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Arte y Arquitectura de la Catedral de Tortosa

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Eü AR.

TE Efi hA
S. I. CATEDRAL
DE TORTOSA
SANTA IGLESIA CATEDRAL DE TORTOSA.

(GUIA DESCRIPTIVA)
por

Mesíre y Noé

LUS'l'RAlM CON [Link] DB ANTONIO SBRVKTO S


OTOGRAFÍAS CKAHAD.^S POR NEUFVILI.B,

Con la aprobación de la Autoridad eclesiástíea.

KHinUtud'H«m»ii«l'

TOltTOKA
ESTAÜLKCIMIENTO Tl['O(iliÁFICO DE JOSÉ L. FOUUET Y SALES
Plata del HoipUal, N.° 5
MDCCOXOVIII.
E S PROPIEDAD DEL AUTOR
Dedicatoria
AL MUY ILUSTRE

,*r. Sr. Ik % é
CANÓNIGO DOCTORAL D É L A S, I. CATEDRAL DE TORTOSA,
ARCHIVJLRO DHL EXCELENTÍSIMO CABILDO
Y POR EL EXCELENTÍSIMO AYUNTAMIENTO CRONISTA Dli TORTOSA;
DB LA R E A L ACADEMIA DB BUENAS LETRAS DE BARCELONA,
Y DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DB PARÍS
SOCIO DE VARIAS CORHORACIONFS LITERARIAS
DE ESPAÑA Y DEL EXTRANJERO.

M,,
•~¿ff(i muy estimado y respetable amigo: Conocien-
do V. mi entusiasmo por las Helias Artes me animó
para que describiera la fábrica de esta Santa Igle-
sia Catedral y los objetos art ist ico-arqueológicos que
la embellecen. Semejante empresa, superior á mis
fuerzas, solo reúne el mérito de mi buena voluntad y
creo que los alientos que V. me ha infundido tienen
gran parte 'en la publicación de este pobre trabajo,
que me honro en dedicarle.
Acepte V. mi modesta ofrenda y con ella el afecto
de su entusiasta admirador q. b. s. ni.
Q^& C^L

A/fff.
Censupa
TLMO. Y RDMO. S R .

ONROSA y á la par difícil es para mi la comi-


sión qüé"V. S. I. ha tenido á bien confiarme en su respe-
table escrito de 4 del que rige. Mas poniendo sobre mi
cabeza lo que es expresión de la voluntad de V. S. I. he
leido detenidamente el opúsculo que se digna incluirme,
manuscrito de D. Francisco Mestre Xoé con el título:
El Arte en la Santa Iglesia Catedral de Tortosa.
Después de un proemio en el que expone con modes-
tia los motivos, fin y objeto de su trabajo, señalando las
fuentes ha que ha tenido que acudir para dar á sus aser-
tos la autoridad y firmeza que son necesarias, en otros
tantos capítulos y con crítica razonada y sabor cristia-
no, procede al estudio, examen y descripción de las be-
llezas y tesoros artístico-arqueológicos que han acumu-
lado, ya en lo material y primitivo de su fábrica, ya en
su decorado y ornamentación, el celo ilustrado de los
Obispos y Cabildos de esta Catedral, secundándoles,
muy particularmente, algunos Reyes y Proceres cris-
tianos, no menos que el entusiasmo religioso de aquellas
vigorosas generaciones de la edad media.
Poseído verdaderamente el autor de la trascenden-
cia y alcances ultra-matenak"í de todo lo que forma
el objeto de su estudio en nuestra Catedral, adivínase en
el un entusiasmo, propio del que siente la necesidad del
arte cristiano y aplaude ese Renacimiento de tan bue-
na ley que se vá iniciando en las modernas construccio-
nes religiosas, devolviendo á los templos y á cuanto
ellos encierran la belleza que en mal hora perdieron y
con ella la propiedad que es su distintivo inseparable.
Entre nosotros, no es, gracias á Dios, todo polvo lo que
huellan nuestros pies.-Efectivamente, si después de cru-
zar el histórico y eíegante claustro penetramos en el
Sagrado recinto y una vez bajo sus elevadas bóvedas,
nos situamos dando la frente al altar principal, que co-
bija el doble ábside, de tanta esbeltez, tan clásicamente
cristiano, de líneas tan puras y de estética tan bella y
peregrina, entonces parece como que sintamos más á
Dios, porque los objetos que nos rodean y hasta el am-
biente [Link] respira, nos eleva en alas de gratas emo-
ciones que solo el corazón siente y comprende. Bajo tan
dulces impresiones colocado, el autor del opúsculo, es-
tudia y describe á maravilla, con exactitud, pero sin
empalagosa difusión, todo lo que es digno de observa-
ción y de estudio, tal como ios altares y retablos, las
pinturas juntamente con los detalles más sobresalientes
de ornamentación, los riquísimos tapices, lápidas sepul-
crales con su simbolismo y adecuada epigrafía, orfebre-
ría é indumentaria, sin olvidar diversos utensilios de va-
lor artístico ó arqueológico, incluyendo en su examen
de apreciación, los diversos y preciadísimos Códices
cuidadosamente guardados en el Archivo catedral.

Sin hacer ostentación de erudición indigesta, cita


varios de los cronistas del templo y objetos que descri-
be, evacuando, cuando la materia lo exije, palabras
textuales de los mismos; entre ellos el P. Risco, D. Joa-
quín Villanueva, en su Viaje literario á las Iglesias
de España^ Despuig en sus Col-loquis de la ciutat^de
Tortosa. D. Antonio Cortés, Canónigo*que fue de esta
Santa Iglesia y por último, el ilustrado Capitular Doctor
O'Callaghan, Cronista y compilador contemporáneo en
sus diversos trabajos históricos de cuanto más útil y
sustancial han consignado en sus anales aquellos y otros
escritores.
Felizmente, y para terminar, Iltmo. y Rvmo. Sr., E L
ARTE EN LA SANTA IGLESIA CATEDRAL DE TORTOSA,CS una
de aquellas contadas producciones en las que el censor
no sabe que admirar más; sí la oportunidad de su apa-
rición ó el desempeño de su objeto por parte del autor.
Recomendables en alto grado son cuantos trabajos y
esfuerzos emplean las personas ilustradas para que po-
seyendo, como en Tortosa acontece, una joya tan apre-
ciada como la de su templo y las riquezas que encierra,
sea reconocido por todos el valor del pingüe patrimo-
nio, que en gran parte se conserva debido á la piedad y
al gusto de sus mayores y se convenza de su ineludible
obligación de conservarlo con cariñoso respeto y hasta
de restaurarlo en toda su pureza, que tal es el objeto fi-
nal de la publicación que motiva este humilde informe.
De V. S. I. he de merecer perdone la prolijidad
del mismo, siquiera en gracia del entusiasmo que con
V. S. I. me complazco en sentir por las Bellas Artes cris-
tianas, que tanto sonde admirar en este Santo Templo.
Por todo lo que he tenido el honor de manifestar á
V. S. I. y no habiendo encontrado en el Opúsculo de
referencia cosa alguna que sea contraria á la fé y á las
cristianas costumbres y resultando, además, que las
descripciones que contiene son conformes con las Cró-
nicas de esta Catedral, entiendo, salvo el parecer de
V. S. I., que puede concederse el permiso que para su
publicación se solicita.
Dios guarde á V. S. I. y R. muchos años. Tortosa 7
de Noviembre de 1808.
ILMO. Y RDMO. SEÑOR.
B. el P. A. de V. S. I.
Dr. Manuel Gómez

ILTMO. Y RDMO. SR. OBISPO DE TORTOSA.


Aprobación
OBISPADO

Meriiaute (/ne (Ir nuestra or-


ili'il ful siria [Link] el o/)iís-
mh nti/n titulo es: El flrte en la
Santa [glesia Catedral deTortosa, , , „ , ; .
to por I). Fnilirisro Mt'stvc Xor,
y ijiir lutria hinj ai rl cou/rario (i
¡a Fe cotólicn 1/ tí las biicitd.s ros-
fitHtbres; siendo urieiiuis itntcga-
blf, que los estudios histórieo-ai-
[Link] ri qnr el autor Im [Link]-
Urario su inieinlira é iiit<-¡i(¡en-
<-ia, están nituj en armonía eoii
htxCnhtieax de rsltt Catedral;}>or
ello uttinjaHHi.s nuestro permiso //
licencia para que ¡metía impri-
mirse el citado ojiúscu/o, riuieu-
t\u el Si: Mestre .Xor ohliijario tí
entregar itosejemplares <¡ nuestro
Secretario de ('limara ;/ uno al
Censor. Lo acorrió, mandó \¡ fir-
ma el limo. Sr. f)r. IK I'eriro A'"-
camova y (Jarcia, Obispo de csfa
liióeesis, en Tortosa d ocho de
Noviembre de mil ochocientos no-
venta y orho; de que certifico.
FX OBISPO
RAMÓN TEÜÓ,
+*•-*+

OS tomos necesita la historia y


descripción de la Santa Iglesia Catedral do Tor-
tosa; pero no somos nosotros los indicados para
empresa tan colosal, ni nos sentimos con fuerzas
suficientes para obra tan grande y arriesgada.
Mucho se ha escrito para desentrañar la histo-
ria local y mucho, también, para trazar la mono-
grafía de su templo; pero nos causa singular ex-
trañeza que nadie, que nosotros sepamos, se haya
tomado el trabajo de describir la parto artística
del mismo, no obstante atesorar preciosos detalles
de arquitectura, que como inapreciables se tienen
en las Catedrales de Tarragona. Burgos, Toledo,
Barcelona y León.
Distinguidos personajes han visitado esta ciu-
dad y escrito de su historia monografías por demás
extensas, entre las cuales podemos citar muy par-
ticularmente las de Florez, Risco, Villanueva y
Ponz. Este ultimo, un1 tanto apasionado y menos
verídico, se entretiene'en juzgar exageradamente
la Capilla de Ntra. Sra.^de la Cinta, la cual, no
I
obstante pertenecer ¡í. un estilo arquitectónico á
que no damos importancia, corresponde perfecta-
mente á las influencias y manera de sentir de la
época en que fue construida.
Ku nuestra descripción no nos hemos preocu-
pado para nada en la recopilación de datos histó-
ricos; muy al contrario,, -nuestra: tarea ae encami-
na únicamente á la narración descriptiva, en la
cual aparecen las notas históricas más precisas
para su desenvolvimiento: con este objeto nos he-
mos valido de la Historia de la Catedral de Torto-
ra del ilustre Cronista Dr. O'Callaghan, de donde
hemos entresacado multitud de citas que nos dan
la base para estiidiar con las fechas las construc-
ciones y estilos de este templo. Grande fatiga é
ímprobo trabajo ha sido siempre el do la investi-
gación y bajo este punto de vista nadie negará los
esfuerzos del erudito Doctoral en coleccionar los
más notables documentos de nuestra historia, ni
le regateará la gloria legítima que por este traba-
jo le corresponde,
Con el presente libro solo nos proponemos lle-
nar un vacio, hasta hoy existente, y perpetuar
con su descripción y grabados los tesoros de nues-
tra Catedral. Con ello creemos haber cumplido con
nuestro deber de tortosinos y quiera Dios que nues-
tro cariño por las Bellas Artes y amor á las gran-
dezas de nuestra patria sirvan de emulación á. los
hombres que saben y éstos se encarguen de narrar,
con mano maestra, lo que á nuestra pobre inteli-
gencia no ha sido posible describir.
•; F. Mcslrc A oií.
Tortoaa y Octubre de 181)8 [ ._' '.'i
Interior de la Catedral
CLAUSTRO
Catedral de Tortosa

Claustro

, -OMPRRNDF, un espacio de forma trapecial


dejando libre, en el centro, un patio destinado á
jardín. Ente, cerrado por sus cuatro lados, solo tie-
ne acceso por una de sus arcadas, comprendiendo el
resto un basamento de piedra donde vienen á apo-
yarse las columnas que sostienen lo» arcos que lo
circuyen.
Su estilo es ojival del primer período, en cuyo
caso puede atribuirse al siglo XIII. Sin embargo,
podría haberse construido en el siglo anterior ó sea
en el de transición al mismo tiempo que se lleva-
ba á cabo la construcción de la segunda Catedral,
emplazada en loa últimos años del siglo XII en el
mismo sitio que ocupa lo que hoy es Capilla de
Ntra. Sra. de la Cinta.
El aspecto general del claustro es correcto de
lineas, elegante, sencillo, casi pobre de detalles,
18 EL ARTE KN LA
lo cual le imprime un sello un tanto severo que
nos transporta á aquella edad en que predominaba
el espíritu religioso.
Como hemos indicado antes, las columnas que
soportan los elegantes arcos apuntados descansan
sobre un basamento de piedra 1' 15 metros de alto

ARCADA DEL JARDÍN DEL CLAUSTRO.

por 0'85 centímetros de anchura,. Cada columna,


de sección cuatrilobada, tiene una altura de 2 me-
tros comprendiendo la base y el capitel. Este cons-
ta de un abaco de escaso ancho y astrágalo, ofre-
ciendo en su conjunto un aspecto de pirámide
CATEDRAL DE TOBTOSA 19
truncada invertida, de muy poco relieve y muy po-
bre de detalles. La base de la columna ofrece un
collarino que está separado O'IO centímetros de la
base propiamente dicha y todo ello tratado con
esmerada corrección y buen gusto.
Actualmente en cada una de las arcadas y des-
cansando, también, sobre aquel basamento, hay
una verja de hierro muy sencilla y de reciento
construcción.

COLUMNAS DE PÓRFIDO.

Entrando por la llamada puerta de la Olivara


se non presenta en seguida la arcada del claustro
que da acceso al jardin, en la cual se destacan dos
capiteles historiados de medio relieve representan-
do las gloriosas jornadas de la Reconquista, en
cuyas algaras ganó tantos laureles, territorio y re-
nombre el Conde D.. Ramón Berenguer IV.
Otros detalles se observan en los muros de la
derecha; entre ellos son dignos de estudio los que
20 EL AUTE EN LA
se ponen de manifiesto en las dos columnitas de
pórfido colocadas en la ventana que dá luz á la
sala ú oficina de los Rdos. Curas párrocos do la
Catedral. Ignórase de donde proceden y no se sa-
bo porque se colocaron allí. El historiador D. Fran-
cisco Martorel y de Luna llamó va la atención de
ollas en la Historia de esta Ciudad, que escribió en
1(525. Por la forma de sus capiteles y bases indican
pertenecer al estilo árabe y es de parecer que fue-
ron recogidas de los restos do algún monumento
anterior á la construcción del claustro.
Destácase, después, en el ángulo inmediato á
la que un dia fue Capilla de Santa Cándida una
lápida denegrida de l'7O metros de ancho por 0'60
centímetros de altura. Esta piedra contiene tres
óvalos, en cada uno de los cuales se ostenta un es-
cudo cuya explicación nos la dá bien detallada el
ilustre escritor don Joaquin Villanueva, en el to-
mo V de su Viaje literario á las 'Iglesias de Espa-
ña: «El primer óvalo, pintado de un vermellón
Inerte, tiene un escudo en campo dorado y en él
vina torre de relieve con una puerta, dos ventanas
y cinco almenas: el cuerpo de la torre es broncea-
do y los clavos de puertas, ventanas y almenas, do-
rados. Comparado este escudo con los que quedan
en los edificios del tiempo de la Reconquista se vé
(,ue son las armas de la ciudad, las cuales fueron
(Hdaa por el Conde Conquistador en muestra de la
íimezi de sus moradores.» D. Antonio de Moya
dice, que, timbraron (sus armas) con una Imagen
de Nuestra Señora y una letra que dice: «Ampá-
ranos á la sombra de tus alas.» Mas esto es poste-
rior: porque law Costvmbres generales de Tortosa
CATEDRAL DE TOIiTOKA "21

hechas en 1277 (Tit.: Escrívd de la Cort) hablan-


do de las cartas ó instrumentos públicos y del so-
llo que en ellos se debía poner, dicen: K devetisc ,sv-
geylar ab lo scgeyl en lo qual hd una figura de for-
re, é es avironada deytals létres gó es d saber: g¡f
Sigülum universitatis Dertusos; é en la forma del
segeyluna torre ab IHImerlets é una porta é duea
finestres. Donde se vé que este escudo fue hecho
cuando la ciudad eolo ponía en su sello la torre sin
añadidura de Imagen ni letrero ni tampoco corona,
ni palma, la cual concedió Felipe IV en 1G54. Kl
•segundo óvalo tiene pintada la Imagen de Nuestra
Señora y representa á María Santísima sentada.
Tenemos, pues, que estos dos escudos pertenecen al
orden público y al cuerpo secular y eclesiástico de
la Ciudad y el tercero á las insignias del Hacha.»

LÁPIDA DEL CLAUSTIEO CON LOS ANTIGUOS SELLOS DEL


MUN1CIPIO-0AHILDO Y ORDEN DEL HACHA,

La anterior narración nos expresa claramonto


que los tres óvalos representan: El de la derecha
el sello del Municipio; el del centro el del Cabildo,
y el de la izquierda, donde so destaca el Hacha
créese plenamente que conmemora el glorioso auxi-
lio que prestaron las amazonas tortosinas defen-
diendo las murallas de Tortosa, cuando éstas fue-
ron atacadas por los moros, poco tiempo después
'22 EL ARTE EN LA
de conquistada esta ciudad por el- Conde Beren-
gner y hallándose éste fuera de la población para
asistir á la Conquista de Lérida y Fraga.
De la lápida descrita se conservan en buen es-
tado los óvalos del Municipio y el de la Orden del
I lacha. El del Cabildo aparece tan borroso, que ha-
ce imposible reconocer la Imagen de María Santí-
sima. No há mucho tiempo, revolviendo la antigua
biblioteca del tan ilustre como malogrado Aboga-
do D. Juan Balaguer, hoy propiedad de su hijo,
nuestro querido amigo D. Manuel Balaguer Beso-
r¡i, tuvimos la suerte de encontrar un grabado an-
tiguo, en cuva lámina consérvase la lápida en su
primitivo estado, la cual hemos estimado conve-
niente reproducir, para que nuestros lectores ten-
gan idea exacta de los vetustos blasones de esta
Ciudad.
Continuando por el lado derecho encontramos
empotradas en el muro del Sagrario varias urnas
sepulcrales que contienen los restos de algunos
Obispos, cuyos sarcófagos estaban antiguamente
en la Capilla de Santa Cándida.
Villanueva en su citado Viaje literario ú las
Itjlcmm de España describe admirablemente esta
Capilla, que, hasta el siglo XIV en que se trajeron
las Reliquias de la Santa, estuvo dedicada á San
Juan, pero como nuestro objeto es ahora describir
el claustro, dejaremos para más adelante la rese-
lla de las transformaciones llevadas á cabo, con-
cretándonos, solamente, á dar noticia de la trasla-
ción de dichas sepulturas, cuyas inscripciones son
un conjunto de la paleografía de los siglos XIII
XIV y XV.
CATEDRAL PE TQRTOSA 2'á
Para dar una idea acabada de las mismas, co-
piamos á continuación un párrafo interesantísimo
del citado escritor D. Joaquín Villanueva:
«La Capilla de Santa Cándida la adornan a
maravilla diez urnas donde están depositados loa
huesos de los primeros Obispos después de la Res-
tauración. Se hallan levantadas en la pared, como
unan seis varas entrando á mano izquierda. Todas
son obras del siglo XIV y el que entendió en ellas
mostró más su piedad en recoger las cenizas de
tan venerables Prelados que su deseo de procurar-
les un monumento duradero hasta el fin de los si-
glos.»
«Porque teniendo á mano jaspes sin numero y
exquisitos y piedra blanca de gran solidez escogió
una materia deleznable que se deshace por sí mis-
ma."
Razón tenía tan distinguido narrador al censu-
rar el poco acierto de los encargados de transmitir
á la posteridad hechos y fechas, que si entonces se
creyeron respetables, lo son hoy mucho más, por-
que ellas representan las antiguas glorias de nues-
tro esplendoroso pasado.
El Obispo D. Victor Saez, queriendo dejar bue-
na memoria de su paso por la Sede de Tortosa, hi-
zo construir, á sus expensas, la actual Capilla del
Sagrario, emplazándola en el sitio que ocupaba el
antiguo templo de Santa Cándida. Principiáronse
las obras en 1829, y se terminaron en 1844.
Según me contó, hace cuatro años, el distin-
guido Abogado Iltre. Sr. D. Fernando Piñana,
persona de gran rectitud, cuando empezó la demo-
lición de la citada Capilla, con sus ruinas se enter-
24 . >:r, AHTK EN LA
rnron en el pavimento columnas, capiteles y gran
numero de lápidas conmemorativas y que, gracias
al celo desplegado por un señor Capitular, se sal-
varon las sepulturas que hoy se hallan empotradas
cu el muro lateral derecho del claustro, en las
cuides colocó él mismo, una botella lacrada con un
escrito manifestando el año de su traslación y
otros detalles curiosos que indican su primitivo si-
tio y los motivos, por los cuales, se trasladaron al
actual.
En el centro do este muro destácase una horna-
cina con la Imagen de Jtfiru.. Sva. da La Verdad y
contigua al ángulo siguiente, la pequeña fachada
que sirve de ingreso á la Capilla del Sagrario.
En el ala colateral al templo se leen otras lá-
pidas funerarias, entre las cuales, llaman la aten-
ción el sepulcro é inscripción del célebre Obispo
D. Juan Bta. Cardona, quien ayudó al Rey D. Fe-
lipe II á la formación de la Biblioteca del Esco-
rial. En todas ellas figuran detalles de un gusto
muy exquisito que manifiestan pertenecer á los
tres períodos ojivales.
Frente al ángulo que forman el mencionado
muro colateral y la Capilla do Ntra. Sra. de la
Cinta, adosada al basamento angular del claustro
hay una pila, donde, según la tradición tomó agua
bendita la Virgen cuando descendió de los cielos
para hacer entrega de su Sagrado Cíngulo. Está
tallado el verdadero cuerpo en forma de pechina y
apóyase sobre un solo pié de mármol rojo del pais
dé ochenta centímetros de altura.
Esta pila ofrece dos cuerpos distintos: uno su-
perior octogonal de ochenta centímetros de diáme-
CATEDRAL DE TORTOSA 25
tro, de caliza blanca y otro que sirve de sustentá-
culo, cuya base, cuadrada, y aspecto que presenta,
contrasta con el superior que es el que está desti-
nado al objeto. Este, por la forma de los arquitos
trilobados que vienen á apoyarlo en una columnita
situada'en la arista do cada dos caras demuestra
pertenecer al estilo ojival y á juzgar por las esco-
rias calizas y terreas que presenta induce á creer
que estuvo enterrada largo tiempo, de donde fue
extraída más tarde sin apoyo alguno, cuya caren-
cia obligaría á construir el que actualmente tiene.
Este, sin duda, ofrece construcción más recien-
te, presentando un torneado con molduras tal como
si fuera un balaustre. La altura total de la pila es,
do 1' 10 metros y hállase protegida por una verja
de hierro que viene á descansar sobre un basamen-
to de mármol rojo. En el propio sitio hay un. bajo
relievo que representa el descenso de Ntra. Señora.
Frente á la pila y arrimada al ángulo descrito,
obsérvase una puerta tapiada en el muro de la Ca-
pilla de la Cinta, la cual puede atribuirse á una
época posterior á la del claustro. Tanto las jam-
bas como el arco semicircular corresponden al pri-
mer periodo ojival. De sus capiteles arrancan dos
ménsulas que sin duda alguna debieron sostener
ricos calados.
Por la disposición del arco de medio punto, al-
gunos lo atribuyeron al periodo románico, cuya
afirmación puede desecharse por la circunstancia
de que en Cataluña no se inició el primer periodo
del ojival con todo el rigor de su preciosa arqui-
tectura, tan pura en aquella época en Toledo,
León y Mediodía de Francia.
2(1 KL ARTE EN LA

Limítrofe á la arcada que acabamos de citar y


casi al centro del muro hay una fachada de estilo
Renacimiento, la cual dá ingreso á la citada Ca-
pilla por el crucero. Entre ésta y una verja de

PLAZOLETA OKI. ¡\W.A¡ .

hierro, flanqueada por un marco de piedra, existe


una puerta pequeña que comunica el claustro con
la Sacristía de la Capilla.
Otras piezas se conservan contiguas al claus-
tro, entre las cuales llama la atención la del Palau
situada en el muro izquierdo de la puerta de en-
trada que hemos indicado. Esta pieza tiene ingrc-
CATEDRAL DE TORTOSA 27
so por un arco semicircular coronado por un nicho
en donde se halla la estatua de Mra. Sra. del Pa-
lau.
Su interior es grandioso y severo; de su época
solo se conservan los muros, cuyas piedras acunan
el color negruzco de su respetable ancianidad. En
el de la derecha existe todavia la baae del pulpito.
Lo demás es mas reciente y sin atractivo ninguno.
, A la izquierda del Palau hay una puerta que co-
municaba antiguamente con el refectorio, granero
y horno, y en la actualidad franquea el paso hacia
la calle de la Cruera, por una plazoleta, cuyos
edificios la constituían. La forma de su planta es
la misma, pero con la desamortización desapare-
ció su primitivo sello bajo el peso de las modifica-
ciones introducidas en aquellas antiguas viviendas.
Entrando por la citada calle de la Cruera a
la plazoleta mencionada, He nos presenta en el án-
gulo derecho, junto al horno que todavia existe y
que funciona bajo el nombre del forn de la Canon-
ja, un hermoso Crucifijo de piedra, cuya talla pue-
de muy bien atribuirse al período del gótico flori-
do. Esta Imagen ocupa el centro de un doselete
flanqueado por columnitas que soportan un tímpa-
no de forma muy deprimida, las cuales tienen por
basamento dos ménsulas, posteriores á todo lo des-
crito.
Desde este punto y por anchas gradas so ingre-
sa al claustro por la puerta citada, contigua al án-
gulo del Palau.
Grandes recuerdos evoca este lugar, testigo
fiel de tantas solemnidades, luchas sangrientas y
desenfrenos. Cada piedra de sus muros nos habló
2.8 EL ARTE EN LA
con el mudo lenguaje que le imprimieron íos si-
glos; en ella se conservan secretos que no pudo
borrar el tiempo con sus injurias ni las revolucio-
nes con su poco amor á las Artes. Lástima que la
cal de color celeste y los enrejados imitando silla-
res y dovelas hayan borrado en un solo día, bajo la
brocha del blanqueador, lo que no pudo desvane-
cerse en el transcurso de ocho centurias.
Pero el Cabildo se compone de personas de
buen gusto y tan pronto se enteraron de lo ocurri-
do, acordaron nombrar persona facultativa que
cuide do tan delicada misión. El Exorno. Cabildo
Catedral ha desplegado todo el interés necesario
para proceder á la difícil tarea do restaurar los
muros embadurnados, con lo cual veremos reapa-
recer el sello de antigüedad que hace de dichas
paredes un monumento digno de ser respetado por
cuantos estiman las tradiciones venerandas de su
patria.
"NS .

Interior del Templo

ESCHITO el claustro penetremos por éste


en la Iglesia, ingresando por la puerta principal
que deja á la izquierda la fachada de la Catedral
primitiva y á la derecha, la pila que acabamos de
mencionar.
El interior dol tomplo se presenta majestuoso
y encantador. Abárcase en un instanto la grandio-
sidad de su fábrica., respirándose, como en todas
las de su estilo, cierto ambiente religioso que eleva
nuestras miradas hacia aquel conjunto armónico
de atrevidas bivedas de arista ó anta de cañón,
cuya altura parece indicarnos el camino por don-
de se transmiten nuestras plegarias á la mansión
del Altísimo.
La orientación del edificio es la que los prime-
ros cristianos daban á sus templos para que el Sa-
cerdoto al hacer sua oraciones mirase al Oriente,
señalando, de este modo, ¡el lugar sagrado donde
se consumó el Misterio de nuestra Redención.
Esta Iglesia rnnstii de tres naves divididas por
¡JO EL ARTE EN LA
veinte columnas que sostienen las bóvedas, arcos
y aristones, cuya regularidad de lineas no' noa im-
pide notar de una manera evidente que todo lo re-
lativo al ábside y presbiterio, fue construido en
época más lejana que el resto del templo, para lo
cual basta fijarnos en la exornación del hemici-
clo y las huellas que éste deja entrever para juz-
gar de una manera franca lo que indica Despuig
en MUS Col-loquis de la ctutat de Tortom, en cuyo
libro nos dice, que, al principio solo se limitaba el
templo destinado á los Oficios Divinos hasta las
Capillas del Rosario y S. Miguel.
En efecto, esta es la parte de la Iglesia que
mejor se ciñe á las proporciones del estilo ojival
que otra cualquiera de ellas pertenecientes á la
segunda mitad del siglo XIV.
El sitio que ocupa el ábside era antiguamente
el lugar donde se levantaba la mezquita árabe, la
cual fue purificada y consagrada por el Arzobispo
de Tarragona D. Bernardo, dedicándolo á Nuestra
Señora de las Estrellas tan pronto como las armas
del Conde Berenguer vencieron á los musulmanes,
cuya Conquista tuvo lugar el año 1148.
Nombrado por Adriano IV Obispo de Tortosa
I). Gaufredo, que fue el primero que ocupó la Si-
lla Episcopal después de la Reconquista, empezó
á edificarse esta Iglesia en 1347, la cual fue con-
sagrada el 28 de Noviembre de 1438 por Beren-
guer, Arzobispo de Tarragona, asistiendo á es-
ta solemne ceremonia el Rey de Aragón D. Alfon-
so con D.a Sancha, su esposa. Para esta construc-
ción empleáronse piedras de las canteras de Flix,
CATEDRAL DE [Link] iil
cuyo transporte se verificaba más fácilmente por
el Ebro.
Como no es nuestro objeto narrar la parte his-
tórica ni apuntar en esta reseña las1 notas que de
sus hechos han mencionado ya en forma cronoló-
gica distinguidos historiadores, nos limitaremos á
describir, siquiera sea someramente, las bellezas
arquitectónicas que encierra la Catedral de esta
Ciudad.
Como hemos indicado antes, este templo consta
de tres naves, siendo la anchura de la central do-
ble que cada una de las laterales. El espacio total
de la fábrica lo constituye un cuerpo de (58 metros
de largo por 21'40 de ancho, encerrando en él,
hasta las gradas del presbiterio, dos crujías para-
lelas limitadas por robustos muros laterales que
cierran dicho espacio y columnas que lo dividen,
en las quo estriban las bóvedas del centro' y late-
rales, formadas éstas por lunetos de corte apunta-
do y separadas por nervios, que, juntamente con
sus pilares, son del siglo XIV.
La ornamentación on general es sobria de de-
talles y en estos hay mucho que estudiar por sus
artísticas combinaciones, las cuales nos recuerdan
el simbolismo que ofrece siempre la arquitectura
gótica, con tanto acierto empleadas en este tem-
plo y muy esencialmente en sus capiteles y en las
columnas de haces, yuxtapuestas, ó reunidas, cuya
sección poligonal comienza á describirse en sus
basas hasta el coronamiento indicado, en que la
mano del artista ha comunicado á la piedra ese
misterioso lenguaje, expresado por graciosos relie-
ves, representando figuras de ángeles y de hom-
;3'2 EL ARTE EN LA
bros, de sierpes y de animales fantásticos. Tales
HOII I03 únicos adornos que ostenta nuestra Cate-
dral en combinación con la severidad de su estilo,
pudiendo añadirse los que forman siguiendo las li-
neas de los arcos apuntados en el ábside interior
que cierra-el presbiterio, diversos tipos de vegeta-
les escogidos de la flora local, empleados, casi
siempre, para atenuar la monotonía de los. áreos
ojivales y bizantinos.
Á b s i d e . Es sin duda alguna lo mejor de
nuestra Catedral. Desde la planta, en forma de
hemiciclo, se levantan diez macizos y elevados
machones que sustentan otros tantos arcos que
constituyen el ábside interior, de forma achaflana-
da, ostentando en sus ojivas airosos parteluces,
cuyos nervios se cruzan y entrelazan formando
variados y graciosos lóbulos de corte tan delicado
que satisfacen al mejor sentimiento estético.
El ábside menor y mayor, son, naturalmente
concéntricos, y éste está rodeado por las naves la-
terales formando un magnífico deambulatório. •
A l t a r mayor. La nave del centro se ex-
tiende hasta el fondo del ábside, que, según lle-
vamos dicho, encierra un espacio poligonal, deter-
minado por diez pilares cuyos nervios se reúnen
en una misma clave constituyendo el Altar mayor
y presbiterio. Este se eleva 0'65 centímetros del
pavimento, desde donde se levanta una gradería
semicircular para subir á este sagrado recinto, el
cual está cerrado por una verja de gusto plateres-
co, formada por gruesos barrotes adornados con
ricos palastros, de una riqueza decorativa digna de
la mayor atención, la cual fue costeada por don
CATEDRAL DE TORTOSA lili
Gaspar Punter, Obispo de Turtowi ¡I últimos deí
siglo X V I .
El ¡ira, íichiHlm- cniisii^ró PII 12 de Abril de
1441 por I). Beniiinlu Olive]1, (íbispo ('astrense \-
Auxiüar que era del Cardenal-Obispo de esta Dió-
cesi» D. Otón de Moneada, que entóneos se halla-
ba en el Concilio de Basilea.

H.ÍI'I'ICO I)K KKClIAlUíOS [¡IZANTINUS.


(KETAIU.O DKI, ALTAll M A V o l t . )

El retablo del Altar mayor lo constitiue un


políptico de, recuadros bízantiiiop. Según la tradi-
ción sirvió de adoratorio al Conde Berenguer IV
durante las guerras de la Reconquista., conserván-
dose en su primitivo estado hasta el ano 135.1, en
cuya fecha debieron colocarse los pináculos y la
3
Í14 KJj AKTK EN LA
crestería de estilo gótico florido. Como el citado
retablo está compuesto de dos dípticos, estos se ha-
llan unidos por un gracioso doselcte que sirve de
nicho á una hermosísima estatua de la Santísima
Virgen, qne, por cierto, está en armonía con el es-
tilo dominante en el templo.
Vidriera». El ventanal del centro, situado
en la parte alta, sobre IRH Capillas absidales, está
compuesto de dos compartimentos con calados pri-
morosos que ocupan toda la ojiva. La vidriera de
la derecha representa la Virgen de las Estrellan,
patrona de la Catedral, teniendo en el finido un
dosel ó damasco coronado por una crestería que
recuerda las torres y almenas del recinto murado
de la ciudad. La Virgen áltase sobre una perspec-
tiva de la Catedral vista por la Costa do. Capellán».
El compartimento de la izquierda est'á ocupado
por el Santo Ángel, patrono de Tortosa, que apa-
rece colocado sobre el característico puonte de
barcas, que existía en el Kbro, empuñando espada
fiíimigera; el fondo y crestería es igual que la an-
terior. Los lóbulos del calado ostentan color azul
con estrellas en su campo, que son el emblema de
la Virgen, Stella ntaíufina: Stéllct tnttHs.
Este ventanal, admirablemente dibujado por e]
notable Arquitecto diocesano D. Juan Abril, es el
único, de íos varios que se han colocado, que
correspondí! á la importancia del templo y á su
valor artístico, ya que está en relación con el es-
tilo del monumento, respondiendo, su riqueza de-
corativa á la suntuosidad de una Catedral tan dig-
na de admiración como la nuestra. Los restantes,
hasta el crucero, no tienen interés alguno: mono-
CATEDKAL Dü TUKTOSA 85
tonos 'de dibujo y falta de colorido; sus vidrieras lo
liliSiViofieadaptan al carácter do un salón que al de
otro edificio del orden civil, ya que en ellos no apa-
rece rtiu^un detalle simbólico de nuestra religión.
L'os1 demás''ventanales están tapiados con alabas-
trinas, conocidas vulgarmente por piedras de luz.
P u l p i t o s . En los pilares de la nave central,
(Jim cstiin entro c?I coro y el presbiterio, hay adosa-
dos-dos pulpitos de piedra, liónos d<i onunnniibi-

fÚU'ITO DE LA EPÍSTOLA. (OÓTJCO FLORIDO).

ción y bajo relieves que representan á los Santos


Doctores'y Evangelistas. Pertenecen al gótico flo-
rido y están talla'dos con la habilidad y desenvol-
tura dignas del cincel de un bien reputado artista.
No hay "dato alguno respecto al año de su cons-
trucción,'pero su arquitectura, disposición y h^'~
iil) EL ARTE EN LA
mosa talla nos inducen á creer que no alcanzan mas
allá del siglo XIV, y decimos esto, porque antiguos
historiadores los atribuyen al siglo de la Recon-
quista, cuya afirmación puede negarse en absoluto,
por cuanto en los siglos XII y XIII estaban muy
en uno los pulpitos portátiles de madera; y aun sin
estas consideraciones nos hubiéramos inclinado a
Creer que se construyeron á fines del siglo XIV ó
primeros del XV, porque las mismas piedras no» lo
traducen con el lenguaje tan delicado como expre-
sivo de su talla.
El torna-voz, ademáis de ridículo, no guarda
consonancia con una de las obras que viene á
constituir la más rica y suntuosa joya arquitectó-
nica de nuestra Catedral. ¡Lástima que no se sus-
tituya por otro mas propio de su estilo y en forma
de pirámide, cuya esbeltez vendría á aumentar la
elegancia de sus líneas!
A r a ñ a s . En los intercolumnios de la nave
central, entre el coro y el presbiterio, penden cua-
tro salomones en forma de chapitel gótico, de los
cuales arrancan los brazos que sostienen las velas.
Son de madera tallada y se construyeron y dora-
ron en los talleres que en esta ciudad posee_D. Vi-
cante Benet.
Coro. En esta pieza, el estilo ojival prepara
11 fuga y marcha precipitadamente por ejitre los
ajimeces de las rasgadas vidrieras del ábside.
El Coro, situado frente á la Capilla del Altar
mayor, ocupa dos intercolumnios de la nave cen-
tral. Los muros están revestidos de estuco imitan-
do jaspes del pais: solo tiene ingreso por los lien-
zos laterales, pues el trascoro está cerrado com-
CATEDRAL DE TORTORA 37
pletamente; estas paredes se hallan coronadas por
una galería, en la cual se colocan los músicos y
cantores.
La sillería del Coro es lo man acabado de la Ca-
tedral. Circuyen las tres paredes interiores dos ór-
denes de sitiales de roble primorosamente esculpi-
dos y aunque todos están labrados por la misma
mano, los superiores que forman un cuerpo de ar-
quitectura con columnitas corintias, entre las cua-
les, destacanse riquísimas esculturas con bajo re-
lieves de diferentes Santos, son de gusto más deli-
cado.
Frente á la puerta testera y en el centro de las
demás, levántase la Silla Pontifical, de mayores
proporciones, admirablemente labrada, y termi-
nando con un gracioso ático que la corona.
De la misma época es el grandioso facistol, cu-
ya talla y herrería son preciosas.
Toda la sillería, adornos y esculturas pertene-
cen al Renacimiento y es una obra digna de aque-
lla época, en que la imaginación del artista levan-
tó de sus fosas los órdenes clásicos para adornarlos
con filigranas decorativas, cuya ornamentación
queda bien demostrada en el Coro de esta Catedral.
Empezó á construirse en 1588 y se terminó en
1593. . Su autor fue el notable escultor Cristóbal
de Salamanca, de cuyo talento y conocimiento de
las Bellas Artes dio gallardas pruebas en el monu-
mento que hemos descrito, digno, por cierto, de la
admiración más profunda por parte de los aficiona-
dos á las bellezas de la arquitectura y escultura del
siglo XVI. Su coste total ascendió á la mima" de
ochenta y tres mil doscientos reales, sin contar los
IS8 KL AftTE EN LA..
tablones de roble .y pino necesarios para-(la^íioais:!
tracción, que le fueron entregadas por e]..Cabildo.
Tan pronto terminaron laH obras de ;tallay,el
Obispo D. Gaspar Puntex costeó la,;herino$a .verja
(pie cerraba el testero. Era ésta dtij jn4rmole8¡ y-
jaspes del pais compuesta de elegantes -balaustres,
coronados por un cornisamento que [Link], cier-.
to aspecto suntuoso, armonizando . artísticamente
con todo til conjunto. Sobre esta cornisa y como
remate al arco de ingreso, se levantaban dos-globos
y en el centro de éstos una cruz de latón con- IHH1
armas del Obispo I). Gaspar Punter.
A artífices entendidos que se dedican- á est;i
clase de trabajos y que [Link] presenciaban
la destrucción de esta verja, liemos nido decir que.
por cada balaustre ó columnita que salía acabada y
pulimentada se inutilizaba una ó dos en las .mis
nías manos del artista encargado de construirlas.
De sentires, que el Excmo. ólltmo. Br. Doctor
1). Benito Vilaniitjana, que tantas mues.t-ra& do-
saber1 dejó escritas y tantas obras y edificios,, que!
eternizarán su [Link], [Link]...
demolición de l;i. citada verja, sustituyéndola por ,
la actual, mas propia para un rastrillo de jardiii,.
que'para cerrar una de las piezas, donde los. cánti-
cos litúrgicos contribuyen á que los fieles •miron:
con más respeto aquel recinto, que, por su historia,-••
tantos recuerdos evoca. La verja de jaspe, .sjmseiví
modelo de arte, se cenia estrictamente al estilos
de los sitiales del Coro, detalles que no debe mm* t
ca olvidar el restaurador, si quieíie^aju^tar s-i» cri- !
teríb al de los creadores de un orden .ó estfiK> ar(<»-
qiiitectónico. . . - <•,<>*•.;*
Kn estas transformaciones, llevadas á tifibo en
o] año 1S7ÍÍ. se sustituyó, también, el antiguo en-
losadlo por ol actual pavimento de cemento por-
to tul, no solo impropio de una Catedral gótica, sino
que, no obstante su fealdad y de no ser susceptible
de resistir al frotamiento y al uso, resulta frió, in-
cómodo y resbaladizo.
Órgano. Sobre el muro izquierdo del Coro
hállase el órgano, coscado por Fray Severo To-
más Auter que ocupó esta. Silla Episcopal desde
KiSí) ¡i, Hiíií». Lo construyó un Maestro de naciona-
lidad Hfunenea que tenía singular habilidad, consi-
derándolo sin rival en toda la Corona de Aragón.
Ks muy parecido en HU fachada al de la Cate-
dral de Tarragona, aunque de menores proporcio-
nes. Su estilo es barroco, pero domina en toda la
talla un barroquismo de buen gusto, 'que so haría
niíis nceptable si se le colocara un remate acomo-
dado h, su entilo.
Kn la actualidad está muy desvencijado y ado-
lecí- de algunos defectos, ante, los (niales, se estre-
lla, el más hábil Organista, pues es imposible bus-
car armonía en aquellos fuelles malísimos de anti-
gua construcción. Las teclas sufren continuos tro-
piezos, lo cual no es de extrañar en razón de que
los teclados son los primitivos del órgano, asi, co-
mo también, los hilos y tirantes, que están com-
pletamente oxidados.
Sabemos que el 'Kxcino. Cabildo ha hecho ya
alguna gestión con objeto de repararlo debidamen-
te, cuya, reforma'es de suma necesidad, y mucho
mas, si se quiere conservar este órgano de recono-
cido valor é importancia.
•10 E L AUTK ION LA.
L¡i cuja consta dt> los siguientes registros: Dos
Jiautados de metal de ocho pies, un bordón de
ocho pies, un llüutado jle madera de 10 pies, dos
octavas, una quincena, ocho registros de lleno con
veinte y cuati'o tubos en cada nota, siete registros
de trompetería ó clarines, una flauta travesera,
tres nasardos, y una corneta «nngna. La eadireta
• consta de diez registros, entre ellos, flautados lle-
nos, nasardos y una cornetilla: los ecos se compo-
nen de varios violines. dos registros v una corne-
tilla.
S e p u l t u r a s . Aparto de. las urnas y lápidas
funerarias que se observan colocadas en los muros
del Claustro y en los entrepaños de las Capillas,
tiene nuestra Catedral tres sepulturas (|ue por su

birse.
Kn el muro de la Capilla de Ntra. Sra. del Ho-
sitrio y al lado de la epístola existe un panteón
i|iie guarda los restos de I), Juan (riroua, Hacer-
dote muy distinguido, liijo de esta Ciudad, que vi-
vió en la, segunda mitad del siglo XV, el cual fue
Proto-Notariu de. Su Santidad y Secretario de la
Cancelaría Apostólica. Falleció eji Roma y dispu-
so que sus restos se trasladasen á esta Iglesia, cu-
yas obras adelantaron rápidamente merced á un
importante donativo suyo.
Este sepulcro pertenece al puro gótico llorido
ron detalles imperceptibles de transición. Lo for-
man un cuerpo arquitectónico flanqueado por dos
columnas do sección poligonal terminadas por dos
esbelto» pináculos, a raíz de los cuales, álzase un
gracioso doselete que cobija la estatua yacente.
CATEDRAL DE TORTOSA 41
sostenida por un plinto, sobre cuyo frente adelán-
tame tres escudos que sostienen sendos leones.
Bajo los doseletes parciales de los lados leván-
tanse dos estatuas que no guardan armonía ni es-
tilo con lo restante del mausoleo; pues aunque es-
beltas y de delicada labor predomina en ellas el
gusto griego.
Además de los blasones heráldicos hay una ins-
cripción que expresa el donativo que hizo á esta
Catedral, y limosnas donadas para las obras de la
iglesia de San Francisco de esta Ciudad. A sus ex-
pensas se restauro otro altar llamado de San Nico-
lás, que había antiguamente en la iglesia de San-1
tiago.
Frente al altar de San Pedro y parálela al mis-
mo, se vé una losa sepulcral de mármol blanco con
la estatua yacente de una Dignidad de esta Cate-
dral y a pocos pasos de la misma, frente al altar
de Santa Lucía, otra de idéntica forma con la efi-
gie, al parecer, de una ilustre dama bienhechora
de la iglesia. Ambas obras pertenecientes á la es-
tatuaria genuiname-nte gótica, de notables detalles
V relieves, aunque desgastadas por el uso, constitu-
yen una labor notabilísima.
Otras lápidas y losas podríamos citar, en cuyos
enterramientos se conservan los restos de insignes
varones; pero como nuestro empeño obedece ex-
clusivamente á describir las obras puramente ar-
tísticas y arqueológicas, pasamos en alto las demás
win atractivo ninguno.
4'2 "El, ARTE KN LA

Capilla».
LUH návüH laterales, .tienen cinco Capillas cada
una y nueve absidales que comprenden á las otras-
tanta,s'arcadas góticas del. altar,mayor, cuya dis-
posición liemos enunciado al describir c}, ábside.-
Ingresando pijr Ja fachada principal las cinco
Capillas que corresponden á la nave lateral .del
lado derecho son las siguientes: Baptisterio, Nues-
tra Señora de la Cinta, Saut/.situo Xnjtibre de Jesús,
San Rufo y Nuestra S*-ñt>ra drf Huso ño. Siguiendo
la misma dirección, dando vuelta al hemiciclo,
encontramos las absidales en la forma que sigue:
Capilla del Sagrario, Sacristía Mayor, Santa Bár-
bara, Sai/rada Familia, San Francisco <!<> Paula ó
Santa Catati/ia, Sunla [Link] ó Sc¡,<dcn> ifr Nuestra
Señora, Santa Cándido, Sr¡>u/[Link] Señor y San
Pedro, ó sea la última, del dnambulatorio. Sin de-
jar esta dirección hallamos las otras cinco que
corresponden á la nave lateral opuesta: San Mi-
guel, San Agustín,, Almas del Purgatorio ,y,San
José. Lá última, 6 sea la primera que encontramos
á la izquierda entrando por la, .misma .fachada
principal, esta, [Link] altar y ornamentos.
'Por el mismo orden [Link] Capillas
y Altares que. ¡i nuestro juicio, parocen.m.ás nota*.
bles, dejando l;is qu<> por su [KM-i.* arte [Link]
mérito .no giundnn unlíurmnlml CIMI I;1 es^Uodqmi- ;
naiité del tiMnjilo:
B a p t i s t e r i o . Ostenta un desvencijado re-
tablo que la patina y i;l tiempo so han encargado
de destruir. Lo mas notable de esta Capilla es la
pila bautismal, cuya taza sirvió de pechina en el
0ATEDÜA1, DE TllRTüSA 4ií
surtidor que había en los jardines de Peñíseola, en-
túnees Palacio del Antí-Papa Benedicto XTII,
quien la cedió á esta Catedral [Link] el objeto á que
esta destinada.
Esculpida <M>n piedra oolítiea de Gerona, esta

V-"*-—•
I'ILA HAUTI8MAL
l'iiiiitiío p i i n i o n i m w b a | t > i< l u \ r s < | u e n p i t s e n -
t m UH .urnas papalts ^ la lucha del cisma cuya
< s( ultina puede ati ibunie <i la toiceia epora del
estilo o)i\ il 1)) i r í n s i t sta ti7n «tnbi e un 1) ti nistro
di iiitiiunui t,ntj) i p(H) sin (stilo d i t u i n i n i d o . '
Capilla de Muestra &rn. de la Cinta.
A penas ingresamos en ella se nos representa la
trnñaieión de la severidad gótica á las línens íile-
ffrefi dt?l Renacimiento y aunque ente no campea
44 EL ARTE EN LA
en todo su clasicismo, parece que huelga exigir la
perfección de estilo cuando á presencia de una
hermosa fábrica del arte barroco bien entendido y
mejor decorado, el ánimo descansa al contemplar
los esfuerzos del siglo XVTI, huyendo á su vez,
délos detalles precisos del Renacimiento-romano-
cristiano sin caer, empero, en los abortos de un
barroco sin gusto y sin el menor atractivo, como
desgraciadamente y im perjuicio de la estética ve-
nimos observando á cada paso. Por todo lo cual
nuestra magnifica Capilla ostenta rasgos airosísi-
mos, que" representan los esfuerzos de la fantasía
para ofrecer á la posteridad un modelo acabado,
no de decaimiento, sino de un nuevo sello que im-
primió el arte escultórico-nrquiteetónico al empe-
ño de sus nuevos reformadores de comienzos del
siglo XVIT.
Acontece non nniclia frecuencia, que, en las
construcciones cristianas, del gusto del Renaci-
miento, obstirvanse asi en sarcófagos como en hor-
nacinas, columnas, capiteles y cornisamentos,
ciertas reminiscencias paganas que on verdad no
pueden evitarse, como se evitan en las construc-
ciones góticas, nacidas al calor de la fe más acen-
drada. Asi smcede en la Capilla di: la Cinta, cuyo
grabado reproducimos.
En todos SUH detalles es tal el gusto y el simbo-
lismo místico-cristiano, que al penetrar en ella el
alma tiende a enviar á Nuestra Señora mis fervo-
rosas plegarias.
El amor de los tortosinos á l¡i Sagrada Reli-
quia hizo que, á mediados del siglo XVII, pensara
Tortosa en levantar un monumento suntuoso em-
TATEDHAL T>K TORTOSA

CAPILLA DK NUESTRA SKNoRA DE LA CINTA.


4(1 I:L A H T E E N L A

pla/.ado en el mismo sitio donde estuvo la primera


Catedral y mas tarde los dos antiguos altaros ^de-
dicados al Cingulo de Marín.
No obstante la penuria tle aquellos tiempos;, y
la ¡cruenta guerra de sucesión, más tarde, el pue-
blo de Tortosa con la poderosa ayuda del Prelado,
Clero y fieles dio el ejemplo de reunir eiiiintiosos
recursos para la edificación de tan impurtantísinia
obra.
.Para esta construcción se acumubirnn ni.'irnio-
les y jaspes de la i canteras de la Sant¡i. ('int;i. <)M<:
entonces eran propiedad del Cabildo, y se proce-
dió; á la colocación do la primera piedra el 17 de
Marzo de Í(i72. :,
XJQ> nave principal de la Capilla, largo-peristi-
lo ele, veinte y cinco metros de longitud, incluso el
presbiterio, y de anchura 7'08 metros midiéndola
por his columnas de ingreso, está flanqueada por
esbeltas .columnas de jaspe del pais, con sendos ca-
piteles de bronce dorados á fuego y de original de-
corado; con tendencias al orden corintio, corona-
dos por un cornisamento de mármoles de mezcla.
ÍÜn el próstilo, este cornisamento sostiene una
íKTotera á cada lado, en cuyo zócalo, de mármol
rojo, levántanse las estatuas de San Pedro y San
Pablo, seguidos de una gloria de ángolos y serafi-
nes que rodean á la Virgen, que se eleva en: el
(••(¡litro como coronamiento do este artístico grupo,
que tan sencillamente se destaca en el paramento
del frontis de esta Capilla. <•""'.
El citado cornisamento limita en los paños, que
constituyen 'los muros, en que no entra mas que
aquella clase de piedra y sobre toda aquella fábri-
CATEDKAL J)K TUKTOSA 47
ca viene á descansar la bóveda en la cual se des-
timan pinturas al temple, qué, si no son modelos
de arte, representan la expresión de un pehsainién-|'
to relacionado tíóii las glorias de la Augusta Madre1
de Dios, danílo^entrada á uií crucero, do ÍÓ'SÍÓ
metros longitudinales, on cuyos centros laterales
sC'Sibren dos puertas de carácter identincaáó con
la'íiHonomia total de la fábrica, en las que, sobre
sns respectivos arquitrabe»,'se levantan dos gra-'*
fiónos tímpanos de mármol blanco, en cada uno
de • cuyos centros ¡[Link]' esbeltos dos a'fageíés',
también de mármol, de una blancura sorprenden-
te; factura mística y graciosa traza.'
1
Corónalos cuatro arcos torales 'de "este cruce-
ro un fanal de manipostería que' sirve de base á
muí. cúpula de dos cuerpos, compartida en seis seg-
mentos, en Ins que se ven pintadas escenas del
antiguo Testamento alusivas al glorioso destino'
de la Madre dé Dios. El altar, que'rio se instaló
hasta el año 1829, so compone de un retablo de or-
den cíompuesto y por lo tanto, completamente"diá- *
tinto de lo que se acaba de describir; es de la n'ris-
ma piedra de jaspe y tiene, también, bronc'és do-
radora fuego, encerrando el nicho, que contiene,
dentro de una' magnífica urna do plata, la ífelíljuia,
Mayor de la Santa Cinta.
Sobro este retablo destácase un rompimiento
de gloria on el que se ven acumulados vario;* án-
geles y serafines, sobresaliendo en el centro la Ima-
gen dé la Santísima Virgen en el' momento de ha-
cer la entrega de su-'Sagrado Cíngulo. Este reta-
blo viene á -eiicerraráe dentro del sistema de otro
mayor relacionado con lo restante de la ¿onstruc-
48 KL ARTE EN LA
dión, cuyas columnas aparecen flanqueadas por
dos magníficas estatuas marmóreas de los Apósto-
les San Pedro y San Pablo, coronando el cornisa-
mento, sobre sus capiteles, dos ángeles de mármol
blanco en actitud de respetuosa adoración y la bó-
veda que cierra esta parte de la Capilla, que po-
demos llamar presbiterio, ostenta pinturas cuyo
asunto es la Intercesión de la Santísima Virgen en
favor de Tortosa á la que acompañan, envueltos
entre nubes, una multitud de bienaventurados y
espíritus angélicos.
El presbiterio está separado del crucero por una
sección de balaustres de valiente construcción co-
ronados por un pasamano en forma de cornisa, to-
do de jaspe. Robre las dos puertas laterales del al-
tar ábrense cuatro hornacinas con los atributos de
las virtudes de la Virgen.
Como cuadros dignos de estudio y admiración,
podremos citar los dos primeros, los cuales son co-
pias fidelísimas del notable pintor Vicente López,
y sus originales son de Menga. Representan la
Anunciación y el Nacimiento de Nuestro Señor Je-
sucristo.
Del pintor tortosino Sr. Dólz son la Adoración
de los Reyes Magos y La Presentación. Estos dos
cuadros fueron pintados en esta ciudad á mediados
del siglo actual.
En los entrepaños del crucero existen, también,
cuatro hermosos lienzos de la escuela valenciana,
los cuales describiremos juntamente con los de
Menga al ocuparnos de las pinturas más notables
de esta Catedral.
No obstante las leyes fijas y bien marcadas de
CATEDRAL Dü TORTOMA 4ií
la arquitectura romana y griega y la de los perio-
dos románico-bizantino y ojival y de lo indefinido
del Renacimiento, resulta éste en nuestra Capilla
filgo mas suntuoso, aunque lleno, siempre, de or-
natos caprichosos y realmente fantásticos como
acabamos de describir.
Mas ó menos espacioso y severo, hemos de con-
venir, que, en aquella época de decaimiento y vici-
situdes para la arquitectura, Tortosa dio un ejem-
plo de amor y filial cariño á la Sagrada Reliquia,
levantando un trono para perpetuar un hecho mi-
lagroso que, .sin duda alguna, vivirá eternamente
en la memoria de todos los tortosiiios.
Altar del Santo Nombre de Jesús.
Entre esta Capilla y la de Ntra. Sra. de la Cinta
está la puerta mayor por donde, desde el claustro,
•se penetra al interior de la Catedral. Su estilo es
del Renacimiento, ostentando bellísima construc-
ción en madera, de sencillo pero puro gusto corin-
tio.
S a n R u f o . Su altar está construido de
mármol y jaspes del pais, compuesto do un hermo-
so retablo flanqueado por dos columnas jónicas que
se apoyan en la mesa-cuerpo del misino.
Nueatra Señora del Ito-nrio. Aparee-o
este altar con detalles churriguerescos, con mezcla
de estilo Luis XV, cuya esbeltez y graciosa coloca- '
ción en la hojarasca lo hacen interesante. En el
muro lateral del lado de la Epístola, hay el sober-
biomausoleo que describimos al reseñar, en capí-
tulo aparte, las sepulturas mejores de esta Iglesia.
Capilla del Sagrario. Al describir el
rlanstrn hemos prometido ocuparnos non más ex-
50 EL ARTE EN LA
tensión del edificio antiguo do Santa Cándida, hoy
Capilla del Sagrario.
A título de curiosidad trasladamos algunas no-
ticias por demás interesantes.
Despuig en su Col-Ioqni IV, dice, que, cuando
se continuaban las obras de la Catedral, en tiem-
po del citado escritor, al excavar los cimientos se
descubrieron dos grandiosas columnatas y algunas
lapidas que indicaban haber existido allí un tem-
plo gentílico y que movidos por el interés, conti-
nuaron las excavaciones, hallándose un enlosado
bellísimo que manifestaba ser el pavimento del
templo.
Martorel en su IHatoña de Tor/osu, afirma que,
antiguamente había en aquel sitio dos Capillas,
una grande y otra de menor dimensión, en cuyo
altar estaban las reliquias do Santa Cándida con
varias lámparas de plata que ardían dia y noche.
Villanueva en su carta XXXVII describe esta
Capilla, conforme la encontró él en su Viaje litera-
rio á las Iglesias de JÜspaña, en la forma si-
guiente: «Esta Capilla tiene tres puertas prolija-
mente labradas; éntrase en ella bajando seis gra-
das: es gótica, con dos columnitas de jaspes en el
medio y algo prolongadas, tiene todas las aparien-
cias de haber servido de Capítulo según la disci-
plina monástica».
«De esta Capilla ó Capítulo so pasa á otra pie-
za grande que hoy sirve de archivo; obra de bien
diferente arquitectura que el claustro; pero que
sin duda perteneció á la vida reglar de esta Igle-

Kl poco amor á las arten 011 los primeros aúns


CATEDRAL DE TORTOSA DI
de este siglo y el celo desplegado por el Obispo don
Víctor Saez hará que las generaciones venideras
juzguen con respeto la profanación artística lleva-
da á cabo en esta Capilla. Mucho noa conduele te-
ner que hablar así, pero no encontramos frases
íuaa suaves para explicar el sentimiento general
que produce hoy la lectura de la antigua disposi-
ción y el recuerdo del mérito artístico-arqueológi-
'•o de aquel pequeño templo verdadero fundamento
de nuestra Iglesia.
Al hablar de las sepulturas del claustro hemos
dicho ya que la actual Capilla HC comenzó <m 1829
y terminó en 1844. Procedamos, ¡Unirá, á su des-
cripción por penosa que nos sea:
Aunque no campean en esta Capilla y 011 el
altar que la completa primores de ornamentación,
pertenece toda ella al estilo del Renacimiento, con
detalles • acomodados á las reglas del orden com-
puesto. Su planta está formada por un rectángulo
de 21 metros por 9'40 de ancho, y sus muros es-
tán distribuidos convenientemente por entrepaños
que constituyen el presbiterio y la nave, la cual se
halla limitada por un atrio de entrada que la sepa-
ra de la Catedral, propiamente dicha y por robus-
tos pilares en los cuatro ángulos que sostienen los
arcos torales sobre loa que so apoya una graciosa
c
üpula de convexo rosetonado. El cornisamento do
toda la fábrica, reduciéndose proporciona luiente
<-n el ámbito del presbiterio, sirve de motivo á su
¡litar, único en la Capilla, construido de hermosos
jaspes del país, formado de columnas flanqueadas
con sus pilastras correspondientes detrás ,d.
mismas, ostentándose en el entrepaño |
52 EL ARTE EN LA
con un precioso Crucifijo de marmol blanco y de
tamaño natural. Esta Imagen, que forma el reta-
blo, es obra de reconocido mérito escultórico, de
valiente ejecución y de una suavidad de lineas que
acusan el talento de su ilustre autor T). Damián
Campeny, Director que fue de la Academia de
Bellas Artes de Barcelona.
El altar lo constituye un paralelipípedo que se
adelanta al retablo unos dos metros, quedando
entre éste y altar un espacio practicable de un
metro de anchura. Sobre el descrito altar descuella
el Santo Sagrario que lo forma un gracioso tem-
plete de mármoles y jaspes de gusto dórico puro.
En los entrepaños del centro se hallan las ur-
nas sepulcrales de tres Obispos. En la parte de la
Kpistola el del Excelentísimo Sr. D. Víctor Saez y
junto al mismo el del Ilustrísimo Sr. D. Damián
(fordo Saez, sobrino del anterior; y frente á éstos
el del Ilustrísimo Sr. D. (íil Esteve. El paramento
de estas sepulturas lo forma una lápida rectangu-
lar de marmol blanco, incrustada en el muro, os-
tentando las inscripciones correspondientes que son
modelos de epigrafía funeraria y guarnecida por un
marco de marmol del país, de gusto griego, .senci-
llo y elegante.
Esta Capilla, desde Julio do. 18!H¡, está destina-
da á Iglesia parroquial. Antes no tenía pulpito fijo
y el que hay ahora se colocó á raiz de la segrega-
ción del Clero Catedral. Levántase éste arrimado á
la segunda pilastra del lado izquierdo sobre una co
lumna octogonal, que le sirve de sustentáculo. Sin
fijarnos en detallar el estilo á que perteneco, es
tan grata la impresión producida, tan adecuadas
CATEDRAL DE TOHTOSA 53
sus proporciones y la armonía que se ha sabido
conservar con lo restante de la fábrica, que á pesar
de su sencillez, destácase airoso y elegante, com-
pletando, con sus lineas la severidad del Sagrado
lugar donde se hallaba emplazado.
Sirve de coronamiento á este pulpito un gracio-
so tornavoz. Esta obra, por sus condiciones artís-
ticas y acústicas honra mucho al inteligente in-
dustrial de esta ciudad I). Vicente Benet, autor y
constructor de la misma.
S a c r i s t í a Mayor. Esta pieza se construyó
á mediados del siglo XVIII; y aunque su arquitec-
tura no tiene mucho que admirar, sus condiciones
espaciosas alegran el ánimo del visitante. La cons-
tituye un cuerpo exagonal, estilo Renacimiento,
con pilastras corintias que ocultan las antas so-
bre las que se apoya una bóveda formada de seg-
mentos esféricos. El tragaluz lo forma el cuerpo
principal y único con ventanas que permiten pe-
netre la luz en proporciones moderadas. Los es-
pacios, de este exágono, coronados por arcos arqui-
trabados contienen la puerta de entrada; al lado
derecho una magnífica cómoda, con tablas de jas-
pes del país; junto á ésta el camarín donde está
colocado el relicario pequeño de la Santa Cinta;
frente á la puerta de ingreso otra cómoda igual á
la anterior; al lado de ésta un armario en forma
de altar que guarda las Reliquias y varias precio-
sidades de oro y plata, llamado el Sancta Sancto-
ruin; el último lado ó espacio del exágono está
ocupado por un lavabo de piedra jaspe. La forma
de este depósito, de grandes dimensiones, es muy
parecida á la de un arybalos; está coronado por
T>4 i:l. [Link] KK LA

una imagen do San Juan Bautista, cuya estatua,


tiene á sus pies varios delfines de mármol blanco y
cabezas de ángeles con grifos por donde sale el
agua, á la cual sirve de recipiente una grandiosa
taza de jaspe.
La Capilla que contieno la Reliquia menor dv
la Santa Cinta está cerrada por una verja de
hierro, degusto exquisito. Su altar de concha y
vidrios pintados, evoca el recuerdo de un hecho
histórico, que por su importancia y no haberse con-
signado en los anales de esta Iglesia merece ser
relatado:
Impresionada la familia del Canónigo-Camare-
ro Sr. Gíirgíillo de los robos cometidos en esta ciu-
dad por el t'jñrcito invasor durante la guerra de la
Independencia, colocó en los desvanes de la casa
señalada actualmente con oí número cinco de l¡i
Plaza del Hospital, dos preciosas cómodas chapa-
das de concha, las cuales embadurnó con barro y
cubrió con esteras para ocultarlas de la vista de
los saqueadores; los cuales no tardaron muchos
dias en expoliar lo que en ella habla á mano, lle-
vándose alhajas, dinero y prendas de gran valor.
Registrada la casa, marcháronse rápidamente,
sin apercibirse de tan valioso tesoro, que perma-
neció largo tiempo en la forma indicada. Después
de la guerra, las cómodas se trasladaron á los al-
macenes de la Catedral, donde estuvieron largo
tiempo guardadas, hasta que por disposición testa-
mentaria del citado Canónigo, se aprovecharon sus
preciosos materiales para la construcción del altar
que describimos.
Construido de los restos do aquellos tiene un
CATEDRAL DE TOIITOSA 55
relicario el actual Tesorero de la Real Cofradía de
Nuestra Señora de la Cinta D. Antonio Pauli que
os la persona que nos lia informado sobre el heelio
referido.
Este altar no tiene entilo mareado ni otro atrac-
tivo que el de haberse construido de vidrios pinta-
dos y de concha, cuya riqueza le dá solamente
valor positivo. En el ático ó último cuerpo del mis-
mo vése un cuadro que representa la entrega del
Sagrado Cíngulo, de frescos colores; pero de ejecu-
ción tan amanerada que nos recuerda la escuela
de Camarón, la cual se distinguía por este carác-
ter á principios del siglo XVIII. En las paredes
de este Camarín hay dos lienzos referentes á la ins-
titución de la Cofradía, de tan pésimo gusto, que
anuncian la decadeiícia del arte.
Sobre la cómoda instalada fronte á la puerta
de esta Sacristía, destácase una hermosísima Ima-
gen de Nuestra Señora de la Cinta, que no carece
de historia, pues fue la primera que hubo en el al-
tar primitivo de la Capilla de su nombre, antes do
construirse el actual retablo. Esta estatua puede
considerarse como modelo de talla y como una de
las producciones escultóricas dignas tlel cincel del
más genial artista.
Capilla de Santa Cándida. La portada
de la misma es lo mejor de esta Capilla. Llama la
atención el dibujo original de que supo dotarla el
constructor de su verja de hierro forjado, de estilo
gótico puro.
Santo Sepulcro del Señor. La portada
de esta capilla la forman cuatro columnas con es-
triaduras salomónicas, sobre las cuales descansa un
O ti EL AKTE EN LA
frontón compuesto do tres arcos conopiales con or-
namentación y follajes, todo do gusto Rocalla. En
el centro destácanse ramos de oliva y don toneles
representando los timbres heráldicos de la antigua
casa Oliver y Boteller.
En ambos lados de esta Capilla levantase una
elegante y atrevida columna hasta la altura de las
impostas, y de éstas y de los capiteles tiéndese co-
mo sutil y delicada blonda un hermoso calado, cu-
yos mámeles se entrecruzan formando preciosos
dibujos oj¡v;il<'s liiístn la cúspide del arco.
C a p i l l a s restantes. A otros estilos diver-
sos pertenecen los (lemán altares, casi todos de gus-
to decadente y de descuidada ornamentación, es-
eeptuando los de S. José y el de las Almas, que,
aunque churriguerescos, como vulgarmente se de-
nomina todo lo malo, tienen detalles hermosísimos
como los hubo en las mejores obras del estilo crea-
do por Churriguera, mal comprendido por muchos
que le juzgan pésimamente sin atreverse á imitar
lo que él tan sabiamente supo concebir. El altar
de S. Agustín os exactamente igual al de S. Rufo.

Pinturas
Apartada Tortosa de las poblaciones donde el
arte brillaba esplendoroso, creando escuelas que
no han de enterrarse jamás; lejos esta ciudad
de los tornaos artísticos y de su influencia, nada,
puede mostrar al visitante que no sea de ajena
procedencia; pero no por eso menos digna de ala-
CATEDKAL D£ TOHTOSA 57
banza y singular admiración. Pocas pinturas ador-
nan los muros de nuestra Catedral, pero aun sien-
do escasas serán siempre miradas como verdaderas
joyas y estudiadas con detenimiento por los aman-
tes de lo bello, del sublime arte que en hora feliz
levantó el espíritu en alas del dibujo y del color.
Kntre las obras que de tan maravilloso arto
conserva nuestra Catedral se reconocen como no-
tables las que vamos á describir á continuación:
Cntierro de Jesucristo, atribuido á Ribe-
ra. Hállase oste, lienzo colocado en el trascoro, o\
[Link], según el arta capitular de 11 do Abril de
1821, fue regalado por I). Manuel (luerni, Doan tl«
la Catedral.
El Españoleto, pintor sanguinario y feroz, que
supo arrancar de su paleta los mas grandiosos efec-
tos realistas y estudiar trágicamente los estragos
producidos por el dolor y el martirio, deleitóse,
también, en suavizar su pincel para reproducir de
un modo espiritual las bellezas más delicadas y los
pasajes más augustos y sentimentales de nuestra
Religión.
En el Entierro de Jesucristo predomina el efec-
to de luz y la transición del colorido de una mane-
ra tan franca, que las figuras que rodean el inerte
cuerpo del Redentor son verdaderos retratos. La
cara de la Virgen no puede ser más celestial; lu-
chando en toda la figura el blanco y el azul como
simbolismo de la pureza; aquellos ojos se contraen
pensando en la Resurrección y sus lágrimas esta-
llan como un torrente al contemplar al Hijo muer-
to... ¡Pobre Madre!...
Tonos vigorosos, sombras misteriosas que on-
~)H E L AHTJ-' E N L A

vuelven en una oscuridad transparente otras som-


bras íiit'iH profunda» que se pierden en la inmensi-
dad de lo infinito. Energía en los relieves de las
figuras do primer término y siluetas indecisas, pe-
ro enérgicas, que se pierden en las gradaciones de
la composición.
Este es el precioso cuadro del trascoro, esta la
valiente obra del ilustre pintor, que, con su talen-
to, engrandeció el arte y con sus producciones la
notable escuola valenciana.
El Nacimiento <1<* Jesiís y la Anun-
c i a c i ó n de Mengs. Regalados, también, por el
citado Doan D. Manuel Guerra, constituyen estos
doH lienzos otras tantas joyas dignas de la admira-
ción más profunda. Al describir la Capilla do
Ntra. Sra. do la Cinta hemos indicado ya el lugar
que ocupan estos dos cuadros, tan admirablemente
copiados por el insigne artista Vicente López, de
la escuela valenciana.
No há mucho, tuvimos la suerte de contemplar
los originales en el Museo del Prado y de conven-
cernos de que las copias están admirablemente
tratadas y á la altura de los que en tiempo feliz
brotaron de la paleta del ilustre pintor de Cámara
d(i Carlos III, Kafaol Mengs.
Este, en su Nacimiento de Jesús, dio gallarda
muostra de su perenne lucha con Corregió, de la
cual llegó á triunfar en esta famosa producción do-
tada de la bolleza mas risuoñá que el sentimiento
puoda gozar.
Alardes de valentía en el colorido; suavidad en
los trazos, sencillez en las figuras, efectos de cía-
CATEDRAL DE TOKTOSA íjíi
rida'd sublime. Este es el cuadro, esta os la com-
posición del Nacimiento.
Si buscamos la luz, encontramos el foco en
torno del Niño-Dios, cuyos ojos despiden radian-
tes destellos que iluminan todo el cuadro. Sus car-
nes son tan verdaderas que envidia dieran al mis-
mo Tioiano. La Virgen no es la madonna que con
cara de mujer italiana concibió siempre Rafael.
No, Menga supo elevar los ojos al cielo y en su tro-
no encontró la cara divina, la figura heroica, la
mujer típica, la verdadera Madre del Señor.
Satisfecho de su obra, colocó su retrato entre
los pastores y aldeanos que van á rendir homenaje-
al Rey de Reyes, al naciente Redentor. Mas que
como rasgo de vanidad, debemos juzgar su coloca-
ción como una acción de gracias, de respeto y do
carillo hacia El que le dio la inspiración divina y
la filosofía más robusta del color.
La Anunciación, tan bueno ó mejor que oí an-
terior cuadro, pregonará siempre la fama y el ta-
lento de Mengs. Al pensarla y diseñar el boceto
debió buscar en sus sueños las armonías de los cic-
los y los cantos de los ángeles le dieron el asun-
to tan definido y armonizado, qiie no existe en todo
o\ lienzo una. nota monótona ni un tono fuerte que
destruya la dulce impresión del débil. Sus transi-
ciones son tan suaves, que la vista no puede apar-
tarse dei objeto que la atrae.
Aparece la Virgen, de una hermosura peregri-
na, turbada por la humildad y risueña por su mo-
desta alegría. El Padre Eterno, no es el Criador
Omnipotente representado siempre con aspecto se-
vero y terrible por otros pintores. Muy al contra-
tíO EL AllTK EN LA
rio, en este hermoso cuadro lo pintó Menga vesti-
do de blanco y con la expresión mas majestuosa y
apacible que concebirse pueda.
Resulta, también, de una manera asombrosa la
gallarda figura del Ángel Gabriel, que aparece con
la azucena en la mano como Mensajero del Altísi-
mo, acompañado de la, Corte Angélica, artística-
mente colocada en este cuadro que puede conside-
rarse, sin duda alguna, como el mejor de los mu-
chos que produjo aquel genio extraordinario, tan
prematuramente desaparecido en los últimos años
del siglo XVII.
Escuela de Espinosa. En los entrepaños
de ambos lados del crucero de la Capilla de la San-
ta Cinta, hay cuatro hermosos cuadros que pueden
atribuirse al célebre pintor valenciano que floreció
á mediados del siglo XVIII.
El primero á la derecha represonta la Sagrada
Reliquia en la habitación de un enfermo, costum-
bre muy generalizada en los siglos anteriores.
Sigue á éste otro de igual tamaño cuyo asunto
parece que conmemora el hecho milagroso ocurri-
do en Ifi55 en el pueblo de Villar de Cañas, Dióce-
sis de Cuenca, que, según la tradición, al pasar la
Santa Cinta por aquel lugar tocó por si sola la
campana de la Ermita de Santa María do la Ca-
beza. Eate ermitorio se distingue en el fondo de la
composición, donde también se vén varios grupos
del pueblo en actitud de sorpresa y admiración.
pjii el primer término, á la derecha, está el sacer-
dote mostrando el Cingulo de Marín á las personas
que le rodoan.
El primero, al lado opuesto, es indefinido; pero
CATEDHAL PE TOHTOSA til
sin temor á discrepancia creemos que su asunto
no es otro que el acto que en estos casos se realiza
en Madrid al llegar allí la Sagrada Reliquia, de la
cual se hace cargo el Patriarca de las Indias, Ca-
pellán Mayor del Palacio Heal, que aparece reves-
tido con alba, capa pluvial y paño de hombros,
precedido por una procesión hasta el Oratorio pri-
vado de sus Majestades, que es el lugar destinado
para colocarla.
Sigue á este lienzo otro que representa el mo-
mento en que llega el Canónigo comisionado con el
Sagrado Cíngulo á la real estancia, donde es reci-
bido por Ja Reina, acompañada de su alta servi-
dumbre.
Los cuatro cuadros son de reconocido mérito y
como en todos los de Espinosa, campean en sus li-
neas detalles de un dibujo correctísimo, exacta
perspectiva y artística colocación. El colorido es
parco, frió y muchas veces de exagerada tonali-
dad, pero al cabo esta era su escuela y hay que
mirarla con todo el respeto á que se han hecho
acreedoras las monumentales producciones de tan
insigne artista.
Espinosa es e] reverso del Ticiano; procuró mas
el dibujo que el color, asi como el ilustre venecia-
no rmacandb su gloria en el colorido, descuidó mu-
chas veces el dibujo.
Los lienzos descritos determinan tan categóri-
camente la escuela de Espinosa, que en estas pin-
turas pueden observarse sus cualidades y geniali-
dades. Por una parte elegancia, corrección en el
trazado, y sujeción á las leyes fijas dol arto pers-
pectivo y por otra, la manera poco valiente pero
(¡i! EL ARTE EN LA
delicada del colorido. Abusaba tan poco del color
que en muchos de sus lienzos se descubro el apa-
rtijo.
San Rufo y San Agustín, de Vicente
López. En los altaros do sus nombres constitu-
yen el retablo dos obras que no desdicen un nada
de las mejores de tan celebrado autor.
El primero representa á San Rufo, primer Obis-
po de esta Diócesis, que aparece de pié, dirigiendo
al pueblo la divina palabra. Nótanse en su rostro
y on sus actitudc i un movimiento, efecto del fervor
que inflamaba su alma en la propagación del Cris-
tianismo.
San Agustín, orando de pié, el ova sus ojos al
cielo, extasiado y como si HU cuerpo se abrasara en
fuego de amor divino.
En estas dos obras, el notable discípulo de la.
escuela valenciana y distinguido Académico de la
de Bellas Artes, supo hermanar la propiedad cu
las actitudes y sentimientos y el seductor atracti-
vo del colorido con los valientes perfiles de su di-
bujo.
De López t;s también un precioso cuadro dc
Ntra, Sra. del Carmen, existente en la Sacristía
Mayor, encerrado en una vitrm;i.
Decapitación de San Juan flautista.
Con figuras de tamaño natural hay en la citada Sa-
cristía, entrando á la derecha, un hermosísimo lien-
zo representando la Decapitación de S. Juan Bau-
tista, de autor desconocido, pero muy animado á ¡a
escuela de Hibalta, discípulo del célebre Juan de
Joanes. Las influencias del estilo italiano tan bien
marcadas en esta composición y lafisonomíaca-
CATEDRAL J)E TORTOSA (ii.i
racterística de nuestro pais, tan bien impresiona-
da on el mismo, nos hace creer que si no fue el pro-
pio Ribalta quien lo pintó, su autor hubo de ser
uno de sus más notables discípulos, seguidores del
valiente colorido de tan preclaro Maestro.
La Decapitación de San Juan Bautista es tan
notabilísima, que si la miramos con detención en-
contramos que os admirable el natural y el estu-
dio de la anatomía. Esta se presenta tan desen-
vuelta, que al momento se .adivina en la muscula-
tura los accidentes del cuerpo producidos por un
sufrimiento horroroso. La escena sangrienta y des-
garradora esta vigorizada por fuerte entonación,
cuyo claro-obscuro es de transiciones tan rápidas
que nos recuerda el estilo característico del famo-
so Ií,cmbrandt.
En esta composición todo es obscuro; solo la
luz artificial producida por una antorcha alumbra
la cárcel y los doa accidentes del martirio. El már-
tir, no obstante el estupor y la violencia, de rodi-
llas espera resignado el terrible golpe del alfanje
para volnr alas dichosas eternidades.
Fragmentos de un retablo. Debajo del
¡interior osténtaiise cuatro tablas, de gusto bizanti-
no, encerradas mi dos marcos, cuyos adornos de ta-
lla dornda manifiestan haber formado parte de un
retablo.
Estos cuadros, de pequeñas dimensiones, poro
de valiente estilo y frescos colores, ropresentan: El
primero, á la derecha, es de asunto raistico-cristia-
no: aparece el Redentor rodeado de Frailes, Obis-
pos y otras dignidades de la Iglesia. El segundo la
Aparición del Señor resucitado ú la Ma<jd<tl<-iiu,, El
ti4 EL ÁliTE EN LA
tercero, la Cena de JmucvMo ni rasa <iW fariseo
donde se presentó la Magdalena, v el último, la
He-surrección de Liízaro.
Coronación de la Virgen. Frente á l;i
Decapitación de San. Juan hay un lienzo, de buenas
proporciones, cuyo dibujo y color son agradables,
poro sin ningún mérito digno de tomarse en cuenta.
Descenso de Xtra. Sra. de la Cinta.
En la propia Sacristía Mayor y junto ;tl Silueta
Sanctorum se ofrece una composición de dibujo
correctísimo, de entonación apagada y sin atracti-
vo ninguno. Su entilo anuncia la decadencia, en el
colorido, de la escuela valenciana.
J e s ú s Crucifleado. Ka por domas mara-
villosa la suntuosidad del Crucificado, que sirve de
retablo á la Sala Capitular. Pertenece á la época
del gótico florido y está pintado con la sobriedad
de Velázquez y su colocación es tan natural y ver-
dadera, que nos recuerda el del célebre Van-Dyck.
No tiene escuela definida, pero es tan hermoso que
su mérito le coloca al lado de las obras del famoso
colorista Juan de Joanes.

Tapices
Las artes decorativas encontraron MU ostenta-
ción en las pinturas de los tapices, los cuales se
colocaban, en las grandes fiestas, en los lienzos de
las murallas, en los funerales y solemnidades reli-
giosas, constituyendo, á la par, el mejor adorno
de los festines y salones aristocráticos.TC1simbo-
. CATEDRAL DE T011TOSA GÜ
liamo hasta el siglo XIII, nos lo ofrecía el colorido
en la forma siguiente: El blanco, significaba pu-
ro; el verde, contemplativo; el rojo, caritativo; y el
negro, martirizado.
.Los tapices de nuestra Catedral adquieren ma-
yor importancia, porque todos ellos pertenecen al
mejor período.
Los que adornan el altar mayor son once; poro
solo cuatro conservan su tamaño primitivo que son
los que cuelgan en ambos lados del presbiterio. Los
domas son fragmentos y están colocados en las co-
lumnas y puerta pequeña del Altar, escepto dos,
un poco mayores, que decoran los primeros pilares
que flanquean el ábside menor.
Todos reproducen pasajes de la Sagrada Escri-
tura, pero en los mayores es donde mejor se apre-
cian las escenas del Antiguo Testamento, en pri-
mer término; pues en el fondo destácansc varios
útiles de agricultura, representando las cuatro es-
taciones del año, en las cuales se ven multitud de
figuras, cuyos trajes nos ofrecen la indumentaria
de los siglos XIV y XV.
En el Archivo de esta Catedral se guardan
otros de mayor importancia, si cabe, que los que
acabamos de enumerar: Del mismo estilo es el que
representa á Jacob, vestido de pieles, pidiendo á su
padre Isaac la bendición y la primogenitura, que
un día le vendiera Esaii por un plato de lentejas.
Lo más interesante de la escena, es la actitud de
Kebeca, detrás de su esposo, ansiosa pqr la pro-
clamación en favor de su hijo menor.
Junto á este existe otro tapiz cuya belleza ar-
tÍHtico-decorativa es de una riqueza, iiit'onipiirabh'.
(¡ÍJ EL AltT-E JiN LA
Representa la casa de Grábelo cuando Tobías se
presentó á cobrar la deuda por mediación del Án-
gel. Todas las figuras son interesantes y de un di-
bujo acabadísimo; el colorido acusa la maestría do
su autor y el talento del que supo tejerlo tan ad-
mirablemente.
Rivaliza con todos los descritos, otro que por
su magnificencia, dibujo y modelado puede presen-
tarse como una verdadera obra de arte y como tal
He le ha considerado siempre. Campean en él los
detalles y el colorido más encantadores y de una
tonalidad digna de la pintura de caballete. Sus pro-
porciones son colosales y está dividido por tres re-
cuadros, cuyos asuntos son: El de la izquierda, Je-
sús con sus discípulos dormidos en el huerto de Get-
wi/ianí. El del centro, representa la Institución de
la Eucaristía, conocido por la Cena. El último ó sea
el cuadro de la derecha, está representado por la
Kitiviuhl /rii/nfdí <íe Jesús cu Jerusalen. Extensa
descripción nuTcrcría [Link] hipíz, pero con lo apun-
tado creemos haber puesto de relieve los detalles
mas precisos para que el lector forme idea cabal
del mérito extraordinario del mismo.
Este paño colócase todos los años por Jueves
Santo en el testero del monumento, frente al al-
tar de S. José, donde siempre ha sido admirado
por propios y extraños.
Además de los citados hay una estoía ó damas-
co que por su valor histórico se ha hecho memora-
ble. Fue regalada por dos esclavos moros que ora-
ron por su libertad á la Virgen del Palau y una
vez conseguida, desde Alejandría la enviaron, en
una caja, que ocharon al tiiíir. siendo tVtíi reeo^i-
CATKUiíAL ÍJK TOJíTOSA ti7
da en Tarragona, en la cual se conserva otro gu-
melo, contenido en el mismo embalaje, sintiendo
que el Cabildo no haya hecho las oportunas geatio
nes para reclamarlo.
Frontal de los Reyes Magos. Kegala-
do por el Obispo D. Otón de Moneada, que gober-
nó esta Diócesis á mediados del siglo XV, se con-
serva un hermoso frontal representando la Ado-
ración délos Reyes Magos. El bordado, de oro v
plata, de alto relieve, aparece tan hermoso como si
se acabase de confeccionar. Constituye una labor
riquísima digna de mejor suerte, pues al restaurar-
la sustituyeron el fondo antiguo por otro tan inar-
mónico como impropio y ademas no cuidaron de.
arreglar el campo ni procuraron su imitación.

í^eliearios, Orfebrería
Cristiana y objetos de
arte antiguo y moderno.

Son de una importancia considerare los <|UÍS se


guardan en el Sanda--Sancionan de esta Iglesia;
poro como su catálogo es extenso, nos ceñiremos á
describir los que por su mérito artistico-arc|ucüló-
gifio «e hagan acreedores á la admiración del que.
dejando á un lado riquezas acumuladas, busca,
tan solo, el arte <m sus investigaciones.
í>8 EL AKTE EN LA
El erudito bibliófilo Dr. O'Callaghan enumera
los relicarios y Reliquias que estos encierran, Ion
cuales describe, también, en sus Anales é Historia
de cuta Catedral. En estas obras encontrarán su
inventario los que busquen riquísimos modelo» de
orfebrería cristiana. '
Concretándonos k los relicarios mas preciosos y
objetos destinados al culto, llamamos la atención
sobro los siguientes:
T r í p t i c o . .Ks hermoso por todos conceptos,
sobresaliendo su importancia en las pinturas de
carácter bizantino.'Los dípticos y trípticos servían
antiguamente para venerarlos en los largos viajes
ó en las casas particulares á modo de Altar.
A r q u i l l a s árabes. La tradición nos dice
que fueron regaladas por un Jefe mahometano de
esta región, como ofrenda a l a Virgen, al conver-
tirse al Cristianismo.
Estos dos cofrecitos de madera, con incrusta-
ciones de marfil, representan asuntos mitológicos y
ostentan varias inscripciones de carácter cúfico.
Cruz p r o c e s i o n a l . Hay una de plata so-
bredorada, perteneciente al gótico florido.
D o s e l e t e . Es de igual época que. IÍI anterior
y también de plata sobredorada.
Imagen de Santa Cándida, de Santa
Cordilla, de San Kndaldo y Santiago
Apóstol.
Estas cuatro joyas, de medio cuerpo, encierran
una urna con las Reliquias de sus respectivos San-
tos. Son de plata y su estilo puede atribuirse al Re-
nacimiento, escepto la última quo es más moderna,
a-unque de igual earacter.
CATKimAL I)K TORTOSA (!!)
Urna de San Crescencie. Esta urna la
forma un gracioso templete, donde so conserva el
cuerpo del pequeño mártir. La regaló el Obispo de
Tortosa Cardenal Spínola en 1634. Es de plata re-
pujada con notabilísima exornación, estilo Rena-
cimiento puro.
Custodia del Corpus. Es de plata dora-
da y está formada por dos cuerpos de órdon corin-
tio. Es una obra de arte que honra limeñísimo á
sus autores Eloy Camanyea, de Valencia y Agustín
Roda, de Tortosa, los cuales empezaron á cons-
truirla en l«2fi. . . .
Reliquias de Han Valentín, de San
Pedro Ermitaño y San Tícente Mártir.
Están encerradas en dos relicarios de plata que
forman el antebrazo y'la mano.
Cruz p r o c e s i o n a l . Pertenece al periodo
de transición, entre el bizantino y ojival. El Cru-
cifijo y la estatua de la Virgen,.quo figuran en el
roverso, revisten unafisonomíaadecuada á la an-
tigüedad é importancia do la obra.
Maza. Para las procesiones hay una del Re-
nacimiento, de plata maciza..
Cali». Hay uno, estilo Luis XV, de plata do-
rada con piedras preciosas.
Cetros. Hay dos de plata, el uno-estilo gó-
tico, y i1' otro, mas moderno, de gusto plateresco.
Kelicario gótico de plata. Levántase
apoyado en un pedestal y base, constituyendo un
gracioso templete de primorosos detalles, encerran-
do vnrias Reliquias.
lSelicario gótico. Es menos esbelto que el
70 EL A1ÍTE EN LA
.interior, pero de igual época, aunque do detalles
menos primorosos. Guarda varías Reliquias.
Relicario de San Mauro Abad. Ente
pertenece al estilo ojival y sostiene un ático con
preciosas miniaturas sobre planchaH de cobre.
Relicario bizantino. Está rodeado por
un festón do época muclio mas posterior, impropia
do aquel estilo, conservando fragmentos del Mantel
de la Cena.
Relicario de San Cosme y San Da-
m i á n . Pertenece a igual época qiio oí anterior.
l'rnn donde se conserva el Relicario
•na^'or que guarda la ¡Santa Cinta. La
forma un esbelto templete deplüta, barroco y pla-
teresco.
Relicario menor de la Santa Cinta.
IJO constituyo un pié sosteniendo un ático, forman-
do un enrejado con el nombre de María, a través
del tiual se distingue el precioso C'íngulo.
Copón del Papa*Luna. Es una obra de
un mérito artístico extraordinario, llamando la
atención sus preciosos esmaltes. Su forma es de un
cuadrilátero achaflanado y del mejor gusto gótico.
Del propio anti-Papa es un relicario en forma
t\e media luna que contiene reliquias de los doce
Apóstoles.
P o r t a - p a z . El de laa solemnidades es góti-
co y el ordinario del Renacimiento.
T e m p l e t e t o s c a n o . EH del Renacimiento
y ostá flanqueado por columnas toscanas que soa-
tiunen ]fi bóveda y tímpano del mismo, encerrando
en su nicho numerosas Reliquias de los innumera-
bles mártires de Zaragoza.
CATEDRAL DE TOHTÓSA 71
Otros Relicarios, Cruces y vasos sagrados de
importancia suma, se conservan en esta Catedral;
asi como también, valiónos ornamentos sacerdota-
les que no describimos por ser numerosísimos.
La vajilla, mobiliario y utensilios de luminaria
está á la altura de todo lo descrito.

Archivo
Códices. Con orgullo podemos vanagloriar-
nos de contar en el archivo de la Catedral, con un
buen numero de ejemplares, á cada cual más im-
portantes.
El Dr. O'Callaghan ha publicado recientemen-
te un libro con el título de Los Códices de la Cate-
dral de Tortosa, en cuya obra enumera uno por
uno las materias que contiene, pudiéndolas definir
ó clasificarse en la forma siguiente: Códices sagra-
dos, libros litúrgicos, eclesiásticos y profanos. Es-
tos últimos, que su sitio no había de ser el archivo
de una Iglesia, han llegado hasta nuestros días
merced al respetable lugar que los amparó y libró
de las conmociones políticas y del saqueo de las
guerra a.
Sin detenernos en analizarlos numéricamente,
porque todos son do un mérito extraordinario, di-
remos que los diez primeros son modelos de paleo-
grafía, constituyendo sus iluminaciones y dibujos
en las viñetas, orlas v letras historiadas, un can-
72 KL ARTE EN LA
díil riquísimo, donde el arto y el buen gusto so on-
sfñorearon de una manera espléndida.
Na es de extrañar que alguno de estos Códices
se escribieran en las oficinas de esta Catedral, du-
rante la vida monástica, por la sencilla razón, que
en la edad medía loa puntos destinados para esto
objeto eran los monasterios, en donde había mon-
tadas dos secciones: en la una, estaban loa pendo-
listas, encargados de escribir los libros y en la otra
Ion iluminadores, que habían do adornarlos con di-
bujos y miniaturas.
Según apreciamos, basta el siglo XI, los asun-
tos da las viñetas ostentaban en su fondo, porta-
dan, columnas, torres almenadas y barbacanas,
cuya exornación fantástica cayó en desuno á prin-
cipios del siglo XII. En este ya se observa man na-
turalismo, reproduciendo las diversas formas de l.i
naturaleza y tonos delicados que se apartan en un
todo de loa que hasta aquella fecha se venían em-
pleando, con colores brillantes y exagerados, par-
ticularmente en los contornos de las figuras, que
aparecen recargadas de tinta.
En ol siglo XIII las tintas fueron menos fuertes,
los colores más ligeros y los asuntos de las viñetas
estaban representados por torneos, oacerías y lies-
tas populares. En el siglo XIV las viñetas son ma-
yores y las orlas se extienden hasta el final de la
página, observándose más realismo en los dibujos,
caracterizados por retratos, palomas, pavos, mo-
nos, etc. etc.
Kl siglo XV es la época floreciente en esta cla-
se do trabajos, en los cuales aparecen escenas lle-
nas do animación y sentimiento. Los miniaturistas
CATKDKAL J.'K TOJiTOSA 7Ü
consiguieron mayor fijeza y en todas las obras de
aquella focha los rasgosfisonómicosson más expre-
sivos, e] colorido más verdadero y el dibujo más
correcto.
El códice XI, designado con el nombre de Misal
de. San Rufo, puede considerarse como el de más
valor arqueológico. Es del siglo XII, de gusto bi-
zantino, encuadarnado con tapas de madera cha-
padas con inscripciones de plata de alto relieve en
HUS boceletes, en los cuales se encierran dos plan-
chas con esmaltes y pinturas que representan, en
el anverso, sobre campo de oro, á Jesús Crucifica-
do y á loa lados de la Cruz, á María Santísima y
á San Juan, ostentando en sns ángulos superiores
dos hermosos querubines, con las palabras sol y
huta. En el reverso hay una Imagen del Salvador,
con un libro abierto en la mano, donde se lee ego
su ni qtil sum, cuyos asuntos están también repre-
sentados, en láminas do colores intercaladas en ol
texto del misal.
LOH códices II, IIJ, X y XVII, determinan bien
claramente las variaciones en la forma, color y di-
bujo, sufridas desde el siglo XI al XV, cuyos capri-
chos y progresos hemos puesto de manifiesto en el
presente capitulo.
Por su valor histórico merece citarse el Código
de Jn8tiniano del siglo XI, tan raro, que se cree no
lo hay igual en Europa. En poco tiempo han pedi-
do copias del mismo distinguidos Académicos do
París y no há muchos dias las pidió también Mr.
Hormann Suchier, Profesor de una Universidad de
Prusin.
Do los ciento cumvnta v siete Códices existen-
74 EL AKTE EN LA
tos cu owtn Archivo, la torcera parto fluctúan on-
tre el siglo XII y el XIV. Todos son muy notables
y de un valor arqueológico inestimable.
Con el descubrimiento de la imprenta, á fines
del siglo XV, acabaron también en nuestra Cate-
dral los libros manuscritos, perdiéndose por com-
pleto, desde aquella fecha, las hermosas exorna-
ciones do imaginería.
I n c u n a b l e . De los primeros años de la im-
prenta es ol Códice de San Gregorio Magno, único
incunable que se guarda en esta Catedral, cuyo
ejemplar no dá aun señales xilográficos, si bien
hay espacio suficiente para adornarlo con miniatu-
ras.
Armario. El de esto Archivo es por doman
curioso. Está dividido por anaqueles y cajoneras,
conteniendo en sus puertas primorosos detalles oji-
vales admirablemente tallados.
Contiene además de los citados libros, infinidad
de ejemplares de liturgia, diplomas y otros nota-
bles documentos autógrafos y apógrafos contándo-
se entre ellos, la célebre ó histórica Bula contra
jadeos de Benedicto XIII, llamado vulgarmente
Papa Luna.
NK TURTOSA

SILLKKÍA DEL COKO. (ESTILO RENACIMIENTO).


(Víase la página 36;
Exterior de la Catedral.
FACHADA PRINCIPAL.
FACHADA DE LA OLIVERA.
VENTANAL GÓTICO.
LAPIDA ÁRABE.
ÁBSIDE.
Exterior de la Catedral.

FACHADA PRINCIPAL.

I L-MPO8IBLE parece la influencia ejercida por las


corrientes que privan en épocas determinadas so-
bre lúa manifestaciones del pensamiento, en las le-
tras y en las artes. Esto se evidencia, si saliendo
de la Catedral, en cuyo interior hemos podido ad-
mirar, dejando aparte las profanaciones proceden-
tes del principio que hemos dejado sentado, tanta
riqueza y buen gusto en las construcciones ojiva-
les, que en su género, aunque desprovisto de lujosa
ornamentación, constituyen en nuestro templo mo-
delos dignos de imitarse.
Tarea enojosa, á la par que ingrata, nos os la
descripción de su fachada principal y muy triste
uo tener que alabar más que la calidad de los ma-
teriales que la componen y el celo desplegado por
los insignes, varones de aquella época que la dieron
80 EL AJiTJJ EN LA
cima, aun dejándola .sin concluir, por dificultada
que no estaba en su mano superar.
Aun considerando esta fachada como impropia
para decorar con adornos del gentilismo el fron-
tispicio de un templo católico, y por ende grandio-
so y sublime, acuden á nuestra imaginación ideas,
que si no son aceptables en su totalidad, merecen
la consideración de tomarse en cuenta, porque
ellas marchan de acuerdo con el espíritu reforma-
dor de aquella época, cuyo movimiento se inició
en los últimos años del siglo XV, en que el Renaci-
miento comenzó ¿i desenterrar los órdenes antiguos
para adaptarles ciertas modificaciones y detalles
detestables, los cuales se extendieron, cada vez
más groseros, hasta fines del siglo XVII.
De esta' influencia quejábase Juan de Herrera
al construir el Real Monasterio del Escorial, cono-
cido vulgarmente por la Octava maravilla; pero el
arquitecto solo tenía derecho á obedecer y no obs-
tante haber probado en otras construcciones su
afecto a la arquitectura ojival, tuvo que sujetar
sus planos y su sentimiento artístico a la voluntad
del Rey, enamorado de Ja influencia de la época.
FA mismo Miguel Ángel probó su cariño y afición
al Renacimiento al levantar la Iglesia de San Pe-
dro, considerada como uno de los mejoren monu-
mentos del Orbe cristiano.
En los periodos de transición, Renacimiento,
barroco y plateresco se hundía el estilo ojival, a
cuya arquitectura llamaban gótica, frase que en-
tonces se aplicaba á todo lo malo y de peor gusto.
No es de extrañar, pues, que á nuestra Catedral
so aplicase una fachada con el sollo marcado de
CATEDRAL DE TOKTOSA 81
aquella époea funesta para el buen gusto, en que
el arte bizantino y ojival morían al peso abruma-
dor de otro estilo, que reflejaba la corrupción y el
decaimiento moral de la antigua Roma.
La indignación que hoy nos produce semejante
aberración del gusto y del sentido estético, no de-
be nunca dirigirse en contra de sus iniciadores ni
de sus artistas, los cuales no hicieron mas que se-
guir las huellas marcadas por la corriente de aque-
llos tiempos de verdadera anarquía. Esta no tan
MOIO influyó en la arquitectura de nuestra Cate-
dral, sino que, arrollándolo todo, dejó sentir su
influjo en los edificios monacales situados en las
mesetas de las montañas ó en la llanura de los
valles, sirviéndonos de testigos Poblet y Santas
Creus.
Hechas estas ligeras consideraciones, entremos
do lleno en la descripción de la fachada principal.
Levántase ésta sobre un ándito que abraza en
toda su extensión las tres puertas que en la facha-
da se abren; á cuyo ándito ó terraza dá acceso una
escalinata de pésimas condiciones, por el lado iz-
quierdo, y una rampa escalonada por el derecho,
limitando su frente un pretil de sencillo muro sin
nada absolutamente que lo haga interesante.
El primer cuerpo lo constituye un zócalo pro-
longado, determinando un basamento con sus án-
gulos entrantes y salientes que corresponden á las
columnas y pilastras que sustenta. Estas, que son
de estilo corintio con su correspondiente base, for-
man la principal y mas interesante ornamentación
de todo el frontispicio, en el que predomina un
barroquismo extraño, tanto un sus lineas genera-
82 EL ABTE EN LA

1'ACÜAlíA r U l
CATEDRAL DE TORTORA 83
las como en los detalles de hornacinas y jarrones,
áticos, tímpanos y ménsulas y una prodigalidad
do hojarasca, esparcida de tal manera sobre'JOH
macizos, que mas bien que roleos tallados,en pie-
dra no parecen sino moras aplicaciones de cartón.
Corona este cuerpo principal, on donde ! se
abren las tres puertas mencionadas, do un conjun-
to ornamental del peor gusto y á las que corres-
ponden sendos ventanales, casi cuadrados, una
cornisa que no desdice, por cierto, del decadente
estilo de la fachada. Sobre este cornisamiento des-
cuella la indicación de un zócalo que sustenta t;n
su lado derecho la desmochada torre (le las campa-
nos, que no corresponde á género alguno arquitec-
tónico1. Últimamente lia sido revocada y blanquea-
da quitándola con estas reparaciones la única con-
dición dignu de ser atendida en este campanario;
el voló)' de IWÍ ai (¡los.

Puerta de la Olivera

Llámase así porque antiguamente tenía un cor-


pulento olivo junto á las jambas de la portería, por
la cual .se entraba al monasterio cuya Comunidad
la'foj'inaban Canónigos reglares do San Agustín.
La actual fachada, que, desde la plazuela de
l¡i Catedral dá ingreso al Claustro, se construyó á
expensas y por iniciativa del Canónigo D. Jaime
Aviñó, á principios del siglo XVIII. Pertenece al
estilo barroco-plateresco y está formada por dos
columnas salomónicas, sobre las cuales descansa
EL AHTE KK LA

J'AUIUU [Link] 1)K I,A Ul.l\KlíA.


CATEDRAL DE TOHTüsA HTi
un tímpano de escaso mérito y de ornamentación
sencilla.
Lo mejor de esta portada son las estatuas, que

descansan sobre dos graciolas múñanlas, de Santa


Córdula y Santa Cándida, cuyos rostros son mode-
los de escultura y buen dibujo, Alnanse, también,
á ambos lados sobro la cornisa, que les sirve do
basamento, San Pedro y San Pablo, de notable
valentía estatuaria, cuyas respetables figuras pa-
recen resguardar el nicho en que está colocada la
Virgen de la Cinta.
Híi TM, ARTE EN LA
V e n t a n a l gótico. Kn el muro do fachuda
contiguo ¡i la puerta th> la Olivara hay un hormuso
ventanal, de estilo gótico florido, dividido por tres
elegantísimas columnitas que soportan preciosísi-
mos calados que se cruzan formando graciosos ló-
bulos. Hasta la altura do las impostas cata cerrado
esto grandioso ventanal por una verja de hierro
que nos priva de admirar la osboltez de tan riquí-

r¿á|»iíla árabe. Sabiondo por la cuesta, do


Sun Felipe Neri hay una hermosa piedra, adosada.
;il muro de la Catedral, con inscripciones de en-
rácter culicu, que, traducidas nos dicen lo siguien-
te: <En nombre de Dios Misericordioso y piadoso.
Mandó hacer esta torro para las horas do las ora-
ciones el Rey Abdelrrahmann, que se acabó y
perfeccionó en ol año íiiíü de la Egira (que corres-
pondo al 944 de Cristo) del reinado de Abdelrrah-
nifinn, quo Dios le prospere, ayudo, y le sea propi-
cio.» La últhna línea dice: «El artífice de esta es
AbrtiiHah ben KJaib.»

Ábside exterior

Los dotallos del álgido exterior no ofrecen mo-


nos maravillas que las muchas (¡no se estudian o
aprecian en su interior, pues tanto sus airosos ho-
tarelos, cornisamento, arbotantes, gárgolas y oji-
vas, seducen el ánimo irresistiblemente, encantan
á quien loa observa y nos hacen lamentar que la
penuria do los tiempos no permitan la conclusión
CATEDIiAL DE TülíTüHA Si
de una obra quo podía competir con e\ ábside de
las mejores Catedrales.
Los botareles de sus tres cuerpos, coronados
por los pináculos ó aguja.» que les faltan, darían
cima al elevado pensamiento del primero que al-
canzó el alto simbolismo de la arquitectura gótica,
eminentemente mística y religiosa.
Este precioso ábside se oculta á la vista de to-
dos; pero ganaría mucho en esbeltez con la demo-
lición de dos casas que impiden campeen las deli-
cadas líneas de aquel conjunto armónico de airo-
sos cuerpos, que se elevan jigantes como prego-
nando, á través de los siglos, á cuanta altura lle-
gó, en la edad media, e] genio cristiano de nues-
tros compatricios.

FIN
TABLA DE GRABADOS

JYtj/itias

Arcada del jardín del Claustro. . . . 18


Columnas de pórfido 19
Lápida con los antiguos sellos del Muni-
cipio, Cabildo y Orden del Hacha. . 21
Plazoleta del Palau 2(1
Retablo del Altar Mayor !ÜI
Pulpito gótico y Altai- de N t r a . Sra. del
Rosario ¡5"»
Pila bautismal 4!!
Capilla de Ntra. Sra. de la Cinta. . . 4ó
Sillería del Coro 75
Fachada principal Hl
Fachada de la Olivera tí'á
Ventanal gótico 84
ÍNDICE
lYt (finas
Dedicatoria 5
Censura, 7
Aprolmriñn 11
Proemio Ui
CLAUSTRO 17
INTERIOR DEL TEMPLO 2!)
Ábside \V¿
Altar Mayor lia
Vidrieras". 114
Pulpitos BB
Arañan íi(J
Coro iííj
Org¡mo ;19
Sepulturas 40
CAI'ILLAS 42
Baptisterio.. '. . . . 4¿
(Capilla de Nuestra Señora de la Cinta. . A'A
Altar del Santo Nombre de Jesús. . . 4!)
Id. de San Rufo 4!)
Id. de Nuestra Señora del Rosario... . 49
Capilla del Sagrario 41)
Sacristía Mayor ¡íli
Capilla de Santa Cándida ¡j¡j
Santo Sepulcro del Señor ór>
Capillas restantes 00
PfNTURAS: Entierro de Jesucristo, atri-
buido á Ribera. . . . . . . . 57
El Nacimiento de Jesiis, de Menga, co-
pia de Vicente López 58
La Anunciación id- d 50
Escuela Espinosa (JO
San Rufo y San Agustín, de Vicente
López 02
Decapitación de San Juan Bautista. . <>"2
Fragmentos de un retablo (VA
Coronación de la Virgen <!-4
Descenso de N u e s t r a S e ñ o r a di' la C i n t a . 04
.Temis Crucificado (54
TAPICKK (>4
Frontal do los Reyes lingos 67
RELICARIOS ¡ORFEBRERÍA CRISTIANA Y OB-
JETOS DE ARTE ANT[[Link] y MODHRNO. . G7
Tríptico ' í!8
Arquillas árabes <>8
Cruz procesional l>8
Doselete (!8
I m a g e n de Santa. C á n d i d a , de S a n t a Cór-
dulii. <!<• Han Kndaldo y S a n t i a g o
A]>ósto! . . . (¡8
U r n a de- S a n Crescenrio (ii)
C u s t o d i a del Corpus (¡i)
Reliquias de S a n V a l e n t í n , de S a n IV-
dro K r m i t a f i o y San V i c e n t e M á r t i r . . <!!)
(.'ruz p r o c e s i o n a l (i!)
UiV/Al (¡SI
Cáliz * (ií)
R e l i c a r i o gótico de p l a t a (>í)
R e l i c a r i o gótico <üt
Relicario de S a n Mauro Abad. . . . 70
Relicario bizantino 70
I d . d e S a n Cosme y S a n D a m i á n . . . 71)
U r n a d o n d e se conserva el R e l i c a r i o m e -
n o r de !a S a n t a C i n t a 7(1
R e l i c a r i o de la S¡mt¡i ('¡uta 70
Copón del Papa Luna 70
Porta-paz. m 70
Templete toscano 70
ARCHIVO:—Códices 71
Incunable 74
Armario del archivo 74
EXTERIOR I)K LA CATEDRAL.--
Fachada principal 78
Puerta de la, Olivera 82
Ventanal gótico 85
Lápida árabe 85
Ausii)]'' .[íXTKkinii 85
Erratas
Página Línea [)/<•<> Lénsc

7 10 fuentes hit fuentesá


10 ap. ciada preciada
15 cll,
15 ,„., ort r u é d e n t e
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44 arte al arte
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ESTA OBRA ACABÓSE DF. IMPRIMIR EN
LA TIPOGRAFÍA T>E JOSÉ L. l'O-
GUET, EN LA VÍSPERA DE
LA NATIVIDAD DEL SE-
Ñ o i i . AÑn
MDCCCXCVIII
Servei de Biblioteques

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