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Arturo Guillén: Modelos de Desarrollo y Estrategias Alternativas en América Latina

El documento describe los diferentes modelos de desarrollo económico en América Latina, incluyendo el modelo de exportación primaria, el modelo de sustitución de importaciones y el modelo neoliberal. Se enfoca en explicar el modelo de sustitución de importaciones, el cual tuvo dos etapas: la sustitución fácil de bienes no duraderos y la sustitución difícil de bienes duraderos. También describe los conceptos de dualismo estructural y heterogeneidad estructural para explicar las desigualdades económicas en la región

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Arturo Guillén: Modelos de Desarrollo y Estrategias Alternativas en América Latina

El documento describe los diferentes modelos de desarrollo económico en América Latina, incluyendo el modelo de exportación primaria, el modelo de sustitución de importaciones y el modelo neoliberal. Se enfoca en explicar el modelo de sustitución de importaciones, el cual tuvo dos etapas: la sustitución fácil de bienes no duraderos y la sustitución difícil de bienes duraderos. También describe los conceptos de dualismo estructural y heterogeneidad estructural para explicar las desigualdades económicas en la región

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Guía de Lectura Clase 5.

Arturo Guillén: Modelos de Desarrollo y Estrategias Alternativas en América Latina

Nos interesa en particular que presten atención al segundo modelo que desarrolla, el de
Industrialización por Sustitución de Importaciones. Sin embargo, de la descripción de los
otros dos, el modelo de Exportación Primaria y el modelo Neoliberal, se pueden extraer
conceptos y enseñanzas concretas. Un ejemplo de esto es el surgimiento del concepto de
“dualismo estructural”, que será el punto de partida para la noción de “heterogeneidad
estructural” que, como ya vimos, es un concepto nodal del estructuralismo latinoamericano.
Consignamos algunos párrafos del modelo de Exportación Primaria, ya que su lectura se
hilvana en una continuidad argumentativa con el surgimiento del Modelo de Sustitución de
Importaciones. Les recuerdo, sin embargo que esta guía no suplanta de ningún modo la
lectura del material completo, es sólo una selección de los párrafos considerados de
importancia destacada:

“La DIT (División Internacional del Trabajo) no sólo implicaba una creciente polarización
entre el centro y la periferia, sino que condicionaba la existencia de una estructura interna
dual integrada por un sector “moderno” representado por el sector exportador y en donde la
presencia del capital extranjero era predominante; y un sector tradicional o “atrasado”, que
operaba en el campo o en actividades artesanales de bajos niveles de productividad
(Furtado, 1967). Celso Furtado fue el primero en introducir el concepto de dualismo
estructural, antes inclusive que Lewis (1954) a quien tiende a atribuirse su paternidad,
concepto que, más adelante, fue sustituido por otros autores (Pinto, 1976), por el de
heterogeneidad estructural. Este último refleja mejor la diversidad de formas de
producción que han acompañado la historia de los países subdesarrollados”.

“La heterogeneidad estructural es un rasgo específico del subdesarrollo, que lo diferencia


del modelo de capitalismo “clásico” del centro. Esa heterogeneidad no puede entenderse,
sin tomar en consideración las relaciones de dominación-dependencia entre el centro y la
periferia del sistema, que la condicionan. Durante el MPE (Modelo de Producción
Primaria), la heterogeneidad estructural, por razones históricas, asumió formas diversas,
según los distintos países”.

“La existencia de un sector “atrasado” y de una oferta ilimitada de mano de obra,


determinó que los salarios reales tendieran al estancamiento, independientemente de la
intensidad de la acumulación de capital y de los incrementos que pudieran darse en la
productividad social del trabajo. Ello determinaba una alta concentración del ingreso,
superior a la del centro. Furtado (1959) aclaraba, con gran rigor teórico, tomando como
referencia el caso de la economía cafetalera brasileña, actividad predominante durante el
MPE, cómo las mayores ganancias de los exportadores durante las fases de auge económico
no elevaban la productividad física de las fincas, sino que se trasladaban al exterior, vía
deterioro de los términos de intercambio, o se dilapidaban en consumo suntuario de la
oligarquía terrateniente. Por el contrario, en las fases depresivas, la baja en los ingresos de
exportación provocaba el desequilibrio de la balanza de pagos conduciendo a la
devaluación de la moneda brasileña. Sin embargo, esas devaluaciones protegían
relativamente a los exportadores al incrementar sus ingresos en moneda nacional, mientras
que trasladaban el ajuste a los consumidores, mediante el deterioro de los salarios reales
provocada por la depreciación de la moneda”.

“Raúl Prebisch (1949), dio en el clavo sobre los límites del MPE. La teoría cepalina o
estructuralista latinoamericana significó una ruptura respecto a la teoría neoclásica del
crecimiento o frente a enfoques historicistas lineales a la Rostow (1953). Se abandonó la
idea de que el subdesarrollo era una etapa necesaria anterior al desarrollo, y de que bastaba
con detonar un proceso de acumulación en el sector moderno para que el atraso pudiera ser
superado (Lewis, 1954 y Nurske, 1963).La originalidad de la teoría cepalina consistió en la
utilización del concepto centro-periferia y en explicar a partir del mismo, la desigualdad de
las relaciones económicas internacionales, así como la heterogeneidad de las estructuras
productivas internas”.
“Es conocido el argumento de Prebisch: no obstante que la productividad en la
producción de manufacturas en los centros capitalistas (con sistemas productivos
homogéneos y articulados) era superior al crecimiento de la productividad en la producción
de productos primarios en la periferia (con sistemas productivos heterogéneos,
especializados y desarticulados), lo que haría suponer, de acuerdo con la teoría tradicional,
una baja de los precios de las manufacturas mayor que la registrada en los productos
primarios, los precios relativos se desenvolvían en el sentido opuesto. Ello significaba que
en el marco de esa DIT, los países subdesarrollados no retenían los frutos del progreso
técnico y estos tendían a concentrarse en el centro (Pinto, 1965). Mientras los salarios
reales tendían a estancarse en los países periféricos, estos y las utilidades aumentaban en
los países centrales. lo que se traducía en tasas de acumulación más altas y mayores
ingresos en éstos, mientras que en la periferia se bloqueaba el proceso de acumulación de
capital y se limitaba considerablemente la posibilidad de elevar los salarios reales. La
misma relación centro periferia y de concentración del progreso técnico se reproducía en el
seno de las sociedades latinoamericanas en favor del sector “moderno” y de determinados
espacios urbanos y regiones, y en detrimento del sector “atrasado”.

“La crisis latinoamericana en el periodo de Entreguerras y el tránsito hacia un nuevo


modelo orientado “hacia adentro” no tenían su origen, como se dijo antes, en factores
circunstanciales, sino que descansaban en los límites objetivos del MPE y en la posición
que los países latinoamericanos ocupaban en la DIT. El desequilibrio externo que conducía
a crisis recurrentes, con agudos efectos recesionistas e inflacionarios, obedecía al deterioro
de los términos de intercambio entre los productos primarios y los productos
manufacturados y a la incapacidad de la periferia para retener e irradiar al conjunto de la
economía los frutos del progreso técnico. Para superar las contradicciones del MPE era por
fuerza necesario impulsar la industrialización aprovechando las circunstancias que ofrecían
la depresión y la guerra. A través de una estrategia gradualista en donde la protección y la
acción económica del Estado jugaban un papel central, se aspiraba a conseguir mayor
autonomía frente al centro, lo que permitiría, con el tiempo, construir una base endógena de
acumulación de capital”.

“La industria se convirtió en el eje del proceso de acumulación de capital. Por


primera vez en la historia latinoamericana, la economía contó con un motor interno y con
un proyecto nacional de desarrollo. La gran crisis de los años treinta y las dos guerras
mundiales no sólo crearon condiciones propicias para la sustitución de importaciones, sino
que involucraron profundos cambios políticos y sociales, los que implicaron un nuevo
“bloque de poder” que hizo viable la industrialización. Ese nuevo bloque incorporaba a una
naciente burguesía industrial y a amplios sectores populares que se beneficiaban con el
nuevo modelo10. No resulta accidental, por lo tanto, que el tránsito al nuevo modelo haya
coincidido con el ascenso al gobierno de regímenes progresistas, como los de Lázaro
Cárdenas en México (1934-1940), J.D. Perón en Argentina (1946-1955) y Getulio Vargas
(1930-1954) en Brasil. La estructura social se transformó sustancialmente, creciendo en
forma acelerada la clase obrera, así como los asalariados y las “clases medias” urbanas.
El MSI (Modelo de sustitución de Importaciones) atravesó por dos grandes etapas: la
primera, la que el pensamiento estructuralista definió como “sustitución fácil”, que termina
grosso modo a mediados de los años cincuenta, y la etapa de la “sustitución difícil” que
culminaría en 1982 con el quiebre del modelo, a raíz de la crisis de la deuda externa.
La primera etapa corresponde a lo que puede llamarse, en sentido estricto,
“sustitución de importaciones”, es decir importaciones de manufacturas que son sustituidas
por fabricación interna. Se trata de la producción de bienes de consumo no duraderos
como textiles, alimentos, bebidas, etc., que utilizaban técnicas de producción relativamente
sencillas”.

“Durante la “sustitución fácil”, el esfuerzo de inversión descansó fundamentalmente


en inversionistas nacionales. El papel del Estado fue central desde el arranque. La
participación de éste incluyó aparte de la protección arancelaria de la industria, el
financiamiento público de las inversiones, la aplicación de estímulos fiscales y otras
medidas”.

“La segunda etapa de la “sustitución difícil, se inicia hacia mediados y fines de los
años cincuenta en los países de mayor desarrollo relativo de la región. Ella involucra
cambios importantes en el funcionamiento del MSI. Si bien sigue siendo un crecimiento
orientado “hacia dentro”, es decir hacia el mercado interno, el modelo presenta cambios
sustantivos. En primer lugar como lo apreció correctamente Tavares (1972), en esta etapa el
proceso meramente sustitutivo se ha eclipsado. Por tal motivo el chileno Pinto (1980)
prefería llamarle a esta segunda etapa, de la “industrialización difícil”, para subrayar que
no se trataba propiamente de una sustitución de importaciones. Los nuevos bienes
industriales que comienzan a producirse son, principalmente, bienes de consumo duradero
(electrodomésticos, automóviles, etc.). Más que una sustitución de importaciones, era una
descentralización de actividades desde el centro hacia la periferia. Esto es así, porque a
diferencia de la etapa anterior, en que, el esfuerzo de industrialización descansó en capitales
nativos, en esta segunda etapa son las ETN (Empresas TrasNacionales), sobretodo
estadounidenses, las que comandan el proceso de industrialización. Las ETN capitalizaron
el desarrollo del mercado interno y se apoderaron de las ramas y actividades más dinámicas
de la industria. Se produce lo que Cardoso y Faleto (1969) denominaban “la
internacionalización del mercado interno”. Ello implicaba, el traslado de los centros de
decisión al exterior , lo que debilitaba la conducción nacional del proceso, o la “densidad
nacional” como le llama Ferrer (2004), y limitaba el campo de acción y la influencia de las
políticas económicas de los gobiernos. Las decisiones fundamentales para la continuación
del proceso de industrialización dejaron de estar en manos nacionales y pasaron a depender
de decisiones externas, altamente centralizadas tomadas en el ámbito de las ETN (Furtado,
1967; Sunkel, 1971). El proceso de industrialización en su origen fundamentalmente
nacional, devino transnacional. La dependencia tecnológica se acentuó. La inserción de las
ETN en el proceso de industrialización significó como Sunkel (1971) lo señaló en su
tiempo, un proceso simultáneo de integración transnacional y de desintegración nacional”
“La heterogeneidad estructural del sistema no desapareció, sino que sólo cambió y se
hizo más compleja. La heterogeneidad estructural y la persistencia de formas de producción
“atrasadas” no era solamente una herencia del pasado, sino un rasgo específico del
subdesarrollo que tendía a reproducirse y perpetuarse. Así lo entendía Furtado (1967)
cuando planteaba que la estructura dual aparecía bajo nuevas formas en el modelo de
sustitución de importaciones. Y a eso aludía Gunder Frank (1969) cuando propuso la tesis
sobre el desarrollo del subdesarrollo.
Al sector exportador moderno heredado del MPE se sumó un nuevo sector moderno
liderado por la industria orientada al mercado interno. Al sector tradicional antes
circunscrito, fundamentalmente, al mundo rural y a las comunidades indígenas, y que se
definía como desempleo disfrazado o latente, vino a agregarse un nuevo sector de
subempleados y marginados urbanos que emigraron del medio rural o de ciudades más
pequeñas, pero que no lograron ser absorbidos por el sector moderno ubicado en las
grandes urbes A pesar del dinamismo de la industria, al operar ésta con técnicas de
producción intensivas en capital importadas del centro, resultó incapaz de absorber la
migración procedente del campo, dando origen al fenómeno de la economía informal, que
ahora nos inunda”

“Las ETN trasladaron a las sociedades latinoamericanas, formas de consumo de que se


masificaron en los centros durante la posguerra, pero que no se correspondían con el grado
de desarrollo de las fuerzas productivas de la periferia. En el contexto latinoamericano esas
formas de consumo contribuyeron a mantener los altos niveles de concentración del
ingreso. El mercado de bienes manufacturados se orientó a satisfacer la demanda suntuaria
de los grupos de altos ingresos”.

“De esa manera, se configuró una estructura industrial desarticulada, sesgada hacia el
consumo suntuario; una industrialización “trunca” (Fanjzylber, 1983) o una
“semindustrialización dependiente” (Ferrer, 2004), la que carecía de una base endógena de
acumulación de capital. Los avances para crear una base científica y tecnológica propia
fueron fragmentarios y se circunscribieron a algunas actividades, generalmente controladas
por el Estado o efectuadas en las universidades públicas. Por ello y por la alta dependencia
de las importaciones de insumos y bienes de capital, la “restricción externa”, es decir, la
incapacidad estructural de los países de la periferia, de generar las divisas necesarias para
financiar la reposición y ampliación de la planta productiva lejos de resolverse, se
reprodujo bajos nuevas formas. Después de una primera etapa en la que, gracias a la
sustitución, el coeficiente de importaciones registró una fuerte disminución, comenzó a
estabilizarse y luego rápidamente a incrementarse, conforme se avanzaba de la sustitución
fácil a la sustitución difícil”

“Enfrentado el MSI a sus contradicciones internas, los gobiernos de la época sin la


base política para recuperar autonomía frente al exterior y emprender las reformas
necesarias para ampliar los horizontes del modelo, atrapados nuestros países en una crisis
estructural que apareció al mismo tiempo, a finales de la década de los sesenta, tanto en los
países desarrollados como en la periferia del sistema, se recurrió a la opción más fácil del
endeudamiento externo para financiar las crecientes desequilibrios externos y presupuestal”

“El MSI no se “agotó”, como se si tratara de un recurso natural sobreexplotado. Las


contradicciones del modelo podrían haber sido confrontadas, de haberse aplicado reformas
estructurales que redistribuyeran el ingreso, políticas adecuadas para impulsar los “efectos
hacia atrás” de la industrialización y la articulación del sistema productivo, así como la
revisión selectiva de los esquemas de protección. Opciones había. Lo que faltaba era
voluntad política para llevar adelante las reformas. O, para decirlo de otra manera, los
obstáculos eran fundamentalmente políticos. Durante la década de los sesenta y setenta se
había conformado una oligarquía muy distinta a del MPE, estructuralmente vinculada a las
ETN y al capitalismo financiero internacional por la vía de la deuda externa14. A esas
alturas, el proyecto nacional de desarrollo que había sido impulsado por los regímenes
progresistas de los años cuarenta y cincuenta, había sido prácticamente abandonado por las
nuevas elites. Tampoco el escenario político latinoamericano abonaba el terreno para
experimentos nacionalistas y populares. El ascenso y consolidación de la revolución
cubana, había recrudecido la política de “guerra fría” y subordinado a las elites políticas
latinoamericanas a los intereses estadounidenses”.

Nota final: El texto continúa analizando la implantación del modelo neoliberal. Aunque
recomendamos intensamente la lectura de todo el artículo, nos detenemos aquí con la
selección de párrafos dado que el tema de la clase es concretamente el MSI.

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