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La Presidencia de La República.: Manuel González Oropeza

Este documento describe los orígenes del poder ejecutivo en las sociedades prehispánicas mesoamericanas. Los gobernantes indígenas como los tlatoanis mexicas no tenían poder absoluto, sino que su autoridad estaba balanceada por otras instituciones como el Consejo, el Cihuacoatl y los calpullis o barrios. Aunque buscaron expandir su territorio, el gobierno mexica no era despótico sino que había división de poderes. Los tlatoanis gobernaron la triple alianza de Tenochtitlan, Tacuba

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La Presidencia de La República.: Manuel González Oropeza

Este documento describe los orígenes del poder ejecutivo en las sociedades prehispánicas mesoamericanas. Los gobernantes indígenas como los tlatoanis mexicas no tenían poder absoluto, sino que su autoridad estaba balanceada por otras instituciones como el Consejo, el Cihuacoatl y los calpullis o barrios. Aunque buscaron expandir su territorio, el gobierno mexica no era despótico sino que había división de poderes. Los tlatoanis gobernaron la triple alianza de Tenochtitlan, Tacuba

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LA PRESIDENCIA

DE LA
REPÚBLICA.

ACCESO, DESCENSO Y TRANSFORMACIÓN

Manuel González Oropeza

1
Secretaría de Cultura (2017) Gobierno de México.

2
CAPÍTULO PRIMERO

ORÍGENES DEL PODER EJECUTIVO

I. Antecedentes Prehispánicos

Pareciera natural que los pueblos originarios en Mesoamérica siguieran el liderazgo


de un guerrero o sacerdote que los guiara en su peregrinación hacia los
asentamientos que ocuparían. Los orígenes míticos o reales apuntan hacia esas
personas que constituirían, mucho tiempo después, en los gobernantes que junto a
las Constituciones en América serían los titulares de un Poder Ejecutivo, o
Presidente.

El Presidente como titular único del Poder Ejecutivo se ha convertido en una figura
todopoderosa del constitucionalismo en múltiples países. El estereotipo,
especialmente en América Hispana ha sido el de un jefe omnipotente y despótico,
se basa en las raíces históricas de nuestra cultura y tradición .1 Esta impresión no
es fiel a la realidad ni a la historia por lo que merece analizarse.

Aunque en la actualidad se ha llegado a implementar, de manera sofisticada, para


concentrar el poder en la persona de un presidente, a través de reformas legales y
partidos políticos, la historia del poder ejecutivo nos revela otra realidad, aunque
algunas veces se hayan logrado consumar dictaduras.

El autoritarismo que ha rodeado el ejercicio del poder presidencial en México se ha


considerado como una consecuencia del poder ejercido tradicionalmente de manera
unilateral y represiva sin tener como base el consenso social del gobernante con los
gobernados.

Empecemos por nuestra raíz indígena. La idea del poder entre los antiguos pueblos
indígenas mesoamericanos, tanto del altiplano como de la zona maya, ha sido de
que sus gobernantes fueron omnipotentes y que, por lo tanto, el poder político de
los presidentes actuales en México deriva de esta tradición centralista y autoritaria,
que perturba incluso nuestro sistema federal

Desde los primeros tiempos se ha considerado que los soberanos, tanto mexicas
como mayas, dominaban el panorama social, dictando sin oposición, ni consenso,

1
Víctor Manuel Durand Ponte. “La cultura política autoritaria en México”. Revista Mexicana de Sociología. Volumen
57. Número 3. Julio-septiembre 1995. p. 67-103. UNAM

3
cuantas medidas arbitrarias se requerían para dominar un territorio cada vez más
creciente.

Estos soberanos no fueron autoridades omnipotentes que tomaran decisiones


unilaterales sin ningún tipo de freno o límite. Su organización política fue compleja
y respondió a instituciones diversas cuyo ejercicio político era constante y fuerte. En
cuanto a los mexicas, porque aquellos que ven al estado presidencialista mexicano
como heredero de las prácticas autoritarias prehispánicas han desconocido las
instituciones que tuvieron un papel político en su vida institucional.

En el afán histórico de los gobernantes mexicas por alcanzar la centralización del


poder en una gran extensión territorial, la forma de gobierno de los antiguos
mexicanos no era absoluta ni despótica, pues junto al emperador o Tlatoani, existía
otro principal con el título de Cihuacoatl textualmente “mujer serpiente”, aunque se
tratara de un varón. Su papel en el gobierno no era de un simple asesor del
soberano, sino el de una autoridad que podía cuestionar y oponerse incluso a las
medidas dictadas por el Tlatoani. Entre los registros más notables de este
personaje, figura Tlacaélel (1397-1487) quien durante su longeva vida logró, por su
notoriedad y criterio, servir a tres emperadores en la etapa más importante del
imperio mexica: Chimalpopoca (1417-1426), Izcóatl (1427-1440) y Moctezuma
Ilhuicamina (1440-1469). 2

Los hechos más destacados de Tlacaélel fueron el haber logrado la victoria de los
aztecas sobre los tepanecas de Azcapotzalco bajo el régimen de Izcóatl, la creación
de la Triple Alianza y la consolidación del Imperio Azteca; pero a la vez, limitó el
poder del gran gobernante o Huey Tlatoni de tal manera que incluso hay autores
que lo consideran como cogobernante de Moctezuma primero.

Los Tepanecas de Azcapotzalco dominaban el valle central del Anáhuac hacia


1427. La triple alianza ideada por Tlacaéletl y el liderazgo de Izcoátl, conjuntó la
fuerza de Tenochtitlan, Tacuba y Texcoco.

Para Francisco León Carbajal quien escribió en 1864 sobre el gobierno de los
pueblos nahuas, el poder fragmentado de los mexicas era indudable:

La monarquía mexicana, dígase lo que se quiera, en su origen y en su


esencia no fue absoluta sino aristocrática. El cuerpo de la nobleza levantó el
trono y rodeóse a él, no con el fin de darse un amo, antes bien para valerse
de su prestigio y gobernar a su sombra. 3

Pero otra institución que limitó el poder de los tlatoanis fue el calpulli; la ciudad o
Altépetl de Tenochtitlan estaba compuesta por barrios con comportamientos

2
Enrique Vela. “Los Tlatoanis Mexicas”. Arqueología Mexicana. Edición Especial número 40. octubre 2011. p. 8-
90. Patrick Johansson. “Tlahtoani y Cihuacóatl. Una dualidad teocrática en México-Tenochtitlan”. Arqueología
Mexicana. Vol. XXIII. Número 133. Mayo-junio 2015. p. 22-29
3
Francisco León Carbajal. Discurso sobre la legislación de los antiguos mexicanos (1864). Edición Facsimilar.
Estudio preliminar de Ana Luisa Izquierdo y de la Cueva. INACIPE. 2014. p. 48

4
sociales y políticos semiautónomos. Eran grupos de linaje con una historia propia,
algunos eran tan antiguos como la misma peregrinación desde Aztlán; había cuatro
barrios interiores y tres exteriores. En cuanto al gobierno general dos capullis
centrales eran los encargados de la organización interna del pueblo (legislación,
ceremonial interno, control social, entre otros aspectos de importancia) y los
exteriores de la guerra y de la diplomacia.4 Pero esto cambió y llegó a haber 20
calpullis, siempre con una división de funciones en el gobierno.5 Los calpullis tenían
sus propios dioses, sus jefes, que fueron varios, su organización para el trabajo
comunal y hasta sus propias escuelas.

La dinastía gobernante de los mexicas descendía de Acamapichtli y los siguientes


Tlatoque (plural de Tlatoani) eran electos por un Consejo. Entre sus principales
funciones ejecutivas estaban:

1. Desarrollar los asuntos públicos de gobierno


2. Impartir justicia
3. Procurar el bienestar del pueblo
4. Llevar a cabo obras públicas, y
5. Desempeñar y velar por los ritos religiosos (Captura de prisioneros, organizar los
sacrificios humanos y ofrecerlos a la divinidad).

La cronología de los gobernantes mexicas puede citarse de la siguiente manera:6

1. Acamapichtli (1355-1395)- Gobernó por veinte años a partir de 1375


2. Huitzilihuitl (1370-1417)- Gobernó cerca de 25 años a partir de 1395
3. Chimalpopoca (1401-1426)- Gobernó cerca de 22 años a partir de 1417)
4. Izcoátl (?-1440) Fundador del Imperio Mexica y de la Triple Alianza, gobernó a partir
de 1427 por cerca de trece años
5. Moctezuma Ihluicamina (1390-1469)- Gobernó por cerca de 30 años a partir de
1440
6. Axayácatl (1450-1481)- Gobernó desde 1469 por doce años
7. Tizoc (?-1486)- Gobernó por cinco años a partir de 1481, murió envenenado.
8. Ahuízotl (?/ 1502)- Extendió el margen de influencia territorial hasta Tehuantepec y
el Soconusco. Gobernó de 1486 durante 16 años
9. Moctezuma Xocoyotzin (1467-1520)- Enfrentó a los españoles y gobernó desde
1502 hasta la caída de Tenochtitlan
10. Cuitláhuac (1460- 1520)- Gobernó brevemente durante la Conquista
11. Cuauhtémoc (1500 – 1521)- Ultimo gobernante azteca

La sucesión en el poder político no era lineal sino colateral en muchas ocasiones.


Los lazos familiares unían a los personajes importantes, por ejemplo, Tlacaéletl fue
hermano de Moctezuma Ilhuicamina.

4
Rudolf Van Zantwijk. “Principios organizadores mexicas. Una introducción al estudio del sistema interno del
régimen azteca” www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/nahuatl/.../048.pd, p. 202-203.
5
Idem, p.220.
6
Tomado de Enrique Vela. “Los tlatoanis Mexicas”. Arqueología Mexicana. Edición Especial. Número 40.

5
También, los nobles de cada calpulli ejercían funciones jurisdiccionales, dándose
cuenta de esta importante función en Texcoco, cuando un jefe de linaje, o señor,
fue ejecutado por decidir un juicio en su propia casa, y no en el palacio de Texcoco,
como estaba prescrito. Estos abusos eran juzgados por el Consejo del Tlatoani. 7

Texcoco gobernaba sobre millón y medio de personas, población que constituía la


mitad del poder mexica. Se evalúa que la descentralización del poder fue la acusa
de su caída, aunque notables como Nezahualcóyotl trató de centralizar su poder
sobre su señorío. La debilidad provocó su reconocimiento político hacia Tenochtitlan
y su posterior absorción en el siglo XVI. 8 Aunque Texcoco conservó su liderazgo
en cultura y ciencias.

La legislación dictada por Nezahualcóyotl fue admirada por los mexicas 9 y la exitosa
labor de su gestión la basó en la delegación de su poder a diversas unidades
políticas.

Rudolf Van Zantwijk en su estudio del gobierno interno de los mexicas dice de
Moctezuma Xocoyotzin (1502-1520):

Cuando además en tiempos de la conquista faltó defender al pueblo en contra


del peligro externo y trató de meterse directamente en los asuntos internos
de la capital, el mismo pueblo le echó piedras.10

Es posible considerar que las ideas mexicas sobre la forma de gobierno, que
sobrevivieron aún en el siglo XIX, después de la Independencia del país, mostraron
un profundo carácter religioso y monárquico. Se conoce el Plan de Chicontla (2 de
febrero de 1834) pronunciado por Epigmenio de la Piedra y Carlos Tepisteco Abad,
sacerdotes contrarios al gobierno de Valentín Gómez Farías, en el que propusieron
una monarquía indígena, al mando de un Emperador, descendiente de Moctezuma
Xocoyotzin y electo de entre “doce jóvenes célibes, nacidos y actualmente
existentes en el territorio mexicano, de los que acrediten competentemente ser más
inmediatos descendientes del Emperador Moctezuma” para que se escoja “por
suerte, el que la Divina Providencia destine para Emperador” (Artículo 5º.)

Después de jurar como Emperador, la persona se obligaría a sostener la religión


católica “en la integridad y pureza que la recibimos de nuestros mayores” (Artículo
6º.) y “dentro de los tres meses después de su elección, deberá estar casado, si
fuere indio, con una blanca, y si fuere blanco con una pura india” (sic) (Artículo 7) 11

7
J. Rounds. “Lineage, class and power in the Aztec State”. American Ethnologist. Volumen 6, Número 1.
Febrero de 1979. p. 82
8
Jerome A. Offner. Law and Politics in Aztec Texcoco. Cambridge University Press. 1983. p. 283-284
9
La legislación admirable de Texcoco había penalizado la ebriedad, el robo, adulterio y traición, debido a que
atentaba contra los valores sociales de la familia, la sociedad y el Estado. Orff. Op. cit. p. 285-286
10
Rounds. Op. cit. p.220.
11
Boletín de la Secretaría de Gobernación. 1923. Josefina Zoraida Vázquez editora. Planes en la Nación
Mexicana. Libro Dos 1831-1834. Secretaría de Relaciones Exteriores-El Colegio de México. 1987. p. 208-209.

6
Por su parte, tampoco los monarcas mayas a los que se los denominó K´uhul Ahau
o Halach uinic, eran absolutos señores de sus estados. Si bien encarnaban el centro
de la organización política como los tlatoque, bajo ellos existían toda una serie de
autoridades delegadas con funciones de organización política. Ellos pertenecían a
la aristocracia unidos al señor por parentesco con diversos grados de cercanía.

Pero igualmente en cada uno de los Ajaulel o estados mayas, se reconocían al


menos 72 unidades políticas en el período clásico. Había una serie de puestos
públicos con funciones precisas y una delegación del poder central. Pero al igual
que entre los mexicas, cada ciudad estaba dividida en conjuntos de población que
formaban unidades corporativas, quizás llamadas otoot, con su propia historia, su
propio principal o Ahau menor, que era una autoridad semi-autónoma tanto en la
organización comunal del trabajo, el culto religioso y sus propios servicios al
cuchcabaal, nombre que se les daba a los estados mayas. 12

La ausencia de una unidad política en el ejercicio de un control centralizado propició


la guerra entre las distintas ciudades fragmentadas de la zona maya durante un
período de seis siglos aproximadamente. Esta descentralización política pudo haber
originado la caída del llamado imperio maya, entre otros factores. 13

Entre las ciudades más conocidas con una organización como la hemos descrito,
denominado por la antropología “estado segmentario de clan cónico” 14 está la
ciudad de Palenque, con el K´uhul Ahau más notable y famoso del lugar: Pakal (603-
683), quien gobernó por cerca de 68 años. Quizá una diferencia notable con los
mexicas es que entre los mayas se conoce que hubo gobernantes mujeres igual
que hombres, entre las gobernantes se cuentan a Yohl Ik’nal y también a Sak K’uk,
que gobernaron igualmente en Palenque, así como muchas otras más, en sitios
como El Naranjo o Piedras Negras y Tikal.

De la misma manera, en la época del encuentro de España con América, el poder


de los Reyes Católicos tampoco fue del todo absoluto, pues ellos no unieron sus
coronas en un Imperio único, sino que las mantuvieron separadas y reinaron con
las instituciones propias de Castilla para la Reina y de Aragón para el Rey. 15

En consecuencia, si bien se logra una centralización del poder real en Castilla,


Aragón desarrolla un sistema desconcentrado dividido en Cortes para cada una de
sus partes integrantes en Valencia y Cataluña, con los Justicias de Aragón que
velaban por el exacto cumplimiento de las leyes que fueran expedidas por las Cortes
o por parte del Rey y de los nobles, o sus equivalentes en Cataluña y Valencia que
12
Ana Luisa Izquierdo y de la Cueva. “Heterarquía y unidades corporativas. Instituciones de gobierno interno maya”.
Estudios de Cultura Maya. UNAM. Volumen 51. 2018. p. 11-42
13
Se calcula que hubo alrededor de 50 estados mayas en la época clásica (250-900). Maria C. Gómez. “Mayan
Government”. Ancient History Enciclopedia. https://www.ancient.eu/Maya_Government/
14
Según Paul Kirchhoff dicho estado se caracteriza por el gobierno de un soberano que se asocia con otros
gobernantes menores los cuales representan distintos grupos de linajes. “The principles of clanship in the human
society”. Davidson Journal of Anthropology. Vol. 1. p. 1-11 Verano 1955.
15
J. H. Elliot. Imperial Spain 1469-1716. Penguin Books. 2002. p. 78

7
recibieron el nombre de Generalitat o Congres, todo lo cual implicaba un control
interno del poder político del soberano.16

Por ello, en la tradición hispana estaba presente la exclusión de un imperio


autoritario regido con omnipotencia, sino que los Reinos representaban “una
federación de territorios, cada uno con sus propias leyes e instituciones”. 17

El régimen constitucional de Aragón con sus provincias se caracterizó como


“contractual”, pues la corona gobernaba con el consenso de los principales de
Valencia y Cataluña, conservando sus propias leyes y respetando sus derechos; no
había lugar pues a despotismos autoritarios. 18

Esta nota pretende mostrar que el poder político de las culturas originarias de
México dista de ser caracterizado como un Estado unificado y omnipotente. Aún
después de los Reyes Católicos, los monarcas españoles fueron considerados un
primus inter partes frente a la aristocracia y el aparato burocrático que lo rodeo para
gobernar. 19

16
Idem. p. 28-29
17
Elliot. Op. cit. p. 31
18
Elliot. Op. cit. p. 41
19
J. H. Elliot. Empires of the Atlantic World. Britain and Spain in America. 1492-1830. Yale University Press. 2006.
p. 121-127

8
Acamapichtli (1336-1387). Primer Tlatoani (1376-1395)

Representación en el Código Tovar

Dominio público.
http://dl.wdl.org/6718.png Gallery: http://www.wdl.org/en/item/6718/

9
II. Surgimiento del sistema presidencial

Dentro de los sistemas políticos contemporáneos, el presidencialismo es el más


moderno y el más común en la mayor parte de los países de América. Como
institución política, no surge de un marco teórico definido ni previo, sino de planes
políticos, debates en los Congresos Constituyentes y de adecuaciones a diversas
instituciones en la cultura política de los países que lo adoptan.

Aunque Estados Unidos representa el modelo originario en el presidencialismo, por


ser el primer país que lo experimentó en su nuevo régimen, es evidente que el
sistema presidencial de México, como el de otras naciones, ha contado con su
propio desarrollo, por lo que las características del sistema varían entre ellos.

Tanto en Estados Unidos como en México se adoptó la separación de poderes en


los siglos XVIII y XIX, para evitar el abuso de poder de gobernantes, que se
concentran en regímenes monárquicos, pretendidamente absolutistas. Como lo
explica Maurice Duverger, la palabra monarquía significa etimológicamente el
gobierno de una sola persona,20 por lo que los nuevos países del continente
americano buscaron en la República, la forma de gobierno más conforme a sus
intereses. Tanto John Locke (1689) como Carlos María de Secondat, barón de
Montesquieu (1748) habían diseñado un modelo para evitar el abuso del poder
político a través del concepto de división o separación de poderes, diseñando un
sistema de frenos y contrapesos, donde el poder restrinja al poder mismo.

Locke denominó división de poderes a las tres funciones de poder donde la tarea
legislativa sería preponderante sobre las otras funciones. Esta tesis fue adoptada
por el Congreso Constituyente de 1856-1857 en México. Bajo esta perspectiva, el
predominio del Legislativo pretendió regir sobre el Poder Ejecutivo y la función
judicial sería una especie derivada de la actividad administrativa del Estado.

Por otra parte, la separación de poderes implica, según Montesquieu, la anulación


de los actos entre poderes de tal manera que ninguno fuera preponderante sobre
otro.21 Bajo el principio de que las facultades deben estar distribuidas entre los
poderes previstos en la Constitución y de que ninguno de ellos debe reunir dos o
más facultades, este principio ha permeado el constitucionalismo universal. Cada
poder debía contener a otro con funciones contenidas.

20
Maurice Duverger. “Les Monarchies Républicaines”. Pouvoirs. Número 78. 1996. p. 107. Μοναρχία : (Monarkhia)
Estado regido por un soberano.
21
M. de Montesquieu. Del Espíritu de las Leyes. Traducido al castellano por Juan López de Peñalver. Tomo II.
Madrid. Imprenta de Villalpando. 1820. “De la constitución de Inglaterra”. Libro XI, Capítulo VI. p. 42-58

10
El sistema presidencial de los Estados Unidos forjado en el siglo dieciocho tuvo
como modelo la Constitución de Nueva York expedida el 20 de abril de 1777.22 El
artículo XVII de esa Constitución depositó en una persona el cargo de gobernador
del Estado para ejercerlo en un período fijo de tres años. El artículo XVIII le confió
al gobernador, el carácter de comandante en jefe de la militia o guardia nacional,
además de otorgarle la facultad de indulto y, el artículo XIX, lo facultó para ejecutar
las leyes expedidas por la Legislatura.

De igual influencia también, fue la Constitución de Massachusetts de 1780, escrita


por John Adams, en la cual se otorga al gobernador el poder del veto a los proyectos
de ley, tal como lo había prescrito la Constitución de Nueva York. La unicidad del
Poder Ejecutivo, para otorgarle la mayor energía posible en decisiones y acciones
fue tomada de las Constituciones de estas provincias y en la de Pennsylvania
(1776).

Como el Poder Ejecutivo se ha depositado en una sola persona y no en un órgano


colegiado, el presidencialismo posee además la característica de observar no sólo
un desarrollo de la institución y de sus funciones constitucionales y políticas, sino la
peculiar impronta psicológica del Presidente en funciones. De esta manera, es
posible hablar de presidentes dinámicos o pasivos, así como de optimistas o
pesimistas con respecto a su cargo.

Esta manera de analizar a los presidentes, constituye toda una tipología que permite
definir el “carácter o personalidad presidencial” 23 con el objeto de suponer la
tendencia y el sentido de las decisiones de un presidente en particular y “predecir”
su probable conducta.

Por lo tanto, la conformación política y social del presidencialismo como el


entendimiento y el sentimiento que del cargo tenga el alto ocupante, hacen de los
sistemas presidenciales, instituciones tan particulares en cada país que desbordan
un solo modelo, por lo que hablar del modelo arquetípico del presidencialismo
americano es ambiguo, ya que además, habría que precisar a cuál de las
personalidades presidenciales en los Estados Unidos se refiere.

No obstante, por el valor histórico del sistema presidencial de los Estados Unidos,
forjado en la Constitución del 17 de septiembre de 1787, conviene relacionar sus
características estructurales. La idea de un Ejecutivo unitario fuerte triunfó en la
Convención de Filadelfia el 6 de agosto de 1787.

Como se ha mencionado, el sistema presidencial constituyó una reacción al sistema


monárquico y parlamentario. Estados Unidos como la unión de colonias
emancipadas de la Gran Bretaña, no deseó tener su misma forma de gobierno, al
igual que ocurrió en México con relación a España.

22
Edward S. Corwin. The President. Office and Powers, 1787-1984. New York University Press. 1984. p. 7
23
James Barber. The Presidential Character. Predicting Performance in the White House. Englewood Cliffs, N.J.
Prentice-Hall Inc. 1972.

11
La aversión y el temor de los constituyentes anglosajones hacia la “monarquización”
del presidente fue una constante en los debates. Edmund Randolph, gobernador
de Virginia y constituyente, habló del temor en que el Presidente se convirtiera en
un “feto de monarca” y Charles Pinckney advirtió de los peligros que traería un “rey
electivo”.

El hecho comprueba que la intención del constituyente era alejar a la institución


presidencial de cualquier semejanza con la monarquía o el parlamentarismo inglés.

Por ello, para caracterizar al sistema presidencial es necesario contrastar sus


elementos con los del parlamentarismo, ya que realmente es un sistema en
contraposición a él.

Clinton Rossiter 24 ha delineado el perfil del presidencialismo en los Estados Unidos


de la siguiente manera:

1. Separación del Titular del Poder Ejecutivo de la integración del Congreso. El


Presidente no puede ser simultáneamente integrante del Poder Legislativo, como
en el cargo de un Primer Ministro, que sí tiene que ser miembro del Parlamento. Ni
el Presidente ni sus secretarios de Estado pueden ser diputados o senadores, y
éstos no pueden desempeñar comisiones permanentes del Poder Ejecutivo. Existe
una incompatibilidad de cargos. En un sistema parlamentario, por el contrario, el
primer ministro y su gabinete deben ser miembros del Parlamento y el titular del
poder ejecutivo es líder de la mayoría parlamentaria. Generalmente la experiencia
política exige en este sistema, una carrera parlamentaria previa de
aproximadamente catorce años, antes de ocupar un puesto en el gabinete; por lo
que en un sistema parlamentario los poderes, ejecutivo y legislativo, están unidos y
confundidos.

2. El Poder ejecutivo se deposita en una sola persona. Tal como en los Estados
confederados se depositaba en un solo gobernador. Alexander Hamilton,25 James
Wilson, James Madison y Gouverneur Morris propugnaron por el Ejecutivo
unipersonal ya que con ello se garantizaría la unidad de acción y de decisión, la
energía en los actos de su administración, la eficiencia y seguridad de la Nación,
así como la responsabilidad política del Presidente. Los cuerpos colegiados, en
cambio, someten todas sus decisiones a deliberación, provocando tardanza y
propiciando la formación de facciones; así mismo, un ejecutivo colegiado evade la
responsabilidad política ya que no podría determinarse quién sería el responsable
de los actos inconstitucionales o ilegales. Los constituyentes como Edmundo
Randolph que favorecían la figura de un Ejecutivo Colegiado basaron su oposición
en el temor a que, una sola persona con tanto poder, degeneraría en déspota y

24
The American Presidency. Harcourt, Brace and World, Inc. 2ª ed. 1960. p. 76-80.
25
En el Federalista número 70, Hamilton señala que la primera característica del Presidente debe ser su titularidad
única, ya que con ella poseerá las características de unidad de decisión, actividad, secrecía y eficiencia en el despacho
que se requieren en su desempeño (marzo 15, 1788). The essential debate on the Constitution. Editado por Robert J.
Allison y Berbard Bailyn. The Library of America. 2018. p. 229

12
tiranizaría al país. Tomás Jefferson aclararía que, aun en el extremo, era preferible
tener un déspota que un grupo de ellos, significando con ello que el despotismo
podía darse también con el ejecutivo colegiado. Pero además, la particularidad del
Poder Ejecutivo en el sistema presidencial y su consecuente diligencia con el
sistema presidencial y su consecuente diligencia con el sistema parlamentario,
estaba en la característica de que el Presidente reúne las dos categorías de jefe de
Estado y jefe de gobierno. En el parlamentarismo, existe una jefatura de Estado,
depositada en la figura del monarca, diferenciada de la jefatura de gobierno que se
personaliza en el primer ministro.

3. La elección del Poder Ejecutivo no depende del congreso. Una muestra de la


separación e independencia del presidente frente al Poder Legislativo la representa
el hecho de que es electo popularmente y no es designado de ninguna manera, por
el Congreso. En los debates del constituyente, Roger Sherman llegó a proponer que
el presidente fuera electo por el Congreso, ya que suponía un predominio político
del Legislativo y una subordinación del Poder Ejecutivo, al ser un mero ejecutor
mecánico de las leyes. En el sistema suplementario, el primer ministro es designado
por el propio Parlamento al verificarse el hecho de que su partido político ocupa la
mayoría de los escaños.

4. El Presidente ocupa el cargo por un periodo fijo. Determinado constitucionalmente,


la administración de un presidente dura por un periodo preestablecido. Durante
dicho periodo con vencimiento fatal, el Presidente podía demostrar su capacidad.
Si en el transcurso de su gestión cometiera graves infracciones a la Constitución o
a las leyes podría ser enjuiciado políticamente (impeachment) y removido del cargo
antes de concluir su periodo o, por el contrario, si la labor presidencial desempeñada
es brillante, el electorado puede premiarlo y refrendarle su confianza reeligiéndolo
para ocupar un nuevo periodo. Hay, en consecuencia, una flexibilidad en el marco
de la supuesta rigidez que conlleva la periodicidad fija del cargo presidencial. En el
sistema parlamentario no hay este supuesto, ya que el Primer Ministro dura en
funciones lo que su liderazgo sobre la mayoría de miembros del Parlamento le
permita, no hay pues un periodo fijo ni preestablecido, resultando más flexible su
mandato. Con razón el primer ministro inglés Benjamin Disraeli describió su cargo
como la cúspide de un palo encebado, ya que depende de una situación tan
coyuntural como el apoyo con que cuenta en el Parlamento. Aquí se presenta una
gran diferencia entre ambos sistemas pues en el presidencial, el Poder Ejecutivo no
requiere teóricamente, de ningún apoyo en el Congreso, e incluso, se puede dar la
circunstancia de que la mayoría del Legislativo tenga opiniones contrarias en los
puntos torales de un programa de políticas presidenciales. Así ocurrió con célebres
enfrentamientos entre Andrew Johnson y el Congreso que terminaron en el único
juicio político instando contra un presidente norteamericano en 1867, 26 o en los
casos de Grover Cleveland y Franklin Roosevelt, cuyos conflictos con el Congreso
provocaron la interposición de un promedio de seiscientos vetos cada uno. 27

26
Michael Les Benedict. The Impeachment and Trial of Andrew Johnson. Norton and Company. 1973.
27
Richard Pious. The American Presidency. Basic Books, Inc. 1979. p. 207.

13
Precisamente porque en un sistema parlamentario el Ejecutivo no es independiente
del Legislativo, esta situación no puede darse.

5. El Presidente cuenta con atribuciones propias y exclusivas derivadas de la


Constitución. No obra por delegación del Poder Legislativo. Puede tener incluso
facultades materialmente legislativas, como la facultad de expedir reglamentos o el
uso de facultades extraordinarias.

6. El Poder Ejecutivo se ejerce sin consejos de revisión. El monarca en un sistema


parlamentario cuenta con su Consejo Privado que lo asesora en algunos casos
obligatoriamente. Durante la Confederación, los gobernadores también contaban
con un órgano llamado consejo de revisión que ejercía una fiscalización sobre los
actos de gobierno. Con el establecimiento del presidencialismo y sus características
de unidad y responsabilidad política se consideró esencial que sus decisiones
fueran libres sin consejeros obligados ni revisiones de sus actos.

Walter Bagehot

Lastonearth.com

14
III. Un sólo Presidente como titular del Poder Ejecutivo

La constitución estadounidense expedida el 17 de septiembre de 1787, entró en


vigor cuando el noveno, de trece, estados ratificó su texto el 29 de junio de 1788
(New Hampshire) y se decidió que comenzaría su vigencia el 4 de marzo de 1789,
por lo que constituye actualmente la constitución más antigua de América. 28 No
obstante, su importancia y trascendencia, el texto constitucional contrasta con la
simpleza de su estructura pues contuvo originalmente siete artículos dedicados a
diseñar un esquema de gobierno, aprobándose posteriormente una Carta de
Derechos (Bill of Rights) consistentes en diez enmiendas, que fueron aprobadas por
el Congreso federal el 25 de septiembre de 1789, pero que fueron ratificadas y
entraron en vigor a partir del 15 de diciembre de 1791.

Resulta de especial consideración el artículo II de este texto fundamental, que se


refiere al Poder Ejecutivo, ya que es el de más breve extensión pues tan sólo
establece tres elementos de su naturaleza:

1. El Poder Ejecutivo es unipersonal.

2. El Presidente es comandante en jefe de las fuerzas armadas y

3. Tendrá a su cuidado la fiel ejecución de las leyes.

Todo el poderío que ha tomado la institución presidencial se desprende no de la


constitución, sino de la interpretación constitucional que la Suprema Corte de
Estados Unidos ha realizado a favor del Presidente. A través de distintas
decisiones, la Corte ha ampliado las facultades del Presidente, sobre todo a partir
de la guerra civil de los años sesenta del siglo XIX. 29 Los conceptos de seguridad
nacional, privilegio del Ejecutivo, dirigencia de la política exterior y coordinación de

28
La constitución de ese país fue aprobada por 38 delegados de los 41 presentes. El documento fundamental tendría
que ser ratificado por las legislaturas de los Estados por mayoría de 9 de los trece que eran en ese momento. La
ratificación fue por etapas siendo el 7 de diciembre de 1787 la primera otorgada por los Estados de Delaware,
Pennsylvania, Nueva Jersey, Georgia y Connecticut. Massachusetts al final la ratificó con gran margen de
desaprobación (187 a favor contra 168 votos) el 6 de febrero de 1788, junto con la ratificación de Maryland y Carolina
del Sur. El voto que decidió la entrada de la Constitución fue del noveno Estado, el 21 de junio de 1788, New
Hampshire, entrando en funciones con plena vigencia el 4 de marzo de 1789. Posteriormente se sumaron los demás
Estados: Virginia (junio de 1789), Nueva York (julio de 1789), Carolina del Norte (noviembre de 1789) y, con
amenazas de un boicot comercial, Rhode Island (mayo de 1790) fue el último. El principal motivo de inconformidad
para la ratificación fue la ausencia de una declaración de derechos en la Constitución, por lo que el 15 de septiembre
de 1789 se aprobaron doce enmiendas a la Constitución federal, de las cuales sólo fueron ratificadas 10 el 15 de
diciembre de 1791, con la ratificación de diez Estados.
29
Edward White. The American Judicial Tradition. Oxford University Press. 1979. p. 84 y 85.

15
los asuntos públicos (stewardship) han servido para lograr los objetivos, con el
apoyo de la Suprema Corte de ese país.

En la Convención de Filadelfia que comenzó a sesionar el 14 de mayo de 1787, se


discutieron dos tipos ideales de presidentes: el primero enérgico, unitario e
independiente, mientras que el otro colegiado, subordinado y dependiente del Poder
Legislativo. Los debates se desarrollaron principalmente en junio de 1787, la
institución presidencial se aprobó en la sesión del 26 de julio de 1787 a moción de
George Mason.

George Washington, libertador, constituyente y primer presidente se identificó con


el primero de los tipos ideales. Alexander Hamilton, también estuvo en esta
corriente, llegó a proponer a un presidente o gobernador general, como él lo llamó,
con una duración indefinida, ocupando el cargo mientras observara buena
conducta, que podía ser vitaliciamente.

La dotación de energía al titular del Poder Ejecutivo era necesaria para la mayoría
de los constituyentes estadounidenses, ya que en 1786 había ocurrido una
sublevación en el estado de Massachusetts, dirigida por Daniel Shay, contra quien
el gobierno del estado y el Congreso de la Confederación se habían mostrado
incapaces y sin los recursos suficientes para afrontarla. El espectro de la anarquía
aparecía en la mente de los constituyentes y estaban dispuestos a crear un gobierno
federal vigoroso con un Poder Ejecutivo fortalecido que pudiera sofocar ese tipo de
emergencias.

Sin embargo, el otro tipo ideal de presidente estaba formado con base en el rechazo
hacia las características del monarca inglés. Roger Sherman y Edmund Randolph
sustentaron que la unidad en el Ejecutivo era la instauración de un rey con el nombre
de presidente, y que además la unidad era innecesaria pues sus virtudes se
encontraban igual en un órgano colegiado. Resultando más ventajosa la presidencia
colegiada porque permite la toma de decisiones más serena y fundada así como la
representación más amplia por zonas geográficas del país. El hecho de que sólo
hubiera un solo Presidente, favorecía el despotismo y el predominio de un solo
interés o región sobre la pluralidad de ideas, intereses y regiones que deben
considerarse en todos los órganos de gobierno.30

Estos argumentos, dignos de considerarse, fueron desechados por los


sostenedores de la unidad en el Ejecutivo, cuyo tópico de pronto se convirtió en la
pieza clave para definir todas las demás características de la institución
presidencial.

Por principio, se trató de eliminar el temor de la tiranía ya que la cantidad de


personas en el Ejecutivo no determinaban ese peligro, sino que el despotismo podía
surgir en todo sistema de gobierno. Si en el nuevo régimen político de Estados

30
James Madison. Journal of the Federal Convention, kept by James Madison: Reprinted from the edition of 1840.
E. H. Scott, Foresman & Co. Chicago. 1893.

16
Unidos se hacía rígido el principio de separación de poderes, y no flexible como en
el parlamentarismo, 31 se detendría cualquier abuso que cometiera el Presidente.

Si el Presidente se excedía en sus facultades, éstas no redundarían en todo el país


con la misma intensidad que en un sistema monárquico y unitario, ya que el país se
organizaría en una Federación con límites y atribuciones expresas y con
autonomías de cada una de las entidades federativas. Por ello, la adopción del
sistema federal complementaría al principio de división de poderes. Sin embargo, si
los abusos cometidos llegaran a ser graves, el Presidente sería responsable
políticamente ante el Congreso y podría ser removido del cargo, lo cual contrasta
con la irresponsabilidad de un monarca.

Durante la primera mitad del siglo XIX, cuando se verificó el proceso emancipador
de América Latina, nuestros países denominaron al sistema político norteamericano
como régimen representativo hasta que Walter Bagehot (1826-1877) en su obra The
English Constitution (1867) utiliza y difunde el término de “gobierno presidencial” de
los Estados Unidos. 32 Por otra parte, tan reciente como la Segunda Guerra Mundial
se empieza a designar con el término de presidencialismo al sistema que
actualmente conocemos.

31
Richard Moulin. Le présidentialisme et la classification des régimes politiques. Bibliotheque Constitutionnelle et
de Science Politique. París, 1978. p. 12.
32
En la segunda edición de su obra, publicada en 1873, se refiere al “gobierno presidencial” de los Estados
Unidos en 21 ocasiones, siempre contrastándolo con el sistema parlamentario de la Gran Bretaña,
distinguiéndolo por su mayor conveniencia. Walter Bagehot. The English Constitution. Second Edition. 1873.
socialsciences.mcmaster.ca/econ/ugcm/3113/bagehot/constitution.pdf

17
CAPÍTULO SEGUNDO

RECEPCIÓN DE UN SOLO PRESIDENTE EN MÉXICO

IV. Influencia de la Constitución de Estados Unidos en México (y viceversa) 33

La traducción de la Constitución estadounidense fue divulgada en 1823 y, no cabe


duda, que también la Constitución de Cádiz de 1812, recién reinstaurada en México
hacia 1820, fueron consultadas para configurar al Poder Ejecutivo en el naciente
régimen constitucional mexicano.

No obstante, la posible influencia de la Constitución Gaditana, resulta discutible en


cuanto al Poder Ejecutivo en general, aunque pueden considerarse algunos
aspectos como el refrendo ministerial y las relaciones entre el Congreso y los
secretarios del despacho, que puedan considerarse de influencia gaditana; sin
embargo, el hecho de establecer una monarquía constitucional aleja a esta
constitución del sistema presidencial concebido en el marco de una República.

De cualquier manera, Miguel Ramos Arizpe (1775-1843) coahuilense de origen,


pero mexicano universal, personificó la doble influencia, pues fue diputado a las
Cortes de Cádiz y conoció la Constitución de Estados Unidos tanto en su texto
directo como a través de los proyectos de constitución que Esteban Austin difundió
en nuestro país.

En la literatura jurídica mexicana y estadounidense se repite el dogma de que


México, y Latinoamérica en general, fue grandemente influido en sus constituciones
federales por la Constitución de los Estados Unidos de América de 1787. No cabe
duda de que sus palabras fueron tomadas, pero los conceptos y los contextos han
sido distintos, tal como sus respectivos desarrollos lo demuestran. No hay lugar a
concluir imitación de México hacia los Estados Unidos.

En este apartado quisiera demostrar los límites de la influencia estadounidense en


nuestro país en el ámbito constitucional y resaltar la originalidad y, en no pocas
ocasiones, la genialidad de los constituyentes mexicanos para adoptar las palabras
traducidas de la Constitución aprobada en Filadelfia.

Se pretenden adelantar también algunos elementos de convicción sobre el papel


del derecho mexicano como ejemplo del derecho codificado, en la formación del
derecho en los Estados Unidos, durante la etapa posterior a la invasión a México.

Tomado de mi artículo “Historia de dos influencias”. Memoria del IV Congreso de Historia del Derecho
33

Mexicano. Tomo I. UNAM. 1988. p. 482.

18
Poco se ha escrito sobre la influencia mexicana en nuestro país vecino, pero es
evidente que está presente, incluso en los tribunales americanos. Nuestra atención
se centrará fundamentalmente en California para el análisis de esta influencia.

Sin embargo, hay que reconocer que la actitud hacia ambas influencias no podía
ser más contradictoria. La literatura mexicana ha reconocido la lección de "libertad",
"democracia" y "derechos humanos" ofrecida por los Estados Unidos, mientras que
en este país, a mediados del siglo XIX, hubo un agresivo rechazo al "imperfecto" y
"corrupto" sistema codificado de nuestro derecho y, actualmente, poco se reconoce
la influencia mexicana, en el mundo anglosajón.

No obstante, para algunos autores mexicanos la influencia de los Estados Unidos


no pudo extenderse cabalmente a América Latina. La tradición liberal del país
norteño, con su mentalidad burguesa y capitalista no se aviene con el México
colonial, monárquico y feudal, producto de tres siglos de recia dominación española.
Para Louis Hartz: 34 la ausencia de un sistema feudal, la abundancia de tierras, la
escasez de fuerza laboral y los principios de libertad, igualdad e individualismo,
hacen de los Estados Unidos un modelo no aplicable a la realidad europea
continental y a sus antiguas colonias en América.

Ya en 1913, se había escrito una dura crítica por Charles Beard sobre la ideología
económica de los constituyentes americanos, cuyos intereses de comerciantes y
empresarios se reflejaron en la Constitución. 35

Igualmente, para Samuel Huntington 36 el "credo americano", que le queda a la


sociedad americana, su identidad nacional, forma una lucha entre lo ideal y lo real
en el ámbito político; ya que en Estados Unidos exige del Estado un alto respeto
hacia ideas como constitucionalismo, individualismo, liberalismo, democracia e
igualdad, de tal forma que no se parece, según Huntington, a México, por lo que
en caso de violación al Estado de Derecho, la sociedad es más susceptible en el
primer país que en el segundo.

Tanto Hartz como Huntington parecen sugerir que las ideas que sustenta el credo
americano no han podido implantarse en países como México, precisamente porque
su identidad nacional está basada en otras ideas que parten de una realidad feudal
y no capitalista. Por ello, Estados Unidos ha sido considerado como un paradigma
desde fray Servando Teresa de Mier, quien en su discurso de la “profecía” de
diciembre de 1823, hasta la última propuesta por implantar el parlamentarismo en
México, hecha en 1917,1921 y 1923; los teóricos y políticos mexicanos han
considerado.

34
The Liberal Tradition in America: An interpretation of American Political thought since the Revolution.
Harcourt, Brace. New York. 1955
35
An Economic Interpretation of the Constitution of the United States. The MacMillan Company. 1913. p. 73-
151.
36
American Politics: the promise of disharmony. Cambridge. The Belknap Press. 1981. p. 15 y 51.

19
Aunque no estoy de acuerdo ni con Hartz ni Huntington en seguir considerando a
los Estados Unidos en el paradigma que fue, deberían tomar en cuenta estos
autores, que la influencia y admiración de nuestro país hacia el suyo se debió, en
gran medida, como un rechazo cultural y político hacia lo que representaba España.
La admiración se transformó en palabras pues las ideas asimiladas en México, se
debieron a Rousseau, Montesquieu, Heineccio, Scotto, Spinoza y otros pensadores
europeos, mas no a los autores anglosajones.

Incluso la propia ideología del supuesto credo americano se debe a autores


británicos como John Locke y Thomas Hobbes, 37 cuyas obras también fueron
conocidas en México desde la Independencia, nutriendo a los insurgentes.

La influencia americana en el derecho constitucional mexicano reconoce tres


periodos con distintas características. El primero comprende los años de la lucha
independiente (1810-1821) así como el lapso del debate entre federalismo y
centralismo (1822 a 1847). El segundo puede considerarse como de consolidación
del federalismo y el desarrollo de la jurisprudencia (1857-1881) así como el porfiriato
y, por último, el tercer intervalo lo cubre la revolución social y la promulgación de la
Constitución de 1917.

Durante el primer periodo, la influencia es estrictamente fáctica, basada en los


hechos de su independencia y de la promulgación de su Constitución en 1787. Los
Estados Unidos representan un símbolo más no una ideología. En el segundo
periodo, ya consolidados nuestros debates y argumentos en torno al ser político
mexicano, nuestros estadistas y juristas abren sus entendimientos al panorama en
esa época, más meditado e ideológico, del constitucionalismo americano, siendo,
en consecuencia, este periodo más ideológico. El tercer periodo representa el
desarrollo de nuestro pensamiento constitucional y el alejamiento, ya latente desde
los anteriores periodos, del “modelo” americano.

El constitucionalismo mexicano se forjó durante la elaboración de la Constitución de


Cádiz y la reimplantación de su vigencia en 1820. En Cádiz no hubo una declaración
de derechos humanos como en la Constitución francesa; no obstante, dichos
derechos no fueron abandonados, sino que estuvieron dispersos en el articulado de
esa Constitución. En los debates, ya se plantean algunas influencias anglosajonas,
como la del diputado por Guatemala, Manuel de Llano, quien propuso la creación
de un procedimiento judicial a la manera del habeas corpus. 38 Esta propuesta fue
apoyada por Miguel Guridi y Alcocer en las mismas Cortes de Cádiz, así como
Ignacio López Rayón a través de sus Elementos de la Constitución, finalmente
aceptada en el artículo 31 de la Constitución de Apatzingán.

El conocimiento del sistema del Common Law y de los pensadores políticos ingleses
fue ampliamente divulgado y censurado por la Inquisición. Locke fue prohibido en

37
George Mace. Locke, Hobbes, and the Federalist Papers: An Essay on the Genesis of the American Political
Heritage. Carbondale. Southern Illinois University Press. 1979. p. 120-122.
38
José Barragán. Temas del liberalismo gaditano. UNAM. 1978.

20
México hacia 1730 y Rousseau y Montesquieu fueron condenados por la Inquisición
mexicana en 1803. 39

Servando Teresa de Mier, en su obra sobre la Historia de la Revolución de Nueva


España, publicada en Londres en 1813, tomó la Revolución de Independencia
americana como el mejor ejemplo de lo que debería ocurrir en México. Mier citaba
frecuentemente la obra de Thomas Paine, El sentido común, para respaldar su idea
de la creación de la sociedad mediante un pacto. Sus obras fueron
fundamentalmente elaboradas en el exilio en Londres y Filadelfia.

Por su parte, Carlos María de Bustamante había promovido el juicio por jurado en
1820 tomando el ejemplo de las constituciones de Inglaterra y Estados Unidos. Otro
personaje, que fue decisivo en los círculos políticos americanos, lo constituye sin
lugar a dudas, Vicente Rocafuerte, quien cita en sus obras a Benjamín Franklin,
James Madison y Thomas Paine. De igual manera, Rocafuerte publica en Filadelfia
y Nueva York. Rocafuerte cita a William Blackstone a través de la traducción
francesa de sus Comentarios, realizada por N. M. Chompré en 1817 y 1818.

Lorenzo de Zavala fue el traductor de Jeremías Bentham y a través de él conocimos


las críticas del autor inglés a la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre.
Las traducciones de Zavala fueron publicadas en El Águila Mexicana en 1823 con
el título de “Examen de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano
decretada por la Asamblea Constituyente el año de 1789”. En su participación
desde el primer Congreso Constituyente de 1822, Zavala propuso la promulgación
de leyes de Colonización así como la instauración del juicio por jurado de clara
influencia americana.

Durante la insurgencia hay evidencia usada en el proceso inquisitorial contra


Morelos, que las constituciones de Massachusetts y la Federal de los Estados
Unidos fueron conocidas y leídas por los dirigentes mexicanos; 40 sin embargo no
fue sino hasta 1823 cuando la Constitución federal americana se tradujo en México.
La edición estuvo a cargo de la imprenta de Martín Rivera, aunque no conocemos
el nombre del traductor.

El interés que despertó esta traducción fue inmediato y el periódico El Sol ya


anunciaba el 1º de agosto de 1823 la “mejor traducción” de la Constitución de los
Estados Unidos.41 No obstante Francisco García Salinas en sus Reflexiones sobre

39
Villoro, Luis, El proceso ideológico de la Revolución de Independencia, UNAM, 1977.
40
Carlos Herrejón Peredo. Los procesos de Morelos. El Colegio de Michoacán. 1985. p. 105.
41
En el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México existe un ejemplar de la traducción de la
Constitución de Estados Unidos, publicado por el Dr. Joseph Manuel Villavicencio en Filadelfia en 1810. El
traductor dedica la obra al Colegio de Abogados de Caracas. En la edición se anota que hacia 1811, se publicó
la traducción de Miguel Pombo en Bogotá y de García de Sena, publicada en Filadelfia en 1811, por lo que la
traducción circulada en México no sea probablemente la primera en español en el continente. Reeditada en 1987
por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela en Caracas. Jph. Manuel Villaseñor. Constitución de
los Estados Unidos de América. Imprenta de Smith y M’Kenzie. 1810. 28 p.

21
el Acta constitutiva, publicada en el mismo año de 1824, consideró que la traducción
era deficiente.

La conducta de los primeros federalistas, inspirados por los principios de soberanía


interior de los Estados y nutridos por la experiencia histórica de Estados Unidos,
dictó la actuación del propio García Salinas, como gobernador del Estado de
Zacatecas de 1829 a 1834, para defender la integridad de la guardia nacional
(milicia) a cargo de la autoridad de los Estados, frente al desbordamiento del
Congreso General en la reducción de sus integrantes por fuerzas voluntarias de los
Estados.42

Esta traducción se acompañó de dos piezas de George Washington que se resumen


con la cita de Salustio que se encuentra en la portada: “Con la concordia se
engrandecen los pequeños Estados; la discordia destruye aún a los mayores”. 43 El
objetivo de esta traducción fue claro y se señala en la advertencia:

Algunos hablan de confederación y federación sin siquiera tener noción vaga


de las palabras: éstas incluyen ideas verdaderamente genéricas, y en las que
se contienen especies y graduaciones que es preciso fijar con exactitud para
no equivocarnos ni cooperar a que otros se equivoquen en un asunto de que
pende nada menos que la existencia o disolución del Estado. Una de estas
especies o graduaciones está suficientemente determinada en la última
Constitución de los Estados Unidos, y por lo tanto se ha creído utilísimo el
reimprimirla, con el objeto de que repartidos por todas las provincias los
ejemplares, se actúen los ciudadanos de los principios sobre que se funda, y
de la fuerza del lazo con que se estrecharon aquellos Estados que antes de
su emancipación eran independientes y no componían un todo tan
homogéneo y compacto como el nuestro.

Se desprende claramente que el objetivo de la traducción fue el de establecer el


ejemplo americano para constituirnos en una federación, decisión fundamental que
para 1823 se estaba apenas tomando en medio de un ambiente de incertidumbre y
división. De abril a agosto de 1823 las diputaciones provinciales de Yucatán,
Oaxaca, las provincias Internas de Occidente, Michoacán, Querétaro, Jalisco,
Zacatecas y Colima se pronunciaron enérgicamente por el sistema federal y la
escisión de estas provincias amenazaba en un completo desmembramiento de
México. 44 Por ello, Salustio y Washigton eran pertinentes en su acompañamiento
a la traducción.

42
Manuel González Oropeza. “Francisco García Salinas. El federalismo en acción (1832-1835). Revista Lex.
Difusión y análisis. Número 308. Cuarta Época. Año XXXIV. Marzo 2021. p. 6-8
43
Salustio, historiador latino (83 aC-35 aC) tuvo varias frases célebres respecto a la concordia: “La concordia
hacer crecer a las pequeñas cosas, la discordia arruina las grandes”, así como: “Por la armonía los Estados
pequeños se hace grandes, mientras que la discordia destruye los más poderosos imperios”
44
José Barragán. Principios sobre el federalismo mexicano: 1824. Departamento del Distrito Federal. 1984. p.
27-54.

22
El primer discurso traducido de Washington fue el conocido como el de “Despedida”,
pronunciado en 1796 y que tiene importancia para los angloamericanos por
constituir el antecedente remoto de la enmienda XXII a la Constitución, adoptada en
1955, y que establece el límite del periodo presidencial por dos elecciones, sin
posibilidad de extenderse a un tercero. Sin embargo, ante los ojos mexicanos, la
reelección presidencial no fue problemática ni objeto de limitaciones sino hasta
1872, por lo que su interés en el discurso de Washington fue el llamado a la unión
federal y a la observancia de la constitución. Cito algunas frases de este discurso:

La unidad de gobierno que os constituye en Nación, os es igualmente cara


en la actualidad, y así es justo que lo sea, porque forma la columna principal
del edificio de vuestra independencia, el apoyo de vuestra tranquilidad interior
y de vuestra paz exterior, de vuestra seguridad, de vuestra prosperidad y aun
de aquella libertad que tanto apreciáis… importa muchísimo que sepáis
estimar el inmenso valor de vuestra unión nacional para promover vuestra
felicidad colectiva e individual: que abriguéis en vuestros pechos una
adhesión habitual e inflexible por esa unión, acostumbrándose a pensar y a
hablar de ella como el palladium de vuestra seguridad y prosperidad
política…

La segunda pieza se refiere a una carta circular de Washington dirigida a los


gobernadores de los estados en 1783, en ella se establece que el país logró su
independencia en una época de refinamiento, cultura y “revelación”, por lo que
continúa:

En este favorable momento, los Estados Unidos recibieron la existencia como


Nación, y si sus habitantes no llegaron a ser completamente libres y felices,
a nadie tendrán que culpar más que a sí mismos. Tal es nuestra situación y
tal es la perspectiva que se nos presenta; así la capa de los bienes se nos
tiende con generosa mano, de este modo la felicidad será nuestra, si nos
queremos aprovechar de la ocasión para adquirirla, de suerte que queda al
arbitrio y elección de los Estados Unidos el ser una nación respetable y
próspera, o ruin y despreciable. Ahora es el tiempo de hacer su ensayo
político; ahora es cuando tienen sobre sí los ojos de todo el mundo; ahora es
cuando han de establecer o perder para siempre su carácter nacional; este
es el momento de dar sesgo tal al gobierno federativo, que proporcione
conseguir los fines de nuestras instituciones; o también puede ser el fatal
momento de debilitar la fuerza de la unión, de aniquilar los cimientos de la
confederación y de exponernos a ser el juguete de la política europea, que
se empleará en indisponer un Estado contra otro para impedir su prosperidad,
y para que sirva a sus fines interesados; porque según el sistema político que
los Estados adopten ahora, se mantendrán o caerán…

Además de esta intencionalidad, la traducción de la Constitución estadounidense


de 1823, que circuló entre los diputados constituyentes de 1824, ofrece las
siguientes características:

23
1. Tiene algunas palabras no traducidas como bill y jury. Abriendo una nota para bill
con un significado inexacto, ya que señala que se trata de una “ley que se presenta
al Senado para su aprobación”, debiendo haberse traducido sencillamente como
“proyecto”.

2. En algunos artículos la traducción es incompleta ya que suprime algunas palabras


finales, como en el artículo II, sección I, párrafo octavo, en el que se establece la
fórmula de protesta presidencial, omitiendo la frase final: “empleando en ello el
máximo de mis facultades”, que se agrega a la protección y defensa de la
Constitución. Asimismo, en el propio artículo II, sección II, párrafo primero, relativo
al poder de indulto del presidente, se exceptúan los casos de acusación, pero la
traducción de 1823 omite “por responsabilidades oficiales”, lo cual es una frase
importante.

Por otra parte, la traducción emplea términos que no corresponden a los usuales:

Disposición Dice Debiendo decir

Artículo I Sala (s) Cámara (s)


Artículo I, sección III, clase parte
párrafo 2º.
Artículo I, sección III, sólo tendrá poseerá derecho exclusivo
párrafo 6º.
Íbidem jefe de justicia Presidente de la Suprema
Corte
Artículo I, sección III, convencida condenada
párrafo 7
Artículo I, sección V, diario de sus diario de sus sesiones
párrafo 3 procedimientos
Artículo I, sección VII, levantar rentas obtener ingresos
párrafo 1º.
Artículo I, sección sisas derechos (fiscal)
VIII, párrafo 1º.
Artículo I, sección rata patrones
VIII, párrafo 5º.
Artículo I, sección felonías delitos graves
VIII, párrafo 10
Artículo I, sección milicia guardia nacional
VIII, párrafos 15 y 16
Artículo II, sección I, votar por “valotas” votar mediante cédulas
párrafo 3º. (ballots)
Artículo II, sección II, actual servicio servicio activo
párrafo 1º.

24
Artículo II, sección II, sesión periodo de sesiones
párrafo 3º.
Artículo II, sección II, poder de acusación consignar
párrafo 5º.
Artículo II, sección III prorrogación receso

3. En algunas porciones de la traducción, las frases empleadas inducen al error. En


el artículo I, sección VI, párrafo 1º, se lee en relación con el fuero constitucional de
los senadores y representantes, que no podrán ser arrestados “durante su
asistencia en la sesión de su respectiva Sala, y mientras van y vuelven de la misma”,
debiendo decir “durante el tiempo que asistan a las sesiones de sus respectivas
cámaras, así como al ir a ellas o regresar de las mismas”. De la misma manera se
observa un error en el artículo I, sección VIII, párrafo 2, que dice: “Tomar dinero
prestado a crédito de los Estados Unidos”, debiendo decir: “Para contraer
empréstitos a cargo del crédito de los Estados Unidos”.

En México, la expedición de una constitución federal sería el faro que guiaría a la


nación mexicana hacia su nueva vida. La sola promulgación de la Constitución, se
pensaba, garantizaría el principio del Estado de derecho.

Sobre la materia de derechos humanos, las declaraciones vagas y abstractas fueron


rechazadas, ya que desde la Colonia el problema de México era contar con
maravillosas leyes pero sin vigencia ni aplicación. Por ello, desde 1820, José
Joaquín Fernández de Lizardi el ilustre periodista político mexicano escribe en 1820
la “Carta de los indios Tontonapeque a El Pensador Mexicano” 45 en la cual se
queja del trato discriminatorio hacia los indígenas a pesar de la igualdad garantizada
por la Constitución de Cádiz.

En las Cortes de Cádiz, al tratarse de los aspectos torales de sus debates, como la
igualdad entre las provincias en América y las provincias peninsulares, el diputado
de Perú, Manuel Lorenzo de Vidaurre, había argumentado basado en El Federalista,
número 55, la necesaria igualdad de los estados, basada en principios de Derecho
Natural, expuesta por Emerick de Vattel en su obra The Law of Nations de 1758.

Por su parte, Esteban Austin elaboró un proyecto de constitución el 29 de marzo de


1823 que eclécticamente combinaba la Constitución americana y la de Cádiz,
dándosela a Miguel Ramos Arizpe, a través de su hermano Juan, para que la hiciera
circular. 46

El hecho es que el 1º. de enero de 1824, el periódico El Sol promovía el estudio de


la lengua inglesa para conocer la literatura de las naciones y que dominan la moral
y la práctica política, con el objeto de alejar el “oropel” de los filósofos franceses.
45
José Joaquín Fernández de Lizardi. Obras. UNAM. 1981. vol. X. “Folletos (1811-1820)”. Presentación de
María Rosa Palazón Mayorcel. p. 401-408.
46
Eugene Barker. The life of Stephen F. Austin. 2ª. Edición. University of Texas Press. 1980. p. 75.

25
Once años de revolución independentista y tres años de un imperio fallido,
reclamaban de México una pronta decisión para consolidar su emancipación e
iniciar su desarrollo. La Constitución Federal de 1824 asimiló la forma de gobierno
y la estructura de los poderes determinados por la Constitución estadounidense;
pero, además, su influencia se nota a través de la ausencia de una declaración de
derechos humanos que el texto original en Estados Unidos no contempló sino
posteriormente, en 1791. Los derechos humanos fueron plasmados en las
constituciones locales de México.

La Constitución del Estado de México reconoció la sabia influencia de las leyes de


Inglaterra. Las constituciones de Nuevo León y Zacatecas contuvieron la
declaración de derechos del hombre de 1789. Por su parte, Querétaro estableció
en su Constitución que los derechos ahí contenidos no excluían otros que pudieran
estar contemplados en la Constitución Federal y en las leyes generales. 47

Sobre la clasificación de los derechos, el constitucionalismo mexicano siguió las


ideas de Benjamín Constant, cuyas obras habían sido traducidas en 1820 por
Marcial Antonio López. Su clasificación consistía en diferenciar a los: a) derechos
políticos que transforma a los ciudadanos en miembros de las autoridades
nacionales y b) derechos individuales que los hace independientes de las
autoridades.

Sobre la igualdad ante la ley, hay que enfatizar que, más que en Estados Unidos,
esta virtud forma parte del “credo” mexicano, parangonando a Huntington, ya que
desde la Colonia, la Independencia y las Cortes de Cádiz, ha sido un tema de gran
preocupación en el pueblo mexicano. En la Colonia, el debate célebre entre Ginés
de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas sobre la igualdad de los indios representa
el enfrentamiento entre la ideología española y el naciente pensamiento igualitario
en México. 48 Durante la Independencia, los decretos de Hidalgo y Morelos
refrendan esta tradición igualitaria al abolirse la esclavitud, lacra que no se pudo
erradicar en Estados Unidos sino hasta avanzado el siglo XIX.

Por lo que respecta a la libertad de religión, ésta fue finalmente establecida en la


Constitución federal en 1873 después de un gran debate. Muchas entidades
federativas aventajaron a la federación en su consagración, desde 1861, como
Aguascalientes. Durante los primeros años de nuestra vida independiente, los
dirigentes y principales pensadores nacionales habían tenido una formación
educativa y profesional dentro de la Iglesia católica. Hidalgo, Morelos, Ramos
Arizpe, Servando Teresa de Mier, Guridi y Alcocer, Francisco Severo Maldonado y
José María Luis Mora.

47
Ignacio Carrillo Prieto. La ideología jurídica en la constitución del Estado mexicano 1812-1824. UNAM.
1981.
48
Silvio Zavala. La defensa de los derechos del hombre en América Latina (siglos XVI-XVIII), UNAM-
UNESCO. 1982.

26
Aun los liberales más radicales, como Lorenzo de Zavala, consideraron a la
tolerancia religiosa como un asunto innecesario para discutir pues la población era
homogénea en materia de religión. No obstante, la supresión de la Inquisición
desde las Cortes de Cádiz constituyó un avance en la separación entre el Estado y
la Iglesia.

El pensamiento jurídico estadounidense no fue difundido durante las primeras tres


décadas del siglo XIX, por lo que México se nutrió durante los años iniciales de su
formación del pensamiento político europeo, que no contemplaba ni al federalismo
ni al sistema presidencial. En 1825, autores como Heineccio y Mably dominaban el
panorama intelectual de México. No fue sino hasta 1830, seis años después de
promulgada muestra primera Constitución, Bentham, Locke, Blackstone, Filangieri,
Constant y Daunou fueron muy divulgados en nuestro país, pero para entonces, ya
las instituciones que nos formaron ya habían sido adoptadas.

Alexis de Tocqueville fue el comentarista más importante del sistema político


americano, su receptor y difusor en México lo fue Mariano Otero. Otero conoció a
Tocqueville a través de la segunda parte de la edición francesa de la Democracia
en América, así como de la traducción española de la obra realizada por D. A.
Sánchez de Bustamante en 1837 y que circuló profusamente en México hacia 1840.

A través de Tocqueville, los pensadores mexicanos recibieron por primera vez


conceptos y no sólo palabras sobre la supremacía constitucional, la independencia
e importancia del Poder Judicial, la distribución de competencia entre Federación y
estados, y el juicio político.

A semejanza del Judicial Review, Otero propuso en el artículo 25 del Acta de


Reformas de 1847 lo que sería el juicio de amparo en nuestro país. Otero
consideraba que la sola declaración de derechos es abstracta y vaga, por lo que se
necesita ser complementada con medidas y procedimientos que lo hicieran
efectivos ante el poder judicial.

La obra de Tocqueville vuelve a ser considerada por el Congreso Constituyente de


1856-1857 gracias a la oportuna difusión de su traducción publicada por el periódico
El Republicano en 1855.

Sin embargo, la decisiva influencia de Tocqueville sobre la importante figura de


Otero es crucial. El primer reconocimiento público del jalisciense de esta influencia
se verificó en su discurso del 16 de septiembre de 1841, pero el más completo
análisis de la Democracia en América y El Federalista se da en la obra de Otero:
Examen analítico del sistema constitucional, publicado en octubre de 1842 en el
periódico El Siglo XIX. En este momento la influencia americana deja de ser
pragmática para convertirse en ideológica.

Después de las brillantes participaciones de Otero vinieron los años de las


intervenciones y conflictos que van de 1846 a 1867 con las invasiones de los
Estados Unidos y de Francia. Resulta paradójico que las dos naciones, aparte de

27
España, que se han considerado por México como las más respetables fuentes
teóricas para estructurar a nuestro país jurídica y políticamente, hayan sido las que
más socavarán la soberanía nacional con sus intervenciones armadas.

Según hemos visto, las explicaciones sobre las instituciones constitucionales


mexicanas, derivadas de la doctrina, llegaron después que México ya había tomado
las decisiones fundamentales: República, federalismo, sistema presidencial, unidad
en el Poder Ejecutivo y dos cámaras para el Poder Legislativo, entre muchas otras.
En relación con el judicial review, o facultad de anulación de leyes inconstitucionales
con efectos individuales, aunque teóricamente nos percatamos de su existencia a
través de la referencia de Tocqueville, la práctica de la institución no fue recibida
sino hasta la época de Vallarta en que al decidir el amparo Antonio Lozano en 1870
hace referencia, quizá por primera ocasión, al caso Marbury vs. Madison. 49

Por otra parte, al explicar el concepto de derecho codificado, John Henry Merryman
asevera que desde sus orígenes, este sistema es más antiguo, más ampliamente
distribuido y más influyente que la tradición del Common Law; pero, a pesar de eso,
ni uno ni otro sistema puede considerarse superior. 50 Semejante aseveración pone
en una competencia pueril ambos sistemas.

Esta opinión de Merryman no ha sido la misma en todo el tiempo en los Estados


Unidos, especialmente en el estado de California. Después de la invasión a México
y de los Tratados impuestos de Guadalupe-Hidalgo, el Senado del estado de
California, previsto en el artículo IV, sección 1, de la Constitución del estado,
promulgada el 12 de octubre de 1849, aprobó un reporte en el año de 1850 en el
que se describía al sistema de derecho codificado, heredado de México, como un
sistema “basado en las crudas leyes de un pueblo rudo y bárbaro, cuya pasión fue
la guerra y cuyo impulso fue la conquista” (sic), refiriéndose al derecho romano, 51
mientras que el Common Law promueve el comercio y el intercambio de
mercancías, por lo que debería concluirse la superioridad de éste sobre aquél.

Este reporte fue a raíz de una petición de los miembros de la Barra de Abogados de
San Francisco en la que preguntaba a la segunda Cámara del estado sobre la
conveniencia de continuar con el sistema del Common Law en la práctica legal del
estado, ya que representa ese sistema la tradición, el lenguaje y la cultura de los
estadounidenses.

El 22 de abril de 1850, la Legislatura del estado habría abrogado el sistema jurídico


mexicano con algunas excepciones. No obstante, el primer gobernador de
California, Peter Burnett, en su informe ante el Congreso del Estado recomendó una
solución ecléctica: el implantar el Common Law en lo concerniente a las materias
penal, probatoria y mercantil, mientras que recomendaba el sistema de derecho

49
Ignacio Vallarta. Obras. México. 1880. vol. III. p. 399-402.
50
The Civil Law Tradition. Stanford University Press. 1969. p. 3.
51
“Report on Civil and Common Law”. California Reports. 1906. p. 592.

28
codificado para la formulación de un código civil, siguiendo a Lousiana, así como
para otras cuestiones de derecho procesal. 52

Muchos aspectos, de muy variada naturaleza, quedaron pendientes de resolver con


la inclusión del territorio mexicano en el de los Estados Unidos. A pesar de
considerarse “defensores de los derechos humanos” así como una nación
“civilizada”, los estadounidenses evadieron reconocer a los indígenas su ciudadanía
y escogieron el considerarlos como extranjeros para no aceptar ninguna obligación
hacia ellos. Este asunto fue particularmente importante en Nuevo México, en donde
se decidieron los casos: United States vs. Lucero 1 NM 422 (1869), 53 en el cual se
decidió que en virtud del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, la raza indígena posee la
ciudadanía mexicana. En el caso United States vs. Sandoval 167 US 278 (1897),
decidido por la Suprema Corte Federal, se manifestó abiertamente la duda sobre si
los indígenas conservaban la ciudadanía mexicana.

Sin embargo, en el caso de United States vs. Juan Santiestevan 1 NM 583 (1874),
la Suprema Corte de Nuevo México empezó a cambiar de decisión y consideraba
que los Estados Unidos se habían subrogado a la República Mexicana en la
obligación de considerar como nacionales a los indígenas. 54 Pero esta tendencia
no fue promovida por razones humanitarias, al estilo que proclamaba Huntington,
sino por razones estrictamente económicas, ya que al reconocerles la ciudadanía,
los estados asumían la facultad de gravarlos con impuestos, tal como se estableció
en el caso de Territory of New Mexico vs. Delinquent Tax List of Bernalillo County
12 NM 62 (1903).

Las autoridades mexicanas, preocupadas por garantizar la igualdad de sus


nacionales, firmaron el artículo IX del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, en el que se
estableció que “los mexicanos pueden adquirir la ciudadanía americana si así lo
desean”. Sin embargo, el pueblo estadounidense, “amante de la libertad y la
igualdad”, violó esta disposición en casos como los decididos en Nuevo México:
Chávez vs. Chávez de Sánchez 244 P.2d 781 (1952); H. N. D. Land Co. vs. Suazo
105 P.2d 744 (1940), y Anisa Uranga vs. New Mexico and Arizona Railroad 175 US
76 (1899), en los que se estableció que el Congreso se reservaba las modalidades
a las que sujetaría los derechos establecidos en el Tratado en los estados de Nuevo
México y Arizona. 55

La cuestión sobre la vigencia del derecho mexicano, inmediatamente después del


Tratado Guadalupe-Hidalgo, tuvo disposiciones como la determinada por John
Marshall en el caso The American Insurance Co. vs. Canter 26 US 511 (1828), en

52
Rodman Willoughby. History of the Bench of the Southern California. Los Ángeles. 1909. p. 25.
53
United States v. Lucero. José Juan Lucero. Supreme Court of the Territory of New Mexico enero 1869. El
precedente reconoce que en el regimen de México no hubo distinción entre las razas y todos éramos Mexicanos:
“By an Act of September 17, 1822, to give effect of the plan of Iguala, it was provided that ‘in the registration
of citizens, classification of them with regard to their origin shall be omitted’, and that there shall be no
distinction of class on the parochial books”. Párrafo 19.
54
“The Pueblo Indians of New Mexico were, prior to the Treaty of Guadalupe Hidalgo, citizens of Mexico”
55
Guadalupe Hidalgo: Treaty of Peace, 1848 and the Gadsen Treaty with Mexico, 1853, New Mexico, 1967.

29
el cual las leyes de un “territorio cedido”, permanecen en vigor hasta su sustitución;
mientras que si el juez Murray de la Suprema Corte de California, siguiendo al juez
Walworth en el caso Canal Commissioners and Canal Appraisers vs. The People
(NY 1831), propuso que la legislación aplicable con anterioridad a un territorio
conquistado se abroga por el sólo hecho de la conquista, sin necesidad de expedir
nuevas leyes.

Esta hostilidad hacia el derecho codificado, especialmente el mexicano, se explica


por el resultado de la guerra; al haberla perdido, México tenía que ser blanco de
críticas, y la cultura estadounidense, incluido su derecho, tenía que ser el mejor para
los nuevos estados.

En la crítica fueron duramente persistentes. En los documentos y casos de la época


se descubre a la California mexicana como un territorio salvaje, anárquico y caótico,
sin ningún comercio, justicia o aplicación de la ley. Esta posición sobrevivió el
principio de siglo, y hubo autores que manifestaron que el sistema jurídico mexicano
no había contribuido en lo absoluto a formar la historia legal de California. 56 Se
describió al gobierno mexicano como despótico y corrupto, y al derecho mexicano
como semi bárbaro. 57

A pesar de lo condenable del régimen mexicano, el Congreso federal de los Estados


Unidos no reguló debidamente los aspectos fundamentales de California de 1846,
fecha de la primera agresión, a 1850. Durante este periodo, California fue
considerado como un territorio conquistado. Para evitar la “mexicanización” de
California en este lapso se desplegó esa campaña de desprestigio, la primera de
una cadena que llega a nuestros días.

La urgencia de la situación, obligó al gobernador militar masón a ordenar el estudio


del derecho mexicano y a su aplicación desde 1847.

Podemos concluir que la influencia del derecho mexicano en los Estados Unidos,
podemos mencionar los siguientes elementos:

1. Existió una gran hostilidad hacia el derecho mexicano en particular y al derecho


codificado en general para su recepción en los Estados Unidos, a pesar de las
ventajas que trajo para la libertad, igualdad, tierras, aguas, minas y matrimonio.

2. De 1846 a 1850, el derecho mexicano fue el único sistema legal que pudo regular
la compleja y caótica sociedad en estados como Texas, Nuevo México y California.
Durante este periodo de aplicación de las leyes mexicanas, éstas soportaron la
llamada conquista, la elaboración de la primera Constitución de California, el
Tratado de Guadalupe-Hidalgo y el otorgamiento de la calidad de estado fue
conferido al territorio de la Alta California.

56
Orrin, McMurray, Legal and political development of the Pacific Coast States, San Francisco, 1915, p. 270.
57
Rockwell Hunt. The Genesis of California First Constitution (1846-1849), John Hopkins University, 1895,
p. 19 y 31.

30
3. La influencia del derecho codificado es apreciada a través de la tendencia a elaborar
códigos que desde la administración del primer gobernador de California, Peter
Burnett, se apreció.

4. La controversia entre Common Law y derecho codificado debe considerarse como


un pretexto que esconde conflictos políticos. Se debe recordar que William
Blackstone fue primero profesor de derecho civil y romano y después de Common
Law, este sincretismo es importante ya que exhibe la mutua influencia de ambos
sistemas. La animosidad de los primeros años de California como territorio
estadounidense hacia derecho mexicano, debe calificarse como una estrategia para
consolidad la hegemonía de Estados Unidos. En esos años, la población
estadounidense en ese territorio apenas llegaba a un 10%, aunque la fiebre de oro
incrementó este porcentaje.

5. Los puntos de influencia de México en Estados Unidos se refieren a las personas


(esclavitud y mujer casada) así como a los bienes (tierras, minas y agua), además
de la influencia de la primera Constitución de California. Los libros estadounidenses
para entender el derecho mexicano y codificado empezaron a salir publicados en
los Estados Unidos, como manuales prácticos a ser utilizados ante los tribunales
estadounidenses, llegando esta doctrina incluso a ser citada en los casos de la
época. Compilaciones de derecho mexicano que son dignas de recordarse son las
de Joseph White, que en dos volúmenes se publicó en 1839, la de Gustavus
Schmidt 58 publicada en 1851 y la de John Rockwell 59 aparecido en el mismo año.

En esta zaga, el Presidente de México no jugó ningún papel protagónico en defensa


de los intereses mexicanos, para proteger a los nacionales que dejaba atrás con la
firma del ominoso Tratado Guadalupe Hidalgo. La rapiña se organizó con los
intereses de los estadounidenses, en connivencia con las autoridades de los
Estados y territorios recientemente adquiridos por la “conquista”.

58
The Civil Law of Spain and Mexico. Arranged on the Principles of the Modern Codes, with notes and
references. Preceded with a Historical Introduction to the Spanish and Mexican Law and embodying in an
appendix some of the most important Acts of the Mexican Congress. New Orleans. Printed for the author by
Thomas Rea. 1851
59
John Arnold Rockwell. A compilation of Spanish and Mexican Law. In relation to Mines and Titles of Real
Estate. 1851.

31
Reproducido en la Colección de Bicentenarios. 2013. Tribunal
Electoral del Poder Judicial de la Federación. Cámara de Diputados
LXIII Legislatura y Universidad Nacional Autónoma de México

32
V. Estructura del sistema presidencial originario en México

Por su parte, Ramos Arizpe además de ser el promotor del federalismo en México,
fue quien defendió al Poder Ejecutivo unitario dotado de energía suficiente para
afrontar las emergencias a las que el país se enfrentara y seguiría enfrentando
posteriormente. Emergencias como la que acabamos de reseñar, pero que no sirvió
para el propósito que tenía encomendado según la Constitución Federal Mexicana.

Al igual que Estados Unidos, la importancia que tuvo la discusión sobre la unidad o
pluralidad del Ejecutivo trascendió al mero aspecto numérico e incidió sobre la
naturaleza y el carácter del Presidente.

La unidad del Presidente representaba el vigor necesario para tomar decisiones con
celeridad y secreto. El temor de que un solo Presidente se convirtiera en déspota
estaría disipado para los diputados constituyentes Ramos Arizpe y Espinosa por
varios elementos constitutivos del sistema político en general, como el tener un
periodo fijo de cuatro años, el contar con un régimen federal y con una
responsabilidad política para el titular del Poder Ejecutivo.

No obstante, no fue fácil la unidad del Poder Ejecutivo, pues hubo varias ingeniosas
iniciativas para implantar uno colegiado.

De entre estas propuestas están las de Manuel Crescencio Rejón, precursor del
juicio de amparo y la de Miguel Guridi y Alcocer, antiguo diputado a las Cortes de
Cádiz, quienes propusieron depositar el Ejecutivo en dos o tres personas
respectivamente. Además, el 13 de febrero de 1824 el diputado Demetrio del
Castillo presentó la formación de un Poder Ejecutivo muy original, tratando de
armonizar lo aparentemente irreconciliable.

La propuesta de Castillo consistía en la reunión de tres personas: el presidente,


propiamente dicho; el vicepresidente, que sustituiría al anterior en caso de
ausencias y el presidente “designado”, que entraría en funciones de presidente de
forma automática al concluir el periodo del primero.

Aunque era un triunvirato, el gobierno se ejercía prácticamente a través de una sola


persona, el Presidente, pero asesorado por los otros dos, el vicepresidente y el
designado. Con ello se garantizaría la energía y, a la vez, la concurrencia de varias
inteligencias en la toma de decisiones y evitaría la precipitación en las mismas.
Pero, para contener cualquier abuso, el vicepresidente y el designado tendrían la
facultad de supervisar los actos del Presidente y, en caso de violar la Constitución,
acusarlo ante el Congreso para que éste fincara la responsabilidad política que
procediera.

Esta propuesta satisfacía prácticamente todas las inquietudes que se habían


planteado en el Congreso Constituyente mexicano y resultaba impecable frente a la
convincente argumentación de Ramos Arizpe a favor del Ejecutivo unitario. Sin

33
embargo, este diputado insistiría en la necesidad de discreción y celeridad en la
toma de decisiones y, para evitar el abuso del Presidente, propuso la formación de
un Consejo de Gobierno, que limitaría el poder presidencial, cuya integración se
haría a partir de la mitad de los senadores y que velarían porque los actos del
Presidente fueran dictados conforme a la Constitución y a las leyes.

Este Consejo de Gobierno que tiene como antecedente los “consejos revisores” de
algunos gobernadores en la Confederación Americana,60 tuvo importantes
implicaciones, ya que por un lado fortalecía el federalismo dentro de la estructura
del Poder Ejecutivo, al ser senadores sus integrantes, símbolo de la representación
de las entidades federativas en las decisiones ejecutivas; así mismo, el Presidente
al consultar al consejo de gobierno, compartía la responsabilidad de sus decisiones
con el órgano que precisamente se encargaría de juzgarlo políticamente: el Senado,
en caso de cometer violaciones y ser acusado ante el Congreso.

La fórmula de Ramos Arizpe fue finalmente aprobada el 14 de julio de 1824 con un


Poder Ejecutivo unitario, aunque asesorado y supervisado por un Consejo de
Gobierno. Derrotando las gestiones brillantes de los diputados constituyentes que
preferían instaurar un Poder Ejecutivo colegiado. Esta estructura constituye un
alejamiento del modelo americano digno de tomarse en cuenta; como lo es también
el hecho que nuestra Constitución de 1824 otorgó, en un principio, plenas facultades
al presidente para nombrar y remover libremente a los secretarios de Estado.

Lo anterior también es un rasgo distintivo de nuestro presidencialismo en


comparación con el estadounidense, pues éste consagró en forma vaga la
ratificación de los colaboradores del Presidente por parte del Senado y no determinó
explícitamente la facultad de remoción. Este poder ha sido acotado
jurisprudencialmente por la Suprema Corte en el caso Myers vs. U. S. (272 US 52,
1926).

El control que nuestra constitución de 1824 otorgó al Presidente llegó incluso a


concederle la facultad de suspender a sus empleados hasta por tres meses y privar
de la mitad de sus sueldos por el mismo tiempo cuando infringiera sus órdenes y
decretos. Esta sanción administrativa o gubernativa como lo calificara el
constituyente José María Becerra de Veracruz, demostró una férrea disciplina de
los colaboradores hacia el Presidente.

60
De gran tradición constitucional en las colonias de América. En la Carta de Virginia se dispuso un Consejo
integrado por siete personas, que fue menguando ante el poder del gobernador, reduciéndose a una persona en
1609. Las irregularidades en la colonia provocaron la intervención del Rey para modificarlo en 1718 y nombrar
un Consejo con funciones no sólo gubernativas, sino también judiciales. Massachussetts tuvo un Consejo
Ejecutivo electo por votación popular. Las demás colonias establecieron sendos Consejos como corporaciones
de asesoría y supervisión de los gobernadores coloniales, a través de sus Cartas o constituciones particulares.
Los Consejos operaban como una Cámara alta de la Asamblea colonial y operaban como la máxima instancia
judicial. Murray G. Forsyth. Theory and Practice of the Confederation. Leicester University Press. Holmand
Meier Pub. Inc. 1981

34
De alguna manera ésta es una consecuencia del concepto de unidad en el
presidencialismo que, además, está basada en el reconocimiento de la
responsabilidad política del Presidente, ya que si el titular del Ejecutivo era
responsable de sus actos, lo menos que podía hacer el constituyente era
reconocerle una completa libertad para nombrar y reconocer a sus colaboradores
así como sancionarlos en caso de infracciones a sus órdenes.

De las diferencias perceptibles entre ambos regímenes presidenciales, también


debe hacerse notar que, en 1824, la reelección presidencial fue limitada al supuesto
de que pasaran cuatro años después de su primer periodo como presidente. Esto
fue implantado en México debido a la observación de Servando Teresa de Mier,
quien en el Congreso manifestó que habría que evitar que un Presidente se
entregue a la labor política de su reelección. Posteriormente, la reelección sería
liberalizada en la Constitución de 1857 y manipulada a través de las reformas de
Porfirio Díaz y Álvaro Obregón, para concluir con la prohibición absoluta de
reelección en 1933.

Este aspecto no propició mayor molestia en Estados Unidos puesto que desde el
“discurso de despedida” de Washington pronunciado en 1796, se sentó el
precedente de que un presidente, sólo sería reelecto por un periodo adicional al
primero. La excepción de Franklin D. Roosevelt que de 1932 a 1945 ocupó la
presidencia fue supuestamente justificada en atención a las crisis que tuvo que
afrontar su administración, consistentes en la gran depresión económica, por un
lado, lo cual provocó la política de emergencia del New Deal y, además, la Segunda
Guerra Mundial. Después de su muerte se promovió la enmienda número XXII,
aprobada en 1951, que constitucionalizó el precedente fijado por Washington de no
extender la reelección más allá de dos períodos.

Si al principio de esta obra afirmamos que hay varias concepciones del


presidencialismo, según el país que lo experimenta, también reiteramos que según
la época y los actores de la historia son los que imprimen nuevos aspectos al
presidencialismo nacional.

Este punto es especialmente cierto cuando comparamos el presidencialismo


establecido en las Constituciones de 1824 y de 1857 en México, no obstante que
se dan en el mismo entorno federal, hay fuertes contrastes ente una y otra.

La idea de fortalecer al Poder Ejecutivo y de imprimirle energía y dinamismo


palidece en el Congreso Constituyente de 1856-1857 ya que, al contrario, su
tendencia fue la de limitarlo lo más posible y evitar la repetición nefasta de una
nueva Alteza Serenísima como la de Santa Anna.

Esta constitución amplió las facultades del Congreso de la Unión para ocuparse no
sólo de las graves cuestiones encomendadas tradicionalmente, sino para resolver
cuestiones particulares de minucioso estudio: concesiones, patentes, revalidación
de estudios, habilitaciones de mayoría de edad, pensiones y otras más que fueron

35
abrumadoramente el trabajo cotidiano e interminable del Congreso. 61 Esta carga
administrativa se dio en detrimento de otras tareas de mayor envergadura como la
formulación de los códigos que, ante la imposibilidad material de formularlos, hasta
1870 fueron elaborados por comisiones del Poder Ejecutivo y expedidos en uso de
facultades extraordinarias.

La paradoja es que, a pesar de la Constitución de 1857, el presidencialismo se


consolidó a partir de ella. Las invasiones externas y las sublevaciones intestinas
exigieron todas las virtudes de energía y unidad que se esperaban del Presidente
de 1824 y contrastaban con el mal equipado presidente de 1857.

Benito Juárez (1806-1872) fue el primero en tratar de fortalecer constitucionalmente


la presidencia a través de las reformas que sometió inmediatamente después de
restaurada la República. Su plan tiene gran similitud con la estructura de gobierno
de la constitución de 1824, como la reinstauración del Senado que había sido
eliminado formalmente en 1857 y el retorno del veto suspensivo entre otros
aspectos. Todo ello fue aprobado en 1874.

A pesar de la Revolución iniciada en 1910 contra los excesos de Porfirio Díaz, podía
pensarse que México continuaría con un sistema constitucional inspirado en la
desconfianza hacia el Poder Ejecutivo y con su consecuente tendencia a limitarlo a
través del ejercicio de las facultades del Congreso. Sin embargo, para 1916 y 1917,
la idea de unidad y vigor del Ejecutivo ya había llegado hasta la convicción de la
sociedad y, en lugar de limitar sus facultades como en 1857, se le elevó a la
categoría de “guardián de la sociedad” como lo calificaría el constituyente Francisco
J. Mújica. El propio primer jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza
propició el desechamiento de la supremacía parlamentaria, previsto en la anterior
constitución; al respecto, sus palabras fueron claras:

Los constituyentes de 1857 concibieron bien el poder Ejecutivo: libre en su esfera


de acción para desarrollar su política, sin más limitación que respetar la ley; pero no
completaron el pensamiento, porque restaron al poder Ejecutivo prestigio, haciendo
mediata la elección del Presidente, y así su elección fue, no la obra de la voluntad
del pueblo, sino el producto de las combinaciones fraudulentas de los colegios
electorales […] Ahora bien, ¿qué es lo que se pretende con la tesis del gobierno
parlamentario? Se quiere nada menos que quitar al Presidente sus facultades
gubernamentales para que las ejerza el Congreso, mediante una comisión de su
seno, denominada “gabinete”.

En otros términos, se trata de que el presidente personal desaparezca, quedando


de él una figura colectiva. ¿En dónde estaría entonces la fuerza del gobierno? En
el Parlamento. Y como éste, en su calidad de deliberante, es de ordinario inepto

61
Daniel Cosío Villegas. La Constitución de 1857 y sus críticos. Colección Sep-Setentas. 1974. 2ª ed. p. 158-165.

36
para la administración, el gobierno caminaría siempre a tientas, temeroso a cada
instante de ser censurado. 62

Aunque este sentir de Carranza fue seguido mayoritariamente, al momento de


discutir la Constitución de 1917, en la sesión del 18 de enero de dicho año, no dejó
de haber la preocupación de limitar el poder presidencial mediante la ratificación por
el Congreso de todos los nombramientos de secretarios de Estado. Froylán Cruz
Manjarrez aseveró:

Si estuviéramos todavía en tiempo oportuno, yo vendría a abogar francamente en


pro del sistema parlamentario que es el único, y debe entenderse así, que garantiza
el funcionamiento de la democracia. 63

Esta tendencia fue nuevamente manifestada durante noviembre de 1917 cuando un


grupo de diputados presentaron varias iniciativas para ampliar facultades
contraloras del Congreso sobre el Poder Ejecutivo.

A diferencia de la Constitución de 1824, la vigente mexicana suprimió a la


vicepresidencia, pues históricamente se había convertido en el segundo sitial del
Poder Ejecutivo cuya tentación por eliminar al presidente se había
institucionalizado. En la vicepresidencia se conspira, se dijo en el Congreso
Constituyente de Querétaro.

La sustitución presidencial fue uno de los aspectos más debatidos. Se desecharon


tanto al presidente del Senado, por ser un hecho accidental su cargo, como a los
secretarios de Estado, por haber sido designados por el Presidente sustituido como
opciones para ser los sustitutos en caso de ausencia del presidente constitucional.

62
Mensaje de Venustiano Carranza al Congreso Constituyente en la entrega de su proyecto de Constitución. Revista
Mexicana de Derecho Penal. núm. 13. 3ª época. enero-febrero 1967. p. 27-28.
63
Derechos del pueblo mexicano. México a través de sus constituciones. Cámara de Diputados. LII Legislatura.
Articulado Constitucional. tomo IX. 1985. p. 33-89.

37
Congreso Constituyente (Querétaro) 1916-1917

gradoceroprensa.wordpress.com

38
VI. “Pureza” del Presidencialismo

En los libros sobre la materia se discute sobre si el presidencialismo cuenta con


tintes o matices parlamentarios. Esta pureza de un contenido presidencialista
demuestra cierto barroquismo y escrúpulo académico, pues a dos siglos de
desarrollo del presidencialismo en el mundo, éste tiene suficientes elementos
propios que definen el sistema y no se le puede confundir con el parlamentarismo.

En el Congreso Constituyente Mexicano se decía que el inicio del parlamentarismo


estaba en la existencia de partidos políticos nacionales que, para 1917, no estaban
consolidados. 64 Si nosotros observamos a los partidos políticos actuales en México
no podríamos afirmar que son un rasgo parlamentario, a pesar de que efectivamente
el presidencialismo no fue fraguado con la participación de dichas organizaciones
políticas, ni en 1787 ni en 1824.

De la misma manera, no podemos concluir que el presidencialismo mexicano sea


más “puro” que el estadounidense. En una palabra, la pureza del presidencialismo,
si importara, no implica la total independencia de los poderes Ejecutivo y Legislativo
ni la negación de competencias compartidas, ya que ésa es su esencia en la
separación de poderes, entendido como el equilibrio de poderes y la participación
de dos o tres poderes en el ejercicio de una sola atribución con el objeto de que el
poder frene al poder y existan los contrapesos necesarios.

Es decir, entre más relaciones haya y coincidencias en el ejercicio de una atribución


entre los poderes de gobierno, se estará más de acuerdo con el principio de
separación de poderes. Lo que la doctrina ha prohibido es lo que Montesquieu
explicó en el Libro XI de su clásica obra L’Esprit des Lois (1748):

Todo estará perdido si el mismo hombre o el mismo cuerpo de nobles o del


pueblo, ejercen los tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las
resoluciones públicas y la de juzgar los delitos o los diferendos entre
particulares.65

James Madison expuso el 1 de febrero de 1788 al escribir el número 47 de El


Federalista Esas relaciones en el sistema constitucional mexicano, pueden
resumirse ejemplificativamente en lo que los autores, como Jorge Carpizo, 66
clasifican como supuestos matices parlamentarios: refrendo ministerial, informes de
los secretarios de Estado al Congreso, autorización por el antes denominado
Consejo de Ministros para que el Presidente suspenda las garantías individuales,

64
Aunque la Ley Electoral de 1911 los reconoció por vez primera.
65
“De la Constitution d’Angleterre”. Libro XI . Capítulo VI: Des lois qui forment la liberté politique dans son
rapport avec la Constitution . « Tout sera perdu, si le meme homme, ou le meme corps des principaux, ou de
nobles, ou du people, exerceaint ces trois pouvoirs : celuis de faire de lois, celui d’exécuter les résolutions
publiques, et celui de juger les crimes, ou les différands des particuliers. »
66
El presidencialismo mexicano. Siglo XXI Editores. 1978. p. 31 y 55.

39
clausura anticipada de las sesiones del Congreso por el Presidente y designación
de sustitutos ante ausencias definitivas del Presidente.

Si se extiende el mismo criterio a otros supuestos, también podría insertarse en el


hipotético rubro de matices parlamentarios del presidencialismo a los siguientes: la
facultad de iniciativa de leyes, ratificación de ciertos funcionarios por el Senado
como los empleados superiores de hacienda y los altos jefes del ejército y la
armada, el veto suspensivo, la movilización de tropas de las fuerzas armadas fuera
del país, así como la disposición de la guardia nacional fuera de sus respectivos
estados, autorizadas al Ejecutivo por el Senado y, en general, cualquier
participación del Ejecutivo o alguna de las comisiones del Congreso, en asuntos
competenciales comunes.

Sin embargo, tal como mencionamos, el afán de demostrar el presidencialismo en


México, es quizá demostrar lo obvio, pero también es válido el análisis de algunos
de los “matices” parlamentarios, pues no permite estudiar los rasgos del
presidencialismo mexicano y contrastarlo con otros ismos.

Sin poder abordar los siguientes temas con mayor profundidad, empecemos por el
refrendo ministerial que ha despertado un reciente interés por sus repercusiones en
el presidencialismo. Establecido en el artículo 92 constitucional mexicano, posee
una larga tradición histórica desde la Constitución de Cádiz de 1812. Se podría
pensar que el refrendo es significativo de la existencia de un gabinete en el sentido
parlamentario, ya que compromete individualmente a los secretarios de Estado ante
el Congreso, por los actos del Presidente.

El primer punto a dilucidar es el relativo a qué actos requieren ser refrendados. Aquí
surge una nueva interpretación que consideramos equivocada, pues determina que
las leyes, reglamentos, decretos y órdenes debe ser refrendados. Siendo que el
precepto constitucional no alude a las leyes, se ha mal interpretado que el término
de decretos del Ejecutivo, implica a los decretos promulgatorios de leyes, entre los
demás decretos ordinarios.

El objetivo del refrendo en cualquier sistema político ha sido el de dar autenticidad


a los actos presidenciales y hacer corresponsables a los secretarios con el
presidente de sus actos, certificando la autenticidad de los mismos. 67 De esta
manera, el refrendo debe circunscribirse a actos exclusivos del poder ejecutivo pues
es una medida de control del legislativo sobre aquel poder. Si se aceptara la idea
de que el refrendo es procedente con las leyes, porque tienen que ser promulgadas
por el Ejecutivo, se estarían transgrediendo diversas razones para afirmar lo
contrario.

Se estaría admitiendo que los secretarios de Estado forman parte del proceso
legislativo a través de su participación en la promulgación de leyes; lo cual estaría

67
Lo cual no deja de ser anticuado y obsoleto, pues en la actual época los actos presidenciales no pueden ser puestos
en duda, formal ni materialmente, por lo que no requiere de un Secretario que de autenticidad a sus actos.

40
en contraposición con el precepto constitucional de la titularidad única y que, por lo
tanto, le otorga al presidente de la República facultades exclusivas para intervenir
en dicho proceso.

La vigencia de las leyes estaría en manos de los secretarios de Estado, pues al no


refrendarlas, éstas no serían obedecidas por el pueblo, lo cual da un poder político
que ni siquiera goza el Presidente, ya que para éste la promulgación es obligatoria
y no potestativa y, en caso de desacuerdo con la ley, la Constitución prevé para el
Presidente exclusivamente, el veto que puede ser superado por el Congreso para
superar la falta de refrendo en caso de que algún secretario de Estado se negara a
extenderlo. Todo lo cual constituye al refrendo en un super veto.

Desvirtúa la finalidad centenaria del refrendo, pues en lugar de ser un mecanismo


de control del Legislativo sobre el Ejecutivo, se transformaría en un mecanismo de
control de los secretarios de Estado sobre los actos formales del Congreso, e
incluso, del propio ejecutivo.

Por ello, la conclusión que se sugiere es que el refrendo no puede proceder contra
las leyes. Pero si procedería con los reglamentos, decretos y órdenes del Ejecutivo,
tal como lo prescribe la propia Constitución literalmente, aunque resultaría inútil
pues los secretarios de Estado y los demás funcionarios federales pueden ser
removidos libremente por el presidente, en caso de negarse a refrendar los actos.
Son colaboradores de él por lo que los actos de ejecución en la expedición de
reglamentos, decretos y órdenes les compete. La responsabilidad política existe
también para el Presidente por causas especialmente graves, aunque para el caso
de los secretarios de Estado procede por violaciones a la Constitución y a las leyes
Federales.

Los reglamentos, decretos y órdenes son actos administrativos que competen en


exclusiva al Presidente, como titular del Poder Ejecutivo.68 Se ha determinado
jurisprudencialmente, por ejemplo, que los secretarios de Estado no pueden expedir
reglamentos. Esto es congruente, ya que se trata de colaboradores con facultades
del Ejecutivo delegadas. Esta delegación es autorizada por el Congreso a través de
la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal. En consecuencia, el ejercicio
de una facultad exclusiva del titular del Ejecutivo, no debería ser cuestionada ni
condicionada en su validez, por sus colaboradores ya que los elevaría a la categoría
de titulares del Poder Ejecutivo también. Si se desea contar con elementos
fehacientes de su participación en violaciones graves a la Constitución y a las leyes
federales, están los actos de ejecución, expeditos para tales fines.

En cuanto a las órdenes presidenciales, éstas pueden incluso ser firmadas por los
subsecretarios u oficiales mayores de las dependencias en cuestión, según el
decreto del 25 de junio de 1900, por lo que llegaríamos al absurdo que la acción

68
Manuel González Oropeza. “Características Generales de los Reglamentos”. Revista Jurídica Jalisciense. El
Presidencialismo. Año 1. Número 1. Septiembre-Diciembre 1991. Instituto de Investigaciones Jurídicas.
Universidad de Guadalajara. p. 170

41
presidencial, cuyos atributos son la energía y unidad, estaría impedida y,
posiblemente, obstruida por funcionarios de nivel menor que los secretarios de
Estado. Esto atenta contra el principio de unidad del Poder Ejecutivo.

Por otra parte, en cuanto a la asistencia a las sesiones del Congreso y presentación
de informes de los secretarios de Estado ante el Congreso, esta obligación no ha
constituido una fuente inmediata de responsabilidad y control del Legislativo sobre
el Ejecutivo. La única consecuencia conocida fue un denominado “voto de censura”,
que en un término de retórica política fuera empleado para acusar a un gobernador
y no a un Secretario; dicha moción fue emitida por el Senador Chavis Castro el 4 de
noviembre de 1941 sin resultado alguno.

En la historia constitucional mexicana, los reglamentos para el gobierno interior del


Congreso desde 1824 han permitido la asistencia de los secretarios de Estado a
algunas sesiones del Congreso para afirmar y defender los proyectos del Ejecutivo,
y no para responder por actos ya emitidos por el Ejecutivo o por ellos mismos.
Nuevamente la interpretación ha sido para favorecer al Ejecutivo y no para
controlarlo y supervisarlo.

En algunos países como Estados Unidos se ha llegado incluso a proponer, como lo


hiciera George H. Pendleton (1825-1889) en 1864, que los secretarios de Estado
asistieran regularmente a las sesiones del Congreso para informar al Ejecutivo del
desarrollo y pormenores del trabajo legislativo. Como esto se consideró una
interferencia sobre el Legislativo, la iniciativa fue retirada. De esta manera, esta
medida de información de los Secretarios hacia el Congreso, se ha visto trastocada
para invertir a los informantes.

La experiencia del presidente Juárez al respecto fue negativa y por ello, en la ley de
convocatoria de elecciones de agosto de 1867 planteó como reforma constitucional
la de que las relaciones entre los secretarios de Estado y el Congreso fueran por
escrito exclusivamente, para evitar el intercambio de debates.

Se considera también como un síntoma de parlamentarismo a la disposición


contenida en el artículo 66 constitucional que prevé la facultad presidencial de
decidir cuándo se clausura anticipadamente el periodo ordinario de sesiones del
Congreso.

Esta medida de claras raíces en el pensamiento de Emilio Rabasa, 69 se basa en


una profunda convicción presidencialista: la asamblea legislativa debe tener un
periodo de sesiones, suficiente y necesario, para desahogar su trabajo normal; si
cuenta con mayor tiempo, empezará a llenarlo con leyes y decretos que pueden
romper el equilibrio con el Ejecutivo, por ello este último debe contar con la facultad
para declarar la clausura de sus sesiones en forma anticipada.

69
La Constitución y la dictadura. Ed. Porrúa. 6a. Ed. 1982, p. 153.

42
De cualquier manera, nos descubre la importancia de los períodos en las funciones
de los órganos de autoridad en el diseño constitucional.

43
44
VII. Predominio del Presidencialismo

Según algunos autores 70 habría que distinguir entre sistema presidencial y


presidencialismo. El primero sería aquel que plantea un presidente electo mediante
sufragio universal y la ausencia de responsabilidad ministerial para absorber
totalmente al titular del poder Ejecutivo.

De este esquema, el parlamentarismo sería la cara contraria, pues consistiría en


una completa responsabilidad ministerial y la ausencia de un jefe de Estado y de un
gobierno electo popularmente. El presidencialismo, además de contar con un
acercamiento del Poder Ejecutivo sobre los demás poderes, traducido en un
predominio político, constituiría una tercera categoría en donde el presidente es
electo mediante sufragio universal y los secretarios son responsables políticamente
ante el Congreso.

Sea que se adopte esta tesis o que simplemente se indique que el presidencialismo
es un sistema con ciertos aspectos comunes al modelo norteamericano, pero que
ha tenido su desarrollo propio en cada país, lo importante es comprender sus
elementos, que se pretendieron esbozar en el cuerpo del presente trabajo.

Dichos elementos resumiendo serían, para el presidencialismo en México, los


siguientes:

Unidad del titular del Poder Ejecutivo, lo cual hace de sus secretarios de Estado,
colaboradores que son nombrados y removidos libremente por el presidente.

Energía y vigor en el desempeño de sus funciones, que son ejercidas con


exclusividad por el Ejecutivo, aunque delegadas a los secretarios de Estado para
su debido cumplimiento y ejecución.

Completa independencia electoral y orgánica del Ejecutivo con respecto al


Congreso de la Unión caracterizada por una incompatibilidad en ambos cargos.
Aunque ambos funcionarios, el Presidente y los miembros del Congreso, son
electos popularmente, su base electoral es geográficamente distinta; no obstante,
la naturaleza de su representación política es idéntica, al ser nacional.

Estrechas relaciones con el Poder Legislativo en cuya interacción demuestra


precisamente el predominio presidencial, al transformar las medidas que
supuestamente eran controladoras del Presidente, en medida de supervisión sobre
el Consejo.

Duración en el cargo presidencial por un periodo fijo e improrrogable, estando la


reelección prohibida absolutamente. 71
70
Moulin. Op. cit., p. 39-40.
71
La existencia de un término fijo en el desempeño de su cargo, fue motivo de Bagehot para criticar la
Constitución de los Estados Unidos: “Whether (The Government) works well or works ill… by law you must
keep it. Unlike the situation in a Parliamentary system, in the U.S. there is no option of calling a new election”.

45
El presidente y sus secretarios y colaboradores son responsables por y ante el
Congreso, a través de las causales y procedimientos establecidos en la Constitución
y en la ley federal de responsabilidades de los servidores públicos.

Tanto el Ejecutivo como el Legislativo no pueden desconocerse o disolverse


mutuamente puesto que tal decisión sería un golpe de Estado.

El predominio del Poder Ejecutivo no es un fenómeno exclusivo del


presidencialismo. En el propio parlamentarismo, el liderazgo del primer ministro
sobre la fracción parlamentaria mayoritaria lo hace virtual poseedor de las
decisiones que se tomen por el Parlamento.

En México, el predominio del Ejecutivo es un hecho culturalmente aceptado. El siglo


XIX y parte del presente, nuestro ambiente político se ve eclipsado por las
personalidades de tres personajes: Santa Anna, Juárez y Díaz. En el siglo XX,
Plutarco Elías Calles

Cada uno de ellos consolidó su poder en detrimento de los Congresos y de los


gobiernos de los estados. A partir de 1929 y especialmente hacia 1935, el
presidente agregó la tremenda facultad de ser ex – officio, jefe del partido político
oficial. Entre otras causas de su predominio, el presidente cuenta con las siguientes:

Jefe de las fuerzas armadas.

Jefe de la Administración Pública.

Coordinador de los sectores políticos y económicos del país.

Representante de la Nación y de la Federación.

Promotor del marco normativo del país, a través de su gran poder de iniciativa.

Participante en las funciones legislativas y jurisdiccionales.

Thomas O. Sargentich. “The limits of Parliamentary Critique of the Separation of Powers”. William and Mary
Law Review. Vol. 34. No. 679. 1993. p. 690

46
VIII. Intentos para implantar el parlamentarismo en México

La rica experiencia constitucional de nuestro país no se agota en el entendimiento


de cómo llegamos a ser una República a pesar de Iturbide y Maximiliano, o tener un
sistema federal a pesar de Alamán y Santa Anna; sino que el elemento más
característico, y a la vez paradójico, es el de cómo llegamos a implantar un sistema
presidencial. A pesar de los continuos abusos de poder del presidente mexicano
durante el siglo XIX lo cual provocó que la Constitución de 1857 depositara en el
Legislativo el mayor cúmulo de facultades y el mayor poder político; debido a las
situaciones de emergencia que provocaban el uso de facultades extraordinarias, el
Poder Ejecutivo fue ganando terreno a pesar del Congreso y el predominio político
de Benito Juárez y Porfirio Díaz fue innegable, no obstante haber gobernado con
una Constitución más proclive a los intereses del Congreso.

A pesar de que la Revolución social mexicana de 1910 tuvo entre sus objetivos el
acabar con una dictadura presidencial, al momento de cambiar la Constitución,
desde el proyecto presentado por Venustiano Carranza, el poder presidencial quedó
no sólo intacto, sino que se transformó el sistema favorablemente hacia un
presidencialismo enérgico y consolidado. Desde este punto de vista, Carranza es
heredero de la tendencia de Juárez y Díaz hacia la Presidencia.

Sin embargo, este proyecto, que es el que finalmente fue aprobado, ha ido
creciendo en los cien años de vigencia de la Constitución entonces adoptada, no
pasó inadvertido y sin debate, pues en el mismo año en que se aprobaba la
Constitución, se presentaba un proyecto por diputados constituyentes para
transformar el presidencialismo en un parlamentarismo.
Quizá es poco conocido que durante la discusión de nuestra Constitución en 1917
hubo proyectos de parlamentarismo en México que fueron escasamente discutidos,
pero que después de haberse promulgado la Constitución, hubo un movimiento que
persistió en implantar el sistema parlamentario ante el temor de volver a convertir al
presidente en un dictador. Esto confirma nuestra conclusión de que todas nuestras
instituciones constitucionales han sido configuradas no por azar o imitación, sino
que han sido producto del más depurado proceso histórico de razonamiento.
Desde un principio, las propuestas parlamentarias del siglo XX demuestran un claro
objetivo de limitar el exceso de poder presidencial y ofrecen una vía para
democratizar a la sociedad mexicana. Quizá el primer intento para implantar el
sistema parlamentario en México se da en el contexto de la célebre XXVI Legislatura
del Congreso de la Unión, denominada maderista.

En ella se daba un verdadero mosaico ideológico: diputados, conservadores,


liberales y católicos, de todas las tendencias revolucionarias y no revolucionarias.
Entre ellos los denominados reaccionarios, que después ocuparían diversas

47
secretarías de Estado en el periodo de Victoriano Huerta, estaban José María
Lozano, Francisco M. de Olaguíbel y Nemesio García Naranjo, quienes tenían
políticas desde el Partido Reeleccionista que apoyó en 1910 la formula Porfirio Díaz-
Ramón Corral. A este “triángulo” se les sumó Querido Moheno para formar una
fracción denominada "cuadrilátero" que cuestionaba todas las medidas procedentes
del presidente Francisco I. Madero.
Entre las tendencias observadas, esta fracción admiraba al sistema parlamentario,
cuyas propuestas para su implantación causaron gran conmoción en la Cámara y
en la opinión pública.72
La sublevación de Félix Díaz en Veracruz el 16 de octubre de 1912 condujo a que
la Cámara de Diputados inquiriera al secretario de Gobernación que era Jesús
Flores Magón, sobre la pertinencia de adoptar un régimen parlamentarista en
México. Los diputados demandaron la comparecencia personal del secretario,
mientras que el presidente Madero se oponía con el argumento de que las
comunicaciones entre el ejecutivo y sus secretarios y el Congreso de la Unión,
deberían ser por comisiones del Congreso que se acercasen a dialogar, o por
escrito, según había sido promovido por Benito Juárez desde 1867, en su ley de
convocatoria.
Las relaciones entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo se agravarían posteriormente
con la disolución que Victoriano Huerta, habiendo usurpando el Ejecutivo, mandó
hacer del Congreso en 1913. Huerta y sus secretarios, entre los que ya figuraban
los integrantes del "cuadrilátero", pretendieron justificar las medidas de disolución
del Congreso, a pesar de estar de acuerdo con la implantación del sistema
parlamentario.
Sin embargo, Huerta no era un rey, ni los secretarios formaban un gobierno de
gabinete ni, en suma, México era Inglaterra. Estos disparates fueron evidenciados
con la obra de Manuel E. Cruz que en 1918 escribió un documentado libro que
ilustra el sistema parlamentario en Inglaterra contrastando con las tradiciones
políticas e idiosincráticas de México.73
A partir del golpe de Estado de Huerta y el descrédito de los abogados y políticos
que lo rodearon, el proyecto de parlamentarismo se ligó a la fracción política
contraria a la Revolución y no a los ideales que pretendía cumplir: la limitación del
poder presidencial. Venustiano Carranza al presentar su proyecto de Constitución
no dudó en sostener al sistema presidencial fortalecido y desechar el
parlamentarismo. La división del movimiento revolucionario era muy grande como
para fragmentar dicho poder adoptando el parlamentarismo, para tal efecto,
Carranza explicó:

72
Josefina MacGregor. La XXVI legislatura, un episodio en la historia de México. México. Cámara de Diputados.
1983. p. 67-69. Adrián Aguirre Benavides. Errores de Madero. México. Jus. 1980. p. 91.
73
El gobierno de gabinete y la evolución del parlamentarismo en Inglaterra. México Imprenta Franco-Mexicana.
1918. p. 472.

48
Pero ¿Qué es lo que se pretende con la tesis de gobierno parlamentario? Se quiere
nada menos que quitar al Presidente sus facultades gubernamentales para que las
ejerza el Congreso, mediante una comisión de su seno, denominada "gabinete". En
otros términos, se trata de que el presidente personal desaparezca, quedando como
una figura decorativa.
¿En dónde estaría entonces la fuerza del gobierno? en el Parlamento, y como éste,
en su calidad de deliberante, es de ordinario inepto para la administración, el
gobierno caminaría siempre a tientas, temeroso a cada instante de ser censurado.
El Parlamento se comprende en Inglaterra y en España, en donde ha significado
una conquista sobre el antiguo poder absoluto de los reyes. Se explica en Francia,
porque esta nación a pesar de su forma republicana de gobierno, está siempre
influida por sus antecedentes monárquicos. Pero entre nosotros no tendría ningunos
antecedentes y seria cuando menos imprudente lanzarnos a la experiencia de un
gobierno débil, cuando tan fácil era robustecer y consolidar el sistema de gobierno
de presidente personal, que nos dejaron los Constituyentes de 1857.
Por otra parte, el régimen parlamentario supone forzosa y necesariamente dos o
más partidos políticos, perfectamente organizados, y una cantidad considerable de
hombres en cada uno de esos partidos entre los cuales puedan distribuirse
frecuentemente las funciones gubernamentales.
Ahora bien, como nosotros carecemos todavía de las condiciones a que acabo de
referirme, el gobierno se vería constantemente en la dificultad de integrar el gabinete
para responder a las frecuentes crisis ministeriales.
Tengo entendido que el régimen parlamentario no ha dado buen resultado en los
pocos países latinoamericanos en que ha sido adoptado, pero para mí la prueba
más palmaria de que es un sistema de gobierno, del que no se puedan esperar
grandes ventajas, está los Estado Unidos del Norte, que tienen establecido en sus
funciones democráticas el mismo sistema de presidente personal, han llegado a
pensar en dicho régimen parlamentario.74

74
Excélsior, año I. tomo I, número 264, 6 de diciembre de 1917; Revista Mexicana de Derecho Penal, núm. 13, enero-
febrero 1967, tercera época, pp. 28 y 29; puede ser que Carranza se haya referido al único caso de parlamentarismo
en Chile que en esa época estaba vigente. Ante el abuso del poder presidencial de José Manuel Balmaceda, quien
pretendió acumular el poder presupuestario en sus manos, despojándolo del control del Congreso, se produjo la
revolución de 1891 que instauró la denominada “República Parlamentaria” (1891-1925), que sin cambiar la
Constitución chilena de 1833 transformó el presidencialismo en parlamentarismo. La ley trasladó las facultades del
presidente a los partidos políticos representados en el Congreso, lo que motivó una lucha partidista de gran magnitud.
El presidente en turno sólo ejercía funciones formales y la inestabilidad de su gabinete fue notoria ante las críticas de
los diputados en el Congreso. Este período se caracterizó por una oligarquía que dominaba el Congreso desde los
partidos y, hacia 1925, en otro cambio legal y constitucional puesto que se expidió una nueva Constitución en ese
año, Chile volvió al sistema presidencial. memoriachilena.gob.cl./602/w3/article-3537-html. El caso reciente de
Brasil, respecto a la derrota en el plebiscito del 7 de septiembre de 1993, que consultó al electorado integrado por 90
millones de votantes, sobre si el país siguiera como República presidencial o cambiara a Monarquía parlamentaria,
confirma la opción republicana por el 73% (43 millones de electores), con el sistema presidencial por 55% (36
millones de votantes). Rodolfo de Camargo. “Cambio de régimen político y la experiencia brasileña. Consideraciones

49
El contundente rechazo de Carranza hacia el parlamentarismo persuadió
completamente a los diputados constituyentes en 1917. Se tiene noticia de una
iniciativa presentada en el curso de los debates del Constituyente para plantear el
sistema parlamentario, elaborado por veinticinco diputados el 17 de enero de 1917,
presentada por Froilán C. Manjarrez, periodista y diputado constituyente75 . No
obstante, el proyecto no prosperó y ni siquiera se tomó en consideración, lo cual
demuestra que Carranza no estaba en disposición de consensar, con las mismas
fuerzas de la Revolución, que lo habían llevado a la Primera Jefatura. 76
Carranza no conoció que el propio Woodrow Wilson, presidente de los Estados
Unidos (1912-16,1916-20), como Rector y profesor de la Universidad de Princeton
promovió el Parlamentarismo como forma ideal de gobierno desde 1885, con su
tesis doctoral sobre Congressional Government: A Study in American Politics,
presentada en la Universidad Johns Hopkins. Wilson antes de llegar a la presidencia
de los Estados Unidos, abogó por el parlamentarismo influenciado por Walter
Bagehot y propuso que los miembros del Congreso pudieran ser nombrados
Secretarios de Estado y que su período coincidiera con el del Ejecutivo.77
El Congreso Constituyente convocado por Venustiano Carranza dio oportunidad a
figuras noveles en la tribuna parlamentaria para desplegar sus cualidades
intelectuales y revolucionarias; tal fue el caso de Manjarrez quien, sin tener
antecedentes parlamentarios, fue electo para el Congreso Constituyente como
diputado propietario por el 6o. distrito de Puebla, siendo su suplente, Manuel A.
Acuña.
Su elección no causó problemas en la Asamblea, a pesar de que el Congreso fue
muy escrupuloso en la calificación de las credenciales de los presuntos diputados
constituyentes. La auto calificación de sus miembros tomó mucho del valioso tiempo
del Congreso. Este ha sido el Congreso más breve. Comienzan sus sesiones el 1o.
de noviembre de 1916 y durante este mes y el siguiente, se discuten
fundamentalmente las credenciales de los demás diputados.

para el caso de Chile”. (28 de junio de 2021) elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2021/06/28. En fin, parece


que el pesimismo de Carranza está apoyado en la consideración de Dieter Nohlen: “Por otra parte, hasta el presente
no ha sido posible en América Latina organizar un sistema parlamentario exitoso en términos de estabilidad política
(…), lo que, a fin de cuentas, no se le puede negar al presidencialismo.” “Presidencialismo vs. Parlamentarismo en
América Latina (Notas sobre el debate actual desde una perspectiva comparada)”. Revista de Estudios Políticos
(Nueva Época). Núm. 74. Octubre-noviembre 1991. p. 46. Dialnet–
PresidencialismoVersusParlamentarismoEnAmericaLat-2742.pdf
75
Nacido en Tochimilco, en las faldas del Popocatépetl, municipio de Atlixco, Puebla, el 5 de octubre de 1891. Jesús
Romero Flores, el último constituyente vivo, afirmó que su nacimiento había sido el día y mes referido pero de 1895:
Los constituyentes y su obra 1917. México. Senado de la República 1985. p. 201.
76
El consenso que no caracterizó a los Presidentes desde Carranza, no era el nefasto consenso que perdió a
Francisco I. Madero, pues él quiso consensar con el antiguo régimen, irreconciliable con la Revolución que él
hizo triunfar, sino el consenso democrático que define al buen gobierno dentro de un sistema parlamentario.
Madero no escuchó a valiosas fuerzas como Zapata y Villa, por tratar de construir un gobierno con los
reaccionarios derrotados. Paul Hart. Emiliano Zapata. Mexico’s Social Revolutionary. Oxford University Press.
2017. 352 p.
77
Thomas O. Sargentich. “The Limits of the Parliamentary Critique”. William & Mary Law Review. Vol. 34.
Marzo 1993. 684-686

50
Manjarrez desespera el 25 de noviembre de 1916 y reclama que se dejara pasar el
tiempo con lo que calificó de deliberaciones "tontas y baladíes". El proyecto de
Constitución presentado por Carranza, bajo la inspiración de uno de sus más
fervientes adeptos, el entonces rector de la Universidad Nacional, José Natividad
Macías, no se conoció sino hasta el 1º de diciembre de 1916 y, nuevamente,
Manjarrez reclamó que se imprimiera y distribuyera el proyecto a la brevedad
posible; sin embargo, todavía el 2 de diciembre del mismo año, se siguieron
discutiendo credenciales. De esta forma, el Congreso sólo tuvo escasos dos meses
para discutir el proyecto de reformas constitucionales, lapso insólito en la historia de
los congresos mexicanos.
Otro obstáculo que enfrentó el Constituyente de Querétaro, además del tiempo, fue
la profunda división que hubo entre dos bloques parlamentarios. El núcleo de uno,
al que se denominó "renovador" y que representaba el pensamiento tradicional
liberal del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, lo constituyó el grupo formado
por José Natividad Macías, Gerzayn Ugarte, secretario particular de Carranza; Félix
F. Palavicini, encargado del Despacho de Instrucción Pública, y Luis Manuel Rojas,
director de la Biblioteca Nacional y que fungió como un activo presidente del
Congreso Constituyente, entre otros.
Por otra parte, el grupo conocido como "jacobino", cuyos personajes más
conspicuos fueron Francisco J. Múgica, Juan de Dios Bojórquez, Luis G. Monzón y
Froilán C. Manjarrez, entre otros, integraron un bloque de 94 diputados que fueron
los que imprimieron la tónica progresista e innovadora al Congreso. Este grupo
lanzó el 31 de diciembre de 1916 un "Manifiesto a la Nación", en el cual quedó
establecido su ideal político. Según Pastor Rouaix, diputado y secretario de
Fomento, dentro de este grupo, había partidarios del general Álvaro Obregón,
entonces secretario de Guerra. 78
Manjarrez, aunque jacobino, tuvo algunos puntos de contacto con el pensamiento
de Carranza. Uno de ellos era precisamente su rechazo al militarismo; sin embargo,
este punto no constituyó un alejamiento con el grupo Sonora.
Una vez recibido el proyecto de reformas a la Constitución, el Congreso debatió su
reglamento interior y procedió a integrar sus comisiones. Al respecto, aunque
Manjarrez no formó parte oficialmente de ninguna de las comisiones que se
integraron, sus propuestas fueron especialmente luminadoras para el debate.
Manjarrez tuvo la visión histórica suficiente al momento de discutir la nueva
Constitución, que ésta tendría que ser el documento normativo más importante de
la Revolución mexicana, de ahí que su preocupación constante por plasmar los

78
Pastor Rouaix. Génesis de los artículos 27 y 123. México. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la
Revolución Mexicana. 1959. La desconfianza de Carranza hacia su secretario Obregón fue manifiesta desde la
realización del Congreso Constituyente. El episodio en que Carranza sale de la ciudad de México cabalgando hacia
Ecatepec, para de ahí acudir a Querétaro por tren, primero acompañado por Obregón y después solo, fue manifiesto
de su deseo de no involucrar a Obregón ni a los militares en la fragua del proyecto de Nación que Carranza quería en
sus reformas constitucionales. Los periódicos de la época reseñaron pormenorizadamente esta salida apoteótica de
Carranza.

51
ideales obreros y campesinos, lo llevó a insistir en la expresa consagración de los
principios que formarían el artículo 123 constitucional.
Efectivamente, en la célebre sesión del 26 de diciembre de 1916, Manjarrez propone
la sugerencia más luminosa: un nuevo constitucionalismo social mexicano:
Se ha visto que esta Revolución no es una Revolución Política, sino una
Revolución Social (...) pasará así solamente pidiendo las 8 horas de trabajo,
no; creo que debe ser más explícita nuestra Carta Magna sobre este punto y
precisamente porque debe serlo, debemos dedicarle toda atención, y si se
quiere, no un artículo, no una adición, sino todo un capítulo de la Carta Magna
(...) yo no opino que cuando fijen las leyes reglamentarias sea cuando se
establezca tal o cual cosa en beneficio de los obreros, no señores. ¿Quién
nos garantiza que el nuevo Congreso habrá de estar integrado por
revolucionarios?... ¿Quién nos garantiza, digo, que ese Congreso General ha
de expedir y ha de obrar de acuerdo con nuestras ideas? No señores, a mí
no me importa que esta institución esté no dentro de los moldes que
previenen jurisconsultos, a mí no me importa nada de eso, a mí lo que me
importa es que se den las garantías suficientes a los trabajadores, a mí lo
que me importa es que atendamos debidamente el clamor de esos hombres
que se levantaron en la lucha armada y que son los que más merecen que
nosotros busquemos su bienestar y no nos espantemos a que debido a
errores de forma, aparezca la Constitución un poco mala en la forma; no nos
asustemos de esas trivialidades, vamos al fondo de la cuestión.79
Esta propuesta que refleja el pensamiento social, más progresista,
característicamente mexicano, y que proviene de liberales como Ignacio Ramírez
en el Constituyente de 1856-1857 y de sus obras posteriores en 1875, Manjarrez
convence al Constituyente que la formalidad ortodoxa es muy estrecha y ciega para
elevar al ámbito constitucional los rasgos más apremiantes de la revolución social
del país. El periodista poblano vislumbró una nueva teoría constitucional, y ve a una
supra legalidad constitucional que permite alejar del alcance de congresos
ordinarios, los valores más importantes de una nueva comunidad,80 nueva en tanto
se convulsiona por una revolución que replantea y cuestiona principios políticos y
sociales, sobre las cuales habrá estado fundamentada.
Con esta participación, Manjarrez pasó a la historia y todos los cronistas e
historiadores ponderan las consecuencias de su preocupación por el carácter
revolucionario del Congreso Constituyente.81 En la sesión del 28 de diciembre de
1916, Manjarrez propuso que se concediera un capítulo exclusivo para tratar los

79
Ídem. p. 688 y 689.
80
RolandoTamayo y Salmorán. Introducción al estudio de la Constitución. 3a. ed. México. UNAM. 1989. p. 283-
284.
81
Excepto la historia de Palavicini sobre el Congreso Constituyente, las demás, especialmente las escritas por
jacobinos, reconocen la sugerencia de Manjarrez: Djed Bórquez. Crónica del Constituyente. México. Botas. 1983.
Rouaix. Op. cit. supra. Rudolf Melgarejo y J. Fernández Rojas. El Congreso Constituyente de 1916-1917. México.
Secretaría de Fomento. 1917. p. 534 y 535. Manuel González Ramírez. La Revolución Social de México. 2a. ed.
México. t. II. Fondo de Cultura Económica. p. 327-328.

52
asuntos del trabajo, cuyo capítulo podría llevar como título 'Del Trabajo', según
sugirió.82
La concepción sui generis del grupo de renovadores sobre el sistema federal
presidencial se perfiló claramente con motivo de la propuesta para cambiar el
nombre oficial de "Estados Unidos Mexicanos" por el de "República Mexicana",
presentada en la sesión del 12 de diciembre de 1916. Los carrancistas pusieron
tanto empeño en combatir este cambio que se antoja más semántico que de fondo,
que correspondió al propio presidente del Congreso, Luis Manuel Rojas, hacer la
defensa del sistema, dejando a Cándido Aguilar, vicepresidente del Congreso, en
funciones de presidente. Rojas siguió el pulso de la propuesta y consideró que se
encaminaba no sólo a cambiar el nombre oficial de México sino el sistema
presidencial por uno parlamentario y el federal por uno centralista. Rojas, después
de recordar el proyecto de parlamentarismo que la XXVI Legislativa presentó por
los elementos más “reaccionarios”, llegó a considerar que: “La palabra República
en efecto, no puede significar de ninguna manera, la idea de federación, la palabra
'República' por su tradición está asociada a los antecedentes del sistema central".
En esta ocasión el grupo renovador ganó por 108 votos contra la propuesta y hubo
sólo 57 por la afirmativa, entre los que estaba el voto de Manjarrez.83
Ante esta postura, Manjarrez tuvo ocasión de presentar el 17 de enero de 1917 una
iniciativa suscrita por 25 diputados que se reducía a la siguiente propuesta:
Que el Presidente de la República tenga facultades para nombrar a los Secretarios
de Estado y del Despacho, pero previa aprobación de la Cámara de Diputados.
Esta sesión se había prolongado hasta las 23:15 horas, por lo que ante el cúmulo
de propuestas y debates, Palavicini sugirió que las iniciativas y dictámenes no se
leyeran ante la Asamblea y, en consecuencia, no aparecieran inmediatamente en el
Diario de Debates, sino que fueran directamente a la imprenta del Congreso y se
distribuyera a los diputados.
La iniciativa de Manjarrez fue asimilada por sus opositores al proyecto que para
implantar el sistema parlamentario se había interpuesto por el famoso "cuadrilátero"
de diputados, proclives a Victoriano Huerta, contra Madero en 1912.84
De esta manera, se la pretendió cubrir con un halo antirrevolucionario y
conservador. No obstante, los dos proyectos eran distintos, ya que la propuesta de

82
Diario de los debates del Congreso Constituyente. México. 1920. t. I. sesión del 28 de diciembre de 1916. p. 739
y 740. La propuesta venía respaldada por Rafael Ochoa, Rafael L. de los Ríos, diputado y secretario particular de
Rouaix y José María Rodríguez. Pastor Rouaix al enterarse de la propuesta, formó una comisión a través de De los
Ríos, quien propuso una moción suspensiva en la discusión del artículo 5o., para discutir la conveniencia de un título
para la cuestión obrera; las sesiones informales se llevaron a cabo durante los primeros 10 días de enero de 1917 y el
13 de enero es presentado el dictamen firmado por 70 delegados, mismo que mereciera la aprobación de la Asamblea
el 23 de enero. Diario de los debates. op. cit. sesión del 12 de diciembre de 1916. Charles Cumberland. La Revolución
mexicana. Los años constitucionales. México. 1975.
83
Diario de los debates. Op. cit. sesión del 12 de diciembre de 1916.
84
Manuel González Oropeza y Arturo F. Zaldívar Lelo de Larrea, "Proyectos de Parlamentarismo en México". El
constitucionalismo en las postrimerías del siglo XX. La Constitución mexicana 70 años después. México. UNAM.
1988. t. VI. p. 408.

53
Manjarrez era compatible con el sistema presidencial y federal de los Estados
Unidos.
Además, la iniciativa de Manjarrez contaba con la tradición de los Congresos
Constituyentes, ya que, tanto el de 1824 en su sesión del 22 de julio, había
ponderado el sistema parlamentario por el diputado Ignacio de Mora; como en el de
1856-1857, donde Ponciano Arriaga había pugnado por la participación del
Congreso en la designación de los funcionarios importantes del Poder Ejecutivo.
Recientemente, esta propuesta fue todavía presentada por Roberto Jaramillo Flores
del Partido Socialista Revolucionario el 23 de junio de 1977.
La propuesta de Manjarrez se presentó en el momento de discutirse la fracción II
del artículo 89 constitucional, mediante la cual se asignó al presidente libertad
absoluta en el nombramiento y remoción de los secretarios de Estado y el entonces
jefe de Departamento del Distrito Federal. En la sesión del 18 de enero de 1917, el
constituyente hizo profesión de fe del parlamentarismo:
Si estuviéramos todavía en tiempo oportuno, yo vendría a abogar francamente en
pro del sistema parlamentario que es el único, y debe entenderse así, que garantiza
el funcionamiento de la democracia.
En su participación, Manjarrez lanzó una aseveración lapidariamente cierta: "La
Revolución, señores diputados, debe entenderse bien, que se hizo y cuando se
refiere a la parte política, en contra del Poder Ejecutivo, no se hizo en contra del
Poder Legislativo."
El diputado poblano apreciaba valientemente en la misma sesión del Constituyente,
que todo el proyecto de reformas constitucionales presentado por el primer jefe le
retira al Congreso sus facultades necesarias para el equilibrio de poderes: "con ese
voto presidencial le va a ser casi imposible legislar" decía. "Tenemos esta
Constitución llena de facultades para el Ejecutivo, y esto ¿Qué quiere decir? Que
vamos a hacer legalmente al Presidente de la República un dictador."
David Pastrana Jaimes, compañero de diputación apoyó estas aseveraciones y la
propuesta de intención en el nombramiento de secretarios de Estado.85
Repararon en contra del sistema parlamentario —entendido por Manjarrez como la
ratificación de los nombramientos de los secretarios del Estado por la Cámara de
Diputados— los diputados Manuel Herrera y Rafael Martínez de Escobar. El
sustento contra el parlamentarismo venía desde el proyecto presentado por
Carranza al cual acompañó un mensaje en los términos antes descritos.
Herrera pugnó por la necesaria libertad de acción del presidente para ejercer sus
atribuciones, por las cuales era responsable y Martínez de Escobar repitió esas
mismas objeciones.86
A partir del rechazo por la propuesta, no mereció dictamen ni discusión por la
Asamblea, Manjarrez se separó del grupo carrancista en el poder. Sin embargo,
después de firmar la Constitución siguió la carrera parlamentaria que le había
85
Ferrer Mendiolea. Crónica del Constituyente. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana.
1957. p. 109. Manuel González Ramírez. Op. cit. p. 313.
86
El Senado Mexicano, México. Senado de la República. 1987. t. II. p. 300.

54
descubierto su experiencia en el Congreso Constituyente y fue electo diputado
durante el periodo carrancista de 1917 a 1920, es decir, durante la XXVII y XXVIII
Legislatura del Congreso de la Unión.
Su actuación como diputado al XXVII Congreso manifestó su mismo espíritu
tendencia, así como su preocupación por establecer el sistema parlamentario.
Sin embargo, conjuntamente a la propuesta parlamentaria que esbozó en los
trabajos del Congreso Constituyente, Manjarrez, en compañía de 53 diputados,87
presentó un proyecto bien estructurado para implantar ese sistema en lugar del
presidencial, a través de reformas constitucionales. Los firmantes se identificaban
con el recién fundado Partido Cooperativista Nacional y con Álvaro Obregón, por lo
que los carrancistas persistieron en su punto de vista. Entre ellos, había personajes
de gran calado como Jacinto B. Treviño y Aarón Sáenz.
Este proyecto de reformas, aunque presentado formalmente el domingo 30 de
diciembre de 1917, ya había sido divulgado ante la opinión pública y en
consecuencia, analizado desde el 30 de noviembre, fundamentalmente a través del
periódico Excélsior. Mediante entrevistas que el periódico publicó a partir del 5 de
diciembre a los personajes más connotados del carrancismo, el sistema
parlamentario ya era condenado aún antes de su iniciativa de implantación formal.
Luis Manuel Rojas manifestó que el proyecto iba en contra de las tradiciones e
instituciones políticas mexicanas, pues el parlamentarismo se ha dado sólo en
monarquías o repúblicas centralistas, pero no en repúblicas federales como México.
La exposición de motivos es una interesante argumentación a favor del sistema que
contesta los ataques contra el parlamentarismo. La iniciativa pretendía reformar 35
artículos constitucionales que sólo afectaban la estructura del Poder Legislativo y
sus relaciones con el Ejecutivo y no incidían en el sistema federal.88

Resumiendo, el proyecto, podríamos esquematizarlo de la siguiente manera:


1. Establece un Poder Legislativo depositado en un Parlamento integrado por
dos cámaras;
2. El Parlamento se compondría con representantes electos cada cuatro años
y renovados por mitad cada dos años;
3. Las sesiones del Parlamento iniciarían los días 1o. de marzo y 1o. de
septiembre, concluyendo el 30 de junio y 31 de diciembre respectivamente. El propio
87
Dichos diputados fueron: Luis Sánchez Pontón, Aurelio Manrique, R. Aveleyra, Rafael Martínez de Escobar,
Miguel Alonzo Romero, Juan Manuel Álvarez del Castillo, Manuel García Vigil, A. Cienfuegos y Camus, Jacinto B.
Treviño, M.A. Peralta, A. Ruiz Estrada, E. Neri, Salvador Saucedo, López Lira, José Luis Figueroa, José Rivera, J.
R. Padilla, J. Ramírez Garrido, A. Magallín, Basilio Vadillo, Justo González, J. M. González, José Siurob, G. Pardiés,
J. C. Cruz, Antonio Navarrete, Rafael Márquez, E. Gómez S., J. R. Lizalde, Ernesto Aguirre, J. C. Saucedo, Francisco
Arreola R., Aarón Saenz, G. Malprica, F. M. de Escobar, M. Hernández Garibay, S. G. García, J. C. Echeverría, Vega
Sánchez, Benito Ramírez G., J. Aguirre Escobar, Enrique Sánchez Tenorio, Alfonso Pardo, J. I. Reynoso, Juan A.
Ruiz, M. Rueda Magro, Antonio Ancona Albertos, Pedro Ramírez, Alfonso Pruneda, J. P. Alejandre, M. Gómez y J.
Jesús Ibarra.
88
Los artículos eran: 37, 50, 51, 65, 66, 67, 68, 69, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 81, 82, 83, 89, 90, 91,
92, 93, 94, 95, 96, 97, 98, 99, 108 y 109.

55
Parlamento podría prorrogar sus sesiones o concluirlas anticipadamente sin
consultar a otras autoridades;
4. Se prevé la existencia de un Consejo de ministros cuyo presidente sería
integrante del Parlamento con facultad para iniciar leyes;
5. La Comisión permanente del Parlamento estaría integrado por 45 miembros:
30 diputados y 15 senadores;
6. El ejercicio del Poder Ejecutivo sería a través de un presidente por conducto
del Consejo de ministros;
7. El presidente de la República nombraría al presidente del Consejo de entre
los integrantes del Parlamento;
8. El presidente del Consejo designará a los ministros integrantes del Gabinete
a los tres días siguientes a su designación;
9. El Gabinete tendría que ser aprobado por la Cámara de Diputados;
10. El presidente del Consejo sería el encargado de promulgar y ejecutar las
leyes.
Esta interesante propuesta fue turnada a las Comisiones Unidas de Puntos
Constitucionales, las cuales no rindieron dictamen sino hasta el 3 de octubre de
1919 en el sentido de desecharlo. El único argumento rendido en el dictamen fue
en el sentido de que dicho sistema requería de partidos políticos consolidados, que
México no contaba en ese momento. Se decía, además, que países consolidados
como los Estados Unidos que contaban con partidos políticos seguían con un
sistema presidencialista y no parlamentario. El dictamen fue aprobado ante el
desencanto de Manjarrez y los demás diputados.

56
Froilán C. Manjarrez Romano. Diputado Constituyente.
Archivo General de la Nación.

57
El intento de 1917 fue seguido por otro que tuvo todavía mayor respaldo. Anunciado
en la prensa el 30 de noviembre de 1921 como un nuevo proyecto para implantar el
sistema parlamentario iniciado por el diputado Ignacio Borrego y apoyado por varios
diputados más, entre los que se encontraba Rafael Martínez de Escobar, Vito
Alessio Robles, Eduardo Vasconcelos, Anselmo Campillo Seyde, José Siurob y
Mauro Ángulo. La disidencia estuvo a cargo de Isidro Fabela para quien este
sistema requería de la preparación del pueblo y consideraba que no estaba
preparado. José I. Lugo destacó que el parlamentarismo centralizaría, aún más, al
país.

En la discusión se aludió a que Canadá era un sistema federal, a pesar de tener


una forma parlamentaria de gobierno exitosa. El proyecto de 1921 implantaba 5
senadores por cada Estado y 2 por territorios federales. Previó, además, que el
Presidente cumpliría un período constitucional de seis años, como lo había
propuesto Guadalupe Victoria desde 1830 y como lo adelantó, igualmente, el
senador Higinio Álvarez en octubre de 1927. Esta ampliación del periodo
presidencial no se lograría sino hasta la reforma constitucional del 24 de enero de
1928 al artículo 83.

Paralela a la presentación del proyecto, la prensa entrevistó a diversas


personalidades sobre la conveniencia y oportunidad de implantar el
parlamentarismo. En esta ocasión ya hubo opiniones favorables como la de Rafael
Zubarán Capmany, la cual sorprende porque en ese año fungió como secretario de
Industria y Comercio en el gabinete de Álvaro Obregón. Asimismo, el exdiputado
constituyente y para 1921, senador de la República, Antonio Ancona Albertos,
consideraba que el régimen parlamentario podría mejorar las decisiones políticas
del país, pues —consideraba— sería un obstáculo para futuras revoluciones de
carácter personalista, refiriéndose al movimiento Delahuertista de Agua Prieta
surgido el año anterior. Lo mismo pensó el Senador oaxaqueño Manuel Brioso y
Candiani al afirmar que "el parlamentarismo es un magnífico remedio para evitar
revoluciones", aunque después puntualizó que nuestro país no tenía los "elementos
políticos ilustrados" suficientes para llevar a la práctica la experiencia
parlamentarista.89
Por su parte, ninguna de las críticas que aparecieron pretendió demeritar la bondad
del sistema parlamentario por sí mismo, sino que se circunscribieron a argumentos
de conveniencia y coyuntura. Isidro Fabela manifestó que el pueblo mexicano no
estaba preparado para el cambio de sistema y que faltaban partidos políticos
consolidados para configurar este nuevo sistema; no obstante, su opinión concluía:
"creo que podría aceptarse como un ensayo y así habremos tenido en México todas

89
Excélsior. 1º de diciembre de 1921. Hemeroteca Nacional.

58
las formas de gobierno, a saber, el imperio, la república central, la federal, la
dictadura y por último, el parlamentarismo".
El exdiputado constituyente José I. Lugo se mostró partidario del parlamentarismo,
pero adelantó una objeción en el sentido de que dicho sistema tendería a centralizar
el poder y a eliminar la soberanía y las legislaturas de los estados. Este es un
argumento que el proyecto no responde claramente, pues en las reformas
constitucionales que sugiere para implantar el parlamentarismo, sólo modifica
artículos relativos a organización de poderes federales, pero es omiso respecto de
los poderes locales. Sin embargo, Lugo veía que el parlamentarismo provocaría la
formación de partidos políticos, por lo que no consideraba como impedimento previo
la no existencia de partidos organizados.
Se llegó incluso a argumentar por el senador Manuel Cepeda Medrano, que el
sistema traería aparejado un incremento notable en el presupuesto para satisfacer
las necesidades del nuevo Parlamento, lo cual no podría ser sufragado por el erario.
Sin embargo, Excélsior comenzó una campaña contraria al sistema y en favor del
presidencialismo, repitiendo que el parlamentarismo era "impracticable dada la falta
de cultura cívica de nuestro pueblo, ni siquiera preparado para tal sistema".90 El
periodista Benito Javier Pérez Verdía escribió durante el mes de diciembre de 1921
diversas críticas a la propuesta, apoyando a las autoridades federales en su
rechazo.
No obstante, la propuesta del diputado por Durango, Ignacio Borrego, planteó
novedosas cuestiones. Ampliaba la integración del Senado a cinco senadores por
estado y el Distrito Federal y dos por territorio federal; asimismo ampliaba el periodo
presidencial a seis años.
El proyecto aludió a dos reconocidos autores para apoyar la idea del
parlamentarismo: Karl Kautsky y Gustavo Le Bon; sin embargo, la fundamentación
era más aparente que real ya que estos autores no aludían al sistema parlamentario
como tal, sino que hablaban de bondades de la representación popular en un
Congreso o Parlamento.
Por ejemplo, Kautsky defendía la institución representativa del Parlamento o
Congreso ante el ataque que había desde 1869 y repetido en 1892. Estas críticas
consideraban que los parlamentos eran instrumentos de la burguesía de
dominación, por lo que proponía la legislación directa por el pueblo; es decir
promovía la democracia directa en lugar de las instituciones representativas
Kautsky, en contraste, escribe en 1893 la obra El parlamentarismo, legislación
directa por el pueblo y la social democracia que tuvo una segunda edición en 1911
con el título Parlamentarismo y democracia. En esta obra, Kautsky apoya a las
instituciones representativas para "afirmar que el sistema de representación es algo

90
Excélsior. 2 de diciembre de 1921. 2ª sección. p. 6. Hemeroteca Nacional.

59
irreparable del dominio de la burguesía es una leyenda que no resiste el más mínimo
análisis histórico".91
En cuanto al proyecto de Borrego, resulta importante destacar que posee el
elemento más característico del parlamentarismo: el presidente es designado por el
Congreso de la Unión por votación de las dos terceras partes de sus miembros.
Además, el presidente tendría la facultad, previa autorización de las dos terceras
partes del Senado, para la disolución de la Cámara de Diputados, Con estas
características, el proyecto resulta muy próximo a los modelos parlamentaristas
europeos.
Los intentos de implantar el parlamentarismo en México fueron congruentes con el
deseo de reducir el poder presidencial y de devolver al Poder Legislativo la función
política que desde la teoría clásica división de poderes se le ha asignado. Aunque
Daniel Cosío Villegas califica como un disparate político el proyecto de 1921, por
tratar de limitar el poder del entonces triunfante Álvaro Obregón,92 los intentos
obedecieron a un lógico desarrollo histórico: después de una dictadura, como la de
Díaz o Huerta, debían limitarse los poderes de la presidencia.

Los argumentos de inmadurez del pueblo mexicano y de ausencia de los partidos


políticos para excluir la posibilidad del parlamentarismo fueron, si no superficiales,
por lo menos coyunturales para rechazar el parlamentarismo. El primero siempre se
ha repetido a lo largo de nuestra historia constitucional, desde 1824 para adoptar el
sistema federal, se aseveró que el pueblo mexicano no tenía la madurez política
para adoptar determinadas instituciones, sobre todo las que pretendían consolidar
la democracia. La mano paternalista autocrática parecía, según esta línea de
pensamiento, la más adecuada a nuestra idiosincrasia.

Por lo que respecta a los partidos políticos, estos han pasado desde 1929 por un
desarrollo singular consolidado a través de reformas políticas. La competencia
electoral en las elecciones presidenciales recientes demuestra la concurrencia de
por lo menos seis partidos políticos nacionales, más otras regionales.

Igualmente, otros países latinoamericanos han explorado seriamente la posibilidad


de adoptar el sistema parlamentario de gobierno, con un gran objetivo: limitar los
inmensos poderes del presidente en turno. El 22 de febrero de 1987 se hace pública
la propuesta de la comisión nombrada por la Asamblea Nacional Constituyente del
Brasil, a través de Alfonso Arinos, para implantar dicho sistema en la nueva
Constitución y abrogar la Constitución militarista de 1967.93

Por otra parte, para demostrar la congruencia de Manjarrez en su actuación política,


habría que recordar que, al volver a México, diez años después, en 1933, lo

91
Karl Kautsky. Parlamentarismo y democracia. México. Editora Nacional. 1982. p. 167-168.
92
Daniel Cosío Villegas. El sistema político mexicano. 7ª ed. México. Cuadernos de Joaquín Mortiz. 1982. p. 42-43.
93
O Globo. Río de Janeiro. Domingo 22 de febrero de 1987. p. 5.

60
encontramos en el escenario político apoyando la formación de partidos políticos
nacionales como el Partido Nacional Revolucionario, y formulando el Plan Sexenal,
un verdadero plan de gobierno y no solamente económico. Ambas instituciones,
tanto el partido político como el plan de gobierno aprobado por un partido son
instituciones parlamentarias con las cuales había simpatizado.
Durante la célebre Convención de Aguascalientes del PNR, celebrado en el "Teatro
Olímpico" a fines de 1932, él se pronunció a favor del principio de no-reelección:
Yo no creo compañeros delegados, como se ha asegurado por allí, que el principio
de la no-reelección sea un principio que no interesa ya a las masas proletarias.94
El principio de la no-reelección fue propiciado después del magnicidio de Álvaro
Obregón, quien, al haber quebrantado el principio de Francisco I. Madero, apoyó
que se reformara la Constitución, a iniciativa de Calles, mediante un anteproyecto
propuesto por primera ocasión en la historia mexicana, a través de un partido
político. Lo anterior resultaba más compatible con el sistema parlamentario que con
la tradición presidencial mexicana. Para confirmar el pensamiento de Manjarrez que
en la revolución social se había luchado contra la institución presidencial, y que el
sistema parlamentario sería el más democrático para reemplazarlo, al final de su
vida renovaba su ideal promoviendo como secretario de prensa y propaganda del
PNR una reforma que limitaría el poder presidencial, como era la no-reelección
absoluta del presidente de la República.
Sin embargo, la exaltación de los delegados a la Convención que, seguramente
actuaban con la anuencia del jefe máximo, llevaron el principio hasta el extremo de
aplicarlo a otros poderes que no lo necesitaban, como las Legislaturas, e hizo que
el principio no permitiera la elección de un diputado local para la diputación federal
en su siguiente periodo y viceversa. Contra esta insensatez se opusieron tanto
Manjarrez como José Manuel Puig Casauranc.
Al año siguiente, participa en la Convención del PNR en Querétaro en un
significativo encuentro del exdiputado constituyente en el teatro de la República. El
motivo de esta Convención fue aprobar un plan de gobierno para ser aplicado por
el primer presidente que duraría seis años,95 Lázaro Cárdenas, por ello se le
denominó Plan Sexenal. El 4 de diciembre de 1933 formó parte de la Comisión
Dictaminadora del Plan, al lado de Luis León y Alberto Bremauntz.
Aunque Cárdenas fue el primer presidente que gobernó con un Plan Sexenal, la
idea había sido de Calles, quien en su célebre mensaje presidencial del 1º de
septiembre de 1928 aludió a que:
Ya es hora de formar un programa minucioso de acción que cubra los seis años del
próximo periodo presidencial; programa que debe estar basado en el cálculo, en la
estadística, en las lecciones de la experiencia... Debemos estudiar lo que podemos

94
Historia documental del Partido de la Revolución. t. I. PNR. 1929-1932. México. PRI-ICAP. 1981. p. 317.
95
Aunque la reforma constitucional de 1928 prolongaba el período presidencial, ante el asesinato de Obregón,
entonces presidente electo, se sucedieron tres presidentes (Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo
L. Rodríguez) ante la ausencia del presidente constitucional, durando cada uno dos años.

61
alcanzar, dadas las posibilidades de nuestros presupuestos y las realidades
nuestras.96
Manjarrez fue simpatizante de Lázaro Cárdenas. En 1933 se le nombró director del
periódico El Nacional culminando así su trayectoria profesional de periodista. Desde
la "columna del director" Manjarrez continuó apoyando el movimiento obrero,
uniéndose a la precandidatura de Lázaro Cárdenas y elaborando incluso su
biografía. Al llegar éste a la presidencia, enfatiza la labor de Cárdenas como
agrarista, reportando la trascendencia de la reforma en la Laguna.97
El 2 de octubre de 1937 Manjarrez fallece prematuramente en Cuernavaca, y deja
como legado su fructífera participación en la creación de instituciones que ahora
enriquecen el acervo político del país. Su vida azarosa nos permite vislumbrar, tal
como lo dijo el 6 de diciembre de 1933:
La Constitución de México ni siquiera la elaboraron los intelectuales, la elaboraron
hombres que veníamos de las filas revolucionarias. del Reino Un

Parlamento de la Gran Bretaña


Europapress.esp

96
Ídem. t. II. p. 76.
97
González Ramírez. Op. cit. t. III. p. 348.

62
CAPITULO TERCERO

E UNUM PLURIBUS

IX. El Ejecutivo Colegiado

El constitucionalismo mexicano fue fecundado en Apatzingán. Lo mismo sucedió


con el Presidencialismo. Su surgimiento no lo impidió ni la lucha insurgente contra
las fuerzas virreinales, ni las facciones internas y ni siquiera la Constitución
Española de Cádiz; antes bien, lo promovió.

Nuestra Independencia y con ella, nuestros inicios constitucionales, fueron una


revolución paralela al movimiento constitucionalista español de 1812, pero en
sentido contrario, pues "levantamos en Dolores el grito de Independencia, al tiempo
que nuestros representantes se disponían a trasladarse a la isla de León".98

Aunque la Constitución de Cádiz representó la transformación del gobierno español


en monarquía constitucional y nuestros representantes habían logrado con su
participación, el establecimiento de una supuesta igualdad entre peninsulares y
"americanos", así como a la implantación de las diputaciones provinciales, tan
pronto como se firmó y publicó esta Constitución en México el 30 de septiembre de
1812, pudimos haber seguido la inercia del constitucionalismo español. Pero José
María Morelos, escéptico y convencido de las posibilidades nacionales, tendría que
manifestar: "Las Cortes de Cádiz han asentado más de una vez que los americanos
eran iguales a los europeos… si hubiera sido así nos hubieran dado nuestra
Independencia",99 por lo que exigía: "Europeos, ya no os canséis en inventar
gobiernitos. La América es libre aunque os pese…".100

Para conseguir esa libertad, Morelos y con él, los insurgentes de 1815, escogieron
el camino del neo-constitucionalismo “a la Mexicana” y su mérito no está tanto en la
opción, sino en la oportunidad y persistencia de su decisión. Constituciones y
proyectos ya habían aparecido en América con anterioridad a Apatzingán, pero
Morelos fue el alma del Congreso de Chilpancingo y de la Constitución del 22 de
octubre de 1814.

98
"Proclama del Congreso". febrero de 1815. Puruarán. Decreto Constitucional para la libertad de la América
Mexicana. ed. Facsimilar. Gobierno del Estado de Michoacán. 1964. p. 101.

99
“Manifiesto de Morelos en Oaxaca el 21 de diciembre de 1812. publicado en Decreto Constitucional…, Op. cit. p.
65-66.
100
Idem.

63
La idea de un Congreso Nacional ya aparece en España desde 1808, también
durante los primeros años de la Insurgencia (el 18 de abril de 1811) y se reitera el
31 de mayo de 1813; por su parte, Morelos convoca al Congreso (28 de junio de
1813) convence a sus integrantes (Ignacio López Rayón, José María Liceaga y
Carlos María Bustamante, entre otros), formula su reglamento de trabajo (11 de
septiembre de 1813) y lo declara instalado (14 de septiembre de 1813) en
Chilpancingo, por ser "el centro de las distancias", a pesar de que Carlos María de
Bustamante le sugiriera Oaxaca como sede.

Adicionalmente, Morelos analizó varios documentos constitucionales para su


intervención en el Congreso de Chilpancingo: los Elementos Constitucionales de
Ignacio López Rayón (15 de enero de 1813), el proyecto de Constitución Nacional
de Vicente de Santa María y Martínez (24 de julio de 1813) y el proyecto de
Constitución de Carlos María de Bustamante (27 de julio de 1813); de igual modo
resume las ideas de Jean Jacques Rousseau, John Locke, Jeremy Bentham y
Carlos María de Secondat, barón de Montesquieu101 y, además, encabeza la lucha
de la Insurgencia.

La Constitución de Apatzingán fue la antítesis de la Inquisición y de lo que


representaba. El aparato virreinal condenó la Constitución de Apatzingán (9 de
mayo de 1815) con la misma vehemencia que la observada en las reiteradas
aboliciones de la Constitución de Cádiz (Decreto del 4 de mayo de 1814 y Bandos
del 10, 17 de agosto y 15 de diciembre de 1814).

Pero, además, nuestro primer Decreto Constitucional es quemado (27 de mayo de


1815), prohibido en su lectura (26 de mayo de 1815), desacreditado ante el gobierno
de los Estados Unidos (30 de mayo de 1815), y, por si fuera poco, el poseedor de
ejemplares de la Constitución sería excomulgado (10 de julio de 1815). Tanto interés
por destruir la "ridícula" Constitución, como la calificara Félix María Calleja, era
significativo de su grandeza, difusión y simpatía del pueblo.

No podía ser de otra manera, pues Independencia y Decreto Constitucional fueron


sinónimos y México requería consumar su emancipación a través de un texto
constitucional.102

101
Ernesto de la Torre Villar. La Constitución de Apatzingán y los creadores del Estado Mexicano. México. UNAM.
Instituto de Investigaciones Históricas. 1964. p. 78 y ss. Virginia Guedea. José María Morelos y Pavón. Cronología.
México. UNAM. Instituto de Investigaciones Históricas. 1981. passim.

102
Así lo ha explicado la teoría constitucional. K.C. Wheare. Las constituciones modernas. España. Ed. Labor. 1971.
p. 12. Miguel González Avelar. "La Constitución Constituyente de Apatzingán". La Constitución de Apatzingán y
otros estudios. México. SEP. núm. 20. 1982. p. 41.

64
Aunque en México todas las constituciones y proyectos han sufrido críticas acervas
y excomuniones por parte de la Iglesia Católica; si revisamos nuestros textos
constitucionales desde 1814 hasta 1917, encontramos prácticamente los mismos
argumentos de vituperio enderezados por sectores doctrinarios: ausencia de
legitimidad o de representatividad en el Congreso Constituyente respectivo, falta de
positividad o vigencia de la Constitución, jacobinismo en el propio Congreso
Constituyente, copia inadecuada de otros modelos constitucionales, entre otros. Es
una triste realidad de que el constitucionalismo mexicano tuvo como principal
enemigo a la Iglesia Católica en sus orígenes.

En este aspecto, la Constitución de Apatzingán también inauguró la lista de esos


vituperios, lanzados en su contra desde 1831 por Lorenzo de Zavala103 hasta 1940
por Manuel Herrera y Lasso; 104 sin embargo, el análisis histórico final ha otorgado
al texto de Apatzingán el valor que merece. Autores como Mario de la Cueva 105 y
Ernesto de la Torre 106 han destacado su valor como el primer intento mexicano de
otorgarnos una Constitución Política. Luis Villoro,107 por su parte, la define como la
primera concepción liberal y la definición de la forma de gobierno que actualmente
poseemos: la republicana. Ante estos méritos, poco importa que haya sido producto
de un cuerpo de ocho miembros108 o que no haya gozado de una vigencia
palmaria,109 su valor está en haber sentado las bases para la división de poderes,
el sistema republicano de gobierno y el otorgamiento de libertades públicas, entre
otros principios que actualmente son rectores de nuestra comunidad política.

El desempeño de Carlos María de Bustamante en el Congreso Constituyente de


1824, así como la intervención de José Sixto Verduzco y Juan Nepomuceno
Rosáins en el primer Consejo de Gobierno de 1825, todos ellos participantes en
mayor o en menor medida en la formulación de la Constitución de Apatzingán, puso
en evidencia que la energía del Poder Ejecutivo constituyó un elemento coyuntural
en la organización constitucional. De igual modo implicaba el segundo plano de

103
Lorenzo de Zavala. "Ensayo histórico de las Revoluciones de México desde 1808 hasta 1830". Obras. prólogo de
Manuel González Ramírez. México. Porrúa. 1969. capítulo V del tomo I.

104
Manuel Herrera y Lasso. Estudios constitucionales. Ed. Polis. 1940. p. 12.
105
Mario de la Cueva. "La Constitución Política de México". 50 años de Revolución. FCE. 1961. p. 55.

106
Ernesto de la Torre Villar, Ernesto de la. "El constitucionalismo mexicano y su origen". en Estudios sobre el
Decreto Constitucional de Apatzingán. UNAM. 1964.
107
Luis Villoro, El proceso ideológico de la Revolución de Independencia, 1ª. reimp., México, UNAM, 1977, p. 111.

108
Luis de la Hidalga. El equilibrio del poder en México. 2ª. ed. México. UNAM. 1978. p. 40.

109
Aunque Felipe Remolina ya ha demostrado la vigencia del Decreto Constitucional en territorio Insurgente. Felipe
Remolina Roqueñi. Vigencia y Constitucionalidad de la Constitución de Apatzingán. México. Federación Editorial
Mexicana. 1972. González Avelar. Op. cit. p. 43-44.

65
importancia que el Ejecutivo tenía con relación al Congreso; pero la primera
organización del Ejecutivo descansó en una figura plural, para lograr consenso y
unificar los diferentes grupos insurgentes.

Si en 1814 la solución para someter la arbitrariedad del Ejecutivo era depositarlo en


tres personas, para que se auto limitaran mutuamente; para 1824 los constituyentes
del Estado Federal ponderaron la importancia de un solo Presidente ante
situaciones de emergencia que tendría que afrontar, pero con un Consejo de
Gobierno plural, como veremos. Ya para 1824 la experiencia, además de la ciencia,
estaba en la opinión pública, pues las rebeliones de Francisco Hernández y de José
María Lobato habían resaltado la necesaria unidad, prontitud y energía en el Poder
Ejecutivo para sofocarlas. 110

Asimismo, para 1824, la experiencia mexicana había demostrado que en todos los
Ejecutivos colegiados que habían funcionado en nuestro país, siempre surgía una
personalidad lo suficientemente poderosa o, si se quiere, ambiciosa, como para
someter de hecho al órgano ejecutivo colegiado y reducirlo en torno a una sola
persona.

De esta manera, tal como Napoleón había dominado al Consulado francés de 1800,
en México desde la promulgación del Decreto de Apatzingán, Morelos y José María
Cos, disputaron el predominio del Ejecutivo, acompañándoles José María
Liceaga,111 prevaleciendo Morelos. Iturbide había controlado igualmente a la
Regencia colegiada y José Mariano Michelena pretendió controlar el triunvirato
integrado además por Guadalupe Victoria y Miguel Domínguez.112

Morelos aparece como el gran mediador entre Ignacio López Rayón y el Congreso
de Chilpancingo, su temor por las facciones lo acercó a James Madison en el
Federalista número 10. La proclama del 23 de octubre de 1814 determinaba:

Podemos francamente practicar todo lo que no se oponga a las leyes, por más que
contradiga a las pasiones y caprichos de los que gobiernen... ¡Horror eterno a las
facciones intestinas!113

110
Jaime E. Rodríguez. El nacimiento de Hispanoamérica, Vicente Rocafuerte y el hispanoamericanismo. 1808-1832.
México. Fondo de Cultura Económica. 1980. p. 122 a 124. Michael Casteloe. La primera República Federal de
México (1824-1835). México. Fondo de Cultura Económica. 1975. p. 29-30.

111
Wilbert H. Timmons. Morelos, sacerdote, soldado, estadista. México. Fondo de Cultura Económica. 1984. p. 139-
140.
112
Rodríguez. Op. cit.

113
Decreto Constitucional… Op. cit. p. 59.

66
La figura de Morelos no disminuye por no haber sesionado regularmente en el
Congreso o por no haber formulado personalmente la Constitución; pues en contra
de lo que piensa Anna Macías,114 el constitucionalismo de Apatzingán estaba
supeditado a la independencia nacional y la prioridad de Morelos era esta última.
Por lo tanto, George Washington y Morelos tenían las mismas metas y la formación
de la Constitución estaba en las buenas manos de Andrés Quintana Roo y José
Manuel de Herrera aquí, como de James Madison, James Wilson y Gouverneur
Morris en Estados Unidos.

Para Morelos "una de las prerrogativas más propias de la soberanía es el Poder


Ejecutivo o mando de las armas en toda su extensión: el sujeto en quien éste
recayere debe ser de la confianza de toda o la mayor parte de la nación y miembros
principales de los que generosamente se han alistado en las banderas de la
libertad".115

El Decreto Constitucional refleja con gran agudeza las relaciones que el Poder
Ejecutivo debía guardar con el Legislativo. Siguiendo los temores fundados de
Rousseau sobre la inclinación natural de los gobiernos para excederse en el
ejercicio del poder,116 convierte al Legislativo en el poder predominante,
subordinando al Poder Ejecutivo, y, en Apatzingán, se concibe al Congreso como el
"único depositario de los derechos y confianza de los pueblos", "ya que la soberanía
ejercida por una sola persona conduce a la tiranía”.117

Para lograr este objetivo, la Constitución otorga amplias facultades al Congreso y,


en contraste reserva algunas siempre subordinadas al Ejecutivo. Además, el Poder
Ejecutivo no se depositaría en una sola persona (reminiscencia de la autoridad real),
sino que habría tres personas designadas por el Congreso que durarían en su cargo
por tres años, renovándose un tercio anualmente; presidiría el Poder Ejecutivo cada
uno de sus integrantes durante cuatro meses cada año (artículos 133, 137 y 141 del
Decreto Constitucional).

114
Anna Macías. Génesis del Gobierno Constitucional en México: 1808-1820. traducción de María Elena Hope y
Antonieta Sánchez Mejorada de Hope, México. SEP. 1973. (Sepsetentas número 94) p. 115-117.

115
"Orden circular convocando a un Congreso, dictada en Acapulco el 8 de agosto de 1813". Decreto
Constitucional… Op. cit. p. 70.

116
Jean Jacques Rousseau. Du contrat social. capítulo X. libro tercero precedido por un "Ensayo sobre la política de
Rousseau” por Bertrand de Jouvenel. Le livre de poche. 1978.

117
Estas ideas fueron claramente expuestas por Alberto Lista a través del periódico El Espectador Sevillano que
circuló en la Nueva España a fines de 1809. Macías. Op. cit. p. 121-128.

67
¿De dónde salió este poder Ejecutivo Colegiado que sería igualmente considerado
diez años después en los debates de la Constitución de 1824? Varios autores 118
consideran que la influencia decisiva de esta organización fue la Constitución
francesa del 22 de agosto de 1795 en cuyo artículo 132 estableció un Directorio
Ejecutivo constituido por cinco miembros.

Los forjadores de las Constituciones francesas de 1791, 1793 y 1795 consideraron


que un Poder Ejecutivo unitario sería considerado como un rey y sería propenso a
la dictadura de una persona. 119

Se consideraba al Directorio de 1795 como un órgano subordinado al Poder


Legislativo, no sólo porque éste designaba a sus integrantes, sino porque no se le
reconocía facultad de iniciativa legislativa, ni de veto, ni mucho menos, de disolución
del cuerpo legislativo. Por otro lado, se imponía al Directorio la obligación de
promulgar obligatoriamente las leyes, sin posibilidad de hacer observaciones
(sanción) a menos que hubiera una irregularidad en el procedimiento legislativo.

La influencia del Directorio francés establecido en la Constitución de 1795 llegó a


América y fue adoptado en varios documentos constitucionales de la época. Entre
ellos podemos mencionar al Proyecto de Constitución para las Provincias Unidas
del Río de la Plata, elaborado el 4 de noviembre de 1812, en el que se adoptó el
nombre de directorio.120

El país de nuestro continente en el que más enraizó la idea de un Ejecutivo


colegiado fue la República Oriental de Uruguay. Desde 1913 el presidente José
Battle y Ordóñez (1856-1929) propuso la creación de un Consejo Nacional de
Administración, a semejanza del Consejo Federal Suizo que ha funcionado desde
1848. No obstante, la propuesta fue rechazada por referéndum en 1916. Sin
embargo, la posibilidad de un Ejecutivo colegiado fue nuevamente puesta a votación
popular el 25 de noviembre de 1917 por el partido colorado de ese país. En esta
ocasión, la propuesta fue aprobada y una Presidencia colegiada se implementó con
la elección de un presidente y de un Consejo Nacional de Administración. 121

118
Jose Miranda. Las ideas y las instituciones políticas mexicanas. 2ª. ed. México. UNAM. 1978. p. 363.
119
Gabriel Lepointe. Historie des Institutions et des faits sociaux de France (1787 à 1875). France. Editions
Montchrestein. 1956. p. 662. A. Esmein. Précis elémentaire de l’historie du Droit Français de 1789 a 1814. Librairie
du Recueil Sirey. 1911. p. 53.
120
Eduardo Esteva Gallicchio. Documentos para el estudio de la historia constitucional del Uruguay. Fundación de
Cultura Universitaria. s/f. t. I. p. 151.
121
“El colegiado permitiría eliminar el peligro de una dictadura; del abuso de poder que es natural en una
función que tantos poderes tiene; de la ambición desatada de los hombres políticos por llegar a la Presidencia;
de la corta duración del mandato que impide una obra de gobierno eficaz”. Benjamín Nahum. “La época
bitllilista. 1905-1929”. Historia Uruguaya. 8. 50 años. Ediciones de la Banda Oriental. Asociación de
Profesores de Historia del Uruguay. 1975. p. 69

68
El presidente bajo esta modalidad se encargaría de llevar las relaciones exteriores
del Uruguay, así como todas las tareas de seguridad nacional y defensa. Tendría
plena facultad para nombrar y remover a los miembros de la administración pública.
Por su parte, el Consejo Nacional de Administración estaría integrado por nueve
miembros nombrados: seis de parte del partido mayoritario y tres de los partidos
minoritarios, encargándose de atender las políticas sociales (trabajo, salud y
educación) así como las obras públicas. 122

La Constitución de 1917 del Uruguay en su artículo 70 determinaba que el


presidente fungiría en su cargo por cuatro años y no podría reelegirse en los ocho
posteriores al término de su mandato. Por su parte, el artículo 82 de dicha
constitución determinaba que los integrantes del Consejo Nacional de
Administración serían igualmente electos popularmente y durarían seis años, siendo
renovados un tercio cada dos años. El quorum para sesionar válidamente sería de
cinco integrantes.

Por otra parte, el único país del mundo que observa con total vigencia un Poder
Ejecutivo Colegiado es Suiza que lo estableció en su Constitución de 1848 de clara
influencia Napoleónica. La actual Constitución de 1999 ha establecido el Consejo
Federal como titular colegiado a cargo del Poder Ejecutivo con siete concejeros,
cada uno encargado de una función administrativa específica:

Finanzas

Medio ambiente, transporte, energía y comunicaciones

Gobernación

Economía, educación e Investigación científica

Relaciones exteriores

Defensa, protección civil y deportes

Justicia y policía

Esta organización se reproduce de la misma manera, en cada uno de los 26


cantones (provincias), por lo que hay gobiernos colegiados regulados según su
propia constitución. La normalidad es que haya de cinco a siete miembros en sus
concejos cantonales.

La distribución de competencias entre el gobierno suizo y los cantones es de una


Confederación, por lo que repite la regla que todas las facultades de la federación

122
Nahum. Op. cit. p. 80

69
deben estar expresamente conferidas en la Constitución y, por lo tanto, los cantones
pueden legislar en todo aquello que no está delegado a la Confederación.

La Asamblea Federal, integrada por 246 miembros, elige cada cuatro años al
Consejo Federal Suizo. Los 26 cantones federales tienen una réplica colegiada en
cada cantón regional, según mencionamos, el cual se organiza a través de una
constitución cantonal que decide la integración de 5 o 7 miembros y ejerce una
competencia sobre toda materia que no está delegada a la Confederación. Cada
cantón define el idioma oficial y cuenta con la capacidad de ejercer relaciones
exteriores, según los artículos 48 y 56 de la Constitución Federal.

Una de las materias exclusivas de cada cantón es definir el idioma oficial que se
habla en su circunscripción y que, según el artículo 48 de la Constitución suiza,
permite que los cantones mantengan relaciones exteriores.

Este sistema cantonal se originó en 1467 con la constitución de Friburgo, Suiza.


Poco después, el territorio de Suiza cobra autonomía en 1499 respecto del Sacro
Imperio Romano y no fue sino hasta 1648 que se le reconoce independencia con el
Tratado de Westphalia. Actualmente, se cuentan 26 cantones y alrededor de 2,240
comunas, según datos de 2017.

El único caso similar en América, lo representa la provincia de Quebec en Canadá


que observa un sistema parlamentario de corte federal.

Aunque en México la idea de un Poder Ejecutivo Colegiado tuvo indudablemente


sus raíces en el pensamiento político francés, la vertiente del constitucionalismo
americano también conoció y discutió la figura, como se ha mencionado. Es
interesante considerar el pensamiento americano al respecto, ya que finalmente fue
el que predominó en nuestro país y el que influyó para que el Ejecutivo se depositara
en una sola persona.

En el gobierno local de México, se adoptó por algunos Estados el término de cantón


para organizar circunscripciones intermedias entre los gobiernos estatales y los
municipios, que no tienen ninguna relación con los cantones suizos. Durante el siglo
XIX, el 7º. Cantón de Jalisco reclamó su separación del Estado y, con correr del
tiempo y fricciones militares, se reconoció su transformación en el Estado de
Nayarit, mediante el artículo 44 de la Constitución de 1917.

70
Consejo Federal Suizo

71
CAPÍTULO CUARTO

EL PARADIGMA PRESIDENCIAL DE LOS ESTADOS UNIDOS

X. Debates fundacionales

En la Convención Constituyente de Filadelfia se sometieron a consideración dos


proyectos de Constitución denominados planes. El Plan Virginia sostenido por
Charles Pinckney, James Wilson, John Rutledge y James Madison entre otros,
preveía la existencia de un solo magistrado para ocupar el Poder Ejecutivo y sus
argumentos se vertieron desde el 1º de junio de 1787. 123

La idea de un Ejecutivo unipersonal provenía de la fuerza de la tradición de un solo


gobernador de las colonias americanas y su apologista fue John Adams; 124 sus
tres características eran: a) Discrecionalidad en la toma de decisiones; b) Eficiencia
especialmente en los momentos de emergencia, pues en tiempos de guerra –por
ejemplo- se requiere de un solo comando, y c) Responsabilidad política hecha
efectiva en una persona predeterminada de antemano y que no se diluya la
responsabilidad en un cuerpo colegiado.

Por su parte, el segundo Plan, denominado de Nueva Jersey, sugería un Poder


Ejecutivo colegiado, depositado en tres personas, tal como lo propuso nuestra
Constitución de Apatzingán (1814). Edmund Randolph y Hugh Williamson fueron
los defensores del Ejecutivo plural pues veían en él, como lo observaron los
franceses posteriormente, la garantía de limitar al despotismo de un individuo que,
abusando del poder político, se convirtiera en “feto” de un monarca, según expresión
de Randolph. Los tres integrantes del Poder debían ser oriundos de tres distintas
regiones para equilibrar los intereses geográficos de los Estados del Norte con los
del Sur.

La Convención Constituyente finalmente aprobó el Ejecutivo unitario aunque su


justificación debe desprenderse más por las razones expuestas en el número 69 de

123
James Madison. Journal of the Federal Convention. Editado por E. H. Scott, Albert Scott & Co. Chicago. 1893.
p. 85, 98, 99, 123, 165, 170, 173 y 185. Richard Pious. The American Presidency. New York. Basic Books Inc. p. 27.
124
En sus obras previas a la Constitución Federal de 1787, Adams propagó las ventajas de un Poder Ejecutivo único
y vigoroso, independiente y diferenciado del Poder Legislativo. George A. Peek Jr. editor. The Political writings of
John Adams. 11a. ed. Indianapolis. The American Heritage Press. 1978. p. XIX. 88 y 115.

72
El Federalista que de los debates habidos en esa Convención.125 El espectro de la
instauración de un monarca electivo según había aludido el constituyente George
Mason, se disiparía, pues lo que transforma al titular del Poder Ejecutivo en un rey
o en un déspota, no es ciertamente el número –ya que históricamente ha habido
tanto uno como tres déspotas- sino los mecanismos de contrapeso en la forma de
gobierno: habiendo establecido una forma republicana de gobierno, un sólo
Presidente poco podría excederse en sus atribuciones, pues todo el sistema de
gobierno, ideado con frenos y contrapesos, no existentes en las monarquías,
impediría su transformación en déspota. Esta misma idea aparecería
posteriormente en el Congreso Constituyente Mexicano en su sesión del 21 de
enero de 1824, según lo explicaría el diputado Juan de Dios Cañedo.

La implantación de un periodo presidencial fijo, de un sistema de responsabilidad


política, de una facultad de veto superable por votación calificada en el Congreso,
de facultades compartidas con el Congreso en materia de guerra y de formulación
de tratados internacionales, hacen del Presidente unitario un funcionario controlable
por la organización constitucional de los poderes del gobierno 126 y éste es el
verdadero enfoque de una república para depositar su Ejecutivo en una sola
persona, a pesar de su numérica similitud con la figura de un monarca.
Adicionalmente, la implantación de un sistema federal con división de facultades
legislativas, ejecutivas y judiciales entre los Estados miembros y el gobierno federal,
sería un obstáculo para cualquier presidente que quisiera abrumar con su poder
político

En el período que cubren los primeros años del sistema presidencial, el observador
nota la gran diferencia que separa la democracia entre México y los Estados Unidos.
Desde 1917, en nuestro país, a pesar de sus graves problemas, los procesos
electorales descansan en el sufragio popular directo otorgando el derecho a votar
de manera universal, mientras que en los Estados Unidos el sufragio está sometido
a obstáculos discriminatorios y a los colegios electorales que, en ocasiones,
distorsionan la legitimidad del Presidente, por contarse privilegiadamente el “voto
electoral” sobre el voto popular, como en 1876 se dio con el caso de Samuel J.

125
Diferenciando Hamilton al Presidente de Estados Unidos con el Rey de Inglaterra, con el cual los detractores
de la Constitución asimilaban, explicaba en El Federalista número 69 que el Presidente era conocido por los
votantes, mientras que el Rey era ungido por las reglas de su herencia en la monarquía. Así mismo, el Presidente
podía vetar los proyectos de ley, con la única expectativa de evitar su aprobación, si concurría las dos terceras
partes de los integrantes de ambas cámaras del Congreso, mientras que el Rey podía sancionar negativamente
una ley del Parlamento y, así oponerse a su entrada en vigor. Otra diferencia radica en que el Presidente sólo
manda las fuerzas federales, pero tiene restricciones respecto de la guardia nacional o milicia cívica bajo el
control de los Estados; en tanto que el Rey de Inglaterra comanda todas las fuerzas armadas de su país. Además
de que el Presidente ejerce su cargo por un tiempo definido y el Rey lo hace hasta su muerte. Las diferencias
radican también en el ámbito internacional, el Presidente cuenta con funciones limitadas por el Senado, mientras
que en Inglaterra, el Rey tenía un poder irrestricto para nombrar, acordar y hacer la guerra y la paz.
126
The Federalist Papers. Introducción de Clinton Rossiter. New American Library. 1961. p. 416 - 423.

73
Tilden y Rutheford Hayes, en el cual, a pesar de que el primero, había ganado el
voto popular (4’301,000 votos) perdió la presidencia, mientras que el segundo
recibió 4’036,000 votos, pero ganó la contienda con 185 votos electorales (Tilden
tuvo 184). 127

127
A cambio de ceder la Presidencia, Tilden y sus partidarios en el Congreso condicionaron a Hayes que éste
retirase las tropas federales de tres Estados del sur. La democracia al estilo de los Estados Unidos quedó en
entredicho con acuerdos políticos como éste, sin importar el sufragio popular. Presidential Elections since 1789.
4a. Edición. Congressional Quarterly Inc. Washington. 1987.

74
XI. El colegio electoral y su origen medieval 128

Las instituciones electorales han surgido de distintas situaciones y circunstancias


durante el tiempo. Es opinión común que los sistemas electorales conocidos
provienen de las formas de gobierno modernas o del liberalismo ilustrado. Sin
embargo, que concierne al hecho que los colegios electorales surgieron de la
disputa por las elecciones papales a través de los cónclaves cardenalicios durante
el medioevo.
Desde el siglo XI (1059) los Papas de la Iglesia Católica se han electo por medio de
cónclaves que reúnen a los cardenales que fungen como electores y por este
procedimiento se han electo 110 Papas. Los cónclaves cardenalicios les otorgan
legitimidad a los Papas electos y evitan la lucha, muchas veces armada en esa
época, para acceder a la silla pontificia.
En la bula “In Nomine Domini”, decretada por el Papa Nicolás II el 13 de abril de
1059, se planteó una importante reforma electoral para el Papado, basada el
episodio en la sucesión del Papa Esteban IX en 1058 que restringió a los
cardenales-obispos la calidad de electores. El sistema sustituyó la facultad del
Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico para designar a los Papas. El
Papa Esteban trató de influir para que a su muerte la elección del nuevo Papa
estuviera presidida por el monje Hildebrando, quien había fungido como asesor de
la reforma de la Iglesia en esos años.
El monje contaba con el apoyo no sólo del Papa Esteban, sino de las tropas del
duque Godofredo de Loraine y Toscana. En Siena, Gerard de Bourgogne fue electo
nuevo Papa con el nombre de Nicolás II en diciembre de 1058. En Roma lo esperaba
el antipapa Benedicto X, 129 quien le disputaba el poder papal. Nicolás representaba
la fuerza de los príncipes alemanes, mientras que Benedicto era apoyado por los
italianos.
Esta bula anuló el poder del Emperador para designar a los Papas y lo redujo a una
mera formalidad a posteriori, para confirmar su nombramiento, como gracia de la
Santa Sede, revocable a discreción por el Papa en turno. La importancia de esta
bula radica en la recuperación del poder papal, frente al poder real. No obstante, las
prácticas de conflicto entre los Papas y los reyes continuaron por la costumbre de
la Simonía o la compra de puestos eclesiásticos, que conducían a la investidura de

128
Tomado de Manuel González Oropeza. “El Cisma de Occidente y la creación del Colegio Electoral”. Lex.
4ª. Época. Julio 2021.
129
Se llamaban “antipapas” a los personajes que habían sido impuestos por nobles europeos, en este caso, el
conde de Tusculum, y que no había seguido el procedimiento regular de designación, con la autorización de la
mayoría de los cardenales.

75
personas que no eran clérigos en puestos eclesiásticos, todo lo cual estaba en
contra de la reforma propuesta.
La cuestión de la investidura resultó compleja, ya que muchos Papas, eran
familiares de nobles de Francia o Italia, por lo que había un conflicto de interés entre
la nobleza y los cardenales. El celibato para los sacerdotes, parte de las reformas
de la Iglesia, no fue ordenado sino hasta el Primer Concilio de Letrán en 1123 bajo
los auspicios del Papa Calixto II
Después de desplazar a su contrincante por la fuerza que fue a refugiarse en el
castillo de la Galería, Nicolás II se asentó en la Basílica de San Juan de Letrán en
Roma; sin embargo, debido a una alianza política entre los reformistas y los
Normandos, invalidaron el nombramiento de la Corte Alemana hacia Nicolás,
declarándolo incompetente para gobernar.
No obstante, su degradación, Nicolás aparentemente dictó reglas para la elección
de los futuros Papas, que deberían ser electos en sínodos secretos o cónclaves,
donde sólo ciertos cardenales asistirían, apoyados por el Emperador del Sacro
Imperio Romano. Habría preferencia para elegir candidatos romanos. Las reglas de
elección serían escritas hasta 1278. 130
Sin embargo, las reglas de Nicolás II no ayudaron a evitar otra crisis en la disputa
del poder papal. A la muerte de éste, los reformistas de Roma eligieron a Alejandro
II en 1061 y la Reina Regente Inés, en nombre del Emperador del Sacro Imperio
Romano Germánico, Enrique IV, quien estaba en minoría de edad, designó a
Honorio II en 1062, el cual con un ejército mercenario defenestró a Alejandro II.
Como contraataque, el duque Godofredo llegó con un ejército más poderoso a
Roma. La controversia entre Alejandro y Honorio, respaldada por sendos ejércitos,
reflejaban los conflictos entre la realeza de distintos soberanos; en esta época, el
poder temporal privaba sobre el poder papal, quitando y poniendo a los pontífices,
así como la provisión de obispados.
Al final, el apoyo se contempló para Alejandro II quien hizo de la reforma de la Iglesia
su estandarte. El Papa Gregorio VII (1073-1085) incluyó la doctrina de la infalibilidad
del Papa dándole al pontífice romano la primacía de su autoridad apostólica en
cuestiones de fe y valores morales, esta doctrina se plasmaría hasta el primer
Concilio Vaticano de 1869. De la misma manera, la provisión de cargos eclesiásticos
debería ser hecha por el Papa entre clérigos y no entre personas externas
seleccionados por reyes. Esta cuestión fue denominada como la controversia de la
Investidura.
La reclusión de los cardenales para elegir al Papa se hizo evidente en 1241, cuando
Mateo Orsini obligó al cuerpo cardenalicio a permanecer en el Palacio del
Septizodio, hasta que no eligieran al nuevo Papa que sería Celestino IV, lo cual duró

130
Ruppert Matthews. The Popes: Every question answered. Thunder Bay Press. 2014. Singapur. p. 135-136

76
60 días con todas las penurias y presiones imaginables de parte del Emperador, la
elección era apremiante frente a las Cruzadas y guerras por la sucesión del Papado.
La caótica situación de la Iglesia, que sufría cada vez que había la ausencia de un
Papa, en algunas ocasiones después de transcurrir unos días o meses, dadas las
epidemias o violencia de la época, así como las intervenciones del Imperio Romano
Germánico o las luchas entre los príncipes y familias, llevó a fines del siglo XIV a
una lucha por la ubicación de la sede pontificia entre Roma o Aviñón. Esta última
circunstancia se sublimó ante el deceso del Papa Gregorio XI en 1378, provocando
el gran Cisma de Occidente, entre el Papa Urbano VI y Clemente VII. Con una
rebelión afuera de la Basílica de San Pedro y un colegio de 16 cardenales de los 22
posibles; la turba exigía que la sede no saliera de Roma y con gran temor, los
cardenales votaron por un ausente, el arzobispo de Bari, que no era cardenal y, por
lo tanto, no estaba presente en el colegio.
Las medidas de austeridad extrema de Urbano, provocaron que un sector de
cardenales declarara nulo su nombramiento y, en su lugar, el cardenal Roberto de
Ginebra fue ungido como Clemente VII. El enfrentamiento entre ambos fue
acompañado de excomuniones y respaldos de distintos países, cinco para
Clemente, más de cuatro para Urbano. Urbano venció a Clemente con la ayuda de
mercenarios, pero el antipapa con el apoyo de la reina de Nápoles se refugió en esa
ciudad y después en Aviñón.
Urbano nombró a su sobrino nuevo Rey de Nápoles para deponer a la Reina Juana,
que había apoyado a Clemente. Carlos de Durazzo, que era su nombre, no sólo
depuso a la reina de Nápoles, sino que la asesinó en 1381.
Con las muertes de Urbano y Clemente, el Rey de Francia pretendió llegar a un
arreglo entre las partes en conflicto, particularmente con Bonifacio IX, sucesor de
Urbano. No obstante, el cardenal español Pedro Luna, fue presentado como
Benedicto XIII, nuevo antipapa. Ante la resistencia de Benedicto para acceder al
reconocimiento de Bonifacio, se encontró igual resistencia de éste último para
reconocer al primero. Las guerras entre ellos agotaron el erario y el prestigio del
Vaticano, dándose muestras de corrupción graves.
Un nuevo intento por reunificar la silla pontificia, condujo a la celebración de un
Concilio en Pisa en 1409. El Concilio de cardenales logró situarse por encima de los
Papas Benedicto XIII y Gregorio XII (1406-1415) y deponerlos a ambos, nombrando
un tercer Papa: Alejandro V, quien falleció al poco tiempo en 1410, siendo electo
posteriormente por Juan XIII (antipapa). Ante esta gran confusión, el Rey
Segismundo de Alemania sobrepuso su autoridad.
La solución comenzó a perfilarse el 6 de abril de 1415, cuando en el Concilio de
Constanza (Alemania) se reunieron 29 cardenales y más de 100 doctores en
Derecho y Divinidad, con más de 134 abades y 183 obispos se pronunciaron,
“derivando su poder directamente de Cristo”, en el Concilio de Constanza (1414-

77
1418), por la erradicación del Cisma que habían padecido y que había provocado
guerras entre Papas, 131 venta de indulgencias y corrupción; así como de críticas de
que los Papas se habían convertido en delincuentes y pecadores, como lo manifestó
Jan Hus, aunque la crítica fue válida, la ejecución en la hoguera no se hizo esperar.
El Concilio eligió a Martin V el 11 de noviembre de 1417 quien concluyó el gran
Cisma de Occidente, sentando el principio de la autoridad de los Concilios sobre los
Papas en sus individualidades, reuniendo la legitimidad de los cardenales como los
únicos electores para decidir la investidura papal, sobre la influencia y las presiones
de Reyes, familias, nobles y sus ejércitos que, coyunturalmente tuvieran el poder de
imponer un personaje u otro, para la silla pontificia. Por la colegialidad de un
Concilio, se evitaba la simonía que era una práctica de compraventa de cargos
espirituales. Martin V fijó en 24 el número de cardenales electores. Los concilios a
partir de entonces tendrían la facultad para juzgar y, en su caso, deponer a los
Papas. El Emperador Segismundo de Luxemburgo se adhirió a los acuerdos de
Constanza.
Como se aprecia del anterior recuento, la abigarrada historia del poder político de
la Iglesia y los Papas, no difiere mucho de las historias de poder de la autoridad
civil, incluyendo conspiraciones, asesinatos, desconocimientos de las autoridades,
ilegitimidades para ocupar los cargos eclesiásticos, ambiciones e intervenciones de
personajes poderosos por ambición. La grave situación que provocó descrédito en
la Iglesia, tuvo que ser zanjada por el “conciliarismo”, o la investidura de la máxima
autoridad en un colegio electoral de cardenales. El Concilio de Constanza fue, a
semejanza de nuestra tradición, un Congreso Constituyente que se ocupó
primordialmente de la elección de un Papa legítimo, siendo las encíclicas y bulas,
los demás documentos fundamentales de organización de la Iglesia, imbricados con
valores morales, éticos y fijando los principios de justicia.
Siglos después, la Iglesia condujo reconocimientos de gobierno, como antaño
reconocían a Papas y antipapas, permitiendo la abierta intervención de otros
Estados. Como se ha mencionado con anterioridad, la Iglesia católica fue el primer
muro que impidió el libre desarrollo del constitucionalismo mexicano. Desde la
Constitución de 1824, las primeras crisis constitucionales del gobierno mexicano
fueron precisamente motivadas porque los sacerdotes y misioneros se negaron, en
principio, a jurar y obedecer la Constitución Federal de 1824, 132 e incluso algunos

131
Provocando una cadena de antipapas antes y después del Concilio: Alejandro V (1409), Juan XXIII (1410),
Clemente VIII (1423) y Félix V (1434) entre otros
132
Vicente Francisco Sarría y Narciso Durán, presidentes de las misiones en las Californias, fueron expulsados
del Territorio por negarse a jurar la primer Constitución Mexicana, lo cual no sólo era un desacato a la máxima
ley de nuestro país, sino su actitud representaba un desconocimiento a la Independencia de México hacia
España, Fondo Archivo General de la Nación (AGN). Gobernación. Instituto de Investigaciones Históricas de
la Universidad Autónoma de Baja California (IIH). 1.14, 1.18, 1.29 y 3.32. Desde el 15 de junio de 1825, el
Territorio había presenciado el reconocimiento de nuestra Independencia por parte de Inglaterra, cuando se
ordenó la solemnidad de ese momento con misas, iluminaciones y salvas. Archivo Histórico de Baja California
Sur "Pablo L. Martínez" 17-656. En esa época, el impopular Papa León XII (1823-1829) dictó medidas

78
de ellos participaron en asonadas, como la de la Misión de Santa Rosa de Todos
los Santos en las Californias hacia 1830, 133 lo que motivó que el jefe político José
María de Echeandía propusiera la conversión en pueblos, con autoridades civiles,
de las Misiones para que estuviesen bajo su control.134
España y sus “majestades católicas” no reconocieron el Tratado de Córdoba y sus
consecuencias sino hasta el 28 de diciembre de 1836 con el denominado Tratado
Definitivo de Paz y Amistad donde Isabel II, hija de Fernando VII, como reina y
gobernadora reconoce a México como nación libre. El Vaticano no quiso reconocer
tampoco, ni siquiera de facto, a nuestro país, como lo había hecho con Haití en
1821, sino hasta que España lo aceptara mediante un Tratado, a pesar de que la
nación sostuvo la religión católica como religión de Estado en esa época.

La encíclica Etsi iam diu promulgada en diciembre de 1824, el Papa León XII, a
petición de Fernando VII, manifestó acremente que las posesiones de América:
Hemos recibido las funestas nuevas de la deplorable situación en que tanto el
Estado como a la Iglesia ha venido a reducir en esas regiones, la cizaña de la
rebelión.

Sin ningún conocimiento de la situación real de América, León XII, repitiendo los
intereses políticos que movían al Papado en la antigüedad y pidió a los Obispos
americanos que convencieran a su grey de las “augustas y distinguidas virtudes que
adornan a la persona de Fernando VII”. 135

La reacción en México, tanto de Obispos como de ilustres personajes como José


María Luis Mora no se hizo esperar y propusieron un manifiesto manifestando que
para conservar la religión católica, no era necesario que el pueblo mexicano siguiera

consideradas reaccionarias, imprimiendo a la Iglesia un sello medioeval. Pontificia Administración de la


Patriarcal Basílica de San Pablo. Los Papas. Veinte siglos de historia. Librería Editrice Vaticana. 2002. Foggia.
p. 139-140. A pesar de los más ilustres diputados constituyentes mexicanos en el Congreso que aprobó la
Constitución de 1824 era clérigos y que el artículo 3º. de dicha Constitución proclamaba a la religión católica
como religión de Estado, León XII externó que aceptaba un enviado del gobierno para tratar los asuntos de la
Iglesia, pero confirmaba que no podía reconocer la Independencia de México, por lo tanto, su Constitución que
como país independiente se otorgaba. Manuel Ferrer Muñoz. “Breves antecedentes de las relaciones Iglesia-
Estado en México. La disputa por el Patronato en México”. p. 56. En 24 de septiembre de 1824 el Papa decretó
su Encíclica Etsi lam diu donde extiende su condena a toda la independencia de las naciones en América.
133
Fondo Gobernación. IIH 3.27 (1830.7). También en la Misión de San Luis Obispo, en la Alta California, se
dio la rebelión del misionero Luis Antonio Martínez el 27 de febrero de 1830.
134
La Secretaría de Justicia y Negocios Eclesiásticos del gobierno federal sugirió el 10 de mayo de 1830, con
motivo de unos problemas relacionados con el Misionero Gabriel González lo que a continuación se menciona:
"Y se cuide de que los misioneros se ocupen únicamente de la administración espiritual y no se mezclen en lo
que está tan lejos de corresponder a su ministerio”.
135
Breve del Papa León XII del 24 de noviembre de 1824, enviado al monarca hispano y no a los Obispos En
su mayoría, el clero mexicano mostró su apoyo por la Independencia de nuestro país, con excepción de un
Obispo en Oaxaca, Manuel isidro Pérez Suárez quien no abandonó su apoyo hacia España

79
dependiente de España y de su forma de gobierno. El Congreso General de México
decretó en julio de 1825 que los límites de la Iglesia no deberían sobrepasar las
funciones del Estado y convocaría a un concurso para que la opinión discurriera
sobre los límites de la autoridad eclesiástica.
En 1846, Pio IX fue ungido como Papa, que duraría más tiempo en la silla apostólica:
31 años y 7 meses. Su conservadurismo fue notorio aunque sus logros también.
Convocó el I Concilio Vaticano (1869-1870) donde logró que se proclamara la
infalibilidad del Papa y determinó la primacía de los obispos romanos sobre los
demás, centralizando el poder en el clero de Roma. Aunque tuvo serios problemas
con el Rey de Italia, por la rivalidad en el predominio del poder de los Estados
Pontificios e Italia, llegando a excomulgar al Rey Víctor Manuel II, avanzó
paulatinamente con la “cuestión social” que ya se planteaba en Europa, y que la
Constitución de México de 1857 delineó en nuestro país, con anticipación a los
escritos del Obispo de Maguncia G. V. Ketteler en 1864, cuando escribió “La
cuestión obrera y el cristianismo”, 136 que fue el fundamento para la encíclica de Pío
IX Quanta Cura promulgada en el mismo año.
Sin embargo, la encíclica de Pio IX fue un manifiesto abiertamente hostil a la libertad
de culto que impidió la garantía de esa libertad fundamental a mediados del siglo
XIX en México, cuya preocupación se manifestó en el artículo 5º. del Proyecto de la
Constitución de 1857 que la pretendió establecer, pero que no fue aprobada por
esta reticencia papal. La paradoja provino de Maximiliano, cuando propició mayor
libertad de culto en México, a pesar de la simpatía del Papa hacia Francia.
Estas nuevas confrontaciones entre el omnipotente Papa, infalible y predominante,
sin antipapa al cual se enfrentase, se desplazó hacia los Estados que pretendieran
marcar límites a la autoridad eclesiástica mediante sus Constituciones o leyes
fundamentales, como sucedió con México, como nuevo símbolo de su soberanía y
de sus decisiones reformistas frente a las libertades que afirmaban hacia sus
ciudadanos.
Tratándose de la jura de la Constitución Federal de 1857 137, tomamos en cuenta
las circulares episcopales del 12, 18 y 20 de marzo de dicho año, poco después de
la promulgación de la Carta Magna, emitidas por el Obispo y Vicario Capitular
prohibieron a los fieles católicos, que eran los únicos permitidos, puesto que la
libertad de culto no se autorizó sino hasta las Leyes de Reforma, la obediencia y
juramentación de dicha Constitución, así como la obligación por parte de todas las
autoridades de retractarse públicamente, ante el Tribunal de la Penitencia, de sus

136
Donde proponía que la verdadera solución a la cuestión social debería radicar en una nueva concepción del
Estado donde se equilibrara el liberalismo individual y el totalitarismo estatal. Las ideas de Ketteler inspiraron
a León XIII en su encíclica Rerum Novarum (1891)
137
Aunque el Papa Pío IX tuvo fama de liberal, en su largo pontificado (1846-1878) condenó los avances del
“modernismo” como la libertad de prensa y la democracia, a través de sus encíclicas Quanta cura y Syllabus
errorum, llegando a proclamar, en consecuencia, la infalibilidad pontificia (1870). Los Papas. Veinte siglos de
historia. Op. cit. p. 143.

80
actos de obediencia a la Norma Fundamental. En esa ocasión correspondió al
Ayuntamiento de La Paz contestar de manera ejemplar el reto que la Iglesia Católica
había dado:
El Ilustre Ayuntamiento que tengo el honor de presidir, ha visto con
sentimiento que la autoridad eclesiástica se valga de su urgente Ministerio
para influir en asuntos temporales, intimándole a los fieles cristianos a un
precepto que no podrían cumplir sin cometer un crimen, porque crimen es
atentar contra las instituciones de la Nación, puesto que ésta tiene derecho
para dictar sus leyes y hacerlas guardar, según convenga a su seguridad y
felicidad.
Esto es provocar a la rebelión, lo que envolvería al país en una guerra
fratricida que nos cubriría de disolución y luto, y que esos deseos no pueden
serlo los de un representante de Jesucristo cuyo ministerio es la paz. 138

La Constitución se promulgó finalmente el 17 de febrero de 1857 y mediante un


decreto del 17 de marzo se mandó que fuera jurada por todas las autoridades y
empleados de la República. El clero retó, en esta ocasión, al gobierno cuando
decretó a su vez la excomunión para todo aquel que jurase la Constitución,
requiriendo una retractación pública en los casos en que ya lo hubiesen jurado. Los
obispos de Guadalajara y Morelia emitieron infinidad de pastorales contra la
Constitución y el gobierno en un franco ataque hacia el orden constitucional. El
apoyo que las autoridades eclesiásticas habían mostrado a la Independencia
nacional, se había transformado en abierta rebeldía contra el constitucionalismo
mexicano de mediados del siglo XIX.
Ricardo García Granados explica estos ataques en la concepción que han de haber
tenido las autoridades eclesiásticas en un espíritu teocrático, herencia de la época
medioeval. La Constitución de 1857 eliminaba la teocracia en varios aspectos: se
prohibía la celebración de contratos que tuvieran por objeto la pérdida de la libertad
del hombre (artículo 5o.) se declaraba la libre manifestación de ideas (artículo 6o),
así como la libertad de escribir (artículo 7o.) de asociarse (artículo 9o.) y se prohibía
la aceptación de títulos de nobleza (artículo 12) y evitaban los tribunales especiales
y las leyes privativas (artículo13), como eran los tribunales eclesiásticos (Ley
Juárez, 1855). De esta manera, la Iglesia perdía el monopolio de la enseñanza, no
podía forzar los votos monásticos y perdía la fuerza de la censura en los impresos,
además de limitar seriamente sus propiedades.
La euforia por la Constitución no cegó a los revolucionarios mexicanos ante la
guerra mundial y las rebeliones interiores. El gobierno mexicano hizo un llamado el

138
Carta del Presidente Municipal Manuel Ímaz al Obispo de Anastaciópolis del 2 de mayo de 1857. Fondo
Gobernación HH 16.50 (1857.17).

81
mismo 5 de febrero a los países neutrales, en la Gran Guerra, para que se invitara
a los Estados beligerantes a poner fin a las hostilidades. Esta invitación fue todo un
éxito diplomático, pues con su nueva Constitución, la estatura moral del país
superaba las acusaciones, enderezadas sobre todo por Estados Unidos, y
pasábamos de ser un país anárquico, a ser un país que con su Constitución instaba
a la paz de sus detractores. En el caso de los beligerantes de la sangrienta guerra
mundial, México proponía a los países neutrales rehusar el suministro de materias
primas y la suspensión del tráfico mercantil con las naciones en guerra.
Inmediatamente después de promulgada la Constitución reformada, el 5 de febrero
de 1917, fecha de celebración que coincide con la promulgación de la Constitución
que se reformaba de 1857, se hicieron escuchar los críticos que, sin razón,
publicaron y difundieron sus ataques.139
Todas las Constituciones mexicanas han estado sujetas a severos escrutinios. La
crítica más inmediata y difundida, provino de los colaboradores de la dictadura.
como Jorge Vera Estañol, quien publicó en Los Ángeles (CA) un libro con el título
Al margen de la Constitución (1917), y se basó en el procedimiento empleado por
Carranza para proponer las reformas constitucionales, a través de un Congreso
Constituyente; este mismo argumento ya había sido anticipado por el Primer Jefe,
cuando explicó que no sometería las reformas al “Constituyente permanente”.
Por otra parte, habría que desmentir el comentario de Robert J. Kerr, quien informó
a la Barra de Abogados de Estados Unidos, que la Constitución mexicana era “el
primer documento (adoptado por delegados electos por cada Estado) que se haya
producido en México por un cuerpo de ciudadanos representantes, compuestos casi
exclusivamente de militares. 140 La gran desinformación de este análisis muestra al
país como un país militarizado hasta en sus instituciones fundamentales, lo cual es
una falsedad. Desde el Congreso Constituyente de 1856-1857, la pléyade de
liberales civiles dominó su integración: abogados, periodistas y profesionales de
diversas áreas integraron dicho Congreso Constituyente. Kerr confundió quizá el
carácter de oficiales de la guardia nacional, o milicia cívica, que a mediados del siglo
XIX todo ciudadano adulto ocupaba para la defensa del país y poseían grados que
no pertenecían a las fuerzas armadas permanentes.
La Barra de Abogados de ese país no sólo estuvo confundida, sino que emitió
comentarios muy negativos hacia nuestra Constitución, Joseph Whelles se atrevió
a decir que resultaba “el código más radical y revolucionario que haya sido

139
Contario a los Papas antecedentes en las atapas constitucionales de México, la Constitución de 1917 tocó
bajo el pontificado de Benedicto XV quien abolió el Non expedit, puesto en vigor por Pío IX, que implicaba un
desconocimiento de los católicos a ciertos Estados, como Italia. No obstante, en 1926 el Papa sucesor, Pío XI
condenó la Constitución de 1917 en la Encíclica Iniquis afflictisque condenando el laicismo de su articulado y
enderezando otros severos documentos contra el Estado Mexicano en 1932 y 1937. Mariano Fazio. De
Benedicto XV a Benedicto XVI. Ediciones Rialp. Madrid. 2009. p. 55
140
“The new Constitution of Mexico”. The American Bar Association Journal. Vol. 3. abril de 1917. P. 105-
125. De los 218 diputados en el Congreso de Querétaro, sólo hubo 28 militares contra 56 abogados, 24 obreros,
21 médicos, 18 ingenieros, 16 profesionistas en otras áreas, 13 profesores y 8 periodistas.

82
aprobado”.141 Este autor se atreve a condenar el nacionalismo “México para los
mexicanos en contraste con el mundo y la total sujeción de la Iglesia al Estado, y el
más radical e ilimitado programa de legislación agraria y laboral”. Esta consideración
se ha considerado más un mérito, pues pareciera que este concepto es más una
derivación de la doctrina Monroe (1826) o de las campañas populistas de un
Presidente como Donald Trump (America First).
Después del régimen igualitario que México había garantizado a los extranjeros
desde sus orígenes en 1824, en la concesión de tierras, derechos e, incluso,
nacionalidad que se ejemplifica en la política hacia Texas, Whelles se quejaba sin
sentido, sobre:
Las disposiciones de la nueva Constitución que imponen serias restricciones y
limitaciones hacia los extranjeros en el establecimiento de sus negocios, tal como
se determina en el artículo 27 que prohíbe a los extranjeros, tanto personas físicas
como morales, el adquirir la propiedad de tierras, aguas y sus accesorios, así como
la obtención de concesiones para la explotación de las minas, aguas o combustibles
minerales en la República. 142

También la redacción de Columbia Law Review se unió a esta diatriba y calificó a la


Constitución como un texto que contenía disposiciones “anti-extranjeras”.143

El Colegio Electoral, que para el Vaticano representa el Colegio Cardenalicio,


garantizó el fin de la lucha entre facciones de poder político e imposición,
sometiendo a los Papas a la decisión de los Concilios, más allá de la influencia de
monarcas. El sistema ha funcionado con regularidad desde el siglo XV, a partir del
Concilio de Constanza; sin embargo, en los regímenes republicanos, el colegio
electoral organizado en los Estados Unidos, desde 1796, frente al retiro de George
Washington, es considerado como uno de los sistemas más controvertidos. 144
México siguió este paradigma hasta 1917 a través de elecciones indirectas,
diseñadas de manera distinta a su vecino país.
En 1996, adoptamos un sistema electoral con votación popular directa y con
calificación imparcial en tribunales electorales, gracias a las recomendaciones de
instancias interamericanas. Hemos ganado grandes ventajas sobre el sistema de
colegios electorales, implantando un sistema electoral democrático, basado en una
mayoría nacional y garantizado por un debido proceso legal ante tribunales
electorales. Ni la elección de los Papas, ni del presidente de Estados Unidos,

141
“Mexican Constitution”. The American Bar Association Journal. Vol. 3. abril de 1917. p. 205-219
142
Whelles. Op. cit. p. 243-244
143
“Note: Some features of the New Constitution of Mexico”. Columbia Law Review. Vol. XVII. Mayo de
1917. p. 417
144
Joanne B. Frieman. “The election of 1800: A Study in the logic of political change” 108 Yale L. J. 1959
(1999)

83
observan este desarrollo que, gracias al constitucionalismo en México, al cual tanto
se opuso la Iglesia católica en su momento, hemos obtenido.
En este aspecto, nuestro país presenta un sistema más democrático que la rancia
tradición de Estados Unidos.

Concilio de Constanza (1414-1418)

84
XII. ¿Cómo elegir al Presidente?

El origen del Colegio Electoral en los Estados Unidos es producto de su cultura e


historia, que ha provocado serios cuestionamientos durante las elecciones
presidenciales de ese país, pues el resultado final es provocar a un Ejecutivo de
minoría. Para comenzar, habría que considerar que la nación estaba compuesta de
trece grandes y pequeños Estados celosos de sus propios derechos y poderes,
suspicaces de cualquier gobierno nacional central. Contenía sólo cuatro millones de
personas, diseminadas de norte a sur, a lo largo del litoral atlántico, apenas
conectado por vías de comunicación, de manera que las campañas nacionales eran
poco prácticas.

La nación creía, bajo la influencia de los pensadores británicos tales como Henry
St. John, primer Vizconde de Bolingbroke (1678-1751), que los partidos promotores
de sus intereses eran maliciosos, a los que denominó partidos de la Corte,
defendidos por su contemporáneo, Robert Walpole (1676-1745), para quien sólo
importaban los intereses del Rey en turno (Jorge I y Jorge II, 1721-1742).

En contraste, Bolingbroke reconocía a los partidos del país (Country parties) que
abrazasen el interés público del pueblo, entendiendo la función de un Rey patriota
como aquél que se conduce como padre común del pueblo. De esta manera, si el
Rey o el ejecutivo apoya a un partido y sus autoridades (primer Ministro), se
convierte en Rey de una facción.

Nótese que este argumento se puede aplicar a los Presidentes que cuando
ascienden al poder político, sólo prohíjan las políticas de sus partidos y candidatos,
sin cuidar de los intereses del pueblo en general. José María Luis Mora fue el primer
teórico mexicano que vio claramente este problema desde los orígenes mexicanos,
y declaró en sus Obras que:

El gobierno nunca debe hacerse órgano de una facción, ni de ninguno de los


partidos en que la opinión esté o pueda estar dividida. 145

Bolingbroke, según esta interpretación,146 influye en la separación de poderes


expuesta posteriormente por Montesquieu pues considera que debe haber un
equilibrio de poderes entre el Rey, los Lores y la Cámara de los Comunes; pero
también influye en El Federalista número 10, donde Alexander Hamilton condena a
las facciones que dividen a la sociedad, aunque propone su tolerancia para permitir

145
Mora. Obras Completas. 2ª. edición. Instituto Mora-CNCA. Volumen I. Obra política. Compilador Andrés
Lira. 1994. p. 419
146
Joaquín Varela Suanzes. “Debate constitucional británico en la primera mitad del siglo XVIII”.
https://recyt.fecyt.es-article-download. p. 9-32. La obra que describe estas ideas con profusión es Idea de un
Rey Patriota (1738) (Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Madrid. 2014).

85
un gobierno, siendo los partidos políticos “facciones”.147

De esta forma el planteamiento era el siguiente: ¿Cómo, entonces, elegir al


presidente sin partidos políticos, sin campañas nacionales, y sin perturbar el
equilibrio cuidadosamente diseñado entre la presidencia y el Congreso por una
parte y entre los Estados y el gobierno federal por otra?. La respuesta fue la creación
de un colegio electoral. 148

La Convención Constituyente consideró varios métodos para seleccionar al


Presidente:

La primera idea fue la relativa a que el Congreso eligiera al Presidente. Sin


embargo, ésta fue rechazada porque algunos c o n s i d e r a r o n que esa opción
sería motivo de fuertes discusiones y dejaría demasiados resentimientos en el
Congreso; en tanto que otros sintieron que tal procedimiento invitaría a una
negociación política indecorosa, a la corrupción y, quizás aún, a la interferencia de
potencias extranjeras. También otros sintieron que un arreglo de esa clase afectaría
el equilibrio de poder entre las ramas legislativa y ejecutiva del gobierno federal.

Una segunda idea fue la relativa a que las legislaturas de los Estados eligieran al
presidente. Sin embargo, esta idea fue rechazada también, por miedo a que el
Presidente, obligado por las legislaturas de los Estados, pudiera permitirles
erosionar la autoridad federal y así socavar toda la idea de la Federación.

La tercera idea fue la relativa a que el presidente fuera electo por el voto popular
directo; esta opción fue rechazada porque temían que el pueblo no tendría suficiente
información acerca de los candidatos fuera de sus Estados, por lo que la gente
votaría por el “hijo favorito” de su propio Estado o región; 149 con lo que en el peor
de los casos, ningún presidente emergería con la suficiente mayoría popular para
gobernar todo el país y, en el mejor de los casos, la elección del presidente sería
siempre decidida por los Estados más grandes, más poblados, con poca
consideración para los pequeños.

147
“(…) that the public good is disregarded in the conflicts of rival parties; and that measures are too often
decided, nor accordingly to the rules of justice, and the rights of the minor party, but by the superior force of an
interested and overbearing majority”. “By a faction, I understand a number of citizens, whether amounting to a
majority or minority of the whole, who are united and actuated by some common impulse of passion, or of
interest, adverse to the rights of other citizens, or to the permanent and aggregate interests of the community”.
Hamilton, Madison y Jay. The Federalist. With an Introduction and Notes by Robert A. Ferguson. George Stade
(Consulting Editorial Director). Barnes and Noble Classics. New York. 2006. p. 52
148
William C. Kimberling. “El Colegio Electoral de los Estado Unidos de América”. Justicia
electoral. Revista del Tribunal Federal Electoral. Traducción de Fernando Franco González
Salas. Volúmen II No. 2. 1993.
149
La Constitución Mexicana de 1824 solucionó este problema al determinar dos candidatos por cada legislatura
estatal: uno que sería un candidato del mismo Estado (hijo favorito) y otro que fuera popular, pero fuera de
dicho Estado.

86
Finalmente, en la Convención Constituyente de Filadelfia, el llamado “comité de los
once”, que era propiamente llamada comité de detalle, propuso una elección
indirecta del presidente por medio de un “Colegio de Electores”, que eran electores
especiales seleccionados por las Legislaturas de los Estados, que pretendían
preservar la autonomía de las entidades federativas y, al mismo tiempo, aumentar
la independencia del Ejecutivo, evitando los efectos de la elección popular.

Esta propuesta se discutió el 4 de septiembre de 1787, al final de los debates de la


Constitución y participaron varios constituyentes. La disposición quedó plasmada
en el artículo II, sección I, cláusula 2ª, del texto definitivo de la Constitución, sin
mencionar el nombre de “colegio electoral”, pero describiendo el procedimiento con
la participación y decisión de parte de las Legislaturas, para la designación de
electores por cada Estado, quedando así plasmada una de las más controvertidas
decisiones de la Constitución de ese país. 150

Al respecto se ha equiparado la función del Colegio Electoral en la elección del


Presidente, a la que realiza el Colegio de Cardenales en la Iglesia Católica Romana
para elegir al Papa. Siendo la idea original que los individuos más conocedores e
informados de cada Estado seleccionaran al presidente, basándose sólo en sus
méritos y sin considerar de qué Estado fuese originario o qué partido político lo
postulara.

Incluso México conoció el Proyecto de ley para el establecimiento de Colegios


Electorales en la República Mexicana, formulado el 1 de Noviembre de 1834 151,
para solucionar la lucha de facciones en las elecciones, provocadas por la lucha de
partidos, aspirantismo, ignorancia e impunidad:

Los males que hemos padecido desde que somos independientes, no han
provenido de la naturaleza de los gobiernos, sino de la facilidad con que se
han derrocado unas veces con fundamento y otras

Asimismo, se ha señalado que la estructura del Colegio Electoral se puede rastrear


hasta el sistema de la “Asamblea de Centurias” de la República Romana, sistema
por el cual, los ciudadanos adultos varones de Roma eran divididos de acuerdo con
su riqueza en grupos de 100, llamados Centurias; cada grupo de 100 estaba
facultado para emitir un voto a favor o en contra de las propuestas que les sometía
a su consideración el Senado.
En el sistema de Colegio Electoral, los Estados funcionan como los grupos de
Centurias (aunque no se basan en la riqueza) y el número de votos de cada
Estado se determina por el tamaño de su “delegación en el Congreso”, o de
representantes y senadores ante el Congreso.

150
Desde 1964 hay 538 electores distribuidos en los Estados Unidos. De ellos, 435 son diputados y 100 resultan
senadores, más 3 provienen del Distrito de Columbia. Cada Estado debe nombrar a los electores, de acuerdo al
número de diputados y senadores en el Congreso Federal.
151
Proyecto de Ley para el establecimiento de Colegios Electorales en la República Mexicana. Imprenta del
Aguiladirigida por José Ximeno. AGL 463 LAF.

87
Según esta reforma constitucional, a cada Estado le corresponde un número de
electores igual al número de sus senadores (siempre dos), más el número de sus
representantes ante el Congreso (los cuales pueden cambiar cada década de
acuerdo con el tamaño de la población de cada Estado).

De esta manera, en el 2020, la numeraria de los Estados sería la siguiente:

A los representantes de cada Estado habría que agregar dos senadores para
integrar el total de integrantes en el Congreso federal y, así, calcular los votos
electorales que cada Estado tiene.

Número de representantes o diputados por Estado (distritos electorales) en 2020.


Orden alfabético por Estado. 152

Alabama 7 Nebraska 3
Alaska 1 Nevada 4
Arizona 9 New Hampshire 2
Arkansas 4 New Jersey 12
California 53 New Mexico 3
Colorado 7 New York 27
Connecticut 5 North Carolina 13
Delaware 1 North Dakota 1
Florida 27 Ohio 16
Georgia 14 Oklahoma 5
Hawaii 2 Oregon 5
Idaho 2 Pennsylvania 18
Illinois 18 Rhode Island 2
Indiana 9 South Carolina 7
Iowa 4 South Dakota 1
Kansas 4 Tennessee 9
Kentucky 6 Texas 36
Louisiana 6 Utah 4
Maine 2 Vermont 1
Maryland 8 Virginia 11
Massachussetts 9 Washington 10
Michigan 14 West Virginia 3
Minnessota 8 Wisconsin 8
Mississippi 4 Wyoming 1
Missouri 8
Montana 1

Total 435 electores

152
britannica.com/topic/United/States/House/of/Representatives/Seats/by/State

88
Votación de los Presidentes de Estados Unidos por el sistema indirecto de Colegio
Electoral 153

1789 – George Washington 69 154


John Adams 34

1792 – George Washington 132


John Adams 77

1796 – John Adams 71 (de 71)


Thomas Jefferson 68

1800 – Thomas Jefferson 73 155


156
Aaron Burr 73

1804 – Thomas Jefferson 162 157

153
Presidential elections since 1789. Congressional Quarterly. 4a. Edición. 1987. Roger Matuz. The Presidents
Factbook. Editado por Bill Harris y Revisado por Laura Ross. Black Dog & Leventhal Publishers. Nueva York.
2012. 800 p.
154
En las elecciones presidenciales sólo contaron votos electorales hasta 1824 y, a partir de la elección de John
Quincy Adams, se tuvo además el cómputo de votos populares. Washington recabó todos los votos electorales:
69, por unanimidad en su primer período. Hizo lo mismo en el segundo período de 1792, pero con 132 votos,
en los quince Estados que ya había. Se retira en la elección de 1796, sentando así el precedente de servir sólo
durante dos períodos presidenciales.
155
El empate entre Jefferson y Burr se resolvió por la votación de la Cámara de Representantes del Congreso,
votando singularmente cada Estado. Jefferson obtuvo 10 votos de los Representantes contra 4 recibidos por
Burr, después de 36 intentos.
156
Burr ha sido el Vicepresidente más conflictivo de este país, pues fue acusado de organizar una “expedición”
contra México, tratando de invadirnos y, a la vez, por cometer alta traición contra los Estados Unidos. (1º. de
abril de 1807) El asesinato en duelo contra Alexander Hamilton no fue incluido entre sus felonías. Después de
un largo juicio en el Tribunal Colegiado de Virginia, y presidido por el Ministro Presidente John Marshall, es
exonerado de sus cargos y, por lo tanto, no se le sancionó como debía. J.J. Coombs. The Trial of Aaron Burr
for High Treason. W.H. & O.H. Morrison editores. (1864). Reimpreso por Alan M. Dershowitz. The Notable
Trials Library. 1992.
157
En la elección de 1804 se operó la Enmienda 12, donde los electores votaron por separado por los candidatos
a la Presidencia y Vicepresidencia. Esta enmienda eliminó la posibilidad de un empate como el que se había

89
Charles Pinckney 14

1808 – James Madison 122


Charles Pinckney 47

1812 – James Madison 128 (de 218)


DeWitt Clinton 89

1816 – James Monroe 183


Rufus King 34

1820 – James Monroe 231


John Quincy Adams 1

1824 – John Quincy Adams 84 (de 261) 108 740 158

Andrew Jackson 99 153 544

1828 - Andrew Jackson 178 (de 261) 647 231


John Quincy Adams 83 509 097

1832 – Andrew Jackson 219 (de 288) 687 507


Henry Clay 49 509 097
John Floyd 11 Sin votación
William Wirt 7 100 715

dado en la elección de 1800. Esta Enmienda modificó el párrafo tercero, sección 1, del artículo II de la
Constitución de Estados Unidos donde se previó que los electores votarían en una sola boleta por dos candidatos
a la Presidencia simultáneamente. Si bien esta enmienda solucionó el problema del empate, creó la disparidad
entre la votación popular y la votación electoral, provocando en por lo menos cuatro ocasiones, la paradójica
situación de presidentes que acceden a la presidencia por el voto electoral, a pesar de haber perdido el voto
popular: John Quincey Adams (1824), Rutheford Hays (1876), Benjamin Harrison (1888) y Donald Trump
(2017). Congressional Research Service. Library of Congress. The Constitution of the United States of America.
Analysis and Interpretation. US Government Printing Office. Washington. 2004. p. 1654
158
John Quincy Adams fue el primer Presidente sin mayoría del voto popular, que se inauguró en estas
elecciones. Sin embargo, la Cámara de Representantes lo nombró ganador de la elección, siendo el Senado
quien definió al vicepresidente. Esta condición la han tenido otros Presidentes: Rutheford B. Hayes (1876),
George.W. Bush (2000) y el nefasto Donald Trump (2018). Roger Matuz. The President´s Fact Book. Op. Cit.
p. 109

90
1836 – Martin Van Buren 159 170 (de 294) 764 176(50.83%)
William H. Harrison 73 550 816 (36.63%)
Hugh L. White 26 146 107 (9.72%)
Daniel Webster 14 41 201 (2.74%)
Willie Person Magnum 11 No conocido

1840 – William H. Harrison 234 (de 294) 1 275 390(52.88%)


Martin Van Buren 60 1 128 854 (46.81%)
James G. Birney Sin datos 6 797 (0.28%)

1841 – John Tyler 160 Sustituto de Harrison

1844 – James K. Polk 161 170 (de 275) 1 339 494 (49.54%)
Henry Clay 105 1 300 004 (48.08%)
James G. Birney Sin datos 62 103 (2.30%)

1848 – Zachary Taylor 163 (de 290) 1 361 393 (47.28%)


Lewis Cass 127 1 223 460(42.49%)
Martin Van Buren 0 291501 (10.12%)

1850 – Millard Filmore Presidente Sustituto

1852 – Franklin Pierce 254 1 607 510 (50.84%)


Winfield Scott 42 1 386 942 (43.87%)
John P. Hale 0 155 210 (4.91%)

1856 – James Buchanan 174 1 836 072 (45.28%)


John C. Fremont 114 1 342 345 (33.11%)
Millard Fillmore 8 873 053 (21.53%)

159
Despojó a la nación indígena de los Cherokees de sus tierras y los reubicó en territorio federal, creando así
las denominadas reservaciones. Cherokee Nation v. Georgia 30 US 1 (1831).
160
Considerado como esclavista e inepto para desempeñar la Presidencia, mereció el vituperio de sus
contemporáneos, sobre todo al final de su vida que mostró una clara tendencia secesionista.
161
Presidente mediocre que vio en el expansionismo territorial su legado político, por lo que promovió la
invasión de Estados Unidos a México. La guerra contra México legitimó a otros políticos de mediana estatura
para competir en elecciones presidenciales futuras: Zachary Taylor (1849-1850) y Franklin Pierce (1853-1857),
entre otros.

91
1860 – Abraham Lincoln 180 1 865 908 (39.82%)
John C. Breckendridge 72 84 8019 (18.09%)
John Bell 39 590 901 (12.61%)
Stephen A. Douglas 12 1 338 202 29.46%)162

1864 – Abraham Lincoln 163 212 2 218 388 (55.02%)164


George B. McClellan 21 1 842 807 (44.96%)

1865 – Andrew Johnson 165 Presidente sustituto

1868 – Ulysses S. Grant 214 3 013 650 (52.66%)


Horatio Seymour 80 2 708 744 (47.34%)

1872 – Ulysses S. Grant 286 3 598 235 (55.63%)


Horace Greely --- 166 2 834 761 (43.83%)
Charles O´Connor --- 186 020 (0.29%)

1876 – Rutheford B. Hayes 185 4 034 311 (47.95%)167


Samuel J. Tilden 184 4 288 546 (50.77%)
Peter Cooper ---- 75 973 (0.90%)

162
Como se aprecia en estos resultados, los votos electorales tienen más peso que el voto popular. Douglas
sostuvo interesantes debates durante la campaña presidencial con Lincoln que si bien fueron muy publicitados,
no lograron convencer a los electores, cuyo voto fue muy escaso.
163
Primer Presidente asesinado en el Teatro Ford, en Washington, el 15 de abril de 1865 por el actor John W.
Booth que le disparó a la cabeza, desde su espalda, en el palco donde estaba.
164
Los Estados Confederados con sus 80 votos electorales no votaron en esta elección y ayudaron a Lincoln a
ganar la elección
165
Único Presidente sometido a un juicio político por haber despedido al Secretario de Guerra, Edwin Stanton,
encargado de implementar las medidas de Reconstrucción, o intervención del gobierno federal en los Estados
del Sur, por haber perdido la Guerra Civil. Walter Stahr. Stanton. Lincoln´s War Secretary. Simon & Schuster.
New York. 2017. p. 513 y ss. El senador Edmund G. Ross fue el que salvó la votación de no culpabilidad para
el Presidente Johnson. Ningún Presidente ha sido removido del cargo por responsabilidad política, a pesar de
que sus acusaciones han sido graves: Richard Nixon, Bill Clinton y Donald Trump (acusado dos veces) han
salido exonerados de las sanciones políticas.
166
No recibió votos electorales porque murió poco después de la elección y sus votos fueron redistribuidos
entre los otros candidatos
167
Otro caso en el que el Presidente resultó ser Hayes, por una minúscula mayoría del voto electoral, pues 20
votos fueron asignados de parte de los Estados de Florida, Luisiana, Oregon y Carolina del Sur. El denominado
Compromiso de 1877, aseguró el triunfo para Hays con tres condiciones: las tropas federales dejarían de ocupar
los Estados sureños, que un político afiliado a Tilden serviría en el gabinete de Hayes y que se expediría un
subsidio para el ferrocarril que pasaría por Texas y llegaría al Pacífico.

92
1880 – James A. Garfield 168 214 4 446 158 (48.27%)
Winfield S. Hanckock 155 4 444 260 (48.25%)
James B. Weaver ----- 305 947 (3.32%)

1881 – Chester A. Arthur Presidente sustituto

1884 – Grover Cleveland 219 4 874 621 (48.50%)


James G. Blaine 182 4 848 936 (48.25%)
Benjamin F. Butler ---- 175 096 (1.79%)
John P. St. John ---- 147 482 (1.47%)

1888 – Benjamin Harrison 233 5 443 842 (47.82%)169


Grover Cleveland 168 5 534 488 (48.62%)
Clinton B. Fisk --- 249 813 (2.19%)
Alson J. Streeter --- 146 602 (1.29%)

1892 – Grover Cleveland 277 5 551 883 (46.05%)


Benjamin Harrison 145 5 179 244 (45.25%)
James B. Weaver 22 1 024 280 (8.50%)
John Bidwell --- 270 770 (2.25%)

1896 – William McKinley 271 7 108 480 (51.01%)


William J. Bryan 176 6 511 495 (46.73%)
John M. Palmer --- 133 435 (0.96%)
Joshua Levering --- 125 092 (0.90%)

1900 – William McKinley 170 292 7 218 039 (51.67%)


William J. Bryan 155 6 358 345 (45.51%)
John G. Wooley --- 209 004 (1.56%)
168
Segundo Presidente asesinado después de Lincoln, el 19 de septiembre de 1881, por un desempleado
trastornado mentalmente (narcisista esquizofrénico) de nombre Charles J. Guiteau, incondicional aspirante a
una posición consular en Paris, en una estación de ferrocarril en la ciudad de Washington, quien lo hirió con un
disparo en la espalda y otro en un brazo, que no eran necesariamente mortales, pero que la negligencia médica
en su tratamiento fue la causa de su fallecimiento (iatrogénesis). El caso de Guiteau motivó la implementación
del servicio civil de carrera, basado en méritos y no en recomendaciones, evitando la búsqueda, a veces
paranoica, de posiciones administrativas.
169
El voto electoral prevaleció una vez más sobre el popular.
170
McKinley fue asesinado en Buffalo, Nueva York, por el anarquista de ascendencia polaca Leon Czolgosz el
6 de septiembre de 1901.

93
Eugene V. Debs171 --- 86 935 (0.62%)

1904 – Theodore Roosevelt 336 7 626 593 (56.41%)


Alton Parker 140 5 082 898 (37.60%)
Eugene Debs --- 402 489 (2.98%)
Silan C. Swallow --- 258 596 (1.9%)

1908 – William H. Taft 321 7 676 258 (51.58%)


William Bryan 162 6 406 801 (43.05%)
Eugene Debs --- 420 380 (2.82%)
Eugene W. Chafin --- 252 821 (1.70%)

1912 – Woodrow Wilson 435 6 293 152 (41.84%)


Theodore Roosevelt 88 4 119 207 (27.39%)
William H Taft 8 3 486 333 (23.18%)
Eugene Debs --- 900 369 (5.99%)

1916 – Woodrow Wilson 277 9 126 300 (49.24%)


Charles E. Hughes 254 8 546 789 (46.11%)
Allan L. Benson ---- 589 924 (3.18%)
J. Frank Hanly ---- 221 030 (1.19%)

1920 – Warren G. Harding 404 16 133 314 (60.30%)


James M Cox 127 9 140 884 (34.17%)
Eugene Debs --- 915 000 (6.00%)
Parle Christensen --- 264 540 (0.94%)

1924 – Calvin Coolidge 324 15 717 553 (54.06%)


John W. Davis 136 8 386 169 (28.84%)
Robert LaFollete 13 4 814 050 (16.56%)
Herman P. Faris --- 54 833 (0.19%)

171
Debs fue un candidato socialista que se presentó en cinco ocasiones para competir por la Presidencia. En la
última ocasión, durante las elecciones de 1920, lo hizo desde la cárcel, pues había sido acusado de sedición,
siendo la primera ocasión en que un candidato presidencial se presenta en reclusión. Obtuvo 915,000 votos en
las urnas, constituyendo un 6% de la votación.

94
1928 – Herbert Hoover 444 21 411 991 (58.20%)
Alfred E. Smith 87 15 000 185 (40.77%)
Norman M. Thomas ---- 266 453 (0.72%)
William Z. Foster --- 48 170 (0.13%)

1932 – Franklin D. Roosevelt 472 22 825 016 (57.42%)


Herbert Hoover 59 15 758 397 (39.64%)
Norman M. Thomas --- 883 990 (2.22%)
William Z. Foster --- 102 221 (0.26%)

1936 – Franklin D. Roosevelt 523 27 747 636 (60.79%)


Alfred M. Landon 8 16 679 543 (36.54%)
William Linke --- 892 492 (1.96%)
Norman M. Thomas --- 187 785 (0.41%)

1940 – Franklin D. Roosevelt 449 27 263 448 (54.70%)


Wendell Wilkie 82 22 336 260 (44.82%)
Norman M. Thomas --- 116 827 (0.23%)
Roger B. Babson --- 56 685 (0.12%)

1944 – Franklin D. Roosevelt 432 25 611 936 (53.39%)


Thomas Dewey 99 22 013 372 (45.89%)
Norman M. Thomas --- 79 000 (0.16%)
Claude Awatson --- 74 733 (0.16%)

1948 – Harry S. Truman 303 24 105 587 (49.51%)


Thomas Dewey 189 21 970 017 (45.12%)
J. Strom Thurmod 39 1 169 134 (2.40%)
Henry A. Wallace --- 1 157 057 (2.38%)

1952 – Dwight Eisenhower 442 33 936 137 (55.13%)


Adlai Stevenson 89 27 314 649 (44.38%)
Vincent Hallinan --- 140 416 (0.23%)
Stuart Hamblen --- 73 413 (0.12%)

95
1956 – Dwight Eisenhower 457 35 585 245 (57.37%)
Adlai Stevenson 73 26 030 172 (41.97%)
T. Coleman Andrews --- 108 055 (0.17%)
Eric Hass --- 44 300 (0.07%)

1960 – John F. Kennedy 303 34 221 344 (49.72%)


Richard M. Nixon 219 34 106 671 (49.55%)
Eric Hass --- 47 522 (0.07%)

1964 – Lyndon B. Johnson 486 43 126 584 (61.05%)


Barry M. Goldwater 52 27 177 838 (38.47%)
Eric Hass --- 45 187 (0.06%)
Clifton DeBerry --- 32 701 (0.05%)

1968 – Richard M. Nixon 301 31 785 148 (43.42%)


Hubert Humphrey 191 31 274 503 (42,72%)
George C. Wallace 46 9 901 151 (13.53%)
Hennin A. Blumen --- 52 591 (0.07%)

1972 – Richard M. Nixon 172 520 47 170 179 (60.69%)


George McGovern 17 29 171 791 (37.53%)
John G. Schmitz --- 1 090 673 (1.40%)
Benjamin Spock --- 78 751 (0.10%)

1974 – Gerald Ford Presidente sustituto

1976 – Jimmy Carter 297 40 830 783 (50.1%)


Gerald R. Ford 240 39 147 793 (48%)
Eugene McCarthy --- 758 691 (0.9%)
Roger McBride --- 173 011 (0.2%)

1980 – Ronald Reagan 483 43 904 153 (50.7%)

172
Renunció a la Presidencia forzado por las acusaciones derivadas del espionaje político que promovió
(Watergate), antes de que iniciaran su acusación de juicio político. Su vicepresidente, Gerald Ford, le otorgó un
indulto o perdón anticipado, para evitar que se iniciara el juicio de responsabilidad. A consecuencia de estos
escándalos, Ford perdió las elecciones que convocó en 1976.

96
Jimmy Carter 49 35 483 883 (41%)
John B Anderson 0 5 720 060 (6.6%)
Ed Clark --- 921 299 (1.1%)

1984 – Ronald Reagan 525 54 455 074 (58.77%)


Walter Mondale 13 37 577 137 (40.56%)
David Bergland --- 228 314 (0.25%)
Lyndon H. LaRouche --- 78 807 (0.08%)

1988 – George H. W. Bush 426 46 886 097


Michael Dukakis 111 41 809 074

1992 – Bill Clinton 173 370 44 908 233


George H. W. Bush 168 39 102 282
Ross Perot 0 19 221 433

1996 – Bill Clinton 379 45 590 703


Robert Dole 159 37 816 307
Ross Perot 0 19 221 433

2000 – George W. Bush 174 271 50 456 167


Albert Gore 266 50 996 064

2004 – George W. Bush 286 62 040 610


John F. Kerry 251 59 028 444

173
Acusado de acoso sexual en la Casa Blanca, fue cuestionado por la falsedad en declaraciones oficiales en
que incurrió ante una Comisión del Congreso. Donald Trump fue posteriormente denunciado en 26 ocasiones
de haber cometido este delito, pero acalló las acusaciones comprando el silencio de las víctimas, además
conjuntó dos juicios políticos que fueron sofocados por los republicanos en el Congreso y enfrentó más de mil
demandas civiles por diversos conceptos.
174
El cómputo de la votación popular fue complicado debido a que la boleta diseñada en Florida inducía a
confusión, por lo que el proceso de recuento de votación fue dilatado y, finalmente, no se verificó. El resultado
tuvo que ser objeto de una decisión de la Suprema Corte, por vez primera, en Bush v. Gore 531 US 98 (2000),
en la cual se determinó que no se contarían los votos de determinados condados, ante la imposibilidad de
cumplir con la fecha límite prevista en la ley del Estado. No obstante, la votación popular a favor de Al Gore le
favorecía y los votos electorales no reflejaron una votación completa en el Estado.

97
98
2008 – Barack Obama 365 66 882 230
John S. McCain 173 58 343 671

2012 – Barack Obama 332 65 915 795


Mitt Romney 206 60 933 504

2017 – Donald Trump 304 62 984 828


175
Hillary Clinton 227 65 853 514

2021 - Joseph Biden 176 306 81 268 924


177
Donald Trump 232 74 216 154

No obstante que el principio ya establecido es que los electores sean designados


por cada Estado, la forma en que se eligen va de conformidad con sus reglas
propias, para complicar aún más este sistema imperfecto. Hasta el 2016, hay 33
Estados que escogen a los electores de acuerdo a convenciones de partidos,
mientras que 7 Estados y el Distrito de Columbia (ciudad de Washington)
seleccionan a sus electores mediante comités estatales de partidos y, finalmente,
10 Estados nombran a los electores por designación del Gobernador o presidente
estatal del partido correspondiente.
Según la doctrina actual existente sobre el Colegio Electoral, sostiene que pretende
la igualdad entre Estados chicos, poco poblados y representados en su votación
popular, con los Estados grandes, más poblados y con mayor número de

175
Primera candidata mujer a la Presidencia de Estados Unidos. Fue derrotada aunque obtuvo casi tres millones
más de votación popular.
176
Biden derrotó los deseos de reelección de Donald Trump, quien fue el quinto Presidente que falló en su
reelección durante los últimos 100 años. La votación popular recibida por Biden sobrepasó los 81 millones de
votos, que fueron un récord de la votación popular.
177
Trump hizo todo lo posible por invalidar el triunfo de Biden. En el ámbito jurídico, intentó varias demandas
para hacerlo y todas fueron desestimadas; como ejemplo tenemos Bognet v. Bootckvar del Juzgado de Distrito
de Pennsylvania (2020), impugnando las boletas recibidas por correo, Barnett v. Lawrence con la misma Litis
que el anterior caso, Trump v. Philadelphia County Board of Election 983/2020, quejándose por falta de acceso
a observadores del Partido Republicano en el proceso electoral, Pirkle v. Wolf (2020) recuento de votos ilegales,
según testigos de oídas. Además, Trump presentó quejas por la recepción de boletas recibidas por correo, que
está permitido, sin la debida observación de miembros de su partido, porque no los había o porque estaban a
una distancia de seis metros y, finalmente, se impugnaron todas las boletas por correo que llegaron tres días
después de la fecha límite para recibirlas, que era el 3 de noviembre, las demandas con esta causal fueron
desestimadas porque, si bien habían llegado tardíamente las boletas, tenían el sello postal de “3 de noviembre
de 2021”. A las anteriores demandas temerarias y sin fundamento, Trump impugnó quince mil votos de votantes
que supuestamente no vivían en el Estado de Nevada, pero no aportó ninguna prueba, por lo que fueron
desechadas. Sin ningún elemento de convicción, Trump también alegó que se había permitido el voto de
personas ya fallecidas. En el condado de Chatham en el Estado de Georgia alegó que una persona había
introducido 50 boletas ilegalmente, pero no aclaró el tiempo, modo o lugar de su dicho, por lo que se desechó

99
representantes populares, equilibrando los electores en un colegio donde los
números no son absolutos.
La contienda electoral es predecible en cuanto a sus resultados y, en la elección
verificada en 2021, no fue necesario esperar las fechas previstas para formalizar al
ganador en las elecciones presidenciales, pues los medios y los cálculos de
votaciones se anticiparon incluso a la reunión del Colegio Electoral el 14 de
diciembre de 2020 y su declaración del candidato electo hasta el 23 de diciembre
del mismo año, lo que provocó la suspicacia del candidato perdedor y de algunos
jefes de Estado, como el de México, que en contraste con el resto del mundo, se
anticipó para congratular a Joe Biden como nuevo Presidente de los Estados
Unidos.
En este sentido, Trump no dejó de impugnar los resultados obvios de la elección y,
además de descalificar mediáticamente los resultados, diseñando una estrategia
litigiosa para impugnar los resultados a favor de Biden. Al estilo conocido en México,
se adelantó antes de los resultados definitivos de la elección en 2021, a denunciar
fraudes sin demostrarlos y a prejuzgarlos manifestado el no reconocimiento de su
resultado.
Los cuestionamientos sobre el Colegio Electoral han provocado múltiples
propuestas de cambio, desechando este sistema. Por ejemplo, en el XCI Congreso
(1969-1971), la Cámara de Diputados aprobó la Resolución 681, donde se
consultaba la elección directa del Presidente y Vicepresidente, requiriendo una
elección extraordinaria en caso de que un candidato no recibiera al menos el 40%
de la votación popular. La iniciativa fue aprobada por dicha Cámara, pero el Senado
la bloqueó.
A pesar del apoyo por el status quo, conservando el Colegio Electoral y la aparente
dificultad de imprimir y distribuir más de 130 millones de boletas, la opinión muestra
una mayoría por la elección popular, en un 65% según el Atlantic Survey (PRIIP),
ratificada por un 55% el Pew Survey en Marzo de 2018. 178 Igualmente, la American
Bar Association, el órgano profesional de la abogacía en los Estados Unidos, desde
1980, ha propuesto la elección directa presidencial con un 67% de opinión favorable.
No obstante, los constituyentes estadounidenses temieron que al implantar la
elección directa, pudiera llegar a la Presidencia un populista impulsado por lo que
calificaron un “democratic mob” o “mafia democrática”, que sin capacidad y sin ética,
gobernara al país. No obstante, se equivocaron en su diseño constitucional, porque
en el 2017 llegó Donald Trump a gobernar ese país, con la elección indirecta del
presidente de los Estados Unidos.

Las razones que tuvieron en mente los constituyentes estadounidenses, pueden


resumirse en las siguientes razones:
1. El pueblo es incapaz de conocer la trayectoria y los méritos de todos y cada
uno de los candidatos a puestos de elección popular

178
Robert J. Allison & Bernard Bailyn. The essential debate in the Constitution: Federalist and Antifederalist
Speeches and Writings. Library of America. 2018.

100
2. Los Estados del Sur, con tendencias a proteger la esclavitud, no tendrían
influencia en un Colegio Electoral, por el número disminuido de sus electores
3. Los Estados menos poblados tendrían menos electores y los del norte del
país, podrían contar con mayor número de influencia electoral
4. La elección directa podría crear Presidentes populistas, con gran poder y sin
contrapeso

101
XIII. El sistema semi-presidencial

Hubert Beuve-Méry escribió en un artículo periodístico que, ante los sistemas


presidencial y parlamentario, había una serie de formas intermedias que no se
adecuaban a los dos paradigmas tradicionales, con el ejemplo de gobierno francés
de la V República, instaurada a través de su Constitución expedida el 4 de octubre
de 1958, al cual denominó régimen semi-presidencial; por la coexistencia de un
presidente con un primer ministro.179

La combinación de un jefe de Estado y otro de gobierno fue ensayado anteriormente


en la Constitución de Weimer en 1919; sin embargo, es la forma de gobierno más
nueva. Maurice Duverger ha resumido las características de este sistema de la
siguiente manera:

El presidente es electo por sufragio universal de la población

Posee plenitud de poderes

Comparte su poder con un primer ministro electo por la Asamblea


Legislativa

Las ventajas del sistema semi-presidencial eran que el Presidente era electo por
votación directa popular, lo cual destaca con la elección indirecta de la Presidencia
de los Estados Unidos. El Presidente está dotado con suficientes poderes y,
además, está respaldado o supervisado por un primer ministro con facultades
ejecutivas, que cuentan con la confianza de la Asambleas legislativa.

La armonización del Presidente con el primer ministro hace posible la conjunción


del gobierno con el Parlamento.

179
Le Monde. 8 de enero de 1959. También Maurice Duverger lo denominó así, algunos años después en su obra
Échec au Roi 1978. Albin Michel. Duverger amplió su explicación del régimen francés en su artículo “A new political
system model: Semi-presidential government”. European Journal of Political Research. Núm. 8. 1980. p. 165-187

102
53
52
Proyecto fallido de Enmienda para instaurar el voto directo en las elecciones
de senadores.

103
CAPÍTULO QUINTO
LA PRESIDENCIA EN MÉXICO

XIV. Inicios constitucionales


El Plan de Iguala, adoptado el 24 de febrero de 1821, dio independencia a nuestro
país y previó la instauración de un Congreso Constituyente o “Cortes”, en su artículo
5o. La condición que Iturbide sometió en este Plan no permite considerarlo como
acto fundante de la Independencia de nuestro país, pues sometió la existencia de
una Junta Gubernativa, como órgano de gobierno interino mientras Fernando VII
aceptara gobernar a México (Artículo 7º.), por lo que continuaría así la dependencia
de nuestro país a España.
En cuanto al Poder Ejecutivo, en este primer plan, proclamado por Iturbide, previó
una línea de sucesión en la forma monárquica que insistía en sostener a la “casa
reinante de España”, para no cortar nuestra dependencia con la península.180 En
tanto se reunían las Cortes o el Congreso, habría una Junta Gubernativa, llamada
también Regencia, la cual gobernaría a la Nación, “en su nombre”. 181
Destaca la disposición del Plan de Iguala, en su artículo 12, el principio de igualdad
ante la ley que inspiraba la nueva Nación: “Todos los habitantes de la Nueva
España, sin distinción alguna de europeos, africanos ni indios, son ciudadanos de
esta monarquía, con opción a todo empleo, según su mérito y virtudes”.
Cabe recordar que este principio arrancaba desde los Sentimientos de la Nación
que, como proemio leyó José María Morelos, a la apertura del Congreso de
Apatzingán, el 14 de septiembre de 1813; en el artículo 13 de ese documento
constitucional se dijo: “Que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción
de cuerpos privilegiados, y que éstos sólo lo sean en cuanto el uso de su ministerio”.
182

Los posteriores Tratados de Córdoba (24 de agosto de 1821) cambiaron la línea de


sucesión del gobernante en México, para incluir al final a uno designado por el
Congreso de México (Cortes), en lugar de algún integrante de la casa reinante de
España. Los tratados de Córdoba cambiaron la tónica de México como nuevo país,
partiendo de su carácter independiente.

180
El artículo 4º. del plan de Iguala consignaba la invitación a Fernando VII a reinar en nuestro país, pero seguía
la lista de candidatos con el infante Carlos, hermano del Rey, Francisco de Paula y, por último, el infante
archiduque Carlos Luis.
181
La Regencia estaba integrada por José Isidro Yáñez, Miguel Valentín, el Conde de la Casa de Heras, Nicolás
Bravo y José Manuel de Herrera.
182
José María Soberanes Díaz. “El principio de igualdad en los Sentimientos de la Nación”. Los sentimientos
de la Nación de Morelos en Tlaxcala. UNAM-UAT. 2014. p. 46

104
Los Tratados de Córdoba fueron notificados al Rey de España por disposición del
último jefe político superior Juan de O’Donojú.183 Las Cortes españolas se
encargaron de declararlos nulas el 13 y 14 de febrero de 1822; no obstante ello, la
vida política de México continuaría su desarrollo y el primer órgano de gobierno del
país independiente, junto con el Acta de Independencia, aprobada el
22 de septiembre de 1821, se formó la Junta Provisional Gubernativa con una
treintena de las personas más relevantes de la época y presidida por Agustín de
Iturbide, seguido por Antonio, Obispo de Puebla, y Juan de O’Donojú en tercer lugar,
siguiendo el esquema del Estatuto de Bayona hacia 1808.
El artículo 14 de los Tratados de Córdoba depositó el Poder Ejecutivo en la
Regencia y el legislativo en las “Cortes” o Congreso. Acto seguido, la Regencia
nombró a Iturbide Emperador de México el 21 de mayo de 1822.
Las Cortes presididas por Francisco
García Canterines y desempeñándose como secretarios los diputados Francisco
María Lombardo y José Ignacio Gutiérrez certificaron el nombramiento.
Los problemas causados por Iturbide en el Congreso Constituyente, que clausuró
el 31 de octubre de 1821 con quien disputaba la autoridad política, provocó la
abdicación del Emperador el 20 de marzo de 1823. El escrito de abdicación
presentado por José Cecilio del Valle, el primer Secretario de Relaciones de origen
hondureño, hizo una defensa de los méritos de Iturbide ante el Congreso
Constituyente. 184
Sin embargo, el Congreso consideró el 8 de abril de 1823 que el título de Emperador
había sido obtenido mediante el uso de la violencia, por lo que lo declaró nulo, y no
procedía discutir la abdicación.
Posteriormente se nombra a un Ejecutivo colegiado de tres miembros,
denominándolo: Supremo Poder Ejecutivo, el 31 de marzo de 1823. En dicha
183
Juan José Rafael Teodomiro de O’Donojú y O’Ryan (1762-1821), nacido en Sevilla, pero de indudable
ascendencia irlandesa, fungió como jefe político por nombramiento de Fernando VII, del 21 de julio al 28 de
setiembre de 1821, fecha de su deceso. Cumplió con su gran destino de aceptar la independencia de nuestro
país y, por lo tanto, merece el reconocimiento nacional. Al llegar a Veracruz dictó una proclama invitando a
conferenciar a Iturbide en la villa de Córdoba el 23 de agosto de 1821. La iniciativa independentista de
O’Donojú (O’Donohue) enfrentó la oposición del último virrey, hasta entonces, Juan Ruiz de Apodaca, 1er.
Conde del Venadito y de su testaferro Francisco Novella, quien se ostentó como virrey en funciones, todos ellos
vencidos por Vicente Guerrero, consumando así la independencia. O’Donojú era Capitán General de Andalucía
y las Cortes de España lo nombraron gobernador y capitán general de la Nueva España. Ruiz de Apodaca había
sido declarado inepto para controlar la situación de la Nueva España y fue depuesto el 5 de julio de 1821, por
lo que Novella vio la oportunidad de usurpar el poder, en consideración de O’Donojú, quien al llegar a Veracruz
el 31 de julio de 1821 y basándose en el Derecho de las Naciones y en su experiencia derivada de la lucha contra
los franceses en 1808, consideró que la independencia de la Nueva España era indefectible, manifestando que
“nosotros mismos (los españoles) hemos experimentado lo que sabe hacer un pueblo que quiere ser libre”.
Convencido de lo anterior, O’Donojú dicta en Tacubaya una proclama reconociendo la Independencia el 16 de
septiembre de 1821 y dando por concluidas las hostilidades. Un mes después moriría O’Donojú de pleuresía en
la ciudad de México. Jaime Delgado. “La misión en México de Juan de O’Donojú”. Revista de Indias. Volumen
no. 9. Números 35-36 (1949). Madrid.
184
En el punto segundo de su escrito manifestó: “Que admitió (Iturbide) la Corona, hacienda el más costoso de
los sacrificios… exponiendo vida, honor, familia y fortuna”

105
categoría se determinó que el Poder Ejecutivo estaría integrado colegiadamente por
tres miembros, quienes se alternarían en la presidencia cada mes.
En esa fecha se designó a Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria y Pedro Celestino
Negrete como integrantes del Supremo Poder Ejecutivo. Ante la ausencia de Bravo
y Victoria, tomaron posesión como suplentes José Mariano Michelena y José Miguel
Domínguez. Para el despacho de los negocios administrativos, se instauró en esa
fecha un solo Secretario, que lo fue José Ignacio García Ilueca.
Para el 11 de mayo de 1823, se reorganizó la administración pública con Lucas
Alamán como Secretario de Relaciones Exteriores, Francisco Arrillaga, Secretario
de Hacienda, Pedro de la Llave en la cartera de Justicia y García Ilueca, como
Secretario de Guerra.
El insurgente Vicente Guerrero Saldaña se designó miembro suplente del poder
ejecutivo, el 16 de mayo de 1823. Para el 7 de noviembre del mismo año, el
Supremo Poder Ejecutivo se integró con José Miguel Domínguez, Vicente Guerrero
y José Mariano Michelena.
El artículo 4º. del Plan estableció la integración del Supremo Poder Ejecutivo,
dejando posteriormente la decisión de otras cuestiones fundamentales, como la
adopción de la forma Republicana de Gobierno, el 12 de junio de 1823. El proyecto
del Acta Constitutiva comenzó con la discusión del artículo 16 que establecía el
Ejecutivo depositado en una sola persona en la sesión del 2 de enero de 1824.
Los diputados Bustamante, Juan José Romero y José Ignacio Espinosa apoyaron
el proyecto de Ejecutivo unitario, mientras que Manuel Crescencio Rejón, José
Mariano Marín, Juan Rodríguez y Juan Bautista Morales se opusieron. Bajo las
palabras de Juan Rodríguez: “La libertad peligra bajo el gobierno de un solo
hombre”. La votación mostró el rechazo hacia un solo individuo, por 42 votos en
contra de 25.
Sin embargo, el proyecto se presentó nuevamente el 19 de enero de 1824 por
Miguel Ramos Arizpe, en esta ocasión con un solo titular, pero con un Consejo de
Gobierno. No obstante, el voto en contra persistió de parte de Manuel Crescencio
Rejón, Miguel Guridi y Alcocer, así como Demetrio del Castillo.
Del Castillo había hecho pública su propuesta de un presidente, acompañado por
un Vicepresidente y un tercer integrante, llamado “presidente designado”. Esta
colegialidad permitiría, en su opinión, el libre desempeño del titular único, con la
ventaja de ser supervisado por los otros dos miembros del Poder Ejecutivo,
ejerciendo sus funciones con el consenso de los otros. Al final, el designado
sucedería al presidente sin provocar elecciones disputadas en el momento, pues ya
había sido electo cuatro años atrás.
En el desarrollo de esta discusión, Juan de Dios Cañedo, de Jalisco, propuso la
titularidad única del Ejecutivo, ante la insistencia de colegialidad por parte de Rejón
y Morales. El debate inició el 20 de enero de 1824 sin una determinación final, por
lo que Fray Servando Teresa de Mier propuso que esta cuestión se definiera en la

106
Constitución que se aprobaría el mismo año, pero con posterioridad; medida que
facilitó la moderación y mayor reflexión sobre tan importante decisión. 185
De esta manera, las posturas sobre la integración del Ejecutivo ya estaban
expuestas, aunque la experiencia de un Ejecutivo Colegiado llevaba la delantera,
tanto en la posición dividida del Congreso Constituyente que, a través del Acta
Constitutiva, ya había sostenido sus ventajas, como la experiencia del gobierno del
país del 1º. de mayo de 1823 hasta el 10 de octubre de 1824, época fundamental
en la creación de las instituciones de nuestro país.
De esta manera, la presidencia colegiada de México tuvo los siguientes titulares en
el período referido:

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Período Presidencial Integrantes
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1º. de abril al 1º. de mayo de 1823 Pedro Celestino Negrete (Presidente)
Mariano Michelena, Miguel Domínguez

1º. de mayo al 2 de julio de 1823 Negrete (Presidente), Michelena,


Nicolás Bravo

2 de julio de 1823 al 1º. de febrero de 1824 Michelena (Presidente), Domínguez y


Vicente Guerrero

2 de febrero a julio de 1824 Domínguez (presidente), Guerrero,


Bravo

Julio a agosto de 1824 Domínguez (presidente), Guerrero,


Guadalupe Victoria

185
José Barragán. “Debate sobre la creación de un Poder Ejecutivo Colegiado en la Constitución de 1824”.
Temas actuales del Derecho. El Derecho en la Globalización. 40 años de vida académica.
http:ru.jurídicas.unam.mx:80/xmlui/handle/123456789/35485 (Biblioteca Virtual). 2015. p. 3-15

107
Agosto de 1824 Victoria (se ausentó),
Domínguez (suplió), Guerrero, Bravo

Agosto al 10 de octubre de 1824 Guerrero (presidente), Bravo,


Victoria

Del anterior cuadro, la sucesión del triunvirato obedecía a un orden racional que
evitaba confrontaciones, pues los tres individuos co-gobernaban y la presidencia
tenía una sucesión escalonada, generalmente, quien ocupaba el segundo puesto,
presidía en el siguiente período. De esta manera, todos los miembros del triunvirato
llegarían a presidir el Poder Ejecutivo.
Los períodos presidenciales eran cortos, de un mes a siete, por las necesidades del
país en una gran inestabilidad; sin embargo, es de suponerse que los asuntos
públicos se tomaban con la confianza de un consenso que sólo la colegialidad sería
capaz de lograr y que la presidencia implementaba las políticas asumidas por el
poder ejecutivo o tomaría las decisiones más urgentes.

108
109
XV. El gobierno presidencial en la Primera República Federal

La Constitución del 4 de octubre de 1824 fue un gran ejemplo para la República


Federal, de haber continuado su vigencia, nuestro país hubiera prosperado desde
su etapa inicial. La elección de los presidentes unitarios en México estuvo basada
en la selección por parte de los Estados, a través de sus Legislaturas, de dos
candidatos propuestos: uno de popularidad en el propio Estado, digamos local, y el
segundo de reconocimiento hacia otro candidato no residente en el Estado en
cuestión, con presencia nacional.
Esta forma piramidal invertida de elección, conjugaba la representatividad regional
con la nacional, en un procedimiento federalista incluyente. Los votos para elegir al
presidente resultaban indirectos, con plena ponderación de parte de las Legislaturas
de los Estados, quizá sin populismos, ni despliegues de campañas que, en la época
no eran viables, dada la inmensidad del territorio nacional. Si bien los cacicazgos
locales podrían influir en algunas regiones, tendrían que pasar por el tamiz estatal,
cuya influencia podía palidecer, y seguro no traspasaba al ámbito nacional. Este
peligro estuvo presente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, pero no durante
la primera República federal.
En el período, el sistema dio paso a una elección presidencial ponderada y exitosa:
la de Guadalupe Victoria, primer presidente de México. A continuación, damos un
cuadro sinóptico de los presidentes de esta época (1824-1835):

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Presidente Período Elección

Guadalupe Victoria186 10 octubre 1824 30 votos electorales


31 marzo 1829
Nicolás Bravo 187 (Primer Vicepresidente) 8 votos electorales

186
Victoria tomó posesión del cargo el 10 de octubre de 1824, en el momento de la promulgación de la
Constitución del mismo año, comenzando su función como primer Presidente de México el 1º. de abril de 1825.
Votaron a favor 17 Estados el 1º. de octubre de 1824 y, al día siguiente, el 2 de octubre, fue declarado Presidente
de México. Después de su desempeño como Presidente, fue electo senador en 1833, donde mantuvo una gran
participación, llegando a ser presidente de la Cámara.
187
Debido a la rebelión de Nicolás Bravo formalizada en el Plan de Montaño contra el Presidente Victoria
provocado por las luchas entre las logias escocesas y yorkinas sobre la expulsión de los españoles, Bravo fue
responsabilizado de sus acciones como vicepresidente y enviado en exilio a Guayaquil. Pero primero, Bravo

110
Vicente Guerrero 1º. abril 1829 8 votos electorales
18 diciembre 1829 (primera ronda)
15 votos electorales 188
(segunda ronda)
Anastasio Bustamante Vicepresidente
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

José María Bocanegra 18 diciembre 1829 16 votos electorales


24 diciembre 1829
Ignacio López Rayón 1 voto electoral

Presidencia colegiada
Junta
Pedro Vélez, Lucas Alamán diciembre de 1829
y Luis Quintanar

Titularidad única del Presidente


Anastasio Bustamante 1º. enero 1830
14 agosto 1832

debió de haber sido declarado incapaz de ejercer la función de vicepresidente, por su rebelión contra el
Presidente Victoria.
188
Mario Ramírez Roncaño. “Estadísticas electorales presidenciales”. Revista Mexicana de Sociología.
Volumen 39. Número 1. Enero-marzo 1977. p. 274. Guerrero fue el primer Presidente en solicitar al Congreso
el uso de facultades extraordinarias el 16 de diciembre de 1829, a pesar de haber declarado lo nocivo del uso
de estas facultades. Ricardo Covarrubias. Los 67 Gobernantes del México Independiente. Publicaciones del
Partido Revolucionario Institucional. México. 1968. Juana Vázquez Gómez. Prontuario de Gobernantes de
México 1325-1976. Edición de la Autora. 1976.

111
Manuel Gómez Pedraza 24 diciembre 1832
1º. abril 1833

Valentín Gómez Farías 1º. abril 1833


16 mayo 1833

Antonio López de Santa Anna 16 mayo 1833


3 junio 1833

Valentín Gómez Farías 3 junio 1833


18 junio 1833

Antonio López de Santa Anna 18 junio 1833


5 julio 1833

Valentín Gómez Farías 5 julio 1833


27 octubre 1833

Antonio López de Santa Anna 27 octubre 1833


16 diciembre de 1833

Valentín Gómez Farías 16 diciembre de 1833


24 abril 1834

Antonio López de Santa Anna 24 abril 1834


27 enero 1835

112
Poco después de la brillante presidencia de Guadalupe Victoria (1824-1828), los
procesos electorales para elegir a los presidentes de México presentaron muchos
problemas motivados por la lucha de facciones. Sin embargo, habrá que reconocer
los indudables méritos del primer Presidente de México. Logró el reconocimiento de
México por la Gran Bretaña, Centroamérica, la Gran Colombia (Colombia,
Venezuela y Ecuador) y los Estados Unidos. Implementó el Tratado Adams-Onís
(1819) que definió la frontera con ese país, con base en las negociaciones previas
del plenipotenciario de España. Finalmente, hizo la primera declaración formal de
libertad de esclavos por parte del gobierno de México el 16 de septiembre de 1825,
prosiguiendo con la cadena de declaraciones de los líderes insurgentes.

La Constitución de 1824 contenía un ideario más allá de las condiciones alarmantes


del país: establecía un sistema federal adaptado de otras latitudes, determinó la
presidencia de la República, gobernada por una sola persona, aunque auxiliada por
un consejo de gobierno y depositó el poder judicial en una suprema corte, integrada
por magistrados, producto de una elección refinada. Todo ello sometido a reglas
que afianzaban el sistema federal donde las legislaturas y los Estados participaban
con voz igualitaria en la configuración de los poderes.

Para la elección del presidente, autorizaba a las Legislaturas de los Estados que
seleccionaran dos candidatos viables, con la condición de que uno de ellos fuera
originario del mismo Estado y el otro se seleccionara de entre los mejores hombres
del resto del país.

En 1828 correspondería designar a un nuevo presidente para el siguiente cuatrienio


de 1828-1832; entonces las facciones y ambiciones que ya afloraban a la debacle
del primer Imperio estallaron con singular fuerza y los candidatos presentados
contendieron ferozmente en 1828: Vicente Guerrero Saldaña y Manuel Gómez
Pedraza.

Estas dos opciones representan bandos distintos no sólo en ideología, sino en


condición social. Guerrero provenía de una familia modesta, que había luchado en
la Insurgencia con gran arrojo y gozaba de simpatía entre las comunidades
indígenas del país, que eran las más, mientras que Gómez Pedraza era criollo
descendiente de hacendados que había participado en la captura de José María
Morelos y había sido igualmente partidario de Agustín de Iturbide.

En consecuencia, eran dos candidatos diametralmente opuestos. No obstante, en


las elecciones verificadas el 10 de septiembre de 1828, los votos reunidos a favor
de Gómez Pedraza, quien fungía como Secretario de Guerra en la administración
de Guadalupe Victoria, y de Vicente Guerrero lograron un empate en la votación de

113
las Legislaturas estatales. Los sectores desprotegidos de la sociedad mexicana no
habían alcanzado la votación necesaria para hacer triunfar al candidato insurgente.

Los datos de la elección se recaban de la obra de México a través de los Siglos. La


votación se registra en la sesión del Congreso el 6 de enero de 1829,189 de la
siguiente manera:

Por Vicente Guerrero votaron en primera instancia Tamaulipas, Yucatán,


Sonora, Chihuahua, Tabasco, San Luis Potosí, México y Michoacán (8 votos
electorales en total). Por otra parte, Gómez Pedraza recibió los igualmente
ocho votos de parte de las legislaturas de Chiapas, Zacatecas, Oaxaca,
Querétaro, Jalisco, Veracruz, Nuevo León y Guanajuato, que sumaron igual
número de votos que Guerrero. El Estado de Coahuila votó por un candidato
de apellido Lazcano. Durango no votó. Las legislaturas habían enviado su
voto al Presidente del Consejo de Gobierno el 2 de enero y Antonio López de
Santa Anna comienza su carrera de sublevación el 7 de septiembre de 1828,
aún antes de la celebración de la elección, levantándose en Veracruz y
organizando la revuelta de la Acordada.

El insólito caso de empate en la votación presidencial en México, no estaba


contemplado en la Constitución de 1824, 190 enturbiando la situación se agregaron
las revueltas de Santa Anna,191 por lo que el Congreso tuvo que sortear la situación
conforme al artículo 86 192 que permitía la elección del Presidente por votación
directa del Congreso, aunque también podría haber aplicado el supuesto de que
ningún candidato había obtenido la mayoría absoluta de la votación y organizar una
elección extraordinaria.

Para ello, el mismo Congreso calificó de insubsistentes los resultados de la elección


verificada y, el 12 de enero de 1829, calificó como procedente una diferente votación
de las legislaturas, dando el triunfo a Vicente Guerrero con 9 votos de las
legislaturas de Chihuahua, Coahuila y Texas, México, Michoacán, San Luis Potosí,

189
La sesión del Congreso se encuentra registrada en la obra de Juan A. Mateos: Historia Parlamentaria de los
Congresos Mexicanos. Tomo VI. Imprenta Villada. 1882. Lo anterior debido a que la publicación del Diario de
Debates no comenzó sino hasta 1867, con el restablecimiento de la República.
190
Mario Ramírez Roncaño. “Estadísticas electorales presidenciales”. Revista Mexicana de Sociología.
Volumen 39. Número 1. Enero – marzo 1977. P. 274
191
La Legislatura de Querétaro propuso aplicar la pena de muerte por la grave ofensa de Sana Anna de interferir
en las elecciones presidenciales el 16 de septiembre de 1828. La legislatura de Michoacán también reprobó la
acción de Santa Anna el 10 de octubre de 1828.
192
“Si ninguno (de los candidatos presidenciales) hubiere reunido la mayoría absoluta de los votos de las
legislaturas, la cámara de diputados elegirá al presidente y vicepresidente, escogiendo en cada elección uno de
los dos que tuvieren mayor número de sufragios”. Colección de Constituciones de los Estados Unidos
Mexicanos. Tomo I. Imprenta de Galván a cargo de Mariano Arévalo. México. 1828. Tomo I. p. 63

114
Estado de Occidente, Tabasco, Tamaulipas y Yucatán; mientras que otorgó una
votación menor para otros candidatos como Melchor Múzquiz (Chihuahua y Puebla),
Ignacio López Rayón (Veracruz y Oaxaca) y Juan Ignacio Godoy (Zacatecas y
Querétaro). Otros candidatos sólo recibieron un voto: Anastasio Bustamante (Nuevo
León), Cortázar (Guanajuato) y Valentín Gómez Farías (Jalisco). El decreto del 12
de enero de 1829 había excluido a Manuel Gómez Pedraza, debido a que él mismo
había presentado su renuncia como candidato a la presidencia desde el 27 de
diciembre de 1828.193

Anastasio Bustamante, por su parte, había logrado reunir el carácter de


vicepresidente con 6 votos, desde la votación del 6 de enero de 1829.

Ya como presidente electo, Vicente Guerrero tuvo que enfrentarse a la fuerza


expedicionaria de Isidro Barradas que se infiltró en Tampico, con el fin de conquistar
nuevamente a México por indicaciones de Fernando VII. Su objetivo era provocar
una sublevación que lograra la disolución de la República Mexicana naciente. El 25
de agosto de 1829 el Congreso le otorgó facultades extraordinarias para “conservar
la Independencia” del país. Este otorgamiento muestra sin dudas el reconocimiento
por el Congreso de la legitimidad de Vicente Guerrero para gobernar y para
defender al país, objetivo que se logró el 11 de septiembre de 1829, con la rendición
de esa desafortunada incursión.

Sin embargo, a pesar del triunfo electoral evidente de Guerrero el 12 de enero de


1830 se estableció una Comisión especial del Congreso para analizar el uso de las
facultades extraordinaria ejercidas por Vicente Guerrero. El análisis de su gestión
durante las condiciones de emergencia no fue imparcial, ya que afloró el prejuicio
de parte de políticos enemigos, desde la petición del senador Antonio Pacheco Leal,
quien cinco años después formaría la Comisión del Congreso para cambiar el
sistema federal y dar por terminada la vigencia de la Constitución de 1824, aliándose
a otros enemigos del presidente insurgente.

El 1º. de enero de 1830 se había introducido una moción en el Congreso por el


sector centralista para declarar la “imposibilidad de Guerrero para gobernar al país”,
y a esta minuta se sumaron peticiones el 7, 9 y 11 de enero de 1830, con el objetivo
de lograr la renuncia de Guerrero a la presidencia; se trataba de una acción
concertada por la separación del prócer de la Patria. La Cámara de Diputados

193
Sin embargo, la Constitución de 1824 no contemplaba el supuesto de la renuncia presidencial. Peter
Guarchino. “Barbarism or Republican Law?. Guerrero´s Peasants & National Politics, 1820-1846”. The
Hispanic American Historical Review. Volume 75. No. 2. Mayo de 1995. p. 185-213. Posteriormente, Manuel
Gómez Pedraza, el candidato opositor de Vicente Guerrero, presentó también su renuncia, declarada inválida,
el 7 de enero de 1829, a raíz de su desconocimiento por Santa Anna.

115
aprobó la moción con el voto de 23 diputados el 4 de febrero de 1830 y el Senado
la ratificó el 9 de febrero de 1830. 194

Desde el 3 de enero de 1830, Vicente Guerrero había redactado su carta de


renuncia en Tixtla, obligado por las circunstancias; su dimisión la firma como “el
último súbdito de la Nación”. A pesar de que la carta de Guerrero hace una
explicación detallada de sus actos, la comisión del Congreso no toma en cuenta sus
argumentos y procede a explotar la supuesta “ignorancia para gobernar que había
demostrado, por no haber sabido conducir el gobierno” (sic), como si la supresión
de la expedición de Barradas no hubiera demostrado su capacidad para repeler la
agresión que había sufrido el país. 195 Quizá Santa Anna y Manuel Mier y Terán, los
encargados de librar las batallas de esa ocasión, se hubieran equivocado
igualmente. Sin embargo, ¿Qué sabían personas como Antonio Pacheco Leal de
estrategia militar que, por otro lado, había logrado el fracaso de la expedición
española?
El nuevo problema constitucional es que la Carta de 1824 tampoco preveía la
renuncia presidencial, tal como había sucedido con la renuncia de Gómez Pedraza,
por lo que la carta que presentó Guerrero tampoco fue aceptada en principio, y
seguramente no era la intención de calificar su retiro como una renuncia al cargo,
como había sucedido con Gómez Pedraza, que si había prosperado con
anterioridad. De tal manera que el dictamen declarando la incapacidad para
gobernar a quien había consumado la Independencia de México, como Vicente

194
El dictamen para declarar a Guerrero imposibilitado para gobernar la República se sometió a discusión en la
sesión del 1º. febrero de 1830, eliminándose el apelativo de “imposibilidad moral”. Sin embargo, un nuevo
empate afectó la aprobación de este humillante dictamen. 22 votos a favor y otros tantos en contra. Juan A.
Mateos da cuenta en Historia Parlamentaria de los Congresos Mexicanos. Tomo VI. Imprenta, Librería y
litografía de J. V. Villada. 1883. p. 45. Votaron a favor del dictamen: Ugalde, Miranda, Bustamante, Álvarez,
Piedra, Campacos, Ortiz de León, Ortiz (D.N.), Schiafino, Miranda, González, Manero, Avilés, Berduzco,
Domínguez, Landa, Requena, Rada, Espinosa, Gil y el diputado presidente Joaquín Cázares y Armas.
Votaron en contra, defendiendo a Guerrero: Primo, Bermúdez, Oyarzú, Anaya, Valle (D.F.), España, Moreno,
Gondra, Aguilera, Quintana Roo, Arcos, García Tato, Herrera (D.F.), Reyes, Oyarzu (repetido), Anaya
(repetido), Guadalajara, Castañeda, Campos, Díaz, Carbajal y Zerecero. El dictamen, menciona, a pesar de las
repeticiones del registro que la votación se empató “por haber estado 22 señores en cada sentido”.
Finalmente, el decreto se publicó por Anastasio Bustamante, Vicepresidente, con la siguiente redacción: “El
Vicepresidente de los Estados Unidos Mexicanos a los habitantes de la República, sabed: Que el Congreso
General ha decretado lo siguiente:
El ciudadano general Vicente Guerrero tiene imposibilidad para gobernar la República.
Pedro de Ocampo, Presidente de la Cámara de Senadores. Joaquín Cásares y Armas. Presidente de la Cámara
de Diputados. Rafael Delgado. Senador Secretario. Anastasio Zerecero, Diputado Secretario.
195
En el corto período de su administración, Guerrero había logrado encaminar el reconocimiento diplomático
de México y logrado el reconocimiento de la Gran Bretaña, la Gran Colombia y los Estados Unidos, ratificando
el Tratado Adams-Onís que fijaría la frontera con este último país. Igualmente, Guerrero logró la abolición de
la esclavitud el 16 de septiembre de 1829 y, ante todo, Guerrero había logrado la conciliación con Iturbide,
después de que el entonces oficial realista había tratado de someterlo, en varias ocasiones entre 1820 y 1821;
logrando en Acatempan el triunfo insurgente el 10 de febrero de 1821. Esta gran muestra de logros no fue
considerada por el Congreso faccioso. ¿Alguno de estos méritos se podrían atribuir a Anastasio Bustamante,
Antonio Pacheco Leal, Lucas Alamán o Manuel Gómez Pedraza?

116
Guerrero, fue la solución final y trágica, aprobada el 18 de enero de 1830 por 22
votos contra tres de los integrantes de la Comisión que decidirían la suerte del
general Guerrero.196

Ante esta traición fatal, la salud de Guerrero se había quebrantado a raíz de las
heridas sufridas en el combate de la expedición invasora de Barradas, por lo que
sus detractores tomaron ventaja de esta situación para argumentar su mal estado
de salud y así fortalecer la opinión de incapacidad para gobernar. De tal suerte, el
Congreso declaró el 14 de enero de 1830 que Guerrero contaba con un “estado
decadente de salud” y merecía el “goce de su reposo”, para despojarlo de la
investidura presidencial (¡), el siguiente paso fue asesinarlo.

En esta condición, el Congreso actuó igualmente al margen de la Constitución de


1824, ya que los artículos 96, 97 y 99 preveían la sustitución del presidente por
nulidad de elecciones o impedimento temporal o permanente, casos que no
satisfacían las condiciones imputadas a Vicente Guerrero. La actuación del
Congreso fue altamente humillante.

El drama continuó el 1º. de marzo de 1830, cuando Guerrero fue procesado por un
“Consejo de Guerra”, acusado del delito de “lesa Nación” (?), debido a la intriga de
Anastasio Bustamante. El resultado, como sabemos, fue la triste ejecución del
Insurgente en Cuilapan el 14 de febrero de 1831. Contaba con 49 años de edad.
(1782-1831)

La trama para aprehenderlo fue tan engañosa como su juicio. Se utilizó a un


comerciante italiano llamado Picaluga, quien para ser exonerado de un adeudo
fiscal de 2,000 pesos se prestó al engaño de una invitación a comer abordo de su
barco Colombo anclado en Acapulco, recibiendo además una recompensa de
50,000 pesos por fraguar su aprehensión. Se utilizó igualmente a un oficial del
puerto, de apellido Faccini, para colaborar en la aprehensión. La hija de Bravo,
Margarita, resultó ser novia del oficial traidor.

Picaluga organizó una reunión, donde se fingió una trifulca que motivó el encierro
de Guerrero en una cabina de la embarcación y zarpó rumbo a Huatulco donde
llegaron el 20 de enero de 1831. El interés de Guerrero para abordar la

196
El Congreso seguía como precedente de este nefasto golpe de Estado, la declaración de “incompetencia” a
Nicolás Bravo declarada el 23 de diciembre de 1827, por la sublevación del insurgente en su carácter de
Vicepresidente, contra Guadalupe Victoria, quien concluiría su período el 1º. de abril de 1829. Seguiría
haciéndolo el Congreso en 1835 para despojar del cargo de Presidente interino, después de las reformas liberales
aprobadas en ausencia de Santa Anna. Lo anterior muestra ampliamente la violencia política que ejerció el
Poder Legislativo contra los Ejecutivos durante la primera República Federal. La explicación del mal trato de
Guerrero y su posterior ejecución, puede ser la venganza que despertó entre los conservadores la ejecución del
19 de julio de 1824 de Agustín de Iturbide. Quizá se quería pagar con la misma moneda la ejecución de
Guerrero.

117
embarcación, había sido para contratar transporte que permitiera a Manuel Zavala
y Manuel Primo Tapia trasladarse a Zihuatanejo y Petacalco, donde conseguirían
alimentos y pertrechos para mantener las tropas del sur.

Detenido Guerrero, éste fue conducido a la ciudad de Oaxaca donde llegó el 26 de


enero y entregado a Fernando García Conde, donde se le sometió a otro proceso
que lo encontró, obviamente, “incapaz” para conducir asuntos públicos. El fiscal fue
su enemigo Nicolás Condelle.

La sentencia pronunciada el 10 de febrero de 1831 lo condenó a muerte y se le


ejecutó en Cuilapan el 14 de febrero de 1831. A partir de este sacrificio, el gobierno
se decidiría por la voluntad de los planes revolucionarios y no por el equilibrado
diseño constitucional: desde 1828 con el Plan de Perote, sucedido por el Acta de la
Guarnición de 1829, el Plan de Jalapa del mismo año, el Plan de Veracruz (1832),
el Plan de Zavaleta (1832), el de Escalada (1833), el de Huejotzingo (1833), así
como interminables pronunciamientos, fueron la fuente de legitimación de una
cadena de titulares del Poder Ejecutivo en nuestro desgarrado país. Sin lugar a
dudas, esta profunda división militar y política, desde los orígenes del poder
presidencial provocó, desde el inicio, el colapso del presidencialismo que todavía
perdura por otras razones que se agolparon con posterioridad

Se especula sobre el destino de Picaluga después de haber contribuido al


magnicidio, primero en su carácter. Una versión alude a que tuvo que enfrentar
posteriormente un proceso por sus ilícitos ante el Consejo Superior del Almirantazgo
de Génova el 28 de enero de 1836; mientras que, según la versión de Amado
Aguirre, asevera que huyó a Mazatlán y adoptó el seudónimo de Juan Pazador. En
ambos casos, su destino degradante lo persiguió.

En el testamento que dejó Guerrero, poco antes de su fusilamiento, encomendó a


Juan Álvarez, encargado del movimiento que había iniciado, la sustitución de su
mando, mediante el cual derrotó a las fuerzas conservadoras que se establecieron
posteriormente. Finalmente, el verdadero objetivo de la trama contra Vicente
Guerrero se descubre con el establecimiento del régimen centralista en el orden
constitucional de México, que inició en 1835. 197

Le sucedieron presidentes transitorios o accidentales en su carácter de sustitutos o


como integrantes de organismos colegiados después de la muerte de Guerrero,
como José María Bocanegra (1º. de abril de 1829 a 18 de diciembre de 1829).
197
Manuel González Oropeza, Rafael Estrada Michel y Alejandro Morales Becerra. El centralismo en las
Constituciones de México. Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. Epub (Versión en texto
líquido. Digital). 2022

118
Anastasio Bustamante (1º. enero 1830 a 14 de agosto 1832) y el propio Manuel
Gómez Pedraza (24 de diciembre de 1832 al 1º. de abril de 1833)

El siguiente personaje con una ideología clara en el conservadurismo, que


representa la facción de la logia masónica de los escoceses, enfrentados a los
“yorkinos” federalistas, la representa Anastasio Bustamante, quien militó en el
pasado bajo Calleja y, por lo tanto, derrotó al padre de la Patria, Miguel Hidalgo,
persiguiendo a José María Morelos, hasta conspirar, destituir y fraguar el suplicio
de Vicente Guerrero. 198

Escudo de la Primera República Federal de los Estados Unidos


Mexicanos.svg- Wikipedia

198
Brian R. Hamnett. “Anastasio Bustamante y la Guerra de Independencia 1810-1821”.
http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/YS7N63ERE34DMQRR47...

119
XVI – Aparición del Leviatán presidencial

El primer gran presidente liberal durante esta época aciaga de centralistas y


conservadores, fue Valentín Gómez Farías, quien suplió a Santa Anna y a otros
políticos de la misma estirpe durante repetidas veces. Santa Anna asumió la
presidencia el 1º. de abril de 1833 y, como nadie, se ausentó de ejercerla desde el
inicio, propiciando la asunción del vicepresidente Gómez Farías desde el principio
de su mandato hasta el 16 de mayo de 1833199 quien promulgó las primeras leyes
de reforma liberal, que dieron base a la Constitución de 1857, la cual fue el primero
en promulgar. Entre ellas destaca la creación de la Dirección General de Enseñanza
Pública el 19 de octubre de 1833, separada del carácter religioso que tenía la
antigua Pontificia Universidad de México.

El poder intermitente de Santa Anna en este período se presenta desde el 16 de


mayo de 1833 hasta el 3 de junio de 1833 y vuelve del 18 de junio al 5 de julio de
1833. El 24 de abril de 1834, al retomar la presidencia Santa Anna, 200 se retira de
la ciudad de México y sus opositores promueven que el Congreso le despoje a
Gómez Farías del carácter de Vicepresidente el 28 de enero de 1835 declarándolo
en esa virtud, “incapaz para gobernar” y sustituir al presidente de la República, en
una acción parecida a la practicada con Vicente Guerrero. 201 Este inusitado
precedente se repitió dos veces a escasos diez años de la instauración del
presidencialismo mexicano, mostrando la manipulación que el ejecutivo de facto
(Bustamante primero y Santa Anna después) ejercía sobre el poder legislativo.

Es de notarse que Santa Anna innovó la nefasta práctica de alternancia en la


Presidencia y sustitución por el Vicepresidente Gómez Farías, que alteró
profundamente la estabilidad del gobierno interior y exterior del país.
Aparentemente, Santa Anna estuvo alejado de los acontecimientos de alteración de
199
Gómez Farías se desempeñó en funciones de presidente, por licencias de Santa Anna, los siguientes períodos:
del 1 de abril al 15 de mayo de 1833, del 3 al 18 de junio de 1833, del 5 al 18 de junio de 1833, del 5 de julio
al 27 de octubre de 1833 y, finalmente, del 16 de diciembre de 1833 al 24 de abril de 1834. Durante su período
de gobierno expidió leyes que propiciaron la separación del Estado y la Iglesia católica: suprimiendo la
compulsión para pagar los diezmos y la coacción de votos monásticos, así también renunciando a la facultad
para designar sacerdotes en el distrito y territorios federales, entre otras leyes.
200
Quien decretó la derogación de las leyes promulgadas por Gómez Farías el 23 de junio de 1834.
201
“Valentín Gómez Farías. Los primeros universitarios”. Enciclopedia histórica y biográfica de la Universidad
de Guadalajara. enciclopedia.udg.mx/artículos/gomez-farias-valentin. José Antonio Serrano Ortega y Josefina
Zoraida Vázquez. “El nuevo orden, 1821-1848”. Historia General de México Ilustrada. Volumen II. El Colegio
de México-LXI Legislatura, Cámara de Diputados. 2010. p. 40. Palabras de Narciso Bassols, en representación
del Ejecutivo Federal y de la Facultad de Medicina, en la sesión solemne de la Comisión Permanente del
Congreso de la Unión, efectuada el 5 de julio de 1933. XXXV Legislatura del Congreso de la Unión. Diario de
Debates del Congreso de la Unión.

120
la Constitución federalista de 1824 y los enfrentaron presidentes accidentales como
Miguel Barragán (28 de enero de 1835 a 27 de febrero de 1836) y José Justo Corro
(27 de febrero de 1836 a 19 de abril de 1837).
Durante este período tan problemático para nuestro país, surgió la primera
propuesta para implantar los colegios electorales, seguramente para afinar la
selección de los candidatos a la Presidencia. El sistema bajo la Constitución
expedida diez años atrás, aunque impecable, desde el punto de vista teórico
federalista, no había funcionado por la lucha caudillista militar que desde entonces
habíamos tenido y se imponía a la división de poderes y al federalismo.
Por ello, la Constitución de 1824 no había podido operar para las elecciones
presidenciales y la propuesta de un Plan para implantar los Colegios Electorales, en
vista de que no había funcionado la selección por Legislaturas. Desde este punto
de vista, los colegios electorales se acercaban más a la votación popular de
electores y se pretendía abandonar la elección corporativa de Legislaturas. 202
Tomás Vargas presentó este singular proyecto ante el Senado en 1834 adviertiendo
que el sistema indirecto por colegios electorales aliviaría la lucha de facciones que
se presentan en el sistema original de 1824 y, por lo tanto, neutralizaría el espíritu
de partidos, el aspirantismo, la ignorancia y la impunidad:
Los males que hemos padecido desde que somos independientes, no han
provenido de la naturaleza de los gobiernos, sino de la facilidad con que se
han derrocado, unas veces con fundamento y otras sin él; pero siempre
tomándose por motivo su ilegitimidad o nulidad de su origen.
Este proyecto consistió en las siguientes propuestas:
1. Habría Colegios Electorales en todas las ciudades con dos mil habitantes o
más.
2. Los electores serían mexicanos por nacimiento o naturalizados con más de
diez años de residencia.
3. Deberían tener una renta anual de doscientos pesos o más.
4. Los Colegios tendrían facultad para expresar en circunstancias
extraordinarias el voto o voluntad de la Nación sobre la continuación, reforma
o variación de la forma de gobierno. Esta facultad sería instrumental en el
momento de la reforma de 1835 de la Constitución de 1824.
5. Los Colegios estarían facultados para calificar la legitimidad de las
autoridades supremas o la inconstitucionalidad de las leyes o decretos,
instaurando así un control de la constitucionalidad, con una base popular o
electoral.
Este interesante proyecto preconizaba no sólo la reforma integral de la Constitución
federal para cambiarla a un sistema centralizado, sino también la autoridad del
poder neutro instaurado en las Leyes Constitucionales de 1835 que instauraron el

202
Tomás Vargas. Proyecto de ley para el establecimiento de Colegios Electorales en la República Mexicana.
Imprenta del Águila dirigida por José Ximeno. AGL 463 LAF

121
Supremo Poder Conservador. No se tiene noticia de la suerte que corrió este
proyecto, pero no cabe duda que fue un documento de gran influencia.
El golpe a la Constitución de 1824 y a la Vicepresidencia de Gómez Farías se
fraguaron de la siguiente manera:

El 4 de enero de 1835 el Congreso General había abierto sus sesiones para definir
una nueva forma de gobierno, la centralista, ante el presunto fracaso del
federalismo; a pesar de que el artículo 171 de la Constitución de 1824 había
prohibido radicalmente su reforma.203 Casi de inmediato, el 26 de enero, se
desconoció al vicepresidente Valentín Gómez Farías, en funciones de presidente204;
nombrándose al general veracruzano Miguel Barragán el 28 del mismo mes y año,
presidente sustituto. La fugaz presidencia de Barragán duró hasta el 1º. de marzo
de 1836, el día bisiesto de ese año le dio un día más a su presidencia.
Inmediatamente tomó protesta José Justo Corro.

Una de las causas que motivaron la explosión social que antecedió al cambio de la
forma de gobierno en 1835, fue la expulsión de los españoles, que había sido
efectuada desde el 20 de diciembre de 1827. José María Gallardo se había
manifestado contra el gobierno por tal motivo y así, la cadena de tumultos y
pronunciamientos comenzó en nuestra naciente República, afectando la estabilidad
de las instituciones constitucionales.

El 26 de enero de 1835, el Congreso General, presionado por Santa Anna, declaró


incapaz a Valentín Gómez Farías para gobernar en su carácter de vicepresidente,
en funciones de presidente. Por ley del 2 de mayo de 1835 el Congreso General se
arrogó la facultad de reformar la Constitución de 1824 con cuantas “alteraciones
creyera convenientes para el bien de la misma Nación, sin las trabas y moratorias
que aquella prescribía”. En otras palabras, un Poder constituido usurpaba las
funciones de Poder constituyente. Sin embargo, la limitación que imponía la
Constitución de 1824 en el artículo 171 era una cláusula pétrea: la libertad e
independencia, la religión, la forma de gobierno (¡), la libertad de imprenta y la
división de poderes 205 no debería ni podría ser modificada.

203
Art. 171. Jamás se podrán reformar los artículos de esta constitución y del acta constitutiva que establecen
la libertad e independencia de la nación mexicana, su religión, forma de gobierno, libertad de imprenta y
división de los Poderes Supremos de la federación y de los estados.
204
Quien se refugiaría en Saltillo, bajo la protección del gobernador de Coahuila y Texas, Agustín Viesca, para
dirigirse a Nueva Orleans. Cabe suponer que los texanos aprovecharon este caos y bloquearon la huida posterior
de Viesca hacia San Antonio de Béjar, lo que facilitó su detención por los centralistas. Ante el temor de la
fragmentación del territorio nacional, con el separatismo de los texanos y el desafío de Zacatecas y Coahuila en
el bienio de 1835-1836, se consideró que un cambio de gobierno por el centralismo detendría las tendencias de
desintegración.
205
Durango en la Exposición que el gobernador y la Junta Departamental de Durango han dirigido al
Excelentísimo Sr. Presidente D. Anastasio Bustamante (1837) le recordaría que los Poderes dados por el

122
Al respecto, José Miguel Gordoa, que había sido diputado novohispano a las Cortes
de Cádiz, declararía ante el Congreso que dicho artículo había sido un exceso,
“porque sin duda no tenía facultades para imponer una ley tan dura a las
generaciones venideras, ni a la presente, como la que consignó”. Lo que más
molestó a Gordoa fue la lapidaria frase inicial del precepto constitucional de 1824:
Jamás se podrán reformar los artículos de esta Constitución y del acta
constitutiva.

Este precepto fue calificado de una “atrevida expresión”. 206 Al respecto habría que
recordar la frase de Thomas Jefferson quien había dirigido una carta al hugonote
Samuel Kercheval el 12 de julio de 1816, expresando que la sacralización de las
constituciones no convenían para el desarrollo de las instituciones, por lo que
convendría que cada generación pudiera repensar las reformas convenientes y
oportunas, pues “a un adulto no puede imponerse el chaleco de un infante”.207

No obstante, la limitación expresa de la constitución de 1824, la ley de convocatoria


de 1835 había otorgado al Congreso amplias facultades para variar incluso la forma
de gobierno. Esta ley de naturaleza secundaria no podía transgredir una limitación
expresa de la constitución, por lo que su validez no podría prevalecer sobre ella, a
menos que fuera una ley constitucional, derivada de un Poder constituyente.

Convocado el nuevo Congreso el 9 de septiembre de 1835 se reúne en una sola


corporación representativa de la Nación, olvidando la separación en dos cámaras
del Congreso General bajo el sistema federal. Posteriormente, el 22 de septiembre
del mismo año “suspendió” la vigencia de la Constitución federal, del Acta
Constitutiva y del Reglamento Interior del propio Congreso, aunque
paradójicamente declaró el 4 de octubre, día de fiesta nacional, por ser un día de
promulgación de la Constitución Federal que estaba siendo abrogada. 208 El
formalismo era una cuestión importante en los tiempos del centralismo que se
avecinaban.

En la Cámara de Diputados se formó una comisión de Poderes presidida por Carlos


María de Bustamante e integrada por Francisco Manuel Sánchez de Tagle, Lope y
Becerra para dictaminar sobre el primer punto a dilucidar: la extensión de los

electorado a los diputados eran de reformar la Constitución, mas no incluía la potestad de cambiar la forma de
gobierno.
206
Isidro Montiel y Duarte. Derecho Público Mexicano. Imprenta del Gobierno. 1882. Tomo III. p. 3
207
La carta está reproducida en “Proposals to revise the Virginia Constitution: I. Thomas Jefferson to Henry
Thompkinson (Samuel Kercheval), 12 July 1816”. Founders online, National Archives.
https://founders.archives.gov./documents/jefferson/03-10-02-0128-0002.
208
Francisco de Paula Arrangoiz. México desde 1808 hasta 1867. Porrúa. p. 370

123
poderes que los diputados habían recibido de parte de la Nación, para reformar la
Constitución de 1824.209 Las dudas no se habían disipado todavía.

El 16 de julio de 1835 comenzaron las sesiones del Congreso instaurado como


Constituyente, a cuya inauguración asistió el presidente interino Miguel Barragán;
de tal manera, el Congreso se arrogaba el carácter de constituyente, de colegio
electoral y asumía todos los poderes posibles, incluyendo derogar la anterior
constitución de 1824. Para la ocasión, el general Barragán pronunciaría un discurso
en el que exhortaba al Congreso a atender las “súplicas del pueblo” y así cambiar
la forma de gobierno.

Para legitimar este cambio fundamental, el Plan de Cuernavaca, asumido desde el


25 de mayo de 1834, disolvió al Congreso que funcionaba acompañado de cientos
de manifestaciones a favor del centralismo, a partir del 15 de septiembre de 1834.
Sin embargo, su vaguedad provocó que tanto centralistas como federalistas lo
sostuvieran. Esta ambigüedad fue una característica de la época. Las medidas que
tomó Valentín Gómez Farías, en su carácter de vicepresidente, durante diez meses,
sustituyendo al faltista presidente Santa Anna, fueron apoyadas inicialmente por él,
pero posteriormente mediante una verdadera conspiración de obispos en contra de
las medidas eclesiásticas, Santa Anna decidió aceptar al sector Conservador y dar
marcha atrás a todas las medidas reformistas.

Otro detonante, según Josefina Zoraida Vázquez, 210 fue la supresión de la guardia
nacional que operaba bajo la disciplina de los estados desde 1824.211 El Congreso
tomó la medida de modificar la milicia cívica o guardia nacional el 31 de marzo de
1835 y Zacatecas, así como muchos estados más, 212 consideraron la medida
violatoria de la soberanía estatal213.

209
Mariano Cuevas. Historia de la Nación Mexicana. Talleres Tipográficos Modelo. 1940. p. 573
210
Josefina Zoraida Vázquez. “Introducción”. Planes de la Nación Mexicana (1831-1854). Libro Segundo.
Senado de la República. 1987. p. 24
211
La constitución federal de 1824 se ocupó de organizar a los Poderes federales y tangencialmente de
establecer principios y prohibiciones a los Estados, por lo que no estableció como facultad expresa de los
Estados el establecimiento de milicias cívicas (guardias nacionales), ya que correspondía a su régimen interior
el establecerlas; sin embargo, la fracción XI del artículo 110 de dicha constitución otorgó al titular del Ejecutivo
federal la facultad de “disponer de la milicia local”, “para usar de ella fuera de sus respectivos estados o
territorios” con el objeto de proteger la seguridad interior y la defensa exterior de la federación.
212
Juan Álvarez se levantó en Texca y Gordiano Guzmán también lo hizo en tierra caliente, Michoacán. Por su
parte, las legislaturas de Zacatecas y Coahuila y Texas manifestaron que no acatarían las decisiones del
Congreso.
213
Formándose una coalición de Estados para la defensa del federalismo con Zacatecas, San Luis Potosí,
Querétaro, Jalisco y Guanajuato. El 18 de marzo de 1835 Zacatecas y Coahuila y Texas consideraron toral la
defensa de la milicia cívica para el federalismo, ante la propuesta de reducirla en número sustancialmente a un
miliciano por cada 500 habitantes en los Estados. Detrás de esta reforma se especuló que era una estrategia para
debilitar a los Estados en sus fuerzas públicas, ante el avance del centralismo, persiguiendo al final la
desaparición de la milicia cívica (guardia nacional) de los Estados, como se avizoró en la circular del Ejército

124
En el archivo del Congreso, cuenta Mariano Cuevas, se compilaron más de 400
exposiciones de ayuntamientos, legislaturas y juntas de vecinos pidiendo el cambio
de gobierno y todas ellas fueron dictaminadas por una comisión del Congreso el 21
de julio de 1835. El resultado arrojó las siguientes conclusiones:

1.Que el Congreso se erigiera en Poder Constituyente 214


2.Que el Senado fuera la Cámara revisora y
3.Que cualquier duda o discordia, el Congreso se reuniría en una sola asamblea,
hasta por dos ocasiones, para resolver lo conducente.
De esta manera se derogaba una Constitución, construida sobre la base de
principios de división de poderes, federalismo y presidencialismo, dando paso al
centralismo y la concentración de poder en torno al Presidente.
En este período, la selección presidencial estuvo al mando de los políticos que
habían destruido nuestras instituciones: Anastasio Bustamante del 19 de abril de
1837 al 20 de marzo de 1839, Santa Anna del 20 de marzo de 1839 al 10 de julio
de 1839, Nicolás Bravo hasta el 19 de julio, Anastasio Bustamante, nuevamente,
hasta el 22 de septiembre de 1841 y Javier Echeverría terminó el 10 de octubre de
1841.
Ante la cínica duda de los centralistas, Santa Anna comenzó un intermedio federal,
con un régimen aparente de transición federalista el 10 de octubre de 1841, que lo
continuó Nicolás Bravo hasta el 4 de octubre de 1843. Una vez concluido el titubeo
por un régimen federal, Santa Anna, el eterno protagonista en este período, retoma
el régimen de las Bases Orgánicas que se encarga de promulgar el 8 de abril de
1843.
Le siguieron Valentín Canalizo, del 4 de octubre de 1843 al 4 de junio de 1844 y
José Joaquín de Herrera hasta el 21 de septiembre de 1844. Los presidentes
centralistas gustaron de la alternancia en el poder, con Santa Anna a la cabeza, con
sus aliados Canalizo, Herrera y Bravo, distribuyendo las funciones del Poder
Ejecutivo al placer del dictador.
La República federal se inauguró con el Presidente Mariano Salas el 5 de agosto de
1846, sucediéndole Gómez Farías el 24 de diciembre de 1846. Por la amenaza de
invasión de Estados Unidos, Santa Anna vuelve a engañar a la Nación y asciende

(federal) de 1849. Mercedes de Vega. “A manera de epílogo: Incapacidad para la negociación”. Los dilemas de
la organización autónoma. Zacatecas. 1808-1832. El Colegio de México. 2005. p. 331-339
214
José María Luis Mora reconocería en 1837, que la auto declaración de constituyente por el Congreso se hizo
sin mayor sobresalto de parte de las Legislaturas y los gobernadores de los Estados de la época. Mora. Revista
Política de las diversas administraciones que la República Mexicana ha tenido hasta 1837. Paris. Librería de
la Rosa. Obras sueltas. Edición facsimilar. UNAM. 1986. p. 281. Contraria a la apreciación de José Ramón
Malo, Mora refiere que la “Ley Septiforme”; es decir, las siete leyes constitucionales, no contaba con mucho
apoyo, por lo que aquella constitución “está destinada a perecer pues choca con todos los intereses”

125
a la Presidencia en marzo de 1847, para dirigir la “defensa” del país, con el breve
interregno de Pedro María Anaya, del 2 de abril al 20 de mayo de 1847.
El primer presidente de la Suprema Corte, Manuel de la Peña y Peña, llega a ocupar
la Presidencia de la República a partir del 26 de septiembre de 1847 hasta el 13 de
noviembre de 1847 y continúa en su cargo del 8 de enero al 3 de junio de 1848.
En conclusión, podemos aseverar que durante los primeros 29 años de
Independencia, tuvimos más de 45 presidentes en una sucesión de golpes de
Estado, alternancias forzadas, declaraciones de incapacidades para gobernar y
otros planes revolucionarios violentos. Un panorama de lucha por el poder aberrante
y salvaje, arbitrario y dictatorial, que apartó el sistema constitucional de democracia
representativa avanzada en los textos constitucionales.

126
XVII. El Poder Ejecutivo como obstáculo al progreso constitucional del país.

En nuestra historia, el Presidente ha sido una figura compleja que estropea el


desarrollo nacional. Tanto por su poder acumulado, como por la lucha que propicia
entre la clase política, militar y social para acceder al cargo, así como para
sostenerse en el declive, la Presidencia de la República ha sido piedra de toque en
todos los conflictos nacionales y, generalmente, ha retrocedido o bloqueado el
desarrollo de México.
La razón quizá no está tanto en las personas, sino en la institución: el sistema
presidencial ha sido un fracaso en México.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la elección indirecta de los presidentes
confió en los colegios electorales, con los siguientes votos:
1850 - Mariano Arista 121 (42.90%) Total: 282
Nicolás Bravo 100 (35.46%)
Juan Nepomuceno Almonte 22 (7.80%)
Manuel Gómez Pedraza 15 (5.31%)
Luis de la Rosa 12 (4.25%)
Mariano Riva Palacio 6 (2.12%)
Antonio López de Santa Anna 3 (1.06%) 215
Valentín Gómez Farías 2 (0.70%)
Bernardo Couto 1 (0.35%)

215
INCREÍBLE!

127
Con la desaparición del escenario político del dictador Sana Anna, pareciera que
todas sus estratagemas para permanecer en el poder presidencial estaban
agotadas, por lo que la Revolución de Ayutla en 1855 anunciaba una reconstrucción
del país y la Constitución de 1857 simplificaba la forma de elección del titular del
Poder Ejecutivo sujetándolo a un procedimiento de responsabilidad política.
No obstante, tampoco ningún Presidente rindió cuentas de sus actos en el nuevo
período, sirviendo la urgencia y los tiempos extraordinarios de México, con nuevas
invasiones y rebeliones, como pretexto para el despliegue de sus facultades y la
prórroga de sus mandatos.
Revisemos el contacto electoral de esta época, que refleja un juego de suma cero
en el ejercicio democrático, donde el ganador toma todos los votos, con muy raras
excepciones:

1857 - Ignacio Comonfort 8, 084 (92.67%) Total: 12,400


Miguel Lerdo de Tejada 639 (7,33%)

1861 – Benito Juárez 5 289 (54.89 %)216 Total votos 9,636


Miguel Lerdo de Tejada 1 989 (20.64 %)
Jesús González Ortega 1 846 (19.16 %)
Manuel Doblado 510 (5.29%)
Bernardo Couto 1 (0.01%)
Mariano Riva Palacio 1 (0.01%)

1867 - Benito Juárez 7, 422 (71.5%) Total: 16, 640


Porfirio Díaz 2, 709 (26%)

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

216
Primer Presidente Interino desde 1857, según la disposición del artículo 82 de la Constitución de 1857, que
disponía que ante la ausencia absoluta del Presidente, el Presidente de la Suprema Corte ocuparía interinamente
la Presidencia de la República. El Presidente constitucional Ignacio Comonfort, por el autogolpe de Estado a
través del Plan de Tacubaya no estaba disponible para continuar en el ejercicio del cargo. Asciende a la
Presidencia por sustitución en enero de 1858. En la elección de 1861, Juárez se presenta a elecciones
constitucionales, obteniendo el éxito.

128
1871 Benito Juárez 5, 837 (47.22%) Total: 12, 361
Porfirio Díaz 3, 555 (28.76%)
Sebastián Lerdo de Tejada 2, 874 (23.25%)

1872 (extraordinaria)
Sebastián Lerdo de Tejada 217 9, 520 (92.32%) Total: 10,312
Porfirio Díaz 604 (5.86%)

1876 Sebastián Lerdo de Tejada 7, 536 (90.93%) Total: 8,288


José María Iglesias 368 (4.44%)

1877 Porfirio Díaz 11, 475218 (95.97%) Total: 11,957


Otros 482
219
1880 Manuel González 11, 528 (76.72%) Total: 9, 636
Justo Benítez 1, 368 (9.10%)
Trinidad García de la Cadena 1, 075 (7.15%)
Ignacio Mejía 529 (3.50%)
Ignacio Luis Vallarta 165 (1.10%)
Manuel María de Zamacona 76 (0.51%)
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1884 Porfirio Díaz 15, 776 (98.2%) Total: 16,065
Otros 289 (1.8%)
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1892 Porfirio Díaz 12, 277 (98.87%) Total: 17,298
Nicolás Zúñiga y Miranda 21 (0.12%)

217
Nótese el ascenso inusitado de Lerdo, siendo el tercero en las preferencias electorales en 1871 hasta acaparar
casi la totalidad de los votos a su favor el año posterior. No hay explicación razonable para esta súbita
preferencia más que las maquinaciones electorales.
218
Presidente en virtud del Plan de Tuxtepec (1876) que desconoció a Sebastián Lerdo de Tejada
219
Para una descripción de las elecciones de 1880, con detalle de los fraudes cometidos, habría que consultar
la obra de María Eugenia Patricia Ponce Alcocer La elección presidencial de Manuel González, 1876 -1880.
(Preludio de un Presidencialismo). Universidad Iberoamericana. p. 27-46

129
1896 Porfirio Díaz 17, 416 220 (99.87%) Total: 17,298
Nicolás Zúñiga y Miranda 0 (0.12%)

1900 Porfirio Díaz 17, 091 (100%) Total: 17, 091


José Ives Limantour 0
Bernardo Reyes 0
Nicolás Zúñiga y Miranda 0 221

1904 222 Porfirio Díaz 19, 008 223 Total: 19,008


Nicolás Zúñiga y Miranda 0

1910 Porfirio Díaz 18, 625 (98.96%) Total:19, 526


Francisco I Madero 196 (1.04%)
Valentín Reséndis 224 2 (0.01)
José Yves Limantour 1 (0.01)
Teodoro Dehesa 1 (0.01)
Vicente Sánchez G. 1 (0.00)
Nicolás Zúñiga y Miranda 1 (0.00)

Los sistemas electorales basados en leyes especializadas no pudieron contener los


vicios que merodearon la democracia y la libertad electoral del ciudadano mexicano
durante el siglo XIX. El complicado sistema indirecto de elección, diseñado
aparentemente para evitar influencias indebidas de salvaguardia de la democracia,
no funcionó y entorpeció el voto ciudadano. La compra del voto y la presión de los
jefes políticos hicieron su parte para trastornar la voluntad del ciudadano. Es de
notarse que los competidores en una elección presidencial tienen resultados
insignificantes en unos comicios, pero en los siguientes, cuando ocurre la ausencia
del candidato predominante por muerte, asonada o fraude descubierto es

220
Esta vez se postuló a través del Círculo Nacional Porfirista. Estos grupos políticos se formaban antes de la
celebración de las elecciones y no constituían partidos políticos propiamente, sino que eran círculos o
plataformas que proponían a los candidatos
221
Primer candidato independiente a la Presidencia de la República. Reiteró su esfuerzo
222
Para estas elecciones se amplió el período constitucional del Presidente de 4 a 6 años, a iniciativa del diputado
Alonso Rodríguez Miramón, quien fue preparada por el secretario particular de Díaz, Rafael Chousal.
223
Para la ocasión, se formó el Gran Partido Nacionalista de México.
224
Tanto Reséndis como Vicente Sánchez G. fueron candidatos independientes en esta elección y terciaron con
el popular Nicolás Zúñiga y Miranda. No se tiene mayor información sobre ellos.

130
abrumadora su victoria, pareciendo que la voluntad del elector cambia a voluntad
del candidato.

El candidato independiente
Don Nicolás Zúñiga y Miranda
1910-SINAFO
Secretaría de Cultura
INHERM

131
XVIII. El nacimiento de los vicios electorales en la Presidencia

El presidencialismo que hemos modelado, a partir del ejemplo de la Constitución de


los Estados Unidos de América, es el de considerar a la figura presidencial como el
mejor hombre para ocupar el cargo público de mayor importancia. Dado que la
titularidad del Poder Ejecutivo se debe depositar en una sola persona, esta persona
debe reunir las mejores virtudes; se esperaría entonces que su ascenso al poder
presidencial sería más un concurso de méritos, juzgados por un jurado o colegio
electoral, también llamado junta de electores; sería un concurso de simpatías donde
el pueblo, sin conocimiento para evaluar los méritos de los candidatos, emitiría su
voto en favor del candidato más popular. Por ello, el sistema de elección
presidencial siguió un método indirecto de sufragio durante el siglo XIX.

Pero bien pronto se impuso la realidad, y los hombres meritorios, héroes y caudillos
se acabaron tanto en Estados Unidos como en México, los George Washington y
los Guadalupe Victoria dieron paso a los Martin van Buren y los Ignacio Comonfort.
A partir de la pérdida del caudillismo, los candidatos necesitaron cada vez más del
concurso de facciones o partidos políticos para contender en las elecciones y
convencer al electorado de una verdad particular que tenía que ser probada y no
tan sólo reconocida: su capacidad y méritos para obtener la presidencia.

A partir de entonces la elección del presidente se reconoció como lo que en realidad


siempre había sido: una campaña donde la apariencia y el apoyo de intereses y
personas luchaba contra otros intereses y simulaciones. No era, pues, una serena
calificación de virtudes, sino una complicada y apasionada lucha de grupos políticos,
intereses y ambiciones.

Por ello, no tenía sentido que se hicieran de manera indirecta, sino que requería
que fuera directamente ante el pueblo, para que éste legitimara y lavara lo que era
pura pasión.

No obstante, la reelección permitida durante el siglo XIX causó grandes estragos a


cualquier sistema de elección popular, pues fue convirtiéndose más en un protocolo
que en un acto de verdadera consecuencia en la renovación de los poderes.

Santa Anna, ejemplo del pragmatismo y ambición de la clase política mexicana,


inauguró la práctica reeleccionista. Él fue creando la imagen mesiánica de que sólo
su persona podía redimir y gobernar al país, por lo que no se preocupó en sustitutos
de su poder sino hasta cuando fue anciano en 1853, cuando intentó legar la
presidencia al personaje de su designación, en sobre cerrado y lacrado.

La Revolución de Ayutla abortó la "sucesión designada" de Santa Anna, pero


sembró la semilla de la institución con que hemos contamos. En el siglo XX ha tenido
éxito a pesar del intento frustrado de Venustiano Carranza para sugerir la
candidatura del ingeniero Eduardo Bonillas en 1920.

132
No obstante, el primer éxito del legado de Santa Anna lo es la primera elección que
organizó Porfirio Díaz en 1880. La sucesión presidencial de 1876 confrontó la
legalidad con la fuerza de una revolución. Aunque Porfirio Díaz simuló entrar en
negociaciones con José María Iglesias, imponiéndole todo tipo de condiciones, el
orden público de la legalidad no permitió llegar a ningún arreglo, según lo entendió
Iglesias, aunque Díaz no pudiera o quisiera hacerlo, de allí su célebre frase: "Sobre
la Constitución nada, sobre la Constitución nadie”.

Las elecciones de 1877 le dieron a Porfirio Díaz 11,475 votos de los 12,361
electores secundarios, con lo que logró legitimar su acceso a la presidencia,
logrando con ello superar las votaciones obtenidas por cualquier presidente desde
la elección de 1861.

Porfirio Díaz entró al Palacio Nacional, símbolo del poder político de México, junto
con Ignacio L. Vallarta, a quien le unían intereses políticos desde 1871, por lo
menos. Vallarta fue designado secretario de Relaciones Exteriores, por influencia
de su tío, el general Pedro Ogazón, quien a su vez había sido nombrado secretario
de Guerra por el mismo Porfirio Díaz, a partir del 28 de noviembre de 1876.

Vallarta tuvo la grave responsabilidad de entablar las relaciones diplomáticas y el


reconocimiento del gobierno de Díaz con los Estados Unidos; para ello tuvo un vivo
y muy inteligente cambio de notas con el ministro acreditado de ese país en México,
logrando el reconocimiento al fin hacia 1878.

Cuando las negociaciones diplomáticas estaban en el punto más álgido, la Suprema


Corte de Justicia decidió suspender, el 30 de abril de 1878, la licencia al cargo de
presidente de la misma, que Vallarta ostentaba desde el 6 de mayo de 1877, y que
fuera concedida el 22 de junio de 1877.

Como presidente de la Suprema Corte, Vallarta se convertía en el virtual


vicepresidente de la República, ya que por disposición del artículo 79 de la
Constitución de 1857, 225 correspondería al presidente de la Suprema Corte sustituir
al titular del Poder Ejecutivo Federal; disposición que había sido de gran práctica,
pues tanto Benito Juárez como Sebastián Lerdo de Tejada habían ascendido a la
presidencia por sustitución, cuando ocupaban, respectivamente, la presidencia de
nuestro máximo tribunal.

Lo hubiera sido también José María Iglesias si la Revolución de Tuxtepec no le


hubiera arrebatado su título.

Desde diciembre de 1876, Vallarta prometió que aceptaba la candidatura para el


cargo de ministro presidente de la Suprema Corte, si se modificaba
constitucionalmente el procedimiento de sustitución del titular del Poder Ejecutivo

225
"En las faltas temporales del presidente de la República y en la absoluta, mientras se presenta el nuevamente
electo, entrará a ejercer el poder el presidente de la Suprema Corte de Justicia".

133
Federal, tal como sucedió el 3 de octubre de 1882, 226 con ello saldaba una deuda
que como porfirista tenía con Iglesias, pues en el año de 1876, él había sustentado
su derecho al cargo presidencial por la disposición de sustitución que convertía el
puesto del juez más importante en el del primer político del país.

Pero además, Iglesias había establecido en el amparo Morelos de 1874, la doctrina


de la incompetencia de origen, por la cual, con fundamento en el artículo 16
constitucional, la Suprema Corte podría declarar no sólo la legalidad de la
competencia ejercida por una autoridad estatal, aunque ésta hubiese sido electa,
sino también su constitucionalidad o legitimidad de los requisitos de acceso o
elección, es decir, su competencia de origen. De la declaración de ilegitimidad del
gobernador de Morelos podría seguirse la facultad de declarar la ilegitimidad de las
autoridades federales, incluyendo la del propio presidente de la República, por lo
que Díaz y Vallarta visualizaron muy peligrosa para su carrera política esta
perniciosa tesis, que podía haberse sustentado nuevamente en 1876, cuando un
revolucionario ascendiera a la presidencia, en lugar del mismo ministro presidente
Iglesias que por mandato constitucional le correspondería.

Vallarta tenía que reformar estos dos inconvenientes que se personificaban en


Iglesias, y ésta fue su encomienda como presidente de la Suprema Corte. El precio
que pagó por cambiar el sistema de sustitución presidencial fue su renuncia al
cargo, presentada el 16 de octubre de 1882, con gran decepción del foro, aunque
con cierto grado de felicidad para Porfirio Díaz. En cuanto a la tesis de
incompetencia de origen, como ministro proyectó los votos que sustentó en los
amparos de León Guzmán de 1879 y de Salvador Dondé, de 1882, dando las bases
para la futura jurisprudencia que sobrevive en la actualidad, para desechar por una
cuestión política los argumentos de incompetencia de origen.

Vallarta transitó de la euforia a la decepción durante el primer cuatrienio de Porfirio


Díaz, aunque su decisión de concluir su larga vida pública, que había comenzado
en 1856 como diputado constituyente, fue seguramente decidida a raíz de las
elecciones presidenciales de 1880, que lo convencieron de la falta de probidad de
Díaz.

Lo significativo de estas elecciones resulta de que contiene los mismos elementos


de las sucesiones presidenciales modernas: a) La decisión presidencial de apoyar
a un candidato "oficial"; b) El dejar hacer del presidente en turno, para que surjan
otros candidatos que estarán condenados al fracaso; c) Los ataques personales y
sucios de los candidatos entre sí; d) La formación de alianzas con grupos políticos
y económicos de parte de los candidatos; e) La táctica para despistar sobre cuál de
los candidatos tiene el verdadero apoyo presidencial y, finalmente, f) La celebración
formal de la "elección designada".
226
Para quedar así: "En las faltas temporales del presidente de la República y en la absoluta, mientras se presenta
el nuevamente electo, entrará a ejercer el Poder Ejecutivo de la Unión, el ciudadano que haya desempeñado el
cargo de Presidente o vicepresidente del Senado, o de la Comisión Permanente, en los periodos de receso,
durante el mes anterior a aquél en que ocurran dichas faltas". Este precepto con el numeral 79 fue repetidamente
reformado el 24 de abril de 1896 y e! 6 de mayo de 1904.

134
Vallarta fue de los candidatos que el presidente Díaz dejó y quizá hasta animó para
presentarse en la contienda electoral. El jurista lo hizo con la dignidad y respeto que
caracterizó a toda su carrera política. Su ánimo seguramente le confiaba el
presentimiento de que no llegaría a tener éxito ante sus contendientes, que tenían
más apoyo que él, como Manuel González o Justo Benítez, pero su convicción
democrática le requería que ofreciera una buena lid en las elecciones de 1880, y
así lo hizo.

La decisión de Díaz de apoyar a un candidato “oficial” contribuyó a configurar el


poder presidencial mexicano. Él fue el primer presidente que innovó un periodo
presidencial de seis años, de 1904 a 1910, cuando superó su promesa original de
no reelección, derivada de La Noria y Tuxtepec, para reconsiderar su bandera y
abandonarla cuando por la autocomplacencia cambió su posición, pues después de
todo no era tan mala la reelección; máxime cuando había llegado a la presidencia
el mejor hombre de México para gobernar a sus compatriotas.

A principios de 1879 la legislatura de Morelos presentó una iniciativa para


reimplantar la reelección en México. Díaz no se inmutó, por lo que creció la
especulación del dejar hacer del presidente. Los corifeos que siempre desean
interpretar anticipadamente los deseos de un poderoso, vieron en esta señal el
avance para anunciar la reelección de Díaz.

El presidente dejó pasar prácticamente el año para responder en definitiva, que no


pensaba presentar su candidatura para reelegirse. De tal manera, el 16 de
septiembre de 1879, con motivo de su informe, aludió al hecho de que no
contendería electoralmente, aunque la reforma constitucional estuviera aprobada.
Con esta declaración, la iniciativa y los corifeos tuvieron que esperar para otros años
que en el futuro serían totalmente propicios a las intenciones del caudillo.

Este episodio es el mismo que se da en los relevos presidenciales, por lo que aterra
el hecho de que Díaz al principio lo rechazara, pero después fue sucumbiendo ante
el insistente golpeteo de iniciativas para implantar la reelección. Daniel Cosío
Villegas explica que el rechazo de Díaz se basó en las críticas de las legislaturas de
Jalisco, Puebla, Zacatecas, Aguascalientes, Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas,
Michoacán y Durango, que hicieron a la iniciativa de Morelos. 227 En estos estados
se encontraba el dominio de candidatos potenciales como el mismo Vallarta,
Trinidad García de la Cadena, Méndez, Jerónimo Treviño y Manuel González.

Díaz hizo un último esfuerzo convocando a una reunión de gobernadores para ganar
un foro nacional, con objeto de que sin tener que pronunciarse él mismo lo hicieran
los gobernadores por él y le rogaran la reconsideración de su reelección. Tampoco

227
Historia moderna de México. Porfiriato - Vida política interior. Primera parte. México. Hermes. 1970. p.
531.

135
esto funcionó, pues la táctica fue demasiado sutil para los tiempos y no logró los
resultados apetecidos.

Ante esta triste perspectiva, Díaz tenía que retirarse y preparar con mayor
detenimiento su posterior regreso, del cual no saldría sino por las armas de la
Revolución. Álvaro Obregón aprendió este esquema e hizo lo mismo, provocando
con ello el último magnicidio de nuestra historia.

Pero Díaz tenía que contar con la ayuda del sucesor para que éste lo apoyara en
su regreso. De hecho, para 1880 todos esperaban la designación de un candidato
oficial 228 que contara con la anuencia, por lo menos, del héroe saliente.

La conferencia de gobernadores se transformó entonces en el conducto para


transmitir los deseos del general Díaz, y hay evidencia epistolar en que demuestra
su predilección por Manuel González frente a la de los demás candidatos.

El 18 de noviembre de 1879, Vicente García Torres escribió en el influyente Monitor


Republicano, que Vallarta era el más meritorio de los candidatos, pero ya hemos
adelantado la tesis de que los méritos no son suficientes para lograr la primera
magistratura, además de que el propio Vallarta no promovió su candidatura y llegó
tarde a las postulaciones formales, pues su plataforma, denominada "Programa
Popular”, no la concretó el "Círculo Vallartista", 229 sino hasta el 5 de febrero de
1880, tres meses antes de las elecciones.

Lo anterior se debe a que Vallarta mismo no hizo campaña por él, ni abierta ni
subrepticia, pues sabía que si se entregaba a la política militante, sería una gran
incongruencia con sus tesis judiciales que tendían a la separación entre el derecho
y la política, por un lado, además de mal interpretarse su posición de alejar la figura
del presidente de la Suprema Corte de la Vicepresidencia para buscar él
personalmente la presidencia de la República.

Por tal motivo, dedicó sus esfuerzos durante 1879 y 1880 a otras empresas, sin
hacer exclusiva la búsqueda del Poder Ejecutivo en su agenda.

No obstante, aunque la opinión pública le favoreció abrumadoramente, sus propias


tesis de alejar la política del derecho lo aislaron. La reforma para la sustitución
presidencial debería interpretarse como un signo de su falta de interés por llegar a
la presidencia de la República. Su único apoyo en los Estados estaba en Jalisco,
pues no se había preocupado por buscar alianzas en otros estados, como el resto
de los candidatos. En su propio estado había una influencia que lo excluía por el
momento: la del general Tolentino que no apoyaría más que a Díaz.

228
Ídem, p. 534.
229
Integrado por Manuel Alas, presidente, Miguel Blanco y Múzquiz, Enrique Pazos, Leonardo López Portillo
y Prisciliano María Díaz González, secretario.

136
La atención de Vallarta se dispersó en consecuencia en labores que, a la postre, le
traerían más prestigio. El 30 de febrero de 1879 escribió su célebre voto en el caso
de Dolores Quesada Vda. de Almonte, por el cual declararía la constitucionalidad
de las facultades extraordinarias para legislar; el 4 de junio del mismo año pronuncia
su voto en el caso Larrache y Compañía, Sucesores, que es clásico en la
interpretación del artículo 14 constitucional, y es durante este año cuando aparece
el primer tomo de sus Votos o cuestiones constitucionales, pagado de su propio
peculio.

Por otra parte, Díaz estaba resuelto a excluir el civilismo de la sucesión, como los
presidentes civiles anteriores, Benito Juárez y Lerdo de Tejada, lo habían excluido
a él y a los militares. Pero paradójicamente, los líderes civiles, entiéndase abogados,
tampoco se unían en torno a su figura. El distanciamiento con Iglesias y la división
del gremio provocó que las grandes figuras civiles no apoyaran a Vallarta. Ireneo
Paz apoyó a García de la Cadena; Isidro Montiel y Duarte apoyó a Manuel M. de
Zamacona, lo mismo que Francisco Gómez del Palacio. Otros personajes
estuvieron a favor de Justo Benítez.

Por otra parte, los candidatos militares, como Jerónimo Treviño, Ignacio Mejía y
Miguel Negrete, abandonaron su candidatura o eran muy ancianos para contender
contra Manuel González, por lo que el único con ímpetu para hacerlo era García de
la Cadena, pero su influencia era muy pequeña, reducida sobre todo a Zacatecas.

De lo anterior se deduce que el candidato oficial fue el general tamaulipeco Manuel


González Flores, hijo de padres españoles, quien a pesar de haber militado con las
fuerzas conservadoras, no le impidió llegar a la presidencia, pues sus culpas habían
sido lavadas con las batallas del 2 de abril de 1867 en Puebla y del 16 de noviembre
de 1876 en Tecoac, esta última considerada como la que le dio la victoria definitiva
de Díaz sobre Lerdo de Tejada.

González también publicó su programa de gobierno el 5 de febrero de 1880 en


Tepic, pero esto no tuvo consecuencias negativas, pues gozaba del respaldo de
don Porfirio. 230

Desmembrado como Santa Anna, aunque de un brazo y no de una pierna,


demostraba su lealtad a la causa republicana y tuxtepecana. Fue nombrado con el
cargo de secretario de Guerra, al cual renunció el 15 de noviembre de 1879, y
después fungió como gobernador de Michoacán, por menos un mes, ya que se retiró
con licencia de la gubernatura el 10 de diciembre del mismo año.

Con la revisión de estas elecciones presidenciales, podemos concluir que el


autoritarismo de México mostró sus raíces históricas profundas. Quizá merezca
Porfirio Díaz el galardón por haber sido el primero en usar los métodos que aún hoy
padecemos, para hacer prevalecer a un candidato oficial. Vallarta comenzó a ser

230
Salvador Quevedo y Zubieta, Manuel González y su gobierno en México, Madrid, Espasa Calpe, 1928, p.
61-62.

137
opositor con el episodio presidencial de 1880, y a los dos años renunció a todo
puesto público y comenzó a trabajar por la unificación del Partido Liberal desde el
26 de mayo de 1880, vislumbrando con ello que la consolidación de los partidos
políticos sería la solución para excluir el caudillismo, tal como lo propagaría la
Revolución mexicana con la dirigencia de Francisco I. Madero.

No obstante, la realidad ha demostrado que los partidos políticos no han logrado


transformar sustancialmente el esquema que Porfirio Díaz nos legó, del cual Vallarta
fue su primera víctima.

Ing. Eduardo Bonillas


Candidato de Venustiano Carranza
a la Presidencia de la República
Wikiwand

138
CAPÍTULO SEXTO

LA INSTITUCIONALIDAD PRESIDENCIAL

XIX. La Constitución vigente opta por la continuidad Presidencial

Aunque la Revolución Social de 1910 se luchó contra el predominio de un


Presidente, la Constitución de 1917, por la convicción de Carranza permitió la
continuación del mismo sistema, observando la tendencia que hemos narrado.

1917 231 Venustiano Carranza 798 486 (97.18%) Total: 821,655


José Pablo González Garza 11 605 (1.41%)
Nicolás Zúñiga y Miranda 7 557 (0.92%)
Álvaro Obregón 4 007 (0.49%)

1920 232 Álvaro Obregón 1 131751 (95.8%) Total:1 181 550


Alfredo Robles Domínguez 233 47 442 (4%)
Nicolás Zúñiga y Miranda 2 357 (0.2%)

1924 - Plutarco Elías Calles234 1 340 634 (84.50) Total: 1 593 237
Ángel Flores 252 579 (15.85%)
Nicolás Zúñiga y Miranda 24 (0%)

231
Con la Constitución de este año, el período presidencial volvió al original término de 4 años.
232
En estas elecciones, el Presidente Carranza es asesinado en Tlaxcalaltongo, Puebla, el 21 de mayo de 1920
por Rodolfo Herrera. Se reporta que el asesinato fue a traición. La Revolución de Agua Prieta culminó con este
asesinato, el primera en la historia presidencial de México.
233
Postulado por el Partido Nacional Republicano, primer partido en utilizar las siglas PNR.
234
Propuesto por el Partido Laborista Mexicano

139
1928 Álvaro Obregón 1 673 453235 (100%) Total: 1 673 453
Francisco Serrano 236 0
Arnulfo R. Gómez 0

1929 (Elección extraordinaria)237


Pascual Ortiz Rubio 238 2 082 106 (100%) Total: 2 082 106
José Vasconcelos239 0
Pedro Rodríguez Triana 0
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

235
Obregón fue electo Presidente, pero no logró tomar posesión por el magnicidio ocurrido el 17 de julio de
1928 en el Parque de la Bombilla, San Ángel. Este año presenciamos la elección más sangrienta de nuestra
historia, donde todos los candidatos fueron asesinados.
236
Tanto Serrano como Gómez fueron asesinados en plena campaña presidencial
237
Primera elección por seis años, a raíz de la reforma promovida por Obregón el año anterior
238
Se estrenó el Partido Nacional Revolucionario (PRI) con este candidato fallido y de poco prestigio. Sobresale
su competencia electoral contra Vasconcelos, figura nacional de gran popularidad sobre todo entre la juventud.
239
Postulado por el Partido Nacional Antirreleccionista. No obtuvo ningún voto sospechosamente, aunque fue
apoyado por Manuel Gómez Morín

140
Lázaro Cárdenas. Expropiación petrolera.
Palabrasclaras.mx

141
XX. La Presidencia Institucional

El período presidencial de seis años, visualizado desde 1835 por Guadalupe Victoria
y formalizado por la reforma de Álvaro Obregón en 1928, con el objetivo de
prolongar su propio mandato presidencial, fue un elemento que permitió el
florecimiento de las políticas nacionales estables y el crecimiento y consolidación
de la Presidencia.
Los mandatos cortos e inestables de los Presidentes durante el siglo XIX,
encubados en un clima de violencia, poco podían abonar en su legitimidad y la
voracidad de las facciones no permitían su desarrollo. Al final, la solución fue
establecer las dictaduras que se sobrepusieran a las circunstancias variables.
La consolidación de partidos políticos fue un instrumento para lograr la
compensación de ideologías e intereses. Su carencia que se denunciaba al inicio
de la vigencia de la Constitución de 1917, para evitar la adopción de un sistema
parlamentario, comenzaba a convertirse en realidad, al abrigo de la Ley de
Elecciones de 1911 y la eclosión de nuevos partidos.
Al amparo del período fijo de seis años y la consolidación de partidos políticos, las
elecciones presidenciales tuvieron el siguiente comportamiento, a partir de 1934:

1934 - Lázaro Cárdenas 2 225 001 (98.2%) Total: 2 265 971


Antonio I. Villarreal 24 395 (1.1%)
Adalberto Tejeda 16 037 (0.7%)
Hernán Laborde 539 (0)

1940- Manuel Ávila Camacho 2 476 641 (93.90%) Total: 2 637 582

Juan Andreu Almazán 151 101 (5.73%)


--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1946 - Miguel Alemán 1 786 901 (77.9%) Total: 2 294 728
Ezequiel Padilla 443 357 (19.3%)
Enrique E. Calderón 33 952 (1.5%)
Jesús Agustín Castro 29 337 (1.3%)

142
1952 - Adolfo Ruiz Cortines 2 713 745 (74.32%) Total: 3 651 483
Miguel Henríquez Guzmán 579 745 (15.88%)
Efraín González Luna 285 355 (7.82%)
Vicente Lombardo Toledano 72 482 (1.99%)

1958 - Adolfo López Mateos 6 767 754 (89.81%) Total: 7 485 403
Luis H. Álvarez 705 303 (9.42%)
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1964 - Gustavo Díaz Ordaz 8 368 446 (88.81%) Total: 9 422 195
José González Torres 1 034 337 (10.98%)

1970 - Luis Echeverría Álvarez 11 904 893 (86%) Total: 14 117 701
Efraín González Morfín 1 945 070 (14%)
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1976 - José López Portillo 16 424 021 (93.5%) Total: 17 606 872
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1982 - Miguel de la Madrid 16 748 008 (70.96%) Total: 23 563 236
Pedro Emilio Madero 3 700 045 (15.69%)
Arnoldo Martínez Verdugo 821 995 (3.49%)
Ignacio González Gollaz 443 886 (1.84%)
Rosario Ibarra de Piedra 416 448 (1.77%)
Cándido Díaz Cerecedo 342 005 (1.45%)
Manuel Moreno Sánchez 48 413 (0.21%)
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1988 - Carlos Salinas de Gortari 9 687 926 (50.36%) Total: 19 801 218
Cuauhtémoc Cárdenas 5 929 585 (31.12%)
Manuel Clouthier 3 208 584 (17.07%)
Gumersindo Magaña 190 891 (1%)
Rosario Ibarra de Piedra 74 857 (0.39%)

1994 - 240 Ernesto Zedillo 17 181 651 (48.69%) Total: 34 276 901

240
El original candidato del PRI había sido Luis Donaldo Colosio al cual, en un acto de campaña en la zona de
Lomas Taurinas, Tijuana, fue asesinado el 23 de marzo de 1994. El asesino Mario Aburto disparó hacia la
cabeza y el abdomen y penetró con facilidad hacia el candidato.

143
Diego Fernández de Cevallos 9 146 841 (25.92%)
Cuauhtémoc Cárdenas 5 852 134 (16.59%)
Cecilia Soto 970 121 (2.75%)
Jorge González Torres 327 313 (0.93%)
Rafael Aguilar Talamantes 297 901 (0.84%)
Álvaro Pérez Treviño 192 795 (0.55%)
Marcela Lombardo Otero 166 594 (0.47%)
Pablo Emilio Madero 97 935 (0.28%)

2000 - Vicente Fox Quezada 15 989 636 (42.52%) Total: 37 601 618
Francisco Labastida Ochoa 13 579 718 (36.11%)
Cuauhtémoc Cárdenas 6 256 780 (16.64%)

2006 - Felipe Calderón 15 000 284 (35.89%) Total: 41 791 322


Andrés Manuel López Obrador 14 756 350 (35.31%)
Roberto Madrazo Pintado 9 301 441 (22.26%)
Patricia Mercado 1 128 850 (2.70%)
Roberto Campa Cifrián 401 804 (0.96%)

2012 - Enrique Peña Nieto 19 226 784 (39.17%) Total: 50 143 616
Andrés Manuel López Obrador 15 896 999 (32.41%)
Josefina Vázquez Mota 12 786 647 (26.03%)
Gabriel Quadri de la Torre 1 150 662 (2.34%)

2018 - Andrés M. López Obrador 30 113 483 (54.71%) Total: 56 611 027
Ricardo Anaya Cortés 12 610 120 (22.91%)
José Antonio Meade Kuribreña 9 289 853 (16.88%)
Jaime Rodríguez Calderón 2 961 732 (5.38%)
Margarita Zavala 32 743 (0.06%)

144
Del cuadro anterior, podemos deducir que la votación popular hacia los presidentes
ha declinado desde 1982 y contrasta con los heroicos resultados de los anteriores
presidentes a partir de 1934 que obtuvieron más del 90 % de resultados a su favor.
Las contiendas electorales se han complicado con mayor número de partidos
políticos, que han tenido que coaligarse, y los candidatos se han replegado en
número en torno a las coaliciones. También es de notarse la presencia de
candidatos sin partido o independientes, cuya legitimidad se ha consolidado a pesar
de regulaciones electorales no aptas para contemplar su condición. Los agravios de
los candidatos independientes se han solventado parcialmente con las instancias
internacionales que siempre han sido de gran beneficio para la democracia electoral
en México.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos intervino en el caso de Jorge
Castañeda Gutman del 2004, obligando a México adecuar la legislación electoral al
sistema interamericano para permitir la participación de los ciudadanos en las
elecciones, sin necesidad de ser registrados por los partidos políticos, según la
sentencia del 1º. de julio de 2009. Esta acción benefició la democracia en México,
permitiendo devolver a los ciudadanos su participación en la vida pública del país,
sin tener que recurrir a la validación de los partidos políticos.

145
CAPÍTULO SEPTIMO

LA SOLEMNIDAD EN EL PODER PRESIDENCIAL 241

XXI. La protesta presidencial

La Constitución Mexicana establece en su artículo 87 la obligación del Presidente


de protestar ante el Congreso o la Comisión Permanente tanto el cumplimiento de
guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen, como el
desempeño “leal y patriótico” del cargo para el cual fue electo. Esta obligación
constitucional es de la más alta importancia, por la jerarquía de la norma que la
contempla, aunque entraña sólo una formalidad que no cuenta con más efectos que
cumplir un requisito de forma, ya que el acto de investidura presidencial ha sido
previamente declarado válido por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación y existe constitucionalmente desde el momento en que se le ha
entregado la constancia correspondiente. La existencia del acto respecto al
nombramiento de Presidente electo depende del cómputo final de la elección, la
sustanciación y el desahogo de las impugnaciones relativas y la declaratoria de
validez de la elección presidencial, que lleva a cabo enteramente, por disposición
del artículo 99 constitucional, la Sala Superior del Tribunal Electoral de Poder
Judicial de la Federación. De esta manera, la disposición referida del Congreso de
la Unión es un requisito de forma que no cuestionaría la validez o existencia de la
elección presidencial.

Sin embargo, el formalismo de la protesta presidencial fue cumplida en la


madrugada del 1º. de diciembre de 2006 a las 0:00 horas en la residencia oficial de
Los Pinos y posteriormente a las 9:46 horas, del mismo día, ante el Congreso de la
Unión, en el Palacio Legislativo, en una atropellada sesión conjunta del Congreso
que duró 6 minutos, apenas suficientes para pronunciar las 62 palabras que
importan tanto la protesta de cumplir con las leyes como la promesa de lealtad para
desempeñar el cargo para el que fue electo, el Presidente Felipe Calderón
Hinojosa.242

241
Tomado del libro Manuel González Oropeza. La Protesta Presidencial. ¿Anacronismo o requisito de
validez?. Universidad Olmeca. Oxford University Press. 2009. 132 p.
242
La toma de protesta presidencial de 2006 estuvo rodeada de grandes encabezados periodísticos de contenido
alarmista, aun antes con motivo del último informe presidencial de Vicente Fox, como ejemplos damos los
siguientes: “Aprobaría el Congreso la suspensión de garantías si lo pide Fox: Constitucionalista” (La Jornada,
9 de septiembre de 2006), “Sería un dictador. Según especialista en Derecho Constitucional, si Felipe Calderón
no rinde protesta ante el pleno del Congreso de la Unión” (La Jornada, 15 de noviembre de 2006)

146
Anticipo mi opinión en el sentido de que la protesta de cumplir con la Constitución y
leyes es una mandamiento de orden público, por lo que no se requeriría de ninguna
protesta formal y explícita, de no ser porque la Constitución lo determina así, como
una práctica obsoleta, y lo reitera para todo funcionario público en el artículo 128,
en el cual se prescribe “sin excepción alguna” para todos los servidores públicos,
243
la protesta de guardar la Constitución y las leyes, sin exigir la protesta de lealtad
para desempeñarse leal y patrióticamente que se exige sólo para el Presidente de
la República. Lo anterior obedece al hecho de que desde el Derecho Romano hay
normas que mandan de manera necesaria e invariable sin dejar lugar a la voluntad
individual, como lo explicó Frederich Carl von Savigny en su clásica obra sobre El
sistema del Derecho Romano Actual, a las cuales denominó normas “absolutas e
imperativas”. 244

No hay, en consecuencia, norma más absoluta e imperativa que la establecida como


principio general del Derecho en los Códigos Civiles, que el respeto por cumplir la
ley y, en consecuencia, la prohibición de derogar las disposiciones legales por
convenios entre particulares, según reza el artículo 6º. del Código Civil de los
Franceses de 1804 y que se repite en nuestra legislación civil, a través de los
artículos 6º. 8º. y 10 del Código Civil Federal. 245 De tal manera, no hay necesidad
de hacer expresión pública y formal de obedecimiento a las leyes, por lo que la
grave disposición constitucional que prescribe la protesta presidencial es, en
realidad, obsoleta e innecesaria.

La voluntad de los individuos y, particularmente de los servidores públicos, no puede


ser condición para que se respete la Constitución y las leyes del país, ya que desde
su normativa fundamental, todos los habitantes están obligados a cumplir con las
leyes vigentes y a respetar y obedecer a las autoridades, según se estableció en los
primeros textos constitucionales de México. 246

243
Lo radical de esta disposición se entiende por los problemas que hubo en nuestro país para lograr la
obediencia a las Constituciones y leyes de la República, por parte de clérigos y sectores que, basados en las
directivas eclesiásticas, se negaban rotundamente a obedecer las disposiciones normativas
244
Rolando Tamayo y Salmorán. “Orden Público”. Diccionario Jurídico Mexicano. Editorial Porrúa-UNAM.
Tomo I – O. México. 2005. p. 2702. Lo mismo se ha referido en la sentencia del Tribunal Constitucional de
España en la sentencias 119/1990 y 74/1991: “El requisito del juramento o promesa es una supervivencia de
otros momentos culturales y de otros sistemas jurídicos a los que era inherente el empleo de ritos o fórmulas
verbales ritualizadas como fuentes de creación de deberes jurídicos y de compromisos sobrenaturales... no
resulta congruente una interpretación de la obligación de prestar acatamiento a la Constitución que antepone un
formalismo rígido a toda otra consideración, porque de ese modo se violenta la misma Constitución de cuyo
acatamiento se trata (...)”. Los Derechos del Pueblo Mexicano. México a través de sus Constituciones.
Comentario Artículo 55 (Marco Antonio Zavala Arredondo) . Sección Segunda. Tomo XVIII. p. 46-47
245
Artículo 6º. La voluntad de los particulares no puede eximir de la observancia de la ley, ni alterarla o
modificarla. Sólo pueden renunciarse los derechos privados que no afecten directamente el interés público,
cuando la renuncia no perjudique derechos de tercero.
Artículo 8º. Los actos ejecutados contra el tenor de las leyes prohibitivas o de interés público serán nulos,
excepto en los casos en que la ley ordene lo contrario.
Artículo 10. Contra la observancia de la ley no puede alegarse desuso, costumbre o práctica en contrario.
246
Constitución Política del Estado de las Chiapas (19 de noviembre de 1825). Art. 8. Los deberes de los
chiapanecos son:-1.° Observar la constitución y las leyes. Constitución del Estado de Chihuahua (7 de diciembre
de 1825). Art. 18. Son obligaciones de los chihuahuenses:-3.° Respetar á las autoridades, prestarles auxilios, y

147
ser fieles observantes de la ley. Constitución del Estado de Coahuila y Tejas (11 de marzo de 1827). Art. 14.
En correspondencia todo hombre que habite en el estado debe obedecer sus leyes, respetar sus autoridades
constituidas, y contribuir al sostenimiento del mismo modo que éste lo pida. Art. 218. La observancia de la
constitución en todas sus partes es una de las primeras y más sagradas obligaciones de los habitantes del estado
de Coahuila y Tejas; de ella no puede dispensarles ni el congreso ni otra autoridad alguna, y todo coahuiltejano
puede reclamar dicha observancia, representando con este objeto al congreso o al gobierno. Art. 219. Cualquier
infracción de la constitución hace responsable personalmente al que la cometió. A fin de que se haga efectiva
esta responsabilidad, el congreso dictará las leyes y decretos que crea conducentes, y además todos los años en
sus primeras sesiones tomará en consideración las infracciones que le hagan presentes la diputación permanente
y consejo de gobierno, y dispondrá lo conveniente. Constitución del Estado de Durango (1° de septiembre de
1826). Art. 16. Será obligación de todo duranguense ser fiel a la constitución general de la nación, y á la
particular del estado, someterse a las leyes vigentes, respetar y obedecer á las autoridades legítimamente
constituidas; contribuir en proporción de sus haberes para los gastos públicos, y estar pronto á defender la patria
con las armas, cuando sea llamado por la ley al cumplimiento de tan sagrado deber. Art. 135. Es estrecha
obligación de todos los habitantes del estado observar fiel y exactamente esta Constitución, sin que ni el
congreso, ni ninguna otra autoridad pueda dispensarla. Constitución del Estado de Guanajuato (14 de abril de
1826). Art. 14. Todo guanajuatense está obligado: -1. A ser fiel á la nación mexicana y al estado, á obedecer
la acta constitutiva y constitución general de la república, no menos que la particular del estado, y á cumplir las
leyes y respetar las autoridades legítimamente constituidas. Art. 221. La observancia de la constitución es un
deber de todo habitante del estado, de que no podrá dispensarlo ni el congreso mismo. Constitución del Estado
de México (14 de febrero de 1827). Art. 230. Todos los habitantes del estado están obligados bajo
responsabilidad, a observar la constitución en todas sus partes. Constitución del Estado de Michoacán (19 de
julio de 1825). Artículo 13. El Estado de Michoacán los respetará como sagrados é inviolables en los hombres
de cualquier país del mundo que pisen su terreno, aunque sea solo de tránsito. Ellos por su parte cumplirán con
el deber de respetar sus autoridades y de sujetarse a sus leyes. Constitución del Estado de Oaxaca (14 de enero
de 1825). Artículo 20. Las obligaciones de los oaxaqueños son: -2°. Vivir sumisos a las leyes y a las autoridades
constituidas. Constitución del Estado de Puebla (7 de diciembre de 1825). Artículo 6. Todo habitante del Estado
tiene obligación de obedecer las leyes, y respetar las autoridades. Constitución del Estado de Nuevo León (5
de marzo de 1825). Artículo 9. El estado garantizará a todo individuo, habitante, estante y aun transeúnte la
seguridad de su persona, propiedad y demás bienes y derecho que le pertenecen. Artículo 10. En
correspondencia cumplirá fielmente las obligaciones que le imponga la ley y respetará las autoridades
constituidas. Constitución de Estado de Querétaro (12 de agosto de 1825). Artículo 12. Todos los habitantes en
territorio del estado, aun en clase de transeúntes, están obligados a obedecer las leyes que rijan en él, y a respetar
las autoridades establecidas. Constitución Política del Estado de San Luis Potosí (17 de octubre de 1826).
Artículo 11. Todo hombre que vive en el estado, o transite por él, sea cual fuere su origen, su título ó empleo
debe obedecer las leyes y autoridades en él constituidas. Constitución Política del Estado Libre de Occidente
(31 de octubre de 1825) Artículo 24. Las obligaciones de los sonorenses son: 2ª Obedecer las autoridades
constituidas y ser dóciles a las leyes. Constitución Política del Estado de Tabasco (5 de febrero de 1825) Sección
3ª. Obligaciones de los tabasqueños. Artículo 12. Todo tabasqueño sin distinción alguna está obligado: 2ª A
obedecer las leyes generales de la nación y particulares del estado. Constitución Política del Estado de
Tamaulipas (6 de mayo de 1825) Artículo 14. En correspondencia todo hombre que habite en el estado está
obligado a cumplir las leyes, a respetar y obedecer a las autoridades, y a contribuir como el estado lo pida a
sostenerlo. Constitución Política de Estado Libre de Jalisco (18 de noviembre de 1824). Artículo 10. En
correspondencia todo hombre que habite en el estado, debe respetar y obedecer a las autoridades constituidas y
contribuir al sostén del mismo estado del modo que éste lo pida. Constitución Política de Estado Libre de
Yucatán (6 de abril de 1825) Capítulo V. Obligaciones de los yucatecos. Artículo 10. Todo yucateco sin
distinción alguna está obligado: 3º A obedecer las leyes. Constitución Política del Estado Libre de Zacatecas

148
La obligación impuesta al Presidente por el artículo 87 constitucional se explica
como una formalidad histórica, sucedánea del juramento religioso que había sido
adoptado por las Constituciones y leyes históricas de nuestro país. Esta obligación
fue desarrollada por la tradición antigua de jurar ante Dios el respeto hacia las leyes
y la promesa de cumplir lealmente un cargo público. 247 Originalmente, el carácter
religioso del juramento proviene de la disposición en la Constitución de los Estados
Unidos en su artículo II, fracción 1, párrafo 8 248, que pervive en la actualidad al ser
protocolo aceptado el jurar sobre una Biblia.

No obstante el juramento sobre la Biblia y las oraciones o alocuciones que los


Presidentes de los Estados Unidos suelen hacer en sus discursos inaugurales,
tienen en la actualidad cuestionamientos de parte de la sociedad norteamericana,
la cual no está totalmente convencida de la procedencia de este juramento, tanto
en su dimensión religiosa, con la Sociedad de Amigos, comúnmente conocida como
“Cuáqueros”, que en 1650 a través de George Fox cuestionó bíblicamente la
obligación de juramentar; 249 como en el ámbito civil, donde el juramento se ha
cambiado por una protesta o promesa (affirmation) como lo hicieron públicamente
los presidentes de Estados Unidos, Franklin Pierce y Herbert Hoover. 250

A pesar de lo anterior, este juramento previsto en la Constitución de los Estados


Unidos, se le ha tratado con la categoría de una formalidad que no ofrece ningún

(17 de enero de 1825) Artículo 8. Sus obligaciones son: 1.A ser fieles a la constitución obedecer las leyes y
respetar a las autoridades legítimamente constituidas.
247
Un resabio de esta práctica, se observa aún en la actualidad, en la protesta (“swear in”) del Presidente de los
Estados Unidos, que se realiza sobre una Biblia.
248
En un orden diverso, la Constitución de Estados Unidos prescribe la obligación para el Presidente de jurar,
antes de tomar el cargo, el fiel desempeño de sus obligaciones, así como el cumplimiento de la Constitución y
las leyes. En el caso Lier Siegler Inc. v. Lehman 842 F.2d. 1102 (9th. Cir. 1988) se reconoció judicialmente la
facultad del Presidente para no ejecutar en el ámbito de su competencia una ley federal considerada como
inconstitucional. El veto presidencial es un instrumento que los Ejecutivos utilizan para hacer ver al Congreso
su desacuerdo con las leyes y, de la misma manera, hacer valer argumentos de constitucionalidad. El juramento
no lo faculta, en principio, a desobedecer las leyes a menos que su opinión esté confirmada por una resolución
coincidente de la Suprema Corte o esté sosteniendo una opinión en defensa de la prerrogativa presidencia.
Christine E. Burgess. “When May a President refuse to Enforce the Law?” 72 Tex. L. Rev. 471 Febrero 1994.
Vid. Steven G. Calabresi y Salkrishna B. Prakash. “The President´s Power to Execute Laws”. 104 Yale L. J.
541 Diciembre 1994.
249
Paul S. Gillies. “Ruminations: Mighty Oaths”. 31 Ver. B. J. & L. Dig. 17. Primavera 2005.
250
Desde los debates del Congreso Constituyente de los Estados Unidos, varios representantes, como James
Wilson mostraron su escepticismo por los juramentos. Vic Snyder. “You´ve taken an oath to support the
Constitution, Now What? The Constitutional requirement for a Congressional Oath of Office”. 23 U. Ark. Little
Rock L. Rev. 906. Verano 2001.

149
cuestionamiento acerca de cómo se rinde251 o ante quién se rinde el juramento, 252
en dónde ser rinde, 253 ni a qué hora;254 es decir, el protocolo ha sido flexible 255 a
pesar de que se trata de la obligación constitucional que se tiene que cumplir y que
inspiró seguramente a nuestro sistema, que ha devenido en uno más formalista,
como si la protesta presidencial requiriera de un riguroso protocolo, como el de la
coronación de un monarca, que sigue los cánones de juramentos religiosos. Lo
anterior se encuentra excesivo, ya que el sistema presidencial es, por esencia,
contrario a este formalismo que en la actualidad se pretende exigir.

La obligación de jurar la Constitución por parte de los servidores públicos ha tenido


significación en los Estados Unidos, pues de ella se ha desprendido la facultad de
anular las leyes y actos contrarios a la Constitución por parte de los jueces y del
propio Presidente. El célebre Presidente de la Suprema Corte de Estados Unidos,
John Marshall, fundó su facultad para desatender el artículo 13 de la Ley de
Organización Judicial (1789) en el célebre caso de Marbury v. Madison 5 US 137
(1803) en la obligación de aplicar la supremacía constitucional refrendada con su
juramento. Marshall consideró inmoral el que los jueces administren justicia sin
tomar en cuenta su obligación de respetar la Constitución formalizada a través del
juramento.256

251
Aunque existe una fórmula prescrita por la Constitución, los Presidentes de Estados Unidos han sido libres
en pronunciar las palabras que consideran oportunas en la solemnidad, sin ceñirse a la fórmula constitucional,
desde la toma de posesión de 1801 con Thomas Jefferson. Posteriormente, en 1953, Dwight Eisenhower incluyó
la protesta en su propio discurso de posesión. Blomquist. Op. Cit. p. 9 y ss.
252
Quizás el único prurito al respecto es que el juramento no puede rendirse ante sí mismo, pues habría conflicto
de intereses, ya que el Presidente no es un Emperador como Napoleón, para coronarse a sí mismo, y
precisamente porque si se acepta la necesidad de un juramente debe hacerse ante otra persona de jerarquía. El
no hacer la protesta en nuestro medio, no implicaría una protesta ante sí mismo, sino no hacer acto explícito
alguno que implique la aceptación voluntaria de someterse a la Constitución y las leyes, ya que en nuestra
opinión es innecesaria, sino de asumir el cargo en la fecha prescrita y pronunciar un mensaje ante la Nación,
por la vía idónea, para reiterar su compromiso de desempeñar lealmente su encargo. Calvin Coolidge tomó la
protesta ante su propio padre, quien fungió en su carácter de notario público, en 1923, cuando sucedió al
Presidente Warren G. Harding quien falleció durante su encargo. En el caso de Chester Arthur, quien prestó
juramento el 20 de septiembre de 1881, se acotó de manera sutil que el juramento debería prestarse ante un
funcionario federal y no ante uno estatal, como había sucedido con él en Nueva York donde se encontraba ante
la muerte del Presidente James Garfield. Sin embargo, a partir de una ley de 2002 que regula este aspecto (5
USC 2903, c) ya cualquier funcionario estatal que tenga competencia para tomar juramentos, puede hacerlo a
funcionarios federales. Blomquist. Op. Cit. p. 24, 25 y 43
253
Se ha rendido en las distintas escalinatas del Capitolio, en la Rotonda al interior del Capitolio; y en casos de
emergencia, en aviones, casas particulares y donde se de la ocasión para hacerlo.
254
Se ha hecho en la mañana, tarde o noche del día 20 de enero.
255
Ha habido ocasiones en que el juramento se ha hecho dos veces en nuestro país, como sucedió con la protesta
presidencial en México del 2006. El último caso se dio aparentemente con John F. Kennedy, quien protestó el
cargo el domingo 20 de enero de 1960 en la Casa Blanca y esperó el lunes siguiente para hacerlo en el Pórtico
Este de Capitolio. Ya Woodrow Wilson lo había hecho antes en una ceremonia privada el domingo 4 de marzo
de 1917 y el lunes, en una ceremonia pública, 5 de marzo de 1917, cuando fue reelecto. De la misma manera,
James Monroe esperó un día después para prestar juramento como Presidente, el día 5 de marzo de 1821,
esperando que la remodelación de la entrada de la Cámara de Representantes fuera terminada. Monroe debió
haber tomado protesta el domingo 4 de marzo, pero difirió por la razón aludida un día más la ceremonia. Lo
mismo sucedió con el juramento de Zachary Taylor en 1849. Blomquist. Op. Cit. p. 11, 15 y 23
256
Patrick O. Gudridge. “Marbury at 200: A Bicentennial Celebration of Marbury v. Madison at 200: Judicial
Supremacy Today: The Office of the Oath”. 20 Constitutional Commentary 387. Verano 2003.

150
Por su parte, el juramento que solemnemente hace el Presidente de los Estados
Unidos ha servido en la actualidad para sostener que el titular del Poder Ejecutivo
puede y está facultado para no aplicar leyes que considere contrarias a la
Constitución, de la misma manera que los jueces ejercen dicha potestad a través
de la revisión judicial, en una especie de “revisión presidencial”, según la expresión
acuñada por el juez federal Frank Easterbrook 257. Este problema ya se ha
planteado en México cuando el gobernador José Santos Godínez de Nayarit,
argumentó en 1919, que tenía facultades para no el promulgar ciertas reformas a la
Constitución del Estado, por considerarlas inconsistentes con el texto fundamental
del Estado.

El juramento existió en la primigenia Constitución Federal Mexicana de 1824 y


provocó rebeliones en diversas partes del territorio de país, por la pertinaz rebeldía
de clero de la época. De 1825 a 1830 se dan los primeros casos donde sacerdotes
se negaron expresamente a jurar la Constitución y provocaron su expulsión del país,
así como los primeros choques entre el poder civil y el eclesiástico. Vicente
Francisco Sarría y Narciso Durán de la Misión de Santa Rosa de todos los Santos,
en las Californias, fueron expulsados en 1830, así como Luis Antonio Martínez de
la Misión de San Luis Obispo. 258

Aunque la práctica de la protesta presidencial en los Estados Unidos no sería


compatible con la tradición liberal mexicana, no cabe duda que si es atendible para
dimensionar el valor protocolario de dicha protesta. En México la protesta
presidencial cambió sustancialmente desde la ley del 6 de diciembre de 1860 259
que dispuso la eliminación del juramento (religioso) por la “simple protesta”.

En el artículo 9º. de dicha ley se prescribió:

Cesa por consiguiente la obligación legal de jurar la observancia de la


Constitución, el buen desempeño de los cargos públicos y de diversas
profesiones antes de entrar al ejercicio de ellas… En todos estos casos y en
cualesquiera otros en que las leyes mandaban hacer juramento, será este
reemplazado en adelante por la promesa explícita de decir la verdad en lo

257
J. Randy Beck. “Book Review: Presidential Defiance of ´Unconstitutional´ Laws: Reviving the Royal
Prerogative by Christopher N. May. Westport CT. Greenwood Press. 1998. p. XIV. 215” 16 Constitutional
Commentary 419. Verano 1999.
258
Manuel González Oropeza y Mario Vargas Aguiar. Digesto Constitucional Mexicano. La Constitución de
Baja California Sur. Editoria Laguna. 1996. p. 23
259
Esta ley fue promulgada el 4 de diciembre de 1860 por Benito Juárez, como Presidente interino, y se
reproduce íntegra en la reedición facsimilar del libro Colección de Leyes, Decretos, Circulares y Providencias
1856-1861. Tomo 2. (1ª. Edición de 1861). Reproducción facsimilar por la Suprema Corte de Justicia 2006. p.
329-342

151
que se declara o de cumplir bien y fielmente las obligaciones que se
contraen… 260

El 3 de diciembre de 1861, se discutió en el Segundo Congreso Constitucional, la


iniciativa presentada por la Legislatura del Estado de Oaxaca: “para suprimir todos
los artículos constitucionales que tratan de prestar juramento, quedando sustituido
con una simple protesta, la supresión del artículo 123 261 y el establecimiento como
artículo constitucional, el 1º. de la ley de 4 de diciembre de (1)860, 262 dada en
Veracruz por el gobierno constitucional.” 263

La iniciativa no era feliz en su concepción, aunque su objetivo era claro: hacer


congruente la Constitución de 1857 que no había logrado establecer la libertad de
cultos, con la total separación del Estado y la Iglesia Católica. El diputado Gamboa
expresó lo siguiente en dicha sesión:

Es de todo punto innecesaria la determinación de la autoridad o del poder


que intervendrá hoy en las cuestiones del culto y disciplina que toca
exclusivamente al clero; pero la autoridad cuidará al clero como a todos los
ciudadanos, en la observancia de las leyes, en la paz pública y en el orden
social. 264

El entonces diputado Ezequiel Montes manifestó su preocupación por eliminar el


artículo constitucional que se refería a la facultad de la autoridad federal para regular
el culto religioso, ya que con la ley de diciembre de 1860 se había avanzado en
establecer, a nivel de ley secundaria, la libertad de cultos y, según su apreciación,
ya constituiría una garantía individual que, por naturaleza estaría bajo la jurisdicción
de los poderes federales. En esta apreciación coincidió Ignacio Mariscal quien
también era diputado en la época.265 No obstante, la iniciativa se aprueba con el

260
Blas José Gutiérrez Flores Alatorre. Leyes de Reforma. Colección de disposiciones que se conocen con este
nombre, publicadas desde el año de 1855 al de 1870. Tomo II. Parte III. Miguel Zornoza Impresor. México.
1870. p. 578
261
El artículo 123 constitucional (1857) determinaba que: “Corresponde exclusivamente a los poderes federales
ejercer en materias de culto religioso y disciplina externa, la intervención que designen las leyes”. De la misma
manera, el artículo 121, que es el antecedente del actual artículo 128 de la Constitución, prescribía: “Todo
funcionario público, sin excepción alguna, antes de tomar posesión de su encargo, prestará juramento de guardar
y hacer guardar esta Constitución y las leyes que de ella emanen”.
262
Dicho artículo prescribía: “Las leyes protegen e ejercicio del culto católico y de los demás que se establezcan
en el país, como la expresión y efecto de la libertad religiosa, que siendo un derecho natural del hombre, no
tiene ni puede tener más límites que el derecho de tercero y las exigencias del orden público. En todo lo demás,
la independencia entre el Estado, por una parte, y las creencias y prácticas religiosas por otra, es y será perfecta
e inviolable. Para la aplicación de estos principios se observará lo que por las leyes de la Reforma y por la
presente se declara y determina”.
263
Felipe Buenrostro. Historia del Segundo Congreso Constitucional de 1861, 62 y 63. 1er. Tomo. Suprema
Corte de Justicia (Edición facsimilar) 2005. p. 71
264
Ibidem
265
La supresión de este artículo también importaba otra discusión de igual importancia. Si los poderes federales
no tendrían la facultad de regular el culto, entonces serían los Estados. Gamboa, con poco conocimiento de la
distribución de competencias, manifestó que los Estados no podrían regular el culto pues la ley federal de
diciembre de 1860 prohibía que intervinieran en esta materia. No cabe duda que una competencia de esta

152
solo voto en contra del diputado Suárez Navarro, por la supresión de todo lo relativo
al juramento.

En un segundo aspecto que podemos mencionar como antecedente de la posible


utilidad del juramento que ocurre en la toma de posesión presidencial de los Estados
Unidos, es que el juramento se ha visto como causal para fincar la responsabilidad
política del Presidente, cuando éste contraviene precisamente la Constitución y las
leyes que juró cumplir y observar. Esta circunstancia no existe en México, pues el
Presidente de la República tan sólo es responsable de delitos, como traición a la
Patria y delitos graves del orden común, según el artículo 108, segundo párrafo, de
la Constitución.

En conclusión, de la experiencia de los Estados Unidos pueden desprenderse las


siguientes ventajas para que el juramento sobreviva:

1. El juramento se acompaña de un mensaje del Presidente en turno donde fijan


políticas de importancia. En otras palabras, lo importante ha sido el mensaje
y no el juramento por sí mismo
2. En caso de emergencia, el juramento da certeza de que no existe ausencia
de poder
3. El juramento garantiza que el Presidente es enjuiciable políticamente por
violaciones a la Constitución
4. El juramento implica certeza en la fidelidad para el cumplimiento de sus
obligaciones. 266

En contraste, México es un Estado laico, regido por el principio de orden público,


donde las normas imperativas no requieren de la voluntad de la persona para ser
observadas, cuyo titular del Poder Ejecutivo no es responsable políticamente por
violaciones a la Constitución y a las leyes no penales.

El origen religioso del juramento en México se observa claramente con la práctica


observada durante el siglo XIX, donde se acompañaba con celebraciones de rito,
como los oficios de Te Deum. En varias fuentes de la época, como La vida en
México de Madame Calderón de la Barca, sólo se menciona lo siguiente “Cantóse
un Te Deum hoy en la mañana en la Catedral; el Arzobispo le recibió como a un
nuevo Presidente”267; se refiere a la entrada de Santa Anna a la ciudad de México
el 7 de octubre de 1841. De igual manera, en el Diario histórico de México, de Carlos
María de Bustamante, se hacen múltiples referencias a los Te Deum que se
realizaban cuando un nuevo presidente tomaba el cargo, pero pocos detalles se dan
al respecto. Por ejemplo, se habla del Te Deum realizado en la Catedral en honor a

narturaleza no podía hacerse a través de una ley federal, sino que tendría que estar expresamente en la
Constitución, como lo sugería Montes. Cfr. Buenrostro. Op. Cit. p. 73
266
Robert F. Blomquist. “The Presidencial Oath, the American National Interest and a Call for Presirpudence”.
73 University of Missouri-Kansas City School of Law 37. Verano 2004.
267
Frances Erskine Inglis Calderón de la Barca. La vida en México durante una residencia de dos años en ese
país. Traducción y prólogo de Felipe Teixidor, 14ª ed., México, Porrúa, 2006, LXVII-498 págs. (Sepan
Cuantos, 74), Carta XLV. p. 377.

153
Guadalupe Victoria, en 1824. Más adelante se habla del Te Deum realizado en
honor de Valentín Gómez Farías en 1833 (“…el Te Deum se cantó con la boca en
Catedral, pues nomás que se cantó, porque tienen boca los cantores, pero su
corazón distó mucho del objeto de aquella reunión sagrada…”)268. En donde más
información tenemos es en el Te Deum de Anastasio Bustamante, el 19 de abril de
1837:

El Congreso continuó en sesión ínterin el presidente marchó para la


Catedral al Te Deum. El templo se aderezó perfectamente. A su entrada
salió el cabildo eclesiástico con capas corales hasta la puerta principal.
En el umbral de la iglesia estaba colocado un cojín de tisú de oro
riquísimo, allí se arrodilló Bustamante, besó un Cristo del mismo metal
que le presentó el canónigo don Matías Monteagudo, y tomó agua
bendita que le presentó otro canónigo, y bajo de palio continuó hasta
colocarse bajo el solio. Arrodillóse cuando se cantó el Te ergo que su
mas con todo el pueblo…269

De nuevo, en los sucesivos juramentos de Bustamante se refieren a la celebración


de los respectivos Te Deum en 1844 y en 1847, en el día que asumen el cargo de
presidente Valentín Canalizo y Antonio López de Santa Anna, respectivamente.

De todo lo anterior, podemos señalar que el Te Deum referido en el siglo XIX en


México, era un cántico que se llevaba a cabo en la Catedral, en latín, con la
presencia de un coro y las autoridades eclesiásticas. Siempre era después de jurar
el cargo el nuevo presidente; al perecer, era una actividad de poca duración, pues
una vez concluido el cántico, se regresaba a Palacio Nacional y ahí recibía a los
embajadores y demás invitados.270 Esta formalidad es lo más cercano a la
coronación de un monarca que hemos tenido.

268
Carlos María de Bustamante, Diario histórico de México, 1822-1848, Josefina Zoraida Vázquez y Héctor
Cuauhtémoc Hernández Silva editores, presentación de Andrés Henestrosa, 2 CD, México, CIESAS-
COLMEX, 2001, CD 2, lunes 1° de abril de 1833.
269
Ibidem, CD 2, miércoles 19 de abril de 1837. Las cursivas Te ergo que su mas pueden compararse con las
estrofas del Te Deum que marcamos con negritas. Palio: dosel portátil que se usa en ciertas procesiones, como
ésta que conduce al presidente del Palacio Nacional a la Catedral. Solio: trono, asiento con dosel para un
soberano.
270
Para evaluar el carácter religioso de los juramentos explicamos brevemente el significado del Te
Deum: “A ti, oh Dios”, y son las primeras palabras de este cántico de alabanza; se cree que su autor fue
San Ambrosio, otros consideran que fue San Agustín o también San Hilario. Ahora se cree que su autor
es Nicetas, un obispo de Remesiana (en Rumania), en el siglo IV D.C. Los versos finales de petición
fueron añadidos más tarde. El Te Deum al que se hace referencia en varios textos del siglo XIX en México,
está relacionado con las grandes festividades, y los habitantes de la nación recurrían a él cuando querían
dar gracias a Dios, de manera pública y colectiva, por algún acontecimiento religioso o político, como la
elección de un Papa, la consagración de un Obispo, la canonización de un Santo, la profesión de un
religioso, la publicación de un Tratado de Paz, una Coronación Real o, como en este caso, el juramento
de algún cargo político. El Te Deum puede cantarse después de la Misa o como una ceremonia religiosa
separada. Cuando es cantado inmediatamente antes o después de la Misa, el celebrante que entona el
himno puede llevar las vestiduras en el color del día, a menos que éstas deban ser negras. El coro y la
congregación cantan el himno estando de pie, incluso cuando el Sacramento es expuesto, pero se arrodilla

154
A partir de la reforma constitucional publicada el 22 de agosto de 1996, la
calificación de la elección presidencial fue confiada a la Sala Superior del Tribunal
Electoral del Poder Judicial de la Federación y así se ha hecho a partir de la elección
presidencial del año 2000. El Congreso de la Unión conserva la facultad de tomar
la protesta presidencial, de acuerdo al espíritu de la ley de 1860, y de expedir el
bando solemne correspondiente, como lo ha hecho los días 1º. de diciembre de
cada año de renovación del titular del Poder Ejecutivo Federal para el primer caso,
y los bandos publicados el 8 de septiembre de 2000 y 2006 para el segundo caso.

En virtud de lo anteriormente mencionado, cabría proponer la conveniencia de


reformar el artículo 87 constitucional a efecto de que la protesta presidencial sea
tomada ante el órgano que efectúa el cómputo final, sustancia y desahoga los
medios de impugnación y declara la validez de la elección presidencial que, desde
1996, lo es la Sala Superior de Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación; por lo que la protesta presidencial si se juzgara que debe sobrevivir
esta formalidad, sería congruente que el Presidente electo la hiciera ante el Tribunal
Electoral, bien el día en que declare la validez de la elección durante el mes de
septiembre o hasta el primero de diciembre como lo prescribe el artículo 83
constitucional. La publicación del Bando Solemne podría continuar como una
atribución del Congreso de la Unión, pero como una consecuencia inevitable de la
protesta ante el Tribunal.

En contraste con el riguroso formalismo que en la actualidad se cubre a la protesta


presidencial, la historia de esta institución ofrece ejemplos de gran flexibilidad,
aunque acompañados de ritos solemnes. En cuanto al lugar, incluso los juramentos
eran objeto de diversas sedes como la Catedral de la ciudad de México, la Iglesia
de San Pedro y San Pablo (Agustín de Iturbide, 1822), el recinto del Congreso,
alguna de las Cámaras del mismo Congreso, en Puebla (Manuel Gómez Pedraza,
1832), la Basílica de Guadalupe (Antonio López de Santa Anna, 1847), en el edificio
del Ayuntamiento de la Ciudad de México (Maximiliano, 1864), en la ciudad de
Salamanca, Guanajuato (José María Iglesias, 1876), en el Estadio Nacional
(Plutarco Elías Calles, 1924), en el Palacio de Bellas Artes (Miguel Alemán, 1946),
en el Auditorio Nacional (José López Portillo, 1976) y, finalmente, en el Palacio
Legislativo de San Lázaro a partir de 1982 (Miguel de la Madrid).

De la misma manera, la hora tampoco ha sido obstáculo, pues ha habido dos


protestas en la madrugada del día respectivo, 5 protestas nocturnas, 15 protestas
vespertinas y 15 protestas matutinas. Todos estos datos se resumen en los cuadros
que a continuación se anexan.
luego durante el verso "Te ergo quaesumus…" . Al final se agrega el versículo "Benedicamus Patrem",
seguido por la sola oración "Deus cujus misericordiae."

155
En virtud de lo anterior, la formalidad de la protesta presidencial debiera ser objeto
de seria consideración sobre su naturaleza jurídica, formalidades y efectos que
inciden en las protestas presidenciales de manera notable. La derogación del
artículo 87 constitucional se impone en la actualidad, pues el mandato del artículo
83 basta para que por su ministerio, el nuevo Presidente entre en funciones el día
del inicio de su mandato, sin requerir formalismos de origen religioso o solemne. En
última instancia, la protesta si quiere subsistir podría llevarse a cabo ante la
autoridad jurisdiccional que realizó el cómputo final, declaró la validez de la elección
y otorgó la constancia de validez respectiva; es decir, ante la Sala Superior del
Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación Lo anterior parece
congruente, más que seguir con el rito de tomar la protesta con las solemnidades
señaladas.

Reporte Índigo. Pelea por la Tribuna 2006

156
XXII. Incidencias en la Toma de posesión. 271

Año Presidente Fecha de inicio de Hora en Referencias a la Publicación del


gobierno que toma protesta para ejercer Bando
posesión el cargo solemne de la
Cámara
(Declaración
de la Cámara)
República Federal
1824 Guadalupe 10/octubre/1824 SI. Tomo 1, p. 719
Victoria Juramentó de
(Manuel Félix rodillas. Procediendo
Fernández) a la Catedral a
participar en un Te
Deum
1829 Manuel 1°/abril/1829 -- Tomo 2, p.
Gómez 453*
Pedraza
1829 Vicente 1°/abril/1829 SI. Tomo 2, p. 90-
Guerrero Leyó su Juramento 91
1829 José María de 18/diciembre/1829 Noche: SI. Tomo 2, p. 209
Bocanegra 21:15 Juró en presencia de
hrs. Diputados. No había
Senadores
1829 Pedro Vélez, 23/diciembre/1829 SI Tomo 2, p. 210
Luis Quintanar
y Lucas
Alamán
(Presidente:
Vélez)
1830 Anastasio 1°/enero/1830 Tarde: SI -----
Bustamante 15:30 hrs.
1832 Melchor 14/agosto/1832 Mediodía: SI. Tomo 2, p.
Múzquiz 12:00 hrs. Bustamante lo había 445, 446
propuesto
1832 Manuel 24/diciembre/1832 SI Tomo 2, p.
Gómez 453*
Pedraza
271
Formulado a partir de Manuel Dublán y José María Lozano. Legislación Mexicana o Colección Completa
de las Disposiciones legislativas expedidas desde la Independencia de la República. Imprenta del Comercio.
México 1876-1899.

157
1833 Valentín 1°/abril/1833 SI. Tomo 2, p. 503
Gómez Farías
1833 Antonio López 16/mayo/1833 SI. En un día muy -----
de Santa Anna caluroso
1833 Valentín 03/junio/1833 NO -----
Gómez Farías
1833 Antonio López 18/junio/1833 NO -----
de Santa Anna
1833 Valentín 05/julio/1833 NO -----
Gómez Farías
1833 Antonio López 27/octubre/1833 NO -----
de Santa Anna
1833 Valentín 16/diciembre/1833 NO -----
Gómez Farías
República Centralista
1834 Antonio López 24/abril/1834 NO -----
de Santa Anna
1835 Miguel 28/enero/1835 Mediodía: SI. Ante ambas Tomo 3, p. 15,
Barragán 12:00 hrs. Cámaras 16
1836 José Justo 27/febrero/1836 SI. Elección mediante Tomo 3, p. 132
Corro cédulas: 51 votos a
favor de Corro y 18 a
favor de Nicolás
Bravo, 12 a favor de
Parres, y 1 de Rafael
Mangino
1837 Anastasio 19/abril/1837 Mediodía: SI. Con la mano Tomo 3, p. 363
Bustamante 12:00 hrs. derecha extendida
sobre los Evangelios
1839 Antonio López 20/marzo/1839 Por Escrito. Por la -----
de Santa Anna pérdida de su pierna.
Designado por el
Supremo Poder
Conservador
1839 Nicolás Bravo 10/julio/1839 Noche: SI. Mientras llegaba Tomo 3, p. 642
20:00 Anastasio
hrs. Bustamante
1839 Anastasio 19/julio/1839 NO -----
Bustamante
1841 Francisco 22/septiembre/1841 NO. Miembro más Tomo 4, p. 32
Javier antiguo del Consejo
Echeverría de Gobierno.

158
Intermedio Federalista
1841 Antonio López 10/octubre/1841 Mediodía: SI. Designado por la Tomo 4, p. 35
de Santa Anna 12:00 hrs. Junta de
Representantes de
los Departamentos.
Inmediatamente pidió
licencia por
enfermedad
1842 Nicolás Bravo 26/octubre/1842 NO. Finaliza el -----
Interinato.
Intervalo Centralista
1843 Antonio López 04/marzo/1843 NO. Regresa a la Tomo 4, p. 396
de Santa Anna Presidencia después
de sanar.
1843 Valentín 04/octubre/1843 NO. Nombrado por Tomo 4, p.
Canalizo Santa Anna y 609-610
ratificado por el
Congreso. Es
Presidente Sustituto.
1844 Valentín 1°/febrero/1844 Mediodía: SI. Es Presidente Tomo 4, p.
Canalizo 12:00 hrs. Interino, según la Ley 737-738
del 30 de marzo de
1829
1844 Antonio López 04/junio/1844 SI. Inmediatamente Tomo 4, p. 758
de Santa Anna pide licencia para
combatir la
sublevación de
Mariano Paredes y
Arrillaga
1844 José Joaquín 12/septiembre/1844 SI. En ausencia de -----
de Herrera Valentín Canalizo
1844 Valentín 21/septiembre/1844 SI. Lo solicita Santa Tomo 4, p. 765
Canalizo Anna
1844 José Joaquín 07/diciembre/1844 NO. Lo nombra el Tomo 4, p.
de Herrera Senado en el 769-770
Convento de San
Francisco. Canalizo
cede el poder, a
cambio de garantías
para salir del país.

159
1845 José Joaquín 16/septiembre/1845 SI. Presidente Tomo 5, p. 35-
de Herrera Constitucional elegido 36
por Juntas
Departamentales.
1846 Mariano 04/enero/1846 Mañana: SI. Nombrado por Tomo 5, p. 100
Paredes y 11:30 hrs. una Junta y ratificado , 133
Arrillaga por el Congreso.
Presidente Interino.
Juró ante la Virgen de
Guadalupe. Apeló a
que la Virgen lo
protegiera.
1846 Nicolás Bravo 28/julio/1846 NO. Ante la ausencia -----
del Presidente, el
Congreso nombró a
Bravo. Carlos María
de Bustamante,
cronista de muchas
de las incidencias
hasta aquí narradas,
refiere este día que
no asistió a la sesión
del Congreso, porque
se estaba cavando la
ruina del país.
República Federal
1846 José Mariano 06/agosto/1846 SI Tomo 5, p.
Salas 143-152; 238

1846 Valentín 23/diciembre/1846 SI Tomo 5, p. 238-


Gómez Farías 239
1847 Antonio López 21/marzo/1847 SI. No quiso Tomo 5, p. 262
de Santa Anna tomar posesión
en el Congreso,
sino en la
Basílica de
Guadalupe
1847 Pedro María 02/abril/1847 SI. Suprimida la Tomo 5, p. 264,
Anaya Vicepresidencia. 265
Anaya es
nombrado
Presidente
sustituto.

160
1847 Antonio López 20/mayo/1847 SI. Juramenta el -----
de Santa Anna Acta Constitutiva
de 1847. En la
jura se lee
completa el Acta.
1847 Manuel de la 16/septiembre/1847 NO. Designado Tomo 5, p. 297
Peña y Peña Presidente por la (Solo hay
Junta de referencia a su
Gobierno en cargo)
Toluca
1847 Pedro María 13/noviembre/1847 SI Tomo 5, p. 305,
Anaya 306
1848 Manuel de la 08/enero/1848 NO. Designado Tomo 5, p. 336
Peña y Peña por el Congreso,
por ser Decano
de la Suprema
Corte
1848 José Joaquín 03/junio/1848 NO. Elegido por Tomo 5, p. 380-
de Herrera las Legislaturas 381
estatales
conforme Bases
Orgánicas de
1843
1851 Mariano Arista 15/enero/1851 SI. Congreso lo Tomo 6, p. 6
eligió.
Legislaturas no
votaron por
ningún
candidato.
República Centralista

161
1853 Juan Bautista 06/enero/1853 Madrugada: SI. Presidente de Tomo 6, p. 292
Ceballos 01:30 hrs. la Suprema
Corte. El
Congreso
decretó a
Ceballos como
Presidente
Interino. Arista
renuncia a la
Presidencia a la
1:30 hrs del 6 de
enero y deja a
Ceballos como
Presidente. El
Congreso en la
madrugada
procede a votar:
16 Estados a
favor de
Ceballos, 2 de
Riva Palacio, 2
de Almonte y 1
para Juan
Álvarez (Historia
Parlamentaria de
los Congresos
de Mexicanos)
1853 Manuel María 08/febrero/1853 Noche: NO. Nombrado Tomo 6, p. 314
Lombardini 19:00 hrs. por jefes
golpistas. Cuatro
oficiales mayores
de las
Secretarías de
Estado eligen a
Lombardini (José
López Uraga,
Manuel Robles
Pezuela, Tedosio
Lares y el propio
Lombardini) lo
votan

162
1853 Antonio López 20/abril/1853 Mañana: SI. Jefes Tomo 6, p. 363-
de Santa Anna 09:30 hrs. golpistas 364
juramentan a
Santa Anna.
Éste juró ante
Dios “defender la
Independencia,
integridad y
prosperidad del
territorio
mexicano” (sic:
Cesión del
territorio de
medio país en
1848 y la compra
Gadsden en la
Mesilla, 1853)
República Federal
1855 Martín Carrera 15/agosto/1855 NO. Junta de Tomo 7, p. 553-
“Representantes” 554
de los
Departamentos
lo nombra
Presidente
Interino
1855 Rómulo Díaz 12/septiembre/1855 NO. Presidente -----
de la Vega Interino.

163
1855 Juan Álvarez 04/octubre/1855 NO. Junta de Tomo 7, p. 565
Representantes
lo nombra
Presidente
Interino, de
acuerdo al art.
2º. del Plan
Ayutla,
modificado el 11
de marzo de
1855 en
Acapulco
(Declarando a
Santa Anna
como autoridad
cesante porque
“ha desmerecido
la confianza de
los pueblos”. El
artículo 2º. Del
Plan que se
convocan
Representantes
de cada
Departamento y
Territorio, a
efecto de elegir
Presidente
Interino
1855 Ignacio 11/diciembre/1855 SI. Designado Tomo 7, p. 629-
Comonfort por Juan Álvarez 630
1857 Ignacio 1°/diciembre/1857 NO. Tomo 8, p. 650-
Comonfort 651
Nota al margen
, p. 653
Gobierno Conservador y Segundo Imperio 1858-1867

164
1858 Félix María 23/enero/1858 NO. Es -----
Zuloaga nombrado por
una Junta de
Notables.
Presidente
Interino, con
base en el Plan
de Tacubaya del
17 de diciembre
de 1857,
reformado el 11
de enero de
1858
1858 Manuel Robles 24/diciembre/1858 NO. Junta de -----
Pezuela Notables da
golpe de Estado
contra Zuloaga
1859 José Mariano 21/enero/1859 NO -----
Salas
1859 Miguel Miramón 02/enero/1859 NO. Junta de -----
Notables lo
nombra.
1859 Félix María 24/enero/1859 NO. Miramón lo -----
Zuloaga nombra
1859 Miguel Miramón 02/febrero/1859 NO. Es -----
reconocido por
decreto de
Zuloaga
1860 José Ignacio 13/agosto/1860 NO. Lo nombra -----
Pavón una Junta de
Representantes.
1860 Miguel Miramón 15/agosto/1860 Tarde: 14:00 SI. Prestó -----
hrs. Juramento ante
la Junta Electoral
a las 19:30 hrs.
Y entró en
posesión del
cargo.
1860 Félix María 28/diciembre/1860 NO -----
Zuloaga

165
1862 Juan 25/junio/1863 NO. Designados -----
Nepomuceno por la Junta
Almonte Superior de
Ob. Juan Gobierno
Bautista
Ormachea y
Hernáiz
José Mariano
Salas
1863 Juan 18/octubre/1863 NO -----
Nepomuceno
Almonte
Arzobispo
Pelagio Antonio
de Labastida y
Dávalos
José Mariano
Salas
1864 Juan 21/mayo/1863 NO. Nombrado -----
Nepomuceno por Maximiliano,
Almonte lugarteniente del
Emperador
1864 Maximiliano de 28/mayo/1864 SI. Juró ante el -----
Habsburgo Ayuntamiento de
la Ciudad de
México,
nombrado por
Junta de
Notables y Actas
Populares
Gobierno de la República Federal 1858-1867
1858 Benito Juárez 19/enero/1858 NO. Funge como -----
Presidente de la
Suprema Corte.
Es nombrado por
las Legislaturas
de los Estados
en Guanajuato
1858 Benito Juárez 14/febrero/1858 NO -----
1858 Benito Juárez 22/marzo/1858 NO -----
1858 Benito Juárez 04/mayo/1858 NO -----

166
1861 Benito Juárez 10/enero/1861 NO Tomo 9, p. 8
Se convoca a
elecciones, bajo
el decreto del
presidente
interino Benito
Juárez
1861 Benito Juárez 1°/diciembre/1861 NO. Presidente Tomo 9, p. 334
electo. Hace Suspensión de
desparecer el algunas
Juramento, en garantías
virtud del artículo constitucionales
9o. del Bando y se faculta
(MGO. El ampliamente al
Derecho por Ejecutivo
entregas. p. 458)

1863 Benito Juárez 09/junio/1863 NO (San Luis -----


Potosí). La
Ciudad de México
es ocupada por el
Segundo Imperio.
1864 Benito Juárez 09/enero/1864 NO. (Saltillo) -----
1864 Benito Juárez 12-13/febrero/1864 NO. (Monterrey) -----
1864 Benito Juárez 14/febrero/1864 NO. (Saltillo) -----
1864 Benito Juárez 03/abril/1864 NO
1864 Benito Juárez 12/octubre/1864 NO. (Chihuahua) -----
1865 Benito Juárez 14/agosto/1865 NO. Prorroga su -----
mandato hasta
que las
circunstancias
permitieran la
elección del
Presidente
1865 Benito Juárez 20/noviembre/1865 NO. (Chihuahua) -----
1865 Benito Juárez 18/diciembre/1865 NO. (Paso del -----
Norte)
1866 Benito Juárez 17/junio/1866 NO. (Guanajuato) -----
1866 Benito Juárez 26/diciembre/1866 NO. (Durango) -----
1867 Benito Juárez 22/enero/1867 NO. (Zacatecas) -----
1867 Benito Juárez __/febrero/1867 NO( San Luis -----
Potosí)

167
1867 Benito Juárez 15/julio/1867 NO. (Ciudad de -----
México)
1867 Benito Juárez 1°/diciembre/1867 NO. Presidente -----
electo
1871 Benito Juárez NO. Reelección Tomo 11, p.
581
Decreto del
Congreso que
declara
presidente a
Benito Juárez
el 12 de
octubre de
1871.
1872 Sebastián Lerdo 19/julio/1872 NO. Cubre Tomo 12, p.
de Tejada ausencia como 234
Presidente de la
Suprema Corte
1872 Sebastián Lerdo 1°/diciembre/1872 NO Tomo 12, p.
de Tejada 401
1876 Sebastián Lerdo 1°/diciembre/1876 NO Tomo 13, p. 88
de Tejada
1876 José María 28/octubre/1876 NO. Presidente -----
Iglesias Interino.
Autonombrado
como Presidente
de la Suprema
Corte
1876 Juan N. Méndez 20/noviembre/1876 NO. Jefe del Tomo 13, p. 97
Ejército
Tuxtepecano.
Nombrado por
Porfirio Díaz
1876 Porfirio Díaz 23/noviembre 1876 NO. Plan de Tomo 13, p.
Tuxtepec. 100
Presidente
Provisional.
Artículo 6º. Plan
de Palo Alto.
1877 Porfirio Díaz 05/febrero/1877 SI. Elegido por las Tomo 13, p.
Juntas de Distrito. 159
1880 Manuel González 1°/diciembre/1880 NO. Elegidos por Tomo 14, p.
las Juntas de 520
Distrito

168
1884 Porfirio Díaz 1°/diciembre/1884 NO. Presidente Tomo 17, p. 17
Constitucional
1888 Porfirio Díaz 1°/diciembre/1888 NO. Juntas de Tomo 19, p.
Distrito 292
1892 Porfirio Díaz 1°/diciembre/1892 NO. Juntas de Tomo 22, p.
Distrito 297-298
1896 Porfirio Díaz 1°/diciembre/1896 NO. Juntas de Tomo 26, p.
Distrito 450-451
1900 Porfirio Díaz 1°/diciembre/1900 NO. Juntas de
Distrito
1904 Porfirio Díaz 1°/diciembre/1904 NO. Juntas de
Distrito
1910 Porfirio Díaz 1°/diciembre/1910 No. Juntas de
Distrito
1911 Francisco León 25/mayo/1911 NO. Pacto Díaz-
de la Barra Madero
1911 Francisco I. 06/noviembre/1911 NO. Juntas de
Madero Distrito
1913 Pedro Lascuráin 19/febrero/1913 Tarde: SI
17:15 a
18:00 hrs.
1913 Victoriano Huerta 19/febrero/1913 Tarde: SI. Vestido de
18:00 hrs. “frack”
1914 Francisco S. 16/julio/1914 NO. Sustituye en
Carvajal y Gual su función de
Secretario de
Relaciones
Exteriores
Revolución Constitucionalista 1913-1920
1913 Venustiano 26/marzo/1913 NO. Por
Carranza disposición del
artículo 5º. del
Plan de
Guadalupe, al
ocupar la ciudad
de México.
Presidente
Interino
1917 Venustiano 1°/mayo/1917 SI
Carranza
Soberana Convención Revolucionaria

169
1914 Eulalio Gutiérrez 06/noviembre/1914 SI. Designado por
la Convención
Nacional
Revolucionaria.
Protesta vestido
de “frack”
1915 Roque González 16/enero/1915 NO. Nombrado
Garza por la Convención
Nacional
Revolucionaria,
en su carácter de
Presidente de la
Convención.
Tomo posesión
ante la salida de
Gutiérrez
1915 Francisco Lagos 09/junio/1915 NO. Designado
Cházaro por la Convención
Presidentes Revolucionarios y Contemporáneos
1920 Adolfo de la 1°/junio/1920 Tarde: SI. Presidente
Huerta 17:00 hrs. Sustituto, protesta
ante la Cámara
de Diputados
1920 Álvaro Obregón 1°/diciembre/1920 Noche: SI.
23:40 hrs.

1924 Plutarco Elías 1°/diciembre/1924 Mediodía: 12:18 SI. Protesta


Calles hrs. en el Estadio
Nacional
1928 Emilio Portes 1°/diciembre/1928 Mediodía: 12:00 SI. Presidente
Gil hrs. Provisional
1930 Pascual Ortiz 05/febrero/1930 Mediodía: 12:25 SI. Protesta
Rubio hrs. ante el
Congreso
Nacional
1932 Abelardo L. 02/septiembre/1932 Mediodía: 12:03 SI. Protesta
Rodríguez hrs. ante el Palacio
Legislativo.
Vistió jacket
1934 Lázaro 1°/diciembre/1934 Mediodía: 12:10 SI. Estadio
Cárdenas del hrs. Nacional,
Río vistió traje
negro

170
1940 Manuel Ávila 1°/diciembre/1940 Mañana: 11:05 SI. Protestó
Camacho hrs. en el
Congreso
1946 Miguel Alemán 1°/diciembre/1946 Mañana: 11:15 SI. Protestó
Valdés hrs. en Bellas
Artes
1952 Adolfo Ruiz 1°/diciembre/1952 Mañana: 11:02 SI. Bellas
Cortines hrs. Artes
1958 Adolfo López 1°/diciembre/1958 Mañana: 10:45 SI. Bellas
Mateos hrs. Artes
1964 Gustavo Díaz 1°/diciembre/1964 Mañana: 10:50 SI. Bellas
Ordaz hrs. Artes
1970 Luis Echeverría 1°/diciembre/1970 Mañana: 11:45 SI. Frente al
Álvarez hrs. Congreso
1976 José López 1°/diciembre/1976 Mañana; 11:03 SI. Auditorio
Portillo hrs. Nacional. La
transmisión
duró 30
segundos
1982 Miguel de la 1°/diciembre/1982 Mañana: 11:04 SI. Protesta
Madrid Hurtado hrs. consistente en
6 palabras
1988 Carlos Salinas 1°/diciembre/1988 Mañana: 10:57 SI. Cambió la
de Gortari hrs. palabra
“Unión” por
Nación
1994 Ernesto Zedillo 1°/diciembre/1994 Mañana: 10:50 SI.
Ponce de León hrs.
2000 Vicente Fox 1°/diciembre/2000 Mañana: 11:13 SI. Agregó a DO 8 de
Quesada hrs. las palabras septiembre
protocolarias de 2000
“por los Bando
pobres y solemne para
Marginados dar a conocer
de este país” en toda la
República la
declaración
de Presidente
Electo.

171
2006 Felipe de Jesús 1°/diciembre/2006 Madrugada: SI. La protesta DO 8 de
Calderón asumió el duró 6 septiembre
Hinojosa poder a las minutos, en de 2006
00:00 hrs. En medio de una Bando
los Pinos. Al algarabía. solemne para
día siguiente dar a conocer
se presentó en toda la
por la República la
Mañana: 09:46 declaración
hrs. presentó de Presidente
protesta en San Electo.
Lázaro.

Total de tomas de posesión que presentan 36 casos


horario de protesta
Protestas 15 Protestas 15 Protestas 5 Protestas en 1
matutinas vespertinas nocturnas madrugada
(07:00- (12:00-18:59 (19:00-23:59 (00:00-06:59
11:59:00 hrs) hrs.) hrs.) hrs.)

172
XXIII. Declaratorias de protesta Presidencial (Siglo XIX)

Presidente Fecha del Decreto Observaciones

Guadalupe Victoria. 02/octubre/1824


Gómez Pedraza. 12/enero/1829 Declaración de
insubsistencia de su
nombramiento.
José María de 16/diciembre/1829
Bocanegra.
Luis Quintanar y Lucas 23/diciembre /1829
Alaman.
Melchor Muzquiz. 07/agosto/1832 *Ceremonia de posesión y
12/agosto/1832* juramento.
Manuel Gómez Pedraza. 17/octubre/1832 El Congreso no puede
ocuparse de su renuncia.
Antonio López de Santa 30/marzo/1833
Ana.
Valentín Gómez Farías. 28/enero/1835 Se desconoce la autoridad
de vicepresidente.
Miguel Barragán. 28/enero/1835 *En la misma fecha se
realizó la ceremonia de
juramento.
José Justo Corro. 27/febrero/1836
Anastasio Bustamante. 17/abril/1837
Nicolás Bravo. 10/julio/1839 Toma de juramento de parte
de presidente del Consejo.
Anastasio Bustamante. 18/septiembre/1841
Javier Echeverría. 22/septiembre/1841
Antonio López de Santa 09/octubre/1841
Anna.
*** 03/marzo/1843 Presidente provisional.
Valentín Canalizo. 02/octubre/1843 Presidente provisional.
27/enero/1844* *Presidente interino.
07/septiembre/1844*
Antonio López de Santa 04/junio/1844
Anna.

173
Presidente Fecha del Decreto Observaciones

07/septiembre/1844 Se concede permiso al


Presidente de la República
(Antonio López de Santa
Anna) para separarse del
gobierno.
José Joaquín de Herrera. 07/diciembre/1844 Presidente interino.
José Joaquín de Herrera. 17/diciembre/1844 Desconoce como presidente
de la República a Antonio
López de Santa Anna.
José Joaquín de Herrera. 14/septiembre/1845
Mariano Paredes y 02/enero/1846 Presidente interino.
Arrillaga. 12/junio/1846 *Se concede permiso para
20/junio/1846* mandar en persona las
fuerzas de tierra.
José Mariano Salas. 04/agosto/1846 Da por terminada la
administración del general
Paredes.
José Mariano Salas. 21/diciembre/1846 **Elegir Presidente y
Vicepresidente.
Antonio López de Santa 23/diciembre/1846 El Vicepresidente rinda
Anna. juramento (Valentín Gómez
Farías).
Valentín Goméz Farías. 24/diciembre/1846 Vicepresidente.
Antonio López de Santa 15/febrero/1847 *Se concede permiso para
Anna. mandar en persona y como
general en jefe, las fuerzas
del ejercito.
Antonio López de Santa 21/marzo/1847
Anna.
Pedro María Anaya. 01/abril/1847 Presidente sustituto.
Se suprime la
vicepresidencia.
Prestó juramento el
02/abril/1847.
Antonio López de Santa 20/mayo/1847 Se reglamenta el juramento
Anna. a la Constitución.
Santa Anna prestó el
juramento el 21/mayo/1847.
**Presidente de la SCJ. 19/octubre/1847 Repetición de elecciones del
Manuel de la Peña y Peña Presidente, Diputados y

174
Presidente Fecha del Decreto Observaciones

Senadores que se llevó a


cabo el 3 de junio.
Pedro María Anaya. 11/noviembre/1847 Presidente interino.
Manuel de la Peña y 13/noviembre/1847 Voto de gracia al Presidente
Peña. de la SCJ.

Manuel de la Peña y 07/enero/1848


Peña.

José Joaquín de Herrera. 30/mayo/1848


Mariano Arista. 09/enero/1851
Mariano Arista. 06/enero/1853 Renuncia a la Presidencia.
Juan Bautista Ceballos. 06/enero/1853
Manuel María 08/enero/1853
Lombardini.
Antonio López de Santa 18/abril/1853 Ceremonia para la toma de
Anna. posesión de la presidencia
de la República.
Mariano Salas, Martín 08/agosto/1855
Carrera y Rómulo Díaz de
la Vega.
Martín Carrera. 15/agosto/1855
Juan Álvarez. 04/octubre/1855
Ignacio Comonfort. 08/diciembre/1855 *Toma posesión.
11/diciembre/1855* **Inicia cuatrienio.
21/noviembre/1857** *** Plan de Tacubaya, se
17/diciembre/1857*** desconoce la Constitución
de 1857.
Benito Juárez 17/diciembre/1857 Asciende al cargo por
disposición Constitucional.
Expide convocatoria a
elecciones el 6 de noviembre
de1860.
Suspende Garantías el 7 de
junio de 1861 durante 6
meses.
Benito Juárez. 12/octubre/1871 Fallecimiento
Sebastián Lerdo de 19/julio/1872 *Asume la Presidencia por
Tejada. disposición Constitucional

175
Presidente Fecha del Decreto Observaciones

debido al fallecimiento de
Benito Juárez.
Sebastián Lerdo de 16/noviembre/1872 Presidente Constitucional.
Tejada.
Sebastián Lerdo de 26/octubre/1876 Periodo que termina
Tejada. 30/noviembre/1880.
Porfirio Díaz. 19/noviembre/1876
Porfirio Díaz. 28/noviembre/1876
*Porfirio Díaz. 15/febrero/1877
Manuel González. 27/septiembre/1880
Porfirio Díaz. 16/septiembre/1884 Cuatrienio 1884-1888.
Porfirio Díaz. 19/octubre/1888
Porfirio Díaz. 26/septiembre/1892 Cuatrienio 1892-1896.
Porfirio Díaz. 08/octubre/1896 Periodo del 01/diciembre al
30/noviembre/1900.

176
CAPÍTULO OCTAVO

El inicio de las malas prácticas electorales

XIV. Principios de Derecho Internacional

Las malas prácticas electorales para la Presidencia están enraizadas en la


experiencia de hace ciento cincuenta años, por lo menos. Afortunadamente, la
inserción de México en la regulación internacional de las elecciones, ha forzado que
mediante la acción de tribunales y autoridades electorales, se apliquen los principios
de Derecho Internacional, adoptando un Código de Buenas Prácticas en la materia
electoral. 272

El presidencialismo que hemos modelado, a partir del ejemplo de la Constitución de


los Estados Unidos de América, es el de considerar a la figura presidencial como el
mejor hombre para ocupar el cargo público de mayor importancia. Dado que la
titularidad del Poder Ejecutivo se debe depositar en una sola persona, esta persona
debe reunir las mejores virtudes; se esperaría entonces que su ascenso al poder
presidencial sería más un concurso de méritos, juzgados por un jurado o colegio
electoral, también llamado junta de electores, que un concurso de simpatías donde
el pueblo, sin conocimiento para evaluar los méritos de los candidatos, emitiría su
voto en favor del candidato más popular. Por ello, el sistema de elección
presidencial siguió un método indirecto de sufragio durante el siglo XIX.

Pero bien pronto se impuso la realidad, y los hombres meritorios y héroes se


acabaron tanto en Estados Unidos como en México, los George Washington y los
Guadalupe Victoria dieron paso a los Martin van Beuren y los Ignacio Comonfort. A
partir de la pérdida del caudillismo, los candidatos necesitaron cada vez más del
concurso de los partidos políticos para contender en las elecciones y convencer al
electorado de una verdad particular que tenía que ser probada y no tan sólo
reconocida: su capacidad y méritos para obtener la presidencia.

A partir de entonces la elección del presidente se reconoció como lo que en realidad


siempre había sido: una campaña donde la apariencia y el apoyo de intereses y

272
Código de buenas prácticas en el ámbito de los partidos políticos. Adoptado por la Comisión de Venecia en
su 77ª. Sesión Plenaria, del 12-13 de diciembre de 2008, acompañado de su Informe Aclaratorio del 13-14 de
marzo de 2009. Basado en las observaciones de Jean-Claude Colliard y Carlos Closa Montero. Estudio número
414/2006. CDL-AD (2009)021. (Traducción al español por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación)

177
personas luchaba contra otros intereses y simulaciones. No era, pues, una serena
calificación de virtudes, sino una complicada y apasionada lucha de grupos políticos,
intereses y ambiciones.

Por ello, no tenía sentido que se hicieran de manera indirecta, sino que requería
que fuera directamente ante el pueblo, para que éste legitimara y lavara lo que era
pura pasión.

No obstante, la reelección permitida durante el siglo XIX causó grandes estragos a


cualquier sistema de elección popular, pues fue convirtiéndose más en un protocolo
que en un acto de verdadera consecuencia en la renovación de los poderes.

Antonio López de Santa Anna, ejemplo del pragmatismo y ambición de la clase


política mexicana, inauguró la práctica reeleccionista. Él fue creándose la imagen
mesiánica de que sólo su persona podía redimir y gobernar al país, por lo que no
se preocupó en sustitutos de su poder sino hasta cuando fue anciano en 1853,
cuando intentó legar la presidencia al personaje de su designación, en sobre
cerrado y lacrado.

La Revolución de Ayutla abortó la "sucesión designada" de Santa Anna, pero


sembró la semilla de la institución con que contamos. En el siglo XX ha tenido éxito
a pesar del intento frustrado de Venustiano Carranza para sugerir la candidatura del
ingeniero Eduardo Bonillas en 1920.

No obstante, el primer éxito del legado de Santa Anna lo es la primera elección que
organizó Porfirio Díaz en 1880. La sucesión presidencial de 1876 confrontó la
legalidad con la fuerza de una revolución. Aunque Porfirio Díaz simuló entrar en
negociaciones con José María Iglesias, imponiéndole todo tipo de condiciones, el
orden público de la legalidad no permitió llegar a ningún arreglo, según lo entendió
Iglesias, aunque Díaz no pudiera o quisiera hacerlo, de allí su célebre frase: "Sobre
la Constitución nada, sobre la Constitución nadie”.

Las elecciones de 1877 le dieron a Porfirio Díaz 11,475 votos de los 12,361
electores secundarios, con lo que logró legitimar su acceso a la presidencia,
logrando con ello superar las votaciones obtenidas por cualquier presidente desde
la elección de 1861.

Porfirio Díaz entró al Palacio Nacional, símbolo del poder político de México, junto
con Ignacio L. Vallarta, a quien le unían intereses políticos desde 1871, por lo
menos. Vallarta fue designado secretario de Relaciones Exteriores, por influencia
de su tío, el general Pedro Ogazón, quien a su vez había sido nombrado secretario
de Guerra por el mismo Porfirio Díaz, a partir del 28 de noviembre de 1876.

Vallarta tuvo la grave responsabilidad de entablar las relaciones diplomáticas y


reconocimiento del gobierno de Díaz con los Estados Unidos; para ello tuvo un vivo
y muy inteligente cambio de notas con el ministro acreditado de ese país en México,
logrando el reconocimiento al fin hacia 1878.

178
Cuando las negociaciones diplomáticas estaban en el punto más álgido, la Suprema
Corte de Justicia decidió suspender, el 30 de abril de 1878, la licencia al cargo de
presidente de la misma, que Vallarta ostentaba desde el 6 de mayo de 1877, y que
fuera concedida el 22 de junio de 1877.

Como presidente de la Suprema Corte, Vallarta se convertía en el virtual


vicepresidente de la República, ya que por disposición del artículo 79 de la
Constitución de 1857, 273 correspondería al presidente de la Suprema Corte sustituir
al titular del Poder Ejecutivo Federal; disposición que había sido de gran práctica,
pues tanto Benito Juárez como Sebastián Lerdo de Tejada habían ascendido a la
presidencia por sustitución, cuando ocupaban, respectivamente, la presidencia de
nuestro máximo tribunal.

Lo hubiera sido también José María Iglesias si la Revolución de Tuxtepec no le


hubiera arrebatado su título.

Desde diciembre de 1876, Vallarta prometió que aceptaba la candidatura para el


cargo de ministro presidente de la Suprema Corte, si se modificaba
constitucionalmente el procedimiento de sustitución del titular del Poder Ejecutivo
Federal, tal como sucedió el 3 de octubre de 1882, 274 con ello saldaba una deuda
que como porfirista tenía con Iglesias, pues en el año de 1876, él había sustentado
su derecho al cargo presidencial por la disposición de sustitución que convertía el
puesto del juez más importante en el del primer político del país.

Pero además, Iglesias había establecido en el amparo Morelos de 1874, la doctrina


de la incompetencia de origen, por la cual, con fundamento en el artículo 16
constitucional, la Suprema Corte podría declarar no sólo la legalidad de la
competencia ejercida por una autoridad estatal, aunque ésta hubiese sido electa,
sino también su constitucionalidad o legitimidad de los requisitos de acceso o
elección, es decir, su competencia de origen. De la declaración de ilegitimidad del
gobernador de Morelos podría seguirse la facultad de declarar la ilegitimidad de las
autoridades federales, incluyendo la del propio presidente de la República, por lo
que Díaz visualizó como muy peligrosa para su carrera política esta perniciosa tesis,
que podía haberse sustentado nuevamente en 1876, cuando un revolucionario
ascendiera a la presidencia, en lugar del mismo ministro presidente Iglesias que por
mandato constitucional le correspondía.

Vallarta tenía que reformar estos dos inconvenientes que se personificaban en


Iglesias, y ésta fue su encomienda como presidente de la Suprema Corte. El precio

273
"En las faltas temporales del presidente de la República y en la absoluta, mientras se presenta el nuevamente
electo, entrará a ejercer el poder el presidente de la Suprema Corte de Justicia".
274
Para quedar así: "En las faltas temporales del presidente de la República y en la absoluta, mientras se presenta
el nuevamente electo, entrará a ejercer el Poder Ejecutivo de la Unión, el ciudadano que haya desempeñado el
cargo de Presidente o vicepresidente del Senado, o de la Comisión Permanente, en los periodos de receso,
durante el mes anterior a aquél en que ocurran dichas faltas". Este precepto, con el numeral 79, fue
repetidamente reformado el 24 de abril de 1896 y el 6 de mayo de 1904.

179
que pagó por cambiar el sistema de sustitución presidencial fue su renuncia al
cargo, presentada el 16 de octubre de 1882, con gran decepción del foro, aunque
con cierto grado de felicidad para Porfirio Díaz. En cuanto a la tesis de
incompetencia de origen, como ministro proyectó los votos que sustentó en los
amparos de León Guzmán de 1879 y de Salvador Dondé, de 1882, dando las bases
para la futura jurisprudencia que sobrevive en la actualidad, para desechar por una
cuestión política los argumentos de incompetencia de origen.

Vallarta transitó de la euforia a la decepción durante el primer cuatrienio de Porfirio


Díaz, aunque su decisión de concluir su larga vida pública, que había comenzado
en 1856 como diputado constituyente, fue seguramente decidida a raíz de las
elecciones presidenciales de 1880, que lo convencieron de la falta de probidad de
Díaz.

Lo significativo de estas elecciones resulta de que contiene los mismos elementos


de las sucesiones presidenciales modernas: a) La decisión presidencial de apoyar
a un candidato "oficial"; b) El dejar hacer del presidente en turno, para que surjan
otros candidatos que estarán condenados al fracaso; c) Los ataques personales y
sucios de los candidatos entre sí; d) La formación de alianzas con grupos políticos
y económicos de parte de los candidatos; e) La táctica para despistar sobre cuál de
los candidatos tiene el verdadero apoyo presidencial y, finalmente, f) La celebración
formal de la "elección designada".

Vallarta fue de los candidatos que el presidente Díaz dejó y quizá hasta animó para
presentarse en la contienda electoral. Lo hizo con la dignidad y respeto que
caracterizó a toda su carrera política. Su ánimo seguramente le confiaba el
presentimiento de que no llegaría a tener éxito ante sus contendientes, que tenían
más apoyo que él, como Manuel González o Justo Benítez, pero su convicción
democrática le requería que ofreciera una buena lid en las elecciones de 1880, y
así lo hizo.

180
XXV. Tácticas en el “destape”

La Decisión presidencial para apoyar a un candidato “oficial” comenzó con Porfirio


Díaz contribuyó a configurar el poder presidencial mexicano, tal como lo tenemos
en la actualidad. Él fue el primer presidente que innovó un periodo presidencial de
seis años, de 1904 a 1910, cuando superó su promesa original de no reelección,
derivada de La Noria y Tuxtepec, para reconsiderar su bandera y abandonarla
cuando por la autocomplacencia cambió su posición, pues después de todo no era
tan mala la reelección; máxime cuando había llegado a la presidencia el mejor
hombre de México para gobernar a sus compatriotas.

A principios de 1879 la legislatura de Morelos presentó una iniciativa para


reimplantar la reelección en México. Díaz no se inmutó, por lo que creció la
especulación del dejar hacer del presidente. Los corifeos que siempre desean
interpretar anticipadamente los deseos de un poderoso, vieron en esta señal el
avance para anunciar la reelección de Díaz.

El presidente dejó pasar prácticamente el año para responder en definitiva, que no


pensaba presentar su candidatura para reelegirse. De tal manera, el 16 de
septiembre de 1879, con motivo de su informe, aludió al hecho de que no
contendería electoralmente, aunque la reforma constitucional estuviera aprobada.
Con esta declaración, la iniciativa y los corifeos tuvieron que esperar para otros años
que en el futuro serían totalmente propicios a las intenciones del caudillo.

Este episodio es el mismo que se da en los relevos presidenciales contemporáneos,


por lo que aterra el hecho de que Díaz al principio lo rechazó, pero después fue
sucumbiendo ante el insistente golpeteo de iniciativas para implantar la reelección.
Daniel Cosío Villegas explica que el rechazo de Díaz se basó en las críticas de las
legislaturas de Jalisco, Puebla, Zacatecas, Aguascalientes, Nuevo León, Coahuila,
Tamaulipas, Michoacán y Durango, que hicieron a la iniciativa de Morelos. 275 En
estos estados se encontraba el dominio de candidatos potenciales como el mismo
Vallarta, Trinidad García de la Cadena, Méndez, Jerónimo Treviño y Manuel
González.

Díaz hizo un último esfuerzo convocando a una reunión de gobernadores para ganar
un foro nacional, con objeto de que sin tener que pronunciarse él mismo lo hicieran
los gobernadores por él y le rogaran la reconsideración de su reelección. Tampoco

275
Historia moderna de México. Porfiriato - Vida política interior, primera parte, México, Hermes, 1970, p.
531.

181
esto funcionó, pues la táctica fue demasiado sutil para los tiempos y no logró los
resultados apetecidos.

Ante esta triste perspectiva, Díaz tenía que retirarse y preparar con mayor
detenimiento su posterior regreso, del cual no saldría sino por las armas de la
Revolución. Álvaro Obregón aprendió este esquema e hizo lo mismo, provocando
con ello el último magnicidio de nuestra historia.

Pero Díaz tenía que contar con la ayuda del sucesor para que éste lo apoyara en
su regreso. De hecho, para 1880 todos esperaban la designación de un candidato
oficial 276 que contara con la anuencia, por lo menos, del héroe saliente.

Como segundo punto para el destape, ha sido la tolerancia en el surgimiento de


varios candidatos. La conferencia de gobernadores se transformó entonces en el
conducto para transmitir los deseos del general Díaz, y hay evidencia epistolar en
que demuestra su predilección por Manuel González frente a la de los demás
candidatos.

El 18 de noviembre de 1879, Vicente García Torres escribió en el influyente Monitor


Republicano, que Vallarta era el más meritorio de los candidatos, pero ya hemos
adelantado la tesis de que los méritos no son suficientes para lograr la primera
magistratura, además de que el propio Vallarta no promovió su candidatura y llegó
tarde a las postulaciones formales, pues su plataforma, denominada "Programa
Popular”, no la concretó el "Círculo Vallartista", 277 sino hasta el 5 de febrero de
1880, tres meses antes de las elecciones.

Lo anterior se debe a que Vallarta mismo no hizo campaña por él, ni abierta ni
subrepticia, pues sabía que si se entregaba a la política militante, sería una gran
incongruencia con sus tesis judiciales que tendían a la separación entre el derecho
y la política, por un lado, además de mal interpretarse su posición de alejar la figura
del presidente de la Suprema Corte de la Vicepresidencia para buscar él
personalmente la presidencia de la República.

Por tal motivo, dedicó sus esfuerzos durante 1879 y 1880 a otras empresas, sin
hacer exclusiva la búsqueda del Poder Ejecutivo en su agenda.

No obstante, aunque la opinión pública le favoreció abrumadoramente, sus propias


tesis de alejar la política del derecho lo aislaron. La reforma para la sustitución
presidencial debería interpretarse como un signo de su falta de interés por llegar a
la presidencia de la República. Su único apoyo en los Estados estaba en Jalisco,
pues no se había preocupado por buscar alianzas en otros estados, como el resto
de los candidatos. En su propio estado había una influencia que lo excluía por el
momento: la del general Tolentino que no apoyaría más que a Díaz.

276
Ídem, p. 534.
277
Integrado por Manuel Alas, presidente, Miguel Blanco y Múzquiz, Enrique Pazos, Leonardo López Portillo
y Prisciliano María Díaz González, secretario.

182
La atención de Vallarta se dispersó en consecuencia en labores que, a la postre, le
traerían más prestigio. El 30 de febrero de 1879 escribió su célebre voto en el caso
de Dolores Quesada vda. de Almonte, por el cual declararía la constitucionalidad de
las facultades extraordinarias para legislar; el 4 de junio del mismo año pronuncia
su voto en el caso Larrache y Compañía, Sucesores, que es clásico en la
interpretación del artículo 14 constitucional, y es durante este año cuando aparece
el primer tomo de sus Votos o cuestiones constitucionales.

Por otra parte, Díaz estaba resuelto a excluir el civilismo de la sucesión, como los
presidentes civiles anteriores, Benito Juárez y Lerdo de Tejada, lo habían excluido
a él y a los militares. Pero paradójicamente, los líderes civiles, entiéndase abogados,
tampoco se unían en torno a su figura. El distanciamiento con Iglesias y la división
del gremio provocó que las grandes figuras civiles no apoyaran a Vallarta. Ireneo
Paz apoyó a García de la Cadena; Isidro Montiel y Duarte apoyó a Manuel M. de
Zamacona, lo mismo que Francisco Gómez del Palacio. Otros personajes
estuvieron a favor de Justo Benítez.

Por otra parte, los candidatos militares, como Jerónimo Treviño, Ignacio Mejía y
Miguel Negrete, abandonaron su candidatura o eran muy ancianos para contender
contra Manuel González, por lo que el único con ímpetu para hacerlo era García de
la Cadena, pero su influencia era muy pequeña, reducida sobre todo a Zacatecas.

De lo anterior se deduce que el candidato oficial fue el general tamaulipeco Manuel


González Flores, hijo de padres españoles, quien a pesar de haber militado con las
fuerzas conservadoras, no le impidió llegar a la presidencia, pues sus culpas habían
sido lavadas con las batallas del 2 de abril de 1867 en Puebla y del 16 de noviembre
de 1876 en Tecoac, esta última considerada como la que le dio la victoria definitiva
de Díaz sobre Lerdo de Tejada.

González también publicó su programa de gobierno el 5 de febrero de 1880 en


Tepic, pero esto no tuvo consecuencias negativas, pues gozaba del respaldo de
don Porfirio. 278

Desmembrado como Santa Anna, aunque de un brazo y no de una pierna,


demostraba su lealtad a la causa republicana y tuxtepecana. Fue nombrado
después de Ogazón con el cargo de secretario de Guerra, al cual renunció el 15 de
noviembre de 1879, y después fungió como gobernador de Michoacán, por menos
un mes, ya que se retiró con licencia de la gubernatura el 10 de diciembre del mismo
año.

1. Surgimiento de ataques personales entre pre-candidatios. El jefe de


propaganda de Manuel González fue el ilustre Vicente Riva Palacio. Él se

278
Salvador Quevedo y Zubieta, Manuel González y su gobierno en México, Madrid, Espasa Calpe, 1928, p.
61-62.

183
encargó de satirizar poéticamente a todos los opositores a González. Vallarta
no se escapó a su pluma:

Como la Suprema Corte


para él vale una guayaba
quiere saltar más arriba,
hasta la silla más alta;
porque en eso de los saltos
ni un saltapared le iguala.
¿No fue gobernador
porque saltó como rana?
¿No llegó hasta un ministerio
sin trampolín, sin escala?
Pues, ¿por qué no ha de subir
a donde suben las águilas?
Si se mata del porrazo
requiescat... y santas pascuas
Pero ¡que se ha de morir!
Nunca muere cosa mala,
Aguantará el batacazo
Y seguirá en la bullanga.
¡Pues Jalisco nunca pierde!
Y cuando pierde, arrebata.

A Manuel González le imputaron que era español; a Zamacona le recordaron su


Tratado que ha sido el único desaprobado por el Congreso; 279 a Benítez se le tildó
de "presidente negro", especie de tlacaélel, por la influencia que había ejercido
sobre Porfirio Díaz hasta 1878, pero que después no tuvo los apoyos del dictador
en ciernes.

Al sentirse solo, Benítez atacó fuertemente a los demás candidatos, entre ellos a
Vallarta. No hay seguridad de quién fustigó los ataques contra el presidente de la
Suprema Corte, pero la prensa recordó el incendio del edificio de la Mascota en
1861, las crueldades de la lucha civil en Jalisco cuando vivía Manuel Lozada en el
7° cantón del estado, ahora Nayarit, y otros sucesos presentados de manera
embarazosa contra Vallarta.

Circuló incluso la versión de que Vallarta intentaba desestabilizar el orden


constitucional al evitar la elección de los candidatos. Según la versión, el plan de
Vallarta tendría el concurso del gobernador de Puebla, Juan Crisóstomo Bonilla, al
que había apoyado en el famoso amparo de incompetencia de origen, contra la
demanda de León Guzmán, para que los llamados gobernadores independientes,
es decir, aquellos que no seguían a González ni a Benítez, convencieran a los
demás de que ninguno de los candidatos ofrecía garantías de ser un buen

279
El Tratado Wyke-Zamacona, que en 1861 negoció la deuda externa con Inglaterra, permitiendo que los
ingleses interviniesen en las aduanas mexicanas, para pagar la deuda contraída.

184
presidente, por lo que se provocaría así que ninguno de los candidatos pudiera
acercarse a la mayoría de votos de los electores secundarios para que pudieran ser
declarados ganadores en la contienda.

Sin embargo, como no habría tal ganador, se provocaría un vacío que no lograría
remediar el Congreso y, entonces, Vallarta como presidente de la Suprema Corte
sustituiría de inmediato al presidente no declarado, logrando así su objetivo. 280

Una táctica adicional ha sido la formación de alianzas. El ideal tuxtepecano fue uno
militar. El candidato debería tener el apoyo de los generales más importantes del
ejército, como Jerónimo Treviño, Servando Canales, Francisco Tolentino y otros.
Sólo el presidente Díaz podía aglutinarlos alrededor de un candidato como Manuel
González, quien a partir de mayo de 1880 pasó a ocupar la jefatura del Cuerpo del
Ejército de Occidente.

Además, los gobernadores fueron los cardenales de la clase política de esa época,
pues su apoyo era fundamental.

Aunque divididos, había una mayoría decisoria: ocho gobernadores apoyaban a


Benítez y siete a González, estando cinco gobernadores en el grupo independiente,
más el gobernador de Zacatecas, García de la Cadena, que se apoyaba a sí mismo.

Zamacona atrajo el apoyo del foro y de los círculos financieros, enfatizando en su


programa la necesidad de establecer los bancos y las instituciones de crédito que
requería el país. Al llegar a la presidencia, Manuel González se encargaría de
constituirlos legalmente. García de la Cadena recibió gran apoyo de la prensa,
particularmente del director de La Patria, Irineo Paz.

Benítez logró un gran apoyo de los viejos porfiristas que consideraban al mentor
político de su líder, como la opción más lógica para sucederlo.

Vallarta, en cambio, sólo logró aglutinar un poco de apoyo de los abogados más
ilustres y probos que, como él, deseaban cambiar las políticas del país.

Ha habido despistes sobre el apoyo presidencial. Cuando Justo Benítez regresó al


país en 1879, sus amigos le organizaron una comida en el famoso restaurante
“Tívoli”, 281 con una concurrencia de 240 personas, y en donde se reunieron con
Porfirio Díaz y todos sus ministros, excepto —por supuesto— Manuel González.
Este convivio demostró —según algunos— que el propio presidente daba su apoyo
a la candidatura de Benítez. Una primera cargada sin ningún tiro...

280
Cosío Villegas, op. cit., p. 560.
281
Que estaba ubicado a espaldas de lo que ahora es el edificio antiguo de la Lotería Nacional.

185
Cuando Manuel González, en cambio, es retirado del gabinete y de la gubernatura
de Michoacán, la opinión pública se extravió interpretando que esto era significativo
de que él no recibiría el apoyo de Díaz. Sólo José María Vigil leyó bien el mensaje,
cuando el presidente Díaz designó a González como comandante del Cuerpo del
Ejército de Occidente, interpretando que se le confiaba la fuerza más importante del
Ejército al próximo presidente con tendencia militar. Díaz llega incluso a relevarlo
de este cargo el 8 de mayo de 1880, para evitar suspicacias.

Mientras tanto, Vallaría era invitado con frecuencia a comer y cenar con el
presidente, pero otorgando amparos contra el nefasto sistema de leva que fustigó
terriblemente a la clase militar.

Por fin, la celebración del destape o la “cargada”. El 13 de julio de 1880 se celebró


la formalidad electoral, pero la decisión ya había sido tomada con anterioridad y los
electores votaron por Manuel González en un número superior a Juárez, Lerdo y el
propio Díaz: 11,528 votos, superando con mucho los 9,625 votos que requería para
ganar.

Le siguieron Justo Benítez, con 1,368 votos; García de la Cadena, con 1,075 votos;
Mejía, con 529 votos; Vallarta, con sólo 165 votos, y Zamacona con 76 votos.

Cosío Villegas no creyó en esta votación, pues hay irregularidades en la elección:


por ejemplo, nota que en Guanajuato, asiento del benitismo, González casi obtuvo
el mismo número de votos que Benítez; en Jalisco, centro de operaciones de
Vallarta, González ganó sobre Vallarta con 1,203 votos del primero contra 49 del
segundo y, finalmente, en cinco estados opositores a González, en ninguno
obtuvieron los opositores un solo voto.

186
XXVI. La elección del nuevo siglo

Con la elección del siglo XXI, la oposición llegó a ocupar la silla presidencial y, de
la misma manera, la alternancia en el poder presidencial se ha dado por los tres
partidos políticos predominantes modernos de México, arrastrando sus respectivas
coaliciones. El candidato del PAN Vicente Fox ganó en las elecciones efectuadas el
2 de julio del año 2000, derrotando así más de setenta años de oficialismo.

El nivel de participación ciudadana apenas asomó poco más del sesenta por ciento
(63.97%) 282. Zedillo pretendió deslindarse de la mala práctica de la designación del
candidato de su partido, el PRI, y con ello, la libre competencia entre los aspirantes
del mismo partido, se encargaron de ofrecer una ruda contienda para seleccionar al
candidato, 283 desgastando así al partido político. El Presidente en turno se encargó
de unificar las luchas internas y conciliar las elecciones internas.

El candidato Vicente Fox del PAN pudo presentarse a los comicios, gracias a la
reforma constitucional al artículo 82 que abrió la candidatura a los nacionales
mexicanos, hijos de padre o madre extranjeros 284. Una vieja polémica desde
principios del siglo XX, que había sido utilizada para descartar a figuras políticas de
padres extranjeros, había cerrado la participación de mexicanos hijos de padres
extranjeros y prohijó un estrecho nacionalismo.

Estatua de Vicente Fox en Boca del Río, Veracruz

282
De los electores inscritos en este año (59 727 295), sólo votaron 37 601 618 ciudadanos. El candidato de
Alianza para el Cambio que triunfó, conjuntó al PAN y al PVEM obtuvo 15 989 636 votos (74.8%).
283
Proceso. La Redacción. 27 de noviembre de 1999.
284
Sus padres fueron José Luis Fox Pont y Mercedes Quesada Etxaide.

187
Desde 1997, Vicente Fox hizo público su interés por competir por la Presidencia en
su Estado natal Guanajuato, por lo que para el año 2000, ya era una figura pública
de notoriedad. Su membresía en el PAN fue debatida en el 2013 debido a conflictos
internos con su partido, por lo que a pesar de haber sido el primer Presidente en
haber logrado la titularidad del Poder Ejecutivo con la membresía de ese partido,
fue dado de baja en el mismo al no refrendar su membresía en el tiempo y la forma
prevista en los Estatutos, 285 lo que le permitió apoyar la candidatura del PRI a la
Presidencia en el 2012.

285
Carlos García. La Jornada. 16 de diciembre de 2012

188
CAPÍTULO NOVENO

EL DERECHO SOBRE LA POLÍTICA

XXVII . Nuevo siglo, vieja Democracia

En los primeros veinte años del siglo XXI, la Democracia se ha manifestado en


México, quizá a pesar de los Presidentes que han gobernado, pues la presencia de
los partidos políticos ha favorecido la contienda electoral y el respeto a las leyes,
muchas veces a contracorriente de organizaciones y personas, así como la
intervención de tribunales imparciales, han mantenido el Estado de Derecho en la
vida democrática del país.
Los partidos han tenido que dejar el caudillismo que en anteriores etapas
predominaba y han sido forzados a coaligarse y figurar como cámaras de
compensación de los intereses políticos. Los partidos coaligados han estado
presentes en las elecciones presidenciales desde su reconocimiento legal con la ley
electoral de 1911, particularmente a partir de la elección presidencial de 1958, que
se prolongó treinta años hasta cuando el PRI postuló sólo a los candidatos de las
elecciones de 1988 y 1994.
Con el nuevo siglo XXI, volvieron a renacer las coaliciones, en la elección del 20 de
julio del 2000, cuando el primer candidato de oposición del PAN triunfó sobre los
demás partidos, en alianza con el Partido Verde Ecologista. Este Partido, con gran
pragmatismo, se coaligó con el PRI en la elección presidencial del año 2012, cuando
el PRI volvió a recuperar la Presidencia. Por último, el movimiento electoral de
MORENA, surge como fuerza política para contender en las elecciones del 2018,
coaligado con el PT y el Partido de Encuentro Social, con un escaso margen por
arriba del 50% de los votos (53.19%).
Para recuperar la memoria de las últimas contiendas electorales, más significativas,
quisiera ofrecer una visión de las elecciones de la centuria en que vivimos, con una
revisión de las elecciones de 1879, que considero las últimas del viejo régimen que
pervivió durante el siglo siguiente.

189
XXVIII. El Estado de Derecho y la Presidencia

A más de doscientos años de celebrarse elecciones constitucionales en México,


nuestro país ha logrado un desarrollo de instituciones y normas que, lejos de la
perfección son, sin embargo, ejemplo para otros sistemas. Las acusaciones antes,
durante y después de las elecciones son sintomáticas de la pluralidad y la
democracia, así como la plena libertad para la expresión de opiniones durante el
debate político de las campañas.

La organización de un proceso electoral para promover el voto en 79 454 802


votantes y elegir a 629 candidatos de elección popular a nivel federal y otros 1,478
cargos en el ámbito local, más dos elecciones extraordinarias, hicieron de la
elección efectuada en 2012 una elección sin paralelo.

Los candidatos que no obtuvieron el mayor número de votos en la elección de


presidente de la República o de gobernador de un Estado tuvieron acceso a los
medios de impugnación previstos en la normativa electoral. Sus puntos de vista y
agravios son conocidos por tribunales imparciales; aunque los argumentos de un
partido quejoso no tengan necesariamente la serenidad de argumentos con
objetividad, pues deben exponer su opinión parcial, conforme a su interés y
pretendiendo siempre su particular beneficio y la de sus candidatos.

La elección celebrada el 1º. de julio de 2012, que comenzó el 7 de octubre del año
anterior, se llevó a cabo a través de 143 106 casillas 286 que recibiría potencialmente
el voto de 79.4 millones electores registrados. Después del complicado proceso de
selección de los funcionarios de casilla de entre el cuerpo de electores, hubo 572
604 ciudadanos a cargo de las casillas, que fueron capacitados por 34 325
ciudadanos seleccionados para tal efecto. Adicionalmente, se acreditaron 696
visitantes extranjeros que observaron la elección.

Finalmente, la votación total fue de 50 143 616 de los cuales se anularon


inicialmente 1 236 857 más los votos no contados que se habían emitido por
personas no registradas como candidatos que ascendieron a 20 625, dando un total
de 48 886 134 votos válidos con los siguientes resultados computados por el
Tribunal Electoral:

286
Este número de casillas representa el 99.98% de las casillas previstas, pues el universo era de 143 132.

190
Resultados Electorales
Compromiso por Enrique Peña 19 158 592 39.19%
México (PRI- Nieto
PVEM)
Movimiento Andrés Manuel 15 848 827 32.42%
Progresista (PRD, López Obrador
PT y Movimiento
Ciudadano)
Partido Acción Josefina Vázquez 12 732 630 26.05%
Nacional Mota
Nueva Alianza Gabriel Quadri de 1 146 085 2.34%
la Torre
Votos Nulos 287 1 236 857
Candidatos no 20 625
Registrados
Fuente: Cómputo final, calificación jurisdiccional de la elección y declaración de validez y de Presidente
Electo de los Estados Unidos Mexicanos. 31 de agosto de 2012

Por lo anterior, la diferencia entre el primer lugar y el segundo en la contienda


electoral fue de 3 309 765 votos que representa una diferencia del 6.77%, la cual
resalta frente a los 243 936 votos de diferencia que hubo en las mismas
circunstancias en la elección presidencial de 2006, lo cual representó el 0.56% de
diferencia.

En la fase de revisión de los resultados de la elección presidencial, el Instituto


Federal Electoral procedió a través de sus consejos distritales realizar nuevo
escrutinio y cómputo en 78 578 casillas, que representó el 56.57% del total de
casillas instaladas, 288 que unidas a las 1 125 casillas cuyos paquetes se recontaron
en sedes jurisdiccionales configuran un total de 79 703 casillas en total.

De igual manera, en la impugnación de resultados, la coalición integrada por el


Movimiento Progresista (PRD, PT y Movimiento Ciudadano) presentó 365 juicios de
inconformidad 289 sobre el cómputo de la votación, lo que provocó que el Tribunal
Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenara un adicional escrutinio y
cómputo en 1 125 casillas que corresponden a 134 distritos, con lo cual se
recontaron 79,703 paquetes en total. Los paquetes que fueron solicitados
adicionalmente por la Coalición Movimiento Progresista para ser recontados y que
no se hizo, fue por diversas razones: entre ellas que ya habían sido recontados en
287
Los votos nulos para la elección de senadores por mayoría relativa: 2 855 520 (5.72%) y los votos nulos en
diputados de mayoría relativa: 2 472 614 (4.96%).
288
De la misma manera, en la elección de 2006, sólo se revisaron 2 873 casillas que contó sólo el 2.2% del total.
289
El total de juicios de inconformidad fue de 378, correspondiendo 365 juicios a la Coalición Movimiento
Progresista; 12 juicios promovidos por ciudadanos y 1 juicio promovido por el Partido Acción Nacional.

191
sede distrital, por lo que hubiera sido contrario al texto del artículo 295, párrafo 9 del
Código Federal de Instituciones y Procesos Electorales hacerlo de nuevo, 290 o
porque los errores eran debido a la equivocación en el llenado de actas por los
ciudadanos a cargo de la casilla respectiva y fueron subsanados por las propias
autoridades.

Finalmente, el 17 de agosto de 2012 se resolvieron 52 incidentes sobre los votos


reservados que habían sido objeto del nuevo escrutinio y cómputo el día ocho del
mismo mes, por lo que se analizaron 356 votos correspondientes a 151 casillas.

Durante el proceso electoral 2011-2012 el acceso a la justicia fue ampliamente


protegido y las partes agraviadas promovieron un total de 23 669 medios de
impugnación ante las Salas del Tribunal Electoral, del 1º. de octubre de 2011 al 31
de agosto de 2012, todos ellos resolviéndose en tiempo y forma.

En estos once meses, todos los partidos políticos que impugnaron actos de
precampaña, campaña, jornada y calificación electoral tuvieron no sólo los
procedimientos de investigación que la autoridad administrativa a su disposición,
sino que pudieron controvertir las decisiones recaídas ante la variedad de juicios
que ofrece la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación Electoral que se
describieron en el cuadro anterior. En total 23 669 juicios.

El escrutinio judicial fue exhaustivo, a causa de los juicios instaurados por las partes
legitimadas. Si se compara el número de asuntos relacionados con el proceso del
2012 y la anterior elección presidencial del 2006, sustanciados del 1º. de octubre de
2005 al 31 de diciembre de 2006, se aprecia inmediatamente un número menor de
procedimientos judiciales.

A pesar de ello, cuando la Coalición Movimiento Progresista solicitó al Tribunal una


“excitativa de justicia” para obligar al Instituto Federal Electoral que se pronunciase
sobre las quejas contra la alianza PRI-PVEM, 291 todas ellas sustanciadas en los
términos y plazos que la ley electoral determinaba, de acuerdo al principio
constitucional del artículo 17, 292 se discutió sobre si había habido una “denegación
de justicia” para otorgarla, tomando en cuenta el cúmulo de juicios sustanciados con
sentidos diversos, incluyendo las resoluciones a favor de dicha coalición,
concluyendo que no era el caso, puesto que todos los aspectos del proceso electoral
habían sido objeto de escrutinio judicial.

290
“En ningún caso podrá solicitarse al Tribunal Electoral que realice recuento de votos respecto de las casillas
que hayan sido objeto de dicho procedimiento en los Consejos Distritales”
291
Incidente sobre solicitud de “Excitativa de Justicia” al expediente SUP-JIN 359/2012, promovido por la
Coalición “Movimiento Progresista”, contando con la coalición “Compromiso por México” como tercero
interesado, resuelto el primero de agosto de 2012.
292
Segundo párrafo: “Toda persona tiene derecho a que se le administre justicia por los tribunales que estarán
expeditos para impartirla en los plazos y términos que fijen las leyes…”

192
Los partidos políticos han transitado en México de la carencia de reconocimiento
legal, por tener el carácter de facción o logia, hasta el de entidades de interés
público. Por ello su carácter parcial es connatural a sus actuaciones, sobre todo
cuando acuden a los tribunales para defender sus intereses.

La lucha de partidos fue preocupación de la forma republicana de gobierno desde


sus orígenes. George Washington se refiere a ella en su célebre discurso de
despedida de la Presidencia de ese país en 1796:

Permítanme tomar una visión más integral y advertir de la manera más


solemne acerca de los perniciosos efectos del espíritu de partidos
generalmente.

Este espíritu es, desafortunadamente, inseparable de nuestra naturaleza y deriva


de las más fuertes pasiones de la mente humana. Existe bajo diferentes formas en
todos los gobiernos, más o menos reducidos, controlados o reprimidos; pero en
aquéllos de origen popular, se presenta en su mayor dimensión y es, en verdad, su
peor enemigo.
La dominación alternada de un partido sobre otro, agudizada por el espíritu de
venganza, natural al disenso entre partidos, que en diferentes épocas y países han
propiciado las más horribles atrocidades, es por sí mismo un despotismo atroz. (…)

Los desórdenes y miserias que resultan gradualmente, inclinan las mentes a buscar
seguridad y reposo en el poder absoluto de un individuo, y tarde o temprano el jefe
de algún partido predominante, sea más competente o afortunado que sus
competidores, transforma esta disposición hacia el propósito de su propio ascenso,
a costa de la ruina de la libertad pública.293

Pero aún antes de este discurso que pronunció Washington al declinar su reelección
para un tercer período presidencial, los Papeles de El Federalista habían asentado
como principio constitucional de los Estados Unidos en 1788 lo siguiente:

Por facción (partido) se entiende un número de ciudadanos, bien que


representen una mayoría o minoría del todo, que están unidos y actúan bajo
un impulso común de pasión o interés, contrario a los derechos de otros
ciudadanos o a los permanentes o acumulados intereses de la comunidad.

Hay dos métodos de aliviar las malicias de las facciones (partidos): el


primero: removiendo sus causas y, el otro, controlando sus efectos.

Hay también dos métodos de solucionar las causas del espíritu de facción: la
primera, destruyendo la libertad que es esencial a su existencia; la segunda,
dándole a cada ciudadano las mismas opiniones, pasiones e intereses.

293
Washington´s Farewell Address 1796. The Avalon Project. Yale Law School. Lillian Goldman Law Library.
El discurso fue publicado el 19 de septiembre de 1796 con el título: The Address of General Washington to the
People of the United States on his declining of the Presidency of the United States

193
No podría ser más correcto el decir que la primera solución es peor que la
enfermedad misma. La libertad es para la facción (partido) lo que el aire es
al fuego, un elemento sin el cual se extinguiría instantáneamente. Pero
tampoco podría ser menos que una locura el abolir a la libertad, que también
es esencial a la vida política, aunque alimente a la facción, sería desear la
eliminación del aire, que es necesario para la vida animal y que da al fuego
su agente destructivo.

(…)
Como se demuestra, las causas latentes de la división en facciones tienen
su origen en la naturaleza del hombre; y las vemos por todas partes que
alcanzan distintos grados de actividad según las circunstancias de la
sociedad civil. (…) el apego a distintos caudillos en lucha ambiciosa por la
supremacía y el poder, o a personas de otra clase cuyo destino ha interesado
a las pasiones humanas, han dividido a los hombres en bandos, los han
inflamado de mutua animosidad y han hecho que estén mucho más
dispuestos a molestarse y oprimirse unos a otros que a cooperar para el bien
común. 294

En sentido opuesto, los tribunales deben contar con la debida imparcialidad para
resolver los asuntos sometidos a su conocimiento. El procedimiento de designación
de los magistrados electorales garantiza en principio su imparcialidad, dado el grado
de dificultad que se tiene con la concurrencia de los ministros de la Suprema Corte
y la ratificación por mayoría absoluta de los integrantes del Senado. Su carácter de
árbitros requiere que se les garantice autonomía en su funcionamiento para que
puedan, en principio, ser reconocidos por las partes como órganos decisorios de
sus controversias.

En consecuencia, la actuación de los tribunales, cuya imparcialidad es un supuesto


lógico y necesario, debe estar exenta de actuación con los métodos tradicionales
de la política militante. Por ello, los jueces en México no son electos popularmente,
ni lo deben ser, sino designados por otros órganos de gobierno, con base en un
proceso de selección profesional y apartidista. 295 Igualmente, la actuación parcial
de los partidos que acuden ante los tribunales no les impide manifestar su disenso
sobre el comportamiento de los tribunales; con la condición de que se permita que
éstos desarrollen su función jurisdiccional con autonomía.

El proceso político y el jurisdiccional son de naturaleza diversa. En el primero, la


negociación de intereses y la construcción de acuerdos son válidas; en el segundo,

294
The Federalist Number 10. 22 de noviembre de 1787. Escrito por James Madison. The Founder´s
Constitution. http://press-pubs.uchicago.edu/founders/documents/v1ch4s19.htmal
295
Para aplicar el Estado de Derecho, los jueces necesitan ser independientes de los partidos y los propios
electores, con el objeto de ser independientes e imparciales. En materia política o electoral, los jueces no pueden
crear reglas que no están previstas en la Constitución o en la ley, sino tan sólo aplicarlas. Charles Gardner Geyh.
“Judicial Independence: Judicial selection reconsidered: A plea for radical moderation”. 35 Harvard Journal of
Law & Public Policy. 625 Spring 2012

194
las formalidades de procedencia, los plazos y las diligencias son parte fundamental
del debido proceso legal, consagrado en el artículo 14 constitucional.

Se impugnaron los resultados de la elección presidencial en 296 distritos de los 300


distritos electorales,296 que representa el 98.67%. De ellos tres fueron desechados
por carecer de las formalidades esenciales para instaurar un juicio de
inconformidad, por lo que en total se resolvió respecto de 293 distritos con sus
respectivos proyectos aprobados el 24 de agosto de 2012.

Como puede entenderse, las mencionadas irregularidades van encaminadas a que


el Tribunal Electoral declarase la invalidez de la elección presidencial, pero no se
dirigen más que a controvertir los resultados en el acta de cómputo distrital de la
elección de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, objeto de los juicios. No
ha habido elección más impugnada que la de 2012, por lo que describiremos su
entramado jurídico con profusión.

Además de que la parte actora no construyó argumentación alguna tendiente a


demostrar que la posible nulidad en las casillas que invocó se reproduce en todas
las demás del país, por lo que su pretensión final de declarar la invalidez de toda la
elección presidencial a partir de los argumentos de nulidad de casilla invocados en
el presente asunto es incurrir en el error lógico de tomar la parte por el todo (pars
pro toto), lo cual implicaría extender los argumentos de nulidad o de la irregularidad
de una o varias casillas en un distrito a toda la elección en el país.

De ahí que en la sentencia recaída al SUP-JIN 359/2012, no sea posible que,


mediante el estudio de las manifestaciones anteriores, en específico las derivadas
del error argumentativo en cita, se logre la modificación de los resultados del
cómputo total de la elección de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, y ante
ello se hace patente lo inoperante e inatendible de las alegaciones de la coalición
actora, debido a que la finalidad de este tipo de medio de impugnación tiene como
efecto establecer, en forma definitiva e inatacable, la cantidad de votos que obtuvo
cada partido político a nivel distrital, sin que ello implique que, de forma automática,
de dichos resultados derive la invalidez de la citada elección, o la declaración de
Presidente electo, debido a que, se insiste, se trata de resultados parciales
únicamente referidos a un distrito.

En total, los juicios de inconformidad derivaron en la anulación de 526 casillas ya


que la inmensa mayoría fue validada la votación por no haber ningún error entre los
elementos sustanciales de la votación; principalmente, el número de personas que
votaron y los votos que sacaron de las urnas, los ciudadanos que conformaron las
mesas directivas de casillas eran los autorizados y la ausencia de violencia. En
consecuencia, sólo en el 0.37% de las casillas no fue subsanado el vicio que
finalmente afectó de nulidad la votación.
296
Sólo cuatro distritos electorales no fueron impugnados por la Coalición Movimiento Progresista: 01 de
Chiapas, 18 de Jalisco, 17 del Estado de México y 07 de Michoacán. A éstos se sumaron tres juicios desechados
por faltarles requisitos fundamentales para ser presentados: 01 de Baja California Sur, 10 de Oaxaca y 01 de
Sonora.

195
La Coalición Movimiento Progresista no paró en mientes para impugnar,
controvirtiendo hasta los distritos en que había ganado, lo cual, al final de los
procedimientos judiciales sólo ayudó para confirmar al ganador, aunque hubiera
habido ajustes en la votación final, que no consiguió cambiar los resultados que se
habían obtenido desde el principio.

Habiéndose desechado las causales previstas en el artículo 77 bis de la Ley General


de Medios de Impugnación para poder anular la elección presidencial; es decir, no
se anuló el 25% de la votación en las casillas, sino sólo el 0.37% por incurrir en error
y dolo, tal como se refirió y tampoco se observó que las casillas dejaran de instalarse
en un 25% en el territorio nacional, sino sólo dejaron de instalarse el equivalente a
0.02%, la Coalición Movimiento Progresista pretendió impugnar al candidato
ganador con la causal de inelegibilidad por violación a principios constitucionales.

Tal causal se sustentó en rubros concernientes a la adquisición de promocionales


encubiertos de la imagen pública del candidato de la Coalición Compromiso por
México, contados desde su actuación como gobernador del Estado de México
(2005), encuestas y reportajes que favorecían su imagen personal, en detrimento
del candidato de Movimiento Progresista; así como por el financiamiento excesivo
verificado en la campaña del candidato ganador implicando tarjetas de pre-pago,
tanto bancarias como de una conocida cadena de supermercados. Las pruebas
aportadas por la Coalición Movimiento Progresista fueron copiosas, pero su
desahogo implicaba adelantarse a las conclusiones de investigaciones aún
pendientes de concluir por parte del Instituto Federal Electoral.

En tal sentido, la Coalición actora pretendió que bien se solicitara a la autoridad


administrativa electoral, por parte de este Tribunal, que concluyera la investigación
a través de un procedimiento extraordinario, con base en el artículo 85 del COFIPE,
o que se pospusiera la declaratoria de validez de la elección. Por lo que respecta a
la primera opción, tanto el Consejo General del IFE negó la procedencia de un
procedimiento extraordinario para dar por concluidas las investigaciones, como el
Tribunal Electoral confirmó dicha negativa en el SUP-RAP 418/2012.

Por lo que respecto a la segunda opción, la de dilatar la declaratoria de validez, el


Tribunal negó en el SUP-JIN 359/2012 tal posibilidad en virtud de que el plazo para
resolver sobre dicha declaratoria está expresamente determinada en el artículo 186,
fracción II, de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, que prevé que
dicha declaratoria debería hacerse con antelación al 6 de septiembre del año de la
elección, para que en dicho mes se notifique tal declaratoria a la mesa directiva de
la Cámara de Diputados, a efecto de que ésta expida el Bando solemne.

De cualquier manera, las investigaciones seguirán su curso y la declaratoria de


validez no prejuzga sobre las posibles responsabilidades que pudieran generarse.

La Coalición actora, como parte interesada, tuvo interés legítimo para hacer
prevalecer su pretensión de invalidar la elección, pero la imparcialidad del Tribunal

196
no puede acceder a su interés partidista, si no lo encuentra respaldado en la
Constitución y en la ley electoral. La posición política de la Coalición Movimiento
Progresista, aún siendo entendible, es imperativo que deba someterse al Derecho,
porque el proceso electoral ya concluyó el 31 de agosto de 2012 y con él las
campañas, los debates y las posibles controversias que se hubiesen suscitado en
ese contexto.

Ante estas circunstancias, el Poder Judicial, por otra parte, debe defender su
independencia e imparcialidad, aún en contra de descalificaciones o represalias de
los actores políticos involucrados; sólo así se puede contar con una administración
de justicia imparcial y confiable.

La Convención Americana sobre Derechos Humanos establece en sus artículos 8º.


y 25 que los jueces deben ser independientes e imparciales para cumplir con su
función de protección de derechos. En una contienda electoral, el derecho de una
coalición de partidos políticos, está en relación inversa con los derechos de otras
coaliciones y partidos que también intervinieron en la elección.

Así como los parlamentarios no pueden ser reconvenidos por sus opiniones en el
desempeño de sus funciones como lo prescribe el artículo 61 constitucional, los
jueces tampoco pueden serlo por sus resoluciones, de lo contrario se atenta contra
un poder constituido, pues el pueblo ejerce su soberanía por medio de los poderes
de la Unión, entre ellos, el Poder Judicial, como lo establece el artículo 41
constitucional.

Ahora bien, la Constitución y la ley ordenan que los resultados electorales, en caso
de controversia, se sometan al Tribunal Electoral, por lo que el procedimiento
jurisdiccional es, y debe ser, ajeno al político, y por lo tanto, no debe politizarse ni
confundirse este juicio con la continuación de una contienda electoral, pues ésta ya
concluyó el primero de julio.

Los plazos y términos del acceso a la justicia en esta fase jurisdiccional deben
apegarse, como lo mandata el artículo 17 constitucional, a la ley, tanto el Código
Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales como la Ley General del
Sistema de Medios de Impugnación y la Ley Orgánica del Poder Judicial de la
Federación.

El artículo 83 constitucional establecía que el Presidente entraría a ejercer su


encargo el 1º. de diciembre del año de la elección. A su vez, sólo se encuentra en
el artículo 85, en su primer párrafo, un aparente fundamento al dicho de la Coalición
actora que hubiera podido fundar su pretensión, si lo hubiera hecho valer. Dicho
precepto dispone que si al comenzar el período constitucional no se presentara el
presidente electo o la elección no estuviese hecha o declarada válida el 1º. de
diciembre, se designaría a un presidente interino.

Lo anterior, sin embargo, no significa que la resolución sobre la validez de la


elección no puede posponerse. El primer párrafo del precepto citado fue reformado

197
por el Constituyente en el mes de noviembre de 2007, justamente para introducir en
la Constitución la hipótesis, que por primera vez se daba en la legislación, de
declarar la invalidez de la elección presidencial por este Tribunal.

En el dictamen presentado por el Senado de la República el doce de septiembre de


2007 se estableció que esta hipótesis; es decir, que la elección no fuera declarada
válida, sólo se produciría si la Sala Superior, después de haber hecho el cómputo
final el 6 de septiembre, declarara la invalidez de la elección; pero
constitucionalmente no cabe la posibilidad de que la resolución sobre los medios de
impugnación y el consecuente cómputo final se pospusiera, como lo ha pretendido
la Coalición actora.

Por ello, nuestra Constitución determinó establecer plazos fijos para este Tribunal
con el objeto de culminar el proceso electoral, sin posibilidad de extenderlos a
discreción de una de las partes.

El Tribunal no puede, bajo argumentos pro personae, beneficiar a una parte en


perjuicio de los demás partidos, ni favorecer interpretaciones “conformes” para
beneficiar a una coalición sobre otra, si sus agravios no están respaldados en la
Constitución y a la ley.

Los plazos en materia electoral son inexorables, pues todos los días y horas son
hábiles, y la interposición de un juicio no interrumpe el calendario electoral. Las
demandas se sujetan a plazos de interposición y, en ocasiones, de resolución, para
dar certeza, que es un valor constitucional.

Como se mencionó en la sesión pública del pleno del Tribunal Electoral el 28 de


agosto de 2012:

Los plazos no solamente dan certeza jurídica para todas las partes (y) para
los individuos; fijan (también) obligaciones para las autoridades. Estos plazos
ninguna autoridad puede evadirlos, eliminarlos o atenuarlos, sino que tiene
la obligación de cumplirlos. 297

Este principio es universal y todos los países lo acatan. Si después de tomar


posesión se comprueba que en la elección de una autoridad hubo infracciones, se
puede sancionar a quien resulte responsable con posterioridad. Por ello no deben
alterarse los plazos marcados en la ley ante la sospecha de alguna infracción.

El Tribunal Electoral cuidó y protegió los agravios de todos los ciudadanos,


candidatos, partidos y coaliciones que se han sometido a su escrutinio durante este
proceso electoral, con la más amplia y favorable interpretación posible.

La Coalición actora pretende explicar que la votación a favor del candidato de la


Coalición “Compromiso por México” fueron producto de la compra o coacción que

297
JIN 359/2012

198
se hiciera a los ciudadanos de sus votos, a través de bienes, tarjetas, encuestas y
toda clase de recompensas; se consideró por el Tribunal Electoral que las pruebas
aportadas no fueron suficientes para demostrar la manipulación del ciudadano, el
cual es concebido por la coalición actora, como un autómata que al recibir la dádiva
o al escuchar la opinión de los medios iría a votar automáticamente por el candidato
o el partido o coalición que lo sedujo.

Si bien los supuestos de la ley para anular la elección presidencial han sido
revisados y ninguno tuvo operatividad en esta elección del 2012, la Coalición
Movimiento Progresista pretendió que judicialmente se declare la invalidez de la
elección presidencial basada en la aparente infracción de principios
constitucionales; sin embargo, esta invalidez constituiría una declaración judicial de
la nulidad de la elección presidencial, ya que la nulidad basada en transgresiones a
causales claramente previstas en la ley electoral (Artículo 77 bis de la LGSMI) no
sería suficiente para colmar sus pretensiones.

Anteriormente, el Tribunal Electoral había llegado a aplicar los principios


contemplados en los artículos 41 y 116 de la Constitución como suficientes para
anular una elección, ante la ausencia legal de causales expresas para la anulación
previstas en las leyes secundarias, cuando así lo hubieren probado.

La anulación de actos complejos es posible cuando el error o dolo vicia


sustancialmente el acto y el tribunal, ante la evidencia, lo declarase sin efectos. De
esta manera, cuando un candidato se presenta a una contienda y gana la elección
sin vicio declarado previamente ante el electorado, es válida la elección, puesto que
su registro está incólume y por ello es que puede competir el día de la jornada
electoral.

La coalición actora pretendió que el tribunal declarase la nulidad de la elección y la


invalidez de todo el proceso, retrotrayendo los efectos de una presumible sanción a
una posible infracción, que todavía no ha sido constatada ni declarada por la
autoridad administrativa competente, pero que aún si así fuera, la ley caracteriza el
registro de candidatos o su cancelación como actos preparatorios de la elección
(214.4 y 354.1.c) y sus correlativos 342.1. f) y 344.1. e), previo a las campañas
electorales y, por supuesto, previo a la jornada electoral.

Una vez pasada la jornada electoral no puede cancelarse el registro de un candidato


pues éste ya surtió todos sus efectos al presentarse el candidato a la elección. El
registro del candidato ya fue agotado y queda insubsistente, por lo que no puede
“cancelarse” un acto que ya no existe. En consecuencia, el candidato ganador no
puede ser declarado inelegible, por pérdida de su registro, después de celebrada la
jornada electoral. (Artículo 77 bis c).

En este último juicio de inconformidad, la Coalición actora, a través de diversos


agravios, pretendió demostrar que el candidato ganador de la elección y su
Coalición cometieron una serie de irregularidades que, tomadas en conjunto,
provocarían la nulidad o invalidez de la elección.

199
La resolución de cómputo final, denominada dictamen, resolvió en forma definitiva
las cuestiones suscitadas en torno a la validez de la elección de Presidente de los
Estados Unidos Mexicanos y, por lo tanto, resulta inatacable por disposición expresa
del artículo 99 de la Ley Suprema de la Unión; ninguna otra impugnación debería
resultar procedente, máxime que se trata de un acto de soberanía como es la
calificación electoral del Presidente de la República.

No se trata de un laudo donde las partes conceden graciosamente al árbitro la


facultad para dirimir sus conflictos. Es la resolución final de un tribunal constitucional
que no depende de las voluntades individuales de las partes para acatarla. Esta
resolución debe acatarse por el imperio de la Constitución y la ley, no por la
aceptación o rechazo de las partes involucradas.

A más de doscientos años de celebrarse elecciones constitucionales en México,


nuestro país ha logrado un desarrollo de instituciones y normas que, lejos de la
perfección son, sin embargo, ejemplo para otros sistemas. Las acusaciones antes,
durante y después de las elecciones son sintomáticas de la pluralidad y la
democracia, así como la plena libertad para la expresión de opiniones durante el
debate político de las campañas.

Dos son de las características de la democracia: por una parte, que dichas
acusaciones puedan formularse libremente dentro del marco de la libertad de
expresión respetando los límites de ésta y, por otra parte, que las diferencias entre
los contendientes puedan ser dirimidas ante una instancia judicial, que garantiza la
impartición de justicia pronta e imparcial.

Es oportuno recordar el texto del jurista Emilio Velasco quien escribió en 1874 lo
siguiente, con motivo de un conflicto electoral en Morelos:

Ha sido costumbre en nuestras prácticas políticas que el candidato derrotado,


alegando fraudes y nulidad de la elección, levante revoluciones y provoque
trastornos ¡Cuán conveniente no hubiera sido, cuántos males no se hubieran
evitado a la República a la República, si el derrotado hubiera tenido acceso
a los tribunales para que revisaran la elección! 298

Esta ha sido la función desempeñada por el Tribunal Electoral, a partir de cuya


existencia, México es un país de instituciones y no de caudillos.

La organización de un proceso electoral para promover el voto en millones de


votantes para elegir a 629 candidatos de elección popular a nivel federal hizo de la
elección efectuada en 2012 una elección sin paralelo. Adicionalmente, se
acreditaron 696 visitantes extranjeros que observaron la elección.

298
Manuel González Oropeza y Eleal Acevedo. El Amparo Morelos. XLVIII Legislatura del Estado de Morelos.
Editorial Laguna. 2002.

200
Sin embargo, la suma cero de una elección obliga a que sólo haya un ganador para
la titularidad del poder ejecutivo, mientras que la concurrencia de fuerzas políticas
en los congresos y ayuntamientos permite una representatividad de los partidos
políticos involucrados. Así lo demuestra la integración del Congreso de la Unión,
desde hace varias décadas.

La participación ciudadana en esa elección presidencial fue muy alta, demostrando


con ello que los mexicanos tenemos confianza en nuestro sistema electoral, y
sabemos que en este siglo XXI, la emisión del sufragio es efectiva, pues con él se
participa realmente en la integración de los poderes públicos, que cada voto cuenta
y que los ciudadanos saben que existen instituciones que garantizan que su voto es
libre y secreto y que será defendido.

La elección del 1º de julio de 2012 fue auténtica, porque fue competitiva, ya que los
tres primeros lugares recibieron votaciones que parcelan a la sociedad en porciones
sustanciales (Compromiso por México: 38.21%, Movimiento Progresista: 31.59% y
PAN: 25.41%); y porque las diferencias entre el primero, el segundo y el tercer lugar
son, también, significativas y proporcionales. Este espectro poblacional de apoyo
político diferenciado es el que permite que ningún poder pueda abusar de su
autoridad.

Lo anterior demuestra que la sociedad mexicana prefiere el pluripartidismo y no el


monopolio de una sola fuerza política, cualquiera que ésta sea. En esta ocasión
ganó el candidato cuyo partido había sido vencido en dos elecciones presidenciales
consecutivas a partir del año 2000, y ahora pudo obtener la mayoría en el 2012.

Habrá que concluir que el proceso político y el jurisdiccional son de naturaleza


diversa, aunque las elecciones cuentan con una naturaleza mixta que incita
confusión. Naturaleza que se confunde por candidatos en busca de obtener el
triunfo a como dé lugar. En el primero, la negociación de intereses y la construcción
de acuerdos son válidas; en el segundo, las formalidades de procedencia, los plazos
y las diligencias son parte fundamental del debido proceso legal, consagrado en el
artículo 14 constitucional.

En el ámbito judicial no hay negociación posible, los interesados se someten ante


la autoridad de un tribunal, con sus alegatos y pruebas, y es él quien tiene tomar su
decisión, exclusivamente con los elementos que obran en el expediente, dentro del
marco de la ley. Si un tribunal fuera más allá de los alegatos y pruebas aportadas,
investigando por su cuenta toda clase de ilícitos, citando a cualquier persona que le
fuese sospechosa, el régimen de Estado de Derecho se trastocaría para convertirse
en una dictadura judicial.

Al término de estos casi once meses en los que la Sala Superior resolvió múltiples
juicios sobre temas tan diversos como el acceso a los medios de comunicación, el
ejercicio de la libertad de expresión en una campaña electoral, la información al
ciudadano sobre cómo utilizar la boleta electoral, la utilización de la cadena nacional
para la transmisión de los debates, entre otros, estableciendo en cada uno de ellos

201
nuevos criterios cada vez más garantistas para los ciudadanos y, en ocasiones,
liberales, todo ello con la finalidad de fortalecer nuestra democracia, podemos decir
que la elección de 2012 fue válida.

Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. DineroenImágen

202
XXIX La política sobre el Derecho. Las elecciones de 2018.

En las elecciones presidenciales de 2018, el elector contó con los siguientes


eventos:

a) Incremento sustancial de votantes mexicanos en el extranjero respecto a las


anteriores elecciones. En la correspondiente al 2006, se registró por primera
vez el voto en el extranjero. Hubo aproximadamente medio millón de registros
de ciudadanos radicados en el extranjero, a pesar de la serie de obstáculos
administrativos que el sistema presentó, muchos electores no se les
reconoció su registro.

b) Participación de 283 aspirantes candidatos independientes a diversos


puestos de elección popular, aunque sólo un registro hubo para competir por
el cargo presidencial. En un principio sólo se autorizó el registro de Margarita
Zavala, quien fue la única, con dificultades, que satisfizo los complicados
requerimientos para contender, pero renunció el 17 de mayo de 2018 a la
candidatura. Uno de una mujer aspirante y otro de un candidato, Jaime
Heliodoro Rodríguez Calderón, incluido por sentencia del Tribunal Electoral
del Poder Judicial de la Federación del 9 de abril de 2018.

c) Incremento de votos anulados sobrepasando un millón de sufragios no


válidos, a pesar de la capacitación de los electores permanente desde 1982.
Esto demuestra la optimización del voto ciudadano, a efecto de que no se
desperdicie.

d) Gran dimensión del padrón electoral con 87 159 495 electores registrados,
que equivale a todos los electores de dos países desarrollados de Europa
(Alemania y Francia juntos). En México, desde 1917, el sufragio es popular y
directo, sin colegios electorales como en Estados Unidos, tal como se ha
explicado con anterioridad.

e) Implementación de la reelección legislativa del Congreso de la Unión, en


virtud de la reforma constitucional del 10 de febrero de 2014, a partir de la
elección celebrada en el 2018; y de las legislaturas locales y alcaldes electos
en 2015 y 2016, lo cual representa un gran logro para la democracia, que
está sobre los hombros de órganos representativos.

f) Elección presidencial de tres candidatos apoyados por tres coaliciones


respectivamente, aglutinando en total a nueve partidos políticos en la
contienda electoral.

203
g) Posibilidad de formar un gobierno de coalición con ratificación de los
secretarios de Estado por parte del Legislativo.

h) Protesta anticipada de posesión del presidente de la República el 1º. de


septiembre de 2018, con el objeto de contar con el tiempo suficiente para la
discusión y aprobación del primer presupuesto de egresos de la federación,
y así evitar los cierres gubernamentales ocurridos en países como Estados
Unidos.

La histórica elección celebrada el 1º. de julio de 2018, se completa la Democracia


en México, al resultar ganador el Presidente del tercer movimiento electoral de
oposición: MORENA. De esta manera, en nuestro país se han alternado en menos
de veinte años, los posibles partidos de oposición en el gobierno de la República.
Queda pues a juicio de la ciudadanía las mejores opciones de los candidatos que
nuestra diversidad política nos ofrezca.
El período presidencial de Andrés Manuel López Obrador será de cinco años y diez
meses. Al respecto habría que recordar que un principio fundamental del sistema
presidencial, desde sus orígenes, es el período fijo de gobierno que se observa
desde 1824 hasta la fecha, con duración variable, de cuatro a seis años. Debido a
la reforma electoral de 2014, al acortarse la toma de posesión del presidente en
turno y tomar posesión el 1º. de septiembre, la duración normal de seis años se
ajustó para tal efecto.
Desde un principio, las encuestas y preferencias daban a López Obrador el
predominio electoral que finalmente logró con un resultado de 30 113 483 votos a
su favor en el país. En contraste con la actitud del candidato ganador, la elección
de 2018 presenció el reconocimiento de los contendientes por su derrota. La
elección estuvo manchada con violencia y se perpetraron 133 homicidios durante el
proceso electoral, correspondiendo mayormente a candidatos del PRI, MORENA,
y todos los demás partidos.

204
Forbes México

205
CAPÍTULO DÉCIMO

NADIE SOBRE LA CONSTITUCIÓN

XXX. La irresponsabilidad del presidente

El sistema presidencial surge en la Constitución de Estados Unidos como una


reacción al sistema monárquico inglés. Aunque tanto el rey como el presidente a
fines del siglo XVIII tenían la similitud de que ambos eran una sola persona, desde
entonces, la gran diferencia entre uno y otro radica en la responsabilidad que tiene
el presidente frente a la irresponsabilidad del rey.

Aunque en Inglaterra se ha dado el caso de la decapitación de Carlos I en 1649 por


su negligencia en respetar los derechos humanos y el Estado de Derecho; en
Estados Unidos ningún titular del Poder Ejecutivo ha sido declarado responsable
299
, la Constitución de Estados Unidos, expresamente, permite la acusación y el
enjuiciamiento de un presidente, mientras que las leyes constitucionales inglesas
no cuentan con tales disposiciones, ya que el gabinete es el único responsable
frente al parlamento.

En el siglo XIX, México presenció intentos de enjuiciamiento a vicepresidentes como


Nicolás Bravo en 1828, y a presidentes como a José Bautista Ceballos en 1853 y
Antonio López, de Santa Anna en 1848 y 1857. Sus responsabilidades habían sido
fundamentalmente políticas ya que las acusaciones de traición a la Patria tenían
más raíces políticas que delictivas. La disolución del Congreso para Ceballos y la
firma del Tratado de Guadalupe de Hidalgo para Santa Anna fueron las causas que
se argumentaron para iniciar los procedimientos más que la comisión propia de un
delito claramente tipificado.

La Constitución de 1857 consignó la responsabilidad del presidente y estipuló dos


causas: unas políticas como violaciones a la Constitución, a leyes federales y a la
celebración de elecciones; y otras delictivas como la traición a la Patria que era y
es, exclusivamente, un delito federal y los denominados delitos graves del orden
común.

299
Los casos de Andrew Johnson en 1867 y de Richard Nixon en 1974 no llegaron a concretarse en una
sentencia condenatoria de responsabilidad o, siquiera, en un procedimiento formal de responsabilidad en el
segundo supuesto.

206
Las causas políticas fueron incómodas para Benito Juárez y ciertos sectores del
Congreso amenazaron con argumentarlas en su contra desde 1861. Por su parte
Venustiano Carranza consideró que estas causas podían ser un ariete utilizado por
el Congreso contra la investidura presidencial y el inicio de un parlamentarismo al
que juzgaba inadecuado, por lo que en su Proyecto de Constitución que consolidó
el presidencialismo las eliminó, borrando así cualquier posibilidad de enjuiciar la
responsabilidad política del presidente.

En consecuencia, desde 1917 tenemos a un presidente sin responsabilidad política,


tal como el monarca inglés o cualquier otra figura absolutista. Pervive sólo la
responsabilidad por delitos, uno federal, que es el de traición a la Patria y los de tipo
penal denominados delitos graves del orden común. Sobra decir que no hay una
definición clara sobre cuáles son los delitos graves que puede cometer un
presidente, lo cual transgrede el principio de nullum crimen sine lege.

De la lectura del Artículo 123 del Código Penal Federal, se desprende que en el tipo
de traición a la Patria se incluyen los actos "contra la independencia, soberanía o
integridad de la Nación Mexicana con la finalidad de someterla a persona, grupo o
gobierno extranjero". Los arreglos financieros internacionales difícilmente se
adecuan a lo preceptuado por este artículo, por lo que el Código Penal nos parece
hipotético y estrecho en el caso de aplicarlo a un presidente o a un ex presidente.
En lo que respecta a las otras causales de traición a la Patria que establece el
Código Penal, ninguna es realmente aplicable al presidente ya que su normativa se
refiere más a ciudadanos comunes y a miembros de la milicia que reciben órdenes
de autoridades superiores, lo cual no es el caso del presidente ya que es el
comandante en jefe de las fuerzas armadas y la autoridad administrativa y política
de mayor relevancia del sistema mexicano.

En lo que respecta a la comisión de delitos podemos concluir que por resultar


indefinida la norma constitucional, el presidente tampoco tiene claramente
delimitada una responsabilidad penal, ya que es poco probable que un titular del
Ejecutivo tenga necesidad de dejar pruebas o indicios de su responsabilidad en la
autoría, participación, encubrimiento y ejecución de delitos graves.

Por lo anterior, el mejor sistema de responsabilidad política de un presidente es el


que se determine a través de una ley específica, como así trató de promover Álvaro
Obregón por medio de su proyecto de reformas constitucionales al Artículo 108 del
15 de febrero de 1921. En dicha iniciativa se consideraron como causas para
enjuiciar a un presidente las siguientes:

a) Por atentar contra la existencia o libre funcionamiento del Congreso de la


Unión, de cualquiera de sus cámaras o de la Suprema Corte de Justicia, o por
violar el fuero constitucional de los miembros de esas corporaciones;

b) Por atentar contra la soberanía interior de los Estados, interviniendo en la


elección de los funcionarios o impidiendo el ejercicio de sus funciones
legales;

207
c) Por malversar los fondos públicos, ordenando o autorizando erogaciones no
comprendidas en las leyes de presupuesto o en disposiciones legales
específicas;

d) Por celebrar con gobiernos extranjeros pactos, convenios o acuerdos y


ponerlos en ejecución sin previa aprobación del Senado; y

e) Por no promulgar las leyes que expida el Congreso de la Unión, en el caso


del Artículo 72 constitucional.

A pesar de lo pertinente de la iniciativa y debido a que Obregón temía incurrir en


una de esas causales, tal como sucedió en 1923, cuando se suscribieron y
ejecutaron los denominados Acuerdos de Bucareli sobre la aplicación del Artículo
27 de la Constitución a las empresas petroleras extranjeras, el proyecto durmió en
las comisiones del Congreso y se dictaminó catorce años después, el 7 de
noviembre de 1935, archivarlo por "extemporáneo".

La actual ley de responsabilidades de servidores públicos podría contener un


capítulo específico sobre la responsabilidad presidencial.

¿Qué sanciones podrían aplicarse a un presidente o a un ex presidente? Primero


habría que reformar la Constitución para nuevamente restablecer las causas de
responsabilidad política de un presidente y aparejada a la reforma, determinar con
precisión motivos de traición y tipos de delitos graves que podrían aplicarse a un
mandatario en funciones.

En relación a los ex presidentes, subsiste la pregunta de si éstos gozan de


responsabilidad política, puesto que, si bien se excluye expresamente del artículo
108 constitucional a los titulares del Ejecutivo, tampoco se les incluye como sujetos
de juicio político en el artículo 110, en su carácter de ex mandatarios. Sin embargo,
atendiendo a la práctica parlamentaria del país, los juicios políticos más abundantes
han sido los instaurados por responsabilidad política federal contra ex
gobernadores, aunque la Constitución tampoco los contempla como sujetos a
posteriori de la mencionada obligación de gobierno. Por ello, sería sujeto a
determinación del propio Congreso si aplica juicio político a ex presidentes.

El problema subsecuente sería determinar qué tipo de pena se aplicaría a un ex


mandatario. La única relevante sería la inhabilitación para desempeñar funciones,
empleos, cargos o comisiones de cualquier naturaleza en el servicio público, tal
como se establece en el tercer párrafo del Artículo 110.

La responsabilidad penal de un ex presidente es plena, tanto por delitos federales


como locales, sean éstos graves o no, puesto que la disposición del Artículo 108
limita la acusación sólo al tiempo de su encargo presidencial, pero éste recobra la
plenitud de su responsabilidad penal cuando se convierte en ex gobernante.

208
El juez de un presidente tendría que ser el propio Congreso, siendo la Cámara de
Diputados quien investigue los hechos y lo consigne, y la de Senadores la que
determine su responsabilidad y le fije la pena o sanción. Para un ex presidente
serían los jueces comunes, sin ningún fuero o requisito de procedencia quienes
determinen su probable responsabilidad penal, mientras que su único magistrado
de responsabilidad política seguiría siendo el Congreso de la Unión.

Hay que considerar, por otra parte, la necesidad de expedir una ley de
responsabilidad presidencial para precisar conceptos que se viertan en las reformas
constitucionales pertinentes y, además, para que se consignen derechos que como
autoridad en funciones y como ex funcionario debería tener. Por ejemplo, sería
objeto de la ley una posibilidad de establecer que un presidente o ex presidente
pudiera cuidar su imagen política y su vida privada de ataques que considere
intolerables y canalizar su defensa a través de conductos legales e institucionales,
sin necesidad de acudir a vías escandalosas como huelgas de hambre.

En la historia mexicana, varios ex presidentes ocuparon cargos públicos con


posterioridad al término de su administración. En realidad, a partir de Lázaro
Cárdenas se sienta el precedente de que un ex mandatario puede ocupar sólo
cargos secundarios en futuras administraciones, como lo hizo en la Comisión del
Río Balsas. Pero antes de los años cuarenta del siglo XIX, era común que un ex
presidente ocupara un puesto dentro del gabinete del siguiente o los siguientes
períodos presidenciales. José María Bocanegra, presidente en 1829 es secretario
de Hacienda en 1833 y 1838, de Relaciones Exteriores en 1837, de Relaciones
Interiores y Exteriores en 1841, 1842. 1843 y 1844; Lucas Alamán, parle del
presidente colegiado de 1829 es, en múltiples ocasiones, secretario hasta su muerte
en 1853; Manuel Gómez Pedraza, presidente en 1828, es secretario de Relaciones
en 1838 y de Relaciones Interiores y Exteriores en 1841. Pedro Vélez, que fue parte
del presidente colegiado en 1829 fue nombrado secretario de Relaciones Interiores
y Exteriores en I842 y en 1843 así como de Justicia en 1843.

Por su parte, Valentín Canalizo, quien ocupó la presidencia de 1843 a 1844, fue
secretario de Hacienda en 1846, Manuel de la Peña, que fuera el presidente que
afrontara la invasión americana de 1847, después fue secretario de Relaciones
Interiores y Exteriores en la presidencia de Pedro María Anaya a finales de 1847 y
principios de 1848. Igualmente, Anaya pasó a ser secretario de Guerra y Marina, en
el segundo periodo de Manuel de la Peña en 1848 así como durante el mes de la
administración del presidente Juan Bautista Ceballos en 1853.

Ignacio Comonfort, presidente en 1857, fue secretario de Guerra y Marina en el


periodo de agosto a noviembre de 1863 y Porfirio Díaz fungió como secretario de
Fomento al término de su primera administración en diciembre de 1880 hasta el 11
de junio de 1881.

Después de la Revolución Mexicana, Emilio Portes Gil, presidente interino de I928


a 1930 es posteriormente secretario de Gobernación.

209
Por ello, la inhabilitación de un ex presidente, aunque ha perdido actualidad, puesto
que ya no ocupa una cartera en el gabinete de las siguientes administraciones, es
hipotéticamente factible. La remoción del pequeño cargo, embajada o dirección de
un organismo público descentralizado sería igualmente factible cuando la
responsabilidad política se declarara.

Por el momento, sólo podemos conformarnos con la responsabilidad penal limitada


e indefinida de un presidente y la vaguedad de una probable responsabilidad política
de un ex presidente. En consecuencia, quedan por resolver muchas preguntas, las
cuales tendría que solucionar una futura ley: en caso de que los delitos graves sean
del orden común, ¿Se aplicaría el código penal de la entidad federativa a que
correspondiera el lugar donde se consumó el delito, o se aplicaría invariablemente
el Código Penal Federal?

Por otra parte, tratándose de la traición a la Patria, la ley aplicable sería el Código
Penal Federal, o se podría aplicar incluso el Código de Justicia Militar, puesto que
el presidente puede cometer el mencionado delito mientras detenta el mando del
ejército del cual es comandante en jefe.

Ante las consecuencias, habría que propugnar por el establecimiento de la


responsabilidad política del mandatario en la Constitución, por violaciones a la Ley
Fundamental y a las leyes federales así como por la aprobación de una ley federal
específica que contemple los delitos denominados graves y el procedimiento y
garantías que tendría el presidente o ex presidente inculpado penalmente. El Estado
de Derecho exige pues, que se determinen legalmente las responsabilidades del
más alto funcionario de la Federación, puesto que el régimen actual sólo ha
conducido a una irresponsabilidad del titular del Poder Ejecutivo, para descrédito de
uno y desesperanza de los más.

210
XXXI. La revocación del mandato presidencial

La reforma constitucional que se introdujo el 20 de diciembre de 2019, estableció


una nueva prerrogativa del ciudadano como derecho (artículo 35, fracción IX) y
como obligación (artículo 36, fracción III): la de votar en los procesos de revocación
del mandato del Presidente de la República. La disposición fue detalladamente
regulada en la propia Constitución en ocho fracciones a través de la reforma.

Esta misma reforma se ocupó en la fracción I del artículo 116 de los gobernadores,
limitando el período de su encargo no más de seis años “y su mandato podrá ser
revocado”. Este objetivo fue encomendado a las Constituciones de los Estados para
que se establecieran las normas relativas a los procesos de revocación.

El caso del Presidente fue contemplado expresamente pues, aunque se podría


incluir a todos los cargos públicos de elección popular; sólo se menciona el caso del
titular del Poder Ejecutivo federal en la fracción IX, como derecho de los ciudadanos.
Esto significa que la propia reforma fue auto limitada y no se extendió a todas las
autoridades electas, como podría interpretarse de la frase inicial de la fracción IX,
del artículo 35 de la Constitución: “Son derechos de la ciudadanía… Participar en
los procesos de revocación de mandato”.

En esta misma situación, se encuentran Venezuela, Ecuador y Bolivia, que son los
únicos países que contienen, hasta la fecha, disposiciones sobre el llamado
referendo derogatorio de la investidura presidencial en América Latina. 300

La reforma pudo haber contemplado una disposición más amplia como la


Constitución de Venezuela, publicada el 30 de diciembre de 1999, que en el artículo
72 estableció de manera sencilla y simple:

Artículo 72. Todos los cargos y magistraturas de elección popular son


revocables.

Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o


funcionaria hubieren votado a favor de la revocación, siempre que haya
concurrido al referendo un número de electores o electoras igual o superior
no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la
correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un
referendo para revocar su mandato.

300
Mario Daniel Serrafero y María Laura Eberhardt. Presidencialismo y Revocatoria del mandato presidencial
en América Latina. Ediciones Complutenses. 2016.

211
Cuando igual o mayor número de electores o electoras que eligieron al
funcionario o funcionaria hubieren votado a favor de la revocación, siempre
que hayan concurrido al referendo un número de electores o electoras igual
o superior al veinticinco por ciento de los electores o electoras inscritos o
inscritas, se considerará revocado su mandato y se procederá de inmediato
a cubrir la falta absoluta conforme a lo dispuesto en esta Constitución y en la
ley.

La revocación del mandato para los cuerpos colegiados se realizará de


acuerdo con lo que establezca la ley.

Durante el período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria no


podrá hacerse más de una solicitud de revocación de su mandato.

Para abarcar así a todos los servidores públicos que deben su cargo a una elección
popular; este ejemplo es importante porque la reforma mexicana de 2019 siguió el
caso de Venezuela y Bolivia al contemplar que el referendo revocatorio o revocación
del mandato procede cuando haya transcurrido la mitad del período para el cual el
funcionario fuera electo, lo cual fue seguido por la convocatoria de Revocación
convocada en México para abril de 2022, a la mitad del período presidencial de
Andrés Manuel López Obrador, según el apartado 2, de la fracción VIII, del artículo
35 constitucional.

Esta consulta fue avalada por la Suprema Corte el 15 de septiembre de 2020 y se realizará
en abril de 2022, donde el Presidente de México “consultará la revocación de su mandato”.
Para este efecto, se procederá conforme al artículo 35, fracción IX, de la Constitución, una
vez que el INE constate la petición de, al menos el tres por ciento del listado nominal de
electores, distribuidos en no menos de 17 entidades federativas, contabilizando en cada
una de ellas el mismo 3% del listado nominal. El 3% del total representa el elevado número
de aproximadamente 2 805 854 firmas, que se tendrán que recabar durante los meses de
noviembre y 15 de diciembre de 2021. El tiempo para celebrar la elección negativa es de
aproximadamente cuatro meses.

La naturaleza electoral de esta “consulta”, es sin lugar a dudas, indisputable, por lo que el
término adecuado para denominarla es el de elección revocatoria o referendo revocatorio,
como lo denominan en América del Sur, puesto que se convoca a una elección negativa
para decidir sobre la revocación del encargo otorgado a un Presidente, que está en
funciones, no pudiendo ser una elección extraordinaria puesto que no pretende elegir una
nueva autoridad ante la ausencia absoluta de la anterior.

No se trata de una “consulta” puesto que la elección a la cual se convoca a cerca de tres
millones de ciudadanos, no tiene un carácter consultivo, sino vinculante en su resultado.
Interviene, así, en la organización de esta elección negativa, toda la maquinaria electoral,
desde el Instituto Nacional Electoral hasta el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación.

Aunque en otros países latinoamericanos se prevé igualmente la revocación del


mandato, como Ecuador (2008) y Bolivia (2009), el período para iniciar una moción

212
de referendo revocatorio no tiene plazo, pues puede someterse al inicio o en
cualquier momento del período presidencial. 301

Esta modalidad de democracia directa para remover anticipadamente en el cargo a


una autoridad que fue electa, tiene como característica la de ser promovida por la
ciudadanía del país, provincia o distrito que plantea agravios o negligencia del
funcionario en su desempeño; por lo que no es exclusivamente una institución
nacional o federal en sus efectos, sino que la moción para revocar puede operar a
nivel local o provincial.

Desde el siglo XIX, de acuerdo a los parámetros de la democracia directa que ha


caracterizado a Suiza, la revocación puede operar incluso en el ámbito cantonal. En
Argentina igualmente, funciona en diversas provincias. En la Unión Americana hay
18 entidades federativas que autorizan la revocación y muchos países también lo
consideran: Cuba, Taiwán, Etiopía, Liechtenstein, Nigeria y Polonia, por ejemplo. La
propia experiencia mexicana tiene los antecedentes locales de Yucatán (1938) y
Chihuahua (1997).

En reforma del 4 de julio de 1938 302 a la Constitución de Yucatán del 14 de enero


de 1918, al artículo 30, fracción XLI, confió la declaración de revocación del mandato
del Gobernador, al Congreso del Estado siempre que mediara una petición del 65%
de electores, y fuera aprobada por el voto unánime de la Legislatura,303 pero
tratándose de diputados locales bastaba con la votación de dos terceras partes del
Congreso. Esta revocación fue impugnada mediante acción de inconstitucionalidad
8/2010 en la cual se resolvió su inconsistencia con la Constitución federal, por no
tener un sustento en su texto. Según se dijo en la ejecutoria, la revocación del
mandato, es ajena al sistema de responsabilidades de los servidores públicos; pues
la Constitución sólo prevé las responsabilidad civil, penal, administrativa y política,
“pero no contempla la revocación del mandato” aunque si prevé otros medios que
llevan a la misma consecuencia del cargo para el que fueron electos.

En tal virtud la medida contraviene el artículo 109 constitucional, en cuya fracción I,


que permite “una sola y única forma de dar por terminado el ejercicio de un cargo…
sin que pueda establecerse otra válidamente diferente”.

La reforma de 2019 que incluyó expresamente la revocación del mandato en la


Constitución federal subsanó este argumento. Sin embargo, es pertinente
301
En Colombia, el referendo revocatorio no procede para el Presidente, sino sólo para los gobernadores y
alcaldes, siendo la moción del 29 de julio de 2018 la única que ha prosperado contra el alcalde de Tasco-Boyacá
302
Decreto Número 67. Diario Oficial del Gobierno Socialista del Estado de Yucatán. Año XL. Mérida,
Yucatán. Lunes 4 de julio de 1938. Número 12338.
303
Corresponde al Congreso: XLI. Revocar el mandato conferido al Gobernador del Estado, a los Magistrados
del Tribunal Superior de Justicia, a los Diputados y a los Presidentes y Concejales de los Ayuntamientos. Esta
facultad será enteramente libre a juicio del Congreso y a mayoría de votos, excepto cuando se trate del
Gobernador y de los Diputados, en cuyos casos será necesaria la determinación del sesenta y cinco por ciento
de los electores, comunicada al Congreso y aprobada por el voto unánime de la Legislatura, cuando se trate del
Gobernador, y de las dos terceras partes para el caso de los Diputados. Manuel González Oropeza. Digesto
Constitucional Mexicano. Chihuahua. Reformas Constitucionales. p. 637. Yucatán.

213
considerar que el régimen interior de los Estados permite contener medios de
remoción en el cargo, cuando el desempeño de las autoridades de origen electivo
no sea satisfactorio, lo cual no requiere de una responsabilidad.
La revocación del mandato, como medio de participación popular, se basó en el
aforismo que Hiram Johnson popularizó en 1911 en California: “Si el pueblo tiene la
habilidad para elegir, también la tiene para remover”. De tal suerte, la revocación
del mandato nacido en California desde esa época ha sido una práctica, cuyo último
ejercicio se dio en 2021, con la convocatoria de un referendo revocatorio para el
gobernador Gavin Newson, que no prosperó, refrendando así su desempeño
satisfactorio. El motivo de su elección revocatoria había sido el descontento de la
población por el incremento de impuestos, el aumento en la falta de vivienda y el bajo nivel
de vida que habían experimentado los ciudadanos de California. Otros agravios contra
Newson estuvieron relacionados con los problemas derivados del seguro universal de
salud, así como el tratamiento de los indocumentados. No hubo ninguna acusación de
violación a la Constitución y las leyes que mereciera responsabilidad, sino únicamente
diferendos en las políticas públicas e insatisfacción de parte de los votantes republicanos
en el Estado. Esta es la gran diferencia entre la responsabilidad política y la revocación del
mandato; por ello, el argumento de la Suprema Corte de Justicia de México al confundir la
revocación con los procedimientos de responsabilidad de funcionarios del artículo 109
constitucional, está fuera de contexto.
Los electores de California ya contaban con una experiencia en materia revocatoria en el
2003, cuando el gobernador en funciones Gray Davis fue removido a través de este
procedimiento, y reemplazado por Arnold Schwarzweneger, quien previamente había
aparecido en la boleta de la elección revocatoria como primera preferencia para sustituir al
gobernador Davis. Las razones para revocarlo de su encargo, no fueron materia de
responsabilidad política, ni penal, ni civil o administrativa, sino la impopularidad entre los
electores de sus medidas que, según ellos, habían provocado la crisis de suministro
eléctrico en el Estado, así como la crisis presupuestaria provocada por problemas
financieros, y la imposición de un nuevo impuesto sobre la tenencia de los carros en el
Estado.
Adicionalmente, habría que considerar que el régimen interior de los Estados permite
contemplar medios de remoción distintos al de la Federación. El capítulo IV constitucional
se refiere a las faltas federales que pueden cometer los funcionarios, tanto federales como
locales, en el caso de Gobernador, por infringir su obligación prevista en el artículo 120 de
la Constitución federal que los obliga a publicar, cumplir y hacer cumplir las leyes federales.
Se trata, en consecuencia, de una obligación federal hacia los funcionarios locales derivada
de su subordinación a la Ley suprema de la Unión (artículo 133 constitucional). Pero no es
objetivo de la Constitución federal regular las responsabilidades aplicables al régimen
interior de un Estado.
Los gobernadores tienen también la obligación fundamental de cumplir con la Constitución
y leyes locales, de la cual se derivan no sólo causales de responsabilidad local, sino el
cumplimiento satisfactorio de las políticas y actos de la entidad, por el cual podría pedirse
la revocación de su mandato. Estas obligaciones están dentro de la libertad de
autoconfiguración de la soberanía estatal; en consecuencia, las Constituciones y leyes
estatales pueden establecer medios de remoción a sus funcionarios, como lo demuestra el
federalismo de otros países (v. gr.: California).

214
El 1º. de septiembre de 2021 se incluyó también la revocación para presidentes
municipales y diputados locales en la reforma del 1º. de septiembre de 2021,
previéndose igualmente la revocación del gobernador que estaría vigente a partir
de octubre de 2024. 304

Por otra parte, Chihuahua en su Constitución del 3 de septiembre de 1997 que fue
adicionada el 15 de noviembre de 2008 para incluir la disposición que contempla la
revocación del mandato para funcionarios electos mediante el voto popular, tuvo
una suerte similar. Según esa reforma, la solicitud de revocación debía estar
suscrita por el 10% de los ciudadanos del Estado, municipio o distrito; disposición
que no requería que estuvieran registrados, ni que hubiesen votado en la elección
respectiva.

La solicitud de revocación podría presentarse una vez transcurrida una tercera parte
del período para el cual, el funcionario que se pedía su revocación, hubiera
desempeñado su encargo; se entiende que podrían haber sido el gobernador,
diputados locales, presidentes municipales, regidores y síndicos.

Al principio, esta reforma en Chihuahua corrió la misma suerte que Yucatán y fue
declarada inconstitucional, debido a la resolución 63/2009 de la Suprema Corte, por
lo que el Estado decidió el 27 de junio de 2012, derogar todas las disposiciones
relacionadas con la revocación.305 La acción de inconstitucionalidad fue interpuesta
por el Partido del Trabajo en el caso de Chihuahua, así como una parte de la
Legislatura del Estado, mientras que en la de Yucatán, la promovió la propia
Procuraduría General de la República.

La resolución de la Suprema Corte sobre la acción interpuesta contra la revocación


establecida en Chihuahua, basó su argumentación como hemos apreciado, en la
duplicación de medios para obtener el mismo objetivo de remover a un funcionario
de origen popular y por la falta de fundamentación en la Constitución federal.
Efectivamente, la Corte cuestionó que la revocación del mandato tuviera el mismo
fin que el juicio político, esto es la remoción del funcionario.

304
Walter Yared Limón Magaña. “Implementación de la revocación del mandato en México y legitimidad
democrática”. Justicia Electoral. Número 20. Vol. 1. Julio-diciembre 2017. p. 95-127.
305
Mariana Rivera Serrano. Estados de la República que cuentan con la figura de Revocación de Mandato en
su Constitución. Instituto de Investigaciones y Estudios Legislativos. LXXIII Legislatura de Michoacán.
Respecto de la Revocación del Mandato: “De acuerdo con lo razonado en los párrafos que anteceden, se tiene
que la Constitución General de la República sólo prevé la responsabilidad civil, penal, administrativa y la
política, pero no contempla la figura de revocación del mandato” (foja 253 de la Sentencia en la Acción de
Inconstitucionalidad 63/2009 y sus acumuladas 64/2009 y 65/2009, promovidas por los diputados integrantes
de la Sexagésima Segunda Legislatura del Congreso del Estado de Chihuahua, el Partido del Trabajo y el
Procurador General de la República) p. 3-4. En el citado estudio se citan 16 Estados que contemplan la figura
de revocación del mandato como facultad del Congreso, pero aplicable sólo a los Ayuntamientos. La figura se
tergiversa completamente en el artículo 12 de la Constitución de Baja California, llegando a denominar al juicio
político como manifestación de la revocación del mandato (fracción I), a la declaración de procedencia
(desafuero) como revocación del mandato y otras asimilaciones que no encuadran con la figura.

215
Hacia esa época, la Constitución federal no contemplaba la revocación del mandato
y si se aceptaba en el régimen estatal, consideró que sería el reconocimiento de un
nuevo sistema de responsabilidad para los mismos funcionarios de origen popular,
sin sustento constitucional en la Federación.

Aunque los Estados tienen plena libertad de autoconfiguración en la organización


de sus poderes locales, según lo determina el párrafo segundo del artículo 116
constitucional federal (“Los poderes de los Estados se organizarán conforme a la
Constitución de cada uno de ellos”), en la primer norma a que sujeta esta soberanía,
reformada el 20 de diciembre de 2019, está relacionada a la remoción de sus
gobernadores cuyo mandato “podrá ser revocado” de acuerdo a las normas
establecidas en sus Constituciones.

Cuestionando adicionalmente la constitucionalidad de la revocación en Chihuahua,


La Suprema Corte aludió en la acción 63/2009 y otras acciones acumuladas, que la
propia Constitución encomienda a la Legislatura de cada Estado la posibilidad de
revocación del mandato, y no a los ciudadanos, en el caso de funcionarios
municipales, en el artículo 115, fracción I, párrafo 3.

Producto de lo anterior, la Corte aprobó las Jurisprudencias 21/2012 y 28/2013 306


donde quedaron establecidas las tesis que declaran la Revocación del mandato de
cualquier funcionario público como inconstitucionales que no cuentan con sustento
constitucional y, en consecuencia, las disposiciones estatales que las contemplan
violarían la Constitución federal.307

Por supuesto, todo lo anterior ha quedado modificado por la radical reforma


constitucional del 20 de diciembre de 2019, cuyo objetivo principal fue establecer el
referendo revocatorio, pero sólo para el Presidente de la República (artículo 35,
fracción IX constitucional) y podría también tener efectos limitativos sobre la libertad
de autoconfiguración de los estados, si y sólo si, las Constituciones de los Estados
lo contemplaran para los gobernadores respectivos, quedando la revocación
prevista desde 1983, para los funcionarios municipales, pero sin participación del
pueblo, pues tratándose de los ediles, éstos sólo puede ser revocados por las
Legislaturas de los mismos Estado (art. 115, fr. I. párrafo 3).308

Complementaria a la situación actual de México, resulta interesante considerar


también la experiencia del referendo revocatorio de Venezuela, Bolivia y Ecuador,

306
REVOCACIÓN DEL MANDATO POPULAR. LOS ARRÍCULOS 386 AL 390 DE LA LEY ELECTORAL
DEL ESTADO DE CHIHUAHUA, EN CUANTO PREVÉN ESA FIGURA PARA LA REMOCIÓN DE
CUALQUIER FUNCIONARIO PÚBLICO ELECTO MEDIANTE EL VOTO POPULAR, VIOLAN LA
CONSTITUCIÓN FEDERAL (LEGISLACIÓN VIGENTE HASTA EL 2 DE DICIEMBRE DE 2009. (…)
Este último Ordenamiento Fundamental (la Constitución) dispone otros medios para fincar responsabilidades
de los servidores que llevan a la misma consecuencia de remoción del cargo para el que fueron electos.
307
Limón Magaña. Op. Ult. Cit.
308
Manuel González Oropeza. “Desaparición de Ayuntamientos”. Estudios Jurídicos en memoria de Roberto
L. Mantilla Molina. 1984. Porrúa. 407-423

216
países latinoamericanos que contemplan la revocación presidencial y de los cuales,
seguramente México estuvo en sintonía.

La elección de Hugo Chávez de Venezuela, en el año 2000, obtuvo una votación de


cerca de cuatro millones de votos. A los cuatro años, en el 2004, la oposición a
Chávez y él mismo promovieron un referendo revocatorio 309 que votó a favor de su
remoción con el voto de 3 984 008 electores, por lo que hubiera procedido su
separación. No obstante, debido a la disposición de una ley reglamentaria del
artículo 72 de la Constitución Venezolana, aprobada posteriormente el 3 de
septiembre de 2003, por el mismo Chávez, el sentido original de la Constitución fue
tergiversado y se dio preferencia a la votación del voto en contra del referendo que
ascendió a 5 800 629 votos que mostró su deseo de que Chávez continuara en el
ejercicio presidencial, que sólo fue interrumpido por su muerte. 310

En la sentencia 2750 de la Sala de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de


Justicia de Venezuela, resuelto el 21 de octubre de 2003, se determinó que el
elector que había votado en la elección de un Presidente, como Chávez (cerca de
cuatro millones), no sería el único que pudiera votar para su revocación, pues el
principio de que sólo revoca el cargo quien previamente se lo dio, no operaba en
derecho electoral (¡). El Concejal del Municipio Libertador, Carlos Enrique Herrera
Mendoza, interpuso un recurso, manifestando que la disposición constitucional
(artículo 72) era confusa.

En la sentencia se dice:

El accionante (Carlos Enrique Herrera) deja clara su interpretación: que sólo


debería tomarse en cuenta el número de personas que originalmente podrían
haber participado. (…)

309
Cuya pregunta fue simple: “Está Usted de acuerdo en dejar sin efecto el mandato popular, otorgado mediante
elecciones democráticas, legitimando al C. Hugo Rafael Chávez Frías como Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela para el actual período presidencial”
310
Allan Brewer-Carias. “Nuevo secuestro del derecho del pueblo a la realización del referendo revocatorio
presidencial, perpetrado por la Sala Electoral, algunos tribunales penales y el Poder Electoral”. Revista de
Derecho Público. Números 147-148. Julio diciembre de 2016. Editorial Jurídica Venezolana. Caracas 2016. p.
384-396. Chávez había sido electo con 3 757 774 votos en la elección del año 2000 y, el referendo revocatorio,
habría prosperado con 3 989 008; sin embargo, en la misma votación, Chávez había obtenido 5 800 629 votos
a favor de la continuación de su mandato, por lo que la Sala Constitucional decidió confirmar su mandato,
ratificándolo, (transformando, en consecuencia, la revocación en un referendo “ratificatorio”) en virtud de la
interpretación judicial del artículo 60 de las Normas para regular los procesos de Referendos Revocatorios
expedidas el 25 de septiembre de 2003, que habían agregado a la disposición del artículo 72 de la Constitución
Venezolana la hipótesis de que procedería la revocación del mandato “si el número de votos a favor de la
revocatoria es igual o superior al número de electores que eligieron al funcionario”, tal como lo determina la
Constitución (artículo 72): “Cuando igual o mayor número de electores que eligieron al funcionario hubieren
votado a favor de la revocación (…) se considerará revocado su mandato y se procederá de inmediato a cubrir
la falta absoluta conforme a lo dispuesto en la Constitución y la ley”. Pero en las Normas (secundarias) se
agregó la condición de que no procedería la revocatoria, cuando el número de electores en contra fuese superior
al de la procedencia.

217
Esta Sala no puede compartir ese criterio, pues hacerlo implicaría
desconocer el derecho a la participación ciudadana.

El razonamiento de la Sala se refiere a que si tomara como fundada la pretensión


de Herrera Mendoza, los 3 989 008 votantes a favor de la remoción, serían
suficientes para la remoción de Chávez, pues superaban los 3 757 774 votos que
habían recibido en el momento de su elección. Pero el Magistrado Antonio J. García
García no podía dejar de considerar los cerca de dos millones de votos a favor de
la ratificación de Chávez que había recibido en exceso en la elección negativa.

Esta pregunta podría haber sido solucionada, rescatando los debates de la


Constitución de Venezuela de 1999, donde el artículo original sometido a discusión
(artículo 76) que posteriormente sería el artículo 72, decía textualmente:

Cuando la mayoría absoluta de participantes en el referendo hubiere votado


a favor de la revocatoria, siempre que haya concurrido al referendo número
de electores igual o superior al del acto de votación al que fue elegido el
funcionario, se considerará revocado su mandato y se procederá de
inmediato a cubrir la falta absoluta conforme a lo dispuesto en esta
Constitución y en las leyes. 311

Quizá el argumento toral en este caso hubiera sido mejor direccionado, si el actor,
basado en el artículo 72 de la Constitución, hubiera impugnado la
inconstitucionalidad del artículo 60 de las Normas para regular los procesos de
referendo revocatorio, expedidas por Chávez posteriormente, que ampliaban un
supuesto adicional de ratificación en el mandato, cuando el objetivo de la
Constitución era la revocación del mismo.

Sin embargo, la reforma mexicana de 2019 zanjó este problema de


constitucionalidad al modificar la Constitución misma.

Por otra parte, antes de la vigencia de la Constitución de Bolivia aprobada en el año


de 2009, el presidente Evo Morales, surgido en las elecciones del 2005, inició la
moción de referendo revocatorio, presionado por la oposición, el cual se llevó a cabo
el 10 de agosto de 2008, aún antes de aprobarse la Constitución. Morales había
propuesto desde el 12 de enero de 2007 un proyecto de ley para el referendo
revocatorio para el presidente, prefectos y alcaldes por los delitos de corrupción,
violaciones a los derechos humanos e incumplimiento de promesas de campaña
(ofertas electorales).

El referendo revocatorio pretendía legitimar a Morales frente a las duras críticas


sobre la condición social del país y, ante ese reto, propuso:

311
Podría entenderse que bastaba un número igual o superior al de la votación, sin tomar el sorpresivo
incremento de casi el doble de votos que recibió Chávez en la votación del 2004. Elia Domingo Barberá. La
Revocación del mandato presidencial: la experiencia en la República Bolivariana de Venezuela y en el Estado
Plurinacional de Bolivia. Tesis Doctoral. Universidad de Valencia. 2016. Excelente trabajo doctoral.

218
Les propongo a los prefectos conservadores y los no conservadores, a los
nueve prefectos, someternos juntos a referéndum revocatorio, que el pueblo
diga si está con el cambio, si está con el modelo neoliberal, con las
privatizaciones, las subastas de nuestros recursos naturales y de
empresas.312

Al instaurar el referendo revocatorio, Morales pretendía sobreponerse a los


obstáculos que la oposición planteaba contra su agenda e ideología en el Congreso
Constituyente de Bolivia. Sobre todo, la oposición estaba en las regiones y para
lograr su objetivo de legitimación organizó el refrendo revocatorio, aún antes de
promulgar la Constitución en 2009, obteniendo 67.41% de la votación a favor de su
liderazgo, cambiando así la correlación de fuerzas a favor del gobierno nacional. 313

Por su parte, Ecuador establece en el artículo 105 de la Constitución, el derecho de


las personas en ejercicio de sus derechos políticos para revocar a las autoridades
de elección popular. Entre las causales para promover dicha moción se encuentran
la negligencia en sus promesas de campaña y comprobar actos de corrupción, entre
los que se distinguen la apertura de cuentas bancarias de los funcionarios en
paraísos fiscales. La falta de normativa en esta materia que se denunciaba desde
2005, quedó subsanada a través de la expedición de un Reglamento para el
ejercicio de la democracia directa a través de la Iniciativa popular normativa,
consultas populares, referéndum y revocatoria del mandato, aprobado el 12 de
enero de 2011 por el Consejo Nacional Electoral.

Podríamos resumir este apartado para destacar que el apelativo de “absurdo” o


“innecesario” para el referendo revocatorio que se ha presentado en estos tres
países latinoamericanos, puede ser relativizado, ya que en cada uno de ellos ha
servido para lograr objetivos de legitimación política y empoderamiento de parte del
jefe de Estado que lo promueve o es objeto de él por la oposición. Es decir, sus
fines han alterado la naturaleza de medio popular para remover a un Jefe de Estado
y se ha utilizado más bien como un medio costoso de ratificación y/o legitimación.

Pero la etapa descrita, comienza a tener visos más preocupantes, pues puede
convertirse en la negativa de organizar el referendo, como se dio en 2016, con la
intransigencia de Nicolás Maduro para llevarla a cabo, a pesar de que el Consejo
Nacional Electoral había aprobado el formato o boletas para la realización. En este
caso, el temor fundado de Maduro de resultar removido, a pesar de que legal y
políticamente se le conmina a organizar el referendo, como sucedió con su
antecesor, Hugo Chávez, es desechado sin ninguna vinculación. Esto demuestra la
inutilidad con que se ha tratado el referendo en América Latina. Se trata de una falsa
ilusión de democracia directa.

En consecuencia, de poco ha servido la puesta en marcha de referendos


revocatorios o revocaciones del mandato para lograr el ideal de la democracia

312
Elia Domingo. Op. cit. p. 281
313
Elia Domingo. Op. cit. p. 308

219
directa y participativa. Su manipulación al margen de la legalidad, por encima de la
supremacía constitucional, para hacer prevalecer los intereses políticos del jefe de
Estado respectivo, demuestran una promesa más por cumplir: No sirve para exigir
responsabilidad, aunque se le declara como una medida inconstitucional por
duplicar los objetivos de juicios políticos. Tampoco opera para retirar la confianza
ante el caso de ineficacia en las políticas sostenidas por el gobernante, por su alto
grado de manipulación por parte de él.

Cuando el referendo revocatorio pretende hacer prevalecer la voluntad popular


mayoritaria en una elección para dar por terminado anticipadamente el período
constitucional de una gobernante, por negligencia o ineficacia, busca sancionar al
funcionario con la remoción y despojarlo de la confianza que obtuvo para seguir
gobernando.

De esta manera, el referendo cumple con la función de revocar o retirar el voto que
lo impulsó a ocupar el cargo popular, sin prejuicio de haber violado la Constitución
o las leyes, como se determina en un juicio de responsabilidad política, donde se
determina la culpabilidad de sus actos por tales infracciones.

Los ilícitos que puedan argumentarse en el referendo no requieren ser probados


como delitos, sino que son apreciados por el electorado, prima faciae, más como
una ruptura de la confianza entre el funcionario y la ciudadanía.

Lo anterior significa que la representación política de las autoridades electas tiene


una naturaleza específica que la hace distinta a una relación contractual entre el
votante y el elegido, entre un mandante y un mandatario, porque no puede definirse
que el voto sea un contrato de derecho privado. Como lo define con claridad Manuel
García Pelayo, el denominado mandato del elector al electo, no es de naturaleza
imperativa. Los electores le otorgan su confianza, pero no le imponen instrucciones
al elegido, por lo que no puede ser considerado un mandatario propiamente. 314

Esa relación convierte a los representantes populares en autoridades


necesariamente responsables. Comenzando con el Presidente de la República,
quien debe ser responsable por las infracciones a la Constitución y leyes federales,
pero es excluido en el artículo 110 constitucional, además de los delitos que se
enumeran en el artículo 108, párrafo 2º.

La representación política requiere no sólo de la voz de las mayorías que votan y


eligen, sino de las minorías que también tienen un derecho fundamental para
participar en los asuntos públicos, pero que no tienen suficientes votos numéricos
para elegir. 315 De esta manera, el referendo revocatorio no puede sustituir los
procedimientos de responsabilidad política, tal como se explicó por la Suprema
Corte en las acciones de Inconstitucionalidad de Chihuahua.

314
Manuel García Pelayo. Derecho Constitucional Comparado. Alianza Editorial. Madrid. 1984. p. 182
315
Me refiero al concepto de minorías discretas e insulares que no cuentan con una voz significativa en la
representación política. US v. Carolene Products Company 304 US 144 (1938)

220
La revocación del mandato recientemente planteada en México, posee
características peculiares, pues es convocada por el propio presidente, sin motivo
aparente de presión por parte de la oposición, ni problema de legitimidad, como se
observó en Venezuela y en Bolivia, pues lo cubre el período fijo que la Constitución
prevé para su cargo, en el artículo 83 constitucional, y que ha sido una constante
de la institución presidencial desde su creación en 1824, no es sujeto de
responsabilidad política porque lo respalda una confortable mayoría de su partido
en el Congreso; de tal manera que si no se le revoca el mandato, no requeriría de
una ratificación a la mitad de su período, sin ninguna elección intermedia que
refrende la conclusión de su período.

La revocación sólo debiera proceder para remover al funcionario con anticipación,


como censura y sanción por su conducta poco eficiente, como lo sugiere El
Federalista número 70, pero en un sistema presidencial no opera como un voto de
confianza para continuar con su período constitucional, que por ley lo tiene
concedido. Ni siquiera puede renunciar al cargo, a menos que la causa se califique
de grave, por parte del Congreso, según el artículo 86 constitucional. De la misma
manera, como se trata de una prerrogativa de la mayor importancia, los cargos
públicos no pueden servir a placer del titular, pues es de orden público ejercerlos,
ya que mantienen un vínculo con el electorado y una obligación con la población
para servir en el cargo.

En 1991, el antiguo jefe del Departamento del Distrito Federal fue declarado
Gobernador electo del Estado de Guanajuato, pero sus contendientes fueron
Vicente Fox por el PAN y Porfirio Muñoz Ledo por el PRD, ni más ni menos, por lo
que su disputado triunfo electoral, aunque validado, tuvo tal cuestionamiento que, a
pesar de haber sido electo, decidió no presentarse a tomar posesión del cargo. A
partir de este episodio, el Código de buenas prácticas electorales aprobado por la
Comisión de Venecia en 2002 (CDL-AD(2002)023rev2), sirve de fundamento para
que todo funcionario respete el voto popular, no sólo en su vertiente de exclusión
del fraude, sino de respeto a la voluntad popular, cumpliendo con los plazos y
condiciones que impone un cargo electivo.

En tales condiciones, una autoridad electa no puede declinar el tomar protesta, ni


una autoridad en funciones debiera renunciar, sino por causa grave calificada por el
Congreso. En otras palabras, la autoridad no es dueña de su cargo y puede ser
removida de manera única mediante juicio político, pero no a placer de la misma,
propiciando una consulta o referendo para eximirse de sus obligaciones.

Recientemente, nuestro país ha experimentado prácticas políticas donde el voto


popular está sometido a una inconstitucional falta de certeza, porque el votante no
sabe por quién ha votado. A través de la sustitución de candidatos, los partidos
políticos juegan con la voluntad popular, haciendo más complejas las elecciones,
de por sí complicadas, ante la reñida competencia entre candidatos y partidos.

221
La justicia electoral ha conocido la renuncia de diputados propietarios del mismo
género, que la legislación promueve con una mayor participación hacia las mujeres,
para lograr la equidad de género, a efecto de que los suplentes, todos varones,
entren en el cargo. Este fenómeno se verificó en septiembre del 2009 en el
Congreso de la Unión, cuando ocho diputadas electas, procedentes de varios
partidos políticos, no se presentaron a ocupar sus curules, siendo suplidas
automáticamente por sus compañeros varones de fórmula. Esta estrategia provocó
el juicio SUP-JDC 12624/2011, resuelto el 30 de noviembre de 2011, donde se
resolvió decir “Adiós a las Juanitas” y terminar con la práctica fraudulenta de los
partidos en la sustitución de candidatos a última hora, engañando a los electores en
la protesta de puestos de elección popular.

Las diputadas faltantes fueron conocidas con el nombre de “Juanitas” y la opinión


pública se volcó en contra, calificándola de ser una conducta indigna hacia el Poder
Legislativo, digna de ser considerada como tal en el Código de buenas prácticas
electorales. El nombre se tomó del precedente que sentó el caso de Rafael Acosta
Ángeles en la elección de jefe delegacional del entonces Distrito Federal en el
mismo año de 2009, quien fuera postulado por el Partido del Trabajo, gozando de
gran popularidad, y que dejó la elección sin separarse como candidato, pero que
anunció que, de salir triunfante, dejaría el puesto a Clara Brugada, debido a la
presión política de parte de las autoridades del entonces Distrito Federal. La injusta
imposición de entonces ha provocado que, en mayo de 2021, Acosta vuelva a
competir por el mismo cargo, tomando “una revancha” contra quien le fue impuesta:
Clara Brugada. 316

Esta mala práctica electoral considera al voto como un bien fungible, a disposición
de los partidos políticos sin respetar la voluntad popular. El voto sería así un bien
consumible y disponible por los partidos políticos y sus dirigentes, sin importar la
persona que se ostenta como candidato, porque puede ser reemplazado por otra
persona, sin el consentimiento de los votantes. Esta práctica deja al pueblo
soberano y a las leyes que organizan las elecciones, en manos de la voluntad de
los dirigentes de los partidos que manejan los candidatos a su placer, sin el
consentimiento del pueblo elector. El voto debe ser recuperado como un vínculo
intuitu personae entre el votante y el candidato. En principio, el elector vota por el
candidato de su preferencia y, de manera subsidiaria, por el partido que lo postula;
invertir ese orden es transgredir el principio democrático de un hombre, un voto, un
candidato.

Alterar ese principio es hacer prevalecer la partidocracia, sin importar la opinión del
elector o del candidato, quienes se toman como bienes fungibles desechables por
las organizaciones partidistas, en grave detrimento de los derechos fundamentales
316
“En 2009, Clara Brugada quiso ser la candidata del PRD a la Delegación de Iztapalapa, pero tras conflictos
al interior del Sol Azteca no pudo; en un acto público, el ahora Presidente Andrés Manuel López Obrador
comprometió a Juanito ser el abanderado del PT y de ganar, renunciaría para que Brugada Molina fuera la
delegada” Azucena Uresti, Mayo 18, 2021.
iecm.mx/www/ut/ucs/INFORMA/mayo21m/INFOM200521/A10.pdf

222
de votar (elector) y de ser votado (elegido), que la Constitución confiere a los
ciudadanos mexicanos (artículo 35, fracción I y II) y no a los partidos políticos, los
cuales son meramente instrumentales para la participación del pueblo en la vida
democrática del país.

Sin embargo, la Constitución determina que la soberanía del pueblo se manifiesta


a través de los poderes de la Unión y de las entidades federativas (artículo 41); es
decir, que la nuestra es una democracia representativa (artículo 40) en principio, y
no puede desplazarla la democracia directa como forma de gobierno, a través de
medidas excepcionales en la representación política para remover a los funcionarios
públicos, como en el caso de la revocación del mandato.

El reconocimiento del referendo revocatorio en la Constitución Mexicana, se hace a


través de un derecho del ciudadano, que debe ejercerse mediante la modalidad del
disfrute de los derechos humanos bajo las condiciones previstas en la Constitución
(artículo 1º.) que no pueden alterar la forma de gobierno (artículos 39 y 40).

Este principio constitucional, si bien sujeto a la reforma de la propia Constitución, no


puede modificarse a menos que se reforme la forma de gobierno representativo, lo
cual sería impensable en una democracia moderna.

Por todo lo anterior, la revocación del mandato, tan contradictorio en sus términos,
es una institución honorable dentro de la democracia directa que debe ser
congruente con la voluntad popular para remover e instaurar a las autoridades que
han fallado en la confianza que el pueblo les depositó.

La elección negativa por la cual se defenestra a una autoridad debe ser


complementada con la elección de una autoridad sustituta. La revocación planteada
en México para abril de 2022, falla en ser completa, pues solo plantea la posibilidad
de remover al Presidente de la República, sin extender sus beneficios a todas las
autoridades electas, como los gobernadores y, al final, la sustitución del titular del
Ejecutivo federal la confía al Congreso de la Unión (artículo 84, párrafo in fine),
excluyendo al pueblo la posibilidad de elegir al Presidente sustituto.

Por lo tanto, la decisión final la recae en manos del Poder Legislativo y, con ello, se
aparta de la congruencia de la democracia directa, donde el pueblo elige al sustituto
a través de una elección popular. Es paradójico que, de resultar exitosa la
revocación, la renovación del gobernante quede en manos del Congreso y no de

223
CAPITULO DÉCIMO PRIMERO

LA TRANSFORMACIÓN DEL LEVIATÁN

A manera de conclusión, podemos deducir con certeza que el sistema presidencial


está agotado en su naturaleza y funciones. Desde los primeros teóricos sobre este
sistema como Bagehot y Wilson, que apuntaron los inconvenientes del sistema,
hemos comprobado en doscientos años sus graves fallas:

1. Tienden a exceder sus facultades por ejercerse en una sola persona con total
abuso
2. No contiene límites a sus poderes, ni observa frenos propios de la división de
poderes
3. No es objeto de un régimen de responsabilidades y su período es fijo
4. Nombra con total liberalidad a sus colaboradores, sin la menor consulta
popular
5. Designa a su sucesor sin observar el contacto electoral que toda democracia
debe observar
6. Gobierna con entera libertad, sin consultar a representantes populares

Por estos vicios y muchos otros, se podría concluir que el Presidencialismo requiere
de una transformación profunda en México: un sistema parlamentario o semi-
presidencial, son las opciones a sopesar.

En este trabajo he expuesto las centenarias propuestas de estos cambios, por lo


que la transformación debe estar abierta a discusión, pero una decisión sobre la
transformación debiera abordarse a la brevedad.

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Deloitte. México

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