Los Olvidados Cazadores Del Noroeste Peninsular Principales Yacimientos Del Paleolítico Superior en Galicia
Los Olvidados Cazadores Del Noroeste Peninsular Principales Yacimientos Del Paleolítico Superior en Galicia
Agradecimientos ........................................................................................................ 3
Resumen .................................................................................................................... 4
Introducción ............................................................................................................... 5
Metodología ............................................................................................................... 6
1
• Valdavara ........................................................................................... 25
Conclusiones.............................................................................................................. 27
Bibliografía ................................................................................................................ 28
2
AGRADECIMIENTOS
A mi familia, especialmente a mi esposa e hija, por el apoyo que me han dado a lo largo
de todos estos años que he dedicado a cursar el Grado de Geografía e Historia.
Y mi tutor del TFG, Jesús Francisco Jordá, por sus valiosas aportaciones para poder hacer
realidad este trabajo.
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RESUMEN
La etapa más antigua de la Prehistoria de Galicia, el Paleolítico, era hasta hace poco la
más desconocida, pero las investigaciones impulsadas desde finales del siglo XX y,
especialmente, en las primeras décadas del XXI, han puesto luz al conocimiento de este
periodo y han confirmado que el cuadrante noroeste de la Península Ibérica también fue
un espacio dinámico y habitado.
Los estudios, centrados inicialmente en la cuenca baja del río Miño, se han
extendido al área nordeste y ello ha permitido completar los vacíos que, durante décadas
aparecían en los mapas del Paleolítico peninsular. Las comunidades que habitaron estas
tierras eran cazadoras-recolectoras que evolucionaron y desarrollan tecnologías de
subsistencia similares a las de poblaciones colindantes del norte del Portugal y del área
cantábrica, con las que además, quedó probado que se interrelacionaron e intercambiaron
conocimientos y cultura.
PALABRAS CLAVE
Paleolítico Superior. Galicia, industria lítica, Chatelperroniense, Auriñaciense,
Gravetiense, Solutrense, Magdaleniense, Epipaleolítico, Valverde, Cova Eirós,
Valdavara.
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1. INTRODUCCIÓN
El objetivo de este trabajo se centrará en la evolución del conocimiento del Paleolítico en
Galicia y en el estudio de los últimos pobladores de este período a través de los principales
yacimientos del Paleolítico superior. Esta etapa de la Prehistoria ha sido, hasta bien
entrado el siglo XXI, la más desconocida y menos estudiada, debido a que fue eclipsada
por el rico legado megalítico y castreño que atesora este territorio, el cual centró la
mayoría de los estudios e investigaciones.
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los cuarzos, cuarcitas y cristales de cuarzo para construir sus útiles de caza, y también a
los rigores climáticos.
2. METODOLOGÍA
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Y ello, a pesar de que Galicia fue objeto de atención desde el comienzo de los
estudios del Paleolítico, pues ya en el año 1870 el historiador José Villaamil y Castro
llevó a cabo unas investigaciones pioneras en las cuevas de Fura dos Cas y Rei Centolo
(Mondoñedo, Lugo). Sin embargo, su labor no obtuvo el eco necesario entre el colectivo
académico de la época ni tampoco continuidad en el tiempo y tendrían que “pasar más de
cincuenta años para que el estudio del Paleolítico cobre cierta entidad” (Cano Pan, 1993).
Fue a partir del año 1963, coincidiendo con la excavación del yacimiento de As
Gándaras de Budiño (Porriño, Pontevedra) cuando Galicia volvió a despertar el interés de
la investigación paleolítica, de la mano del paleontólogo Emiliano Aguirre. En la década
de los setenta, gracias a las investigaciones impulsadas por la Universidad de Santiago y
los museos provinciales de Ourense y Pontevedra, se revitalizan los estudios. José Ramil
Soneira excavó varios abrigos y estudió las industrias líticas de yacimientos descubiertos
en A Terra Chá y la Serra do Xistral (Lugo), constatando la presencia de ocupaciones del
Paleolítico superior final a través de la localización de útiles elaborados con sílex, cristal
de roca, cuarzo y cuarcitas que, tipológicamente, se asemejaban a la industria propia del
ámbito cantábrico.
A partir de los años 80 el estudio del Paleolítico en Galicia recobra una nueva
vida, gracias a la labor de investigadores de la Universidad de Santiago y al respaldo de
la Xunta a las campañas de prospección y excavaciones arqueológicas. En este periodo,
el área geográfica que acaparó una mayor atención fue la zona suroeste, en torno a las
terrazas del río Miño.
Una de las excavaciones que hizo resurgir el Paleolítico gallego fue la llevada a
cabo en la cueva de A Valiña (Castroverde, Lugo), bajo la dirección de César Llana y
María José Soto (Cano Pan, 1993). Un yacimiento encuadrado en el Paleolítico superior
inicial. A partir de entonces, el área más oriental de la región acaparó las investigaciones
que permitieron descubrir y estudiar yacimientos que hoy son referentes de este período
histórico como Cova Eirós, Valdavara, Valverde, Dos Niñas, Férvedes y Chan do
Lindeiro, entre otros.
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documentando, aunque es probable que quede aún mucho por descubrir, y han sido
localizados y estudiados yacimientos de todas las culturas encuadradas en esta etapa
prehistórica, desde la Chatelperroniense hasta el Epipaleolítico/Mesolítico.
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El Magdaleniense es ya un periodo cultural que cuenta con numerosos referentes
en este cuadrante peninsular y en todas sus etapas. Al Magdaleniense inferior (en torno a
16.000 BP) se atribuyen los registros de Valdavara 1, Férvedes II y Dos Niñas, mientras
que al Magdaleniense medio (entre 14.000 y 12.000 BP) pertenecen Cova Eirós NB, Pena
Grande, Pena Xiboi y Pena do Pé (De Lombera, 2021). A la etapa más reciente, el
Magdaleniense superior (11.000 BP) han sido asignados útiles hallados en Valdavara y
el Chan do Lindeiro, mientras que al periodo Mesolítico corresponde el yacimiento de O
Reiro (9.000 BP) (De Lombera, 2021).
Los estudios más recientes constatan una convergencia con las dinámicas poblacionales
y culturales del Cantábrico y también de Portugal, y no dejan lugar a dudas de que el
Noroeste peninsular estuvo poblado durante todos los períodos del Paleolítico.
Por lo que respecta a los inicios del Paleolítico superior, la localización de útiles
enmarcados en la tipología Chatelperroniense (35.000 BP) confirman la posible
convivencia en un mismo marco temporal de los Homo neanderthalensis y los primeros
Homo sapiens llegados a la Península Ibérica, a los que se atribuye los nuevos patrones
culturales desarrollados a comienzos del Paleolítico superior, y que tienen su punto de
partida en el periodo conocido como Auriñaciense.
Otra de las hipótesis se ampara en rasgos fisiológicos. A este respecto hay varias
teorías. Una apunta a una mayor capacidad reproductiva del Homo sapiens respecto de
los neandertales, y ello derivó en una sustitución progresiva de poblaciones. Otra de las
justificaciones atribuye al hombre moderno un sistema inmunológico más desarrollado y
resistente. Esto hizo que durante el periodo de convivencia de ambas especies, estimado
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en unos 10.000 años, “el contagio de enfermedades habría sido el responsable de la
extinción de los homínidos europeos” (Carbonell, 2005).
La selección natural sería también la que justifica otra de las hipótesis, que
atribuye como factor determinante para la extinción de los neandertales el hecho de que
éstos no dispusiesen de un lenguaje articulado, cosa que sí desarrollaron los sapiens
(Mellars, 2004; Noble & Davidson, 1996). Un sistema de comunicación que, según los
defensores de esta teoría, permitió al hombre moderno desarrollar redes de cooperación
y estructuras de grupo de las que nunca han llegado a disponer los neanderthalensis
(Carbonell, 2005). No obstante, estas teorías han quedado en entredicho a raíz de un
estudio de homínidos fósiles de la Sima de los Huesos que, a través de técnicas de
tomografía computerizada y basado en un modelo comprensivo de la bioingeniería
auditiva, ha demostrado que las capacidades auditivas de los neandertales evolucionaron
para apoyar un sistema vocal tan eficiente como el habla de los humanos modernos.
(Conde- Valverde, Martínez, Quam, Rosa, Vélez, Lorenzo, Jarabo, Bermúdez de Castro,
Carbonell y Arsuaga, 2021).
Ello derivó en una superioridad de los sapiens que, según otros investigadores,
también se produjo a nivel cultural y técnico, lo cual llevaría a éstos a convertirse en
especie dominante. Una hipótesis que ha tenido un gran calado entre la comunidad
científica, aunque también sus detractores. El ya citado Eudald Carbonell (2005)
considera que está basada en prejuicios, que parten de la base de que los neandertales no
desarrollaron una tecnología laminar en la elaboración de sus útiles. No obstante, afirma,
“nuestras investigaciones en el Abric Romaní de Capellades (España) demuestran todo lo
contrario e indican una compleja organización del espacio en torno a hogares y la posible
construcción de estructuras de protección que no tienen nada que envidiar a las de los
pobladores del Paleolítico superior (Vaquero, 1999; Vaquero & Pastó, 2001)”.
(Carbonell, 2005)
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especialmente en el territorio de lo que hoy es el noroeste de España, incluyendo la zona
más noroccidental correspondiente a Galicia, y también en Italia. Una retirada que, en un
paralelo temporal, coincidió con la expansión del Homo sapiens por el ámbito central
euroasiático, para luego expandirse también por los espacios ocupados por los
neanderthalensis, a los que, con el paso del tiempo, acabaron sustituyendo.
Por lo que respecta, al noroeste peninsular, en el área cantábrica los útiles líticos
tienen como soporte mayoritario el sílex, material también predominante en otros muchos
yacimientos europeos. No obstante, en el cuadrante noroccidental, lo que hoy es Galicia,
este es un mineral escaso, lo que obligó a los nuevos pobladores, los sapiens, a buscar
materiales alternativos para elaborar las herramientas que deberían emplear para sus
labores de cazadores-recolectores. Ello les obligó a echar mano de cuarzos, cuarcitas y
cristal de roca, materiales mucho más abundantes en esta esquina peninsular.
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Estas limitaciones determinaron en
un primer momento, coincidiendo con
el inicio el Paleolítico superior, una
gestión de las materias primas de
carácter localista, en línea con lo venía
sucediendo en el Paleolítico medio. Así,
el cuarzo es el material más utilizado a
la hora de desarrollar los útiles de caza
y la diferencia respecto al periodo
anterior será más bien tecnológica, ya
que se produce una evolución a partir de
modificaciones estructurales. El uso del
cuarzo se complementaba con cuarcita y
cristal de roca, igualmente extraídos de
yacimientos locales, si bien los útiles
elaborados con estos minerales eran
minoritarios respecto al primero
(Fábregas y De Lombera, 2010).
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elaboraron estos útiles tenían un buen conocimiento del territorio que habitaban.
(Fábregas y De Lombera, 2010)
Por lo que respecta a la fauna que habitó estos territorios en épocas del Paleolítico
superior, estuvo condicionada por el avance y retroceso de los frentes glaciares (Grandal
D’Anglade, López González y Vidal Romaní, 1997). Así, el enfriamiento climático
provocó que especies propias de zonas frías llegasen hasta el norte de la Península Ibérica,
mientras que en los periodos más cálidos se produjo una migración a la inversa, es decir,
hacia el norte de Europa, quedando en esta área septentrional peninsular la fauna propia
de ambientes templados.
Por su parte, en la cueva Liñares Sur, próxima a las áreas glaciares pleistocénicas
de Galicia, los restos más abundantes son los de osos (datados en torno a 35.000 BP) y
de ciervos, de fechas algo más recientes. Y en las cuevas de Eirós y Buxán, ubicadas
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igualmente en zonas periféricas a los entornos helados se han hallado restos de fauna
antigua, entre ellos de mamuts lanudos, además de osos (Grandal D’Anglade, López
González y Vidal Romaní, 1997).
Durante este tiempo se produjo una regresión marina que, según los estudios
realizados, en la costa del sur de la actual provincia pontevedresa supuso un descenso del
nivel del océano de entre 90 y 100 metros respecto a la actualidad. Ello favoreció la
apertura de nuevas vías de expansión que propiciaron el “tránsito de especies animales y
vegetales desde Portugal y la cornisa cantábrica (Grandal et al. 1997)” (Fábregas y De
Lombera, 2010).
Gracias a los estudios realizados en las últimas décadas se pudo confirmar que ya
desde el Pleistoceno superior las cuevas fueron utilizadas de forma esporádica, e incluso
como lugares de campamento por parte de las comunidades de cazadores-recolectores,
algo que quedó atestiguado en Cova da Valiña y también en Valdavara 3 (Fábregas et al.,
2012).
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Los datos geomorfológicos y los análisis polínicos de los depósitos costeros y
glaciares del NO peninsular remarcan una fuerte influencia oceánica, lo que confiere a
este territorio un carácter más húmedo y menos riguroso durante el Último Máximo
Glacial (LGM) que el registrado en otras regiones continentales, lo que delimitó un
espacio de refugio circunscrito al área litoral y prelitoral (Ramil et al., 2010) (De Lombera
et al., 2012).
Ello hizo que los valles del Miño y del Sil, particularmente la depresión de
Monforte de Lemos, se convirtiesen en zonas de refugio de interior debido a que ofrecían
unas temperaturas y humedades similares a las de la zona litoral, aunque con una marcada
amplitud térmica entre el invierno y el verano. (Valcárcel et al., 1998) (De Lombera et
al., 2012).
Son abundantes los elementos que confirman que los cazadores-recolectores del noroeste
peninsular no conformaban comunidades aisladas, sino que se trataba de colectivos
dinámicos interrelacionados con otras poblaciones de sus entornos limítrofes,
especialmente con quienes ocupaban el área cantábrica, especialmente la zona oriental, y
también el norte del actual Portugal.
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Otro dato que contribuye a reafirmar la interrelación entre pobladores del
Paleolítico superior de Galicia con las áreas limítrofes es la presencia de materiales y
útiles líticos importados. Así, en el yacimiento de Valverde fue localizada una punta de
base cóncava, identificativa del Solutrense superior cantábrico. A ello hay que sumar el
hallazgo en diversos contextos arqueológicos gallegos de variedades de sílex de
procedencia claramente cantábrica. (De Lombera et al., 2012)
9.1 Valverde
Fue en el año
2007 cuando, a raíz
de la apertura de una
pista forestal, se
localizó una
dispersión de
industria lítica en Figura 4. Emplazamiento del yacimiento de Valverde (Corte del 2008). En
dibujo perfil de la Cata II. De Lombera et al., 2012
dicho entorno,
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pudiendo recuperarse unos 75 útiles en superficie. Ello dio pie a una fase de excavaciones
y sondeos en los años siguientes, fruto de los cuales se hallaron más de 2.400 útiles líticos
en contexto estratigráfico, cuyas características morfotécnicas y su variedad eran muy
similares a la de los artefactos hallados en superficie. Las actividades agrícolas
desarrolladas durante años sobre dicho espacio dificultan la datación, si bien los
investigadores consideran “indudable la naturaleza superopaleolítica del registro lítico de
Valverde”, encuadrándolo en el periodo Solutrense. (De Lombera et al., 2012).
En total fueron localizados 2.434 útiles líticos, que se caracterizan por una gran
homogeneidad técnica y una amplia variedad litológica a partir de materias primas
locales, principalmente cuarzo (56%), cuarcitas (24%) y cristal de roca (6%). El registro
lo complementan algunas piezas elaboradas con materiales criptocristalinos: sílex, liditas
y argilitas. (De Lombera et al., 2008; 2011; 2012).
Una variedad que muestra una clara diferenciación respecto a periodos anteriores
(Paleolítico inferior y medio), donde las industrias líticas tenían como base principal las
cuarcita y cuarzos de origen fluvial. Paralelamente, en Valverde también son patentes las
cadenas operativas completas, que indican la existencia de talla in situ de algunos
materiales. Por lo que respecta a la gestión de estas materias primas se observan diferentes
estrategias. Unas encaminadas a la obtención de soportes lascares, a partir de cuarzos y
cuarcitas locales, y otras orientadas a la producción microlaminar y laminar empleando
para ello principalmente el cristal de roca, aunque también se localizaron algunas piezas
elaboradas a partir de cuarcita de grano fino. Las comunidades de cazadores-recolectores
asentadas en Valverde también tallaron soportes para foliáceos o pequeños retocados, lo
que confirma un gran de especialización de estos grupos, que buscaban así satisfacer sus
necesidades tecnológicas y funcionales (De Lombera et al., 2012)
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de entre dos y cinco kilómetros. Recurrieron a materias obtenidas en los depósitos
secundarios del valle del Cabe y en los abanicos aluviales. No obstante, también echaron
mano de recursos
localizados en el
ámbito circundante,
abarcando un radio de
cinco a quince
kilómetros, del que
extrajeron
principalmente
cuarcitas de grano fino,
un material que ofrece
Figura 5. Grupo de retocados del yacimiento de Valverde. 1-2: buriles en una fractura muy
cuarzo y sílex. 3 y 6: ejemplos de reciclaje: denticulado en cuarzo sobre
núcleo bipolar, y raedera sobre fragmento mesial de foliáceo en cuarcita
homogénea y óptima
de grano fino. 4: denticulado. 5: punta en cuarcita. 7: raedera en sílex. 8: para la talla. (De
Truncadura en cuarzo. De Lombera et al., 2012
Lombera et al., 2012).
En Valverde también se localizaron útiles elaborados en sílex, aunque en un
número muy escaso, pero se cree que son piezas introducidas, de procedencia foránea, lo
que confirma la movilidad de estas sociedades de cazadores-recolectores durante el
Paleolítico superior gallego (Fábregas y de Lombera, 2010). Los referidos investigadores
plantean “un posible origen cantábrico de estos materiales, coherente con la alta
movilidad de los materiales atestiguada para estos periodos (Aubry et al,.2012; Corchón
et al. 2009)” (De Lombera et al., 2012).
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denticulados, foliáceos, buriles y elementos de dorso o truncadura. Destaca el retoque
plano en todas las materias primas, a excepción del cristal de roca. (De Lombera et al.,
2012).
19
procesado y transformación para actividades de carácter más doméstico. (De Lombera et
al., 2012).
Se trata de una cueva situada en la ladera noroeste del monte Penedo, a unos 780
metros de altura, y que presenta una cavidad de 104 metros de longitud. A finales de los
años 80 se realizaron varias excavaciones en la parte media y final de la cueva, las cuales
fueron promovidas desde la Universidad de A Coruña. Fruto de dichas intervenciones se
localizaron cerca de 4.000 restos de, al menos, 43 osos, lo que situó a este yacimiento
como uno de los más importantes de la Península Ibérica desde el punto de vista
paleontológico. Las diferentes dataciones realizadas sobre los huesos de úrsidos arrojan
fechas entre 31.000 y 24.000 años BP (Pérez et al., 2011) (De Lombera et al., 2014).
Figura 6. A. Vista del sector de la entrada (2011). B. Topografía de la cavidad de Cova Eirós. De Lombera
et al., 2020
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La primera campaña de excavación arqueológica se llevó a cabo en el año 1993.
Se centró en la boca de entrada de la cueva, donde se identificaron cinco niveles
arqueológicos y se localizaron 550 útiles líticos, que fueron adscritos al Paleolítico medio
y superior. Los resultados animaron a continuar con las prospecciones, si bien hubo que
esperar al año 2008, cuando se llevaron a cabo dos nuevas catas en la entrada de la cavidad
y en el talud exterior que, posteriormente, fueron ampliadas hasta alcanzar casi la mitad
del espacio habitable del sector de la entrada, obteniendo una secuencia estratigráfica de
seis niveles arqueológicos. (De Lombera et al., 2014).
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Por su parte, en el nivel 1, adscrito a los momentos finales del Gravetiense, fueron
recuperados 729 restos arqueológicos (Fábregas et al., 2010; Rodríguez et al., 2014)
persistiendo el dominio de los útiles elaborados en cuarzo (86%), pero ya se detecta una
mayor presencia de herramientas de sílex y cristal de roca (4,8 y 6,1%, respectivamente).
Abundan también las láminas y microláminas, diferenciándose dos cadenas operativas. A
los cuarzos y cuarcitas se aplican estrategias más expeditivas con el fin de obtener lascas,
mientras que en el cristal del roca y el sílex (procedente de afloramientos situados a más
de doce kilómetros). son seleccionados para elaborar soportes laminares. (De Lombera et
al., 2014).
Por lo que respecta al nivel B, fue adscrito a la etapa final del Magdaleniense en
base a dataciones radiocarbónicas (Fábregas et al., 2010). El registro lítico es
completamente diferente, y destaca el elevado número de útiles elaborados en cristal de
roca (más del 40%), solo superado por el cuarzo. Se diferencian, igualmente, dos cadenas
operativas, una de producción de elementos lascares en cuarzo y cuarcita mediante
estrategias longitudinales y ortogonales y, en menor medida, la técnica bipolar, y otra
centrada en la obtención de laminillas y elementos de dorso a partir de cristal de roca. (De
Lombera et al., 2014).
Por su parte, el nivel C, ubicado en el exterior del talud, fueron localizadas grandes
cantidades de restos líticos y óseos. La mezcla de estos materiales es indicativa del
carácter removido de este conjunto (Fábregas et al., 2009). Entre los primeros destaca la
presencia de lascas Levallois en cuarzo y cuarcita, así como láminas y laminillas
obtenidas de cristal de roca y también de sílex. (De Lombera et al., 2014).
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Los estudios desarrollados en Cova Eirós permitieron además confirmar que la
cavidad fue utilizada en épocas prehistóricas más recientes como lugar de enterramiento
(De Lombera et al., 2012) a tenor de las cerámicas de tradición campaniforme
recuperadas en la entrada (Fábregas et al., 2014).
Otros de los rasgos destacados de Cova Eirós son las manifestaciones de arte mueble y
rupestre descubiertas en la misma. El primer hallazgo se produjo en 2011, cuando se
localizaron pinturas y grabados en el interior de la cavidad, siendo éstas las primeras
muestras artísticas rupestres del paleolítico en el Noroeste peninsular (De Lombera y
Fábregas, 2013) (De Lombera et al., 2014).
Se han identificado
trece paneles decorados,
concentrados principalmente
en la conocida como Sala
Principal o del Mamut, que
se extiende por una
superficie de unos 75 metros
cuadrados. Se han
identificado más de noventa
unidades gráficas con
pinturas en negro y
grabados, y las analíticas
realizadas han permitido
identificar al pigmento como
carbón orgánico. (De
Figura 8. Principales motivos zoomorfos de arte rupestre de Cova
Lombera et al., 2020). Las
Eirós. A. Cérvidos y bóvido (Panel I-P5 y P6). B. Équido (PXI_G1). C.
Bóvido (PIV-G3). D. Superposición de un zoomorfo pintado (PIII-P1) muestras artísticas consisten
sobre un zoomorfo grabado (PIII-G1). E. Topografía del interior de
en pinturas y grabados, la
Cova Eirós con la localización de los paneles. De Lombera et al.,
2020. mayoría de los cuales se
sitúan en la pared oeste (Paneles I a VI). Se aprecian representaciones geométricas y
zoomorfas. También se han descubierto grafismos en otros espacios de la cueva. (De
Lombera et al., 2014).
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Por lo que respecta a las temáticas, destacan los
puntos o trazos de pintura, los trazos finos grabados, los
zoomorfos (pintados y grabados), entre los cuales se
identifican bóvidos, cérvidos, équidos y carnívoros, muchos
de ellos incompletos. Predomina la pintura en negro, para lo
cual sus autores emplearon el carbón como pigmento,
mientras que en los grabados sobresalen los trazos finos,
recurriendo en algunos casos el artista al aprovechamiento
de realces naturales de la roca para delimitar siluetas de
animales. (De Lombera et al., 2014).
A modo de conclusión, hay que señalar que tanto el registro arqueológico como
las manifestaciones artísticas de Cova Eirós son comparables a los hallados en los mismos
periodos en los yacimiento del área cantábrica. (De Lombera et al., 2014).
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9.3 Valdavara
La cueva de Valdavara está emplazada al pie de las Sierras Orientales de Galicia a una
altitud de 600 metros sobre el nivel del mar, en un marco de formaciones kársticas del
municipio de Becerreá (Lugo), y muy próxima al río Narón, afluente del Navia. Fue
descubierta en la década de los 60 por aficionados locales, los cuales realizaron un sondeo
que les permitió localizar útiles líticos de sílex y cuarzo de aspecto paleolítico, así como
cerámicas y restos óseos humanos. (Vaquero et al., 2008).
Este hallazgo motivó, más de cuarenta años después, una serie de campañas de
excavaciones impulsadas conjuntamente por la Universidad de Santiago de Compostela
y la Universidad Rovira i Virgili, entre los años 2007 y 2011. (Vaquero et al., 2008)
(Fábregas et al., 2012).
Figura 10. Localizaciones de la cueva de Valdavara: Valdavara 1, Valdavara 2 y Valdavara 1-2. Hernando
et al., 2019
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Entre la industria lítica localizada en Valdavara 1 destaca el predominio de los
útiles elaborados con cuarzo en los niveles 2 y 3, mientras que en el 4 ya se aprecia una
mayor abundancia de artefactos de sílex (75%). A partir de las dataciones radiométricas
este yacimiento podría adscribirse al periodo Magdaleniense Inferior Medio. Hay que
destacar asimismo la presencia de numerosos restos faunísticos, entre los que destacan
los de macromamíferos y también microvertebrados. (Vaquero et al., 2008).
Figura 11. Fragmento de azagaya recuperado en los sedimentos removidos que rellenaban la intervención
realizada en los años sesenta en Valdavara 1. Fotografía: Gerard Campeny
Por su parte, en Valdavara 2 son escasos los testimonios de una actividad humana,
y predominan los restos de fauna. No obstante, en el nivel 3 fueron localizados restos
humanos atribuidos a dos individuos infantiles, pero el registro lítico es mínimo, por lo
que se estima que este espacio fue utilizado como lugar de enterramiento, posterior al
documentado en Valdavara 1. De hecho, las dataciones realizadas de los huesos hallados,
los sitúan en la Edad del Bronce. (Vaquero et al., 2008).
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10. CONCLUSIONES
La labor investigadora y científica de las últimas décadas ha hecho posible que Galicia
haya sido incorporada y considerada, a nivel nacional e internacional, como un espacio
territorial de relevancia a la hora de estudiar y profundizar en el conocimiento del
Paleolítico. Los estudios realizados confirman que esta área geográfica estuvo habitada
en todas las etapas paleolíticas y que constituyó, junto con la zona cantábrica y del norte
de Portugal, un refugio para los últimos neandertales que, debido al avance de los hielos
en la época de máximo glacial, llegaron a estas latitudes buscando climas más benignos
y adaptados a sus características y necesidades.
Después llegaron los hombres modernos (Homo sapiens) que también encontraron
en estas tierras unos hábitats apropiados para su desarrollo. Estos demostraron aquí su
capacidad evolutiva y de adaptación, a partir de una selectiva explotación de los recursos
locales, superando presuntos obstáculos como la geología de este territorio, en el que son
escasas las zonas cársticas que, en otras áreas como el Cantábrico, les proporcionaban el
apreciado sílex para elaborar sus útiles.
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