Untitled
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Fuente:
Rebelión
Maquetación actual:
Demófilo
2020
Libros Libres
para una Cultura Libre
______________________________________
Biblioteca Omegalfa
2020
Ω
INDICE
1.- Los toldos y Junín 4
2.- Actriz en Buenos Aires 9
3.- La virtud de la gratitud 13
4.- Las cosas comienzan a mejorar 17
5.- Un día maravilloso 20
6.- Una historia de amor 24
7.- El confesor 28
8.- La reacción oligárquica 31
9.- El 17 de Octubre 37
10.- El peronismo según Eva 40
11.- Casamiento y campaña electoral 45
12.- La sociedad de benefiencia 49
13.- ¿Resentimiento o empatía? 54
14.- El viaje a España 59
15.- La continuación de la gira 64
16.- El voto femenino 69
17.- El rol de la mujer 74
18.- La fundación 78
19.- Para los pobres lo mejor 83
20.- Sensibilidad social 88
21.- La relación con el movimiento obrero 93
22.- La historia del Peronismo 98
23.- Enfrentando a la oligarquía 101
24.- Los macarras de la Moral 106
25.- El renunciamiento 110
26.- El intento de golpe de 1951 115
27.- La salud de Eva 120
28.- La razón de mi vida 125
29.- El último 17 de octubre 130
30.- La reelección de Perón 135
31.- Nos sobran alcahuetes 140
32.- Mi mensaje 143
33.- El testamento 148
34.- La despedida de un pueblo agradecido 152
35.- El mundo reconoce su obra 156
36.- El saqueo de la Fundación 159
37.- Los profanadores 164
38.- El miedo a la oligarquía 168
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Los Toldos
y Junín
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cer grado. Desde muy chica tuvo la costumbre de colec-
cionar fotos de actrices, cuando podía leía aquellas revis-
tas que informaban sobre la vida de las estrellas de cine,
y así comenzó el sueño de ser ella la que algún día apa-
recería en las películas y en las tapas de las revistas, su
amiga Elsa Sabella explicó que: “Tenía trece años y ya
pensaba en ser estrella, puesto que iba a mi casa donde
mi hermano mayor compraba una revista de aquel en-
tonces editada por Emilio Kartulovich, llamada Sintonía, y
lo que más buscaba eran los modelos que usaban las
estrellas”.
En Junín debieron mudarse en dos oportunidades, cuan-
do pudieron acceder a una casa con un salón bastante
amplio, decidieron instalar un comedor donde se ofrecían
servicios de comida para incrementar los ingresos de la
familia.
El odio antiperonista convirtió esta casa en un prostíbulo,
esa mentira sería utilizada por el escritor Jorge Luis Bor-
ges para injuriar a Eva, mostrando lo bajo que pueden
caer ciertas personas cuando son presa de la irracionali-
dad impuesta por la oligarquía que puede afectar aún a
las mentes más brillantes.
A Eva le agradaba recitar y actuar, esos gustos la lleva-
ron a participar de obras escolares en Junín y también
tuvo la posibilidad de leer algún poema en la propaladora
del pueblo. En 1933 viajó a Buenos Aires acompañada
por su madre para presentarse en una prueba en Radio
Belgrano regresando de inmediato a su ciudad para
quedar a la espera de un llamado que nunca llegó. Al
año siguiente concluyó el ciclo primario. En Junín cono-
ció a Damián Gómez un joven que era un sindicalista
ferroviario de ideología anarquista, posiblemente haya
sido el primero que le habló que la injusticia social no era
un orden natural sino que era impuesto por aquellos que
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gozaban de privilegios que no querían perder. Gómez
fue detenido en diciembre de 1934 y traslado a Buenos
Aires.
Al mes siguiente Eva dejó el hogar materno y con sus 15
años se trasladó a la Capital Federal de manera definiti-
va, según Norberto Galasso su viaje estuvo relacionado
con la intención de ayudar a Damián Gómez, sin embar-
go nunca pudo visitar al prisionero, eran los años fatídi-
cos de la Década Infame y la tortura sistemática, preci-
samente Gómez murió en prisión mientras era sometido
a tormentos.
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Actriz en
Buenos Aires
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pesitos, pero vivía malamente porque la cosas no salían
como ella quería”.
Después Eva pasó a la compañía de otra destacada ac-
triz, Camila Quiroga, debutando en la obra “Mercado de
amor en Argelia”, en la cual también participaba Ada
Pampín que fue su compañera de pensión.
Pierina Dealessi que se convirtió en su gran amiga y que
fue una de las personas que ayudó a Eva cada vez que
estuvo a su alcance poder hacerlo, explicó como eran
aquellos años de la vida de Eva: “Me daba pena verla
tan desamparada y físicamente mal. La invité a que se
quedara en mi casa para no tener que viajar sola a las
tres de la mañana a su pensión tan lejana (en la Boca) y
ella aceptó. La llevé a un médico que le recetó vitaminas,
pero nunca quiso tomarlas”.
También la describió físicamente y en su actividad acto-
ral: “Era tan flaquita que no se sabía si iba o venía...Entre
el hambre, la miseria y el descuido tenía siempre las ma-
nos frías y transpiradas. Como actriz era muy floja. Muy
fría, un témpano. No era de las muchachas que despier-
tan pasiones”.
Dealessi explicó como eran aquellos tiempos tan duros
para los actores porque no tenían días de descanso y los
domingos había que realizar cuatro funciones.
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La virtud de la gratitud
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Allí voy, desde la mañana. Estoy frente a mi mesa todo el
día. No se olvide”.
Esa fue la última vez que se vieron, Eva trabajaba hasta
muy tarde y no tenía mucho tiempo fuera de su apretada
agenda pero ese día quiso tributar su reconocimiento a
quién tanto la había ayudado, no sólo paliando el hambre
sino con el aliento de su palabra esperanzadora..
En el mismo sentido Eva mostró reiteradamente esa
misma gratitud hacia los trabajadores que salieron a la
calle el 17 de octubre de 1945 para rescatar a Perón, un
día antes de esa jornada histórica los trabajadores tucu-
manos ya estaban de paro reclamando la libertad de Pe-
rón, por eso cuando el 30 de noviembre de 1946 visitó
Tucumán, no se había olvidado de ese gesto de los
obreros de la provincia: “Tengo con los tucumanos una
deuda de honor, porque habían sido aquellos quienes el
16 de octubre habían salido a la calle para pedir la liber-
tad del Coronel Perón y que como mujer del pueblo les
expreso mi gratitud”.
El 20 de octubre de 1948 en la sede de la Unión de Tra-
bajadores del Autotransporte (UTA) extendía esa gratitud
a todos los trabajadores argentinos: “Por eso, nunca ter-
minaremos de darle gracias a la masa de descamisados
que el 17 de octubre, caminando, cruzando puentes y
atravesando todos los caminos de la patria, venciendo
todos los obstáculos, supo estar presente como un sol-
dado civil que está dispuesto a jugarse la vida para sal-
var al líder, porque sabía que al libertar al Coronel Perón
no sólo libertaba la felicidad y la tranquilidad material de
su hogar, sino que abría para la Argentina-al hacerlo- las
puertas de un porvenir brillante y seguro. Por eso, digo,
nunca daremos suficientes gracias a ese glorioso día 17
de octubre de 1945”.
La misma actitud mostró el 31 de agosto de 1951, al
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anunciar que renunciaba a la postulación a la vicepresi-
dencia de la Nación, tuvo palabras de agradecimiento a
aquellos que la habían propuesto y sostenido su candi-
datura: “Guardaré, sin embargo, un recuerdo de eterna
gratitud para con todos los hombres y mujeres, los niños
y los ancianos de mi pueblo, que estuvieron material o
espiritualmente presentes en el Cabildo Abierto del 22 de
agosto. Nunca se borrará tampoco de mi corazón la gra-
titud que siento para con los compañeros de la Confede-
ración general del Trabajo y para la inmensa legión de
trabajadores argentinos”.
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Las cosas
comienzan
a mejorar
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teatro pero que si podía desenvolverse con solvencia en
la radio: “En el teatro fui mala, en el cine me las supe
arreglar, pero si en algo fui valiosa fue en la radio”.
El 1° de mayo de 1939 debuta en el radioteatro “Los jar-
dines del ochenta”, también tiene una participación en la
película “La carga de los valientes” que fue una gran
producción sobre la Guerra con el Brasil con 500 extras,
en 1941 participó en las películas “El más infeliz del pue-
blo” protagonizada por Luis Sandrini, Silvia Legran, Os-
valdo Miranda y Armando Bo, y también en “Novia en
Apuros” con Felisa Mary. En Radio Prieto actuó en la
obra de Alejandro Casona “Los amores de Schubert”,
este programa estaba auspiciado por Llauró que era una
empresa que producía artículos de limpieza, pero al poco
tiempo firmó contrato para la competencia, la empresa
Guereño que producía el Jabón Radical que luego pasó
a llamarse Federal y que auspició varios ciclos donde
participó Eva, con esta empresa firmó un contrato por
cinco años, el programa era emitido por Radio Argentina
y se llamó “La hora de las sorpresas”.
En 1942 se integró a la compañía Candilejas que realizó
un ciclo en Radio El Mundo que se emitía de lunes a
viernes a las 11 horas, los programas de Eva llegaron a
tener una audiencia considerable.
Estos contratos le permitieron alcanzar una situación
económica más holgada, dejó de vivir en pensiones y se
instaló en una habitación del Hotel Savoy.
El 3 de agosto de 1943, dos meses después del golpe de
estado del 4 de junio apareció como una de las fundado-
ras de la Asociación Radial Argentina que agrupaba a los
trabajadores de las radios, mostrando que su interés por
la actividad gremial era anterior a conocerlo a Perón.
Ese mismo año inició un ciclo radial en Radio Belgrano
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que se llamó “Heroínas famosas de la historia mundial”
interpretando a mujeres famosas, comenzó el 16 de oc-
tubre de 1943 y se extendió hasta septiembre de 1945.
Interpretó, entre otras, a Madame Lynch la mujer del pre-
sidente paraguayo Francisco Solano López, Isabel I de
Inglaterra, la actriz Sara Bernhart, la esposa del líder
chino Chiang Kai Shek, la bailarina Isadora Duncan y
varias más, el programa obtuvo una importante repercu-
sión.
Con este nuevo trabajo pudo instalarse en un departa-
mento en el cuarto piso de la Calle Posadas 1587.
El 15 de enero de 1944 un terremoto provocó la peor
tragedia en nuestro país, el epicentro se ubicó en la ciu-
dad de San Juan, incluso algunas remezones se sintie-
ron en Buenos Aires, era de 7,4 en la escala de Richter y
10 en la de Mercali, algunas estimaciones indicaron que
murieron 7.000 personas y hubo unos 12.000 heridos,
casi todas la casas de la ciudad resultaron destruidas
con muy pocas excepciones.
El presidente Ramírez nombró al Secretario de Trabajo y
Previsión, el coronel Juan Domingo Perón para hacerse
cargo de recaudar fondos para llevar ayuda la provincia
afectada. El país en pleno se movilizó solidariamente
para colaborar en una gran colecta.
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Un día maravilloso
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ta popular pro víctimas de San Juan no les fue enco-
mendada a ellas. De todos modos, cualquiera puede fi-
gurarse que el éxito que tuvieron nuestros artistas no
podía ser superado. Era una cuestión de popularidad”.
El 22 de enero día del festival en el Luna Park, Perón
estaba ubicado junto a presidente de la Nación, llegó un
momento en que éste se retiró antes de que finalizara,
ese asiento fue cubierto por una decidida Eva que al rato
estaba charlando animadamente con Perón.
El coronel contó el encuentro de la siguiente manera:
“Me parece que Hugo del Carril se disponía a cantar
cuando advertí que alguien se sentaba a mi lado. Miré y
descubrí su sonrisa y los ojos más radiantes del mundo.
Eva había llegado y, desde ese día, no se apartaría ja-
más de mi lado”.
En tanto Eva relató en “La razón de mi vida” el suceso de
la siguiente forma: “Yo no puedo decir ahora cómo me
animé a hacerlo. No lo pensé, porque si lo hubiera hecho
me habría quedado donde estaba. Pero el impulso lo
hizo todo. Vi el asiento vacío y corrí hacia él, sin pensar
si correspondía o no me senté. Me vi de pronto junto a
Perón que me miraba con aire un tanto asombrado y
empecé a hablarle. Lo real es que yo estaba allí, conver-
sando con Perón, roto ya el hielo inicial y sin que nadie
hiciera nada para sacarme de ese lugar. No podían ha-
cerlo. Ya estábamos hablando como si nos conociéra-
mos de toda la vida. Los números artísticos se iban su-
cediendo y compartimos los aplausos y el entusiasmo de
la gente. Cuando el acto terminó, Perón me invitó a que
lo acompañara a comer algo por ahí. Acepté y fuimos.
Quedé marcada a muerte. Fue, como le dije tantas ve-
ces, mi día maravilloso”.
Eva tenía 24 años y Perón 50, el coronel se había casa-
do en primeras nupcias en 1928 y había enviudado diez
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años después.
Ya el 26 de enero, es decir cuatro días después del festi-
val, la pareja apareció en público, muy poco tiempo des-
pués Perón alquiló el departamento de al lado de Eva en
edificio de la calle Posadas, vivirían ahí hasta que se
trasladaron en junio de 1946 al Palacio Unzué que era la
Residencia Presidencial.
En tanto el 3 de febrero cuando se estrenó un radiotrea-
tro en Radio Belgrano con la participación de Eva, am-
bos fueron fotografiados juntos.
El 24 de febrero el general Farrel desplazó a Ramírez y
asumió la presidencia, una de sus primeras decisiones
fue nombrar Ministro de Guerra a Perón, manteniendo la
Secretaría de Trabajo y Previsión, y en junio lo designó
vicepresidente de la Nación.
En junio Eva comenzó un programa titulado “Hacia un
futuro mejor” donde apoyaba al gobierno y en particular
la obra de Perón, los libretos eran escritos por Francisco
Nuñez de Aspiri que luego fue uno de los encargados de
la campaña electoral que llevó a Perón a la presidencia.
Al conmemorarse un aniversario de la Independencia se
efectuó una función de gala en el Teatro Colón donde
Perón concurrió acompañado de Eva, ambos se ubica-
ron en el palco oficial provocando la irritación de las cla-
ses acomodadas que se consideraban dueñas de ese
ámbito al cual, según su anquilosada mentalidad, no te-
nía derecho una plebeya como Eva.
Norberto Galasso captó el profundo sentido de esa acti-
tud del coronel: “Es notable y sorprendente la osadía del
coronel Perón, insólita en ese mundo prejuicioso de los
militares, cuando el 9 de julio de 1944, al celebrarse la
fiesta de gala del teatro Colón, se aparece allí del brazo
de Eva Duarte”.
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El sacerdote Hernán Benítez le atribuye a esa presenta-
ción en el Colón la guerra que la oligarquía comenzó
contra Perón, en ese momento se puso de manifiesto el
desprecio de las esposas de los generales y almirantes a
la actriz que vivía con Perón a la que saludaron despec-
tivamente.
Así relató el sacerdote, la respuesta de Eva a ese des-
precio: “Estoy seguro de que allí nació su plan de ven-
ganza que se cumpliría exactamente dos años después,
en la gran gala de 1946, cuando luciría aquel famoso
vestido de Dior que hizo traer especialmente de París y
que las rabiosas aristócratas de Buenos Aires calificarían
como el más descarado derroche modisteril de la historia
argentina”.
La Eva vestida con ropa de las mejores marcas y con
joyas no provocaba ningún sentido de envidia o de ale-
jamiento por las masas populares por el contrario era
asumido como un triunfo propio, era una de ellas que
llegaba a ubicarse en un lugar compartido por las figuras
más importantes del país.
Eduardo Galeano explicó lo siguiente: “La querían, la
quieren, los malqueridos: por su boca decían y malde-
cían… Los míseros recibían sus caridades desde al lado,
no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampa-
nantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No
es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se
sentía el pueblo humillado, sino vengados por sus ata-
víos de reina”.
Pero la reacción era muy diferente entre las clases privi-
legiadas y algunos sectores medios que consideraban
que ciertos lugares y lujos son de su exclusivo usufructo
y que no estaban dispuestos a dejar que otros, fuera de
su círculo, tuvieran acceso a ellos.
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Una historia
de amor
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estaban dirigidos a esa mujer que lo había cautivado
desde aquel día en el Luna Park.
Los fines de semana la pareja se instalaba en la Quinta
de San Vicente que Perón le había comprado a Domingo
Mercante, a veces los acompañaba el padre Hernán Be-
nítez que fue testigo de esta relación: “Yo los traté mu-
cho y lo que vi fue a dos personas respetuosísimas y
creo que todo cuanto la novela diga que se salga de ese
inmenso respeto que se tenían no sólo es falso sino ca-
nallesco… La estupidez de los que novelan diciendo que
se insultaban, que se trataban como burdeles. ¡Qué bar-
baridad!”
En 1947 cuando Eva realizó una gira por Europa los vue-
los intercontinentales no eran tan comunes como en la
actualidad, mucha gente aún seguía utilizando los barcos
para trasladarse al Viejo Continente, por eso es que Eva
tenía una gran preocupación por el viaje en avión, de
hecho el regreso lo realizó por barco, a raíz de su temor
escribió una carta a Perón, que podía considerarse un
especie de testamento por si algo le ocurría, en esa carta
ella le expuso todo su amor: “…puedo asegurarte que en
el mundo nadie te ha respetado ni querido más; te soy
tan fiel que si Dios no quisiera en esta felicidad de tener-
te y me llevara, aún después de muerta te sería fiel y te
seguiría adorando desde las alturas; Juancito querido,
perdóname estas confesiones pero es necesario que
sepas en el momento que parto y estoy en manos de
Dios y no sé si me pasa algún accidente que tu mujer
con todos sus defectos, tú llegaste a purificarme porque
vivo por ti, siento por ti y pienso por ti…”.
Cuando Eva regresó de Europa retornaron a la rutina de
pasar los fines de semana en la quinta, decía Benítez:
“Yo los vi enamorados, efectivamente muy unidos pero
hasta 1948. Después el poder y la pasión política los fue-
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ron llevando por caminos paralelos, pero diferentes… Ya
en 1949, era claro que sus vidas eran paralelas, pero
disímiles. Sus horarios eran opuestos. Alguna vez, Eva
se cruzó con él, llegando a la residencia, desde la Fun-
dación, cuando Perón salía hacia la casa de Gobierno…
Lo que pasaba es que ella se había ido para otro rumbo.
Había entrado en un vuelo propio que él supo inteligen-
temente respetar”.
La historiadora Marisa Navarro escribió que los desen-
cuentros en los horarios no debilitaron el vínculo afectivo:
“…el enfrentamiento entre ellos era imposible. Ellos eran
complementarios. Ella trabajaba para el bien de él, que la
fortalecía a ella…”
En el prólogo de “La razón de mi vida” realizó el siguiente
reconocimiento: “Este libro ha brotado de lo más íntimo
de mi corazón. Por más que, a través de sus páginas,
hablo de mis sentimientos, de mis pensamientos y de mi
propia vida, en todo lo que he escrito, el menos advertido
de mis lectores no encontrará otra cosa que la figura, el
alma y la vida del general Perón y mi entrañable amor
por su persona y por su causa”.
En este mismo libro intentó explicar ese sentimiento ha-
cia su marido: “Nos casamos porque nos quisimos y nos
quisimos porque queríamos la misma cosa. De distinta
manera los dos habíamos deseados hacer lo mismo: él
sabiendo bien lo que quería hacer; yo, por sólo presentir-
lo; él, con la inteligencia; yo, con el corazón; él, prepara-
do para la lucha; yo, dispuesta a todo sin saber nada; él
culto y yo sencilla; él enorme, y yo, pequeña; él, maestro,
y yo alumna. Él, la figura y yo la sombra. ¡Él seguro de sí
mismo, y yo, únicamente segura de él!. Por eso nos ca-
samos, aún antes de la batalla decisiva por la libertad de
nuestro pueblo con la absoluta certeza de que ni el triun-
fo ni la derrota, ni la gloria ni el fracaso, podrían destruir
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la unidad de nuestros corazones”.
Cuando tuvo la certeza que a Eva le quedaba poco tiem-
po de vida, Perón dejó de concurrir a la Casa de Go-
bierno permaneciendo en la Residencia para pasar tiem-
po junto a ella, conversándole y tratando de distraerla.
María Eugenia Álvarez una de las enfermeras que aten-
dió a Eva hasta el último día escribió: “El General la veía
todos los días, no hubo un minuto que pudiera estar con
ella que se hubiera perdido. ¡Perón amó mucho a esa
mujer!. El sufría mucho, lloraba mucho y sabía que per-
día a ese ser humano que lo ayudaba, que lo amparaba,
que trabajaba a la par de él por la patria”.
Eva nunca dejó pasar la oportunidad de poner en evi-
dencia ese amor, incluso en lugares que no parecían los
más propicios para exponer los sentimientos más pro-
fundos, en su curso sobre La Historia del Peronismo ex-
plicitó: “Yo he dicho que Perón es mi luz, mi cielo, que es
el aire, que es mi vida. Pero no solamente lo he dicho; he
procedido como si así fuere”.
En su testamento Eva dejó un claro e indudable testimo-
nio: “Quiero que sepan, en este momento que lo quise y
lo quiero a Perón con toda mi alma y que Perón es mi sol
y mi cielo. Dios no me permitirá que mienta si yo repito
en este momento una vez más „no concibo el cielo sin
Perón‟”.
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El confesor
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El 30 de mayo de 1945 se estrenó la película “La cabal-
gata del circo” dirigida por Mario Soffici protagonizada
por Libertad Lamarque y Hugo del Carril, con Eva y Ar-
mando Bo como actores de reparto.
Hugo del Carril contó tiempo después que en un descan-
so de la filmación, Eva le preguntó si recibía muchas car-
tas de sus admiradoras, el actor le respondió afirmativa-
mente, y lo consultó si las respondía, el cantor y actor le
contestó que no tenía tiempo para responderlas a todas,
a lo cual Eva le recomendó que dentro de sus posibilida-
des las respondiera a todas, esa fue su actitud cuando
estando a cargo de la Fundación recibía miles de cartas
con los pedidos más diversos y conformó un equipo para
dar respuestas a todas las solicitudes.
En esta película se construyó una leyenda sobre una
supuesta cachetada que Libertad Lamarque le habría
pegado a Eva, en su autobiografía la famosa actriz relató
las impuntualidades de Eva lo que provocó que se deci-
diera cambiar el horario de grabación, lo cual perjudicaba
otros proyectos que Lamarque mantenía en radio y tea-
tro, pero negó rotundamente el incidente de la cachetada
afirmando además que casi no habló con la actriz en as-
censo.
El director de la película, Mario Sofficci reconoció que
hubo un incidente entre las actrices pero que no llegó a
mayores, también desmintió que Lamarque tuviera
prohibido el ingreso al país durante el gobierno peronista,
aclarando que siempre mantuvo propiedades en el país,
entrando y saliendo cuando lo decidía, las razones de
sus viajes eran que en el exterior cobraba un dinero que
en el país no se podía pagar, durante un largo tiempo fue
una de las actrices más cotizadas del continente.
Sin embargo ambas actrices depusieron sus diferencias
cuando Libertad Lamarque llamó a Eva pidiéndole ayuda
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para conocer el paradero de su hija que se encontraba
en un país de Centroamérica cuando se produjo un te-
rremoto, Eva intervino y a las dos horas Lamarque pudo
hablar con su hija.
En el estreno de “La cabalgata del circo” comenzó a apa-
recer ese odio irracional de ciertos sectores que arroja-
ron bombas de humo obligando a suspender la función.
En la siguiente película, Eva ocupó el papel protagónico,
se titulaba “La prodiga” y no se llegó a estrenar. Mario
Sofficci era el director, comenzó la filmación en septiem-
bre de 1945 mientras que el guión era una adaptación de
Alejandro Casona a un libro de Pedro Antonio Alarcón, la
película parecía un adelanto sobre el papel que iba a
desempeñar Eva, pues trataba sobre una mujer que era
llamada “la madre de los pobres”, una vez concluida Sof-
ficci se la proyectó a Eva y Perón, pero como éste estaba
próximo a asumir la presidencia decidieron que no era
conveniente su proyección. La película recién se estrenó
en 1984.
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La reacción oligárquica
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pidieron ayuda y su intervención para desterrar de esta
patria al más ilustre de los argentinos, que venía a
reivindicar la política, social y económicamente, y a im-
plantar una verdadera soberanía…”
El 5 de octubre la oposición aprovechó un suceso menor
como la designación de Oscar Nicolini, persona de con-
fianza de Eva, como Director de Correos y Comunicacio-
nes, provocó que los oficiales contrarios a Perón plantea-
ran su preocupación por la influencia de Eva en el go-
bierno, el general Ávalos le planteó a Perón la discon-
formidad de ciertos militares por su relación con Eva y su
incidencia en el nombramiento mencionado.
La ofensiva provocó la renuncia de Perón a los tres car-
gos que ocupaba en el gobierno el 9 de octubre, pero
antes de retirarse, el coronel organizó un acto ante
15.000 trabajadores.
Perón y Eva se trasladaron a una Isla del Tigre hasta
donde llegó una delegación para detenerlo el día 12 y
conducirlo a la Isla Martín García, al ser detenido Eva
lloró y se aferró al brazo del coronel debiendo ser sepa-
rada por un policía.
Eva se refugió en la casa de Pierina Dealessi, quién re-
cordó esos días de la siguiente manera: “Vino a mi casa
a contarme. Temblaba. No sabía si lo habían matado o si
estaba preso. Me dijo que a ella también la habían ame-
nazado. Venía todos los días a dormir. Durante el día,
desaparecía”.
Perón le escribió desde su lugar de detención a su amigo
el teniente coronel Domingo Mercante: “Le encargo mu-
cho a Evita porque la pobrecita tiene los nervios rotos y
me preocupa su salud. En cuanto me den el retiro, me
caso y me voy al diablo”.
Y al día siguiente le escribió a Eva: “Hoy le he escrito a
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Farrel pidiéndole me acelere el retiro, cuando salga nos
casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos.
Por correo te escribo y te mando una carta para entregar
a Mercante…Te encargo que le digas a Mercante que
hable con Farrel para ver si me dejan tranquilo y nos va-
mos a Chubut los dos…Si sale el retiro, nos casamos al
día siguiente y si no sale, yo arreglaré las cosas de otro
modo, pero liquidaremos esta situación de desamparo
que tu tienes ahora”.
Sobre el deseo de Perón de retirarse y dedicarse a la
vida privada hay al menos dos opiniones, en tanto Pigna
señala que lo hizo porque sabía que su carta iba ser in-
terceptada y quería hacer creer a sus captores que esta-
ba dispuesto a retirarse de la política; Norberto Galasso
señala que realmente estaba pensando en su retiro al
menos por un tiempo. Nosotros nos encontramos más
cerca de la segunda opción teniendo en cuenta la incer-
tidumbre de esos días y que nadie pensaba, ni partida-
rios ni opositores, esa imponente manifestación que se
daría pocos días después.
Como ella misma reconoció en reiteradas oportunidades,
esos fueron los peores días de su vida, muchos le dieron
la espalda y otros dejaron salir de sus entrañas todo el
odio que venían acumulando en los últimos tiempos, to-
dos sus contratos radiofónicos fueron cancelados y los
programas levantados.
También fue objeto de una agresión física cuando un
grupo de estudiantes universitarios la descubrieron a
bordo de un taxi cerca de la Facultad de Derecho, así
explicó sus sentimientos en esos días de incertidumbre
en “La razón de mi vida”: “Yo no estuve en la cárcel con
él; pero aquellos ocho días me duelen todavía; y más,
mucho más, que si los hubiese podido pasar en su com-
pañía, compartiendo su angustia…Desde que Perón se
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fue hasta que el pueblo lo reconquistó para él – ¡y para
mí!- mis ideas fueron jornadas de dolor y fiebre”.
Una de las múltiples actividades que Eva desarrolló
cuando Perón llegó a la presidencia fue la de atender a
aquellos peronistas que caían en desgracia, así lo expli-
có: “A todos los recibo también en mi despacho. No son
obreros ni son pobres y no tienen nada que ver en el
movimiento femenino… pero son peronistas en desgra-
cia ¡y eso me basta! Yo siempre recuerdo lo que dice
una de las verdades peronista que más me gusta: „para
un peronista no hay nada mejor que otro peronista‟. Yo le
añadiría una frasecita más y quedaría a mi gusto. Yo
diría: „para un peronista no hay nada mejor otro peronista
y con mayor razón si está en desgracia‟. Muchas veces
he recibido a amigos peronistas que nadie recibía ya: ni
ministros, ni dirigentes del partido, y que incluso no de-
bían ser recibidos por ellos”.
Precisamente las razones para esa decisión se centraba
en que le recordaban esos días en que a ella se le cerra-
ron muchas puertas: “Además, por si les quedara alguna
duda yo me permito pedirles que se acuerden de una
sola cosa: en cada peronista caído yo siento mi desola-
ción de aquel octubre de 1945… cuando todas las puer-
tas se me cerraban. ¡Y todas las almas!”.
Estando Perón detenido su médico personal, el Dr. Ma-
za, utilizó unas viejas radiografías del coronel para con-
vencer a Farrel que Perón necesitaba un traslado urgen-
te al Hospital Militar, en verdad se trataba de un engaño
para que pudiera retornar a la Capital, este traslado ocu-
rrió el 17 por la mañana.
En tanto la oposición reclamaba que el gobierno fuera
entregado a la Corte Suprema de Justicia, mientras todo
el gabinete de Farrel presentó su renuncia, se estaba en
el medio de una crisis política de consideración.
- 34 -
La Confederación General del Trabajo se había reunido
el 16 por la noche y había decretado un paro para el día
18, pero en muchos lugares del país los trabajadores no
estaban dispuestos a esperar, incluso los trabajadores
azucareros de Tucumán estaban de paro desde el día 16
de octubre.
- 35 -
-9-
El 17 de Octubre
- 37 -
a Hipólito Yrigoyen el 6 de septiembre de 1930, decía
ante la movilización del 17: “Grupos aislados que no re-
presentan al auténtico proletariado argentino tratan de
intimidar a la población”.
Una foto ilustraba el artículo mostrando a unas pocas
personas, bajo de la foto decía: “He aquí una de las co-
lumnas que desde esta mañana se pasean por la ciudad
en actitud „revolucionaria‟. Aparte de otros pequeños
desmanes, sólo cometieron atentados contra el buen
gusto y contra la estética ciudadana afeada por su pre-
sencia en nuestras calles”. Efectivamente la oligarquía y
ciertos sectores de clase media imitadores de las postu-
ras de aquella, sentían que la ciudad se “afeaba” con la
aparición del proletariado al que los políticos de los viejos
partidos nunca habían tenido en cuenta y que ahora un
coronel comenzaba a atender en sus históricos recla-
mos.
Eva no tuvo un rol protagónico en esas jornadas, aún no
tenía influencia en el ámbito sindical, Galasso logró re-
componer esos días de Eva, la tarde del 16 en compañía
de su hermano Juan salió con rumbo a San Nicolás de
los Arroyos con el objetivo de reunirse con el abogado
Ramón Subiza que era amigo de Perón.
Por la noche los tres se trasladaron a Junín, en la ma-
drugada del 17 se enteró que Perón se encontraba en el
Hospital Militar entonces decidió retornar a la Capital. No
pudo verlo a Perón pero sí logró hablar por teléfono con
él. Escuchó por radio desde su departamento de la calle
Posadas el discurso de Perón.
En La Historia del Peronismo Eva explicó sus vivencias
en aquellos días: “Confieso que en aquella oportunidad
quizá me interesase más la libertad de un corazón y la
de una vida, que el triunfo de sus grandes ideales. Tan
pronto como empecé a llamar a las puertas de los
- 38 -
pobres, de los humildes, de los desheredados, con-
fieso que allí sí encontré corazones. Por eso hoy pue-
do decir, con gran verdad, que conozco todo el muestra-
rio de corazones del pueblo argentino. Cuando pedí una
audiencia, por ejemplo, a fin de entrevistar a un alto fun-
cionario, me la concedieron…¡pero „para dentro de un
mes‟! De algunas partes, lo confieso, tuve que salir llo-
rando; pero no de amargura, sino de indignación…Por
eso digo siempre que en aquellos días de mi gran sole-
dad conocí todas las gamas del alma humana”.
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El peronismo según Eva
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En el mismo discurso trató de explicitar esa asociación
entre ese movimiento político y los trabajadores, una re-
lación perdurable que supo sortear muchas pruebas:
“…por primera vez en la historia de la Patria, trabajado-
res y gobernantes constituyen una misma cosa; de que,
por primera vez, las altas esferas no están tan altas que
resulten sordas a los clamores de la masa, tanto como
sensibles a los intereses de ciertas minorías, sino que se
realiza el supremo ideal democrático de que se gobierne
para el pueblo, con el pueblo y para el pueblo…”.
Pero ella nunca pudo hablar del peronismo sin referirse
al líder, sin el cual no era posible entender la complejidad
de ese movimiento: “Piensen que en la Casa Rosada
hay un hombre que sueña, lucha y trabaja por la felicidad
de todos los argentinos, para que hasta el último rincón
de la República, en todas sus provincias y territorios, la
patria sea más grande y justa, de modo que no ocurra
como antes, en que se gobernaba no para todo el país
sino para cien familias privilegiadas”.
A pesar que su función dentro del gobierno estaba cen-
trada en la problemática de las mujeres, los trabajadores
y la ayuda social, tenía una visión global de la situación y
nunca dejaba de remarcar aquellos aspectos que tenían
por finalidad la reafirmación de la soberanía nacional. El
17 de octubre de 1948 en el discurso pronunciado en la
Plaza de Mayo dijo: “Ayer nomás, la totalidad de nues-
tros servicios públicos se manejaban desde el exterior y,
como es natural, se buscaban las ventajas y los intere-
ses de sus accionistas sin tomarse en consideración,
como cosa fundamental, las necesidades y los derechos
de los argentinos. Hoy, nuestros servicios públicos, diri-
gidos por argentinos, controlados por argentinos y ejerci-
dos por argentinos, tienen como único objetivo y como
única razón de ser la de servir a los argentinos. Ayer
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nomás, nuestras masas laboriosas, negadas en sus de-
rechos y carentes de justicia social, miraban hacia el
porvenir de sus hijos como se mira hacia una amenaza y
una maldición. Sin leyes sociales, sin seguridad y sin
pan, estaban a merced de una oligarquía y de un capital
que despreciaban la condición humana y sólo tenían ojos
y sensibilidad para sus balances fabulosos. Hoy, dignifi-
cada por salarios justos, capacitada y sostenida por una
legislación social amplia y previsora, la masa trabajadora
argentina ejemplifica el más alto nivel de vida de la histo-
ria actual”.
Nadie como Eva comprendió el significado profundo del
17 de octubre de 1945, en tanto fue la aparición de la
clase trabajadora argentina como protagonista de la his-
toria nacional, en la gran cantidad de discursos pronun-
ciados siempre se hacía un tiempo para recordar esa
fecha: “El 17 de octubre la incomprensión y la antipatria
rondaba y había caído preso el general Perón. Los de-
tractores, los egoístas, no querían que un hombre levan-
tara la bandera de la justicia social, porque con ello les
restaba un poco a sus colosales dividendos, no querían
que un hombre pensara que debía gobernar para todos
los argentinos y no para cien familias privilegiadas; no
querían que un hombre se acercara a los hogares humil-
des de la patria y les dijera que ellos eran tan argentinos
o más que ellos, porque trabajaban y forjaban la grande-
za de la Patria; no querían que un hombre le sacara la
venda al pueblo argentino y le dijera que durante cien
años los habían engañado y habían jugado con ellos y
se habían burlado de sus aspiraciones más íntimas que
pudiera tener un pueblo trabajador”.
En su último 1° de mayo, el de 1952, Eva realizó una
seria advertencia a los enemigos del peronismo que ya
habían intentado en septiembre de 1951 un golpe de
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estado: “Yo les pido a Dios que no permita a esos insen-
satos levantar la mano contra Perón, porque ¡guay de
ese día! Ese día, mi General, yo saldré con el pueblo
trabajador, yo saldré con las mujeres del pueblo, yo sal-
dré con los descamisados de la Patria, para no dejar en
pie ningún ladrillo que no sea peronista. Porque nosotros
no nos vamos a dejar aplastar jamás por la bota oligár-
quica y traidora de los vendepatrias que han explotado a
la clase trabajadora; porque nosotros no nos vamos a
dejar explotar jamás por los que, vendidos por cuatro
monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extranje-
ras y entregan al pueblo de su Patria con la misma tran-
quilidad con que han vendido al país y sus conciencias;
porque nosotros vamos a cuidar de Perón más que si
fuera nuestra vida, porque nosotros cuidamos una causa
que es la causa de la Patria, que es la causa del pueblo,
que es la causa de los ideales que hemos tenido en
nuestros corazones durante tantos años. Hoy, gracias a
Perón, estamos de pie virilmente. Los hombres se sien-
ten más hombres, las mujeres nos sentimos más dignas,
porque dentro de la debilidad de algunos y de la fortaleza
de otros está el espíritu y el corazón de los argentinos
para servir de escudo en defensa de la vida de Perón”.
Para que no quedaran dudas sobre sus intenciones de
devolver golpe por golpe para no dejar envalentonar a
los personeros de la oligarquía que con sus acciones
cotidianas mostraban que no estaban dispuestos a bus-
car soluciones dentro del marco democrático: “Yo quiero
hablar hoy, a pesar de que el General me pide que sea
breve, porque quiero que mi pueblo sepa que estamos
dispuestos a morir por Perón y que sepan los traidores
que ya no vendremos aquí a decirle „Presente‟ a Perón,
como el 28 de septiembre, sino que iremos a hacernos
justicia por nuestras propias manos. Hay mucho dolor
que mitigar; hay que restañar muchas heridas, porque
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todavía hay muchos enfermos y muchos que sufren. Lo
necesitamos, mi General, como el aire, como el sol, co-
mo la vida misma”.
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Casamiento y campaña electoral
- 45 -
estuvieron Eva y los testigos, el que no apareció fue el
novio, el motivo fue que existía información sobre un po-
sible atentado contra la vida de Perón, durante la cam-
paña electoral el coronel fue objeto de dos atentados, así
que la precaución no era descabellada, finalmente el 10
de diciembre, sin previo aviso, se realizó el casamiento
en la misma iglesia.
Luego del 17 de octubre, el gobierno convocó a eleccio-
nes para el 24 de febrero de 1946, la campaña estuvo
plagada de intentos del gobierno norteamericano y sus
aliados internos para evitar que Perón llegara al go-
bierno.
El 22 de noviembre de 1945 el canciller uruguayo Rodrí-
guez Larreta solicitó a las otras naciones latinoamerica-
nas una acción en conjunto en contra del gobierno ar-
gentino. En diciembre un diplomático argentino, Roberto
Levillier, le envió una carta a Braden solicitándole “algo
espectacular y fuerte” como “iniciación de una acción
internacional eficiente” ante el peligro que ellos llamaban
nazifascista.
El 5 enero de 1946 un grupo de intelectuales argentinos
envían una vergonzosa carta a las Naciones Unidas ex-
clamando: “que no es lícito invocar el principio de no in-
tervención contra la solidaridad democrática” y el 9 del
mismo mes la Liga de los Derechos Humanos vinculada
al Partido Comunista pedía la intervención militar de la
ONU en la Argentina.
En plena campaña electoral el Departamento de Estado
norteamericano intervino escandalosamente en la políti-
ca interna publicando el Libro Azul donde acusaba al
gobierno argentino de nazifascista, Perón les contestó
con el libro Azul y Blanco. Perón y Eva recorrieron el país
en un tren cuya locomotora fue bautizada “La descami-
sada”, el 27 de enero la intervención de un obrero ferro-
- 46 -
viario retirando varios cartuchos de dinamita de las vías
impidieron que el tren fuera destruido.
Por su parte la fórmula opositora Tamborini-Mosca reco-
rrió el país con el “Tren de la Libertad”, esta formación
también fue objeto de algunos ataques, de regreso en
Buenos Aires el tren fue recibido por una multitud, un
sector de la manifestación fue atacada a balazos con un
saldo de tres muertos y varios heridos.
En un acto en el Luna Park el dirigente comunista Rodol-
fo Ghioldi saludaba el apoyo del embajador norteameri-
cano: “Un ilustre embajador aliado acaba de ratificar que
los Estados Unidos están dispuestos a ayudar a una Ar-
gentina democrática”.
Prácticamente todos los diarios estaban en contra de la
fórmula peronista, desde varios días antes, anunciaban
el triunfo opositor, decía La Razón: “Mañana votará el
país por la libertad y la democracia”; Clarín fue mucho
más directo “Tamborini” colocando el apellido del dirigen-
te que enfrentó a Perón, Crítica en tanto afirmaba: “Anti-
cípase un aplastante triunfo de la democracia. En todo el
territorio nacional se impuso la fórmula de la libertad”.
Los opositores no dudaban de su triunfo por eso luego
del acto electoral debieron reconocer que fueron las
elecciones más limpias de la historia, en esos tiempos
los cómputos se conocían mucho tiempo después, recién
el 8 de abril se dieron a conocer los resultados, Perón
había obtenido 1.527.231 contra 1.207.155 de la fórmula
radical pero en el colegio electoral Perón tenía una ven-
taja mucho más amplia 304 contra 72. El peronismo ob-
tuvo todas las gobernaciones menos cuatro.
El primer discurso de Eva fue para agradecer el apoyo
de las mujeres en la campaña electoral y realizó la pro-
mesa de bregar por la ley que permitiera votar a las mu-
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jeres, Perón asumió el 4 de junio de 1946 al cumplirse el
tercer aniversario del golpe de estado, el presidente y su
esposa se trasladaron al Palacio Unzué que era la resi-
dencia presidencial.
Durante su presidencia Perón continuó con su costumbre
de levantarse muy temprano, desayunaba y a las 6:30 ya
se encontraba en la Casa Rosada, volvía a la residencia
a las 12 para almorzar. En los primeros años, Eva lo
acompañaba pero luego cuando comenzó a trabajar con
la Fundación apenas si disponía de tiempo para comer,
en otras oportunidades se encontraban en la Casa Ro-
sada para almorzar. Luego Perón dormía una siesta de
una hora y a las 15 o 16 estaba de regreso en la casa de
gobierno. Los viernes por la noche se dirigían a la quinta
de San Vicente regresando el domingo por la tarde.
Eva se levantaba a las 7, desayunaba frugalmente y re-
cibía a Atilio Renzi que era el intendente de lar residencia
presidencia y su principal colaborador en la Fundación,
también era el encargado de llevar su agenda.
Luego Eva atendía gente en la residencia hasta las 9 hs.
cuando se dirigía a la Secretaría de Trabajo y Previsión,
allí la esperaba quien era su secretaria Isabel Ernst que
la ponía al tanto de los asuntos del día y sobre las dele-
gaciones sindicales que debía recibir, atendía hasta las
14 o 15 horas, en algunas oportunidades interrumpía su
labor para almorzar con Perón, a las 17 estaba de regre-
so en la Secretaría para ocuparse de los asuntos de la
Fundación hasta la madrugada, reiteradamente retorna-
ba a la residencia cuando Perón ya se había levantado.
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La Sociedad
de Beneficencia
- 49 -
interrumpidamente para quebrar la espinal dorsal del
país colonial, desarrollando un proyecto soberano que
fue interrumpido por el golpe de 1955.
En este período también se produjo un fuerte desarrollo
de la educación pública, se construyeron gran cantidad
de edificios escolares produciendo un muy significativo
incremento de la matrícula.
Además se estableció la gratuidad de la enseñanza uni-
versitaria permitiendo que muchos hijos de obreros ac-
cedieran a ella, se promovieron carreras vinculadas con
la producción industrial con la creación de la Universidad
Tecnológica Nacional y el Consejo Nacional de Investi-
gaciones Técnicas y Científicas que hoy es el CONICET
Pero a pesar de ese avance espectacular, aquella por-
ción de la población que se encontraba desamparada
por largos años de insensibilidad social no podía esperar
a que las nuevas decisiones pudieran mostrar sus resul-
tados, había necesidades acuciantes y Eva entendió que
de inmediato había que poner manos a la obra.
Hasta la llegada del peronismo al poder, la escasísima
ayuda que llegaba a los sectores más postergados era
producto de la actividad de la Sociedad de Beneficencia
que estaba conformada por damas pudientes que llena-
ban sus horas organizando te canastas, partidas de brid-
ge y otros entretenimientos que permitiera derivar algún
dinero para los pobres.
Una vieja costumbre de esta institución era designar pre-
sidenta honoraria a la esposa del presidente, pero esas
damas de apellidos ilustres consideraban que Eva era
demasiada plebeya para sus actividades aristocráticas
por lo que utilizaron la excusa que era muy joven para
esa designación, a lo que Eva les respondió que enton-
ces podían designar a su madre.
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Felipe Pigna realizó una descripción muy interesante de
esta institución donde los millonarios volcaban una mi-
núscula parte de sus ganancias para intentar posar como
gente sensible a los problemas de los carenciados, pero
la mayoría de los fondos provenía del Estado, en 1935 el
presupuesto era de 12 millones, más de 8 provenían del
Estado, 3 millones de la Lotería Nacional y apenas
384.244 eran donados por particulares.
En 1946 el gobierno intervino la Sociedad de Beneficen-
cia, durante el año anterior en que se había manejado un
presupuesto de 22 millones apenas 342.372 se destina-
ron a beneficencia, en resumen se puso a la vista de to-
dos lo que era un verdadero escándalo. Tiempo des-
pués, por intermedio del Dr. Leloir que era familiar de la
última presidenta de la institución, se acordó efectuar
una reunión entre Eva y las damas que integraban la
última comisión directiva, éstas propusieron como una
forma de apoyar la obra que desarrollaba la esposa del
presidente la realización de una partida de bridge en el
Plaza Hotel, Eva les contestó cerrando la conversación:
“¡Eso no! Han de saber ustedes que en este país se ha
terminado para siempre el tiempo en que el dolor de los
pobres sirve de entretenimiento a los ricos. Buenas tar-
des, señoras”.
En el libro “La Historia del Peronismo” explicó: “Para evi-
tar que se desvirtúe el peronismo hay que combatir los
vicios de la oligarquía con las virtudes del pueblo. Los
vicios de la oligarquía son: en primer término, el egoís-
mo. Podríamos tomar como ejemplo el de las damas de
beneficencia. Hacían caridad, pero una caridad denigran-
te. Para dar, hay que hacerse perdonar el tener que dar.
Es más lindo dar que recibir, cuando se sabe dar, pero
las damas trataban siempre de humillar al que ayuda-
ban”.
- 51 -
En tanto en “La Razón de mi vida” efectuó una fuerte
crítica a la frivolidad e insensibilidad de las mujeres de
las clases altas: “A esa clase de mujeres no se les puede
hablar de nada grande y distinto. El hogar es, para ellas,
lo secundario, el sacrificio de todo eso que es la „vida
social‟ con sus fiestas y sus reuniones, el bridge, el hipó-
dromo, etc. Es como si hubiesen nacido para todas estas
cosas y no para servir de puente a la humanidad… Tam-
poco entienden el dolor de los humildes. Cuando les lle-
ga alguna noticia de ese gran dolor humano, suelen la-
grimear un poco…¡pero el lagrimeo termina en una fiesta
de beneficencia! Esta clase de mujeres sabe, sin embar-
go, en lo íntimo de su corazón, que esa vida que viven
no es real!...¡No es la verdadera vida!”
En ese mismo libro efectuó un cuestionamiento implaca-
ble a las clases acomodadas y la utilización de la limosna
que es más lo que humilla que lo que ayuda al desampa-
rado: “Porque la limosna para mí siempre fue placer de
los ricos: el placer desalmado de excitar el deseo de los
pobres sin dejarlo nunca satisfecho. Y para eso, para
que la limosna fuese aún más miserable y más cruel,
inventaron la beneficencia y así añadieron al placer per-
verso de la limosna el placer de divertirse alegremente
con el pretexto del hambre de los pobres. La limosna y la
beneficencia son para mí ostentación de riqueza y de
poder para humillar a los humildes. Y muchas veces to-
davía, en el colmo de la hipocresía, los ricos y los pode-
rosos decían que eso era caridad porque daban –eso
creían ellos- por amor a Dios. ¡Yo creo que Dios muchas
veces se ha avergonzado de lo que los pobres recibían
en su nombre!”.
Si bien Perón designó a José María Freyre del gremio
del vidrio a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión,
también la nombró a Eva para que asumiera el rol de
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intermediaria entre el gobierno y el gremialismo. Al prin-
cipio se instaló en una oficina de la Dirección de Correos
y Telecomunicaciones que conducía su amigo Oscar
Nicolini, pero luego se trasladó a la Secretaría de Trabajo
y Previsión que estaba ubicada en el edificio que luego
ocupó el Consejo Deliberante de la Ciudad.
Para que la ayudara en ese trabajo de relación con el
Movimiento Obrero convocó a Isabel Ernst que ya había
sido secretaria de Domingo Mercante y que tenía cono-
cimiento del mundo sindical, antes de cada reunión con
gremialistas, Ernst la ponía al tanto de quién era cada
dirigente.
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13
¿Resentimiento
o empatía?
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jugar el papel de rebelde, muy a su pesar. Lo que hizo
ella fue simplemente transformar su fracaso en virtud.
Rechazada por el „establishment‟, no le quedaba otro
camino que ser la compañera incendiaria y transgreso-
ra…”
En realidad Sebrelli había escrito un libro elogioso de
Eva, luego decidió hacer mérito ante el aparato cultural
oligárquico y trató de hacerse perdonar sus pecados de
juventud diciendo que: “Aquella lectura marxista de Evita
que hice en los sesenta era una extravagancia. Yo era
un analfabeto en política”. Estas auto humillaciones son
muy bien recibidas por los personeros de las clases do-
minantes.
Creemos que estos intelectuales perdieron el control
cuando intentaron definir el papel que jugó Eva en la his-
toria nacional, ninguno de ellos pudo ocultar su desprecio
por los sectores populares y lo trasladaron a quién fuera
su abanderada. ¿No habrán sido ellos quienes mostra-
ron una alta cuota de resentimiento contra el ascenso de
sectores históricamente olvidados?.
Tal vez la palabra que mejor explique a Eva y su incan-
sable actividad a favor de los necesitados sea la de em-
patía, adoptando la definición según la cual es la capaci-
dad de un individuo de sentir aquello que otro tiene y, por
tanto, es la posibilidad de compartir su sufrimiento.
Sin duda las dificultades que debió pasar en su infancia
la llevaron a consustanciarse con los problemas de los
más pobres, pero creemos que también jugó un papel
importante en su definición política y social el haber sido
una adolescente que llegó a Buenos Aires a abrirse ca-
mino con muy poco dinero en circunstancias muy difíci-
les y también la incertidumbre por la debió pasar los días
previos al 17 de octubre de 1945 cuando se le cerraron
muchas puertas, todo eso jugó un papel determinante
- 56 -
para que decidiera dedicar su vida a aliviar los padeci-
mientos de los desamparados, los niños, los ancianos,
las mujeres, creemos por lo tanto que bajo ningún con-
cepto esa actitud solidaria pueda calificarse de resenti-
miento.
En febrero de 1947 en un mensaje dirigido a las mujeres
Eva decía: “El drama diario es mi propio drama, puesto
que lo comparto con todos. La alegría cotidiana, o el pro-
blema, son asimismo míos, y nada ni nadie podrá dis-
traerlos de mi lado, para hacer de la compañera Evita
una mujer de sensibilidad sin resonancia, ubicada allá
donde los vaivenes de la suerte del pueblo o no son con-
templados o no llegan jamás”.
En “La razón de mi vida” respondió de manera muy con-
sistente esas acusaciones de resentimiento: “Yo lucho
contra todo privilegio de poder o de dinero. Vale decir
contra toda oligarquía, no porque la oligarquía me haya
tratado mal alguna vez. ¡Por el contrario! Hasta llegar al
lugar que ocupo en el Movimiento Peronista yo no le de-
bía más que „atenciones‟. Incluso algún grupo represen-
tativo de damas oligarcas me invitó a integrar sus altos
círculos. Mi „resentimiento social‟ no me viene de ningún
odio. Sino del amor: del amor por mi pueblo cuyo dolor
ha abierto para siempre las puertas de mi corazón”.
Y tratando de explicar su reacción ante cada acto de in-
justicia social que la llevaba a actuar casi como una
compulsión que no podía reprimir: “Creo que así como
algunas personas tienen una especial disposición del
espíritu para sentir la belleza como no la sienten todos,
más intensamente que los demás, y son por eso poetas
o pintores o músicos, yo tengo, y ha nacido conmigo,
una particular disposición del espíritu que me hace sentir
la injusticia de manera especial, con una rara y dolorosa
intensidad”.
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Casi al final de La Historia del Peronismo exclamaba,
burlándose de las críticas que recibía: “¡Benditas todas la
resentidas sociales que se dieran a la tarea de trabajar
para construir una humanidad más feliz y llevar un poco
más de felicidad a todos los hogares de la Patria!”.
Una de sus misiones consistió en reparar injusticias, que
no tenían ninguna relación con la “beneficencia” de la
oligarquía por eso no correspondía recibir el agradeci-
miento, más bien había que pedir disculpas por tantos
años de insensibilidad ante el padecimiento de los humil-
des: “…nosotros pensamos que debemos hacernos per-
donar el que tengamos que dar a los ciudadanos argen-
tinos”.
Si repetimos algunos de sus escritos o discursos es por-
que sus palabras siempre estaban asociadas a un accio-
nar que ella llenó de pasión, en estos párrafos están ex-
plicadas las razones de una actividad desbordante que
parecía que nunca iba a reposar.
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14
El viaje a España
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un crédito de 400 millones de dólares pagaderos a cua-
tro años y también le aseguró a Franco la provisión de
trigo hasta 1951.
Como muy bien señala Felipe Pigna, la Argentina podía
haber esperado algún tipo de reciprocidad en la crisis del
2001, pero José María Aznar le dio la espalda, incluso
cerró la posibilidad a algunos argentinos que acudieron a
buscar refugio en España. Nosotros agregamos que esto
no impide que periódicamente Aznar sea recibido en
nuestro país como un héroe por los políticos argentinos
de la derecha.
Ambos países habían sido neutrales en el conflicto mun-
dial, aunque por razones muy diferentes, porque el fran-
quismo estaba en deuda con las potencias fascistas que
lo habían ayudado a destruir la República Española. Las
razones argentinas para no aislar a España era que po-
día ser el próximo país en ser castigado por los imperia-
lismos triunfantes en la guerra.
Ante la actitud amistosa de nuestro país, Franco cursó
una invitación para que Perón visitara España, el canci-
ller Bramuglia estimó que no era conveniente que el pre-
sidente hiciera la visita, por lo que Perón decidió que fue-
ra Eva su representante, Franco prometió darle una re-
cepción propia de un jefe de estado.
Para que la gira no se limitara a España se buscaron
otros destinos, que en definitiva fueron Portugal, Italia,
Francia y Suiza. Se le encargó al padre Hernán Benítez
que se encontraba en España que gestionara una entre-
vista de Eva con el Papa Pio XII.
El 5 de junio de 1947 se realizó un acto de despedida
organizado por la CGT, los cálculos de la concurrencia
variaron entre 100.000 y 500.000, ese día un grupo anti-
peronista interfirió la señal de Radio Belgrano difundien-
- 60 -
do una proclama donde acusaban de traidor a Perón. En
tanto las mujeres socialistas difundieron un comunicado
indicando que no se sentían representadas por Eva Pe-
rón y lamentaban que fuera recibida en un país como
Francia que tenía a socialistas en el gobierno.
La comitiva que la acompañó estaba formada Lilian La-
gomarsino de Guardo, Juan Duarte, el empresario y
amigo de Perón, Alberto Dodero, y Emilio Abras, encar-
gado de la relación con la prensa.
300.000 españoles recibieron a Eva Perón, en la recep-
ción fue condecorada por el gobierno y se dirigió al públi-
co hablando de los derechos laborales y de las mujeres,
poniendo en apuros en esta oportunidad y en muchas
otras a los funcionarios del gobierno reaccionario que
tenía una política muy distinta al peronismo.
Eva salteó el protocolo reiteradamente, realizó varias
visitas a los barrios más humildes, cada vez que era re-
conocida se multiplicaban las muestras de afecto. Fue
llevada a ver una corrida de toros y no disimuló su des-
agrado calificándolo de un acto de barbarie. Permaneció
en el país ibérico por tres semanas recorriendo varias
ciudades.
Tuvo un pequeño incidente con la esposa de Franco por
la tendencia de ésta de calificar de “rojos” a los pobres,
Eva soportó que varias veces utilizara ese calificativo
hasta que no aguantó más y le recordó que su esposo
no era un gobernante elegido por el pueblo sino producto
de una victoria militar, en cambio Perón ganó en eleccio-
nes limpias y gobernaba pensando en los necesitados.
Recordando el suceso dijo que: “A la gorda no le gustó
nada” pero la española siguió explicándole que los curas
podían dar fe de los actos de los „rojos‟ a lo que Eva res-
pondió: “Señora, cuando se fomentan guerras hay que
- 61 -
aguantar los resultados. El general Franco gobierna tras
la guerra y es fácil tildar con colores a sus participantes.
Nuestros obispos se ocupan de cosas argentinas”.
El resultado de la discusión fue que: “Desde ese día ca-
da vez que podía eludir un compromiso de acompañar-
me, lo hacía. Claro que yo, cada vez que pasábamos
frente a un palacio comentaba: „Qué hermoso hospital se
podría poner aquí para el pueblo‟, porque los hospitales
eran una ruina y la pobre gente tenía que atenderse en
ellos porque no tenían otra cosa”.
El 10 de junio envía un Mensaje al pueblo argentino des-
de España donde decía: “Yo hubiese gustado que todos
ustedes hubiesen estado junto a mí en el grandioso acto
de adhesión a la causa argentina, que ha sido el recibi-
miento popular de este hermoso Madrid. Este delirio
desbordante que hemos recibido prueba ante Uds. y an-
te nuestro General, de manera definitiva, que España se
ha hecho eco de nuestra revolución y de nuestras soste-
nidas conquistas por el derecho del más débil, del más
explotado, del más necesitado”.
También intervino para salvarle la vida a una militante
comunista condenada a la pena de muerte por el go-
bierno español, se trataba de Juana Doña Jiménez co-
nocida como la Segunda Pasionaria que llegó a integrar
el Comité Central del Partido Comunista Español. En
1947 había sido condenada al ser acusada de haber fa-
bricado un artefacto explosivo colocado frente a la emba-
jada Argentina para repudiar el apoyo de Perón a Espa-
ña que era interpretada por la izquierda como un apoyo a
Franco.
Cincuenta años después del suceso Jiménez lo recorda-
ba de la siguiente manera: “Quién le escribió a Evita fue
mi hijo Alexis. Yo ya estaba condenada, presa en Ma-
drid, con visitas restringidas. A mi hermana se le ocurrió
- 62 -
que el niño escribiera un cablegrama a Eva pidiéndole
por mi vida…Empezaba así: „Señora Eva Perón, por fa-
vor, a mí me han fusilado a mi padre y ahora van a fusilar
a mi madre‟ Él mismo lo escribió con su letra… Un día de
agosto un funcionario me avisa: le traigo una alegría, la
han conmutado…Evita se lo pidió a Franco y Franco no
le pudo decir que no… No tuvimos relación. Ni le di las
gracias. Quedamos en paz. Para mí fue la vida… Me
habían trasladado a la cárcel de castigo de Guadalajara.
Allí me enteré, con atraso, de la noticia de su muerte…
Admito que entonces me hubiera gustado enviar un tele-
grama al menos. Al fin y al cabo, yo vivía por ella”.
Franco aceptó la petición de Eva y la pena de muerte fue
conmutada por 18 años de prisión, además fue la última
mujer condenada a muerte en España, Jiménez salió en
libertad en 1962 y continuó militando en el comunismo,
falleció en septiembre de 2003. Eva también visitó Sevi-
lla, Vigo y Barcelona en todas las ciudades se reunieron
multitudes para ovacionarla, en la última de las mencio-
nadas en una concentración efectuada el 25 de junio le
dijo a Franco al oído: “¿Quiere un consejo? Cuando ne-
cesite reunir una multitud como ésta, mándeme llamar”.
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15
La continuación de la gira
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por 500.000 francos al primer ministro francés. El Palacio
de Versalles que se encontraba cerrado por reparacio-
nes fue abierto especialmente para que Eva pudiera visi-
tarlo.
En su visita a la Catedral de Notre Dame fue recibida por
monseñor Angelo Roncalli que luego sería el Papa Juan
XXIII, de la entrevista participó Hernán Benítez que es-
cuchó que Roncalli le dijo a Eva: “Siga, Señora, en su
lucha por los pobres. Pero no olvide que esa lucha,
cuando se emprende de veras, termina en la cruz…”.
Posiblemente estas palabras hayan repercutido reitera-
damente en la cabeza de Eva, su decisión de ayudar a
los desamparados la asumió como una tarea que efec-
tuaba con una pasión y con un espíritu de sacrifico en el
cual estaba dispuesta a entregar trozos de su vida.
Luego de Francia su destino fue Suiza, en esa visita se
tejió el mito que estuvo rondando en mentes contrarias al
peronismo, por el cual se decía que Eva habría abierto
una cuenta secreta en un banco suizo, sin embargo Li-
liana Lagomarsino que fue acompañante permanente de
Eva desmintió que en algún momento de su estadía se
hubiera dirigido a un banco.
En tanto el historiador Joseph Page indicó que esta visita
a Suiza realizada por invitación del gobierno de ese país,
no contaba con ninguna planificación previa. En este
país también un grupo del Partido Comunista protestó
contra la visitante argentina.
En un diario suizo apareció un artículo donde se decía:
“El encanto de Eva Perón radica más bien en una amplia
benevolencia que atrae hacia sí las fuerzas buenas. Por
eso no es una mera frase el que ella diga que viene co-
mo Embajadora de la Paz y de la voluntad de auxilio”.
El regreso de la delegación se efectuó por barco con una
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escala en Brasil, el 17 de agosto de 1947 arribó a Río de
Janeiro, ciudad donde Eva quedó conmovida por la si-
tuación social imperante en las favelas.
Eva participó en la Conferencia Interamericana para el
Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente,
en la reunión se firmó el Tratado Interamericano de Asis-
tencia Recíproca (TIAR), tratado que Argentina intentó se
cumpliera la Guerra de las Malvinas en 1982, cuando los
Estados Unidos apoyó a Inglaterra en vez de hacerlo con
nuestro país como lo obligaba ese tratado.
La recepción a Eva en Brasil fue espectacular, al punto
que concentró toda la atención de la Conferencia opa-
cando la presencia del Secretario de Estado norteameri-
cano George Marshall, el mismo que dio nombre al Plan
para Europa en la postguerra.
A continuación permaneció un día en Montevideo, lle-
gando a Buenos Aires el 23 de agosto siendo recibida
por una multitud y por su esposo, a cuyos brazos se arro-
jó llorando.
Realizó un discurso donde efectuó una descripción de la
profunda crisis europea: “He recorrido la vieja Europa y
he visto desolación, hambre, miseria, angustia, y vuelvo
con la certidumbre de que es inútil cerrar los ojos a la
realidad y dejar que la oligarquía y el capitalismo nos
sigan atacando. Yo he llevado un mensaje de paz de
nuestro pueblo, pero es inútil hablar de paz mientras con-
tinúen las odiosas diferencias sociales, mientras no haya
paz en los corazones y los espíritus. No se puede hablar
de paz y decir que los pueblos son soberanos mientras
los hombres sean solamente mano de obra en la paz y
carne de cañón en la guerra”.
También contrastaba las críticas recibidas con los logros
del gobierno peronista: “El capitalismo materialista y la
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oligarquía me han seguido al Viejo Mundo tratando de
difamarme, de que me detuviera y regresara a la patria;
pero yo llevaba la plenipotencia de mis obreros y el espí-
ritu de este movimiento peronista, que es orgullo del
mundo, por lo cual no podía detenerme, ni la infamia, ni
la intriga, ni la calumnia, porque nuestro movimiento ha
de triunfar aun fuera de nuestras fronteras”.
Emilio José Abras que formó parte de la delegación ex-
presó: “La gira de Eva Perón por Europa fue triunfal….
Me quedé asombrado por la forma en que ella se
desempeñó: parecía que siempre hubiera vivido allá. En
París los franceses se quedaron deslumbrados por su
presencia, su belleza y simpatía. En Suiza e Italia fueron
más indiferentes, pero jamás dejaron de apreciarla. En
España la recibieron como una reina… Cuando visitó el
museo de Villa Borghese, el canciller italiano ante la vista
de obras de Rafael, Tizzinao, Boticelli, le preguntó:
- Aquí vivió la hermana de Napoleón. ¿Se siente emo-
cionada. Señora de Perón, ante tanta obra de arte?
- De ninguna manera –replicó Eva-, simplemente me
siento maravillada. A mí lo único que me emociona es el
pueblo”.
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El voto femenino
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consciente, al no aceptar dócilmente ni siquiera la idea
del voto por decreto, del voto recibido de manos del go-
bierno de facto, ha votado por primera vez en la vida po-
lítica argentina”.
Alicia Moreau de Justo del socialismo y con una larga
lucha por el voto de la mujer expresó: “Las mujeres te-
nían iguales defectos electorales que los varones y el
peor de ellos era la predisposición al caudillismo y a la
corrupción electoral”.
El 30 de agosto de 1947 Eva envió una carta al Diario
Democracia alentando la aprobación del voto femenino,
donde les decía a las mujeres: “No hay victoria sin lucha,
mis queridas amigas. Si queremos triunfar debemos unir
nuestros esfuerzos, sin excepciones, sin apatías, sin cla-
ros en las filas. Porque no queremos los derechos políti-
cos como un regalo sino como una conquista”.
Cuando se trató el proyecto varios legisladores se mani-
festaron en contra considerando que las mujeres des-
atenderían sus “obligaciones” matrimoniales y hogare-
ñas. Al regresar del viaje, la Ley no había sido aprobada
por lo que se reunió con los legisladores peronistas de
ambas Cámaras, tras lo cual la ley se aprobó el 9 de
septiembre de 1947, siendo promulgada por el Poder
Ejecutivo el 23 del mismo mes con una gran concentra-
ción en Plaza de Mayo convocada por la CGT, se le en-
tregó a Eva el decreto de promulgación en reconocimien-
to a su lucha, ese día realizó su primer discurso desde
los balcones de la Casa Rosada.
En esa oportunidad realizó una exposición vibrante don-
de dijo: “Recibo en este instante, de manos del Gobierno
de la Nación, la ley que consagra nuestros derechos cí-
vicos. Y la recibo, ante vosotras, con la certeza de que lo
hago en nombre y representación de todas las mujeres
argentinas. Sintiendo, jubilosamente, que me tiemblan
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las manos al contacto del laurel que proclama la victoria.
Aquí está, hermanas, resumida en la letra apretada de
pocos artículos una larga historia de lucha, tropiezos y
esperanzas. Por eso hay en ella crispaciones de indig-
nación, sombras de ocasos amenazadores, pero también
alegre despertar de auroras triunfales…”.
En la primera elección donde votaron las mujeres se eli-
gieron 6 senadoras y 15 diputadas, todas ellas del parti-
do peronista, el radicalismo y el conservadorismo no pre-
sentaron candidatas para mostrar su oposición al pero-
nismo. Esto permite dar una idea del carácter de la opo-
sición que negaba aún las medidas de neto corte progre-
sista evidenciando que su único interés era obstruir la
gestión del oficialismo y no mejorar la situación de los
argentinos.
Eva también jugó un rol significativo en las elecciones
para elegir a los constituyentes de la Convención de
1949, escribió varios artículos que luego se recopilaron y
editaron en un folleto que se tituló “Por qué soy peronis-
ta”.
La Constitución de 1949 estableció los derechos del tra-
bajador, de la familia, la ancianidad, a la educación y la
cultura. El artículo 40 determinaba la nacionalización de
los servicios públicos, los recursos naturales, y el comer-
cio exterior, en el artículo 78 se posibilitaba la reelección
de Perón.
En julio de 1949 se lanzó el Partido Peronista Femenino
con un Congreso en el Teatro Nacional Cervantes, en
dicho encuentro Eva fue designada presidenta del parti-
do.
Dio posiblemente su discurso más largo abarcando una
gran cantidad de temas, de los cuales apenas aborda-
remos unos pocos, por supuesto que la situación de la
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mujer fue uno de los principales: “La mujer fue doble-
mente víctima de todas las injusticias. En el hogar sufría
más que los suyos, porque toda la miseria, toda la de-
solación, los sacrificios los monopolizaba ella para evi-
társelos a sus hijos. Llevada a la fábrica, sufrió toda la
prepotencia patronal. Atormentada por el sufrimiento,
abatida por las necesidades, aturdida por las jornadas
agotadoras y rendida en las escasas horas destinadas al
reposo de sus quehaceres del hogar, nuestras compañe-
ras de entonces –que son nuestras compañeras de hoy,
aunque avergüence recordarlo, en infinidad de países
del mundo- no encontraron otra puerta en su vida que la
resignación frente al „acumular cada días más‟ de los
insensibles y bastardos expoliadores del capitalismo. Y
como si fuera poco, el destino le deparaba un sufrimiento
más. Descubierta finalmente por el industrial como fuerza
de trabajo que se puede pagar menos, transforma la mu-
jer laboriosa en competidora de su propio hermano tra-
bajador, realizando, por imposición de las circunstancias
y las necesidades de llevar el sustento al hogar, los mis-
mos trabajos pero con un salario menor”.
También explicó que de ninguna manera podía interpre-
tarse el lanzamiento del Partido Femenino como una ac-
ción divisoria, expresando indubitablemente la lealtad
absoluta al liderazgo de Perón: “El movimiento femenino
peronista sólo puede aspirar al honor de ponerse a las
órdenes del Líder y luchar hasta el último aliento por su
obra y por él. Sólo así seremos dignas del genial conduc-
tor de la argentinidad, admirable arquitecto que está tra-
zando con sus desvelos las líneas maestras de un gran-
dioso porvenir, para nosotros, para nuestros hijos y para
todos los hombres de buena voluntad que quieran habi-
tar y fertilizar con su trabajo el suelo argentino”.
Desarrolló la cuestión de la confrontación de Perón con
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la oligarquía: “Y si por un lado fue dibujando ante los ojos
de la masa la proporción de su personalidad de Líder
único e indiscutido de los trabajadores de la Patria, por el
otro lado atrajo hacia sí los odios irracionales de todos
los privilegiados y polarizó la conspiración de todos los
explotadores que veían en él, y no se equivocaban, al
enemigo fundamental del atraso político, económico y
social en que vegetaba la Nación”.
Y hasta se permitió cuestionar al liberalismo económico:
“El planteo de los embates entre los valores de la fe y la
esperanza y los excesos del egoísmo nos lleva a la con-
clusión de que los grandes males que amenazan al
hombre actual coinciden en sus orígenes con el naci-
miento del liberalismo, que a pesar de las bondades que
tantos pensadores de bien le reconocen, mantiene vicios
de sistema que no están de acuerdo con los derechos de
la sociedad, que no puede resultar, a pretexto de liber-
tad, encadenada al libertinaje y a los privilegios económi-
cos de minorías explotadoras”.
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17
El rol de la mujer
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Se constituyó en una de las pocas voces que denuncia-
ban los padecimientos de las mujeres en el seno de la
familia patriarcal incursionando en temas que se creían
del ámbito privado donde el Estado no debía intervenir ni
opinar: “La madre de familia está al margen de todas las
previsiones. Es el único trabajador del mundo que no
conoce salario, ni garantía de respeto, ni límite de jorna-
das, ni domingo, ni vacaciones, ni descanso alguno, ni
indemnización por despido, ni huelgas de ninguna cla-
se…. Todo eso – así lo hemos aprendido desde „chicas‟-
pertenece a la esfera del amor… ¡y lo malo es que el
amor muchas veces desaparece pronto en el hogar…y
entonces, todo pasa a ser „trabajo forzado‟… obligacio-
nes sin ningún derecho….! ¡Servicio gratuito a cambio de
dolor y sacrificios! Yo no digo que siempre sea así. No
tendría yo derecho a decir nada, desde que mi hogar es
feliz… si no viera todos los días el dolor de tantas muje-
res que viven así… sin ningún horizonte, sin ningún de-
recho, sin ninguna esperanza. Por eso cada día hay me-
nos mujeres para formar hogares”.
Se adelantó a su época al proponer el salario para el
ama de casa y la asignación universal por hijo: “Nacimos
para constituir hogares. No para la calle. La solución nos
la está indicando el sentido común. ¡Tenemos que tener
en el hogar lo que salimos a buscar en la calle: nuestra
pequeña independencia económica…que nos libere de
llegar a ser pobres mujeres sin ningún horizonte, sin nin-
gún derecho y sin ninguna esperanza!”.
Proponiendo concretamente: “Pienso que habría que
empezar por señalar para cada mujer que se casa una
asignación mensual desde el día de su matrimonio. En
sueldo que pague a las madres toda la nación y que pro-
venga de los ingresos de todos los que trabajan en el
país, incluidas las mujeres. Nadie dirá que no es justo
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que paguemos un trabajo que, aunque no se vea, requie-
re cada día el esfuerzo de millones y millones de mujeres
cuyo tiempo, cuya vida se gasta en esa monótona pero
pesada tarea de limpiar la casa, cuidar la ropa, servir la
mesa, criar los hijos…, etc. Aquella asignación podría ser
inicialmente la mitad del salario medio nacional y así la
mujer ama de casa, señora del hogar, tendría un ingreso
propio, ajeno, a la voluntad del hombre. Luego podrían
añadirse a ese sueldo básico los aumentos por cada hijo,
mejoras en caso de viudez, pérdida por ingreso a las filas
del trabajo, en una palabra todas la modalidades que se
consideren útiles a fin de que no se desvirtúen los propó-
sitos iniciales”.
Defender los derechos de las mujeres tal vez haya sido
la primera misión que ella se impuso, luego Perón le fue
asignando otras funciones que cumplió con una inclaudi-
cable decisión, en un discurso realizado el 27 de enero
de 1947 Eva afirmó: “Por eso estoy con vosotras. Por
eso seguiré junto al que sufre, al que espera, al que des-
fallece, al que solicita, al que sucumbe. Por eso, compa-
ñeras, mi acción social irá ensanchándose, en la medida
que se ensanchan las heridas y las necesidades de ese
noble y cálido pueblo, de cuyo seno he salido…Todo lo
hemos supeditado, repito, al fin último y maravilloso de
„Servir‟. Servir a los descamisados, a los débiles, a los
olvidados, que es servir – precisamente- a aquellos cuyo
hogar conoció el apremio, la impotencia y la amargura”.
Aún cuando creyera que el lugar de la mujer fuera su
hogar, su vida fue un ejemplo magnífico de lo inmenso
que puede ser el aporte de la mujer cuando se dedica a
mejorar la situación de sus semejantes.
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La Fundación
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hora de la entrevista.
El poeta José María Castiñeira de Dios que fue testigo
de esas audiencias relató: “En aquella habitación había
seres humanos con ropas sucias y que olían muy mal.
Evita tocaba con sus dedos sus heridas supurantes por-
que era capaz de ver el dolor de toda esa gente y sentirlo
ella misma. Podía tocar las cosas más terribles con una
actitud cristiana que me sorprendió, besando y dejándo-
se besar. Había allí una muchacha, con su labio medio
comido por la sífilis y cuando ví que Evita estaba a punto
de besarla e intenté detenerla, me dijo: ¿Sabe usted lo
que significará para ella que yo la bese?”.
Castiñeira continuaba explicando que: “Cuando la obser-
vé durante unos cuantos días, me dijo ¿Cómo está us-
ted, oligarca, empieza ya a entender como sufre la gen-
te?... No podía sino amarla tras haberla visto trabajar,
como si ella pensara que yo no era digno de contemplar
todo lo que ocurría en aquella sala. Incluso cuando ya
había estado allí durante tres meses, no me sentía con
méritos suficientes para lavar los pies de aquella gente…
Yo tenía una percepción literaria de la gente y los po-
bres. Y ella me había dado la percepción cristiana, per-
mitiéndome ser cristiano en el sentido más profundo”.
En 1948 se construyeron tres Hogares de Tránsito que
tenía la finalidad de contener a personas sin vivienda,
estas instituciones albergaban a madres solteras, ancia-
nos, inválidos o personas enfermas que debían realizar-
se tratamientos en Buenos Aires y que provenían del
Interior.
Ese mismo año se inauguró en Burzaco el primer Hogar
de Ancianos Coronel Perón, también se abrieron otros
en Córdoba, Santa Fe y Tucumán.
En 1949 se inauguró la Casa de la Empleada General
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San Martín ubicada en Av. De Mayo 869, su objetivo era
recibir a las mujeres del Interior que llegaban a la Capital
para trabajar.
Para los niños se crearon Hogares Escuelas a los que
concurrían chicos de familias muy pobres, se inaugura-
ron 17 edificios en todo el país, en tanto en julio de 1949
se inauguró la Ciudad Infantil que ocupaba dos manza-
nas en el Barrio de Belgrano y en 1951 la Ciudad Estu-
diantil que abarcaba cuatro manzanas.
Se comenzaron a otorgar pensiones a la vejez, a cons-
truir barrios obreros, la república de los Niños en Gonnet,
policlínicos a lo largo del país, un tren sanitario que reco-
rría el país durante cuatro meses al año ofreciendo aten-
ción médica, colonias de vacaciones que permitió que
gran cantidad de argentinos conociera por primera vez lo
que era tener vacaciones, se efectuaron campañas de
vacunación y reparto de ropa, juguetes y alimentos.
Los campeonatos infantiles Evita también fueron una
iniciativa de la Fundación, los mismos cumplieron una
función sanitaria fundamental. Para que pudieran partici-
par los chicos debían realizarse radiografías y una revi-
sión médica y odontológica, además se actuaba de in-
mediato en caso de detectarse casos de desnutrición o
de enfermedad.
Otra obra de la Fundación de mucha importancia fue la
creación de la Escuela de Enfermeras el 3 de septiembre
de 1950 donde se recibían 1300 por año para paliar la
carencia de profesionales en esa actividad. A la Ciudad
Infantil se le puso el nombre de Amanda Allen que fue
una enfermera que murió en un accidente aéreo al re-
gresar de una campaña solidaria en Ecuador.
En ese período hubo avances sanitarios espectaculares
por el accionar conjunto de la Fundación y el Ministerio
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de Salud a cargo de Ramón Carrillo un auténtico bene-
factor del pueblo argentino, muy especialmente de la
niñez.
La Fundación se permitió enviar en enero de 1949 ropa
de invierno y zapatos para 600 chicos de los barrios de
población negra de Washington en los Estados Unidos,
esa ayuda fue gestionada por un reverendo de una Insti-
tución que protegía a los niños negros de esa ciudad.
Pero también se realizaron envíos solidarios a 80 países
incluyendo naciones europeas desvastadas por la gue-
rra, pequeños países africanos y a casi todas las nacio-
nes latinoamericanas.
La oposición criticaba duramente la actividad de la Fun-
dación porque decían que no había control sobre los
fondos, sin embargo Eva se había encargado de configu-
rar una organización con gran cantidad de personas que
se dedicaban a analizar cada uno de los pedidos y verifi-
car que en verdad se tratara de personas carenciadas.
Atilio Renzi quién actuó en la Fundación testimonió que:
“Si Evita se enteraba que alguien metía „la mano en la
lata‟ lo mandaba vigilar, hasta que le daba por la cabeza.
Cuando eso ocurría, le cerraba las puertas al desdicha-
do. Jamás perdonaba a nadie. La prensa nunca se ente-
ró de esos procedimientos porque desprestigiarían al
movimiento peronista”.
En la Navidad de 1947 la Fundación repartió cinco millo-
nes de juguetes, se estimó que para mayo de 1948 esta
institución recibía unas 12.000 cartas diarias.
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Para los pobres lo mejor
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Eva también fue amiga de Enrique Santos Discépolo que
ya cultivaba una amistad con Perón a quién conoció en
Chile a mediado de los años treinta, junto a Tania la
compañera de Discépolo, festejaban los años nuevos en
la residencia presidencial.
Eva atendía largas horas en la Fundación no dejando
ningún detalle librado al azar, se ocupaba que aquellos
que la iban a visitar tuvieran el dinero suficiente para re-
gresar a sus hogares, en otras oportunidades disponía
de los coches oficiales o de los funcionarios para que los
llevaran de regreso, esto provocaba que en algunas oca-
siones no tuviera un vehículo disponible para retornar a
la residencia.
Así relató en “La razón de mi vida” su actividad en la
Fundación: “Termino siempre tarde mi trabajo en estos
días de ayuda social. Muchas veces ya no circulan sub-
terráneos, ni trenes, ni ciertas líneas de tranvías o de
ómnibus. Entonces las familias que he atendido y que
viven lejos de la Secretaría tendrían serios inconvenien-
tes para retirarse a sus domicilios si no contase yo con
los coches de mis ayudantes”.
Seguía explicando que: “Lo gracioso es que a veces se
terminan todos los coches y entonces deben utilizar tam-
bién el mío y más de una vez he tenido que tomar un
taxímetro para volver a la Residencia. No vaya a creerse
que esto me resulta un gran sacrificio. No. Creo que lo
hago con cierto espíritu de aventura que llevo en el alma.
Me encanta ver la sorpresa del taximetrista cuando me
reconoce. Si es peronista se alegra mucho. Y si no los es
– (bueno, creo que esto nunca me ha pasado)-, por lo
menos, no podrá decir que es mentira eso de que trabajo
hasta tan tarde”.
Preocuparse por los más mínimos detalles era una de-
mostración que todo lo que hacía se basaba en un sen-
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timiento profundo, no había en esa actitud ningún tipo de
especulación: “Los niños en mis hogares no usan ningu-
na clase de uniformes… No he querido que los pibes de
los hogares se aíslen del mundo. Por eso los chicos van
a las escuelas oficiales, como todos los demás; y mez-
clados con los niños que tienen padres, y hogar, nadie
podrá ya distinguirlos. ¡A no ser que se los distinga por
estar mejor vestidos y alimentados que los otros!”.
Contó las dificultades que al comienzo tuvo que afrontar
porque algunos colaboradores no entendían cual el obje-
tivo de su obra: “Sobre todo al principio me costaba ha-
cerles entender que los hogares de la Fundación no eran
asilos… que los Hospitales no eran antesalas de la
muerte sino antesalas de la vida… que las viviendas no
debían ser lugares para dormir sino para vivir alegremen-
te”.
En el primer congreso de Medicina de Trabajo efectuado
el 5 de diciembre de de 1949 explicaba: “En los hospita-
les de la Fundación, ya metropolitanos como rurales, se
ha tratado de hacer desaparecer el aspecto de hospital,
suprimiendo todo aquello que traduzca pesimismo y
desgracia. Demasiada desgracia tiene el ciudadano y
demasiada tristeza también al caer enfermo para que le
presenten un camastro blanco rodeado de paredes frías.
La Fundación ha de alegrar los institutos de asistencia
para poner en ellos un sello de humanidad y de alegría
que ahora les falta”.
Miembros de las clases altas y medias se irritaban por-
que Eva no reparaba en gastos para brindar algún bie-
nestar a los olvidados de siempre: “Porque yo pretendo,
al menos, que ningún hijo de oligarca, aun cuando vaya
al mejor colegio y pague lo que pague, sea atendido ni
con más cariño que los hijos de nuestros obreros en los
hogares escuelas de la Fundación… Por eso, también,
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ningún oligarca, por más dinero que pague, podrá ser
mejor atendido en ningún sanatorio del país, ni tendrá
más comodidad ni más cariño que los enfermos del Poli-
clínico de la Fundación”.
Así lo decía taxativamente: “...la Fundación tiene algo de
profundo sentido de reparación de la injusticia. Por eso
yo no tengo ningún escrúpulo en hacer las obras que
construye la Fundación, inclusive con lujo”.
Les gustara o no ella tenía un argumento irrebatible: “La
razón de mi actitud es muy sencilla: ¡Hay que reparar un
siglo de injusticia!”.
Al inaugurar un Hogar de Tránsito el 19 de junio de 1948
explicaba “Hemos puesto tanto entusiasmo y cariño en
construir este hogar como si se tratara del nuestro, como
si nosotros fuéramos a vivir en él”. Precisamente por esto
es que mencionamos la palabra empatía en un capítulo
anterior.
Otro aspecto central de la obra era que no se limitaba a
la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, tenía un claro
sentido federal que llegaba a todos los rincones del país:
“En otras épocas se creaban institutos en la Capital fede-
ral, mal organizados, mal administrados y sin ningún cri-
terio de humanidad; hoy, la Ayuda Social extiende tam-
bién su beneficio al norte argentino, instalando hogares
en Catamarca, La Rioja, Corrientes, Jujuy, Santiago del
Estero y Tucumán”.
Una de las personas que cumplió una función fundamen-
tal en la Fundación fue Atilio Renzi a quién Hernán Bení-
tez definió de la siguiente manera: “Renzi es el hombre
más meritorio del peronismo de cuantos conozco. Vive
en noble pobreza. Por sus manos pasaron miles de con-
cesiones de autos, a precio de lista o inmunes de im-
puestos arancelarios. Y el hombre honrado a carta cabal
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jamás se ensució con prebendas, ni lo sedujeron los
cohechos. Rara avis. Si algún día, la hoy avenida 9 de
julio cambiara su nombre por Atilio Renzi, se honraría
más ella que él”.
La Ciudad Infantil semejaba a una ciudad en miniatura
que albergaba entre 100 y 300 chicos de ambos sexos
provenientes de hogares carenciados o en situación de
abandono. En su inauguración el 14 de julio de 1949 Eva
dijo: “Inauguramos hoy una Ciudad Infantil que simboliza,
ante el país y ante el mundo, el inmenso caudal de ternu-
ra que hay en el espíritu de esta nueva Argentina, por las
generaciones que han de seguirnos en el noble empeño
de multiplicar la felicidad del pueblo y consolidar la gran-
deza de la Nación. Dije en cierta oportunidad que el país
que olvida a sus niños renuncia a su porvenir, y la Ciu-
dad Infantil que abre hoy sus puertas a la esperanza de
la niñez económicamente menos favorecida de la Patria,
proclama hacia los cuatro puntos cardinales que noso-
tros no olvidamos a la niñez, no renunciamos a nuestro
porvenir…” Eva puso particular atención en la protección
de las madres solteras, se crearon hogares de tránsito
para mujeres solas con hijos, a las que se las albergaba
hasta que consiguieran un trabajo y vivienda o hasta que
se recuperaran de una enfermedad. El Hogar de Tránsito
Número 2 ubicado en Lafinur 2988 en el barrio porteño
de Palermo fue uno de los pocos edificios que no fueron
destruidos por la reacción gorila, actualmente funciona el
Museo Eva Perón.
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Sensibilidad social
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nera con los poderosos, y eso la oligarquía nunca se lo
perdonó. Eva no aceptaba que ninguno de sus colabora-
dores le faltara el respeto a quienes se acercaban a pedir
ayuda a su oficina.
Una colaboradora de la Fundación contó que en cierta
oportunidad Eva fue besada por una mujer con llagas,
cuando esta empleada le quiso acercar un frasco con
alcohol para que se desinfectara con un algodón, ocurrió
que: “¡Me quiso matar! Fue la única vez que se enojó
conmigo. Tiró el frasco contra la pared. Creía que me iba
a dejar en la calle”.
Un funcionario del ceremonial recibió una respuesta mu-
cho más agresiva, cuenta Vera Pichel que de visita en
Chaco en una inauguración Eva estaba rodeada de pú-
blico, entonces una mujer con signos de lepra y de as-
pecto muy humilde le dio un beso, cuando el funcionario
sacó un pañuelo y quiso pasarlo por la mejilla de Eva,
ésta respondió furiosa:”-No me toques, hijo de puta.
¿Encima querés humillarla a esa pobre mujer?”.
Por su parte Benítez contó que una vez Eva iba en el
auto oficial acompañada por el sacerdote al festejo del
día de Francia, el auto se detuvo en una esquina por el
tránsito y vio llorando a una anciana vestida muy humil-
demente, Eva bajó del auto, la viejita
había salido del banco sin entender por qué no le habían
pagado la jubilación, Eva entró al banco llevando a la
señora del brazo, y de inmediato gritó: “¡Diganme, seño-
res, ¿quién de ustedes fue el hijo de puta que le dijo a
esta señora que vuelva mañana?”. Sí, es cierto Eva po-
día enfurecerse, pero lo hacía cuando los burócratas le
faltaban el respeto a los humildes y no se disponían a
atenderlos como ellos se merecían.
Un serio incidente que muestra su extraordinaria sensibi-
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lidad ocurrió cuando participando de las elecciones legis-
lativas de 1948 viajó a Tucumán, la conmoción fue de tal
magnitud que se produjo una aglomeración que causó la
muerte de varias personas, Eva insistió en concurrir a la
morgue para rendir un silencioso homenaje a los falleci-
dos, durante el recorrido padeció un desmayo, tras lo
cual la comitiva insistió en que desistiera de ese luctuoso
recorrido, pero una vez recuperada continuó con la visita.
Otro suceso que muestra su personalidad puede verifi-
carse con el relato de una de sus colaboradoras que
contó que la Fundación tenía planificado construir un
Hogar Escuela en Santiago de Estero, pero mientras se
desarrollaba la obra se pensó en traer a los niños a Bue-
nos Aires, Eva los fue a recibir y ahí ocurrió lo que la
empleada contó de la siguiente manera: “Los tuvimos
que traer con la ropita que tenían. En Constitución nos
esperaba Evita, Fue la primera vez que la vi. Tuvieron
que traerle una silla para que se sentara porque casi se
desmaya. Lloraba Evita „¿Cómo puede ser que haya tan-
ta miseria?‟, dijo. Y enseguida los mandó a uno de los
hogares de menores para que los bañaran, los pusieran
en condiciones y los llevaran después a Harrod´s para
vestirlos con lo que los chicos quisieran”.
En “La Razón de mi vida” explicó esos enojos que le
provocaba la injusticia: “Esto es lo que a veces me hace
estallar en arranques de incontenible indignación: ¡el in-
justo contraste de los ricos, insensibles al dolor humano,
acusando de insensibilidad a los que precisamente están
sufriendo por culpa de la abundancia de los ricos! Por
eso, hombres y mujeres que han sufrido mucho son los
que yo he elegido para que hagan el trabajo que yo no
puedo ya materialmente realizar: leer las cartas que lle-
gan, clasificarlas y resolver cuanto se pueda”.
Muy pocas veces Perón y Eva se tomaron vacaciones,
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sin embargo una vez que visitaron Puente del Inca y las
Cuevas, donde pudieron comprobar que la población
vivía sin calefacción a pesar de la nieve, por lo que Evita
se sintió impactada por las duras condiciones, Perón
comentó la reacción de su esposa de la siguiente mane-
ra: “Evita quedó tan impresionada de la miseria en que
vivían que comenzó a hablar con los peones interesán-
dose por sus cosas y por las enfermedades del corazón
que padecían muchos, por vivir a 3500 metros de altura,
y decidió ponerse a trabajar en la construcción de una
ciudad nueva para ellos. Citó a dos o tres miembros de la
Fundación para que fueran a verla allí. Con esto, aque-
llas únicas vacaciones que nos queríamos tomar las pa-
samos proyectando cómo iba a ser el pueblo que cons-
truiríamos allí…Y en efecto, gracias a Evita, se construyó
una ciudad de piedra, preciosa, con calefacción y agua
caliente central para todo el pueblo”.
También se ocupó de sectores que nunca tuvieron la
atención de los gobernantes como ocurrió con los ancia-
nos que conformaban uno de los sectores más sufrientes
de la sociedad y que hasta ese momento no tenían nin-
guna o una muy escasa cobertura social. En 1948 co-
menzó a redactar los Derechos de la Ancianidad a los
que se le dio nivel constitucional al año siguiente, deter-
minaba que los ancianos tenían derecho a la protección
de su familia y en caso de desamparo correspondía al
Estado llevar a cabo esa protección. En este contexto el
17 de octubre de 1948 se inauguró el primer Hogar de
Ancianos en Burzaco.
El 28 de agosto de 1948 al hacer entrega de los Dere-
chos de la Ancianidad al presidente declaraba: “¡Ellos,
hoy, como las mayorías productoras ayer, sólo conocían
el sabor de la migas que dejaba sobre la tierra el peren-
ne banquete de los poderosos ensoberbecidos y olvida-
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dos de Dios y de sus hermanos productores! Para librar
a los trabajadores de las coyundas de una sociedad in-
justa y cruel, que negaba sistemáticamente por sus jue-
ces y por sus lenguaraces toda forma de evolución, toda
superación colectiva, todo derecho de las mayorías a
participar de alguna manera en la riqueza que creaban
para las minorías y que ellos no veían jamás traducirse
en pan para sus hijos y felicidad para sus hogares, fue
necesaria una Revolución”.
La Fundación otorgó pensiones a personas mayores de
60 años sin recursos, el 3 de julio de 1950 en el teatro
Colón se entregaron las primeras mil pensiones a la ve-
jez. El sacerdote Hernán Benítez explicaba ese fervor de
Eva por ayudar a los más necesitados: “Tenía una pa-
sión social tremenda. ¡Formidable! ¡Qué mujer! Estaba
entregada totalmente a los desposeídos, abrazaba a los
leprosos, cancerosos, tuberculosos… Yo estaba al lado
de ella y yo, pastor de Cristo, me tiraba atrás. Pero ella
no vacilaba, se entregaba y lo hacía de igual a igual, co-
mo hermana, no como las señoras de la Sociedad de
Beneficencia de los viejos tiempos… A la noche, regre-
saba, tarde, a la madrugada, llena de piojos y liendres.
¡Tremendo! Su adhesión a los pobres era bárbara….”.
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La relación con el movimiento obrero
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listas reconocieron la intencionalidad política del paro
con el objetivo de debilitar al gobierno.
El conflicto provocó la renuncia del Ministro de Transpor-
te, Perón se ocupó personalmente del conflicto habilitan-
do personal militar para manejar las locomotoras, tam-
bién se realizaron despidos y se detuvo a algunos diri-
gentes.
Este enfrentamiento fue doloroso para Eva, así lo relató
en “La razón de mi vida”: “También el papel de Evita es a
veces amargo. Toda esta semana pasada, por ejemplo,
me ha resultado amarga. Ha habido una huelga y ésta
tuvo que ser declarada ilegal por injusta… Sé que la ma-
yor parte del gremio, y que todo el pueblo ha repudiado
el proceder de estos ingratos, indignos de vivir en esta
Nueva Argentina de Perón. Sé todo esto y sin embargo
toda la semana he vivido amargada. Solamente me con-
solé cuando decidí salir a recorrer los lugares de trabajo
y conversar con los mismos obreros en huelga. Me
acompañaron dos obreros de la Confederación General
del Trabajo. Quise hacer esta salida sin guardias ni es-
coltas que nunca uso y menos en esta ocasión en que
iba a ver qué ocurría con los obreros en huelga…. En
cada lugar hablé con los obreros. Ellos nunca se imagi-
naron por supuesto verme llegar, y menos a la hora que
llegué: el recorrido duró desde las 12 de la noche hasta
las 4 y media de la mañana”.
Pero más allá de este incidente aislado con los ferrovia-
rios la relación de Eva con el Movimiento Obrero fue de
compenetración de la problemática gremial y de una
constante atención a sus reclamos.
Siempre se mostró comprensiva ante los reclamos obre-
ros y se esforzó por conocer sus problemas y dentro de
lo posible buscaba una solución para sus peticiones, en
“La razón de mi vida” escribió: “En los círculos oligárqui-
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cos precisamente suele hablarse de las exageradas pre-
tensiones de los trabajadores. Yo puedo asegurar que
nunca, sin excepción, exigen más que lo justo y cuando
piden más de lo razonable se debe a un error de cálculo
que pronto reconocen o al consejo de malos amigos infil-
trados entre ellos, o a veces, a los mismo patrones, para
quienes un aumento de salarios es pretexto que les sirve
para aumentar los precios diez veces más de lo que el
crecimiento de salarios justifica. Son tan sensatos nues-
tros obreros en su manera de reclamar mejoras que mu-
chas veces yo les he podido dar la „sorpresa‟ de obtener-
les más de cuanto habían solicitado los más optimistas”.
El 17 de abril de 1948 reivindicaba la política del pero-
nismo para que los obreros y sus hijos pudieran acceder
a la educación que hasta ese momento era poco menos
que imposible al menos para el nivel secundario y uni-
versitario: “Es por eso que el general Perón ha querido
que todos los obreros de la Patria puedan entrar a las
universidades en iguales condiciones que los que se lla-
maban clases dirigentes, y que eran las que nos habían
llevado a la entrega del país, a subalternizar los valores
espirituales de la patria y a que los argentinos trabajaran
para cien familias privilegiadas, para llenar la bolsa de
los capitalistas extranjeros” Eva llegaba a intervenir en
los Convenios Colectivos hablando con los empresarios
para obtener condiciones más favorables para los traba-
jadores, el 3 de septiembre de 1948 les decía a los sindi-
calistas de los Empleados de Comercio: “Pueden tener
plena seguridad, y es lo que les puedo adelantar, que
esta noche el convenio queda terminado y solucionado a
favor de ustedes, y que esta noche también liquidarán
los detalles del acuerdo para su aplicación inmediata,
entre los patrones y la Confederación General de Em-
pleados de Comercio, de todo lo cual podrán informarse
ampliamente mañana, por los diarios y por el órgano del
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sindicato de ustedes”.
Y al día siguiente al no haber podido llegar a un acuerdo,
intercedió para que fuera el mismo Perón quien intervi-
niera: “En la últimas horas de la noche, en vista de que
no se podía llegar a un arreglo, sólo nos quedaba la últi-
ma puerta: la puerta desde donde, en esta Secretaría de
Trabajo, se abrió la luz para la masa obrera argentina. El
Líder de los trabajadores, el General Perón, en vista de
que las demandas de los empleados de comercio era
justas, ordenó al director de Acción Social Directa la re-
solución que les da el éxito completo a sus justas recla-
maciones”.
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22
La historia del
Peronismo
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Precisamente el líder jugaba un papel indiscutible en la
idea que Eva tenía sobre el movimiento: “Nosotros he-
mos encontrado al „hombre‟; no tenemos ya más que un
solo problema: que cuando el hombre se vaya, como
dice nuestro Líder, la doctrina quede, para que se la
bandera de todo el pueblo argentino”.
Pero la devoción de Eva no se limitaba a Perón la otra
parte de la ecuación peronista la conformaba el pueblo:
“Es necesario conocer, sentir y servir al pueblo para ser
un buen peronista”.
Servir al pueblo no fue para ella una mera consigna, ca-
da día, cada hora, intentaba con su voluntad inquebran-
table llevarla a la práctica, la Fundación era sin duda la
concreción de ese postulado.
La razón de ser del peronismo era centrar su actividad
en mejorar la situación de los trabajadores, la columna
vertebral, pero también la de todos los humildes: “Yo
creo que hay muy poca justicia en el mundo. En muchos
países existe – no lo dudo- una justicia individual, pero
esa justicia es incompleta porque no interviene todo el
pueblo en la solución de los grandes problemas que
afectan a los trabajadores y a los humildes, que forman
la mayoría de los pueblos… Solamente aquí los trabaja-
dores viven seguros de que su patria es justa para ellos y
saben que hay justicia para todos. Esa es una base fun-
damental para la felicidad”.
Nadie como ella señaló a los enemigos del pueblo que
identificó correctamente con la oligarquía que gobernó al
país desde sus inicios e impidió que el pueblo pudiera
tener algún tipo de participación en las decisiones más
cuando esas resoluciones siempre lo perjudicaban.
Así explicaba el comportamiento y los fundamentos de
esa clase social: “La oligarquía es una clase cerrada, o
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sea, como lo dije anteriormente, una casta. Nadie puede
entrar en ella. El gobierno les pertenecía, como si nadie
más que la oligarquía pudiese gobernar al país. En reali-
dad, como que a ellos los dominaba el espíritu de oligar-
quía, que es egoísta, orgulloso, soberbio y vanidoso.,
todos estos defectos y malas cualidades los llevaron po-
co a poco a los peores extremos y terminaron vendién-
dolo todo, hasta la Patria, con tal de seguir aparentando
riqueza y poder”.
Pero alertaba que existía un espíritu oligarca del que po-
dían ser presa algunos peronistas si dejaban de actuar
para favorecer a los más necesitados y comenzaran a
pensar en sus
intereses personales: “Nuestra consigna debe ser la de
servir al pueblo y no servir a nuestro egoísmo, que en el
fondo todos tenemos, ni a nuestra ambición, porque eso
sería tener lo que yo llamo espíritu oligarca”.
Y explicaba que: “¿Cuál es el espíritu oligarca? Pera mí
es el afán del privilegio, es la soberbia, es el orgullo, es
la vanidad y es la ambición; es decir, lo que hizo sufrir en
Egipto a millares y millares de esclavos que vivían y mo-
rían construyendo las pirámides”.
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Enfrentando a la oligarquía
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prepotencia y la violencia de los propietarios y de las so-
ciedades anónimas, que habían transformado los fértiles
campos argentinos en un infierno de vergüenza y de mi-
serias para los trabajadores de la tierra”.
Ni aún el espíritu navideño le hacían olvidar quienes eran
los enemigos del pueblo argentino así es como el 24 de
diciembre de 1950 declaraba: “No puede haber amor
donde hay explotadores y explotados, donde hay oligar-
quías dominantes llenas de privilegios y pueblos despo-
seídos y miserables, porque nunca los explotadores pu-
dieron ser ni sentirse hermanos de sus explotados y nin-
guna oligarquía pudo darse con ningún pueblo el abrazo
sincero de la fraternidad. El día del amor y de la paz
llegará cuando la justicia barra de la faz de la tierra a
la raza de los explotadores y de los privilegiados y se
cumplan inexorablemente las realidades del antiguo
mensaje de Belén, renovado en los ideales del justicia-
lismo peronista: que haya una sola clase de hombres;
los que trabajan,; que sean todos para uno y uno pa-
ra todos; que no exista ningún otro privilegio que el
de los niños; que nadie se sienta más de los que es
ni menos de los que debe ser; que los gobiernos de
las naciones hagan lo que los pueblos quieren; que
cada día los pobres sean menos pobres y que todos
seamos artífices del destino común”.
En “La razón de mi vida” sentenció que “Con sangre o
sin sangre la raza de los oligarcas explotadores del hom-
bre morirá sin duda en este siglo…”.
Precisamente por su inclaudicable lucha contra los privi-
legios llegó a tener plena consciencia que: “…hoy tengo
el honor de ostentar las dos condecoraciones más gran-
des a que puede aspirar una mujer del pueblo: el amor
de los humildes y el odio de los oligarcas”.
Trastocar las jerarquías y los valores imperantes en una
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sociedad como lo hizo esta mujer no fue gratuito, las cla-
ses dominantes le hicieron pagar el precio en forma de
las más exaltadas injurias que continuaron aún después
de su muerte.
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24
Los macarras
de la Moral
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El catalán Juan Manuel Serrat ha compuesto una exce-
lente canción que tituló “Los macarras de la moral”, la
palabra macarra que no es muy utilizada por estas tierras
es un sinónimo del lunfardo cafisho. Mediante la parado-
ja que significaría que un proxeneta nos diera lecciones
de moral, el compositor revela de manera brillante el
comportamiento de esos personajes que se autodesig-
nan en vigilantes de la moral de sus semejantes y pre-
tenden imponernos normas de conducta según su crite-
rio generalmente reaccionario.
Precisamente este moralismo hipócrita fue una de las
armas utilizadas por el antiperonismo furioso para atacar
a Eva por un supuesto comportamiento que por cierto
tuvo mucho de inventado y también una gran cuota de
chismes de las revistas del espectáculo, donde Eva apa-
reció con cierta de frecuencia cuando obtuvo cierto éxito
en su carrera.
Pero aún si todo lo que se inventó sobre la vida privada
de Eva fuera verdad, nada de eso invalida la inmensa
obra que Eva desplegó a favor de los desamparados, no
es nada exagerado calificar de canallada el de atacar a
una mujer por una falsa moral propia de un machismo
que bajo ningún concepto cuestionaría a un hombre por
un comportamiento similar.
Jorge Luis Borges fue uno de los que se refirió a Eva
Perón de manera injuriosa:
”Nunca mencionamos su nombre en Argentina. Evita era
una de las damas del burdel, usted sabe… era una pros-
tituta común. Ella tenía un prostíbulo cerca de Junín. Y
eso debió amargarlo a él ¿no? Quiero decir, si una mu-
chacha es una prostituta en una gran ciudad, eso no sig-
nifica demasiado, pero en un pueblo de las pampas, to-
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dos conocen a todos. Y ser una de las prostitutas es co-
mo ser el peluquero o el cirujano. Y eso debió amargarla
mucho. Ser conocida y despreciada por todos y ser usa-
da”.
Sólo el odio puede provocar la decadencia de un gran
escritor devenido en chismoso de barrio. La frase “nunca
mencionamos su nombre en Argentina” y que era “des-
preciada por todos” indica a las claras cual era el ámbito
donde se movía el escritor, el de las clases acomodadas,
pero además mostraba su desinterés por la situación de
los sectores populares, por eso no se tomó el trabajo de
recabar la opinión de quienes la idolatraron. Por cierto
que el escritor se basaba en una completa mentira que
fue inventada para descalificar a Eva pero que por su
obnubilación antiperonista convertía en real.
Sin embargo la moral de Borges no le impidió durante la
sangrienta dictadura militar reunirse con el genocida Vi-
dela, tal vez para el escritor era más grave la conducta
sexual de una mujer que el asesinato masivo de militan-
tes políticos y gremiales.
Por otra parte el padre Benítez recordó un incidente que
mantuvo con un obispo: “Y recuerdo que un obispo me
dijo una vez: -¿No me explico como usted puede defen-
der a una puta? Perdí los estribos. Le contesté que no
dijera barbaridades, que ella era castísima y que yo los
sabía en mi carácter de confesor. Y ya desbordado, le
agregué: - Además, ¡ella no se preocupa en decir si us-
ted es puto o no!”.
Que una mujer deba presentar una libreta de buen com-
portamiento según los parámetros morales de la oligar-
quía y ciertos sectores de clase media influenciados por
aquella, muestra el retroceso moral y político de la socie-
dad argentina producto de la ideología que impuso esa
clase social dispuesta a cualquier recurso para imponer
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su dominio.
Pero no debemos perder de vista lo principal que por
cierto no es un tema moral, que sin embargo ha sido
muchas veces la herramienta utilizada para derrocar go-
biernos populares. Si Perón y Eva hubiesen sido dóciles
a las pretensiones oligárquicas, un comportamiento co-
mo el que supuestamente le atribuyen a Eva estos mora-
listas de las clases pudientes, en vez de injuriarla hubie-
sen sonreído bonachonamente y habrían afirmado que
se debía a una conducta propia de una mentalidad mo-
derna y posiblemente hubiesen dicho que “se adelantó a
su tiempo”.
Lo que ellos no pudieron aceptar fue que esta dama le
haya otorgado derechos a los desamparados a partir de
lo cual no les iba a resultar tan fácil explotarlos y domi-
narlos sin que reaccionen, la rebeldía de Eva fue conta-
giosa y se instaló en la mente de millones de argentinos
que a partir de su accionar justiciero ya nunca más acep-
taron sin reclamar que los oligarcas quisieran pisotear
sus conquistas.
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El renunciamiento
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tura de la señora para vicepresidente. Eso va a caer muy
mal en el Ejército y a mí me cuesta un trabajo bárbaro
parar ese malestar, como también me cuesta hablarlo
con Perón‟”.
También la Iglesia se oponía a esa candidatura, sus pre-
juicios no muy cristianos no veían con buenos ojos a los
hijos naturales ni a las actrices, a quienes consideraba
por fuera de sus parámetros morales y posiblemente
tampoco les agradara ser gobernados por una mujer.
La CGT convocó a un Cabildo Abierto para lanzar la fór-
mula presidencial Perón-Perón el 22 de agosto de 1951
en la avenida 9 de julio. Una impresionante concurrencia
inundó la avenida desde la Avenida Corrientes hasta
Belgrano, Espejo el líder de la CGT leyó una resolución
en la que proclamaba la fórmula.
Luego habló Eva que dijo: “Mi General: aquí en este
magnífico espectáculo vuelve a darse el milagro de hace
dos mil años. No fueron los sabios, ni los ricos, ni lo po-
derosos los que creyeron; fueron los humildes. Ricos y
poderosos han de tener el alma cerrada por la avaricia y
el egoísmo; en cambio, los humildes., como viven y
duermen al aire libre, tienen las ventanas del alma siem-
pre expuestas a las cosas extraordinarias. Mi General:
son los descamisados que os ven a vos con los ojos del
alma y por eso os comprenden, os siguen, y por eso, no
quieren más que a un hombre, no quieren a otro: Perón
o nadie”.
Pero Eva no hizo mención a la aceptación de la candida-
tura que era lo que había convocado esa inmensa mu-
chedumbre, por eso una vez finalizada la alocución de
Eva, Espejo volvió a tomar el micrófono y le solicitó que
aceptara la candidatura, ella pide cuatro días para con-
testar pero la multitud irrumpió en gritos que articulaban
- 111 -
un estridente ¡No!, pedían al unísono que aceptara en
ese mismo instante.
A continuación se produjo un diálogo entre Eva y la multi-
tud, la esposa del presidente insistió varias veces en que
se le permitiera tomarse unos días para pensar la res-
puesta pero la masa inconmovible insistía.
Eva dijo su inmortal frase: “Compañeros: No renuncio a
mi puesto de lucha, renuncio a los honores. Yo me
guardo, como Alejandro, la esperanza, por la gloria y el
cariño de ustedes y del General Perón”.
Pero la multitud no resignaba su insistencia, Eva dijo en-
tonces: “Compañeros, les digo a todos ustedes que ya
tenía tomada otra posición, pero haré al final lo que el
pueblo diga. ¿Ustedes creen que si el puesto de vicepre-
sidenta fuera una carga y yo hubiese sido una solución,
no hubiera ya contestado que sí? Es que, estando el
General Perón en el gobierno, el puesto de vicepresiden-
te no es más que un honor, y yo aspiro nada más que a
honor del cariño de los humildes de mi Patria. Mañana,
cuando…”
La multitud pedía una definición ese mismo día: “Com-
pañeros: se lanzó en el mundo que yo era una mujer
egoísta y ambiciosa; ustedes saben muy bien que no es
así. Pero también saben que todo lo que hice no fue
nunca para ocupar ninguna posición política en mi país.
Yo no quiero que mañana un trabajador de mi Patria se
quede sin argumentos cuando los resentidos, los medio-
cres que no me comprendieron, ni me comprenden, cre-
yendo que todo lo que hago es por intereses mezqui-
nos…”
Ante cada nuevo reclamo Eva improvisaba: “Compañe-
ros: por el cariño que no une, les pido por favor que no
me hagan hacer lo que no quiero hacer. Yo les pido a
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ustedes, como amiga, como compañera, que se descon-
centren”.
¡No! ¡No! Era la contunden respuesta de una marea que
no resignaba su deseo. “Compañeros: yo se que ustedes
lo hacen porque son un pueblo agradecido. Si estuvieran
en mi corazón, verían cuánto se lo agradezco y ustedes
me darían la oportunidad para que yo pueda pensarlo”.
La respuesta eran miles de No, y Eva dijo “El pueblo es
soberano, yo acepto…”, lo que fue entendido como una
aceptación por lo que se multiplicaron las expresiones de
júbilo, pero no habían dejado finalizar la frase por lo que
debió aclarar: “¡No, no, compañeros! Yo acepto las pala-
bras del compañero Espejo y mañana a las 12 del día…”
El diálogo continuó un poco más, Eva pidió que le dieran
algunas horas para contestar esa misma noche a las
21:30.
Espejo por fin tomó el micrófono y dijo: “Compañeros: la
compañera Evita nos pide dos horas de espera. Noso-
tros esperaremos aquí su resolución. No nos moveremos
hasta que no nos de una respuesta favorable a los de-
seos del pueblo trabajador”.
Eva concluyó su intervención sollozando y diciendo:
“Compañeros: como dijo el General Perón, yo haré lo
que diga el pueblo”. Una ovación interminable cerró la
noche. Ciertas versiones indican que en reiteradas opor-
tunidades, mientras se producía este diálogo histórico,
Perón solicitó que se pusiera fin al acto.
No hubo respuesta esa noche, pero la muchedumbre se
retiró con la sensación que Eva había aceptado la postu-
lación, pero 9 días después, el 31 de agosto a las 20:30
horas anunció por la cadena nacional su “irrevocable
decisión de renunciar al honor que los trabajadores y el
pueblo de mi patria quisieron conferirme en el histórico
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Cabildo Abierto del 22 de agosto”.
También explicó que: “No tenía entonces, ni tengo en
estos momentos, más que una sola ambición, una sola y
gran ambición personal: que de mí se diga, cuando se
escriba el capítulo maravilloso que la historia seguramen-
te dedicará a Perón, que hubo al lado de Perón una mu-
jer que se dedicó a llevarle al Presidente las esperanzas
del pueblo, que luego Perón convertía en hermosas
realidades, y que a esa mujer el pueblo la llamaba cari-
ñosamente: Evita”.
La historiadora Marysa Navarro expuso la idea que posi-
blemente haya sido Perón quién la convenció de que
renunciara por la situación política, sobre lo que no hay
mucha coincidencia es sobre si Eva quería o no ocupar
la vicepresidencia.
Lo que si queda descartada que haya sido la salud de
Eva el impedimento para la postulación, la elección del
candidato para acompañar a Perón recayó en Hortensio
Quijano que tenía un cáncer que no le permitió asumir en
el cargo porque falleció el 3 de abril de 1952, recién el 25
de abril de 1954 se eligió vicepresidente a Alberto Tes-
saire, quién tuvo una actitud indigna luego del golpe de
estado de 1955.
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El intento de golpe de 1951
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acontecimientos políticos de pública notoriedad han
creado al suscripto un estado espiritual incompatible con
la adhesión a los actos de gobierno…por lo que informo
que solicito en la fecha mi pase a situación de retiro efec-
tivo”.
Concretamente planteaba su discrepancia con la candi-
datura de Eva a la vicepresidencia, los golpistas utiliza-
ron esta excusa como justificación de su conspiración, la
hija de Lonardi aseguró que su padre pidió el retiro para
comenzar con las tareas conspirativas, por lo cual la re-
nuncia de Eva el 31 de agosto le quitó a los golpistas uno
de sus argumentos.
Lonardi desistió de continuar con esta actividad pero
Menéndez decidió seguir con los preparativos, cuando
éste realizó su pronunciamiento contra la Constitución,
pocos oficiales estuvieron dispuestos a adherir al golpe.
Con el acto en la Avenida 9 de julio Perón intentó que las
Fuerzas Armadas terminaran por aceptar la candidatura
de Eva, pero a pesar de la multitud, los militares no cam-
biaron de opinión, por lo que Perón y Eva optaron por
desistir de la misma.
Según Galasso esta decisión de no insistir con su postu-
lación fue lo que posibilitó que el golpe de Menéndez
tuviera escasa adhesión en el seno de las Fuerzas Ar-
madas y que muchos que se habían comprometido
desistieran a última hora.
Se efectuaron dos reuniones entre Menendez y Lonardi,
ninguno quería ceder el mando en el otro, además tenían
diferencias en cuanto a que política desarrollar si el golpe
tenía éxito.
Mientras Menéndez quería imponer una dictadura y eli-
minar cualquier vestigio de peronismo, Lonardi proponía
mantener algunas de las medidas sociales de Perón. Los
- 116 -
servicios de inteligencia le informaron al presidente que
se estaba gestando un golpe de estado liderado por Me-
néndez, otros oficiales que participaban de la sedición
eran Lanusse, Larcher, Guglialmelli, Sánchez de Busta-
mante y el capitán de navío Vicente Baroja.
Mientras estaba en los preparativos golpistas, Menéndez
convocó a una reunión a los más representativos políti-
cos de la oposición, concurrieron Arturo Frondizi(radical),
Horacio Thedy (demócrata progresista), Américo Ghioldi
(socialista) y Reynaldo Pastor (conservador), les anunció
que pensaba derrocar a Perón antes de las elecciones
convocadas para noviembre, reimplantar la Constitución
de 1853 y anular de 1949, según declaró Menéndez
años después, los políticos se comprometieron a apoyar-
lo, con esa adhesión se reunió con Lonardi con quién
mantenía diferencias y con el que no llegó a ningún
acuerdo.
Campo de Mayo fue el foco del golpe, los sediciosos
apenas pudieron poner en movimiento dos o tres tan-
ques, el presidente declaró el Estado de Guerra Interno
mientras la CGT convocó a una huelga general y llamó a
una movilización a la Plaza de Mayo.
Perón sabía de la conspiración pero quiso que el mismo
se desarrollara para que quedaran expuestos quienes
actuaban en contra del régimen democrático, quiso que
el pueblo se enterara de cómo actuaban los sectores
reaccionarios, pero ya tenía vigilados sus movimientos. A
las 15 horas la situación ya estaba controlada, Perón le
habló al pueblo y a una plaza colmada le prometió que
aplicaría la pena de muerte a los conspiradores, pero no
cumplió con esta amenaza. Eva le propuso que aplicara
la pena de muerte a los conspiradores pero Perón optó
por actuar con menor rigurosidad.
El día del golpe Eva guardaba cama, luego que le habían
- 117 -
aplicado radium bajo anestesia total, recién a las 18 ho-
ras se le comunica de la situación, contrariando a Perón
y los médicos decide irradiar un comunicado a las 21
horas donde se evidenciaban sus padecimientos en el
tono de voz.
Dijo en ese mensaje: “El General Perón acaba de ente-
rarme de los acontecimientos producidos en el día de
hoy. Por eso no he podido estar esta tarde con mis des-
camisados en la Plaza de Mayo de nuestras glorias. Pe-
ro no quiero que termine este día memorable sin hacer-
les llegar mi palabra de agradecimiento y de homenaje,
uniendo así mi corazón de mujer argentina y peronista al
corazón de mi pueblo, que hoy ha sabido probar, una
vez más, la grandeza de su alma y el heroísmo de su
corazón…Yo les doy a todos las gracias en nombre de
los humildes, de los descamisados, por quienes he deja-
do en mi camino jirones de mi salud, pero no de mi ban-
dera, y les pido con todas la fuerzas de mi alma que si-
gan siendo felices con Perón, como hoy, hasta la muerte,
porque Perón se lo merece, porque se lo ha ganado y
porque tenemos que pagarle con nuestro cariño las in-
famias de sus enemigos, que son los enemigos de la
Patria y del pueblo mismo”.
Al día siguiente decidió reunir a los dirigentes de la CGT
y al Ministro de Guerra, general Sosa Molina, a ellos le
informa que la Fundación procedería a comprar 5000
pistolas automáticas y 1500 ametralladoras, las cuales
serían entregadas a los obreros en caso de producirse
un nuevo golpe de estado.
La idea de la conformación de estas Milicias Obreras
para defender a la democracia, se completaba convo-
cando a suboficiales y oficiales de comprobada lealtad
para que adiestraran a los obreros en el uso de las ar-
mas.
- 118 -
Un integrante de aquellas milicias comentó: “En el diario
La Prensa, controlado por aquel entonces por la central
obrera, se creó una comisión de milicias obreras, entre
cuyos integrantes figuraba quién esto escribe. Algunos
sectores de las milicias efectuaron trabajos de adiestra-
miento con armas, impartidos por suboficiales del Ejérci-
to. Esto llegó a conocimiento de Perón, que no ocultó su
descontento. Él no era adicto a una movilización armada
del pueblo. Las cosas siguieron lentamente y sin estri-
dencias, debido a que la enfermedad de Evita se agra-
vaba día a día. La única corazonada de esta gran lucha-
dora, que intentó que el pueblo tuviera protagonismo real
de la forma que fuera, quedó frustrada. Esas armas lle-
garon al país, pero el mismo Perón ordenó, después de
su muerte, que se archivaran en el Arsenal Esteban de
Luca y se destinaran más tarde para reequipar a la Gen-
darmería Nacional”.
Según Vera Pichel a los pocos días de la muerte de Eva,
Perón dio la orden de concluir con ese intento de forma-
ción de Milicias Obreras.
Las milicias se conformaron en otros puntos del país, tal
fue el caso del Chaco a instancias del gobernador Felipe
Gallardo, llegaron a contar con 1000 integrantes, tanto
hombres como mujeres, producido el golpe de 1955 Ga-
llardo esperó la orden de Perón para movilizar las mili-
cias chaqueñas pero las órdenes nunca llegaron, el go-
bernador pasó muchos años preso, además se quema-
ron todos los papeles de su gobierno para que no queda-
ran rastros de esa gestión que había tenido la inaudita
audacia de expropiar a Bunge y Born, Gallardo nunca
pudo jubilarse porque su documentación también fue
quemada.
- 119 -
- 27 -
La salud de Eva
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Los médicos le recomendaron reposo y realizarse estu-
dios adicionales pero Eva no hizo caso, queriendo volver
de inmediato a la actividad. En mayo de 1950 el Ministro
de Salud, Ivanisevich, insistió en la realización de estu-
dios y se produjo un altercado que desembocó en la re-
nuncia del ministro.
Las jornadas de labor de Eva solían terminar a las 2 o 3
de la mañana, sin embargo en alguna ocasión se exten-
dió hasta las 5 de la mañana. No podía parar, parecía
que había echado sobre sus hombros la responsabilidad
de aminorar el dolor de los humildes, era esa cruz de la
que le había hablado el Papa Juan XXIII.
Perón admitió que en determinado momento podía ver a
su esposa en muy pocas oportunidades: “Perdí prácti-
camente a mi mujer. Nos veíamos de a ratos y veloz-
mente, como si habitáramos en dos ciudades distintas.
Eva pasaba muchas noches en sus tareas y regresaba al
alba. Yo, que de costumbre salía de la Residencia a las
seis de la mañana, para ir a la Casa Rosada, la encon-
traba en la puerta, un poco cansada, pero siempre satis-
fecha de su fatiga. Un día le dije: -Eva, descansa. Piensa
que también eres mi mujer… Ella permaneció seria: -Es
verdaderamente así –respondió- que me doy verdadera
cuenta de que soy tu mujer”.
Galasso realizó una magnífica investigación para des-
mentir de manera contundente la novela “Santa Evita” de
Tomás Eloy Martínez, también utilizado en una película,
en que Perón le dispara de manera brutal que no podía
ser candidata a la vicepresidencia por su enfermedad
diciéndole: “Vos no podés aceptar. ¿Qué pretendés si
vos tenés cáncer?”.
Amparado en la ficción de una novela deja traslucir su
posición antiperonista para desprestigiar a Perón mos-
trándolo sin sentimientos ante el dolor de su esposa.
- 121 -
Galasso señaló lo siguiente: “Ese invento de Tomás Eloy
Martínez, como tantos otros de los cuales abusa en su
novela, dejando fluir su gorilismo, no sólo es falso sino
que no pudo ser posible porque ni el 22 de agosto ni
tampoco el 31 Perón estaba informado de que Eva pa-
decía cáncer”.
El Dr. Albertelli relató que el 21 de septiembre de 1951
fue convocado por el Dr. Méndez de San Martín para
concurrir a la Casa Rosada, de la reunión también parti-
cipó el Dr. Raúl Mendé, le comunicaron que habían lo-
grado convencer a Eva Perón para que se atendiera con
el Dr. Humberto Dionisi, profesor titular de la cátedra de
ginecología de la Universidad de Córdoba.
Al realizarse el estudio quedó en claro la gravedad de la
enfermedad, como Dionisi no residía en Buenos Aires
recomendó que la siguiera atendiendo el Dr. Albertelli,
éste le pidió a Dionisi que viajara a Buenos Aires para
realizar una consulta conjunta que se efectuó el 22 de
septiembre, después de lo cuál se acordó informarle al
presidente.
Albertelli expuso su participación en el tratamiento de
Eva en el libro “Los cien días de Eva Perón”, ahí comen-
to como le dio la tremenda noticia a Perón: “Lamento
mucho ser el vocero de noticias que le han de resultar
penosas, pero me veo obligado a decir la descarnada
verdad, que usted debe conocer en su carácter de espo-
so y Jefe de Estado, en lo referente a la salud de una
persona trascendente para el país. Reflexiono un minuto
antes de seguir. El caso de su señora es sumamente
serio, tanto por el carácter de su enfermedad en sí como
por los factores concurrentes que lo agravan respecto del
pronóstico a no largo plazo. Su mujer padece un cáncer
cuyo punto de partida está en el cuello del útero, tumor
maligno relativamente frecuente, habitualmente agresivo,
- 122 -
de difícil curación con los medios que tenemos hoy en
día en las manos. Cuando el diagnóstico se hace tem-
prano, existe un porcentaje de curaciones. No en este
caso. La propagación del proceso es importante, lo que
retacea las posibilidades favorables”
A pesar del diagnóstico grave los médicos no podían
darse por vencidos y decidieron recurrir a los métodos
que la ciencia permitía en esos momentos, prepararon
un plan de tratamiento que consistían en la aplicación de
radium para detener el crecimiento del tumor, luego de
40 días una intervención quirúrgica y posteriormente
nuevamente la aplicación de radium.
Albertelli también relató la reacción de Perón al enterarse
de los graves problemas de salud de su esposa: “La cara
del General trasuntaba su estado de ánimo. No inte-
rrumpió mi exposición en ningún momento. Su tristeza
era evidente; hasta me pareció entrever una lágrima fur-
tiva. Un manto de plomo nos abrumaba a todos los pre-
sentes y las palabras no salían de la boca… El silencio
prolongado lo interrumpió el General: -Lo que acabo de
conocer, si bien lo intuía, me ha afectado profundamente.
Quiero que sepan que Eva representa algo muy grande
como esposa, como compañera, como amiga, como
consejera y como punto de apoyo leal en la lucha en la
cual estoy empeñado. No puedo juzgar la parte médica,
confío en ustedes y apruebo lo que aconsejan, así que
procedan”.
La biógrafa de Eva, Marysa Navarro, explicó que el sa-
cerdote Hernán Benítez estaba presente cuando se le
informó a Perón y comentó que: “Este es el mayor im-
pacto jamás recibido por Perón”.
Se trataba de un tumor maligno en el cuello del útero que
ya había invadido la vagina, trompa izquierda, ovario iz-
quierdo, ganglios y pared pelviana, ante este panorama
- 123 -
el diagnóstico era sumamente grave.
El 24 de septiembre Eva no pudo levantarse de la cama
por lo que Perón le pidió a Benítez que contratara a uno
de los mejores cirujanos de los Estados Unidos.
Mientras se desarrollaba el intento de golpe del 28 de
septiembre le aplicaban radium bajo anestesia total, al
público se le dijo que era un cuadro de anemia y que se
le efectuaron transfusiones de sangre.
Posiblemente luego de un largo tiempo sin solución a su
problema, Eva comenzara a sospechar que algo más
serio podía tener, a ella se le dijo que se trataba de un
fibroma y que luego de una intervención quirúrgica no la
volvería a molestar.
- 124 -
- 28 -
La razón de mi vida
El 15 de octubre de 1951 la
Editorial Peuser publicó el
libro “La razón de mi vida”,
Eva se lo dictó al periodista
español Manuel Penella de
Silva, la primera edición
fue, de nada menos, que
300.000 ejemplares en tres
diferentes formatos, uno
económico, otro de tapa
dura y una edición de lujo
destinada a ser regalada a
visitantes ilustres y miem-
bros del cuerpo diplomáti-
co, su estado de salud no
le permitió estar presente
en la presentación del libro pero sí estuvo en la Plaza de
Mayo dos días después para el acto del 17 de octubre.
En este libro quedaba claramente expresada su sensibi-
lidad social que se despertó en ella a una muy temprana
edad: “He hallado en mi corazón, un sentimiento funda-
mental que domina desde allí, en forma total, mi espíritu
y mi vida: ese sentimiento es mi indignación frente a la
injusticia”.
La diferencia entre pobres y ricos nunca le fue indiferen-
te: “Me faltaba conocer todavía la tercera dimensión de la
injusticia. Hasta los once años creí que había pobres
como había pasto y que había ricos como había árboles.
Un día oí por primera vez de labios de un hombre de tra-
- 125 -
bajo que había pobres porque los ricos eran demasiado
ricos; y aquella revelación me produjo una impresión
muy fuerte”.
La Fundación fue la concreción de esa lucha a favor de
los humildes y la forma de aminorar sus padecimientos:
“En mis „hogares‟ ningún descamisado debe sentirse
pobre. Por eso no hay uniformes denigrantes. Todo debe
ser familiar, hogareño, amable: los patios, los comedo-
res, los dormitorios…He suprimido las mesas corridas y
largas, las paredes frías y desnudas, la vajilla de mendi-
gos… todas estas cosas tienen el mismo color y la mis-
ma forma que en una casa de familia que vive cómoda-
mente. Las mesas del comedor tienen manteles alegres
y cordiales, y no pueden faltar las flores; que nunca fal-
tan en cualquier hogar donde haya una madre, o una
esposa más o menos cariñosa con los suyos”.
En esta obra también explicó con bastante detalle la fun-
ción que Perón le asignó y que ella ejerció con una in-
mensa dedicación: “Yo elegí ser „Evita‟… para que por
mi intermedio el pueblo y sobre todo los trabajadores,
encontrasen siempre libre el camino de su líder”.
Eva decidió seguir un camino no trillado, pudo ser la
“primera dama” como todas las demás, dedicada a reali-
zar una vida social frívola, si hubiese actuado de esa
manera no hubiese recibido la agresión de las clases
acomodadas, pero seguramente nadie la recordaría,
transcribimos un texto bastante largo pero creemos que
muestra con total claridad el papel jugado durante el go-
bierno peronista: “Pude ser una mujer de Presidente co-
mo lo fueron otras. Es un papel sencillo y agradable: tra-
bajo de los días de fiesta, trabajo de recibir honores, de
„engalanarse‟ para representar según un protocolo que
es casi lo mismo que pude hacer antes, y creo que más
o menos bien, en el teatro o en el cine. En cuanto a la
- 126 -
hostilidad oligárquica no puedo menos que sonreírme. Y
me pregunto: ¿por qué hubiese podido rechazarme la
oligarquía? ¿Por mi origen humilde?
¿Por mi actividad artística? ¿Pero acaso alguna vez esa
clase de gente tuvo en cuenta aquí, o en cualquier parte
del mundo, estas cosas, tratándose de la mujer del Pre-
sidente? Nunca la oligarquía fue hostil con nadie que
pudiera serle útil. El poder y el dinero no tuvieron malos
antecedentes para un oligarca genuino. La verdad es
otra: yo, que había aprendido de Perón a elegir caminos
poco frecuentados, no quise seguir el antiguo modelo de
esposa de Presidente. Además, quien me conozca un
poco, no digo de ahora sino desde antes, desde que yo
era una simple „chica‟ argentina, sabe que no hubiese
podido jamás representar la fría comedia de los salones
oligarcas”.
Se explayó también sobre los cuestionamientos que re-
cibía por su obra en la Fundación: “Yo, con todo gusto,
dejaría que mis eternos críticos leyeran alguna vez toda
esa enorme cantidad de angustiosos llamados que son
las cartas de los humildes. Únicamente así tal vez com-
prenderían- si es que les queda algo de inteligencia y un
poco de alma- todo el daño que han hecho al país cien
años de opresión oligárquica y capitalista. Únicamente
así tal vez entenderían que la ayuda social es indispen-
sable y es urgente. Y tal vez únicamente así me perdo-
narían – aunque no aspiro a que jamás me perdonen- las
palabras con que los he condenado, los condeno y los
seguiré condenando cada vez que sea necesario, porque
ellos estuvieron presentes, como causantes o por lo me-
nos como testigos silenciosos, de la explotación opresora
que regla como ley a la Argentina que Perón está curan-
do de sus viejas y dolorosas heridas”.
También trató de aclarar el significado de lo que ella lla-
- 127 -
maba ayuda social: “Pero me causa gracia la discusión,
cuando no se ponen de acuerdo ni siquiera en el nombre
del trabajo que yo hago. No. No es filantropía, ni es cari-
dad, ni es limosna, ni es solidaridad social, ni es benefi-
cencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un
nombre aproximado yo le he puesto ése. Para mí, es
estrictamente justicia. Lo que más me indignaba al prin-
cipio de la ayuda”.
No creía estar realizando otra cosa que un acto de justi-
cia, aún en la actualidad hay muchos argentinos que se
ofenden cuando un gobierno popular realiza ayuda social
para los más necesitados, para ella debía ser algo abso-
lutamente normal y cotidiano, porque simplemente se
estaba poniendo fin a largos años de injusticia: “Que na-
die se sienta menos de lo que es, recibiendo la ayuda
que le presto. Que todos se vayan contentos sin tener
que humillarse dándome las gracias. Por eso inventé un
argumento que me resultó felizmente bien: - Si lo que yo
doy no es mío ¿por qué me lo agradecen?. Lo que yo
doy es de los mismos que se lo llevan. Yo no hago otra
cosa que devolver a los pobres lo que todos los de-
más les debemos, porque se lo habíamos quitado
injustamente. Yo soy nada más que un camino que eli-
gió la justicia para cumplirse como debe cumplirse:
inexorablemente… Por eso cuando doy cualquier co-
sa, por más pequeña que sea, siento que estoy pa-
gando no sólo una deuda social… o una deuda de la
Patria para con sus hijos más humildes. ¡Siento que
estoy pagando una deuda de cariño!”.
Ella estaba convencida que no había que ahorrar a la
hora de dispensar la atención que los humildes mere-
cían: “Por eso mis „hogares‟ son generosamente ri-
cos…más aún, quiero excederme en esto. Quiero que
sean lujosos. Precisamente porque un siglo de asilos
- 128 -
miserables no se puede borrar sino con otro siglo de ho-
gares „excesivamente lujosos‟. Sí. Excesivamente lujo-
sos. No me importa que algunas „visitas de compromiso‟
se rasguen las vestiduras y aun con buenas palabras me
digan: -¿Por qué tanto lujo? O me pregunten casi inge-
nuamente: ¿No tiene miedo de que al salir estos „des-
camisados‟ se conviertan en „inadaptados sociales‟? ¿No
tiene miedo de que se acostumbren a vivir como ricos?
No, No tengo miedo. Por el contrario; yo deseo que se
acostumbren a vivir como ricos… que se sientan dignos
de vivir con la mayor riqueza…. al fin de cuentas todos
tienen derecho a ser ricos en esta tierra argentina… y en
cualquier parte del mundo”
Pero Eva sabía con certeza que por más ayuda social
que pudiera acercar a los que sufrían la pobreza, la solu-
ción definitiva sólo podía llegar cuando se instaurara un
sistema que impulsara la justicia social, objetivo hacia el
que marchaba la gestión peronista: “Yo sé que mi trabajo
de ayuda social no es una solución definitiva de ningún
problema. La solución será solamente la justicia social.
Cuando cada uno tenga lo que en justicia le corresponde
entonces la ayuda social no será necesaria. Mi mayor
aspiración es que algún día nadie me necesite…”.
- 129 -
29
El último 17 de octubre
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los dolores.
Perón hizo uso de la palabra y luego le entregó a Eva la
distinción del Reconocimiento de Primera Categoría y
Gran Medalla Justicialista en Grado Extraordinario y la
sostuvo de la cintura cuando realizó su discurso.
Dijo Perón en su discurso: “Nunca podría haberse re-
suelto un homenaje más justiciero, más hondo y más
honorable que esta dedicación del 17 de octubre a Eva
Perón… Ella no es sólo la guía y la abanderada de nues-
tro movimiento, sino que es también su alma y su ejem-
plo”.
Y continuó describiendo los sacrificios que Eva había
realizado para desarrollar su actividad en defensa de los
más necesitados: “Ese maravilloso contacto de todos los
días en la Secretaría de Trabajo y previsión, donde ha
dejado jirones de su vida y de su salud, ha sido un holo-
causto a nuestro pueblo, porque ha permitido que, a pe-
sar de mis duras tareas de gobierno, haya podido vivir
todos los días un largo rato en presencia y contacto con
el pueblo mismo”.
Con la transmisión del acto ese día nació el Canal 7 y la
Televisión Argentina.
Eva explicó su presencia a pesar de los problemas de
salud: “Yo no podré faltar nunca a esta cita con mi pue-
blo en cada 17 de octubre. Yo les aseguro que nada ni
nadie hubiera podido impedirme que viniese, porque yo
tengo con Perón y con ustedes, con los trabajadores,
con los muchachos de la C.G.T., una deuda sagrada, y a
mí no me importa si para saldarla tengo de dejar jirones
de mi vida en el camino”.
Y a continuación expresaba cuales eran sus más profun-
dos sentimientos: “Yo no valgo por lo que hice, yo no
valgo porque he renunciado, yo no valgo por lo que soy
- 131 -
ni por lo que tengo. Yo tengo una sola cosa que vale, la
tengo en mi corazón. Me quema el alma, me duele en mi
carne y arde en mis nervios: es el amor por este pueblo y
por Perón”.
Se preocupó particularmente por alertar al pueblo sobre
los peligros de una restauración oligárquica: “Y tenía que
venir para decirles que es necesario mantener, como dijo
el General, bien alerta la guardia de todos los puestos de
nuestra lucha. No ha pasado el peligro”.
Y los convocaba a realizar un solemne juramento para
defender el gobierno popular: “Yo les pido hoy, compa-
ñeros, una sola cosa: que juremos todos, públicamente,
defender a Perón y luchar por él hasta la muerte, y nues-
tro juramento será gritar durante un minuto para que
nuestro grito llegue hasta el último rincón del mundo: ¡la
vida por Perón!”.
No podía extenderse todo lo que le hubiese gustado,
pero aún con la salud muy deteriorada, Eva seguía sien-
do esa luchadora inclaudicable: “Yo sé que Dios está con
nosotros porque está con los humildes y desprecia la
soberbia de la oligarquía, y por eso la victoria será nues-
tra. Tendremos que alcanzarla tarde o temprano, cueste
lo que cueste y caiga quien caiga. Mis descamisados: yo
quisiera decirles muchas cosas, pero los médicos me
han prohibido hablar. Yo les dejo mi corazón y le digo
que estoy segura, como es mi deseo, que pronto estaré
en la lucha, con más fuerza y con más amor, para luchar
por este pueblo, al que tanto amo, como lo amo a Pe-
rón”.
Diez días después se inauguraba la Ciudad Estudiantil
otra magnífica obra de la Fundación, Eva no puede estar
presente por su estado de salud y dio un mensaje desde
su lecho de enferma, en la oportunidad expresó: “Duran-
te cien años, el pueblo argentino sólo ha recibido las mi-
- 132 -
gajas que sacaran de las mesas abundantes de la oli-
garquía, que primero lo exploraba y después, para que-
dar en paz con la conciencia, le tiraba las sobras de sus
fiestas. Yo he deseado y he podido felizmente realizar el
acto de desagravio que los humildes de mi Patria mere-
cían. En cada instituto de la Fundación he puesto expre-
samente todo el lujo y toda la riqueza que le fueron ne-
gados a todos los pobres descamisados argentinos du-
rante los cien años amargos de la oligarquía vendepatria
y egoísta”.
Y también mencionó una gran cantidad de institutos ya
inaugurados, muchos de ellos en el Interior, la lista esta-
ba conformada por: Hogar de Ancianos en Córdoba, Ho-
gar Escuela de Córdoba, Hogar de Ancianos de Santa
Fe, Hogar de Ancianos en Recreo, Santa Fe, Clínica de
enfermos del pulmón en Ramos Mejía, Hogar escuela de
Comodoro Rivadavia, Hogar Escuela de Mendoza, Poli-
clínico para niños en Mendoza, Hogar escuela de Salta,
Policlínico de Salta, Policlínico de San Luis, Hogar Es-
cuela de Villa Mercedes, Policlínico en Santiago del Este-
ro, Policlínico de Jujuy, Hogar Escuela de Santa Rosa,
dos hogares escuelas en San Juan, Policlínico de San
Juan, Hogar de Ancianos en Tucumán, Hogar Escuela
de La Roja, Policlínico de Catamarca, Hogar escuela de
Corrientes, Policlínico de Paso de los Libres, Policlínico
de Concordia, Policlínico de 4 de junio, Provincia de
Buenos Aires, Policlínico de San Martín provincia de
Buenos Aires, Policlínico de Rosario , hogar escuela de
Paraná.
También señaló que la Fundación había inaugurado 150
escuelas y había otras 1000 en ejecución y 200 provee-
durías, describió la obra efectuada en Las Cuevas en
Mendoza que surgió a raíz de unas vacaciones en que
visitaron el pueblo ella y Perón, como consecuencia de
- 133 -
su impulso se había construido una escuela, una hoste-
ría, el correo, edificio de Gendarmería, sanatorio y esta-
ción de ferrocarril.
En el mismo mensaje explicaba que toda esa enorme
obra era producto de un gobierno popular que tenía a
Perón como conductor: “Si alguien viese alguna grande-
za en mis obras, yo declaro honradamente que no me
pertenecen de ninguna manera: son obra de Perón, des-
de que él me enseñó a pensar en cosas grandes, me
hizo ver grandes horizontes y de él aprendí a sentir, a
querer y a realizar, pensando solamente en la felicidad
de nuestro pueblo, lo mejor de esta tierra”.
- 134 -
- 30 -
La reelección de Perón
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reelegir a Perón, pero ese día estaba internada en el po-
liclínico de Avellaneda donde había sido intervenida, se
realizó un pedido a la Junta Electoral para que pudiera
votar en el hospital, los socialistas y radicales se opusie-
ron, pero no así los comunistas que tenían internado en
Rosario a su candidato presidencial Rodolfo Ghioldi por
lo que hicieron un pedido en igual sentido, la Junta acce-
dió a que ambos dirigentes pudieran emitir el sufragio, de
esa manera Eva votó por primera y única vez.
Antes de la operación grabó un mensaje que se difundió
el 9 de noviembre donde dijo: “No votar por Perón para
un argentino es-lo digo porque lo siento-traicionar al
país”
Y continuaba: “Durante más de cinco años la propagan-
da extranjera ha hablado de la dictadura de Perón. El
pueblo argentino debe contestarle con su voto libre de
pueblo soberano”.
Y alentaba al pueblo a concurrir a cumplir con el voto:
“Yo seguiré desde mi lecho de enferma la gran batalla.
Estaré con cada uno de ustedes. Los acompañaré espiri-
tualmente en cada paso que den el 11 de noviembre,
como los he acompañado siempre en las buenas y en
las malas”.
El resultado de las elecciones marcaron una contundente
victoria del peronismo, el partido gobernante obtuvo el
63,9 % de los votos en tanto la fórmula radical 30,8%, en
esa oportunidad votaron por primera vez 4.225.467 mu-
jeres.
Días después la CGT organizó un acto para celebrar el
triunfo electoral, el mismo concluyó con una marcha de
antorchas a la Residencia Presidencial como forma de
expresar el cariño por Eva.
El 14 dejó la clínica siendo trasladada a la Residencia
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Presidencial en una ambulancia, que fue acompañada
por una multitud que apeló a todos los tipos de transpor-
tes para tributarle su cariño.
El 7 de diciembre realizó un discurso que fue trasmitido
por radio expresando su esperanza de haber vencido
definitivamente la enfermedad y poder retornar lo más
pronto posible a su actividad a favor de los necesitados.
En esa ocasión dijo: “No me ha cambiado la enfermedad
ni me ha quebrado el dolor, por el contrario, han confir-
mado mi fe y mi cariño por el pueblo…El dolor que he
sentido en mi propio cuerpo y en mi propio espíritu me ha
hecho comprender más íntimamente el dolor de los de-
más…”.
El 23 de diciembre recibió una noticia que la afectó se-
riamente, fallecía su amigo Enrique Santos Discépolo,
que estaba atravesando una difícil situación por su inter-
vención a favor de la candidatura de Perón con el memo-
rable personaje Mordiquisto, muchos pequeñoburgueses
influenciados por la prédica oligárquica hicieron todo lo
posible para expresarle su desprecio, que no pudo resis-
tir un corazón sensible como el de Discepolín. Perón
asistió al sepelio, no así Eva que no se encontraba en
condiciones físicas.
Para la Navidad de 1951 la Fundación que seguía su
actividad a pesar de los problemas de su máxima diri-
gente, repartió la impresionante cifra de dos millones de
pan dulce y sidra, además de cuatro millones de jugue-
tes que fueron distribuidos en los rincones más remotos
de territorio.
Hernán Benítez señaló que en enero de 1952, Eva le dijo
que los dolores habían retornado con la misma intensi-
dad que previo a la operación y que ya había perdido las
esperanzas de curarse.
- 137 -
Al ver la gravedad del cuadro el sacerdote solicitó que se
le realizara una nueva biopsia cuyo resultado confirmó
que el cáncer estaba nuevamente presente, al comuni-
cárselo a Perón, éste le indicó que se volviera a llamar al
Dr. Pack, quién realizó otra biopsia confirmando el resul-
tado, estimando que difícilmente podía vivir más allá de
marzo. Perón recordó tiempo después: “La señora –me
dijo el Dr. Pack- puede morir de un momento a otro. Está
gravísima. No hay nada peor que curar a un enfermo que
no quiere seguir las indicaciones del médico. Es mi deber
advertirle que solamente un largo período de reposo
puede prolongarle la vida. Traté de intervenir pero sin
éxito. Eva continuaba aferrada a sus tareas, recibiendo
gente, interiorizándose de sus problemas y necesidades,
brindando consuelo, esperanzas y soluciones… y como
de costumbre, regresando a casa a altas horas de la no-
che, cuando no al alba”.
Mientras Eva padecía de los peores sufrimientos una
mano anónima escribía en una pared de la ciudad ¡Viva
el cáncer!, pero mientras la oligarquía y una porción de
clase media dejaban salir el odio de sus entrañas, en las
humildes barriadas se encendía velas, se levantaban
altares y se rezaba por su salud, ese amor inextinguible
perdurará por generaciones.
Con acierto Felipe Pigna remarcó que cuando se habla
de Eva como la mujer más amada y más odiada de la
Argentina no se tiene en cuenta las desproporciones
numéricas entre unos y otros.
Eduardo Galeano escribió: “¡Viva el cáncer! escribió al-
guna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La
odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer,
por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía,
viviendo. Nacida para sirvienta o a lo sumo para actriz de
melodramas baratos, Evita se había salido de su lugar.
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La querían, la quieren los malqueridos; por su boca, ellos
decían y maldecían. Además, Evita era el hada rubia que
abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al deses-
perado, el incesante manantial que prodigaba empleos y
colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras
postizas, ajuares de novia. Los míseros recibían estas
caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita
luciera joyas despampanantes y en pleno verano osten-
tara abrigos de visón. No es que le perdonaran el lujo: se
lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino
vengado por sus atavíos de reina…”
A pesar de los dolores el 28 de marzo Eva seguía desa-
fiando al destino y decidió concurrir al teatro Enrique
Santos Discépolo donde se realizaba el Congreso de
Trabajadores Rurales, durante el mes siguiente también
realizó algunas salidas. Benítez contó cómo se enteró
Eva que tenía cáncer, en una oportunidad un grupo de
mujeres humildes pidió visitarla, pedido que fue concedi-
do, ella se sentía muy mal, no obstante accedió a recibir-
las, ingresaron varias personas a su habitación y una
mujer llorando y sin intención le reveló lo que hasta ese
momento no había pasado de ser un rumor.
Dijo la mujer: “-Pero, señora, ¿por qué usted, justamente
usted que es tan buena, cómo puede ser que usted ten-
ga cáncer?” Evita no dijo nada, pero poco después man-
dó a llamar a Benítez, hizo salir a todos de la habitación
y le dijo: “-¡Estos me engañan!....
¡Pero usted! ¿Por qué usted no me dijo que tengo cán-
cer?”.
El sacerdote cuenta ese momento como uno de los más
difíciles de su vida y que sólo atinó a recomendarle que
respetara el tratamiento y que guardara reposo, a conti-
nuación la confesó.
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“Nos sobran alcahuetes
y nos faltan revolucionarios”
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cales andaban conspirando contra el gobierno, aunque
Cafiero no lo dice es posible que este cuestionamiento
también haya sido una advertencia para el mismo minis-
tro.
Eva le disparó la siguiente contundente frase: “¿Se
acuerda que le dije de mi esperanza en usted y en los
jóvenes? No se equivoque, Cafiero usted es uno de esos
jóvenes. No quisiera que me defraude…”.
El ministro intentó explicar que el designado era cercano
a Perón y Eva lo cortó diciendo: “-Cercano, nada, Cafie-
ro. ¿Sabe cuántos traidores hay al lado de Perón? ¿O
usted no sabe que nos sobran alcahuetes y nos faltan
revolucionarios? Usted es joven, pero no es tonto ¿Sa-
be usted lo que significa lealtad?”.
Luego continuó con un párrafo que podríamos considerar
profético: “-¿Sabe lo que yo sería capaz de hacer por
Perón? Ahora mismo, mandaría al diablo a los médicos
que no me curan y me iría de rodillas a Luján a rezar por
el General. Porque él es la única esperanza de este
pueblo. La única razón de ser de los pobres y humildes
de la Patria. Sin él, los oligarcas y los vendepatrias
van a vivir la hora de la venganza. Acuérdese de lo
que le estoy diciendo. Usted lo va a ver y yo no. Esa es
mi única tristeza”.
El golpe de estado de 1955 le dio la razón, a continua-
ción le mostró parte del escrito que se conocería como
“Mi mensaje”, como mucho después de su muerte se
dudó sobre la veracidad de este texto, esta mención de
Cafiero confirma su existencia.
Al mostrarle ese trabajo le dijo: “-Vea, estoy escribiendo
algunas cosas antes de morir para advertir al pueblo los
días que vienen y los peligros que corren…”.
Cafiero reflexionó: “Adiviné su escritura despareja y alte-
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rada en cada una de las hojas. Me leyó textos que me
sobresaltaron. Eran muy duros, casi incendiarios, contra
los militares y ciertas jerarquías de la Iglesia”.
Luego de la reunión Cafiero fue a la casa de sus padres
a almorzar, mientras estaba comiendo recibió una llama-
da de Eva que se disculpó por haber hablado con bas-
tante dureza y se disculpó: “-Cafiero, le pido perdón. No
he estado bien con usted. Quiero que sepa que yo soy
muy católica. Que tengo tres devociones en mi vida: la
virgen de Luján, el General Perón y los trabajadores ar-
gentinos…Pero hay curas… y hay militares traidores que
se dicen peronistas. Ellos están agazapados a la espera
del zarpazo que nos arranque estos años de felicidad…
Nunca se olvide de esto… Sea siempre leal a Perón…
La lealtad es el mayor valor de los peronistas. Por eso, el
17 de octubre, nuestro día, es el Día de la Leal-
tad…Comprenda mi enojo… Mi amor por Perón y el
pueblo pueden más que todo…”.
En ese momento rompió en llanto, fue la última vez que
Cafiero habló con ella, que a continuación procedió a
suspender la designación del funcionario cuestionado.
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Mi mensaje
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un elogio del fanatismo, remarcando que la transforma-
ción del país requería de militantes firmemente conven-
cidos de sostener su accionar constante para mejorar la
situación de los sectores más humildes dejando de lado
el egocentrismo y el burocratismo: “Los enemigos del
pueblo fueron y siguen siendo los enemigos de Perón.
Yo los he visto llegar hasta él con todas las formas de la
maldad y la mentira. Quiero denunciarlos definitivamen-
te… Solamente los fanáticos – que son idealistas y son
sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no
deben servir al pueblo… Para servir al pueblo hay que
estar dispuesto a todo, incluso a morir. Los fríos no mue-
ren por una causa sino de casualidad…”.
También incursionó en este libro en un tema crucial cual
es el papel del imperialismo y su alianza con la oligarquía
local: “Existen en el mundo naciones explotadoras y na-
ciones explotadas… Los imperialismos han sido y son la
causa de las más grandes desgracias… pero todos los
enemigos de la humanidad tienen las horas contadas,
también los imperialismos… Pero más abominables aún
que los imperialistas son los hombres de las oligarquías
nacionales que se entregan vendiendo, a veces regalan-
do, por monedas o por sonrisa, la felicidad de los pue-
blos… Declaro que pertenezco ineludiblemente y para
siempre a la „ignominiosa raza de los pueblos‟. De mí no
se dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las
alturas del poder y de la gloria. Eso lo saben todos los
pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren
los descamisados y los otros me odian y me calumnian”
Otra transcendental advertencia consistía en señalar que
el poder de la oligarquía aún estaba intacto: “Pero mien-
tras tanto, lo fundamental es que los hombres del pueblo,
los de la clase que trabaja, no se entreguen a la raza
oligarca de los explotadores. Todo explotador es enemi-
- 144 -
go del pueblo. ¡La justicia exige que sea derrotado!”.
Pero como dijimos el centro del trabajo estaba colocado
en cuestionar el papel de aquellos jerarcas de la Iglesia
que se oponían a la acción social desarrollada por el pe-
ronismo: “Yo no comprendo…por qué, en nombre de la
religión y en nombre de Dios, puede predicarse la resig-
nación frente a la injusticia. Ni por qué no pueden en
cambio reclamarse, en nombre de Dios y en nombre de
la religión, esos supremos derechos de todos a la justicia
y a la libertad”.
En este cuestionamiento implacable de los jerarcas
eclesiales seguía diciendo: “No les reprocho haberlo
combatido sordamente a Perón, desde sus conciliábulos
con la oligarquía. No les reprocho haber sido ingratos
con Perón que les dio de su corazón cristiano lo mejor de
su buena voluntad y de su fe. Les reprocho haber aban-
donado a los pobres; a los humildes, a los descamisa-
dos… a los enfermos… y haber preferido en cambio la
gloria y los honores de la oligarquía. Les reprocho haber
traicionado a Cristo que tuvo misericordia de las tur-
bas…olvidándose del pueblo… y les reprocho haber he-
cho todo lo posible para ocultar el nombre y la figura de
Cristo tras la cortina de humo con que inciensan…”
Y remataba su exposición sobre la Iglesia: “Yo soy y me
siento cristiana…porque soy católica… pero no com-
prendo que la religión de Cristo sea compatible con la
oligarquía y el privilegio”
Eva tenía una clara idea de lo que estaba ocurriendo en
el país, y sobre todos la actividad de todos esos sectores
que tenían una clara actitud golpista y de desprecio por
los sectores populares: “No soy antimilitarista ni anticleri-
cal en el sentido en que quieren hacerme aparecer mis
enemigos… Los pueblos deben cuidar que sus fuerzas
militares no se conviertan en cadenas o instrumentos de
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su propia opresión. Nosotros, el pueblo, tenemos que
ganar las altas jerarquías de las Fuerzas Armadas… En-
tre los hombres fríos de mi tiempo señalo a las jerarquías
eclesiales cuya inmensa mayoría padece de una incon-
cebible indiferencia frente a la realidad sufriente de los
pueblos….” El mensaje también estaba destinado al inte-
rior del peronismo y aquellos oportunistas que se acer-
caban al poder para beneficio personal: “Enemigos del
pueblo son también los ambiciosos. Muchas veces los he
visto llegar hasta Perón, primero como amigos mansos y
leales y yo misma me engañé con ellos, que proclaman
una lealtad –que después tuve que desmentir-; los ambi-
ciosos son fríos como culebras… La sed de riqueza es
fácil de ver. Es lo primero que aparece a la vista de to-
dos. Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cui-
darlos mucho. Se marean también ellos y no hay que
olvidar que cuando un político se deja dominar por la
ambición es nada más que un ambicioso, pero cuando
un dirigente sindical se entrega al deseo de dinero, del
poder o de los honores es un traidor y merece ser casti-
gado como un traidor…”.
Como Perón decidió no publicar este escrito, durante un
tiempo se pensó que estaba perdido, pero en 1987 apa-
recieron 79 carillas mecanografiadas con las iniciales
E.P. manuscritas.
Luego del golpe de 1955 el documento quedó en manos
del escribano de la Nación, Jorge Garrido, cuando éste
murió su familia decidió rematarlo en 1987. El historiador
Fermín Chavez lo hizo conocer, cuando en 1994 se
realizó otra publicación editada por la Editorial Futuro, las
hermanas de Eva decidieron iniciar un juicio porque lo
consideraban apócrifo, el litigio duró varios años, durante
el juicio Juan Jiménez Domínguez reconoció que había
tomado las notas que Eva les había dictado y las había
- 146 -
mecanografiado y que en cada una de los originales Eva
había colocado una E y una P. También se le solicitó la
opinión a Fermín Chávez que confirmó la autenticidad de
los documentos, además en un discurso realizado por
Perón el 17 de octubre de 1952 repitió parte del capítulo
29 que ella tituló “Mi voluntad suprema” y que se conoció
como el testamento de Eva Perón.
En noviembre de 2006 el juez Alejandro César Verda-
guer sentenció que María Eva Duarte de Perón era la
autora de “Mi mensaje”.
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El testamento
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fueron regalos de mi pueblo. Pero aún las que recibí de
mis amigos o de países extranjeros, o del general, quiero
que vuelvan al pueblo. No quiero que caigan jamás en
manos de la oligarquía y por eso deseo que constituyan,
en el museo del Peronismo, un valor permanente que
sólo puedan ser utilizado en beneficio directo del pueblo”.
Atilio Renzi recordó algún tiempo después que: “Cuando
la señora se empeoró, muchos viajaron al interior en
busca de manosantas, brujas y hechiceros. Llegaba gen-
te desde muy lejos para rezar en los jardines de la resi-
dencia… El día que fue el padre Benítez a darle la ex-
tremaunción, en plena lluvia, la gente se arrodillaba a
rezar en la calle. Hasta las habitaciones llegaba el mur-
mullo de las oraciones. Yo pensaba que muchos se iban
a agarrar una pulmonía”.
En julio su estado continuó agravándose, el 18 sufrió un
coma desde el mediodía hasta las 12 de la noche, Bení-
tez lo vivenció así: “Creíamos que se nos moría. Dos
días después estaba anunciada la misa de la CGT. Pe-
rón estaba aterrorizado. Temblaba pensando que, duran-
te la misa, donde se congregaría un millón y medio de
personas, en ese preciso momento, ella muriese”.
En ese acto se había acordado que Perón llamaría a Be-
nítez si Eva moría, para que fuera éste el encargado de
dar la noticia a la multitud, Perón lo llamó mientras se
desarrollaba el acto por lo que el sacerdote pensó que
Eva había muerto, pero no era así, Perón le dijo “-Ella ha
querido oir la misa. Está muy bien. Pero el que estoy mal
soy yo, estoy llorando de emoción. Quisiera morirme yo
antes que ella”.
Esa convocatoria del 20 de julio la efectuó la CGT y con-
sistía en una misa en el Obelisco con la finalidad de re-
zar por la salud de Eva, se estimó que la concurrencia
llegó al millón de personas a pesar de la llovizna y el frío,
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la misa fue oficiada por el sacerdote peronista Virgilio
Filippo.
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La despedida
de un pueblo
agradecido
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un susurro: -No abandones nunca a los pobres. Son
los únicos que saben ser fieles… “. El General tam-
bién expresó: “Aquellos días de cama fueron un infierno
para Evita. Estaba reducida sólo a piel, a través de la
cual se percibía ya el blancor de los huesos. Sólo los
ojos parecían vivos y elocuentes”.
Se supone que las últimas palabras de Eva se las dirigió
a la mucama Hilda Cabrera de Ferrari en la mañana en
que murió: “Me voy, la flaca se va, Evita se va a descan-
sar” después entró en coma.
La enfermera María Eugenia Álvarez cuenta que aquel
26 de julio de 1952 a las 20:25 horas, además de ella en
torno de Eva estaban “…el General, Apold, Nicolini,
Juancito Duarte, el doctor Taquini, el doctor Mendé, el
padre Benitez, Renzi y el maestro Finochietto que lloraba
desconsoladamente. En el cuarto contiguo estaban la
mamá y las hermanas”.
La enfermera también testimonió: “El general lloraba co-
mo un niño y llegó a decirme:
„Qué sólo me quedo, María Eugenia‟, ¡Qué razón tenía
ese hombre! A partir de ese momento su más fiel com-
pañera ya no iba a estar mal, la mujer que más lo amaba
y respetaba en el mundo ya no estaba. Y este hombre
lloraba, es tremendo ver llorar a un hombre, nunca había
visto llorar a alguien así. Este hombre de la República
¡cómo lloraba sentado en la silla de aquel dormitorio!”
Una semana antes de su fallecimiento, colaboradores de
Perón se comunicaron con el médico español Pedro Ara,
uno de los mayores expertos en embalsamamiento, a las
22 horas del 26 de julio, el médico llegó a la residencia
fue recibido por Perón, con quién firmó un contrato por
los honorarios que recibiría por el embalsamar el cuerpo
de Eva. Atilio Renzi explicó la situación: “A las 8 de la
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mañana del domingo 27 se dio por terminado el embal-
samamiento provisorio que aseguraba la incorrupción
por espacio de dos semanas. El trabajo definitivo lo reali-
zó en la CGT. Tardó unos diez meses. Fue algo admira-
ble. No extirpó órgano alguno. El cuerpo estaba tan natu-
ral que Evita parecía dormida…”
Al conocerse la noticia de la muerte de Eva el país quedó
paralizado, el gobierno decretó dos días de duelo que de
hecho se transformaron en varios días más, la CGT de-
claró también dos días de huelga general y 30 días de
duelo. El Consejo Superior del Partido Peronista decidió
que sus adherentes usaran corbata negra por tres días y
luto en la solapa por un mes.
En el edificio del antiguo Consejo Deliberante se realizó
el velatorio que fue posiblemente el más imponente de la
historia de nuestro país en cuanto a participación popu-
lar, la hilera de gente para ingresar al recinto se extendía
por varios kilómetros, la Fundación y el Ministerio de Sa-
lud Pública instalaron 40 puestos sanitarios y el ejército
dispuso de unas cocinas de campaña para proveer de
comida y bebida caliente a la multitud.
Marysa Navarro lo definió como “una explosión de dolor
colectivo que rebasó todas las previsiones”. Se calculó
que la cola llegó a las 30 cuadras para poder pasar fren-
te al ataúd, al hacerlo muchos estallaban en llantos, otros
besaban el ataúd, en algunos casos hizo falta la atención
médica. Las radios sólo transmitían música sacra.
Mucha gente lloraba como se llora a un familiar, las zo-
nas cercanas al velatorio se poblaron de flores, producto
que se agotó y se debió recurrir a importarlas de Uru-
guay y Chile.
Pero mientras millones de personas expresaban su dolor
a lo largo y lo ancho del país, en los barrios acomodados
- 154 -
el champagne se agotaba consumido por aquellos que
festejaban la muerte de “la yegua” como la llamaban en
su infinito desprecio, mostrando que el odio de las clases
pudientes no pasa de moda pero carece de imaginación,
especialmente cuando se trata de descalificar a mujeres
con gran coraje, que llegaron a ocupar espacios de res-
ponsabilidad y que no se sometieron a las imposiciones
de la oligarquía.
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El mundo
reconoce
su obra
El 29 de julio, convocada
por el Consejo Superior del
Partido Peronista se realizó
por la noche una extraordi-
naria y conmovedora mar-
cha de antorchas hacia la Plaza de Mayo donde había
un enorme retrato de Eva Perón. Los homenajes se mul-
tiplicaron a lo largo del país, algunos organizados, pero
otros espontáneos por la iniciativa de gente humilde que
levantaba altares con fotos de esta mujer admirada al
que cubrían de flores.
El 30 se reanudaron las clases y se produjo el retorno al
trabajo pero muchas personas continuaban realizando la
cola para poderla ver por última vez.
Ante la insistencia del Dr. Ara se resolvió dar por finali-
zado el velatorio en el Ministerio de Trabajo el 9 de agos-
to, las exequias se habían extendido mucho más de lo
previsto en un principio.
El ataúd fue trasladado al Congreso Nacional donde se
le rindieron los últimos honores, nuevamente una multi-
tud estimada en dos millones se volcó a las calles, por
último el cuerpo fue depositado en el edificio de la CGT.
La conducción de la Central Obrera se basó en varios
discursos de Eva donde expresaba esa voluntad, para
argumentar que sus restos debían descansar en su se-
de, tanto su madre como Perón no estaban de acuerdo
pero concluyeron aceptando.
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Los diarios de todo el mundo reflejaron la conmoción
producida por la noticia de su muerte, un diario de Lieja,
Bélgica, expresaba: “Todo un pueblo ha llorado su muer-
te y ningún sofista nos podrá hacer creer que esas gen-
tes se han apretujado para verla una única vez en su
féretro, hayan venido por orden o cortesía. Vienen por-
que la quieren, para manifestar el amor y el reconoci-
miento que experimentaban por aquella que, en pocos
años, había sabido sacarlos del espantoso abismo don-
de los había sumergido y mantenido el reino de los „caci-
ques‟ apellidados injustamente liberales”.
En Montreal Canadá, un diario reflejó: “Obtuvo la igual-
dad jurídica y legal de la mujer argentina, y a pesar de la
oposición de la alta burguesía, logró dar al país una le-
gislación social femenina, de la cual se inspiran no sola-
mente la América Latina sino muchos otros países del
mundo”.
Y en Bogotá, Colombia, se escribió: “Eva de América, tus
legiones mundiales de descamisados están en pie, listos
para librar las batallas por la supervivencia del espíritu,
por el reinado de la justicia social, seguras el triunfo por-
que llevan a Cristo y a ti por banderas”.
Hasta en lugares tan alejados como Beirut, un periódico
decía: “Se dice que donde entra la política todo se co-
rrompe, pero Eva Perón demostró que donde entra el
amor la política se subyuga. Aseguramos que su obra y
su amor por el pueblo quebrarán todas las normas exis-
tentes en esa materia y su obra quedará grabada para
siempre en todos los corazones sin distinción de credos,
razas o ambiciones”.
El 10 de agosto el cuerpo de Eva descansó en la sede
de la CGT de la calle Azopardo y al día siguiente el Dr.
Ara comenzó con los trabajos para el embalsamamiento
definitivo, en el segundo piso se dispuso una habitación
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para que el médico realizara su trabajo, el cual se exten-
dió hasta el año siguiente.
Luego de su muerte el trabajo en la Fundación se resintió
seriamente, las cartas seguían llegando, pero nadie es-
taba en condiciones de dar respuesta, en un principio fue
Perón quién dedicó dos tardes a la semana para atender
a la gente, pero sus responsabilidades le impidieron con-
tinuar haciéndolo, de la tarea se encargó entonces Atilio
Renzi. Perón también se hizo cargo de la presidencia del
Partido Peronista Femenino pero luego delegó las fun-
ciones en la diputada Delia Parodi.
Otra de las consecuencias de su fallecimiento fue que los
sindicalistas y los políticos más cercanos a ella cayeron
en desgracia, el 17 de octubre de 1952 en el acto en la
Plaza de Mayo se leyó el testamento de Eva, en esta
concentración fue silbado el secretario general de la
CGT, José Espejo, quién había sido uno de los promoto-
res de la candidatura de Eva, a raíz de ese repudio a los
pocos días renunció al cargo. El diputado y futuro presi-
dente en 1973, Héctor J. Cámpora, otro de los promoto-
res de la postulación también resultó desplazado.
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El saqueo de la Fundación
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Niños más grande de América Latina, pero los tiranos
decidieron paralizar las obras, durante la presidencia de
Menem se decidió su demolición.
Ramón Cereijo, Ministro de Hacienda y administrador de
la Fundación testimonió: “Cuando fue intervenida, la
Fundación tenía 600 millones de pesos en la caja. Cuan-
do comenzó – y así se testimonió en el acta que labró el
escribano Raúl Gaucherón- sólo diez mil pesos formaban
su capital”.
También explicó Cereijo: “Yo firmaba 35 mil cheques por
año, por eso al morir la señora, ordené una verificación a
fondo de las finanzas y presentamos una memoria com-
pleta y al día. Así seguimos hasta septiembre de 1955,
en que la Revolución (autodenominada Libertadora) en-
contró un activo de 3.500 millones de pesos. El nuevo
gobierno no integró ese dinero a las cajas de jubilaciones
(como lo preveía el estatuto de la Fundación en caso de
disolución)”.
El gobierno incautó los bienes de la Fundación, hasta
ese momento contaba con un presupuesto anual de mil
millones de pesos, sus inmuebles fueron tasados en
1.600 millones y sus activos en 3.500 millones.
Se formó una comisión investigadora que no encontró
ninguna irregularidad, halló depósitos de dineros intactos
por un monto de 250 millones de dólares al cambio de
octubre de 1955, importe que nunca fue depositado en
las cajas de jubilaciones como fue prometido por los gol-
pistas.
En el informe que investigó la Fundación se decía: “Des-
de el punto de vista material de la atención de los meno-
res era múltiple y casi suntuosa. Puede decirse, incluso,
que era excesiva, y nada ajustada a las normas de so-
briedad republicana que convenía, precisamente, para la
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formación austera de los niños. Aves y pescado se in-
cluían en los variados menús diarios. Y en cuanto al ves-
tuario, los equipos mudables, renovables cada seis me-
ses, se destruían”.
El informe denota el sentido clasista de sus redactores
que consideraban que los pobres no eran merecedores
de semejante atención, contrariamente a lo pensaba
Eva, ellos temían que los humildes se acostumbraran a
una vida digna y luego le reclamaran a los gobernantes
mantener ese nivel de justicia social.
La comisión investigadora llegó a la siguiente conclusión:
“A pesar de la exhaustiva investigación llevada a cabo
no se ha llegado a comprobar hechos que estuvieran
penados por las leyes, pues el procedimiento técnico y
legal al que se ajustaron las licitaciones, concursos de
precios y compras han sido realizados en todo momento
dentro de las normas administrativas de rutina, pero
tampoco cabe duda alguna que ciertos jefes de dichas
dependencias se encuentra comprometidos, pues mu-
chos detalles nos llevan a la presunción, más al ser im-
posible probarlos por falta de elementos de juicio indis-
pensables, no puede iniciarse acción judicial contra los
mismos”.
En tanto Adela Caprile que participó de la liquidación de
la Fundación nombrada por los golpistas dijo: “Nunca
hubiera creído que se pudiera reunir semejante cantidad
de raquetas de tenis. Era un despilfarro y un delirio, pero
no era un robo. No se ha podido acusar a Evita de ha-
berse quedado con un peso. Me gustaría poder decir
lo mismo de los que colaboraron conmigo en la li-
quidación del organismo”.
Eva había explicado en “La Razón de mi vida” la necesi-
dad de administrar los fondos destinados a la Fundación
con la mayor meticulosidad: “Yo cuido de esos aportes
- 161 -
más que de mi propia vida… y he prometido que la Fun-
dación manejará sus fondos en caja de cristal, a fin de
que jamás se empañe con las más leve sombra, ese di-
nero limpio -¡el único dinero limpio que yo conozco!- que
viene de las manos honradas de los obreros”. El go-
bierno surgido del golpe también montó una exposición
con la supuesta intención de mostrar al público como
vivían Perón y Eva, allí se expusieron autos de Perón,
centenares de sombreros y zapatos de Eva, y se dedicó
un espacio especial a las joyas. Perón dijo al respecto:
“Esas joyas estaban guardadas y a disposición de la
Comisión del Monumento a Eva Perón, designada y cos-
teada por suscripción popular, para servir de garantía a
préstamos para la vivienda obrera, según lo dispusiera
Eva Perón en su testamento, que fue leído en la Plaza
de Mayo ante un millón de personas el 17 de octubre de
1952”.
Y siguió exponiendo el fraude: “El truco es simple: se
agregaron joyas por un valor de 27 a 87 millones. Hemos
visto algunas fotografías, y no reconozco en ellas las
joyas pertenecientes a Eva Perón, que conocía perfec-
tamente. ¡Quién sabe qué joyerías habrán cooperado en
esa superchería!”.
Aún hoy nada se sabe sobre el destino de esos objetos,
lo cierto es que no se cumplió con el deseo de Eva de
que lo recaudado por la venta de las joyas y otras pro-
piedades fueran destinados a los sectores más humildes,
sino que fue a engrosar las fortunas de algunos gorilas
vinculados al poder golpista. Cada tanto aparecen en
Nueva York o Londres esas joyas en alguna subasta.
Bajo el argumento de investigar al peronismo se efectuó
un verdadero saqueo de los bienes de muchos peronis-
tas y del patrimonio del pueblo argentino.
La enfermiza intención de eliminar cualquier vestigio del
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paso de Eva en la vida política argentina provocó que
Aramburu dispusiera la demolición de la Residencia Pre-
sidencial de Austria y Libertador, que también ordenó
demoler una casa de Eva en la calle Teodoro García.
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Los profanadores
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mían que fuera un motivo de culto y veneración, se le
encomendó al desquiciado teniente coronel Carlos Eu-
genio Moori-Koenig del Servicio de Informaciones del
Ejército (SIE) la misión de trasladar el cuerpo de Eva
hasta un lugar secreto.
A las 22 horas del 23 de noviembre de 1955, apenas tres
días después de haber derrocado a Lonardi, Moori-
Koenig y el mayor Eduardo Antonio Arandía le ordenaron
a los militares a cargo de la custodia de la CGT que
abandonasen sus puestos, luego ingresó un grupo de 20
personas que tenía el objetivo de secuestrar el cadáver
de Eva. Arandía le ordenó al Dr. Ara que entregara la
documentación y las fotografías con la intención de
quemar todo y no dejar ningún tipo de rastro, el médico
atinó a negociar con los militares que le permitieran que-
darse con algunos documentos a cambio de acondicio-
nar el cuerpo para su traslado, también se le daría un
recibo por todo lo que entregara.
En 1961 entrevistado por un periodista Moori-Koenig de-
claró: “Lo sacamos de la CGT, y fuimos con él hasta la
calle Sucre. Cuando yo la vi, por primera vez en aquella
noche, no parecía muerta. ¡Al contrario! Estaba como
cuando vivía”.
También contó algunos aspectos aún más siniestros co-
mo que la sumergieron en una bañadera con agua para
comprobar si el cadáver podía resistir, luego estos psicó-
patas brindaron con whisky: “Desde entonces llevo pa-
deciendo. Intentaron matarme en tres oportunidades; y,
cuando duermo o ando por la calle, una metralleta des-
cansa debajo de la almohada o se esconde en los plie-
gues del abrigo cuando voy por las calles…”.
Este militar profanador sometió al cuerpo a paseos por la
ciudad, incluso intentó depositarlo en un regimiento, pero
el jefe del mismo decidió no permitirlo. El camión con el
- 165 -
cadáver permaneció estacionado en distintas esquinas
de Buenos Aires, luego se lo trasladó a una casa del
Servicio de Inteligencia del Ejército en la calle Sucre
1835, finalmente reposó en el altillo de la casa del mayor
Arandía.
César Villaurrutia fue un militante de la Resistencia Pe-
ronista que relató lo siguiente sobre un grupo de jóvenes
peronistas que intentó recuperar el cuerpo de Eva:
“…alrededor de las tres de la mañana vimos salir a los
cuatro hombres con mucha dificultad, con un cajón alar-
gado. Entonces no dudamos de que, efectivamente, reti-
raban el cuerpo de Eva Perón…Seguimos al camión
cuando se puso en marcha. Al principio se metió por al-
gunas calles céntricas. Pero después retomó la Avenida
del Libertador, y a gran velocidad, tomó la dirección de
Belgrano. Cuando pasamos por las barrancas, doblaron
a la izquierda y continuaron por la calle Juramento. No-
sotros les seguíamos lo más cerca posible. Pero, como
no queríamos ser descubiertos íbamos a menos veloci-
dad que ellos. Así fue como, en una de vueltas, los per-
dimos de vista. Desesperados, „inspeccionamos‟ el barrio
casi calle por calle. Al fin, como a las cinco de la maña-
na, encontramos el camión azul. Estaba detenido en la
calle Sucre, cerca del río, ante una casa de aspecto lujo-
so. Con todas las precauciones nos acercamos al lugar:
había luz en la casa y ésta se asomaba a trasvés de las
ventanas. Arrastrándose, pegado a la pared, uno de los
nuestros llegó hasta el camión y consiguió abrir sus puer-
tas posteriores. ¡El cajón ya no estaba allí…!”
Por donde pasaba el cuerpo, al rato aparecían flores y
velas encendidas mostrando que estaban siguiendo la
pista, los militares encargados de custodiar y esconder el
cuerpo estaban obsesionados ante la posibilidad de sufrir
un ataque de algún grupo peronista. La locura en aque-
- 166 -
llas mentes llegó a tal extremo que una noche el mayor
Arandía sintió un ruido en su casa donde estaba escon-
dido el cuerpo, creyendo que se trataba de un comando
peronista que intentaba recuperar el cadáver disparó y
mató a su mujer que se había levantado por la noche.
El teniente coronel Moori- Koening intentó llevar el cuer-
po a su casa pero su esposa se opuso, entonces lo tras-
ladó al cuarto piso de Viamonte y Callao donde tenía su
oficina, el militar mostraba el cadáver a los visitantes co-
mo si se tratara de un trofeo. La directora María Luisa
Bemberg fue una de las visitantes y se lo contó al marino
y luego político Francisco Manrique, éste a su vez se lo
comunicó al presidente Aramburu, quién al comprobar la
extraña conducta del oficial decidió relevarlo de su mi-
sión y lo trasladó a Comodoro Rivadavia.
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El miedo de la oligarquía
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Italia y fallecida en Rosario en un accidente automovilís-
tico, la misión oficial estaba conformada por el oficial
Hamilton Díaz, bajo la identidad falsa de Giorgio Dema-
gistris que era el viudo, y el suboficial Manuel Sorolla.
El barco partió el 23 de abril de 1957, los dos militares
que acompañaban el ataúd fueron recibidos por el sa-
cerdote Giovanni Penco, Eva fue sepultada el 23 de ma-
yo en el cementerio Mayor de Milán, se le encomendó a
una señora llamada Giusepina Airoldi para que le llevara
flores a lo largo de 14 años, sin que nunca supiera la
verdadera identidad de quién estaba enterrada en esa
tumba.
Además de quienes intervinieron en el traslado y Cabani-
llas, sólo estaban enterados Aramburu, Lanusse y su
confesor el sacerdote Rotger que fue el encargado de
hacer el contacto con Penco que era su superior en la
orden.
Aramburu depositó un sobre lacrado en una escribanía
de Buenos Aires con la información sobre el operativo y
el lugar del entierro, estableciendo la condición que la
apertura del sobre se realizara un año después de su
muerte.
Luego del traslado a Italia el servicio de Inteligencia de
la Armada se dedicó a plantar pistas falsas, con esa fina-
lidad se le enviaban cartas a dirigentes peronistas infor-
mándole sobre supuestas pistas para encontrar el cuer-
po, uno de esos inventos fue que el cuerpo había sido
incinerado en el cementerio de la Chacarita y otro que
había sido arrojado al mar.
En 1970 los Montoneros secuestraron a Aramburu, una
de las exigencias era la restitución del cuerpo de Eva.
Cuando fue interrogado se le preguntó sobre el destino
del cadáver, Aramburu les dijo que se encontraba en
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Italia y que toda la documentación se encontraba en una
caja de seguridad, también explicó que Cabanillas tenía
la documentación y que si lo liberaban haría los trámites
para que el cuerpo fuera restituido, pero los Montoneros
no aceptaron llevar a cabo ninguna negociación.
En uno de los comunicados emitidos por el grupo arma-
do durante el secuestro informaron que Aramburu había
reconocido su responsabilidad en la profanación y poste-
rior desaparición del cuerpo.
Cabanillas por su parte comentó que al enterarse del
secuestro de Aramburu se comunicó con Lanusse y le
ofreció toda la documentación secreta que se encontraba
en su poder.
Cuando al régimen militar no tuvo más remedio que lega-
lizar la actividad política ante la creciente resistencia po-
pular, Lanusse que era el presidente de la Nación decidió
restituir el cuerpo, por lo cual le solicitó al sacerdote Rot-
ger que viajara a Milán y obtuviera la autorización para
exhumar el cadáver, Cabanillas y Sorolla en calidad de
supuestos familiares viajaron a Italia y el 1° de septiem-
bre de 1971 se produjo la exhumación.
La dupla Cabanillas-Sorolla encargados de regresar el
cuerpo de su esposa al general Perón, fue la misma que
tiempo antes habían intentado asesinarlo el 25 de mayo
de 1957 en Caracas, el primero había sido el organiza-
dor desde Buenos Aires y el segundo fue el que colocó
una bomba bajo el auto de Perón ante quién se había
presentado como miembro de la Resistencia Peronista.
La comisión enviada por el gobierno llegó a la residencia
de Perón en España integrada por el embajador argen-
tino Rojas Silveira, acompañado por tres sacerdotes y
Cabanillas, fueron recibidos por Perón, su esposa Isabel,
López Rega y Jorge Daniel Paladino.
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Según el embajador, Perón se largó a llorar cuando vio el
cuerpo y dijo: “Yo he sido con esta mujer muchos más
feliz de lo que todo el mundo cree”.
Lo que no dijo el embajador fue que Perón exclamó con
rabia: “¡Miserables!” al comprobar los vejámenes de los
profanadores.
Erminda Duarte por su parte escribió: “Tu frente continúa
siendo serena pese a que muestra un puntazo en la sien
derecha y la señal de cuatro golpes. Veo un gran tajo en
tu mejilla derecha y lo que queda de tu nariz destrozada,
casi completamente destrozada. Es que tu sacrificio fue
más allá de tu último día de vida porque ningún verdade-
ro sacrificio termina jamás”.
El general le pidió a Ara que realizara un informe, éste
indicó que el deterioro era producto del paso de tiempo,
pero las hermanas de Eva no estuvieron de acuerdo con
ese dictamen y señalaron en detalle los actos salvajes
sufridos por el cuerpo:
Varias cuchilladas en la sien y cuatro en la frente, gran
tajo en la mejilla y otro en el brazo, la nariz hundida con
fractura del tabique, cuello prácticamente seccionado, un
dedo cortado, rótulas fracturadas, pecho acuchillado en
varias partes, plantas de los pies cubiertas con una capa
de alquitrán, la tapa de zinc del ataúd tenía tres perfora-
ciones intencionales, el ataúd por dentro se encontraba
mojado y el cuerpo había sido cubierto por cal y algunas
parte mostraban quemadura producto de la cal.
El Dr. Telechea que estuvo a cargo de la restauración
del cuerpo en 1974 indicó que lo encontró muy deterio-
rado.
Cuando Perón regresó a Buenos Aires, el cuerpo de Eva
quedó en Madrid, el 25 de octubre de 1974 luego de la
muerte de Perón, Montoneros secuestró el cuerpo de
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Aramburu y exigieron la repatriación de Eva. Isabel Pe-
rón, presidenta de la Nación accedió al intercambio y el
cuerpo fue depositado junto al de Perón en la quinta de
Olivos, se dispuso también que el público pudiera visitar
el lugar.
Al producirse el golpe de estado de 1976, Videla se negó
a mudarse a la Residencia Presidencial hasta que tras-
ladaran los restos de Perón y Eva.
El 9 de octubre de 1976 se decidió entregar el cuerpo a
sus hermanas, a pesar que hubo una propuesta de Mas-
sera de arrojar el cuerpo al mar, el 24 de octubre Eva
descansó por fin en la bóveda de la familia Duarte en la
Recoleta, en el traslado el chofer de la ambulancia sufrió
un infarto muriendo a las pocas horas en el Hospital Mili-
tar. Preguntado un alto jefe militar porque los urgía más
trasladar el cadáver de Eva que el de Perón, el represor
contestó: “Tal vez porque a ella es a la única que siem-
pre, aún después de muerta, le tuvimos miedo”.
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Comentario sobre la bibliografía
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