Índice
Índice
Alazraki
Mónica Berman
Marcela Díaz
Alejandra González
Camila Ossorio Domecq Ana María
Paruolo
Jimena Rodríguez
Daniel Romero
1
Índice
Introducción a un problema: las lenguas
Esteban Daniel Palací pág. 3 Primera parte
El estudio de la lengua como objeto autónomo pág. 4 La
lingüística estructuralista
Esteban Daniel Palací pág. 5 Noam Chomsky: la perspectiva
cognitivista
Esteban Daniel Palací pág. 29 Segunda parte
El lenguaje y la sociedad pág.39 La etnografía del habla: una
aproximación
al lenguaje en su contexto sociocultural
Jimena Rodríguez pág. 40 Capital lingüístico: la lengua con
valor
en el mercado.
Mónica Berman pág. 44 Mijail Bajtín: Lenguaje, ¿sistema o
ideología?
Marcela Díaz y Alejandra González pág. 48 “El Problema de
los Géneros Discursivos”
de M. M. Bajtín
Camila Ossorio Domecq pág. 54 Tercera parte
Algunos problemas sobre el significado pág. 58 El análisis
composicional
Daniel Romero pág. 59 Denotación y connotación
Ruth Alazraki pág. 64 Retórica y figuras: metáfora y
metonimia
por Ana María Paruolo pág. 79 Bibliografía pág. 85 Notas
pág. 88
2
Introducción a un problema: las lenguas
por Esteban Daniel Palací
Los seres humanos hablan distintas lenguas. Es un hecho que se nos pre senta
como obvio y cotidiano. Sin embargo se suele desconocer la magnitud de este
hecho. Se estima que en la actualidad se hablan entre cuatro y cinco mil lenguas
diferentes, y el cálculo es por lo demás sumamente conservador dado que se
desconoce las lenguas que se hablan en vastas regiones del planeta. Podemos
agregar a esta cifra un número mucho mayor de lenguas que se han dejado de
hablar a lo largo de la historia (se especula que la cifra es dos veces mayor).1
Por abstracción y generalización de esta enorme diversidad se llega a la fa
cultad del lenguaje: el ser humano es una especie, un tipo de entidad biológica,
que habla. Haciendo abstracción de las lenguas particulares que utilicen, los se res
humanos son capaces de comunicarse por medio de secuencias de sonidos que
poseen sentido, es decir que al ser percibidas se asocian con ideas. Mediante el
intercambio de estas secuencias de sonidos con sentido los seres humanos son
capaces de comunicarse, de expresar sus sentimientos, emociones y sensaciones,
de organizar tareas, de establecer relaciones sociales y, sobre todo, son capaces de
pensar sobre la realidad, sobre el presente, el pasado y el futuro mucho más allá
del alcance de su propia experiencia y existencia. Estamos en el plano más
filosófico del problema del lenguaje.
El lenguaje se presenta a la vez como una característica propia del ser
humano, como una capacidad propia de la especie, y como un conjunto de reali
dades diferentes a las que llamamos lenguas. Desde el punto de vista de la cien cia
lingüística el abordaje de estos hechos toma los siguiente rasgos generales: existe
un conjunto de objetos de la realidad que comparten propiedades comunes al que
llamamos las lenguas y que son manifestaciones particulares de la facultad del
lenguaje. Esto implica que en cada caso se puede decidir frente a una realidad
dada si ese algo es una lengua o no, es decir, si pertenece al conjunto de las len
guas o no. También implica que cada uno de estos objetos que se incluyen en el
conjunto es diferente de los otros, de modo tal que se pueda distinguir entre una
lengua y otra, y compararlas. Finalmente, implica que se puede decidir si los
sonidos que produjo tal sujeto con su sistema fonador pertenecen o no a una len
gua determinada. En resumidas cuentas, decir las lenguas presupone que es posi
ble decir qué es una lengua y que la respuesta a esa pregunta es consistente, no
contradictoria. Además, para ser científica, esa respuesta debe permitir desarro llar
representaciones de esas realidades mediante alguna forma de notación, es decir,
debe posibilitar una escritura científica.2
Este modo de presentar la lengua y las lenguas está orientado hacia su
abordaje científico, desde otros intereses se puede estudiar las lenguas sin siquie-
3
ra intentar responder de modo consistente a la pregunta ¿qué es una lengua?. En
las escuelas y en los institutos de idiomas nos han enseñado gramática (las es
tructuras de combinación de palabras de una lengua, las formas correctas frente a
las incorrectas) sin plantear esta pregunta; nos han enseñado que el castellano, el
francés, el italiano y el portugués (entre otras lenguas) derivan del latín sin plan
tear en sentido riguroso qué se entiende por lengua; cotidianamente decidimos si
tal o cual palabra corresponde a la lengua o no (el dirigente peronista Herminio
Iglesias dijo durante la campaña electoral de 1983 “conmigo o sin migo”) sin
preguntarnos en qué consiste eso a lo que llamamos la lengua. De hecho, los
estudios sobre el lenguaje no tendrán un abordaje científico, teórico y metodoló
gico, hasta comienzos del s XX.
En este libro intentaremos brindar un panorama de los modos más signifi
cativos en que se ha intentado responder a la pregunta sobre el lenguaje desde la
perspectiva de la ciencia lingüística.
4
Primera parte
5
La lingüística estructuralista
por Esteban Daniel Palací
En 1969 E. Benveniste señalaba en su artículo “Semiología de la lengua”3
que la lengua es el sistema semiótico por excelencia, ya que es el sistema inter
pretante de todos los demás sistemas, lingüísticos o no, y es el único modelo de
un sistema que sea semiótico a la vez en su estructura formal y en su funciona
miento.
Habían pasado cincuenta y ocho años desde que Ferdinand de Saussure
dictara su último curso de lingüística general y de historia y comparación de las
lenguas indoeuropeas en la Facultad de Letras y Ciencias Sociales de Ginebra,
cincuenta y seis desde su muerte, cincuenta y tres desde la publicación del Curso
de lingüística general. En esos cincuenta años el panorama de los estudios sobre
el lenguaje había sufrido una transformación revolucionaria. La semiología, pos
tulada por Saussure como una posibilidad, ya era una disciplina reconocida y en
desarrollo; pero además la lingüística era considerada por muchos como el mode
lo de un nuevo modo de hacer ciencia: el estructuralismo. En las ciencias sociales
y humanísticas (en antropología, psicología, sociología, estudios literarios, etc.,
pero no sólo en ellas) habían aparecido por doquier nuevos tipos de fenómenos:
sistemas, estructuras, entidades meramente relacionales. Si bien el estructuralis
mo tiene sus orígenes en diversas corrientes de pensamiento, el rol de la lingüís
tica fue fundamental para esta corriente de pensamiento porque brindó una expo
sición clara y sistemática de los principios epistemológicos para un abordaje
estructuralista, a la vez que se presentaba como un modelo particularmente exito
so en la aplicación de esos principios.
6
miento formal y teórico distinto del objeto dado, percibido por los sentidos, y
que debe establecer un método para su estudio.
El primer capítulo del CLG se titula “Ojeada a la historia de la lingüística”
y allí F. de Saussure organiza los estudios realizados hasta ese entonces en tres
fases sucesivas: la primera corresponde a los estudios de la gramática, cuyos
orígenes se remontan a la antigüedad griega, a los que caracteriza como “despro
vistos de toda visión lingüística” ya que sólo se propone “dar reglas para distin
guir las formas correctas de las incorrectas” desde un punto de vista puramente
normativo. La segunda fase corresponde a los estudios filológicos cuyo objeto no
es sólo la lengua sino que busca fijar, interpretar y comentar textos escritos, par
ticularmente los de la antigüedad grecolatina. De allí que su método sea la crítica
y que se interese no sólo por la lengua sino también por la historia literaria, de las
costumbres, de las instituciones, etc. Además, ”la crítica filológica falla (...) en
que se atiene demasiado servilmente a la lengua escrita y olvida la lengua vi
viente”, es decir, la lengua oral5. Finalmente, la gramática comparada, escuela a
la que pertenecía Saussure, cuyo objetivo era comparar las lenguas para determi
nar relaciones de parentesco entre ellas y “aclarar una lengua por medio de otra,
explicar las formas de una por medio de las formas de otra” desde una perspec
tiva histórica6. Respecto de esta escuela señala que, a pesar de haber abierto un
campo nuevo y fecundo, “nunca se preocupó por determinar la naturaleza de su
objeto de estudio. Y sin tal operación elemental, una ciencia es incapaz de pro
curarse un método”.
Como se puede ver en esta última cita, la tarea que Saussure aborda en sus
cursos es la de determinar la naturaleza del objeto de estudio de la lingüística y
brindarle un método a la disciplina, es decir, transformar los estudios sobre el
lenguaje existentes hasta ese momento en una ciencia de acuerdo a los paráme
tros científicos vigentes en su época.
Saussure formula en tres puntos programáticos cuál debe ser la tarea de la lingüís
tica: “1) hacer la descripción y la historia de todas las lenguas de que pueda ocuparse,
lo cual equivale a hacer la historia de las familias de lenguas y a reconstruir en lo posi
ble las lenguas madres de cada familia; 2) buscar las fuerzas que intervengan de
manera permanente y universal en todas las lenguas, y sacar las leyes generales a que
se puedan reducir todos los fenómenos particulares de la historia; 3) deslindarse y
definirse ella misma” (CLG, p. 34) Resulta claro que si no se realiza en primer lugar el
punto 3) no se pueden desarrollar científicamente los dos puntos anteriores.
7
En busca de un objeto de estudio 1: los problemas, el lenguaje heteró
clito y multiforme.
“El lenguaje es heteróclito y multiforme” afirma Saussure. El lenguaje es
un conjunto complejo de hechos de diversa naturaleza. El simple hecho de
pronunciar la palabra “desnudo”, para tomar el ejemplo que da Saussure, puede
ser abordado desde diversos puntos de vista para su estudio: se lo puede
considerar como una serie de sonidos, es decir, como un objeto de naturaleza
física, y estudiar las ondas sonoras que se propagan por el aire; como un proceso
fisiológico, en tanto implica órdenes neuronales y movimientos del sistema
fonador; como expresión de una idea, es decir, como un objeto psicológico; como
un hecho de naturaleza histórica, en tanto es una palabra derivada del latín
“(dis)nudum”; etc. Ninguno de estos puntos de vistas tiene privilegio sobre los
otros y cada uno de ellos hace aparecer un objeto distinto; como señala Saussure,
qué es lo que el lingüista debe estudiar no aparece dado de antemano, “es el
punto de vista el que crea el objeto”7. Pero las dificultades de definición de un
objeto de estudio para la lingüística no terminan allí. El lenguaje está atravesado
por dualidades que hacen que la adopción de un punto de vista determinado se
presente llena de dificultades:
• Si se toma el lenguaje desde el punto de vista del sonido, lo que
interesa es la impresión acústica que el sonido produce en quien lo escucha y
no el sonido en sí mismo. De hecho, considerados en sí mismos los sonidos
nunca se repiten, cada vez que se profiere una palabra los sonidos son
diferentes aunque perceptivamente escuchemos la misma palabra, una prueba
sencilla de las grandes variaciones de sonido que se producen al hablar son los
programas de reconocimiento de voz que nos obligan a hablar de forma
pausada y monocorde, absolutamente antinatural, para que la computadora
puede “identificar” lo que se dice. Pero a la vez esos sonidos no existirían sin
los órganos vocales que los producen, es decir que no es posible separar los
sonidos de su articulación bucal. Y no es posible hacer una descripción de los
movimientos del aparato fonador si no se tiene en cuenta las impresiones
acústicas. • El sonido, unidad compleja acústico-vocal, no interesa más que por
ser expresión del pensamiento, sólo en la medida en que el sonido expresa una
idea puede ser considerado parte del lenguaje. Así, a la dualidad acústico vocal
del sonido, donde entran en juego propiedades físicas y fisiológicas, de be
sumarse la dualidad consistente en que esos sonidos forman una unidad
compleja con el pensamiento, que es un elemento puramente mental.
• “El lenguaje tiene un lado individual y un lado social., y no se pue de
concebir el uno sin el otro”. Esta es la principal dicotomía planteada por
Saussure y sobre la que opera su recorte epistemológico, como veremos a con-
8
tinuación. El lenguaje tiene su existencia en los actos individuales de los suje
tos que hablan, cada vez que alguien habla produce un hecho de absoluta in
dividualidad: es un hecho de inteligencia y voluntad irrepetible y único; pero
cada vez que alguien habla lo hace con las palabras de la lengua de la comu
nidad, renovando así el lazo social que hace que ciertas secuencias de sonido
estén vinculadas a ciertas ideas.
• Finalmente, el lenguaje implica siempre un sistema establecido (la
lengua) y una evolución histórica. La distinción entre el sistema vigente en un
momento dado y su historia es sumamente difícil de hacer. La lengua evolu
ciona de manera constante y no se producen “cortes” en su evolución: cada
generación habla la lengua que recibió de la generación anterior, los niños, los
adultos y los ancianos hablan la misma lengua ¿cómo distinguir en esta conti
nuidad el paso de lo viejo a lo nuevo? Distinguir entre lo que es y lo que ha
sido es particularmente problemático en el campo del lenguaje.
Estas dualidades hacen que o bien se estudie un sólo aspecto y se olviden
los otros, perdiendo de vista la especificidad de los hechos de lenguaje; o bien se
trabaje sobre elementos heterogéneos, lo cual lleva a que otras ciencias reclamen
como propios los distintos aspectos del lenguaje de acuerdo a su naturaleza (la
física reclamaría el estudio de los sonidos, la anatomía el estudio de las articula
ciones vocales, la psicología el estudio del pensamiento, la antropología el estu
dio de la cultura, etc.) y entonces la lingüística no existiría como ciencia inde
pendiente por carecer de un objeto de estudio propio. Saussure tenía una clara
conciencia de que para que la lingüística pudiera ser una ciencia era necesario
encontrar, en el enmarañado campo del lenguaje, un objeto homogéneo8, suscep
tible de una definición autónoma.
9
(ciencia que a su vez sería parte de una rama de la psicología: la psicología so
cial). De este modo funda la ciencia lingüística y simultáneamente concibe la
posibilidad de una ciencia semiológica.
“...si por primera vez hemos podido asignar a la lingüística un puesto entre las
ciencias es por haberla incluido en la semiología. ¿Por qué la semiología no es recono
cida como ciencia autónoma, ya que tiene como las demás su objeto propio? Es porque
giramos en un círculo vicioso: de un lado, nada más adecuado que la lengua para hacer
comprender la naturaleza del problema semiológico; pero, para plantearlo conveniente
mente, se tendría que estudiar la lengua en sí misma; y el caso es que, hasta ahora, casi
siempre se la ha encarado en función de otra cosa, desde otros puntos de vista.” (CLG,
p.44) Es decir, la posibilidad de la existencia de las dos ciencias, así como la toma de
conciencia del círculo vicioso que impedía su reconocimiento dependen de un mismo
hecho: el punto de vista adoptado por Saussure.
10
una lengua que desconoce, escuchará los sonidos que producen las personas que
hablan pero no comprenderá nada, quedará fuera del hecho lingüístico, es decir,
fuera del hecho social que es la lengua.
La lengua es de naturaleza social, es una institución social como otras (co
mo la justicia, la forma de gobierno, etc.), pero se diferencia de todas las otras
instituciones en que ningún hablante es dueño de ella ni puede ejercer sobre ella
su voluntad, es decir, la lengua es ajena a la esfera de acción del individuo, no es
un producto de su accionar individual. La lengua es cosa adquirida, es transmiti
da de generación en generación sin que quienes la reciben puedan intervenir so
bre ella ni modificarla; se la adquiere pasivamente13 sin que intervenga la volun
tad de los sujetos que la reciben. Su modo de existencia es la tradición, es un
producto histórico que se recibe sin poder modificarlo (cuando los niños adquie
ren la lengua no pueden modificar el código que se utiliza en su entorno, lo de ben
aceptar tal cual es).
Para mostrar cómo la lengua es un objeto separable del resto del lenguaje,
Saussure recurre a lo que denomina el circuito de la palabra: sean dos sujetos, A
y B, que mantienen un intercambio lingüístico, o sea, que hablan entre sí. El suje
to A tiene una idea en su mente y la asocia a una determinada secuencia de soni
dos, por ejemplo tiene la idea de cierto animal doméstico que ladra y la asocia a
la secuencia de sonidos “perro” (esto es un proceso puramente mental, ocurre
dentro de la cabeza de A); el cerebro entonces envía las órdenes pertinentes para
que el sistema fonador del sujeto A produzca esos sonidos (proceso mental y
fisiológico); las ondas sonoras producidas por A viajan por el aire y llegan al oído
de B (proceso físico); B percibe los sonidos (proceso fisiológico y mental) y
asocia lo que ha percibido, la imagen mental de la secuencia de sonidos “perro”
(ya que el sonido “no entra” en el cerebro) con la idea de cierto animal doméstico
que ladra (nuevamente un proceso puramente mental).
Dado que lo único que ha viajado de A a B es una serie de ondas sonoras y
no la idea de perro, las ideas no son un elemento físico capaz de viajar por el aire,
¿cómo se explica que B asocie a los sonidos que percibió la misma idea que
Atenía en su mente antes de proferir esos sonidos? Lo que permite que A y B se
comuniquen (que crean que han intercambiado ideas cuando en realidad sólo han
emitido y percibido sonidos) es que ambos comparten un mismo código, ambos
tienen registradas en sus mentes las mismas asociaciones entre sonido y pensa
miento, es decir, ambos comparten la misma lengua. La lengua es el conjunto de
signos, de asociaciones de sonidos e ideas, que la sociedad ha depositado en las
mentes de A y B; es el lazo social que permite que se comuniquen. La lengua se
ubica en el cerebro, allí donde una idea se asocia con una serie de sonidos; es
puramente mental, psíquica, uno puede recitar mentalmente un poema o cantar
una canción sin necesidad de proferir sonido, simplemente recorriendo con la
11
mente los signos de la lengua. De este modo quedan fuera de consideración los
aspectos psicofísicos (fisiológicos) y físicos: la lengua se recorta claramente del
resto del lenguaje.
Debe tenerse en cuenta que la lengua no se encuentra completa en la mente
de ningún hablante, sino en el conjunto de la sociedad. Es la suma de las asocia
ciones depositadas en las mentes de todos los individuos, “es el tesoro deposita do
por la práctica del habla en los sujetos que pertenecen a una misma comuni dad,
un sistema gramatical virtualmente existente en cada cerebro”. La lengua sólo
está completa en la masa (evidentemente que alguien desconozca un término de
su lengua no puede implicar que ese término no forme parte de la misma, del
mismo modo que si un individuo tuviera en su mente una asociación privada que
no se correspondiera con las del resto del grupo social, esa asociación entre soni
do y pensamiento no pertenecería a la lengua). De esta manera, Saussure cons
truye el objeto de estudio de la lingüística de acuerdo a los requerimientos del
positivismo:
• La lengua es un objeto separable, independiente de los otros elementos
del lenguaje.
• Es un objeto de naturaleza homogénea, está compuesta sólo por ele
mentos psíquicos, mentales: los signos.
• Al ser de naturaleza homogénea se pueden establecer relaciones
sistemáticas entre los elementos que la componen.
• Es un objeto concreto; los signos, aunque intangibles por ser de carác ter
mental, son realidades que se asientan en el cerebro. Puede verifi carse si
un signo pertenece o no a la lengua mediante la ratificación so cial (se
puede hacer una encuesta lingüística para verificar si tal ele mento es
reconocido o no como parte de la lengua, por ejemplo). Por
otra parte se los puede fijar por medio de la escritura.
• Finalmente, la lengua es el elemento esencial del lenguaje. Todos los
demás aspectos del lenguaje se subordinan a ella. Si un hombre pierde
la capacidad de producir sonidos, no queda fuera del hecho lingüístico
porque conservará la lengua y podrá reconocer los signos que oye (lle
vando el ejemplo al extremo una persona que perdiera la voz, el oído y
aun la vista, conservaría la lengua y sin duda recrearía en su mente los
signos de su lengua: se hablaría a sí mismo mediante un monólogo in
terior para enfrentar su nueva situación); en cambio alguien que por al
guna razón perdiera la lengua, que perdiera la capacidad de asociar
ideas a impresiones acústicas, quedaría fuera del lenguaje por más que
conservara todas sus capacidades físicas. Como elemento esencial del
lenguaje, la lengua permite ordenar y jerarquizar racionalmente todos
12
los elementos del lenguaje, permite diferenciar qué aspectos son impor
tantes y cuáles son accidentales o secundarios.
13
La unidad de análisis: el signo lingüístico
Como hemos visto en la explicación del circuito de la palabra, el signo
lingüístico es una cosa doble, es la unión de dos términos, ambos de carácter
mental. Desde el punto de vista de la lengua no interesa si el sujeto A del circuito
produce o no correctamente los sonidos que envía a B, lo que importa es el vín
culo de asociación que une en su mente una idea con determinada secuencia de
sonido, que esa asociación esté registrada en su mente antes de que decida pro
ducir los sonidos y que ese registro no es una creación del sujeto, sino que le ha
sido brindado por la sociedad.
La insistencia de Saussure en señalar el carácter puramente mental, social y
bifacial de los signos obedece a dos razones: por un lado, como ya hemos visto,
para determinar el carácter homogéneo y separable del objeto de estudio; por otro
lado para combatir la idea corriente de que ”la lengua es una nomenclatura, es
decir, un listado de términos que corresponden a otras tantas cosas”, algo así
como etiquetas colocadas sobre las cosas (se puede encontrar esta visión ingenua
sobre los signos en el relato bíblico del origen de los nombres, Génesis 2.19-20,
donde Dios le presenta a Adán los diversos seres de la creación y Adán les va
dando un nombre). Lo que el signo une no es una palabra14 y una cosa sino una
imagen acústica y un concepto. De este modo excluye de la teoría la considera
ción de los objetos reales, los objetos de la realidad no intervienen en el signo. La
imagen acústica ”árbol” (la serie de sonidos “árbol”) no se encuentra asociada a
una cosa en particular sino a una clase de objetos, a una idea general, abstracta,
de lo que es un árbol. Esta afirmación posibilita establecer las relaciones entre el
lenguaje y los procesos de representación del mundo que caracterizan al llamado
razonamiento
El concepto no recibe una explicación mayor, es simplemente una porción
de pensamiento, una idea clara y distinta. La noción de “idea clara y distinta” da
cuenta del hecho de que para todo sujeto hablante cada signo de la lengua signi
fica una cosa distinta del resto, no importa que el sujeto no pueda formular con
claridad lo que los diferencia: si la lengua distingue entre dos signos, distingue
también entre dos conceptos. Así los sinónimos absolutos no existen para la len
gua: “lindo”, “bonito”, “bello”, “agradable”, “hermoso”, etc. expresan cada uno
una idea diferente (así sólo se diferencien por matices) y la utilización de alguno
de ellos expresará con mayor precisión la idea que se tenga sobre un objeto X que
el resto.
La otra parte del signo, la imagen acústica, permite establecer una entidad estable
frente a la variabilidad de los sonidos producidos por los sujetos hablan tes. Como
hemos visto la imagen acústica no es el sonido mismo, pero tampoco es en
sentido estricto la impresión que producen los sonidos en nuestros sentidos. Es un
registro dentro de la memoria de la forma de las secuencias de sonidos, un
14
registro que retiene de las sucesivas percepciones de determinas secuencias (per
cepciones que siempre serán distintas entre ellas) una forma general. Pongamos
por caso que alguien produce la secuencia (incorrecta) de sonidos
“*serugamente”, la percepción de quien lo escucha será que produjo la secuencia
“*serugamente”, pero identificará que lo que quiso producir fue la forma (correc
ta) “seguramente”. La forma “*serugamente” en sí misma no forma parte de la
lengua, no está vinculada a ninguna idea, por lo tanto el que oye esta secuencia
busca dentro de su memoria la forma perteneciente a la lengua que más se aseme
je a lo percibido y, para poder asociarla a algún concepto, considerará que esa
forma de la lengua fue lo que se quiso decir y no la forma “*serugamente”. Se
puede plantear la siguiente analogía con la representación gráfica: si un sujeto
dibuja una serie de cuadrados a mano alzada, los dibujos serán todos dis tintos, no
habrá ninguno que sea exactamente igual a otro: sin embargo todos tendrán
aproximadamente la “misma forma cuadrada”; esto es así porque se compara la
percepción que se tiene de cada dibujo concreto con una forma abs tracta
almacenada en la memoria (que se podría denominar “imagen visual”, por
contraposición a “imagen acústica”. La palabra “imagen” tiene en Saussure el
sentido de registro de una forma). Si la distorsión del dibujo es demasiado gran
de, entonces quien vea el dibujo empezará a reconocer alguna otra forma: un
rectángulo, un trapezoide, un círculo, etc., o verá algo informe. Del mismo modo
las imágenes acústicas son formas generales, de los sonidos y las variaciones en
la producción de sonidos tienen como límite la posibilidad de reconocimiento de
las formas almacenadas en la memoria.
De este modo el signo une una forma vinculada a la percepción de los so
nidos, la imagen acústica, y una forma vinculada al pensamiento, el concepto15.
Saussure propone fijar estas distinciones por medio de una terminología específi
ca: propone reemplazar el término concepto por el término significado, el térmi no
imagen acústica por significante y designar signo a la totalidad formada por la
unión de significado y significante. Como señala Saussure, los términos signifi
cado” y significante tienen “la ventaja de señalar la oposición que los separa, sea
entre ellos dos, sea del total del que forman parte”, a la vez que se relacionan
recíprocamente: nada es un significante si no está asociado a un significado y
viceversa16.
15
ningún vínculo natural entre una serie de sonidos y una idea, si están unidos en el
signo es por mera convención. Una idea puede ser expresada arbitrariamente por
cualquier serie de sonidos. No existe ningún impedimento racional para que el
significado “sur” no se una a cualquier serie de sonidos, por ejemplo “strumba”,
salvo el hecho de que la tradición ha fijado como significante para esa idea la
serie de sonidos “sur”. El hecho de que las diferentes lenguas expresen ideas
similares mediante sonidos completamente distintos17dan cuenta de este hecho.
Sin embargo no debe entenderse la arbitrariedad como que la elección de
un determinado significante para un determinado significado depende de la libre
elección del hablante, los signos siempre son impuestos y los hablantes no pue
den elegir18: lo que es arbitrario, inmotivado, es la relación que une las dos caras
del signo, no hay una razón natural que vincule al significado con el significan
te.19
“El principio de la arbitrariedad del signo no está contradicho por nadie; pero
suele ser más fácil descubrir una verdad que asignarle el puesto que le toca. El
principio arriba enunciado domina toda la lingüística de la lengua; sus consecuencias
son innu merables. Es verdad que no todas aparecen a la primera ojeada con igual
evidencia; hay que darles muchas vueltas para descubrir esas consecuencias y, con
ellas, la importancia primordial del principio.” (CLG, p. 93)
16
otro en el tiempo (no podemos producir con nuestro sistema fonador más que un
sonido por vez), es decir, se desarrollan linealmente formando una cadena (en la
escritura esto se hace particularmente visible, los sonidos que se suceden en el
tiempo son representados gráficamente a lo largo de una línea espacial). Esta
propiedad es fundamental y tiene grandes consecuencias: “todo el mecanismo de
la lengua depende de este hecho”. Por ejemplo, un gráfico puede organizar sus
signos en dos dimensiones simultáneamente, derecha-izquierda y arriba-abajo,
como en el siguiente caso donde las flechas indican una relación cualquiera, su
pongamos “querer a”:
αβ
17
2. La multitud de signos de la lengua: dado que la lengua está constituida por
innumerables signos, resulta inaccesible a los intentos de cambio, porque
implicaría cambiar demasiados elementos a la vez.
3. La complejidad del sistema: no sólo los signos de la lengua son muchos, sino
que guardan relaciones complejas entre sí que sólo se llegan a comprender
mediante la reflexión. La modificación de un signo repercute en el resto del
sistema. Por ejemplo si intentamos reemplazar el uso del pronombre “vos” por
el uso del “tú”, pronto notaríamos que el cambio implica modificar también la
forma de conjugar los verbos y la entonación de las frases, es decir un cambio
que involucra toda la lengua y no sólo un elemento.
4. La resistencia de la inercia colectiva hacia todo cambio lingüístico: la lengua es
en cada instante tarea de todo el mundo, es utilizada de forma constante por
todos y cada uno de los individuos de la sociedad. En este sentido, se diferen
cia de todas las demás instituciones sociales: las demás instituciones sólo
ocupan a un número limitado de individuos durante un tiempo también limi
tado; en cambio la lengua “forma cuerpo con la vida de la masa social” y la
masa es esencialmente conservadora, rechaza los cambios. Como señala Saus
sure: “cada pueblo está generalmente satisfecho con la lengua que ha recibi
do”. Por otra parte, no hay que olvidar que la lengua es heredada, “decimos
hombre y perro porque antes que nosotros se ha dicho hombre y perro”. La
lengua es inmutable porque se continúa en el tiempo, es siempre lo que ya ha
sido fijado por la tradición.
“Si, con relación a la idea que representa, aparece el significante como elegido
libremente, en cambio, con relación a la comunidad lingüística que lo emplea, no es
libre, es impuesto. A la masa social no se le consulta ni el significante elegido por la
lengua podría ser reemplazado por otro. (...) La masa está atada a la lengua tal cual es.
(...) La lengua no puede equipararse a un contrato puro y simple (...); si se quiere
demos
trar que la ley admitida en una colectividad es una cosa que se sufre y no una regla li
bremente consentida, la lengua es la que ofrece la prueba más concluyente de ello”
(CLG, p. 97)
19
engrasada de Carlos de la Púa se tendrá la impresión de que está escrito en “otro
idioma”.
Las causas del cambio lingüístico son muy numerosas y complejas. Todo
lo que afecta de alguna manera al uso de la lengua, al habla, es un factor de trans
formación potencial. Con relación a esto, Saussure señala que todo cambio es
azaroso y específico de cada lengua particular, ya que responde a las diversas
fuerzas que actúan sobre la vida de la masa social que la utiliza.
20
Se trata nuevamente del “nuevo orden de hechos” al cual pertenece la len
gua: si se estudian los sonidos por sí mismos se hace fonología pura y si se estu
dian los pensamientos por sí mismos se hace psicología pura. La lingüística sólo
es posible centrándose en la relación que vincula estos dos órdenes de cosas: en
el sistema de la lengua.
Si los signos no pueden reducirse a los sonidos ni al pensamiento, ¿Cuáles
son los objetos concretos con que el lingüista trabaja? ¿De qué tipo de entidades
se trata? Tomemos por ejemplo dos oraciones: “Está solo” y “Puedo hacerlo yo
solo”. Reconocemos que en ambas oraciones aparece el mismo signo, “solo”.
Pero en qué se funda esa identidad, ¿en el sonido? evidentemente no. Si tenemos
en cuenta que la pronunciación nunca es igual en dos actos de habla distintos ya
tenemos un elemento para juzgar que no es la identidad de los sonidos lo que
permite establecer que estamos ante una misma unidad. Por otro lado distingui
mos este “solo” de su homófono “sólo” (solamente), con lo cual la identidad no
se establece por medio del sonido únicamente. Se puede entonces buscar la iden
tidad por el lado del significado pero aquí también surgen dificultades similares,
la significación de “solo” no es idéntica en ambas oraciones. Si en cada caso
concreto de producción del signo “solo” hay variaciones tanto en los sonidos que
se producen como en la significación que se expresa ¿Cómo sostener que se trata
de la misma unidad, del mismo signo?
La realidad concreta de los signos no se identifica ni con una serie de so
nidos producidos por un sujeto ni con un hecho de pensamiento específico, la
significación particular que un individuo atribuye a esa serie de sonidos. Los
signos son valores y su forma de existencia se basa en las relaciones que estable
ce con lo que lo rodea. Los valores sólo se establecen por medio de relaciones,
por su comparación con los otros elementos del sistema. Cuando nos referimos al
ómnibus de las 21.45 hs. a Mar del Plata, no nos referimos a un ómnibus concre to
sino a una entidad que puede ser realizada concretamente por diferentes vehí culos
en cada salida concreta, el ómnibus que salió el martes es distinto al ómni bus que
salió el lunes, pero en ambos casos se trata del mismo ómnibus de las 21.45 hs. a
Mar del Plata. Lo que define a ese ómnibus son las relaciones que mantiene con
los otros que parten tanto a otros horarios como a otros destinos. Es decir que su
modo de existencia es meramente diferencial, su existencia no de pende de los
vehículos concretos que partan a ese destino a esa hora: de hecho, en épocas de
mucho turismo el micro de las 21.45 hs. con destino Mar del Plata puede llegar a
salir a las 23:50 hs. y sin embargo se considera que sigue siendo “el ómnibus de
las 21:45”. Del mismo modo, para diferenciar dos micros que salen prácticamente
a la misma hora con el mismo destino se utiliza una diferen cia de cinco minutos
para distinguirlos.
21
Los valores tienen una forma de existencia distinta a la existencia mate rial,
un caballo de ajedrez es un caballo de ajedrez por sus relaciones con las otras
fichas del juego, su materialidad puede ser cualquiera mientras siga dife
renciándose del resto: se puede reemplazar una pieza que se haya perdido con
cualquier elemento, un botón, un pedazo de madera, etc.; mientras se conserve su
diferencia con los otras piezas y su pueda establecer las relaciones que lo vincu
lan con el resto de las piezas del juego. El ómnibus de las 21:45, el caballo de
ajedrez, el signo “solo” son entidades concretas, pero su forma de existencia no
es la de la sustancia material sino la del valor.
22
padre, / a la ciudad?”, 1924, Marinero en tierra). Se puede sin duda mantener
buena parte del significado (esto es lo que interesa en las traducciones técnicas),
pero la diferencia entre los valores del masculino y el femenino en español no
tiene una correspondencia exacta en el inglés. Sin duda, son los poetas quienes
mejor saben explorar los valores que la lengua les brinda.
Tanto los significados como los significantes son valores puros que se
establecen, cada uno en su orden correspondiente, por sus relaciones con el resto.
Son entidades puramente relativas y diferenciales, “su más exacta característica
es ser lo que los otros no son”. No hay nada de positivo ni en unos ni en otros,
ninguna característica ni del sonido ni del pensamiento interesan en sí misma, lo
único que importa es que sirva para establecer un rasgo diferencial. Los signifi
cados y los significantes sólo se definen negativamente, por diferencia y oposi
ción. Esto se puede ejemplificar con un esquema de conjuntos: Si tengo un grupo
de elementos {a, b, c, d} –ya se trate de significantes o de significados– y la rela
ción que define a cada elemento es “ser diferente a”, cada elemento queda defi
nido de la siguiente manera:
a={diferente a b, diferente a c, diferente a d}
b={diferente a a, diferente a c, diferente a d}
c={diferente a a, diferente a b, diferente a d}
d={diferente a a, diferente a b, diferente a c}
Ninguno de los términos es nada en sí mismo, lo único que cuenta son sus
relaciones con los otros. Ningún término es positivo, cada uno es simplemente la
no coincidencia con los otros, no interesa lo que sea en sí mismo sino su posibi
lidad de compararse y no coincidir con el resto. Del mismo modo si se pierde o
agrega un elemento todos los integrantes del conjunto resultan alterados:
a={diferente a b, diferente a c, diferente a d} no es el mismo elemento que
a={diferente a b, diferente a c} o a={diferente a b, diferente a c, diferente a d,
diferente a e} (Compárese con el sistema de los demostrativo en diversas lenguas
presentado anteriormente).
“En la lengua sólo hay diferencias sin términos positivos. Ya se considere el signi
ficante, ya el significado, la lengua no comporta ni ideas ni sonidos preexistentes al sis
tema lingüístico, sino diferencias conceptuales y diferencias fónicas resultantes de ese
sistema” (CLG, p. 144).
23
24
signo no son dos conceptos separados sino dos aspectos de un mismo fenómeno:
el sistema; en tanto todo signo está constituido por el sistema del que forma par
te, éste debe mantenerse inmutable para que las significaciones puedan estable
cerse como hechos positivos y posibilitar la comunicación. Pero al mismo tiempo
la variación en las relaciones entre significantes o en la relación entre los signifi
cados es inevitable y eso altera la economía del sistema.
Estos dos aspectos, estabilidad del sistema y transformación en el tiempo,
tienen su fundamento en el carácter meramente diferencial y negativo de las rela
ciones de valor que constituyen la lengua. Cuando Saussure señala que todo cam
bio lingüístico es el “producto de un desplazamiento en la relación entre
significados y significantes” se refiere a las alteraciones en las relaciones de va lor,
ya sea en el plano de los significados o en el de los significantes. Es a partir de la
teoría del valor como puede entenderse de qué modo la incorporación de términos
modifica la lengua: no porque se reemplace un término por otro, cosa que nunca
sucede de ese modo, sino porque cada incorporación modifica las relaciones de
valor entre los otros términos de la lengua.
Pero son las alteraciones fonéticas las que mejor ilustran este punto: en el
latín clásico los sustantivos se dividían en femeninos, masculino y neutros, con
sus significantes correspondientes: los sustantivos femeninos terminaban en /–a/,
los masculinos en /–us/, los neutros en /–um/. Los habitantes de la región de Cas
tilla en la península ibérica (soldados romanos y habitantes de la región obliga dos
a hablar en latín y sus descendientes) fueron modificando la pronunciación de los
sustantivos masculinos y neutros, dejando paulatinamente de pronunciar las
consonantes finales. Probablemente durante un periodo relativamente exten so,
mantuvieron la conciencia de la distinción entre neutro y masculino por más que
no pronunciaban las consonantes s y m que los distinguían, el intercambio con
otros grupos, que también “hablaban mal el latín” pero que alteraban la pro
nunciación de otras formas, mantendría en los hablantes la conciencia de la dis
tinción.21
Con el transcurso del tiempo, ambos tipos de sustantivos terminaban en /–
u/, luego esa /–u/ final se relajó en /–o/. La identificación de la /–o/ con las for mas
/–um/ y /–us/ o sus derivados en otras lenguas ya no era posible para las nuevas
generaciones. Ya no contaban con un significante distinto para cada con cepto, su
lengua ya no establecía en forma clara la distinción entre los sustanti vos
masculinos y los neutros, para ellos sólo había sustantivos masculinos (ter
minados en /–o/) y femeninos (terminados en /–a/): hablaban una nueva lengua, el
castellano, y ya no podían comprender el latín. ¿El concepto de “sustantivo
neutro” había desaparecido? No, simplemente el significado de “neutro” se había
desplazado y formado una nueva unidad con el de “masculino”, perdiendo su
capacidad de diferenciarse.
25
El español que hoy hablamos es un resultado azaroso de la historia. La len
gua vuelve a mostrar su carácter dicotómico: sistema que sólo obedece a su
propia organización interna, puramente formal, es a la vez un objeto estrictamen
te histórico, resultado del azar y el devenir humano.22 Los casos de homofonía en
el interior de una lengua, “araña” (arácnido) y “araña”(del verbo arañar), “pe
so”(moneda) y “peso”(magnitud física), etc., se explican por este carácter con
tingente, histórico, de las lenguas. En general son términos de orígenes diferentes
que por la evolución del sistema devinieron en significantes iguales, o términos
con un origen en común que por el uso social se fueron diferenciando cada vez
más hasta perder su vínculo original.
La reflexión teórica de Saussure estaba destinada a brindar un marco cien
tífico a los estudios históricos de la gramática comparada. Es por eso que una de
sus preocupaciones fuera deslindar los modos en que se debía abordar el estudio
de las lenguas. Cuando el lingüista vincula históricamente dos lenguas realiza una
operación compleja. En principio sólo se trata de establecer cómo una lengua
deriva de la otra, pero para que esto sea posible debe contar con descripciones de
las dos lenguas que compara. De esta manera, Saussure define dos formas de
hacer lingüística: una de ellas, que denomina lingüística sincrónica o estática,
consiste en establecer el sistema de la lengua en un momento determinado, esta
blecer qué relaciones mantienen los signos entre sí en determinado momento, sin
considerar su historia (con relación a esto Saussure es terminante: la lengua no
recuerda la historia de los elementos que la componen, en la lengua sólo intere
san las relaciones de los elementos coexistentes. Así, no interesa que determina do
signo derive del latín, del árabe o del germano, para el sistema lo que importa es
su relación con los otros signos de la lengua. La masa hablante desconoce el
origen de los signos que utiliza).
La otra forma de hacer lingüística, que denomina diacrónica o evolutiva,
consiste en establecer las leyes de los cambios que han hecho pasar de un deter
minado estado de lengua a otro. En este sentido, la lingüística diacrónica no es
tudia las lenguas en sí misma sino los acontecimientos capaces de transformarla.
La alteración en la pronunciación de las consonantes finales de los sustantivos
latinos no es un hecho que pertenezca a la lengua, es un acontecimiento particu lar
en la forma de hablar latín de cierta comunidad en cierto momento histórico y
lugar geográfico, en otras comunidades que también hablaban latín las transfor
maciones fonéticas fueron otras y dieron origen a otras lenguas.
Los principios que gobiernan una y otra lingüística son completamente dis tintos:
en el estudio sincrónico lo que interesa es el estado de conciencia de la masa
hablante en determinado momento, es decir, el estado de lengua depositado en las
mentes de determinada comunidad. Lo sincrónico es el orden de las simul
taneidades y la pregunta que orienta la investigación es ¿qué relaciones se esta-
26
blecen entre los elementos coexistentes? En cambio el estudio diacrónico trabaja
sobre el orden de las sucesiones, sobre las transformaciones de determinados
elementos a lo largo del tiempo, y la pregunta que orienta la investigación es
¿cuál es la causa de que se haya producido tal transformación? Resulta claro que
los estudios sincrónicos tiene prioridad sobre lo diacrónicos
28
responden a distintas relaciones de similitud y diferencia. Cada signo está atrave
sado, constituido, por el cruce de varios paradigmas de la lengua.
Comentario final
En este resumen del CLG sólo presentamos los conceptos saussurianos
destinados a clarificar el estudio sincrónico de las lenguas y hemos dejamos de
lado sus reflexiones sobre el estudio diacrónico. Por una ironía de la historia, la
lingüística diacrónica fue perdiendo cada vez más terreno en el campo de la lin
güística y Saussure es hoy fundamentalmente reconocido por su concepción del
sistema lingüístico, olvidando que su interés fundamental era posibilitar el estu
dio histórico-comparativo de las lenguas. Saussure, fundador del estructuralismo,
nunca utilizó el término “estructura” con relación a la lengua, siempre utilizó el
término “sistema”. Puede leerse en esta anécdota terminológica que para Saussu
re la lengua es un objeto dinámico, en transformación constante, y probablemente
por eso el término “sistema” le parecía el adecuado. Las lecturas posteriores,
centradas en establecer las relaciones internas del sistema, prefirieron el término
“estructura” que de cuenta de un orden más estático.
Al introducir en el orden de la ciencia la pregunta por las relaciones en lu
gar de la pregunta por las causas, es decir, al establecer las relaciones como otro
orden de causalidad, Saussure brindó el punto de vista necesario para abordar
toda una serie de fenómenos que escapaban a la comprensión científica: todos los
sistemas de signos, pero también los sistemas de parentesco, las instituciones
sociales, la literatura, los sistemas ideológicos, los roles sociales, la constitución
psíquica, etc.
29
Noam Chomsky: la perspectiva cognitivista
por Esteban Daniel Palací
En 1957, el lingüista norteamericano Robert B. Lees escribía una recen sión
sobre el primer libro de un joven lingüista, esa recesión comenzaba así: “Durante
los últimos veinticinco años de desarrollo en el campo de la lingüística se ha
hecho habitual, en especial entre los antropólogos, el considerar a la lin güística
como una disciplina muy avanzada, sistemática, precisa, poderosa, en una palabra
‘científica’. Los estudiosos de la sociedad, buscando una mayor pre cisión en la
formulación de sus teorías específicas, miran con envidia los exactí simos
enunciados gramaticales, y las impresionantes descripciones de laboratorio
fonético que se encuentran en las páginas de las revistas de lingüística, y el mis
mo lingüista ha llegado a creer que él es el único entre los científicos de la socie
dad que señala el camino hacia una revolución científica en nuestro entendimien
to de la conducta humana.
Antes de considerar con detalle el contenido de la monografía de Choms ky,
es útil revisar nuestras nociones de ciencia y de lingüística, pues este librito sobre
la estructura sintáctica tiene mucho que decir sobre el estatuto de la lin güística en
tanto que ciencia.”
Con este comentario saludaba la aparición de Estructuras Sintácticas de
Noam Chomsky, un resumen de su tesis doctoral The Logical Struture of
Linguistic Theory (1956.) Ese “mucho que decir” que señalaba Lees produciría
una nueva revolución en el campo de la lingüística y de las ciencias humanas. Las
ideas de Chomsky sobre el lenguaje y la forma de hacer ciencia dieron un
impulso decisivo al cognitivismo, y nuevamente las formas de considerar ese
extraño comportamiento humano que es el lenguaje cambiaron sus puntos de
referencia y se renovaron las preguntas a ser exploradas por la investigación
científica. Al centrarse en los procesos mentales del lenguaje, Chomsky puso en
primer plano la mente humana como objeto de investigación y, a la vez, encaminó
la investigación lingüística dentro del modelo epistemológico actualmente
vigente en las ciencias naturales.
La competencia lingüística
El contexto en que se desarrolló el pensamiento del joven Noam Chomsky es el
del estructuralismo norteamericano, considerablemente diferente al estruc
turalismo saussuriano ya que estaba profundamente influenciado por el conduc
tismo. De acuerdo a los principios del conductismo, toda conducta puede ser
explicada mediante mecanismos de estímulo y respuesta y el lenguaje no escapa a
este principio. Dado que la mente es un inobservable, no puede ser estudiada
30
más que en sus manifestaciones concretas, es decir, como conductas producidas
por determinados estímulos (ambos observables) que al reiterarse y reforzarse se
constituyen como hábitos adquiridos. Desde el punto de vista más específico de la
lingüística, dado que la lengua consistiría en un conjunto de hábitos adquiri
dos, la tarea del lingüista se limitaba a intentar lograr describir el conjunto de
esos hábitos: la lengua. Chomsky va a cuestionar ambos aspectos de la lingüísti ca
norteamericana: por un lado va cuestionar la visión conductista del hombre y por
otro lado va a criticar el carácter puramente descriptivo de los estudios sobre la
lengua.
Chomsky señala que el uso normal del lenguaje contradice los supuestos
básicos del conductismo. Todo sujeto que habla una lengua es capaz de interpre
tar y producir oraciones que nunca antes había escuchado, si se hiciera la prueba
de tomar todos los libros (no repetidos) de la Biblioteca Nacional y se buscara
cuántas oraciones exactamente iguales contienen, el número sería realmente des
preciable, sino prácticamente nulo. Esto significa que el uso normal del lenguaje
implica la novedad y no el hábito, de hecho, la producción lingüística no está
determinada por estímulos externos, ante cualquier situación cualquier sujeto
hablante puede generar una respuesta verbal novedosa. Chomsky denomina a esta
característica del lenguaje humano el uso creativo del lenguaje.
En esta misma línea argumentativa, señala que la comprensión de oracio
nes relativamente sencillas implican procesos mentales sumamente complejos de
los que una ciencia de lenguaje debería dar una explicación. Tomemos el siguien
te ejemplo:
Juan dijo que Pedro le había dicho a María [algo] (por ejemplo, que era linda)
Juan dijo que Pedro le había dicho a María [qué] (el “qué” interroga por ese al
go)
31
¿[Qué] dijo Juan que Pedro le había dicho [ ] a María?
Pero además, en la interrogativa el orden entre el sujeto “Juan” y el verbo
“dijo” aparece invertido y esta inversión es obligatoria: *¿Qué Juan dijo que
Pedro le había dicho a María? es una oración incorrecta en castellano (con la
interpretación del “qué” como objeto directo de “había dicho”).
Resulta claro que las descripciones de la gramática tradicional dejan sin
explicar los procesos mentales que los sujetos realizan; es más, los presuponen y
no los toman en consideración. Así en las descripciones de la estructura gramati
cal de las oraciones que aparecen en los manuales se presupone la capacidad de
los lectores para entender las oraciones. Siguiendo con nuestro ejemplo, no se
explica por qué el elemento interrogativo “qué” aparece al comienzo de la ora ción
aunque su interpretación implique una relación a distancia, simplemente se lo
etiqueta como objeto directo y se deja que el lector verifique por medio de sus
intuiciones sobre la lengua que la etiqueta es la correcta.
Se puede comprender a partir de este ejemplo la crítica que realiza
Chomsky al carácter meramente descriptivo del estructuralismo tradicional24. La
tarea de la Lingüística no puede limitarse a producir descripciones de las estruc
turas de la lengua, sino que debe explicar los mecanismos mentales que subyacen
a la producción y el entendimiento de las oraciones.
Otro modelo de ciencia, un nuevo objeto de estudio
Las críticas que realiza Chomsky ponen en cuestión el modelo de ciencia a
seguir, Ya no se trata como en el modelo positivista de definir un objeto formal y
establecer un método. Chomsky parte del modelo vigente en ese momento en las
ciencias llamadas “duras” (la física, la química) que podemos caracterizar como
el falsacionismo popperiano: el científico parte de una serie de supuestos y for
mula hipótesis con relación al problema que está considerando, luego establece
alguna forma de falsear esa hipótesis. Si la hipótesis se mantiene en pie, continúa
con esa vía de investigación; si no, realiza las correcciones pertinentes. En este
modelo de ciencia no hay una construcción teórica del objeto de estudio y el
establecimiento de un método de investigación, sino la formulación de un pro
blema (mediante una serie de abstracciones) y la postulación de hipótesis que
puedan ser falseadas mediante los datos empíricos No se define desde el co
mienzo de la investigación cómo es el objeto que se trata de investigar, por el
contrario, se plantean hipótesis sobre cómo sería ese objeto y se las pone a prue ba
confrontándolas con los datos empíricos pertinentes. La evaluación de teorías
rivales no se realiza por pautas metodológicas sino por su poder explicativo y su
simplicidad relativa. Chomsky insiste permanentemente en que todas sus hipóte
sis pueden ser falsas, pero que, en el actual estado de nuestros conocimientos
sobre la facultad del lenguaje, poseen un considerable poder explicativo y son las
32
mejores que podemos formular por el momento. En lo que sigue trataremos de
mostrar cómo este modelo de ciencia le permite a Chomsky cambiar el modo de
entender y hacer lingüística.
Lo que Chomsky trata de investigar es una capacidad de la mente humana,
su capacidad para entender y producir oraciones. El objeto de estudio de la lin
güística, por lo tanto, ya no se define como un objeto externo al individuo (por
ejemplo, como define Saussure la lengua), sino como la capacidad potencial que
tiene todo sujeto hablante de una lengua de interpretar y producir el conjunto
potencialmente infinito de oraciones pertenecientes a esa lengua.
Chomsky distingue de esta manera entre la capacidad potencial y los actos
concretos de desempeño lingüístico, es decir, entre una lengua interna, la capaci
dad de la mente de producir oraciones, y una lengua externa, las manifestaciones
concretas de esa capacidad. En la producción efectiva de discursos entran en
juego una serie de factores que son ajenos a la capacidad de producir y entender
oraciones y que afectan de diversas maneras el desempeño lingüístico. La memo
ria, la atención, el nerviosismo, las condicione físicas pueden hacer que en la
producción efectiva de oraciones se cometan errores o fallas de diverso tipo. Sin
embargo, estas fallas no están en relación directa con la capacidad potencial de
los sujetos hablantes, son una consecuencia de los diversos factores que intervie
nen en el uso concreto de esa capacidad y no una falla en la capacidad en sí mis
ma. A la capacidad de producir y entender oraciones de una lengua, Chomsky la
denomina competencia lingüística y a la puesta en acción de esa capacidad po
tencial, al desempeño lingüístico efectivo, actuación.
Esta distinción entre la competencia y la actuación permite que la lingüís tica
realice una serie de abstracciones con relación a los datos que maneja. Así las
producciones efectivas de oraciones no importan en sí mismas sino en tanto dan
cuenta de ciertos mecanismos mentales que han sido puestos en funciona miento,
esto posibilita deslindar todos los factores que pueden influir en el acto concreto
de emisión de una oración para centrarse en los procesos mentales pu ramente
lingüísticos y, a la vez, permite realizar un tratamiento particular de las oraciones
fallidas: las oraciones fallidas también ilustran propiedades de la com petencia en
tanto que el juicio de inaceptabilidad de una oración sólo puede pro venir de un
análisis oracional realizado mediante la competencia lingüística.
Chomsky va a postular como un supuesto básico de la teoría la legitimidad
del proceso de abstracción que permite aislar a la competencia lingüística como
objeto de estudio, el lingüista planteará sus hipótesis sobre la competencia
lingüística a partir de una idealización de los sujetos hablantes: la competencia se
define en términos de las capacidades de un hablante-oyente ideal en una comu
nidad lingüística homogénea, es decir, una comunidad de sujetos que hablan y
saben exactamente lo mismo. Es esta abstracción, esta idealización, lo que auto-
33
riza a dejar de lado los factores que condicionan la actuación y a definir la lengua
como el conjunto potencialmente infinito de oraciones que un hablante-oyente
ideal estaría en condiciones de producir o de interpretar. Resulta evidente que un
hablante-oyente real está imposibilitado para producir un número infinito de
oraciones nuevas, ni sus otras capacidades físicas y mentales ni la duración de su
vida se lo permiten Pero es razonable pensar que la capacidad potencial existe
aunque sea irrealizable. En todo caso, la ciencia siempre opera con abstracciones
de este tipo, como en el caso del movimiento rectilíneo uniforme de la física
clásica.
Al definir la competencia lingüística como la capacidad potencial de pro
ducir el conjunto infinito de oraciones pertenecientes a una lengua, se presenta la
necesidad de establecer cómo se define ese conjunto, es decir, cuál es el criterio
para establecer si una oración pertenece o no a la lengua. La solución que
Chomsky propone para este problema es otro de los pilares de la revolución
chomskiana en la lingüística.
Chomsky recurre a las formalizaciones de las teorías matemática, lógicas y
cibernéticas para caracterizar la competencia lingüística. Chomsky toma de la
lógica y la cibernética la noción de lenguaje formal, en términos de estas disci
plinas un lenguaje es un conjunto de expresiones generadas por un sistema que
define los elementos y las reglas de combinación. Una expresión forma parte de
un lenguaje determinado sólo si puede ser producido e interpretado por ese sis
tema. Chomsky llevará esta definición de lenguaje como un modelo para investi
gar la competencia lingüística.
La unidad de análisis para Chomsky ya no va a ser el signo sino la oración.
Y una oración es básicamente una combinación de elementos. Al centrarse en la
combinación de los elementos Chomsky plantea la autonomía de la sintaxis. Ve
mos un ejemplo:
Para cualquier hablante del español resulta intuitivamente evidente que la oración
2 “está mal”, que no es una oración “correcta” de la lengua, que un ele mento está
donde no debe estar y que en condiciones normales ningún hablante la produciría.
Y eso a pesar de que la oración pueda entenderse, de que pueda reconstruirse su
sentido. En cambio en 1, aunque pueda considerarse que la ora-
34
ción carece de sentido (por lo menos desde el punto de vista lógico o literal),
resulta intuitivamente evidente está correctamente construida, que es una oración
posible del castellano y que un sujeto hablante la podría producir en condiciones
normales (por ejemplo un poeta o alguien afecto a los juegos del lenguaje). En un
sentido para nada trivial, la estructura gramatical, sintáctica, de una oración es en
buena parte independiente de su contenido semántico. Los sujetos hablantes de
una lengua pueden reconocer cuando una combinación de elementos responde al
sistema gramatical de la lengua y cuando no, aun aquellos que carecen de forma
ción específica sobre la gramática de la lengua (incluso aunque no hayan recibido
ninguna educación formal, es decir, incluso los analfabetos). Se trata de un cono
cimiento intuitivo, no consciente, de la gramática de la lengua que todo sujeto
hablante de una lengua posee. De acuerdo a esto, una oración pertenece a la
lengua si está formada de acuerdo a la gramática de esa lengua, y una parte fun
damental de la competencia lingüística, es decir, de la capacidad de producir e
interpretar oraciones, es el conocimiento (interno y no consciente) de la gramáti
ca.
La gramática es el componente central de la facultad del lenguaje porque
es el que determina la pertenencia o no de las oraciones al conjunto de la lengua.
Ni la semántica ni la fonética permiten una operación similar, se pueden producir
oraciones sin sentido o secuencias de términos con sentido que no sean oracio
nes, se pueden producir series de sonidos de la lengua que no conformen oracio
nes. Sólo a partir de la estructura gramatical se pueden emitir juicios de perte
nencia o no a la lengua. Hablar una lengua es fundamentalmente manejar su gra
mática: aunque uno conociera todos las palabras del más completo diccionario de
una lengua cualquiera y supiera su pronunciación exacta, no podría hablar esa
lengua si no conoce también su gramática; inversamente, conociendo la gramáti
ca de una lengua se puede hablar en esa lengua de una forma razonablemente
correcta aunque se tenga un vocabulario limitado y una pronunciación defectuo
sa.
Al dejar en un segundo plano el contenido semántico de las oraciones, la
gramática se define únicamente por ciertos rasgos formales y por sus combina
ciones y relaciones posibles. De este modo no interesa qué significa “dormir”,
sino que se trata de un verbo y que por ser un verbo se relaciona con un sintagma
nominal (una estructura cuyo núcleo es un sustantivo) de determinada manera (es
su sujeto, mantiene una relación de concordancia) etc. Verbo, sustantivo, no son
signos sino rasgos formales, categorías estrictamente gramaticales y específicas
de un componente de la mente humana: la competencia gramatical. Se trata de
una lingüística donde la noción de signo no se plantea, de hecho el signo saussu
riano aparece distribuido en componentes distintos de la competencia lingüística:
por un lado, una competencia fonética que establece las formas de combinación
35
de los sonidos; por otro, un componente semántico que da cuenta del sentido; y,
por otro lado, la competencia gramatical que estructura las oraciones. Cada com
ponente se relaciona con los restantes pero tiene su especificidad propia y no se
reúnen en una unidad única y fundamental que sería el signo (aunque en los desa
rrollos actuales de la teoría se plantee la importancia del ítem léxico como con
junto de estos tres tipos de rasgos, fonéticos, sintácticos y semánticos, cada tipo
de rasgo es “procesado” por un componente específico de la mente). Como
señalábamos más arriba, la competencia lingüística implica la pro ducción de un
conjunto infinito a partir de un conjunto finito de elementos, y las matemáticas ya
habían solucionado este problema. Los números naturales son un conjunto
infinito, si se quiere definir ese conjunto extensionalmente, es decir enumerando
todos sus miembros, la definición es imposible porque la serie de miembros no
tiene límite final: N={0, 1, 2, 3, 4, 5...}. Sin embargo se pueden definir
intencionalmente mediante un lenguaje formal: N={X; X= 0 o X=X+1} esta
escritura formal significa que cualquier elemento de N es X siendo ese ele mento
X igual a 0 o a cualquier otro número generado mediante la operación recursiva
(reiterada) de sumar 1 a X. Así se generan todos los elementos del con junto
mediante la operación de la suma: parto de X= 0, a ese elemento X le sumo 1 lo
que me da 1, por lo tanto 1 es miembro del conjunto, X=1; a ese X obtenido por
la aplicación de la operación se le vuelve a aplicar la misma operación y se
obtiene 2, X=2; el proceso se repite indefinidamente.
Las lenguas naturales tienen propiedades recursivas: una oración puede ser
incluida como elemento de otra oración (las famosas subordinadas de la gramáti
ca tradicional) y ese proceso se puede repetir indefinidamente (de este modo se
puede generar una oración indefinidamente extensa, los límites que impiden a los
sujetos hablantes producir oraciones demasiado largas estarían impuestos por
otras facultades mentales, por ejemplo, la memoria). Chomsky asimila la gramá
tica interna de los sujetos hablantes a un mecanismo generativo del tipo de las
definiciones intencionales de la matemática: si los sujetos pueden generar infini
tas oraciones nuevas es porque en sus mentes hay un sistema capaz de generar
todos los miembros de ese conjunto, y no porque tengan acumulados, registrados
uno por uno, todos los miembros del conjunto. De allí el nombre que recibió esta
corriente teórica: La Gramática Generativa.
La gramática puede ser entendida entonces como un sistema de principios
que genera el conjunto de las oraciones de la lengua y que está en la mente de los
sujetos hablantes. La tarea de la lingüística es, entonces, la de determinar esos
principios y explicar las habilidades lingüísticas de los hablantes. Se trata en
definitiva de lograr una escritura formal de la gramática: así como el matemático
logra generar el conjunto de los números naturales mediante una serie finita de
operaciones formales, del mismo modo el lingüista tratará de establecer la gramá-
36
tica de una lengua como un mecanismo formal que genere todas las oraciones
posibles de la lengua y sólo esas. La hipótesis de Chomsky es que en la mente de
los hablantes se encuentra un mecanismo generativo de este tipo y que, si bien
aún conocemos muy poco sobre cómo funciona el cerebro, la gramática que el
lingüista construye sería un modelo posible para explicar cómo funciona la mente
humana, por lo menos en ese aspecto en particular. Por supuesto, como señala
permanentemente Chomsky, esto es sólo una hipótesis de trabajo y puede ser
falsa, pero la evidencia empírica parece demostrar hasta ahora que estas ideas no
son del todo incorrectas y estas ideas han permitido un avance considerable en
nuestra comprensión y en la investigación de la facultad humana del lenguaje
37
ternaliza la lengua que se haba en su entorno, es decir, desarrolla su competencia
lingüística.
De acuerdo esto, resulta verosímil plantear que los seres humanos vienen
al mundo biológicamente preparados para adquirir el lenguaje. De ser cierto, esto
implica que el cerebro humano posee un mecanismo específico, determinado
genéticamente, para adquirir una lengua humana. La facultad del lenguaje es
parte del bagaje genético del ser humano, lo que significa que la capacidad para
adquirir la lengua es innata. Ahora bien, esa capacidad, ese mecanismo mental
innato, debe poder analizar los datos lingüísticos provenientes del entorno y es
tablecer la gramática que se está utilizando. Esto implica que todas las lenguas
humanas deben tener propiedades comunes que las hacen accesibles a este dispo
sitivo innato, la enorme diversidad de lenguas existentes debe responder a princi
pios generales, universales, que permitan que el cerebro de un bebé identifique a
una (o varias) de ellas como lengua humana y pueda establecer los principios
gramaticales que la gobiernan. Chomsky postula así su hipótesis sobre la Gramá
tica Universal (en adelante GU). La GU son los principios gramaticales universa
les a los que toda lengua humana se ajusta, y forma parte del bagaje biológico
humano.
La postura innatista de Chomsky ha sido frecuentemente criticada y más
frecuentemente mal entendida. Cuando Chomsky postula el carácter innato de la
facultad del lenguaje no está postulando que los niños nacen hablando o con la
gramática de alguna lengua particular ya en sus mentes, sino que vienen ya dise
ñados genéticamente para adquirir cualquier lengua particular y que ese diseño
genético debe contener unos principios universales sobre las lenguas humanas: la
GU. Lo innato son los principios de la GU que permiten a la mente del bebé ana
lizar y establecer la gramática de la lengua particular de su entorno, la GU de la
mente-cerebro del niño procesa los datos que le llegan del exterior y produce
como resultado la gramática particular interna del niño, o sea, su competencia
lingüística.
De este modo las teorías gramaticales que postulan los lingüistas deben
cumplir con dos requisitos: las gramáticas deben describir y explicar la compe
tencia lingüística de los sujetos que hablan una lengua particular, pero además
esas gramáticas deben poder deducirse de principios universales válidos para
cualquier otra lengua humana. Esto implica que para establecer la gramática del
español sean pertinentes los datos del chino o del zulú, porque es en la compara
ción de los principios gramaticales de las diversas lengua como se pueden esta
blecer esos principios universales que hacen a la unidad del género humano co mo
especie, unidad que subyace a las enorme diversidad de las lenguas y los pueblos.
38
Segunda parte
El lenguaje y la sociedad
Los enfoques que se centran en la autonomía de la lengua no son los úni
cos posibles, de hecho, esta perspectiva de abordaje al estudio de la lengua es
frecuentemente criticada: la lengua es indisociable de la comunidad que la utiliza
y de los fines para los que se la utiliza, y no se la puede “aislar” de las prácticas
sociales con las que está esencialmente ligada. Las propuestas teóricas que se
expondrán en los siguientes artículos se han desarrollado desde distintas perspec
tivas, pero tienen en común el intento de dar cuenta de la unidad conformada por
la lengua y las prácticas sociales: la comunicación, la lucha por el poder simbóli
co, la lucha ideológica. Los tres enfoques que se presentan a continuación con
trastan tanto con la postura de Saussure o la de Chomsky como entre ellos. Cada
uno aborda este intento de definir la lengua en términos de las prácticas sociales
que implica desde supuestos teóricos e ideológicos distintos.
EDP
39
La etnografía del habla: una aproximación al lenguaje en su
contexto sociocultural
por Jimena Rodríguez
40
como unidad mínima de análisis el acto de habla. Los actos de habla (preguntar,
negar, ordenar) se articulan en un evento de habla que consiste en una actividad
gobernada por reglas o normas para el uso (por ejemplo, una conversación, una
narración, una conferencia).
Los eventos de habla corresponden a una determinada situación de habla o
situación comunicativa, que puede estar constituida por diversos eventos de habla
y por componentes comunicativos no lingüísticos. Una clase, una fiesta, un
velorio son situaciones de habla.
Tomemos por caso una clase teórica en la universidad como situación de
habla. En ella, el evento de habla dominante es la exposición del docente, dentro
de la cual pueden ocurrir numerosos actos de habla: el docente puede afirmar
ciertos conceptos, preguntar a los alumnos si los han comprendido, pedir silen
cio. Simultáneamente pueden darse otros eventos dentro de la situación de clase:
por ejemplo, una conversación entre dos alumnos, que incluye un chiste como
acto de habla.
Un mismo tipo de acto de habla puede tener lugar en diferentes eventos de
habla, y un mismo tipo de evento de habla en diferentes contextos de situación.
Así, un chiste puede aparecer en una conversación privada entre dos alumnos
pero podría también surgir en la exposición del docente frente a la clase o en una
conferencia que éste diera en un congreso. A su vez la conversación privada pue
de darse en una clase, en una fiesta o en una ceremonia religiosa. En el abordaje
de los actos y eventos de habla es necesario tener en cuenta una serie de
componentes. Estos son:
1. Escenario y escena: el escenario refiere al tiempo y lugar, a las circuns
tancias físicas que sirven de límite y contexto a los actos y eventos de habla:
cuándo y dónde tienen ocurrencia. Siguiendo con nuestro ejemplo, un aula de la
Facultad de Filosofía y Letras puede ser el escenario de una exposición teórica.
La escena es la “situación psicológica” o la definición cultural de una ocasión
como un tipo de escena determinada. La exposición puede ocurrir en una clase en
la que todos permanecen serios y atentos.
2. Participantes: Hablante y oyente/ audiencia. Qué roles cumplen uno y
otro y qué relación guardan entre sí. Todos los parámetros a considerar están
relacionados con la calidad del vínculo social entre los participantes (simetría o
asimetría) y sus consecuencias. En nuestro caso, los participantes son el docente
y los alumnos.
3. Fines: Metas y resultados. Las funciones para las que sirve el habla de
rivan de los propósitos y necesidades de las personas involucradas en la acción
social. El docente puede exponer la teoría para simplificarla o complejizarla, para
subrayar la importancia de algunas cuestiones frente a otras, para ayudar a los
alumnos a fijar conceptos.
41
4. Secuencia del acto: Forma y orden del evento. La exposición del docen
te puede originarse en respuesta a una pregunta de un alumno. El desarrollo de la
exposición tendrá una secuencia estructurada por el docente, que puede ser inte
rrumpida por otras intervenciones de los alumnos.
5. Clave o tono: Manera en que se ejecuta el evento de habla. Puede ser
formal, informal, ritual, coloquial, familiar. El docente puede dirigirse a sus
alumnos seriamente, enfatizando la formalidad de la situación o hacerlo de mane
ra más informal.
6. Formas del habla: Lenguas, dialectos, códigos, variedades, registros.
Algunas comunidades utilizan más de una lengua para marcar las relaciones de
intimidad o distancia social (por ejemplo, en Paraguay, el español y el guaraní).
Otras apelan a variedades de una misma lengua (como la variación alemán están
dar y dialecto) y otras, a pronombres dentro de una variedad (alternancia
vos/usted del español rioplatense). Extremando la formalidad del caso, el docen
te, elegiría la forma “usted” para marcar la distancia con los alumnos y la forma
vos para dar cuenta de una relación más estrecha.
7. Normas: reglas sociales que gobiernan el evento y las acciones y reac
ciones de los participantes. En la clase, los turnos de habla del docente son do
minantes. Los alumnos deben levantar la mano y ser autorizados por él para in
tervenir.
8. Género: es el tipo de acto o evento de habla, identificable a través de sus
características formales. El género en este caso sería la exposición didáctica.
La competencia comunicativa
La competencia comunicativa es el conocimiento de las convenciones lin
güísticas y las convenciones comunicativas vinculadas a éstas, compartidas por
aquellos individuos que integran una misma comunidad de habla y que les permi
ten utilizar la lengua de una manera social y culturalmente adecuada. Basándose
en el concepto chomskyano de competencia lingüística, Hymes acuña el concepto
de competencia comunicativa para nombrar el conjunto de conocimientos y habi
lidades de una persona que abarca no sólo el conocimiento de la gramática sino
también los usos de una lengua.
Esta capacidad de usar la lengua adecuándola al contexto implica, por su
puesto las habilidades de la competencia lingüística, pero además está gobernada
por características especiales de la actuación, dependientes del trasfondo cultural.
Es la cultura, entonces, la que provee las convenciones de contextualización que
condicionan las elecciones de los hablantes.
Todo hablante normal adquiere una competencia que le permite, entre otras
cosas, saber cuándo hablar y cuándo no, de qué hablar con quién, de qué forma.
“Ninguna persona normal, y ninguna comunidad normal, se limita a un solo
modo de hablar, a una monotonía sin cambio alguno que impida toda marca de
respeto, insolencia, seriedad burlona, humor, distancia o intimidad según el rol,
expresadas por el paso de uno a otro modo de hablar” (Hymes, 1972: 56). El
objetivo de la etnografía del habla es, entonces, focalizar en los modos de hablar,
los diversos usos y funciones del repertorio lingüístico de un grupo, para profun
dizar la reflexión sobre la relación entre lengua, cultura, sociedad e individuo.
43
Capital lingüístico: la lengua con valor en el mercado.
por Mónica Berman
44
esta competencia en determinada situación). Por otro, las estructuras del mercado
lingüístico, que se imponen como un sistema de sanciones y censuras específicas.
Entonces, cuando un discurso tiene lugar, se conjugan lo que se puede de cir en
función de lo que necesita decirse, la competencia lingüística para hacerlo
(constituir oraciones gramaticales) y la articulación de las mismas de acuerdo con
la situación en la que el discurso se produce, pero estos elementos no surgen
exclusivamente ni de la intención personal, ni de la universalidad de la compe
tencia lingüística, sino que, por el contrario, son generados a través de las posibi
lidades y restricciones que la estructura del mercado lingüístico determina. Es
este un modelo simple que muestra la producción y la circulación lin güística
como relación entre los hábitus lingüísticos y los mercados en los que se ofrecen
sus productos, y no tiene como objeto recusar el análisis propiamente lingüístico
del código sino variar la perspectiva de focalización. Lo que circula en el
mercado lingüístico no es la lengua sino discursos es tilísticamente caracterizados
que se colocan a la vez del lado de la producción, puesto que cada locutor se hace
un idiolecto con la lengua común, y del lado de la recepción, en la medida en que
cada receptor contribuye a producir el mensaje que percibe introduciendo en él
todo lo que constituye su experiencia tanto sin gular como colectiva.
El capital simbólico
Hablar de la lengua, como hacen los lingüistas, sin especificar sus condi
ciones sociales de producción y circulación implica aceptar tácitamente lo que en
realidad es la definición oficial de una lengua que, a su vez, es también oficial.
Cuando se constituye una nación, se hace imprescindible una lengua estándar,
impersonal y anónima. Es la necesidad de imposición de la lengua como la única
legítima La lengua normalizada es capaz de funcionar al margen de la coerción y
del apoyo de la situación y es apta para ser emitida y descifrada por cualquier
emisor y receptor, ignorantes el uno del otro.
Ahora bien, el reconocimiento de la legitimidad de la lengua oficial no tie
ne que ver con un acto de aceptación ligado a la voluntad, es independiente de
todo cálculo y de la imposición reconocida como tal, surge de algún tipo de bene
ficio material y / o simbólico que las leyes formadoras de precios en un mercado
en particular otorgan a los que poseen cierto capital lingüístico.
Lo que le interesa registrar a Bourdieu es búsqueda constante de la desarti
culación de la diferencia. Cuando se privilegian las constantes lingüísticamente
pertinentes para borrar las variaciones sociológicamente significativas
construyendo ese artefacto que es la lengua común, se actúa como si la capacidad
de hablar pudiera identificarse con el modo socialmente condicionado de realizar
esta capacidad natural. Una competencia suficiente para producir enunciados
45
susceptibles de ser entendidos puede ser insuficiente para producir enunciados
susceptibles de ser escuchados y atendidos. La aceptabilidad no se reduce a la
gramaticalidad. Los locutores desprovistos de aquella competenciaque hace que
sus enunciados sean aceptables quedan condenados al silencio, aunque hablen.
Como la lengua ya no se piensa solamente como un instrumento de comu
nicación o de conocimiento sino de poder, la definición de competencia se am plía
como el derecho a la palabra. El capital lingüístico o simbólico es esta capa cidad
de dominar la lengua y las relaciones de comunicación. Esta competencia
implica el poder de imponer la recepción. Los discursos no son únicamente sig
nos que se destinan a la comprensión, sino que son destinados a la valoración, y
son signos de autoridad, que buscan ser creídos y obedecidos.
Los discursos cobran tanto su valor como su sentido en relación con un
mercado. El valor de un discurso depende de la relación de fuerzas que se esta
blece entre las competencias de los locutores (capacidad de producción, apropia
ción y apreciación) y esta capacidad no se determina únicamente a través del
punto de vista lingüístico, sino considerando las relaciones de fuerzas lingüísticas
en presencia. Esto quiere decir que de acuerdo con las lenguas que se hablan, con
los locutores que las utilizan, los grupos definidos por cierta posesión de la com
petencia, en cada interacción está presente toda la estructura social.
El aporte de Bourdieu es fundamental para explicar algunas cuestiones re
lacionadas con el uso de la palabra que no estaban en el centro de la discusión.
¿Por qué un profesional puede decir en relación con su profesión pero tiene la
palabra prohibida o devaluada, según el caso, cuando refiere a otro universo dis
cursivo? ¿Por qué alguien que no es un experto en oratoria (entiéndase alguien
con escaso poder argumentativo, no persuasivo) puede hacer que su palabra sea
creída, respetada, obedecida?
Se lo puede entender desde las relaciones de fuerza que aparecen en los
mercados lingüísticos y observar, además, las variaciones de precio que un mis mo
discurso puede recibir en mercados diferentes. Hay tantas aceptabilidades como
mercados y tener un discurso aceptado en uno de ellos no implica la acep tación
en los demás.
La palabra acreditada, digna de ser creída, la que implica la competencia
legítima es eficaz en cuanto a sus efectos performativos. A esto habrá que sumar
le la disposición de los destinatarios que también deben ser legítimos destinata
rios de ese discurso. Es cierto que la relación de fuerza simbólica constitutiva del
mercado puede ser objeto de negociación y que el mercado puede ser manipula
do. Pero la capacidad de manipulación es tanto más grande cuanto más importan
te sea el capital lingüístico que se posea.
Hay que tener en cuenta que de acuerdo con ciertas condiciones de los
mercados, existen grupos que permanecen fuera de la situación de habla, otros
46
grupos que deben luchar por conquistar a sus destinatarios (y deben hacerlo cada
vez que se enfrenten con ellos) y otros grupos que están en un terreno conquista
do (digan lo que digan son escuchados, creídos, seguidos, obedecidos).
“Sólo un imposible soldado (o un lingüista ‘puro’) puede concebir como
posible el dar una orden a su capitán”
Frente a todas las formas que plantean la autonomía de un orden propia
mente lingüístico, debe quedar en claro que la palabra se produce por y para el
mercado, al que debe no sólo su existencia, sino también sus propiedades especí
ficas. Una ciencia del discurso debe establecer quién puede, de hecho y de dere
cho, hablar, a quién y de qué modo. Es decir, determinar las condiciones de ins
tauración de la comunicación. El efecto de autoridad no se ve nunca tan clara
mente como en aquellos casos extremos en los que los destinatarios otorgan al
discurso (sermón, más todavía si formaba parte de una misa en latín; discurso
político) una legitimidad suficiente para escucharlo aun sin comprenderlo. Queda
claro, entonces, que no alcanza con que un discurso sea gramaticalmente correcto
sino que debe ser sobre todo socialmente aceptable.
Las condiciones sociales de la aceptabilidad (que incluyen las leyes lin
güísticas de la gramaticalidad) atienden a las condiciones de recepción (que for
man parte de las condiciones de producción) y anticipan las sanciones del merca
do para que el discurso pueda ser efectivamente producido. Como se trata de una
producción simbólica, el mercado ejerce la coerción a través de una censura
anticipada, la autocensura, que determina la manera de hablar, la lengua elegida
(en una situación de bilingüismo), el nivel de lenguaje, pero primordialmente
dictaminará lo que puede o no puede decirse.
La competencia que conlleva atender estas cuestiones, se adquiere por la
práctica, e implica de modo inseparable, el dominio práctico de un uso de la len
gua y el dominio práctico de aquellas situaciones en las que ese uso de la lengua
es socialmente aceptable.
La palabra de los diccionarios, afirma Bourdieu, no tiene ninguna existen
cia social. No pueden comprenderse los efectos simbólicos del lenguaje sin tener
en cuenta el hecho de que el lenguaje es el primer mecanismo formal cuyas capa
cidades generativas no tienen límites. No existe nada que no pueda decirse y
puede decirse la nada. En la lengua, en los límites de la gramaticalidad se puede
enunciar todo.
En las fronteras de la aceptabilidad, en cambio, se inscribe el lugar de lo
indecible.
47
Mijail Bajtín: Lenguaje, ¿sistema o ideología?
por Marcela Díaz y Alejandra González
48
trumentos de trabajo; le otorga de este modo un valor instrumental. Establece que
la riqueza de una lengua está ligada no a su vocabulario colorido, sino a la sin
taxis, por lo que clasifica a los idiomas en ricos y complejos, y pobres y elemen
tales en correspondencia con el grado de desarrollo industrial alcanzado por cada
sociedad. Stalin quería mantener la preeminencia de la gramática del ruso como
forma misma de la conciencia de la cual los demás idiomas eslavos serían deri
vaciones. Intentaba justificar así la hegemonía política y económica rusa también
en el plano lingüístico para acabar con los elementos nacionalistas que se oponí an
a su predominio. Esto impidió el desarrollo de las investigaciones de Bajtín y su
grupo e incluso lo condujo al destierro.
Ideología y signo
La teoría de Bajtín sostiene que todo producto ideológico posee una signi
ficación en tanto remite a algo que se encuentra fuera de él. Donde hay signo hay
también siempre ideología. Los signos surgen en el proceso de interacción entre
conciencias individuales que, a su vez, se constituyen al transformarse en signos.
No hay conciencia sin signo, ni signo sin conciencia. Es necesario que los indivi
duos estén socialmente organizados para que pueda surgir entre ellos un medio
semiótico. Así, los signos devienen no sólo formas de comunicación social sino
la verdadera dimensión del intercambio entre los hablantes. Únicamente lo que
posee un valor social puede entrar en esta lógica del intercambio que es a la vez
ideológico y sígnico.
El signo ideológico tiene un carácter multiacentuado que procede del cruce
de acentos de orientaciones diversas. Es por eso que la realidad sígnica es el
campo mismo de la lucha de clases entendida como combate por la donación de
sentidos. Un signo sustraído de la lucha social se convierte en objeto muerto de la
interpretación filológica.
49
cionar un signo dado con otros signos ya conocidos (en tanto se trata de signos,
ya estamos en el terreno de la ideología y de la intersubjetividad). La otra
corriente objeto de las críticas bajtinianas, el objetivismo abstracto, representado
entre otros por Saussure, considera que es el sistema de la lengua en cuanto
conjunto de formas fonéticas, gramaticales y léxicas, el centro organiza dor de los
fenómenos lingüísticos. Bajtín detalla su cuestionamiento a la división
saussureana entre lengua y habla. La lengua, como sistema de formas normati
vamente idénticas, es una abstracción que nos aleja de la generación viva y real
del lenguaje y de sus funciones sociales. Al separar la lengua como objeto de
estudio, Saussure la aísla de los actos de habla individuales, es decir de la enun
ciación, que queda fuera del análisis. Otra crítica de Bajtín al objetivismo abs
tracto es su incapacidad para comprender que el lenguaje es un fenómeno neta
mente histórico.
50
Los hablantes en todos los casos seleccionan formas genéricas estandari
zadas y otras que no lo están y van recreándolas a través de sus propios aportes.
El sentido varía de acuerdo a la subjetividad del hablante, tanto por su intencio
nalidad, como por su propósito, consciente como inconsciente, de dirigirse al
otro. La neutralidad de la oración, la invariancia de los géneros, o la supresión del
interlocutor son el resultado del análisis de oraciones fuera de contexto, fuera de
la situación real de habla que los dinamiza y les da auténtico sentido. Por eso los
enunciados expresan siempre la evaluación o valoración, la ideología de quien
habla, y puede deducirse también de ellos la presencia de aquel a quién se habla.
Desde su infancia el niño recibe influencias del medio que están revestidas de
palabras (y de otros signos). Primero la familia, luego el contexto social. Des pués
estas "palabras ajenas" se reelaboran dialógicamente en "palabras propias ajenas"
(es decir, palabras ajenas reelaboradas, que se tornan anónimas). La con ciencia se
monologiza (lo que es sólo una apariencia que encubre el carácter heteroglósico
de la lengua) e inicia un nuevo diálogo con otras voces externas. Este proceso no
tiene ni principio ni fin. Por eso, Bajtín dice que ningún hablante es un Adán
bíblico; esto significa que nadie inaugura una palabra, que cuando la toma y la
refiere en un contexto, esa palabra ya está cargada por el sentido de esa cultura,
esa historia y esa comunidad de hablantes en particular. Desde esta pers pectiva,
cada vez que hablamos estamos retomando una voz, o de otro modo siempre
estamos en un espacio de intertextualidad o interdiscursividad.
51
puede, de ningún modo, ser formalista. Las particularidades formales de los len
guajes, de la moda y los estilos de la novela son símbolos de perspectivas socia
les." De ese modo, también comprenderá al conjunto de los enunciados como
representación de diversos discursos sociales. Sobre la superficie del texto se lee
el proceso de hibridación de los géneros que así nacen, se desarrollan y mueren
como cualquier otro organismo vivo. Las conciencias representadas y las que se
asumen como representantes luchan en el territorio vivo del enunciado. De ahí
que surja su visión de la polifonía, al considerar a las citas y a los géneros inter
calados como forma fundamental no sólo de la novela sino de la lengua en gene
ral. Los procesos de alienación y de asimilación son constantes en los diversos
géneros discursivos, ya que son la presencia de locutores sociales definidos que
marcan la presencia social. Esta es la base de la intertextualidad, que limita la
división estática entre géneros. Es lo que en la Francia de los años 70 se retomará
de las teorías de Bajtín, no el uso comunicativo o representativo sino la función
de productividad del texto. Así se extenderá esta noción de textualidad para pen
sarla no sólo como el cruce de géneros, voces, clases sociales, sino también de lo
consciente y lo inconsciente, de la diversidad política y cultural.
Un ejemplo: el uso político del "gaucho"
El siguiente ejemplo trata de mostrar el combate por la donación de senti
do de la voz gaucho. También da cuenta del nacimiento de un género. Podríamos
observar el proceso de resignificación de un término en función de valoraciones
políticas, tanto como el de un conjunto literario que se vuelve canónico.
Se trata de una lucha política directamente ligada a la conformación de la
Argentina como Estado nación. El género gauchesco había sido, desde sus oríge
nes, una literatura de márgenes, no reconocida por la cultura letrada. La voz gau
cho se asociaba a la figura del "vago", sin domicilio ni trabajo fijos, alzado co ntra
la autoridad; era, lo mismo que el indio, un resabio de un pasado, el "otro" de la
civilización y del progreso que proponía la generación del 80. Hacia 1913, se
inicia una reivindicación culta del género gauchesco que va a culminar con su
incorporación al canon de la cultura letrada. Comienza así la defensa del carácter
literario del Martín Fierro de José Hernández, que será considerado nuestro poe
ma épico nacional; la voz gaucho expresará los caracteres de una raza, que se
remonta a los orígenes de la nación. El escritor Leopoldo Lugones asociará el
Martín Fierro con los poemas homéricos que formaron el núcleo de la identidad
del pueblo griego frente a los bárbaros. La voz gaucho había perdido la fuerza
revulsiva de los años de fundación del Estado nación; su sentido se había trans
formado: era signo de la identidad nacional frente a las protestas de los inmigran
tes, los verdaderos bárbaros de entonces, cuya agitación política convulsionaba a
la Argentina del Centenario.
52
Podemos ver en este itinerario cómo un signo vivo cambia de significación
en relación con la praxis social en la cual se inserta por su uso. También advertir
cómo un género se construye, delimita o muere en función de las luchas políticas
que se expresan en el campo de la lengua.
53
“El Problema de los Géneros Discursivos” de M. M.
Bajtín
por Camila Ossorio Domecq
“Cuanto mejor dominamos los
géneros discursivos, tanto más libre
mente los aprovechamos, tanto mayor
es la plenitud y claridad de nuestra per
sonalidad que se refleja en ese uso
(cuando es necesario), tanto más plásti
ca y ágilmente reproducimos la irrepe
tible situación de la comunicación ver
bal; en una palabra, tanto mayor es la
perfección con la cual realizamos nues
tra libre intención discursiva”.
Michael Bajtín, “El problema de
los Géneros Discursivos” en Estética de
la Creación verbal.
54
indisolublemente en la totalidad del enunciado y se determinan además por la
especificidad de una esfera dada de comunicación.
Bajtín diferencia entre enunciados individuales, aquellos que un individuo
realiza en un momento específico, que no adscriben ni cumplimentan una forma
genérica específica o género discursivo y que emite individualmente (no se con
forma un diálogo), y los tipos relativamente estables de enunciados, a los que
denomina géneros discursivos.
La riqueza y diversidad de los géneros discursivos es inmensa, porque las
posibilidades de la actividad humana son inagotables y porque en cada esfera de
la praxis existe todo un repertorio de géneros discursivos que se diferencia de la
de las demás esferas y posee su propia especificidad. Por ejemplo, los tipos dis
cursivos manejados en el bureau de un abogado, los manejados en el campo de la
política, en el campo del arte o en el de la Economía difieren unos de otros entre
sí y poseen su propia especificidad, su propio marco conceptual y su referente
campo de acción, y si bien, unos y otros pueden relacionarse entre sí, no dejan de
desarrollarse y desenvolverse en campos perfectamente delimitados y con áreas
de acción relativas a diferentes medios, modos de expresión, manifestación o
aplicación, distintos modos de producción y finalidades distintas en cada marco
específico.
Algunos ejemplos de géneros discursivos son:
• breves réplicas de un diálogo cotidiano, que puede tomar
múltiples formas, según el tema, situación, número de parti
cipantes, expresividad o tono, etc.
• un relato cotidiano (en todas sus diferentes formas)
• una carta
• una orden militar, breve y estandarizada
• un decreto extenso y detallado
• el repertorio bastante variado de oficios burocráticos (for
mulados generalmente de acuerdo a un estándar)
• todo un universo de declaraciones públicas (sociales, políti
cas, humanitarias, de la farándula, etc.)
• las múltiples manifestaciones científicas
• todos los géneros literarios (desde un dicho hasta una novela
en varios tomos).
Bajtín distinguirá, además, entre dos tipos de géneros discursivos:
♦ los géneros discursivos primarios (o simples)
♦ los géneros discursivos secundarios (o complejos).
Los géneros discursivos primarios (simples) están expresados por cierto ti
po de diálogo oral: diálogos de salón, íntimos, de círculos cotidianos y familia-
55
res, sociopolíticos, filosóficos, etc., y pertenecen a cierto estrato extraliterario de
la lengua (nacional). Mientras tanto, los géneros discursivos secundarios (com
plejos) – “a saber, novelas, dramas, investigaciones científicas de toda clase,
grandes géneros periodísticos, etc.” (ECV, p. 250)– surgen en condiciones de la
comunicación cultural más compleja, relativamente más desarrollada y organiza
da, principalmente escrita: comunicación artística, científica, sociopolítica, etc.
En el proceso de su formación estos géneros absorben y reelaboran diversos gé
neros primarios (simples) constituidos en la comunicación discursiva inmediata.
Al asimilarse estos géneros primarios (simples) a un proceso más complejo que
deriva en la formación de géneros discursivos secundarios (complejos), los pri
meros pierden su relación inmediata con la realidad en que fueron elaborados
(enunciados propios, enunciados de otros), por ejemplo: las réplicas de un diálo
go cotidiano o las cartas dentro de una novela, que conservan su forma y su im
portancia cotidiana tan sólo como partes del contenido de una novela, y que par
ticipan de la realidad tan sólo a través de la totalidad de la novela, es decir, como
acontecimiento artístico y no como suceso de la vida cotidiana. “La novela en su
totalidad es un enunciado –dirá Bajtín-, igual que las réplicas de un diálogo coti
diano o una carta particular (todos poseen una naturaleza común), pero, a dife
rencia de éstas, aquello es un enunciado complejo.” (ECV, p. 250). Con esta
afirmación, Bajtín subraya entonces el vínculo del lenguaje con la vida, porque
–afirma- el lenguaje participa en la vida a través de los enuncia dos concretos que
lo realizan, así como la vida participa del lenguaje a través de los enunciados (los
que son articulados en el mundo, o a partir de la cual la vida es articulada y/o que
se articulan en su desenvolvimiento y desarrollo, etc.). Bajtín analizará también
algunas esferas y problemas de la lingüística que observa en el periodo en que
saca a la luz su estudio, entre 1952 y 1953; princi palmente, del problema de la
estilística. De ella dirá que “todo estilo está indiso lublemente vinculado con el
enunciado y con las formas típicas de enunciados, es decir, con los géneros
discursivos.” (ECV, p. 251)
Por lo mismo sostendrá que hay géneros susceptibles al reflejo de la indi
vidualidad, ya fuese en forma oral o escrita, pues se trata de géneros de estilo
individual, y del mismo modo hay géneros que no se prestan a absorber un estilo
individual, esto relacionado principalmente con las finalidades y el propósito
mismo del enunciado: se trataría de géneros discursivos que requieren formas
estandarizadas, como por ejemplo,: en muchos tipos de documentos oficiales, en
las órdenes militares, en las señales verbales, en el trabajo, etc. El vínculo orgá
nico e indisoluble entre el estilo y el género se revela claramente –para Bajtín- en
el problema de los estilos lingüísticos o funcionales (los que se constituyen como
estilos genéricos de determinadas esferas de actividad y comunicación humana).
“En la gran mayoría de los géneros discursivos (salvo los literarios) –dirá Bajtín-
56
un estilo individual no forma parte de la intención del enunciado, no es su finali
dad única sino que resulta ser, por decirlo así, un epifenómeno del enunciado, un
producto complementario de éste.” (ECV, p 252).
El estilo está indisolublemente ligado a determinadas unidades temáticas (temas
específicos) y a determinadas unidades composicionales (formas narrati vas,
genéricas y sintáctico-léxicas). El estilo conlleva determinados tipos de es
tructuración de una totalidad y de los tipos de relación que se establece entre el
hablante y otros participantes de la comunicación discursiva (oral o escrita). El
estilo entra como unidad genérica del enunciado, es decir que define su género.
Profundizando la idea de la relación entre género discursivo y estilo, Baj tín
sostiene que “los cambios históricos en los estilos de la lengua están indisolu
blemente vinculados a los cambios de los géneros discursivos. La lengua literaria
representa un sistema complejo y dinámico de estilos; su peso específico y sus
interrelaciones dentro del sistema de la lengua literaria se hallan en un cambio
permanente. La lengua de la literatura, que incluye también los estilos de la len
gua no literaria, representa un sistema aún más complejo y organizado sobre otros
fundamentos. Para comprender la compleja dinámica histórica de estos sistemas,
para pasar de una simple (y generalmente superficial) descripción de estilos
existentes e intercambiables a una explicación histórica de tales cambios, hace
falta una elaboración especial de la historia de los géneros discursivos (y no sólo
de los géneros secundarios, sino también de los primarios), los que reflejan de
una manera más inmediata, atenta y flexible todas las transformaciones de la vida
social. Los enunciados y sus tipos, es decir, los géneros discursivos, son correas
de transmisión entre la historia de sociedad y la historia de la lengua.” (ECV, p
253-254).
De esta manera, en la interrelación entre la vida y el lenguaje, entre la len
gua y la vida social, entre las esferas literarias y las esferas extraliterarias, en su
mutua interacción e ínterinfluencia, se produciría una mayor o menor reestructu
ración y renovación de los géneros discursivos. Para Bajtín, donde existe un esti
lo, existe un género. Y la transición de un estilo de un género específico a otro no
sólo cambia la entonación del estilo en las condiciones de un género al que no le
es propio aquel estilo, sino que destruye o renueva el género mismo.
57
Tercera parte
59
tos teóricos postulados para describir las relaciones de significado entre las pala
bras de una lengua particular. Por ejemplo, la palabra muchacho se describe:
[animado, humano, masculino, no adulto], la palabra mujer: [animado, humano,
no masculino, adulto]
El intento más abarcador de establecer la representación semántica de los
elementos léxicos con la metodología estructuralista fue el de Greimás (1966)26,
aun cuando resultó un tanto complejo porque no establece se claramente la dis
tinción entre significado denotativo y significado connotativo, y tampoco separa
el significado básico de los términos de los sentidos que pueden adquirir en cier
tos contextos.
De todas maneras, el análisis composicional prosiguió su desarrollo, y fue
adoptado por los primeros investigadores que iniciaron el estudio de la semántica
en el marco de la gramática generativa. El primer intento fue Katz y Fodor
(1963)27.
Estos autores se proponen formular una teoría semántica que pueda asignar
significado a las expresiones gramaticales que genera una gramática generativa,
tomando como válido el modelo propuesto en Chomsky (1957), y dar cuenta de
distintos fenómenos semánticos: anomalía, contradicción, paráfrasis, etc.; en
realidad, el mayor logro de este trabajo fue iniciar una línea de investigación del
significado de los elementos léxicos, y formalizar con cierta rigurosidad la dife
rencias entre acepciones de la misma palabra.
Se ejemplificará el modelo de Katz y Fodor (1963) explicitando el signifi
cado de la palabra “muñeca” en castellano. El Diccionario de la Real Academia
Española de la Lengua da ocho acepciones de esta palabra, y tomaremos las cua
tro más corrientes:
muñeca.
1. f. Parte del cuerpo humano en donde se articula la mano con el
antebra zo.
2. [f.]Figurilla de mujer, que sirve de juguete a las niñas.
7. [f.]fig. y fam. Mozuela frívola y presumida.
8. [f.]Bol., Perú y R. de la Plata. Habilidad o influencia para obtener
algo. Suele usarse con el verbo tener.
60
Muñeca
[N]
[+animado] [-animado]
[+humano]
61
Rico
ADJ
[+evaluativo] [+calificativo]
62
piedades de los referentes, sino aquellas que conoce el hablante que utiliza los
significados, los significados se relacionan, entonces, con propiedades del siste ma
conceptual y perceptivo de los seres humanos, no con el MUNDO REAL, sino
con un MUNDO PROYECTADO29. El nivel semántico de una lengua no es un
reflejo de la realidad, sino resultado de una particular estructuración de los
estímulos del medio que los seres humanos realizan con un sistema cognitivo, la
capacidad de conceptualización.
La noción de significado que surge de los resultados del análisis composi
cional permite establecer con cierta precisión la naturaleza del significado lin
güístico; no es “la cosa misma”, sino una entidad psíquica, relacionada con los
procesos de representación del mundo que caracterizan al razonamiento. Tam bién
muestra su utilidad al proponer una metodología que hace posible distinguir los
distintos aspectos de la significación, dado que los rasgos semánticos básicos
definen el significado denotativo de un elemento léxico, el que interviene en el
proceso de codificación y decodificación del referente, y separa de la denotación
los elementos que contribuyen a dar una interpretación (completa) de una expre
sión lingüística: los rasgos connotativos y los subjetivemas.30
63
Denotación y connotación
Por Ruth Alazraki
Utilizados cotidianamente por los lingüistas y blanco de varias objeciones,
los conceptos de denotación y -sobre todo- el de connotación se presentan más
como parte de una problemática todavía vigente que como conceptos estatuidos,
a pesar de las construcciones teóricas predominantes en la lingüística de los
últimos tiempos.
En estas páginas realizaremos un primer acercamiento hacia las definicio
nes de denotación y connotación a partir de dos textos básicos como son Ele
mentos de semiología de Roland Barthes y La connotación de Catherine Kerbrat
Orecchioni.
En principio, haremos una reseña de la primera reflexión y reconsidera
ción que el semiólogo francés hiciera de los textos de Louis Hjelmslev y, en se
gundo término, describiremos brevemente la redefinición de la oposición denota
ción versus connotación que la mencionada lingüista ha propuesto en su libro.
Podemos esbozar una primera aproximación sobre la connotación diciendo
que es el significado adicional, sentido secundario proveniente de asociaciones
emocionales y valoraciones que acompañan superpuestas el significado básico. El
contexto social y regional suele condicionar la selección de las connotaciones y,
cuando son individuales, pueden ser consideradas como rasgos de estilo.
Para decirlo de un modo sencillo: cuando la expresión aislada mesa (el
significante) nos hace evocar la idea de mesa (el significado), estamos ante un
ejemplo de denotación.
Cuando la expresión mesa (significante y significado, es decir, el signo
completo) nos hace evocar por asociación de ideas, en un contexto, un segundo
significado (por ejemplo, entendida como“lugar de reunión familiar”), estamos
ante un ejemplo de connotación. Ésta es la propiedad que poseen los signos de
agregar un segundo o más significados al significado denotativo que es inmedia
tamente referencial: el de las palabras de los diccionarios. Es decir, es un sentido
segundo (en Hjelmslev) cuyo significado está constituido por un signo o sistema
de significación primero, que es la denotación. La connotación, a diferencia de la
denotación, aparece en el proceso discursivo.
64
sistemas no lingüísticos es el eje vertebrador de Elementos de semiología (1964).
En este texto, Barthes reseña el estado de la discusión sobre dichas categorías.
Además de los célebres conceptos saussureanos, lengua / habla, sistema, sintag
ma, significante / significado, añade la dicotomía denotación / connotación.
Barthes señala que los fenómenos de connotación no han sido estudiados aún
sistemáticamente aunque augura que “el porvenir pertenece sin duda a la
lingüística de la connotación, porque la sociedad desarrolla sin cesar, a partir del
primer sistema que le proporciona la lengua humana, segundos sistemas de senti
do, y esta elaboración, unas veces exhibida, otras enmascarada, racionalizada,
toca muy de cerca de la verdadera antropología histórica” (Barthes, 1985:77). Es
preciso aclarar que la oposición denotación / connotación fue desarro llada por él
a partir de los Prolegómenos a una teoría del lenguaje (1943) Louis Hjelmslev en
su glosemática. Este lingüista danés había desarrollado su teoría del lenguaje en
cuatro planos en donde las nociones de connotación y denotación resultaban
cruciales
Volviendo a la naturaleza del signo semiológico frente al lingüístico,
Barthes considera que el signo semiológico tiene también dos caras (el signifi
cante y el significado) como el saussureano pero se distingue de éste en el plano
de la sustancia de la expresión.
A partir de la teoría de Hjelmslev, el semiólogo francés explica la conno
tación diciendo que todo mensaje comprende, al menos, un plano de la expresión
(de los significantes) y un plano del contenido (de los significados), los cuales,
juntos, constituyen un signo (o conjunto de signos)31. Dichos planos habían sido
traídos a la problemática del signo de la glosemática (álgebra del lenguaje que
buscaba producir descripciones lo más formales posibles) de Louis Hjelmslev,
quien había propuesto dos estratos componentes del signo, la forma y la sustan
cia.
El plano de los significantes constituye el plano de la expresión y el de lo
significados el plano del contenido. En cada uno de estos planos, Hjelmslev in
trodujo una distinción: cada plano comporta dos strata: la forma y la sustancia.
Por un lado, la forma es lo que puede ser descrito exhaustiva y simplemen
te y con coherencia (con criterios epistemológicos), por la lingüística, sin recurrir
a ninguna premisa extralingüística. Por otro, la sustancia es el conjunto de los
aspectos de los fenómenos menos lingüísticos que sólo pueden ser descritos a
partir de premisas extralingüísticas.
Como estos dos strata se encuentran en el plano de la expresión y del
contenido, Barthes explicita que hay: 1) una sustancia de la expresión, por
ejemplo la sustancia fónica, articulatoria, no funcional, de la que se ocupa la
fonética; 2) una forma de la expresión, constituida por las reglas paradigmáticas y
sintácticas (una misma forma puede tener dos sustancias diferentes, una fónica y
otra gráfica); 3) una sustancia de contenido: por ejemplo, los aspectos
65
gráfica); 3) una sustancia de contenido: por ejemplo, los aspectos emocionales,
ideológicos o simplemente conceptuales del significado, su sentido “positivo” y
4) una forma del contenido: la organización formal de los significados entre sí,
por ausencia o presencia de una marca semántica. Este autor señala que este
último concepto es difícil de aprehender, dada la imposibilidad, frente al lenguaje
humano, de separar lo significados de los significantes.
Esto le permitirá prever la naturaleza del signo semiológico por referen cia
al signo lingüístico. El signo semiológico está compuesto también, como su
modelo (el signo lingüístico), por un significante y un significado (el color de un
semáforo, por ejemplo, es una orden de circulación del código vial), pero se aleja
del modelo en el nivel de las sustancias. Muchos sistemas semiológicos (objetos,
gestos, imágenes) tienen una sustancia de la expresión cuya naturaleza no está
destinada a significar; son frecuentemente objetos de uso, conducidos por la so
ciedad hacia finalidades de significación. Usamos la ropa para protegernos, el
alimento para alimentarnos, aunque también sirven para significar. Propone de
nominar a estos signos semiológicos de origen utilitario, funcional, funciones
signos. Es la función de esos objetos la que se carga de sentido.
La función-signo es el testigo de un doble movimiento que Barthes anali
za. Desde el momento en que hay sociedad, todo uso es convertido en signo de
ese uso: el uso del impermeable consiste en proteger contra la lluvia, pero este
uso es indisociable del signo mismo de cierta situación atmosférica. Estos obje tos
se encuentran estandarizados, ejecutan y realizan un modelo, son hablas de una
lengua. En primer lugar, la función se impregna de sentido.
Una vez constituido el signo, la sociedad puede re-funcionalizar , hablar de
él como de un objeto de uso: se hablará de un abrigo de piel como si no sirviera
más que para protegerse del frío. Esta funcionalización recurrente, que tiene ne
cesidad de un segundo lenguaje para existir, no es de ninguna manera la misma
que la primera funcionalización (puramente ideal): la función que es re presentada
corresponde a una segunda institución semántica (disfrazada), que es del orden
de la connotación. En este sentido los signos no son puramente arbitra rios sino
que están cargados de connotaciones. La función-signo tiene, pues, según
Barthes, un valor antropológico, porque es la unidad misma donde se anu dan las
relaciones de la técnica del significante.
Puede considerarse que a cada sistema de significantes (léxicos) corres ponde en
el plano de los significados un cuerpo de prácticas y de técnicas. Estos cuerpos de
los significados implican, por parte de los consumidores de sistemas (es decir, de
los “lectores”) saberes diferentes según diferencias de “cultura”, lo que explica
que una misma lexia (o gran unidad de lectura) pueda ser descifrada de manera
distinta según los individuos, sin que por eso deje de pertenecer a una misma
“lengua”. Varios léxicos –y por consiguiente varios cuerpos de significa-
66
dos- pueden coexistir en un mismo individuo, determinando en cada uno lecturas
más o menos “profundas”.
Entonces, Barthes dice que todo sintagma de significación incluye un pla
no de la expresión (E) y un plano del contenido (C) y la significación coincide
con la relación (R) de los dos planos: ERC.
Considera el caso en que tal sistema ERC se convierte a su vez en el
elemento simple de un segundo sistema. A partir de esto, propone considerar dos
sistemas de significación imbricados uno en otro pero también desligados uno de
otro.
El “desligamiento” de los sistemas puede hacerse de dos maneras diferen
tes, según el punto de intersección del primer sistema en el segundo, con lo cual
-señala- resultan dos conjuntos opuestos.
En el primer caso, la semiótica connotativa para Hjelmslev, el primer sis
tema (ERC) se convierte en plano de expresión o significante del segundo siste
ma:
Plano de la Relación entre Plano del
expresión entre ambos contenido
planos
2 Connotación E R C
1 Denotación
ERC
67
significación (la semiótica de Hjelmslev. También los metalenguajes son
considerados una semiótica que trata de una semiótica (metasemiótica en
términos de Hjelmslev.
O sea que, para Hjlemslev, la denotación es una semiótica en la que nin guno de
los dos planos que la conforman (de la expresión y del contenido) constituyen
una semiótica por sí mismos. En cambio, la connotación es una semiótica cuyo
plano de la expresión es ya en sí mismo un sistema semiótico.
Para Barthes, en consecuencia, la connotación, en tanto sistema, abarca
significantes, significados y el proceso que une unos con otros (significación), por
lo que sería necesario emprender antes que nada el inventario de estos tres
elementos en cada sistema. Llama a los significantes de connotación connotado
res e indica que están constituidos por signos (significantes y significados reuni
dos) del sistema denotado. También aclara que las unidades del sistema connota
do no tienen necesariamente las mismas dimensiones que el sistema denotado:
extensos fragmentos de un discurso denotado pueden constituir una sola unidad
del sistema connotado (es el caso, por ejemplo, del tono de un texto, formado por
muchas palabras, pero que remite sin embargo a un solo significado. Cualquiera
que sea el modo en que se disimula el mensaje denotado, la connotación no lo
agota: siempre subsiste algo del mismo, sin lo cual el discurso sería imposible.
En efecto, para él los connotadores son signos discontinuos, “erráticos”,
naturalizados por el mensaje denotado que los vehicula.
El significado de la connotación tiene un carácter a la vez general, global y
difuso: es, señala Barthes, un fragmento de ideología: el conjunto de los mensa jes
de la lengua francesa remite, por ejemplo, al significado “francés” (en el sen tido
de francesidad); una obra puede remitir al significado “literatura”. En la semiótica
connotativa, estos significados están en estrecha comunicación con la cultura, el
saber, la historia. Mediante ellos, dice Barthes, el mundo penetra en el sistema;
“la ideología sería en suma, la forma (en el sentido de Hjelmslev) de los
significados de connotación, en tanto que la retórica sería la forma de los conno
tadores” (Barthes, 1985:77. Así, en esta semiótica connotativa, los significantes
del segundo sistema están constituidos por los signos del primero. En el metalen
guaje, sucede lo inverso: son los significados del segundo sistema los que están
constituidos por los signos del primero.
Barthes recuerda la noción de metalenguaje de Hjelmslev de la manera si
guiente: “dado que una operación es una descripción fundada sobre el principio
empírico, es decir, no contradictoria (coherente), exhaustiva y simple, la semióti
ca científica o metalenguaje es una operación, en tanto que la semiótica connota
tiva no lo es” (Barthes, 1985: 78.
También define a la semiología como un metalenguaje, “puesto que se
hace cargo, a título de segundo sistema, de un lenguaje primero (o lenguaje obje-
68
to) que es el sistema estudiado”. Y este sistema-objeto es significado a través del
metalenguaje de esta disciplina (Barthes, 1985:78)32. Explica que la noción de
metalenguaje no debe reservarse a los lenguajes científicos; se da cuando el len
guaje articulado, en su estado denotado, se hace cargo de un sistema de objetos
significantes, se constituye en operación, es decir, en metalenguaje. Es el caso,
por ejemplo, de la revista de moda que “habla” las significaciones de la ropa; se
trata de un conjunto complejo donde el lenguaje, en su nivel denotado, es meta
lenguaje, pero este metalenguaje está, a su vez, comprendido en un proceso de
connotación.
La teoría de la connotación señala la tendencia hacia la noción de “lengua plural”,
que Roland Barthes desarrolla en Crítica y verdad, fecunda en años posteriores.
Si en Elementos de semiología intenta reducir el sentido a una es tructura, en
aquel libro acepta la imposibilidad de fijar el sentido. La connota ción de un
mensaje depende (es reducida por) la situación y el contexto y la lite ratura es un
mensaje sin contingencia, “fuera de toda situación”: “La obra se hace así
depositaria de una inmensa, de una incesante indagación sobre las pala bras”. A
partir de esta línea argumentativa, Barthes define por oposición lo que sería una
ciencia de la literatura y lo que es la crítica literaria: “Podemos propo ner que se
llame ciencia de la literatura (o de la escritura) al discurso general cuyo objeto es,
no tal o cual sentido, sino la pluralidad misma de los sentidos de la obra, y crítica
literaria a ese otro discurso que asume abiertamente, a su propio riesgo, la
intención de dar un sentido particular a la obra” (Barthes, 1972:58.
En S/Z de Barthes (1970), la línea que va de la connotación a la “lengua
plural” adquiere su máximo desarrollo. De los textos ya no importan los elemen
tos en común –reductibles a un modelo (estructura)- sino la “diferencia”. Por lo
tanto, interpretar un texto no será darle un sentido, sino apreciar el plural del que
está hecho.
69
nación (codificación) y la identificación (decodificación) de un referente, es de
cir, el conjunto de los rasgos estrictamente definicionales.
Afirma, en cambio, que la connotación de una unidad está dada por el
conjunto de sus “componentes connotativos”, algunos ingredientes de su signifi
cación que no son considerados como los más importantes ya que se les imputa a
menudo valores adicionales, secundarios o periféricos.
Señala Kerbrat-Orecchioni que el problema principal que el fenómeno de
la connotación plantea al análisis lingüístico reside en definir cuál es el límite que
lo separa de la denotación y en explicitar cuáles son los criterios que funda
mentan el que se reparta el conjunto de los valores semánticos que constituyen la
comprensión (significación) de un término en dos sub-conjuntos: rasgos denota
tivos / rasgos connotativos. Adviertiendo esta cuestión, intentará describir y defi
nir el fenómeno de la connotación de una manera global.
Denomina “denotativo” al sentido que interviene en el mecanismo referen
cial, es decir, al conjunto de las informaciones que transmite una unidad lingüís
tica y que le permiten entrar en relación con un objeto extra-lingüístico, durante
los procesos onomasiológico (de denominación) y semasiológico (de extracción
del sentido e identificación del referente. En contraste, considera todas las infor
maciones subsidiarias como connotativas, aunque un mismo elemento pueda
expresarse denotativa y connotativamente.
Establece así que los rasgos denotativos son los que intervienen de modo
primordial en los mecanismos de denominación y en la indicación del referente.
Dentro de este encuadre, para dar cuenta de la importancia de la lengua en la
construcción del referente, adhiere a la siguiente idea de Ducrot: “El sentido de
Frege o el significado de Saussure sólo retienen de la comprensión aquellos
rasgos que, en la lengua utilizada, sirven convencionalmente para identificar el
referente”33.
De este modo, parte del análisis semántico que se basa en el principio de
que el contenido de las unidades lingüísticas se deja descomponer en unidades
mínimas que son los componentes o rasgos semánticos y los subdivide en dos
grupos:
a)Los rasgos denotativos, que el análisis componencial detecta sobre la
base de su distintividad, se definen por su pertinencia desde el punto de vista de
la denominación e identificación del referente. Dos unidades que tienen el mis mo
contenido denotativo tienen necesariamente la misma extensión y a la inver sa.
b)Los rasgos connotativos poseen un estatuto peculiar y participan tam bién
plenamente en la significación del término. Su uso depende de la situación de
comunicación, de la naturaleza particular del locutor y es independiente de las
propiedades objetivas del referente
70
Observa que las modalidades de afirmación del sentido son diferentes en la
connotación y en la denotación, aún cuando el contenido semántico sea aproxi
madamente el mismo34. En la denotación, el sentido es formulado explícitamente,
de manera irrefutable; su decodificación es general, salvo en el caso de una di
vergencia idiolectal (privativa del lenguaje de cada sujeto) entre el emisor y el
receptor. En la connotación, en cambio, “el sentido es sugerido y su decodifica
ción es más aleatoria. Los contenidos connotativos son valores semánticos flotan
tes, tímidos, que sólo se imponen si son redundantes o si, por lo menos, no se
contradicen con el sentido denotativo” (Kerbrat-Orecchioni, 1983:22.
En todas las definiciones de connotación aparece la idea de valores “en
exceso” y este exceso se da porque las informaciones connotativas no tienen
ninguna pertinencia referencial (se refieren a algo que no tiene nada que ver con
lo denotado en la secuencia, como el locutor, la situación de comunicación, el
tipo de discurso elegido, etc. También, aún cuando las informaciones connotati
vas remitan al referente del discurso, puede suceder que su actualización se su
bordine a la de los contenidos denotativos. En términos hjelmslevianos, aclara la
autora, puede decirse que la relación entre los planos denotativo y connotativo es
de selección: el segundo presupone el primero.
De esta manera, la lingüista toma del esquema de Hjelmslev -considerado
también por Barthes- la idea de que la connotación presupone el lenguaje de la
denotación, concepto que acepta globalmente aunque no lo considera válido para
explicar en detalle los fenómenos connotativos. Es más, asegura que no puede
concebirse ningún lenguaje connotativo que no se prenda de la materialidad del
lenguaje de denotación para desviar a éste y semantizarlo en lugares inesperados.
En efecto, como puede observarse, esta definición propuesta para la oposi ción
denotación / connotación es puramente semántica, fundada en la naturaleza de las
informaciones vehiculadas por el significante. Basada en esta concepción,
propone una clasificación de los significantes de la connotación. Éstos pueden
coincidir o no con los de denotación o tener una existencia autónoma. Incluso,
pueden ser mucho más diversificados que los significantes de denotación.
71
Las unidades fónicas y gráficas constituyen significantes léxicos de conno
tación y participan en la combinatoria en el proceso del establecimiento de la
denotación. Pero también, paralelamente, participan en varios mecanismos con
notativos. Las mencionadas son los fonoestilemas, el valor expresivo de los soni
dos y la configuración sintagmática de rasgos fónicos.
Los fonoestilemas son realizaciones particulares de determinados fonemas
que indican datos del locutor, su pertenencia geográfica o socio-cultural y/o su
disposición psicológica durante la enunciación. Un ejemplo se da en la pronun
ciación en la capital y en la mayoría de las provincias de Argentina de la “ll”,
notoria para los extranjeros u otros hispanohablantes no rioplatenses (índice del
origen geográfico del locutor.
En relación con la explotación del valor expresivo de los sonidos, la auto ra
ejemplifica con la aliteración del verso de Zorrilla: “El ruido con que rueda la
ronca tempestad”. Las palabras generan la impresión auditiva que tendríamos si
el fenómeno fuera descripto. Aquí, lo connotado se manifiesta porque la relación
significante / significado es motivada, a costa de la redundancia de los sonidos.
El significante de connotación como configuración sintagmática de rasgos
fónicos comprende diversos recursos:
a) El armonismo: La asonancia (recurrencia de un mismo elemento vocáli
co) y la aliteración connotan “lenguaje con función estética, lúdica, hedonista”.
El hecho de que se perciba una reiteración regular de elementos idénticos, de un
ritmo fónico, produce un placer musical y al mismo tiempo revela un trabajo con
el significante que caracteriza al discurso poético.
b) La rima y la paranomasia: en este caso, el significante de la connotación
es la semejanza de dos significantes léxicos. Tanto una como otra refuerzan el
vínculo semántico que une a las unidades léxicas. (Ejemplo de rima: “A Dios
rogando / y con el mazo dando”y de paranomasia: “Derrotar no derrocar”.
En estos casos, la semejanza fonética no acarrea la afinidad semántica de
notativa. El connnotador es la semejanza parcial de dos significantes léxicos. c)
El anagrama y el retruécano
Dos palabras están en una relación anagramática cuando sus dos signifi
cantes están constituidos por los mismos fonemas y / o grafemas pero en diferen
te orden (Ej: Lope de Vega Carpio se transforma en Gabriel Padecopeo, Salva dor
Dalí en Avida Dollars o “Va Laid” (¡anda, feo!) o “d´or las” (cansado de
oro)
El retruécano supone una inversión de las letras o sílabas de algunas pala
bras elegidas para obtener de ellas otras palabras diferentes cuya asociación in
troduce un exceso de sentido. Generalmente el significado de denotación es fa laz
y engañoso.
d) El paragrama
72
Lo forman los fonemas diseminados a lo largo del texto que ordenados
constituyen un significante léxico cuyo significado equivale a la o las palabras
tema del mismo.
b) Los hechos prosódicos
Entre ellos se encuentran la entonación, el acento, las pausas, el ritmo y la
elocución (ésta última relacionada con el aceleramiento o desaceleramiento de la
emisión.) Todos estos hechos al igual que para-lenguaje mimo-gestual inciden en
el intercambio verbal. Son propios de la lengua oral, aunque tengan términos
correspondientes en el lenguaje escrito (puntuación, blancos, o vacíos gráficos).
c) La construcción sintáctica
La connotación interviene en tanto significante de connotación en el caso
de la inversión del adjetivo, que antepuesto al sustantivo aparece como un conno
tador del discurso poético. (Ej.: “Es una mala mujer”)
d) El significante léxico (palabra o morfema)
El significante de connotación se da en palabras que acumulan dos espe cies
de información: una denotativa y otra connotativa. (Por ejemplo, la unidad léxica
“guita”). Aquí el significante funciona como connotador de lengua fami liar. La
connotación familiar de “guita” es totalmente independiente de su signi ficado,
que es el mismo que “dinero”.
También ciertos morfemas, como el de diminutivo “-ito”, “-ita” denotan
una propiedad del referente (su tamaño pequeño), mientras que si se los utiliza
como afijo a nombres de pila tienen un valor afectivo (Ej.: “Arielito”, valor con
notativo).
El estatuto de connotación se basa en la naturaleza particular del significa
do: la pertinencia a un nivel de lengua o tipo de discurso, el valor afectivo, el
valor axiológico, la imagen asociada y algunos valores semánticos adicionales
que surgen a causa de mecanismos asociativos diversos.
e) Lo denotado extralingüístico
En los objetos del mundo se depositan cristalizaciones connotativas (sim
bólicas, axiológicas, poéticas, etc.). Un objeto puede convertirse en significante
de otros objetos en virtud de su función económica o de su valor social extralin
güístico (por ejemplo, el objeto /auto/ puede ser considerado como signo de sta
tus, convertirse en significante de unidades semánticas como “rapidez”, “con
fort”, “riqueza”, etc.)
f) Los connotadores complejos
El soporte o significante de la connotación puede ser tanto una unidad lin
güística de una dimensión superior a la palabra (sintagma, porción de frase, frase,
enunciado) como de una dimensión inferior. La complejidad de los connotadores
se debe también a que éstos funcionan a menudo en redes.
73
g) La ausencia de significante de denotación como significante de
connotación
Muchas veces, por tabúes y auto-censura, se eliminan ciertos términos del
stock léxico de la lengua. Se trataría de un mecanismo connotativo que convierte
la ausencia “anormal” de un significante de denotación en significante de
connotación.
74
afectivos, sufijo diminutivo, etc. y/o de naturaleza sintáctica (anteposición del
adjetivo, repeticiones, etc.).
Entre los términos que son susceptibles de cargarse de afectividad, distin
gue:
• los que connotan -sin denotarlo- un estado emocional
del locutor. Ej. “mi nenito”; “pedazo de imbécil”, etc.;
• los que denotan por definición estados afectivos: amar,
odiar, amistad, amabilidad, triste, alegre, feliz, gozoso.
Para estos términos, el rasgo [afectivo] posee un estatu
to de rasgo denotativo puro y representa una propiedad
del actante del enunciado; es un rasgo denotativo y
connotativo al mismo tiempo si va referido al sujeto de
la enunciación.
c) las connotaciones “axiológicas”: son las unidades lingüísticas que refle
jan un juicio de apreciación o de desvalorización acerca de un objeto denotado
por parte del sujeto de la enunciación. En este tipo de connotación enunciativa, el
significante de connotación puede ser de naturaleza léxica o entonativa.
Además, el rasgo axiológico tiene que ver al mismo tiempo con la denota
ción (información sobre la mala o buena calidad de un objeto) y con la connota
ción (información sobre la actitud favorable o desfavorable del locutor frente a
ese objeto).
Por ejemplo, en el par criollo / cabecita (oposición esencialmente
connotativa), la connotación axiológica se vincula íntimamente con la
connotación ideológica ya que es sabido que llamar a alguien “cabecita negra”
tiene un valor peyorativo.
d) las connotaciones “ideológicas”: Agrega que las connotaciones ideoló
gicas constituyen un subconjunto dentro de los fenómenos de connotación pero
también observa que es perfectamente posible que una ideología se exprese por
medio del lenguaje denotativo. La dosis de ideología que comporta un enunciado
no es proporcional a la densidad de sus connotaciones. Además que incide en
ésta el componente enunciativo (qué información se da del enunciador, del enun
ciatario y de la situación comunicativa a través del enunciado).
3) Connotaciones “asociativas”: conjunto de los valores semánticos adi
cionales que nacen a favor de mecanismos asociativos diversos in praesencia o in
absentia.
A veces, en virtud del juego de diversos mecanismos asociativos, otros es
tratos semánticos se agregan al valor denotativo primero de las palabras. En con
secuencia, se constituyen otros valores connotativos sobreañadidos a la significa
ción denotativa. Algunos de los mecanismos asociativos son:
a) La asociación que se genera en una analogía con el significante:
75
76
tema textual determinado. A partir de esto, todos los valores que se agreguen a
este “sentido normal” se llamarán valores connotados.
A diferencia de Barthes, Kerbrat Orecchioni explicita dos factores que in
ciden en su definición de dennotación y connotación. Uno es la referencia ya que,
aunque el sentido denotativo se encuentre comprometido más directamente con
ésta, las connotaciones también denotan (de otro modo). Las connotaciones
enunciativas aportan informaciones acerca del sujeto de la enunciación, el cual
forma parte del referente. También denotan las connotaciones “semánticas” por
que refuerzan por medio de procedimientos paralelos el contenido denotativo o lo
enriquecen con valores asociados, que siempre pueden parafrasearse en len guaje
denotativo. En segundo lugar, el otro factor de incidencia que menciona en la
connotación es la problemática de la enunciación.
Por otra parte, la lingüista ha incluido en la connotación todo aquello que
se integraba en el implícito discursivo. Aquí, la connotación nos lleva a otra ver
tiente de la lingüística de la enunciación que es el valor ilocutorio de los enun
ciados.
En otras palabras, la unidad de denotación posee como soporte un signifi
cante léxico o sintáctico y aporta informaciones explícitas acerca del objeto de
notado por el material verbal. La unidad de connotación utiliza cualquier elemen
to del material de la denotación y sus informaciones son de naturaleza y/o estatu
to diferentes. Algunas veces, esas informaciones conciernen algo que no es el
referente inmediato del discurso (sujeto enunciador, situación de enunciación,
tipo particular de enunciado); otras veces, enriquecen el contenido denotativo con
valores adicionales y sugeridos.
No obstante, Kerbrat- Orecchioni advierte -también en respuesta a Bart hes-
contra el peligro de la “significosis”, en la que puede desembocar una lectu ra
plural excesiva, desprovista de control que -al no poder poner un límite al des
borde del sentido- termina por producir, por los caminos inversos, el mismo re
sultado que cualquier lectura monológica, la negación del texto. En síntesis, la
distinción denotación / connotación revela la complejidad de las relaciones que
se instauran entre los dos niveles de la expresión y del contenido. La
consideración de Barthes (a partir de la teoría de Hjelmslev) de que el concepto
de connotación presupone el lenguaje de la denotación es un punto de partida
para pensar este fenómeno, que retoma nuestra autora. Partiendo del modelo
componencial, Catherine Kerbrat-Orecchioni identifica significantes de
connotación plausibles de ser relacionados con diversos significados de
connotación. Estos últimos se producen a partir de connotaciones estilísticas,
enunciativas, asociativas y de significaciones implícitas. En consecuencia, el
concepto de connotación desemboca en dos problemas de amplia relevancia e
interés analítico como lo son la polisemia textual -ya planteada por Barthes- y el
problema de la subjetividad en la
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Barthes- y el problema de la subjetividad en la captación y verbalización del
referente.
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Retórica y figuras: metáfora y metonimia
por Ana María Paruolo
El término figura ha sido tomado generalmente como desvío, “modifica ción de
una expresión original considerada normal”.35 Si bien los teóricos enfo can el tema
desde diferentes puntos de vista, hay sin embargo, una coincidencia: la existencia
de un principio único para la explicación de fenómenos múltiples.
Los retóricos clásicos distinguen los tropos (figuras con cambios de senti
do) de las demás, que son las figuras propiamente dichas –de dicción, de cons
trucción, de pensamiento-; desde este punto de vista la metáfora y la metonimia
serían tropos; sin embargo, es bastante frecuente que los términos figuras retóri
cas y tropos se usen en forma indistinta. El tropo es una figura retórica que con
siste en el empleo de una palabra en sentido figurado.
Para Aristóteles, en Retórica las figuras formaban parte de la elocutio. Se
gún Barthes36, hay en el arte retórico pleno de Quintiliano dos polos, uno sintag
mático y otro paradigmático. El polo sintagmático: comprende el orden de las
partes del discurso (Taxis o Dispositio) y el polo paradigmático: comprende las
figuras de la Retórica (Lexis o Elocutio).
La elocutio era el embellecimiento de un texto con el afán de convencer (retórica
aristotélica); la demostración de las destrezas del orador (ars bene di cendi37de
Quintiliano) o en el caso de Cicerón, docere, movere, placere38.
A partir de la Edad Media la metáfora y la metonimia parecen ser objetos
exclusivos de la literatura, y la tendencia era considerar que existe un correlato
entre el lenguaje poético y el lenguaje figurado. Sin embargo, muchos se oponían
a este punto de vista pues consideraban que el lenguaje popular contiene tantas
figuras como cualquier otro. En la época moderna teóricos de la literatura, entre
los que podemos mencionar a Shklovski, Richards y Jakobson, propusieron la
existencia de una literatura “sin imágenes”, lo cual no quería decir sin figuras.
En el siglo XIX, a partir de las ciencias humanísticas, se pone en evidencia
que las figuras retóricas no son exclusivas del lenguaje, sino que están presentes
en el sueño (Freud) y en los protocolos de la magia (Frazer) bajo la clasificación
de parecido y contigüidad.
Más tarde Jakobson39 relacionará las dos figuras de la retórica –metáfora y
metonimia- con dos categorías del lenguaje: selección y combinación; sostiene
que la interpretación de toda unidad lingüística pone en marcha dos mecanismos
intelectuales independientes: comparación con las unidades semejantes (pertene
cientes al mismo paradigma y que podrían reemplazarla) y relación con las uni
dades coexistentes (que pertenecen al mismo sintagma), esta dualidad es pensada
por el teórico, como los dos polos del lenguaje: un polo metonímico y un polo
metafórico. El sentido de una palabra está determinado a la vez por la influencia
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de las que la rodean en el discurso y por el recuerdo de las que podrían haber
ocurrido en su lugar.
Algunos especialistas en argumentación, entre los que podríamos mencio
nar a Chaim Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, establecen una diferencia entre los
aspectos estilísticos y argumentativos de las figuras. Para ellos, una figura que no
consigue un efecto argumentativo será una figura de estilo, perteneciente al cam
po del ornamento, en cambio, si se concibe el paso de lo habitual a lo inhabitual -
y el retorno a un habitual de otra índole- producido por el argumento, ésta tendrá
valor argumentativo aunque ese valor no signifique adhesión a las conclusiones
del discurso.
Con el paso del tiempo, hubo un desplazamiento de los conceptos y se pu
do reconocer que las figuras no sólo forman parte de los discursos persuasivos,
propios de un foro como en épocas de Cicerón, ni están restringidas al campo
literario, sino que se encuentran presentes en el uso cotidiano de la lengua, ya que
podemos comprar en un quiosco “una caja de curitas” en lugar de “una caja de
apósitos protectores marca Curitas” o “una coca” en lugar de “una bebida gaseosa
de cola marca Coca Cola” (Metonimia) o decimos al terminar un examen “¡Estoy
muerta!” en lugar de “¡Estoy muy cansada!” (Metáfora), mientras apo
yamos los brazos en el “posabrazos” de un sillón. (Metáfora obligada). El uso de
la metáfora y la metonimia también se deslizó desde el discurso, cuya materiali
dad son las palabras, hacia otro tipo de discursos: la propaganda, la publicidad, el
cómic, el cine, cuyos códigos son icónicos, o mixtos -combinación del código
icónico y del verbal-. Del uso de las metáforas o metonimias visuales se han ocu
pado muchos teóricos, entre ellos R. Barthes, pero no será tratado en esta instan
cia.