Definición y tipos de osteosíntesis
Definición y tipos de osteosíntesis
La osteosíntesis es un tratamiento quirúrgico de fracturas, en el que éstas son reducidas y fijadas en forma estable.
Para ello se utiliza la implantación de diferentes dispositivos tales como placas, clavos, tornillos, alambre, agujas y
pines, entre otros. Inicialmente estos implantes estaban fabricados de acero de grado médico, pero al ir
evolucionando se han sumado otros materiales más biocompatibles como aleaciones de titanio y polímeros
bioabsorbibles como el PLLA (polímero de ácido poliláctico).
La osteosíntesis ha evolucionado desde sus orígenes, desde cirugía experimental como hasta hoy con
procedimientos altamente eficaces, y se han mejorado sustancialmente los
resultados funcionales y generales del tratamiento de fracturas. Esto
también tiene relación con el uso de alta tecnología en estos
procedimientos, como la disponibilidad de equipos de radiología
intraoperatoria o el uso de implantes e instrumentales diseñados
específicamente para cada porción del esqueleto y/o tipos diferentes de
fracturas.
• Definición
La fractura por estrés o sobrecarga es una fisura delgada en el hueso que se desarrolla por la aplicación prolongada o
repetitiva de fuerza sobre el mismo.
• Causas
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• Caída desde una altura
• Accidentes automovilísticos
• Golpe directo
• Maltrato al menor
• Fuerzas repetitivas, como las que se presentan cuando una persona corre, pueden ocasionar fracturas por
estrés en los pies, los tobillos, la tibia o la cadera.
• Clasificación
Existen varios tipos de fractura, que se pueden clasificar atendiendo a los siguientes factores: estado de la piel,
localización de la fractura en el propio hueso, trazo de la fractura, tipo de desviación de los fragmentos y mecanismo
de acción del agente traumático.
• Fracturas cerradas. (que también se conoce como fractura simple). Son aquellas en las que la fractura no
comunica con el exterior, ya que la piel no ha sido dañada.
• Fracturas abiertas. (que también se conoce como fractura compuesta). Son aquellas en las que se puede
observar el hueso fracturado a simple vista, es decir, existe una herida que deja los fragmentos óseos al
descubierto. Unas veces, el propio traumatismo lesiona la piel y los tejidos subyacentes antes de llegar al
hueso; otras, el hueso fracturado actúa desde dentro, desgarrando los tejidos y la piel de modo que la
fractura queda en contacto con el exterior.
Según su localización
Los huesos largos se pueden dividir anatómicamente en tres partes principales: la diáfisis, las epífisis y las metáfisis.
La diáfisis es la parte más extensa del hueso, que corresponde a su zona media.
Las epífisis son los dos extremos, más gruesos, en los que se encuentran las superficies articulares del hueso. En ellas
se insertan gran cantidad de ligamentos y tendones, que refuerzan la articulación.
Las metáfisis son unas pequeñas zonas rectangulares comprendidas entre las epífisis y la diáfisis. Sobre ellas se
encuentra el cartílago de crecimiento de los niños.
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Según el trazo de la fractura
• Oblicuas: la línea de fractura forma un ángulo mayor o menor de 90 grados con el eje longitudinal del hueso.
• Longitudinales: la línea de fractura sigue el eje longitudinal del hueso.
• En «ala de mariposa»: existen dos líneas de fractura oblicuas, que forman ángulo entre si y delimitan un
fragmento de forma triangular.
• Conminutas: hay múltiples líneas de fractura, con formación de numerosos fragmentos óseos.
En los niños, debido a la gran elasticidad de sus huesos, se producen dos tipos especiales de fractura:
• Traumatismo directo. La fractura se produce en el punto sobre el cual ha actuado el agente traumático. Por
ejemplo: fractura de cúbito por un golpe fuerte en el brazo.
• Traumatismo indirecto. La fractura se produce a distancia del lugar donde ha actuado el agente traumático.
Por ejemplo: fractura del codo por una caída sobre las palmas de las manos.
Contracción muscular brusca. En deportistas y personas con un gran desarrollo muscular se pueden producir
fracturas por arrancamiento óseo al contraerse brusca y fuertemente un músculo determinado. También se han
observado fracturas de este tipo en pacientes sometidos a electroshock.
• Síntomas
Aunque cada fractura tiene unas características especiales, que dependen del mecanismo de producción, la
localización y el estado general previo del paciente, existe un conjunto de síntomas común a todas las fracturas, que
conviene conocer para advertirlas cuando se producen y acudir a un centro hospitalario con prontitud. Estos
síntomas generales son:
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• Dolor. Es el síntoma capital. Suele localizarse sobre el
punto de fractura. Aumenta de forma notable al menor
intento de movilizar el miembro afectado y al ejercer
presión, aunque sea muy leve, sobre la zona.
• Impotencia funcional. Es la incapacidad de llevar a cabo
las actividades en las que normalmente interviene el
hueso, a consecuencia tanto de la propia fractura como
del dolor que ésta origina.
• Deformidad. La deformación del miembro afectado
depende del tipo de fractura. Algunas fracturas
producen deformidades características cuya
observación basta a los expertos para saber qué hueso está fracturado y por dónde.
• Hematoma. Se produce por la lesión de los vasos que irrigan el hueso y de los tejidos adyacentes.
• Fiebre. En muchas ocasiones, sobre todo en fracturas importantes y en personas jóvenes, aparece fiebre
después de una fractura sin que exista infección alguna. También puede aparecer fiebre pasados unos días,
pero ésta es debida, si no hay infección, a la reabsorción normal del hematoma.
• Entumecimiento y cosquilleo
• Ruptura de la piel con el hueso que protruye
• Diagnóstico
El médico hace el diagnóstico con un examen físico y exámenes de diagnóstico. Durante el examen, el médico
obtiene una historia médica completa del paciente y pregunta cómo se produjo la lesión.
• Consolidación
• TUMEFACCIÓN Cuando un hueso se rompe aparece tumefacción en el espacio de 24 horas, esto sucede por
hemorragia interior de los tejidos, disminución de la circulación venosa, aumento de exudación linfática.
• HEMATOMA En los extremos óseos fracturados se forma coagulo o hematoma, este se organiza en el
interior como una masa blanda, crecen nuevos vasos sanguíneos.
• GRANULACIÓN El espacio de la cavidad medular se llena con tejido de granulación y se forma una masa
semejante a una goma
• FORMACIÓN DE CALLO Se comienza a depositar calcio en el tejido de granulación a lo cual se le llama callo,
se dice que la fractura está clínicamente consolidada; es decir que los extremos óseos se mueven como un
solo elemento, pero no son lo suficientemente firmes para sostener la tensión.
• CONSOLIDACIÓN O UNIÓN ÓSEA La consolidación esta completa y se produce un proceso semejante a la
osificación normal. Los osteoblastos favorecen el depósito de sales cálcicas en las partes blandas y se
produce el endurecimiento progresivo. Los osteoclastos tienden a penetrar a través del hueso neoformado,
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produciendo cavidades y disminuyendo la densidad de la estructura. Se reproducen la cavidad medular y
reaparecen las células de la médula.
• Complicaciones
Las complicaciones en un sujeto fracturado pueden ser de muy diversa índole. Inicialmente debemos distinguir las
complicaciones inmediatas, es decir, el daño que pueden haber sufrido los tejidos circundantes a la fractura, y las
repercusiones que éstas puede tener para el paciente. Podemos encontrarnos una hemorragia importante que
ponga en peligro la vida del individuo, en cuyo caso el tratamiento de la fractura pasará a un segundo término.
Puede aparecer una infección, en el caso de fractura abierta, etc. Pueden existir complicaciones derivadas del reposo
prolongado (neumonía, trombosis, etc.) o de la propia intervención quirúrgica.
Complicaciones inmediatas
a. Shock traumático
Determinado por el dolor y la hemorragia en el foco de fractura; debe considerarse que fracturas como de diáfisis
femoral o pelvis, son capaces de generar una hemorragia en el foco de fractura, que puede llegar a 1, 2 ó más litros
de sangre, generando una anemia aguda y shock hipovolémico.
b. Lesiones neurológicas
Por compromiso de troncos nerviosos, sea por la contusión que provocó la fractura o directamente por los extremos
óseos desplazados que comprimen, contusionan, elongan o seccionan el nervio.
c. Lesiones vasculares
Una arteria puede sufrir lesiones de diversa naturaleza. Cualquiera que sea, el compromiso vascular debe ser
detectado precozmente y resuelto de inmediato.
• Espasmo arterial traumático: sea por la contusión que provocó la fractura, por los extremos óseos
desplazados o por un tercer fragmento proyectado sobre la arteria.
• Contusión arterial: con trombosis por ruptura de la íntima, que genera además un espasmo que agrava aún
más el problema circulatorio.
• Compresión, desgarro o sección de la pared de la arterial que determina déficit vascular distal con gangrena
de la extremidad.
• Pseudo-aneurisma (hematoma pulsátil), fístula arteriovenosa.
• Son clásicos ejemplos de lesiones arteriales:
• Lesión del tronco femoral por fractura de la metáfisis distal del fémur, desplazando hacia dorsal por acción
de los gemelos.
• Lesión de la arteria tibial posterior por fractura de la metáfisis superior de la tibia, desplazada hacia dorsal.
• Lesión de la arteria humeral por fractura supra-confíale del húmero.
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d. Fractura expuesta
Pero las complicaciones más frecuentes derivadas de la propia fractura, como tales, son las siguientes:
• Retraso o defectos en la consolidación.- Puede existir una consolidación lenta o una consolidación
defectuosa, o incluso una consolidación en mala posición, o con acortamiento, con lo que el miembro
fracturado no recuperará toda su función.
• Rigidez articular.- Es una complicación frecuente, debida a la inmovilización prolongada de las articulaciones
colindantes con la fractura. Estas articulaciones anquilosadas suelen necesitar de ejercicio y rehabilitación
para recuperar toda su movilidad. En ocasiones aparecen zonas de miositis osificante, que son zonas de
músculo que se transforman en hueso alrededor del foco de fractura, impidiendo un correcto
funcionamiento muscular. Se produce más frecuentemente en el codo, aunque también en el hombro,
cadera y rodilla. El tratamiento consiste en la extirpación de la masa ósea alojada en el músculo, entre 6 y 12
meses después de que ésta aparezca, aunque no siempre con buenos resultados.
• Osteítis y osteomielitis.- Son infecciones del hueso, más frecuentes en las fracturas abiertas (aunque raro,
también pueden aparecer en fracturas cerradas, por diseminación de los gérmenes a través de la sangre).
• Formación de un callo óseo (proceso normal de consolidación de una fractura) excesivamente grande, que
puede comprimir las estructuras vecinas, causando molestias más o menos importantes.
• Lesiones de los vasos sanguíneos, que pueden dar lugar a trombosis arteriales, espasmos vasculares y a la
rotura del vaso, con la consiguiente hemorragia. Este tipo de lesiones puede provocar también gangrena
seca, debida a la falta de irrigación del miembro afectado.
• Estiramientos, compresiones y roturas nerviosas, que se pondrán de manifiesto con trastornos de la
sensibilidad y alteraciones de la motilidad y la fuerza musculares.
• Cuando la fractura ha sido articular, puede dejar como secuelas: artritis, artrosis y rigidez posterior de la
articulación.
• Las fracturas que afectan al cartílago de crecimiento en los niños pueden ocasionar la detención del
crecimiento del hueso fracturado.
• Infección de la zona fracturada, cuando en ella se ha producido herida.
Complicaciones tardías
a. Enfermedad tromboembólica
E. Alteraciones de la consolidación
Son dos los estados que pueden entorpecer la evolución del proceso reparativo de una fractura:
• El retardo de la consolidación
• La pseudoartrosis.
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PSEUDOARTROSIS.
Definición:
FISIOPATOLOGÍA:
• Se trata de un proceso patológico y corresponde a la formación de una cicatriz definitiva del foco de
fractura, por medio de un tejido fibroso no osificado.
• El tejido cicatricial:
• fibroblástico en sí mismo, es normal y constituye una excelente cicatriz fibrosa;
• lo anormal está en que en el proceso mismo no hubo integración osteoblástica que le confiriera al tejido
cicatricial fibroso, la solidez propia del tejido óseo, indispensable para cumplir con su función específica.
Causas de pseudoartrosis:
Las causas que son capaces de generar un retardo en la consolidación o una Pseudoartrosis son, en general
perfectamente detectables y muchas de ellas susceptibles de ser previstas y evitadas; debe insistirse, sin embargo,
que en la mayoría de los casos está presente e influyendo de manera decisiva la movilidad anormal del foco de
fractura; el resto de las causas, con algunas excepciones de casos extremos, sólo agravan las condiciones clínicas
adversas determinas por la ausencia de una inmovilidad perfecta e ininterrumpida.
Síntomas de la pseudoartrosis:
Radiológicamente:
• Extremos óseos:
• Recalcificación
• esclerosis Extremos
• Redondeados
• uno de ellos adopta la forma convexa y el otro cóncavo, simulando una articulación condílea.
• Separación entre los extremos óseos.
• Cierre del canal medular.
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• Ausencia de sombra de osificación en torno al foco de fractura.
• A veces engrosamiento de los extremos óseos (pseudoartrosis hipertrófica), por calcificación de tejido
fibroso cicatricial.
Tratamiento de la pseudoartrosis:
RETARDO DE LA CONSOLIDACIÓN
DEFINICIÓN:
Radiológicamente:
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Tratamiento Físico de las Fracturas:
• Durante la inmovilización Se debe lograr que las articulaciones no incluidas en la inmovilización sigan
funcionando para evitar una rigidez posterior. Ello se consigue con movilizaciones activas, nunca pasivas ni
con masajes.
• Después de la inmovilización Una vez retirada la inmovilización, se debe procurar la recuperación funcional
de los músculos, que generalmente, debido al tiempo de inactividad, estarán hipotróficos. Se indicarán
ejercicios propios en cada caso.
El tornillo es el más eficaz elemento para la fijación de una fractura mediante compresión interfragmentaria o para
fijar al hueso implantes en función de férula, como una placa, clavo o fijador. Para obtener el máximo de sus
posibilidades, se recomienda que se estudien todas sus características especiales y se tengan presentes a la hora de
aplicarlos.
Sus ventajas biológicas deben sopesarse en relación con las mecánicas. En primer lugar, nos centraremos en sus
propiedades mecánicas en general. Los aspectos biológicos, que son incluso más importantes, se estudian con cada
tornillo y su técnica individual.
La fuerza axial producida con un tornillo es la resultante de la rotación del tornillo en el sentido de las agujas del
reloj, de forma que las superficies inclinadas de sus pasos de rosca se deslicen a lo largo de una superficie de hueso
con la que se correspondan. La inclinación de la hélice de la rosca debe ser lo bastante pequeña como para que
proporcione «autobloqueo» del tornillo, y prevenir que se afloje y se suelte.
Por otra parte, debe ser lo bastante grande como para permitir la inserción completa con un número
aceptablemente bajo devueltas, de manera que provoque una sensación familiar en las manos del cirujano.
Hay dos componentes de fuerza activos, uno a lo largo de la circunferencia de la rosca y otro a lo largo del eje del
tornillo. El primero procede de la torsión, mientras que el segundo produce tracción axial. De la torsión aplicada
durante el apretado, solo alrededor del 40% se transforma en fuerza axial; el 50% se utiliza para vencer la fricción en
la interfaz de la cabeza del tornillo y alrededor del 10% para vencer la fricción de la rosca.
La compresión que se aplica con un solo tornillo afecta a una zona relativamente pequeña del hueso que lo rodea.
Por tanto, un tornillo único que comprima una fractura oblicua no contrarresta de forma efectiva la rotación de los
fragmentos óseos alrededor del eje del mismo.
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1.1 Tipos de tornillos para hueso.
En el sistema AO hay dos tipos básicos de tornillos para hueso: los tornillos de cortical y los tornillos de esponjosa. El
tornillo de esponjosa tiene un diámetro exterior mayor, mayor profundidad de las espiras y mayor agarre que el
tornillo de cortical, teniendo su aplicación en las metáfisis y epífisis. El tornillo de cortical está diseñado para las
diáfisis.
Otros tornillos
En los diseños recientes del tornillo de Schanz, la rosca es menos profunda (las espiras son más planas) para que
tengan los bordes menos afilados y sea mayor el diámetro del vástago central. Esto le proporciona una mayor
resistencia contra las fuerzas que actúan perpendicularmente al eje longitudinal del tornillo. Cuando se aplica de
forma técnicamente correcta, las espiras, autoterrajantes, consiguen muy buena presa.
Los tornillos de nuevo diseño para la aplicación diafisaria de los fijadores internos (PC-Fix y LISS) son
autoperforantes, autoterrajantes y unicorticales y su cabeza se bloquea en el agujero de la placa, ya que su
inclinación en relación con el cuerpo de la «placa» es fija. Estos tornillos bloqueados parecen conseguir mejor
anclaje, y pueden funcionar también como un implante de ángulo fijo, lo que es una ventaja en las fracturas
metafisarias, y en los casos en que se utilicen técnicas mínimamente invasivas.
El funcionamiento de un tornillo de tracción se comprende mejor al observar que tiene una rosca corta y el resto del
vástago liso, cuyo diámetro puede ser el del alma o el de la rosca del mismo. El vástago liso suele tener un diámetro
que corresponde al alma de la zona roscada. Cuando se aplican a un hueso tubular (diáfisis), la rosca se ancla en la
cortical opuesta, en tanto que en la próxima la cabeza proporciona
un apoyo contra las fuerzas de tensión axial, mientras que el
vástago no produce ninguna fuerza de esta clase.
Generalmente, un tornillo no debería apretarse hasta el límite de su resistencia o ductilidad, pero sí alrededor de dos
tercios de estos límites, para poder soportar cualquier carga funcional adicional.
Los tornillos autorroscantes de moderno diseño ofrecen no solo su más sencillo manejo, sino también una óptima
relación entre el corte y la rosca. Son los más aconsejables para su uso sobre palcas, pero no así como tornillos de
tracción.
PLACAS
En años precedentes, las técnicas que proporcionaban una estabilidad absoluta eran las habitualmente
recomendadas y empleadas en el tratamiento quirúrgico de las fracturas para su consolidación. Hoy, se tiende a la
fijación de las fracturas por métodos menos invasivos, llamados biológicos. Sin embargo, la osteosíntesis con placas,
que proporciona una fijación rígida, sigue teniendo todavía un lugar importante. Las fracturas que afectan a las
articulaciones se estabilizan mucho mejor mediante una fijación rígida interna, que se realiza habitualmente con
placas. En estas fracturas, la reducción anatómica es esencial y no es deseable la formación de un callo abundante.
La AO ha desarrollado un gran número de diferentes placas, la mayoría de las cuales pueden utilizarse tanto para
fijación interna rígida como para la fijación biológica con estabilidad relativa.
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Fig. 3.2.2-1. Principio de la compresión dinámica: los
agujeros de la placa están formados por un cilindro
inclinado y otro transversal, por los que, igual que una
bola, la cabeza del tornillo se desliza hacia abajo dentro
del cilindro inclinado. Desde que la cabeza del tornillo se
fija al hueso a través de la diáfisis, sólo se puede mover
verticalmente con relación al hueso. El movimiento
horizontal de la cabeza, al impactarse contra el lado
angulado del agujero, produce un movimiento relativo
del fragmento óseo hacia la placa, y por lo tanto la
compresión de la fractura.
La DCP de 4,5 se usa con tornillos para cortical de 4,5 mm, tornillos de vástago liso de 4,5 mm y tornillos de
esponjosa de 6,5 mm. La DCP de 3,5 se usa con tornillos para cortical de 3,5 mm, tornillos de vástago liso de 3,5 mm
y tornillos de esponjosa de 4,0 mm. Hay dos guías de perforación para la DCP, una con un agujero excéntrico
(compresión) con collar dorado, y otra con un agujero concéntrico (neutro) con collar verde, para cada tamaño (4,5 o
3,5) de placa y tornillos. Dependiendo de la función que se le vaya a dar a la placa, se elige la guía de perforación
excéntrica o neutra.
Si el tornillo tiene que colocarse en posición neutra (verde), el
agujero está, de hecho, descentrado en 0,1 mm, por lo que
teóricamente le añade alguna compresión al sistema, incluso en
esta posición neutra.
Al perforar con la broca con la guía dorada para compresión el
agujero queda 1,0 mm descentrado y alejado de la fractura, por lo
que cuando el tornillo se aprieta, el hueso se desplaza con relación a
la placa, obteniéndose compresión en el foco de fractura.
Cambios en el diseño.
La LC-DCP con su estructurada superficie inferior para limitar el
contacto entre la placa y el hueso y la uniforme distribución de los
agujeros en toda la placa.
En la DCP (a) la zona de los agujeros tiene una menor rigidez que la
comprendida entre ellos. Cuando se moldea, la placa tiende a
doblarse solamente en las zonas con agujero. La LC-DCP (b) tiene,
sin embargo, una rigidez más uniforme a todo lo largo de la placa,
sin el riesgo de
doblarse por los agujeros de los tornillos.
La placa de tercio de tubo existe solamente en la versión de 3,5. Su homóloga, en el sistema de 4,5, es una placa
semitubular, que hoy es menos usada que anteriormente. La placa de tercio de tubo se fabrica tanto en titanio como
en acero inoxidable. Como tiene solamente 1,0 mm de grosor, sus posibilidades de conferir estabilidad son algo
limitadas. Sin embargo, puede ser útil en zonas con mínima cobertura de partes blandas, como en el maléolo
externo, en el olécranon, o en el tercio distal del cubito. Cada agujero está rodeado por un pequeño collar para
prevenir que la cabeza esférica del tornillo pueda atravesar la placa y resquebrajar la cortical subyacente. La forma
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oval de cada uno de los agujeros permite un cierto grado de excentricidad en la colocación de los tornillos,
favoreciendo la compresión de la fractura.
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