Ministerio de Juan el Bautista
3 En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea 2 y diciendo:
“¡Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado[a]!”. 3 Pues este es aquel de
quien fue dicho por medio del profeta Isaías:
Voz del que proclama en el desierto: “Preparen el camino del Señor; enderecen sus
sendas”[b].
4
Juan mismo estaba vestido de pelo de camello y con un cinto de cuero a la cintura. Su
comida era langostas y miel silvestre. 5 Entonces salían a él Jerusalén y toda Judea y toda la
región del Jordán 6 y, confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán.
7
Pero cuando Juan vio que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo,
les decía: “¡Generación de víboras! ¿Quién les enseñó a huir de la ira venidera?
8
Produzcan, pues, frutos dignos de arrepentimiento; 9 y no piensen decir dentro de ustedes:
‘A Abraham tenemos por padre’. Porque yo les digo que aun de estas piedras Dios puede
levantar hijos a Abraham. 10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles. Por lo tanto,
todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. 11 Yo, a la verdad, los bautizo
en agua para arrepentimiento; pero el que viene después de mí, cuyo calzado no soy digno
de llevar, es más poderoso que yo. Él les bautizará en el Espíritu Santo y fuego. 12 Su
aventador está en su mano, y limpiará su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la
paja en el fuego que nunca se apagará”.
A la espera del día del Señor
3 Amados, esta es la segunda carta que les escribo. En estas dos cartas estimulo con
exhortación su limpio entendimiento, 2 para que recuerden las palabras que antes han sido
dichas por los santos profetas, y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por los
apóstoles de ustedes[a].
3 Primeramente, sepan que en los últimos días vendrán burladores con sus burlas, quienes
procederán según sus bajas pasiones 4 y dirán: “¿Dónde está la promesa de su venida?
Porque desde el día en que nuestros padres durmieron todas las cosas siguen igual, así
como desde el principio de la creación”. 5 Pues bien, por su propia voluntad pasan por alto
esto: que por la palabra de Dios existían desde tiempos antiguos los cielos, y la tierra que
surgió del agua y fue asentada en medio del agua. 6 Por esto el mundo de entonces fue
destruido, inundado en agua. 7 Pero por la misma palabra, los cielos y la tierra que ahora
existen están reservados para el fuego; guardados hasta el día del juicio y de la destrucción
de los hombres impíos.
8 Pero, amados, una cosa no pasen por alto: que delante del Señor un día es como mil años
y mil años como un día. 9 El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por
tardanza; más bien, es paciente para con ustedes[b] porque no quiere que nadie se pierda
sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como
ladrón[c]. Entonces los cielos pasarán con grande estruendo; los elementos, ardiendo, serán
deshechos; y la tierra y las obras que están en ella serán consumidas. 11 Ya que todas estas
cosas han de ser deshechas, ¡qué clase de personas deben ser ustedes en conducta santa y
piadosa, 12 aguardando y apresurándose para la venida del día de Dios! Por causa de ese
día los cielos, siendo encendidos, serán deshechos; y los elementos, al ser abrasados, serán
fundidos. 13 Según las promesas de Dios esperamos cielos nuevos y tierra nueva en los
cuales mora la justicia.
14 Por tanto, oh amados, estando a la espera de estas cosas, procuren con empeño ser
hallados en paz por él, sin mancha e irreprensibles. 15 Consideren que la paciencia de
nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo les ha
escrito, según la sabiduría que le ha sido dada. 16 Él habla de estas cosas en todas sus
epístolas, en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender que los indoctos e
inconstantes tuercen, como lo hacen también con las otras Escrituras para su propia
destrucción.
Parábola del sembrador
13 Aquel día Jesús salió de la casa y se sentó junto al mar. 2 Y se le acercó mucha gente, de
manera que él entró en una barca para sentarse, y toda la multitud estaba de pie en la playa.
3
Entonces les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: “He aquí un sembrador salió a
sembrar. 4 Mientras él sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las
aves y la devoraron. 5 Y otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó
rápidamente, porque la tierra no era profunda. 6 Pero cuando salió el sol, se quemó; y
porque no tenía raíz, se secó. 7 Y otra parte cayó entre los espinos. Los espinos crecieron y
la ahogaron. 8 Y otra parte cayó en buena tierra y dio fruto, una a ciento, otra a sesenta y
otra a treinta por uno. 9 El que tiene oídos, que oiga”.
El propósito de las parábolas
10
Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron:
—¿Por qué les hablas por parábolas?
11
Y él, respondiendo, les dijo:
—Porque a ustedes se les ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a
ellos no se les ha concedido. 12 Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; pero al que
no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por esto les hablo por parábolas; porque viendo
no ven, y oyendo no oyen ni tampoco entienden. 14 Además, se cumple en ellos la profecía
de Isaías, que dice:
De oído oirán, y nunca entenderán; y mirando mirarán, y nunca verán.
15
Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible, y con los oídos han oído
torpemente. Han cerrado sus ojos para que no vean con los ojos ni oigan con los oídos ni
entiendan con el corazón ni se conviertan. Y yo los sanaré[a].
16
Pero ¡bienaventurados sus ojos, porque ven; y sus oídos, porque oyen! 17 Porque de cierto
les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír
lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
La parábola del sembrador explicada
18
»Ustedes, pues, oigan la parábola del sembrador. 19 Cuando alguien oye la palabra del
reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este
es el que fue sembrado junto al camino. 20 Y el que fue sembrado en pedregales es el que
oye la palabra y en seguida la recibe con gozo; 21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de
poca duración, y cuando viene la aflicción o la persecución por causa de la palabra, en
seguida tropieza. 22 Y el que fue sembrado en espinos, este es el que oye la palabra, pero las
preocupaciones de este mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y queda sin
fruto. 23 Pero el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye la palabra y la
entiende, el que de veras lleva fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta, y otro a treinta
por uno.
Parábola del trigo y la cizaña
24
Les presentó otra parábola diciendo: “El reino de los cielos es semejante a un hombre que
sembró buena semilla en su campo. 25 Pero, mientras dormían los hombres, vino su
enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. 26 Cuando brotó la hierba y produjo fruto,
entonces apareció también la cizaña. 27 Se acercaron los siervos al dueño del campo y le
preguntaron: ‘Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene
cizaña?’. 28 Y él les dijo: ‘Un hombre enemigo ha hecho esto’. Los siervos le dijeron:
‘Entonces, ¿quieres que vayamos y la recojamos?’. 29 Pero él dijo: ‘No; no sea que al
recoger la cizaña arranquen con ella el trigo. 30 Dejen crecer a ambos hasta la siega. Cuando
llegue el tiempo de la siega, yo diré a los segadores: Recojan primero la cizaña y átenla en
manojos para quemarla. Pero reúnan el trigo en mi granero’”.
Parábola de las diez vírgenes
25 »Entonces, el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus
lámparas y salieron a recibir al novio. 2 Cinco de ellas eran insensatas, y cinco prudentes.
3
Cuando las insensatas tomaron sus lámparas, no tomaron consigo aceite; 4 pero las
prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. 5 Y como tardaba el
novio, todas cabecearon y se quedaron dormidas. 6 A la medianoche se oyó gritar: “¡He
aquí el novio! ¡Salgan a recibirle!”. 7 Entonces, todas aquellas vírgenes se levantaron y
alistaron sus lámparas. 8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos de su aceite,
porque nuestras lámparas se apagan”. 9 Pero las prudentes respondieron diciendo: “No, no
sea que nos falte a nosotras y a ustedes; vayan, más bien, a los vendedores y compren para
ustedes mismas”. 10 Mientras ellas iban para comprar, llegó el novio; y las preparadas
entraron con él a la boda, y se cerró la puerta. 11 Después vinieron también las otras
vírgenes diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!”. 12 Pero él respondiendo dijo: “De cierto les
digo que no las conozco”. 13 Velen, pues, porque no saben ni el día ni la hora.
Parábola de las monedas
14
»Porque el reino de los cielos será semejante a un hombre que, al emprender un viaje
largo, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. 15 A uno dio cinco mil monedas, a otro
dos mil, y a otro mil. A cada uno dio conforme a su capacidad y se fue lejos.
16
Inmediatamente, el que había recibido cinco mil monedas se fue, negoció con ellas y
ganó otras cinco mil monedas. 17 De la misma manera, el que había recibido dos mil ganó
también otras dos mil. 18 Pero el que había recibido mil fue y cavó en la tierra, y escondió el
dinero de su señor.
19
»Después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos.
20
Cuando se presentó el que había recibido cinco mil monedas, trajo otras cinco mil
monedas y dijo: “Señor, me entregaste cinco mil monedas; he aquí he ganado otras cinco
mil”. 21 Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho
te pondré. Entra en el gozo de tu señor”. 22 Y cuando se presentó el que había recibido dos
mil monedas, dijo: “Señor, me entregaste dos mil monedas; he aquí he ganado otras dos
mil”. 23 Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho
te pondré. Entra en el gozo de tu señor”. 24 Pero cuando se presentó el que había recibido
mil monedas, dijo: “Señor, yo te conozco que eres un hombre duro, que cosechas donde no
sembraste y recoges donde no esparciste. 25 Y como tuve miedo, fui y escondí tus mil
monedas en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo”. 26 Su señor respondió y le dijo: “¡Siervo
malo y perezoso! ¿Sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí? 27 Por
lo tanto, debías haber entregado mi dinero a los banqueros y, al venir yo, habría recibido lo
que es mío con los intereses. 28 Por tanto, quítenle las mil monedas y denlas al que tiene
diez mil monedas. 29 Porque a todo el que tiene le será dado, y tendrá en abundancia; pero
al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30 Al siervo inútil échenlo en las tinieblas
de afuera”. Allí habrá llanto y crujir de dientes.
Señales que anticipan el fin
3
Estando él sentado en el monte de los Olivos frente al templo, Pedro, Jacobo, Juan y
Andrés le preguntaban aparte:
4
—Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas
estén por cumplirse?
5
Jesús comenzó a decirles:
—Miren que nadie los engañe. 6 Muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, y
engañarán a muchos. 7 Pero cuando oigan de guerras y de rumores de guerras, no se turben.
Es necesario que así suceda pero todavía no es el fin. 8 Porque se levantará nación contra
nación y reino contra reino. Habrá terremotos por todas partes. Habrá hambres. Estos son
principio de dolores.
9
»Pero ustedes miren por ustedes mismos. Porque los entregarán en los concilios, y serán
azotados en las sinagogas. Por mi causa serán llevados delante de gobernadores y de reyes,
para testimonio a ellos. 10 Es necesario que primero el evangelio sea predicado a todas las
naciones. 11 Cuando los lleven para entregarlos, no se preocupen por lo que tengan que
decir. Más bien, hablen lo que les sea dado en aquella hora; porque no son ustedes los que
hablan sino el Espíritu Santo. 12 El hermano entregará a muerte a su hermano, y el padre a
su hijo. Se levantarán los hijos contra sus padres y los harán morir. 13 Y ustedes serán
aborrecidos de todos por causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin, este será
salvo.
La abominación desoladora
14
»Pero cuando vean que la abominación desoladora[a] se ha establecido donde no debe
estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes. 15 El que
esté en la azotea no descienda ni entre para sacar algo de su casa, 16 y el que esté en el
campo no vuelva atrás para tomar su manto. 17 ¡Ay de las que estén embarazadas y de las
que críen en aquellos días! 18 Oren, pues, que no acontezca en invierno. 19 Porque aquellos
días serán de tribulación como nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios
creó hasta ahora ni habrá jamás. 20 Si el Señor no hubiera acortado aquellos días, no se
salvaría nadie; pero, por causa de los escogidos que él eligió, él ha acortado aquellos días.
Falsos cristos y falsos profetas
21
»Entonces, si alguien les dice: “He aquí, aquí está el Cristo”, o “He allí, allí está”, no le
crean. 22 Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán señales y maravillas
para engañar, de ser posible, a los escogidos. 23 Pero ustedes, ¡miren! Se lo he dicho todo de
antemano.
La venida del Hijo del Hombre
24
»Entonces en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá y la luna
no dará su resplandor. 25 Las estrellas caerán del cielo y los poderes que están en los cielos
serán sacudidos[b]. 26 Entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes[c] con gran
poder y gloria. 27 Después enviará a sus ángeles y reunirá a sus escogidos de los cuatro
vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28
»De la higuera aprendan la parábola: Cuando su rama ya está tierna y brotan sus hojas,
saben que el verano está cerca. 29 Así también ustedes, cuando vean que suceden estas
cosas, sepan que está cerca, a las puertas. 30 De cierto les digo que no pasará esta
generación hasta que todas estas cosas sucedan. 31 El cielo y la tierra pasarán pero mis
palabras no pasarán.
32
»Pero acerca de aquel día o de la hora, nadie sabe; ni siquiera los ángeles en el cielo, ni
aun el Hijo sino solo el Padre. 33 Miren y velen[d] porque no saben cuándo será el tiempo.
34
Será como el hombre que al salir de viaje dejó su casa y dio autoridad a sus siervos, a
cada uno su obra, y al portero mandó que velase. 35 Velen, pues, porque no saben cuándo
vendrá el Señor de la casa, sea a la tarde, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana;
36
no sea que cuando vuelva de repente los halle durmiendo. 37 Lo que a ustedes les digo, a
todos les digo: ¡Velen!
Sobre las riquezas
19
“No acumulen para ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corrompen, y
donde los ladrones se meten y roban. 20 Más bien, acumulen para ustedes tesoros en el cielo,
donde ni la polilla ni el óxido corrompen, y donde los ladrones no se meten ni roban.
21
Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón.
El ojo: lámpara del cuerpo
22
“La lámpara del cuerpo es el ojo. Así que, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno
de luz. 23 Pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará en tinieblas. De modo que, si la luz
que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande es esa oscuridad!
La puerta y el camino de la vida
13
“Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva
a la perdición, y son muchos los que entran por ella. 14 Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué
angosto el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que la hallan.
Cómo reconocer a los falsos profetas
15
“Guárdense de los falsos profetas, que vienen a ustedes vestidos de ovejas, pero que por
dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los
espinos o higos de los abrojos? 17 Así también, todo árbol sano da buenos frutos, pero el
árbol podrido da malos frutos. 18 El árbol sano no puede dar malos frutos, ni tampoco puede
el árbol podrido dar buenos frutos. 19 Todo árbol que no lleva buen fruto es cortado y
echado en el fuego. 20 Así que, por sus frutos los conocerán.
Parábola de los dos cimientos
21
“No todo el que me dice ‘ Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace
la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: ‘¡Señor,
Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿En tu nombre no echamos demonios? ¿Y en tu
nombre no hicimos muchas obras poderosas?’. 23 Entonces yo les declararé: ‘Nunca les he
conocido. ¡Apártense de mí, obradores de maldad!’.
24
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, será semejante a un hombre
prudente que edificó su casa sobre la peña. 25 Y cayó la lluvia, vinieron torrentes, soplaron
vientos y golpearon contra aquella casa. Pero no se derrumbó, porque se había fundado
sobre la peña.
26
“Pero todo el que me oye estas palabras y no las hace, será semejante a un hombre
insensato que edificó su casa sobre la arena. 27 Cayó la lluvia, vinieron torrentes y soplaron
vientos, y azotaron contra aquella casa. Y se derrumbó, y fue grande su ruina”.
28
Y aconteció que, cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes estaban
maravilladas de su enseñanza; 29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no
como los escribas.
Parábola de los mayordomos
45
»¿Quién, pues, es el siervo fiel y prudente, a quien su señor lo puso sobre los criados de
su casa, para que les diera alimentos a su debido tiempo? 46 Bienaventurado será aquel
siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciéndolo así. 47 De cierto les digo que
lo pondrá sobre todos sus bienes. 48 Pero si aquel siervo malvado dice en su corazón: “Mi
señor tarda”; 49 y si comienza a golpear a sus consiervos, y si come y bebe con los
borrachos, 50 el señor de aquel siervo vendrá en el día que no espera y a la hora que no sabe,
51
y lo castigará duramente y le asignará lugar con los hipócritas. Allí habrá llanto y crujir
de dientes.
El regreso de los setenta
17
Los setenta[d] volvieron con gozo, diciendo:
—Señor, ¡aun los demonios se nos sujetan en tu nombre!
18
Él les dijo:
—Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 He aquí, les doy autoridad de pisar
serpientes, escorpiones y sobre todo el poder del enemigo; y nada les dañará. 20 Sin
embargo, no se regocijen de esto, de que los espíritus se les sujeten, sino regocíjense de que
sus nombres están inscritos en los cielos.
Jesús se regocija por los suyos
21
En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu Santo[e] y dijo: “Yo te alabo, oh
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios y
entendidos y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.
22
“Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre. Nadie conoce quién es el Hijo
sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.
23
Volviéndose a los discípulos les dijo aparte:
—Bienaventurados los ojos que ven lo que ustedes ven. 24 Porque les digo que muchos
profetas y reyes desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que oyen, y no lo
oyeron.
Parábola del buen samaritano
25
Y he aquí, cierto maestro de la ley se levantó para probarle, diciendo:
—Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?
26
Y él le dijo:
—¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
27
Él le respondió diciendo:
—Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y
con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo[f].
28
Le dijo:
—Has respondido bien. Haz esto y vivirás.
29
Pero él, queriendo justificarse, le preguntó a Jesús:
—¿Y quién es mi prójimo?
30
Respondiendo Jesús, le dijo:
—Cierto hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones quienes lo
despojaron de su ropa, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. 31 Por casualidad,
descendía cierto sacerdote por aquel camino y, al verle, pasó de largo. 32 De igual manera,
un levita también llegó al lugar y, al ir y verle, pasó de largo. 33 Pero cierto samaritano, que
iba de viaje, llegó cerca de él y, al verle, fue movido a misericordia. 34 Acercándose a él,
vendó sus heridas echándoles aceite y vino. Y poniéndolo sobre su propia cabalgadura, lo
llevó a un mesón y cuidó de él. 35 Al día siguiente sacó dos monedas[g] y se las dio al
mesonero diciéndole: “Cuídamelo, y todo lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando
vuelva”. 36 ¿Cuál de estos tres te parece haber sido el prójimo de aquel que cayó en manos
de ladrones?
37
Él dijo:
—El que hizo misericordia con él.
Entonces Jesús le dijo:
—Ve y haz tú lo mismo.
Jesús en casa de Marta y María
38
Prosiguiendo ellos su camino, él entró en una aldea; y una mujer llamada Marta lo recibió
en su casa. 39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual se sentó a los pies del
Señor y escuchaba su palabra. 40 Pero Marta estaba preocupada con muchos quehaceres y,
acercándose, dijo:
—Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado servir sola? Dile, pues, que me
ayude.
41
Pero respondiendo el Señor, le dijo:
—Marta, Marta, te afanas y te preocupas por muchas cosas. 42 Pero una sola cosa es
necesaria. Pues María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
Jesús infunde valor a los suyos
12 En esto, habiéndose juntado una multitud de miles y miles, tanto que se pisoteaban unos
a otros, él comenzó a decir primeramente a sus discípulos: “Guárdense de la levadura de los
fariseos, que es la hipocresía. 2 Porque no hay nada encubierto que no haya de ser revelado,
ni oculto que no haya de ser conocido. 3 Más bien, las cosas que han dicho en las tinieblas
serán oídas en la luz, y lo que han hablado al oído en las habitaciones será pregonado en las
azoteas.
4
“Y les digo a ustedes, mis amigos: No teman a los que matan el cuerpo y después no
tienen nada peor que hacer. 5 Pero yo les enseñaré a quién deben temer: Teman a aquel que,
después de haber dado muerte, tiene poder de echar en el infierno. Sí, les digo, a este
teman. 6 ¿No se venden cinco pajaritos por dos moneditas[a]? Pues ni uno de ellos está
olvidado delante de Dios. 7 Pero aun los cabellos de la cabeza de ustedes están todos
contados. No teman; más valen ustedes que muchos pajaritos.
8
“Les digo que todo aquel que me confiese delante de los hombres, también el Hijo del
Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; 9 pero el que me niegue delante de los
hombres será negado delante de los ángeles de Dios. 10 A todo aquel que diga palabra en
contra del Hijo del Hombre le será perdonado; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo
no le será perdonado.
11
“Cuando los lleven a las sinagogas y a los magistrados y autoridades, no estén
preocupados de cómo o qué responderán, o qué habrán de decir. 12 Porque el Espíritu Santo
les enseñará en aquella hora lo que se debe decir”.
Parábola del rico insensato
13
Le dijo uno de la multitud:
—Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
14
Y él le dijo:
—Hombre, ¿quién me ha puesto como juez o repartidor sobre ustedes?
15
Y les dijo:
—Miren, guárdense de toda codicia, porque la vida de uno no consiste en la abundancia de
los bienes que posee.
16
Entonces les refirió una parábola, diciendo:
—Las tierras de un hombre rico habían producido mucho. 17 Y él razonaba dentro de sí
diciendo: “¿Qué haré? Porque ya no tengo dónde juntar mis productos”. 18 Entonces dijo:
“¡Esto haré! Derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes. Allí juntaré todo mi
grano y mis bienes, 19 y me diré a mí mismo: Muchos bienes tienes almacenados para
muchos años. Descansa, come, bebe, alégrate”. 20 Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta noche
vienen a pedir tu vida; y lo que has provisto, ¿para quién será?”. 21 Así es el que hace tesoro
para sí y no es rico para con Dios.
Dios cuida de los suyos
22
Dijo a sus discípulos:
—Por tanto, les digo: No se afanen por su vida, qué han de comer; ni por su cuerpo, qué
han de vestir. 23 La vida es más que el alimento y el cuerpo es más que el vestido.
24
Consideren los cuervos, que ni siembran ni siegan ni tienen almacenes ni graneros, y
Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que las aves! 25 ¿Quién de ustedes podrá, con
afanarse, añadir un día a su vida[b]? 26 Pues si no pueden lo que es menos, ¿por qué están
afanados por lo demás? 27 Consideren los lirios, cómo crecen. No trabajan ni hilan; y les
digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, fue vestido como uno de ellos. 28 Si Dios viste
así la hierba que hoy está en el campo y mañana es echada en el horno, ¡cuánto más hará
por ustedes, hombres de poca fe!
29
»Ustedes, pues, no busquen qué han de comer o qué han de beber, ni estén ansiosos.
30
Porque todas estas cosas busca la gente del mundo pero su Padre sabe que necesitan estas
cosas. 31 Más bien, busquen su reino[c], y estas cosas les serán añadidas. 32 No teman,
manada pequeña, porque a su Padre le ha placido darles el reino.
33
»Vendan sus bienes y den ofrendas de misericordia. Háganse bolsas que no se envejecen;
un tesoro inagotable en los cielos donde no se acerca el ladrón ni la polilla destruye.
34
Porque donde esté el tesoro de ustedes, allí también estará su corazón.
Llamado a la vigilancia
35
»Estén ceñidos sus lomos y encendidas sus lámparas. 36 Y sean ustedes semejantes a los
siervos que esperan a su señor cuando ha de volver de las bodas para que le abran al
instante en que llegue y llame. 37 Bienaventurados aquellos siervos a quienes el señor les
encuentre velando cuando llegue. De cierto les digo que se ceñirá y hará que se sienten a la
mesa y, viniendo, les servirá. 38 Aunque venga a medianoche[d], y aunque venga a la
madrugada[e], si los halla así, ¡bienaventurados aquellos siervos!
39
»Sepan que si el dueño de casa hubiera sabido a qué hora habría de venir el ladrón no
habría permitido que forzara la entrada a su casa. 40 Ustedes también estén preparados,
porque a la hora que no piensen vendrá el Hijo del Hombre.
Jesús, motivo de división
49
»He venido a echar fuego en la tierra. ¡Y cómo quisiera que ya estuviera encendido!
50
Tengo un bautismo con que ser bautizado, ¡y cómo me angustio hasta que se cumpla!
51
¿Piensan que he venido a dar paz en la tierra? ¡Les digo que no, sino a causar división!
52
Porque, de aquí en adelante, cinco en una casa estarán divididos: tres contra dos y dos
contra tres. 53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre
contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su
suegra.
La puerta estrecha de la salvación
22
Jesús pasaba por las ciudades y aldeas enseñando y caminando hacia Jerusalén.
23
Entonces alguien le dijo:
—Señor, ¿son pocos los que se salvan?
Y él les dijo:
24
—Esfuércense a entrar por la puerta angosta, porque les digo que muchos procurarán
entrar y no podrán. 25 Después que el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes,
afuera, comenzarán a llamar a la puerta diciendo: “¡Señor[b], ábrenos!”. Pero respondiendo
él les dirá: “No les conozco de dónde son”. 26 Entonces comenzarán a decir: “Delante de ti
hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste”. 27 Pero les hablará diciendo: “No
les conozco de dónde son. ¡Apártense de mí todos los que hacen iniquidad!”. 28 Allí habrá
llanto y crujir de dientes cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en
el reino de Dios, y a ustedes echados fuera. 29 Vendrán del oriente y del occidente, del norte
y del sur; y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30 He aquí, hay últimos que serán
primeros, y hay primeros que serán últimos.
Parábola del gran banquete
15
Al oír esto, uno de los que estaban sentados juntos a la mesa le dijo:
—¡Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios!
16
Pero él le dijo:
—Un hombre hizo un gran banquete e invitó a muchos. 17 A la hora del banquete envió a su
siervo para decir a los invitados: “Vengan, porque ya está preparado”. 18 Pero todos a una
comenzaron a disculparse. El primero dijo: “He comprado un campo y necesito salir para
verlo; te ruego que me disculpes”. 19 El otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y
voy a probarlos. Te ruego que me disculpes”. 20 El otro dijo: “Acabo de casarme y por tanto
no puedo ir”. 21 Cuando volvió el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces se
enojó el dueño de casa y dijo a su siervo: “Ve pronto a las plazas y a las calles de la ciudad
y trae acá a los pobres, a los mancos, a los ciegos y a los cojos”. 22 Luego dijo el siervo:
“Señor, se ha hecho lo que mandaste, y aún queda lugar”. 23 El señor dijo al siervo: “Ve por
los caminos y por los callejones, y exígeles a que entren para que mi casa se llene. 24 Pues
les digo que ninguno de aquellos hombres que fueron invitados gustará de mi banquete”.
Acerca de las ofensas y del perdón
17 Dijo a sus discípulos:
—Es imposible que no vengan tropiezos; pero, ¡ay de aquel que los ocasione! 2 Mejor le
fuera que se le atara una piedra de molino al cuello y que fuera lanzado al mar, que hacer
tropezar a uno de estos pequeñitos.
3
»Miren por ustedes mismos: Si tu hermano peca[a], repréndele; y si se arrepiente,
perdónale. 4 Si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti diciendo: “Me
arrepiento”, perdónale.
El poder de la fe
5
Los apóstoles dijeron al Señor:
—Auméntanos la fe.
6
Entonces el Señor dijo:
—Si tuvieran fe como un grano de mostaza, dirían a este sicómoro: “¡Desarráigate y
plántate en el mar!” y el árbol les obedecería.
El deber del siervo
7
»¿Y quién de ustedes, teniendo un siervo que ara o apacienta, al volver este del campo le
dirá: “Pasa, siéntate a la mesa”? 8 Más bien, le dirá: “Prepara para que yo cene. Cíñete y
sírveme hasta que yo haya comido y bebido. Después de eso, come y bebe tú”. 9 ¿Da
gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? 10 Así también ustedes, cuando
hayan hecho todo lo que se les ha mandado, digan: “Siervos inútiles somos porque solo
hicimos lo que debíamos hacer”.
Parábola del fariseo y el publicano
9
Dijo también esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como que eran justos y
menospreciaban a los demás: 10 “Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo, y
el otro, publicano. 11 El fariseo, de pie, oraba consigo mismo de esta manera: ‘Dios, te doy
gracias que no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni aun como este
publicano. 12 Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo’. 13 Pero el
publicano, de pie a cierta distancia, no quería ni alzar los ojos al cielo sino que se golpeaba
el pecho diciendo: ‘Dios, sé propicio a mí, que soy pecador’. 14 Les digo que este descendió
a casa justificado en lugar del primero. Porque cualquiera que se enaltece será humillado, y
el que se humilla será enaltecido”.
La venida del Hijo del Hombre
25
»Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas. Y en la tierra habrá
angustia de las naciones por la confusión ante el rugido del mar y del oleaje. 26 Los hombres
se desmayarán a causa del terror y de la expectativa de las cosas que sobrevendrán al
mundo habitado, porque los poderes de los cielos serán sacudidos.
27
»Entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en una nube[c] con poder y gran gloria.
28
Cuando estas cosas comiencen a suceder, miren y levanten su cabeza porque su redención
está cerca.
Parábola de la higuera
29
Y les dijo una parábola:
—Miren la higuera y todos los árboles. 30 Cuando ven que ya brotan, ustedes entienden que
el verano ya está cerca. 31 Así también ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan
que el reino de Dios está cerca. 32 De cierto les digo que no pasará esta generación hasta que
todo suceda. 33 El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán.
34
»Miren por ustedes, que sus corazones no estén cargados de glotonería, de embriaguez y
de las preocupaciones de esta vida, y que aquel día venga sobre ustedes de repente como
una trampa; 35 porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la superficie de toda la
tierra. 36 Velen, pues, en todo tiempo, orando para que tengan fuerzas[d] para escapar de
todas estas cosas que han de suceder, y puedan estar en pie delante del Hijo del Hombre.
37
Pasaba los días enseñando en el templo y saliendo al anochecer permanecía en el monte
que se llama de los Olivos. 38 Y todo el pueblo venía a él desde temprano para oírlo en el
templo.
Condiciones para seguir a Jesús
34
Y llamó a sí a la gente, juntamente con sus discípulos, y les dijo:
—Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
35
Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí
y del evangelio la salvará. 36 Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y
perder su vida? 37 Porque, ¿qué dará el hombre en rescate por su vida? 38 Pues el que se
avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del
Hombre se avergonzará también de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos
ángeles.
Jesús y el joven rico
17
Cuando salía para continuar su camino, un hombre vino corriendo, se puso de rodillas
delante de él y le preguntó:
—Maestro bueno, ¿qué haré para obtener la vida eterna?
18
Pero Jesús le dijo:
—¿Por qué me llamas “bueno”? Ninguno es bueno, sino solo uno, Dios. 19 Tú conoces los
mandamientos: No cometas homicidio, no cometas adulterio, no robes, no des falso
testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre[d].
20
Pero él le dijo:
—Maestro, todo esto he guardado desde mi juventud.
21
Entonces, al mirarlo Jesús, le amó y le dijo:
—Una cosa te falta: Anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en
el cielo; y ven, sígueme.
22
Pero él, abatido por esta palabra, se fue triste porque tenía muchas posesiones.
El peligro de las riquezas
23
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
—¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
24
Los discípulos se asombraron por sus palabras; pero Jesús, respondiendo de nuevo, les
dijo:
—Hijitos, ¡cuán difícil es entrar en el reino de Dios![e]. 25 Más fácil le es a un camello pasar
por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.
26
Pero ellos quedaron aun más atónitos diciendo entre sí:
—¿Y quién podrá ser salvo?
27
Entonces Jesús, mirándolos, les dijo:
—Para los hombres es imposible pero no para Dios. Porque para Dios todas las cosas son
posibles.
28
Pedro comenzó a decirle:
—He aquí, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido.
29
Jesús le dijo:
—De cierto les digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o
madre, o padre[f], o hijos, o campos, por causa de mí y del evangelio, 30 que no reciba cien
veces más ahora en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con
persecuciones; y en la edad venidera, la vida eterna. 31 Pero muchos primeros serán los
últimos, y los últimos, primeros.
Vigilar por la venida del Señor
5 Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, hermanos, no tienen necesidad de que les
escriba. 2 Porque ustedes mismos saben perfectamente bien que el día del Señor vendrá
como ladrón de noche. 3 Cuando digan: “Paz y seguridad”, entonces vendrá la destrucción
de repente sobre ellos, como vienen los dolores sobre la mujer que da a luz, y de ninguna
manera escaparán.
4
Pero ustedes, hermanos, no están en tinieblas como para que aquel día los sorprenda como
un ladrón. 5 Todos ustedes son hijos de luz e hijos del día. No somos hijos de la noche ni de
las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás sino vigilemos y seamos sobrios;
7
porque los que duermen, de noche duermen; y los que se emborrachan, de noche se
emborrachan. 8 Pero nosotros que somos del día seamos sobrios, vestidos de la coraza de la
fe y del amor, y con el casco de la esperanza de la salvación. 9 Porque no nos ha puesto
Dios para ira sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, 10 quien
murió por nosotros para que, ya sea que velemos o sea que durmamos, vivamos juntamente
con él. 11 Por lo cual, anímense los unos a los otros y edifíquense los unos a los otros, así
como ya lo hacen.
El cielo nuevo y la tierra nueva
21 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra
pasaron, y el mar ya no existe más. 2 Y yo[a] vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén que
descendía del cielo de parte de Dios, preparada como una novia adornada para su
esposo. 3 Oí una gran voz que procedía del trono diciendo: “He aquí el tabernáculo de Dios
está con los hombres, y él habitará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará
con ellos como su Dios. 4 Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. No habrá más
muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas ya pasaron”.
5El que estaba sentado en el trono dijo: “He aquí yo hago nuevas todas las cosas”. Y dijo:
“Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas”. 6 Me dijo también: “¡Está hecho!
Yo soy el Alfa y la Omega[b], el principio y el fin. Al que tenga sed, yo le daré gratuitamente
de la fuente de agua de vida”.
7“El que venza heredará estas cosas; y yo seré su Dios y él será mi hijo. 8 Pero, para los
cobardes e incrédulos, para los abominables y homicidas, para los fornicarios y hechiceros,
para los idólatras y todos los mentirosos, su herencia será el lago que arde con fuego y
azufre, que es la muerte segunda”.
El hombre de iniquidad
2 Ahora, con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él, les
rogamos, hermanos, 2 que no sean movidos fácilmente de su modo de pensar ni sean
alarmados ni por espíritu ni por palabra ni por carta como si fuera nuestra, como que ya
hubiera llegado el día del Señor. 3 Nadie los engañe de ninguna manera; porque esto no
sucederá sin que venga primero la apostasía y se manifieste el hombre de iniquidad[a], el hijo
de perdición. 4 Este se opondrá y se alzará contra todo lo que se llama Dios o que se adora,
tanto que se sentará en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios[b].
5¿No se acuerdan de que mientras yo estaba todavía con ustedes les decía esto? 6 Ahora
saben qué lo detiene, a fin de que a su debido tiempo él sea revelado. 7 Porque ya está
obrando el misterio de la iniquidad; solamente espera hasta que sea quitado de en medio el
que ahora lo detiene. 8 Y entonces será manifestado aquel inicuo, a quien el Señor Jesús
matará con el soplo de su boca y destruirá con el resplandor de su venida[c]. 9 El
advenimiento del inicuo es por operación de Satanás, con todo poder, señales y prodigios
falsos, 10 y con todo engaño de injusticia entre los que perecen por cuanto no recibieron el
amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto, Dios les enviará una fuerza de engaño para
que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad
sino que se complacieron en la injusticia.