Miguel Ramos Arizpe, luego de recibir la noticia de que los curas aún enterraban
cadáveres -especialmente de niños- en algunas iglesias y conventos, mandó una
carta al Cabildo Eclesiástico mediante la cual pedía a los miembros de todas las
congregaciones religiosas prohibieran esas acciones que afectaban a la
población capitalina. La intención de Ramos Arizpe fue, por un lado, “cortar los
abusos” por parte de los párrocos y, por otro, “tomar medidas (…) para librar a la
341
Con la Constitución de 1824, se bautizó a la nación como Estados Unidos Mexicanos y se concretó a la
ciudad de México como su capital. Se estipuló que el poder ejecutivo estaría en manos de un presidente y
un vicepresidente. A partir de entonces la nación se dividió en 19 Estados, 5 territorios y el Distrito Federal.
Se declaró a la religión católica apostólica romana, como religión oficial. GORTARI Y HERNÁNDEZ,
Memoria, Volumen 1,p. 3 - 7.
342
Sobre las medidas implementadas para la propagación del cólera también véase SOLÍS Y LUGO,
“1833”,p.104-111
343
Los síntomas inmediatos del cólera eran “la irritación ocasionada por la presencia y detención de los
gases en los tejidos (…) era pues una grave infección intestinal aguda que se caracterizaba por aparecer
bruscamente, y la gravedad difería de un lugar a otro (…) En casos más leves sólo podía aparecer diarrea,
en otros, podía sobrevenir la muerte unas horas después del comienzo de la enfermedad. Cf. El Astro
Moreliano, Morelia, Michoacán, Tomo II, Número 82, 14 de noviembre de 1831, pp. 327-328.
176
población de tan funestos males” que el cólera estaba causando en otros países,
por ejemplo, en la isla de Cuba.344
La llegada del cólera morbus en 1833 a la ciudad de México generó una
enorme mortandad; los cementerios ubicados en el centro de la ciudad fueron
reutilizados. El escritor mexicano Guillermo Prieto, describió que los cementerios
de “Santiago Tlatelolco, San Lázaro, el Caballete y, otros, rebosaban en
cadáveres (…) en el interior de las casas todo eran fumigaciones, riegos de
vinagre y cloruro (…) las banderolas amarillas, negras y blancas que servían de
aviso de la enfermedad de médicos, sacerdotes y casas de caridad; las boticas
apretadas de gente (…) a gran distancia el chirrido lúgubre de carros que
atravesaban llenos de cadáveres (…) espantosa soledad y silencio como si se
hubiese encomendado su custodia al terror de la muerte”.345 Precisamente, fue
en medio de esta tragedia cuando se designó al antiguo camposanto localizado
junto al convento de Santiago Tlatelolco, el lugar donde serían enterrados todos
los cadáveres de la epidemia. Fungiría como cementerio general, su
administración se entregaría a miembros del Ayuntamiento y, de acuerdo con
Anne Staples, “ningún eclesiástico fue invitado a participar”. El funcionario –civil,
por supuesto- encargado del establecimiento llevaría el control de las
defunciones; por ende, se volvió obligatorio presentar, previo al entierro, una
“boleta del pago del párroco, o una constancia de insolvencia del regidor del
cuartel respectivo”.346 Se tenía contemplado que, después de aumentar las
dimensiones del terreno, el cementerio tendría dos secciones especiales: una
para sacerdotes y otra para la nobleza.
El hecho de que las autoridades locales acondicionaran como cementerio
general los terrenos de Santiago Tlatelolco –ubicados en propiedades del clero
católico- no sólo se entiende como una solución a la falta de espacios para
inhumar o un atenuante al problema de insalubridad que, por principio, el Estado
344
MÁRQUEZ, La desigualdad, p, 329.
345
PRIETO, Memorias, p. 104
346
STAPLES, “La lucha”,p, 7
177
debía enfrentar, sino que además puede concebirse como uno de los primeros
intentos de este órgano para asegurar su hegemonía en los asuntos civiles de
los ciudadanos. En este sentido, se comprende que Gómez Farías –en su
calidad de gobernante del país- como parte de la emisión de sus leyes
reformadoras de abril de 1833 a mayo de 1834, expidió un bando que ordenaba
cerrar todos los cementerios y se estipulaba que los entierros deberían
realizarse fuera de la ciudad.347
Para que el mencionado bando se cumpliera puntualmente, las autoridades
capitalinas emitieron un reglamento que precisaba cómo funcionarían, a la
posterioridad, los cementerios de la ciudad de México y los poblados aledaños. 88
La clase pudiente inmediatamente se mostró en desacuerdo; pretendía que,
mientras se construían nuevos cementerios “fuera de poblado”, se les permitiera
seguir inhumando a sus difuntos en los atrios de los templos. No obstante que la
ley especificaba que solamente se permitirían las inhumaciones en el cementerio
de Santiago Tlatelolco, al iniciar el año de 1834 las autoridades locales
admitieron que, además, se utilizara el cementerio de Nuestra Señora de Los
Ángeles, pero sólo en caso de que no hubiese espacio en el de Tlatelolco. Aquel
cementerio era espacioso y únicamente tenía dos años de haberse fundado. 348
Aún cuando era evidente la demanda de espacios para inhumar la gran
cantidad de muertos producto de la epidemia, Gómez Farías ordenó la
destrucción de algunos cementerios parroquiales, por ejemplo el que se
localizaba en la iglesia de la Santa Veracruz, en Santa Catarina Mártir y en San
Miguel. Mandó cerrar el cementerio del templo de San Pablo y el que se ubicaba
347
Gómez Farías (1781-1858) tuvo el control del gobierno en 1833 y 1846, respectivamente. Entre sus
reformas sociales en contra del Antiguo Régimen estuvieron: volver laica la enseñanza, abolir los fueros
eclesiásticos y militares, procurar la libertad de expresión, suprimir los diezmos, impulsar la industria, abrir
caminos. Los bandos emitidos en su gobierno se han considerado como los antecedentes de leyes
reformadoras de 1856. Cf. GARCÍA, “Prologuemonos”p. 94 á 97
348
Recordemos que desde hacía años el arzobispo Núñez de Haro y el regidor Casasola habían propuesto
este lugar por ser el idóneo para establecer un cementerio general. El médico Fernando Malanco señala en
su texto que este lugar, conocido durante gran parte del siglo diecinueve como Panteón de los Ángeles, fue
fundado a expensas del Dr. D. José María Santiago en 1832. Con el objeto de aumentar el culto a la imagen
de Nuestra Señora de los Ángeles, a cuyo fin destinó el dinero obtenido de las boletas de defunciones.
MALANCO, Estudio Higiénico, p. 57
178
en el convento de la Merced; pues todos, se situaban en el centro de la ciudad,
estaban repletos de cadáveres y, aparte, en el primero se dificultaba “ahondar
las tumbas”.349
La destrucción del cementerio de la iglesia de la Santa Veracruz no se
efectuó, debido a que los sacerdotes de la iglesia argumentaron que, en primer
lugar, se tendrían que trasladar los cadáveres, lo cual sería contraproducente
para salud de la población. Las autoridades no insistieron en la destrucción del
cementerio con la condición que no se enterrara ningún cadáver en ese lugar,
los sepulcros que ya existían ahí deberían cubrirse completamente con tierra y
cada ocho días se debían hacer aspersiones de cal sobre el terreno.350
Para evitar realmente los entierros en los atrios y en el interior de las iglesias
no bastó con imponer medidas radicales; se requería contar con lugares limpios,
ventilados y alejados del centro de la ciudad para sustituir los antiguos
cementerios y, asimismo, buscar mecanismos para convencer a la población de
que el cambio de sus prácticas funerarias favorecería las condiciones sanitarias
de la capital del país. La lucha de las autoridades locales por hacer eficaz la
construcción de un cementerio general y fuera de la ciudad en los albores
decimonónicos, no se resolvió sino hasta 1836; cuando el arzobispo Manuel
Posada y Garduño, administrador del Hospital de San Andrés, de acuerdo con el
Ayuntamiento, determinaron establecer el primer Cementerio General de México
en Santa María la Redonda, uno de los barrios más antiguos de la ciudad –
donde abundaban los jacales habitados por gente humilde, léperos y
vagabundos.351 Se denominó Panteón de Santa Paula; la edificación del recinto
mortuorio empezó en 1837 y se resolvió que los productos obtenidos de las
cuotas por derecho a sepultura se destinarían tanto a la reparación del hospital
349
AHDF, Fondo Ayuntamiento, Sección Policía, Serie salubridad, cementerios y entierros, Volumen 3673,
Expediente 17 y 18, 1833.
350
STAPLES, “La lucha”,p, 17
351
MARQUEZ, La desigualdad, p. 196
179
como para cubrir los gastos causados por los enfermos que se alojaban en el
Hospital de San Andrés.352
3.5 Reflexiones
En la historia del tránsito del camposanto al cementerio, puedo decir que
ésta ha sido marcada por la idea de la muerte, sobre todo en las percepciones
del alma, en este sentido esto se ha materializado en los rituales funerarios,
como un rito de paso. En México el acto de morir desde una mirada cultural se
vio influida por los pensamientos prehispánicos y la herencia del medioevo
español, los rituales funerarios se fueron adaptando según las manifestaciones
de religiosidad y también de acuerdo al estrato social.
Con el trasladó del lugar sagrado de enterramiento a un lugar profano como
se pensaban los cementerios civiles, los rituales funerarios se hicieron más
civiles, se manifestó una comercialización de la muerte. Surgió además la figura
del agente funerario, que ofertaba sus servicios, con cobertura de trámites,
siguiendo las pautas de higiene y sociabilidad.
El muerto ha sido el eje central de muchos de los miedos del hombre, con el
paso de camposanto a cementerio el temor que se tenía por la trascendencia del
alma, se trasladó al cadáver como agente de contagio y a las epidemias, el
cadáver pasaba de sagrado a profano, y esto se manifestó directamente en el
ritual. Sin embargo es importante señalar que en lo espiritual, pese a que
muchas de las prácticas se habían vuelto seculares, el ritual y la creencia en el
cielo, el purgatorio y el infierno eran tan latente como en la época colonial. Otro
de los grandes temores de sociedad del siglo XIX fue morir sin auxilio.
Considero que tanto el ritual, el miedo, y el cementerio se mueven dentro
de los límites de lo permitido y lo prohibido, dentro de lo popular, pues se
352
El cementerio al principio tuvo 270 varas (226 metros) de largo por 141 varas (118 metros) de ancho,
superficie que después aumentó.Tenía una capilla dedicada al Salvador con 35 sepulturas para familias
pudientes. Había dos habitaciones para los sepultureros. Un periódico de 1902 indicaba que los entierros se
efectuaban en la noche, de manera que la capilla del cementerio tenía una campana que avisaba al cura de
Santa María, la llegada del carro que transportaba los cadáveres del hospital. El Popular, México, 3 de
noviembre de 1902, Año VI, Número 2101p.1
180
mantiene en cierto sector social la creencia en las aparecidos, y en el cementerio
como un lugar lúgubre, es lugar de manifestaciones religiosas que escapan a
toda institucionalidad.
En la historia del paso de camposanto a cementerio el discurso higienista
fue trascendental, modificó no sólo estructuras físicas también mentales, el
higienismo se basó en modelos de comportamiento que incluyeron por un lado el
mejoramiento corporal así como la modificación de las costumbres.
En ese sentido y si lo vemos desde una doble lectura, el discurso
higienista difundido durante el siglo XVIII y siglo XIX, busco adueñarse del
cuerpo del otro, generó nuevas miradas que se filtraron en aspectos del ámbito
público y privado, la intimidad y sus prácticas fueron generando mayores
observaciones. En este punto y valorando los matices puedo considero antes y
un después, el discurso se enfocó en la creación de ciudades bellas e
higiénicas, “la ciudad moderna” resultado de la nueva ideología ilustrada, de los
procesos modernizadores y de secularización, donde se puede observar
claramente el concepto utilizado por el geógrafo David Harvey, la destrucción
creativa.
La ciudad mostró juegos de espacios en donde aparecían dos dicotomías
persistentes, lo luminoso, como los grandes bulevares, las alamedas, los
hospitales-jardín, los grandes almacenes y nuevas arquitecturas que encajaban
dentro de los preceptos de la modernidad, y lo por el otro lado lo oscuro, lo
barrios pobres, los tugurios y la suciedad de la ciudad, incluyendo en ella a los
espacios de los muertos.
El discurso higiénico pretendió realizar cambios importantes en la
cartografía de la muerte. El acto de morir y el lugar del destino del cuerpo son
eminentemente culturales y sociales, y para el periodo de estudio también
espirituales, por lo que la transformación fuese sólo en el ámbito espacial
implicaba cambios mucho más profundos. Por tal motivo los médicos tuvieron
que realizar grandes esfuerzos para crear conciencia del problema de la
insalubridad que se generaba por la descomposición y el hacinamiento de los
cuerpos en los camposantos.
181
Los difuntos y los espacios de descanso se observaron a partir de una
nueva visión ilustrada que los colocaba en un periodo de transición, en el que se
destacaron de tres agentes históricos: los médicos higienistas, la población y la
Iglesia.
La importancia que adquirieron las ideas ilustradas en torno a la higiene y
a la pureza del ambiente desarrolladas a finales del siglo dieciocho y principios
del diecinueve en Europa, coexistieron con los esfuerzos de las autoridades
civiles y eclesiásticas de la capital mexicana para hacer efectivos los
ordenamientos de 1787, 1797, 1813, 1819 en materia de cementerios y
defunciones. Están los casos del arzobispo Núñez de Haro, que abogó
abiertamente porque las iglesias dejaran de funcionar como cementerios y, por
ende, propuso que éstos se localizaran en sitios adecuados, o bien, la labor que
el regidor Casasola realizó para persuadir al Ayuntamiento de que la
construcción de un cementerio general, ventilado y fuera de los límites urbanos,
era una medida eficaz para mejorar las condiciones sanitarias de los
cementerios de la ciudad.
Aún cuando hubo intentos por parte de las autoridades capitalinas de
evitar que los argumentos médicos e higienistas, contravinieran demasiado la
arraigada costumbre de inhumar en las iglesias, la empresa para lograr la
aceptación social no fue fácil, al menos en gran parte del siglo diecinueve. Sobre
todo porque los adeptos al catolicismo estuvieron renuentes a cumplir las leyes
en materia funeraria.
La intervención conjunta que ambas autoridades demostraron durante las
primeras décadas del siglo diecinueve en la emisión de medidas orientadas a
proteger a la población de las amenazas de males patógenos causados por los
cadáveres enterrados en los recintos religiosos influyó, de manera enorme, en la
creación y sustitución de cementerios después de 1830, aunque no
necesariamente indica que hayan sido planeados.
La demanda de sepulturas durante la epidemia de cólera morbus obligó a
ciertos párrocos a reutilizar sus antiguos cementerios. La emisión del bando de
1833 ordenó la destrucción y el cierre de los cementerios parroquiales y la
182
habilitación del antiguo cementerio de Santiago Tlatelolco bajo la administración
de las autoridades políticas. Estas dos disposiciones obraron como
condicionantes básicos para que las estrechas relaciones entre los miembros de
la Iglesia y los funcionarios del Ayuntamiento con respecto a las resoluciones de
los problemas sanitarios en materia de cementerios, comenzaran a definir la
preponderancia que el Estado iba adquiriendo en asuntos que competían
exclusivamente a la Iglesia. En este caso, se vislumbra claramente una
población renuente a cambiar sus antiguas prácticas funerarias y un bajo clero
que se negaba a disminuir su supremacía política y económica en materia
funeraria frente al Estado. Si los problemas sanitarios ocasionados por los
cementerios de la capital no cambiaron durante las tres primeras décadas del
siglo diecinueve fue debido, precisamente, a la inestabilidad de los gobiernos,
las constantes guerras internas y externas, los problemas económicos, y la
ineficacia de las medidas preventivas contra la diseminación de males
patógenos. Independientemente de la política de higiene implementada por las
autoridades de la ciudad de México y la ausencia de una legislación formal en
materia de cementerios y defunciones, no cabe duda de que la presencia de la
figura eclesiástica fue trascendental.
En ese sentido, la influencia de dicha figura fue decisiva para legitimar o
no los ordenamientos de carácter civil. De ahí que haya autores, como
Villalpando, que reconozcan que en un período de tanta inestabilidad política,
“en una época en que los gobiernos no podían sostenerse (…) no podían
dedicarse a la administración pública”, no pudo haber sido tan desfavorable para
los ciudadanos, ni para el Estado, el que los miembros de la Iglesia estuvieran al
frente de la administración y cuidado de los cementerios.
La instauración del primer cementerio general de Santa Paula, en 1836,
en propiedades y bajo la administración de la Iglesia, puso en relieve a un
Estado que supo aprovechar, cautelosamente, la crisis epidémica para ganar
terreno en la regulación de los asuntos mortuorios y los cementerios públicos;
obviamente sin dejar todavía de reconocer la hegemonía espiritual y económica
de la Iglesia sobre esos asuntos, hegemonía que fue fuertemente disputada el
183
liberalismo a partir de la década de los cuarentas hasta los años sesentas con la
aplicación de las leyes de secularización
184
CAPITULO 4. MORIR EN UN
CEMENTERIO PRIVADO
4.1 Cementerios de extranjeros en México siglo XIX,
primeras aproximaciones.
“Mientras retrocedía, mantenía aún levantada la cortina,
absorbiendo el espectáculo de la muerte,
tan irresistiblemente atractivo mientras la muerte no es descomposición,
sino, sólo inmovilidad, mientras sigue siendo misterio y no es aún repugnancia”
Alejandro Dumas. El Conde de Montecristo.
185
El siguiente capítulo tiene como propósito por un lado hacer un bosquejo
general de los cementerios de las colonias de extranjeros que se establecieron
en México en el siglo XIX, y en un segundo momento el interés se centra en los
cementerios establecidos por lo colonia británica.
Dentro de los intereses que esta investigación se ha planteado como
necesarios, se encuentra el estudio del espacio del cementerio, a partir de
distintos enfoques metodológicos propuestos por la Historia Cultural y la
Geografía Cultural. Los teóricos de esta disciplina han planteado la lectura del
espacio a partir de varios conceptos teóricos fundamentales, uno de ellos es su
forma substancialista. Desde esta perspectiva es necesaria una observación de
la naturaleza misma del espacio, lo cual definiremos como el “espíritu del lugar”;
según Michel Marié se refiere a: “Genius loci, al espacio que requiere la
magnitud del tiempo, de las repeticiones silenciosas, de la maduración lenta del
trabajo, del imaginario social, en las normas para que el espacio se convierta en
lugar, para que llegue a ser algo coherente y significativo para nosotros.”353 Es
en este concepto donde se podrían situar diferentes niveles de interpretación,
como la proximidad, la apropiación, así como la forma de vivir, percibir y
representar al espacio.354
Otro de los planteamientos teóricos en torno al espacio que se pretende
rescatar es el propuesto por Deleuze, concepto de cartografías de intensidad
que refiere al movimiento e inercia de la ciudad, a la creación de paisajes
imaginarios que se confrontan con los objetos reales. Estos mapas de intensidad
siempre constituyen un tejido afectivo, espacios que llevan plasmado de manera
visible el devenir.355
Pero, ¿qué tiene que ver la Geografía Cultural con los cementerios?, ¿qué
planteamientos metodológicos pueden ser aplicados? Considero inicialmente,
retomar desde la perspectiva metodológica a los cementerios como paisajes
353
DE ITA, “Mike Crang: El espacio”, p. 180.
354
S. OAKES and L. PRICE, The Cultural Geography, p. 151.
355
DELEUZE, “Lo que dicen los niños”,p.89-97.
186
culturales de amplias significaciones y representaciones sociales, con
estructuras específicas que se transforman de una manera lenta, en la larga
duración. Tomando en cuenta que en la historia de los cementerios han surgido
coyunturas importantes que han determinado que el espacio cambie más
rápidamente, en donde se pueden apreciar las resistencias y las permanencias,
el recuerdo y el olvido.
Estas propuestas metodológicas revalorizan otro tipo de fuentes no oficiales
como las misceláneas, la literatura de viajes, la pintura, las artesanías, música, y
otras manifestaciones culturales que permitan ver al cementerio como parte de
un todo, reflexionando sobre aquellas manifestaciones sociales que nos llevan a
tocar su pensamiento sobre la muerte. Poniendo especial interés en los cambios
naturales de la cultura, así como en aquellos que son manipulados con un fin en
específico. La intención de observar al cementerio desde esta perspectiva, es
una preocupación más remirar el paisaje cultural que rodea este espacio.
Sin más preámbulos me gustaría comenzar con el análisis planteando una
interrogante ¿Un cementerio de extranjeros es profano o sagrado? Sin duda, es
una respuesta controversial que es importante tener en cuenta en una discusión
sobre cementerios.
La llegada de extranjeros a territorio americano desde tiempos coloniales tuvo
dos percepciones ambivalentes: se consideró según el contexto como benéfica
o perjudicial. El componente extranjero profesaba a menudo una religión distinta
a la católica como lo fueron los protestantes, que eran tachados de herejes y en
muchas ocasiones se les negó sepultura en un lugar sagrado. Sin embargo, la
misma suerte tenía un católico suizo, belga o alemán que en ocasiones eran
confundidos en su totalidad con protestantes. En este sentido los cementerios
de extranjeros se crearon bajo esta dicotomía de profanación y sacralidad, pues
lo que para unos era legítimamente sagrado, para otros simplemente no lo era.
Y en torno a estas percepciones religiosas giró la creación de panteones de
extranjeros en el territorio latinoamericano.
187
El cuerpo historiográfico que gira alrededor de los cementerios de
extranjeros ha analizado el tema a partir de dos vertientes distintas, por un lado
existen estudios generales sobre los cementerios, y en los que se aborda de
manera aislada los lugares de enterramientos para extranjeros. Por el otro,
podemos encontrar trabajos en donde el interés es el estudio de la llegada de la
comunidad de extranjeros de distintas nacionalidades como: ingleses,
franceses, españoles, rusos, holandeses, italianos, suecos, belgas y alemanes;
investigándose como dos entes aislados ignorándose su influencia en la
creación de los cementerios civiles decimonónicos a lo largo del territorio
latinoamericano.
Dentro de los siguientes párrafos se pretende construir un esbozo del
panorama general de los panteones de extranjeros en América Latina, para
después elaborar una aproximación a la historia de estos espacios en el México
decimonónico.
El siglo XIX constituyó un parteaguas en muchas prácticas culturales, una de
ellas fue la concepción de la muerte y el destino del cuerpo. Los nuevos
discursos que se generaron en la ciencia en torno al cuerpo, modificaron las
prácticas médicas para el tratamientos de los difuntos, con trasformaciones qua
abarcaron el lugar de destino y los rituales funerarios
El cambio se observó en la prohibición de los funerales públicos, y las
velaciones fueron reducidas a menos días. El muerto fue visto como una
amenaza ante los temores que el discurso higiénico propagó, una fuente de
contagio y un vehículo propagador de las epidemias. Esto se entretejió con la
preocupación por alargar la vida de las personas, de manera que los
planteamientos por parte de los higienistas eran trasladar a los cementerios lejos
de los vivos.
La salida de los muertos del corazón de la ciudad respondió a los intentos de
secularización y a los discursos higienistas. Las condiciones de los camposantos
eran en muchos casos deplorables sobre todo por el hacinamiento de
188
cadáveres. Los cementerios de extranjeros sobre todo en los inicios del siglo XIX
se sitúan dentro de este aspecto higiénico, se construyeron según los
requerimientos reglamentarios de sanidad. También respondieron a un conflicto
religioso y diplomático que se plasmó en los tratados de amistad generados en
el contexto de las migraciones del siglo XIX.
El componente extranjero llegó a territorio americano desde la época de los
imperios coloniales, sin embargo, fue en el siglo XIX cuando se presentó un
despunte en los viajes con destino americano. Esto respondió a varios motivos,
por un lado las crisis políticas y económicas que estaban viviendo varios países
europeos como España, Italia y Rusia, por el otro, muchos de los países
latinoamericanos recién se habían convertido en estados nacionales,
enfrentándose a nuevas realidades y posibilidades. Pretendieron implementar
prácticas políticas que incentivaran el desarrollo económico y cultural, generando
una apertura económica con otras naciones, con la consigna de que pudiesen
estimular y reactivar las actividades productivas. Es necesario tener en
consideración que países como Francia e Inglaterra, voltearon a verse con
nuevos ojos, eran la punta de lanza en el pensamiento liberal y cosmopolita que
muchos de estos nacientes estados independientes pretendieron adoptar como
propios.
En el ámbito político se tomaron una serie de disposiciones jurídicas para
reglamentar el ingreso en los países receptores, además de la creación de
oficinas gubernamentales y agencias en Europa para atraer a los inmigrantes.
Se propició un mayor desarrollo tecnológico en el ámbito marítimo y ferroviario
que fue de gran importancia pues acortó las distancias y disminuyeron los costos
del viaje.
El siglo XIX latinoamericano abrió las puertas a nuevas posibilidades de
intercambio político, económico y cultural, en muchos casos se privilegiaron las
ideas extranjeras, como aquellas que serían el vehículo de la modernidad y el
desarrollo económico, aspectos necesarios para la consolidación de los estados
189
nacionales. Los nuevos gobiernos pensaron que el componente extranjero era
trabajador, civilizado y que contribuiría en gran medida a lograr un mayor
desarrollo económico, cultural e intelectual, ideas que en algunos casos
permanecieron intactas y que en muchos otros comenzaron a distorsionarse y a
convertirse en amenazas latentes. Aunado a esto hemos de recordar que
durante el siglo XIX, en América Latina se planteó el anhelo por blanquear a la
raza, por lo que la inmigración no respondía solamente a una necesidad de
poblamiento en las regiones de pocos habitantes, se pensó que gracias a estas
inmigraciones se “mejoraría el componente racial”.
Así llegaron a tierras latinoamericanas italianos, españoles, alemanes,
franceses, norteamericanos, holandeses y belgas; algunas de las fuentes
señalan que los mejor recibidos fueron los ingleses. Sin embargo, considero que
esta idea debe centrarse en una temporalidad y en un contexto muy específico.
En países como Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, la intolerancia religiosa se
dio en menor grado que en países como Perú, Colombia o México, ya que en
estos últimos podemos observar la existencia de un parteaguas en la manera de
percibir a los extranjeros sobre todo para las últimas décadas del siglo XIX, las
percepciones y la buena aceptación respondió a la existencia de mayor
población indígena.
Estos inmigrantes extranjeros poco a poco se fueron integrando a la economía
y a la sociedad del país receptor, sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX,
contribuyeron a las necesidades e innovaciones, al desarrollo de grandes casas
comerciales, a la creación de bancos y centros departamentales.
La llegada de profesionistas incidió fuertemente en la modernización de las
ciudades, no sólo por ser difusores de ideas, sino porque muchas veces fueron
ellos los generadores de construcciones innovadoras sobre todo en lo
concerniente a la arquitectura comercial y habitacional. Los artesanos
especializados también tuvieron una fuerte presencia, así encontramos
190
carpinteros, ebanistas, pintores, talladores de piedra, cerrajeros, albañiles,
herreros, hojalateros; su presencia contribuyó a la introducción de nuevas
prácticas sobre todo en la producción de productos europeos, y de lujo.356
La influencia no se limitó a los aspectos materiales o económicos, pues este
grupo sobre todo el francés influyó en aspectos de la vida cotidiana como lo fue
el vestido, y en las nuevas formas de esparcimiento como lo fueron las
cafeterías.
Hasta aquí la historia se ha escrito, y la bibliografía es vasta, pero ¿qué pasa
con la influencia que tuvieron en la creación de cementerios tanto civiles como
particulares? ¿qué adversidades tuvieron que pasar las comunidades de
extranjeros?
A principios del siglo XIX, la creación de cementerios civiles se encontraba en
el ámbito de la discusión, siendo los camposantos los únicos espacios que
cumplían con la función de recibir y dar una sepultura a los difuntos. Resultaba
casi imposible pensar que en ellos fuese a ser enterrado algún hereje o
protestante, parece entonces que el cuerpo sin vida de un extranjero corría igual
o peor destino que el cuerpo de algún “pobre”.
El pobre iría a dar a la fosa común, el excomulgado, como se consideraba a
los extranjeros que no profesaban la religión católica, iban a dar a lugares
lejanos que no estaban en el corazón de la ciudad, se localizaron sobre todo en
la periferia de las ciudad, en alguna montaña, playa, río o mar, considerados sin
Dios ni gloria, otras veces enterrados al interior de sus hogares. Esto sin duda
con el paso del tiempo creó entre los extranjeros sentimientos encontrados pues
se enfrentaban a diferencias religiosas y a la poca tolerancia hacia sus creencias
y cultos.
356
RIVIALE, Una historia de la presencia francesa.
191
El problema consistió en que los espacios de la muerte estaban cerrados para
otro tipo de culto religioso que no fuera el católico; situación que no consistió
sólo en complicación de ideologías.
Un ejemplo claro fue lo que sucedió en el puerto de Valparaíso, lugar
privilegiado para los comerciantes ingleses, muchos de ellos protestantes. A los
pocos años de haber llegado, las muertes comenzaron a hacerse presentes,
acto que era doloroso por la pérdida de algún miembro de la comunidad, y
también porque el dar sepultura al
cuerpo era un verdadero conflicto:
Se suscitaban las mayores
dificultades para darles sepultura:
unos fueron enterrados en un cerro
vecino a la ciudad, otros habían
sido lanzados al mar en la bahía, y
arrojados en seguida a la playa por
las olas, provocando un
espectáculo doloroso y macabro.
En Santiago la situación era aún
más deplorable, y se supone que a
la muerte de un dependiente de
casa británica, hubo necesidad de
sepultarlo abriendo un nicho en su
casa habitación.357
Ante la falta de un cementerio propio una práctica común fue arrojar los
cadáveres al mar o enterrarlos en las bahías. La viajera inglesa María Graham
que llegó a Chile en las primeras décadas del siglo XIX, dejó sus impresiones
sobre la intolerancia religiosa y sobre este tipo de prácticas funerarias a la que
los ingleses fueron obligados:
prefería ser conducido al mar y ser sepultado allí en las aguas, muchos casos
ocurrieron de herejes sepultados en la playa, que los fanáticos del pueblo
exhumaron después, dejando expuestos los restos á las aves y animales de
rapiña.358
357
DONOSO, Las ideas políticas en Chile, p. 62
358
GRAHAM, María Diario de su residencia en Chile (1822) y de su viaje a Brasil (1823), Madrid,
Editorial América, p.188.
192
La intolerancia de cultos llevó a que la Ilustración 1.Cementerio Disidente de Valparaíso
práctica de arrojar a los cadáveres al mar
fuera común y que los ingleses se lamentaran constantemente ante esta
situación.
Ante tales prácticas se obligó a los cementerios católicos a vender una parte de
sus tierras para que en ellos pudieran ser sepultados los extranjeros según sus
creencias y rituales. Sin embargo, fue hasta el año de 1855 que por mandato
legal se decidió establecer el Cementerio de disidentes.359
Con la apertura de los países latinoamericanos a la oferta migratoria se hizo
necesario adecuar espacios para albergar a los difuntos, sobre todo a los
protestantes o aquellos que profesaran otra religión; esto no fue una cuestión de
estado, fueron los extranjeros que ante las dificultades y el dolor fueron creando
estos nuevos espacios. La creación del Cementerio de disidentes en el puerto de
Valparaíso se inserta en este contexto, se creó gracias a las firmas de tratados
bilaterales entre Chile e Inglaterra, entre ellos el Tratado Chileno- Británico
1853360, en el que se establecieron, entre otras cosas, el derecho de efectuar los
ritos que prescribía su propia religión y un lugar destinado para enterrar a sus
muertos.
Argentina al igual que otros países latinoamericanos, como Ecuador, Perú,
Brasil, Uruguay y Venezuela, vivió procesos similares con respecto de la
introducción de cementerios civiles, y la creación de cementerios privados
destinados a la población extranjera.
En Argentina la existencia de cementerios civiles fue más temprana, pues se
comenzaron a crear en 1822; pese a la existencia de estos espacios, los
ingleses y otros extranjeros avecinados en Argentina manifestaron su
359
VICUÑA, “La libertad de los sepulcros”, El estandarte católico, 1877, p.37.
360
LEÓN, Sepultura sagrada, tumba profana,p. 41.
193
inconformidad sobre la poca tolerancia religiosa que sufrían los protestantes,
solicitando en más de una ocasión que les fuera permitido construir una iglesia y
un cementerio en el que pudieran realizar de manera libre los rituales que
reclamaban su religión.
El cementerio protestante del Socorro fue el primero que fue realizado por la
comunidad inglesa. En diciembre de 1820 se convocó a una asamblea de
súbditos de su majestad británica en Buenos Aires con el fin de decidir sobre la
compra de un predio para la fundación del cementerio. Para 1827 ya habían
recaudado $1604, se formó una comisión por George Dickson, John Carlisle,
Hugh Dallas, Adam Guy, Thomas Nelson, William McCrackan y William
Cartwright, que se encargó de pedir al gobierno argentino la autorización del
predio. En 1821 se aprobó la compra del terreno ubicado sobre lo que es hoy
calle Juncal entre Esmeralda y Suipacha, a un costado de la Iglesia del
Socorro.361
Es muy importante mencionar que a diferencia de otros cementerios de
extranjeros, el inglés de Buenos Aires contó con el apoyo de los representantes
de la iglesia católica, que consideraban poco civilizados los brotes de
efervescencia religiosa.
Los extranjeros que llegaron a Ecuador también padecieron manifestaciones
de intolerancia religiosa, un ejemplo claro se presentó a la muerte de Sr. Edward
St. John Neal, encargado de negocios de Gran Bretaña. A su muerte después
de la velación procedieron a realizar el ritual funerario de pasear el cuerpo por la
calles aledañas a su hogar para llevarlo a enterrar al camposanto, en ese
trayecto fue detenido el cortejo fúnebre por algunos funcionarios eclesiásticos
que se opusieron a que el súbdito inglés fuera sepultado en el cementerio de la
ciudad, por el hecho de ser protestante. Hasta 1909 el cementerio tenía la
denominación de católico, de ahí que la iglesia decidía quién podía o no
361
CARBALLO, C. BATALLA, R. LOREA, N. “Ciudad, segregación y cementerios”.Scripta Nova, 1 de
agosto de 2006, p.7.
194
enterrarse ahí. Ante tales circunstancias se destinó un espacio para la creación
un cementerio donde los ingleses tuvieran donde enterrar a sus muertos.362 Sin
embargo, es muy necesario señalar que no todos los extranjeros corrieron con la
misma suerte.
Los franceses y españoles que profesaron la religión católica contaron con
una suerte diferente ya que la mayoría de las veces fueron bien acogidos. Esto
no impidió para que decidieran crear sus propios panteones que les ayudaba a
crear un vínculo al interior de la comunidad, un lugar en donde recreaban los
panteones europeos, en el anhelo del retorno.
Los cementerios de extranjeros en México se insertan dentro de este
panorama latinoamericano, pues pasaron por procesos similares para su
conformación. Atravesando por dos momentos importantes a lo largo del siglo
XIX, el primero lo puedo ubicar a finales del siglo XVIII hasta unos años
después de las leyes de desamortización y nacionalización de bienes
eclesiásticos, y el segundo, alrededor de la década de los 70´s, del ochocientos
hasta 1920 aproximadamente.
Esta división algo arbitraria nos permite observar dos momentos diferentes
tanto para los cementerios como para la comunidad extranjera. En el primero,
está presente la impotencia y rechazo de la sociedad, la falta de lugares donde
profesar los cultos y así como las muestras de intolerancia; en el segundo
existen por un lado comunidades extranjeras organizadas sobre todo en
beneficencias que generaron espacios importantes como: hospitales, escuelas,
templos y en este caso cementerios. La visión del otro está cambiando, pasa de
ser un hereje luterano a alguien civilizado digno de imitación.
Después de la guerra de independencia de 1810 y con la creación de México
como nación independiente, la llegada de extranjeros al país comenzó a
incentivarse. El gobierno mexicano pensó que el país necesitaba un mayor
362
PORTILLA, Ángela “El cementerio de extranjeros, sigue cerrado a los visitantes”, El telégrafo,
en:http://www.eltelegrafo.com.ec.
195
desarrollo tanto en el ámbito político como económico, por lo que la llegada de
capital y nuevas ideas era necesaria. Se buscó atraer al componente extranjero
de costumbres culturales similares, sobre todo en la cuestión religiosa; sin
embargo esto en la práctica no siempre fue posible. Desde las primeras décadas
del siglo XIX comenzaron a arribar británicos, holandeses, alemanes y
norteamericanos, y al igual que en los otros países latinoamericanos el momento
de morir se presentó como una cadena de dificultades.
Los camposantos en México eran exclusivamente católicos al igual que su
población, ser protestante correspondía a ser un hereje o un luterano, un peligro
para la sociedad, por lo tanto estaba negado cualquier espacio en donde el culto
se efectuara así como dar sepultura a sus muertos.
Un ejemplo claro de ello fue el caso de un suizo que murió en Texcoco, el
cura se presentó ante la Secretaría Arzobispal para presentar el caso. Según el
discurso, el señor no era de creencias religiosas y a su fallecimiento el cura se
quedó esperando a que la familia hiciera lo debido y lo convocaran para
administrarles los sacramentos de la comunión. Pero esto no sucedió, el llamado
fue en otro sentido, la familia del difunto pidió que fuera enterrado en el
cementerio según el rito católico, el cura se negó manifestando que no podía
enterrar al señor porque poseía bienes de la iglesia, que adquirió cuando se
nacionalizaron, y que estaba prohibido enterrar a quien había cometido ese
“delito”. Finalmente la autoridad de Texcoco amenazó al padre exigiendo que
hiciera la ceremonia funeraria y diera sepultura al cuerpo. 363
Existió cierta resistencia en el pensamiento de la sociedad decimonónica y
temor a ser atentados en sus creencias, en este caso el suizo parece haber sido
católico, y señalado como hereje. En la ciudad de Puebla, un viajero inglés fue
recibido con gritos de “judío, hereje”, idea que se tenía de todos los extranjeros y
que era alimentada en muchas ocasiones por los miembros de la Iglesia católica.
363
GÓMEZ “Catolicismo y protestantismo”, en Coloquio Internacional Historia, protestantismo e
identidad en las Américas.
196
Así muchos casos más en que los extranjeros recibieron manifestaciones de
intolerancia.
Esto en la cotidianidad mexicana del ochocientos era una realidad, los
espacios de la muerte estaban cerrados para otro tipo de culto religioso que no
fuera el católico. Lo anterior no consistió sólo en una discrepancia de ideologías,
también era un asunto legal, pues la Constitución del 4 de octubre de 1824 en su
artículo tercero, estableció en México la religión oficial fue el catolicismo y se
excluyó a los no católicos de la vida nacional.364
En este contexto existieron ciertas contradicciones, se pugnó por fomentar
una colonización de extranjeros numerosa que aportara al país beneficios
económicos y ayudaran a poblar los territorios del norte, para evitar posibles
invasiones. Por más que se trató de que el componente migratorio profesara la
religión del país, esto en la práctica se dio de distinta manera. Y con el
transcurrir del tiempo no sólo era un asunto religioso, también empezaron a ser
afectados aspectos de la vida cotidiana, como los asuntos correspondientes a la
muerte de estos extranjeros avecinados en el país pertenecientes a otras
religiones.
Los cementerios privados pertenecientes a la comunidad de extranjeros en
México se crearon en distintos momentos del siglo XIX, el primero en crearse fue
el cementerio inglés de la ciudad de México, que será tratado en los apartados
consecuentes, al igual que los cementerios para franceses y españoles.
Los cementerios norteamericanos fueron más tardíos, el 5 de abril de 1831
el gobierno mexicano firmó un tratado de amistad con Estados Unidos y en el
artículo 5º se pedía que se asegurara el derecho a un terreno con el objeto de
sepultar a los ciudadanos norteamericanos que falleciesen en la capital. Hasta
1851 se dio cumplimiento a ese acuerdo gracias al encargado de negocios de
los Estados Unidos de América, Buckingham Smith. Ante las solicitudes se le
364
ALANÍS, “Los extranjeros en México”, p, 544.
197
indicó ponerse de acuerdo con el gobierno del Distrito Federal para determinar el
lugar para el cementerio, el cual para su construcción necesitaba alinearse a las
medidas de policía e higiene.365 La creación del cementerio fue gracias a la
American Benevolent Society realizado en años posteriores a la creación de la
misma. 366
La Sociedad Americana de
Beneficencia se creó el 22 de febrero
de 1868, su principal objetivo era
brindar una asistencia temporal a los
ciudadanos norteamericanos que
residieran en la ciudad de México y se
encontraran en estado de
vulnerabilidad. Al igual que las otras
comunidades extranjeras dentro de los objetivos principales se encontraba la
creación de un hospital y un cementerio, así como brindar apoyo a los
desempleados.367
Con la guerra de 1846-48 entre México y Estados Unidos, el número de
muertos norteamericanos aumentó. Sus prácticas funerarias llamaron la atención
de la opinión pública mexicana, enterraban a sus muertos: “en la Alameda, en
los atrios de templos, en el paseo, en el campo del Ejido, en San Lázaro y en
los potreros.”368
La ceremonia fúnebre según la investigación realizada por Macrina
Rabadán consistía en el traslado del cuerpo acompañado por algunos músicos
que tocaban:“una marcha desentonada y desabrida, que más que tenía de
fúnebre por desbarajuste que por su ritmo”, seguidos por el pelotón de soldados,
Ilustración 2. . Tumbas de norteamericanos guerra de 1847.
365
RABADÁN, Propios y extraños, p. 100. Fototeca Nacional. Núm. 972
366
MARTÍNEZ, El arte funerario, p.77
367
DÍAZ “Británicos y estadounidenses”, p.367
368
RABADÁN, Propios y extraños, p. 231
198
el caballo del difunto y otros militares desarmados. Cuando la ceremonia era sin
sacerdote, un oficial leía o rezaba una oración para después echar “una palada
de tierra en la fosa” y lo mismo hacía el resto de los asistentes. Antes de
retirarse se hacían tres descargas seguidas, “los cadáveres de los que en vida
no habían pertenecido a religión alguna eran enterrados sin ceremonia” 369.
El cementerio norteamericano pese a que contaba con una concesión para su
creación firmada en 1831 pasó por un proceso de creación largo, existieron dos
espacios destinados para cementerio, el primero se construyó entre 1831- 40, y
fue ubicado en la esquina de Tacuba y la Calzada Verónica. El cementerio
estaba continuo al inglés en su génesis el terreno fue donado para albergar a la
comunidad británica y a los protestantes. Se destinó sobre todo para dar
sepultura a los soldados norteamericanos que llegaron con la guerra del 46, este
primer cementerio contaba una pequeña construcción a modo de vestíbulo frente
a la calzada Verónica, estaba divido por medio de una gran calle que iba de sur
a poniente, de modo que se dividía al predio en varias secciones.370
Dentro de la historia del cementerio norteamericano se presentaron varios
contratiempos, uno de ellos fue el ocurrido en el año 1870, cuando el
representante del consulado de los Estados Unidos de América, Julius A.,
escribió a la oficina de rentas municipales un documento en el que señalaba que
el terreno en donde se encontraba ubicado el Cementerio Americano era
propiedad del Gobierno de Estados Unidos de América, según el acuerdo del
artículo XV del tratado entre México y su país, firmado el 5 de Abril de 1831.
Esta reclamación se dio en un contexto particular pues al parecer el cónsul
pretendió declarar el cementerio como territorio norteamericano, con lo que el
espacio sería ampliamente beneficiado pues los pagos de concesiones de agua
entre otros ya no tendrían que pagarse al gobierno del ciudad de México.
369
RABADÁN, Propios y extraños, p. 231
370
PÉREZ, “ La huella”, p.410
199
La petición del señor Julius fue un tanto peligrosa porque se ponían en juego
las relaciones diplomáticas de ambos países, así lo entendió el encargado de las
oficinas de rentas y transfirió el documento al ministro diplomático. La respuesta
ante el argumento del cónsul fue la siguiente:
Habiendo visto el citado artículo XV del referido tratado no encuentra en
él ni una sola palabra que exprese que el gobierno de Estados Unidos
de América pueda tener propiedad territorial en la Republica Mexicana.
Pues aquel se refiere únicamente á la protección que México debe a la
propiedad de los C.C americanos, al ejercicio de sus religiones y á los
lugares en que deben enterrarse los cadáveres de los que fallecieron,
estableciendo la reciprocidad que los C.C mexicanos deben de gozar
en los E.U de América. Como el que suscribe tampoco encuentra
ningún principio de derecho internacional, por el cual pueda una nación
tener propiedades territoriales en los dominios de otra.371
En las fuentes pareciera que la petición termina aquí y que no se tuvieron
mayores repercusiones. Es importante rescatar la mención que se hace al
derecho que los mexicanos gozaban como parte de la firma del tratado de 1831,
en la garantía que se hace a México en la concesión de un terreno destinado a
cementerio en el que podrían dar sepultura según sus ritos funerarios.
En 1907 la Sociedad de Beneficencia Americana firmó un nuevo convenio
con la dirección de obras públicas de la ciudad de México, el cementerio se
localizaría después del pueblo de Tacuba al poniente de la ciudad, el terreno se
encontraba rodeado por las colonias: Santa María, San Rafael, Tlaxpana y Santo
Tomás, bajo el nombre de Panteón Nacional Americano. Para 1910 él contaba
ya con 817 sepulturas.372 Es importante mencionar que durante las primeras
décadas del siglo XX algunos norteamericanos desearon que sus muertos
regresaran a su tierra natal, por lo que solicitaban el permiso a la Dirección
General de obras públicas. Para que esto fuera concedido era necesario seguir
ciertos lineamientos:
371
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 3454, exp. 45, s.f
372
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito Federal, Sección, Panteones, vol. 3466.
200
1. La exhumación debería realizar en presencia de médico
cirujano calificado.
2. Bajo ninguna circunstancia era permitido abrir el ataúd.
3. Además debía cumplirse al pie de la letra el reglamento para
el traslado de cadáveres humanos por los ferrocarriles de la
república del 10 de Marzo de 1887.373
Los trabajos de la exhumación por lo general corrieron a cargo de la American
Undertaking Co, compañía americana de inhumaciones que tenía su dirección
en la Avenida Juárez y San Diego. Ellos se encargaban del trámite legal y del
traslado del cadáver a su nuevo destino374. Así como de los trabajos de
inhumaciones en el ciudad de México.
El cementerio nacional americano albergó no sólo norteamericanos, en su
suelo descansaron también algunos ingleses, españoles, y mexicanos. Se tenía
dos pagos que en los documentos viene señalado como la cuota y el importe, el
costo variaba según la clase del sepulcro y si el difunto había sido socio.
Para la clase A, la cuota era de $200 USD y el importe de $6000 USD para la
clase B eran $100 USD y $3000 USD, para la C, $30 USD y $900 USD y se
tenía una clase D gratuita, los pagos a los socios se mostraron con variables
oscilando aproximadamente para la clase A $160 USD y $4000 USD. 375
En el año de 1908 en el periódico “El tiempo ilustrado” se publicó una pequeña
nota en la que se realizó una breve descripción del nuevo cementerio americano.
Desde la percepción del escritor era un espacio frio y de uso exclusivo para
miembros de la comunidad:
Es árido, se ve destartalado, sin ricos mausoleos, sin árboles, ni flores, ni
ornato alguno. ¿Para qué esas vanas pompas? el time is money de los
yanquis parece flotar en el ambiente, resonar en el hueco de las tumbas
como voz profética, como fatídica sentencia, como el ganarás el pan con el
sudor de tu frente, que de labios de Dios escuchara Adán en el Paraíso.
¿Para qué perder tiempo y dinero por los que ya no existen y con quienes ya
373
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito Federal, Sección, Panteones, vol. 3466.
374
AHDF, Fondo, Ayuntamiento Gobierno Distrito Federal, Sección, Panteones, Vol. 3466, exp. 4
375
AHDF, Fondo, Ayuntamiento Gobierno Distrito Federal, Sección, Panteones, Vol. 3466, exp. 4
201
no se puede hacer ningún business? ¡ oh , si that is all right, dirán nuestros
vecinos del Norte, nuestros laboriosos y metalizados primos!376
Es muy probable que tal austeridad se debiera a la recién apertura del nuevo
cementerio, que ha sido descrito por la prensa, sin embargo cabe resaltar que el
arte lapidario del cementerio americano aún en la actualidad es sobrio y de poca
ostentosidad reflejando así parte de la cultura funeraria de esta comunidad.
Otros de los cementerios que albergó a la comunidad de extranjeros fue el
alemán. Como ya señalé con anterioridad, el año de 1831 fue importante en
cuanto a la firma de tratados de amistad con otros países, como lo fue el
realizado por Prusia y México, que en el artículo 10 se establecía que:
Los súbditos de Su Majestad, el Rey de Prusia, residentes en los Estados
Unidos Mexicanos, no serán molestados o inquietados de ninguna
manera a causa de su religión, siempre que respeten la religión, la
continuación, las leyes y costumbres del país. Seguirán manteniendo el
privilegio que ya les ha sido concedido, de poder enterrar a los súbditos
de su Majestad que mueran en México en los lugares dispuestos para
ellos, los entierros y las tumbas no serán molestados o dañados bajo
ningún pretexto y de ninguna manera.377
No se sabe si este cementerio prusiano fue construido. De lo que se tiene
noticia es de la concesión otorgada a la sociedad de beneficencia alemana para
la creación de su panteón que se ubicó en el Panteón de Dolores.
En el año de 1897 Federico Melber presidente de la sociedad alemana de
beneficencia solicitó al Ayuntamiento de la ciudad de México un terreno para
formar un cementerio particular, el cual fue concedido el 27 de Diciembre de
1897. El terreno se delimitó por medio de una cerca de árboles de cedros y a la
entrada se colocó una puerta. Se dividió por mandato del Ayuntamiento en dos
376
“La conmemoración de los muertos” El tiempo ilustrado, Domingo 1 de Noviembre de 1908, p. 708.
377
BERNECKER. Alemania y México, p.179
202
secciones una de primera clase y otra de segunda para aquellos alemanes
pobres que no contarán con los recursos necesarios para su inhumación.378
El cementerio se ubicó entre la Rotonda de los Honorables Ilustres y lote
destinado a la Sociedad de Beneficencia Italiana “Humberto 1”, por el lado de la
calzada principal contaba con una extensión de 24 metros, al sur 53 mts
calzada del mismo panteón, al oriente 68 mts, al poniente 66 mts.379 Las tarifas
por el acta de inhumación era la misma cuota del panteón municipal y los otros
servicios funerarios tuvieron los precios siguientes: para un lugar en la primera
clase por un derecho de 7 años, los adultos tenían que pagar $60, los párvulos y
restos inhumanos $30, por un lugar con derecho a perpetuidad para los adultos
se cobró $200 y para párvulos y restos humanos $120.
Las cuotas de la segunda clase fueron por 7 años $35 para adultos y $20 para
los párvulos, para la perpetuidad adultos $120 y párvulos $70. 380 Es importante
señalar que los alemanes en su cementerio no construyeron ningún tipo de
capilla pues el gobierno de la ciudad de México no les otorgó ese beneficio.
Al igual que los alemanes, la comunidad italiana en México contó con su
propio cementerio. El 7 de diciembre de 1897 el presidente de la Sociedad
Italiana de Beneficencia “Humberto 1” Sr. O.G Nibbi solicitó un lote al
Ayuntamiento de la ciudad para crear en el Panteón Municipal de Dolores un
cementerio privado.
El cementerio se ubicó del lado poniente al panteón de la sociedad alemana,
el terreno midió 2408 m2, estaba limitado al frente por la rotonda de hombres
ilustres y sus otros lados por calle ó calzadas del mismo panteón. Los límites
marcados por árboles de cedro y una puerta a la entrada, el panteón según las
órdenes brindadas por el ayuntamiento se dividiría en tercera y cuarta clase. La
medida que tenían que tener los sepulcros fue: para los adultos 2 mts de largo
378
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 3459, exp. 809, s.f
379
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 3459, exp. 809, s.f
380
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 3459, exp. 809, s.f
203
1 mts. de ancho, y para párvulos y restos humanos 1 mts. de largo 80 cm. de
ancho.381
Las cuotas fueron las siguientes: para los de tercera clase, por una duración
de 7 años, adultos $15, para párvulos y restos humanos $10. Para la
perpetuidad la tarifa fue $65 adultos y niños $50.382
Cabe señalar que a diferencia de la sociedad alemana, a los italianos en el
permiso otorgado se encuentra un apartado en donde se le permite la
construcción de una capilla en donde profesar su fe.
Los cementerios de extranjeros se construyeron en algunos estados del país,
sobre todo en aquellos sitios en donde se albergaba un número considerable de
éstos. Al estar fuera de su país la muerte de algún miembro de la comunidad
fortalecía los vínculos. El cementerio se presentaba como algo muy singular
pues era en cierta manera una extensión de su madre patria que intentaron
construir a imagen y semejanza de los establecidos en sus países de origen,
además en ellos podían establecer sus ritos y costumbres funerarios, haciendo
propio el momento de partida.
En la época porfiriana, la sociedad tuvo una mejor recepción a los
inmigrantes extranjeros, pues la pretendida modernidad y el progresos que
quería alcanzar el gobierno porfiriano contribuyó a estas nuevas percepciones.
Tal vez en ello consista que la mayoría de los cementerios de extranjeros se
terminaron de construir en esta época. Otro de los grupos que construyó su
propio cementerio fueron los españoles, aunque ellos no tenían el problema
religioso, por decisión propia desearon construir un lugar en donde pudiesen
reposar sus cuerpos. El panteón se construyó gracias a la Beneficencia
381
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 3459, exp. 812,s.f
382
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 3459, exp. 812,s.f
204
Española y el Casino Español alrededor de 1874.383 Tema que será abordado en
los capítulos siguientes.
A manera de conclusión podemos decir que los cementerios a lo largo de la
historia han cobrado gran importancia generando al paso del tiempo distintas
manifestaciones. Tanto los cementerios, las tumbas, los sepulcros, los epitafios,
la literatura y la pintura sacra o profana así, como la fotografía, nos han dado
testimonios de las relaciones que el hombre ha ido estableciendo con el misterio
de la muerte y de su tránsito.
Es en este siglo de grandes cambios donde surgen los cementerios para
extranjeros en el país. Tuvieron distintas lecturas en el imaginario social. Por un
lado era rechazada la idea de permitir el avance del protestantismo. El paso a la
creación de estos lugares surge ante problemas concretos y eminentes, que
años más tarde permitiría su consolidación como espacios destinados para los
muertos de estos colectivos que influyeron en algunos aspectos a los
cementerios civiles mexicanos. Estudiar a los cementerios de extranjeros como
espacios culturales, desde miradas distintas de percibir a la muerte, es el interés
de este trabajo de investigación como veremos en las páginas subsecuentes.
4.2. ¡Alejen a los herejes! Los cementerios británicos, su
creación y consolidación.
La llegada de los ingleses a México puede rastrearse desde la época
novohispana. La recepción de parte de la sociedad mexicana a esta comunidad
ha sido ambivalente, sobre todo por sus creencias religiosas. El temor de la
iglesia católica originó algunas manifestaciones sociales de repudio, al
considerarlos como herejes.
Al pasar el tiempo los ingleses radicados en la Nueva España comenzaron a
morir, y enterrar a sus difuntos, resultó una gran dificultad pues no contaban con
espacios propios donde sepultar a sus muertos, pese a que se tiene noticia de
383
LAGUARTA, Historia de la beneficencia, p.155
205
que en algunos camposantos se les permitió dar sepulturas a algunos
extranjeros, esto no fue extensivo para todos y tampoco se realizó así en todas
las provincias. Además los ritos funerarios realizados por los ingleses no
podían llevarse a cabo en toda plenitud en los camposantos por ser
considerados lugares sagrados. Las prácticas funerarias se delegaron la
mayoría de las veces al ámbito privado.
En el siglo XIX este contexto se fue modificando con el transcurrir del tiempo.
Con el surgimiento de la nación independiente, las condiciones económicas se
vieron dañadas por los periodos de guerra e inestabilidad consecuencias
inmediatas de la independencia con respecto a la corona española, se pensó
necesario incentivar la inversión de capital extranjero que reactivará parte
importante de la economía del país. La llegada de los ingleses a México durante
las primeras décadas del siglo XIX se insertó en este contexto.
Fue aproximadamente en la década de 1820 que la comunidad británica
comenzó arribar de nueva cuenta a tierras mexicanas, muchos provenientes de
Inglaterra y otros más de Irlanda. La migración británica a México durante el
ochocientos tuvo dos momentos: el primero lo observamos a partir de los años
20 con la llegada de los mineros que vinieron a trabajar en Real del Monte y
otros sitios mineros, un segundo momento que lo encuentro a partir de la década
de 1850 hasta terminado el periodo porfiriano, esta migración fue como algunos
estudiosos la han denominado a cuenta gotas; según los registros del consulado
británico fueron 511 los británicos que tuvieron como destino México, de los
cuales 220 fueron mujeres y 291 hombres.384
La llegada a territorio mexicano no fue sencillo y el viaje en barco fue el
escenario de las primeras muertes y demás enfermedades que asolaron a esta
comunidad; ya que para estos años las condiciones en las que se encontraban
los barcos no eran las más óptimas.
384
KIERNAN, “Civil registration of births”, p.41-80.
206
Con respecto al trayecto y sus condiciones existe poca historiografía que nos
relate el ambiente de los barcos que transitaban de Europa a América. Los
viajeros ingleses comenzaban la aventura al marcharse de su pueblo o ciudad
natal en dirección a los puertos.
Los viajes realizados en el siglo XIX al continente americano se realizaron en
buques de vela, goletas, bergatines y fragatas. Estas embarcaciones contaban
con bastantes limitaciones en su capacidad, y por ello eran presa fácil de los
grandes riesgos en alta mar. La duración del viaje no podía ser determinada
pues dependía de la bondad de los vientos, el malestar aumentaba por las
condiciones de los barcos pues muchos de ellos no contaban con espacios
adecuados, los alimentos y servicios higiénicos en muchas ocasiones eran
deplorables, por lo que la enfermedad y la muerte fueron circunstancias que
rodearon a los viajeros.385
La emigración de los ingleses a América fue un proceso complejo, que fue
más allá de un simple cruce de fronteras. Los viajeros tomaron en consideración
varios factores, entre ellos los costos del transporte así como los peligros y la
lejanía. También implicó dejar a la familia, costumbres y a la madre patria.
Alrededor de la emigración trasatlántica se tejió una red de familiares, agentes
de emigración y sistemas de transporte. Para viajar se necesitaba sobre todo de
un soporte económico, existieron viajes de acuerdo a la clase social, los costos
variaron según la categoría, muchos de los viajeros fueron principalmente
pertenecientes a la clase alta y media.386 En el caso de los ingleses el
componente social fue diverso pues algunos vinieron contratados para trabajar
sobre todo en las minas.
Consideré importante mencionar los ambientes del viaje, ya que algunos
morían en el trayecto, además que las condiciones de higiene y las condiciones
de los barcos hacían que los viajeros no llegaran en óptimas condiciones de
385
VÁZQUEZ, “La salida”, p.253.
386
VÁZQUEZ, “La salida”, p. 253.
207
salud. El puerto de llegada era Veracruz, a donde arribaron la mayoría de los
ingleses, fue un espacio peligroso pues muchos comenzaron a morir por efecto
de la fiebre amarilla.
La fiebre amarilla, o también llamado vómito negro, fue una epidemia que
cobró la vida de un considerable número de extranjeros no sólo ingleses. En las
últimas décadas del siglo XVIII, está enfermedad fue considerada por la
población de las más temidas especialmente por los viajeros que llegaron al
puerto de Veracruz. A partir de 1762, los registros de muertes fueron altos, sólo
existió un lapso de 18 años en el que la epidemia pareció terminar, sin embargo,
nuevos brotes resurgieron en 1775, se mantuvo constante hasta los principios
del siglo XIX: 1794, 1795 y 96, 1797-98, 1799, 1800-1801, 1802-1803, 1804-
1805. La fiebre amarilla fue una enfermedad que estuvo presente por casi todo
el siglo.387
Las condiciones salubres del país no eran óptimas, esto quedó relatado por
algunos viajeros, entre estos testimonios encontramos el realizado por el inglés
Henry George Ward que llegó a México en 1823, en su comisión de encargado
de los negocios de su majestad en el país. En sus memorias México en 1827388,
escribió sus impresiones acerca de la fiebre amarilla: “es muy similar a la peor
especie de fiebre amarilla común en las Antillas, toma su nombre de uno de sus
síntomas, el vómito prieto, que precede usualmente a la muerte…el vómito ha
hecho su aparición dondequiera que un grupo de europeos se haya congregado
para comerciar.”389
La enfermedad según Ward se propagaba con mayor facilidad en el cerro, las
partes altas como Jalapa eran de menos propagación. La epidemia fue poco
conocida por los científicos de la época y quienes la estudiaron lo hicieron sin
resultados benéficos, la mejor manera de conocer a la fiebre amarilla fue la
observación, gracias a esto se supo que no se contagiaba a través de los
387
FLORESCANO, “Las epidemias”,p. 67.
388
WARD, México en 1827.
389
WARD, México en 1827,p. 455
208
miasmas que viajaban en el aire o por el contacto con alguien enfermo, el clima
era lo que más agravaba a los enfermos así como la exposición al sol. Los
síntomas que presentaban los enfermos eran los siguientes: ligera indisposición
que no lo alejaba de sus ocupaciones, desgaste general, dolor de cabeza,
ligeros vértigos, falta de apetito, aumento o disminución de sed y en algunas
ocasiones un poco de peso al estómago.390
La observación llevó a los médicos a comprender que la enfermedad no se
transmitía por atender o estar en el mismo lugar con los contagiados de fiebre
amarilla, pero ésta se propagó por el contacto con la ropa de los enfermos o de
algunos muertos:
La transmitibilidad no admite el contagio por los enfermos, admite si, el
contagio de la fiebre por los vestidos y comprueba con hechos importantes
la realidad de sus aserciones: el vestuario de los muertos de vómito,
almacenado en un templo pequeño que se llama la Pastora, y cuidado por
diversos guardas, estuvo manteniendo por mucho tiempo la enfermedad
entre los cuidadores, hasta que destruida la ropa y desinfectado el local,
se les destinó á almacén de otros objetos, y no volvió á observarse el
vómito entre los nuevos guardas, aún cuando estuvieran recién llegados
del extranjero y por consiguiente predispuestos.391
Las ropas eran un vehículo de contagio de variadas enfermedades, fue
necesario tomar medidas, pues algunos bandidos robaban las ropas de los
muertos, y con ello la enfermedad se propagaba a nuevos espacios y a otros
agentes. Dentro de las medidas que se consideraron importantes fue la quema
de las vestimentas de los fallecidos a causa de una enfermedad contagiosa
como la fiebre amarilla y el cólera.
Los cuerpos fatigados y débiles eran una presa fácil, también lo fueron los
extranjeros que no venían en condiciones óptimas de salud, pues muchos de
ellos se enfrentaban a un clima al que sus cuerpos no estaban acostumbrados; a
decir de Ward : “las personas con más probabilidades de sufrir riesgo serían los
390
Gaceta Médica de México, México D.F, 1 de diciembre 1878, p. 667.
391
Gaceta Médica de México, México, D.F, 21 de Noviembre 1878, p. 389.
209
sirvientes y otros de su clase, a quienes frecuentemente no se les puede inducir
a prepararse antes del desembarco, y que una vez en tierra, son o demasiado
aprensivos o innecesariamente imprudentes. Entre ellos, la mortalidad es a
veces muy alta”.392 Se puede explicar por las condiciones de los viajes y que
muchos de estos extranjeros llegaban ya al puerto con alguna enfermedad.
A pesar que con las reformas Borbónicas se trataron de incentivar las mejoras
materiales de las ciudades y pretendieron un mayor cuidado de la salud de la
población, esto en la práctica se realizó de forma lenta. Con la guerra de
independencia la escasez, las enfermedades y la muerte, se encontraron
presentes en estos años, sumado a ello, estaban las epidemias y la precariedad
de los hospitales. México pretendió implementar políticas en materia de higiene y
de salud que contribuyeran a mejorar este panorama, pero lo cierto era que la
inestabilidad que atravesaba el país dilataba estos proyectos, por lo que las
condiciones de salud en México eran frágiles.
A este México fue al que llegaron en 1825 los primeros ingleses que vinieron
como trabajadores de la Compañía Británica de Real del Monte. El verano era la
estación del año en el que la fiebre amarilla se presentaba con mayor intensidad.
Los trabajadores ingleses zarparon del puerto de Liverpool en la primavera de
1825, el viaje se había planeado para evitar llegar en las épocas en que era más
proclive la epidemia pero debido a los retrasos en la fabricación de la
maquinaria, llegaron en el tiempo en la que la enfermedad se encontraba en
focos rojos. Sin duda, los ingleses al llegar al puerto no se percataron de los
costos que esto tendría, pues alrededor de quince ingleses que venían a trabajar
en las minas de Real del Monte perdieron la vida, así lo relata Ward:
Como consecuencia de ciertas demoras para terminar las máquinas de
vapor Real del Monte, la expedición encargada de la tarea de conducirlas
país adentro, a las órdenes del capitán Colquhon, no llegó a Veracruz hasta
comienzos de la estación insalubre; y quince hombres del pequeño grupo
tuvieron que ser enterrados cerca del lugar donde se desembarcó la
maquinaria. Por supuesto que el intento de llevar la tierra adentro fue
392
WARD, México en 1827, p. 456
210
pospuesto hasta el comienzo del invierno, pero es triste reflexionar sobre el
desperdicio de vidas.393
Poco se sabe del destino del cuerpo de estos ingleses, tan sólo que fueron
enterrados cerca del puerto, lo que nos lleva a reflexionar que es muy probable
que por ser protestantes se hayan limitado solamente a dar sepultura sin realizar
más rito funerario o que, al igual que en otros casos de muerte de protestantes,
el mar fuera el destino para los cuerpos, vista como la única opción.
El dolor de la comunidad no se plasmó en símbolos materiales y quedó
confinando a la clandestinidad, además otro punto a consideración fue la causa
de muerte, en este caso era una enfermedad mortal, por lo que cuerpos según
los lineamientos higiénicos debieron ser tratados de manera especial a la hora
del enterramiento, cabe la duda que haya sido de esta manera, y pone a
reflexionar sobre el poco cuidado que se tenía para los enterramientos de los
casos de muerte por epidemia. Pues al no contar con cementerios civiles los
camposantos eran los lugares de sepultura y muchos de ellos se encontraban
saturados siendo focos de infección. Esto fue denunciado en variadas ocasiones
por cierto sector de la sociedad, sobre todo por el peligro que representaban las
epidemias, en 1802 el cura encargado de la Catedral de México alertó sobre los
hechos que estaban ocurriendo en algunos camposantos: “…en la Iglesia del
Sagrario están sacando la tierra de los sepulcros con huesos, y aun fragmentos
de los cuerpos difuntos, la que se está arrojando en el cementerio y esta puede
causar epidemia”398. Esto no mejoró con los años y en 1832 se pronunciaron
ante la prensa nuevas alertas ante la saturación de cadáveres en los
camposantos, como fue el caso del camposanto de la Santa Veracruz en la
ciudad de México, la prensa estaba demandando atención ante el peligro que
representaba este: “…está lleno de cadáveres, que aunque colocados en
diversos nichos despiden una pestilencia insufrible y sin duda se aumentará
con los calores de la estación. Atrayendo por lo mismo con miasmas fétidos e
393
WARD, México en 1827,p. 458
211
insalubres los restos de los muertos a los vivos.” 394 El panorama que
presentaban los camposantos era algo extensivo a muchas regiones del país
por lo que no es de extrañar que si en materia de salud poco se estaba
haciendo para evitar estos focos de contagio, es de suponer que los cadáveres
de aquellos que murieron a causa de la fiebre amarilla no tuvieron cuidados
especiales, incluyendo aquí a los mineros ingleses que murieron contagiados
del vómito negro.
La creación de los cementerios de la comunidad inglesa en México
decimonónico no fue una cuestión de estado, fueron los extranjeros que ante las
dificultades y el dolor fueron generando estos nuevos espacios que demandaron
en los tratados de amistad ante el panorama que se estaba presentando.
El primer cementerio de extranjeros que se creó en México fue el
perteneciente a la comunidad inglesa. La poca tolerancia religiosa que existió en
el país en las décadas de los años veinte llevó a la búsqueda de un espacio
propio en donde resguardar a sus muertos. La mayoría de los ingleses que
llegaron a tierras mexicanas profesaban el protestantismo, por lo que sus ritos
funerarios no podían realizarse con libertad, no sólo por reclamaciones sociales
o religiosas sino también legales. De esta manera un lugar sagrado donde
resguardar a sus difuntos predisponía de cierta libertad que les permitiera
realizar sus ritos funerarios.
Como se señaló con anterioridad, la sociedad mexicana decimonónica sobre
todo en las primeras décadas del siglo XIX hizo muestras claras y continuas de
su intolerancia religiosa, esto quedó plasmado en el relato hecho por Henry
George Ward quien escribió sus apreciaciones sobre la tolerancia religiosa en
México:
La tolerancia religiosa, que, por lo menos en teoría, no se puede decir que
exista actualmente en México. No se tolera ninguna secta religiosa que
394
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 3673, exp. 14, año
1832,s.f
212
difiera de la religión dominante; ni tampoco se permite el ejercicio privado o
público de otra religión… con respecto a los extranjeros que residan como
tales en el territorio mexicano, no se han hecho hasta ahora sino muy pocas
concesiones; ni tampoco se ha considerado posible establecer como
derecho el ejercicio público y privado de la religión protestante.395
Otro viajero inglés, el capitán George Francis Lyon comisionado de las
compañías mineras de Real del Monte y Bolaños que viajó a México en 1826,
en su diario de viaje plasmó su percepción acerca de la religiosidad mexicana y
la mirada que está tenía del extranjero:
Hay más arrodilladas y quitadas de sombrero en San Luis que en otros
sitios. Nadie para frente a la parroquia o Catedral sin hacer una reverencia
descubriéndose, y muchos buenos cristianos hacen lo mismo signos de
respeto frente a las otras iglesias. Esta obediencia no es obligatoria para
nadie: pero si un extranjero omite el hacerlo, se expondría seguramente a
ser insultado por el fanático populacho, quien veía aún con mirada recelosa
a los herejes extranjeros que últimamente habían aparecido entre ellos.396
Estas manifestaciones de intolerancia llevaron en parte a la búsqueda de
espacios en donde poder desarrollar con mayor libertad sus rituales religiosos.
Para todas las sociedades ha sido importante dar significados al nacimiento,
celebración de la vida y despedida de los seres queridos, materializándose en
prácticas culturales que dan cuenta de su manera de percibir al mundo. Los
rituales funerarios han mostrado el pensamiento religioso de quienes los
realizan. Los ingleses avecindados en México durante estos años en su calidad
de extranjeros protestantes, vieron limitadas sus prácticas culturales ante una
sociedad receptora con un pensamiento religioso que no permitió otro tipo de
manifestaciones. Éstas no sólo eran limitadas desde un ámbito social y cultural,
la restricción se daba desde el ámbito legal. Vale la pena recordar que el
395
WARD, México en 1827,p. 229
396
LYON, Residencia en México,p. 86
213
artículo tercero de la Constitución de 1824 estableció a la religión católica como
nacional prohibiendo el ejercicio de otras ofertas religiosas.
A lo largo del siglo XIX estuvieron llegando ingleses a territorio
latinoamericano como parte de las políticas de modernización y colonización
que se implementaron en los distintos países como Brasil, Argentina, Uruguay,
Perú, Colombia y Chile. He de mencionar que el panorama ante la muerte de un
connacional fue muy similar.
Esto llevó sobre todo a los representantes diplomáticos a solucionar los
problemas que la comunidad estaba presentando, pues muchos de ellos
estaban muriendo por enfermedades endémicas y siendo lanzados al mar o
enterrados en las montañas alejadas a las ciudades, y en el mejor de los casos
el difunto ya no era molestado por la sociedad receptora, en el peor de ellos, los
cadáveres eran ultrajados, se les desenterraba, en algunos casos para robarles
sus ropas, o el supuesto dinero que como parte del rito era depositado en la
sepultura: “ciertamente han ocurrido casos en que se ha violado la paz de la
tumba, me inclino a atribuirlos menos a fanatismo que a avaricia, a la falsa
creencia de que se guardaba dinero de los féretros, el uso de los cuales era
muy poco conocido entre los propios mexicanos”397.
Los ingleses fueron los primeros en manifestar su preocupación ante este
ambiente de intolerancia. En el año de 1824 en un comunicado pidieron al
gobierno mexicano dar una mayor apertura a las cuestiones religiosas, que
aportaran soluciones inmediatas a este tipo de manifestaciones sociales que se
venían suscitando. Dentro de las peticiones se exhibió claramente la
preocupación por contar con un cementerio propio y con cierta libertad religiosa
para la celebración de sus ceremonias. Aseguraban los súbditos británicos que
evitarían en sus ceremonias y cultos de toda ostentación ofensiva,
comportándose, en cambio, no sólo con prudencia, sino también “con la
diferencia y sumisión debida al gobierno bajo cuya protección residen,
397
WARD, México en 1827 p.231.
214
obedeciendo estrictamente leyes y respetando escrupulosamente los usos,
costumbres e instituciones civiles y religiosas del Pueblo Mexicano”398
Así por un carácter diplomático el gobierno ordenó que en todos los Estados
en donde se localizase algún inglés que no profesara la religión oficial, se
destinara un lugar para que establecieran su cementerio. Esto al parecer en la
práctica fue una realidad, a decir de Ward:
En muchos de los Estados (cada uno de los cuales formuló para su
propio uso una constitución en miniatura), se ha omitido la cláusula
prohibitiva del artículo religioso de la Constitución Federal. El derecho a
la sepultura, que, de acuerdo con las formas de la Iglesia protestante, se
concede por tratado a los súbditos de su Majestad, no sólo ha sido
reconocido universalmente, sino que las autoridades locales han
asignado voluntariamente terrenos para la sepultura dondequiera que se
encuentre un cónsul extranjero. En muchos casos, los funerales de los
individuos más respetables que han fallecido han congregado a gran
número de nativos, amigos personales o conocidos del occiso.399
Ante la petición realizada por el ministro en el año de 1824 el gobierno de la
ciudad de México organizó una comisión para realizar un estudio sobre el
terreno que sería donado a la comunidad, en un primer momento se pensó en un
espacio que se encontraba al nordeste de la capital, continuo del santuario de
nuestra señora de los Ángeles ubicado en el al barrio Nonoalco. La comisión
determinó que contaba con una gran extensión y el suelo contaba con todas las
normas establecidas por los lineamientos higiénicos. La propuesta fue
rechazada ya que ese terreno estaba destinado para establecer un cementerio
general y se agregó que: “resaltarse que las costumbres del pueblo católico no
podrán tolerar la inmediación o vecindad de ambos cementerios.”400
El cementerio de ingleses de la ciudad de México fue el primero en
construirse. El 27 de Abril de 1825 se firmó el acta de concesión del terreno que
habría de destinarse para enterrar a los protestantes. Los convenios se
398
RABADÁN, Propios y extraños, p. 100.
399
WARD, México en 1827,p. 231
400
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección policía, vol. 3673, exp. 7, año 1824,f.1-2.
215
realizaron entre el Sr. Aldaroso, el secretario Juan Nepomuceno Zalaeta y el Sr.
Cónsul de su majestad británica Don Carlos Tadeo O. Gorman.
Ese día se celebró un gran avance pues les fue entregado el terreno que el
gobierno de la ciudad de México había destinado para el cementerio protestante:
“tomamos los coches y nos trasladamos por las calles de San Cosme hasta
donde la arquería que conduce el agua por ese rumbo a esta capital da vuelta de
norte a Sur para Chapultepec en cuyo punto hicimos alto”401 situados en el lugar,
el cónsul británico, el señor Juan Nepomunceno y el Sr. Aldaroso, comenzaron a
reconocer el lugar a pie.
El terreno destinado para el cementerio tenía la forma de un rectángulo y se
describe de la siguiente manera:
por el rumbo norte limita con la zanja lateral de la calzada Tacuba, una
línea recta que mide 73 varas de longitud, que gira de poniente a oriente
desde la Rivera de Mampostería del mismo río hasta llegar a la azequia
lateral de la Calzada de la Verónica que va para Chapultepec donde
quiebra el lindero del rumbo del Oriente caminando a orillas de la misma
azequia de Norte a Sur, por una línea de 163 varas de longitud hasta tocar
en una zanja que divide este terreno del nombrado la cuchilla
perteneciente a la casa del estado por la cual zanja quiebra por el lindero
sur atravesando de Oriente a Poniente por una línea recta de 66 varas de
longitud paralela con la del rumbo norte hasta el punto donde comienza la
rivera de mampostería del río de Tecamachalco donde vuelve a quebrar el
lindero del poniente que gira por la misma Rivera de Sur a Norte línea
recta de 179 varas de longitud paralela con la del rumbo del oriente hasta
cerrar el cuadro en el punto donde comenzamos402.
401
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 3568, exp. 40, año 1825.
402
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 3568, exp. 43, año 1825
216
Ilustración 3. Mapa del cementerio inglés de la ciudad de México 1821. Fondo del
Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 3568, exp. 43, año 1825
En cada esquina del terreno se realizó un acto de posesión en donde la
corporación expresaba la concesión y donación del terreno para sepulcro de
protestantes, dejando claro que este era el único fin que debía de dársele al
lugar, se señaló que el terreno desde ese momento quedaba a manos de la
comunidad británica. Por su parte el cónsul se paseó por el lugar arrancó hierba
y lanzó piedras, y expreso su amistad y deseo de caminar con la nación
independiente bajo la paz de sus ideas liberales.
Desde este momento el cementerio comenzó a perfilarse hasta que abrió sus
puertas el 6 de Marzo de 1827403, durante este año se llevaron a cabo los
primeros servicios funerarios, el primero al señor Waldergrave Augustus que fue
enterrado en la tumba 1 y el segundo al señor Weinbrenner Fred Chas sepultado
en la tumba 2404. El espacio albergó a un buen número de protestantes no sólo
británicos, compartiendo linderos en años posteriores con el cementerio
norteamericano, de su construcción original se sabe que se encontraba rodeado
403
KIERNAN, “British cemetery”, p. 107
404
KIERNAN, “British Consulate”,p.106
217
por una barda perimetral, contaba con un vestíbulo que servía de acceso
principal, contaba con una calle principal y a partir de ella se dividían los
sepulcros según la categoría.
En el año de 1909 el señor Wetman Pearson405 mandó construir dentro del
cementerio una capilla, con la intención de conmemorar la vida de los
empleados que habían fallecido en el cementerio, y como una donación para los
miembros de la colonia inglesa en donde pudieran oficiar el culto, la capilla fue
realizada bajo el estilo neoclásico y era de mediana proporciones. Después de la
clausura del cementerio es el único vestigio que queda del mismo.
Ilustración 4. Capilla del cementerio británico de la ciudad de México. Fototeca Nacional, Núm. Inv. 89756.
A partir de su creación el cementerio dio sepultura de manera ininterrumpida,
la fecha de la clausura está en el campo de la duda, datos obtenidos en la
prensa mexicana y en documentos oficiales revelan el 22 de Septiembre 1916
405
KIERNAN, “British Consulate”,p.106
218
como la fecha en la que se clausura definitivamente el cementerio. Sin embargo
en documentos británicos se ha señalado como día final el 11 de Junio de
1929406, esta información se complementa con la lista de defunciones en la que
se señala a la niña Janekin Florence Adele407 que fue la última persona
enterrada signo este registro.
El espacio resguardo 1129 tumbas, sin embargo no todos los difuntos
permanecieron en territorio mexicano, 61 cadáveres fueron desenterrados para
trasladarlos a otros cementerios que generalmente se remitieron a Inglaterra o
los Estados Unidos de América, y pocos a algún cementerio nacional. Los
motivos fueron más de índole familiar y sentimental que político o social, es
necesario señalar que trasladar un cadáver implicaba por un lado cumplir con los
requerimientos higiénicos necesarios, tramitar los permisos del ayuntamiento y
los del panteón, el costo era muy elevado.408 El cementerio como espacio
funerario se destruyó en 1970 año en que fue donado al gobierno mexicano 409,
se destinó una parte para parque y la otra para obra vial quedando como único
vestigio la capilla.
4.3 Cementerio Británico de Real del Monte.
406
KIERNAN, “British cemetery” ,p. 109
407
KIERNAN, “British cemetery”,p. 109
408
AHDF, Fondo del Ayuntamiento del Distrito federal, Sección panteones, vol. 35683, exp. 39, año
1916,s.f
409
KIERNAN, “British cemetery”,p. 109
219
Durante las primeras décadas del siglo XIX el gobierno mexicano se encontró
ante la imperante necesidad de reactivar la economía del país, de tal forma que
se pensó en reactivar la minería. Existieron pequeñas sociedades y grandes
empresas que invirtieron en este campo, los ingleses vieron con buenos ojos las
oportunidades que el gobierno mexicano les ofreció por lo que entre 1820 y 1830
constituyeron siete compañías orientadas sobre todo a la explotación de la plata,
una de ellas fue la Compañía Minera de Real del
Monte creada en 1824: “con el fin de rehabilitar y
explotar las minas de la Casa de Regla, en 1824 se
creó una sociedad anónima, integrada en forma
mayoritaria por las acciones de los socios ingleses y
las de Romero de Terreros, propietario de la misma.
De esta manera, nació la Compañía Británica de
Real del Monte”.410
Real del Monte se localiza en el actual Estado de Ilustración 5. Mapa Real del Monte,
Robert Randall, Real del Monte.
Hidalgo, ubicado al noroeste de la ciudad de México
a una distancia aproximada de 95 a 110 kilómetros,
“es un lugar que se encuentra a 2750 metros sobre
el nivel del mar… tiene la forma de una herradura con una superficie de veinte
kilómetros”411 el clima es templado con lluvias en verano y otoño y templado en
las secas. Los primeros ingleses llegaron en 1824 y describieron el pequeño
poblado como olvidado, con un grado alto de abandono:
El tempus edax de los poetas ha empleado aquí su guadaña con inexorable
crueldad. Las techumbres están llenas de agujeros y semicaídas, las
paredes se están derrumbando y, en suma, toda la aldea está convertida en
un montón de ruinas…la causa de esta decadencia es más que obvia. El
distrito no tiene recursos si las minas no se trabajan.412
410
SAAVEDRA y SÁNCHEZ, “Minería y espacio”, p.87
411
RANDALL, Real del Monte, p. 17-19
412
RANDALL, Real del Monte, p. 59.
220
Éste fue el Real del Monte al que llegaron los primeros ingleses, a su llegada el
trabajo fue arduo tuvieron que revitalizar las minas, así como el poblado, es
pertinente señalar que en el lugar habitaba gente nativa o que habían llegado
como trabajadores de las minas, sin embargo la cultura que se trató de imponer
fue la inglesa. Esto se mostró sobre todo en el desarrollo urbano y cultural así
como en el tipo de construcciones que se realizaron, las nuevas manifestaciones
religiosas como el protestantismo y la inserción de la masonería también fueron
una muestra clara de esto.
Los ingleses que llegaron sobre todo a partir de los años 20 hasta los años
50 del ochocientos fueron mineros, técnicos, ministros de la religión, carpinteros
y médicos, también llegaron otro tipos de profesionistas como lo fueron
constructores y compositores de música.413
Desde su llegada en el año de 1824 los ingleses que venían a trabajar en las
minas comenzaron a tener encuentros desafortunados con el territorio,
recordemos a los 20 mineros que murieron a causa de la fiebre amarilla. Los
accidentes y otras enfermedades llevaron a la necesidad de crear un hospital,
así como un cementerio en el cual pudiesen ser realizadas sus prácticas
funerarias con mayor libertad, además de garantizar la protección de los
cadáveres de cualquier saqueo o manifestación de intolerancia religiosa.
Existen ciertas opiniones encontradas acerca de la construcción y la elección
del lugar del cementerio, una de ellas que es la que predomina entre la gente de
Real del Monte. Se dice que antes que llegaran los ingleses al lugar se
encontraba viviendo entre la gente una persona que era judía y que al morir le
fue negada la sepultura en el camposanto de la Iglesia: “El primer entierro fue en
1824, de un judío non grato entre la población… era un lugar muy lejano del
pueblo. Se dice que había lobos y coyotes y que sacaron el cuerpo del judío” 414.
413
KIERNAN, “British Consulate”,p. 102.
414
SUÁREZ, El cementerio, p. 51.
221
Aida Suarez gestora del patrimonio cultural de Real del Monte señala que el
cementerio se encuentra a un costado de dicho cerro.
Aquí me gustaría realizar un pequeña pausa, el paisaje cultural se conforma
en su gran parte en el cómo una sociedad vive y percibe un espacio, en
cartografías de intensidad que la gente le confiere a un lugar, en las emociones y
emotividades. Aquí recobra vida el cementerio y la información en torno a su
creación, pues la gente pese a que los datos pueden ser erróneos reproduce la
información e inclusive algunos señalan que el judío se encuentra enterrado en
el lugar, y que es un misterio donde se encuentra la tumba. Lo que en un
principio fue un acto de intolerancia ahora le confiere al lugar una importancia
especial.
El cementerio británico del Real del Monte o llamado también “El Cementerio
Cornish” se encuentra a las fueras del población a lo alto de un cerro, en la
actualidad se encuentra rodeado por algunas casas, el acceso puede ser a pie,
pero sus visitantes generalmente llegan en un carro de alquiler o en el autobús
del turismo, desde la entrada el lugar ofrece un visibilidad por demás interesante,
muchas de sus sepulturas destacan por una elaborada factura, el ambiente frio y
nublado dotan al lugar de ese misterio que generalmente se les asigna a este
tipo de lugares. El cementerio tiene una superficie de 5,368.26 m2, de menores
proporciones que el que se encontraba en la ciudad de México. Actualmente
cuenta con alrededor de 680 tumbas, de las cuales 372 no cuentan con una
placa de identificación, sólo se encuentran delimitadas por un anillo de
piedras.415
De la construcción del cementerio también se manejan otras fechas que no
pueden determinar con exactitud cuándo comenzó su creación y así cómo la
fecha en la que concluyeron los trabajos de construcción, algunos han
mencionado que el muro que rodea al cementerio se terminó de construir en
415
KIERNAN, “Real del Monte”, p.3.
222
1851, y la puerta en 1862416, en tanto que en 1869417 sería el año en que
finalizaron todos los trabajos de construcción.
A falta de material documental que corroboren estas fechas, sólo nos quedan
los vestigios materiales que nos pueden ayudar a entender un poco más sobre el
cementerio. El espacio cuenta con tres elementos importantes la barda
perimetral, la reja, y un descanso que se encuentra a la entrada del cementerio.
La barda perimetral tiene una altura de tres y medio metros, la extensión del
cementerio no es extensa y los muros son de piedra sin ningún detalle
ornamental. El elemento decorativo de la fachada principal del cementerio es la
puerta de hierro forjado que lleva la fecha de 1851 y en ella se pueden leer
“Blessed are the dead who died in the Lord” “Bienaventurados sean los muertos
que mueren en el señor”, ya adentro del panteón lo primero que se encuentra en
un descanso con forma de ataúd, es de tres metros de largo y un metro de
ancho, en su parte superior lleva la inscripción "Anno Domini 1868"418. Este
elemento se encuentra presente en muchos de los cementerios de
Cornualle:“Whilst coffin stones are found in many Cornish Churchyards (the
prayer book of 1549 made it legal requirement for the burial service to begin at
the churchyard entrance). This is the first indication that the burial ground is
maintained pathways and low walls”419.
416
BARCELÓ, Muriendo en tierra ,p.193
417
SUÁREZ , “Cementerio Británico”, p.167.
418
KIERNAN, “Pachuca/ Real del Monte”, p.4.
419
KIERNAN, “Pachuca/ Real del Monte”, p. 4 Estas piedras en forma de ataúdes se encuentran en
muchos los cementerios de Cornualles (el libro de oraciones de 1549 hizo requisito legal para el servicio de
entierro para comenzar en la entrada del cementerio).
223
Ilustración 6. Descanso en forma de lapida.
Cementerio Británico de Real del Monte, foto, Gabriela Servín
Estas fechas han guiado aproximaciones alrededor de la creación del
cementerio sin embargo considero que un dato importante, que puede darnos
pistas más claras sobre esto, son las primeras fechas de inhumaciones. En los
registros la primera inhumación es la del doctor Robert Tindall que murió en el
año de 1834 y se encuentra sepultado en la tumba 276. El 5 de Abril de 1837
murió John Chynoweth, nació en Cornualles, Inglaterra, en el año 1790, fue
enterrado en la tumba 296.420 A partir de estas fechas los servicios de
inhumaciones se llevaron a cabo al interior del cementerio. Es probable que la
construcción fue realizada en pausas y concluida en 1868, lo que es importante
es rescatar la vida del cementerio desde años anteriores.
Ya al interior del cementerio podemos observar sepulcros de distintas
facturas. Lo que llama la atención y que es un sello particular del lugar es la
alineación de las sepulturas las cuales miran hacia el este señalando que miran
420
KIERNAN, “Panteon de los Ingleses”, p.11
224
hacia Inglaterra. Sin embargo al parecer esta era una coincidencia, pues
muchos lugares sagrados según el cristianismo, se orientan al este-oeste, los
significados son variables, se dice que al este se encuentra la Tierra Santa,
también se vincula con la salida y puesta del sol. El sol es un símbolo de luz que
para los cristianos tiene que ver directamente con la divinidad.
Más a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y
en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la
manada. Malaquías 4:2 Jesús les hablo de nuevo diciendo: Yo soy la
luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas. Juan 8:12
.Obra de la misericordia de nuestro Dios, cuando venga de lo alto para
visitarnos cual sol naciente. Lucas 1:78
Existe en el cementerio sólo una tumba que no se encuentra en esta
dirección la del Richard Bell. La gente del lugar en la actualidad menciona que la
tumba perteneció a un payaso famoso del siglo XIX, y que como un acto
demostración de su sentir religioso pidió que su sepulcro no fuera orientado en
esta dirección, sin embargo se sabe que esta sólo es una leyenda urbana pues
el payaso Bell descansa en el cementerio de la ciudad de Nueva York. 421
Los sepulcros del cementerio británico son de distintas facturas, encontramos
aquellas que representan símbolos cristianos, algunos con emblemas masónicos
y otros más originales en las que se intentó plasmar algo que estuviera en mayor
concordancia con el difunto.
De los elementos más comunes que se encuentran en el cementerio son las
cruces con coronas de flores, de este tipo de tumbas existen de varios tipos
desde pequeños formatos hasta otras que se encuentran levantadas sobre
algunas pilastras de estilo clásico adornadas por guirnaldas o coronas de flores,
las similitudes con los cementerios de Cornualles son significativas pues el uso
de la cruz es un elemento distintivo en sus cementerios.
421
KIERNAN, “ Panteon Ingles”, p. 3
225
Ilustración 7. Cruces. Cementerio Británico de Real del Monte. Foto. Gabriela Servín
Otro tipo de cruz muy común en las lapidas británicas son las cruces celtas:
“Cruz céltica. Dentro de un círculo que divide en cuatro partes. Conjugan el
simbolismo de las dos figuras y varias correspondencias cuaternarias cristianas
y celtas, como los evangelistas, los elementos y los puntos cardinales”. 422
Los símbolos masónicos se encuentran presentes en el arte lapidario del
cementerio, entre los que destacan rosas negras, estrellas de cuatro picos, las
pilastras y las columnas rotas:
La estrella forma parte del universo, esto significa la lejanía y la luz
... quien se sepultado y lleva una cruz significa que cumplió con el
trabajo que le encomendaron. Las columnas son otro símbolo
masónico…se construyen en pago de la intelectualidad de quien se
encuentra sepultado…las rosas negras significan la belleza de
naturaleza y nos determinan que se un hombre generoso como la
tierra 423
Es importante mencionar que un gran número de lapidas no cuentan con
ningún tipo de identificación u ornamentación funeraria, consideró que pueden
ser de las más antiguas cuando los mineros comenzaron a morir sin una familia
que pudiese pagar la construcción de sepulcro más ostentoso, también en ellos
encontramos lápidas de infantes.
422
FERRER, El lenguaje de la inmortalidad,p. 58.
423
SUÁREZ, El cementerio, p. 52.
226
La mayoría de los ingleses que llegaron a Real del Monte llegaron a trabajar
a las minas, con trabajos peligrosos que deterioraron con el tiempo su salud por
la exposición constante a los gases emanados por los metales. Un barrotero del
Real del Monte mencionó en el contexto de la huelga de 1872 que “: todos
nosotros en general comprendemos que nuestra vida es corta y miserables… en
10 ó 12 años (de trabajo) los que no morimos quedamos a pedir limosnas para
los pocos días que nos restan.”424 La enfermedad que era de las principales
causas de muerte entre los ingleses fue la silicosis, una enfermedad que daña
directamente los pulmones, sobre todo a aquellas personas que se encuentran
en contacto con grandes cantidades de polvo, Raquel Barceló señala que los
índices aumentaron cuando a las minas se introdujo el barreno eléctrico. 430
Según los registros de defunción he observado que las muertes de los
ingleses se pueden agrupar en cuatro según la edad, encontramos a los
infantes, en ellos podemos incluir a los fetos, bebes y niños pequeños, en poco
número están aquellos jóvenes que van de los 12 a los 18 años, otro grupo que
es el más mayoritario que va de los 21 a los 38 años, y el último grupo el de la
gente adulta que no murió a causa directa de los trabajos en las minas con una
edad aproximada de entre los 50 y 64 años.
En el cementerio se pueden observar las actitudes que los ingleses tuvieron
ante la muerte. La muerte de un niño era algo que ocasionaba un dolor muy
grande en los padres esto quedó evidenciado en los epitafios que los padres
mandaban labrar en los sepulcros de sus hijos, cabe mencionar que muchos
fueron los niños que murieron siendo bebes, y otros inclusive antes de nacer,
una mujer podía llegar a tener de 2 a 3 pequeños difuntos que recordar.
424
Manifestación que los barreteros del Mineral del Monte dirigen al Gobernador constitucional del
Estado de Hidalgo, en El Socialista, 18 de agosto de 1872, p. 1-2. 430 BARCELÓ, Morir en tierra,
p.193
227
La gente inglesa que vivió en Real de Monte como hemos señalado al
principio fueron hombres dedicados a la minería que llegaron sin familias, con el
paso del tiempo las relaciones cambiaron se establecieron lazos más estrechos
de amistad y se formaron nuevas familias, ya fuera con mexicanas o mujeres
británicas que fueron llegando durante todo el siglo XIX, principalmente de los
años 1840 a 1904.425
Al morir en la lejanía, los amigos y las familias establecieron vínculos más
estrechos y eso quedó evidenciado en el cementerio. Ya que muchas de los
sepulcros son de carácter familiar y algunos otros se encuentran con una
cercanía muy notoria.
De las familias que se encuentran enterradas en el cementerio está la familia
Grose, ellos llegaron de Claremont Terrace, en Cornualles, y algunos de sus
miembros se encuentran sepultados en la tumba 297. Otras de las familias
inglesas reconocidas en Real Monte y que se encuentra sepultados en el
cementerio es la familia Rule, dos de sus miembros William y Henry se
encuentran enterrados en la tumba 451, en torno a este sepulcro existen
también una serie de suposiciones, entre ellas la vinculación de ésta con el
Conde de Regla: “Sometimes there is a little confusion between the relationship
between the Francisco Rule family and the great mexican mining dynasty of the
Conde Regla but only because “rule” when translated to spanish becomes
“regal”.426 Cabe mencionar que la fama de la familia se debe a la dinastía minera
pues Francis Rule fue el último director de la compañía minera de Real del
Monte antes de su disolución, también fue la misma familia la que donó el reloj
de la ciudad de Pachuca.
Otras de las familias que llegaron en la década de 1820 fueron los Pengelly,
ocho de sus miembros se encuentran sepultados en el cementerio en las tumbas
425
KIERNAN, “British Consulate”,p. 102
426
KIERNAN, Real del Monte, p. 3
228
326, 327, 640 y 549427. Algunos de sus miembros fueron masones, en la lápida
de la tumba de Alberto Pengelly se encuentran presentes símbolos masónicos:
“el símbolo de la escuadra y el compás encerrando una letra G, es decir, God
(Dios, en inglés).El compás está entrelazado con la escuadra, lo cual significa
que fue un maestro, pues cuando no lo está, es un aprendiz. Se presentan estos
instrumentos porque son los que se requieren para la construcción y en
consecuencia significan la perfección.”434
Otras de las familias que se encuentran sepultadas son: Edwards,
Goldsworthy, Grundy, Harrys, Rapson, Snell, Straffon, Waters, Williams, Bray,
Crowle, Davey, Dawe, Daddow, Jenkin, Jenson, Jory, Nichols, Noble,Northey,
Odgers, Phillips,Prat, Rabling,Rado, Retallack, Richards,Scoble,Skewes,
Solomon, Stemple,Sullivan, Trelease, Trevethan, Veale,Vial, Vivian. 428
427
KIERNAN, Bristish Consulate, p. 107
434
SUÁREZ, El cementerio, p. 51.
428
KIERNAN, “Panteon de los Ingleses”,p. 11.
229
4.4 Manifestaciones culturales y prácticas funerarias
¡Cómo pensar, un instante siquiera,
Que el hombre mortal vive!
El hombre está muerto de miedo,
De miedo mortal a la muerte.
Paradoja del miedo. Xavier Villaurrutia
El acto de morir a lo largo de la historia ha generado una serie de ritos y
prácticas que se han insertado como elementos esenciales de la cultura
funeraria, dejando muestras materiales e inmateriales, prácticas que realizan los
vivos para dar un último adiós a sus difuntos.
El cementerio ha sido el contenedor material del dolor, del miedo al olvido, de
la búsqueda por perpetuar la memoria, en su espacio cada piedra nos habla de
lo que hacen los vivos por mantener el recuerdo, así como de sus creencias
sobre el destino del alma, y de la continuidad que se la ha otorgado a la vida
después de la muerte en la creencia de que algún día el vivo se reencontrará
con el muerto en el más allá. Estas prácticas funerarias se engarzan con el
pensamiento religioso pero no lo limitan, en muchos casos lo transforman y lo
confieren de un sentido propio.
La comunidad inglesa que llegó a México tuvo que adaptar sus rituales
funerarios al contexto del momento, el objetivo que persigue este texto es
conocer de manera general los aspectos centrales de lo que entendemos por
rituales funerarios y en un segundo momento señalar algunos aspectos centrales
de los ritos funerarios que realizaron la comunidad inglesa en sus cementerios,
es prudente advertir que la información es escasa, pero no por eso de menor
valía.
Me gustaría comenzar mi argumentación dialogando sobre el ritual funerario
y lo que algunos autores han señalado al respecto. Partiendo de estas prácticas
culturales como aquellas que nos permite acercarnos a los pensamientos y
sentimientos en torno al acto de morir, pues en ellas quedan plasmados
230
símbolos y representaciones tanto de la vida como de la muerte. El ritual ha sido
a lo largo de la historia un elemento que ha permitido conocer parte del
pensamiento religioso, cultural e ideológico de una comunidad, en ellos los
hombres han plasmado su visión del mundo, sus miedos, sus dolores, alegrías y
fortalezas.429
Los ritos son una serie de actos que tienen que ver directamente con aspectos
importantes de la vida ya sea individual o colectiva, ceremonias que marcan en
muchas ocasiones el inicio y el término de la vida. Es un acercamiento con lo
sagrado y lo mítico, a decir de Durkheim éste es un claro ejemplo de
demostración de los sentimientos de una persona o una comunidad que sirve
como un medio para llegar a comprender su pensamiento religioso, creencias y
tradiciones; cada rito tiene su propias características. 430
El ritual ha jugado un rol como cohesionador social, que a decir de Norbert
Elías, estos abren un espacio para la socialización, en la identificación con
sentimientos e ideas: “las ideas y los ritos comunes unen a los hombres, las
ideas y ritos diferentes separan a los grupos”431
Un ritual funerario, según las conceptualizaciones realizadas por el
antropólogo Arnold Van Gennnep es un rito de paso, en los que se incluyen
aspectos trascendentales en la vida como: nacimiento, iniciación, matrimonio y
muerte, es un rito de separación.432
Podemos definir como ritual funerario aquellas prácticas que la sociedad
realiza para despedir, purificar y procurar que el difunto tenga un buen descansó,
429
MORÍN, El hombre, p. 17.
430
RAMÍREZ y ROSALES, "Los ritos funerarios”, p. 352.
431
ELÍAS, La soledad, p. 25
231
así dependiendo del credo religioso estas son modificadas. Lo que permanece
es el respeto por el cadáver y la creencia de una inmortalidad del alma, a decir
de Frazer: “es imposible no sorprenderse ante la fuerza, y quizá debiéramos
decir ante la universalidad de la creencia en la inmortalidad”.433
Esa aparente inmortalidad no se relega a un pensamiento sagrado sobre el
destino del alma, se transfiere a otros aspectos tanto materiales como
inmateriales que significan las emociones que se generan alrededor del cadáver
humano, pretendiendo así la conservación de éste, como un acto de
prolongación de la vida.434 Esta inmortalidad es contenida en las sepulturas y los
cementerios, como guardianes de la memoria. En esta búsqueda, la muerte no
sería el fin del ser querido, pensamiento que lograba aminorar el sufrimiento de
los dolientes.
El ritual funerario es el último acto colectivo; pese a que la muerte es
individual, son los vivos los que exteriorizan sus actitudes ante la muerte, los que
deciden las ceremonias y los rituales funerarios. Una serie de prácticas en las
que prepara el camino para la separación entre los vivos y el difunto, en ellos “el
hombre reconoce su mortalidad, y confiere a la muerte de un lenguaje
inmortal”435, así como de símbolos con significantes que muestran diversos
niveles de realidad, un nexo entre el mundo de los vivos y el mundo de los
muertos, al mismo tiempo que expresan sus pensamientos en torno a lo sagrado
en su expresión individual y colectiva.
Como ha señalado Philippe Ariés en occidente el acto de morir ha implicado
ceremonias en las que los hombres muestran solidaridad con su colectividad, al
igual que son demostraciones de status social436. Estas ceremonias han pasado
433
MORÍN, El hombre,p. 24.
434
MORÍN, El hombre,p. 23.
435
MORÍN, El hombre, p.24.
436
ARIÉS, Morir en occidente,p. 396
232
por una serie de transformaciones que tienen que ver directamente por un lado
con el lugar, los pensamientos y sentimientos respecto al acto de morir.
Pese a sus transformaciones a lo largo de la historia estos rituales han
conservado rasgos específicos como: el acompañamiento al moribundo, los
actos religiosos, la velación, el enterramiento o cremación, y por último el duelo,
estas etapas se han llenado de símbolos según la época de factura; elementos
que muchos autores los han identificado en sus estudios, analizando así a los
rituales de la edad media, el barroquismo del siglo XVII y XVIII y a la seductora
belleza de la muerte del siglo XIX.
Me gustaría resaltar el concepto de intimidad que surge en esta serie de
cambios que tuvieron los rituales funerarios sobre todo en siglo XIX, pues pese a
que nunca pierde su sentido colectivo el contacto con el moribundo- difunto se
transformó:
Les liens familiaux se resserrent et se chargent d'une sensibilité
nouvelle. « L'affectivité, jadis diffuse, s'est désormais concentrée sur
quelques êtres rares dont la séparation n'est plus supportée et
déclenche une crise dramatique: la mort de toi ». La mort est organisée
et gérée exclusivement par la famille. Pour M. Vovelle, l'intimité du
moment de la mort constitue un changement social majeur au XIX e
siècle. Le rituel de mort traditionnellement communautaire où les
passants se massent dans la chambre du moribond existe encore,
mais il va progressivement êtres ressenti comme incongru. 437
La intimidad se filtró en todos los aspectos de la vida familiar incluyendo en
estos al acto de morir, lo que antes tenía más un sentido colectivo y religioso,
comenzó a ser visto por algunas sociedades más con carácter privado, sobre
todo en la parte del ritual que concernía a la casa, guardando la parte pública
para la velación y el entierro.
437
PRIOLEAU Élise, Le lien symbolique entre les vivants et la mort en occident: entre déni et
omniprésence, Mémoire presenté comme exigence partielle de la Maîtrise en sociologie, Université du
Québec a Montréal, 2011, p.29-30
233
Es necesario señalar que los rituales funerarios son parte de una serie de
prácticas de una cultura funeraria más amplia en el que se incluyen otras
manifestaciones que dan cuenta de la actitud del hombre ante la muerte, estas
son: los sepulcros, los epitafios, las esquelas funerarias, la fotografías, entre
otras.Un sepulcro más que una obra de arte forma parte de este andamiaje de
prácticas que buscan perpetuar el recuerdo del difunto, si bien es cierto que
muchas veces son copias de una catálogo o de algún otro sepulcro su
importancia tiene un valor por sí mismo. La palabra sepultura proviene del latín
sepelire, que significa sepultar o enterrar, es el lugar en donde se entierra a uno
o más muertos, el sepulcro pues “es una construcción levantada sobre el suelo,
cubriendo o encerrando los restos de uno o varios muertos”438.
Un sepulcro en tanto que práctica cultural nos habla algo respecto de quien
yace en él, su identificación personal es decir, nombre, edad, y lugar de
procedencia, su filiación religiosa y en algunos casos su filiación política, así
como a la clase social perteneció que se puede observar en sepulcro mismo y
en la geografía del cementerio, es decir el lugar en el que se encuentra. Como
parte final se encuentran todos los elementos que rodean al sepulcro, desde la
elección de tal o cual figura, hasta los pequeños detalles como simbolismos que
nos hablan más de quien yace en él pero también de la familia o personas
cercanas al difunto que son quienes mandan a realizar su última morada.
El epitafio forma parte importante del desarrollo del lenguaje escrito alrededor
de la muerte, palabra de origen griego que el Diccionario de la Real Academia
española ha definido como “antigua inscripción difícil de descifrar”. Esta
definición se enmarca en un contexto histórico en específico pues las primeras
inscripciones funerarias realizadas en Mesopotamia solían tener una serie de
símbolos vinculado con aspecto más bien sagrado, y eran de difíciles de
descifrar, de ahí el significado.
438
DUQUE Ana Hilda y Lolibeth MEDINA, “De enterrados a fieles difuntos” en Diálogos Culturales.
Historia, educación, lengua, religión e interculturalidad, Venezuela, SABER-UAL- Universidad de los
Andes, p.15.
234
La importancia de epitafios radica no sólo en el mensaje que los familiares
plasman para que forme parte del lenguaje visual del sepulcro, sino porque
gracias a éste se pierde el sentido del anonimato; pueden ser: “de tipo
autobiográfico, la del individuo que buscando la gloria póstuma, intenta justificar
sus acciones y enaltecer sus virtudes y la de la intención ideológica, que logra
filtrarse en las palabras sepulcrales, para exponer el credo, filosofía, filiación
política y estatus del difunto”439. Sumado a esto me gustaría resaltar que en la
factura de estos a lo largo del siglo XIX, no se limitó al cuidado del buen nombre,
o a la exposición de planteamientos religiosos o políticos, se desarrolló un
lenguaje en torno a la muerte que se enmarca dentro del romanticismo y la bella
muerta, haciendo uso principalmente de la poesía, que en muchos casos era
realizada por los familiares, amigos, o hecha por encargo, inclusive algunos de
estos poemas póstumos fueron realizados en vida por el que tiempo después se
convertiría en difunto.
Las esquelas funerarias forman parte de estas prácticas culturales que
pertenecen al lenguaje escrito en torno al acto de morir, su función en un primer
momento fue de carácter privado y con el paso del tiempo pasó a ser colectivo.
Era una práctica común que las familias de los siglos XVII y XVIII escribieran
cartas de condolencias las cuales tenían que seguir con estricto protocolo y
simbolismos. Fue con los editores franceses que su carácter familiar rompió para
dar paso a una práctica pública, anunciando en periódicos el fallecimiento de
alguna persona, la esquela funeraria de la prensa pronto se comenzó a utilizar
en Reino Unido y así con el paso del tiempo fue algo común a nivel
internacional. 440
Además de anunciar sobre el fallecimiento ellas anunciaban donde se
llevarían a cabo los servicios funerarios, así como para mostrar las condolencias
a la familia doliente, en un primer momento fueron de carácter gratuito y después
439
FERRER Eulalio, El lenguaje de la inmortalidad.Pompas fúnebres, México, Fondo de Cultura
Económica, 2003, p. 96.
440
FERRER, El lenguaje , p, 158.
235
este servicio llegó a tener un costo monetario según el tipo de tipografía y su
extensión, gracias a la elaboración de este tipo género literario en la actualidad
tenemos fuentes de gran valía para el estudio de los rituales funerarios. 441
La fotografía pos mortem es parte importante de estas prácticas para el
rescate de la memoria y resguardo del recuerdo. Desde la llegada del
daguerrotipo a México las familias comenzaron a hacer parte de su historia
familiar un recuerdo materializado en imágenes, los que tenían acceso al
novedoso invento buscaron retratar aspectos importantes de su vida, retratar
rituales funerarios y al difunto no fue una excepción, por el contrario fue muy
recurrente. El antecedente inmediato lo ubico en la época colonial novohispana,
con los retratos funerarios llamados “dormiciones” a los que solo podían
acceder familias ricas por el alto costo que implicaba una pintura de tal
envergadura.
En este tipo de retratos era común la representación de un niño con la
mortaja de algún santo, de alguna orden religiosa a la cual se le encomendaba
el alma del difunto, así como una corona de flores con guirnaldas y de otra
especie, representando la pureza de su alma y su florecimiento en el reino de los
cielos. En este tipo de pinturas fue común representarlos con los ojos entre
abiertos, para permitirle ver su camino hacia el cielo y sus manos generalmente
juntas sobre su abdomen sugiriendo que se encontraban en oración perpetua.442
También fue común que la aristocracia novohispana pintara vivos a los niños
muertos, adornándolos con ropas suntuosas para significar la nobleza del linaje
al que habían pertenecido en vida. Estas imágenes fueron el modelo en el que
se basaron las fotografías pos mortem del siglo XIX.
La fotografía sustituyó el retrato pictórico por ser un medio más barato, que
poco a poco fue utilizado por los distintos estratos sociales, así se dio paso a un
441
FERRER, El lenguaje,p.185-187.
GUTIERRE ACEVES, “Imágenes de la inocencia eterna”, en Artes de México, El arte ritual de la
442
muerte niña, Tomo 15, México, Primavera 1992, p, 27.
236
retrato familiar. Esta costumbre no fue privativa de México si no que corresponde
a un contexto internacional, ya que este tipo de imágenes eran capturadas tanto
en Europa como en América Latina, eran de encargo, y en ellas pretendió
perpetuar la memoria del difunto, tanto los cuadros como fotografías post
mortem, recordaban el memento mori que en latín significaba recuerda que vas
a morir, se inscribieron dentro de la corriente romántica la cual exaltaba al
sentimiento sobre la razón, la imaginación y la armonía con la naturaleza.
Consideró que partir de estas reflexiones sobre la cultura funeraria es de gran
valía para entender las rituales funerarios que los ingleses realizaron para dar el
último adiós a sus difuntos, la información que utilizaremos como nuestra fuente
principal son los sepulcros y los epitafios.
Los ingleses que llegaron a México como ya mencionamos en un primer
momento tuvieron problemas de índole religiosa y no podían ser enterrados en
los camposantos, por lo tanto el ritual funerario se relego al ámbito de lo privado,
la mayoría de ellos eran protestantes y otros tantos pertenecieron al grupo de los
masones lo que determino estos rituales de paso.
De las ceremonias funerarias que realizaron los ingleses en su cementerio se
tiene escasa información, no obstante podemos dialogar sobre varios puntos
centrales de la misma. Existen dos tipos de ceremonias fúnebres que tienen una
relación directa con su aspecto sagrado, por lo tanto podemos decir que existió
una de carácter pública y otra cerrada, que se desarrollaba al interior del
cementerio, esta generalmente era llevaba a cabo cuando el difunto era
masón.443
Los rituales funerarios de los protestantes varían según la cultura, la familia y
el lugar de nacimiento y residencia, sin embargo pese a lo anterior se pueden
señalar aspectos generales. Los funerales que realizan los protestantes para
despedir a sus muertos los podemos ubicar en dos vertientes, por un lado se
443
SUAREZ, El cementerio,p.50
237
encuentran los que realizan un rito litúrgico formal muy bien estructurado, y los
que llevan a cabo prácticas de despedida con menores exigencias. 444
En las ceremonias fúnebres era algo muy común que se le diera lectura a
pasajes bíblicos sobre todo al: salmo 1-9, 23, 91, corintios 1-8, 5, tesalonicense,
4-13-18, Apocalipsis, 21, 3-7, 22, 4 y 5.445 Después de la lectura, en muchas
ocasiones se continuaba el ritual con un homenaje póstumo, que era llevado por
algún familiar o amigo, el que decía algunas palabras de despedida, haciendo
hincapié en el cuidado del buen nombre del difunto.446 Después de lo anterior se
realizaba una prédica la cual era breve y sencilla, su objetivo principal era
consolar y reflexionar sobre la esperanza cristiana de la vida eterna, seguido del
himno de la congregación, en la bendición final era algo común que se leyera a
Judas 24-25:
Al Dios único, que puede preservarlos de todo pecado y presentarlos
alegres y sin mancha ante su propia Gloria, al único que nos salva
por medio de Cristo Jesús nuestro Señor, a él la gloria, honor, fuerza
y poder desde antes de todos los tiempos, ahora y por todos los
siglos, Amén.
Después la ceremonia funeraria como rito de separación se realizaba al interior
del cementerio, sin embargo es pertinente señalar que éste dependió si el
difunto perteneció en vida a alguna logia masónica. Ya en el cementerio los
deudos y ministros de la fe continuaban con el acto:
Al pie del nicho y con el féretro listo para ser introducido, el pastor
orará así: Por cuando a nuestro Soberano Dios le plació en su
perfecta voluntad, el llamar a su presencia a nuestro hermano/a,
nosotros con dolor y resignación aceptamos su santa voluntad. Por
tanto ahora encomendamos su cuerpo a la tierra, polvo al polvo y
ceniza a la ceniza, hasta aquel día glorioso cuando todos los muertos
en Cristo resucitarán, de los cuales es uno de ellos, amén. Mientras
444
DE LA TORRE DÍAZ Francisco Javier, La experiencia de musulmanes, judíos y cristianos ante el
sufrimiento, la muerte y la enfermedad, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2011, p. 371
445
DE LA TORRE DÍAZ, La experiencia de musulmanes p. 371
446
DE LA TORRE, La experiencia de musulmanes p. 372.
238
se introduce el féretro en el nicho se puede hacer una lectura bíblica
de las antes mencionadas y concluir con una bendición final.447
Los ingleses que llegaron a México no sólo profesaron el protestantismo
también se sabe que gran número de ellos pertenecían a logias masónicas, esto
marcaría los rituales de paso que llevaron a cabo en el cementerio.La ceremonia
establecía lo bello que significa el vivir, lo importante que significa el morir y así
como lo valioso que realizó la persona en vida.448
Cuando un miembro de la logia moría, el líder fijaba el día y hora del funeral,
podían asistir los miembros de la orden y la familia, de ahí que este rito era
restringido. Durante velación del féretro se colocaba a la entrada del cementerio
en un ataúd de piedra que servía como descanso, permanecía abierto. Durante
esta parte de la ceremonia fúnebre la familia y la comunidad que no pertenecía a
la logia esperaban afuera del panteón. Ya comenzada el ritual fúnebre el líder
de la orden se colocaba a la cabecera dedicando al difunto palabras de honor,
los símbolos de la orden engalanaban la ceremonia, seguido a esto se cerraba el
féretro se entonaban canticos, después los miembros de la comunidad se
tomaban de las manos y renovaban sus juramentos. Terminada la ceremonia la
familia y demás acompañantes entraban al panteón rodeando al difunto,
entonando cantos fúnebres, comenzaba el recorrido dentro del cementerio hacia
la tumba asignada, para el entierro los miembros de la logia se colocaban a la
cabecera y daban lectura a una serie de oraciones que exaltaban la protección
divina, la fraternidad y la vida eterna.449
El acto de morir ha creado en el hombre expresiones puras tanto de sus
creencias religiosas y así como de sus sentimientos, el morir en la lejanía implicó
para los ingleses un doble dolor, ya que muchos de ellos sabían que no
regresarían de nuevo a su tierra natal. Por el otro lado se encontraban los
familiares que vivían en Cornualles que generalmente se enteraban del deceso
447
DE LA TORRE, p. 372.
448
SUAREZ, El cementerio británico,p. 50
449
ZUÑIGA, Juan Federico “Los ritos funerarios en las sociedades iniciáticas”, en Memorias,p.362
239
en meses posteriores por medio de alguna carta. Ante la impotencia y el dolor
que implicó este tipo de perdidas, los familiares que permanecían en Cornualles
mandaban realizar en el cementerio de su localidad una lápida para conmemorar
la memoria de su difunto en México. Existen registradas 40 sepulturas de este
tipo, cabe señalar que muchas de ellas comenzaron siendo individuales y con el
paso de los años se convirtieron en familiares, así con alguna inscripción
recordaban a su familia en México.450
Sin la presencia del cadáver, los objetos relacionados con el difunto, una
prenda de vestir, una herramienta, la pipa, o simplemente una carta con su puño
y letra, lo suplen en el ritual y acentúan la ausencia dolorosa.
De los monumentos que se realizaron en Cornualles el más temprano lo
ubico en el año de 1844 en el cementerio “St Day”, es un sepulcro que cuenta
con una placa dedicada a John Todd, que trabajó en Liverpool como albañil por
14 meses y después se embarcó a México en julio de 1841 en el Corinthian de
Liverpool, en la placa también se encuentra la siguiente inscripción “sacred to
the memory of Jane Kinsman of St. Day who departed this life oct. 29 th 1844
aged 19 years”.451
En el año de 1846 E. J Rowe mandó construir un monumento funerario en
memoria de su hermano Henry Pengilly que perdió la vida en la mina “East
Wheal Rose Mine” a los 29 años de edad. Este monumento funerario es de
carácter familiar, en él también se honra la memoria de su hermana Amelia que
murió en Pachuca el 13 noviembre de 1859, a la edad de 39 años, así como de
Elizabeth Pengilly que murió en Redruth 11 de julio de 1874, a los 65 años de
edad y de su hermano Tomás quien murió en Pachuca el 26 de mayo 1888, a la
edad 72 años. Este sepulcro familiar se encuentra en el cementerio de la iglesia
parroquial de Treleigh, es un monumento de mármol que tienen una posición
450
KIERNAN, “Memorials”p. 109
451
KIERNAN, “Memorials”p. 109
240
vertical tiene una placa con las letras grabadas que recuerdan a cada uno de los
difuntos que en él se recuerdan. 452
El cementerio inglés de Real del Monte resguarda los restos de varios
miembros de la familia Pengilly, se localizó a Thomas Pengilly quien se recuerda
en el sepulcro de Cornualles y que en México yace en el espacio antes
mencionado en la tumba 326, cabe mencionar que en ambos registros los datos
coinciden.
Este tipo de construcciones en recuerdo de los familiares o amigos
avecindados en México se realizaron sobre todo para la segunda mitad del siglo
XIX y primeras década del XX. De esta manera se fueron creando sepulcros
representativos en los distintos cementerios de Cornwall.
Ya para 1900 encontramos el sepulcro dedicado a la familia Retallack. El 1 de
abril del año 1895 murió a la edad 52 años Edward Retallack en Pachuca, fue ex
integrante de Troon, Camborne, y es recordado en este memorial que se
encuentra en el cementerio Treslothan, el pequeño sepulcro es resguardado por
un barandal de hierro, es de mármol con bordos de granito, cuenta con epitafio.
453 Los restos de Edward Retallack descansan en el cementerio inglés de Real
del Monte en la tumba 486.
Con este tipo de prácticas que llevaron a cabo los ingleses en Cornualles
podemos entender la relación tan estrecha que mantenían los ingleses con sus
familias, el dolor de la separación se llevó hasta la muerte. La unión y el respeto
entre familias, se manifestó en sus prácticas funerarias y en el cementerio
mismo.
Los epitafios como ya lo hemos señalado son parte importante de ese
lenguaje escrito en torno a la muerte resulta una fuente documental para poder
acercarnos a los rituales que llevaron a cabo los ingleses en tierras mexicanas.
452
KIERNAN, “Memorials”p. 109
453
KIERNAN, “Memorials”p. 109
241
De las tumbas que se encontraban en el cementerio de Tlaxpana gracias a la
destrucción y al poco interés por el espacio no se ha podido localizar algún
epitafio que se haya escrito en conmemoración de algún difunto. Los que
permanecen aún tanto en registro cómo materialmente son los que elaboraron
los ingleses con residencia en Real del Monte. Puedo señalar que éstos
dependieron mucho al estatus social del difunto, existen muchas tumbas en el
cementerio que solo son montículos de tierra, muchas de ellas pertenecientes a
niños o mineros, con familias que no contaban con los recursos suficientes para
la construcción de un sepulcro, otros tantos eran mineros solitarios que a su
muerte la comunidad se hacía cargo sin el menor lujo.
Por el otro lado encontramos el caso de las familias que contaban con el
privilegio de brindar a su difunto un sepulcro más sofisticado. Fueron de varios
tipos por un lado encontramos epitafios individuales y otros colectivos, aquí me
gustaría resaltar la importancia que se puede observar en las sepulturas y
epitafios para los infantes. Como ya mencionamos con anterioridad el grado de
mortalidad infantil era elevada, sin embargo el resguardo de sus cuerpos era
vital para la familia, así este tipo de epitafios dotan al cementerio de un
sentimiento especial. Las palabras en el recuerdo de su difunto angelito que
imprimen al sepulcro ese dolor por la pérdida. El 18 de Marzo de 1890 murió en
Pachuca en la mina de Santa Gertrudis el niño William Henry a la edad de diez y
seis meses, hijo de Richard y Susan Sobey, así con palabras los padres dieron
materialidad a su sentir en una búsqueda por perpetuar la memoria de su
pequeño hijo:
My harp it is gold, my tune it is sweet,
And today, I am sitting at Jesu´s feet,
I´m waiting to welcome, when never God´s ends,
242
For father, mother, brothers, sisters and friends.454
El sepulcro del pequeño Henry se encuentra en el cementerio Ingles de Real
del Monte, localizado en la tumba 81, las expresiones vertidas en las letras
denotan el cuidado que la familia pretende darle a su difunto, “con un canto
dulce te doy la bienvenida”, un posible “no temas a la muerte, ahora no cuidaran
de ti tus padres, cuidara Jesús” se plasma su pensamiento religioso, así como la
búsqueda de consuelo ante la pérdida.
Otro epitafio dedicado a un niño difunto, es el de la tumba 630 de la niña Mary
Louise Hope, que murió el 3 de octubre de 1932 a la edad de ocho meses:
To this end was I born,
And for this cause came
I into this world
That I should bear
Witness to the truth.455
Sin embargo es pertinente señalar que muchas son las tumbas que pertenecen
a niños que no cuentan con una inscripción ni un sepulcro de grandes
proporciones. Son generalmente tumbas de tierra que no tienen una inscripción
funeraria que permita su identificación, lo único que varía, es el tamaño y los
registros que permiten ubicar este tipo de sepulcros.
Otro tipo de epitafios que llaman la atención por el tema que traen a relucir,
son aquellos que se han realizado para identificar y recordar a algunas personas
que murieron por una muerte violenta o un accidente. El día 31 de Julio de 1864
fue asesinado en la carretera de camino para Real del Monte, Issac Prout a una
454
KIERNAN, “Panteon ”,p. 14, Mi arpa es de oro, mi canción es dulce, Y hoy, estoy sentado a los pies de
Jesús, estoy esperando para darle la bienvenida, cuando el poder de dios nunca termina, por el padre,
madre, hermanos, hermanas y amigos.
455
KIERNAN, “Panteon ”,p. 14, “Yo por algo he venido, por algo yo estoy en este mundo, para ser testigo
de la verdad”.
243
edad de 31 años: “they weakened my strength in the way they have shortened
my days”456
Otro epitafio de este tipo es el que se encuentra en la tumba 456 de Thomas
Gundry que murió a la edad de 21 años en un accidente en las minas de Santa
Gertrudis. Sus padres John y Elizabeth le mandaron inscribir en su sepulcro las
siguientes letras:
A beautiful voice from us has gone.
A voice we loved is still
A place is vacant in our home
That never can be filled also.457
Recordando la idea de que el cementerio ha servido como un contenedor del
dolor ante la ausencia de un ser querido, que marca de una nueva historia de
familia, esto queda claramente plasmado en el epitafio a Thomas Gundry. La
frialdad aparente de los ingleses ante el acto de morir quedaría en duda ante
este tipo de manifestación escrita.
Dentro de los epitafios encontramos también los que evocan el recuerdo del
ser amado. El 11 de Abril de 1888 murió Richard Metters a la edad de 21 años,
su esposa Barbara Metters grabo en su sepulcro las siguientes letras:
In perferct health I went frome home, not thinking my race was run,
As flowers grow and they decay, sudden death snatched me away,
little I thought my time so short, this world to remain, and from my
home I went away, never to return again, the stroke of death ended
my time, cut me off in my prime, short was my life sharp was my pain,
farewell my wife and brother dear, I am not dead but sleeping here,
my debt is paid my grave you see, therefore prepare to follow me.458
456
KIERNAN Michael, “Panteon” p. 16, “Debilitan mi fuerza en la forma en que se han acortado mis días”
457
KIERNAN Michael, “Panteon” p. 17Una voz hermosa de nosotros se ha ido. Una voz que nos encantó
es todavía
Un lugar está vacante en nuestra casa, eso nunca se puede llenar también.
458
KIERNAN Michael, “Panteon” p. 26 En perfecto estado de salud me fui de casa, sin pensar en mi
carrera esta ejecutó, como flores que crecen y se desintegran, la muerte repentina me arrebató, poco pensé
que mi tiempo era tan corto, este mundo se mantiene, me fui de mi casa y nunca volveré de nuevo, el golpe
de la muerte terminó mi tiempo, me cortó en mi mejor momento, mi vida era corta afilado fue mi dolor,
244
Este epitafio es más extenso que los anteriores y expone varios tópicos de
análisis, por un lado está escrito en primera persona, siendo el difunto el que
escribe el mensaje para el visitante de su sepulcro, menciona en dos ocasiones
como la muerte le arrebato la vida a corta edad, aclarando que no murió por una
enfermedad, y expone el pensamiento de la inmortalidad expuesto al comienzo
de este texto: “I am not dead but sleeping here”, mirar la muerte como un sueño,
es algo que forma parte de una creencia religiosa, que promete la resurrección
de los muertos en el día del Juicio Final, y que ayuda a minorar el dolor ante la
ausencia.
4.5 Reflexiones
Con la apertura de los países latinoamericanos a la oferta migratoria se
hizo necesario adecuar espacios para albergar a los difuntos, sobre todo a los
protestantes o aquellos que profesaran otra religión, fueron los extranjeros que
ante las dificultades y el dolor fueron creando estos nuevos espacios. La
creación de los cementerios de extranjeros en América Latina siguieron por lo
general ciertos patrones, por lo general se construyeron en espacios privados
comprados por las asociaciones creadas por las distintas colonias extranjeras;
cabe señalar que en algunos casos estos terrenos se encontraban al interior de
algún cementerio civil, pero siempre bien delimitado, como el caso del
cementerio de disidentes en Santiago y Concepción en Chile. En México ocurrió
algo similar como el caso del cementerio Italiano y el prusiano que se encuentra
al interior del Cementerio de Dolores, la investigación no pudo definir con
exactitud si el cementerio prusiano fue construido. De lo que se tiene noticia es
de la concesión otorgada a la sociedad de beneficencia alemana para la
creación de su panteón que se ubicó en el Panteón de Dolores. El espacio de
inhumación de la comunidad italiana en México se localizó al interior del
adiós a mi esposa y a mi hermano querido, no estoy muerto, sino que duermo aquí, mi deuda se paga mi
tumba que ver, por lo tanto, se preparan para seguirme.
245
Cementerio de Dolores y con una historia que inició El 7 de diciembre de 1897
cuando el presidente de la Sociedad Italiana de Beneficencia “Humberto 1” Sr.
O.G Nibbi solicitó un lote al Ayuntamiento de la ciudad para crear en el Panteón
Municipal de Dolores un cementerio privado.
Otra práctica funeraria que establecieron las colonias de extranjeros y que
involucró directamente al gobierno mexicano fue el retorno de sus difuntos a su
tierra de origen, cabe señalar que durante las primeras décadas del siglo XX
algunos norteamericanos fueron los que más gestionaron permisos para
exhumar a sus muertos a fin de trasladarlos, por lo que solicitaban el permiso a
la Dirección General de obras públicas. Para que esto fuera concedido era
necesario seguir ciertos lineamientos sobre todo de orden higiénico, por lo que el
traslado tenía un costo muy elevado.
Otra de las temáticas que se abordaron fue la creación de los cementerios
británicos como estudio de casos más específicos. La llegada de los ingleses a
México puede rastrearse desde la época novohispana. La recepción por parte de
la sociedad mexicana a esta comunidad ha sido ambivalente, sobre todo por sus
creencias religiosas. El temor de la iglesia católica originó algunas
manifestaciones sociales de repudio, al considerarlos como herejes. Al pasar el
tiempo los ingleses radicados en la Nueva España comenzaron a morir, y
enterrar a sus difuntos, resultó una gran dificultad pues no contaban con
espacios propios donde sepultar a sus muertos, pese a que se tiene noticia de
que en algunos camposantos se les permitió dar sepulturas a algunos
extranjeros, esto no fue extensivo para todos y tampoco se realizó así en todas
las provincias.
La llegada a territorio mexicano no fue sencilla y el viaje en barco fue el
escenario de las primeras muertes y demás enfermedades que asolaron a esta
comunidad; ya que para estos años las condiciones en las que se encontraban
los barcos no eran las más óptimas. Algunos morían en el trayecto, otros por las
condiciones de los barcos hacían que no llegaran en óptimas condiciones de
salud. El puerto de donde arribaron la mayoría de los ingleses fue Veracruz, era
246
un espacio peligroso pues muchos se contagiaron de la fiebre amarilla y
murieron.
Poco se sabe del destino del cuerpo de estos ingleses, tan sólo que fueron
enterrados cerca del puerto, lo que nos lleva a reflexionar que es muy probable
que por ser protestantes se hayan limitado solamente a dar sepultura sin realizar
más rito funerario, y que al igual que en otros casos de muerte de protestantes el
mar fue el destino para los cuerpos, vista como la única opción. El dolor de la
comunidad no se plasmó en símbolos materiales y quedó confinando a la
clandestinidad, además otro punto a consideración fue la causa de muerte.
Por estos motivos los ingleses fueron los primeros en manifestar su
preocupación ante este ambiente de intolerancia. En el año de 1824 en un
comunicado pidieron al gobierno mexicano dar una mayor apertura a las
cuestiones religiosas, que aportaran soluciones inmediatas a este tipo de
manifestaciones sociales que se venían suscitando.
Se construyeron dos al menos bien identificados. Uno fue el de Tlaxpana en la
ciudad de México que partir de su creación en el año de 1826 dio sepultura de
manera ininterrumpida hasta la fecha de su clausura. El cementerio como
espacio funerario se destruyó en 1970, año en que fue donado al gobierno
mexicano, se destinó una parte para parque y la otra para obra vial quedando
como único vestigio la capilla. El otro cementerio fue el británico Real del Monte,
en Pachuca Hidalgo. Existen algunos mitos acerca de su fundación. Se dice que
antes que llegaran los ingleses al lugar se encontraba viviendo entre la gente
una persona que era judía y que al morir le fue negada la sepultura en el
camposanto de la Iglesia.
El interior del cementerio presenta sepulcros de distintas facturas. Su sello
particular es la alineación de las tumbas las cuales miran hacia el este
señalando que miran hacia Inglaterra. Sin embargo al parecer esto era una
coincidencia, pues muchos lugares sagrados según el cristianismo, se orientan
al este-oeste, los significados son variables, se dice que al este se encuentra la
Tierra Santa, también se vincula con la salida y puesta del sol. El sol es un
247
símbolo de luz que para los cristianos tiene que ver directamente con la
divinidad.
De los elementos más comunes que se encuentran en el cementerio son
las cruces con coronas de flores, de este tipo de tumbas existen de varios tipos
desde pequeños formatos hasta otras que se encuentran levantadas sobre
algunas pilastras de estilo clásico adornadas por guirnaldas o coronas de flores,
las similitudes con los cementerios de Cornwall son significativas pues el uso de
la cruz es un elemento distintivo en sus cementerios.
Al arte lapidario del cementerio es rico y denota el estatus social de los
que en espacio duermen, sin embargo esto no fue extensivo para todos pues
existen muchas tumbas que solo son de tierra, que provienen de muchos de los
mineros que llegaron a trabajar en las minas y no forjaron fortuna.
De la cultura funeraria de los ingleses podemos decir que fueron pioneros
en la introducción de epitafios, algunos sólo señalaron el nombre y fechas de
muerte, sin embargo en otros casos eran auténticos relatos de vida escritos en
verso. Otra práctica que llama la atención fue la creación de cementerios
simbólicos en Cornualles, Inglaterra, creados por los familiares ingleses en
memoria de sus difuntos en México y en otras partes del mundo.
El cementerio británico del Real del Monte pugna por convertirse en un
sitio de memoria al aire libre, por la belleza de su arte lapidario y la innovación
de sus materiales que evocan la tierra minera que les da cobijo. Sin embargo es
pertinente señalar que está descuidado porque al ser un cementerio privado la
municipalidad no se hace cargo de los gastos de mantención y, por su parte, si
bien la embajada británica realizó algunas gestiones, poco se ha concretado, de
manera que con el paso del tiempo el cementerio está perdiendo parte de su
patrimonio
248
CAPITULO 5.
UNOS ESPACIOS FUNERARIOS MUY
AFRANCESADOS
249
5.1 El Cementerio Francés de la Piedad
¡Nacen entre los cráneos tantas rosas con el rico perfume de la vida!
Ignacio Manuel Altamirano
La ciudad de México fue el centro de poder político, económico, y cultural
durante el ochocientos, espacio contenedor de la propuesta de modernidad, y el
afamado progreso, cuna de la pestilencia y las malas costumbres, de la
prostitución y de las clases peligrosas: la metrópoli mexicana. Es en este lugar
multifacético en donde se establecieron la mayoría de las colonias de
extranjeros, incluida en estas a los franceses.
El siglo XIX fue un período de grandes revoluciones a nivel internacional,
sobre todo en el área científica y tecnológica, que transformó muchas de las
actividades del espacio de la ciudad. París fue la burbuja de la modernidad, de
ella provenía todo lo que era digno de imitación, la arquitectura fue importada
como el modelo con más países seguidores y México no fue la excepción, la
cultura francesa se fue filtrando sutil y suavemente por las calles de la ciudad,
almacenes, vestidos, cafés, el anhelo era vivir la belle époque mexicana, las
costumbres de los hombres en vida incluyen al acto de morir, de esta manera el
cementerio creado por los franceses en la ciudad de México se encontraba
presente como un punto de admiración por su elegancia y buen gusto.
250
El siguiente capítulo que el lector tiene a su disposición trata sobre la
creación del cementerio francés así como del proceso de recepción por parte de
las élites y la intelectualidad mexicana.
El proceso de adaptación de la colonia francesa en México durante el
siglo XIX, tiene dos momentos importantes es decir el periodo de la intervención
francesa, y el porfiriato. Estas dos coyunturas marcaron la adaptación de la
colonia francesa con la sociedad mexicana.
La llegada de los franceses a México tuvo varios momentos, desde época la
colonia y en repunte en 1821, sin embargo fue alrededor de los años 40´s del
siglo diecinueve que la inmigración se incentivó por varios motivos entre ellos la
represión política que se vivió en Francia después de la “Revolución del 48”.
François Arnaud459, un notario barcelonnette señaló que el periodo de 1848 y
1850, como el momento en que se acelera el movimiento de emigración para
México:
En 1848, Calixto Caire, de Buissons, con veintiséis camaradas y las
dos primeras jóvenes que fueron a México, las dos hermanas Fortoul,
Élise y Virginia, de Jausiers, que instalaron una tienda de moda en la
Primera calle de Plateros; en 1849, Auguste Cornille y treinta y seis
jóvenes; en 1850, Aimée Gassier, Fortuné Caire, Reynaud Honoré y
veinticinco camaradas y dos mujeres jóvenes.460
La llegada de los franceses a México atravesó varios procesos complejos,
entre ellos la intervención francesa. Algunos autores han mencionado que la
colonia francesa durante el Imperio de Maximiliano decidió apoyar a los liberales
para proteger sus bienes, no se vio perjudicada, sino que al contrario algunos
franceses se vieron favorecidos:
459
Para profundizar en el personaje y los mitos en torno a la llegada de los barcelonettes a México
consultar GAMBOA Leticia, Los barcelonettes en México. Miradas regionales, siglo XIX-XX, México,
BUAP-ICSyH-UJED,2009.
460
ARNAUD P., “L’émigration et le commerce français au Mexique”, Thèse, Université de Paris, L.
Boyer, Imprimeur, 1902, p. 20, citado en: SILLER PÉREZ Javier, “De mitos y realidades: la emigración
barcelonnette a México, 1845 – 1891”, Leticia GAMBOA OJEA (coord.), Los Barcelonnettes en México.
Miradas regionales, siglos XIX-XX, México, BUAP-ICS y H-UJED, 2009, p. 107.
251
Los franceses residentes en México se beneficiaron, al igual que los
demás extranjeros, con las guerras de Reforma y del Imperio. Más
incluso que aquéllos puesto que, como ya se ha señalado, su fortuna
data realmente de la expedición militar francesa. Anteriormente,
como los otros extranjeros, y en compañía de mexicanos, liberales o
conservadores, pertenecientes a la misma clase, compran los bienes
del clero y hacen muy buenos negocios gracias a la desamortización
precipitada por la guerra civil y extranjera.461
La época de oro de la migración francesa a México fue en la década de 1890
a 1905 en pleno auge de la belle époque porfiriana, fue una colonia muy
admirada por la élite mexicana, sus negocios repuntaron, y su injerencia se
observó en muchos ámbitos de la vida cotidiana incluyendo el acto de morir. Al
igual que las otras colonias de extranjeros los franceses se vieron en la
necesidad de crear un cementerio propio, de esta manera nace el cementerio
francés de La Piedad en la ciudad de México y el de la ciudad de Puebla. Se
construyó a iniciativa de la Sociedad Francesa de Beneficencia y de Previsión,
la cual se estableció en los años de 1842, su intención era brindar ayuda a los
miembros de la colonia francesa, crearon, una caja de ahorros, de socorros
mutuos, y adquirieron el terreno que sería destinado para la inhumación.
El cementerio de la Piedad fue construido en una propiedad particular
ubicado en la actual Avenida Cuauhtémoc número 408 a un paso de la Colonia
Roma y del Centro Médico Nacional. Para su diseño se tomaron como
referencia algunos de los panteones de la capital francesa, especialmente el de
Montparnasse y el de Père-Lachaise. De tal suerte, este cementerio fue trazado
en torno a una gran calle central que remata en la capilla funeraria y a su
alrededor se encuentran todos los mausoleos.
El cementerio francés fue un alarde de belleza y modernidad, digno de
imitación, despertó muchas opiniones de los intelectuales de la época entre ellos
de Ignacio Manuel Altamirano, que lo describió como un sitio donde lo lúgubre
MEYER Jean, “Los franceses en México durante el siglo XIX” en Revista relaciones , Michoacán,
461
México, vol. I, primavera de 1980, núm. 2, p.28
252
no encontraba lugar, no existían gavetas pestilentes, tenía las flores de varias
especies y musgos que aromatizaban el lugar.462 Don Manuel Altamirano lo
pensó como un panteón moderno, bello e higiénico digno de imitarse, en donde
los planteamientos médicos e higienistas en cuanto a la circulación del aire
estaban presentes, contrario a los cementerios mexicanos que en vez de ser
mansiones de la muerte, eran lugares pestilentes de muerte y podredumbre,
pensamiento que no sólo se encontraba en la mente de los intelectuales y
médicos de la época también lo percibía el común de población citadina. Las
descripciones del Cementerio de San Pablo en 1843 hechas al jefe de policía
describen como era este contexto: “despiden un hedor insoportable que
indefectiblemente ha de causar funestos perjuicios a la ciudad”463. Con un tono
afín, en 1845, el alcalde de la ciudad mandó a sus empleados que se hicieran
cargo del panteón de la parroquia de San José, donde se habían caído algunos
de los nichos: “[…] y hace pocos días se veían esparcidos los pedazos de
cadáver por el suelo, donde hasta los perros los estaban comiendo”.464 Las
críticas que se realizaban a los camposantos estaban respaldadas por todos los
problemas de higiene que la secularización pretendida desde finales del siglo
XVIII no lograba solucionar.
Los cementerios destinados para las colonias extranjeras como el
Francés, Inglés y Americano marcaron una intensa admiración, en ellos se
mostraron ciertos cambios: por un lado el enterramiento colectivo como se
llevaban a cabo en los camposantos cambió dando paso a sepulturas
individuales. Si bien esto comenzó a darse en todos los cementerios con los
intentos de secularización fueron los cementerios de extranjeros quienes lo
llevaron a la práctica más constante y tempranamente. Esto respondió a varios
motivos, por un lado hemos de recordar que los cementerios mexicanos se
encontraban en muy malas condiciones, situación que no lograban solucionar
por la inestabilidad política pero sobre todo económica. Por el otro estaba el
462
MARTÍNEZ Margarita, Arte funerario, p.37
463
LOMNITZ, Idea de la Muerte, p. 273.
464
LOMNITZ, Idea de la Muerte, p. 273.
253
contexto de enfermedad que asoló a México en las décadas de 1820 y 1830
cuando algunas epidemias hicieron pronta aparición, generando un gran número
de decesos y problemas de enterramiento.
En contraposición estaban los cementerios privados, que tuvieron
igualmente que enfrentar problemas para su creación, sin embargo dada la
necesidad urgente de este tipo de espacios se crearon y comenzaron a
funcionar de manera efectiva en las primeras décadas de 1820, motivo que les
lleva a ser pioneros en la visión moderna de la muerte tal como lo propone
Thomas Laqueur465.
Los cementerios de las colonias extranjeras ostentaron grandes
monumentos funerarios, construidos generalmente por escultores franceses o
italianos, muchas de las obras artísticas eran mandadas traer desde el país de
origen. Esto generó sobre todo en la época porfiriana que parte de la burguesía
mexicana fuera imitando su arte lapidario especialmente el del francés de La
Piedad.
Ilustración 8 . Tumba adornada con flores. Fototeca Nacional. Núm. Inv.89504
465
W. LAQUEUR Thomas, “Spaces of dead”.
254
Por eso, el Cementerio Francés de la Piedad fue edificado en el antiguo
pueblo de la Piedad, en la municipalidad de Tacubaya, una de las antiguas de la
zona conurbada de la actual capital que años más se incorporó a la Ciudad de
México. Manuel Rivera Cambas señala que Tacubaya viene de los nombres
indígenas Atlacocuaya, Atlacuihuayan o Atlacoloayam, que significa lugar del
agua, donde se va por agua al río, donde se tuerce el río o lugar donde se bebe
agua466. Una región húmeda que en la última década del siglo XIX conservaba
aún esta característica, que implicaría algunas restricciones a su desarrollo
urbanístico.
En el año de 1826 tres eran los pueblos que conformaban Tacubaya: al
oriente se encontraba la Piedad junto con Nonoalco y San Lorenzo, que tenía su
propio templo creado en 1652 por la orden dominica, el Santuario de la Piedad,
dedicado a la Virgen de la Piedad. El conjunto arquitectónico contaba con el
convento y su propio camposanto que posteriormente desapareció: “el de la
iglesia de la Piedad fue ocupado para construir unos malos cuarteles” 467. El
nombre de la Piedad no era exclusivo de las construcciones, también era propio
del río que recogía agua de los ríos de Tacubaya y Becerra, así como de la
calzada de la Piedad (antes prolongación del paseo de Bucareli) fundada en
1604.
A principios del siglo XIX Tacubaya, fue un lugar elegido por la aristocracia
para construir casonas y chalets, pero no todo era esplendor y conservaba su
espíritu original. Era una zona alejada del centro capitalino, la gente habitaba en
casas humildes, muchas de ellas vivían de la producción del pulque y del cultivo
frutas aceitunas, maíz, frijol, cebada y trigo. Sin embargo en el año 1847,
Tacubaya con el crecimiento de la ciudad de México las distancias se acortaron
y se convirtió en el mayor núcleo urbano del Distrito Federal. Para el año de
1860 la zona creció atrayendo nuevos residentes y se construyó una nueva
466
FERNÁNDEZ DEL CASTILLO, “Tacubaya”, en México en el tiempo. El Marco de la Capital,
México, s/e, p. 188.
467
LORENZO COSSÍO José, “Los cementerios en México”, en Lecturas Históricas Mexicanas, México,
UNAM-Instituto de Investigaciones Históricas, 1998, p. 74.
255
arquitectura habitacional, más comercios y almacenes que ayudaron en la
activación de la economía local.
En 1863, se unificó a la estructura urbana de la ciudad de México468, los
antiguos campos indígenas se fraccionaron y poco a poco su aspecto se
convirtió en un suburbio moderno:
Su cercanía con una gran ciudad como la de México, la prominencia
social de sus habitantes, la fastuosidad de sus casas, y el carácter
exclusivo y edénico de su espacio, producido por la abundancia de
agua y vegetación, fueron, entre otros, atributos que la emparentaban
con la tradición suburbana europea (…) convirtiéndose en el suburbio
más célebre de la ciudad de México.469
Tacubaya se convirtió en un lugar de recreación, tenía ambiente tranquilo y
sano, el clima era favorecedor: “para procurar muchas enfermedades y procurar
la convalecencia de otras; el terreno seco, la muy buen ventilación, las aguas
delgadas y sabrosas, al aire purificado por la multitud de árboles
extraordinariamente crecidos”470. Era un lugar arbolado, vivir ahí se consideró un
privilegio, la élite construyó algunas quintas de lujo para el descanso y el recreo,
influenciadas por las modas europeas471. Eran casas que en un principio se
pensaron para el veraneo o el descanso de los fines de semana, lo que fue
cambiando con el transcurrir de los años. Habitado por una élite internacional:
los Jamisson, Nicanor Beistegui, Escandón, el Conde de la Cortina, Bardet,
Iturbe, Carranza, Algara, Laforgue y Barrón.
De las descripciones que se hicieron del lugar está la que hizo Manuel Rivera
Cambas:
468
MIRANDA PACHECO Sergio, Tacubaya. De suburbio veraniego a ciudad, México, UNAM-Instituto
de Investigaciones Históricas, 2007, Serie Historia Moderna y Contemporánea, 47, p.55
469
MIRANDA PACHECO, Tacubaya. p.76
470
RIVERA CAMBAS Manuel, México Pintoresco, Artístico y Monumental, México, Editora Nacional,
1967. Vol.II. p. 374
471
FERNÁNDEZ, “Tacubaya”,p, 190
478
RIVERA CAMBAS, México Pintoresco. p.377
479
MIRANDA PACHECO, Tacubaya, p.21.
256
La casa de Iturbe se hace notable por su grande extensión, por la
regularidad de su fachada y por las comodidades; en el jardín hay
multitud de naranjos (…) ese jardín de Bardet, primorosamente
cultivado, ha tenido un aspecto alegre y singular, todavía conserva
sus grutas y sus bosquecillos artificiales, los arbustos europeos y
mexicanos y la inmensa cantidad de flores (…) Es digna de verse la
casa de la familia Escandón, situada cerca de la plaza de Cartagena:
después de atravesar una elegante portada con su puerta y
enverjado de hierro (…)aparece el peristilo de orden corintio, con
enlosado de mármol de Génova472
Al igual que el resto de los pueblos de Tacubaya, la población de la
Piedad se incluyó dentro de los nuevos proyectos urbanísticos y arquitectónicos,
se construyeron viviendas de recreo, quintas de verano y haciendas, la mayoría
de los residentes fueron extranjeros que habitaban en la ciudad de México. De
las haciendas conocidas estaban: La Condesa, Becerra, Olivar del Conde,
Narvarte y Nápoles479, que después serían remplazadas por nuevas y
“modernas” construcciones.
El espacio dio cobijo a algunos cementerios para extranjeros que se
construyeron a lo largo de la antigua calzada de la Verónica (actual México-
Tacuba).Como por ejemplo, el Inglés y el Americano que se inauguraron en
1847 en tanto que no fue sino hasta 1880 que se comenzó con la construcción
del Cementerio Español. Tacubaya fue un espacio multifacético en donde se
mezclaba constantemente lo antiguo y lo moderno, la pobreza y el esplendor
representado por las mansiones de la élite.
La sociedad decimonónica que vivía en Tacubaya contaba con el Cementerio
General de la Piedad que fue construido a mediados del siglo XIX (actualmente
desaparecido). Este cementerio era un espacio con mucha precariedad
considerado el cementerio de los pobres473 y de la gente del populacho:
472
RIVERA CAMBAS, México Pintoresco. p.377
473
RIVERA CAMBAS Manuel, México Pintoresco, p. 396
257
El panteón general de la Piedad es sin duda alguna el más humilde
de todos, es el de los más pobres, tanto de la clase media como de la
ínfima de la ciudad por eso no se ven allí suntuosas capillas ni
artísticos monumentos, y tal parecer al visitar este panteón que ahí
se siente mayor tristeza como si efectivamente allí soplara el hábito
de la muerte.474
Esta contrastante realidad mexicana del ochocientos quedó materializada en los
cementerios General de la Piedad y el Francés, que estuvieron casi frente a
frente sobre la calzada de la Piedad, lejos de las inundaciones, motivo por el
cual a veces es fácil confundirlos:
Conduce al pueblo y Santuario de la Piedad, cercanos a Tacubaya,
una calzada (…)sombreada por árboles y que termina casi a la
entrada de un templo de rústica apariencia; a un lado de la vía se
deja ver un pueblecillo llamado Romita con sus callecitas de fresnos y
sauces y el Petit Versalles, tívoli o casa de campo donde van los
domingos a buscar recreo las familias de extranjeros principalmente.
Se dejan por ambos lados los panteones llamados de La Piedad, el
uno municipal y el otro perteneciente a una sociedad de
extranjeros.475
La historia del cementerio francés dio comienzo en el año de 1864 cuando la
Sociedad de Beneficencia francesa adquirió unos terrenos para establecer su
espacio funerario, los permisos para el establecimiento los presentaron ante Don
Miguel María Azcarate, prefecto civil del Distrito de México. Las gestiones se
realizaron durante la administración del imperio:
Deseando el exmo Señor Marqués de Monthelon, Ministro
plenipotenciario de Francia en México, lo mismo que el Exmo. Señor
Bazaine general en jefe del ejército francés, adquirir en propiedad,
como los ingleses y los americanos un terreno próximo a México, en
donde puedan sepultar sus muertos: yo el infra-escrito, presidente
actual de la sociedad de beneficencia francesa, y a nombre de ella
474
“El panteón de los pobres”, El Imparcial 1º de Noviembre de 1897.
475
RIVERA CAMBAS Manuel, México Pintoresco, p. 391
258
tengo el honor de ocurrir a V.E, con el fin de conseguir de ella el
correspondiente permiso.476
Los permisos fueron tramitados por el presidente de la Sociedad el señor Juan
Lucas Ulises Deschamps, dentro de los documentos presentados ante la Junta
de Gobierno del Distrito Federal se describe las cualidades que tenía el terreno.
tiene veintiun mil varas cuadradas, está situado á buen viento, al sur
de esta capital, y corta distancia del Puente de hierro de la Piedad, á
mano izquierda viniendo de México. A lo largo del costado del
referido terreno que mira hacia el Norte, corre un carril de buen
ancho, por donde dirigiéndose de México los carros mortuorios por
la calzada del Niño Perdido, pueden llegar éstos sin tocar á la
Piedad, que por la aparición en ella de dichos carro fúnebres, pudiera
contristarse. Se abrirá una puerta que dé al mencionado carril, y
entrará por allí el coche hasta dentro el Cementerio, para depositar el
cadáver en el camposanto, evitando así la extracción de él afuera,
como sucede en los demás cementerios de México.477
El permiso fue concedido con visto bueno del Consejo de Salubridad y del
arquitecto de la ciudad Luis Anzorena, con la condición de que la Sociedad se
encargara de construir dos puentes, uno en la división del camino que sale por la
Calzada de San Antonio Abad y otro para comunicar el carril con la Calzada de
la Piedad. Auguste Genin en su obra Les français au Mexique du XVIe siècle à
nos jours hace una descripción del terreno y del diseño destinado por el capitán
Mathieu para el cementerio:
El terreno está situado a 800 metros del pueblo de la Piedad, en un
ángulo formado por la avenida de la Piedad y el camino que reuné a
esta calzada con la del Niño Perdido. Tiene una superficie de 210
varas de este a oeste y 100 varas de norte a sur. Presenta un buen
terreno de buen espesor para cavar fosas, la tierra está
constantemente seca y tiene una profundidad de 2 metros, por lo cual
tiene una buena pendiente para la construcción. Será cercado por un
muro de 3 m de alto con 0.42 m de espesor construido de ladrillo y
476
Archivo Histórico CONDUMEX, f.Manuscritos Reforma, Intervención e Imperio 1831-1879, VIII-3,
leg. 105, c.2, doc. 1-9.
477
Archivo Histórico CONDUMEX, f.Manuscritos Reforma, Intervención e Imperio 1831-1879, VIII-3,
leg. 105, c.2, doc. 1-9.
259
tepetate formando hileras de 0.25 y 0.75 m alternamente y se
reforzará con contrafuertes a cada 20 m. En los lados este y sur que
colinda con vecinos, se pondrá un muro de 1.90 m que es la que se
permite en los reglamentos de Francia. Contará con una fosa de 1.00
m de ancho por 0.50 de profundidad para que corran las aguas de
lluvia. Tendrá dos entradas, una al norte en el camino que conduce a
la avenida del Niño Perdido con puerta fierro, destinada a los carros
fúnebres y la otra por el poniente para los visitantes. Una parte del
terreno de 30 varas de largo sobre la avenida de la Piedad se
destinará para jardín con árboles para tener una vista agradable. La
casa conserje se construirá dentro del jardín, estará cerca de la
puerta para vigilar a los visitantes. La construcción tendrá un costo de
$9829,40 y es necesario empezarla para que la mano de obra suba
de precio.478
Los costos de la construcción del cementerio fueron apoyados por la
armada francesa que organizó una carrera en la que participaron los jóvenes de
la ciudad, en representación fue enviado el comandante general Lascours, para
conseguir ayuda y lograr que algunos oficiales trabajaran en el cementerio. La
construcción contó con el apoyo de los soldados franceses y la ayuda
Bazaine.479
Javier Pérez Siller, investigador dedicado a la historia de los franceses en
México, menciona que la venta de espacios funerarios y las inhumaciones
comenzaron desde 1865 por la necesidad provocada por la inexistencia de un
lugar exprofeso para enterrar a los militares franceses muertos durante la
Segunda Intervención Francesa; 480 pero, aclara que el cementerio no se
inauguró formalmente hasta enero de 1871. Por su parte José Lorenzo Cossío
relata que “habiéndose declarado que podía haber cementerios particulares,
aunque siempre bajo la dirección y vigilancia del poder público”, se solicitó y dio
una concesión “el 16 de agosto de 1871 a los señores Amor y Escandón,
Miranda e Iturbe y Compañía para establecer el Cementerio General de la
478
GENIN, Les français au Mexique du XVIe siècle à nos jours, citado en Ethel HERRERA, El panteón
francés de la Piedad, como documento histórico: una visión urbano-arquitectónica, México, Instituto
Nacional de Antropología e Historia-CONACULTA,2013, p.186
479
HERRERA Ethel, El panteón francés, p. 188
480
PÉREZ SILLER, Los franceses desde el silencio: la población del Panteón francés de la ciudad de
México: 1865- 1910, Buenos Aires, Estudios Migratorios Latinoamericanos-Centro de Estudios
Migratorios Latinoamericanos, Año 20 v.61, 2006, p. 13, 14, 15.
260
Piedad, que quedó terminado el 31 de diciembre del mismo año en el que el
Presidente puso la última piedra”.481 No es claro si se refería al de franceses o al
otro cementerio de la Piedad, pues aunque específica que es el “General de la
Piedad”, los nombres de los empresarios que menciona son lo que estuvieron
incluidos en la construcción del Francés.
El 3 de enero de 1871, el conocido periódico El Siglo XIX reseñó el fin de su
construcción y menciona la colaboración del presidente Benito Juárez quien
colocó la última piedra.482 Por su parte, Manuel Rivera Cambas relató en 1882
que el cementerio se estableció desde el año de 1865.
Ese panteón, que fue establecido por el año de 1865, se ensancha
diariamente y se hermosea con el empeño cuidadoso que ahí se
advierte. La atmósfera serena, las bellas vistas que se presentan en
el inmenso horizonte del Valle de México, la grandiosa perspectiva
de las montañas y los volcanes, forman un sublime espectáculo que
contribuye a quitar al sitio mortuorio, el aspecto desconsolador y
fúnebre que presentan casi todos los de su clase483
Es importante mencionar que de acuerdo a la información que se
encuentra en el Archivo Histórico del Distrito Federal existe una escritura 491 que
señala que el gobernador de aquel entonces, el “señor licenciado don Tiburcio
Montiel”, concedió el permiso para la construcción de un cementerio en el pueblo
de La Piedad a la Sociedad Francesa de Beneficencia (Association Française,
Suisse et Belge) hasta el mes de enero de 1872. Pero lo más probable por todos
los datos anteriores, además de por las fechas de datación de las tumbas, es
que el cementerio ya estaba construido y fue en 1872 cuando que se hizo legal
su fundación ante las autoridades. Como el cementerio fue una obra de gran
envergadura, y recordando que en el siglo XIX las construcciones tardaban más
tiempo en terminarse, por varias razones, entre ellas que muchos materiales
481
COSSIO, José Lorenzo. “Los cementerios en México” en Lecturas Históricas Mexicanas,
México, UNAM-Instituto de Investigaciones Históricas, 1998.p.71. 489 PÉREZ SILLER, Los
franceses,p.18
482
PÉREZ SILLER, Los franceses,p.18
483
RIVERA CAMBAS Manuel, México Pintoresco, p. 396
261
para la construcción eran traídos de Europa, de esta manera no se tiene con
precisión la fecha en que se concluyó su edificación. En el documento también
se mencionan los nombres de los empresarios José Amor, Antonio Escandón y
Luis Miranda e Iturbe.
Ilustración 9. Ángeles. Cementerio Francés. Foto Gabriela Servín
El cementerio para franceses se edificó desde 1864 en el pueblo de la
Piedad, tanto que su construcción tardo algunos años en concretarse y se
inauguró entre los años 1870 a 1872. El Cementerio Francés de la Piedad fue
monumental ya que los franceses mandaron construir grandes mausoleos, llenos
de belleza, arte y riqueza simbólica, expresión con la que buscaron capturar en
el tiempo y en el espíritu de sus muertos y su paso por México, establecer
además un vínculo con su amada Francia, un anhelo de regreso a la madre
patria. Se convirtió rápidamente en sitio de mucha belleza en el que se podía
reflexionar acerca de la muerte y al mismo tiempo gozar del paseo por sus
avenidas y pasillos como recreo. El espacio del cementerio francés era un
deleite estético producido por los hermosos ornamentos de mausoleos y lápidas
262
era acompañado por la satisfacción que generaba la paz que daba la flora del
lugar:
Igual al Pére-Lachaise, el cementerio francés era tan hermoso que
siguió el modelo de ser un jardín de recreo donde las familias
pudieran ir de paseo mientras visitaban a su ser querido484. La
atmósfera serena, las bellas vistas que se presentan en el
inmenso horizonte del Valle de México, la grandiosa perspectiva
de las montañas y los volcanes, forman un sublime espectáculo
que contribuye a quitar al sitio mortuorio, el aspecto
desconsolador y fúnebre que presentan casi todos los de su clase
(…) Se ha duplicado en pocos años el área [sic] que ocupan los
sepulcros y la plantación de árboles y flores, formando un jardín
delicioso, compuesto de cuadros simétricamente colocados, que
embalsaman el aire, lo purifican y recrean el olfato a la vez que la
vista485.
El cementerio estuvo estrechamente ligado a los inmigrantes franceses y
la burguesía mexicana desde su concepción y en su uso. Fue concebido por
poderosos empresarios y por una sociedad que se encargó de hacer de él el
más majestuoso, pues con ello se demostraba el progreso y la reputación social.
La belleza que se encontraba en el cementerio demostró la vanidad con la que
los aristócratas concebían a la muerte, a decir de Paire, “El panteón francés era
adornado con esculturas de los más notables escultores, muchos de ellos
extranjeros, se alcanzó un esplendor pues los monumentos se volvieron
símbolos de prestigio y estatus (…) Los panteones de finales del siglo XIX se
volvieron campos escultóricos”. 486
484
RIVERA CAMBAS Manuel, México Pintoresco, p. 398
485
RIVERA CAMBAS Manuel, México Pintoresco, p. 398
486
PAIRE, De caracoles y escamoles, p. 200
263
El presidente Porfirio Díaz era visitante frecuente, asistió todos los años a
este cementerio, por su estrecha relación con los franco-mexicanos y porque iba
a tono con el carácter afrancesado que quiso conferirle a su régimen.
En el cementerio se enterraron tanto extranjeros como mexicanos, pero sobre
todo miembros pudientes de la sociedad. Algunos pertenecieron a las familias
más acaudalas de la ciudad de México como los Escandón, Landa y los Barrón o
personajes importantes como Pilar de Belaval y Carmen Romero Rubio de Díaz.
El costo del entierro vario según el tipo de concesiones, existió un costo
preferencial para los miembros de la Sociedad como se muestra en la siguiente
tabla:
TABLA 1. SOBRE LOS COSTOS DE LAS INHUMACIONES
Tipo De Concesiones Nacionalidad y tipos de Valor En
personas Pesos.
De terreno . A Franceses, Suizos o Belgas. $ 35.00 Pesos.
De terreno a perpetuidad. A Franceses, Suizos o Belgas. $160.00 Pesos.
De terreno a perpetuidad por A mexicanos u otras $100.00 Pesos.
siete años. Nacionalidades.
De terreno a perpetuidad. Para los que no sean $320.00 Pesos.
Franceses, Suizos o Belgas.
De terreno por siete años. Para párvulos, hijos de los $20.00 Pesos.
ancianos.
De terreno a perpetuidad. Para los mismos. $80.00 Pesos.
De terreno por siete años. Para párvulos que no sean $40.00 Pesos.
hijos de los asociados.
De terreno a perpetuidad Para los mismos. $160.00 Pesos.
Archivo Histórico CONDUMEX, f.Manuscritos Reforma, Intervención e Imperio 1831-1879,
VIII-3, leg. 105, c.2, doc. 1-9.
264
Los inmigrantes franceses que lograron la riqueza demostraron que
incluso en la muerte fue posible incluir el modelo francés, consiguiendo la
construcción de su propio Pére-Lachaise en la capital mexicana. Por ello
seleccionaron a los artistas Ramón Rodríguez Arangoity y Emile Desormes que
fueron capaces de llevar a cabo tal empresa por medio del uso de los conceptos
artísticos y las formas arquitectónicas que estaban en boga en Europa.
Ilustración 9. Cementerio Pére Lachaise
A razón de la poca información acerca de los dos arquitectos
decimonónicos que estuvieron a cargo del proyecto de construcción del
Cementerio Francés de las Piedad y de su capilla, primero se llevará a cabo un
recuento biográfico del arquitecto Ramón Rodríguez Arangoity, un personaje no
sólo ligado a grandes acontecimientos de la historia mexicana sino además –
como se verá a continuación- tuvo diversas aportaciones a la arquitectura
265
mexicana decimonónica. Es indispensable conocer su formación que llevó en su
pasado para entender porqué fue él el que le dio vida a un cementerio de
influencia europea en la ciudad de México. Posteriormente se abordará la
información obtenida del arquitecto Emile Desormes, a quien se encomendó la
construcción de la capilla del cementerio.
Dentro de la historiografía mexicana el nombre de Ramón Rodríguez
Arangoity es poco mencionado y difícil de encontrarlo en las páginas de un libro,
excepto por las tres fuentes que se hallaron para esta investigación. 487 La
primera referencia es mucho más amplia que el resto, puesto que hace el
recuento de su vida y analiza toda la obra artística hecha por él en varias
regiones del país y del extranjero.
Dentro de la historiografía mexicana el nombre de Ramón Rodríguez
Arangoity es poco mencionado y difícil de encontrarlo en las páginas de un libro,
excepto por las tres fuentes que se hallaron para esta investigación. 488 La
primera referencia es mucho más amplia que el resto, puesto que hace el
recuento de su vida y analiza toda la obra artística hecha por él en varias
regiones del país y del extranjero. Ramón Rodríguez Arangoity nació en la
ciudad de México en 1830 y fue el segundo de tres hermanos, lucho en el
Castillo de Chapultepec, durante la invasión estadounidense de México. Su labor
como soldado duró poco. En 1850 se le comenzó sus estudios en la Academia
de San Carlos, sobresalió como alumno distinguido ya que a muy temprana
edad aportó proyectos para las exposiciones de la propia Academia. Después de
seis años de trabajo y gracias a estos importantes logros como estudiante
obtuvo su título, pero, además ganó una beca –junto con otros dos compañeros-
para continuar sus estudios en Europa. Al poco tiempo de haberse instalado en
487
ROMERO ÁLVAREZ, Juan Guillermo Ramón Rodríguez Arangoity: arquitecto del siglo XIX, México,
Miguel Ángel Porrúa-H. Ayuntamiento de Toluca, 2000, p.110
488
ROMERO ÁLVAREZ, Juan Guillermo Ramón Rodríguez Arangoity: arquitecto del siglo XIX, México,
Miguel Ángel Porrúa-H. Ayuntamiento de Toluca, 2000, p.110
266
Italia, Rodríguez Arangoity terminó un doctorado en Ciencias Matemáticas
(Ingeniería) y consiguió un nombramiento por parte de la Academia Tiberina de
Roma. No obstante comenzó a trabajar por su cuenta pues el apoyo económico
proveniente de México le era insuficiente, pese a lo cual continuó llevando a
cabo sus obligaciones como becario.
A pesar de esta escasa pensión, Rodríguez Arangoity intentó viajar por
toda Europa, pues tenía la firme convicción que para poder ser un buen
arquitecto había que viajar y observar los grandes monumentos. Posteriormente
decidió cambiar su residencia a París, en donde es aceptado en la Academia
Imperial de Bellas Artes que dio un premio de manos del emperador Napoleón III
en la exposición de Bellas Artes que se celebraba cada dos años en aquella
ciudad. Ahí conoció todos los trabajos de urbanismo que se llevaron a cabo en
Paris por la renovación propuesta por el emperador.Al cumplir Rodríguez
Arangoity once años de trabajo y estudios en Europa decidió regresar a México
en 1864, año en el que comenzó a laborar como profesor de la Academia de
San Carlos, su casa de estudios.
Ya establecido en México, Rodríguez Arangoity fue reconocido por sus
antecedentes en Europa y gracias a la Academia de San Carlos entró en
contacto con el Emperador Maximiliano I, que lo nombró ingeniero de obras de
los palacios de Gobierno y de Chapultepec, de la casa del Emperador y los
jardines de Borda, en Cuernavaca, y del Castello de Miramare, en Trieste. Juan
Guillermo Álvarez también asegura que estuvo a cargo de los monumentos de
Colón, Hidalgo, Guerrero e Iturbide.
Rodríguez Arangoity desarrolló aquellos proyectos y dirigió las obras
encargadas por el Emperador, de las que sobresalen la adaptación
arquitectónica de 1867 del Castillo de Chapultepec, que hasta el día de hoy se
mantiene igual. De esta época datan los trabajos de la terraza, donde sobresale
la construcción de un torreón central, proyectado originalmente como
267
observatorio astronómico y, es el mismo arquitecto Rodríguez Arangoity el que le
da el aspecto que actualmente conserva.489
Después de la caída del Segundo Imperio Mexicano y separado
voluntariamente de la Academia, Rodríguez Arangoity, era considerado en 1877
el arquitecto-ingeniero más prominente. El dato más relevante para esta
investigación fue el saber que en 1869-1870 se le encargó a Rodríguez
Arangoity la construcción de la Casa Escandón –conocida como la Casa de los
Leones- en la Plaza Guardiola, enfrente del edificio del Banco de México 490. Con
este hecho se puede conjeturar que había una sociedad o amistad entre Ramón
Rodríguez Arangoity y Antonio Escandón, dueño de la casa, y que, como se
mencionó anteriormente, formaba parte de una de las familias más acaudaladas
del país. Antonio Escandón estuvo muy envuelto en obras de beneficencia y en
la construcción de muchos monumentos de la ciudad, incluida la proyección
primaria del monumento a Colón que, como ya se mencionó, fue construida por
Rodríguez y que Escandón cedió a la ciudad.491
Después de la caída del Segundo Imperio Mexicano y separado
voluntariamente de la Academia, Rodríguez Arangoity, considerando en 1877 el
arquitecto-ingeniero más prominente. El dato más relevante para esta
investigación fue el saber que en 1869-1870 se le encargó a Rodríguez
Arangoity la construcción de la Casa Escandón –conocida como la Casa de los
Leones- en la Plaza Guardiola, enfrente del edificio del Banco de México492.197
Con este hecho se puede conjeturar que había una sociedad o amistad entre
Ramón Rodríguez Arangoity y Antonio Escandón, dueño de la casa y que, como
489
NOELLE Louise, Una ciudad imaginaria: arquitectura mexicana de los siglos XIX y XX en Fotografías
de Luis Márquez, México, UNAM- Instituto de Investigaciones Estéticas, 2000, p. 22.
490
La casa fue demolida en los años treinta del siglo XX.
491
Aunque después sería ejecutada por el escultor francés Charles Codier, asociado con el arquitecto
Charles- Francois Rossigneaux. Françoise Dasques, Elementos del patrimonio monumental francés en
México, Inventio, Núm. 3, 2006, p. 85.
492
La casa fue demolida en los años treinta del siglo XX.
268
se mencionó anteriormente, formaba parte de una de las familias más
acaudaladas del país. Antonio Escandón estuvo muy envuelto en obras de
beneficencia y en la construcción de muchos monumentos de la ciudad, incluida
la proyección primaria del monumento a Colón que, como ya se mencionó de
Rodríguez y que Escandón cedió a la ciudad.493
Escandón encargó una fuente de hierro de las que adornarían la Alameda
elaborada por una empresa fundidora francesa y, entonces, surge la pregunta:
¿pudo Escandón haber participado en la designación de Ramón Rodríguez
Arangoity como el arquitecto del Cementerio Francés de la Piedad que iba a
construirse en uno de sus terrenos? Cierto o no, lo importante es que Rodríguez
Arangoity indudablemente fue elegido gracias a sus vastos conocimientos y
experiencia en la arquitectura europea. De hecho el arquitecto Arangoity publicó
unos Apuntes sobre la historia del monumento de Colón,494 donde además de
analizar dicha obra muestra también cómo eran interpretados los tratadistas
franceses por los arquitectos mexicanos.
La huella del arquitecto Rodríguez Arangoity está presente en el
cementerio, donde además uno de los sepulcros más antiguos está marcado con
su autoría: se trata de una escultura funeraria de piedra fechada con el año de
1878, para una mujer llamada Fanny Schavert de Galicia.
En marzo de 1882 Ramón Rodríguez Arangoity muere en la ciudad de
México a causa de una hemorragia intestinal y, curiosamente, tras su
fallecimiento acaecido en la calle de las Artes número 4, su cuerpo fue llevado
493
Aunque después sería ejecutada por el escultor francés Charles Codier, asociado con el arquitecto
Charles- Francois Rossigneaux. Françoise Dasques, Elementos del patrimonio monumental francés en
México, Inventio, Núm. 3, 2006, p. 85.
494
Rodríguez Arangoity, Ramón “Apuntes sobre la historia del monumento a Colón”, México,
Imprenta de Ignacio Cumplido, 1877, en LOUIS Noelle, Fuentes para el estudio de la arquitectura en
México siglos XIX y XX, México, UNAM-Instituto de Investigaciones Estéticas, p.85
269
para ser inhumado en su obra, el panteón francés de la Piedad 495, lugar al cual
él dio vida y que finalmente cobijaría su muerte.
En 1890 se edificó la capilla del Sagrado Corazón que remata la principal
del cementerio y estuvo a cargo de Emile Desormes.496 Por su apellido se puede
deducir es francés, pero no es razón suficiente para afirmar su nacionalidad
pues ni siquiera se sabe si era un inmigrante francés o un descendiente nacido
en México de los francomexicanos establecidos en la ciudad. En el Archivo
General de la Nación existe la solicitud de examen profesional de Emile
Desormes a lo que ahora es el Instituto Nacional de Bellas Artes, lo cual
confirma que fue educado en México.
Ilustración 10. Capilla del Sagrado Corazón. Fototeca Nacional, Núm. Inv. 89504
La información que se tiene sobre su labor arquitectónica en México es
muy limitada, ya que aparte de la autoría de la Capilla de la Santa Resurrección
495
ROMERO ÁLVAREZ Juan Guillermo, Ramón Rodríguez Arangoiti, Arquitecto del siglo XIX, México,
Miguel Ángel Porrúa-H. Ayuntamiento de Toluca, 2000.p.93
496
HERRERA Ethel, El panteón francés, p. 192
270
de Cristo Jesús en el Cementerio Francés de la Piedad sólo se ha encontrado su
nombre en publicaciones posteriores fechadas después de la culminación de la
capilla (1891). El costo de presupuesto para la construcción de la capilla fue de
25 000 pesos, pero el presupuesto se excedió a 42 930 pesos, motivo de quejas
en la Juntas de la Asociación.497 Ramón Rodríguez Arangoity murió antes de
poder ver la capilla terminada. Se desconoce si alguna vez supo que ésta sería
construida y si conoció a Emile Desormes. La Capilla de la Santa Resurrección
de Cristo Jesús fue un revival, un claro ejemplo del eclecticismo francés, con
una marcada tendencia a revivir las características del gótico. El Cementerio
Francés de la Piedad tiene elementos de estilo neoclásico no sólo en su entrada,
sino que además se puede observar en las lápidas, a la par de una gran
variedad de mausoleos en los que también se empleó este estilo.
5.2 Percepciones materiales de la muerte: entre la higiene, la
moda y la legislación.
El siglo XIX mexicano, fue un largo periodo de muchos cambios políticos,
culturales y sociales, esto determino las prácticas funerarias no sólo de las
colonias de extranjeros sino también de la sociedad mexicana. Las revoluciones
de las ciencias hicieron que se propagará con mayor avidez filosofías como el
progreso, la modernidad, el liberalismo y el higienismo.
La idea de salubridad se encontraba en boga en los países europeos desde
mediados del siglo XVIII, lo que propició un nuevo tipo de construcciones, como
fue el caso de los cementerios. Su espacio se modificó para que no fueran focos
de infección y así poder garantizar un control de las enfermedades sobre todo de
las epidemias, la buena ventilación fue una consigna muy utilizada por los
497
HERRERA Ethel, El panteón francés, p. 193.
271
médicos higiénistas, el difunto pasó a ser un cadáver y objeto de estudio. Los
rituales también se modificaron pues ahora el tiempo de velación se redujo, el
contacto, y las demostraciones de dolor también respondieron a este
pensamiento moderno y profano del acto de morir.
Sin embargo, esta anhelada modernidad no llegó pronto a los cementerios,
esto podría resultar un tanto contradictorio, pero lo explicaré a continuación. El
pensamiento higiénico constantemente impulsó la creación de cementerios
extramuros, señalaron a la iglesia como el causante de que la muerte causará
más muerte, que los huesos de las tumbas estuvieran deambulando por el
camposanto ocasionando malos olores y podredumbre, también establecieron y
sentaron las bases que serían el pilar eje de estos nuevos espacios, pero estos
principios no fueron llevados a la práctica en su totalidad.
Como ya he señalado, México al menos en la primera mitad del siglo XIX no
consiguió implementar esta nueva práctica funeraria, algunos cementerios
extramuros se abrieron pero las condiciones eran ínfimas, por lo que la
modernidad y los planes higienistas se fueron implementando poco a poco, con
avances pero también con muchos retrocesos.
Por el otro lado se encontraban los cementerios de las colonias
extranjeras que se construyeron en la segunda mitad del siglo XIX, con
excepción del cementerio Inglés de Tlaxpana en la ciudad de México. Estos
eran lugares de entierro privado, lo que les ayudaba a mantener los espacios de
la muerte en mejores condiciones como fue el caso del Cementerio Francés de
la Piedad.
El siguiente apartado tiene como objetivo mostrar el status del cementerio
de los franceses como símbolo de modernidad y progreso, lo consideré
importante pues los estudios que se han realizado sobre los cementerios de
extranjeros se han enfocado solamente a observar su construcción y arte
funerario, pero dejan de lado lo que para Michel Vovelle es último de los niveles
272
de la muerte en donde se pone de manifiesto el discurso. En él discurso se
envuelve en un todo complejo a la sociedad, al cementerio, a la muerte, y a los
cadáveres.
El cementerio francés de la Piedad comenzó a ser admirado no sólo por su
belleza arquitectónica, también por cosas más prácticas como lo era que el carro
fúnebre entraba al lugar y depositaba los cadáveres en el interior cosa que no
ocurría con los otros espacios.
Hace algunas líneas mencione que en el proceso de secularización durante la
primera mitad del siglo XIX, en algunas ocasiones hubo más retrocesos que
avances, sobre todo por el cambio de administración y entre que se ponían de
acuerdo con los trámites respectivos la gente estaba vagando con sus muertos,
en la indefinición total, que además fue muy criticado por la prensa de la época:
La historia narra la necesidad del caballero de llevar a la dama a
través de la “aduana religiosa”, con el propósito de depositar sus
restos en la tierra. El guardián de la aduana, un cura llamado Señor
Dr. D. Rapaz Agarrado, no acepta un centavo menos de siete pesos
y siete reales por dejarla pasar. Las negociaciones con Rapaz
Agarrado se alargan en un estira y afloja en el que los ataúdes son
contados y descontados, pero el diácono no cede en su precio. Para
cuando la dama es enterrada, ya se ha podrido.498
Las indefiniciones no sólo eran en los trámites también en los costos de los
cuales tanto eclesiásticos como civiles querían sacar algún provecho. Comenzó
a circular un nuevo pensamiento ilustrado en torno a los entierros y frente al
cuerpo en descomposición que se entiende por las epidemias que no cesaban y
se culpaba a las malas medidas higiénicas. Los intelectuales e higienistas
exteriorizaron sus quejas sobre los cadáveres que corrompían tanto el aire como
el suministro de agua:
Entre las costumbres perniciosas de preocupaciones indignas de un
pueblo culto, llama muy particularmente entre nosotros la atención, la
498
Cuento: Como ayer fue día de muertos, de muertos voy a tratar”, La bruja, 3 de noviembre de 1841,
citado en LOMNITZ, Idea de la muerte, p.273
273
muy extendida y puede decirse general, de sepultar los cadáveres en
el seno mismo de las poblaciones, y justamente en aquellos lugares
que además del sagrado objeto a que están destinados, son continuo
el punto de reunión de un gran concurso de personas, a quienes se
expone a la perniciosa influencia de las emanaciones pútridas que se
levanta continuamente de los sepulcros.499
Las reflexiones en torno a las pestilencias de los camposantos eran temas de
amplia reflexión en revistas, periódicos, en numerosas publicaciones literarias y
en crónicas de la ciudad, se consideraba que los cementerios ejercían una
enorme influencia en la diseminación de enfermedades, sus miasmas, sus malos
olores, y el peligro que representaban para la sociedad en su conjunto.
Los cementerios eran concebidos como “almacenes de carne humana en
descomposición” “campos de la muerte”, “depósitos de los recuerdos”, “urnas de
las cenizas”, “focos de emanaciones deletéreas”, “pudrideros urbanos”,
“monstruos” en medio de la ciudad, pero en realidad el anhelo era que se
convirtieran en “mansiones de los muertos”, o en verdaderos jardines
perfumados y arbolados como lo eran los cementerios pertenecientes a las
colonias de extranjeros500. El escritor Ignacio Manuel Altamirano fue uno de los
intelectuales que utilizó su pluma para referirse a los cementerios como la
“morada de los muertos”.
Este tipo de discurso alrededor de los cementerios, no sólo fue utilizado por
los intelectuales de la época, por el otro lado estaban los discursos que utilizó la
Iglesia so pretexto de los cadáveres pestilentes, utilizaron la imagen del cadáver
en descomposición para infundir el temor de Dios, esto formaba parte de una
antigua tradición española que surgió de los debates del siglo XIV entre el
cuerpo y el alma501. Al igual que los intelectuales, la Iglesia utilizó la prensa para
499
AHDF, Ramo: Policía, Salubridad, Cementerios y Entierros, vol. 3677, exp. 40, año, 1848.
500
DE GORTARI Y HERNÁNDEZ Franyuti, Memorias y Encuentros. La ciudad de México y el Distrito
Federal, 1988, pp. 459.
501
LOMNITZ, Idea de la muerte, p.275
274
exteriorizar sus pensamientos en torno a la creación de los nuevos cementerios
y sus prácticas de inhumación:
Un indio sirviente de los dos que allí se ocupan, rompió el cajón y
sacándolo con la mayor desvergüenza, y falta de toda sensibilidad, lo
tiró a la superficie de la Ciénega, en donde estaban como nadando
multitud de cuerpos de mujeres, de jóvenes, de niños y de otra
diversidad de difuntos, que por no haber tenido el jornal que estos
dos manipulantes exigen dejan un testimonio visible de su falta de
caridad y de la indecencia con que se manejan, pues todos los más
se veían en cueros, a causa desde luego de que los desnudan de las
mortajas y lienzos con que van cubiertos, para venderlos y
aprovecharse según he oído.502
Los relatos acerca de los espacios de la muerte en el siglo XIX no fueron
sacados de una obra literaria, era una realidad que no se tenían los
conocimientos prácticos y administrativos que contribuyeran para el buen
funcionamiento de estos, en el relato anterior además de la tétrica escena de la
ciénega y los cadáveres flotando, se encuentran un elemento de profanación.
Por un lado el despojo del cuerpo al no poder descansar en tierra santa, por otro
que se les despojo de su mortaja, elementos importante dentro de las prácticas
funerarias religiosas proveniente de la cultura funeraria novohispana “la mortaja
o el traje con el que alguien era enterrado era un asunto de suma importancia
para los mexicanos, muchos de los cuales pedían ser enterrados ora con un
sudario como Jesús, ora con el hábito de su orden religiosa favorita”503. Es
importante señalar que al ser estos cementerios privados el cuidado salubre y
urbanístico era más eficaz que en los civiles, sin embargo, los elogios de la
prensa a veces resultaron más alarde que realidad.
Pese a los intentos de secularización, las prácticas culturales no se
lograron cambiar con una ley y muchas de las costumbres funerarias
provenientes del pasado novohispano de la sociedad mexicana permanecieron
502
AHDF, Ramo: Policía, Salubridad, Cementerios y Entierros, vol. 3677, exp. 3, f,1-3. Citado en
LOMNITZ, Idea de la muerte, p.275
503
LOMNITZ, Idea de la muerte, p. 275
275
incluso después de las Leyes de Secularización de Cementerios, en el caso del
despojo de la mortaja la profanación iba más allá de la indecencia.
Dos opiniones en torno a los cementerios se encontraban su lugar de
difusión, si del camposanto se decía que se encontraba saturado de cadáveres y
era propagador de los olores fétidos que propagaban la enfermedad. De los
nuevos cementerios se denunciaba que las tumbas eran superficiales, faltaban
muros alrededor del cementerio, tenían un mal mantenimiento. Si en el
camposanto se exponían los huesos de los cadáveres y en los nuevos
cementerios extramuros se podían observar macabras imágenes de perros que
se llevaban partes corporales y circulaban por todas partes.
La corriente ilustrada sólo sacó a la muerte del centro de las ciudades y
encerró la enfermedad y la agonía en los hospitales, también llevó lo macabro a
la discusión pública en la que tanto reformadores como tradicionalistas se
atacaban unos a otros en lo concerniente a su preocupación por los muertos y
su cuidado. Como he señalado a lo largo de esta investigación durante el
proceso de cambio de camposanto a cementerio se está constantemente
jugando con los límites de lo sagrado y lo profano, en el caso la utilización del
cadáver putrefacto, el cuerpo del difunto es completamente profanado, por las
dos esferas de poder, en donde lo íntimo de la esencia de la vida queda al
descubierto, y en donde el mágico momento de la muerte se convirtió en un
espectáculo de frialdad y exposición a la podredumbre. Para Claudio Lomnitz el
constante uso en el discurso del cadáver pestilente no es simplemente un
argumento desesperado en contra de la secularización, sino, antes bien, un
elemento que recuerda el repertorio de la imaginería de la vanitas: “Ese proceso
resulta evidente no solamente en el desplazamiento de la imaginería de lo
macabro de la esfera de lo moral a la política, sino también en las formas de
obispos, curas, y procesiones funerarias, así como las calaveras con nombre fue
en parte una manera de el tema de las vanitas a la propia religión y por lo tanto
276
utilizar la muerte para fomentar una posición existencial –carpe diem- que es
característico del humor negro.”504
La crítica de las vanitas y su “recuerda que vas a morir” se encontraban
presentes en el discurso religioso, por la filosofía misma de vida del cristiano y el
proceso para tener una buena muerte. Sin embargo, esta crítica no fue exclusiva
al cementerio como un espacio materializado también se manifestó en los
funerales de las propias élites que algunos observaron con cierta ironía y humor,
quienes realizaba espléndidos preparativos para la ocasión: las tarjetas impresas
que anunciaban la muerte y el funeral; la cruz y las velas, las ropas de luto
comprada en los grandes almacenes, también el ajuar de caballos y
conductores; el decorado dorado del ataúd, etcétera, ¿Quedaba algún espacio
para acordarse del muerto?.
Uno de los cementerios más considerado por su prestigio fue el cementerio
de San Fernando, se le reconocía por su elegancia, limpieza y orden. Esto
cambio con la epidemia de cólera de 1850505, el espacio cubrió las necesidades
de inhumaciones como ocurrió con otros cementerios de la ciudad en años
anteriores, en donde las epidemias habían asolado a la población capitalina,
pasando de ser un cementerio digno de admiración a un lugar lúgubre y
pestilente. Ignacio Manuel Altamirano: “sus “gavetas” o nichos tan lúgubres y de
mal gusto como todos los cementerios construidos por la Iglesia, eran “una
imitación servil de las catacumbas romanas (…) catacumbas al aire libre”506.
Criticó el mal estado de las paredes en las que se encontraban los nichos de
San Fernando; advertía que en caso de un temblor si las paredes no se
derrumbaban, se agrietarían y, entonces, sucedería lo siguiente: “por cada grieta
(…) saldrá una emanación mortífera que no será bastante a neutralizar todo el
504
LOMNITZ, Idea de la muerte, p. 275
505
MARQUÉZ MORFÍN, “El cólera en la ciudad de México en el siglo XIX”, en Estudios demográficos y
urbanos. México. Vol. 7. Núm. 1. Enero-abril 1992. pp. 77-93.
506
ALTAMIRANO, “Recorrido”, Crónicas, Obras completas, Tomo I. 1987, pp. 481.
277
jardincito de la plazuela, ni aún los árboles de otras plazas cercanas al barrio de
San Fernando.”507
Altamirano mencionaba en su obra que de ser que la población aumentara, el
cementerio de San Fernando se convertiría en el corazón de la ciudad como “un
volcán de peste, un ángel exterminador (…) una amenaza perpetua”. Por ello,
exhortaba a las autoridades la construcción de un cementerio “muy lejos de
México”, siguiendo el modelo de “los bosques sagrados” franceses, que tuviera
“sus árboles, junto a las tumbas de sus muertos”508.
Los conceptos acerca de la limpieza, el orden y la belleza están presentes
en relatos de descripción de los cementerios mexicanos pero estos cementerios
tenían su contraparte en los cementerios de las colonias de extranjeros,
admirados por sus buenas condiciones sanitarias, sobre todo el Francés, el
Inglés y el Americano, que se encontraban relativamente cercanos, en ellos se
respiraba “un vientecillo fresco”. Eran amplios, “con gran cantidad de árboles que
nada (tenían) de lúgubres”; no tenían “pestilentes gavetas” sino que los
cadáveres estaban “sepultados en el suelo” y las tumbas estaban cubiertas de
“flores de mil especies”. En suma, afirmaba que quien los visitaba de ahí salía
con un espíritu fortalecido509. En 1869 Ignacio Manuel Altamirano narró el
recorrido que realizó por los cementerios de la Ciudad de México. Entre ellos el
actor que nos ocupa el Cementerio Francés:
Llegamos después de haber encontrado numerosos carruajes que
volvían de la fúnebre ceremonia, que según noticias, estuvo solemne
y patética. Este cementerio tiene un aspecto diferente. Aquí la muerte
no se presenta a los ojos con esa horrible faz que tienen los
507
ALTAMIRANO, “Recorrido”. p, 481.
508
ALTAMIRANO, “Recorrido”. p, 482 y 491
509
DE GORTARI Y HERNÁNDEZ Franyuti, Memorias y Encuentros, Vol. I, 1988, pp. 464 -465. 517
Descripción del Panteón Francés por Ignacio Manuel Altamirano en un recorrido por los panteones de
la ciudad de México, realizado en 1869. Citado en HERRERA. El panteón francés. p 647
278
cementerios mexicanos. Aquí desde la puerta se encuentra uno
flores, verdura, aire puro. El cementerio es amplio y está sembrado
todo él de árboles que nada tienen de lúgubre. Aquí no hay
pestilentes gavetas sino que los cadáveres están sepultados en el
cielo y cubiertos por una alfombra de musgo y flores de mil
especies.510
Analizando las opiniones de Altamirano me gustaría comenzar con algunas
precisiones la primera tiene que ver con los conceptos higiénicos que saltan a
la vista en la descripción en donde se hace alarde del aire que circula, como
puro, libre de olores pestilentes, el otro son las bondades de la tierra del
cementerio como apta para absorber los gases en descomposición, y por el
último el paisajismo que aportan los árboles y flores del cementerio. Por un
lado la descripción muestra al Cementerio de La Piedad, como moderno que
ha implementado bien los conceptos de salubridad, por el otro se denota un
conocimiento por parte de Altamirano de cómo deberían de ser construidos
los cementerios para que cumplieran con las normas de salubridad
establecidas por los higienistas y vigiladas por la Junta de Salubridad.
La arquitectura del cementerio también es descrita por el intelectual
decimonónico en la que resalta el estilo neoclásico y en su opinión sobrio del
espacio funerario: “sobre monumentos sencillos de piedra gris o blanca, pero
artísticamente labrados y construidos, no haya uno más que los nombres y la
fecha de fallecimiento, como de ser.”511 Hemos de recordar que el estilo
neoclásico durante el siglo XIX, fue considerado como un arte liberal que
rompe con el pasado barroco dejando atrás el arte religioso, dando paso al
arte moderno. Si bien Altamirano vio un cementerio sobrio este se transformó
con el paso de los años en un cementerio muy rico arquitectónicamente con
sepulcros grandilocuentes con símbolos religiosos y otros masones. Por
510
Descripción del Panteón Francés por Ignacio Manuel Altamirano en un recorrido por los panteones de la
ciudad de México, realizado en 1869. Citado en HERRERA. El panteón francés. p 647
511
Descripción del Panteón Francés por Ignacio Manuel Altamirano en un recorrido por los panteones de la
ciudad de México, realizado en 1869. Citado en HERRERA. El panteón francés. p 647
279
último hace una comparación de la percepción de la muerte según el
cementerio de entierro dice:
en un panteón como los otros se piensa en la destrucción perpetua y
en los tormentos del infierno. En panteón como éste se cree en la
reproducción de lo que muere, se piensa en la inmortalidad del alma
con alegría. Hasta se consuelan los deudos que lloran la pérdida de un
ser adorado, pensando en la fragancia de la flor que ha nacido al
borde de la tumba, aspiran como un soplo de vida que les hace falta,
de aquella alma que los amó: así como en el dulce murmullo de la
brisa errante de los árboles que cubren con su sombra el lugar
sagrado, o en el imperceptible de la pequeña planta que crece,
parécenos escuchar un suspiro de aquel pecho amado o una palabra
de consuelo de aquellos acostumbrados a repetir que nos amaban…
como quiera que sea, es preciso cubrir con una capa de vegetación
las mansiones de la muerte es preciso hacer de la tumba una fuente
de nueva vida, una hermosa cuna de hermosos seres a quien amar.512
Se podría observar un poco melancólico y filosófico el discurso de Altamirano
sin embargo, según lo propuesto por Michel Vovelle, podemos observar el tercer
nivel más abstracto del acto de morir, el discurso, en este ejemplo las letras del
narrador hablan de su percepción sobre los lugares de la muerte, pero no habla
como un ente aislado, sino que es un reflejo del hombre mexicano ilustrado.
Por último Altamirano hace una reflexión sobre el acto de morir siendo
extranjero, reflexiona acerca de morir lejos de la madre patria, pero que
implicaba un sentimiento más íntimo: “Aquel lugar de descanso que se han
escogido los franceses lejos de la patria nos hizo pensar en lo amargo que será morir
en tierra extraña y considerar que los huesos de uno no van reposar en la misma
pradera que cubre los de sus padres y hermanos”.513
Por su parte Rivera Cambas también realizó una descripción del cementerio
francés que además coincide en algunos de las hechas por Altamirano de la
arquitectura nos dice:
512
Descripción del Panteón Francés por Ignacio Manuel Altamirano en un recorrido por los panteones de la
ciudad de México, realizado en 1869. Citado en HERRERA. El panteón francés. p 647
513
Descripción del Panteón Francés por Ignacio Manuel Altamirano en un recorrido por los panteones de la
ciudad de México, realizado en 1869. Citado en HERRERA. El panteón francés. p.648
280
Embellece el moderno panteón de las Piedad, la uniformidad en las
hileras de árboles alternados con bosquecillos de arbustos que
cubren las tumbas o limitan la calzada, en algunos lugares se mezcla
el follaje del sauce llorón, la sombra verdiosa del álamo y del sabino,
ó la arrogante forma del pino y el alcanfor, por todas partes se
perciben emanaciones balsámicas de la rosa, la azucena, el lirio.
Multitud de elegantísimos mausoleos de estilo variado, adornan
aquella mansión de paz y de reposo eterno… esas tumbas contienen
epitafios grabados sobre el mármol… entre los adornos resaltan
algunos erigidos a la memoria de los sabios… otros representan a la
muerte figurando un querubín que despliega sus alas azuladas, más
allá están los altos minaretes de las capillas que encierran algunos
granos de polvo en que se confunden el rango la fortuna, la edad y el
sexo514.
Por la descripción se hace presente el estatus del Cementerio Francés,
además de tener una belleza estética, contaba con los patrones arquitectónicos
bien definidos y era una verdadera ciudad de los muertos con calles bien
delimitadas. Además respetaba las normas higiénicas sobre todo en el tema de
la ventilación y el traslado de los cadáveres.
La intención de este apartado era mostrar la recepción de este cementerio
por la sociedad decimonónica, que como se puede observar le consideró un
cementerio digno de admiración e imitación no solo en el aspecto material, sino
también en su aspecto simbólico:
Se ha duplicado en pocos años el área que ocupan los sepulcros y la
plantación de árboles y flores, formando un jardín delicioso,
compuesto de cuadros simétricamente colocados, que embalsaman
el aire, lo purifican y recrean el olfato a la que a la vista. Aquella
grande área del terreno era muy estéril porque estaba saturada de
salitres, enemigo de toda vegetación: pero se ha conseguido hacerla
fecunda. La acacia, los fresnos, cedros, álamos, y cipress crecen con
vigor; encuéntrese a cada paso sepulcros sencillos y de buen gusto,
hay inscripciones en prosa y verso, con letras de oro y adornos
alegóricos, aquel, antes desierto, árido y tristísimo, se ha trocado en
paseo delicioso, principalmente por las consideraciones morales a
que conduce. El día de los finados celébrese allí con una función en
la que cantan los mejores artistas, se decora muy bien la capilla y
asiste una concurrencia numerosa.515
514
RIVERA CAMBAS, México Pintoresco. p.395-398
515
RIVERA CAMBAS, México Pintoresco. p.395-398
281
El cementerio como espacio de la muerte se ha considerado como igualador
de las clases sociales pero en la construcción del cementerio francés nos queda
claro que esto fue exactamente lo contrario, pues fue creado con esa
intencionalidad, mostrar el estatutos económico y cultural de la colonia francesa.
Los recuerdos de la elite fueron resguardados con monumentos de un valor
artístico, con materiales traídos de Europa y diseñados por profesionales,
francés o italianos, muchos también por artistas mexicanos que fueron a estudiar
al extranjero y regresaron con todo el espíritu moderno.
Además el cementerio tiene además otras cualidades urbanísticas, que se
observan en un diseño perfectamente establecido, con su calle principal,
jardines y árboles, calles primarias y secundarias arboladas, glorietas, hitos, etc.
Y en concepto pertenece a la corriente de los cementerios jardín, que nacen en
el siglo XIX, eran lugares con una vegetación integrada al espacio, que
contribuía a minorar los gases producidos por los cadáveres en putrefacción. El
cementerio francés presentó una idea clara de integración a la naturaleza, con
abundante vegetación y sepulturas en tierra.
Sin embargo en la actualidad a pesar de contar con una declaratoria
patrimonial muchos de los monumentos funerarios antiguos están siendo
suplantados por sepulcros nuevos, la mayoría de ellos sin valor histórico-
arquitectónico.
5.3 Reflexiones
El Cementerio Francés de La Piedad fue el espacio funerario que mostró
más presencia en el discurso funerario de los intelectuales mexicanos, los
motivos fueron variados sobre todo porque se consideró un lugar de prestigio y
que seguía de manera bastante ajustada los reglamentos para la construcción
282
de los cementerios extramuros. La comparación entre los espacios de
inhumación que realizaron los intelectuales de la época fueron considerables en
su discurso el cementerio francés fue el más higiénico y bello, después se
encontraban los otros cementerios pertenecientes a las colonias extranjeras y en
último sitio los cementerios mexicanos, debido a que se pensó que estos no
lograban garantizar un resguardo digno del cuerpo.
Hemos de recordar que la llegada de los franceses a México, estuvo
marcada por varios procesos complejos, entre ellos la intervención francesa. En
México se construyeron dos cementerios para albergar a la colonia francesa La
Piedad en la ciudad de México y el de la ciudad de Puebla, ambos construidos a
iniciativa de la Sociedad Francesa de Beneficencia y de Previsión.
Los cementerios destinados para las colonias extranjeras, como el
Francés, mostraron ciertos cambios en las prácticas funerarias, por ejemplo, el
enterramiento colectivo como se llevaba a cabo en los camposantos cambió,
dando paso a sepulturas individuales. Si bien esto comenzó a darse poco a poco
en todos los cementerios a causa del proceso de secularización, fueron los
cementerios de extranjeros los que lo llevaron a la práctica más constante y
tempranamente. Esto respondió a varios motivos, por un lado hemos de
recordar que los cementerios mexicanos se encontraban en muy malas
condiciones, sobre todo por las condiciones materiales en las que se
encontraban, se hablaba que muchos de ellos en épocas de lluvias se
inundaban, además se consideraba que en ellos no se tenía mucho cuidado por
las sepulturas y el cuidado en general del cementerio.
Los cementerios de las colonias extranjeras ostentaron grandes
monumentos funerarios, construidos generalmente por escultores franceses o
italianos, muchas de las obras artísticas eran mandadas traer desde el país de
origen. Esto generó sobre todo en la época porfiriana que parte de la burguesía
mexicana fuera imitando su arte lapidario especialmente el del francés de La
Piedad.
El cementerio para franceses empezó a edificarse desde 1864 en el
pueblo de la Piedad, tanto que su construcción tardo algunos años en
283
concretarse y se inauguró entre los años 1870 a 1872. El Cementerio Francés
de la Piedad fue monumental ya que los franceses mandaron construir grandes
mausoleos, llenos de belleza, arte y riqueza simbólica, que no sólo se limitaba
en el arte lapidario, también en las calles y paseos que se formaban al interior
del espacio, adornada con una vegetación exuberante que ayudaron a capturar
no sólo los recuerdos también el tiempo,
El cementerio para la comunidad francesa fue un vínculo con su amada
Francia, un anhelo de regreso más allá de la muerte.
El capítulo tenía como intención principal, más que hacer un estudio
detallado del arte funerario, abordar desde lo que propone Michel Vovelle en su
división de las actitudes ante el acto de morir, en este sentido enfocándome en
último de los niveles de la muerte en donde se pone de manifiesto el discurso.
En él discurso se envuelve en un todo complejo a la sociedad, al cementerio, a
la muerte y a los cadáveres, es por eso que se puso interés en el análisis de los
discursos realizados por los intelectuales de la época.
284
CAPITULO 6. CEMENTERIO
ESPAÑOL DE LA CIUDAD DE
MÉXICO.
285
6.1 La comunidad de los vivos. Españoles en México
decimonónico.
Panteón en que el hueso, ya seco aire que sopla en su hueco el llorar de la gaita prolonga… y resuena
en las tumbas el eco de las fiestas de la Covadonga…Panteón Español de Tacuba, donde damos con
nuestro bagaje como dando en el último puerto...donde no hay español que no suba, donde no hay
español que no baje muerto. JULIO SESTO
Los cementerios no se pueden comprender sin la comunidad de los vivos,
pues son ellos quienes en el recuerdo de los difuntos crean espacios para el
momento y resguardo del cuerpo, materializando su dolor en la cultura funeraria.
El siguiente capítulo tiene como intención de acercar al lector a conocer la
historia del cementerio español de la ciudad de México creado a finales del XIX.
Dotado de una elegancia y belleza especial. Para la colonia española la muerte
no fue igualitaria por el contrario el status social se puso de manifiesto en la
última morada, en las sepulturas, en cada cuartel de esta ciudad de los muertos.
En el entendido de que no podemos entender a la vida sin la muerte o
viceversa este apartado pretende narrar la historia de la beneficencia española,
así como el Casino Español, pues fueron ellos quienes contribuyeron con
acciones y monetariamente para que el Cementerio Católico Español fuera una
realidad.
La Colonia española fue hasta mediados del siglo XX la más numerosa
en el país, su presencia estuvo marcada por ambivalencias de buen y mal trato
por parte de la sociedad mexicana. En esta relación dos momentos fueron
trascendentales: el proceso de Independencia y el imperio de Maximiliano.
286
La presencia de españoles desde épocas coloniales marcó la historia y la
socialización en la sociedad novohispana. Con la independencia de México la
permanencia del componente español fue muy compleja pues algunos fueron
expulsados y a un gran número vieron dañadas sus propiedades, de ser su
patria pasó a ser un lugar ajeno:
El sentimiento antiespañol, que salió a flote con especial virulencia
durante el conflicto bélico, tenía hondas raíces. Lo interesante es
que, tras el levantamiento y la radicalización política del mismo,
coincidió con la posibilidad de construir una nueva legitimidad y
definir un nuevo concepto de ciudadanía. En 1813 ante el Congreso
reunido en Chilpancingo, José María Morelos y Pavón, además de
reiterar la necesidad de echar al “enemigo español”, propuso que no
se admitieran extranjeros salvo “artesanos capaces de instruir y libres
de toda sospecha” y que los empleos fueran sólo para los
americanos.516
La actitud tomada por el gobierno español no ayudó a minorar las tensiones:
la negativa de Fernando VII a reconocer la Independencia, los bombardeos de
Veracruz y la negativa por la entrega de San Juan de Ulúa y el tardío intento de
reconquista de 1829 provocaron que los españoles fueran vistos como
conspiradores, motivo por el cual 20 de Noviembre de1827 el Congreso emitió
La ley de expulsión de los españoles que sería la antesala de otros decretos
similares en los siguientes años.517
El grupo que logró quedarse hubo de adoptar la nacionalidad mexicana, tanto
éstos como los que llegaron posteriormente no fueron un grupo homogéneo, se
encontraban estratificados socialmente. La elite que contaba con buenas
relaciones económicas, políticas y sociales, grandes empresarios relacionados y
muchas veces emparentados con la aristocracia de la sociedad mexicana. Pi-
Suñer y Andrés Sánchez, mencionan que el papel de este grupo de españoles
516
CHENILLO ALAZRAKI Paola, Entre la igualdad y la seguridad. La expulsión de extranjeros en
México a la luz del liberalismo decimonónico, 1821-1876, tesis para optar por el grado de Maestra en
Historia, UNAM-Facultad de Filosofía y Letras- Colegio de Historia, 2009, p. 12
517
PINEDA XOCHIPA Fátima, El casino español en la ciudad de México, 1863-1910, tesis para optar
por el grado de doctor en Historia del Arte, México, UNAM-Facultad de Filosofía y Letras, 2010. P. 1
287
en estos años fue vital por los préstamos que realizaron al gobierno mexicano,
rol que jugaron también algunos ricos comerciantes de origen criollo:
Cabe recordar que a fines del Virreinato y, sobretodo, durante la
Guerra de Independencia estos comerciantes prestaron grandes
cantidades de dinero, unas veces voluntaria y otras forzadamente, al
gobierno virreinal, por lo cual en 1821 éste estaba endeudado con
cerca de 80 millones de pesos. México nació como país
independiente prácticamente en bancarrota, por lo que, como vimos,
al cabo de tres años se vio forzado a contraer préstamos con casas
comerciales británicas. Cuando en 1827 el gobierno ya no pudo
cumplir con las obligaciones que había contraído con Gran Bretaña,
decidió buscar apoyo financiero en los capitalistas residentes en
México, entre los cuales se encontraba un buen número de
peninsulares.518
Fue hasta más tarde, tras el reconocimiento español en 1836 y la posterior
llegada de Ángel Calderón de la Barca que se inició una nueva etapa de relación
entre México y España, que entre otras cosas dejó planteado el problema de la
ambigüedad de la nacionalidad, ya que muchos españoles usaron la posibilidad
de recobrar su nacionalidad originaria para pasar a su conveniencia de una a
otra, creando grandes problemas a las relaciones bilaterales.
La llegada del ministro fue muy celebrada pero no todo era fiesta y
alegría, Calderón de la Barca recibió una gran cantidad de reclamaciones de
parte de sus conciudadanos: “unas en queja de la conducta arbitraria de las
autoridades, otras pidiendo resarcimiento de daños y perjuicios por despojos
violentos de sus propiedades, otras en fin reclamando el pago de deudas
contraídas con ellos por el gobierno”519 problema que no se podía solucionar por
el problema de la indefinición de la nacionalidad.
518
A. PI-SUÑER LLORENS y A. SÁNCHEZ ANDRÉS. Una historia de encuentros y desencuentros.
México y España en el siglo XIX, Secretaría de Relaciones Exteriores-Dirección General del Acervo
Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 2003, p. 65.
519
Despacho núm. 31 de Ministro de España al Primer Secretario del Despacho de Estado. México. 26 de
marzo de 1840, en Relaciones diplomáticas hispano-mexicanas 1839-1900. Documentos procedentes del
archivo de la embajada de España en México. [S. p. i.]. Vol. 11, IV. (Texto mecanografiado en El Colegio
de México). p. 46
288
Al consumarse la independencia quedó establecido en el artículo 15 de los
Tratados de Córdoba que:
Toda persona que pertenece a una sociedad, alterado el sistema de
gobierno o pasando el país a poder de otro príncipe, queda en el
estado de libertad natural para trasladarse con su fortuna a donde le
convenga, sin que haya derecho para privarle de esa libertad, a
menos que tenga contraída alguna deuda con la sociedad a que
pertenecía por delito, o de otro de los modos que conocen los
publicistas: en este caso están los europeos avecindados en Nueva
España y los americanos residentes en la península, por consiguiente
, serán árbitros a permanecer adoptando esta o aquella patria, o pedir
su pasaporte, que no podrá negáserles, para salir del reino en el
tiempo que se prefije, llevando o trayendo consigo sus familias y
bienes, pero satisfaciendo a la salida por los últimos, los derechos de
exportación o que se establecieren por quien pueda hacerlo.520
El tema de la ciudadanía tardó en definirse, por un lado en México se
estableció que los peninsulares que se encontraban en el país al consumarse la
independencia fueran considerados de manera oficial como mexicanos, pese a
que en la teoría eran asimilados en la práctica les reticencias por ambos lados
eran latentes , en palabras de Lucas Alamán, “poco pueden hacer las leyes y
preocupaciones de los hombres contra las de la naturaleza y contra el influjo de
costumbres y preocupaciones inveteradas”.
Por otro lado estaba el hecho de que España se negó a reconocer la
independencia, motivo que generó la esperanza una posible reconquista, esto
dificultaba la definición del tema de la ciudadanía tardara más tiempo en
definirse, pues ni los peninsulares se podían identificar como mexicanos, ni los
criollos los aceptaban como tales: “ y el pueblo, no pudiéndose acostumbrar
todavía a mirarlos como extranjeros, los separa a todas las demás naciones, sin
acabar de fijar en su espíritu la clase en que debe colocarlos”.521
Cabe mencionar que las leyes de expulsión no fueron tan estrictas con
todos los españoles pues existieron algunas excepciones, como a los casados
520
CALVILLO Manuel (coordinador general), La República federal mexicana: gestación y nacimiento.
Obra conmemorativa de la fundación de la República federal y de la creación del Distrito Federal en
1824, México, Departamento del Distrito Federal, 1974,p.512-513.
521
LIRA Andrés, Lucas Alamán, México, Cal y arena, 1997, p. 276.
289
con mexicanas, que tuvieran hijos no españoles, a los que fueran mayores de
sesenta años, con algún impedimento físico de por vida, que hayan prestado
servicios distinguidos a la independencia y hayan acreditado su afección a
nuestras instituciones, también a los profesores de alguna ciencia, arte o
industria útil en ella que no sean sospechosos al gobierno522.
Al llegar el Ministro Calderón de la Barca el país se regía por la Constitución
de 1836 que en su artículo primero señalaba que: “no nacidos en México, que
estaban fijados en la República cuando ésta declaró su independencia, juraron la
acta de ella y continuado residiendo aquí”, y en esa misma ley, pero en el
artículo 13 se especificaba que ningún extranjero podía adquirir bienes raíces si
antes no se había naturalizado o casado con mexicana, así como tampoco
podía trasladar sus bienes mobiliarios a otro país523. Sumándose se encontraba
la carta de seguridad que anualmente se les pedía a los extranjeros, esta fue
vista como una obligación por parte del gobierno mexicano, para que extranjeros
aceptaran la ciudadanía, a lo que el ministro español se oponía señalando que
esto no debería ser un favor si no una elección, este problema de la indefinición
de la ciudadanía no se resolvió hasta la promulgación de la Constitución de
1857:
En el título primero, sección II, artículo 30 quedó establecido que
eran mexicanos: I. Todos los nacidos, dentro o fuera del territorio del
República, de padres mexicanos, II. Los extranjeros que se
naturalicen conforme a las leyes de la federación, y III. Los
extranjeros que adquieran bienes raíces en la República o tengan
hijos mexicanos, siempre que no manifiesten la resolución de
conservar su nacionalidad.524
Pese a la indefinición de ciudadanía los españoles residentes realizaron su
vida en el país, y muchos otros llegaron de España con la intención de hacer
522
OLAVARRÍA Y FERRARI Enrique de, "México independiente 1821-1855", en Vicente Riva Palacio,
coord. México a través de los siglos. Historia general y completa del desenvolvimiento social, político,
religioso, militar, artístico, científico y literario de México desde la antigüedad más remota hasta la época
actual, México, Cumbre, 1962. Vol. 4.p.170-171
523
TENA RAMÍREZ Felipe, Leyes fundamentales de México 1808-1982, México, Porrúa, 1982.1036 p,
205-208.
524
TENA RAMÍREZ, Leyes fundamentales, p, 611
290
fortuna. De esta manera el flujo continuo de inmigrantes españoles que fue
llegando a lo largo del siglo XIX y principios del XX contribuyó a conformar un
extracto medio alto y medio bajo. Ellos fueron parte de este sistema migratorio
en cadena que se fortaleció gracias a las redes familiares. Los que se
encontraban ya establecidos en México ayudaban con trabajo o apoyo
económico a aquellos familiares o conocidos cercanos que desearan viajar,
siendo una migración a cuenta gotas, fortalecida por los vínculos familiares,
aunque es importante señalar que las condiciones de trabajo no fueron las
mismas para todos. Algunos de los migrantes recibían los favores de algún
familiar perteneciente a la elite, esto lo situaba en otra situación muy distinta de
los que tuvieron que esperar muchos años antes de poder reunir un capital para
independizarse o quienes no lograron “hacer la América.”
Un concepto que se repite a lo largo de esta investigación es el de colonia,
que he decido utilizar por considerarlo más adecuado que el de comunidad,
algunos autores han señalado que se puede considerar como “colonia española”
desde la fundación de las primeras agrupaciones sociales, sin embargo el
asociacionismo muchas veces es más el resultado de una cohesión anterior, de
identificarse como migrantes, y en el caso español influye mucho el sistema en
cadena que habíamos mencionado con anterioridad, el termino de colonia
española se usó de manera general a partir de que España dio el
reconocimiento a la Independencia de México en 1836.
Los españoles en México crearon un concepto de identidad, los caracterizaba
su aspecto físico, su lenguaje y un perfil distintivo. El tema generacional también
marcó algunas diferencias al interior de la colonia, pues las segundas o terceras
generaciones se relacionaron mejor con la sociedad mexicana, sobre todo a
través de lazos matrimoniales, llegando con el tiempo a fundirse con el país de
acogida. Esto “no solo se crea un sincretismo entre ambas culturas, sino de
hecho se transforma en una vida bicultural, los hijos de inmigrantes tienen por
291
tanto una doble nacionalidad”525. Las otras generaciones se fueron adaptando
con los valores que tuvieron que cambiar, proceso de socialización que se dio en
los colegios, clubes, y otros grupos. Un papel muy importante jugaron la
Beneficencia española y el Casino español como asociaciones en el
reforzamiento de esta identidad étnica las asociaciones y centros porque
mantuvieron los valores tradicionales de origen, estas ayudaron a aminorar el
sentimiento de pérdida a lograr que la se diera una integración paulatina a la
nueva sociedad526.
Los centros de recreo y convivencia españoles sirvieron no sólo para
aminorar el sentimiento de pérdida, fueron también lugar de establecer otro tipo
de relaciones pues en muchos casos los matrimonios se concertaban en las
romerías y reuniones de la colonia en general, el lugar idóneo para conocer a las
jóvenes casaderas y viceversa, no sólo de elite española, también de otras
nacionalidades. Sin embargo los españoles fueron un tanto cerrados ya que
pretendían mantener la igualdad de origen, estatus y consideración social, el
matrimonio fue el vínculo reguló las relaciones familiares y clientelares.527
Algunos españoles al llegar a México pudieron cambiar su estrato social o
al menos la mayoría de ellos a eso aspiraron, sin embargo su ideología y
organización familiar permanecieron más o menos intactas. Muchos de los
llegados a México estaban apoyados en capital financiero y cultural de primer
orden que permitió, esto hizo más fácil la llegada y la estadía, lo que además les
permitió relacionarse mejor con la sociedad mexicana, muchos jóvenes
inmigrantes fueron llamados por sus tíos, primos o hermanos mayores cuando
estos se habían ya establecidos y habían progresado en los negocios y
525
ORDOÑEZ GÓMEZ Nélida, Crisol de fantasías: Ideología en los centros y asociaciones de la
colonia española en México 1901-1928, tesis para obtener el grado de maestro en Historia de México,
UNAM,Filosofía y Letras, México, 2010. p.622
526
ORDOÑEZ GÓMEZ, Crisol de fantasías, p. 614
527
CHANCÓN JIMÉNEZ, Hacia una nueva definición de la estructura social en la España del
Antiguo Régimen a través de la familia y las relaciones de parentesco, Monográfico, Historia Social,
Familia y Relaciones de Parentesco, Murcía, España, 1995, p, 26.
292
necesitaban trabajadores de confianza. La familia fue un elemento de cohesión
y solidaridad entre los inmigrantes distinguidos sobre todo por su religiosidad.528
La clase media alta y media baja de la colonia española era muy variada a
muchos se les identifico con el rubro de empleados de los almacenes del barrio.
Alicia Gil Lázaro en su investigación menciona que el perfil del migrante español
fue variado existieron: artesanos, obreros, amas de casa, sirvientes, y
trabajadores. Es necesario mencionar que llegaron también obreros y artesanos
especializados. Además de artistas, músicos, actores, pintores, escultores y
decoradores, los que eran encargados de los diseños de las obras
arquitectónicas realizadas por la elite española y mexicana. Aquellos españoles
que desempeñaban diversos oficios también llegaron a tierras mexicanas:
carpinteros, plomeros, albañiles, costureras, cocineras, zapateros, mecánicos,
peluqueros y barberos. Aunque en menor número también llegaron
profesionistas: periodistas, abogados, médicos, boticarios y veterinarios,
maestros, algunos deportistas y los toreros529.
Sin embargo no todos se vieron beneficiados con la migración, no faltaron
aquellos a los que la suerte no les acompaño españoles que no contaron con los
recursos para sobrevivir, los “cesantes” o “desempleados”, quienes fueron
cobijados por la Sociedad de Beneficencia Española y en algunos casos optaron
por ser repatriados530.
Un sector importante de la migración fueron las mujeres, aunque poco se
sabe de las españolas se dice que fueron algunas esposas que acompañaron a
sus esposos. Algunos autores como Gil Lázaro, Lisette Rivera, y Martín Pérez
Acevedo han señalado que si bien el número de mujeres solteras célibes no fue
un número alto, algunas emigraron buscando nuevos horizontes, la mayoría a
528
SALAZAR ANAYA Delia, Las cuentas de un sueño. La presencia extranjera en México a través de las
estadísticas nacionales, 1880-1914, tesis para obtener el grado de Maestra en Historia de México, UNAM-
Filosofía y Letras, México, 2007,p.68
529
GIL LÁZARO Alicia, Pasaje de repatriación. El retorno subvencionado de inmigrantes españoles
entre la Revolución Mexicana y los años treinta, tesis para obtener doctorado en Historia, México,
2008,p. 177. p. 47-48.
530
A. GIL LÁZARO. Pasaje de repatriación, p. 84-87.
293
través de lazos familiares, después de que sus padres o maridos habían logrado
reunir algunos recursos, o llegaron junto con los varones cuando se trató de
personal contratado, colonos, jornaleros o profesionales. Otras tantas por
necesidad se volvieron actrices y cantantes, y en algunos casos se dedicaron a
la prostitución531.
A pesar de la clase social es importante mencionar, como señala Delia
Salazar, que los españoles que emigraron a México trataron de mantener su ser
y sentir español frente a la otredad, por tal motivo preferían evitar la asimilación
a la cultura mexicana, así mismo es importante señalar que el perfil del español
variaba según el poder económico, político y social. Sin embargo no todos se
vieron beneficiados con la migración, no faltaron aquellos a los que la suerte no
les acompaño españoles que no contaron con los recursos para sobrevivir, los
“cesantes” o “desempleados”, quienes fueron cobijados por la Sociedad de
Beneficencia Españolao algunos de ellos repatriados532.
Otro factor que alentó la llegada de inmigrantes y su permanencia en el país
fue la posibilidad de establecer vínculos familiares con las mujeres mexicanas
pertenecientes a la elite política o económica en caso de que el inmigrante
tuviera éxito económico. Desde los tiempos del Antiguo Régimen la sociedad
española tendía a emparentarse entre iguales, sobre todo por motivos
económicos, práctica que fue muy común en la colonia española, especialmente
en los estratos más altos, buscándose por general que las parejas pertenecieran
al mismo nivel social y económico533.
Los matrimonios al interior de colonia española muchas veces se realizaban
entre españoles de la misma provincia, o de otras regiones. Además fue un
elemento de movilidad social por lo que muchos se casaban entre los 40 y 49, ya
531
A. GIL LÁZARO, Pasaje de repatriación,p. 66. Martín PÉREZ ACEVEDO y Lisette Griselda
RIVERA REYNALDOS. Propietarias españolas en México ante los efectos de la Revolución: pérdidas
patrimoniales y búsqueda de indemnizaciones, 1910 a 1938, Revista de Indias, 2012, vol. LXXII, núm.
256, p.777
532
SALAZAR ANAYA, Las cuentas, p. 130 ORDOÑEZ GÓMEZ, Crisol de fantasías, p.624,A. GIL
LÁZARO. Pasaje de repatriación, p. 84-87.
533
ORDOÑEZ GÓMEZ, Crisol de fantasías,p. 619
294
que como llegaron muy jóvenes al país, se dedicaban a trabajar para poder
lograr un patrimonio que les permitiera lograr un ascenso social. Por ello era
frecuente que se casaran con mujeres allegadas a su ámbito de trabajo o recreo,
habitualmente con las hijas de sus patronos o protectores.534 En este sentido,
muchos de los españoles que se casaban con mexicanas, en realidad lo hacían
con criollas, hijas de españoles. Otra estrategia habitual en la colonia española,
según Nélida Ordoñez fue:
El “matrimonio por poder”. Este consistía en que una vez hecho el
compromiso, si el novio estaba en América, la novia realizaba en
España la ceremonia religiosa, en la iglesia de su pueblo o de su
ciudad natal, con un sustituto que representaba al novio y
posteriormente hacía el viaje hacia el lugar de residencia del mismo.
De esta forma se reforzaba la identidad étnica, al ser la esposa
española535
También algo muy estilado durante la época fue el matrimonio entre
parientes como entre tíos y sobrinas y entre primos hermanos. Esta práctica
respondía a la importancia de las redes de parentesco y posibilitaba la
conservación del patrimonio de manera que este quedará en la misma familia.
Dentro de las costumbres de la colonia española era se “ajuarear” a la novia,
esto consistía en obsequiarle todo aquello relacionado a los blancos de la casa,
como: sábanas, toallas, cobertores, colchas, o lo concerniente a la cocina: ollas,
sartenes, cubertería. En ocasiones, en los sectores más con mayores recursos
se les regalaba la casa de la pareja.536
534
LIDA Clara Eugenia, Una inmigración privilegiada, comerciantes, empresarios y profesionales
españoles en México en los siglos XIX y XX, Madrid, Alianza Editorial, 1994.
535
ORDOÑEZ GÓMEZ, Crisol de fantasías,p.621
536
ORDOÑEZ GÓMEZ, Crisol de fantasías,p. 624
295
6.1.1 La beneficencia española
La Sociedad de Beneficencia Española se creó en un contexto histórico
complejo como lo fue el siglo XIX, contribuyó en gran medida a que los
inmigrantes tuvieran un respaldo más allá de lo moral y su papel no se limitó a
ser un centro de socialización. La Sociedad de Beneficencia Española fue un eje
rector para la vida de los españoles en México, parte importante de esta vida
como extranjeros, pues ayudó a preservar la identidad de los españoles como
grupo, preservando sus ideales, principios y valores de la madre patria. Además
fue una red que permitió que se tejieran relaciones comerciales, sociales y
familiares al interior del grupo, así como al exterior, tanto con mexicanos como
con otras colonias de extranjeros.
La historia de la sociedad se escribe a partir de 1840 cuando se funda la
primera Sociedad Española de Beneficencia en Tampico por el ministro Don
Francisco Preto y Neto, originario de las Islas Baleares en España, dedicada
para socorrer aquellos inmigrantes con mayores dificultades especialmente para
aquellos que no contaban con papeles. Posteriormente en 1842 se fundó la
segunda Sociedad de Beneficencia Española en la ciudad de México, que llegó
a ser la institución más emblemática de la colonia española. Este organismo
constituyó una protección para el inmigrante español, sobre todo en casos de
enfermedad pues las necesidades en el área de salud de la población española
fueron en aumento conforme la colonia se expandía. 537 Si bien la asistencia
médica fue de vital importancia las acciones se extendieron a otras prácticas
como la ayuda a los que se encontraban en estado de indigencia o de
repatriación, en el periódico la Iberia describe muy bien esta situación:
Figuraos que viene de España un joven en pos de la fortuna, porque
se siente con aliento de la fortuna, porque se siente con aliento para
537
ORDOÑEZ GÓMEZ, Crisol de fantasías,p.110
296
conquistarla, y aspira á salir de su esfera, y tiene además la noble
ambicion de llegar á ser el sostén y apoyo de su familia. Allá deja tal
vez una madre amorosa que le despidió dándole santos consejos,
que llora y reza por é para que Dios le ayude, y él llega con el
corazón henchido de esperanzas y revolviendo en su mente mil
ilusiones encantadoras. Pero hé aquí que por falta de
recomendaciones, ó por estar muertas o ausentes las personas que
pudieran ampararle, o por cualquier otro motivo se encuentra solo y
en la miseria. El hecho es que nuestro joven puede encontrarse en
México, tierra más hospitalaria y generosa del mundo, en un
desamparo completo, y morirse de hambre en medio de la calle o
acabar sus día en un hospital, ó morir de muerte desastrosa, o si la
desesperación le conduce al crimen. Entonces, su pobre madre
seguirá llorando y rezando por él, pero llorará la infeliz, toda la vida,
porque su hijo no volverá.538
La creación de la Beneficencia responde entre otras cosas características de
ser una migración sustentada en relaciones más cercanas y a la necesidad de
protegerse como españoles ante las adversidades naturales del viaje, pero
también de aquellas que se presentaban en el contexto político mexicano.
El 9 de octubre de 1842 se convocó a una asamblea en la Sala de Juntas de
la Lonja 95 en la ciudad de México en la cual fue designada una Junta Directiva
Provisional, misma que habría de formular un proyecto de estatutos que serían
aprobados por otra asamblea. La presidencia de la Junta recayó en el cónsul
general y dos secretarios quienes establecieron los requisitos necesarios para
pertenecer o ser miembros de la Sociedad, los puntos son:
Se considerarían miembros de la nueva institución a los españoles
por nacimiento o por naturalización que residieran en la capital o en
sus inmediaciones (en un radio de 75 kilómetros de la capital), y que
contribuyeran con alguna cantidad mensual para llenar los propósitos
de la sociedad, cuyo protector nato habría de ser el ministro de
España en México, con la facultad de presidir las reuniones a las
cuales asistiera. Este cargo, que recaería en el ministro español en
turno, sería de suma importancia para la naciente institución pues
implicaba el reconocimiento de la Legación española y con ello el
respaldo del gobierno español, lo cual en las condiciones políticas por
las que atravesaba el país en esos años, significaba una protección
538
Hemeroteca Nacional de México, La Iberia, México, Miércoles 11 de Enero de 1871.
297
muy importante y así las decisiones trascendentes o las necesidades
más apremiantes podrían ser supervisadas por el representante del
gobierno español.539
Los objetivos se establecieron en la primera junta de la
beneficencia que eran: socorrer a los verdaderos necesitados y cuidar de
sepultar los cadáveres de los españoles que murieran pobres. Con el paso de
los años fue la Sociedad la que impulsó la creación de un cementerio propio.
También proporcionaron a los que venían de España recomendaciones e
instrucciones que les facilitaron su inserción laboral. La única condición que se
exigió fue que se tuvieran “los títulos de honradez y laboriosidad.”540
Además se determinó la estructura de la organización que debería estar
compuesta por un presidente, vicepresidente, secretario y el suplente, doce
vocales propietarios con sus respectivos suplentes; se consideró como vocal
nato al secretario de la Legación de España. Los vocales tendrían la función de
recibir y calificar todas las solicitudes de auxilio, las que se darían por un mes.
La Junta Directiva tendría una sesión anual al igual que las asambleas
generales541. Es importante mencionar que los directivos se eligieron entre las
personas que más destacaron por sus habilidades económicas o sus influencias
dentro de la colonia española, otro factor a considerar es que con el paso de los
años existieron socios honorarios designados por la junta, generalmente
mexicanos influyentes económica y políticamente o talentosos profesionistas.
La primera acción que se tomó para lograr dar un verdadero auxilio a los
necesitados fue buscar un hospital que les diera cobijo en lo que la Sociedad
podía contar con uno propio. Contrataron los servicios del Hospital de San Juan
de Dios -perteneciente apenas unos años atrás a la orden de los juaninos-
539
Reglamento de la Sociedad de Beneficencia Española, (aprobado en la Junta General del día 9 de
octubre de 1842), Tipografía de M. Murguía, Portal del Águila de Oro, México, 1865, p. 1.
540
LORENZO LAGUARTA, Pablo Historia de la beneficencia española en México, México, Editorial
España en América, 1955.p. 219
541
ORDOÑEZ GÓMEZ, Crisol de fantasías,p.111.
298
ubicado en el corazón de la ciudad de México a unos pasos de la Alameda
Central. El acuerdo con el Hospital de San Juan de Dios fue establecido en 1843
en 50 pesos mensuales como pago de sus servicios por enfermo que la
Sociedad de Beneficencia entregaría y que se completaría con la cuota de 25
pesos cobrada por el propio hospital.542
Esta iniciativa recibió el apoyo de algunas personas notables, como lo fue
el caso de Lucas Alamán quien ofreció a los españoles las instalaciones del
Hospital de la Limpia Concepción, en un escrito que mandó a la Junta de
Beneficencia, exponiendo que el espacio que se encontraba a su cargo contaba
con los sitios necesarios para recibir a los españoles pobres y enfermos: que el
hospital brindaba su establecimiento para recibir en sus salas a los españoles
pobres y enfermos “por una moderada y conveniente retribución y destinarles si
fuera preciso, un departamento separado, independiente en el expresado
establecimiento.”543
Tan sólo un año después de fundada, la Sociedad tenía 269 miembros.
Otro de los temas que preocupo a la Institución fue la repatriación. Hemos de
recordar que México experimento una gran inestabilidad política durante la
década de 1840, lo que perjudicó no sólo a españoles sino a toda la sociedad en
general. En 1845, al dejar la presidencia el señor Preto y Neto, la Junta Directiva
tomó la decisión de procurar pasajes a los españoles que tuvieran la necesidad
de repatriarse debido a su precaria situación económica, sin embargo el tema
era criticó pues la Sociedad pasó por una época difícil para cubrir siquiera las
cuotas a los hospitales que amparaban españoles.544
La Sociedad de Beneficencia constituyó un gran respaldo para los
españoles avecindados en México, tanto para los residentes como para los
recién llegados, representaba su seguridad en caso de enfermedad o muerte; un
refugio en caso de pobreza y un lugar en donde se podía relacionar con otros
542
ORDOÑEZ GÓMEZ, Crisol de fantasías,p.111.
543
LAGUARTA, Historia de la beneficencia,p.229.
544
Libro de Actas núm. 1, pp. 1-2 citado en ORDOÑEZ GÓMEZ, Crisol de fantasías,p.112
299
inmigrantes. Por estos motivos el hacerse socio, y pagar la cuota, era una
prioridad para todos.
Sin embargo, pese a que muchos cumplían con los pagos necesarios que le
permitiera continuar con sus membresía, existían muchos otros que no lo
hicieron por motivos principalmente económicos.
Hemos de recordar que la indefinición de la ciudadanía de muchos españoles
y los problemas políticos y sociales atravesados por México en la década de
1850 no permitieron a la Sociedad mejorar sus finanzas, situación que afectó a
muchos españoles, que por encontrarse en la miseria tenían que acudir a ella.
Sumado lo anterior se encontraba el complejo proceso que atravesó el país tras
la Guerra de Reforma y el Imperio de Maximiliano, algunos estudios han
señalado el apoyo de los españoles al Imperio, motivados entre otras cosas por
las deudas seguían pendientes, reclamos antiguos, que no se habían
consolidado por la inestabilidad política, pero la sorpresa fue que esto no mejoró:
Maximiliano provocó que de la esperanza, los españoles radicados
en México e incluso el mismo gobierno español, pasaran a la
desilusión y en ocasiones a la desesperación, cuando, en su opinión,
las nuevas autoridades los trataron peor que las autoridades
republicanas, con las que ya habían tenido muchos problemas.545
Los problemas de la Beneficencia se verían a minorados hasta el periodo
porfiriano, por varios motivos, el principal la estabilidad política, social y cultural
que el régimen logró. También por las políticas de inmigración que se impulsaron
de nueva cuenta, y la apertura que la sociedad mexicana tuvo para con el
extranjero.
En estos años la Beneficencia pasó por una mejor etapa, especialmente a
partir de1876, cuando realizó la compra de un inmueble para albergar la “Casa
545
GUTIÉRREZ HERNÁNDEZ Adriana, La Colonia Española en la ciudad de México durante el Imperio
de Maximiliano, tesis para obtener el grado de licenciado en Historia, México, UNAM-Facultad de
Filosofía y Letras-Colegio de Historia, 2001, p. 116.
300
de Salud y el Asilo”, ubicado en la casa número 17 de la calle de Niño Perdido,
gracias a donativos de los socios que allegaron recursos para adaptar las
instalaciones y amueblarlo. Además la Sociedad organizó innumerables
romerías para obtener recursos y realizar sus celebraciones tradicionales como
lo fue la fiesta de honor de Nuestra Señora de Covadonga.
La fiesta de la Covadonga al igual que los festejos por el aniversario de la
reina Isabel fueron elementos que la colonia española reelaboró como parte de
su identidad española ahora en México y que quedaron plasmados en su
cementerio.
6.1.2 El Casino Español
Los grupos que crearon los españoles contribuyeron a mantener su unidad e
identidad española, como ya mencionamos con anterioridad el contexto político
del país creo cierto ambiente de hostilidad para muchas de las colonias
españolas, El casino español durante el siglo XIX fue una institución de mucho
prestigio entre la elite en México incluyendo dentro de este grupo a la nacionales
y extranjeros.
La fundación del Casino como asociación sucedió en medio de la
Intervención Francesa. Su conformación convocó a la gente con mayor prestigio
y recursos al interior de la colonia: comerciantes, banqueros industriales,
terratenientes, comerciantes, intelectuales, poetas, escritores, músicos, pintores,
periodistas, todos concentrados en torno a un centro social de carácter
recreativo que iría mucho más allá y fungiría como reforzador de relaciones,
económicas, políticas, sociales y culturales.
301
El Casino nace de una fusión con la Escuela Española de Música en el
año de 1862, el objetivo era que los españoles que compartían el gusto por la
música y el juego, se sintieran atraídos a este recinto y sirviera de lazo de unión
entre ellos. Los socios que colaboraron en su fundación eran dos hombres de
gran prestigio y recursos en la colonia española, los señores Manuel Mendoza
Cortina y José Toriello Guerra546. Ellos fueron un magnífico ejemplo del alcance
que tuvo la burguesía española en México. Ambos eran asturianos, hacendados
azucareros de Morelos, pero que radicaban en la ciudad de México, donde
tenían expendios de azúcar y aguardiente. José Toriello poseía, además de la
hacienda, acciones en la Compañía del Ferrocarril de Morelos, en el Banco
Mercantil Mexicano y tenía negocios mineros. Manuel Mendoza y Cortina era
dueño de la Hacienda de Coahuixtla e incursionó en el negocio de los hilados y
los ferrocarriles. Fue accionista del Ferrocarril de Morelos y se convirtió en uno
de los dueños de la fábrica de hilados La Fama Montañesa, en la ciudad de
México.547
Conforme iba avanzando la modernidad y el progreso, el Casino fue tomando
mayor importancia como lugar de esparcimiento en la ciudad de México. Para
1906 las comunidades extranjeras como nacionales contaban con sitios
destinados para estos fines. Para esta fecha ya se han establecido muchos de
los centros que cobrarán gran fama y renombre, no sólo por la importancia como
asociación, sino por el espacio que los albergaba, en donde se realizaban,
romerías, tertulias, bailes de gala y los juegos que tanto entretuvieron a la elite
porfiriana. El edificio del Casino Español fue una joya arquitectónica, ya que a
diferencia de otros clubes su espacio fue construido con un fin determinado en
donde los españoles plasmaron los estereotipos de su identidad nacional, desde
los ventanales hasta la rica ornamentación de la fachada y ornamentación y
546
A. GUTIÉRREZ HERNÁNDEZ, Casino Español de México. Boletín informativo, núm. 7, mayo 2004,
p. 6.
547
HERRERA LASSO Ana Lia, “Una élite dentro la élite:El casino Español de México entre el Porfiritato
y la Revolución (1875-1915)”, Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales, nueva época,
septiembre-diciembre de 1998, México, Instituto Mora,p. 177
302
esculturas de salas de juego. Contó con un proyecto que cubría las necesidades
de un espacio de ocio tan particular como lo era un casino.
Las construcciones de la colonia española fueron elaborados con sutilezas y
una elegancia exuberante esto se plasmó también en el cementerio de la ciudad
de México, no solo en el diseño arquitectónico como un todo, si no en un sentido
más individual, que se manifestó en el arte lapidario.
Con la intervención francesa no sólo se incrementó el nacionalismo
mexicano, también el de la élite inmigrante, la comunidad española fortaleció los
lazos de unión con sus integrantes e incrementó el sentimiento identitario para
distinguirse de las demás. El Casino funcionó como institución desde 1863, si
bien al principio no contó con un edificio propio y era común que sus socios
rentaran una casa completa o un espacio en algún edificio del centro para
realizar sus actividades. Sin embargo, esto resultaba inconveniente pues los
socios tenían que pagar rentas bastante altas y además en la mayoría de los
contratos se les pedía que al desocupar el edificio lo dejaran como se
encontraba originalmente. En 1868, a pocos años de su fundación, la élite de la
colonia española afín al Casino, dio a conocer a través de La Iberia, una idea
bastante clara del papel que jugaba esta institución:
Es un establecimiento que contribuye, eficazmente, a que nuestros
compatriotas, estrechen entre sí los lazos fraternales que deben
unirlos lejos de la patria: que les imparte los beneficios de la
asociación, proporcionándoles distracciones inocentes, medios de
instruirse, y hasta facilidades para adelantar en sus negocios; que les
procura la satisfacción de hacerse agradables y benéficos y que los
honra a los ojos de la sociedad mexicana.548
La Junta Directiva era el órgano rector y administrador del Casino y al
principio estaba integrada por un presidente, un primer vocal que tenía también
el papel de tesorero un segundo vocal, los suplentes y un secretario. En 1890,
se modificaron los artículos 23 y 28 del reglamento, pues se dieron cuenta que
548
La Iberia, núm. 520, México, 13 de diciembre 1868.
303
los miembros de la Junta faltaban continuamente y abandonaban su cargo por
atender sus negocios en la provincia y en España. Esto ocasionaba dolores de
cabeza a los socios que permanecían en ella, porque muchas veces no lograban
reunir el mínimo de miembros necesarios para presidir una asamblea o tratar los
asuntos del Casino. Entonces se tomó la decisión de que la Junta se integrara
por un presidente y un vicepresidente, tres vocales propietarios y cuatro
suplentes, un secretario con sueldo, y el tesorero sería escogido por los
miembros de la Junta de entre los tres vocales propietarios; si uno faltaba, se
recorrerían los lugares para que éstos fueran cubiertos por los suplentes. La
Junta funcionaba durante un año y en ese tiempo se reunía con frecuencia para
resolver los problemas administrativos del Casino; era la encargada de contratar
a un administrador, pedirle cuentas, estar al pendiente del mantenimiento del
lugar y, lo más importante, vigilar a los varones que asistían con frecuencia a
jugar en el Casino y modificar el reglamento si así lo ameritaban las nuevas
circunstancias. También servía de anfitriona en las fiestas y vigilaba que se
realizaran sin ningún sobresalto549.
Otra de sus actividades más importantes era la de realizar labores de
beneficencia cuando sucedía algún desastre en España; entonces se abría una
suscripción y se coordinaban con los demás centros de españoles existentes a
lo largo del país para la colecta y el envío de fondos.
549
Estatutos del Casino Español, Imprenta Española, México, 1918, pp.2- 3. Citado en : ORDOÑEZ
GÓMEZ, Crisol de fantasías, p. 132
304
6.2 El status y la identidad primero. El cementerio español de la
ciudad de México.
Ilustración 10. Entrada al Cementerio Español. Foto Gabriela Servín.
De los de extranjeros llegadas a México durante el siglo XIX, la colonia
española fue de las últimas en crear su cementerio, esto se debió a razones,
administrativas, económicas y culturales. Esto no fue limitante para que hicieran
de él una ciudad de los muertos bastante digna para la época. Como ya
mencioné en los capítulos anteriores algunas de las creaciones de los
cementeros extranjeros se debieron a cuestiones religiosas. En la caso de la
creación del cementerio español la historia fue distinta, ya que su espacio no
respondía a una manifestación de intolerancia religiosa, sino a una cuestión
sociológica e identitaria, es decir al deseo de los españoles de México de contar
con un cementerio donde pudieran descansar juntos.
Al estar fuera de su país los ritos funerarios realizados para
despedir algún miembro de la colonia fortalecían sus vínculos como comunidad.
En este sentido, el cementerio se construyó como algo muy especial pues, al
igual que el resto de los cementerios de extranjeros, era en cierta manera una
305
extensión de su patria que intentaron construir a imagen y semejanza de los
establecidos en sus países de origen, además en ellos podían establecer sus
ritos y costumbres funerarios, haciendo propio el momento de partida.
El cementerio incorporaba el sentimiento del retorno a la patria, sueño que
no desaparecía y generaba un vínculo de reencuentro con su tierra, sus padres y
antepasados. Para su construcción utilizaron elementos decorativos y materiales
españoles y europeas. Fue un alarde de belleza y elegancia, en donde se puso
de manifiesto el poder adquisitivo de un sector de la colonia hispana y las
costumbres españoles.
Es importante señalar que fue de los cementerios más innovadores por su
arte funerario ya que introdujeron tipologías escultóricas hasta el momento
escasas como lo eran los retratos y los bultos a tamaño real, alejándose un poco
de los ángeles y las cruces tan utilizadas en los otros espacios.
Ilustración 11. Hombres frente a una tumba en el Cementerio Español.
Fototeca Nacional. Núm. Inv. 89516
El cementerio se construyó gracias a la ayuda de la Beneficencia
española y el Casino español alrededor del año 1883-1884. La historia del
306
cementerio fue larga, así como las gestiones que se tuvieron que realizar para
poder concretar el nuevo espacio.
La Sociedad de Beneficencia Española fue la encargada de empezar las
gestiones para la realización de un cementerio. La tarea fue complicada y ardua
pues tenían que conseguir un terreno que cumpliera con las condiciones
higiénicas impuestas por el Consejo Superior de Salubridad, organismo
responsable de velar por la salubridad pública y los problemas sanitarios del
territorio550. De esta manera se solicitó ayuda al Casino Español para unir
fuerzas y comenzar con las gestiones necesarias.
A diferencia del caso de las otras colonias extranjeras, el tratado
hispano-mexicano de 1836 no especificaba nada sobre la creación de un
cementerio español en México:
Habrá total olvido de lo pasado y una amnistía general y completa
para todos los españoles y mejicanos, sin excepción alguna, que
puedan hallarse expulsados, ausentes, desterrados, ocultos, ó que
por acaso estuvieren presos ó confinados sin conocimiento de los
Gobiernos respectivos.
Los comerciantes y demás súbditos de S.M, Católica ó ciudadanos
de la República mejicana que se establecieren, traficaren o
transitaren por el todo ó parte de los territorios de uno u otro país,
gozarán de la más perfecta seguridad en sus personas y
propiedades, art.6
550
Entre las funciones que realizó el Consejo Superior de Salubridad se encontraban: supervisar la práctica
de la medicina y la verificación de que los médicos ejercieran con un título que los avalaran. Además
realizaban la propuesta y vigilancia de acciones sanitarias para mejorar la salud de la población. Tenían el
deber de expedir legislaciones en materia de salubridad, inspeccionaban los establecimientos públicos
como mercados, rastros, cementerios y hospitales. Aunando a lo anterior tenía asignada la tarea de expedir
un código sanitario que estuviera a la altura del progreso porfiriano y que brindara al país las reglas básicas
para convertirse en una nación moderna por medio de las mejoras materiales y del higienismo tan en boga
en la época. El Consejo contaba con las siguientes comisiones permanentes y específicas para cumplir
cabalmente sus funciones. Archivo Histórico de la Secretaría de Salud .AHSSA. Fondo: Salubridad
Pública. Sección: Presidencia. Serie: Secretaría. Caja: 5. Exp. 14. Memoria e Historia del Consejo. Agustín
Meyer. 1879. f. 6.
307
Debido a las complicaciones políticas que aquejaban a la relación de
México y España lo anterior puede ayudarnos a entender porque la creación del
cementerio tardo en concretarse. La idea de crear un cementerio propio no se
gestó en estos años si no en épocas anteriores, como lo señaló Francisco Pérez
Ortiz en una sesión de la Beneficencia española el día 30 de octubre de 1865,
reunión en la que exhorto a los españoles la necesidad de crear un cementerio,
en su discurso señaló: “manifestó que no solamente hallaba conveniente que los
españoles viviéramos juntos sino que también descansáramos en una misma
mansión después de muertos.”551
Esto se vio reflejado en la creación de la Sociedad de Beneficencia como
institución y también en el principio fundador del cementerio pues pensaron crear
un espacio para tener un lugar en donde dar cobijo a sus difuntos, que
perteneciera a ellos como colonia española, pensando en crear un espacio que
les recordará los cementerios de madre patria, fortaleciendo así su sentir
español y también sus vínculos sociales, pues a pesar de que el cementerio era
un lugar que se pensó como manifestación del status social, no fue sólo un
alarde de belleza y demostración económica, también estaba la contraparte que
buscó fomentar la ayuda solidaria con los compatriotas que no contaban con los
medios económicos para pagar una sepultura.
Además se pensó en un espacio en el que pudieran realizar los rituales
fúnebres según sus costumbres y las nuevas normas preconizadas por el
movimiento higienista, ya que para el momento de la creación del cementerio ya
se habían aplicado las leyes de secularización de cementerios, y con ello
diversas prohibiciones y restricciones para la realización de algunas prácticas
funerarias, por lo que se pensó en la creación de una capilla dentro del
cementerio en la que pudieran celebrar la misa de cuerpo presente.
Aquí me gustaría agregar una reflexión, sobre todo en lo que tiene que ver
con la cuestión de la secularización de los cementerios. Como ya he
mencionado con anterioridad los conceptos de profanación y sacralidad están
551
Historia de la beneficencia, p.242
308
vinculados directamente con el tema del cementerio, recordando que a raíz del
proceso de secularización se prohibió parte de la intervención de la Iglesia en
asuntos que tenían que ver con los espacios de enterramiento. Ello supuso que
para la iglesia católica el cementerio público decimonónico no fuera un lugar
sagrado, pues no tenía la cercanía con algún templo santificado, por el contrario
era considerado como un lugar profano, que no estaba bajo el cobijo y la
protección de Dios.
Sin embargo debemos reflexionar en torno algunas consideraciones
teóricas respecto de estos dos conceptos que nos permitan entender mejor
como los españoles miraron y establecieron sus prácticas funerarias.
Lo sagrado supone un orden divino del espacio y tiempo, consagrado por
los dioses, un espacio físico o temporal que pertenece a lo divino, y que ayuda al
hombre a ordenar el caos que supone la vida. Así dentro de este ámbito también
se incorporan tanto las ceremonias, rituales y prácticas pertenecientes
estrictamente a la esfera religiosa.552
Ilustración 12. Tumba Cementerio Español
552
ELIADE, Lo sagrado,p.16-19,AGAMBEN, Profanaciones, p. 100-102
309
Lo profano consiste por el contrario en despojar a un objeto, espacio
físico o temporal de su aspecto de sacralidad y divinidad, para así restituirlo al
uso de los hombres, según las reflexiones de Giorgio Agamben, quien señala:
“profanar significa abrir la posibilidad de una forma especial de negligencia, que
ignora la separación o, sobre todo, hace de ella un uso particular” 553. Como
vemos, de acuerdo con este planteamiento, lo sagrado y lo profano se
encuentran vinculados. Dentro de las consideraciones realizadas por Mircea
Eliade, lo sagrado y lo profano nos hablan de cómo el hombre ha organizado su
espacio, por un lado todo lo que tiene que ver con la divinidad que le dan sentido
y orden a la vida y por el otro lo profano, en donde están presente escisiones,
rupturas con lo sagrado, ambos espacios no pueden existir el uno sin el otro.554
En México con la secularización de cierta forma existió una profanación
de los camposantos, trasladando el poder y uso de lo sagrado y lo simbólico al
cementerio público, la iglesia cedió no de manera inmediata al Estado el papel
como regulador y cuidador de los cadáveres. Sin embargo, la sacralidad y
profanación fue más que una simple transferencia implicó nuevas precepciones
ante el acto de morir, así como la adecuación de los rituales funerarios, y sobre
todo un cambio en la mentalidad de la sociedad mexicana del siglo XIX. En el
cementerio decimonónico se aplicaron entonces ambos conceptos: lo profano y
lo sagrado, confrontándose por un lado sus creencias fuertemente arraigadas,
así como las nuevas ideas liberales, que si bien no eran un combate directo
contra la religión, sí pugnaron por modificar algunas prácticas e injerencias de la
iglesia y costumbres religiosas. Así el espacio del cementerio según las ideas y
prácticas de la sociedad del siglo XIX, pese al avance de la secularización, fue
un lugar respetado y dotado de cierta sacralidad, en el que se trató de mantener
parte del vínculo entre la religión y el espacio de los muertos.
En el cementerio español esto fue muy evidente pues buscaron hacer de
su cementerio un espacio sagrado y en este caso consagrado a la religión
553
AGAMBEN, Profanaciones,p.100
554
ELIADE, Lo sagrado,p. 16
310
católica. Como parte de las ideas de una época, podemos decir que en él siglo
XIX se manifiesta una lucha entre tradición y modernidad reflejada en la
resistencia a la secularización, por lo que en la sociedad mexicana del siglo XIX
se tenían muy arraigadas ideas con respecto de los órdenes morales, éticos y
religiosos que regían su manera de percibir la vida. Los españoles llegados a
territorio mexicano traían consigo, por su parte, toda una tradición católica de un
fuerte arraigo, que se manifestaba en una fuerte religiosidad, en la que se
incluían todos los ritos y prácticas funerarias.
Por lo tanto esta idea de un cementerio español englobaba todos esos
aspectos. Se buscó por lo tanto un espacio que diera cobijo no sólo a los
difuntos sino que también arropara a los vivos e integrará aún más a la colonia,
pero además se pensó en él como un cementerio que incorporara los nuevos
criterios de modernidad y como un negocio, pues así lo señaló el presidente de
la sociedad Sr. Francisco Pérez Ortíz, comentando que los productos que
surgieran del cementerio ayudaría a la beneficencia para continuar con su labor.
Sembrada la idea de la creación de un cementerio para la colonia se
acordó nombrar una comisión para su realización, la cual quedó integrada por el
arquitecto Lorenzo de Hidalga, en calidad de Presidente y los señores don
Francisco Pérez Ortiz, don Alonso Noriega, don Pascual Eguía y como
secretario Martín Mayora.555
El arquitecto Lorenzo de la Hidalga fue el elegido como presidente de la
comisión para la búsqueda de un espacio indicado para el cementerio. Nació en
4 de julio de 1810 en la provincia de Álava, cerca de la ciudad de Vitoria, en la
región vascongada de España. Sus estudios académicos en torno a la
arquitectura los desarrollo en Madrid en la Real Academia de Bellas Artes de
San Fernando, obtuvo su título el 31 de enero de 1836 y viajó a la ciudad París,
555
LAGUARTA, Historia de la beneficencia, p.242.
311
en búsqueda de nuevos conocimientos, el arquitecto Hidalga maduraría parte de
sus enseñanzas académicas perfilándose en la corriente romántico y racionalista
gracias a las lecturas y experiencias sobre todo a las teorías de “revolucionarias”
de Claude Nicolas Ledoux:
La obra de arquitecto revolucionario francés ilustra magníficamente la
crisis de la tradición clásica en arquitectura, proponiendo una imagen
de la modernidad formal, tipológica, compositiva y funcional que él
mismo pretendía que durara más que las pirámides.556
Su breve estancia en Francia le cambio algunas percepciones teórico-
conceptuales de la arquitectura que marcaron en años posteriores su obra
arquitectónica. Llegó a México en 1838 por motivos familiares, ya establecido en
la ciudad de México contrajo matrimonio Ana García Izcazbalceta, hermana del
historiador Joaquín del mismo apellido. Estas redes familiares le facilitaron a
Hidalga estar dentro del círculo intelectual de la ciudad y facilitaron así su
incursión en el ámbito arquitectónico capitalino. Sus primeros trabajos fueron el
mercado de la Plaza del Volador y el Gran Teatro Santa Anna 557. En sus
primeras obras sobre todo en la edificación del mercado quedó de manifiesto su
percepción teórico-conceptual de tradición europea sobre todo en lo referente a
la arquitectura y el discurso higiénico, en palabras de Lorenzo Hidalga:
Salubridad. Para convencerse de la salubridad no se necesita más
demostración que la vista imparcial del proyecto, sus entradas
amplias y en número suficiente, sus calles anchas, su arboleada, las
fuentes, su regularidad, todo contribuye a renovar el aire, sin que
puedan por consiguiente estacionarse las emanaciones pútridas de
los objetos que han aglomerarse en su interior según su destino.558
También construyó el Teatro Nacional, participó como docente en la
Academia de San Carlos y en diversas obras entre ellas la columna de plaza
principal y en 1847 se le encargó el nuevo ciprés de la Catedral. También
556
GARCÍA, “El arquitecto Lorenzo”, p.103
557
GARCÍA, “El arquitecto Lorenzo”, p.103-104
558
GARCÍA, “El arquitecto Lorenzo”,p. 107
312
realizó obra civil privada. Su trabajo no sólo fue reconocido por los españoles y
mexicanos, los británicos también reconocieron su legado arquitectónico.559
Así bajo la guía del talentoso arquitecto Hidalga la Sociedad de
Beneficencia Española emprendió la búsqueda para un espacio que cumpliera
con los requerimientos higiénicos y sociales necesarios para establecer su
cementerio. Sin embargo a pesar de los esfuerzos realizados por la Beneficencia
los trabajos se vieron pospuestos hasta el año de 1871 pues se tuvo que buscar
un nuevo local que diera albergue al hospital. Aunado a esto la Beneficencia
atravesaba por una fuerte crisis económica producto de los problemas políticos y
económicos por los que atravesaba el país.
La idea de construir el cementerio resurge con el Sr. Mayora, pues por
estas fechas se tenían rumores que el gobierno capitalino pretendía establecer
un cementerio civil en las lomas de Tacubaya, la propuesta se realizó el 10 de
noviembre de 1871 y se expuso que:
La proposición de Mayora, era que la Sociedad adquiriese un lote
para dedicarlo a enterrar a los españoles que falleciesen en México.
Para estudiar el proyecto fue nombrada una comisión compuesta por
los señores Dr. Francisco Pérez Ortíz Mayora, Lic. Indalecio Sánchez
Gavito y el arquitecto don Lorenzo Hidalga.560
La comisión dio un dictamen favorable, además recordemos que el
arquitecto Hidalga había trabajado como presidente en la antigua comisión por lo
que el proyecto del cementerio tuvo una continuidad. En asamblea general de la
Beneficencia Española se decidió invitar a los socios del Casino Español, no
sólo por la importancia que tenía la creación de un cementerio privativo para la
colonia hispana, sino para impulsar económicamente el proyecto.561
Todo estaba en marcha para la creación pero un nuevo suceso afectó al
proyecto la muerte del arquitecto Hidalga quien falleció el año de 1872, el cual
559
GARCÍA, “El arquitecto Lorenzo”,p. 123.
560
LAGUARTA, Historia de la beneficencia,p. 259
561
LAGUARTA, Historia de la beneficencia, p.259
313
tuvo que ser enterrado en el cementerio del Tepeyac a falta de un cementerio
español.
Dos años más tarde el 30 de enero de 1874 se creó una nueva comisión para
tratar lo referente a la construcción, el día 2 de agosto del mismo año, la
Sociedad española de beneficencia aprobó el proyecto, bajo las siguientes
bases:
Primera: Según los estudios practicados y presupuestos presentados
por el ingeniero, se necesitarán de 50 a 60 000 pesos para la
completa terminación del Panteón Español en proyecto, de manera
que corresponda a la importancia de la obra y su objeto; pero sólo se
necesitará reunir 30 000 pesos para la compra del terreno,
construcción de la parte indispensable de la fachada, cercado, trazos
de jardines y calles, plantío de árboles, etc.
Segunda. Para cubrir dicho capital de 30,000 pesos, se emitirán 300
acciones de a 100 pesos cada una, divididas en décimos de acción, a
fin de que los españoles aún menos acomodados puedan contribuir a
tan grandioso objeto.
Cuarta.50 por ciento que se aplicará a la construcción necesaria de
las bardas y a los gastos de conservación del cementerio en el mejor
estado.25 por ciento al sostenimiento de la Sociedad de Beneficencia
Española… 25 por ciento a reembolsar paulatinamente a los
accionistas el valor de sus acciones.
Sexta. Los españoles pobres que fallezcan en el Asilo de la
Beneficencia y los que a juicio de la misma Junta carezcan de
recursos para su entrenamiento, tendrán un departamento especial
gratuito en el cementerio, que se designará previamente por la misma
Sociedad.562
Tras la aprobación del proyecto comenzaron los trabajos para la elección del
terreno. Recordemos que los cementerios del siglo XIX se buscaban establecer
siguiendo parámetros de salubridad, sobre todo que se encontraran afuera de la
ciudad, que erigieran en un lugar ventilado y que la tierra tuviera buenas
propiedades para enterrar a la profundidad, y tuviera una buena absorción de los
gases de los cuerpos en descomposición.
562
LAGUARTA, Historia de la beneficencia,p.261
314
La comisión creada para la elección de los trabajos del nuevo cementerio
eligió en un primer momento la Rivera de San Cosme, 563la cual para estas
fechas se encontraba afueras de la ciudad. Sin embargo el proyecto fue
rechazado por que se pensaba ensanchar la ciudad para esos rumbos. Tras ello,
el proyecto nuevamente fue suspendido por problemas internos del país y de las
dos instituciones involucradas en la creación del cementerio, hemos de recordar
que los problemas entre España y Cuba, la beneficencia y la colonia española
pretendieron apoyar con algunos donativos, iniciativa que termino con opiniones
en desaprobación y poco esclarecimiento de los recursos. Aunado a estos
inconvenientes se suma el problema de vialidades y el excesivo que la empresa
del ferrocarril pretendió cobrar para la conexión del cementerio con la ciudad.
Varios fueron los intentos encaminados a la compra de un terreno que pudiera
albergar al Cementerio Católico Español, como lo llamaron los miembros de la
colonia. Sin embargo se privilegió la construcción del asilo ubicado en la calle del
Niño Perdido.564
El proyecto del cementerio pareciera que no tenía buen futuro pues en
1880 se creó una nueva comisión sin mucho éxito. Fue hasta el año de 1883
cuando la creación del cementerio se perfiló como algo posible en asamblea de
la Sociedad de Beneficencia Española, donde se informó que se habían recibido
algunas donaciones para la compra del terreno. Dado que la institución carecía
de personalidad Jurídica, se nombró como apoderado a don José V. del Collao
en su calidad de presidente de la Sociedad, quien realizó la compra y firma de
las escrituras.565 El terreno que se compró para el cementerio era la Hacienda
El Blanco y el Prieto, propiedad de don Manuel Vicente Vidal, que era también
el propietario de la Hacienda Vista Hermosa, en Morelos.
563
LAGUARTA, Historia de la beneficencia,p.262
564
El asilo fue inaugurado el 8 de septiembre de 1879.HDNM, “La bendición del asilo”, La libertad,
México 8 de Septiembre de 1879.p.3
565
LAGUARTA, Historia de la beneficencia,p.264
315
La compra y firma del documento notarial se realizó el día 27 Noviembre
de 1873, estando presentes Don José V. del Collao, Don Martín Mayora
secretario de la Beneficencia, y el ministro de España en México, Don Guillermo
Crespo. De la lectura del documento podemos rescatar algunos aspectos
centrales. El primero es la descripción del lugar que se compró para la
construcción del cementerio:
Un panteón en unos terrenos propios de la Sociedad situados á dos
mil varas al Poniente de la Plaza de Tacuba siguiendo el camino real
que va á San Bartolo y linda al Norte con terrenos del Molino Prieto,
al Sur y Oriente con el propio casino y al Poniente con terrenos de
Román Sánchez, lo que especifica el plano exhibido hecho por Don
Julio María Pinal.566
El ayuntamiento del Distrito Federal aceptó el plano para aprobación,
señalando que el proyecto para la construcción debería seguir los mismos
requerimientos que el Francés de la Piedad y el panteón de Dolores. Otro de los
temas centrales que se rescatan del documento notarial propuesto por la
Sociedad es la preocupación por las cuestiones de salubridad. El plano realizado
por Don Julio María Pinal, pasó a la aprobación del Consejo Superior de
Salubridad y entre las demandas del ayuntamiento se encontraba que se
siguieran los lineamientos municipales, cuidando sobre todo la buena aieración.
Finalmente el proyecto fue aprobado con algunas modificaciones, y se informó a
los promotores de las bases que debían seguir:
Primera la sociedad circundará el terreno con una tapia de dos metros de
altura cuando menos, y hará plantaciones de árboles en el interior que sin
producir bastante sombra permite una buena aeración. Segunda las fosas
tendrán dos metros de profundidad por ochenta centímetros de ancho
cuando menos, formando líneas rectas. La diferencia de una á otra fosa
será por lo menos de cincuenta centímetros y de sesenta centímetros la
distancia de una línea de fosas á otra567
566
AHDF,Fondo, Panteón Español, Vol. 3557,s/f
567
AHDF,Fondo, Panteón Español, Vol. 3557,s/f
316
Como ya mencionamos, la colonia española fue de las últimas en
construir su cementerio y para este tiempo el gobierno capitalino ya había tenía
contaba con la experiencia previa de los cementerios anteriores, por ello dentro
de las bases el elemento higiénico es de los más importantes, pues se debía
garantizar la buena ventilación del lugar y la profundidad de las tumbas para que
de esta manera los gases emitidos por los cadáveres no ocasionaran daños en
la salud de los vecinos o visitantes del cementerio, además de cuidar los
mantos acuíferos a fin que estos gases no contaminaran el agua. Otro aspecto a
rescatar es la injerencia del gobierno en el control sobre el registro y el cobro de
los servicios, que queda también claramente establecido en el documento
notarial:
COBRO POR INHUMACIONES CEMENTERIO ESPAÑOL
NACIONALIDAD POR 7 AÑOS PERPETUIDAD
PÁRVULOS $20 + $1 (por $40 + $1
ESPAÑOLES apertura de fosa)
ESPAÑOLES $35+1 $150+1
MAYORES
PARA ADULTOS DE $320 +1
OTRA
NACIONALIDAD
568
Fuente, Carta notarial de la adquisición del Cementerio Español. AHDF.
El registro civil en caso de defunción estaba a cargo del Gobierno del
Distrito Federal por lo que la Sociedad estaba obligado a entregar el 25% del
coste por inhumaciones temporales y perpetuas por el entierro de difuntos
568
AHDF,Fondo, Panteón Español, Vol. 3557,s/f
317
españoles, y el 35% si el servicio fúnebre era para una persona de otra
nacionalidad.569
El último de los señalamientos que realizó el gobierno capitalino es que el
cementerio no podía dar servicio público hasta que las plantaciones y las obras
estuvieran terminadas. Sin duda, los proyectos encaminados a la construcción
del nuevo espacio ya se encontraban en marcha, sin embargo aún quedaban
algunos contratiempos que enfrentar. Otro de los aspectos que no señalaron
como un requisito de manera explícita pero que fue de suma importancia para el
cementerio, fue el tendido de una vía férrea que pudiera comunicar al
cementerio con la ciudad.
Hemos de recordar que el tendido de vías férreas en la ciudad apenas
estaba construyéndose y unir al espacio que albergaría el cementerio era algo
muy importante para la cuestión del transporte de cadáveres así como de las
visitas de las familias. Por ello, la sociedad hablo con la compañía de
Ferrocarriles a fin de coordinar los trabajos para conectar al cementerio. Sin
embargo existieron algunos desacuerdos pues la Sociedad quería realizar el
tendido por la Hacienda de los Morales, y la compañía tenía planeado realizarlos
por Tacuba, exigiendo además la compra de cuarenta acciones para poder
realizar los trabajos de conexión entre el cementerio y la ruta del ferrocarril.
Los trabajos de nuevo están a punto de suspenderse por falta de
recursos, se pensó en hipotecar los bienes que tenía la Sociedad, sin embargo
se encontró otra alternativa que fue la venta a los miembros y amigos de la
Sociedad de 400 bonos a fin de evitar la hipoteca. La venta fue exitosa pues una
persona compró todo los bonos, también se realizaron otras actividades
encaminadas a recaudar los fondos necesarios.
El contexto que vivió la creación del cementerio español fue tardado y
marcado de contratiempos que quedaron plasmados en los documentos oficiales
como cartas notariales y solicitudes de permisos de construcción, así como en
569
AHDF,Fondo, Panteón Español, Vol. 3557,s/f
318
las memorias de la Beneficencia. Sin embargo gracias a testimonios recogidos
por la prensa mexicana podemos darnos cuenta del otro contexto social del
cementerio español y de todos los esfuerzos encaminados para la posible
creación de este espacio.
Dentro de las primeras opiniones emitidas por la prensa mexicana en torno a
la idea de los españoles de crear un espacio propio para enterrar a sus difuntos
los discursos de centraron sobre todo en apoyo a la sociedad, sobre todo por el
concepto que la prensa capitalina tenía de varios de los cementerios existentes
como los de Santa Paula o La Piedad, entre otros; a los que se denunciaba
como auténticos muladares:
Los españoles residentes en esta capital han pensado establecer un
cementerio, donde depositar los restos de sus compatriotas que
mueren aquí. Tienen razón. No hay en la culta ciudad de México un
lugar donde enterrar los cadáveres de las personas á quien se ha
amado. La muerte, la separación, es cosa en verdad troste; pero aun
mas dolorosos se hace, cuando el padre, el hermano, el hijo, tiene que
arrojar los restos del hijo, del hermano ó del padre en un muladar
como el Campo Florido ó la Piedad. Mucho dicen en descrédito de los
habitantes de esta capital esos inmundos campos mortuorios.570
La imagen de los cementerios mexicanos en el discurso de la prensa
decimonónica los describe como espacios poco salubres, muladares en donde
los cadáveres flotaban ante alguna inundación, o en su defecto lleno de perros o
basura, que contrastaba con las descripciones de los cementerios de
extranjeros, en los que se destacaba su calidad higiénica, belleza y ese aire de
tranquilidad dignos de cualquier difunto, eran por lo tanto el modelo a seguir y lo
que deberían alcanzar los cementerios mexicanos. En este sentido, la prensa
contribuyó a difundir el proyecto cuando se hizo público que la colonia española
tenía la intención de crear este nuevo espacio, aprovechando para abrir un
debate en torno al contraste existente entre los cementerios para extranjeros y
570
HDN, La colonia española, México jueves 5 de Febrero de 1874.. Num. 36, año 1
319
los mexicanos. En una nota del periódico El Radical, por ejemplo, la idea del
cementerio mexicano como un lugar sin ningún tipo de decoración y condiciones
higiénicas queda acentuada:
Ya los hijos de la noble Iberia no sufrirán al pensar que tienen que ser
llevados á alguno de los llamados cementerios de México, el día en que
la naturaleza ponga fin á sus días. Váse á construir un cementerio para
los peninsulares y de seguro que procurarán que no se parezca en nada
á los horribles sitios en que descansan los cadáveres de los criollos.571
Dentro de la misma nota que se publicó con motivo de la creación del
cementerio español se escribió un pequeño cuento sobre la visita a unos de los
cementerios mexicanos y en él se dibuja un espacio lúgubre de malas
condiciones higiénicas y pocos cuidados:
Venid y entrad conmigo á la necrópolis y os haré ver con cuanta
razón lloro por los hijos de esta ciudad, que tienen junto á sus
hogares el nido nauseabundo de la muerte de donde yo procuro
alejarlos. Pacheco se levantó y siguió á Hijia hácia el campo donde
los lúgubres monumentos que se levantan á la sombra de los
árboles, alternan con los nichos y las fosas que guardan ó esperan
con sus negras bocas abiertas inanimados restos mortales.572
Variadas eran las opiniones sobre la insalubridad de los cementerios
mexicanos, opiniones que se difundieron mediante la prensa en demanda de
una reforma y que apoyaron intelectuales de la época como Ignacio Manuel
Altamirano. En general, la prensa tenía una opinión muy marcada sobre estos
cementerios que los caracterizaba como: “campos de la muerte”, “pudrideros
urbanos”, “urnas de las cenizas”, “depósitos de los recuerdos”, “focos de
emanaciones deletéreas”, “monstruos” en medio de la ciudad, “almacenes de
carne humana en descomposición”573, algo totalmente alejado de lo que los
571
HDN, La colonia española, México jueves 5 de Febrero de 1874.. Num. 36, año 1
572
HDN, La colonia española, México jueves 5 de Febrero de 1874.. Num. 36, año 1
573
ALCARAZ, “Las pestilentes”, p.95
320
discursos higiénicos y del progreso invitaban, es decir era necesario convertirlos
en verdaderos jardines perfumados y arbolados, opiniones que coadyuvaron a
que los cementerios para extranjeros fueran dignos de imitación.
Llama la atención por su parte la construcción de la imagen moderna de
los cementerios que albergaron a las colonias extranjeras como modelos de
progreso e imitación, ya que hemos de recordar que en el proceso de su
creación en un inicio eran lugares mal vistos además de no contar con la
sacralidad necesaria para el descanso eterno, sobre todo aquellos espacios
pertenecientes a colonias extranjeras que profesaban otra religión, proceso que
fue acompañado por los debates que se suscitaron entre la iglesia y el Estado
con la secularización de los destinados al enterramiento.
Consideró que fue trascendental el papel que jugó la opinión pública para
la aceptación de estos nuevos espacios, especialmente a partir de la
estabilización política y las nuevas políticas que surgieron en el país durante la
época porfiriana. La arquitectura repuntó asimismo a nuevas direcciones,
buscando lo tradicional pero también lo innovador en diseños y materiales, la
llegada de profesionistas y artistas extranjeros ayudó considerablemente a la
transformación urbana que se materializó también en el cementerio. Las élites
extranjeras comenzaron a traer por pedido diseños escultóricos lapidarios de
Europa, muchas veces realizados en México con materiales extranjeros. Las
ideas viajaban con facilidad por lo que los diseños para la construcción de estos
espacios eran muy cuidadosos. Poco a poco, los espacios de enterramiento de
las colonias extranjeras fueron llamando la atención de la sociedad mexicana
que los deseaba imitar.
Siguiendo con las opiniones que se generaron en la prensa tras los
rumores de la construcción del cementerio español, se sumó el periódico
español La Iberia que a diferencia de otras opiniones señala puntualmente su
posicionamiento frente a los otros cementerios de para extranjeros:
Sabemos que muchos compatriotas nuestros tienen el proyecto de
establecer en algún punto cercano á esta capital un cementerio
321
destinado á los españoles que tengan la desgracia de morir lejos de
su patria. Excelente nos parece la idea, y deseamos que se realice.
Años hace que la colonia francesa, la inglesa y otras tienen sus
cementerios particulares, y ya es tiempo de que la española, más
numerosa que ninguna, escoja también un lugar para depositar los
restos queridos de aquellos miembros suyos que la muerte nos
arrebata. Dignos de alabanza son los buenos españoles que han
concebido tan filantrópico y patriótico proyecto, y estamos seguros
que será favorablemente acogido por todos574.
La nota publicada además de apoyar la idea de la nueva construcción es la
única que además muestra otro tipo de apoyo, hemos de recordar que la
Beneficencia se encontraba con problemas de índole económica para poder
solventar los gastos pertinentes para la concreción del proyecto, por lo que
estaban realizando una serie de actividades alternas para recaudar los fondos
que permitieran por un lado comprar el terreno, así como pagar lo referente al
tendido de las vías férreas y otros asuntos.
El último testimonio que tomaremos a consideración de un medio de
difusión español en México. Su sentir respecto de la creación de un espacio para
descansar juntos en la eternidad, la colonia española en su medio de divulgación
pública exteriorizó algunas de las ideas que compaginaban con las esparcidas
por los otros periódicos, señalando que:
La necesidad de que sea un hecho la construcción de un nuevo
cementerio va siendo más urgente cada día. No debe esperarse por
ahora que el gobierno pueda dedicar su atención á tan importante
asunto, pero la Colonia Española puede y debe llevar á cabo esta
obra de verdadera utilidad pública. A este propósito dice El Eco de
Ambos Mundo” Razón tienen y de sobra esos buenos peninsulares,
pues dá grima pensar que después de cerrar el ojo ha de ir uno á dar
al Campo Florido ó al ahogadero de la Piedad.
Le traid d´ Union dá cuenta del suelto que publicamos en nuestro
número anterior, y después de manifestar que el Sr. Rene Masson ha
hecho laudables aunque inútiles esfuerzos para conseguir que se
estableciera un cementerio sobre las Lomas de Tacubaya, excita á
las autoridades para que apoyen todo proyecto que tienda á plantear
574
HDN, Periódico La Iberia. México, Domingo 1 de febrero de 1874
322
una idea tan útil. Damos gracias á nuestro colega por sus buenos
deseos que son también los de muchos habitantes de la capital.575
Las ideas difundidas por la colonia española constituyeron una presión muy
sutil al gobierno capitalino para brindar la ayuda para la concreción de la
construcción del cementerio, pues señalaban que esta obra sería un bien
público. Si atendemos al contexto arquitectónico de la época, el gobierno
porfiriano apoyó aquellas obras constructivas que beneficiarán a mejorar la
imagen de las ciudades, y que además fueran de utilidad. Sobre todo
proporcionando los permisos necesarios para la construcción que incluía el
consentimiento de la Junta de Salubridad entre otras cosas.
Otras ideas que llaman la atención en el texto de la colonia es que alude a
otras notas publicadas para manifestar que el proyecto contaba con el apoyo de
las otras colonias extranjeras y de algunos sectores de la sociedad capitalina, al
tiempo que reiteraba el dolor e incomodidad que causaba tan sólo el imaginar los
enterramientos en algunos de los cementerios mexicanos.
Finalmente después de tres años de haber adquirido el terreno para la
creación del cementerio en el año de 1886 fue inaugurado por la Sra. Carmen
Romero Rubío, esposa de Porfirio Díaz.
En 1889 se inauguró la capilla del panteón, y el entonces presidente de la
República, don Porfirio Díaz, obsequió un cáliz, una cucharilla y la patena de oro
cincelado con incrustaciones de piedras preciosas, con lo que dio un testimonio
de su consideración a la colonia española, así como una prueba de su respeto a
la religión católica576.
El primer certificado a perpetuidad se expidió el 13 de noviembre de 1895.
La bendición de la capilla se llevó a cabo el 13 de octubre de 1889, recibiendo
575
HDN, La colonia española, México jueves 5 de Febrero de 1874.Num. 36, año 1
576
A.M. CARREÑO, Los españoles, p, 210-211.
323
“la gracia de Altar de Ánimas”, concedido por el Papa León XIII, en 1892 y
renovada en 1899.577
El cementerio se pensó como un lugar especial, la mayoría del arte
lapidario se mandaba traer de Europa, o se construía a imitación sobre todo del
arte neogótico, contaba con una calle principal que comunicaba con la capilla en
este primer lote se sepultaron a los ricos empresarios Españoles entre ellos al
banquero Pedro Pelaéz.
Cabe resaltar que la colonia española mantuvo una tradición de origen
colonial es decir las dormiciones, pues en su cementerio existió un lugar especial
para sepultar a los niños difuntos, que se consideraban dormidos no muertos,
esto nos recuerda a los cuadros pictóricos llamados dormiciones elaborados
durante la época virreinal.
Como parte del fin del cementerio era de cobijo al hermano necesitado,
existió un lugar especial para enterrar a los que no podían pagar su sepultura o
para aquellos que se habían suicidado a este lugar le llamaron los “lotes de los
infortunados”. Una descripción realizada durante la época Porfiriana lo describe
de la siguiente manera:
De esmero cultivo y con mausoleos ricos y artísticos es el cementerio
español, cuya fundación débese á un legado o que con tal fin hicieron
los hermanos Puig, inaugurándose el día 13 de octubre de 1880. Hay
en él próximamente quince capillas unas de mármol, otras de chiluca
y otras de chiluca y mármol. En casi todas domina el estilo gótico, y
algunas son muy hermosas, en ellas léense los nombre de don
Saturnino Sauto, don Nicolás de Teresa, don Quintín Gutiérrez, las
familias Toriello Guerra, Ortiz, Escandón, Moral Gamio y Echagaray.
Merecen citarse el artístico grupo en bronce, obra de Alciati, colocado
en el monumento de don Gabriel Gamio, y la magnífica cripta de
mármol blanco en que yace el rico banquero español don Pedro
Pelaéz. Una de las particularidades de este cementerio es la de tener
un terreno á propósito para construir en él cripta, lo que ofrece no
pocas ventajas. Hay algo también singular y mucho en esta mansión
de los que fueron, que causa profunda tristeza, el lote de los muertos
accidentados, de los suicidas, de los duelistas, de los que no
577
Acta del 11 de septiembre de 1892, Libro núm. 5°, MIER BOBES (recopilador). Historia del Panteón ,
p. 62-73.
324
murieron en la gracias de Dios, el lote de los infortunados, de los
poscritos, de los parias de ultratumba, o si no bastara á su desdicha
la vida de amargura que se arrancaron los suicidas, no pudiéndola
soportar ó estando bajo el dominio de intensa y rápida enajenación
mental; como si no bastara el aciago instante en que el hombre que
defendía su honor cayó muerto por la bala de contrario, como si no
bastara la tremenda sorpresa de la muerte cogiendo tal vez en plena
vida y en pleno vigor á los accidentados; como si no bastara el
instante el horro en que, bajo el golpe del puñal blandido por mano
aleve, cayera la víctima indefensa bañándose en su sangre, como si
no bastara á esos pobres seres humanos tamañas desgracias, el
inexorable juez que se llama la sociedad aún les condena después
de muertos, y cubre su tumba de baldón…. Entre las fosas de esos
estigmatizadores seres hay una en cuya lápida se lee que una de
catorce años se privo de la vida.
También hay otro lote especial en este cementerio, pero lejos de que
inspira lúgubres y desconsoladoras reflexiones hace sonreír con
inefable expresión de beatitud: es el lote de los niños de los niños no
muertos sino dormidos, si dormidos con el sueño tranquilo y feliz de
la inocencia. Cuantas florecitas blancas crecen sobre sus tumbas,
como revolotean alrededor las libélulas y las mariposas. Qué aroma
tan caso parece emerger de sus cuerpos inviolados y sepultos en el
seno de la madre tierra, que amorosa les cubre para siempre.578
En el acta del 12 de abril de 1905 se hizo mención del “excesivo
consumo de cera en los entierros”, lo que se refería a las velas que se repartían
entre deudos y acompañantes y que eran donadas por la Sociedad de
Beneficencia Española, por lo que la Junta Directiva solicitó al administrador del
panteón, que en lo sucesivo se les avisara que si requerían velas habría que
pagarlas a 10 centavos cada una. Fueron tantas las protestas, que esta decisión
acarreó, que se determinó que fueran donados seis cirios a cada servicio y el
resto que se utilizaran serían los que se cobraran, sin embargo como se
siguieran recibiendo inconformidades, en 1906, se optó finalmente por absorber
el gasto y darlas de forma gratuita.579
En el año de 1907, Adolfo Prieto inició gestiones con la Compañía de
Tranvías Eléctricos de México (sucesora de la Compañía de los Ferrocarriles del
578
HDN, El siglo XIX, 3 de noviembre 1901.
579
Acta del 11 de septiembre de 1892, Libro núm. 5°, MIER BOBES (recopilador). Historia del Panteón,
p. 110-114.
325
Distrito) para tender una línea eléctrica hasta adentro de las propiedades del
panteón, para lo cual fue necesario comprar otra faja de terreno a la que se
sumaron también los terrenos de la Hacienda del Prieto580.En 1908 se seguía
negociando lo de la instalación de la línea eléctrica, porque su costo era muy
alto, razón por la que la Compañía de Luz y Fuerza Motriz propuso a la Sociedad
de Beneficencia que pagara el material, mano de obra e impuestos, quedando
ésta como propiedad exclusiva de la misma.
El costo se fijó en tres mil doscientos pesos. Existió otro ofrecimiento
para establecer la tracción eléctrica en el panteón, pues hasta ese momento la
única fuerza que se utilizaba para el servicio de los tranvías era la de las mulas,
pero las propuestas pasaron al estudio de las comisiones para su revisión. Ese
mismo año se concedió el permiso para la ampliación de la calzada desde
Tacuba al panteón y se cerró el trato para el tendido de la doble vía con la
Empresa de Tranvías Eléctricos, con la condición de que se dejaran los terrenos
“allanados” y en condiciones para trabajar, además de realizar los trámites con la
Obrería Mayor (actualmente Secretaría de Obras Públicas)581.
En 1910 dio inicio la Revolución Mexicana aunque en las actas no se hace
mención de los hechos en todo el año y eso se debe a que las luchas se
concentraban en el norte de la República.
Como mencionamos con anterioridad el cementerio al igual que la
beneficencia se encargó de dar sepultura a quienes no contarán con los
recursos necesarios que le permitiera pagar una tumba y los servicios funerarios.
A los muertos que eran ayudados llamados: “pobre de solemnidad”, lo que se
580
A.M. CARREÑO, Los españoles, p, 246.
581
Actas del 12 de abril, 10 de mayo, 9 de junio, 14 de junio, 12 de julio, 13 de septiembre y 11 de octubre
de 1908, Libro núm. 6,MIER BOBES (recopilador). Historia del Panteón, p, 119-125.
326
asentaba cuando la persona no podía cubrir las cuotas requeridas y el
cementerio costeaba la inhumación582.
En febrero de 1914, cuando la Revolución Mexicana ya se había extendido a
más estados de la República y ya los bandos antagonistas habían llegado a la
capital, en las actas de la Sociedad de Beneficencia Española quedó asentado
que los zapatistas andaban por el cementerio y que una batalla contra los
carrancistas había tenido lugar en terrenos aledaños al mismo. Además de que
el administrador se quejaba de que casi a diario era asaltado por los
combatientes, por lo que había tenido que enviar a su familia a la capital, por los
peligros que corría viviendo en ese lugar.583
En 1915, llegó a la Junta una comunicación de la Cruz Roja Española
mediante la que se pedía que fueran aceptados en el anfiteatro de la Casa de
Salud y Asilo, y sepultados en el cementerio español los cadáveres de
españoles que recogían sus ambulancias y también las de la Cruz Roja
Mexicana, esto previa identificación y averiguación de su estado civil y si
hubieran dejado bienes, que de ellos fueran sufragados los gastos de la
inhumación584.
Ese mismo año, se dio una controversia en la Junta Directiva, pues la
Comisión encargada de vigilar el buen funcionamiento del cementerio abrió un
debate al plantear en qué casos se debían de conceder fosas gratuitas y el
cuartel en el que deberían de ser inhumados, pues se hacía referencia en esta
sesión que las fosas concedidas sin pago no podrían ocupar los cuarteles
especiales del cementerio, sino deberían de ser remitidos al cuartel “Y”. Como
vemos, frente al criterio que presentaba a la muerte como igualadora, en el caso
del cementerio español esto nunca fue así, pues siempre fue importante que la
582
Acta del 17 de noviembre de 1912, Libro núm. 7°, MIER BOBES (recopilador). Historia del Panteón,
p. 157.
583
Acta de febrero de 1914, Libro núm. 8°p. 174.
584
Acta del 10 de febrero de 1915, Libro núm. 8°, 183.
327
zona de enterramiento, aún dentro del mismo cementerio, reflejara el estatus y la
jerarquización de los estratos sociales al interior la colonia española585
Los efectos económicos causados por la Revolución se sintieron con fuerza
especialmente en el año de 1915, llamado “año del hambre”, y el Panteón no
pudo sustraerse a la grave crisis que se presentaba. La Comisión encargada del
Cementerio expuso a la Junta los conflictos que le causaba el papel moneda
circulante debido a que se depreciaba mucho o dejaba de tener valor. En la
sesión del 11 de julio se asentaba:
las grandes dificultades que había, dadas las circunstancias, en su
administración; pues no pudiéndose aumentar la tarifa respectiva, sin
autorización del Gobierno, ni cobrar el importe de las inhumaciones
en moneda que no estuviera tan depreciada como el papel circulante,
se estaba enajenando parcialmente al Panteón a vil precio, y de esto,
naturalmente, se estaban aprovechando los interesa dos, es decir,
los que llevaban a enterrar a sus muertos, principalmente los
españoles y, por su pues to también los socios, a la hora de refrendar
las fosas temporales o para convertirlas en perpetuidad, con gran
perjuicio de la Sociedad, por lo que, le había parecido que no se
concedieran refrendos ni perpetuidades por ahora, y se siguiera
recargando el importe de apertura de fosas y hechura de bóvedas,
para resarcirse, en parte, de lo que dejaba de ganarse en las
inhumaciones, añadiendo a esto, que los operarios estaban cada día
más exigentes respecto a sus jornales, no bastando ya que se les
rayara, parte con maíz y parte con papel de Veracruz, si no que había
sido necesario devolver a la Tesorería dicho papel para canjearlo por
infalsificable para poderles rayar, con un 90% de pérdida.586
Se acordó entonces hacer todas las transacciones en plata, pues al cobrar en
plata y pagar en este metal se evadía el problema del uso de los “bilimbiques”
que nadie quería, pero el Gobierno no lo aceptó y exigió que se siguiera
cobrando en papel. La Comisión del Panteón acudió con el Ministro de España
585
Acta del 12 de septiembre de 1915, Libro núm. 8°, p. 186.
586
Acta del 11 de julio de 1915, Libro núm. 8°, M. MIER BOBES (recopilador). Historia del Panteón, p.
187.
328
para ver si él podía interceder pero nada se consiguió y hubo que ceñirse al
oficio de Hacienda y quedarse con el papel moneda que no tenía valor.587
Una vez terminada la Revolución, las actividades cotidianas se empezaron a
normalizar y la paz volvió a reinar en el Panteón. Al igual que en los otros
panteones que existían en la Ciudad de México, era importante mantenerlo
limpio, los jardines cuidados, sin maleza. Importante es insistir en que el
colectivo migratorio español fue atendiendo las necesidades de sus integrantes
en la medida que éstas se fueron presentando y por tanto al incrementarse el
número de inmigrantes, en la segunda mitad del siglo XIX, y siendo la asistencia
social una prioridad, el contar con un panteón en donde pudieran ser enterrados
los españoles, cumplía con un fin benéfico, pero también respondía a la
existencia de un fuerte particularismo identitario que movía a este grupo a
segregarse del resto de los habitantes de la República y que explicaba el interés
por reunir a todos los españoles de México en un lugar separado tras la muerte.
Una vez terminada la Revolución, las actividades cotidianas se empezaron a
normalizar y la paz volvió a reinar en el Panteón. Como existían también en la
ciudad de México otros panteones, era importante mantenerlo limpio, los jardines
cuidados, sin maleza.
6.3 Reflexiones
Los cementerios de las colonias de extranjeras en México se crearon con
dos tópicos bien definidos, el primero los construyeron por una asunto de
religiosidad, y otros por un asunto de un carácter más sociológico, como fue el
caso concreto del Cementerio Español.
587
Actas del 13 de agosto y del 20 de noviembre de 1915, Libro núm. 8, pp.187-189.
329
A lo largo de esta investigación un concepto que se repite es el de colonia,
que he utilizado por considerarlo más adecuado que el de comunidad ya que
recoge el término que el propio colectivo español –así como la propia sociedad
mexicana– utilizaban para referirse a este grupo. Algunos autores han señalado
que se puede considerar como “colonia española” desde la fundación de las
primeras agrupaciones sociales, sin embargo en el caso español esto funcionó
de manera distinta porque ya desde antes de la creación del complejo
entramado societario hispano en México este grupo realizó prácticas cotidianas y
culturales que permitían identificarlo y diferenciarlo del resto de la sociedad y
cuya base sería la existencia de las relaciones de paisanaje que han llevado a
numerosos investigadores a considerar a la española como una migración en
cadena.
Los españoles en México crearon un concepto de identidad, los caracterizaba
su aspecto físico, su lenguaje y un perfil que les era distintivo. El tema
generacional también marcó algunas diferencias al interior de la colonia, pues
las segundas o terceras generaciones se acabaron insertando en la sociedad
mexicana, sobre todo a través de lazos matrimoniales. Además fundaron
asociaciones que les ayudaron a perpetuar este sentir: la Beneficencia Española
y el Casino Español.
La Sociedad de Beneficencia Española fue un eje rector para la vida de
los españoles en México, pues los ayudó a preservar la identidad, principios y
valores traídos de España. El Casino nació de una fusión con la Escuela
Española de Música en el año de 1862. Con el paso de los años se convirtió en
algo más que un club social, convirtiéndose en centro de reunión y socialización
que aglutinaba no sólo a la élite de la colonia española, sino a parte de la propia
élite mexicana, incluyendo a nacionales y extranjeros. Ambas asociaciones
coincidían en última instancia en tratar de preservar la identidad española, y en
este contexto surgió la idea de crear un espacio exclusivo para “descansar en la
eternidad”.
El Cementerio Español se construyó por la iniciativa y esfuerzo tanto de la
Beneficencia Española como del Casino que contribuyeron decisivamente a
330
generar un espacio que diera cobijo a sus difuntos y que además les permitiera
recordar los cementerios de madre patria, fortaleciendo así su identidad
española y también sus vínculos sociales, pues a pesar de que el cementerio era
un lugar que se pensó como manifestación del status social, no fue sólo un
alarde de belleza y demostración del éxito económico, también estaba la
contraparte que buscó fomentar la ayuda solidaria con los compatriotas que no
contaban con los medios económicos para pagar una sepultura. Al estar fuera de
su país los ritos funerarios realizados para despedir algún miembro de la colonia
fortalecieron sus vínculos como comunidad separada del resto de la sociedad
mexicana.
Se pensó como un espacio en el que pudieran realizar los rituales
fúnebres según sus costumbres. Para el momento de la creación del cementerio
ya se habían aplicado las leyes de secularización de cementerios y por ello se
pensó en la creación de una capilla dentro del cementerio en la que se pudiera
celebrar la misa de cuerpo presente que de otro modo hubiera sido imposible
dadas las restricciones impuestas por motivos de salubridad pública. El
Cementerio Español englobaba todos estos aspectos, se buscó por lo tanto un
espacio que diera cobijo no sólo a los difuntos sino que también arropara a los
vivos e integrará aún más a la colonia, pero además se pensó en él como un
negocio que financiara las actividades de los organismos de beneficencia de la
colonia hispana.
La prensa, especialmente los medios españoles en México, contribuyó a
difundir el proyecto como una “una creación necesaria”. Considero que fue
trascendental el papel que jugó la opinión pública para la aceptación de estos
nuevos espacios, sin duda en sintonía con las políticas de modernización
impulsadas durante el Porfiriato.
Es importante decir que el Panteón Español fue de los cementerios más
innovadores por su arte funerario, los conceptos estilísticos que se crearon en
los sepulcros fueron muy innovadores para la época de construcción pues
realizaron esculturas fúnebres de retrato, de busto de cuerpo completo a tamaño
real, y esculturas familiares, rompieron con el prototipo de lápidas pequeñas con
331
ornamentación católica. Actualmente este espacio funerario es uno de los más
bellos cementerios de México, al ser un cementerio privado su sector histórico se
encuentra muy bien resguardado, a diferencia de otros cementerios para
extranjeros de nuestro país.
332
CONCLUSIONES FINALES
Así como la vida siempre va acompañada de su compañera inevitable la
muerte, esta investigación fue de la mano de esos sentimientos un tanto
catárticos, reflexiones que surgieron como inquietudes personales pero que
traspasaron a preocupaciones teórico-conceptuales de interrogantes que
siempre eran gaviotas de ideas volando en mi mente un tanto dispersa.
Acercarse al estudio del cementerio fue un gran reto académico, que me
llevó a realizar un esfuerzo por establecer algunas consideraciones teóricas en
torno a nuestro tópico central: el cementerio.
El estudio del espacio del cementerio como una ciudad, me llevó a
observar las prácticas realizadas por los vivos en el recuerdo de sus muertos, la
materialización de dolores y sentimientos tras la muerte de un ser querido, un
estudio en el que pueden observar procesos individuales y aislados, pero que en
un análisis más profundo y visto desde la perspectiva de la larga duración toma
una directriz distinta a un sentido más colectivo que se exterioriza en las
percepciones que se tienen del acto de morir de una comunidad y de una época.
Entenderlo como una ciudad nos lleva no sólo al análisis de su materialidad,
también nos permite estudiar las ideas y mentalidades que le dieron distintas
formas culturales y simbólicas.
Espacio de relaciones vivas en donde irrumpen las prácticas culturales
entendiendo a estas como una manera de percibir el mundo de los grupos
sociales un sentimiento de pertenencia y de identidad, en el caso del cementerio
333
nace del corazón, de lo más íntimo de la sociedad y se plasmó materialmente en
el cementerio.
Otro concepto que rescató y que traté de utilizar como herramienta
metodológica a lo largo de la investigación fue el acuñado por la Geografía
Cultural: la geografía de la muerte, entiendo al espacio del cementerio como un
todo integral con diferenciaciones al interior, como una cartografía yuxtapuesta
entre el pasado y el presente.
La temporalidad de mi investigación la centré en las primeras décadas del siglo
diecinueve hasta las primeras del siglo veinte lo que me permitió observar como
el concepto de cementerio moderno, que surgió en Europa y se trató de
implementar en América Latina y México.
La muerte moderna acuñada por Thomas Laqueur, marcó un proceso en
el que él muerto comenzó a ser representado en su propia tumba y tener una
inscripción funeraria que le garantizaba vivir en la memoria de los vivos, esto si
bien involucró al núcleo familiar y cercano, el perpetuar la memoria implicó en
muchas ocasiones, resguardar la memoria de una sociedad en este caso la
decimonónica, ejemplo claro fueron los cementerios destinados a albergar a las
colonias extranjeras.
Este concepto moderno de la muerte marcó la historia funeraria, pues
delineo las políticas a seguir en el proceso del paso del camposanto a
cementerio. Entiendo el camposanto desde su aspecto de sacralidad como lo
menciona el discurso de la época, el bautismo era parte del inicio de la vida, en
ese sentido el camposanto y la tumba era el fin, un lugar santo de enterramiento,
era la puerta a la eternidad, un lugar consagrado. El cuerpo desde esta visión
también era sagrado, sobre todo el cuerpo de los santos o de los miembros
importantes de la Iglesia que eran venerados.
En este sentido dos conceptos que atraviesan el tema de los cementerios,
la conceptualización y la historiografía son lo sagrado y lo profano. Los espacios
334
de enterramiento pertenecen a ese terreno sagrado que se encuentra en
constante cercanía con el mundo profano de la ciudad, separado por el umbral
de la entrada, pero que no los delimita y los aleja si no que son espacios que se
cruzan y yuxtaponen. Según las circunstancias históricas los espacios de
enterramiento han jugado y han sido parte de ambas percepciones sagrada-
profana, y que quedó claramente evidenciado en la creación de los cementerios
extramuros, así como también en el proceso secularizador.
Pensar en los procesos de secularización generalmente nos remite a esta
época, remontándonos a una gran variedad de geografías. La secularización
implicó la conversión del Estado, que pasaba de tener una tutela religiosa a ser
laico, restando el poder normativo de la Iglesia, y el establecimiento de prácticas
concretas como lo fue la desamortización, es decir la pérdida de propiedades de
la Iglesia para pasar a manos del Estado y la sociedad. En una acción colateral
la sociedad ganó también cierta autonomía, ampliaba el ámbito de la
participación social y la posibilidad de adquirir una educación laica, lo cual
contribuyó a generar nuevas formas de pensamiento que se reflejaron en el
ámbito cultural, científico y artístico. En México el proceso de secularización
comenzó con los principios de la modernidad ilustrada que pretendieron imponer
las reformas borbónicas. En ellos se pensó en combatir la religiosidad popular
vista como un elemento retrógrado de fanatismo y milagrería que ya no era bien
aceptado.
El gobierno de las primeras décadas del México independiente decidió
mantener un vínculo entre lo civil y lo sagrado, plasmado en el Plan de Iguala de
1821 y en la constitución de 1824. La religiosidad para los intelectuales de las
primeras décadas del siglo diecinueve mexicano era vista como un aglutinante
social, que ayudaba a conformar un sentimiento de nación entre la sociedad. Sin
embargo, con el paso del tiempo y del avance de las ideas liberales, la creación
de un Estado laico y secular se convirtió en una necesidad y en el anhelo de
muchos de los intelectuales. Que pugnaron por dejar atrás su pasado
335
confesional, asumir la dirección política y administrativa sin la tutela de la Iglesia,
garantizando la libertad de conciencia y la apertura de tolerancia de cultos.Fue
con las Leyes de Reforma de 1859 que la secularización fue una realidad, sin
embargo es necesario señalar que estos preceptos políticos no eran nuevos o
de reciente invención.
La pretensión fue recuperar el poder que se encontraba en manos del clero,
se intentó un mayor control social por lo que se creó el registro civil, quedando
sujetos a éste los nacimientos y matrimonios, actividades que conllevaban
actitudes de distinta índole, por un lado una mayor intervención del Estado en la
vida social, y por el otro los mecanismo de control que ejercieron ambos poderes
en detrimento del poder. Se legisló también sobre la muerte, pues ahora se
suprimía de manera formal los camposantos como lugares de descanso y se
crearon lugares exprofeso para morir en una nación secular, sin embargo el
cambió fue lento por las que las costumbres y tradiciones tan arraigadas en una
sociedad necesitan de tiempo para ser modificadas en su totalidad.
Con el trasladó del lugar sagrado de enterramiento a un lugar profano como se
pensaban los cementerios civiles, los rituales funerarios más civiles, se
manifestó una comercialización de la muerte. Surgió además la figura del agente
funerario, que ofertaron sus servicios, con cobertura de trámites, siguiendo las
pautas de higiene y sociabilidad.
En el terreno de las mentalidades puedo decir que el paso de camposanto a
cementerio el temor que se tenía por la trascendencia del alma, se trasladó al
cadáver como agente de contagio y a las epidemias, el cadáver pasó de ser
sagrado a profano, y esto se manifestó directamente en el ritual. Sin embargo es
importante señalar que en lo espiritual pese a que muchas de las prácticas se
habían vuelto seculares el ritual y la creencia en el cielo, el purgatorio y el
infierno era tan latente como en la época colonial.
336
En la historia de los espacios de la muerte, el discurso higienista fue
trascendental, modificó no sólo estructuras físicas también mentales, el
higienismo se basó en modelos de comportamiento que incluyeron por un lado el
mejoramiento corporal así como la modificación de las costumbres. En ese
sentido y si lo vemos desde una doble lectura, el discurso higienista difundido
durante el siglo XVIII y siglo XIX, busco adueñarse del cuerpo del otro, generó
nuevas miradas que se filtraron en aspectos del ámbito público y privado, la
intimidad y sus prácticas fueron generando mayores observaciones.
El discurso higiénico pretendió realizar cambios importantes en la cartografía
de la muerte, el actor de morir y el lugar del destino del cuerpo es
eminentemente cultural y social, y para el periodo de estudio también espiritual,
por lo que la transformación fuese sólo en el ámbito espacial implicaba cambios
mucho más profundos. Por tal motivo los médicos tuvieron que realizar grandes
esfuerzos para hacer conciencia del problema de la insalubridad que se
generaba por la descomposición y el hacinamiento de los cuerpos en los
camposantos.
Los difuntos y los espacios de descanso se observaron a partir de una nueva
visión ilustrada que los colocaba en un periodo de transición, en el que se
destacaron de tres agentes históricos: los médicos higienistas, la población y la
Iglesia.
La importancia que adquirieron las ideas ilustradas en torno a la higiene y a la
pureza del ambiente desarrolladas a finales del siglo dieciocho y principios del
diecinueve en Europa, coexistieron con los esfuerzos de las autoridades civiles y
eclesiásticas de la capital mexicana para hacer efectivos los ordenamientos de
1787, 1797, 1813, 1819 en materia de cementerios y defunciones. Esto tuvo de
discursos algunos ocultos ejemplo claro fueron los constantes intentos por parte
de las autoridades de evitar que los argumentos médicos e higienistas
contravinieran demasiado en la costumbre de inhumar en las iglesias, el cambio
pretendido por los higienistas fue empresa difícil al menos en gran parte del siglo
337
diecinueve. Sobre todo en la sociedad con arraigadas creencias religiosas, que
estuvieron renuentes a cumplir las leyes en materia funeraria.
La creación de los cementerios de las colonias extranjeras en México fue un
proceso complejo que se enmarcó dentro de un contexto internacional, he de
recordar que el siglo XIX latinoamericano con sus vertiginosos cambios abrió las
puertas a nuevas posibilidades de intercambio político, económico y cultural.Se
privilegiaron las ideas extranjeras, como vehículos de la modernidad y el
desarrollo económico, aspectos necesarios para la consolidación de los estados
nacionales. Los nuevos gobiernos vieron en el extranjero una persona
trabajadora, civilizada y que contribuiría a lograr el desarrollo económico, cultural
e intelectual, ideas que en la práctica algunos casos permanecieron intactas y
que en muchos otros comenzaron a distorsionarse y a convertirse en amenazas
latentes.
Llegaron a tierras latinoamericanas italianos, españoles, alemanes, franceses,
norteamericanos, holandeses y belgas e ingleses, la aceptación fue una relación
de amor y odio que se rigió por las creencias religiosas, y la poca tolerancia a lo
diferente. En México la llegada de población extranjera no fue de importancia
cuantitativa a diferencia de países como Argentina, Brasil o Chile, se enmarcó
dentro de una trascendencia cualitativa.
Durante la primera mitad del siglo XIX, la postura en cuanto a la llegada de
estos extranjeros se perfilo en dos sentidos: el primero en un sentido legal, que
se vinculaba más con la Constitución, en el cual se otorgaban derechos
únicamente a los católicos. Y por el otro lado estaban presentes aquellas
prácticas realizadas por el gobierno mexicano, en las cuales se procuró la
seguridad de los extranjeros establecidos en el país; siendo en cierta medida
una tolerancia forzada, pues no se podían ignorar los beneficios que se lograban
a través de la llegada de capital extranjero.Ya para el periodo porfiriano la
percepción de los extranjeros, giró al polo opuesto, ellos representaban para
cierto sector de la sociedad la modernidad, el progreso y la civilidad, así como
338
los cánones de belleza y elegancia. Esta percepción se relacionaba con las
políticas que el gobierno porfiriano quiso implementar en el país, sobre todo en
modernizar y hacer de México un país progresista.
Estas comunidades extranjeras ya avecinadas en el país fueron
reproduciendo elementos importantes de su cultura como lo fueron los
cementerios, creados generalmente para su uso exclusivo y en los cuales
podían desarrollar con mayor libertad sus ritos funerarios, además que eran
espacios en los que fortalecían sus vínculos no sólo en el momento de la muerte
de algún pariente o amigo, también en el momento de reunir los esfuerzos para
que la creación de cementerio propio fuera posible, cabe señalar que fueron las
colonias de extranjeros que ante las dificultades y el dolor fueron impulsaron y
defendieron su derecho a tener un espacio propio para inhumar a sus muertos.
La creación de los cementerios de extranjeros en América Latina siguieron
por lo general ciertos patrones, por lo general se construyeron en espacios
privados comprados por las Asociaciones creadas por las colonias, cabe señalar
que en algunos casos estos terrenos se encontraban al interior de algún
cementerio civil, pero siempre bien delimitado, como el caso del cementerio de
disidentes en Santiago y Concepción en Chile. En México ocurrió algo similar
como el caso del cementerio Italiano y el prusiano que se encuentra al interior
del Cementerio de Dolores, la investigación no pudo definir con exactitud si el
cementerio prusiano fue construido. De lo que se tiene noticia es de la concesión
otorgada a la sociedad de beneficencia alemana para la creación de su panteón
que se ubicó en el Panteón de Dolores.
De las prácticas funerarias que establecieron las colonias de extranjeros y que
involucraron directamente al gobierno mexicano fue el retorno de sus difuntos a
su tierra de origen, cabe señalar que durante las primeras décadas del siglo XX
algunos norteamericanos fueron los que más para exhumar a sus muertos a fin
339
de trasladarlos. Para que esto fuera concedido era necesario seguir ciertos
lineamientos entre los que se encontraban ataúdes metálicos sellados y otras
medidas sobre todo de orden higiénico, por lo que el traslado era de un costo
muy elevado.
La investigación se centró en casos específicos entre ellos la creación de los
cementerios británicos. La llegada de los ingleses a México puede rastrearse
desde la época novohispana. La recepción por parte de la sociedad mexicana a
esta comunidad fue ambivalente, sobre todo por sus creencias religiosas. El
temor de la iglesia católica originó algunas manifestaciones sociales de repudio,
al considerarlos como herejes.
Al pasar el tiempo los ingleses radicados en la Nueva España comenzaron a
morir, y enterrar a sus difuntos, resultó una gran dificultad pues no contaban con
espacios propios donde sepultar a sus muertos, pese a que se tiene noticia de
que en algunos camposantos se les permitió dar sepulturas a algunos
extranjeros, esto no fue extensivo para todos y tampoco se realizó así en todas
las provincias.
La llegada a territorio mexicano no fue sencilla y el viaje en barco fue el
escenario de las primeras muertes y demás enfermedades que asolaron a esta
comunidad; algunos murieron en el trayecto.El puerto de donde arribaron la
mayoría de los ingleses fue Veracruz, era un espacio peligroso, pues muchos se
contagiaron de la fiebre amarilla y murieron.
Poco se sabe del destino del cuerpo de estos ingleses, tan sólo que fueron
enterrados cerca del puerto, lo que nos lleva a reflexionar que es muy probable
que por ser protestantes se hayan limitado solamente a dar sepultura en los
cerros en la playa, sin realizar algún rito funerario, y que al igual que en otros
casos de muerte de protestantes el mar fue el destino para los cuerpos, vista
como la única opción. El dolor de la comunidad no se plasmó en símbolos
materiales y quedó confinando a la clandestinidad. Por estos motivos los
340
ingleses fueron los primeros en manifestar su preocupación ante este ambiente
de intolerancia. En el año de 1824 en un comunicado pidieron al gobierno
mexicano dar una mayor apertura a las cuestiones religiosas, que aportaran
soluciones inmediatas a este tipo de manifestaciones sociales que se venían
suscitando.
Se construyeron dos a menos bien identificados que fue el de Tlaxpana en
la ciudad de México, que partir de su creación el cementerio en el año de 1826
dio sepultura de manera ininterrumpida, la fecha de la clausura que los
documentos británicos señalan como día final el 11 de Junio de 1929. El
cementerio como espacio funerario se destruyó en 1970, año en que fue donado
al gobierno mexicano, se destinó una parte para parque y la otra para obra vial
quedando como único vestigio la capilla.
El otro cementerio fue el británico Real del Monte, en Pachuca Hidalgo.
Existen algunos mitos de su fundación. Se dice que antes que llegaran los
ingleses al lugar se encontraba viviendo entre la gente una persona que era
judía y que al morir le fue negada la sepultura en el camposanto de la Iglesia, de
manera que fue enterrado en el cerro, que se llamó el Judío, y muchos señalan
que es el lugar en donde tiempo después se erigió el cementerio, queda en el
campo de la duda si esto pasó por que no se encontraron documentos primarios
al respecto sin embargo la población de Real del Monte lo considera como algo
real y verídico, y un conocimiento que se traspasado de manera oral a los
habitantes y a los visitantes del cementerio.
Al interior el cementerio presenta sepulcros de distintas facturas. Su sello
particular es la alineación de las tumbas las cuales miran hacia el este
señalando que miran hacia Inglaterra. Sin embargo al parecer esto era una
coincidencia, pues muchos lugares sagrados según el cristianismo, se orientan
al este-oeste, los significados son variables, se dice que al este se encuentra la
Tierra Santa, también se vincula con la salida y puesta del sol. El sol es un
símbolo de luz que para los cristianos tiene que ver directamente con la
341
divinidad.
De los elementos más comunes que se encuentran en el cementerio son
las cruces con coronas de flores, de este tipo de tumbas existen de varios tipos
desde pequeños formatos hasta otras que se encuentran levantadas sobre
algunas pilastras de estilo clásico adornadas por guirnaldas o coronas de flores,
las similitudes con los cementerios de Cornwall son significativas pues el uso de
la cruz es un elemento distintivo en sus cementerios.
Al arte lapidario del cementerio es rico y denota el estatus social de los
que en espacio duermen, sin embargo esto no fue extensivo para todo pues
existen muchas tumbas que solo son de tierra, que provienen de muchos de los
mineros que llegaron a trabajar en las minas y no forjaron fortuna.
De la cultura funeraria de los ingleses puedo decir que fueron pioneros en
la introducción de epitafios, algunos sólo señalaron el nombre y fechas de
muerte, sin embargo en algunos eran relatos de vida escritos en verso. Otra
práctica que llama la atención fue la creación de cementerios simbólicos en
Cornwall Inglaterra, creados por los familiares ingleses, en memoria de sus
difuntos en México y en otras partes del mundo.
El cementerio británico del Real del Monte pugna por convertirse en un
cementerio “museo al aire libre”, por la belleza de su arte lapidario y la
innovación de sus materiales que evocan la tierra minera que les da cobijo, sin
embargo es pertinente señalar que esta en el descuido porque al ser un
cementerio privado la municipalidad no se hace cargo de los gastos de
mantención, y por su parte la embajada británica realizó algunas gestiones pero
poco se ha concretado, con el paso del tiempo el cementerio está perdiendo
parte de su patrimonio
Otro de los espacios que esta investigación abordó como caso específico
342
fue el cementerio francés de La Piedad, elegido por que debido al
afrancesamiento pretendido por el gobierno porfiriano fue tomado como un actor
importante en el discurso funerario de los intelectuales mexicanos, los motivos
fueron variados sobre todo porque se consideró un lugar de prestigio y que
seguía de manera muy estructurada los reglamentos para la construcción de los
cementerios extramuros. Las comparaciones entre los espacios de inhumación
fueron considerables sobre todo porque el discurso se narró sobre la situación
de los cementerios mexicanos, señalando que no eran capaces de garantizar un
resguardo digno del cuerpo.
Hemos de recordar que la llegada de los franceses a México, vivió varios
procesos complejos entre ellos la intervención francesa, lo que provocó que los
residentes buscaran la manera más inteligentemente posible para permanecer y
vincularse con la sociedad mexicana. En México se construyeron dos
cementerios para albergar a la colonia francesa La Piedad en la ciudad de
México y el de la ciudad de Puebla, ambos construidos a iniciativa de la
Sociedad Francesa de Beneficencia y de Previsión.
Los cementerios destinados para las colonias extranjeras como el
Francés, ostentaron grandes monumentos funerarios, construidos generalmente
por escultores franceses o italianos, muchas de las obras artísticas eran
mandadas traer desde el país de origen. Esto generó sobre todo en la época
porfiriana que parte de la burguesía mexicana se esforzará por imitar su arte
lapidario especialmente el del francés de La Piedad.
El cementerio para franceses se edificó desde 1864 en el pueblo de la
Piedad, tanto que su construcción tardo algunos años en concretarse y se
inauguró entre los años 1870 a 1872. El Cementerio Francés de la Piedad fue
monumental ya que los franceses mandaron construir grandes mausoleos, llenos
de belleza, arte y riqueza simbólica, expresión con la que buscaron capturar en
el tiempo y en el espíritu de sus muertos y su paso por México, establecer
además un vínculo con su amada Francia, un anhelo de regreso a la madre
343
patria. Se convirtió rápidamente en sitio de mucha belleza en el que se podía
reflexionar acerca de la muerte y al mismo tiempo gozar del paseo por sus
avenidas y pasillos como recreo, el espacio del cementerio francés era un deleite
estético producido por los hermosos ornamentos de mausoleos y lápidas era
acompañado por la satisfacción que generaba la paz que daba la flora del lugar.
Las prácticas funerarias de la sociedad decimonónica se enmarcaron en lo
que propone Michel Vovelle, la división de las actitudes ante el acto de morir, en
los que señala como último estadio él discurso, que es un todo complejo, que
incorpora a la sociedad, al cementerio, a la muerte, y a los cadáveres, es por eso
que se pudo interés en el análisis de los discursos realizados por los
intelectuales de la época.
Debo decir que los cementerios de las colonias de extranjeras en México se
crearon con dos tópicos bien definidos, el primero los que se construyeron por
un asunto de religiosidad, y otros de un carácter más sociológico, que fue el
caso concreto del Cementerio Francés de La Piedad y el Español.
A lo largo de esta investigación el lector leyó el concepto de colonia, que he
lo utilice por considerarlo más adecuado que el de comunidad. Algunos autores
que refiere a la fundación de las primeras agrupaciones sociales, sin embargo en
México esto funciono de manera distinta por que realizaron las colonias de
extranjeros realizaron prácticas cotidianas y culturales que los marcaron como
una colonia desde un periodo muy temprano de la migración, sobre todo por de
relaciones de paisanaje que establecieron, lo que llevo a muchos investigadores
a llamarla como una migración en cadena, sobre todo en el caso de los
españoles.
Los españoles en México crearon su concepto de identidad, los caracterizaba
su aspecto físico, su lenguaje y un perfil que era es distintivo. El tema
generacional también marcó algunas diferencias al interior de la colonia, pues
344
las segundas o terceras generaciones se relacionaron mejor con la sociedad
mexicana, sobre todo a través de lazos matrimoniales. Además fundaron
asociaciones que les ayudaron a perpetuar este sentir: la Beneficencia Española
y el Casino Español.
La Sociedad de Beneficencia Española y el Casino Español fueron un eje
rector para la vida de los españoles en México, parte importante de esta vida
como extranjeros, pues ayudo a preservar la ideología española, preservando
sus ideales, principios y valores de la madre patria. Con el paso del tiempo
aglutinadores no sólo de españoles si no de la élite en México, incluyendo a
nacionales y extranjeros.
Ambas asociaciones perseguían un fin en común contribuir a preservar la
identidad española, y de esta manera nació la idea de crear un espacio exclusivo
para “descansar en la eternidad”
El Cementerio Español se construyó por la iniciativa y esfuerzo tanto de la
Beneficencia Española como del Casino, generaron un espacio que dio cobijo a
sus difuntos, que además les permitió recordar los cementerios de madre patria,
fortaleciendo así su sentir español y también sus vínculos sociales, pues a pesar
de que el cementerio era un lugar que se pensó como manifestación del status
social, no fue sólo un alarde de belleza y demostración económica, también
estaba la contraparte que buscó fomentar la ayuda solidaria con los hermanos
que no contaban con los medios económicos para pagar una sepultura. Al estar
fuera de su país los ritos funerarios realizados para despedir algún miembro de
la colonia fortaleció sus vínculos.
Se pensó como un espacio en el que pudieran realizar los rituales
fúnebres según sus costumbres, para el momento de la creación del cementerio
ya se habían aplicado las leyes de secularización de cementerios, y con ello la
prohibición y restricciones para la realización de algunas prácticas funerarias,
por lo que se pensó en la creación de una capilla dentro del cementerio en la
que pudieran celebrar la misa de cuerpo presente. El Cementerio Español
345
englobaba todos varios aspectos, se buscó por lo tanto un espacio que diera
cobijo no sólo a los difuntos sino que también arropara a los vivos e integrará
aún más a la colonia, pero además se pensó en él como un negocio.Es
importante decir que fue de los cementerios más innovadores por su arte
funerario los conceptos estilísticos que se crearon en los sepulcros fue muy
innovador para la época de construcción pues realizaron esculturas fúnebres de
retrato, de busto de cuerpo completo a tamaño real, y esculturas familiares,
rompieron con el prototipo de lápidas pequeñas con ornamentación católica.
Actualmente este espacio funerario es uno de los más bellos cementerios de
México, al ser un cementerio privado su sector histórico se encuentra muy bien
resguardado.
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