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Leyendas de Amor y Misterio

La leyenda explica el origen de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl a través de la historia de amor entre una princesa llamada Iztaccíhuatl y un guerrero llamado Popocatépetl. Cuando Popocatépetl fue a la guerra, un rival engañó a Iztaccíhuatl diciéndole que había muerto. Ella murió de tristeza. Cuando Popocatépetl regresó, construyó un gran túmulo para ella y se arrodilló a su lado para siempre, convirt

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Leyendas de Amor y Misterio

La leyenda explica el origen de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl a través de la historia de amor entre una princesa llamada Iztaccíhuatl y un guerrero llamado Popocatépetl. Cuando Popocatépetl fue a la guerra, un rival engañó a Iztaccíhuatl diciéndole que había muerto. Ella murió de tristeza. Cuando Popocatépetl regresó, construyó un gran túmulo para ella y se arrodilló a su lado para siempre, convirt

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Leyenda de la flor de cempasúchil

En el Día de Muertos la flor cempasúchil se convierte en un componente


fundamental. Esta flor cuyo nombre proviene del náhualt “cempoalxochitl” y
significa “flor de veinte pétalos” se ha convertido en todo un símbolo de la ofrenda
de este día tan importante. Se dice que el olor de los pétalos marca el camino que
tienen que recorrer las almas de los difuntos hacia su ofrenda en el mundo de los
vivos. Esta leyenda de temática amorosa trata de explicar cuál es el origen de esta
flor tan especial.

Dice la leyenda que hace mucho tiempo existieron una niña llamada Xóchitl y un
niño llamado Huitzilin.

Ambos crecieron juntos y pasaron mucho tiempo unidos durante la infancia,


incluso, iniciaron una historia de amor durante la juventud. Un día, decidieron
subir a lo alto de una colina, allí donde el sol deslumbraba con fuerza, pues sabían
que allí moraba el Dios del Sol. Su intención era pedirle a Tonatiuh que les diera la
bendición para poder seguir unidos. El Dios sol acepto y bendijo su amor.

Pronto, la tragedia llegó a ellos cuando Huitzilin fue enviado a participar en una
batalla para defender a su pueblo y tuvo que separarse de Xóchitl.

Pasó un tiempo y Xóchitl se enteró de que su amado había fallecido en el conflicto.


La muchacha sintió tanto dolor que le pidió a Tonatiuh unirse con su amado en la
eternidad. El Dios del Sol, al ver a la joven tan apenada, decidió convertirla en una
hermosa flor. Así que lanzó un rayo dorado sobre ella, entonces, creció en la tierra
un botón que permaneció cerrado durante mucho tiempo.

Un día, apareció un colibrí atraído por el aroma de la flor y se posó sobre sus hojas.
Fue entonces que la flor se abrió y mostró su color amarillo, como el mismo sol. La
flor había reconocido a su amado Huitzilin, el cual ahora tenía forma de colibrí.

Cuenta la leyenda que mientras exista la flor de cempasúchil y haya colibríes, el


amor de Xóchitl y Huitzilin vivirá por siempre.
El autobús fantasma
Esta leyenda urbana tiene su origen en la ciudad de Toluca. Se trata de una
historia aterradora basada en un episodio real que tuvo lugar durante los años
ochenta del siglo XX, cuando un autobús que transitaba por una carretera
nocturna jamás llegó a su destino. El misterioso suceso dio pie a diferentes
versiones sobre los acontecimientos que hoy en día se siguen transmitiendo.

Cuenta la leyenda que, en una vieja y peligrosa carretera que unía Toluca con
Ixtapan de la Sal, un autobús circulaba de madrugada de Ixtapan de la Sal hacia
Toluca.

Todo iba bien hasta que comenzó a llover, momento en que el autobús tenía que
tomar curvas muy peligrosas y pasar por un puente en el que solo cabe un vehículo.

De repente, los viajeros se asustaron al ver que el autobús había tomado más
velocidad. El conductor se percató de que los frenos estaban fallando. Pronto, en
una de las curvas, el autobús se precipitó al vacío dejando víctimas y sin
sobrevivientes. El autobús número 40 se incendió y jamás llegó a su destino.

Dice la leyenda que desde entonces, si transitas por esa carretera durante la
madrugada e intentas subirte a un autobús, posiblemente sea el número 40. Si
subes al autobús, no deberás hablar en ningún momento. Antes de bajar, jamás
deberás mirar hacia atrás en el autobús. Si lo haces no sobrevivirás.

La novia del mar


Esta leyenda tiene su origen en Campeche, en la península de Yucatán. Se trata
de una historia de esperanza y anhelo de un amor perdido. En la ciudad de
Campeche se puede ver una escultura de una mujer que espera en el Malecón, se
trata de una figura que esconde detrás la siguiente leyenda.

Dice la leyenda que hace muchos años vivía en la ciudad de Campeche una hermosa
mujer que solía pasear por la costa para ver las enormes embarcaciones que
llegaban al puerto.

Una tarde, durante sus paseos, la joven quedó asombrada de un marinero y se


enamoró perdidamente de él. Pronto, los encuentros eran frecuentes y se volvieron
inseparables. Dicen que el mar sintió celos al ver que la joven ya no visitaba cada
día la costa, ni tocaba el agua con sus dedos. Entonces, un día que el marinero
zarpó, el mar transformó sus celos en ira y decidió separarlos para siempre. Su
furia creó una enorme tormenta que hundió el barco donde viajaba el marinero. El
joven nunca más regresó.

Desde aquel momento la mujer espera cada tarde en la playa. Siempre se verá en el
malecón de Campeche, mirando hacia el mar.
La leyenda de los volcanes
Conocidos como “el Popo” y “la mujer dormida”, los volcanes Popocatépetl e
Iztaccíhuatl han dado lugar a diferentes leyendas, especialmente relacionadas
con su origen.

En esta antigua leyenda maya el amor y la desgracia de los enamorados son la


causa del nacimiento de los volcanes. Se trata de una historia que, con el
tiempo, ha dado pie a creaciones como El idilio de los volcanes del poeta
peruano José Santos Chocano.

Dice una antigua leyenda que los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, de los más
altos de México, representan a una doncella y un joven guerrero Tlaxcaltecas.
Iztaccíhuatl era la princesa más bella y se enamoró del guerrero Popocatépetl, uno
de los más valientes de su pueblo.

Antes de partir a la guerra en la que los Tlaxcaltecas se encontraban inmersos


frente a los aztecas, el joven guerrero pidió la mano de la doncella Iztaccíhuatl. El
cacique le concedió su deseo, a cambio de que volviera sano y salvo del conflicto.

Mientras Iztaccihuatl esperaba el regreso de su amado, un rival de Popocatépetl


engañó a la joven y le dijo que el muchacho había fallecido en la guerra. Entonces,
la princesa murió de tristeza en poco tiempo.

Cuando Popocatépetl regresó victoriosos del combate, recibió la mala noticia.


Durante días y noches el joven vagó por la ciudad pensando cómo podía honrar el
gran amor que se habían tenido. Así fue como ordenó construir una gran tumba
bajo el sol amontonando 10 cerros para levantar una enorme montaña.

Entonces, tomó el cuerpo de la princesa y la recostó en la cima de la montaña. Allí,


la besó por última vez para después, con una antorcha humeante en la mano,
arrodillarse a velar por su sueño eternamente.

Desde entonces permanecen juntos uno frente a otro y, con el tiempo, la nieve
cubrió sus cuerpos convirtiéndolos en dos enormes volcanes.
El árbol del amor
Esta leyenda del siglo XIX tiene su origen en la ciudad Zacatecas y se trata de
una historia que perdura entre las generaciones zacatecanas. La historia data
de los años de ocupación francesa y la Guerra de Reforma, y surge en torno al
lugar que hoy se conoce como Plaza Miguel Auza.

Cuenta la leyenda que entorno a 1860 vivía una joven llamada Oralia en una casa
señorial. Era una joven que contagiaba a todos su alegría de vivir. Juan era un
humilde joven que se había enamorado en silencio de Oralia y soñaba con mejorar
su situación laboral, pues sentía que su condición lo alejaba de la muchacha.

Por las tardes, cuando Juan salía de la mina se convertía en aguador, e iba a toda
prisa para entregarle el agua a Oralia. Con ella, la joven regaba las plantas de su
jardín, especialmente un árbol al que cuidaba con esmero.

Pronto, la muchacha también empezó a enamorarse de Juan. En cambio, había


otro joven interesado en Oralia, Philippe Rondé.

Con el paso del tiempo Oralia se sentía confundida, ya que no podía decidirse por
ninguno de los dos. Entonces, debía tomar una decisión.

La muchacha se sintió tan triste que rompió a llorar y se dirigió a su jardín. Allí un
árbol que había sembrado hace años y que Juan había regado ya estaba muy
grande. Oralia se sentó bajo su sombra y siguió llorando. Sus lágrimas regaban la
tierra.

Pronto, las ramas del árbol se posaron en el regazo de la joven y empezaron a caer
gotas de agua. Eran las lágrimas del árbol, que pronto se convirtieron en flores
blancas. Entonces Oralia se decidió: debía quedarse con Juan.

Al día siguiente, Philippe Rondé le dijo a Oralia que debía volver a su país. La
muchacha se sintió aliviada. Esa misma tarde, la muchacha fue a buscar a Juan a
quién abrazó y besó.

Desde entonces, todos los enamorados zacatecanos querían sellar su afecto bajo
aquel árbol que, con el paso del tiempo, fue talado.

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