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Reflexiones para la Semana Santa

Este documento proporciona una guía para que los jóvenes de la Arquidiócesis de Yucatán reflexionen sobre la Semana Santa a través de acciones que muestren solidaridad y fortalezcan la unidad de la Iglesia. La guía divide la reflexión en los días Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección, e invita a los jóvenes a realizar actividades como confesarse, ofrecer la comunión por alguien y realizar tareas del hogar para vivir los

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Reflexiones para la Semana Santa

Este documento proporciona una guía para que los jóvenes de la Arquidiócesis de Yucatán reflexionen sobre la Semana Santa a través de acciones que muestren solidaridad y fortalezcan la unidad de la Iglesia. La guía divide la reflexión en los días Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección, e invita a los jóvenes a realizar actividades como confesarse, ofrecer la comunión por alguien y realizar tareas del hogar para vivir los

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SUBSIDIO

OBJETIVO
Los jóvenes de la Arquidiócesis de Yucatán reflexionan y testimonian la
Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús a través de acciones que comprometan
a contribuir con un testimonio de esperanza y solidaridad para fortalecer el
sentido de pertenencia y unidad de la Iglesia, que busca caminar en sinodali-
dad.

jUSTIFICACIONES
La Semana Santa son los siete días que siguen a la Cuaresma. Comienza
con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Resurrección.
Acompañar a Jesús en el camino en cual por amor dio la vida por los
demás.
En ocasiones olvidamos que actos pequeños de amor pueden ser de
gran impacto.
La práctica de la Semana Santa no nos hace más santos, si no que nos
educa en la humildad, ya que en ocasiones pensamos que, al cumplir con
la abstinencia o ayuno, ya lo hemos hecho todo.

INTRODUCCIÓN
La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin
embargo, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de des-
canso y/o diversión o inclusive un tiempo el cual dejamos pasar desapercibi-
do, o también puede ser la ocasión de cumplir con preceptos, normas o reglas.

Este año queremos proponerte que este tiempo que nos propone la Igle-
sia sea una oportunidad de conversión, un espacio de reflexión y de acción,
para ti joven. Hemos estado bajo muchos cambios estos últimos años, pande-
mia, modelos educativos nuevos, pérdidas laborales, enfermedad y muerte de
familiares y amigos, reencuentro con la familia, entre otras cosas.
Los tiempos cambian, pero el sacrificio que hizo Jesús con tanto amor, es
el mismo, porque el amor que dio la vida por nosotros, no solo vale la pena, si
no que vale la vida.
A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”.
Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días
santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Do-
mingo de Pascua

En nuestras familias puede existir aún la costumbre de dar a estos días la


importancia y valor que tienen para nosotros como católicos, es decir, días de
reflexión, conversión y comunión. Pero ¿en realidad los vivimos como familia?
o ¿solo asisto a las actividades en la iglesia para entretenerme y no estar en
casa? o quizá ya he planeado un viaje debido a que tengo vacaciones en estos
días. ¿Te identificas con alguna de estas oraciones? Quizá seas de esos esca-
sos jóvenes que asisten a misiones, ¿realmente asistes para servir a otros? ¿vas
realmente a llevar a Cristo o vas de turista?

Diversas realidades nos pueden envolver este año, pero queremos invi-
tarte a prepararte para vivir el Triduo Pascual. Antes era considerado como
tres días de preparación a la fiesta de pascua; comprendía el jueves, el viernes
y el sábado de la Semana Santa. Era un triduo de pasión.

En el nuevo calendario y en las normas litúrgicas para la Semana Santa,


el enfoque es diferente. El triduo se presenta no como un tiempo de prepara-
ción, sino como una sola cosa con la pascua. Es un triduo de la pasión y resu-
rrección, que abarca la totalidad del Misterio Pascual. Así se expresa en el
calendario litúrgico:
Cristo redimió al género humano y dio perfecta gloria a Dios principal-
mente a través de su misterio pascual: muriendo destruyó la muerte y resuci-
tando restauró la vida. El triduo pascual de la pasión y resurrección de Cristo
es, por tanto, la culminación de todo el año litúrgico.

Para este material dividiremos la reflexión en los siguientes momentos


significativos:

Jueves Santo
Viernes Santo
Sábado Santo
Domingo de Resurrección

Esto nos servirá para poder comprender la conmemoración de cada día.


Posteriormente te invitaremos a realizar una actividad que te lleve a acercarte
a tu familia, comunidad y la Iglesia, de tal manera que se renueve tu identidad
comunitaria.
ju e v e s s a n to
El principio de esta Pandemia, nos hizo quedarnos en casa por un tiempo
prolongado, la casa se volvió, escuela, oficina, taller, cancha de fútbol, entre
otras cosas. Probablemente la convivencia diaria nos agobio y hasta nos cansó.
Muchos otros tuvieron que seguir saliendo de casa, ya sea por trabajo o por
ser parte de la población menos vulnerable.

La pandemia continúa, pero ya no es la misma que vivimos en el 2020,


eso no significa que sigamos encerrados, por eso ahora que ya hemos regre-
sado a las actividades presenciales, debemos mirar el pasado con gratitud,
por lo que te invitamos a realizar un examen de conciencia para poder mejo-
rar nuestra manera de vivir.

Reflexionemos con las siguientes preguntas:

1. A pesar de tener clases en línea, ¿Me dedicaba realmente a estudiar?


2. ¿Cumplía en tiempo con los proyectos que me mandaban?
3. ¿Usaba mi celular, laptop, computadora o tableta realmente con fines
académicos?
4. Si estaba trabajando de home office ¿realmente dedique el tiempo a mi
trabajo?
5. ¿Usaba de excusa el home office para hacer actividades de ocio?
6. ¿Cuánto tiempo dedicaba realmente a mis redes sociales?
7. ¿Cuántas veces use de pretexto las clases en línea para no ayudar en
casa?
8. ¿Seguía cerca de la Iglesia o de mi grupo juvenil?
9. ¿Me llegué a cuestionar si la pandemia era un plan de Dios?
10. ¿Qué tan cerca fue mi relación con Dios durante el encierro?
11. ¿Apoye a mi parroquia con mi ayuda?
12. ¿Ayude a alguna persona vulnerable?
13. ¿Busque de alguna manera a Dios?

Después de haber reflexionado estas preguntas


tomemos 5 minutos para escribir en una carta qué hubié-
ramos podido mejorar en esos días, reconocer que no hemos actuado de la
mejor manera nos ayuda a ir mejorando, escríbele a Dios en esta carta que te
hubiera gustado hacer diferente: poner más atención a las clases, organizarme
mejor para entregar las tareas a tiempo, ofrecerme más como ayuda en mi
hogar, a qué vecino necesitado te hubiera gustado ayudar. Y al final escríbele
una acción en la que te comprometes porque de eso se trata, de mejorar día
con día.

Leer Juan 13, 2-4.


El Señor acepta y realiza el servicio del esclavo, lleva a cabo el trabajo
más humilde, el más bajo quehacer del mundo, a fin de hacernos dignos de
sentarnos a la mesa, de abrirnos a la comunicación entre nosotros y con Dios,
para habituarnos al culto, a la familiaridad con Dios.
El lavatorio de los pies representa para Juan aquello que constituye el
sentido de la vida entera de Jesús: el levantarse de la mesa, el despojarse de
las vestiduras de gloria, el inclinarse hacia nosotros en el misterio del perdón,
el servicio de la vida y de la muerte humanas.
Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que
les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena,
Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su
sangre. Es el Jueves Santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al ter-
minar la Última Cena, Jesús se fue a orar al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda
la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.

Para vivir de acuerdo a los dones o regalos que nos dejó Jesús plasmados
en su Última Cena, momento de parteaguas que hay entre la vida pública de
Jesús y su Resurrección, con la Última Cena da inicio a la preparación de la
pascua que Él mismo viviría siendo el cordero sacrificado. En la Última Cena
Jesús mismo promete quedarse con nosotros, en el pan “Hagan esto en memo-
ria mía”, cada misa renovamos su sacrificio, por ello te invitamos a realizar
algunas de estas actividades de manera que te comprometan a vivir lo
reflexionado:
Confesarte
(“El sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación.
Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, curar mi alma, sanar el corazón
y algo que hice y no funciona bien.” Papa Francisco, audiencia general 19 de
febrero 2012)

Recordemos los pasos para hacer una buena confesión:


1. Examen de conciencia (anexo 1)
2. Contrición o arrepentimiento; el propósito de no volver a pecar.
3. Confesión
4. Cumplir la penitencia
5. Propósito de enmienda.

No importa que lleves mucho tiempo sin hacerlo, es el momento adecua-


do para confesarte.

Ofrecer tu comunión
por alguna persona que probablemente te hayas distanciado, dejaron de
ser amigos, o te encuentras enojado con la persona. (anexo 2)

Bonus track: asistir a una Hora Santa. Si no te es posible, te compartimos


una pequeña oración para hacer tú mismo frente al Santísimo Sacramento
(anexo 3).

Realiza una tarea


Realizar alguna tarea de la casa que menos te guste hacer o que sea más
necesaria. Puede ser en tu casa, comunidad o grupo juvenil, por ejemplo, lavar
los platos toda una semana o deshierbar el patio. Te compartimos una oración
para ofrecer tus actividades a Dios, cada sacrificio pequeño o grande hecho
con amor, es bien recibido por Dios. (anexo 4)

Nota: Si la actividad es presencial se recomienda imprimir los anexos para que


los jóvenes de manera personal sus actividades.
viern e s s a n t o
En ocasiones te sientes muy cansado, agobiado, que no te apoyan o no te
escuchan, pero, recuerda que Cristo se sacrificó por nosotros y gracias a ello
podremos gozar de la vida eterna. Nosotros también hacemos sacrificios,
recuerdas cuando estudiabas e ibas a cursos propedéuticos para entrar a la
universidad, dedicando mucho de tu tiempo a estudiar, sacrificando el tiempo
con tus amigos, algunas veces hasta los pasatiempos que tienes, y aun temien-
do también el no poder entrar. O todo lo que tuviste que pasar, para que llega-
ras a conseguir lo que hoy por hoy tienes, la escuela en la que estudias, el tra-
bajo, tu prepa terminada o quizá ya hasta la universidad. O cuando empezaste
a estudiar y sentías que no podías con todo eso, y hasta llegaste a pensar en
dejar la escuela, pero luego ves como poco a poco vas superando cada obstá-
culo y prueba, avanzando cada día más hasta tu propia meta.
También te puedes identificar con la situación cuando pensaste en adqui-
rir aquello que anhelaste, o ir a ese lugar que tanto te gusta, y te pones a aho-
rrar, haciendo sacrificios, de comprar quizá algo que te guste mucho, como
ropa, o dejar de hacer compras innecesarias. Al final después de un sacrificio
siempre llega un bien mayor, o una gran recompensa, que te hace valorarlo
aún más.

Imagínate, todos esos pequeños sacrificios Jesús lo padeció en su máxima


exponencial.

En este día se nos invita a contemplar la pasión de Jesús, que por medio
de su entrega y sacrificio nos ha dado la redención. En ella nos ha enseñado el
camino por el cual todo cristiano está llamado a recorrer. Nos enseña que en
la cruz está el perdón, la misericordia y el amor.
La misión que el Padre encomienda a Jesucristo, su Hijo, siempre incluye
crisis durísimas y pruebas de muerte, porque para llegar a la salvación nece-
sariamente pasamos por el camino doloroso de la cruz, Mt 26, 36-45.
Este camino de aceptación de la voluntad de Dios nos lleva muchas
veces a la rebeldía ¿cuántas veces nos hemos enfrentado a realidades que no
podemos aceptar en nuestra vida? ¿Le hemos preguntado a Dios cuál es su
voluntad en mi vida?
Cumplir la voluntad de Dios es el camino auténtico de la realización
humana. Orar ante el Padre no es cambiar su voluntad, sino asimilar lo que Él
quiere para nosotros, para poder así enfrentar cada momento de dificultad en
nuestras vidas.
Jesús se entrega en la cruz por toda la humanidad de todos los tiempos,
nos muestra su amor misericordioso sobre los pecadores, sobre los justos e
injustos y nos enseña a perdonar.

Te invitamos también a que mueras un poco de ti. ¡Tranquiló no te escan-


dalices! Esto lo podemos traducir a que realices pequeñas acciones que
llevándolas en práctica te enseñarán que los sacrificios y las renuncias educan
tu voluntad y que esto conlleva a tener frutos.
En los siguientes enunciados escribe alguna situación de tu vida que te
pueda identificar con ellos, posterior a esto escribe un compromiso, puede ser
pequeño o muy grande, recuerda que eres tú quien se compromete.

Nota: Se pueden añadir más enunciados según la realidad en la que se viva.


Ejemplo:

El tiempo mal invertido en las redes sociales


Yo: entro a tik tok para ver un vídeo y cuando miro el reloj ya pasaron
2 horas… me comprometo: a desinstalar la aplicación.
Mi egoísmo al no actuar ante alguna necesidad de mi prójimo.
Mi falta de empatía al no ponerse en el lugar del otro.
Mi indiferencia al ver algún acto de injusticia y no hacer nada al res-
pecto.
Todo acto que me aleja más de Jesús.
Toda palabra que no refleje el amor de Dios.
Todo aquello que haga sin pensar en el bien común.

Ya no vivo yo, sino es Cristo quien vive en mí. Gal 2,20.


Debemos adquirir conciencia y volvernos como Cristo,
actuando por y para Él. Haciendo sacrificios que nos cuesten
un ejercicio de la voluntad, que valgan la pena para un bien
común, te invitamos a iniciar con pequeños actos.
s á b a d o s a n to
Hoy en día vemos una cultura hedonista, la cual establece el placer como
nuestra única finalidad en la vida (placer por el placer), y, por tanto, considera
al sufrimiento como obstáculo durante todo el trayecto. Básicamente, esta filo-
sofía del siglo IV sugiere que cualquiera puede alcanzar la felicidad mientras
sea capaz de controlar su ansiedad y evadir el dolor.

Tenemos miedo al compromiso de casarnos, porque renunciamos a


nuestras libertades como solteros o a nuestro tiempo para nosotros ¿será esto
verdad? por ejemplo, hoy en día preferimos no abrir nuestro corazón en una
relación para evitar ser heridos, o el famoso el 'ghosting': esfumarse de repen-
te sin dejar rastro, sin explicaciones, bloqueando, borrando las cuentas o, sen-
cillamente, dejando de responder a los mensajes o llamadas de alguien con
quien se ha mantenido algún tipo de relación.

Leer Juan 20, 1-10.


El Viernes Santo Jesús nos enseña a una renuncia genuina y con propósi-
to, un sacrificio que no solo vale la pena si no que vale la vida.
Este día se recuerda el pasó entre la muerte y la resurrección de Jesús.
Es un día de donde se vivió luto y tristeza pues ya no se encontraba Jesús entre
sus amigos y quienes lo seguían, en la actualidad tratamos de entender este
luto, esta tristeza por la pérdida de alguien y no es necesario que llores, al con-
trario, se busca que empatices el hecho de la renuncia que Jesús hizo por ti. Si
por ti, porque eres importante para Él.
Jesús sufrió, lloró, sudo sangre y padeció tanto dolor, demostrándonos
cuánto nos amaba. Humanamente con su entrega nos enseñó como dice el
evangelio de Juan 19, 30 “todo se ha cumplido”. Tuvo que padecer todo eso,
para poder llegar a su Gloria, para poder cumplir con la voluntad que el Padre
tenía para Él. Pero, ¿pudo haber evitado el Hijo de Dios tanto dolor? ¡Claro que
pudo! Sin embargo, pero prefirió con su sacrificio salvarnos, borrando el
pecado de nuestros primeros padres. “Si es tu voluntad aparta de mí este
cáliz” Mt 26, 30-39, pero en oración y aun sabiendo todo lo que iba a suceder,
asumió la voluntad del Padre. Muchas veces nosotros también sufrimos, y hay
muchas formas de sufrir, pero debemos aprender de Jesús, que aceptando el
sufrimiento y dolor por obediencia y amor al Padre que lo llevó a la muerte,
fue el camino para su resurrección y ganar para nosotros nuestra salvación.

Para este día en la Iglesia las imágenes se cubren y los sagrarios están
abiertos. Por la noche se lleva a cabo una Vigilia Pascual para celebrar la Resu-
rrección de Jesús. Vigilia quiere decir “la tarde y noche anteriores a una
fiesta”. En esta celebración se acostumbra bendecir el agua y encender las
velas en señal de la Resurrección de Cristo, la gran fiesta de los católicos.

Como Jesús resucitó, nosotros también debemos resucitar de nuestra


vida conformista y acomodada, de nuestro abandono e indiferencia, de nues-
tro dolor, no podemos quedarnos ahí, inertes. Es válido tomarse un tiempo,
pero después de 3 días levantarnos, y salir, ya que no podemos seguir siendo
los mismos. Sabemos que hoy en día para el joven esto puede no ser tan preci-
so, pero recuerda: ¡Cristo se sacrificó por ti!
Así como a Cristo no lo reconocieron en la calzada de Emaús cf. Lc 24, 31,
ya sea porque su cuerpo era resucitado y no se parecía al anterior o porque las
personas tenían nublada la vista y la mente, también tu joven, no te parezcas al
mismo de siempre, resucita con Jesús y demuestra signos de una Vida Nueva.

Por ello te invitamos a realizar las siguientes actividades:

1 Antes de acudir a misa durante la Semana Santa y Pascua, pensar:


¿qué le vamos a agradecer a Jesús? La vida pasa tan rápido que no
nos detenemos a reflexionar y agradecer, por el simple hecho de
que pudiste despertar hoy. Te invitamos a realizar un listado de 5
cosas por las que quieras agradecer.

2 Hacer oración por la conversión de los demás. Detenernos unos


minutos del día para pedir por aquellos, que aún no conocen a Jesús,
por los que sufren, por los que no nos agradan o por aquellos que
nos han hecho algún daño.

3 Sonreír, aunque suena sencillo, muchas veces se nos olvida regalar


algo tan pequeño como una sonrisa: “La paz empieza con una sonri-
sa”, Santa Teresa de Calcuta.

4 Ofrecer mi Comunión por la paz del mundo.

5 Escuchar a alguien que sufre, “La escucha es una especie de marti-


rio” para el Papa Francisco. Escuchar es como “un sacrificio de sí
mismo”. Significa “quitarse las sandalias en el ‘terreno sagrado’ del
encuentro con el otro que me habla (cf. Ex 3,5). Saber escuchar es
una gracia inmensa, es un don que se ha de pedir para poder des-
pués ejercitarse practicándolo”.
DOM IN G O D E R E S U R R E C C IÓ N

Imagina un día en el que te sentiste muy feliz, ¿cómo te sentías? ¿qué


sucedió? También si te sirve imagina una celebración que tanto te guste, ¿tu
cumpleaños? podría ser. Bien estas festividades son importantes porque son
especiales para ti. Cuando hablamos de la Resurrección de Jesús, quizá no le
damos el lugar que debe ser o tener, pues realmente no entendemos que es
una gran fiesta. En este caminar debemos haber entendido la importancia del
Triduo Pascual y por qué llegamos a este punto para celebrar.
Imagina que tus padres sacrificaron tiempo y recursos para que puedas estu-
diar, después de muchos esfuerzos y con ilusión llega el tiempo de graduarse
y, por lo tanto, es una GRAN FIESTA.
Ahora bien, de manera personal, pero con pluma y papel, contesta las siguien-
tes preguntas:
¿Vives la Resurrección de Cristo de manera consciente?
¿Festejas como otra fiesta importante para ti?
¿Te comprometes a renunciar y vivir en el amor?
¿En compañía de quién vives estos intensos días, familia, amigos o pareja?

El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante


para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando
adquiere sentido toda nuestra religión.

Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo.
En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se
enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo Resucitado y que
permanecerá prendido hasta el día de Pentecostés, cuando Jesús después de
haber ascendido a los cielos al encuentro con su Padre, nos envía la efusión
del Espíritu Santo. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de sal-
varnos, de entrar al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. La
Pascua es el paso de la muerte a la vida. Es un momento de fiesta para todos
los fieles.
Después de haber reflexionado y asumido compromisos con tu persona
para vivir esta gran fiesta, te pedimos que lo reflexionado puedas compartirlo
con algún amigo, algún familiar u otra persona que necesite recordar cuánto
se sacrificó Cristo por él y que celebramos con alegría el amor que él demos-
tró en la cruz.

Después de haber reflexionado en este tiempo tan importante, te invita-


mos a que participes en todas las celebraciones y oficios en tu comunidad, con
una actitud participativa.
Te invitamos a publicar una foto en alguna red social en la cual muestres
tu participación en la gran fiesta: La Vigilia Pascual.
Etiqueta a la Pastoral Juvenil (Facebook, Instagram o Twitter) y añadiendo el
mensaje #CristoResucito #
Anexo 1 Anexo 1
El Examen de conciencia es un momento único y personal, donde recordamos
todas aquellas acciones, palabras o pensamientos que nos han alejado de la
gracia de Dios.
Recuerda que Dios te ama y es misericordioso. Confía en Él para poder borrar
todo pecado de tu alma, es un momento de análisis propio, ¿qué he hecho que
ha dañado a otros? ¿En qué podemos mejorar como católicos?
Debemos ser sinceros con nosotros mismos, no te avergüences, al contrario
busca una reconciliación sincera con el Señor.
“¿Qué consejos le daría a un penitente para hacer una buena confesión? Que
piense en la verdad de su vida frente a Dios, qué siente, qué piensa. Que sepa
mirarse con sinceridad a sí mismo y a su pecado. Y que se sienta pecador, que
se deje sorprender, asombrar por Dios”, Papa Francisco, El nombre de Dios es
misericordia.
Para hacer un buen examen de conciencia es necesario los siguientes puntos:
-Elige un lugar tranquilo, silencioso y en paz.
-Separa un tiempo ideal, para no estar a las prisas, ten en cuenta que
lleva tiempo.
-Antes de iniciar te recomendamos ver este video:
https://youtu.be/bcd0q1sMfak
Te compartimos las siguientes preguntas que te ayudarán a meditar y
reflexionar, contesta desde tu interior y si consideras necesario, escríbelos, los
siguientes puntos te servirán de apoyo para tener un buen examen de con-
ciencia:
Oración antes de hacer el examen:
Señor Jesús, tú que lo conoces todo, ayúdame a no pasar de alto pecado
alguno, que a mí por el ajetreo de mis días se me pudiesen estar olvidando, o
por pena quisiera omitirlo, te encomiendo este tiempo de reflexión, ayúdame
a mirarme con tus ojos misericordiosos, a no auto castigarme sino más bien, a
buscar levantarme triunfante con tu ayuda y tu amor que es bondad infinita,
amén.
a. ¿He rechazado o abandonado mi fe? ¿Me he preocupado por conocer-
la mejor? ¿La he defendido, o me he avergonzado de ella?
b. ¿He tomado el nombre de Dios en vano? ¿He hecho espiritismo o he
confiado en adivinos u horóscopos? ¿He mostrado falta de respeto por
las personas, lugares o cosas santas?
c. ¿He faltado voluntariamente a la Santa Misa los domingos o los días de
precepto? ¿Me he olvidado de Dios abandonando mis oraciones?
d. ¿He recibido al Señor en la Sagrada Comunión teniendo algún pecado
grave en mi conciencia? ¿Le he recibido sin agradecimiento o sin la
debida reverencia?
e. ¿He ayudado poco en casa? ¿He tratado con poco cariño a mis
padres?
f. ¿He sido impaciente, envidioso? ¿Me he enfadado? ¿He fomentado el
resentimiento o no he estado dispuesto a perdonar? ¿He odiado a
alguien o le he juzgado mal?
g. ¿He descuidado mis deberes de estudiante? ¿He sido perezoso? ¿He
tratado con falta de respeto a mis profesores o a otras personas mayo-
res?
h. ¿Me he peleado? ¿He hecho daño a alguien con insultos o hablando
mal de él? ¿He revelado algún secreto o he dicho cosas solo para
dañar a otros?
i. ¿He dicho o he pensado cosas impuras? ¿Las he hecho conmigo
mismo o con otros? ¿He mirado imágenes o películas pornográficas?
j. ¿He dicho mentiras para justificarme, dañar a otros o por darme más
importancia?
k. ¿He robado algo? ¿He estropeado algo a propósito?
l. ¿He tenido envidia de otros por lo que tienen o por el buen resultado
de su trabajo? ¿Pongo mi corazón en tener cosas?
m. ¿He ayudado o fomentado que otros hagan el mal?
n. ¿He tomado alcohol en exceso? ¿He consumido drogas?
o. ¿He sido egoísta de pensamiento o de obra?
p. ¿He preferido mi comodidad al servicio de los demás? ¿He desatendi-
do mi responsabilidad de acercar a los demás a Dios con mi ejemplo
y mi palabra?
Anexo 2 Anexo 2
Para hacer esta actividad es necesario estar en gracia para poder comulgar. Si
aún no haces tú confesión te recomendamos ir al Anexo 1, para poder confe-
sarte. Para ofrecer tu Comunión te recomendamos hacerlo de la siguiente
manera.

Al estar en la Celebración Eucarística, haciendo fila para recibir la Sagrada


Comunión, ten en mente aquella cosa porque quieras ofrecer tu Comunión de
ese día. Aquí te dejamos un ejemplo de la oración que puedes hacer:

Jesús Sacramento, estoy apunto de tenerte entre mis labios, de que


puedas entrar en cuerpo y alma en mí, te ofrezco esta Santa Comunión
donde te haces uno conmigo, por (el nombre de la persona) te pido Señor,
la cuides, la bendigas y la protejas, sólo tú sabes que está pasando, que
siente y que problemas la rodean, acompáñala Señor y si es tu voluntad
hacerme un instrumento para hablarle en tu nombre, llévame a esta per-
sona, Amén.

Anexo 3 Anexo 3
Este anexo es sólo si no puedes ir a una Hora Santa Comunitaria, recuerda que
eres iglesia y perteneces a una comunidad, la familia de Cristo, hermanos
todos. Pero si por cuestiones escolares, laborales o personales no puedes ir a
una Hora Santa, te sugerimos la siguiente oración para hacer frente a Jesús Eu-
caristía.

Oración inicial: Señor Jesús, Tú, que estás aquí, presente, Quién conoce todas
mis debilidades, mis errores, mis angustias, mis preocupaciones. Tú que cono-
ciendo lo peor de mí, que aun sabiendo cuánto débil soy, me AMAS, me abra-
zas, me buscas y me llamas por mí nombre, porque me sigues llamando a tu
presencia, siendo yo muchas veces el que no te quiere escuchar, quien no te
quiere buscar, porque olvido tu misericordia, y cuan bondadoso eres, porque
sé también que seguirte conlleva sacrificios y hay muchas cosas que aún me
cuesta dejar. Pero aún con todo eso, Tú miras mis intenciones, mis ganas de
querer seguirte, mis anhelos, mis alegrías, mis sueños, mis metas, mis proyec-
y el amor que le pongo a las cosas que me gustan, como mis hobbies, tareas,
proyectos, etc. Te pido Señor que me ayudes a poder seguirte con todo el
corazón, a servirte con todas mis fuerzas y llevarte a los demás con amor.
(Momento para hablar con Jesús con una oración personal, recuerda que orar
es entrar en relación con Dios, tómate tu tiempo, platica con Él)

Oración Final: Jesús, quiero aprovechar para agradecerte todo lo que tengo,
todo lo que me das, y te pido perdón por muchas veces no detenerme a con-
templar los milagros que haces en mí cada día, te encomiendo también mi tra-
bajo, escuela, mi familia, mis amigos y mi comunidad. Te pido Señor me hagas
un instrumento tuyo, te ofrezco, mis manos, mis ojos, mis labios, mis oídos, para
poder acercarme al necesitado, para llevarte al alejado y para la edificación
de tu Reino en la tierra. Pero sobre todo Señor, te pido me ayudes a salir victo-
rioso de cada tentación que tenga y levantarme de cada caída. Amén.

Anexo 4 Anexo 4
Los sacrificios son pequeñas acciones que podemos hacer o dejar de hacer
para alcanzar una meta, un objetivo y en nuestro caso la vida eterna.
Uniéndonos al de Cristo, podemos hacer de nuestra vida un sacrificio para
Dios. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2100)
En este caso puedes ofrecer, por ejemplo, no comer carne los viernes, privarte
de una comida suculenta, o de tu comida favorita, privarte un día de no tomar
la bebida de tu preferencia, lavar los trastes, cocinar, cualquier acción que tú
deseas la puedes ofrecer como sacrificio.
Señor, quiero ofrecerte (la acción que vayas a realizar) por la paz del
mundo, por los necesitados y por aquellas almas del purgatorio. Amén.
Puedes hacer una oración personal.
Anexo 5 Anexo 5
EL VERDADERO AYUNO

Jesús, dame la capacidad y voluntad para:

Ayunar de palabras hirientes, y transmitir frases de cariño.


Ayunar de descontento, y llenar de gratitud.
Ayunar de enojos, y ser más paciente.
Ayunar de pesimismo, y llenar de esperanza.
Ayunar de preocupaciones y confiar en Dios.
Ayunar de quejarme, y mejor asombrarme con las cosas sencillas de
la vida.
Ayunar de las presiones, y llenar de oración.
Ayunar de juzgar a otros, y descubrir al Jesús que vive en ellos.
Ayunar de tristeza y amargura, para alegrar el corazón.
Ayunar de egoísmo, y tener compasión por los demás.

Elaborado por:

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