El amor verdadero en Mónaco
Érase una vez una reina llamada Alba, que tuvo una hija con el rey Javier de Mónaco, cuyo
nombre era Sulayma Bocanegra. Ella sería la heredera y futura reina de Mónaco. Toda su
vida fue educada y preparada para poder gobernar como una mujer empoderada y ejemplar
por y para su pueblo. La princesa, pasados 18 años desde su nacimiento, tenía que
prepararse para contraer matrimonio con un príncipe, aunque la realidad era que no
encontraba al adecuado.
La princesa estaba inmersa en montañas de libros que le hacían olvidarse, a veces, de sus
responsabilidades. Adoraba los libros de aventura, pero sus favoritos eran los de amor y
confiaba en que ella algún día, encontraría al suyo. Sin embargo, sabía que ningún príncipe
se casaría con ella por amor sino por sus riquezas y dominios.
Un día su madre organizó, como costumbre entre las monarquías, la esperada fiesta de
compromiso, en la cual los príncipes y condes se preparaban para pedir su mano.
Acudieron muchos jóvenes pertenecientes a familias con gran poder y con educación
exquisita, puesto que la joven era la más bella de toda Europa y la más poderosa de todos
los reinos.
Los príncipes y condes en fila, se acercaban a la bella princesa que, por educación, se
mostraba de manera cortés antes estos, pero de ninguna forma les daba oportunidad
ninguna de entablar conversación con ella.
Llegado el último joven al frente de la princesa, le dijo con humildes palabras:
– Querida princesa, yo no soy ningún príncipe ni nada por el estilo, soy un humilde joven
proveniente del pueblo y que está locamente enamorado desde que supe de su existencia
en la corte (dijo el pobre aún agachado por reverencia).
Pronto se creó un ambiente de cuchicheos entre los presentes, lo que desencadenó la furia
del rey que se levantó y dijo:
– ¡Tú! ¿Cómo osas acudir al reino para declarar semejante estupidez ante mi hija?
Instantáneamente, la princesa se levantó y mandó a callar a su padre con un gesto firme
dirigiéndose hacia el joven campesino.
– ¿Cómo te llamas? (dijo la futura reina con dulzura e interés).
– Me llamo Albert, su alteza (agachó su cabeza con cierto miedo).
Y dicho esto, la princesa alzó su rostro y ordenó a los guardias bajar sus armas. El joven se
levantó del suelo y la invitó a bailar. Ella aceptó pero no sin antes avanzar hacia sus padres
dedicando con dulces palabras sus pensamientos:
- Padre, madre, todos los presentes están aquí por mi riqueza y reino, pero este joven ha
tenido el valor de venir para confesarme su humilde amor, sabiendo a lo que se podría
enfrentar y eso lo hace un caballero de verdad.
La reina y el rey aceptaron el testimonio de su hija y asintiendo con la cabeza le dieron el
permiso para poder bailar con el joven.
Al cabo de cinco días, los reyes mandaron cartas de invitación a todas las cortes para
presenciar la boda de la joven. En la intimidad, ellos se enamoraron perdidamente el uno
del otro, tenían muchas cosas en común y no importaba el hecho de que el apuesto fuese
pobre, por lo que estaban deseando casarse y así tener la oportunidad de ser felices para
siempre sin pasar ninguna calamidad.
Dos semanas después, atravesó el pasillo del reino vestida de blanco con tres doncellas
que sujetaban la cola del vestido hasta el altar, lo que ocasionó las lágrimas de sus padres y
de su futuro esposo, siendo así el mejor día de sus vidas.
Tras la boda, emprendieron un maravilloso viaje, recorrieron todo el mundo. Visitaron India,
París, Milán, Londres, Madrid y muchas ciudades más, de las que iban aprendiendo cosas y
forjando su amor.
Estaban bañados en un verdadero cuento. Un día, Sulayma y Alberto, recibieron una carta
real de Mónaco, la enviaron al palacio donde estaban alojados, el comunicado decía lo
siguiente:
"La Familia Real Bocanegra, solicita la presencia de la Princesa Sulayma y el Príncipe
Albert en el castillo de Mónaco, para su nombramiento como Reyes de nuestro país"
Los príncipes quedaron asombrados y, con miedo pero, muy ilusionados, hicieron las
maletas y pidieron un carruaje hacia el que pronto sería su reino.
Pasadas unas horas de viaje de duro y frío invierno por el bosque Bambú, los futuros reyes
llegaron al que sería su futuro reino al anochecer. Al llegar, los guardianes del palacio les
comunicaron la noticia del trágico fallecimiento de sus padres.
La futura reina, intentando asimilar lo ocurrido, se desmayó en brazos de su marido, no
podía aceptar que sus padres hubiesen muerto de manera tan trágica por culpa del
desprendimiento del carruaje real por un barranco. Tras recuperarse del percance que
había sufrido, tuvo que prepararse rápidamente para su temprana coronación junto a su
esposo Albert.
Al día siguiente, tras varias horas de preparativos, la ceremonia ya estaba lista para su
comienzo, fueron la envidia de todos los reinos europeos. Durante la coronación, la reina
dedicó unas emotivas palabras en memoria de sus queridos padres. Seguidamente, se les
comunicó a los invitados el esperado embarazo de la reina.
Tras nueve meses de espera, nació un hermoso niño llamado Caleb. Comenzaría así, una
nueva dinastía.
FIN
Trabajo realizado por:
Lara Toribio, Javier. 51183015B (
[email protected])
Largo Alcudia, Alba María.26595536S (
[email protected])
López Zambrano, Alba. 26829883S (
[email protected])
Vinagre Gómez, Mireya. 20622281K (
[email protected])