Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 1
RAMA KOINONÍA
Comunidad Discipular | 1º Etapa de Vida Comunitaria
1. Nuestras Comunidades Discipulares de Emaús, son fruto del Espíritu Santo y se
forman inmediatamente después de que los hermanos han recibido el regalo de una
“vida nueva” y el llamado a una renovada “conversión”. Esta gracia viene de la
participación del primer retiro de evangelización llamado Kerygma. Esta
experiencia ofrece la posibilidad del encuentro personal con el Amor Paterno de
Dios y la Salvación de Jesús Resucitado y Señor. Es un encuentro…”de ojos
abiertos y corazón palpitante”, como lo anunciara Juan Pablo II en su primera visita
a Santo Domingo comentando el pasaje de los Discípulos de Emaús.
Juan Evangelista, el “discípulo amado”, habló en su primera Carta del contacto con
Jesús como experiencia vital de fé y anuncio:
”Lo que existía desde el principio,
lo que hemos oído,
lo que hemos visto con nuestros ojos,
lo que hemos contemplado
y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida,
es lo que les anunciamos…”
(1° Jn 1,1)
2. Las personas que han tomado la decisión personal de seguir a Jesús, pueden
renovar “kerygmáticamente” la gracia de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana,
es decir, el “Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía” (Documento de Aparecida
N°288 al 294). Esta dimensión “kerygmática” es un fruto de la “nueva
evangelización de los bautizados” que -aunque ya recibieron el bautismo-
renuevan su “vocación discipular” de manera personal y adulta. En el momento del
Bautismo, la mayoría de los cristianos fueron llevados por sus padres y padrinos a la
Iglesia para recibir tan maravilloso sacramento. Pero en algún momento de la vida
adulta, es necesario dar el paso de la adhesión personal a Cristo Salvador y
Señor.
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Se trata de aceptar libremente a Jesús en el corazón por medio de la conversión o
metanoia. Este paso nos permite recibir el Bautismo o Efusión del Espíritu
Santo que revitaliza la gracia bautismal como hijos del Padre, genera una nueva
conciencia de la vida discipular y enciende el ardor y gozo por la misión
evangelizadora: “He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto quisiera que ya
estuviera ardiendo!” (Lc 12,49). Inmediatamente, estos discípulos y discípulas
buscan congregarse en “comunidad”.
3. La Comunidad Discipular es indispensable para la vivencia cristiana plena, el
crecimiento en la vida nueva y el testimonio del evangelio. La comunidad
integrada y comprometida, nos ayuda a vivir con mayor madurez y entrega el
modelo de vida que nos propone Jesús en su Evangelio.
“Les doy un mandamiento nuevo:
ámense unos a otros como Yo los he amado.
En esto todos reconocerán que son mis discípulos:
en el amor que se tengan unos a otros”
(Jn 13, 34-35)
4. Las Comunidades son lugar de alabanza a Dios, de
mutua edificación para crecer espiritualmente, ser
solidarios unos con otros e impulsarse al testimonio y al
compromiso apostólico.
Toda Comunidad se define como: "una agrupación estable, orgánica y fraterna
de personas evangelizadas, centradas en Cristo, movidas por el Espíritu y
que se sienten responsables unas de otras”.
5. Edificándose mutuamente, compartiendo lo que son y lo que tienen, integrándose
desde la sinceridad, se animan y fortalecen para ser testigos -individual y
comunitariamente- del Señor Resucitado y del mundo nuevo que Él mismo
inauguró con su entrega en la cruz y su redención...
6. La Comunidad se vive día a día, y de esta manera se va “construyendo” con la
gracia de Dios y la entrega de los hermanos, lentamente, en “proceso”, logrando
la unidad y la cohesión entre sus miembros y con toda la Iglesia:
“Todos se reunían asiduamente para escuchar las enseñanzas…,
participar en la vida común, en la fracción del pan (Eucaristía) y en las oraciones…
Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común…
Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas y
comían juntos con alegría y sencillez de corazón.
Alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo.
Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse”…
(Hech 2,42-47)
7. La comunidad es lugar de salvación, en donde se acompañan unos a otros en el
caminar de la fe y en el crecimiento cristiano. La comunidad está formada por
personas, y cada una de estas personas tiene un nombre propio, un rostro, una
historia, por lo tanto, cada persona en la comunidad es “insustituible, irrepetible,
única, importante y valiosa”.
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8. Todos somos hijos de Dios, esto nos hace hermanos y por eso somos
responsables unos de otros dentro de la comunidad. Así lograremos vivir el nuevo
modelo de vida que nace del Evangelio. A través de la experiencia de la vida
comunitaria, lograremos perseverar mejor en el camino de la fe, porque un
hermano que está solo, se puede ir apagando fácilmente y se encuentra más
vulnerable a las seducciones del “mundo” y del “Adversario”…
“Descarguen en Dios todas sus inquietudes, ya que Él se ocupa de ustedes.
Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el diablo, como león rugiente,
ronda buscando a quien devorar. Resístanle firmes en la fé...”
(1°Pedro 5,7-9)
9. Recibamos juntos la vocación a la “vida comunitaria”, ésta nueva manera de
vivir, de orar, de trabajar, de servir, de divertirse, de relacionarse unos con otros.
Comencemos juntos este caminar hacia Dios, como “hermanos de comunidad”,
construyendo la unidad y la paz del “pueblo de Dios” y el “Cuerpo de Cristo” que
somos todos. La experiencia comunitaria nos ofrece un estilo de vida propio: ser
hermanos en la fé. Además se hace camino de crecimiento y madurez cristiana y
discipular y se alimenta y fortalece con las siguientes actividades…
La reunión semanal o quincenal de la Comunidad
La Palabra, la Oración, el Anuncio, la Catequesis y la Edificación comunitaria.
La Eucaristía dominical y -para quienes puedan- diaria.
Retiros de cada Etapa, retiros de crecimiento, días de desierto espiritual…
Convivencia anual de la Comunidad.
Encuentros generales de las Comunidades.
Reuniones de amistad y fraternidad…
10. Finalizamos esta Catequesis con la siguiente reflexión:
“Preguntó un sabio a sus discípulos si sabrían decir cuando
acababa la noche y empezaba el día. Uno de ellos dijo:
– Cuando ves a un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo.
– No, dijo el sabio. Otro discípulo dijo:
– Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es un cedro una palmera.
– Tampoco, dijo el sabio. Entonces los demás discípulos dijeron:
– ¡Esta bien! ¿Dinos cuándo es? Y el sabio respondió:
– Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano, ha comenzado el día…
cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana, ha nacido la luz…
Si no eres capaz de esto, entonces -sea la hora que sea- siempre será de noche dentro de tu corazón.
Anthony de Mello
Para Compartir:
1. ¿En qué lugar de la Catequesis que hemos leído sentís que Dios te habló más?
¿En qué cita Bíblica el Espíritu tocó tu corazón?
2. ¿Qué será lo que Dios va cambiando en tu vida por medio de éste camino comunitario?
3. ¿Qué paso te estará pidiendo el Padre para vivir como hermano, hermana de los demás?
4. ¿Qué estará diciendo el Espíritu con éste Carisma Comunitario a las personas de este tiempo?
¿Y a la Iglesia?
5. Para profundizar, podríamos leer posteriormente los números 28 al 294 del Documento de
Aparecida de la 5ta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
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Iniciación a la vida cristiana | Documento de Aparecida
286. Son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical ni reciben con regularidad
los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial. Sin olvidar la importancia
de la familia en la iniciación cristiana, este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y
organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida
sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto
porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una
identidad cristiana débil y vulnerable.
287. Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la
Fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana; un desafío que debemos afrontar con
decisión, con valentía y creatividad, ya que en muchas partes la iniciación cristiana ha sido pobre
o fragmentada. O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando
a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora. Se impone la tarea
irrenunciable de ofrecer una modalidad operativa de iniciación cristiana que además de marcar
el qué, dé también elementos para el quién, el cómo y el dónde se realiza. Así asumiremos el
desafío de una nueva evangelización, a la que hemos sido reiteradamente convocados.
288. La iniciación cristiana, que incluye el kerygma, es la manera práctica de poner en contacto con
Jesucristo e iniciar en el discipulado. Nos da también la oportunidad de fortalecer la unidad de
los tres sacramentos de la iniciación y profundizar en su rico sentido. La iniciación cristiana
propiamente hablando, se refiere a la primera iniciación en los misterios de la fe, sea en la forma
de catecumenado bautismal para los no bautizados, sea en la forma de catecumenado
postbautismal para los bautizados no suficientemente catequizados. Este catecumenado está
íntimamente unido a los sacramentos de la iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía,
celebrados solemnemente en la Vigilia Pascual. Habría que distinguirla, por tanto, de otros
procesos catequéticos y formativos que pueden tener la iniciación cristiana como base.
Propuestas para la iniciación cristiana
289. Sentimos la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación en la
vida cristiana que comience por el kerygma y, guiado por la Palabra de Dios, que conduzca un
encuentro personal cada vez mayor con Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre
experimentado como plenitud de la humanidad, y que lleve a la conversión, al seguimiento en
una comunidad eclesial y a una maduración de fe en la práctica de los sacramentos, el servicio y
la misión.
290. Recordamos que el itinerario formativo del cristiano en la tradición más antigua de la Iglesia
“tuvo siempre un carácter de experiencia, en el cual era determinante el encuentro vivo y
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persuasivo con Cristo, anunciado por auténticos testigos” . Se trata de una experiencia que
introduce en una profunda y feliz celebración de los sacramentos, con toda la riqueza de sus
signos. De este modo, la vida se va transformando progresivamente por los santos misterios que
se celebran, capacitando al creyente para transformar el mundo. Esto es lo que se llama
“catequesis mistagógica”.
291. Ser discípulo es un don destinado a crecer. La iniciación cristiana da la posibilidad de un
aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así forja la identidad
cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido de la vida.
Es necesario asumir la dinámica catequética de la iniciación cristiana. Una comunidad que asume
la iniciación cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero.
Esto requiere nuevas actitudes pastorales de parte de obispos, presbíteros, diáconos,
personas consagradas y agentes de pastoral.
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292. Como rasgos del discípulo al que apunta la iniciación cristiana destacamos: que tenga como
centro la persona de Jesucristo, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de
toda madurez humana y cristiana. Que tenga espíritu de oración, sea amante de la Palabra,
practique la confesión frecuente y participe de la Eucaristía. Que se inserte cordialmente en la
comunidad eclesial y social, sea solidario en el amor y fervoroso misionero.
293. La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas
irrenunciables: iniciar en la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente
evangelizados; educar en la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su
iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que habiendo escuchado el kerygma quieren
abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación del Ritual de Iniciación Cristiana de
Adultos es una referencia necesaria y un apoyo seguro.
294. Asumir esta iniciación cristiana exige no sólo una renovación de modalidad catequística de la
parroquia. Proponemos que el proceso catequístico formativo adoptado por la Iglesia para la
iniciación cristiana sea asumido en todo el Continente como la manera ordinaria e indispensable
de introducir en la vida cristiana, y como la catequesis básica y fundamental. Después vendrá la
catequesis permanente que continúa el proceso de maduración en la fe, en la que se debe
incorporar un discernimiento vocacional y la iluminación para proyectos personales de vida.
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Reunión de la Comunidad Discipular
1. Los hermanos y hermanas del Camino de Emaús, se congregan semanal o
quincenalmente en un espacio sagrado de crecimiento y maduración que es la
“Reunión de Comunidad”. Esta Reunión se realiza según la dinámica del
Espíritu, la centralidad de la Palabra de Dios y la presencia de Jesús Resucitado
“en medio” de la Comunidad orante que se ha reunido en su Nombre (Mt 18,20).
2. La continuidad semanal de la Reunión favorece la construcción de la
Comunidad como un templo santo:
“Al acercarse ustedes a Jesús Piedra Viva, elegida y preciosa a los ojos de
Dios, también ustedes a manera de piedras vivas son edificados como una
casa espiritual, un templo para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer
sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo” (1º Pe 2,4-6).
3. La Comunidad es un lugar privilegiado de conocimiento mutuo, oración y
fraternidad:
Al reunirse, reciten salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y celebrando
al Señor de todo corazón, dando gracias al Padre en Nombre de Jesús” (Ef 5,8-20)
La vida comunitaria no se reduce a la reunión semanal ya que en realidad es un
cambio de mentalidad y una nueva manera de vivir la fé. Sin embargo el poder
reunirse asiduamente es de gran ayuda y bendición para sostenerse unos a
otros en la perseverancia, en la santidad y en la transformación del corazón que
cada hermano ha recibido como una gracia de “vida nueva”, cuando hicieron el
Kerygma… “El que vive en Cristo es una nueva criatura, lo antiguo ha pasado, un ser
nuevo se ha hecho presente” (2° Cor 5,17).
4. Proponemos tres modalidades para organizar la Reunión de Comunidad,
las mismas pueden alternarse según el ritmo del crecimiento espiritual de los
hermanos.
1º. Modalidad de Reunión:
ENCUENTRO EN LA PALABRA | Espiritualidad Bíblica
LECTIO DIVINA (Scrutatio o Lectura orante de la Palabra de Dios)
2º Modalidad de Reunión: CATEQUESIS y FORMACIÓN
3º Modalidad de Reunión:
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Preparando la Reunión…
Sugerencias importantes:
Es muy importante que los pastores que coordinan la Comunidad reciban a sus
hermanos con un saludo afectuoso, reuniéndose siempre en el Nombre del
Señor y estableciendo su presencia en medio del grupo: “Donde dos o tres se
reúnan en mi Nombre, Yo estoy en medio de ellos” (Mt 18,20). Una buena recepción
crea un clima de hermandad desde el comienzo. Ayuda mucho también la
puntualidad de todos según el horario convenido. No olvidemos llevar a la
reunión la Palabra de Dios y la bitácora personal.
Los pastores o los hermanos designados deberán informar a todos qué
modalidad de reunión han preparado, presentando un encuadre introductorio
de la actividad que van a compartir. De esa manera todos estarán ubicados
desde el comienzo en el tema y la modalidad. A veces el cansancio del día nos
puede llevar a priorizar la comida, dejando poco tiempo para lo más importante...
Cada comunidad evalúe como organizarse teniendo en cuenta que: “El Reino de
Dios no es cuestión de comida, ni bebida sino de justicia, de paz y de gozo en el
Espíritu Santo” (Rom 14,16)
Es común que al llegar los hermanos vayamos dejando en la mesa de reunión
todo lo que traemos: la Biblia, bitácora, las empanadas, los celulares, las llaves,
una bebida y algún otro objeto…. Es conveniente ordenarnos y disciplinarnos.
La MESA es símbolo de la MESA DE AQUELLA CASA DE EMAÚS, donde los
discípulos reconocen que el peregrino del camino es el mismo Jesús que está
compartiendo su Eucaristía. Estando sentados en esa MESA se “dieron
cuenta” de que JESÚS había RESUCITADO. Fué el “insight” espiritual y
psicológico que cambió sus vidas…
Todo lo que traemos será ofrecido en esta Mesa Comunitaria. Lo que traemos
en las manos y lo que traemos en el corazón. Pero es necesario un cierto orden.
Puede ser útil algún signo que nos ayude a comenzar con serenidad interior y
concentración para ir callando palabras vacías y disponiendo el corazón al
encuentro sagrado con la Trinidad que se manifiesta en lo hermanos. Se trata de
ubicarnos en las coordenadas sobrenaturales del “aquí y ahora espiritual“ en
el que se desarrollará la reunión.
Podemos empezar preparando la MESA COMUNITARIA con algún rito que
“simbolice” el inicio de la reunión que es “tiempo sagrado” en el que vamos a
compartir -como hermanos- la presencia de Jesús en medio. Los pequeños
signos, rituales y símbolos nos ayudan de alguna manera a interrumpir la rutina
de la vida cotidiana y a tomar conciencia del momento de gracia que vamos a
celebrar: todo debe disponernos para entrar en un momento sobrenatural y
poder recibir el Espíritu de Jesús como en el cenáculo de Pentecostés.
No es una reunión más. No es una reunión social para hablar de bueyes
perdidos, frivolidades, política, moda o deportes… No es una linda juntada de
amigos. No es el momento para relajarnos del cansancio agotador del día y
quedarnos adormilados cómodos en la silla… Es un momento de fé y
presencia de Dios. Un momento activo donde debemos participar de manera
conciente, alegre y piadosa por amor a Jesús y a los hermanos.
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Algunos signos que pueden favorecer la conciencia del clima espiritual:
+ Preparar en la Mesa un lindo y destacado altar con la Palabra de Dios sobre un atril
o pequeño almohadón destinado sólo a ese fin, algunos cirios encendidos,
la Cruz de San Damián y nuestro ícono de la Virgen,
María Madre de la Iglesia.
Sacamos de la Mesa los alimentos y otros
objetos innecesarios.
Deben permanecer las Biblias de los hermanos.
+ Otro signo podría ser besar la Mesa de la reunión
como el sacerdote besa la Mesa del altar al comenzar
la Eucaristía…
+ La Casa donde se realiza la reunión puede ser rociada con agua bendecida como señal
de bendición y presencia de Dios. La sal exorcizada es símbolo de lucha contra el mal.
Los hermanos también pueden ser bendecidos con el agua y la Cruz en la frente al
darles la bienvenida o al finalizar la reunión. También en algún momento especial,
-después del catecumenado- la unción en la frente con aceite bendito nos recuerda que
somos ungidos del Espíritu como Cristo ungido y enviado a evangelizar (Lc 4).
Todos son “sacramentales” de la Iglesia que podemos utilizar como signos de un Dios
presente que salva, sana y bendice a su pueblo.
+ Alguna vez se podría compartir un pan ácimo grande que se reparte entre todos como
símbolo de la comunidad reunida en torno a Jesús.
+ También pueden prepararse “bendiciones escritas” inspiradas en textos bíblicos a la
manera de unas “beraká” (bendiciones judías) que cada hermano puede sacar
al azar o recibir explícitamente de la comunidad…
+ Siempre son significativas las pequeñas celebraciones intra-comunitarias que se
organizan desde temáticas y signos bíblicos y evangélicos como:
la luz/oscuridad, el agua viva, el Padre Nuestro, el Credo de la fé, las Bienaventuranzas,
las semillas del Sembrador o las cizañas, la barca y la tormenta, la roca firme, la arena,
la red, los dos peces, los cinco panes, la levadura mezclada en harina, el tesoro,
la sangre del Cordero, las lámparas encendidas, el vestido nuevo, la torre y el ejército,
una ciudad construida sobre la montaña, el árbol plantado al borde de las aguas,
el desierto, el templo final del Apocalipsis, la Mujer vestida de sol, etc, etc….
+ Guardan mucha sabiduría y enseñanza las historias y mensajes de los grandes personajes
bíblicos del Antiguo Testamento que hemos visto en el Catecumenado:
Abraham y su camino de peregrino en la fé
Jacob, su conversión y las 12 tribus de Israel
José de Egipto y historia de unión con Dios y de perdón
Moisés y su misión de líder guiando al pueblo en medio del desierto hacia la tierra…
Los Profetas…. mensajeros que hablan de parte de Dios
Juan Bautista y su misión de preparar el camino al Salvador
María de Nazaret y apertura total y confiada a Dios y su Palabra…
+ Podemos trabajar con los CUATRO SÍMBOLOS del Carisma:
CAMINO - CASA - MESA - PAN
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1º Modalidad de Reunión:
Encuentro en la Palabra
Espiritualidad Bíblica
Reunión comunitaria donde los hermanos se encuentran “en” la Palabra de Dios
Método: LECTIO DIVINA o SCRUTATIO (Lectura orante de la Palabra de Dios)
Oración al Espíritu (10 o 15 minutos) (Statio)
1º Lectura del texto elegido para la Reunión (Lectio)
¿Qué dice el Texto? Se lee el texto dos o tres veces, primero en voz alta y luego en silencio. Después
seguimos las indicaciones de los dos niveles de lectura propios de este primer momento o Lectio. (Es muy
importante que el pastor de la comunidad, elija previamente el texto según el proceso formativo en que se encuentre la
Comunidad y lo prepare estudiando su exégesis (análisis) y buscando su hermenéutica (interpretación).
2º Meditación (Meditatio) ¿Qué nos dice el Señor en el Texto?
3º Oración Comunitaria (Oratio) ¿Qué le decimos al Señor en la oración?
Oración Comunitaria espontánea
4º Contemplación y Discernimiento (Contemplatio)
Momento de silencio, resonancia afectiva y cambio de mirada…
(Compartimos el discernimiento final)
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2º Modalidad de Reunión:
Oración al Espíritu (10 o 15 minutos)
1º Paso: ANUNCIO o LECTURA de la CATEQUESIS:
(Formación espiritual, bíblica, comunitaria y teológica)
2º Paso: REFLEXIÓN y DISCERNIMIENTO GRUPAL.
Opiniones, comentarios y conclusión o síntesis.
3º Paso: ORACIÓN COMUNITARIA que profundiza el tema anunciado.
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3º Modalidad de Reunión:
EDIFICACIÓN y TESTIMONIO
1º Paso: ORAR COMUNITARIAMENTE
Partimos de algún Texto Bíblico preparado para la Edificación (20 minutos)
2º Paso: Proponer un tema de EDIFICACIÓN COMUNITARIA
Pueden utilizarse diferentes dinámicas y recursos para el momento de compartir y abrir el corazón.
El tema de la Edificación puede elegirse según los siguientes ejes:
A. REVISIÓN DEL PROCESO DE VIDA COMUNITARIA: ¿Cómo estamos?
¿En cuál de las Cuatro Etapas de la Koinonía está la Comunidad?
La Edificación se realizará según las características constitutivas de cada Etapa: Discipular. Pascual. Cenáculo. Vida
+ También pueden examinarse temas generales de la vida comunitaria como la profundidad de la oración,
la centralidad de la Palabra, la comunicación, la escucha activa y empática, la fraternidad, el arte de amar,
la generosidad en el diezmo, la solidaridad hacia dentro y hacia fuera de la Comunidad, etc.
B. REVISIÓN DE VIDA PERSONAL: ¿Cómo está cada uno?
+ Podemos analizar alguna de las áreas del “Camino Espiritual” (Arpa de 10 cuerdas)
+ Se puede evaluar alguna de las cinco “Dimensiones del Carisma de Emaús”
+ Algún hermano puede compartir una situación personal y solicita a la Comunidad le ayude en el
discernimiento y la oración.
C. TESTIMONIO DE VIDA:
“Y Juan dio este testimonio: He visto al Espíritu descender y permanecer sobre Él…
Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios” (Jn 1,32-34)
+ El momento testimonial puede organizarse desde varias realidades:
1. El PASO del Señor: “El Señor está pasando en mi vida por este lugar o en esta o aquella situación…”
2. Testimonio en referencia al “Proceso de fé de cada uno y al discernimiento de la obra de Dios en la
vida personal…
3. Como vamos creciendo en el discipulado y seguimiento de Jesús…
4. Cuáles son las gracias recibidas para la vida espiritual, la realidad discipular de la familia y el
matrimonios, la misión personal, o algún paso de conversión o servicio que el Padre nos pueda
estar pidiendo…
5. Cuando damos testimonio de Jesús dentro de la Comunidad, nos preparamos -como el Bautista en el
desierto- para testimoniar a Jesús en medio del mundo, dentro de nuestros vínculos sociales, en el
ambiente laboral , familiar y en la sociedad…
La Comunidad es como el “desierto” del Juan Bautista, lleno de la intimidad con Dios y los hermanos…
Allí comenzamos dando testimonio de Jesús, preparándonos para anunciarlo al mundo…
3º Paso: Breve oración de gratitud por lo compartido.
Si algún hermano lo necesitara o lo pidiera, éste es el momento de orar e interceder por sus
necesidades, intenciones o alguna situación especial que haya compartido a la comunidad.
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ORACIÓN COMUNITARIA
1. La llamamos oración comunitaria porque todos ponen en común sus
corazones, sus súplicas y bendiciones al Señor. Como bien lo dice el Libro de
los Hechos de los Apóstoles:
“Todos los Apóstoles fueron a la sala donde solían reunirse.
(“Cenáculo”, lugar en el que Jesús celebró la Última Cena).
Íntimamente unidos se dedicaban a la oración,
en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús y de sus parientes”
(Hech 1,13-14)
2. Es una oración espontánea, bíblica, sencilla y por sobre todo, gozosa… ya que
-como dice la Palabra- cuando oramos nos alegramos en Dios:
“Alégrense siempre en el Señor… Él está cerca… No se angustien por nada y en
cualquier circunstancia recurran a la oración y a la súplica… entonces la paz de Dios
tomará bajo su cuidado sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filip 4,4-7).
3. La Oración Comunitaria expresa una fé viva en la presencia de Jesús
Resucitado que derrama el Amor del Padre a través del Don de su
Espíritu. Por eso, la oración será más profunda y auténtica cuanto mayor sea
la conciencia de los hermanos de la presencia Trinitaria de Dios dentro de la
Comunidad.
“Los Apóstoles regresaron donde estaban los hermanos y les contaron lo
ocurrido… Al escucharlos, levantaron la voz y oraron al Señor todos a la vez…
Cuando terminaron la oración, tembló el lugar y quedaron llenos del Espíritu
Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios” (Hech 4,23-31)
4. La plegaria que mejor expresa la oración comunitaria es la oración de
Alabanza, ya que reconoce con gratitud y simpleza “lo que DIOS es y hace
por sus hijos” (Catecismo de la Iglesia Católica N° 2639-2643). Es la oración más
perfecta, según el Catecismo. A ella se suma la Bendición, la Acción de
gracias y la Adoración.
“En aquel momento, Jesús se estremeció de gozo y movido por el
Espíritu Santo dijo: ¡Te ALABO PADRE, Señor del cielo y de la tierra!...”(Lc 10,21)
“María dijo: ¡mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se llena
de gozo en Dios mi Salvador!...” (Lc 1,46)
“Mientras Pedro hablaba, el Espíritu descendió sobre los que escuchaban la Palabra…,
y hablaban diversas lenguas y proclamaban la grandeza de Dios...” (Hech 10,44-46)
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5. Siempre es bueno que la Oración Comunitaria esté centrada en algún texto
Bíblico que puede preparar algún hermano o en alguna “Palabra” que se pida
espontáneamente al Señor bajo la inspiración y guía del Espíritu. La señal de
que esa Palabra fué dada por Dios, será el fruto de alegría, consuelo,
arrepentimiento o conversión que produzca en la comunidad y la respuesta
verbal de gratitud y bendición al Señor que todos puedan expresar.
6. En la primera predicación de Jesús en la Sinagoga de Cafarnaúm, vemos que
Jesús recibe un libro que no pidió (Isaías) y lee un texto que no buscó… (Is 61)
sino que encontró al abrir el rollo. Ese texto le es “dado” por el Padre para
presentar su programa y misión mesiánica:
“Jesús se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del Profeta Isaías, y
abriéndolo encontró el pasaje que dice: El Espíritu de Dios está sobre mí,
porque me ha consagrado con la unción…
Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres y anunciar
un año de gracia del Señor” (Lc 4,16-18)
7. Cuando la Comunidad ora y alaba a Dios se producen movimientos
sobrenaturales y el Espíritu obra liberaciones en muchos hermanos que quizás
permanecían encadenados a la tristeza, al rencor, al odio y la falta de perdón.
También la Oración en Comunidad es liberadora de la acción del Tentador y
los poderes del mal…
“Después de haberlos golpeado despiadadamente, el carcelero encerró en la
prisión a Pablo y Silas sujetando sus pies en el cepo. Cerca de media noche, ellos
oraban y cantaban las alabanzas del Señor y de pronto la tierra comenzó a
temblar, los cimientos se conmovieron, se abrieron todas las puertas de la cárcel
y se soltaron las cadenas...” (Hech 16,19-34)
“Nadie devuelva mal por mal. Ustedes hagan el bien a todo el mundo. Estén
siempre alegres. Oren sin cesar, den gracias a Dios en toda ocasión. No extingan
la acción del Espíritu, no desprecien las profecías….” (1° Tes 5,15-20)
“Hermanos canten a Dios con gratitud y de todo corazón salmos, himnos y cantos
inspirados. Todo lo que puedan decir o hacer,
háganlo siempre en el Nombre del Señor Jesús!” (Col 3,16-17)
“Ví una enorme multitud, imposible de contar, todos de pié delante del Trono de
Dios y del Cordero, vestidos con túnicas blancas. Exclamaban con voz potente:
¡La Salvación viene de Dios y del Cordero! … Y todos los Ángeles se postraron
adorando a Dios diciendo: ¡Amén! ¡Alabanza, Gloria y Sabiduría, Honor, Poder y
Fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén! (Apoc 7, 9-17)
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8. Una manera muy edificante de orar en comunidad es la “Oración en Racimo”.
Es ideal para orar con los textos que tienen más contenido doctrinal o
enseñanzas del Señor. Se diferencian de otros textos que narran “hechos de la
vida de Jesús” como curaciones, milagros y diferentes momentos de su
actividad misionera y evangelizadora.
Se realiza de la siguiente forma:
1º Un hermano lee pausadamente todo el texto mientras los hermanos
escuchan recibiendo la Palabra en el corazón. Por ejemplo el texto de Juan 15
sobre la “Vid y los sarmientos”…
2º Luego, el coordinador de la Comunidad va leyendo un versículo a la vez y
todos oran espontáneamente con ese versículo respondiendo a la Palabra.
Después de unos minutos de oración en los que se fue rumiando el versículo y
“sacándolo todo el jugo” (haggadá), se pasa al siguiente y así sucesivamente
hasta terminar el texto elegido.
Supongamos que leemos el primer versículo del texto preparado (Jn 15,1-11)
Versículo 1: “Yo soy la Vid verdadera y mi Padre es el Viñador”
Oración de los hermanos:
- “Señor sos la Vid verdadera que nos dá vida y crecimiento… “
- “Bendito Jesús que sos nuestra verdad…”
- “Te alabo Padre Viñador que me pensaste unido a tu Hijo Jesús”
- “Gracias Jesús por recordarnos que sos la única Vid verdadera”
Se pasa siguiente versículo:
Versículo 4: “Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes. Así
como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, así
también ustedes si no permanecen en mí”
Oración de los hermanos:
- “Bendito Jesús, Vid del Padre en la que podemos permanecer”
- “Te alabo Jesús porque mientras estoy unida a vos puedo dar fruto”
- “Gloria a vos Padre Bendito porque me das fuerza para no separarme de tu Hijo”
- etc
9. También podemos orar deteniéndonos en los atributos y la misión de cada una
de las Personas Divinas de la Trinidad. Alabar y bendecir la identidad y la obra
de cada Persona, pedirles una gracia especial a cada una y reconocer lo que
ellas hacen en la vida de cada hermano y de la Iglesia.
+ Orar al Padre y bendecirlo. Reconocer su obra y misión de Creador. Bendecir
su Amor incondicional. Pedirle socorro y auxilio en alguna adversidad. Invocar
su Providencia. Pedirle revelación de sus planes… etc
+ Lo mismo con Jesús (El Hijo Divino) y con el Espíritu que es el Amor…
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 15
ANUNCIO Y CATEQUESIS
1. Todo conocimiento y aprendizaje -afirma la Psicología Cognitiva- generalmente
va modificando y reestructurando el pensamiento y la conducta de la persona
humana. Escuchar el anuncio de la Palabra de Dios, leer la Biblia, reflexionar
sobre teología, las enseñanzas de la Iglesia y nutrirse de la lectura de buenos
libros de espiritualidad, influye positivamente en la mente y el corazón. La
Catequesis y la formación son de valiosa ayuda para el crecimiento en el camino
discipular y misionero de nuestros hermanos del Movimiento.
2. Los pensamientos, conceptos y emociones nacidos en los Anuncios, son
generadores de nuevas gracias e inspiraciones del Espíritu. Estos
conocimientos y sentimientos espirituales, a su vez, suscitan en el interior del
discípulo nuevas adaptaciones a la realidad, propósitos para el cambio de vida y
la conversión, grandes deseos de conocer a Dios, de amarlo cada vez más y de
servirlo apostólicamente… Las enseñanzas nos dan conocimiento y el
conocimiento nos impulsa al amor ya que: “Nadie ama lo que no conoce”…
“Juan vió a Jesús y dijo: “este es el Cordero de Dios”,
…yo no lo conocía pero he visto al Espíritu descender sobre El…
Yo no lo conocía, pero lo he visto y doy testimonio de que Él es el hijo de Dios”
(Jn1,31-34)
3. Nosotros, después de haber tenido un encuentro con Cristo y de querer seguirlo,
necesitamos conocer más su persona y su mensaje para compenetrarnos
profundamente con la doctrina de su Evangelio y de su Iglesia. De esta
manera, la Comunidad Discipular se transforma en una “Escuela Discipular”,
donde “juntos”, los hermanos y hermanas vamos conociendo, amando, y
siguiendo a Jesús desde un proceso semejante al que hicieron los Apóstoles.
Nos dice Aparecida:
“La vocación y compromiso de ser Discípulos Misioneros de Jesús
requiere una decidida opción por la FORMACIÓN de los miembros de nuestras comunidades.
Miramos a Jesús, el Maestro, que formó personalmente a sus Discípulos…
Él nos dá el método: ´VENGAN y VEAN´ (Jn 1,39)” (DA 276)
4. El objetivo de la formación es conocer lo que Jesús vino a revelarnos del
Padre y de su Plan de Amor y Salvación para la humanidad. Es de gran
ayuda para todos nosotros, la enseñanza y dirección que encontramos en este
valioso “Documento de Aparecida”, tan profético, providencial e inspirado por
el Espíritu, para que la Iglesia pueda dar una respuesta coherente y sabia a los
urgentes desafíos que nos plantea el tiempo actual.
5. El Documento de APARECIDA nos ofrece -desde una excepcional síntesis-
dos ejes fundamentales de la formación discipular:
+ Las Dimensiones de la Formación de los Discípulos-Misioneros de Jesús
+ Las Etapas del Proceso formativo de los Discípulos-Misioneros de Jesús
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 16
Dimensiones de la Formación de los Discípulos-Misioneros
(Aparecida 280)
La Formación de los Discípulos abarca las siguientes dimensiones
que deben ser integradas a lo largo de todo el Proceso Formativo. Ellas son:
A. Dimensión Humana, Comunitaria y Social
B. Dimensión Espiritual
C. Dimensión Intelectual
D. Dimensión Pastoral y Misionera
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Etapas del Proceso formativo de los Discípulos-Misioneros
(Aparecida 278)
1. Encuentro con Jesucristo.
Quienes serán sus discípulos ya lo buscan, (Jn 1,38), pero es el Señor quien los llama: "Sígueme"
(Mc 1, 14 / Mt 9,9). Se ha de descubrir el sentido más hondo de la búsqueda, y se ha de
propiciar el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación cristiana. Este encuentro debe
renovarse constantemente por el testimonio personal, el anuncio del kerygma, y la acción
misionera de la comunidad. El kerygma "no sólo es una etapa, sino el hilo conductor de un
proceso que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo”. Sin el kerigma, los demás
aspectos de este proceso están condenados a la esterilidad, sin corazones verdaderamente
convertidos al Señor. Sólo desde el kerygma, se da la posibilidad de una iniciación cristiana
verdadera. Por eso, la Iglesia ha de tenerlo presente en todas sus acciones.
2. La Conversión:
Es la respuesta inicial de quien ha escuchado al Señor con admiración, cree en El por la acción
del Espíritu, se decide a ser su ´amigo´ e ir tras de Él, cambiando su forma de pensar y de vivir,
aceptando la cruz de Cristo, consciente de que morir al pecado es alcanzar la vida. En el
Bautismo y en el sacramento de la Reconciliación, se actualiza para nosotros la redención de
Cristo.
3. El Discipulado:
La persona madura constantemente en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesús Maestro,
profundiza en el misterio de su persona, de su ejemplo y de su doctrina. Para este paso, es de
fundamental importancia la catequesis permanente y la vida sacramental, que fortalecen la
conversión inicial y permiten que los discípulos misioneros puedan perseverar en la vida
cristiana y en la misión en medio del mundo que los desafía.
4. La Comunión - Comunidad:
No puede haber vida cristiana sino en comunidad: en las familias, las parroquias, las
comunidades de vida consagrada, las comunidades de base, otras pequeñas comunidades y
movimientos. Como los primeros cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo participa
en la vida de la Iglesia y en el encuentro con los hermanos, viviendo el amor de Cristo en la vida
fraterna solidaria. También es acompañado y estimulado por la comunidad y sus pastores para
madurar en la vida del Espíritu.
5. La Misión:
El discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con
otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo muerto y resucitado, a
hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados, en una palabra, a construi r
el Reino de Dios. “La misión es inseparable del discipulado” por lo cual no debe entenderse como
una etapa posterior a la formación, aunque se la realice de diversas maneras de acuerdo a la propia
vocación y al momento de la maduración humana y cristiana en que se encuentre la persona.
“Se hace imprescindible una formación integral, kerygmática y permanente” DA 279
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 17
EDIFICACIÓN ESPIRITUAL Y TESTIMONIO
1. Edificarse significa ayudarse unos a otros a crecer y madurar en el proceso
personal y comunitario del seguimiento de Jesús y del cumplimiento de la Voluntad
del Padre. Nos dice San Pablo: “Busquemos lo que contribuye a la paz y a la mutua
edificación” (Rom 14,19)
2. Edificación es “construcción”. Se trata de “construir juntos” con los hermanos el
“CUERPO DE CRISTO” del que todos somos parte:
“Así como el cuerpo tiene muchos miembros y sin embargo es un solo cuerpo,
así también sucede con Cristo. Todos fuimos bautizados en un solo Espíritu,
para formar un solo Cuerpo: judíos, griegos, esclavos y hombres libres…”
(1°Cor 12,12-13)
En el momento de la Edificación Espiritual, el corazón de cada hermano y
hermana se abre para compartir la vida desde la fé…
Es el momento de dar y recibir el testimonio de la obra que el Señor va
haciendo en la historia de cada uno.
Es el espacio para poner en común nuestras luchas, alegrías, preocupaciones,
tristezas, esperanzas, derrotas y buenas noticias…
No se admiten máscaras ni fantasías que oculten la verdad…
Es un momento de gran sinceridad y receptividad por lo que cada uno quiere
y puede compartir según su estado y disposición interior. Siempre será muy
importante respetar el “tiempo” de cada hermano para abrir el corazón...
Cuanto más grande sea la confianza entre los hermanos, mayor será
también la profundidad en el compartir todos los aspectos de la vida y las
áreas de la existencia cotidiana: familia, trabajo, hijos, matrimonio, diferentes
problemas, proyectos, alegrías, necesidades económicas, enfermedades,
conflictos, decisiones importantes, vida espiritual, compromiso apostólico, etc…
sintiéndose siempre responsables unos de otros, con preocupación e interés.
Cada uno debe cultivar la capacidad de “escuchar” sin juzgar,
sin interpretar al otro… sin comentar nada, solo escuchar con amor y
-si el hermano lo pidiera- ofrecer el consejo oportuno y prudente, siempre
inspirado en el Evangelio… ¿Qué hubiera hecho Jesús en tu lugar, en mi lugar?
A veces sin quererlo “llenamos” de consejos y recomendaciones al hermano que
está compartiendo y descuidamos la escucha que acoge, respeta y recibe sin dar
sermones y sin interrumpir: - “¡a mí me pasó lo mismo!”… -“tenés que hacer esto
o aquello”… etc…
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 18
Se trata de una escucha activa y empática. Escucha activa implica mirar a los
ojos al hermano o hermana mientras habla, con atención, en silencio,
permaneciendo sentados, serenos, sin murmullos de fondo… ni nadie que esté
preparando la cena o mirando el celular…
Escucha empática es recibir lo que el hermano dice poniéndonos en su lugar,
comprendiendo su situación, tratando de experimentar sus emociones…
“Me hice judío con los judíos, para ganar a los judíos; me hice débil con los débiles,
para ganar a los débiles; ...me hice todo para todos, para ganar al menos a algunos por
amor a la Buena Noticia...” (1º Cor 9,19-23)
Todo lo compartido en la Comunidad se guarda en el silencio y sigilo del
corazón, como lo hacía María (Lc 2,19), porque la historia de cada hermano es
una “historia sagrada” que merece toda la comprensión y el amor y exige
confidencialidad total…
“Dios le ha dado a cada uno de los miembros del cuerpo un plan establecido…
¿Puede decir el ojo a la mano “no te necesito”? ¿Puede decir la cabeza a los pies,
“no los necesito”?... Dios dispuso que no hayan divisiones en el cuerpo, sino que
todos los miembros sean mutuamente solidarios”
(1°Cor 12,18-25)
La Edificación Espiritual y mutua es la tarea central de la Comunidad. Es lo que
constituye verdaderamente a la Comunidad y por eso, debe ser un elemento
especial de las reuniones. Si solo se hace oración, será un lindo “grupo de
oración”; si solo se estudia algún tema, será un muy buen “grupo de reflexión”; si
solo se juntan para compartir una rica y entretenida cena, será un hermoso
“grupo de amigos”…
El corazón de la Vida Comunitaria es la Edificación Espiritual y el poder
compartir la vida desde Jesús en “medio de los hermanos”. Si falta la
Edificación, falta lo esencial: “Ya no los llamo servidores porque el servidor ignora lo
que hace su señor. Yo los llamo amigos, porque les he contado todo lo que escuché de
mi Padre” (Jn 15,13-15)
Cuando la Comunidad va creciendo en la madurez de la confianza y la apertura
del corazón, Dios regala a los hermanos la gracia de la “COMUNIÓN DE
ALMAS”, como llamaba Chiara Lubich a esa capacidad espontánea y
confidente de compartir con los hermanos la obra de Dios, sus llamados e
inspiraciones, los desafíos y combates espirituales, los progresos en la vida
espiritual, la consolación de la Palabra de Dios cuando nos habla de manera
personal, …las propias fragilidades y límites vividos desde la misericordia de
Dios…
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 19
Surge entre los hermanos, como fruto de la Comunión de Almas una verdadera
“amistad espiritual” fruto del compartir en comunión la obra que Dios va
edificando en nuestra vida…
“¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es
enaltecido? Todos los demás participan de su alegría…
Hermanos ustedes son el CUERPO de CRISTO
y cada uno en particular es miembro de ese Cuerpo…”
(1°Cor 12,26-31)
El motor del compartir comunitario es el Espíritu Santo. Por eso es necesario que
en cada Reunión de Edificación, invoquemos su presencia, su auxilio, su
iluminación… ya que Él derrama en todos los corazones “el Amor” que hace
posible la unidad en la fé, la realidad de una fraternidad progresiva, la corrección
fraterna inspirada en la caridad y la posibilidad de una verdadera integración
comunitaria… “El Amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el
Espíritu Santo que se nos ha dado…” (Rom 5,5-8) .
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 20
La Edificación Espiritual se realiza dentro de la reunión comunitaria
fundamentalmente de tres modos, con diferentes dinámicas o recursos y de
manera progresiva, de a una a la vez. Antes de compartir esas modalidades, es
bueno recordar el ABC de la Edificación: Auténtica, Breve, Cristocéntrica.
Primer modalidad |
La EDIFICACIÓN puede realizarse desde tres ejes temáticos de
discernimiento comunitario:
1º Discernimiento | las etapas:
Los pastores recuerdan a sus hermanos las características fundamentales de la
Etapa de Vida Comunitaria en la que se encuentra la Comunidad (Doc 001)
y se realiza desde allí el discernimiento y la revisión de vida de la situación
espiritual, fraterna y formativa en la que está la Comunidad Discipular y las metas
y objetivos propios de la Etapa.
(Cuatro Etapas de la Koinonía: Discipular. Pascual. Cenáculo. Vida)
2º Discernimiento | VOCACIÓN COMUNITARIA:
Pueden examinarse los temas constitutivos de la vocación a la vida comunitaria:
1. Crecimiento en la Oración Comunitaria y los Carismas.
(Profecía. Lenguas. Visión. Palabra de Conocimiento. Mensajes inspirados. Etc)
2. Vocación personal a la vida comunitaria:
¿Cómo está el entusiasmo para vivir esta vocación?
¿Cómo va la entrega personal a la comunidad?
¿Nos relacionamos entre todos? ¿Buscamos al que se va quedando o enfriando?
¿Somos sinceros y caritativos si debemos hacer una corrección fraterna?
3. Centralidad de la Palabra de Dios. Profundidad de la Espiritualidad Bíblica
y práctica de la Lectio Divina o Scrutatio.
4. Comunicación Comunitaria. Escucha activa y empática.
¿Hemos llegado a la Comunión de Almas?
¿Cultivamos el hábito de “COMUNICAR” a los hermanos las revelaciones
en la oración, la unidad mística, la amistad y las inspiraciones que tenemos
y que son fruto de nuestro vínculo con las Divinas Personas de la Trinidad?
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 21
Revisamos los vínculos y relaciones intra-comunitarias:
afinidad natural, simpatías, antipatías, formación de sub
grupos, heridas, ofensas y perdón...
¿Vivimos el desafío de amarnos incondicionalmente?
¿Se dá entre nosotros la aceptación mutua?
¿Hemos recibido la Gracia de la Fraternidad?
Revisamos en la comunidad el “mandamiento nuevo del Amor” (Jn 13,34-35) .
¿Cultivamos la capacidad de amarnos como Jesús nos ama a todos?
¿Cómo ama Jesús? …..
Examinemos nuestro “amor concreto” con el código que nos dejó Pablo…
¿Lo leemos frase por frase? 1º Cor 13,1-13
El AMOR es el único camino verdadero de crecimiento, santidad comunitaria y personal…
Técnica comunitaria para vivir la caridad y el don de la unidad:
(Documento 0000)
El Amor fraterno se construye con esfuerzo, con renuncias, con grandes entregas…
Se ama a cada hermano con la dedicación del artista que realiza sus artesanías pieza por pieza,
una por una, no existen artesanías producidas en serie…
Por eso el Amor es un ARTE, exige dedicarle a cada hermano un amor único y personal…
Así también nos ama el Padre…
1. Amar a todos
2. Amar primero
3. Amar haciéndose uno con el otro
4. Amar al enemigo
5. Amar al otro como nos gustaría ser amados
6. Amor recíproco
5. Capacidad de Acompañamiento y Consejo Evangélico.
6. ¿Cómo vivimos el esfuerzo y empeño por la formación, lectura y Catequesis?
7. Generosidad en el diezmo. Solidaridad hacia dentro y hacia fuera de la
Comunidad. ¿Cómo está la participación comunitaria en las actividades y
servicios de nuestro Movimiento?
8. Exhortación fraterna: es el momento para hablar a los hermanos de parte de
Dios, ofreciendo aliento, esperanza, dando algún mensaje inspirado, el ejercicio
de algún carisma, una exhortación profética, algún discernimiento personal que
involucre la comunidad, etc. (Lc 1,67-80 / Lc 2,25-35 / Hech 2,12-36 / Hech 7,1-60 / Hech 9,10-19 /
1°Cor2,10-16 / 1°Cor 4,14-21 / Ef cap.5y6 ). Siempre la Exhortación es fruto de un alma de
oración que vive en comunión con Dios: “Yo te instruiré, dice el Señor, te enseñaré
el camino que debes seguir, con los ojos puestos en ti, seré tu cosejero” (Salmo 32,8)
De todas maneras, es imprescindible discernir si lo que va a comunicarse en la
exhortación viene de Dios: “Por los frutos se conoce el árbol” -dice Jesús- (Mt 7,15-20).
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3er Discernimiento | DIMENSIONES DEL CARISMA:
Revisamos la vida comunitaria según nuestro compromiso con
el conocimiento y la práctica de las Dimensiones del Carisma de Emaús:
PRIMERA DIMENSIÓN: Experiencia Pascual y encuentro con Jesús Resucitado. Lc 24,15
¿Vivimos como Resucitados? ¿Transmitimos la alegría de la Resurrección?
¿Nuestras palabras y gestos llevan redención-resurrección a los demás?
SEGUNDA DIMENSIÓN: Acompañamiento personal. Capacidad de Escucha, empatía y
diálogo diakónico (la comunicación y la palabra al servicio del acompañamiento) Lc 24,17-24
Capacidad de acercarnos a los hermanos -peregrinos del camino- que vienen por la vida desalentados
o frustrados… ¿Hacemos del “CAMINO” nuestro lugar teológico y dinámico para “salir al encuentro” y
acompañar a los hermanos? (“Seamos una Iglesia en salida que propone la Cultura del Encuentro” - Papa Francisco)
¿O nos instalamos en nuestra comodidad estática y autorreferencial?
TERCERA DIMENSIÓN: Anuncio kerygmático de la Palabra y testimonio profético de
Cristo Vivo que hace “arder el corazón” en el camino de la vida… Lc 24, 25-27 – KERYGMA
¿Damos testimonio profético de la Buena Noticia de Jesús en la familia y el trabajo?
¿Tenemos conocimiento Bíblico en el momento de hablar con los demás o de interpretar algún
acontecimiento de la vida o dar consejos, etc, pero que nazcan de la fuente de la Palabra de Dios? Salmos,
Citas del Evangelios, Cartas de San Pablo, etc…
¿O sólo nos manejamos con palabras piadosas o consejos convencionales?
¿Somos kerygmáticos cuando hablamos?
CUARTA DIMENSIÓN: Vida de Comunidad y Comunión fraterna en torno a la Eucaristía
donde se “abren los ojos” para reconocer a Jesús Resucitado.
¿Valoramos la “CASA” de la Comunidad o faltamos fácilmente poniendo excusas?
¿Hacemos de nuestra “MESA” comunitaria un espacio de encuentro fraterno con Jesús Vivo?
¿Desaprovechamos momentos comunitarios en nuestra “MESA” hablando de frivolidades o discutiendo?
¿Oramos siempre que nos reunimos junto a la “MESA” buscando la bendición y la Voluntad de Dios?
¿Ofrecemos mutuamente a los hermanos nuestra vida como “PAN” de consuelo y esperanza? ¿Damos
tiempo al que lo necesita? ¿O nos cuesta dejar las comodidades y estructuras?
QUINTA DIMENSIÓN: Nuevos Redentoristas en Misión | Servicio y Diakonía
Anunciamos con la fuerza del Espíritu la liberación y la paz de Cristo Resucitado como
Buena Noticia de la Salvación (Lc 24,45-49 / Mc 16,15 / Mt 28,18-20)
Dentro de la “CASA-COMUNIDAD” donde todo cambió, junto a la “MESA” de la Comunión
Koinonía, y al “PAN” partido que abre los ojos, comienza en la misma noche (es decir, en la
noche exterior donde todo sigue igual) la nueva Misión y DIAKONÍA de llevar al mundo y al
“CAMINO” el poder de la resurrección y redención de Cristo… Lc 24,28-35
“En Él hay misericordia y redención en abundancia y Él redimirá a su pueblo…” (Salmo 130 )
“¡Acuérdate de Jesucristo que vive resucitado!” (2º Tim 2,8)
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 23
Segunda modalidad |
1er Discernimiento | Áreas DEL Camino espiritual
+ Podemos analizar alguna de las áreas del “Camino Espiritual” (Documento 001)
“Dios mío , te cantaré un Canto Nuevo, tocaré para Tí el arpa de diez cuerdas…
…para Tí que das la victoria a tu Ungido” Salmo 144,9
+ Edificamos a la Comunidad orando y revisando las áreas de nuestra vida discipular para
compartir con los hermanos la síntesis de cómo nos sentimos y evaluamos en cada aspecto:
1. Proyecto de Vida – Vocación y Estado de vida: Familia, Vida Consagrada – Profesión Laboral – Carisma Eclesial
2. Vida de Oración y unión con Dios
3. Vida Comunitaria
4. Misión, Apostolado y Evangelización
5. Formación personal
6. Conocimiento Personal
7. Dimensiones del Carisma del Movimiento
8. Compromiso histórico y transformación social
9. María Madre de la Iglesia
10. Acompañamiento personal
2do Discernimiento | DIMENSIONES DEL CARISMA:
+ Cada hermano puede hacer su Revisión y Edificación personal según el conocimiento,
identificación y vivencia que tenga de las cinco Dimensiones del Carisma del Movimiento.
3er Discernimiento | BÚSQUEDA DE LA VOLUNTAD DE DIOS:
Esta forma de Edificación busca motivar en los miembros de la Comunidad la
posibilidad de interrogarse y discernir sobre cuál será la Voluntad del Padre en el
momento presente, en qué lugar de la vida se está manifestando esa Voluntad,
por dónde está pasando Dios con sus signos, cuáles son las señales de su
presencia y las mociones o inspiraciones que el Espíritu revela a cada uno según
el plan de Dios. A partir de éste planteo tan profundo y personal, se puede
compartir con todos los hermanos el propio discernimiento.
Es de gran bendición, pedir con confianza a los hermanos que nos ayuden con
la oración y el consejo para poder descubrir, profundizar o clarificar esa Voluntad
de Dios que se va manifestando en algún tema específico y personal; en algún
aspecto o área de la vida cotidiana, familiar, laboral, apostólica, etc, e incluso
comunitaria. Podemos preguntarles: ¿Ustedes que me conocen, ven y confirman lo
que Dios me pide? ¿Creen que puedo realizar esto que Dios me pide?
”…Llénense del Espíritu Santo. Cuando se reúnan, reciten salmos, himnos y cantos
espirituales, cantando y alabando al Señor de todo corazón. Siempre y por cualquier
motivo, den gracias a Dios nuestro Padre en Nombre del Señor Jesucristo”…(Ef 5,18ª-20).
En el contexto de la oración al Espíritu, se puede pedir en Comunidad una
Palabra de Dios para los hermanos que necesiten especial guía y discernimiento
del Señor.
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 24
4to Discernimiento
MISIÓN, EVANGELIZACIÓN y COMPROMISO SOCIAL:
1. Otra forma de Edificación, es orar desde el discernimiento para descubrir lo
que el Padre nos pide como servicio evangelizador. Es muy recomendable
buscar en los textos Bíblicos y en la enseñanza de la Iglesia (Catecismo,
Documentos, Meditaciones y Catequesis del Papa, Cartas, etc), los
fundamentos que iluminan la misión evangelizadora y misionera de los
discípulos de Jesús. Se trata de tomar conciencia, una vez más, de la gran
vocación de los fieles laicos de ser “luz y sal del mundo”(Mt 5,13-16), y “levadura
en medio de la masa” (Mt 13,33), …
2. En esta modalidad podemos alentar el servicio personal de algún hermano,
destacando su entrega y compromiso. Es muy importante el animarse
mutuamente en la decisión de “servir” al Señor a pesar de las pruebas,
tribulaciones y tentaciones que nos vienen del exterior …”sean sobrios, estén
siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un ´león rugiente´,
buscando a quién devorar. Resístanlo firmes en la fé…” (1° Pe 5,8)
Y también desde nuestro interior… “Hermanos soy como esclavo del pecado, ni
siquiera entiendo lo que hago… así, no hago el bien que quiero, sino que hago el mal
que no quiero… Descubro entonces esta ley: queriendo hacer el bien, se me presenta el
mal… ¡Ay de mí! ¿Quién podrá liberarme de esta muerte? ¡Gracias a Dios, por
Jesucristo soy libre!” (Rom 7,14-25)
3. Con la confianza que nos da la presencia de Jesús …”Maestro, en tu Nombre
echaré las redes…” (Lc 5,5) y con la fortaleza que recibimos de los hermanos de
comunidad, podemos hacer frente al cansancio, la tibieza, la rutina, los
conflictos, los comentarios, persecuciones y burlas… porque “todo lo puedo en
Cristo que me fortalece” (Filip 4,13), y aquella verdad que afirma el Eclesiastés:
“valen más dos juntos que uno solo, porque es mayor la recompensa del esfuerzo. Si
caen, uno levanta a su compañero, pero …¡pobre del que está solo y se cae, sin tener a
nadie que lo levante!...” (Ecle 4,9-12).
La dimensión misionera de nuestra vida cristiana y discipular es fundamental en
el camino de la santidad. Pidamos la gracia del compromiso y la convicción de
que debemos servir y anunciar desde una Iglesia en salida como nos pide el
Papa Francisco.…
“Anunciar el Evangelio es para mi, una necesidad imperiosa…
¡Ay de mi si no predicara el Evangelio!” (1° Cor 9,16)
4. También, dentro de la Misión Evangelizadora de los miembros del Camino de
Emaús, debemos discernir el Compromiso Social que tenemos con la
sociedad y con los hermanos más débiles, marginados o que viven en las
nuevas periferias existenciales (Papa Francisco). La Edificación es el lugar
donde se puede reflexionar, dialogar y buscar alguna solución sobre diversas
situaciones de pobreza o necesidad que nos rodean y que impactan de alguna
manera nuestro ambiente y nuestras vidas. Comenzando por el compromiso
personal y extendiéndolo a toda la Comunidad.
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 25
5. Este último Discernimiento de la Misión y el Compromiso Social, nos refiere al
compromiso histórico de justicia y liberación que desplegó Jesús con su propia
misión Mesiánica. No se trata de buscar cómo ayudar en primer lugar a
hermanos carenciados que quizás habitan lejos, o no conocemos. Se debe
comenzar a discernir la pobreza que nos rodea e interpela de cerca.
Pobreza económica. Pobreza moral. Soledad. Ancianidad. Enfermedad.
Infancia. Incluso algún hermano de la propia comunidad o de otra, que pueda
estar necesitando de nuestra ayuda solidaria.
6. Si algún hermano de la comunidad, después de orar, presenta una propuesta
social o un caso particular de necesidad o pobreza para que se pueda
colaborar, interactuar o facilitar ayuda, puede utilizarse el conocido método de
análisis de la realidad:
VER: Analizar algún hecho significativo que se esté presentado, tratando de observar no
solo el hecho aparente, sino también sus causas y consecuencias.
JUZGAR: Confrontar el hecho con la Palabra de Dios y con la Doctrina Social de la
Iglesia tratando de realizar un discernimiento espiritual, realista, objetivo y comunitario
del acontecimiento y evaluar los medios que podrían utilizarse para responder a esa
situación a la luz de Dios.
ACTUAR: Descubrir concretamente en qué podemos intervenir o aportar en la solución
del problema o en su adecuada orientación y tomar el compromiso comunitario de
desarrollar las acciones necesarias. De esta manera, nos vamos transformando
lentamente en protagonistas activos de pequeños cambios sociales que anuncian por
sí mismos el Evangelio del Reino.
Éste es el campo evangelizador propio de los discípulos-misioneros de Jesús,
“laicos que están en el mundo pero que no son del mundo” (Jn ). Su misión es la
restauración y animación cristiana de la sociedad en el orden temporal, es decir,
en la vida del mundo presente pero con el corazón en la Vida Eterna. Esto solo
podrá cumplirse desde un análisis serio de la realidad a la luz de la Palabra de
Dios y con la fuerza que nos dá la entrega de Jesús y el compromiso de los
hermanos de Comunidad.
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 26
Tercera modalidad:
1. El Testimonio puede darse en referencia:
+ Al proceso de fé de cada uno y la imagen Bíblica correspondiente a ese proceso
+ Al discernimiento de la obra de Dios en la propia historia…
+ A los pasos discipulares que estamos dando para seguir a Jesús.
+ A las gracias recibidas para el crecimiento de la vida espiritual y la santidad.
+ A los pasos de conversión o servicio que el Padre nos pueda estar pidiendo.
+ A la manifestación de la Providencia de Dios: sus dones, regalos, bendiciones,
iluminaciones especiales y gracias particulares…
…
2. Con el Testimonio compartimos la acción de Dios en nuestra vida, los pasos
espirituales que vamos dando, lo que más nos cuesta en la vida interior y en la
espiritualidad, las señales y signos que el Espíritu nos regala, etc.
Podemos compartir cómo Dios va cambiando nuestro corazón en distintos
aspectos, situaciones, etc.
Es el momento para proclamar la gloria de Dios, y poder “comunicar” lo que
cada uno vive personalmente en su relación de amistad con el Señor.
De esa manera establecemos la Comunión de almas…
Son muy edificantes algunos testimonios de Pablo:
(1° Cor 9,19-27 / Filip 1,21-26 / 2° Cor 4,7-18 / 2°Cor 6,1-13 / 2° Cor 12,1-10)
Se trata de discernir y compartir por dónde está pasando el Señor en la historia
de cada uno “hoy” y qué “pasos pascuales” -de “vida y resurrección”- nos está
pidiendo dar…
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1. RECIÉN NACIDOS QUE CRECEN JUNTOS
Nos dice la Escritura:
"El que está en Cristo, es una nueva criatura, lo viejo pasó, un ser nuevo se ha hecho
presente… todo proviene de Dios que nos reconcilió consigo por Cristo" (2º Cor 5, 17-18)
"En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no
recibieron un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibieron un
espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar iAbba Padre!" (Romanos 8,14-15).
Cuando hicimos el primer Kerygma al comenzar el “Proceso Discipular de Vida
Comunitaria y Misión” en el Movimiento Camino de Emaús, la mayoría de
nosotros descubrió que éramos verdaderamente hijos amados de Dios Padre y
criaturas nuevas recién nacidas por el poder del Espíritu Santo. La Salvación de
Jesús que aceptamos en el corazón tuvo como fruto en nosotros la alegría de una
vida nueva. Y gracias a la acción del Espíritu experimentamos a Jesús como un
Salvador que está Vivo y Resucitado. También lo reconocemos como Señor de
nuestra persona y existencia.
Al aceptar a Jesús como Salvador y Señor, Él comienza a vivir en cada uno de
una forma especial y produce en nosotros Vida Nueva. Hemos dejado atrás lo
viejo para convertirnos a Jesús -como dice 1º Corintios- y desde este momento,
¡todo se hizo nuevo en nosotros!
Cada uno es una persona creada por Dios y pensada por Él desde la eternidad:
"Con amor eterno nos creó”. Somos únicos, irrepetibles, insustituibles, con un
rostro, un nombre propio y una historia personal… ¡Y así nos ama el Padre!
Como fruto de una vida nueva, cada uno también debe reconocerse, aceptarse y
amarse a sí mismo como lo ama Dios… Su amor nos ha hecho personas nuevas,
nueva creación. El mismo Dios nos creó a su imagen y semejanza, por eso
necesitamos la acción del Espíritu para conocernos profundamente y aceptarnos.
Cuando cada uno comienza este proceso descubre que no está solo, sino que
Dios ha llamado a otras personas para renacer a su amor. Con ellos podemos
relacionarnos y comenzar una vida de hermanos. Y así como un recién nacido
necesita de alguien que lo cuide, lo alimente, le enseñe y acompañe en su
crecimiento y desarrollo, así nosotros en este momento necesitamos de Dios para
poder caminar hacia Él y también necesitamos de los nuevos hermanos que
están viviendo nuestra misma experiencia para que, congregados por el Espíritu,
podamos ayudarnos y apoyarnos mutuamente en el crecimiento discipular…
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 28
2. AMARSE COMO HERMANOS
En la vida comunitaria, las relaciones interpersonales se van haciendo cada vez
más profundas y al estar congregadas varias personas que son generalmente
muy diferentes, es necesario pedir a Dios la gracia de vivir como nuevas criaturas
también en la manera de relacionarnos. Por eso es necesario que nuestros
vínculos “sean nuevos” según la manera del Espíritu, es decir, que estén
centrados en Jesús. Ni la comida, ni la amistad, ni un sano momento de
diversión son el centro… Jesús es el centro de la Comunidad. La amistad y la
alegría de encontrarnos y compartir una buena cena, nace como signo de la
fraternidad espiritual que viene de la presencia de Jesús en medio de la
Comunidad… “Donde dos o más se reúnan en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de
ellos” (Mt 18,20)…
Jesús nos enseña en su Palabra que nos da un mandamiento nuevo: "Ámense
unos a otros como Yo los he amado… en eso todos reconocerán que son mis
discípulos"… (Jn 13, 34). Para que la Comunidad crezca y madure, cada hermano
debe descubrir el verdadero significado del amor que implica morir a nosotros
mismos y a nuestros gustos y comodidades, para buscar siempre el bien del
otro…. “El quiera pierda su vida por mí la salvará” (Lc 9,34)
Muchas veces no hemos sido formados para amar o incluso instintivamente
buscamos en primer lugar asegurar nuestro bien, comodidad, conveniencia o la
satisfacción de nuestras necesidades. Esperamos siempre recibir pero nos
cuesta “dar” y “darnos”, nos cuesta “perder” o morir a lo que queríamos. Jesús
nos enseñó: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos, por los
hermanos” (Jn 15,13)… ¡Que desafío vivir en Comunidad según el estilo y
enseñanzas de Jesús! Por eso, cuando nos sentimos criaturas nuevas, hijos
del Padre, nos hacemos canales del Amor de Dios para los demás, instrumentos
de edificación y santidad dentro de la comunidad.
Dios es amor (1º Jn 4) y nosotros fuimos creados a su imagen y semejanza
(Gen 1,26-27). La vida comunitaria nos regala una nueva mirada sobrenatural
que descubre en el hermano esa imagen divina. Es la Espiritualidad de la
Comunión -como nos enseñó San Juan Pablo II- que nos lleva a comprender y
reconocer que cada persona es templo y morada del Dios Trinitario. Dios, que
habita en mí, también habita en el hermano. Por eso la Comunidad es imagen y
semejanza de la Trinidad. En ella aprendemos a amarnos y a tratarnos como se
aman y se vinculan el Padre, el Hijo y el Espíritu…Tres Personas distintas (como
nosotros) y un solo Dios verdadero (como la unidad comunitaria)…
En la vida comunitaria la prioridad es vivir en el amor y el servicio mutuo.
En la carta a los Efesios, San Pablo nos ofrece una maravillosa síntesis de la
vida cristiana, fraterna y discipular… (Efesios 4,1-24 y 5,1-20)
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 29
“Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera
digna de la vocación que han recibido…
Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por
amor. Traten de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz.
Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza,
a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida.
Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de
todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos.
La diversidad de los carismas
Sin embargo, cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que
Cristo los ha distribuido. Por eso dice la Escritura:
Cuando subió a lo alto, llevó consigo a los cautivos y repartió dones a los
hombres…
Pero si decimos que subió, significa que primero descendió a las regiones
inferiores de la tierra. El que descendió es el mismo que subió más allá de los
cielos, para colmar todo el universo.
Él comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores
del Evangelio, a otros pastores o maestros. Así organizó a los santos para la obra
del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos
lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de
hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo.
La unidad en la verdad y el amor
Así dejaremos de ser niños, sacudidos por las olas y arrastrados por el viento de
cualquier doctrina, a merced de la malicia de los hombres y de su astucia para
enseñar el error. Por el contrario, viviendo en la verdad y en el amor, crezcamos
plenamente, unidos a Cristo. Él es la Cabeza y de él, todo el Cuerpo recibe
unidad y cohesión, gracias a los ligamentos que lo vivifican y a la actividad
propia de cada uno de los miembros. Así el Cuerpo crece y se edifica en el amor.
La Vida nueva en Cristo
Les digo y les recomiendo en nombre del Señor: no procedan como los paganos,
que se dejan llevar por la frivolidad de sus pensamientos y tienen la mente
oscurecida. Ellos están apartados de la Vida de Dios por su ignorancia y su
obstinación, y habiendo perdido el sentido moral, se han entregado al vicio,
cometiendo desenfrenadamente toda clase de impurezas. Pero no es eso lo que
ustedes aprendieron de Cristo, si es que de veras oyeron predicar de él y fueron
enseñados según la verdad que reside en Jesús. De él aprendieron que es preciso
renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va
corrompiendo dejándose arrastrar por los deseos engañosos, para renovarse en
lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de
Dios en la justicia y en la verdadera santidad.
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Deberes de amor hacia el prójimo
Por eso, renuncien a la mentira y digan siempre la verdad a su prójimo, ya que
todos somos miembros los unos de los otros. Si se enojan, no se dejen arrastrar
al pecado ni permitan que la noche los sorprenda enojados dando así ocasión al
demonio.
El que robaba, que deje de robar y se ponga a trabajar honestamente con sus
manos, para poder ayudar al que está necesitado. No profieran palabras
inconvenientes; al contrario, que sus palabras sean siempre buenas, para que
resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las
escuchan.
No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para
el día de la redención. Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los
insultos y toda clase de maldad. Por el contrario, sean mutuamente buenos y
compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en
Cristo…
Traten de imitar a Dios como hijos queridos y practiquen el amor como Cristo
que nos amó y se entregó por nosotros… Como santos de Dios ni siquiera deben
hablar de pecados sexuales, indecencias o avaricia. No digan malas palabras,
obscenidades, malas conversaciones o bromas groseras: todo esto está fuera de
lugar. Más bien usen su boca para dar gracias a Dios…
Antes ustedes eran tinieblas pero ahora son luz en el Señor. Vivan entonces
como hijos de la luz…
Cuiden mucho su conducta como personas que piensan lo que hacen y sepan
aprovechar el momento presente porque estamos viviendo tiempos muy malos…
No abusen del vino, más bien llénense del Espíritu Santo y cuando se reúnan
reciten salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y celebrando al Señor de
todo corazón… Siempre y por cualquier motivo den gracias a Dios nuestro Padre
en nombre de nuestro Señor Jesucristo… ”
Si hacemos realidad esta Palabra en
nuestra vida, haremos de cada Comunidad
de Emaús un laboratorio donde
experimentaremos la Vida Nueva de Cristo
que genera relaciones nuevas, sanas y
constructivas. Aprenderemos a amar y a
servir a nuestros hermanos, y con la gracia
de Dios, podremos ofrecer a la sociedad
nuevos modelos de vida que edifiquen la
Civilización del Amor para un mundo nuevo
(Pablo VI) y un Cielo Eterno…
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3. ACEPTACIÓN E INTEGRACIÓN
Lento proceso de integración comunitaria
1. Las Comunidades Discipulares de nuestro Movimiento son un testimonio vivo
de la transformación que el Espíritu de Dios va haciendo en la vida de las
personas. Sin embargo, en algunos momentos podemos preguntamos cómo
es posible que puedan existir algunas discusiones, diferencias, deserciones y
enemistades dentro de la misma comunidad….
2. Las dificultades que nacen en las relaciones fraternas de los miembros son
fruto del corazón humano, herido y roto por el pecado original. También
surgen resentimientos por las diferencias que nacen del temperamento,
carácter y personalidad de cada hermano…
3. En el camino normal de la Comunidad, siempre es necesario tener presente
que el proceso de integración y madurez comunitaria es lento y a veces
difícil. Así lo fué también en la primera Comunidad Apostólica de Jesús,
donde los mismos discípulos discutían por los lugares de poder (Mt 20,20-28);
peleaban por situaciones comunes como el olvido de llevar pan en la barca
(Mc 8,13-21); rivalizaban sobre quién era el mayor y más importante (Lc
22,24-38); escuchaban muchas veces las enseñanzas del Maestro pero sin
comprenderlo en profundidad y con temor de hacerle preguntas (Mc 9,30-37);
entre ellos había uno que traicionaría el grupo… e incluso, en la gran crisis del
Viernes Santo, toda la comunidad queda disgregada por el temor y la mayoría
de los discípulos abandonan a Jesús… (Mc 14,50).
4. Crisis semejantes ocurrieron también en la Comunidad de la Iglesia
Primitiva. Los cristianos de Jerusalén que provenían del judaísmo, no quieren
aceptar a los nuevos cristianos que vienen de los pueblos paganos como los
griegos o los romanos. Hay tensiones entre Jerusalén donde reside la Iglesia
naciente y Antioquía, donde Pablo ha establecido un gran centro de
evangelización. Incluso la Carta a los Gálatas nos cuenta una gran pelea
“delante de todos” entre Pablo y el mismo Pedro por un asunto de pureza ritual
propia de los judíos (Gal 2,11-14)…
Ante el desánimo y el dolor por los límites, ofensas y fragilidades de los hermanos
de la Comunidad, es muy importante tener siempre presente que:
* No es una realidad terminada y completa. Siempre se está modificando y
transformando según los pasos del Evangelio que vamos dando juntos y cada
uno en particular…. Hay un momento determinado en el que termina la luna de
miel de los primeros tiempos y comienzan a manifestarse los defectos y
fragilidades de cada hermano. Es el arduo pero maravilloso tiempo de amarse y
aceptarse unos a otros como Jesús nos ama y acepta de manera incondicional.
La Comunidad inicia el camino sólido que avanza desde la fé y por la fé, más allá
de las simpatías, antipatías o desavenencias entre los miembros.
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2. Nacimiento y crecimiento de la Comunidad
* La Comunidad Discipular nace a partir de una experiencia kerygmática y
evangelizadora, pero también -al igual que un ser humano- es como un niño
pequeño que necesita paciencia, fortaleza, dedicación y amor para crecer bien.
* Es fundamental el buen alimento de la Palabra de Dios y la oración que nos hace
participar de la Vida y el Amor Trinitario de Dios… También, al recibir el llamado y la
vocación a vivir desde el carisma discipular y comunitario de Emaús, recibimos la
gracia de ir construyendo vínculos nuevos según el modelo Trinitario de Dios.
* Comenzamos a descubrir que Dios es el modelo de cómo debemos relacionarnos y
comunicarnos entre todos: con el mismo amor que existe entre el Padre, el Hijo y el
Espíritu… Dios no es una soledad cerrada. Dios es Trinidad de Amor, apertura,
comunión y eterno diálogo entre las tres Personas divinas (ad intra=hacia dentro) que
también se revelan y manifiestan a cada uno de nosotros (ad extra=hacia afuera).
* Tener presente este modelo de amor que inspira cómo debemos tratarnos unos
a otros, será una gracia que protegerá la Comunidad de los malos tratos,
comentarios destructivos, murmuraciones, críticas, etc…
* Siempre que surja un tema difícil, un conflicto, un mal entendido, un
enfrentamiento por distintas opiniones, un roce por diferentes temperamentos, una
antipatía espontánea, etc, etc… se deberá hablar “dentro” de la Comunidad y no
por fuera, o hablar el tema entre los hermanos involucrados, ofendidos, heridos o
enojados, siempre en el espíritu de la corrección fraterna que busca el perdón, la
reconciliación y el crecimiento de cada hermano… “Si tu hermano se equivoca o peca,
háblale y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano” (Mt 18,15-18)
* Los miembros de la comunidad también están en un proceso personal de
crecimiento y maduración. Aunque nos hemos encontrado con Jesús y hemos
ingresado a la Comunidad, todos arrastramos muchas veces algunos defectos
y realidades que nos cuestan cambiar y que ocasionan dificultades para
relacionamos. Generalmente trasladamos a los demás lo que aún no está resuelto
o sano en nosotros: agresividad, susceptibilidad, celos, envidia, posesividad,
autoritarismo, dependencia afectiva, hipocresía, difamación, egocentrismo,
sensualidad, etc, etc…
* Tenemos una vida nueva como Lázaro al ser resucitado y revivido por Jesús,
pero estamos maniatados por tantas vendas que no nos dejan caminar, como
estaba envuelto Lázaro al levantarse por la voz del Señor… Al ver tanto vendaje
mortuorio, Jesús pidió a la gente que lo acompañaba que quitaran las vendas al
que había estado muerto. Esa también es la tarea de los hermanos de
Comunidad: quitarnos las vendas y ataduras de los defectos, heridas y complejos
que a veces nos impiden avanzar… Al amarnos incondicionalmente, los hermanos
nos van sanando con su cariño y compasión. Ellos son Jesús.
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 33
* Por eso, la Comunidad es lugar de sanación, liberación y amor donde cada
miembro es valorado y cuidado como una persona única fruto de una historia
sagrada. Es el Carisma del Movimiento que irradia hacia dentro de la
Comunidad su Segunda Dimensión: acompañamiento fraterno que nos lleva
a caminar, escuchar y amar a cada hermano como lo hizo el Peregrino de
Emaús.
* La Comunidad es un espacio de Dios donde llegamos muchas veces heridos,
enfermos o inmaduros en la forma de relacionarnos. Somos como las piedritas
de filosas aristas y puntas hirientes que caen al río montañoso y van rodando
cuesta abajo… Allí, en la desembocadura han perdido -después de un largo y
doloroso camino- esos filos y las puntas y se han vuelto romas, redondas y
pulidas. Así también trabaja en nosotros la gracia de Dios que se va
manifestando a través de la comunidad. Nos transformamos en “hombres y
mujeres nuevos creados a imagen de Dios” (Ef 4,24) que se relacionan con todos ya
sin lastimar a nadie...
* Sin embargo, en ciertas ocasiones, hay personas que están demasiado
lastimadas en su relacionalidad y si bien, la comunidad es lugar de sanación,
estos hermanos están tan heridos en sus vínculos o en las dimensiones de su
persona que se hace imposible poder acompañarlos. En algunos casos la
situación es tan grave que la comunidad sufre y se desgasta por los conflictos
que produce un solo miembro. Será necesario un profundo discernimiento
comunitario en la presencia de Dios, la opinión de los pastores y el consejo del
Ministerio de Comunidades para tomar la mejor decisión de cómo acompañar a
ese hermano, recordando siempre que nuestras comunidades son discipulares y
fraternas y no están preparadas para actuar como comunidades terapéuticas.
* La conversión es un uno de los anuncios claves para entrar en la Vida del
Reino. Cuando Jesús comenzó a predicar decía: “El tiempo se ha cumplido, el
Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia” (Mc 1,15). Ese
tiempo o kairós de Dios también ha llegado a nuestra vida y debemos recibirlo
con una verdadera actitud de cambio, conversión interior y fé...
* La conversión debe ser una decisión constante del corazón ya que al
reconocer y aceptar a Jesús como Salvador y Señor de nuestra vida, nos
volvemos de nuestra vida anterior hacia Él, que es el Camino, la Verdad y la
Vida… (Jn 14,6)
* Para poder perseverar en el camino de la santidad que nos lleva a la Vida
Eterna, necesitamos convertirnos diariamente dirigiendo el corazón a Dios en
todo momento desde una actitud vigilante y atenta como las jóvenes prudentes
de la parábola… (Mt 25,1-13)
* La Conversión no es sólo un inicio ni sólo un fin: es un proceso continuo de
salvación, una respuesta diaria que damos al amor del Padre… Ella nos señala la
dirección hacia donde nos dirigimos:
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 34
* Ya sabemos de qué tenemos que convertirnos:
Del pecado individual y social…
(Soberbia, avaricia, envidia, pereza, lujuria, gula, ira, etc)
De Satanás y sus obras: odio, esoterismo, supersticiones, poderes ocultos, etc.
De todos los resentimientos y rencores.
* Sabemos también cuáles son los pasos de la conversión:
Reconocimiento del pecado
Arrepentimiento y aceptación de Jesús como Salvador personal
Confesión del pecado
Reparación y reconciliación
Todo el proceso comienza con el cambio del corazón que es el centro simbólico
de la persona. De ahí nace el cambio de vida, de actitudes y de conducta obrado
por el Espíritu Santo en todas las dimensiones de la persona...
"Conviértanse, háganse bautizar en el Nombre de Jesús para el perdón de los
pecados y recibirán el Don del Espíritu Santo, porque la promesa es para
todos”… “Los que acogieron la Palabra, fueron bautizados y acudían
asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la fracción del Pan, y a las
reuniones de oración" (Hechos 2, 38-42)
* La Conversión transforma todas las áreas de la persona:
Actúa desde el interior al exterior y genera:
+ Un cambio de mente, de criterios, de escala de valores, de ideales...
+ Un cambio de corazón, de sentimientos y afectividad…
+ Un cambio en la voluntad, las actitudes y decisiones según el Evangelio
+ Un cambio de vida y de conducta según las Bienaventuranzas del Reino.
Es de mucha gracia y luz este texto de la Carta a los Efesios:
“Doblo mis rodillas delante del Padre de quién procede toda paternidad en el
cielo y la tierra…
Que él los fortalezca con su Espíritu para crezca en ustedes la persona interior…
Que Cristo habite en sus corazones por la fé y que sean arraigados y edificados
en el amor…
Así podrán comprender con los santos,
cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del Amor de Cristo
que podrán conocer y que supera todo conocimiento…
¡A Aquel que es capaz de hacer infinitamente más de lo
que podemos pedir o pensar por el poder que obra en
nosotros, a Él sea la gloria en la Iglesia y Cristo Jesús
por siempre y para siempre! Amén…" (Ef 3,14-21)
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 35
"Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo
resucitó, serás salvo" (Romanos 10,9)
Esta Palabra de Dios nos dice "creer con el corazón" y esto es muy diferente a
creer solo con la inteligencia o la razón. Creer con el corazón para la antropología
hebrea, es creer con la totalidad de la persona. El corazón representa el centro
afectivo de los sentimientos y las grandes decisiones…
Confesar que Jesús es Señor de la propia vida significa que desde ahora Él
ocupa el centro de nuestras decisiones, de nuestro corazón, de nuestro cuerpo,
nuestros intereses, proyectos, trabajo y dinero, nuestros afectos y nuestras
búsquedas… Ya lo decía Pablo “Yo estoy crucificado con Cristo y ya no vivo yo, es
Cristo quien vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fé en el Hijo
de Dios que me amó y se entregó por mí…” (Gal 2,19-20)
Si vivimos en la centralidad de Jesús todo lo que somos y tenemos comienza a
ordenarse de una manera nueva, según su Amor y según la Voluntad del Padre.
Podemos preguntarnos: ¿A quién pertenece mi vida? ¿Para quién vivo?
¿A quién le pertenecen mis afectos, las personas que amo, mis cosas, mis
bienes, mi dinero, mis cualidades personales?
Hacia dentro de nuestro corazón… ¿Jesús es centro de nuestros ideales, sueños,
y aspiraciones? ¿Vivimos entregados a Jesús y su Evangelio?
Hacer del Señor el centro de la vida es un proceso diario y cotidiano que sólo
puede inspirar y guiar el Espíritu Santo…
“Si vivimos animados por el Espíritu, caminemos conducidos
también por Él" (Gal 5,25). Caminar en el Espíritu es la
característica de los discípulos que viven en la fé y de
las comunidades que han recibido el Don del Espíritu en
plenitud.
Dice Pablo a los Corintios: "Nosotros nos vamos
transformando en su imagen, de gloria en gloria, por la
acción del Espíritu del Señor" (2º Cor 3,18)
Ser iluminados, transformados, enseñados y conducidos por el Espíritu Santo en
nuestra vida y dar testimonio, es la situación ordinaria del cristiano. Por eso
debemos aprender a caminar en el Espíritu, dependiendo y siendo dóciles a Él.
Caminar en el Espíritu es vivir de la fé: “Porque nosotros caminamos en la fé, no en
la visión” (2ºCor 5,7)
Encontramos en el Salmo 32 una Palabra que manifiesta con claridad el accionar
del Espíritu en los hijos de Dios: “Yo te instruiré, te enseñaré el camino que debes
seguir… Con los ojos puestos en ti, Yo seré tu consejero” Salmo 32,8
Documento de Formación N° 3 | Camino de Emaús | Pagina 36
Dependencia quiere decir reconocimiento del Espíritu como fuente de la que
nace nuestra vida espiritual y unión con la Trinidad… Como manantial interior
del cual brota nuestra capacidad de amar, nuestra energía espiritual (dínamis) y
nuestro fuego y valentía para el testimonio y la misión (parresía). Como fuerza
de santificación para el camino personal y comunitario de la santidad…
Docilidad al Espíritu significa obediencia a su enseñanza y guía interior.
El Espíritu nos capacita con su gracia para vivir como:
+ Hijos amados del Padre
+ Discípulos - Misioneros de Jesús
+ Templos vivos de su presencia en el mundo…
El Espíritu nos ayuda a conocer, comprender y vivir el Carisma de Emaús con sus
cinco dimensiones. Nos abre el corazón a la Vida Nueva del Resucitado: “Yo soy
la Resurrección y la Vida, el que cree en Mí, aunque muera vivirá y todo el que vive y
cree en Mí no morirá jamás” (Jn 11,25-26)…
Ilumina nuestro entendimiento para descubrir que la Palabra y el
acompañamiento de Jesús nos traen “redención en abundancia” (Salmo 130,7-8),
ofreciéndonos un estilo de vida que anuncia y hace presente su misma redención.
La dependencia y la docilidad van juntas, se acompañan como fruto de la
presencia de Dios en nuestra nueva vida…
Las condiciones para permanecer dependientes del Espíritu son:
1. Fé en la Salvación de Jesús que nos hace vivir salvados del pecado y
abrazados como hijos en el Amor del Padre…
2. Constante actitud de Conversión que nos lleva a recibir el Reino de
Jesús y su Vida Nueva como generadora de una nueva conducta
evangélica y discipular…
3. Declarar siempre en la propia vida el Señorío de Jesús, reconociéndolo
centro, eje interior, dueño y rey del corazón y de todas las áreas de la
propia vida…
4. Perseverar en los medios de crecimiento espiritual:
Vida sacramental
Lectura diaria de la Palabra de Dios
Oración personal y Comunitaria
Lectura espiritual
Oración y unidad espiritual con María, Madre de la Iglesia
modelo de discípula misionera de su hijo Jesús.
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5. Vivir y encarnar las Actitudes y Consejos Evangélicos del Señor:
Amar a todos los hermanos como el Padre que ama a todos sus hijos, haciendo salir
su sol y caer su lluvia sobre todos… (Mt 5,45)
Amar y perdonar a los que nos ofenden poniendo la otra mejilla (Mt 5,38-39)
Vivir en la diaconía del Servicio según los símbolos del Buen Samaritano (Lc 10,29-37)
el Lavatorio de los pies (Jn 13) y el Trigo que muere para dar fruto (Jn 12)
Saber perder la vida por los hermanos para salvarla (Mc 8,35-36)
Buscar siempre el Tesoro escondido de la presencia de Jesús (Mt 13,44)
Practicar las virtudes cristianas, teologales y cardinales para ser como la mujer que
mezcla la Levadura del Evangelio en la harina de la vida cotidiana (Mt 13,33)
Cargar la Cruz de cada día (la vida misma con sus pruebas, sufrimientos y dolores)
y seguir a Jesús que camina adelante abriendo el camino… (Mt 16,24)
Vivir -como aconseja Jesús- en pobreza y austeridad como apertura a la generosidad
y al desprendimiento porque “donde está tu tesoro ahí está tu corazón” (Mt 5,19-21)
en castidad como pureza de cuerpo y alma para amar en plenitud (Mt 5,8)
y en obediencia a la Voluntad del Padre como hijos amados…(Jn 4,34 )
según el estado de vida cristiana de cada uno…
Ser Semillas del Reino que el Sembrador siembra en todos los terrenos (Mt 13,1-23)
Actuar como testigos de Jesús con nuestra coherencia y santidad de vida, como Luz
del mundo y Sal de la tierra, como Lámpara que se enciende para ser colocada
sobre el candelero así ilumina toda la casa o una Ciudad construida sobre la
montaña para ser vista por todos…(Mt 5,13-16)
Asumir nuestra consagración bautismal que nos identifica con las tres misiones de
Cristo: sacerdote(Heb 4,14 al 5,10), profeta (Lc 4,14-21) y rey-pastor (Jn 10,1-16).
Conservar la unidad de todo el Cuerpo de la Iglesia y el Cuerpo de nuestra Comunidad
donde Cristo es la Cabeza y nosotros sus miembros…(1º Corintios 12, 1-31)
Rama Koinonía | Movimiento Camino de Emaús