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Modelo de Acción Social Cáritas

El documento presenta el Modelo de Acción Social de Cáritas. En 3 oraciones o menos: El Modelo de Acción Social representa las bases y la perspectiva para la acción de Cáritas, con la persona como centro y movida por el amor de Dios. Tiene como propósito alumbrar el camino a seguir para encarnar la Buena Noticia, partiendo de los fundamentos de la dignidad humana y actuando de manera integral.
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Modelo de Acción Social Cáritas

El documento presenta el Modelo de Acción Social de Cáritas. En 3 oraciones o menos: El Modelo de Acción Social representa las bases y la perspectiva para la acción de Cáritas, con la persona como centro y movida por el amor de Dios. Tiene como propósito alumbrar el camino a seguir para encarnar la Buena Noticia, partiendo de los fundamentos de la dignidad humana y actuando de manera integral.
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El Modelo de Acción Social

representa un pozo de oportu-


nidades inmenso para sustentar
sobre roca el ser y el quehacer
de Cáritas en el contexto local

Modelo
y global en que vivimos. Simboliza,
de manera especial, la unidad
entre identidad y acción, ser y
quehacer, pensamiento y acción.
En definitiva, muestra un camino
para encarnar la Buena Noticia

de Acción
en nuestro tiempo.

Su propósito fundamental es
el de alumbrar el camino que

documentos institucionales  |  Modelo de Acción Social


tenemos que recorrer, conver-
tirse en una especie de carta

Social
de navegación que nos descifre
los vientos y las corrientes del
mundo desde el enclave, firme
y seguro, del Amor de Dios.

Cáritas d o c u m e n t o s
institucionales

San Bernardo 99 bis


28015 Madrid
[Link]
Modelo
de Acción Social

2009

d o c u m e n t o s
institucionales
Documento aprobado por la LXIII Asamblea
General de Cáritas Española, El Escorial, 2009.

Edita: 
Cáritas Española Editores
San Bernardo 99 bis
28015 Madrid
publicaciones@[Link]
[Link]

Noviembre 2009
Preimpresión e impresión:
Gráficas Arias Montano, S. A.
Puerto Neveros, 9.
28935 Móstoles (Madrid)

Depósito legal:
M. 20.669-2009

ISBN:
978-84-8440-425-5
Índice

Presentación  ............................................................................................................................................................   7

1.  Fundamentos del modelo  ......................................................................   11


1.  La persona como centro  ..................................................................................   13
2.  Nos mueve el amor  .........................................................................................................   16
3.  La Iglesia como sacramento  .................................................................   20
4.  Inmersos en la realidad  ........................................................................................   23

2.  Opciones del modelo  ..............................................................................................   29


1. Trabajar desde las capacidades y las
potencialidades acompañando procesos  ...   31
2.  Realizar acciones significativas  ......................................................   36
3.  Ser cauce de la acción de la comunidad
eclesial  ..........................................................................................................................................................   39
4.  Acción integral  ..............................................................................................................................   41

3. Características de la acción
que dan soporte al modelo  ............................................................   45
1. Una acción entendida como diálogo
entre sujetos  ................................................................................................................................   47
5
Cáritas
Modelo de Acción Social

2.  Que tiene por contenido ir siendo


personas en sociedad  .........................................................................................   49

3.  Que se despliega en un método


que hace posible ser sujetos que dialogan
sobre ese contenido  ...............................................................................................   52

4. Y que tiene en la comunidad cristiana


su agente  ................................................................................................................................................   55

4.  Epílogo. ¡Queda todo por hacer!  .................................   59

1.  Del pensamiento a la acción  .................................................................   61

2.  Los ejes del proceso de comprender  ............................   64

Abreviaturas  ......................................................................................................................................................   75

Bibliografía  ...............................................................................................................................................................   77

6
Presentación

PRESENTACIÓN

Presentar este documento es mostrar algo de sustantivo va-


lor por sí mismo. Como otros documentos que reflexionan
y sistematizan nuestra identidad más profunda, estamos en
presencia de un documento esencial para poder releer nues-
tra historia, comprender nuestro presente y saber encarar
el futuro con atrevimiento y valentía. El Modelo de Acción
Social (MAS) representa un pozo de oportunidades inmen-
so para sustentar sobre roca nuestro ser y quehacer en el
contexto local y global en que vivimos. Simboliza, de manera
especial, la unidad entre identidad y acción, ser y quehacer,
pensamiento y acción. En definitiva, muestra un camino para
encarnar la Buena Noticia en nuestro tiempo.
Nuestra época está atravesada por heridas profundas y ex-
tensas. Como denuncia Benedicto XVI en Cáritas in veritate,
el hambre y las desigualdades en el mundo crecen, la exclusión
social convive con situaciones de bochornoso despilfarro, la
vida humana no es reconocida y valorada en su dignidad
y se presenta amenazada por doquier; vivimos bajo una
quiebra antropológica de proporciones preocupantes
(Cfr nn. 27,28,42,63). Sin embargo, en el seno de este mundo
existen también posibilidades inéditas por descubrir y expe-
riencias que abren cauces para construir un mundo nuevo
que anticipe el Reino de Dios. Este es el propósito funda-
mental del MAS: alumbrar el camino que tenemos que reco-
rrer, convertirse en una especie de carta de navegación que
nos descifre los vientos y las corrientes del mundo desde el
enclave, firme y seguro, del Amor de Dios.
Por ello, el MAS no es un conjunto de recetas o una colec-
ción de soluciones para la acción social. Es un fundamento
y una calzada que sólo adquiere sentido al ser pisada, al ser
transitada por las personas y las comunidades. Nos gustaría
decir, de manera plástica, que el MAS no es un documento
terminado al que, por tanto, sólo le falta que lo apliquemos,
sino que sólo existe y tiene fecundidad si lo construimos al
7
Cáritas
Modelo de Acción Social

ser vivido y experimentado. No es una metodología para la


acción social. Es un horizonte, una perspectiva y una presen-
cia para cualquier acción que pretenda dignificar a los últimos
de nuestro mundo.
Dicha perspectiva crece desde unos fundamentos densos
y arraigados en la verdad, como nos pide Cáritas in veritate
(Cfr n.2). La dignidad de la persona y el Amor de Dios que
nos mueve y sustenta en la Iglesia es signo y testimonio para
los pobres y excluidos de una realidad nueva y trascenden-
te. Como bien nos advertía Pablo VI, «entre evangelización
y promoción humana (desarrollo, liberación) existen efec-
tivamente lazos muy fuertes» (Evangelii nuntiandi, n.31) que
deben cimentar la acción de los cristianos.
Estos cimientos nos permiten releer y redescubrir la realidad
empapada de oportunidades, preñada de capacidades y po-
sibilidades para el Amor y el compromiso social en todas las
personas. No se trata de realizar distinciones entre excluidos
y agentes de la acción sociocaritativa, sino de comprender-
nos todos, implicados en una misma realidad desde historias
complementarias, a la vez que asimétricas y diversas.
Todas las personas somos responsables, todas las personas
tenemos capacidades para recrear el mundo, todas las per-
sonas tenemos el derecho y el deber de ser escuchadas, de
ser partícipes de ese mundo nuevo que intentamos día a día
esculpir. El MAS, por tanto, es una perspectiva cimentada en
la verdad del Amor de Dios que se plasma en el encuentro
entre personas. Son estos relatos de acompañamiento, de
diálogo y compromiso mutuo los que dan sentido a nuestra
acción.
Esta presentación no puede ser más que una invitación y una
provocación a transitar los caminos que nos abre el MAS. Ca-
minos que deberán ser compartidos con personas y comuni-
dades que buscan incansablemente un mundo más fraterno.
La acción social en Cáritas se sustenta en la caridad ilumi-
nada por la verdad. Así nos lo ha recordado Benedicto XVI
en Cáritas in veritate y el MAS es un ejemplo de la compene-
8
Presentación

tración real y efectiva entre la caridad y la verdad en su recí-


proca fecundación, tal como nos señala el Santo Padre: «De
aquí la necesidad de unir no sólo la caridad con la verdad,
en el sentido señalado por San Pablo de la veritas in caritate
(Ef 4,15), sino también en el sentido, inverso y complemen-
tario, de caritas in veritate. Se ha de buscar, encontrar y ex-
presar la verdad en la “economía” de la caridad, pero, a su
vez, se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz
de la verdad» (n. 2). No cabría sistematización más densa y
oportuna para nuestro Modelo de Acción Social.
No podemos terminar esta presentación sin agradecer al
Consejo General y a cuantos han trabajado en la elabora-
ción del MAS la gran riqueza que con él nos aportan para
un renovado y cada día más humanizador servicio caritativo
y social.

Cáritas Española

Vicente Altaba Rafael del Río


Delegado Episcopal Presidente

9
1
Fundamentos
del modelo
Fundamentos del modelo 1
1. LA PERSONA COMO CENTRO

La persona, en tanto poseedora de la máxima dignidad po-


sible, en tanto ser integral y social y en proceso de hacerse
en la sociedad y de hacer sociedad, se torna en eje y centro
fundamental de nuestra acción.

La dignidad inalienable de la persona

Somos Hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza[1], y La dignidad de


en esa experiencia radica el sentido más profundo de nuestra las personas, en
dignidad: lo humano es sagrado[2]. Por consiguiente, todas las cuanto hijos e hi-
personas y cada una de ellas poseen una dignidad radical. Son jas de Dios, es el
un fin en sí mismas, y nada está por encima de esa condición.
valor que sustenta
nuestro Modelo de
Esa dignidad, que deriva de la voluntad con que Dios creó Acción Social.
al hombre, no es algo otorgado por otros, es inseparable
del hecho mismo de vivir, aunque las condiciones reales de
existencia y el pecado personal y colectivo la condicionen
y la hagan más difícil de reconocer. Descubriéndose amado
por Dios, el ser humano comprende su propia dignidad tras-
cendente, aprende a no contentarse consigo mismo y a salir
al encuentro del otro creando una red fraterna y solidaria
de relaciones humanizadoras[3]. Por eso, toda la vida social
debe ser expresión inconfundible de un único protagonista:
la persona humana.
Estos principios teológicos y antropológicos son la base so- La persona es un
bre la que se asientan todas las afirmaciones fundamentales, ser integral, único
las opciones y las características que forman el cuerpo de e irrepetible que
este modelo. posee potencialidades
y capacidades.
[1] Gn 1, 26
[2] PT nº 9-10; GS, nº 26; ChL nº 27
[3] Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nº 4
13
Cáritas
Modelo de Acción Social

Ser integral

La persona de la que hablamos constituye un todo integral


con necesidades que deben ser igualmente satisfechas para
no comprometer su dignidad. Entendemos lo humano como
una realidad singularísima, indisoluble[4], única e irrepetible.
Está siempre dotada de potencialidades y capacidades, aun
cuando no esté plenamente desarrollada, o se encuentre
muy condicionada por la realidad concreta que le ha tocado
vivir. Por tanto, no podemos entender lo humano desde la
negatividad, desde lo que no es, lo que no tiene o lo que no
sabe. Lo comprendemos desde el vergel de inéditas posibi-
lidades que constituyen cada biografía.

Ser en relación, ser social

La dimensión social de la persona no es un añadido poste-


rior o exterior a lo que la define, sino que forma parte cons-
titutiva de su ser porque así lo ha querido Dios[5]. El individuo
no se puede entender sin la sociedad, ni esta sin los sujetos
que la conforman[6].
Lo social, la rela- Decir «persona» no es igual que decir «individuo». Al afir-
ción con los otros, mar lo primero queremos significar que se trata de un ser
forma parte de lo único y social a la vez. La individualidad y la sociabilidad son
humano de mane- dimensiones complementarias. Ninguna de ellas anula a la
ra inseparable de otra ni se puede explicar sin la otra.
lo individual. La
forma social propia Los humanos compartimos con muchas otras especies del
de lo humano es planeta el hecho social. Pero no sería posible comprender
la comunidad; en bien la sociedad humana si solamente le diéramos las carac-
cuanto sociedad ci- terísticas de otros modelos sociales de la naturaleza.
mentada en la soli-
daridad, se desplie- Lo que une a las personas en sociedad tiene su razón de ser
ga en un territorio en algo que no es meramente práctico: la fraternidad que
igualmente cargado
de simbolismo.
[4] GS nº4
[5] Compendio de la DSI, nº 149
[6] GS nº 2
14
Fundamentos del modelo 1
invita a una vida en comunión con los otros. Podemos decir
que una sociedad que experimenta la fraternidad como rea-
lidad que le da sentido es una comunidad. Lo comunitario es
lo más distintivo de la forma humana de sociedad[7]. En conse-
cuencia, la comunidad no es algo cerrado, sino un espacio ra-
dicalmente abierto al otro que aspira a construir un nosotros
colectivo tan ancho como el mundo y constituido por toda la
gran familia humana. En esto radica su particular sentido.
Por eso, comunidad y territorio son conceptos relacio-
nados. La comunidad se expande en un territorio con-
creto y se enraíza no tanto en un espacio físico como
en uno simbólico. Para la persona el territorio es mucho
más que un mero trozo de terreno. En él se pueden dar
las relaciones interpersonales, la identificación con el pa-
sado y con la historia, y los proyectos de futuro. Por eso,
la comunidad procura hacer del territorio «una tierra
buena y espaciosa» en la que se realicen las utopías[8].

Ser creador

La persona ha de tener un papel activo, participativo y prota- Tanto la persona


gonista en el proceso de hacer sociedad/comunidad mediante como la sociedad de
la generación de lazos y vínculos auténticamente humanos. la que forma parte
están haciéndose,
Ser persona es hacer. Somos creadores a la vez que criatu- no están completas.
ras. Hemos sido creados por Dios para continuar su obra;
la actividad humana es colaboración en la creación. Esto da
Vivir es colaborar
en la obra creadora
cuenta del carácter incompleto de nuestro ser. Las personas de Dios. Así las
estamos en proceso de hacernos y la sociedad está en pro- personas no se pue-
ceso de hacerse[9]. La dimensión comunitaria de la sociedad den entender sin su
humana es un proyecto que no está acabado. condición de sujetos
protagonistas de esa
Las personas somos sujetos. Esto nos constituye, nos define y
construcción.
vitaliza. En el proceso de ser persona, es imposible sustituirnos

[7] Compendio de la DSI, nº 149


[8] Ex 3, 7-9
[9] GS nº 2
15
Cáritas
Modelo de Acción Social

sin convertirnos en objetos. El reconocimiento del otro como


sujeto es lo que posibilita una relación interpersonal auténtica.
Y en las relaciones sociales, la participación activa de todos es
condición de posibilidad para generar comunidad.

2. NOS MUEVE EL AMOR

La caridad, entendida como la realización del amor de Dios,


y el amor, como experiencia profunda de lo humano que se
realiza en la justicia y se trasciende en la caridad, se tornan
en la motivación fundamental para nuestra acción.

Él nos amó primero. «Amaos los unos a los


otros»: la fraternidad

Dios ama al ser humano. La creación es un acto de amor,


La experiencia como lo es la Encarnación, en la que el Hijo se hizo carne
de ser amados de nuestra carne, y la muerte y resurrección de Cristo, ex-
por Dios nos presiones sublimes de solidaridad radical con los hombres y
posibilita amar mujeres de todos los tiempos[10].
a los hermanos.
En su dimensión profunda de relación con Dios la experien-
cia del amor es creadora de lo humano. «Él nos amó pri-
mero»; esto es lo que nos da la posibilidad de regalar ese
amor recibido gratuitamente. Sólo quien experimenta el ser
amado es capaz de dar amor.
Cualquier persona es capaz de amar. Hemos recibido esa capa-
cidad por el simple hecho de ser. Estamos hechos a imagen y se-
mejanza de Dios y debemos aspirar a amarnos unos a otros no
de cualquier manera, sino precisamente como «Él nos amó»[11].

[10] GS nº 12
[11] Jn 13, 34
16
Fundamentos del modelo 1
El amor, origen y destino de lo humano

El amor posibilita las relaciones amorosas más allá de la mera


supervivencia. Es esa experiencia fundante la que nos hace sensi-
bles a Dios y nos abre a la ética de la ternura, del cuidado y de la
hospitalidad. Es también el amor la fuente del anhelo de justicia.
De ahí que en el amor esté el sentido más profundo de «lo El amor es origen
social» y de su «subjetividad relacional»[12]. Por eso, la comu- de lo humano,
nidad se construye sobre el «reconocimiento del otro», base tanto de lo comu-
de la fraternidad. nitario como de lo
individual. Si falta,
De igual manera, el amor es básico en el proceso de hacernos tanto la sociedad
personas. El amor, recibido o no, en la familia y en las relacio- como el individuo
nes interpersonales secundarias, se torna en una experiencia se deshumanizan.
fundamental en el devenir personal de cada cual, que condi- El Reino, como pro-
ciona su lugar en el mundo y su forma de percibirlo. mesa de Dios para
Una persona no sólo es lo que supone el amor recibido. la humanidad, es
El amor dado también va haciendo a la persona. Quien no amor. Así, el amor
es también destino
da es una persona incompleta e inmadura. El amor recibido de lo humano.
nos equilibra y el amor donado nos madura. La gratitud en
sus múltiples expresiones es profundamente humanizadora
y fecunda. Bien pudo decir San Juan de la Cruz: «Pon amor
donde no hay amor y sacarás amor».
El reino de Dios es la promesa de realización plena del amor,
el destino de la humanidad y el contenido de la nueva Alianza.
«Hasta aquel día en que llegue su consumación y en que los
hombres, salvados por la gracia, como familia amada de Dios
y de Cristo hermano, darán a Dios gloria perfecta»[13].

El amor se concreta socialmente en la justicia

El conjunto de principios recogidos en la doctrina social


de la Iglesia nos aporta los elementos de discernimiento

[12] Compendio de la DSI, nº 149


[13] GS nº 32
17
Cáritas
Modelo de Acción Social

El amor se va que precisamos para valorar las realizaciones humanas


realizando en la que no son, ni mucho menos, ajenas a esta concepción
historia, no es sólo del amor, pues este ha de ir concretándose socialmente
futuro. Se concreta en unas relaciones humanas justas[14].
en el establecimien-
to de las relaciones Dos son especialmente relevantes: el bien común y el destino uni-
humanas regidas versal de los bienes creados. Ambos deben ser reafirmados con
por la justicia, el toda su fuerza desde la opción preferencial por los pobres[15].
bien común, el
destino universal El bien común es «el conjunto de condiciones de la vida social
de los bienes y los que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miem-
demás principios bros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección.
de la doctrina so- (…) No consiste en la simple suma de los bienes particulares
cial de la Iglesia. de cada sujeto del cuerpo social. Siendo de todos y de cada
uno, es y permanece común, porque es indivisible y porque
sólo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo,
también en vistas al futuro»[16].
El bien común toma como referente no a un grupo social, un
pueblo o un Estado, sino la «entera familia humana», superando
de este modo cualquier concepción reduccionista o localista.
Ello nos obliga a poner nuestro centro de atención no en el
bienestar de la mayoría, sino preferencialmente[17] en quienes
sufren las consecuencias de un orden socieconómico mani-
fiestamente injusto, allá donde quiera que se encuentren.
Por otra parte, los bienes, creados por Dios, lo son para el
uso de todos los habitantes de esta tierra. Su sentido último
no tiene que ver esencialmente con la apropiación, sino con
su utilización, con la nota de ser instrumentos para el desa-
rrollo de las personas y no fines en sí mismos. Así, cualquier
injusta distribución de los mismos, su absolutización o su
indebida apropiación son contrarios a la realización de la
justicia.

[14] AA nº 8; CA nº 58; DCE nº 26


[15] Compendio de la DSI, nº 182
[16] Compendio de la DSI, nº 164
[17] Cfr. Documento de Puebla, nº 1134-1165
18
Fundamentos del modelo 1
Y se trasciende en la caridad

Cualquier realización de la justicia humana será siempre La caridad incluye


limitada[18]. El amor se concreta y precisa en la justicia, la justicia, pero la
pero será siempre trascendido en la caridad. Aun en el trasciende, dándole
marco de la sociedad más justa, la caridad seguirá siendo sentido pleno en
necesaria[19]. La caridad será lo que quede en el Reino, Dios. La caridad
pues la fe y la esperanza ya no serán precisas[20]. reconoce lo parcial
del amor humano y
La caridad cristiana tiene su raíz en la fe, entendida como de sus realizaciones
apertura a Dios que toma la iniciativa en el amor y envía prácticas.
a su Hijo como su máximo don a la humanidad[21]. Así, La caridad hunde
el «yo» de la persona libre y responsable se fragua en el sus raíces en la fe en
«tú» que lo convoca y hace posible. Desde la fe, el ser Dios. Es una forma
humano es visto como «vocación», «diálogo» y «servi- de situarse en Cristo
cio»[22]. a la hora del queha-
cer por la justicia y
La caridad supone una forma de situarse desde Cristo a por la solidaridad.
la hora de vivir la justicia, la solidaridad y el servicio de la
reconciliación[23], por lo que en modo alguno puede verse
reducida a una mera organización de servicios sociales.
El amor, en clave de caridad escatológica, da el sentido
que nos ayuda a trascender lo limitado de nuestro hacer.
El amor de Dios, aun vivido incompletamente y no ple-
namente desarrollado en nuestras realizaciones, es a la
vez real y concreto, presente, vivo y operante. El amor es
un auténtico sacramento de Dios en aquello que se hace
desde él[24], incluso cuando no se explicita.

[18] DM nº 12
[19] DCE nº 28
[20] 1Cor 13, 13
[21] 1Jn 1, 7-10
[22] GS nº 22
[23] 2 Cor 9, 9
[24] AA nº 28
19
Cáritas
Modelo de Acción Social

3. LA IGLESIA COMO SACRAMENTO[25]

La Iglesia es signo y sacramento de la acción amorosa de Dios que


genera una comunidad encarnada, pascual y escatológica. Es la
entera comunidad cristiana quien desarrolla la tarea del servicio
de manera complementaria al anuncio y a la celebración.

Servicio, celebración, anuncio

La celebración y la La Iglesia es la gran familia de los hijos de Dios. Su misión es la


transmisión de la evangelización[26]. Por eso, invita a todas las personas a experi-
fe, junto con el ser- mentar el amor de Dios y convoca a la humanidad en torno a
vicio a la huma- la mesa de la fraternidad de la que Cristo es anfitrión.
nidad, en especial
a los más pobres, Para la realización de esta tarea, la Iglesia anuncia la Palabra,
conforman las tres celebra su fe y sirve a la humanidad, en especial a los hermanos
dimensiones de la más pobres. Su misión no estaría completa si faltase alguna de
Iglesia. Tres as- estas dimensiones[27].
pectos de la tarea
evangelizadora Todas se complementan, se dan sentido y conforman la
que se sitúan entre tarea eclesial que es una. Así, la Eucaristía se alimenta del
sí complementa- servicio y es alimento para él. La catequesis ilumina la ac-
riamente. ción y se nutre también de los signos de los tiempos que
desvelan la acción de Dios y de su Espíritu en el mundo
y en la historia.

Servicio en el marco de la tarea evangelizadora


de la Iglesia

La diakonía, el servicio, no es, por tanto, algo optativo en la


misión de la Iglesia. Pertenece a su ser y a su hacer. Es acción
evangelizadora aunque no agote toda la evangelización.

[25] LG nº 1
[26] EN nº 21
[27] DCE nº 22
20
Fundamentos del modelo 1
Cuando Cáritas actúa, es la Iglesia en su totalidad la que sir- La acción carita-
ve. Nuestra acción no es sino una tarea encargada, un envío tiva no es toda la
al que está invitado el conjunto de la comunidad cristiana. evangelización,
pero es en sí mis-
Este servicio es universal, no entiende ni atiende a distinciones. ma evangeliza-
Ha de testimoniar y anunciar para ser auténtico. No ha de hacer dora.
proselitismo, pues ha de saber cuándo hablar de Dios y cuándo
callar dejando que hable sólo el amor, como nos recuerda Be-
Es la Iglesia quien
nos envía a servir,
nedicto XVI[28]. sin distinciones de
El servicio tiene una doble dirección evangelizadora: de la ningún tipo y sin
Iglesia a los pobres y de estos a la Iglesia. Consiste en evan- pretensiones prose-
gelizar y en dejarnos evangelizar por los últimos, auténticos litistas.
vicarios de Cristo y criterio último del juicio de Dios[29].

Ser signo del amor de Dios

La Iglesia, «sacramento universal de salvación»[30], recibe la La Iglesia está lla-


gracia y la tarea de actualizar en la historia la misión de Cris- mada a ser signo
to, y para ello recibe el Espíritu Santo. del amor de Dios,
especialmente
De ahí la necesidad de situar la acción de la comunidad cris- manifestado en los
tiana y, en consecuencia, de Cáritas desde el clamor de los pobres.
pobres en el mundo. Es continuadora del amor creador de
Dios, de la dinámica de la Encarnación, la Cruz y la Pascua:
de ahí nace la «nueva imaginación de la caridad», la invita-
ción al «compartir fraterno»[31]. Se trata de vivir en auténtica
complicidad con los excluidos prolongando la mano larga
del Señor y su amor infinito para hacer revertir su suerte.

La experiencia comunitaria

Generar espacios de acogida, humanización y encuentro recla- Para serlo, la co-


ma la experiencia comunitaria y la responsabilización de todos munidad entera
ha de encarnarse y
comprometerse con
[28] DCE nº 31 la causa de los más
[29] Mt 25, 31 ss. débiles.
[30] LG nº 1
[31] NMI nº 50
21
Cáritas
Modelo de Acción Social

para que esta misión no quede como tarea de unos pocos,


mientras la comunidad se realiza «fuera de» esa dimensión.
Esto implica que la comunidad cristiana ha de realizar la ex-
periencia de Dios encarnado que se hizo uno de tantos y
compartió la condición de los hermanos más débiles y opri-
midos[32], y ha de constituirse en una comunidad que anuncia,
denuncia y vive la experiencia del compromiso, de la comu-
nión fraterna y de la comunicación cristiana de bienes.

Apostar por lo no rentable

La comunidad La comunidad cristiana debe habilitarse para la no rentabilidad


cristiana ha de inmediata, para la inversión en lo «inútil» que la sociedad excluye
prepararse para como sobrante. Optar por el desarrollo «desde los últimos» exi-
tener la experiencia ge apostar por los bienes inmateriales e ir más allá de la eficacia y
de «muerte» en de la eficiencia. En definitiva, se trata de reconstruir la centralidad
todo aquello que la del ser humano y apostar por el valor de todo lo humano.
sociedad rechaza
como inútil. Así, la comunidad cristiana está llamada a realizar la expe-
riencia del Dios encarnado que nace en un pesebre, alterna
con marginados y muere en «el lugar de los proscritos».
Todo ello vivido desde lo profundo y trascendente: una co-
munidad escatológica que se convierte a la esperanza de la
plenitud y que se empeña en anticipar el «ya» de un «toda-
vía no» pendiente de consumación divina.

Una nueva identificación «simbólica»

Y ha de construirse Es necesaria una nueva identificación simbólica: los valores


en la resurrección, evangélicos y la solidaridad constituyen signos elocuentes de
en la generación creación de vida, sobre todo en un contexto de ruptura y ex-
de signos de vida pulsión, de negatividad y de muerte. Podríamos decir que la
precisamente don- fe en un Dios que crea se expresa en la existencia de signos
de aparentemente de vida. Por tanto, esos ámbitos de solidaridad son espacios
impera la muerte.
que realizan la fraternidad y por ello son como sacramentos
en los que arde el fuego sagrado del Dios en la vida.

[32] Flp 2, 7
22
Fundamentos del modelo 1
Así, nuestras comunidades eclesiales realizarán la experiencia
de Dios creador que vive resucitado, desde la creación de sig-
nos de vida: una comunidad pascual que anuncia y que evange-
liza, o la experiencia de una comunidad de signo y testimonio.

4. INMERSOS EN LA REALIDAD

La pobreza y la exclusión son el marco y el espacio clave para


nuestra acción. Son el signo más evidente de la crisis de civi-
lización en la que la realidad está embarcada. Constituyen la
señal más visible y significativa de un modelo social que dis-
curre en una dirección no conforme con el proyecto de Dios
para la humanidad.

La realidad como lugar de revelación

Persona, sociedad, comunidad, Iglesia se realizan o se niegan La realidad es


en la realidad, en medio de los sinsabores y las alegrías co- el espacio donde
tidianas y de los procesos globales. Se despliegan en un mo- Dios continúa
delo concreto de sociedad, pues la realidad no es un mero revelándose a la
escenario, sino que constituye el único espacio del que dis- humanidad, en
ponemos y en el que hemos de construir. Teológicamente, especial en los más
pobres.
la realidad es un espacio donde Dios continúa revelándose a
la humanidad y donde su Espíritu sopla, especialmente desde
los más pobres. Dios ha escogido lo humilde para derribar a
lo poderoso, y lo sencillo para humillar a lo sabio[33].
La realidad, en especial la de los más vulnerables, es lugar de
encarnación donde Jesucristo continúa habitando con noso-

[33] 1 Cor 1, 27-29


23
Cáritas
Modelo de Acción Social

tros[34]; es lugar de muerte donde se niegan posibilidades a


las personas, donde se cercena la dignidad inalienable de lo
humano; finalmente, es lugar de resurrección cuando alguien
es dignificado y recupera su autenticidad humana.
La realidad es el espacio natural donde leer «los signos de los
tiempos»[35]. En ella se escucha la voz de Dios, que ha oído el
clamor de su pueblo y ha bajado a liberarlo[36], recomponiendo
la Alianza.

Situarse en la realidad

Situarnos como Iglesia en acción, como diakonía, nos obliga a


analizar la realidad. Nuestro hacer no puede partir de la mera
voluntad, de la ocurrencia, del interés o del gusto. Nuestro
quehacer, que se desarrolla en la realidad, ha de partir de su
comprensión y tener como meta su transformación en línea
de la construcción del Reino[37].
Es necesario ana- Quien mira la realidad, quien intenta comprenderla, lo hace
lizar la realidad, desde un lugar, pues no existe el análisis neutro. Nuestra mi-
pero hemos de rada a la realidad ha de tener esto muy en cuenta y procurar
hacerlo con pupila situarse siempre desde el lugar del pobre, que no suele ser
creyente, con los el nuestro.
ojos de Dios, desde
el lugar del pobre. Mirar desde el lugar del pobre, pero hacerlo con los ojos
Una mirada com- de Dios. Desarrollar una mirada que se auxilia de las cien-
pasiva, que reco- cias sociales y que, además, es compasiva y misericordio-
noce al otro, que es sa[38] haciendo nuestro el dolor del otro. Una mirada que
capaz de univer- reconoce al prójimo en su dignidad y en su condición de
salizarse y que nos
sujeto activo y protagonista.
implica.
Se trata de una mirada universalizadora que es capaz de tras-
cender la situación concreta y enmarcarla en un contexto ge-

[34] Mt, 25
[35] GS nº 4
[36] Ex 3, 7
[37] OA nº 4
[38] DiM nº 14
24
Fundamentos del modelo 1
neral. Una mirada global, que pasa de la persona concreta a
todas las personas y al «sistema mundo», sin perder por eso
ninguna de las dos perspectivas.
Una mirada que no pretende el saber por el mero saber,
sino para hacer bien. Saber para cambiar la realidad y para
cambiarnos a nosotros también en ese proceso. Una mira-
da que, en definitiva, nos implique responsablemente.

La realidad local y global

La realidad en la que Cáritas sitúa su acción tiene una doble


perspectiva: se ubica en el lugar concreto donde está el gru-
po que mira, pero esa mirada trasciende todas las fronteras.
La interdependencia de lo social y de lo humano es cada La realidad que
vez más evidente[39]. El sufrimiento de tantos hermanos, de mejor vemos es la
aquí o de allá, no puede dejar indiferente a la comunidad que tenemos más
cristiana. Actuar frente a la pobreza en otros países no es cerca, pero esa
sólo una tarea más, sino que está íntimamente relacionada constatación no nos
con nuestro hacer aquí y con nuestros estilos de vida.
puede volver ciegos
a la interdependen-
La realidad como marco nos sitúa en nuestro espacio a la vez cia de todo lo hu-
que nos deslocaliza; nos abre a la acción cercana a la vez que mano. La caridad
nos aboca a la dimensión universal de la caridad. es, por definición,
universal, cercana
y lejana, abierta a
Una sociedad que genera y gestiona todos y a todo.
la exclusión social

Una primera constatación que se impone si miramos a nues-


tro modelo social es su capacidad para generar situaciones
de pobreza y de exclusión social.
No nos detendremos en su análisis y explicación, pues,
siendo importantes, han sido suficientemente abordadas
desde otros trabajos y perspectivas. Enumeraremos sim-
plemente tres notas significativas:

[39] SRS nº 11-22


25
Cáritas
Modelo de Acción Social

Un modelo social •  A escala planetaria, la creciente brecha entre el Norte y


caracterizado entre el Sur, entre las sociedades ricas y opulentas y los países
otras cosas por su eufemísticamente llamados en vías de desarrollo, es resul-
capacidad para tado de un modelo que sólo beneficia a un tercio de su
generar situaciones población.
de exclusión social.
Cuando la sociedad •  Al interior de las sociedades ricas, el modelo genera bolsas
toma conciencia de pobreza y de exclusión social para franjas muy amplias
de la existencia de de población que, si bien participan en algunas ventajas de
personas, grupos y la riqueza, lo hacen a título de préstamo, bajo la amenaza
territorios excluidos, permanente de embargo.
hace una lectura de
los mismos desde los •  El imparable fenómeno de la inmigración y la emigración
valores que le son (según desde dónde se mire), como puente entre ambas
propios. situaciones.
Así, los comprende Pero no sólo genera exclusión, también la gestiona desde los
desde la negatividad,
principios y valores que le son consustanciales. Así, «mide»
los responsabiliza
de su situación y los y descubre la pobreza como carencia, situándola desde la
entiende como ame- negatividad. Cuando la valora desde una perspectiva exclu-
naza para su bienes- sivamente individualista trata a los pobres como responsa-
tar en términos de bles de su propia situación: son parásitos, vagos, engañan y
coste económico. son culpables de su situación. Por último, son entendidos en
términos mercantiles como gasto y como amenaza para el
proceso de crecimiento que hay que combatir como enemi-
gos del bienestar.

En el fondo, un modelo de desarrollo pobre


y empobrecedor

Nuestro modelo social tiene puesta su esperanza en el


gran paradigma de la modernidad: el crecimiento socio-
conómico mantenido por el desarrollo científico-técnico.
Con él despliega su modelo de desarrollo y pretende ga-
rantizar por sí mismo la expansión y el progreso de las
virtudes humanas, de las libertades y de los poderes del
hombre.
Pero es la raíz misma de este concepto de desarrollo
lo que es pobre. Y precisamente lo es en aquello que
26
Fundamentos del modelo 1
debería ser su mayor riqueza: la idea de persona y la Nuestro modelo
idea de sociedad. En las sociedades «del bienestar y del social posee una
crecimiento» —en el Norte sociedades de consumo de concepción de lo
masas— se «justifica» la acumulación y el uso desme- humano y de sí
dido de los bienes. La atrofia de una vida autista, cerra- mismo tremen-
da sobre sí y el propio grupo corporativo sin verdadera damente pobre y
comunicación con el prójimo y sin realización creadora,
empobrecedora de
lo auténticamente
se agota en la alienación del mundo de los objetos y de humano.
las apariencias, llegando a negar la trascendencia. Todo
ello impide vivir un horizonte plenificante de alteridad Un modelo de desa-
altruista y de auténtica humanidad. rrollo que confunde
este con el simple
Así, podemos decir con el Concilio Vaticano II: «De esta for- crecimiento mate-
ma, el mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, rial, que dificulta la
capaz de lo mejor y lo peor, pues tiene abierto el camino relación con el otro
para optar por la libertad y la esclavitud, entre el progreso y la experiencia
y el retroceso, entre la fraternidad y el odio. El hombre sabe trascendente.
muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las
fuerzas que él ha desencadenado, y que pueden aplastarle o
salvarle»[40].

[40] GS nº 9
27
2
Opciones
del modelo
Opciones del modelo 2
1. TRABAJAR DESDE LAS CAPACIDADES
Y LAS POTENCIALIDADES
ACOMPAÑANDO PROCESOS

Nuestro modelo de acción opta por un método centrado en el


acompañamiento a los procesos de crecimiento de las personas
y de las comunidades, lo cual centra la atención en los «cami-
nos» más que en las «metas».

Acompañar es una relación acorde al proceso


de ser

La acción acompaña, promueve, soporta —da soporte—, Acompañar es


potencia, posibilita, dinamiza, detecta, valora a la persona más «estar» que
y dice sin palabras que se puede contar con ella; pero no «hacer»; no puede
suple. Se trata de un acompañar que no subordina, que no suplir la acción del
somete, que no hace demostración de lo que sabe, que otro, pero tampoco
es una mera espe-
no se apoya en la ignorancia del que no sabe, que no hace
ra pasiva.
inútil a quien no es o ignora lo que es, que cuenta con el
otro como protagonista, incluso cuando no comprende el Acompañar es
proceso de motivación. seguir el hilo de la
vida sin pretender
Sugiere, anima, escucha, exige, participa, convive, etc.; es la controlarlo todo,
referencia más cercana y más sinérgica. Su estilo de hacer, de preverlo todo…
situarse y sus actitudes se conforman como fundamento de y es saber aprove-
una relación educativa acorde con el proceso de ser. Y ello char lo no espe-
se realiza en la cotidianeidad del «acompañamiento» a los rado.
sujetos, muchas veces más desde el «estar» que desde lo que
pudiéramos hacer y decir.
El acompañamiento se realiza en la incertidumbre, es difícil de
prever y no responde a estándares. No sabremos exactamente
por dónde va a venir la interferencia y hemos de ser capaces
de incorporarla, para hacer de ella un instrumento positivo,
aunque eso tenga que modificar lo que teníamos previsto.
31
Cáritas
Modelo de Acción Social

El acompañamiento se desarrolla en el proceso de promo-


ción personal y social en los tres ámbitos del desarrollo hu-
mano integral: las necesidades, el sentido y la participación
activa y responsable (el empoderamiento).

Acompañar en las necesidades: los «satisfactores»

Nuestra acción social se enmarca en el proceso de satis-


facción de las necesidades que surgen del hecho de estar
vivos y de vivir en sociedad. Nuestra opción implica acom-
pañar la satisfacción de las necesidades humanas en una
dirección humanizadora. Para ello necesitamos compren-
der las necesidades humanas en toda su hondura, pero sin
confundirlas con los deseos.
Hemos de superar Nuestra acción debe descubrir las necesidades humanas
la concepción domi- presentes en la realidad entendiéndolas como un siste-
nante centrada en ma complejo e interdependiente. Esta comprensión no
las necesidades, in- se queda en las necesidades más materiales y evidentes,
troducir el concepto como las relativas a la subsistencia y a la protección, sino
de «satisfactor»
que reconoce también el afecto, el entendimiento, la li-
como la herramien-
ta esencial en el bertad, el ocio, la participación, la creación, la identidad y
acompañamiento. la espiritualidad como necesidades y exigencias humanas.
Las necesidades Además, no las reduce a carencias, sino que las entiende
humanas forman también como potencialidades. Se trata de una acción in-
un sistema, son po- tegral, consciente de estar tocando el conjunto de lo que
tencialidades, y se pasa, aun desde la parcialidad de lo concreto.
pueden satisfacer.
La satisfacción de las necesidades no depende sólo de los
bienes, sino también de la manera en que estos se relacionen
con la necesidad. Dicho de otra manera, de aquellos aspec-
tos que resultan sustantivos en el proceso de humanización
que supone el vivir.
Por otra parte, entre necesidad y bien se sitúa un elemento
mucho más intangible, pero precisamente por eso, mucho más
importante, que hemos convenido en llamar «satisfactor».
Satisfactor es la manera en la que la necesidad se relacio-
na con el bien, y viceversa. Lo relevante es verificar si esa
32
Opciones del modelo 2
relación permite o no satisfacer las necesidades de modo
humanizador, si esa relación nos hace dependientes (por
ejemplo, convirtiéndonos en consumidores compulsivos) o,
por el contrario, si nos dignifica y nos convierte en seres
autónomos y solidarios.

Acompañar en el sentido: la solidaridad

Nuestros procesos de acompañamiento educativo han de


provocar las preguntas acerca del sentido. Debemos ayudar
a recuperar el sentimiento de religación trascendente, de
conexión intersubjetiva, a liberarnos del hábito crónico de
pensar como si fuéramos fragmentos inconexos y a abrirnos
a la verdad y a la experiencia trascendente[41].
En cierto modo, la verdad de nosotros mismos y de cuanto
nos trasciende es un anhelo y una experiencia familiar que
tiene su origen en las relaciones intersubjetivas que provo-
can un sentimiento de pertenencia y de vinculación en su
más amplio sentido de la palabra; un sentimiento amoroso
o, si lo preferimos, solidario, interdependiente y religador.
Este sentimiento entiende la solidaridad como una autén- La solidaridad
tica trama de la especie humana[42] y nos torna en apasio- es la respuesta de
nados buscadores de la verdad del hombre y de la verdad sentido que hemos
de Dios[43]. de buscar en el
acompañamiento.
Una vinculación con el todo humano y con el universo. Una La solidaridad nos
solidaridad que transforma nuestra concepción de «herede- vincula con la gran
ros» de la Tierra en la de albaceas de este legado, con el familia humana
deber de conservarlo para nuestros hijos, que heredarán la que nos trasciende
misma condición, y el reto de dejar a nuestros descendientes y nos hace trascen-
un mundo mejor que el que nos hemos encontrado. der, posibilitando
el encuentro con el
Padre. Hemos de
[41] Compendio de la DSI nº 130 ofrecer la solidari-
[42] SRS nº 38 dad como estilo de
[43] RH nº 19 vida.
33
Cáritas
Modelo de Acción Social

Habrá que cultivar la identidad de un sujeto trascendente


que se vincula a la experiencia de fraternidad y a una con-
ciencia ecológica profunda que puede y debe ser propuesta
a todos los seres humanos y que, en el caso de los creyen-
tes, además va inexorablemente unida a la experiencia de
filiación y a la de criaturas. Somos hermanos porque somos
hijos de Dios a la par que sus colaboradores en la tarea de
la creación.
Así, la solidaridad como estilo de vida nos abre a las pre-
guntas acerca del sentido de la vida y a no dejar de lado esa
dimensión que pertenece a lo más profundo de lo humano.

Acompañar en la participación: protagonismo

Nuestra acción acompaña el proceso de personalización y


parte de la situación en la que el sujeto se encuentra y de sus
posibilidades (no se obsesiona por sus carencias). La persona
es el verdadero protagonista de su proceso; el territorio lo
es de su desarrollo.
Todas las personas En este proceso la persona descubre y se interrelaciona
son capaces de ser con el entorno que le rodea, aunque este sea contradic-
protagonistas de torio. Desde ahí, en un proceso comunitario también se
su vida y están lla- descubre a sí mismo, reelabora su identidad y participa
madas a serlo de la en el mismo.
historia.
Acompañar es creer Hemos de partir del reconocimiento de las capacidades
en ello, apostar fir- y de las posibilidades de todas las personas para com-
me y empujar para prometerse en la mejora de su situación y de su entorno
que sea posible. por muy adversas que sean las circunstancias. El ser hu-
mano goza del atributo de la perfectibilidad: siempre es
susceptible de cambio y mejora personal, comunitaria y
territorial.

Acompañar como y con Cristo

Jesucristo es el gran acompañante. Sus palabras y sus ges-


tos son en buena medida expresión de auténticos pro-
34
Opciones del modelo 2
cesos de acompañamiento personal. En efecto, el Señor
acompaña la acción de sus discípulos, el sufrimiento de
los enfermos y de los pobres, las dudas y los miedos de
los de Emaús… Jesucristo empuja a actuar, no sustituye,
anima, exige, ayuda. Al otro, al fin, le hace sujeto.
También hay que decir que el Maestro en ocasiones re- Jesucristo es para
clama la compañía de los suyos. No sólo quiere apasio- nuestra acción mo-
nadamente, también se deja querer. Se da una precio- delo de educador y
sa bidireccionalidad que, si bien es asimétrica, apela a de acompañante.
la reciprocidad que todo auténtico encuentro personal Más aún, está
reclama. vivo y actúa; Él es
quien en verdad
Para nuestro hacer, Jesús no es sólo un modelo a imi- acompaña.
tar, es también compañero de camino; mejor dicho, Él es
quien acompaña realmente.
Nosotros no aspiramos a ser sino sus manos y sus pies.
Nuestro hacer aspira no a que seamos nosotros los re-
conocidos, sino Él, a través del amor: «Le reconocieron
al partir el pan»[44].

[44] Lc 24, 32
35
Cáritas
Modelo de Acción Social

2. REALIZAR ACCIONES SIGNIFICATIVAS

Nuestras acciones tienen que surgir de motivaciones claras y


estar impregnadas de valores alternativos que permitan tras-
lucir su significado: la construcción de una sociedad inspirada
en los valores evangélicos. Todas ellas deben ser «significati-
vas», no se pueden agotar en sí mismas, sino que van más allá
de sus pretensiones instrumentales dejando traslucir procesos
de personalización, humanización y liberación.

Signos e instrumentos del Reino

Nuestras acciones Entendemos aquí las acciones significativas como aquellas


serán significativas que no se agotan en sí mismas, sino que se trascienden y
si parten de valores van más allá de sus realizaciones y de sus pretensiones ins-
alternativos, si de- trumentales.
sarrollan procesos
de personalización, Se trata de acciones que activan otras potencialidades;
humanización y son sinérgicas. Además de lo concreto, dejan traslucir
liberación, por más procesos de personalización, humanización y liberación.
que sean parciales.
Serán signo si Esto nos remite a una utopía que trasciende nuestras fuer-
hacen lo que pre- zas, pero que no es menos real por ello. Es el proyecto
dican. esperanzado del Amor de Dios que se concreta en accio-
nes significativas que patentizan la presencia del Reino. Es
decir, que nos plantean que lo que está en juego es una
nueva creación cuya dimensión más profunda es de orden
teológico.

Espacios humanizados

Así, nuestro modelo de acción opta por la construcción de


«zonas liberadas», de espacios no sólo geográficos donde des-
plegar los procesos de personalización, de construcción de la
comunidad y de la sociedad, regidos por otra lógica. No pre-
36
Opciones del modelo 2
tenden estar al margen del mundo, sino en pleno centro de la Nuestras acciones
realidad y, en particular, en la parte más sufriente de la misma. construyen «zonas
liberadas», espacios
Las acciones significativas van construyendo nuevos espacios de dignificación,
sociales articulados, tejido social estructurado y organizado aun en medio de
solidariamente, comunidades abiertas y solidarias, y estruc- la realidad más
turas de comunión[45]. cruda. No preten-
den el aislamiento,
Esta práctica crea dentro del tejido social espacios para ejer- sino constituirse
cer la solidaridad en los procesos de personalización, huma- en espejo de que es
nización y liberación. Aunque se trata de pequeños espacios posible construir
y de realizaciones discretas y graduales, son signo de espe- en otro mundo,
ranza al dotar de plausibilidad el horizonte de una sociedad otra persona
humanizada y con sentido. y otras relaciones.

Anuncian, desvelan, encarnan y proponen

Nuestra acción anuncia que Dios tiene un proyecto para la


Humanidad. Es un proyecto de filiación, que nos haga hijos
liberados, y de fraternidad, que nos convierta en hermanos
unos de otros.
Nuestra acción, al anunciar, desvela aquello que dificulta la Nuestras acciones,
plena realización de ese proyecto del Reino. Si bien no se para ser significa-
identifica con lo cotidiano, con lo social y con lo político, tivas, han de estar
está íntimamente ligado a todo ello. Desvela en especial las en las claves de la
situaciones de injusticia, las opresiones, el sufrimiento y las evangelización:
el testimonio y el
explotaciones que afectan a los más pobres.
anuncio. Habrán
Lo que hacemos, al desvelar, encarna, pone rostros concretos de efectuarse desde
y emprende acciones a favor de los últimos, que testimonian, la encarnación, el
avalan y hacen creíbles los valores que profesa. anuncio y la de-
nuncia propositiva.
La acción, al encarnar, propone otro mundo, otra concepción
de persona que se va acercando más a ese plan de Dios.
Construye «inéditos viables» o proyectos de esperanza que
hacen real el Reino en la dinámica escatológica del «ya, pero
todavía no». Al hacer de los empobrecidos sujetos protago-

[45] SRS nº 40
37
Cáritas
Modelo de Acción Social

nistas de su construcción, nuestras acciones se tornan en


anuncio y signos de un Reino que «alza de la basura al pobre
y derriba a los poderosos».
Nuestras acciones, porque parten de un riguroso análisis de
la realidad hecho con mirada creyente, han de responder a
los signos de los tiempos, al hilo de la realidad de la pobreza
descubriendo en las nuevas situaciones el grito angustioso
de Dios.
Por eso, siempre pegados a la realidad de la pobreza y el
dolor humano, en estrecha complicidad con los excluidos,
nos tocará anunciar, desvelar, encarnar, denunciar y pro-
poner.

Ser puntos de referencia

Nuestra acción ha Un amor que no busca seriamente el bien más completo


de abrir caminos de los que han de ser amados no sería entendido como
e invitar a otros a un amor verdadero. De ahí que nuestro amor haya de ser
ponerse en marcha eficaz, creíble, inteligible y significativo. Por ello, lo más im-
y trabajar en red portante de nuestras acciones es que lleguen a convertirse
con otros.
en puntos de referencia, en caminos abiertos que inviten a
otros muchos a ponerse en marcha y a trabajar en red con
otros.
Sólo así habremos conseguido desarrollar su dimensión sig-
nificativa, que tiene que concretarse y visibilizarse tanto en
nuestros centros y servicios como en nuestra tarea de ani-
mación.

Testimoniar

Para que nuestras acciones sean significativas, han de procu-


rar traslucir que otro mundo es posible y necesario.
Los rasgos de una acción que quiera ser testimonial son:
1. La comunión cristiana de bienes, como expresión del
compartir fraterno con el hermano pobre.
38
Opciones del modelo 2
2. La gratuidad como valor añadido de los agentes, sean es- Nuestra acción
tos quienes sean. ha de testimoniar
desde lo que hace,
3. La calidad, entendida como calidez, acción humanizada, no desde lo que
coherente, más que como una mera certificación. dice. Así, la comu-
4. La austeridad y la transparencia en la gestión de los recur- nicación cristiana
de bienes, la gra-
sos como expresión de la auténtica conversión del estilo
tuidad, una acción
de vida en consonancia con el Evangelio. de calidad y la
austeridad y trans-
parencia son los
rasgos e indicadores
de ese testimonio.

3. SER CAUCE DE LA ACCIÓN


DE LA COMUNIDAD ECLESIAL

Cuando Cáritas actúa no es ella quien lo hace, sino la Iglesia


en su conjunto. Nuestro modelo opta por que nuestra acción
sea cauce para el desarrollo del compromiso con los pobres
de toda la Iglesia.

Animar la comunidad cristiana

Hacer realidad que el agente de la acción social de Cáritas Animar la acción


es la comunidad cristiana constituye un reto que trasciende sociocaritativa de
a la propia Cáritas. Lo es de la Iglesia entera en busca de esa las comunidades
«nueva imaginación de la caridad» y de esa «nueva evangeli- eclesiales es una
zación» que nos proponía Juan Pablo II[46]. tarea de toda la
Iglesia en la que
Estimular la participación de los cristianos en la lucha por la Cáritas ha de jugar
justicia supone la animación de una auténtica militancia cris- un papel esencial,
tiana. Por ello, Cáritas está llamada a animar esos procesos y trabajando para
que estas asuman
su parte de respon-
[46] NMI nº 50 sabilidad.
39
Cáritas
Modelo de Acción Social

trabajar para que las distintas comunidades cristianas y cada


uno de sus agentes asuman su parte de responsabilidad. Se
trata de una tarea dirigida antes a la implicación de la co-
munidad que a su suplantación o a la puesta en marcha de
iniciativas al margen de ella.
En consecuencia, una de nuestras preocupaciones y de-
dicaciones permanentes ha de ser poner todos los me-
dios a nuestro alcance para que la comunidad se sienta
implicada y participe del modo más responsable y activo
posible.

Hacia dentro y hacia fuera

Animar la implica- La Iglesia tiene una dimensión social como cauce y fermento
ción hacia dentro de de la nueva utopía de sociedad a la que aspiramos. La ac-
la Iglesia, cuidando ción sociocaritativa es algo fundamental y constitutivo del
que el voluntariado ser creyente.
sea expresión del
compromiso cre- Hemos de tener cuidado para que el término «voluntario»
yente, y animar el no resulte vaciado de esta dimensión profunda.
cambio social hacia
fuera, de las perso- La Iglesia debe ser fermento de la sociedad. Para ello, hemos
nas y la sociedad. de desarrollar nuestra dimensión política y social[47]. Ayuda-
mos a transformar personas, pero también a la sociedad. Es
lo que el magisterio ha denominado felizmente «caridad po-
lítica»: aquella que se universaliza a través de mediaciones
estructurales y comunitarias.
La animación de la comunidad cristiana en el desarrollo de
su dimensión de servicio implica la promoción del compro-
miso creyente en todas las acciones de la Iglesia y, en espe-
cial, de Cáritas. Así, el voluntariado es la expresión de una
comunidad que asume su responsabilidad ante los hermanos.
El voluntariado de los que colaboran con Cáritas es la rea-
lización del compromiso comunitario, fraterno, solidario y
con los últimos.

[47] ChL nº 15
40
Opciones del modelo 2
Enviados

Como Cáritas posiblemente tengamos muy clara la dirección de


la sensibilización de la comunidad cristiana y, aunque falte camino
por andar, hemos desarrollado medios para hacerla efectiva.
Por eso, queremos incidir en una dimensión no tanto hacia «fue- En Cáritas somos
ra» del ámbito de Cáritas como hacia el interior de nosotros enviados; lo que ha-
mismos: la dimensión y la conciencia de ser y sentirnos «envia- cemos no puede ser
dos». «cosa nuestra», lo
es de toda la Iglesia.
Sabernos enviados tiene que ver con la conciencia con la De ahí que sea tam-
que hacemos la tarea, con asumir que somos portavoces de bién tarea nuestra
otros y no protagonistas; tiene que ver con la apertura hacia animar, impulsar y
las propuestas de otros, con la capacidad de darles cauce, acompañar la ac-
animarlas y acompañarlas. Finalmente, está estrechamente ción de otros.
vinculado a reconocer, animar y apoyar la diversidad de ca-
rismas y servicios existentes en la comunidad eclesial.

4.  ACCIÓN INTEGRAL

Nuestro modelo de acción opta por una acción integral, cons-


ciente de que cuando actúa sobre una parte está afectando
tanto al conjunto de la persona como de las comunidades, de
las sociedades y de sus estructuras. Así, la Acción Social de
Cáritas opta por la transformación de manera integral abar-
cando todas las dimensiones, acompañando personas, ani-
mando comunidades y haciendo anuncio y denuncia profética

La persona, ser integral

Hemos de considerar a la persona como un complejo siste-


ma integral en el que no se puede actuar sólo en un aspecto
de manera inocua para el resto de los mismos.
41
Cáritas
Modelo de Acción Social

La persona es una Esta concepción nos lleva a optar por una acción integral
suerte de sistema; no que, aun cuando aborde una parte, sea consciente de que
podemos trabajar está afectando al conjunto del ser de la persona. Por ello, el
por partes, no debe- partir de las potencialidades tiene tanta importancia.
mos fragmentar, sino
buscar una interven- Pero integralidad no es sinónimo de sumisión. Nuestra ac-
ción integral a la par ción con personas no debe usar el control sobre el otro, al
que respetuosa con modo de una «institución total». Hay que encontrar el equi-
la libertad de cada librio entre la integralidad y la libertad de cada cual. Para ello,
cual. es fundamental cultivar el respeto a la dignidad y autonomía
de los sujetos evitando relaciones insanas de dependencia.

Transformar personas, comunidades


y estructuras
Nuestra acción Nuestra acción abarca los tres grandes espacios de lo hu-
incide en las mano. No sería nuestra acción si no trabajara con perper-
personas, en las sonas concretas, poniendo rostro, pero tampoco si no lo
comunidades y en hiciera con las comunidades de las que esas personas for
for-
las estructuras y man parte.
procesos sociales.
Y apuesta por la De igual manera, nuestra acción ha de contribuir al cambio
transformación de las «estructuras de pecado»[48] y de los procesos sociales
integral de todas que se conforman como elementos sustantivos del devenir
las dimensiones, social, comunitario y personal.
no queremos olvi-
dar ninguna. Así, la acción social de Cáritas opta por la transformación de
manera integral, abarcando todas las dimensiones, acompa-
ñando personas, animando comunidades y haciendo anuncio
y denuncia profética cuando esta sea necesaria.

Lograr la promoción integral y el desarrollo


social

Desarrollo personal y comunitario, integración y cohesión


social y justicia en la sociedad constituyen objetivos inalcan-
zables si el desarrollo de nuestras sociedades no es un desa-

[48] SRS nº 36
42
Opciones del modelo 2
rrollo incluyente y se queda en un puro crecimiento econó- Trabajar por un
mico que relega a los últimos. desarrollo incluyente
que garantice las
Lo que está en juego es la consecución de la promoción plenas condiciones
integral y del pleno desarrollo personal y social de las per- para el ejercicio de
sonas, de las comunidades humanas y de todos los pueblos la dignidad huma-
del mundo. Se trata del derecho a «un desarrollo integral»[49]. na. De cada uno, de
Eso exige que nuestra acción se comprometa en lograr las sus derechos y de su
plenas condiciones para el ejercicio de la dignidad humana, participación.
de todos y cada uno de los seres humanos, de sus derechos Por tanto, desarrollo
y de su participación. incluyente que no se
queda en mero cre-
La dimensión universal de la caridad cimiento económico.

Si de espacios geográficos hablamos, nuestra acción ha de


ser «glocal»[50], es decir, ha de ser una acción en un lugar con-
creto pero, a la vez, con capacidad de incidir en el conjunto
de este planeta globalizado.
La dimensión universal de la caridad nos ha de llevar a de- Nuestra acción ha
sarrollar acciones locales de cooperación internacional en de ser «glocal», in-
la clave de construir unas relaciones internacionales más cidir a la vez aquí y
justas. allí, en lo cercano y
en lo lejano.
Pero, más allá de eso, nuestras acciones aquí, aun no siendo
El sufrimiento de
directamente de cooperación internacional, también han
nuestros hermanos
de tomar en cuenta esta dimensión y hacer por los que de otros países y las
están lejos, desde el compromiso con los que están cerca. injustas relaciones
Ello casi siempre tiene que ver con el cambio en los estilos internacionales no
de vida. pueden ser ajenas a
nuestra acción.

[49] PP nº 43 y ss.
[50] Asumimos este término técnico habitual hoy cuando se habla de
estos temas, Cfr. IIº Informe al club de Roma
43
3
Características
de la acción que dan
soporte al modelo
Características de la acción que dan soporte al modelo 3
1. UNA ACCIÓN ENTENDIDA
COMO DIÁLOGO ENTRE SUJETOS

Somos sujetos

Los seres humanos somos constitutivamente sujetos para el La acción humana


encuentro y la intersubjetividad. Lo relacional forma parte no es esencialmente
indisoluble de nuestra identidad. la intervención
del sujeto sobre un
En consecuencia, no parece lógico que consideremos a objeto. Siempre que
«ellos» como objetos, sino como sujetos en diálogo e inte- se actúa, se da un
racción. No hay alguien que actúa y alguien sobre quien se proceso de «interac-
actúa. Existen dos sujetos que establecen una relación, un ción»: hay dos suje-
diálogo mutuamente enriquecedor desde lo que son, tienen, tos que actúan.
hacen y cómo están. Debemos dejar de
Esto se traduce también en su dimensión comunitaria y terri- considerar a los
demás como objetos
torial o, lo que es lo mismo, en el espacio en el que viven las
y debemos pasar a
personas y donde se producen las relaciones comunitarias. entender la acción
Igualmente, lo dialógico del ser humano se realiza también en como diálogo entre
su dimensión «estructural» de procesos y espacios sociales, sujetos. Ello nos
en las instituciones públicas y en los espacios no institucio-
abre a la lógica de
las relaciones, no de
nalizados de decisión. las partes.
Finalmente, esta dimensión afecta constitutivamente a la Igle- Y en ese entrama-
sia: «La Iglesia debe ir a dialogar con el mundo en el cual vive, do de relaciones
la Iglesia se hace mensaje, la Iglesia se hace coloquio»[51]. nos aparecen
interactuando las
Sujetos asimétricos personas, las comu-
nidades, los terri-
Los sujetos que participan en una relación de ayuda lo ha- torios que habitan
cen en un plano de clara asimetría. La cuestión, por tanto, y los elementos de
no es si los excluidos son sujetos, sino que nuestra acción, estructura social.

[51] ES nº 60
47
Cáritas
Modelo de Acción Social

que se enmarca en y con la exclusión social, parte de la


asimetría. Y la cuestión fundamental no es que exista esta
asimetría, sino que la comprendamos como sinónimo de
dicotomía. Las asimetrías no anulan las potencialidades: las
dicotomías sí anulan la condición de sujetos de los exclui-
dos.
Una lectura simplificadora afirmaría que uno es libre y el
otro está condicionado; romper la dicotomía nos lleva a
entender que en ambos la relación entre la libertad y el
condicionamiento se da de diferente manera.
En contextos de La dicotomía, además, nos llevaría a afirmar que uno tiene
exclusión los suje- un proyecto y el otro no. Romper la dicotomía, de nuevo,
tos que dialogan nos lleva a entender que en ambos se da la aspiración (y
son asimétricos. por tanto el proyecto) de ir siendo personas en sociedad,
Pero asimétrico
pero uno tiene mayor capacidad para ponerle nombre.
no es sinónimo de
dicotómico. Am- Por ello, la asimetría no nos convierte a unos en los que
bas partes tenemos «ayudamos» y a los otros en los «ayudados». Ciertamente,
diferentes grados no se puede obviar la existencia de la ayuda. Esta existe,
de libertad y de
condicionamiento. pero no debemos hacer una lectura vertical de la misma.
Los dos tenemos En ese caminar que significa «ir siendo persona en socie-
proyecto, pero nos dad», la ayuda es un elemento que actúa, pero no perte-
diferencia el nivel nece en exclusiva a ninguno de los sujetos. Por decirlo de
de conciencia del otra manera, el rol de ayudador se alterna, no desaparece.
mismo. Nos vincu- Si desapareciera, el diálogo se quedaría en mera charla, no
la que ambos as- provocaría avances, cambios y transformaciones.
piramos a ser más
persona. Se trata Donde dice ayuda podemos poner mil nombres: acogida,
de concluir con un confianza, reconocimiento, autenticidad, esperanza, com-
afortunado «jun- plicidad, empatía, y tantos otros términos que tradicional-
tos podemos». mente empleamos.
Ambos somos Las asimetrías nos sitúan en el diálogo desde la necesi-
ayudados y ayuda-
mos; nuestro rol se dad de tenerlas en cuenta, nos obligan a reconocer en
alterna. los procesos la necesidad del tiempo, pues siempre son
algo lento y necesariamente complejo. Finalmente, con-
cibe a los interlocutores en un plano de igualdad desde
la diversidad.
48
Características de la acción que dan soporte al modelo 3
Participación

La participación es causa y consecuencia del reconocimiento. Participar es otra


Supone que el otro no es un objeto, sino sujeto constructor manera de llamar a
de relaciones y de procesos de transformación personal y ese diálogo.
social. Por eso, la participación es otro de los retos funda- Posibilitar la par-
mentales en este proceso de replanteamiento de la que debe ticipación de todos
ser una relación entre sujetos. La hondura de la participación supone apostar
tiene que ver con el conocimiento y el compromiso de la por incrementar
persona en aquello en lo que está participando. Esto no sig- gradualmente el
nifica apostar por un sistema que excluya a nadie de la par- conocimiento y el
ticipación; simplemente apunta hacia el hecho participativo compromiso de to-
como una cuestión que también tiene grados y cualidad. dos los implicados,
con el proyecto de
La participación de todos y en todo, reconocida por la Doc- «ir siendo personas
trina Social de la Iglesia como principio, es una consecuencia en sociedad».
de la dimensión social de la dignidad humana y aplicación del
principio de subsidiariedad. «La participación es un deber
que todos han de cumplir conscientemente, en modo res-
ponsable y con vistas al bien común»[52].
Las personas hemos de ser sujetos responsables individual-
mente de nuestra vida y colectivamente de nuestra historia.
Ser sujeto pasa también por la participación política, en su El proyecto de «ir
sentido más amplio. siendo personas en
sociedad» no es algo
«para ellos», sino
2. QUE TIENE POR CONTENIDO el contenido común
IR SIENDO PERSONAS EN SOCIEDAD para todos. Es un
proyecto que nos
implica conjunta-
Un programa para todos mente.
Gira en torno a la
Hemos dicho que la acción es diálogo y todo diálogo versa satisfacción de las
sobre algo. El nuestro, nuestra acción social, trata sobre «ir necesidades, la bús-
siendo personas en sociedad». Esto no es un programa para queda del sentido y
«ellos», sino el contenido del diálogo entre ellos y noso- la realización plena
del ser sujeto (par-
ticipación, empode-
[52] Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1913-1917 ramiento…).
49
Cáritas
Modelo de Acción Social

tros. No es un plan para que otros se conviertan en lo que


nosotros pretendemos: es un proyecto de ser personas en
sociedad que a todos nos afecta. Dicho de otro modo, es un
proyecto de conversión universal y universalizable que co-
mienza por la capacidad de leerlo en primera persona.
Se trata de «ir siendo personas en sociedad» en los tres
ámbitos del desarrollo humano integral: la satisfacción de las
necesidades, el sentido vital y la participación o el papel de
sujeto protagonista de la propia vida y de la historia.

La clave esencial Las necesidades, el sentido y la participación


para un proceso
humanizador de El proceso de vivir implica enfrentarnos a las necesidades
satisfacción de individuales y sociales. Darle importancia al «ser» no implica
necesidades pasa olvidar el «tener», sino que lo resitúa. Las necesidades, los
esencialmente por bienes, los deseos y, sobre todo, los satisfactores son con-
los satisfactores. tenido esencial de ese diálogo. Especialmente en una acción
Las necesidades no que lo es en situaciones donde aparentemente impera la ca-
se pueden confundir rencia, el no tener.
con los deseos, ni
los bienes tienen Nuestra acción está orientada también por elementos de
una aplicación sentido religioso y no religioso, es decir, por aquellos que
directa sobre las valoramos como importantes. Por aquellos elementos que
necesidades. Estas nos fundamentan racional, afectiva y espiritualmente.
están mediadas
por la forma en Nuestra acción social parte, igualmente, de la «potencia» que
que se relacionan, surge de la interacción entre individuos; es una concepción no
posibilitando el diá- individualista que pone el acento en las sinergias (propiedades
logo para encontrar emergentes de la interacción que no estaban en los individuos),
también el sentido y que se destruye cuando alguien pretende apropiárselos.
social. El poder
para hacer está Otro modelo de desarrollo
esencialmente en la
sinergia, en aquello En definitiva, ese ir siendo personas en sociedad nos plantea
que emerge cuando la necesidad de construir otro modelo de desarrollo basado
varios trabajan jun-
tos y que no estaba en un nuevo humanismo[53]. Un modelo que impulse un sujeto
en cada uno de ellos
por separado.
[53] PP nº 20
50
Características de la acción que dan soporte al modelo 3
que posee bienes, pero no es poseído por ellos. Que tiene Ir siendo personas
por parámetro las potencialidades y las capacidades de las en sociedad no
personas y los territorios. Que pretende el aumento de las es sino articular
mismas, dando también valor a lo intangible y a la calidad adecuadamente el
frente al predominio exclusivo de lo material y la cantidad. proceso de satisfac-
ción de necesida-
Un modelo en el que la calidad buscada se valida por la satis- des, de búsqueda
facción de las necesidades de manera integral, y tiene en los de sentido y de
«satisfactores» de las necesidades aquellos elementos que participación en
dan el «sentido» al valor de los bienes, no a su precio. Es un nuevo modelo
decir, aquellas formas de relación entre necesidad y bien que de desarrollo.
son sinérgicas, que contribuyen positivamente al «desarrollo Se trata de superar
integral humano»[54]. el predominio en
exclusividad de lo
Un modelo que recupera la «subjetividad» en diálogo cons- material en el que
tructor de sociedad/comunidad. Un modelo de desarrollo en la calidad de vida
el que, aun existiendo relaciones de intercambio (mercado), se tiene que ver con
potencien las exigencias morales de redistribución (solidaridad) el valor, no con el
y reciprocidad (proximidad) por ser los tipos de relaciones hu- precio de las cosas.
manas que realmente generan sociedad y comunidad[55]. Lo subjetivo entra
Un modelo que rescata el sujeto con valor social, cuya po- en juego como
tencia social procede de las potencialidades, las capacidades componente del
y los bienes «relacionales» de los sujetos. Una persona que diálogo constructor
de comunidad,
se trasciende en la autodonación y en la formación de una
recupera el valor
auténtica comunidad humana[56]. de la persona en
Un modelo que construye una sociedad en la que la persona relación amorosa
pueda realizar el sueño de Dios gozando de la propia huma- y solidaria con
nidad y estableciendo una relación de solidaridad y comu-
los demás, como
protagonista de la
nión con los demás. vida, la historia y
la sociedad.

[54] PP nº 5
[55] GS nº 64
[56] CA nº 41
51
Cáritas
Modelo de Acción Social

3. QUE SE DESPLIEGA EN UN
MÉTODO QUE HACE POSIBLE
SER SUJETOS QUE DIALOGAN
SOBRE ESE CONTENIDO
Nos referimos en este apartado al «Método» con mayúscula
para diferenciarlo de lo instrumental o de lo didáctico. Que-
remos hablar del Método en su sentido más profundo.

Las huellas

Partir de la biogra- Cada persona y cada colectividad han ido dejando sus
fía y de la historia huellas al hilo de su existencia. La primera nota del mé-
concreta de cada todo por el que optamos es aprender a seguirlas. Es otra
persona. No hay forma de mirar la realidad que nos implica y que nos com-
estándares. Cada plica, ya que sitúa delante de nosotros no la exclusión en
vida y cada pueblo
abstracto, sino a personas concretas que entran en rela-
han dejado sus
propias huellas. ción con nosotros desde su irrepetible riqueza y singu-
Saber encontrarlas laridad, portando con ellas sus condiciones de vida, que
y seguirlas es el son de exclusión. Una persona pobre es pobre, sí, pero,
primer reto. sobre todo, tiene el tesoro de su persona por encima de
su propia pobreza.
Hacerlo de este modo nos llevará donde el otro está, no
donde nosotros pensamos que debería estar. Y con él debe-
mos llegar «allá donde sus huellas nos lleven», no donde no-
sotros creemos que deben ir («si te pide que le acompañes
una legua, acompáñale dos»)[57].
Si seguimos las huellas, las que son realmente suyas, se abri-
rá espontáneamente la posibilidad del diálogo y el encuen-
tro porque no veremos sólo carencias, sino la riqueza de la
singularidad y de su «inédito viable». Aunque vidas rotas,
si son vidas humanas tienen siempre potencialidades, aun
a pesar de las apariencias, de los déficits, de las quejas y
desalientos.

[57] Mt 5, 41
52
Características de la acción que dan soporte al modelo 3
Seguir las huellas nos hace olvidar estándares, normalizacio-
nes, preconceptos y nos enfrenta con lo incierto. Nos abre a
la estrategia y nos obliga a programar con flexibilidad.

El encuentro

Si rastreamos las huellas, terminaremos encontrándonos,


pero también podemos simplemente toparnos con el autor
de las huellas. Evidentemente, un encontronazo no es lo mis-
mo que un encuentro.
Para ser un verdadero encuentro, mutuamente personaliza- Entablar un en-
dor, este ha de ser auténtico y profundo. Precisa del recono- cuentro verdadero,
cimiento del otro como sujeto, asimétrico a nosotros pero que sea de dos
completamente igual en dignidad. Y necesita del cimiento de iguales en dignidad
la solidaridad y del amor.
pero distintos en
trayectorias. En-
Debemos entender esa relación amorosa como la que ge- cuentro que haga
nera actitudes y conductas, no sólo sentimientos. Compor- emerger las poten-
tamientos que hacen del otro legítimo interlocutor, persona cialidades mutuas
con todas las letras.
desde el amor.

Se construye el encuentro «confiando» y «acompañando»,


pero siempre partiendo de las potencialidades. Eso es lo úni-
co que permite al ser humano un desarrollo en plenitud.
Todo encuentro con el otro, así vivido, remite en última ins-
tancia al Totalmente Otro.

El tiempo

El tiempo de la intervención social es el mismo de la per- No tenemos prisa,


sonalización y de la construcción social. Un tiempo huma- nuestro tiempo es el
nizador en el que no cuentan las horas sino el proceso. de Dios, el tiempo
de la personaliza-
Démonos tiempo. ¿Cuánto? El que sea preciso para ser. Pero ción, que dura lo
el tiempo de la intervención social es un tiempo en gerundio, que haga falta.
en marcha. Nunca somos, siempre vamos siendo.
Nuestro tiempo es el tiempo de Dios, cuya medida es la Per-
sonalización. Dios tiene su propio ritmo siempre dispuesto a
53
Cáritas
Modelo de Acción Social

acompañar a cada uno al suyo propio. Así debe ser también


nuestro tiempo.
Eso significa que en nuestras acciones debe desaparecer lo
puntual, lo inmediato, las respuestas parciales, dando paso
a procesos de trabajo que van más allá del balance de re-
sultados y que deben dar cuenta de la calidad de la perso-
nalización. Habremos de cuidar para que no los detengan
memorias de actividad, justificaciones o ritmos impuestos
por otras lógicas.

El proyecto del Reino de Dios

El Reino se cons- Por último, el proyecto del Reino en su sentido más loca-
tituye en fuente lizado e inmediato y en el más último y definitivo, con su
permanente de presencia y acción salvadora en medio de la historia[58], nos
dinamismo y com- ofrece ese horizonte de confianza que ayuda a mantener te-
promiso transfor- nazmente el dinamismo transformador y la esperanza[59].
mador.
Este proyecto ha de ser operante aquí y ahora[60], marcar
objetivos reales y realistas, pero que trascienden, a la vez, lo
que nuestro mundo considera «razonable», pues la voluntad
y gracia de Dios hacen no sólo posible, sino presente ya
en la historia, lo que al mundo, sólo con sus fuerzas, resulta
inalcanzable.
Así, el Reino, que «es fuente de plena liberación y de salva-
ción total para los hombres»[61], se constituye en fuente per-
manente de dinamismo y de compromiso para las personas
que se sienten movidas por la gracia a visibilizar su presencia
por medio de acciones significativas y transformadoras.
Una acción social que no sea realización significativa del pro-
yecto del Reino, consolida y cronifica la realidad injusta que
se desea cambiar. Una acción que desea transformar esta

[58] GS nº 39; SS nº 35
[59] SS nº 31
[60] ChL nº 58
[61] ChL nº 36
54
Características de la acción que dan soporte al modelo 3
realidad, se compromete y urge su realización[62]. Su colabo-
ración se produce «a modo sacramental», o sea, haciendo lo
que anuncia, anunciando lo que realiza. En suma: contribu-
yendo al advenimiento del Reino de Dios[63].

4. Y QUE TIENE EN LA COMUNIDAD


CRISTIANA SU AGENTE

Raíz creyente del diálogo, contenido


y método

La raíz creyente y eclesial de la acción social de Cáritas Ser hijos y herma-


está presente en todo lo anteriormente dicho. El diálogo nos que trabajan
entre sujetos constituye el reconocimiento de la dignidad por el Reino es la
absoluta de la persona en cuanto hijo de Dios. Hablar de manera más honda
ir siendo personas en sociedad no es ajeno a la cons- de hablar del diálo-
trucción del Reino de hermanos. Hablar del método y
go entre sujetos en
torno a ser personas
sus elementos no es diferente de hacerlo desde el amor en sociedad.
encarnado.
La filiación, la fraternidad, el Reino y el amor cristianos in-
cluyen los contenidos anteriormente expuestos, pero los
trascienden, ahondan y les dan un sentido mucho más pro-
fundo en Dios.

La comunidad cristiana es quien actúa

Esta raíz creyente tiene además otra exigencia de orden más El agente de la
práctico pero no por ello menos profunda. El agente de la acción de Cáritas
acción de Cáritas es la comunidad cristiana entera, que no es la comunidad
está completa si no desarrolla su dimensión de servicio a los cristiana entera que,
más pobres. en diálogo con otros,
construye comuni-
dad y evangeliza.
[62] LG nº 31; GS nº 39; ChL nº 14
[63] ChL nº 58
55
Cáritas
Modelo de Acción Social

Así, cuando Cáritas actúa, cuando dialoga con otros sobre


el ser personas en sociedad con un determinado método,
es la comunidad entera quien lo hace. No es un grupo
eclesial, sino la Iglesia entera en acción. Acción delegada
y encarnada en personas concretas, que son y se sienten
enviadas.
Una comunidad cristiana que, en diálogo con otros desde la
dignidad, construye comunidad y evangeliza.
El potencial humano y material de la comunidad cristia-
na, auténtico sujeto de Cáritas, debe ser profundamente
valorado a la hora de fijar y orientar el servicio a los po-
bres y de responder a la voz de Cristo que habla desde
los pobres y desde las nuevas pobrezas.

Una comunidad universal pobre y de los pobres


que comparten

Y esa comunidad La realización de la comunión (koinonía) en el servicio


cristiana entera (diakonía) en la Iglesia nos convoca a una concepción de
es pobre y de los la comunidad pobre y de los pobres que se resume en
pobres, comparte lo la elocuencia del «fijaos cómo se aman». Ello reclama la
material y lo intan- necesidad de cultivar las relaciones del compartir frater-
gible como signo, y no en el seno de una comunidad en la que los pobres se
es abierta, más allá
de sus propias fron- encuentran como en su propia casa.
teras. Es una comu- Nos reclama, también, un espíritu de comunión entre las
nidad católica. Iglesias: «Fijaos con qué fraternidad y solidaridad viven».
Ello exige el desarrollo de una auténtica comunión de
bienes entre las Iglesias a través de Cáritas y otras insti-
tuciones eclesiales.
Finalmente, nos aboca a la acogida y solidaridad de los
pobres de la Tierra: «Fijaos con qué gratitud aman a los
pobres, sean o no de los suyos». De ahí la importancia de
desarrollar la dimensión universal de la caridad cristiana
que bebe de la pertenencia a la gran familia humana de
los hijos e hijas de Dios.
56
Características de la acción que dan soporte al modelo 3
Gratuidad y compromiso creyente

Ser creyente y miembro de la Iglesia exige de cada per- La acción de Cá-


sona crecer en su fe cada día y encarnarla en un com- ritas constituye un
promiso concreto. El voluntariado en los campos de la espacio privilegiado
acción sociocaritativa de la Iglesia, en general, y de Cári- para el desarrollo del
tas, en particular, se convierte en una forma significativa compromiso creyen-
te, aportando a la
de desarrollar esa dimensión insoslayable de la fe.
acción un plus de
Así, la acción de Cáritas debe contener un plus de gratuidad gratuidad, que ter-
y de compromiso que forma parte de su identidad y que, por mina definiéndola.
tanto, conforma también la acción que desarrolla.

57
4
Epílogo.
¡ Queda todo
por hacer !
Epílogo. ¡Queda todo por hacer! 4
1.  DEL PENSAMIENTO A LA ACCIÓN

Este último apartado del documento no es exactamente parte


del modelo, pero sin él probablemente carecería de mucho
de su sentido. Nuestro Modelo de Acción Social no es esen-
cialmente una publicación para ser leída, sino un medio para
activarnos, para ayudar a desarrollar la tarea que la Iglesia nos
ha encomendado.

Así, este epílogo no pertenece al cuerpo del documento,


pero pretende ser «sus manos», apuntar claves de por dón-
de comenzar a trabajar y cómo el modelo puede ser ese
activador necesario.

Del modelo a los marcos

Una primera tarea que se desprende de este proceso de


elaboración del modelo pasa por la construcción de unos
«marcos» que nos ayuden a concretar los contenidos en los
diferentes ámbitos de la acción de Cáritas.

Tres son hoy los elementos que nos permiten dibujar en una
agrupación con sentido la acción real de Cáritas. Son tres
ámbitos que nos permiten mirar al conjunto sin dejar nada
fuera y sin por ello perdernos en el bosque de las concrecio-
nes en que luego se despliegan:

•  Uno, en torno a las personas en situación de exclusión social.

•  Otro, en relación con la acción en los territorios.

• Y un tercero, referido a la cooperación internacional.

El Modelo de Acción Social nos ha de servir como orientación


común, como generador de preguntas y de respuestas a la ac-
ción concreta. Los marcos han de responder a la formulación
de objetivos; al despliegue operativo de la acción; a su organiza-
ción; al método con que se desarrolla, y a sus agentes.
61
Cáritas
Modelo de Acción Social

¿Aplicar o aprehender?

El Modelo de Acción Social, su estructura y su intención, no


es algo que se pueda «aplicar mecánicamente». Nosotros no
debemos hacerlo así, y proponemos ahora un listado de «re-
cetas» para aplicar el modelo. La clave de este último capítu-
lo tiene que ver con «ponernos en clave de aprendizaje».
El Modelo de Acción Social nos plantea unos fundamentos,
unas opciones y unas características de la acción. Pero no
son tres apartados que se puedan leer de manera aislada,
pues unos están contenidos y contienen a los otros. Hay que
leerlos descubriendo las relaciones.
Unos fundamentos que no llevan a opciones concretas y de-
finidas son sólo discurso. Y viceversa, unas opciones que no
están asentadas en unos convencimientos sólidos no perdu-
ran. Por otra parte, no es válida cualquier manera de hacer.
La manera de hacer debe ser tal que haga posible traducir
los fundamentos en las opciones, pues al final el «cómo ha-
cemos» condiciona la acción, y viceversa, la manera de hacer
depende de cómo «pensemos, fundamentemos y plantee-
mos» el hacer.
En resumen, necesitamos «comprender» el modelo. Y para
eso no basta con un mero esfuerzo intelectual, es preciso
«aprehender», es decir, buscar una interiorización que pro-
voque cambio y conversión del saber, del sentir y del actuar.
«Comprender» no se consigue si no se hace en relación
con la praxis. No puede existir «comprensión» meramente
teórica; esta, en tanto implica cambio y conversión, ha de
hacerse a la vez que se está «haciendo», o sea, en el propio
compromiso de la acción.
Así pues, aplicar el modelo no es «pasar» del pensamiento
—de la teoría— a la acción, sino que se trata de «aprehen-
der» el pensamiento —la teoría— en la acción. En este pro-
ceso nos jugamos las posibilidades de este Modelo de Acción
Social.
62
Epílogo. ¡Queda todo por hacer! 4
Los ejes del proceso
de «comprensión y aprehensión»

Ese proceso de comprensión del modelo ha de hacerse en


cada lugar. Es imposible aquí fijar con detalle cómo ha de
hacerse en cada grupo, pero sí que resulta posible señalar al-
gunos elementos, que por su importancia para «aprehender»
han de ser tenidos en cuenta por todos.
A esos elementos los vamos a llamar «ejes». No serán
todos, pero son los más importantes, por cuanto son es-
tratégicos[64], es decir, son de importancia decisiva para la
realización de lo que nos proponemos. En ellos están las
claves del «éxito».
En el próximo apartado serán desgranados, ahora hacemos
una simple enumeración:
1. Procesos de reflexión/acción.
2. Una comprensión estratégica de la acción.
3. Las relaciones acción-agente.
4. Trabajar en red.
5. Estar y hacer con la comunidad cristiana.
6. Organizar la acción al servicio de esta comprensión.
Cada uno de los seis ejes necesita un proceso de trabajo que
ha de desarrollarse a todos los niveles: confederal, diocesa-
no, parroquial. Tenemos conciencia de que es un proceso de
cambio y conversión en el que se abordan cuestiones sustan-
tivas. Por ello, no se puede hacer de golpe, no tiene recetas,
y ha de plantearse en comunidad.
Evidentemente, estos ejes están al servicio del proceso ge-
neral: de lo que se trata es de caminar de forma que nuestras
acciones hagan suyas las opciones del modelo. Reiteramos

[64] Estratégico: «De importancia decisiva para la realización de algo». (Dic-


cionario María Moliner de uso del español).
63
Cáritas
Modelo de Acción Social

que las opciones no son sino la traducción de los fundamen-


tos en los que se asienta el modelo. Y que a esas opciones
debe responder una comprensión del hacer en coherencia
con sus fundamentos.
Dicho de otra forma, los ejes que ahora vamos a desarro-
llar pretenden ayudarnos a comprender, a pensar/actuar, de
modo que nuestras acciones sean fieles al modelo que nos
hemos dado. Esta es la manera de aplicar el Modelo de Ac-
ción Social.

2. LOS EJES DEL PROCESO


DE COMPRENDER

Procesos de reflexión/acción

Hemos de hacer de la reflexión sobre la acción no algo ex-


traordinario que se hace de vez en cuando, sino la praxis
habitual. Reflexionar sobre la acción es, esencialmente, pa-
rarse, tomar distancia y hacerle a la acción concreta todas
las preguntas que se desprenden del Modelo de Acción
Social.
¿Lo que estamos haciendo está basado en lo que decimos
que son nuestros fundamentos? ¿Se nota en lo que hacemos
que esas y no otras son las opciones que hemos tomado?
Y nosotros, ¿comprendemos la acción con esas caracterís-
ticas?
Preguntas que nos han de llevar a tomar decisiones, y a apli-
carlas. Nos preguntamos sobre la acción, para volver a ella y
mejorarla.

Pasar periódicamente cada acción de las que tenemos o de las


que pongamos en marcha por un proceso de reflexión-acción
iluminado por los contenidos del Modelo de Acción Social.

64
Epílogo. ¡Queda todo por hacer! 4
Algunas claves de este eje

•  Es preciso abordar los procesos de reflexión sobre la ac-


ción con apertura a la conversión.
Suele ser normal que al enfrentarnos a un texto como
el modelo, que nos habla del «deber ser», nos surja la
actitud autocomplaciente. Puede pasar que el deseo de
llegar nos impida ver dónde estamos. Desconfiemos de
nosotros mismos cuando nos digamos: «Yo ya cumplo el
modelo». Por ello es importante la autocrítica, no para
sentirnos mal, sino para mejorar. Evaluarnos honesta-
mente no debe ser entendido como un «examen» sobre
nuestra valía.
•  La reflexión sobre la acción ha de ser un proceso perma-
nente, no una actividad puntual. Hemos de incorporarla a
nuestra cotidianeidad.
Si entendemos el modelo como un listado previo de condi-
ciones, en lugar de hacerlo como una meta permanente, le
quitaremos una buena parte de sus posibilidades activadoras, y
será un elemento que nos frustre en lugar de ayudarnos.
•  Por último, estos procesos precisan de un método que
los haga realmente formativos, y no meras «evaluaciones
prácticas».
Método que con distintos nombres es patrimonio his-
tórico de la Iglesia. Se trata del ver-juzgar-actuar, llamado
también revisión de vida, lectura creyente de la realidad…
Hemos de aprender a funcionar con él. Evidentemente, los
procesos de reflexión sobre la acción han de hacerse en
grupo, desde el respeto y la aportación de todos.

Una comprensión estratégica de la acción

Nuestra acción opta por «acompañar». Acompañamos el


camino de otros (personas, comunidades…) que transcurre
en medio de la vida, en el que surgen permanentemente ele-
65
Cáritas
Modelo de Acción Social

mentos no previstos, cuestiones nuevas, amenazas y oportu-


nidades que hemos de saber afrontar.
Una acción que se ciñe a un plan preestablecido, que se que-
da en el desarrollo de las actividades programadas, que no
tiene la flexibilidad necesaria para incorporar lo nuevo y no
previsto es una acción que no acompaña, sino que camina y
hace que los demás la sigan, tenga o no sentido.
El desarrollo de la visión estratégica no supone una renun-
cia al plan, muy al contrario, hay que planificar, pero cierta-
mente no de la misma manera. Si desarrollamos procesos
de planificación centrados en la actividad en lugar de estar
referidos a las estrategias de acompañamiento, tendremos
un desarrollo eminentemente programático de las activida-
des y los medios y recursos, pues haremos una evaluación
de «lo que hemos hecho y lo que no», pero no llegare-
mos a preguntarnos si hemos logrado los objetivos y en qué
grado.

Incorporar en la planificación también, y esencialmente,


las estrategias de acompañamiento. Y desarrollar procesos
de evaluación centrados en los objetivos. (Como agente, al
margen de la actividad que se haga, ¿cómo voy a acompañar?).

Algunas claves de este eje

• Tenemos una manera habitual de funcionar muy condicio-


nada por una comprensión «programática» de la acción, es
decir, por una aplicación sin más de lo programado.
Se trata de una manera de funcionar que está muy poco
atenta al devenir de las cosas, que no es capaz de incor-
porar la incertidumbre, lo no previsto. Esta mentalidad
programática sirve para cuando actuamos en entornos
controlados, pero esto pocas veces se da. Y nos viene
marcada por una forma de pensar culturalmente estable-
cida en nuestra sociedad. Este modo de pensar separa al
66
Epílogo. ¡Queda todo por hacer! 4
observador de lo observado, pretendiendo inútilmente
la «neutralidad» y la «objetividad».
•  Hemos de procurar un cambio en la manera de pensar, de
ver, de saber y de hacer.
Una manera que nos posibilite: primero, pasar de una for-
ma de pensar fragmentaria, lineal y dicotómica a otra que
nos permita captar la diferencia, pero no para separar o
fragmentar, sino para unir. Segundo, analizar, pero para ver
las relaciones.Y tercero, que sepa moverse en el marco de
la realidad, que «es como es», y no como «debe ser». Un
cambio difícil, que además no se puede hacer de una vez.

Las relaciones acción-agente


El hacer y quien lo hace tienen una relación de reciprocidad.
Podemos decir que el agente hace la acción y esta hace al
agente, así en un bucle permanente.
Este bucle nos pone delante del propio rol del agente, de su
papel, de qué hace y cómo lo hace. Para comprender la acción
como «diálogo entre sujetos», el agente ha de reconocer el
ser sujeto del otro, ha de confiar, no imponer, acompañar…
Igualmente, si la acción hace al agente, nos enfrenta a nues-
tros procesos formativos, sus contenidos, su método y su
comprensión.
Ambos elementos, es decir, la revisión permanente del rol y la
formación del agente, implican la pregunta por las aptitudes,
pero también y sobre todo, por las actitudes. Nuestro hacer
ha de ser técnicamente bueno, pero también adecuadamente
humano y humanizador. Las técnicas y las herramientas ade-
cuadas se pueden y se deben aprender, y los comportamien-
tos también. Las actitudes se cultivan.

Hemos de incorporar la «revisión» de nuestro rol como agen-


tes, y recomprender los procesos formativos, de modo que sin
renunciar al eje «aptitudinal» incorporemos el «actitudinal».
67
Cáritas
Modelo de Acción Social

Algunas claves de este eje

•  El modelo define la acción como «diálogo entre suje-


tos».
Por tanto, hay actores que no son los «agentes de Cári-
tas». Por ello, de lo que se trata es de incorporar al «otro»
a la acción para que sea realmente sujeto protagonista, lo
que implica un cambio en el propio rol del agente de Cá-
ritas. Máxime si se trata de personas o comunidades que
se encuentran en situación de exclusión o vulnerabilidad
social. Situación que, entre otras, posee la característica de
serle negada o dificultada su condición de sujeto social.
Ya hemos dicho que para dialogar, el talante y la acción del
«agente» es el acompañamiento. Acompañamos procesos.
Por ello, uno de los elementos clave a considerar tiene que
ver con el rol de los agentes y con encontrar las claves del
cambio necesario.
•  El agente «hace la acción», pero la «acción también hace
al agente».
Dicho en forma de adagio: «O actúas como piensas o ter-
minarás pensando como actúas». Esta bidireccionalidad de
la relación acción/agente ha de ayudarnos a recomprender el
significado y la práctica de la formación. Nos puede ayudar
a comprender por qué una formación solamente orien-
tada hacia el «saber hacer» no transforma a los agentes,
pues se plantea solamente el cambio en las «aptitudes»,
dejando de lado el amplio campo de las «actitudes», igual-
mente clave. Nos puede ayudar a reorientar la formación
desde procesos marcados por la «enseñanza» a otros en
los que el centro sea el «aprendizaje» y que sin renunciar a
la transmisión de conocimientos no haga de esta su única
clave.
En definitiva, una formación entendida como un proceso
dinámico de reflexión/acción, cuyo contenido esencial
tiene que ver con lo que hacemos cotidianamente, en el
68
Epílogo. ¡Queda todo por hacer! 4
que entran en juego no sólo las técnicas, sino también las
propias personas implicadas y que es «iluminado» por
saberes exteriores a sí mismo. Una formación orientada
a educarnos en el ser compañeros de camino, acompa-
ñantes.

Trabajar en red

La realidad de la pobreza y de la exclusión es un campo en el


que no somos los únicos en intervenir. Existen otros grupos
creyentes y de otros ámbitos que también lo hacen, así como
el conjunto de las administraciones públicas.Y todos tenemos
un mismo «campo de juego» en el que confluyen diversos
jugadores con diversos estilos, tareas y responsabilidades.
En ocasiones el encuentro en la realidad no es sencillo, las
diferencias y los estilos generan tensiones. Los principios de
subsidiariedad, participación y solidaridad[65], enmarcados en
una actitud de diálogo y encuentro colaborador[66], que no
excluye la crítica y la denuncia, son los elementos que han de
articular ese encuentro con otros agentes.

Incorporar en nuestra perspectiva de acción trabajar


en red con otros, revisar permanentemente la acción
y dedicarle el tiempo necesario en cada caso.

Algunas claves de este eje

• Trabajar en red es dar un paso cualitativo sobre la mera


coordinación.
Supone aprender a que nadie deba renunciar a lo sustan-
cial suyo, sin por ello dejar de ser eficaces en la acción.
Supone pasar de una concepción piramidal de las relacio-
nes a otra en la que hay centro, pero no cúspide. Supone

[65] Compendio de la DSI, nº 185-196


[66] DCE nº 30
69
Cáritas
Modelo de Acción Social

saber que dinamizar una red no es igual que dirigirla y que


la propia red es objeto de trabajo y acompañamiento para
poder llegar a ser realmente red.
•  Nuestra acción opta por ser significativa.
Opta por animar la acción de otros, por ser referencia
para poner de manifiesto situaciones «invisibilizadas» y no
sólo actuar ante ellas, sino motivar la acción de otros, es-
pecialmente la de aquellos que por imperativo legal están
llamados a hacerlo.
Trabajar en red es un elemento clave para esto, además de
que contribuye también a aprender de otros, para no duplicar
acciones, y en definitiva para poner por delante del protago-
nismo institucional el servicio a quienes lo necesitan.

Estar y hacer con la comunidad cristiana

Optar por «ser cauce de la acción de la comunidad cristia-


na» tiene consecuencias en nuestro estar y en nuestro hacer.
Si bien es cierto que no todo depende de nosotros, aquello
que sí dependa, hagámoslo.
Hemos de procurar «un estar» en la comunidad cristiana
que sea capaz de situar a Cáritas o, mejor, a la acción socio-
caritativa como uno de los centros de la vida comunitaria,
en interrelación enriquecedora con la liturgia y la catequesis.
Procurando generar una pastoral de conjunto.
Igualmente, hemos de plantearnos «un hacer» con la comunidad,
hemos de renunciar a todo aquello que la suplante, y desplegar
una intervención hacia ella, que no se limita a la sola información,
sino que es de implicación de la propia comunidad (sin olvidar
que cuando hablamos de ella nosotros estamos incluidos).

Hemos de revisar permanentemente cómo estamos en la


comunidad cristiana, proponiendo formas de incrementar la
pastoral de conjunto. De igual manera, hemos de plantearnos
cómo movilizar las energías solidarias de la comunidad.
70
Epílogo. ¡Queda todo por hacer! 4
Algunas claves de este eje

•  Hacer que la acción sociocaritativa ocupe el lugar que le co-


rresponde en el marco de la Iglesia actual.
Es una tarea que trasciende a la propia Cáritas, pues es una
tarea del conjunto de la Iglesia. No obstante, hay cosas que
sí dependen de nosotros y que podemos empezar a hacer
ya. Elementos que tienen que ver con el «estar» de Cáritas
en el seno de las comunidades cristianas, y con el «hacer» en
relación con ellas.
•  La acción de Cáritas se sitúa inevitablemente en la frontera:
actuar con la pobreza y la exclusión lo requiere.
Pero ese estar en la frontera no debe hacer que nos situemos
en los márgenes de la comunidad cristiana. Estar en la frontera
implica todo lo contrario: trabajar por llevar la comunidad ha-
cia los pobres y los pobres hacia la comunidad.
•  Hacer propuestas para incorporar la acción socio-caritativa
como un eje de la catequesis y la celebración, y a la inversa.
Pueden ser una buena manera de trabajar la pastoral de con-
junto desde Cáritas. Ir pasando de una presencia fundamental-
mente testimonial, esporádica e informativa, a otra que vaya
recuperando el elemento del compromiso con los pobres
como un eje indispensable del ser creyente que se aprende, se
transmite y se celebra.
• Animar y acompañar la acción socio-caritativa de la comunidad
nos plantea retos importantes.
No suplantar la acción de la comunidad pasa por no obsesio-
narnos con «la titularidad de las acciones», sino hacerlo con
sus características y opciones. Acompañar la acción de otros
exige también dedicar tiempo, esfuerzo y recursos. Nos re-
plantea también los procesos de sensibilización, así como el
concepto de «destinatarios», pues en último término lo somos
todos. Hay que abandonar la intencionalidad de que la comuni-
dad conozca y apoye lo que yo hago y sustituirla por otra que
anime a hacer.
71
Cáritas
Modelo de Acción Social

 rganizar la acción al servicio de esta


O
comprensión

La acción, para ser más eficaz, ha de estar organizada. No


cabe ninguna duda, las estructuras organizativas son impres-
cindibles. Cualquier Modelo de Acción Social necesita una
estructura organizativa que lo sustente, lo anime y lo haga
posible.
Lo central de este eje es convertir el acompañamiento
en el criterio articulador de las estructuras organizativas.
Organizarnos esencialmente para acompañar, pero para
hacerlo con la acción. Acompañar a los agentes que ha-
cen la acción y a la acción que hace a los agentes es un
reto que habrá de atravesar las estructuras organizativas

Hemos de revisar permanentemente cómo nos organizamos


y cómo estructuramos la acción, para que lo organizativo
no se coma lo esencial de la acción. Para que facilite
acompañar y ser acompañado.

Algunas claves de este eje

•  Lejos de nuestra intención está sugerir que la concreción del


modelo y el cambio en la acción dependan de la estructura.
Ninguna estructura es perfecta; no vamos a encontrar la
clave ahí. Las estructuras organizativas no son mágicas.
Facilitan o dificultan, pero no son todo. La complejidad
organizativa de Cáritas hace, además, que no sea posible
ni deseable elaborar un modelo universal.
•  Hemos de posibilitar una organización que se pueda plani-
ficar y revisar desde su servicio al acompañamiento.
Tener la suficiente flexibilidad para ir modificándose so-
bre la marcha y, sobre todo, desplegando las posibilida-
des y las sinergias aun antes de la formalización, siempre
necesaria, y siempre insuficiente.
72
A
Anexos
Anexos A
ABREVIATURAS
1Cor Primera carta de San Pablo a los Corintios
1Jn Primera carta de San Juan
2Cor Segunda carta de San Pablo a los Corintios
AA Apostolicam actuositatem
CA Centesimus annus
ChL Christifideles laici
DCE Deus caritas est
DiM Dives in misericordia
EN Evangelii nuntiandi
ES Eclesiam suam
Ex Éxodo
Gn Génesis
GS Gaudium et spes
Jn Evangelio según San Juan
Lc Evangelio según San Lucas
LG Lumen gentium
Mt Evangelio según San Mateo
NMI Novo millennio ineunte
OA Octogesima adveniens
PT Pacem in terris
RH Redemptor hominis
SRS Sollicitudo rei socialis
SS Spe salvi
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Anexos A
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