7Bab62 "6453241
iGo Es Uw wiNo como cUALQUIER
OTRO, SOLo QUE EL AMA
PROTUNDAMENTE La WATURALEZA
ADEMAS,
IDO Y QUE GUARDA COMO UN
TESORO, SIN EMBARGO, EL
‘TRRATENTENTE DEL Lt
LUGAR INSEALA
{IW ASEREADERO PAR EXPLOTAR EL
BOSQUE NATIVO DE LA REGION, LO
QUE OBLIGA AL MUCKACHO A FONER
ENPELIGRO ESE SECRETO PARA
SALYAR ASU ANADO BOSQUE
AFORTUNADAMENTE, NO BSTA S010:
SU FAMILIA, EN ESPECIAL SU
HERMANA, ADEMAS DE MANARTITA,
TA MACH, PHASTA La MIETA DE SU
QUELO HAGAN, YA QUE TAMBI
LS ANIMALES TIENEN ALGO QUE
DECIR. SIN IMPORTAR S1 $01
CLERVOS RODOS 0 VACAS; TOD(
TAPULEA,
PELIPE JORDAN JIMENEZ ES U0
DEUDS AUTORES CHILENOS MAS
DESTACADOS DEL MOMENTO EN
TITERATVRA INFANTIL, POR SU OBA
(ADA EN ESTA
RERIO LS
GALLtTO a4zz,
MIsua coLICCION
PREMIOS "BL BARGO DE VAPO!
2005) ¥ "MUNICIPAL DE
Lmiatdaa’( on), xeon
SH PUSLICO TAMSIEN LA
EILARANTE NOVELA BL ABSURDO
on,
[Link] 9 Af10SLa guerra
del bosque
Felipe Jordan Jiménez.Dreccion editors: Rodolfo Hidalgo Caprile
Djroccén teria: Sergio Tanhnuz Peta
liystraciones y cublerta: Malena Eysymontt
Diagramacién: Pablo Aguime Ludueta
© Felipe Jordsn Jiménez
© Ediciones SM Chie S.A
Pedro de Valdivia 885, piso 11, Providencia, Santiago,
ISBN: 976-956-26¢-532-4
Doposito legal: N° 170.803,
Primira ed cin: junio de 2008.
Impresion: _Imprenta Salesianos S.A,
General Gana 1486, Santiago
IMPRESO EN CHILE PRINTED IN CHILE
No esta permiida la repraduccion total o parcial
de este libro, ni su tratamionia informatio, ni su
transmisionde ninguna forma oporcuaguier media,
ya sea electnica, mecénico, por ftocopia, por
registro u otros métodos, sin el permiso previo y
or escrito de los ttvlres de copyright—Tiéy ese animalitose parecen mucho —<
la machi, apareciendo por entre los Arboles
El chico y el cervo votvieron la cabeza para
mirarla, pero ninguno parecié sorprenderse
con su llegada.
— {Por qué? —pregunts el nif.
Ni él ni tai deberian estar aqui —explicd
la machi seria—. Pero, a pesar de eso, los dos
etn y son parte de esta tierra,
—Acaso hay que nacer en un lugar para
quererlo? —pregunto de nuevo Rigo.
—No, solo hay que vivir en él y...cuidarlo
—contesté ella sentindose a su lado.
‘Guarcaron silencio por un minutocompleto.
Finalmente, sin dejar de acariciar al ciervo,
Rigo dijo algo entre dientes.
Qué? —pregunté la machi.
—Marimari, Mamartita...—la salud6 el nit.
sonrigndole.
Ella lomir6 ya serieiad desu adusto rostro
se quebré al devolverle su sontrisa con otra, al
tiempo que le respondia:
—Marimari, hermanito.
‘Yenellugar mas apartado del mundo, en un
valle entre volcanes dormidos, cerros vestidos
de bosques como mares verdes y potreros
Ilenas de vaeas llenas de leche, la vida siguis
apacible, aunque ya no tan igual como antes.
FIN
150
Alla razin de mis palabras,
mii hija Florencia...
Ya mi sobrina Nati, por su caritio
(ya Caro, Vale, Romi y Eduardito,
porque los quiero).-As{ es —confirmé escuetamente su
apa
Solo mencionaste una: hablar con el tfo
Emilio —insisti6 curiosa la nifia—. ;Cuél fue
laotra?
sa la sabrasal volver a Santiago. No, en.
realidad, la sabrés un poco antes de volver a
Santiago —explicé enigmatico su padre.
—Cuéndo? —pregunis ella expectante.
—Cuando tu mama venga a buscarte —Ie
respondisé él sonriendo,
Marichen tardé unos segundos en caer en
‘cuenta de lo que su padre queria decir
—{Mi mama? Va a venir? cd? jNooo!
—exclamé inerédtla, pero feliz
Y lo abrazé como nunca lo habia hecho.
Ala mafana siguiente, como todos los dias,
Rigo se paseaba por el bosque, respirando
ccontentoese aroma del verde que creyé perdido
para siempre. Lleg6 hasta un claro'y se sent6
sobre un tronco al sol y allf esperd. Al poco
rato, un hermoso y robusto ciervo rojo aparecié
y se le acerc6 lentamente, hasta colocarse a su
aleance. Entonces, Rigole acaricié suavemente
eltestuz,
Estuvo asf un rato, hasta que la vox de
Mamartita lo sacé de sus cavilaciones.
149su esposa, una ver que el muchacho se hubo
alejado— ¢¥..?
—¥.. qué? —replicé Laura—. Es un buen
chico. Por lo que me acuerdo, vive con su
abuela, porque es huérfano de madre y su
apa trabaja en una salmonera de Puerto
Escondido.
Luego sontié mirando a su hija y agregé
—jfada una “suegra’ la que conseguiste!
Zor qué..? Quién es? —quiso saber
Martin
‘Laura y Violeta cruzaron miradas serias y
demoraron unos segundos en contestar
—Antonio Heine Lincoqueo...—susurr6
casi la madre.
Su abuela es Mamartita —elijo por fin la
muchacha y se qued6 mirando a su padre con
ojos expectantes.
Martin se puso serio y también se tomo
‘un instante antes de decir algo.
—Bueno... ~suspir6 resignado—. Espero
que cuando la invitemos a comer, se le quite
un poco la bronca que me tiene.
Y sonriendo, abris los brazos para que su
mujer y su hija lo abrazaran.
—Dijiste quehabias ido Santiagoaarreglar
dos cosas —senialé Marichen cuando iban
‘camino a casa.
148
De todos los lugares apartados del mundo,
el més apartado era, sin duda, El Apartado,
pueblo perdido en un valle entre volcanes
semidormidos, cerros vestidos de bosques
‘como mares verdes y potreros llenos de vacas
Tenas de leche.
Porque si de algo se puede estar seguro en
esta vida, es de que El Apartado era un pueblo
lechero. No importando lo lejos y escondido
‘quese encontrara, ni que hubiese queatravesar
tun lago y recorrer caminos indomados para
egar hasta él, su gente se habia empecinado
‘en criar vacas y en vender leche. La mejor, la
mas blanca, la mas sabrosa de las leches. No
estaba escrito en ninguna parte, pero el lema
de sus habitantes era: areas, mis vacas,y leche,
‘mucha leche. Como se ve, eran gente simple,
‘pero muy clara para sus cosas,Aunque la mayoria de los apartadinos
vivia en las afueras del villorrio (lejos del
supermercado, pero cerca de sus vacas),
este congregaba un buen ntimero de casas,
dispuestas con holgura en tomo a la plaza
de armas, y alrededor de ella se levantaba
el centro civico, es decir, los cuatro edificios
‘més importantes del pueblo: la iglesia, el
colegio, el eonsultorio médico (donde también
funcionaba el correo) y por supuesto, la sede de
la Cooperativa Lechera de El Apartado S. A.,
sociedad a la que todos estaban ligados de una
‘wotra manera
EL Apartado era el lugar mas tranquilo del
mundo, donde habfa muchas celebraciones
y pocas preocupaciones. No habia televisién
Por cable (casino habia TV en realidad), porlo
que la gente tenia que conversar y, como pocas
casas contaban con teléfono, estaban abligados
a hacerlo cara a cara la mayor parte de las
veces, A trasmano de todo, era un pueblito
sosegado, donde la vida transcurria sencilla y
apacible... aburrida pensaria més de alguno.
Sin embargo, hasta un lugar como este, puede
estremecerse de vez en cuando, sobre todo si
en él vive un chiquillo como Rigo.
Porque Rigo era un nif... algo extrafio, en
‘eso estaban de acuerdo todos enel pueblo, pera
nadie dejaba de quererlo por ser asi, Timido,
sin duda, callado y meditabundo también, era
6
Esta bien, esta bien... cumpliré con las
formalidades de rigor. Papa y mamé, él es
Antonio Heine, nos conocimos en el colegio
‘hace varios aiios y hard cosa de... unos meses
que nosotros... bueno, ya saben,
—2Del colegio? —pregunté sorprendida
Laura—. 2Y cémo es que no me acuerdo de ti?
—Solo me hizo clases un afio...en octavo
—respondié el muchacho sonriendo—. ¥ yo
era del montén, no mas.
—2¥ qué haces ahora? —quiso averiguar
Martin veladamente, ;
—Ya salig el padre de familia! —exclamé
molesta Violeta
—Es ldgico, amor, zno crees? —le dijo
Antonio, Iniego agregé orgulloso—. Estudio
‘medicina en la Universidad de Concepcién.
segundo aio,
Bien! ;Ya se los presenté y saben que
es un buen partido! —interrumpié Violeta
apresuradamente—. Ahora, l tiene que irse a
su casa, porque su abuela lo esti esperando.
—;Por Dios, hija ;Qué brusca! —la reprendié
Laura—. Adis, Antonio, ya me acordé de ti.
Saludos a tu abuela y qué bueno que la quieras
tanto.
—Se lo merece —contest6 él con
vehemencia—. Por ella voy a ser médico... me
Io inculed desde chico...;Adi6s!
—zAsi que lo conoces? —pregunté Martin
147sin embargo, me alegro de haberme topado
contigo.
—Hablas como siesta fuera una despedida
—replics él con voz triste.
—No,sefior—se rié Marichen—, tienes para
Tato conmig Solo queria dcite so: que eres
especial
Rigo se revolvi6 incémodo, Nunca antes una
nifia le habia dicho cosas como esas y no supo
qué contestar. Pero ella lo miré comprensiva y
‘con una sonrisa algo apenada, se despidic:
— Chao nos [Link] do ets das
___ Ysealej6 hacia su padre que la esperaba
junto al vehiculo. Pero no alcanzé a dar dos
pasos,
—Majiana... —dijo Rigo de pronto.
Qué? —pregunts la nifta volviéndose.
__ —Mafiana nos vemos..enla tarde —explicé
41 sonriendo—. Te llevaré a conocer un lugar
que te gustaré.. Ven con el Pampanito iy
trae un caballo para mit (También me gusta
montar!
— Bien! —exclamé Marichen radiante—,
Hasta mafana...!
‘Y corrié al encuentro de su padre.
Martin y Laura miraban con disimulo a
Violeta y Antonio, esperando pacientemente.
Por fin, su hija no pudo aguantar més y,
tomandoasu enamorado dela mano, seacers
aellos, diciendo:
146
Ia anttesis de los demas chiquillos del lugar,
tan bullangueros y traviesos. Fl no. Aunque
era amigo de cas todos, no participaba mucho
de los juegos ni diabluras de los ofros, que
harto hacian rabiae a sus pacres y vecinos
Rigo preferia pasearse por los bosques que
encerfaban a villorrioen un manto de verdes
hojas que junto a sus ramas y rafces casi se
tragaba las casas del poblado. Siempre solo
y sin prisa, observaba cada tronco, cada
rote, cada insect, con fijcin de centifico y
paciencia de colecconista.
‘Andaria porlos doce anos y no tenia mucho
cuerpo; sin embargo, lo que le faltaba en
porta, le sobraba en inteligencia y deseos de
Eprender, Io que hacia que todo el tiempo se
Te viera ensimismado y distraido, absorto en
alguna lectura o perdido entre lesnubesdesus
‘encofaciones. Vivia en una casa pequeia, pero
on mucho jardin, ala salida del pueblo junto
Sl estero, con su papé, Martin, el veterinar
su mama, Lawra, la profesora, y su hermana
Violeta la alumna de tercero medio. Habian
huido de Santiago algunos afios antes para
radicarse en ese diminuto punto del mapa
fureo donde encontraron una vida mds lenta
$ylinguida tal vez, peo también més amabley
transparente. El chico era quien més se habia
bpenefciado con el cambio, al crecer enamorado
de esa naturaleza tan viva que lo todeaba y
7entre la que se paseaba por horas, miréndola,
palpéndola, escuchéndola con embobada
fascinacién.
Pero, con todo, Rigo nunca hizo nada fuera
de lo comin (aun para un nifio como él), sino
hasta ese verano aciago en que don Orlando
Meyer instald su infortunado aserradero. Don,
Otto, como le decian todos, no se imaginé
que su funesta idea de explotar los bosques
nativos de la regién iba a desatar la tremenda
trfulea que se armé, y todo por causa de un
‘mocoso obstinado que'se empens en arruinarle
cel negocio,
Pero la historia de Rigo comienza un poco
antes, pasado el Afto Nuevo, cierto dia en ques!
'y su padre, montados en la camioneta,corrian
dando tumbos por un desastroso camino,
‘Rumbo ala casa de don Segismundo, un viejo
rcelero que tenia unas cuantas vacas por las
ue vivia y morfa,a tal punto quesse decia en el
puebloquedona Rosaura, su mujer, paralograr
Su atencién, en vez de hablarle, le mugia, Era
{recuente, entonces, que el viejo requiriera los
{pervicios del veterinario y, como siempre que
ppodia, el chico acompafiaba a su paps, pues le
ustaban los animales y ayudarlo le permitia
estar en contacto con ellos. Ademss, aprendia
tun montén de cosas que aquilataba como un
tesoro en su cerebro avido de saber
Cuanclo entraron al pusblo, et dia ya
decinaba y odo estaba silencio, tranquil,
‘Al parecer ls emociones del ia habian sido
muchas para la gente y todos etaban en sus
sas, tratando de dgere lo que haba pasado
Ela plaza, se detuvieron para la despedida
Por un lado se iran Rigo ys fami, pore
blr, Marichen y se pate (don Otto habla
side trasladado rapidamente a st cae)
Empeznbon aesaechars ls mance, tango
Violeta exams
Gigant ¥ los animales? Ya no estint
Feito poh tnta—ledjRigorendose—
‘a no lenen nada que acer asi.
so signifca quelas acne volves dar
leche? ~pregunts con malicia dan Of, eto
elcico no cays :
Ceo qeieren quesepayoeso?—contesté
Rigo encoglndose de hombres y os dems se
‘Antes de separarse, Matichen se Hevé
apate a Rigo. chico mid ls os algo
Mbockornado, pero todos se hicieron los
deseo, ingen no vel 9 ge
repro un poco mas tranquil
"Pisabes? Eres elnino mas extrao gue he
conetdo—ledjocllasonsendo-~Demasiado
tranquil, cerrado como tna caja fuer
2 veves, un poco brusco y malhumorado,
145—1Qué estas diciendo? —Io increp6 el
viejo—. jTa que huiste como un cobarde y
apareces ahora...
—Yono escape! —o paré en seco su hijo—
Fui a Santiago a resolver dos cosas. Visité al
tio Emilio (Emilio Yanez Opitz —explicé a los
demés—), con quien tuve una larga charla. Te
rmand6 sus saludos y un papel firmado por 61
¥y sus abogaclos en el que me traspasa a mi el
Fideicomiso* de sus tierras. En otras palabras,
‘ni ya no eres el patrén, paps.
—ifraidor! —le grits el viejo, colorado de
indignacion,
—iNo digas leseras, papé! —replicé su
hijo. Ahora vamos a artglar ext entero,
pero a mi manera. Para empezat, la préxima
semana llegarén los expertos que elaborarén
tun estudio de impacto ambiental...de verdad.
Este negocio se hard como la ley manda o no
se hard. En cuanto a ti, pap, creo que un viaje
te haria muy bien para calmarte los nervios.
Mafana mismo te vas a Santiago y de ahi a
Europa... odonde quieras. ¥ no te preocupes,
yo me encargo de todo aqui
Don Otto, quiso replicar, pero se contuvo,
adivinando en el rostro de su hijo una
determinacién de la que no lo hubiera creido
capaz. Estaba vencido,
> Fidecom 0 et oo, poder Ing pore explore Hora
144
Cuando Hegaron, don Segismundo los
recibié algo compungido y con cara de “usted
disculpe” que solo entendieron cuando vieron
| dovia Rosaura en la puerta, acompafada de
tuna mujerbaja, morena, de edad indescifrable y
vestida con el atuendo tradicional de su gente.
Todos sabian quién era y sabfan, también, que
clla y el veterinario no solian levarse muy
bien.
“Por san Rumiante... Le dije a mi mujer
{que no la lamara, pero...explicé por lo bajo
cl anciano cuando descendian del vehiculo.
Pero el veterinario no pareci6 sentirse
afectado por la presencia de la mujer de
rostro inmutable y serio, que fruncio el ceho
al verlo,
—Buenas tardes, dota Rosaura —saludé
cortésmente el médico a la duefa de casa.
Luego, con la més amplia de sus sonrisas, se
dirigié a a otra:
—Mamartita, gcomo esta usted? Hace
tiempo que no nos veiamos.
‘Marimar',dotorcito Matin —respondi6 ella,
seca y sin sonreir—. Yo estoy como me ven,
cada dia un poquito més vieja y otro poquito
més sabia.
—No me cabe ninguna duda de eso,
Mamartita —respondié el papa de Rigo—
"armas shade pocheEspero que sea asi conmigo también,
—Ti estudias, dotorcito, esoes bueno —pero
Ja mujer no parecié alegrarse por lo que decia
en realidad.
Marta Lincoqueo, a quien todos llamaban
Mamartita, era la machi? mas respetada de
[Link], y de mas alla incluso, De ella y de stu
sabiduria habian dependido los lugarenios,
mapuches y no mapuches, pata mantener st.
salud y lade sus animales, y, la verdad, lo habia
hecho bastante bien durante muchos afios.
Pero la modernidad y el progreso la relegaron
@ un segundo plano en la vida comunitaria,
sobre todo cuando Hlegaron los médicos y su.
consultorio rural, con todas sus medicinas,
exémenes ¢ interconsultas al hospital regional,
loque le signifies dejar de asisti a las personas
¥ tener que dedicarse casi exclusivamente a
los animales. Pero, finalmente, lleg6 también
el padre de Rigo, con lo que sus actividades
‘como meice’ disminuyeron al minimo. Por eso
no sentia simpatia alguna por el veterinario,
¥ encontrarse con él no le gustaba para nada,
[pues sabia que su palabra no tenia peso ante
lo que 6! dijera,
—Yo ya miré la vaquita, don Segismundo
—sefial6 muy seria la machi— y no es nada
Merde ma, Cue,
10
—Seor Meyer, cumploconcomunicarleque
las faenas de su aserradero ncluida la tala, por
supuesto, deben suspenderse indefinidamente,
or orden del juzgado.
po per hombre~-marmunsinerumpiéndolo
cl anciano, tratando de incorporarse—, sabe
‘cuanto he invertido en este proyecto?
—Eso no me incumbe, sefior —le contest6
el policia—. Su aserradero no cumple con los
requisitos legales para funcionar, por lo tanto,
no tiene autorizacién para operar.
—jNadie me impedir4 que...! —trat6
tozudamente de discutar don Otto.
No intente reamudar ls faenas si la
autorizacién correspondiente —Io interrumpik
el cabo—, o tendré que arrestarlo. Est
adivertido. .
—Pero...—el anciano quiso decir algo més,
sin embargo, la sabita aparicién de alguien lo
detuvo. Era don Ottito
apa! —exclamé Marichen que no To
habia visto descender del mismo vehiculo en
aque llegaran Antonio y el cabo Carrasco.
—Hola, hija —la saludé él sonriendo
carifoso, pero sin atreverse a abrazarla.
wn ro, por fin! —sacdlavor de muevodon
‘Otto—, jHaz que este sefior entienda que no
lems cerrar.!
Pou basta, paps! Io intercampis don
‘Ottito—. Se acab6, zme entiendes? ;Se acabé!
143Ja multitud marcharse. Martin esperé unos
minutos antes de hablar.
—No sé lo que pasa entre ti y los animales
—dijo acariciando al chico en la cabeza— y
exéeme, ino quiero saberlo! Solo me interesa
que sepas dos cosas: primero, sea lo que sea,
‘cuidalo y tisalo siempre para bien...
—@¥ la segunda? —pregunt6 su hijoal notar
que callabe.
Martin lo miré sontiendo emocionado.
Estoy tremendamente orgulloso de ti,
bandido —e contest6 abrazandolo.
En eso, aparecié por elcamino un vehiculo
que se acercaba répidamente y que se detuvo
‘a unos diez metros de ellos.
Se abrieron las puertas traseras y, por un
Jado, bajé un hombre joven con un balso en la
mano. Por el otro, el cabo Carrasco.
—iAntonio! —exclamé Violeta y corrié a
abrazar al muchacho de la “Pica del Diablo",
que la recibi6 sontiente y carifioso. Martin
abrié la boca sorprendido interrog6 con la
vista a Laura, quien se encogié de hombros
sonriendo.
Después de la bienvenida, los tres se
acercaron al jeep doncle permanecia don Otto.
El cabo Carrasco pregunts cémo estaba el
anciano, Una vez informado, se enfrent6 2 él
yledijo:
142
para preocuparse... Tiene malo el humor, nada
mas.
{EI humor! ;Santa lactosa! ~exclamé el
anciano muy poco diplomético—. ;Absurdo!
ase, pase, doctor. Enel corral esté la Chabelita,
que no ha querido comer nada y me tiene
preocupadisimo. ;Por san Bartolo ordenador!
El padre de Rigo, aunque no pudo evitar
sonteir ante el particular santoral del anciano,
no quiso ser mal educado con la machiry,
para compensarla de la brusquedad de don
Segismundo, dijo:
—Vaya..! Justamente, ayer no més estuive
leyendo un estudio, hecho en algunas granjas
de Israel, que hablaba del humor en los
animales domésticos. Era muy interesante...
—iYa, doctor! —se ri6 burlén don
Segismundo—. No me embrome! ;Después
me saldré con que va a curar a mi vaquita
conténdole un chiste!
—Noesbroma, hombre—afirmé seriamente
cl veterinario—. Pero, por si acaso, vamos a
revisar a la Chabela. Dos opiniones son mejor
que una.
Y partieron los tres presurosos hacia el
corral. Mamartita no abrié la boca, pero, sin
hacer caso de dona Rosaura, los siguié con
paso tranquilo y menudo.
En tanto su papa revisaba la vaca, Rigo
se dedicé a acariciarle el testuz y a mirarla
1fijamente a los ojos. Se hubiese dicho que
buscaba algo en ellos, que se veian opacos y
legatiosos.
Por fin, después de quince minutos de una
acuciosa inspection, el veterinario guard6 sus
instrumentos y, meneando la cabera, miré al
animal un tanto desconcertado,
—No parece haber nada malo con ella, don
Segismundo —dijo, y la meica, que asistis
impasible a toda la revision, esboz6 una ligera
sontrisa
—Pero, jgué le pasa entonces, doctor?
~pregunté el anciano
No sabria decirle, mi amigo —admitis el
padecle Rigo, luego afadié—. Dice usted que
ocome hace dias? ;Cusntos?
7 —iSantas vaquillas! No sé... uno 0 dos
= contesté don Segismundo, haciendo un gesto
vigo con la mano,
"—Tres—la vor timida de Rigo los sorprendi
sttodos. eee
—gQust —te prepunts su pap
—Hace tres lias que no come —explicé el
chico distatdament sin jar de acacia a
animal
~2 cémo sabes ti eso, temerillo? —esta
vez fue don Segismundo quien pregunts.
—Porque hace tres dias se llevaron a la
Palomita...—respondi6 simplonamente Rigo.
12
increiblemente, no solo no lo atacaron, sino
que se calmaron y sin rugir, ni mostrar los
colmillos,nierizar la pelambre de sus lomos,
‘sealearon del nifioy del anciano para echarse,
indiferentes, unos cuantos metros mas all
Entonces, Rigo se agaché y despabilando
a don Otto, logr6 que se piisiera de pie y
caminara apoyado en él. A la mitad de su
recorrido, Martin y Laura, aliviados,salieron a
su encuentro y lo ayudaron con el anciano.
Por Dios, Rigo! —lo reprendié su padre
tuna vez que dejaran al viejo en otras manos—
{Una cosa es que todos digan que hablas con
los animales, pero ofra muy distinta es que ti
tecreas el cuento!
Peco su hijo nole respondi6. Solose limit6 a
velversesonriendo hacia les pumas, que fron
deinmediato susojosen él, Alz5,entonces, una
‘mano como despidiéndose los animales, sin
gruairni volver la vista tras, se levantaron de
donde estaban y, rotando, volvieronal bosque,
«que se los trago para siempre.
Por supuesto, después de todo to pasado, el
{abajo se terming, porese dia al menos, y todos
volvieron al pueblo, En el campamento de los
taladores solo quedaron algunos encargados
de cuidar las cosas. Don Otto, no repuesto
del todo, permanecia en st jeep tratando de
recuperarse, asistido por Laura y Marichen.
Padre e hijo, sentados en un tronco, vefan a
41detent por lapsed de
“[Abuclo! —exclamé Marichen
steroid,
Rigo! —aris Laura cuando mito ech
a corer hacia os pumas
“No. vuelve! —lo lamé Martin
indian
Tigo cori sin pensar eno que hai. Justo
cuando estaba po lgaruna dels ess salts
sobre el anciano serinconsint,acereando
Peligotamente el hecco au culo,
LS mulltud hogs un child, sin saber
qushacer
{No oyeronentonces al chico gitar,
Lego eon crs enamene es
animales, queo mitaban como sorprndidos
de su valor temerario. aoe
Martin coatenia a Laura, que Horaba
descantolacn y Villa aftmaba s Mache,
nbn ora,
ale una many ls pumas sequedaron
quietes.
Mamartita se apoyaba en un drbol,
conteniendo la respiracién,
El muchacho dio dos pasos y los animales
rugieron.
La gente esperé lo peor,
Pero nada pas6. Oyeron a Rigo decir
algo dando otro paso hacia los pumas que,
140
{La Palomita? —su padre no entendfa
nada
La vaquilla —sehal6 don Segismundo—.
Lu ltima ternera que parié a Chabela. La
vend hace tres dias justamente.
Rigo asintio con la cabeza y acoté:
—La Chabela est triste, porque la echa de
menos, por eso no come,
Don Segismundo solt6 una carcajada
fuerte y desagradable y el veterinario fruncié
1 cof. Tha a preguntarlea su hijo cbmo sabia
61 lo de la Palomita, pero la vor triunfal de
Mamarita lo interrumpis.
—Les dije que tenia malito el humor.
—reeordé la machi
—2De dénde sacaste eso de que la vaca
estaba triste? —pregunt6 el veterinario,
‘mientras conducia camino a casa,
—Estabaclaro..—respondié Rigo mirando
por la ventana.
—:Cémo que estaba claro? —su padre le
«cho un vistazo confundido.
—5i, poh...Se lenotaba en a caraala pobre.
—contesté el chico sin dejar de mirar hacia
fuera.
Al domingo siguiente, Rigo y su familia se
cencontraban en el Estadio Comunitario de E
‘Apartado, que no era otra cosa que un potrero
‘en las afueras del pueblo, que los dias en que no
13se ugaba fitbolerainvadide por las vacas, que
no hacfan fintas, ni cabeceaban, ni remataban
al arco, pero si recortaban el pasto con sus
dientes y abonaban el circulo central de una
no muy perfumada manera. El domingo de
fitbol era sagrado para los apartadinos, tanto,
queel cura habia tenido que amenazarcasi con
la excomunisn a sus fieles para evitar que los
hombres fueran a misa con los chuteadores
puestos. En la cancha, los jugadores emulaban
4 sus astros favoritos (aunque solo fuera en
Ja manera de revolearse en el piso después
de recibir una patada), en tanto sus familias
Yy amigos los alentaban desde el borde del
‘campo de juego, mientras engullian las viandas
y bebidas con que solian reponer fuerzas,
‘agotados de tanto gritar para que los jugadores
smojaran la camiseta
El veterinario, que jugaba de delantero, ya
habia anotado dos goles, y buscandoel tercero,
ppates con todas sus ganas la pelota antes de
que los defensores se le echaran encima, Pero
su furibundo tiro se fue por sobre el arco
y el balén se perdié entre unos matorrales
‘ercanos. Como era el tinico que habia, tres ©
cuatro chiquillos corrieron a buscatlo, entre
ellos Rigo, que iba al final de todos. Los
primeros encontraron rapidamente la pelota
¥ yala trafan de vuelta, cuando alguien grité:
“el Veneno, el Veneno.!”, haciendo que los
“4El painico fue totaly los taladores huyeron
en desbandada. Ninguno de ellos habia visto
tun puma en su vida, como no fuera en fotos
‘oenla televisin, pero les bastaba ver que era
un gato muy, pero muy grande, con garras y
colmillos proporcionalesa su tamano. Uno los
hhabria hecho corer tres ni hablar.
La muchedumbre, en tanto, protestaba a
sritos contra don Otto, que fingia ignorarlos,
pero sin aireverse a darles la espalda. Por eso
‘no vio venir nia los aladoresnialoscausantes
ddesuhuida. Al ver pasar alos hombres por st
lado, nocomprendiénada, y [Link]
la gente frente a él dejé de gritarle groserias,
para exclamar: “Cuidado, cuidadot”
Solo al notar que la muchedumbre corria
hacia el camino, se volvis y, entonces, se dio
cuenta de todo. Stbitamente, se encontrd
rirando caraa cara aun puma salvaje, a menos
de dos metros de distancia, gruaéndoleirvitado
‘ymiréndolo con cara dehambrefelina. Lo peor
fs que habia dos ms tras el primero.
Fue mas de lo que el anciano pudo resistr
ysconmocionado, trat6 de refugiarse en el ep,
pero perdié el equilbrio y cayé de espaldas al
suelo, donde se quedé atontado. Los animales,
tugiendo, se encaramaron al vehiculo y
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